“Para derrotar a la derecha radical hay que romper su control de la narrativa”. Kleiner
En la red social X, el Presidente argentino Javier Milei estafó a lo que hasta la fecha son un poco más de 40,000 personas, al promover la inversión en criptomonedas.
El mensaje presumía de un proyecto privado, que se dedicaría a incentivar el crecimiento de la economía en Argentina fondeando a las pequeñas empresas. Esto llevó a invertir, porque hasta el vínculo colocó en su mensaje a muchas personas que cayeron en el engaño.
Una vez que se hizo pública la estafa, Milei borró minutos después el mensaje y permaneció en silencio por días, hasta que el escándalo lo obligó aclarar las cosas en un medio de comunicación afín, donde, por descuido, se grabó cómo suprimían las preguntas incómodas para evitarle al mandatario más problemas legales. En esa entrevista y en sucesivas publicaciones, Milei ha tratado de desvincularse de estafa, aunque acompañó a los promotores de la criptomoneda en foros, donde se estudiaba esa forma de financiamiento tan original, que sabía que la dirección electrónica se había creado el mismo día en el que se promovió LIBRA, en un proyecto que además coincidía con su lema político: “la libertad, avanza project” y que, además, el mensaje fue reproducido en las cuentas de sus colaboradores más cercanos y bots.
La estafa fue tan burda, que sólo duró minutos, los mismos que le tomó a los creadores retirar el dinero de los incautos que cayeron en la promoción hecha por el Presidente argentino y robar 87 millones de dólares a 44,000 inversores en distintos países del mundo, lo que llevó a que se abriera una investigación por parte de agencias en los Estados Unidos.
Quizá la sanción más sensible para la derecha que lo aúpa es que el Presidente estadounidense Donald Trump dejó de seguirlo en la plataforma X.
Para nosotras, quienes desde los pequeños faroles de las ideas intentamos confirmar nuestros derechos, esto ejemplifica la perversidad del neoliberalismo: porque más allá de la estridencia del personaje, de su bufonería y de su impostura, está esa perversa ideología que intenta instrumentalizar los fines del Estado, en provecho del capital.
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