El empeño es digno de mejor causa, perol el presidente y sus incondicionales del congreso federal se han propuesto reformar la constitución para remover los obstáculos que el INE y los tribunales electorales representan para su anhelo de trascendencia transexenal. Ya probó las mieles del poder y pareciera que se niega a dejarlo ir.
Es tal su afán, que no lo detiene el resquebrajamiento causado en sus propias huestes por este empecinamiento suyo y hasta parece que, con las presiones hechas para transferir de lleno la Guardia Nacional a la Sedena, haya vacunado contra otro posible arreglo con algunos priístas para esta reforma. Esas dificultades no lo arredran.
En los Estados Unidos, donde el voto cuenta, los electores suelen mandar cartas a sus diputados para oponerse a las medidas que no los convencen. En México, de nada valdría hacerlo, porque ni caso les harían.
Sin embargo, hay un recurso que para este proyecto ha estado usándose mucho por la sociedad civil, que a través del sitio web change.org ha visto sumarse la nada deleznable cantidad de cerca de 300 mil firmas de personas que se oponen a la desaparición del INE.
No se puede saber si será efectivo el medio, pero ha podido verse en él una seria y contundente oposición a tan inconveniente medida.
Nada difícil es deducir que ese contingente representa a muchos más ciudadanos que, en su momento, serán votantes que seguramente contarán entre ellos con cuantiosas cantidades de electores perdidos por Morena en este azaroso camino que ha hecho transcurrir al país en los años recientes.
Si la sensatez no llega por esa vía, tendrán que valorar la opinión de la comunidad internacional, de la que México forma parte, que también se ha pronunciado en cuanto al tema.
Aunque es previsible que se eleve voces clamando por impedir que se vulnere nuestra soberanía, bueno sería considerar la opinión vertida por la “Comisión de Venecia”, que formuló en estos días una serie de observaciones y recomendaciones relacionadas con esta reforma:
He podido referirme a solo unos pocos puntos y he creído hacerlo con los más relevantes. Lo dicho se refiere nada más a la estructura y operabilidad e la gestión del INE, sin tocar siquiera superficialmente las incidencias, severísimas, que son probables en cuanto al control político del organismo y los procesos electorales.
¿Quieren trascender y pasar a la historia? Todavía es tiempo de rectificar y tender los puentes que, entre los mexicanos y con el mundo, se necesitan.
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