Un Gobierno débil y deslegitimado le habría dado al presidente Donald Trump motivos de sobra para imponer una agenda —dictada por las vísceras— aún más agresiva. Los aranceles y la designación de carteles nacionales como “organizaciones terroristas extranjeras” no son poca cosa, pero el trato a nuestro país sería peor si las circunstancias políticas fueran distintas. Trump ha reconocido las medidas de la presidenta Claudia Sheinbaum para combatir el tráfico y consumo de fentanilo, con énfasis en la prevención.
La entrega de 29 capos a Estados Unidos demostró el compromiso del Estado mexicano y acaso influyó para diferir otro mes la aplicación de tarifas a las exportaciones. Entre los narcotraficantes enviados hay peces gordos: Rafael Caro Quintero (fundador del cartel de Guadalajara), quien ordenó el asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena, y del piloto mexicano Alfredo Zavala; y los líderes Zetas, Miguel Ángel y Óscar Omar Treviño.
Sheinbaum también libra batallas en el frente interno, pero su liderazgo le ha permitido sortear el temporal y las críticas de la oposición y de algunos analistas por las concesiones a su homólogo estadunidense. Aun así, el consenso es que, de no haber mantenido el pulso ni cedido en otros temas, las represalias serían mayores y los efectos todavía más graves.
La inquina de Trump no es sólo contra México, sino contra los socios y aliados históricos de EU. El rechazo a la guerra comercial es creciente en su país, pues terminará por afectarlo. Canadá empezó un boicot contra productos de EU.
La Presidenta tiene mayoría en el Congreso General para afrontar las presiones externas desde una posición de fortaleza interna. En el mismo sentido, el frente con las cúpulas empresariales y los gobernadores es una defensa. Sin esa cohesión, México estaría más expuesto. El manejo de la crisis aumentó la aprobación de Sheinbaum a 80%, seis puntos más con respecto al año previo, según la Encuesta Nacional en Vivienda de Buendía & Márquez para El Universal (24.02.25).
“Los resultados de la encuesta sugieren que Sheinbaum mantiene un apoyo sólido luego de sus primeros meses al frente del Gobierno y que su manejo de la relación con EU ha contribuido a la mejoría de varios indicadores de su gestión”, advierte el analista Jorge Buendía. El fenómeno se conoce en el ámbito de la opinión pública como “rally around the flag” (manifestación alrededor de la bandera) y sirve para explicar “el repunte en la popularidad de un líder durante momentos de tensión internacional”, explica.
Buendía apunta que “hoy, el 81% de los encuestados considera que las declaraciones de la Presidenta de México han contribuido a unir a los mexicanos mientras que sólo el 12% sostiene la opinión contraria”. Por otro lado, el “indicador de unidad en torno a Sheinbaum Pardo ha aumentado 10 puntos porcentuales desde que Trump tomó la Presidencia del país vecino”, señala. Conducir el país con firmeza no resuelve por sí mismo los problemas con EU, pero genera confianza y permite arrastrarlos con seguridad y decoro. La mayoría de los mexicanos lo percibe así, de acuerdo con la encuesta, y reconoce el carácter y la sensatez de Sheinbaum.
En EU sucede lo contrario, pues el pirómano al frente de la Oficina Oval ha puesto no sólo a su país, sino al mundo, con los pelos de punta. David E. Sanger, quien ha cubierto seis presidencias para The New York Times, lo plantea de esta manera: “… si un visitante recién llegado de un planeta lejano hubiera escuchado el discurso de Trump (del 4 de marzo en el Congreso) ante un auditorio de republicanos entusiastas y demócratas abatidos, impotentes y furiosos no habría percibido la escala y la intensidad de la disrupción de los últimos 44 días y las graves preocupaciones que ha producido” (NYT, 05.03.25).
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