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Coahuila

Palabras poderosas

Por Jorge A. Meléndez

Hace 2 meses

“Las palabras articuladas correctamente pueden hacer que alguien cambie de opinión, pueden alterar sus creencias. Tienen el poder de sacar a alguien del barrio más pobre y llevarlo al éxito. Pero también puedes destruir la felicidad de alguien tan sólo con tus palabras”.

Apenas un párrafo del imperdible discurso, El Poder de las Palabras, con el que Mohammed Qahtani ganó el campeonato mundial de oratoria en 2015. Imperdible, velo completo en nuestros sitios (inglés).

Y vaya que las palabras de Qahtani impresionan. Y no sólo por lo que dice, sino por lo que le costó aprender a hablar así, porque según su biografía, este ingeniero saudí sufrió en su infancia de un tartamudeo paralizante, mismo que superó forzándose a enfrentar a este demonio hablando y hablando en público. Sin duda lo logró.

Este fantástico discurso me deja al menos tres grandes lecciones.

PRIMERA: elige bien tus palabras.

“La elección puede ser la diferencia entre que el receptor acepte o rechace tu mensaje”. Mohammed lo ilustra con una anécdota simpatiquísima.

Su hijo de 4 años tenía la mala costumbre de rayar las paredes de su cuarto. Un día que se lo encontró practicando su hobby favorito, Qahtani perdió los estribos: “¡Hey, hey, hey! ¿Eres estúpido? ¡¡¡No vuelvas a hacer esto nunca!!!”.

Seguro adivinaste: lo hizo de nuevo la siguiente semana. Ja, ja, ja.

“A nadie le gusta que lo amenacen. A nadie le gusta que lo intimiden. El orgullo personal no lo permite”, advierte. Por supuesto.

Entonces el saudí cambió de táctica: “Querido, no lo hagas porque ya eres un niño grande”. Ya eres un niño grande. con eso tuvo. “Nunca lo volvió a hacer. Bastó el orgullo de ya ser un ‘niño grande’”.

SEGUNDA: el tono y la entrega pesan.

“¿Por qué a nadie le importa el calentamiento global? Es un asunto serio que nos puede matar a todos”, se pregunta.

Y luego Qahtani imita a un científico hablando con un tono aburridísimo citando estadística compleja tras estadística compleja. Exacto.

En la era de la hipercomunicación y las redes sociales la forma es tan importante como el fondo. Y tristemente, los que comunican asuntos de fondo son muchas veces malos para la forma. Patéticamente, los que sí son buenos para comunicar son los superficiales y peor aún, los populistas (relee Fentontilo).

TERCERA: las palabras del poderoso pesan más.

“Si eres una persona admirada (o poderosa, digo yo) cualquier cosa que digas puede ser creída, todo lo que digas puede aceptarse como verdadero”, comenta. Y luego lo ilustra con una anécdota estremecedora.

Su amigo Nasser amaba a su padre, era su ídolo: “hacía hasta lo imposible para hacerlo feliz”, explica.

Pero el señor era de esos tipos duros muy difíciles de impresionar: “Nasser intentaba e intentaba, pero año tras año fracasaba”.

El primer año de Universidad, Nasser sacó 100 de promedio. Emocionado, le llamó a papá: “¡Papá, me saqué 100! ¿Estás orgulloso? Dime que sí”.

“Hijo, te llamo de regreso. estoy ocupado”. Estoy ocupado. Fue la gota que derramó el vaso, cuenta Qahtani. Nasser empezó a tomar y a usar drogas.

“¿Por qué Nasser? ¿Por qué?”, le preguntó un día el saudí. “Si no le importa a la única persona en el mundo que me importa, ¿por qué me debe importar mi vida?”.

Unos años más tarde, Mohammed recibió una llamada: Nasser yacía en el hospital víctima de una sobredosis. “Lo vi en la cama y la máquina estaba: beeep, beeep, beeeeeep. y silencio. Los doctores intentaron revivirlo, pero murió”.

Su conclusión es matona: “una sola palabra podía haber salvado su vida”. Una sola palabra dicha por la persona adecuada en el momento adecuado. Totalmente.

“Las palabras tienen poder. Las palabras son poder. Las palabras pueden ser tú poder. Las palabras pueden ser tu poder. Puedes cambiar una vida, inspirar a tu país y hacer de este mundo un lugar maravilloso”.

Aquí te va entonces un nuevo propósito para este año que inicia: cuidar nuestras palabras, lograr que alienten y no que maten. Que nuestras palabras en 2025 pesen para bien.

¡Amén!

 

Posdata

Bien hasta ahora las respuestas y tono de Sheinbaum frente a Trump. Urge (¿quizá ya lo están haciendo?) trabajar contactos con los “implementadores” del equipo de Donaldo. Ahí puede haber acuerdos, más de razón y menos estridencia.

 

En pocas palabras

“Cuando hables trata que tus palabras sean mejores que el silencio”.

Proverbio árabe.

 

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