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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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23 Enero 2020 04:05:00
Literatura y política
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Una pregunta: ¿Qué autor mexicano se atrevería a emular a don Benito Pérez Galdós en acometer la tarea de novelar la historia de México en la época reciente? Si alguien se echara a cuestas esta tarea, seguramente nos ofrecería una gran variedad de novelas: trágicas (2 de octubre y Jueves de Corpus), político-policiacas (usted haga la lista), picarescas (elija los sexenios) y hasta humorísticas (rifemos el avión y ofrezcamos abrazos y no balazos).

La pregunta anterior se vuelve pertinente porque este año se cumplen 100 de la muerte de Pérez Galdós, cuya inacabable obra fue en su tiempo lectura obligada para todo hispanohablante con ínfulas de culto, y al paso del tiempo se volvió diana predilecta de algunos autores de la siguiente generación para lanzar sus dardos más envenenados.

Hace algunos meses, el renovado interés en la novela histórica me llevó a volver a sus Episodios Nacionales, en los que el prolífico don Benito eligió como tema la historia de España por un periodo de 75 años, de 1805 a 1880. En algún rincón de la memoria tenía almacenado un título, Trafalgar, primera de su larga serie de 46 novelas –¡sí, 46!– leída en la juventud. A raíz de esto, por uno de esos milagros que de vez en cuando gusta hacer San Juan Gutenberg encontré el viejo volumen en el caos que me empeño en seguir llamando biblioteca.

Releer Trafalgar fue el gancho para buscar las siguientes novelas de la serie, lo cual fue posible a la maravilla de la Biblioteca Virtual Cervantes. Y como no quien quiere la cosa, el año pasado acabé despachándome las 46 que dedicó Pérez Galdós a la historia de su país. No es ninguna hazaña. Son libros de lectura amena donde se mezclan acertadamente el dato duro de los acontecimientos ocurridos con la ficción.

Por extraña coincidencia, y sin pensar siquiera en el centenario de la muerte de Galdós, luego del reciente reencuentro de quien esto escribe con sus Episodios, Letras Libres le dedicó en su número de este mes dos artículos, uno de Leonardo Romero Tobar, Galdós, Una Pasión Viajera, y el extracto de otro aparecido en 1998 en la revista Vuelta, firmado por Christopher Domínguez Michael.

El extracto del artículo de Domínguez Michael, aborda las rabiosas reacciones de los escritores de la siguiente generación, la llamada del 98, contra la obra e incluso la biografía de don Benito. Reacciones que el autor del artículo explica por motivos políticos y recoge en algunas verdaderas perlas de ese inexplicable odio. “No es cínico como Verlaine, ni satírico como Baudelaire, ególatra como Nietzsche. En Galdós no hay llama”, sentenció Pío Baroja. César González Ruano (¿alguien recuerda quién fue?) pontificaba profetizando que “ni con la mejor voluntad podían respetarlo los jóvenes”, Antonio Espina (otro nombre en el cajón del olvido) aseguró con suficiencia: “Galdós fue una inmensa medianía”.

Sin embargo, sus antes despreciadas obras siguen reeditándose y, suponemos, leyéndose, mientras los libros de sus detractores reposan, quizá para siempre, enterrados bajo el polvo del olvido. Acierta Domínguez Michael: “en los detractores de Galdós influyeron cuestiones políticas. España había transitado de la república a la monarquía”. Hoy quizás sea válido preguntar qué autores del pasado reciente son candidatos al infierno del ninguneo por los intelectuales orgánicos de la 4T. Bueno… ya empezaron con Mario Vargas Llosa y Enrique Krauze.


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