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Rodolfo Villarreal Ríos
Rodolfo Villarreal Ríos
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Tras de servir por más de dos décadas al Estado Mexicano, en el rango de auxiliar de programación a director general en funciones, retornó a las aulas para obtener la maestría en historia (2008) y posteriormente convertirse, con la disertación “Independent Internationalism in Practice: Diplomatic Relations between The United States and Mexico from 1919 to 1929,” en el primer doctor en historia egresado de la Universidad de Montana-Missoula (2010). En esta institución ha impartido cursos sobre las relaciones México-Estados Unidos de América. Estudió la licenciatura en economía en la Universidad Autónoma de Guadalajara (1977); el diplomado en economía e inglés en The Economics Institute, Universidad de Colorado-Boulder (1981) y la maestría en economía en la Universidad de Colorado-Boulder (1983). Es autor del libro “El Senado estadunidense enjuicia a México y al Presidente Carranza,” editado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) (2017). Como editorialista ha escrito más de 700 artículos sobre los tópicos de historia, economía, deportes, política y relaciones internacionales, los cuales han sido publicados en el Suplemento de Política Económica de la Revista Tiempo, en los diarios El Nacional de la Ciudad de México; Zócalo producido en el estado de Coahuila; Nuevo Día de Nogales Sonora, al igual que en la paginas electrónicas eldiariodetaxco.com y guerrerohabla.com originadas en Taxco, Guerrero; y todotexcoco.com generada en Texcoco, Estado de México. Asimismo, es coautor del artículo científico, “Living close to heavy traffic roads, air pollution, and dementia.” (The Lancet. 4 de enero de 2017)

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21 Septiembre 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. La búsqueda por retornar al liderazgo indiscutible / y T
Los Estados Unidos de América llegaron al 2016 con una economía que aun cuando exhibía signos de recuperación de la crisis de 2008-2009, nunca pudo mostrar que la revertió completamente. Por vez primera, durante el termino de un presidente, no se había logrado que al menos en un año exhibiera un crecimiento de tres por ciento o más. Muy pocos, sin embargo, dudaban que quien fuera el representante del Partido Demócrata habría de ocupar la Casa Blanca por al menos cuatro años más. No parecía que el Partido Republicano tuviera en sus filas un prospecto con empaque presidencial.

Aunado a esto, el país lucía dividido como nunca, las posturas radicales eran evidentes y cada uno clamaba ser el poseedor de la verdad eterna sin conceder al contrario la mínima opción de que algo positivo pudiera haber en su perspectiva. En ese ambiente, se abrió el proceso de selección de candidatos que concluiría con la elección en noviembre de 2016.

En el seno del Partido Demócrata eran escasos quienes dudaban que la elegida habría de ser la ex secretaria de estado Hillary Rodham Clinton. Lo veían en cierta forma como un pago a que ocho años atrás aceptó respaldar al presidente Obama. Asimismo, era innegable que el instrumento político poderoso que era la “Clinton Machine” estaba más que aceitado para arrollar a quien se le pusiera enfrente.

Pero más que nada, muy presente estaba que, durante la presidencia de William Jefferson Clinton, la economía había gozado de tiempos de esplendor, basado en lo cual la popularidad de este continuaba siendo alta entre el electorado estadounidense. Todo ello no impidió que el senador por Vermont, Bernard Sanders, entrara a la competencia por la nominación con una propuesta de tintes socialistas que no fue suficiente para atraer a la mayoría de los votantes demócratas y apoderarse de la candidatura. Finalmente, la ciudadana Rodham Clinton emergió como la abanderada siendo acompañada por el senador por Virginia, Timothy Michael Kaine.

En lo concerniente al Partido Republicano, a pesar del surgimiento de 17 prospectos, algunos bien comidos, el conjunto hacia parecer lo que dijera aquel político guerrerense, Rubén Figueroa Figueroa: la caballada estaba flaca. La mayoría, el 99.95 por ciento de ellos, eran políticos sazonados con varios años en el fragor de la contienda en busca del voto popular y ejerciendo cargos públicos. Quien se apartaba de eso era el hombre de negocios neoyorkino, Donald John Trump. Al momento que anunció su intención de competir, a varios, entre los que nos incluimos aquello nos pareció una ocurrencia y pensábamos que no llegaría muy lejos. Pronto, empezaríamos a ver que aquello iba en serio. Con una estrategia diferente, en donde la incorrección política, y porque no mencionarlo, el lenguaje procaz empezó a llamar la atención de los votantes republicanos quienes volteaban a verlo y empezaban a cavilar si lo que aquel personaje decía no estaba alejado de lo que ellos pensaban. Uno a uno fueron dejando la contienda sus competidores hasta que, el 3 de mayo de 2016, tras de la victoria en las primarias de Indiana, aseguró la mayoría de los delegados.

Culminaba así la primera etapa de una campaña en donde el ataque directo a los rivales dio resultado. Era también el resultado del trabajo de los medios de comunicación los cuales en su afán por destrozar al “outsider” y apoyar a cualquier otro potencial candidato republicano, dedicaban un espacio mayor para hacer notar todos los negativos de Trump alrededor de quien surgían la mayoría de las notas escritas o los comentarios verbales relacionados con la contienda presidencial. Derrotó al “establishment” republicano, pero aun le quedaba un largo camino antes de que pudiera imponerse a la ciudadana Rodham Clinton quien lucía fuertemente pertrechada en el poderío de las huestes Demócratas, la “Clinton Machine,” y las fuerzas globalizadoras con los arcones llenos y dispuestos a utilizarlos. En la contienda por la presidencia, Trump fue acompañado por el representante del conservadurismo republicano, el gobernador de Indiana, Michael Richard Pence.

La campana presidencial sería rijosa como pocas. Los medios de comunicación en mayoría abrumadora tomaron partido por la candidata Demócrata resaltando que ella poseía un estilo menos agresivo en su discurso, por lo cual la presentaban como la persona más ecuánime para ejercer el cargo en contienda. Asimismo, enfatizaban que su propuesta era la mejor pues planteaba acabar con los beneficios fiscales para los más ricos; se daría un incremento al salario mínimo; habría de reafirmarse el apoyo a los derechos de la mujer y consolidar los beneficios derivados de los servicios de bienestar y seguridad social, al tiempo que se otorgaría apoyo a loa negocios pequeños, se invertiría en infraestructura y daría impulso al desarrollo de los programas de energía renovable. Enfatizaban, su propuesta de construir una vía para que los indocumentados pudieran aspirar a lograr la ciudadanía estadounidense.

Además, decían, era quien tenía experiencia en como manejar los asuntos internacionales. A partir de esto último se colgaban los críticos quienes señalaban el papel pasivo que adoptó ante la primavera árabe y la negligencia que imperó durante el ataque a la embajada estadounidense en Bengazhi. En el ámbito interno, le señalaban el haber establecido en su casa un servidor computacional en donde se manejó información relacionada con seguridad nacional. De igual forma, cuestionaban su relación con Wall Street, la manera en que se dio el financiamiento y como se usaron esos recursos en la Fundación Clinton.

Por otra parte, al candidato Trump le criticaban sus comentarios sobre los mexicanos y el mencionar que construiría un muro, el cual habría de pagar nuestro país, para evitar la entrada de ilegales. En ese mismo contexto, proponía la expulsión de los indocumentados y restringir el acceso a refugiados musulmanes. Le cuestionaban que propusiera renegociar los acuerdos comerciales firmados por los gobiernos estadounidenses que le antecedieron. Asimismo, indicaban que era negativo que el candidato republicano apelara al nacionalismo. Muy criticado era que Trump abiertamente se enfrentara a los medios de comunicación y sus voceros a quienes de frente les espetaba lo que pensaba de ellos. Ante esta retórica, a favor del candidato republicano operaba la situación económica que había vivido los Estados Unidos durante los últimos tiempos.

El crecimiento promedio anual en los 7 años previos fue de 1.4 por ciento; más de 50 millones de estadounidenses dependían de programas de bienestar social; el desempleo total real rondaba alrededor del 5 por ciento, mientras que entre los afroamericanos superaba el 10 por ciento; se calculaba que el numero de mexicanos indocumentados era de 7 millones con una tendencia creciente; entre 2001 y 2016, 315 mil millones de dólares habían salido de los EUA hacia México vía remesas que enviaron los paisanos que allá trabajaban; el déficit y la deuda externa estadounidense seguía en aumento. Todo esto se sintetizaba en una sola cosa: Los EUA estaban perdiendo el liderazgo mundial. Respecto a como diagnosticaba el candidato republicano esta situación, recurriremos a lo que se muestra en el libro “The Case for Trump” (2019) escrito por el historiador militar adscrito al Instituto Hoover de la Universidad de Stanford, Victor Davis Hanson. Antes de continuar, debemos de apuntar que en esta obra se hace un análisis excelente de cómo surge el fenómeno Trump. En ella, el autor realiza una disección objetiva, incluyendo positivos y negativos de ambos candidatos, sobre lo ocurrido en esa campaña electoral, lo cual provee al lector con una visión amplia que le permite entender porque el electorado estadounidense terminó por decantarse por la opción republicana.

La lectura de este volumen es muy recomendable para loa analistas quienes gustan de fundamentar sus criticas a partir de buenos y malos, sin recordar que esto es un asunto de intereses y que los estadounidenses en general no toman sus decisiones pensando si van o no a ser de nuestro agrado. En ese contexto, recurrimos al texto de Davis para apuntar lo que Trump planteó como los cinco grandes problemas de la política exterior estadounidense: “(1) nuestros recursos se ha utilizado más allá de los limites permitidos; (2) nuestros aliados no están pagando lo que les corresponde; (3) nuestros amigos están empezando a pensar que no pueden depender de nosotros; (4) nuestros rivales ya no nos respetan; (5) [el pueblo de] los Estados Unidos ya no tiene claro cuales son nuestras metas en materia de política exterior.” Si bien eran planteados como problemas, en realidad con ellos se delineaba cual sería la línea de acción de la política externa estadounidense que mas tarde sería sintetizada bajo el concepto de “principios basados en el realismo.” Esto consistía en que “los Estados Unidos únicamente actuaría cuando pudiera generar un cambio por si mismo o que sea del interés de la alianza y solamente cuando las condiciones sean tales que pueda ganar a un costo que valga el esfuerzo.”

La campaña fue de un golpeteo verbal pocas veces visto. El candidato republicano no se detenía para atacar una y otra vez a su rival y sus apoyadores, pero sin irse nunca en contra del electorado demócrata. Por el contrario, la senadora Rodham Clinton, asesorada por quien sabe quién, el 9 de septiembre de 2016, mencionó: “…podrías poner a la mitad de los partidarios de Trump en lo que yo llamo la canasta de deplorables. Son racistas, sexistas, homofóbicos, xenófobos, islamofóbicos…” Declaración poco afortunada que alentó a un sector muy importante de la población estadounidense que aun no tomaba la decisión de por quién votaría. No obstante, todas las encuestas aseguraban que la ex primera dama triunfaría sin problemas y en base a ello decidió que no era necesario visitar los estados del medio oeste creyendo que ahí tenía el voto asegurado. Un elemento que poco se menciona es lo que las encuestas ocultaban, un gran porcentaje de quienes respondían estaban mintiendo por temor a ser vistos como extremistas. En ese entorno, llegó el 8 de noviembre.

Tras el conteo de los sufragios, se determinó que Hillary Rodham Clinton obtuvo 65.85 millones de sufragios (48.2%) al triunfar en 20 entidades y en el Distrito de Columbia que le generaron 227 votos electorales. Por su parte, Donald John Trump alcanzaba 62.98 millones de votos (46.1%) al registrar mayoría en 30 estados que le reportaron 304 votos electorales. Cabe mencionar que alrededor de 18 millones de los votos (27.7 %) obtenidos por Rodham Clinton los obtuvo en cuatro entidades, California, New York, Illinois y Massachussets. El resultado fue más que un cubetazo de agua fría para muchos. En algunos lugares, como en Charlottesville, Virginia, al día siguiente de la elección, los estudiantes de la Universidad de Virginia lucían como si un ser querido hubiera emprendido el viaje eterno. En nuestro país, no faltaron los desconsolados que siguen creyendo que con los demócratas nos va mejor que con los republicanos cuando en realidad con unos y otros nos ha ido según sea la habilidad de nuestros gobernantes para lidiar con ellos.

En el terreno doméstico, el presidente Trump negó una y otra vez haberse coludido con Rusia para ganar las elecciones. Hoy, solamente los propagandistas del fiasco siguen sosteniendo que existió y no que todo fue producto de un documento prefabricado. Los enfrentamientos con los medios siguen al amparo de un lenguaje pocas veces visto en la arena política estadounidense. El país sigue dividido mostrando cosas muy interesantes. Este escribidor, a quien le encanta andar de preguntón, hace unos días se acercó a cuestionar a un estadounidense trabajador de la construcción su opinión acerca del presidente Trump, y nos dijo “mira, en los años pasados yo era partidario de Obama, pero no encontraba trabajo y tuve que irme al ‘welfare.’ Cuando llegó Trump creí que me iba a ir peor, pero me equivoqué. No me ha faltado trabajo y este año hasta pude irme de vacaciones.

El hombre no me cae bien…” Pero como no quisimos quedarnos con esa versión parcial, pues nos fuimos a buscar a un profesor universitario, de esos que en los EUA llaman “Liberals,” y apenas le cuestionamos sobre que opinaba acerca de Trump, nos soltó todo tipo de epítetos en contra de él, que si arruinaba el ambiente, que solamente beneficiaba a los ricos, que era un déspota, que llevaba al país por la vía equivocada, que no respetaba a las minorías, etc. Ante ambas perspectivas guardamos silencio y, en ocasiones, podemos dar fe de manera directa de lo que sucede al no lucir como nórdicos. Eso sí, revisamos las estadísticas sobre cómo va la economía estadounidense y encontramos que no lucen nada mal compradas con las de hace poco en lo referente a crecimiento, empleo, inflación, comportamiento de la bolsa, disminución de las tasas impositivas, confianza del consumidor, etc. Aun cuando podemos decir que no compartimos esta u otra acción que haya instrumentado con respecto a México, al final que tan buen o mal presidente es el ciudadano Trump, es asunto de los estadounidenses porque recordemos que él gobierna para satisfacer a ellos y no a sus vecinos que debemos de exigir a nuestros dirigentes que conduzcan al país por el rumbo correcto, incluyendo su relación con otras naciones.

Por lo que respecta a las acciones que, en el terreno internacional, a lo largo de los dos años de gobierno, el presidente Trump ha emprendido acciones que poco han variado de lo que prometió en campaña. Mostrando que aquello de “Make America Great Again” no era un simple slogan de campaña ha desarrollado su política exterior. Podrá o no ser del gusto nuestro, pero este ciudadano no gobierna pensando en si vamos o no a opinar favorablemente de sus acciones, lo que busca es cumplirle a su base y atraer otros para que formen parte de ella. En materia del medio ambiente, dejó a un lado el demagógico Acuerdo de Paris en el cual nunca se le dieron herramientas para castigar a los dos países más contaminantes del mundo, China y la India, los EUA arguyeron que no seguirían pagando.

Ante la ONU y su cauda de burócratas que poco generan, pero cobran muy bien, también los estadounidenses decidieron tomar medidas. A sus socios de la OTAN les exigieron ponerse al corriente de sus cuotas. El Acuerdo con Irán fue enviado al cesto de la basura. Con China siguen enfrascados en una lucha por lograr que el libre comercio sea algo mas que un slogan. Por lo que concierne a nuestro país, las cosas no han sido nada fáciles. La construcción del muro está en marcha y, aun cuando no lo pagamos, nada podemos hacer para impedirlo pues lo están colocando de su lado. Seguimos esperanzados a que el Congreso estadounidense apruebe el tratado de libre comercio, mientras tanto cada vez que se les ocurre nos amenazan con una tarifa nueva. Aparte, como resultado de que la economía estadounidense pasa por buenos tiempos, los paisanos que laboran de aquel lado pueden enviar una mayor cantidad de remesas hacia nuestro país, se calcula que rebasaran los 30 mil millones de dólares este año, sin las cuales pues las cosas andarían peor por estos rumbos. De cómo se manejó el asunto migratorio, que ha valido felicitaciones del presidente Trump, poco podemos opinar al carecer de información dura que nos permita el análisis.

Con este artículo, concluimos la serie de veinte en los cuales hemos repasado la política exterior estadounidense desde la perspectiva de que es necesario conocer como se ha desarrollado a través de la historia y estar conscientes de que no ha sido diseñada en función de lo que nosotros opinemos. Para los gobernantes de ese país, lo importante es mantener su liderazgo mundial, y a partir de ahí poder proporcionar a sus ciudadanos mejores estándares de vida. Bien sabemos que, a lo largo de la historia, nunca la nación dominante ha sido necesariamente la más querida por el resto de los paises.

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Añadido (1) Hace unos días leíamos que el presidente López Obrador propone eliminar el examen de admisión a las universidades, a fin de garantizar a todos los jóvenes su derecho a estudiar. Ante ello, recordamos lo que, allá por diciembre de 2010, declarara el entonces subsecretario de educación superior, Rodolfo Alfredo Tuirán Gutiérrez: “No se trata únicamente de aumentar la cobertura sino evitar que la masificación de la educación superior en México conlleve a un deterioro de la calidad y con ello se refuerce una fuente de desigualdad…” Para reflexionarlo.

Añadido (2) Los ciudadanos Calderón y Bartlett libran una lucha encarnizada por ver quien le endilga al otro el apodo más insultante. ¿Querrán recordar sus días infantiles o es una muestra del grado de desfrontalización que padecen?

Añadido (3) The New York Democrat (otrora conocido como The New York Times) volvió a mostrar que cada vez más se aleja del periodismo objetivo para reafirmar que es un simple órgano de divulgación partidista.

Añadido (4) Muy incluyentes, pero a la hora de la arenga se les olvidó el consumador de la independencia. ¿Sería por su condición de mulato?

Añadido (5) Por los rumbos del pueblo insisten en homenajear al cobarde-gigolo-sinarquista- nazi. Nada más falta que, un día de estos, salgan a leer los textos laudatorios que le escribió a la bestia austriaca, mismos que fueron publicados en Timón.
14 Septiembre 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. Ofrecían arrepentimiento para ser amados, pero fracasaron / S
La semana anterior nos quedamos en que la burbuja hipotecaria, fermentada desde tiempos del presidente Clinton, había estallado y con ello daba pie para que al presidente George Walker Bush le fueran adjudicados todos los males y sus adversarios políticos crearan una narrativa que, según ellos, ponía a la economía estadounidense en una situación similar a la de 1929. Esto fue simple ficción para apalancar la candidatura de quien resultara el candidato demócrata. Partamos a dar un repaso sobre lo acontecido.

El año electoral presidencial de 2008, no lucía muy prometedor para el Partido Republicano. Las medidas económicas implantadas por el presidente Bush no daban los resultados esperados. La economía mostraba una tendencia descendiente desde 2004 y para 2008 decreció en 0.1 por ciento que resaltaba sobre el promedio anual de 2.2 por ciento alcanzado en ese renglón durante los últimos ocho años. Asimismo, a consecuencia de esa desaceleración, el desempleo llegó a un nivel de 7.3 por ciento. En ese contexto, la inflación Joseph Robinette Biden Jr. (nivel bajo de esta sea un síntoma de que la economía se encuentra saludable. Bajo ese panorama, los partidos procedieron a seleccionar sus candidatos presidenciales.

Dado que Bush estaba impedido para aspirar a un tercer término, los republicanos abrieron la baraja, inicialmente un total de 12 aspiraron a convertirse en el representante de ese partido. Finalmente, terminarían por seleccionar al senador por Arizona, John Sidney McCain III a quien buscaron arropar con la aureola de que era un “maverick” o sea un potro salvaje que no fácilmente se doblaba ante el “establishment” y podían atraer electores independientes. Asimismo, lo presentaban como un héroe de la Guerra de Vietnam en donde había pasado seis años como prisionero. Lo que poco consideraron los estrategas del llamado “GOP” fue que al final de cuentas, la figura del senador McCain evocaba el fracaso de una aventura militar que por años los estadounidenses han buscado colocar en el olvido. En este contexto, es importante recordar que con los perdedores muy pocos buscan sentirse identificados. Como compañera de formula escogió a la gobernadora de Alaska, Sarah Louise Palin, una mujer profundamente conservadora quien fue objeto de todo tipo de ataques por los grupos feministas (feminazis los llaman algunos en los EUA), mismos que no veían en ella una representante del empoderamiento de la mujer. Por otra parte, en el bando Demócrata, de 10 pretendientes iniciales, todo quedó reducido a un par, la senadora por New York Hillary Rodham Clinton y el senador por Illinois, Barack Hussein Obama. Entre ellos dos, se dio una contienda muy cerrada que se decidió hasta junio del 2008 cuando Obama consiguió el apoyo de los llamados super delegados, aquellos que no emiten su parecer sino hasta que han concluido las primarias. A regañadientes, la senadora Rodham Clinton aceptó apoyar al candidato de su partido quien fue acompañado por el senador por Delaware, Joseph Robinette Biden Jr. quien en 1988 había aspirado a la candidatura presidencial demócrata, pero tuvo una pequeña distracción y en 1987, durante un evento en Iowa se acordó de lo que decía Platón sobre que las ideas están en el Topos Uranus y hasta allá fue a recoger las palabras que antes había pronunciado, el ministro del trabajo británico, Neil Kinnok cuando contendía con la primer ministro , Margaret Thatcher. Sin quitarles una coma, las hizo suyas hasta que un reportero del New York Times, hoy el New York Democrat, Maurice Dowd lo reportó en septiembre de 1987. Esa no fue la primera vez que Biden sufría de esas distracciones, algo similar hizo cuando estudiaba en Syracuse University College of Law. Pero eso fue antes, en 2008 las cosas lucían diferentes.

Durante la campaña, el factor raza estuvo presente. Los estadounidenses embarcados en la corrección política, se encontraban en la disyuntiva de que si no votaban por una persona de raíces afroamericanas, nunca mejor empleado el término pues el candidato demócrata era hijo de un keniano y una ciudadana estadounidense de raza blanca, mostrarían que seguían siendo la misma sociedad esclavista que oficialmente terminó cuando al presidente Abraham Lincoln no le quedó de otra y, para poder armar el ejército del norte, les ofreció a las personas de raza negra su libertad para que así pudieran incorporarse a las tropas norteñas. Con ese sentimiento de culpa sobre las espaldas, un buen numero de estadounidenses emitió el sufragio a favor del candidato Obama quien alcanzó 69.49 millones de votos (52.9 por ciento) triunfando en 28 entidades y el Distrito de Columbia con lo cual aseguró 365 votos electorales. Por su parte, McCain obtenía 59.95 millones de votos (45.7 por ciento) alcanzando la victoria en 22 estados que le reportaron 173 votos electorales. Los estadounidenses estimaron que con esos resultados cerraban dos páginas poco gratas de su historia, superaban el estigma del esclavismo y la discriminación, mientras que por otro daban cerrojazo a todo lo que recordaba la derrota de Vietnam. En medio de una crisis económica severa esperaban superarla pronto y que mejores tiempos vinieran.

El presidente Obama estaba convencido de que la única manera en que los Estados Unidos podían ser percibidos de manera positiva en el mundo era corrigiendo ciertas acciones que a lo largo de la historia habían realizado. Empezó por las más recientes y pronto firmó un decreto para cerrar los centros de detención en la base militar de Guantanamo, en donde había un buen número de personas recluidas quienes estuvieron involucradas con los eventos del 11 de septiembre, a la vez que ordenaba dejar de lado ciertas prácticas de interrogación. De igual manera, en junio de 2009, fue a El Cairo y pronunció un discurso mediante el cual buscó congraciarse con las naciones islámicas. A raíz de estas acciones, pronto resurgieron toda una serie de teorías conspiracionistas mediante las cuales lo acusaban de ser un practicante de esa religión y no haber nacido en Hawái como oficialmente lo apuntaba, sino en otro país. Aun cuando nada pudo comprobarse, la actitud de Obama con respecto a Israel y su poca empatía con el primer ministro de esa nación, Benjamin Netanyahu, hicieron que a lo largo de su presidencia prevaleciera el sentimiento de que estaba más inclinado hacia los países musulmanes. En lo concerniente al viejo enemigo de los EUA, Rusia, el presidente estadounidense propuso empezar de nuevo y buscar una relación mas amistosa. Con estas acciones, hubo quien, en Oslo, Noruega pensó que era suficiente y decidieron que el ya muy maltratado Premio Nobel de la Paz, mismo que había sido otorgado a guerrilleros, halcones, mujeres que falsificaron historias y otros desprestigiados de igual calaña, fuera otorgado al presidente Obama por lo que habría de realizar en pro de la paz mundial. A pesar de su éxito en el terreno internacional, en el domestico las cosas no andaban bien.

El paquete de estímulo económico que implantó, durante 2009, no dio los resultados esperados. La actividad productiva no se reactivó. La economía decreció en 2.5 por ciento, el desempleo subió al 9.9 por ciento y la inflación llegó a 2.7 por ciento. Ante ello, no le quedó otra alternativa sino incrementar el monto destinado a los programas de bienestar social. No obstante que al año siguiente implantaría un recorte en las tasas impositivas, nada daba resultado y para julio de 2011 alcanzaría el record de 26 meses consecutivos con pérdida de empleos. No sería sino hasta 2014 cuando podría alcanzar niveles de desempleo similares a los de 2007. Pero el asistencialismo no paraba ahí.

Una de las acciones mÁs importantes implantadas durante el gobierno del presidente Obama fue el llamado Affordable Care Act. Tras de una larga batalla legislativa, dicha ley fue firmada el 23 de marzo de 2010 constituyendo una victoria para el presidente y su partido. Si bien en la superficie aquello era un acto de justicia social mediante el cual habría de resolverse la disponibilidad de servicios médicos para toda la población, al determinar que no era posible negar la cobertura médica a quienes ya padecieran un mal y prometía dar servicios de salud gratuita a casi 30 millones de estadounidenses que no tenían seguro, en realidad tenia escondidos varias condicionantes. Primero, todos sabemos que nada es gratis y alguien tiene que pagar por lo que se oferta como una gratuidad. En este caso, serían los poseedores de seguros médicos quienes pronto vieron como las tarifas de sus coberturas se elevaban. Asimismo, a los médicos se les ponían una serie de condicionantes que iban en contra de la libre práctica de su profesión. En el caso de los pequeños negocios, pronto empezaron a desocupar personal pues para cubrir a unos tenían que deshacerse de los servicios de otros y empezó a crecer el número de estadounidenses que se preguntaban en donde estaban los beneficios prometidos.

En el terreno internacional, a pesar de sus promesas de campaña, el presidente estadounidense no podía deshacerse de la intervención estadounidense en Afganistán e Irak en donde el número de tropas estadounidenses continuaba siendo muy importante. En el resto del mundo islámico, en 2011, se dio la llamada “primavera árabe” en donde facciones del islamismo se apoderaron, en algunos casos, de los gobiernos de países como fue en Túnez con la conocida como la “revolución de jazmín” y en Egipto en donde la “hermandad musulmana” tomó el poder. Asimismo, en el caso de Libia, los EUA volvieron a cometer el error de eliminar a quien ya para entonces había logrado imponer cierto orden en esa nación árabe, Muammar al-Qaddafi. Si bien este sujeto es indefendible, en ocasiones a los occidentales nos es difícil entender que, en esas naciones, como había sucedido antes con Sadam Hussein en Irak, no es factible gobernar bajo los principios de lo que nosotros consideramos valores democráticos. Existen tal número de facciones en conflicto que a menos de que exista un líder fuerte, no es factible mantener el país en paz. Ya sabemos que alguien podrá refutarnos, pero esa es la realidad que allá han vivido a lo largo de la historia y ni modo que vayamos a edulcorarla para que algún lector potencial no vaya a sentirse agredido y nos califique de retrógrados. Dado que el presidente Obama se sintió complacido por lo que sucedía en medio oriente, en su país la creencia, con más fundamento pasional que real, de que era musulmán aumentó de una décima parte de la población que así lo consideraba a una quinta parte. Ante esto y con la reelección en el horizonte, el presidente requería de una acción espectacular que borrara esa sospecha. Así, el 1 de mayo de 2011, fue anunciado que el terrorista Osama bin Laden había sido asesinado. Sin embargo, como nunca mostraron el cadáver, volvieron a dejar una rendija para todo tipo de teorías conspiracionistas.

A punto de arribar al momento de buscar la reelección, el presidente Obama tenía presente que, en las elecciones intermedias de 2010, su partido había perdido 63 escaños, la cifra más alta desde 1948, en la Cámara de Representantes y aun cuando perdió seis en el Senado, aún tenía la mayoría. Obama no tuvo problemas para lograr la nominación. Por el lado de los republicanos, tras de que trece aspirantes mostraron sus intenciones de ser el abanderado, la nominación recayó en quien fuera, entre 2003 y 2007, el gobernador de Massachussets, Willard Mitt Romney a quien acompañó el líder del Congreso, representante por el primer distrito de Wisconsin, Paul Davis Ryan. Aun cuando durante la primera administración del presidente Obama se suscitaron diversos acontecimientos cuestionables como: el llamado “Fast and Furios” en donde se traficaron armas a México para uso de los criminales; el uso del Internal Revenue Service para escrutar a los grupos políticos opositores; la utilización de los servicios de espionaje para seguir las actividades de sus contrarios; la propuesta para bloquear la acción de la justicia sobre terroristas iraníes; y, el asesinato de cuatro diplomáticos estadounidenses en Banghazi, Libya debido a la falta de implantación de medidas de seguridad en septiembre 11, el candidato republicano no mostró que fuera el oponente adecuado para cuestionar esos eventos. Finalmente, en noviembre de 2012, todo lo anterior, y el hecho de que la actual generación de estadounidenses no quería pasar a la historia como aquella que únicamente eligió por un periodo a un afroamericano, el presidente Obama obtuvo 65.92 millones de votos (51.1 por ciento) resultando victorioso en 26 estados y el distrito de Columbia lo cual le generó 332 votos electorales. Por su parte, Romney obtuvo 60.93 millones de votos (47.2 por ciento) alzándose con la mayoría en 24 entidades que le proporcionaron 206 votos electorales.

Por lo que respecta a la relación con México, aparte del episodio referido arriba, el presidente Obama nos embarcó en una confrontación para terminar con el trasiego ilegal de estupefacientes que hasta nuestros días seguimos sufriendo. En materia de inmigración, en mayo de 2011, el presidente estadounidense declaró que se habían terminado de construir 649 millas, de las 652 planeadas, de muro con México. Posteriormente, se conoció que además de eso, fueron colocadas capas adicionales de cercas para peatones detrás de la cerca principal de la frontera, incluidas 37 millas de cerca secundaria y 14 millas de cerca terciaria. Aunado a ello, en 2013, se promulgó el llamado “Dream Acto” o “The Development, Relief and Education for Alien Minors” mediante el cual se expediría una tarjeta de residente permanente para miles de jóvenes inmigrantes indocumentados, lo cual permitiría comprobar que menores indocumentados en los EUA entraron al país antes de los 16 años y habían estado ahí durante 5 años consecutivos. Podrían pagar colegiaturas de residente en el estado después de una revisión y si los estudiantes mostraban tener “good moral character” optar por el camino corto a la ciudadanía después de dos años de estudiar para obtener nivel de graduado o 2 años en el servicio militar. Posteriormente, el 20 de noviembre de 2014, se emitió el decreto de Reforma Migratoria, “Deferred Action for Parents of Americans and Lawful Permanent Residents (DAPA)” que retrasaba la deportación de inmigrantes indocumentados padres de niños estadounidenses o mayores con tarjeta de residente permanente, ellos deberían permanecer cinco años en el país y cumplir con otros requisitos. Mediante esta disposición, alrededor de 4 millones de personas calificarían bajo el decreto de DAPA construido a partir del 2012, se protegería a los “dreamers,” evitara la amenaza constante de la deportación y muchos serían quienes buscarán legalizarse y podrían trabajar legalmente. Estas medidas, lejos de amainar el problema lo exacerbaron, especialmente porque, aun cuando la economía mostraba cierta mejora, el desempleo seguía siendo alto, 4.7 por ciento, cerca de 50 millones de estadounidenses continuaban ligados a programas de asistencia social, la economía mostraba para 2016 un crecimiento de 1.6 por ciento, inferior al 2.9 del año anterior. El desempleo promedio de 2009 a 2016 fue de 7.2% y el PIB creció en promedio 1.625. En ese contexto, cada vez era más evidente la división racial. Contrario a lo esperado la población afroamericana estaba peor que ocho años antes, la clase trabajadora en general no veía mejora en le horizonte, el país cada vez aparecía más dependiente de economías como la China que jugando el papel del libre comercio, tenía a su merced el mercado estadounidense. Asimismo, a pesar de las acciones tomadas por quedar bien con todos mediante acciones como el Acuerdo de París, el Tratado Comercial Transpacífico o el acuerdo con Irán, que al parecer costó miles de millones de dólares, o bien la apertura unilateral hacia Cuba que no generó nada en contraprestación, la imagen de los EUA en nada mejoró, ni mucho menos les elevó afectos por ser tan bondadosos. Una vez más se comprobaba que la política diplomática al estilo James Earl Carter no dejaba más que halagos en los medios proclives a ellos, pero en el mundo real generaba costos muy altos y la erosión del poderío estadounidense. Y así, con una tendencia decreciente en su liderazgo mundial, llegaron las elecciones de 2016. Ese será el tema de la semana siguiente.

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Añadido (1) Es increíble como en las sacrosantas universidades estadounidenses se reciben aportaciones con varios ceros a la derecha para que algunos estudiantes, escasos de seso, sean aceptados. Asimismo, esos centros educativos son beneficiadas con óbolos de sujetos cuya reputación no es nada dudosa, pero que buscan lavar la imagen. Cuando todo es descubierto, resulta que ni los rectores, ni los encargados de finanzas sabían nada y sacrifican a empleados de medio pelo. De esta manera, instituciones como Massachussets Institute of Technology (MIT), Harvard, Yale, Stanford, UCLA, USC, University of Texas-Austin, y varias más, permanecen como ejemplo de pulcritud en espera de otros donantes de igual calaña. Nada importa, nunca faltarán corderos para sacrificar y los castigos a los infractores se reducen a un manazo.

Añadido (2) Para quienes dudaban de lo que apuntábamos la semana anterior, ahora fue un diputado de los rumbos del edén quien actuó como globo sonda. Si, como dicen, andaba ebrio, ¿entonces aplicamos aquello de que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad?

Añadido (3) Extrañamente, desde que, en Bilbao, se le ocurrió al torero mexicano Luis David Adame darles un “baño” al par de maistros, no ha vuelto a tener actividad en España. Eso sí, aquí, los “mexhincados” cuentan las horas que faltan para que llegue la parejita, hacerles el desagravio y mostrar porque los apodan así.
07 Septiembre 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. La sacudida al orden emergente / R
Los EUA arribaron al Siglo XXI bajo los mejores augurios. La presidencia de William Jefferson Clinton concluía con una economía doméstica creciente y el dominio estadounidense en el contexto externo lucía incuestionable. Parecía que aquel estatus que duraría por muchos años. Sin embargo, más pronto de lo que nadie pudiera imaginar los problemas surgieron. Demos un repaso a los eventos surgidos en los albores de la centuria nueva.

Cuando llegó el momento de que se nominaran candidatos presidenciales, se esperaba que los Demócratas retuvieran la Casa Blanca al menos cuatro años más. En ese contexto, pocos dudaron que el vicepresidente Albert Arnold Gore Jr. era el candidato natural para suceder a Clinton. Los contendientes por la candidatura dentro de su partido fueron escasos y pronto se retiraron. Al ser nominado, Gore escogió como su compañero de fórmula al senador por Connecticut, Joseph Isadore Lieberman. Mientras tanto, los Republicanos tuvieron una baraja más amplia de candidatos, doce llegaron a mostrar interés en convertirse en el abanderado. Al final, terminaron por seleccionar al gobernador de Texas, George Walker Bush, quien fue acompañado por el ex secretario de la defensa durante el gobierno del presidente George Herbert Walker Bush. Contrario a lo esperado, las elecciones resultaron muy reñidas y al cerrarse los cómputos, todo quedó reducido a la disputa sobre quien había triunfado en el estado de Florida y obtenía los 25 votos electorales correspondientes a esa entidad. Un primer conteo daba una ventaja de mil votos a Bush sobre Gore. Cuando este último requirió un recuento manual de los sufragios, el campo republicano demandó que no se efectuara, pero la Suprema Corte de Florida denegó la petición y ordenó la revisión de 45mil votos que aparecían dudosos. El caso llegó a la Suprema Corte de la Nación la cual terminó por echar atrás la decisión de la de Florida y emitir un fallo mediante el cual se reconoce el triunfo del candidato republicano en esa entidad. Al final de cuentas, los resultados indicaban que Bush obtuvo 50.46 millones de sufragios (47.9%) con los cuales obtuvo la victoria en 30 entidades que le aportaron 271 votos electorales. Por su parte, Gore alcanzó 50.999 millones de votos (48.4%) gracias a su triunfo en 20 estados y el Distrito de Columbia, lo que significó 266 votos electorales. Con el triunfo de Bush, se repetía el caso de que un hijo de un expresidente ocupara el cargo. El antecedente era John Quincy Adams (1825–29) cuyo padre, John Adams fuera el segundo presidente de los EUA entre 1797 y 1801. Pero retornemos a los albores del siglo entrante.

Entonces parecía que era un mundo distinto. La internacionalización pasó a ser un término en desuso para dar pie a la llegada de la globalización. Ya nadie quería hablar de bilateralismo, lo de moda era el multilateralismo l. Para algunos, el departamento de estado había perdido su razón de existir, lo importante era ver como habría de lograrse la aproximación global. En esta era, la política exterior estadounidense debería lidiar con los bloqueos políticos y económicos. Ahora lo que importaba era la democracia, la libertad política, el comercio abierto, la eliminación de límites y el libre acceso a la información. Lo que se vendía era que la pobreza habría de eliminarse mediante la apertura. Aquello parecía encaminarse a convertir el futuro en un paraíso. Sin embargo, cuando la supremacía estadounidense brillaba y George W. Bush intentaba llevar al mundo una nueva era de realismo para difundir los valores estadounidenses, se presentó el 11 de septiembre de 2001.

Aquella mañana un grupo de terroristas islámicos secuestraron dos aviones comerciales y fueron a estrellarlos contra las Torres Gemelas del World Trade Center en New York. Una tercera aeronave fue a caer en los linderos del Pentágono, mientras que una cuarta se estrelló cerca de Pittsburgh. Al final tres mil personas perdieron la vida y un numero incalculable fue víctima colateral, al correr del tiempo, cuando desarrollaban labores de rescate y limpieza. A la par, surgieron todo tipo de rumores conspiracioncitas. Querámoslo o no, a partir de esa fecha muchas cosas empezaron a cambiar en el mundo.

El ataque representó un retroceso grave no solo para los Estados Unidos sino también para la humanidad en general. Fue un recordatorio de que los nuevos desafíos aún prevalecían y que era necesario ocuparse de ellos. Para quienes lo habían querido dejar a un lado, la arremetida era la muestra de que los islámicos no habían olvidado que un día fueron los amos del mundo y querían recuperar ese dominio. No era nada nuevo, en los ochentas, durante nuestra segunda etapa estudiantil, un condiscípulo profesante de esa fe nos dijo, a medio pasillo y voz en cuello, que la aspiración que tenían era retornar a lo que habían sido.

La paradoja de la apertura afectó a los EE. UU. Cuando su poder era mayor debido a eso, al mismo tiempo se convirtió en más vulnerable que nunca. La amenaza del terrorismo acabó por convertirse en un problema cotidiano. También necesita lidiar con el lado oscuro de la globalización representado por la propagación de enfermedades infecciosas, el terrorismo ya mencionado y el desarrollo de armas nucleares por países en donde los liderazgos son ejercidos de manera unilateral y prevalece el fanatismo ya sea religioso o político. Los problemas ambientales fueron convertidos en un instrumento de propaganda política, mucho sustentada en la estridencia y poco en la ciencia, siendo convertidos en el refugio de aquellos que quedaron huérfanos ante la muerte del sistema socialista. Pero, esos temas habría que afrontarlos conforme se dieran las cosa. En ese momento, tras de los ataques, era demostrar cómo se castigaría a los culpables.

En octubre de 2001, el presidente Bush ordenó invadir Afganistán para derrocar al gobierno talibán que supuestamente daba protección a Osama Bin Laden, el líder de la organización terrorista Al-Qaeda, quien aparecía como el gran cerebro atrás del ataque. A nivel doméstico, Bush firmó la Ley Patriótica cuyo objetivo era dar una cobertura legal a todas las acciones en contra del terrorismo y el narcotráfico, el argumento era que no se trataba de nada nuevo, sino simplemente de ampliar lo que en la materia ya existía. En base a dicha ley, se creó el departamento de seguridad interna, mismo que empezó a operar en noviembre de 2002. Ahí no pararon las cosas. Para ese momento, durante su informe al Congreso, a principios de 2002, el presidente estadounidense ya había delineado lo que seria denominada la Doctrina Bush. Conforme a ella, los EUA implantarían una política de ataques militares preventivos en contra de todas aquellas naciones que apoyaran o dieran albergue a organizaciones terroristas enemigas de ese país. A la vez, acuñó el apodo del “Eje del Diablo” para denominar a tres países, Irak, corea del Norte e Iran, que, según ‘el, representaban una amenaza para la paz mundial ya que poseían armas de destrucción masiva y daban apoyo a grupos terroristas. En ese contexto, se arguyó que, en Irak, Sadam Hussein escondía armas de destrucción masiva e inclusive el secretario de estado, Colin Powell, fue y presentó su argumento ante la ONU para justificar la invasión a ese país. Al margen debemos de mencionar que, tiempo después, se determinó que no existían y la carrera de Powell se hizo humo. Sin embargo, en su momento, aquello sirvió para que el 20 de marzo de 2003, diera inicio la guerra en contra de Irak, propiciara la caída de Hussein, su captura a finales de 2003 y posterior ejecución vía el ahorcamiento. Se esperaba que aquello durara poco, cuando el primero de mayo de ese año, el presidente Bush pronunciara aquella frase de “Mission Accomplished,” misma que cargaría como una loza muy pesada a lo largo de su administración y es fecha de que la presencia estadounidense continua en Irak. Pero, además, de acciones bélicas hubo otras acciones estadounidenses en el campo internacional.

Apenas iniciado su mandato, Bush dejó en claro que los EUA no cumplirían el Protocolo de Kioto, firmado por su antecesor, mediante el cual se establecían compromisos para reducir la emisión de gases responsables del calentamiento global. Por cierto, a los legos en el tema nos surge una pregunta: ¿Quién ha sido responsable, a lo largo de la prehistoria y la historia, de los cambios climáticos que ha sufrido la Tierra en todo ese tiempo? Pero dejemos de lado nuestra ignorancia y volvamos al porque el presidente estadounidense decidió alejarse de ese protocolo en donde no se imponía límites a las emisiones generadas en los países en desarrollo y mucho menos se colocaban candados para que dos de los grandes contaminadores, China y la India, fueran sujetos a sanciones. En eso de retirarse, los EUA, también, dejaron a un lado el Tratado de Misiles Anti-Balísticos de 1972. Asimismo, rechazó que la Corte Penal Internacional tuviera jurisdicción alguna sobre los ciudadanos estadounidenses. Vayamos ahora a las relaciones con nuestro país.

En los albores de 2001, parecía que las relaciones entre México y los EUA vivirían tiempos maravillosos, mucho se enfatizó que al frente de ambas naciones se encontraban hombres afines y todo iría de maravilla. Inclusive, se habló de que seria factible resolver el problema migratorio. En ese contexto, iniciaron las negociaciones. El presidente Bush ofrecía a su “amigo” legalizar a 3 o 4 millones de mexicanos, pero eso no era lo que querían los que se encontraban al frente del gobierno mexicano. Empezó a aflorar la pequeñez intelectual del ignaro con botas y la soberbia de quien se creía intelectual, Castañeda el pequeño. El primero dejó las negociaciones en manos del segundo y este pleno de arrogancia creyó que podía dictar la política migratoria de nuestros vecinos. En medio de las negociaciones, el 21 de junio de 2001, declaró aquel de “la enchilada completa o nada.” Esto consistía en seis puntos: Legalización o regularización de 3 o 4 millones de mexicanos viviendo en EUA; vigilancia laxa en la frontera; visas permanentes a mexicanos; remover a México de la lista de países con cuota migratoria; programas de trabajadores huéspedes o temporales; asegurar a los Mexicanos viviendo en los EUA que reciban servicios de salud y el pago de las colegiaturas para la universidad de manera gratuita. Todo ello era factible resumirlo en que el ignaro quien nos (des)gobernaba quería fronteras abiertas y manejar la agenda de los EUA. Y en esas estábamos cuando se atravesó el 11 de septiembre y la diplomacia mexicana actuó a la velocidad de un paquidermo reumático. Pasaron mas de 10 días antes de que el (des)gobernante mexicano tomara el teléfono y expresara su apoyo al vecino, y, para acabarla de empeorar, cuando lo hizo fue con tan poca seriedad que puso al teléfono a uno de sus infantes. Aquello iba hacia la nada, de muy poco le sirvió al ignaro sus actos de rastrerismo, como el del 22 de marzo de 2002, famoso por el “comes y te vas” para que no se enoje mi vecino. Al final, no hubo acuerdo migratorio y en venganza, en 2004, la secretaría de relaciones exteriores, ya al mando de aquel que resultó mejor cómico que su sobrino, emitió el panfleto “Guía del Migrante Mexicano,” o como cruzar ilegalmente a los EUA y que no te atrapen. En ese momento, ya se habían efectuado las elecciones presidenciales en los EUA.

En noviembre de 2004, el Partido Republicano estuvo representado por la dupla Bush-Cheney, mientras que, tras un proceso de decantación de 10 candidatos potenciales, los Demócratas terminaron por seleccionar al senador por Massachussets, John Forbes Kerry, quien llevó como acompañante al senador por North Carolina, Johnny Reid Edwards. Los resultados arrojaron un total de 62.04 millones de votos (50.7%) para Bush quien obtuvo mayoría en 31 estados que representaron 286 votos electorales. Por su parte, Kerry ganó en 19 entidades y el Distrito de Columbia que le aportaron 59.03 millones de sufragios (48.3%) y 251 votos electorales.

El segundo periodo de Bush se caracterizó por continuar con los enfrentamientos en Irak y Afganistán, al tiempo que se continuaba con la guerra contra el terrorismo en el ámbito interno. En esto último, en 2006, con apoyo de ambos partidos, algo que uno de ellos ya olvidó, se firmó “The Secure Fence Act,” mediante la cual se autorizaba construir 700 millas de muro con seguridad doblemente reforzada. El objetivo era detener el trafico de drogas y la inmigración ilegal. Respecto a esto último, un año antes, el senador republicano por Arizona, John McCain y el senador demócrata por Massachussets, Edward Moore Kennedy hicieron una propuesta. En ella, se aceptaban al menos 40 mil trabajadores temporales por año, se emitirían visas por tres años, si las tenían y disponían de empleo podrían quedarse y en seis años solicitar la ciudadanía estadounidense. Asimismo, se castigaría con penas mayores a quienes centraran ilegales. Habría que reforzar la seguridad en la frontera. Para quienes estaban ilegalmente en los EUA, les ofrecían registrarse, pagar dos mil dólares de multa, aceptar una revisión de su récord criminal y pasar un examen de conocimientos del idioma inglés. Si superaban esa prueba y tenían empleo podrían quedarse en el país y en seis años solicitar ser ciudadanos. La propuesta de ley no definía como se implantaría el programa de inmigración temporal, como se reforzaría la seguridad fronteriza, que pasaría con quienes no cumplieran con los requisitos y no precisaba como habría de hacerse para que en su territorio se comprobara la estricta aplicación de las leyes migratorias. Todo quedo en propuesta.

En materia comercial, dado que era un firme creyente de que el proteccionismo actuaba en contra del crecimiento económico, Bush enfocó su actividad a la firma de tratados de libre comercio, 10 en total los cuales se sumarian a los tres que ya operaban al inicio de su mandato.

En la búsqueda eterna por lograr un acuerdo de paz entre Israel y Palestina, Bush delineó una ruta crítica para lograrlo, pero todo se fue al caño cuando Hamas se impuso en las elecciones palestinas de 2006.

Tras de que la burbuja hipotecaria, prestamos de alto riesgo a compradores de vivienda cuya solvencia no estaba asegurad con su nivel de ingresos, siguiera la tendencia creciente que se inició durante la administración Clinton, finalmente en 2008 hizo crisis. Los precios de las viviendas se vinieron abajo y cada vez mas “propietarios” se declaraban insolventes para cubrir los pagos mensuales, el fantasma de la recesión se materializó. Bush buscó evitarla mediante la promulgación de la Ley de Estímulo económico de 2008. Como la mayor parte de las hipotecas estaban respaldadas por las instituciones gubernamentales, Fannie Mae y Freddie Mac fue necesario salvarlas para que la burbuja no estallara estruendosamente, pero no se pudo evitar que otras instituciones financieras sufrieran quebrantos serios. En medio de todo esto, la administración de Bush terminó en medio de una crisis económica muy sería que, con toda su gravedad, nunca alcanzó los niveles que sus enemigos políticos le han dado. Sin embargo, como arma política fue muy efectiva. Sobre ello abordaremos en la próxima colaboración.

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Añadido (1) Hoy, habrías celebrado tus noventa y cuatro años.

Añadido (2) Si usted, se preguntaba de donde salen los fondos para que un buen número de africanos anden por el mundo presionando en busca de asilo, la respuesta la encontrara, por estos días, en los rumbos de Mozambique, Madagascar e Isla Mauricio.

Añadido (3) Bello y edificante el espectáculo que nos proporcionaron hace unos días el jefe de una diócesis del noreste y un grupo de religiosas. A grito pelado, discutían la posesión de una propiedad. Una muestra más de que lo que portan, y dicen promover, es solamente un disfraz. Al final de cuentas, lo único que los mueve es el aroma de la “fiducia.”

Añadido (4) Se les “cebó” otro ensayo, pero seguirán insistiendo. Aun les queda uno pendiente de que se resuelva y los que vienen.

Añadido (5) Si le impusieron aranceles mayores al acero mexicano es porque los de aquí no acaban de entender que colocar el “Made in Mexico” no es suficiente para ocultar el color amarillo ¿A poco creen que allá son tan inocentes para no saber lo que hacen?
31 Agosto 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. El internacionalismo nuevo / Q
Durante los años noventa del siglo pasado, el mundo había cambiado y el poder se ubicaba unilateralmente en los EU. En términos generales, podríamos decir que fueron años muy positivos para ese país, pero también fueron los tiempos en que se incubaron algunos problemas que habrían de, literalmente, explotar durante los albores del Siglo XXI. Antes de llegar a esto, demos un repaso por lo acontecido en aquellos años en donde, ni siquiera los escándalos, derivados de asuntos hormonales, impidieron que el presidente William Jefferson Clinton tuviera resultados positivos en su gobierno.

Si de logros económicos hablamos, cabe mencionar que el crecimiento promedio del Producto Interno Bruto durante la administración Clinton fue de 4.33 por ciento. La tasa de desempleo se reducía de 7.4 por ciento, en 1992, a 3.9 por ciento en el año 2000. Por su parte, la tasa promedio de inflación durante los dos mandatos de Clinton fue de 2.94 por ciento. Con esos tres indicadores, fue suficiente, y lo sería en cualquier nación, para que, al final de cuentas, a los estadounidenses muy poco les importara lo que su presidente hiciera en sus ratos de “retozo”. Pero en medio de todo eso, se desarrolló una acción que hizo a la gran mayoría treparse en la cresta de la ola y no reflexionar sobre lo que podría ocasionar.

En 1992, con la finalidad de promover la disponibilidad de vivienda para las mayorías, se promulgó la Ley de seguridad y solidez financiera de las empresas de vivienda. En base a ella, se instruye al Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano que estableciera metas específicas a las empresas gubernamentales Fannie Mae y Freddie Mac para que atenderán el problema de vivienda en áreas de bajos ingresos y el de aquellas casas que estuvieran abandonadas. Nadie lo sabía, pero en ese instante acababa de nacer la burbuja que explotaría al final de la administración de George Walker Bush. Otras medidas habrían de instrumentarse en 1997 para incentivar que los estadounidenses compraran su primera casa a precios altos, así como invertir en una segunda y/o en terrenos. Pero la clave de todo esto, se da en septiembre de 1999 cuando Fannie Mae establece una política laxa respecto a los requisitos de crédito cuyo objetivo era alentar a los bancos para que otorgaran créditos hipotecarios a personas que desearan adquirir viviendas, pero cuyo historial crediticio no era lo suficientemente bueno como para ser sujetos de préstamos convencionales. Para finales del 200, en noviembre, Fannie Mae anunció que el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano pronto le requerirá que dedique el 50 por ciento de los préstamos que otorgará a familias de ingresos bajos y moderados. En el contexto de la Ley de Inversión Comunitaria, planeaba financiar más de $ 500 mil millones de dólares para 2010. Ni quien se preocupará de nada, la economía crecía por encima del 4 por ciento y parecía que el gas helio era inacabable para seguir inflando una burbuja que parecía construida con un material a prueba de cualquier cosa. Antes de revisar la politica exterior de la administración Clinton, veamos algunos otros asuntos que se desarrollaron en el ámbito doméstico.

Uno de los temas recurrentes entre los políticos miembros del Partido Demócrata es el referente a la creación de un sistema que permita otorgar cobertura médica gratuita (¡!) a todos los ciudadanos. Durante su campaña Clinton prometió que lo instauraría y una vez en la presidencia, puso a su esposa Hilary Rodham Clinton al frente del grupo cuyo objetivo era implantar la reforma nacional de salud. La oposición fue muy fuerte, desde cuestionar el porque la esposa del presidente tomaba un papel tan activo hasta argüir que aquello tendría costos muy altos que terminarían por destruir el sistema de salud estadounidense. Al final aquello no caminó y la propuesta terminó por ser desechada en el Congreso.

Sin embargo, durante su primer periodo, Clinton obtuvo otros logros en el seno del Legislativo. Uno de ellos fue un paquete de medidas para reducir el déficit, mismo que fue aprobado en el Senado mediante el voto de desempate emitido por el vicepresidente Al Gore. En igual forma, salvaron el obstáculo legislativo un total de treinta iniciativas relacionadas con la prevención del delito, asuntos ambientales y otras relacionadas con temas familiares y de las mujeres, entre los que se incluyeron la Ley en contra de la violencia hacia las mujeres y la Ley para otorgar licencias familiares y médicas. Independientemente de sus otros asuntos, no se puede negar el apoyo que Clinton otorgó a las mujeres. Ejemplo de ello fue en su gabinete incluyó a Janer Reno como procuradora general, Donna Shalala como secretaria de salud, Joycelyn Elders como cirujano general, Madeleine Albright como la primera mujer al frente del departamento de estado, y Ruth Bader Ginsburg como la segunda persona del sexo femenino que arribaba como ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Los primeros años de la presidencia de Clinton se vieron marcados por tres eventos terroristas que hemos olvidado, pero que fueron el preludio de lo que vendría después. El primero ocurrió el 26 de febrero de 1993 cuando fue colocada una bomba en el World Trade Center de New York, la cual mató a seis personas y lesionó a mas de mil. El otro ocurrió en Waco, Texas en donde un fantástico, David Koresh, se atrincheró durante dos meses y al FBI no le quedó sino entrar a sangre y fuego, lo cual dejó mas de ochenta personas muertas. El tercer evento, se suscitó, en abril de 1995, en la ciudad de Oklahoma, en donde unos terroristas domésticos colocaron un camión con explosivos que mataron 168 personas y dejaron cientos de heridos. Pero hubo algo más dirigido a la línea de flotación de Clinton.

En enero de 1994, la procuradora Reno no tuvo otra alternativa sino atender un asunto que, desde 1992, estaba en la palestra. En ese año, se autorizó la investigación sobre las transacciones que había realizado el matrimonio Clinton y sus asociados Jim y Susan McDougal durante la década de los 1970s y 1980s en un negocio inmobiliario denominado Whitewater. La investigación fue conducida por Kenneth Starr quien, tras gastarse 50 millones de dólares, en junio de 1996, concluyó que pudo haberse dado una acción indebida por parte del presidente Clinton de quien señaló abusó del poder, eludió los limites de su autoridad e intentó manipular la verdad. Sin embargo, no se pudo mostrar ninguna evidencia concluyente que implicara se hubiera cometido un delito. Mientras en el entorno interno enfrentaba terroristas y acusaciones, las actividades realizadas en el marco de la política exterior eran significativas.

Clinton jugó un papel preponderante en la búsqueda por encontrar una solución permanente al problema. El 13 de septiembre de 1993, el presidente estadounidense logró que el líder de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasser Arafat, y el primer ministro de Israel, Yitzhak Rabin, se reunieran en Washington para firmar un acuerdo mediante el cual se aceptaba el gobierno palestino en la franja de Gaza y Jericho.

Asimismo, en 1994, realizó una serie de negociaciones para lograr que el presidente de Haití, Jean-Bertrand Aristide, quien fuera depuesto por un golpe militar en 1991, retornara al cargo.

En los mismos terrenos internacionales, Clinton propició, en 1995, los llamados Acuerdos de Dayton encaminados a terminar el conflicto étnico de Bosnia y Herzegovina. Al respecto, hay varios aspectos a comentar.

Durante la presidencia de Clinton, la política exterior se desarrolló bajo el concepto de Nuevo Internacionalismo. Hasta 1995, los Estados Unidos no tomaron ninguna medida relacionada con la región de los Balcanes. La administración Clinton creía que los europeos podrían resolver el problema. Finalmente, Estados Unidos interviene bajo lo que el director del programa de política exterior estadounidense en la Universidad de John Hopkins, Michael Mandelbaum llama la Doctrina Clinton. Esta supuesta doctrina, citando a Mandelbaum, de la intervención humanitaria tenía dos partes: el uso de la fuerza en nombre de valores universales en lugar de los intereses nacionales más estrechos por los que tradicionalmente han luchado los estados soberanos; y en defensa de estos valores, la intervención militar en los asuntos internos de los estados soberanos en lugar de la mera oposición a la agresión transfronteriza, como en la Guerra del Golfo de 1991. Mandelbaum critica la Doctrina Clinton porque castiga a los inocentes para expresar indignación a los culpables. Sin embargo, la intervención militar de los EU en los Balcanes ayudó a recrear la presencia estadounidense en Europa y dio resultados positivos. Sin embargo, no todo fue éxito alrededor del mundo. El fracaso de la misión militar estadounidense en Somalia y la falta de intervención ante el genocidio en Ruanda, ambos del primer mandato de Clinton, se destacan como fallas importantes en su historial de política exterior. Pero vayamos a terrenos mas cercanos y conocidos por nosotros.

Entre las herencias que recibió Clinton del presidente George H. W. Bush, se encontraba el proceso para finiquitar la firma del Tratado de Libre Comercio para América del Norte. Una vez que los órganos legislativos de México y Canadá aprobaban los términos del acuerdo, el 17 de noviembre de 1993, la Cámara de Representantes estadounidense lo aprobaba por 234 a 200 votos. Tres días después, el Senado emitía su veredicto mediante 61 sufragios a favor y 38 3n contra. El 8 de diciembre de ese año, se firmó para que entrara en vigor a partir del 1 de enero de 1994. Esa no sería la acción mas importante de Clinton con respecto a nuestro país. recordemos aquellos días poco gratos.

Apenas tenia 20 dÍas de haber tomado posesión el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León cuando se le ocurrió quitar los alfileres de los que le habían dejado prendida la economía. Como resultado, el Banco de México devaluó el peso entre 13 y 15 por ciento, lo cual provocó una fuga masiva de capitales. De acuerdo con lo que aconseja el “librito,” buscó evitarla mediante un incremento a las tasas de interés. Dos días más tarde, el gobierno decidió que el peso debería de encontrar su valor libremente en el mercado y se fue al fondo. Nada mas grave hubiera sucedido de no haberse dado una especie de contagio con las economías sudamericanas que también sufrieron la perdida de valor de su moneda y un éxodo de capitales. Todo esto significaba que las deudas de los gobiernos y las empresas, contratadas en dólares, se fueran a los linderos de no poderse pagar. A todo este contagio se le denominó el “efecto tequila.” Había el peligro de que el tequilazo tuviera serias repercusiones en las finanzas estadounidenses y en todo el modelo económico emergente en el mundo. Ante ello, el presidente Clinton hubo de actuar. Encontró trabas serias cuando propuso un paquete financiero de rescate. Sin embargo, al final, decidió jugársela y apoyarnos. Respecto a su postura, recordamos cuando tuvimos oportunidad de charlar con él y le mencionamos acerca del préstamo por veinte mil millones de dólares que su gobierno otorgó al mexicano en 1995 para salvarnos de la crisis, Clinton con orgullo manifiesto nos dijo: “esa fue una de las mejores decisiones que tome durante mi gobierno.” Asimismo, enfatizó el hecho de que México había pagado la cantidad mencionada con tres años de antelación a la fecha de vencimiento.

No obstante, los logros en el exterior, en el terreno domestico las cosas no marchaban para Clinton. Durante las elecciones intermedias, en 1994, los efectos de la propuesta al sistema de salud y otras políticas de corte liberal, en el sentido estadounidense, hicieron que los votantes le dieran la espalda a Clinton y durante las elecciones de noviembre, por vez primera en 40 años, los Republicanos obtuvieron el control de ambas Cámaras legislativas.

Ante los resultados, el animal político que es Clinton hubo de replantear su postura y moverse mas hacia el centro. En 1994, firmó la Ley para el control de delitos violentos y la puesta en práctica de las disposiciones legales, mediante la cual se incorporaban a la fuerza pública 100 mil policías y se implantaban penas más severas para una gran variedad de delitos. En 1996, firmó la ley para incrementar los salarios mínimos. Cuando los Republicanos le cerraron la operación del gobierno un par de veces, en 1995, supo manejar las circunstancias para emerger como triunfador. En ese contexto, instrumentó un plan para reducir el déficit publico y otro para reestructurar el sistema de bienestar social, mientras se oponía a la propuesta republicana para reducir el presupuesto a los programas sociales. Estas acciones permitieron a Clinton enfrentar la elección presidencial de 1996 con un creciente apoyo popular ante lo que lucía como una postura radical de los Republicanos.

El candidato de ese partido fue el senador por Kansas, Robert Joseph Dole a quien acompañó en la boleta el antiguo quarterback de los Buffalo Bills, Jack French Kemp. Hubo un tercer candidato independiente, Henry Ross Perot cuyo compañero de formula fue un economista, Pat Choate. A la hora de los sufragios, Clinton logró 47.4 millones (49.2%) que le permitieron obtener la mayoría en 31 estados y el Distrito de Columbia, lo cual le significó 379 votos electorales. Dole recolectó 39.20 millones (40.7%) ganando en 19 entidades que le aportaron 159 votos electorales. Perot atrajo 8.08 millones (8.4%) sin obtener mayoría en ningún estado.

El segundo periodo de Clinton estuvo dominado por el escándalo Lewinsky y la decisión de la Cámara de Representantes de llevarlo a juicio político bajos los cargos de perjurio y obstrucción de la justicia, el 12 de febrero de 1999, tras un juicio de 21 días en el Senado, se le declaró inocente de todos los cargos. Sin embargo, en el terreno exterior, obtuvo algunos logros. Su intervención fue fundamental para que se firmaran, el 10 de abril de 1998, los “Acuerdos de Paz del Viernes Santo, “mediante los cuales protestantes y católicos de Irlanda del Norte dejaban atrás sus dificultades. Asimismo, a finales de octubre de 1998, firmó la ley para la liberación de Irak demandando un cambio de régimen. Como Sadam Hussein no cooperaba para que le revisaran si tenía armas de destrucción masiva, el 16 de diciembre, Clinton ordena que le surtan tres días de bombardeos. Ante los ataques a las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania, supuestamente realizados por Osama Bin Laden, se instrumentaron ataques en Afganistán y Sudan. A mediados de 199, termina la guerra en los Balcanes.

Todo lo acontecido entre 1997 y 2000, para nada detuvo el comportamiento positivo de la economía estadounidense que gozó de un periodo de prosperidad basado mayormente en el incremento en la productividad. Gracias a ello fue que el presidente Clinton pudo terminar su mandato con alto nivel de aprobación y entregar, aparentemente, un país sin mayores problemas salvo de como ejercer l liderazgo en el mundo. Sin embargo, muchas cosas cambiaron mas pronto de lo pensado. De eso habremos de ocuparnos la semana próxima.

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Añadido (1) Cuando creíamos que el saltimbanqui más preclaro de los últimos dos siglos ya no daría otro salto, nos sorprendió. Ahora es petista y vuelve a exhibir su verdadero yo. Es tan demócrata como su antecesor, durante el siglo XIX, en eso de ejecutar brincos y como su tocayo siempre estará dispuesto al sacrificio que implica seguir en el cargo por los siglos de los siglos…

Añadido (2) Uno tras otro sueltan globos sonda. Solamente los inocentes no se percatan de hacia dónde van.

Añadido (3) Como le dijeron los brasileños, no supo como reaccionar ante el incendio de una iglesia y ahora quiere presentarse como el gran bombero del Amazonas.

Añadido (4) PIB = C + I + G + (X - M) es una fórmula que se le enseña a cualquier aprendiz de economista durante el primer año de la carrera. (PIB) Producto Interno Bruto: El valor de la producción de todos los bienes y servicios finales producidos en un país a precios de mercado, en un periodo determinado. (C) Gastos de consumo privado: Son los gastos en bienes y servicios realizados por las familias para satisfacer sus necesidades. (I) Inversión: Está compuesta por las compras de bienes finales que adquieren las empresas para realizar la producción y las variaciones en las existencias de inventarios. (G) Gasto público: Se refiere a las compras de bienes y servicios que el gobierno realiza. (X-M) Exportaciones menos importaciones: La diferencia entre las exportaciones e importaciones es el saldo de la balanza comercial. Estas variables son las que determinan el sentido por dónde va la economía de un país. ¿En verdad creen que nada tiene de trascendente el comportamiento de cada una de ellas porque “el crecimiento puede ser cero o dos, eso no es lo importante…”?
24 Agosto 2019 01:01:00
La política exterior estadounidense. Derrotaron al enemigo lo mismo sin armas que con ellas / P
Trascurría 1988 y el ambiente estaba, como lo dijera aquel nigropetense cuando narraba eventos pugilísticos, al “rojo blanco”, en donde a la URSS la traían de “de pilar a poste”. En ese contexto internacional, llegaba a su fin el segundo periodo presidencial de Ronald Wilson Reagan. La economía estadounidense pasaba por un buen momento y el prestigio de los EU en el exterior había sido recuperado. Era hora de elegir un nuevo presidente quien necesariamente habría de enfrentar lo que ya era inminente, una realineación en los ejes de poder. Acerca de esto comentaremos a continuación.

Al momento en que el Partido Republicano procedió a seleccionar candidato, hubo varios que buscaron serlo. Sin embargo, el apoyo del presidente Reagan fue fundamental para que el vicepresidente George Herbert Walker Bush se convirtiera en el abanderado a quien acompañó en la boleta el senador por Indiana, James Danforth Quayle. Bajo el supuesto de que las cosas iban bien, y así continuarían, Bush se comprometió durante su campaña que a lo largo de su administración no se crearían impuestos nuevos. Por su parte los Demócratas, vivían un periodo de ajuste en busca de un liderazgo nuevo e inicialmente se apuntaron para buscar la nominación, Jesse Jackson, Dick Gephardt, Paul Simon, Gary Hart, Joe Biden y Al Gore, así como el gobernador por Massachussets, Michael Stanley Dukakis. Si bien al principio parecía que Hart era quien mayores posibilidades tenia, pronto le encontraron que la hormona le había ganado y contaba con una serie de affaires que no se podían permitir en una sociedad tan pura y casta como la estadounidense. Finalmente, Dukakis fue el seleccionado, llevando como compañero de fórmula al senador por Texas, Lloyd Millard Bentsen Jr. Durante su campaña, Dukakis cometió un dislate tras otro que terminó por convertirlo en blanco de críticas ácidas. Así, el día de las elecciones, Bush obtuvo 48.88 millones de votos (53.4 por ciento), mientras que Dukakis lograba 41.80 millones (45.6 por ciento). Esto permitía que el primero se alzara con el triunfo en 40 entidades que le significaron 426 votos lectorales, mientras que el segundo obtenía la mayoría en 10 estados y el Distrito de Columbia que le reportaron 111 votos electorales.

Para finales de 1989, el 9 de noviembre, el gobierno de Alemania del Este abrió la puerta para que sus habitantes pudieran salir sin problemas y cruzar hacia el oeste. Ello, significaba la caída del Muro de Berlín, el cual fue literalmente destruido por germanos de ambos lados a punta de martillo y cincel. De esa manera, el bloque soviético en Europa llegaba a su fin y la Guerra Fría se extinguía. Pronto, el gobierno alemán habría de percatarse de lo costoso que le resultaría sacar del atraso a una economía anquilosada cuya población se acostumbró a la dádiva como forma de vida. Con la caída del bloque socialista, quedó demostrada la falta de pericia de los soviéticos para consolidar una economía sólida. Esto hizo que sus antiguos aliados, pronto, buscaran como incorporarse al sistema capitalista, un proceso que les resultó muy costoso y les tomó varios años. Todo esto implicaba cambios en varios órdenes.

Abdrew J. Bacevich en “American Empire: The Realities and Consequences of U.S. Diplomacy” (2002), apunta que, al concluir la Guerra Fría, los conceptos tradicionalmente utilizados para definir lo que era la defensa nacional ya no eran suficientes para describir la gama completa y el propósito de las actividades político-militares de los Estados Unidos. Ante ello, los encargados de formular políticas optaron por el término seguridad nacional como reemplazo. Este es un término con un grado más amplio y elástico que permite cubrir temas desde amenazas militares hasta cuestiones comerciales y de salud. Desde la perspectiva del diplomático estadounidense, Mark Johnson, la seguridad nacional conlleva tres elementos fundamentales: Seguridad, prosperidad económica y valores. Seguridad incluye la certeza de que se pude vivir en paz y tranquilamente dentro del territorio de los Estados Unidos; la prosperidad económica implica la protección de los ciudadanos estadounidenses en el extranjero y hacer frente a otros problemas como el tráfico de drogas y sus consecuencias; y los valores involucran el concepto de la democracia, la preservación de la estabilidad, la ayuda humanitaria y el nuevo globalismo, así como difundir políticas ambientales para protegerlo. Antes de que llegara la hora final del sistema soviético, otros asuntos ocupaban a los EU.

En diciembre de 1989, las fuerzas armadas estadounidenses decidieron visitar Panamá para llevarse a quien entonces estaba al frente del gobierno de ese país, el general Manuel Antonio Noriega. Algo debió haber hecho mal Noriega pues de todos era conocido que operaba en favor de los EU cuyo gobierno lo acusó de estar involucrado con el narcotráfico y en enero de 1990 se lo cargaron preso y tres meses después fue juzgado culpable de los cargos.

También, al inicio de 1990, el presidente Bush firmó la Ley de Inmigración, considerada en ese momento la reforma más profunda en la materia que se realizaba en medio siglo. Mediante ella, se permitía recibir 700 mil inmigrantes legales cada año. No obstante, todas estas acciones, aun faltaba concluir el proceso con la URSS.

En aquel país, el primer ministro soviético, Mikhail Gorbachev continuaba su labor por sacudir la modorra a sus gobernados mediante la implantación de las acciones que llevaban la perestoika (reestructuración) y el glasnost (la apertura), un esfuerzo descomunal para tratar de poner en otro canal a una población que desde setenta y tres años atrás había comprado que por la vía del socialismo accedería a mejores condiciones de vida, pero que terminó aceptando la complacencia de que el estado se ocupara de su bienestar, aun cuando el precio que pagaba era muy alto. En ese contexto, Gorbachev, también había trabajado con los presidentes Reagan y Bush para poner fin a la Guerra Fría. Con este último, se reunió a principios de junio en Washington en donde acordaron firmar el acuerdo mas amplio que se hubiera logrado en las últimas dos décadas para reducir las armas nucleares. En dicho convenio, los EU y la URSS, se comprometieron a reducir sus arsenales nucleares en 25 y 40 por ciento respectivamente. Finalmente, en diciembre de 1991, la Unión Soviética ha sido disuelta y Gorbachev renunciado; una Comunidad de Estados Independientes reemplazó a la URSS.

De esta manera, los EU se convertía en el poder unitario. Sin embargo, como Francis Fukuyama dijera, esto no era el fin de la historia. Se trataba únicamente de una etapa mas en el desarrollo de las relaciones entre las naciones. Estas, permanecían y habrían de ajustarse a formas de vida nuevas, lo cual implicaba una transformación en la forma de relacionarse unas con otras. Estábamos ante el arribo de un Nuevo Orden Mundial cuyo líder indiscutible era el presidente George H.W. Bush. Los EU habían logrado la victoria sin embarcarse en una guerra armada. El enemigo, la URSS, se deshizo en pedazos. Ello implicaba que se modificaban las reglas del juego para todos. Después de muchísimo tiempo, los principios de libertad y democracia se convirtieron en aspiraciones del conjunto de naciones, inclusive para aquellos que habían vivido bajo la esfera soviética. Si bien esto lucía esplendoroso y que la paz prevalecería por largo tiempo, no fue así. El mundo no iba a quedar exento de una serie de problemas emergentes.

Uno de ellos fue la invasión que el líder de Irak, Sadam Hussein, lanzó el 2 de agosto de 1990 al Emirato de Kuwait en una acción que le tomó dos días apoderarse de dicho territorio. La acción fue reprobada por la comunidad internacional y el Consejo de Seguridad de la ONU, le dio hasta noviembre de ese año para que desalojara el territorio kuwaití. Dado que Hussein hizo caso omiso al llamado, una coalición de 32 países, armada por el presidente Bush, se dieron a la tarea de iniciar un ataque aéreo, el 16 de enero de 1991, sobre Irak. Aquello duró hasta el 24 de febrero cuando en un solo día, las fuerzas coaligadas derrotaron a las iraquíes cuyos miembros en numero de 10 mil fueron tomados prisioneros. Cuatro días después, Hussein se convenció de cuan conveniente era retirar sus tropas de Kuwait. Fue una victoria que se podría decir fue “limpia” para los EUA, aun cuando perdieron la vida 148 de los miembros de sus tropas y 475 fueron heridos. Las bajas iraquíes contabilizaron alrededor de 25 mil con una cifra superior a los 75 mil lesionados. Con ello, parecía que los EU habían curado el “Síndrome de Vietnam.” En ese momento, la población estadounidense otorgaba niveles de aprobación, que casi alcanzaban el cielo, al del presidente Bush. Por esos tiempos, también surgió una serie de conflictos en la Región de los Balcanes y los EU decidieron no prestarles atención. Inclusive el secretario de estado, James Baker llegó a mostrar tal desprecio al respecto que señalo: “No tenemos perro en ese pleito” Pero en donde sí tenían algo que ver era en las relaciones comerciales con sus vecinos al norte y al sur.

En el caso de Canadá, el primer ministro Martin Brian Mulroney, desde 1985 había venido explorando la posibilidad de firmar un tratado de libre comercio con los EU, fue a partir de 1986 cuando dan inicio las negociaciones que culminan en 1988 con la firma de dicho tratado que entró en efecto el 1 de enero de 1989. Por lo que respecta a México, las cosas un lucían lejanas. Apenas el 15 de mayo de 1989, se emite el reglamento de la ley para promover la inversión extranjera que fue un primer paso para lograr la apertura económica. E ese contexto, los funcionarios mexicanos del área recibían solicitudes-exploratorias de todo tipo para ver cómo se podía meter capital externo a la economía de nuestro país. Ante la oleada aperturista mundial, el presidente Carlos Salinas de Gortari optó por buscar un acuerdo de libre comercio con los EU y en 1991 dieron inicio las negociaciones. El Tratado de Libre Comercio para Norteamérica fue firmado en 1992 por los presidentes Bush y Salinas junto con el premier Mulroney.

Si bien en el terreno internacional, las cosas rodaban favorablemente para Bush, en el área domestica la economía mostraba problemas. Para 1990 hubo de enfrentar una recesión moderada de 8 meses que hizo que el PIB cayera a 1.9 porciento anual, el desempleo se fuera a 6.3 por ciento y la inflación superar el 6 por ciento. En medio de todo ello estaba pagar los costos ocultos de los años de bonanza de Reagan y el déficit creciente. Ante esto, estimó que la única forma de salir del problema era aumentando impuestos con lo cual no solamente incumplía una de sus promesas de campaña, sino que terminaría enfrentado con los miembros de su propio partido. Para 1991, la economía se le cayó y solamente creció 0.1 por ciento, el desempleo continuaba subiendo, aun cuando la inflación se contrajera a la mitad de la del año anterior. Así, llegó a 1992 el año en que buscaría ser reelecto. Aun cuando las tasas de interés y la inflación eran de lo más bajo que se tuviera en años, el desempleo para mediados de año rondaba el 7. 8 porciento, el más alto desde 1984. A dos meses de las elecciones, la Oficina del Censo anunció que el 14. 2 porciento de los estadounidenses vivían en la pobreza. Las cosas no lucían prometedoras para el futuro.

A la hora de la nominación republicana, Bush no tuvo mayor problema para lograr la nominación, repitiendo como acompañante de fórmula al vicepresidente Quayle. En el lado de los demócratas, las dos figuras más prominentes, el gobernador de New York, Mario Cuomo y el activista Jessi Jackson declinaron participar, estimaban que nada tenían que hacer ante un Bush victorioso en la guera con Irak. Sin embargo, hubo otros que nada tenían que perder y decidieron buscar la nominación, Tom Harkin, Paul Tsongas, Jerry Brown, Larry Agran, Bob Kerrey, Douglas Wilder y el gobernador de Arkansas William Jefferson Clinton. Aun cuando este último no era conocido a nivel nacional, gracias a su hormona alborotada fue que ganó notoriedad cuando una mujer, Jennifer Flowers lo acusó de haber tenido un affair con ella. Inmediatamente, Clinton y su esposa aparecieron en televisión nacional y negaron que eso fuera cierto. Poco a poco, la innegable habilidad política y el carisma de Clinton fueron convirtiéndolo en un candidato con posibilidades de triunfo no solamente en la nominación de su partido sino en la elección general. Finalmente obtuvo la nominación, siendo acompañado por el senador por Tennessee, Albert Arnold Gore, Jr. Pero faltaba un ingrediente en todo esto.

De pronto, surgió la candidatura del millonario texano, Henry Ros Perot quien se oponía a la firma del Tratado de Libre Comercio para América del Norte y demandaba el control del déficit publico. Para mediados de junio de 1992, Perot encabezaba las encuestas. Sin embargo, salió de la contienda en julio y no regresó hasta octubre, lo cual evaporó su presencia. Ello, no le impidió presentarse como candidato independiente al que acompañó el vicealmirante, James Bond Stockdale.

Al momento de las elecciones, William Jefferson Clinton obtuvo 44.90 millones de votos (43 por ciento) mediante los cuales obtuvo la victoria en 32 entidades más el Distrito de Columbia. Esto, le reportó 370 votos electorales. Por su parte, el presidente Bush alcanzó 39.10 millones de votos (37.4 por ciento) al lograr la mayoría en 18 estados que le reportaron 168 votos electorales. Por su parte, Perot atraía un total de 19.74 millones de votos, (18.9 por ciento) sin que obtuviera el triunfo en ninguna entidad federativa. Sin embargo, esos casi veinte millones habrían de ser el factor muy importante para determinar la derrota de Bush. Los años por venir en los EU serían muy interesantes. Serían tiempos de bonanza económica, pero también de un sinfín de escándalos. Sobre ambos tópicos nos ocuparemos en la colaboración de la semana próxima.


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Añadido (1) ¿A poco creían que porque ahora se visten de guinda habían dejado atrás su esencia aurinegra?

Añadido (2) Sale uno de los padres de la niña fantasma, entra la madre de dicha criatura. Nada de qué preocuparse, la objetividad seguirá como siempre… ausente.

Añadido (3) El 22 de agosto pasado, el juez de plaza en Bilbao le negó el segundo apéndice de su segundo toro al matador mexicano Luis David Adame. De haberlo concedido, sería el tercero de la tarde, hubiera significado un santo baño para Ponce y el “Juli,” pero ni lo mande el santo patrono del pueblo, Santiago Apóstol, jamás podrá permitirse que un aborigen del otro lado del mar cometa tal tropelía. A ver, si por osar superar a los figurines, no le cierran las puertas al hidrocálido. Aquí, los mexhincados ya preparan el acto de desagravio para la parejita.

Añadido (4) Celebran que la inflación esté baja. Lo que no explican es que uno de los factores que lo ocasionan es una demanda deprimida, una reducción en los niveles de inversión que no genera producción y ante ello los inventarios son ofertados a precio de ganga. ¿Hay motivos para festinar?

Añadido (5) Al parecer China ya decidió vestirse de Demócrata, no debido a sus acciones de gobierno, sino por inmiscuirse en la política estadounidense. Quiere convertirse en “king maker” con un gobernante a modo que no les inquiete con eso de que el comercio global es un asunto de dos vías que debe de operar en ambos sentidos. Aquí se verá quienes son los empleados de los asiáticos. Por lo pronto, sujetémonos los cinturones que el viajecito va a estar pleno de turbulencias.
17 Agosto 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. En la guerra fría, el rojo quedó a punto del deshielo
Al momento en que Ronald Wilson Reagan, muchos eran quienes alrededor del mundo lo veían (veíamos) simplemente como un actor de calidad regular. Olvidábamos que su paso como gobernador del estado de California había sido exitoso, lo cual le permitió ejercer el cargo durante dos periodos. Pero vayamos a sus años como inquilino principal en la Casa Blanca.

Cuando Reagan recibió el mando, el 20 de enero de 1981, la imagen de los EUA en el mundo andaba muy deteriorada gracias a los esfuerzos “exitosos” de Mr. Carter. Los ayatolas iraníes habían bailado varias danzas persas a costillas del antiguo gobernador de Georgia y era hora que no liberaban a los ciudadanos estadounidenses que tenían cautivos. Sin embargo, en una comida que siguió a la ceremonia de toma de protesta, Reagan anunció que los rehenes habían sido dejados en libertad. Para algunos, el mandatario entrante había jugado “dirty politics” y retrasado la liberación para impedir que Carter se colgara la medalla. Apenas habían trascurrido dos meses, cuando el lunes 30 de marzo de 1981, a las afueras de un hotel en Washington, un desequilibrado, John Hinckley Jr., accionó el gatillo de un revolver 22 y acertó sobre la humanidad del presidente Reagan y la cabeza de su jefe de prensa, James Brady, además de que uno de los guardias de seguridad, Timothy McCarthy, literalmente atravesó el cuerpo y salvó la vida del presidente. Un cuarto lesionado fue el policía Thomas K. Delahanty. Aquí, debemos de apuntar como aquel día este escribidor y una buena cantidad de, entonces, estudiantes recibimos una lección. Éramos un grupo, integrado por alrededor de cincuenta educandos provenientes de múltiples naciones. Tomamos un curso propedéutico de inglés-economía, bajo un horario de 8 de la mañana a 5 de la tarde de lunes a viernes, en The Economics Institute de la Universidad de Colorado-Boulder. Alrededor de las 13:20 horas esperábamos el arribo de quien nos impartía la catedra de estadística, el profesor Richard L. Wobbekind. Cuando llegó, le observamos la cara descompuesta y antes de cualquier cosa nos dijo: “Acaban de atentar en contra del presidente Reagan.” Al momento que algunos, dejándose llevar por sus secreciones biliares, empezaron a aplaudir y emitir hurras, Wobbekind los interrumpió y les dijo, “yo no comparto la perspectiva política-económica del presidente Reagan, pero jamás voy a festinar que alguien atente contra su vida. Les pido respeto y que eviten ese tipo de manifestaciones. Hoy, se suspenden las clases…” El silencio, que tenía rato de haber invadido el recinto, prevaleció y procedimos a partir. Lo que siguió fue irnos a plantar frente al televisor y observar la pobreza humana de algunos que lo mismo se autonombraban presidente en funciones, el secretario de estado, Alexander Haig, o los presurosos por dar la noticia del fallecimiento del presidente, como Frank Reynolds de la ABC. Tras de superar aquello, Reagan retornó al ejercicio del mando.

El 28 de abril, presentó al Congreso el Plan de Recuperación Económica en el cual delineó las acciones que habría de tomar para empezar a revertir la crisis heredada. Cinco meses después del atentado, en agosto, algunos quisieron medir que tanta fuerza quedaba a Reagan. Los miembros, 13 mil, del sindicato de controladores de vuelos, “Professional Air Traffic Controllers Organization (PATCO)” demandaron mayores sueldos y declararon la huelga cuando en su contrato laboral específicamente estaba prohibido hacerlo. Reagan se negó a negociar y les dio 48 horas para volver a sus puestos de trabajo. Como no lo hicieron, fueron despedidos. Seguramente, Regan tuvo en mente la acción que uno de sus ídolos, el presidente Calvin Coolidge (1923-1929), quien cuando era gobernador de Massachussets, en 1919, tomó en contra del cuerpo policiaco de Boston cuyos miembros, también, se declararon en huelga y los cesó. A pesar de las molestias en los vuelos, la opinión pública estadounidense reaccionó positivamente, algo que era natural tras cuatro años de mano blanda ya no querían más de lo mismo.

En materia de economía, durante el primer año de la administración Reagan se instrumentó un programa de reducción de impuestos que tuvo un efecto positivo sobre el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, eso ocultaba problemas heredados que explotaron en el año siguiente cuando se da una recesión económica a la par de la cual se generaron quiebras y embargos de terrenos agrícolas cuando los propietarios no pudieron cumplir con sus obligaciones financieras. El desempleo llegó al 8.6 por ciento, mientras que la inflación se contraía de 10.6 porciento en 1981 a 6.16 por ciento, lo cual es lógico, pero no necesariamente un signo de salud económica. Irremediablemente, ello llevó a que el PIB se contrajera en 1.8 porciento. Ante ello, los asesores económicos de Reagan tuvieron que guardar en el baúl la “supply side economics” y, en 1983, aumentar los impuestos acompañado de un incremento en el gasto militar. A partir de ese año hasta finales de su mandato, en 1988, la economía mantuvo un crecimiento sostenido que alcanzó su pico en 1984 con un 8.6 por ciento. El desempleo que lo recibió en niveles del 7. 5 por ciento, se redujo a 5.4 para finales de 1988. En ese entorno, la inflación si tenía un significado, en este caso positivo al contraerse de 12.5 porciento en promedio durante los años de Carter a 4.4 durante la era Reagan en donde el PIB promedio creció en 3.4 porciento, lo cual representó la expansión económica más alta en un periodo de paz en toda la historia estadounidense. Ello no lo exentó de que sus detractores lo acusaran de que las reducciones de impuestos beneficiaron a los de mayores ingresos y de haber ensanchado las diferencias entre pobres y ricos. Tampoco, se puede negar que el déficit gubernamental creció en 186 por ciento al llegar a casi tres billones de dólares, algo que se atribuye a un incremento en el gasto militar del 35 por ciento.

El proyecto militar mas significativo fue la Iniciativa de Defensa Estratégica que fue presentada por Reagan en marzo de 1983, misma que ganó popularidad bajo el nombre de “Star Wars Defense Plan.” Si bien aquello lució como algo muy futurista y se gastaron en él alrededor de 30 mil millones de dólares, sin que al final pudiera concretarse, en su momento sirvió para vender la idea de que los EUA desarrollaban un sistema para protegerse de un ataque de misiles nucleares, lo cual inquietó de sobremanera a la URSS y les hizo ponerse a pensar sobre cual podría ser la relación futura con los EUA.

En eso de los asuntos con los llamados “comunistas,” Reagan tenía una larga historia de animadversión. Por ello, no fue nada sorpresivo que pronto hiciera causa común con el primer ministro británica, Margaret Thatcher en su cruzada destinada a eliminar el bloque soviético en Europa y el dominio del politburó en Rusia. Cuando el presidente estadounidense visita el Reino Unido y habla ante el Parlamento británico, el 8 de junio de 1982, Reagan enfatizó que “La marcha hacia la libertad y la democracia hará que el marxismo-leninismo acabe entre las cenizas de la historia.” Al año siguiente, a principios de marzo, el mandatario estadounidense volvió al tema para señalar que: “El comunismo es otro capítulo triste y extraño en la historia humana cuyas últimas páginas están siendo escritas en estos momentos.” Para rematar, unos días después, fue ante la Asociación Nacional de Evangélicos y calificó a la URSS como “an evil empire.” Antes de continuar, demos una vuelta a ver como andaban las relaciones con México y Latinoamérica.

En el caso mexicano, el presidente López Portillo, una vez que Carter dejó el poder, hubo de reconfigurar la relación con los EUA o como dirían por ahí tuvo que bajarle “dos rayitas” a su discurso. Luego, se nos vino encima la crisis petrolera y adiós sueños de hablarnos de igual a igual con el vecino. Cuando, en medio de un país que se estaba cayendo a pedazos, toma el mando el presidente Miguel De La Madrid Hurtado, aparte de tratar de enderezar las cosas y sentar las bases para el cambio que ya se veía venir en el mundo, hubo de lidiar en condiciones muy cuesta arriba con los EUA de donde ya sufríamos, de manera diferida, los efectos del desgarriate económico que vivieron los estadounidenses a finales de los 1970s. Ello, sin embargo, no impidió que México, fiel a su tradición, continuara con una política diplomática independiente, entonces sí manejada por expertos en la materia. En ese contexto, aun cuando los EUA no lo aceptaban, el presidente De La Madrid y el canciller Bernardo Sepúlveda Amor, dieron vida, en 1983, al Grupo Contadora en el que, encabezado por nuestro país, participaban Colombia, Panamá y Venezuela establecieron un sistema de acción conjunta para promover la paz en Centroamérica. Los EUA no se mostraron conforme con ello ya que buscaban una salida militar al conflicto. Esto, a pesar de que pocos lo mencionan, tuvo mucho que ver con la crisis que vivimos en aquellos años, fue el precio que pagamos por mantener una política exterior apegada a los principios de dignidad. Pero en los EUA, llegaba 1984 y era momento de que los estadounidenses decidieran si continuaban por el mismo camino o cambiaban de dirigente.

Los Republicanos no dudaron y optaron por repetir la formula, Reagan-Bush. Una economía creciente, el desempleo a la baja y la inflación bajo control, además del respeto (o si se quiere el temor) en el mundo recuperado, eran las mejores cartas de presentación. Los Demócratas, por su parte, mostraban escasez de figura, un desgastado Edward Kennedy no animaba a nadie; el senador por Colorado Gary Hart terminaba por mostrar falta de tablas, los demás nada nuevo aportaban. Ante ello, estimaron que su opción más vendible podría ser Walter Mondale. Seguramente olvidaron que en el animo estadounidense lo recordaban como el vicepresidente de Carter y eso pues nunca sería una buena carta de presentación. Como compañero de fórmula, pensaron primero en el gobernador de New York, Mario Cuomo, [el padre de ese lector de noticias en CNN a quien ahora se le conoce como Fredo] quien no aceptó, pero propuso a la Representante por el Noveno Distrito de New York, Geraldine Ferraro. Por vez primera, una mujer aparecía como aspirante a ese cargo. Con ello, estimaron, jalarían un buen número de votos. Sin embargo, cuando el elector siente que al introducir la mano en su bolsillo hay materia, nada se puede hacer. A la hora de sufragar, 54.45 millones lo hicieron por Reagan, otorgándole en triunfo en 49 de los 50 estados, lo cual significó un total de 525 votos electorales. Mondale obtuvo 37.57 millones de votos pero ganó únicamente en su natal Minnesota y en el Distrito de Columbia, lo cual le aportó 13 votos lectorales. Cuenta la leyenda de que Reagan perdió esa entidad porque decidió no visitarla, de haberlo hecho también se la hubiera llevado. El mensaje fue claro y en ese sentido se movieron las cosas.

Mientras tanto, en la URSS, uno tras otro iba cayendo, víctimas de la edad, los miembros viejos del politburó y una estrella nueva iba en ascenso, Mikhail Sergeyevich Gorbachev quien a los 54 años, se convierte, en 1985, en el secretario general del Partido Comunista. Consiente de que el modelo ya estaba agotado estaba decidido a realizar cambios. Por si alguna duda le quedaba, se la vino a quitar el accidente de Chernobyl que fue un ejemplo de hasta donde andaban mal las cosas. Ante ello, el glasnot y la perestroika vinieron a sacudir un sistema que nunca dio lo que prometió a su pueblo, excepto el asistencialismo que terminó por adormilarlo.

Mediante la premisa de que la paz solamente se lograba mediante la fortaleza, Reagan se embarcó en negociaciones con Gorbachev para alcanzar un acuerdo que eliminara los misiles nucleares de mediano alcance. Asimismo, le declaró la guerra al terrorismo internacional especialmente en la región de medio oriente, en Libia y en el área de Irán-Irak.

Sabedor de que su enemigo histórico, la URSS, vivía sus últimos tiempos como imperio, Reagan aprovechó su visita a Berlín. Ahí, el 12 de junio de 1987, enfrente del muro próximo al cual Kennedy había emitido su discurso, en junio de 1963, criticando la erección de dicha valla. Pero Reagan fue mas allá y dijo: “Secretario General Gorbachov, si busca la paz, si busca la prosperidad para la Unión Soviética y Europa del Este, si busca la liberalización, ¡venga a esta puerta! ¡Sr. Gorbachev, abra esta puerta! ¡Sr. Gorbachev, derribe este muro! “ Aquello no se quedaba en palabras, el proceso para apaciguar a los rusos continuaba y en diciembre de 1987, Reagan y Gorbachev, se reúnen en Washington en donde firman el Tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio mediante el cual pusieron dejar fuera de la circulación de manera total un tipo de armas nucleares. En ese sentido continuaron laborando en lo que se llamó las platica para la reducción de armas estratégicas. Pero antes de continuar, debemos de recordar un episodio que ensombreció y puso en grave riesgo la presidencia de Reagan.

A finales de noviembre de 1986, explotó el escándalo de la venta de armas a Irán. El encargado del Consejo Nacional de Seguridad, (NSC) Robert C. McFarlane, autorizó la venta de armas a los iraníes bajo la premisa de que en esa forma podría liberar a los estadounidenses que estaban cautivos en Libia. Una parte de los 48 millones de dólares que se obtuvo por la venta fueron enviados a los contras nicaragüenses, una operación que realizó un miembro del staff del NSC, el coronel Oliver North con la aprobación del nuevo director de la institución, el almirante John M. Poindexter. El acto contravenía lo dispuesto en la Enmienda Boland, aprobada en 1984, mediante la cual se prohibía cualquier tipo de ayuda estadounidense a los contras. Al salir esto a la luz pública, North y Poindexter arguyeron que tanto el presidente como el vicepresidente sabían de esos movimientos, lo cual fue negado por los últimos. Al final North y Poindexter fueron cesados y juzgados. Si bien no hubo cargos en contra del ejecutivo, mucho fue lo que se le cuestionó acerca de la forma en que manejaba el gobierno.

Tras de resolver aquello, Reagan visitó, en mayo de 1988, Moscú para una cuarta reunión con Gorbachev. Para entonces, su popularidad iba más allá de los EUA y fue recibido como un “rockstar.” En pleno proceso de apertura, los soviéticos querían saber más acerca de cómo operaba una economía de mercado y Gorbachev le solicitó que diera una conferencia, el día 31, al respecto en la Universidad Estatal de Moscú. Al pie de un busto de Lenin, Reagan les habló acerca de la libertad, la verdad, el miedo y de como nadie deseaba la guerra. Para cerrar, les dijo: “No sabemos cual será el final de esta cruzada, pero esperamos que la promesa de reforma se cumpla… Es posible que nos permita continuar escuchando el sonido maravilloso de una apertura que permita seguir creciendo, sonando y conduciéndonos hacia un nuevo mundo de reconciliación, amistad y paz.” Todo estaba listo para una nueva fase en el orden mundial, pero el periodo presidencial de Reagan llegaba a su fin y las elecciones de 1988 estaban ahí. De lo que ahí sucedió, nos ocuparemos la próxima semana.

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Añadido (1) Ahora sí, no hay duda, el PRI acaba de nacer oficialmente como la versión Siglo XXI del PARM.

Añadido (2) ¿En dónde quedaron aquellos líderes priístas quienes eran unos auténticos tigres (de papel) en los medios o aquellas fieras que, de pronto ante la voz del amo, salían expertos en pelotear con el estambre?

Añadido (3) Que nos disculpen nuestros amigos priístas, pero eso de que ni siquiera un tercio de la militancia, que supuestamente tienen, hay acudido a elegir dirigentes es muestra de una charlotada. O ¿Será que eso es lo que realmente les queda?

Añadido (4) Lo del miércoles 14 de agosto fue un ensayo de globalistas, chinos y demás fauna de acompañamiento para tratar de descarrilar la economía estadounidense y así impedir la reelección de Trump. Para quienes lo han olvidado, la lucha es entre el globalismo y la preservación del estado-nación, todo lo demás son fuegos de artificio.

Añadido (5) Los niños-adolescentes de entonces disfrutábamos una buena pelea de box, y para nada terminamos convertidos en trogloditas o émulos de orangutanes. En ese contexto, saboreábamos una exhibición del arte de la defensa y el ataque que alcanzaba expresiones singulares cuando el exponente lo era José Ángel “Mantequilla” Nápoles quien ayer falleciera.
10 Agosto 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. De la perdida a la búsqueda por recuperar el liderazgo / N
Durante 1970, los estadounidenses vivieron una situación que los llevó a cuestionar su posición como nación líder en el mundo. Por una parte, cargaban a la loza pesada de su intervención en Vietnam, por la otra vivían las secuelas de Watergate. Ante ello, estimaron que lo mejor era seleccionar como su presidente a un hombre quien les prometía mejorarles la imagen dura en el exterior por una de más amigable y resolver sus crisis morales en el terreno doméstico. Bajo esa premisa, James Earl Carter arribó como el trigésimo noveno presidente de los EUA. Sin embargo, pronto, la presencia de doña realidad habría de mostrarles que con buena voluntad no es posible gobernar ni esa, ni ninguna otra nación.

El año electoral, 1976, había sido uno de recuperación para la economía estadounidense que pudo salir de la recesión y recuperar el ritmo de crecimiento del Producto Interno Bruto al pasar de un -0.2 por ciento en 1975 a 5.4 por ciento en 1976. Las expectativas eran de que con Carter esa tendencia continuaría, se enfatizaba que representaba un nuevo tipo de liderazgo y sus niveles de aprobación eran altos. Con el recuerdo de la crisis petrolera vivida en 1973, el presidente entrante hizo una de sus prioridades disminuir la dependencia energética del exterior. Sin embargo, las medidas tomadas no fueron tan efectivas como se esperaban y para 1977, el crecimiento disminuyó a 4.6 por ciento y para 1980, la economía decreció en -0.3 por ciento. La tasa de inflación anual pasó de 4.8 por ciento en 1976 a alrededor del 12 por ciento en 1980. En medio de todo ello, el desempleo general en 1980 fue de 7.7 por ciento, más de 8 millones de personas no tenían trabajo, pero en los estados con producción industrial el problema fue más severo. Aunado a todo ello, el problema energético no se resolvió. La revolución de Irán fue un severo traspiés en el suministro de petróleo a los EUA. Quienes acostumbrábamos a dar seguimiento a los eventos estadounidenses, ahora convertidos en los antiguos de la comarca, recordamos las imágenes con largas filas de autos en las gasolineras esperando llenar el tanque con un producto cuyo precio era cada vez más alto o bien no estaba disponible. La dependencia de la OPEC y de México se agudizó. Pero vayamos a lo que en el terreno externo realizó el presidente Carter.

Algunos fueron loa aciertos que, en ese entorno, tuvo el antiguo gobernador de Georgia. En 1978, logró concluir el proceso de las relaciones con China. En 1979, firma con el primer ministro ruso, Leonid Ilich Brezhnev, un seguimiento al acuerdo sobre el control de armas nucleares, el llamado SALT II. Para que vieran que su bandera en pro de los derechos humanos no era un slogan simplemente, se comporta extremadamente exigente en ese renglón aún con sus países aliados como Corea del Sur, Irán, Argentina, Sud África y Zimbawe. Sin embargo, en otras latitudes las medidas tomadas terminaron por convertirse en un fardo pesado para la administración de Carter.

Por los rumbos de América Latina, empecemos por México. Entonces, vivíamos la ilusión del petróleo y sentíamos que la relación con los EUA era de igual a igual. Aunado a ello, la diferencia entre el nivel cultural del presidente José López Portillo y Pacheco y el presidente estadounidense era evidente. El ejemplo más palpable se dio cuando Carter visita México en febrero de 1979. Durante la cena de gala, López Portillo, con su eurocentrismo enfebrecido, durante el brindis hizo mil reclamos al visitante. Este, al momento de contestarlo, lucía abrumado y buscó una respuesta “simpática.” Para ello, recordó que en una visita anterior a México había sido víctima de la “venganza de Moctezuma.” Si bien Carter, más tarde, en sus memorias, reconoce que eso fue lo peor que pudo haber hecho, aquella noche de 1979 quitó el apetito a más de uno, además de mostrar su falta de reflejos intelectuales. Pero de este lado, también, podíamos presumir de la abundancia de falta de sesera. Por esa época, cometimos la pen…tontada de no construir un gasoducto para venderles gas a los EUA pues, de hacerlo, nuestro nacionalismo sacrosanto iba a ser mancillado. Era más patriota quemar ese fluido antes que entregarlo al “imperio.” Pero vayamos a la política del presidente Carter con otras naciones latinoamericanas.

En octubre de 1979, en El Salvador, Carter apoyó a un grupo de militares para que derrocaran a otro, Carlos Humberto Romero Mena a quien varias veces le solicitó que renunciara pues era acusado de violar los derechos humanos de sus opositores. Como se negó, Carter apoyó a los golpistas que formaron la Junta Revolucionaria de Gobierno. En Nicaragua, era imposible sostener la brutalidad del régimen encabezado por Anastasio Somoza Debayle. Ante ello, Carter decidió apoyar a los sandinistas que resultaron un remedio peor que la enfermedad. En la búsqueda de quitarse la etiqueta de imperialista, el 11 de julio de 1977, Carter firma con el presidente de Panamá, Omar Torrijos la entrega, a cambio de nada, de la administración del Canal a partir del 1 de enero de 2000. Carter abonaba temprano a favor de quien fuera el candidato republicano en 1980. Pero en este año, entre abril y octubre, Carter mostró que, en asuntos de política, también, andaba carente de reflejos. En esa época, el primer ministro de Cuba, Fidel Castro Ruz, decidió abrir la puerta a quien quisiera irse a los EUA y se dio el fenómeno identificado como “los marielitos. Alrededor de 130 mil cubanos se treparon en barcazas y acabaron en los EUA. Algunos arguyen que Castro vació las cárceles, otros que se trataba de ciudadanos en busca de mejor vida. Pero al final no fueron bien aceptados por los estadounidenses y nuevamente el presidente Carter apareció como débil. En Chile, Carter no pudo desplazar a Augusto José Ramón Pinochet Ugarte y simplemente le retiró su apoyo económico y militar. Vayamos al Medio Oriente.

Si alguna acción puede calificarse de exitosa, en materia de política exterior, durante la administración Carter, son los Acuerdos de Camp David firmados, el 17 de septiembre de 1978, por el presidente de Egipto, Muhammad Anwar el-Sadat, y el primer ministro de Israel, Menachem Wolfovitch Begin. Mediante este convenio, Israel se comprometía a retornar a Egipto la Península del Sinaí, ocupada desde la guerra de 1967, a cambio de que este país reconociera al Estado Judío y este al egipcio. Como consecuencia colateral, ambos, Sadat y Begin, obtuvieron el Premio Nobel de la Paz en 1978. Esa no fue la única ocasión en que, por aquella región, Carter decidió meter la mano. Lo hizo, también, ante los problemas que se vivían en Irán, cuando solicitó al dirigente de aquel país, Mohammad Reza Pahlavi, el Sha de Irán, que emprendiera medidas democratizadoras y como estas no fueron exitosas, el Sha fue abandonado a su suerte para que, en 1979, llegaran los ayatolas y el país volvió a la edad media. Carter buscaba que a los EUA los vieran como un país amigable y amante de la paz. Los resultados, sin embargo, fueron negativos. Mas que la de un país amigo, proyectó al mundo la imagen de uno débil y por lo tanto no inspiraba respeto. Ante los traspiés, adentro y afuera, el 15 de julio de 19179, Carter decidió emitir un discurso a la nación cuyo propósito inicialmente era hablar de la crisis energética exclusivamente. Sin embargo, por consejo de quien sabe quién, aquello terminó en el mensaje llamado “Crisis de Confianza.” A esta, Carter la definió como “una crisis que golpea el corazón, el alma y el espíritu de nuestra voluntad nacional. Podemos ver esta crisis en las dudas crecientes sobre el significado de nuestras vidas y en la pérdida de la unidad con un propósito específico para nuestra nación…. Nuestra población está perdiendo esa fe, no solamente en el gobierno mismo, sino en la capacidad de los ciudadanos de servir como los máximos gobernantes y formadores de nuestra democracia…. Los síntomas de esta crisis del espíritu estadounidense están alrededor de nosotros. Por primera vez en la historia de nuestro país, la mayoría de nuestra gente cree que los próximos cinco años serán peores que los últimos cinco años…” Ahora sí que, a confesión de parte, relevo de pruebas. Sin que nadie se lo pidiera, Carter hacía una evaluación de su gobierno y confirmaba la voz popular entre los estadounidenses, era, y es, considerado el peor presidente que hayan tenido los EUA en toda su historia. Pero aún le faltaba la cereza al pastel y esta fue conformada con dos eventos en el exterior.

En diciembre de 1979, las fuerzas soviéticas invaden Afganistán y para entonces, grupo de estudiantes iraníes tenían un mes de haber ocupado la embajada de los EUA en Teherán y tomado como rehenes a sesenta personas. Ese par de acciones hizo que la imagen de los EUA en el mundo se percibiera como la de un poder en decadencia, mientras que a la URSS se le percibía como un poder en proceso de expansión y fortalecimiento. Alrededor del sesenta por ciento de los estadounidenses sentían que su país estaba gastando muy poco en asuntos militares y por consiguiente iban quedando a merced de sus rivales. En medio de todo ello, llega 1980, el año de elecciones presidenciales.

No obstante, los resultados de su presidencia, tanto en el terreno domestico como en el foráneo, Carter decidió ir por la reelección. Sin embargo, montado en la aureola de la familia, Edward Moore Kennedy decidió contender por la nominación demócrata y obtuvo victorias importantes en las primarias en New York y California. Esto, a la hora de la Convención, no le alcanzaban para ser el candidato, además de que no se dejaba en el olvido su acto poco valeroso, por decir lo menos, en Chappaquiddick, Massachussets y el hecho de que, en una entrevista televisiva, cuando le preguntaron porque quería ser presidente, no supo responder con firmeza. Sin embargo, durante la Convención, trató de hacer algunas maniobras que no le funcionaron, pero no le impidieron emitir un discurso que por mucho superó al de quien obtendría la nominación. Carter una vez más mostró falta de pericia política y tras el discurso buscó a Kennedy. Con la mano temblorosa se acercó a su rival quien se negó a responderle el saludo.

En el campo Republicano, los contendientes principales por la candidatura eran el antiguo gobernador de Texas, John Connally; los senadores Howard Henry Baker, Jr. (Tennessee), Robert Joseph Dole (Kansas); el representante por el Distrito 16 de Illinois, John Bayard Anderson; el director de la CIA, George Herbert Walker Bush y el otrora actor y gobernador de California, Ronald Wilson Reagan. Al final, todo se redujo a la competencia entre los dos últimos. Reagan había intentado en un par de ocasiones anteriores, en 1968 y 1976, obtener la nominación republicana sin lograrla. En esta ocasión, sin embargo, tras el desastre originado por las políticas de “avanzada” implantadas por Carter, los republicanos estimaron que era necesario moverse hacia el otro extremo del espectro político. Antes de que esto sucediera, se dio una fuerte batalla entre Reagan y Bush, misma que alcanzó niveles de animosidad personal muy altos. Pero como todos sabemos, en política al final prevalecen los intereses y, cuando Reagan aseguró la nominación, ambos contendientes fueron capaces de llegar a un acuerdo para que Bush apareciera como compañero de fórmula.

Durante la campaña, Carter buscó presentar a su rival como un extremista que llevaría al país a una confrontación mundial. Reagan, por parte, apeló al nacionalismo y prometió que los EUA recuperarían su poderío militar. Su programa político estaba fundado en la llamada “supply side economics.” Esto implicaba disminuir impuestos en un 30 por ciento durante los primeros tres años de su administración para promover la inversión, incrementar la producción, disminuir precios, elevar los niveles de empleo, todo ello para restaurar el nivel de vida que los estadounidenses habían perdido durante los cuatro años previos, lo cual, en palabras de Carter, los hacia ver un panorama peor para el siguiente lustro. Ante esto, Reagan dio una definición nueva a ciertos términos económicos al apuntar: “Una recesión es cuando su vecino pierde el empleo. Una depresión es cuando usted pierde el suyo. Y, una recuperación se dará cuando Jimmy Carter pierda el suyo.” Para que no se le viera como un machista, Reagan prometió que incorporaría mujeres a su gabinete y nominaría a la primera mujer como miembro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Con eso en mente, los estadounidenses fueron a las urnas el 4 de noviembre de 1980.

Como dato curioso, la noche de las elecciones, con las casillas aun abiertas en el oeste del país, Carter salió y concedió su derrota. Al final, Ronald W. Reagan alcanzó un total de 43.9 millones de votos (50.7 %) producto de haber ganado 44 estados que le aportaron 489 votos electorales. James E. Carter logró 35.48 millones de votos (41.0 %) al triunfar en seis estados y el distrito de Columbia que representaron 49 votos electorales. John B. Anderson recaudó 5.72 millones de votos sin lograr la mayoría en ninguna entidad. A la par, por vez primera en 28 años, el Partido Republicano obtuvo el control del Senado, mientras que la Cámara de Representantes continuo en manos de los Demócratas a pesar del que los Republicanos obtuvieron 34 escaños. Daba inicio la llamada Revolución de Reagan

Al tomar posesión, el 20 de enero de 1981, Reagan se convertía en el presidente con mayor edad, 69 años, en arribar al cargo en toda la historia estadounidense. Sus malquerientes lo presentaban como el actor de películas tipo B y se burlaban de él invocando la película que filmó en 1951, “Bedtime for Bonzo,” en donde caracterizaba a un personaje bobalicón quien buscaba enseñar los valores morales de los humanos a un chimpancé. Sin embargo, nada de eso formaba parte de proyecto de gobierno’

La aspiración de Reagan era que la democracia en el mundo fuera un reflejo de y apoyara los valores estadounidenses. Tenía como objetivo recuperar el liderazgo estadounidense en el mundo, el cual era resultado de su propia fortaleza y los valores de libertad que profesaba. Su política exterior fue una síntesis de los principios que prevalecieron a lo largo de la historia de los EUA en materia de asuntos externos. Y aún cuando sus críticos no lo acepten del todo, ningún individuo, excepto Reagan, merece más crédito por haber puesto fin a la Guerra Fría. Esto lo logró cuando agregó a la política de contención el espíritu agresivo que le había faltado desde los primeros días y recuperó la iniciativa en la contienda, ya larga, con la Unión Soviética. Pero de todo ello habremos de tratar con detalle en la colaboración de la semana próxima.

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Añadido (1) Quienes buscan sacar raja política de las tragedias acontecidas el fin de semana anterior en Texas y Ohio, deberían de reconocer que el origen no es el que ellos mencionan. Todo, se remite a la sociedad enferma que lo mismo utiliza un arma de fuego que una blanca para cometer tropelías. En ella, una gran cantidad de sus miembros están encaminados a convertirse en zombis vía los juguetitos electrónicos, incluidos los videojuegos en donde la ficción y realidad acaban por no distinguirse. A ello, aunemos las porquerías que genera la industria cinematográfica en donde la violencia, los delitos, el crimen y sus ejecutantes son glorificados. Pero como van a decir eso, unos obtienen de ahí financiamientos para su actividad política y los otros son los intérpretes de esas inmundicias.

Añadido (2) Aquellos que promueven eso de que China va a venir a salvarnos, porque son unas almas de la caridad, sería muy conveniente que voltearan hacia Hong Kong para que vean lo amables y bondadosos que son los dirigentes de ese imperio.

Añadido (3) Como distractor está muy bien, pero en realidad no son más que ganas de hacerse notar.

Añadido (4) Para quienes dicen que los otros no promueven el discurso del odio, los invitamos a revisar como siembran la discriminación en reversa los aspirantes de ese lado al abanderamiento en 2020. Pero, sobre todo, los incitaríamos a reflexionar acerca de lo que pasa cuando alguien no acepta pertenecer a la “Plantación Demócrata.” Esto es, no adopta actitudes sumisas y muestra que intelectualmente está a la par o por encima de ellos. Eso, es motivo de acciones que hacen palidecer cualquier acto de discriminación. Pero de esto no se habla en los medios políticamente correctos y es desconocido para quienes ahí abrevan su sabiduría.

Añadido (5) ¿Los resultados en los Juegos Panamericanos son resultado de la continuidad en los programas deportivos iniciados desde años atrás o es un milagro producto de lo realizado en ocho meses?
03 Agosto 2019 04:00:00
Las conferencias de Bucareli
Con su venia, lector amable, interrumpiremos nuestro paseo por la historia de la política exterior estadounidense para remitirnos a la presentación del segundo libro de nuestra autoría, “Las Conferencias de Bucareli. Un Acuerdo Pragmático de la Diplomacia Mexicana,” efectuada el pasado miércoles 31 de julio en las instalaciones del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM).

En un evento organizado, excelentemente, por el maestro David Guerrero Flores, nuestro libro fue presentado por el director general del INEHRM, doctor Pedro Salmerón Sanginés, quien, al momento de situar el marco histórico en el cual se dieron las Conferencias de Bucareli, enfatizó que las relaciones México-EU, durante aquellos días, giraba en torno a un solo elemento, el petróleo. Referente al tema del libro, aseveró “que las Conferencias de Bucareli están envueltas en mitos y “patrañas” historiográficas, en las que algunos personajes han querido ver “pactos secretos o traiciones a la Patria.” Asimismo, recordó “las palabras justas de Aarón Saénz, quien señaló que estas pláticas no afectaron en ninguna forma ni a la soberanía del país ni a la vigencia de la Constitución de 1917.”

Aludió a “aquellas consejas de que, legó a otros tratados, que se han mantenido vigentes y “secretos”, por los cuales se prohíbe a México construir industria pesada, adquirir armamento, invertir en investigación y desarrollo u otra suerte de compromisos semejantes, según el propagandista en cuestión. Si se acepta esto como válido, entonces tendríamos que decir que, de Álvaro Obregón a Andrés Manuel López Obrador, junto con sus colaboradores cercanos, todos han sido culpables –o cómplices– de traición a la patria.

Implicaría unos niveles de secrecía nunca vistos. Implicaría la creencia en conspiraciones mundiales y gobiernos secretos. Eso resulta aberrante y carente de toda lógica”. Asimismo, el doctor Salmerón Sanginés tuvo palabras encomiables para el contenido de la obra en comento. A continuación, sintetizaremos nuestra intervención.
Tras agradecer al doctor Salmerón Sanginés permitirnos presentar este volumen y realizar los comentarios valiosos ya referidos, enfatizamos, que la aparición de este libro se dio por el apoyo que nos otorgó quien fuera la directora general del INEHRM, doctora Patricia Galeana Herrera a quien reiteramos nuestro agradecimiento.

Mencionamos nuestra gratitud a los participantes en el proceso de revisión y edición de este documento: Francisco Burgoa Perea, Felipe Ávila Espinosa, David Guerrero Flores, Veremundo Carrillo Reveles, Jorge Solís Arenazas, Fabiola García Rubio, Guadalupe López Acosta, Dania Fabiola Beltrán Parra, Ema Cecilia Negrete Guerra y Filiberto Gutiérrez Díaz. Expresamos reconocimiento a los directivos y personal del Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca, (FAPECFT) por permitirnos consultar las colecciones ahí ubicadas.

Hace 96 años, los representantes de los gobiernos de México y los EU discutían las denominadas Convención General de Reclamaciones (The General Claims Convention) y la Convención Especial de Reclamaciones (The Special Claims Convention) sintetizadas como los Tratados de Bucareli. Las reuniones efectuadas entre el 14 de mayo y el 15 de agosto, resultaron en los acuerdos anunciados el 31 de agosto en México y en Washington. Un tema convertido en leyenda negra. Para elaborar este volumen, revisamos los archivos del departamento de estado de los EU, las notas tomadas de documentos en las gavetas del FAPECFT, lo publicado en diarios y revistas de la época y libros editados en ambos países, buscamos alejarnos de maniqueísmos y presentar los personajes como seres humanos. Evitamos posturas contestatarias sobre lo que otros han expresado acerca del tema. Optamos por emitir un punto de vista derivado del análisis de documentos primarios.

Planteamos que las Conferencias de Bucareli no surgen de súbito, se remontan al estadista Benito Pablo Juárez García quien, en 1868, instruyó al ministro plenipotenciario de México en Washington, Matías Romero Avendaño negociar cons los EU, representado por el presidente Andrew Jackson y el secretario de estado, William Henry Seward, la Convención para el Arreglo de las Reclamaciones para que, en ese contexto, se revisaran los daños que ciudadanos y/o empresas de ambas naciones sufrieron por acciones de los gobiernos de uno u otro país. Así, se resolvieron los problemas en la materia hasta la Revolución Mexicana.

En 1911, durante el gobierno interino de Francisco León De La Barra y Quijano, se elabora el Reglamento de la Comisión de Reclamaciones al amparo del cual se crea una Comisión Consultiva para atender las demandas que los extranjeros hacían por perjuicios causados por la Revolución Mexicana. Durante la presidencia de Francisco Ygnacio Madero González, la Cámara de Senadores emite el reglamento de esa comisión, pero se da 15 días antes de que el coahuilense fuera víctima del “católico devoto,” Huerta, y...

El 10 de mayo de 1913, Venustiano Carranza Garza reconoció los derechos a reclamaciones de nacionales y extranjeros sobre perjuicios ocasionados por la Revolución Mexicana. En ese tenor, a finales de 1917, crea la Comisión de Reclamaciones. En marzo de 1918, el secretario de estado, Frank L. Polk instruye al embajador en México, Henry P. Fletcher, que solicitara aclaraciones sobre los tiempos y el hecho de que no se reconocieran las pérdidas derivadas de las tropelías de Huerta. En julio de 1919, Carranza reconoce pagar 13 millones dólares a los extranjeros que hicieron reclamos. A finales de agosto, el presidente firmó el decreto para establecer una Comisión de Reclamaciones rebasada por el proceso de sucesión, en donde el coahuilense buscaba dejar como heredero a Ygnacio Bonillas Freijo, ante el disgusto de la trinca sonorense. Esta divergencia concluiría con la Revolución de Agua Prieta y terminaría con la vida del presidente Carranza Garza la madrugada del 20 de mayo de 1920.

En nuestro escrito, prevalece el análisis a la luz del entorno que se vivía, cuando las diferencias no se dirimían en simposios o en la prensa, sino en el campo de batalla. Como ejemplo, mientras Carranza iba hacia el este para tratar de salvar su gobierno, Obregón se trasladaba al oeste para evitar ser ejecutado. Eran tiempos de tu o yo, algo que hoy parece aberrante. Asimismo, recordemos que, a finales de los 1910s, principios de los 1920s, los EU emergían triunfadores de la Primera Guerra Mundial y vivían el periodo de ajuste interno que eso implica; aun a la victoria hay que acostumbrarse. En México, contábamos con el esbozo del estado mexicano moderno, la Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos de 1917. Este documento demuestra que, a pesar de su tozudez, Carranza aceptaba puntos de vista no coincidentes con su perspectiva. Por ello, el diseño de país que planteó prevaleció cuando es derrotado y sus pupilos-adversarios, toman el poder. Sin embargo, en el proceso de construcción del estado nuevo fue necesario cubrir varias fases.

Adolfo De La Huerta Marcor, como presidente interino, metafóricamente hablando, limpió el terreno en varias etapas. Una, fue lograr la paz con revolucionarios reticentes como Manuel Peláez Gorrochotegui, Pablo González Garza, Francisco Villa, Esteban Cantú Jiménez y Félix Díaz Prieto. A la par, buscó allanar el camino hacia la reanudación de las relaciones, previo reconocimiento, con el gobierno de los EU. Primero, Fernando Iglesias Calderón fue enviado a Washington para negociar. Posteriormente, lo sustituiría Roberto V. Pesqueira Morales quien tuvo listo un acuerdo de amistad y comercio, pero sus errores retrasaron la solución. Todo pasaba por el petróleo y la retroactividad del Art. 27 de la Constitución. Sin embargo, también, entre los petroleros había diferendos, el grupo de Doheny, Sinclar, Teagel, Van Dycke y Beaty, se enfrentaba al comandado por Guffey, Asimismo, la prensa estadounidense opinaba. The Washington Post denunciaba que México era un campo de batalla entre los grupos petroleros en contra de los financieros y ferrocarrileros. The New York Times, veía positivo el arribo potencial de Obregón a la presidencia. Mientras tanto, los negocios petroleros generaban utilidades y no daban señales de que se fueran a ir de México. En medio de todo ello, a finales de octubre-principios de noviembre de 1920, estaba listo un tratado de amistad y comercio, México-EU. Para ese momento, Warren Gamaliel Harding ya había sido electo presidente de los EU y Obregón estaba por tomar el poder en México.

Al entregar el mando, De la Huerta Marcor había desbrozado el terreno para que llegara Álvaro Obregón Salido a colocar los cimientos del Estado mexicano moderno que pasaba por el reconocimiento diplomático de los EU. Una muestra de que las relaciones entre los dos países se mueven en caminos paralelos es que, sin representación oficial del gobierno estadounidense, a la toma de posesión de Obregón acudieron 500 estadounidenses. Cabe recalcar una de las grandes ventajas de Obregón quien conocía la forma en que operaban y negociaban los estadounidenses. Antes de irse a “la bola”, Obregón era un agricultor prospero quien cultivaba garbanzo, inventó una máquina para su cosecha, y la venta de su producto la realizaba a los estadounidenses, así que para él no era nuevo lidiar con ellos.

Al tomar posesión, Harding intercambió comunicados con Obregón mediante amigos mutuos y los diplomáticos asignados a México, George T. Summerlin y Mathew Hanna. El primero, presentó a Obregón la propuesta de un tratado de Amistad y Comercio enviado por Harding apenas había tomado posesión. Durante el verano de 1921, en el intercambio epistolar entre Obregón y Harding, el primero indicaba que no firmaba ningún tratado sin tener el reconocimiento diplomático y el segundo demandaba que el Art. 27 no fuera retroactivo.

Algo que debe de llamarnos la atención es la campaña en la prensa estadounidense diseñada por nuestro país para presentar su versión sobre lo que pasaba en México. A la par, Obregón tenía muy claro que arroparse con el lábaro patrio era aplaudible en el terreno doméstico, pero esas alabanzas terminarían en cuanto no diera resultados. Por ello, jugó la carta del nacionalismo pragmático. Este término lo extrapolamos al terreno nacional de lo que el historiador estadounidense, Edward McNeil Farmer escribiera en “Un nacionalismo pragmático. El gobierno callista en Sonora y el capital extranjero.” (FAPECFT, 1999).

Esto significa que los intereses de la patria prevalecen, pero sin olvidar la realidad circundante y en ese contexto realizar las negociaciones. En 1922, se dio el primer paso al firmarse, el 16 de junio, el Acuerdo De la Huerta-Lamont. En ese contexto, el 29 de agosto, un grupo de cinco petroleros, se reunió con De la Huerta y las negociaciones comenzaron.

El mismo día, la Suprema Corte de México inició deliberaciones sobre un amparo presentado por la Texas Company of Mexico, S.A. referente a la retroactividad del Artículo 27 de la Constitución Mexicana. Con las negociaciones en curso, el 30 de agosto, los miembros de la Corte, en concordancia con la postura emitida por el ministro Adolfo Arias, “unánimemente estuvieron de acuerdo que la nacionalización de los depósitos de petróleo bajo lo establecido en el artículo 27 de la Constitución no debe ser retroactiva lo cual será aplicable a tierras legalmente adquiridas al amparo de la ley de minas como se establecía previamente al 1 de mayo de 1917. Esa ley establece que el petróleo era parte del suelo en donde quiera que fuera encontrado”. Posteriormente, en octubre, se genera un distractor cuando se envía a Summerlin un documento supuestamente confidencial de la Ley Orgánica del Petróleo. Sin embargo, empezaron a aparecer tantas versiones que el secretario Charles Evans Hughes pidió a su representante en México que aclarara las cosas. Summerlin encuentra una respuesta de Pani envuelta en nacionalismo y dice que ni él, ni el presidente sabían nada del documento.

Poco se menciona que, el 19 de noviembre de 1921, el secretario José Alberto Pani Arteaga envió un documento al secretario Hughes en el cual, además de explicar porque México no firmaba un tratado de Amistad y Comercio sin antes tener el reconocimiento diplomático, le proponía un par de convenios, especial y general de reclamaciones. La respuesta llegó, en agosto de 1922, vía Summerlin, a Pani quien contestó hasta marzo de 1923 y entonces inicia el proceso que culminaría con las negociaciones de mayo-agosto. Por México participan Fernando González Ross y Ramón Ross Velderrain y por los EU John B. Payne y Charles B. Warren. Ambos grupos llegaron pertrechados de documentos, los estadounidenses con 300 que contenían los intercambios de comunicados entre ambos gobiernos, los mexicanos con 100 los cuales obsequian en una copia traducida a los estadounidenses.

Las negociaciones no estuvieron exentas de detalles peculiares. Uno, provocado por Ramón Ross quien casi revienta las negociaciones al salirle lo patriota bajo los humos de ciertos caldos fermentados y para demostrar que dominaba el idioma inglés repartió recordatorios familiares en esa lengua. El otro fue la muerte del presidente Harding, el 2 de agosto de 1923.

Cuando revisamos los documentos mencionados y las actas de las reuniones, buscamos tratamos información sobre la leyenda de que México prometió no industrializarse por los siglos de los siglos y no encontramos nada. Nos fuimos a en la prensa de todo EU y no mencionaba el tema. Inspeccionamos revistas de análisis y opinión de la época y tampoco. De haberse dado, algo se hubiera mencionado o filtrado algún documento en ese sentido.
En 1923, todo era la sucesión presidencial. Contrario a lo afirmado en sus Memorias, en su dimisión a la secretaria de hacienda, De la Huerta arguyó motivos de salud. El problema lo ocasiona Martin Luis Guzmán al publicar, el 22 de septiembre, en El Mundo, la renuncia que De la Huerta le prometió a Obregón no hacerla. De la Huerta fue cesado, defenestrado y acusado de negociar el acuerdo con Lamont a espaldas del presidente. Este olvidaba que, el 30 de septiembre de 1922, publicó en el Diario Oficial un decreto en el cual aprobaba el convenio en su totalidad. Ante esto, De la Huerta se convierte en candidato a la presidencia por el Partido Nacional Cooperatista. Más tarde, en el Plan de Veracruz, el 7 diciembre de 1923, justifica su rebelión armada en la carencia de democracia y la injerencia de Obregón.

Los Convenios de Bucareli se discutieron en el Senado mexicano a partir del 19 de noviembre de 1923 y el 27 de diciembre se votó la Convención Especial de Reclamaciones, [pérdidas o daños sufridos por ciudadanos americanos por actos revolucionarios dentro del periodo comprendido del 20 de nov. de 1910 al 31 de mayo de 1920] aprobada con 42 sufragios a favor y 6 en contra. En lo concerniente a la Convención General [arreglar y ajustar amigablemente las reclamaciones de los ciudadanos de cada uno de los países en contra del otro desde la firma, el 4 de julio de 1868, de la Convención de reclamaciones celebrada entre los dos países sin incluir las perdidas o daños ocasionados por los trastornos revolucionarios en México], el 3 enero de 1924, Obregón solicita a la Comisión Permanente convocar un periodo extraordinario de sesiones y a partir del 14 de enero se debate. En ese entorno, se da la brutalidad cometida, el 23 de enero, con el senador Francisco Field Jurado por su oposición a las Conferencias de Bucareli.

Sin embargo, nada se dice que fue, también, consecuencia de la Revolución Delahuertista cuyos seguidores asesinaron, el 3 de enero, al gobernador de Yucatán Felipe Carrillo Puerto. Ante eso, Luis Napoleón Morones clamó venganza, materializada en Field. Al final, las discrepancias se solventaron al acordar no contravenir el Artículo 27. El 1 de febrero, se aprobó la Convención general con 28 votos a favor y 14 en contra. El Senado estadounidense las aprueba en enero de 1924. El 4 de febrero de 1924, Calvin Coolidge ratificó las Convenciones y Obregón lo hace el 16 de febrero y 17 de febrero.

El presidente Obregón Salido actuó pragmáticamente y al signar las Convenciones Especial y General de Reclamaciones no cometió traición a la patria. Con maniobra estrecha, logró el reconocimiento diplomático sin el cual no hubiera accedido a créditos, ni a mantener una relación con las compañías petroleras que eran la fuente principal de ingresos gubernamentales vía exportaciones e impuestos y todo lo que alrededor se generaba.

No contar con eso hubiera impedido continuar la obra que albergaria al estado mexicano moderno diseñado por Venustiano Carranza Garza, que continuó Adolfo de la Huerta Marcor al desbrozar el terreno para que Álvaro Obregón Salido colocara los cimientos sobre los cuales el estadista Plutarco Elías Calles construyó el edificio institucional. Poca mención se hace que México cubrió por la Convención General 40 millones de dólares terminados de pagar en 1955. Por la Convención Especial, México pagó 5.4 millones de dólares.

Lo acordado en las Conferencias de Bucareli es un ejemplo de nacionalismo pragmático ya que los intereses de la patria prevalecieron, pero teniendo presente la realidad circundante, que clase de país éramos y el que aspirábamos a tener. Lo invitamos lector amable a recorrer las páginas de “Las Conferencias de Bucareli. Un Acuerdo Pragmático de la Diplomacia Mexicana”, varias consejas desparecerán ante sus ojos.

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Añadido (1) Muy importante para nosotros fue, durante el evento referido, contar con la presencia de nuestra esposa Lilian, nuestra hermana Estela Luisa y nuestros amigos, Martha Eugenia Mendívil García, Jerónimo Ramos Sáenz Pardo, Guillermo Robles Martínez Guizar y Sergio Enrique Castro Peña, así como la todos aquellos que no pudieron estar ahí físicamente, pero nos expresaron su apoyo solidario. Muchas gracias a quienes, sin conocernos, nos acompañaron.

Añadido (2) Ante los eventos económicos de ahora, volvió a despertársenos la neurona que alberga los conocimientos de economía que aprendimos en las aulas. Quien lo iba a decir.
27 Julio 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. Los claroscuros de la primera mitad de los setentas / M
Continuamos con la narrativa de la política exterior estadounidense durante el final de la década de los 1960s y principios de los 1970s, en donde el asunto principal que vivían los EUA y su mandatario era la Guerra de Vietnam. Cuanto hiciera el presidente Richard Milhous Nixon era opacado por el problema que le heredaron sus antecesores demócratas, Kennedy y Johnson. Al final, la decisión que tomó respecto a ese conflicto bélico terminaría por ser la causa real de su salida del poder, aun cuando la excusa oficial fuera otra. Acerca de esto, la presidencia de Gerald Rudolph Ford y la elección de James Earl Carter comentaremos en esta ocasión.

La matanza, en marzo de 1968, de más de 400 civiles en el villorrio de My Lai, dejaría una huella indeleble entre la población estadounidense y a lo largo de ese año y 1969, las protestas y marchas sumaron cientos por todo el territorio de este país. Los campus universitarios eran un centro de agitación en contra del accionar bélico. La mayor de las concentraciones en contra de la guerra se suscita, el 15 de noviembre de ese año, cuando en Washington se reúnen un cuarto de millón de personas para demandar el fin de la participación estadounidense en Vietnam. Pocos eran los resultados de la política bautizada como “Vietnamization,” también llamada Doctrina Nixon, adoptada desde los inicios de su administración con lo cual cumplía una promesa de campaña. Esto consistía en reducir el numero de efectivos estadounidenses en Vietnam y reemplazarlos con soldados vietnamitas; incremento del bombardeo aéreo y de artillería; entrenar a los survietnamitas y proporcionarles armamento para que continuaran el ataque terrestre. Asimismo, continuaban las platicas de paz en Paris, iniciadas desde 1968, en donde secretamente el secretario de estado Henry Kissinger buscaba alcanzar un acuerdo con los norvietnamitas quienes demandaban un retiro total e incondicional de las tropas estadounidenses, además de que le quitaran todo apoyo al general Nguyen Van Thieu. Ante tanta demanda, las pláticas fracasaron. Ello, no impidió que la retirada de tropas continuara y, para 1972, se estima que fueron un total de 402 mil. Esto, sin embargo, implicó otros problemas. El enojo y la frustración, se apoderó de quienes continuaban en el frente. Asimismo, seguía incrementándose el número, contabilizado en decenas de miles, quienes causaban baja con deshonor al desertar. Además, el servicio militar obligatorio era alguno que muchísimos no aceptaban cumplir y preferían huir a Canadá. Se estima que entre 1965 y 1973, las evasiones en ese sentido contabilizaron poco más de medio millón. Ante esto, Nixon decidió en 1972, poner punto final a esa obligatoriedad y, a partir de 1973, transformar la integración del ejercito en un asunto de voluntarios. Pero esas no eran las únicas acciones de Nixon por los rumbos de Asia.

En conjunción con Kissinger, el presidente estadounidense diseñó la estrategia para lograr la distensión con China y Rusia. Consciente que durante los sesentas las relaciones entre ambos países se habían ido deteriorando, implantó acciones tendientes a lograr que uno se enemistara con el otro. En la búsqueda por dar un giro a la balanza de poder, Nixon estimó que esta se movería hacia el oeste si lograba un acercamiento con China, lo cual hizo de manera subrepticia, invitando a los lideres de esa nación para que se mostraran dispuestos a sostener un dialogo. Pero no todo fueron palabras, el presidente estadounidense realizó algunas acciones concretas. Empezó, en diciembre de 1970, por implantar una serie de medidas que reducía las restricciones al comercio con China. En reciprocidad, al año siguiente, el gobierno chino lanzó la invitación para que jugadores, del llamado tenis de mesa, fueran a su país a participar en competencias allá. La prensa estadounidense, que etiqueta todo, bautizó esa acción como “la diplomacia del ping-pon.” En ese contexto, durante febrero de 1972, Nixon y su esposa visitaron China. Durante ocho días visitaron las ciudades de Beijín, Hangzhou y Shanghái. Además de que el presidente se entrevistó, una vez, con el líder Mao Zedong y en varias ocasiones con el primer ministro, Zhou Enlai. De esa manera se abrió una etapa nueva en las relaciones políticas-comerciales entre ambas naciones, a la vez que se obligó a la URSS a cambiar su estrategia en su trato con los EUA. Si bien el presidente Nixon suavizaba su relación con los dos principales exponentes de gobiernos socialistas en el mundo, ese no era el caso en otras regiones.

En América Latina, los EUA continuaron apoyando a gobernantes promotores del llamado anticomunismo y oponiéndose a quienes asomaban un dejo de democracia. El caso mas sonado fue el derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende Gossens ocurrido el 11 de septiembre de 1972. Con respecto a nuestro país, es muy ilustrativo para quienes aun siguen creyendo el cuento de que el presidente Luis Echeverria Álvarez andaba queriendo convertirnos en purpuras, escuchar las grabaciones de la entrevista que el mandatario mexicano sostuvo, el 15 de junio de 1972, en la Casa Blanca con su contraparte estadounidense. Una y otra vez, Echeverria trató de convencer a Nixon que su discurso no era antiestadounidense, sino una forma de arrebatar banderas a Fidel Castro Ruz y a Allende. México era amigo de los EUA y no buscaba convertir a la América Latina ni a las llamadas naciones del Tercer Mundo en un satélite soviético. Muy recomendable oír esos “tapes” para comparar el discurso publico con el privado en eso de las relaciones con los EUA. En medio de todo su accionar diplomático, Nixon enfrentaba en ese mismo año el proceso de reelección.

Nixon, acompañado por el vicepresidente Spiro Theodore Agnew, logró la nominación Republicana sin ningún problema. Los Demócratas por su parte, seleccionaron al senador por South Dakota, George McGovern, quien tuvo dificultades para seleccionar su compañero de fórmula tras de que el senador por Massachussets Edward Moore Kennedy rechazó el ofrecimiento que finalmente fue aceptado por el senador por Missouri, Thomas Eagleton. Sin embargo, pronto se supo que este personaje había estado sometido a una terapia de electrochoques para combatir la depresión. Ante esto, hubo de renunciar a la candidatura que entonces recayó en el hermano político de los Kennedy, Sargent Shriver. A la hora de las votaciones, los estadounidenses demostraron que estaban muy conformes con el accionar de Nixon y 47.17 millones (60.7 porciento de la votación) sufragaron por el republicano que así obtuvo la mayoría en 49 estados que representaban 520 votos electorales. Por su parte, McGovern recolectó 29.17 millones de votos (37.5 porciento del total) y solamente obtenía triunfos en Massachussets y el Distrito de Columbia que le significaron 17 votos electorales. Nixon vivía un romance con su electorado y, por lo pronto, podía seguir instrumentando la política exterior.

Nadie puede negarle a Nixon los éxitos que tuvo en su relación con la URSS con la cual negoció el Tratado de la Limitación de Armas Estratégicas (SALT), mediante el cual disuadía a los soviéticos de lanzar el primer ataque. Asimismo, cuando la coalición árabe lidereada por Egipto y Siria, que contaban con el respaldo soviético, atacaron a Israel en la conocida como la Guerra del Yom Kippur causando serios daos a este país, Nixon demostró a que nación consideraba su aliada en la zona y proporcionó apoyo a los israelitas, al tiempo que establecía como responsabilidad propia cualquier acción de respuesta de los países árabes. Esto llevó a una negociación entre la URSS y los EUA, mientras que Israel iba ganando territorio enemigo. Esta crisis llevó a un enfrentamiento mayor entre las superpotencias cuando Anwar el-Sadat, el presidente de Egipto demandó una misión conjunta de paz integrada por ambas naciones, lo cual fue rechazado por los EUA. El primer ministro soviético Leonid Brezhnev quiso imponer unilateralmente una fuerza de paz, algo que Nixon no iba a permitir. Acto seguido, dio instrucciones para que el ejercito estadounidense entrara en la fase DEFCON3, lo cual en palabras llanas significa que a partir de ese momento todo el personal militar y las bases estadounidenses en cualquier sitio, estaban bajo alerta de guerra nuclear. Y como el diablo no come lumbre, pues don Leonid le bajó a la bravura. Pero mientras en el exterior, las cosas lucían esplendorosas para Nixon, en lo domestico algunos de sus enemigos, que no eran pocos, esperaban cobrarse cuentas pendientes.

Y esas facturas empezaron a exhibir tras de que el 27 de enero de 1973, se firman, en París, los tratados de paz en Vietnam. Mediante ellos, los EUA se comprometían a retirar sus tropas en sesenta días. Esto representaba la derrota estadounidense y dejaría una huella honda en toda esa sociedad, el sentimiento de la culpa de la derrota recaería en Nixon.

Aunado a lo anterior, el vicepresidente Spiro T. Agnew fue acusado que de que en sus tiempos de gobernador de Maryland le encontró el gusto al deporte del soborno, la extorsión y la evasión fiscal. Ante ello, no le quedó sino renunciar el 10 de octubre de 1973. En su lugar fue nombrado, en diciembre de ese año, el líder de la minoría Republicana en la Cámara de Representantes, Leslie Lynch King Jr. a quien todos conocemos como Gerard Rudolph Ford. Ya para entonces estaba el caldero hirviendo debido a que, en junio de 1972, se encontraron a cinco individuos haciendo trabajo de plomeros chambones en la sede del Partido Demócrata en el evento conocido como Watergate. Aun cuando se otorgó todo el crédito del descubrimiento y lo que siguió a los periodistas del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, en realidad estos solamente fueron los mensajeros-difusores de un resentido, convertido en soplón, a quien apodaron “garganta profunda, el subdirector del FBI, William Mark Felt. En medio del escándalo, Nixon y los suyos trataron de cubrir aquel desaguisado lo cual hicieron de manera tan burda que empezaron a adentrarse en terrenos pantanosos. Ante esto, la Cámara de Representantes inició audiencias encaminadas al juicio político. Dos meses después, la Suprema Corte de Justicia le negó a Nixon el privilegio ejecutivo y ordenó que entregara todas las grabaciones al fiscal especial, Leon Jaworski. Al escucharse las grabaciones, se determinó que Nixon conocía toda la trama. La Cámara y el Senado estaban listos para dar paso al juicio político en contra de Nixon. Este, nuevamente, recordó que la institución presidencial era más importante que quien la ocupara temporalmente y antes de aceptar que el presidente de los EUA fuera a sentarse en el banquillo de los acusados, renunció el 9 de agosto de 1974. Antes de continuar, vale precisar que en eso de las grabaciones Nixon no era el primero en practicarlas, F.D. Roosevelt, John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson fueron fieles seguidores de dejar constancia grabada de sus palabras y las de quienes se entrevistaban con ellos, sin que los interlocutores supieran que estaban siendo inmortalizados vía su voz. En medio de la tormenta política, Ford asumió la presidencia. Caro habría de salirle al sistema estadounidense aquella crisis generada a partir de ambiciones políticas de revancha.

Ford inició un programa d reconciliación nacional, primero extendió la amnistía para los desertores y evasores de la guerra de Vietnam. Posteriormente, el 8 de septiembre de 1974, entre rumores de si el acto fue generado por una amenaza de extorsión del perdonado potencial, Nixon, el presidente Ford le otorgó el perdón a su antecesor. Ante esa situación, Ford tuvo que aclarar que lo hizo para evitar que aquello siguiera pesando como un fardo sobre el país y darle vuelta a la página, aun cuando tuvo un alto costo para su credibilidad entre la población. Aunado a ello, el país vivía un problema inflacionario que, para resolverlo, Ford implantó medidas para desacelerar la economía lo cual, si bien controló el nivel de precios, hizo que el desempleo se fuera al nueve porciento y terminó por crear la recesión de 1974-1975.

En el terreno foráneo, en el caso de China y la URSS, Ford siguió una política similar a la de su antecesor. En ese tenor, se desarrolló la visita de que realizó a China en diciembre de 1975. En otro tenor, durante la presidencia de Ford, los EUA suscribieron con la URSS los Acuerdos de Helsinki mediante los cuales se creaba el grupo Observadores de Helsinki que fue el antecedente del denominado Observadores de los Derechos Humanos.

En el otro campo en el cual Nixon no tuvo empacho en tomar partido fue en Medio Oriente en donde Ford, el 24 de marzo de 1975, dio reversa y durante seis meses estuvo reticente a otorgar apoyó bélico a Israel. Esta postura generó el enojo de la comunidad judía en los EUA, así como entre miembros del Senado en donde 77 simpatizantes de la causa israelita le demandaron, vía escrita, al presidente que otorgara el apoyo solicitado de casi tres mil millones de dólares. La negativa de respaldo tensó las relaciones EUA-Israel y fue hasta principios de septiembre, cuando se signa el Acuerdo Provisional de Sinaí, que se reanuda la ayuda. Así, llegó 1976 el año de las elecciones presidenciales y Ford sabia que tenia que competir para buscar ser electo. Sin embargo, las resistencias internas en su partido estaban encabezadas por el otrora gobernador de California, Ronald Wilson Reagan quien representaba el ala conservadora de ese instituto político. Además, Ford no terminaba de ser comprendido en lo positivo que resultó para la vida nacional haber perdonado a Nixon. En medio de una gran disputa, finalmente Ford gana la nominación por 117 delegados, pero el apoyo de Reagan y su grupo se da de manera limitada. El candidato a la vicepresidencia sería el senador por Kansas Robert Joseph Dole. Por lo que concierne a los demócratas, la contienda se da entre el senador el gobernador de California, Jerry Brown, el senador por Washington, Henry Jackson, el gobernador de Alabama, George Wallace, el senador por Massachussets Edward Moore Kennedy y el gobernador de Georgia, James Earl Carter. Al final todo se ciñe a los dos últimos. Al momento de la Convención, es Kennedy quien acapara los mayores aplausos, pero el fardo de Chappaquiddick y el fantasma de la muerte de Mary Jo Kopechne se hacen presentes para recordar a los demócratas que no podían nominar alguien con esos cuestionamientos en las alforjas. Finalmente, Carter es seleccionado como el abanderado, llevando de compañero al senador por Minnesota, Walter Frederick Mondale. A la hora de los debates, entre Carter y Ford, este último comete un error en asuntos internacionales al mencionar que “no existe una dominación soviética en Europa del Este y esa dominación tampoco existirá bajo la Administración Ford”. Eso se agregaba a otros dislates del pasado que habían hecho ganar a Ford fama de poseer limitantes intelectuales serias. En ese entorno, a la hora de las elecciones, Carter obtiene 40.83 millones de votos al obtener la victoria en 23 estados (todo el sur vuelve a pintarse de azul) y el Distrito de Columbia con lo cual logra 297 votos electorales. Por su parte, Ford alcanza 39.14 millones de votos con mayoría en 27 estados que solamente le alcanza para registrar 240 votos electorales. Los estadounidenses no imaginaban la pesadilla que les esperaba durante los años por venir, pero ese será el tópico de nuestra colaboración siguiente.

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Añadido (1) Solamente para recordarle a usted, lector amable, que este miércoles 31 de julio a las 18:00 horas, en las instalaciones del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), sita en Francisco Y. Madero No. 1 en San Ángel, CDMX, habrá de presentarse el segundo libro de nuestra autoría “Las Conferencias de Bucareli. Un Acuerdo Pragmático de la Diplomacia Mexicana.” Este volumen. cuya edición fue factible gracias al apoyo que nos otorgó la entonces directora general del INEHRM, Dra. Patricia Galeana Herrera, será comentado por el director general actual de dicha institución, Dr. Pedro Salmerón Sanginés. Sí, ese día, anda por los rumbos de la hoy alejada de ser nombrada la región más transparente del aire, y dispone de un par de horas libres, esperamos saludarlo por ahí.

Añadido (2) En la leyenda de los pueblos, se decía que el sacristán de las iglesias católicas acostumbraba “ayudarse” con un pellizco al cepo de las limosnas antes de rendirle cuentas a su empleador. Hoy, pareciera que eso ya se terminó. Nos encontramos, hace unos días, la nota de que, a un cura en el norte de San Francisco, California, lo capturaron transportando en su auto bolsas con 18 mil dólares en efectivo, además de que en su casa encontraron otros guardaditos. ¿Sería eso un castigo por no compartir con el señor o…..? ¿Cuántos casos similares a ese habrá alrededor del planeta en esa y las otras religiones?

Añadido (3) Nada prometedor se puede esperar cuando uno de los exsocios decide que colgará en el tendedero los trapos que todos portaron y quedaron muy sucios.

Añadido (4) Otra de excofrades. En España, Pablo ya no quiso verla de gratis y le exigió a Pedro una parte del botín. Ante la respuesta negativa, lo dejó desvestido. Cosas de políticos.
20 Julio 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. Entre Vietnam y la luna
En medio de la euforia del triunfo electoral apabullante de 1964, el presidente Lyndon Baines Johnson prosiguió con su programa de reformas. Nadie iba a negarle el derecho de hacerlo, el 61 por ciento de los votantes lo eligieron, era en ese momento o nunca. Jamás imaginó que esos mismos electores terminarían por ser sus críticos acérrimos cuando los asuntos de las relaciones exteriores no salían como se planeaban. Sobre ello y el gobierno de Richard Milhous Nixon abordaremos en esta ocasión.

A principios de 1965, el presidente Johnson emprendía el programa “The Great Society” bajo el cual estimaba habría de transformar a los EUA y acabar con todos sus males. En medio de todo esto iba lo que podíamos llamar un subprograma, el de la “Guerra contra la Pobreza.” Esto implicaba ofrecer apoyos para que los estudiantes de recursos limitados pudieran acceder a la educación, dando inicio con el llamado “Head Start Program” destinado a los niños en edad preescolar. Asimismo, buscó mejorar el sistema de salud al apoyar a las clases marginadas vía el “Medicaid” y para las personas de edad avanzada el “Medicare.” En igual forma, respaldó el desarrollo de las regiones marginadas al crear los “Job Corps” destinados a los desempleados. El objetivo era mejorar las condiciones económicas lo cual ayudaría no solamente a implantar medidas, sino que permitiría el éxito en el combate al crimen y la delincuencia. En el aspecto cosmético, el 22 de octubre de 1965, el presidente Johnson promulgó una ley destinada a embellecer las carreteras dentro de lo cual incluía limitar los anuncios publicitarios a lo largo de ellas, así como remover los depósitos de chatarra y basura que se generaban a lo largo de las carreteras interestatales, un programa que tomó como suyo la esposa del presidente, Claudia Alta Taylor a quien todos llamaban Lady Bird Johnson.

Ni quien dude de la importancia de los programas sociales implantados por Johnson. Sin embargo, como todos los de ese tipo que operan en un solo sentido, terminan por crear distorsiones y eso aconteció con un sector muy importante de la sociedad estadounidense que acabó por sentirse muy cómoda con la postura de esperar la dadiva y no ofrecer nada a cambio. A pesar de todos los logros que, en el terreno doméstico, obtuvo el presidente Johnson, su gestión tiende a recordarse en una sola palabra: Vietnam.

Durante la campaña, Johnson prometió que no enviaría jóvenes estadounidenses a realizar el trabajo que deberían de realizar los asiáticos. A pesar de esto, en marzo de 1965, envió tropas de combate a Vietnam con el apoyo del pueblo estadounidense y para junio de ese año, 82 mil efectivos estaban instalados allá. Bajo la creencia de que le había sido extendido un cheque en blanco y el soporte de la ciudadanía le duraría toda la vida, el presidente de origen texano, a pesar de que algunos de sus asesores le prevenían de lo que podía suceder, si bien no accedió a lo que los militares demandaban, se enviaran 175 mil combatientes más, si accedió a que 100 mil se fueran en el mes de julio de 1965 y una cantidad similar el año siguiente. Aquello tomaba trazas de convertirse en una conflagración mayor.

Aparte de que se sumaron tropas de Corea del Sur, Tailandia, Australia y Nueva Zelandia, en el ámbito domestico estadounidense, empezaron a aparecer grupos en favor y en contra. Por un lado, los llamados “Hawks” (Halcones) quienes proponían un bombardeo masivo y el uso de armas nucleares. Por otro, aquellos a quienes se denominaba “Doves” (Palomas) buscaban una salida negociada mediante la declaración de Vietnam del Sur como zona neutral y mas tarde alcanzar la reunificación con Vietnam del Norte. El presidente Johnson optó por la enfatizar vía bélica y para noviembre de 1967, ya tenía en territorio de combate mas de 500 mil soldados, a la par que las bajas totales sumaban mas de 15 mil y los heridos rondaban los 110 mil. En ese escenario nada grato los medios de comunicación, encabezados por la voz de Walter Cronkite, en la cadena televisiva CBS, presentaban noticias que en ocasiones eran ciertas y otras que no necesariamente correspondían a la verdad, pero que atraían audiencia. Un día tras otro fueron incrementándose el número de protestas y oponentes a seguir enviando jóvenes que regresaban del frente de batalla muertos o mutilados mental y/o físicamente. A la vez, se demandaba parar aquello que decían era un ataque sobre civiles inocentes, además de que los EUA estaban dando apoyo a una dictadura en Saigón. Eso era lo que, en octubre de 1967, alrededor de 35 mil personas protestaban frente a las oficinas del Pentágono. En ese ambiente adverso, Johnson llegó a 1968.

El ultimo día de enero, el general norvietnamita, Vo Nguyen Giap al mando de 70 mil efectivos, lanzó una ofensiva sorpresa denominada Tet que consistió en atacar mas de cien ciudades y pueblos de Vietnam del Sur. Las tropas estadounidenses lograron sobreponerse y responder con éxito al grado que los atacantes no pudieron mantener posesión de los sitios por mas de uno o dos días. No obstante que el general en jefe de las fuerzas estadounidenses, William Joseph Westmoreland, clamaba que la victoria estaba cerca, por otro lado, demandaba que le enviaran 200 mil hombres más al frente de batalla. En ese entorno, el panorama futuro no lucia prometedor para el nativo de Stonewall, Texas.

La población estadounidense estaba entre escéptica y dividida. Las protestas en contra de la guerra arreciaban, Los combatientes estadounidenses, se encontraban desmoralizados porque todas sus acciones no eran suficientes para derrotar plenamente a los norvietnamitas. Porque el presidente enfrentaba la disyuntiva de no querer aumentar impuestos, pero no deseaba recortar el gasto destinado a su programa de combate a la pobreza y tenía la necesidad de incrementar los recursos para continuar con la guerra, lo cual no le dejaba otra alternativa sino recurrir al endeudamiento y acrecentar el déficit. Aunado a ello, 1968, era año electoral y contrario a lo que pudiera esperarse, dentro del Partido Demócrata, surgieron quienes consideraron que, dada la situación difícil por la que atravesaba el presidente, podía uno de ellos convertirse en el candidato presidencial.

En marzo, durante las primarias en New Hampshire sonaron las alarmas en la Oficina Oval. El senador por Minnesota, Eugene McCarthy, obtuvo el 42 por ciento de los sufragios contra el 50 porciento del presidente. Ante ello, dado el poco aprecio que sentía por Johnson, el senador por New York, Robert Fitzgerald Kennedy, decidió, montado en la popularidad de su hermano extinto y en todo el aura artificial que se había creado alrededor de su memoria, que también participaría en la contienda por la candidatura presidencial. Frente a ese panorama, en un autentico “idus de marzo, el día 31, el presidente Johnson anunció al pueblo estadounidense que se limitara el bombardeo sobre Vietnam del Norte para dar paso a un acuerdo negociado que finalizara el conflicto. Asimismo, dio a conocer que no participaría en la contienda en busca de la nominación para otro periodo presidencial ya que dedicaría todos sus esfuerzos a tratar de lograr la paz. La platicas en ese sentido dieron inicio en mayo, pero pronto cayeron en un estancamiento dado los tiempos electorales que se vivían en los EUA. Pero volvamos a los sucesos en territorio estadounidense.

El 4 de abril, el líder afroamericano, Martin Luther King Jr., Fue asesinado lo cual dio pie a un sinfín de protestas violentas. En medio de todo ello, el 11 de abril, el presidente Johnson firma la Ley de Derechos Civiles de 1968. A la par continuaba la lucha por la nominación demócrata entre McCarthy y Kennedy, ambos con un discurso antibélico. Cuando parecía que los electores demócratas terminarían por inclinarse a favor de Kennedy, se atravesó el 5 de junio. Recordamos que ese día alrededor de las 23:30 horas, tras de que se anunciara el triunfo de Kennedy en las primarias de California, decidimos apagar el televisor e irnos a dormir pues al otro día había que ir a la escuela. A la mañana siguiente, era jueves, lo primero que nos enteramos al leer Zócalo era que le habían pegado un tiro al precandidato demócrata quien falleció ese día. Esto acabó por llevar a que los demócratas escogieran como su candidato al vicepresidente Hubert Horatio Humphrey Jr., acompañado por el senador por Minnesota, Edmund Muskie. La fórmula resultaba extraña pues también Humphrey era nativo de Minnesota. Por su parte, los republicanos eligieron candidato al resucitado, políticamente hablando, Richard Milhous Nixon quien llevó al gobernador de Maryland, Spiro Theodore Agnew como aspirante a vicepresidente. Un tercer candidato fue el gobernador de Alabama, George Corley Wallace Jr., representando al Partido Estadounidense Independiente, junto con el general de la Fuerza Aérea, Curtis Emerson LeMay. Al final la victoria favoreció a Nixon quien obtuvo 31.78 millones de votos al ganar 32 entidades que le representaron 301 votos electorales. Humphrey alcanzó 31.27 millones de votos al alcanzar la mayoría en 13 entidades y el Distrito de Columbia, lo cual representó 191 votos electorales. Nuevamente, el sur fue perdido por los Demócratas al obtener la mayoría de los votos en cinco entidades de esa área y alcanzar un total de 9.9 millones de votos que representaron 45 votos electorales. De esa manera concluía el gobierno del presidente Johnson quien acabaría por retirarse con un agrio sabor de boca por no haber podido imitar los logros de su héroe, F.D. Roosevelt. Para tener una idea mas amplia de lo que fue el gobierno, y los días posteriores hasta su muerte, del trigésimo sexto presidente de los EUA, es recomendable revisar el libro “Flawed Giant: Lyndon Johnson and His Times, 1961-1973” (1998) escrito por Robert Dallek. Pero vayamos a los años de Nixon.

El abogado graduado de la Universidad de Duke, fallido aspirante a ser agente del FBI, el teniente comandante de la Armada estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, el representante del duodécimo distrito de California en el Congreso, el Senador por California, el anticomunista rabioso, el vicepresidente durante la administración de Eisenhower, el fallido aspirante presidencial derrotado por los votos surgidos de los cementerios de Illinois y Texas, el político dado por acabado, realizó la resurrección nunca vista ni antes, ni después, para llegar a la primera magistratura de su país. Es común resumir el gobierno de Richard (1969-1974) Nixon en un solo evento, Watergate. Sin embargo, hubo muchas otras cosas positivas de su gestión que algunos desconocen o ponen de lado a la hora de calificar su gestión. Repasemos sus acciones en el ámbito interno.

El programa bajo el cual Nixon desarrollo sus acciones internas lo denominó “New Federalism.” Aún cuando Nixon es ubicado en la extrema derecha rabiosa, muchas de sus acciones podrían ser calificadas de progresistas. En el sur de los EUA implantó medidas tendientes a eliminar la segregación racial. Al establecer comités integrados por blancos y afroamericanos, logró que, para finales de 1970, solamente el 18 por ciento de los niños de color asistieran a escuelas integradas exclusivamente por miembros de raza negra, lo cual significó una reducción significativa si se le compara con el 70 por ciento que lo hacía en 1968. Asimismo, realizó cambios en los programas de ayuda para las familias con niños, los de vales de despensa y “Medicaid” al optar por entregar los pagos con dinero en efectivo para los necesitados, madres solteras y los pobres con salarios bajos. En contra de su imagen dura, Nixon fue un promotor de los derechos de la mujer. Incrementó el número de damas que trabajaban en su gobierno, respaldó las demandas que se hacían por discriminación sexual relacionadas con el otorgamiento de empleos, además de ordenar al departamento del trabajo que en los contratos de empleo del gobierno federal fueran incluidos lineamientos específicos en contra de la discriminación sexual. Tal vez los ambientalistas de ahora no lo recuerden, pero, en 1970, Nixon creó la “Environmental Protection Agency (EPA); favoreció la conservación de los recursos naturales. En ese mismo tenor promulgó en ese año la Ley para el Aire Limpio, la Ley Nacional de Política Ambiental y estableció la oficina de Seguridad Ocupacional y Administración de la Salud (OSHA).

En materia económica, ante el temor de que la inflación se saliera de control, Nixon recurrió a una receta muy cuestionable, el congelamiento de precios y salarios, mientras que dejaba el dólar flotando con respecto a otras monedas. El control artificial no dio los resultados esperados y en abril de 1974 fueron desechados. Por lo que respecta al dólar, el 15 de agosto de 1971 decidió romper la convertibilidad del dólar al oro, rompiendo así los Acuerdos de Breton Woods. Pero si de asuntos externos se trataba, hubo uno de carácter singular.

Después de que, durante casi una década los EUA, dedicaron una buena cantidad de recursos al programa espacial en donde mantenían una cerrada competencia con los soviéticos, el 20 de julio de 1969 a las 20: 17 horas, la nave espacial Apolo 11 arribaba a la luna y el astronauta estadounidense, Neil Armstrong se convertía en el primer ser humano en pisar territorio lunar, seguido minutos después por Edwin Eugene Aldrin Jr., mientras que el tercer tripulante, Michael Collins permanecía en el modulo comando orbitando el satélite. Era el triunfo estadounidense en la carrera espacial. Kennedy había prometido que ellos llegarían primero y acertó, lo que nunca imaginó que ello se lograría durante el mandato de quien, como él, llegara como senador novicio en 1950 y al que, en 1960, envió a lo que parecía el fin de su carrera política.

Si algo distinguió la gestión de Richard Nixon fue su ambición por imponer su agenda. En ese contexto, su trato con el Congreso fue tenso. En lugar de optar por la negociación y alcanzar acuerdo, prefirió la vía de la confrontación. Estimaba que el poder depositado en la presidencia era superior a cualquier otro y por lo tanto debería ser exentado de cumplir ciertas reglas establecidas en la Constitución. Esa relación tirante con los legisladores habría de serle muy costosa durante su segundo mandato y en nada lo ayudó a la hora que surgió el escandalo de Watergate, pero sobre eso y las acciones que Nixon realizó en materia de política externa, les comentaremos la semana próxima.


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Añadido (1) Lector amable, hacemos de su conocimiento que el miércoles 31 de julio a las 18:00 horas, en las instalaciones del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), sita en Francisco Y. Madero No. 1 en San Ángel, CDMX, habrá de presentarse el libro de nuestra autoría “Las Conferencias de Bucareli. Un Acuerdo Pragmático de la Diplomacia Mexicana.” Este volumen cuya edición fue factible gracias al apoyo que nos otorgó la entonces directora general del INEHRM, Dra. Patricia Galeana Herrera, será comentado por el director general actual de dicha institución, Dr. Pedro Salmerón Sanginés. Si usted, lector amable, anda ese día por los rumbos de la hoy alejada de ser nombrada la región más transparente del aire, y dispone de un par de horas libres, esperamos saludarlo por ahí.

Añadido (2) El sábado 13 de julio, se demostró que el alcalde de New York, Warren Wilhelm Jr., mejor conocido como Bill de Blasio, es prescindible totalmente. Al suscitarse la emergencia por el apagón, fueron los miembros de los departamentos de policía y bomberos quienes, al actuar eficientemente, evitaron males mayores. Aun no se sabe, a ciencia cierta, si ese día el funcionario mencionado andaba en Iowa en la búsqueda de adeptos para su campaña presidencial fantasmal o participaba en uno de esos concursos en los que se empujan semovientes.

Añadido (3) ¿Lo de Baja California podría ser considerado dentro de la categoría de un golpe de estado incruento[fallido]?

Añadido (4) Veíamos las imágenes de hace unos días en el Parque Francisco Y. Madero de Saltillo, Coahuila y no pudimos sustraernos a recordar el verano de 1958 cuando un chamaco pueblerino observaba, desde las entrañas de aquel viejo recinto con sabor beisbolero, su primer juego de ese deporte. Era un partido entre el Club 45 de su pueblo natal y el equipo representativo de Río Bravo que competían en la Liga Minera Miguel Pier. La imagen que se le quedó grabada fue la de un pelotero novato quien, a una velocidad endiablada, recorría las almohadillas hasta llegar de cabeza al home. Se trataba del jardinero central del segundo equipo, Marcelo Juárez Moreno.
13 Julio 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. Del “fairy tale” de camelot al inicio de la pesadilla…
En esta colaboración daremos un repaso sobre las acciones que el presidente Dwight David Eisenhower realizó durante su segundo periodo tanto en el ámbito doméstico como en el externo. En igual forma, abordaremos lo concerniente a los gobiernos de John Fitzgerald Kennedy y el primer año de gobierno de Lyndon Baines Johnson. Procedamos.

El segundo periodo presidencial del presidente Eisenhower se caracterizó por una serie de acciones relacionadas con los derechos civiles en los EU, mismos que tendemos a olvidar. En 1957, firmó la primera ley de derechos civiles que se proclamara en los EU desde la época de la Reconstrucción (1865-1877). Asimismo, para concluir con la segregación en Arkansas, no dudó en enviar tropas. En ese mismo tenor, en 1960, emitió la Ley de Derechos Civiles. Por otra parte, en 1958 y 1959, Alaska y Hawai respectivamente fueron admitidos como los estados 49 y 50 de la Unión Americana. Sin embargo, en el plano externo, las cosas empezaban a descomponerse. La URSS tomaba la delantera en la carrera espacial cuando, en 1957, lanzó el cohete Sputnik. Ello obligó al presidente estadounidense a tomar medidas en busca de no quedarse atrás. Primeramente, creó la “National Aeronautics and Space Administration” (NASA), un acto que fue acompañado por una campaña intensa que lo mismo buscaba asignar mayores recursos a la exploración espacial que promover y mejorar los programas de ciencias en los centros de educación superior. Sin embargo, no todo era luchar por apoderarse del espacio sideral.

A noventa millas de las costas estadounidenses, en la Isla de Cuba, desde 1956, un grupo de inconformes realizaban acciones tendientes a derrocar al régimen de Fulgencio Batista. Sería, literalmente, en los albores de 1959 cuando aquellos barbudos encabezados por Fidel Castro Ruz se hicieron del poder en el país caribeño. Los rebeldes convertidos en gobierno despertaron la simpatía en muchos sitios del mundo. Aun cuando al principio dijeron ser adalides de la democracia, una serie de factores, incluidos un manejo inadecuado de la política estadounidense, terminaría por hacer que en lugar de ser dominados por los EU pasaran a ser colonia de la URSS. Aquí cabe mencionar un anécdota personal cuando, allá por 1982, en una de nuestras clases de agricultura mundial, en la maestría de economía, expusimos el tema de la reforma agraria cubana y mencionamos eso del cambio de amo, un compañero nigeriano nos andaba acusando de “comunistas,” claro que a ello contribuía el hecho de que lucíamos una barba que semejaba la de Karl Marx, cuantas veces nos hemos reído al recordar ese evento. Pero dejemos disgregaciones personales y retornemos a la historia.

Durante 1959 y 1960, los revolucionarios cubanos implantaron una serie de reformas sociales y medidas sumarias que generaron tensión en sus relaciones con Washington lo cual generó que, en las últimas semanas de la administración Eisenhower, los EU rompieran relaciones diplomáticas con Cuba. En medio de todo ello, se había desarrollado la campaña presidencial en los EU durante 1960.

Dado que Eisenhower no podía aspirar a un tercer periodo, los Republicanos decidieron que su candidato sería el vicepresidente Richard Milhouse Nixon a quien acompañó el entonces embajador estadounidense ante las Organización de las Naciones Unidas, Henry Cabot Lodge Jr, hijo de un viejo conocido de México durante los 1910 y 1920, el entonces senador por Massachussets de nombre similar quien lo mismo promovía juicios en contra nuestra que recomendaba fuéramos convertidos en protectorado. Por su parte, el Partido Demócrata, tras un jaloneo intenso eligió su representante al joven senador por Massachussets, John Fitzgerald Kennedy, tras haber librado una lucha intensa con el líder del Senado, el texano Lyndon Baines Johnson quien a regañadientes aceptó ocupar el segundo lugar de la formula. Mucho se ha escrito y comentado de que si el resultado final de la contienda se debió a la actuación que Nixon y Kennedy tuvieron durante el primer debate televisivo de la historia, que si uno lucía fresco y el otro sombrío. Sin embargo, al final la elección fue decidida por la activa participación que tuvieron los moradores de los cementerios en Illinois y Texas. En la primera entidad, la “Daley Machine” y sus aliados en Chicago hicieron el trabajo, mientras que, en la segunda, Johnson recurrió al procedimiento similar que le emplearon a él, en 1941, cuando perdió la elección senatorial. Aun cuando se le sugirió a Nixon judicializar el proceso, prefirió abstenerse antes de poner en evidencia al sistema estadounidense. Ante ello, Kennedy obtuvo 34. 22 millones de votos al ganar en 22 entidades que le dieron un total de 303 votos electorales. Nixon, por su parte, alcanzó 34.10 millones de votos como consecuencia de triunfar en 26 estados que significaban 219 votos electorales.

El arribo de Kennedy (1961-1963) a la Casa Blanca significó el cambio generacional, el acceso al poder del grupo de jóvenes educados en las mejores universidades estadounidenses y que por vez primera un profesante de la fe católica se convirtiera en presidente. Pronto, todo ello habría de enfrentar una crisis cuando en abril de 1961, se planeó, pésimamente, una invasión a Cuba para derrocar a Castro y aquello terminó en el desastre de Bahía de Cochinos. Kennedy sufrió el primer descalabro e inició una relación difícil con Cuba. En enero de 1962, los EU logran que Cuba sea expulsada de la OEA en donde el único país que mantuvo una postura digna fue México. Al mes siguiente, Kennedy firma el decreto del bloqueo económico y comercial a Cuba, gracias al cual Fidel pudo subsistir a lo largo de los años ya que cada vez que su modelo mostraba la ineficacia culpaba a los estadounidenses de estarlo ahogando, no obstante estar echado en los brazos de la URSS. Para el otoño de 1962, en octubre, se desata la llamada Crisis de los Misiles cuando los soviéticos tratan de instalar armas nucleares en Cuba y el mundo estuvo a un centímetro de que se desatara la guerra nuclear, algunos chamacos curiosos de entonces recordamos aquellos días en donde los rumores corrían cual agua de río. Para darnos una idea de como estuvo todo aquello es recomendable leer “Thirteen Days: A Memoir of the Cuban Missile Crisis” (1969) escrito por alguien que los vivió desde dentro, Robert Fitzgerald Kennedy. En medio de todo ello, la imagen doméstica y externa del presidente Kennedy era muy bien vendida, claro que entonces no se conocían algunas cosas que hubieran causado el desdoro total, pero esos son otros asuntos.

Kennedy era aclamado en Europa y aquí en nuestro país se recuerda la apoteótica recepción que tuvo, el 29 de junio de 1962, en la ciudad de México, aun cuando en ello tuvo muchísimo que ver que el presidente nuestro fuera don Adolfo López Mateos. Inmerso en los años de la guerra fría, el mandatario estadounidense implantó una política mediante la cual buscaría que las llamadas naciones del Tercer Mundo abandonaran su estado de postración y subdesarrollo para alcanzar la madurez política y económica. El objetivo era incorporarlos al desarrollo capitalista y alejarlos del radicalismo inherente al socialismo y comunismo. Se buscaba que olvidaran la neutralidad y abiertamente se pronunciara pro-estadounidenses. Para lograr esa meta, durante la del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES)efectuada, a principios de agosto de 1961, en Punta del Este, Uruguay, la administración Kennedy propuso el desarrollo del programa llamado Alianza para el Progreso, un programa destinado a mejorar la calidad de vida para los habitantes de América Latina cuyos gobiernos, con la excepción de Cuba, aceptaron incorporarse al mismo. Ello implicaba que sería necesario incrementar en un 2.5 porciento el ingreso del capital; lograr el establecimiento de gobiernos democráticos; poder eliminar el analfabetismo de los adultos para 1970; lograr la estabilidad de precios; realizar acciones encaminadas a lograr una distribución del ingreso más equitativa; impulsar la reforma agraria, todo esto en el marco de la creación de un sistema de planificación económica y social. Asimismo, en el contexto de mostrar una cara más amable, el gobierno de Kennedy creó los llamados “Peace Corps”, mismos que bajo la dirección de Sargent Shriver, el hermano político del presidente, reclutaban voluntarios en su país para ir a las naciones subdesarrolladas y apoyarlas en las acciones que realizaban en materia educativa, agrícola, salud pública y construcción. A pesar de esas propuestas, Kennedy continuó enfocado a detener la propagación del comunismo e ignoró los consejos de abandonar Vietnam. Rechazó cualquier acuerdo negociado y se embarcó en una de las peores experiencias bélicas de la historia estadounidense, la Guerra de Vietnam.

Es conveniente recordar que los EU se entrometieron en Vietnam en 1954 cuando Francia perdió su dominio colonial de más de un siglo sobre la región entonces conocida como Indochina. Las fuerzas comunistas del norte, comandadas por Ho Chi Min, triunfaron sobre las del sur. En 1955, sin embargo, surgió un político anticomunista rabioso, Ngo Dinh Diem, quien desplazó al emperador Báo Đai, cuyo nombre al nacer fuera Nguyen Phúc Vinh Thuy, el treceavo y último monarca de la dinastía Nguyen. En el contexto de la guerra fría, el presidente Eisenhower apoyó a Diem. Este soporte se vio materializado con entrenamiento y equipo militar estadounidense, así como asesoría por parte de la CIA. Con ese respaldo fue factible que las fuerzas de Diem arrestaran alrededor de 10 mil opositores, muchas de ellos torturados y asesinados. Dos años después, empezó la contra respuesta y en 1959, las fuerzas del norte iniciaron la confrontación con las del sur. A finales de 1960, los opositores de Diem formaron el Frente de Liberación Nacional, precisando que no eran comunistas. Washington, sin embargo, desconfiaba de esto y los acusó de ser títeres de Hanoi. En medio de esto, llegó el cambio de mando en los EU.

Ante el asunto heredado, el presidente Kennedy estimó conveniente conformar un grupo y enviarlo a Vietnam del Sur para que analizara las condiciones imperantes ahí. El resultado fue un reporte en el cual advertían el peligro que representaba Vietnam del Norte y por lo tanto era necesario que los EU proporcionar ayuda, militar, económica y técnica al gobierno de Diem. Bajo la premisa de que la amenaza comunista podía expandirse por todo el sureste asiático, el presidente estadounidense incrementó la ayuda. Para 1962, la presencia militar estadounidense creció, de los 800 efectivos que había en los 1950s, hasta 9 mil. A pesar de ello, el descontento interno crecía y, a inicios de noviembre de 1963, un grupo de generales dio golpe de estado en el cual asesinó a Dien y su hermano Ngo Dinh Nhu. El mes empezaba muy mal.

Pero antes de todo eso, Kennedy lo mismo se pronunciaba en contra de la carrera armamentista que proseguía su lucha en contra del comunismo. Con respecto a esto último, el 26 de junio en Berlín Occidental, Kennedy reitero su apoyo a Alemania Occidental y la critica al comunismo expresando su rechazo al Muro de Berlín. En relación a lo primero, el 10 de junio de 1963, en la ceremonia de graduación de la American University delineó el programa parara reducir las armas nucleares, al tiempo que daba a conocer como la URSS habia aceptado en principio negociar un tratado para prohibir las pruebas nucleares y posponer las pruebas de armas nucleares en la atmósfera. Tras de la ratificación del Senado, en octubre de 1963, Kennedy estaba firmando un tratado que involucraba a su país, el Reino Unido y la URSS, mediante el cual se prohibían pruebas atómicas sobre la superficie, en la atmósfera o bajo el agua, aun cuando no se aplicaba a las pruebas en el subsuelo. Sin embargo, Francia lo desdeñó e invocó que era libre de continuar sus actividades en ese sentido como se le diera la gana.

Mientras tanto, en los EU, el cuento de hadas de Camelot, bueno eso era lo que vendían a la audiencia, seguía hasta que, en Dallas, Texas, se atravesó el mediodía del viernes 22 de noviembre de 1963. El presidente Kennedy fue asesinado bajo circunstancias que aún hoy no quedan claras. Inmediatamente tomó posesión del cargo el vicepresidente, Lyndon Baines Johnson, un político proveniente de la vieja escuela del “New Deal” y admirador del presidente F.D. Roosevelt. Esto se contraponía con el grupo kennedyano quienes lo veían como parte de lo viejo e impreparado.

Johnson continuó con la política exterior de Contención, mientras que en el ámbito doméstico aceleró el paso para que la Ley de los Derechos Civiles, enviada al Congreso por Kennedy desde junio, fuera aprobada. Sin embargo, aquello no fue una lucha fácil ya que hubo de enfrentar la resistencia de los miembros de su partido, el Demócrata, quienes representaban los estados del sur. Muy interesante nos resultó revisar los archivos del Senador por Montana Mike Mansfield, en donde encontramos una radiografía autentica del debate que se dio en torno a esa ley, tanto en el ámbito legislativo como entre la población en general. A pesar de la percepción generalizada, quienes más resistencia mostraron no fueron los republicanos, sino los demócratas y al mencionar esto no hablamos exclusivamente de participantes con cargos de representación popular, sino de la población en general alineada a uno u otro bando. Tras de una serie de presiones y maniobras, finalmente el 2 de julio de 1964, el presidente Johnson firmaba la ley mencionad. Al mismo tiempo, cuando la signaba decía: “a partir de ahora [los demócratas] perderemos las elecciones en el sur…” Pero pronto el gobierno de Johnson se volvió monotemático en materia de política externa, todo se resumía en una palabra Vietnam.

La inestabilidad en dicha nación hizo que el presidente Johnson tratara primero de resolverla mediante mayor ayuda económica y militar. Sin embargo, en agosto de 1964, dos embarcaciones militares estadounidenses fueron torpedeadas en el Golfo de Tonkin. Ante ese hecho, el presidente solicitó, y obtuvo autorización del Congreso que le daba amplios poderes para el uso de la fuerza militar. Acto seguido, aviones estadounidenses iniciaron bombardeos periódicos. Con Vietnam encima, llegó el tiempo de la elección presidencial.

Johnson iba por lo que ambicionó toda su vida ser el candidato presidencial. En su partido, la sombra de Kennedy no se la sacudía e inclusive le quisieron imponer al hermano del expresidente, Robert, como el compañero de fórmula. Dado el poco aprecio que ambos se tenían, Johnson rechazó la propuesta y optó por el senador por Minnesota, Hubert Humprey. Antes de ello, en mayo de 1964, en la ceremonia de graduación de la Universidad de Michigan, dio a conocer lo que seria su slogan de campaña y programa de gobierno en materia doméstica para los próximos cuatro años. Con reminiscencias del New Deal, lo denominó “The Great Society”. En ello iban implícitas acciones de renovación urbana, modernización del trasporte, el cuidado del medio ambiente, la lucha en contra de la pobreza, las reforma de salud y educación y el combate al crimen. Con ese bagaje habría de enfrentarse al candidato de los republicanos, el senador por Arizona, Barry Morris Goldwater quien fue acompañado por el Representante por el 42 Distrito de New York, William Edward Miller. La campaña, la primera de los EU a la que este escribidor dio seguimiento, fue encarnizada. Los demócratas pintaron la imagen de Golwater como un extremista de derecha quien en caso de llegar a la presidencia habría de desatar la guerra nuclear. Por su parte el candidato demócrata no paraba en ataques personales a Johnson responsabilizándolo de todos los males del pasado reciente y actuales que afectaban al país. Al final de cuentas, Johnson obtuvo una victoria aplastante. 44 estados y el Distrito de Columbia le aportaron 43.1 millones de votos traducidos en 486 votos electorales. Por su parte, el candidato republicano alcanzó 27.17 millones de votos al triunfar en su natal Arizona y los estados del Sur, Louisiana, Mississippi, Alabama, Georgia, y South Carolina, estas entidades no habían votado mayoritariamente por un candidato republicano desde el fin de la Reconstrucción en 1877, de esta manera se cumplía la predicción del presidente Johnson. Con tal nivel de aceptación popular, nadie podía imaginarse lo que vendría en los próximos cuatro años del gobierno del presidente Johnson, pero de eso nos ocuparemos en la colaboración siguiente.

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Añadido: Este jueves 18 de julio, tres años habrán trascurrido desde que partiste a tu cita con el Gran Arquitecto. Como te hemos extrañado doña ESTELA RÍOS SCHROEDER.
06 Julio 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. La década de los cincuentas / j
En esta colaboración, retomaremos lo que fue el gobierno del trigésimo tercer presidente de los EUA, Harry S Truman y revisaremos la presidencia del héroe de la humanidad, Dwight David Eisenhower.

Una vez electo, durante su informe a la nación en 1949, Truman anunció el programa llamado “Fair Deal” que en cierto sentido era la continuación del “New Deal” instrumentado por el presidente Roosevelt. Entre las acciones que propuso el nativo de Missouri, se encontraba la cobertura universal de salud, incremento al salir mínimo, destinar un monto mayor de recursos para la educación y propuso que se garantizara a todos los ciudadanos ser tratados de manera similar al amparo de la ley, este era el segundo paso en lo que años después seria la ley de derechos civiles, el primero se había generado en 1948 cuando se prohibió la discriminación racial en cualquiera de las acciones realizadas en el entorno del gobierno federal. Asimismo, el 26 de julio de 1948, Truman emitió un decreto que abolía la segregación en las fuerzas armadas y ordenaba la plena integración de todos los servicios. Mediante el Decreto 9981, se estableció que: “habrá igualdad de trato y oportunidad para todas las personas en las fuerzas armadas sin importar la raza, el color, la religión o el origen nacional.” Como era de esperarse la orden enfrentó una gran resistencia en el entorno de las fuerzas armadas. Sin embargo, la propuesta de Truman se convertiría en realidad gracias al líder comunista chino, Mao Zedong. Antes de que usted lector amable, vaya a pensar que el ambiente pútrido de la Ciudad de México nos ha llevado a escribir incoherencias, permítanos revisar el entorno de lo acontecido con respecto a Corea una vez que concluyó la Segunda Guerra Mundial.

Desde 1910, Corea había sido un enclave gobernado por Japón. Ante ello, en 1945, los EUA y Rusia victoriosos decidieron repartirse el botín a la altura del paralelo 38. Al norte de este, en donde se encontraba la infraestructura construida por los japoneses, el territorio fue asignado a la URSS. Mientras tanto el territorio ubicado al sur del paralelo mencionado, que era en donde se producía la mayor cantidad de alimentos, especialmente arroz, fue entregada a los EUA. Tras del reparto, tres años después, Kim Il-sung, el abuelo del líder actual, Kim Jong-un, asume el mando de la República Popular Democrática de Corea, conocida comúnmente como Corea del Norte. Para entonces, además de la URSS, ya tenia el apoyo de China. Por su parte, en la Republica de Cores, identificada como Corea del Sur, los EUA respaldaron a Syngman Rhee. Dos años más tarde, en junio, tropas norcoreanas y de China, en donde, desde 1949, gobernaba Mao Zedong, con apoyo soviético invadieron Corea del Sur. Al inicio del conflicto, el general Arthur MacArthur recomendó al presidente soltar bombas nucleares sobre el territorio norcoreano. Sin embargo, Truman se mostró cauteloso pues no quería desatar la ira de la URSS y China, lo cual podría llevar a otra conflagración mundial.

Inicialmente, Truman aprobó una estrategia de retroceso y alentó al general Douglas MacArthur a romper el paralelo 38, despachando fuerzas a Corea del Norte para apoderarse del gobierno. Sin embargo, al momento en que China envió 300,000 soldados en ayuda de Corea del Norte, Truman cambió de táctica. Volvió a la estrategia de contención, centrándose en preservar la independencia de Corea del Sur en lugar de eliminar el comunismo en el norte. Para ello, no le quedó sino enviar tropas al campo de batalla, ahí si ya nadie se preocupaba por el color de la piel de los combatientes. Mao, sin proponérselo, logro la integración racial en el ejercito estadounidense. La estrategia adoptada, generó que Mac Arthur expresara públicamente su desacuerdo con el comandante en jefe que para el primero, en términos militares, no pasaba de ser un capitán. Para Truman, esto era insubordinación y un desafío a su autoridad, y despidió a MacArthur en abril de 1951. Esto generó que la aprobación de Truman cayera. Mientras en el exterior se desarrollaba una guerra en contra del comunismo, en el interior de los EUA surgió otra promovida por la mente de un jesuita Edmund A. Walsh, un viejo conocido de México, quien era el vicerrector de la Universidad de Georgetown. Actuando acorde a las costumbres de los miembros de su orden, promotores perenes de conflictos, se le ocurrió que la mejor forma de impulsar la reelección del senador por Wisconsin, Joseph McCarthy, era emprender una campaña anticomunista. Para ello, este fulano contó con financiamientos varios a trasmano, entre ellos uno proveniente del ciudadano Joseph Kennedy cuyo hijo Robert Fitzgerald hacia sus pininos al lado del anticomunista quien inclusive acusó al departamento de estado de ser una cueva de rojos. Con ambas discordancias en curso, y el índice de aceptación del presidente Truman por los suelos, se aproximó el tiempo del relevo presidencial.

Una vez que decidió no competir, Truman cortejó a Eisenhower para que aceptara la nominación por el Partido Demócrata. Sin embargo, el general tenia otros planes y terminó por aceptar la postulación presidencial por los Republicanos no sin antes haber sido rector de Columbia University en New York. La no aceptación para afiliarse a los Demócratas provocó el enojo de Truman y la animadversión entre ambos prevaleció hasta los días en que se efectuaron los funerales del presidente Kennedy, en 1963, cuando se sentaron a platicar en la Casa Blair y retomaron el dialogo. Si a usted, lector amable, le interesa este tópico le recomendamos el libro escrito por Nacy Gibbs y Michael Duffy, “The Presidents Club: Inside the World’s Most Exclusive Fraternity,” (2012). Pero retornemos a 1952 cuando los Demócratas seleccionaron como su candidato al gobernador de Illinois, Adlai Stevenson II, quien llevo como compañero de fórmula al senador por Alabama, John Jackson Sparkman. Como ya lo mencionamos, Eisenhower abanderó a los Republicanos siendo acompañado por el senador por California, Richard Milhaus Nixon. A la hora de la votación, la escasa popularidad de Truman, el hartazgo con casi veinte años de gobiernos demócratas y la inconmensurable popularidad del héroe de la humanidad, hicieron que el candidato republicano obtuviera mas de 34 millones de votos contra 27.3 del demócrata quien solamente gano en nueve entidades, las del sur, que le reportaron 89 votos electorales contra 442 de Eisenhower. La transición se dio en los términos mas tensos que puedan imaginarse, Truman regresó a Independence, Missouri en condiciones económicas muy estrechas y no fue sino hasta que escribió, en dos volúmenes, “Memoirs by Harry S. Truman,” y mas tarde ser el primero en recibir una pensión presidencial que pudo mejorar su situación financiera. Respecto al estudio de su gobierno, estimamos que el mejor análisis es el realizado por David McCullough en “Truman” (1992).

De entrada, Eisenhower hubo de enfrentar la herencia de Corea. Como todo general que conoce el infierno de la guerra la aborrecía, pero ello no implicaba que le hiciera el asco al uso de la fuerza en caso de ser necesario. Ejemplo de eso fue la decisión que, el 20 de mayo de 1953, tomó junto con el Consejo Nacional de Seguridad. Ese día, acordaron que, si China y Corea del Norte no aceptaban el armisticio, se procedería a utilizar bombas nucleares. Esta decisión se tomaba dos meses después de que el carnicero de Georgia, Iósif Stalin, había partido para reunirse con su antiguo aliado, la bestia austriaca. El nuevo líder de la URSS, Nikita Serguéievich Jrushchov, ya no deseaba continuar con el conflicto, lo cual influyó para que Mao Zedong and Kim Il Sung no tuvieran otra opción sino aceptar un trato. Finalmente, el 27 de julio de 1953, las dos Coreas acordaron un cese al fuego. Asimismo, se estableció que permanecerían divididas a través de una zona desmilitarizada. Para rematar, el 3 de octubre, los EUA y Corea del Sur firmaron un tratado de defensa mutua. Este último país permitiría que el primero estableciera bases militares en su territorio y los defendiera en caso de cualquier ataque. Sin embargo, hay un dato que apuntar, nunca se firmó el; tratado de paz y hasta el momento ambas Cores continúan en guerra. Al respecto, cabe mencionar que, en abril de 2018, los dirigentes de ambas naciones firmaron un pacto para evitar la guerra. Sin embargo, para oficializar la paz se requiere la firma de todas las naciones que lo hicieron al acordar el armisticio. Al término del conflicto, alrededor de dos millones y medio de personas habían perdido la vida, un millón de ellas en acciones de combate, y se habían erogado recursos por un monto de 30 mil millones de dólares. Pero dejemos el lejano oriente y veamos como la administración Eisenhower operó la política externa.

A lo largo de la administración de Eisenhower, la política exterior estadounidense se caracterizó por enarbolar la bandera del anticomunismo. Es aun motivo de discusión si las relaciones externas de los EUA durante esos años fueron manejadas por el presidente o eran operadas por el secretario de estado, John Foster Dulles, y su hermano Allen Welsh Dulles quien se desempeñaba como director de la CIA. Al respecto, hay un buen análisis realizado por Richard Immerman, en un artículo publicado en 1979, en Political Psychology, titulado ’Eisenhower and Dulles: Who Made the Decisions?’ en el cual se apuntaba que, en los 1950s, la situación en Europa se movía en contra de los intereses estadounidenses. Francia vetó la Comunidad de Defensa Europea, apoyada por los EUA, arguyendo que permitiría el rearme germano. Igualmente, los galos ayudaron a la creación del Mercado Común Europeo para disminuir la influencia estadounidense en Europa, al tiempo que abandonaban la OTAN y demandaban se removieran las bases militares de su territorio. En medio de esto, el presidente Eisenhower mantuvo una política sin requiebros hacia Rusia demandándole acuerdos que condujeran a reducir el armamentismo Su énfasis no estaba en la conciliación sino en la firmeza. Por lo que respecta a Latinoamérica, durante el primer periodo de Eisenhower, lo más significativo fue el derrocamiento, en 1954, del presidente de Guatemala, Juan Jacobo Árbenz Guzmán desafió la hegemonía estadounidense aquello acabó en una asonada organizada por la CIA que provocó la caída del gobierno y se instalara a Carlos Castillo Armas en su lugar. De esta manera, los EUA continuaron con esa “sana” costumbre proveniente desde los tiempos de Franklin Delano Roosevelt quien dijera respecto al dictador nicaragüense, Anastasio Somoza García, “Tacho el viejo”: “he is a son of a bitch, but he is our son of a bitch.” Mientras todo eso sucedía en las relaciones externas, en el terreno doméstico, la presidencia de Eisenhower iba viento en popa, la economía crecía y el país avanzaba.

En ese contexto, cuando llegaron las elecciones presidenciales de 1956 y la formula Eisenhower-Nixon repitió por los Republicanos, mientras que por los demócratas volvió a presentarse, Adlai Stevenson II a quien acompañó el senador por Tennessee, Carey Estes Kefauver. En esta ocasión, la victoria Republicana se amplió al alcanzar 35.57 millones de votos contra 26.02 de sus rivales. Un total de 41 estados favorecieron a Eisenhower otorgándole 457 votos electorales y los 7 estados (del sur) que prefirieron a Stevenson le alcanzaron para 73 votos electorales. Pero volvamos a los temas externos.

El 5 de enero de 1957, Eisenhower presentó un “Mensaje especial al Congreso sobre la situación en el Medio Oriente.” Ahí definió la llamada la Doctrina Eisenhower. De acuerdo a ella, un país del Medio Oriente podría solicitar asistencia económica estadounidense o ayuda de las fuerzas militares de los EUA en caso de ser amenazado con una agresión armada. Asimismo, Eisenhower consciente de la amenaza soviética autorizó el compromiso de su país para asegurar y proteger la integridad territorial y la independencia política de las naciones de la región mencionada líneas arriba, cuando le solicitaran ayuda contra la agresión armada manifiesta de cualquier nación controlada por el comunismo internacional.” Esta frase implicaba que no solamente la agresión se circunscribía ala proveniente de la URSS, sino la de cualquier país relacionado con el comunismo. En el caso específico del Medio Oriente, el objetivo era permitir que los países árabes independientes tuvieran una opción ante el control político creciente del líder de Egipto, Gamal Abdel Nasser. Se buscaba fortalecer a esas naciones y a la par reducir la influencia comunista mediante el aislamiento de Nasser. Los resultados no fueron los deseados ya que el poder de Nasser se consolidaba y en 1959 pudo consolidar liderazgos con Irak y Arabia Saudita, al tiempo que sus relaciones con los soviéticos se deterioraban, esto permitió a los EUA cambiar su política a una de tolerancia y convivencia. Esto tenia un motivo muy importante, el Medio Oriente se había convertido en un elemento critico para el futuro de la política exterior estadounidense ya que ahí se encontraban las reservas de petróleo mas importante y era necesario asegurar el acceso a las mismas. Eso lo había comprendido Eisenhower desde 1956 cuando trato de encontrar una salida pacífica a la crisis del Canal de Suez, pero Gran Bretaña y Francia optaron por la vía bélica, conjuntamente con Israel, y al final salieron humillados, lo cual dejó a los EUA como la única potencia occidental con capacidad de influencia en esa región.

Por otra parte, en América Latina, con excepción de México con quien los EUA mantuvieron una política cordial, en el resto del continente las cosas no marchaban bien para los estadounidenses. Cuando, en 1958, el vicepresidente Nixon realizó una gira por la región los resultados fueron desastrosos sufriendo ataques a su persona. Asimismo, en Panamá, los nacionalistas demandaban términos nuevos en el acuerdo para operar la Zona del Canal.

Sobre cómo se desarrolló el gobierno de Eisenhower, nada como revisar la opinión de los expertos en el tema en “Eisenhower: Soldier and President de Stephen E. Ambrose (1991), así como “The Eisenhower Presidency and the 1950s” (1998) y “The Eisenhower Years” de Michael S. Mayer (2009). En estos documentos, se analiza como al final de su mandato el antiguo guerrero logró realizar un gobierno exitoso para sus conciudadanos, logrando dejarles una nación mas fuerte y poderosa. Si ya sabemos que eso no podrá gustarnos, pero no olvidemos que su responsabilidad primaria era con los suyos. Además, logró aliviar las tensiones de la guerra fría y durante su mandato el prestigio de la institución presidencial se consolidó, algo que siempre deberían de tener en cuenta quienes ejercen un cargo similar en cualquier nación.

No obstante, los logros de la administración Eisenhower, hay un tema de política exterior que sigue estando latente entre cuestionamientos. Durante la segunda parte de la década de los 1950s en Cuba, a 531 kilómetros de territorio estadounidense, se desarrolló un movimiento revolucionario encabezado por Fidel Castro Ruz, aquel quien a los 14 años le había enviado una carta a Franklin D. Roosevelt pidiéndole un billete de diez dólares al tiempo que le ofrecía que si visitaba Cuba él podía decirle en donde podría encontrar minas con minerales diversos. Si bien, al principio, aquello no parecía sino una acción para derrocar a Fulgencio Batista, al momento en que logran el objetivo, el gobierno de los EUA empiezan a tomar una serie de medidas equivocadas mientras el periodo presidencial de Eisenhower llegaba a su término, pero este será el tópico con el cual iniciaremos la colaboración siguiente.


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Añadido (1) Al ver y escuchar aquello creímos que a continuación nos presentarían un comercial ofreciendo trajes de poliéster, con sus pantalones campana, de venta en “Milano” y otro de los zapatos de plataforma que mercaba el “Taconazo Popis.”

Añadido (2) Hace varios años, un amigo quien sí conoció como estaba integrado el círculo cercano de aquel que pudo haber sido, y no lo dejaron, nos dijo: “este cuate nunca perteneció al grupo de colaboradores próximos, era de los que estaban ahí afuera sentado en un sillón a ver sí a su jefe se le ofrecía algún encargo…” Sus acciones posteriores nos han mostrado que ese es su nivel.

Añadido (3) ¿Qué sería de la economía mexicana sin esos 13mil 724 millones de dólares que, entre enero y mayo de este año, han enviado los paisanos quienes laboran en los EUA? Mejor ni imaginarlo…
29 Junio 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. A la hora del triunfo, los EUA tomaron el liderazgo / I
En la colaboración anterior nos quedamos en el momento en que el presidente Roosevelt fallece y toma el mando el vicepresidente Harry S. Truman. El antiguo capitán de la Primera Guerra Mundial; el comerciante poco exitoso de Independence Missouri; el esposo de Bess Wallace y padre de Mary Margarete; el juez del condado de Jackson; el protegido de la maquinaria política de Missouri, liderada por Tom Pendergast, al amparo de la cual llegó al Senado en donde como jefe de un subcomité del Comité de Asuntos Militares investigó la corrupción que existía en las adquisiciones adjudicadas en los contratos firmados durante la guerra; aquel quien no olvidaba a sus amigos y aun en la desgracia no los negaba, como fue en el caso de Pendergast; el que no perdonaba las partidas de póker y las acompañaba de lenguaje florido; el mismo a quien, prácticamente, forzaron aceptara contender por la vicepresidencia, en donde su contacto con el presidente Roosevelt fue mínimo y poco sabía acerca de todo lo que se cocinaba tras bambalinas, se convertía en el presidente número 33 de los EUA.

Respecto a este digito, puede usted, lector amable, hacer todo tipo de elucubraciones, pero así se ha escrito la historia desde tiempos inmemoriales. En ese contexto, Truman habría de ocuparse no solamente de manejar los asuntos domésticos de los EUA, sino de conducir la política exterior de esa nación en base a la cual se definiría el futuro de la humanidad.

A Truman, le tocaría concluir la exterminación de la bestia austriaca, un proceso que estaba muy avanzado gracias a la gran operación realizada por un general de excelencia, Dwight David Eisenhower. Respecto a él, pocas veces reflexionamos acerca de lo que en realidad significó el llamado Día D, el 6 de junio de 1944. En esa fecha, se jugaba el destino de la raza humana y Eisenhower lo sabía. En la bolsa de su camisa cargaba una nota en donde asumía la responsabilidad total en caso de que la operación fracasara, nada de buscar la repartición de culpas. Pero al llegar Truman a la presidencia, le tenían una sorpresa mayor.

Apenas terminaba de jurar sobre la Biblia cuando le dijeron que su país contaba con una arma de destrucción masiva. Ni idea tenia de que se trataba, aun cuando, en Rusia, el carnicero de Georgia ya estaba enterado gracias a sus servicios de espionaje. En abril 25, el secretario de guerra, Henry Stimson le revelaría a Truman de que se trataba el Proyecto Manhattan, el desarrollo de la bomba atómica. Cinco días más tarde, acorralada, la bestia austriaca se suicidaba. Finalmente, el 8 de mayo de 1945, se declaraba el día de la victoria en Europa, en esa misma fecha Truman cumplía 61 años, un regalo que jamás soñó tener. Tras de ello, Truman requería reunirse con los otros ganadores, Winston Churchill y el carnicero de Georgia, arrepentido a tiempo de su asociación con su clon la bestia austriaca.

La reunión, se suscitó entre el 17 de julio y el 2 de agosto, cuando el trío se reunió en la llamada Conferencia de Potsdam. Los temas que trataron fueron como se administraría Alemania, el establecimiento del orden durante la posguerra, los temas de los tratados de paz y discutir sobre los efectos de la guerra. Mientras eso sucedía en Potsdam, en otro sitio en Francia, Charles De Gaulle rumiaba su frustración por qué no lo invitaron al evento, olvidaba que durante el conflicto además de discursos por la radio desde Inglaterra, nada hizo para ganarse el estatus de líder. La resistencia francesa en el exilio era etérea, mientras sus paisanos en París trataban de que sus visitantes nazis la pasaran lo mejor posible. En Potsdam, acordaron como se repartirían Europa y que a los nazis se les juzgaría por sus crímenes de guerra. Respecto a esto último muy recomendable es leer el libro de la autoría de Annie Jacobsen “Operation Paperclip: The Secret Intelligence Program that Brought Nazi Scientists to America” (2014), son varias las sorpresas que encontrará el lector. Pero volvamos a Potsdam en 1945 cuando casi para terminar la reunión, los EUA dieron un ultimátum a Japón para que se rindiera.

No hubo respuesta por parte de los hijos del sol naciente y a don Harry no le quedaron sino dos opciones. Una era continuar con la guerra convencional que indudablemente habría de generar que más estadounidenses y japoneses perdieran la vida. La otra, sacrificar la vida de inocentes y obligar a Japón a rendirse. optó por tomar la segunda con todas las consecuencias terribles que ello implicó. Así, el 6 de agosto de 1945, la bomba atómica cayó sobre la población de Hiroshima y tres días después, ante la insistencia nipona de no claudicar, repitieron la operación. Ambas acciones costaron la vida de más de cien mil personas y dejaron secuelas en miles de ellas. Eso, aunado a que Rusia declaró la guerra a Japón e invadió Manchuria, en esa misma fecha, al Imperio del Sol Naciente no le quedó otra alternativa sino arriar la bandera el 14 de agosto. La guerra del Pacifico concluiría el 2 de septiembre. Ahora era necesario reordenar el mundo y volverlo a poner en marcha.

Como triunfadores, los EUA estuvieron en condiciones de dar forma al entorno internacional de acuerdo con los principios estadounidenses -seguridad colectiva, autodeterminación nacional y descolonización. En el proceso, crearon la Organización de las Naciones Unidas como reemplazo de la Liga de las Naciones. A pesar de que los EUA se convirtieron en el ente dominante sobre las naciones europeas, no fue nada sencillo establecer las reglas nuevas en el orden mundial.

Robert J. Donovan en su libro “Conflict and Crisis” (1977), menciona que en la era Post Segunda Guerra Mundial, existía el sentir de que Rusia violaba o trataba de establecer una versión propia de lo que se había pactado en los Acuerdos de Terán, Yalta y Potsdam. El carnicero de Georgia, Iósif Stalin buscaba consolidar el poderío soviético y, al mantener el control del Ejército Rojo en Europa del Este, retrasaba la firma de la paz.

Los soviéticos deseaban instalar un gobierno amigable en Grecia, hacer de Turquía un estado títere y apropiarse de los campos petroleros en el Medio Oriente. Moscú apoyaba a los comunistas en China y se resistía a la unificación de Corea, excepto bajo un gobierno comunista. Ante esto, algunos diplomáticos estadounidenses analizaron la situación y buscaron proveer con una guía política y diplomática para manejar la situación. En el verano de 1947, el diplomático estadounidense, George Frost Kennan, bajo el seudónimo Mr. X, introdujo el término ’Containment’ (Contención), en un artículo publicado en la revista Foreign Affairs, titulado “The Sources of Soviet Conduct.” A este había precedido el famoso “Telegrama Largo” en donde alertaba sobre el peligro que representaba Rusia. A partir de ello, la política exterior estadounidense habría de basarse en el principio de Contención que consistía en proveer a las naciones con fondos para que lograran su desarrollo económico, así como otorgarles protección mediante apoyo militar.

Esto, de acuerdo al presidente Truman, citado por Barton J. Bernstein en “Towards a New Past: Dissenting Essays in American History” (1970), podría detener la expansión del comunismo, controlar el crecimiento del militarismo y prevenir las revoluciones. Dado que estas últimas, de acuerdo con la definición liberal, eran impuestas por una minoría pequeña, un Gobierno estadounidense vigilante podría detenerlas. Eran las bases de la Doctrina Truman. Entre 1947 y 1948, el gobierno estadounidense dio los pasos primeros para transformar el principio de Contención en una política tangible.

Thomas Paterson en “Every Front: The Making and Unmaking of the Cold War” (1992), menciona que la meta de los EUA era construir una red internacional económica y defensiva la cual permitiera reafirmar y proteger la hegemonía estadounidense. El primer experimento se realizó en Europa occidental con el Plan Marshall, antes de continuar hemos de apuntar que este nombre se adoptó en honor del general George Catlett Marshall Jr. quien fuera la mente maestra detrás de la victoria militar de los Aliados, instrumentada por su discípulo más conspicuo, Dwight David Eisenhower.

Asimismo, fue Marshal quien creó el programa de recuperación europea y cuando le fue propuesto al presidente Truman que aquello se nombrara Plan Truman, el mandatario estadounidense optó por que llevara el apelativo de Marshall. Con este plan, se cubrían varios objetivos estadounidenses tales como; la reconstrucción económica, prevención de victorias políticas de izquierdistas y comunistas, sacar al comunismo del gobierno, integración europea mediante la incorporación de la zona occidental de Alemania dentro del sistema económico de Europa occidental ligado a los EUA, arreglos de las disputas coloniales que estaban drenando los recursos escasos de las naciones de origen, bloquear una ’tercera fuerza’ o tendencias neutralistas y la creación de una alianza defensiva. El panorama lucía esplendoroso para los EUA. Sin embargo, apareció un elemento externo, que en ocasiones generó confrontaciones en lo interno, la Guerra Fría.

Fuentes diversas señalan que la Guerra Fría se deriva de tres causas entrelazadas: a) un sistema internacional conflictivo; b) la divergencia fundamental de necesidades, ideas y poder de los EUA y la URSS; y, c) la conducta diplomática y los sistemas políticos domésticos –las tácticas- de los lideres estadounidenses y soviéticos. Dejando a un lado esto, lo que más contribuyó a la Guerra Fría fue cuál de las dos potencias controlaba el desarrollo, difusión y uso de la energía atómica.

Hasta 1948, los EUA tenían el monopolio de la bomba atómica y estaban preocupados porque una vez que ya no lo poseyeran, serían más vulnerables. Durante los años primeros de la postguerra, los soviéticos mantuvieron sus tropas en Europa del Este como una medida para detener el poderío estadounidense nuclear y aéreo. En 1948, dentro del contexto de la esfera militar, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Luxemburgo y Holanda fueron impulsados por los EUA para crear el Pacto de Bruselas. Más tarde, ellos reconocieron que, sin la participación de los EUA, el Pacto no funcionaría y le solicitaron que participara. Todo esto, se daba en medio de un año electoral en los EUA.

En 1948, Truman buscaría ser electo por vez primera al cargo y los pronósticos le eran negativos. Durante las elecciones intermedias de 1946, los Demócratas perdieron el control tanto de la Cámara de Representantes como del Senado. Aunado a ello, el presidente estaba enfrentado con el ala progresista de su partido liderada por el antiguo vicepresidente Henry A. Wallace. Le criticaban su línea dura en contra de la URSS.

Asimismo, los Demócratas sureños, encabezados por un segregacionista rabioso, Strom Thurmond (el personaje admirado y elogiado por el exvicepresidente y hoy aspirante a la candidatura presidencial demócrata, Joseph Robinette Biden Jr), criticaban a Truman por impulsar los derechos civiles.

Ante esto, el panorama lucía prometedor para los Republicanos quienes escogieron como candidato al gobernador de New York, Thomas Edmund Dewey a quien acompañaría en la formula el gobernador de California, Earl Warren.

A esos tres candidatos enfrentaría Truman quien escogió para la vicepresidencia al senador por Kentucky y líder de la minoría en esa cámara, Alben William Barkley. En medio de la contienda electoral hubo un hecho relacionado con asuntos externos.

En contra de la opinión de su secretario de estado, George Marshall, el presidente Truman volvió a dar muestras de que no olvidaba a sus amigos. Uno de ellos, era el judío no practicante, Edward Jacobson, quien fuera su socio en el negocio fallido en Independence. Jacobson, le solicitó que recibiera al líder del movimiento sionista, Chaim Weizmann.

Tras de la entrevista, efectuada en marzo de 1948, el presidente estadounidense decidió dejar de lado sus temores sobre los que opinarían los países árabes y el 14 de mayo de 1948, apenas once minutos tras de que el estado de Israel se auto declarara una nación, Truman lo reconoció. Pero volvamos a la contienda electoral.

El candidato republicano, Dewey, realizó una campaña muy comedida, tal vez creía tener la victoria en la bolsa. Por su parte, Truman se dio a la tarea d emprender una actividad frenética por todo el país, sin cuidarse de formalidades y buen comportamiento. Ante ello, la noche de las elecciones, analistas y expertos estaban seguros de que el mando en la Casa Blanca cambiaria de manos. Inclusive el diario The Chicago Daily Tribune, el 3 de noviembre de 1948, publicó en el cabezal de la primera plana: “Dewey Defeats Truman”.

Sin embargo, doña realidad, terca como lo ha sido a lo largo de la historia del mundo, no hizo caso a los expertos y los resultados mostraron que 24.2 millones de votos eran para Truman; 21.99 millones para Dewey; 1.16 millones para Thurmond; y, 1.15 millones para Wallace, lo cual significaron respectivamente, en términos de votos lectorales, 303, 189, 39 y 0 resultado de obtener la victoria en 28, 16, 4 y 0 estados. Asimismo, los Demócratas recuperaron el control de ambas cámaras. Si bien el panorama doméstico lucía brillante para el año próximo, en la esfera internacional las cosas habrían de complicarse.

En 1949, la Unión Soviética produjo su propia bomba y el escenario quedo listo para que la Guerra Fría fuera el eje de la política exterior estadounidense durante los años venideros. Ello de alguna manera influyó para que lo inicialmente conocido como el Pacto de Bruselas fuera modificado y a él se incorporaran EUA y Canadá, lo cual dio origen, en 1949, a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Los Estados Unidos se convirtieron en el miembro clave de la OTAN, proveyendo protección y seguridad, así como los fondos para adquirir equipo militar y hacer viable la asociación regional.

En ese contexto, mediante la promulgación de la primer Ley de Asistencia para la Defensa Mutua (octubre 1949), se autorizaron cerca de dos mil millones d dólares en ayuda militar para los miembros de la OTAN, así como para Grecia, Turquía, Irán, Corea, Filipinas y China. Se había militarizado la Contención.

Asimismo, se implantó una política para ayudar a Japón en su reconstrucción y asegurar así que ese país se incorporara a la esfera estadounidense. Para lograr las metas de desarrollo descritas bajo la política de Contención, los EUA disponían de dos integumentos El Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (Banco Mundial) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Dado que ambos tenían su sede en Washington, el presidente del Banco Mundial era un estadounidense, y los EUA el principal proveedor de financiamiento, los préstamos se otorgaron a los amigos de los estadounidenses, negándoselos a los que pertenecían a la esfera soviética. Fue la transformación de la ‘Dollar Diplomacy’ en un instrumento moderno de desarrollo. Pero, la Contención no era un concepto rígido.

En 1949, cuando el líder de Yugoslavia, Josip Broz, Tito, rompió con la URSS, tras cavilarlo, los EUA se percataron de lo importante que era dar apoyo a un disidente de la esfera comunista como un paso inicial para romper la unidad del bloque soviético.

Regresando a Paterson, los EUA gradualmente se abrieron al comercio con el país balcánico, además de otorgarle créditos en 1949 y ayuda militar dos años más tarde.

También, en 1949, al momento en que Mao Zedong derrotó a Chiang Kai-shek, y proclamó un gobierno comunista independiente de Moscú, los estrategas del departamento de estado recomendaron reconocerlo y continuar con el intercambio comercial de bienes no estratégicos.

Por esos rumbos, cuando los soviéticos armaron a Corea del Norte para invadir Corea del Sur (CS), el aliado de los EUA, estos asumieron que los rusos trataban de medir su grado de debilidad, a la vez que se convertían en una amenaza para la ribera del Pacifico y apoyaron a CS, mientras tanto Francia determinaba ir en busca de su expansión en Indochina (Vietnam, Cambodia y Laos), Filipinas y Formosa (Taiwán).

Acerca de las consecuencias de todo esto, comentaremos en la colaboración siguiente.

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Añadido (1) ¿Estará pensando el senador Ricardo Monreal en comprarles, para eso del acompañamiento, unos guitarrones y trompetas a los miembros del gabinete?

Añadido (2) El CEO de la multinacional más antigua y sus acólitos, deberían de estar avergonzados por la foto del padre y la niña. Ellos han sido los promotores de las caravanas cuya finalidad es el negocio disfrazándolo de caridad.

Añadido (3) Muy triste es observar las imágenes del deterioro que, en su salud, sufre la primera ministra alemana, Ángela Merkel. ¿Habrán reflexionado al respecto nuestros próceres quienes viven en una cámara de gases llamada CDMX? Perdón, olvidábamos que ellos son inmunes a cualquier quebranto de salud, eso solamente afecta al común de los mortales.

Añadido (4) En estos días no podemos sustraernos de recordar lo que Mario Benedetti escribía y Nacha Guevara cantaba: “Señor Ministro ¿De qué se ríe? ¿De qué se ríe? ...”
22 Junio 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. El gasto gubernamental no fue suficiente.
Acorde a la leyenda, gracias a las políticas de incremento en el gasto gubernamental, Franklin D. Roosevelt logró que los EU salieran de la crisis económica mas importante de su historia. En la realidad, eso no sucedió así. Las medidas implantadas por Roosevelt, aderezadas con su carisma y manejo político, permitieron detener el agravamiento del mal y mantener al paciente en activo.

Además, como ya lo hemos mencionado en colaboraciones anteriores, no fue él ni el inventor de la política del buen vecino, ni del llamado “New Deal,” el padre real de ambas fue Herbert Hoover. Sin negar méritos a Roosevelt, nadie puede alegar que no fue sino hasta que los EU fueron forzados a entrar a la Segunda Guerra Mundial cuando la maquinaria industrial estadounidense entró en recuperación franca. Pero antes de llegar ahí, repasemos los años previos.

Tras de gobernar con la cartera abierta para mantener la economía a flote, la popularidad de Roosevelt era innegable. Agricultores, obreros, y aun quienes vivían en condiciones paupérrimas lo adoraban pues representaba la esperanza de que la recuperación estaba a la vuelta de la esquina. Con esa base electoral, en 1936, se lanzó a la reelección.

Por su parte, el Partido Republicano vivía días difíciles, para la abrumadora mayoría era el responsable de la crisis, y tenía un camino muy cuesta arriba para recuperar la presidencia. En ese contexto, se desarrollaron las elecciones de noviembre del año mencionado. Roosevelt repitió formula con Garner, mientras que los republicanos presentaban la compuesta por el gobernador de Kansas, Alf Landon, y el editor del Chicago Daily Tribune, William Franklin Knox.

Los resultados fueron contundentes en favor de los Demócratas que obtuvieron la mayoría en 46 entidades, solamente no lo hicieron en Maine y Vermont; 27. 7 millones sufragaron por Roosevelt-Garner y 16.7 millones por Landon-Knox, lo cual significó 523 contra 8 votos electorales. Asimismo, se amplió el control Demócrata en ambas cámaras legislativas. Ante ello, don Franklin creyó recibir un cheque en blanco y planteó profundizar las reformas planteadas bajo el “New Deal.” Sin embargo, tenía un obstáculo.

Durante su primer término, varias de sus propuestas encontraron un escollo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación cuyos miembros arribaron ahí previo a los días de Roosevelt. Ante el poder que le dieron las urnas, al trigésimo segundo presidente de los EU le salió el espíritu de dictadorzuelo y decidió reformar el poder judicial. Por cada miembro de la Corte que superara los 70 años, él nombraría otro. De esa manera ya no tendría obstáculos para dictar lo que fuera.

Las alarmas sonaron, el debate se intensificó. El asunto fue al legislativo e increíblemente los congresistas miembros del Partido Demócratas discreparon de Roosevelt y echaron atrás la propuesta. El evento dejó heridas en la relación entre el ejecutivo y el judicial. Pudo más el sentido de nación que los deseos de un ocupante temporal de la Casa Blanca. Esta es una lección intemporal que muchos en otras latitudes deberían de revisar.

Durante el primer año, 1937, de su segundo periodo, Roosevelt vio como la economía se recuperaba y creyó que era el momento de reducir el gasto y balancear el presupuesto. Sin embargo, doña realidad no se había ido y pronto le mostró que aquello era un espejismo, la economía real no había mejorado y el fantasma de 1932 se hizo presente mediante una recesión. Ante esto, no le quedó sino volver a la única receta que le daba resultado, incrementar masivamente el gasto público. Otra vez el paciente volvió a caminar y, durante la segunda mitad de 1938, aquello volvió a lucir esperanzador.

Sin embargo, los resultados cosméticos empezaban a cansar a muchos, incluidos miembros de su propio partido, especialmente los Demócratas sureños. Nuevamente a don Franklin le ganaron los aires autoritarios y se enfrentó con sus detractores. Una muestra de que no todos estaban satisfechos con la política del “make believe,” se reflejó a la hora de los resultados en las elecciones intermedias de 1938. Con todo y cargar, por casi una década, con el sambenito de ser los responsables de la crisis, los Republicanos obtuvieron 80 escaños más en la Cámara de Representantes y se hicieron de siete adicionales en el Senado. Pronto, Roosevelt tuvo que enfrentar una situación inesperada.

A pesar de que su partido conservó la mayoría en ambas Cámaras, el cheque en blanco desapareció y, mediante la alianza entre los Demócratas conservadores y los Republicanos sus propuestas legislativas encontraron un obstáculo. Paradójicamente, al año siguiente, 1939, al compas de los tambores de guerra en Europa, empezaría a vislumbrarse una alternativa para poner en funcionamiento la economía real.

Sin embargo, desde 1935, el Congreso estadounidense había tomado precauciones para limitar la participación de los EU en asuntos bélicos. Una de dichas medidas fue la Ley de Neutralidad aprobada en ese año. Mientras que por un lado Roosevelt alababa lo que Mussolini había logrado, por otro buscaba presentarse alarmado por las circunstancias que imperaban en la misma Italia, Japón y Alemania.

Sin embargo, en diciembre de 1937, cuando los japoneses hundieron la embarcación USS Panay, creció el temor de que los EU respondieran militarmente, pero Roosevelt se conformó con que los asiáticos le ofrecieran disculpas. Finalmente, en 1939, cuando la bestia austriaca y el duce italiano mostraron las fauces y Europa se vio envuelta en la conflagración, a don Franklin no le quedó sino dejarse de veleidades y buscar como habría de apoyar a sus socios naturales, Inglaterra y Francia. Trató de terminar con las disposiciones de neutralidad lo cual pasaba por el Congreso al cual solicitó permitieran que estos dos países pudieran comprar armas mediante el pago en efectivo y entrega inmediata.

Aquí cabe mencionar que desde tiempo atrás era mencionado, de manera soterrada, que eso ya era práctica común y alguien se encargaba del asunto, era el embajador estadounidense en Londres, Joseph Patrick Kennedy, quien estaba por esos rumbos desde 1938. Para que se viera el “cariño,” en el otoño de 1939, Roosevelt envió a Inglaterra 50 embarcaciones destructoras a cambio de que los británicos le permitieran establecer ocho bases navales. Más temprano que tarde los EU habrían de verse obligados a entrar en el conflicto bélico. En medio de todo ello llegaron las elecciones de 1940.

Alegando las circunstancias en Europa, Roosevelt mostró cuanto cariño le había agarrado al poder y decidió convertirse en el primer presidente que buscara ser electo para un tercer periodo. En esta ocasión ya no fue acompañado por Garner, quien lo retó por la candidatura, sino que optó por su secretario de agricultura, Henry Agard Wallace, un político que fuera Republicano, después Progresista, entonces Demócrata y años mas tarde retornaría a ser Progresista.

El contendiente por los republicanos fue Wendell Lewis Willkie, un abogado y ejecutivo quien hasta 1939 había sido Demócrata. Su compañero de fórmula fue el senador por Oregon y líder de la minoría en ese órgano legislativo, Charles Linza McNary. El factor externo dominó la campaña y permitió, según los propagadores de esa teoría falsa, dar por concluido el asunto del aislacionismo que en realidad nunca existió. Al final, Roosevelt obtuvo 27 millones de votos y Willkie 22 millones. No obstante que el primero logró 449 votos electorales y el segundo 82, el margen de victoria fue menor que en 1932 y 1936, además de que los Republicanos obtuvieron la victoria en 11 estados.

Entre los factores que se atribuyen a esto estaban las aspiraciones dictatoriales de don Franklin, incluida la tercera reelección, pero sobre todo el temor de que los EU se involucraran en la guerra.

Esto último no era un temor infundado, desde que los Nazis invadieron Polonia en 1939, Roosevelt dejó claro que aun cuando los EU permanecían neutrales no serían indiferentes. En ese contexto, buscó dar la vuelta a la Ley de Neutralidad y apoyar a Francia, Inglaterra y China. En el otoño de 1940, cuando Francia se postra ante los alemanes, eso fue realmente lo que sucedió, el Congreso aprobó el servicio militar obligatorio. Esto era lo que deseaban quienes argüían el aislamiento estadounidense, que los EU estuviese listo para involucrarse en el conflicto bélico.

El 11 de marzo de 1941, Roosevelt firmó el “Lend-Lease Act,” mediante el cual los EU podían proporcionar apoyo a toda aquella nación que estuviera en conflicto con Alemania e Italia. A la llegada del otoño, el presidente ordenó a la Armada que les era permitido disparar sobre cualquier navío alemán que estuviera en rango. Antes de eso, en agosto, Roosevelt se había reunido, cerca de la costa canadiense, con el primer ministro inglés, Winston Churchill.

Ahí firmaron un pacto cuyo objetivo último era la destrucción de los nazis. Asimismo, los EU negociaban con Japón reanudar los abastecimientos de petróleo, pero los resultados no fueron los esperados y los militares nipones empezaron a planear un ataque en contra de los EU. Conforme a lo planteado por historiadores revisionistas como Charles A Beard y Charles C. Tansill, Roosevelt hizo todo lo posible por provocar el conflicto con Japón y a partir de ahí los EU pudieran intervenir en Europa en apoyo de Gran Bretaña, esto es lo que se ha denominado “The back door to war theory.” Independientemente de teorías conspiratorios, lo verídico es que, para noviembre de 1941, la inteligencia estadounidense ya conocía que un ataque japones era inminente, pero desconocían cuando se efectuaría.

La respuesta llegó el 7 de diciembre cuando las fuerzas de Japón atacaron Pearl Harbor, destruyeron casi toda la flota naval estadounidense en el Pacífico, infligieron daño severo a una gran cantidad de aviones y asesinaron a mas de 2500 militares y civiles. Al día siguiente, el presidente Roosevelt solicitó al Congreso declarar la guerra a la nación asiática y el 11 de diciembre Alemania e Italia abiertamente se declaraban en armas en contra de los EU. Había llegado el momento, de ahí en adelante la maquinaria industrial estadounidense empezaría a funcionar a toda su capacidad y los días de penurias económicas quedarían atrás. Ello no evitaría el costo de las vidas humanas que habrían de sacrificarse para ir a terminar con la bestia austriaca, el duce italiano y el hijo del sol naciente.

Respecto a los súbditos de los dos últimos, a los pocos meses de que los EU se incorporaron al conflicto, a don Franklin le volvió a brotar su lado autoritario y firmó un decreto para que todos los ciudadanos japoneses, y aun aquellos estadounidenses de ascendencia nipona, desalojaran el oeste de los EU. Fueron obligados a dejar sus trabajos vender sus propiedades y/o negocios. Familias enteras fueron recluidos en los llamados “internment camps” que no eran otra cosa que prisiones. Alrededor de 120 mil personas fueron a parar ahí, en donde también se ubicaron a italianos o descendientes de.

Un recuerdo para quienes andan promoviendo cuan respetuoso de los derechos humanos era el ciudadano Roosevelt. En lo personal hemos visitado uno de esos sitios y aun nos tocó conversar con alguien quien moró en esos centros de reflexión (¡!). Pero volvamos al tema de las relaciones internacionales de los EU en aquellos días, en especifico el caso de México.

Al estar los EU en guerra con Alemania, Italia y Japón, tardarían casi cinco meses antes de que México escogiera partido. Ello sucedió tras de que, el 13 y 20 de mayo de 1942, fueran hundidos, por navíos alemanes, las embarcaciones petroleras mexicanas, “Potrero del Llano” y “Faja de Oro.” Respecto a este incidente, muy recomendable es leer “1942.

¡Mexicanos al Grito de Guerra! (1992) escrito por el político y diplomático mexicano Mario Moya Palencia. Finalmente, el 28 de mayo, el presidente Manuel Ávila Camacho declara la guerra a las potencias del Eje y nos alineamos con nuestro socio natural, los EU. En ese contexto, al enviar sus hombres al frente de batalla, los EU requerían mano de obra y empezó negociaciones con nuestro país. De esa manera nació el Programa de Trabajadores Temporales, mejor conocido como Programa Bracero, mismo que se firmó en agosto de 1942 y al amparo del cual 75 mil mexicanos fueron a laborar en los campos estadounidenses y muchos más encontraron empleo en el ferrocarril. Pasaría casi un año hasta que, en abril de 1943, los presidentes Ávila Camacho y Roosevelt se entrevistaran en Monterrey, Nuevo León.

Esta entrevista reunía una importancia singular, ya que, en México, desde 1940, se detectaron células de apoyo a los nazis. La más visible era la que encabezaba el gigolo-cobarde-sinarquista-nazi, José Vasconcelos quien, con las monedas que le dio el encargado de prensa de la embajada alemana en México, Arthur Dieterich, fundó la revista Timón en cuyas páginas escribiera loas a la bestia austriaca.

Aun cuando el gobierno estadounidense publicó una lista de empresas y fulanos afiliados al nazismo y en cierta forma se les aisló, las actividades de esos grupos en México no paraban. Tras de la entrevista Ávila Camacho-Roosevelt, las relaciones entre los dos países vivieron buenos tiempos, mientras que la economía mexicana, entre 1941 y 1946, creció a un promedio anual de 6.15 porciento. La participación armada de México se daría hasta junio de 1945 con la intervención del Escuadrón 201, además de las tropas que estaban estacionadas en la Península de Baja California, mismas que como nos dijera, hace muchísimos años, uno de sus integrantes el capitán Gustavo Castillo Pesado, estaban listas para recibir a los japoneses, pero estos nunca llegaron. Pero retornemos a los EU.

Para finales de 1943, la maquinaria industrial estaba operando a toda marcha y la recuperación apareció mientras que la situación en Europa se iba tornando en favor de loa Aliados a pesar de que la bestia austriaca continuaba su política de exterminio.

En Europa, Churchill mantenía el liderazgo mientras que De Gaulle emitía discursos por la radio desde territorio inglés, los franceses convivían con sus visitantes nazis, lo de las plaquitas por las calles de Paris son un cuento inventado para salvar la cara; la bestia austriaca y el carnicero de Georgia ya se habían disgustado y este se alineó con los Aliados; el Duce terminaría colgado y el hijo del sol animaba a sus huestes irse a suicidar.

En medio de la lucha, llegaba a su fin el tercer mandato de Roosevelt y aplicando el dicho de que no es conveniente cambiar de corcel a mitad del río, don Franklin se lanzó por un cuarto periodo. Nuevamente decidió cambiar de compañero de formula y escogió al senador por Missouri, Harry S. Truman. Por el lado Republicano contendió el gobernador de New York, Thomas Edmund Dewey, acompañado por el gobernador de Ohio, John William Bricker. Roosevelt obtuvo 25.6 millones de votos y Dewey 22 millones que se tradujeron en 432 y 99 votos electorales.

Tras de tomar posesión por cuarta vez, Roosevelt se fue a la reunión de Yalta en febrero de 1945. Ahí, junto con Churchill y el carnicero de Georgia, discutieron cual sería el orden mundial una vez que la victoria se consumara. A su regreso a los EU, la salud de Roosevelt lucía muy deteriorada hasta el grado de que al comparecer ante el Congreso lo hizo sentado. Posteriormente, en abril decidió irse a descansar en Warm Springs Georgia, mientras doña Eleanor se quedaba en Washington atendiendo asuntos personales.

Así, con la presencia cercana de su secretaria Lucy Mercer, el 12 de abril de 1945 fallecía el trigésimo segundo presidente de los EU. De pronto, toda la responsabilidad cayó de sopetón sobre los hombros del vicepresidente Truman quien lo sucedería. Sobre ello, comentaremos la semana próxima.

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Añadido (1) Muy grato fue enterarnos de que, allá por los rumbos del pueblo, les fue entregada la “Presea Piedras Negras” a tres personajes quienes fueran nuestros maestros: Rosa Elba Aguirre González, Arnoldo Rositas Martínez (nos acabamos de enterar de su fallecimiento lamentable) y José Guadalupe Betancourt Flores. Enhorabuena por ese reconocimiento muy justo. Sin embargo, ya que andamos por esos terrenos, las autoridades locales actuales, y quienes las precedieron, han pasado por alto la labor que, a lo largo de la historia del Piedras Negras, Coahuila, han desarrollado en materia educativa dos personajes con méritos indiscutibles: Rosa María Herrera Pérez y Xavier N. Martínez Aguirre.

Añadido (2) Hace unos días, mientras andábamos por ahí, distinguimos una figura que llamaba la atención por el porte y la elegancia, era el primer actor Guillermo Murray. Sin conocerlo, nos acercamos a saludarlo y charlar brevemente con él. No es fácil dejar de añorar los tiempos en que en el arte escénico imperaba el profesionalismo, la personalidad y una dicción pulcra.

Añadido (3) Sin comprobarlo fehacientemente se pusieron a vender que encontraron una grabación con la voz de Frida. Al final, todo resultó un fiasco y los “descubridores” hicieron el gran ridículo. Como dijera aquel, “¡Pero qué necesidad!”

Añadido (4) Para quienes dudaban que nuestra afirmación de la semana anterior respecto al PRI. Han dado un paso más en el camino hacia lo señalado.
15 Junio 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense. Hoover cargó con la responsabilidad y emergió f. D. Roosevelt
Retomamos la narración sobre lo acontecido alrededor de la crisis de 1929 y como el presidente Herbert Hoover, quien según un buen número de historiadores continuaba la política de aislamiento, buscaba una solución al problema en el entorno internacional en donde lo mismo se presentaban dificultades económicas que armadas. Asimismo, nos ocuparemos de las acciones iniciales de quien lo sucediera Franklin Delano Roosevelt (1933-1945), pero antes de llegar a esto revisemos lo sucedido durante la administración de Hoover.

El 17 de junio de 1930, a pesar de que más de mil economistas expresaban su opinión en contra, el presidente Hoover firmó la Ley de Tarifas de 1930, también conocida como Ley de Tarifas Smoot-Hawley dado que sus autores fueron el senador republicano por Utah, Reed Smoot y el representante republicano por Oregon, Willis Chatman Hawley. Como consecuencia, en promedio, las tarifas aumentaron en un veinte por ciento para miles de productos importados. Ello no solamente implicó un incremento en el precio de los bienes, sino que redujo la confianza en Wall Street y, a lo largo de los dos años siguientes, se incrementaron las represalias de gobiernos extranjeros y muchos bancos en el mundo se fueron a la quiebra. Para los EUA, esta ley no tuvo un impacto positivo ya que su comercio, importaciones y exportaciones, con Europa disminuyó en alrededor de dos tercios entre 1929 y 1932. Un nivel similar afectó al comercio global.

Respecto a F. D. Roosevelt, una gran cantidad de historiadores tienden a presentarlo como el presidente que tuvo las grandes ideas para sacar de la crisis a su país. Sin embargo, pocos, se atreven a recordar que su gran propuesta el “New Deal” ya había sido puesto en práctica por Hoover quien, con la crisis encima, lo mismo recortó impuestos, instrumentó programas de obras públicas para crear empleos, y solicitó a los empresarios que mantuvieran la confianza en el país y continuaran invirtiendo para evitar despidos masivos. Esto se dio, en 1931, cuando a la par en el verano de 1931, los bancos alemanes se declararon en falta de los pagos comprometidos como parte de las reparaciones, lo cual significaba poner en peligro préstamos estadounidenses por 700 millones de dólares. Ante esto, Hoover solicitó al Congreso se declarara una moratoria en pagos intergubernamentales por un periodo de dieciocho meses, misma que le fue aceptada por el órgano legislativo. Mientras tanto, en Europa, salvo Francia el resto de las naciones estuvo de acuerdo. Además, aprobaron se le otorgara un crédito de corto plazo a Alemania.

Con ello continuaba comprobándose el error cometido en los Tratados de Versalles, mientras que la gestación dentro del huevo de las serpiente continuaba viento en popa y ya se escuchaban los latidos de la bestia. Mientras tanto, otros problemas surgían en el contexto internacional.

Fiel a la filosofía pacifista que resultó de las enseñanzas recibidas en su religión, “Quaker,” Hoover propugnaba por el desarme mundial. La Conferencia para el Desarme Naval efectuada en Londres en 1930, tenía como objetivo continuar con las directrices emanadas de la Conferencia Naval de Washington, llevada a cabo en 1921–1922, mediante la cual se logró estabilizar el equilibrio armamentista en el Pacifico. Sin embargo, fue totalmente ineficiente en contra del imperialismo japones, lo cual se puso de manifiesto cuando ese país invadió a Manchuria en septiembre de 1931.

Ante esto, la pregunta que campeaba en el ambiente era cual sería la respuesta de los EUA y la comunidad mundial ya que dicho evento era una violación flagrante a la soberanía china y a los dictados del pacto Kellogg-Briand de 1929 (mencionado en la colaboración anterior) en donde se especificaba que los países firmantes, Japón incluido, renunciaban a utilizar la guerra como un instrumento de política nacional. En noviembre de 1931, la Liga de las Naciones aprobó una resolución que exigía que Japón se retirara del territorio chino, misma que fue ignorada por los nipones. En lo concerniente a la postura estadounidense, se planteó un diferendo entre el presidente Hoover y el secretario de estado Henry Stimson. Para el primero, basado en su experiencia directa con la cultura china, lo recomendable era tener paciencia ya que con el tiempo los invadidos terminarían por asimilar o expulsar a los invasores. Mientras tanto, Stimson adoptó una postura más belicosa y se declaró a favor de apoyar sanciones mundiales, las cuales deberían instrumentarse vía la Liga de las Naciones.

Finalmente, en enero de 1932, promulgaron juntos la llamada Doctrina Hoover-Stimson mediante la cual se dio a conocer la negativa estadunidenses para reconocer cualquier acuerdo contrario a la política de “Open Door.” Con esto, el presidente esperaba que toda la atención de la opinión pública se volcaría negativamente sobre Japón. Posteriormente, en ese mismo año, el presidente envió al secretario de estado a la Conferencia Mundial de Desarme en Ginebra. Para entonces, Hoover priorizaba los asuntos internacionales en un segundo término. Le preocupaba no haber encontrado una salida para resolver la Gran Depresión, a la vez que enfrentaba la campaña para reelegirse. Ante eso, el mandatario puso escasa atención a las deliberaciones e instruyó al líder de la delegación de su país, el embajador Hugh Gibson, que planteara la abolición de los submarinos, aviones y tanques. La conferencia no tuvo éxito ya que Francia demandaba que las reducciones de armas estuvieran supeditadas a un “pacto de consulta” entre Francia, Estados Unidos e Inglaterra. El objetivo de esto era frustrar el militarismo alemán en caso de que resurgiera. Ni Estados Unidos ni Gran Bretaña aceptaron esta condición. Pero volvamos a lo que se vivía, en 1932, en el ámbito interno estadounidense.

Hoover no se daba por vencido y continuaba buscando fórmulas para salir de la crisis y enfrentar la reelección. En enero de 1932, crea la Corporación Financiera de Reconstrucción cuya finalidad era, mediante la utilización de fondos públicos, otorgar préstamos para rescatar a los bancos y las empresas estadounidenses. Asimismo, en julio de ese año, promulgó la Ley de Construcción y Ayuda de Emergencia a través de la cual se incrementaba la capacidad de préstamo de la agencia para que también financiara proyectos de obras públicas estatales y locales. De manera similar, el presidente aprobó se incrementarán los subsidios agrícolas, emitió disposiciones para que la Reserva Federal pudiera cumplir, de manera más laxa, con los requisitos que regían la emisión de billetes. En igual forma, estableció la Junta Federal de Préstamos Hipotecarios para respaldar las hipotecas.

Pero como todo ello necesitaba fuentes de financiamiento, Hoover creyó que eso se lograría si firmaba, como lo hizo, la Ley de Ingresos de 1932, que duplicó el impuesto al patrimonio, aumentó las tasas de impuestos corporativos y elevó la tasa impositiva personal máxima del 25 al 63 por ciento. Independientemente de que las medidas instrumentadas no dieron los resultados esperados en el entorno doméstico, de la revisión efectuada sobre los periodos presidenciales de Harding, Coolidge y Hoover, y la forma en que enfrentaron el entorno externo, es factible inferir que eso de que los EUA pasaron más de una década aislados sin interesarse por lo que ocurría afuera de su territorio y evitaron intervenir es algo que se cae fácilmente ante los datos duros. Pero retornemos a 1932.

Sin que se pudiera resolver la crisis, llegaron los tiempos electorales y Hoover, acompañado por el vicepresidente Charles Curtis, aparecieron en la boleta para contender en contra del candidato demócrata, el gobernador de New York, Franklin Delano Roosevelt y el líder de la Cámara de Representantes, el nativo de Uvalde, Texas, John Nance Garner.

Dado que el gasto del Gobierno federal se elevó en alrededor del 48 por ciento durante la administración de Hoover, los demócratas utilizaron como lema de campaña la demanda que era necesario terminar con la forma descuidada y extravagante en que se utilizaban los recursos federales, mientras que demandaban que el gasto gubernamental se redujera al menos en un veinticinco por ciento. Garner acusó a Hoover de llevar a la nación hacia el socialismo. En términos generales, la campaña adquirió tintes de ataques personales que mostraban la animadversión entre los contendientes. Finalmente, la crisis que vivía el país determinaría los resultados.

El 8 de noviembre de 1932, una tasa de desempleo de alrededor del 25 por ciento, cerca de cinco mil bancos declarados en quiebra a lo largo de los últimos cuatro años, y una población que no veía un futuro claro, fueron factores claves para que 22.8 millones de electores optaran por la formula demócrata y 15.7 lo hicieran por la republicana. En términos de votos electorales, 472 fueron para Roosevelt-Garner y 59 para Hoover-Curtis.

Cuarenta y dos estados se manifestaron por los primeros y seis por los segundos (recordemos que Alaska y Hawái se incorporaron a la Unión hasta 1959). Además, los Demócratas retomaron el control de la Cámara de Representantes y obtuvieron el dominio del Senado.

Dado que sus funciones cesaban hasta marzo de 1933 y Hoover buscaba realizar una transición tersoa, aun en su condición de “lame-duck president,” le sugirió a Roosevelt la creación de una Comisión de Deudas de Guerra. La respuesta fue nula. Roosevelt no iba a darle una salida digna a su sucesor y si algo se arreglaba quería la gloria para él solo. Además, la enemistad entre ellos iba en aumento. A pesar de eso, Hoover operó para consolidar el “aislamiento” y alertó a Gran Bretaña que necesitaría efectuar el pago ya programado, aun cuando era posible acceder a negociaciones sobre pagos futuros. Los británicos realizaron su pago el 15 de diciembre, pero las otras naciones europeas, con excepción de Italia incumplieron. Finalmente, marzo de 1933, Hoover transfiere al programa a Roosevelt.

Llegaba a la presidencia de los EUA un animal político y haciendo uso de sus instintos, pronto, pondría manos a la obra para tratar de revertir la situación. Pero antes de entrar a ello, demos un breve repaso sobre quien era Roosevelt. Hijo único de una familia acomodada, lo mismo acudió a Harvard en donde obtuvo la licenciatura en administración de negocios y más tarde fue a Columbia University en donde se tituló como abogado e inicialmente se dedicó a ejercer la práctica de su profesión. Seria en 1910 cuando entraría a la política al ser electo senador estatal en New York en una zona tradicionalmente republicana. En 1912, es reelecto y al apoyar la candidatura presidencial de Woodrow Wilson, este tras el triunfo lo nombre subsecretario de Marina en donde estuvo bajo las órdenes de Josephus Daniels y entre sus acciones notables estuvo instrumentar la venida, para “salvarnos,” de las embarcaciones estadounidenses que arribaron a Veracruz en 1914. El cargo lo ocupó hasta 1920 cuando fue compañero de fórmula de James Cox el candidato presidencial demócrata que fue derrotado por Warren Gamaliel Harding.

En 1928, fue electo gobernador de New York, ya para entonces había contraído poliomielitis, lo cual no le fue impedimento para continuar su carrera política que culminaría con su arribo a la presidencia En su vida personal, don Franklin siempre fue el “mama’s boy” de Sarah Delano, aun cuando siempre alardeaba de su parentesco con Theodore Roosevelt, mismo que se remontaba a un sexto grado. Sin embargo, para cimentar esa relación familiar, contrajo nupcias con Anna Eleanor hija de Ellioth, un alcohólico consuetudinario, hermano de don Teddy quien guardaba aprecio especial por su sobrina. Muestra de ello fue que la acompañó en su recorrido al altar para entregarla a Franklin. Pero dejemos curiosidades biográficas y vayamos a 1933.

Con la crisis en la cresta de la ola y después de haberse vendido como el gran salvador, Roosevelt inició su programa el llamado “New Deal” que no fue otra cosa que implantar muchas de las medidas desarrolladas por Hoover. Ejemplo de ello fue lo que escribió uno de los asesores de Roosevelt, Rexford G. Tugwell, quien reconocería que las políticas del presidente numero 31 eran sustancialmente correctas. “El New Deal debe mucho a lo que él inició.” A ello, nosotros agregamos que la gran virtud de Roosevelt fue incorporarle el elemento político que nunca pudo implantar Hoover. El 12 de marzo de 1933, daría la primera de las treinta y una pláticas denominadas “Charlas frente a la chimenea” que se trasmitían por la radio y en donde el presidente informaba de las acciones que realizaba para salvar la crisis. La primer operación fue actuar sobre el sistema bancario.

Posteriormente, durante los primeros cien días trabajaría con el Congreso para crear lo que se conoce como la “sopa de letras” o las diversas instancias gubernamentales que permitieran atender cada uno de los problemas que tenían al país sumido en la depresión. Todo ello, permitió que el enfermo no se agravara, pero aún estaba muy lejos de entrar en el periodo de recuperación. Tras de su reelección en 1936, mostró signos autoritarios y trató de meterle mano a la composición de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero el Congreso se lo impidió. Posteriormente sufrió derrotas electorales en los comicios de medio término y la economía entró en recesión.

Hasta ese momento, poca atención les había puesto a los asuntos externos. En 1938, al sur del Bravo, el presidente de México nacionalizó la industria petrolera y pronto Roosevelt hubo de atender los reclamos de sus paisanos quienes poseían intereses en la misma. Dado que la estima de don Franklin por los petroleros no era mucha, y aun cuando no tenía ningún problema con los dirigentes mexicanos hubo de instruir a su secretario de estado Cornell Hull para que nos mostrara el lado duro. Este personaje envió un mensaje en términos poco diplomáticos al presidente Cárdenas. Sin embargo, cuando la misiva llegó a México, el segundo mejor embajador que nos hayan enviado en toda su historia, Josephus Daniels, simplemente la guardó y fue a charlar con el mandatario mexicano.

Después de todo don Josephus seguía siendo al único a quien Roosevelt se dirigía como “Jefe” y ni modo que lo fueran a cesar. Además, Roosevelt sabía que en caso de que los EUA tuvieran que involucrarse en la conflagración que ya ardía en Europa, sería necesario acudir a los recursos petroleros mexicanos que, en 1939 y 1940, se estuvieron vendiendo a Italia y Alemania. Aquí cabe hacer un paréntesis que, por esos tiempos, el presidente Roosevelt llamaba al dulce italiano “admirable” y “se mostraba profundamente impresionado por lo que había logrado.” Pero volvamos a la relación con México al cual además del potencial disponible del hidrocarburo, contaba con una reserva laboral que podría ser necesaria en caso de que los EUA se involucraran en la guerra. Por lo tanto, las cosas se manejaban con tiento.

Eso sí, cuando el presidente Cárdenas Del Río se distrajo y, el 14 de octubre de 1940, al subsecretario de economía, Modesto Rolland, se le ocurrió, vía publicación en el Diario Oficial, concesionar una superficie de cien mil hectáreas de terrenos de Reservas Petroleras Nacionales a la Compañía Petrolera La Veracruzana, cuyo capital era japonés, pues le enviaron a don Josephus para ver que sucedía. Ante el requerimiento, el mandatario mexicano alegó desconocimiento y, tras machincuepas legales, dio reversa a la medida para después sacrificar a Rolland. Nada de injerencias de otras naciones, el petróleo mexicano quedaba listo por si acaso era requerido. Pero, volviendo a los EUA, aún faltaba la parte más importante del involucramiento estadounidense en asuntos externos durante el gobierno del presidente Roosevelt, de ello nos ocuparemos la semana próxima.

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Añadido (1) Hace unos días charlábamos con un par de amigos, quienes en su momento hubieron de lidiar con asuntos internacionales entregando resultados positivos. Vaya que hay diferencia con los negociadores de ahora cuya aspiración máxima es pronunciar correctamente el “yes sir.”

Añadido (2) Para quienes tienen dudas acerca de que vivimos la transformación, una muestra. Pasamos del “Rosario no te preocupes, hay que aguantar,” al “Hay veces que la maltratan mucho unos grandulones ahí, abusivos, ventajosos, pero [Claudia] no está sola. Tiene el apoyo del presidente de la República…” Eso sí, lo que siempre permanecerá es la caballerosidad mexicana.

Añadido (3) Los priístas marchan con paso firme, nada los detiene y nadie duda que lograran su objetivo: Convertir ese instituto político en la versión moderna del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM). Que nos disculpen nuestros amigos priístas, pero en eso terminaran sí continúan con su pasividad disfrazada de disciplina.

Añadido (4) No somos fans del saltimbanqui político número uno de los Siglos XX y XXI, Porfirio Alejandro, pero hemos de reconocerle que aún conserva momentos de lucidez y en lo que hoy apunta tiene toda la razón. La única pregunta que nos surge es: ¿Será que prepara el último salto que le queda por realizar, el de lanzarse al vacío?
08 Junio 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense
En la ocasión anterior, nos quedamos en el final súbito del gobierno del presidente Warren Gamaliel Harding y la llegada de John Calvin Coolidge Jr., quien ocuparía la presidencia de 1923 a 1929. Ahora comentaremos tanto acerca de cómo él manejó la política exterior estadounidense. Igualmente revisaremos la explosión de la crisis de 1929 y las acciones iniciales ejecutadas por su sucesor Herbert Hoover (1929-1933) tanto para resolver el problema interno como en el ámbito foráneo. Pero empecemos por ubicar quien era Coolidge.

Poseedor de una personalidad reservada fue famoso por su economía a la hora de pronunciar palabras lo cual le hizo ganar el mote de “Silent Cal.” Sin embargo, a la hora de actuar sus acciones no necesariamente provocaban silencio. Cuando Coolidge era gobernador de Massachusetts, los miembros del Departamento de Policía de Boston quisieron sindicalizarse, lo cual no les fue permitido.

Ante ello, decidieron irse a la huelga. Lo que no esperaban era que el gobernador no toleraría dicha acción e inmediatamente llamó a la Guardia Nacional, despidió a los miembros del cuerpo policiaco y él tomó el control de la Policía. Asunto arreglado y su fama nacional se catapultó hasta el grado de convertirlo en figura nacional y candidato a la vicepresidencia de su país. Cuando las circunstancias del destino lo llevaron a la presidencia hubo de enfrentar una administración envuelta en escándalos de corrupción. Sin estridencias, poco a poco, fue restaurando el orden y los sinvergüenzas fueron llevados al sitio que les correspondía. En ese contexto, por vez primera, un exfuncionario federal de primer nivel fue condenado a prisión por fraude. Se trató de Albert Bacon Fall quien, en 1919-1920, encabezó el enjuiciamiento senatorial a nuestro país y al presidente Carranza Garza. Como secretario del interior, Fall se vio envuelto en el tráfico de terrenos petroleros en favor de su amigo Edward Doheny y socios, lo cual hizo que terminara pagando las culpas de todos. Una vez solventados esos asuntos, Coolidge gobernó muy bien y su país gozó de años de prosperidad económica. Para revisar la vida y presidencia de este personaje poco recordado, nada como leer el libro de la escritora y editorialista estadounidense, Amity Shlaes, “Coolidge” (2014), una pieza excelente. Pero vayamos a los asuntos foráneos de la administración Coolidge.

La forma más precisa sobre cómo se comportó la política exterior estadounidense a lo largo de los veintes, son la palabras que el presidente Coolidge pronunció en diciembre de 1923, durante su informe de gobierno. Ahí, el mandatario señaló: “Nuestro país tiene solo un principio cardinal en su política exterior. Es un principio estadounidense. Nos ocupamos de nuestros asuntos, cuyo objetivo es preservar nuestra fuerza y proteger los intereses de nuestros ciudadanos; pero reconocemos nuestra obligación de ayudar a otros, reservándonos la decisión de nuestro juicio, el tiempo y el método. Nos percatamos de que existe un lazo común de humanidad y conocemos que, de manera inalienable, existe una ley de apoyo.” Reconociendo el derecho de sus ciudadanos, expreso no tener inconveniente en que realizaran actividades comerciales con Rusia, a la vez que dejaba claro que, como gobierno, los EUA no podían mantener relaciones diplomáticas con un régimen que se negaba a reconocer “la inviolabilidad de las obligaciones internacionales.” En lo concerniente a la Liga de las Naciones, ratificaba su rechazo a incorporarse a ella. Ni proponía, ni solicitaba cambio alguno a la forma en que operaba. Para Coolidge era simplemente un organismo externo que, desde la perspectiva estadounidense, en caso de incorporarse al mismo, limitaría su libertad e independencia de acción lo cual eran principios básicos que regían los asuntos domésticos y la forma de ejecutar la acción de gobierno.

En lo referente al establecimiento de leyes e instituciones de justicia internacional, los EUA participaron en la Conferencia para la Limitación de Armamentos y sus representantes jugaron un papel fundamental para el establecimiento del Tribunal de La Haya y más tarde en la Corte Permanente de Justicia Internacional. Asimismo, en el entorno europeo, Coolidge autorizó que representantes estadounidenses, primero Charles Dawes y después Owen Young participaran en el proceso para resolver los problemas financieros de Europa consecuencia de la Primera Guerra Mundial. El llamado Plan Dawes planteó los mecanismos para equilibrar el presupuesto de Alemania, reorganizar el Reichsbank, y estabilizar la moneda. Eso le permitiría a Dawes obtener, en 1925, el Premio Noble de la Paz.

Asimismo, en agosto de 1928, se firmó el Pacto [Frank Billings] Kellogg-[Arisitide] Briand mediante el cual se proscribía y prohibía la guerra como instrumento de política nacional. A pesar de ser firmado por quince naciones, Coolidge reconoció su naturaleza simbólica, pero representó un paso hacia la creación de protocolos globales que sirvieran como normas para el comportamiento internacional en los años venideros. Por ello, Kellogg ganaría el Premio Nobel de la Paz en 1929. En igual forma, durante los 1920s, la diplomacia estadounidense sufre una transformación que pocos mencionan. A esto, el historiador Robert Beisner, lo llamó el cambio de la diplomacia vieja a la nueva. Beisner afirmó que una vez que los EUA se consolidan como una potencia mundial, la diplomacia de esa nación sufre un giro al dejar de ser un trabajo de amateurs y/o designados por motivos políticos para ser conducida por personal diplomático profesionalizado.

En el entorno económico doméstico, mucho se arguye que las fronteras estadounidenses fueron cerradas a los productos extranjeros. Sin embargo, revisando las cifras de 1927, se encuentra que por concepto de aranceles recaudaban 600 millones de dólares. El 65 por ciento de las importaciones no estaban gravadas. Del 35 por ciento restante, 23 consistían en artículos de lujo y productos agrícolas y el otro 12 por ciento correspondía a manufacturas y mercancías. Los aranceles tenían un objetivo específico, proteger a la industria y el comercio interno.

Hay también quien dice que los EUA cerraron sus fronteras a la inmigración de ciudadanos de otros países. Esto nuevamente debe de tomarse con cautela. Ante la apremiante situación que se vivía en otras latitudes, muchos fueron quienes deseaban trasladarse a los EUA y estos aun no acababan de absorber toda la mano de obra disponible una vez que regresaron del frente de batalla. Por ello, establecieron cuotas de inmigración y ante el naciente problema de cruces ilegales en la frontera con México, procedieron a crear, en 1924, la Patrulla Fronteriza.

En las relaciones con otras naciones, la forma de operar fue constante. Bajo la premisa de que ante todo había que proteger las vidas e intereses de los ciudadanos estadounidenses morando en otros países, se enviaron fuerzas navales a China en donde estaba en curso una confrontación doméstica. Tratando de mantener la neutralidad, los EUA expresaron sus deseos de trabajar con quien resultara triunfante bajo el principio de que querían cooperar al bienestar de la población de aquel país. Asimismo, en escala menor, se enviaron fuerzas navales como medida preventiva a Nicaragua. Aquí cabe precisar que cuando el conflicto emergía, las partes en disputa solicitaron el involucramiento de los estadounidenses como mediadores, algo que se efectuó a bordo del buque de guerra U.S.S. Denver en donde el encargado de negocios, Lawrence Dennis actuó como mediador sin que al final de cuentas pudieran ponerse de acuerdo. En ese mismo contexto de relaciones con América Latina, los EUA tuvieron una participación fundamental en la Sexta Conferencia Internacional de los Estados Americanos, realizada en La Habana durante enero de 1928. Participaron para resolver el conflicto entre Chile y Perú los cuales reanudaron relaciones diplomáticas. Asimismo, logran solventar las diferencias entre Bolivia y Paraguay, así como entre Guatemala y Honduras, sin que aparecieran los fusiles como elemento resolutorio.

La forma en que, entre 1920 y 1929, se dieron las relaciones, no exentas de sobresaltos y discrepancias, EUA-México, son una muestra de que la tesis de Williams estaba correcta. La Doctrina Monroe sufrió un cambio en su ejecución. Los EUA dejaron atrás el expansionismo territorial y la intervención armada como herramientas principales para resolver conflictos con las naciones latinoamericanas y consolidar su presencia en la región. Al igual que lo hicieron en el resto del mundo, durante esos años, los EUA se involucraron en los asuntos internacionales bajo un nuevo enfoque en el cual prevaleció una política de negociaciones orientada hacia los negocios o lo que Hoff llamó Internacionalismo Independiente que en nuestro caso fue factible amalgamarla con el Nacionalismo Pragmático que practicaron magistralmente el presidente Álvaro Obregón Salido y el estadista Plutarco Elías Calles.

Tras de la reanudación del reconocimiento diplomático, en septiembre de 1923, sería hasta marzo del año siguiente cuando se nombrara embajador de los EUA en México a Charles Beecher Warren, uno de los negociadores en las Conferencias de Bucareli, quien cargaba un fardo pesado por su involucramiento con el escándalo que llevó a la cárcel a Fall. Cuatro meses duró en el cargo y, en octubre de 1924, nos llegó el más incompetente que pudieron habernos enviado, James Rockwell Sheffield. Los dos años ocho meses que estuvo por acá se dedicó a ver como empeoraba las relaciones, mientras su acercamiento con las autoridades mexicanas era tal que los reportes a sus superiores en Washington acerca de los asuntos en nuestro país empezaban con: “de acuerdo con lo que publica hoy el diario…” En nada ayudó a resolver el problema de los productores de petróleo y el gobierno mexicano, aun cuando hay que reconocerle que en la reyerta inútil (la revuelta católica) no tomó partido. Finalmente, a finales de 1927, fue nombrado mejor embajador que los EUA hayan enviado a nuestro país, Dwight Whitney Morrow. Aun cuando no tenía experiencia diplomática, lo suyo eran los asuntos financieros, pronto mostró un pragmatismo singular que generó una gran empatía con el estadista Elías Calles y los resultados empezaron a darse. El problema petrolero fue solucionado bajo la premisa del nacionalismo pragmático. Los asuntos con la curia iban camino a resolverse rápido, pero a Roma aun le faltaba una cuota de sangre y las cosas se retrasaron un año para resolverse bajo la formula propuesta por Elías Calles-Morrow. Con las relaciones entre ambas naciones en términos más que satisfactorios, fue factible que se concluyera la edificación del estado mexicano moderno y el país pudiera entrar en una etapa nueva de su vida institucional. Mientras tanto en los EUA, llegó a su fin el mandato de Coolidge quien decidió no participar en la contienda presidencial.

Las elecciones de 1928 en los EUA tuvieron características peculiares. Por vez primera aparecía un candidato profesante de la religión católica, el antiguo gobernador de New York, Alfred Emmanuel Smith a quien los demócratas escogieron como su representante acompañado por John T. Robinson. Por su parte, los republicanos recurrieron a una figura de prestigio indiscutible como Herbert Hoover quien llevó como compañero de formula a Charles Curtis. Durante la campaña, la controversia religiosa y el debate sobre la prohibición estuvo presente, sobre esta ultima los demócratas pugnaban que terminara. Al final, Hoover (1929-1933), se alzó con la victoria. Él, también, fue acusado de fomentar el aislamiento, veamos como lo hizo.

Empecemos por América Latina en donde, antes de tomar posesión, Hoover hizo acto de presencia durante diez días. En ese lapso, pronunció veinticinco discursos cuyo tema rondó alrededor de disminuir de injerencia política y económica de los EUA en Latinoamérica. Una vez en la presidencia, en 1930, ordenó la publicación de un documento del Departamento de Estado de 1928, el “Memorándum Clark”, que cuestionaba la legalidad de la intervención estadounidense en América Latina bajo el Corolario de Roosevelt a la Doctrina Monroe. Asimismo, en 1932, retiró las tropas estadounidenses de Nicaragua; firmó un tratado con Haití mediante el cual se comprometía a terminar la presencia estadounidense ahí a partir del 1 de enero de 1935. Cuando se desató una controversia entre Chile, Perú y Bolivia, Hoover personalmente intervino y encontró una solución. En síntesis, la política del “buen vecino” nació mucho antes de que Franklin D. Roosevelt se la adjudicara y la vendiera como suya. Pero una cosa es vender actos de buena voluntad y otra olvidarse de que primero están los de casa que los de al lado. Así, en 1929, cuando la crisis económica estalló, fue necesario “invitar” a los mexicanos viviendo en los EUA para que regresaran a nuestro país, algo que para 1933 alcanzó un total de cerca de un millón quienes “voluntariamente” lo hicieron. Revisemos brevemente las causas de la crisis de 1929.

El 29 de octubre de 1929, Wall Street se derrumbó. Ello no fue algo súbito sino reflejo de un estado de cosas que se venían cocinando. Desde 1922, el mercado de valores había venido creciendo alrededor de 20 por ciento cada año. La agricultura estaba al borde de la recesión debido a una sobreproducción. La fabricación de acero disminuyó. La construcción era poca. Existía un acceso fácil al crédito y una gran cantidad de personas, sin conocimiento del manejo bursátil, invertía todos sus ahorros en la compra de acciones, creían que aquello seria eterno. En agosto de 1929, la Reserva Federal incrementó las tasas de interés de cinco a seis por ciento. Y por supuesto no olvidemos que, “gracias” a los Tratados de Versalles, la economía de Europa no se reactivó, mientras que la serpiente seguía su proceso de gestación en el huevo. En medio de todo ello, un tecnócrata, Hoover, quien, cuando le preguntaron qué sucedía, respondió en los términos de su profesión, “se trata de una depresión.” Eso no ayudó en lo más mínimo. Si bien técnicamente las medidas que proponía eran las adecuadas al inicio de la crisis, le faltó el ingrediente político para venderlas y apaciguar los ánimos.

En medio de la crisis, durante el otoño de 1930, Hoover afirmó que la situación en los EUA era consecuencia de los problemas económicos internacionales, especialmente lo que sucedía en Europa. En ese contexto, trató de implantar medidas que ayudaran a corregir eso. En paralelo, impulsó tratados de desarme, replanteó las relaciones con los países de América Latina, lo cual ya mencionamos arriba, y enfrentó la agresión japonesa en China. Sobre esto, les comentaremos en la colaboración de la semana próxima.

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Añadido (1) El domingo anterior, el PRI apareció como un partido en estado vegetativo. Para acabarla de fastidiar, las características de quienes aspiran a dirigirlo no parecen ser las indicadas para sacarlo del trance. La dama despide aromas que no apuntan hacia ningún lado. El segundo, emana aires de naftalina y cloroformo. Un tercero, está impregnado de ese tufo que deja el aceite en el perol cuando se cocinan ciertas pieles. El cuarto, a pesar de las lociones, huele a leña de otro hogar. Y, en medio de ellos, cual evocación acuñesca, los gobernadores emiten concentraciones de linimento y mertiolate. Vaya futuro el del tricolor.

Añadido (2) El problema que enfrentamos con los EUA es consecuencia de hacerle la “chamba” a quienes son los beneficiarios del negocio envuelto en ropajes de caridad.

Añadido (3) Ante los ejemplos con que en estos días nos proveen los líderes religiosos, de todas las interpretaciones de la fe, algo vino a nuestra mente. Hace muchísimos años escuchamos en las clases de catecismo, de donde las señoritas Velasco nos expulsaron, aquello de “Dios está en el cielo, en la tierra y en todo lugar.” Ante ello, nos preguntábamos: ¿Entonces para que tanto ritual e intermediarios? Tiempo después, durante las clases de marxismo en la Universidad Autónoma de Guadalajara, un conservador por los cuatro costados quien siempre nos inspiró respeto por su congruencia y conocimientos, Antonio Nario Aldana, el lunes 22 de abril de 1974, apuntaba: “La filosofía hegeliana…[considera] que el único ser existente es la razón universal equiparada a Dios, todo lo demás no es sino formas, manifestaciones, reflejos, dimensiones de ese único Dios. Por lo tanto, no solo está en todo, sino que es todo, constituye la substancia y la esencia tanto de lo material como de lo espiritual, de esta manera Hegel hace una identificación total entre Dios y el Universo…” Encontramos la respuesta a nuestra pregunta de la infancia y definimos la relación personal con el Gran Arquitecto.
01 Junio 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense tras la derrota de Wilson nació la leyenda falsa del aislamiento
En plena Primera Guerra Mundial, a principios de 1918, el presidente Woodrow Wilson pronunció un discurso que es conocido como de los catorce puntos. En él, diseñaba el plan a seguir durante las negociaciones de paz una vez que concluyera el conflicto. Pedía la abolición de los tratados secretos, una reducción de armamentos, un ajuste de los reclamos coloniales en interés de los pueblos nativos y los colonos, y la libertad de los mares. De acuerdo con Wilson, en el futuro, se garantizaría la paz mundial mediante la eliminación de las barreras económicas entre las naciones, la promesa de “autodeterminación” para las minorías oprimidas y la creación de una organización mundial que proporcionaría un sistema de seguridad colectiva para todas las naciones. Sin embargo, tras de que los EUA, junto con Inglaterra, Francia e Italia, se alzaron victoriosos y se sentaron a negociar lo que serian los Tratado de Versalles, Wilson encontró que sus socios no estaban interesados en seguir al pie de la letra su propuesta. Lo que les interesaba recuperar lo perdido y castigar a Alemania. Pero antes de llegar a la política externa de la postguerra, vayamos a un tema que siempre se deja de lado, pero que es una muestra de cómo en las relaciones exteriores el abastecimiento de alimentos juega un papel importante.

Estamos seguros de que, para la mayoría, escuchar el nombre de Herbert Hoover es sinónimo de incapacidad, algo sobre lo que discutiremos en la colaboración siguiente. Sin embargo, son pocos quienes se asoman a revisar el rol que aquel ingeniero minero desempeñó durante la Primera Guerra Mundial cuando su actividad salvó de la hambruna a los europeos. En octubre de 1914, ante la escasez de alimentos que amenazaba a Bélgica, los embajadores estadounidenses en ese país y en Gran Bretaña persuadieron al gobierno de este último que permitiera la importación de alimentos, lo cual sería supervisado por los estadounidenses y únicamente estaría destinado a la población civil. Acto seguido, se instauró la llamada “Commission for Relief in Belgium, (CRB),” y se solicitó a Hoover que manejara el proyecto. Para evitar surgiera el mercado negro y asegurar la distribución equitativa, “la CRB recolectaba y racionaba todos los alimentos producidos en el país junto con los que se importaban.

Para mediados de noviembre, los habitantes de Bélgica tenían acceso a comida.” A lo largo de cinco años, en medio de la guerra, un total de diez millones de civiles fueron alimentados gracias a la organización creada por Hoover. Una vez concluido el conflicto, con Europa hecha girones, el presidente Wilson volvió a recurrir a Hoover nombrándolo encargado de la “European Relief and Rehabilitation Administration”. En un hecho que pocos recuerdan, Hoover organizó y dirigió el aprovisionamiento de 34 millones de toneladas de alimentos, ropa y materiales enviados desde los EUA hacia Europa. En pocas palabras, Hoover salvó las vidas de millones de europeos y permitió que pudieran dar inicio al camino de la reconstrucción y la normalidad. Pero mientras tanto, en paralelo, los lideres triunfantes diseñaron los llamados Tratados de Versalles.

En dichos tratados, prevaleció la idea de hacer que Alemania pagara un precio muy alto por la derrota. No se percataron de que acaban de fecundar el huevo de la serpiente que emergería enfundada en el color café durante la década de los 1930s. Si se quiere ver un pronóstico sobre las consecuencias de aquellas medidas draconianas, basta revisar el escrito de John Maynard Keynes, “Las Consecuencias Económicas de la Paz”, (1919). En esa misma visión futurista, pero en otro sentido, el presidente Wilson logró que en los Tratados de Versalles se incorporara la creación de un organismo capaz de proveer un sistema de seguridad colectiva para todos, lo que posteriormente se conocería como La Liga de las Naciones. Tras de ello, Wilson retornó a los EUA confiado de que su propuesta sería aceptada fácilmente.

El presidente buscó a toda costa convencer a sus gobernados de las bondades de que los EUA participaran en la Liga. Sin embargo, cuando retornó a París para las pláticas finales olvidó invitar a miembros del Congreso para que formaran parte de la delegación estadounidense. Al momento que el ingreso de los EUA fue llevado ante el Senado estadounidense, aquel olvido tendría consecuencias. El senador republicano por Massachussets, Henry Cabot Lodge encabezó la oposición y aquello se convirtió en una lucha personal en donde Wilson terminaría derrotado en dos frentes. En uno, desarrollado en el pleno del Senado, la discusión giro alrededor del contenido del Artículo X de la Liga que se refería a la seguridad colectiva. Esto significaba que cuando una nación era atacada, todos los otros miembros defenderían a la víctima, ello implicaba que los EUA estarían obligados a defender a cualquier miembro de la Liga, lo cual para los republicanos era un ataque a la soberanía de los EUA.

El otro escenario de la disputa fue el territorio estadounidense, el cual Wilson recorrió un par de veces tratando de convencer a la población de la conveniencia de incorporarse a la Liga. Ese trajín habría de costarle la salud a Wilson quien en octubre de 1919 sufrió una embolia que lo postró en cama y dejó el país en manos de su esposa y sus colaboradores más cercanos. Al final los EUA nunca ingresarían a la Liga y, en noviembre de 1920, los demócratas serian derrotados en la contienda presidencial.

La fórmula republicana integrada por Warren Gamaliel Harding y John Calvin Coolidge, basó su campaña en la premisa de que era necesario “… reforzar la seguridad de los EUA, estabilizar primero a los EUA, lograr la prosperidad de los EUA, pensar primero en EUA, exaltar primero a los EUA, y primero reverenciar a los EUA”. De esa manera derrotó a los demócratas, James Cox y Franklin Delano Roosevelt. A partir de las aseveraciones mencionadas, se creó la leyenda de que, durante los 1920s, los EUA se aislaron del mundo. Sin embargo, esa tesis fue rebatida por los historiadores estadounidenses, William Appleman Williams en 1951 y Joan Hoff en 1971.

En el caso de Williams, en 1954, en el artículo “The Legend of Isolationism in the 1920s,” publicado en la revista Science and Society y más tarde, en 1959, en su libro, “The Tragedy of American Diplomacy”. La tesis en ambos fue que no era factible calificar a una nación de estar aislada cuando contaba con inversiones por todo el mundo y un departamento de comercio que desarrolló una actividad intensa para promoverlas. A partir de esas ideas, Hoff, en su libro, “American Business and Foreign Policy: 1920-1933,” afirmó que los EUA desarrolló una política de” internacionalismo independiente,” se puede decir que esa nación estaba aislada solamente en el sentido de que no ingresó a la Liga de las Naciones y deseaba evitar alianzas que pudieran llevarla a verse involucrada en otra guerra en Europa.

El internacionalismo independiente no se refería a una filosofía de la política exterior sino a un método pragmático para dirigir los asuntos externos. La suposición implícita era que Estados Unidos deberían de cooperar a escala internacional cuando no podía, o no quería, resolver un problema diplomático en particular a través de una acción unilateral. Para demostrar hasta donde los EUA vivieron “aislados” durante la presidencia de Harding (1921-1923), revisemos lo que apunta el historiador Eugene P. Trani.

En la pieza titulada “Warren Harding: Foreign Affairs”, Trani señala que Harding delegó la operación de los asuntos foráneos al secretario de estado, Charles Evans Hughes quien juntamente con el secretario de comercio, Herbert Hoover, y el secretario del tesoro, Andrew Mellon, diseñaron la política exterior. Planteaban utilizar los bancos estadounidenses para reemplazar a los británicos en el manejo y financiamiento del comercio mundial. Hoover creo un grupo de agregados comerciales para que trabajaran junto con los miembros del servicio exterior en la búsqueda de mercados externos. La dupla Hughes-Hoover, recurrieron a las disposiciones establecidas den la Ley de Aranceles Fordney-McCumber y en base a ellas, aseguraron concesiones sobre la producción de caucho en Malasia y sobre el petróleo en Medio Oriente en lo que hoy son Irak e Irán. Asimismo, promovieron que siete compañías petroleras estadounidenses, encabezadas por la Standard Oil of New Jersey, crearan un consorcio para buscar la participación en las concesiones petroleras iraquíes. Así fue como nació una política de “puertas abiertas” para la inversión estadounidense en recursos energéticos en el Medio Oriente.

El tercer integrante del grupo, Mellon, se encargó de manejar la deuda de Europa, doce mil millones en 1920, con los EUA. En ese contexto, fue creada una comisión para revisar el caso específico de Alemania. Al frente de dicho órgano, por sugerencia de Mellon, se nombró a un banquero republicano del medio oeste, Charles G. Dawes. Este personaje instrumentaría un plan que lleva su nombre, mediante el cual fue factible reducir, en 1923, la deuda alemana a 2,500 millones de marcos pagaderos a cincuenta años. A eso, se sumó un préstamo de los EUA por dos mil millones distribuidos en cinco años que se utilizaron para pagar reparaciones a otras naciones europeas las cuales a su vez utilizaron esos ingresos para cubrir las deudas que tenían con los EUA. En ese contexto fue posible que varias naciones europeas (Gran Bretaña, Finlandia, Hungría, Lituania y Polonia), lograran rebajar el monto de su deuda de 12 a 5 mil millones de dólares. Estas acciones no fueron las únicas que los EUA realizaron para mantenerse “aislados”.

Al secretario Mellon le preocupaba que su país fuer a entrar en una etapa de frenesí en materia de gasto y, buscando consolidar su poderío naval, se embarcara en una carrera por superar a sus rivales en ese renglón, Inglaterra y Japón. Esa inquietud la compartía Hughes quien en el horizonte veía como en el Pacifico podría desarrollarse una carrera por la supremacía naval que pintaba ser de costos desproporcionados. Ante ello, actuó en consecuencia y, en 1921, convocó a nueve naciones para que se reunieran en Washington en una Conferencia Naval. En el caso de Gran Bretaña, Japón, Francia e Italia se discutió lo referente a la reducción de la capacidad naval. Con Bélgica, China, Portugal y los Países Bajos, se trató la situación en el Lejano Oriente.

Como resultado de esas reuniones fueron firmados tres tratados. El Tratado de las Cinco Potencias fundamentalmente se refería a determinar la capacidad del tonelaje de las embarcaciones de cada nación, a la vez que se comprometían a detener la construcción de navíos grandes y reducir el tamaño de los que ya poseían. Sin embargo, se dejó la puerta vierta para cierto tipo de embarcaciones y, en 1922, se inició una competencia por aumentar la capacidad naval de cada nación, lo cual originaria nuevas reuniones entre 1927 y 1930. El segundo tratado fue el de las Cuatro Potencias al amparo del cual EUA, Francia, Gran Bretaña y Japón se comprometían de que, en el caso de surgir un problema en el lejano oriente, realizarían consultas entre si antes de ejecutar cualquier acción. En el Tratado de las Nueve Potencias, todos los estados firmantes con intereses en el Lejano Oriente garantizaban la integridad territorial de China y apoyaban la política de “puertas abiertas” al comercio y la inversión en dicha nación. Si aun no estamos convencidos del “aislamiento” estadounidense durante los primeras años de la década de los 1920s, demos una revisada de lo acontecido por rumbos más cercanos, América Latina.

Al respecto, en 1976, Kenneth J. Grieb publicó “The Latin American Policy of Warren G. Harding.” La tesis principal es que Harding estaba convencido de que no era mediante intervenciones militares como habría de mejorarse las relaciones con los países latinoamericanos. En ese sentido, las tropas estadounidenses se retiraron de Republica Dominicana y Haití. Asimismo, reconociendo culpas pasadas, fueron otorgados a Colombia 25 millones de dólares como compensación por las acciones estadounidenses que apoyaron la revolución en Panamá y que concluyó por sustraerles un pedazo de su territorio. Asimismo, se buscó dar un nuevo enfoque a la Doctrina Monroe. Para la administración de Harding, lo importante era lograr la estabilidad en la región y a partir de ahí poder convertirla en un mercado comercial importante para los EUA. Seguramente, usted lector amable, se estará preguntando: ¿Qué pasó con México durante estos años de “aislamiento” estadounidense?

Para responder a su cuestionamiento vayamos a nuestro libro “Las Conferencias de Bucareli. Un acto pragmático de la diplomacia mexicana.” (INEHRM, 2018), en el cual realizamos un análisis amplio de lo que sucedió en aquellos primeros años de los 1920s en la relación México-EUA y proveemos una versión, sustentada en datos duros, distinta a la que popularmente se conoce. En consecuencia, hemos pasado a formar parte del grupo de los herejes y, todo lo indica, acompañado del veto correspondiente. En ese contexto, revisemos que tras de la elección de Álvaro Obregón Salido en México y Harding en los EUA, las autoridades mexicanas continuaron las negociaciones con el presidente Wilson, en busca de la firma de un tratado con los EUA que permitieran el reconocimiento diplomático a nuestro país.

Al norte del Bravo, quienes antes nos atacaban, como era el caso del senador Albert Bacon Fall, ahora buscaban acercamientos para romper el cerco diplomático. Aunado a ello, gobernadores de diversos estados y miembros de la comunidad de negocios en la frontera estadounidense, mantenían una relación directa de amistad con el presidente mexicano electo. Prueba de ello fue la delegación estadounidense, integrada por mas de 500 personas, quienes hicieron acto de presencia en la toma de posesión de Obregón. Durante los dos años y medio siguientes, se mantuvo un intercambio epistolar en donde se plasmaban las diferencias en un lenguaje elegante y respetuoso, pero no por ello carente de firmeza mediante el cual se exponían los puntos de vista de cada nación.

En ese marco, se dieron las entrevistas del secretario de hacienda, Adolfo De La Huerta Marcor, con el presidente Harding y el secretario Hughes. Asimismo, el ministro mexicano logró firmar un acuerdo con el presidente de la comisión de banqueros estadounidenses, Thomas Lamont, en lo que se conoce como el Tratado De La Huerta-Lamont, mediante el cual México pudo renegociar su deuda y tener acceso a fuentes de financiamiento. Finalmente, en abril de 1923, los gobiernos de ambas naciones acordaron sentarse a negociar y que dio origen a lo que aquí se conoce como los Tratados de Bucareli y allá como “The General Claims Convention” y “The Special Claims Convention.” Alrededor de esto, se creó toda una leyenda falsa, que muchos repiten, sobre firma de acuerdos secretos mismos que documentalmente nadie ha podido exhibir a lo largo de 96 años.

No son pocos quienes llegan a ensalzar la valentía de don Adolfo por haber organizado la reyerta delahuertista de 1923-1924, que según los panegiristas fue la muestra de cómo se oponía a la firma de los tratados mencionados, algo que para nada aparece ni en sus carta de renuncia, ni en el Plan de Veracruz un manifiesto en el cual se hizo el llamado a tomar las armas en contra del gobierno. Otros glorifican al sonorense por su valentía, mientras olvidan que la primera vez que manifestó públicamente su oposición a los Tratados fue en sus memorias publicadas en 1959. Al final de cuentas, la firma de los convenios mencionados no fue sino el reconocimiento de daños y perjuicios que se hubieran ocasionado sobre personas y propiedades de uno y otro país durante la Revolución Mexicana y los ocasionados previamente. Con ello, los EUA otorgaban el reconocimiento diplomático, lo cual ya no vería el presidente Harding pues falleció el 2 de agosto cuando las conferencias aún estaban en proceso. A la presidencia estadounidense ascendió el vicepresidente John Calvin Coolidge cuyo gobierno continuaría desarrollando la política de internacionalismo independiente, en el marco de la cual las relaciones de México y los EUA alcanzaron niveles de excelencia, sobre todo ello comentaremos la semana próxima.

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Añadido (1) En eso del IJUVE y la efemérides del propagandista de la bestia austriaca nos preguntamos: ¿Fue un globo sonda o simplemente la estupidez de un fanático?

Añadido (2) En estos tiempos de relaciones difíciles con los vecinos del norte, no estaría de más que dieran una revisada a la forma en que nuestros líderes y gobernantes manejaron esos problemas durante las décadas de los 1910s y 1920s. Pero se nos olvidaba algo, ellos no son de los favoritos ya que nada hicieron aparte de construir el estado mexicano moderno que permitió al país crecer y desarrollarse.

Añadido (3) Ni modo de no añorar los días en que los profesionales estaban al frente de la diplomacia mexicana.
25 Mayo 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense, el verde se destiñó. Sin embargo, algo quedó en las entrañas…
Retomaremos la conversación de la semana anterior en donde mencionábamos que Theodore Roosevelt fue sucedido en la presidencia por William Howard Taft (1909-1913). En esta colaboración comentaremos la política externa estadounidense durante los tiempos de Taft y, también, lo que ocurrió entre 1913 y 1921 cuando Thomas Woodrow Wilson gobernó los EUA. Pero demos paso a la figura corpulenta de Taft aun con un estandarte verde en la mano.

Taft, en contraste con su antecesor, no se distinguía por su dinamismo. Un metro ochenta y tres centímetros de estatura sosteniendo 160 kilogramos, no le permitían movilizarse a la velocidad de don Teddy. Pero eso no significó que la pasividad prevaleciera durante su gobierno. Taft optó por mantener un trato lejano con la prensa. Además, puso énfasis singular en manejarse lo más apegado posible al imperio de la ley. En materia de política exterior, el presidente dejó que la mayor responsabilidad en su secretario de estado, Philander Chase Knox acerca de quién un diplomático británico dijo que concebía las relaciones exteriores como la práctica de la abogacía. Para Knox, un tratado era un contrato, la diplomacia era litigar, y los países involucrados eran las partes dentro de un juicio.

Bajo las premisas mencionadas, Taft y Knox estimaban que no era necesario el uso de la fuerza para continuar con la consolidación del poderío estadounidense alrededor del mundo. Para ellos, era suficiente utilizar el capital, cada vez mayor, que se generaba en la economía estadounidense e invertirlo en otros países. El verde ahora se presentaba como “Dollar Diplomacy.” Conforme a la óptica de Taft, esta política podría crear sociedades ordenadas mediante la ayuda a las naciones industrializadas, lo cual permitiría que los inversionistas estadounidenses pudieran obtener utilidades. La preocupación fundamental de Taft se enfocaba en cuál era la situación de los negocios de los estadounidenses en el extranjero. Firmemente creía que los prestamos y las inversiones crearían economías capitalistas y al consolidarse estas, habría de prevalecer el orden, la estabilidad y la prosperidad en dichas naciones. Como si fuera un reflejo de su personalidad, el vigésimo séptimo presidente de los EUA prefería esperar que los resultados se dieran como consecuencia de, y no hacer nada especifico por tratar de forzarlos. Sin embargo, en la practica la “Dollar Diplomacy” no funcionó lo bien que se hubiera deseado, veamos algunos ejemplos.

En China, tras la rebelión de los Boxers, se buscó fortalecer la política de puertas abiertas y limitar la participación de los rusos y japoneses en ese país. Con ese fin, los EUA lograron que la firma J. P. Morgan se asociara con inversionistas franceses, británico y alemanes para construir un ferrocarril en China de Huguang a Cantón. El proyecto fracasó en 1910.

Bajo la premisa de promover el desarrollo y comercio externo en América Central, especialmente en Costa Rica y Honduras, las empresas American United Fruit Company y Standard Fruit Company, invirtieron en la producción y exportación de plátano. Pronto, también, controlaban el ferrocarril, el transporte marítimo, la banca y el gobierno. Aquello acabó por requerir la presencia militar de los EUA bajo el pretexto de que era necesario salvaguardar los intereses estadounidenses. Asimismo, para mantener la paz en Nicaragua, zona cercana al Canal de Panamá, se otorgaron prestamos al gobierno nicaragüense y apoyaron el derrocamiento del presidente José Santos Zelaya e instalaron a Ubaldo Díaz. Esto, generó una lucha intestina en donde, para proteger los intereses de las empresas de los EUA, se enviaron tropas. Asimismo, en República Dominicana y Haití se dio la presencia militar estadounidense. En el primer caso, cuando con el pretexto de combatir la corrupción, los EUA controlaron las aduanas y eso terminó en fracaso. En el segundo, se buscó mejorar el nivel de vida mediante inversiones lo cual no gustó a los haitianos quienes se rebelaron.

Apenas inaugurado Taft, proclamando “esta es la mejor ley tarifaria que el Partido Republicano haya aprobado en toda su historia,” firmó la Ley Payne- Aldrich aprobada por la mayoría de los republicanos proteccionistas en el Congreso. “La ley redujo la tasa arancelaria general de 46 a 41 por ciento, mientras que aumentó las tasas en artículos como pieles de animales, mineral de hierro y carbón. Bajó 650 fracciones arancelarias, subió 220 y dejó 1,150 sin tocar. Aceptar un proyecto de ley que no disminuía significativamente las tarifas hizo que Taft perdiera el apoyo del ala progresista de su partido.” Así, dieron inicio las desavenencias con Roosevelt y los progresistas quienes esperaban el veto de dicha ley.

Asimismo, en 1909, se propuso un tratado de reciprocidad que implicaba bajar los aranceles en el comercio con México y Canadá, con mayor énfasis en este. La propuesta fracasó debido a los desacuerdos entre los republicanos conservadores que exigían tarifas más altas y los progresistas que apoyaban las ideas de Taft. Respecto a nuestro país, no olvidemos que Taft fue el primer presidente de los EUA quien se entrevistó con uno de los nuestros, José de la Cruz Porfirio Díaz Mori. Esto ocurrió en Ciudad Juárez -El Paso, el 16 de octubre de 1909.

En agosto de 1911, Taft envió al Senado la propuesta para firmar tratados de arbitraje ilimitados con Gran Bretaña y Francia, lo cual provocó el disgusto de senadores y en el comité de relaciones exteriores eliminaron lo referente a una comisión internacional de arbitraje. El Senado estimó que no tenía por qué someterse a una instancia de ese tipo y elaboró una lista de aquellos asuntos que no estaban sujetos a arbitraje, entre ellos la política de inmigración y la Doctrina Monroe. Tras aprobarlos, el Senado los reescribió antes de enviarlos a los países mencionados. En todo esto hay dos temas a recordar, Taft se opuso al arbitraje con Gran Bretaña en lo referente a los peajes del Canal de Panamá, mientras que estuvo de acuerdo en que se realizara en el caso de El Chamizal cuyo veredicto llegó hasta la década de los 60’s. Ya que andamos por los rumbos de nuestro país, recordemos que por aquellos tiempos se filtró la noticia de que México consideraba concesionar una área extensa a una empresa japonesa, además de otorgarle trato económico preferencial. Ante ello, Taft solicitó al Congreso que aprobara, como adendum al Corolario Roosevelt, el llamado Corolario Lodge. A través de este, se establecía que ninguna empresa extranjera, salvo las estadounidenses, podía poseer terrenos estratégicos en el hemisferio occidental.

En general podría decirse que la “Dollar Diplomacy” no obtuvo los resultados esperados y el verde se desteñía. En América Latina, tanto en México como en Nicaragua los conflictos internos devinieron en revoluciones. En Europa, la paz resultado del sistema de balance en el poder estaba crujiendo y acabaría por generar la Primer Guerra Mundial. Pero no solamente en lo externo Taft no obtuvo lo deseado. En el ámbito doméstico, Roosevelt y los suyos consideraron que la agenda progresista fue dejada de lado y, ante ello, decidió buscar la nominación republicana en 1912. Esto generaría una división profunda en dicho partido y cuando Taft fue nominado, Roosevelt decidió formar el Partido Progresista conocido como “Bull Moose Party.” Aquello no pintaba bien, durante la campaña, Roosevelt sufrió un atentado y al momento de las elecciones obtuvo 88 votos electorales y Taft ocho, mientras que el candidato socialista Eugene Debs colectaba poco más de 900 mil votos. El gran beneficiado de todo fue el candidato demócrata, Thomas Woodrow Wilson quien logró 435 votos electorales convirtiéndose en el vigésimo octavo presidente estadounidense. El verde desparecía para dar paso al azul en cuyas entrañas habitaba el color esmeralda.

Previamente a su incursión en la política, Wilson fue rector de la Universidad de Princeton (1902-1910), en donde su actuación destacada le permitió convertirse en gobernador de New Jersey (1911-1913) y de ahí saltar a la palestra nacional. Wilson era un demócrata progresista quien creía en el poder del gobierno federal para exponer la corrupción, regular la economía, eliminar prácticas comerciales poco éticas y mejorar la condición general de la sociedad o sea una versión en azul del verde de don Teddy.

En 1912, cuando una nueva fase en materia de comercio exterior comenzó a aparecer en el horizonte. Woodrow Wilson señaló, como lo cita La Feber, la necesidad de encontrar una nueva frontera de los mercados mundiales para reemplazar la frontera terrestre perdida en lo doméstico. El gobierno dirigido por un presidente fuerte debe ser capaz de abrir y ordenar esas fronteras nuevas. Sin dejar de reconocer el papel que jugaban las corporaciones, Wilson buscó utilizar el gobierno para reforzar los valores morales y políticos tradicionales.

La presidencia de Wilson (1913-1921), se distinguiría por una combinación de idealismo con pragmatismo. En el entorno casero, durante el primer periodo, logró que el Congreso aprobara la Ley Underwood-Simmons, que redujo el arancel a las importaciones e impuso un nuevo impuesto federal sobre la renta. Asimismo, se crearon la Reserva Federal y la Comisión Federal de Comercio. De manera similar, se establecieron leyes de trabajo infantil, una jornada de ocho horas para trabajadores ferroviarios y préstamos gubernamentales a agricultores. Durante su segundo periodo, se generaron dos enmiendas constitucionales. En 1919, Wilson vetó la Ley de Prohibición Nacional (o Ley Volstead), diseñada para hacer cumplir la 18ª Enmienda que prohibía la fabricación, venta y transporte de alcohol; sin embargo, su veto fue anulado por el Congreso. Así, el 17 de enero de 1920, entró en vigor dicha enmienda constitucional. La prohibición duró hasta 1933, cuando fue derogada por la 21ª Enmienda. Asimismo, en 1920, las mujeres estadounidenses obtuvieron el derecho a votar cuando la 19ª Enmienda se convirtió en ley en agosto; Wilson había presionado al Congreso para que aprobara la enmienda. Pero vayamos a los asuntos externos.

En “Diplomacy,” Kissinger plantea que las ideas de Wilson darían forma a la base conceptual de la política exterior estadounidense durante el resto del siglo XX. A diferencia de sus dos predecesores, Wilson y el secretario de Estado, William Jennings Bryan, intentaron formular una política que llamaron “diplomacia moral”.

La primera acción diplomática importante que Wilson tomó fue sacar a los banqueros estadounidenses del consorcio en donde también participaban Rusia, Francia, Alemania, Japón y Gran Bretaña, con el objetivo de estabilizar a China. La razón de esta medida no partía del desconocimiento de lo que China representaba, sino debido a que los rusos y japoneses controlaban el grupo. Wilson buscaba utilizar el poder económico, al alza, de los EUA para operar sin la intervención de nadie más en China. Para lograr esto, trabajaría con cualquier líder chino que prometiera estabilidad y estuviera dispuesto a cooperar. En relación con Japón, Wilson, a través del secretario de estado, Robert Lansing, logró un acuerdo en el que los EUA reconocían el dominio japonés en áreas al sur de Manchuria. Mientras que Japón reafirmaba su adhesión a la “Open Door Policy.”

Wilson sentía que los EUA tenía el deber de difundir la democracia y empleó la diplomacia moral agresiva para asegurar este objetivo. Dicha política externa fue aún más belicosa que la ejecutada por Roosevelt con todo y su garrote. Wilson no dudó en utilizar la fuerza para promover el orden. Al final de su mandato, en 1921, había enviado tropas a media docena de países latinoamericanos y ganado la Primera Guerra Mundial.

Las intervenciones en América Latina incluyeron Haití en 1915, República Dominicana en 1916, Cuba en 1917 y Panamá en 1918. Los Estados Unidos mantuvieron tropas en Nicaragua a lo largo de la administración de Wilson y las utilizaron para seleccionar al presidente de esa nación. Las tropas estadounidenses en Haití, bajo el mando del gobierno federal, obligaron a la legislatura haitiana a elegir presidente de dicho país al candidato seleccionado por Wilson. En 1916, Wilson practicó una forma antigua de imperialismo al comprar, por 25 millones de dólares, las Islas Vírgenes a su poseedor colonial, Dinamarca. Abordemos el caso de México.

En un par de ocasiones, Wilson siguió el ejemplo de dos de sus antecesores demócratas, el fundador de ese partido, Andrew Jackson y de James Polk. Aun cuando a diferencia de estos dos, no aspiraba a territorio, sino que su propósito fue “salvarnos,” en 1914, del chacal Huerta y, en 1916, quiso castigar al general Villa. En ambos casos, el asunto terminó en los linderos del desastre. Eso sí, no podemos negar que Wilson nos protegió de una tercera visita, en 1919, misma que era promovida por las huestes republicanas. Para conocer los detalles al respecto, le recomendamos nuestro libro “El Senado estadunidense enjuicia a México y al presidente Carranza.” (INEHRM, 2017). Pero volvamos a los días de belicosidad de Wilson.

En 1916, en la campaña para reelegirse Wilson presumía haber evitado que los EUA se involucraran en la guerra que, desde el 28 de julio de 1914, se desarrollaba en Europa. Sin embargo, en 1915, los alemanes hundieron el barco Lusitania en donde murieron 1198 personas, de los cuales 128 eran estadounidenses. Ante ello, Wilson les advirtió que cualquier acción similar en el futro sería considerada un gesto poco amistoso. En los albores de 1917, los alemanes empezaron a utilizar submarinos para atacar barcos mercantes estadounidenses, a la par que buscaban, vía el Telegrama Zimmerman que fue decodificado por la inteligencia británica, convencer a México que se pusiera de su lado a cambio de ayudarnos a recuperar los territorios idos. Sin embargo, se encontraron con alguien quien no compraba espejitos, el presidente Venustiano Carranza Garza, y la oferta paró en el recipiente de los desperdicios. Bajo esas circunstancias, el presidente Wilson solicitó, el 2 de abril de 1917, al Congreso de su país que los EUA declararan la guerra en contra de Alemania.

De acuerdo con Kissinger, lo que motivó a Wilson para ir a la guerra no era la idea de preservar y fortalecer el equilibrio de poder europeo. Lo que buscaba era abolir sistema del equilibrio de poder y el de Westfalia. Lo que debería prevalecer no era un equilibrio de poder, sino una comunidad de poder; no rivalidades organizadas, sino una paz creada en común. En ese contexto, Wilson estableció tres temas básicos en el futuro de la política exterior estadounidense. Primero, la armonía es el orden natural de los asuntos internacionales. Segundo, es inadmisible producir un cambio por la fuerza; toda transformación debe ocurrir por procesos basados ​​en la ley o algo similar a la ley o un procedimiento legal. Tercero, cualquier nación construida sobre tales principios nunca elegiría la guerra; los estados que no cumplan con estos criterios tarde o temprano hundirán al mundo en conflicto. En síntesis, lo que Wilson quería hacer era difundir los valores estadounidenses al resto del mundo y convertirlos en una política exterior activa.

Por lo anterior, al final de la Guerra, cuando emergió como el gran líder mundial, Wilson trató de constituir un parlamento mundial bajo el liderazgo de los EUA. El objetivo era establecer un convenio entre las naciones que permitiera la prevalencia permanente de la paz. En ese marco fue propuesto constituir la Liga de Naciones. Para entonces, el verde se había desteñido, el azul, con su dosis interna de pigmentación esmeralda, lucía refulgente y el triunfador olvidaba que existía el rojo, pronto se lo recordarían. Sobre esto comentaremos la semana próxima.


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Añadido (1) Había sido teatro de revista, agencia de inhumaciones y ahora recinto para homenajear a un líder religioso. ¿Qué sigue, sede de un concurso de barras de animación o una misa concelebrada para emparejar el partido?

Añadido (2) Allá por la década de los 1960s, lo más común era que cuando un derechohabiente del IMSS iba a consulta, retornara a su casa con tal cantidad de medicinas que fácilmente alcanzaban a cubrir más de la mitad de la mesa de cualquier comedor. Nada que ver con la escasez, disfrazada de austeridad, prevaleciente ahora.

Añadido (3) Para quienes anhelan que el sistema de salud en México sea similar al de Gran Bretaña o Canadá, les tenemos noticias. En el primero, si usted sobrepasó los 65 años y padece una enfermedad grave pues buena suerte porque el sistema estatal de salud ya no se preocupará por atenderle y suministrarle medicamentos. En el caso del segundo, si desea una cita con un médico especialista, siéntese a esperar su ficha ya que pueden pasar hasta cinco años antes de que le diagnostiquen que padece un mal incurable. Por ello, más de los que se publicitan, cruzan su frontera al sur para atenderse. ¿A eso aspiramos para disminuir la presión sobre la demanda de servicios médicos?
18 Mayo 2019 04:00:00
La política exterior estadounidense, el verde en el medio ambiente, la economía y la diplomacia
Como lo mencionábamos al final de la colaboración anterior, el sucesor del presidente William McKinley fue Theodore Roosevelt (1901-1909) un hombre de acción, creyente de que el libre albedrío y la capacidad del individuo eran los factores principales que podían cambiar la sociedad. Asimismo, estaba convencido de que era necesario regular la competencia económica para evitar el desorden. En igual forma, aún cuando los ecologistas de hoy busquen olvidarlo por considerarlo demasiado rudo, don Teddy es el padre de la corriente verde que hoy anda por todo el mundo planteando cosas que muchas veces caen en lo ridículo. Las propuestas de Roosevelt buscaban implantar el orden y la paz en su país y en el mundo. Ello, ejemplifica la política exterior estadounidense posterior a la década de 1890. Estaba permitido el uso la fuerza para implantar la disciplina. Había que dar un énfasis especial en la responsabilidad que los Estados Unidos tenían para garantizar la estabilidad en América Latina y Asia, basado esto en la creencia de que los valores anglosajones y el éxito otorgaba a los estadounidenses el derecho de conducir la política exterior bajo esos principios. Antes de transponer las fronteras estadounidenses, conviene dar un repaso breve a la forma en que instrumentó la llamada “Progressive Era” en el plano doméstico.

Partamos con la tercera de las “Cs” que caracterizaron al programa de gobierno de Roosevelt denominado “Suare Deal”: Conservación, la cual se refería al medio ambiente. En este sentido, dada su pasión por la vida en el campo, don Teddy era un convencido de que las praderas y bosques del oeste estaban en peligro de ser arrasados por la codicia generada en torno a la industrialización cuyos ejecutores poseían un gran apetito por la tierra y las materias primas sin importarles el daño que pudieran causar al medio ambiente. Como prueba de su amor a la naturaleza iba más allá del cariño que le tenía a la madera con que estaba elaborado el garrote que recomendaba cargar, implantó una serie de medidas. En 1902, instauró una oficina federal la cual se ocuparía de rescatar tierras para la agricultura. Bajo la dirección de otro connotado amante de la naturaleza, Gifford Pinchot, se formó una instancia para administrar y darles mantenimiento a los bosques de la nación. Asimismo, preocupado por preservar el pasado histórico de la nación, proclamó, en 1906, la “Ley para la Preservación de Antigüedades Estadounidenses.” Mediante ella, fue factible declarar monumentos nacionales 18 sitios de valor histórico y científico localizados en terrenos de propiedad federal. En igual forma, durante los ocho años de su mandato, Roosevelt estableció 51 reservas federales de aves, 4 cotos de caza nacionales, 150 bosques nacionales y 5 parques nacionales. Un total de 93.08 millones de hectáreas de tierra fueron declaradas como protegidas. En todo ello, jugaron un papel muy importante John Muir y Aldo Leopold, ecologistas reales y no como las flores de asfalto que hoy vemos pegando de gritos y en su vida han tenido un acercamiento real con el medio ambiente. Pero volvamos a la primera década de los 1900s en donde el capitalismo salvaje imperaba en los EUA y eso molestaba a Roosevelt quien estaba convencido de que muy poca utilidad reportaría tener un medio ambiente preservado si sus conciudadanos no disponían de mejoras en su nivel socioeconómico. Dado que entonces imperaba el capitalismo salvaje, procedió a demostrar que las arremetidas en la Colina de San Juan no fueron un hecho fortuito.

Convencido de que el gobierno tenía el derecho de regular las actividades de las corporaciones grandes para beneficiar el bienestar de la sociedad, procedió a poner en práctica las otras dos “Ces” de su programa: Control de las Corporaciones y Protección al Consumidor. Con tal fin, veamos tres de las acciones ejecutadas en 1902.

Cuando el Sindicato de Mineros Unidos de América declaró una huelga en la minas de carbón en Pensilvania, la cual ponía en riesgo el suministro de combustible para los hogares, las escuelas y los hospitales, Roosevelt llamó a las partes a negociar en la Casa Blanca. Las advertencias fueron parejas. Si los trabajadores no aceptaban un acuerdo, el ejercito operaria las minas. Si los propietarios adoptaban una postura difícil, convencería a los bancos de que no les dieran créditos y solicitaría a Wall Street que tirara el precio de las acciones de dichas empresas. Con sugerencias tan sutiles, las partes aceptaron negociar y la huelga se levantó. Los mineros recibieron un incremento salarial del 10 por ciento y sus horas de labor fueron reducidas de 10 a 9. A los dueños de las minas se les concedió que no necesariamente tenían que aceptar al sindicato como el agente negociador entre ellos y los mineros.

En igual forma, el presidente estadounidense instruyó al procurador general, Philander Knox que presentará una demanda en contra del llamado “Beef Trust” al amparo del cual se monopolizaban mas de la mitad de las ventas de carne en todo el país. Si esto hubiera sido el caso, desde una perspectiva estrictamente económica, hablaríamos de un oligopolio. Pero dejemos disgregaciones teóricas propias de nuestra deformación profesional y volvamos al pasado. Durante el juicio, se demostró que seis empresas empacadoras de carnes estaban coludidas para fijar los precios y dividirse el mercado con la finalidad de obtener la tasa mayor de utilidades. La Suprema Corte falló que el gobierno tenía facultades para regular los monopolios cuando las acciones de estos tuvieran un efecto directo sobre el mercado.

Asimismo, el gobierno estadounidense desempolvó la Ley Sherman Antitrust. Basado en ella demandó, y ganó el pleito, a la Northern Securities Company una empresa ferrocarrilera formada por James J. Hill, E.H. Harriman y J.P. Morgan. Hubo otras acciones relacionadas con los asuntos del riel. En 1903, se promulgó la Ley Elkins a través de la cual se autorizó a la Comisión de Comercio Interestatal (ICC) [la agencia creada en 1887 vía la Ley de Comercio Interestatal para monitorear las actividades ferrocarrileras] imponer multas de magnitud considerable a las compañías ferrocarrileras que ofrecieran descuentos y a los transportistas que los aceptaran. Con estas acciones, y otras en marcha, Roosevelt no tuvo problema para ganar la elección en 1904 y continuar con su programa.

En 1906, fue promulgada la Ley Hepburn. Al amparo de esta, se creó la primer agencia regulatoria del gobierno federal. En igual forma, mediante ella, la ICC adquirió facultades para establecer tarifas máximas en los servicio ferroviarios. En el año mencionado, los periodistas conocidos como “muckrakers” realizaron investigaciones sobre la forma en que operaban las plantas procesadoras de comida y los rastros. Encontraron que la sanidad no estaba invitada y así lo publicaron. En atención a ello, Roosevelt presionó al Congreso para que aprobarán las leyes de “Pure Food” y “Drug and Meat Inspection.” A partir de ellas, se crearon las agencias gubernamentales encargadas de certificar la calidad de los alimentos.

Durante el gobierno de Roosevelt apareció la prensa independiente alejada de aquella cuya línea editorial era la de uno u otro partido político. Aprovechando la oportunidad, Roosevelt fue el primer presidente estadounidense que utilizó ese medio de comunicación para enviar su mensaje a la población.

Podríamos mencionar que la firmeza empleada en el terreno doméstico fue similar a la que utilizó para posesionar a su país en el exterior. En ese contexto, hay algo que para algunos resulta difícil de entender. Las acciones de política externa de los gobernantes estadounidenses no están determinadas en función de lo que pudiéramos pensar o deseáramos quienes no somos ciudadanos de esa nación. Se han planteado y ejecutado en función de sus intereses y ello, en ocasiones, provoca que sean criticadas. En ese contexto, Roosevelt estaba convencido de que solamente el presidente podía conducir la política exterior. Debería de encargarse de hacer que la disciplina prevaleciera entre las personas menos civilizadas. Bajo ese principio se da el llamado Corolario Roosevelt el cual para algunos va acompañado por la frase “Speak sofltly and carry a big stick.” (Habla suave y carga un garrote).

El Corolario es visto, en términos generales, como un rompimiento con los principios de la Doctrina Monroe. Sin embargo, desde nuestra perspectiva esa ruptura no existe, se trató simplemente del paso siguiente dentro de un proceso largo. Cuando apareció la Doctrina Monroe, los EUA se encontraban en el curso de formarse como nación, pero no había duda de que este proceso iría más lejos de lo que parecía. La Doctrina Monroe sentó las bases para el futuro. Lo que Roosevelt hizo fue llevar los principios de la Doctrina al siguiente nivel. No era posible utilizar los mismos procedimientos en una nación en la etapa de configuración que cuando ya poseía el estatus de gran potencia. Roosevelt entendió eso y proclamó lo que se conoce como el Corolario de Roosevelt a la Doctrina Monroe.

Conforme al análisis elaborado en “The American Age,” por el historiador, Walter La Feber, la postura estadounidense a principios del siglo XX nada tenía que ver con apetitos por más territorio o algún proyecto secreto para apoderarse de otras naciones del hemisferio occidental, lo único que buscaba era mejorar el bienestar de quienes en ellas vivían. Eso pasaba por la aspiración de que sus vecinos se desarrollaran bajo un esquema estable, ordenado y próspero… Cuando se presentaran situaciones irregulares o bien se rompieran los esquemas que permiten la convivencia civilizada, en cualquier país occidental, los EUA bajo la Doctrina Monroe, se verían forzados a desempeñar el papel de policía internacional… Acto seguido, La Feber mencionaba que los EUA solamente interferiría en los asuntos de algún país occidental si en él era evidente la incapacidad de sus gobernantes para hacer que la justicia prevaleciera, se habían violado los derechos de los EUA o bien se hubiera solicitado la intervención de un país distinto a los de América Latina para atacar a cualquier otro de este continente.

Bajo las consideraciones anteriores, vale la pena revisar cinco diferencias entre la Doctrina Monroe y su Corolario: (a) Monroe apoyó las revoluciones latinoamericanas, Roosevelt se opuso. Esto, tiene una explicación: A principios de 1800, los enemigos eran los países europeos que desafiaban el predominio estadounidense en el hemisferio occidental. A comienzos del siglo XX, la intervención estadounidense en el área podría generar revoluciones; (b) Monroe instó a que en las revueltas internas de las naciones mencionadas ninguna fuerza externa, incluidos los EUA, interviniera. Roosevelt declaró que, en esos casos, intervendría directamente para mantener el orden civilizado. En los días de Monroe, los EUA no tenían un ejército fuerte para intervenir en esas revueltas, por lo cual consideraban imposible cualquier intervención. Sin embargo, una vez que contaba con un poder militar fuerte, no iba a permitir que nadie prendiera fuego en la puerta de su casa; (c) Monroe había visto como el poder económico de los EUA se desenvolvía en un mercado tradicional, comprando y vendiendo de acuerdo con las reglas establecidas por el país de origen. Por su parte, Roosevelt utilizó el poderío económico de su país para controlar ese mercado y someterlo al control de los EUA y no el del país de origen. Nuevamente los países que poseen el oro escriben las reglas; aquel que es una gran potencia tiene mayor espacio para negociar los términos de intercambio; (d) Monroe recomendaba mantenerse al margen de los asuntos internos de América Latina, y no propiciar una intervención militar. Ante problemas en el continente americano, la política de Roosevelt era no mantenerse indiferente y, en caso de ser necesario, utilizar la fuerza; y, (e) La política de Monroe recomendaba abstención. El Congreso no tenía ningún papel y el presidente no debería de preocuparse por los problemas constitucionales con la legislatura. Roosevelt optó por solicitar el consentimiento del Congreso, pero cuando este se oponía a su perspectiva, lo ignoraba y actuaba según su punto de vista.

Roosevelt estaba convencido de que el futuro de los EUA no se encontraba solamente en el hemisferio occidental, había toda una ventana de oportunidad en Asia. Ante ello, los estadounidenses deberían de tomar el riesgo y lanzarse a conquistar ese mercado que lucía como el mas grande del mundo y en donde, también, se encontraba la mano de obra al precio más bajo. Con esa convicción firme, Roosevelt trató de garantizar la política de puertas abiertas al mercado de China mediante el apoyo a Japón, a la vez que se oponía a los esfuerzos que efectuaba Rusia para colonizar Manchuria (la región en la frontera entre el norte de China y el este de Rusia) y controlar Corea. Como resultado de esta confrontación, se desató la guerra entre Rusia y Japón. En 1905, Roosevelt persuadió a las partes a participar en una conferencia de paz que concluyó el 5 de septiembre de ese año con la firma del Tratado de Portsmouth. De acuerdo con el análisis de Henry Kissinger en “Diplomacy” lo que Roosevelt hizo fue aplicar las reglas del equilibrio de poder. Se resistió a llevar la derrota de Rusia hasta el punto en que una amenaza japonesa sustituiría a una rusa. En el llamado Tratado de Portsmouth, el acuerdo se basó en la premisa de un equilibrio de poder asiático en el que Japón, respaldado por Gran Bretaña, compensaría a Rusia, con Estados Unidos manteniendo el equilibrio final entre las dos partes en Asia, al igual que Gran Bretaña protegió el equilibrio en Europa. Por esa acción, en 1906, Roosevelt se convirtió en el primer estadounidense en obtener el Premio Noble de la Paz que entonces se daba por acciones realizadas y no por lo que posiblemente se ejecutara. Pero ese afán pacificador que mostró en Asia no fue el mismo que exhibió un par de años antes en la región de América Central.

Con el recuerdo fresco de la guerra con España y el USS Oregon bajando hasta el Cabo de Hornos para llegar al Caribe, Roosevelt mostró interés en construir un canal transístmico en tierras nicaragüenses, pero al enterarse que se trataba de una región con actividad volcánica potencial optó por negociar con el gobierno de Colombia la realización de la obra en la zona de Panamá. En enero de 1903, se firmó el Tratado Hay-Herrán mediante el cual Los EUA entregaría a Colombia 10 millones de dólares y un pago anual a cambio de lo cual se le rentaría a perpetuidad esa zona a los EUA. Dicho convenio fue aceptado por el Congreso de este país, pero el de Colombia lo rechazó. Como a don Teddy no lo iban a dejar a medias, pues promovió a los rebeldes que buscaban independizarse de Colombia y para noviembre de 1903, nacía la República de Panamá. Tan pronto se anunció la construcción del canal hubo protestas de los panameños. Acto seguido los EUA pagaron 40 millones de dólares a los franceses, los que originalmente tuvieron la idea y pusieron dinero al proyecto, a cambio de la maquinaria y el ferrocarril panameño. Asimismo, les pagó 10 millones de dólares a Panamá y un pago anual de 250 mil dólares. En 1904, dio inicio la construcción del canal, con una longitud de 82 kilómetros, el cual empezó operaciones el 15 de agosto de 1914.

Al aproximarse el fin de su mandato, Roosevelt decidió honrar la promesa que realizó en 1904 y no apareció en al boleta electoral, apoyó a su secretario de guerra, William Howard Taft quien ganaría sin problemas la presidencia. Tan pronto dejó el cargo, se fue de safari al África y a un tour por Europa, su legado lo dejaba en manos de Taft para que el verde brillara con intensidad mayor. Acerca de esto, abordaremos en la colaboración siguiente.

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Añadido (1) Ya lo hicieron Cuitláhuac y Cuauhtémoc. Falta que se les adhiera Moctezuma. Seguramente en el Mictlán los originales andan muy enca…nijados por la forma en que sus nombres son sobajados.

Añadido (2) Quienes llegaron actúan igual que los idos. Con acciones cosméticas buscan paliar los problemas graves. Estiman que su investidura burocrática alta los coloca muy por encima del común de los mortales y, por consiguiente, no les afecta respirar el excremento vertido, entre el 10 y el 17 de mayo, sobre el ambiente de la Ciudad de México. Les tenemos noticias, la naturaleza no ha recibido dicha notificación. Por consiguiente, también, están expuestos a que el destino los alcance y les extienda una factura por un monto que no alcanzaran a cubrir.

Añadido (3) Los del altiplano arguyen que fueron sus plegarias a Tlaloc y Ehécatl, mientras que los provenientes del sureste claman que se debió a los ruegos enviados a Chaac y Kukulkán. Lo cierto es que ni la lluvia, el granizo y el viento fueron suficientes para borrar la incapacidad de quienes deberían de haber hecho algo desde hace muchísimo tiempo.
11 Mayo 2019 04:00:00
La política externa estadounidense, el amarillo base de sustentación del verde / B
Continuamos con el paseo histórico de la política exterior estadounidense. En esta ocasión, transitaremos por los caminos de lo ocurrido entre finales del Siglo XIX y el término de la primera década del Siglo XX. Partamos de la premisa de que las acciones emprendidas por los estadounidenses al concluir la década de los 1890, se desarrollaban con base en las raíces del pasado que servían de sustentación para establecer los escenarios del futuro.

En 1897, al tomar posesión del cargo el vigésimo quinto presidente estadounidense, William McKinley, Jr. (1897-1901), el crecimiento industrial estadounidense florecía. Eran los tiempos de la “Gilded Age,” o Época Dorada, que abarca de 1870 a 1912. Durante ese periodo, se generaron las fortunas de John D. Rockefeller, Andrew Carnegie, Cornelius Vanderbilt, Leland Stanford, y J. P. Morgan, entre otros, cuya riqueza estuvo fincada en las industrias del acero, petróleo y los transportes. Asimismo, en esos años, la inmigración europea fue masiva y junto a la creación de grandes fortunas se desarrolló una clase obrera con ingresos muy bajos, no daremos más detalles pues ello da para elaborar una colaboración completa. En medio de esa bonanza, McKinley enfrentó su primer problema externo grave. Los cubanos, se rebelan ante el colonialismo español. Y usted, lector amable, se preguntará: ¿Eso en que le incomodaba a los EUA? Casi en nada, de pronto las propiedades de estadounidenses en Cuba, con un valor de 50 millones de dólares, enfrentaban la incertidumbre. Ante ello, el gobierno estadounidense solicita a España que le otorgue la independencia a Cuba. La petición fue rechazada y los rebeldes cubanos siguieron con su revolución contra sus colonizadores mientras, a la par, destruían las propiedades mencionadas. Con estas acciones buscaban que los EUA se vieran forzados a intervenir militarmente y forzaran la salida española. En ese contexto, se dio otra guerra dentro de los EUA.

Los protagonistas eran dos miembros egregios del periodismo estadounidense, Joseph Pulitzer propietario del “New York World” y William Randolph Hearst dueño de “New York Journal.” Este dúo, se enfrascó en una lucha por ver quien publicaba la noticia más sensacionalista, no importaba si fuera o no cierta, al reportar lo acontecido en Cuba. Con ello, nacía la llamada prensa amarillista llamada así por ser ese el color del papel en que se imprimían los diarios. Cuando, el 15 de febrero de 1898, explota la embarcación de guerra estadounidense, USS Maine, aquello fue el paroxismo para los dueños de los diarios ambarinos, la competencia se intensificó culpando a España del evento y demandando que los EUA declararan la guerra inmediatamente, mientras encendían el patrioterismo en esa nación. Finalmente, al presidente McKinley no tuvo otra opción sino tomar medidas directas.

En “The American Age,” el historiador estadounidense, Walter La Feber menciona que entre el 20 y 28 de marzo de 1898, el presidente demandó a España: 1) Pagar las indemnizaciones por el USS Maine; 2) Comprometerse a no emplear la política de reconcentrado. Al respecto recordemos que, en 1896, el general español Valeriano Weyler (por su humanismo (¡!) lo llamaban el “carnicero),” implementó dicha política bajo la cual se envió a miles de cubanos a campos de concentración. En ese contexto, la población rural tenía ocho días para mudarse a los campamentos designados ubicados en ciudades fortificadas; quien no obedeciera habría de ser fusilado. Para 1898, un tercio de la población de Cuba había sido enviada a esos campos en donde más de 400 mil cubanos murieron; 3) Declarar un armisticio; y 4) Negociar la independencia de Cuba mediante la intervención estadounidense. Al final, España aceptó todo excepto el último punto. Dentro de los EUA, la presión se incrementó destacando la demanda de Theodore Roosevelt de que se enviaran las tropas al suelo isleño. Finalmente, el 11 de abril, McKinley mandó una solicitud al Congreso para declarar la guerra bajo la premisa de que, tras tres años de lucha en la isla, peligraban la vida de los cubanos, las propiedades estadounidenses y la tranquilidad misma de los EUA. A pesar de que tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado el partido del presidente, los Republicanos, tenían la mayoría ello no implicó una aprobación inmediata.

De acuerdo con la descripción de La Feber, una discusión agria se suscitó en el Congreso. Por un lado, los grupos pro-Cuba insistían en que el presidente reconociera la independencia cubana dentro de la declaración de guerra, solicitud que fue rechazada por el presidente. Tras un debate intenso, McKinley obtuvo lo que deseaba, una declaración de guerra. Sin embargo, en ella iba incluida la llamada Enmienda Teller. Conforme a la crónica legislativa, mientras ambas Cámaras buscaban como emitir una resolución conjunta en apoyo a la independencia cubana, el senador republicano por Colorado, Henry Moore Teller propuso una enmienda mediante la cual se asegurará que los EUA no ejercerían un control permanente sobre Cuba una vez que hubiera concluido el conflicto con España o para decirlo en palabras llanas, no se quedarían con el pedazo de tierra liberado. Lo que Teller promovía nada tenía que ver con la libertad de los cubanos, sino con la lealtad al dulce. Su estado, Colorado, era uno de los principales productores de azúcar de remolacha y veía un peligro en la competencia potencial del azúcar de caña cubana que era más barata. La propuesta, incluyendo la enmienda, de declaración de guerra fue sometida a la consideración de los legisladores. En el Senado, fue aprobada por 42 a 35 y en la Cámara de Representantes por 311 a 6. Dado que obtuvo lo que buscaba, McKinley aceptó la resolución después de todo lo que le interesaba no era el territorio cubano, lo que le importaba era otra isla llamada Hawái. Veamos como surgió esto.

La señal del interés que McKinley tenía para anexar esas islas se manifestó por vez primera a mediados de 1897. En ese tiempo, Japón envió buques de guerra a Hawái y con ello aumentaba el peligro de que buscara convertirlo en territorio japonés. Ante esta perspectiva, McKinley solicitó al Senado la anexión de esas islas, pero los legisladores quisieron dar una reflexión doble antes quiso de extender su Constitución a las aguas del Pacífico. En ello, como sucedería después con Cuba, había una razón económica de origen almibarado. Quienes representaban los intereses de los productores nacionales de azúcar estaban en contra de tal medida debido al temor de que la producción de azúcar proveniente de Hawai representara una competencia que los pudiera poner en aprietos a la hora de dividirse el mercado estadounidense interno. Pasaría casi un año y, en medio de las dificultades con España, los astros se alinearon conforme a las pretensiones estadounidenses.

A principios de mayo de 1898, frente de Filipinas, la armada estadounidense destruyó la flota española. Al recibir noticia tan grata, McKinley procedió a renovar su petición y demandó al Senado que le aprobaran la anexión de Hawai. Sin embargo, dado que no contaba con los 60 votos requeridos, recurrió a un procedimiento de anexión que se podía instrumentar mediante una resolución conjunta de la Cámara de Representantes y el Senado. Esta medida ya había sido utilizada, en 1846, cuando se dio la incorporación de Texas a la Unión. De esta manera, no hubo problema para alcanzar la mayoría requerida en ambas Cámaras y, el 12 de agosto de 1898, Hawai se convirtió en territorio estadounidense. Todo era parte del mismo rompecabezas. A principios de 1898, McKinley declaró: “Necesitamos a Hawai tanto o mucho mas que a California. Ese es el destino manifiesto”.

Ante esto, el siguiente paso era enfrentar al escuadrón español que cruzaba el Atlántico para ir a defender sus posesiones en Cuba. Para ello, la armada estadounidense decidió enviar el USS Oregon ubicado en la costa del Pacifico. El viaje se realizó a través del Cabo de Hornos y tomó 68 días para arribar al Caribe. Esto mostraba cuan necesario era buscar una ruta más corta a través de América Central. Ahí nació la idea de construir un canal transístmico que originalmente se pensó ubicarlo en Nicaragua, pero como el terreno era zona de volcanes, se optó por inventar la república de Panamá y ahí colocarlo. Cuando los navíos de España llegaron a las aguas cubanas, los esperaban doce barcos estadounidenses que destruyeron toda la flota Ibérica, el saldo para los triunfadores fue de solo una persona muerta. Los dominios antillanos se le escurrían como agua entre los dedos a España.

En ese conflicto, debemos de mencionar un hecho con ribetes de folclorísmo. El entonces subsecretario de Marina del Gobierno estadounidense, Theodore Roosevelt, vio en esa lucha la oportunidad para tratar de apaciguar uno de los demonios que no lo dejaban en paz. Durante la Guerra Civil, su padre había evitado ir al campo de batalla mediante el pago a otra persona para que lo hiciera en su nombre. Eso, a la luz de don Teddy, era un acto de cobardía y él, quien se ostentaba como todo un “machoman,” habría de lavar la deshonra. Para ello, en 1898, dimitió al cargo y organizó a los llamados “Rough Riders,” un grupo integrado por vaqueros, mineros, oficiales de la ley y nativos estadounidenses que se convirtió en el primer cuerpo de caballería integrado por voluntarios que participó en el conflicto en cuestión. La acción mas prominente fue la toma de la Colina de San Juan a partir de la cual se creó la leyenda de Roosevelt como militar y hombre arrojado ante el peligro.

Al final del conflicto, al cual el secretario de estado John Hay lo bautizó como “la pequeña guerra espléndida”, un total de 2900 estadounidenses perdieron la vida, 2500 de los cuales se debió a enfermedades y no al fuego del rival, se gastaron 250 millones de dólares y los EUA se hicieron del control de Cuba, Puerto Rico, Hawai y Filipinas. Con ello, los EUA adquiría el nivel de potencia mundial. A ello agregaríamos que en la política doméstica de los EUA, surgió un héroe nuevo, Theodore Roosevelt, cuyos tiempos de gloria mayor habrían de escenificarse a partir del inicio del siglo XX. Sin embargo, antes de llegar ahí, hay otros asuntos que relatar en términos de la política exterior estadounidense.

Una cosa era que no se quisieran apropiar del territorio cubano, pero no se trataba de dejarlos sueltos. Para ello, se elaboró la llamada Enmienda Platt que fue aprobada, el 2 de marzo, como parte del Proyecto de Ley de Apropiaciones del Ejército de 1901. En virtud de esto, los Estados Unidos tenían derecho a intervenir como lo desearan para proteger la independencia de Cuba; la deuda cubana tenía que ser limitada para que los acreedores europeos no pudieran usarla como una excusa para usar la fuerza para cobrarla, y tal vez tomar el territorio cubano como compensación; los Estados Unidos exigieron un arrendamiento de noventa años de la base naval de Guantánamo; y, se implantó un extenso programa de saneamiento que consistió en proteger al pueblo cubano y hacer que la isla fuera más atractiva para los inversionistas estadounidenses. Todas estas disposiciones no salían de la nada; formaban parte de la puesta en la práctica de los principios establecidos bajo la Doctrina Monroe.

Otro elemento importante para considerar en aquella época fue el papel desempeñado por el periodismo en el desarrollo de una opinión pública incipiente y su participación en la política exterior. Aún con la prevalencia del sensacionalismo y que las notas no siempre se apegaban a la verdad, se tiene que reconocer que una voz nueva, la cual corrigió errores a través del tiempo, influyó en las acciones estadounidenses en el extranjero. Al calce debemos apuntar que, en nuestros días, los medios de comunicación masiva estadounidense se encuentran, en lo referente a calidad periodística al nivel que prevalecía a finales del siglo XIX. Pero, volvamos a este.

Bajo la condición nueva de potencia mundial, los miembros de la clase gobernante en los EUA empezaron a vislumbrar la forma en que habría de ejercerla. Uno de ellos, el secretario de estado, John Hay, estimó que había una región en donde la producción de bienes estadounidense podría ser colocada, era en el lejano oriente específicamente en Japón y China. Respecta a esta última, mencionó que quien entendiera a China podría tener la clave de la política mundial durante los próximos cinco siglos. En ese contexto, Hay actuó en consecuencia y en lo que se conocen como las “Open Door Notes,” elaboradas en 1899 y 1900, les solicitaba a otras potencias (especialmente a Rusia y Alemania) que no cobraran a los extranjeros más de lo que sus propios ciudadanos pagaban por transporte de carga y uso de ferrocarriles dentro de las llamadas esferas de influencia que cada una de las potencias poseían en el país oriental. Insistió en que el arancel general de China se aplicara a toda la esfera de influencia y que China recaudara los derechos por sí misma. La integridad territorial china debía ser reforzada. Ningún otro poder se apresuró a estar de acuerdo con el contenido de las notas de Hay, pero tampoco lo desafió directamente. Al final, se consiguió un acuerdo con los británicos, los japoneses y los franceses. Ante ello, Alemania y Rusia no tuvieron otra opción sino proceder en consecuencia.

A principios de 1900, la emperatriz, Dowager Cixi, apoyó la rebelión de los Boxers, miembros de una sociedad secreta, quienes buscaban expulsar a los extranjeros de China. Esto generó que Rusia, Alemania y Japón buscaran sellar las zonas en donde tenían sus esferas de influencia. Ante esto, McKinley mostró la importancia de la adquisición de Filipinas. Ordenó que cinco mil soldados se mudaran de Manila a China y pronto un ejército de 19 mil combatientes de nacionalidades diversas estaba listo para finalizar con la rebelión. Todos acordaron respetar lo que Hay estableció, preservar la integridad territorial y administrativa de China. Esto era respetar la llamada “Open-Door Policy.” Era necesario mantener el gran mercado comercial potencial que estaba ahí.

McKinley se comportaba como un ejecutivo moderno que proporcionaba a su país un tipo de liderazgo distinto. El escenario estaba listo para dar el paso siguiente, la consolidación del poder estadounidense. Los EUA no aspiraban a poseer una mayor posesión territorial, ahora buscaban tener acceso al mayor número posible de mercados. En esto veían el camino para librarse de sufrir una depresión similar a la que tuvieron en 1893. Todo apuntaba hacia un futuro brillante. Cuando McKinley proclamó que el aislamiento no era posible, ni deseable, fue necesario replantear la política comercial con la finalidad de acceder a los mercados mundiales. Bajo esa premisa, el 6 de noviembre de 1900, McKinley fue reelecto, llevando como compañero de fórmula a Theodore Roosevelt, para un segundo término.

Inmerso en consolidar el poder estadounidense se desarrollaron los meses siguientes de su administración hasta que, el 5 de septiembre de 1901, McKinley y su esposa acuden a la Exposición Panamericana que tenía lugar en Buffalo, New York. Ahí, el presidente pronunciaría un discurso sobre comercio exterior. Al día siguiente, visitaba el teatro denominado el Templo de la Música y mientras saludaba a los asistentes, uno de ellos, el anarquista Leon Czolgosz lo esperaba con un revólver tapado por un pañuelo en su mano derecha. A las 16:07, el presidente recibió dos disparos. Ocho días después, el 14 de septiembre, fallecía debido a complicaciones que le provocaron gangrena.

El sucesor de McKinley fue Theodore Roosevelt, un hombre de acción quien creía en el libre albedrío y en la capacidad del individuo para cambiar la sociedad. Acerca de cómo gobernó a su país, y lo situó en el contexto mundial, les comentaremos en la colaboración de la semana siguiente cuando veamos como el color que predominó en la política exterior, e inclusive en la domestica, ya no fue el amarillo sino el verde. .(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)

Añadido (1) Nada de que HBO nos vaya a presumir con un vaso cafetero de Starbucks en su serie “Games of Thrones.” Si a primicias vamos, recordemos que, en 1943, en la película “La China Poblana,” estelarizada por María Félix y dirigida por Fernando Palacios, en una de las escenas, ambientada en el siglo XVII a bordo de la Nao de China, al fondo aparece un barril en el cual se lee “PEMEX.”


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04 Mayo 2019 04:00:00
Un paseo histórico por la política exterior estadounidense / a
A lo largo del tiempo, estudiosos diversos del tema han definido que es y como se ha desarrollado la política exterior estadounidense. En ocasiones encontramos en nuestro país quien estima que, dicha política, debe armarse en función de nuestros intereses y se muestran molestos cuando las acciones o las decisiones tomadas al norte del Bravo no son las que ellos consideran deberían de adoptarse para que nosotros nos sintiéramos conformes, algo que, como dirían los estadounidenses, es “wishful thinking”. Pero dejemos esto de lado y vayamos, en esta y colaboraciones subsecuentes, a dar un repaso histórico por la política exterior estadounidense desde sus orígenes hasta nuestros días, iniciemos.

Podríamos definir, de manera concreta, que la política exterior de los EUA es la implantación de las relaciones con otros países, así como con las empresas y organizaciones que operan a nivel global. El objetivo de dicha política exterior es consolidar los esfuerzos de los funcionarios estadounidenses encaminados a lograr metas específicas que permitan que en el exterior se alcancen los objetivos planteados cuya finalidad al final de todo es promover los llamados valores estadounidenses, cualquier cosa que esto signifique, que es lo que da origen a todo el proceso. Sin embargo, para que esto se concrete es necesario considerar cuatro elementos importantes.

Primero, el uso de las herramientas políticas que permitan consolidar el poder; segundo, ayudar a diseñar y consolidar un orden mundial en forma tal que permita alcanzar la paz; tercero, hacer del comercio la herramienta económica que posibilite la prosperidad; y, cuarto, propiciar una situación en donde el desarrollo de la democracia y la cohesión, se conviertan en los principios dominantes.

A primera vista, es imposible distinguir que hay detrás de los conceptos mencionados en le párrafo anterior. La política exterior es un tema complejo que requiere un análisis un poco más amplio desde una perspectiva histórica.

No todos comparten la perspectiva de que la política exterior estadounidense es resultado de un proceso que se ha ido desarrollando a través de los años con matices diversos, pero con elementos muy precisos que han permanecido a través del tiempo. El historiador estadounidense especialista en relaciones internacionales y estudios sobre seguridad, Andrew J. Bacevich, en su libro “American Empire” trae a la palestra la tesis de otro experto en el primer tema, Ernest May, quien dice que “los Estados Unidos, en materia de política exterior, no actúan de acuerdo con una lógica predetermina, sino que reaccionan a las circunstancias”. Sin dejar de considerar que el ciudadano May era un perito en el tema, no compartimos la perspectiva.

Establecer que la política exterior estadounidense está fundamentada en la reacción a las circunstancias es una afirmación muy simplista. Lo mencionamos líneas arriba, estimamos que dicha política ha estado interconectada a lo largo de la historia. Ha adoptado diversos matices, pero siempre ha tenido un objetivo muy claro, la consolidación del poderío estadounidense y la diseminación por todo el mundo de los valores que caracterizan a la sociedad estadounidense. Sabemos que ante esto no faltara, si es que hay algún lector por ahí, quien nos acuse de andar de promotores de esto o lo otro, pero les recordamos que estamos analizando historia y no en la búsqueda de complacer lo que alguien considere es lo que debería de ser, pero volvamos al tópico para dejar en claro lo que tratamos de explicar. Esto parte de afirmar que negar un lazo de unión en las acciones referentes a la política exterior estadounidense es tratar de obliterar lo obvio. En orden de sustentar esta afirmación, estimamos conveniente desarrollar un análisis histórico a partir de los principios establecidos en la Constitución estadounidense, así como todos los elementos que involucran, seguridad nacional, política, comercio, economía, ayuda humanitaria y por supuesto lo concerniente al poder. Vayamos a revisar el marco legal.

Mucho se ha discutido respecto a si el presidente o el Congreso es el responsable de la política exterior en los EUA. Al respecto, uno de los expertos contemporáneos más importantes dicho tema y en la legislación internacional, Louis Henkin establece que los asuntos externos no es un termino que se encuentre especificado en la Constitución de los EUA y lo que se define como asuntos exteriores no es una categoría constitucional especifica. Citando lo que, en 1954, escribió el juez asociado de la Corte Suprema de los Estados Unidos. Robert H. Jackson, quien estableció era posible mencionar la existencia de una zona de penumbra en la que el presidente y el Congreso pueden tener autoridad concurrente, o en la cual su distribución es incierta. Veamos lo que dice la Carta Magna estadounidense.

En el Artículo I, Sección 8 de ese documento, se especifica que el Congreso tiene entre otras prerrogativas las de declarar la guerra, crear y financiar ejércitos, establecer los impuestos, definir la política fiscal y determinar el gasto. Esto, en palabras llanas significa que el Congreso tiene el poder del “monedero”.

Asimismo, la Constitución en su Artículo II, Sección 2, establece que además de otros poderes, el Presidente será el Comandante en Jefe del Ejercito y la Armada; tendrá el poder para, con la asesoría y el consentimiento del Senado, firmar tratados y designar embajadores. En igual forma, derivado de lo establecido en lo que se llama “War Powers Resolution,” aprobado por el Congreso en 1973, el presidente tiene el poder constitucional para enviar a combare fuerzas militares estadounidenses o involucrarlas en situaciones donde la inminente participación en las hostilidades está claramente indicada, con la salvedad de que ello ocurrirá solamente en el caso de un ataque a los Estados Unidos o sus fuerzas armadas.

El debate en torno a este asunto se remonta a los padres fundadores. Para Alexander Hamilton, la cláusula de la Constitución que establece que el Poder Ejecutivo se otorgará a un presidente significa una prerrogativa implicando que él ejerce todo el poder ejecutivo de los Estados Unidos - lo cual para Hamilton incluye las relaciones con todas las potencias extranjeras- excepto que se disponga expresamente de otra manera. James Madison escribió que el poder estaba en el Congreso, excepto cuando la Constitución otorgaba específicamente y establecía hasta donde llegan las facultades del presidente respecto a ello.

A pesar de las discusiones a lo largo de los años, lo que prevalece en relación con este tema es lo que declaró el cuarto presidente de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos (1801–1835), John Marshall, quien señaló que el presidente es el único facultado para representar a la nación en sus relaciones externas y ante las naciones extranjeras. Esa caracterización, continuando con la cita de Henkin, fue aprobada expresamente en la controversia entre la Suprema Corte de los Estados Unidos V. Curtiss-Wright Export Corp. (1936), que se refirió al muy delicado, pleno y exclusivo poder del presidente como el único órgano del Gobierno federal en el campo de las relaciones internacionales. Dejemos consideraciones legales y vayamos al origen histórico de la política exterior estadounidense. No hay duda de que esta, en su concepción moderna, nació en 1905. Sin embargo, para comprender los principios detrás de esa política, debemos retroceder primero a los que dieron como resultado la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto.

En ese contexto, Henry Kissinger evoca los elementos que sustentaron el pensamiento de los Padres Fundadores y menciona cómo entendieron y respetaron los principios del equilibrio europeo. Para Alexander Hamilton, lo más conveniente que los estadounidenses modularan su apoyo a las potencias europeas sin atarse a nadie. Si bien Thomas Jefferson, tercer presidente de los EUA (1801-1809), articuló una versión estadounidense de la teoría del equilibrio de poder, mencionó que lo más adecuado sería que los poderes de Europa estuvieran tan equilibrados y contrapuestos entre sí que su propia seguridad demandara requerir la presencia de todas sus fuerzas en el país dejando al resto del mundo disfrutar, sin interrupciones, de la tranquilidad.

Los dirigentes estadounidenses de principios del siglo XIX percibían que su nación operaba bajo principios más elevados que los del Viejo Mundo los cuales reflejaban las aspiraciones básicamente egoístas de los monarcas. Estados Unidos estaba destinado a servir como modelo para personas menos afortunadas quienes aspiraban a vivir bajo un gobierno benevolente. En 1804, el secretario de estado y futuro cuarto presidente de los EUA (1809-1817), James Madison señaló que los Estados Unidos deben dar al mundo y demostrarse a sí mismos que es factible dar el ejemplo de cómo un gobierno al menos proteste en contra la corrupción que prevalece.

En 1821, el entonces secretario de estado y futuro sexto presidente de los EUA (1825-1829), John Quincy Adams, insistió en que Estados Unidos debería de cumplir su misión sin imponer la fuerza, eliminando así las bases ideológicas para la intervención en el equilibrio de poder europeo. Dos años más tarde, el quinto presidente estadounidense (1817-1825) James Monroe dejó de lado las razones prácticas de una política exterior hamiltoniana: El temor a la intervención europea en el hemisferio occidental y luego nació lo que se conoce como la Doctrina Monroe. Al respecto, el diplomático estadounidense Warren Zimmerman establece en “First Great Triumph: How Five Americans Made Their Country a World Power” que esta doctrina proclamada en 1823, consiste de cuatro no: Ninguna nueva colonización europea, ninguna extensión de los sistemas políticos europeos al hemisferio occidental, ninguna intervención para sofocar revoluciones y ninguna interferencia estadounidense en los asuntos internos de Europa.

La Doctrina Monroe fue una política determinada unilateralmente por los Estados Unidos, no un tratado. No unió a ningún país, excepto a los Estados Unidos, ni se impuso ni se observó de manera uniforme. Podría decirse que, si bien entró en uso en la década de 1840, por el llamado Destino Manifiesto, su germinación se da años antes con el movimiento hacia el oeste apropiándose de territorios que pertenecían a los indígenas y mas tarde al respaldar la separación de Texas de México en 1836. Esa proclama del Destino Manifiesto era una justificación cuasi teológica de la expansión continental americana y de la propia Doctrina. Fue una forma de fe nacional para expandir y difundir los valores anglosajones. La doctrina Monroe eliminó dos potencias europeas, Gran Bretaña y España, del cálculo de poder de América del Norte. La culminación de todo esto se da con la firma, en 1848, del Tratado de Guadalupe Hidalgo con lo cual culminaba la visita que nos hicieron y se llevaron la mitad del territorio gracias a que encontraron aquí un lotero llamado Antonio de Padua Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón. Tras de todo esto, el territorio estadounidense se incrementó en 60 por ciento sobre el original. A todo esto, hay algo más que agregar.

La política expansionista una vez consideró anexar todo México, pero se detuvo una vez que se firmó el mencionado Tratado. Al mismo tiempo, Canadá fue considerada como el siguiente paso en esta política expansionista, pero algunos elementos se combinaron y dicha anexión nunca se convirtió en una realidad. Entre ellos se encontraban; el rechazo de los canadienses a unirse a los Estados Unidos; los estadounidenses nunca alcanzaron una posición nacional clara sobre Canadá, hubo desacuerdos entre los sureños que se opusieron a la unión con Canadá que no tenía esclavitud, mientras que los abolicionistas del norte favorecían anexarla. Aunado a ello, estaba la presencia británica allá, y, ante ello, Estados Unidos no quisieron enfrentarse con su madre patria en ese momento.

Aun cuando Kissinger establece que durante el período entre la Doctrina Monroe y la Guerra con España (abril-agosto, 1898), la noción misma de política exterior –sus prácticas y estrategias– tuvo poco lugar en el pensamiento estadounidense, hay algo que al parecer dejó de lado.

No es posible olvidar que durante los años de la Guerra Civil estadounidense (1861-1865), Francia invadió a México en lo cual representó un desafío a la Doctrina Monroe. Incluso Napoleón III fue una amenaza para la consolidación del poder de los Estados Unidos en el hemisferio occidental. México era solamente la punta del iceberg. Lo que Napoleón IIII, respaldado por los emperadores europeos, buscaba era parte de un proceso gradual que llevaría a una conquista. Los siguientes pasos después de México serían el apoyo financiero, moral y clandestino de la Confederación; reconocimiento de los estados confederados; reintroducción gradual del sistema monárquico de gobierno en un Estados Unidos dividido; y, finalmente, la supresión de todos los regímenes y revoluciones republicanas en el nuevo mundo. Sin embargo, Napoleón III capituló ante el secretario de Estado William H. Seward cuando este le envió una nota en diciembre de 1865, en ella le exigía el retiro inmediato de las fuerzas francesas de México. Al mismo tiempo, Maximiliano, el llamado emperador de México, estaba tratando de lograr un acercamiento con el presidente Andrew Johnson (1865-1869), quien se negó a escuchar nada de él. Francia optó por dejó solo al invasor austriaco quien dos años después fue ejecutado.

En función a lo expuesto, podemos decir que los Estados Unidos desde 1867 hasta la Guerra con España en 1898, se dedicaron a construir su poder económico e industrial. Esa sería la base de sustentación en la cual se apoyarían para iniciar una nueva era de la política exterior estadounidense. Era el momento de dar el siguiente paso. Respecto a ello habrá de versar nuestra colaboración de la semana siguiente si es que usted lector amable lo considera conveniente.


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Añadido (1) No entendemos eso de que quieran hacer que los empleados federales trabajen hasta los sábados. Recordamos que, a finales del Siglo XX, cuando laborábamos en el área de Pesca, se instituyó lo que llamaban “el horario corrido” de las 9 a las 18 horas, con una hora de descanso, de lunes a viernes. Fue en ese periodo, aun cuando ya se desempeñaba con nivel de excelencia, se incrementó la productividad y eficiencia de aquel grupo, sin cuyo apoyo no hubiera sido posible que cumpliéramos nuestra función, integrado por Martín Careaga Hernández, Guillermo Muñoz Montes de Oca, María del Carmen Ramírez Bravo, Juan Santiago López, Gaudencio Correa, Francisco de Velasco Mendívil, Juan Pérez Acosta, José Ramon Escalante Andrade, Arturo Meza Hernández, Isabel Hernández, Ramón Moreno Azuara, Roberto Hernández y Leticia Veloz Zenteno.

Añadido (2) Utilizaron un cucharón de tamaño cuatro veces superior al normal, pero ni así lograron lo que esperaban. Al carecerse de los ingredientes adecuados, el resultado siempre será un guisado insípido.

Añadido (3) Por si quedaba duda alguna de quien es el “negocito”. Desde el sitio amurallado, el CEO decidió inyectarle capital. Aún faltan varias caravanas por llegar y no se puede permitir que a la hoguera le falte leña. Es la guerra, no declarada, que varios se niegan a aceptar qué existe.

Añadido (4) Puede no gustarnos el estilo de gobernar del presidente estadounidense Donald J. Trump, pero por aquellos rumbos son cada vez más sus paisanos de a pie quienes empiezan a considerar que tal vez no este nada mal tenerlo por seis años más. Eso se deriva de que, a pesar del cierre del gobierno por un mes y mantener a raya a China, la economía creció 3.2 por ciento en el primer trimestre de 2019; en abril se crearon 236 mil empleos cuando esperaban 185 mil; el desempleo se redujo a 3.6 por ciento y el salario promedio por hora se elevó a 27.77 dólares. Por si buscábamos una explicación a porque, en el mismo periodo, las remesas que los paisanos enviaron a México totalizaron 7,697 millones de dólares, 7.1 por ciento superior al periodo similar de 2018. Lo que no entendemos es como aquí, durante el trimestre tuvimos un decremento en el crecimiento económico de 0.2 por ciento.
27 Abril 2019 04:00:00
Manuel Pérez Treviño, un diplomático de excelencia
En la narrativa de la historia mexicana, lo concerniente al episodio de la acogida que se dio a los exiliados españoles, durante la segunda mitad de los 1930s, ha sido un capítulo que enaltece en mucho a la diplomacia mexicana. En ese contexto, pareciera que aquello fue labor de un solo hombre y cuando se escribe o habla del tema solamente se evoca la figura del presidente Lázaro Cárdenas del Río. Poco es lo que se nos dice acerca de la actividad que realizaron Luis I. Rodríguez, Gilberto Bosques, Isidro Fabela, Narciso Bassols, Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas. En ese contexto, hay algo que este escribidor memorioso escuchó hace muchísimos años, 53 para ser exactos.

Ello sucedió una de esas tardes en que visitábamos al abuelo paterno, Rafael Villarreal Guerra, con quien no siempre íbamos a escuchar lo que nos narrara, sino a enfrascarnos en discusiones sobre cualquier tópico, excepto cuando hablaba de tauromaquia. Hasta donde recordamos, en esa ocasión aparecía en la revista siempre un artículo sobre el exilio español, y el abuelo se lamentó de algo que ahí no se mencionaba e inmediatamente nos dijo: “Se olvidan de lo que hizo el general”. Nosotros que nada sabíamos al respecto, le preguntamos que a que se refería y su respuesta llegó en este sentido: “Cuando el general [Manuel Pérez Treviño] fue embajador en España ayudó mucho a los exiliados. A mí, doña Esther [González Pemoulié], me mostró las cartas de agradecimiento que los españoles le enviaron al general”. Por más que buscamos en varios libros de historia, jamás encontramos nada y así pasaron los años.

Cuando ya andábamos involucrados en esto de las colaboraciones semanales y la historia a petición de nuestro padre, don Rafael, escribimos el artículo “El más Ilustre Coahuilense del México Posrevolucionario: Manuel Pérez Treviño”. (Zócalo, 01-XII-2007). Casi dos meses más tarde, a finales de enero de 2008, nuestro hermano, José Gerardo entonces presidente de la Fundación Colosio-Coahuila, propuso y logró que el Aula Magna de dicha institución llevara el nombre del divisionario oriundo de Guerrero, Coahuila. En medio de todo ello, conocimos, vía electrónica, a María Elena Laborde Pérez Treviño, nieta del general.

Posteriormente, en 2010, ella escribió un libro titulado “El General Manuel Pérez Treviño y Esther González, mi nopalera”. Tras de leerlo, le remitimos de manera privada, y así se queda, nuestra opinión al respecto. Hace un par de meses, mientras intercambiamos correos electrónicos con ella, nos comentó acerca del libro que recientemente había publicado, “Objetivo: Salvar Vidas. México en Madrid, 1936”. Le mencionamos que no lo habíamos leído, pero que en cuanto dejáramos la lejanía habríamos de buscarlo. Su respuesta fue que no era necesario, indicándonos la forma en que podíamos obtenerlo y como el tema siempre nos ha despertado interés, procedimos en consecuencia. Tan pronto lo tuvimos al alcance nos sentamos a leerlo. La opinión que generó su lectura la abordaremos en esta colaboración.

Bajo el formato de novela histórica, sustentada en datos duros, María Elena nos narra lo que se vivió en la sede de la embajada mexicana en Madrid al inicio de la Guerra Civil Española. El personaje central en dicha obra lo es el general Manuel Pérez Treviño quien entonces se desempeñaba como embajador de México ante el país ibérico. Llegó a ocupar dicho cargo tras de perder la nominación del Partido Nacional Revolucionario para contender por la Presidencia de la República, el estadista Plutarco Elías Calles decidió apoyar la candidatura de Lázaro Cárdenas Del Río y ante eso nada se podía hacer sino ejercer la disciplina militar. Al momento en que el michoacano se erige triunfador en las elecciones, empieza su labor para dejar de ser “el chamaco” y ejercer el poder. En ello iba ver como alejaba a todos aquellos con quien no simpatizaba y por supuesto quien encabezaba la lista era Pérez Treviño. Así que manos a la obra y decidió enviarlo como embajador de México ante el Gobierno de España. Y es aquí en donde empieza el relato que es tema principal de esta obra.

La autora utiliza la modalidad de novela histórica para narrarnos ese episodio que la gran mayoría desconoce y que, quienes sabíamos algo acerca de él, lo percibíamos desde una perspectiva de generalidades. Si bien el personaje central es el divisionario coahuilense, a lo largo de la novela la narrativa nos es presentada por un interlocutor adolescente, Manuel Pérez Treviño González, el primogénito del general y doña Esther. Bajo esa óptica va deslizándose una pagina tras otra lo que aconteció entre los inicios de 1935 y 1936 en aquella construcción en donde “un arco de piedra lisa, custodiado de herrería, enmarca el acceso al número tres de la calle Hermanos Bécquer. La residencia de cinco pisos se localiza a pocos metros del Paseo de la Castellana una importante avenida que atraviesa Madrid de norte a sur. La construcción consta de infinidad de cuartos, salones, despachos, alacenas, comedores cocinas, bodegas, sótanos y áticos o buhardillas”. Esa era la sede que albergaba la embajada de México en España.

Si bien durante 1935, de acuerdo con la narrativa, todo acontecía conforme a lo que se puede esperar de la vida de un diplomático, aún cuando se tratara de un político en el exilio. Las actividades sociales y culturales de los mayores se mezclaban con la vida académica de los hijos y hasta tiempo se daban para convivir con los toreros mexicanos que andaban por allá encabezados por el maestro Fermín Espinoza Saucedo, Armillita Chico. Sin embargo, en abril de 1936, el embajador se percata de que las labores han de tener mas obstáculos de los que el cargo mismo generaba. Un día de ese mes, llegan noticias de que el estadista mexicano Elías Calles y sus colaboradores mas cercanos habían sido expulsados por el presidente Cárdenas. Antes de continuar con los comentarios de la obra, vale un apunte al calce. Si bien los enemigos del Elíascallismo se regocijan cada vez que recuerdan este acontecimiento, muy recomendable sería que cavilaran como aún en la derrota don Plutarco muestra su estatura de estadista.

Cualquier otro, con el poder político que todavía poseía, se habría rebelado ante el exilio y llamado a las armas. Sin embargo, en el sonorense pudo más el sentido de que el futuro del país, sustentado en el estado mexicano moderno que él edificó, valía más que su condición personal y nada hizo por tratar de revertir la medida política que se le imponía. En ese mismo sentido procedió Pérez Treviño al enterarse del evento. Él era el representante de su país y el que los vientos políticos soplaran en contra no habría de influir sobre la forma en que habría de comportarse.

En medio de las vacaciones de verano, el inicio de la guerra civil sorprende al diplomático mexicano y su familia en “Fuenterrabía una playa del país vasco español en Guipúzcoa, frontera con Francia”. Ahí reciben las noticias de que “el ejercito asaltó al cuartel de la montaña” y que “Madrid está incomunicado por tierra y por aire, situación grave”. En ese contexto, el general se entera de que “México esté enviando petróleo y armas a la España republicana [y] él está fuera de esas negociaciones porque las están haciendo vía París. Sin embargo, se enteró de que el presidente Cárdenas autorizó la compra de diez a doce aparatos de bombardeo, veinticinco mil bombas de cincuenta kilos, mil quinientas ametralladoras con todos sus accesorios y varios millones de cartuchos. La compra parece como hecha por México para México”. Y nosotros sorprendido preguntamos: ¿En donde quedó entonces la neutralidad de la que tanto presumimos? Pero dejémonos de inocentadas y volvamos al libro en comento.

La confrontación entre españoles subía de tono y los pertenecientes a las clases acomodadas eran el objetivo. Ante ello, tanto españoles como ciudadanos de otros países se ven afectados y no tienen otra opción sino irse a buscar asilo en las diversas representaciones diplomáticas, mismas que aplicaban un criterio selectivo sobre a quien debían admitir o no. Ante eso, el representante de México, aún varado lejos de Madrid, giró instrucciones al personal de apoyo mencionado que “he recibido informes de que se ha negado asilo a personas lo han solicitado, sírvase dar asilo sin pretexto alguno a personas de cualquier nacionalidad que lo soliciten”. Inmerso en esa premura aún seguía esperando que el presidente Cárdenas “se sirva autorizar que el buque mexicano Durango pase por nosotros y nos lleve a Valencia y de ahí por tierra irnos a Madrid”. Seguramente eso no se debía a que el mandatario mexicano no quisiera respaldar las acciones de su rival político, ni dudarlo que era un subordinado el responsable de tal distracción. Y esto lo mencionamos porque años después, en 1940, el subsecretario de economía, Modesto C. Rolland firmó un decreto mediante el cual la Compañía Petrolera Veracruzana, de capital mayoritariamente japonés, operara una concesión por cinco años para que explorara una área de 100 mil hectáreas en el estado de Veracruz y de esto el presidente Cárdenas Del Río dijo no estar enterado. Pero como lo solicitado en 1936, nunca llegó, el embajador tuvo que viajar a Francia para retirar los fondos de su peculio que desde México le enviaron y con ello regresar a Madrid vía terrestre. Durante el trayecto de retorno habrán de conocer los menores los efectos de la guerra, para los mayores eso no fue nada nuevo, pocos años atrás la vivieron como actores.
Ya instalados en la sede diplomática mexicana en Madrid, se empiezan a recibir refugiados de todos los bandos, a ninguno le es negado el asilo y reciben un trato similar. Pronto los espacios se hacen pequeños y se requiere aguzar la imaginación no solamente para acomodarlos, sino para que aquello funcione y sea factible vivir en medio de la aglomeración. Por supuesto que las pasiones políticas no terminan y aún con el Atlántico de por medio, en México se acusa al general de dar preferencia a los asilados del bando nacionalista en vez de a los republicanos. Ello no corresponde a la realidad, “aunque lo que si sucede es que los asilados del bando republicano son menos que los nacionales”.

Con lluvias de bombas sobre la ciudad, los miembros de la embajada mexicana, una y otra vez arriesgan sus vidas para ir a rescatar refugiados, algunos de los cuales ya estaban a punto de pasar al paredón. Adentro, en la sede de la embajada, doña Esther, la esposa del embajador, hace labores de dirección, consuelo, consejo y además, se da tiempo para salir con todos los riesgos que ello implicaba, en busca de abastecimientos para que el fogón no deje de funcionar y se preparen los alimentos que requieren quienes vivían ahí.

Un relato peculiar dentro de la trama es la forma en que se logra resguardar dentro de la embajada los archivos del filólogo e historiador Ramón Menéndez Pidal quien le dice al embajador Pérez Treviño: “ahora sí podemos partir mi familia y yo porque esta obra que es el romancero, junto con la historia de España, queda protegida, ya duerme en suelo mexicano”. De ese suelo mexicano en Madrid, habrían de ser rescatados seiscientos noventa y siete ciudadanos españoles quienes aún cuando el embajador Pérez Treviño ya no estaba al frente de la delegación diplomática, si les cumplió su palabra de que habría de lograr que salieran sanos y salvos.

Hemos de confesar que al leer “Objetivo: Salvar Vidas. México en Madrid, 1936”, nos hemos llevado una sorpresa muy grata al encontrar en ella un lenguaje fresco y conciso que nos narra episodios que fácilmente pueden llevar al escritor al tremendismo, al sensacionalismo o recurrir al pobretismo-lacrimógeno en todos los sentidos, pero eso no ocurre aquí ya que sin dejar a un lado la emoción, la autora hace prevalecer la objetividad. Esta obra es una de las que la narrativa es capaz de transportar al lector al sitio de los acontecimientos y hacerlo sentir que está dentro de la novela, lo cual la convierte en una pieza muy recomendable de leer. A este escribidor, la obra le ha dado una respuesta amplia a todas aquellas preguntas que le surgieron hace más de cinco décadas cuando se enteró de la existencia de este episodio.

En síntesis, la obra de María Elena Laborde Pérez Treviño, presentada bajo el formato de novela histórica, nos muestra un pasaje muy importante de la historia de la diplomacia mexicana que por motivos políticos ha permanecido obliterada dentro de la historiografía oficialista por aquellos que temen ser políticamente incorrectos. Al hacerlo, han privado a sus lectores de que conozcan a un mexicano de excepción formado a la vera de tres de los cuatro creadores del estado mexicano moderno, Venustiano Carranza, Garza, Álvaro Obregón Salido y Plutarco Elías Calles. Además, debemos de recordar a nuestros paisanos que no existe en la historia coahuilense moderna quien pueda jactarse de ostentar un título universitario, ser militar, gobernante, secretario de estado, político, diplomático, agricultor, ganadero, así como empresario, y además tener éxito en todas y cada una de esas actividades. Por ello, el coahuilense más ilustre del México posrevolucionario lo es Manuel Pérez Treviño.

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Añadido (1) ¿Cuál sería el motivo por el cual el expresidente Barack Hussein Obama y la candidata derrotada, Hillary Rodham Clinton señalaron que aquellos quienes el domingo anterior fueron asesinados en Sri Lanka eran “easter worshiphers”? ¿Por qué no se atrevieron a escribir que las victimas eran personas profesantes del cristianismo quienes, al ejercer su muy respetable y personal interpretación de la fe, fueron masacrados por las acciones terroristas de musulmanes fanáticos?

Añadido (2) Para asegurarnos de que la sociedad del futuro estará integrada exclusivamente por “snowflakes” (copitos de nieve) y ninis, nada como empezar por no reprobar a los nenes ni en el primero, ni en el segundo año de la educación elemental, no se vayan a traumar. De una vez que les expidan el título universitario y así no los arriesgan a que sufran algún descalabro que los pudiera dañar psicológicamente. Total, si ya tienen asegurada su mesada y hasta la forma en que administraran su tiempo libre.

Añadido (3) Apenas ayer, mientras veíamos las noticias referentes a lo que acontecía enfrente de la Casa Jalisco en Guadalajara, recordábamos cuando allá por los inicios de la segunda parte de la década de los 1970s, tarde a tarde, salíamos a caminar por esos rumbos. Varias fueron las veces en que nos encontramos con el entonces gobernador de Jalisco, Alberto Orozco Romero, quien realizaba su caminata acompañado solamente por una persona de edad mayor a la de él. Amablemente nos dirigía un saludo y continuaba su marcha. ¿Cuántos gobernantes podrán hoy andar por las calles sin tener que llevar un aparato de seguridad que los cuide?
20 Abril 2019 04:00:00
Santos y pecadores, el turno de los impenitentes / B de B
Como lo apuntamos en la colaboración anterior, continuaremos con nuestro comentario acerca del libro “Saints and Sinners in the Cristero War (2019).” En esta ocasión nos ocuparemos del cuarteto, de acuerdo con el sacerdote católico James T. Murphy, integrado por los pecadores. Sin embargo, para él, unos lo son mas que otros, todo depende de que tan cerca se encuentren a la filiación política-religiosa que profesa don James. Recordemos que los personajes calificados de impenitentes fueron: José Telésforo Juan Nepomuceno Melchor de la Santísima Trinidad Ocampo Tapia, Plutarco Elías Calles, José Reyes Vega y Tomás Garrido Canabal. Procedamos a revisar las razones por las cuales los enlistaba en el lado de los “malos”.

Daremos inicio con alguien quien evidentemente es de estatura menor, en todos los sentidos, a los otros tres, José Reyes Vega. Este es el más cercano a las querencias del ciudadano Murphy. No obstante, esto, lo califica de un pecador porque siendo sacerdote, se fue a la lucha y empuñó el fusil, hasta alcanzar el grado de general y lo hizo sin tener la autorización de las autoridades eclesiásticas. No olvidemos que se valía soliviantar almas cándidas para ir a asesinar o que los mataran, pero nada de ponerse al frente de la tropa. Quiso presentárnoslo como “malo” pero pronto le ganaron las afinidades y empieza a decirnos que por su actuación a Reyes lo comparaban con Pancho Villa ya que era todo un estratega para eso de ejecutar federales. Al momento de narrar el ataque al tren en donde 150 personas perdieron la vida, 50 de los cuales eran civiles, Murphy busca ángulos para paliar la falta y decirnos que eso pasa cuando alguien defiende “su fe”, amén de que se le olvida mencionar que esos piadosos cargaron con una buen cantidad de oro. Al final, termina por culpar a las autoridades gubernamentales de haberse aprovechado de ese incidente para calificar a los combatientes de asesinos y fanáticos. Como prueba de que no era así, diríamos nosotros, basta recordar que del cuello de los combatientes católicos pendía un escapulario en el cual se leía: “Detente bala, el Sagrado Corazón de Jesús está conmigo.” Por si alguien gusta confirmar cual era la orden religiosa que orquestó esa revuelta. Pero volvamos a la narrativa de Murphy quien pronto se cansa de narrarnos las hazañas del sacerdote-milite pues hubiera tenido que aceptar que no solamente en el caso del ferrocarril mostraron saña inaudita, sino que también eran expertos en eso de utilizar el verduguillo. A los que les iba bien, simplemente los desorejaban como era el caso de los maestros rurales enviados por el Gobierno federal, mientras que a los pocos afortunados pues le aceleraban la partida al espacio etéreo. El episodio de Reyes Vega termina por ocupar poco espacio y procede a narrar como se inició la reyerta, los motivos que la provocaron y como solamente contaban con el apoyo del pueblo para enfrentar al gobierno. Sin embargo, pasa por alto cuando, en septiembre de 1926, los Caballeros de Colón fueron a pedirle al presidente Calvin Coolidge que nos invadiera y mucho menos menciona lo concernirte al millón de dólares, aprobado en su asamblea de ese año, que destinarían para apoyar a los que en México buscaban impedir el nacimiento del estado mexicano moderno. Eso sí, el sacerdote en funciones de historiador no olvida mencionar la escena de como al momento en que una bala le toca a Reyes Vega, este se arrepiente de haber desobedecido a medias a sus jefes y entonces don James casi lo saca de la lista de impenitentes, a un paso se quedó de pedir que también a este lo canonizaran. Pero vayamos al otro extremo en donde si están los “malos, malos”.

Al que primero calificó como pecador fue a Melchor Ocampo. Respecto a él, Murphy tiene que reconocer sus altas calificaciones intelectuales. Sin embargo, después de hacerlo, procede al ataque por haberse puesto a discutir, vía epistolar, con un sacerdote quien se presume era el obispo de Michoacán, Clemente de Jesús Munguía, a quien, dice Murphy le gustaba que se airearan los asuntos sucios de las iglesia en lo que nosotros llamaríamos, lo oscurito. Al no poder rebatir con argumentos objetivos a don Melchor, Munguía opta por recurrir a la muletilla de “las pestilentes doctrinas de Lutero…” Pronto don James muestra que se le olvidó consultar y nos dice que Ocampo fue el creador de la mayoría de las Leyes de Reforma. Habría que informarle que el michoacano fue responsable únicamente de la Ley del Registro Civil, en las otras intervinieron mexicanos de excepción como Juan Antonio de la Fuente Cárdenas, Miguel Lerdo de Tejada, Benito Pablo Juárez García y muchos más. Apunte al calce, debemos mencionar que el ciudadano Murphy no se acordó de mencionar al intelecto más preclaro de los HOMBRES DE LA REFORMA, Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada. Pero volvamos a lo que contiene el libro, en donde tratando de aparecer objetivo, el sacerdote menciona primero que el oaxaqueño era un Liberal moderado, pero que, posteriormente, se convirtió en un enemigo de la iglesia y, aun cuando no lo alude, pues cayó en la categoría de pecador. En este contexto, habría que preguntarle porque se olvidó de mencionar a José Lázaro de la Garza y Ballesteros, Francisco Miranda, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, así como el mismo Munguía, entre muchos otros que piadosamente promovieron la venida del barbirrubio austriaco quien pronto los dejaría con un palmo de narices, pero ello no evitó la revuelta que generó muerte, desgracias y miserias. Es interesante resaltar como Murphy manda el mensaje muy sutil sobre el origen de Ocampo al señalar que fue un huérfano quien tuvo la suerte de ser abandonado a la puerta de la casa de una mujer piadosa quien lo educó y ante ello, al escrito poco le faltó para darle el grado de malagradecido por promover se terminara con los privilegios de la iglesia. Pero vayamos a otro de esos pecadores.

En el caso del estadista Plutarco Elías Calles, lo acusa de haber sido un hombre cuyo único objetivo en la vida era terminar con la religión católica. Eso, según Murphy, era porque don Plutarco nació fuera de matrimonio y nunca pudo superarlo. Hasta donde llegan las barbaridades que algunos escriben para justificar sus argumentos. El mismo sacerdote católico se contradice en su aberración cuando reconoce la grandeza de este mexicano quien creo el Estado mexicano moderno, pero que cometió el error de “atacar” a la Iglesia católica. Aquí cabe hacer varias consideraciones. Cuando menciona que Elías Calles promovió al padre Joaquín Pérez para que creara la Iglesia Católica Mexicana, muy recomendable seria que revisara el intercambio epistolar que, respecto al tema, sostuvieron el expresidente Álvaro Obregón Salido y el estadista mexicano quien, si en algún momento consideró esa opción, recapacitó y evitó tener que lidiar con dos problemas, uno romano y otro mexicano. Una muestra más de cuán endeble es la aseveración de que el sonorense deseaba arrasar con la Iglesia Católica, nos es presentada por Murphy en el apartado referente a la entrevista que tuvo, en abril de 1928, con el sacerdote paulista John J. Burke y el embajador estadounidense, Dwight Withney Morrow. Este episodio es lo mas objetivo que nos muestra Murphy a lo largo de su libro. No ahondaremos al respecto, pero si usted, lector amable, desea hacerlo, le recomendamos nuestro artículo de hace un par de semanas, “La reunión entre el estadista, el embajador y el sacerdote” (Zócalo, 6-IV-2019), basado en lo que escribiéramos, hace alrededor de una década, tanto en nuestra tesis como en la disertación doctoral. Debemos de recordar que esa entrevista muestra que cuando el estadista mexicano encontraba un interlocutor alejado de fanatismo, como lo era Burke, y aunado a él un pragmático como Morrow, era fácil entablar un diálogo constructivo y encontrar solución a los problemas. Sin embargo, esa no era lo que prevalecía entre los miembros de la curia y los soliviantados cuya única alternativa era el todo o nada. Pero vayamos al cuarto de los pecadores.

Cuando aborda el tema de Tomás Garrido Canabal, nada hay que rebatir, su accionar fue aberrante. Lo que este hombre hizo en Tabasco durante los 1930 viene a confirmar que nunca será el medio combatir el fanatismo suplantándolo con otro similar aun cuando se le cambie de nombre. Un antecedente de ello fue lo acontecido durante la Revolución Francesa en el siglo XVIII.

Escritos como el que hemos comentado en poco contribuyen al análisis objetivo de este hecho lamentable como lo fue la reyerta inútil. El ciudadano Murphy prosigue con la narrativa de que se trató de una contienda religiosa. Esa es una patraña alimentada a través del tiempo. En ningún momento se trató de eso. Hasta donde hemos revisado jamás se suscitó controversia alguna acerca de la “virginidad de María,” “la resurrección de Jesucristo al tercer día” o mucho menos sí “Dios se encuentra en el cielo, en la tierra y en todo lugar.” Lo que entonces se dio fue la reacción de la jerarquía católica, dirigida desde Roma, en contra de la creación del entonces naciente Estado Mexicano Moderno. El objetivo era retornar a los tiempos del monopolio religioso y el sometimiento de las autoridades mexicanas a los designios de quienes representaban una entidad foránea. De que el estadista Plutarco Elías Calles cometió errores en el proceso de defensa, ni duda hay. Sin embargo, de eso a decir que el único objetivo que tenia era destruir la iglesia católica es una calumnia engordada por los carentes de seso. Lo que buscaba era que la iglesia católica no interviniera en asuntos de estado y cuando cometió el error de dictar medidas que intervenían directamente en la forma en que operaba la institución religiosa, acabó por dar marcha atrás. En síntesis, “Saints and Sinners in the Cristero War.” Deja mucho que desear respecto a la objetividad con que debe de abordarse todo análisis histórico. No es posible partir de la premisa de que quienes compartan mi perspectiva son “santos” y quienes no lo hagan, automáticamente, acaban convertidos en pecadores. A los primeros les justifico todo y a los segundos les muestro cuanto aspecto negativo posean. Pero antes de concluir este comentario, y dado que se trata de un análisis sobre asuntos históricos y no de un debate sobre temas religiosos, hay algo que debemos recordarle al ciudadano James T. Murphy respecto a persecuciones por la forma en que cada uno percibe, desde su muy personal y respetable perspectiva, su relación con el Gran Arquitecto.

Es conveniente remembrar que, durante tres siglos, unos personajes con largas vestimentas llegaron por estos rumbos y, respaldados por el látigo, la espada y el hierro incandescente, primero destruyeron los símbolos que adoraban y los aborígenes que se resistían a ser sometidos a lo que los clérigos llamaban la religión única, la católica, pues tenían que pagar las consecuencias. Que conste aquí no andamos en eso de que tengan o no que ofrecerse disculpas, eso sucedió y así queda asentado. Pero esto, recordémoslo, tenía orígenes píos.

En 1478, Francesco della Rovere, el papa Sixto IV, emitió la bula papal Exigit Sincerae Devotionis Affectus, mediante la cual se estableció la inquisición en el reino de Castilla. Esto permitió que Fernando e Isabel, los llamados reyes católicos, pudieran apropiarse, en nombre de esa religión, de las riquezas pertenecientes a los judíos, moros y conversos a quienes castigaban con el cadalso por no profesar el catolicismo. Ello, sin olvidar que, en 1492, se ordenó la expulsión de los judíos de España, en donde la Inquisición, brazo ejecutor del catolicismo, operaría durante 384 años hasta 1834 cuando la reina-madre, María Cristina la desapareció. Sin embargo, eso no es todo, veamos un poco más atrás.

Veamos lo que realizó, entre 1391 y 1417, un sacerdote castellano de nombre Ferran Martínez. En el primer año mencionado, Martínez emitió ordenes a los clérigos para que en la región en donde tenía jurisdicción, se destruyeran las sinagogas. Sacerdotes en Écija, Alcalá de Guadaíra, Coria y Cantillana procedieron en consecuencia. En Sevilla, el 4 de junio de 1391, dio inicio una masacre en contra de los judíos. Se incendiaron sus templos y propiedades y dos días después un total de 4,000 practicantes del judaísmo habían perecido a manos de aquellos quienes clamaban profesar la religión verdadera. Los que pudieron salvarse tuvieron que aceptar ser bautizados. En Córdoba, todo el sector en dónde moraban los judíos fue destruido y los cuerpos inertes de 2000 de ellos fueron apilados en las calles. La lista de pueblos en los cuales judíos fueron masacrados, perseguidos o forzados a adoptar la religión católica se esparció con rapidez en España, especialmente en Toledo, Castilla, Aragón, Mallorca, Valencia y Barcelona. Al final de todo esto, un tercio de la población judía había desaparecido. Por si alguna duda teníamos de donde abrevó su perspectiva la bestia austriaca.

¿Cómo calificaría James T. Murphy a todos estos propagandistas de la fe católica enumerados en los tres párrafos previos, Santos o Pecadores? Como colofón habría que apuntar lo que el estadista mexicano Plutarco Elías Calles respondió, en aquella reunión del 21 de agosto de 1926, al obispo de Michoacán, Leopoldo Ruiz y Flores, cuando este quiso darle lecciones de historia: “Es preferible no tratar asuntos históricos, porque en la historia de nuestro país resultaría un saldo muy triste para el clero de México.”

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Añadido (1) Ante la tragedia ocurrida en París, no podemos sino suscribir lo que de manera sucinta nos comentó nuestro hermano Juan Antonio: “En Notre Dame no se incendió una iglesia, se destruyó una obra de arte”.

Añadido (2) Y el francesito Macron pronto se montó en desgracia para tratar de cubrir la ineficiencia e ineficacia con que (des)gobierna a su pueblo.

Añadido (3) En todo este asunto parisino nos quedan un par de dudas: ¿Por qué el ciudadano Jorge Mario Bergoglio Sivori, el papa Francisco, no salió a dar un pronunciamiento directo al respecto? ¿Acaso las relaciones entre los miembros de la iglesia católica en Francia y el Vaticano siguen siendo de tibias para abajo?

Añadido (4) La primera etapa del golpe de estado no les dio los resultados que esperaban. Ante ello, han iniciado la segunda. Aquí, y allá, hay varios que aún no se percatan que se trata de una guerra civil.
13 Abril 2019 04:00:00
Santos y pecadores/ A de B
Si alguien imaginó que, ante los días por venir, este pecador irredimible ha visto la luz, o que ha optado por convertirse en una especie de Girolamo Savonarola, aquel monje dominico del siglo XV-XVI, quien lanzaba anatemas a los impenitentes y alababa a los creyentes, permítanos desilusionarlo. El titulo de este artículo corresponde parcialmente al del libro “Saints and Sinners in the Cristero War. Stories of Martydorm from Mexico” (2019), aparecido bajo la firma del sacerdote católico, James T. Murphy. Nos enteramos de esta obra a través de nuestro profesor Michael S. Mayer quien, sabedor como pocos de nuestra postura acerca del tópico, nos recomendó leerla y elaborar un comentario sobre ella. Procedamos.

Para abrir boca, Murphy trata de convencernos que durante tres centurias la iglesia solamente buscó el bienestar de los aborígenes al evangelizarlos y que hasta buscaba instruirlos, lo cual únicamente vale para los asuntos de rezos y cánticos religiosos, pues a principios del siglo XIX, el noventa y ocho por ciento de la población mexicana era analfabeta. Eso sí, ni quien vaya a argüirle que en el periodo comprendido entre la mitad del siglo XVI y la del siglo XVII, se construyeron 11,800 catedrales, iglesias y capillas, una universidad y 32 colegios. Ni mucho menos vamos a discutir que nuestros ancestros hispanos buscaron amalgamar sus creencias religiosas con las de nuestros antecesores indígenas para crear un sincretismo religioso que tuvo los resultados por todos conocidos.

Por supuesto que Murphy justifica la riqueza que la iglesia amasó a lo largo de tres centurias ya que dice se dio buen uso a ella. La pregunta es: ¿En beneficio de quién? Al término de la colonia, la aplastante mayoría de la población vivía en la miseria. Para que no haya duda de por donde andan sus admiraciones, alaba a un par de personajes, Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámbula y a Antonio María de Padua Severiano López de Santa Anna y Pérez de Lebrón. Al primero porque al entronizarse como “emperador,” el obispo celebró una misa consagrada. Al segundo, porque cuando Valentín Gómez Farías (a quien no menciona por su nombre), en funciones de presidente, emitió disposiciones para poner en orden a la iglesia, el gallero regresó de Manga de Clavo y restituyó el viejo orden favorable a los clérigos. Asimismo, el sacerdote alaba que la Constitución de 1824 estableciera el monopolio religioso del catolicismo y se mantuvieran los fueros. Lo que olvida es que cuanta Constitución se promulgó entre ese año y 1856 anotaban que para poder ser ciudadano mexicano debería de profesarse la fe católica y por supuesto no podía haber ninguna otra. En igual forma, trata de justificar el contenido del Silabario de Errores (Syllabus Errorum) que, el 8 de diciembre de 1864, emitiera el ciudadano Giovanni María Mastai-Ferretti, el papa Pío IX quien, entre otras cosas, se declarara enemigo de la libertad de pensamiento y decretaba que la iglesia determinaría cuales eran los libros que pudieran o no leerse. Para nada reprocha la bendición papal, ni la intervención de la clerecía mexicana, en apoyo a la venida de Maximiliano y toda la desgracia que esto acarreó al país.

Por el simple título es fácil imaginarse que se trata de un análisis maniqueo entre los buenos y malos. Cual, si fuera un combate de lucha libre, el ciudadano Murphy divide a los personajes centrales de su obra entre los técnicos (los llama santos) y los rudos (para él son los pecadores). En el primer grupo, incluye a Anacleto González Flores, Francisco Orozco y Jiménez, Toribio Romo González y José Ramón Miguel Agustín Pro Juárez. En el bando opuesto coloca a José Telésforo Juan Nepomuceno Melchor de la Santísima Trinidad Ocampo Tapia​, Plutarco Elías Calles, José Reyes Vega y Tomas Garrido Canabal. Una vez definidos los grupos, Murphy inicia con un argumento destinado a las almas castas, indicando que el conflicto religioso dio inicio como una rebelión espontanea de un grupo de católicos rurales desorganizados. Esta afirmación se cae con un soplido.

La reyerta inútil, mejor conocida como La Cristiada, fue un movimiento que nada tuvo de espontaneo. Se fue armando a través de los años, encubierto primero por lo dispuesto en la encíclica Rerum Novarum emitida, en 1891, por Vincenzo Gioacchino Raffaele Luigi Pecci, el papa León XIII. Este documento es Don Vincenzo, de cuya capacidad intelectual no hay duda, comprendió cuan importante era que la iglesia católica se involucrara en los procesos sociales sin que aquello pareciera que aspiraba a tomar el mando político de los gobiernos. El tema es tratado por Murphy indicando que permitió revivir al catolicismo en México, incluida la celebración de un buen número de congresos católicos, durante el mandato del presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori. Sin embargo, deja de lado que en esa resucitación estuvo involucrado el contubernio entre la clerecía y los hacendados, lo cual permitió que el sometimiento continuara. Murphy indica que, en 1908, cuando Díaz anuncia que México estaba listo para un partido de oposición, los católicos estaban prestos para ello. Esto nos da la razón a quienes hemos mencionado que todas las acciones realizadas al amparo de la Rerum Novarum nada tenían de religiosas, sino que su objetivo era inminentemente político. Ejemplo de ello es que, tras constituirse, en 1911, el Partido Católico Nacional compitió con mucho éxito, en las elecciones de 1912 y consolidó sus apetitos de poder político que para el año siguiente aumentarían. Tampoco nos dice nada acerca de como en la encíclica Iniquis Afflictisque, emitida en noviembre de 1926,Ambrogio Damiano Achille Ratti, el Papa Pío XI, felicitaba e incitaba a sus fieles para irse a matar a quienes no pensaran como ellos, bueno él decía a defender sus creencias. Murphy, también, olvida lo referente a la petición que los miembros de La Liga Nacional para la Defensa Religiosa les hicieron a los obispos mexicanos a finales de noviembre para que les dieran su aprobación de ejercer la violencia contra sus adversarios. Aun cuando no hubo permiso explicito, les dijeron que todo aquel sacerdote que quisiera irse de capellán a la reyerta no tendría problema.

Pero, antes de entrar en los detalles de la obra, vale apuntar el maniqueísmo que prevalece en el escrito de Murphy. Al inicio de cada capítulo presenta la versión sobre cada personaje. Si simpatiza con él, lo victimiza o enfatiza sus virtudes. En caso contrario, emite un juicio sumario y lo condena. Este tipo de análisis indudablemente es poco objetivo y apela a las fibras sentimentales del lector, lo cual cualquier historiador que se respete no puede aceptar salvo que quiera convertirse en propagandista de un a u otra causa. El compromiso de todo aquel que incursiona en esto de la historia, independientemente que nunca negaremos que todos tenemos nuestras filias y fobias, es presentar los hechos con positivos y negativos y tras de ello fijar sus conclusiones sustentadas en datos duros y no en arrebatos propagandísticos. Pero vayamos a la narrativa de “Saints and Sinners,” de la cual en esta colaboración nos ocuparemos de los “santos” dejando para la segunda a los “pecadores.”

Buscando prender al respetable, sus lectores, Murphy recurre a una cita de Girolamo Prigione, aquel personaje quien negociara con el presidente Carlos Salinas de Gortari la reanudación de relaciones diplomáticas entre el estado vaticano y el estado mexicano, bueno también se encargaba de armar negociaciones con personajes del mundo de los negocios poco claros. Según lo que declarara, el 20 de diciembre de 1991, don Girolamo afirmaba que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos era la constitución más anticatólica del planeta. Una falacia más para sustentar argumentos dudos.

La Carta Magna de nuestro país nunca ha prohibido a nadie profesar la religión católica o la que más desee. Eso sí, determinó claramente la separación del estado y la iglesia y estableció el principio de educación laica, aun cuando hoy es letra muerta, mientras que precisaba algo que es muy sano, los eventos religiosos deben de realizarse en los sitios exprofesamente construidos para la oración. Para que no haya duda por donde va el escrito, don James nos receta una buena cantidad de justificaciones para los actos realizados por sus correligionarios a lo largo de la historia.

En el caso de Anacleto González Flores principia por narrarnos la forma en que fue ejecutado, un acto deleznable y sin excusas, lo cual hace que coincidamos con la critica que Murphy escribe al respecto. Sin embargo, páginas más adelante, resalta el hecho de que González Flores convocara a los católicos a tomar las armas e ir a ofrecer su sangre, y la de otros decimos nosotros, para dirimir las diferencias que tenían respecto a lo que la Constitución mexicana establecía en relación a los asuntos religiosos. Muy cuestionable resulta el argumento de don James, se vale invocar ir a matar o matarse cuando quien lo hace es de la simpatía del sacerdote, pero cuando otro salvaje, del bando contrario, actúa igual entonces es criticable. Ni uno, ni otro acto lo justificamos, el fanatismo solamente lleva al comportamiento bestial, independientemente de cual sea el ropaje con que se cubra. De las virtudes intelectuales del “maistro Cleto,” así recordamos que algunos lo evocaban en la Universidad Autónoma de Guadalajara, no tenemos duda alguna que las haya poseído. Sin embargo, lo que nadie puede negar es que eran obliteradas por su fanatismo religioso, lástima que no hayan sido ocupadas en causas mejores.

Cuando trata a otro de sus santos, Francisco Orozco Jiménez, nuevamente empieza por la victimización para después decirnos cuan inteligente era y que solamente buscaba defender sus creencias. Nos narra la época que pasó en Chiapas en donde lo acusan de soliviantar a los nativos en contra de la autoridad y como de ahí pasa a ser arzobispo de Guadalajara en donde se opondría a las fuerzas revolucionarias. Murphy apunta que los revolucionarios achacaban injustamente a la iglesia haber apoyado a Huerta en el asesinato de Madero, pero nunca aclara el asunto de los dineros con que la curia lo proveyó, ni el repicar de campanas al día siguiente del crimen, ni mucho menos recuerda las palabras encomiables que el sacerdote católico, Francis P. Joyce, dedicaba a su confesado Victoriano Huerta.

Y en ese ambiente fue que se dieron acciones en contra de los clérigos y le costó a Orozco ser expulsado del país. Una vez promulgada la Constitución de 1917, misma que fue repelida por el ciudadano Giacomo Paolo Giovanni Battista della Chiesa, el papa Benedicto XV, quien explícitamente indicó a los obispos mexicanos que la combatieran, un acto intervencionista de un poder extranjero en un estado soberano, lo cual Murphy evita mencionar. Asimismo, trata de hacer creer al lector que, cuando Orozco permanecía escondido al tiempo en que la reyerta inútil estaba en marcha, en nada soliviantaba a los fanáticos para que fueran y destruyeran a sus semejantes. ¿A poco vamos a creer que se encontraba en estado contemplativo?

Por razones que desconocemos, Murphy no se atreve a mencionar el nombre del padre jesuita francés creador, en 1913, de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) desde donde, juntamente con Orozco Jiménez, soliviantaba la conspiración para enfrentarse al estado mexicano. El nombre de dicho sujeto era Bernard Bergoen quien años después, insatisfecho de haber llevado tanto creyente al matadero, participó activamente en la creación de la Unión Nacional Sinarquista, la versión mexicana de los camisas cafés.

Un tercer santo lo es Toribio Romo González cuyas acciones de apoyo para que unos y otros se destrozaran en afán de dirimir diferencias ideológicas, fue motivo para que el santificador a granel, el ciudadano Karol Wojtyla, el Papa Juan Pablo II, lo elevara, junto con veinticuatro otros promotores de la reyerta inútil, a la categoría de santo. Eso, recordémoslo, sucedió en mayo del año 2000 un poco mas de un mes previo a que el ignaro con botas, de filiación jesuita-sinarquista, se alzara con el triunfo en la contienda presidencial, lo que vino a ser la derrota del Estado Mexicano moderno que naciera durante los 1910s-1920s. Pero volvamos a Toribio. Para abrir boca, el sacerdote Murphy busca presentárnoslo como el santo patrono de aquellos que ante la miseria no tienen otra opción sino largarse para irse a jugar la vida tratando de cruzar la frontera México-EUA por la vía ilegal. Ante ello, nos narra don James, estos ciudadanos optan por colocarse en un lado del calzado una fotografía con la imagen del ciudadano Romo para evitar ser mordidos por alguna víbora. Vaya alegoría, no se le ocurrió al escritor nada mejor que utilizar el símbolo del pecados según lo califican los católicos. Asimismo, nos dice que la imagen del personaje aludido también es situada por las madres de quienes se van a tratar de obtener mejores condiciones de vida a otro país, en las mochilas para que ello impida que nada malo les suceda, algo que ha tenido mucho éxito. Ante esto, no podemos dejar de preguntarnos: ¿Si el ciudadano Romo González es tan efectivo en eso de hacer milagros, porque no les consigue que su vida en nuestro país sea exitosa o acaso solo opera en medio de los desiertos de Arizona? Al igual que lo hace con los otros personajes, Murphy nos relata la vida del ciudadano Romo González ponderando sus virtudes y su fe inquebrantable en la religión católica, lo cual nada tiene de criticable. Asimismo, nos narra su vida en la clandestinidad durante la reyerta inútil ejerciendo su monasterio y, decimos nosotros, soliviantando el fanatismo en lugar de buscar como acabar aquella pendencia entre mexicanos que concluiría por llevarlo a ser ejecutado salvajemente como lo fueron tantos otros de uno y otro bando.

Para conformar el cuarteto angelical, Murphy nuevamente recurre a la victimización e inicia el capítulo dedicado a José Ramón Miguel Agustín Pro Juárez, enfocando la narrativa sobre la fotografía en donde el sacerdote jesuita aparece frente al pelotón de fusilamiento. Una vez más, apela a calificarlo de un acto atroz dado que no hubo un proceso judicial para llevarlo hasta ahí. Si lo juzgamos como un hecho aislado, pues tiene toda la razón. Sin embargo, como el propio Murphy relata en páginas más adelante, eso fue la consecuencia de una cadena de eventos suscitados al calor de una contienda en donde los dirigentes y miembros de ambos bandos quedaban en la disyuntiva de me mata o lo mato. Si bien, el escrito nos muestra las acciones que en pro de su religión realizaba Pro Juárez, las cuales siempre serán encomiables, mientras no se incite a la violencia, también nos indica como Pro organizaba a los integrantes de las ACJM para que actuaran en contra del gobierno. Aunado a ello, Murphy busca desligar a Miguel Agustín, y a su hermano Humberto, de las acciones que realizaba Luis Segura Vilchis, un malnacido nigropetense que esperamos nunca a alguno allá por el pueblo se le vaya a ocurrir glorificarlo, quien intentó asesinar al expresidente Álvaro Obregón Salido. Los hermanos Pro y el tal Segura terminarían en el paredón y hoy a toda costa, aun cuando Miguel Agustín ya se encuentra en estado de beato, no ha concluido su proceso de santificación.

Hasta aquí dejamos este comentario sobre un cuarteto de “santos” todos dispuestos a impulsar la violencia como medio para dirimir diferencias. La semana próxima revisaremos lo que el ciudadano James T. Murphy escribió sobre el otro cuarteto, el de los “pecadores.”

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Añadido (1) Los más antiguos de la comarca seguramente lo recordaran. Entre 1964 y 1965, la promotora del Olympic Auditorium de Los Ángeles, California, Aileen Eaton, decidió reinventar al boxeador Ricardo “Pajarito” Moreno. Durante ese lapso, el de Chalchihuites, Zacatecas, noqueó a 21 rivales, todos debidamente seleccionados para que el zacatecano luciera. Tras de ello, en marzo de 1966, resolvieron ponerle enfrente a un peleador de calidad mediana, el mexicoamericano Raúl Rojas. Tres rounds bastaron para exhibir que la grandeza del plumífero no era tal, había volado hacía rato. Pero como el globo aun daba para más, tres meses después los volvieron a trepar a un cuadrilátero y, en el segundo round, el ave colgó el pico. Eso le sucedió por acostumbrarse a enfrentar rivales a modo.

Añadido (2) Al observar la alineación de los Yankees de New York, plagada de jugadores mediocres, de pronto nos pareció que estábamos en la primera mitad de los años setenta.

Añadido (3) Crearon las llamadas “ciudades santuario” para que ahí puedan vivir sin problemas quienes entraron ilegalmente a los EUA. Ahora, ante la posibilidad de que les envíen ahí todos aquellos que estén bajo esa condición, protestan enojados y no quieren recibirlos. Ya no entendemos nada.
06 Abril 2019 04:00:00
La reunión entre el estadista, el embajador y el sacerdote
A lo largo de la historia, la extrema derecha ha presentado al estadista Plutarco Elías Calles como la reencarnación del mal en busca de destruir, dicen ellos, las creencias religiosas de los mexicanos. Sin embargo, tal aseveración es una de tantas consejas que venden a quienes poca atención ponen a la historia. Dado que lo nuestro es precisamente eso, hace más de una década, mientras elaborábamos primero nuestra tesis de maestría y posteriormente la disertación doctoral, nos encontramos con información a la cual poca difusión se le da pues pone en evidencia y muestra que la narrativa de los extremistas se sustenta en engañifas para convencer almas castas. En ese contexto, ocultan un episodio ocurrido hace noventa y un años, el 4 de abril de 1928, día en que el estadista mexicano y el mejor embajador que nos hayan enviado los Estados Unidos de América, Dwight Whitney Morrow, se entrevistaron con el sacerdote paulista quien era presidente del National Catholic Welfare Council, John J. Burke. Pero antes de llegar a ese punto y lo acontecido a partir de ahí, iniciemos con un breve repaso de los antecedentes.

Es de conocimiento general que, a finales de 1926, la alta jerarquía católica mexicana, con el apoyo implícito del ciudadano Ambrogio Damiano Achille Ratti, el papa Pío XI, dio inicio a la reyerta inútil, mejor conocida como La Cristiada. Primero, el 26 de julio de 1926, aprobó el contenido de la Carta Pastoral firmada por la jerarquía católica mexicana mediante la cual se ordenaba la suspensión de servicios religiosos (la engañifa dice que el Gobierno mexicano la decretó). Posteriormente, el 18 de noviembre de 1926, el mismo Pío XI emitía la encíclica Iniquis Afflictisque, en la cual refiriéndose a las diversas agrupaciones de católicos que, ya en acción plena, estaban dispuestos a ir a matar a quien disintiera de su perspectiva religiosa, les decía: “…sin entrar en detalles sobre su trabajo, con gusto deseamos llamar su atención, Hermanos Venerables, sobre un solo hecho, a saber, que todos los miembros de estas organizaciones, tanto hombres como mujeres, son tan valientes que, en lugar de huir del peligro, salen a buscarlo, e incluso se regocijan cuando les corresponde la persecución de los enemigos de la Iglesia.” Con estos antecedentes, los líderes de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa fueron a entrevistarse con el Comité Episcopal integrado por los doce obispos quienes operaban en México, el motivo era solicitarles autorización para ir a exterminar a sus semejantes, aun cuando ellos decían que era “para defender su religión a la que llamaron “libertades básicas.” Tras cuatro días de deliberaciones, el 30 de noviembre, los obispos sin dar su apoyo implícito, les dijeron no tener “facultades canónicas para asignar capellanes, aunque concedían permiso a los sacerdotes que deseaban servir a los hombres en el campo [de batalla].” Y así, bendecidos, se fueron a darle vuelo a la estupidez de matar y ser matados. En medio de todo ello, surgieron alguna voces de razón.

A finales de 1927, el presidente Calvin Coolidge decidió retirar a uno de los peores embajadores que nos hayan enviado, James Rockwell Sheffield, y nombrar en su lugar a Dwight Whitney Morrow. Este hombre, sin experiencia diplomática, pero dotado de un alto grado de pragmatismo, antes de venir a tomar posesión del encargo, se dio a la tarea de documentarse sobre México y entrevistarse con los estadounidenses que de una manera u otra estaban involucrados con los asuntos de nuestro país.

Entre los entrevistados se encontraba el sacerdote paulista John J. Burke quien como directivo del National Catholic Welfare Conference tenía una influencia importante entre los líderes religiosos estadounidenses. Sin embargo, las negociaciones no fueron fáciles, Burke tenía una opinión sesgada sobre el conflicto en México y no fue sino hasta que tuvo comunicación el arzobispo de San Francisco, Edward Joseph Hanna, que empezó a flexibilizar su actitud. En enero de 1928, se entrevistó con el subsecretario de estado, Robert Olds, y externó la posibilidad de reunirse con el Presidente mexicano. Acto seguido, Old arregló una segunda entrevista entre Burke y Morrow, la cual se, en enero de 1928, durante la Sexta Conferencia Panamericana celebrada en La Habana, Cuba. En medio del diálogo, el sacerdote solicitó al embajador que le asegurara una respuesta positiva en el caso de que solicitara una reunión con el Mandatario mexicano. Las negociaciones se mantuvieron alejadas de la luz pública, al grado de que el cónsul mexicano en New York, Arturo M. Elías, desconocía cuanto ocurría al respecto y basaba sus opiniones sobre Burke en lo que este publicara en The New York Times, el 1 de agosto de 1926, cuando cuestionó la legalidad de la Constitución de 1917 porque los autores de las leyes no habían sido elegidos por voto popular. Asimismo, describió el conflicto como una lucha entre Plutarco Elías Calles y su gobierno contra la Iglesia Católica Romana de todo el mundo. En el mismo tono aparecía, el 7 de agosto, otro escrito en el mismo diario en donde se mencionaba que “al confiscar todos los edificios utilizados como iglesias, escuelas, instituciones de beneficencia, rectorías parroquiales, etc., y negando el derecho a adquirir otros, se reduce el ejercicio del ministerio religioso a una dependencia absoluta de la clemencia de los funcionarios federales y de las aldeas, quedando el ejercicio del ministerio religioso sujeto a la tiranía de las autoridades de cada aldea en México.” Sin embargo, la secrecía no duró por mucho tiempo y las filtraciones representaron un obstáculo para las negociaciones. El mandatario mexicano al recibir la propuesta de Morrow, indicó que “en ese momento no encontraba que nada positivo pudiera generarse con una visita a México del padre Burke.” Aunado a ello, se presentó el doble juego de Pío XI quien, por un lado, autorizaba a los miembros de la jerarquía católica mexicana a negociar con el gobierno mexicano, pero por otro alentaba a los extremistas para atacar a las autoridades de nuestro país. Esto no desanimó al diplomático estadounidense.

Finalmente, en marzo de 1928, Morrow convenció al estadista Elías Calles para que se entrevistara con Burke quien vendría a México como como enviado oficial del delegado papal, el arzobispo Pietro Fumasoni-Biondi, quien estaba a cargo de los asuntos mexicanos con el Vaticano. Ante esto, el 29 de marzo, Burke escribía a Elías Calles indicándole: “he tenido información de personas, a quienes tengo razones para considerar bien informadas, que usted ha declarado que nunca ha sido su propósito destruir la identidad de la Iglesia o interferir con sus funciones espirituales, sino que, en vista de lo establecido en la Constitución y las leyes de México, su objetivo al imponer lo que en ellas se instaura ha sido, y será, evitar que los eclesiásticos se involucren en luchas políticas y, al mismo tiempo, dejarlos libres para dedicarse al bienestar de las almas.” Asimismo, Burke exploraba la posibilidad de que los clérigos pudieran regresar a ejercer su ministerio, mientras que en el futuro pudieran realizarse algunas variaciones en las leyes. Esto era un cambio radical respecto a lo que el sacerdote paulista había escrito, en agosto de 19126, en la revista Forum. En dicha pieza indicaba que “conocer las disposiciones señaladas en la Constitución mexicana, así como los actos del Gobierno mexicano y sus agentes es percatarse de que son absolutamente incompatibles con la justicia y los derechos del hombre.

Tácitamente establecen una guerra contra la religión, un esfuerzo deliberado para destruir su crecimiento; para destruir sus raíces. Toda nuestra vida ha sido una protesta contra tal iniquidad. Esto es abominable para cada individuo partidario de la equidad.” Una vez que esta percepción quedaba en el pasado, Burke, acompañado del asesor legal del NCWC, William Frederick Montavon, viajó de manera secreta a México.

El 4 de abril de 1929, bajo los muros del Castillo de San Juan de Ulua, el estadista, el embajador y el sacerdote, se reunieron durante seis horas. Entre el estadista y el sacerdote, se generó una gran empatía como sucede siempre que dos personas inteligentes están reunidas. La charla se dio en un ambiente de respeto y franqueza. El embajador Morrow informó que “[Cuando Burke le preguntó al presidente Elías Calles], ¿por qué el gobierno mantiene cerradas a las iglesias? [Elías] Calles respondió que el Gobierno mexicano nunca ha prohibido a los sacerdotes oficiar o cerrar una iglesia. Se pueden abrir mañana si los sacerdotes obedecen las leyes mexicana que exige que los miembros de todas las profesiones, incluido el clero, se registren. El problema es que su máxima autoridad, el Papa, ha prohibido a los sacerdotes acatar las leyes de México. Por lo tanto, es la Iglesia la responsable de la falta de ceremonias religiosas en México, no el gobierno.” Para Morrow, la reunión fue un éxito y apuntó que se “intercambiaron cartas las cuales de haber sido ratificadas por los superiores del padre Burke, hubieran llevado a una pronta reanudación del culto público en las iglesias y sentado las bases para una modificación posterior en lo objetable de las leyes.” Al concluir la reunión, el presidente mexicano entregó una carta al padre Burke, en la que explicaba que las leyes mexicanas no pretendían destruir la identidad de la Iglesia ni interferir con sus actividades espirituales. Elías Calles agregó que siempre estaría abierto a escuchar, sin prejuicios, cualquier queja sobre las injusticias derivadas de los excesos cometidos por quienes tratan de hacer cumplir las leyes.” Por supuesto que nada de esto forma parte de la narrativa de los extremistas de derecha, de ayer y hoy, pues de incorporarlo, se les caería todo el teatro de victimización. Al igual que esto, ocultan que al regresar Burke a los EUA, consideró conveniente, antes de enviar el comunicado con los resultados de la reunión a Roma, comentarlo con los obispos mexicanos encuevados en San Antonio, Texas. Eso fue un error craso, pues los prelados mexicanos querían la rendición del estado mexicano o nada.

No obstante, lo anterior, Burke no desmayó y buscó, mediante las intervención de Morrow, que el Presidente mexicano recibiera al obispo Leopoldo Ruiz y Flores. El estadista mexicano se mostraba renuente pues no olvidaba los ataques que el obispo había lanzado en contra del estado mexicano. A pesar de eso, el Gobierno mexicano empezó a abrir espacios para la negociación. En ese contexto, en Celaya, Guanajuato, el 15 de abril, el ministro de educación, José Manuel Puig Casauranc, pronunció un discurso invitando a los obispos a reconciliarse con las autoridades mexicanas. La jerarquía católica acogió esas palabras con beneplácito. Sin embargo, por otro lado, sus correligionarios mostrando su siempre presente piedad católica, planearon asesinar ahí mismo al expresidente Álvaro Obregón Salido. Para ese momento, Elías Calles y Morrow habían acordado que el primero recibiría a Ruiz y Flores.

Así, a mediados de mayo de 1928, Burke, Montavon acompañados de Ruiz y Flores arribaron a Laredo, Texas en donde los esperaba un vagón de ferrocarril privado que los trasladaría a la ciudad de México.

Ahí, el 17 de mayo, los representantes católicos se reunieron con el presidente mexicano en la residencia oficial ubicada en el Castillo de Chapultepec. El estado de ánimo que prevaleció durante las conversaciones prometió el comienzo de una era nueva. Algunas aclaraciones fueron necesarias al principio, pero la razón prevaleció. Al final, parecía que la conclusión del conflicto religioso estaba cerca.

Al iniciarse la reunión, el padre Burke presentó la posición de los obispos mexicanos determinada en reuniones efectuadas en San Antonio, Texas. El presidente Elías Calles respondió que no podía cumplir con esas propuestas. Aceptó que la iglesia pudiera nombrar a los sacerdotes para que fueran registrados por el gobierno. Teniendo en cuenta esa posición, el arzobispo Ruiz se expresó dispuesto a dirigir una nueva carta al presidente [Elías] Calles elaborada en términos muy similares a la escrita por el padre Burke al presidente [Elías] Calles el 29 de marzo de 1928, con la importante adición de que se hizo una referencia especial a un discurso público [ya mencionado] pronunciado por el Dr. Puig Casauranc, cuyo contenido fue muy grato la iglesia. A continuación, el arzobispo sugirió una respuesta similar a la enviada previamente por Elías Calles a Burke, “y que cuando la haya recibido la autoridad apropiada [probablemente el papa], las dos cartas deben hacerse públicas y los sacerdotes acudirán ante las autoridades correspondiente para poder regresar a sus iglesias.” Todos estuvieron de acuerdo con esa propuesta, pero los clérigos estimaron que era necesario enviar un mensaje a Roma para su aprobación final. Anticipándose a eso, el embajador Morrow había acordado con el subsecretario Olds que estuviera disponible toda la noche esperando un telegrama en caso de que las partes llegaran a algún acuerdo. Tan pronto como Olds recibió la comunicación firmada por Burke, la llevó a la oficina del delegado papal Fumasoni quien envió el mensaje a Roma y esperó una respuesta. El arzobispo Ruiz y Flores esperaba una contestación inmediata que permitiera abrir las iglesias el 27 de mayo para celebrar la fiesta de Pentecostés. Nadie en México esperaba una demora en la respuesta de las oficinas de la Santa Sede. Lo que sucedió a continuación representó un serio revés.

Los negociadores de la Iglesia, Burke, Ruiz y Flores, y Montavon permanecieron en México hasta que llegó la contestación oficial de Roma. Cuando llegó la noticia, recibieron la orden para regresar a Washington y que el arzobispo Ruiz y Flores procediera inmediatamente a Roma. El padre Burke fue destituido como negociador del acuerdo, algo que no sabía en el momento en que abandonó México o cuando dirigió una carta al presidente Elías Calles en la que expresó su intención de ir a Roma y abogar personalmente por evitar cualquier retraso en la materia. En su camino a Roma, el arzobispo Ruiz y Flores reveló el propósito de su viaje en una entrevista en París. Enfatizó que “la reconciliación entre la iglesia y el estado en México puede efectuarse pronto, a través de la intercesión papal.” Esa declaración empeoró la situación en México provocando el enojo del gobierno mexicano, aun cuando en notas que Ruiz Flores envió a Burke, el prelado mexicano argumentó que sus palabras habían sido mal interpretadas. Además del problema generado por el comunicado de prensa, unos días antes, los miembros de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa habían enviado un telegrama al papa indicando el que rechazaban cualquier posible acuerdo para poner fin al conflicto. El telegrama influyó en la actitud del papa. Las negociaciones alcanzaron un punto en el que una solución favorable parecía poco probable en un futuro próximo. La curia en Roma creía que demorar una decisión final les permitiría obtener mejores condiciones en futuras negociaciones con Álvaro Obregón, el posible futuro presidente de México.

Tras de que Obregón obtuvo el triunfo en las urnas, el 1 de julio, dieciséis días más tarde, sería asesinado con un revolver bendecido por el sacerdote José Jiménez quien así absolvía de su felonía a un católico fanático de nombre José de León Toral. Tras de ello, para finales de junio, el Papa había llegado a creer que algunos católicos y sacerdotes mexicanos ya no operaban sobre una base religiosa al adoptar una actitud política extremista e inflexible, que representaba un juego de no ganar. El Papa decidió colocar a personas que creía que tenían mentes más abiertas a cargo de las negociaciones y encomendó las mismas al vicepresidente de la Universidad de Georgetown, el padre jesuita Edmund Walsh, el mismo a quien años después tendrían que agradecerle haber creado esa cruzada tan pía que fue el llamado “macartismo. Un jesuita, Bernard Bergoen, desde principios de siglo XX instrumentó lo que concluiría en la reyerta inútil, y pues otro miembro de esa orden cerraría el ciclo. Un año más de sangre derramada inútilmente por miles habría de trascurrir antes de que Pío XI decidiera concluir el problema mexicano. Eso no podía ser previo a cerrar el trato con su favorito de aquellos días, el duce Benito Mussolini con quien firmaría, el 11 de febrero de 1929 los Tratados de Letrán. Cuando finalmente, el 29 de junio de 1929, se firma el Modus Vivendi en México, se hace bajo los términos que más de un año antes habían acordado el estadista, el diplomático y el sacerdote, una tercia de seres pensantes y pragmáticos alejados del fanatismo.
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Añadido (1) Mientras el CEO de la multinacional más antigua fracasa en sus gestiones para encontrar un resort en donde vaya a descansar su exprotegido venezolano, algunos agentes de ventas de la empresa exhiben comportamientos propios de la Edad Media y los tiempos de la bestia austriaca. En Polonia, se dieron a la tarea de quemar libros de Harry Potter para “limpiar hogares de fuerzas malignas.”

Añadido (2) Ante la actitud de varios que, por sus rasgos, deducimos se trata de mestizos al igual que lo somos la mayoría abrumadora de los mexicanos, nos preguntamos: ¿Qué procedimiento científico avanzado van a utilizar para realizar el proceso de purificación de genes que les permita separar lo hispano de lo indígena?

Añadido (3) Al observar la foto del ignaro con botas en pijamas, no pudimos sustraernos a recordar lo que Zócalo publicó el sábado 10 de junio de 2000, en cuyo cabezal se leía: “Considera desquiciado al candidato presidencial. Lo peor un triunfo de Fox, dice Rafael Villarreal.”
30 Marzo 2019 04:00:00
Don Rafael, un recuerdo a cinco años de distancia
A lo largo de la semana intenté, una disculpa por utilizar la primera persona del singular, una y otra vez, al sentarme frente a la computadora, pasaban los minutos mientras la hoja seguía en blanco. Aquí estoy, es la mañana del 29 de marzo, inmerso en el recuerdo de lo acontecido hace cinco años, en 2014, cuando, en esta fecha, don Rafael Villarreal Martínez partió para acudir puntual a la cita que tenía concertada, al declinar del sol de ese día, con el Gran Arquitecto. En ese contexto, solicito su venia a usted, lector amable, para presentarle una semblanza-recuerdo breve de un hombre graduado en la universidad de la vida quien, poseedor de virtudes y defectos, nunca pretendió investirse con falsos aromas de santidad.

Durante su infancia, a don Rafael le tocó vivir aquel Piedras Negras que era un pueblo y del que únicamente nos enteramos por sus relatos y las fotografías. Fue testigo de la incipiente trasformación y de como la Plaza Juárez, en donde trascurrían sus juegos infantiles, se convertía, gracias a la visión del profesor Fausto Zeferino Martínez Morantes, en un centro educativo que transformaría la vida de la Región Norte de Coahuila, y que ahora es la sede de la Universidad Autónoma de Piedras Negras. Al momento que la ciudad sufría las consecuencias del desmantelamiento ferrocarrilero, junto con su familia, tuvo que trasladarse a Monterrey, con los ojos de infante don Rafael fue testigo de los estragos causados por la revuelta encabezada por Gonzalo Escobar quien, con varios más, pretendía detener el nacimiento del estado mexicano moderno encabezado por el estadista Plutarco Elías Calles.

A edad temprana, las circunstancias familiares lo obligan a abandonar la escuela y con ello dejar en el olvido sus sueños de, algún día, convertirse en médico. Con todo el ímpetu juvenil, inicia sus actividades en Trueba y Elosua, en donde en poco tiempo empieza a hacerse notar y el éxito le llega de manera rápida sin que tuviera la madurez y la preparación profesional requeridas para manejarlo. Más pronto que tarde, entre intrigas y falta de experiencia, pagaría el precio hasta enfrentar la debacle. A partir de ahí, durante las tres décadas siguientes habría de realizar todo tipo de trabajos para ganarse la vida honestamente. Incluido estuvo el exilio laboral en el extranjero en donde por temporadas largas se apartaba de nosotros. Durante mi infancia-juventud muchas veces, al verlo llegar exhausto, tras de la jornada laboral, me pregunté como era posible que mantuviera esa determinación férrea de que la cosas habrían de cambiar para bien, claro que en ello mucho tenía que ver mi madre, doña Estela Ríos Schroeder, poseedora de un carácter a prueba de todo quien lo impulsaba a que se involucrara en otras actividades distintas a la representaba la fuente del sustento familiar.

A mitad de la década de los 1950, don Rafael se inicia en la prensa en las páginas del semanario El Bravo editado en Piedras Negras, Coahuila. Ahí, se convierte en el creador de la crónica deportiva en su pueblo. Algo tendrían sus escritos que, en 1955, Alejandro Aguilar Reyes “Fray Nano”, director del diario La Afición, el primero en su género en México, opinó respecto a la columna que publicaba señalando: “...Sinceramente lo felicito por ella. Tiene agilidad y variedad; está escrita en el lenguaje claro y sencillo que requiere el periodismo moderno y campean en las líneas, el deseo de ayudar al deporte, su mejoría y desarrollo, que son las normas bajo las cuales se fundó la “La Afición” y por fortuna ha podido mantenerlas en casi cuarto de siglo que ya tiene de vida...” Posteriormente colaboraría en los diarios La Voz del Norte, editada en Piedras Negras, y sería corresponsal de El Día originado en Monclova, Coahuila. Pero sus actividades no se quedaban únicamente en palabras, las transformaba, antes y después, en acciones.

Enamorado de los deportes, pero consciente de no poseer facultades para destacar en la práctica de los mismos, procedió a incursionar en la organización. A mediados de los 1940, aparte de armar un equipo de béisbol, Trueba y Elosua, cuyo objetivo primario era permitir que su hermano Manuel Francisco, él si dotado de habilidades deportivas bastas, pudiera participar, de manera conjunta con José Ángel Cerda, Óscar González y Alfredo Aguado, procedieron a organizar una liga de béisbol. Tiempo después, durante la primera mitad de los 1950, en unión de Ricardo Zulaica, Francisco Vielma, Roberto Rosales, Reinaldo González y Timoteo González, creó la Liga Otoñal de Béisbol de Piedras Negras. Sin embargo, había otro deporte que despertaba un interés especial en don Rafael, el basquetbol. Esa actividad deportiva la conocía como aficionado desde su infancia y para los inicios de la segunda mitad de la década de los 1950, estaba prácticamente extinguida en la ciudad. Sin embargo, un grupo de románticos del deporte integrado por José Cruz Castellanos Garza, Víctor Manuel Rueda, Matías Mendoza Perea, Timoteo González, Salvador Humberto Ramírez Nevárez, Jesús Maldonado Rebollosa, Roberto Rosales, Fidel Castillo, Antonio González Ríos y don Rafael decidieron que lo sacarían del marasmo y pusieron manos a la obra. A través de su columna semanal en El Bravo, don Rafael empezó a promover la idea de crear una Liga Municipal, al tiempo que con los otros integrantes del grupo instrumentaban acciones al respecto. Ninguno de ellos buscaba obtener beneficio pecuniario alguno, lo hacían por simple amor al deporte, como agradecimiento a su pueblo y porque estaban convencidos de que había que crear espacios para el desarrollo físico de la juventud. Con el trascurrir de los años, los frutos se vieron al lograr que, durante los 1960 e inicios de los 1970, el llamado deporte ráfaga se convirtiera en el favorito de la afición nigropetrense que llenaba primero las gradas de la llamada Cancha de los Bomberos y más tarde el gimnasio municipal.

Aparte de su pasión por los deportes, don Rafael era un lector ávido. Dos eran sus temas favoritos, uno era la tauromaquia. Sin embargo, en el caso de esta expresión cultural, alguna vez quiso ir más allá de la simple afición por revisar textos, incursionando en tres ocasiones en ella. Una como espontaneo con resultados positivos a la hora de “echar capote,” pero sin poder evitar las consecuencias que ello siempre arrastra. La segunda, mediante la participación en un festival en donde cortó los apéndices y la tercera en donde una vaquilla lo prendió ocasionando que se convenciera de que mejor era observar la plasticidad de otros desde la tribuna o bien deleitarse con la lectura sobre el tema.

Por lo que concierne a la historia, sus dos temas favoritos eran la Reforma y la Revolución Mexicana. Poseía una admiración especial por la grandeza del estadista Benito Pablo Juárez García y el presidente Venustiano Carranza Garza. Muchas fueron las horas que platiqué con él acerca de estos dos personajes. Asimismo, entre los políticos coahuilenses a quien tuvo oportunidad de conocer, destacan dos de los tres mejores gobernadores que ha tenido Coahuila en toda su historia. A uno de ellos, el coahuilense más ilustre del México posrevolucionario, Manuel Pérez Treviño. Don Rafael era un niño cuando su padre don Rafael Villarreal Guerra quien era colaborador del general, se lo presentó. La impresión que el político coahuilense le dejó nunca la olvidó y, sobre él, siempre nos proveyó con comentarios en los que destacaban el gran sentido humano que lo caracterizaba y la capacidad administrativa que poseía. En ese contexto, don Rafael daría inicio, en 2005, al proceso de rescate histórico de la figura del general. El segundo, era el gobernador Óscar Flores Tapia a quien admiraba por haber sido capaz de superar todos los obstáculos para convertirse en el gran transformador del estado durante la era moderna. Como muestra del respeto y la estimación que por él sentía, está el contenido de la entrevista realizada a don Rafael, la cual apareció publicada en Zócalo en julio de 1989, con motivo del fallecimiento del gobernador Flores Tapia.

Cuando exilio laboral terminó y, en 1979, don Rafael tuvo oportunidad de agradecerle a su pueblo, Piedras Negras Coahuila haber nacido ahí, lo hizo con toda intensidad y profesionalismo. Al recibir la encomienda de encargarse del manejo de las finanzas de la ciudad no pudo encontrar un panorama peor. El presupuesto apenas llegaba a los 27 millones de pesos y la dependencia era un desastre administrativo y financiero. La confianza en las autoridades hacía tiempo que había abandonado la estancia en ese sitio. No era sujeta de crédito y fue necesario anteponer los bienes familiares para poder obtenerlo, algo que la ciudadanía desconocía, pero aquello no era un asunto de publicitarlo, sino de obtener resultados. La labor fue intensa. Para empezar, abrió las puertas de su oficina a cuanto contribuyente quisiera ir a tratar un asunto con él. Firme creyente en la pujanza de la juventud dio acceso a una nueva generación de personal que atendía a los causantes. Consciente de las limitantes de sus conocimientos, acudió a Rodolfo Fernández González y Manuel Neavez Ríos para instalar y modernizar los sistemas de operación y logró que la tesorería de Piedras Negras se convirtiera en la primera en el estado, y la segunda en el país, que operara bajo un sistema computacional, lo cual ocurrió en enero de 1980. Aunado a ello, contó con otro par de colaboradores, Horacio Chávez Zapata y Juan Martínez, quienes desarrollaban una labor importante para invitar a los causantes a cumplir con lo establecido en la normas del municipio. Asimismo, recurrió a la asesoría jurídica de Humberto Villarreal Rodríguez para solventar las situaciones que demandaban acciones en esos terrenos. Pero a la hora de administrar los recursos, no todos eran generados vía la captación directa, una buena cantidad se logró obtener mediante la actividad que realizaba Osvaldo Villarreal Valdez quien, con su prestigio personal, lograba convencer a miembros de la sociedad civil que tomaran parte en las llamadas obras por cooperación en donde municipio y particulares aportaban cantidades similares que se traducían en obras y beneficios para la comunidad. En ese contexto, se dio la construcción del auditorio, al que se llamaría Santiago V. González, cuyo costo fue de 90 millones de pesos, de los cuales este ciudadano aportó un millón de pesos y el municipio hubo de obtener el monto restante cuya administración pasaba por el manejo que de esos recursos hiciera don Rafael. En 1981, cuando concluyó su encargo, el presupuesto había crecido en más de 1000 por ciento hasta llegar a casi 300 millones de pesos, dejando únicamente una deuda de largo plazo contratada con Banobras que rondaba los 30 millones de pesos. Es importante recordar que, entre 1979 y 1981, la inflación acumulada no rebasó el 30 por ciento.

Tras de concluir su encargo, a nivel municipal pasa a colaborar en la Tesorería General el Estado de Coahuila en donde continúa mostrando que en eso del manejo de los recursos públicos no hay que andar dando discursos sino actuar acorde con la pulcritud que demanda la administración de los bienes públicos.

Cuando, en marzo de 1982, se aproximaba la visita del candidato presidencial del PRI, Miguel de la Madrid Hurtado, a Coahuila, la situación que se vivía en La Laguna era muy complicada. El gobernador, José de las Fuentes Rodríguez, consciente de que era su responsabilidad mantener la civilidad en todos los eventos políticos que acontecieran en su estado, envió a Rodrigo Sarmiento Valtier y a Arturo de las Fuentes Hernández para que se encargaran de que aquello se desarrollara dentro de los límites de la convivencia pacífica. Sin embargo, los procedimientos poco ortodoxos de Sarmiento chocaron con la postura de Arturo y todo pintaba para ponerse peor. El gobernador decidió regresar a ambos a Saltillo y tras hacer una evaluación rápida, decidió que don Rafael se encargara de ir a recomponer aquello. Algunos de los malquerientes de este ya se imaginaban que fracasaría, poco lo conocían. Don Rafael llegó y, sin boatos, se puso a trabajar. Cuando el candidato presidencial llegó, el evento fue un éxito y ningún incidente se suscitó. Algo muy distinto a lo que acontecería seis años más tarde cuando el candidato Carlos Salinas de Gortari vivió momentos difíciles en su visita por esa región, nadie había realizado el trabajo político requerido. De porque don Rafael no escaló mayores niveles en la actividad política hay solamente una explicación, prefirió sufrir las consecuencias de ser traicionado, pero nunca ingresar al grupo de los renegados. Al dejar la práctica de la política activa, se dedicó a repasar sus vivencias.

Durante muchos años escuchamos en la familia los relatos de don Rafael acerca de la historia del pueblo, esa que acontece día con día. Una y otra vez, le insistíamos en que debería dejarla asentada en un escrito. No fue sino hasta 2005 cuando apareció publicado su primer libro “Piedras Negras, Destino y Origen. 80 años, una narración para mis nietos. En ese volumen relata como cuatro familias provenientes de diversos puntos de la geografía del país convergieron en Piedras Negras para dar origen a una familia, la nuestra. Con ese marco, rememora la vida del pueblo a lo largo del siglo XX. Si bien el escrito tuvo una aceptación excelente y los bien intencionados le hicieron ver un par de imprecisiones, no faltaron los comentarios de algunos tratando de desacreditarlo. Como respuesta cinco años mas tarde, en 2010, don Rafael daba a conocer un segundo libro sobre la historia de su pueblo, titulado “Piedras Negras, Destino y Origen. Personajes, Sitios y Recuerdos.” En este volumen deja su núcleo íntimo y sale a la calle, captura los personajes, describe los sitios y evoca los recuerdos de la ciudad.

Era obvio que para algunos resultaba incómodo que un graduado de la universidad de la vida, sin pretender asumirse como historiador de nada, sino un narrador simple, se hubiese atrevido a publicar un par de libros relatando, algo que nadie había hecho antes, la historia del pueblo rescatando con ello la memoria de personajes del día con día pertenecientes a condiciones sociales, económicas y políticas diversas. Esos incomodados de variopinta trataron de minimizar lo realizado por don Rafael. Sería el 8 de enero de 2014 cuando el entonces presidente municipal de Piedras Negras, Fernando Purón Johnston, procedió a reconocerle la aportación importante que había realizado don Rafael para recuperar la memoria histórica de su pueblo y lo nombró miembro del Consejo para la Investigación, Conservación y Promoción de la Historia, Cultura y Tradiciones de Piedras Negras. No obstante que don Rafael no pasaba por los mejores momentos en lo concerniente a su salud, aquello le hizo recobrar bríos y empezó a planear una serie de eventos para reconocer a personajes diversos en la vida nigropetrense, lo cual enfrentó el obstáculo de una burócrata de ocasión. A la par, concluyó las correcciones y adiciones a la segunda edición de su primera obra. Además, dio inicio al bosquejo de lo que podría haber sido su tercer libro. En medio de todo ello, sábado a sábado, en su programa matutino transmitido por la estación radiofónica XEMU, Juventino Botello daba lectura a pasajes de “Personajes, Sitios y Recuerdos.” Sin embargo, tras de acudir, el 19 de febrero, a la ceremonia del día del Ejército Nacional, los males de don Rafael se agudizaron y tuvo que poner un alto a sus planes. Aquí, cabe recordar lo que don Rafael le mencionara a Fernando, al decirle que la primera oportunidad para tener éxito en la vida se la dio Ramón Purón Dosal, abuelo del edil nigropetrense, y que era él, Fernando, quien se encargaba de cerrar el ciclo al realizarle aquel reconocimiento que sería el último.

Esta ha sido una semblanza de un hombre a quien el éxito le llegó muy temprano y la falta de preparación profesional le revirtió las circunstancias ante lo cual tuvo que rehacer el camino en un cuesta arriba constante. Un hombre quien creara la crónica deportiva en la prensa de su pueblo. Un hombre quien creía en la juventud y que ayudó a la formación de un par de generaciones vía la promoción del deporte, el béisbol y el basquetbol, llevando este último a vivir los mejores años nunca vistos antes, ni después en su pueblo. Un hombre que transformó, mediante capacidad administrativa, utilización de la tecnología moderna y honestidad, el manejo de los recursos públicos en el gobierno de su pueblo. Un hombre quien siempre fue congruente con su postura política y jamás renegó del orgullo que sentía por ser miembro del Partido Revolucionario Institucional. Un hombre quien, a pesar de no haber cursado niveles altos en el proceso de instrucción formal, estaba convencido de que la educación de calidad marca diferencias en el ser humano. Un hombre quien nunca quiso impostar lo que no era, pero fue capaz de regalarle a sus coterráneos un par de libros en donde les narra lo que fue la vida en su pueblo a lo largo de 85 años. Un hombre quien podía ver a todos de frente y a los ojos. Un hombre con virtudes y defectos quien jamás trató de aparecer envuelto en aromas de santidad. Un hombre quien sentía era un honor haber nacido en Piedras Negras, Coahuila, a la cual le profesaba un cariño inmenso. Un hombre amante de su familia, la que formó con doña Estela Ríos Schroeder, y que aportó a la sociedad seres de bien, comprometidos con las causas mejores. Un hombre de quien me enorgullezco haya sido mi padre. Un hombre a quien, al final de sus días, al momento que otros lo abordaban, lo hacían llamándolo DON RAFAEL VILLARREAL MARTÍNEZ.

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23 Marzo 2019 04:00:00
Los comunicados del estadista Juárez García con la jerarquía eclesiástica
Un par de días atrás, el 21 de marzo, los Juaristas celebramos el aniversario número 213 del nacimiento del estadista Benito Pablo Juárez García a quien debemos que un puñado de feudos se convirtiera en una nación tras de echar fuera al barbirrubio europeo. A la par de ello, fue capaz de concretar la separación real del estado y la iglesia católica. En ese contexto, repasaremos los comunicados que intercambió con la alta jerarquía católica de México, en su carácter de ministro de justicia y negocios eclesiásticos, respecto a la Ley de Administración de Justicia Orgánica de los Tribunales de la Nación, del Distrito y Territorios, conocida bajo el nombre de Ley Juárez.

Bajo la recomendación que nos dieran nuestros profesores de historia, “cuando recurras a otras fuentes debes de mencionarlas, de no hacerlo te convertirás en un plagiario,” hemos de mencionar que nuestros comentarios tienen como fuente documental la obra de Jorge Leonidas Tamayo Castillejos, “Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia.” Procedamos al tema que abordaremos en esta colaboración.

El 24 de octubre de 1855, un abogado poblano, quien años después sería asignado para defender a Maximiliano, Rafael Martínez De La Torre, escribía al gobernador de Guanajuato, Manuel Doblado Partida, comentándole acerca de los nombramientos en el gobierno interino encabezado por el general Juan Nepomuceno Álvarez Hurtado, así como la expectativa de que pronto se emitirían reformas que tendrían que ver con el ejército, el clero y los empleados. Asimismo, Martínez apuntaba haber “hablado con el Sr. Juárez; me pareció un hombre bastante circunspecto y, si hemos de creer a su conversación vaga y general, no nos dará muchas leyes, sino las puramente precisas y consultando siempre al interés general, sin marcar en sus disposiciones el espíritu de partido que tan fuerte ha sido para nuestra pobre Patria.” En ese momento Juárez, tras doce días al frente del Ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos, ya había renunciado al cargo. Sin embargo, el presidente Álvarez Hurtado logró convencerlo de que desistiera. Desde esa posición, Juárez presentó al mandatario el proyecto de la ley que, posteriormente, se identificaría bajo su nombre, misma que fue expedida el 22 de noviembre de 1855. En el proceso de elaboración, Juárez contó con el apoyo de un par de paisanos, Manuel Dublán Fernández de Varela e Ignacio Mariscal Fagoaga. Este texto legal habría de cimbrar las estructuras del país al eliminar el fuero de un sector privilegiado, el clero y las órdenes religiosas.

Tres fueron los artículos, dos de las disposiciones generales y uno de los transitorios, de la Ley Juárez que habrían de generar el desasosiego entre los miembros de la alta jerarquía católica mexicana quien, en el proceso por defender canonjías, acabaron por mostrar lo que eran. Pero antes de ir al intercambio de misivas, trascribamos el contenido de los artículos de la Ley Juárez que generaron el diferendo.

En el artículo 42 de la ley mencionada, se lee: “Se suprimen los tribunales especiales con excepción de los eclesiásticos y los militares. Los tribunales eclesiásticos cesaran de conocer en los negocios civiles y continuaran conociendo de los delitos comunes de los individuos de su fuero, mientras se expide una ley que arregle este punto. Los tribunales militares cesarán también de conocer de los negocios civiles y conocerán tan solo de los delitos puramente militares o mixtos de los individuos sujetos al fuero de guerra. Las disposiciones que comprende este articulo son generales para toda la República y los Estados no podrán variarlas y modificarlas.”

El artículo 44 era más corto y establecía que: “El fuero eclesiástico en los delitos comunes, es renunciable.”

Respecto al contenido al artículo 4º transitorio, a la letra apuntaba: “Los tribunales militares pasarán igualmente a los jueces ordinarios respectivos, los negocios civiles y causas criminales sobre delitos comunes, lo mismo harán los tribunales eclesiásticos con los negocios civiles en que cesa su jurisdicción.”

Dos días después de que fuera expedida la Ley Juárez, su autor se la envió al nativo del Valle del Pilón (hoy Montemorelos), Nuevo León quien se desempeñaba como arzobispo de México, José Lázaro De La Garza y Ballesteros. Le indicaba que el documento remitido era para su cumplimiento y que lo comunicara “a los tribunales episcopales de su obispado para el mismo objeto.” Al día siguiente, el ciudadano De La Garza respondió de que dada la gravedad de lo contenido en “los artículos 42, 44 de la ley y el 4º de los transitorios, debo antes de contestar, debo de oír a mi ilustrísimo y venerable Cabildo…” tras de que los integrantes del cabildo mencionado, Manuel Moreno y Jove, José María Covarrubias, Salvador Zedillo y José Miguel Zurita respondieron que el contenido de los artículos referidos atentaba en contra de los derechos de la iglesia y a los cánones sagrados, el arzobispo remitió su respuesta al entonces ministro Juárez. En ella, le decía que eso del privilegio del fuero era algo que ‘ha estado vigente y han disfrutado de él todas las iglesias de la república desde que se fundaron…que las leyes de la Iglesia prohíben que de grado o por fuerza consienta alguno de la privación del fuero…” Además, le decía que durante su “consagración [juró] guardar estos mismos principios o disposiciones generales de la Iglesia.” Tras de eso e interpelar el contenido de los artículos arriba referidos, mencionaba que enviarían el asunto a consideración del papa de quien esperarían la opinión respectiva, repitiendo que antes no harían nada que contraviniera las leyes de la iglesia. Por supuesto que ahí no terminaría el intercambio epistolar, el futuro estadista mexicano tenía la gran ventaja de conocer de primera mano lo que eran los eclesiásticos y no iba a intimidarse ante cura u arzobispo alguno.

En la contestación, Juárez establecía que la ley nada tenía que ver con asuntos de religión, sino que está enfocada exclusivamente a los de administración de justicia ya que “en ella no ha hecho otra cosa que restablecer en la sociedad la igualdad de derechos y consideraciones, desnivelada por gracia de los soberanos…” Pero para ese momento los tiempos ya eran otros y “la autoridad suprema, al retirar las gracias o privilegios que alguna vez concede, usa de un derecho legítimo que nadie le es licito desconocer y mucho menos enervar.” Acto seguido, lo invitaba a que recordara “el origen del fuero y, penetrado de esa verdad, no encontrara motivo para que el Soberano [el presidente] ocurra al Sumo Pontífice y acuerde y combine con Su Santidad un punto que es de su libre atribución, y respecto del cual no reconoce en la tierra superior alguno.” Además de conminarlo a coadyuvar en el cumplimiento de la ley, Juárez García le recordaba a De La Garza Ballesteros que “las consecuencias del desobedecimiento de la ley serán de su exclusiva responsabilidad…” tras de que, el 1 de diciembre, el arzobispo le reitero al ministro que el objetivo de que el “asunto pasase a nuestro Santísimo Padre el Romano Pontífice, no [es] con el fin de sujetar a su jurisdicción la de la Nación, sino con el de que si lo tuviese a bien, me diese la libertad que no tengo, de prescindir de la leyes insinuadas y del juramento que digo; libertad que ningún otro puede darme, ni tomármela yo.” Ninguna duda de que este neolonés anteponía a los intereses de su patria los de una jurisdicción externa. Para que no hubiera duda de por donde andaban sus lealtades, el 4 de diciembre, el arzobispo insistió en que al someter nuestras leyes a la aprobación del líder de una organización multinacional [este es un calificativo nuestro], “en nada se degradara con esto la dignidad de la Nación, antes bien, dará ésta un testimonio de que observa para con la Santa Sede la consideración que se merece [y preguntamos nosotros ¿en función de qué?] y de que son sinceras sus miras de que todo se haga entre nosotros con la tranquilidad y calma que es de desearse reine en todas las clases de la sociedad.” Al hermano de José María de Jesús Parás y Ballesteros, aquel quien fuera el primer gobernador constitucional de Nuevo León, solamente le faltó solicitar al abogado oaxaqueño que se arrodillara y pidiera perdón por andar soliviantando las buenas costumbres. Pero las cosas no paraban ahí, el arzobispo de México ya había puesto en tono similar a varios más de sus colegas.

El obispo de San Luis Potosí, Pedro Barajas y Moreno, se dirigió al ministro Juárez García en respuesta al comunicado que este le remitió. El ciudadano Barajas señalaba: “Sé que debo obedecer a la autoridad, no solo por el temor de desagradarle, sin o por la conciencia, pues el que resiste a la potestad resiste a la ordenación de Dios; pero también sé que es menester obedecer a Dios antes que a los hombres; así es que cuando la Ley civil manda alguna cosa contraria a los deberes religiosos de un obispo, no puede éste sencillamente prestarle su obediencia, sin hacer traición a sus deberes para con Dios.” Tras de utilizar argumentos similares a los empleados por De La Garza en lo concerniente a los artículos 42 y 44, así como el 4º transitorio, terminaba, como dirían el pueblo, ‘dando coba,’ al ministro Juárez diciéndole que esperaba interpusiera “su respetable influjo con S(u). E(xcelencia). [en este caso el presidente Álvarez], cuyo catolicismo es tan notorio, a fin de que se digne libertar a la iglesia de quien es hijo, lo mismo que V(uestra). E(xcelencia) de la amargura que le ocupa por las prevenciones de esta Ley, que sin acuerdo de la Silla apostólica despojan al clero del fuero que ha tenido por largos siglos [y, decimos nosotros, les permitió cometer tropelía y media cobijándose bajo el manto del Gran Arquitecto]. Las cosas no paraban ahí, faltaba que un par más de prelados expresaran su inconformidad al ministro Juárez García.

El primero fue el obispo de Guadalajara, Pedro Espinosa y Dávalos, quien, el 7 de diciembre trasmitió una carta larga como respuesta a la indicación de que procediera a cumplir con la ley. Invocaba que, desde los primeros siglos de la era cristiana, los soberanos otorgaron privilegios a los sacerdotes para que gozaran de inmunidades y privilegios. En función de ello, decía el ciudadano Espinosa, “la veneración a los sacerdotes es una consecuencia del aprecio y el respeto a la religión…la honra que al tributa al sacerdocio ha sido en todo tiempo el principal apoyo de todas la religiones; que mientras se ha tributado honor a los sacerdotes, en esa misma proporción se ha apreciado el culto divino; que despreciados aquellos, se menosprecia a éste, a lo que se sigue el ateísmo y la anarquía.” Eso es una falacia, ni ayer, ni hoy, la forma en que cada uno tenga su relación con el Gran Arquitecto nada tiene que ver con andar de genuflexo con aquel que tiene como modus vivendi el decirse su representante ante nosotros. Entonces, en aquel diciembre de 1855, el obispo de Guadalajara mostraba que su preocupación real era la aparición de la competencia en el negocio que le surgió desde la mitad del siglo XVI, cuando “Lutero se propuso combatir, con el objeto de aniquilar, si posible fuera, el catolicismo: por eso quería que los príncipes revocasen la libertad dad a las personas y cosas eclesiásticas. Propagándose las doctrinas y las máximas de este heresiarca, natural era que en todos los pueblos que las adoptaron despareciese la inmunidad del clero.” Asimismo, indicaba que en los pueblos donde se habían introducido “los falsos principios del protestantismo…, se ha debilitado en ellos el amor y el respeto a la verdadera Iglesia de Jesucristo…” O, para decirlo en términos llanos, habían dejado de percibir utilidades. Pero no paraba ahí, igual que su colega Barajas, Espinosa recurría a la muletilla del catolicismo del presidente Álvarez y de que no agraviaría a la religión con actos de ese tipo, le restregaba con que, en el Concilio de Trento celebrado entre 1545 y 1563, se recomendó la inmunidad eclesiástica la cual decía, el prelado, “se conserva perpetuamente salva y segura de cualquier impedimento.” Acto seguido, le comentaba que era obligación de los gobernantes restituir todos sus derechos a la iglesia y vigilar que sus vasallos observaran de manera obligatoria respeto al clero.” Párrafos después, el ciudadano Espinosa mencionaba que no dudaba que el presidente Álvarez habría de mandar al papa la ley en discusión para que este “acordase lo que convenga sobre el particular.” Argüía que el CEO de la multinacional más antigua poseía el derecho divino para determinar si un país soberano podía o no establecer sus leyes. Para que no quedara duda alguna de como sentía que ellos por haber cursado la carrera eclesiástica y desempeñar la profesión de sacerdotes eran superiores al resto de los mortales y por supuesto estaban por encima de los gobiernos civiles, el ciudadano Espinosa apuntaba que: “mi silencio seria un crimen a los ojos de Dios…no busco ni debo hallar cuando se trata de los derechos de la Iglesia, de unos privilegios, que cualquiera que sea su origen, han sido acordados a una sociedad [¿anónima?] soberana e independiente, y por lo mismo son de una esfera eminente y no están sujetos a las comunes reglas de los privilegios.” ¿Así o con una soberbia mayor? Y de aquí pasamos al cuarto inconforme.

El 8 de diciembre, el obispo de Michoacán, Clemente de Jesús Munguía y Núñez, procedió a responder al ministro Juárez mencionado que la contestación previa que este dio al requerimiento del 30 de noviembre enviado por Munguía para que se suspendiera la ejecución de la Ley en tanto no fuera sometida al papa. En aquella misiva, el obispo michoacano indicaba que: “me atrevo a esperar que tomando en su alta consideración la gravedad suma y las trascendencias incalculables de este negocio, hará presente a nuestro Santísimo Padre [Giovanni Maria Mastai-Ferretti, el papa Pío IX] cuando estime conveniente para su final resolución y mandará suspender entre tanto los efectos de los artículos [42, 44, y 4º transitorio].” Acto seguido, escribía que ese oficio “no es una solicitud, sino una protesta…” Al igual que lo hiciera la tercia de obispos que ya se había manifestado, invocaba que las disposiciones de la iglesia católica estaban por encima de aquellas que emanaran del fuero civil y por lo tanto no estaba dispuesto a cumplir ni con la Ley Juárez, ni con ninguna otra que no fuera del agrado de las autoridades eclesiásticas.

En las cuatro respuestas de los eclesiásticos se observa un denominador común, la soberbia. Ellos, ayer y hoy, son unas personas que desempeñan una actividad profesional y no son superiores a nadie, ni merecedores de canonjía alguna. No entendían que contrario a lo que habían vivido en México por casi tres centurias y media, en ese instante se encontraban ante una generación como nunca se había dado, ni se ha repetido hasta nuestros días, la de los HOMBRES DE LA REFORMA. Estos estaban convencidos de que era necesario crear una nación y ello pasaba por colocar a la curia en el sitio que le correspondía, atendiendo los asuntos espirituales y dejar de meter su nariz en las cosas de la vida civil. A pesar de todas las resistencias, incluido el apoyo que dio la curia para patrocinar la invasión del barbirrubio austriaco, al final fue factible crear una nación en la cual prevaleció la separación entre el estado y la iglesia. Hoy, observamos como algunos quienes se declaran herederos del estadista Benito Pablo Juárez García, se atreven a auto investirse como dignos de calzar la levita negra. Sin embargo, en cuanto se les aparece un ministro, de cualquier culto religioso, nos muestran que dicha casaca es de tallas varias veces más grande a la que ellos portan. Ante respuestas como las que, en el caso que hemos revisado, recibió el estadista Juárez García seguramente responderían que lo van a someter a consideración, no vaya a ser que los señores sientan que se les lastiman sus muy personales y respetables formas de interpretar la relación con el Gran Arquitecto, algo que nada tiene que ver con los asuntos de estado.


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Añadido (1) Dicen que al espíritu de Manuel del Refugio González Flores le ha dado por deambular durante las noches por las oficinas instaladas en un edificio antiguo. Para lo que nadie tiene explicación es porqué, a la par, suena como sí abrieran y cerraran cajones. ¿Qué buscara?

Añadido (2) En el pretérito, algunos utilizaban sahumerios y pócimas para comunicarse con los dioses. Hoy, eso ya terminó y, gracias al avance tecnológico, el WhatsApp es el instrumento de enlace. Bueno, eso dice el gobernador de Nuevo León. Sin embargo, no hay que descartar que la conexión se logre mediante una combinación de lo añejo y lo moderno. ¿Usted qué cree?

Añadido (3) Apenas tienen unos meses y ya casi levitan. Por lo pronto, solamente dicen: “nosotros los intelectuales…” Eso no lo habíamos escuchado ni siquiera al más petulante de aquellos a quienes, en el pasado, se les identificaba como poseedores de esa característica.

Añadido (4) A pesar de lo que digan otros, sostenemos que Luis Donaldo Colosio Murrieta instrumentaría y ejecutaría la parte social que le faltaba al modelo económico que el presidente Carlos Salinas De Gortari había puesto en marcha. Para ello, lo formó a lo largo de seis años hasta convertirlo en candidato. Además, sabía que era el único quien no lo iba a traicionar. Nada de que el presidente fue el responsable de los acontecimientos sucedidos el 23 de marzo de 1994.
16 Marzo 2019 04:00:00
Un marinero y tres papas
Todos conocemos el relato, nos lo cuentan desde edad temprana y es digerido tal cual. Creemos a pie juntillas como un marinero pobre, y algunos poco cuidadosos lo califican de iletrado, fue capaz de convencer a los reyes de España, Isabel y Fernando, para lanzarse a una aventura incierta. Todo ello suena muy romántico, pero cuando uno se mete a estos asuntos de la historia, le empiezan a surgir dudas de que los eventos se den en forma lineal. En ese contexto, uno de los tópicos que nos despierta interés singular, haciendo la aclaración de que no somos expertos en el tema, es lo acontecido durante el Renacimiento acaecido entre finales del Siglo XV y el XVI. En esas andábamos cuando, hace un par de años, adquirimos un libro titulado “Christoper Columbus, the Last Templar,” escrito, en 2005, por un periodista italiano Ruggero Marino quien soporta su relato con fuentes primarias documentales sólidas que definitivamente hacen de la obra un instrumento serio. Durante ese lapso, el volumen permaneció, junto a otros, en espera del momento en que se diera la conjunción entre el lector y la obra, misma que se suscitó un par de meses atrás. El resultado fue una lección provocadora en grado alto que nos plantea cuestionamientos sobre quien era realmente Christopher Columbus, situaciones y eventos acerca del llamado descubrimiento de América, y el rol que tuvieron en todo ese proceso una tercia de ciudadanos con la hormona muy alebrestada, lo cual no les impidió ser investidos como jerarcas de la iglesia católica, ellos eran: Giovanni Battista Cybo, conocido como Inocencio VIII, Rodrigo Lazol y Borja, más mentado como Alejandro VI, y Giuliano della Rovere, identificado como Julio II. Sobre esto, nos permitiremos compartir con usted algunos aspectos de lo planteado por Marino.

Empecemos por definir por qué Marino utilizar el término “Last Templar” (Último Templario) para definir a Cristóforo Colombo (ese era el nombre real de quien conocemos castellanizado como Cristóbal Colón). Los Caballeros Templarios eran una orden que fue fundada en el año 1119 por un grupo de siete personas encabezadas por el caballero francés, Hugh de Payens. El objetivo de esta organización era proteger a los peregrinos cristianos que visitaran Jerusalén y la Tierra Santa. Al año siguiente, el rey de Jerusalén, Balduino II, les entregó el edificio que es conocido como el Templo de Salomón y la organización empezó a ser conocida como los Caballeros del Templo de Salomón, el cual devino en simplemente los Templarios. En enero de 1120, Lamberto Scannabecchi, el papa Honorio II, reconoció la organización que con el devenir del tiempo habrían de convertirse en importantes guerreros participantes, portando su vestimenta blanca con una cruz roja de ocho puntos, en las Cruzadas en defensa de la fe católica en contra de los musulmanes. Asimismo, la organización habría de convertirse en una institución bancaria que ganaba influencia a lo largo de Europa. Ante la importancia que obtenía la organización, pronto los gobernantes de Europa empezaron a resentirlo y, en enero de 1307, el rey de Francia, Felipe IV ordenó fueran arrestados los Templarios que vivieran en su reino. Fueron acusados de todo tipo de delitos y por supuesto de idolatría. Ante ello, Raymond Bertrand de Got, el papa Clemente V, tras de que el gran maestro de la orden, James de Molay y otros fueron obligados a confesar, instruyó se capturara a los miembros de esa organización que vivieran en Europa occidental. En Paris, en 1310, con los siempre bondadosos métodos cristianos, fueron quemadas 54 personas. En 1314, seguiría una suerte similar de Molay y el preceptor de Normandía, Geoffrey de Charney. Finalmente, el 3 de abril de 1312 el papa abolía a los Caballeros Templarios. Si bien eso es aceptado como verdad oficial, siempre ha prevalecido que no fueron exterminados del todo y a través del tiempo han estado ahí bajo el nombre de distintas organizaciones. En ese entorno es que Marino señala que el ciudadano Cybo tenía un ancestro, el papa Bonifacio IX, Tomacelli Cybo, quien en 1394 había tenido acercamientos con miembros de esa sociedad oficialmente desaparecida. Respecto a la liga de Colombo con la organización, Marino apunta hacia algo que pocas veces prestamos atención, las cruces que aparecen en las velas blancas de las embarcaciones comandadas por el marinero italiano eran similares a las utilizadas por los Caballeros Templarios. Pero seguramente usted, lector amable, se ha de preguntar como era posible que un con un marinero pobre, Colombo, se hubiera relacionado con un prelado de nivel tan alto, Cybo.

Empecemos por don Giovanni Battista quien provenía de una familia de orígenes griegos que con el trascurrir del tiempo se convertirían en nobles de Venecia y Génova que habían tenido entre sus miembros mas de un almirante. Pero este Cybo aspiraba a navegar en otras aguas igual de procelosas y se convirtió en sacerdote hasta que en 1473, gracias a la influencia del cardenal Giulliano della Rovere sobre su tío Francesco della Rovere, el papa Sixto IV, se convierte en cardenal. Bajo ese estatus, en 1476, Cybo se queda encargado de la iglesia cuando el papa sale para Campagnano buscando evitar los efectos de una epidemia de plaga. Ahí confirma sus habilidades ya demostradas anteriormente cuando fue enviado a lograr la paz entre el rey de Nápoles, el duque de Milán y los florentinos con el papa. Asimismo, se trasladó en un par de ocasiones a Levanto para apaciguar a los turcos. En 1484, tras de la muerte de don Francesco, en un conclave de tres días, Cybo es seleccionado como el papa número 213. Esto fue un uppercut salvaje a la barbilla del español Rodrigo Lazol y Borja quien, trastabillante, se fue hacia las cuerdas en espera de reponerse y cobrarse la afrenta. Pero volvamos a don Giovanni quien como papa poco es recordado por sus acciones positivas, más se enfatiza en sus negativos. Entre estos sobresalen sus apetencias sexuales por las féminas que lo llevaron a tener dos hijos reconocidos, Franceschetto y Teodorina, así como un sinnúmero de sobrinos y sobrinas. Para que se vea cuan responsable era Cybo, se encarga de oficiar la misa en al cual contraen nupcias su hijo con Maddalena de Medici, la hija de Lorenzo el Magnifico amo y señor de Florencia. En estos terrenos, los de vástagos reconocidos o no, Marino nos liga con los orígenes oscuros de Cristforo de quien a ciencia cierta no sabemos sobre sus padres, ni en donde realmente nació, aun cuando la versión más conocida es la de Génova, sitio en donde también arribó al mundo Giovanni Battista. En medio de esos claroscuros, de pronto, Cristóforo, se nos aparece en las cortes europeas, Francia, Portugal, España, con acceso a personajes que no es usual, ni ayer ni hoy, que acepten entrevistarse con un cualquiera.

A todos esos sitios, Colombo no acudía a tomar el té. A lo largo del gobierno de Inocencio VIII, Colombo tuvo acceso a la biblioteca del Vaticano en donde se dedicó a estudiar textos antiguos y revisar con detalle mapas que venían de tiempo atrás en los cuales era factible presumir la existencia de otras tierras mas allá de los confines de Europa. Para Colombo no era desconocido que otros, como los vikingos y Marco Polo, ya sabían de esos lugares. En esto, se presume, de acuerdo con la tesis de Marino, que la iglesia católica ya tenía conocimiento de eso, pero estaba en espera del momento adecuado para actuar en consecuencia. Entre todo ello, estaba expulsar a los moros de Europa y, en esa encomienda, Inocencio VIII jugó un papel preponderante. En un momento dado, Cybo envió delegados para que se entrevistaran con los dirigentes de las diversas casas reinantes de Europa. El mensaje era claro, olviden sus diferencias personales y únanse en contra del enemigo común, los musulmanes. Si bien, relata Marino, no logró la cooperación vía tropas, si le fue factible acopiar recursos suficientes con los cuales lo mismo apoyó los viajes de Colombo que abasteció a Isabel y Fernando para que pudieran conquistar Granada. Con esto, volvamos a los orígenes de Cristóforo. En una serie de imágenes que nos presenta Marino, se puede observar que la de Colombo parece una calca de Arano Cybo, el padre de Giovanni Battista. Asimismo, en otra de este último y la del marinero genovés, la semejanza es mucho más que coincidente. Bajo esa premisa, es factible presumir que aquel a quien conocemos como Cristóbal Colón, Cristóforo Colombo o Christopher Columbus era uno de los hijos que por ahí fue sembrando el piadoso de don Giovanni quien en este caso si actuó como padre responsable y por una razón desconocida lo seleccionó para cumplir el viejo anhelo de los Caballeros Templarios.

El padre de Cybo era judío, su abuela era musulmana y él resultó cristiano. De acuerdo con Marino, el linaje del papa Inocente VIII provenía de Moisés y esto lo llevaba a Jerusalén y a David del cual supuestamente Jesucristo es descendiente. Ello implicaba poseer “sangre real” el santo grial del cual eran guardianes los Caballeros Templarios cuyo objetivo final era crear la Jerusalén nueva en donde predominara una sola religión resultado de la combinación de la sabiduría espiritual de la judía, la musulmana y la cristiana. Con esta racional, Marino justifica que Colombo haya sido el escogido para realizar la travesía hacia tierras que ya se sabía existían, pero se esperaba el momento adecuado para visitarlas. En este entorno, surgen otros eventos que es valioso mencionarlos.

En 1481, fallece Mehmed II quien había conquistado Constantinopla en 1453 y con ello asestado un duro golpe al cristianismo. Los hijos de este sultán, Bayezid y Jem se enfrascan en la lucha por la sucesión, siendo derrotado el segundo quien tiene que huir y, aprovechando sus relaciones con los Caballeros de San Juan de Jerusalén, logra instalarse en la isla griega de Rodas. Con tal de recibir apoyo, el príncipe Jem ofrece que, si es apoyado para derrocar a su hermano, habrá de firmar la paz entre el Imperio Otomano y el cristianismo. Sin embargo, Jem acaba convertido en moneda de cambio. Primero, Pierre d’Aubusson negocia con Bayezid la paz y después logra un acuerdo para mantener cautivo a Jem a cambio de 40 mil ducados anuales. En 1482, Jem es llevado a Francia en donde permanece como prisionero en sitios diversos hasta que en 1489 llega a Roma en donde es recibido por el papa. Varias son las reuniones que sostienen ambos, pero eso no evita que se convierta en simplemente un instrumento ya que, a cambio de mantenerlo prisionero, Inocencio VIII recibe de Bayezid 120 mil coronas, la reliquia de la lanza que supuestamente hirió a Jesucristo en un costado, 100 moros esclavos y 40 mil ducados anuales. Las piezas del rompecabezas se iban acomodando

Llega 1489 y julio es un mes crucial. Dos franciscanos del Santo Sepulcro en Jerusalén llegan a la corte de Isabel y Fernando. Originalmente, el sultán de Egipto los envió con Inocencio VIII quien a su vez los turnó hacia los monarcas hispanos. Los personajes eran portadores de un mensaje muy claro: o dejaban de atacar a los moros en España o los cristianos quienes vivían en Palestina sufrirían las consecuencias. Esta pareja fue recibida por Colombo y seguramente hablaron sobre su expedición y cuan necesario era tener oro para emprender la Cruzada. Tras de ello, el dúo retorna a Roma en donde el papa trataba de encontrar una solución al problema del oriente. Pronto, emite comunicados a los príncipes europeos solicitándoles unión ante el enemigo. En el verano de 1490, se acuerda la unión llevando como comandante supremo al ‘rey de Roma.” Léase el papa.

Mientras tanto, en España, tras la caída de Granada los reyes no tenían como posponer la respuesta a Colombo, pero les faltaban recursos. Ante ello. El papa envía a la corte española a los hermanos Geraldini. La mitad de la suma requerida proviene de fuentes italianas en Génova y Florencia. La otra mitad fue provista con recursos españoles que salieron de la Santa Hermandad. Nada de que la joyas de Isabel fueron empeñadas, estas ya habían sido utilizadas en la lucha en contra de los moros. Los 1,140,000 maravedís llegaron vía las manos de uno de los hombres de Fernando. Y así fue como Cristóforo pudo realizar sus viajes y “descubrir” esta tierras. Sin embargo, hay algo que Marino trae a colación.

Si bien para todos nosotros fue el 12 de octubre de 1492 cuando Colombo y sus tres carabelas con la cruz de ocho puntas plasmadas en el blanco de sus velas aparecieron por vez primera en las tierras que hoy identificamos como el Continente Americano, pareciera que no fue la vez primera que lo hacía. Colombo, según Marino, estaba perfectamente cierto que por estos rumbos ya habían venido varios antes que él. Y eso no lo dedujo de observar las estrellas, sino del estudios cuidadosos que mencionamos líneas arriba. Sin embargo, para efectos de la cristiandad era muy importante que se realizara en esas épocas y anunciarlo como el gran descubrimiento. En lo relacionado con aquello de que el “descubrimiento” se dio antes de la fecha oficial, hay un argumento sobre el cual Marino llama la atención.

Oficialmente, Giovanni Battista Cybo falleció el 25 de julio de 1492. Sin embargo, en la lápida, elaborada en 1621, se leía: “A Inocencio VIII Cybo, supremo pontífice, custodio perpetuo de la paz italiana, se distinguió por la gloria de que durante su tiempo fue descubierto el nuevo mundo, por imponer el nombre de católico al rey de España, por recibir el titulo de la sagrada cruz, por la lanza que hirió a Jesucristo en un costado, la cual fue enviada como un regalo por Bayezi, tirano (emperador) de los turcos…” Es importante mencionar que dicha tumba fue movida de la Basílica de Constantino a la nueva Basílica de San Pedro. Hoy, la tumba aparece en el área oscura de la basílica a la izquierda de la entrada y en ella se lee como fecha de su fallecimiento 1493. Esto lleva a varios cuestionamientos.

¿Cómo es posible que se establezca su muerte un año mas tarde a la oficialmente aceptada? ¿Se quiso ajustar la fecha para encubrir que el “descubrimiento” fue un evento precedido por otro viaje de Colombo? ¿Por qué la tumba de un papa oscuro para todos nosotros permanece en la parte superior de la basílica en donde la única otra tumba ubicada ahí es la de San Pedro?

Las respuestas no la tenemos, ni Marino las provee. Al final, lo que para la mayoría de los católicos queda en su mente es que Inocencio VIII no juega un papel importante en el descubrimiento, que su pasión por las damas era singular y con varias de ellas engendró al menos ocho hijos, supuestamente uno de ellos Cristóforo Colombo, que dio rienda suelta al nepotismo y libertinaje, así como que, ante sus males, le dio por beber sangre de infantes, en realidad trataron de practicarle la primera trasfusión. Mucho de ese olvido y énfasis sobre los pecados de Cybo, fueron alimentados por su sucesor Rodrigo Lanzol y Borja, o Rodrigo Borgia o Alejandro VI, como guste usted llamarlo. Este dechado de virtudes vertió sobre su antecesor todo el lodo factible para que nada bueno se recordara de él y sobresaliera lo negativo. Así, se cobraba aquel uppercut que, trastabillante, lo envió a las cuerdas. Mientras tanto, el valenciano y su prole, también contabilizada en ocho chamacos, daban vuelo al esparcimiento solaz en donde la consanguineidad no era freno para nada. A las criticas sobre Inocencio VIII, se sumaría años más tarde Giuliano della Rovere, ya como el papa Julio II quien se refería a él como “marrano” y circuncidado. Don Giulliano también era poseedor de una hormona alborotada y cuenta en su haber tres hijas conocidas, váyase a saber cuantos mas fueron en realidad. Esto fue un breve repaso sobre el contenido de un libro, “Christopher Columbus, the Last Templar” de Ruggero Marino, el cual invita a quienes, como este escribidor, somos legos en el tema y no profesamos religión alguna, nos gusta conocer acerca de una institución promotora del bien y las buenas costumbres como las que ejercieron los personajes píos que se mencionan a lo largo de este artículo. Ello, nos permite entender un pasado que necesariamente ayuda a explicar el presente.


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Añadido (1) De las cloacas de la sociedad estadounidense volvieron a emerger las miasmas. Ahora no fue entregar “premiecitos.” En esta ocasión, se trata de óbolos en forma de muchísimos billetes verdes a universidades como Yale, Georgetown, Stanford, UCLA, San Diego, USC, Texas, Wake Forest y algunas otras que aun no se les menciona públicamente. El objetivo de tanta generosidad fue falsificar resultados de exámenes y, en esa forma, asegurar que sus nenes fueran aceptados en dichos centros de instrucción. Por supuesto que instituciones tan prestigiadas nada sabían de los enjuagues, sus directivos creían que las donaciones eran de puro amor.

Añadido (2) Ya empezaron los agarrones y eso que esto apenas empieza. Es un preámbulo de lo que veremos cuando llegue el momento de otras decisiones más importantes hacia el futuro. Morenas contra morenos a dos de tres caídas, sin límite de tiempo, salvo que el referee intervenga.
09 Marzo 2019 04:00:00
El presidente Carranza Garza beisbolero y antitaurino
Es conocido por la mayoría que don Venustiano no guardaba ningún aprecio sobre las actividades taurinas, pero lo que poco o nada se conoce es de que fue el primer presidente de México beisbolero. Pero antes de que alguien lo imagine portando spikes, pantalones bombachos, camisola, gorra y, por supuesto, la majagua al hombro o bien lo figure alzando una pancarta en la cual aparecen unas manos teñidas de rojo como protesta en contra de las corridas de toros, procedamos a comentar como reaccionaron los estadounidenses cuando el gobernante mexicano emitió disposiciones para prohibir las corridas de toros en México y habló a favor de promover el beisbol en nuestro país. Empecemos por esto último.

El beisbol, se dice, entró a nuestro país vía Veracruz, cuando las tropas estadounidenses nos hicieron la primera visita, en 1847, para llevarse un “pedacito” del territorio nacional. Muchos años después, en 1907, según lo apuntaría en octubre de 1921, el presidente de la Liga Americana, Ban Jonson, Charles A Comiskey, trajo a su equipo los Medias Blancas de Chicago para que realizaran en México su “spring training,” y despertaron un gran interés por tratar de entender el jueguito. Siete años más tarde, se dio una visita no tan grata de otros estadounidense, aun cuando decían tener intenciones buenas por venir a salvarnos del chacal. A mediados de mayo de 1914, los soldados fueron a darse una vuelta por los sitios de diversión del puerto y acudieron a una pelea de gallos. Poco estomago tuvieron para soportar aquel espectáculo pleno de barbarie y sadismo. Aun cuando no somos animalistas, ni modo de no estar de acuerdo con ellos. Para tratar de recuperarse, decidieron armar un partido de beisbol entre los integrantes del cuarto batallón de infantería y el cuerpo de ingenieros. En esa forma, paliaban no tener noticias sobre los resultados de los partidos de las llamadas ligas mayores estadounidenses. Eso sí, debe quedar claro que los aficionados veracruzanos no asomaban nariz alguna en ese evento deportivo, destinado exclusivamente para los “visitantes-salvadores.” Pero el que lo practicaran los intrusos no hacia de este deporte algo exclusivo de ellos, a lo largo del país los mexicanos se habían aficionado a este deporte y lo practicaban a su manera. En ese contexto, en octubre de 1915, ya con los acomedidos fuera del territorio nacional, el presidente Venustiano Carranza Garza consideró cuan necesario era promover el esparcimiento deportivo.

El 22 de octubre de 1915, en los diarios estadounidenses, aparecían unas declaraciones del agente consular mexicano en Los Ángeles, Adolfo Carrillo, quien anunciaba que don Venustiano habría de impulsar la práctica del beisbol para que los mexicanos tuvieran una alternativa en que entretenerse y dejaran de acudir a las corridas de toros. Una semana después, el 30 de octubre, se publicaba una noticia acerca de un comunicado que el presidente Carranza Garza había enviado al cónsul mexicano en Philadelphia, Theodore Frezieres. En el cuerpo del escrito, se le hacía saber que, una vez que terminara de apaciguar a Villa, se emprendería una campaña para lograr la regeneración nacional y en ella iba implícita promover el beisbol y convertirlo en el pasatiempo nacional. El objetivo era que llegara a sustituir en el animo del pueblo la afición por las corridas de toros y las peleas de gallos. En la opinión de The Washington Post, pareciera que Carranza se había percatado de que no era suficiente con emprender acciones para mejora las finanzas publicas y el reparto agrario como elementos fundamentales para revertir la situación mexicana. Se requería algo más para mejorar el diario vivir y en ello iba la promoción del beisbol, del futbol, la equitación, el tenis, el golf, el baile o inclusive simplemente practicar la caminata, algo que, como lo indicaba el diario, no era un asunto simple para poder elevar el espíritu de los mexicanos y estos tuvieran algo más en que entretenerse durante su tiempo libre. En ese contexto, se comentaba que en ciudades como México y Puebla ya había varios equipos, pero aun quedaba mucho por realizar. Eso sí, en caso de que Carranza fuera capaz de convertir el beisbol en el juego nacional, habría hecho un gran servicio a la nación y los resultados positivos que ello arrojara habrían de ser permanentes. En medio de todo ello, el gobernante mexicano no se detenía en palabras y actuaba en consecuencia.

El 5 de noviembre de 1915, en el New York Times, se daba a conocer que el secretario de la National Association of Professional Baseball Clubs, John H. Farrell, viajaba de Auburn, New York a Chicago, Illinois para entrevistarse con un representante de Carranza Garza quien iba a platicar acerca de la posibilidad de establecer una liga de beisbol en el norte de México bajo las reglas establecidas en los EUA. Aun cuando se desconocen los resultados de las reunión, ello no detuvo el accionar de Carranza y la promoción del beisbol.

Durante la conmemoración del 106 aniversario de la independencia de México, en septiembre de 1916, el beisbol estuvo incluido entre los eventos para celebrar dicha gesta heroica. La propuesta seguía vigente y continuaba resonado del otro lado del Bravo. En ese entorno, un mes después, un ciudadano neoyorquino, George McPherson Hunter, envió una misiva al diario Washington Post, en la cual indicaba que en caso de que la propuesta carrancista tuviera éxito, el beisbol en México habría de tener resultados positivos similares a los que el futbol soccer arrojó cuando fue implantado en Argentina y Uruguay. Sin embargo, la semilla beisbolera sembrada por el coahuilense tardaría en germinar.

Fue hasta julio de 1921, cuando, por vez primera, un presidente de la república, Álvaro Obregón Salido, lanzó la primera bola en el partido inaugural de la liga de verano que operaria en la ciudad de México. Es de apuntarse que, para entonces, el beisbol gozaba de una gran popularidad en el país. Ejemplo de ello era lo publicado, a finales de octubre, en el New York Times indicando que el presidente de la Liga Americana, Ban Johnson, anunciaba que en diciembre visitaría México para explicar cómo funcionaba la organización de ese deporte en los EUA ya que la afición crecía en números importantes. Asimismo, indicaba que el secretario de relaciones exteriores, Alberto José Pani era un fanático del beisbol. Como muestra de que la pasión beisbolera crecía, en diciembre de 1922, se reportaba que un partido entre el equipo campeón de ciudad de México y otro representativo de Nogales, Sonora había terminado en medio de una lluvia de piedras y trozos de ladrillos. Eso fue consecuencia de que, durante el décimo inning, al manager nogalense, Henry Márquez, no le pareció una decisión del ampáyer y le lanzó un uppercut que lo dejó tendido en el terreno. Tras de la intervención de la fuerza pública, Márquez fue a parar a la cárcel y los integrantes de su equipo, la mayoría estadounidenses, tuvieron que ser escoltados por la policía para evitar que los aficionados los lincharan. Pero interés por este deporte se esparcía y en el mes de julio, el Times anunciaba que el gobierno de Yucatán, al frente del cual se encontraba Felipe Carrillo Puerto, había patrocinado la traducción del inglés al español de las reglas del beisbol. Asimismo, se importaron 250 uniformes de beisbol para que fueran utilizados por los equipos patrocinados por la Liga de Resistencia Socialista, al amparo de la cual se formaron varias ligas competitivas de beisbol. Asimismo, se envió a los EUA una persona para que aprendiera los puntos finos del deporte y al regresar se ocupara de preparar a quienes se encargarían de desarrollarlo en el estado. En agosto de 1923, se daba a conocer en los EUA que el gobierno yucateco había gastado 18 mil dólares para promover el beisbol. Esto no era lo único proveniente del norte del Bravo por lo cual don Felipe sentía pasión, pero esas son otras cosas relacionadas con asuntos del corazón, regresemos al beisbol. No sería sino hasta junio de 1925, durante el gobierno del estadista Plutarco Elías Calles, cuando el padre del periodismo deportivo mexicano, Alejandro Aguilar Reyes, Fray Nano, y Ernesto Carmona organizaran la denominada Liga Mexicana. El fruto de lo sembrado por el presidente Carranza Garza estaba ahí. Sin embargo, el coahuilense a la par de promover el beisbol, trataba de acabar con una expresión cultural, la fiesta brava, detrás de lo cual había razones no precisamente de carácter animalista, vayamos al tema con la conciencia plena de que corremos el riesgo de ser tatemados en la hoguera de los políticamente correctos. En base a lo que hemos revisado, detrás de la postura antitaurina del presidente Carranza Garza además de los que públicamente exponía, había dos motivos.

Uno, era el admirador mas ferviente del estadista Benito Pablo Juárez García y buscaba que sus actos reflejaran ese sentimiento. Entre todas las cosas que buscaba reproducir se encontraba aquello de que el oaxaqueño nunca mostró ser partidario de la tauromaquia. En ese contexto, el 28 de noviembre de 1867 emitió una ley que prohibía la celebración de las corridas de toros. Ello, en parte, era la respuesta a campaña que la prensa había emprendido protestando en contra de lo que llamaba un espectáculo sangriento digno de las épocas de Nerón. La prohibición entró en vigor inmediatamente en el Distrito Federal. En enero de 1868, el estado de Puebla adoptó la medida y meses después lo imitaba Chihuahua. Para finales del año, el 16 de diciembre, Jalisco se agregaba y casi al mismo tiempo lo harían San Luis Potosí, Hidalgo y Coahuila. Sin embargo, la medida no duraría mucho en las entidades federativas ya que los aficionados demandaron que se derogaran las disposiciones, algo que terminó por ocurrir. Solamente en el Distrito Federal prevaleció el veto y no fue sino hasta 1887 cuando se levantó. Cabe mencionar que no muy lejos de ahí, en Tlanepantla, el 26 de abril de 1874, se inauguró una plaza de toros y así los aficionados capitalinos podían disfrutar del espectáculo.

El segundo motivo que subyacía detrás de la aversión de Carranza por la tauromaquia era el hecho de que uno de los dos toreros mas prominentes que hayan nacido en México, Rodolfo Gaona Jiménez (el otro es el maestro saltillense Fermín Espinosa Saucedo, Armillita Chico), había mostrado una gran amistad con el chacal Victoriano Huerta y eso en la ética carrancista era imperdonable, nadie asociado con tal bestia era digno de respeto. Como en esa época Gaona estaba en el pináculo de su carrera, pues nada para cobrarle la afrenta como prohibir la actividad que tan buenas ganancia le redituaba. Aquí debemos de hacer un paréntesis para apuntar que, también, la poca consideración que Carranza Garza tenia por los integrantes de la curia católica mexicana era derivada de la asociación que tuvieron con Huerta a la hora de derrocar y asesinar al presidente Francisco Ygnacio Madero González. Pero volvamos a los ruedos o mejor dicho al cierre de ellos.

Aun cuando apenas salido a la circulación, en octubre de 1916, el director del diario El Universal, Félix Fulgencio Palavicini, de filiación carrancista, emprendió una campaña en contra de la celebración de espectáculos taurinos a los cuales llamó un espectáculo burdo y salvaje que en nada redituaba provecho al hombre al cual le envilecía el alma. Aquí, no debemos de olvidar que desde un año antes, el presidente Carranza ya había mencionado que buscaría alejar del animo de los mexicanos la afición por la fiesta brava. En ese tenor se armó la propaganda en contra y el 7 de octubre de 1916, el presidente Carranza Garza emitía un decreto que prohibía las corridas de toros. Entre los justificantes que empleaba se encontraba aquello de que “se debe de despertar en la población sentimientos altruistas, elevando el nivel moral y erradicando los hábitos inveterados que provocan lo contrario. Entre ellos figuran en primer termino las corridas de toros que, a la vez ponen en gravísimo riesgo sin la menor necesidad la vida del hombre, se causan torturas, igualmente sin objeto, a los pobres animales. Además, los toros promueven sentimientos sanguinarios que, por desgracia, han sido baldón en nuestra raza a través de la historia.” Sin duda alguna que tan solo con este párrafo era para que los animalistas empezaran la colecta de llaves con la finalidad de exigirle una estatua más al Barón de Cuatro Ciénegas e instaurarlo como el patrón de su causa. Pero volvamos a la prohibición de 1916.

Dentro de la campaña para erradicar la fiesta brava, Carranza planteaba la creación y establecimiento de instituciones educativas en las cuales, aparte de cumplir su función primordial de instrucción, se le proporcionaran los elementos requeridos para que tuvieran acceso a la educación física, moral y estética, esto habría de permitir que el individuo estuviera listo para incorporarse como un ente activo dentro de la sociedad. El objetivo era alejarlo de todo aquello que le impedía acercarse a la cultura y lo predispusiera hacia el desorden y la civilización. No era posible permitir que los individuos con tal de gozar un momento de esparcimiento fueran y se gastaran el dinero que podía servirles para cubrir sus necesidades básicas. Bajo esta premisa, la actividad taurina era responsable de todo. Ello nos lleva a recordar las palabras que en alguna ocasión pronunciara el presidente, José de la Cruz Porfirio Díaz Mori cuando dijo que no había elecciones libres porque el pueblo era tan ignorante que sí le permitía hacer eso acabarían eligiendo presidente a Agustín Velasco, Bombita, no confundir a este con el sevillano Ricardo Torres Reina de apodo similar. Pero en 1916, aquello iba más allá de las palabras y en el decreto se establecía que quienes no acataran las disposiciones tenían alternativas varias. Una, era la multa de mil a cinco mil pesos; otra, pasar entre dos y seis meses en prisión cárcel o bien disfrutar de ambas penalidades para que terminaran convenciéndose y arrepintiéndose. Si bien en México la medida fue controversial, en los EUA no podían faltar las opiniones.

El 12 de octubre de 1916, el New York Times publicaba un editorial titulado “Mexican Vagaries” (Caprichos mexicanos). El autor de la pieza alababa la medida, mientras decía que era un decreto en contra del asesinato. Asimismo, apuntaba que se trataba de una manifestación del despertar del espíritu mexicano. Tal medida era comparable solamente con la abolición de la pena capital para los humanos. Y por ahí se iba la pieza. Mostraba horror por lo que acontecía en el ruedo cuando algún percance se suscitaba con el torero o los caballos. Según el NYT, la sangre que mana intoxica a los espectadores quienes pierden la razón y gozan el espectáculo. Como vemos, quienes desconocen lo que es la fiesta brava apelan a los extremos y son incapaces de concebir el arte que gira alrededor del encuentro entre el toro y el ser humano. Muy difícil es para ellos entender todo lo que eso implica y la plasticidad que se genera cuando una suerte es ejecutada con destreza plena, pero que les vamos a decir a los que ni aprecian la belleza, ni la nobleza del toro bravo, y mucho menos son capaces de entender el arte que se crea cuando por el lado izquierdo se hace que el animal con la cabeza humillada pase rozando la fajilla sin tocar siquiera la muleta del torero erguido. Pero dejemos disgregaciones estéticas y volvamos a los tiempos revolucionarios mexicanos.

Aun cuando las disposiciones prevalecieron, no en todos lados fueron respetadas, Así siguieron las cosas hasta que Tlaxcalantongo se interpuso en el camino del presidente Carranza Garza y, durante el segundo semestre de 1920, al llegar a la presidencia Adolfo De La Huerta Marcor, la medida antitaurina se abolió. La fiesta brava volvería a tomar gran impulso. En junio de 1920, cuando volvieron los toros al Distrito Federal y se presentara Juan Silveti Mañon, “El tigre de Guanajuato o Juan sin Miedo,” la afición se volcó en las taquillas. Por su parte, el maestro Gaona Jiménez volvió a torear en México, hasta su retiro en abril de 1925, y gozar de la amistad tanto del presidente Obregón Salido como del estadista Plutarco Elías Calles con quien gustaba de “echar pie a tierra” para ejecutar algunos lances taurinos.

Este es un relato apretado sobre algunas acciones extrapolíticas del presidente Venustiano Carranza Garza. Aun cuando no compartamos la perspectiva que tenía sobre la fiesta brava, ni que fuéramos estalinistas para coincidir ciegamente en todo, en nada obsta para que reconozcamos en él al gran trasformador que diseñó el sistema que permitió crear el estado mexicano moderno. Respecto a sus aficiones beisboleras, estamos ciertos de que, en el recién inaugurado Salón de la Fama del Béisbol Mexicano, seguramente hay un espacio para el primer presidente de México quien se ocupó de promover ese deporte.

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Añadido (1) Para todos los proyectistas de escenarios políticos futuros, debemos de recordarles que las ecuaciones se integran por variables y aquello de “ceteris peribus,” es algo que deberían de tener presente para cubrirse y no terminar siendo reprobados en el oficio de aprendices de brujos.

Añadido (2) Por favor, con manzanas y naranjas, explíquenles que no es por el pasado, sino por el presente y lo que este implica para el futuro.

Añadido (3) La representante demócrata por el quinto distrito de Minnesota, Ilhan Omar, no conforme con declarar su antisemitismo, lo cual es entendible, más nunca justificable, por su condición de musulmana, ahora arremetió en contra de uno de los suyos, el expresidente demócrata, Barack Hussein Obama. Una vez más, se confirma que el poder “apendentonta” a los idiotas.
02 Marzo 2019 03:00:00
Años después, buscaban deslindarse del asesinato del presidente Madero González
El tópico de este artículo debimos haberlo tratado hace una semana. Sin embargo, debido a causas diversas, lo mantuvimos en el archivo. Ello no es impedimento para que ahora, a pesar de que podría considerarse fuera de tiempo, retomemos el tema y lo hagamos a partir de las justificaciones que casi tres años después hacían dos personajes relacionados con el hecho. Pero antes de entrar en materia describiremos el contexto histórico en que se vivieron esos días trágicos y vergonzosos.

Como es de todos conocido, el 22 de febrero de 1913, el presidente Francisco Ygnacio Madero González fue víctima de la felonía cometida por un católico ferviente, Victoriano Huerta. Pero un traidor tan devoto no podía actuar en solitario, contó con apoyos varios. Uno, era el de la curia católica quien lo hizo con algo más que rezos y contribuyó con financiamiento pecuniario de origen celestial. Esto es confirmado por varios historiadores. Un liberal. Alfonso Toro Castro apuntó que fueron 10 millones de pesos. El católico Francisco Camberos Vizcaíno señaló que el arzobispo de México, José Mora y Del Río aportó 50 mil pesos como préstamo ya que Huerta lo amenazó de que sí no lo hacia iba a dar paso al pillaje y la rapiña. El estadounidense Robert E. Quirk escribió que el óbolo fue de 25 mil pesos. Por su parte, el obispo de Oklahoma, Francis C. Kelley, negó que la curia hubiera dado cualquier apoyo. Lo que nadie negó fue que el 23 de febrero de 1913, las campanas de las iglesias, en la ciudad de México, amanecieron repicando de gozo y ni modo que fuera para celebrar el martirio que sufriera en la hoguera, en el año 155, San Policarpo. El otro respaldo provino, vía la asesoría, del embajador de los EU en México, Henry Lane Wilson. Este sujeto, junto con el sacerdote de origen estadounidense, Francis P. Joyce, quien era el confesor de Huerta, definían a este como “un católico romano devoto, un creyente en el régimen y las políticas del presidente Díaz Mori y un patriota sincero.” Por si alguien pensaba en reclamarnos por anteponer el calificativo que líneas arriba endilgamos al felón. Un tercer apoyo provino del Partido Católico Nacional, uno de cuyos miembros distinguidos era Francisco León de la Barra y Quijano quien, previo a Madero, fuera presidente de la República interino y durante la usurpación de Huerta se desempeñó como secretario de relaciones exteriores. Tanto a Wilson como a León de la Barra el fantasma de la asonada los acompañaría por el resto de sus días y siempre buscaron justificar el acto deleznable en el cual de una u otra forma estuvieron involucrados.

En ese entorno, a finales de 1915, León de la Barra y Wilson, antes las acusaciones, tuvieron que salir a contar historietas que eximían a ambos y trataban de lavar la sangre de las manos de Huerta. Primero fue Lane Wilson quien tuvo que responder a las aseveraciones de John Lind, aquel quien fuera enviado por el presidente Woodrow Wilson como su representante a México para enterarse de lo que pasaba aquí ya que no confiaba en lo que le reportaba su embajador. Pues bien, el lunes 15 de noviembre del año referido, Lind se reunió en Saint Paul Minneapolis con miembros de la Iglesia Metodista del Norte ubicada en esa ciudad. Ante esa audiencia, aseguró que Lane Wilson conocía de los planes para asesinar al presidente Madero González. Asimismo, afirmó que el entonces embajador estadounidense se reunió con Venustiano Carranza Garza a quien trató de convencer que se uniera a la causa de Huerta, pero que la respuesta del coahuilense fue en sentido negativo ya que él había jurado lealtad a un gobierno constitucional que era el encabezado por Madero. Tan pronto como Lane Wilson se enteró de esta acusación amenazó con demandar a Lind por repetir acusaciones que, según él, habían quedado desechadas de tiempo atrás. Eso estaba sustentado en un proceso de memoria selectiva o uno muy retorcido de justificación. Olvidaba que tanto Pedro Lascuráin como Félix Díaz y el mismo Huerta lo consultaron en varias ocasiones respecto a cómo proceder y que el 15 de febrero ordenó al encargado de negocios reportar a Washington que junto con los representantes de Alemania, Inglaterra, Francia y España había recomendado a Madero que renunciara. Vayamos a lo que, en algunos reportes a sus superiores, escribía Lane Wilson durante los días posteriores a la asonada.

El 23 de febrero, el día después del crimen, el embajador estadounidense envió un telegrama al presidente William Howard Taft y al secretario de estado, Philander Chase Knox a quienes les informaba de que cuando Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez eran trasladado del Palacio Nacional a la Penitenciaria de Lecumberri, para que estuvieran más cómodos, fueron objeto de un ataque armado y perdieron la vida. Huerta ya había ordenado se hiciera una investigación exhaustiva para deslindar responsabilidades, solamente le faltó escribir aquello de “hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga.” Y por si quedaba alguna duda de quien manejaba aquello, en otro telegrama afirmaba que ya había dado a la Associated Press una nota con la versión de los hechos para que esta se tomara como la versión oficial. Posteriormente, el día 26, Lane Wilson volvía a reportar que aun cuando algunas críticas habían surgido respecto a los acontecimientos acerca de los cuales aún no se definía quienes eran los culpables, el nuevo gobierno asumió el cargo con todas las de la ley y, por lo tanto, desde la perspectiva del embajador estadounidense, se encontraba investido como un gobierno provisional representativo. Para que no quedaran dudas, afirmaba que esa administración nueva era aprobada por la mayoría de la opinión publica mexicana, especialmente por la parte más respetable de la misma, léase las buenas familias fieles cumplidoras de sus obligaciones religiosas. Sin embargo, como la prensa, y seguramente la conciencia, no lo dejaba en paz y buscaba congraciarse con el nuevo gobierno encabezado por el presidente Thomas Woodrow Wilson, el 12 de marzo, le envió un telegrama al secretario de estado William Jennings Bryan ampliando la información respecto a su actuación.

Empezaba por apuntar que, ante la discusión suscitada en la prensa, sería conveniente amplificar la información contenida en sus telegramas previos. Con toda certeza la pérdida de dos vidas humanas y el asalto a un gobierno constituido legalmente eran asuntos menores y por eso evitó explayarse sobre los hechos. Pero, ahora sí, daría una explicación amplia. Escribía que nunca creyó que las vidas de Madero González y Pino Suárez estuvieran en peligro. Para que creyeran sus palabras, describía que tras el arresto de Madero y sus ministros envió un mensajero de la Embajada con instrucciones de solicitarle a Huerta que no se cometiera más violencia, ni se derramara sangre y que si fuera posible liberara a los ministros. Huerta contestó que no se dañaría al presidente y al vicepresidente, y que, en consideración a la recomendación del estadounidense, dejaba en libertad a los ministros. O para decirlo en palabras llanas, acató la voz del amo. Prueba de ello es lo que Lane Wilson escribió el 19 de febrero contando como Huerta le preguntaba sobre qué hacer con el presidente Madero, pero al ver que la actitud del traidor era muy comprensiva, solamente le sugirió que hiciera lo que considerara mejor para la paz de México. La narrativa que sigue es para mostrar que el embajador poseía una piedad que no le cabía en el cuerpo.

Lane Wilson escribía que, a petición de la señora Pino Suárez, a quien visité, dirigí a una carta al general Aureliano Blanquete, solicitándole intercediera por la vida exvicepresidente, una expresión que con firmaba de lado de quien estaba el estadounidense. Pero eso no era todo, también, afirmaba no haber quedado contento con realizar esos esfuerzos y se dio a la tarea de visitar a miembros diversos del gabinete, asumimos que el reconocido por él, a quienes le expresó la profunda preocupación por la preservación de la vida del expresidente y su deseo de que le dieran un trato humano. En igual forma mostraba su desasosiego cuando, a petición de la familia Madero, envió dos mensajeros estadounidenses para solicitar al general Manuel Mondragón que le entregara el cuerpo de Gustavo Madero González. Como el socio del chacal estaba de buenas, autorizó que durante dos días los enviados escudriñaran entre los cadáveres tirados por la Ciudadela para ver si lo encontraban, lo cual no fue el caso. Y para que se viera hasta dónde llegaba el cinismo de ese sujeto, envío a su esposa a visitar a la madre y viuda del presidente llevándoles flores y expresiones de simpatía.

Sobre la muerte del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez, Lane Wilson, señalaba que “es evidente para mí que, políticamente hablando, la muerte de estos dos mexicanos, relegados a la vida privada por sus renuncias, no deben suscitar mayores expresiones de desaprobación popular en los Estados Unidos que los asesinatos, no correspondidos por la justicia, de unos 75 u 80 estadounidenses en México durante los últimos dos años.” A la par de todo esto, lanzaba su opinión sobre Huerta a quien definía como “un soldado, un hombre de molde de hierro, de coraje absoluto quién sabe lo que quiere y cómo obtenerlo, y no es, creo, demasiado particular en cuanto a los métodos. Es un fiel seguidor en la política del general Porfirio Díaz y cree en el cultivo. de las relaciones más cercanas y amistosas con Estados Unidos. Yo creo que un patriota sincero, y estimo que renunciará a las responsabilidades del cargo tan pronto como sea posible, se restablezca la paz y la estabilidad financiera en el país”. Y para cerrar anunciaba que públicamente aceptaba la versión oficial sobre la muerte de Madero.

Esa versión había sido trasmitida el 23 de febrero por el secretario de relaciones exteriores de Huerta, Francisco León De La Barra quien fuera un miembro distinguido del Partido Católico Nacional y en un momento dado proyectado a ser el candidato presidencial para oponerse a Madero y al no prosperar, de perdida buscaban que este lo llevara como vicepresidente. En un telegrama dirigido al embajador mexicano en Washington, le indicaba que “la noche anterior, mientras los señores Francisco I. Madero y José Ma. Pino Suárez eran trasladados del Palacio Nacional a la Penitenciaría. como prisioneros para ser juzgados por varios cargos, dos grupos de hombres armados intentaron liberar a los prisioneros y atacaron dos veces a la escolta. Hubo una lucha en el que cinco personas, entre ellas los señores Madero y Pino, perdieron la vida. El Gobierno se ha comprometido a realizar una investigación judicial exhaustiva par aclarar cualquier circunstancia. Los últimos funcionarios serán enterrados con los honores debidos a los cargos que ocupaban. El gobierno federal es reconocido y apoyado por casi todos los gobernadores, incluidos los antiguos maderistas; anhelo general, con esperanzas fundadas, es que se restaure la paz. Los representantes de las naciones extranjeras se manifiestan sentimientos amistosos al gobierno. la opinión pública está tranquila y optimista.” El espectro de este escrito seguiría a León de la Barra y, en diciembre de 1915, lo alcanzó hasta París.

Allá declaró que la versión más aceptada sobre el asesinato del presidente Madero era una leyenda que ganó tracción por motivos políticos hasta convertirse en una realidad reconocida. Sin embargo, León de la Barra, sentía la obligación de emitir su versión sobre los hechos. Conforme a la nota publicada en The Washington Post el 16 de diciembre de 1915, el antiguo encargado de las relaciones exteriores dijo: “Declaro solemnemente y de manera precisa que la muerte de Madero y Pino Suárez no fue consecuencia de un acuerdo tomado a nivel del gabinete y que la primera información que tuve respecto a evento tan trágico, sin tener ninguna comunicación previa, me fue proporcionada por el general Huerta durante la medianoche del 22 de febrero de 1913. Al mediodía del viernes 21 de febrero, durante la reunión del gabinete, pregunté a los ministros de justicia [Rodolfo Reyes Ochoa] y guerra [Manuel Mondragón], si tenían alguna información oficial de la detención de Madero y Pino Suárez, a lo cual respondieron que no”. O el ciudadano León de la Barra vivía en una burbuja o trataba de pasarse de listo.

Por ese tenor continuo cuando afirmó que “si en caso de que tras examinarse los documentos que se le presentaran al secretario de justicia, se encontraban elementos para justificar la detención, estos deberían turnarse a la autoridad correspondiente… sobre esto estuvieron de acuerdo en forma unánime los miembros del gabinete, recomendando se actuara conforme a la ley”. El presidente mexicano llevaba cuatro días detenido y estos fulanos apenas iban a dilucidar si eso era o no legal. Pero León de la Barra terminó por enredarse con su lengua propia cuando aseguró que, en esa misma reunión, Huerta les comentó que debido a la falta de seguridad que había en el Palacio Nacional, ordenaría que Madero y Pino Suárez fueran trasladados a la penitenciaría en donde tendrían una vigilancia más estricta. La reunión finalizó alrededor de la una de la tarde y el secretario de relaciones exteriores se fue tranquilo a su oficina a despachar otros asuntos.

Ya casi se disponía a tomar el sueño repasador, cuando cerca de la media noche del 22 recibió una llamada de un ayudante de Huerta quien le requería, a nombre de este, se hiciera presente en Palacio Nacional pues algo muy grave había ocurrido. Al llegar ahí, Huerta le comentó a León de la Barra que Madero y Pino Suárez habían muerto en un enfrentamiento que se dio durante su traslado al centro penitenciario. “Durante el trayecto, tanto el auto en el que iban los prisioneros como el que servía de escolta, fueron atacados por dos grupos armados los cuales al parecer buscaban liberar a Madero y Pino Suárez, pero que en la refriega aparte de ellos dos, otras dos personas, también perdieron la vida, mientras que un quinto cayó herido y fue tomado prisionero.” Ante la noticia, según De la Barra, el mismo expresó que sería conveniente realizar una investigación a fondo, al frente de la cual propuso a José Vázquez Tagle quien fungía como el jefe del departamento de justicia militar y era hermano de quien fuera secretario de justicia en el gobierno de Madero. En respuesta, Huerta giró ordenes en ese sentido. Sin embargo, unos días después, el general Mondragón informó a León de la Barra que no se localizó a Vázquez y se determinó que las investigaciones las realizara González Suárez. Para cerrar sus declaraciones parisinas, Francisco León de la Barra y Quijano señalaba que, tras dar aviso del acontecimiento a los miembros del cuerpo diplomático acreditado en México, “of course,” a través del embajador Lane Wilson, preparó un comunicado de Huerta para los diarios, mismo que sometió a la consideración de los miembros del gabinete quienes lo aprobaron unánimemente. Dicha nota, publicada el lunes 24 de febrero, tras narrar los acontecimientos en la versión oficial, a la letra decía: “Así, se han suscitado los hechos simplemente. Nadie que me conozca personalmente o sepa del gran respeto que he mostrado, durante el ejercicio de mi gobierno provisional, por las leyes y la vida humana puede suponer que yo he tenido participación alguna, directa o indirecta, en este evento.” Como podemos ver, también el exceso de inocencia hace que algunos se conviertan en cómplices de atrocidades. Ni Henry Lane Wilson, ni Francisco León de la Barra y Quijano podían justificar no saber lo que aconteció aquella noche del 22 de febrero de 1913, cuando Francisco Cárdenas ejecutaba al presidente Francisco Ygnacio Madero González, mientras que Rafael Pimienta, se encargaba de hacerlo con el vicepresidente José María Pino Suárez. Los gatilleros atendieron las órdenes de un felón que únicamente se convertía en católico ferviente cuando inclinaba la testuz en el confesionario, Victoriano Huerta. Respecto a Lane Wilson y León de la Barra el fantasma de la complicidad por acción a uno y alegato de ignorancia del otro, ni el tiempo podía borrar su participación en los hechos.

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Añadido (1) Se la pasan clamando consignas en contra del “imperio.” Sin embargo, cuando de las cloacas de esa sociedad salen las miasmas a darles un “premiecito,” celebran con orgullo singular que lo peor de aquella nación los haya reconocido. Congruencia pura, sin adulteración.

Añadido (2) El ahora conocido como The Washington Compost hizo honor a su nombre nuevo y desató una campaña de linchamiento en contra de Nicholas Sandmann, un menor de 16 años estudiante de la Covington Catholic High School, todo por portar una gorra con el letrero MAGA y encarar a un charlatán que agredió a él y a sus compañeros de escuela. Hoy, el diario enfrenta una demanda por 250 millones de dólares. Eso sucede cuando los medios pierden la objetividad y se convierten en voceros partidistas.

Añadido (3) Al parecer, todos se han olvidado de que ni el triunfo es eterno, ni la derrota es para siempre. En ambas circunstancias hay que mostrar la prestancia bajo la premisa de que siempre hay un mañana por enfrentar y este no necesariamente se dará bajo las circunstancias pasadas y/o presentes.

Añadido (4) Mientras elaborábamos este escrito, a través de la ventana, comprobábamos que eso del calentamiento global está que arde. Prueba de ello son la temperatura que ronda los menos 20º C y la capa de nieve, con un grosor alrededor del medio metro, que llega hasta al pie de las montañas para encaramarse por ellas y aumentar el nivel de acumulación.
23 Febrero 2019 04:00:00
¿Cómo se calificaría en nuestros días este escrito de Ignacio Ramírez Calzada?
Entre los integrantes de la generación más gloriosa que haya dado la patria, la de los HOMBRES DE LA REFORMA, hay cuatro personajes quienes, desde nuestra perspectiva, destacan primordialmente. Uno, aun cuando cronológicamente no haya estado ahí, es el padre del Liberalismo Mexicano, José María Luis Mora Lamadrid. Un segundo, lo es José Telésforo Juan Nepomuceno Melchor de la Santísima Trinidad Ocampo, el padre de la Reforma Liberal. Como no faltará quien nos quiera recordar sobre el Tratado McLane -Ocampo y por ello descalificarlo, le recomendaríamos que antes de hacerlo leyera “El Tratado McLane-Ocampo. La comunicación interoceánica y el libre comercio,” (2005) de la historiadora Patricia Galeana. El tercero es la mente más brillante y radical de esa generación, Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada. El cuarto es el político refulgente y, por consiguiente, líder del grupo, el estadista Benito Pablo Juárez García. Los cuatro son denostados a más no poder por la iglesia, el conservadurismo y otros quienes, en busca de congraciarse con estos dos grupos últimos, se montan en su carromato para esconder la ignorancia. Es bien conocido el enfrentamiento que se daba entre Ramírez y Juárez, algo natural entre dos personajes de ese calibre intelectual. Sin embargo, ello en nada menoscaba lo que ambos significan en el proceso de formación de la nación. Por ello, con periodicidad frecuente, nos gusta revisar lo escrito, en el pasado y presente, acerca de los integrantes de este cuarteto de excelencia, así como lo que ellos plasmaron en paginas diversas. En ese contexto, nos fuimos a repasar las reflexiones que Ramírez Calzada elaborara, en abril de 1867, acerca del pueblo, mismas que aparecen impresas en el libro “México en pos de la libertad,” (1949). Mientras analizábamos el contenido, nos surgió la pregunta que da origen al título de esta colaboración, vayamos a su contenido.

En aquellos días, la causa Liberal estaba a un paso de poner fin a la aventura de Ferdinand Maximilian Joseph María von Habsburg-Lothringen, a quien identificamos como Maximiliano, para entonces abandonado por sus titiriteros, Charles-Louis Napoleón Bonaparte, Napoleón III y Giovanni Maria Mastai-Ferretti, Pío IX, quienes se convencieron de que el negocio no resultó lo esperado y dejaron de gastar sus dineros en la aventura transoceánica. En medio de todo ello, Ramírez Calzada procedió a realizar un análisis sobre la soberanía del pueblo. Empezaba por preguntarse cuando era ejercida la misma. Como primera instancia, recurría a ver si ello pasaba en el Congreso acerca del cual mencionaba que representaba al pueblo o actuaba como su apoderado. Sin embargo, pronto se percataba de que “nuestro sistema representativo no tiene trazas de conducirnos a la altura de Atenas ni rivalizar con Roma.” Para sustentar esto, indicaba que no seria posible “cuando vemos los elementos de que constantemente se compone el llamado Poder legislativo.” Partía de criticar la forma en que llegaban al cargo, ya que “los diputados, en su mayor parte, figuran no porque los conoce el pueblo, sino porque los conocen los ministros… la mitad de ellos son empleados y… la otra mitad descienden hasta esa categoría desde el momento en que recibe sus honorarios por la mano del ministerio. Viene después el veto y el Congreso acaba por no representar al pueblo”. ¿Podríamos decir que hoy las cosas son diferentes?

A continuación, don Ignacio cavilaba sobre la soberanía popular en los asuntos judiciales. Afirmaba que esa existiría “si [el pueblo] juzgase por sí mismo y siguiese para sus fallos las inspiraciones de su conciencia o las disposiciones que él mismo hubiese dictado; pero ¿Qué entiende de las partidas ni de las recopilaciones españolas, cuando el arte del abogado se reduce a una continua disputa sobre legislación envejecida?” Sin embargo, nada comprendía sobre derecho. Por ello, “los juicios de conciencia formarían un pueblo de jurados; los juicios por el derecho español nos ofrecerían un pueblo de tinterillos.” ¿Cuánto han variado estas circunstancias hasta nuestros días?

Para quienes exclamaban que “la soberanía del pueblo se ejerce natural y verdaderamente por medio del Poder Ejecutivo,” indicaba que “la experiencia nos enseña que los funcionarios encargados de los negocios administrativos se van alejando del pueblo a proporción que ejerce sobre el mayor numero de facultades, hasta no representarlo sino como el amo a sus esclavos, el sultán a sus súbditos, Maximiliano a los aztecas y el jefe de la policía a los habitantes del distrito”. En ese entorno, “el pueblo ve su corona de soberano sobre la frente del ejecutivo, como pudiera ver su reloj y su capa, para reclamarle esas prendas cuando puede”. ¿Habremos ya dejado atrás esa perspectiva?

Tras de lo anterior, el Liberal más radical buscaba determinar si la soberanía popular se encontraba a nivel municipal. Ahí, nos decía que supuestamente encontraba “que lo representaban Verduzco, Inda y Pacheco; pero estos ciudadanos, para legislar y administrar, ¿ocurren a los vecinos de quienes sacan sus títulos y sus recursos? ¡No! Solicitan para todo humildemente las instrucciones y la reprobación del gobernador del distrito y del ministerio.” De modo que la soberanía popular a nivel de los ayuntamientos no existía en abril de 1867. ¿Se habrá modificado este caso durante los días que corren?

Sin embargo, aun cuando resultaba “por todas partes gobernado y en ninguna gobernante,” existía un recurso para hacerlo sentir que era participe de las grandes decisiones: Las elecciones. De pronto, el individuo sentíase dueño de las decisiones importantes y ahí estaba frente a la casilla. “¡Templo Augusto! Los primeros que abren la puerta y toman asiento son el empadronador y el portero y comisionado, agentes del gobierno, con instrucciones adrede para instalar la mesa y vigilar sobre las demás operaciones; hacia la entrada ronda un policía; más allá se deja ver una patrulla, por el otro lado se sospecha un espía, y a ciertas horas se aparece la autoridad frunciendo el entrecejo.” ¿En verdad eso ha quedado atrás?

Acto seguido, escribía, “comienzan los ciudadanos: Este entrega doce boletas con un recado de su amo; el otro entrega un voto en blanco; aquel vota por pagar una copa de vino con que se le ha obsequiado; y un descendiente de Moctezuma se para al frente cargado con un huacal y dice ¡Compran pollos!” Eso era solamente una parte, “en cambio alguna casera lleva el sufragio de la vecindad que tiraniza. Si las elecciones electorales, haciendo en dos días lo que hacen en uno, nombrasen en el primero sus empadronadores y demás comisionados proponiendo y discutiendo desde entonces sus candidatos, y si ellas, en el segundo día, se reuniesen como en el primero, para entregarse a la elección y para resolver los demás negocios que se les ofreciesen; si en los días en que el pueblo estuviese reunido en sus funciones electorales se suspendiesen en las suyas todas las autoridades, poniendo la fuerza armada a disposición de la mesa correspondiente; si el pueblo o la mesa pudiesen juzgar sobre los crímenes que no demandasen demora; sí, por último, las banderas de los cuerpos militares y las insignias de la autoridad se depositasen en un ara, allí mismo donde esta reunido el soberano, entonces el pueblo imperaría una o mas veces al año, la elección seria directa , podría discutir algunas reformas e instrucciones, y lo que se llama apelación al mismo pueblo no sería ni un absurdo ni un sarcasmo”. ¿Podríamos decir que mucho hemos avanzado en esto hasta el grado de que es factible predecir la voluntad del pueblo a reflejarse en las urnas y por ello anunciar anticipadamente, con al menos cinco horas de antelación al cierre de casillas, cuáles serán los resultados?

Pero don Ignacio iba más allá y enfatizaba que “la apelación al pueblo, tal como se ha ensayado hasta el día, no es mas que un engaño; puede satisfacer las miras de un partido, pero jamás será comprendida entre las instituciones de la democracia.” Lo que a continuación escribía nos podría hacer pensar que realizó un viaje al futuro al increpar que “apelar al pueblo no es pedirle un voto desnudo, sino una opinión suficientemente razonada sobre los negocios que se le someten. Pedirle un voto expresado por las simples palabras sí o no, es hacerle violencia y sorprenderlo. Exigirle un voto a una comunidad sobre negocios graves e insólitos, sin dejarla reunir para deliberar y presentándole un orden ilegal por único expediente, es desconocer la naturaleza del pueblo, que, aunque es verdad que se compone de individuos, no funge en los negocios públicos sino como un cuerpo social, ya sea que se agrupe en una corporación, ya tenga necesidad de repartirse en numerosas juntas”. ¿Se calificaría hoy a Ramírez Calzada de estar al servicio de los intereses más oscuros, y no precisamente por el calificativo que le había endilgado la curia?

La reflexión siguiente concernía sobre “el derecho de apelar al pueblo, supuesto que no está reconocido ni autorizado por la ley, no puede considerarse, si se le adopta, sino como una prerrogativa natural, común a todos los ciudadanos; pero aun suponiéndola exclusiva de las autoridades superiores en ningún caso debe concederse que es privativa del Poder Ejecutivo.” Para este Liberal por los cuatro costados, “tan independiente es en su caso el gabinete como el Congreso, como la Suprema Corte y como las legislaturas de los estados. El ejercicio de esa prerrogativa, en un solo poder, tendría por consecuencia inevitable la dictadura; en todos los poderes un constante antagonismo y en todos los ciudadanos, la anarquía; todo sistema constitucional sería irrealizable”. ¿Cuál sería la opinión que al respecto tendrían los constitucionalistas de hoy?

La respuesta que daba entonces quien, entre otras muchas cosas, es el padre de la acuacultura en México, era que sería conveniente sacrificar “el sistema constitucional a la apelación del pueblo; pero este sacrificio ¿no es una verdadera revolución? Las revoluciones no nos asustan; aceptamos la revolución, con tal que ella signifique apelación al pueblo y voluntad del pueblo. En este caso tengamos presente que esa clase de revoluciones se hace de dos modos: O como propone el gobierno la suya, por una simple votación, o como también, se ha acostumbrado en la República, por medio de la fuerza, la coacción electoral o la guerra”. ¿Por cuál optaríamos en nuestros días?

Para no dejarnos a medias, procedió a darnos algunos ejemplos de aquellos tiempos. Nos indicaba que “la apelación al pueblo, por medio de reuniones imperfectas, reglamentadas y dirigidas por la autoridad ha sido ensayada por [Antonio de Padua María Severino López de] Santa Anna [y Pérez de Lebrón] para asegurar su dictadura y por los franceses para coronar emperador a Maximiliano; pero el pueblo ha opuesto constantemente a ese sistema la apelación por medio de la guerra. Sean cuales fueren las razones en que los imitadores de Napoleón III apoyen el sufragio universal expresado por votos dispersos, jamás el buen sentido de las naciones verá en ese modo de ejercer la soberanía sino una perfidia, que, si no puede ser reprimida por las leyes comunes, reclama de la insurrección un severo castigo.” ¿Hasta qué punto habremos ya dejado atrás los tiempos de acciones punitivas en contra de la disidencia y hoy solamente se actúa en estricto apego al imperio de la ley?

Pero en aquellos tiempos, la prevalencia de la legalidad se aparecía poco, Ramírez Calzada escribía que, “en verdad, un gobierno que por medio de semejantes procedimientos asegura sobre sus determinaciones la careta de legalidad, pierde el tiempo recorriendo sus expedientes para computar los votos en que ha recibido de la mayoría un testimonio de confianza; siempre le sobraran los sufragios por poco que se empeñe en obtenerlos; así hemos visto a Maximiliano con cuatro millones de firmas recogidas entre ocho millones de habitantes, comprendiendo niños y las mujeres, la mitad de ellos insurreccionados, una cuarta parte perseguidos y no sabiendo ni siquiera leer la muchedumbre de los proclamadores del imperio. Forey y otros jefes militares saben como se verifican esos prodigios.” ¿En verdad ya han quedado atrás actos como esos?

Para cerrar su escrito, don Juan Ignacio Paulino apuntaba que “la apelación al pueblo, verdadera y pacífica, hasta ahora, es un problema; sí este llega a resolverse, sus condiciones esenciales serán la reunión en uno o varios grupos, de todos los ciudadanos, y la discusión de los negocios, lejos de la sombra aterradora del Poder Ejecutivo.” Hasta pareciera que en este párrafo El Nigromante había hecho honor a ese nombre y mientras describía su presente lo hacia en el tiempo futuro. Para su fortuna, lo que aquí hemos revisado era la situación que tiene que ver con los avatares del Siglo XIX, de haberlo hecho en el XXI, de nada le hubieran valido las credenciales de Liberal puro, hubiera caído en el grupo de aquellos a los cuales nada les parece. ¿Pero qué nos sucede, acaso no hemos percibido cual es nuestra realidad nueva o usted, lector amable, opina lo contrario?

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‘Añadido (1) El domingo, “un grupo de aficionados de América y Pumas que se encontraban comiendo en un restaurante de Tlalnepantla se enfrentaron en una pelea después de que terminara el partido del Clásico Joven.” (
https://www.esto.com.mx 18-02-2019). El lunes, el dueño del primer equipo le decía a un egresado distinguido de la universidad a la que representa el segundo conjunto, “América perdió con Pumas porque queremos quedar bien con usted”. (http://www.eluniversal.com.mx 18-02-2019). Por si quedaban dudas de como es eso del panbol mexicano.

Añadido (2) Nadie discute los galones académicos del Dr. Narro Robles, pero ¿En verdad creerán sus promotores que representa algo para las bases priístas? Aun cuando tal vez lo que busquen sea un médico para que les expida el certificado de defunción.
Añadido (3) El día que la multinacional más antigua ponga a disposición de las autoridades judiciales, de cada una de las naciones, a sus ejecutivos y agentes de ventas quienes encubriéndose en sus ropajes holgados han cometido felonías, ese día vamos a empezar a creerle que ha cambiado. Mientras tanto, sus conclaves y declaraciones atronadoras las veremos simplemente como actos de maquillaje para buscar que sus arcas no mermen y tratar de evitar que la clientela se vaya a comprar en otros establecimientos mercantiles que ofrecen lo mismo, pero en otra presentación.
16 Febrero 2019 04:00:00
Planteaba cómo construiría su imperio y le daban consejos
Por lo que el día 15 hubieran sido 66 años.

Periódicamente, desde nuestra perspectiva Liberal-Juarista-Elíascallista, nos da por revisar lo que aconteció en nuestro país durante el Siglo XIX. En ese proceso, dado que ese tema nos es nuestra especialidad de estudio, gustamos de repasar la obra portentosa recopilada por Jorge Leónides Tamayo Castillejos, “Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia”. En uno de los volúmenes, encontramos las cartas del emperador de opereta, Ferdinand Maximilian Joseph María von Habsburg-Lothringen, a quien nosotros simplemente identificamos como Maximiliano, en las cuales expresaba como planeaba construir “su imperio mexicano”. Asimismo, encontramos la misiva en la cual uno de su titiriteros, Charles-Louis Napoleón Bonaparte, conocido también como Napoleón III o Napoleón el pequeño, le daba consejos sobre como proceder para cumplir su encargo. Vayamos al tema sin olvidarnos que nos referiremos exclusivamente al Siglo XIX.

Era el 7 de noviembre de 1864, habían trascurrido casi seis meses desde su arribo a México, y Maximiliano le escribía a su ministro Félix Eloin indicándole que, tras su recorrido por los departamentos del interior, en donde no había quedado ciudad, pueblo y aldea en donde los habitantes no se hubieran volcado de alegría para mostrarle cuanto lo querían. En ese contexto, pudo percatarse de dos verdades irrefutables. La primera de ellas era que “el Imperio es un hecho basado sobre la libre voluntad de la inmensa mayoría de la Nación y que es la impresión de un Gobierno verdaderamente progresista…” Así que, con esa premisa bajo el ala, nada de que lo cuestionaban, él podía hacer lo que se le pegara en gana. Asimismo, durante su periplo, se percató de “que esta misma mayoría inmensa tiene sed de paz, de tranquilidad, y de justicia; que espera estos beneficios; que los pide con ansiedad a mi gobierno…” Para lograrlo, “la justicia hallara su base en instituciones adecuadas a nuestra época en las cuales se están obrando cada día con el más grande celo”. Pero tenía que mostrar que aquello no eran planteamientos solamente.

En ese tenor, indicaba que “si hasta el día de hoy [mi gobierno] ha usado de indulgencia para con sus adversarios políticos, a fin de darles el tiempo y la ocasión de reconocer la voluntad nacional e inclinarse ante ella, es ahora para él un deber imperioso de combatirles porque su bandera no lleva ningún credo político y no tiene mas objeto que el robo y el asesinato”. Ya en pleno paroxismo de gobernante, declaraba que “mis deberes de Soberano me obligan a proteger al pueblo con un brazo de hierro y, para corresponder a los deseos expresados altamente por todas partes declaramos, como Jefe de la Nación, con conocimiento entero de nuestra misión sagrada y del deber que hemos aceptado, que todas las guerrillas armadas que recorren todavía nuestra hermosa Patria para destrozarla turbando, amenazando a los ciudadanos laboriosos en sus trabajos y en su libertad, serán consideradas como gavillas de bandidos y caerán, por lo tanto, bajo la severidad inflexible e inexorable de la ley”. Para redondear que aquello iba en serio, dejaba claro haber ordenado “a todos los funcionarios, magistrados y Jefes militares de la Nación de perseguirlas y de exterminarlas con sus tropas”. Para que vieran que no era un matasiete, declaraba que, si bien “nuestro gobierno respeta todas las opiniones políticas, no puede tolerar unos criminales que violenten la primera de las libertades que tiene que garantizar, la de las personas y de las propiedades”. Con todo ese rosario de palabrería esperaba que los nativos fueran cayendo, uno tras otro, rendidos ante la verborrea plena de promesas paradisiacas que auguraban, en la mente de quien creía contar con el apoyo mayoritario, un futuro de paz y armonía. Sin embargo, mientras esperaba que eso se materializara, uno de sus patrocinadores, Napoleón III, tenía algunas sugerencias que hacerle.

En una misiva fechada el 16 de noviembre de 1864, aquel a quien el escritor Víctor Hugo apodara Napoleón el pequeño, decidió que, a su pupilo Maximiliano, no le caería nada mal proporcionarle algunas recomendaciones para evitar que fuera a fracasar en el ‘negocito’ que había emprendido con el financiamiento del gobierno galo.

Al inicio del comunicado, se justificaba no haberle escrito con antelación. Argüía que no lo hizo debido a que no contaba con suficiente información. Asimismo, le indicaba que previo a ponerse a dictar las líneas, decidió entrevistarse con Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha y Borbón-Orleans, el rey Leopoldo II de Bélgica quien como es sabido también tenía algo en juego en la aventura mexicana a través de su hija, la princesa, Marie Charlotte Amélie Augustine Victoire Clémentine Léopoldine, a quien todos nosotros identificamos como Carlota, en sus funciones de esposa del barbirrubio austriaco. Como resultado del intercambio de opiniones, Napoleón III y Leopoldo II, estuvieron por “completo de acuerdo en lo que, en propio interés de V. M., es más conveniente aconsejarle”. O para decirlo en términos coloquiales que al enviado había que suministrarle unas cuantas zarandeadas en las entendederas para que se avispara.

Como Maximiliano no daba muestras de actuar con rapidez, le indicaban que “para comenzar, creemos que es tiempo de que resolváis lo antes posible las cuestiones referentes a la organización de México”. Por si no le quedaba claro el mensaje, le recalcaban que “después de haber, con toda razón, consultado a los hombres del país, es esencial que se manifieste vuestra voluntad y que cese la incertidumbre sobre puntos de gran, importancia.” Acto seguido, escribía algo que asemejaba un chasquido de los dedos.

Ya se los comían las ansias y esperaban “con impaciencia la solución de las cuestiones siguientes: 1. Los bienes del clero; 2. La organización administrativa; 3. La organización judicial; 4. [ aparece ninguna anotación, pudiera tratarse de alguna clave solamente conocida para entre el remitente y el destinatario]; 5. La ley sobre reclutamiento del ejército; y 6. La organización financiera”.
Acerca de los cinco puntos primeros, Napoleón III afirmaba no tener gran cosa que decir, estimaba que Maximiliano ya había decidido como procedería, aun cuando tenia sus dudas de que así fuera por ello, le insistía “en que V. M. tome alguna decisión; cualquiera cosa es mejor que la indecisión”. Pero lo que mas le preocupaba al francés era el asunto de los dineros pues en la medida en que Maximiliano no fuera capaz de obtener las fuentes de financiamiento, todo iría con cargo a los caudales galos y el negocio podría venirse abajo.

Por esto, le recomendaba al austriaco cuan “necesario [era] comprender el establecimiento del crédito [que] es de primordial necesidad para vuestro gobierno. Aquí ya han salido al mercado los bonos de un nuevo empréstito que, confundiéndose con el primero, podrían producir a V. M. 100 millones de francos para los primeros meses del año próximo”. Pero eso no era algo que habría de darse por generación espontanea, se requerían algunas acciones que lo acompañaran. Napoleón III dejaba en claro cuan “necesario [es] que se establezca un sólido banco en México y creo que es muy importante para V. M. que los principales banqueros de París, asociados a grandes casas de Londres, consientan en ponerse a la cabeza de dicho establecimiento”. Siguiendo con la lección al pupilo, le mencionaba que “es verdad que estos hombres de negocios esperan ganar dinero, pero prestarán grandes servicios a V. M. siendo los intermediarios con Europa para las transacciones financieras y fundando un crédito sólido en México.” Para que no le quedaran dudas, por si era de comprensión lenta, le remachaba: “Recomiendo, por lo tanto, a V. M. acepte sus ofrecimientos”. Ahí no paraba todo.

Perfectamente consiente de que Maximiliano no era el foco más brillante en el árbol de Navidad y por eso la Casa de Habsburgo decidió alejarlo del entorno sucesorio, Napoleón III quién tampoco andaba muy sobrado de lucidez, especialmente si se trataba de incursionar mas allá de las fronteras parisinas, sintió que había niveles y podía dar lecciones a quien ya para entonces empezaba a creerse que los nativos lo veían como Quetzalcóatl redivivo. En ese contexto, le espetó “y en esta ocasión me permito deciros que al fundar un nuevo imperio es imposible llegar a la perfección desde el principio; todas las medidas que se toman ofrecen siempre ciertas ventajas al lado de ciertos inconvenientes, la habilidad del soberano consiste en ver si las primeras superan a los segundos”. ¿Habrá pensado el galo que con esa conclusión estaba descubriendo la piedra filosofal? Aún faltaban lecciones sabias por impartir.

Continuaba, ahora al mencionarle que existía la cuestión de Sonora. Para empezar, le indicaba “Sé que los proyectos de Mr. Gwin no han agradado en México y, sin embargo, es el hombre que puede rendir mucho en ese país”. Aquí cabe hacer una precisión acerca de este personaje cuyo nombre era William McKendree Gwin. oriundo de Tennessee y médico de profesión quién incursionó en la política como miembro del Partido Demócrata y fue uno de los primeros senadores por el estado de California. Este ciudadano fue, en 1863, a Francia y logró convencer a Napoleón III de lo conveniente que seria colonizar el noroeste de México con pobladores de los estados Confederados y sabemos lo que vendría después. ¿Por qué será que en cada caso de perdida del territorio nacional o intento de, siempre aparecen miembros del Partido Demócrata estadounidense? Pero regresemos a la misiva de Napoleón III quien buscó hacerse aparecer como alguien preocupado por que no fuéramos a perder mas territorio.

Escribía que “para explotar Sonora, es necesario adoptar, para las minas la [practica] española y, para los colonos, la de América del Norte. En México se teme que Sonora se convierta en una provincia estadounidense, pero, creedme, si no se hace nada, lo llegará a ser por la fuerza de los hechos. Ya los colonos y aventureros se introducen individualmente y, cuando su número sea importante, sin organización y sin control del gobierno, se declararán independientes, lo que no llegará a suceder si el gobierno se pone a la cabeza de la inmigración, planta una bandera y organiza el país”. Como podemos observar, una y otra vez, Sonora ha sido tierra codiciada para convertirse en una estrella mas y no precisamente en el contexto de aquel slogan televisivo. Hasta ahí, según lo que escribía Napoleón III a continuación, todo eran minucias.

Como si de pronto sonaran las trompetas anunciando el evento principal, señalaba: “Llego ahora a la cuestión más delicada. Creo que V. M. debe conservar por largo tiempo el poder absoluto”. Eso era establecer un poder dictatorial, si se tratase de plebeyos, pero, en este caso, recordemos que las casas reales y sus descendientes están investidos por el dedo divino mediante la intervención del CEO en turno de la multinacional más antigua y se trata simplemente de un acto de benevolencia por el bien de los desposeídos. Para que aquello luciera decente, el consejo era “que, sin correr ningún riesgo, haga sancionar sus actos mediante una apariencia de representación nacional. Es decir que consideraría muy beneficioso, a los ojos de Europa, sobre todo, que V. M., después de concluida la organización del país y resueltas las grandes cuestiones pendientes, convocase por uno o dos días un Congreso cuyos miembros serían nombrados por V. M. entre los elegidos por los municipios; de esta manera el Congreso estaría integrado por gente que gozaría de la confianza de sus conciudadanos, pero la elección de V. M. impediría que se compusiese de opositores”. Esto sería todo un proceso de transformación en donde “en vuestro lugar, yo comunicaría a esta asamblea todo lo realizado; le anunciaría que una vez pacificado todo el país, trabajaría con celo en elaborar una constitución, pero solicitaría un voto de confianza que me diese todavía poder dictatorial por algunos años”. O para decirlo en términos llanos, todo dentro de la ley, fuera de ella nada aun cuando haya que someterla a un poco de tormento jurídico para que la realidad se ajuste a ella. Tal y como sucede en toda democracia moderna, faltaba más. Tras de la filípica, Napoleón III creyó conveniente suavizar el guamazo.

Antes de que Maximiliano saliera del atolondramiento, le indicó: “Someto estas ideas a V. M., rogándole me perdone si me permito aconsejarle, pero debe comprender que es un verdadero interés el que me guía a expresarle mi pensamiento con toda libertad.” Y para seguir con el “sana, sana” mencionaba “supe con gran placer que la gira de V. M. se cumplió con los mejores auspicios y que, durante vuestra ausencia, la emperatriz se desenvolvió con notable tacto y habilidad en sus funciones de regente. Os ruego presentarle mis homenajes”. Sin embargo, aun cuando lo envolvía en melindrosas palabras, volvía a la carga y señalaba: “V. M. ha realizado ya muchas cosas buenas y veo con alegría que todo el mundo le hace justicia, pero, permitidme deciros que es necesario ocuparse de las grandes cuestiones, del basamento y del armazón del edificio que V. M. empieza a levantar, antes de dedicar la atención a detalles”. Y entre esos había uno muy importante.

“El rey de Bélgica cree que sería útil, si es posible, emplear al ejército mexicano en trabajos públicos. En cuanto al ferrocarril que debe unir México a Veracruz, creo que nada es más importante.” Ni quien lo dude, toda una idea transformadora con la cual el pequeño concluía su mensaje. Pero no era el único quien escribía con destino hacia México, también lo hacía su esposa María Eugenia Ignacia Augustina de Palafox y KirkPatrick, 16ª Condesa de Teba, 15ª Marquesa de Ardales, mejor conocida como Eugenia de Montijo, quien el mismo 16 de noviembre se dirigía a Carlota mencionándole acerca de la reunión referida líneas arriba, además de enfatizar que “la grave cuestión continua siendo la financiera; de un momento a otro Vosotros estaréis obligados a recurrir a un nuevo empréstito emitido, en parte, probablemente, en Europa; el retorno de una parte del contingente inspirará confianza y cuando nuestras Cámaras se reúnan se podrá decirles que la otra parte no ha sido modificada”. Asimismo, le mencionaba que ya había hablado con el “emperador de la posibilidad de que se queden un tiempo mas los oficiales y suboficiales que deben regresar a Francia y me respondió que a los primeros se les había dado esta facilidad, permitiéndoseles ingresar a la Legión Extranjera y a los suboficiales se les haría quedar…” Igualmente mencionaba sobre el regreso de M. Corta, un personaje a quien Napoleón III envió a México para controlar el sistema financiero y especialmente los ingresos aduanales que eran los únicos seguros para el reintegro de los créditos anglo-franceses. Asimismo, se encargaba de evitar los derroches de Bazaine. Sin embargo, Corta no estaba muy a gusto en México e inventó mil excusas para regresar a París. Respecto al viaje de Maximiliano por el interior de México, Eugenia comentaba a Carlota que en Europa todos sabían de lo bien que le había ido, pero que necesitaba saber acerca de las medidas financieras que estaban implantadas. “Ante la proximidad de la apertura de las sesiones de la Cámara, quisiéramos poder decir lo que se ha realizado por la purificación y la organización de vuestro hermoso país, pues V.M. no ignora hasta qué punto la oposición siempre está pronta para servirse de todo”.

Como es factible apreciar, en estas misivas se delineaba como habrían de construir un imperio, de opereta, y cuales eran los consejos sabios y desinteresados que se le daban a quien buscaba redimir a una partida de aborígenes resistiéndose a entender las bondades de la transformación encabezada por un barbirrubio quien únicamente buscaba que alcanzaran los beneficios de la civilización que les proporcionaría, paz, justicia y progreso económico.

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Añadido (1) Al parecer, el ciudadano Bartlett Díaz no solamente anda con la percepción histórica extraviada. Ahora, mostró que los temas legales y la información precisa, también, tomaron rumbo desconocido para él. Malo cuando las secreciones biliares obnubilan las entendederas.

Añadido (2) Como ese negocio ya no da para más, el CEO de la multinacional más antigua le espetó que al incumplir los acuerdos, pues que se olvide de apoyo alguno. ¿Nos enteraremos algún día de los pactos secretos que el tal Nicolás no honró?

Añadido (3) Quien lo iba a decir. Ahora resulta que los “headhunters” del ignaro con botas eran todos unas eminencias si los comparamos con quienes seleccionan en los días que corren.
09 Febrero 2019 04:00:00
El origen del instituto del pueblo, allá por el pueblo
El tema que nos ocupará en este espacio, aun cuando da inicio allá por los rumbos del pueblo, habrá de tener resonancias importantes en la vida futura de México y el protagonista jugaría un papel relevante cuando trataron de juzgarnos al otro lado del Bravo. En esta ocasión, les comentaremos sobre algo relacionado con la historia de Piedras Negras, Coahuila bajo la premisa de que, en asuntos de nuestro sitio de origen, no alcanzamos el grado de expertos, y mucho menos queremos invadir los territorios de otros quienes poseen amplios conocimientos sobre el tema. Eso sí, debemos de apuntar que, hasta donde recordamos, únicamente don Rafael Villarreal Martínez, sin asumirse jamás como erudito, hace una mención precisa sobre el tópico en el segundo de sus libros, “Piedras Negras. Personajes Sitios y Recuerdos (2010),” el primero fue “Piedras Negras. Destino y Origen. 80 años, una narración para mis nietos (2005)” Así que, vayamos a lo que Samuel Guy Inman nos relata en su libro “Intervention in Mexico (1919).

Estamos seguros de que, para los versados en la materia, Inman es ampliamente conocido, pero para quienes comparten con nosotros el conocimiento limitado sobre el personaje, siempre será conveniente apuntar que nació, en 1877, en Trinity County, Texas. En 1901, se desempeñó como asistente de pastor en la Primera Iglesia de los Discípulos de Cristo en la ciudad de New York y posteriormente, en 1904, obtuvo su licenciatura en Columbia University. Después de ello, se convirtió en pastor de la Iglesia del Tabernáculo en Fort Worth, Texas. A lo largo de su vida habría de distinguirse por las acciones que desarrolló como misionero, profesor y reformador social. En ese contexto fue que arribó por los rumbos del pueblo.

Corría el año de 1908, el pueblo se llamaba Ciudad Porfirio Díaz y los habitantes en la cabecera municipal rondaban entre los 7 y 8 mil, incluidos nuestros ancestros paternos quienes tenían rato, algunos más de dos décadas, de haber llegado por ahí, los maternos tardarían algunos años para ubicarse por esos rumbos. De acuerdo con la descripción realizada por Inman, al arribar al pueblo, se percató de cuan importante era fomentar la educación como un instrumento que permitiera a México acceder a una nueva etapa. Convencido de que había el material humano para llevar a cabo la transformación, dejó atrás las palabras y procedió a la acción.

Lo primero que hizo fue elaborar un diagnóstico y encontró que en Piedras Negras no existía ningún sitio en el cual los jóvenes se pudieran reunir por la tarde-noche para alimentar el intelecto. Asimismo, el proceso educativo se detenía al terminar la primaria. No se contaba con ningún club literario, cursos de lectura, biblioteca publica o cualquiera otra actividad o sitio que permitiera acelerar el proceso neuronal. Ante eso, Inman decidió convertir un espacio de su vivienda en un salón de lectura. Para su sorpresa, durante la primera semana, un número significativo de jóvenes empleados de comercios, bancos y oficinas empezaron a visitar el sitio. A los pocos días aquellos jóvenes solicitaban les dieran clases de inglés, más tarde fue establecido un club de debates. Por esos días, daba inicio la feria de apuestas semestral. Durante seis semanas, el juego y la diversión se apoderaban del animo de los paisanos. Las instalaciones eran ubicadas en la plaza principal, además de que se efectuaban corridas de toros y, según Inman, había “cosas peores” con las cuales, también, daban rienda suelta al regocijo. Ante eso, los asistentes al club de debates sintieron que era la hora de discutir sobre que tan benéfico eran ese tipo de diversiones. Inman, sin embargo, actuaba cauteloso. Sabía que cualquier crítica podría provocar molestias al presidente municipal, cuyo nombre no menciona, ni nosotros encontramos en el listado respectivo ya que en 1905 aparece el general José E. Santos y de ahí se va a 1909 cuando lo era el doctor Lorenzo Cantú. Pero volviendo a los debates, estos resultaron muy animados. Para algunos, apoyando la postura oficial, la feria de apuestas era algo positivo. Afirmaban que el año anterior, había dejado utilidades al municipio por 10 mil pesos, mismos que se utilizaron para construir una escuela. El éxito de las discusiones fue tal que no solamente atrajo a los participantes, sino a un público numeroso y el espacio resultó pequeño.

Dado lo anterior, se solicitó al director y al superintendente de educación publica que intercedieran ante el presidente municipal para que les facilitara el teatro municipal. Tras de la labor de convencimiento y la aceptación para ceder el inmueble, procedieron a inflamar el ego de la autoridad a quien le vendieren que, si aquello se convirtiese en un evento importante, pues él tendría que presidirlo. Y como lo consideró trascendente, el domingo siguiente, los debatientes, diez de los prohombres más importantes del pueblo y por supuesto la primera autoridad, se reunieron en el sitio original de los debates y de ahí con la banda municipal por delante agarraron la Calle Real (hoy Zaragoza), y, tal como lo hicieran al anunciar las corridas de toros, partieron en un desfile que concluiría en el teatro municipal. Como el evento fue un éxito, se repitió por varios domingos. Pero eso no se quedó en discusiones teorizantes, como conclusión, se acordó que los juegos de azar eran dañinos y se solicitó al gobernador de Coahuila, Jesús María de Valle de la Peña (padre del escritor Artemio de Valle Arizpe), que prohibiera el otorgamiento de concesiones para tal fin, la respuesta fue en afirmativo. Eso no paró ahí.

Como a los paisanos se les despertó la neurona, pues los debates fueron creciendo en temas y audiencia. Aquello llegó a un punto en que era necesario contar con un sitio propio. Inman cuenta que, gracias a la contribución de un habitante prominente, el Club Comercial y varios ciudadanos del pueblo y de Eagle Pass, Texas, fue factible hacerse de un terreno al final de la Calle Real y edificar la construcción. La inauguración del inmueble se desarrolló como parte de los festejos del Centenario en 1910 y se convirtió en un festejó. Desde la presidencia municipal partió un contingente al frente del cual iba la banda municipal, un pelotón del ejercitó, el presidente municipal y los integrantes del cabildo, el representante del gobierno del estado, así como miembros de sociedades mutualistas y de las organizaciones obreras. Al arribar al sitio, Inman entregó al alcalde las llaves del inmueble y lo dedicó “al servicio de la humanidad.”

Conforme a la narrativa de Inman, en el Boletín de la “Pan-American Union,” se publicó un artículo dedicado al Instituto del Pueblo. En dicha pieza, era comentada la labor tanto educativa como la de formación de conciencia cívica y social, incluyendo la protección de los animales (y pensar que los animalistas creen formar una generación primigenia). En lo referente al aspecto educativo, se describía como de lunes a jueves, por las noches, se impartían quince materias que incluían entre otras, “taquigrafía en inglés y español, mecanografía, aritmética, geometría literatura inglesa y española, gramática en ambas lenguas, ética, higiene y educación física.” Durante el último periodo lectivo, acudieron a las aulas cien alumnos entre los que se contaban tanto hombres como mujeres. Durante las noches, entre clases, diariamente se ofrece una conferencia publica en la cual se tratan tópicos diversos como moral, filosofía y/o historia. Los viernes por la noche, bien podían ser dedicados a divertirse con juegos u ofrecer recitales musicales y/o literarios, así como presentar tópicos de interés popular. Asimismo, las celebraciones cívicas tanto de México como de los EU se observaban como una manera de permitir que se entendiera lo que cada país era y en esa forma promover la convivencia armónica entre esas dos naciones. Un aspecto muy importante dentro de las labores del Instituto era el fomento a la lectura. Inman estaba convencido que los mexicanos gustaban de la buena lectura y todo era cosa de permitirles el acceso a ella para que se animaran a leer. Para ello, establecieron dentro de su biblioteca un sistema de prestamos de libros. Los tópicos que mas se demandaban eran la historia, la filosofía y la ciencia que superaban por mucho a los de ficción (¿Cuál sería la opinión al respecto de aquel fulano deleznable, a quien algunos adoran allá en el pueblo, quien nos calificaba de únicamente disfrutar con la ingesta de carne asada?). “La traducciones de Emerson y Tolstoi eran más solicitadas que los libros de Cervantes o los escritores españoles modernos.” Además de ello, Inman estaba consciente de que había otro sector de la población que demandaba atención y eran aquellos cuyas capacidades intelectuales eran mas aptas para el trabajo manual. En ese sentido, se ofrecían cursos para que las jóvenes aprendieran a desarrollar sus habilidades relacionadas con el corte, confección y la elaboración de manualidades que pudieran ofrecerlas para la venta. En el caso de los varones, se les impartían cursos que les permitieran obtener conocimientos que les permitieran ser empleados en las diversas etapas de la actividad que en esos tiempos era la fuente principal de trabajo en la localidad, el ferrocarril. En todo este proceso educativo, se buscaba incorporar a los profesionales quienes vivían en la localidad.

Inman narra el caso de un juez federal a quien de la ciudad de México enviaron a vivir a Piedras Negras. El hombre, cuyo nombre no menciona, se sentía fuera de sitio y no encontraba en que ocuparse durante su tiempo libre. Al conocerlo, Inman decide invitarlo a que impartiera un curso en el Instituto. Aquello arrojó resultados muy positivos, al grado tal que sus horas fuera de oficina las empezó a dedicar a dar clases ahí, impartía derecho comercial, al tiempo que invitaba a otros profesionales para que se sumaran a la plantilla de maestros.

Hubo otros casos. Uno de ellos, fue el de un experto en la agricultura de temporal, Zeferino Domínguez, quien ofreció varias conferencias sobre el tema e instaló maquinaria para mostrar cual era la mejor semilla de maíz para ese tipo de cultivo. Asimismo, se presentó a charlar un ciudadano de origen chino, J. Kim Yuen, quien explicó acerca de como era factible encontrar una solución a la demanda que su gobierno presentaba para lograr una indemnización por la masacre cometida en contra de los chinos en Torreón. Ahí, también, se apersonó uno de los más importantes maestros mexicanos, Andrés Osuna Hinojosa fundador de la Escuela Normal de Saltillo, quien fuera el creador, en 1899, de la dirección general de instrucción primaria en Coahuila y, en 1918, sería gobernador de Tamaulipas. Pero, como ya se apuntó, el Instituto y sus directivos no eran ajenos a los tiempos que vivía el país.

El 1 de junio de 1911, Inman habría de empezar a involucrarse directamente con los personajes que transformarían al país para bien. Ese día fue testigo de la llegada, vía el puente internacional que une a Eagle Pass, Texas con Piedras Negras, de Francisco Ygnacio Madero González quien era recibido por el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza Garza. Por esos días, en su calidad de mandatario estatal, Carranza visitó las instalaciones del Instituto del Pueblo y el presidente municipal, el doctor Cantú, le comentó que todos los jóvenes quienes participaban en la vida política nigropetrense en favor de la democracia había obtenido su entrenamiento en el club de debates, en los cursos de lectura y en las clases nocturnas que se impartían en el Instituto. Posteriormente, Carranza e Inman se entrevistarían en el Hotel Coahuila, ese edificio ubicado en el cruce de las calles Guerrero y Zaragoza que hoy luce los estragos del tiempo. En dicho sitio, el primero giró instrucciones para que diversos profesores se reunieran con el estadounidense y discutieran cómo incorporar el modelo utilizado en el Instituto del Pueblo a los planes educativos estatales.

Para febrero de 1912, las cosas empezaban a lucir ominosas en la vida política del país. Las ambiciones personales afloraban, recordemos que, en noviembre del año anterior, Emiliano Zapata y el genéticamente predispuesto a la traición, Pascual Orozco ya habían demandado, vía el Plan de Ayala, la destitución del presidente Madero González. La noche del día 22 del mes mencionado, vaya fecha, se efectuó una ceremonia con motivo del natalicio del presidente estadounidense George Washington, recordemos que en aquellos tiempos aún no les llegaba lo de mover las celebraciones y juntarlas con otras. Además de dar lectura al discurso de despedida de Washington, se analizó la situación imperante en México. En ese entorno, se enfatizó cuán importante era respaldar al gobierno de Madero, los costos que tenía no obedecer a la autoridad constituida y lo relevante que era dar tiempo para que se consolidaran las reformas que el coahuilense tenía en marcha. Para remarcar esos temas, se organizó un comité el cual se encargaría de organizar diversas charlas sobre el tópico en el teatro de la localidad. El 16 de septiembre del año referido, una multitud se lanzó por la Calle Real y cuanta casa perteneciente a extranjeros encontraba al paso, la surtían de piedras. Sin embargo, Inman apunta, al encontrarse frente al edificio de la institución educativa se abstuvieron de practicar lanzamiento de objeto alguno. Ya de regreso, el grupo fue y se plantó al pie de la estatua, la de Hidalgo que desconocemos a donde fue a parar, ubicada justo enfrente del Instituto y aquello fue un discurso incendiario tras otro, sin que ninguno de ellos fuera enfocado en contra de los extranjeros que dirigían el plantel educativo. En ese ambiente de tensión trascurriría el resto del año y el primer mes y medio del siguiente.

Llegó el 22 de febrero de 1913 y con él la asonada en contra del presidente Madero González perpetrada por un católico muy devoto, el chacal Victoriano Huerta. Ante ello, el gobernador de Coahuila, don Venustiano, procedió en consecuencia y el destino volvió a llevarlo a Piedras Negras en donde consolidó su amistad con Inman. El Instituto del Pueblo habría de convertirse en un centro de operaciones del carrancismo, cuyos miembros utilizaban las máquinas de escribir, libros y mapas del instituto, además de ocupar constantemente la sala de lectura para efectuar reuniones. Además, Carranza envió a estudiar en los centros educativos de los Estados Unidos de América un número importante de maestros y jóvenes. Cuando las tropas del Constitucionalismo abandonaron Piedras Negras y otros llegaron a ocuparlo, la suerte de Inman varió y tuvo que abandonar el pueblo, aun cuando el Instituto continuó operando. Ello no implicó el fin de la amistad y la admiración que Inman profesaba hacia Carranza Garza.

Cuando el 8 y 9 de septiembre de 1919, el comité senatorial instaurado por el senador republicano por New Mexico, Albert Bacon Fall, dio inicio a sus audiencias, el primer testigo que apareció fue Samuel Guy Inman quien sostuvo que don Venustiano era un hombre que impulsaba la educación y promovía la libertad religiosa. Dicha comparecencia es un tema que con amplitud mayor abordamos en nuestro libro “El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza” (INEHRM, 2017). A lo largo del tiempo Inman continuó promoviendo el mejoramiento de las relaciones entre las naciones de América Latina y los EU. En reconocimiento a todo ello, el 3 de marzo de 1950, el presidente de México, Miguel Alemán Valdés, le impuso la condecoración del Águila Azteca (entonces con un significado muy alto) por sus acciones a favor de la cooperación interamericana y su apoyo a México en pro de la democracia revolucionaria.

Esta es apenas una breve semblanza sobre el Instituto del Pueblo, al cual en nuestros tiempos conocimos como el Instituto Andrés Osuna, y Samuel Guy Inman, un personaje que pocas veces es mencionado en la historia de Piedras Negras, Coahuila. ¿Influirá en ello que su relación con el Gran Arquitecto la asumía desde una perspectiva distinta a la que tienen algunos o es simplemente que se les ha pasado a los expertos en la historia del pueblo?

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Añadido (1) Cuanta carencia muestran con eso de querer endilgar a las abuelas el cuidado de los nietos, todo por ahorrarse unos pesos.
Añadido (2) Nos negamos a aceptar que esa sea la imagen de la diplomacia mexicana. La fotografía era patética y no pudimos sino añorar la estatura de figuras como Matías Romero Avendaño, Isidro Fabela Alfaro, Manuel Téllez Acosta, Genaro Estrada Félix, Luis Padilla Nervo, Jaime Torres Bodet, Manuel Tello Baurraud, Rafael de la Colina Riquelme, Alfonso García Robles, Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa, Bernardo Sepúlveda Amor y Rosario Green Macías, entre otros.
02 Febrero 2019 04:00:00
Alguien quería entregar el petróleo mexicano
Transcurría el décimo mes del año, 1940, el país llevaba cerca de 31 meses de euforia ultranacionalista tras de la expropiación petrolera, el logro máximo del gobierno encabezado por el presidente Lázaro Cárdenas Del Río. Para ese momento, Salvador Abascal Infante y sus huestes sinarquistas, creadas en mayo de 1937, habían dejado de dar lata. Las negociaciones realizadas por el jefe de la campaña presidencial, Miguel Alemán Valdés, con los hombres de negocios regiomontanos, quienes eran los apoyadores reales del movimiento, fue una carambola de dos bandas. Por un lado, dejó a los sinarquistas sin financiamiento y por otro, logró que los regios no apoyaran al candidato presidencial opositor Juan Andreu Almazán. Faltaba mes y medio para que el presidente de la República electo, el general Manuel Ávila Camacho tomara posesión. Sobre aquellos días les vamos a narrar una historia de la cual nos faltaba una parte.

Ya se iban, pero seguían mandando y, aun cuando expropiaron el petróleo a los estadounidenses, no terminaban de negociar con los ingleses. Como el petróleo de nada servía nacionalizado sin generar recursos, pues, como dicen por ahí, haciendo de tripas corazón y apretándose la nariz no les quedó sino terminar vendiéndoselo a ese par de almas de la caridad que eran la bestia austriaca y el duce italiano. Pudiéramos decir que el presidente Cárdenas, sin ser creyente ferviente, aplicó aquello que “primero está comer que ser cristiano.” Aquí debemos de apuntar que había otros en el mundo quienes no solamente vendían. Al norte del Bravo, el presidente Franklin Delano Roosevelt llamaba al duce italiano “admirable” y “se mostraba profundamente impresionado por lo que había logrado.” Pero dejemos disgregaciones y volamos al tópico central de esta colaboración.

La ocasión primera en que nos enteramos del tema fue cuando, hace años, leímos “Strategy, Security and Spies. Mexico and the U.S. as allies in World War II,” (Pennsylvania State University, 1997) de la economista e historiadora María Emilia Paz Salinas. De ahí, verificamos la información en las fuentes originales en los EUA, pero nos quedaba pendiente una pieza para cerrar el triángulo de la información dura. Era un documento que colocaba tambaleante todo el discurso nacionalista. Por un buen rato nos olvidamos del tema. Fue hasta hace unos días cuando encontramos el documento faltante. Pero hagamos un recordatorio breve de cómo surge todo esto.

El petróleo no se saca con un popote y hay que meterle centavos para sacar pesos. Pero, ni lo uno, ni lo otro abundaba en las arcas naciones. Ante eso, el mandatario de origen michoacano volteó la mirada hacia el oriente, se duda que buscara la llegada de los Reyes. Creyó que nadie lo observaba. Sin embargo, no todos estaban distraídos, los vecinos y el segundo mejor embajador que nos hayan enviado, Josephus Daniels, no quitaban la vista sobre lo que aquí sucedía. Veamos que pasaba en 1940.

Como si fuera regalo de reyes, el 6 de enero de 1940, The New York Times y The Chicago Daily Tribune publicaron declaraciones del gerente general de Petróleos Mexicanos, Vicente Cortés Herrera quien reclamaba al sindicato que la industria petrolera mexicana operaba en “condiciones desastrosas”. Prevalecían la “inexperiencia, ineficiencia y la carencia de responsabilidad.” La rapiña era rampante y el incremento de costos junto con el descenso en la producción ponía aquello en una situación muy delicada. Los trabajadores argüían que los problemas eran originados por los administradores quienes carecían de conocimientos. [No vayamos a perdernos, relatamos hechos de 1940]. En abril de 1938, el número de trabajadores petroleros era de 15,895 y los costos de operación mensuales alcanzaban 4.3 millones de pesos. Para enero de 1940, 19,316 personas laboraban en la industria y los costos de operación por mes eran de 6.5 millones de pesos. Durante ese periodo, la extracción de crudo disminuyó de 570 mil metros cúbicos mensuales a 470 mil. Cortés apuntaba que, sin avisar a los directivos, el sindicato decidía a quien contrataba. Asimismo, se enfrentaba falta de disciplina entre los obreros quienes se rehusaban a poner en práctica los planes de trabajo elaborados por los directivos. Aunado a ello, existía el robo de tubería e inclusive se daban casos de que se conectaran ductos de los tanques de almacenamiento a las casas de los trabajadores quienes desde ahí vendían el producto. [Por si alguien quiere decirnos que el huachicol empezó en los tiempos del ignaro con botas]. Se les otorgaban medicamentos sin costo alguno y en lugar de utilizarlos los vendían. Lo mismo sucedía con los juguetes que en Navidad les entregaban para sus hijos.

El 25 de enero de 1940, la prensa estadounidense dio a conocer que, en los campos petroleros del Golfo de México, se incrementaba la presencia de japoneses. La Compañía Petrolera Veracruzana, financiada por la firma nipona Mitsui, daba inicio a los trabajos para abrir a la explotación diez pozos nuevos en Jopoy, ubicado en Tamaulipas. Desde el 18 de marzo de 1938, los únicos dos permisos otorgados con tal fin habían sido para dicha empresa.

A principios de febrero, se anunciaba la conclusión del tratado de comercio entre los EUA y Japón que buscaba con quien hacer negocios y los hicieron con las autoridades petroleras mexicanas. La oferta era que, a cambio de llevarse siete millones de barriles de crudo, ellos pagarían con efectivo y bienes. El precio del crudo no sería menor al del mercado estadounidense. La cantidad por pagarse en efectivo sería pequeña, la mayor parte se haría con productos de algodón, equipo eléctrico de costo bajo y otros artículos similares. Durante los dos meses siguientes, nada de supo públicamente de cómo iban las negociaciones. Sin embargo, en marzo, el presidente Cárdenas Del Río envió al presidente de la compañía La Laguna, el Dr. Kisso Tzuru, un proyecto de acuerdo para construir un oleoducto a través del Istmo de Tehuantepec, el cual operaría mediante una inversión conjunta a través de la creación de una empresa que dirigiría el general Francisco José Mujica Velázquez.

A principios de abril, la Compañía Petrolera La Laguna y las autoridades mexicanas firmaban un contrato para que se enviaran a Japón 2.4 millones de barriles de productos petroleros, (dos millones de crudo, 210 mil de gasolina y 192 mil de queroseno), mismos que nos pagarían a 30 centavos de dólar por abajo del precio de mercado. Alegaban que esto era para compensar el costo de transportarlo a través del Canal de Panamá. En el contrato, se especificaba que los desembolsos se efectuarían en efectivo, salvo los cien mil dólares que fuentes no oficiales indicaban habían sido entregados cuando se signó el contrato, al momento de la entrega a tanques japoneses que estarían en Tampico y Minatitlán.

Un análisis elaborado por The New York Times enfatizaba que, si bien más de la mitad de las importaciones mexicanas provenían de los EUA, entre 1930 y 1940, el mercado mexicano se convirtió en un buen sitio para productos baratos provenientes de Gran Bretaña, Francia Alemania, Italia, Suiza y Japón. Este último país era el que mayor dinamismo mostraba. Entre 1931 y 1938, las exportaciones estadounidenses a México se duplicaron, mientras que las japonesas crecieron ocho veces, especialmente en productos como rayón, juguetes, equipo eléctrico, maquinaria pequeña y otros similares. Detrás de este boom, estaba el Dr. Tzuru (al nacionalizarse mexicano lo castellanizó a Turo) quien actuaba como gerente general de la Compañía Internacional de Comercio, la cual se encargaba de introducir al país artículos farmacéuticos, además de controlar otras siete u ocho negociaciones. Tsuru sostenía relaciones de negocios con políticos ligados a Francisco J. Múgica Velázquez y Emilio Portes Gil, incluyendo los generales, Juan Barragán Rodríguez, Dámaso Cárdenas Del Río y Antonio I. Villarreal González. Asimismo, a través de la Compañía Minera Turo, se infiltraron en la extracción de minerales inicialmente con la exportación de plomo y aspiraban a explotar las minas de hierro en Las Truchas, Michoacán. Se aseguraba que una gran parte del capital de operación de las compañías petroleras La Laguna y la Veracruzana era suministrado por Oji Paper Manufacturing Company of Tokio, presidida por G. Fujihara. Sin especificarse quien, se decía que los permisos de exploración que obtenían las empresas japonesas se lograban gracias a un subsecretario quien fue presidente de la Veracruzana. Se hablaba de que los japoneses habían gastado alrededor de tres millones de pesos en perforaciones ejecutadas en zonas que de antemano se sabía no había petróleo, pero que, no obstante, planeaban recibir mayores inyecciones pecuniarias para tal efecto.

Asimismo, en la costa oeste de México, vivían alrededor de 30 mil japoneses quienes mantenían una interacción amplía con los mexicanos ya fuera mediante el matrimonio o simplemente a través de la nacionalización. De igual manera, llamaba la atención la presencia en el Pacifico mexicano de la flota pesquera japonesa compuesta por veinte embarcaciones, aun cuando al parecer eran más. La compañía Kaishan, 80 por ciento de sus acciones pertenecían al gobierno de Japón, era la que aparecía como propietaria. A la par, se hablaba de centros de espionaje japonés ubicados en Tijuana y Guaymas en donde operaban las oficinas de una compañía pesquera. No muy lejos de este sitio, en un poblado pequeño, había una radiodifusora clandestina. En igual forma, se especulaba que los representantes de las empresas Mitsui e Iwai estaban en negociaciones con el gobierno de México para que se les concesionara el aprovechamiento de la sal en la bahía Ojo de Liebre en Baja California, Sur. Asimismo, los nipones deseaban construir un ferrocarril a la bahía de San Bartolo. En medio de todo ello, un miembro de una misión comercial mexicana que fue a Japón indicaba que acerca de lo que más les preguntaron fue sobre la relación de nuestro país con los EUA y no de las posibilidades de hacer negocios. Pero al parecer, como no se leían los diarios en inglés, en México todo era ver como se podían entablar relaciones más estrechas con las empresas japonesas, especialmente las petroleras.

Inmersos en todo lo anterior, a mediados de octubre, se dio a conocer habérsele otorgado a la Compañía Petrolera Veracruzana una concesión por cinco años para que explorara una área de 100 mil hectáreas en el estado de Veracruz. Hasta ahí llegó la indiferencia del gobierno estadounidense que había observado pacientemente como los nipones tomaban posesión de uno y otro negocio en México.

El 20 de octubre de 1940, el presidente Cárdenas Del Río recibió la visita del embajador estadounidense Daniels quien, con cara de “me” no entender, llegó ante don Lázaro y le mostró las páginas 2 y 3 de un ejemplar del Diario Oficial publicado el lunes 14 de octubre anterior (el documento que nosotros no habíamos encontrado). Al lado izquierdo en la mitad de la hoja 2, se leía: “Contrato de exploración y explotación petroleras, que celebran por una parte el C. Subsecretario de Economía Nacional, que en lo sucesivo se designara como ‘el Gobierno’, y por la otra la Compañía Petrolera Veracruzana, S.A., que en lo sucesivo se designara como la ‘contratista.’” A continuación, aparecía, en la Cláusula Primera: “La contratista se obliga a desarrollar trabajos de exploración geológica y geofísica técnicamente organizados en una superficie de 100,000.00 Hs (cien mil hectáreas) de terrenos de Reservas Petroleras Nacionales, ubicados en los municipios de Misantla y Jalapa en el Estado de Veracruz.” En esa área habrían de realizar trabajos de exploración e identificación de terrenos para lo cual, conforme a la cláusula Cuarta “dispondrá de un plazo de cinco años contados de la fecha de este contrato…” En la Quinta estipulación, se indicaba que “dentro del mismo plazo…hará el deslinde de los terrenos y los dividirá en diez fracciones de 10,000 hectáreas cada una…” La Sexta condicionante mencionaba que, a cambio de cumplir con las obligaciones, “…el Gobierno le concede el derecho de perforar y explotar pozos petroleros…por un plazo de veinte años a contar de la fecha en que termine el plazo señalado para exploración.” En la Séptima leemos: “Terminado el plazo para exploración geológica y geofísica, se obliga la contratista a ejecutar trabajos de exploración profunda, llevando a cabo, la perforación de dos pozos anuales, en tanto los terrenos ofrezcan perspectivas comerciales. Cuando en un año se perforen más de dos pozos, los excedentes se tomarán en cuenta para el cumplimiento de la obligación en el año siguiente o siguientes.” Respecto a los beneficio para el gobierno, en la cláusula Novena, se indica que el contratista …reconoce al Gobierno una regalía del cinco por ciento de la producción bruta de los pozos que explote… y el cinco por ciento de esa producción en favor de los superficiarios, por todo el tiempo que mantenga en explotación los pozos referidos.” En la Décimo Primera, se apuntaba que la contratista podía “…ejecutar en los terrenos materia de los mismos, todo aquello que requieran las expresadas labores [de exploración] bajo su exclusiva dirección y responsabilidad…” La Décimo Segunda declaraba que “el gobierno tiene el derecho de inspeccionar los trabajos que se lleve a cabo en los terrenos…” Para concluir, en la última, la Décimo Quinta se especificaba que “…durante la vigencia del presente contrato seguirá considerándose como mexicana y tanto ella como los extranjeros y los sucesos de ambos que tomen parte en negocios relacionados con el contrato, sea como socios o accionistas o con cualquier otro carácter, serán considerados como mexicanos en cuanto al mismo contrato se refiera…” Lo anterior, se fundaba en “…la obediencia a lo mandado en el acuerdo presidencial a la Secretaria de Economía Nacional…del 4 de mayo de 1937, registro número 526.” El contrato lo firmaban el subsecretario de economía, Modesto C. Rolland y por la empresa Enrique Malanche Torres quien fuera secretario del presidente Emilio Portes Gil.

Como respuesta a Daniels, el presidente Cárdenas alegó desconocer el asunto y ordenó se ratificará la medida. Se procedió a instrumentar machincuepas legales y Rolland fue sacrificado políticamente. Para cumplir con lo primero, se buscó un tecnicismo y, en base a ello, fue establecido que la Compañía Petrolera Veracruzana debería de cubrir un fondo de 20 pesos por hectárea para garantizar la operación. De no hacerlo, en un plazo de 30 días, se cancelaría la prerrogativa, lo cual sucedió y se echó abajo el contrato.

En el caso del ingeniero Rolland, con Cárdenas ya fuera del mando, durante la segunda quincena de diciembre, se le acusó de que, ante la ausencia del secretario Efraín Buenrostro Ochoa, autorizó a la Veracruzana la importación de 7 mil toneladas de celulosa, mientras les negaba permiso a otras que también utilizaban el producto. Nada pasó, ya fuera del sector público, Rolland fue empleado, en 1941, por el hombre negocios de origen libanés, Neguib Simón, para que proyectara y construyera la Ciudad de los Deportes que incluía la Plaza de Toros México edificación que va a cumplir 73 años y es una prueba fehaciente de que don Modesto era bueno para la construcción.

Sin embargo, en 1940, mediante retorcimientos de la ley, se quería entregar el petróleo mexicano y le endilgaron al ingeniero Rolland un rol muy incómodo. Aquí lo interesante es que tras de un mes de haberse firmado el contrato y seis días después de que apareció en el Diario Oficial, nadie en el gobierno mexicano se percató de la entrega de cien mil hectáreas para explotar petróleo. Tuvo que ser el embajador Josephus Daniels quien nos salvara por vez segunda. La primera fue cuando ignoró, en 1938, la carta del secretario de estado Cordell Hull quien casi nos envía los marines. La segunda en 1940, evitando, ante el descuido, que alguien entregara el petróleo mexicano a los japoneses. ¿Para usted, lector amable, quien fue el responsable de tal distracción?

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Añadido (1) Muy recomendable sería que los animalistas, mientras esperan que les sirvan la siguiente orden de tacos vegetarianos de chuleta y pastor, revisaran el texto de la comparecencia en el Senado de España, el 22 de enero pasado, del ganadero Victorino Martín. Tal vez, podrían empezar a comprender lo que es la fiesta brava en realidad. Y para quienes sustentan que los aficionados a la tauromaquia somos una horda de salvajes que gozamos con el tormento de los animales, les dejamos con parte de lo dicho por el propio Martín: “Si la gente disfrutara con el sufrimiento, tengan por seguro que hace mucho tiempo que habría gradas en los mataderos.”

Añadido (2) La fotografía revela todo, el pasado, el porqué de su actitud en el presente y ¿el futuro? Portando una vestimenta blanca, aparece el ciudadano Bergoglio quien, en su papel de CEO de la multinacional más antigua, coloca su pulgar sobre la frente de Maduro el cual, contrito, agacha la testuz y cierra los ojos al recibir la bendición. Ante tanta ternura, nos acordamos de la foto en donde aparece, también, con ropaje albo, el ciudadano Wojtyla junto a Pinochet desde el balcón de La Moneda. ¿Alguna duda que ellos, los de atuendo níveo, siempre están al lado de las almas pías?

Añadido (3) Hace unos días, al circular por la avenida principal del pueblo en donde moramos, tuvimos que detener el vehículo ya que, a una parvada de aproximadamente 50 patos, se les ocurrió cruzar la calle. Como no tenían prisa, pues a contemplar el espectáculo en medio de las muestras palpables de que el planeta está que arde.
26 Enero 2019 04:00:00
Ciudadanos y políticos querían llevarse Baja California y un pedazo más
Cuando escribimos “El Senado estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza” (INEHRM, 2017), uno de los apartados lo dedicamos a la propuesta que realizó, en enero de 1919, el Representante Demócrata por Arizona, Henry Fountain Ashurst, para que los EU adquirieran una porción de Sonora y la Baja California (BC). Aun cuando estábamos consientes que ese era el resultado de un proceso de intenciones y peticiones que diversos políticos y ciudadanos estadounidenses habían realizado desde tiempo atrás, no profundizamos en los antecedentes del tema. La información obtenida de la revisión de los documentos del departamento de estado de los EU, la dejamos archivada. Hoy, decidimos comentar sobre quienes veían, en las entonces tierras desoladas e inhóspitas, un potencial de desarrollo para los intereses estadounidenses, así como la respuesta que a ellas dio el gobierno estadounidense. Bajo la premisa de que algunas de las proposiciones pueden parecernos descabelladas y varias aseveraciones resultan ofensivas para todos nosotros, provistos de piel gruesa, vayamos al repaso de las propuestas que antecedieron a la de Ashurst.

Una vez, en 1853, la BC fue constituida en republica presidida por el aventurero William Walker. Mas tarde, con el permiso otorgado al cónsul estadounidense Elmer por el jefe político en BC, Antonio Perrin, en La Paz y en la bahía de Pichilingue fue factible que desembarcara, libre de derechos, todo el carbón que venia destinado a los buques de guerra de los EU. Posteriormente, en 1868, el gobierno del estadista Juárez García, autorizó el procedimiento descrito. Al trascurrir del tiempo, en Pichilingue, se establecería una base naval estadounidense hasta que el estadista Plutarco Elías Calles emitió, en 1925, las disposiciones para que se removiera de ahí. Sin embargo, años antes, en 1908, el gobierno del presidente José de la Cruz Porfirio Diaz Mori autorizó, el13 de marzo de 1908 uno de los más grandes despliegues de la flota del Pacífico en Bahía Magdalena con la presencia de 16 acorazados y 15 mil marineros. Al amparo de este permiso se realizaron practicas de maniobras militares. Esto provocó comentarios en el sentido de que habría de cederse el área a los EU. Aun a principios de marzo de 1910, el embajador mexicano en Washington, Francisco León de la Barra andaba desmintiendo esos rumores. Pero todo esto había ya convertido a la BC en un objeto de discusión entre los estadounidenses muchos de los cuales veían una “oportunidad” para agregar una estrella más a su bandera.

El 21 de abril de 1911, un abogado de nombre Byron Waters de la firma Waters & Goodcell ubicada en San Bernardino, California, se dirigía al presidente William Howard Taft para hacerle algunas sugerencias y observaciones sobre la BC. Comentaba que a pesar de todas las riquezas que poseía el territorio, continuaba despoblado y las condiciones eran similares a las que prevalecían, en 1846, en el sur de California cuando esta entidad fue “adquirida” por los EU. De acuerdo con los cálculos de este jurisconsulto, con la riqueza natural existente en BC, todo era imitar lo realizado durante los últimos sesenta años en el sur de California para que la BC se convirtiera en un emporio. Además, hacia otras observaciones.

“Dado el desastroso gobierno que impera en México,” escribía Waters, “el territorio de Baja California se convierte en una amenaza para las entidades estadounidenses ubicadas en la Costa del Pacífico, tal como se observó durante el intento reciente que hizo Japón por establecerse en esa región”. Mencionaba que las bahías tanto en el Golfo de California como en el Pacífico eran sitios muy adecuados para establecer bases navales defensivas y ofensivas. Bajo esa premisa era importante evitar que cayeran en manos de otras naciones que se convertirían en un peligro para la seguridad de los EU. Asimismo, Waters estimaba que como la población en BC era tan poca, en un tiempo relativamente rápido podría ser asimilada. Una vez adquirido el territorio, al operar bajo las leyes de California, podría ser dividido en cuatro o seis condados. Pero había otras propuestas más específicas.

El 3 de julio de 1911, un ciudadano de nombre F.A. Hihn, residente de Santa Cruz California, le escribía al presidente Taft urgiéndolo a adquirir BC dado que este territorio no era de ninguna utilidad para México. Ante esto, con unos centavos de por medio, el gobierno mexicano estaría dispuesto a mover la línea fronteriza del oeste de Nogales a la costa este del Golfo de California. Esto permitiría una salida libre del Río Colorado, le daría a Arizona un puerto marítimo, el Golfo seria únicamente para la flota estadounidense y en caso de guerra nadie podría entrar ahí, se construiría un fuerte en Cabo San Lucas; entre Ensenada y Santo Domingo, se instalaría una colonia para tuberculosos; entre Santo Domingo y Juanaco (San Juanico en el municipio de Comondú, BCS) una colonia penal y al sur de Juanaco otra para enfermos mentales. Según Hihn, una vez que Madero fuera electo presidente, dado que la Revolución fue financiada con fondos de la familia, pues que mejor forma de recuperar los gastos que vendiendo ese pedazo de territorio. Seguramente este señor Hihn al revisar las estrofas del Himno Nacional Mexicano creyó leer “…que el cielo un López de Santa Anna en cada hijo te dio…” Pero ahí no quedó todo, quince días después volvió a escribir al mandatario estadounidense y quiso reforzar su propuesta invocando la Doctrina Monroe y la salvaguarda no solamente de los intereses estadounidenses en México, sino la de todos los países. Según Hihn, China y Japón buscarían asegurar su presencia en la costa de México y enviarían gente para que la poblaran. Enfatizaba que era necesario fortificar la entrada del Golfo de California para proteger el comercio costero de los EU. Pero aún quedaban interesados en el tema.

El 21 de julio de 1911, Ralph Henry Cameron quien fungía como delegado al Congreso por Arizona, recordemos que esta entidad fue aceptada como estado en los EUA hasta el 14 de febrero de 1912, y un ingeniero minero de apellido Smith, fueron al departamento de estado a preguntar si en la Constitución de México no había alguna disposición para vender un pedazo del territorio nacional. Ignorante a mas no poder este individuo, desconocía que esa Constitución, la de 1857, fue elaborada por la mas brillante generación que haya dado México, la de LOS HOMBRES DE LA REFORMA y estos, pese a lo que algunos arguyen, no tenían espíritu de loteros. Al decirles que no era así, preguntaron si acaso en el Tratado Gasden, o de la Mesilla como lo conocemos nosotros, el lotero de Manga de Clavo no había ofrecido un pedazo más de territorio a cambio de unos quince o veinte millones de dólares. Cuando les dijeron que no existía nada al respecto, entonces dijeron que traían un “proyectito” para adquirir “26,000 millas cuadradas de territorio en ambos lados del Rio Colorado, y cerca de siete mil en Baja California que abarcara el delta del Colorado y el Valle Imperial” y de paso llevarse “un pedazo de Sonora hasta la Isla de Tiburón con lo cual Arizona tendría un puerto en Cabo Lobos o Puerto Libertad”. Pero la prensa estadunidense también ponía su grano de arena.

En febrero de 1912, The Denver Post publicaba una nota titulada “5,000,000 acres of land japs want in Lower California are rich in ore” (Los 20,234,300,000 metros cuadrados de tierra que los japoneses quieren en Baja California son ricos en minerales). Japón, según el artículo, planeaba colonizar esas tierras con 20,000 combatientes ya que, aparte de las riquezas naturales, la Bahía Magdalena era un sitio estratégico desde el punto de vista militar. Por esto, era necesario impedir la presencia japonesa en esa zona, además de que la finalización del Canal de Panamá convertiría a la BC en un punto muy importante para el comercio de mercancías. Pero, sobre todo, si en el futuro inmediato México seguía metido en sus revueltas y fuera necesario que los EU se hicieran cargo de nosotros para que nos apaciguáramos, pues entonces la BC era de un valor incalculable.

En una nota anónima recibida por el departamento de estado, el remitente hacía la observación de que, si se construyera un ferrocarril que fuera de San Diego a Cabo San Lucas, sería factible estar mil millas más cerca al Canal de Panamá. Así, una persona podría salir de New York, navegar, cruzar el Canal y llegar a Cabo San Lucas en donde abordaría el tren y 15 horas después estaría en San Diego. Con todo esto, en cinco años, la BC estaría poblada de estadounidenses. Más sugerencias seguían llegando sobre la BC.

El 16 de marzo de 1912, el secretario de estado, Philander Chase Knox, recibía un comunicado de James E. Daniels, un ciudadano residente de Monroe, California, quien, tras lisonjearlo, lo alentaba a que se comprara la BC ya que los japoneses podrían apoderarse de la Bahía Magdalena, establecer ahí una base naval y mas tarde tratar de apoderarse del Canal de Panamá. Para Daniels, México podría ser persuadido fácilmente de que vendiera y la adquisición contaría con el apoyo mayoritario de los estadounidenses. Como respuesta, el secretario en funciones, Huntington Wilson, le agradeció sus comentario y le aseguró que su carta seria archivada correctamente.

Posteriormente, el 22 de abril de 1914, un médico de Los Ángeles, E. F. Henderson, escribía al secretario de estado William Bryan, diciéndole porque deberían los EU comprar la BC: Porque estaba muy lejos de la ciudad de México y no era de ninguna utilidad para México, pero si para los EU; cuando se termine el Canal de Panamá, China y Japón habrán resuelto sus problemas respectivos y serán una amenaza para los intereses comerciales y estratégicos de los EU; y, por razones humanitarias ya que los pobladores de BC requerían la protección del gobierno estadounidense que les proporcionara servicios de salud, educación y aprendieran las costumbres estadounidenses.

El 19 de mayo de 1914, la Arizona and California River Regulation Commision adoptó un acuerdo para solicitar la gobierno de los EU que adquiriera los terrenos adyacentes al Río Colorado para que este cuerpo de agua quedara todo dentro de territorio estadounidense. Pero eso no era nada comparado con la petición que realizaba un mexicoamericano.

Desde Joplin, Missouri, un abogado y notario público llamado John Castillo Jr. Requería al secretario Bryan que, de una vez por todas, se trazara una línea recta desde el Río Grande (Bravo) hasta el extremo de la línea sur de New Mexico y Arizona directamente hasta el oeste del Golfo de California y pues ya de paso tomara la totalidad de la Península de BC., todo esto, decía Castillo, se justificaría bajo los principios de la Doctrina Monroe.

En base a la carta que un “amigo” le envió, el senador demócrata por California James D. Phelan, presidente de la Comisión de Ferrocarriles en el Senado, le comentaba, en enero de 1916, al secretario de estado Robert Lansing, que la frontera suroeste de los EU requería de una revisión cuidadosa, que la flota estadounidense necesitaba un sitio para practicar y que los japoneses acechaban con apropiarse de la BC, así que lo mejor era adquirirla pues el territorio no tenía ningún valor para México. Además, escribía Phelan, todo es que el nuevo gobierno en México realice una enmienda a su Constitución y asunto arreglado. Nuevamente la ignorancia, los hombres del norte, con Venustiano Carranza Garza, al frente no andaban ofreciendo pedazos de tierra, lo de ellos no eran los bienes raíces sino la integración de la patria nueva. La respuesta de Lansing a Phelan fue: “Por razones que son obvias, no puedo otorgar a su propuesta ninguna consideración seria…” Pero había otros ciudadanos que decían conocer la idiosincrasia del mexicano y daban su opinión respecto a la adquisición de la BC.

Uno de ellos era un vecino de Spokane, Washington, Arthur H. Crowell, quien de paso por Helena, Montana, tomó papel membretado del Hotel Placer y escribió al secretario Lansing que, basado en su experiencia, “…los miembros de la mejor clase [¿Serían los que resultaron del amancebamiento entre los hijos de López de Santa Anna y de los que fueron a traer a Maximiliano?] de México estaban de acuerdo en que se perdiera la BC y una esquina de Sonora…” Proponía que para no provocar problemas, se nos diera El Chamizal y ellos se llevaban lo otro. Y para que esto fuera “smooth,” nada como una buena campaña de prensa. Nuevamente la propuesta pasó a ser parte del archivo de las consideraciones no serias. Habría otras.

El 10 de julio de 1916, durante el primer periodo del 64º Congreso, el representante demócrata por el segundo distrito de New York, Charles Pope Caldwell, presentó una propuesta de acuerdo (House Resolution. 258) para que se integrara una comisión compuesta por cinco miembros, entre los cuales estarían un senador y un representante, quienes se abocarían a negociar la compra de una porción del norte de México y la Península de Baja California. Los resultados de las negociaciones deberían comunicarse al Congreso durante la primera sesión que se efectuará en diciembre del año arriba referido. Con esto, habrían de encontrarse soluciones a los problemas fronterizos entre ambos países y la paz reinaría en México. La respuesta le llegó a través del secretario de estado en funciones, Frank L. Polk, quien le comunicó que una propuesta de ese tipo “dado las circunstanciadas prevalecientes, la discusión de una propuesta de acuerdo como este produciría efectos muy poco afortunados en el ánimo de los mexicanos”. Una respuesta similar recibió Henry de la Warr Flood, el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores en la Cámara Baja, quien representaba al 10º distrito de Virginia. Otros legisladores hacían el papel de mensajeros.

Uno de ellos era, el senador demócrata por Texas, John Morris Sheppard, quien envió al secretario del interior, Franklin K. Lane, una misiva, dirigida al presidente Woodrow Wilson y a su secretario Joseph Tumulty, que le remitió un ciudadano de Omaha Nebraska, John A. McShane. Esta persona decía haber vivido por más de treinta años en México y poseer, en Chihuahua, 600 mil acres de tierra con coníferas y varias minas. Tras de aseverar que, en base a su experiencia, la mayor parte de la población estaba imposibilitada y no poseía la capacidad para gobernarse. Además, lucía piadoso, al pedir que no se interviniera por adquirir propiedades, sino por razones humanitarias. Proponía que la porción de tierra a comprar de México fuera a partir de trazar una línea desde Brownsville, Texas hasta el sur de Topolobampo. Así, se llevarían una quinta parte del territorio mexicano y solamente un tercio de su población, además de una cantidad invaluable de riquezas en recursos naturales. Como todo ese territorio no valía nada para México, los centavitos que este país recibiría le permitirían rehabilitar sus finanzas. Casi nos hace llorar la lectura de tanta magnanimidad. A esta propuesta, el secretario Lansing respondió al senador Sheppard: “…por razones que son obvias no puedo tomar seriamente esta proposición…”

Si todas estas proposiciones no tuvieron mayor eco no fue porque de pronto a las autoridades estadounidenses les hubiera salido el amor por México, lo que sucedía es que en Europa la guerra ya estaba en curso y aun cuando el presidente Wilson prometía que no enviaría a sus chamacos al frente, estaba consciente de que no podía distraerse en una aventura militar en México y mucho menos permitir la posibilidad de que nuestro país fuera a acceder a los coqueteos alemanes, además de que aquí no gobernaban loteros. Sin embargo, eso no fue el final de las controversias sobre la BC, en los 1920s, el peor embajador que nos hayan enviado los EU, James Rockwell Sheffield, inventó que el estadista Elías Calles había entregado Bahía Magdalena a los japoneses, en base a ello, con la ayuda de William Randolph Hearst, armaron todo un tinglado que formó parte de aquel cuento de que México encabezaba una conspiración mundial en contra de los EU, pero eso es otra historia la cual les contaremos en otro libro que casi está listo. En el hoy, el capital estadounidense y asiático en la Península de BC está más que presente, pero eso sí, el territorio sigue perteneciendo a México, al menos para efectos legales.


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Añadido (1) Para unos, está dedicado únicamente a combatir los “diablitos.” Para otros, es el cerebro real detrás de la 4T. ¿Cuál versión será verdadera?

Añadido (2) Eso de ver el muro en el patio ajeno y no la muralla en el propio es un pecado. ¿A poco nos va a decir que la sede de la multinacional más antigua está circundada por arreglos florales y el acceso es libre?

Añadido (3) Quien lo hubiera dicho, en pleno proceso de boqueo, las posturas del PRD adquieren calidad de exportación. En los EU, el Partido Demócrata luce como los aurinegros de antaño. ¿Les pagarían derechos de autor?

Añadido (4) En los 1960, una abrumadora mayoría (no sabían lo que les esperaba) apoyaban a Fidel. En la Venezuela de 2019, no se observa que la colectividad en favor de Maduro supere a los que se le oponen.
19 Enero 2019 04:00:00
Sobre la observancia de las leyes
Vivimos los tiempos en nos quejamos, en un gran porcentaje con razón de sobra, de que la observancia de la ley es casi letra muerta para tal o cual autoridad. Sin embargo, cuando se trata de ser actores en ese proceso, todos como sociedad, buscamos la forma de darle la vuelta al acatamiento de las normas que nos rigen y endilgar a otros por qué no obedecemos tal o cual disposición. Al respecto, este escribidor ignorante amplio en esos terrenos, pero siempre dispuestos a recurrir a quienes han abordado el tema, recurrimos a un escrito que al respecto elaboró el padre del Liberalismo Mexicano, José María Luis Mora Lamadrid. El texto en cuestión aparece publicado originalmente en “El Observador de la República Mexicana” el 6 de junio de 1827, nosotros lo encontramos en el libro titulado “El Clero, la Educación y la Libertad,” impreso en 1949. Si bien alguien pudiera tacharnos de anacrónicos por recurrir a este tipo de análisis generados hace casi dos siglos, estamos ciertos de que conforme revisen el contenido habrán de reconocer que es intemporal.

El doctor Mora inicia por citar a Montesquieu en el Espíritu de las Leyes cuando menciona que “las bases y principios motores y conservadores del sistema republicano, sienta que la virtud es el alma de esta clase de gobierno…” Para explicar lo que virtud significa, el liberal mexicano indica que en “dos modos puede hacerse obrar a los hombres, y estos están reducidos a la persuasión o la fuerza”. Parte de reconocer que “en el sistema republicano, … los medios de acción y de resistencia que trae consigo la libertad considerada en todos sus ramos, disminuyen la fuerza del gobierno, que no puede adquirir aumento sino con la perdida de la de los ciudadanos.” Enfatiza que para lograr el equilibrio y evitar la anarquía, “es necesario que la falta de vigor en el gobierno para hacer efectivo el cumplimiento de las leyes, se supla por el convencimiento íntimo de todos los ciudadanos, en orden a la importancia y necesidad indispensable de la fiel y puntual observancia de sus deberes.” Sin hacerse ilusiones de que eso es una tarea fácil y mucho menos inmediata, advierte que “los efectos de la fuerza son rápidos, pero pasajeros; los de la persuasión son lentos, pero seguros”. Advierte lo importante que es, “para que las leyes surtan efecto, contar con el convencimiento de los miembros de la sociedad. Cuando esto se logra, dichas disposiciones se hacen eternas, invencibles e invulnerables…” Sin embargo, si la autoridad las sustenta en “picas y bayonetas, se eluden en todas partes, pues los hombres destinados a hacerlas obedecer, cuyo número es cortísimo comparado con la masa de la nación, no pueden multiplicarse haciéndose presentes en todos los puntos del territorio, ni encadenar familias empeñadas en sustraerse a su dominación”. Por esto, llama la atención sobre el procedimiento a seguir para expedir las leyes.

Estas “no deben dictarse sino después de un examen prolijo, circunspecto y detenido; pero la moral, y la conveniencia publica exigen imperiosamente que una vez dictadas, sean fiel y religiosamente cumplidas, así por los particulares como por los agentes del poder.” En este contexto, se hacía varias preguntas, mismas que respondía. ¿Qué cosas son las leyes? Las reglas a que un pueblo quiere sujetarse, y bajo las cuales quiere ser gobernado. ¿Y qué es infringir las leyes? Es en el particular un crimen por el cual se pone en lucha y pugna abierta con toda la sociedad; es un acto por el cual destruye en cuanto está de su parte la confianza y seguridad pública; es finalmente un rompimiento escandaloso del contrato a que se ha obligado con la sociedad entera, y en cuya virtud esta le asegura el ejercicio de sus derechos, su vida, su honor, el fruto de su trabajo y de su industria”. Acto seguido, advertía sobre lo que podría venir. “Una infracción conduce a otra: el que ha hollado las leyes, para ponerse a cubierto de la autoridad que lo persigue, se ve en la necesidad de cometer mil excesos, y con su pernicioso ejemplo alienta a los demás a imitarlo, dándoles idea de la posibilidad practica de avanzar a semejantes atentados. En efecto, el ejemplo es infinitamente seductor; naciones ha habido en las que se han propagado por este medio funesto mil crímenes desconocidos antes en ellas, sin que hayan bastado a contenerlos, ni la severidad de las penas, ni la actividad de la policía, ni las ejecuciones multiplicadas”. A continuación, comenta sobre lo que sucede a los pueblos cuando se vive fuera del marco de la ley.

En “caso de que se infrinjan las leyes, y se desprecien las penas, …hay mil motivos para temer estar próxima la ruina del edificio social…Esto puede precaverse muchas veces por el pronto, severo y ejemplar castigo del delincuente; la espada vengadora de la justicia puede restablecer la confianza y seguridad, por medios que aunque dolorosos y sensibles, dan necesariamente este resultado, cuando uno o algunos miembros de la sociedad son los infractores; más cuando el poder mismo es el perpetrador estos atentados, ¿quién será capaz de contener el torrente de males y calamidades que se precipita sobre la nación que ha dado el ser a ese monstruo devorador?” A partir de ello, reflexionaba que no podría entender como un gobierno podría aceptar tal deterioro en los cimientos que los sostienen.

Era conveniente tener presente que “los títulos de los gobiernos están reducidos a la ley o la fuerza, porque o ellos existen por la voluntad nacional expresa o tacita, y entonces son legítimos; o no tienen más ser, que el que les presta una pequeña parte de la sociedad opresora del resto, y entonces son despóticos”. Sobre estos últimos no se ocuparía, el doctor Mora, por “estar ya desterrados de todos los países cultos.” Analizaría “aquellos que no pueden aparecer tales sino a virtud de algunas leyes, o lo que es lo mismo, de algunos pactos o convenciones que fijan sus facultades y deberes imponiéndoles una obligación rigurosa de no obrar sino con arreglo a aquellas, sujetarse ciegamente a estos”. Si este tipo de gobierno solapa la infracción de la ley, la destrucción será la consecuencia. Están ahí no por una concesión graciosa sino porque la voluntad nacional “no quiso simplemente que gobernasen, sino que lo hiciesen con total sujeción a ciertas reglas que les han sido prescritas, y cuya oportunidad y eficacia no está sujeta a su calificación”. En esto no se vale alegar patrioterismos fútiles.

El liberal guanajuatense enfatizaba que “el pretexto de la salvación de la patria… no los pone a cubierto de las empresas de una facción que prevalida del mismo y auxiliada de la fuerza puede derribarlos y entronizarse sobre sus ruinas, sin que en caso tan apurado puedan alegar en su favor las leyes holladas por ellos mismos, y destituidas con semejantes procedimientos de su vigor y prestigio. Estas no son simples conjeturas …son hechos comprobados por la experiencia.” Para sustentar sus palabras, ejemplificaba con Francia y América.

Nos daba tres ejemplos iniciales en “Napoleón, Iturbide y San Martín [quienes] fueron los primeros que socavaron con la trasgresión de las leyes los cimientos de su grandeza; se atuvieron a la fuerza para elevarse, y otros a su vez se valieron de la misma, aunque con mejores títulos para derrocarlos.” Asimismo, advertía que “se engañan pues los hombres cuando aseguran con arrogancia que las constituciones son hojas de papel y no tienen otro valor que el que el gobierno quiera darles”. Mora le daba cierto grado de tolerancia a que fueran pronunciadas por el corzo, pero a la vez reprochada que fueran repetidas “por algunos pigmeos sin mérito, servicios ni prestigio, que. han aparecido como por encanto en la escena pública, y nada tienen de común”. Estos últimos, lejos de imitar las cosas positivas que Napoleón hiciera, procedían a reproducir “sus faltas y crímenes más bajos, para lo cual basta un corazón perverso”. De nada les valió a los tres las acciones realizadas por las cuales se convirtieron en héroes, “luego que salieron de la senda constitucional, cayeron con una rapidez asombrosa del alto puesto que ocupaban.” Si eso sucedió con ello, “¿qué suerte espera a los viles animalejos, a los insectos despreciables que quieran imitarlos? La más triste y miserable; haber causado el mal y perecer sin dejar memoria ni vestigio de acciones transmisibles a la posteridad.” El texto que sigue es para cavilarse ayer y ahora, aquí y afuera.

“Pero la historia es pérdida para hombres que no ven sino lo material de los sucesos, sin pararse a examinar su origen y resultados, ni penetrar en el fondo de las cosas. Las mismas causas deben necesariamente producir los mismos efectos; sin embargo, los gobiernos se suelen engañar hasta persuadirse que han de ser excepción de la regla general, cuando por lo general no son sino un nuevo ejemplo que la comprueba. En efecto; aunque los pueblos no rompan a los primeros extravíos de sus jefes, al fin llegan a cansarse y sacudir el yugo que los oprime; así es que la repetición de excesos que inspira confianza a sus perpetradores apura el sufrimiento de las naciones”. Y tras de esto plasmaba una advertencia. “No fíe pues ningún agente público de la tranquilidad aparente que observe a los primeros pasos de sus extravíos entonces se empieza a formar la tempestad, que aunque tarde vendrá a descargar sobre su cabeza, y su estrago será tanto más considerable, cuanto lo sean los materiales que han entrado a constituirla”. Sin embargo, la ecuación aún no estaba completa. Mora Lamadrid reconocía haber analizado “los inconvenientes de la trasgresión de las leyes; pero aún no hemos explicado en qué consiste esta…” Procedía a esclarecerlo.

“Un gobierno puede traspasar las leyes haciendo lo contrario de lo que ellas prescriben; obrando fuera de las facultades que ellas le conceden, y haciendo o disimulando que sus agentes procedan del mismo modo. No cumplir lo que las leyes mandan, por ejemplo negar el auxilio a un tribunal que lo pide, cuando se le concede a otro de la misma clase aunque de grado inferior, es por su esencia y naturaleza una infracción sujeta a la misma responsabilidad, y origen de todos los males que acabamos de exponer; porque el compromiso y juramento que se presta de su observancia abraza no solo la obligación de no contrariarlas, sino también la de cumplirlas; las omisiones son frecuentemente tan perjudiciales y aun más que las-mismas trasgresiones, pues cuando estas no pueden ocultarse a nadie , aquellas se escapan sin cesar aun a la más perspicaz vigilancia”.

Mientras “que todos se alarman con los ataques verdaderos o supuestos que se dan contra la libertad civil y la seguridad individual, y nadie hace alto en que la cuenta de inversión de los fondos públicos y los presupuestos se presenten en la época, modo y forma legal. Sin embargo, estos objetos son de primer interés, y las naciones que los han visto con descuido y abandono tarde o temprano han tenido que arrepentirse y llorar los funestos resultados de su negligencia”. Esto no era todo. “Otro exceso… bastante común en los gobiernos…es persuadirse o afectar que pueden todo aquello que la ley no les prohíbe, cuando es cierto que no están autorizados sino para lo que ella los faculta. A esta persuasión ha dado origen el error capital, de que la constitución y las leyes vienen a poner límites a un poder que ya existía revestido de facultades omnímodas, y no a crearlo y a formarlo”. Un error de este tipo, para el antiguo clérigo, era hasta cierto punto disculpable en Europa en donde la autoridad dé los reyes [era] independiente de los pueblos; pero no en América cuyos gobiernos son de época reciente y de origen conocido”. Lo que sigue es para cavilarse objetivamente.

“En el país de Colon, los jefes de las repúblicas no tienen otros títulos que la voluntad nacional consignada en las constituciones sancionadas por los representantes de los pueblos; nada pues pueden obrar legalmente fuera de las facultades que les han sido expresamente concedidas. De lo contrario resultan que sin tocar en lo más mínimo las leyes, estarían facultados para destruir las garantías sociales, atentar contra la seguridad personal, dilapidar el tesoro público, y ejercer el poder arbitrario en toda la extensión ilimitada de la palabra, sin que pudiese. hacérseles una reconvención legal. Las leyes no impiden directamente estos males; ellas se reducen a prohibir ciertos actos y procedimientos que conducen naturalmente a cometerlos; más como la enumeración que pueda hacerse de los medios que conducen a su infracción jamás puede ser cabal, por las relaciones infinitamente variadas que existen entre las acciones. humanas y los diferentes aspectos que presentan, nunca podrá conseguirse poner coto al poder de los gobiernos si quedan facultados para hacer todo lo que no se les prohíbe expresamente, y no se procura limitarlos al ejercicio de aquellas funciones que les han sido prescritas y forman la fuerza de su actividad política. Aseveraba que “el medio más frecuente de que hacen uso los gobiernos para hollar las leyes es valerse de los agentes subalternos cuando tienen un interés muy conocido en dar este paso siempre peligroso, y quieren ponerse a cubierto de la censura pública que comprometa su seguridad”. Tras de estas precisiones, pasaba a mostrarnos ejemplos concretos con los tres personajes ya mencionados, más un cuarto que hoy es empleado por un iluminado para justificarse.

No hay duda de que “Napoleón…ha ejercido más que ningún otro la tiranía, pero siempre tras de un fantasma de representación nacional, y bajo de apariencias y formas liberales, se puede decir que es el creador de este sistema solapado. Él ha hecho este funesto presente a las naciones que acaban de sacudir el yugo que habían llevado por siglos, y… no le han faltado imitadores entre los jefes que se han puesto a la cabeza de los nuevos gobiernos.” Bajo ese tenor, se desarrolló “la conducta de Sanmartín, la de Iturbide y últimamente la de Bolívar, jefe de una nación conquistadora, es demasiado conforme a la de aquel emperador. Bolívar para sobreponerse a la voluntad nacional solemnemente consignada en una constitución, y Sanmartín e Iturbide para sofocarla impidiendo se, instalase la asamblea constituyente, o diese el lleno a sus funciones, han esparcidos sus agentes, colocándolos a todos en puestos importantes; en seguida los han alentado para que infrinjan las leyes, o pidan a mano armada su revocación, pretextando peligros y conspiraciones, haciendo valer la necesidad supuesta de dar energía al gobierno, y atropellar con todas las formas tutelares de la libertad civil y seguridad individual; se ha procurado que estos agentes hagan aparecer en oposición los intereses de la libertad con los de la independencia nacional, para que partiendo de suposición tan falsa como imposible, se sacrifiquen estos en obsequio de la conservación de aquellos”. Eso sucedía en el antepretérito y, por desgracia, se repite en varios sitios del presente. “En vano los verdaderos amantes de la patria han levantado el grito contra semejantes supercherías, se les ha hecho callar, persiguiéndolos por la violencia o por apodos denigrativos de su conducía: Se han contrapuesto a sus sólidos discursos, temores abultados y sofisterías estudiadas, y se ha dado el nombre de opinión publica a los alborotos populares, y a los actos de la fuerza. De este modo se ha perdido o retardado el fruto de las revoluciones, y de tanta sangre por alcanzar el goce de derechos que se pierden en el momento preciso que debían empezarse a disfrutar”. El cierre del escrito es para analizarlo sin ubicarlo en un espacio geográfico determinado, ni en un periodo especifico.

José María Luis Mora Lamadrid escribía en 1827: “los pueblos no han peleado precisamente por la independencia sino por la libertad: No por variar de señor, sino por sacudir la servidumbre, y muy poco habrían adelantado con deshacerse de un extraño, si habían de caer bajo el poder de un señor doméstico. Este no deja de serlo porque carezca del título y denominación de rey; los nombres en nada alteran ni varían la sustancia de las cosas. Desde el momento en que el gobierno o sus agentes traspasan impunemente las leyes, sea cual fuere la denominación y forma de estos o aquel, la confianza pública desaparece, la libertad es perdida, y la revolución queda armada. Romperá más tarde o más temprano, sus resultados serán más o menos funestos, pero ella es inevitable. Así es como se perpetúan sin intermisión las reacciones civiles de un pueblo, haciendo de él un campo de guerra y de destrucción, que a la larga será presa del primer usurpador ambicioso. Donde no hay fuerza moral, donde no hay unión, patriotismo ni libertad, no hay tampoco defensa contra la usurpación…clamamos pues a los gobiernos: Modelad vuestro poder a las leyes, si queréis conservarlo: y a los pueblo: Refrenad al gobierno, y sabed que cuantos esfuerzos hagáis por vuestra libertad, los hacéis por la felicidad de la nación y el crédito de vuestros jefes. El mayor bien de los pueblos es ser obedientes a la ley: el mayor bien de los gobiernos es la dichosa necesidad de ser justos”. Como en todos sus escritos, el padre del Liberalismo Mexicano nos provee con una lección que nos permite aprender y consolidar nuestras coincidencias con esa filosofía política-económica.


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Añadido (1) Si el diario neoyorquino y el periodista mintieron, nada debe detener la demanda correspondiente. El presidente de México, cualquiera que sea su nombre y partido político, no puede ser tachado de mentiroso y simplemente dejar pasar el asunto.

Añadido (2) ¿Cuándo saldrán los encargados de los asuntos relacionados con el abastecimiento de combustible a refutar lo que el jueves por la noche, con cifras en mano, aseveró alguien quien fue a aprender “malas mañas” al exterior y hoy es un investigador de un centro de docencia económica?

Añadido (3) Triste el espectáculo que ofrecen los priístas en las cámaras, reducidos al nivel de los petistas a quienes buscan arrebatarles el título poco honroso de los genuflexos del año, y llevan la delantera.
12 Enero 2019 04:00:00
La educación bajo el enfoque social del estadista Elías Calles
Como resultado de nuestro artículo anterior, un lector amable nos señaló: “presumes de ser ‘[Elías]callista’ y lo único que se te ocurre presentar es la propuesta educativa de Cárdenas, ¿Qué acaso tu ‘ídolo’ no hizo nada por la educación?” Tras de aclararle que no somos idolatras de nadie, le respondimos que analizamos a todos tengamos o no afinidades ideológicas, y mucho gusto repasaríamos las acciones que el estadista Plutarco Elías Calles planteó respecto a la instrucción de la población, vayamos al tema.

El estadista Elías Calles asume el poder el 1 de diciembre de 1924. En ese momento muchos estimaban que habría de ejercerlo bajo el mando absoluto del presidente que se iba, Álvaro Obregón Salido. Manteniendo una relación estrecha, más no servil, con su antecesor, Elías Calles continuó la construcción del edificio institucional en el cual la educación tenía un espacio muy importante y el antiguo maestro rural le confirió un sentido social.

En el contexto de su primer informe de gobierno, el 1 de septiembre de 1925, Elías Calles dedicó 2928 palabras a la educación. Precisaba que “sin descuidar la educación universitaria, el esfuerzo… se ha orientado de preferencia hacia las escuelas urbanas de primera enseñanza, las escuelas de obreros, las de carácter técnico e industrial, y, muy principalmente, hacia la educación rural, para hacer llegar los beneficios de la educación a las grandes masas de campesinos, mestizos e indígenas.” No obstante, la reducción en el presupuesto, mediante economías diversas, se ampliaron “las sumas asignadas al personal docente.” Las escuelas rurales, alcanzaron un total de 2,001 (962 construidas en los últimos ocho meses) y eran atendidas por 2,360 maestros (1214 más que en diciembre de 1924) con una asistencia media diaria de 108,449 alumnos (un incremento de 63,120). El objetivo era convertirlas en “centro y origen de actividades sociales benéficas a la comunidad, …alejadas de la política electoral o personalista,” y que los educandos adquirieran “habilidades manuales y espirituales [desconocemos que significaba esto] que se traduzcan en aumento de su capacidad económica.” A la par que se distribuían libros y útiles escolares, “se repartían implementos de labranza para los campos anexos a las escuelas, los que han sido cultivados, en algunos lugares…, de tal manera que las cooperativas escolares [disponían de] pequeños capitales que pronto podrán bastar para que las escuelas se sostengan por sí mismas.” La atención al sector rural no implicaba el abandono a las escuelas primarias en las áreas urbanas. En todo el país operaban 344 con 105, 978 alumnos atendidos por 2165 profesores.

Asimismo, se impulsó la enseñanza industrial y técnica, en donde los alumnos a la par de la teoría accedían a la práctica que les permitía generar productos para venderlos. Esto creaba una mezcla en donde se conjuntaban “los fondos propios de Departamento de Enseñanza Técnica, …obtenidos con los productos de los talleres y las cuotas de colegiaturas de las escuelas que de él dependen y que han permitido aumentar… los equipos de maquinaria y herramientas, los instrumentos y aparatos para laboratorios, y los muebles y enseres diversos que se [requirieran] en las [27] escuelas [ en todo el país].” El presidente Elías Calles mencionaba como ejemplo de la forma en que operaban a las Escuelas “J. Cruz Gálvez” en Hermosillo, Son, las cuales tras de reorganizarlas fue factible que “los talleres de imprenta, carpintería, lavanderías y fábrica de calzado, [estuvieran] trabajando, y ésta última tiene actualmente contratos por más de $100,000.00.” Otra era la Escuela Industrial de Orizaba.

Asimismo, el presidente comentó sobre el inicio de operaciones, el 30 de noviembre de 1924, de una estación de radio [hoy Radio Educación] dependiente de la SEP que “diariamente transmite el Boletín Meteorológico, consejos a los agricultores y una conferencia cultural de diez minutos; los miércoles y sábados, conferencias y audiciones artísticas y propaganda cultural… [Es] “utilizada… por la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo, para enviar sus boletines comerciales.” A la par, se instalaron aparatos receptores en la mayoría de las escuelas federales en los estados.

Anunciaba que las escuelas de Bellas Artes y el Conservatorio de Música pasaron a depender de la Universidad Nacional que contaba con 11,071 estudiantes. El estadista Elías Calles insistió en propiciar “el acercamiento… entre las clases laborantes y los elementos universitarios, [quienes] deben…empeñarse en prestar servicios sociales a la comunidad y especialmente al proletariado.” Comentaba sobre el éxito de la escuela de verano de la Universidad e informaba que, desde 1924, se promovía [eso que ahora alguien dice es adquirir ‘malas mañas’ afuera], se daba un intercambio con la Universidad de París.

Una vez que informó sobre lo realizado en materia cultural y conservación del monumentos y edificios históricos, mencionó que “se estableció el Departamento de Psicopedagogía e Higiene, con el propósito de… conocer las constantes” del desarrollo físico y mental de los niños mexicanos, para deducir de ellas la aplicación de los métodos de enseñanza y las normas para la vigilancia de su salud física y mental.” Asimismo, sería obligatorio “que todas aquellas escuelas privadas [con] más de cien niños deberán tener su médico escolar…”

Daba a conocer las publicaciones impresas con fines educativos, y “que las bibliotecas deben responder a la evolución social y a las nuevas tendencias educativas… [Por ello,] el Departamento de Bibliotecas ha creado varios tipos, cuyos libros van… de acuerdo con las condiciones y el medio de vida de aquellos grupos a quienes se destinan…[y] se han formado bibliotecas especiales …, según las condiciones étnicas, éticas y económicas de cada grupo social.” Están divididas en rurales, industriales, populares, institucionales, infantiles y escolares”.

El 1 de septiembre de 1926, en 3936 palabras, Elías Calles informaba sobre la educación. Destacaba el incremento, en mil, de las escuelas rurales lo que permitía instruir a 143,435 niños y 36,738 adultos. En igual forma, enfatizaba [que]dichas escuelas eran “construidas casi en su totalidad por los vecinos de los pequeños poblados, con insignificante ayuda económica del Erario Federal.” En ese mismo entorno, se apoyaba “la formación de maestros rurales y de profesores de escuelas semiurbanas, aparte de las Normales Regionales que funcionaban ya… Además de seis misiones culturales que recorren diversos estados…” Al igual que el otro estadista mexicano, Benito Pablo Juárez García, Elías Calles no consideraba a los indígenas como entes antropológicos, buscaba incorporarlos al proceso de desarrollo de la nación. Por ello, puso a funcionar [, en 1926] la Casa del Estudiante Indígena, cuyos educandos asisten a diversas escuelas primarias, técnicas e industriales de la capital, en donde están en contacto diario con criollos y mestizos. Los resultados destacan la fuerza mental, la facultad de inmediata adaptación y la importancia de los indios como factor de civilización y de progreso, en contra de lo afirmado por sus constantes calumniadores o explotadores [quienes siguen ahí, disfrazados de indigenistas, sacando raja del atraso.]”

En materia de enseñanza primaria y normal, operaban 824 escuelas. Dada la escasez de dineros, se optó por “inaugurar cinco escuelas al aire libre para las barriadas más pobres de la capital, con resultados favorables. También se instauró una Policlínica Escolar para atender a los niños enfermos y a los obreros asistentes a nuestras escuelas nocturnas, la cual fue dotada con todos los elementos médicos y quirúrgicos necesarios.” Había otros logros.

La “Caja Nacional Escolar de Ahorros y Préstamos que empezó a funcionar el primero de enero [de 1926]. Fundada para educar a la niñez escolar en el hábito del ahorro y la economía, logró en …siete meses, con los depósitos de cinco centavos semanarios de los niños que asisten a las escuelas primarias, reunir $95,000.00 que están moviéndose en préstamos a sociedades cooperativas de producción y a empleados de la Secretaría que nos ocupa, con tipos de interés y garantías bancarios.” Destacaba el “éxito [de] la Institución “Etic” para la exhibición permanente y almacén de ventas de artículos manufacturados en escuelas federales. Esta institución, [funcionaba] en forma de núcleo de cooperativas escolares de producción y de consumo… ha vendido de enero a la fecha, más de $60,000.00 de artículos producidos en las escuelas y tiene en existencia otro tanto, constituyendo a la vez que un estímulo para la producción industrial de los alumnos, una ayuda para su sostenimiento económico.” En las “veintinueve escuelas técnicas industriales y comerciales, dependientes de la Secretaría de Educación, [se captaron] los productos propios de estas escuelas, por colegiaturas y artículos manufacturados en sus talleres, [que] han llegado, en el período que se reseña, a $181,229.26, que íntegramente han sido aplicados al desarrollo de las mismas escuelas…”

Para las 1062 bibliotecas en operación, 681 nuevas, “se adquirieron 67,876 volúmenes y [distribuyeron] 74,023 libros, más de 131 mil folletos de divulgación educativa, económica y social, boletines e impresos distintos.”

En lo concerniente a la Universidad Nacional, se ha logrado “cada vez más el propósito… de acercamiento al pueblo de estos altos establecimientos de enseñanza…, que no sólo deberán ‘hacer ciencia y difundir ciencia’, sino procurar que ésta se traduzca en beneficio social.”

En el tercer informe de gobierno, 985 palabras describían las actividades educativas. Mencionaba haber “logrado poner en contacto a la escuela con la colectividad, para que sus beneficios no se limiten sólo a los educandos…sino que aprovechen al pueblo [y] despertar y desarrollar [su] potencialidad económica…, procurando desde la escuela la adquisición de conocimientos de aplicación práctica inmediata…” Se trataba de que la actividad no tradicional, como “cultivos, cría y cuidado de animales domésticos, manufactura y de pequeñas industrias, confección de prendas de vestir, trabajos de ornato, preparación de alimentos, construcción de muebles y juguetes, curtiduría y pintado de pieles, tejido de telas y sarapes, alfarería, etc.,” hasta entonces “excesiva y un poco dispersa, se reduzca y concentre de acuerdo con las condiciones y con el medio, para que…accione más intensa[mente] sobre el vivir colectivo.”

A pesar de la estreches presupuestal, se incrementaba “el número de maestros rurales, las misiones culturales, las bibliotecas públicas, la distribución de volúmenes impresos, varios de ellos en el exterior.” Asimismo, se mantuvo la totalidad de las instituciones educativas existentes el año anterior y ampliaron “ los servicios en todos aquellos ramos en que así lo ha exigido el notable aumento de inscripción escolar habida en 1927, enriqueciéndose y fundándose también nuevos centros y talleres, entre los que es particularmente interesante la Tenería anexa a la Escuela Industrial y Fábrica de Calzado “Cruz Gálvez”, de Hermosillo, Son., tenería que empezará a funcionar este mismo mes, y que será, por su dotación de maquinaria, la más importantes del Norte del país.”

El presidente Elías Calles enfatizaba: “el Ejecutivo… renunció a derechos y prerrogativas que le concede la Constitución… en lo que toca a libre nombramiento y remoción de empleados federales, e igual tendencia de estabilización del profesorado se procura en las escuelas secundarias técnicas y universitarias, para garantizar la posición académica y económica de los profesores, y… lograr…la dignificación y liberación del maestro y su apartamiento definitivo de contingencias políticas.”

En su informe último, el 1 de septiembre de 1928, el estadista Elías Calles analizaba en 5134 palabras, el sector educativo cuyo presupuesto era de 28.1 millones de pesos. 125 mil “eran los alumnos inscritos en las primarias del Distrito Federal [en donde 44 mil miembros de] las agrupaciones de padres de familia …prestan ayuda social, moral y material… [a] las escuelas. Esta cooperación puede estimarse en $70,000.00 en el año actual, [la cual era una muestra de confianza y apoyo a las autoridades].” Comentaba sobre una ley de Escalafón casi terminada, enfatizaba que alrededor de 284 mil niños y adultos concurrían a las escuelas rurales y primarias federales foráneas en donde los atendían 4570 maestros, recalcaba sobre los siete grupos que recorrían el país en misiones culturales integradas por un profesor de educación y técnica de enseñanza, una trabajadora social, un agrónomo, un maestro de pequeñas industrias y otro de deportes. En el país, funcionaban 17674 escuelas públicas y privadas en las cuales 34536 profesores atendían 1.3 millones de alumnos. Mas de 7 mil alumnos cursaban la secundaria.

En las escuelas técnicas, los pagos de los alumnos por inscripción, colegiatura y productos líquidos de las obras que ejecutan en los talleres y en las clases generaron cerca de 108 mil pesos que ingresaron al erario. Asimismo, “la Caja Nacional Escolar de Ahorros y Préstamos, que empezó a funcionar el 1o. de enero de 1926, ha reunido durante los tres años de su funcionamiento” 330 mil pesos, de los cuales se han devuelto a niños que terminaron el sexto año, 23.6 mil pesos. Hasta agosto de 1928 funcionaban 351 cajas escolares en las escuelas primarias y secundarias del país. En ellas, “60,000 alumnos… reúnen aproximadamente $12,000.00 mensuales.” “Con la ayuda económica de la Caja, en forma de préstamo, ya redimido, por conducto de la Secretaría de Educación, quedaron establecidas 3,000 bibliotecas de escuelas rurales en la República Mexicana, cuyo importe de $50,000.00 quedó…cubierto a la Caja Escolar desde el 20 de julio próximo pasado.” “Al Banco Cooperativo Agrícola se le han proporcionado en diversas partidas, en calidad de préstamo, $100,000.00 para diversas agrupaciones agrícolas, préstamo que deberá quedar saldado antes de concluir la presente administración…”

Con un presupuesto de 2.4 millones, operaba la Universidad a la que acudían 9379 alumnos. Ahí, se dio “un mayor acercamiento… a los diversos grupos sociales, una liberalidad mayor en cuanto a la admisión de los estudiantes (sin perjuicio de la natural disciplina) y una adaptación cada vez más acentuada a las necesidades de la comunidad…Además, …se está preparado la realización del ideal de autonomía que la Universidad viene persiguiendo y que el Ejecutivo estará dispuesto a concederle llegado el caso.”

En materia de comunicación, vía la radio, la SEP realizó importantes labores de divulgación de enseñanza entre los campesinos, sin restarle atención a la divulgación cultural, científica y artística, y propaganda nacional en el extranjero. En igual forma se continuo con el impulso a bibliotecas, así como con la distribución y edición de obras diversas.

Como es factible observar, la propuesta educativa del estadista Plutarco Elías Calles partía del reconocimiento de que la situación en el país no era homogénea y que los planes de instrucción, a partir del nivel básico, deberían de implantarse de acuerdo con el entorno de cada sitio y con la participación de los padres de familia. Aunado a ello, se planteaba un esquema que lo mismo permitía el desarrollo de las capacidades de los alumnos que decantaba a quienes contaban con las aptitudes para continuar con la formación escolar académica hacia niveles superiores. La política educativa del Elíascallismo era plena de enfoque social como instrumento para combatir la ignorancia y propiciar la mejora económica-social, pero hay en ella una alta dosis de pragmatismo que con el trascurrir del tiempo se fue perdiendo hasta llegar a lo políticamente correcto en donde se arguye que todo el mundo debe de ir a la universidad, lo cual es una falacia. Una cosa es que la oportunidad de acceder a la educación superior deba de estar disponible, y otra muy distinta es que todos posean las capacidades intelectuales para participar y cumplir satisfactoriamente con los rigores que debe de prevalecer en la vida académica de la educación superior. Por ello, Elías Calles planteaba que la ciencia se tradujera en beneficio social, porque quienes accedieran a la universidad deberían de ser los mejores y capaces de apoyar a aquellos que operaban en los estratos diferentes para que cada uno en su campo colaborara y fuera factible alcanzar el crecimiento y desarrollo económico del país. El objetivo era crear una sociedad con individuos instruidos convertidos en entes productivos y no en un grupo clientelar de analfabetas funcionales en espera de la dádiva. Eso era plantear la educación con sentido social, no se necesitaba colgarle etiquetas.


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Añadido (1) Este asunto del cierre de las válvulas domésticas huele a gaaaaaaaaaas y al parecer los vientos provienen del norte.
Añadido (2) Un partido panbolero paupérrimo es más importante que los problemas generados por el desabasto de combustibles. Bueno, es que cada uno exhibe prioridades según su nivel.
Añadido (3) Mientras todo se enfoca al desabasto de combustibles, la Guardia Nacional avanza sigilosamente con paso de ganso…
05 Enero 2019 04:00:00
La propuesta y acciones reportadas sobre la educación durante el cardenismo
Hace días rememorábamos algo que, en la infancia-adolescencia, nuestros mayores nos comentaban sobre sus tiempos de educandos durante los años treinta del siglo pasado. Nos decían que, antes de dar inicio a las actividades escolares, era obligatorio para los alumnos cantar la Internacional o la Marcha del Agrarista. Entonces, poco entendíamos. No fue sino hasta que acudimos a la escuelita parroquial, y empezáramos nuestro proceso de consolidación de Juaristas-Elíascallistas, cuando finalmente nos percatamos de todo lo que aquello significaba. No obstante, no habíamos revisado y como operó la propuesta educativa del presidente Lázaro Cárdenas Del Río. En ese contexto, fuimos a buscar lo que mencionó tanto en su toma de posesión como en los informes presidenciales.

El 1 de diciembre de 1934, en su toma de protesta, Cárdenas utilizó 436 palabras para delinear la política educativa. Sintetizaba, en tres puntos, el enfoque nuevo que los gobiernos de la Revolución Mexicana habían dado a la educación. El primero era el incremento en el presupuesto destinado a dicha actividad, cuyo monto era el segundo más importante del gasto público total. Esto, que permitió aumentar el número de docentes, llevó a “ensanchar de modo considerable la educación popular”. En igual forma, se “ha definido con toda claridad y valor la tendencia más adecuada para lograr que la conciencia de los niños abarque y comprenda las actividades humanas dentro de un punto de vista científico y generoso”. Con base en ello, indicaba, “ha nacido la escuela socialista, a la que el Gobierno… le impartirá un franco impulso para hacer que la enseñanza corresponda a las necesidades y aspiraciones legítimas que tiene el pueblo mexicano, no solo multiplicando y mejorando los centros docentes en el campo y en la ciudad, sino concretando su finalidad social…” Para concretarlo, “lo que la escuela socialista persigue, es identificar a los alumnos con las aspiraciones del proletariado, fortalecer los vínculos de solidaridad y crear para México, de esta manera, la posibilidad de integrarse revolucionariamente dentro de una firme unidad económica y cultural.” A partir de eso, proponía convertir a la escuela en algo más.

Debería ser “la mejor colaboradora del sindicato, de la cooperativa, de la comunidad agraria, y combatiendo, hasta destruirlos, todos los obstáculos que se oponen a la marcha liberadora de los trabajadores”. Igualmente era requerido “un fuerte y decidido apoyo por parte de los maestros revolucionarios, sin cuya colaboración será imposible realizar el programa que, conectándose con las formas económicas en que se está desarrollando nuestra Revolución, pretende armonizar las fuerzas del trabajo de hoy con la conciencia que va a sustentar la acción de los hombres de mañana”. Se busca “que los maestros rectifiquen la perspectiva de la escuela antigua, cuyo fin es preparar a los individuos para luchar contra sus semejantes y crear una escuela nueva en la que, educados los alumnos bajo la actividad en común, puedan sentir, entender y amar la transformación pacífica de las normas sociales que hay que esgrimir para llegar al terreno de bienestar económico y moral que ambicionarnos para México.” Nueve meses después reportaría las acciones realizadas durante ese lapso.

El 1 de septiembre de 1935, el presidente mexicano informaba, en 1071 palabras, que estaba en marcha “el nuevo sistema de enseñanza, [cuyo propósito es] inculcar en la niñez un sentimiento de solidaridad con las clases laborantes, [las] prepare en mejor forma para la vida práctica, [y] les permita participar en la creación de un nuevo orden jurídico - social que acabe con la enorme desigualdad económica existente en nuestro pueblo.” Desde la perspectiva de Cárdenas, la educación socialista ya arrojaba resultados al darse “nuevas orientaciones impresas a la enseñanza rural y en el desarrollo del cooperativismo y espíritu de asociación entre los educandos”. A la par, “se aumentaron 2,200 plazas de maestros rurales: 1,100 disponibles desde febrero último y 1,100 a partir del mes en curso”. En igual forma, anunciaba que la SEP ya estudiaba “el establecimiento de la Escuela Politécnica”, la cual se planeaba operara a partir de 1936, cuyo objetivo sería dar “preferencia a las enseñanzas técnicas que tienden a capacitar al hombre para utilizar y transformar los productos de la naturaleza, a fin de mejorar las condiciones materiales de la vida humana”.

En materia de educación rural, comentaba que, a finales de 1935, se contaría con 27 Centros de Educación Indígena y un número similar de Escuelas Regionales Campesinas en las cuales se preparan “maestros rurales de suficiente cultura, ampliamente compenetrados del momento histórico, con sólida experiencia en la organización del trabajo y con las aptitudes necesarias para la vida cívica y social; y forma, además, peritos en la explotación agrícola, zootécnica de industrias derivadas que, y poseyendo también un claro concepto de sus deberes para con la comunidad rural, serán activos y sinceros agentes de progreso, en beneficio de las clases campesinas”. En igual forma, los profesores rurales, “sin desatender…sus actividades docentes” han apoyado [en] la organización de los ejidos, la formación de sociedades cooperativas y en otras importantes labores de naturaleza social.” Esa labor generaba resistencias y “15 maestros rurales cayeron asesinados a manos de individuos a quienes la ignorancia y el fanatismo azuzaron”.

Otros programas de la educación socialista eran “las escuelas nocturnas para obreros [que,] además de sus labores ordinarias, [difundían] la ideología del Gobierno de la Revolución [,] explica[ban] las doctrinas socialistas dentro de las tendencias normativas del Estado Mexicano y organiza[ban] a los grupos de trabajadores que concurr[ían] a dichos planteles”. Asimismo, informaba sobre la modificación de “los programas, organización y métodos de las escuelas secundarias, …con motivos de la implantación de la enseñanza socialista” resaltando “el auge que el cooperativismo ha tomado en aquellos establecimientos”.

Resaltaba la apertura de escuelas para “Hijos del Ejército” destinadas “a albergar a los hijos, niños y niñas [ojo, el ignaro con botas no fue el primero en hablar así] de nuestros soldados, estarán dotadas de servicio de internado y tendrá talleres, para que los alumnos, además de la instrucción primaria, reciban enseñanzas industriales que los preparen para la vida”.

“La Comisión Técnica Consultiva de la Secretaría de Educación,” se convirtió “en Instituto de Orientación Socialista, con el objeto de fijar, en todos sus aspectos, la labor educacional y dictar normas precisas derivadas de la adopción de la escuela socialista. Se ha logrado que 17 Institutos de índole semejante se funden en diversas poblaciones del país.” Asimismo, para apoyar la labor de divulgación, “se han impreso y distribuido, …folletos doctrinarios coadyuvando a la propaganda de nuestra reforma escolar. Para el resto del año se han planeado minuciosamente, ediciones (económicas) de libros de texto”.

Para mejorar la operación del sistema escolar, planteaba la coordinación entre la federación, estados y municipios “a fin de obtener un sistema escolar único; que todas las entidades federativas apliquen a la educación pública cuando menos el 40% de su presupuesto de egresos; que los sueldos de los profesores de todo el país alcancen un nivel que les permita satisfacer desahogadamente sus necesidades, y, …que... se paguen con toda puntualidad”. Asimismo, expresaba su confianza en “que los habitantes del país, interpretando debidamente la alteza de miras de la Asamblea Nacional de Querétaro que inspiró las reformas hechas al artículo 3o. de nuestra Carta Fundamental, implantando la Escuela Socialista que establece la doctrina de realizar una transformación que mejore las condiciones económicas que guardan actualmente la mayoría del pueblo mexicano, prestará cada vez más su cooperación activa, desinteresada y eficaz, a los esfuerzos que gastan los maestros por cumplir celosamente un precepto constitucional que es timbre de orgullo para la Revolución y promesa reivindicadora para la actual y futuras generaciones”.

Por lo anterior, Cárdenas reiteraba el “solemne el llamado… a todas las clases sociales de la República, …para que, rompiendo absurdos prejuicios, abandonando rancias ideas y librándose de perversas influencias que quisieran ver aherrojado el espíritu de la niñez, acepten y proclamen los postulados de la enseñanza socialista, cuyo contenido moral garantizamos los hombres de la Revolución con el porvenir de nuestros propios hijos”. El presidente Cárdenas olvidó mencionar que sus políticas habían dado un fruto, no el deseado. El 3 de marzo de 1935, un grupo de inconformes con el enfoque socialista establecieron la primera institución de educación superior privada en nuestro país, la Universidad Autónoma de Guadalajara. Esto lo convertía, involuntariamente, en el padre de la educación superior privada en México, algo que deberían de abonarle a la cuenta de logros durante su sexenio.

Al inicio de septiembre de 1936, en el segundo informe de gobierno, 782 palabras sintetizaban lo desarrollado en materia educativa mediante la “creación de nuevos establecimientos escolares y de aumento de plazas en el Magisterio Nacional, se sentaron las bases para modificar nuestros sistemas de enseñanza y se fundó un órgano coordinador de la cultura superior. El presupuesto de 52 millones de pesos representaba el 18.13% del total. En ese contexto, informaba el presidente, “se están llevando a cabo 29 obras de construcción y reparación de edificios escolares, destinándose a ello trescientos cuarenta mil pesos, y la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, por cuenta de la Educación, está ejecutando obras de la misma índole, que importan dos millones, novecientos mil pesos”. El presupuesto también permitía se “continuara el proceso de creación de infraestructura educativa en todos los niveles, además de crear bibliotecas en centros obrero-campesinos, otras con carácter de ambulantes y algunas más semifijas. Aunado a ello, se elevaron los sueldos a los maestros rurales para quienes “se reorganizó la Revista “El Maestro Rural” como texto de consulta…, además de que “se encuentra ya en prensa la biblioteca del maestro rural.” “Se han editado y distribuido 1.500,000 libros de lectura para las escuelas rurales y está lista para su distribución entre las urbanas, la serie de libros correspondiente.” Igualmente, “se donaron 96,000 volúmenes a sindicatos, comités agrarios y escuelas, y se publicaron 21 folletos con un tiro de 270,000 ejemplares, destinados a obreros y campesinos.

“En la elaboración de programas para las escuelas rurales y urbanas y en la preparación del personal directivo del Magisterio, ha prestado eficaz ayuda el Consejo de Orientación Socialista, que está preparando la Tercera Conferencia Internacional de Educación”. Asimismo, “con el fin de integrar el sistema educativo…, se creó el Consejo Nacional de Educación Superior y de la Investigación Científica”. A la vez, eran integrados “el Consejo Técnico de Educación Agrícola, el Instituto Nacional de Psicopedagogía y el Consejo Consultivo del Instituto Técnico Nacional, asignándose ciento cincuenta mil pesos para becas de los jóvenes que hagan sus estudios en este último establecimiento”. Además, “en el extranjero se adquirieron 8 equipos para laboratorio que se destinarán al Instituto Politécnico Nacional, a saber: de electricidad, de mediciones eléctricas, de soldadura eléctrica autógena, de taller mecánico, de fábrica de jabón, de fábrica de vidrio, y de laboratorio de biología; además del material escolar indispensable”.

Por causas desconocidas, en el tercer informe de gobierno, de don Lázaro solamente se refirió a la educación en 117 palabras. Sin aludir a la educación socialista, mencionó que, entre las demandas específicas y las actividades palpables de la masa popular, estaba “en primer término, el anhelo nacional por la escuela. En efecto, en los pueblos más apartados, en el campo y en la ciudad, la principal exigencia de los trabajadores ante la visita presidencial es la de la escuela, no obstante, los sesenta y cinco millones de pesos que se han erogado para el Ramo de Educación por las distintas Dependencias Federales en el año de este Informe”.

Durante el cuarto informe del presidente Cárdenas, ocupado más en los asuntos económicos, los referentes a la expropiación petrolera y las relaciones exteriores, dedicó a la educación 166 palabras. Nuevamente, el concepto de educación socialista fue omitido, apuntando que era necesario “señalar los escollos que haya por remover para lograr la más amplia y definitiva conquista de nuestra clase en todos los problemas que le afectan, desde los de la educación, de perfeccionamiento, de unión y de prosperidad que constituyen la medula de sus aspiraciones”. Enfatizó el requerimiento de “precisar qué ritmo de actividades debemos desarrollar conjuntamente gobernantes y gobernados para educar a nuestras masas indígenas, y sacarlas del estado moral y económico en que se encuentran y…lograr su incorporación completa a nuestra nacionalidad”. En ese contexto, “necesitamos precisar qué actividades y de qué cuantía deben desarrollarse para que nuestro sector popular se vea libre de la lacra del analfabetismo; para que nuestras clases campesinas y obreras perfeccionen sus conocimientos relativos a su actividad habitual y para que dentro de cada sector ideológico y clasista la representación se finque en la conciencia plena de la colectividad...”

En su penúltimo informe, el 1 de septiembre de 1939, indicó que 1.2 millones de pesos se invirtieron en construcción de escuelas, nada mencionó sobre la educación socialista.

El 1 de septiembre de 1940, la educación reaparece en 448 palabras, sin invocar el adjetivo socialista, mencionando lo positivo de orientarla “…en el sentido de estudiar los problemas que afectan a la comunidad, forma[r] hábitos de trabajo y cooperación, crear el concepto de responsabilidad y disciplina sociales y plasmar en los educandos una actitud solidaria con todos los componentes de la sociedad mexicana, entre ellos, las masas productoras.” De 1934 a 1940, el analfabetismo pasó del 50 al 45 por ciento, y los alumnos inscritos en las escuelas primarias aumentaron de 1.42 a 1.80 millones. Pero, “la demanda de escuelas rurales [aún no queda] satisfecha con el funcionamiento…de 16,545 planteles, 13,020 [los] sostiene la Federación, 2,406 los Gobiernos de los Estados y 1,189 las empresas particulares…” “La educación secundaria [se plantea] como un servicio en favor de los adolescentes, tanto para explorar la vocación como para ampliar en general su cultura… [y] se acentúa la tendencia pre-vocacional, … [mientras se destinan] nuevas escuelas secundarias al servicio exclusivo de los hijos de los obreros”. Se busca que los alumnos obtengan “la preparación técnica que los capacita para la transformación y utilización de los recursos naturales, incorporándolos [al] progreso económico industrial del país”.

“Para cumplir…una de las tareas imperativas de la Revolución, fue creado en 1937,[así está en el texto original, pero fue en 1936] el Instituto Politécnico Nacional, donde el alumnado, además de aprender artes y oficios, estudia carreras profesionales y subprofesionales, se capacitan técnica y biológicamente para intervenir en el proceso de producción y se forman especialistas en distintas ramas de investigación científica y técnica llamados a impulsar la economía del país mediante una explotación metódica de nuestra riqueza potencial. No obstante que, como consecuencia de la Ley de octubre de 1933, la Universidad Nacional de México [dejó de ser un] organismo oficial encargado de impartir la cultura superior, convirtiéndose en institución autónoma, el Gobierno Federal ha cooperado a su sostenimiento mediante subvenciones periódicas que…seguirán aumentando anualmente”. Igual trato recibieron la “Universidad Obrera de México y otros institutos de educación en distintos Estados de la República”. Tras de todo esto, tres preguntas nos surgen.

¿Por qué el presidente Cárdenas ya no mencionó la “educación socialista” a partir de su tercer informe de gobierno? ¿Recordaría lo que el estadista Plutarco Elías Calles escribiera, el 27 de noviembre de 1927, en un artículo publicado en The New York Times bajo el título: “Calles sets down his aims for Mexico”, (Calles establece sus objetivos para México), en donde precisaba: En México hay una tendencia clara hacia el individualismo, y este solamente puede ser satisfecho dentro de los límites establecidos por el llamado sistema capitalista? ¿Por esto, Cárdenas prefirió apoyar la candidatura de Manuel Ávila Camacho y no la de Francisco José Múgica Velázquez?


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Añadido (1) Lo de “benditas” transitaba por el camino de una sola vía y por ello, la aureola se fue al barranco.

Añadido (2) Sé esperaba refutara el señalamiento con cifras. Respondió, sin embargo, con un insulto que quiso disfrazar de sarcasmo. Ya lo decíamos, el “sombrerote” lo delataba.
29 Diciembre 2018 04:00:00
Los añadidos de 2018 / B de B
El domingo por la noche recordamos lo que, hace un par de años, nos advirtió nuestro amigo hidalguense quien es un priísta auténtico de los que están ahí por convicción. Nada de que poseyera dotes de clarividente, simplemente era la versión objetiva de alguien que analizaba información de primera mano y preveía el desastre que se aproximaba. (7 de julio de 2018)

A toro pasado cualquiera pretende ser José Tomás. Nada más hay que leer las declaraciones del senador Emilio Gamboa Patrón, quien ahora quiere hacer creer a los cándidos que él si tenía los dos pies firmes sobre la arena y la figura erguida cuando el burel pasaba rozando la faja. ¿De veras? (7 de julio de 2018)

Al ver la fotografía de toma de posesión en el PRI, no pudimos sustraernos a recordar a Mario Benedetti y a la Nacha Guevara cuando esta interpretaba los versos del primero: “…Después de todo usted(es) es (son) el palo mayor/de un barco que se va a pique/ Por eso digo, señor(a) ministro(a), / ¿De qué se ríe(n)? / ¿De qué se ríe(n)?...’ (21de julio de 2018)

Se podrá o no estar de acuerdo, eso es asunto de cada uno y sus preferencias políticas, con el secretario de turismo, Enrique De La Madrid Cordero. Sin embargo, lo que no puede negársele es que ha salido a dar la cara y plantear su postura en un momento en que todos nuestros políticos solamente buscan quedar bien con los que arribaran o andan en la rebatinga por ver cómo pueden apoderarse de aquello que llevaron a un deterioro que casi lo destruye. (27 de octubre de 2018)

Con la caída del puente peatonal en Miami, se demuestra que no solamente aquí se “cuecen habas”. La construcción de dicha pieza considerada como “state of the art”, tardó cinco años y costó 14 millones de dólares. Fue financiada con recursos provistos bajo el programa “Transportation Investment Generating Economic Recovery (TIGER),” una de las joyas de la administración estadounidense que concluyó en enero de 2017. (17 de marzo de 2018)

Mal negocio cuando los políticos se autonombran enviados del Gran Arquitecto para destruir a quienes tienen una percepción distinta a la suya. No, no se alteren esto nada tiene que ver con nuestros asuntos domésticos, nos referimos a la Representante Demócrata por el Distrito 43 de California, Maxine Moore Waters quien declaró: ’I’ve been sent by God to get Trump!’ ¿En verdad el Altísimo usa intermediarios para ejercer venganzas, pues que acaso no era la expresión máxima de la bondad? (28 de julio de 2018)

El circo que vemos en el proceso para confirmar a Brett Kavanaugh, como ministro de la Suprema Corte de Justicia de los EUA, nos muestra hasta dónde puede llegar la degradación en el ámbito político y el poco respeto que algunas personas pueden tenerse a sí mismas con tal de alcanzar notoriedad o empujar su agenda política. (22 de septiembre de 2018)

Al otro lado del Bravo, tres eventos importantes han sucedido alrededor de los magistrados de la Suprema Corte de los EUA. Primero, avalan la disposición presidencial de negar el acceso a migrantes de seis países. Segundo, emiten un fallo indicando que ningún empleado público puede ser forzado a pertenecer a un sindicato y pagar cuotas. Tercero, uno de los magistrados, Anthony McLeod Kennedy, anuncia su retiro. ¿Nuestros expertos internacionalistas y los encargados de la diplomacia mexicana se habrán percatado de lo que ello implica en el contexto futuro de las relaciones México-EUA? Esperamos que así sea, dado que siempre van un paso delante de los acontecimientos o ¿Acaso estamos equivocados? (30 de junio de 2018)

De pronto los seis de los siete miembros del denominado G 7 nos salieron con amnesia histórica y rechazaron que Rusia fuera parte de este por su belicosidad externa. Al parecer los siete olvidaron que detrás de ellos hay un pasado de coloniaje, depredación e intervención que los coloca al mismo nivel de aquel a quien ahora segregan. La hipocresía y el arrepentimiento falso es la divisa de quienes hoy se dicen puros y castos. (16 de junio de 2018)

Mas tardó doña Angela en regresar a Alemania en que le recordaran que su liderazgo estaba sostenido sobre un par de palillos de dientes. Su empecinamiento en la apertura indiscriminada de fronteras tiene hartos no solamente a sus aliados radicales de ocasión, sino a un amplio sector del pueblo alemán que ya no quiere andar haciendo actos de contrición por lo que vivieron durante el tiempo en que fueron dominados por aquel originario de un estado vecino del sureste. (16 de junio de 2018)

“…Y la cuestión judía que se extendió por toda Europa no fue contra su religión, sino contra su función social, que se relacionaba con la usura y la banca…” Si usted, lector amable, piensa que esta declaración se emitió en los tiempos de gestación de la bestia austriaca, está muy equivocado. Son las palabras que, el 30 de abril de 2018, emitiera el líder palestino, Mahmoud Abbas. Saque sus conclusiones. (5 de mayo de 2018)

Ante las acusaciones, el gobierno español emitió un comunicado aceptando que quien lo preside, Pedro Sánchez, al elaborar su tesis doctoral solamente plagió el 13 por ciento de su contenido y eso es aceptable!!! O como diría aquel, “que tanto es tantito,” íbamos a escribir otra cosa, pero… (15 de septiembre de 2108)

Cuando veíamos al francesito Macron hablar ante el Congreso de los EUA, no pudimos sustraernos a un par de imágenes del pasado. En el siglo XIX, durante el conflicto Prusia – Austria, Napoleón III le juraba lealtad a Bismarck, mientras a trasmano firmaba un acuerdo con los austriacos para, según él, asegurarse por todos lados. Caro le saldría su viveza, acabaría destronado y desterrado. En el siglo XX, cuando la ocupación de Francia por los Nazis, con el beneplácito de Vichy y la población gala, aun cuando después se inventaron lo de las plaquitas por las calles de París, Charles de Gaulle le pidió apoyo a Winston Churchill quien lo rescató y lo mantuvo a buen resguardo para que se la pudiera pasar dando discursos y después proclamarse en el campeón de la resistencia (a larguísima distancia). Sin embargo, dado que Churchill no practicaba el juego del tío lolo, a la hora del triunfo dejó al francés en el lugar que le correspondía. Eso bastó para que De Gaulle rumiara que los convirtieron en potencia de segunda y ahí siguen, sin advertir que estamos en los albores del siglo XXI y no del XIX. Sí, los numerales romanos lucen iguales, pero el orden es distinto y eso hace una diferencia muy grande. (28 de abril de 2018)

Ahí estaban los dos, sencillitos y simpáticos a más no poder. Uno soñando con que su empresa vuelva a dominar el mundo. El otro, se conforma con ser el líder de Europa contando, por supuesto, con la ayuda del primero. (30 de junio de 2018)

El francesito amnésico olvidó quienes sacaron a sus paisanos del hoyo en los dos guerras previas. Además, se dio un tiro en el pie cuando criticó los nacionalismos, ¿A poco los franceses ya dejaron de serlo? No hay duda, la contaminación de París ya le afectó las neuronas. (17 de octubre de 2018)

El francesito Macron ya puede, con información de primera mano, afirmar que el calentamiento es algo real y que quema. Por cierto, ¿En dónde quedó aquel retador que llamaba a formar un ejército europeo? Le salió muy caro andar de pendenciero. (8 de diciembre de 2018)

Esto no se circunscribe a si adquieren armas, la dificultad es que el tejido social está hecho añicos. Además de que han creado una sociedad de zombis enajenados con películas, programas de tv y video juegos que únicamente promueven la violencia. Todo esto reforzado por la dependencia de juguetitos electrónicos que hacen creer a muchos que los dotan de inteligencia porque saben operarlos, mientras acaban convertidos en unos autómatas que ya no saben ni leer, ni escribir correctamente. Pero de esto nadie quiere hablar pues es políticamente incorrecto. Lo peor es que por acá no andamos muy lejos de lucir igual. (17 de febrero de 2018)

Los animalistas se escandalizan por la existencia de la tauromaquia calificándola de un acto de barbarie. No hemos visto, sin embargo, que con enjundia similar se manifiesten en contra de las porquerías hollywoodenses y televisivas o el contenido de los videojuegos que hacen apología de la violencia y trastocan la realidad de millones de seres humanos de todas las edades. Pero como seremos pen…santes, rechazar toda esta bazofia sería políticamente incorrecto y se imaginan lo que podrían decirles en las, recientemente bendecidas, redes sociales. (18 de agosto de 2018)

En Santander, el torero Morante de la Puebla sale escoltado por la policía para protegerlo de un público furioso que se sentía robado. Falta de confianza, que se venga para acá y aquí le sueltan toritos engordados, a lo mucho de cuatro años, pitones del tamaño de un platanito, y con dar dos o tres trapazos los mexhincados lo sacan a hombros entre vítores. (28 de julio de 2018)

Nos equivocamos en el añadido del 28 de julio pasado. Aquí tampoco perdonaron al ‘maistro’ José Antonio Morante Camacho (a) Morante de la Puebla por querer lidiar erales disfrazados de toros. Debería volver al retiro que anunció, en agosto de 2017, bajo la queja de que: “el toro tan grande que sale hoy va en contra del toreo de arte, y ya no puedo más.” Vaya tamaño de sinvergüenza. (15 de diciembre de 2018)

No solamente en México los ‘maistros’ muestran su clase. En España hacen lo mismo, salvo que allá los exhiben. Según “Radiohuesca.com: «Las astas de los seis toros [de la ganadería de Vellosino] lidiados en la feria taurina de San Lorenzo, [en Huesca] el pasado día 12 de agosto, por Enrique Ponce y [Julián López] El Juli, han dado positivo en el análisis por su posible manipulación. La multa podría alcanzar los 150.000 euros… ya que se trata del afeitado de las astas de los seis toros, un caso inédito en España... (ABC 06-12-2018)” ¿Adquirirían esas mañas por estos lares o, como diría el ranchero, “eso es de nacencia”. (08/12/2018)

Hace unos días, inmersos en la pereza intelectual, veíamos una película dirigida y escrita por Alberto Bojórquez, ’Lo Mejor de Teresa’ (1976), cuyos intérpretes principales son Tina Romero, Jorge Martínez de Hoyos, Alma Muriel, María Rojo y Stella Inda. Un filme nada del otro mundo, salvo cuando uno de los actores secundarios, Justo Martínez, interpretando el papel de un personaje llamado Ricardo quien era un burócrata de medio pelo, se suelta alabando, con voz de orador de los 1960s, las grandezas económicas de su natal Tabasco, y, tras de invocar la poesía de Carlos Pellicer, indica: ’… recuerden ustedes, un día de estos el presidente de la republica puede ser tabasqueño…’ (6 de octubre de 2018)

Si nos atenemos a las versiones que corren, resulta que, a la una de la tarde del primero de julio, ya se sabía el resultado de la elección presidencial. Si con encuestas, ¿o serán clarividentes?, pueden proyectar el porvenir, entonces ¿Para que gastar tanto dinero en armar procesos electorales y hacer que el ciudadano vaya a perder el tiempo haciendo filas para votar? (11 de agosto de 2018)

Lo confesamos, pertenecemos a la minoría ignorante. Nada sabemos sobre topografía, dirección de los vientos, sistemas de navegación, tráfico aéreo, torres de control, pistas de despegue y aterrizaje, hangares y características mecánicas de los aviones. Así que, por favor, excusen de preguntarnos al respecto. Por ello, vemos con admiración a las decenas de millones de mexicanos expertos en el tema quienes ansiosos esperan la consulta para opinar sobre cuál es el sitio más adecuado para establecer el aeropuerto en la ciudad de México. Vaya fortuna de la nación al contar con tal número de versados en esos asuntos. (1 de septiembre de 2018)

En eso de la controversia aeroportuaria no hay que apasionarse en la defensa o el ataque. Recordemos que canceladores y cancelados son mercaderes, solamente visiten ropajes distintos, que al final de cuentas habrán de llegar a un acuerdo con beneficios para ambos y los únicos quienes se quedaran con sus resabios entre sí son los que toman partido a ultranza, desde lejos, por uno u otro bando. (3 de noviembre de 2018)

Cuando anunciaron que construirían el Tren Maya, el responsable de esos asuntos inmediatamente anunció que, como ya contaban con los derechos de vía, no habría ningún problema ambiental. Hoy, nos enteramos en boca de quienes saben del asunto que, de construirse el susodicho tren, se verían afectadas varias zonas consideradas como zonas naturales protegidas. ¿Pero cómo, quien es el responsable de no dar parte a los ecosistemas de que ahí había derechos de vía que estaban vigentes? (25 de agosto de 1018)

Como somos incapaces de generar riqueza, entonces vamos todos a convertirnos en muertos de hambre. Ni quien lo dude, el éxito de esa política está asegurado. (21de julio de 2018)

Para quienes aún no le entendían a eso de la austeridad. Langosta y champagne para ellos. Frijoles con gorgojos, por aquello de la proteína, y agua de borrajas para el resto. Si aún quedan dudas, favor de consultar el Hola más reciente. (6 de octubre de 2018)

De pronto nos pareció que entrabamos al túnel del tiempo y leíamos una versión resumida del Programa Nacional para el Fomento Industrial y Comercio Exterior (PRONAFICE) 1984-1988, el cual siempre hemos considerado el mejor documento elaborado en la materia. Sin embargo, dicho programa fue concebido bajo las circunstancias de un México y un mundo que ha cambiado un poco a lo largo de 34 años. De haberse instrumentado entonces, otros hubieran sido los resultados ante la apertura. Sin embargo, plantearlo ahora como ’el modelo económico del cambio,’ en versión ’reloaded,’ luce muy cuesta arriba por decir lo menos. Al respecto, alguien nos comentó: ’no’hombre, eso suena moderno, has de ver lo que plantean otros…’ (11 de agosto de 2018)

Enfrente estaba el diario Excelsior y nos llamaron la atención un par de desplegados. Uno era firmado por el SUTERM y otro por Minera Autlán, al revisar los textos nos dijimos: ¿Quién dejaría este periódico de los 1970s por aquí? Sin embargo, pronto tuvimos que corregirnos al observar la fecha de la edición, 5 de julio de 2018. (7 de julio de 2018)

De pronto, al ver al supuesto funcionario del futuro portando aquel sombrero creímos que nos habíamos metido a una página del ayer. Estábamos equivocados, era un muestra de que el cambio generacional ya llegó…en reversa y nos brincó con todo y lo atrabiliario del chicharronerismo. (13 de octubre de 2018)

Esperemos que el castigo no vaya a terminar en autoflagelación. (7 de julio de 2018)

Hemos conocido de varios casos de servidores del estado mexicano quienes dejándose llevar por el deseo de tomar revancha, vaya usted a saber de qué, fueron y cruzaron la boleta por el color café. Hoy andan, literalmente, dándose frentazos contra la pared. Su esperanza amenaza convertirse en la mitad del sueldo, trabajar seis días a la semana y que los envíen a sitios en donde no serán bien recibidos para terminar convertidos en patitos de feria por aquello de que serán un blanco fácil. Ese es el escenario más halagüeño, el terrorífico es que en diciembre los envíen a filosofar al calor hogareño. Ahí, podrán refocilarse y narrar a sus cercanos como lograron vengarse de los priístas malvados. Pero ni quien los critique, ellos ejercieron su derecho democrático. (4 de agosto de 2018)

Mientras estaban ocupados y aplaudían rabiosos la medida más reciente, no se percataron de que la autonomía universitaria era enviada por el caño. Increíblemente, tuvo que ser un panista quien les advirtiera lo que les iban a hacer. Ante esto, recordamos que la escuelita parroquial, a la cual acudimos, es la única de las de ese tamaño cuya autonomía no depende del dinero público. (15 de diciembre de 2018)

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Añadido a los Añadidos: Lector amable, agradecemos que durante el 2018 haya dedicado un poco de tiempo para revisar nuestros escritos, aun cuando no siempre coincidieran con su perspectiva. De no ocurrir eventos fuera de nuestro control, nos encontraremos en este espacio semana a semana durante 2019, el cual deseamos le sea venturoso y pleno de salud.
22 Diciembre 2018 04:00:00
Los añadidos de 2018 / A de B
Desde el 21 de marzo de 2015, semana a semana, al final de cada colaboración, incorporamos uno o varios comentarios a los cuales denominamos añadidos. A manera de editorial breve, tratamos temas que en ese momento forman parte del acontecer cotidiano. Con ellos proveeremos, en esta y la colaboración próxima, un resumen de lo acontecido durante este año. Vayamos al repaso.

Al momento en que refriteros-merolicos-descubridores del agua tibia, de esos que todos los días anuncian algo que, según ellos, es novedoso, aparecen panegiristas quienes, en tropel, los glorifican como si hubieran descubierto la piedra filosofal. Sin embargo, cuando alguien presenta un estudio original con respaldo científico sólido que arroja resultados bien fundados, optan por ignorarlo. Sobre todo, si está demostrando y explicando que las causas de muchos de los males y conductas de un sector importante de la población tienen su origen desde edad temprana. Pero, como seremos pen…santes, se nos olvidaba que quien hace ese tipo de investigación no pertenece a cofradía alguna, ni mucho menos se apellida Smith o Jones. (7 de abril de 2108)

Todos andan sobresaltados por la ola de suicidios que se han generado entre gente famosa, mientras los mismos medios masivos que, en México y los EUA, dan las notas sobresaltados han ignorado un trabajo recientemente publicado por una científica mexicana, ella sí real no de las de folletín que aquí inventan, en el cual se encuentra la respuesta al porqué de eventos como los que hoy ocupan los titulares de los medios que a toda costa evitan dar a conocer cosas que podrían inquietar a sus lectores. Pero ya sabemos, deja más la venta de alarma que el proveer con información responsable. (9 de junio de 2018)

¿No habrá entre la pléyade de sabios, que pululan alrededor de los funcionarios gubernamentales de la Ciudad de México, uno que les indique sobre los efectos que la contaminación atmosférica tiene sobre la salud humana? O ¿Será que ellos no se preocupan por nimiedades y por eso fomentan las actividades físicas al aire libre? (25 de agosto de 2018)

El calentamiento global sigue con el acelerador a fondo. Si alguien lo duda, basta voltear a ver a los habitantes de la región este en los Estados Unidos de América quienes, seguramente por necios, andan portando abrigos, chamarras, gorros, guantes, botas y prendas térmicas. Todo, como dirían en el pueblo, “por dar la contra.” ¿Qué acaso no revisan los estudios de “científicos” debidamente pagados? (6 de enero de 2018)

Allá por 2003, una tercia de funcionarios del Estado Mexicano, una dama y dos caballeros, defendieron con todo para evitar que el Golfo de California fuera cerrado a la pesca comercial. Entonces, se buscaba que los pescadores terminaran de croupier, meseros, garroteros, pinches, botones, meseros y anexas. Al final de cuentas, a dos de ellos les costaría el cargo, pero se evitó que aquel desaguisado se materializara. Hoy, en base al fantasma llamado vaquita marina, se decretó un embargo pesquero en contra de México. Un triunfo más de los animalistas. Esperamos que, en estos días, haya quien defienda a los pescadores con la enjundia y el cerebro con el cual lo hicieron aquellos del pretérito. (28 de julio de 2018)

La escuela del saltimbanquismo en México tuvo como exponente máximo durante el Siglo XIX a su alteza serenísima, Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón. En el Siglo XX y lo que va del XXI, en lucha encarnizada, acabaría por adueñarse de la representación máxima de ese instituto infamante, el guanajuatense por derecho de sangre, Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y Lazo de la Vega. Sin embargo, cada vez hay más competidores en eso de la machincuepa, y como aún le faltan ocho décadas a este siglo, pues nada le asegura a este último personaje que podrá sostenerse en ese lugar deshonroso hacia finales de la centuria. (13 de enero de 2018)

De saltimbanqui pasó a convertirse en equilibrista, especialmente después de la comida. (1 de septiembre de 2018)

De saltimbanqui pasó a equilibrista para terminar de hinojos con los brazos abiertos en cruz. Cuando se creyó que vendría un espectáculo aberrante, inclinó la testuz y besó el calzado de quien tenía enfrente. A lo que lleva el abuso en la ingesta de alcohol. (8 de diciembre de 2018)

Al ciudadano Bartlett Díaz lo consideramos uno de los pocos políticos ilustrados con que contamos, pero se muestra extraviado en la percepción histórica. Por ello, hay que recordarle que el Estado Mexicano moderno nace a partir de los planos elaborados por el presidente Venustiano Carranza Garza; la desbroza del terreno efectuada por el presidente Adolfo de la Huerta Marcor; los cimientos que colocó el presidente Álvaro Obregón Salido; y, la construcción del edificio institucional, el cual albergó el crecimiento y el desarrollo económico de México durante setenta años, obra del estadista Plutarco Elías Calles. (24 de octubre de 2018)

Cuentan las historias fantásticas que, en 1988, durante la elección presidencial, Manuel de Jesús Clouthier del Rincón obtuvo 3,267,159 votos (11.7 por ciento del total) ubicándose en el tercer lugar. En la realidad, conforme a quienes tuvieron acceso a los datos reales, el porcentaje que alcanzó anduvo entre 5 y 6 por ciento del total, pero para ayudar a la imagen de un demócrata tan preclaro, faltaba más, pues se le agregaron unos pocos y ni siquiera tosió. Respecto a este personaje, nos encontramos, una librería de viejo una publicación editada en 1988, de la autoría del periodista Abraham García Ibarra, titulada “La Contra Mexicana: Los bárbaros del norte”. (20 de enero de 2018)

Esperemos que algún día quien estuvo ahí, en aquella noche-madrugada del verano de 1988, le narre a sus lectores lo que vio, oyó y vivió entonces. Nada tiene que ver con las relatorías inventadas por aquellos que cuentan la historia de oídas, por versiones de terceros o porque creen adaptaciones como la que les presenta el que ya olvidó (¿?) los días en que demandaba a la oficina gubernamental, contra la que hoy arremete, le pagara las notas de la gasolina que consumía, como si se tratara de una Suburban, su Volkswagen. Esos recursos, le eran vitales para poder continuar con su “lucha” por la democracia. (23 de junio de 2018)

Se los dijimos, en su pueblo lo conocen muy bien y sabían que el chico era una maravilla, pero para los “business”. (24 de febrero de 2018)

¿Habrá por ahí alguien que le explique a ese par lo que significa el respeto a la investidura presidencial que alguna vez, para nuestra desgracia, ostentaron? Día a día, con su comportamiento, demuestran porque nunca debieron de haber llegado a ese cargo. (10 de marzo de 2018)

El asunto no fue más allá de los linderos de Cuautitlán y ahora nos lo quieren vender como si hubiese sido un evento nacional. Las acciones más sobresalientes fuera de esos límites las realizaron cometiendo fechorías, camino a Guadalajara, en las estaciones del ferrocarril en donde se bajaban a robar a las vendedoras de garnachas. Cuando llegaron allá, ni quién les hiciera caso. (4 de agosto de 2018)
Para quienes lo han olvidado, así como para aquellos que lo desconocen, el primer gran “boom” de las universidades privadas se dio justo después del movimiento universitario capitalino de 1968. Un apunte para reflexionar sobre lo que generan ese tipo de revueltas. (8 de septiembre de 2018)

Son los ratoncitos de siempre a los cuales la publicidad hace lucir como percherones. Pero no hay que preocuparse, dentro de cuatro años los de siempre vuelven a imaginar que ante ellos hay unos corceles majestuosos que irremediablemente, antes de que la medianoche arribe, habrán de recuperar su condición perene de roedores. (7 de julio de 2018)

Lo acontecido el fin de semana anterior en Monterrey es un ejemplo de la estulticia humana soliviantada por merolicos, de pluma y verbo, a sueldo de directivos y patrocinadores, quienes hacen creer a los descerebrados que en un partido de panbol (eso no es futbol soccer) habrán de lograr que sus frustraciones se conviertan en logros positivos. Y mientras los estúpidos se matan y golpean, veintidós fulanos en calzoncillos hacen como que juegan, en realidad únicamente les interesa ir a cobrar el cheque próximo. Hoy, todos se alarman y andan espantados. Ante ello, como nos vamos a olvidar de Sor Juana en aquello de “¿O cuál es de más culpar, /aunque cualquiera mal haga; / la que peca por la paga / o el que paga por pecar?” (29 de septiembre de 2018)

Fue en una gira que supuestamente promovería la armonía y la paz. Pero al salirse del script, y hablar de más, terminó por ahondar la división tanto entre la feligresía como en la población en general. Esas acciones, les hicieron recordar porque no quieren a sus vecinos al este. Además, olvidó algo fundamental: ¿Qué tal si algunos de sus seguidores se le salen del “huacal” y le empiezan a pedir “pruebas” fehacientes acerca de lo que sustenta su prédica? (27 de enero de 2018)

Nuevamente el campeón de la palabra vacua, el ciudadano Jorge Mario Bergoglio Sivori, el Papa Francisco, nos recetó sus peroratas grandilocuentes cuando dijo: “Una de las más grandes blasfemias es invocar a Dios como garante de los propios crímenes, usarlo para justificar el homicidio, la matanza, la reducción en esclavitud, la explotación, la opresión y la persecución de personas y enteras poblaciones… La violencia publicitada y ejecutada en nombre de la religión no puede sino provocar descrédito hacia la religión misma…” Ante ello, nos preguntamos: ¿Cuándo empieza de desacralizar a todos los miembros de su organización que han actuado, a lo largo de los tiempos, bajo esa premisa? ¿Memoria selectiva, la perdida de retentiva, o cinismo? Si quisiera refrescar la memoria, le bastaría simplemente con un repaso a los métodos píos que aquí emplearon para evangelizar o bien como nos embarcaron en la reyerta inútil durante el siglo pasado. (3 de febrero de 2018)

En los tiempos en que acudíamos a la escuelita parroquial, para aprender economía, nos decían que el 5 de febrero se suspendían las clases no para conmemorar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sino el día de San Felipe de Jesús, forma en que es conocido Felipe de las Casas Martínez, pariente de Bartolomé de las Casas de Sosa y quien sabe cuántos más por el noreste de México. Para quienes se pregunten porque fue seleccionado ese día para entronizar al nuevo arzobispo primado de México. Del aniversario número 101 de la Constitución de 1917 y el 161 de la Constitución de 1857, ni acordarse, eso queda únicamente para los herejes necios como este escribidor. (3 de febrero de 2018)

Después de observar el comportamiento de los hombres públicos en la toma de posesión del nuevo arzobispo de México, concluimos que todos sus actos están encaminados a cumplir un deseo infantil frustrado, ser monaguillos. (10 de febrero de 2018)

La última vez que nuestras autoridades adoptaron una postura digna ante un insulto clerical fue en febrero de 2015 cuando el sencillito argentino nos estigmatizó. Se le envió una nota diplomática de protesta firmada por un católico practicante quien entonces se desempeñaba como canciller. Ante eso, el porteño sudamericano tuvo que recular y ofrecer una disculpa. Si así actuaran siempre, el respeto prevalecería en la relación. (14 de abril de 2108)

En México, los representantes de una de las instituciones que carga con un pasado y presente pleno de impudicia y corrupción vienen a querer darnos lecciones de ética y honestidad. Para confirmar ese presente, en Chile, 34 miembros de alto nivel de ese corporativo dicen que ofrecieron al CEO su renuncia para que decida si los sanciona por sus pecados. La pregunta a este último caso es: ¿Se debe al encubrimiento de porquerías o será un castigo porque la gira del ejecutivo del negocio por aquellas tierras anduvo por los linderos del desastre y eso, con el ego del porteño, merece un correctivo ejemplar? (19 de mayo de 2018)

Para quienes decían que el ciudadano Bergoglio Sivori era distinto a sus predecesores, muy conveniente es leer las declaraciones del antiguo nuncio apostólico en los Estados Unidos de América, el arzobispo Carlo Maria Vigano. Seguramente al abstenerse de responder, don Jorge Mario pensaba en otro gaucho, José Hernández quien en Martin Fierro escribiera: Vengan Santos milagrosos, /Vengan todos en mi ayuda, /Que la lengua se me añuda /Y se me turba la vista; /Pido a Dios que me asista /En una ocasión tan ruda… (1 de septiembre de 2018)

Hasta ternura provocan quienes, en su antiyankismo, ven a China como la esperanza salvadora. Si supieran historia, y analizaran con objetividad el presente, se percatarían que, ante los chinos, los estadounidenses son apenas unos párvulos en eso de ejercer el poder como un imperio. (3 de marzo de 2018)

Muy ’orondos’ comentábamos que, al dejar atrás nuestra etapa de economistas, cerramos la época de aprendices de adivinos para convertirnos en historiadores. En esas andábamos, cuando un par de amigos, Guillermo Robles Martínez Guizar y Sergio Enrique Castro Peña, economistas ambos, nos recordaron amablemente que quien predijo lo que ocurriría con Alemania tras de la firma de los Tratados de Versalles, fue el economista, John Maynard Keynes en el libro ’Las Consecuencias Económicas de la Paz.’ (1919) … (12 de mayo de 2018)

Gracias al apoyo que recibí por parte de la doctora Patricia Galena, directora general del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INHERM), fue factible que, con el respaldo del personal de esta institución, se editara y esté ya disponible, desde hace un par de días, mi primer libro “El senado estadunidense enjuicia a México y al presidente Carranza”. (27 de enero de 2018)

Lector amable, nos permitimos compartirle que el segundo libro de la autoría de este escribidor, “Las Conferencias de Bucareli. Un acto pragmático de la diplomacia mexicana,” acaba de aparecer publicado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). Si usted está interesado en conocer una versión distinta a la que se ha esparcido a lo largo de noventa y cinco años sobre este tópico, le recomendamos la lectura de este volumen… (1 de diciembre de 2018)

Mas que nunca a lo largo de este mes, una y otra vez, he recordado las palabras que constantemente me repetías. Tenías razón, sabes a lo que me refiero, pero que te voy a contar, tu supiste de lo difícil que es recorrer esos senderos. Vaya que te extrañe ese día, como cada uno a partir del 29 de marzo de hace cuatro años, DON RAFAEL VILLARREAL MARTÍNEZ (24 de marzo de 2018)

Este miércoles 18, se cumplirán dos años de que, sin aspavientos, ni quejas, con la dignidad y firmeza que caracterizó tu vida, enfrentaste la llegada de la hora final. Con respecto a la pregunta que me hacías constantemente durante los últimos tiempos, la respuesta ha llegado en este año. Cómo hubiera deseado transmitírtela y escuchar la respuesta en tu voz siempre alegre DOÑA ESTELA RÍOS SCHROEDER. (14 de julio de 2018)

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Añadido a los Añadidos: A usted lector amable, le deseamos que, en compañía de los suyos, pase una esplendorosa y Feliz Navidad.
15 Diciembre 2018 04:00:00
Un remedo que no fue remedio en la Francia revoulcionaria / b de b
Acerca de cómo se dieron las relaciones entre el Estado y la iglesia católica en la Francia revolucionaria, la semana anterior nos quedamos en que las cosas empezaron a cambiar cuando se publica el decreto del 27 de noviembre de 1790. Partamos de este punto para ver como los revolucionarios franceses actuaron tratando de controlar a la iglesia católica tomando una serie de medidas que no eran sino un remedo de esta y eso no fue ningún remedio pues terminó en un fracaso.

Francois Furet en “Revolutionary France: 1770-1880” (1992), apunta que, “según lo estipulado en decreto, las autoridades civiles exigirían a los sacerdotes practicantes que en un período no superior a dos meses debían “prestar juramento a la Constitución y, en consecuencia, a la Constitución Civil del Clero que se había incluido en ella.” En relación con esto, en “Priest and Parish in Eighteen Century France: A Social and Political Study of the Curés in a Diocese of Dauphiné. 1750-1791” (1977), Timothy Tackett, considera que “los revolucionarios cometieron un error terrible error al no tomar en cuenta que hasta ese momento la gran mayoría del bajo clero los había apoyado en las medidas implementadas.” Sin embargo, al emitir esa disposición que los forzaba a tomar partido, se veían en “la necesidad de adoptar una posición absoluta e inequívoca a favor o en contra de la totalidad de la Constitución Civil, por lo cual el clero de las parroquias se vio envuelto en un dilema agonizante.” Como resultado de estas medidas, la relación del papa con la iglesia en Francia se convertía en algo puramente mítico, mientras que los miembros del clero terminarían convertidos en funcionarios estatales.

Hasta enero de 1791, solamente un tercio de los ministros eclesiásticos de la Asamblea y únicamente siete obispos, principalmente sin diócesis, acordaron prestar juramento. Ahora, conforme a lo dispuesto por la Asamblea, había dos clases de sacerdotes: constitucionales y refractarios. La reacción fue tan adversa que la Asamblea no tuvo otra opción que reconsiderar su intransigencia y, como lo indica Alberth Mathiez en “The French Revolution” (1927), “autorizó al sacerdote refractario a permanecer en sus parroquias hasta que fuera reemplazado.”

Tackett enfatiza que los diputados en París diseñaron e implantaron esas medidas sin consultar al papa, y mucho menos habían buscado la opinión y aprobación del clero francés. Esta fue sin duda la razón principal del rechazo del juramento por parte de muchos clérigos quienes, aun cuando estaban de acuerdo con la mayoría de los demás aspectos y consideraban que la Constitución Civil era una mejora deseable sobre lo dispuesto bajo el antiguo régimen, el hecho de no ser tomados en cuenta les incomodaba al considerar que era una medida impuesta y no consensuada. A ello, se aunó el descontento generado entre la alta jerarquía, principalmente los obispos. En ese contexto, en “Church and State in France: 1300-1907” (1907), Arthur Galton indica que muchos de los obispos eran emigrados: la mayoría de ellos muy hostiles a la Revolución.” Al parecer, los obispos que abandonaron el país conspiraban, mientras que algunos que permanecían intentaban incitar a la población a la guerra civil. En medio de todo esto, el papa Pío VI no tomó ninguna posición oficial hasta marzo de 1791. En esa fecha, emitió el breve Quod Aliquantum, en el cual describió que la Constitución negaba las creencias más sacras, aboliendo los servicios más sagrados (es decir, los oficios corales de los monjes) y produciendo calamidades, lo que sería increíble de no haberse ya experimentado sus repercusiones.

Retornando a lo escrito por Mathiez, en este punto, las reformas religiosas ya se les habían salido de control a los revolucionarios. Se generó una lucha abierta entre los sacerdotes refractarios y los constitucionales agravados cuando el directorio del departamento de París “emitió, en abril de 1791, una ordenanza con la cual organizaba la administración de los sacerdotes refractarios dándoles el tratamiento de un culto tolerado.” Como respuesta, los sacerdotes constitucionales protestaron argumentando que después de tomar partido por la Revolución, en cuanto aparecieron los problemas, “fueron amenazados con dejarlos a su suerte”. Los sacerdotes constitucionales ya no confiaban en Lafayette y su partido y comenzaron a unirse a los clubes de los jacobinos. Esta lucha religiosa no solamente fortaleció al partido aristocrático, sino que “también provocó la formación de un partido anticlerical que no había existido anteriormente.” Al respecto, en “De-Christianization in A Critical Dictionary of the French Revolution” (1989), Mona Ozouf apunta que, tras de todo esto, algunos jacobinos tomaron un papel activo atacando el catolicismo romano y proponiendo la sustitución de la Constitución Civil y la creación de una religión nacional. “También hubo mascaradas anticlericales, y prácticamente en todas partes hubo intentos de sustituir rituales revolucionarios por ceremonias cristianas.” Pero antes de llegar a describir lo que finalmente aconteció al respecto, es importante revisar las acciones de resistencia que provocaron las medidas diversas.

En “Christianity and the French Revolution” (1927), François Victor Alphonse Aulard indica que el 29 de noviembre de 1791, la Asamblea Legislativa aprobó un decreto que abolía “la obligación de prestar el juramento especial ... no se exigía nada, excepto el juramento cívico impuesto a todos los funcionarios; De esta manera trataban de dilucidar quiénes eran los sacerdotes deseosos de conspirar contra el país.” Esto, podría decirse, fue el paso inicial hacia la era de terror que se avecinaba.

Conforme a la narrativa de Charles Tilly, en “The Vendée: A Sociological Analysis of the Counterrevolution of 1793” (1967), conforme la Convención intentaba imponer sanciones severas en contra sus enemigos, políticos o religiosos, la insurrección se incrementaba lo cual implicaba que dichas medidas no eran suficientes para detener las rebeliones. “En marzo de 1793, se generó un gran levantamiento en el oeste de Francia que amenazó la vida misma de la Revolución. Los campesinos de Poitou, Anjou y Britany [el área llamada Vendée] se unieron para atacar a las fuerzas de la República. Tal como lo indican, Linda S. Frey y Marsha L. Frey en “The French Revolution” (2004), la excusa inicial fue la oposición al reclutamiento, pero lo que realmente estaba detrás de todo ello era el desacuerdo con “algunas políticas de la Convención, como la ejecución del rey y las disposiciones emanadas de la Constitución Civil del Clero.” Acerca de cuanta gente se enganchó en la revuelta, los números varían, Frey y Frey escriben que “en el Vendée más de 50,000 hombres combatieron en contra del gobierno revolucionario. Por otra parte, Tilly considera que “entre 60,000 y 120,000 hombres tomaron las armas para dar vida a la contrarrevolución de 1793.” A pesar de esas diferencias, Tilly enfatiza que quienes lucharon en la región de Vendée estaban principalmente a favor de la restitución de la monarquía y el apoyo al catolicismo. Ellos usaron como “símbolo el Sagrado Corazón de Jesús con una cruz superpuesta.” Para contrarrestar la rebelión, la Convención trató de implantar medidas extremas de castigo en contra de los sacerdotes, inclusive decretó la pena de muerte para aquellos clérigos que se mostraban rebeldes. Ante la gravedad de la situación, los revolucionarios franceses mostraron que no solamente quienes pasaron bajo el tratamiento del doctor Joseph-Ignace Guillotin habían perdido la cabeza, sino quienes aún esperaban su turno parecía que ya no la tenían en su sitio. En contexto, procedieron a reinventar el mundo y adoptaron el papel de creadores primigenios hasta el punto de que, sí los transpolamos a nuestros días, podríamos decir que son los patriarcas de los hoy políticamente correctos que a todo le cambian el nombre para no incomodar a los “snowflakes.”

Los revolucionarios franceses empezaron por abandonar los términos “Monsieur y Madame” por otros que sonaran más democráticos como “Citoyen y Citoyenne.” Posteriormente, para enfatizar que con ellos había arribado una nueva era de libertad, en octubre de 1793, decretaron que el calendario gregoriano resultaba obsoleto y había que sustituirlo con algo que no era mas que un remedo al cual llamaron el nuevo calendario republicano. Esto por supuesto implicaba que esa era nueva para la humanidad dio inicio con la proclamación de la República francesa el 22 de septiembre de 1792 y ese sería el año número uno.

Eran tan ingeniosos los revolucionarios franceses que el calendario lo dividieron en 12 meses de treinta días cada uno. Esos meses llevaban los nombres de elementos naturales conforme a las condiciones que prevalecían en París y sus alrededores, y eran: Vendémiaire (22 de septiembre al 21 de octubre); Brumiaire (22 de octubre al 20 de noviembre); Frimaire (21 de noviembre al 20 de diciembre); Nivôse (21 de diciembre al 19 de enero); Ventôse (19 de febrero al 20 de marzo); Germinal (21 de marzo al 19 de abril); Floréal (20 de abril al 19 de mayo); Prairial (20 de mayo al 18 de junio); Messidor (19 de junio al 18 de julio); Thermidor (19 de julio al 17 de agosto); y, Fructidor (18 de agosto al 16 de septiembre). Estos meses estaban compuestos por tres “décades” o semanas de diez días cada una. Los días recibían los nombre de primidi, duodi, tridi, quartidi, quintidi, sextidi, septidi, octidi, nonidi y décadi. Para sustituir las celebraciones católicas de cada día asignarlo a conmemorar un santo, se determinó que fueran nombrados para celebrar una semilla, un árbol, una flor, un animal, o una herramienta. Si quisiéramos “estirar la liga” hasta podríamos decir que ahí están los orígenes de los ambientalistas y animalistas. Pero continuemos con las genialidades revolucionarias. Respecto al tiempo, cada día del calendario republicano consistía en diez horas, misma que estaba compuesta 100 minutos decimales el cual se subdividía en 100 segundos decimales. Como resultado cada hora tenia 144 minutos de los que conocemos, el minuto contenía 86.4 segundos. Esta imitación burda no fue suficiente para detener la lucha.

Los enfrentamientos siguieron hasta la primavera de 1794 cuando los revolucionarios derrotaron a los rebeldes. Durante la refriega, un tercio de la población en el Vendée perdió la vida. Sin embargo, esto no implicó que en el resto del país las rebeliones cesaran. Retomando los conceptos de Frey y Frey, es factible indicar que el terror prevaleciente en la Francia revolucionaria, entre los veranos de 1793 y 1794, fue tan mortífero como pudiera serlo una plaga o una guerra. El numero de victimas alcanzó alrededor de 40,000 personas.

En “The French Revolution and Religious Reform” (1901), William Milligan Sloane escribió que fue hasta el verano de 1794, al momento en que los termidorianos acabaron con el reinado de Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, cuando las cosas comenzaron a cambiar en relación con los asuntos religiosos. En septiembre, los mismos “termidorianos, radicales y moderados, estaban dispuestos a rechazar todo lo que él [Robespierre] había defendido, y entre ello se encontraba lo que había sido su doctrina fundamental, contar con una religión nacional con ministros funcionales como parte de la nómina estatal.”

Con respecto a lo anterior, Aular menciona que Pierre-Joseph Cambon propuso terminar los pagos de gastos y estipendios para cualquier religión o sus miembros. Sin embargo, sería hasta el 21 de febrero de 1795 (tercer Ventose del año III) cuando se publicara un decreto que restableciera cierta libertad legal a la Iglesia. Los puntos principales del decreto fueron: la libertad de todas las religiones, la condena como delitos menores de quienes se opusieron o insultaran al ejercicio de la adoración pública, el Estado ya no pagaría a ningún sacerdote ni proporcionaría ningún edificio para la adoración, la prohibición de ceremonias externas. Se colocaron bajo supervisión política, signos o inscripciones y todas las proclamas públicas o convocatorias de asambleas, la proscripción de usar ropa religiosa y todas las reuniones religiosas. Además, no se impondría ninguna donación o impuesto para el mantenimiento de la religión. Como consecuencia de estas medidas, inmediatamente el catolicismo recuperó su presencia a lo largo del país y dejó de existir la distinción entre los clérigos. En síntesis, se consideró que la razón volvía a prevalecer. El terror había terminado, pero aún quedaban pendientes muchos problemas por resolver antes de que un Concordato se firmara años después. Pero por el momento, la iglesia y el Estado podrían trabajar sin que uno intentara hacer el trabajo del otro. Las “décades” fueron abolidas en Floréal año X (abril de 1802) y el calendario republicano fue anulado por Napoleón el 1 de enero de 1806. Para entonces, el corzo cargaba la derrota ante el ejercito de harapientos de Haití el cual en noviembre de 1803 lo obligó a retirar sus tropas y el 1 de enero de 1804 declaraba su independencia. Asimismo, ya había vendido a los EUA el territorio de la Louisiana (Desde el estado de Montana hasta el de Louisiana) a cambio de 15 millones de dólares. Y por supuesto ya se había coronado emperador el 2 de diciembre de 1804 ante la presencia de Barnaba Niccolò Maria Luigi Chiaramonti, el papa Pío VII. En eso acabó la Francia revolucionaria y aquello de “Liberté, Égalité, Fraternité” (Libertad, Igualdad, Fraternidad).

Contra la creencia común de que las revoluciones comienzan debido al descontento popular, aquí tenemos un ejemplo de cómo al final son consecuencia de las acciones tomadas por los miembros de la burguesía. También, los eventos explicados en este par de colaboraciones ejemplifican lo que sucede cuando el Estado y la iglesia se involucran en una lucha para establecer cuál gobierna sobre el otro. Aun cuando desde nuestra perspectiva no es requerida la presencia de intermediarios en la relación de cada uno con el Gran Arquitecto, respetamos a quienes coinciden con la perspectiva de Alexis Charles Henri Clérel, Vizconde De Tocqueville para quien la civilización no puede existir sin la religión, a lo cual agregaríamos siempre y cuando las instituciones que representan a esta última entiendan que su actividad debe de circunscribirse a los asuntos estrictamente espirituales. En ese contexto, es necesaria la presencia del Estado para establecer los límites en los cuales la religión puede operar sin interferir con las funciones del gobierno. No significa que el dominio de uno sobre el otro, y no tiene nada que ver con las creencias religiosas, se trata de definir dónde deben operar el Estado y la iglesia. En nuestra opinión, sin el respeto de una institución por otra, ninguna nación puede sobrevivir. Los poderes terrenales y espirituales deben cumplir sus deberes en diferentes esferas de acción. Cualquier mezcla, tarde o temprano, producirá un cóctel peligroso cuyo principal contenido es la sangre. No obstante, las múltiples lecciones con las que la historia nos ha provisto, ayer y hoy, los líderes religiosos y políticos tienden a olvidar cuál es su campo de acción. Al final, repiten los mismos errores, la curia busca dar lecciones de democracia cuando su institución es el ejemplo mas vivo de antidemocracia. Ante ello, muchos líderes políticos tratan de ubicarlos y la confrontación termina por generarse. Y como en esos asuntos es fácil soliviantar las pasiones de los irracionales, ambos bandos terminan enfrentados generando reyertas inútiles que dejan un numero incalculable de vidas humanas perdidas hasta que los dirigentes deciden encontrar la forma de solucionar los problemas con el mismo tipo de arreglos temporales que perduran mientras no haya quien decida prender el fuego nuevamente invocando que debe de prevalecer su muy particular percepción sobre como ha de darse la relación con el Gran Arquitecto y en algunos casos optan por crear un remedo para, según ellos, remediar un mal lo cual termina por empeorar la situación.

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Añadido (1) Los Tratados de Bucareli no es algo que inicia en mayo de 1923, viene de tiempo atrás y nada tiene que ver con la entrega del país u otras consejas. Para conocer una narrativa sustentada en datos duros, le recomendamos leer “Las Conferencias de Bucareli. Un acto pragmático de la diplomacia mexicana.” (INEHRM 2018) de la autoría de este escribidor. Se encuentra en la Librería del INEHRM, sita Francisco Y. Madero No. 1, casi esquina con Av. Revolución, en San Ángel, Ciudad de México. En el resto del país, acuda a la Librería Educal más cercana y cuestióneles acerca de cuándo estará disponible.

Añadido (2) ¿Cuántos de quienes hoy lucen como figuras políticas refulgentes del gabinete (14 de 24, el 58.3 por ciento del total) adquirieron “malas mañas” cuando fueron a estudiar al extranjero?

Añadido (3) Mientras estaban ocupados y aplaudían rabiosos la medida más reciente, no se percataron de que la autonomía universitaria era enviada por el caño. Increíblemente, tuvo que ser un panista quien les advirtiera lo que les iban a hacer. Ante esto, recordamos que la escuelita parroquial, a la cual acudimos, es la única de las de ese tamaño cuya autonomía no depende del dinero público.

Añadido (4) Nos equivocamos en el añadido del 28 de julio pasado. Aquí tampoco perdonaron al ‘maistro’ José Antonio Morante Camacho (a) Morante de la Puebla por querer lidiar erales disfrazados de toros. Debería volver al retiro que anunció, en agosto de 2017, bajo la queja de que: “el toro tan grande que sale hoy va en contra del toreo de arte, y ya no puedo más.” Vaya tamaño de sinvergüenza.
08 Diciembre 2018 04:10:00
La disputa Estado-Iglesia en la Francia revolucionaria / A de B
Es frecuente leer o escuchar a los miembros de la curia católica salir a dar recomendaciones de cómo han de comportarse los dirigentes políticos de las naciones, incluida la nuestra por supuesto, o bien emitir opiniones dogmáticas sobre que hay que hacerse en materia de leyes o gobernanza, pero eso sí demandan que nadie interfiera en los asuntos de su empresa. Cuando eso sucede, a este escribidor, creyente firme de que los asuntos de la fe y los del Estado deben de manejarse en esferas totalmente separadas, lo primero que le viene a la mente es lo ocurrido en la Francia del Siglo XVIII durante los tiempos de la Revolución. Sobre esos eventos, hace varios años, escribimos algo destinado a otros fines, pero que hoy nos permitimos compartir con usted lector amable.

A lo largo de la historia, en todo el mundo, las relaciones entre la Iglesia católica y los que gobiernan los países han estado alejadas de ser tersas. Se ha dado una lucha continua para definir qué entidad gobierna a la otra. Es común en este tipo de batallas, tan pronto como el gobierno establece medidas específicas relacionadas con el desempeño de los miembros de la Iglesia; el clero proclama que es el comienzo de una guerra contra las creencias cristianas. Sin embargo, debemos de apuntar que a pesar de algunas veces las medidas lucen extremas en la superficie, los hombres a cargo del Estado entienden lo que Tocqueville escribiera en “The Old Regime and the French Revolution” (1856) sobre la religión en Estados Unidos cuando evoca la importancia de la religión prevaleciente y su contribución “a la estabilidad del Estado y al mantenimiento de la ley y el orden ... y que una comunidad civilizada no puede existir sin la religión.” Lo que don Alex olvidó apuntar fue que, en los EU, a diferencia de otras naciones, nunca ha existido una religión de Estado. A ello, debemos de agregar lo que Arthur Galton escribió en “Church and State in France: 1300-1907” (1907) “ni la revolución [francesa] ni sus líderes eran anticristianos ni siquiera anticlericales.” El conflicto, entonces y hoy, no es sobre si se deben o no exterminar las creencias religiosas, sino en quién y cómo han de establecerse las reglas sobre actividades de la Iglesia en un país o región y como hacer para que esta institución multinacional no quiera dictar las normas de convivencia de las sociedades. Bajo estas premisas, enfoquémonos en lo sucedido en la Francia de la revolución.

En Francia, conforme a lo que señala Mona Ozouf, en “De-Christianization in A Critical Dictionary of the French Revolution.” (1989), la cristianización se consolidó durante el siglo dieciséis, “cuando el catolicismo post-tridentino intentó reafirmar su dominio [y] la Iglesia buscó mejorar a sus sacerdotes intelectual y moralmente construyendo seminarios a través del país y estableciendo un esquema regular de visitas pastorales.” Ello generó que antes de la Revolución Francesa, el catolicismo se convirtiera en la religión dominante. Ello, en las palabras de A. Aulard en “Christianity and the French Revolution,” (1927), se traducía en que ‘era la religión de una nación que los papas llamaban la hija mayor de la Iglesia.” En medio de todo ello, a finales del siglo dieciocho, el cristianismo florecía. Había muy pocos miembros de otras religiones o no católicos. La iglesia católica era una entidad opulenta que vivía de su propia riqueza, mientras que el gobierno absolutista de Luis XVI daba muestras de agotamiento debido a su pereza y carácter débil. Cuando la crisis económica se hizo presente, el rey no pudo hacerle. El país estaba al borde de la bancarrota y, como lo señalan Linda S. Frey y Marsha L. Frey, en “The French Revolution,” el rey Luis XVI” (2004), no tuvo más remedio que llamar a los Estados Generales, el cuerpo representativo de Francia que no se había reunido desde 1614. No era lo suficientemente capaz ni lo suficientemente imaginativo como para enfrentar esta nueva situación.” A esto debe de agregarse un elemento importante que subyacía detrás de esta crisis, un conflicto de clases. No fue el hambre de la mayoría de los ciudadanos y la distribución desigual de los ingresos lo que desencadenó la Revolución, sino una lucha entre las clases altas, social y económicamente hablando. La aristocracia y el clero disfrutaron de los beneficios de las decisiones del rey, mientras que la burguesía quedaba al margen a pesar de su fortaleza económica. Estas son las raíces de los eventos que habrían de generarse.

Cuando comenzó la revuelta contra la monarquía, los líderes utilizaron a los campesinos solamente como una herramienta para establecer la Revolución, pero al final la Asamblea estuvo dominada por miembros de la burguesía. Los burgueses, una vez en control de la dirección política, mientras la gente en las calles se amotinaba, pudieron negociar la rendición del antiguo régimen. Al comienzo de la Revolución Francesa, menciona Francois Furet en Revolutionary France: 1770-1880” (1992), “todas las órdenes, el clero con menos vehemencia que las otras dos, exigían el fin del despotismo y una monarquía controlada.” Uno de los primeros pasos que dio la Asamblea fue instituir una monarquía constitucional que convirtió al rey en una figura decorativa condenada tarde o temprano a desaparecer institucional y físicamente. El principal objetivo de los revolucionarios era la “reconstrucción del cuerpo político sobre principios universales.” En esta reforma se incluía una reforma de las relaciones entre iglesia y el Estado. No obstante que el antiguo régimen estaba al borde de la destrucción, “la religión católica como tal no estaba amenazada por la mayoría revolucionaria de la Asamblea Constitucional.” Al respecto, Alberth Mathiez, en “The French Revolution” (1927), menciona que lo que la Asamblea buscaba “era regular, en nombre de la nación, las relaciones entre el clero y la autoridad laica, para armonizar a la Iglesia con las nuevas instituciones ... ni la religión ni la teología estaban en duda.” En consecuencia, lo que es un hecho innegable, tal como lo indica Charles Tilly en “The Vendée: A Sociological Analysis of the Counterrevolution of 1793” (1967) es que “a partir de los Estados Generales, las cuestiones religiosas se convirtieron cada vez más en cuestiones políticas. Una de las cosas revolucionarias de la Revolución fue que convirtió a la organización religiosa en un asunto de política pública.” Sin embargo, como lo apunta William Milligan Sloane en “The French Revolution and Religious Reform” (1901), en medio de la agitación cuando la Revolución estaba en el proceso de reorganizar el Estado y dar paso a la reforma sobre el papel desempeñado por la Iglesia, “el clero, ocupado exclusivamente con la preservación de sus privilegios, cometió un serio error al no considerar ni presentar, lo cual se volvía imperativo después de la abolición de los diezmos, un plan constructivo para la reforma de las finanzas eclesiásticas.” Como lo menciona Mathiez, “la reorganización del Estado implicaba necesariamente la de la Iglesia. La reforma financiera, de la cual dependía la salvación del Estado, habría sido un fracaso si se hubieran preservado todos los fundamentos eclesiásticos.”

El 4 de agosto de 1789, de acuerdo con Aulard, los miembros de la Asamblea Constitutiva en Francia comenzaron a implementar una serie de reformas sobre la constitución de la iglesia gala. La abolición, primero, del sistema feudal y los derechos feudales; después todo tipo de diezmos; suprimiendo los honorarios ocasionales de los sacerdotes del país; prohibiendo el envío a Roma de dinero por las anualidades; cancelar los privilegios de los obispos, arzobispos y demás; y prohibir la tenencia de beneficios si superaban los 3000 francos. Entre los miembros del clero las reacciones a estas medidas fueron mixtas. Mientras que el clero superior y el papa exhibían su disgusto, el clero inferior mostró apoyo. Pero eso fue solamente al comienzo, no obstante, la proclamación inicial de la Asamblea Constituyente del catolicismo como la religión del Estado. El 19 de diciembre de 1789, se ordenó la venta de 400 millones de libras de propiedad de la Iglesia. A medida que la Revolución avanzaba y los miembros de la Asamblea estaban más orientados hacia los principios de la Declaración de los Derechos del Hombre, el predominio del catolicismo como la creencia oficial disminuyó. Consecuentemente se tomaron una serie de acciones.

Primero, el 13 de febrero de 1790, todas las órdenes y congregaciones religiosas fueron suprimidas. Más tarde, el 29 de marzo de 1790, para aumentar las diferencias ya existentes entre la iglesia y la Asamblea, el embajador francés, el cardenal François-Joachim de Pierre de Bernis, desleal a su mandato, aconsejó al conde Giovanni Angelo Braschi, el papa Pío VI, que condenara los principios de la Declaración de los Derechos del Hombre, lo cual realizó en consistorio secreto. Como lo escribe Aulard, para el Papa este documento cuestionaba la autoridad de la iglesia, especialmente cuando se afirmaba que “la ley es la expresión de la voluntad general ... igualmente la afirmación de que todos los ciudadanos tienen derecho a participar en la legislación ya sea en persona o por medio de su representantes.” Bajo el supuesto de que la revolución era cambio, vuelco e innovación; los revolucionarios franceses implementaron las medidas necesarias que algunos consideraron como el comienzo de la cristianización de la sociedad y otros como un retorno a los orígenes del cristianismo. Sin embargo, como acertadamente lo narra R. R. Palmer en “Twelve Who Ruled: The Year of the Terror in the French Revolution,” era imposible para un grupo de hombres quienes “creían firmemente en un Ser Supremo, distante convenientemente” destruir totalmente laa religión en un país donde la mayoría de la población era católica. William Milligan Sloane en “The French Revolution and Religious Reform” (1901), indica que lo primero que hicieron fue comenzar a construir una “religión” alternativa con los mismos principios. El primer paso formal fue la promulgación, el 12 de julio de 1790, de la Constitución del Clero, que se dividió en cuatro títulos. El primero abolió el establecimiento preexistente de arzobispados, obispados, prebendarios, abadías, prioritarios, sustituyendo diez distritos metropolitanos o arzobispados y ochenta y tres obispados.” En síntesis, escribe Tilly, “fue una reorganización de las divisiones territoriales de la Iglesia francesa para corresponder a las nuevas divisiones civiles”. La segunda disposición se refería al nombramiento y la institución del ministerio. Los electores de la asamblea departamental nominaron a los candidatos para obispos; los de la asamblea de distrito hicieron las nominaciones para sacerdotes de parroquia. El tercer título se centró en los salarios de los miembros del clero; mientras que el cuarto establecía reglas sobre la residencia del clero que serían supervisadas y controladas por los que controlaban de los municipios.

Desde la perspectiva de Timothy Tackett, en “Priest and Parish in Eighteen Century France: A Social and Political Study of the Curés in a Diocese of Dauphiné. 1750-1791” (1977), muchos de las curas, especialmente aquellos quienes moraban en la región del Dauphiné, vieron las nuevas reglas como “un retorno a las condiciones del cristianismo primitivo ... la Constitución, escribió el Abad Cazaneuve, no solamente revive entre nosotros los días gloriosos de los comienzos Iglesia al destruir los abusos introducidos por la superstición.” Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar cuando, el 27 de noviembre de 1790, los revolucionarios publican un decreto. Respecto a esto y como terminó el experimento revolucionario francés, les comentaremos en la colaboración próxima.

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Añadido (1) Dado que, allá por el pueblo y sus colindancias, la semana anterior no apareció publicada nuestra colaboración, ello impidió que compartiéramos con usted, lector amable, la noticia de que el segundo libro de la autoría de este escribidor, “Las Conferencias de Bucareli. Un acto pragmático de la diplomacia mexicana” acaba de aparecer publicado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). Si usted está interesado en conocer una versión distinta a la que se ha esparcido a lo largo de noventa y cinco años sobre este tópico, le recomendamos la lectura de este volumen. Estamos seguros de que en él encontrará información que lo hará reflexionar sobre lo que varios escribieron repitiendo lo que otros, anteriormente, publicaron como cierto, pero sin revisar datos duros. Hasta el momento, el volumen se encuentra disponible en la Librería del INEHRM, sita Francisco Y. Madero No. 1, casi esquina con Av. Revolución, en San Ángel, Ciudad de México. Por lo que respecta al resto del país, le recomendamos que vaya a la Librería Educal más cercana y les cuestione acerca de cuándo lo tendrán disponible.

Añadido (2) De saltimbanqui pasó a equilibrista para terminar de hinojos con los brazos abiertos en cruz. Cuando se creyó que vendría un espectáculo aberrante, inclinó la testuz y besó el calzado de quien tenía enfrente. A lo que lleva el abuso en la ingesta de alcohol.

Añadido (3) El francesito Macron ya puede, con información de primera mano, afirmar que el calentamiento es algo real y que quema. Por cierto, ¿En donde quedó aquel retador que llamaba a formar un ejército europeo? Le salió muy caro andar de pendenciero.

Añadido (4) No solamente en México los ‘maistros’ muestran su clase. En España hacen lo mismo, salvo que allá los exhiben. Según “Radiohuesca.com: «Las astas de los seis toros [de la ganadería de Vellosino] lidiados en la feria taurina de San Lorenzo, [en Huesca] el pasado día 12 de agosto, por Enrique Ponce y [Julián López] El Juli, han dado positivo en el análisis por su posible manipulación. La multa podría alcanzar los 150.000 euros… ya que se trata del afeitado de las astas de los seis toros, un caso inédito en España... (ABC 06-12-2018)” ¿Adquirirían esas mañas por estos lares o, como diría el ranchero, “eso es de nacencia”.
24 Noviembre 2018 04:00:00
La relación entre Madero y Zapata
Hace días celebramos el 108 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana. En ese contexto, daremos un repaso a la relación entre, el presidente Francisco Ygnacio Madero González y quien fuera el caballerango de confianza de Nachito De La Torre y Mier, hijo político del presidente José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, el morelense Emiliano Zapata Salazar. Poco es mencionado que Madero miraba hacia el futuro y ello pasaba por que el proceso de cambio se diese de manera gradual. Zapata planteaba arrasar con todo y retornar a un régimen de propiedad de la tierra que, tal vez, fuera exitoso en el México precolonial, pero no correspondía a las circunstancias futuras en el siglo XX. Revisemos dicha relación.

El 17 de agosto de 1911, Zapata escribió a Madero indicándole: “causa mucha indignación en pueblo y Ejército el amago de las fuerzas federales que están con intención de ataque contra nosotros. Si se derrama sangre, no seré yo el responsable, pues usted comprenderá que se trata de asesinar los mismos principios que usted proclamó…yo, ni por un momento he dudado de que usted sostendrá los principios por los cuales el pueblo mexicano derramó su sangre y en la cuestión a que en este momento me refiero tengo fe y la he tenido siempre, en que usted evitará el derramamiento de sangre que se prepara contra nosotros.” El 22 de agosto, Madero hizo “…constar que en vista de la actitud pacífica y respetuosa de todos los jefes subalternos del general Zapata que nunca han intentado rebelarse contra el Gobierno ni su autoridad, y en atención a los servicios que prestaron a la Revolución y considerando igualmente que me han ayudado de un modo eficaz a la obra de licenciamiento de las fuerzas de su mando…interpondré toda mi influencia para que sus servicios sean aprovechados, según sus aptitudes, por el Gobierno.” En otra misiva, de fecha similar, el coahuilense mencionaba que “en atención a los servicios que ha prestado usted a la causa durante la Revolución y la dificultad para mí de recompensar debidamente en los actuales momentos, quiero que sepa que no he dado crédito a las calumnias que han lanzado contra usted sus enemigos; que lo considero un leal servidor mío; que aprecio debidamente los servicios que usted prestó a la Revolución, en atención a lo cual, cuando yo llegue al poder le aseguro que le recompensaré debidamente sus servicios.” Zapata, el 27 de agosto, hizo saber al pueblo de Morelos que “Los enemigos de la patria y de las libertades de los pueblos, siempre han llamado bandidos a los que se sacrifican por las causas nobles de ellos… llamaron bandidos a Hidalgo, a Alvarez, a Juárez, y al mismo Madero, que es la encarnación sublime de la Democracia y de las libertades del pueblo mexicano, y que ha sido el derrocador más formidable de la tiranía...” El 6 de noviembre, aclamaba a Madero: “Hónrome en felicitar a Ud. por la protesta que acaba de hacer del delicado puesto de Presidente de la República, deseándole que el Ser Supremo le conceda realizar sus nobles propósitos en bien de la paz y de la prosperidad de nuestra querida patria.” Poco duró la admiración.

Muchos invocan el Plan de Ayala proclamándolo el grito libertario por la tierra. Sin embargo, escasos historiadores muestran como ese documento desnuda a quien creyó ser más de lo que era, y lo exhibía, junto con otro, en cuyo código genético estaba impresa la traición, como hambriento de poder. Para que no ser acusados de falaces, reproduciremos, con la sintaxis original, el documento originado el 28 de noviembre de 1911. Este iniciaba con …los que subscribimos…declaramos solemnemente ante la faz del mundo civilizado que nos juzga [vaya modestia] y ante la Nación… los principios que hemos formulado para acabar con la tiranía que nos oprime y redimir a la patria de las dictaduras que se nos imponen las cuales quedan determinadas en el siguiente Plan:

1o.- Teniendo en consideración que el pueblo mexicano acaudillado por Dn. Fran/co I. Madero, fue a derramar su sangre para reconquistar sus libertades y reivindicar sus derechos conculcados, y no para que un hombre se adueñara del poder, violando los sagrados principios que juró defender bajo el lema de ‘Sufragio Efectivo No Reelección’ ultrajando la fe, la causa, la justicia y las libertades del pueblo; teniendo en consideración: que ese hombre a que nos referimos es Dn. Fran/co I. Madero, el mismo que inició la precitada revolución el cual impuso por norma su voluntad e influencia al Gobierno Provisional del ex Presidente de la República Lic. Dn. Fran/co L. de la Barra, por haberle aclamado el pueblo su Libertador causando con este hecho reiterados derramamientos de sangre y multiplicadas desgracias a la Patria de una manera solapada y ridícula no teniendo otras miras que satisfacer sus ambiciones personales, sus desmedidos instintos de tirano y su profundo desacato al cumplimiento de las leyes preexistentes emanadas del inmortal Código de 57 escrito con la sangre de los revolucionarios de Ayutla.; teniendo en consideración: que el llamado jefe de la revolución libertadora de México, Dn. Fran/co I. Madero, no llevó a feliz término la revolución que gloriosamente inició con el apoyo de Dios y del pueblo, puesto que dejó en pie la mayoría de los poderes gubernativos y elementos corrompidos de opresión del gobierno dictatorial de Porfirio Díaz, que no son, ni pueden ser en manera alguna la legítima representación de la Soberanía Nacional y que por ser acérrimos adversarios nuestros y de los principios que hasta hoy defendemos, están provocando el malestar del país y habriendo nuevas heridas al seno de la Patria para darle a beber su propia sangre; teniendo en consideración que el supradicho Sr. Fran/co I. Madero actual Presidente de la República trata de eludirse del cumplimiento de las promesas que hizo a la Nación en el Plan de San Luis Potosí, ciñendo las precitadas promesas a los convenios de Ciudad Juárez; ya nulificando, persiguiendo o matando a los elementos revolucionarios que le ayudaron a que ocupara el alto puesto de Presidente de la República por medio de sus falsas promesas y numerosas intrigas a la Nación; teniendo en consideración que el tantas veces repetido Fan/co I. Madero ha tratado de ocultar con la fuerza bruta de las bayonetas y de ahogar en sangre a los pueblos que le piden, solicitan o exigen el cumplimiento de sus promesas en la revolución llamándolos bandidos y rebeldes, condenando a una guerra de exterminio sin conceder ni otorgar ninguna de las garantías que prescriben la razón, la justicia y la ley; teniendo en consideración que el Presidente de la República Sr. Dn. Fran/co I. Madero, ha hecho del Sufragio Efectivo una sangrienta burla al pueblo, ya imponiendo contra la voluntad del mismo pueblo en la Vice-Presidencia de la República al Lic. José María Pino Suárez, o ya a los Gobernadores de los Estados, designados por él, como el llamado Gral Ambrosio Figueroa verdugo y tirano del pueblo de Morelos, ya entrando en contubernio escandaloso con el partido científico, hacendados feudales y caciques opresores, enemigos de la revolución proclamada por él, a fin de forjar nuevas cadenas y de seguir el molde de una nueva dictadura, más oprobiosa y más terrible que la de Porfirio Díaz; pues ha sido claro y patente que ha ultrajado la soberanía de los Estados, conculcando las leyes sin ningún respeto a vidas e intereses, como ha sucedido en el Est. de Morelos y otros, conduciéndonos a la más horrorosa anarquía que registra la historia contemporánea; por estas consideraciones declaramos al susodicho Fran/co I. Madero, inepto para realizar las promesas de la revolución de que fue autor, por haber traicionado los principios con los cuales burló la fe del pueblo, y pudo haber escalado el poder, incapaz para gobernar por no tener ningún respeto a la ley y a la justicia de los pueblos, y traidor a la patria por estar a sangre y fuego humillando a los mexicanos que desean sus libertades, por complacer a los científicos, hacendados y caciques que nos esclavizan, y desde hoy comenzamos a continuar la revolución principiada por él, hasta conseguir el derrocamiento de los poderes dictatoriales que existen. 2o.- Se desconoce como jefe de la Revolución al C. Fran/co I. Madero y como Presidente de la República por las razones que antes se expresan, procurando el derrocamiento de este funcionario. 3o.- Se reconoce como jefe de la Revolución Libertadora al ilustre [traidor por esencia genética] General Pascual Orozco segundo del caudillo Dn. Fran/co I. Madero, y en caso de que no acepte este delicado puesto, se reconocerá como jefe de la Revolución al C. General Emiliano Zapata. [Brotó la ambición personal] 5o.- La Junta Revolucionaria del Est. de Morelos no admitirá transacciones ni componendas políticas hasta no conseguir el derrumbamiento de los elementos dictatoriales de Porfirio Díaz y Dn. Fran/co I. Madero; pues la Nación está cansada de hombres falaces y traidores que hacen promesas de libertadores, solo que llegando al poder se olvidan de ellas y se constituyen en tiranos. [Seguramente por eso Madero promovió, en 1912, las elecciones más democráticas en la historia de México] 6a.- …hacemos constar: que los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, científicos o caciques a la sombra de la tiranía y de la justicia venal entrarán en posesión de estos bienes inmuebles desde luego, los pueblos o ciudadanos que tengan sus Títulos correspondientes de esas propiedades, de las cuales han sido despojados por la mala fe de nuestros opresores, manteniendo a todo trance, con las armas en la mano la mencionada posesión, y los usurpadores que se consideren con derechos a ellos, lo deducirán ante tribunales especiales que se establezcan al triunfo de la Revolución. 7a.- En virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos y ciudadanos mexicanos, no son mas dueños que del terreno que pisan, sufriendo los horrores de la miseria sin poder mejorar su condición social ni poder dedicarse a la industria o a la agricultura por estar monopolizados en unas cuantas manos las tierras, montes y aguas; por esta causa se expropiarán previa indemnización de la tercera parte de esos monopolios a los poderosos propietarios de ellos, a fin de que los pueblos y ciudadanos de México, obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos o campos de sembradura o de labor y se mejore en todo y para todo la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos. 10a.- Los Jefes Militares insurgentes de la República, que se levantaron con las armas en la mano a la voz de Dn. Fran/co I. Madero para defender el Plan de Sn Luis Potosí y que ahora se opongan con fuerza armada al presente Plan, se juzgarán traidores a la causa que defendieron y a la Patria, puesto que en la actualidad muchos de ellos por complacer a los tiranos, por un puñado de monedas, o por cohecho o soborno están derramando la sangre de sus hermanos que reclaman el cumplimiento de las promesas que hizo a la Nación Dn Fran/co I. Madero. 12a.- Una vez triunfante la Revolución que hemos llevado a la vía de la realidad, una Junta de los principales Jefes revolucionarios de los diferentes Estados, nombrarán o designarán un Presidente interino de la República, quien convocará a elecciones para la nueva formación del Congreso de la Nación, y este a la vez convocará a elecciones para la organización de los demás poderes federales. 14a.- Si el Presidente Madero y demás elementos dictatoriales, del actual y antiguo régimen, desean evitar inmensas desgracias que afligen a la Patria, que hagan inmediata renuncia de los puestos que ocupan y con eso, en algo restañarán las graves heridas que han abierto al seno de la Patria, pues que de no hacerlo así, sobre sus cabezas caerá la sangre derramada de nuestros hermanos y 15a.- Mexicanos: considerad que la astucia y la mala fe de un hombre está derramando sangre de una manera escandalosa por ser incapaz para gobernar; considerad que su sistema de gobierno está agarrotando a la Patria y hollando con la fuerza bruta de las bayonetas, nuestras instituciones; y así como nuestras armas las levantamos para elevarlo al Poder, ahora las volvemos contra él por faltar a sus compromisos con el pueblo mexicano y haber traicionado la revolución iniciada por él: No somos personalistas[¿?], somos partidarios de los principios y no de los hombres.

Zapata buscaba quitar las tierras a unos para dárselas a otros sin proponer como mejorar las condiciones de vida de los campesinos, lo que ambicionaba era el poder. El 14 de marzo de 1912, le escribía a Emilio Vázquez Gómez mencionado estar “…enterado del movimiento revolucionario en el Norte, por lo cual felicito a Ud., y espero que de esa manera combinaremos los dos movimientos hacia la Ciudad de México, para terminar con el desastroso gobierno del traidor Madero. Ya Ud. sabe que mis partidarios y yo, proclamamos a Ud. nuestro futuro “Presidente de México”, pues tenemos fe en Ud. como el hombre que sabrá cumplir el Plan de San Luis Potosí, reformado en Villa Ayala y en Tacubaya...” Posteriormente, el 23 de octubre de 1913, adjudicándose poderes que nadie le otorgó, se comunicaba con Villa para decirle que “En atención a los servicios que ha prestado Ud. a la causa que se defiende, así como también al patriotismo y demás méritos que en Ud. concurren, he tenido a bien nombrar a Ud. Jefe de la Revolución en el Estado de Chihuahua, [¿Acaso alguien podría creer que Villa estaba esperando el reconocimiento de Zapata?] para que… en lo sucesivo reúna y organice, active la campaña que se emprende contra los defensores del mal Gobierno ilegal de Huerta, [¿Era porque no fue él quien ejecutó la asonada?] hasta llegar a atacar a la Capital de la República en unión de las tropas insurgentes del Sur y Centro; pero teniendo que defender y luchar siempre por el exacto cumplimiento del Plan de Ayala.” En parte ya había logrado su objetivo, el derrocamiento de Madero.

Después, creyó acceder al presidente Woodrow Wilson por recibir a dos estadounidenses, Charles Jenkinson quien vino a Veracruz como representante de la Cruz Roja y Thomas W. Reilly, un capitán veterano de la Primera Guerra Mundial quien estuvo con Villa como periodista. Mientras Carranza Garza demandaba la salida de Veracruz de los estadounidenses, Zapata buscó presentarse como la opción para gobernar. Envió, el 23 de agosto de 1914, una carta a Wilson. Arremetió contra Madero por sus orígenes familiares y deducía que “…no tardó en entenderse con los demás hacendados, y en invocar la legislación…como un pretexto para no cumplir las promesas que había hecho para restituir a sus dueños las tierras robadas y para destruir el aplastante monopolio ejercido por los hacendados, mediante la expropiación de sus fincas por causa de utilidad pública y con la correspondiente indemnización, si la posesión era legítima…” Mencionaba que “…hay que romper los viejos moldes de la legislación, y viendo en el Plan de Ayala la condensación de sus anhelos y la expresión de los principios que deben servir de base a la nueva legislación, ha empezado a poner en práctica dicho plan, como ley suprema y exigida por la justicia, así es como los revolucionarios de toda la República han restituido sus tierras a los pueblos despojados han repartido los monstruosos latifundios y han castigado con la confiscación de sus fincas a los eternos enemigos del pueblo, a los señores feudales, a los caciques, a los cómplices de la dictadura porfiriana y a los autores y complices del Cuartelazo de la Ciudadela.” Indicaba que “se puede asegurar…que no abrá paz en México, mientras no se eleve el Plan de Ayala al rango de ley o precepto constitucional, y sea cumplido en todas partes. Esto no solo en cuanto a la cuestión social, o sea a la necesidad del reparto agrario, sino tambien en lo referente a la cuestión política, o sea a la manera de designar el Presidente Interino que a de convocar a elecciones y ha de empezar a llevar a la práctica la reforma agraria.” Enfatizaba que “el país está cansado de imposiciones, no tolera ya que se le impongan amos o jefes; desea tomar parte en la designación de sus mandatarios; y puesto que se trata del gobierno interino que ha de emanar de la revolución y de dar garantías a ésta, es lógico y es justo que sean los genuinos representantes de la Revolución, o sea los jefes del movimiento armado, quienes efectuen el nombramiento de Presidente Interino. Así lo dispone el artículo doce del Plan de Ayala, en contra de los deseos de D. Venustiano Carranza y de sus circulo de políticos ambiciosos, los cuales pretenden que Carranza escale la Presidencia por sorpresa, o mejor dicho, por un golpe de audacia y de imposición: Esta convicción de los jefes revolucionarios de todo el país es la única que puede elegir con acierto el Presidente Interino, pues ella cuidará de fijarse en un hombre que por sus antecedentes y sus ideas preste absolutas garantías; mientras que Carranza por ser dueño o accionista de grandes propiedades en los Estados Fronterizos, es una amenaza para el pueblo campesino, pues seguiría la misma política de Madero, con cuyas ideas está perfectamente identificado, con la diferencia única de que Madero era débil, en tanto que Carranza es hombre capaz de ejercer la más tremenda de las dictaduras, con lo que provocaria una formidable revolución, más sangrienta quizá que las anteriores.”

Los documentos muestran a Zapata hambriento de poder sin enfoque al futuro. Madero no era un tirano, su esencia democrática quedó demostrada en 1912. Carranza no era un dictador, era terco ni quien lo dude, pero tenía una visión de país a largo plazo y aceptaba las propuestas de otros, tal como se plasmó en la Constitución de 1917.

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Añadido (1) Al ciudadano Bartlett Díaz lo consideramos uno de los pocos políticos ilustrados con que contamos, pero se muestra extraviado en la percepción histórica. Por ello, hay que recordarle que el Estado Mexicano moderno nace a partir de los planos elaborados por el presidente Venustiano Carranza Garza; la desbroza del terreno efectuada por el presidente Adolfo De La Huerta Marcor; los cimientos que colocó el presidente Álvaro Obregón Salido; y, la construcción del edificio institucional, el cual albergó el crecimiento y el desarrollo económico de México durante setenta años, obra del estadista Plutarco Elías Calles.

Añadido (2) Es lógico que esa ciudad, en donde la piratería se encuentra por todos lados, tuviera como insignia un producto de esta. ¿Se le agregará el lema la Ciudad de los Corsarios?
17 Noviembre 2018 04:00:00
La leyenda de una casaca
Allá en un sitio en donde lo mágico terminaba por traslaparse con la realidad, existía una leyenda sobre una prenda de vestir de color oscuro que a primera vista lucía modesta, pero elegante, la cual durante años varios intentaron portarla y terminaron por ser mostrados cuan pequeña era su estatura para llevarla. Había sobrevivido todo tipo de revueltas y discordancias e inclusive hubo un momento en que un analfabeto funcional, para no alterar las buenas conciencias abajeñas, estimó llevarla a vender, después de todo en la mercadeada él tenía experiencia basta. Ya había decidido que la trasladaría al sitio en donde terminan los trebejos y cacharros. Sin embargo, alguien por ahí recordó que uno de sus ancestros había conocido la prenda cuando era portada por quien primero la llevó. Ante ello, convenció al mercader que se la donara y él la pondría en un sitio en donde no incomodara a las buenas conciencias que en cuanto recordaban la casaca se santiguaban y elevaban plegarias al Altísimo como sí se tratara de un objeto del demonio. No obstante, esa no era la actitud que otros habían asumido a lo largo de los años cuando tuvieron frente a ellos aquel ropaje codiciado de ser portado por quienes creían que era cosa de un zurcido por aquí, una estirada por allá y lista para que la casaca les ajustara como guante en mano. Pero partamos de los orígenes de la vestimenta en comento.

El material con el cual fue elaborada es de los que ya no se encuentra en ningún sitio. Hay quienes dicen que fue producido exclusivamente para confeccionarla y tras de ello desaparecieron las telas y tintes con que fue hecha. La singularidad de dicha prenda es que lo mismo sirvió para los momentos de pobreza que para los de gloria. En ambos nunca dejó de lucir esplendorosa. Fue capaz de resistir la humedad de la mazmorra, la lluvia de los días cuando el portador no encontraba en donde guarecerse, el agua salina que salpicaban las olas al chocar con la barcaza, el olor del tabaco cuando se forjaban los puros, los polvos de la meseta y la arena del desierto que se colaban a través de la ventanilla del carruaje. A todo ello era repelente y en nada socaba la dignidad con que se presentaba cuando era portada por aquel hombre en los eventos solemnes. Algunos creyeron que se deterioraría cuando, en su viaje hacia el piso, una dama la embadurno de afeites, pero eso no sucedió. A la hora del triunfo, ahí estaba resplandeciente como si hubiese recién salido de la tintorería. Ella fue la vestimenta emblema del triunfo. En ese instante varios voltearon a verla y se dijeron, para sus adentros que, a costa de lo que fuera, la portarían algún día.

Sin embargo, quien la llevaba aun no terminaba de forjar la nación y hubo de enfrentar, enfundado en ella, los arrebatos de los codiciosos. Así, uno tras otro, pasaron los días hasta que llegó aquel en que, colgada en el perchero a un lado de la cama, era salpicada por el agua caliente. A primera vista parecía que la tela estaba dañada. Por ello, cuando su portador emprendió el viaje sin retorno, algunos creyeron que se la llevaría puesta como compañera del descanso final. Sin embargo, hubo un instante, cuando se quedaron solos el cuerpo inerte y el fiel servidor, este ultimo tomó una decisión que a nadie trasmitió en ese momento. Optó por una réplica que lucía muy similar y con ella vistió a quien ya transitaba por el mundo intangible. Dobló la pieza original y, cuidadosamente, la colocó en una caja de caoba que guardó en un sitio que solamente él conocía y entonces procedió a abrir las puertas del recinto para que pasaran quienes tenían que hacerlo y proceder a las exequias que el caso demandaba. Nadie se percató del cambio.

Durante varios años, las revueltas entre los vencedores los mantuvieron ocupados buscando quien habría de adjudicarse el liderazgo. Cuando las cosas se aclararon y surgió un vencedor, un día de tantos, apareció un hombre encorvado de caminar lento que evidenciaban el paso de los años. Había tomado la decisión de ir a buscar al triunfador a quien conocía desde que este era un joven lleno de ambiciones y de energía que le permitieron convertirse en el discípulo más cercano de aquel quien había portado originalmente la casaca. Ahora las circunstancias eran distintas y, por momentos, al hombre mayor le surgían dudas de si podría acercarse con la misma confianza a quien, para entonces, ya estaba entronizado como el líder nuevo. Dejando atrás temores, va y se anuncia solicitando audiencia indicando solamente que el motivo de esta era un asunto muy personal. Dado que todos lo conocían por ahí, no le fue difícil que la franquearan el paso y pronto estuvo ante aquella figura que ya lucía distinta al de los días de la defensa de la patria. Tras de los saludos correspondientes, el hombre empezó a relatar lo ya comentado respecto a la prenda. Aquello fue una sorpresa para quien lo escuchaba, conocía el valor de la vestimenta que creyó ya no existía y que, en un momento dado, había aspirado a portarla, pero estaba resignado que nunca la volvería a ver. Ante la noticia de que era factible acceder a ella requirió le fuera mostrada inmediatamente. Sin embargo, aquel hombre, quien actuaba como guardián, no iba a dejarla en las manos de nadie sin establecer condiciones. Esa vestimenta debería de ser preservada para la eternidad y quien aceptara recibirla se comprometía a darle un trato respetuoso, y asegurarse su preservación. La cara recia del triunfador se contrajo, como venía ese don nadie, pensó para sus adentros, a ponerle condiciones. Sin embargo, recapacitó y dando su palabra en prenda aceptó cumplir las exigencias, después de todo sabía que aquella casaca era única y portarla era un blasón de orgullo. Un apretón de manos selló el compromiso. Tres días mas tarde, regresa aquel hombre con la caja de caoba herméticamente cerrada. Al verlo arribar, inmediatamente le es permitido el paso y pronto estaba frente a quien se encargaría de resguardarla.


Tan pronto se quedó solo el ahora poseedor de la casaca, procedió a abrir la caja y, tras admirarla por un buen rato, no pudo resistir la tentación. No era cosa de dejar pasar el tiempo, despojándose de su uniforme militar, cuidadosamente desdobló la pieza e introdujo su brazo por la manga derecha y luego realizó movimiento similar del lado izquierdo. Fue a buscar un espejo y se encontró, con una gran decepción, que nadaba en el ropaje. Ante ello, su impulso primario fue llamar a su sastre, pero se reprimió. No era asunto de pespuntes y ajustes. Prefirió esperar y, cuidadosamente, se despojó de ella para volverla a guardar en la caja de donde la había extraído, ya habría tiempo para que le ajustara con elegancia. Casi habían trascurrido cuatro años cuando estimó que era el momento de probársela nuevamente. Se volvió a desilusionar, la casaca seguía luciendo varias tallas más grandes. Cuando llegó el momento de retirarse tomó la caja de caoba y se apersonó ante quien se quedaría en su lugar. Le explicó de que se trataba y que ahí se la encargaba. Ya solo, el receptor procedió a ver aquello y con poco cuidado la desdobló. No queriendo quedarse con la duda se la enjaretó y lanzó una maldición al ver que la casaca le lucía espantosa y la falta del brazo derecho agravaba aquello. Decepcionado, la puso a buen recaudo, no la necesitaba para corretear damas y hacer sus negocios. Nunca más se ocuparía de ella hasta el día en que volvió a tener enfrente a quien se la había dejado “por mientras.”

Con su voz pastosa, el retornante solicitó al que se iba que le entregara la caja que había dejado a su resguardo. De entrada, tuvo una cara de sorpresa la cual le duró muy poco ante el gesto agrio que obtuvo como respuesta. No le quedó sino buscarla, pero no recordaba en donde la colocó. Finalmente, se dirigió a un sitio en donde amontonadas estaban cosas que tenían como destino el basurero.

Ahí estaba la caja resplandeciente y el alma volvió al cuerpo del olvidadizo.

Tras de recuperarla, el visitante se fue y cuando llegó a su morada procedió a probársela nuevamente. El resultado fue el mismo, holgura que hacia lucir infame al pretendiente. Ante ello, decidió jurar ante la prenda que sus actos habrían de seguir el modelo que el portador original había iniciado. Y así fue por cerca de las tres décadas siguientes, armó homenajes y colocó monumentos conmemorativos al portador original de la prenda. Tras de cada inauguración de una obra o cuando las mayorías le solicitaban que no se fuera, llegaba y se probaba la casaca. Los resultados eran los mismos, algo sobraba y la pieza no lucía elegante. Cuando arribaron aquellos días de fiesta, creía que el reconocimiento a su labor era unánime. Decidió que portaría la pieza para el evento principal. Sin embargo, seguía luciendo de talla mayor. Lanzó injurias a diestra y siniestra y hasta quiso destrozarla lo cual no pudo realizar pues, como dirían por ahí, la tela no se dejó. Enfurecido, y de mala gana, la colocó en la caja que ordenó le construyeran para guardarla. En los meses siguientes, se ocupó mas de los problemas crecientes y no se preocupó más de aquella vestimenta. Cuando todo se venia abajo y no le quedó sino optar por la transición pactada, decidió que en cumplimiento de la promesa antigua enviaría la caja con la levita a quien tomaría su lugar.

El destinatario procedió a abrirla y encontró una nota explicativa. La indiscreción de alguno hizo correr la voz del acontecimiento. Dado que al receptor le llamaban la atención los asuntos esotéricos, no faltó quien pensara que la casaca sería parte de alguna sesión. Eso jamás sucedería, el hombre sentía un gran respeto por dicha prenda hasta el grado que nunca intentó portarla. Pronto, sujetos de ropajes largos y oscuros, acompañados por otro de hablar extraño, armaron una trama en la cual utilizaron al que se identificaba plenamente con ellos y cometieron la asonada. En medio de todo aquello, hubo quien recogió la caja de caoba con la casaca y evitó que cayera en manos de los que planeaban destrozarla. Entre campanadas jubilosas por haberse cumplido el objetivo de los facinerosos, incluida la muerte del antiguo líder, una persona no identificada cruzaba las calles llevando una caja de caoba de tamaño regular.

se sabía a donde iba, ni que llevaba ahí, mientras apresuraba el paso hasta perderse por los callejones de la gran ciudad.

Sin que nadie pueda explicarlo, un día allá por los mismos linderos, salvo que mucho más abajo en el río, en donde el portador original de la levita había aguantado hasta el limite de la desesperanza, caminaba por las calles un sujeto andrajoso cargando una caja cuya calidad no combinaba con la vestimenta. Las buenas conciencias del pueblo no tardaron en señalarlo como un loco. Sin embargo, el fulano tenía muy claro a donde deseaba llegar. Estaba sobre la calle principal del pueblo y decidió ir hasta su final. Ahí, preguntó por el mero jefe, en principio lo rechazaron, pero porfió y se quedó sentado afuera del edificio en donde le indicaron estaba aquel a quien buscaba. Varias horas estuvo ahí hasta que vio salir a su objetivo y prestó lo abordó, atropelladamente le explicó qué quería verlo, pero eso tenia que ser en privado. Los “quedabien” ya se abalanzaban cuando fueron detenidos por un ademan de quien acto seguido puso la mano sobre el hombro de aquel andrajoso y le pidió que lo acompañara al sitio donde despachaba. Sin que se lo preguntaran, abrió la caja y mostró su contenido, al observar aquello, se iluminó el rostro del hombre, era la pieza que un día su padre observó en el portador original. Conocía la leyenda y aceptó convertirse en el guardián. Inmediatamente giró órdenes para que al hombre aquel lo incorporaran a la causa. Al estar solo, adoptó una actitud similar a la que tuvo su paisano un par de años antes. La guardó respetuosamente y, salvo aquel día cuando el sol le brillaba en su máximo esplendor cruzó por su mente calzársela, pero pronto alejó aquel pensamiento, él era el más fiel seguidor del portador original y no se mancharía tratando de imitarlo, transitaba por un camino propio sin necesidad de apropiarse de ropajes ajenos. Pasaron los años y nuevamente la caja quedó a la deriva, iba en el tren destrozado que se quedó a medio camino. Alguien la rescató y la llevó ante el triunfador a quien el ahora derrotado le había narrado la leyenda. Tanto él, como quien lo sucedió jamás intentaron colocar sobre su cuerpo aquella pieza. Ambos, en ocasiones varias, portaron casacas, pero elaboradas exprofeso para ellos quienes consolidaban la nación nueva. Turnaron la caja con la casaca a quienes los sucedieron, pero, conscientes estos de su estatura, jamás intentaron portarla. Hasta que llegó a manos de quien los traicionaría.

Para él, la prenda no le significaba nada, representaba la antítesis de lo que deseaba. El portador original promovía el avance de los de su raza y no que permanecieran en espera de ver que les daban mientras los consideraban objetos antropológicos. Sin embargo, el receptor reciente de la prenda no podía arremeter en contra de todo lo que había detrás de aquella prenda y la puso a buen recaudo. Sin embargo, aquel día, cercano al inicio de la primavera, creyó que su estatura alcanzaba la del portador original y en la soledad de su aposento procedió a enjaretársela. Inicio por la manga izquierda y luego por la derecha. Buscó un espejo y casi se infarta, la prenda lucía varias tallas mas grande que su cuerpo y eso le enfadó. Atropelladamente, la aventó sobre el primer mueble que encontró. Nuevamente, la casaca se encargaba de dimensionar la talla histórica del que osaba creer que era fácil portarla.
Una vez concluido el encargo del pretenso fallido, tres más habrían de resguardar aquella prenda, ninguno osó querer aparecer como herederos y portarla. Bajo premisas distintas, cada uno estaba convencido de que no necesitan recurrir a ello para cumplir su encomienda. Tras de ellos, arribó alguien quien, con sus actos, lograba que muchos pensaran que era adecuado portara la casaca tan codiciada. El aludido estaba convencido de que lo realizado por él valía por sí mismo y siempre mantuvo guardada con gran respeto la caja que contenía la prenda, lo cual no le impidió alabar en público de manera frecuente al portador original de la misma. Su accionar le significó que, como a ningún otro, se le guardara un reconocimiento y cariño especial. Mientras reflejaba los estragos de la jornada, combinados con los de la enfermedad, llegó el momento de que arribara su sucesor a quien le entregó la caja contenido la casaca.

No fue necesario le comentara nada al respecto, todo lo sabía acerca de ella.

Con gran respeto mantuvo a buen resguardo la pieza sin tener siquiera intenciones de calzársela. Sin embargo, desconocía las intenciones de quien lo sucedió. Este, se creyó heredero directo y con todo derecho a portar la vestimenta. No hubo día, después de dar un discurso o inaugurar obra en que no llegara a sus aposentos y se la probara. Los resultados fueron similares, le quedaba muy grande. Instrumentó un conjuro y estimó que, sí colocaba estatuas del portador original por doquier y le declaraba un año en su honor, la prenda se ajustaría a su físico. Eso jamás sucedió. Frustrado cumplió con el ritual y transfirió la prenda a su sucesor quien poco interés tenia en portarla, sus raíces genealógicas no se identificaban con aquello. Los tres siguientes que la recibieron andaban mas ocupados en cambiar el modelo que en identificarse con el pasado, aun cuando al último de esa tercia hubo un día en que se le metió que podía portarla.

Fue cuando le hicieron creer que ganaba su lugar en la historia como el gran demócrata, en realidad actuaba como ejecutor de una orden, y pensó que esa noche aparecería ante sus gobernados teniendo como fondo la pintura del portador original quien vestía la prenda y él al frente con la casaca original.

Pero antes había que probársela en la intimidad. Cuando eso sucedió, la pieza lucía varios tallas más grandes y lo empequeñecía, o mejor dicho lo situaba comparativamente. Se enfureció, destrozó muebles y rompió otras piezas. Todo se reflejó en su rostro que tuvo que ser maquillado para que pudiera aparecer ante cámaras. Lo que vino inmediatamente lo relatamos en el primer párrafo de este escrito. Sin embargo, al fin de ese tiempo de desastre vino otro a quien cualquier vestimenta que utilizara le quedaba grande y lo hacia lucir ridículo. Cuando la entregó al siguiente, este ni siquiera abrió la caja con la levita, su formación le enseñó que nada de alabanzas o aproximaciones a ella.

Así llegaron los días en que apareció alguien quien creyó poder portar aquella casaca con prestancia. Sin embargo, al ver el perchero, se antojaba que la vestimenta era de talla mayor. Como es costumbre en esos casos, los “quedabien” lo animaban a ponérsela en cuanto la tuviera a su alcance. Solamente de recordar quien fue el primero, después del usuario original, que infructuosamente intentó calzarla, llamó a muchos a la reflexión. Varios han sido los que han intentado llevar la casaca y nadie ha sido capaz de alcanzar la talla de su portador original. La leyenda cuenta que quien intenta usarla sin reunir la grandeza del usuario original acaba por terminar en condiciones muy cuestionables. Eso es la leyenda de la casaca, una pieza modesta pero de elegancia singular que ubica a quien no sabe medir sus alcances. Vale recordar que buscar montarse en la gloria de otros siempre termina por exhibir la pequeñez de quien lo intenta.
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Añadido (1) Si en futuro inmediato no quieren los inversionistas tener problemas ya conocen la receta: Adquieran un botín, pero asegúrense de que cecee ya que de otra forma no funciona.

Añadido (2) El francesito amnésico olvidó quienes sacaron a sus paisanos del hoyo en los dos guerras previas. Además, se dio un tiro en el pie cuando criticó los nacionalismos, ¿A poco los franceses ya dejaron de serlo? No hay duda, la contaminación de París ya le afectó las neuronas.

Añadido (3) Con eso de la moda retro, fueron y sacaron del armario el espíritu de George Parnassus y al amparo de este arman la refriega de color semisubido. Sin embargo, la falta de pericia siembra dudas entre la fanaticada.
10 Noviembre 2018 04:00:00
Quince años
Antes de que, por el titular de esta columna, alguien vaya a figurarse que ahora incursionaremos por las exquisiteces los eventos sociales, incluida una perorata como aquella que Fernando Soler se receta en el papel de Rodrigo Cataño en la película “Una familia de tantas” (1949), permítanos aclararle que esos temas no son de nuestro resorte. Aquí realizaremos un recuento breve de lo que, alrededor de este espacio histórico-opinativo-informativo, ha ocurrido desde aquel 8 de noviembre de 2003 cuando este escribidor retornó al ejercicio de la palabra escrita mientras buscaba, entonces, como habría de reinventarse al dar por concluida su etapa como servidor del Estado Mexicano.

Se los hemos comentado en otras ocasiones, pero siempre es importante recordarlo. Pudimos acceder a este espacio gracias a que don Francisco Juaristi Septién y Francisco Juaristi Santos accedieron a nuestra solicitud y creyeron que algo interesante podíamos trasmitir con nuestros escritos a los lectores de Zócalo. Así fue como iniciábamos, en 1125 palabras, emitiendo nuestra opinión sobre aquello que titulábamos “Dos grupos en lucha por la nación”. A partir de ahí, emprendimos un recorrido que nos ha llevado a abordar a lo largo de 743 artículos, este incluido, un sinfín de temas sobre historia, economía, política, deportes, anécdotas personales y cuentos, entre otros tópicos.

Al principio, fue un constante batallar en la búsqueda de fijar nuestra postura y, porque no decirlo, dejar a un lado el temor de que si aquello que abordábamos estaba enfocado en una forma tal que fuera a terminar por convertirse en simplemente una embadurnada de cuartillas sin tener pies, ni cabeza. En ese proceso nos pasamos los primeros nueve meses, es simple coincidencia, nada que ver con alegorías de otro tipo de gestación. A partir de ahí, empezamos a cambiar el enfoque y la percepción de lo que escribíamos. A eso contribuyeron innegablemente las obligaciones emanadas del retorno a las aulas nos volvieron a sumergir en la disciplina escolar entre lecturas de libros y artículos, preparar ensayos, estar listos para cumplir con las responsabilidades, primero de la maestría y posteriormente del doctorado en historia, a la par que se escribía una tesis y después una disertación. Todo ello implicaba que achicaran los días mientras ponían las neuronas a funcionar como hacia muchos años no se les demandaba, pero al final todo esto generaba una satisfacción como pocas veces hemos tenido. Fue un periodo de seis años en que hubo que hurtar un espacio al tiempo para continuar con esta colaboración semanal.

Por razones obvias, la historia fue convirtiéndose en el tema recurrente en nuestras colaboraciones. A través del tiempo fue factible reafirmar nuestra admiración, fundada, por los estadistas Benito Pablo Juárez García y Plutarco Elías Calles sobre cada uno de ellos hemos escrito más de veinte artículos exclusivamente analizando su actuación. Si nos preguntaran cual de todos esos escritos sobre esos personajes tenemos más presentes sin dudarlo señalaríamos, por motivos muy personales que nos guardamos, en el caso del primero, “El sol, la primavera y Juárez” (22-III-2014). Mientras que en el caso del segundo sin duda es “El nacionalismo pragmático en la reconstrucción del país” (22-IX-2014).
En ese contexto de la creación de la nación, entre el 20 de mayo y el 17 de junio abordamos la perspectiva que desde el exterior tenia la prensa sobre el triunfo de la república. Jamás imaginamos que dichos escritos llamarían la atención de la historiadora, la doctora Patricia Galeana quien, tras entrevistarnos, tuvo a bien darnos la oportunidad de publicar nuestro primer libro “El Senado Estadounidense enjuicia a México y al presidente Carranza,” (INEHRM, 2017).

Al mismo tiempo, este ejercicio editorial nos ha permitido clarificar y replantear la perspectiva que sobre los presidentes Venustiano Carranza Garza, José de la Cruz Porfirio Díaz Mori y Álvaro Obregón Salido. En el caso del coahuilense, nos quedamos con dos escritos “Carranza e Inman en Piedras Negras” (23-III-2013) y “Y tras de firmar el Plan de Guadalupe…” (30-III-2013). Por lo que concierne al oaxaqueño, tras de asimilar por varios años la zarandeada intelectual que nos dio aquella guardia a la entrada del cementerio de Montparnasse, nos quedamos con “El héroe­villano quien se fue vía la transición pactada” (21-V-2016). Referente al sonorense, sin duda alguna nuestro apunte favorito es “El presidente Obregón en el contexto actual del petróleo y la relación Estado-Iglesia” (17-VIII-2013).

Si se trata de recordar lo abordado sobre nuestros políticos contemporáneos, debemos de recordar lo que planteábamos sobre el presidente Adolfo López Mateos en “La palabras del presidente de México de origen mexiquense” (07-I-2017), aun cuando no podríamos dejar de lado que sobre él elaboramos el artículo que más rápido que hemos escrito durante estos quince años, en menos de una hora teníamos listo “La historia de don Adolfo el niño, joven, adulto, presidente,” (29-III-2014). Definitivamente en el caso del presidente Carlos Salinas de Gortari, lo escrito en “Salinas-Colosio-Zedillo” (1-III-2014) es lo que de manera más clara plasma la perspectiva que tenemos respecto a su gestión presidencial. Respecto a los últimos tiempos, nos quedamos con “Las reformas no son actos separados, ni de corto plazo” (22-IX-2014) en el cual exponíamos que los cambios no serían actos mágicos de sanación y requerían tiempo para ver sus resultados, algo que quienes, correctamente, las realizaron no fueron capaces de trasmitir y acabaron pagando del precio de su poca capacidad de capacidad de comunicación. En igual forma, a través de varios artículos nos ocupamos de las elecciones realizadas en nuestro país. En su momento, aun cuando precisamos que no concordábamos con la propuesta de quien resultó perdedor en 2006 y 2012 y quien se alzara con el triunfo en 2018. Salvo en la segunda de ellas, en las otras dos no expresamos simpatía por candidato alguno. La postura continúa siendo la misma, apostamos por el futuro y no por regresar a un pasado que ya no puede insertarse en el siglo XXI. Pero no todo se ha circunscrito a la historia nacional, también, nos hemos ocupado de los eventos suscitados en exterior.
Entre el 26 de abril y el 24 de mayo de 2008, publicamos una serie de artículos bajo el titulo “Un breve repaso a la historia estadounidense” la cual abarcaba desde 1776 hasta 1861. Sin embargo, en ese inter de manera fortuita se dio una entrevista que nos llevó a escribir “Un breve repaso a la historia estadounidense: Un paréntesis de doscientos años para comentar sobre William Jefferson Clinton /IV” (10-V-2018) en donde apuntábamos lo sorprendido que estábamos de aquello que nos dijera el expresidente estadounidense, algo que seguimos sin explicar el porqué. Asimismo, sobre el tema de lo abordado en relación con los acontecimientos en los EUA, estimamos que “Al norte o al sur del Bravo, mezclar política y religión nada bueno genera” (15-X-2011) nos provee un ejemplo de lo que no debe de hacerse al mezclar esos dos temas.

Si usted, lector amable, nos ha seguido a través de estos tres lustros seguramente tendrá muy claro que uno de los temas que con mayor recurrencia hemos abordado es el de la relación Estado-iglesia. Como en ocasiones diversas, la fascinación con el mismo nos viene desde la infancia cuando orgullosamente podemos decir que del único sitio de enseñanza en que se nos expulsó fue de las lecciones de catecismo en preparación para la primera comunión. Posteriormente, reafirmaríamos nuestro laicismo en la escuelita parroquial universitaria. Sin embargo, no seria hasta que nos adentramos en el estudio de la historia cuando pudimos apreciar en toda su magnitud la influencia negativa que el clero ha tenido en la vida de nuestra patria. En ese contexto escribimos un par de artículos titulados “Los papas y México” (07-VI-2014) y (14-VI-2104). Pero si de lo que se trata es de exhibir lo que genera la ambición de poder soliviantada con el fanatismo de algunos, tenemos que remitirnos a la serie de nueve artículos que presentamos entre el 13 de enero y el 6 de marzo de 2004 bajo el titulo “Del Occidente al Centro”. En ellos, se aprecia que lo iniciado en 1926 vuelve a renacer a finales de los 1930s bajo la bandera del sinarquismo. En igual forma, vale repasar “Una constitución para comentarse” (1-IV-2006) sobre la constitución de los cristeros o “La carta pastoral que pocos han leído” (12-X-2015) en al cual se desnudan las mentiras que por años propagaron los que se vendieron como víctimas por lo cual es recomendable revisar “La Cristiada: Los antecedentes” (23-IV-2012). Pero si queremos un ejemplo de hasta dónde puede llegar la estulticia de algunos mojigatos, nada como repasar “El tango: ¿Un baile pecaminoso?” (11-II-2017). Pero ya en otras latitudes, y sobre el mismo tema, debemos de recordar la serie de escritos que bajo el título “La Constitución del Clero de 1790” comentábamos, en tres escritos entre el 21 de julio y el 4 de agosto de 2007, acerca de lo que aconteció cuando en plena Revolución Francesa, se intentó sustituir la religión católica por un remedo que terminó por fracasar. Y ya que andamos por Europa, vale apuntar la serie de artículos publicados entre el 14 de abril y el 27 de mayo sobre lo acontecido al pueblo alemán que obnubilado cayó bajo el embrujo de la bestia austriaca. Respecto a esta ultima no podemos olvidar como en nuestro país, en su momento el gigolo-cobarde-nazi-sinarquista, José Vasconcelos, a cambio de unas monedas, se convirtió en su vocero-adorador. Ello lo tratamos en “La defensa a Vasconcelos y similares” (2-X-2010) y en “La peste del antisemitismo” (28-III-2015).
Otro aspecto que muchas veces se olvida es el extraño maridaje que se da entre la izquierda y la derecha, aclaramos que no estamos refiriéndonos al amancebamiento de hace unos meses entre nuestros autóctonos panistas y perredistas, hablamos de aquel que se dio entre el derechista rabioso, Joseph R.

McCarthy y los jesuitas de avanzada uno de los cuales, el vicerrector de la Universidad de Georgetown, Edmund A. Walsh, ideó aquella cacería conocida como el macartismo bajo la cual apuntalaron la reelección del senador por Wisconsin, la historia al respecto la narramos en “La izquierda y la derecha, una historia de relaciones pecaminosas” (26-IX-2015). Y ya que andamos por los senderos del norte, recordemos algo de lo escrito sobre las relaciones México-EUA.

Respecto a lo anterior, nos quedamos con la serie de artículos publicados entre el 25 de enero y el 15 de febrero de 2014 acerca de las entrevistas y como se dieron las relaciones entre los presidentes de las donaciones mencionadas en el párrafo anterior. A los cuales agregaríamos un par bajo el titulo “Así nos ha ido con los demócratas…” (10-IX-2016) y ‘Así nos ha ido con los republicanos…” (17-IX-2016) bajo los cuales planteamos una perspectiva que no necesariamente coincide con la narrativa popular. En medio de todos estos escritos, no podía faltar aquel que le tomara un cariño especial.

Dos han sido los casos en que lo aquí plasmado han sido tomados por otros como propios y sin rubor repetidos públicamente. El primero de los casos nos sucedió con “Ildefonso Vázquez: El héroe revolucionario olvidado por los nigropetrenses” (17-XI-2008). El texto fue tomado por quien se decía cronista de nuestro pueblo, es fecha que no encontramos documento alguno que bajo su autoría narre la historia del lugar, Julio Santoscoy Cobo y, sin rubor alguno, el 2 de septiembre de 2010, día en que le agregaron el nombre del revolucionario al CBTIS 34 fue y lo recitó como suyo. El otro caso, fue el de alguien quien supuestamente ejerce con el titulo de licenciado en derecho, Juan Manuel López García quien en
http://www.nssoaxaca.com, originado en la ciudad de Oaxaca, se dio a la tarea de presentar como suyos los artículos “José María Morelos el padre del TLC, (03-X-2015); “El zorro, el peje lagarto y el bronco, fauna de ralea similar” (10-X-2015); Bartolomé de las Casas, Lázaro de la Garza, el Papa y los políticos mexicanos” (17-X-2015); y, “El problema de la educación pasa por la economía” (24-X-215). En el primero de los casos no hicimos reclamo alguno porque así nos lo pidió una de las dos personas que nos podía ordenar. En el segundo, hicimos la protesta correspondiente hasta que por fin el sujeto carente de ética dejo de cometer el hurto. Pero vayamos a otro encuentro de nuestros escritos el cual sucedió cuando en una pagina http://www.eldiariodetaxco.com, nos encontramos reproducido el artículo “La educación y la libertad” (27-IV-2013). De inmediato solicitamos explicaciones y tras de recibirlas acordamos con el periodista don José Arroyo Reyes que se publicarían semanalmente y hasta la fecha, ahora en http://www.guerrerohabla.com vamos ya, con esta, en 277.

Cabe señalar que en estos quince años solamente hemos escrito un articulo a pedido expreso. Quien nos lo solicitó, Don Rafael, tenía autoridad para ordenarlo, pero durante largo tiempo condescendió con nuestras evasivas. Finalmente, el 1 de diciembre de 2007, publicamos “El más ilustre coahuilense del México posrevolucionario: Manuel Pérez Treviño”. Sobre este personaje habíamos escuchado una narrativa amplia de nuestro abuelo paterno, pero carecíamos de información dura. Cuando finalmente la obtuvimos procedimos en consecuencia. Estimamos que, a partir de ahí, una de sus nietas, María Elena Laborde Pérez Treviño tomó la pluma y procedió a rescatar del olvido al general para dejar memoria escrita de su actuación trascendental en la historia de México.

En diversas ocasiones hemos recurrido a la narrativa mezcla de verdad y ficción, en ese renglón caen: “La dama del vestido estampado con flores de colores vivos” (14-III-2015) basada en una experiencia personal con múltiples cuestionamientos; “El auténtico jefe del grupo” (23-I-2016) sobre un evento en un pueblo que puede ser cualquiera de la geografía nacional, pero que sucede en uno muy específico; “La yegua colorada tuvo la culpa” (12-III-2016) acerca de como ese animal casi provoca un conflicto internacional; “El parador del tranco” (20-VIII-2016) algo que puede suceder en cualquiera de las que eran llamadas casas de asistencia; y “Las aventuras del coronel” (4-III-2017) narración sobre las hazañas de un revolucionario del antier. Otro aspecto que hemos cubierto es lo referente a los deportes de los cuales estimamos que “El baloncesto: Una anécdota” (21-V-2005) sobre unos chamacos sonadores de quince años; “Del estadio Piedras Negras al Yankee Stadium, sin olvidar los campos llaneros’” (06-VI-2015), además de “Aquellos años de futboleros en el pueblo (04/08/2018) son los más representativos.

Sin duda nos fue muy grato reseñar la presentación de los dos libros de la autoría de Don Rafael Villarreal Martínez. “Piedras Negras: Destino y Origen” (6-VIII-2005) y “Personajes, sitios y recuerdos” (19-II-2011). En ambos libros, el autor sin presumir de ningún título rimbombante que lo acreditara como cronista de nada, narró la vida de su pueblo y sus habitantes a lo largo del siglo XX.

En estos tres lustros hay una tercia de artículos que nunca hubiéramos deseado escribir, pero no podíamos evitar hacerlo. Estos fueron: “Despedida al declinar del sol” (07-IV-2014); “Al manifestarse el alba” (23-VII-2016) y “Las hazañas beisboleras del tío Manuel Francisco” (13-V-2017) en las cuales narramos el hasta luego a Don Rafael Villarreal Martínez y a doña Estela Ríos Schroeder, así como al tío Manuel Francisco Villarreal Martínez cuando partieron a su cita con el Gran Arquitecto.

Esta ha sido una reseña breve sobre los tópicos abordados a lo largo de tres lustros. Por permitirnos someter a la consideración publica nuestros puntos de vista, hemos de agradecer al apoyo que nos han otorgado don Francisco Juaristi Septién, Francisco Juaristi Santos, don José Arroyo Reyes, Francisco Liñán Delgadillo, Francisco Covarrubias, Estela Flores, Abdel Robles, Josué Pérez Saavedra, Marcela Naciff Oceguera, así como a todos aquellos que intervienen para su publicación, y por supuesto a usted lector amable que, estamos conscientes, no siempre podrá coincidir con nuestra perspectiva pero es quien con su lectura nos permite comparecer semana a semana. Aquí seguiremos mientras nos sea permitido y haya quien considere que lo expuesto vale la pena leerlo. Mientras tanto, MUCHAS GRACIAS.

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Añadido (1) Ante un señalamiento preciso y constructivo, encontramos una respuesta bañada en secreciones biliares.

Añadido (2) Hubo otro mensaje que nadie percibió. En la biblioteca, en la parte superior a la derecha, la pintura con el rostro del personaje quien inicio la primera gran transformación de este país. ¿Cuál es el motivo por el cual hoy lo marginan, ignorancia o simple percepción selectiva de la historia?
Añadido (3) Lo apuntamos en el Añadido (1) de la semana anterior. Se reunieron y todos contentos.
03 Noviembre 2018 04:00:00
Recuerdos de jóvenes del ayer calificados hoy, con tabla rasa, de apátridas por estudiar en el extra
Érase un país que ya no existe, aun cuando algunos quieran retrasarlo hasta los días anteriores a esos años. El tiempo trascurrido es tan lejano que la bruma casi lo oculta. Pocos recuerdan aquellos días en que una gran mayoría de los habitantes del país andaban, cual jibaritos, locos de contento no porque fueran a vender mercancía alguna, sino como resultado de lo que aquel líquido había logrado. Unos, se habían enriquecido como nunca, otros sentían que vivan sus días mejores y que en el futuro alcanzaría para todos. En ese contexto, los dirigentes estaban consientes de que, ante lo que venía, el sistema cerrado ya no daba para más. Para ello, se requería preparar a los muchachos y ofrecerles la opción de que se formaran en otro ambiente y estuvieran listos para saber enfrentar los acontecimientos por venir. A partir de ahí, damos paso a un relato suscitado en un microcosmos educativo de país vecino en aquel poblado situado en la región del oeste.

Por esas coincidencias del destino, dos antiguos condiscípulos de una universidad ubicada en el medio oeste se encontraron en posiciones complementarias. Uno, era encargado de promover los asuntos de desarrollo científico y tecnológico que en aquel país era incipiente por decir lo menos. El otro, había creado un instituto que ofrecía un programa que permitía preparar profesionales para que de ahí se dirigieran a continuar sus estudios de post grado a la universidad por la cual optaran. En términos aeroportuarios, para invocar un tema de moda, diríamos que aquello era un centro tipo “hub,” con la salvedad de que en aquel transito no había bandas transportadoras, ni carritos que trasladaran de un sitio a otro, era necesario cubrir cada centímetro caminando a un ritmo bastante alejado de la lentitud y la modorra. El centro educativo tenía varios años operando y por ahí habían pasado ya quienes con el tiempo terminarían en calidad de “próceres” en su país. Sin embargo, los asistentes nunca acudieron en grupos numerosos. Pero aquello cambiaría.

En el pico de la gloria de las bondades derramadas por aquel líquido, el programa educativo fue diseñado bajo la premisa de que era necesario darles opción al mayor número de profesionales jóvenes que se pudiera para que estuvieran expuestos a un entorno educativo distinto. En esa forma, se abrió la convocatoria y, tras del proceso de selección respectivo, quedó definido un grupo numeroso, más que cualquier otro que se hubiese remitido al exterior con tales propósitos, cuyos integrantes presentaban características heterogéneas, lo único que era homogéneo en ellos su deseo de vivir la experiencia de irse a preparar a otros lares. Sobre los eventos que se suscitaron en aquel microcosmos estudiantil, no podía faltar quien recopilara en su disco duro algunas de las vivencias acontecidas en aquellos días.

Dado que por entonces eso de hablar el idioma de aquel país no era asunto que se dominara plenamente, los seleccionados fueron enviados a tomar un curso para que se pusieran al día en el manejo de este. En uno de esos grupos había cuatro profesionales a quienes parecía les faltó tiempo estudiantil previo y se convirtieron en los chamacos terribles de la clase, el tiempo les haría ver que no todos les soportarían sus travesuras tardías. Así, llegó el fin de aquel año y al mes siguiente se trasladaron al sitio en donde vivirían la experiencia nueva.

De pronto uno a uno, hasta llegar a la mitad del mes, fueron arribando hasta convertir aquello en algo parecido a un proceso de recuperación de territorio. Convertidos en clientes solamente eran superados por los provenientes de más al sur del continente, también recipiendarios de las bondades de aquel líquido, a quien en el lado este del país receptor los conocían como los “ta’ barato”. Los primeros días todo era apapachos, mientras los ayudaban a buscar donde vivir y eran introducidos a lo que enfrentarían en el aspecto social y académico. Nunca fue tratado como tema oculto aquello de que, como parte del proceso, se buscaba que conocieran las bondades del sistema económico y político de aquella nación y que al retornar a su país comentaran sobre ello. De cómo lo hicieran, o lo hizo cada uno, dependía de hasta donde tuviera bien firme lo que era y habría de ser. En medio de todo esto, no faltaba la presencia de miembros de religiones diversas, excepto la católica, quienes “generosamente” ofrecían invitaciones de ayuda vía la “host family” o bien damas jóvenes que formaban parte del programa de “conversation parterns.” Ello sin faltar las invitaciones al servicio religioso dominical en donde se ofrecía el desayuno en donde no faltaba aquel que vivía en el “dorm” y como el domingo no había servicio de alimentos, pues enfilaba hacia esos sitios en donde, además de alimentos, en una de esas encontraba con quien conversar. Eso era escenografía, vayamos a la vida académica ya que a eso los habían enviado.

Contrario a lo que pudiera pensarse, aquello no tenía facha de ser un día de campo. Entre ocho de la mañana y cinco de la tarde aquello era un trajinar de un salón a otro, lo mismo acudían a recibir lecciones sobre el idioma en todo su conjunto, que iban a repasar o aprender lo que les enseñaron de economía, administración, estadística, matemáticas, econometría, contabilidad, computación y métodos de enseñanza. Eso sí, una vez por semana, no faltaba la “coffee hour” en donde a media mañana grupos de religiosos ofrecían café y panecillos mientras trataban de convencer pecadores de que podían encontrar un sitio en donde salvar sus almas. No podemos negar que algunos cayeron, mientras que la mayoría simplemente los escuchaban y evadían la invitación, unos por convicción religiosa y otros porque eran unos herejes quienes estaban convencidos de que no eran necesarios intermediarios entre ellos y el Gran Arquitecto. Al retornar a las actividades escolares, diversos fueron los acontecimientos que se vivieron, cada uno de ellos aleccionadores.

En una de las materias, destinada modificar los oídos de artilleros que tenían los aprendices del idioma, a algunos alumnos se les hizo fácil replicar sus actos “simpáticos” que habían realizado en su país de origen y empezaron con la “chacota,” la cual no pudieron sostener por mucho tiempo. La profesora quien impartía la materia no era partidaria de la indisciplina y pronto le florecieron los genes teutones y con firmeza les advirtió que en esa clase ella era la que llevaba la voz cantante y no permitiría desmanes, el orden se restauró. Eso era en el aula, fuera de ella era bastante accesible, especialmente cuando se trataba de bailar polkas alemanas. Continuando con las anécdotas intramuros, vale mencionar la ocasión en que, con el salón repleto listo para dar inicio a la materia de estadística, de pronto aparece el profesor con el rostro cariacontecido y al pararse ante el podio menciona que hacia unos instantes se había suscitado un atentado en contra del presidente del país. Salvo unos cuantos, la mayoría integrada por estudiantes provenientes de naciones diversas se soltaron aplaudiendo. Con la cara enrojecida, el profesor procedió a darles una lección al decirles “Yo estoy en desacuerdo con las políticas implantadas por el presidente, pero jamás me podré regocijar de la desgracia de un ser humano.” El silencio absoluto se apoderó del recinto, y la vergüenza de los aplaudidores, acto seguido, se anunció la suspensión de actividades. Tiempo después, en esa misma clase, estaban los alumnos silenciosamente enfrascados en un examen cuando de pronto se escucha que uno de los alumnos cuyo nombre evocaba una llave de lucha libre, nativo del sur del continente, suelta un “chin….

madre…” ni duda cabe que le había llegado la influencia de sus compañeros nativos del norte del continente. En otro incidente, mientras uno de los maestros quien era un veterano de la guerra perdida, cuyo nombre traducido era similar al de un púgil de los años cincuenta, buscaba mantener la disciplina durante sus lecciones. Sin embargo, había por ahí un joven proveniente del noroeste quien al parecer andaba buscando convertirse en el vengador por territorios perdidos y decía que les iba a demostrar a sus anfitriones que él y sus paisanos eran muy superiores, la mayoría lo evitaba. Sin embargo, en una ocasión, puso como ejemplo de la música folclórica de su país a la que interpretaban quienes hacían alegorías a sujetos de estofa baja. Otro de los compañeros, portador de una barba que lo hacía lucir como si estuviera recién bajado de la Sierra Maestra aun cuando para nada simpatizaba con aquellos, no estuvo de acuerdo y empezaron una discusión que por poco termina a puñetazos.

Asimismo, entre los estudiantes había un par que llamaban la atención. Uno, decidió que para aprender el idioma dejaría de lado totalmente su lenguaje nativo, lo cual le acarreó burlas y un apodo que cargaba como sambenito. El otro, gustaba de arribar a clases a bordo de su bicicleta con el pantalón del lado derecho arremangado con una liga y portando un sombrero de palma, no pocas eran las bromas que se le hacían y pocos lo frecuentaban. Pero vayamos a la convivencia afuera de las aulas.

Para desestresarse, acostumbraban a irse a jugar béisbol. Antes de iniciar formalmente el partido, uno de los estudiantes quien presumía de haber jugado profesionalmente en su país, para mostrarlo portaba spikes de fierro, utilizaba a otro en función de mozo de estoques quien le servía de pitcher para que le lanzara y él bateara mientras su esposa lo filmaba. Cabe decir que el “slugger” años más tarde se encargaría de las finanzas de su estado natal hasta que tuvo que salir de huida antes de que lo invitaran a pasar un tiempo en el retiro espiritual recordando en donde dejó los centavitos. En esos mismos terrenos, el de los diamantes beisboleros, un día, aquello casi termina en tragedia por culpa del bateador referido y un padre de la patria futuro quien era muy aficionado al béisbol, pero carecía de cualquier facultad para practicarlo. Todo terminó entre “espikeados” y correteada de bat en mano para cobrar la afrenta. Ahí terminaron ese tipo de practicas deportivas. Pero vayamos a la vida social de los miembros de aquella brigada de “cerebros humedecidos”.

Todos se decían muy de avanzada, pero cuando se trataba de guardar las buenas costumbres con nada transigían. Así sucedió cuando una pareja, hombre y mujer, llevados por la fuerza de las hormonas decidieron irse a vivir juntos sin que mediara papel alguno. Aquello fue el acabose, se les declaró muerte civil.

Amigos antiguos les retiraron la palabra, si acudían a una reunión los aislaban, algo que muy poco le importaba a su vecino de pasillo de por medio quien tranquilamente se ponía a charlar con ellos, mientras los demás lo miraban anotándolo en la lista de vetados futuros. Lo mismo le sucedía a un par de damas oriundas del sur del continente quienes, bastante adelantas a la época, convivían como pareja y en las reuniones sufrían aislamiento. Eso sí, cuando alguien del sexo opuesto se acercaba a charlar con ellas mas le valía no enfocarse mucho en una de ellas, inmediatamente la otra hacía sentir su presencia. Sin embargo, no se crea que todo era mojigatería, había por ahí un personaje de nombre similar a un prócer de la clerecía, quien después salió con que no lo era tanto, el prócer por supuesto, quien vivía intenso romance con una dama del sur del continente, pero a ellos no les aplicaban la regla de exclusión, vaya usted a saber por qué. Cuando el homónimo decidió abandonar el sitio, no sin antes prometer regreso, era común ver por las tardes sentada junto a la ventana de su apartamento a la dama, desconocemos si emulaba a un personaje mitológico en espera de su amado. Por otra parte, en las reuniones de parejas, los de avanzada mostraban hasta donde llegaban y pronto las damas acababan platicando en la cocina, mientras los varones se quedaban en la sala. Pero si de atavismos antiguos se trataba, nada como el ejemplo que daba uno de ellos nativos del noroeste de su país quien, a la menor provocación, sin previo aviso, llevaba invitados a su apartamento y ponía en serios aprietos a su esposa quien no encontraba como responder a la situación. Así trascurrían los meses, hasta que cada uno tomó el camino para continuar con sus estudios de posgrado en sitios diversos. Sin embargo, un buen numero decidió permanecer en aquel lugar rodeado de montañas y de vida aparentemente apacible.

Ya instalados en el nivel de posgrado, las cosas habrían de volverse más intensas en el aspecto académico. Aun cuando eran bastantes, ya no eran mayoría. Un buen número de estudiantes provenían del medio oriente, entre ellos solamente había una mujer nativa de un país que años después sufriría una guerra exprés, las miembros del sexo femenino estaban destinadas a permanecer en casa cuidando críos y cuando la abandonaban salían bien cubiertas de pies a cabeza. A ellas les estaba vedado asistir a reuniones o siquiera asomarse por las aulas. Como la unidad no era la característica entre los proveniente de aquella región, uno de esos días un par de ellos protagonizaron, literalmente, a media calle un combate pugilístico. Un poco de mas civilidad mostraban dentro de los salones de clase quienes eran provenientes de las regiones diversas del continente. Ello no evitaba que de pronto alguno incursionara en una discusión, civilizada, con sus profesores como le sucedió al de barba prominente quien llegó a rozar los linderos prohibidos y fue salvado cuando llegó el “break” y comedidamente su amigo proveniente del sur del continente, le recordó quien terminaba por calificar e hizo que regresara con una postura más prudente cuando la clase se reanudó. Sin embargo, hubo otro quien se invistió de cepaliano y arguyó que los términos de intercambio habían operado en contra de sus países. Como el profesor profesaba cualquier cosa menos afecto y admiración al creador de esa teoría, se le fue a la yugular y mediante gráficos en el pizarrón y explicaciones verbales al calce le demostró que estaba equivocado. Pero no todo era enfrascarse en discusiones en el aula, fuera de ella se daban otras.

Sin que medie explicación alguna, de pronto se integró un grupo de cinco estudiantes, dos damas, una de ellas germana, la otra de raíces italianas, y tres caballeros, dos provenientes del sur del continente y un tercero del norte de este. En ese contexto, hubo una ocasión en que uno de los procedentes del sur le grita al del norte, tras mencionarlo por su nombre, “vamos a echarnos unos palitos, te doy la cola…” al escuchar aquello uno de los amigos del aludido pegó gritos de exclamación, aun cuando bien sabia que aquello, dicho en lenguaje del norte, significaba “vamos a echarnos unos tragos, te doy un aventón…” Eso acostumbraban a hacer, aun cuando uno de ellos solamente ingería quién sabe cuántos vasos de “seven up on the rocks with a lime”, al concluir una de sus clases irse por ahí y enfrascarse en discusiones que duraban hasta que, avanzada la madrugada, los corrían del sitio. Aquello estaba lejos de alcanzar la uniformidad de criterios o concretarse a un tópico, lo más sorprendente es que nunca pasaban de la divergencia de opiniones y al final todos salían contentos con destino a rumbos distintos. Al día siguiente había que volver a enfrentar las tareas académicas. Entre estas, se encontraban ver como resolver los asuntos relacionados con la econometría, en donde el uso de los programas de computadoras implicaba todo un reto. En la escuela solamente había una PC y era necesario hacer fila antes de usarla mediante una llamada telefónica. Lo mas conveniente era irse al centro de computo provisto de tarjetas, perforarlas y después introducirlas al lector para obtener aquellas “sabanas” en donde aparecían los procedimientos y resultados. Toda una hazaña era evitar que las tarjetas perforadas no fueran a caerse porque reordenarlas era tarea titánica.

Bajo esa dinámica trascurría el tiempo hasta que un día llego el aviso de que aquel liquido milagroso ya no lo era y la crisis había alcanzado a su país. Todo se recortaba y las colegiaturas no podrían pagarse más allá de ese semestre. En ese momento, quienes tenían margen hubieron de añadir un curso mas y completar sus créditos, aquellos que se vanagloriaban de no vivir estresados quedaron al garete. Al final de cuentas, varios regresaron con el respaldo oficial de sus estudios, otros retornaron como se fueron sin papel que sustentara su paso por allá, uno con el doctorado y varios arguyendo que lo obtuvieron sin que esto fuera realidad, pero durante varios años engañaron hasta aquel escándalo de la mitad de la siguiente década en que tuvieron que aceptar su falsificación. Esto es un anécdota apretado sobre aquel grupo de jóvenes de entonces a quienes al trascurrir del tiempo algunos los calificarían, con tabla rasa, de adoctrinados por haber osado cruzar las fronteras patrias para vivir la experiencia escolar.

La gran mayoría de ellos no retornó poseyendo esa característica, simplemente tenían un panorama más objetivo sobre las virtudes y defectos de la nación, lo cual les permitía despojarse de patrioterismos y volver para enfrascarse en el proceso de cambio que, quiérase o no, se dio con positivos y negativos, pero que es difícil negar era requerido.

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Añadido (1) En eso de la controversia aeroportuaria no hay que apasionarse en la defensa o el ataque. Recordemos que canceladores y cancelados son mercaderes, solamente visiten ropajes distintos, que al final de cuentas habrán de llegar a un acuerdo con beneficios para ambos y los únicos quienes se quedaran con sus resabios entre sí son los que toman partido a ultranza, desde lejos, por uno u otro bando.

Añadido (2) Mientras debaten sobre el destino de la caravana de migrantes, al final del pasillo tras del espejo, cual alegoría borgiana, se observan figuras de oscuros y largos ropajes quienes se frotan las manos mientras calculan los beneficios que obtendrán con lo que han creado.
27 Octubre 2018 04:00:00
Henríquez Guzmán: La candidatura de quien, entonces, no comprobó oriundez
Continuamos con candidaturas presidenciales fallidas. Ahora, nos ocuparemos de la intentona del general Miguel Henríquez Guzmán. Un personaje que, al igual que Juan Andreu Almazán, se formó en las filas del grupo triunfante de la Revolución Mexicana. En ese contexto, consolidó su carrera político-militar, mientras que su hermano Jorge amasaba una fortuna económica al amparo de los contratos para construir obra pública. Se decía que su consanguíneo nada tenía que ver, pero no era desconocida la cercanía entre ambos y que el hombre de negocios era el principal consejero del político. Igualmente, nadie ignoraba la amistad que unía al divisionario con el expresidente Lázaro Cárdenas Del Río. En ese contexto, Henríquez Guzmán busca suceder al presidente Miguel Alemán Valdés. Vayamos al tema.

Henríquez Guzmán clamaba haber nacido, en agosto de 1898 en Ciudad Porfirio Díaz, hoy Piedras Negras, Coahuila. Sin embargo, durante su campaña presidencial, su oriundez fue cuestionada. Por lo tanto, a finales de 1951, se solicitó a quien, en nuestro pueblo natal, se desempeñaba como oficial del Registro Civil, Óscar Pope Jiménez, que revisara los archivos para verificar la aseveración. El resultado fue que no había documento alguno que probara lo que el general alegaba. (“Piedras Negras, Destino y Origen: 80 años una narración para mis nietos,” Rafael Villarreal Martínez, 2005). Esto no agradó al candidato y mucho menos a sus simpatizantes. Sin embargo, no fueron capaces, documentos en mano, de exhibir que lo afirmado por Pope Jiménez fuera falso. Antes de continuar, debemos de apuntar que la intentona presidencial, en 1951, de Henríquez Guzmán no era la primera.

Seis años antes, en 1945, buscó suceder al presidente Manuel Ávila Camacho. Sin embargo, al ver que las cosas no se inclinaban por su lado, se convirtió, de súbito, en un demócrata convencido. En este contexto, recurrimos al facsímil que aparece en el libro “Henríquez y Cárdenas ¡Presentes! Hechos y realidades de la campaña henriquista,” Enrique Quiles Ponce, (1980). Se trata de una nota periodística aparecida, el 10 de junio de 1945, en el diario Novedades. El titular clamaba “No puede haber así elecciones democráticas, afirma Henríquez”. En el cuerpo de la publicación, el divisionario de oriundez dudosa indicaba que diversos “…grupos de todas las clases sociales…,” se le acercaron para ofrecerle “…la candidatura a la Presidencia de la Republica para el sexenio 1946-1952,…sin dar respuesta a tales proposiciones, me dedique escrupulosamente a observar el ambiente nacional… llegando a la conclusión inequívoca de que el engranaje oficial, salvo excepciones, presiona por la candidatura del señor licenciado Miguel Alemán…, circunstancias que excluyen toda posibilidad de una elecciones democráticas.” Tras de ello, afirmaba que no aceptaba participar en la contienda electoral ya que no quería contribuir “…a que se acentué más la división del elemento revolucionario…y a que nuestro país permanece en estado de guerra – encontrándose una unidad aérea en el frente de Filipinas-…” Detrás de esto, a Henríquez Guzmán, de acuerdo con lo anotado por Quiles Ponce, le quedó el resentimiento de que tanto el expresidente Cárdenas, como el mandatario Ávila Camacho le habían negado el apoyo requerido para cumplir sus ambiciones democráticas (¡!). Todo quedó para mejor ocasión y Henríquez Guzmán se refugió en la vida privada y a consolidar su posición económica, aun cuando su hermano Jorge fuera quien aparecía como el hombre de negocios. Eso no implicaba reposo en sus actividades políticas.

En la narrativa de Quiles Ponce, se menciona una entrevista potencial entre Henríquez Guzmán con el presidente Alemán Valdés. Al saberse de ello, lo buscarían los expresidentes Ávila Camacho, quien lo recibió en su domicilio, y Cárdenas Del Río que fue a visitarlo a su casa. En el verano de 1950, la sucesión presidencial estaba en boca de todos y Henríquez Guzmán estaba dispuesto a buscar la candidatura. Algunos políticos sentían haber sido desplazados y trataban de volver. Al respecto, Octavio Rodríguez Araujo en “El henriquismo: Última disidencia política organizada en México,” (1975), señala que “el 25 de abril de 1950 veinticinco cardenistas, en un desplegado en la prensa, plantearon el problema de la sucesión presidencial sobre la base de si hubiera de rectificarse el camino señalado por el régimen de Cárdenas o debía volverse a él.” Revisando “I. Apuntes 1941-1956, Tomo II,” Lázaro Cárdenas (1986), encontramos que el 13 de julio de 1950, Cárdenas recibió en Jiquilpan al expresidente Ávila Camacho. Durante la charla, este mencionó que lo visitó Henríquez Guzmán para comentarle acerca “…de la corriente que en su favor ha sentido para su candidatura a la Presidencia de la República y que espera conocer el sentir en todo el país para resolver si acepta su postulación”. Asimismo, Ávila Camacho le indicó a su anfitrión que en México se decía que las actividades de un grupo de cardenistas por Henríquez Guzmán estaban avaladas por él. La respuesta fue que “…tales versiones son naturales en el medio político en que vive el país y que mi actitud política se mantiene invariable. Que soy amigo del general Henríquez, como lo es él también.” En la fecha mencionada arriba, Cárdenas indica haber recibido del pretendiente a candidato presidencial, aun cuando no da mayores detalles.
Sin embargo, revisando a Quiles Ponce, encontramos que tras de la entrevista de Henríquez con el presidente Alemán Valdés, el general y su hermano Jorge fueron “a una granja llamada ‘La Joya’ localizada en Zitácuaro, Michoacán.” Ahí, se da un dialogo interesante entre Cárdenas y Henríquez. A la pregunta del primero “¿Que dice la política, mi general?”, el segundo responde “Pues no sé nada, mi general. Realmente, no tengo aspiraciones presidenciales.” Ante esto, el michoacano responde “Mire, mi general, usted es patriota, y debe de asumir la gran responsabilidad: Alemán se quiere perpetuar en el poder a través de su pariente Casas Alemán, y eso no lo vamos a permitir.” La replica del nativo de quien sabe dónde, es “pero mi general, en la oposición no hay probabilidad de triunfo, porque para eso hay que derramar sangre.” La contra respuesta es: “No importa, yo estoy con usted.” En ese mismo contexto, se alude que posteriormente los hermanos Henríquez y el expresidente se encerraron a platicar sin que se conozca, al menos públicamente, el tema del dialogo. Lo que posteriormente aparece en los apuntes de Cárdenas Del Río esta fechado el 24 de agosto de 1950, cuando anota: En Villa Obregón. La prensa de hoy publica un manifiesto político de los partidarios del general Miguel Henríquez Guzmán señalándolo como candidato a la Presidencia de la Republica.” Trascurrirían varios meses para que todo se formalizara.
Recurriendo a lo escrito por Daniel Cosío Villegas en “La sucesión presidencial,” (1975), “desde el 2 de enero de 1951 se dijo que Antonio Espinosa de los Monteros, entonces al frente de nuestra embajada en Washington, trabajaba ya en su favor… dos días mas tarde cuatro mil ferrocarrileros se separan de su sindicato para lanzar la candidatura de este general. Además, comienza a hablarse de formalizar una Federación de Partidos del Pueblo.” De acuerdo al texto de Rodríguez Araujo, “el 8 de] enero de 1951, en su casa, [en Chimalistac] acompañado de[l general] Marcelino García Barragán,” Miguel Henríquez citó a una conferencia de prensa y declaró que sí iba a aceptar su postulación como candidato a la presidencia”. De acuerdo con Cosío Villegas, dicho anunció dio pie al mote de que habían nacido los “henriquecidos.” Tras de eso, se dieron situaciones diversas.

Los campesinos poblanos, apunta Cosío Villegas, alentados por Gonzalo Bautista, decidieron separarse de la Confederación Nacional Campesina. César Martino, cardenista de cepa pura, anunció que los miembros de ese sector en La Laguna, los de Iguala y Cuautla seguirán un camino similar. A partir de se momento, dan inicio los trabajos para lograr el registro oficial del Federación de Partidos del Pueblo Mexicano, (FPPM) fundada originalmente en 1946. Una vez que se logró el objetivo, indica Coso Villegas, “se convocó a una asamblea nacional constitutiva que se celebra del 29 al 31 de marzo de 1951…” En marzo Henríquez visitó a Cárdenas” y le manifestó que sí participaría y que creía ganar, fundamentalmente por el descontento que privaba en el país. Esto no aparece en el recuento minucioso diario que el expresidente presenta en sus Apuntes. Ante ello, cabe mencionar lo escrito por Quiles Ponce quien señalaba que “…los discursos del general Henríquez Guzmán aceptando su postulación, y rindiendo la protesta respectiva, fueron sometidos a la consideración oportuna del general Cárdenas en una finca de Chupícuaro, Quiroga Michoacán…” En ese contexto, un buen número de cardenistas aparecían como partidarios del henriquismo.

Elisa Servín en “El movimiento Henriquista y la reivindicación de la Revolución Mexicana,” señala como los henriquistas más conspicuos a “…Graciano Sánchez, fundador y ex dirigente de la CNC, el ingeniero César Martino, ex director del Banco de Crédito Ejidal, el coronel Wenceslao Labra, fundador de la CNC, o J. Trinidad García, también fundador de la CNC, quienes organizaron y dirigieron a la UFCM [Unión de Federaciones Campesinas de México]. {Asimismo,] …exgobernadores [como] Bartolomé Vargas Lugo, de Hidalgo; Gonzalo Bautista, de Puebla; Marcelino García Barragán, de Jalisco; Francisco Parra, de Nayarit; Pedro Rodríguez Triana, de Coahuila [el atrabiliario Pedro Quinto quien desgobernó esa entidad entre 1937 y 1941]; Pedro Torres Ortiz, de Colima, y Vicente Estrada Cajigal, de Morelos. [Igualmente] ex colaboradores de Cárdenas y Ávila Camacho como Raúl Castellano, ex secretario del [presidente Cárdenas]; José Muñoz Cota, también ex secretario de Cárdenas, Ernesto Soto Reyes, líder del ala radical en el Senado durante el gobierno cardenista o el exsenador por Michoacán Antonio Mayés Navarro. Finalmente, se unieron… el general Genovevo de la O, viejo zapatista, Rubén Jaramillo, líder campesino en Morelos, Celestino Gasca, ex dirigente de la CROM y diputado y senador cetemista por Guanajuato, Juan Gutiérrez, líder ferrocarrilero que llegó a la gerencia de Ferrocarriles Mexicanos durante el cardenismo, y Agustín Guzmán, dirigente del sindicato minero.” Quiles Ponce agrega a Cándido Solorzano Morales y Salvador Solórzano Bravo, padre y hermano político respectivamente del divisionario de Jiquilpan.

El periodista potosino, Francisco Martínez De La Vega, el general Luis Alamillo Flores y el marino, Francisco Mancisidor. Posteriormente, se incorporarían, Francisco J. Múgica, Ignacio Ramos Praslow, Agustín Leñero y Pofirio Del Castillo. Además, en la parte operativa estaban un par de servidores antiguos de Cárdenas, un teniente, Lupe Monroy, quien cada noche reportaba ‘confidencialmente’ al expresidente lo ocurrido. El enlace entre Henríquez y Cárdenas era el capitán Honorato Gutiérrez. Aunado a este grupo, según lo apuntado por Cosió Villegas, “…por la ciudad de México se vio en más de una ocasión a doña Amalia [Alejandra Solórzano Bravo] y Cuauhtémoc [Cárdenas Solórzano] repartiendo propaganda henriquista.” Ante esta lista, vale revisar lo anotado por el expresidente Cárdenas en sus “Apuntes” correspondientes al 26 de diciembre de 1951.

En esa fecha, Cárdenas escribía: “Una tarde de marzo de 1951, me visitó el señor general Miguel Henríquez Guzmán y me hizo conocer su decisión de participar en la próxima campaña política como candidato a la Presidencia de la Republica y al preguntarme mi opinión, le manifesté que a la representación nación al del pueblo sólo se llega por uno de dos caminos, por voluntad unánime del pueblo a tal grado que el gobierno se vea obligado a reconocer el triunfo o cuando el gobierno simpatiza con la candidatura en juego y siempre que no haya oposición mayoritaria.” Henríquez, anota Cárdenas, le participaba haber encontrado gran descontento especialmente en la s zonas rurales. La recomendación del expresidente fue de que analizara serenamente la situación en general. Posteriormente, Cárdenas apunta, “siguió visitándome con frecuencia, conversándome del curso de su campaña…pero jamás recibió de mi promesas de que participaría yo en su campaña, ni llegue a estimular a ningún elemento para que se sumara a su candidatura.” Unos días mas tarde, el 5 d enero de 1952, Cárdenas recibe al candidato priista Adolfo Ruiz Cortines quien le “…mostró la documentación que guarda como pruebas de que no sirvió a los invasores norteamericanos durante la invasión a Veracruz…Habló de la necesidad de moralizar todos los sectores sociales y asentí agregando, ser una lacra que viene creciendo velozmente y que urge detener si queremos evitar nuevas convulsiones en el país.” Tras de ello, el expresidente anotó haber escuchado los mismos propósitos morales y sociales de labios de Henríquez Guzmán “…solo que expresados con mayor vehemencia y más energía en la actitud.” A raíz de esta visita, surgieron una serie de controversias en torno a sí Cárdenas apoyaba o no a Henríquez Guzmán, por ello, el expresidente escribió, el 23 de marzo, en sus “Apuntes” que no negaba su amistad longeva con Henríquez, pero “…en lo político lo respeto en sus actividades, como respeto a todos los demás candidatos.” Sin embargo, los henriquistas no le perdonaron esa ambivalencia y, retornando a Quiles Ponce, mencionaba que el 23 de mayo de 1952, se entrevistaron el presidente Alemán y el general Cárdenas “…a bordo del yate presidencial “Sotavento…Tan luego como el ex Presidente Cárdenas abordó el Sotavento, … se hizo a la mar, y regresó pasadas las nueve de la noche…” En los “Apuntes” correspondientes al 23 de mayo, el michoacano escribió: “Playa Azul de Melchor Ocampo a Playa Azul en carro, con el ingeniero Antonio Gómez García, capitanes Lino Salcedo y J. Guadalupe García y civil Guillermo Girón, que encontré en Zihuatanejo esperándome.” Para los henriquistas lucía que habían perdido un apoyo que daban por seguro.

Finalmente, el 6 de julio de 1952, se efectuaron las elecciones presidenciales y los resultados fueron: Adolfo Ruiz Cortines con 2.7 millones de votos, Henríquez Guzmán con 579 mil, y Efraín González Luna 285 mil. Los henriquistas alegaron fraude, el 7 de julio, en la versión del expresidente Cárdenas, trataron de “verificar un mitin en la Alameda, Hemiciclo Juárez que fue disuelto por la policía con saldo de sangre y numerosos detenidos…El Excelsior publica haberse registrado siete muertos y numerosos heridos.” El 12 de julio, Cárdenas se entrevista con Henríquez y el 14 conversa con Ruiz Cortines. Poco a poco, los ánimos fueron serenándose y Henríquez Guzmán tranquilizándose, había otros intereses económicos-familiares que no era cosa de ponerlos en riesgo, después de todo había vida tras de la aventura presidencial y muchos de sus seguidores lograrían su objetivo al reinsertarse en la política nacional.

Esta es una versión comprimida de la candidatura de un personaje quien, entonces, no pudo comprobar su oriundez. En ese contexto, el domingo 11 de noviembre de 1951 visitó Piedras Negras, Coahuila y según Quiles Ponce, “a las 11 horas, [partió] del aeropuerto de México. Aterrizaje en Monterrey para comer.

A las 14 horas, salida de Monterrey a Piedras Negras, Coah., arribando a esta población a las 16:45 hrs. [¿] Solar nativo [?] del candidato. Habló en nombre de los ferrocarrileros Juan Gutiérrez, quien emocionó con brillante y patriótico discurso. Del aeropuerto al centro, el candidato a hombros del pueblo durante un buen trecho. A las 17 horas salida a Villa Acuña.” Decía profesarle un amor profundo al que invocaba como su pueblo natal y para demostrarlo bastaban quince minutos. Hasta donde se conoce, no volvió a pararse por ahí, lo cual comprueba que su oriundez era dudosa, por decir lo menos.

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Añadido (1) Ahora que van a cortar el servicio del agua a la CDMX, nos encontramos en el volumen 7 de “Seis Siglos de Historia Grafica de México, 1325-1976,” un texto en el cual se lee: “A fines del mes de noviembre [de 1922], la ciudad de México careció de agua potable debido a una descompostura en la planta de bombas de La Condesa. Diversas manifestaciones se hicieron culpando al Ayuntamiento. El pueblo acudía a las fuentes publicas y otros sitios para adquirir tan preciado líquido, hasta que el día 30 se efectuó una imponente manifestación la que al llegar al palacio municipal se originó un motín que ocasionó 14 muertos y 30 heridos. La muchedumbre prendió fuego al edificio y las tropas de la guarnición restablecieron el orden…” Entre las pancartas que portaban los protestantes, se leía: “Agua, Agua, Agua.” Y “Agua pedimos a Dios y al H. la dimisión.” Esperemos que noventa y seis años después, no vayan a repetirse escenas similares.

Añadido (2) Se podrá o no estar de acuerdo, eso es asunto de cada uno y sus preferencias políticas, con el secretario de turismo, Enrique De La Madrid Cordero. Sin embargo, lo que no puede negársele es que ha salido a dar la cara y plantear su postura en un momento en que todos nuestros políticos solamente buscan quedar bien con los que arribaran o andan en la rebatinga por ver cómo pueden apoderarse de aquello que llevaron a un deterioro que casi lo destruye.

Añadido (3) ¿Ya empezaría la colecta de llaves para elaborar la estatua de Poncio Pilatos?.
20 Octubre 2018 04:00:00
Andreu Almazán, los EUA y la defensa de una victoria que él clamaba como suya
Desde la infancia, cada vez más lejana, siempre nos llamó la atención escuchar las pláticas que sobre la Revolución Mexicana y sus personajes sostenían los mayores y en innumerables ocasiones entrometernos en ellas. En ese contexto, crecimos escuchando los sentires disímbolos que nuestros abuelos tenían sobre el estadista Elías Calles; la admiración suprema que uno de ellos profesaba por el general Pérez Treviño; la nunca entendida admiración del otro por el general Murguía López de Lara; los agradecimientos familiares por perdonar la vida del pariente que se vertían sobre quien fuera gobernador de Nuevo León, Sáenz Garza; el recuerdo paterno de su testimonio infantil de la rebelión escobarista; el tío abuelo que adoraba al general Villa; el padrino que, con la familiaridad de la consanguinidad, recordaba como “tío Venus” al presidente Carranza Garza; en medio de todo ello, de vez en vez, surgía el tema de las elecciones de 1940. Para algunos, aquellos fue un fraude, para otros simplemente se trató de un negocio más que había realizado Juan Isidro Andreu Almazán. Nunca pudimos dilucidar quien tenía la razón pues todo eran opiniones subjetivas. Sin embargo, hace unos días, el tema se nos apareció súbitamente y decidimos ir a buscar material que nos permitiera comentar al respecto.

Andreu Almazán, general oriundo de Olinalá, Guerrero, formó parte del grupo ganador durante la Revolución Mexicana y en ese entorno ocupó cargos diversos hasta que fue enviado como jefe de la VII Zona Militar en Nuevo León y desde ahí, mientras le entraba un furor por realizar construcciones en las instalaciones militares, iba convirtiéndose en un personaje aparentemente importante para la elite regiomontana, a más de que su Constructora Anáhuac se consolidaba, algo que sucedía desde los tiempos en que era secretario de comunicaciones en el gobierno del presidente Pascual Ortiz Rubio. En ese contexto, crecían sus relaciones con los miembros de la iniciativa privada regiomontana quienes le hicieron creer que contaba con su respaldo para cuando llegara el momento al final de cardenismo. A la par, en el centro del país, esos mismos construían la base popular de una posible candidatura mediante el apoyo soterrado a la Unión Nacional Sinarquista. En la realidad, lo que buscaban era tener monedas de cambio al momento de la sucesión presidencial. El sinarquismo fenece de facto con las negociaciones realizadas entre el jefe de la campaña presidencial del general Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdés, y los empresarios regios. Sin embargo, Andreu Almazán fue utilizado para obtener algo más y se convirtió en el opositor más connotado a la candidatura oficial al aglutinar a su alrededor grupos conservadores diversos que formaron el Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN). Cuando llegaron las elecciones, la fuerza del estado fue utilizada para apoyar al candidato Ávila Camacho quien resultaría triunfador. Muchas son las versiones de que se cometió un fraude, pero al final de cuentas todo quedó en protestas y la aceptación última de Andreu Almazán de que no había obtenido el triunfo. Sin embargo, previo a que eso sucediera, se suscitaron una serie de eventos de resistencia antes de conceder.

Es de reconocerse que la elecciones no fueron un ejemplo de pulcritud, excepto en lo que narra en sus Memorias, Gonzalo N. Santos. Escribió que la mañana del 7 de julio de 1940, realizaba un recorrido por las casillas en donde se votaría en la ciudad de México y al arribar a la que correspondía para que emitiera el sufragio el presidente Cárdenas del Río, encontró que estaba en manos de los almazanistas. Ante ello, recurrió al método Thompson para disuadirlos. Al terminar de convencerlos, aquello quedó un poco percudido con colores rojizos. Y como el Alazán Tostado no iba a permitir que el señor presidente fuera a salpicarse con inmundicias, mandó llamar al H. Cuerpo de Bomberos quienes en un santiamén dejaron aquello “rechinando de limpio” al grado de que, cuando arribó a votar, el mandatario de origen michoacano lo felicitó por la asepsia del sitio sin molestarse en preguntar el porqué de aquello, eso es algo que cualquier demócrata que se respete no cuestiona. Acciones de este tipo, fomentaron la leyenda de que un fraude, nunca comprobado, se había cometido. Los almazanistas jamás quedaron satisfechos. En “Memorias del General Juan Andreu Almazán: Informes y documentos sobre la campaña política de 1940” (1940), escritas por el protagonista mismo, el periodista Diego Arenas Guzmán, en la introducción a la reimpresión, responsabilizó a los presidentes Cárdenas y a Franklin D. Roosevelt de los resultados lectorales. Al primero, porque “jugó despiadadamente con la fe del pueblo en la efectividad de los sistemas democráticos para darse el gobierno que mejor le pareciera. Mientras que, según Arenas Guzmán, el segundo compartía culpas por “…no haber guardado la neutralidad que privadamente… habían prometido algunos de los funcionarios de ese gobierno”. Sobre la acusación al primero, vale decir que actuó como lo hace cualquier presidente quien no está dispuesto a entregar el poder a aquel que habrá de revertir todo lo que ha realizado y para ello, aun cuando suene cínico, se vale de los recursos de que dispone, lo que no impide que algunos de quienes los implantan en la practica se excedan en ocasiones. Por lo que concierne a la intervención estadounidense profundizaremos un poco más.
De acuerdo con E. David Cronon en “Josephus Daniels in Mexico”, ni antes, ni después de las elecciones, hay evidencia de que la Casa Blanca apoyara los planes revolucionarios de Almazán. Un antiguo conocido de México, George Creel, quien en 1920 ya había tratado de arreglar las relaciones México-EUA (ver “El Senado estadunidense enjuicia a México y al presidente Carranza,” INEHRM, 2017), solicitó a un asesor en la Casa Blanca, Marvin McIntyre, que intercediera ante sus superiores, indicándole que “si lo favorecemos, cerrando los ojos ante lo que acontece en la frontera, [trafico de armas y municiones], puede ganar fácil e inmediatamente. Por otra parte, si nos declaramos contrarios a él [Almazán], será barrido antes de iniciar y miles de vidas se perderán inútilmente.” Tras de consultar al presidente Roosevelt y al secretario de estado, Cordell Hull, McIntryre envió a Creel un telegrama a Creel indicándole “My advice is Hands Off” (mi consejo es manos fuera). Esto no era nuevo, desde tiempo atrás, el gobierno estadounidense tenia tomada una decisión. Cuando, en 1938, se suscita la revuelta de Saturnino Cedillo, el mandatario estadounidense le indicó a Donald R. Richberg, quien actuaba como negociador de las compañías petroleras estadounidenses para ver como salvaban la expropiación de ese año, que los EUA no apoyarían ningún golpe de estado en contra del presidente Cárdenas. Sin embargo, esto no fue automático, veamos algunas acciones que se desarrollan en los días posteriores a las elecciones.

Conforme a la información con que provee Friedrich W. Schuler en “Mexico between Hitler and Roosevelt” (1998), no obstante, la información recibida, Creel continuó ofreciendo sus buenos oficios a Andreu Almazán para que pudiera entrevistarse con el secretario Hull. En el terreno nacional, el antiguo líder de la CROM, Luis Napoleón Morones indicó que él podía lograr el apoyo para la causa de la American Federation of Labor. En sus Memorias, Andreu Almazán relata el plan que tenía diseñado ante la intransigencia de reconocerle lo que el consideraba era su victoria. Tenía programado llamar a una huelga general de contribuyentes a partir del primero de noviembre y durante los últimos cinco días de ese mes suspender todos los servicios de comunicaciones electrónicas y de transportes. Tras de narrar como operaría todo eso, de pronto menciona que el 16 de julio de 1940, les anunció a sus colaboradores que, al día siguiente, viajaría a Veracruz y de ahí a La Habana desde donde buscaría el apoyo externo para su movimiento. En el trayecto, cuenta Andreu Almazán, se entrevistó con el secretario de hacienda, Eduardo Suárez y no perdió tiempo para tratarle asuntos de negocios como lo era el pago a una empresa, “Augusto Flores A. y Cía.”, en la que tenía intereses el candidato derrotado, a la cual le debían pagos por trabajos realizados en el Ferrocarril del Sureste. Retornando al libro de Schuler, ahí se apunta que por esos días en la capital cubana se celebraba la Conferencia Panamericana, lo cual Andreu Almazán creyó le permitiría conferenciar con el secretario de estado Hull o algunos miembros de la delegación estadunidense quienes se negaron a tener acercamiento alguno con él, solamente cruzó palabras, de manera no oficial, con el agregado militar de los EUA en Cuba a quien le solicitó que ese país no interviniera en los asuntos mexicanos. En igual forma, se entrevistó con británicos prominentes, recibió comunicación del embajador de Gran Bretaña en los EUA, Lord Lothian, quien le prometía una posible ayuda militar. Andreu Almazán tomó la isla caribeña como su centro de operaciones y envió a su seguidores a las fronteras con los EUA y Guatemala. Aun cuando el insurrecto pretenso indica que después se fue a Panamá para que “los agentes del General Cárdenas y la prensa me perdieran de vista,” en realidad lo hizo a invitación de un reportero de la Associated Press, Edmund Chester, quien le prometió que allá se entrevistaría con el jefe de la seguridad estadounidense en el Canal de Panamá quien eras un amigo. Ya para entonces, el subsecretario de estado, Summer Wells había ordenado al personal del gobierno estadounidense que no tuviera el mínimo contacto oficial con el mexicano. Eso no impidió que, Andreu Almazán, se entrevistara con un funcionario menor de la embajada en ese país a quien le solicitó una visa confidencial para ingresar a los EUA, quería entrar de incógnito a dicho país. Finalmente le otorgaron el documento, pero a su nombre y el 26 de agosto arribó a Mobile, Alabama, en donde fue sujeto a una revisión exhaustiva por parte de los oficiales inmigración. Días antes, sus partidarios en los EUA y México habían realizado algunas acciones.

En los EUA, un asesor de Andreu Almazán, Víctor Velázquez, clamaba ante el departamento de estado que los trabajadores mexicanos estaban desertando de los sindicatos y alineándose con el almazanismo. Asimismo, conforme a la narrativa de Schuler, Creel y un ayudante del candidato derrotado, Manuel Reachi, buscaron el apoyo de la NBC, así como las revistas Life y Time. A la par, otros seguidores trataban de adquirir armas en los EUA para cuando llegara el momento de lanzarse a la rebelión. Mientras tanto, en México, el presidente del PRUN, el general Emilio Madero González, hermano del presidente Francisco Ygnacio, trataba de convencer de que la mayoría del pueblo apoyaba a su candidato.

Asimismo, en sus Memorias, Andreu Almazán indica que Eduardo Neri le comunicó, algo que el primero consideró una locura, que se había nombrado presidente de la república a otro guerrerense, el general Héctor F. López Mena quien estaba en el sur esperando el desafuero del presidente Cárdenas por el Congreso almazanista. Igualmente, Neri le demandó a Andreu Almazán que exigiera al gobierno de los EUA que el embajador Daniels no asistiera a la instalación del Congreso cardenista. El 15 de septiembre, el Congreso mexicano declara presidente electo a Manuel Ávila Camacho. Ante eso, a los seguidores del almazanismo no les queda otra opción sino tomar las armas para ello coquetearon en busca del apoyo alemán. Asimismo, el 26 de septiembre, se entrevistó con Elliot Roosevelt, el hijo del presidente, quien según Andreu Almazán lo felicitó por su victoria y le recomendó, dado que supuestamente contaba con el apoyo del ejército, que optara por un golpe de estado. Esto no lo aceptó Andreu Almazán. En igual forma, Roosevelt le dijo que su padre no lo apoyaba públicamente por encontrarse en la mitad de la campaña para su reelección. Sin embargo, en cuanto entraran a México los almazanistas, le seria otorgado el reconocimiento de los EUA. Conforme a la versión de Cronon, Elliot Roosevelt le prometió abrir las estaciones de radio que operaba en Texas para difundir apoyo a la revuelta en México. En la reseña de Schuler, dos días después de la entrevista, el departamento de estado reconoció como vocero del PRUN a Francisco A. Cárdenas. En ese momento, ya había dispersos prestigiados almazanistas por San Antonio, Texas, California, New York y Baltimore. Dado que ese reconocimiento se interpretó como un apoyo a los rebeldes, el presidente Roosevelt ordenó a Summer Wells actuar en contra de los almazanistas y lo primero fue revertir el reconocimiento mencionado.
Según Andreu Almazán, el 5 de octubre, el licenciado Velázquez le comunicó que Elliot Roosevelt afirmaba que su padre no daría ningún apoyo al presidente Cárdenas. Sin embargo, un mes mas tarde, tras de la reelección del presidente estadunidense, Andreu Almazán buscó al vástago para tratar de recordarle sus promesa y nunca lo encontró. Lo que no sabía era que desde el 10 de octubre uno de sus apoyadores, Creel, había sostenido una entrevista con el presidente y, a finales de ese mes, se trasladó a México junto con inversionistas estadounidense, quienes hablaron con Ávila Camacho acerca de las posibilidades para realizar negocios. De ahí, se deriva una carta de Creel al presidente Roosevelt indicándole que había oportunidades excelentes de inversión para ayudar a México. La promesas se desvanecían, existían otras que supuestamente le hicieron los petroleros quienes, a cambio de revertir la expropiación, le prometieron doscientos mil dólares. Días mas tarde, se anunciaba que el vicepresidente Henry Agard Wallace acudiría a la toma de posesión de Ávila Camacho. Aquello era el fin de la aventura.

El 26 de noviembre de 1940, Andreu Almazán regresa a México. Sus partidarios lo habían abandonado, nadie estaba dispuesto a embarcarse en una aventura rebelde, aun cuando después lo acusarían de haberlos traicionado y pactado la rendición. Sus apoyadores del ayer, Velázquez y Neri señalaban que Andreu Almazán recibió en La Habana doscientos mil dólares de parte del embajador mexicano, una cantidad similar de los petroleros estadounidenses, adicionalmente el 7 de noviembre le entregaron quinientos mil pesos y a finales de ese mes trescientos setenta mil pesos. Esto es negado por Andreu Almazán en una entrevista que le realizaron para la revista “El Hombre Libre.” De lo que no hay duda es que tras su retorno a México se reintegró a la actividad de los negocios y a salvar lo que se pudiera de su nombre. Aun cuando, se comenta, que “el gobierno de Manuel Ávila Camacho le confisca la maquinaria de sus empresas y sólo le permite conservar los negocios en Acapulco (el hotel El Papagayo) y en Cuernavaca (el Casino de la Selva).” Cualquiera que hayan sido los motivos por los cuales Andreu Almazán desistió de ir más allá al final todo se vuelve a resumir en un hecho muy simple, en México, a lo largo de la historia, desde la presidencia del Manuel del Refugio González Flores (1880-1884) hasta nuestros días, salvo los asesinatos de los presidentes de origen coahuilense, Francisco Ygnacio Madero González y Venustiano Carranza Garza, el poder presidencial nunca se ha transferido sin la bendición del que se va y en el caso de Juan Isidro Andreu Almazán eso nunca sucedió.

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Añadido (1) ¿Cuál sería el motivo de la visita que realizó el expresidente Luis Echeverria Álvarez al presidente Enrique Peña Nieto?
Añadido (2) Los senadores Madero Muñoz y Salgado Macedonio, así como la diputada Clouthier Carrillo no niegan que para sentirse en su ambiente nada como una pulcata. En una cantina se sentirían incomodos, el nivel resultaría muy alto para ellos. ¿Acaso no es lo que demuestra el lenguaje que utilizan en sus intercambios verbales y electrónicos?
Añadido (3) A lo largo de todos los años en que hemos llevado el auto a verificar, NUNCA nos ha solicitado cooperación alguna. Eso nos pasa por ser mortales simples y no caer en la categoría de próceres a la que pertenece la ciudadana Sheinbaum Pardo.

Añadido (4) No estamos de acuerdo con lo que dice el astrónomo Manuel Peimbert acerca de que el país “…será mejor cuando más mexicanos ingresen a la educación superior.” Esa es una premisa falsa, número no es sinónimo de calidad. Lo que se requiere es replantear el modelo educativo y, alejado de lo políticamente correcto, aceptar que no todos tienen la capacidad intelectual, ni las aptitudes requeridas para acceder a la educación superior. Por ello, en paralelo, debe de apoyarse, realmente, la preparación técnica acorde con las destrezas de cada uno.
13 Octubre 2018 04:00:00
Morelos argumentó, pero la inquisición lo condenó de antemano / y b
En la colaboración anterior, narramos las primeras dieciséis acusaciones que, en platillos diferentes, la ¿Santa? Inquisición le sirvió al generalísimo Morelos. En esta ocasión nos ocuparemos, recordando que lo tomamos del libro “Morelos y la Iglesia Católica” (1948), de las once imputaciones restantes, ofrecidas en lozas despostilladas y el desenlace que tuvo ese juicio amañado en donde todo estaba decidido con antelación. Vayamos al tema.

En el décimo séptimo, el promotor fiscal del ¿Santo? Oficio, doctor José María Tirado y Priego continuaba ofreciendo guisos cada vez menos apetecibles e indicaba “que constituido individuo de la Junta revolucionaria y hecho capitán general y vocal de ella, concurrió a la formación del decreto constitucional de 22 de octubre de 1814, lleno de errores…” Para que usted, lector amable, se percate y juzgue objetivamente dichas aberraciones, nos permitimos reproducir lo que se apuntaba en el artículo 1º del decreto aludido: “… La religión católica, apostólica, romana es la única que se debe profesar en el Estado…” Asimismo, en el artículo 17, se añadía “que todas las personas gozarían de seguridad… con tal de que reconozcan la soberanía e independencia de la nación y respeten la religión católica…” Ya para esos momentos, la tarde se había echado encima y las respuesta de Morelos no fue de lo más lucida. Indicó “que es cierto que concurrió a la Constitución, dando algunos números del Espectador Sevillano y de la Constitución española y también firmándola como vocal del Gobierno; pero no por eso la defiende.” Ahí, se suspendió la audiencia para reanudarla al día siguiente cuando Morelos declaró haber “…reflexionado que la opinión de despreciar las excomuniones la apoyaba también en que, estando José Bonaparte [mejor conocido como Pepe botella] en España y siendo tan malo, no había un papel en que se hubiere excomulgado, por lo que creyó el asunto de su independencia puramente político y no de religión”. Estas vacilaciones no convencieron al inquisidor quien arremetió con fuerza mayor.

En el décimo octavo, se apuntó “que siendo individuo del llamado Supremo Gobierno, y residiendo en este reo [Morelos] la usurpada autoridad de hacer ejecutar cuantas herejías y blasfemias contiene su abominable Código, no solo lo fiemo, afianzándose con este hecho en los errores que comprende, sino que lo mandó guardar y ejecutarlo, violentando a los pueblos, no solo con la fuerza corporal de las armas, sino con lo espiritual de los juramentos…” Lo que sigue es un ejemplo de cómo el fanatismo, citando a Héctor Aguilar Camín, un escritor que no es de nuestros favoritos, pero ni modo que vayamos a plagiarnos frases, “El poder ofusca a los inteligentes y a los pendejos los vuelve locos.” Y en esta circunstancia cayó, a principios del siglo XIX, el inquisidor Tirado cuando apuntó que Morelos era “…deudor de los delitos de todos sus secuaces y de las mas horrendas hereticales blasfemias cometidas contra Dios , como si a su Divina Majestad se le pudiera agradar con el pecado y fuese dar a Dios culto lo mismo que insultarle con el perjurio, befa y escarnio de su nombre sacrosanto, traído escandalosamente para autorizar los robos, adulterios, estupros, homicidios y demás escandalosas abominaciones de que abunda la rebelión y de que es autor y fautor este infame reo.” En la contestación de Morelos, se aprecia como la reclusión hacia mella. La respuesta indicaba que “es cierto que la juró [la Constitución] y mandó jurar, no reflexionando los daños que acarreaba, y, antes bien, creía que eran en orden al bien común, tomados sus capítulos de la Constitución española y de la Constitución de los Estados Unidos, como se lo aseguraron sus principales autores, que lo fueron el licenciado [José Manuel de] Herrera, presbítero, de quien ya se habló; el licenciado [Andrés] Quintana [Roo]; licenciado José Sotero [de] Castañeda y otros como [José Sixto] Verduzco y [Francisco] de Argandar; pero que ahora reconoce los errores que se le indican.” Ante la flaqueza, el acusador tomó vuelo.

En el décimo noveno, vertió “que siendo, para este reo, compatibles la observancia de la religión católica con las corrompidas máximas de la inicua rebelión, y habiendo exigido la obligación del juramento tan indiferentemente por ‘estas como aquellas, supone que, así la religión cristiana como las sectas y errores que la contradicen, son para este reo de igual aprecio, y que tanto pesa en el fondo de su corazón la autoridad de Jesucristo como la de Belial su enemigo [Dada nuestra ignorancia consultamos, y encontramos, que este vocablo significa inútil en hebreo. Posteriormente fue referido como la personificación del diablo. El Nuevo Testamento presenta a Satanás como el gobernante del mal, pero antes de eso, se decía que Belial era su predecesor. En demonología, es una de las fuentes de demonios más notables de Satanás. ¿Será Belial el que induce a los que se arriscan la sotana para cometer porquerías?]. Retornemos al texto acusatorio en donde Tirado decía que Morelos “lo mismo es sospechoso de tolerantismo y para él son indiferentes todas las sectas y la misma religión católica, apostólicas, romana, puesto que entiende y cree ser obligatorio y de tanta licitud el juramento que se hace por guardar la fe de Jesucristo, como hacerlo por los pecados e iniquidades que reprueba.” Morelos lucía derrotado y respondió “que como la Constitución se leyó en un día, precipitadamente, no tuvo tiempo para reflexionar en ella; pero confiesa que la juró y mandó jurar.” Con el acusado replegado, le arrojaron una vianda hedionda.

En el vigésimo, le servían un guiso amargo condimentado con sospechas de tolerantismo, ateísmo y materialismo “por estar imbuido en las máximas fundamentales del heretical pacto social de Rousseau y demás pestilencias doctrinales de Helvecio, Hobbes, Espinosa Voltaire y otros filósofos reprobados por anticatólicos. [No satisfecho con eso,] este desgraciado hombre no se contentó con tener el arrojo de leer semejantes libros prohibidos y anatematizados por la Iglesia, sino que también trascribió, copió, suscribió sus delirios, firmándolos en la Constitución americana; tales son decir que la ley es la expresión de la voluntad, que la sociedad de los hombres es de mera voluntad y no de necesidad; y de aquí provine el considerar al hombre independiente de Dios, de su eterna justicia, igualmente que de la naturaleza, de la razón y de la honestidad…” Como respuesta ante esto, reiteró lo anterior, mientras afirmaba “que siempre le pareció mal, por impracticable y no por otra cosa, pero que ahora conoce y confiesa los errores que contiene.” Con el rival al borde del ‘knockout,’ había que tirarle una cazuela con todo tipo de desperdicios.

En el vigésimo primero, lo acusaron de solamente enseñar a robar, y de convertir en virtudes los crímenes más atroces, además de haberse “abismado …en el profundo de los males y en el ultimo extremo de las herejías…” Acabara por establecer “…por principios de moralidad el deleite sensible de los epicúreos o el dolor pugnante, que añadió Helvecio; y si no incurrirá en este extremo, caerá , sin duda, en la herejía de los maniqueos, suscitada novísimamente por [el filósofo francés y calvinista protestante Pierre] Bayle, que reduce lo bueno y lo malo a dos principios infinitos, opuestos entre si infinitamente.” La réplica reflejaba la derrota de Morelos quien dijo que era verdad lo que de él se dice, “…y creía que era licito, porque veía que sus contrarios hacían lo mismo y no se juzgaban ni él no sus cómplices de menos condición.” Con las manos bajas, era fácil botarle cualquier pedazo de carne pestilente.

En el vigésimo segundo, le vertieron un batidillo de todo lo que se les ocurrió al tiempo que lo acusaban de desconocer a la iglesia, pero “…adornarse con su autoridad respetable para ser obedecido por los pueblos, reducirlos y engañarlos a fuer de ministro del Altísimo, ha destruido enteramente la jerarquía católica establecida [sic] por institución divina [recontra sic], quitando y poniendo curas y ministros eclesiásticos a su antojo y capricho…” Asimismo, le achacaban ser “profanador de los sacramentos y causa de concubinatos, que son ciertamente todos los matrimonios que han celebrado y celebran sin la autoridad y presencia del propio párroco…” A ello, Morelos contestó “que al principio de la insurrección solo fue su intento poner un eclesiástico que se entendiera con los eclesiásticos, como su superior para que los corrigiera, con el fin que no se careciera de pasto espiritual, y a este se le dio el titulo de vicario general castrense, para cuyo empleo solicitó, por medio de carta, al padre Espíndola, que no contestó, después de haberlo sido el licenciado Herrera, doctor Velasco y el doctor San Martín; que esto fue en el rumbo del Sur, porque en el Norte nombró aquel comandante, que lo fueron Cos y Argandar; que estos tenían facultad de poner ministros que administraran los sacramentos , aun el de matrimonio, en cuya validación no tuvo duda, por haberlo dicho el padre Pons, provincial de Santo Domingo de Puebla,…que en Polonia se levantó una provincia, y habiendo los sacerdotes religiosos que había entre ellos administrado sacramentos y celebrado matrimonios, el Papa no solo lo aprobó, sino que alabó su celo, lo que creyó el confesante y más habiendo leído en Benjumea, Tratado de Matrimonio, que en casos extraordinarios como este podía asistir a los matrimonios valida y lícitamente la persona de mas excepción que se hallase presente, aunque no fuera sacerdote ni eclesiástico…” De nada le valió, a continuación, le tiraron porquerías incomibles.

En el vigésimo tercero, le espetaban que “…a imitación de asquerosos animales que se alimentan de inmundicias propias de su lujuria, ambición y dominante soberbia, también ah comido y bebido en las cenagosas fuentes de Lutero y otros herejes sacramentarios, para destruir la autoridad legislativa de la Iglesia…” Asimismo, le restregaban que “…sancionó en su maligna Constitución ser licito el levantamiento contra el legitimo príncipe, declarando la guerra a …Fernando VII, bajo el pretexto de tiranía y despotismo…” A esto, Morelos argumentó “que entró en la insurrección no haciendo reflexión en lo que contiene el cargo y llevado de la opinión de su maestro Hidalgo, pareciéndole se hallaban los americanos, respecto de España, en el caso que los españoles que no querían admitir el Gobierno de Francia; y mas cuando oía decir a los abogados que había una ley en cuya virtud, faltando el rey de España, debía volver este reino a los naturales, cuyo caso creyeron verificado…” De aquí tomaban para elaborar el siguiente plato.

En el vigésimo cuarto, le acusaban de “…haber intentado manchar las virtudes de nuestro amado monarca, [y]… denigrando la conducta y fidelidad de sus buenos vasallos, americanos y españoles, propagando contra ellos proclamas sediciosas, falsas temerarias… firmándolas de su puño y autorizándolas con el poder de las armas… [para incitar a desobedecer al rey] y a la obediencia de este monstruo, que quiso erigirse arbitro y señor de la América, en contradicción de Dios y de los hombres, de la iglesia, del rey y de la patria.” El otrora cura de Carácuaro respondió haber firmado algunas proclamas elaboradas por Cos y por ser vocal de la Junta de Gobierno “…pero no ha aspirado a erigirse arbitro de la América, ni quería admitir el tratamiento de alteza serenísima que le daban, suplicando mas bien que le dijeran siervo de la nación.” Lo que le presentarían a continuación era una secreción biliar.

En el vigésimo quinto, le echarían en cara ser de baja extracción, “… pues ni dice quienes eran Manuel Morelos y Juana Pavón…ni acierta a dar el nombre de su abuela paterna, ni [el de] su abuela materna y sus costumbres se indican bien en su ingenua confesión de que tiene dos hijos, uno de trece años y otro de uno...” Vaya pecados, no saberse el árbol genealógico y haberse comportado como un ser humano normal y no como uno de esos aberrantes que esconden paternidades o las bestias que realizan otro tipo de bazofias al amparo de la sotana. Sobre su ascendencia, mencionó que “…sabe lo que ha dicho, y que su padre era un hombre honrado, menestral [artesano] en el oficio de carpintero, y el padre de su madre tenía escuela en Valladolid, y que sus costumbres no han sido edificantes, pero tampoco escandalosas.” A estas alturas, se les terminaron los ingredientes para seguir dándole más desperdicios.

En el vigésimo sexto, le servían la acusación de no haber confesado todos sus pecados, los cuales irremisiblemente, aun cuando los ocultase a los ojos de los hombres habría de presentarse al Tribunal de Dios para dar cuenta de ellos. La respuesta fue la más lacónica de todas “…no ha sido su intención ocultar la verdad.” Ante la escasez fueron, por lo que sobró en cada uno de los veintiséis platillos previos y los mezclaron para integrar el último.

En el vigésimo séptimo, fue integrado por acusaciones de haber ocultado otros crímenes ocultados por “su refinada hipocresía…” y le repitieron la retahíla de todo cuanto ya lo habían acusado, demandando su excomunión, la confiscación de sus bienes y se le impusiera “…castigo, satisfacción y desagravio de la justicia divina y humana y de la vindicta publica, ejemplo y escarmiento de otros…” Lo ultimo que respondió Morelos fue que “no ha negado la verdad…y únicamente le queda el escrúpulo de decir que solo ha declarado dos hijos, teniendo tres, pues tiene una niña de edad de seis años que se halla en Querétaro…” Todo quedaba listo para el veredicto.

El 26 de noviembre de 1815, Morelos aparecía ante sus acusadores y fue “sentado en un banquillo sin respaldo, [desde donde] escuchó frente a los dos inquisidores, el fiscal, los ministros subalternos, los dos consultores togados, el provisor del arzobispado y el numeroso publico el siguiente fallo: El presbítero D. José María Morelos es hereje formal, fautor de herejes, perseguidor y perturbador de la jerarquía eclesiástica, profanador de los santos sacramentos, cismático, lascivo, hipócrita, enemigo irreconciliable del cristianismo, traidor a Dios, al Rey, al Papa.” Asimismo, “se le condenó a que asistiese a su auto en traje de penitente, con sotanilla, sin cuello y vela verde; a que hiciera confesión general y tomara ejercicios, y para el caso remotísimo de que se le perdonar ala vida, a que pasara el resto de ella en África, rezando todos los viernes los salmos penitenciales y el rosario.” Y con la piedad característica de la inquisición, “se azotó después a Morelos durante el rezo del salmo Miserere y en seguida vino la misa rezada.” Esto, nuevamente, era simplemente el entremés, faltaba el plato fuerte. La narración sobre esta monstruosidad la dejamos en el patriarca de la derecha mexicana, Lucas Alamán y Escalada.

El 27 de noviembre [en el edificio ubicado al este de la Plaza de Santo Domingo, en donde después se ubicaría la Escuela de Medicina], Alamán narra, “sé siguió la ceremonia de la degradación… Morelos tuvo que atravesar toda la sala del tribunal, de uno a otro extremo, con el vestido ridículo que le habían puesto [una sotana amarilla] y con una vela verde en la mano… Morelos, con los ojos bajos, aspecto decoroso y paso mesurado, se dirigió al altar: allí…se le revistió con los ornamentos sacerdotales y puesto de rodillas delante [del Inquisidor General del Virreinato, el obispo de Oaxaca, Antonio Bergoza y Jordán,] ejecutó la degradación por todos los órdenes, según el ceremonial de la Iglesia”. [En latín le dijo: “Apartamos de ti la facultad de ofrecer el sacrificio a Dios, y de celebrar la misa. Con esta raspadura, te quitamos la potestad, que habías recibido en la unción de las manos. Te despojamos con razón del vestido sacerdotal. Te privamos del orden levítico, porque no cumpliste tu ministerio dentro de él. Como a hijo ingrato, te echamos de la herencia del señor”.]

De acuerdo con Alamán, “todos estaban conmovidos… el obispo se deshacía en llanto; solo Morelos con una fortaleza tan fuera del orden común, se mantuvo sereno, su semblante no se inmutó, únicamente en el acto de la degradación se le vio dejar caer alguna lagrima (ese momento fue cuando el verdugo se acercó a raerle las manos). Veinticinco días mas tarde, el 22 de diciembre de 1815, por orden del virrey Félix María Calleja del Rey, con el beneplácito de las siempre pías autoridades eclesiásticas, las que hipócritamente habían pedido se le perdonara, fue fusilado José María Teclo Morelos y Pérez de Pavón, a quien nunca pudieron probarle las herejías que decían había cometido y quien jamás negó sus creencias religiosas, pero estaba ablandado. Eso, ni la carta que escribió el 12 de diciembre de 1815, de nada le valió, de antemano la alta curia lo había condenado. No quería un Siervo de la Nación, sino alguien que los ayudara a acumular sirvientes obedientes para continuar con su labor de fomentar la ignorancia, la superchería y la miseria. Para tener siempre presentes estas lecciones de la historia.

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Añadido (1) Cuando el CEO de una corporación culpa a elementos etéreos para justificar los problemas que no puede resolver, es tiempo de que el consejo de administración cite a una reunión con carácter de urgente para evaluar el asunto y tomar las medidas conducentes, a menos que no les importe la preservación de la empresa que cada día luce más deteriorada.

Añadido (2) De pronto, al ver al supuesto funcionario del futuro portando aquel sombrero creímos que nos habíamos metido a una pagina del ayer. Estábamos equivocados, era un muestra de que el cambio generacional ya llegó…en reversa y nos brincó con todo y lo atrabiliario del chicharronerismo.
06 Octubre 2018 04:00:00
Las respuestas de Morelos a las imputaciones de la inquisición / a
Tres semanas atrás nos ocupamos en este espacio de cómo, mediante su brazo ejecutor el Tribunal del Santo Oficio, la Iglesia católica acusaba y condenaba al iniciador del movimiento independentista, Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor. En esta ocasión, recurriendo al contenido del libro “Morelos y la Iglesia Católica” (1948), mostraremos otro ejemplo de la “piadosa” obra de la empresa trasnacional más antigua, al abordar las veintisiete acusaciones que los representantes de dicha firma mercantil hicieron a José María Teclo Morelos y Pérez de Pavón, discípulo y fiel interprete de las directrices libertarias del primero, así como las respuestas que el vallisoletano dio a cada una de ellas. En esta colaboración nos ocuparemos de las primeras dieciséis de ellas, dejando las once restantes para la colaboración siguiente.

Morelos fue tomado prisionero el 5 de noviembre de 1815 y, alrededor de dos semanas más tarde, el día 24, ya lo tenían sentado en el banquillo de los acusados ante la Inquisición. Con ferocidad singular, el doctor José María Tirado y Priego, promotor fiscal del Santo Oficio querelló y acusó a Morelos de criminalidad, al tiempo que le echaba en cara haber abandonado todas las bondades aprendidas y recibidas al ser cristianizado para pasarse “…de su purísimo y santo gremio al feo, impuro y abominable de los herejes Hobbes, Helvecio, Voltaire, Lutero y otros autores pestilenciales, deístas, materialistas y ateístas, que seguramente ha leído…” Tras de emitir esta sarta de sandeces, Tirado procedió a calificarlo de “…hereje formal, apostata de nuestra religión católica, ateísta, materialista, deísta, libertino sedicioso, reo de lesa majestad, divina y humana, enemigo implacable del cristianismo y del Estado, seductor protervo, hipócrita, astuto, traidor al rey y a la patria, lascivo, pertinaz, contumaz y rebelde al Santo oficio, de que en general le acuso…” Eso era simplemente el entremés, faltaba el resto que venía servido en veintisiete platillos diferentes sobre los cuales Morelos daría la opinión respectiva. He aquí los primeros dieciséis de ellos.

En el primero, le restregaban haber abandonado todas las bondades de haber nacido en el seno del cristianismo, de no estar agradecido por ordenarse sacerdote a los veinticinco años y haber ejercido la profesión. Por todo ello, “…debió ser fiel y reconocido a tantos beneficios de Dios; pero, lejos de eso, abusó de todos, separándose del santo ejercicio de pastor de almas para convertirse en lobo carnicero.” A esto, Morelos contestó “que se creyó mas obligado a seguir el partido de la independencia que seguir en el curato, porque el cura Hidalgo, que fue su rector, le dijo que la causa era justa, y que, habiendo ocurrido al gobernador de la mitra, Escandón, a pedirle licencia de altar portátil, le comunicó su resolución y los le dijo que procurara evitar la efusión de sangre en cuanto fuese posible.” Esto apenas iniciaba.

En el segundo, le endilgaron la retahíla desde que dejó el curato el 25 de octubre de 1810 para adherirse al movimiento independentista y le recordaron que desde el 13 de octubre de ese mismo año, el Santo Oficio “declara autores de herejía y sujetos a las penas de ellas a todas las personas que aprueben la sedición de Hidalgo, reciban sus proclamas, mantengan su trato y correspondencia epistolar, le presten cualquier genero de ayuda, favorezcan sus ideas revolucionarias…” dadas las fechas mencionadas y “no pudiendo negar que llegaron a sus noticias esos edictos y confesando fue comisionado por aquel Hidalgo…es un verdadero secuaz suyo, incurso de las penas de fautoría, o, al menos sospechoso de herejía.” La respuesta fue directa: “…aunque supo de los edictos, no se tuvo por excomulgado ni incurso en sus penas, porque se dijo que eran puestos porque el Santo oficio y los obispos estaban oprimidos por el Gobierno, y este dirigido por Napoleón.” No era todo en materia de excomuniones,
En el tercero, le endilgaban “que entre todas las excomuniones y censuras que despreció, la mas notable es la fulminada por el ilustrísimo señor obispo de Valladolid [Manuel Abad y Queipo], en 22 de junio de 1814, en que nominatim, es decir con su nombre, sobrenombre y apellido, lo declara hereje y público excomulgado vitando. Desde entonces se hicieron mas execrables en él los delitos de comunicar con los fieles, principalmente in divinis, y mantenerse sordo en tan lamentable estado…” Morelos respondió no tener “…presente haber llegado a su noticia dicho edicto, a lo menos la cláusula de que se habla en este capítulo…” Ahí no concluía eso de si sabía o no acerca de la excomunión.

En el cuarto, le repetían los ingredientes para decirle que “ha confesado ya que en la casa del comandante de Teipán, D. N. Fuentes, encontró, en principios de noviembre de 1810, un paquete de ejemplares del citado edicto del tribunal, de 13 de octubre del mismo año, de manera que desde entonces supo la excomunión fulminada y desde entonces es fautor de herejía, o, al menos, muy sospechoso de ella”. La contestación simplemente indicó “que se remite a lo que tiene dicho sobre considerar oprimido al tribunal por el Superior Gobierno”. Y se continuaba machacando sobre el mismo tenor.

En el quinto, venia el mismo revoltijo mencionado que al decir que no creía justas las penas y excomuniones “…cayó en la temeraria opinión de no ser validas dichas excomuniones, error que no pudiendo atribuirse a ignorancia en una persona que había estudiado la ciencia moral, bastante para recibir ordenes y obtener curato en oposición, es preciso concluir que es hijo de una extraviada creencia acerca del legitimo poder de las llaves de la iglesia”. La réplica volvió a argumentar que “…no estaba obligado a tener ni respetar las citadas censuras, por considerar oprimido al tribunal que las imponía”. Lo sucesivo empezaban a entintarlo.

En el sexto, con ribetes rojos, aparecía la acusación de que “…ocultando misteriosamente haber celebrado no una, sino muchas veces, el tremendo sacrificio [decir misa] en el tiempo mismo en que estaba de corifeo en la insurrección y con las manos manchadas de sangre derramada por él y su orden, es publico y notorio haberlo hecho así, sin temor de la irregularidad y demás penas canónicas a que estaba sujeto, con desprecio de ellas, bastante para constituirlo, no solo sospechoso de hereje, sino verdadero hereje”. Morelos no negó haber celebrado misa, lo cual hizo hasta enero de 1811 cuando “…se conoció irregular...” y después había celebrado otro par, pero “no ha dicho otra, porque ya hubo capellanes puestos por el declarante”. A continuación, remachaban sobre el mismo tópico.

En el séptimo, se mostraba la ausencia de variedad, acusándolo de homicida voluntario y hereje que “Él, obstinado y endurecido y tranquilo en el abismo de sus iniquidades, confesaba, comulgaba y cumplía con los preceptos anuales. Según lo ha dicho en su audiencia; de manera que, o hacia continuos sacrilegios con conciencia cierta de lo que eran, y aquí se prueba el grado de insolvencia a que llegó, o levantó esta nueva secta heretical que autoriza los crímenes y abre camino para alternarlos lícitamente con los sacramentos.” La respuesta fue cruda, dijo que “tenía los homicidios por justos, y lo mismo la guerra, por lo que no tenia embarazo en confesar y excomulgar y aun oír misa, porque no se reputaba excomulgado, lo mismo que hacen las tropas del Gobierno”. Pasemos a la acusación siguiente.

En el octavo, era mostrado “…su desprecio en esta línea el no rezar, como no reza, el oficio divino,…y aunque podrá ocurrir a la disculpa de cortedad de vista, a mas de que esta no le impide muchas otras funciones, lo cierto es que ha pedido breviario después que se le comenzaron a dar audiencias, sin embargo que antes no lo había querido, aun ofreciéndoselo, con el dicho pretexto de su corta vista, lo que le convence de hipócrita, astuto, y que el fin de pedir breviario no es para rezar, sino para alucinar a V.S.I.” Morelos no negó la carencia de rezo desde que se metió a la lucha dado que no tenia tiempo y “aunque hoy le han dado breviario, no ha rezado porque la luz no le alcanza”.

En el noveno, aparecía “que tampoco tiene bula de la Santa Cruzada…y aunque en cualquier persona probaría esto descuido…en este reo, como en todos sus secuaces, prueba desprecio de las abundantes gracias hechas a España por la Silla Apostólica.” Morelos indicó que no la poseía desde que se incorporó al movimiento, primero porque no había en donde adquirirla y después “porque se dio entre ellos la bula por no valida y solo dirigida a sacar dinero para hacerles la guerra”.

En el décimo, se le acusaba de aprovecharse del pueblo creyente al venderles que “era la causa de la religión la que se sostenía…” Morelos no negó “que contó en muchas partes con su sacerdocio, con la adhesión del pueblo a los sacerdotes, persuadiéndolos de que la guerra tocaba algo de religión…”

En el undécimo, aquello era un platillo en donde nadaban acusaciones de calumniar a los miembros de la Iglesia, el rey y los europeos en general. Además de invocar que se utilizaban las enseñanzas religiosas de manera falsa. Morelos no negó criticas al rey el gobierno por obedecer a Napoleón. En el caso de los europeos, solamente de aquellos que han obrado mal. Respecto a los obispos, al de Valladolid no se le ha reconocido como tal y respecto al resto de la acusación “…no es responsable porque no la ha dicho”.

En el duodécimo, aquello aparecía luciendo un rojo incandescente, acusando a Morelos de cruel y sanguinario no solamente con los europeos, sino también con los americanos que se oponían a sus ideas, lo acusaban de que “…en el atrio de la iglesia de Acapulco degolló a más de cien personas…” No negó algunos hechos. Cuando el gobierno no aceptó el canje de doscientos europeos por la vida de Mariano Matamoros, se dispuso a pasarlos por las armas, lo cual no se efectuó en el atrio, sino en la Quebrada, eso sí, “…a ninguno se le quito la vida sin sacramentos.”

En el décimo tercero, le servían lo dicho en una carta, del 24 de noviembre de 1811, al obispo de Puebla en donde le decía “…Por lo que, a mi toca, me será más fácil ocurrir por dispensa después de la guerra, que sobrevivir a la guillotina…” Esto acorde al inquisidor era que “…quiere vivir en estado de irregular excomulgado y miembro podrido de la iglesia, con la esperanza remota de una dispensa que no pensaba pedir hasta después de la guerra.” Morelos aclaró “que quería más bien sacar dispensa después de la guerra que morir sin sacramentos en la guillotina”.

En el decimocuarto, lucía una secuencia de papeles en los cuales se escribieron los edictos que Morelos “…incluyó entre los papeles inútiles , para cartuchos…” además de otros que había ordenado a “…los párrocos y prelados de los conventos los quitaran de las puertas de las iglesias…” con lo cual se mostraba como “…el despreciador de la siempre autoridad de este Santo Oficio…” por lo cual incurrió en la excomunión que en el mismo edicto debió ver fulminada contra los que les quiten y que es sospechoso de herejía…” Con la mayor naturalidad, Morelos simplemente apuntó: “Que le pareció que en casos extraordinarios no regían esas leyes”.

En el decimoquinto, era un revoltijo indicando “que no le sufragan, ni le debió de quitar el escrúpulo que le quedó, las razones que leyó en su Editor, que le componían el doctor [José María] Cos, el licenciado [Ignacio López] Rayón, licenciado [Andrés] Quintana Roo y licenciado Velasco, pues nadie como él debió conocer la ninguna autoridad de estos fanáticos, especialmente del doctor Cos y con mas especialidad del canónigo Velasco, señalados aun por los mismos rebeldes , por sus herejías; siendo esto cierto que ninguna autoridad puede bastarle para despreciar un tribunal constituido por la Silla Apostólica, es claro que mucho menos le disculpa la de estos libertinos, de cuyos errores se confiesa secuaz; debiendo ser preguntado si tiene noticia de los hechos y dichos heréticos de los citados cuatro o de alguno de ellos.” Al respecto, el acusado respondió no saber entonces del libertinaje de Velasco “y se aquieto con las opiniones de los otros, como un discípulo se aquieta con las de su maestro”.

En el décimo sexto, venia un ingrediente adicional. Decía “que aunque por si mismo no es sospechoso, lo es mucho en este reo el hecho de haber enviado en junio de este año, a su hijo [Juan Nepomuceno Almonte] de trece años a estudiar a los Estados Unidos; porque siendo cierto que en estos países reina la tolerancia de religión, se deja inferir de los sentimientos de este reo que su animo ha sido que su pobre hijo estudie los libros corrompidos que con tanta libertad corren en dichos Estados y se forme un libertino hereje, capaz de llevar un día adelante las máximas de su sacrílego padre”. Muy satisfecho habría estado el inquisidor Tirado, si la vida le hubiera alcanzado, de ver como el comportamiento en la adultez de ese sujeto en nada se pareció al de su padre.

Pero en 1815, Morelos reconocía lo que había engendrado y preocupado por su educación dijo “que, por no haber colegios entre ellos, envió a su hijo con el licenciado Herrera y el licenciado Zárate, que fueron enviados por la Junta a buscar auxilios; pero encargándoles mucho que no lo dejaran extraviar”.
Como es factible observar en esta primeras dieciséis acusaciones prevalece la subjetividad, sin mostrar pruebas palpables de que Morelos hubiera abjurado a sus creencias religiosas. Sus respuestas son las de quien esta convencido de haber obrado en el sentido correcto y que la interpretación de la fe que cada uno tenga, desde su muy personal y respetable perspectiva, en nada impiden buscar la libertad de los pueblos bajo la norma de que los asuntos teológicos y los de gobierno deben mantenerse en esferas de acción separadas. Como observaremos en la colaboración siguiente, Morelos nunca renegó de la doctrina, ni siquiera en la hora del cadalso. Sin embargo, ya sabemos que eso nada vale para los fanáticos del todo o nada, algo que fácilmente olvidan los cegados por la incandescencia del verbo.

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Añadido (1) Ayer, habrías festejado 95 años. Te extrañamos un día sí y otro también…

Añadido (2) Hace unos días, inmersos en la pereza intelectual, veíamos una película dirigida y escrita por Alberto Bojórquez, “Lo Mejor de Teresa” (1976), cuyos intérpretes principales son Tina Romero, Jorge Martínez de Hoyos, Alma Muriel, María Rojo y Stella Inda. Un filme nada del otro mundo, salvo cuando uno de los actores secundarios, Justo Martínez, interpretando el papel de un personaje llamado Ricardo quien era un burócrata de medio pelo, se suelta alabando, con voz de orador de los 1960s, las grandezas económicas de su natal Tabasco, y, tras de invocar la poesía de Carlos Pellicer, indica: “… recuerden ustedes, un día de estos el presidente de la república puede ser tabasqueño…”
Añadido (3) Para quienes aún no le entendían a eso de la austeridad. Langosta y champagne para ellos. Frijoles con gorgojos, por aquello de la proteína, y agua de borrajas para el resto. Si aún quedan dudas, favor de consultar el Hola más reciente.

Añadido (4) ¿Acaso también van a quitar de la historia que en esos seis años el país creció a una tasa promedio de 6.23 por ciento anual; que la inflación promedio anual fue de 2.9 por ciento; que la deuda pública bruta con respecto al PIB fue del 12 por ciento en promedio; y que un peso valía un peso? O ¿Van a cancelar la operación de la Línea 1 del Metro y convertirán los túneles en un sitio en dónde callejonear para sentirse en su ambiente? O ¿Dirán que la obra pública realizada entonces, y que cada día tenemos presente, no se construyó en aquellos años? El presidente Gustavo Díaz Ordaz Bolaños Cacho podrá no ser de nuestros favoritos y tener todos los defectos que se le quieran achacar, pero ni modo que vayamos a negar las acciones positivas que se desarrollaron durante su gobierno como hoy pretenden hacerlo, ordenando el retiro de placas, los políticamente correctos convertidos en adalides de la estulticia.

Añadido (5) Por favor, que alguien le informe a la docta. Los presupuestos en el gobierno federal no se asignan simplemente por decir quiero tantos más cuantos millones, hay que justificarlos con programas específicos a los cuales habrán de destinarse y eso se realiza con la antelación debida y el rigor profesional presente.
29 Septiembre 2018 04:00:00
Una reflexión educativa del antier con actualidad plena
Al observar en estos días la muestra de ignorancia amplia que nos exhiben algunos de nuestros legisladores y la invocación constante que, por otro lado, se hace respecto a la excelencia en el tema educativo, decidimos ir a buscar las publicaciones que realizara el padre del Liberalismo mexicano y quien colocó los cimientos de la educación laica, el doctor José María Luis Mora Lamadrid. En un libro pequeño, publicado originalmente por la UNAM en 1941, titulado “Ensayos, ideas y retratos,” encontramos un apartado denominado “Pensamientos sueltos sobre la Educación Pública.” Bajo la premisa que lo hacemos para facilitar la lectura, y no para, indebidamente, tratar de hacer pasar como propios y presumir sapiencia de la que carecemos, los textos del doctor Mora no aparecerán entrecomillados. Eso sí, cuando realicemos un comentario lo precisaremos. Vayamos a lo que el historiador, sacerdote y político guanajuatense escribió en los 1830s, un texto cuya validez prevalece.

El doctor Mora iniciaba apuntando que uno de los grandes bienes de los gobiernos libres es la libertad que tiene todo ciudadano para cultivar su entendimiento. El mas firme apoyo de las leyes es aquel convencimiento intimo que tiene todo hombre de los derechos que le son debidos y de aquel conocimiento claro de sus deberes y obligaciones hacia sus conciudadanos y hacia la patria. En el sistema republicano más que en los otros, es necesidad absoluta proteger y fomentar la educación; este requiere para subsistir mejores y mas puras costumbres, y es mas perfecto cuando los ciudadanos poseen en alto grado todas las virtudes morales; así el interés general exige que leyes sabias remuevan los obstáculos que impiden la circulación de las luces. Al respecto, decimos, que aun cuando hoy todavía existen quienes buscan vendernos “la obra bienhechora educativa” de los días de la colonia, lo único que ésta fomentó fueron rezos y cánticos religiosos que llevaron al fanatismo y la ignorancia.

Respecto a lo anterior, el historiador nativo de Chamacuero, hoy Comonfort, indicaba que bajo la dominación de un gobierno [el que representaba a la corona española] que contemplaba en sus intereses el mantener a sus vasallos en la más profunda ignorancia de sus derechos, se ponían obstáculos al cultivo de las ciencias sociales. Aquí, señalamos que en nuestros días una tendencia similar prevalece arguyendo que lo único importante son las áreas que tienen que ver con asuntos técnicos, mientras desdeñan lo que tiene que ver con las humanidades a las que tratan de presentar como materia añeja e inútil. Pero retornemos al texto generado en el antepretérito, en donde se indicaba que el temor de perder la posesión de un país rico [el nuestro], ofuscó a España hasta el grado de desconocer su propia utilidad; creyó que la ignorancia era el medio mas seguro de impedirle la emancipación de la América, y para oprimir sin dejar arbitrio a reclamos, debía poner trabas a la cultura de las facultades mentales, y acostumbrar a los americanos a obedecer ciegamente las ordenes de una autoridad lejana, presentándolas como emanación de una divinidad. El único periodo en tres siglos en que se comenzó a vislumbrar en América un rayo de razón duró poco, y la Constitución de Cádiz [de 1812] nos llegó cuando ya habíamos levantado el estandarte de la Independencia. Los pocos conocimientos que entonces teníamos sobre materias políticas, las preocupaciones en que yacía sumergida la mayoría de la nación, y la falta de un plan combinado para llevar adelante la gloriosa empresa de nuestra Independencia, nos impidieron lograr no solo la separación de la metrópoli, sino aprovechar la pequeña libertad que deberíamos haber gozado. En aquellas circunstancias solo sirvió la Constitución para inferirnos el agravio de no verla planteada en nuestro país, y bajo el pretexto de que de hacerlo se daba margen a que sacudiésemos el yugo que nos agobiaba. Esto, recordémoslo, aun tardaría tiempo y pasaría por la restauración del viejo sistema que realizó, en 1814, Fernando VII y sería hasta 1821 cuando lográsemos la independencia. Pero retornemos al doctor Mora.

El Liberal alababa a los diputados que la opinión pública sentó en el congreso que era un foco de civilización. Eso era en tiempos idos, en el de ahora hay quienes presumen incivilidad e ignorancia. Los de entonces, retomando a Mora, se hallaron en posición muy crítica para dar el impulso que merecía la educación pública. Apenas tuvieron tiempo para salvar a la patria de la ruina en que se intentaba sepultarla; de aquella augusta reunión quedaron leyes que harán honor eterno a sus autores, y la posteridad sabrá colocarlos con justicia en la memoria de las generaciones futuras; sensible nos es que no hubieran tenido tiempo para dictar las que imperiosamente reclama una nueva República para el arreglo de la instrucción pública. De ahí que como antes de la independencia no la había cual debía ser, ni después de proclamada ésta se ha dado un paso adelante en la materia, y si muchos retrógrados en nuestro concepto, en el día podemos decir, que la educación está reducida a cero.

Para entender la Constitución y las leyes es indispensable saber leer; para pesar las razones alegadas en la tribuna nacional, sea para la formación o reforma de la una y las otras, se requiere tener algunos conocimientos generales, a lo menos haber adquirido algunas reglas en el arte de pensar, para sujetar el juicio; de lo contrario, no es posible que las reglas morales que deben servir de guía al hombre social, tengan todo el buen resultado que desean los filósofos y los legisladores. ¿Cómo puede aguardarse la religiosa aplicación de ellas no entendiéndolas? Un individuo dotado de un regular talento será siempre un déspota, que gobernará a su salvo a un puñado de hombres que no tienen voluntad propia, ni son capaces de juzgar de las cosas por sí mismos. Esto era en los comienzos del siglo XIX, en los del ahora, encontramos que aun cuando muchos involucrados en la vida política ostenten grados académicos universitarios, ello no les asegura capacidad de análisis y comprensión.

Desde la perspectiva del sacerdote, lo cual no le impedía ser un Liberal, los hombres grandes se conocen por sus escritos o por sus acciones, la imprenta es el canal por donde se trasmiten sus nombres; siendo entre nosotros tan corto el número de los que saben leer y escribir, ¿Será posible que la mayoría de la nación elija para sus representantes a los que por su saber y virtudes debían ocupar las sillas de legisladores? los pueblos no sufragarán siempre movidos por un intrigante, y no se correrá el riesgo de que depositen sus más preciosos intereses entre las manos de un hombre que solo aspira a hacer su fortuna. ¿No es tanto más temible este peligro cuanto el ciudadano honrado y virtuoso por lo regular no se mezcla en ambicionar ni pretender empleos? El riesgo es de mayor trascendencia si consideramos que un cuerpo legislativo puede estar formado de miembros inmorales, sin conocimientos, sin virtudes cívicas y que únicamente buscan ocasión en que hacer un tráfico de sufragios. Esto no fue escrito ayer por la tarde, pero continuemos con la perspectiva de los 1830s.

El poder ejecutivo a cambio de un empleo logrará de ellos leyes que le convengan a sus fines particulares; ¿y podrá decirse que las ha dictado la sana razón y el bien de los pueblos? Los infelices que sencillamente dieron su voto serán las primeras víctimas; sobre ellos gravitará el peso de la opresión; sobre ellos caerá el torrente de todos los males. No es preciso agotar las razones, tenemos en apoyo de nuestra opinión a la experiencia; no necesitamos ocurrir a lo que ha sucedido en otros tiempos y en otros países, basta tener la vista fija en lo que pasa en el continente americano: los sujetos que reúnen la opinión de los hombres de bien, los sujetos que por su literatura y virtudes debían ser la columna de la República, se han retirado de los negocios públicos, cansados de sufrir groseras injusticias y desmerecidos insultos. No es cosa difícil extraviar a un pueblo que en lo general carece de ilustración y de experiencia; en los momentos en que arde en los pechos el amor sagrado de la patria y de la libertad, es cuando puede conocerse la opinión pública. Si esto lo hubiese escrito el doctor Mora hubiese en estos días ya le hubieran caído encima las “benditas redes sociales.”

El también político, aseguraba que para sacudir un yugo no se requiere más que sentir; una carga pesada agobia; pero para establecer el sistema que reemplace al duro despotismo, es indispensable tener conocimiento de la ciencia social; para llevar a cabo la obra de la regeneración es preciso formar un espíritu público, es preciso grabar en el corazón de cada individuo que sus leyes deben, respetarse como dogmas, en una palabra, es preciso que las luces se difundan al máximum posible. ¿No debía, pues, llamar muy particularmente la atención de los legisladores la enseñanza pública? ¿No será más duradero el edificio social, sentado sobre buenos cimientos? ¿De qué sirven, no decimos ya mil leyes de circunstancias, sino buenas, si no se ha de conocer el bien que han de producir? Desengañémonos: de nada sirve un edificio por majestuoso que aparezca, si no tiene base sobre que descansar. Por si mismo vendrá a tierra, y sepultará bajo sus ruinas a los desgraciados que lo habita. A esto, nosotros apuntaríamos, que el objetivo no es atiborrar la nación de instituciones educativas bajo la perspectiva simple de que por crearlas todos nos habremos de convertir en ciudadanos ilustres. ¿De qué sirven escuelas si quienes en ellas enseñan no reúnen las capacidades para hacerlo y adoptaron ese papel, el de instructores, simplemente como un medio de vida? ¿Qué clase de profesionales habrán de graduarse de centros escolares en donde el rigor académico no existe? Además, la educación debe de proporcionarse acorde con las capacidades de cada individuo y no basada en modas o para cumplir metas estadísticas. La instrucción, a cualquier nivel, debe de estar sustentada en conocimientos reales.

En este párrafo y los dos siguientes, el Mora Lamadrid realiza unas reflexiones que lo mismo pueden plantearse en el antepretérito lejano que en los días que trascurren y que no requieren comentario adicional alguno. Menciona como cada individuo tiene su deseo de mejorar su suerte, si es que la disfruta mala, de aumentar su felicidad, y de conservarla, debe necesariamente buscar los medios para lograr sus fines. Careciendo de instrucción ¿No será más difícil que acierte a fijar las reglas que deben sujetar sus acciones, y que al mismo tiempo que garantizan derechos también imponen obligaciones? ¿No sería muy difícil que, guiado por su interés personal, desconociese el bien de sus conciudadanos? Se requiere algo más que la luz natural para conocer que el bienestar de la comunidad redunda en beneficio propio; y la ignorancia jamás extiende la vista a lo futuro; no calcula sobre las diferentes edades del hombre; cree que es eterna la juventud, o a lo menos que los placeres de esta época de la vida lo son. El amor a las ciencias es casi en nosotros la sola pasión duradera, las demás nos abandonan a medida que sus resortes se relajan. La juventud impaciente vuela de uno a otro placer; en la edad que la sigue los sentidos pueden proporcionar deleites, pero no placeres; en esta época es cuando conocemos que nuestra alma es la parte principal de nosotros; entonces es cuando conocemos que la cadena de los sentidos se ha roto, que todos nuestros goces son ya independientes de ellos, y que quedan reducidos a la meditación.

En este estado la alma que no apela a sus propios recursos, que no se ocupa de sí misma, experimenta un hastío cruel que le hace amarga la vida. Si intenta buscar placeres que no le son ya propios, tiene el dolor de verlos huir cuando cree acercarse a ellos. La imagen de la juventud nos hace más dura la vida, como que no podemos gozar; el estudio solo nos cura de este mal, y el placer que nos causa nos hace olvidar que caminamos al sepulcro. Es muy útil proporcionarnos goces que nos sigan en todas las edades; es un consuelo tener recursos que nos alivien en la adversidad. Las ciencias solas son las que nos sirven en todas las épocas de la vida, en todas las situaciones en que podemos encontrarnos.

La cultura del espíritu suaviza el carácter, reforma las costumbres. La razón ilustrada es la que sirve de freno a las pasiones, y hace amar la virtud. ¿Y no es el sistema que nos rige donde se requiere más moralidad, más desprendimiento del propio interés? Por eso decía, y con razón, el profundo filósofo ginebrino, que, si los hombres examinasen de cerca todas las virtudes que se necesitan en un gobierno popular, se confundirían del enorme peso que cargaría sobre ellos. Ser soberano y ciudadano, juez y parte al mismo tiempo, requiere una virtud heroica para desprenderse de los sentimientos del hombre, y adornarse en algunos momentos de las cualidades propias de la civilidad. ¿Cómo será posible que la naturaleza sola baste en estos casos? ¿No será indispensable que la filosofía haya ganado el corazón para que éste obre con arreglo a lo que exige el bien comunal independiente del propio?

Estas cortas reflexiones nos parecen suficientes para convencer la necesidad que tenemos de educación pública. Legisladores: a vosotros toca dictar las leyes que la conveniencia nacional exige a fin de proteger la enseñanza. En vuestras manos está remover los obstáculos que contienen en su marcha los adelantos del entendimiento. Nada haréis si vuestro edificio queda sentado sobre cimientos movedizos; vuestra obra caerá por sí sola, y todos seremos sepultados bajo sus ruinas. Esa misma petición es valida para los tiempos que corren, excepto que ahora todo se concreta a obedecer ciegamente y la reflexión es tópico prohibido so pena de emprender el camino hacia el averno. En ese contexto, vayamos a estas reflexiones.

El joven que adopta principios de doctrina, sin conocimiento de causa, o lo que es lo misma, sin examen ni discusión; al que se acostumbra a no dudar de nada, y a tener por inefable verdad cuanto aprendió; finalmente, el que se hace un deber de tener siempre razón, y de no darse por vencido aun de la misma evidencia, lejos de merecer el nombre de sabio no será en la sociedad sino un hombre pretencioso y charlatán. ¿Y podrá dudarse que produce este resultado la enseñanza clerical recibida en los colegios? ¿No se enseña a los estudiantes a conducirse de este modo en las cátedras, en los actos públicos y privados, para obtener los grados académicos, o las canonjías de oposición? En efecto, la disputa, y la obstinación y terquedad, sus compañeras inseparables, son el elemento preciso y el único método de enseñanza de la educación clerical; él comienza con los primeros rudimentos, y no acaba sino con la vida del hombre, que continúa en el curso de toda ella, bajo el imperio del sistema de ideas que se ha formado, de cuya verdad es muy raro llegue a dudar.

He aquí el origen del charlatanismo de México y de las gentes que se han encargado de gobernarlo, que son por lo general los que se han educado en los colegios; acostumbrados a hablar de mejoras solo para lucir lo que se llama talento, jamás se ocupan de ejecutarlas, porque las tienen por ideales e imposibles, y se atienen a la rutina, que es lo que bien o mal les ha servido de regla práctica de conducta. Referente a esto, estimamos que insertándolo en los tiempos del ahora, eso de adoptar actitudes radicales no es privativo de la derecha, entre los miembros de la llamada izquierda las posturas de que “yo soy el poseedor de la verdad absoluta” se ha vuelto norma y muchos de ellos no se preocupan por sustentar sus posturas en un respaldo teórico-académico sólido.

Todo se resume en la corrección política y el fanatismo de que “quien no piense como yo debe de ser llevado a la hoguera,” una situación digna del medievo, aun cuando quienes la adoptan traten de presentarse como adalides del progreso. Eso, nos lleva a concluir con una reflexión del doctor José María Luis Mora Lamadrid quien indicaba: El charlatanismo es la plaga general de la República. Llamamos charlatanismo ese espíritu de hablar de todo sin entender nada; ese hábito de proyectar y hablar de reformas y adelantos que no se tiene la voluntad ni resolución de efectuar; en suma, esa insustancialidad, ligereza y poca atención con que se tratan los asuntos más serios, y de que nadie debería ocuparse sino para tomar sobre ellos resoluciones positivas e irrevocables. Para reflexionar en el hoy.
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Añadido (1) Lo acontecido el fin de semana anterior en Monterrey es un ejemplo de la estulticia humana soliviantada por merolicos, de pluma y verbo, a sueldo de directivos y patrocinadores, quienes hacen creer a los descerebrados que en un partido de panbol (eso no es futbol soccer) habrán de lograr que sus frustraciones se conviertan en logros positivos. Y mientras los estúpidos se matan y golpean, veintidós fulanos en calzoncillos hacen como que juegan, en realidad únicamente les interesa ir a cobrar el cheque próximo. Hoy, todos se alarman y andan espantados. Ante ello, como nos vamos a olvidar de Sor Juana en aquello de “¿O cuál es de más culpar, /aunque cualquiera mal haga; / la que peca por la paga / o el que paga por pecar?”

Añadido (2) No negamos que los salarios mínimos en México son bajos comparados con otras economías, pero no deben de incrementarse si esto no va ligado a un aumento en la productividad lo cual no sucede de la noche a la mañana y requiere la participación de todos los sectores de la producción. Por ello, seria muy conveniente que quienes ahora proponen elevarlos presentaran un programa que respalde su propuesta. Aumentar salarios mínimos por decreto genera un titipuchal de aplausos al principio. Al final, sin embargo, inmersos en un desgarriate económico, todo acaba en medio de millones de recordatorios familiares. Claro que a algunos no les importa esto, ¿Por qué será?
22 Septiembre 2018 04:00:00
Un presidente quién recibió el país al borde de la bancarrota
Hacía tiempo que no recordábamos aquello. Sin embargo, unos días atrás, mientras charlábamos con la maestra, Fabiola García Rubio, historiadora joven, y el maestro Guillermo Robles Martínez Guizar, economista contemporáneo nuestro, el tema apareció en medio de la plática. Era la evocación del presidente Miguel De La Madrid Hurtado y las condiciones en que recibió el país en 1982. Ella, las rememoraba desde su, entonces, perspectiva infantil, mientras que él lo enfatizaba desde el ángulo de aquellos nuestros tiempos juveniles, ya alejados de la adolescencia, cuando que el Estado Mexicano nos patrocinaba los estudios en el extranjero. De pronto, a la memoria de este economista del ayer, reconvertido en historiador, empezaron a llegar de manera intermitente un sinnúmero de imágenes, a las cuales hubo de ponerles un alto. Había que ir a cumplir con la encomienda que era el motivo por el cual estábamos allí. Pero el tópico no quedó en el olvido. Al día siguiente, empezamos a cavilar al respecto. Sabemos que, en estos tiempos, el tema no cae dentro de los límites de lo políticamente correcto. Sin embargo, ello forma parte de la historia que nuestra generación y ni modo que ahora lo vayamos a negar. Somos a quienes nos tocó el proceso de transición de un régimen construido alrededor de economía cerrada, la cual, a pesar de que arrojó resultados positivos, se les pasmó a nuestras clases dirigentes, gubernamentales y miembros del sector privado. Ambas, preferían seguir gozando de las ventajas que eso proporcionaba y no quisieron, o no planearon, prepararse para el proceso evolutivo que se vivía en el entorno mundial. Sobre esto, comentaremos a continuación.

Vivíamos los años dorados del petróleo que nos había hecho olvidar la crisis de 1976. El presidente José López Portillo y Pacheco, tomando ventaja de los precios del petróleo, logró que aquello luciera esplendoroso. Los sueldos y salarios alcanzaban hasta para ahorrar. Al Gobierno federal, le sobraba dinero para invertirlo y podía mandar a estudiar al extranjero a un número considerable de jóvenes profesionales a quienes con tabla rasa hoy se nos cuelga el sambenito de regresar convertidos en apátridas-entreguistas. No vamos a negar que algunos retornaron en esa condición, aún cuando no necesitaban de haberse ido para adoptar esa actitud, pero lo que podemos afirmar con toda certeza es que, cuando regresamos, la gran mayoría contábamos con una perspectiva más amplia y objetiva en todos los sentidos sobre lo que vendría. Ello, no implicaba que pensáramos colaborar para convertir la nación en un protectorado y mucho menos ayudar para transformarnos en ciudadanos de segunda de país alguno. Pero volvamos al México de inicios de los 1980s.

Dado que se disponía de divisas, importar era una opción y como, al abrir la llave, fluían sin parar las divisas generadas por el petróleo, ni quien se preocupará. Todos pensábamos que por fin el país era rico y, como diría el presidente López Portillo, “tendremos que aprender a administrar la abundancia.” Inmersos en ello, poco reparábamos que el mundo apuntaba para dejar de caracterizarse por el predominio de enclaves cerrados y pronto habría que enfrentarse una interrelación amplia e intensa. Aún cuando no por ello podemos dejar de dar algún crédito al presidente López Portillo decidió apoyar que su sucesor fuera el entonces secretario de programación y presupuesto, Miguel De La Madrid Hurtado, representante de las nuevas tendencias económicas mundiales.

Acerca del proceso del “destape” poco sabíamos, entonces andábamos más preocupados por los asuntos académicos y ver en donde iríamos a continuar los estudios. Lo que al respecto sabíamos provenía de lo que leíamos en el diario Excelsior que llegaba con una semana de retraso, y únicamente un ejemplar de cada día, a la Biblioteca Norlin de la Universidad de Colorado-Boulder, recordemos que hablamos de la “prehistoria” cuando la internet solamente era utilizada en el área militar estadounidense. Así que, cuando llegaba el diario, se convertía en un elemento con una demanda alta. De pronto, el 25 de septiembre de 1981, era un viernes y andábamos mas preocupados por como aprovechar el fin de semana para recuperarnos del ajetreo académico que de estar pensando sobre otras cosas. De pronto, en el cruce de las avenidas Broadway y College, del entonces apacible Boulder Colorado, se nos aproxima uno de nuestros compañeros, José Luis Nava, quien todo agitado nos dice: “Rodolfo, ya supiste, destaparon a De La Madrid.” Al responderle negativamente, procedió a darnos una reseña del evento, lo cual escuchamos con una actitud neutral, en aquel palenque no habíamos tenido gallo en juego, así que ya veríamos que sucedía en el porvenir. Aquello, nos resultó sorpresivo, pero a la vez, recordamos una noche del otoño de 1978 cuando, a invitación de nuestro amigo y condiscípulo universitario, el maestro economista, Luis Fernando Morfin Avilés, habíamos acudido a la inauguración de las oficinas de BanPacifico ubicada en la esquina de Reforma y Florencia. De pronto, se formó un grupo de ocho personas entre las que se encontraba el propietario de dicha institución bancaria, Arcadio Valenzuela, un trio de funcionarios del banco a quienes no conocíamos, Luis, este narrador entonces economista imberbe y los representantes del Gobierno federal, el subsecretario de hacienda, Miguel De La Madrid Hurtado y el director general de crédito, Jesús Silva Herzog Flores. Aún no sabemos como nos integramos a ese grupo. Si somos francos, el subsecretario no nos pareció de personalidad avasalladora y mucho menos nos imaginábamos que estábamos ante quien, en el futuro, sería el presidente de México, algo que comentamos varias veces después con nuestro amigo. Pero volviendo a lo que paso después del destape, como es usual, empezaron a surgir por aquí y por allá quienes conocían a fulano o perengano que eran gente del candidato y bueno, pues se sentían ya en la gloria. Así, por esos días, una de nuestras compañeras, Priscila Ramírez Flores, nos suelta sin mas preámbulo: “Anoche me llamó Emilio y me dijo que él y Genaro están muy involucrados en la campaña de Miguel de la Madrid, ¿tú qué sabes, es cierto?...” Para empezar, le dijimos, ¿a qué Emilio y Genaro te refieres? Y nos dio los apelativos de ambos, Gamboa Patrón y Borrego Estrada. Nada sabíamos de ese par, pero nos entró la curiosidad y le preguntamos sobre quienes eran y como los conocía. Con ambos se había cruzado, varios años antes, cuando laboraban en el IMSS. Contar sobre el grado de participación que tuvieron tales personajes en la campaña y el gobierno delamadridista es ocioso hacerlo. Y así trascurriría 1982, mientras una buena cantidad de mexicanos continuamos los estudios de postgrado en la Universidad de Colorado y otros tantos llegaron a cursar el propedéutico. Hasta allá no se sentían todavía los crujidos de la economía mexicana.

Sin embargo, tras de las elecciones presidenciales, y el triunfo de Miguel De La Madrid Hurtado, las ondas concéntricas de eventos ocurridos en el exterior años antes y un manejo inadecuado, generado en gran parte por la soberbia, hicieron que las cosas empezaran a descomponerse. Todo inició cuando, el presidente de México desatendió los consejos de quien, sí sabía de petróleo y como se movían los mercados de ese producto, Jorge Díaz Serrano. Al final de cuentas, nuestro país no era sino uno mas de los jugadores y no el factor decisorio. Pronto, la entrada de divisas empezó a ser escasa y no quedó sino echar mano de las reservas monetarias. Aquello no pintaba nada bien y pronto los capitales, que no tienen nacionalidad, empezaron a emigrar hacia otras latitudes. A finales del verano, a la economía, como diría aquel viejo cronista boxístico, “la traían tambaleante de pilar a poste.” Los enfrentamientos entre el sector publico y privado se acrecentaron cuando el presidente nacionaliza la banca. Posteriormente, ante la escasez de moneda extranjera, sin antifaz de por medio, decide convertir alrededor de 6 mil millones de dólares, los ahorros en moneda extranjera que los mexicanos mantenían en las instituciones crediticias mexicanas, en los llamados mexdólares. El crédito externo se fue encareciendo hasta que, de plano, México perdió la confianza en los mercados internacionales. Varios años después, en mayo de 1987, mientras participábamos como secretario técnico en un “Seminario sobre la Deuda Externa de América Latina,” efectuado en el Centro para la Investigación y la Docencia Económica (CIDE), evento organizado por el doctor René Villarreal Arrambide, uno de los dos a quienes reconocemos un amplio y sólido conocimiento de la teoría económica, el otro es Sergio Enrique Castro Peña, escuchamos, mesa de por medio, junto con varios más, la narrativa de José Ángel Gurria Treviño acerca de como él, junto con Jesús Silva Herzog Flores se fueron a renegociar la deuda sin mas dinero que el efectivo que llevaban en la bolsa pues las tarjetas de crédito mexicanas no eran aceptadas en ninguna parte del exterior.

En ese contexto, se dio el arribo de Miguel De La Madrid Hurtado a la presidencia de México. El daño en la economía era mayor. No obstante que el promedio del crecimiento del Producto Interno Bruto durante el sexenio 1977-1982 fue de 6.48 porciento, en el ultimo año cayó en 0.52 porciento. La deuda pública externa había llegado a 58,874 millones de dólares y representaba el 91.57 porciento del PIB. El tipo de cambio que en 1981 alcanzó una paridad de 26.16 pesos por dólar para 1982 tal relación llegaba a 149.25 por uno. Las reservas monetarias entre 1981 y 1982, disminuyeron de 5035 a 1832 millones de dólares. La inflación durante ese mismo periodo pasa de 28.68 por ciento a 98.84 por ciento. No obstante que a lo largo del sexenio el salario mínimo se incrementó en 276.42 porciento, de nada servía en medio de la crisis. A todo ello, había que agregar un elemento que poco se toma en cuenta. México empezaba a pagar el desaguisado que había ocasionado la desastrosa administración de James Earl Carter en los EUA. Como ondas concéntricas, con retraso, nos llegaban los efectos y vaya que los pagaríamos en los años por venir.

Así, se inicia el gobierno del presidente Miguel De La Madrid Hurtado quien pronto tendría que empezar a pagar el desaguisado servido por su antecesor. México se convierte en no sujeto de crédito. Un ejemplo muy focal de ello se da durante la primavera-verano de 1983 cuando los estudiantes en el exterior empiezan a afrontar problemas al momento en que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) se retrasa a la hora de cubrir las colegiaturas en las diversas universidades estadounidenses. Ante esto, dichas instituciones anuncian que no aceptarían registrar ningún estudiante que fuera patrocinado por el gobierno de México. En el otoño, CONACYT se declara insolvente para seguir con sus patrocinios. Pero eso era nada, crisis real era la que se vivía en el país día con día.

Hoy pocos lo recuerdan y hasta se escandalizan cuando ven las imágenes de Venezuela. Sin embargo, en el de 1982-1983, la escasez de productos básicos era real. Habíamos vivido bajo el espejismo de que para que lo producimos si es factible importarlo. Pero cuando los dólares escasearon e incrementaron su valor, de pronto nos dimos cuenta del tamaño del error cometido. El desabasto de pasta dental, jabón, papel higiénico, azúcar y varios productos alimenticios estaba ahí. Sin embargo, hay algo que apuntar y poco se menciona, mientras la situación descrita prevalecía en la mayor parte del país, en la zona fronteriza los pobladores no pasaban por esa situación, la proximidad del mercado estadounidense les permitía salvar la escasez. De lo que no podían sustraerse era del ambiente de incertidumbre que prevalecía a lo largo del territorio nacional. El enfrentamiento estaba ahí y nadie sabía en que podría acabar aquello. Pero la confrontación no se daba solamente por asuntos económicos, estaba presente también en el ámbito político. Quienes insistían en mantener el modelo tal como hasta entonces había operado y aquellos que percibían que eran necesarios los ajustes ante un mundo cambiante. En medio de todo ello, estaba el factor estadounidense que a toda costa buscaba el cambio brusco y sin etapas intermedias. Cualquier cosa que hiciera el gobierno encabezado por De La Madrid debería de ser inmediato y a la derecha. Caro hubo de pagar el mandatario mexicano el papel trascendental que jugó, vía encabezar el Grupo Contadora, para alcanzar la paz en Centro América y evitar que los EUA intervinieran haciendo el uso de la fuerza.

Esta es una remembranza breve sobre las condiciones en que daba comienzo una nueva administración en nuestro país. Si todo aquello se resistió fue debido en gran parte a que, quiérase o no, las instituciones eran lo suficientemente sólidas para superar la crisis y hubo muchos mexicanos, algunos a quienes hoy se les cuelga el sambenito de colonizados, quienes, sin fines entreguistas, aportaron su esfuerzo para que al final fuera factible salir del trance. Asimismo, aún cuando mucho ha sido criticada y atacada, la actuación del presidente Miguel De La Madrid Hurtado permitió iniciar un proceso de transición que, quiérase o no, era necesario realizar para enfrentar un mundo cambiante. Para quienes insisten en que debimos de haber permanecido como estábamos, seria muy recomendable voltear hacia el Caribe y ver las condiciones en que vive la población de una isla que optó por retrasar el cambio. Tras de esto no faltara quien nos diga que ahora resultamos, y como no si fuimos a estudiar al extranjero, matraqueros del neoliberalismo, pero eso es totalmente alejado de la realidad. Nuestra postura, se funda en el nacionalismo pragmático aquel que parte del principio objetivo de entender nuestra realidad mientras reconocemos nuestras debilidades y estamos conscientes de las fortalezas con que contamos para que, mediante el esfuerzo conjunto de todos los sectores, sea factible lograr que la patria alcance el crecimiento y el desarrollo económico. Si queremos hablar de un país en las proximidades del precipicio, o si deseamos llamarlo al borde de la bancarrota, eso podría darse en una situación como las que vivimos en los primeros años de la década de los 1980s. Lo de ahora, reconociendo toda la problemática que prevalece, nada tiene que ver con lo que predominaba en aquellos tiempos, quienes ya teníamos conciencia durante esos años podemos dar fe de ello.

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Añadido (1) El pasado 18 de septiembre, tuvimos oportunidad de impartir, en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), la charla “Las Conferencias de Bucareli.” Un tema que abordamos desde una perspectiva que nada tiene que ver con las consejas que se venden al respecto. Nuestro agradecimiento a la directora general del INEHRM, doctora Patricia Galeana y a sus colaboradores el maestro David Guerrero Flores y la maestra Fabiola García Rubio por el apoyo y las atenciones con que nos distinguieron. Asimismo, un reconocimiento a los asistentes al evento quienes, con su presencia, nos otorgaron el honor de exponerles nuestra perspectiva sobre el tema.

Añadido (2) El circo que vemos en el proceso para confirmar a Brett Kavanaugh, como ministro de la Suprema Corte de Justicia de los EUA, nos muestra hasta donde puede llegar la degradación en el ámbito político y el poco respeto que algunas personas pueden tenerse a sí mismas con tal de alcanzar notoriedad o empujar su agenda política.
15 Septiembre 2018 04:00:00
Hidalgo y la iglesia acusadora
Hoy, 15 de septiembre, habrá de festejarse el aniversario número 208 de lo que oficialmente hemos adoptado como el inicio de la lucha para concluir los, entonces, casi tres siglos de dominio español en contubernio con la iglesia católica. El dominio de los primeros concluiría en 1821, con los segundos todavía tendrían que pasar 36 años más para que dejaran de inmiscuirse directamente en los asuntos de gobierno. Al mencionar la gesta independentista, la primera imagen que viene a nuestra mente es la de quien diera inicio a dicho movimiento libertario, aun cuando no necesariamente ese haya sido el objetivo primario, Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor. Dado que no somos expertos en ese período especifico de nuestra historia y es mucho lo ya analizado acerca de dicha gesta, en esta ocasión habremos de ocuparnos de cómo las autoridades eclesiásticas católicas arremetieron en contra de quien, entonces, ponía en riesgo la asociación de la corona española y la iglesia católica, al cual resultó muy productiva. Cuando no existen elementos de peso soportados por la razón, entonces no queda sino invocar la herejía y la anatema para dar a las acusaciones un cariz celestial. En ese contexto, revisaremos los documentos contenidos en el libro “Los procesos militar e inquisitorial del padre Hidalgo y otros caudillos insurgentes” (1953), el cual está basado en la obra “Colección de documentos para la historia de la guerra de independencia,” publicada en1887. Repasemos el tema, precisando la salvedad de que los textos que tomaremos serán trascritos conforme a la ortografía y redacción actual con la finalidad de facilitar su lectura.

Además de enfrentar a un tribunal militar, don Miguel tuvo que vérselas con los miembros de esa institución comprometida, a costa de lo que fuera, con salvar las almas de los herejes, aquella que de santo solamente tenia el nombre, el Tribunal del Santo Oficio comúnmente conocido como la Inquisición. Esta, desde tiempo atrás, ya lo tenia en la mira y así lo asentó en el edicto que la enviaron, el 13 de octubre de 1810, citándolo para que se presentara “a contestar los cargos de herejía, apostasía, etc. de que ha sido acusado.” Vayamos a revisar el contenido de ese documento.

Iniciaba mencionado su nombre y lo llamaba “Cura de la Congregación de los Dolores en el Obispado de Michoacán, titulado Capitán General del Ejército de los Insurgentes.” Acto seguido, le comunicaba que ante ellos compareció “…el señor Inquisidor Fiscal de este Santo Oficio e hizo presentación en forma de un proceso que tuvo principio en el año de 1800, y fue continuado a su instancia hasta el de 1809, del que resulta probado contra vos el delito de herejía, y apostasía de nuestra Santa Fe Católica, y que sois un hombre, sedicioso, cismático y hereje formal por las doce proposiciones, que habéis proferido, y procurado enseñar a otros; y han sido la regla constante de nuestras conversaciones, y conducta, y son en compendio las siguientes.” Cada una las aseveraciones en que estaban basadas las acusaciones eran derivadas de las declaraciones presentadas por denunciantes diversos.

La primera imputación estaba fundada en las aseveraciones que un fraile de nombre Joaquín Huesca, “Mercenario y lector de filosofía, hizo ante el Comisario de Valladolid (hoy Morelia) el 16 de julio de 1800,” mismas que ratificó tres días mas tarde. Se acusaba a Hidalgo de negar “…que Dios castiga en este mundo con penas temporales”, según Huesca, cuando él increpó a Hidalgo diciéndole que “que si castigaba y era de fe”, Hidalgo respondió que “no era de fe; y que solo era propio de la Ley antigua el castigar con penas temporales, como plagas y langostas, y que si no ¿de donde estaba que fuera de fe?” al respecto, el denunciante le contestó que en la Epístola de San Pablo a los Corintios…” Retornando al texto de la Inquisición, este afirmaba que Hidalgo había dudado de “la autenticidad de los lugares sagrados de que consta esta verdad: Habéis hablado con deprecio de los Papas y del Gobierno de la Iglesia, como manejado por hombres ignorantes, de los cuales uno, que acaso estaría en los infiernos estaba canonizado.” A quien se refería era a Ildebrando di Sovana, Gregorio VII (1073-1085), aquel quien intentó imponer el papado sobre los poderes seculares hasta el punto de defender que también correspondía al papa la designación de los reyes, por tener éstos un poder delegado de Dios. Además, el antiguo monje toscano fue quien, en el Concilio de Roma de 1074, proclamó el celibato de los eclesiásticos, eso que hasta nuestros días sigue generando inmundicias. Ante esto, nadie podrá negar que el párroco de Dolores no solamente tenía toda la razón, sino que hasta adelantado a su tiempo estaba sobre lo que provocaban las mediadas tomadas por el ciudadano di Sovana a quien calificaba de haber “… sido muy nocivo para la iglesia por su ignorancia…” Pero continuemos con el rosario de acusaciones.

Se le imputaba a Hidalgo asegurar que “…ningún judío, que piense con juicio, se puede convertir, pues no consta [en el texto original de la Escritura…], la venida del Mesías: y negáis la perpetua Virginidad de la Virgen MARÍA.” Según Huesca, cuando “en prueba de la venida del Mesías, le refirió el texto de Isaías Ecce Virgo concipiet, et pariet,” Hidalgo le espetó que “no había tal voz Virgen en el texto, sino otra voz hebrea, que significaba mujer corrompida…” Dado que nosotros somos legos en asuntos teológicos, nos concretamos a reproducir el alegato que aún tenía cuerda. Los inquisidores imputaban al guanajuatense de adoptar “…la doctrina de Lutero en orden a la divina Eucaristía y confesión auricular, negando la autenticidad de la Epístola de San Pablo a los de Corinto y asegurando que la doctrina del Evangelio de este Sacramento está mal entendida, en cuanto a que creemos la existencia de Jesucristo en él.” Este cargo era derivado de lo que, el 20 y 24 de agosto de 1800, refirió el fraile Manuel Estrada, Mercenario y predicador, quien aseguraba haber escuchado a Hidalgo decir que “la sagrada Eucaristía no se conoció en los términos que hoy se enseña en la iglesia, hasta mediados del siglo tercero, que antes se tuvo por pan bendito; y hasta entonces no se conoció la Confesión auricular.” Al respecto, cabe anotar que la razón le asistía a Hidalgo, el ignorante era otro. Lo que sigue no es apto para mentes puras y castas, pero los inquisidores iban por todo.

Entraban a terrenos escabrosos cuando afirmaban que el cura líder del movimiento insurgente tenia “…por inocente, y licita la Polución [antes de que alguien vaya a pensar que los religiosos de entonces eran ecologistas tempranos, la palabra es utilizada como sinónimo de eyaculación], y fornicación como efecto necesario, y por consiguiente al mecanismo de la naturaleza, por cuyo error habéis sido tan libertino, que hicisteis pacto con vuestra manceba de que os buscase mujeres para fornicar, y que para lo mismo le buscaríais a ella hombres…” O sea que don Miguel no solamente le daba gusto al cuerpo, sino que, según la iglesia, hasta le hacía de conseguidor. Pero no es todo. Quien lo acusaba originalmente, era una dama de nombre “María Manuela Herrera, casada y de 41 años mujer de buena nota, [¿se referirían a que facturaba bien?] que frecuentaba los sacramentos, [quien] se presentó ante el Comisario de Querétaro en 4 y 5 de mayo del año pasado de 1808…” Según ella, quien “llevó amistad ilícita…” con Hidalgo, en una ocasión “…estando ambos en conversación, le dijo: “¿Qué querrá vuestra merced creer que hay infierno, y que hay diablos? No creas eso Manuelita, que esas son soflamas…” La ciudadana en cuestión afirmaba que hacia “…la denuncia por mandato de su confesor, y en descargo de su conciencia.” Aún faltaban más cargos.

Le echaban en cara de ser “…tan soberbio, que decís que no os habéis graduado de Doctor en esta Real Universidad por ser su claustro una cuadrilla de ignorantes; y dijo, que temiendo, o habiendo llegado a percibir , que estabais denunciado al Santo Oficio, os ocultasteis en el velo de la vil hipocresía, de tal modo, que se aseguró en informe, que se tuvo por verídico, que estabas tan corregido, que habíais llegado al estado de un verdadero escrupuloso, con lo que habéis conseguido suspender nuestro celo, sofocar los clamores de la justicia, y que diésemos una tregua prudente a la observación de vuestra conducta…” Aun los inquisidores desconocían la declaración que, por escrito, les presentaría, el 7 de noviembre de 1810, Joseph Ignacio Muñiz, cura de Xocotitlan, quien afirmaba “que la juventud escolar de Valladolid bautizó a este reo [Hidalgo] con el nombre de Zorro como que previo en el un abismo de astucias….” Pero como la revuelta estaba ya en marcha, no les quedaba sino reprocharle “…que vuestra impiedad represada por temor había prorrumpido como un torrente de iniquidad por estos calamitosos días, poniéndoos al frente de una multitud de infelices , que habéis seducido, y declarando la guerra a Dios, a su Santa Religión, y al Patria: con una contradicción tan monstruosa que predicando según aseguran los papeles públicos, errores groseros contra la fe, alarmáis a los Pueblos para la sedición con el grito de la Santa Religión con el nombre y devoción de María Santísima de Guadalupe, y con el de Fernando séptimo, nuestro deseado y jurado Rey; lo que alegó en prueba de nuestra apostasía en la fe católica, y pertinencia en el error; y últimamente nos pidió que lo citásemos por edicto y bajo la pena de excomunión mayor os mandásemos que comparecieses en nuestra Audiencia en el término de treinta días perentorios que se os señale por término desde la fijación de nuestro edicto, pues de otro modo no es posible hacer la citación persona.” Acto seguido procedían a darle trato de forajido.

Lo acusaban de haberse burlado de la “misericordia del Santo Oficio…” como si esa hubiera existido alguna vez. Asimismo, mandaban que su carta “se fije en todas las iglesias de nuestro distrito, y que ninguna persona la quite, rasgue, ni cancele bajo de la pena de Excomunión mayor, y de quinientos pesos aplicados para gastos del Santo oficio, y de las demás que imponen el derecho Canónigo, y Bulas Apostólicas contra los fautores de herejes; y declaramos incursos en el crimen de fautoría y en las sobre dichas penas a todas las personas sin excepción, que aprueben vuestra sedición, reciban vuestras Proclamas, mantengan vuestro trato, y correspondencia epistolar, y os presten cualquier género de ayuda, o favor, y a los que no denuncien, y no obliguen a denunciar, a los que favorezcan nuestras ideas revolucionarias, y de cualquier modo las promuevan, y propaguen, pues todas se dirigen a derrocar el Trono y el Altar, de lo que no deja duda la errada creencia, de que estáis denunciado, y la triste experiencia de vuestros crueles procedimientos, muy iguales, así como la doctrina, a los del pérfido Lutero en Alemania.” El negocio se veía amenazado y no era cosa de dejarlo ir, así como así. La carta era firmada, desde la Inquisición de México, por el doctor Bernardo de Prado y Obejero, el licenciado Isidoro Sainz de Alfaro y Beaumont y Por mandado del Santo oficio, el doctor Lucio Calvo de la Cantera, secretario.

Por supuesto que Hidalgo jamás compareció por voluntad propia. Como todos lo sabemos, enfrentó el proceso inquisitorial en Chihuahua tras de que el traidor Ignacio Elizondo lo atrapó en Acatita de Bajan, Coahuila. Una vez afrontando el proceso militar le cuestionaron si había tenido conocimiento de la carta antes mencionada e Hidalgo respondió que “…si supo de tal edicto por una carta que desde Querétaro escribieron a un soldado del ejército en que se referían los artículos de que se le acusaba, pero no [había] leído el edicto, ni trató de hacerlo mediante que no pensaba comparecer temeroso de ser castigado, no por los delitos de herejía de que s le acusa, sino por el partido en que estaba empeñado…” Pero si la carta inquisitoria nos parece despiadada, leamos la que, el 23 de septiembre de 1810, había emitido Manuel Abad y Queipo, obispo de Michoacán, en ella mostraba hasta dónde puede llegar el fanatismo encubierto en ropajes celestiales. Revisemos algunas de esas líneas.

Invocando la autoridad del Gran Arquitecto, el obispo lo llamaba Dios, y toda la corte celestial, Abad escupía: “…sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, excura del pueblo de Dolores, le excomulgamos y anatematizamos desde las puertas del Santo Dios Poderoso; lo separamos para que sea atormentado, despojado y entregado a Datán Abirán…Que el Padre que creó al Hombre lo maldiga que el Hijo que sufrió por nosotros le maldiga; que el Espíritu Santo que se derrama en el Bautismo le maldiga…” Así, seguía invocando a cuanto habitante celestial recordaba hasta escribir “sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla en donde quiera que esté, ya sea en la casa, en el campo, en el bosque, en el agua o en la Iglesia.” Acto seguido para que no fuera a escapársele nada de la maldición, Abad y Queipo invocaba “Sea maldito en vida y muerte. Sea maldito en todas las facultades de su cuerpo. Sea maldito comiendo y bebiendo, hambriento, sediento, ayunando, durmiendo, sentado parado, trabajando o descansando y sangrando…” Después, seguía maldiciendo cada uno de los órganos del cuerpo de Hidalgo hasta finalizar mencionando que todo eso le sucediera, “…a menos que se arrepienta y haga penitencia.” Ni quien pueda dudarlo, la piedad cristiana en todo su esplendor. Pero aún faltaba el epílogo, una vez que Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez fueron ejecutados, pleno de fervor religioso y seguro de obtener un titipuchal de indulgencias, Félix María Calleja del Rey, Conde de Calderón, ordenó que, junto a la exhibición de las cabezas de los cuatro citados, “en letras grandes y al óleo, se pusiera la inscripción “las cabezas de [los nombres de los independentistas] insignes facinerosos, y primeros caudillos de la insurrección que robaron bienes del culto de Dios y el real erario. Saquearon y arruinaron las casas y haciendas, derramaron con la mayor atrocidad la inocente sangre de sacerdotes fieles y magistrados justos, de sus conciudadanos, amigos y parientes; arrojaron, por las calles y por los campos, desnudos, insepultos, y para pasto de las fieras, los venerables cadáveres de aquellas victimas de su furor; ahuyentaron a los prelados de sus iglesias; rebelaron contra legitimas potestades, divina y humana, para sustituir la impiedad, desolación y anarquía. Aquí clavadas por mandado del señor general Don Félix María Calleja del Rey, ilustre vencedor de Aculco, Guanajuato y Calderón y restaurador de la América. Serán el testimonio de la justicia y el escarmiento de los impíos, traidores, rebeldes ladrones y asesinos.” Ni quien lo dude, Abad y Calleja eran dignos defensores del negocio, perdón de la fe.

En esa forma concluía la primera etapa de “…la… insurrección [que] tuvo principio en el expresado pueblo [Dolores Hidalgo, Guanajuato] el día diez y seis de septiembre próximo pasado como a las cinco de la mañana, [cuyos] principales motores de ella fueron el que declara [ Hidalgo] y Don Ignacio Allende…” Así lo dejó Hidalgo asentado el 7 de mayo de 1811 durante su proceso militar efectuado en la ciudad de Chihuahua. Simplemente para recordar la historia a quienes de pronto olvidan algunos pasajes en medio de la luz cegadora que el éxito genera.

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Añadido (1) Estamos ciertos de que, a usted, lector amable, aún le sobrará fervor patrio para entonces. Por ello, lo invitamos para que este martes 18 de septiembre a las seis de la tarde, se dé una vuelta por Francisco I. Madero No. 1 en San Ángel, CDMX, sitio en donde se ubican las instalaciones del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). En ese lugar, habremos de ofrecer una charla sobre un tema que usted, sin duda, conoce, “Las Conferencias de Bucareli.” ¿Pero qué tal si lo que nos han narrado no se apega a lo acontecido hace 95 años? Esperamos verlo por ahí para comentarlo.

Añadido (2) El CEO de la trasnacional más antigua no encuentra como resolver la revuelta que vive la empresa. La epidemia generada por las alteraciones hormonales de un número significativo de los representantes en diversos puntos de venta ha provocado un enfrentamiento interno que cimbra el negocio. Ante la urgencia del problema, el CEO convocó a sus empleados a una reunión a realizarse dentro de cinco meses. En ella, se discutirá como resolver el asunto. Así que quienes aquí lo buscan para que los asesore acerca de cómo lograr la paz, ya tienen la primera lección a la mano basada en la máxima del filósofo poblano, Antonio Espino Mora, “Momento. La cosa es calmada...”

Añadido (3) Ante las acusaciones, el gobierno español emitió un comunicado aceptando que quien lo preside, Pedro Sánchez, al elaborar su tesis doctoral solamente plagió el 13 por ciento de su contenido y eso es aceptable!!! O como diría aquel, “que tanto es tantito,” íbamos a escribir otra cosa, pero…
08 Septiembre 2018 04:00:00
Los últimos días del general Zaragoza Seguín
Dado que septiembre es un mes abundante en asuntos cívicos de toda índole, a los mexicanos en general, y a lo coahuilenses en particular, nos pasa de largo que a las 10:15 horas del lunes 8 de septiembre de 1862, en la ciudad de Puebla, Ignacio Zaragoza Seguín fallecía víctima del tifo. Acerca de la victoria que las tropas a su mando obtuvieron sobre las huestes francesas apenas cuatro meses y tres días antes de que expirara, muchas han sido muchas las páginas escritas y los discursos laudatorios que al respecto se han generado, aun cuando no falta quien trate de minimizar el evento. Sin embargo, al otro lado del Bravo, los estadounidenses, lo elevan a un grado tal que festejan el hecho en un nivel superior al que nosotros le otorgamos. Si, ya sabemos que nos dirán que lo hacen por ignorantes, pero eso no es el caso. En realidad, nuestros vecinos han terminado por convertir a Zaragoza Seguín en el “primer héroe binacional” o, también, podríamos calificarlo como el primer personaje histórico “teleciano.” Recordemos que eso de enfatizar la celebración el cinco de mayo toma vuelo a partir de mediados de los años noventa del siglo pasado, cuando se firma el TLCAN-NAFTA. Detrás de esto, se encuentra el hecho de que don Ignacio nació, el 24 de mayo de 1829, en Bahía del Espíritu Santo del estado de Coahuila y Texas. Pero no vamos aquí a enfrascarnos en una biografía de aquel cuyo apellido forma parte del nombre oficial de nuestro estado natal. Nos ocuparemos de dar una revisada breve, a lo contenido en la obra grandiosa “Benito Juárez: Documentos, discursos y correspondencia, recopilada por Jorge Leónides Tamayo Castillejos, respecto al intercambio epistolar que Zaragoza Seguín sostuvo con diversos personajes entre el 4 de agosto y el 3 de septiembre de 1862.

El lunes 4 de agosto, desde Acatzingo enviaba una misiva al general Ignacio Luis Antonio Mejía Fernández de Arteaga quien se desempeñaba como gobernador militar de Puebla. En ella, enfatizaba su satisfacción porque, en una previa, Mejía le comentaba que sobre el cese “de los desmanes de que habían sido víctimas los pueblos del estado”. Asimismo, Zaragoza respondía al asunto de “… que se ponga en libertad los casados con familia, diré a usted que en estos momentos todos deben cooperar de todos modos para defender la nacionalidad y, si vamos haciendo esas excepciones, ni usted, ni yo estaríamos aquí”. En igual forma, no se guardaba emitir su parecer cuando Mejía le decía “que le han dejado sin guarnición. Aunque usted no me pide consejo le daré uno: En el [Cuerpo] 1º Nacionales de Puebla, que dice usted es el mas instruido, refunda usted los demás y así tendrá un mejor Cuerpo; además, en caso necesario, aquí tiene usted de reserva a todo este Cuerpo de Ejército”. Y si de disciplina se trataba, Zaragoza no andaba con miramientos cuando le decía a Mejía que “ha hecho usted bien en mandar formar causa al oficial del [Cuerpo] 4º de Puebla, por el cambio de hombres por fusiles y espero me dé cuenta del resultado para castigarlo.” El intercambio epistolar entre estos dos personajes continuaba al día siguiente, pero debemos advertir que, si por casualidad hay por ahí un lector amable de origen poblano con la cobertura epidérmica sensible, por favor, deténgase aquí y diríjase a revisar escritos menos ásperos porque el general Zaragoza no tenía de ellos la mejor de las opiniones.

Enfatizaba ver “que hasta las autoridades simuladamente protegen a los vagos en las ciudades populosas, entonces no queda otro recurso al que manda un ejército y que tiene la obligación de cubrir las bajas naturales…” Dos párrafos después, el coahuilense apuntaba que “El Estado de Puebla tiene una Brigada en campaña y estoy seguro de que si no hubiera tomado reemplazos de leva la Brigada hubiera concluido, porque su estado, desde que salió de Puebla, no le ha dado una alta, antes bien órdenes de bajas, porque son casados, porque tienen familia, porque no tienen voluntad de servir. ¿Tiene usted la ilusión que hemos de tener voluntarios en nuestro ejército? Creo que no, porque usted, lo mismo que yo, conoce la ninguna ilustración de nuestro pobre pueblo y el egoísmo arraigado de la clase media y de la nulidad de nuestra ridícula aristocracia. ¿Con estos inconvenientes busca usted gente voluntaria?...” Tras de exponer que dadas esas circunstancias no había otra forma de integrar el ejército, Zaragoza arremetía frontalmente y apuntaba: “No se forme usted ilusiones, mi amigo, el estado de Puebla ha sido malo, es malo, y será malo toda vez que no tiene patriotismo y que, si hoy da sus recursos, esto es porque no puede hacer otra cosa. Dios nos libre de sufrir un revés por acá en Oriente, entonces verá usted lo que es ese pueblo levítico, hijo de frailes y de monjas, con rarísimas excepciones. Desearía ya no volver a hablar de este negocio de leva que me ha causado tantos disgustos…” Si algún ciudadano poblano ha llegado hasta aquí y se encuentre fúrico en contra de nuestro héroe, valdría la pena serenarse y reflexionar sobre las circunstancias en que se encontraba quien buscaba, careciendo de todo, como parar al invasor y veía que algunos hacían hasta lo imposible porque volvieran a empoderarse en México los europeos, una causa la cual hasta nuestros días tiene adeptos. Veamos lo que el 7 de agosto comentaba al estadista Juárez García.

Indicaba que la posición de Lorencez en Orizaba era critica por lo cual estaban haciendo todo lo posible para dar inicio a las operaciones en dicha ciudad dentro de los diez días próximos. “…Sin embargo, me encuentro en un grandísimo inconveniente, cual es la falta de trasportes pues como usted verá por la relación que le acompaño no tenemos ni la cuarta parte de lo que necesitamos, pues estos son los mismos 200 carros grandes, 50 o 60 carretas y 800 mulas de carga. Hay otros inconvenientes, pero estos se vencerán por la abnegación y el patriotismo de nuestro ejército.” Y continuando con la estreches con que se vivía, el 9 de agosto, en una epístola dirigida al coahuilense, Miguel Blanco Múzquiz, quien se desempeñaba como secretario de guerra y marina, le indicaba que “según lo que yo vi en la ciudad de Puebla, los informes que me ha dado el Sr. [coronel Joaquín] Colombres, comandante del Cuerpo de Ingenieros, y lo que me escribe el Sr. Gral. [Ignacio] Mejía, la línea de fortificaciones es muy extensa y demanda gastos que los fondos del Estado no pueden sufragar. Colombres ha escrito ya a usted algo sobre esto, pidiéndole asigne 2000 pesos semanarios y el número de gente necesaria para concluir a tiempo dichas fortificaciones.” A continuación, indicaba “yo recomiendo a usted que se haga lo que le ha indicado el Sr. Colombres, [nativo de Puebla] pues en las circunstancias en que nos encontramos es tal su importancia que se da a conocer por sí sola”. Nueve días después, la pluma de Zaragoza generó una misiva, en respuesta a la fechada el 14 de agosto del presidente Juárez García.

En el cuerpo de la misma, indicaba lo grave que era la renuncia que días antes presentara al ministerio de relaciones y de hacienda, Manuel Doblado Partida. Sin embargo, ello, afirmaba Zaragoza, “…no ha influido, ni influirá en nada respecto de la situación del Cuerpo del Ejército de Oriente. Su patriotismo, su deber, su honor, le tienen enfrente del enemigo de la Patria, y desde el General en jefe hasta el último de los soldados sabrán cumplir con la obligación que tienen como mexicanos”. En igual forma, ante la petición del presidente, Zaragoza emitía “su opinión particular” sobre la incorporación posible de Joaquín Francisco Zarco Mateos y de Juan Antonio de la Fuente Cárdenas al gabinete. “Creo, ante todo, que los hombres que hoy deben ponerse al frente de los negocios, deben tener antecedentes que les hagan merecer la confianza del primer Magistrado del país, y la de la gran mayoría del partido liberal; sin esas dos condiciones, se aumentarían los obstáculos que siempre rodean a los gobiernos”. En base a ello, Zaragoza consideraba que era conveniente se llamara a Zarco y De la Fuente “cuya ilustración, conocimientos y patriotismo le son a usted conocidos, así como a la Nación. Ambos han dado prueba evidente de su saber: El Sr. Zarco, a pesar de la grita que se levantó contra él, supo desempeñar dignamente su puesto, en medio de mil dificultades diplomáticas. El Sr. De la Fuente, ha sido tal vez el único ministro extranjero que ha dirigido a un Gobierno una nota en que defienda a su país con tanta energía como la que él tuvo en la que dirigió al emperador de Francia….” Pero pronto dejaba atrás las opiniones y volvía a la realidad del día con día, indicándole al mandatario que “he visitado las divisiones, les he visto una falta cuasi absoluta de vestuario; no puede usted figurarse la pena que causa ver a estos hombres que acaso van a morir, y que ni siquiera tienen con que cubrirse. Por lo mismo, ruego a usted encarecidamente, mande construir 5 o 6000 vestuarios; pero que estos sean compuestos de camisa y calzoncillos de manta, y pantalón y capote de paño, pues no tienen con que taparse, y hay veces en que duermen con la ropa mojada”. Pero eso no era todo, también, le comunicaba que “estamos malísimos de provisiones, pues se han acabado enteramente las ultimas que llegaron en el convoy de principio de mes. Tengo necesidad de dirigirme diariamente a los pueblos para poder vivir con mi ejercito y esto me tiene a mal con los Gobernadores de los Estados”. En otra carta, de la misma fecha, le indicaba a Ignacio Mejía que “para mañana no hay ni un grano de frijol…” Bajo esas circunstancias Zaragoza lideraba a los patriotas que daban todo por defender a la patria, mientras otros le negaban cualquier tipo de apoyo.

El 27 de agosto, desde el Palmar, volvía a escribir a Mejía indicándole “Una vez que consintió usted en que los reaccionarios de Puebla se quedaran con gran parte de la vela, [que se utilizaba para hacer sombra] para sus procesiones, en Atlixco hay una muy grande y, necesitándose para tiendas de campaña de este Cuerpo del Ejército, que no asiste a festividades religiosas sino que va a batirse con el enemigo extranjero, le suplico que en el acto la mande traer y la remita a este Cuartel General para hacer tiendas de campaña”. De igual forma, demandaba que “…la multitud de bayonetas que se hallan en Perote…espero que las mande usted poner en buen estado y me las remita, porque aquí hay cuerpos a los que absolutamente les faltan.” En medio de todo esto, la disciplina no andaba ausente y quien la quebrantara tenia su castigo. Ejemplo de ello, es cuando “fue necesario fusilar al Capitán Antonio Álvarez, único cómplice de la deserción del excoronel Agapito Gómez…” Asimismo, “en el 2º Ligero de Guanajuato, también hubo su motín; se fusiló al cabecilla que era un soldado y todo ha quedado quieto…” respecto al asunto del tal Agapito, el mismo 27 informaba al presiente Juárez que “el Gral. González Ortega había confiado el mando de un cuerpo de caballería al excoronel Agapito Gómez, hombre con quien debía tener, como tenía, una ilimitada confianza, porque durante la revolución prestó muy buenos servicios, hasta el grado de merecer siempre el aprecio de todos los jefes del ejército. Este jefe olvidando lo que debía a su Patria, y engañando al Cuerpo que mandaba, lo conducía a las filas del traidor [José] Tomás [de la Luz] Mejía [Camacho]…” Tras de que la oficialidad y la tropa conocieron a donde los llevaban “…se sublevaron contra ellos,… Gómez y el excomandante Joaquín Berriozábal escaparon.…” pero el antes mencionado Álvarez fue atrapado y se procedió como ya se apuntó. Ante hechos como estos, Zaragoza escribía “…si es de sentirse que haya infames entre nosotros enfrente del invasor también es satisfactorio que en la misma situación la tropa de pruebas de lealtad y patriotismo, como la de Zacatecas sublevándose contra la traición de sus jefes y como la de Guanajuato permaneciendo subordinada al grito de sedición”. Ese 27 de agosto, también, se dirigió a Mejía para indicarle sobre el arribo de 3500 refuerzos para los franceses lo cual implicaba que habrían de redoblarse los trabajos para detenerlos. Asimismo, lo encomiaba por haber hecho caso omiso de los caprichos de Colombres “quien tiene cabeza de vizcaíno; pues nada perdemos con comenzar todas las obras que se crean necesarias, porque si no las concluimos nosotros, habremos hecho por nuestra parte cuanto debemos hacer…” Pero lo que seguí prevaleciendo era las carencias y las escasez de fondos. El 29 y el 31 de agosto, pedía primero a Blanco que le enviara vestuario para el ejército, al tiempo que le remitía una relación de lo que se gastaba diariamente en le ejército. Por otra parte, a Mejía, le explicaba sobre la necesidad de vela para tiendas de campaña y lo que la carencia de estas provocaba y hasta describía el espectáculo bello que se apreciaba cuando dichas tiendas estaban montadas.

En medio de todo ese intercambio epistolar, Zaragoza se dio tiempo para ir a la ciudad de México de donde regresó el 25 de agosto a El Palmar. Ahí estuvo un par de días poniendo al corriente lo pendiente. El 29, se trasladó a las Cumbres de Acultzingo en donde se entrevistó con González Ortega. Al día siguiente, en compañía de este y Miguel Negrete Novoa, emprendió la visita de cada destacamento. Al término de la gira, González Ortega dijo sentirse enfermo, mientras que Zaragoza lucía rozagante. Sin embargo, el 1 de septiembre, cuando llegó a El Palmar empezó a sentirse enfermo. En principio se creyó que era “la fatiga del viaje o el “chaparrón que le sorprendió al volver de la expedición”. Dado que a pesar de los cuidados médicos aquello no mejoraba, se decidió trasladarlo a Puebla. En el camino hacia la capital poblana, desde Amozoc, el 3 de septiembre, dictaría la que sería su última misiva dirigida a Ignacio Mejía, la cual fue firmada por su secretario el teniente coronel, Bruno Lozano. En ella, se leía: “Hace tres días comencé (a) estar un poco malo, y al día siguiente, según la opinión de los médicos se me declaró fiebre la que, habiendo tomado un carácter grave, me he visto precisado a ponerme hoy en camino para esa ciudad, con el objeto de irme a curar; espero tenga usted la bondad de conseguirme una casa cómoda donde pueda estar solo, para atender mis males. Manan llego a esa ciudad y deseo me tenga usted la casa lista para irme a apear directamente (a) ella. Al separarme de El Palmar, he entregado el mando del ejercito al ciudadano Gral. Jesús González Ortega, dando las ordenes respectivas para que se le reconozca como general en jefe y a quien se dirigirá usted para asuntos de servicio…” Dos días después, Mejía informaba al presidente Juárez García que, si bien la enfermedad era grave, aun no se presentaban síntomas alarmantes, los doctores Petricioli y Orellana lo atendían. Los médicos le aconsejaron guardar cama seis días. “Por la noche, volvió a la manía de querer ponerse las botas de montar y partir al campo de batalla…” mientras demandaba un lecho más cómodo “y que no estuviese expuesto al viento y la lluvia…” A la par, imaginaba estar en el campo de batalla dando órdenes. “El día 7 deliró continuamente y apenas conoció a la señora su mama y a la señorita su hermana… pasó el resto del día ya muy desasosegado o muy rendido y siempre delirando y creyéndose prisionero y renegando de los franceses porque no sabían ensillarle su caballo”. El médico personal de Juárez, Juan N. Navarro acudió a revisarlo, pero al auscultarlo vio que nada había por hacer, pronosticó que a más tardar la fiebre acabaría con él al día siguiente. Navarro fue quien primero avisó al secretario de guerra y marina sobre el desenlace. Posteriormente, Mejía informaba al presidente Juárez que “la fiebre siguió su curso y de ayer a hoy se agravó de manera que ha fallecido…” a la edad de 33 años, cinco meses y 15 días. El día 11, el cuerpo inerte de Zaragoza fue trasladado de Puebla a la ciudad de México en donde el 13 de septiembre fue sepultado en el Panteón de San Fernando. Ahí, permaneció hasta el 5 de mayo de 1976 cuando fueron exhumados ante la presencia del entonces presidente de la república, Luis Echeverría Álvarez. Respecto al evento, siempre recordamos lo que el gobernador de Coahuila, Óscar Flores Tapia comentaba, con respeto profundo respeto y la emoción de todo Liberal, al mencionar lo afortunado que fue por haber visto portando el uniforme, los espejuelos y las botas que cubrían el cuerpo del general coahuilense el cual permanecía tal y como lo fue en vida, incorruptible.

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Añadido (1) Ayer hubieras celebrado 93, porque tú decidiste que esa fuera la fecha…

Añadido (2) ¿Por qué se sorprenden?, los verdes siempre han sido fieles… a quien les ofrece un manojo de billetes. Eso está en su ADN

Añadido (3) Pues dicen los ingenieros que ahí en donde está construyéndose es el sitio correcto. A pesar de ello, falta la opinión de las decenas de millones de mexicanos expertos en el tema. Ni modo que los vayan a marginar.

Añadido (4) Para quienes lo han olvidado, así como para aquellos que lo desconocen, el primer gran “boom” de las universidades privadas se dio justo después del movimiento universitario capitalino de 1968. Un apunte para reflexionar sobre lo que generan ese tipo de revueltas.

Añadido (5) Pero como quieren que se comporten en otra forma. Son los hijos del asambleísmo. El casimir no es elixir que trasforme las neuronas.
01 Septiembre 2018 04:00:00
El estadista Elías Calles y la creación del Banco de México
Somos escasos, quienes reconocemos abiertamente que el estado mexicano moderno, ese que nos permitió crecimiento y desarrollo económico a la vez, fue diseñado por Venustiano Carranza Garza y materializado bajo la construcción de Plutarco Elías Calles. A pesar de la trascendencia de su obra, ambos continúan pagando las consecuencias de haber emitido reglas claras y objetivas para el manejo de la relación estado-iglesia. La personalidad recia de los dos no da para crear leyendas románticas, por lo cual los políticamente correctos buscan a toda costa minimizar sus obras, algo que han logrado en grado mayor en el caso de Elías Calles un personaje al que, quienes no revisan la historia objetivamente, le otorgan un papel secundario. Sin embargo, quienes analizamos la historia en base a datos duros, y no en consejas, reconocemos lo realizado por el sonorense.

Entre las múltiples acciones positivas que realizó, se encuentra la creación del Banco de México de lo cual hoy, 1 de septiembre, se cumplen 93 años, sobre esto comentaremos.

Iniciaremos revisando brevemente los antecedentes desde el porfiriato hasta la fundación del Banco de México. Durante el gobierno del presidente Díaz Mori, en 1884, se fusionan el Banco Mercantil Mexicano y el Banco Nacional Mexicano. Con ello nace el Banco Nacional de México que se convierte en el banco de la tesorería del gobierno. En ese mismo año, se emite el Código de Comercio al amparo del cual habría de establecerse orden en el sector bancario, además de estipular el porcentaje de reservas en metálico, y que la información financiera fuera presentada en forma clara. En ese contexto, el estado mexicano actuaria como el gran rector en la conformación de la estructura de la banca. Como consecuencia, surgía como banco emisor único el Banco Nacional de México, lo cual provocó la reacción del Banco de Londres y México. Como las leyes establecían que para convertirse en emisor era requerido tener domicilio en al país, y esta institución no lo tenía, quedaba fuera del juego. Así, compró el Banco de Empleados y al fusionarse, se convirtió en una institución mexicana. Al emitirse, en 1897, la Ley de Instituciones