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[Saltillo]

Margarita, una vida que estilizó al poder en Coahuila

Alcanzó fama como profesional de la balleza de la clase política en el estado

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Margarita, una vida que estilizó al poder en Coahuila
Foto: Zócalo | Homero Sánchez
Saltillo, Coah.- En un jardín con higueras y enredaderas de flores color lila, Margarita de la Cruz Cárdenas recibe sus próximos 95 años, tupidos de recuerdos compartidos con su familia y amigos, que durante años posaron frente a su espejo y se sentaron a su mesa.

Durante su juventud dedicó su vida al estudio, el trabajo y después a su esposo Dionisio Cortés Flores y sus hijos: Bertha, Rosalva, Dionisio y el finado Luis Humberto.

Aunque está muy contenta por lo hecho en el pasado, a Margarita no le gusta mucho hablar de la edad porque generalmente se asocia con la incapacidad de hacer cosas, no obstante, ella cree que la vida en realidad es una cuestión de actitud y energía, y no solamente de años.

Sus padres, Martín de la Cruz del Bosque y Margarita Cárdenas Rodríguez, se interesaron en que estudiara una profesión para pasar cómodamente la vida, así que se formó en la carrera de Comercio del Instituto Roberts de Saltillo, igual que otras señoritas de sociedad en la capital de Coahuila.

Su interés

Aunque el verdadero interés de Margarita no estaba en los despachos de comercio, ni en la administración de activos, pasivos y saldos, sino en los salones de belleza. Los espejos, la luz y su habilidad para manejar los peines y aplicar el maquillaje la proyectaron hacia otro sector laboral.

A sus pocos años, 94 apenas, Margarita de la Cruz cuida de su enredadera y le dedica tiempo a su imagen, es una señora con encanto, arreglada y siempre dispuesta a la conversación y al trabajo frente al espejo o en la cocina.

Cuando se casó con Dionisio tenía 25 años y él era 20 años mayor que ella, lo cual no significó nada pues eran un matrimonio armonioso y Margarita tuvo la oportunidad de seguir trabajando en el salón de belleza que instaló años antes de formar su familia.

“Cuando me fueron a pedir me llevó un regalito la hermana mayor de él porque eran huérfanos, y me dijo, ‘te vas a casar con un hombre muy bueno’, pero yo voy a ser la que voy a mover todo y así fue, yo era la que mandaba, la que hacía, la que movía, la que desbarataba todo”, recuerda Margarita sobre su matriominio.



Altas esferas

En la zona poniente de la calle Múzquiz, Margarita instaló su salón y atendía a las mujeres más refinadas de la ciudad, que buscaban en aquel Saltillo, todavía pequeño, su atención y su plática entretenida.

Por su parentesco con el coronel y piloto aviador, Antonio Cárdenas Rodríguez –hermano de su mamá–, quien participó como líder del escuadrón 201 en la Segunda Guerra Mundial y neutralizaron a 30 mil soldados japoneses, fue recomendada en las esferas de la política local.

“El general Antonio Cárdenas es hermano de mi abuelita Margarita y por ese medio le ayudó a que tuviera contacto con los gobernadores para que atendiera a las señoras primeras damas”, comenta Bertha Cortés, hija de Margarita.

El sueño de Margarita comenzó con una pequeña mesa prestada por su abuela y un espejo que consiguió para su salón de belleza.

A finales de la década de los 40 se integró como trabajadora de las primeras damas del Estado, primero como peinadora de la señora María Mercado, esposa del gobernador Raúl López Sánchez.

Luego, cuando su fama como profesional de la belleza se esparció, fue solicitada como maquillista de Agripina Cepeda, esposa del mandatario Román Cepeda y finalmente acompañó a Margarita Talamás, esposa de Eulalio Gutiérrez Treviño.

Junto al médico de cabecera de los gobernadores, Margarita viajaba en aeronaves asistiendo a las mujeres del poder, quienes acompañaban a sus esposos en algunas giras para la entrega de obras o eventos sobre filantropía y asistencia social dentro y fuera del estado.

“Tenía clientes muy importantes y muy buenas personas, me codeaba yo con la crema y nata de la sociedad coahuilense”, recuerda Margarita sobre las mujeres que atendió en su salón y en el Gobierno.



Siempre activa

Nunca se separaba durante mucho tiempo de casa porque hacía mucha falta, debido a que su esposo delegaba en ella la direción del hogar y la educación de los hijos.

Actualmente sus hijos están dedicados a diferentes actividades; el fallecido Luis Humberto era deportista y entrenador de futbol americano; Rosalva es educadora jubilada; Dionisio es arquitecto y vive en Nueva York desde hace muchos años, y Bertha se dedica al hogar y atender a Margarita.

Ella se resiste a quedarse sentada como otros adultos mayores, y practica en la cocina la hechura de mermeladas, ates, cajetas y frutas cristalizadas con técnicas que luego su hija utiliza en el taller de dulces El Tejocote.



Además de la cocina y sus manjares frutales de higos y duraznos, a Margarita la entretiene escuchar música romántica y leer, porque le gusta mantenerse enterada de lo que sucede en su entorno.

Por estas fechas espera la llegada de su hijo Dionisio, procedente de Estados Unidos, y la reunión que tendrán para festejarle sus 95 años los que anímicamente no representa, pues todavía se maquilla y peina a sí misma y dirige la cocina como cuando joven dirigía la de su casa.



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