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hace 3 meses
[Saltillo]

Rogelio se reía y se burlaba de su masacre

Bastaron 30 minutos para que Rogelio acabara con la vida de sus familiares.

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Rogelio se reía y se burlaba de su masacre
Saltillo, Coah.- Pasarán cinco meses para que se defina si Rogelio “N” es culpable del asesinato de cuatro adultos mayores en la colonia Latinoamericana. El juez de control dictó el auto de vinculación a proceso en la causa penal 1133/2019 por los delitos de parricidio, matricidio, feminicidio y robo calificado.

Tras escuchar los argumentos vertidos por la representación social y valorar los datos de prueba, el juez consideró que existían los elementos suficientes para dictar el auto de vinculación por el que Rogelio quedará sujeto a un proceso penal.

Además, el juez otorgó un plazo de cinco meses de investigación complementaria para que las partes acusadora y defensora obtengan datos de prueba que acrediten la comisión del delito y que Rogelio fue el autor material del mismo.

Mientras tanto, el imputado seguirá internado en el Centro Penitenciario Varonil hasta que se realice la audiencia intermedia, donde se definirá si será sometido a juicio oral o se le realiza un juicio abreviado.

De acuerdo con los fiscales que investigan el caso, Rogelio debería alcanzar una pena de 245 años de prisión, sin embargo, la ley permite una pena máxima de 60 años, por lo que se hará un concurso de delitos.

Mientras tanto, los abogados de la defensa buscarán un juicio abreviado, en el cual el imputado tendrá derecho a una reducción de la pena, siempre y cuando se declare culpable.

En la audiencia celebrada en la sala uno del Centro de Justicia Penal estuvieron presentes los familiares de las víctimas, entre ellos la madre del propio Rogelio.



Bastaron 30 minutos para que Rogelio acabara con la vida de sus familiares. Un crimen cometido a sangre fría, donde cuatro adultos mayores fueron asesinados por un joven del que se dice, padece un trastorno mental.

Casi a punto de marcar las 14:00 horas del sábado 1 de junio cuando un auto de alquiler se estacionó afuera de la casa de la familia Cruz Fuentes. Del auto descendió Rogelio, llegando a la casa de sus abuelos en la calle Montevideo de la colonia Latinoamericana en la capital de Coahuila.

Tras ingresar al domicilio, el joven, de 25 años, se dirigió al cuarto de su bisabuela, María Aurelia, de 91 años, a quien estranguló. Cuando la mujer dejó de respirar, Rogelio tomó un cuchillo y le cortó el cuello.

Salió de la habitación y se dirigió al cuarto de lavandería, ahí estaba Hermelinda, su abuela. A ella le asestó cinco puñaladas y también la degolló, cayó al piso donde se desangró hasta morir.

Luego, Rogelio subió las escaleras y en el baño encontró a su tía abuela, Virginia, a quien atacó por la espalda, sin piedad; cinco puñaladas, dos en el pecho, las heridas fatales.

Sin reparo ni remordimiento, continuó avanzando el presunto homicida por la vivienda hasta llegar a un estudio donde encontró a su abuelo, José Antonio, su última víctima.

Con 71 años a cuestas, no se pudo defender de las seis puñaladas que le propinó Rogelio en diferentes partes del cuerpo.

FIN DEL CLÍMAX

La furia, la saña llegó a una pausa. Rogelio tomó su teléfono celular para grabar el dantesco y sangriento escenario, como un artista a su obra de arte.

Se vanaglorió de lo que había hecho; se burlaba de sus víctimas a quienes acusaba de pedófilas y tratantes de personas.

Luego hizo una advertencia a nombre de Heriberto Lazcano –desaparecido líder de un grupo criminal– señalando que todo aquel relacionado con “El Mencho” (Nemesio Oceguera, líder del cártel Jalisco Nueva Generación), iba a morir de la misma manera y a todo aquel que fuera pedófilo.

Rogelio abandonaba la “casa del horror”, llevando consigo varios artículos como joyas, electrónicos y efectivo que sustrajo del domicilio. Tomó las llaves de la camioneta de su abuelo y desapareció.

Esta fue la relatoría de hechos que hicieron los fiscales durante la audiencia de vinculación a proceso en contra de Rogelio “N”, imputado por los delitos de parricidio, matricidio, feminicidio, robo de vehículo y robo a casa habitación.



Luego el testimonio digno de una película de terror, fue repetido por el juez de control Pedro López Medrano, quien dictó el auto de vinculación a proceso contra el joven, otorgando un plazo de cinco meses para la investigación complementaria y para celebrar la audiencia intermedia.

Rogelio fue asistido por dos abogados particulares, contratados por él mismo, recomendados por otros internos del Centro Penitenciario Varonil, donde fue recluido al ser impuesta la prisión preventiva como medida cautelar por la obvia gravedad del caso.

DELGADA LÍNEA

La audiencia de vinculación a proceso contra Rogelio “N” estaba programada para las 13:00 horas del miércoles. Faltaban aún 15 minutos cuando Verónica, madre del joven multihomicida ingresó al lobby del Centro de Justicia Penal.

Vestida con blusa y pantalón oscuro, debido al luto que guarda por ser las víctimas sus padres, una tía y su abuela, arribó acompañada por otros de sus hijos.

Verónica se registró y dejó sus pertenencias en las gavetas, ya que no se permite ingresar a la sala de audiencias con aparatos celulares u otros artículos de metal.

La sala, dividida en tres partes: el estrado del juez, área de los fiscales, de los abogados de la defensa y el área del público, fue en esta última donde ella tomó asiento.

Tres policías procesales están apostados en los accesos del lugar exhortando al silencio a los presentes.

Diez minutos antes de que inicie la audiencia, Verónica es llamada a salir de la sala; regresa acompañada por la coordinadora de la Unidad de Homicidios de la Fiscalía General del Estado, pero ya no se sienta en el público sino que ocupa un lugar en el área de los fiscales. Está en calidad de víctima indirecta.


Verónica, la madre del presunto agresor de su propia familia salió de la audiencia sin mediar una sola palabra.

Por la puerta ubicada al fondo de la sala ingresa Rogelio. Sin mirar hacia el público llega y ocupa su silla. Verónica lo sigue con la mirada, pero este ni siquiera voltea a verla.

El juez de control hace su entrada y da inicio a la audiencia. Pide a cada uno de los involucrados se presenten; al escuchar el nombre de Verónica, advierte que la mujer, es tanto familiar de las víctimas como del imputado.

Una situación difícil para toda madre de familia, Rogelio, su hijo, acabó con la vida de sus padres, su abuela y su tía. El juez le lee sus derechos como víctima indirecta del crimen que se persigue en este caso.

Pide a los fiscales inicien con la relatoría de los hechos; cada palabra, cada enunciado parece destrozar a Verónica de a poco.

A sus padres los apuñaló, a su abuela, la estranguló y degolló; y a su tía, le propinó cinco cuchilladas en el pecho. Verónica oculta el rostro con sus manos, mientras Rogelio, su hijo, mantiene la mirada al frente, sin un ápice de culpa por lo que hizo.

Verónica queda impactada cuando el juez dice que hay un video grabado por Rogelio en el cual se burla de sus víctimas; es ahí donde la mujer se quiebra, suspira, baja la mirada y toca su pecho con la mano derecha; pareciera que no puede creer todo lo horrendo que escucha.

Rogelio sigue impasible, nada lo saca de su postura recta en la silla de los acusados.

Se escucha el martillazo final del juez, culminando la audiencia donde vincula a proceso a Rogelio quien es llevado de vuelta a su celda, sin voltear a ver un solo momento a su familia.

Verónica, su madre, abandona la sala donde afuera la esperan los cuestionamientos de la prensa a lo que ella responde con un silencio seplucral.

Acelera su paso, se cubre el rostro, como lo haría una madre que enfrenta la peor de las situaciones que pudieran existir: ver a su hijo tras las rejas por arrebatarle la vida a casi toda su familia; entre la espada y la pared.





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