Esta es la historia de tres generaciones que se han dedicado a la venta de madera en Saltillo. El negocio fue creado por don Marcos Recio de León, quien primero fue agricultor y luego pionero en la venta de madera en la ciudad.
Su primogénito, Marcos Recio Peraldí, estudió en la escuela Anexa a la Normal, y la secundaria en el Ateneo Fuente. Ayudó a su padre en las labores del campo en un espacio que tenían los Recio en Santa Victoria, bello paraje al sur de Saltillo, donde producían desde trigo, maíz, frijol y sorgo, que era transportado en carros del ferrocarril. Se utilizaban tablones y tarimas para evitar que los granos se derramaran, él acumulaba la madera sobrante y de ahí nació la idea de crear un negocio que al día de hoy cumple 85 años.
Las severas sequías que padeció la región obligaron a los Recio a dar por terminado el cultivo, y aprovechando el gran cúmulo de madera optaron por utilizar un corralón solariego de la calle Rayón, al norte de la ciudad. Don Marcos Recio de León fue apoyado ampliamente por su esposa Aída Peraldí Ferriño, con quien procreó seis hijos, entre ellos a Marcos.
Al morir don Marcos en 1993, Recio Peraldí se hizo cargo del negocio, donde empezó a colaborar a la edad de 7 años. Estudió primaria y secundaria en el Colegio Zaragoza. Luego dedicó todo su tiempo a la maderería Rayón.
Hombre visionario adquirió varios camiones de carga, para surtir pedidos a varios lugares de la República Mexicana.
Recio Peraldí se dice bendecido por Dios, pues tuvo muy buenos padres y hermanos y una esposa, María Concepción Villarreal Mellado, quien le dio seis hijos: María Concepción, Marcos, Verónica, María Magdalena, Rodrigo y Roberto. Marcos Recio Villarreal es el encargado actual de la Maderería Rayón instalada en la calle Xicoténcatl, en el Centro Histórico de Saltillo.
La anécdota
Cuenta don Marcos Recio Peraldí que tendría unos 8 años, y al jugar en lo alto de un pilote perdió pisada y se vino abajo, pero no pudo esquivar que el madero resbalara junto con él, prácticamente le cayó encima y quedó atrapado. Sus hermanos avisaron a doña Aída Peraldi de Recio, quien, con la premura del tiempo, corrió hacia el escenario del accidente, tomó el pilote, lo levantó con tal fuerza que logró salvar a su cachorrito. Él cree que fue Dios el que le dio la fuerza necesaria a su mamá para rescatarlo. Por fortuna no sufrió lesión alguna.
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