Coahuila
Hace 1 año
Una vez dije al gobernador Óscar Flores Tapia que los murales del Palacio de Gobierno eran una amplia cátedra de historia y de civismo. Sólo sonrió.
Luego me comentó el licenciado Roberto Orozco Melo, quien era su secretario general de Gobierno, que el Mandatario se sentía halagado por el comentario.
Posteriormente corroboraría lo que dije en un reportaje para el periódico donde laboraba como reportero. Me centré en el nuevo mural, ordenado por Flores Tapia, el de Salvador Almaraz, originario de Irapuato, Guanajuato.
En un extenso corredor del segundo piso, en la pared del lado oriente el pintor irapuatense Salvador Almaraz plasmó una parte muy importante de la historia de Coahuila.
El mural de Almaraz representa a los personajes coahuilenses ilustres de la historia nacional y estatal. Entre los valores de nuestra identidad cultural ahí se pueden admirar el Teatro García Carrillo, la Casa Purcell, ahora como centro cultural; el Teatro de la Ciudad Fernando Soler, la Benemérita Escuela Normal de Coahuila, el monumento a Manuel Acuña realizado por el escultor Jesús Contreras, el Ateneo Fuente, la Catedral de Santiago, el altar de la capilla del Santo Cristo, el Acervo del Archivo de Catedral y el no menos importante templo de San Juan Nepomuceno.
En 1979, Almaraz pintó con acrílicos la síntesis de la historia de Coahuila, en el Palacio de Gobierno en la capital del estado, por encargo del entonces gobernador coahuilense, el profesor Óscar Flores Tapia, de quien plasmó su retrato de perfil en el extremo sur del mural y como lo hace constar en la obra.
Representó la historia a través de retratos de personajes protagónicos de las luchas sociales y políticas coahuilenses y mexicanas, tales como: Benito Juárez (de perfil con un adusto rostro indígena y en grises para acentuar la fuerza ancestral de su origen zapoteca); Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Francisco Coss, Miguel Ramos Arizpe e Ignacio Zaragoza. Incluyó también instituciones educativas representativas del estado norteño: el Ateneo Fuente, el Instituto Tecnológico y la Escuela Normal Superior. Aparece también el joven piloto Emilio Carranza Rodríguez, “el Lindbergh mexicano”.
Decoró el nuevo Palacio de Justicia, en Saltillo (obra pública de Flores Tapia), con el tema Alegorías de la justicia. Representó los vicios, las injusticias y las desigualdades en el ejercicio e impartición de la justicia. Muestra por un lado las virtudes que la rodean: equidad, ley, paz, y por el otro los vicios: envidia, adulación, calumnia, indolencia y corrupción.
A la justicia la representa con los ojos vendados, como ya la habían pintado José Clemente Orozco (en el Antiguo Colegio de San Ildefonso) y Pablo O’Higgins (en los frescos de los Talleres Gráficos de la Nación). Una espada atraviesa horizontalmente la cabeza de la mujer que representa la justicia, mientras que las balanzas aparecen vacías. Una dama sobrepuesta a la justicia representa a la patria, madre de los mexicanos, mancillada por todos los vicios e injusticias que en forma de espadas atraviesan los cuerpos de hombres, mujeres, ancianos o niños que claman por su protección y sus derechos.
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