Quienes nos gobiernan creen que ya todo está listo para que el próximo 1ero de junio en que se celebre la elección, en nuestro estado, de los nuevos titulares de las magistraturas y juzgados locales del Poder Judicial. Con lo anterior, dicen, que nuestro estado logrará la “democratización” de la justicia.
La realidad, no será así, y lo que sí viviremos no será más que, una gran simulación de elección, que se ha venido preparando por los legisladores, magistrados y gobernantes de los dos principales niveles de Gobierno; los cuales se han ocupado mayormente asegurar sostener a los juzgadores que, sin chistar, obedezcan sus exigencias e instrucciones; aunque lo anterior signifique relevar a verdaderos perfiles valiosos.
Por si Usted duda de mi anterior aseveración, debo mencionarle que, el pasado 12 de febrero, los tres poderes del Estado de Coahuila entregaron al Instituto Electoral de Coahuila (IEC) las supuestas listas de los supuestos aspirantes que, a su criterio, aprobaron todos los filtros, para competir por cualquiera de los 106 cargos que se renovarán en la primera elección judicial.
En la lista mencionada, se pueden apreciar nombres repetidos hasta en tres ocasiones, de supuestos candidatos naturales que aseguran, cumplen con los requisitos de elegibilidad, para ser considerados en la boleta de esta amañada elección; a pesar de que su duplicidad les otorga una gran ventaja en la desigual competencia.
Aunado a lo anterior, el mismo Instituto Nacional Electoral, y por ende el Instituto Electoral de Coahuila, no han ocultado que, en esta extraordinaria jornada electoral, solo se estima que el 8% del padrón electoral acudirán a votar, lo que demuestra que, este desinterés en la población, también se tiene previsto como parte de un proceso evidentemente diseñado para simular un proceso democrático.
Es decir, que la armada elección de jueces y magistrados en el estado, contrario a lo que marca cualquier proceso democrático, ahora ocupa de garantizar que sean pocos los que voten y, que los pocos que voten, lo hagan solo por algunos cargos en los que en realidad haya varias opciones, que también son muy pocos; y por consecuencia, imponer en la mayoría de los distritos judiciales, a los jueces y magistrados que por decisión unilateral de los gobernantes, ya hayan sido palomeados, desde ahora.
Ante esta evidente simulación electoral, al ciudadano común solo nos resta, desde ahora, empezar a identificar a los candidatos que ya tienen asegurado su participación en el proceso electoral para la renovación del poder judicial del estado, los cuales aparecen ya, en diversos medios de comunicación y en las tres listas de poderes del estado, para suponer con ello, que los mismos en nada garantizan su imparcialidad al momento de resolver cualquier asunto, ya que su candidatura obedece a su servilismo político, lo que en todo momento contraría a los principios de una justicia imparcial y ciega que tanto anhelamos.
En decir que, con nuestro voto, debemos demostrar a esos futuros jueces que desde ahora evidencian su gusto en las canonjías que supone el sometimiento al régimen que pretende imponerlos, que los ciudadanos conscientes sabemos que sus candidaturas provienen, más bien, de una determinación política y que éste simple hecho, los convierte en los perfiles menos idóneos para ocupar un puesto tan sensible en esta sociedad harta de injusticias.
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