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En la Línea de Fuego

  Por Manuel Rodríguez Muro

Publicado el miércoles, 31 de marzo del 2021 a las 03:42


Hombres entrenados por la CONANP en el combate de incendios forestales, que provienen de distintos puntos del estado, son los que combaten frente a frente el siniestro, los que no salen en la foto, pero que su labor es fundamental en esta conflagración que dejará una huella imborrable en la historia de Coahuila.

Arteaga, Coah.- Van a ser dos semanas desde que Coahuila se convulsionó ante la terrible noticia de un incendio en la Sierra de Arteaga que puso en riesgo a decenas de familias y que amenazaba con devastar cientos de miles de hectáreas de bosques.

La importancia de la Sierra de Arteaga, más allá de ser una zona boscosa y de mucho atractivo turístico, es la importancia que tiene como cuenca captadora de agua.

Cientos de hombres y mujeres se han movilizado tratando de detener el fuego que avanza y a su paso deja lo que antes eran hermosos bosques, en áreas grises y sin vida.

A pesar de los esfuerzos humanos y la aplicación de recursos y tecnologías de las más modernas, detener el fuego depende de esos hombres y mujeres que a diario se plantan frente a la línea de fuego y con pala, rastrillo, cuchilla y una impresionante condición física, enfrentan, con su propia vida, a un enemigo impredecible y mortal.
Poco se habla de estos hombres y mujeres.

Son quienes desde hace once días luchan hombro a hombro contra el fuego, que un día da tregua pero que al siguiente despierta con más furia.

 

 

Primer día
El miércoles 24 de marzo, Periódico Zócalo tuvo la oportunidad de llegar hasta el corazón del siniestro.

Eran las 2 de la tarde y en el ejido El Baratillo todo parecía en calma.

El Baratillo es una comunidad donde casi todos sus habitantes son familiares, son casas de descanso de coahuilenses que luego de cumplir su ciclo como trabajadores decidieron regresar a sus tierras y hacerlas vivir otra vez.

Es una comunidad flanqueada por dos cordilleras, poco menos de un kilómetro la separan de la guardarraya que divide a los estados de Nuevo León y Coahuila.

Conforme pasan los días, la angustia de sus habitantes crece ante el avance sin cesar del fuego que, por un lado, en lo alto de la Sierra El Álamo, en Santiago, Nuevo León, ya se asoma peligroso, y por el otro, la Sierra de Arteaga, que arde día y noche.

En esta comunidad se instaló el campamento de los brigadistas de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP)
En dos grupos, los combatientes provenientes de Jaboncillo El Grande, en Ocampo, de Sabinas, del ejido Piedra Blanca en Arteaga y de otros ejidos de este municipio, acampan.

Poco a poco, a las 6 de la tarde, los brigadistas van regresando del frente, ha sido un día complicado, la noche previa, en lo alto de la sierra, muy cerca de las cabañas, el fuego amenazaba con avanzar, el miedo y la incertidumbre se apoderó de sus habitantes, quienes a pesar de que están en riesgo, no dejan sus hogares porque son ellos quienes atienden y sirven a más de 1,250 brigadistas del Ejército Mexicano, Guardia Nacional, Voluntarios de Los Lirios, de Monclova y los de la CONANP.

Es en la casa de don José Inocencio Salas, él, es originario de El Baratillo, es su casa, aquí está su origen y con 75 años de edad no para, no deja de atender a una familia que le creció de la noche a la mañana.

Es padre de dos hijas y hoy enfrenta el reto de ser quien atienda, junto con su sobrina Araceli Torres y su esposo Armando Vega, a más de 250 combatientes que cansados y hambrientos regresan a
descansar.

El reto es grande, pero la voluntad y el deseo porque la pesadilla termine lo es más, en atender a los combatientes también participan la señora Andrea Sánchez, Many Sosa, María del Jacerro Sánchez y Jesús Sánchez Gómez.

Entre todos, sirven y atienden con mucha paciencia a todo el que llega a pedir agua o alimento.

Mucho ha sido el apoyo de Víctor David Contreras, es el cocinero de la CONANP, en él recae la responsabilidad de preparar la comida para que todos sean alimentados antes de subir a la montaña y después de su jornada de trabajo.

Cerca de las 16:00, un helicóptero cisterna de la Comisión Nacional del Agua hizo su aparición en el cielo de El Baratillo, pronto, en una pila previamente preparada para abastecerse, cargó agua con retardante.

Ocho descargas realizó la aeronave, parecía que el apoyo aéreo llegaría y que el fuego tenía sus horas contadas.

 

 

Jueves 25
Desde un día antes había que dejar todo preparado para hacer el desayuno de los brigadistas, café, papas con huevo y frijoles sería el almuerzo.

Desde muy temprano, Víctor, con la ayuda siempre de Aracely Torres y Armando Vega, prepara lo necesario para que tan pronto bajen los brigadistas tengan todo listo para alimentarse y esperar la instrucción del ingeniero Felipe Ruiz, coordinador y responsable de atacar el avance del fuego de manera oportuna y evitar que siga avanzando.

El ambiente al amanecer era de incertidumbre, muy cerca de ahí una columna de humo se intensificaba, por lo que el temor de que el fuego hubiera brincado la brecha se asomaba entre los brigadistas, que un día antes habían estado en esa zona.

Pronto la noticia se confirmó, el fuego brincó la brecha en lo alto de la sierra, muy cerca de El Baratillo.

Las alarmas se encendieron y tan pronto llegó el ingeniero Felipe Ruiz distribuyó a los brigadistas en tres distintos frentes.

En el frente, donde el fuego avanza rumbo al ejido San José, se van elementos de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano, son cerca de 100 elementos.

Los brigadistas de la CONANP provenientes de Jaboncillos El Grande, municipio de Ocampo, van liderados por Yerheni Raudel Gaona, un experimentado combatiente proveniente del ejido Potrero de Ábrego.

 

 

Detener el fuego a como dé lugar

La instrucción es detener el avance del fuego que ya brincó la brecha; la cercanía con las casas es cada vez menor, así que es importante que los más experimentados, apoyados con elementos de la Guardia Nacional, del Ejército Mexicano y voluntarios provenientes de Monclova, se planten frente a la línea de fuego que, como la humedad, poco a poco avanza y que conforme pasen las horas, deberá ser detenida ante la posibilidad de que la temperatura aumente y los vientos arrecien.

Para Yerheni es importante detener el fuego, sabe que su mejor aliado es el viento, consciente de que las horas críticas son de las 11 de la mañana a las 4 de la tarde, moviliza a sus hombres y mujeres a lo largo de la línea de fuego para detener el avance.

No es otra cosa más que un tú a tú con el enemigo, es seguir la línea por donde avanza la lumbre y, a veces hasta con la mano, apagar cualquier brasa, por muy pequeña que ésta sea.

El fuego se propaga en laderas muy inclinadas y de difícil acceso, esto hace que el cansancio, el humo y el calor del fuego mermen la resistencia de los combatientes que no paran, que palmo a palmo caminan la línea de fuego porque saben que un descuido puede ser mortal.

Saber con exactitud dónde se encuentran los brigadistas es de vital importancia. Desde un punto estratégico, al otro lado del cañón, el ingeniero Felipe Ruiz, de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, observa atento las condiciones del clima, orienta y da seguimiento a los trabajos de los tres grupos desplegados en el frente.

Sobre el cañón hay muchas pilas con agua, pero no todas reúnen los requisitos como para que las aeronaves desciendan a cargar el vital líquido con retardante; es una tarea que el ingeniero Felipe Ruiz debe cumplir para determinar con exactitud dónde descenderán los helicópteros.

Del centro de mando, donde Carlos Sifuentes dirige, le piden localizar una pila en lo alto de la sierra y enviar coordenadas para que un helicóptero de la Guardia Nacional, tipo M11, pueda descender y cargar agua para apoyar las aceras en tierra.

 

 

La esperanza se desvanece

Pronto, Luis Carlos Rodríguez y “Don Chencho” lo acompañan a realizar la tarea, saben que el agua es necesaria y sólo con ella se puede avivar la esperanza de que el incendio siga avanzando.

Subimos y se localiza la pila, está algo retirado de la comunidad; se encuentra en el rancho de “El Alemán”, así lo llaman, es una propiedad muy grande, de más de cinco mil hectáreas y que tiene una pila llena de agua y que reúne los requisitos para que puedan descender las naves a cargar agua.

La tarea se hizo, es la hora del descenso de los brigadistas, hay que ir a encontrarlos al camino para arrimarlos al campamento para que sean alimentados y para que descansen para el siguiente día.

El cielo, hasta las 4 de la tarde estaba azul, a lo lejos se podían apreciar las columnas de humo del fuego que avanza en Santiago, Nuevo León y al lado contrario, pero ya en la Sierra de Arteaga, se observaba todo muy tranquilo, parecía que el fuego estaba controlado, un mejor estado de ánimo entre los habitantes de El Baratillo se percibía; había sonrisas y bromas, la amenaza del fuego parecía que se desvanecía y con ella la esperanza de que la pesadilla terminara era cada vez más real.

 

Todo cambió
Eran las 14:30 horas cuando los vientos arreciaron, la tranquilidad de ese jueves estaba a punto de desvanecerse.

Arriba, muy cerca de donde un par de horas antes se habían fijado las coordenadas para que las aeronaves más grandes recargaran agua, una enorme columna de humo se levantó y ensombreció el valle; pronto, en cuestión de una hora, las llamas se expandieron y el humo proveniente de Santiago se juntó con el de la Sierra de Arteaga e hizo imposible la visibilidad, de tal manera que los combatientes tuvieron que ser retirados, su seguridad ante todo; las condiciones no eran las apropiadas para hacerle frente al siniestro.

Poco a poco fueron llegando los brigadistas al campamento, hambrientos y cansados uno a uno pasó por su plato de comida, su agua o un refresco.

Nadie decía nada, suelen ser muy herméticos, en su rostro se apreciaba preocupación.

Para Mario Ureste Falcón, brigadista de la Conanp, proveniente de Jaboncillos, la situación es preocupante.

Hicimos lo que había que hacer allá arriba, pero hay mucho humo, no se puede ver, el cielo se cerró y eso nos pone en riesgo. Nosotros debemos monitorear las condiciones del clima y por dónde avanza el viento para así saber por dónde y para donde movilizarnos, desde el punto de vigilancia, el ingeniero Felipe nos guía y cuida las espaldas porque el fuego es muy traicionero, uno nunca sabe por dónde va a llegar y para evitar incidentes con los brigadistas, mejor es retirarnos hasta que existan condiciones para trabajar y que nos estén vigilando”.

Mario es de los brigadistas mejor preparados y con más experiencia en el combate de incendios; lidera un grupo y sabe que para que lo que está pasando en la sierra se detenga, es necesaria la intervención de las aeronaves, de lo contrario nada ni nadie va a parar el fuego.

 

 

Las brechas cortafuego
Desde el inicio del siniestro, la estrategia se ha centrado en hacer brechas cortafuego, más de 500 hombres y mujeres han caminado palmo a palmo la serranía y con la ayuda de maquinaria pesada, operada por José Francisco Ovalle, se trazan brechas anchas para detener avance del fuego, pero esta sierra es tan compleja y difícil que su territorio impide los avances.

Para los brigadistas, las brechas cortafuego son tan importantes como la ayuda de las aeronaves.

El problema en esta sierra, asegura Mario Ureste, es que sus cuestas son muy inclinadas y el sotol que es consumido por el fuego en la parte alta de la sierra, tiende a soltarse de su raíz, por lo que convertido en bolas de fuego baja rodando las cuestas y a veces es tanta la velocidad que traen que las brincan, eso fue lo que ocurrió durante la noche del miércoles, hubo puntos en que el fuego brincó.

 

Viernes 26 de marzo y el miedo a flor de piel
Ante lo crítico del cierre de la jornada del jueves, el mando ha ordenado que los brigadistas suban a la montaña a enfrentar el fuego a las 5 de la mañana.

La orden está dada y muy temprano, a las 5:00 sale cada uno de sus campamentos y se acercan a la casa de “Don Chencho”, donde sin dormir desde un día antes, Víctor Contreras, el cocinero de Conanp, ya les tiene el café y el almuerzo.

Una vez más, “Don Chencho”, Víctor, Aracely y Armando se multiplican para atender, como si fueran sus hijos, a todos los brigadistas que se disponen a plantarse frente al fuego.

Llegó la hora, la indicación es enviar a la línea de fuego que avanza rumbo a San Juan, a los brigadistas mejor preparados, a los hombres que desde hace 11 días luchan frente a frente contra un incendio que se aviva con fuerza en una mañana engañosa.

A unos cinco kilómetros del campamento, el fuego avanza lento, es una mañana fresca y el sol aún no se asoma.

Mario Ureste y Jorge Pérez van al frente del grupo, todos arriba del camión observan con detalle que algo no está bien, conforme avanzamos, las columnas de humo se levantan, pareciera como si el fuego los estuviera retando; apenas llegamos al punto en el rancho El Edén y pronto todos bajan del camión, sus herramientas, mochilas y lo necesario para subir a combatir al fuego.

Mientras Mario y Jorge apenas dan instrucciones, en lo alto de la sierra, a unos metros de donde el grupo se prepara para la incursión, las llamas empiezan a levantarse, el viento sopla fuerte y el incendio parece haber despertado.

Es como si el fuego los estuviera retando, a partir de ese momento las condiciones empeoraron y se tomó la decisión de esperar, de no arriesgar la vida de los brigadistas y pedir a Dios que el viento dejara de soplar antes de que las temperaturas se incrementen porque saben que eso es combustible puro para el fuego.

 

 

Una larga espera
Pasaron un par de horas y el viento no cedía, arriba en lo más alto de la sierra, aeronaves combaten otro frente, un ir y venir de helicópteros se observa en el cielo, así que la calma llega, los brigadistas están confiados en que habrá apoyo aéreo, sin embargo, no fue así, pasó el tiempo y nada, había que tomar la decisión y así fue.
Finalmente, uno tras otro se dispusieron a plantarse frente al fuego y en la línea paracombatirlo.

Pocos minutos después llegó el apoyo, cerca de 200 elementos del Ejército Mexicano y de la Guardia Nacional, entre hombres y mujeres, arribaron para ayudar en las tareas de abrir brechas; mientras Mario, Jorge, Juan Manuel Sánchez, Osbaldo Valdez, René Zavala, Genaro, Érik Martínez, Miguel Arizpe y Arturo Vargas se encaminan a cumplir con su encomienda.

A 2 mil 300 metros de altura, pero a unos 5 kilómetros de distancia, otro grupo liderado por Anselmo Gaona, quien, a sus 64 años de edad y 10 años de experiencia como brigadista de la Cinanp, se dirige a recorrer palmo a palmo las brechas y apagar cualquier brasa que represente un peligro.

Durante el recorrido es evidente que, ante lo inclinado de las cuestas, el sotol es otro enemigo a vencer.

Apagar cada punto es importante porque prender es muy fácil. Una decena de elementos de la Guardia Nacional, su hermano Ponciano, de 60 años y Antonio Rodríguez Oyervides, este último proveniente de Potrero de Ábrego, junto con otro grupo de brigadistas provenientes de Los Lirios, recorren con dificultad y extremando precauciones lo largo de la línea de fuego que un día antes reavivó el fuego que ahora amenaza con crecer.

Por fortuna, el trabajo realizado en las brechas con anterioridad ha dado buenos resultados; los daños provocados por las piezas de sotol que rodaron cuesta abajo es menor, pero eso no implica que se deba seguir en recorrido.

Ellos son literalmente quienes contienen el fuego, son quienes le marcan la línea a su enemigo y de pasarla, sabe que deberá enfrentarlos una y otra vez hasta que esto termine.

Eran cerca de las 16:00 horas cuando, vía radio, el ingeniero Felipe Ruiz informó a don Anselmo que a la altura de El Baratillo, una columna de humo se levantaba, por lo que había que estar atentos y extremar precauciones.

 


La noticia puso en alerta al líder de la brigada, ahora habría que seguir avanzando con la tarea encomendada, pero sin dejar de perder de vista la columna de humo que robó una vez más la tranquilidad de los habitantes del valle.

Las horas críticas, el viento, el incremento de las temperaturas y la ausencia inexplicable del apoyo aéreo hicieron lo suyo, provocaron que el fuego se avivara y con él la esperanza de que la pesadilla terminara, se esfumaba.

Mientras los brigadistas hacían todo lo posible por contener el avance del fuego, en El Baratillo, “Don Chencho” Salas se preparaba, junto con don Armando Vega, Araceli Torres y Genaro Salas, delegado de la comunidad, para recibir a los hambrientos y fatigados combatientes que en un par de horas empezarían a llegar.

Para “Don Chencho” la esperanza se desvanece, callado y siempre activo, entra y sale a su cabaña, donde apenas en un rincón se encuentra su cama rodeada de alimentos, medicinas y todo cuanto ha ido llegando para atender a los brigadistas, pero hace una pausa:

Es deprimente ver cómo el fuego va arrasando con toda la sierra, en tan sólo 24 horas vimos el tamaño de la magnitud, tenemos 7 días viviendo en peligro y viendo sin poder hacer nada cómo se destruyen pinales, sotolares, magueyes, palmas y todo lo que había en esta hermosa serranía, muchas de éstas hace algunos años se usaban para hacer cosas productivas para la comunidad”.

Para “Don Chencho” no ha sido suficiente el esfuerzo que los brigadistas de la Conanp han realizado, tampoco el despliegue de tropas en las brechas si no se apoya con agua en el combate, sabe que va muy lento y los resultados no se ven, además de que el viento no da tregua.

Agua, hay suficiente; hay pilas donde las naves se pueden abastecer, por agua no queda.

La esperanza de los habitantes de El Baratillo se ve cada vez más lejana, sin embargo, en el centro de mando, allá en el campamento base, las autoridades, durante la reunión informativa del viernes 26 a las 19:00 horas y ante la presencia del secretario de Gobierno, Fernando de las Fuentes, anunciaron que en las próximas horas se concretaría la contratación de los servicios de una aeronave cisterna 747, con la que se busca sofocar por completo el fuego que sigue avanzando.

El lunes, a las 12:30 horas, finalmente la aeronave realizó diversas descargas en la zona.

 

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