Monclova Región Centro
Por
Aníbal Díaz
Publicado el jueves, 20 de marzo del 2025 a las 04:00
Espinazo, Nuevo León.- Entre la muchedumbre que busca congregarse en torno a la tumba de Fidencio Constantino, logra abrirse paso una diminuta y frágil octogenaria.
Apoyada en una andadera y con el auxilio de su hijo Juan Villa, doña Guadalupe Martínez, quien nació hace 85 años en Piedras Negras, ingresa al área donde yacen los restos de El Niño.
Conmovida, toca una fotografía junto a la entrada, en la que aparece Fidencio, fallecido y a pasos diminutos, procede a encaminarse al sepulcro.
Con la ayuda de su vástago, coloca una veladora sobre la lápida, cierra los ojos y deja escapar susurros que se convierten en plegarias.
Llorando, toca la tumba con sus manos tapizadas de arrugas. En silencio, sale del recinto, y su semblante mejora, al recibir los rayos del sol del mediodía en el rostro.
“Desde que estaba chica siempre hemos venido aquí”, cuenta doña Lupita, en entrevista.
“Mi papá conoció a El Niño”, añade, reiterando que sus abuelos, originarios de la comunidad de Plan de Guadalupe, solían acudir frecuentemente a Espinazo -al grado que terminaron teniendo una casa en la comunidad- y su homónimo padre les llevaba víveres para estas jornadas.
“Nos ha ayudado en varias cosas, así que le pide uno”, afirma la adulta mayor, a referirse a El Niño Fidencio. “Sí lo escucha a uno el espíritu de El Niño”, insiste, limitándose a recordar que la ha ayudado con sus dolores de cabeza.
Recordando que ha visitado Espinazo durante toda su existencia, lamenta que “ahora ya vengo de a más poco… ya por mi edad, ya batallo”.
Por su parte, Juan contribuye al testimonio de su progenitora, afirmando que su padre, don Mario Villa, estuvo ‘a nada’ de que le amputaran ambos pies por las diabetes y El Niño lo curó.
En este tenor, recalcó que su madre depositó la veladora en la tumba de Fidencio como un gesto de agradecimiento por los milagros recibidos.
Además de su hijo, doña Lupita también estaba acompañada por su sobrina, Marisol Ortiz, quien, mientras reconoció que no asiste tanto a Espinazo, reitera que la fe en El Niño Fidencio ha pasado a través de diferentes generaciones por la familia.
“Siempre nos lo inculcaron los abuelos, la mamá de ella aquí falleció, aquí quedó en esta tierra. Son los hijos quienes más la traen cada año, es algo de generación tras generación: Fueron los abuelos de ella, luego los papás, ella y ahora nosotros”, recalcó.
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