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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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12 Enero 2017 04:00:00
¿Y nosotros?
Los Pinos, domicilio de la corrupción, se señala en el mapa de Google, y es que a decir del filósofo, “El voto de todos nosotros no hace de cada ladrón un político. Hace de cada político un verdadero ladrón”.

¿A qué se debe la fascinación, el apasionamiento con que algunos individuos procuran el ejercicio de la política? ¿Cuál es el interés principal del ejercicio político? ¿La creación de leyes que no han de cumplirse? ¿La firma de pactos aviesos donde se proclame que “habré de proteger la economía familiar y la nacional y (escúchenlo)”. “¡He de fortalecer la cultura de la legalidad y el estado de derecho!”? ¿Engañifas de ese calibre, hojarasca y heces, y no más? No. Una y única es la razón de esa rebatinga política que en ocasiones puede llegar hasta el asesinato. Esa razón es el manejo de los dineros públicos, tantas veces a lo discrecional. Y si no, piensen ustedes en esa cuenta pública no sujeta a comprobación de la cual, a decir de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas cuando titular del Ejecutivo, se robó la mitad, todo ello a lo impune. Mis valedores: en este país continúa vigente la acusación de Emilio Portes Gil, que fuera presidente del PRI y más tarde también del país:

–Cada sexenio arroja comaladas de millonarios.

Sin más. Porque en el ejercicio de la administración pública la clave de los problemas políticos se encuentra en el elemento crematístico, lo venal. Porque detrás de un muy cuestionable interés político radica el verdadero motivo de esa compulsión que ataca al individuo por incrustarse en la plantilla de colaboradores de la burocracia política: el acceso al manejo de los dineros públicos. Aun en el caso de que algún funcionario fuese idealista en sumo grado, aun cuando toda idea de venalidad se hallase fuera de su ánimo y formas de ser, por fuerza tendría que manejar intereses, bienes, dinero público, y ya puesto en ese trance.

Porque, si nos atenemos a los hechos que muestran la historia y la realidad objetiva, tan sólo del sexenio de Miguel Alemán (1946-1952) a los siguientes inquilinos de Los Pinos, y hasta el día de hoy, el erario viene siendo manejado por verdaderos sinvergüenzas, depredadores que a lo cínico y en provecho personal, familiar y de grupo, han venido saqueando los dineros de todos nosotros, que deberían ser empleados para beneficio de nosotros todos, los dueños de tales dineros. Aberrante.

¿Culpa de quién, de quienes, tan horrorosa situación de saqueo y depredación? De todos los dueños de la soberanía nacional, por supuesto, tal como el 39 constitucional lo asegura:

“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tienen todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

¿Entonces? Nosotros, dueños de la casa común, que supuestamente contratamos a los servidores que le han de dar mantenimiento y servicio, ¿vamos a culpar a “nuestros” malos sirvientes? ¿Al que por codicia se tornó tigre y depreda a los lugareños vamos a seguir “exigiéndole” que por amor a nosotros se vuelva vegetariano? A los sucesores de los Salinas, Montiel, Fox, Bribiesca, Sahagún, Romero Deschamps, y ahora los Duarte, Yarrington, Borge, Medina y demás sinvergüenzas que manosean a lo impune y a lo descarado los dineros públicos, ¿seguir entregándoles, a lo pasivo, dependiente y domesticado, nuestro voto tri-anual, el voto sexenal? Ah, masas, ah, México.

(Qué país.)
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