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Rafael Loret de Mola
Rafael Loret de Mola
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Rafael Loret de Mola Vadillo (Tampico, Tamaulipas; 25 de octubre de 1952). Periodista y escritor mexicano, conocido por ser uno de los más serios críticos del sistema político mexicano. Sus libros, muchos de los cuales han sido best-sellers, contienen información confidencial sobre numerosos actores políticos de México. Jamás ha sido desmentido públicamente.

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07 Diciembre 2017 04:00:00
Un largo invierno
Nos espera un largo invierno. Frío, muy frío, en el norte del país allá donde la impunidad ha echado raíces u no parece dispuesta a ceder un ánimo. Observen a los gobernadores de las entidades fronterizas; basta con eso para llenarnos de horror: Los caciques Moreira, Kiko Vega, entenado de Jorge Hank, Claudia Pavlovich Arellano, discípula de Beltrones, el tamaulipeco cínico, Francisco García Cabeza de Vaca –o de buey-, el repudiado ex de Chihuahua, César Duarte Jiménez, malabarista de conexiones non santas, tantas que su sucesor, Javier Corral Jurado, no puede encontrarlo para procesarlo y, finalmente Jaime Hernández Calderón, “El Bronco”, a quien nadie quiere darle tiempo porque no ha cumplido sus promesas ya rebasadas, entre ellas las de formar auditorías y juicios a su antecesor Rodrigo Medina de la Cruz. De todos colores, menos amarillo, en una gama espectacular de corrupción, miseria humana y fantoches.

SOlo en el sur podrá sentirse un poco más de calor, gracias a que los grandes “capos”, los de a “deveras”, han fincado por allí para proteger a sus familias que han invadido ciudades como Mérida, Cancún e incluso Villahermosa y Campeche. Por eso mantienen tranquilas, en cierto grado, las urbes en donde se han acomodado con el beneplácito de los gobernadores, bien maiceados, para derramar parte del dinero sucio obtenido mientras, claro, se persigue a los periodistas, desde Veracruz hasta Quintana Roo, conjuntando a mercenarios de la pluma como principales infanterías para defender latrocinios, componendas, persecuciones a los disconformes y, sobre todo, asesinatos que jamás se esclarecen aunque se prometa, como siempre, llegar al fondo de las pesquisas. Jamás ocurre así porque, sencillamente, los mismos investigadores se ahorcarían a sí mismos. Vaya cochinero.

Me dicen algunos amables lectores que en estos tiempos es mejor cantarle a la felicidad con los villancicos de temporada en voces tan claras como las de Plácido Domingo e incluso Pavarotti quien es más escuchado ahora que antes de su muerte. Y así los hogares se llenan del ámbito obligado, tantas veces, por el consumismo más feroz de cada año con el pretexto de asegurar reuniones familiares en las que las ausencias calan y las presencias solo dejan de ser egoístas durante el inefable intercambio de regalos envueltos en papel que delata los sitios de compras; este año, aunque se trate de calcetines, el más valorado es el del “palacio de los palacios” del impresentable Alberto Baillères González.

Nos toman estas fiestas un tanto desprevenidos. Fíjense: se anunció que el salario mínimo podría aumentar a cien pesos, superiores en más de cuarenta pesos a los registrados hace apenas dos años, en 2014, con la habitual generosidad de los sabios economistas alejados de los abismos sociales. Solo que la mentira surge, de inmediato, al constatarse lo sustancial: La pérdida del poder adquisitivo.

Si la comparación la hacemos respecto a la divisa norteamericana podremos entender el drama. Al comienzo del régimen de la barbarie y la hipocresía, el salario mínimo se cotizaba en cinco dólares y ahora, en caso de darse el aumento salarial, permanecería igual sin considerar los vaivenes de la divisa estadounidense, con una capacidad de comprar inferior al veinte por ciento. Esto es lo que vamos perdiendo y, por ello, naturalmente, nuestros ingresos –aunque mayores en pesos en apariencia-, no alcanzan para adquirir los bienes necesarios para las festividades navideñas con todo y el acotado aguinaldo. Bueno, salvo los gobernadores y los pillastres del gobierno federal.

La Anécdota

Es curioso subrayar que los dos mandatarios con mayor avidez de fortuna y, por ende, con aguinaldos escandalosos, no pertenecen al PRI si bien los tres que le siguen sí son militantes del partido del presidente con todo y su cargamento de pecados mortales. Ni salvación se avizora para el mismo y sus partidarios salvo que los mexicanos seamos masoquistas o desequilibrados mentales.

Pues bien, el perredista Arturo Núñez Jiménez, expriísta y arropado por el perredismo cuando convino, ex subsecretario de Gobernación durante el régimen del gran simulador, Ernesto Zedillo y hasta ideólogo de su antiguo partido y del actual, se embolsa en esta época casi medio millón de pesos si bien solicitó un adelanto –es en serio- para aprovechar las ofertas del “buen fin”, algo así como el cuarenta por ciento de los estipulado. Un verdadero intelectual de una izquierda sin sustentos ni futuro.

Y el segundo es panista de cepa, Miguel Márquez Márquez –recuerdo el nombre porque hubo un torero llamado así, español de gran valor por cierto lo que le falta al mandatario citado-, quien obtuvo casi 350 mil pesos; toda una ganga para Guanajuato, la cuna de la Independencia en donde, además, ha crecido la represión en niveles altísimos bajo una prepotencia falaz de los funcionarios públicos. Márquez sólo ha reemplazado a la vieja estructura dominante para convertirse en uno de los más poderosos caciques de la región, en donde el secuestro y el escarnio son factores frecuentes de la vida social.

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