×
Gaby Vargas
Gaby Vargas
ver +
Su pasión por aprender y su gran facilidad para transmitir conceptos complejos de una forma inspiradora y cercana la ha convertido en una de las autoras más leídas en México. Ha publicado 16 libros de diversos temas de desarrollo humano, el más reciente de ellos Energía, tu poder. Cada uno de sus libros ha sido best-seller. En su carrera, ha vendido más de dos millones de ejemplares. Gaby Vargas fue la primer asesora de imagen en México y ha compartido su aprendizaje e inspirado a miles de personas a través de conferencias en diferentes países; en programas en radio y televisión, así como a través de su columna “Genio y Figura” en los principales periódicos nacionales. Sus contenidos se publican en diversos medios y su sección “Mejor, con Gaby Vargas” se transmite todos los días a través de MVS Radio en todo el país. Maestra Certificada en HearthMath Institute y Enneagram Worldwide, utiliza técnicas que integra con su enorme acervo de recursos para compartir prácticas cotidianas que cualquier persona puede integrar a su vida para sentirse mejor y con más energía. Es fundadora de Fundación Marillac, AC, que otorga apoyo económico a mujeres de escasos recursos para que estudien la licenciatura en enfermería. Fundadora de la Fundación Balón por Valor, que inculca valores en niños del Estados de México a través del deporte.

" Comentar Imprimir
02 Agosto 2020 04:09:00
Salir al ruedo con dignidad
Escuchar Nota
A Pablo

“No es el hombre crítico el que importa; ni el que se fija en los tropiezos del hombre fuerte o en qué ocasiones el hacedor de andanzas podía haberlo hecho mejor.

“El mérito pertenece al hombre que está en el ruedo, con el rostro estropeado por el polvo, el sudor y la sangre; al que lucha valientemente; al que se equivoca; al que fracasa una y otra vez, porque no hay intento sin error ni fallo; al que realmente se esfuerza por actuar; al que siente grandes entusiasmos; grandes devociones; al que se entrega a una causa digna; al que, en el mejor de los casos, acaba por conocer el triunfo inherente a un gran logro, y del que, en el peor de los casos, si fracasa, al menos habrá fracasado tras haberse atrevido a arriesgarse con todas sus fuerzas…”

El anterior es un fragmento del discurso que Theodore Roosevelt dio en La Sorbona de París, el 23 de abril de 1910, conocido como El Hombre en el Ruedo. Y es precisamente este fragmento el que lo hizo famoso.



La dignidad interior

Que sabias son las palabras de Roosevelt. Hay maneras de vivir y maneras de morir. Hay quien se arriesga y se lanza al ruedo y hay quienes prefieren ver la vida cómodamente sentados. Estos últimos son los críticos, los que juzgan sin mancharse la cara.

Desde el momento en que nos levantamos hasta que nos acostamos somos maestros de vida. Si bien es cierto que creemos conocer a las personas durante los eventos de la vida cotidiana, el conocimiento real, auténtico y profundo se nos revela ante su conducta dentro del ruedo, es decir, frente a los retos y la adversidad. No hay duda.

Cuánto admiro a las personas que frente a una prueba tan grande como es una enfermedad seria, por ejemplo, en lugar de la queja, eligen la aceptación, la dignidad y la sonrisa, ante la admiración de quienes las observamos. Ese tipo de dignidad interior lo podemos encontrar también en el campesino que a diario se levanta para trabajar la tierra, o en la madre soltera que día a día se parte en 10 con entereza y alegría.

La dignidad hace resonar esas fibras internas no negociables que vibran ante una situación límite. La dignidad interior –el secreto de muchos a quienes admiramos– es la que nos hace lanzarnos al ruedo, luchar y enfrentar cualquier reto con la cara en alto.

Hay quienes nacen con esta fortaleza y son capaces de mantener la compostura de manera natural ante desafíos importantes; otros cuya fe los mantiene de pie y aquellos que se definen por la resiliencia, la determinación y la voluntad de poder.

La dignidad interior se gana y nos eleva a planos en los que los elementos de nuestra vida toman otra perspectiva y otro camino, nos brinda posibilidades de transformación real.

Si bien todos tenemos una dosis de dignidad, esta se tiene que ejercitar en los momentos en que la existencia parece estar acomodada, para aferrarnos a ella cuando la vida nos lance al ruedo sin previo aviso y nos toque vivir situaciones en las que el estrés, los desengaños, las decepciones o la enfermedad nos tambaleen. Cuando los retos de la vida aparecen es el momento menos adecuado para aprender a lidiar con ellos.

La dignidad no es algo que se pone y se quita, se vive. Es por eso que conviene buscar el silencio, la respiración profunda y el contacto con nuestro interior para crear una rutina que fortalezca el espíritu.





Imprimir
COMENTARIOS