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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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19 Mayo 2017 04:00:00
¿Réprobos?
Así fue, mis valedores. Que anteayer el mundo conmemoró el Día Internacional contra la Homofobia, la Transofobia y la Bifobia, una fecha fundamental para crear conciencia sobre los derechos de la comunidad LGBTTTIQ, que en la actualidad aún sufren de discriminación, agresiones y violencia en países homofóbicos en donde aún se encarcela y se agrede físicamente a la preferencia social distinta. Que se instituyó el 17 de mayo “como la fecha para celebrar el día en que la Organización Mundial de la Salud descalificó a la homosexualidad como un desorden mental”.

Ya era hora. Con el inválido, la mujer y la empleada doméstica, los denominados “grupos lésbico-gays” han sido hasta hoy víctimas propicias de marginación, mofa y befa, desprecio y piedra de escándalo. A propósito de la homofobia, esa que en algunas comunidades no se ha logrado desarraigar: “maricones”, insinuaciones tabernarias, retruécanos de burdel con los que se befó y se vejó a seres humanos, y por ello mismo dignos de todo respeto y consideración.

Anatema, condenación. La iniciativa que Peña envió al Congreso hace algunos ayeres con el propósito de legalizar el matrimonio y la adopción entre personas del mismo sexo levantó ámpulas en el cuerpo social diestramente manipulado por las sotanas y capas pluviales desde los medios de acondicionamiento social. El revuelo que en el alto clero, las agrupaciones ultraderechistas de padres de familia ha producido la dicha ley. No fue el individuo bestializado que a la mitad de un linchamiento y ya a punto de encender la gasolina para la quemazón de quienes, atenidos a la ley, hubiesen contraído un matrimonio igualitario. No, que los del linchamiento verbal fueron un obispo y un cardenal arzobispo de la Iglesia católica. ¿Castigo a los boquiflojos? ¿Castigo al jerarca de un gremio que con los oligarcas y la industria del periodismo hizo que un ebrio carnicero se entronizara en Los Pinos? ¿México, como lo jura el discurso oficial, un estado de derecho?

“¡Un lobo con piel de oveja!”, claman. “Tus hijos se verán afectados por acciones y leyes consecuentes que permiten que niños sean adoptados por parejas homosexuales, talleres dirigidos a niños que inculcarán la homosexualidad en escuelas, y si dos homosexuales actúan de manera impropiada públicamente, la ley los defenderá, sin importar lo que tus hijos están viendo”.

En lo alto del púlpito y desde casi todos los medios de acondicionamiento social ironizaron voceros del clero católicos como el obispo Javier Lozano, que a la sombra de Juan Pablo II llegó a colocarse la tiara de cardenal:

“¡Los homosexuales nunca entrarán en el reino de los cielos!”.

Y las ironías de arzobispos y obispos católicos: “¿A ustedes les gustaría que los adopten maricones? Lo que ocurrió fue que el anterior jefe de gobierno de la ciudad y organismos internacionales maicearon a los ministros de la Suprema Corte para que avalen parejas del mismo sexo y que puedan adoptar”.

La picardía juguetona del obispo de Durango, la capital:

“¿No será que Peña busca, en lugar de Gaviota, un Gavioto?”.

En el matutino: “Grupo católico cura la homosexualidad. Cinco mil gays y lesbianas toman terapias en una asociación que ofrece clases de masculinidad y feminidad”.

Una cierta Fundación Vida y Valores:

Pretender que la actividad homosexual y sus consecuencias sean legalizadas, cuando por sí mismas constituyen una perversión moral (sic), violenta el principio de justicia. Nadie tiene legitimidad alguna para pretender la protección jurídica a comportamientos inmorales e irracionales. El homosexualismo ¡no es fuente de derecho!

¿Esos, vida y valores? ¿Esos? (la náusea.)
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