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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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13 Marzo 2018 04:00:00
Reflexiones sobre la discriminación contra la mujer
El pasado 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer. El hecho de destinar una fecha a la mujer tiene antecedentes de más de un siglo. Acontecimientos trágicos (principalmente, el incendio de una fábrica textil en donde murieron 129 mujeres debido a las pésimas condiciones en que laboraban), el no contar con los derechos políticos más básicos como votar y ser votadas, así como la interminable lista de estereotipos y prejuicios que, desde el origen de la humanidad, se elaboraron y arraigaron en torno a las mujeres, detonaron la lucha por sus derechos y el reconocimiento de su dignidad.

Como hoy ya muchas personas lo saben, la existencia de un “Día de la Mujer” no tiene que ver con festejarlas, agradecerles su existencia, entrega incondicional o abnegación.

Lo que es más claro, reconocer con flores tal abnegación constituye un contrasentido para el propósito verdadero de este día: honrar a las mujeres que han realizado esfuerzos significativos para “conquistar” el lugar que, por derecho natural, les corresponde en la sociedad, y recordar a todos que aún faltan muchas cosas por hacer a fin de garantizarles la igualdad.

Afortunadamente, nos encontramos en un tramo de la historia de la humanidad en donde se comienza a entender y separar adecuadamente lo que significa ser persona, de lo que implican conceptos como sexo, género y orientación o preferencia sexual.

Por esa razón, porque el objeto principal del Día Internacional de la Mujer es que se conozca y comprenda mejor lo que está bien y lo que está mal, lo que se ha logrado y lo que no, de acuerdo con las normas humanas más elementales, en cuanto al trato hacia las personas y, en este caso, hacia las mujeres, para modificar ideas y comportamientos, enseguida se exponen algunas reflexiones básicas que vale la pena tener presentes todos los días, para actuar en consecuencia:

• Las mujeres merecen ser tratadas con igualdad y equidad, no por ser mujeres, sino por ser personas. Nada justifica un trato discriminatorio a un sexo o género en particular. Lo único que sustancialmente diferencia a las personas son sus ideas, hábitos, actitudes, valores y ocupaciones o profesiones. Pero incluso tal diferenciación no puede ser motivo ni razón para menoscabar su dignidad ni sus derechos.

• La excepción en cuanto a un trato diferenciado, por parte de la sociedad y las autoridades, no sólo entre los hombres y las mujeres, sino entre las personas que se encuentran en cualquier situación de vulnerabilidad y las que no, es la discriminación positiva y las acciones afirmativas. Estas acciones, las cuales benefician más a unos que a otros, se justifican porque tienen la finalidad de compensar temporalmente las injustas desventajas y desigualdades que, por circunstancias de la vida ajenas a la voluntad propia, han tenido que enfrentar, hasta que llegue el día en el que no sean necesarias.

• Las mujeres no son inferiores a los hombres. La idea, desafortunadamente hoy todavía presente en personas de todos los géneros, de que, por designio de la naturaleza, los hombres poseen más cualidades y capacidades inherentes que las mujeres, es una gran mentira producto de la ignorancia, la prepotencia y de constructos sexistas como el machismo. Los logros y el éxito de una persona no dependen de su sexo ni género –comprobado está que ni siquiera de su coeficiente intelectual–, sino de aspectos como su visión, esfuerzo y constancia.

• Los hombres y las mujeres son personas sustancialmente igual de amables, cariñosas, sensibles y comprensivas. Los sentimientos y las emociones de las personas, su desarrollo y manejo, poco tienen que ver con su sexo o género, más bien se deben a su inteligencia emocional, a su vida emocional, a esa capacidad –y habilidad– que Daniel Goleman explica de manejar adecuadamente los sentimientos y las emociones propias, así como de interpretar y enfrentar con eficacia los de los demás, en equilibrio con la inteligencia racional. En efecto, el “sexo débil” no existe, en dado caso puede haber personas que, independientemente de su sexo, tengan un manejo débil de sus emociones.

• Mujeres y hombres poseen igual potencial, lo que les puede permitir alcanzar y encargarse con igual éxito de las mismas tareas, labores y responsabilidades. El hecho de que actualmente sea mayor la cantidad de hombres que la de mujeres que ocupan los cargos más encumbrados en la mayoría de los ámbitos, por ejemplo, en el empresarial y el político, se debe a la discriminación y marginación de la que históricamente han sido víctimas. No existen roles o trabajos naturalmente asignados a un sexo en particular, tal asignación ha sido construida de modo artificial, y hay que romperla.

Por más obvias que parezcan estas afirmaciones, es vital no perderlas de vistas, ya que estudios, estadísticas y, sobre todo, la realidad diaria, muestran abundantemente que, por más que la humanidad ha evolucionado en este tema tan esencial, la discriminación por sexo o género continúa siendo una de las causas más frecuentes de transgresión de la dignidad.

La esperanza de un mundo más justo, la emoción de saber que lo deseable es realmente posible, siempre está viva. Hacer que esa esperanza se convierta en una realidad depende de la conciencia, empatía, voluntad y el compromiso de todos.
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