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Querida Ana
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14 Febrero 2018 04:00:00
QUERIDOS LECTORES:
Otra vez para el Día del Amor y de la Amistad, un poema de José Ángel Buesa, a quien se le ha llamado el “poeta enamorado”. Nacido en Cuba el año de 1910 y fallecido en la República Dominicana en 1982, es uno de mis poetas favoritos. Sus poesías de amor son tantas, y tan hermosas, tan sentidas, que es difícil encontrar cuál publicar en esta fecha cada año, pues ya van varios años que lo elijo para regalarles a ustedes algo que valga la pena. Fue un poeta romántico con un claro tono de melancolía a través de toda su obra. Yo deseo y espero que les gusten los poemas de José Ángel Buesa, tanto como a mí, romántica irrestricta e irreversible. El nombre del poema de hoy no parece que sea de amor, pero ya verán que sí, y mucho. Bueno, ya basta… Leamos:


POEMA DE LA CULPA

Yo la amé y era de otro, que también la quería.
Perdónala, Señor, porque la culpa es mía.

Después de haber besado sus cabellos de trigo,
nada importa la culpa, pues no importa el castigo.

Fue un pecado quererla. Señor, y sin embargo,
mis labios están dulces por ese amor amargo.

Ella fue como un agua callada que corría…
Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala, Señor, tú que le diste a ella
su frescura de lluvia y su esplendor de estrella.

Su alma era transparente como un vaso vacío.
Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.

Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera
Turbadora y fragante como la primavera?

¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío
sobre la yerba seca y ávida del estío?

Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,
como un surco que intenta rechazar la simiente.

Era de otro, era de otro, que no la merecía,
Y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
Era de otro, Señor. Pero hay cosas sin dueño:
Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.

Y ella me dio su amor como se da una rosa,
como quien lo da todo, dando tan poca cosa…

Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
Ella no fue culpable, señor… ¡ni yo tampoco!

La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella,
y me diste los ojos para mirarla a ella.

Toda la culpa es tuya, pues me hiciste cobarde
para matar un sueño porque llegaba tarde.

Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar
y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.

Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,
que sería un pecado mayor si no la amara.

Y, por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,
que Tú, que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,

Tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
Tú también la amarías, ¡si pudieras ser hombre!
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