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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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11 Agosto 2020 04:00:00
Pacto de impunidad
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La corrupción y la impunidad son inmanentes a nuestro sistema político. La Revolución puso fin al porfiriato, mas no a los vicios, abusos e injusticias de la dictadura. Los generales se hicieron con el poder tras el asesinato de Francisco I. Madero para forrarse de billetes.

En busca del Señor Jenkins (Andrew Paxman) y El Vendedor de Silencio (Enrique Serna) narran capítulos de esa historia, en la cual los traficantes de noticias eran igual de inescrupulosos. La transición a los gobiernos civiles, con Miguel Alemán, modernizó el saqueo de las arcas públicas y de los recursos del país.

El ascenso del PAN a la presidencia suponía la extirpación del cáncer denunciado sexenio tras sexenio. Pero en vez de atacar la corrupción, la abrazó, protegió y expandió. Ninguno de los peces gordos a los que Vicente Fox prometió enjuiciar, pisaron la cárcel.

Al contrario, en su sexenio Raúl Salinas, a quien Ernesto Zedillo puso entre rejas por enriquecimiento ilícito y el asesinato del líder priista José Francisco Ruiz Massieu, salió libre un año antes de la sucesión de 2006, que Felipe Calderón ganó por los pelos.

Ni siquiera el Pemexgate se castigó. El desvío de mil millones de pesos a la campaña presidencial de Francisco Labastida, suficiente para cancelar el registro del PRI, se arregló con una multa equivalente.

Exonerado de los delitos de peculado y uso indebido de atribuciones, el exdirector de Pemex, Rogelio Montemayor, fue inhabilitado por 11 años para desempeñar cargos en el servicio público y se le impuso una multa impagable por 2 mil millones de pesos. Romero Deschamps, impuesto por Carlos Salinas en la jefatura del sindicato petrolero, recibió como premio una diputación federal.

Uno de los mayores reproches al PAN consiste en haber traicionado su promesa de combatir la corrupción. Fox, el Presidente de la alternancia, tiró por la borda la legitimidad de las urnas; incluso pudo haber negociado con el PRI impunidad por el financiamiento de Amigos de Fox a su campaña, a cambio de protección para las figuras más venales de ese partido. Para más inri, los hijos de su esposa, Martha Sahagún, aprovecharon su posición e hicieron fortuna. Además de la propensión a los negocios y al dinero del erario, al PRI y al PAN los hermanó su aversión hacia López Obrador.

Después de las revelaciones del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya Austin, sobre la red de corrupción en el sexenio anterior y la cohabitación PRI-PAN, cobra sentido la declaración del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) según la cual el pacto de impunidad entre Peña y Calderón habría incluido la exoneración de Humberto Moreira por la megadeuda de Coahuila.

También se refuerzan la versión de que una parte de los créditos por 36 mil millones de pesos se utilizaron para financiar la campaña de Peña Nieto, la cual excedió en más de 4 mil millones de pesos el tope legal.

El PRI que regresó al poder con Peña, apadrinado por gobernadores, empresarios, trasnacionales (Odebrecht) y grandes medios de comunicación, resultó el más corrupto de la historia. Su alianza con el PAN y el PRD en el Pacto por México le abrió a AMLO las puertas de Palacio Nacional de par en par. “Si en serio quieren atacar la corrupción y los conflictos de interés, los líderes políticos mexicanos pueden tomar el ejemplo de Brasil”. Peña “no entiende que no entiende”, le dijo The Economist (23-01.15). AMLO recogió el guante y hoy el expresidente y su exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray, están en la picota.

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