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Dalia Reyes
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17 Abril 2018 04:00:00
Morir soñando
Un terrible ejercicio se generaliza entre las sociedades del mundo: Mirar el obituario con la certeza de que la lista está engrosada con difuntos cuya edad apenas rondaba los cincuenta. No deberá confundirse con morbo, es incapacidad para comprender cómo en un presente donde la expectativa de vida es de 80, cada vez más personas se van dejando sin vivir los años que les correspondían.

En la película “El león en invierno”, el rey Enrique II, recién cumplió los 50 años y se siente solitario, incapaz de hacerse comprender por nadie porque, dice, no conoce a nadie que sea mayor que él para discutir la sucesión de un gobernante que, para la época, debía haber muerto ya.

Cincuenta años eran demasiados vistos desde casi diez siglos después. Hoy, nuestros ancianos parecerían acreedores a hechizos de inmortalidad frente a la terrible costumbre medieval de morir tan joven; sin embargo, es abril del 2018 y los obituarios y las esquelas no tienen empacho en mostrar el nombre completo y la edad de difuntos on 18, 35, 52 años. No hay error, tampoco límite, porque un ejercicio exhaustivo de creer esta verdad como algo atípico, me ha llevado a sorprenderme cada día con la multiplicación de muertos precoces.

La definición de esperanza de vida consiste en los años que un recién nacido puede esperar vivir si los patrones de mortalidad por edades imperantes en el momento de su nacimiento siguieran siendo los mismos a lo largo de su vida. Para mí, es la inversa del fenómeno Cenicienta: Puedes ir al baile si barres, trapeas, lustras, lavas, cocinas, sacudes y planchas; en este caso la promesa de alcanzar los 77 años esperados está condicionado a comer de tal manera que se nutra el cuerpo en un sitio donde sea capaz de generar los anticuerpos a cierto medio ambiente –no a otro- en el cual la persona se comporte de modo tal que no se exceda, no se extralimite, no se exponga, no se arriesgue y no le caiga el chahuistle.

Es vox pÓpuli este asunto de encontrar, cada vez más, edades impensables en los obituarios, peor algo me dice que la esperanza oficial de vida en el país no va a cambiar porque a cualquier gobierno se le vería muy feo que se le mueran los muchachos y las muchachas.

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