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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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01 Octubre 2020 04:00:00
Morena en la encrucijada
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Decir que la izquierda mexicana está condenada a la fragmentación, equivale a inventar el agua tibia o a descubrir el Mediterráneo. Las fracturas internas son parte de su historia, desde la fundación del Partido Comunista Mexicano hasta la guerra a muerte de las tribus del ahora macilento Partido de la Revolución Democrática. Hoy, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el partido en el poder, se está acercando peligrosamente a la posibilidad de seguir los pasos a sus antecesoras. La renovación de la directiva no solo acumula decenas de aspirantes, también ha vuelto pública la profunda división entre sus miembros más prominentes.

Porfirio Muñoz Ledo, uno de los políticos más inteligentes y fogueados en activo, es, como se sabe, uno de los candidatos a dirigir el timón de Morena. Aguerrido, como siempre lo ha sido, Muñoz Ledo entró a la contienda con un cuchillo entre los dientes, dispuesto a todo para combatir a sus contrincantes; especialmente uno de ellos, el diputado federal Mario Delgado Carrillo, a quien acusa de ser simple alfil del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

De ganar Delgado Carrillo -ha dicho Muñoz Ledo- se afianzarían las aspiraciones de Ebrard a suceder a Andrés Manuel López Obrador, con lo cual, agrega, el Gobierno de este se reduciría a cuatro años, al aparecer en escena un precandidato con todas las ventajas.

El problema de Morena es el mismo sufrido por el Partido Comunista y el de la Revolución Democrática: el dogmatismo. Hay en los grupúsculos morenistas un afán de considerarse los verdaderos y casi únicos seguidores del dogma. Por eso no debe extrañarnos que los seguidores de Porfirio se autonombren “los puros”.

Siempre ha sido así. Basta recordar los desacuerdos que colocaron en bandos diferentes a Diego Rivera y a David Alfaro Siqueiros. Aunque ambos eran seguidores de las doctrinas de Marx, uno de ellos, Rivera, simpatizaba con León Trotsky, enemigo de José Stalin, mientras Siqueiros, estalinista sin fisuras, hizo llegar tan lejos su adhesión, que formó parte de un comando que intentó asesinar a Trotsky cuando estuvo refugiado en México. Efectos del dogmatismo.

Actualmente, los aspirantes a la dirección de Morena insisten en su credo lopezobradorista incontaminado. Con ello afirman su sólido dogmatismo y de pasada buscan agradar al tabasqueño, quien tiene la capacidad de cargar los dados en favor de uno u otro. Es la vieja historia de los marxistas cien por cien por ciento “puros”, y sus enemigos del mismo partido, los entonces llamados “revisionistas”.  

Es difícil saber cómo terminarán las cosas, pero de una simple evaluación de la fiereza de los combatientes, es posible deducir que los contendientes se provoquen heridas capaces de hacer estallar la balcanización, cuando no la atomización del partido. No son malos deseos, es la lectura desapasionada de una situación y poner a trabajar un rato la memoria.

Con la elección de los nuevos directivos de Morena, la cual se hará mediante una encuesta, el partido no se juega únicamente su futuro inmediato. El divisionismo —remember el PRD— podría producirle una fragmentación que lo lleve a enfrentar, carente de la unidad y de fuerza, las decisivas elecciones del próximo año, pues el encono mostrado por los contendientes y de los grupos que los apoyan cancela todo intento de realizar una “operación cicatriz”.

“Pal’ baile vamos”, como se decía antes en los ranchos.

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