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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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12 Enero 2019 04:00:00
Matar al paciente
Una parte del juramento original del médico griego Hipócrates en el siglo 3 Antes de Cristo que se me hizo relevante dada la crisis por la estrategia que el Gobierno eligió para combatir al huachicoleo.

Comparto el objetivo final de Andrés Manuel: hay que eliminar este cáncer (¿quién podría estar en desacuerdo?). Pero equivocarse en la estrategia en un tema tan crucial como la gasolina equivale a curar la enfermedad matando al paciente.

Todo México se mueve con gasolina (y diésel). Estrangular el abasto es estrangular la economía. No es física cuántica.

Como tampoco es muy difícil conocer lo siguiente:

* 70-80% del transporte de gasolina es por ductos. Por ende es imposible suplantar con pipas el abasto.

* La capacidad de almacenamiento es muy limitada. El promedio en el país es de apenas tres días. Váyase de espaldas: ¡en la Ciudad de México es de sólo un día!

* Los ductos son el medio más eficiente para transportar combustibles. Hacerlo por pipas es 14 veces más caro. Entonces, aún si AMLO encontrase (no lo creo) la forma permanente de sólo usar pipas tendría sólo dos opciones para enfrentar los mayores costos: subir el precio de la gasolina o que Pemex asuma las pérdidas.

Por otro lado, también era previsible que se generasen compras de pánico en la era de hipercomunicación y redes sociales. Ah, y aparte es muy fácil generar desabasto en gasolina con estas

compras.

Como bien calcula mi amigo Luis Gómez: “La carga promedio en México de un auto es de 300 pesos, unos 15 litros. Los tanques subterráneos de una gasolinera de dos islas en promedio son de 30,000 litros, por lo que puedes atender sin problemas a 2,000 autos al día. Ante la escasez todos llenan el tanque (50 litros), por lo que tu capacidad para atender autos baja a sólo 600 diarios”.

Exacto. Ahí está el problema. La gasolina se acaba rápido. Por eso empiezan las raciones. y esto no hace más que agravar el pánico.

El objetivo es el correcto, la estrategia no.

Andrés y sus huestes se confunden: la única forma real de parar el robo de combustible es atrapar y castigar a los criminales. Si no, los malos simplemente harán una de dos cosas:

1. Empezarán a robar pipas. Y OJO, porque si el Gobierno les pone escoltas a todas descuidarán la vigilancia en otros lados. La cobija no alcanza. Cubres un lado y descubres otro.

2. Esperarán a que vuelvan a abrir los ductos.

Dicen que el huachicol se da por complicidades en Pemex. Estoy de acuerdo. También hay que capturar y castigar a estos criminales.
Es probable que aun si arrestan a los cómplices del Gobierno, los huachicoleros sigan buscando continuar con su “negocio”. El botín es demasiado grande para rendirse a la primera.

Por eso la solución de fondo es enfrentar a los criminales y no cerrar los ductos. En el gobierno o en una empresa elegir la estrategia incorrecta para alcanzar un objetivo correcto te expone a:

a) Llegar al lugar equivocado.

b) Arriesgar la supervivencia de la empresa, ya sea por el impacto económico del error o por abrirle la puerta a competidores.

c) Perder el puesto y/o la confianza del equipo.



Creo que Andrés no tendrá más remedio que volver a abrir los ductos. Y ojalá que cuando lo haga tenga implementada ahora sí una estrategia para enfrentar el problema en su raíz.

Cierro con los apuntes sobre las causas de la estupidez que acabo de leer el pasado fin de semana en el estupendo sitio FarnamStreet. Según el autor y profesor Adam Robinson son siete:

1. Estar fuera de tu área de experiencia o de tus rutinas.

2. Ser parte de un grupo (el famoso “groupthink”).

3. Estar en presencia de un experto o ser un experto.

4. Estar demasiado enfocado (no ver el bosque).

5. Recibir demasiada información.

6. Estrés o fatiga física o mental.

7. Tener un sentido de extrema
urgencia.


Apúntelas, seguro lo sacarán de algún problema.

Creo que la 7 es especialmente importante para el nuevo Gobierno. La urgencia puede llevar a decisiones equivocadas. No hay que confundir lo rápido con lo bueno.
En pocas palabras.

“Sobre todo, no jugaré a ser Dios”. Parte del juramento hipocrático moderno.
Confucio
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