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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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14 Noviembre 2017 04:00:00
La espera del terror
Llegó el nuevo equipo a gobernar y aun cuando todo se está haciendo en el mayor sigilo, el cambio de mandos fluye en la estructura gubernamental. El proceso de entrega-recepción en el Gobierno del Estado está concluyendo y seguramente como tradición y gesto de cortesía política hacia el equipo entrante, los secretarios les indicaron a sus subalternos tanto al nivel de dirección como de subdirección, firmar su renuncia y esperar las instrucciones de los nuevos titulares y de su equipo.

El cambio siempre implica la presencia de un estado de indefinición en donde los rumores y la falta de información confiable generan angustia creciente, que puede desembocar en la espera del terror, porque el cambio, a pesar de ser del mismo partido, pudiera no darse de manera amable y amistosa, a la manera de un corredor que le toma la estafeta al otro, para hacer que gane el mismo equipo, sino quizá como un vencedor que entra en el campo del enemigo vencido.

Y aunque causa el mismo esfuerzo despedir a la gente con una sonrisa amable que con una cara seria, quizá los nuevos jefes no les den las gracias ni les despidan con cortesía, sino con indiferencia o frialdad al aceptarles la renuncia ya firmada de antemano.

Aun cuando lo lógico es que el cambio de estructura sea amplio, algunos recursos humanos quedarán, pues no se puede prescindir inmediatamente de los servicios de todos los operadores administrativos, porque ellos son los que dan la memoria histórica a la transferencia. En ellos (y en los que esperan su salida, también) las emociones deben estar a flor de piel y a su máxima capacidad de manifestación, pues pocas cosas alarman más que el perder la fuente de sustento.

El que estén la emociones intensamente presentes es más agotador de lo que nos pudiéramos imaginar, porque, al contrario de lo que se pensaba hasta hace poco tiempo, las emociones básicas no son seis (alegría, tristeza, cólera, sorpresa, miedo y asco), sino 27 emociones interconectadas, según un nuevo estudio publicado en la importante revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, realizado por investigadores de la Universidad de California en Berkeley.

Estas son admiración, adoración, aprecio estético, diversión, ansiedad, asombro, incomodidad, aburrimiento, calma, confusión, anhelo, aversión, dolor empático, embelesamiento, envidia, emoción, miedo, horror, interés, alegría, nostalgia, romance, tristeza, satisfacción, deseo sexual, simpatía y triunfo.

El problema es que por lo menos 13 de estas emociones se ponen en marcha con el compás de espera actual, agotando día a día la tolerancia de angustiados trabajadores tanto estatales como municipales. Estas emociones de presencia constante podrán generar síndromes diversos como el de Burnout, el de Estocolmo, el trastorno de Ansiedad o el Ataque de Pánico, lo que ocasionará una baja en la eficiencia general al arranque del nuevo Gobierno.

Lo peor de todo es que la investigación también estableció que, contrariamente a lo que se piensa sobre que cada estado emocional es una isla, existen sutiles variaciones emocionales entre ellas, por ejemplo, la cólera y la tranquilidad, el horror y la tristeza, la diversión y la adoración, lo que hará más difícil que la persona sometida a la presión de este cambio y que experimente tales variaciones pueda entender lo que está pasando en su interior, y la lectura de sí misma se hará ininteligible, con el consiguiente aumento de confusión y falta de control en sus reacciones emocionales, repercutiendo en su vida familiar e íntima.

Por todo ello, lo mejor sería que los nuevos jefes tuvieran la necesaria sensibilidad para que el cambio sea lo más terso posible, evitando rencores, odios y terror innecesarios.
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