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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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21 Octubre 2020 04:03:00
Hombre de paja
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El triunfo del PRI en Coahuila es de manufactura local y no central, por más que el supuesto líder nacional de ese partido, Alejandro Moreno, lo presuma como propio. Así intenta convencer a la galería de un futuro promisorio en los estados cuando las encuestas pronostican para 2021 un carro completo, pero a la inversa: perder todo. Incluida la gubernatura de Campeche de la cual se separó -como Humberto Moreira- para dirigir el CEN. Una de las aspirantes de Morena es Layda Sansores, cuyo padre Carlos Sansores Pérez fue presidente del PRI en el apogeo de la «dictadura perfecta», y al cual Alito no le llega ni a la suela del zapato.

Una de las consecuencias de la alternancia en Campeche podría ser que el nombre de Moreno se agregue a la nómina de exgobernadores investigados por corruptos, en la cual figuran Javier Duarte (Veracruz), Roberto Borge (Quintana Roo) y César Duarte (Chihuahua), todos del PRI y entre rejas. Ulises Ruiz e Ivonne Ortega, exmandamases de Oaxaca y Yucatán, acusan a Moreno de haber adquirido, durante su Administración, una «casa blanca» valuada en 46 millones de pesos y de contratar créditos por mil 360 millones de pesos -una bagatela comparada con la deuda de Coahuila- cuyo destino se ignora.

Un amigo de Oaxaca me telefoneó el lunes para contarme sobre la euforia causada por el carro completo del PRI en Coahuila. «Pepe Murat (exgobernador de esa entidad y padre del Ejecutivo en funciones) le da el crédito a Moreno, por si alguien dudaba de la eficiencia de Alito». Sobre el tándem campechano-oaxaqueño, el columnista Luis Soto publicó:

«Los priistas del siglo 20 y los neopriistas del siglo 21 se quedaron perplejos cuando se enteraron de que su líder, es un decir, Alejandro Moreno, asociado con José Murat, se proclamaron dueños del partido y les mandaron decir el siguiente mensaje: aquí solamente “nuestros chicharrones truenan; vamos a decidir las candidaturas a puestos de elección popular; vamos a ‘dar línea’, a controlar los dineros… y al que no le parezca que se vaya”» («Dos tipos de cuidado», El Heraldo de México, 06.08.20).

Moreno está desaforado. «Perdona» a quienes votaron por Morena y abre los brazos (no las piernas, según dijo aquí un líder priista) a los «arrepentidos» (Quadratín, 19.10.22). Hombre de paja (como gobernador buscó el padrinazgo del presidente Carlos Salinas, igual que los Moreira), Alito perdió la perspectiva con dos triunfos ajenos, los cuales, en el plano nacional, no tienen mayor impacto. Morena ha denunciado «acarreo, compra de votos y amenazas» en Coahuila e Hidalgo por parte del PRI.

El presidente López Obrador, quien se había erigido como garante de las elecciones, declaró en la mañanera del lunes sobre los procesos en ambas entidades: «(…) es un triunfo para la democracia si la gente participa y hay elecciones limpias y libres, gane quien gane. (…) no quiero estar monitoreando, como era antes, desde la campaña cómo están los partidos, no me corresponde». AMLO y el gobernador Riquelme se verán este sábado en Acuña.

Ganar el Congreso le quitará a Riquelme presión y aumentará su margen de maniobra. El lagunero estuvo a punto de perder la gubernatura por los desafueros de los Moreira. En los comicios del domingo, los partidos echaron mano de todos los recursos a su alcance. La mesura de Riquelme frente al carro completo es consecuente con la sobriedad con que ejerce el mando. Al margen de errores y fallas, esa sola condición lo diferencia de un gobernador atrabiliario y enfermo de poder como Rubén Moreira.
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