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Juan Latapí
Juan Latapí
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14 Enero 2018 03:10:00
Hablar con la verdad
HABLAR CON LA VERDAD SE ha vuelto una práctica cada vez menos común y por el contrario, cada vez más vemos la mentira como algo normal. Basta ver los hechos recientes de la investigación iniciada en Chihuahua en la que se acusa al PRI y a la Secretaría de Hacienda del desvío de 250 millones de pesos del erario para financiar las campañas políticas del tricolor en las elecciones estatales de 2016 y tiene enfrentados al gobernador Corral con el Presidente en medio de una andanada de mentiras contra el Mandatario de Chihuahua.

Y AUNQUE UNA A UNA dichas mentiras han ido cayendo por su propio peso, tanto el Ejecutivo como el precandidato Meade y su patiño Ochoa –conocido en el bajo mundo como “Clavillazo”-, no han podido convencernos con sus mentiras. Vamos, hasta para mentir ya perdieron el estilo.

Y PEOR AÚN, AHORA QUE ya inició la tormenta de propaganda electorera todo hace suponer que será categoría 5, como el peor de los ciclones. El bombardeo de mentiras políticas ya empezó —incluso dicen que ahí vienen los rusos que intervendrán en las campañas-, y no molesta lo duro ni lo tupido sino lo burdo de las mentiras. Tal parece que vamos navegando a ciegas en un enfurecido océano de falsedades y, para acabarla de amolar, con viles mentiras carentes de ingenio que van desde la descalificación hasta la calumnia, pasando por el insulto; desde las mentiras típicas hasta las falsas promesas que sabemos difícilmente cumplirán. Y todo por conservar o alcanzar el poder a toda costa sin importar lo que le pase al país, “al cabo no pasa nada”.

A NUESTRA CLASE POLÍTICA YA se le olvidó que la mentira política no se improvisa; se calcula, se cultiva, se destila y se sopesa. Tiene sus reglas; es un arte sabio, útil y bello. La política y la mentira suelen ser buenas compañeras, sin embargo los políticos de ahora mienten cada vez con mayor torpeza. Hace falta que alguien los ponga a leer las recomendaciones que aparecen en el libro “El arte de la mentira política”, publicado hace 300 años, por Jonathan Swift –el mismo autor de “Los viajes de Gulliver”- en el que claramente dice que el mentir bien a los ciudadanos no es cosa que se improvise, es una arte con todas sus reglas.

HACE POCO, EL PERIODISTA CATALÁN Lluís Foix señaló que efectivamente, “la mentira y la política acostumbran caminar juntas, son compañeras de viaje y no se estorban. Hay que saber mentir bien y conseguir que haya siempre un punto de verdad que esconda la mentira. Se miente y se habla sin mesura a pesar de las evidencias. La política es como cierto tipo de periodismo en el que lo que se dice hoy se puede corregir en la edición de mañana; y si la mentira y la calumnia no se pueden disimular, entonces se publica una fe de erratas y aquí no ha pasado nada”.

LA MENTIRA POLÍTICA SIEMPRE HA existido en todos los sistemas y en todos los países. A final de cuentas, el político miente como podemos mentir todos, sin embargo, la mentira política suele tener efectos más devastadores porque se miente a toda una sociedad. La mentira genera desconfianza, distanciamiento y desasosiego. Un mentiroso en política ocasiona un daño grave; cuando un político niega la evidencia, pierde credibilidad y a final de cuentas pierde votos, aunque sea paulatinamente y a largo plazo.

PONER UN LÍMITE A LA mentira política es impostergable; una forma de lograrlo es contrastarla con la realidad. Cabe recordar que una de las personas que con mayor eficacia se dedicó a combatir la mentira política fue Abraham Lincoln, quien no se refirió a los límites morales sino de lo que puede ser desmentido por la realidad. Su célebre frase sobre la mentira política aún resuena en los gobiernos de todo el mundo: “Es posible engañar a unos pocos todo el tiempo; es posible engañar a todos un tiempo, pero no es posible engañar a todos todo el tiempo”. Lástima que nuestros políticos ni esto recuerden.

NUESTRA ÉPOCA, CON TODA SU tecnología, se ha ido convirtiendo en el siglo de oro de la mentira política –ahí están las mentadas fake news-, pero también del desenmascaramiento y del debate de la misma. Al final de su obra Swift sentencia que la verdad, aunque veces tarde, termina prevaleciendo, a pesar de que “la falsedad vuela mientras la verdad se arrastra tras ella”.

POR LO PRONTO, PERMANECEMOS CONFORTABLEMENTE flotando de “muertito” en este agitado mar de mentiras, aferrados a la indiferencia y a la apatía y nos conformamos con la vaga ilusión de que, de pronto, aparezca algún líder carismático o “redentor” para que nos rescate del naufragio. Mientras tanto, dice el escritor Raúl Bravo, “en México el cinismo parece ser el único reducto de tranquilidad para la vida cotidiana”.

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