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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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13 Febrero 2018 04:06:00
Golpes de pecho
A diferencia de su hermano Humberto, Rubén Moreira disfruta de una exgubernatura dorada. Hasta hoy, nada ni nadie le molesta, lo cual es distinto a que nadie lo recuerde. El domingo, al salir de misa del padre Chuy Pedro Oyervides, en Fátima, un académico deploró el daño causado a miles de trabajadores de la educación (en activo y jubilados) por la autoritaria reforma al sistema de pensiones avalado por la anterior Legislatura de mayoría priista. El efímero y artificial éxito de Humberto Moreira devino en pesadilla. Su defenestración como presidente del PRI, por el escándalo de la deuda eterna de 36 mil millones de pesos, representó el anticipo de mayores males. El poder cobra según su uso, su abuso o su desuso.

Rubén Moreira terminó su sexenio y como premio por haber retenido el poder sin importar los medios, el presidente Peña Nieto lo convirtió en secretario de Acción Electoral del PRI. Hace unos días lo ascendió a la secretaría de Organización y quizá mañana sea el relevo del anodino líder de ese partido, Enrique Ochoa. Con aliados así, José Antonio Meade no necesita que López Obrador y Ricardo Anaya cometan errores. El mensaje es obvio: el grupo Atlacomulco espera una elección presidencial tipo Coahuila y Estado de México. Un final controvertido y una resolución favorable en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación adicto al PRI-gobierno. El cálculo es suicida, pues el país no soportaría otro fraude tipo 1988 o 2006.

Moreira fue recompensado como si hubiera sido bue,n gobernador o hubiese arrasado en las elecciones. Miguel Riquelme cargó con los pasivos y la marca del moreirato –en particular de Rubén– y por eso estuvo a punto de ser derrotado. Entre 2011 y 2017, el PRI perdió casi un cuarto de millón de votos. Con el presupuesto, el Congreso, el Instituto Electoral de Coahuila y el Tribunal Estatal Electoral a su servicio, ¿dónde está el mérito? El costo fue demasiado elevado y la victoria pírrica. ¿Qué explica el premio? Quizá otro tipo de servicios.

Sin embargo, tener entre los operadores de Meade a un exgobernador a quien la Auditoría Superior del Estado le detectó pagos por 410 millones de pesos a empresas fantasma en el ejercicio 2016, entre ellas una relacionada con la entonces secretaria de Infraestructura y Transporte, María Esther Monsiváis, no es la mejor recomendación. La sombra de la corrupción ajena a persigue a Meade, pero será él quien lo pagará en las urnas.

En relación con la Secretaría de Salud, el informe Cumplimiento de los Puntos de Acuerdo Turnados a la Auditoría Superior del Estado, por la Comisión de Auditoría Gubernamental y Cuenta Pública del H. Congreso del Estado de Coahuila revela: “Como resultado de la auditoría número ASE-12496-2016 se desprenden observaciones que contienen hechos en los que se advierten irregularidades como se muestra a continuación: Egresos. Falta de comprobación o la documentación e información presentadas son insuficientes para su justificación, integrados en dos observaciones. Por un valor de 64 millones 504 mil 424.40 pesos. Las principales observaciones detectadas son las siguientes: No proporcionó la documentación que justifique y demuestre la recepción y destino de los bienes adquiridos” (Espacio 4, 579).

Mientras tanto, el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid, se da golpes de pecho: “en el PRI ha habido gobernadores que (...) son verdaderamente un motivo de vergüenza, no solamente para los priistas, sino para los mexicanos”. Unos están en prisión y otros en la campaña de Meade como si tal cosa.
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