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Dan T
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08 Noviembre 2018 04:00:00
El señorpresidente ha vuelto
Había una vez un país en el que el PRI todo lo controlaba. Del PRI era el Presidente, del PRI eran los diputados y los senadores, del PRI eran los jueces y, en general, todo el sistema político era del PRI. En aquel reino tricolor, el amo y señor del destino del país era el Jefe del Ejecutivo, el santísimo señorpresidente, el que ponía y quitaba, el que daba y expropiaba, el que ungía y condenaba. El mero mero, pues. Cuentan que un día el señorpresidente estaba dando uno de sus largos discursos que duraban horas y horas, durante los cuales todos sus súbditos tenían que aguantar sin ir al baño, sin bostezar y, sobre todo, sin dejar de aplaudir. Lo que el señorpresidente decía no sólo era ley, era palabra divina. Uno de los funcionarios que estaba atento a las palabras del jefe máximo, de repente volteó a ver a su compañero de gabinete y le preguntó:

–Oye, güey, ¿que los cocodrilos vuelan?

–¡No seas pendejo! ¿Cómo se te ocurre pensar eso? No sólo pareces tonto, sino ignorante. Como si no supieras que los cocodrilos son reptiles y que los reptiles no vuelan. ¿De dónde sacaste esa babosada?

–Es que es lo que acaba de decir el señorpresidente.

–Bueno –dijo el funcionario levantando la mano a la altura de su ombligo– pero no vuelan tan alto, los cocodrilos apenas se elevan un tanto así del suelo.

De esos tiempos del todopoderoso señorpresidente llegamos a los tiempos de Enrique Peña Nieto, el hombre al que le saldrá mal todo lo que le pueda salir mal, y hasta lo que le estaba saliendo bien. A diferencia de los viejos presidentes priistas, a Peña nadie lo ve como si fuera infalible ni perfecto. De hecho, el de Toluca es probablemente el Presidente sobre el que se han hecho más chistes, memes y burlas, y eso que ya habíamos tenido a Vicente Fox.

Pero así como los pantalones acampanados volvieron –¡guácala!– también está volviendo la idea del señorpresidente que todo lo puede, todo lo sabe y todo lo ve. Todavía ni asume la Presidencia de la República, pero Andrés Manuel López Obrador se comporta más pesado que un priista que le va al América, a los Vaqueros de Dallas, a los Dodgers y al Real Madrid. Hay que verlo y escucharlo para comprobar que no sólo ya se vio, sino que ya se la creyó y ahora está muy mareado trepado en su ladrillo, pues no acepta una sola crítica, no oye razones y piensa que en su cabeza habita toda la verdad del universo. Que si el tren maya no tiene estudios, responde “me canso ganso” que se construye. Que la consulta nacional sobre el aeropuerto fue ilegal y completamente manipulada, dice que es la voluntad popular y que hay que irse acostumbrando porque así le gusta a él y así lo va a seguir haciendo, sea o no legal. ¿El aeropuerto en Santa Lucía? Ya mandó decir que no le importa lo que digan los expertos, que lo van a construir sin tomar en cuentan las advertencias de que puede ser un gran fracaso y, por lo mismo, significaría volver a tirar el dinero. El otro día le preguntaron por su hijo “fifí” que andaba paseando a todo lujo en España y en lugar de contestar lo que le pidieron, salió con que los medios lo atacan, pero que no se va a dejar y les va a responder y hasta los ojos les va a picar. ¿Y de quién es la culpa de todo esto? En primer lugar de los que votaron por él y le dieron el poder; pero también es culpa de todos esos agachones que trabajan con él y que en lugar de hacerle ver la realidad, nomás le dicen: sí, señorpresidente, lo que usted diga, señorpresidente.

¡Nos vemos el domingo!
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