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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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11 Julio 2020 04:01:00
El ancla de la pobreza
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En Coahuila cuando no llueve, llovizna. Esa es la herencia del moreirato. Al lastre de la megadeuda y de la emergencia por el coronavirus se agrega la crisis de AHMSA y de la minería de carbón, cuyos efectos resienten los municipios del eje Monclova-Sabinas-Piedras Negras. La situación es particularmente delicada en la Región Carbonífera, según advierte Javier Mariscal en el nuevo número de Espacio 4.

“Aunque el debate sobre la pobreza suele focalizarse en las entidades del sur del país, hay regiones en el norte, como la Carbonífera, donde las carencias familiares no difieren mucho de las que sufren algunos pueblos de Guerrero, Chiapas y Oaxaca.

“El problema es que en este país, salir de la pobreza parece casi imposible, pues de acuerdo con el estudio Movilidad Social en la Ciudad de México 2019, del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, al menos 7 de cada 10 personas que nacen en condiciones de precariedad viven así toda su vida.

“Bajo ese contexto, para los carboneros de Coahuila el panorama es incierto y oscuro. Tanto como los túneles donde pasan gran parte de su existencia, convertidos en rehenes de su circunstancia o víctimas de gobernantes incapaces o que de plano no priorizan políticas para mejorar la calidad de vida de los más vulnerables, por aquello de que ‘un pueblo ocupado en sobrevivir no se ocupa en criticar’.

“En ese sentido, lo que ocurre en la Carbonífera, con las termoeléctricas de Nava en la antesala de su desaparición –programada para 2029–, ejemplifica lo anterior, pues las autoridades no han conseguido diversificar la economía de una región donde la gente no parece conocer otro modo de vida.

“En 1982, con la puesta en operación de la carboeléctrica José López Portillo (Río Escondido), en el municipio de Nava, Coahuila, se fortaleció la fiebre del carbón, mineral cuya explotación inició desde finales del siglo 19 y que por temporadas se aletarga. En los años 70, con la planta experimental Venustiano Carranza, la CFE consiguió comprobar que el carbón de flama larga de la cuenca de Fuentes-Río Escondido servía para generar electricidad.

“Entonces, habitantes de las regiones Carbonífera y Norte comenzaron a hurgar en sus terrenos y encontraron que abundaba la hulla. Ese tipo de carbón es menos adecuado, pero combinado con mineral de otras regiones era utilizable, por lo cual la producción escaló. Más cuando en 1993 se instaló una segunda carboeléctrica –Carbón II–, también en Nava.
“No obstante, la ampliación de la demanda de ese combustible fósil marcó el inicio de un largo periodo de contaminación que, por cuestiones económicas, incluso hoy en día los directamente afectados lo ven como ‘un mal necesario’.

“Jorge Villarreal Padilla, investigador de Iniciativa Climática México, señala en un reporte que las dos centrales carboeléctricas de Coahuila, junto con la de Petacalco, Guerrero, producen 10% de la matriz eléctrica del país, pero emiten 22% de los gases de efecto invernadero del sector.

“Sin embargo, destaca que, en el caso de Coahuila, la reducción en el uso de carbón para producir electricidad debe ir acompañada de estrategias que eviten un problema social, debido a la alta dependencia económica regional de esta industria. (…)

“Villarreal pugna por reconocer, atender y mitigar el impacto que tendría la sustitución de la minería de cabón. Por lo tanto, propone ofrecer a los productores alternativas económics realistas, ‘pues resulta incongruente pretender que en Coahuila continúe la ‘fiesta del carbón’ cuando la política ecológica ya ha programado que se le apague la luz’”.
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