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Dan T
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14 Septiembre 2017 04:04:00
¡Ay, phone!
¿Alguien tiene 27 mil pesos que me preste? Son para una tarea. Bueno, no, en realidad son para irme un mes de vacaciones a la playa mientras algún pendejo se gasta ese mismo dinero en el nuevo iPhone X.

No digo que el aparato no esté bonito, nomás digo que vivir en la Ciudad de México y traer un teléfono tan caro, debería considerarse como deporte de alto riesgo. Porque, en una de esas, lo de menos es pagar el aparato, aunque sea en 2 millones de mensualidades.

Eso sí: el armatoste presenta una serie de características que parecen sacadas de una película de ciencia ficción. De entrada, en lugar de tener que teclear cuatro números de tu clave o poner la huella de tu dedito, basta con que lo pongas frente a tu rostro para que se desbloquee. Esto es porque tiene un sistema de reconocimiento facial, lo cual es lógico, pues a quienes pagan tanto por un pinche teléfono, les encanta que les vean la cara.

Otra de sus más interesantes aplicaciones es que, en cuanto tocas la canción Despacito, el teléfono de inmediato se bloquea. Y si pones una de Julión Álvarez te denuncian ante la DEA. Cuenta con un sistema inteligente para tomar fotos, de tal forma que si tienes la ceja delineada con pluma Bic color café, te aplica un efecto Comex para que se te vean decentes. Y si eres de esas mujeres que no pueden salir sin la trompa paradita, te hackea la cuenta de Facebook y te salva de la vergüenza de andar posteando esas ridiculeces. Una de las cosas más interesantes es que puedes cargarlo de manera inalámbrica, con lo que el huevón de mi cuñado podrá evitarse el tremendo trabajo de pedirle a mi hermana que, ¡ufff!, le conecte su teléfono al cargador. El iPhone X estará disponible en dos colores: pal’ que le guste y pal’ que no le guste. Es decir, gris soymamón y blanco nomemereces.

No cabe duda que estos tipos de Apple son ingeniosos: el iPhone 7 no tiene entrada para audífonos; el 8, ya no tiene botón al frente; y el 9, seguramente, será sólo una caja vacía y tendrás que pagar por él 3 mil dólares. Son tan ingeniosos que me recordaron la historia de aquel ranchero que llevó su camioneta al taller y después pasó a la ferretería a comprar un bote de pintura y una cubeta. Ya iba de salida cuando se encontró a un amigo que le pagó dos gallinas y un gallo que le debía. . En ese momento se le acercó una señora y le preguntó cómo podría llegar a la casa de los García. El señor le contestó:

–Yo voy para allá, con gusto la podría guiar, pero no sé cómo llevarme todo esto.

–Ay, señor, es muy fácil: ponga el bote de pintura en la cubeta y cargue ésta con una mano. Se pone una gallina debajo de cada brazo y con la otra mano carga al gallo.

–¡Oiga, qué bárbara! Tiene usted toda la razón –le dijo sorprendido y agradecido el ranchero por tan brillante solución. Después de caminar un par de kilómetros por la carretera, el tipo le dijo a la señora: Oiga, si le parece, conozco una vereda por la que nos podemos ahorrar como un kilómetro.

–¡Ay, no! Soy una viuda solitaria sin un hombre que me defienda. ¿Cómo sé que no me va a llevar por el bosque para saciar conmigo sus ansias de hombre?

–¡Señora! ¿Que no ve todo lo que vengo cargando? Aunque quisiera, ¿cómo le haría para ponerla contra un árbol y hacerla mía?

–Pues no sé. Pone el gallo en el suelo, lo cubre con la cubeta, coloca la pintura encima de la cubeta y yo le detengo las dos gallinas, papacito.

¡Nos vemos el martes!
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