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Rafael Loret de Mola
Rafael Loret de Mola
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Rafael Loret de Mola Vadillo (Tampico, Tamaulipas; 25 de octubre de 1952). Periodista y escritor mexicano, conocido por ser uno de los más serios críticos del sistema político mexicano. Sus libros, muchos de los cuales han sido best-sellers, contienen información confidencial sobre numerosos actores políticos de México. Jamás ha sido desmentido públicamente.

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28 Abril 2017 04:00:00
» Hijos… del sistema
Los hijos de gobernadores –como el de Andrés Granier, ex mandatario de Tabasco y uno de quienes sí han sido situados tras las rejas–, los vástagos de los dirigentes sindicales –digamos el corrupto Carlos Romero Deschams de quien no se justifica su libertad si, de verdad, no hay “intocables” en México–, al lado de ricos herederos de los empresarios con mayores utilidades en México –también los de capitales hispanos en plan de reconquista– han escogido las playas de California, como lo hicieran los familiares de la señora Gordillo –única “tocable” a nivel federal, al parecer, aunque no tenga las curvas necesarias–, y de Florida, siguiendo los pasos del petróleo y cuantos negocios sucios puedan imaginarse, para fincar en ellos, adquirir inmuebles de gran lujo, mirando al Golfo de México o al océano Pacífico para no sentirse muy apartados de su país “entrañable”, sin que por ello sean indagados razonablemente; incluso, en el caso de la ex dirigente del SNTE, las acusaciones sólo tocan la posibilidad de un “lavado de dinero” desde cuentas de los agremiados; la denuncia, por cierto, debió partir de ellos y no de la Procuraduría General.

¿Qué temen las grandes figuras de nuestro singular sistema ante las denuncias frecuentes contra ellos? Por ejemplo, cesaron ya las voces que exigen la cabeza del ex gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero, no sólo por el genocidio de Iguala, sino también por sus truculencias en el manejo de las protestas en contra de la reforma educativa en una muestra extrema de las contradicciones en este país: Quienes más fustigaron a “la maestra” son ahora los únicos que aún la defienden, arrugados los del SNTE cuyos arreglos, para aumentar salarios, nada menos 24 mil millones de pesos en conjunto, tienen más sabor a arreglo soterrado que a justicia; esto es: Para pasar la factura de su pasividad casi conmovedora mientras su ex dirigente se dice enferma en el penal de Tepepan. México es así, alegan quienes se benefician del estado de cosas.

Lo que nos está diciendo la tendencia es, nada menos, la posibilidad de un nuevo quebranto de las finanzas nacionales y la consecuente crisis estructural. Sin embargo no hay señales algunas que nos permitan asegurar ello con reservas monetarias por encima de los 195 mil millones de dólares, siguiendo los dictados del Fondo Monetario Internacional en donde nos observan con microscopio perdida la rectoría económica de nuestro gobierno desde hace varios sexenios digamos desde los vergonzosos tiempos del extinto Miguel de la Madrid quien se llevó a la tumba, hace poco más de tres años no sólo los secretos, sino las responsivas sobre un quehacer antimexicano y entreguista; y ninguna recriminación cayó sobre él en una demostración amplísima de que aún, con todo y el breve arraigo que sufrió Luis Echeverría Álvarez, en su espléndida mansión de San Jerónimo, a quien se exculpó frívolamente de los genocidios de Tlatelolco en 1968 y el Jueves de Corpus de 1971 con evidencias absolutamente incontestables de su participación directa en cada uno de esos brutales acontecimientos.

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27 Abril 2017 04:00:00
» Las mil cabezas
El gigante dormido, llamado sociedad –sin el apellido civil del que se han apropiado no pocos vividores-, parece despertar y comienza a desafiar al monstruo de las mil cabezas llamado corrupción; tanto que presionó lo suficiente para tratar de hacer andar una nueva legislación en contra de la creciente amoralidad política, sin duda uno de los sellos de la presente administración federal. Al mandatario ya no lo defiende ni su esposa más entretenida en definir algún otro perfil dentro del Estado Mayor Presidencial. (Algo similar a cuanto ocurrió con Martita de Fox en la fase final de la gestión de su marido cuando un atrevido uniformado, con derecho de picaporte, acabó sus días en la pileta del rancho San Cristóbal).

En fin, quienes organizaron, desde sus posiciones comunitarias y profesionales, las firmas 3 por 3 –referidas a la declaración de impuestos, la patrimonial y sobre sus intereses-, lograron infiltrar las respectivas Cámaras del Congreso federal pasando de un bando a otro, del PRD al PRI sin el consenso definitorio del PAN aunque varios candidatos de este partido han firmado la propuesta, acaso no han meditado sobre los efectos de sus presiones: Demostraron per se que sí es factible practicar la soberanía popular colocando en jaque a parte de la clase política que se remueve en curules y escaños sobre todo en tiempos electorales.

Resulta poco más que gracioso que sea el PRI, precisamente, con sus dirigentes camarales, el nauseabundo Emilito Gamboa y César Camacho Quiroz, el más interesado en apoyar la iniciativa y mantuvo su interés en “sacar el paquete” –términos parlamentarios- durante el periodo ordinario recién terminado. Digamos que fue tal postura la última ayuda posible hacia sus candidatos en medio de trastabilleos, confusiones y distanciamientos incluso de sus compañeros de partido malolientes como en el caso del troglodita veracruzano, Javier Duarte de Ochoa, ahora en Guatemala pero sin paraíso de por medio, y los narco-gobernadores que ya se fueron: Egidio Torre Cantú, de Tamaulipas, César Duarte Jiménez, de Chihuahua, Mario López Valdez, de Sinaloa, Roberto Borge Angulo, de Quintana Roo, y Rafael Moreno Valle, de Puebla. Algunos de ellos, además, miembros distinguidos de la “cofradía de la mano caída” que exalta el sometimiento homosexual cual si se tratase de un ritual para fortificar vínculos en una sociedad secreta e inexpugnable.

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26 Abril 2017 04:00:00
» Ejército sin ley
Hasta los legisladores temen que la iniciativa de ley “de seguridad interior”, misma que faculta a las Fuerzas Armadas a realizar tareas policiacas y de espionaje bajo el falaz argumento de que sólo así podrá detenerse la oleada de violencia generada por la guerra de plazas atizada por los cárteles con enorme influencia, habida cuenta de que el descontrol actual y las perspectivas futuras –los comicios cercanos en cuatro entidades del país y las presidenciales del año próximo-, facilitan las condiciones para una arribazón militar con el auxilio de la Casa Blanca –la de Washington-.

De esta manera, considerando que el señor Peña Nieto –el del chile que no embona, según él dijo- no detenta el verdadero control cobre nuestras Fuerzas Armadas y, cada día, como sucedió en el sexenio de Calderón, parece más atrapado en su madriguera, discursando sandeces y reduciendo su propia agenda para evitar a las multitudes cada vez más irascibles, la presencia de los mílites en los calles carece de sustento jurídico y moral; esto es, de existir un estado de derecho en nuestro país estarían de vuelta en los cuarteles y no amenazando, con su presencia, a quienes ocupan los territorios en donde habrá de determinarse el destino de sus gobiernos estatales con un fuerte y explicable rencor contra el mandatario federal.

Le llaman el “efecto peña” y éste es contrario a las ilusiones de los priístas tuertos, incapaces de tomar una sola radiografía a la realidad nacional; por el contrario, apuestan a los votos del miedo, como en 1994 tras el magnicidio perpetrado contra Luis Donaldo Colosio, con la soldadesca desbordada y exigiendo, cada vez más, los consiguientes botines de “guerra” humillando y robando a la población civil. De allí, igualmente, el sesgo de las matanzas no aclaradas, como la de Tlatlaya o Tanhuato, que van pasando del discurso infamante al archivo oscuro de los secretos de Estado. No podemos dejarlos allí.

El caso es que, a medida que se violentan las normas superiores, el general Salvador Cienfuegos Zepeda queda en una posición más comprometedora. Por una parte, se clama por su destitución al calor de los excesos propios y de sus tropas; por la otra, se le intenta proteger con el calado de las mafias dominantes de por medio. Un punto extremadamente molesto, e infecundo, con olor y sabor a chantaje. Pero no ha perdido el poder de fuego.

Ni el señor peña ni el general Cienfuegos son personajes con capacidad de liderazgo. Por ello esconden sus humanidades en todos los actos públicos y eluden la posibilidad de confrontar al pueblo herido, maltratado, ultrajado.

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25 Abril 2017 04:00:00
» Tiro por la culata
Los infecundos, infelices y torpes operadores presidenciales –Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación, realiza en ocasiones las veces de gurú mayor-, previnieron que con las capturas del tamaulipeco Tomás Yarrington Ruvalcaba y del veracruzano Javier Duarte de Ochoa, el nuevo satanás de los mexicanos cuando otros principales del inframundo fecundo se esparcen desde el Estado de México –Arturo Montiel Rojas, el primero-, el colectivo caería rendido a favor del priísmo vengador o, más bien, oportunamente coercitivo bajo el peso de las condiciones soterradas. Otra de sus más rotundas equivocaciones.

Estoy cierto, más allá de las encuestas venales, que los mexiquenses, coahuilenses y nayaritas –hasta los veracruzanos que renovarán el Congreso y las alcaldías en la hoy Yuneslandia-, no modificaron su voluntad política y electoral un ápice luego de las sonoras “hazañas” de las policías de Italia, de Guatemala y la Interpol. Al contrario, se carcajearon cuando la PGR pretendió llevarse el gato al agua y el presidente Peña aludió a que sendas capturas mostraban el éxito del combate contra la impunidad. Otra sonora carcajada.

Para que no hubiera duda alguna sobre el desaguisado presidencial, publicamos en nuestro muro de Facebook una lista de medio centenar de elementos, gobernadores y ex, con procesos en espera o ya con órdenes de aprehensión o amparos venales, en apariencia protegidos por la casa presidencial por cuanto a sus complicidades y al hecho innegable de sus contribuciones al peñismo desde que estaba gestándose la precandidatura del mandatario más devastador de la historia de la posrevolución. Entre Calderón y Peña recrean el perfil de Victoriano Huerta Márquez, el chacal.

Con casi doscientos mil muertos y enterrados –sólo en Coahuila se exhumaron cuatrocientos cincuenta y ocho cadáveres desde fosas clandestinas recientemente descubiertas-, sendas administraciones federales estarán manchadas de sangre para siempre; de allí el absurdo de insistir en que la consorte de Calderón sea postulada para ocupar el otro lado de la cama en Los Pinos desde donde fue arrojada tres veces, cuando menos. Y, pese a ello, los criminales miembros de la clase política se solazan alegando que con Duarte detenido ya cumplieron con su deber de expulsar la impunidad de sus terrenos... cuando quienes así piensan resultan bastante peores.
Lo más tonto de todo ello es la reacción de Andrés y sus i
ncondicionales bañándose en salud. Creyeron, de firme, que a ellos les llegaría la hora si Duarte hablaba. Nada más fuera de la realidad si no existe vínculo entre ellos; sólo en caso contrario deberían preocuparse porque no sería sencillo deshacer los entuertos. Se hunden en sus propios temores como lo hacen los de la cúpula gobernante que estiman factible seguir dominando la mente de cada mexicano.

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23 Abril 2017 04:00:00
» Caminos abiertos
Hace algunos años, cuando menos una década completa, percibimos e informamos que la distensión hacia los tráileres cargados con droga, a su paso por las autopistas de los Estados Unidos, solo podía tener una explicación: el visto bueno de los aduaneros y los agentes de la Border Patrol estadounidense. En efecto, a partir de este punto, fue descubriéndose que la estabilidad del mercado estadounidense de estupefacientes deriva en buena medida de la capacidad de las agencias de inteligencia para mantener los equilibrios y simular la persecución de los cárteles mexicanos, con los que se entienden, sembrando cadáveres como rastrojos inútiles.

Al gobierno le molestó enormemente que se hablara de nuestro país como un enorme cementerio de fosas clandestinas en voz de algunos mandatarios centro y sudamericanos acaso molestos por la intromisión de los cárteles en sus propios países, digamos en Colombia en donde la paz pende de un hilo pese a los esfuerzos mayúsculos para detener a los narcotraficantes de Cali y Medellín sobre todo –la historia de Pablo Escobar ya se convirtió en leyenda telenovelera-, y ahora se percatan que son los capos mexicanos quienes mantienen el comercio envilecido. ¿Qué se puede esperar en el futuro?

Pero más brutal aún es la ausencia de capacidad de nuestros gobernantes para hablar claro en la Casa Blanca y exigir, con pleno uso de la soberanía nacional, que se proceda en la Unión Americana con la misma rudeza con la cual se persigue y mata a los agentes del mal y sicarios en territorio mexicano. ¿Para eso es para lo que les permiten a los policías de extranjero portar y usar armas sobre territorio nacional? Me temo que sí.

Ahora, la denuncia ha crecido sobre la propensión de aduaneros y agentes fronterizos a corromperse no solo por dinero sino igualmente por su inclinación por las ofertas sexuales de primera línea. Las deformaciones sobre las costumbres estadounidenses, mil veces difundidas por la televisión, crecen sin remedio; pero la basura la siguen arrojando sobre México.

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21 Abril 2017 04:00:00
» Cara oculta de las drogas
Ya he contado las desventuras del bolivariano Jaime Paza Zamora, presidente de su nación entre 1989 y 1993 –antes de que llegara la dictadura de Evo Morales, perpetuado en el poder bajo la pátina de las culturas ancestrales y por desgracia excluyentes-, cuando decidió llevar a la gran Exposición Mundial de Sevilla, en 1992, un fajo de plantas de coca para intentar sacudir al producto del estigma universal basado en la refinación del mismo hasta convertirlo en cocaína, la droga con mayor cobertura en el primer mundo, lujo de los cárteles colombianos de aquella época. Fue un sacudimiento pero ni así las tuertas autoridades españolas –que sueñen ir con retraso casi a mano con El Vaticano en los temas humanitarios-, cedieron: Las maletas del mandatario sudamericano fueron incautadas, en violación a los derechos diplomáticos, y éste no pudo hacer demostración alguna sobre las facultades medicinales del cultivo considerado pernicioso.

Casi un cuarto de siglo después, el debate sobre la mariguana toma una perspectiva similar. La Secretaría de Salud, en donde anida el nuevo “presidenciable” José Narro Robles, ex rector de la Universidad Nacional en donde no es poco frecuente observar y oler a la mariguana y a los mariguanos, encabezó la cruzada para suavizar las restricciones por el uso de cannabis y permitir incluso la portación de hasta veintiocho gramos de la misma equivalentes, nada menos, a once carrujos, estimo más que suficientes para el consumo diario de los adictos.

Por cierto, huele mal en los jardines cercanos y en algunas esquinas cercanas a mi departamento de la Delegación Miguel Hidalgo, cuya jefa delegacional es la panista Xóchitl Gálvez Ruiz cuya hermana Jacqueline Malinali, fue aprehendida en 2012 como integran de la banda de secuestradores Los Tolmex. La ahora delegada insistió en que nadie debería ser cuestionado por las decisiones y conductas de otras personas así fueran sus familiares; y tiene razón a la vista de que, en todo hogar, siempre suele saltar un arroz negro. Pues bien, basta caminar por las calles, antes menos infectadas, para sentir el desagradable tufo –para mí y creo que para muchos-, de la “mota” encendida como si ya fuera parte del estatus social o de la rebeldía mal encaminada hacia la burda manipulación de las masas.

Me cuesta creerlo pero lo atestiguo a diario; hoy, especialmente.

A los torpes legisladores, sólo expertos en cuanto a las negociaciones hábiles con los operadores de Los Pinos, obedientes como niños o adolescentes castigados al serles negados sus juegos electrónicos, no se les ocurrió que si se trataba de aprovechar las venturas curativas de la mariguana podría limitarse el consumo, no a los drogadictos que suelen enloquecerse, sino a los enfermos con padecimientos de ansiedad, hipertensión e incluso orgánicos. Esto es, para tener derecho a los tales veintiocho gramos de cannabis debería ser necesaria una prescripción, una receta vamos, expedida con tiempo de caducidad al igual que como se hace con los antibióticos y otros curativos cuyo control es indispensable para evitar abusos o tomas compulsivas de los mismos.

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20 Abril 2017 04:00:00
» Todo está perdido
Cincuenta y tres meses de ejercicio del señor Peña Nieto quien, tras dilapidar su capital político, enfrenta el rechazo del 85 o 90 por ciento de los mexicanos con el más bajo nivel de aceptación de los sexenios predecesores; esto es, digamos arrancando en la primera gestión sometida a esta medición. Cuando Calderón se fue –a volar por el mundo y en primera clase como demuestra reciente gráfica contradiciendo la demagógica anterior en la que se observaba en la “económica” como una aportación proselitista a favor de su querida “Cocoíta”, cuando aspiraba al Gobierno michoacano por segunda vez-, creímos que habíamos tocado fondo... pero la caída desde la peña de Atlacomulco ha resultado bastante más pronunciada.

Si calderón nos legó una guerra inútil –cien mil muertos sin que se lograra el objetivo de disminuir las “exportaciones” de drogas al gran mercado del norte en un solo gramo-, una farsa montada con la perversidad propia de los guardianes de las barras y estrellas, Peña Nieto ha acrecentado el conflicto hasta dimensiones imposibles de prever hace apenas tres años: Cuando menos, la tercera parte de las entidades del país viven bajo el caos, tres de ellas son ingobernables en sentido institucional –Michoacán, Tamaulipas y Guerrero-, y veintidós en total deben pagar una suerte de alcabalas a los grupos criminales filtrando nuestros impuestos. Es decir, en buena medida, la mayor parte de los mexicanos sostiene a los cárteles y los provee de fondos amén de cuanto éstos obtienen de los ayuntamientos tomados, de facto, por las mismas bandas. ¡Y se culpa de ello a los infelices policías municipales!
Considerando lo anterior, cuanto sucede en Tamaulipas, acaso mantenido en segundo plano por la efervescencia de las masacres en Guerrero, Michoacán y el Estado de México –Tlatlaya, no lo olvidemos-, es de tal nivel de aberración que supera cualquier inclinación por la ficción. Allí, un hermano traiciona la memoria de otro, cae rendido por cobardía ante los capos y los cárteles, deja el territorio de su entidad en manos de los mismos y negocia con el gobierno federal una estrategia para aparentar que los operativos permanecen dándose el lujo de exhibir que las matanzas recientes así lo demuestran. Todo ello hasta aceptar una alternancia a favor de un delincuente juvenil, Francisco García Cabeza de Vaca. Falacias criminales bajo el sello más acreditado de la impunidad.

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18 Abril 2017 04:00:00
» ¿En desgracia?
Seis ex gobernadores están presos, cinco son miembros del PRI cuya dirigencia ahora sí exige castigos ejemplares para lavas sus manos al estilo más puro de Poncio Pilatos, y uno perteneciente al PAN y sin que hubiese nadie de su partido asumido la defensa. En cada caso, la sociedad se ha mostrado insatisfecha porque se alega que no basta con la coerción penal, sino se exige la reparación de los daños cometidos en contra de los intereses del colectivo; al respecto, las autoridades hacen mutis como lo han hecho siempre respecto a los bienes incautados a los capos de la mafia. Sencillamente se los quedan y reparten.

Hay otros ex gobernadores que fueron aprehendidos, en su momento, y quienes purgaron penas de más de un año: Israel Nogueda Otero, de Guerrero, Pablo Salazar Mendiguchía, de Chiapas y Dante Delgado Rannauro, de Veracruz. Estos, con infinidad de artilugios, salieron libres y negociaron abiertamente su silencio como sucedió con el último mencionado quien, de plano, apreció tanto su libertad que terminó fundando el partido Convergencia convertido hoy en Movimiento Social para hacerle sombra al Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA, la novia de Andrés Manuel. Y el chiapaneco Salazar, el burlesco, vuelve a las andadas y elude órdenes de aprehensión contra él –por el asesinato de catorce niños en Comitán, si bien las víctimas sobrepasaron el medio centenar-, para seguir agitando las aguas con las sectas protestantes antinacionales adheridas a él; por cierto, este personaje, fue aliancista, en su momento, y actualmente está entregado a López Obrador y es el único en su género.

Desde luego, la captura de Javier Duarte de Ochoa, en Guatemala en donde igualmente se localizó –la primera vez- a Joaquín “El Chapo” Guzmán, fue algo así como la cereza del pastel y no pocos priístas con mentes pequeñas consideraron que con ello se vindicaba a su partido para dar la cara en las contiendas electorales por venir. Cabe una gran carcajada por la simplicidad del razonamiento, sobre todo porque ya no es tan sencillo la manipulación del colectivo.

Sin duda, el daño mayor lo recibirá el PRI al constatarse, primero, que fueron las policías internacionales las que intervinieron en los operativos contra el tamaulipeco Tomás Yarrington y el veracruzano Javier Duarte, y no los elementos de la Procuraduría General como falsamente se extendió para saludar con sombrero ajeno. Es curioso: A varios ex mandatarios más –digamos César Duarte Jáquez, de Chihuahua, Roberto Borge Angulo, de Quintana Roo y hasta el “candidato” Humberto Moreira Valdés, de Coahuila-, se les persigue con más ahínco y con procesos cimentados en los Estados Unidos. De allí los temores crecientes entre la clase política mexicana si bien los montajes se han realizado con todas las de la ley, tratando de impresionar a los mexicanos. ¡Los operadores se van a llevar severas sorpresas ante los escrutinios!

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17 Abril 2017 04:00:00
Vindicaciones anuladas
Ayer, Domingo de Resurrección, los priístas, quienes quedan asidos al presupuesto y la ingente corrupción, decidieron formarse para ir en peregrinación para esperar el milagro de Lázaro materializado en la figura de cualquiera de sus candidatos, los de este 2017 y los presidenciables. Rezaron, colocaron veladoras –a Enrique Ochoa Reza se le vio al pie de la imagen de San Charbel–, cantaron loas y suplicaron la salvación.

No hubo respuesta alguna; quienes fueron identificados con sus conejitos de Pascua resultaron repudiados, abucheados y hasta despojados de sus vestiduras rememorando la pedrea contra María Magdalena en su advocaciones de Margarita Zavala –algunos panistas se sumaron al evento–, Josefina Vázquez Mota y la yucateca modelo de pijamas de cuyo nombre, como decía Cervantes, no quiero acordarme.

El cuentecillo bien pudo suceder, conociendo los acontecimientos recientes como la captura, en Italia, del muy buscado Tomás Yarrington, quien cayó en desgracia al no poder contar con ninguno de los cómplices del peñismo –acaso porque se dio a la buena vida en el país más seductor del mundo y no se ocupó de resguardarse las espaldas distribuyendo lo malamente sustraído de las arcas de Tamaulipas–, y creer que la persecución prescribiría como tantas otras.

Sólo en Tamaulipas hay otros ex mandatarios que debieran sumarse a Yarrington en la prisión, pero sus conexiones de alto nivel lo impiden: Manuel Cavazos Lerma, aquel que no se quitaba el sombrero ni para bañarse; Eugenio Hernández Flores, quien pasó por las sombras en medio de alianzas soterradas con el narcotráfico, acaso toleradas por el mandatario federal; y Egidio Torre Cantú, el descastado quien ofreció el cadáver de su hermano Rodolfo, destinado a ocupar la gubernatura hace siete años, como prueba de fidelidad a las mafias dominantes en el territorio de las cuereras.

La lista de los buscados es tan larga como los pecados del presidente en funciones a quien ya se acusa, con suficiencia de pruebas, por peculado y un enriquecimiento que desborda los excesos de sus predecesores cuando aún no llega, siquiera, el año de Hidalgo. Un caso, sin embargo, es el que más mortifica: El de Javier Duarte de Ochoa, quien se perpetra detrás de un alud de abogados, de todo tipo, mientras esconde su voluminosa humanidad en la capital estadounidense, según algunas fuentes.

Son tantos que ya no le alcanza el último tramo del sexenio al señor Peña para intentar la resurrección imposible.
16 Abril 2017 04:00:00
Mínima autoridad
No es una casualidad que los ordenamientos de mayor calado universal sean breves y precisos: Los “diez mandamientos”, por ejemplo, o el “libro rojo de Mao”, desde la perspectiva extrema. Suele ocurrir que el exceso de legislación tienda a confundir al conglomerado y a convertirlo en permanente rehén de las interpretaciones, casi siempre favorables a quienes ejercen el poder y señalan las líneas a seguir. Podríamos, a partir de esta evidencia, establecer un silogismo: A mayores enredos más vulnerabilidad colectiva y mayores espacios para la manipulación política. Hay excepciones, claro, pero estas, como suele decirse, confirman la regla.

De la misma manera, una sociedad sometida a la excesiva presencia de la autoridad, que interviene por todo y para todo, esto es casi sin dejar espacios para las iniciativas individuales –o lo que es lo mismo, para el usufructo de la libertad–, no puede considerarse plena ni feliz. Y, desde luego, el peso gubernamental asfixiante dista mucho del ideal democrático en el que se ejerce la soberanía popular a través de los mandatarios, esto es de quienes obedecen los designios del mandante, el colectivo en este caso, y no al revés. En México, los términos suelen aplicarse en sentido inverso exaltándose los simbolismos oficiosos. Digamos que tal es una tradición acendrada desde los espejismos “revolucionarios”.

La propensión de nuestros gobernantes a reformar y elaborar nuevas leyes sólo choca con la resistencia a formular una nueva Constitución por una premisa fundamental: Los más de seiscientos parches impuestos a la misma, por lo general para favorecer las tendencias sexenales colocando el sello del Ejecutivo en turno. De allí que el cuidado texto de los Constituyentes de Querétaro se convirtiera, sobre todo durante los lapsos de mayor frenesí retórico por el “cambio” en un amasijo de intenciones mal definidas y también confusas como consecuencia de las iniciativas presidenciales aprobadas al vapor, al calor de una complaciente mayoría intransitable, o por efecto de las negociaciones soterradas con sabor a chantaje.

Se han dado, en este sentido, absurdos monumentales como el que anida en el artículo 82, determinante para el arraigado presidencialismo y por largo tiempo candado xenófobo para separar a quienes nacieron en suelo patrio de aquellos que se nacionalizaron después, para habilitar a los “hijos de padre o madre mexicanos” como aspirantes a la silla grande y descalificar, por tanto, a quienes cuentan con sendos progenitores mexicanos. Por supuesto, nadie ha reparado en el error y no ha sido motivo de debate alguno. Dicen que el sentido de la normativa se entiende aunque esté suscrita otra cosa. Cosas de léxicos y sintonías políticas.

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13 Abril 2017 04:00:00
» Candidatos cínicos
La gama es tal que somete hasta a la incredulidad y la convierte en fuente de entendimiento; si todos son malos es menester elegir al menor peor. Este es el razonamiento imperante entre un amplio sector de la población convencida, además, en el ejercicio del voto como elemento sustantivo para asegurarse mexicanos de bien y no permitir la manipulación de la voluntad colectiva...

cuando, no pocas veces, es al revés.

Abstenerse, lo he dicho en otras ocasiones, es también un acto político relevante si se hace luego de meditar en la pobreza de la oferta política y la tendencia a jugar con las mismas reglas a pesar de los embustes y fraudes coligados unos a otros. Dicen que quien por su gusto muere que lo entierren parado; y tal parece ser la norma de la mayor parte de la clase política insistente en repetir en sus cargos para refugiarse de sus propias rapiñas o cuidarse las espaldas en tiempos de vacas flacas. Buen ejemplo de ello son Emilio Gamboa y Manuel Bartlett, quienes perdieron el faro de la dignidad hace ya varios sexenios.

Me preguntan por quién votar y, la verdad, siempre me he negado a inducir a los lectores con mis sugerencias, creyente como soy del libre albedrío y de la independencia de criterios, explicablemente no afines por las condiciones y circunstancias peculiares de cada quién. La democracia, o el rescoldo de la misma, es esencialmente eso: Una fórmula para dirimir, entre individualidades, la senda del colectivo asegurando así liderazgos con respaldo mayoritario.

En fin, es seguro de quien gane los próximos comicios, en este 2017 en tres entidades –cuatro si consideramos a Yuneslandia en donde renovarán ayuntamientos y Congreso local–, no lo hará por mayoría absoluto ni en sueños guajiros. Y, es más, para cuantos quieren ponerme sellos les digo: Estoy harto de los partidos, tanto, que prefiero fijare en los candidatos y sus perspectivas antes de medir a las dirigencias de sus respectivos institutos y a las estructuras de los mismos.

Por ello, votaría distinto en Nayarit, Coahuila y el Estado de México, sin que ello implicase traición alguna a mi conciencia, sino refrendo a que la partidocracia se asfixia ya ante la incredulidad masiva si bien algunos abanderados pueden ser rescatados apenas de la ignominia.

Y lo digo abiertamente: en Nayarit me inclinaría, pese a mi desdén por cuanto huela al priísmo devastador, por el senador Manuel Cota Jiménez, con tal de detener al cacicazgo infecundo de los Echevarría, cobijados por el PAN; en Coahuila, en cambio, no tendría duda alguna en secundar al panista Guillermo Anaya Llamas, víctima de la infame guerra sucia de los Moreira quienes ven paja en el ojo ajeno; y en el Estado de México, sin duda, me inclinaría por la maestra Delfina Gómez, por su limpieza y su significación como lideresa auténtica. Fíjense.

Por fortuna, vivo en el Distrito Federal, nací en Tamaulipas, me formé en Mérida y soy hijo adoptivo de Tlaxcala, por lo cual el dilema planteado no me llega.

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12 Abril 2017 04:00:00
» Retorno al pasado
Los ataques con armas químicas en Siria –en donde los bandos se culpan el uno y el otro, con la injerencia notoria del gobierno atroz de los Estados Unidos-, se suman al estado de emergencia que vive Venezuela tras el pronunciamiento de la OEA sobre la inexistencia de la democracia en este país lo que, aun siendo cierto, significa un tremendo atentado contra la soberanía de la nación hermana y ponen sobre el tapete la posibilidad de un estallido de mayores proporciones, acaso materializado con el atentado –evidentemente terrorista aunque tarden en definirlo así-, en el Metro de San Petersburgo, Rusia.

México, por desgracia, no es ajeno a la tragedia universal porque participa, mediante una compleja red de cómplices que encabeza Jaime Camil Garza –tal y como he visto denunciando desde 1999-, el lagunero campeón en el contrabando de armas de alto poder que llegan a nuestro país para ser distribuidas, desde aquí, a distintas naciones, de Asia y África sobre todo, pero también de Europa y el sur de nuestro continente.

Esta situación coloca al gobierno de nuestro país, acaso el peor régimen de la historia, en condición de cómplice de la mayor industria de los Estados Unidos, la armamentista, que no podría subsistir en un entorno de paz en el mundo; sencillamente, la economía estadounidense colapsaría porque el referente de su estabilidad ruin son las guerras y revueltas por todo el mundo.

Es preocupante que el desquiciado hombre-naranja, desde la Casa Blanca que comienza a teñirse entre dorado y rojo, tenga planes similares para México aprovechando el clima enrarecido con vista a las elecciones presidenciales de 2018. Si nuestra nación cae en el abismo del estado de emergencia, último eslabón antes del “fallido”, Trump, el hombre-naranja, tendrá todas las posibilidades del mundo para expandir sus políticas xenófobas y asegurarse la rectoría política de México sin necesidad de disparar un solo tiro ante un ejército debilitado por el narcotráfico y decenas de sicarios que, sin duda, obedecen a sus “padrinos” de la Unión Americana tal y como ha declarado e célebre Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, quien también puso en la picota al ex fiscal de Nayarit, Édgar Veytia Cambero, clave para los encuentros narco-gubernamentales.

Las consecuencias han sido severas y las armas pasan por México, entre nosotros.

No se olvide que el tráfico de estupefacientes significa uno de los pilares de la economía norteamericana al grado de que, si desapareciera esta actividad perversa, ésta caería entre veinte y veinticinco por cierto de acuerdo a los datos recientes de los organismos “de inteligencia” mexicanos; si es que podemos llamarlos así.

Basta ver las estadísticas para explicarnos porqué el mundo odia a los Estados Unidos.

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11 Abril 2017 04:00:00
» Bandas criminales
No hay una sola banda criminal en el país, sea de narcotraficantes o secuestradores sobre todo, en donde no aparezcan uno o varios elementos ex militares o incluso personal en activo del Ejército, cuestión que se guardan muy bien en no difundir los voceros castrenses para ahorrarse explicaciones y mantener la verborrea sobre las supuestas agresiones críticas a las fuerzas armadas. Los hechos son incontrovertibles.

Por supuesto, el general secretario, Salvador Cienfuegos Zepeda, se aferra a sostenerse haciendo la vista gorda mientras el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong sigue tomando peligrosamente el control de todas las dependencias con poder de fuego. Peligrosa situación, insisto, tomando en cuenta las aspiraciones presidenciales del hidalguense en un escenario totalmente desfavorable para el PRI y sus altos militantes.

No sugiero, afirmo que en caso de una controversia poselectoral, esto es por la resistencia de los personajes del sistema que teman sr perseguidos a posteriori en caso de una victoria opositora, sobre todo de la izquierda icónica, Osorio Chong podría estar dispuesto a utilizar su posición de mando de facto sobre la soldadesca para extender el caos por el país, acaso la misma intención que ocultan los operadores de la Casa Blanca y el mismo Donald Trump quien bien sabe que no es necesario disparar un solo tiro para hollar nuestro territorio.

El dilema está planteado ante la evidente crecida de la violencia en las entidades en donde ya se habían generado emergencias, digamos como Chihuahua con un gobernador, Javier Corral Jurado, quien ya se declaró insolvente para atajar el desafío pasándole la pelota al gobierno federal obviamente infiltrado como lo está igualmente el del estado gigante. Pero los hechos no admiten divagaciones de ningún género ante la situación caótica que, casualmente, vuelve a estar a lo largo de la frontera norte –Tamaulipas, Coahuila, Sonora y Baja California además de la citada Chihuahua-, como si fuera espejo de las intenciones de Trump, el anaranjado, con o sin muro de la ignominia de por medio.

Téngase en cuenta que lo mejor para el establishment, en Washington, es observar a México como un estado fallido para hincarle el diente; y, por desgracia, la pésima administración federal actual le facilita las mordeduras.

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09 Abril 2017 04:00:00
» Puntos de no inflexión
Las campañas electorales, al contrario de lo que debería suponerse, sacan lo peor de cada uno de nosotros incluyendo el profundo rencor acumulado y la desconfianza no sólo hacia los candidatos y partidos sino igualmente contra los comunicadores y los demás grupos llamados “de presión” con los empresarios y militares a la cabeza. A veces he escuchado que los narcotraficantes, cuando menos, actúan como son y no con hipocresías en una apología tan trastornada como la de quienes por proteger a los animales procuran su extinción con tal de llevar agua a sus verdes e inmaduras heredades.

Es sorprendente lo bien que se hilvanan las frases manipuladoras, la rapidez con la que se responde con lugares comunes a las preocupaciones de una población aturdida por la reiteración de las mentiras y la forma en que se pronuncian para impresionar a un conglomerado que asiente, tolera y hasta acepta la oratoria repelente para luego a ir a envolverse dentro de la realidad que nadie se atrevió a analizar. Por un momento, a lo largo de un mitin, cada aspirante pretende que aceptemos vivir en el paraíso o insistir en que podemos recuperarlo si optamos por la dividida y divagante oposición. Pero también es cierto quienes preguntan si es o no responsable anular el voto; bueno, cuando menos es un derecho que cada quien debe resolver en absoluta libertad si no siente confianza alguna en ninguno de los aspirantes que aparecen en las boletas. ¿O alguien nos obliga a sufragar por un emblema específico o un independiente desconocido bajo la amenaza de que si no lo hace destruye al país? Por favor, seamos sensatos.

Insisto, por ejemplo, en que la (i) legitimidad del mandato presidencial no comienza y termina en la expresión de las urnas sino que se prolonga a cada uno de los actos de su gobierno. Así es la democracia cuando se acepta que los mandantes son el conjunto de mexicanos capaces de exigir rumbo y definiciones por encima de los propósitos de la cerrada elite del poder. Pero, por desgracia, las filtraciones son tantas que discutimos por nimiedades, descalificamos como si de un deporte se tratara y asumimos, con soberbia, que no hay NADIE con capacidad para liderar a este país convulso. Una cosa es que no los hayamos encontrado, refugiados algunos en su ensimismamiento, y otra muy distinta la evidencia sobre la multitud de talentos muy superiores a los de cuantos han llegado al poder en los últimos sexenios: fox, el ególatra; calderón, el mediocre blindado; peña nieto, el títere sin cerebro salvo para las funciones íntimas propias. Ni siquiera sabemos que calderón, al llegar a la Presidencia, tenía menor edad -44 años-, que el joven y radiante, además de mediático señor peña quien arribó con 46 años, cinco más de los que tenía el deplorable magnicida carlos salinas quien contaba con 41 al rendir la protesta de ley. De esta breve comparación surge, desde luego, una nueva confusión colectiva para demostrar la pobreza del análisis general antes de emitir el sufragio.

¿O vamos a observar, sin detenernos, los cientos, miles, de comerciales proselitistas enfrascándonos en una lucha brutal con nuestra propia conciencia al reconocer que no podemos soportar las hipocresías que nos constan ni los mensajes ayunos de contenidos? Es un alud absolutamente inútil. Sencillamente, los televidentes y radioescuchas ni siquiera se molestan en prestarles atención a los mensajes rebosantes de descalificaciones hacia los adversarios y de falsos seguros de garantía basados en la falsa presencia de los inmaculados abanderados. Todos son un dechado de virtudes; de ser así, ¿por qué estamos tan mal?
Hice la misma pregunta hace unos días y hubo quien, maestra de la Universidad Anáhuac, aseguró que NO estábamos en una condición tan mala como se divulgaba “para vender periódicos”, La misma diatriba de siempre: si se callan las cosas, los dineros del maridaje con el poder salen a relucir; si se habla es porque los escándalos son una buena oferta para el morbo público. Quisieran tales personajes, los defensores del gobierno indefendible –es un sarcasmo, claro-, que los periódicos sólo publicaran tiras cómicas y que los informadores nos remitiéramos a cubrir las representaciones de los circos SIN animales, porque así lo quieren los verdes, los más desprestigiados del planeta de los simios políticos.

En otros tiempos, la corrupción no había alcanzado estas dimensiones. ¿Y saben por qué? Sencillo: vivíamos bajo el ominoso oprobio de una dictadura disfrazada, es cierto, pero con únicamente un presidente en condición de supremo hacedor. Y ahora al nefasto presidencialismo autoritario se une la partidocracia chantajista cuya única intención NO es servir a la ciudadanía sino alcanzar cargos que les permitan medrar con el erario público, cada vez más reducido y el peligro de quedar en el nivel cero, sin crecimiento alguno, como efecto de la crisis que se nos viene encima. ¿No estamos tan mal? ¡Falacias de vividores!
Bueno, a estas alturas, ya hay quien se permite elogiar a calderón –y no son pocos- a partir de su histriónico viaje en clase turista en un avión repleto en el que solo faltaba de cubrir un asiento: precisamente el del pasajero que debió sentarse en la ventanilla junto al ex mandatario que se situó en el pasillo para que nadie dejara de observarlo. ¡Una propaganda subliminal, sin duda, a favor, en esos días, de su hermanita, la candidata repetidora a gobernadora de Michoacán quien volvió a morder el polvo de la derrota! Las cuotas en el PAN son siempre nepotistas.

Pero, además, se dice que no hubo problemas económicos durante su gestión. ¿Memoria, dónde estás? Es necesario refrescar las neuronas para situarnos en 2008, el año trágico para calderón, cuando la crisis recesiva mundial lo tomó desprevenido, permitió el saqueo de dólares por parte de los bancos hispanos que no tuvieron empacho en reconocer a sus filiales de México como sus salvadoras, y finalmente dejó a México en una situación de tal penuria que fue el ÚLTIMO PAÍS de Latinoamérica en recuperarse del tifón financiero. Mientras tanto, en el camino e perdieron empleos y aumentó la oferta de sicarios y soldados para guerrear entre sí en las batallas más sangrientas e inútiles de la historia: tras 170 mil muertos –incluyendo los del peñismo-, no se ha reducido la exportación de drogas a los Estados Unidos ¡un solo gramo! Pero la sangre sigue fluyendo... y extrañamente no salpica a calderón. Habríamos de preguntarnos por qué.

Por ello no faltaron quienes apostaron por Margarita, la consorte de “Jelipe” como ella le llama, para inscribirla como precandidata presidencial del PAN siguiendo el “síndrome Hillary”. Listo. Borrón y cuenta nueva. Ni quien se acuerde de los bebés calcinados de Hermosillo en una guardería, la ABC, administrada por sus parientes y socios. ¡Y ni siquiera la han investigado por eso! Todo queda entre ella, su marido y el entonces director del IMSS, quien firmó las concesiones –para instalar en un almacén las cunas-, Juan Molinar Horcasitas, ya extinto.

Y lo señalan como un buen presidente acaso porque la comparación con el actual, el señor Peña, resulta mucho peor para los establos priístas que optan, mejor, por callarse y no hacer ya conexiones “con el pasado” porque el presente ha rebasado todos los niveles, insisto, de corrupción y negligencia conocidos. Para desgracia de ustedes, amables lectores, tengo que hacer el papel de abogado del diablo para darle horizonte y espacio a nuestra memoria. Es como una suerte de tarea sucia, muy ingrata y desgastante, que ponen en duda siempre quienes no quieren dar sus brazos a torcer y se oponen a cualquier cuestionamiento que desnude a sus iconos. ¡Lo padezco en cada época electoral!
Pocos saben que los equipos de hackers más eficaces se sitúan en las oficinas de Los Pinos y en los cuarteles de Andrés Manuel, muy dedicado a ellos porque quiere borrar del panorama a sus cuestionadores. Los primeros suelen utilizar la fuerza para desaparecer o matar; el segundo, sólo intenta desprestigiar a quienes no piensan como él. Y en medio, una derecha estropeada, sin rumbo, rebosante de nepotismo, propensa a corromperse siguiendo los viejos vicios del priísmo y, para colmo, bastante hipócrita en cuanto a sus acentos clericales.

Por eso, claro, no puedo negar que es un derecho anular el voto. Quizá no sea lo mejor, pero en libertad cada quien debe resolver lo propio sin amenazas de nadie ni desconsideradas presiones de los que tienen interés en captar sufragios para su causa.

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07 Abril 2017 04:00:00
» Desplazados sin Guerra
El peregrinaje de, cuando menos, doscientos ochenta y un mil mexicanos por año, quienes abandonan casas y querencias azotados por la represión, sea de los radicales del narcotráfico o de los mandos castrenses evidentemente infiltrados, sólo es comparable al que se observa en las fronteras de las naciones en guerra o bajo el peso de las invasiones falsamente “salvadoras”, de acuerdo a los criterios de los operadores de la Casa Blanca –la de Washington, se entiende-, que se convierten en una marea de humillaciones y hasta “errores” de los sitiados quienes los pagan con sus vidas. Es como si México fuera un disfraz del flagelo bélico... con enormes capas de simulación. No hablo de los emigrantes que buscan un trabajo sino de cuantos huyen para salvar sus existencias.

Los peregrinos, arrastrando a sus familias –sin atención de ninguna especie porque los operativos especiales sólo se montan para recibir a los “paisanos” del otro lado durante las temporadas de vacaciones-, son blancos demasiado vulnerables para ladrones –los oficiales y los otros-, y presas de una espiral incontrolable de barbarie porque, en cualquier momento, pueden ser víctimas de una emboscada como la de Tlatlaya o, simplemente, de no pocas desapariciones jamás contadas ni contabilizadas. Ya saben ustedes que el manto negro y azul de la derecha, el del PRI y el PAN para decirlo con claridad, ha posibilitado la rehabilitación de la esclavitud bajo el misterio de las fosas clandestinas y la administración hasta de un ex mandatario federal, el señor fox y su consorte, en el terrible caso de los rarámuris obligados a marchar de Chihuahua a Baja California Sur, concretamente a San Quintín, donde han sido y siguen siendo sometidos para la realización de trabajos tan duros como la piel insensible de los gobernantes.

Por cierto, luego de conocerse el involucramiento de la familia fox en el caso de los tarahumaras esclavizados no se ha procedido a abrir las consiguientes indagatorias. Han apostado a que el periodo de vacaciones, ya finalizado, aplicara la siempre bien acogida amnesia colectiva para borrar las huellas de los personajes descubiertos y moralmente desahuciados; lo son, sí, por mantener un doble discurso, el del cambio –traicionado al minuto mismo en el que comenzaron las funciones presidenciales de Vicente, el de las botas-, y la urgencia de contar con peones sin derechos al estilo de los trabajadores mineros de Cananea, Sonora, o textileros de Río Blanco, Veracruz, quienes comenzaron a fraguar el estallido revolucionario de 1910. Con memoria, el pasado atemoriza; sin ella, los abusos se mantienen impunes, como si se tratara de reducir la conciencia nacional a un palenque jocoso con gallos y cantares. Esto es, fuera de la realidad.

Loa odisea de los rarámuris es casi idéntica a la de los mayos que fueron arrojados de sus norteñas tierras para poblar la península yucateca bajo el mando de once familias, la conocida “casta divina”, favorecidas por el porfiriato entregándoles el inmenso territorio de lo que es hoy Quintana Roo.

Pero como requerían mano de obra... la fueron a buscar hasta Sinaloa y Sonora para cooptarlos, cual si se tratase de botines de guerra en los tiempos de los piratas, y hacerlos realizar una enorme travesía, por todo el país, hasta llegar a los latifundios del sureste protegidos por los caciques posrevolucionarios. (Lean “México Bárbaro”, de John Kennet Turner, un periodista estadounidense que desnudó a la dictadura porfirista).

Siguiendo los mismos pasos, la derecha de la actualidad apuesta por la esclavitud y, por supuesto, exalta la figura de Díaz al punto de seguir fraguando el retorno de sus restos, enterrados en Montparnasse en París, por cuanto provee la extensión de los sojuzgados a quienes se benefician con la trata de sus semejantes bajo el pretexto de que así les ayudan a sobrevivir rescatándolos de la miseria. Una falacia propia de Satanás, no de ningún ser civilizado. ¿Y todo esto va a quedar así, sin el menor castigo?
Hemos adelantado, y hoy lo reiteramos, que los miles de desaparecidos en México –más de doce mil desde 2008 además de 160 mil muertos como consecuencia de los enfrentamientos de las mafias dominantes-, pueden estar siendo esclavizados para hacer tareas de mineros –por ejemplo, en Iguala, en busca de oro-, o de refinadores de cocaína para evitar con ello los costos de transportarla ya terminada desde Colombia y Guatemala. Es más seguro y certero “esconder” los laboratorios del mal entre las cavernas de Guerrero, Chiapas y Oaxaca, tres de las entidades en el linde de la explosión social. ¡Cuidado! Es una advertencia que no tendrá sentido al corto tiempo cuando los estallidos, en serio, lleguen.

El propio subcomandante “Galeano” –antes “Marcos”; no sé por qué no se coloca el seudónimo de “Emiliano” si se trata de vindicar al zapatismo. La percepción del columnista es que lo evita acaso para no coincidir con el nombre de pila de uno de los hijos de Salinas de Gortari-, ya habló de que no ven los obtusos, o los cínicos incrustados en la clase política, el arribo de una catástrofe social sin paralelo. ¿Se daré el primer síntoma en varias entidades del país en donde la realización de los comicios en 2018 parece una quimera? En Guerrero, por ejemplo, en la mitad de los municipios será difícil instalar casillas y papeletas mientras el gobernador, Héctor Astudillo Flores, solicita la consulta de su execrable predecesor Ángel Aguirre por aquello de los controles y el apoyo aún de la izquierda que lo mantiene. ¡Peligro a la vista!
Recibí una invitación para continuar el itinerario de los ochenta y tres pueblos mágicos que están señalados como tales por las comisiones respectivas. Pero creo que, más bien, fue una ironía cuando se mencionó, entre ellos, a Ciudad Mier, Tamaulipas, en donde la degradación del autoexilio está a la orden del día. Sólo de aquí han salido miles de personas acosadas por las batallas cotidianas entre los “Zetas”, el “Cártel del Golfo” y las fuerzas “del orden” que un día jalan para un lado y otro en reversa. Entre tres fuegos es imposible acomodarse porque siempre se pierde a menos, claro, de establecerse como sicario para administrar algunas de las tiendas Oxxo las únicas que se mantienen fructíferas en el norte de Tamaulipas, uno de los estados más cruelmente azotados. ¡Y es el mío!
Como referente para los amables lectores nací en Tampico, ahora sitiado igualmente, aunque mi formación se dio en Yucatán, la tierra originaria de mi familia –allí nacieron mis padres y dos de mis cuatro hijos; los otros dos llegaron al mundo en el Distrito Federal. Por eso me duele tanto cuanto ocurre en Tamaulipas a la que recuerdo al observar mi “cuerera” huasteca –una verdadera joya-, regalo invaluable tras una de tantas conferencias políticas por allí; ahora, naturalmente, no me llaman porque es de hecho imposible ejercer, en tierras sin leyes, la libertad de expresión. ¿Quién responde por ello?
Y de esta circunstancia surgen de nuevo las preguntas sobre las primeras fosas clandestinas encontradas, precisamente cerca de Ciudad Mier, con cadáveres que se acreditaron a decenas de infelices indocumentados a quienes les siguieron las huellas desde su viaje encima de “La Bestia”, el ferrocarril de la muerte que recoge a los centroamericanos en el linde con Guatemala, sin que autoridad alguna les brinde protección a sabiendas del pillaje conocido. Puro espíritu de hermandad. ¡Miserables!
Por eso, no nos sorprende que más de un cuarto de millón de conciudadanos nuestros deambule por los caminos ensangrentados de la patria en busca, quizá, de alguna oportunidad; la misma que no encuentran en sus tierras bajo el acoso de los criminales de todos los niveles imaginables. ¿Alguien se atreve a solicitar el amparo de las policías cuando sin éstas las proveedoras y protectoras de los poderosos “capos”? Y, además, el señor Peña Nieto ya lo dijo: No tienen, ni de lejos, pertrechos similares a los de los ejércitos del narcotráfico. Batallas perdidas.

¿Para qué, me sigo preguntando, si sigue sin alterarse la “exportación” de drogas a los Estados Unidos y el consumo consiguiente? Nadie quiere escuchar más falacias proselitistas. Contesten, candidatos –aquellos que tengan valor y estén limpios-, a estos cuestionamientos. Quienes callen, otorgarán.

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06 Abril 2017 04:00:00
» Sin salvación
No pueden tener salvación los ex mandatarios de Tamaulipas, Veracruz, Sinaloa, Quintana Roo, Puebla, Oaxaca, Chihuahua, Aguascalientes y Zacatecas de la que se desprendió, por un capricho del dictador Antonio López de Santa Anna, la tierra hidrocálida bajo el estigma de un beso poco casto y menos honesto. Acaso los demás que faltan contemplan una perspectiva infeliz pero no con el grado de repulsa general tan estimulado como los citados. No olvidemos que Hidalgo es tierra de caciques; ni que Tlaxcala es la entidad con mayor número de alternancias, cada sexenio diríamos; ni que Durango, en fin, tiene en la sierra del norte el “aserradero” de los mayores narcos de la Confederación de Sinaloa con Ismael “El Mayo” Zambada en ristre.

Indigna el paso de Egidio Torre Cantú, con algunos de sus alcaldes como el nefasto lacayuno de Gustavo Torres Salinas –vaya conjunción de nombres que nos hacen recordar a Díaz Ordaz, al propio Egidio en plural y al “gnomo de Dublín” en un ejercicio de perinola-, ex alcalde de Tampico, caracterizado por la insolente represión, el latrocinio y el descaro de guarecerse por miedo a recibir las bofetadas de la repulsa pública. Tamaulipas es, sin duda, el primer narco-estado convertido, además, en la punta de lanza para considerar “fallido” al gobierno de México y perpetrar con ello, como está ocurriendo, la silenciosa invasión de los fuertes.

Egidio es un traidor, a México, por cuanto sus ligas amorales con la delincuencia organizada, y un descastado que compró la gubernatura a costa de cubrirse los zapatos con la sangre de su hermano, el médico Rodolfo, sacrificado unos días antes de los comicios que lo elegirían con amplio margen de acuerdo a las inductivas encuestas; sobre el cadáver de su candidato, el PRI optó por el hermano tras la emotiva oración fúnebre, muy preparada, con la cual se dio el punto final de la tragedia en presencia de Eugenio Hernández Flores, entonces gobernador, como si se tratase de un acuerdo entre mafias al estilo de la trilogía de Mario Puzzo con grandes “padrinos” incluidos y el rechazo de no pocos priístas de cepa.

Egidio fue siembra de terror al grado de que varias de las ciudades tamaulipecas –lo atestigüé recientemente en cuanto queda de la saqueada Ciudad Mier-, han sido abandonadas por sus pobladores al convertirse en tierra de nadie bajo los auspicios de un gobierno ramplón y cómplice, inútil para el desarrollo y muy activo cada que se trata de ampliar los privilegios del cártel del Golfo o de los rivales de éstos, los Zetas. La guerra permite negociar complicidades lo que se le da muy bien a Torre Cantú cuyo destino no puede ser otro sino la denuncia y la cárcel en su momento.

Lo de Veracruz rebasa cualquier capacidad de asombro y nulifica la tendencia a la tolerancia extrema así se trate de proteger a Javier Duarte de Ochoa, el troglodita, quien presume, como los Moreira, de tener controlado al señor Peña Nieto por cuanto aportó a la manoseada campaña presidencial de 2012. Por cierto, el pobre diablo de Virgilio Andrade, secretario de la Función Pública designado como tal para “tapar” las cloacas de las Casas Blancas de las Lomas sin lograrlo pese a su aire afeminado con el cual pretende evadirse de las críticas “homofóbicas” –valiente escapista-, no puede evadir las desviaciones de las prerrogativas federales destinadas a esta entidad como tampoco debería ignorar la procuradora mencionada los abusos que han llevado a la persecución de periodistas, como nunca en la historia, y a la protección de juniors violadores entre otras múltiples y vergonzosas actitudes derivadas de la prepotencia con la cual se ha edificado la moderna “aristocracia” mexicana en donde el señor Duarte sólo podría hacer las veces de bufón. En ninguna otra parte, ni siquiera en las naciones africanas bajo dictaduras infamantes, Duarte estaría a salvo, mucho menos si se trata de una especie de “democracia”, como dicen que somos, en el mar proceloso de las simulaciones.

El caso de Puebla es también singular. Rafael Moreno Valle, aspirante a la candidatura presidencial panista al lado de Margarita Zavala de Calderón y del “niño maravilla”, Ricardo Anaya Cortés, dirigente nacional de este partido, se caracterizó con su “ley bala” como represor por antonomasia llegando al asesinato de un pequeño, José Luis Tehuatlie Tamayo, al desalojar un bloqueo sobre la carretera entre la capital poblana y Atlixco. No es uno sino son decenas de ciudadanos los afrentados aunque el caso del pequeño, de trece años de edad, dibujó de cuerpo entero el acrecentado autoritarismo del “azul”, empeñado en pintar de este color cada barda y fachada a lo largo de la entidad, mientras aseguró la victoria de su incondicional, el panista José Antonio Gali Fayad, muy cercano al deplorable rey de la mezclilla, José Camel Nacif Borge, un sujeto despreciable con dominio de legisladores de la ralea de Emilio Gamboa Patrón, y jamás juzgado en honra de sus relaciones sucias.

En Chihuahua ocurre otro tanto. César Duarte Jáquez, el ex gobernador, fue rehén de los grupos criminales y ha sido incapaz de frenar la violencia y tratar, siquiera, de resolver los cada vez más confusos casos de feminicidios que van desde asesinatos seriales hasta “copiones” que cruzan la frontera desde El Paso con la intención de abusar de las mujeres hasta su muerte excitados por la idea de la impunidad. Les basta pagar 25 centavos de dólar, un quarter, para transitar por el puente fronterizo y llegar al campo abierto de sus mezquindades en Ciudad Juárez. Y de eso, ni una palabra del mandatario cooptado.

Nadie se explica cómo, en Sinaloa, se extiende el mercado negro de divisas a escasos cincuenta metros del Palacio de Gobierno, en Culiacán, a donde casi ya no acude el veleidoso Mario López Valdez, Malova, quien se introdujo a la oposición sin dejar de ser peñista y sin darle la espalda al PRI. A decir de Manlio Fabio Beltrones, ex presidente del priísmo o más bien su líder patiño, con manos y pies atados como comentamos ayer, con Malova se entiende mejor que con varios de sus correligionarios considerando la formación del sinaloense y su retiro quince minutos después de no haber sido designado abanderado del PRI hace seis años. Con tal actitud pretende comprar la impunidad necesaria para no ser llevado a juicio. ¿Y los sinaloenses lo permitirán una vez más? Ya es hora de dar el paso hacia la dignidad y el derecho.

El caso de Quintana Roo es patético. El anterior mandatario, Roberto Borge Angulo, al lado de su padre, Miguel Borge Marín, como en los casos de Nuevo León –con los Medina de la Cruz- y Jalisco –con los Sandoval-, se entregó a los negocios familiares y no puso reparo alguno en contaminar la Rivera Maya arrasando con manglares de gran riqueza, y con su fauna, guiados por la ambición y la desesperación de obtener riquezas inmorales a costa del medio ambiente.

Nunca hubo un devastador mayor desde los oscuros días del echeverriato.

De Aguascalientes ya hemos hablado: El alcoholismo patológico de Carlos Lozano de la Torre. Cuando debí saludarlo hace un año en ocasión de la lectura del Pregón al que fui invitado por el Comité de la Feria de San Marcos, no resistí el olor a colonia rancia con la que los ebrios se escudan; pero eso no es lo peor: Por su inclinación a la bebida dejó de gobernar salvo para atraerse propiedades y evadir responsabilidades sensibles. Y por si fuera poco se convirtió en el feriante mayor llenándose los bolsillos. Un pillo de siete suelas.

Lo de Oaxaca, con aquel aliancista Gabino Cué Monteagudo, es un escándalo no sólo por los “guardaditos” del mandatario sino, sobre todo, por la manera cómo pretendió corromper a los movimientos sociales sin soluciones de fondo, dejándolos a su arbitrio y tratando de trasladar a la ciudad de México cuanto no pudo conciliar velando por sus intereses personales; y, finalmente, Zacatecas se convirtió en un polvorín cuando el INE decidió retirar del palenque al morenista David Monreal Ávila, hermano de Ricardo el ex mandatario y actual jefe delegacional de Cuauhtémoc, en una provocación que envuelve al gobernador en funciones, Miguel Alonso Reyes, abocado a salvar su propio pellejo luego de su enorme contaminación.

Nadie se salva. Y eso que apenas hablamos de la renovación de gubernaturas hace un año. De cómo se trate a los bandidos salientes dependerá el destino del peñismo impopular y repelente.

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04 Abril 2017 04:00:00
» Desigualdad social
La vuelta al trabajo tras los periodos estivales, para muchos, representa la angustia por haberse gastado más allá de los ahorros destinados para descansar. Es una advertencia a la vista de la Semana Santa. Las deudas suelen apretar tanto que asfixian las gargantas y sobreviene el atroz silencio bajo el cual se refugian los inquisidores de todos los tiempos; y vaya si existen beneficiarios de ello como, por ejemplo, los grandes manipuladores que cobran intereses mayores por créditos y préstamos menores. Tal es la atadura con la que los bancos dominan nuestras perspectivas de futuro.

Por supuesto, todavía no llegamos a los extremos de las instituciones bancarias hispanas... aunque me temo no nos falta mucho para ello, considerando que algunos de los principales consorcios en el renglón tienen esta procedencia común. Allí, solo como una muestra, los desahucios de departamentos y “chalets” –como les llaman a las casas que no están junto a otras-, están a la orden del día y el procedimiento es terrible: Por un atraso de tres meses se quedan con la propiedad... pero el “atado” cliente no deja de tener la obligación de seguir cubriendo el importe de la deuda aunque ya no recupere su hogar. Es la cúspide de la aristocracia, o la oligarquía, incapaz de interesarse por el tejido social; luego se preguntarán, azorados, las razones de las protestas multitudinarias por las calles... o la abierta subversión de quienes ya no soportan el yugo ni soportan existir atados por los empréstitos amorales.
En México hay todavía un ingrediente peor. A diferencia de casi todos los países aquí la xenofobia funciona al revés, esto es para despreciar y abaratar la mano de obra de los propios mexicanos. Quizá ello sea herencia de la repetitiva y falsa crónica de la “conquista” que exalta a las turbas de invasores de Mesoamérica y extiende la filosofía de que México cayó bajo las patas de sus caballos; no fue así porque nuestro país, como tal, surgió en 1821, trescientos años después del paso de Cortés y sus misioneros cuya sensibilidad no les permitió respetar la esencia de una cultura en muchos renglones superior a la de importación. Pero, a fuerza de repetirlo, nos quedó el estigma.

Y eso se traduce, por ejemplo, en los bajos salarios que perciben los trabajadores del sector turístico mientras las empresas extranjeras vuelven a llevarse el oro de la industria sin chimeneas. Ocho horas extenuantes, muchas de ellas bajo el sol canicular del Caribe o el litoral del Pacífico, se valúan entre 97 y 110 pesos, dependiendo de la actividad... poco más de quinientos a la semana a los que se descuenta el seguro social y otras prestaciones: así les queda sólo las tres cuartas partes de los honorarios, unos mil quinientos pesos, para satisfacer los requerimientos familiares mientras una noche en uno de estos hoteles “con todo incluido”, no baja de tres o cuatro mil pesos, esto es el doble de los ingresos totales, por mes, de un mesero o una mucama. ¿No les parece una distorsión extrema que, por sí sola, enciende y obliga a detener nuestro paso?

Confieso: hace un año pasé unos días en la playa y no dejé de pensar en que no tenía derecho al disfrute mientras quienes me atendían con esmero, ocultando su tristeza por decreto, vivía angustias que, poco a poco, me fueron contando. A algunos se le salieron las lágrimas al recordarme que sus hijos no podían ni siquiera alcanzar el privilegio de timar leche cada día o un pedazo de carne que no fuese retazo; otras, las mujeres, la tenían peor porque sus maridos las habían abandonado –acaso por no poder soportar las presiones que conlleva el mantener una familia con sueldos de hambre-, y solas enfrentaban un destino cruelísimo con los hijos merodeando por las calles o esperando horas en el colegio para ser recogidos. No hablo del siglo pasado; este es el México real de 2015.

Desde Yucatán, cobra eco otro punzante rama social: Se construyó una nueva sede para el Congreso –el actual fue inaugurado por el gobernador Francisco Luna Kan en los ochenta-, invirtiéndose cuatrocientos millones de pesos en dotar a los legisladores locales de una “sede digna” como ellos alegan con la complacencia, naturalmente, de todos los partidos beneficiarios y sin que nadie, absolutamente nadie y mucho menos el gobierno, haya consultado a la ciudadanía sobre la preeminencia de esta erogación millonaria. En Yucatán se imponen las obras –porque así se llega a las jugosas comisiones-, no se hacen para beneficiar al colectivo.

Y mientras ello ocurre, dos hospitales están abandonados porque el egoísmo de la partidocracia atroz así lo determinó. Como se comenzaron a hacer durante el panismo, el priísmo caciquil los despreció y desechó dejándolos deteriorarse, cada día más, a pesar de que tanto se necesitan. Decenas de personas han muerto en Ticul y Tecax, en el oriente de la península, por falta de atención médica y porque, sencillamente, carecen de recursos para transportarse a Mérida y de estructura sanitaria para salvarse.

En los setenta un gobernante visionario, Carlos Loret de Mola Mediz, de quien orgullosamente desciendo, introdujo el Seguro Social y construyó hospitales para atender a la población con un margen de treinta años... ya superados. Eso fue cuanto pudo hacer entonces; ahora se requieren nosocomios mayores para poblaciones que son reconocidas como ciudades y carecen de ellas. Pero, por supuesto, el egoísmo infernal de Ivonne Ortega Pacheco, quien ya dio a luz hace unos meses coordinándose con las tareas de secretaria nacional del PRI –ahora la detenta Claudita Ruiz Massieu, esperemos que evitando los veneros de su padre asesinado cuando desempeñaba el mismo cargo-, y ahora ejerciendo una diputación con candado, esto es plurinominal para ni siquiera molestarse en hacer campaña, optó por olvidarse de los enfermos y dejó que la erosión avanzara sobre las obras negras de los centros hospitalarios. Un asesinato, más bien un genocidio, por negligencia y furor partidista... continuado por su sucesor, Rolando Zapata Bello, perteneciente al nuevo cártel de los narco-gobernadores del Golfo.

¿No se darán cuenta los estúpidos que con estas acciones sólo se alienta la rebelión social generada por las frustraciones y marginaciones consuetudinarias? ¿No perciben el rugido de los jaguares, que llevan dentro los pueblos ancestrales, ante la acumulación de afrentas y odios disimulados contra los mal llamados indígenas que debieran ser sólo mesoamericanos? Lo último trata de corregir un grave error histórico: Colón creyó haber llegado a las Indias y se equivocó; pero no así dejó de señalarse como “indios” a los nativos con mucho de desprecio por una raza vista como inferior pero capaz de alzar monumentos maravillosos y conocimientos de matemáticas y astrología muy superiores a los caballeros centauros que sólo sabían de armaduras, armas y barbarie, importada desde el “viejo mundo” sin darse cuenta, por ejemplo, que Teotihuacan casi tiene la misma edad que las pirámides de Gizé, en Egipto.

Por toda esta carga de abominables desprecios, desaires e insolencias partidistas es por lo que miles de mexicanos claman por el fin del sistema presidencial aunado a la partidocracia sectaria, contraria a la filosofía de la democracia, que termina por ser ilegítima al ser rechazada por la mayor parte de la ciudadanía. No hay vencedor si sólo se obtienen porcentajes del 30 y 40 por ciento de los sufragios emitidos, sin contar al abstencionismo galopante. ¿Y qué sucederá si, como muchos calculamos, este supera el cincuenta por ciento en los comicios de junio 7? Sencillamente, no habrá legitimidad alguna ni en gobernadores ni diputados con acreditaciones minoritarias, tan lejanas de la representatividad mayoritaria. Así de sencillo.

Las distancias, entre quienes aparecen en la lista del semanario Forbes –con fortunas entre los 76 mil millones de dólares hasta los mil millones de las mismas divisas-, y los depauperados que observan la reducción drástica de su poder adquisitivo –la verdadera tabla de medición, más allá de los shocks devaluatorios y las crisis recesivas que se nos vienen encima-, por efectos de una administración tuerta, anclada por los bajos precios del petróleo y la consiguiente disminución de los ingresos. Los tributos han bajado igualmente por los aranceles que cobran, en veintidós entidades, los narcos y sus cómplices en los gobiernos, sobre todo en el federal que obliga a los mandatarios estatales a secundarlos. Espero, todavía, que alguno de estos gobernadores bajo presión se atreva a hablar. Así tendremos la revelación que falta para proseguir la ruta y exigir un nuevo sistema de gobierno sin farsantes, ni herederos pusilánimes, ni ladrones en gestación.

Es tiempo aún de corregir... pero queda muy poco. Y, por lo visto, la soberbia se impondrá a la cordura. No son buenas noticias. Lo sé y lo siento de verdad.

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02 Abril 2017 04:00:00
» Verdadera dimensión
Apenas se designó a Luis Donaldo Colosio candidato del PRI a la Presidencia en noviembre de 1993, el ex mandatario Luis Echeverría, desde su heredad de San Jerónimo y ante un apretado grupo de contertulios variopintos –un empresario, un político y un escritor entre otros–, se permitió una reflexión sobre el pasado y el futuro del país:

--La verdadera dimensión de un político –expresó sin requiebros en la voz–, la otorga el ejercicio del poder. Sólo entonces podemos medirlo.

Él mismo confesaba, aunque no fuese esa su intención, las limitantes que debió asimilar durante el largo preámbulo a la nominación esperada. Más todavía cuando quien le señaló pasó a la historia como uno de los personajes más autoritarios de la segunda mitad del siglo XX: Gustavo Díaz Ordaz. Es fama que éste no dejaba ni respirar a sus colaboradores en su presencia y a algunos los trataba francamente mal, desdeñoso y mordaz. Quizá por eso Echeverría agregó sobre el perfil del nuevo abanderado del entonces partido invencible:

--Se parece a mí. Ha sido muy discreto como secretario de Estado. Ya tendrá tiempo para hablar.

¡Y lo decía quien se había caracterizado por su irrefrenable locuacidad! El horizonte, dada esta condición, no resultaba nada halagüeño y no teníamos, al alcance cuando menos, refugio alguno.

De acuerdo al modelo presidencialista, estructurado por la Carta Magna para legitimar y aglutinar la representación del estado y el ejercicio del gobierno en una sola voluntad, son escasas las salidas de la sociedad ante los excesos de quien desempeña la titularidad del Ejecutivo. No hay recursos jurídicos válidos, aunque técnicamente existan, ante la constancia de impunidad que delinea el cauce del sistema político mexicano. De esta forma, las querellas contra los mandatarios, lo mismo ayer y hoy, no dejan de ser pasajes anecdóticos anclados en la ironía popular. Hay mofa, no justicia aun cuando la descalificación colectiva sentencie a los predadores.

Pongamos ejemplos. Al propio echeverría, señalado como genocida por su intervención en la matanza de Tlatelolco, se le procesó sin alcanzar castigo por razones de edad y consideraciones políticas que determinaron el uso electoral del caso –en vísperas de los comicios de 2006– para luego zanjarlo sin el menor rubor. Esto es: Se aprovechó el escándalo para escarnecer a los herederos del priísmo presidencialista y después se bajaron las cortinas con el propósito de no interrumpir la continuidad sustentada con el aval de los viejos aliados del establishment perfectamente reacomodados después de la primera alternancia.

También josé lópez portillo fue denunciado, por peculado, bajo el alegato de haber hecho uso incorrecto de los empréstitos signados bajo su mandato puesto que no había constancia alguna de haber sido destinados a “causas de utilidad pública” como reza el ordenamiento superior. El maestro Ignacio Burgoa Orihuela, cuya presencia se añora, instrumentó la querella, armada sin el menor resquicio visceral y con apego a derecho del que fue él uno de sus mayores especialistas, sin que se le diera continuidad a la misma. El presidencialismo, sencillamente, obró para desdeñar el asunto y archivarlo sin la menor intención de proceder legalmente. Primero la consigna; después la ley y quienes están destinados, supuestamente, a aplicarla.

Seguimos: miguel de la madrid fue señalado por acaparar millones de dólares depositándolos en bancos de Suiza. Tal se publicó en la columna de Jack Anderson, en The Washington Post y medio centenar de periódicos sindicados, dando lugar a un enérgico reclamo de la Cancillería cuando no se trataba de una afrenta proveniente de las fuentes oficiales sino de un espacio periodístico respetable –así fuera para exaltar la libertad de expresión-. Se sugirió entonces que el mandatario procediera a denunciar al informador. Este se dijo listo para responder en tribunales y De la Madrid, en cambio, alegó que, como presidente de México, no podía someterse a “una soberanía ajena” para ser juzgado. Pero tiempo después, al cesar como mandatario, tampoco promovió juicio alguno y optó por apostar a favor de la amnesia colectiva.

carlos salinas fue el primero de los ex mandatarios, todavía intocables, a quien se pidió declaración ministerial específicamente sobre el asesinato de Colosio. Y rindió testimonio con todas las ventajas: en la embajada de México en Dublín, Irlanda, hacia donde acudieron los ministerios públicos con cargo al erario, por supuesto. Hasta el día de hoy no se ha descrito el tenor de lo expresado por salinas en torno al suceso. Tampoco se conoce la declaración prestada, tiempo después, en abril de 1999 –se cumplen diecisiete años ya–, por el entonces mandatario en funciones, Ernesto Zedillo, respecto al mismo proceso. Para ambos el cobijo de la impunidad ha sido más que un modus operandis.

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31 Marzo 2017 04:00:00
Memoria Vs amnesia
La evasión es, en no pocas ocasiones, una manera de aislarse, sobre todo cuando alrededor sólo se perciben inmundicias. Lo mismo hace un niño que acude al zoológico o al acuario –en donde el cautiverio reemplaza a la muerte de acuerdo a la moral social ajena a los ecologistas tuertos-, cuando se sorprende y asusta cuando un león avejentado lanza un rugido y deja entrever su mandíbula sin dientes. El espectáculo es deprimente –lo que no significa una condena a los parques sino un llamado de atención para modernizarlos preservando la belleza del mundo animal y no su podredumbre-, lo mismo al constatar, ya de adultos, que los miserables nos tienen convertidos en rehenes de sus mentiras.

De allí que el imperativo de la sociedad mexicana sea recuperar la memoria, perdida por la red de manipulaciones entretejidas desde los medios masivos de comunicación cómplices, percatándonos cuanto beneficia a los predadores, corruptos y vándalos, la amnesia colectiva. Perdernos, sin otear hacia el pasado ni permitirnos reflexionar sobre el futuro por la ausencia de elementos para visualizarlo, posibilita el auge de los sinvergüenzas que extienden el mito de una nueva oportunidad para ser incorporados en alguna opción opositora con su nombre como única como única tarjeta de presentación y un oscuro pasillo recorrido bajo la satrapía. Muchos de los candidatos que hoy recorren el país vienen de este pantano o se reflejan en sus hijos quienes son acomodados en diversas opciones partidistas –los más nauseabundos van al Verde-, para construir una “carrera” sin otra base que la herencia pútrida.

Por desgracia, no son pocos; más bien se arremolinan para asegurar cargos que no sólo les sirvan para aprovechas su estatus sino también con el fin de estar “blindados” por sus pecados del pasado o sus turbios arreglos del presente a la sombra de las herencias familiares. Una muestra: No pocos de los personajes “cercanos” a Peña Nieto, priísta de cepa y por legado, pueblan los sitios plurinominales de los “verdes” entre ellos, nada menos, el secretario particular de Luis Enrique Miranda, subsecretario de Gobernación y uno de los favoritos del presidente, de nombre Jesús Izquierdo Rojas –no izquierda porque esta opción tiene sus propios elementos minados-, además de Sharon María Teresa Cuenca Ayala, quien fuera directora de Vinculación y Enlace en la Secretaría de Energía. También anotamos al hijo del ex gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán, a quien ya se le fue el susto, al parecer, luego de su finiquito y los rumores de que sería “cazado” por sus enemigos dentro del gabinete presidencial. Ahora apreciamos la habilidad del veracruzano para cambiar lanzas por rosas. Todos caben siempre que entreguen su fidelidad incondicional a su santo patrono.

Tal condición parece igual en cada opción partidista. No hay excepciones, ni en el PAN –donde el nepotismo abierto es una señal de hermandad “institucional”-, ni en el PRD que requiere usar a las esposas y demás parentela ahora que parece estar vaciándose.

Tampoco es la excepción la MORENA de López Obrador, exaltado como dios terrenal por no pocos de sus seguidores quienes le observan como “el único líder” capaz de enfrentarse al sistema aunque no haya alcanzado buenos resultados en dos campañas presidenciales; en 2006, por ausencia de operativos capaces, dejó escapar su probable victoria y con ello igualmente no hizo lo suficiente para respetar los sufragios de sus seguidores... y sigue en campaña, esto sí sin descanso y arrastrando un infarto.

A veces, cuando la memoria colectiva falla, aparecen las críticas que sorprenden a los neófitos y los revientan. Una muestra: Si señalo a Manuel Bartlett como represor algunos alegan que eso fue cosa del pasado y ahora es un defensor legítimo del petróleo y contra la reforma peñista. Siguiendo esta misma línea, ¿por qué no otorgamos a los asesinos comunes –no sólo a los genocidas-, el derecho a una segunda oportunidad para que puedan realizar algunas obras de altruismo en libertad en vez de encerrarse en esa escuela del horror, la cárcel, que sólo les lleva a la reincidencia? Si examinamos bien la idea descubriremos que, en el fondo, otorga un claro paralelismo entre los políticos que se muerden la cola para desaparecerla y los criminales dispuestos a obtener su libertad simulando estar rehabilitados para la vida en sociedad. ¿Quién mide los puntos de la sinceridad?
El olvido odioso posibilita el regreso de los mafiosos, su reacomodo y nueva proyección infectando la perspectiva política y el porvenir de la nación. Por eso es tan necesario contar con elementos de juicio para no equivocarnos ignorando los antecedentes, o desdeñándolos por aceptar la monserga de un cambio en la personalidad y el destino de los postulantes con las manos sucias, antes de emitir nuestro sufragio.

Voy a una muestra: en 1987 los operadores de Carlos Salinas de Gortari hicieron hasta lo imposible por evitar una estrategia panista, ideada por Manuel Clouthier del Rincón, para exhibir a la familia de Manuela N., la servidora doméstica a la que los hermanitos Raúl y Carlos Salinas, junto a su vecino Gustavo Zapata, asesinaron a mansalva jugando a los “indios y vaqueros”; la “india”, naturalmente, no estaba armada ni con flechas y apenas tenía catorce años... como esclava, de hecho, en el hogar de los Salinas Lozano de donde saldría, primero, un miembro del gabinete presidencial, Raúl el padre, y un presidente de la República en 1987:
--¡Nos tardamos veinte años pero llegamos! --exclamó Carlitos, eufórico, antes de protestar no como candidato del PRI sino como “futuro presidente” a la usanza de hace apenas unos cuantos años--.

Y de allí nos llovieron las desgracias que culminarían con la tremenda crisis económica de 1994-1995 y los acontecimientos de barbarie, en 1993 y 1994, que fueron el polvorín que explotó para llevarnos al caos actual. Desde entonces fueron sumándose más y más cadáveres, sin intermedios por las alternancias absurdas, a las secuelas criminales desde el poder. Ahora hay quien piensa que el magnicidio de Colosio fue una parodia; no, no caigamos en lugares comunes: significó destruir el perfil histórico del país y acaso avanzar en democracia aun en el caso de que Luis Donaldo no hubiera ganado esas elecciones... como podría haber ocurrido. Se optó por el asesinato vil, desde la oficina de la Presidencia y con Joseph-Marie Córdova Montoya como estratega central, para que la alternancia no se diera entonces sino seis años después; esto es cuando los poderes fácticos estuvieran debidamente preparados. Y Ernesto Zedillo, claro, fue el gran beneficiario del brutal atropello por la vía de los votos “del miedo”. Venzamos a la amnesia.

No pueden olvidarse los capítulos que tanto golpearon a México. Por allí deambula Alfonso Durazo Montaño, en tránsito entre el perredismo y la MORENA, quien fue secretario privado de Colosio, después lo fue con los Fox y acabó siendo consejero de Andrés Manuel en una triada sólo explicable por la ausencia de memoria entre los mexicanos, muy orondo, desde el cómodo sillón de un despacho con amplios ventanales y espléndido paisaje –no le ha ido mal en la senda de la política-, contando su versión cómoda de los hechos –esto es con los conocidos lugares comunes, el malestar de Salinas, la furia de Córdova-, sin atreverse a señalar culpables más de veintitrés años después. ¡Qué valiente! ¿Dónde estaba cuando algunos críticos, muy pocos, dábamos la cara y exigíamos una declaración ministerial del entonces presidente Zedillo y de Salinas –mismas que se dieron pero no fueron hechas públicas-, sobre el asesinato “desde el poder” como asientan las averiguaciones de varios procuradores de la República, interpretando hechos de acuerdo a las consignas de cada época? Es una burla.

Claro, ahora hay farsantes, quienes no se atrevieron a sacar la cara en su momento, prestos a lanzar declaraciones sobre los sucesos sin correr el menor riesgo. Es la actitud de quienes recogen las historias sin haber pisado los campos de batalla y se paran el cuello asegurando que son veraces. Mentirosos, les llamaría yo, aunque bien sé que, por fin, la crónica política ya no sólo la escriben los vencedores sino también quienes hacemos el doloroso y poco cómodo papel de críticos. Lo prefiero, en todo caso.

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30 Marzo 2017 04:00:00
Grandes similitudes
Me contó Manlio Fabio Beltrones, cuando aún aspiraba a superar a Peña Nieto en los consensos interiores del PRI –aunque él conoce mejor que nadie las reglas del sistema político, midió siempre cortos los alcances del ex gobernador mexiquense-, una conversación entre él, en su condición de presidente de la Mesa Directiva del Senado, y Felipe González Márquez, ex presidente “socialista” del gobierno español. Más o menos así fue el diálogo:

--¿Cómo puede mantenerse un régimen parlamentario, como el de España, bajo la jefatura del Estado de un monarca?¿No es un poco contradictorio? –cuestionó Manlio-.
González, apenas un poco turbado, meditó unos instantes su respuesta y finalmente, encogiéndose de hombros, afirmó:

--¡Hombre! No lo sé... pero funciona.

Tanto como rememorar a neoleonés, Alfonso Martínez Domínguez, quien, reinstalado políticamente en el gobierno de su entidad, me permitió hacer algunos señalamientos críticos sobre los vicios del priísmo, rasgo que mucho agradecí porque otros que lo intentaron, por ejemplo Víctor Manzanilla Schaffer antes de ser gobernador de Yucatán, fueron literalmente exiliados de Monterrey. El ex regente capitalino, muy serio, colocó el labio inferior sobre el superior –un gesto muy suyo que según decía era rasgo de personalidad-, y pausadamente, con voz enronquecida, replicó:
--Bueno, reconozcámoslo: el PRI tiene muchos defectos; pero sólo hay algo peor: la oposición.

Se refería, entonces, al PAN y a la ambigua izquierda que no solía brillar como vehículo de acompañamiento mientras los radicales cursaban el delgado hilo entre la libertad de expresión y los señalamientos por subversión,. Atenidos siempre a la “gracia” del Ejecutivo, como el derecho divino de los reyes para señalar herencias y sucesiones por derecho de sangre y, en el caso de México, de compadrazgo y complicidad.

La historia no se detiene. En Francia, el ex presidente Nicolas Sarkozy optó por referirse a sus “amigos españoles” en 2012 –gobernaba aún el PSOE- como ejemplo del daño notable que puede inferir el “socialismo” a una nación, endeudándola y poniéndola, de hecho, “de rodillas”. Con ello, claro, aprovechó para mostrarse como uno de los verdaderos dirigentes de la Unión Europea, circunstancia que se esfumó al ser derrotado por el candidato del Partido Socialista, Francois Hollande, tratando de vindicar los derechos sociales sobre los económicos, por ejemplo. A diferencia de él, el derechista Mariano Rajoy se luce ante sus simpatizantes de la derecha española anunciando recortes de diez mil millones de euros en dos renglones fundamentales, el educativo y el de la salud. Esto es: es menos trascendente la cultura y el bienestar que dejar de ser cumplidor ante las grandes corrientes financieras europeas. La distancia semántica es enorme, pero el fondo es el mismo. Todo esto como parte de un legado que tiene a España en pleno vacío de poder por la falta de consensos partidistas.

En otro sentido, Sarkozy omitió. por ejemplo, que el gobierno mexicano, de derecha hasta hoy porque el peñismo le da continuidad y la blinda, ha trastocado el estado de derecho para preservar a una nueva casta de paramilitares capaces de actuar con absoluta impunidad como en el caso de la ciudadana francesa, Florence Cassez, en torno de la cual se realizó un ridículo montaje televisivo para lincharla mediáticamente a favor de una supuesta “buena imagen” oficial con la ayuda del reportero Pablo Reinah; para ello se cometieron las tropelías procesales más grotescas de cuantas tengamos memoria y el mandatario federal en funciones llegó al extremo de intervenir, de manera directa, para “orientar” a los Ministros de la Suprema Corte –en tono de consigna- sobre el particular, esto es, en contra de la señora en cuestión, para supuestamente demostrar así la voluntad del Estado de perseguir a los secuestradores... y dejar contenta a la señora Isabel Miranda, aspirante panista al gobierno de la ciudad de México y luchadora en contra de la impunidad, auspiciada y aumentada por el propio gobierno al que ahora quiere integrar. Entre las falacias conocidas, ésta se lleva los galardones. Luego el gobierno peñista reviró y se apuró a congraciarse con el actual mandatario francés, Hollande.

La derecha y la izquierda, por desgracia, se tocan en cuanto ejercen gobierno. Las pruebas estuvieron en el aparador con las coincidencias entre el “socialista” José Luis Rodríguez Zapatero –quien hizo ganar a Rajoy-, y el “derechista” Felipe Calderón, capaz de disponer de los blindajes económicos, en dólares claro, para asegurar la alianza con los españoles en crecida imparable en nuestro país, tanto que son sus expertos en marketing quienes, ahora mismo, están todavía marcando las pautas oficiales aunque las elecciones “intermedias” nos acechen.

En la misma línea, la “dictadura perfecta” de la que habló el peruano y Premio Nobel –de Literatura, por favor-, Mario Vargas Llosa, en plena expoliación personal tras ser derrotado en su país y luego obtener la nacionalidad española, no dejó de ser con la primera ni con la segunda alternancia; acaso por ello la tendencia, hasta el momento, es hacia la vuelta atrás; a finales de mayo, podría ser irreversible y ya falta muy poco. ¿Y quién puede alegar en contra de la hipótesis de que tal modelo puede identificarse, hasta hoy, cono una monarquía, si bien limitada por el perentorio lapso sexenal? De cualquier manera, la aristocracia mexicana crece y rápidamente con ligas entrañables, personales, entre las primeras familias que fueron y son al calor de la residencia oficial cuya edificación atentó contra el derecho patrimonial de los mexicanos y de nuestro Chapultepec. Por desgracia, la culpa salpica al general Lázaro Cárdenas, tan admirado por este columnista.

(Por cierto, el general Cárdenas jamás fue priísta como se empeñan en alegar los ignorantes. Cuando nació el PRI, en efecto, le fue enviada la credencial número uno –lo que debió encelar al presidente “caballero”, Manuel Ávila Camacho, o más bien con la habilidad que a éste le caracterizaba-, y el Tata Lázaro la rechazó, devolviéndola al remitente, aunque nunca se retiró del listado a la misma ni el general accedió a dar ningún pronunciamiento público al respecto).

Podríamos situar, igualmente, a los dictadores de distintas facciones en planos similares. Porfirio Díaz y Francisco Franco; Fidel Castro y Joseph Stalin; y tantos otros. Derecha e izquierda, conservadores y liberales, han protagonizado los dramas sangrientos de la historia. Unos en pos del “amor de Cristo”, otros por razonar en pro de una patria egoísta; siempre, mediante el dolor de los pueblos en estado de indefensión o camino de convertirse, como es el caso de México, en un “estado fallido”, Así será si no somos capaces de salvar nuestro destino cediéndolo a las mafias externas en donde se concentra el verdadero poder. Sobre esto quisiéramos escuchar a los ponentes en campaña en disertaciones serias y no fundadas en descalificaciones personales. Con datos buenos y criterios bien formados. De otra manera, la neblina de la demagogia seguirá eclipsando toda posibilidad de redención.

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28 Marzo 2017 04:00:00
Hackeos para el 2018
Si el sistema electoral estadounidense fue tan vulnerable ante la intervención de los llamados “hackers” rusos –hay quienes hablan de que la próxima guerra mundial será cibernética y para ello programan a niños y adolescentes a matar en pantalla-, ¿qué podemos esperar los mexicanos a la vista del proceso comicial de 2018? Seguramente nada bueno si observamos la desesperación de la cúpula gobernante ante el fenómeno de la izquierda que, por momentos, amaga con unirse mientras, en otras perspectivas, Miguel Ángel Mancera Espinosa, jefe de gobierno de la Ciudad de México, intenta, a toda costa, detener la tendencia aún a sabiendas de sus escasas posibilidades de victoria.

Más que en ninguna otra época, el acecho de los alquimistas y antidemócratas es brutal. Me resulta inexplicable, por ello, la tranquilidad con la que Andrés Manuel, quien va en punta pero nunca con una aprobación superior al 35 por cierto –en cualquier caso la mayoría de los electores no optará por él, lo que no debemos perder de vista para evitar caer en los juegos de palabras manipuladores-, cuando es experimentada víctima de los recurrentes vicios del sistema político mexicano que acaso culminan en los órganos rectores de las contiendas comiciales, sobre todo en el INE, en donde los escrutinios cambian con la avidez de los alquimistas.

¿Es razonable, insisto, que quien más ha sufrido por las “reglas” del juego extraoficial, López Obrador, se atenga, por tercera vez, a las mismas cuando ha experimentado la inutilidad de mantener en plantón a miles en 2006 –aunque la mayor parte fueran mercenarios-, y manifestarse contra bonos y despensas repartidos por el PRI en 2012 pero ya sin la intención de alterar el orden posibilitando con ello la asunción de Peña Nieto sin mayores descalabros salvo la lluvia de billetes falsos a la hora de entrar a Congreso y ocupar la tribuna? Me resulta muy difícil explicármelo aunque revienten de ira sus incondicionales dispuestos a justificarlo todo sin el menor reparo y en ausencia de la propia dignidad.

Claro está que en todo ello existe una poderosa razón y no es sólo ingenuidad por parte de los estrategas de MORENA. Si, desde hace once años, conocen los derroteros políticos y han observado que, pese a liderar las justas no les alcanza para ganar la mayoría absoluta, igualmente ponderan la posibilidad de que una segunda vuelta –lejana utopía por la cerrazón de los legisladores y la ausencia de iniciativas peñistas, si bien calderón se atrevió a sugerirla sin respuesta ni seguimiento-, sería catastrófica para a izquierda porque el PAN y el PRI podrían unirse para darle un traspiés a Andrés Manuel.

Sin embargo, tal posibilidad se va diluyendo mientras el tiempo corre, sobre todo ante la posibilidad de que sea el PAN, posiblemente con Rafael Moreno Valle –lo de la señora “calderona” va perdiendo fuerza-, quien pudiera quedar como segunda fuerza excluyendo al PRI de una nueva confrontación lo que pondría a la clase política y sus patrocinadores, muchos de ellos cabecillas de las bandas criminales o empresarios con vínculos con éstas, de cabeza, lo que sólo podría beneficiar los intereses de la Casa Blanca y su alocado huésped... perentorio.

En aguas más revueltas, ganan los pescadores que le han hincado los anzuelos a las riquezas inagotables de nuestro subsuelo. Caramba, deberíamos ser una potencia por ello y sólo somos un satélite que patalea como presunto ahogado de la mano de la traición y la corrupción de los políticos, de todos los partidos, dispuestos a sacar raja de los desórdenes y luego esconder las manos. No olvidemos el drama de Ayotzinapa y el peligroso caldo de cultivo perpetrado por el peñismo con el aval de un PRD, entonces, maniobrado por quien se postula como impoluto con una larga cola detrás.

Es curioso: sin segunda vuelta, las posibilidad de triunfo de Andrés Manuel crecen una barbaridad porque puede asirse a las preferencias de tres o cuatro votantes y, si consideramos a los empadronados, de uno entre cada cinco mexicanos en edad de sufragar. Una democracia de papel desde su planteamiento; pero lo mismo ocurriría de ser otros quienes pudieran alcanzarlo y vencerlo, sea el PAN o incluso –lo que me resulta odioso siquiera pensarlo-, el destazado PRI cuyas miserias son tantas como el loco afán de continuismo con el rechazo de nueve de cada diez mexicanos. Sólo un pueblo masoquista y manipulado puede caer en semejante abismo.

En este entorno, el mayor riesgo para la MORENA de Andrés Manuel no es el fraude potencial sino, desde luego, el caos que podría propiciar una intervención militar en forma alentada por el señor de los cabellos naranja que duerme en la Casa Blanca rodeado de lujos y deslumbrado por los colores dorados que exaltan su poder económico aunque haya perdido casi un tercio de su fortuna con tal de alcanzar el poder político; para él, como están las cosas, no es difícil compensarse como sea aun cuando recurra a actitudes de patán y misógino dejando de darle la mano a la poderosa canciller alemana, Angela Merkel, para luego intentar desplazarla; el odio de Trump por la humanidad es tanto que acaso desearía cambiar la estatua neoyorquina de la Libertad –regalo de Francia- con una esfinge suya con oropeles romanos.

Lo anterior surge de la torpe declaración, no podría ser de otra manera, del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong –quien todavía cree en la utopía-, en el sentido de que un exabrupto de Andrés ante el señor Antonio Tizapa, padre de uno de los normalistas desaparecidos, pidiéndole que hablara con el ejército y con peña para dilucidar sus dudas sobre la intervención de López Obrador en la imposición de los diabólicos Abarca de Iguala y de Ángel Aguirre Rivero –quien negoció su salida del gobierno de Guerrero a cambio de asegurar la carrera de su propio orgullo nepotista-, representaba una descalificación impropia, grosera e imprudente de quien pretende erigirse en “comandante supremo” de las fuerzas armadas.

Este es el punto: en el caso de un triunfo de Andrés, la apuesta del establishment es que los mandos castrenses no lo respalden por sus señalamientos actuales, salvo que cierre la boca y deje de poner en entredicho a las descalificadas instituciones a las que ya mandó al diablo en 2006. De nada le valen, en este sentido, los apoyos populares que suelen disiparse, hasta hoy, con la “medicina del tiempo”; esto es, al transcurrir los meses, la fuerza del colectivo amaina como sucedió ya con las protestas por el alza injustificada de las gasolinas y la parodia de rebajar un centavo para luego subir dos a los precios.

Lo dicho: Andrés Manuel, puntero hasta hoy, está metido ya en la trampa tendida por sus enemigos y debiera exigir salidas válidas para no dejar a sus adeptos, como hace seis y doce años, con un palmo de narices.

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26 Marzo 2017 04:00:00
» La ‘justicia social’
En la célebre obra, “México Bárbaro” de John Kennet Turner, se cuenta con apego a los hechos y una técnica de investigación impecable el drama de los indios yaquis de Sonora, entre otros, demostrándose que el numen del estallido de 1910 fue, sin duda, la desigualdad social. No es extraño el aserto en nuestra historia: ya habíamos contado que, de acuerdo a peritos hispanos –quizá preparados para librarse del estigma de sus asesinos predecesores-, la destrucción de Teotihuacan había sido consecuencia directa del dilema permanente entre los explotados, quienes se cansan de vivir a las sombras, y el pequeño círculo de gobernantes, sacerdotes y guerreros de alcurnia. El mismo vendaval que destruyó a los imperios egipcio, griego y romano luego de centurias dominantes por el paso de los “caballeros” dispuestos a defender sus patológicas razones con la fuerza de las armas.

Esto es: en México, las distancias entre quienes mandan y cuantos obedecen es mayúscula y sin que jamás se haya respetado el principio republicano fundamental: el de la soberanía popular imperante sobre los grupos fácticos de poder. De esta “útil” ignorancia se derivan todos los grandes males de nuestro país, desde el ostracismo silencioso, al que he llamado “sepulturero del futuro” y “el mejor compañero de la corrupción” entre otras definiciones, hasta la exaltación de la riqueza como única ruta el pro del estatus dentro de una comunidad inmersa en su propia hipocresía. (Ni siquiera los Obispos, salvo excepciones que confirman la regla, se atreven a compartir la mesa con sus servidores por razones de “buen gusto”).

Hace tiempo, en mis días en San Miguel de Allende –la maravillosa ciudad colonial que quisiera recordar con más cariño si no fuera por la cercana presencia de la maldad en mi hogar; me dicen que no debo hacer referencia a mis emociones personales pero, a estas alturas, me he ganado el derecho de hablar cuanto me da la gana-, un heredero ricachón, quien jamás ha trabajado para ganar un peso, se extrañó que uno de mis colaboradores se sentara al lado mío, y en la misma mesa que compartía con el millonario, y antes de preguntarle sobre lo que comería, le soltó:
--A este no le muestres la carta; ¿no ves que no está acostumbrado? Mándenle un tazón con frijoles y con eso le basta.
Iba a responder la majadería cuando el noble humilde se carcajeó y replicó:
--¿Sabe usted? También puedo comer carne y no me hace daño; en cambio a usted, se le atoran los frijoles.

El heredero tuvo el buen tino de no responder esperando que yo actuara; y se sintió muy molesto cuando, a cambio, le di unas palmadas en la espalda. Y luego, en la plática, el sujeto engreído e incómodo por la presencia de alguien no perteneciente a su nivel social no cesó de hablar de la necesidad de votar por otro partido, ya no el PRI sino el PAN, estábamos en las vísperas de los comicios, para así evitar el hambre de tantos campesinos maltratados. El fariseísmo llegaba muy alto en su rancho en donde servía a la decena de empleados, como se había acostumbrado en la casa de sus padres, sólo lo proveniente de una inmensa olla... con frijoles y retazos de hueso. Su familia, claro, devoraba platillos exóticos europeos y norteamericanos.

Todo parecía irle estupendamente –especulando con viene inmuebles-, hasta que llegó la hora de encontrarse, como si no hubiese pasado el tiempo, con la barbarie del México actual: lo secuestraron, a él y su mujer estadounidense ya fallecida, a ella la dejaron libre instantes después, y lo mantuvieron siete meses en una suerte de ataúd en circunstancias muy parecidas a las que padeció Diego Fernández de Cevallos de mayo a diciembre de 2010 bajo la indiferencia notoria del gobierno panista de calderón. Lo mismo sucedió al respecto de los falsos “accidentes” en donde perdieron la vida Ramón Martín Huerta, Juan Camilo Mouriño y Francisco Blake Mora, el primero cercanísimo a los fox y los segundos en condición de secretarios de Gobernación al ser muertos. Bastó con exaltar su “heroísmo” –si hubiese sido tal no estaríamos hablando de meros accidentes porque entonces hasta el trailero que muere en una carambola tendría condición de hijo distinguido de la nación-, a través de funerales de Estado, para rendir culto perentorio a los difuntos y seguir la senda del olvido. Por algo la familia de José Luis Santiago Vasconcelos, ex zar antidrogas y de hecho cremado dentro del avión de Mouriño, se negaron a la parodia.

Me decía un excelente amigo mío, quien tiende hacia el panismo de manera superficial, que cuanto le había indignado más de los hechos de Iguala y Cocula fue la ausencia del matrimonio peña-rivera:
--Así como ella es buena actriz, debiera haber llorado junto a los deudos y hacerse solidarios con ellos antes de que éstos, al sentirse abandonados, salieran a las calles, primero, y viajaran con recursos de miles de indignados mexicanos, hasta el exterior en su demanda de ver con vida a sus hijos aún en nivele de “desaparecidos”, sin rastros de sus cuerpos –la teoría de la quemazón sólo pueden creerla los ingenuos y los lacayos de peña-, lo que eleva la posibilidad sobre la presunta esclavitud de los mismos acaso usados para tareas de extracción de oro en las minas cercanas a Iguala o en los laboratorios de cocaína incrustados en las cavernas de alrededor.

Tal posibilidad no es lejana al conocer cómo se procede con cientos y cientos de centroamericanos quienes son secuestrados para ser explotados hasta el último aliento; con los muertos, acaso, comenzó a conocerse la costumbre de las fosas clandestinas a donde se arrojan decenas de cadáveres en los sitios más alejados de las urbes o en las latitudes de las ciudades fantasmas, como Ciudad Mier, en Tamaulipas, que la guerra entre mafias ha dejado sólo para ellas y las tiendas Oxxo, pertenecientes al grupo FEMSA perteneciente a la viuda y herederos de Eugenio Garza Lagüera, y cuya fortuna asciende a seis mil setecientos millones de dólares.

Las desigualdades son extremas como en el mundo mesoamericano, la colonia Nueva España y el México independiente. Pareciera ser una constante amoral que deviene de la tiranía de los imperios prehispánicos sumada, después, a la brutalidad de los invasores españoles cuya verdadera religión era el metal dorado aunque trajeran frailes para sentirse redimidos. Nunca el fariseísmo fue mayor, ni siquiera en los tiempos de Jesús.

Recordaba la historia de los yaquis, enviados en condiciones infrahumanas, a poblar Yucatán y asegurarse la fidelidad de los indios mayas, cual si se tratase de cabestros para obligar a sus hermanos a entrar en los corrales de la ignominia, como bestias, porque en la actualidad, siglos después, la historia se repite. Está sucediendo ahora mismo en Baja California Sur –en donde habrá elecciones para gobernador, ayuntamientos y diputados el 7 de junio-, en San Quintín, con ochenta mil jornaleros a quienes no se ha podido alimentar porque no llegan los abastos necesarios; a ellos se agregan 20 mil tarahumaras, a quienes se obligó, de hecho, a sumarse al trabajo en las áreas bajacalifornianas con bajísimos emolumentos que se diluyen en las modernas tiendas de raya.

Como un regreso al pasado bajo un gobierno de extracción panista si bien el gobernador, Marcos Covarrubias Villaseñor, provenía del PRD que aplicó en la región los mismos criterios priístas para la imposición de candidatos y optó por salirse de la izquierda para sumarse a la derecha. Nada importa, mucho menos la congruencia, cuando se trata de asegurar su porvenir político y l bienestar millonario de su descendencia.

Tal es la única prioridad, como lo es igualmente para el gobernador de Sonora, éste sí panista de cepa, Guillermo Padrés Elías, el beneficiario político de la tragedia de la guardería ABC de Hermosillo concesionada a la prima de Margarita Zavala, Altagracia Gómez del Campo –nombre de bruja tiene, hoguera tuvo con cuarenta y nueve pequeñines calcinados y muertos, además de setenta bebés heridos gravemente, en una de las peores infamias que recordemos, en 2009 una semana antes de los comicios-. Pero nunca se castiga; al contrario, los infames no pierden el paso.

Ninguno de los partidos en curso es exclusivista de la tragedia social de México.

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24 Marzo 2017 04:00:00
Ojos al revés
Como el gato del cuento, no pocos mexicanos tienen los ojos al revés y la cola también, infectada por la partidocracia más fuerte que el presidencialismo de antaño o fusionada con este como sostengo. La cuestión es que los hechos sucintos y claros, cuando menos así deberían ser considerados, pueden ser motivo de largas y pírricas polémicas a costa del uso de las tecnologías modernas capaces de hacer hablar a un monigote con el lenguaje de Nulo –Aurelio Nuño- y su corte de corifeos iletrados quienes apenas pueden “ler”.

Es, de verdad, lamentable, lo temprano que ha comenzado la guerra sucia basada en la soberbia de los contrincantes y la obcecación de las dirigencias de cada instituto por demostrar que sus razones son las únicas válidas, consistentes y libres del ominoso pecado de la servidumbre cuando, en el fondo, es otra cosa, siniestra, la que impera en cada uno de cuantos las forman. De allí que las escisiones no sean poco frecuentes, alentadas por los humos ominosos de la intolerancia y la cerrazón.

Todos cuelgan en el perchero sus pecados y alegan ser poseedores de las virtudes, solo ellos, que deben desembocar en la exaltación de su propia personalidad; los defectos y los errores son para otros; las bienaventuranzas para el grupo afín. Y con este maniqueísmo, como lo he dicho tantas veces, se pretende construir el futuro contra la opinión, en cada caso, de la mayor parte de la ciudadanía porque NINGUNA opción partidista aglutina a más del 35 por ciento de los presuntos votantes mientras el 65 por ciento restante la rechaza; esto, claro, en cuanto al líder de la justa por la Presidencia. No lo olvidemos.

No puede hablarse, con los ojos bien centrados, de una mayoría definitoria, ideal de la democracia, sino de distintas opciones que se disputan el ansiado nivel del treinta por cierto, o de la tercera parte y un poco más, para asegurar victorias que disgustan, insisto, a las otros dos tercios aunque rabien, con inaudita furia, los incondicionales de una y otra y otra opciones, atrapados en la ligereza de los intereses propios o en la superficialidad de los análisis que, resumidos, concluyen: “es el menos malo; no tenemos opciones”. Por desgracia, puede que tengan razón.

Lo lamentable es que teniendo tanto tiempo por delante para la elección de 2018, llegue o no Peña al final de su deplorable mandato –debería irse ya para salvar un poco de dignidad, si le resta alguna, y dedicarse a las terapias necesarias para vencer su cáncer prostático-, se nieguen al debate serio las principales figuras destinadas a conducir a México en el futuro inmediato y caigan en la rutina de los golpes bajos... aunque, en muchos casos, éstos no sean sino repaso de acontecimientos incontrovertibles que han lastimado al cuerpo otrora resistente de la República.

Veamos los casos y ustedes juzgarán. Comencemos con el panismo persignado que oculta y desdeña serios acontecimientos prohijados por el mismo. Digamos el caso de Sonora, aunque Guillermo Padrés Elías y su hijo ya estén presos –solo ellos entre toda la podredumbre priísta-, en donde fincó intereses y distribuyó enormes cohechos Donald Trump junior desde hace años. ¿Acaso el muro de la ignominia podrá ser indicativo del primer paso para robarnos más territorio a cambio de la promesa de no invadir el resto? Ya es hora de ir pensando en ello, señor Peña, señor Videgaray.

Además, los precandidatos Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle llevan sobre sus espaldas el peso de un drama: la primera, por su concurrencia al incendio de la guardería –por llamar de algún modo- ABC de Hermosillo y el segundo por cuanto a la ignominiosa “ley bala” que se gestó en el asesinato del niño tzotzil, Luis Alberto Tehuatlie Tamayo, durante una brutal represión que marcó el autoritarismo insensible, fascista, de su estancia en el Palacio poblano.

Y seguimos con los priístas. ¿Cómo puede defender Miguel Ángel Osorio Chong a sus soldados cuando fue incapaz, y lo sigue siendo, de demostrar la inocencia de los mismos en los casos no sólo de Ayotzinapa –un tumor cuya secuela no sana-, sino igualmente de Tlatlaya –y su botín millonario en dólares-, y Tanhuato, entre otros genocidios a lo largo y ancho del país? ¿Y Luis Videgaray tiene autoridad moral para exigir a Trump respeto cuando fue él quien inclinó las corvas de antemano, colocándose en el lado de los cobardes convenencieros?

Por si fuera poco, resulta ahora que Aurelio Nuño Mayer –Nulo Mayor, le bautizo, sin errores de ortografía-, vuelve a ser el “delfín” del señor Peña Nieto luego, precisamente, de sus mayores traspiés y resulta beneficiario del primero de los modelos transexenales –no transexuales, aunque abunden en el gabinete ampliado-, el educativo, reconociendo con ello la pobreza de la reforma en cuestión destinada sólo a perseguir y cortar cabezas de maestros reacios a incorporarse y ser controlados por un gobierno sin rumbo.

Vaya triada de sujetos “presidenciables” acaso destinados a la hoguera de la derrota, sin remedio, por el efecto “Peña”, esto es adheridos a éste como punta de salvación bajo una oleada de rencores sociales irreversibles.

Es ya un tsunami de los mexicanos contra su gobierno y ninguno que abandere a este partido, el PRI, podrá salvarse. Lo veremos, muy pronto, en los comicios por venir en Coahuila, Nayarit y, sobre todo, el Estado de México en donde el capricho de Peña lastimó a los institucionales locales.

Tampoco se salva el, hasta ahora –lo fue igual en 2006 y 2012-, líder de la contienda preelectoral por la Presidencia. Andrés Manuel entendió, al fin, que debía internacionalizarse –un poco tarde, cabría agregar, y luego de dos frustradas campañas-, pero lo hizo a contracorriente: guerreando con la Casa Blanca y con el miserable que la ocupa, en una decisión políticamente incorrecta, sabedor de la influencia de los norteamericanos en cuanto a nuestra rectoría política. Ahora, para ellos, no hay mayor blanco que MORENA.

Para colmo, la reciente discusión sobre un exabrupto de Andrés, contra Jorge Antonio Tizapa, padre de unos de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa y quien vive en Nueva York –al igual que once millones más de compatriotas, los más sin papeles, por ausencia de oportunidades laborales en nuestro país-, con manipulaciones evidentes en el audio. Es obvio, y se ha corroborado con estudios precisos, que el “cállate” endilgado al indignado Tizapa, fue alterado rufianescamente por un “que te vaya bien”, frase que no corresponde al tenor del diálogo en el que el líder único de MORENA no tenía más respuestas que la de remitir, al victimado progenitor de Jorge Antonio Tizapa Legideño, al ejército. Hubiese bastado con un acto de humildad para librarse del problema en vez de caer en la burda salida tecnológica que sólo creyeron sus habituales incondicionales.

¿Con cualquiera de estos nuestro México estará a salvo en el futuro? Me temo lo contrario. URGE encontrar al líder que sea capaz de financiarse para poder reducir a las caricaturas de políticos que se están postulando.

Debate
Dicen que buscan a Javier Duarte de Ochoa en una de las fosas clandestinas de Colinas de Santa Fe, cerca del puerto de Veracruz. No será una cualquiera sino, más bien, una caverna hasta con aire acondicionado y tan amplia como la voluminosa figura del supuesto perseguido. Muy parecido a la de Saddam Hussein encontrado en similares condiciones –salvo el aire-, muy bien pertrechado bajo la tierra de sus ancestros hasta que los invasores estadounidenses terminaron con la parodia y la soberanía de Irak.

Los miembros de la oficialidad suelen despreciar cuanto no les interesa, como los cadáveres hallados en Iguala y Cocula que no corresponden a los “desaparecidos” muchachos de Ayotzinapa. Como si no existieran, sencillamente, bajo el horror de la clandestinidad. Los hicieron a un lado, sin indagar procedencia –salvo la de los restos de un fraile africano, John Ssenyondo-, con una negligencia casi criminal. De todo ello no han respondido ninguno de los procuradores del peñismo –Jesús Murillo Karam, Arely Gómez González Blanco y Raúl Cervantes Andrade-, ni mucho menos el intocable titular de Gobernación, Osorio Chong, protector de militares con desplazamiento de los mandos y sin respeto alguno por los ordenamientos legales.

La única fosa que falta, no clandestina, es la destinada al gobierno actual por tortuoso, manipulador y demagogo. Y todavía se pretende que quienes dependen del mismo regulen, parcialmente, los procesos electorales por venir.

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23 Marzo 2017 04:00:00
Paraderos criminales
Pasaron ya veintitrés años de aquel 23 de marzo terrible. Nadie podía dar crédito al hecho de que había sido asesinado “el futuro presidente” de acuerdo a las entonces reglas no escritas del establishment. Quienes voltearon hacia Los Pinos con sospechosas miradas jamás fueron considerados ni atendidos pese a brindar suficientes elementos para señalar como culpables al siniestro consejero Joseph-Marie Córdova Montoya y a su patrón, el señor Carlos Salinas quien permanece como el gran mafioso del sistema mientras la tumba de Luis Donaldo va siendo, poco a poco, abandonada. Sobra hablar de los beneficiarios, el primero, sin duda, Ernesto Zedillo, quien ocupó el lugar de la víctima usufructuando un periodo presidencial.

Para desviar dudas, o más bien con el propósito de proteger al poderoso jefe de la oficina de la Presidencia, nacido Joseph-Marie en La Ciotat, Francia, e hijo de padres españoles –una fusión de alto voltaje sin duda-, el 30 de marzo, una semana después del magnicidio, éste fue puesto como representante de México en el Banco Interamericano de Desarrollo para esperar, desde allí, una vindicación que nunca llegó pese a que su favorito, Zedillo, fue colocado en la Presidencia al amparo de los votos del miedo –la nación entera no salía de su asombro y del colapso-, y del beneplácito de la Casa Blanca que, curiosamente, dio al lapso zedillista cariz de largo paréntesis para preparar la alternancia y calmar así –creyeron- la espiral de violencia.

Luego vendría, en septiembre 28 del mismo año, a la salida del hotel Casa Blanca de la Ciudad de México, el asesinato de Francisco Ruiz Massieu atribuido a la mancuerna formada por Carlos Hank González, entonces secretario de Agricultura y Ganadería, y Raúl Salinas, el hermano fatídico, como una suerte de reacción a las insistencias de ligar al nuevo gobierno con el narcotráfico... lo que después se daría con mayor “discreción”. Por supuesto, la mano de Joseph-Marie no fue ajena a esa conjura como tampoco estuvo fuera de la que llevó a Colosio a su tumba en Magdalena de Kino.

Córdova, incluso, fue asediado, durante meses, por la dirigencia del PRD –entonces formada por el núcleo Cárdenas-Muñoz Ledo-, hasta que en 1997 –tres años después de los crímenes de Estado apuntados-, Joseph-Marie respondió y amenazó con denunciar a los perredistas si no presentaban pruebas definitivas; por supuesto, la advertencia incluía a Cuauhtémoc Cárdenas en vía de ser electo jefe de gobierno del Distrito Federal. Y el PRD, de manera por demás vergonzosa y cobarde, reculó para evitar el contrapunteo judicial en ayuno de elementos suficientes para llevar sus denuncias adelante sin recibir la menor respuesta sobre la participación de Córdova en los hechos.

Fue entonces cuando las comisiones de sendas Cámaras del Legislativo señaladas para conocer los casos d referencia, citaron a este columnista con el único fin de amedrentarme. Acabé exigiendo que si me obligaban a comparecer, cuando menos debía ser escuchado por el mayor número de diputados que conformaban el colegiado en la materia porque sólo se había presentado el presidente del mismo. Esperamos y llegaron algunos más, citados con premura, suficientes para que diera mi versión sucinta:

--Mientras esté en la Presidencia el mayor beneficiario del crimen alegué-, será imposible indagar lo conducente.

No hubo eco a tal declaración que implicaba al mandatario en ejercicio entonces, Zedillo, por la innegable complicidad del Legislativo y el Judicial que aún, como hoy, se supeditan al Ejecutivo con el mayor descaro y sin poner ni quitar ni una sola coma a sus iniciativas, como sucedió con las infames reformas de 2013 que nos llevaron, tres años y meses después, a la inercia política y social del presente. Cuando los fracasos se acumulan, como hace veintitrés años y hoy en día, suele hablarse de los vientos externos y de factores incontrolables, como las reacciones violentas de los cuadros guerrilleros, para justificar los desvíos del gobierno y el amafiamiento de la clase política.

Desde luego, en el crimen contra Ruiz Massieu, cuyas secuelas políticas se viven aún con la presencia de su hija, Claudita, en el mismo sitio que ocupaba la víctima a la hora de su asesinato, la secretaría general del manchado priísmo, existen cuestiones verdaderamente vergonzosas que exhiben la podredumbre estructural del continuismo gobernante –lo de las alternancias de 2000 y 2012 son un mal chiste repetitivo-. La peor de ellas, sin duda, es la ridícula persecución de quien fuera diputado por Tamaulipas –el primero de los narco-estados por cierto-, Manuel Muñoz Rocha, quien desempeñaba la presidencia de la Comisión de Agricultura en la Cámara baja y, por ende, tenía conexión diaria con Hank González, abuelo del exitoso banquero e hijo de Carlos Hank Rhon, frustrado precandidato a la gubernatura del Estado de México quien cedió su sitio al desconocido enrique peña nieto, con sello presidenciable desde su nacimiento político a la sombra del mafioso Arturo Montiel Rojas.

En fin, es el caso de que Muñoz Rocha fue visto y reconocido en San Antonio, Texas, en compañía del abogado Enrique Fuentes León quien fue detenido por agentes federales de Estados Unidos dejando al primero libre porque, dijeron, no lo habían identificado a simple vista. Luego el cónsul en esa ciudad, Humberto Hernández Haddad, presentó pruebas suficientes sobre el sujeto y no hubo eco en medio de documentos “Top Secret” y de una indiscutible complicidad entre dos gobiernos y dos fiscalías.

Hace algunos meses, en Ciudad Victoria, varios ciudadanos de la capital tamaulipeca, e incluso funcionarios, me confirmaron, uno a uno, que Muñoz Rocha vive en los alrededores de la urbe e incluso “baja” al centro, para realizar operaciones financieras en varios bancos, una vez por semana por lo menos. Se lo comenté a Hernández Haddad y éste me dijo:

--Por desgracia, ya nada pueden hacerle. Ha sido exonerado e incluso, en principio, fue dado por muerto para que su mujer, Marcia Cano, pudiera hacerse de las propiedades del supuesto difunto cerrado así el expediente y la búsqueda.

Un círculo cerrado que demuestra, en todo su esplendor, la rutinaria acción de las procuradurías falsarias para ampliar el mayor cártel de México: el del Paraíso, en donde recalan los peores personajes del país supuestamente fallecidos pero con franquicia de vida que los convierte en intocables. Tal el caso, también, de Amado Carrillo Fuentes y Heriberto Lazcano, El Lazca, cuyo cadáver fue robado acaso para que pudiera rehabilitarse dentro de su pandilla, al estilo del Romeo de Skakespeare.

Casi un cuarto de siglo después, los beneficiarios de los magnicidios permanecen en el poder.

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22 Marzo 2017 04:00:00
Sobornos y panaceas
México es un país descompuesto por su gobierno. Tanto que se han cambiado los valores esenciales a trueque de manipulaciones colectivas y una desarrollada corrupción que se ha convertido en la más exitosa de las industrias, incluyendo las desvergonzadas desviaciones de fondos destinados a las damnificados por catástrofes naturales y la longeva costumbre de incluir obras no realizadas en los informes presidenciales; las mentiras, por desgracia, afloran muy tarde.

Es preocupante, en entorno así, que se señale como fecha de arranque para el cacareado “nuevo” modelo educativo el ciclo 2018-19, esto es cuando la administración actual, que en apariencia lo impulsa, ya esté en finiquito y, si las cosas transcurren con la normalidad “institucional”, esto es vencida la voluntad popular de quebrar al actual régimen siquiera como una sanción por los genocidios y latrocinios extendidos por toda la República, ya pulule alrededor de Los Pinos un presidente electo que no pertenecerá al PRI. El continuismo sólo sería posible tras un acto de suicidio colectivo de, cuando menos, el cuarenta por ciento de la población adulta. No es factible llegar a tal grado de ignominia.

La corrupción ingente se extendió por casi toda Latinoamérica. El caso del empresario brasileño, Marcelo Obedrecht, por señalar tan solo una muestra, exhibe la expansión de la corrupción por la vía de las complicidades mayores tocando las manos de los presidentes de Colombia, Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador y Perú, cuando menos. México, desde luego, no fue la excepción bajo los gobiernos de derecha corroídos hasta el fondo y con mandatarios panistas muy buenos para extender las manos y recibir cerca de doce millones de dólares muy bien recibidos por los santones de golpe en pecho, fox y calderón. Nada mal les fue para que todavía sigan mendigando por migajas y pensiones que sólo sirven para promocionarse a sí mismos... o a la consorte del segundo, la aguda Margarita.

Coinciden en otra cosa sendos ex gobernantes, fundamentalmente en la ambición de sus consortes quienes, en uso del estatus reflejo, han creído que pueden alcanzar a sus consortes igualándose con ellos a costa de la presidencia rota. Las dos fueron lanzadas y maltratadas por sus primeros maridos, Marta víctima de Manuel Bribiesca quien me confesó que la arrojó por la escalera “porque se le fue”, y Margarita conoció cada peldaño de la de Los Pinos en alguna ocasión que propició el beodo de su marido a quien, además, le ha tocado defender en una absurda coyuntura que no puede ganar. La segunda, claro, llegó más lejos porque los panistas de tiempos de fox, entre ellos el entonces dirigente Manuel Espino Barrientos, ya escindido por asco, sintieron un poco de vergüenza y se negaron a secundar los sueños imperiales de la señora “de las muchas faldas”. Ahora, sobra la dignidad como es evidente.

En el paraíso de los sobornos, que tanto alimentan los capos y los esclavistas modernos, como las empresas canadienses que explotan el oro de Iguala y Cocula a costa de someter a indocumentados y perseguidos, el presidenciable secretario de Gobernación –quien piensa también que el PRI tiene alguna posibilidad de ganar; y con él, cuatro gatos más-, alega que él está dispuesto a defender siempre al ejército, por ejemplo si toma el control de los comicios si las aguas se salen de cauce. Me imagino que tal es el fondo de tan apasionada postura de Miguel Ángel Osorio Chong, el hidalguense con casaca invisible como la del emperador del cuento de Hans Cristian Andersen; esto es, va desnudo moralmente por la vida.

Y, desde luego, los agravios contra la nación se extienden. Por ejemplo, el impulso presidencial a Aurelio Nuño Mayer quien, a pesar de sus derrapes que le exhibieron –el secretario de Educación, sentado en el sillón de Vasconcelos, no sabe “ler” y lo repitió ¡tres veces!-, sobre todo los pésimos consejos que le dio a su jefe peña nieto en la primera mitad de su terrible sexenio, volvió a convertirse en el “delfín” para suceder a su patrón e incondicional tomando en cuenta la dualidad que le permite, como al mandatario en funciones, contar con una bella mujer a su lado. ¡Qué empeñosos son algunos altos funcionarios con el tema de las artistas conocidas! ¿Les gustará encelar a los mexicanos para sentirse, de verdad, por encima de ellos porque tienen acceso a las estrellas del firmamento televisivo o a bailarinas exquisitas, como en el caso de Nuño, más bien Nulo? ¿O es una competencia internacional en pos del grado de “la primera dama más bella, desplazada “La Gaviota” por las de Argentina, Juliana Awada de Macri, y sobre todo por la de Brasil, Marcela Tedeschi Araujo de Temer quien, desde luego, confirma la suerte del feo? Será difícil igualarlas, mucho menos en el lejano caso de una victoria de Margarita, la del ABC de Hermosillo, en pleno desfogue de la amnesia colectiva.

Sólo que los precandidatos –quienes ya gastan un dineral aunque el INE diga ignorarlo porque Lorenzo Córdova Vianello, el racista, prefiere obviarlo-, no dejan de cometer excesos contra la inteligencia del colectivo. Son evidentes sus alianzas soterradas, con la Presidencia claro, lo que desvirtúa el juego comicial y hace factible un nuevo fraude si llegamos al 2018 con los brazos cruzados y sin que priven otras reglas para determinar a los ganadores reales y no a los cibernéticos con la ayuda de hackers precisos para modificar los escrutinios.

Y los precandidatos hacen de las suyas. Margarita, por ejemplo, insiste en que su marido defendió el orden regando 127 mil cadáveres durante su sexenio ante el asombro de sus entrevistadores. Osorio Chong, “el chino hidalguense” –investigo si sus orígenes tienen que ver con alguna lavandería-, asegura que no se cansará de defender a la Policía Federal y a los militares a los que ahora se da el lujo de ordenar como si la Secretaría de la Defensa estuviera pintada. Y Andrés Manuel manda a callar a uno de los padres de los desaparecidos de Ayotzinapa a falta de argumentos para contrarrestar las andanadas de quien fue insolentemente llamado “provocador” por el icono de la izquierda.

En este punto me detengo. No pocos de mis lectores y seguidores abogaron por Andrés alegando que el reclamo estaba fuera de lugar –se podría decir lo mismo de las protestas contra Peña cuando viaja, lo que resultaría una perogrullada-, y que no podía explicarse cómo tenía capital y visa para situarse en Nueva York, una interrogante que igualmente podría trasladarse a López Obrador. ¿Acaso no saben que los padres de los normalistas han sido invitados por diversos organismos no gubernamentales para que expliquen sus versiones en diversas capitales del mundo? ¿O creen que, por ser humildes, no tienen derecho a recibir el mismo trato que un conferencista de la talla de Felipe Calderón y Ernesto Zedillo?

De lo anterior deduzco que, en esta tierra nuestra, tantas veces afrentada gracias a la desmemoria, sobran incondicionales de cualquier causa y manipuladores al servicio del gobierno y de los líderes opositores que intervienen las redes sociales, la única arma que nos dejan a quienes planteamos la posibilidad de una revolución pacífica. Cuidado con eso; sin salidas ni escapes, cualquier generador estalla.

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21 Marzo 2017 04:00:00
Prepotencia y nepotismo
En los meses recientes han sido evidentes los actos públicos escandalosos de algunos de los juniors más célebres del país –los hijos de personajes de alcurnia, entre ellos Andrés Manuel López Obrador, Luis Videgaray Caso, Vicente Fox Quesada (adoptivo) y una gama de políticos de distintos partidos–, quienes con prepotencia inaudita han humillado a los agentes de tránsito, soliviantado a los clientes de algunos de los llamados “antros” y, para colmo, han hecho gala de ser intocables por los puestos ocupados por sus progenitores (as).

Hace unos días, sobre la avenida Presidente Masaryk, fui testigo de cómo el conductor de un Ferrari color rojo, con placas PYU-57-55 del Estado de Morelos –donde gobierna el perredista Graco Ramírez–, “volaba” entre el tráfico natural seguido de una Suburban de color negro. Al parecer, es el mismo, perteneciente al “empresario” Alberto Sentíes ligado a una familia de raigambre priísta, la del ex regente Octavio Sentíes Gómez –quien fungió en tal cargo luego de la renuncia de Alfonso Martínez Domínguez, el “chico expiatorio” por el genocidio del Jueves de Corpus de 1971.

Es fama que cuando el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez, solicitó la renuncia de Martínez Domínguez invocando su fidelidad “al partido” y “a mi gobierno”, el aludido respondió con una pregunta:

– ¿Puedo hablarle a mi amigo Echeverría y no al presidente de la República?

– Por supuesto, Alfonso. Tienes total libertad.

– ¿Le hablo al hombre y no a quien ostenta la banda tricolor?

– Te doy mi palabra, Alfonso.

– Pues, luis: vete mucho a chingar a tu madre.

Desde luego, el lavabo al estilo de Poncio Pilatos sirvió para muy poco. En su decrépita ancianidad –con noventa y cuatro años a cuestas–, el ex presidente lleva sobre sus hombros la ignominia aunque haya sido “amparado” por un juez sobre el delito de genocidio que él sabe cometió aunque pretendiera inculpar a su antecesor, sobre lo sucedido en Tlatelolco en 1968, pero no a sí mismo por lo sucedido en aquel sangriento atardecer de 1971. Este columnista estuvo por allí y vivió, en carne propia, la persecución por el delito de ser estudiante y sacar la cara. Ya les contaré aunque, por esos días, mi padre fungía como gobernador de Yucatán, lo que convirtió mi desarrollo universitario en una especie de dualidad insostenible para mi conciencia. Fue muy duro, se los aseguro.

Ahora se ha perdido toda proporción sobre el impulso a los juniors a diferencia de la segregación, una tradición que permaneció salvo dos excepciones –las de los Cárdenas y los Alemán–, de antaño. Por ejemplo, la hija de Manlio Fabio Beltrones, Sylvana Beltrones Sánchez, es diputada plurinominal por la primera circunscripción y bajo la tutela directa de César Camacho Quiroz, quien fue llamado “la cesarina” bajo el mandato como gobernador mexiquense de uno de los más distinguidos miembros de la “cofradía de la mano caída”: Emilio Chuayfett Chemor, enfermo por cierto.

Y, por otra parte, tenemos un caso especialmente curioso: El de Pablo Gamboa Miner quien, a sus veintiocho años, asegura haber saltado del periodismo a la política hasta alcanzar, “por méritos propios” –vaya bazofia– la curul como diputado representando al tercer distrito de Yucatán, de donde salieron ilustres políticos del Mayab. Es hijo del coordinador de la bancada del PRI en el Senado, Emilio Gamboa Patrón, quien hasta la fecha no ha podido repeler las acusaciones sobre sus nexos directos con el pederasta de Cancún, Jean Succar Kuri, y el promotor del mismo, el “rey de la mezclilla”, Succar Kuri, multimillonario comprador de gobernadores... y otros entenados. El tal Gamboa jamás se atrevió a competir por el gobierno de “su” entidad –en realidad nació por accidente en el otrora Distrito Federal–, por el pánico que le producía hasta lo más íntimo el cacicazgo del hoy extinto Víctor Cervera Pacheco.

Por cierto, también por la cámara baja circula Ivonne Ortega Pacheco, sobrina de Víctor, rey de Xibalbá, el inframundo de los mayas, con grandes y descocadas aspiraciones. No hay yucateco bien nacido que no la señale por el robo descarado de terrenos circundantes a Mérida ni por el todavía peor hurto de miles de pensiones aunque dejara a los jubilados en estado de indefensión; además, la miserable abandonó los hospitales legados por la administración anterior, la del panista Patricio Patrón Laviada cuyo hermano Alejandro casó con la hija del cacique Cervera... pero, al fin, se arrepintió. (No debo dejar de escribir que ahora converso con Alejandro con cierta frecuencia y coincidimos en muchos temas).

No se olvide, en otro extremo, lo sucedido tras el infarto sufrido por Andrés Manuel López Obrador el 4 de diciembre de 2013, precisamente cuando se aprestaba a encabezar la protesta nacional, por parte de su movimiento político, contra las reformas peñistas, sobre todo la energética, aprovechando el repudio casi general a la misma. En ese trance, pretendió que su junior, Andrés Manuel López Obrador Beltrán, sacara la cara y asumiera el liderazgo por herencia... pero sólo pudo hacerlo una vez ante una militancia dispersa y descabezada momentáneamente. De hecho, no se aceptó la decisión del icono en lo que ha sido, sin duda, la única negativa de sus incondicionales acaso porque creyeron que AMLO no volvería al palenque. La fidelidad suele esfumarse como si fuera un encanto maligno en el campo del amor y de la política.

Tampoco extraña, tales los antecedentes, que Ricardo Monreal Ávila, jefe delegacional de Cuauhtémoc en la Ciudad de México y ex gobernador zacatecano, promueva con ahínco la candidatura morenista de su hermano David al gobierno de su entidad. La única diferencia con los Moreira es que dejó pasar dos periodos de gracia –uno para a perredista Amalia García y otro del priísta Miguel Alonso– durante los cuales sus hermanos no dejaron de ser caciques de Fresnillo con vínculos poco gratos: En esa región del país se recrudecieron los asaltos carreteros y las complicidades con los funcionarios de la Secretaría de Comunicaciones que designan a los taquilleros de las casetas de cobro; estos detectan los carros bien cargados y doscientos metros más adelantes los sicarios los detienen, vejan a las mujeres y ponen de rodillas a los varones hasta “desplumarlos”. Y mientras ello ocurría, Ricardo Monreal mudaba de partido hasta caer bajo los pantalones de Andrés y sus fraternos se mantenían en el Partido del Trabajo por si acaso.

Ahora todos están reunidos dentro del círculo que forman, entre otros, los muy “célebres” Manuel Bartlett –asesino y defraudador de la izquierda– y Pablo Salazar Mendiguchía –el pillastre chiapaneco que, entre otras cosas, reprimió a la prensa y dejó morir, por negligencia, a cincuenta y tres criaturas en Comitán–. Sobre el primero no hay más indagatorias que a memoria pública y los señalamientos periodísticos –los míos, debo aceptar con profunda tristeza ante la escasa solidaridad de mis colegas–; pero respecto a Salazar, quien ya estuvo en la prisión de “El Amate” sin cumplir su pena, ya existen denuncias penales por catorce homicidios y órdenes de aprehensión que no se atreven a cumplimentar, ante la posibilidad de que sea protegido y promovido por AMLO hacia un cargo público, las respectivas autoridades. ¡No vaya a ser que las amanece con un plantón!

Los hijos de la política sí que huelen a podrido. Y hay que lanzar advertencias: En Yucatán no será posible que Gamboa Miner intente siquiera alcanzar la gubernatura. Lo he dicho y lo repito: De eso me encargo. No aceptaré, bajo ninguna circunstancia, tamaña burla a los yucatecos bien nacidos y haré cuanto esté de mi parte para que, al contrario, sea exhibido su padre y toda la parentela infectada –por fortuna algunos se salvan–. Lo digo como profesional y como hombre, para que no quede duda alguna.

El México del nepotismo está enredado de igual modo que cuando el cordón umbilical amenaza a los bebés que salen del útero. De nosotros depende, lo digo de nuevo, poner a los rastrojos en el cesto de la basura o dejar que estos, contra natura, se conviertan en nuevas semillas del mal.

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19 Marzo 2017 04:00:00
» Nuevos escenarios
La única manera de abatir al presidencialismo autoritario, en la realidad y no en los discursos, sería con una reforma constitucional que finiquitara el modelo de la República presidencialista exaltada por el ejercicio público de una voluntad superior aun cuando se establezcan contrapesos en los otros poderes de la Unión. El solo hecho de que el Ejecutivo recaiga en un solo individuo frente a legisladores y jueces –los primeros se multiplican a golpes de iniciativas en pro de una entrampada pluralidad-, refrenda el acento egocéntrico de la estructura gubernamental.

Ya hemos dicho que en un régimen parlamentario la jefatura de gobierno –fuera del simbolismo de la representación del Estado que puede estar en manos de monarcas coloridos-, recae en quien encabeza el listado de congresistas más votado y tenga capacidad para negociar con las demás fuerzas políticas los consensos necesarios para asegurar la viabilidad del gobierno. Esto es, se estima que quien está llamado a señalar las líneas generales no puede ser motivo de zancadilleo permanente por parte de cuantos conforman la segunda fuerza política tras el desplazamiento derivado de las urnas. De esta manera funciona el principio democrático en pro de las mayorías sin que ello signifique el aplastamiento automático de la disidencia.

En México, como siempre, nos hemos quedado a mitad de la ruta. El señor Fox anunció, en abril de 2001 y con motivo de su primero y único informe trimestral –la costumbre cesó en cuanto se sopesaron los riesgos derivados del incumplimiento notorio de la palabra empeñada hasta el punto de que el personaje no pudo siquiera rendir su último informe anual ante el pleno del Congreso atrapado en una densa marea de protestas-, el fin del presidencialismo autoritario. Lo hizo, como solía ser su costumbre, con la discrecionalidad característica de sus antecesores cuya funcionalidad se desarrollaba precisamente por efecto de la concentración de poder ante un Legislativo complaciente, esto es integrado por una amplia mayoría de incondicionales, y un Poder Judicial que dependía de la figura central para su integración.

Se interpretó entonces que la torpeza del mandatario señalado, aunada a su evidente ausencia de carácter que le impulsó a vadear las conflictivas de mayor calado dejando pasar el tiempo para endosarle la responsabilidad a quien heredara el alto cargo, era demostración del acotamiento de la figura presidencial por efecto de la vocación democrática de quien ejercía las funciones presidenciales y optaba por desdeñar algunas de ellas. Nada más falso si consideramos que, a pesar de sus limitaciones emocionales y políticas, siguió ejerciendo unilateralmente el poder central incluso para anunciar el fin del presidencialismo, sin más consenso que el propio, o para validar, en la misma línea unipersonal, el oficioso concepto del cogobierno al lado de su ambiciosa consorte que no pudo, al fin, lograr para México el discutible honor de encabezar un matriarcado al estilo de la Argentina de Evita, Isabelita y Cristinita. (En Buenos Aires me llamarían misógino por este comentario; ante la historia, en cambio, basta sopesar causas y efectos para medir los saldos negativos del estatus reflejo que termina por devorarse al original.)

En este punto me gusta registrar mi devoción por las mujeres que son dignas de ocupar la mayor de las responsabilidades ejecutivas. El caso de la chilena Michelle Bachelet Jeria, presidenta por segunda ocasión de su país, por ejemplo, es más que suficiente, aun cuando no todo cuanto toca se convierte en oro, para señalar la diferencia. Porque nada tiene que ver una luchadora social, quien creció con su propio martirio, con una trepadora capaz de seducir y enloquecer a la pareja hasta sumirla en la frivolidad y en la intrascendencia. Para infortunio general los afectados se enteran muy tarde, esto es cuando ya no tienen capacidad de reacción.

El ejercicio presidencial, en fin, obliga a ciertos desprendimientos y sacrificios. Por ejemplo, la libertad individual debe ceder ante el imperativo de armar la agenda del mandatario quien está obligado a cernirse a ella. Los demócratas saben, además, que a diferencia del ciudadano común, habilitado para realizar cuanto quiera excepto lo que le está prohibido por las leyes, el mandatario solo puede hacer cuanto le está específicamente ordenado y todo lo demás le está vedado. Tal es la clave para entender el principio toral de la democracia: la soberanía popular que habilita a la clase gobernante de manera perentoria. Por ello, claro, la reelección contradice la esencia misma del modelo, precisamente por cuanto implica de permanencia en uso de la parafernalia oficial, aun cuando se insista en la legitimidad de validarla a través de los sufragios.

Por desgracia la confusión somete a las sociedades poco informadas y por ende altamente susceptibles de ser manipuladas.

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17 Marzo 2017 04:00:00
Ministros en campaña
¡Qué los campesinos vengan a mí! Y de esta manera “cientos de integrantes”, hace un año, del Frente Auténtico del Campo –parece imposible distinguir, entre tantas siglas y arengas, cuáles son auténticos, quiénes se desnudan a un costado del Banco de México y cuántos hablan, de verdad, de los atávicos problemas rurales-, lograron que el titular de Gobernación, el cada vez más desatado “presidenciable” hidalguense, Miguel Ángel Osorio Chong, se dignara a dejar su versallesco despacho del Palacio de Bucareli para darse un baño de pueblo, mejor dicho una ducha, en pleno frenesí por encender candilejas. Ya lo había hecho antes, en mangas de camisa, con ciertos titubeos; ahora su andar es menos bamboleante.

Los allí presentes, esto es desde el otro extremo de las fuentes del poder –o eso pareciera-, engallados ante la presencia de tan monumental funcionario, propusieron permanecer en la calle por otros treinta días –de seguro tienen mejores proveedores urbanos que quienes les ofrecen precios por debajo de los básicos por sus productos-, y Osorio no lo creyó prudente por aquello del mal aspecto y considerando que el diálogo por él emprendido podría resultare contraproducente; entonces accedió a llevar a unos representantes de los quejosos hasta el prosaico salón verde –en donde decenas de veces se ha manipulado, no sólo maquillado, la verdad-, para hacerles entender la necesidad de retirar el plantón y resolviendo, por su cuenta, cuestiones que eran efectos del mal desempeño de las secretarías del ramo, entre ellas la Sagarpa, Reforma Agraria, y la reina de todas –por su denominación-: la de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano de México, un término que abarca todo y está en manos de la ex perredista Rosario Robles Berlanga, autora de una autobiografía a mitad de su existencia titulada “Con Todo el Corazón”-. ¡Ay, si José Alfredo no hubiera muerto... aunque el bolero mencionado es de la autoría de Augusto Rodríguez!

Desde luego, es una estupenda modalidad salirle a los plantones con buenos zapatos, sin chaquetas y con las chaquetas, modelitos de moda provenientes de España, que exaltan las mangas cortas como si se tratara de una apología del modernismo –confieso: También las uso porque me aseguran combinaciones insólitas pese a las rabietas de mi amigo, Lorenzo Silva Chacón, autor sobre una obra sobre el buen vestir masculino-, dispuesto a mejorar su imagen, ante la imposibilidad de hacer lo propio con la del gobierno peñista, sin necesidad de recorrer parcelas y hectáreas en proceso de desertificación por el atraso de los temporales y la falta de presas. El dinero sirve para otros fines prioritarios...

Así lo entiende, sin remedio porque sería imposible hacerlo rectificar, el mexiquense Luis Videgaray Caso, cuyo control sobre los voceros de los consorcios financieros, así como su capacidad por gestionar y ganar premios internacionales, son la cúspide de su aportación política a la vida nacional. Aún ahora como Canciller. Por ello puede utilizar a personajes como Ernesto Torres Cantú, director del Grupo Financiero Banamex, para divulgar perogrulladas como ésta:

--“La economía de México está bien... pero no tan bien”.

Una de las grandes sentencias del periodo actual bañado con flores de demagogia, ya no las dulces gardenias de Fortín sino las negras del inframundo, inolvidables por toda la eternidad como aquella adjudicada al doctor Pedro Aspe Armella sobre el “mito genial” de la pobreza en México que le valió cualquier posibilidad de acceder a la silla en donde se sentó Villa, un instante, como fugaz ha sido la reverencia a quienes, con sus esfuerzos cotidianos, producen y hacen riqueza más allá de los papeles especulativos de las Bolsas.

En fin, Videgaray debiera apellidarse visceral porque el ímpetu vengativo, el dolor de entrañas ante quienes observa adversarios y las determinaciones basadas en llevarles la contraria a quienes no son sus seguidores incondicionales –una verdadera pandemia si consideramos los precedentes de AMLO, “El Bronco” y el propio peña nieto-, conminan a perseguir, por ejemplo, al flamante director de Pemex, José Antonio González Anaya, concuño de Carlos Salinas, y a su antecesor, Ignacio Lozoya Austin, por los impagos a las empresas proveedoras de insumos necesarios, un mal que se extiende a algunas entidades del país, entre Veracruz y Chiapas.

No cuenta Videgaray la caída vertiginosa de los precios de la mezcla mexicana del crudo, ni la del pobre peso ante el dólar especulativo que amenaza con mermar seriamente las reservas internacionales del Banco de México, ni por supuesto la pérdida sustantiva del poder adquisitivo general como sellos inocultables de una pésima administración que no fue óbice para adquirir la casona de Manilalco, en el Estado de México, bajo supuestos de diez posibles causas de lavado de dinero que ya se ventilan en los juzgados gracias a la atingencia del abogado Francisco Soria. Vaya sujeto “presidenciable” en el proceloso mar de las complicidades oscuras y calladas. ¡Y cuánto falta por descubrir!

Otro de los grandes favoritos de señor Peña es, sin duda, Aurelio Nuño Mayer, tan solidario él, quien decidió suspender clases luego de una ventisca que, en la Ciudad de México –ya no Distrito Federal-, hizo caer algunos árboles y varios anuncios monumentales por lo general armados sin la menor supervisión oficial –pecado del gobierno de la enorme urbe capitalina-. Si a esas vamos, pronto el calendario escolar se reducirá a unos cuantos días de labores considerando las granizadas, los temblores, los vientos negros de la política y los vendavales naturales. Y, en cada oportunidad, veremos al señor Nuño empuñando un micrófono sin necesidad de paraguas.

No se habla del tremendo rezago educativo sino del temor de que, de pronto, el aire pueda más que la política demagógica y destruya uno de esos patios escolares, con las láminas destinadas a cubrir los techos de las aulas, que son atravesados por los ductos de Pemex porque sobre ellos los terrenos son tan baratos y poco atractivos que el sacro gobierno puede hacer uso de los mismos sin molestar a quienes reclaman plusvalías inmediatas. Y Nuño, desde luego, podría situarse, como antaño hacán los malos escolapios, en el centro del jardín, bajo el sol, para haber si así el cerebro, como las piedras rajadas, se abriera para dar cauce a los conocimientos.

Otro de quienes suenan, en el PRI –al que considero muy retrasado en la justa-, es el sonorense Manlio Fabio Beltrones, ex gobernador de Sonora –con acusaciones de peculado por cien mil millones de pesos y señalamientos sobre posibles vínculos con el mayor de los “muertos vivientes” de nuestro entorno, Amado Carrillo Fuentes-, y ex subsecretario de Gobernación bajo las órdenes del político-policía, Fernando Gutiérrez Barrios, muerto en 2000 pero cuyos herederos siguen campeando por aquí y por allá como si de verdad existieran sus legendarios “archivos” que tanto asustan a los traidores.

Para los adoradores de Manlio, éste es quien mejor conoce al sistema y, por ende, podría aplicar la “mano dura que se requiere para meter en cintura a tanto farsante, esto es a cuantos no sean priístas o, cuando menos, tolerantes con el partido otrora invencible. Son los fascistas que se niegan a ser llamados así pero actúan peor que las rémoras de Hitler, Mussolini y Franco, el triunvirato acaso más despreciable de la historia universal.

Otros han llegado apenas al gabinete y ya son señalados como el secretario de Salud, José Narro Robles, con la epidemia del zika que se suma a la influenza todavía no bajo control, como si pretendiera seguir los pasos de sus dos veces antecesor, Juan Ramón de la Fuente Ramírez, de quien se exaltan sus méritos universitarios pero JAMÁS los políticos. De este modo se demuestra un síndrome agudo del priísmo actual: La desesperación ante la fallida administración actual. En el pecado, la penitencia. Y ya viene, otra vez, la pandemia de la influenza.

Y, claro, ante el vacío de poder, los ministros en ristre prefieren jugar sobre el tablero de la sucesión, asustadizos.

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16 Marzo 2017 04:00:00
El ‘Pato’ enloquece
Parecía un chiste irreverente pero ya no lo es. En un principio los más avezados analistas insistían en que la postulación del “pato” Donald John Trump –el apellido de su madre era MacLeod, demostración de que sí tuvo-, era poco menos que una broma y una provocación acaso para que él y sus millones fueran tomados en cuenta en la justa republicana. De hecho, algunos de los contendientes con mayores posibilidades no aceptaban su nombre por cuanto representaba y por sus discursos cargados de xenofobia, odio y racismo.

Pasadas algunas semanas comenzó a considerársele como un precandidato viable, moviendo fortunas, a costa de injuriar –no calificar- a los llamados “indocumentados” mexicanos que forman la cúspide de la pirámide de la hipocresía: Gracias a la clandestinidad de sus esfuerzos los salarios recibidos son menores y a hurtadillas; pero, por desgracia, basta con esto para asegurar las remesas hacia México convertidas, con los precios del crudo en vaivén hacia la baja, en la principal fuente de ingresos desde el exterior y con amplias comisiones para uno de los socios estrellas del establishment: Ricardo Salinas Pliego, campeón de las modernas tiendas de raya, banquero por derivación y acaparador de plata entre otras lindezas oscuras. Con él, me aventuro a señalarlo, se cierra el atroz círculo de la corrupción entre el gobierno putrefacto y los empresarios rapaces.

A cambio de ello, un solo multimillonario mexicano, el mayor, Carlos Slim Helú –no vamos a entrar por ahora a analizarlo-, se atrevió en su momento de arranque a cuestionar al mentecato estadounidense cuya prepotencia no se detendrá con el muro que pretende erigir. (A veces pienso que sería útil para contener la marejada de abusivos especuladores e inversionistas aventureros del norte y no para detener a quienes, por falta de oportunidades en un país cortado a la medida de los acreedores, salen en busca de mendrugos para ganarse la vida y las de sus familiares).

El tono del enfermo mental, Trump, fue subiendo al tiempo de que diversos miembros de nuestra sociedad, la mayor parte por fuera del gobierno temeroso, se pronunciaron con una fuerza de palabra sin precedente respecto a quien ya se proponía como líder cazador de la candidatura republicana; luego sumarían sus voces, curiosamente, los ex presidentes de la derecha, Felipe Calderón y los Fox, quienes abundaron en calificativos –de truhán, payaso y farsante no le bajaron- pero no analizaron las razones por las cuales había llegado a exaltar el odio xenófobo sobre todo contra los mexicanos aduciendo que éstos eran portadores solo de problemas, traficantes de drogas y engendros de violencia sorda... sin referirse a los grandes “padrinos”, como él, quienes se benefician de estas condiciones mientras restan virtudes a los “ilegales” productivos gracias a los cuales los productores, sobre todo agricultores, y ahorradores gracias a la oferta de manos desesperadas posibilitan márgenes suficientes para romper los precios del mercado y competir con ventajas con los de otras naciones, específicamente México. Una buena estrategia, para ellos, para expandirse sin disimulo.

De allí que haya concluido que, gracias a las políticas entreguistas de la derecha del poder, esto es desde el régimen salinista hasta nuestros días –de las que fue además instigador Jorge Castañeda Gutman quien hoy apuesta por la amnesia colectiva para pararse el cuello con un extemporáneo mensaje en inglés al “pato”-, perdimos la rectoría social, esto es sin dominio pleno para atacar las grandes desigualdades comunitarias.

Imagínense que se cierren las fronteras: ¿qué haríamos para asimilar y darles ocupaciones a los más de dos millones de mexicanos emigrantes aun cuando las tuertas estadísticas oficiales hablan sólo de 60o mil lo que NO cuadra con las remesas enviadas a México por más de veinte mil millones de dólares previos encajes del el Banco Azteca, fundado con la venia de Fox congraciándose así con Salinas Pliego quien tanto le debe a los salinas de gortari?

Slim le dijo a Trump que si despreciaba a los mexicanos debía causar baja en los negocios mancomunados en los que el estadounidense fungía más como empleado que como socio. Trump, por primera vez, guardó silencio, casi desarmado; pero, recuperado, volvió a los andares al grado de retirar de sus actos a los periodistas –como Jorge Ramos, una de las voces hispanas más respetadas en la Unión Americana, lo mismo que a un fotógrafo de Times recientemente-, que le inquirían por sus fobias. Así entiende la libertad de expresión el bárbaro que considera esencial desplazar a los indocumentados –en una nación formada por éstos-, para exacerbar los odios hacia los extranjeros en todos los niveles. Viajar a los Estados Unidos, ahora cuando lleva sólo dos meses al frente de la Casa Blanca el personaje de marras, es una temeridad NO recomendable, mucho menos si se acarician los estados en donde el nuevo Atila se hizo fuerte.

Y me explico: miles, acaso millones, de coterráneos nuestros han sido acostumbrados, gracias al PRI y sus brazos ejecutores incluso dentro de la conveniente oposición, a aprovechar las vendettas políticas para vender su voluntad y dignidad políticas; y aunque muchos de éstos se dicen asqueados por la corrupción en México suelen poner en práctica lo asimilado poniéndose de cuclillas ante el mejor postor. Esta es apenas una de las explicaciones con miras a entender los porqués de los apoyos de parte de la comunidad hispana al execrable.

De esta manera, dinero e influencias de por medio, Trump compra voluntades tibias. Y no sólo solo: utiliza a los de nuestra sangre como parapeto mientras insiste en que México pague por el muro de la ignominia como si fuera un factor de provocación mayor semejante al de Hitler previo a la ocupación de Austria. Existen similitudes históricas que definen los perfiles de fascistas para quien el mundo termina en su propio ombligo o debajo de este.

Lo grave es que, en este momento, el futuro de los Estados Unidos es de una incertidumbre atroz; los propios republicanos están asustados ante el avance de Trump quien parece, en estos momentos, la carta más viable para abanderar al elegante republicano como si fuera un circo en donde nadie conoce los antecedentes y se dejan llevar por los malabares circunstanciales. Un millonario, sí, ávido de expandirse hacia el sur con el pretexto de que México es un estado fallido y, para ello, se ha experimentado en Tamaulipas, en donde los últimos gobernadores hasta el nefasto y descastado Egidio Torre Cantú, le han hecho el juego a los traidores y a los narcos en plena eclosión de barbarie. Por el norte penetran los infames que quieren destazar al país y ni siquiera el hablador “El Bronco” tiene la menor intención de detenerlos.

Mientras, el presidente peña ha lanzado una declaración con las ambigüedades de siempre si bien con una sentencia clara, antes de las elecciones de noviembre pasado: no podría admitirse, no es lógico, que un xenófobo mordaz y recurrente ocupe la oficina oval con la intención de sobajar al mundo para crear una especie de territorio “de la pureza” –sino aria sí integrada por las colonias que la han poblado- alejándose del mundo y sus requerimientos de paz. Que se sepa, hasta el momento, la Unión Americana ha mostrado un evidente desinterés por los refugiados de la guerra en Siria y Libia propiciada por los casi “robots” de sus fuerzas armadas obligados a devastar sin preguntar por qué. Falló Peña, fallaron sus operadores, falló nuestro gobierno.

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15 Marzo 2017 04:00:00
Unidos es factible
El consumo de Coca-Cola ha disminuido notoriamente en México, según las estadísticas oficiales, como parte del llamado “efecto Trump”, pero al revés. Por otra parte, los productores de azúcar decidieron no enviar su producto a los Estados Unidos y dejar así, con un palmo de narices, a cuantos pretendían imponer descocados aranceles.

Nuestro gobierno parece haber saltado al vacío, con las manos libres, sin definir políticas generales para hacer frente a la imaginación perversa del huésped de la Casa Blanca, esperando acaso que la estructura, el establishment, lo obligue a retirarse dejando la Presidencia en manos de Mike Pence, un radical también pero “poquito”, siguiendo la filosofía de los políticos nayaritas. Estamos en franca desventaja, sin duda, como consecuencia de la negligencia de los funcionarios que ya debían haber respondido con mayor severidad a las imposiciones del señor de los cabellos de naranja.

No han faltado lectores y amigos que se inclinan por dejar de darle importancia al señor Trump porque, con ello, lo engrandecemos. Es una buena fórmula expandida quizá desde la embajada norteamericana para apostar por la pasividad y el habitual conformismo de los mexicanos... cobardes; no así de aquellos que buscan preservar una patria para sus hijos y nietos, luchando contra las infamias y afrentas destinadas a volatizar cualquier signo de patriotismo para que bajemos la cabeza ante cuantos creen que América queda al norte del Bravo –o Río Grande-, hasta donde algunos planean construir la barda de la ignominia.

No, amigos lectores. Dejar de interesarnos en el personaje que está marcando los pasos en esta hora coyuntural sería tanto como pensar en vivir en una isla desierta con unos cuantos fritos para sobrevivir y suficientemente incomunicados para no recibir las amenazas bélicas o ignorarlas hasta que la tormenta de artefactos nos llegue. Saber en dónde estamos pisando es fundamental para prepararnos para cuanto pueda prevenirse –en ocasiones, no queda otro remedio que la defensa-, en aras de salvaguardar cuanto nos es entrañable.

Me preocupa, sí, que algunos busquen justificar la parálisis de la dignidad con el pretexto de que las trasnacionales ofrecen empleos a millones de mexicanos y es menester conservarlos. No olviden que no necesariamente es así porque cuanto mantiene a las empresas de fuera es generado por nuestra mano de obra –muy por debajo de los niveles internacionales-, y nuestros recursos naturales. En cambio, ¿no es detestable que los canadienses exploten nuestras minas, las de oro y plata sobre todo, y mantengan a los obreros en condiciones infrahumanas, aliados con los personajes mexicanos con mayores fortunas: Slim, Baillères y Larrea.

Las fuentes de trabajo sólo son panacea cuando los gobiernos autoritarios dejan al garete a miles de trabajadores por decisiones unilaterales y, francamente, inhumanos. Ocurrió con la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza a la que la propia administración federal dejó corromperse para controlarla y aducir con ello que se ejercía el poder para salvaguardar la limpieza del ejercicio público; una falacia más, inventada para favorecer los intereses del calderonismo aprovechando un juego de fútbol, el gran distractor, para proceder a la ocupación de las instalaciones y dejar a miles de trabajadores en la calle. Nadie reparó el daño causado ni las pobres indemnizaciones recibidas solamente por un sector.

A cambio de ello, nunca avanzaron las pesquisas para determinar la responsabilidad del Grupo México, cuya accionista principal, Germán Larrea Mota-Velasco, parece estar fuera del alcance de la justicia por “intocable”, en las tremendas explosiones de Pasta de Conchos en febrero de 2006, esto es hace más de once años, todavía con los fox en la Presidencia y Humberto Moreira en plan de gobernador buscando la manera de financiar la campaña presidencial del señor peña nieto.

Ahora me pregunto si Larrea, a cambio de su impunidad y el mantenimiento de su criminal grupo, fue uno de quienes aceptaron aportar enormes cantidades de dinero a las campañas políticas, del PAN en 2006 y del PRI en 2012, cuál si se tratase de pagar las cuotas de seguridad que exigen los facinerosos, los grandes capos y sus sicarios, para dejarlos tranquilos, sin ser molestados por la justicia, en plena decadencia moral y política. Nunca ha tenido que responder este personaje a los gravísimos hechos que tocan a los empresarios impunes.

Recuérdese la enorme cortina de humo que representó la severa alocución inicial del farsante presidente, al inaugurar su mandato, cuando aseveró que se habían acabado los intocables en México lo que, en sí, era una confesión a la existencia de los mismos dentro de los cuadros gobernantes; fue sólo un vientecillo demagógico, sugerido con hipocresía suprema, que se diseminó como vino: sin ruido ni presiones; porque si en algún régimen ha existido la prepotencia y la expansión de los intocables es en el actual, desde el tío sin decoro, Arturo Montiel Rojas, hasta los grandes empresarios al servicio de las peores causas del país, entre ellas la entrega sumisa de nuestra riqueza y nuestros recursos y, con ellos, de la soberanía nacional.

Intocables, todos, que se aprovechan ahora de las amenazas de Trump al reducir los campos de acción a los grandes corporativos a los que pagar un encaje ilegal les viene de poca monta porque, digan cuanto quieran, lo han hecho siempre con el mayor descaro imaginable. Siempre que hay crisis, incluso binacional, los especuladores salen ganando y sus cómplices políticos en la misma tesitura; como aquel infame, ya extinto, de Víctor Cervera quien, en Yucatán, clamaba:

--¡Dios mío... mándame un huracancito!

Sólo así podría meterse en la foto para buscar aspiraciones futuras luego de haber sido, igualmente, secretario de la Reforma Agraria, la institución más demagógica del cuadrante presidencial, por muchos años baluarte de figuras grotescas como Augusto Gómez Villanueva o Alfredo Bonfil Batalla, hermano de Guillermo, dentro de una triada de infecundos servidores de la oligarquía con disfraces de campesinos menesterosos. A Alfredo le tocó lo peor: murió tras un trágico accidente aéreo saliendo de la conflictiva Veracruz en donde fue tratado por lo que, de verdad, era. Y si no pueden defenderse ellos, por estar muertos, algún legado debió dejar para que salga alguien a dar la cara.

Mientras, Margarita, la “calderona” –una especie de avocación de “La Catrina” de Posadas, bautizada por el subcomandante Galeano-, y Andrés Manuel han optado por hacer proselitismo en los Estados Unidos colgándose de Trump como si creyeran en que éste no influirá, porque deberá irse antes, en la contienda de 2018. ¡Que se lleve a Peña en todo caso!

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14 Marzo 2017 04:00:00
Intolerancias en alza
El juego político es otro. Desde hace tiempo, si bien lo niegan quienes forman parte de los medios de comunicación tradicionales, las redes sociales marcan pautas y derroteros muy distintos a los que se aprecian en los cotidianos, los programas de radio y televisión; y hasta en los comerciales de las salas de cine. De hecho, el termómetro podría ser Internet si no fuera por la invasión de hackers, desde los “cuartos de guerra” de candidatos o precandidatos, dispuestos a descalificar cualquier señalamiento en contra de sus contratantes bajo el prurito de que quien lo difunde está ya “vendido”, cual maniquí, a los intereses del contrario o trabaja para este en busca de chamba. La objetividad se va al abismo por la tozudez de los incondicionales a sueldo.

Por desgracia, una enorme cantidad de cibernautas se caracterizan por su soberbia al no admitir ninguna información que no sea de su agrado. Esto es: Está en debate hasta la manera de opinar, de acuerdo a los estándares de cada quién y no a las reglas elementales del debate, libre de injurias y calificativos destinados a minimizar los objetivos del contrario y anularlos con lugares comunes. Para fines políticos, la invasión a la intimidad, prolongada a través de las páginas web o de Facebook y Twitter, es estrategia de los anónimos contratados a ex profeso, cobardemente, por los actores relevantes de cada partido y, por ende, dispuestos a contaminar las escenas con una secuela de diatribas interminable.

En 2000 y 2006, incluso en menor medida en 2012, me pareció un juego divertido acumular los desafíos y hasta las ofensas de los partidarios de tal y cual candidato como si se tratase de una encuesta para medir el talante y las inclinaciones del conglomerado electoral. Un día subía uno y veinticuatro horas después otro.

Pero, para mi asombro, los resultados finales coincidieron con mi particular sondeo de injurias y descalificaciones, sin necesidad de buscar confirmaciones en las empresas encuestadoras siempre al servicio de quienes las cooptan en beneficio propio. Tal significó que estábamos en el umbral de una nueva manera de deterioran la credibilidad pública para beneficio de la horda de manipuladores comiciales llamados asesores –traídos desde España, Cuba, Colombia y Florida en los Estados Unidos–, con sueldos en euros y dólares muy por encima de las cuotas locales y con ideas incluso antagónicas a las de sus clientes; han sido, hasta hoy, como una especie de escorpiones que consideran la destilación de ponzoña la manera ideal para confundir a una comunidad imberbe susceptible de ser impactada por argumentaciones baladíes y sin sustento.

¿En quién creer en esta perspectiva de confusiones bien remuneradas? Sencillo: En quien tenga autoridad moral, si bien son escasos los clasificados en este renglón. En mi caso, lo he repetido cientos de veces, pueden confiar en mí a la luz de mis trabajos periodísticos y a los cuestionamientos severos hacia un sistema putrefacto en cada uno de sus niveles. Lo sé: Son pocos los periodistas e informadores, menos los escritores, capaces de anteponer sus propias apuestas al interés general. Pero los hay, sin duda, y es a ellos a quienes debe seguirse y exigirse no modificar las rutas de la objetividad tan quebrantada.

Hay extremos, sí, como los de cierto director de periódicos, Carlos Marín, quien niega la objetividad como eje central de la moral periodística. Lo hace porque aduce que, en todo momento y lugar, los informadores tienen su propia conciencia y, por ende, se inclinan por tal o cual causa posibilitando la subjetividad y exacerbándola a medida que arrecian las tempestades; detesto este pensamiento porque destruye las bases del buen periodismo que exige no caer en el juego de hacer de la difusión de las noticias una planicie de intereses propios y mercenarios.

Pues bien, con motivo del recrudecimiento de las precampañas –signo evidente de los vacíos de poder prevalecientes en una etapa crucial en la que la soberanía nacional está amenazada severamente–, cada que publico análisis sobre los calderones, ella y él como los Fox, me dicen que estoy promoviendo a “mi” candidato, señalando a Andrés Manuel como tal, obviando el cúmulo de críticas que he emitido sobre él en su condición de líder de la justa hasta el momento y sin que el PRI destazado mueva ficha. A lo mejor piensan en resucitar al “prestigiado”, según algunos editorialistas amigos suyos, Jesús Silva Herzog Flores, para reanimar el cotarro con quien perdió los comicios en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México, en 2000.

Pues bien, fuera de la grotesca aspiración de Margarita Zavala, promovida por sus ambiciosos hermanos –hijos de la corrupción y el entreguismo–, Hildebrando y Juan Ignacio, a quienes se ha descubierto varias veces con las manos en la masa –sea para robarse los padrones como para orientar a las multinacionales de la comunicación para convertirlas en vocerías oficiosas–, es obvio que su consorte, “jelipe” –así le llama ella–, no cuenta con autoridad moral alguna para siquiera intentar ser un regular ex presidente no entrometiéndose, fuera de tiempo y espacio, en cuestiones que le rebasan como simple militante panista. Quienes lo exaltan no tienen vergüenza, para decirlo de una vez, porque sus fidelidades, como las de los perros, surgen por lo obtenido al lamerle manos y pies a su amo. Quizá por ello pareciera que Calderón tiene más fuero ahora que cuando paseó por los jardines de Los Pinos.

Es entonces cuando llegan los mensajes aduciendo que López Obrador es “mi” candidato cuando tantas veces le he cuestionado por su soberbia, intolerancia y su egolatría campantes, además de rodearse de algunos de los peores personajes de México, digamos Manuel Bartlett, Pablo Salazar, Ricardo Monreal, Martí Batres y una cáfila de pandilleros de mal talante, blindados por la luminosa ingenuidad de mujeres valientes como Elenita Poniatowska, gran escritora y deficiente activista, o Rosario Ibarra de Piedra, la Mater admirábilis a la que honra, en su condición de madres superlativa, el poeta de Ochil, Yucatán, Antonio Mediz Bolio.

¿Entonces, por ello, debe derivarse que soy priísta a pesar de que llevo más de cinco décadas cuestionando al sistema que nació del mismo y a la mayor parte de sus mujeres y hombres, tan rapaces como inútiles? La representación mejor del priísmo es Emilio Gamboa, el pederasta, quien junto al ahora “panista” Miguel Ángel Yunes Linares, el cacique loco, forman el nivel más alto de la hipocresía clasista del país. No son parte de los aristócratas sino sus meros bufones.

De allí nuestro encono –porque lo comparto con la mayor parte de mis coterráneos–, contra el sistema podrido y el mal gobierno, el actual sobre todo, que actúa bajo las premisas de la represión y la oscuridad para pretender asegurar el continuismo a costa de la amnesia general y del conformismo de los cobardes.

Es más, en este momento, no sé por quién votaría si llegan los partidos con los candidatos que suenan. M repugnan, la verdad.

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12 Marzo 2017 04:00:00
» Los papas cuestionados
Al Papa Pío XII le señalaron, discretamente porque en su época cuestionar al Papa era caer en el estigma, sus relaciones con Hitler cuando fue Nuncio en Alemania y después también; es fama que bendijo a los ejércitos fascistas, los de Mussolini, antes de iniciar las batallas iniciales de la Segunda Guerra Mundial y la comunidad judaica le acusó de no haber intervenido con mayor firmeza cuando conoció los horrores nazis en los campos de concentración. Muchos años después, Juan Pablo II visitó Auschwitz, la mayor de las prisiones en donde se consumó el Holocausto, como si se tratase de un acto de contrición por los pecados eclesiásticos de la época: Sólo unos cuantos sacerdotes, con riesgo de sus propias vidas, se atrevieron a guarecer a los inocentes perseguidos.

Con el Papa Francisco –el argentino y jesuita Jorge Mario Bergoglio-, parece que existe una tendencia temprana a descalificarlo por ciertas sospechas sobre su cercanía con la dictadura, en concreto con el jefe de la Junta Militar, entre 1976 y 1981, Jorge Rafael Videla Redondo. La peor de las acusaciones insiste en que el jesuita no reaccionó ante la desaparición –y muerte, obviamente- de dos de sus hermanos de Orden, Orlando Yorio y Francisco Jalics. El segundo, por su nombre de pila, pudo haber sido inspirador para Bergoglio a la hora de imponerse su propia denominación como Pontífice. Por supuesto, el obispo de Roma, quien “cayó bien” en México aunque con grande controversia, niega los señalamientos y aduce que, de acuerdo a ese tiempo, actuó con prudencia y energía... hasta donde le fue posible.

Juan Pablo II, el Magno, con quien tuve el enorme privilegio de conversar en dos ocasiones inolvidables para mí, tampoco se libró de la maledicencia. Este columnista ha insistido, pese a la admiración que profeso al ahora Santo, en sus tres graves fallas con relación a México: Su extremada tibieza en torno del crimen contra el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo cuyos sucesores –en especial el ya retirado Juan Sandoval Íñiguez, quien sí votó en el Cónclave último-, no admiten las versiones oficiales armadas con los pies, esto es para darle salida rápida a un magnicidio que acaso prendió, desde entonces, la chispa de la violencia en abril de 1993 y luego vendría el año de la barbarie; la segunda fue la extremada tolerancia y protección al pederasta Marcial Maciel –muy hábil para los manejos financieros en una época en que la Santa Sede se había desangrado por las interrelaciones entre el obispo Paul Marcinkus, gerente del Banco del Vaticano, y la mafia italiana a través del Banco Ambrosiano-; y, por último, el talante de las negociaciones con Carlos Salinas para posibilitar las reformas al artículo 130 de la Constitución, reanudándose las relaciones diplomáticas entre México y el estado Vaticano acaso con la factura del crimen contra el cardenal Posadas de por medio.

Cada vez que se ha producido una crisis en el seno de la Iglesia, sobre todo cuando los sucesores de San Pedro son severamente cuestionados, los altos prelados defensores aducen que se trata de una nueva campaña del Mossad –la agencia de inteligencia de Israel- para cobrarse así pasadas afrentas y el hecho de haber señalado a esta comunidad como la verdadera responsable de los sucesos del Monte Calvario, sin medir que, en aquel tiempo, también Jesús provenía de Galilea en donde se profesaba el judaísmo. De allí, por supuesto, el encono entre quienes no reconocen a Cristo como el verdadero redentor y siguen esperando la llegada del Salvador, si bien aceptan que el hijo de Dios debe ser considerado uno de los grandes maestros místicos de la historia; no niegan su existencia, entonces, sino su condición.

En el caso del Papa Bergoglio, de ascendencia italiana por lo que es muy probable el apoyo de los cardenales de esta misma nacionalidad en la hora del Cónclave –más tomando en cuenta que el argentino fue el segundo más votado durante la elección del Papa Ratzinger y cedió sus cuarenta votos a la causa de éste reduciendo las incomodidades del encierro obligado-, se da una curiosa duplicidad: por una parte, pertenece a la Compañía de Jesús, fundada por el vasco Fray Ignacio de Loyola –nacido Iñigo López de Loyola, en Azpeita, en 1491, y canonizado en mayo de 1622 por Gregorio XV-, con aires siempre vanguardistas por lo que rivaliza, por ejemplo, con el Opus Dei, de ultra derecha; y, por la otra, ha sido fehaciente opositor del gobierno de su país, en especial de Cristinita Fernández y del marido de esta, Néstor Kirchner, ya fallecido, en cuanto a las reformas sobre el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo, tan de moda en las naciones que se proclaman modernas por ceder ante las presiones de estos grupos que buscan no sólo la igualdad –a la que no nos oponemos-, sino un conjunto de beneficios que los vindiquen tras centurias de persecuciones.

El Obispo de Roma, por tanto, se sitúa en la mitad exacta entre la tendencia reformista de los jesuitas y el ala más conservadora de la Iglesia que pretende dejar las cosas como están, incluso en lo referente a la discriminación de las mujeres quienes, hasta ahora, no pueden ejercer como ministras de culto, una cerrazón contraria a las líneas de nuestra era con fervor hacia la necesaria y justa igualdad de géneros. No son desafíos sencillos de superar si consideramos que alrededor del Papa Francisco existen cardenales reacios a la menor modificación de los dogmas. Sobre este punto, la renuncia de Benedicto XVI, hecha efectiva el último día de febrero pasado, rompió con la condición de infalibilidad que se concedía –hasta su muerte- a quienes ocupaban en “trono de San Pedro” y con ello vuelven más vulnerable, y limitada, cuando menos hasta este momento, la actuación de los
Vicarios de Cristo.

Quienes han conocido de cerca al Papa Bergoglio insisten en que no es hombre que se deja manipular. Incluso, en la fotografía conocida de éste con el dictador Videla se observa claramente al prelado con la mirada hacia la pared, mientras Videla le invita a sentarse con la mano diestra. El rostro desencajado del entonces obispo –fue ordenado sacerdote después de los treinta años de edad, un tanto tardíamente-, refleja el malestar del mismo ante el militar abominable. Es, sin lugar a dudas, un buen testimonio a favor del Pontífice.

Hay voces, igualmente, especulativas a todas luces, insistentes en que la llegada de Bergoglio al Papado, por cuanto cedió sus votos a Ratzinger en 2005, debió concretarse desde entonces; esto es, un periodo de transición corto –digamos tres años a lo más aunque se prolongara, en los hechos a más de siete años-, para luego ceder el bastón de mando al argentino. Tal sería una parodia que, de haberse dado, no tocaría a la mayor parte de los cardenales, más del sesenta por cierto, designados por Ratzinger. Este hecho tira por la borda los ataques respecto a una especie de “entendimiento cordial” entre Benedicto XVI, en el retiro, y su sucesor.

De hecho, el Papa al mando aparece entre dos fuegos: los enemigos tradicionales de la Iglesia Católica –con gran parte de la comunidad judía de por medio, dominadora del cine bélico y de las historias de terror y ausencia de apoyo por parte de altos jerarcas eclesiásticos-, y los que forman parte de la ultra derecha dentro de la grey, temerosos de medidas “audaces” por parte del primer Pontífice latinoamericano de la historia. No es tarea sencilla, ni mucho menos, salir de semejante embrollo considerando además la cercanía de Ratzinger con buena parte de los cardenales aunque se encuentre en retiro y dedicado, como dijo, a la oración; pero continúa siendo Papa Emérito y esta circunstancia, desconocida hasta ahora, previsiblemente contamina algunas de las decisiones que Bergoglio ha pretendido tomar al corto plazo.

Pese a todo, Francisco –no hay necesidad de ponerle número por tratarse del primero con este nombre-, parece moldeado para los tiempos actuales siempre y cuando sea capaz, desde ahora, de vencer las resistencias de los conservadores. ¿Podrá y querrá hacerlo? Falta muy poco para saberlo aunque, por lo pronto, evitó hablar de la “mexicanización” y su temible evolución.
   
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10 Marzo 2017 04:00:00
Fabrican el futuro
Dentro de la vulnerabilidad mundial quedan claras dos cuestiones:

1.- Detrás del “pato” Trump y del injerentista Putin, además de la jefa visible del Cuarto Reich, Ángela Merkel, existe varias redes de control financiero-político que reducen los liderazgos y luces personales y exaltan los intereses corporativos de muy alto nivel, como en ninguna otra época de la historia, ni siquiera alrededor de los sucesos que, en noviembre de 1963, llevaron al magnicidio contra John F. Kennedy y a la posterior guerra de Estados Unidos contra Vietnam con sus agregados químicos brutales.

2.- Trump no sólo se está dejando llevar sino, además, posibilita la expansión de la fuerza militar –único renglón favorecido con importantes alzas en el presupuesto estadounidense-, lo que lleva dedicatoria para las naciones satélites que, como México, han sido afrentadas, de palabra y hecho, por la belicosidad del huésped perentorio de la Casa Blanca –la de la Avenida Pensilvania, claro-.
Lo anterior significa que para los dirigentes norteamericanos el tema de las drogas y la consiguiente persecución de los cárteles sobre suelo mexicano, carece de toda importancia. En realidad, el mercado mayor del mundo es el de la Unión Americana, y desbalancearlo significaría secuelas atroces para quienes demandan los productos refinados en Colombia, Guatemala y México, tanto como el aire que respiran. Todo lo demás es parte de un camuflaje bastante grotesco cuando se saben los móviles y las consecuencias.

La lógica más elemental nos dice que Trump no puede perseguir a gobierno mexicano, ni obligarlo a aceptar tropas en su territorio destinadas a “colaborar” en la supuesta aprehensión de “capos” célebres, por lo general en declive, y los decomisos millonarios de cocaína, metanfetaminas, mariguana y opio –este último a partir de los químicos de laboratorio con los cuales se trata a la amapola–, porque son las agencias de “inteligencia” del norte las que administran el paso de los estupefacientes a los Estados Unidos y la distribución de los mismos en doscientos puntos estratégicos, cercanos a las grandes ciudades de la vecina nación, para todo tipo de fines y condiciones, desde los barrios bajos hasta las altas esferas de la aristocracia.

No existen estadísticas exactas pero se considera que, cuando menos, el noventa por ciento de los adultos norteamericanos fueron adictos a algún tipo de droga durante la juventud y la actual, sin duda, va mucho más adelantada. Y es esto lo que debiera estar en la mesa de las negociaciones bilaterales, precisamente ahora, cuando las miradas del mundo están puestas en la irracional y descocada postura de Trump respecto a México por cuanto puede afectar, en líneas semejantes, a otras naciones del continente, pero también a Europa y a los gigantes de Asia.

La solución, hace años, parecía sencilla: Mirar hacia el sur para contener las ambiciones del norte; no se hizo así, por desgracia, y seguimos pagando las consecuencias. Hace unos días tuve oportunidad de intervenir, en nuestro siempre interesante desayuno de los viernes, para fijar mi postura ante un diplomático de largo andar –ha sido embajador en Suiza, Alemania, España, Estados Unidos y recientemente en Cuba–, Juan José Bremer –el mismo al que Gustavo Díaz Ordaz expulsó de su oficina en la capital del reino hispano por no tratarlo con las consideraciones que expresó merecer como ex presidente–, y este resumió:

--El futuro es muy incierto y complejo, entre otras cosas porque los poderes fácticos y la mayoría en el Capitolio están alineados a Trump.
Disentí y lo expresé de esta manera:

--No he sabido de ninguna manifestación en pro de Trump aunque se percibe una profunda polarización entre los estadounidenses; no tiene Trump los controles y menos al corroborar, tras su primera intervención en el Congreso, que no le han autorizado los fondos solicitados para construir el muro de la ignominia. Esto significa que ni siquiera la mayoría republicana le apoya de manera incondicional. Siento que está a la deriva.

Por otra parte, Francisco Javier Alejo, secretario de Patrimonio Nacional bajo la férula de Echeverría, el genocida blindado, abundó en que es falaz insistir en que México es un “país industrializado” cuando no lo es y, además, está ante una estructura descompuesta que lo debilita ante los gigantes universales. Esto es, ya no es factible hablar de que formamos parte de una de las veinte economías más sólidas del planeta cuando tal clasificación se basa en los intereses de los corporativos que mandan y pretenden expandirse más sobre nuestro suelo aprovechando las debilidades y vacíos de la administración peñista. Y esto no puede replicarse.

El problema es, también, una insana globalización. Cuando Trump subrayó que “primero son los Estados Unidos”, envió un mensaje a sus aliados y a sus enemigos, a todos, en el sentido de que buscará sacar raja de cualquier diferendo, comenzando con la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte cuyo retraso, de acuerdo a Alejo, viene de muchos años en los que las asimetrías entre nuestro país y sus “socios” se hicieron mayores a pesar del mito sobre el desequilibrio comercial que nos favorece por 65 mil millones de dólares.

Sólo nos falta que con la deuda externa de México, superior a los 419 mil millones de dólares de acuerdo al Banco de México encabezado por el voluminoso señor Agustín Carstens Carstens –a quien pidió el presidente permanecer en su cargo hasta noviembre, acaso para vadear las inevitables turbulencias partidistas–, el señor Trump no sólo pretenda cobrarnos por el muro de su imaginación –que lo construirá de cualquier manera ante la pobrísima defensa del Gobierno de la República–, sino hasta pedirnos prestado o tomar por su cuenta los cuatro mil millones de dólares, en lingotes de oro, guardados en Fort Knox sin que los funcionarios mexicanos tengan acceso. Tal fue la compra estelar del hoy despreciado ex presidente Calderón.

Bremer, claro, se abstuvo de responder a la pregunta sobre su parecer acerca de Luis Videgaray Caso por cuanto, dijo, es el secretario en funciones; esto es, si su parecer hubiese sido positivo de mil amores lo hubiera cantado y subrayado; al no ser así, escogió refugiarse detrás de los burladeros como buen “diplomático”. Por cierto me desafió a cambiar mi función de periodista con la de embajador; y le dije que aceptaba el trueque... siempre que no fuera presidente Peña ni hubiera la tremenda supeditación imperante respecto a la potencia del norte. ¡Dios me salve!

En resumidas cuentas nadie puede avizorar el futuro, sino más bien le temen; lo mismo los funcionarios actuales que quienes están en la banca. La incertidumbre, por desgracia, es el signo de la actualidad. Y de ello se aprovechan, como siempre, los especuladores... los financieros y los políticos.

Debate
Las falacias, juicios que parten de bases falsas, no amainan en nuestro territorio. Por una parte, el señor Peña insiste en ser “aliado permanente” de Veracruz –lo ha sido de sus gobernadores rufianes, incluyendo al desbocado actual que no tiene vergüenza–, para atajar el crimen lo que no hizo cuando Javier Duarte de Ochoa anunció, por televisión nacional, que pediría licencia... y lo dejaron ir sin el menor rubor; y de este hecho surgen los viles chantajes de Miguel Ángel Yunes Linares, quien pretende heredar la entidad a sus cachorros sedientos de poder y dinero.

La ruta de las drogas, por cierto, pasa por las manos de una decena de gobernadores sin dignidad y para quienes es importante negociar con los cárteles para preservar poder y vidas. Tienen miedo y no lo disimulan mientras Trump, desde Washington, aprovecha este factor para extender temores y cerrar las pinzas cuando, insistimos, a él no le conviene alterar el mercado respectivo porque sus simpatizantes le colgarían del Memorial de Washington. Por perogrulladas no paramos.

¿Cuándo comienza a actuar la Procuraduría, ahora bajo el mando Raúl Cervantes Andrade –más tibio que los huevos mañaneros de las cafeterías de Slim–, armando los expedientes de aquellos, como el tamaulipeco Egidio Torre Cantú, por ahora muy orondo, y sus predecesores, por señalar a uno de los narcoestados? Y tendríamos que sumar a Sinaloa, Coahuila, Chihuahua, Durango, Nayarit, Colima, Oaxaca, Veracruz y otros más como Guerrero, Jalisco, Campeche y Quintana Roo. No son todos, insisto.

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09 Marzo 2017 04:00:00
Nos asfixia Osorio
El gobierno se entretiene en subir las tarifas de luz y mantener la absurda flotación del precio de las gasolinas a un ritmo cardíaco: Bajan un día un centavo y aumentan cuatro en los subsiguientes días de la semana. Debe ser muy divertido para los funcionarios quienes deciden por todos dentro de una aristocracia insensible, apartada de cualquier signo democrático, y profundamente rapaz. No dejan de robar con descaro porque las organizaciones sociales, por más manifestaciones que efectúen, menguan ante la omnipotencia estatal, sin recursos para hacer valer la soberanía popular. Este es el verdadero drama.

Mientras ello ocurre, la prepotencia aflora. Miguel Ángel Osorio Chong, cada día más impertinente cuando enfrenta las protestas públicas, aduce que “llegó a su límite” el supuesto apoyo de las fuerzas de seguridad a las entidades más acosadas por el crimen organizado; por desgracia, los cárteles y demás grupos delincuenciales, hace tiempo le tienen tomada la medida a no pocos elementos del gobierno federal que desplazaron al mismo número de gobernadores al dominar sus plazas con elementos del ejército al servicio de la residencia oficial de Los Pinos. Una especie de trueque en el que quienes no pierden son los facinerosos.

Hace unos días, en Veracruz, una señora ya de edad, increpó al titular de Gobernación, en Córdoba la de los Yunes, para inquirirle en cuál supermercado compraba su mujer para lograr que le alcanzara con trescientos cincuenta pesos, como Osorio dijo, para adquirir lo indispensable para el hogar. Esta cantidad no llega al monto de las propinas que reparte el “ministro” con aspiraciones durante el transcurso de su jornada laboral rebosante de audiencias inútiles y de reuniones para prolongar la manipulación colectiva y, por ende, la resistencia de una sociedad afrentada por los mayores niveles de corrupción que se hayan conocido.

Por otra parte, siguiendo el libreto de la flamante ley de seguridad interior que habilita al ejército para realizar funciones policíacas y perseguir a los que sus mandos consideren sospechosos –entre ellos los líderes sociales y de opinión-, sin medida coercitiva alguna y una enorme hipocresía para simular que defienden a la comunidad tratando de ocultar las apariciones múltiples de cadáveres en lugares claves, como Veracruz, contaminada por la abyección política que colocó a los Yunes al frente del Palacio de Gobierno en plena descomposición social y económica, so pretexto de que todo “se lo llevó Duarte de Ochoa”. Ladrón con escobita nueva en pleno declive de las instituciones.

Igual puede hablarse de la Armada de México, infiltrada desde el sexenio de calderón, y responsable de asesinatos seriales, a familias enteras, a lo largo de nuestras costas; recientemente los familiares de tres desaparecidos, en Veracruz claro, denunciaron el ultraje señalando a la Marina como responsable aunque, claro, los altos mandos de ésta se apresuraron a negarlo; es más sencillo creer que fueron abducidos por fuerzas extraterrestres y llevados al paraíso futuro en alguno de los siete planetas similares a la Tierra descubiertos por la NASA. La humanidad se va de viaje; ¿qué nos ocultan?

Al igual que las reformas peñistas, todas conflictivas y en buena parte inútiles, falsarias y convenientes sólo para los grandes cómplices del gobierno, la ley de seguridad interior es un recursos que favorece sólo a la atemorizada clase gobernante porque institucionaliza el espionaje y la persecución, al estilo Iguala sin que con ello pretenda ofender a quienes aún luchan por desentrañar el misterio de los normalistas desaparecidos -cuarenta dos y un militar en ejercicio, infiltrado-, y procede de manera sumaria, sin siquiera denuncias de por medio, a quienes señala como subversivos o conforman alguna de las múltiples marchas de protesta; además, claro, la búsqueda de “chivos expiatorios” se agudiza para tapar los agujeros dejados por la fuerzas armadas en las múltiples fosas clandestinas, incluso las que nadie conoce, esparcidas por el territorio nacional.

En este momento, sin duda alguna, unas de las instituciones con peores bonos y calificaciones son el ejército y la marina, desprestigiados por la secuela de genocidios perpetrados durante los últimos diez años, como el de Allende, Coahuila, en la era calderonista; y los de Tlatlaya, Tanhuato, Vallarta, Apatzingán, etcétera, bajo la férula del peñismo insensible.

No ha servido el despliegue militar, hasta ahora, para sofocar las actividades de los grandes “capos” –nadie encuentra a Ismael “El Mayo” Zambada García quien es, de verdad, quien tomó el mando de la llamada “Confederación de Sinaloa”, meses antes de que se atrapara, por segunda vez, al célebre Joaquín “El Chapo” Guzmán; precisamente para ello requirió formalizar su coronación con la supuesta entrevista concedida al extinto Julio Scherer García –a lo mejor la coincidencia de sus segundos apellidos le dio confianza al cabecilla-, en abril de 2010, acaso la última de gran trascendencia realizada por el maestro del periodismo. La consiguiente portada del semanario Proceso fue el trono buscado por el siniestro personaje.

Tampoco el ejército ha tenido tiempo para reforzar nuestras fronteras –acaso tal es la razón de fondo al convertirlo en corporación policíaca separándolo de sus funciones fundamentales como la defensa de nuestra mancillada soberanía-, mientras crecen las infamias verbales y las amenazas del “pato” Donald Trump Macleod, en pleno dislate diplomático en donde cabría ya la llamada a casa de los embajadores, el mexicano Gerónimo Gutiérrez, y la estadounidense, Roberta Jacobson, como medida cautelar ante el acoso de la Casa Blanca y las reiteradas mentiras de Trump incluso en su discurso ante el Congreso el pasado martes 28 de febrero con un mensaje en pro de la “unidad” como si fuera una copia al carbón del elaborado por los consejeros habituales de peña nieto. Alguna gloria le cabe al mandatario mexicano en este juego de espejos tan complejo y singular. La parodia es por partida doble y en distintos escenarios.

No es imposible, claro, que los asuntos bilaterales empeoren. Al contrario, se teme que la revisión del Tratado de Libre Comercio para América del Norte, pretenda restar toda ventaja para México a favor de la gran potencia de la región aun cuando ésta mantiene un déficit comercial de hasta 502 mil 300 millones de dólares; sin embargo, la cifra es cinco veces menor a la de la Unión Americana con China, por lo cual resulta un vago pretexto hacer de la diferencia mercantil el argumento central para la muerte por asfixia del TLCAN.

Pese a todo lo anterior, Osorio Chong –y no hablemos por ahora del aprendiz de canciller, Luis Videgaray Caso, otro de los posibles nominados a la Presidencia por la cinta “La Sucesión Imposible”-, no reacciona ni se atreve a plantear a su jefe, el presidente blindado, alguna salida digna ante el alud tremendo de abusos, persecuciones, amenazas, de unas fuerzas armadas situadas en el vestíbulo del golpe de Estado. Dijéramos que la ley de seguridad interior nos hizo retornar a la época de la Plaza de las Tres Culturas, en 1968, cuando se impuso la fidelidad de los mandos castrenses a cambio de una mayor libertad para negociar con drogas y armas. No descubrimos el hilo negro.

Lo curioso del asunto es que hasta el general Salvador Cienfuegos Zepeda, titular de la Defensa Nacional, se opuso a la ley de marras y el presidente peña le conminó –ordenó- a obedecerla proclamando la lealtad y sometimiento de los cuadros castrenses al “comandante supremo”, esto es al presidente de la República, acartonad y, como sus predecesores, sin la humildad necesaria para rectificar cuando se equivoca como en este sensible renglón.

Con el ejército en las calles y el llamado de Osorio por el agotamiento de los apoyos a los estados de la República, se abre otra ventana agrietada: la demanda de mayores tropas y la compra de armamentos –a través del contrabandista protegido, Jaime Camil Garza-, para aumentar el poder de fuego de un gobierno al que parece habérsele nublado la razón de Estado. Es como una llamada a la guerra cuando los diplomáticos están cruzados de brazos y el canciller, supuestamente favorecido por Trump, lanza bravatas pero se retrae con la misma facilidad.

El sube y baja está por romperse.

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08 Marzo 2017 04:00:00
El cambio peligroso
No sé si a ustedes, sobre todo los más jóvenes, les pasaría igual; pero yo me quedé petrificado a las puertas del Ministerio de Defensa, sobre El Paseo de la Castellana en Madrid, al observar a una chica bellísima, rubia y de ojos azules, alta y delgada, quien a su vez no dejaba de mirarme. En otras condiciones habría podido avizorar otras intenciones, no ahora. La que podría ser, vestidita a la vieja usanza –bueno, o a la moderna con unos jeans, por ejemplo-, no jugaba ni incitaba ni ligaba: Portaba el uniforme militar y tenía con ella una metralleta.

--Ni acercarme –le dije a quienes me acompañaban en el paseo, en tono jocoso, pasada la sorpresa-; es una especie de Rambo femenina.

--¡Cuidado con lo que dices! Si una palabra suena despectiva para una mujer... pueden llevarte a la comisaría. Aquí todos calladitos.

--¿Ni una broma?

--Allá tú si quieres arriesgarte.

En resumidas cuentas, la modernidad ya llegó, de tal modo, que el antiguo mundo de los hombres –en el cual, injustamente, se segregaba a las damas-, parece desmoronarse a pedazos pero llegando al otro extremo sin medias pautas ni lugares comunes. Hoy ellas mandan y gobiernan en gran parte. Hasta para formar un gabinete es menester tener una paridad absoluta que exalte a las féminas por encima de los currículos de los señores que, pretenciosos, buscan una competencia imposible: es mitad por mitad y si la cuota masculina está cubierta, no hay más que hacer.

Me resulta difícil asimilarlo aunque intento comprender. Pese a ello, no denoto mayor felicidad entre quienes deambulan por las calles o pueblan los bares de tapas en la capital de una España en donde los regionalismos están desbordados y los rencores históricos vuelven a florecer. Por allí observé un cartón que dibujaba el presente con enorme precisión:
“Recuerda: Leganés –un barrio de la ciudad del chotís de Lara-, no es Madrid”.

Así se ríen de lo que, en el interior de cada quien, se sabe: La escisión de Cataluña es cosa de tiempo; y después la del País Vasco; y más adelante, Galicia y así hasta que una maraña de Repúblicas rodeen al reducto de los Borbones en el Palacio de la Zarzuela. Por cierto, no pudo encontrarse una denominación mejor para la residencia de los monarcas porque el vaivén de los mismos, ante la fiebre democrática, más parece un inmenso salón de baile con los vaivenes correspondientes y las incidencias que forman parte de los chismes que se cuentan en voz baja.

En Madrid, apenas hace unos días, fue toda una parodia la investidura de un nuevo presidente del gobierno bajo el apremio de los radicales, encabezados por Pablo Iglesias –“el colitas”, le llaman por aquí-, quienes aunque crecieron electoralmente –la mayor parte de los amigos con quienes he hablado no saben por qué ni entienden cómo es que tantos votaran por ellos-, aún están distantes de una mayoría que los validara para asumir el mando de la desunida nación. El derechista Partido Popular, que perdió en la mesa pero no en la electoral sino en la de los pactos posteriores, esto es sin poder alcanzar consensos para asegurar la gobernabilidad –algo que en México debiera ser prioridad entre la partidocracia insensible de nuestros días-, dejó sus privilegios porque Mariano Rajoy Brey, el anterior presidente, declinó la oferta del Rey para formar, como fuese, una administración integracionista.

Esta es, desde luego, otra España muy distinta a la que conocí hace ya algunas décadas. Pero con algo que me ha dejado sorprendido por la vuelta sobre los pies: de nueva cuenta se habla en voz baja, quedito, porque nadie sabe si en la mesa de al lado se comparten las mismas opiniones lo cual podría llevar a ásperas discusiones sin final y con una cauda enorme de calificativos... excepto si hay mujeres porque éstas arrebatan la palabra y sí pueden lanzar epítetos altisonantes sin el menor riesgo de ser escoltadas por la Guardia Civil. Los géneros, alegan, parecen cambiados.

En la vieja España, la gallardía era elemento esencial para demostrar el valor e incluso la temeridad; de allí que surgieran los “encierros” de toros que corren por las calles con los “mozos” por delante y las chicas crispadas con las manos tapándoles la boca para asfixias los propios gritos angustiados; hoy, se la toma de otro modo y son más las risas que los “ayes” en medio de un cataclismo de sensaciones cuyos barómetros no siempre van en la misma dirección: no son pocos, qué va, quienes opta por apoyar a la fiera enloquecida que a los hombres castigados por ella. Una disparidad que se lleva también al extremo, sin remedio.

Y, para colmo, lo de Cataluña. ¡Cómo enfada a los madrileños este tema! El independentismo de una región próspera los tiene fuera de sí, irritables al máximo, lo mismo que la pulverización política que dio forma a un gobierno amorfo, sin sentido y totalmente impopular desde su arranque. Es complejo explicar cómo se llegó hasta aquí cuando la mitad de los hispanos se sienten orgullosos de las testas coronadas porque Felipe VI está “bien preparado” y su reina, cuyo pasado “mexicano” se mide con morbosa curiosidad, asume protagonismos inalcanzables en la moda y en la soterrada competencia entre algunas señoras de la nueva aristocracia esparcida por el mundo:

--Vamos a ver: ¿a qué es más guapa Letizia que su Angélica?
No me atreví a replicar el desafío porque la “primera dama” mexicana no extiende simpatías por su belleza sino reproches por sus ambiciones al lado de su consorte: de ser una artista popular y querida, antes de la llegada del peñismo a su vida, pasó a ser, sin remedio, la villana de la película interminable de la corrupción que, por cierto, guarda tremendos paralelismos con la de la Iberia antes brava y hoy sometida al imperio de una ley que blinda a las señoras con mayor fuerza que los antiguos cinturones de seguridad:

--Aquí, absurdamente, infringir la protección jurídica a las mujeres es más grave, o casi, que los asesinatos seriales, de verdad.

--No creo que sea para tanto –me atreví a opinar-.

--O es peor, se lo aseguro. Sucede que se ha pasado a un nivel en el que los hombres deben ser sumisos ante las altanerías de ellas y éstas pueden asumir el papel de maltratadoras sin el menor castigo.

--¿No es recíproco? –pregunto al abogado Eusebio Caballero-.

--Pues no. Ocurre que los hombres que padecen las ofensas más abominables no denuncian por pena a que se mofen de ellos por su escasa varonía sin percatarse de lo parejas que van las cosas respecto a cuanto sucede en los hogares.

Esta extraña situación es reversible, claro, cuando las pruebas son contundentes. ¡Pero cuesta mucho esfuerzo que el cauce tome su verdadero rumbo! Máxime si aparecen en el escenario juezas con dosis de amargura familiar dispuestas a cortar cabezas sin siquiera miras los expedientes y repasar los casos; y es toda una epopeya exhibir los puntos de agravio “al revés” –esto es de las mujeres a los hombres-, en una sociedad muy confundida.

Esta es mi primera impresión sobre la España moderna casi escindida. Y duele sobre todo a quienes pulsamos lo que era antes, con mayor alegría y menos rencores incluso bajo los atormentados lustros del odioso franquismo que aún permanece en algunos corazones, de aquellos cuyas familias no fueron infamadas o asesinadas, asegurando que no había entonces tantos motivos de controversia, desunión y arribistas políticos de pacotilla.

Quizá de esta fuente abrevan quienes, en México, añoran al porfiriato y están prestos a vindicarlo sobre todo para tomar posiciones tendientes a la prolongación del mando de la República en las mismas manos llenas de miseria humana y de bienes incontables.

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07 Marzo 2017 04:00:00
Manitas quemadas
Manlio Fabio Beltrones, ex presidente del Consejo Nacional del PRI, fue gobernador de Sonora en la etapa crucial del salinato trágico cuando se produjeron los magnicidios del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo –al que poca atención dio el querido San Juan Pablo II-, Luis Donaldo Colosio Murrieta y Juan Francisco Ruiz Massieu cuya hija, Claudita, modificó su perspectiva transformando el rencor por la apetencia de un elevado cargo público.

Como gobernador viajó a Tijuana luego del asesinato de Luis Donaldo, a regañadientes porque el entonces presidente Salinas –según me confió Beltrones mismo- insistía en que no se moviera, y colectó información privilegiada de la que NO ha dado cuenta en casi veintidós años pese haber viajado con el asesino material, Mario Aburto Martínez, hacia la Ciudad de México en un avión de la Procuraduría General. Ni siquiera fue capaz de informar sobre los pasajeros –uno en especial- que le acompañaron. ¿Es confiable un personaje con tal proceder tenebroso?

Los sonorenses, no uno sino un tropel, le acusan de haber desfalcado a la entidad por más de mil millones de pesos, una cifra bastante mayor a la deuda contraída por los Moreira –treinta y tres millones de acuerdo a los datos oficiales- y por el troglodita Javier Duarte de Veracruz –él sólo ha contraído empréstitos por 39 mil 798 millones sumados a los acumulados por sus antecesores, sobre todo Fidel Herrera, que elevó el renglón en 18 mil millones de pesos-. Pero, claro, a Manlio nadie lo investiga porque fue capaz de “recuperar” al PRI con la exitosa dietista Claudia Pavlovich Arellano, hija de una ilustre dama, ésta sí, Alicia Arellano Tapia, la primera senadora que tuvo el país al lado de la campechana María Lavalle Urbina en la LXVI Legislatura.

El caso es que, en materia de arreglos soterrados, Manlio le gana al presidente de la República cuando, se supone, debiera ser al revés. Esto es: Cuando ya estaba listo todo para proceder contra el gobernador de Veracruz, es decir el ladrón Duarte, Beltrones reculó y aseguró que sólo era un rumor malsano ¡para debilitar al PRI! En realidad, en el fondo, quiso cubrirse las espaldas por la victoria de otro personaje siniestro, Miguel Ángel Yunes Linares, el otrora elbista postulado por el PAN al gobierno de su entidad y con la marca de la complicidad que extendió cuando, en su condición de subsecretario de Seguridad Nacional, alteró el lugar donde se desplomó el helicóptero de su jefe, Ramón Martín Huerta el 21 de septiembre de 2005, apurado por afirmar que se trataba de un mero accidente para cerrar el expediente y venderle así el favor a los Fox, los amigos del guanajuatense victimizado, cuando el clima de terror crecía sin remedio. Y nadie, absolutamente, ha procedido a realizar las indagatorias correspondientes. Círculo negro cerrado.

Sólo faltó que Manlio, a cambio de servir a su correligionario Duarte con lo cual aumentaron las posibilidades panistas de conquistar el feudo acaso con un abanderado bastante más siniestro, procediera a designarlo dentro del PRI como una especie de delegado itinerante con funciones internacionales. Todo ello con un absoluto desprecio por las víctimas del sujeto –entre otras veinte periodistas de acuerdo a los datos oficiales-, y los desfalcos administrativos sin explicaciones.

Como en el caso de los Moreira inescrupulosos y bandidos, el de Duarte corre paralelo y tiene un escudo inexpugnable de impunidad: Haber traspasado una buena parte de la deuda de sus entidades en pro de la campaña presidencial del mexiquense que nos gobierna aun cuando fue evidente el desesperado intento por remontar las encuestas a través de Monederos Monex y despensas de Soriana, dos instituciones que los mexicanos de bien deberíamos boicotear asegurándonos de formar cooperativas para no dejar a los miles de obreros y administradores sin los trabajos necesarios. Si ha ocurrido en otros casos, ¿por qué tememos tanto los ciudadanos de este país al enfrentar a los consorcios coludidos con el mal gobierno?

Es de risa. Mientras la impunidad reina a la sombra del presidencialismo autoritario fusionado con la partidocracia intolerante –cada dirigencia aduce tener la razón descalificando a los “contrarios” cuando le conviene-, van apareciendo las huellas de la terrible parálisis gubernamental. Por ejemplo, la comisión respectiva –llamada de Examen Previo- no funciona desde 2006 y, por ende, cientos de asuntos están pendientes respecto a la necesidad de elevarlos a la condición de juicios políticos; son más de trescientas las solicitudes –“24 Horas”, jueves 25 de febrero de 2016-.

Así las cosas, sonadas denuncias contra Javier Duarte por violaciones a los Derechos Humanos y el desvío de ¡quince mil millones de pesos!, sumamos los señalamientos contra el ex procurador Jesús –Morío- Murillo Karam por violaciones a la Carta Magna, los referentes a Humberto Moreira por la irregular “contratación” de deuda dejando a un lado al Congreso local, y las referidas a la veleidosa actitud del engomado Virgilio Andrade Martínez en cuanto a la tersa investigación sobre la compra ilegal de las “casas blancas” de Las Lomas, numen de la corrupción del gobierno en ejercicio. Son las más representativas y, para colmo, algunos de los acusados ya no están en el mundo de los vivos. Celeridad llana y pura bajo el manto de administraciones, la anterior y la actual, con siniestros afanes.

Y así como la tal comisión, proceden igual las falsas fiscalías especiales que engrosan la burocracia dorada sin resultados fehacientes, salvo alguno que es visto como la excepción por lo general truculenta. La encargada de investigar los “delitos del pasado” exhibió, sin aprehender, a Luis Echeverría y lo mantuvo en arraigo domiciliario hasta que el personaje, amparo tras amparo, resultó exonerado por el delito de genocidio –en torno a los sucesos de 1968 y no los de 1971-, con consideraciones por su elevada edad –noventa y cuatro años; los perversos duran una barbaridad consumiendo nuestro mismo aire-. Y, después, ni una sola palabra sobre casos bastante más recientes y frescos en la memoria del colectivo.

Ni siquiera fue llamado a cuenta el siniestro “doctor” Joseph-Mari Córdova Montoya, eminencia gris del salinato que es el punto de reunión de todas las conjuras de 1994 incluyendo, claro, la alevosa acción de Lomas Taurinas contra quien tenía condición, arraigado a la vieja tradición, “de futuro presidente”; ni nadie tiene interés en llevar adelante las pesquisas sobre la posible participación, directa y efectiva, de Emilio Gamboa –quien ahora pretende dirigir a su vástago Pablo Gamboa Miner, ya entre los diputados-, en el burdo escándalo de los pederastas de Cancún que llegó a Puebla por la intermediación del nefasto rey de la mezclilla, Kamel Nacif, uno de los dueños de Gamboa.

Apenas hace un año, la entonces candidata del PRI al gobierno de Puebla, Blanca Alcalá Ruiz, llevó a su registro al execrable “góber precioso”, Mario Marín Torres, sin rubor de ninguna naturaleza, señalando con ello no sólo su deseo de protegerlo sino la complicidad de sendos personajes, la candidata y el ex mandatario, en el terrible caso de los pederastas del “edén” denunciado por la colega Lydia Cacho. La impunidad prolongada lleva a callejones sin salida inescrutables.

Con ello, por supuesto, se fortaleció al azulejo Rafael Moreno Valle, quien tanto simpatiza con Los Pinos y sus operarios, luego de romperse la pretendida turbia alianza del PAN con el PRD.
Con ello, los consejeros del presidente estimaron que podrían controlar una eventual candidatura del azulejo Moreno Valle a la Presidencia. Y así van a procurar hacerlo en distintas entidades también.

Ya hablaremos de otras instituciones muertas, como las fiscalías en pro de la libertad de expresión –una bazofia indigna capaz sólo de archivar expedientes-, o las comisiones de derechos humanos en buena parte del país únicamente utilizadas para preservar los cacicazgos aldeanos, como el de Duarte en Veracruz o los Moreira. ¡Y no nos olvidemos del otro Duarte, el de Chihuahua!

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05 Marzo 2017 04:00:00
» El ‘último’ capo
La euforia del penúltimo día de febrero de 2015 nada tuvo que ver con la euforia sexual a las cuatro de la mañana; según la versión del presidente Enrique Peña Nieto, a esa hora fue despertado por el celular y la insistencia del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien deseaba a toda costa informar al mandatario de una excelente noticia: Sin disparos de por medio ni ejecuciones, casi con docilidad, “un grupo especial de las fuerzas federales” lograron la captura del célebre Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, sin sicarios de por medio dispuestos a vender cara la vid de su patrón. Es obvio que ya estaban adoctrinados para, llegado el momento, no cometer el error de disparar. Y el personaje del mal estaba tan solo como Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, hace un año y días, cuando sólo lo separaba de la Marina y los marines infiltrados un pobre durmiente en el recibidor de un consorcio turístico de segunda en Mazatlán.

Son muchas las coincidencias. Ahora “La Tuta” y “El Chapo”, reaprehendido, habitaron celdas por separado, como exigen los cánones, en el Penal del Altiplano sin que nadie haya podido cerciorarse de su presencia salvo a través de las sesiones oficiales de fotografía. No se dudan que sean ellos los auténticos ex jefes de la Confederación de Sinaloa, luego encabezada por el “Mini Lic.”, Dámaso López Junior, e Ismael “El Mayo” Zambada, quien dejó solo a su antiguo patrón para que le “echaran” el guante con la mayor facilidad; y de los “Caballeros Templarios” listos para el reemplazo mucho antes de que “La Tuta” fuera sometido sin la menor resistencia e identificado col el número y las tablas medidoras de altura que suelen acompañar a todos los reos como un signo de que han perdido libertad y derechos. Ya no vitan, claro.

Sendos operativos se conectan entre sí, analizadas las cosas con la perspectiva suficiente, por algunas razones fundadas en hechos y no en especulaciones:
1.- Con la caída de “La Tuta” el grupo de los “Caballeros Templarios” no siente ni cosquillas, pulverizado como está en distintas células criminales con operatividad en distintas regiones del país, hasta la tranquila Mérida, Yucatán, en donde fue localizado el hermano del mencionado, Flavio, quien aparentemente era el gran administrador del grupo. El hecho de su ubicación tiene “cola” y demuestra lo sostenido en esta columna: la hermosa ciudad del Mayab se ha convertido, con cierta anuencia de los gobiernos locales –exactamente desde el paso del cacique Cervera, ya extinto, por el Palacio de Gobierno- en un refugio seguro para las familias de los grandes “capos” y los sicarios de renombre comprometidos a respetar la “tranquilidad” de la urbe cambio de una absoluta impunidad. Y tal es una de las hazañas por las cuales presume la ladrona Ivonne Ortega Pacheco, ex gobernadora con las manos muy sucias y aspirante actualmente a una diputación con tal de seguir bebiendo del erario. Será impuesta por la vía de las candidaturas plurinominales, sin consenso popular, para seguir siendo fiel servidora... de la contaminada dirigencia partidista.

2.- En febrero también pero de 2014, “El Chapo”, el único zar de las drogas merecedor a un sitio entre los grandes multimillonarios del planeta en el conocido semanario Forbes –luego la dirección del mismos e retractaría para evitar exaltar a los criminales, según pretextaron cuando bien se guardan de exhibir a los ex mandatarios, sobre todo mexicanos, cuyas fortunas rebasan los límites iniciales de manera tan amplia que debieran formar parte de los privilegiados a quienes los millones les llegan casi por inercia-, fue aprehendido sin siquiera vigilancia aun cuando se le había puesto sello de ser “el más buscado” desde la ejecución de Osama bin Laden en mayo de 2011. Tres años como líder mundial; no es poca cosa.

3.- Sendos operativos se dieron cuando otros cárteles dominaban las regiones en donde fueron realizados o en otras que se han querido soslayar para concentrar la atención por donde quiere el gobierno de la República. Ya poco se habla, por ejemplo, de los “Zetas” y del poderoso grupo competidor de éstos, “el cártel del Golfo” cuya sede, en Tamaulipas, permanece al amparo del cobarde ex gobernador, Egidio Torres Cantú, quien para llegar y sostenerse en el cargo debió “vender” la memoria de su hermano Rogelio, asesinado una semana antes de los comicios que tenía en la bolsa. Mucho lloriqueo, cero acciones judiciales. ¿Cree Egidio que los tamaulipecos son tan ingenuos para no darse cuenta de sus truculencias infames?
Vamos confirmando, de manera cotidiana, que cada sexenio “estrena a sus propios capos” y los privilegia, tal y como me anotó, hace ya muchos años, el abogado César Fentanes en su residencia de McAllen en donde igualmente conocí al “comandante” Guillermo González Calderoni quien, como saludo, me dijo:
--Si usted me golpea con sus armas yo le respondo con las mías.
Fue un encuentro, como pueden captar los lectores, de lo más amable y en donde el nombre de Carlos Salinas de Gortari, como gran mandante y mafioso, surgió en diversas ocasiones desde la narración de los crímenes de los neocardenistas Francisco Xavier Ovando y Román Gil Heraldez, que fueron silenciándose desde ser considerados crímenes políticos –lo que encendía a la izquierda en 1988 por ser los principales operadores del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano-, perpetrados con el aval intelectual de la maldita mancuerna De la Madrid-Bartlett, hasta ser de hecho olvidados, sin recordatorios institucionales en el PRD, por ejemplo, cuya hora final se acerca de manera irremediable. La MORENA de López Obrador les parece más guapa a los tránsfugas cansados del imperio de los “Chuchos” y de Carlos Navarrete Ruiz.

La mezcla entre capos y partidos no es una simple disgregación de ideas sino tiene sentido y propósito porque evidencia la similitud de movimientos y consecuencias a partir de las ejecuciones más conocidas o de los operativos de entrega por parte de algunos de los más conocidos personajes del cuento de la guerra interminable, las fosas clandestinas, las matanzas y masacres en serie amén de una contumaz parodia en la que, siempre, se para el cuello el mandatario en curso y hasta festeja ser despertado en la madrugada para celebrar en grande cuando, de hecho, es muy probable que toda la parafernalia usada esté pactada entre los grandes zares del vicio y el pequeño y vulnerable presidente de nuestros días. No tengo la menor duda.

Por cierto, y esto conlleva la mayor importancia, el secretario de Gobernación y despertador Miguel Ángel Osorio Chongo, sometido a la humillación desde su ascenso de no ser él quien tuviera el derecho a la “primera llamada” sino a quien fue su subordinado Luis Enrique Miranda Nava, señalado como presidenciable aunque sus bonos han bajado en Sedesol, puso entonces su renuncia, sin fecha, sobre el escritorio del presidente peña quien no la aceptó por considerarla inoportuna. Doce meses después, Osorio ya brincó varios de los obstáculos colocados por Luis Videgaray, y tiene una apariencia menos “tensa”. De hecho, su cabeza debió rodar junto a la del entonces procurador general, su coterráneo Jesús Morío –Murillo- Karam, ya van dos más, colocado como compensación en la magra e inútil Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano cuyo predecesor, Jorge Carlos Ramírez Marín, vuelve en pos de la Cámara baja sin haber aportado más que ayudas marginales en tiempos de desastre; eso sí, siempre ensuciándose botas y valencianas al hundirse, con su estimable peso físico –producto de festines yucatecos y chinos-, en alguna de las lagunas y ríos desbordados cada año de manera irremisible.

Finalmente, el discurso de “La Tuta”, entre místico y demagógico –no sabemos de cual lado se acomoda la balanza-, deberá ser analizado en un contexto imparcial.

Comenzó gritando que era necesario devolverles a los pobres cuanto le habían robado los ricos –una sentencia semejante a la de Andrés Manuel, por cierto-; y, al ser detenido y hasta desnudado, alegó que “alguien” debía llenar los vacíos del poder de los gobiernos municipales y estatales de Michoacán, rebasados por los sicarios a sus órdenes. Muy sincero y dolorosamente cierto con todo y el fugaz paso del “comisionado”, Alfredo Castillo Cervantes, quien salió tan enfermo como el señor peña nieto y el ex gobernador Fausto Vallejo Figueroa –cuyo vástago permanece en la cárcel por sus contactos con “La Familia”- de su breve encargo.

Lo complejo de descifrar, por encima de los crímenes imputables a los narcos y sus mandos, es si fue el gobierno, por su desidia y corrupción en la tierra del Tata, el que dio paso a la aparición de elementos que supieron medrar con la desesperación general. Esto es; si cayó “La Tuta”, ¿para cuándo corren el mismo destino Castillo, Vallejos, Lazarito Cárdenas Batel, Leonel Godoy Rangel y otros más con el agua hasta el cuello?

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03 Marzo 2017 04:00:00
Nos desmantelaron
Nos roban hasta los “cachivaches”. Desmantelada Pemex, en oferta –a precios ridículos- la nueva línea eléctrica privada, desprendida de la desnacionalizada Comisión Federal de Electricidad, el señor Peña, cuya legitimidad está en los suelos ante la evidencia de que nueve de cada diez mexicanos le repelen –hay varios sondeos de opinión, con variables mínimas, que lo sostienen-, ofrece que no debe seguirse “marcando”, con la tragedia, a Iguala y que esta ciudad guerrerense, a donde llegó más blindado que un tanque de alto poder, debe asegurar su porvenir construyendo una nueva historia.

Esto es, el clásico “borrón y cuenta nueva”, como si no importaran los desaparecidos –no sólo los 42 normalistas más el militar activo que hace el número 43 sino los cientos de esclavizados en las minas y cuyos cadáveres son sepultados de manera clandestina-, ni las siniestras actuaciones de las empresas multimillonarias, maridadas con los capos de los nuevos y prepotentes cárteles, que se proveen de inmigrantes centroamericanos y de jóvenes en desgracia convertidos en esclavo en la misma línea en donde deambulan los tarahumaras desde Chihuahua hasta Baja California Sur donde son explotados inmisericordemente por gentuza tal como los Fox y ahora los Salinas. Muy progresistas, sin duda.

En este contexto, el gran simulador, Ernesto Zedillo, produjo un solemne discurso en un instituto de Ginebra para puntualizar, entre otras cosas, que existen tres problemas que “impiden” (sic) el desarrollo de México y mencionó tres veces: “El imperio de la ley”. La sola lectura lo traiciona porque si la ley es cuanto obstaculiza el desarrollo –aunque es obvio que pretendió explicar lo contrario-, estaría colocándose a favor del estado fallido. Preocupa, eso sí, que la disparatada sentencia fuese efecto de un lapsus provocado por las múltiples conversaciones con sus socios comerciales, los empresarios multinacionales que lo han contratado o los diplomáticos con quienes tiene trato frecuente por su cargo en la ONU como “comisionado contra el hambre en el mundo”; encargo que no pudo ser más ofensivo para los mexicanos, millones, depauperados durante su gestión presidencial.

Recuérdese que el señor zedillo, además y contra las opiniones de cuantos exaltan la capacidad tenebrosa de los Salinas, es el mexicano con más relaciones en Washington y, por ende, el más influyente en los círculos del verdadero poder con inclusión, naturalmente, de la cerrada elite a la que se acoge el “pato” Donald Trump para injuriar a los migrantes y desafiar, groseramente, a los mexicanos con un frenesí que, a sus setenta años de edad, pareciera una compensación a sus extraviadas apetencias carnales. ¡Al diablo con él!

Por supuesto, los referentes son atroces. El señor Peña insiste en que no quiere un referente sobre la violencia en Iguala, Cocula, Ayotzinapa y toda la región de Guerrero si bien el nuevo gobernador, Héctor Astudillo Flores, con cortesía dudosa, reviró al mandatario federal arguyendo que la herida infringida a su entidad “no sanará”; esto es como no lo ha hecho la memoria del genocidio de Tlatleloco ni el del Jueves de Corpus ni los de Aguas Blancas y Chenalhó, esta en Chiapas. Quedan, no hay modo de borrarla con el detergente podrido de la impunidad. Un poco, Astudillo optó por lavarse las manos antes de que la sangre las manche mientras dure la presencia de las fuerzas federales habilitadas sólo para matar, sin diálogo posible, sea a los narcos o a quienes simplemente defienden lo suyo ante el vacío de poder dominante.

Y es que no es sencillo vomitar versiones oficiales, infectadas por las conveniencias pasajeras, cuando, día con día, se reproducen las mayores enfermedades sociales: La esclavitud escondida, el tráfico de seres humanos, de drogas y de armas también, negocio este último de quien presume tener la mayor mansión en Acapulco, el cómplice de todos los cómplices, Jaime Camil Garza, cuas puertas labradas valen más que varios años de salarios de sus empleados mejor retribuidos. La desigualdad deforma todas las cosas bajo el peso de la nueva aristocracia mexicana.

Como si todos los males hubiesen llegado, para asentarse, en Guerrero. Pero no es así: La conflictiva se extiende por el litoral del Pacífico, llega al norte, recorre la frontera con la nación más poderosa del orbe y baja por la rivera del Golfo hasta llegar al Suchiate en donde los guatemaltecos y centroamericanos cruzan hacia México y son brutalmente sobajados. ¿Tiene nuestro gobierno autoridad moral para reclamar un trato digno para nuestros coterráneos en el norte? Siempre me ha avergonzado esta interrogante.

Pero, para el señor peña todo es muy sencillo: Basta con abatir los referentes por decreto y las marcas de violencia que sólo infaman a un país cuyo mayor logro es mejorar en su estatus turístico -¿cómo puede ser si estamos situados entre las naciones más peligrosas del planeta en los noticiarios del primer mundo?- y ofertar cuanto esté a mano... naturalmente a precios de regalo porque los seseantes banqueros hispanos, los alzados estadounidenses y demás fauna intolerante, alegan que nos hacen un favor invirtiendo sus sagrados capitales en donde el gobierno ha perdido y pierde sus mayores batallas contra los “cárteles” sin lograr disminuir, en un solo gramo, las “exportaciones” de droga hacia el mayor mercado de consumo del mundo: La Unión Americana.

Desde luego todo podría convertirse en un referente tal y como comenté hace días: La represión del veracruzano Javier Duarte de Ochoa; el descastamiento del tamaulipeco Egidio Torre Cantú –quien pasó sobre la sangre de su hermano para ser gobernador-; la infamia de los Borge en Quintana Roo como reyes de los ecocidios y los peculados; la alianza de MALOVA en Sinaloa con los intocables verdaderos jefes de la “Confederación de Sinaloa” encabezada por Ismael “EL Mayo” Zambada, quien se encaramó a la cabeza de la organización traicionando a “El Chapo” Guzmán; el cinismo avieso de los ladrones Moreira en Coahuila; la tremenda amoralidad del tabasqueño Núñez Jiménez; el atroz recrudecimiento de la violencia en Morelos prohijada por la incapacidad del también perredista Graco Ramírez; la insultante campaña prepresidencial de Mancera en el Distrito Federal; los latrocinios sin límites de los caciques-gobernadores de Colima e Hidalgo; y, en fin, las increíbles desviaciones –de toda índole- de casi la totalidad de los mandatarios estatales.

No serán referentes los fraudes comiciales en Tuxtla y en Colima. Para mediados del año habrá otros igual o peores abanicados por la falaz coordinación del INE en donde sólo se conocerán las sesgadas actuaciones de los consejos e institutos electorales estatales, la mayor parte de ella bien controladas por los respectivos mandatarios con dominio territorial, político y periodístico en sus feudos infectados. El caso de Veracruz, infamad con la presencia de Duarte de Ochoa, es el más doloroso: Al llegar Yunes a la gubernatura lo que definiría Luis Spota en su tetralogía novelística: “El remedio resultará peor que la enfermedad”.

En fin, señor peña, aunque le duela, los referentes de su gobierno será terribles, espeluznantes diríamos. Y los ex mandatarios priístas, como el actual depositario del Ejecutivo, siguen jugando garabatos con una Casa Blanca que los entretiene mientras consuma su silenciosa invasión... sobre el estado mexicano fallido.

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02 Marzo 2017 04:00:00
Percepción diferente
En alguna ocasión, hace poco más de tres años, un periodista hispano, dedicado a las crónicas taurinas aunque otrora fue un apasionado del histrionismo, me dijo con el aire de suficiencia de algunos colegas que creen saberlo todo porque descubrieron, por ejemplo, que el Real Madrid no aspira ya al título de la “liga española” porque el independendismo catalán es como una suerte de afrodisíaco para los jugadores del “Barsa” incluyendo a argentinos, uruguayos y brasileños integrados a su plantilla.

En fin, el tal colega resumió:

--Los peores publicistas de México son ustedes los mexicanos. Cada que dialogo con uno me cuentan atrocidades de su país.

Por un momento me sentí desarmado; no, México está bien porque lo sostenemos quienes lo amamos. Los señalamientos son para el gobierno putrefacto que prohíja la violencia, negocia con los mafiosos y mantiene a la población en un penoso estado de indefensión. Pero es difícil, cuando se habla de estas cosas, que los interlocutores confundan al país con las lacras que buscamos extirpar, y aún no podemos, la mayor parte de nuestros connacionales. Es como cuando se confunden los símbolos con la estructura del Estado. Peor acaso.

Le respondí que no era así; el planteo trataba de llamar la atención sobre el dolor de un país acribillado por la violencia artificial –la “guerra” no tiene destino porque cada año las cuotas de drogas hacia los Estados Unidos aumentan considerablemente mientras los precios son regulados por los agentes de la DEA, la CIA, sobre todo, y la NSA-, y una administración que tiende a favorecer la injerencia de las potencias universales, no sólo la norteamericana, y su respectiva expansión sobre el territorio mexicano.

Le hablé de la obcecación hispana por la neo-conquista –el término me da náuseas porque no admito que a una invasión cruenta se le tome por conquista, además no de México sino de los pueblos mesoamericanos anteriores a la fundación de nuestro país-, recordándole que quienes proclamaron la Independencia corrieron a patadas a los que fueron infamados con el mote de “gachupines” para contrarrestar el de “indios” con el cual señalaron, de manera equivocada, a los nativos de América. Y todavía hoy no faltan impertinentes que se sienten superiores al recordarlo, alzando la mandíbula con el seseo de quien ni siquiera sabe pronunciar las palabras básicas y frasear en su idioma.

También le dije que los consorcios hispanos eran uno de los factores de inestabilidad más serios considerando que el saqueo de divisas comienza con ellos. Cada día, durante más de un año, esto es desde fines de 2015 y el primer semestre de 2016, el Banco de México colocó 400 millones de dólares para evitar un quebranto mayor del peso respecto a la divisa estadounidense y, por consiguiente, ante el euro también. Y, en cada jornada, fueron los banqueros y especuladores de allende el mar, por encima de los vecinos del norte, quienes acapararon la derrama cotidiana y nos pusieron en manos de los especuladores. Y de esto, claro, nada dice Luis Videgaray Caso, el presidenciable de la miseria que seguramente se propondrá para el Premio Nobel de Economía o el de la Paz, dadas sus dotes diplomáticas para considerar un acto hostil la construcción del muro de la ignominia, ocho meses después de que lo anunció Trump, dada la invalidez de esta presea y la de tantas otras como la recibida, hace un año bajo el cobijo del rey Obama, por el señor Peña Nieto en los Estados Unidos por sus ¡éxitos en finanzas!

Retornó tan eufórico el señor Peña de aquel encuentro que alegó, sin el menor pudor, las bienaventuranzas de nuestra economía asegurando que es firme y próspera; no sabemos, realmente, si se refirió a la propia y a la de sus amigos del batallón de los influyentes, como los salinas digamos, para quienes el sexenio peñista ha sido como la llegada a La Meca de las ambiciones desbordadas. Todos los renglones productivos han pasado por las manos de los cómplices incluyendo las paraestatales desmanteladas para servir a intereses multinacionales de alto rango: en esta tesitura están la desvencijada PEMEX y la ofertada CFE. Petróleo y energía; sólo nos falta vender el agua de mar y para ello falta muy poco.

Alfredo Jalife, colega y amigo, no se cansa de mencionar que, ante la fluctuación hacia debajo de los precios del crudo, las próximas guerras no serán por la posesión del otrora llamado “oro negro” sino por el agua, considerando a esta no solo como un factor económico de alto rango sino, además, como un elemento vital para la existencia del hombre. Agotados los mantos acuíferos, la humanidad se destruiría sin remedio. Y tiene sobrada razón cuando observamos cómo, cada año, la desertificación del país –esto es hacia páramos desérticos-, aumenta de manera alarmante y coloca ya a varias entidades, digamos Tamaulipas y Nuevo León, entre otras, al borde una crisis cuya extensión es incalculable. Por supuesto, tal realidad no figura en los informes presidenciales ni en el apartado de compromisos “firmados” que suelen detenerse en minucias y en reformas ineficaces y destinadas, como hemos visto, al peor de los fracasos.

Hace unos día, mi querido amigo Alberto Peláez, hijo de otro gran periodista al que tuve la suerte de tratar y admirar, Joaquín Peláez, salió en defensa de México durante uno de sus viajes entre Madrid y Barcelona en esta triste hora en la cual se pone en la mesa la escisión de Cataluña, o su independencia, perdidos los hilos comunes a golpes de poses con sabor a fascistas. Cuenta Alberto que, durante varios momentos, debió explicar a sus interlocutores que en México no se asesinaba cuando salías del avión o te asaltaban apenas caminabas por las calles. Como mexicano se lo agradezco pero temo que no pocos han sufrido vejaciones como éstas siendo o no foráneos. ¡Y no quiero hablar mal de mi país sino de un gobierno amoral, negligente y coludido con las mafias!

El periodista español, generoso, se dio a mencionar las dimensiones de México, su apego por las raíces ancestrales –con mayor arraigo al mestizaje que nos identifica a diferencia de los catalanes que ya quieren apropiarse hasta la figura del genovés Colón-, y su enorme capacidad para asimilar los golpes. No todo es Ayotzinapa, debió decir, pero, por desgracia y en cierta manera, sí lo es. Me siento reflejado en los rostros de los padres de los “43” y en la impotencia siquiera por reclamar con vida a sus hijos desaparecidos –y probablemente muertos aunque de esto insisten en no hablar los deudos-, como tantos otros esparcidos por toda la República a quienes se señala alevosamente como criminales y, en muchas ocasiones, son material de esclavitud para las empresas mineras auxiliadas –para eso sirve las grandes fortunas de la nación- por los cárteles cuyas células surgen de la dispersión de las mafias más fuertes como la Confederación de Sinaloa, La Familia Michoacana y los tradicionales capos de Tijuana, Ciudad Juárez y el Golfo. Y no se diga las empresas canadienses que esclavizan sin el menor pudor y el apoyo oficial.

Tal es el meollo. Lo que no me cabe, en la amable explicación de Peláez, es que si tan malo es el concepto general sobre México, ¿cómo es que aumenta el turismo hasta volvernos a situar entre uno de los diez destinos más favorecidos en el mundo? ¿No es, cuando menos, bastante incongruente o ya no sabemos analizar el contexto? Porque, desde hace años lo he denunciado, no tiene sentido que a mayor estigmatización “del país” –en realidad de su gobierno-, cuando nos colocan en el rango de las naciones violentas, se produzcan dos fenómenos: la llegada de mayores capitales hispanos para comprar a precios de oferta cuando les caiga e los renglones financieros y de comunicaciones; y el anuncio de Enriquito de la Madrid Hurtado –uno de los hijos varones de Miguel, el ex presidente-, en cuanto a la recuperación turística hasta casi el paraíso. Es como si los mexicanos nos alineáramos para comprar paquetes para visitar Libia o Afganistán y visitar los atractivos de la guerra despiadada. Suena muy absurdo porque lo es.

Y, claro, tales argumentaciones pesan tanto que se premia a Peña Nieto, a Videgaray y a cuantos hacen, todos los días, el tremendo milagro de tapar el sol con un dedo.

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01 Marzo 2017 04:00:00
Presidentes sin almas
La mejor manera de comprender el devastador colapso del sistema político “a la mexicana”, es siguiendo los pasos de quienes han ocupado la posición ejecutiva más elevada en el país o en sus respectivas entidades autónomas, no soberanas –una perogrullada demagógica-, imbuidas en la asfixia de la parálisis y el retroceso; todo depende no sólo de las relaciones entre la supuesta Federación –un disfraz al centralismo que permanece-, y los estados cuya generación de recursos propios es escasa o arrebatada por la avidez de la administración del centro.

La Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO), que nació como un contrapeso de los mandatarios regionales de PRI ante una presidencia de la República en manos de la derecha hasta convertirse, con el retorno del PRI, en ballet de acompañamiento con destacados miembros de la cofradía de la mano caída. El listado es grande y perturbador bajo el signo de una feroz, arcaica, impunidad. Denuncias hay, fugados también; justicia no. Imagínense fueron presidentes de CONAGO personajes como el tamaulipeco Tomás Yarrington, en huida libre, y el coahuilense Humberto Moreira Valdés a quien debía coronarse, en tiempos de carnestolendas, como el bufón más cínico de la corte peñista.

En fin, fueron doce años de gobiernos derechistas y sólo sus panegíricos insisten en que fue una época de estabilidad económica, cernidos dos regímenes a las precisas instrucciones del Fondo Monetario Internacional, desde donde nos mandaron, igualmente, a Agustín Carstens Carstens para hacerse cargo del Banco de México sin aspiraciones presidenciales porque, sencillamente, su voluminosa humanidad no cabría en la silla del águila en donde apenas pudo sentarse Pancho Villa con ciertas apreturas.

Pregunto, con frecuencia, cuál de los mandatarios nacionales, desde la posrevolución, se salva históricamente. La mayor parte, casi de manera automática, señala al general Lázaro Cárdenas, exaltando la labor social del mismo pero obviando sucesos represores mayores como la matanza de Coyoacán, a la salida del templo, por los genízaros del tabasqueño Tomás Garrido Canabal –el del “laboratorio de la Revolución”-, bautizados como “camisas rojas” para emular a las “negras” de Mussolini. No es muy afortunada la referencia.

Otro más me recriminan, a veces, la ausencia de elogios hacia Adolfo Ruiz Cortines, célebre por su austeridad y su escasa codicia –no aceptaba regalos de quienes jamás se los habían dado antes, por ejemplo-, pero infortunadamente señalado, en sus años mozos, como colaboracionista del ejército yanqui de intervención, en 1914 y en Veracruz, en pleno reinado del beodo usurpador Victoriano Huerta. Travesuras de juventud, califican sus simpatizantes, cada vez menos, sobre todo en el puerto de sus amores.

En tercer sitio se cita a Adolfo López Mateos quien abrió las puertas del país a la diversificación y arrebató de manos extranjeras la industria eléctrica. Acaso fue el último mandatario que salió de Palacio, al término de su gestión, con un alto índice de popularidad y con esta base pudo fraguar la puesta en marcha de los Juegos Olímpicos de 1968 aunque su salud no le permitió ser testigo de los mismos. Pese a ello, se olvida la represión desbordada contra dos gremios de enorme peso en aquella época: los médicos –quienes siguen protestando-, y los ferrocarrileros, prácticamente desaparecidos y absorbidos por empresas trasnacionales gracias a los oficios del simulador Ernesto Zedillo, pretenso para ocupar la gubernatura del Banco de México en noviembre próximo.

Si tal es posible, esto es la nueva incorporación de Zedillo a la vida nacional luego de ser considerado uno de los grandes empobrecedores del país con sus caducas medicinas neoliberales, entonces debemos prepararnos para la catástrofe y la rectoría total del FMI y del gobierno de Washington sobre los rescoldos de una soberanía endeble, casi diluida por la corrupción y el amafiamiento de no pocos funcionarios públicos de altos vuelos. Lo peor es que aparecen, varios de ellos, como precandidatos a la Primera Precandidatura, desde el resucitado Luis Videgaray Caso, quien depende de las pulsaciones de Trump, pasando por Osorio Chong, la señora Calderona y, desde luego, Rafael Moreno Valle procreador de neonazis en Puebla.

También dudo, y cómo no, de Andrés Manuel en tanto esté rodeado de represores, ladrones y asesinos, entre ellos el despreciable Manuel Bartlett –presunto autor intelectual del crimen contra mi padre-, el zacatecano Ricardo Monreal, quien convirtió la mina del Edén en su propio paraíso en Zacatecas, Pablo Salazar, quien ahora solivianta a los miembros de su religión para un golpe de Estado –como hace tiempo preví-, y no pocos pandilleros, ahora de cuello blanco, como el patán Martí Batres y sus corifeos. Dime con quién andas...

Pero tampoco hay vías para los independientes en buena parte por obra y gracia de Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, el más hablador de cuantos, como candidatos, ofrecieron hasta su propia honra en aras de sus ambiciones vulgares. El desprestigio es de tal magnitud, a un año y meses de su asunción al gobierno de Nuevo León, que se apagaron las intenciones de muchos y se encendieron las de otros respaldados por las fuerzas más oscuras, como en el caso del deplorable ex canciller foxista Jorge Castañeda Gutman, destructor de la diplomacia mexicana.

El deterioro de la figura presidencial, y por ende la ausencia de liderazgos, deviene en buena medida de las acciones de los ex mandatarios con vida:

1.- luis echeverría álvarez, con noventa y cuatro años a cuestas –los peores suelen ser muy longevos-, quien eludió los cargos como genocida para apartarse de tribunales por su ancianidad y no porque fuese inocente de los sucesos de Tlatelolco y el Jueves de Corpus de 1971. Nunca se hizo justicia.

2.- carlos salinas de gortari, el “gnomo de Dublín”, quien ahora incorpora discurso nuevo para intentar responder a la izquierda por sus señalamientos. Lo lamentable es que, durante su gestión presidencia, los dirigentes de esta causa fueron, por decir lo menos, bastante tibios.

3.- el ya mencionado zedillo, el empobrecedor afanoso de servir –dice- a los pobres desde la ONU. Basta con esto para acentuar su condición de simulador.

4.- El ególatra vicente fox, muy orondo cuando se trata de defender sus negocios –por ejemplo en Baja California Sur, y bravucón contra Trump quien ni caso le hace; es como el patiño de Meryl Streep.

5.- Y el siempre quejoso Felipe Calderón, el más farandulero, a quien Cuba le cerró las puertas en las narices por farsante y oportunista. No me gustó la afrenta contra un ex presidente de México pero comprendo las razones: fue él quien infamó su posición y deshonró al país que gobernó.

Basta el listado y las referencias para entender por qué no es posible tolerar más.

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28 Febrero 2017 04:00:00
Bueno… Llegamos
Llegamos. Una meta a la que no aspiraba y quizá ni imaginaba en los tiempos cuando se podía hablar de cualquier cosa sin ser motivo del acecho de intolerantes, ignorantes y escépticos convertidos en periodistas de artificio con su celular en la mano y un deseo enorme de ser protagonistas con las notas llamadas “virales” que, en segundos, son capaces de convertir a una quinceañera, por ejemplo, en el rubí de los cazadores de distractores para diluir protestas y rabias en torno a los dirigentes mundiales ávidos de fortunas mal habidas; digamos como Javier Duarte, el de Veracruz, perseguido por su sucesor, Miguel Ángel Yunes, con aire de asesino.

Esta ha sido, por desgracia, la pauta a través de cinco décadas, desde el lejano año de 1967 cuando publiqué mi primera nota sobre la feria de Ciudad Guzmán, engalanada por la inauguración de una placita dentro del hogar de don Fortino Briseño, en medio de una orografía intensa y un enorme jolgorio popular; como van las cosas solo serán masivos y permitidos los cortejos fúnebres porque ninguna otra expresión humana podrá estar libre del pecado de soberbia al considerarse mujeres y hombres en una escala superior por contar con raciocinio.

A veces, lo digo sin pena, es más sencillo debatir con un chimpancé que con un incondicional de algún partido o un fanático en pro o en contra de determinada afición. Nunca como ahora, parece haber triunfado la intolerancia sobre el raciocinio. No por nada es presidente de Estados Unidos un xenófobo con cabellera ridículamente color naranja. Y los orangutanes, irracionales y esquizofrénicos, lo eligieron por cuatro años aunque ya, desde ahora, le parece un lapso escaso al “pato” Donald Trump, materialización del célebre Rico Mac-pato de Disney, tío y explotador de Donald, el proveedor ingenuo de las riquezas almacenadas en una gigantesca bóveda. Sólo le faltó a Walt el apellido de sus personajes para abundar en las tantas supuestas profecías que nos llevaron hasta aquí.

Por vanidad pura debo hacer una aclaración antes de establecer apuestas sobre mi edad: Aquella nota primeriza, colmada de errores semánticos y acaso alguna imprecisión de neófito apurado, la hice cuando había cumplido, en octubre de 1966, catorce años. No es que sea joven pero tampoco un anciano sin memoria, respetable siempre aun en estos tiempos en los que la vejez es tomada a chufla con el tufillo insolente de muchos jóvenes de hoy, incapaces del menor asomo de respeto. ¿Sabrán lo qué es eso? Confieso que, en ocasiones, discutía fuerte con mi padre pero siempre terminaba haciendo lo que él ordenaba y nunca sin dejar de ser el mejor de mis amigos hasta que llegaron mis hijos y él partió con la vileza del garrote vil impuesto por el maldito régimen de miguel de la madrid y su testaferro, Manuel Bartlet Díaz, a quien Andrés Manuel ha colocado dentro de sus filas, olvidadizo, depreciándose.

Tengo, pues, sesenta y cuatro, una edad que me inquieta en cuanto que fue la terminal de mis predecesores, hasta mi padre –mi abuelo murió por arteroesclerosis con los mismos años cumplidos-, y me ha mantenido alerta durante lo que va del año con cierta dosis de nostalgia y desazón interior, sobre todo cuando algunos insolentes se atreven a ofender a los míos, sin el menor pudor, como si los suyos estuvieran libres de pecados y fueran perfectos. Cuando he revisado los árboles genealógicos de quienes pretenden afrentarme me siento absolutamente satisfecho de cuanto ha escalado mi progenie en las rutas por ellos trazadas. Como periodista, sé muy bien cómo han librado sus batalla y la forma en la que han salido bien librado de ellas. Incluso, el más joven, es bravo para la pelea interior y estoy seguro terminará triunfando. Espero verlo.

El calvario no ha sido sencillo de sobrellevar. Alguna vez, una mujer hermosa se permitió el lujo de advertirme allá por los años del salinato trágico:

--Con todas tus relaciones, ¿por qué no podemos tener un nivel económico mejor?

--Porque, sencillamente, eso sería corromperme y he puesto mi vida en contra de la miseria humana que nos asfixia.

No me creyó, no quiso escuchar y se alejó definitivamente. ¿Hice bien en dejar escapar la felicidad frívola por darle protagonismo a la sobriedad, tan difícil y mal agradecida, de la honradez? Ahora puedo decir que sí al observar el calado de mis esfuerzos periodísticos en un escenario en donde me he convertido en contrapeso a falta de colegas dispuestos a vencer su propensión a las comodidades y los lujos para arrojarse al palenque de la existencia sin trampas ni hipocresías.

Así lo quise y así fue. Cincuenta años ya de aquella croniquilla sin importancia pero trascendente para mí. No sabía que con ella iniciaba el largo andar entre los ladridos de los hijos de perra y la solvencia moral ganada a pulso por la confianza de mis lectores, oyentes y televidentes –más bien videovidentes porque soy demasiado incómodo para los grandes empresarios de la comunicación y lo entiendo-, y m obcecación por no fallar un día, ni una hora siquiera, a mi vocación. No existen vacaciones cuando el periodismo descubre noticias hasta en las azules aguas del Caribe. Me enorgullece, sí, que me encuentren y se desahoguen tantos y tantos mexicanos ansiosos de justicia en cualquier parte de nuestro amado país, atenaceado hoy por una clase política deleznable y ruin.

Para infortunio personal, miro hacia atrás y me convenzo que nuestra generación ha fracasado. No legamos una mejor nación a quienes vienen detrás sino otra colmada de ambiciones, peculados, matanzas, odio y extremos desafíos por el poder entre mafias perfectamente orquestadas, dentro y fuera de un gobierno ilegítimo, rechazado por nueve de cada diez mexicanos. Por eso, claro, no puedo dejar mi barco ni lo haré aunque sean menores las esperanzas de modificar la ruta para no estrellarnos en los arrecifes de la corrupción, el fascismo redivivo y la perversidad. Quienes me conocen de cerca, saben que lo mismo les repito cada día; no sé si, en ocasiones, les aburra pero es mi propia terapia profesional. Perdónenme por ello.

En fin, si veinte años no son nada, cincuenta pasan volando. Todavía, al despertar, me pregunto si tendré veinte, treinta, cuarenta, para cobrar bríos y enfundar la espada de la escritura. Resiento que tengo más de sesenta y me pongo un poco triste, a veces también abatido. Pero leo los mensajes de aliento y las ofensas también y enseguida me pongo de pie, listo para la pelea recuperando aquello que tanto me repite mi adorada hija Ofelia:

--La edad, papá, está en la mente. No hagas caso del cuerpo., pero cuídate.

Entonces pienso en 1968 y Tlatelolco; 1971 y los halcones; 1982 y el desastre económico; 1988 y el fraude electoral; 1994 y el inicio de la barbarie; 2000 y la llegada de la derecha al poder de rodillas ante el imperio; 2012 y el estado fallido; las matanzas, las corruptelas mayores, la persecución de las voces en libertad. Y me pongo, de nuevo, de pie, en la trinchera de mi tablado. Gracias, a todos, por permitírmelo. Cincuenta años ya.

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26 Febrero 2017 04:00:00
Pongamos nombres
Los fox decidieron crear un “círculo rojo” para colocar dentro, en su fantasía hiperbólica, a quienes les cuestionaban por sus chascarrillos, tropezones y excentricidades –en Madrid aún se le recuerda con sus botas de charol en la cena de honor ofrecida por los anteriores reyes; Manuel Bribiesca, el primer marido de Marta Sahagún, me explicaría después que era como consecuencia de los “juanetes” que no dejaban en paz al mandatario-, y por ejercer el poder con acentos radicales sobre todo cuando alguien caía de su gracia. Pese a ello, nunca se atrevió a mencionar por sus nombres a los infernales a quienes deseaba quemar vivos. Aun con su silencio, me precié de ser uno de ellos tras la publicación de “Marta” en 2003 y quizá antes cuando inicié mis señalamientos sobre su parálisis... administrativa y mental.

Años atrás, el descocado carlos Salinas –de quien decía Fernando Gutiérrez Barrios que para poder equilibrarse mentalmente debía ejercer el poder, como le sucede a Andrés Manuel su mayor antagonista-, se dio a la tarea de simular una huelga de hambre en una humilde vivienda de San Bernabé a las afueras de Monterrey. De aquella “epopeya” sólo queda en el recuerdo colectivo la burda chamarra de borrego que mantuvo durante cuatro días; pero no habló de quienes estaban amenazando su honor sino, más bien, lanzó el aserto como reacción a la aprehensión de su ladrón hermano mayor, Raulito, con alma de rufián y corazón cínico para exhibirse con automóviles con costo de dos millones de pesos sin el menor agobio moral, en febrero de 1995. Supusimos que se había establecido una “guerra” entre los Salinas y Ernesto Zedillo, el gran simulador, pero nunca hubo la intención de poner detrás de las rejas a su villano y criminal antecesor. Perdónenme el exceso de calificativos pero amanecí de mal humor.

También calderón se atrevió a pedir las cabezas de quienes se guardaron la designación de “presidente electo” cuando aún no la determinaba el deplorable Tribunal Electoral y luego aseguró que procedería contra cuantos habíamos hablado del lamentable estado del mandatario, alcoholizado todas las tardes tras sus inolvidables “tertulias” en Los Pinos –por la puerta Cuatro llegaban todo tipo de especies humanas dispuestas a entregar honras por poder-, al lado de Genaro García Luna y el secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván Galván, mientras morían miles de soldados en sus enfrentamientos con los mejor pertrechados narcos. Nunca mencionó, por supuesto, quienes éramos los supuestos difamadores, mucho menos ahora cuando, sin remedio, ha sido evidente su condición. Debo expresar que luego de publicar lo concerniente, cuando todos temían hacerlo, sólo unos cuantos colegas me secundaron mientras otros, tan lacayos como Carlos Marín, insistieron en la sobriedad ilusoria del personaje con tal de estirar la mano en busca de minucias.

La verdad histórica, por desgracia, suele construirse sobre innumerables persecuciones contra cuantos se atreven a señalar las desviaciones peores y los “top secrets” en tiempo y no después de que dejan las cómodas sillas del mando. Lo he sentido desde hace muchas décadas: suelen decir que mis comentarios no tienen fundamentos... hasta que los hechos los confirman y nadie duda sobre cuál es o fue la realidad. Entonces, se cae en el ridículo de hacer paralelismos con el histórico Ignacio Ramírez “El Nigromante” quien, con su genio, fue capaz de sugerir hacia donde se movía México cuando parecía incontestable la dictadura. De cualquier manera me honra, aunque se exagera, la comparación.

No se trata de adivinar sino de analizar hechos para proyectar cuanto traman y por qué los principales emisarios de un gobierno, repito, carente de credibilidad y agotado ante la reiterada crispación social. ¡Qué nadie ose minimizar o desdeñar la continuidad de la protesta general porque ésta, sin duda alguna, ha hecho las veces de las viejas catapultas con las que se derribaban los más fuertes muros de los palacetes donde se refugiaban reyes autócratas y señores del medievo tan viles como explotadores!

En la perspectiva mental quienes más mienten y extienden sus intentos manipuladores, son el presidente peña –a quien algunos NO perdonan sus exabruptos aduciendo incultura y torpeza, hasta para confundir adjetivos como el de “acogida” por el mexicanismo “cogida” cuyo significado nadie ignora y menos cuando se conocen los pormenores de la llamada “agenda sexual”-, y su secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda –escribo sus patronímicos con mayúsculas para ver si así gano unos días más dentro del calendario previsto para la represión-, empeñados en hacer creer que el ejército sigue siendo honrado por el pueblo gracias a las cronológicas hazañas de rescate tras el paso de meteoros o sacudidas de terremotos devastadores.

¿No será esta razón, la programada tragedia anual en algún sitio del país, el elemento básico para justificar no sólo las bienaventuranzas de un “ejército para la paz” que no deja de guerrear con los cárteles que le han infiltrado, sino de la misma manera la importancia de mantener en alto la bandera de las reivindicaciones sociales en un México cuya desigualdad social ha llegado a lo más profundo? Quizá por la misma razón se insiste en la “ingratitud” del pueblo de México al grado que los empresarios se permiten el absurdo derecho de declarar que “no permitirán” el acceso a los cuarteles de quienes saben que encontrarán hornos crematorios, aunque se diga que son para incinerar caballos, y algún otro vestigio oculto de los uniformados temerosos de ser descubiertos. Así lo expresó, en representación de la Coparmex, Enrique Solana Sentíes, en clara demostración de la peligrosa alianza entre la oligarquía y los mandos castrenses.

Con apoyo tal, el general Cienfuegos generaliza: “buscan distanciar a las fuerzas armadas del pueblo”, ha dicho. Pero ¿quiénes? Posiblemente se refiera a cuantos no creemos las burdas versiones oficiales sobre la masacre de Tlatlaya, en el Estado de México y muy cerca de donde descansan Enrique Peña y Luis Videgaray, presentada en principio como un operativo para desmantelar una banda de secuestradores... hasta que aparecieron las fotografías de jovencitas y niños pasados por las armas en un caserón sin techo y sin salidas posibles, como si se tratase de una emboscada. Lo que no sabemos es el propósito: ¿Asegurarse así, crímenes de por medio, la fidelidad amedrentada de la población? Posiblemente, aunque pudiera haber más mal de fondo como el dar un escarmiento a quienes se resistían a servir como esclavos a los narcos miserables que se han adueñado de las cavernas y minas de oro, abundantes en la zona, para completar sus botines execrables y expandir sus negocios para no centrarse únicamente en los estupefacientes. ¿Vamos entendiendo el nivel de perversidad absoluta?

La triste degradación de las llamadas fuerzas armadas acaso comenzó, en su última etapa, cuando se supo que los soldados enviados a combatir a los alzados neozapatistas en enero de 1994, temblaban a la hora de empuñar sus fusiles porque no estaban preparados para las acciones de guerra. Fueron combates muy peculiares: los reclutas con armas que no sabían usar ni corazón para hacerlo; y los subversivos con rifles de palo como refirió el “primer comisionado” del gobierno salinista, Manuel Camacho Solís –ya extinto-, quien aseguró no haberle visto el rostro a “Marcos” durante su encierro en la Catedral de San Cristóbal desde donde se tenía línea abierta con la residencia de Los Pinos. Sólo juegos de espejo bajo una permanente erosión de la confianza pública.

Más valdría, de una vez por todas, contar la verdad que ya fluye en no pocas mentes informadas. Porque nadie ha logrado salvarse del ridículo: Ni los soldados, ni los marinos infiltrados por marines estadounidenses, ni los agentes federales ni los mandos de cada una de estas instituciones. El hecho es que Peña degradó a la secretaría de Seguridad Pública, aduciendo que la mejoraría, y los resultados no pueden ser peores. ¿Nos dirán acaso que ello se debe a una estrategia a largo plazo? Ya va siendo hora de arrancar las máscaras porque ya pasaron las carnestolendas.

Nada es más triste para “el pueblo” que constatar la negligencia, la mentira sostenida y la hipocresía de quienes debieran estar a cargo de nuestra seguridad y no la de la pequeña élite gobernante.

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24 Febrero 2017 04:00:00
Intolerancia fascista
En el día de la Bandera, jamás la habíamos observado tan mancillada y vilmente despedazada en las manos de los apátridos, cuya conciencia equivale a la de una cucaracha –como aquellos cubanos a quienes llamó Fidel “gusanos” por aprovechar la ganga estadounidense y enfrentarse, desde lejos, al revolucionario que luego se convertiría en dictador-, que tanta náusea causa cuando se pisotea sin que ningún animalista interceda por ella, ni a favor de los roedores, los bípedos también, que convierten en arcilla los sillones y lo mismo la endeble estructura gubernamental en la era de la mayor corrupción conocida.

Nuestro hermoso lábaro no impide la intromisión grotesca del “pato” Donald Trump –al fin Walt Disney, el genio indiscutible, logró que uno de sus personajes llegara a la Casa Blanca; ni se lo imaginó siquiera en aquella “Patolandia” de mis recuerdos que tanto se parece a la ciudad de Washington actual-. Si fuera por el vencido peña nieto, acorralado, temeroso y con las manos vacías -de dinero, razones y objetivos-, ya Trump se hubiese sentado, sólo por capricho como lo hizo mi general Francisco Villa -él sí tenía derecho a la fotografía no a la permanencia en ella-, en la célebre silla del águila, que se talla cada seis años por cierto al gusto del mandatario en turno, cuyo emblema parece haber cambiado: La serpiente rastrera se ha devorado las alas de la majestuosa ave que se posó en el nopal.

La obsesión ciega de Trump no ve más allá de los lindes de la ahora dorada Oficina Oval, restaurada con cortinas y mobiliarios de este color, como marco a los fuertes tirones de manos que suele dar a sus visitantes –a Peña lo tira, seguro-, para mostrarles el peso de su pretendida superioridad. Sólo un digno mandatario, Justin Trudeau –hijo de Pierre, de gratos recuerdos-, primer ministro canadiense, impidió la afrenta rutinaria deteniendo el brazo del magnate neoyorquino colocando su mano en su hombro para frenarlo; es obvio que el vulnerable Enrique no alcanzará siquiera la altura.

El hombre de los cabellos pintados de naranja, afición que le pinta de cuerpo entero, no acepta ninguno de los hechos, verificados y ciertos –el hackeo de los rusos y las grietas en su gabinete, además de las confrontaciones nada diplomáticas con jefes de Estado, específicamente el de México y el primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, amén de sus absurdas políticas de migración que ya tuvieron efecto con el primer paro de trabajadores latinos el pasado jueves 16-, y culpa de todo ello a los medios de información a quienes acusa de un “alto nivel de deshonestidad” y, señalando a quienes integran la fuente de la Casa Banca, quienes por lo general mantienen una interrelación con el jefe de la misma bastante cordial, les llamó deshonestos porque, seguramente, señalarían al día siguiente –cual si fuese un dios capaz de otear hacia el futuro-, que “despotricaba y deliraba” contra la prensa.

Si ya treinta y cinco profesionales de la siquiatría se han tomado en serio el análisis de la personalidad del mandatario impresentable –ni me imaginó cómo lo recibirán cuando se atreva a salir de su cuadrado blindado de la avenida Pensilvania-, es obvio que ya dio un primer paso: Aceptar que sus respuestas y discursos serán objetos de descalificaciones tremendas, en la misma medida de su alto ego y su mayor prepotencia que pretende ser energía emanada de un “todopoderoso” como en la novela de Irvin Wallace, un texto imperdible y necesario de leer o releer hoy en día.

El caso es que la intolerancia, en todos los momentos de la historia, ha marcado el derrotero del fascismo, sobre todo cuando es elemento insustituible en quien desea mandar para dar solidez a su narcicismo descocado; si a ello se aúna la tarea de los cómplices, deseosos de aprovechar este elemento en provecho propio –esto es exaltando el delirio a cambio de recibir palmadas en la espalda con cestas de oro-, entenderemos el terrible drama en el que estamos metidos pese a la rispidez con la cual las relaciones bilaterales entre los gobiernos de México y los Estados Unidos son parte del escenario oscurecido como si se hubiera apagado el teatro por una conjura insólita.

En entorno así, el icono de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, quien tampoco se caracteriza por resistirse a las críticas y las embiste con bravura propia de un cinqueño en el redondel, decidió hacer un periplo por los Estados Unidos, acogido con cierta prudencia por diversos grupos defensores de inmigrantes y escasos auditorios si los medimos a los que él acostumbra en México. Lo hizo, además, para fijar su postura agria ante las políticas absurdas de Trump -con bastante razón en ocasiones-, y sin la menor voluntad de tender alguna vía, un puente, para convencer al enloquecido titán del norte que ya habló de mandarnos tropas.

No sé si Trump esté pensando en una operación similar a la realizada contra Manuel “el cara de piña” Noriega Moreno, hombre fuerte de su país entre 1983 y 1989, hasta que el 19 de diciembre del último año de su poder, los elementos de fuerza de Estados Unidos –desde la DEA hasta los marines, ya infiltrados entre la soldadesca regional-, abdujeron, no hay otra palabra, al señor Noriega quien se había refugiado, nada menos, que en la Nunciatura Apostólica en donde el Nuncio dobló las rodillas ante el presidente George Bush padre. El poder de Dios se vio acorralado por el del demonio terrenal. El hombre fue llevado después a Francia, donde permaneció algunos años y extraditado a su país en 2011, donde permanece en prisión domiciliaria; el 15 de febrero pasado fue sometido a una operación cerebro-vascular que le impedirá, seguramente, hacer frente a diversos cargos por homicidio.

Con esta historia, no puedo negarlo, me preguntó si no sería conveniente algo similar a ello en nuestro país; una relampagueante “operación mariachi” que substrajera a Peña Nieto por la secuela de bárbaros delitos que le anteceden y sus presuntos nexos inconfesables –a la par con los imputados a Noriega-, también. Bueno, yo no soportaría observar a los pájaros de acero, como el que liquidó al H2 en Tepic, apenas hace unas semanas, causando horror por su poder de fuego. Me daría una rabia incontenible que así fuera, aun tratándose del repudiado, porque la soberanía de nuestra patria, lo que nos han dejado de ella, es y será siempre primero.

Lo grave, más aun de las pesadillas que me quitan el sueño –y a muchos de quienes están conscientes de la realidad también-, es la perspectiva de futuro. Si conocemos la capacidad de los hackers para modificar las tendencias electorales hasta en el sistema estadounidense que tiene tantos candados, ¿qué podemos esperar de las próximas elecciones cuando ninguno de los actores –o actrices- han dado cauce a una iniciativa para cambiar las reglas del juego, ni siquiera quien ha sido aplastado por ellas dos veces?

México ni lo merece; y no son pocos los mexicanos listos a acelerar sus pasos para cambiar a un sistema que se derrumba sin remedio.

Debate

La única vez, en toda mi vida como escritor, que le obsequié un libro a un presidente fue a Felipe Calderón; fue, nada menos, “Confesiones y Penitencias” –Océano, un doble trabajo editado por Océano, antes de la llegada del represor infame, Rogelio Villarreal Guerra, traidor y perro sumiso del capital español, en 2007-, donde desmenuzaba el fraude descarado que le permitió llegar a Los Pinos al mandatario enano.

Fue grande mi sorpresa cuando, al terminar el año, el infeliz demagogo colocó este “regalo” entre los recibidos por los lisonjeros que habían llegado hasta la residencia oficial de hinojos. No era mi caso; el mío era una bofetada a un ejecutivo quien empezaba el trayecto de su propia ilegitimidad política y moral para dejar a la nación imbuida en una “guerra” sin sustento que tanto favoreció a los Estados Unidos –la CIA, la DEA, el FBI Y la NSA administran la entrada de los estupefacientes al norte-, y derramó cien mil cadáveres sobre nuestro suelo. ¡Hipócrita!

Pues bien, jamás hubiera creído que me enviara un libro, y hasta dedicado “respetuosamente”, del hermano incómodo, Raúl Salinas de Gortari, en donde habla del poder ciudadano aplastado, otra vez, durante la gestión de su diabólico hermano. Y tal ocurre cuando hace un poco más de un año, tuve el gusto de incordiarlo y sacarlo de la Plaza México con el apoyo de no pocos ciudadanos quienes nos sentimos afrentados con la presencia del criminal ahora libre y con sus bienes non santos de regreso.

Ya no veo a un México con sed y hambre de justicia, como rezó Luis Donaldo Colosio al pie del Monumento a la Revolución diecisiete días antes de su sacrificio, sino a un México al revés.

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23 Febrero 2017 04:00:00
De grandes mafias
El desmantelamiento de PEMEX, como estrategia para abaratar a la empresa y sus productos –no sólo por cuestiones de mercadeo internacional ni como consecuencia de los permanentes esquiroles árabes ni bajo los efectos de las presiones recurrentes de la expansión china-, comenzó desde que, en el sexenio del simulador Ernesto Zedillo, Luis Téllez Kuenzler, en esos tiempos secretario de Energía como después lo fue Felipe Calderón, trazó una estrategia para que, poco a poco, pudiera privatizarse a la paraestatal que mayores ingresos producía para el gobierno federal.

Todo lo demás es consecuencia si observamos, además, la permanente presencia de la familia Salinas de Gortari en cada uno de los pasos dados para lograr el objetivo: tratar a Pemex y a nuestro petróleo como gangas para los extranjeros a cambio de recibir participaciones, comisiones o “mordidas” de muy elevado rango financiero. No es extraño, en estos términos, que el concuño del ex presidente Salinas, José Antonio González Anaya –casi un clon que revela que las hermanitas Ana Paula y Gabriela Gerard Rivero tienen los mismos malos gustos-, sea el director de PEMEX luego de la deplorable actuación de Emilio Lozoya Austin, hijo de Emilio Lozoya Thalman uno de los integrantes del trío infernal completado por el propio salinas y Manuel Camacho Solís en las universidades anglosajonas en donde conocieron al siniestro sujeto Joseph-Marie Córdova Montoya eje de las conjuras que condujeron a la barbarie política de 1994.

Por cierto, González Anaya, se perfila como el próximo secretario de Hacienda para sustituir, en octubre a José Antonio Meade Kuribreña quien reemplazaría a Agustín Carstens. Todo se explica bajo el mismo hilo conductor. Ahora mismo, por ejemplo, los salinas están activos en Baja California Sur –donde también han fincado los fox de manera alevosa explotando a sus esclavos tarahumaras como antes lo hicieron los caciques yucatecos con la etnia de los mayos de Sonora y Sinaloa, lo mismo que con los yaquis-, en su condición de cabilderos y socios de la empresa Black Creek Group dispuesta a construir una amplia zona hotelera y comercian en Punta Lobos favoreciendo así los intereses personales de Jerónimo Marcos Gerard Rivero, hermano de la mujer de Carlos Salinas de Gortari, y presidente de dos de las empresas filiales del mencionado consorcio. Las familias de los ex mandatarios mexicanos, de todos ellos, se han dedicado al lucrativo negocio de vender a nuestro país: “Mexico for Sale”.

Eso, por supuesto, no es todo. Aparte del futuro promisorio de los hermanos (as) Gerard Rivero, cuya perspectiva de futuro depende del golpeador Salinas –basta decir cómo dejaba a su primera mujer, Cecilia Ocelli González, cada que ésta descubría algunas de sus frecuentes infidelidades, como sucedió al nacer el hijito de la muy bella Adela Noriega, tan calladita ante el público-, debemos sumar los intereses de otro personaje siniestro –ya citado hace nos días con motivo de su actividad como especulador de las remesas internacionales de nuestros paisanos en el exterior, convirtiendo su tienda de raya, Elektra, en parte del único banco promovido por la derecha política desde la asunción de los Fox, el Azteca claro-, Ricardo Salinas Pliego, además accionista principal de TV Azteca.

No olvidemos, es necesario reiterarlo, como este personaje, Salinas Pliego, en apariencia intocable como acaparador de plata, logró ganar la amañada subasta por la cadena de televisión gracias al generoso préstamo por 40 millones de dólares, jamás justificad ni mucho menos explicado, por parte de otro salinas: raúl, el hermano incómodo sin parentesco con el mediático Ricardo. Poco después de ello, Raúl Salinas de Gortari fue aprehendido y duró preso una década si bien su liberación tuvo el tufo del contubernio con el régimen peñista.

Pues bien, Ricardo Salinas Pliego, oriundo de Monterrey, aprovecha la situación de desorden que priva en Baja California Sur para hincarle el diente a la Minera que se desarrolla allí –obviamente de plata-, usando a los trabajadores esclavos de Chihuahua y sin detenerse en el grave deterioro ambiental que ocasionan a uno de los mayores paraísos naturales del mundo junto a la Riviera Maya por ahora devastada por la ambición canallesca de Roberto Borge Angulo y de su padre Roberto Angulo Marín, quienes compiten por el cacicazgo de su entidad con Pedro Joaquín Coldwell y su medio hermano Carlos Joaquín González, quien ya anunció su intención de contender por la gubernatura-filón de su entidad fuera del PRI como ya lo hizo su hermana Addy luego de desempeñarse como presidenta del DIF. Todo queda en familia hasta la ignominia.

No nos desviemos. Desde hace años, Salinas Pliego tiene como ambición principal acaparar plata con el propósito de insistir, además, que las reservas monetarias de México –que descienden a un ritmo de 400 millones de dólares cada día para simular que con ello se frena al agio mundial y la oleada devaluatoria-, se fijen en metal, en plata claro, como mejor garantía para el futuro. Olvida, por supuesto, que calderón pretendió hacer lo propio con el oro, comprando 4 mil millones de dólares en lingotes guarecidos en Fort Knox, Kentucky –la región de la receta del célebre coronel Sanders, sin relación con el precandidato demócrata-, sin que ni un solo mexicano, ni el presidente de la República, tengan acceso a la enorme bóveda. Es una inversión invisible, fantasmal, acaso inexistente. Cuando los grandes roban se alega que es globalización.

Con tales antecedentes, Salinas Pliego está en Baja California Sur aprovechando la ausencia de gobierno estatal, en manos del falso panista Carlos Mendoza Davis, quien debe estar saboreando las comisiones generadas por las ambiciones de los salinas, los Gerard Rivero y los dueños de TV Azteca, tan generosos para transmitir hasta la última gota del vaso papal durante su periplo de seis días por la República. Lo mismo que Televisa, claro, aunque los Azcárraga más bien invierten en los manglares de Quintana Roo en donde han fincado hoteles y hasta parques temáticos. Sendas penínsulas mexicanas como satélites de las grandes cadenas de televisión. ¿Tales son los pagos de facturas políticas pendientes?

Mientras peña nieto no reaccione ante este interrogante deberemos asumir su responsabilidad y/o su complicidad con el salinismo; por cierto, el ex presidente salinas dejó entrever que si influencia es notable en la administración federal actual si bien esquivó hacerlo de manera franca, directa, con su gesto de gnomo de Dublín, entre burlón y sarcástico, para creer que así actúa como político de altura y aconseja a peña sobre las determinaciones macro. ¡Falacias y habladurías del mayor rango! Y todo bajo la sombra ignominiosa de la impunidad.

Insistimos: jamás se habían alcanzado cuotas tan altas de corrupción en México. Es la verdad aunque el singular y peinadito –engomado siempre como su fuera un adolescente en busca de carnada corporal-, Virgilio Andrade Martínez –a quien tuve el gusto de encarar y gritarle a la cara, ¡corrupto!, al momento de que pasó a mi lado ,, hace un año, antes del ceremonial papal en la inigualable Basílica de Guadalupe, obra del arquitecto universal Pedro Ramírez Vázquez, fallecido en 2013-, no moviera un dedo para indagar al respecto desde su condición de “secretario” de la Función Pública por una sencilla razón: es cómplice también. Y lo mismo puede decirse de quien lo substituyó en octubre de 016, la ex procuradora Arely Gómez González Blanco.

De todo ello deriva el escandaloso recorte de 132 mil millones de pesos fraguado por Luis Videgaray Caso –en sus días como secretario de Hacienda?-, y el aún gobernador del Banco de México, robusto Agustín Carstens Carstens, cortado a la medida del doctor Pedro Aspe Armella –para quien la miseria en nuestro país, cada día mayor, es nada más “un mito genial” con la fraseología de la oligarquía de los economistas-, secretario de Hacienda durante el trayecto presidencial íntegro de Carlos Salinas. ¿Vamos entendiendo quién es el hilo conductor de la historia negra de Baja California Sur, igualmente agraviada por Luis Echeverría luego de convertirse en el principal promotor de Cancún hasta expandirse a la maravilla de Los Cabos? ¡Basta ya de infamias contra los mexicanos! ¡No más rebatiñas de lo que es nuestro por parte de la moderna aristocracia mexicana a la cual sólo le faltan los títulos nobiliarios!

Esta es sólo una de las historias, pero muy indignante. Hasta la fecha no se explica el éxodo de los tarahumaras ni el acaparamiento de plata ni el despojo de territorios. Todo queda dentro de la misma familia, la de los ex mandatarios coludidos, sean del PRI o del PAN o del PRD, con un rehén común: el pueblo de México.

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22 Febrero 2017 04:00:00
Bipartidismo de derechas
¿Cómo se llega al nivel de precandidato presidencial? ¿A golpes de reflectores y micrófonos que difunden declaraciones sin sustento y absolutamente irreales? Tal es la fórmula encontrada por la derecha para intentar desterrar a la izquierda –que aglutinó el 34 por ciento de los votos emitidos hace poco más de dos años y medio-, aprovechando el revoltijo que impera en un PRD desvencijado, las dudas del Movimiento Ciudadano y el Partido del Trabajo, y la urgencia de cooptar figuras políticas, aunque sean deleznables como el cobarde represor Manuel Bartlett, por parte de la MORENA de Andrés Manuel.

Pero, ¿acaso no cabe que el desfondo del instituto que abanderó a la mayor parte de los socialistas y comunistas mexicanos, el PRD –que surgió cuando el PSUM le cedió el registro en un acto de emocionante lealtad del ingeniero Heberto Castillo, excepcional luchador social-, sólo sirva para construir un puente hacia otra opción política sin perder la perspectiva? Por ejemplo, en el Distrito Federal es posible que MORENA desplace al PRD de algunas delegaciones, salvo las muy arraigadas en materia de intereses oscuros, al tiempo que otras opciones, posiblemente el PAN y en algún caso el PRI aprovechen la confusión y la consiguiente pulverización de las izquierdas, en plural como suele subrayar el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano al reconocer las diferencias y deformaciones de los diversos grupos confluyentes.

Tal, desde luego, NO significa de modo alguno, como insinuó el despistado ex presidente panista, Gustavo Madero Muñoz –quien le queda muy pequeño a su apellido-, para apostar por el tan ansiado bipartidismo, a la manera de la seudo democracia estadounidense en donde el clandestinaje de los señalados como “comunistas” exhibe las limitaciones políticas del mayor imperio capitalista. Más allá del Río Bravo, sin duda, los desencuentros retóricos entre “republicanos” y “demócratas” suelen ser un pulso permanente, acaso un contrapeso, con miras a dominar los escenarios de la Casa Blanca y el Capitolio más allá de intereses, controversias y emergencias planteadas. Por eso, claro, la pretendida ley migratoria de Obama fue detenida por la mayoría opositora sólo para estorbar las medidas humanitarias básicas. Y ahora, Trump. No importan los costos si las intenciones se enredan por minucias. Así piensan en Washington.

No olvidemos que, por antigua tradición, los mandatarios norteamericanos de origen republicano se acomodan más cerca del priísmo y los demócratas simpatizan con descaro con los panistas. Barack Obama, por ejemplo, se entendió mejor con calderón que como lo hace con peña nieto quien, en principio, se resistió a avalar la ilegal intromisión de los marines estadounidenses entre los marinos mexicanos y con ellos pudo realizar operativos, a muchos kilómetros de las costas y el mar, para publicitar las capturas de algunos capos en apariencia relevantes... cuando ya habían perdido poder o, de plano, tras las traiciones de sus propias células y sus respectivas negociaciones. Tal fue evidente con la ejecución, en Cuernavaca, de Arturo Leyva Beltrán, el 19 de diciembre de 2009.

Y luego se siguieron hasta Zapopan en donde dieron muerte, en apariencia, a Nacho Coronel Villarreal, uno de quienes comenzaban a separarse del cártel de Sinaloa, el 29 de julio de 2010. Hay versiones que insisten en la posibilidad de una simulación considerando que el ADN del cadáver presentado nunca coincidió con el resguardado en el Banco de tejidos y sangre en el búnker de la ahora Comisión Nacional de Seguridad bajo los valores de la antigua Dirección Federal de Seguridad. A más de dos años de la asunción peñista la jefatura sobre el organismo policiaco del gobierno central, éste no ha sido debidamente corregido en el organigrama general de la administración; y la propuesta Gendarmería Nacional, con acciones dispersas, no ha servido para maldita la cosa. ¿Es ésta la forma cómo se cumplen las “promesas” y “decisiones presidenciales” de Peña? Uno más de los grandes fracasos del régimen.

Ante esta realidad, ¿acaso no sería terrible reducir las opciones políticas reales? Fíjense que hablo de las fuerzas auténticas no de aquellas convertidas en negocios familiares o evidenciadas como prolongación de las sectas religiosas estadounidenses que lograron cubrir los requisitos electorales a la sombra, sin asambleas conocidas –quizá se realizaron en algunos templos caracterizados por su capacidad de cooptación-, y con prerrogativas mayores a las obtenidas por la MORENA de López Obrador quien pasó apuros para integrar los expedientes para acceder al reconocimiento del INE al que ahora, en una contradicción flagrante, desprecia.

Es el cuento de nunca acabar: si no le merecen confianza las instituciones electorales, ¿nos está anunciando la continuidad de la cultura del fraude? De ser así ya no necesita un partido político que quede atrapada en la maraña construida por empresarios-ejército-marina-presidencia sino, más bien, un destacamento con reclutas y autodefensas dispuestos a ser apoyados por los subversivos de Guerrero y Chiapas en donde tantos meses ha pasado. ¿No lo habían notado?

En realidad, de quedarse el PRI y el PAN alternándose como “republicanos” y “demócratas” en la Casa Blanca y el Congreso norteamericano, no se haría sino reducir la conducción de México a una sola línea. Ya lo hemos medido con la sorprendente reacción del empresariado, que no se ha deslindado de una sola línea de su discurso, al definir su privilegiado sitio ante los mandos militares y el almirantazgo proponiendo “que no permitirá” la apertura de cuarteles como si en ellos se escondiera y resguardara el tesoro de la nación y no sólo los vestigios de los hornos crematorios supuestamente destinados a incinerar caballos viejos. Debieran asomarse por allí, digo, los estimulados animalistas a quienes no les gusta el circo pero se deleitan colgando cabezas de bisontes y colmillos de elefantes en su salas de estar.

Esta alianza entre la oligarquía y los mandos castrenses es, sin duda, y lo repito para no dejar dudas, el primer síntoma de una hipotética dictadura militar apoyada por el gran capital y ante la evidencia de los vacíos de poder regados por todos los niveles del gobierno como efecto de la enfermedad de Peña Nieto y la torpeza de un gabinete tan siniestro como inútil.

Tomemos el reciente caso sobre el crimen contra el mexicano Antonio Zambrano Montes, el 10 de febrero de 2015, en Pasco, estado de Washington: las filmaciones no dejan lugar a dudas sobre el acribillamiento prepotente de tres policías estadounidenses pese a que el perseguido estaba sin armas y rendido, con las manos en alto. Lo mataron, sí, porque era mexicano y no compatriota suyo; habrían procedido igual si se hubiese tratado de un hombre de otra raza aun cuando el entonces presidente Obama lo sea también pese a su alma de blanco listo a proceder como tal ante los grandes intereses corporativos que incluyen a la Casa Blanca.

No me atrevo ni a pensar cómo habrían reaccionado los odiosos vecinos del norte si el caso hubiera sido al revés. ¿En cuántas horas los tanques y misiles habrían llegado y rodeado al Palacio Nacional en caso de una respuesta no satisfactoria de nuestro gobierno? Ya lo han fraguado, en 1985 tras el crimen oscuro del agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena Salazar y su piloto mexicano, Alfredo Zavala –casi siempre olvidado-, y en febrero de 2011, cuando acribillaron a un agente fronterizo norteamericano e hirieron a otro más... ¡en el libramiento de San Luis Potosí!, esto es a cientos de kilómetros de la frontera! En sendos casos la motivación por acelerar la declaración de “estado fallido” a México fue prudentemente atemperada por las fuentes diplomáticas aunque quedara el rastro como un indicativo para proceder, en su momento, y brindarle extraterritorialidad a la justicia de la Unión Americana; total, pueden inspirarse en los husmeos ilegítimos del ex juez español Baltasar Garzón, destituido por haber pretendido aplicar la ley de la memoria histórica sobre el franquismo en su país: esto es, fue aplaudido por sus injerencias en el exterior y denostado por sus indagatorias en su propio suelo. ¡La justicia en todo su esplendor!

¿Quieren ustedes sólo a la derecha simulando un bipartidismo?

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21 Febrero 2017 04:00:00
Mirando al futuro
Viendo hacia el futuro puede creerse que México tiene ante sí dos caminos: La dependencia total bajo el flagelo de las rectorías de Norteamérica y el perverso Trump; o un cambio sustantivo del “sistema” con la fuerza de una juventud que no tolera la partidocracia, aborrece la corrupción y quieren el rescate de su patria. Así lo percibo cada que dialogo con los universitarios y me dan alientos. Les digo lo amargo de saber sobre la imposibilidad de ver una transformación real del país a corto plazo y más si nos gobiernan los continuistas a quienes sólo asustan los reclamos de la Casa Blanca y los posibles escándalos por sus riquezas mal habidas; pero los temporales pasan y los sinvergüenzas mantienen dominio, territorial y mental, sobre millones de mexicanos agazapados. Y esto me revienta por dentro.

A los jóvenes comento que mi generación y varias de cuantas vienen detrás han fracasado rotundamente; quizá el parteaguas de 1968 nos condujo a la derrota interior y al ostracismo que pende de la impotencia. Creo, sinceramente, en la postración de muchos de quienes fueron protagonistas de aquellos hechos, fueron encarcelados y saben la verdad sobre los crematorios militares ahora ocultos bajo las siete llaves de las mentiras castrenses. No pudieron, de verdad, continuar el camino y ahora, como este columnista, nos agobia el presente por el cual jamás apostamos. ¿Cayó la hegemonía del PRI? ¿Y para qué? De cualquier manera retornaron las mismas mafias luego de doce años de tremenda simulación con una derecha sin capacidad para gobernar y muy propensa a las amoralidades y a los desvaríos, egocéntricos y alcohólicos. Punto cero.

Me temo que ser optimista, en estos tiempos y como tanto hemos repetido, es caer en la demagogia más recalcitrante, la misma que se da cuando se considera ofensivo cuestionar al presidente porque –se alega- con ello se falta al respeto a la sagrada institución, esto es como si la suprema voluntad fuese la cúspide del poder contrariando la tesis democrática del gobierno de todos y para todos; por ello, claro, se confunden los términos mandatario –quien obedece- y mandante –aquel que ordena-, siendo la figura del segundo la acreditación toral de la soberanía popular.

En España, por ejemplo, se insiste en la supremacía de una monarquía sin más sustento que las ceremonias denominadas de representación; aun así, los Borbones –con sangre mexicana más bien como explicamos en “El Alma También Enferma”-, cobran al año bastante menos que los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de México, el presidente de la República, el de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y, por supuesto, el diligente consejero presidente del Instituto Nacional Electoral. A Felipe VI le entregarán este año estipendios por 234 mil 204 euros –tres millones 900 mil pesos en promedio, variables de acuerdo al tipo de cambio- mientras el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, en México, se lleva más de siete millones de pesos en el mismo plazo aun cuando alegue que trabaja bastante más que la testa coronada. Allá, siquiera, el monarca se redujo el sueldo en más de cincuenta mil euros y aquí hasta el alcalde de la población más depauperada se fija honorarios muy por encima de la realidad.

Cuando menos, es interesante constatar que a los universitarios –salvo los herederos de grandes fortunas que pululan por los centros privados de educación o son enviados con los “muy ricos” a Harvard e instituciones similares en Estados Unidos e Inglaterra; ahora Madrid está de moda con todo y sus protestas callejeras que amenazan seriamente la estabilidad general-, no están educándose por alcanzar grandes estatus financieros ni mucho menos. Buscan otra cosa, de verdad: un país con menos desigualdades sociales porque entienden que sólo así será posible abatir los espectros de la violencia, la corrupción y el ostracismo.

Y lo anterior es lo que establece la diferencia con el presente en el cual, por desgracia, la pérdida sustantiva de los valores esenciales produce una parvada de políticos cuyos intereses están puesto en asegurar patrimonios, inmuebles sobre todo, para ellos y su larga descendencia hasta por tres generaciones lo menos. Son éstos quienes integran, como lo hemos comentado, la moderna aristocracia mexicana cada vez más inclinada por el nepotismo que fue terriblemente sancionado en la década de los ochenta cuando José López Portillo habló de su “orgullo”, José Ramón, su primogénito, tratando de colocarle muy cerca de quien ya sabía sería su sucesor; y lo mismo respecto a su amante de lujo, Rosa Luz Alegría, primera secretaria de Estado –lo fue de Turismo un feudo que, desde entonces, dominan las mujeres acaso por cuanto les gusta pasear; me refiero a cuantas tienen vida pública, lo especifico para evitar los duros calificativos tales como misógino-, quien ha optado por encerrarse, resguardándose de las cámaras, para ser recordada en su esplendor. Espejos de vanidades.

No es casualidad que los destinos de los hijos de los mandatarios, de distintas filiaciones partidistas, se entremezclen entre sí cual si se tratase de un reacomodo de la corte monárquica con sello de simulación clandestina. Poco faltó, por señalar un caso, para que fueran pareja Ernesto Zedillo Velasco y Ana Cristina Fox de la Concha, hija adoptiva de Vicente y su primera mujer, Lilián, una mujer que cayó en desgracia atrapada por las secuelas del poder absoluto. Dos familias, una priísta y otra panista, vinculadas por el supremo cobijo de la impunidad; y lo mismo podría decirse cuando el hijo de Raúl Salinas, a quien los jueces tramposos le hicieron “justicia” olvidándose de sus afrentas a los mexicanos, y la hija de Paulina Castañón, esposa del segundo que había sido mujer de Alfredo Díaz Ordaz, hijo de Gustavo, quienes vivieron bajo el mismo techo cuando sus respectivos progenitores visitaban las crujías. Dos descendencias derivadas de sendas “primeras familias” aunque carecieran de títulos nobiliarios específicos.

Contra esta aristocracia debe lucharse. Es inadmisible que el hijo de Marta Sahagún, quien fue la directora del proyecto desconocido de su marido, el señor Fox, ostente una candidatura por el PANAL de elba esther, el alma chocarrera de Tepepan, apoyado por los verdes destructores de los circos -¡vaya aportación civilizada en contra de quienes alguna vez soñamos con llevar a nuestros nietos a esas carpas mágicas!-, y ¡el PRI! Con ello, claro, se cierra la línea de la traición en el cual los señores fox cayeron por propia voluntad luego de dejarnos a los periodistas disidentes en su “círculo rojo”.

Y por allí surgió y fracasó la candidatura del nefasto Zeferino Torreblanca, identificado con el PRD durante su gestión deficitaria como gobernador, a la alcaldía de Acapulco... apoyado ¡por el PAN! Una proeza digna de una antología de lo absurdo, que se agrega a las otras citadas ya en esta columna. Cero ideologías, cien ambiciones. El descaro no tiene igual salvo por las inclinaciones de los jerarcas de todos los partidos por impulsar a sus hijitos, Juniors de cepa, para que transiten con comodidad entre las tremendas maledicencias de los críticos a quienes, claro, desearían desaparecer como los tantos periodistas perseguidos, torturados y muertos a quienes, además, ni siquiera se les reconoce su profesión con tal de no ampliar indagatorias en la PGR. ¡Estamos en la mira y allí seguiremos mientras algunos mercenarios le hacen el juego a la satrapía sin detenerse a pensar cuanta sangre se ha derramado sobre sus manos!

Desde luego, las dirigencias partidistas niegan culpa alguna en sus discípulos. El decepcionante Carlos Navarrete Ruiz, a la cabeza del desfondado PRD, ha llegado a decir, sobre el rastro terrible de Ayotzinapa y no pocas alcaldías de Guerrero y Michoacán contaminadas por elementos amafiados pertenecientes a este instituto, que ¡están libres de polvo y paja! Además, por tanto, aduce no tener temor a indagatoria alguna sobre los políticos corruptos. De hecho, parece integrado ya a la aristocracia, antónimo de la democracia postulada por la antigua izquierda, como premio a su deleznable actuación cuya desembocadura puede ser el desastre, sobre todo en el Distrito Federal en donde el PAN y el PRI esperan beneficiarse de la ruptura frontal entre el PRD y la MORENA de Andrés Manuel, tan codiciada por personajes tan limpios como Manuel Bartlett, Pablo Salazar y otros chapuceros de órdago.

En fin, es esta aristocracia la que repelen los jóvenes universitarios en su mayoría, esto es quienes no son herederos de los acomodados ni visualizan el futuro como un paraíso para quienes acaparen fortunas. Les he visto a los ojos y percibo indignación y fuerza. Quizá no los vea realizar sus propósitos pero estoy cierto que, en unos años más, México recobrará el camino gracias a ellos. Lo que no pudimos hacer nosotros. Muero de pena.

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17 Febrero 2017 04:00:00
El muro y el dinero
El déficit financiero de Estados Unidos con México, pese a cuanto pueda creerse, es de 65 mil millones de dólares. Tal es la razón principal por la que el impresentable sujeto del cabello naranja decidió romper con el Tratado Trans-Pacífico y, de paso, con el de Libre Comercio de América del Norte. Así, borrarlos en un santiamén creyendo defender con ello a los estadounidenses y a su país, colocado por él, semánticamente, como el pilar más alto de la pirámide del poder universal. Una falacia tan grande como la noción de que América son sólo los Estados Unidos y que su mandatario es “el líder del mundo libre”. Puras parodias con sabor al payaso Ronald MacDonalds.

Ya hemos comentado que, por ejemplo, el gobierno estadounidense contempla un déficit de 180 mil millones de dólares -esto es tres veces la diferencia con México-, con el estado japonés y ello no es consecuencia de las supuestas fallas del NAFTA -así le dicen al TLCAN por allá-, sino de una estrategia para evitar rupturas con los acreedores, al mismo tiempo atrapados por la economía del gobierno de la Unión Americana que, al mismo tiempo, desde hace años agota las reservas petroleras de los demás y cuida las suyas hasta el exceso para reventar al mundo cuando las primeras se agoten. Ya se sabe... y les seguimos vendiendo, casi a precios de regalo, la mezcla mexicana de crudo a un nivel de 45 dólares por barril.

Lo anterior es un preámbulo para hacer números. De acuerdo a un reporte oficial que pasó por el Senado y se filtró a la agencia de noticias alemana Reuters, el muro de la ignominia tendrá un costo de 21 mil 600 millones de dólares –la cuarta parte de lo que debíamos al exterior en 1982 según informó en entonces presidente José López Portillo-, que podrían recortarse del déficit financiero que ya se tiene sin necesidad de encajes bancarios, sobretasas a las remesas o castigo a los ahorros de los ricos mexicanos en la nación más intervencionista de todos los tiempos. Sí, no tenemos controladas todas las salidas; más bien ninguna.

La ridícula propuesta de los senadores de la República –me dicen que debería escribirse cenadores por lo glotones y descarados-, de fincar una tasa impositiva del ¡dos por ciento! a las empresas estadounidense en México, tras la lectura de las cifras anteriores, es sólo una panacea, una especie de mosca que revolotea sobre el dulce pastel de la imposición por parte de los vecinitos que el mundo nos marcó de manera inmisericorde. Si los españolitos borbones se quejan por la cercanía de Francia y sus desdenes -bajan la cabeza ante ellos y la alzan cuando dialogan con los representantes de Latinoamérica a quienes siguen viendo como virreyes, escandalosamente-, imagínense cuanto más sufrimos los mexicanos, por fortuna independizados hace más de doscientos años de la Corona infecta pero, por desgracia, nuevamente dependiente de las potencias de cada época que nos arrastraron sin remedio: Los ingleses con el petróleo y los canadienses, sus hijos, con la minería, entre otras industrias de gran calado como la de las comunicaciones y la moda en donde los hispanos siguen portándose como colonos de un “nuevo mundo” a sus pies.

Una amiga madrileña, en 2012, me preguntó, al respecto, si tendría oportunidades de trabajo en nuestro país “por si la cosa, por acá -es decir en la capital hispánica-, se sigue poniendo fea”. Irónicamente ya había sopesado lo difícil que es ganarse un euro cuando no se tiene el documento de identidad como español en esas tierras. Por ello, miles de emigrantes hacen colas inmensas para adjudicarse una nacionalidad que ni entienden y acaso no quieren pero muestran la falsa generosidad de los empresarios españoles. La verdad es que así ocultan la antigua esclavitud a la que son tan adeptos. En cambio, para un mexicano que no sea servidor doméstico el paso a dar es casi imposible, a menos que deje millonadas en las arcas de la tesorería.

En fin, le respondí a la mujer aquella:

-Con tu “seseo” basta para que se te abran las puertas. Por desgracia, en mi país la xenofobia se aplica al revés: Se atrae a los extranjeros y se les consiente mientras se desprecia a los oriundos a quienes se sigue viendo como inferiores cuando no lo son, en cuanto a profesionalismo, en el mayor número de casos.

-¿Y eso por qué es así?

-Acaso porque quedaron los rescoldos de la supuesta conquista y los traumas por más de tres siglos de dominación a la que ustedes llaman colonia.

--¿Pero sí los conquistamos?

--A México, no. A los pueblos de Mesoamérica se les venció a punta de traiciones y emboscadas viles, a la mala, con armas que no se conocían por nuestro suelo, los caballos por ejemplo. México surgió cuando la opresión fue enfrentada y salieron, con las colas entre las piernas, los pretendidos “españoles peninsulares” que despreciaban hasta a sus hijos criollos. Esto es historia, nada más.

Nunca supe si la señora en cuestión, esposa de un economista republicano por cierto, se animó a realizar el viaje o fue advertida de que la violencia en nuestro país era asfixiante y peligrosa para cuantos llegaban desde el extranjero, sobre todo tras algunos solados casos de violaciones cometidos en las costas de Guerrero por damiselas que, por desgracia, vienen en busca de sexo y se infaman cuando lo tienen; no es así siempre, pero es demasiado frecuente. Una especie de chantaje con el refugio de los tribunales de allá que no debieran tener jurisdicción en nuestro México, pero así es por falta de energía de nuestros jueces, desidia o venalidad.

Con tales artimañas, estamos en franca desventaja ante las amenazas sobre envío de tropas –cuando ya las hay en la Armada bien camufladas con todo y pasamontañas al estilo de los guerrilleros pacifistas de Chiapas-, las presiones económicas, la demanda de empleos para los deportados que requieren oportunidades con urgencia y la permanente dependencia de las franquicias que se extienden carcomiendo lo nuestro: Tortas por hamburguesas o albóndigas aplastadas, como las llamaba mi padre.

En esta constante, Estados Unidos nos impone costumbres, arrasa con nuestras tradiciones, eleva sus cursilerías para proteger a las mascotas abandonadas en las azoteas mientras amenaza con privar las vidas de seres humanos trashumantes. Los valores cambiados por ausencia de líneas de valor superiores, sin remedio, a las de quienes están acostumbrados a guerrear con amplias ventajas pero suelen acobardarse en el cara a cara. Lo mismo los españoles que los estadounidenses. Esto lo sé por experiencia propia. Ya les contaré.

Debemos, sí, terminar cualquier tipo de coloniaje disfrazado para aspirar a defender nuestra hollada soberanía.

Debate

Los analistas, sobre todo los de izquierda, alegan que el entorno es incierto aunque algunos demagogos declaman, muy bien cubiertos por sus cómplices, la importancia de tener enfrente la gran oportunidad de revalorar “lo hecho en México”... bajo una nueva oleada inflacionaria que alcanzó, sólo en enero pasado, 4.7 por ciento. Al ritmo que vamos hablaríamos, al final del año, de una medida de 56.4 por cierto; es decir, en la senda de las flotaciones que iniciaron con Carlos Salinas hasta extraernos hasta el cerebro de las tres cifras menos... que ya recuperamos para felicidad de los buitres especuladores.

¿Seguimos, entonces, haciéndonos los desatendidos y quejándonos sólo por el alza a las gasolinas sin ver el bosque, cuanto hay detrás de la misma, prácticamente devastado por la demagogia infeliz y el atroz comportamiento de la administración federal, tan insensible como traidora? Nadie, en su sano juicio, puede inclinarse por esta dolorosa condición en la que nos va dejando el régimen vigente; sin salidas, sin aire. ¿Se pretende tal para negociar, con ello, la odiosa continuidad del sistema, guiado por las trumpadas y trumpetillas de la Casa Blanca?

Nunca, por tanto, había sido mayor la incertidumbre y la incredulidad de los mexicanos hacia sus funcionarios decididos a asfixiarnos. ¡Váyanse ya, por Dios!

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16 Febrero 2017 04:00:00
Ser buen mexicano
Nos tiramos la pelota constantemente; los mediocres, para justificas el ocio que ensucia el alma, lanzan denuestos a cuantos se atreven a dar la cara; los gobernados señalan al gobierno y sus temporales ocupantes como responsables del caos; los funcionarios insisten en la “irresponsabilidad” y “negligencia criminal” de cuantos convocan a paros y manifestaciones; desde los confesionarios, los religiosos se oponen al vanguardismo de la comunidad nacional y las organizaciones sociales amenazan con linchamientos contra puritanos, escépticos y, sobre todo, traidores. Unos y otros, por cierto, creemos tener derecho a usar esta última condición para arrojarla al rostro de quienes NO coinciden con los criterios propios. Este es el México manipulado de nuestra era.

Como reacción hemos sido víctimas de imposiciones sin final, elecciones turbias o francamente devastadoras, persecuciones y aprehensiones con esquemas fascistas, de amenazas sin cuento que se traducen en un agudo temor basado específicamente en la ignorancia galopante y el desconocimiento de los factores reales del poder. En la misma proporción, al perder el otrora firme liderazgo latinoamericano, nos hemos convertido en hazmerreír de otros pueblos que han podido salvaguardar alguna dignidad en la defensa de su soberanía, aunque se haya fustigado, sin piedad y hasta la muerte, a los líderes continentales de izquierda, desde Brasil y Venezuela hasta Centroamérica y el Caribe.

En el balance, perdemos. Y con enorme margen. ¿La razón? Sencilla: El gobierno no marcha en la misma dirección que los gobernados, sino sólo simula hacerlo retóricamente para apaciguar la furia colectiva y mitigar los signos de su propia, inaceptable rendición ante el gran gigante universal dispuesto a arrebatarnos hasta la última gota no sólo de nuestro petróleo, sino de nuestra sangre. En esas estamos desde el oscuro día de noviembre cuando 60 millones de estadounidenses sufragaron a favor de Trump, provocando una división severa en las familias, las clases sociales y las comunidades de inmigrantes.

En lo personal, más que la entronización del enajenado personaje me preocupa el hecho de que casi la mitad de los electores hayan optado por él y sus ideas demostrando que el racismo no se fue porque un afroamericano haya ocupado la Casa Blanca, ni la xenofobia se borró porque algunos brillantes personajes de origen mexicano estén en punta dentro del sector demócrata para tratar de hacer contrapeso a los excesos gubernamentales de los operadores de la Casa Blanca –la de Washington–.

En México, el señor peña Nieto no reacciona y se empeña en NO mirar hacia el sur para formar el bloque que tanto necesitamos para frenar los avances despiadados de los hijos del magnate –como decir de la chingada, con perdón de nuestros lectores–, y concede a su impresentable colega norteño el privilegio de ofendernos cada día con nuevos y sofisticados señalamientos hacia el narcotráfico, por los súbditos y colaboradores de Trump sostenido y administrado, la escasa productividad de nuestros paisanos, a quienes debería agradecer los bajos precios de sus productos por el ahorro en mano de obra barata, y la permanente referencia a la escasa honradez de los nuestros cuando se ha evidenciado la especulación grosera de los multimillonarios que, estos sí, roban a quienes se dejan en el camino de la abundancia.

Todas las ofensas revierten contra los siniestros figurines de la Casa Blanca quienes, apuesto cuanto quieran, en algún momento fueron drogadictos –o lo siguen siendo–, y se hicieron adultos matando animales en cacerías ventajosas para luego recriminar las costumbres y tradiciones ajenas. Ellos, además, se especializan en acribillar a los seres humanos.

En resumidas cuentas el ridículo gobierno mexicano ya debiera ponderar la posibilidad de llamar a su embajador, en este caso Gerónimo Gutiérrez Fernández, del círculo peñista y con un currículum apretado y bastante carrereado, para presionar de esta manera a la embajadora de los Estados Unidos, Roberta Jacobson, quien parece muy calladita porque los reflectores sólo son para su jefe, el presidente Trump en eso de los epítetos, sarcasmos y provocaciones de tercer grado ante la complacencia cobarde del canciller Luis Videgaray Caso y del patrón de este, forjadores del clan –no cártel, por favor–, “Nuevo Grupo Atlacomulco” rival de los “Chicos de Almoloya”, en plena batahola.

Dicho esto, como pequeño preámbulo, pasamos a enumerar algunas de las condiciones para ser, en esta hora oscura, los atributos para ser un buen mexicano (a):

1.- Ejercer la soberanía popular para evitar los actos del mal gobierno y llevar a la cárcel, por muchos años, a los predadores del presupuesto y de la vida nacional. Para ello es menester NO caer en el juego de NINGÚN partido político, ni siquiera los que se dicen salvadores y arrastran basuras como Manuel Bartlett y otros, asesinos y represores en su más alto nivel con conocimiento del icono Andrés Manuel. ¿O vas a negar, ahora, Andrés, cuánto conversamos sobre estos arribistas, en mi casa, varias veces? Ahora resulta que se vale, porque tú lo dices, utilizar a los demonios para poblar el cielo de la renovación “moral”... como dijo lo haría Miguel De la Madrid.

2.- No dejar sin contestación ninguna de las bravatas y ofensas de Trump, por mucho que se diga superior por el uso de la fuerza, considerando que contamos con apoyo bastante de los hermanos del sur y de no pocos gobiernos europeos, asiáticos y africanos. Otra cosa es cobardía.

3.- Hacer producir a la nación con manos mexicanas y exigirle al gobierno la cancelación de las concesiones mineras, a grupos de Canadá e Inglaterra –los principales aliados de la Unión Americana–, y de la venta de crudo a los Estados Unidos si no eleva los precios del mismo al justo nivel y sin el esquiroleo grosero de los árabes a quienes también desprecia Trump.

4.- Sobre todas las cosas, EXIGIR el fin de la administración peñista y de un Congreso rebosante de ignorantes y patanes. Sí, designar a un substituto, sin partido político, bajo presión del colectivo, para que convoque a elecciones con reglas distintas y forme una representación legislativa digna y recta. No es tan difícil como se pretende. Basta, insisto, con poner a la clase política ante el paredón de la justicia y exhibir sus tropelías aunque deban compartir celdas con los narcos no extraditados aún, llenas como están las cárceles para publicidad banal.

5.- Enseñar a nuestros hijos, primero que los juegos cibernéticos que les afectan las neuronas, los conceptos torales sobre familia, comunidad y patria, mejorando la comunicación en aras de salvar los valores esenciales.

Comencemos con ello para no ser parte de la execrable generación de los derrotados. ¿Lo somos ya?

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14 Febrero 2017 04:00:00
El poder y su nulidad
Hasta hace algunos años, los mexicanos podíamos presumir de ser un pueblo amable, cálido y siempre con la mano extendida para sellar amistades. Incluso, en el tormentoso 1968 cuyo desenlace brutal fue el genocidio de Tlatelolco, el entonces presidente acuñó una sentencia: “Ofrecemos y esperamos la amistad con todos los pueblos de la tierra”. La leyenda sirvió, además, como referente para inaugurar la “Ruta de la Amistad” que desembocaba en la Villa Olímpica. No podíamos adivinar lo que se nos vendría encima el 2 de octubre; pero algo intuíamos a la par con nuestra protesta juvenil.

Aquella tarde-noche de la matanza en la Plaza de las Tres Cultura, la versión oficial cayó en una profunda contradicción al señalar a los responsables de los tiroteos a elementos “subversivos”, armados por fuerzas externas y, por ende, destinados a desestabilizar el país. Jamás se cruzó esta línea que, desde luego, contradecía el concepto de generosa entrega al afecto entre naciones y sociedades. No, no todos eran nuestros amigos... pero jamás se definió quienes, entonces, querían hacernos daño hasta arrastrarnos al abismo. Desde luego, Gustavo Díaz Ordaz, el más insultado mandatario hasta que llegó el odio hacia Peña Nieto, solo tuvo una salida para “justificar” la atrocidad: Elogiar la lealtad del ejército, y del general Marcelino García Barragán, el jalisciense que lo mandaba, como elemento toral para la salvaguarda de las instituciones. Todavía, los viejos zorros, por ahora azorados, creen en ello.

Es innegable que México jamás ha encontrado una mano amiga en el norte del continente, ni en Europa en donde España nos sigue observando como tierra fértil para el saqueo colonial, y pese a ello no ha sido capaz, esto es su gobierno, de buscar hermandades hacia el sur en donde, ansiosos, una larga lista de países soberanos, mal tratados también por la fuerza norteña, han aguardado el liderazgo del hermano mayor –la independencia de nuestro país lo marcó así-, con paciencia espartana y con el sueño de Bolívar por prenda. No ha sido así porque las presiones de los organismos dependientes de la Casa Blanca han desviado todo propósito de unidad.

Me resulta especialmente molesto escuchar hablar a un elemento inculto, rastrero y poco patriota, el señor Peña, convocar a la unidad entre los mexicanos tratando de llevarnos, de nuevo, al redil para seguir manipulando al colectivo con llamados lastimosos y cuando, en “lo oscurito”, ya se ha “arreglado” con el impresentable señor Trump, el antimexicanista mayor de cuantos han ocupado la oficina oval en Washington con inclusión de Wilson, Hoover y Truman, entre otros muchos con todo y los hipócritas –Kennedy, Carter-.

Pues bien, los días corren y el gobierno sigue tuerto, empeñado en arreglar los amagos belicistas con Trump quien, de plano, ha confirmado los términos de la llamada telefónica con el mandatario mexicano aunque la amenaza de enviar tropas se convirtió en propósito colaboracionista, esto es en coordinación entre las fuerzas militares de uno y otro país –pese al regaño a las nuestras que son “incapaces” a criterio del “pato” Donald-, para combatir al narcotráfico y ofrecer mejores resultados; una severa crítica, sí, a la dejadez y tolerancia de un gobierno vacío de acciones y temeroso de nuevos brotes de violencia... que inevitablemente se han dado.

Si en la Presidencia de nuestro país estuviera un visionario, digamos como el general Lázaro Cárdenas, seguramente éste ya habría visitado a las naciones del sur en busca de estructurar un bloque común que luego podría convertirse en una Unión Latinoamericana o incluso un Mercomún con moneda común, para enfrentar a la desatada especulación monetaria de los agiotistas del norte y su desbordado presidente proteccionista quien, ignorante, pretende cuidad a las empresas de su país a costa de reducir las competencia y sin darse cuenta de que, sin “indocumentados” mexicanos, será imposible mantener los precios bajos de sus productos, sobre todo en el sur estadounidense, porque ya no habrá forma de abaratar la mano de obra indispensable. El odio obnubila las mentes de los sátrapas.

Joseph Stiglitz, a quien conocí en La Habana en 2002, en un encuentro entre economistas y con la presencia del hoy extinto Fidel Castro, insistía hace tres lustros e la urgencia de que se subrayara las bondades de la globalización para terminar con la especulación dañina. Se equivocó, de cabo a rabo. Ahora, el Premio Nobel de Economía, sugiere que el excesivo proteccionismo de Washington terminará, claro, por minar la olla de oro de la creación de empleos con efectos devastadores para las naciones en desarrollo que tienen urgencia de inversiones, como México. La miseria es, entonces, la única perspectiva.

Otro Nobel, Robert Mundell, insistió en una línea que no se exploró a causa de la soberbia de las dirigencias nacionales: invertir en diversas divisas, no sólo el dólar, para contar con reservas diversificadas para el caso de volatilidades externas que podrían socavar la economía; y confirmó, con ello, los riesgos de México a causa de fungir como satélite inerte de la Unión Americana. Recuerdo las palmas que le tributó Fidel quien había antes hablado en pro del “club de deudores”, propuesto por el argentino Raúl Alfonsín ¡desde 1986!

Treinta y un años después, el gabinete presidencial, guiado por un mandatario de medio tiempo, medio enfermo –sometido a tratamientos severos cada quince días- y medio hastiado, la emergencia, de la mano de un sociópata universal –conozco sus reacciones porque cerca de mí padecí este mal devastador en mis temporadas en España donde también medí la alta corrupción de la justicia y su pobreza de criterios-, NO ha sido capaz de encontrar en el sur, desde Centroamérica hasta la Patagonia, el respaldo necesario para enfrentar al egocéntrico y xenófobo señor Trump; si para él su país es lo primero, lo único, para nosotros Latinoamérica debiera ser lo mismo desde ahora. Desunidos, nos arrastrará la marea de los odios incubados en la absurda pretensión de que los retoños del Tío Sam son superiores. Nada más absurdo y contrario a la ley toral de igualdad entre los seres humanos.

¿Qué espera el señor peña para convocar a una Cumbre Latinoamericana, siquiera para mostrarle al patán de la Casa Blanca –la de Washington- los efectos que puede acarrear su ideología fascista en un mundo más cultivado y reacio a las imposiciones de ciertas ambiciones desbordadas? Si quieren más petróleo, ¿Por qué Estados Unidos no usa sus reservas, las mayores del mundo? Sencillo: Busca el agotamiento de la riqueza ajena para después imponer el yugo de la esclavitud disfrazada.

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10 Febrero 2017 04:00:00
Constitución caduca
Más de seiscientos “parches” tiene ya la Constitución General de la República sobre la que no se admite poder alguno, ley suprema como es de acuerdo a su propio texto, y frecuentemente alterada por las interpretaciones políticas que, incluso, han trastocado valores supremos como la reelección –admitiéndola, después de un periodo, o prorrogando el mandato de algún cacique como ya sucedió en Tabasco, con Tomás Garrido Canabal, y en Yucatán, bajo la batuta del extinto Víctor Cervera cuya sobrina Ivonne, ladrona, se encuentra situada en el punto medio entre modelo de baja monta y presunta aspirante presidencial-, de acuerdo al capricho de lo mandantes.

Al leer el texto de la Constitución para la Ciudad de México, apenas rematada con las consiguientes prisas y descuidos a los que da lugar el sosiego y la ridícula parsimonia de los actores, nos percatamos que introduce normativas que la Carta Magna federal ni siquiera toma en cuenta como, por ejemplo, los casos de revocación de mandato –no prevista para el caso del presidente de la República quien sólo tiene facultad para solicitar “licencia”, incluso definitiva pero sólo por “causas graves” que debe calificar el Congreso-, o el maltrato animal, una figura que depende, en gran medida, del criterio de quienes quizá no observan más allá del árbol sin mirar al bosque.

Cuando en México se camina en una dirección, el mundo retorna sobre sus pasos; así, por ejemplo, en el renglón que nos ocupa, sucede en Cataluña con relación a la tauromaquia cuya “crueldad” es discutible y polémica entre quienes están en pro de las corridas de toros y cuantos se oponen a ellas a pesar de ignorar argumentos éticos y financieros indiscutibles. Por algo, insisto, las grandes inteligencias en los países en donde la cultura taurina ha arraigado se manifiestan, siempre, a favor de la misma por cuanto a sus orígenes y como parapeto a las deleznables influencias anglosajonas, más provocativas ahora con el del pelo naranja en la Casa Blanca. La defensa no es sólo por preservar una especie, la del burel de lidia, sino igualmente para defender a los pueblos de la corta visión histórica de las potencias contemporáneas y sus líderes ahítos.

Es obvio que a los poderosos de la actualidad les estorba la crónica sobre la corta estancia de la humanidad sobre el globo terráqueo, en comparación con otras especies –ya desaparecidas algunas- que evolucionaron o se extinguieron. Algunos genes perversos, lo contemplamos hoy en el gobierno de Washington, perseveraron como si sólo hubiesen sido resguardados en una esfera de cristal; los de Hitler, por ejemplo, vindicados por la cristalina vidriera de la residencia oficial de los presidentes estadounidenses.

En la Constitución citadina, que eleva el estatus del otrora llamado Distrito Federal por cuanto a ser sede de los poderes federales –debiera pensarse en reunirlos en otra urbe o, al estilo de Brasilia, construir un complejo ad hoc a los mismos-, hay artículos que pueden contraponerse o chocan con los designios de la superioridad federal. Recuérdese el viejo debate sobre si las entidades deben o no ser consideradas soberanas o simplemente autónomas al reconocer la preeminencia de un poder superior, el de la Federación, aun en los casos de suprema hipocresía centralista.

En lo particular, siempre nos hemos inclinado por el concepto de autonomía porque México no se conforma con treinta y dos republiquitas, sino por estados fusionados por el mismo hilo conductor republicano, más allá de las leyendas negras y las falsas interpretaciones. Yucatán, por ejemplo, mostró un mayor nivel de patriotismo al desprenderse del seno de un país atenaceado por la dictadura del histriónico y perdedor Santa Anna, refugiado tantas veces en Manga de Clavo, su hacienda favorita cercana a Xalapa, ya había antes ideado la formación de un triángulo dorado entre Veracruz, La Habana y Progreso, Yucatán, cuando gobernó perentoriamente a esta entidad, para erigirse muy temprano en el supremo hacedor de la región. No fructificó en estos planes pero en sí en otros mayores como la displicencia para asumir y dejar la Presidencia, frivolidad inaudita que habría de terminar con los Tratados de Guadalupe Hidalgo en los cuales perdimos la mitad de nuestro territorio, miserablemente.

El ultraje estadounidense mantiene firme el rencor entre los mexicanos bien nacidos; los otros, quienes privilegian el comercio sobre la dignidad, no tienen patria sino intereses y abominan a cuanto llamado nacionalista se hace para tratar de salvaguardar el poco decoro de un Estado mancillado por un gobierno prolongado y reptil. No se trata sólo de peña sino de un montón de malos mexicanos quienes han mantenido la idea de que ser sumisos a la gran potencia es punto de no inflexión para no morirnos de hambre; como si estuviéramos mancos.

El hecho es que la globalización le ha salido mal a los operarios de la Avenida Pensilvania, en la capital de la Unión Americana, quienes calculaban que las bravatas de Trump harían converger hacia él los intereses de las naciones más afines con México. Y en este entorno, culminó la elaboración de la Constitución citadina si bien con mandatos mal redactados y peor rematados que dejan al aire muchos conceptos y a la interpretación de quién sabe quiénes jueces la aplicación de los mismos. Tal es extremadamente riesgoso en un mosaico tan plural como el nuestro que suele cambiar de color, como los camaleones, pero sin desconfigurar sus aparatos reproductores.

Hay confusión porque los temas centrales no pudieron resolverse a satisfacción de unos y otros constituyentes, buena parte de ellos escogidos al azar o por influencia de determinados grupos de poder, dentro de un Congreso que, como sabemos, presume tener en su seno a mujeres boxeadoras en activo, como la diputada federal, Jackie “Princesa Azteca” Nava, quien regresó a los rines sin alterar su agenda legislativa. Algo similar debería hacer Ana Gabriela Guevara, senadora golpeada –aunque la contraparte masculina arguye que fue agredida por ella-, quien podría sumarse a la legión de tumbadoras; una del PAN y otra plurinominal “aliancista”. Los del PRI se conforman con Ivonne Ortega Pacheco y su muy querida ex alcaldesa meridana, Angélica Araujo Lara. Puras vergüenzas.

Tal es el entorno en donde nace la Constitución tan decantada. Mientras unos claman por una nueva Carta Magna federal, para taponear en definitiva los “parches”, otros alegan que es mejor dejar las cosas así porque el solo planteo pone en predicamento la prolongación del mandato presidencial, el de peña digo. ¿Pues no de esto se trata? Pues entonces vamos todos a exigir la conformación inmediata de un Constituyente federal que cercene al presidencialismo como poder fundamental de facto.

Es hora de cambiar... y no sólo el número de curules y escaños.

Debate

El 24 de octubre de 1945, luego de la toma de Berlín por el ejército ruso y del “humanista” bombardeo, con atómicas, a Hiroshima y Nagasaky –acaso el mayor genocidio de nuestra era, incluso mayor al Holocausto ordenado por Hitler, icono oculto del señor Trump-, se fundó la Organización de las Naciones Unidas para tratar que fuera útil como mediadora tras el precedente ingrato de la Liga de las Naciones. Pues bien, hasta hoy, sólo ha servido como perrito faldero a los intereses de los Estados Unidos, desde Nueva York, y de la antigua Unión Soviética.

Por ello, claro, no pudo oponerse, ni de nada sirvió, a la construcción del célebre Muro de Berlín, pese a la histriónica censura de Kennedy, que duró casi cuatro décadas. Y, en el mismo tenor, teme pronunciarse respecto a la barda de la ignominia ideada por Trump para subrayar que “Estados Unidos es primero” y lo será “siempre”. El nuevo secretario general del organismo, el portugués Antonio Guterres, prefiere no emitir opinión aun cuando la propuesta del magnate neoyorquino sea fuente de un desequilibrio mental extrema... como el de Adolf, el del Tercer Reich.

Cuando México, en 2003, encabezó el Consejo de Seguridad de la ONU, debió oponerse a la invasión a Irak fraguada so pretexto de que esta nación escondía arsenales bioquímicos y/o nucleares que nunca fueron encontrados, por parte de Estados Unidos, su socia Gran Bretaña y los aduladores españoles encabezados por el chaplinesco José María Aznar. Tal gesto de dignidad, muy breve, nos condujo hacia el rechazo de George Bush, el junior adormilado, quien obligo a Vicente Fox a un periplo humillante para volver a hablar con él.

Ahora la cosa es peor. Y enrique peña está desesperado por las filtraciones derivadas de sus telefonemas. Con el alma en un hilo solicita establecer una línea roja... por internet.

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09 Febrero 2017 04:00:00
De la furia civil
La torpeza oficial es tanta, o acaso su simplismo para extender manipulaciones sobre los ingenuos, que son muy pocos quienes creen en las constantes versiones, contradictorias todas, en medio de una verdadera batahola de dimes y diretes. Desde luego, la opinión pública, de plano, prefiere apostar a cuanto surge por fuera de las instituciones y las exhibe como la escandalosa filtración del telefonema entre el señor Peña y el “pato” Trump con todo y su arenga militar.

Por desgracia, en la contemplación superficial de los acontecimientos, el mandatario-mandante mexicano, cada vez con menor influencia entre sus colaboradores y por debajo de las expectativas de la soldadesca, parece perdido y opta por dejar las cosas como están sin apurarse siquiera –ya tiene veinte días de retraso desde la asunción del bravucón con pelo anaranjado-, en buscar alternativas para contrarrestar, en serio, las bravatas de su “colega” y dejar de depender en un ochenta por ciento de sus decisiones económicas, comerciales e incluso políticas cuando estamos ya cerca del año clave, 2018, cuando se terminarán los tiempos del peñismo a más tardar; si es antes, mucho mejor, pero no más.

La peor de mis pesadillas, debo confesarlo, consiste en la perspectiva de una oficiosa permanencia de peña en la Presidencia como consecuencia de un estado de excepción o fallido que obligara a no realizar elecciones y a prorrogar el “mandato” a favor de la actual administración conduciendo al país entero hacia el inframundo si bien éste ya lo estamos soportando en vida. Como la ciudadanía, hasta la fecha, no determina más que protestas callejeras a causa de las alzas a los precios de las gasolinas –ojalá hubiese habido tal brío luego de los imborrables genocidios de 2014 cuando este columnista igualmente inició su exigencia en el retiro de peña sumando entonces a pocas voces-, cualquier imposición es viable sobre la mayoría ondulante por cobardía.

El otro mal pensamiento, casi como una ofensa que cae sobre mi conciencia cada noche, es la de atestiguar, tal y cual se dio en 1847, cómo los bárbaros del norte, quienes sólo tienen la fuerza y jamás la razón, izan su odiado pabellón de cincuenta estrellas y barras, tantas veces quemado por los pueblos afrentados, en el asta mayor del Zócalo y sobre el balcón central de Palacio, incluso sustituyendo la campana histórica de Dolores por la de Pensilvania guarecida por el hecho de que el suelo estadounidense no ha sido hollado, salvo por el gran Pancho Villa en Columbus –donde ahora se le ha convertido en icono del turismo-, siendo el país que más invasiones ha protagonizado contra el mundo.

¿Y por qué todo esto? No se trata sólo del muro de la ignominia –el gobierno de México no protesta porque se construya sino por cuanto a la exigencia de pagarlo, no lo olvidemos-, sino de un acusado trastorno mental psicótico que eleva la egolatría hasta niveles superlativos. Tal le sucede a Trump como antes, en México, ocurrió, en menor proporción, con el mitómano Vicente Fox, alentado por la señora de las “muchas faldas” quien enloqueció a algunas mujeres públicas –de la vida institucional quiero decir-.

Pese a ello, el poder es el mejor afrodisíaco que, al parecer, existe. Enloquece y rejuvenece al mismo tiempo, tanto que el nuevo “pato” Donald parece haber dejado el umbral de la ancianidad –ya tiene setenta años-, y hasta secunda la sentencia inolvidable de Fidel Velázquez:

--“El hombre tiene la edad de la piel que acaricia”.

De acuerdo a los indicios, el nuevo huésped de la Casa Blanca –ya fue de color negro con los Obama y ahora debiera pintarse de naranja, acorde con el tono del desagradable cabello de Trump, tan característico y estilizado-, ya se las ingenia para seguir su senda de gigoló por todos los rincones de la residencia y no sólo en el célebre salón de mapas en donde Bill Clinton disfrutaba de los placeres proporcionados por los habanos humedecidos por los fluidos de Monica Lewinsky mientras hacía esperar, en el recinto continuo, a Ernesto Zedillo quien seguramente debió escuchar algunos gemidos. ¿Aquello no fue más humillante que los gritos telefónicos del descocado magnate a Peña?

No podemos saberlo. El tono, a veces, entre agrio e insolente es superior a los hechos más brutales. Nadie se fijó, por ejemplo, cómo Barack Obama logró que el pobre calderón, más miedoso que el Ratoncito Pérez –ahora los cuentos infantiles están de modo y al nivel de la cultura del mandatario al que sólo defienden sus propios agremiados-, aceptara la infiltración de marines estadounidenses en la Armada de México desde 2009, esto es meses después de la llegada del mencionado descendiente de Kenia, bajo presión de los operarios de Washington.

El infeliz calderón no tuvo más remedio que acceder y el número de invasores con máscaras creció hasta lograr las capturas de varios capos célebres –pero caducos- y, sobre todo, las aprehensiones del célebre Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”. Y luego se quedaron.

Aquello fue, sin duda, una explosión de cinismo galopante por cuanto a que, a estas alturas, ya nadie puede negar la regulación del mercado de las drogas en la Unión Americana gracias a los servicios de filtro de las agencias de inteligencia de la DEA, la NSA, la CIA y el FBI, en combinación, eficaz, de los aduaneros y la Border Patrol encargada ahora de reforzar una frontera que, según Trump, está descontrolada y es menester “recuperar” para ellos... como si México hubiese impuesto la mínima regla ante las mojoneras, las bardas y rejas que ya existen. Mentirosos infelices.

Los muertos no cuentan. Sólo en 2016 se habla de trescientos diecinueve cadáveres levantados por las autoridades norteamericanas –no hay registro de cuantos compatriotas masacrados han sido rescatados por el gobierno mexicano-, en una creciente oleada de terror. ¿No es suficiente esta sangre para paliar la sed de odio contra quienes sólo van en busca de empleos y ayudan con ello a la economía estadounidense? ¿Pretende el señor Trump castigar más la mano de obra de nuestros compatriotas, abaratándola todavía más por los riesgos de las deportaciones en masa? ¿Así es como se pretende “proteger” a los esclavistas agricultores del sur de los Estados Unidos? Las respuestas pueden darlas cada uno de ustedes, amables lectores, porque son demasiado evidentes y no admiten réplica posible.

Finalmente, ¿desde cuándo debió actuar nuestro gobierno para enfrentar la saña y perversidad del trompudo gobernante naranja, peor a los gases mortales del mismo color? Es imposible perdonar la negligencia como imposible es la salvación histórica de Peña y sus corifeos.

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07 Febrero 2017 04:00:00
Campeón en política
Hay una severa pugna para resolver cuál de las condiciones prevalecientes en la política mexicana lidera los ánimos y las voluntades de cuantos, empadronados ya –algunos sólo para obtener una credencial de identificación y no con la decisión de acudir a las urnas-, se enfrentan a una situación caótica ante la perspectiva de directivas partidistas ajenas a la realidad y ensoberbecidas entre provocaciones mutuas... como si el resto del país no existiera. Desde luego, en un análisis objetivo, imperan dos términos dentro del abundante léxico de la parodiada jornada electoral: negligencia y abstención.

La negligencia, a nuestro entender, va ganando la carrera por escaso margen dado que se encuentra en ambas partes, esto es dentro del atroz régimen de gobierno cuya insensibilidad es notoria y también entre la ciudadanía hastiada de que le vean, repetidamente, la cara sin capacidad para encontrar una salida digna destinada a la evolución democrática y no a su penoso empantanamiento, cada vez más notoria a causa de la ingente corrupción y de la ausencia palpable de gobierno. Vacío de poder, le llaman los analistas desligados de las esferas oficiales. Prefiero el primer término porque refleja mejor la cobardía y la insensibilidad de quienes se postulan sin saber cómo actuar al ser “electos”, monederos u despensas de por medio, y nos conducen, inmisericordes, hacia el abismo del “estado fallido”; sin remedio, dirían los de la pluma fácil.

Esta actitud desdeñosa, ausente, resguardo de la prepotencia diríamos, suele ser la que marca ahora las interrelaciones entre la desprestigiada clase política y los gobernados porque quienes integran la primera parecen desconocer que son los segundos, todos nosotros, quienes deberíamos tener la sartén en la mano para condicionar el destino general a los avales generales y no a los momentáneos arreglos soterrados de los líderes partidistas. ¿Se hubiesen imaginado, hasta hace muy poco, una amalgama electorera entre el PRD y el PANAL, fundado y financiado por “Elba, la momia del cadalso” –siguiendo la saga cinematográfica, mexicana y estadounidense, con redituables taquillas fundamentadas en el morbo público-, a pesar de la diferencia extrema respecto a las condiciones de sus orígenes e ideologías? El PANAL, de miel seguramente bajo los auspicios de los gobiernos de derecha chantajeados, nació por el berrinche de una dama, ex secretaria del PRI, con los más altos estándares de la traición. Y el PRD, en cambio, comenzó su andar siendo cauce de un amplio sector de mexicanos progresistas quienes, por supuesto, se fueron quedando en el camino, decepcionados, al observar cómo la opción se convertía en un valladar más para la libre expresión de las voces arrumbadas por la ausencia de representatividad real.

Tal factor, desde luego, es el que obliga a meditar acerca de si el abstencionismo, o la decisión de anular el voto –senderos que tienen convergencias paralelas si bien el segundo intenta servir de tapadera a los enjuagues de los escrutadores-, como una reacción valedera ante el desprecio oficial y la constante imposición de candidaturas que no obedecen a la militancia sino a las conveniencia de las respectivas cúpulas de poder. ¿Cómo impedir o protestar, siquiera, ante esta constante manipulación que converge hacia las alianzas turbias, las incongruencias entre el actuar en los foros nacionales y proceder diametralmente diferente en los regionales y la abierta indefinición de principios y destinos? El poder por el poder no lleva consigo la mínima noción de democracia; y bien que lo saben cuántos medran con sus respectivas truculencias soterradas. ¿Ochoa o Anaya? ¿O acaso Andrés Manuel? ¿Se puede elegir entre éstos aun cuando los candidatos, algunos de ellos, se digan impolutos y avancen porque, sencillamente, no se les conoce en sus respectivas jurisdicciones? La negligencia partidista conduce al hastío general y éste a la subversión de las conciencias. Cuidado, estamos jugando con fuego.

Y la negligencia se observa en todos los niveles y conduce a repetir hechos ominosos sin la menor justicia, esto es siquiera un seguimiento judicial a los autores intelectuales –por omisión si se quiere-, de algunos de los graves sucesos a lo largo de los años recientes. Por ejemplo, el incendio de la guardería ABC de Hermosillo, donde perdieron la vida 49 bebés –a veces lamento, y el pensamiento lo detengo porque no deseo tal mal a nadie, o debería, que alguno de los mismos fuera descendiente de los socios, encabezados por Altagracia Gómez del Campo y otros parientes más de Margarita Zavala, la mujer de calderón quien ahora es pretensa postulante y rebasó ya las expectativas de Martita, la de las muchas faldas-, no dio lugar a una indagatoria profunda sobre los verdaderos responsables; y la tremenda similitud de este hecho, con casi seis años de diferencia, con la voladura irracional del Hospital Materno-Infantil de Cuajimalpa, con saldos mortales igualmente, es demostración fehaciente de que la clase en el poder no tiene interés alguno en el dolor de los gobernados porque apuesta todo al enriquecimiento ilícito, nepotismo de por medio.

En estos hechos están conectados los tres partidos con el ex gobernador priísta de Sonora, Eduardo Bours Castelo, y el panista Juan Molinar Horcasitas, ya extinto, entonces director del IMSS en los planos superiores además del negociante Guillermo Padrés Elías quien, con descaro inaudito, sacó raja política del primer desgraciado evento; en el segundo de los casos, las concesiones a las empresas de gas son federales pero el descuido de las instalaciones hospitalarias del Distrito Federal corresponde a los gobiernos perredistas o casi de la misma filiación porque Miguel Mancera no tiene aún el valor de definirse-, en pleno auge del nepotismo y la complicidad. ¿Quién NO tiene manchadas las manos de sangre?

Otro caso de profunda negligencia es el que relaciona las tremendas fallas estructurales de la Línea 12 del Metro en el Distrito Federal con la premura y ambición de Marcelo Ebrard Casaubón quien, desde hace años, perdió toda posibilidad de mantener su ruta personal hacia una candidatura presidencial... como en el caso, por otros motivos, del hacendario y canciller Luis Videgaray Caso, del PRI. Ebrard pretendió “defenderse” sin ponerse a pensar cual habría sido el destino de los usuarios del servicio en cuestión si no se hubiera detenido, a tiempo, la circulación de los vagones: el colapso habría podido costar decenas de vidas que cargaría en su conciencia. Como se previno un desastre mayor, ¿es válida una defensa bajo la premisa de ser víctima de una conjura política? Y todo por las amplias, generosas comisiones que se pagaron a la superioridad defeña, es decir a Ebrard y compañía, por la utilización de materiales defectuosos sin la menor precaución además. Marcelito, el antiguo carnal de Andrés Manuel, debiera pensar dos veces sus desplantes histriónicos.

La peor negligencia, sin duda, estriba en posibilitar el regreso de la vieja escoria –en cada uno de los partidos la hay y sobradamente-, sin ningún juicio de por medio a pesar de las múltiples evidencias sobre asesinatos, represiones, candados e intolerancias de la clase política en el poder, incluyendo desde luego al Legislativo y el Judicial. ¡Y todavía algunos se preguntan por qué hay tantos renuentes a votar en este y el próximo año! La respuesta es bastante obvia: porque han perdido la fe y sólo esperan el milagro de un cambio sustantivo, no de partidos sino del sistema mismo, algo bastante distante de la realidad actual... aunque el mundo avanza a otro ritmo mucho más veloz.

La negligencia oficial y popular lleva, sin remedio, a la apatía ciudadana y, por supuesto, al abstencionismo. Por ello es de elogiar que mujeres y hombres intenten andar por otra ruta: la independiente. Lástima que también este canal comience a bloquearse con rémoras de otros tiempos, Jorge Castañeda, El Bronco y hasta un manipulador locutorcito que comenzó a abrir la boca cuando se la pasó de sirviente priísta durante la mayor parte de su carrera. Siempre, sin duda, hay manera de vencer a la negligencia.

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05 Febrero 2017 04:00:00
Dolor permanente
La justicia no sólo es la baza que sirve para asegurar la convivencia pacífica dentro de las marañas comunitarias de nuestros días, sino igualmente el analgésico para reducir el tremendo dolor por cuanto se pierde por la cobardía de cuantos delinquen y llegan al crimen para cumplimentar, como sicarios, las órdenes de los jefes de las mafias, incluyendo la del gobierno. La vulnerabilidad de los seres vivos es tan grande que de ello se aprovechan cuantos disponen de la violencia para cercenar caminos, doblegar espíritus o sencillamente matar por capricho o prepotencia para sentirse superiores cuando, al fin y al cabo, los destruirá la historia. Lo mismo entre tiranos que sicarios, cortados con la misma tijera.

La injusticia, que inicia con la ausencia de gobierno y la negligencia oficial, cala en cambio a los espíritus libres y los asfixia. Si se prolonga, mayor es no únicamente la frustración sino el rencor, sólo contenido en apariencia, que nos impulsa a reclamar, exigir, perspectivas mejores para quienes nos siguen. Nada más terrible que los caminos se cierran igual a nuestros hijos y nietos, a nuestra herencia genética por la resistencia inaudita de los perversos que atesoran poder no para servir, sino para servirse por los demás en un ciclo, el actual, carente de liderazgos con credibilidad, esto es sostenidos con la congruencia y no las explicaciones ramplonas. Sin la sensación de la justicia se pierde hasta la sensibilidad por la libertad. Y esto ocurre, en especial para el gremio periodístico, desde la funesta década de los ochenta de la centuria pasada, cuando menos, y diez años atrás en cuanto a la descomposición social por obra y gracia de la represión.

Entre el 5 y 7 de febrero de 1986, el escritor, periodista y político Carlos Loret de Mola Mediz, mi padre, fue cobardemente asesinado. Un crimen de Estado, sí, aunque algunos mercenarios de la letra impresa, con la sordidez que los caracterice, minimicen las afrentas que no han padecido ellos en carne propia para presentar los hechos consumados como “patrañas” o febriles pensamientos de novelistas extraviados como, en más de una ocasión, he señalado como responsables del suceso y no se han atrevido a contestarme ni, mucho menos, a presentar en tribunales pruebas suficientes para contrarrestar mis denuncias periodísticas, perdida la fe en los órganos señalados, precisamente, para mantener el justo equilibrio entre la justicia, superior, la ley y los intereses corporativos, también a los traidores que siguen disfrutando del erario a pesar de múltiples señalamientos en su contra. No entendemos cómo alguien acusado por pederasta, por las voces de once pequeños abusados en Cancún, siga siendo jefe de la bancada priísta en el Senado o un represor de cepa, tránsfuga, pretenda convencernos de que, ahora sí, es de izquierda y sirve a la causa de la renovación supuestamente abanderada por Andrés Manuel; me refiero claro al también senador, “electo” por el PT y ahora morenista, Manuel Bartlett Díaz, el “Hoover mexicano”, indefinido y cobarde, refugiado bajo los pantalones del icono de los liberales a quienes tanto persiguió... y criminalizó.

Alguna vez, un sujeto extranjero –como a tantos de fuera a quienes les abrimos las puertas ejerciendo la xenofobia al revés; sólo en México suele darse este fenómeno–, me espetó diciendo que escribía por rencor. Y le respondí:

–Cuando no existe justicia, el rencor se justifica y se desarrolla. No es posible olvidar con la misma facilidad con que lo hacen los ofertantes en las campañas proselitistas con la memoria trastornada desde el momento mismo en el cual cesan los escrutinios.

Y es cierto que, sin llegar al extremo de la venganza ciega, el hondo dolor por la impotencia acelera las pulsaciones y nos obliga a recorrer sendas más peligrosas siquiera para exhibir a la satrapía gobernante y tratar con ello de frenar sus tendencias represivas, su honda descomposición mental por la que se permiten hasta tomarse las vidas ajenas o manipular con ellas. Desde Tlatelolco hasta Iguala, pasando por Aguas Blancas, Chenalhó y Tlatlaya. ¿Acaso nunca metieron las manos los infelices con uniformes a quienes el mundo se les cierra a las órdenes de sus superiores ahítos? Cuanta vergüenza histórica cargan sobre sus hombros; cuánta sangre derramada impunemente.

Hoy, a treinta y un años de distancia, sigo llorando la muerte de quien me lo dio todo, incluyendo la magnífica estafeta de su profesión, limpia y sólida. Y lo hago no porque no haya sido capaz de superar el duro trance, como lo han hecho muchos otros valerosos mexicanos quienes no cesan en su clamor, sino por atestiguar la pobreza institucional cuando se trata de un reclamo ciudadano sobre un hecho incontrovertible e igualmente inextinguible. No importa que los “desaparecidos” se conviertan en muertos por “decreto”, lo mismo en cuanto a los prófugos de los magnicidios –digamos el tamaulipeco Manuel Muñoz Rocha, protegido por las autoridades estadounidenses y enclave fundamental para la consumación del asesinato de Francisco Ruiz Massieu en septiembre de 1994–, que a las víctimas de la prepotencia obscena, hija de la impudicia política, con la cual se cierran todos las puertas, con los candados oficiosos de la impunidad, mientras se alega la seguridad del Estado como pretexto ruin.

Sin olvidar los crímenes recientes, desdeñados por el ex procurador general Jesús Murillo Karam, hoy quiero referirme a don Carlos quien buscó, desde dentro, evitar una catástrofe tratando de detener la oleada de complicidades vergonzosas entre los hombres del poder por esos días –el nefasto Miguel De la Madrid, cuya presencia en el inframundo maya, Xibalbá, es segura, y Manuel Bartlett, el cínico asesino y cobarde por esencia, entre otros–, y los mafiosos de los cárteles y las bandas multinacionales del delito –muchas de estas financiadas igualmente por las nauseabundas agencias norteamericanas “de inteligencia”, más bien de espionaje–, capaces de mover fichas sin medir sus efectos pasando por la dignidad –ya ni hablo de la soberanía– de los mexicanos.

¿Requerimos sentir en carne propiA las agresiones para rebelarnos? Les digo a quienes no han pasado por estos tragos amarguísimos que si no suman sus voces pronto se postrarán ante cuanto ya no tenga remedio, la muerte de algunos de los suyos, sojuzgados por el peor de los atentados contra los seres humanos: Precisamente, la injusticia con la que se nos va de las manos la señora libertad.

Es esta injusticia la que en esta fecha, cada año, cala mi espíritu profundamente. Desde 1986 dialogué con presidentes de la República, secretarios de Gobernación –de distintas filiaciones y caracteres–, procuradores generales, funcionarios de distintas escalas como los directores de la CISEN, algunos jefes de los cuerpos de seguridad –incluyendo, claro, miembros del Ejército de la más alta jerarquía, esto es secretarios de la Defensa Nacional–, y hasta personajes del alto clero que llegaron a saber, a través del secreto de confesión lo que me obligaba a interpretar el sentido verdadero de sus palabras–, cuánto pasó en aquella ruta de la perversidad entre Ciudad Altamirano y Zihuatanejo con una última, definitiva escala, en Vallecitos de Zaragoza donde don Carlos fue enterrado como desconocido en una fosa semiclandestina, muy parecida a las que hoy rodean Ayotzinapa por sus serranías. ¿No se explica con ello el llanto por la impotencia tras tantas décadas de lucha por la verdad?

Me lamento por mí y no puedo perdonarme. ¡Tantos engaños e infundios a cambio de sembrar esperanzas que no eran sino manipulaciones! ¿Por qué creí posible que algún organismo y sus titulares, digamos la inútil Comisión Nacional de Derechos Humanos y sus distintos titulares, se esforzarían por descubrir el entorno de aquel homicidio, hace casi seis lustros, desenmascarado a los poderosos de entonces de los cuales varios conservan la existencia que le negaron al autor de “Confesiones de un Gobernador? ¿Te atreves a sostener lo contrario Emilito Gamboa, lacayo que fue de Miguel De la Madrid –y algo más–, cuando yo sé cuánto sabes del execrable montaje... como insinuaste en la capilla ardiente del yucateco más ilustre del último medio siglo?

No presumo por ello, por derecho de sangre, sino simplemente trato de desenterrar las infamias que pretendieron estigmatizar a don Carlos –la estúpida leyenda negra sobre el crimen contra el líder sindical Efraín Calderón Lara, al amparo de una perversa “conexión campechana” infiltrada en Yucatán como se reseñó en “El Alma También Enferma”–, para intentar cerrar el círculo. Casi lo logran, pero no pudieron quitarnos la voz ni la pluma, ni la correspondencia emotiva de miles, acaso millones, de lectores. Y el estigma sigue presente sobre quienes tienen manchadas las manos con la sangre de Carlos Loret de Mola Mediz.

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03 Febrero 2017 04:00:00
Olvidamos al sur
Sí, desde hace tiempo lo contemplo. El neoliberal y mafioso Carlos Salinas de Gortari prefirió mirar al norte a pesar de que, en principio, economista al fin, observaba las tremendas asimetrías, en todos los renglones, respecto a las potencias vecinas, Estados Unidos y más allá Canadá. Sendos países, fuertes en cuanto a su capacidad de producir y conducir los cambios financieros –también los climáticos- en el mundo entero, requerían un “patio trasero”, como le llamó Adolfo Aguilar Zínser durante su corta permanencia en la ONU, para desfogar en el sobrantes, residuos tóxicos –como sucede en Chihuahua-, y toneladas de ropa.

¿Sabían ustedes que el contrabando de ropa, en el cual se involucró con éxito extraordinario el siniestro comandante Guillermo González Calderoni –asesinado al fin el 5 de febrero de 2003-, es un negocio acaso más redondo que el tráfico de estupefacientes o, cuando menos, le sigue el paso? González Calderoni, el referente, se llevó a la tumba los secretos sobre los enlaces criminales del Cártel del Golfo y, sobre todo, la historia de los verdaderos asesinos de Kennedy, en noviembre de 1963, quienes fueron guarecidos en el rancho de Juan Nepomuceno Guerra –quien llamaba sobrinos al propio González Calderoni y al capo Juan García Ábrego-, en Brownsville donde recalaron después de su figa desde Dallas aquel oscuro 22 de noviembre.

El Tratado comercial con el norte –llamado NAFTA por los estadounidenses- se firmó a instancias de salinas luego de corroborar, en 1989, la imposibilidad de ampliar coberturas, con los remanentes multimillonarios derivados de las ventas de crudo en alza, hacia el mercado europeo porque este requería asimilar, primero, a la retrasada Alemania del Este, abandonada por la Unión Soviética, y colocarla a la par con el resto del mundo occidental, tarea que parecía de titanes y fue uno de los grandes éxitos del mundo moderno con la culminación, a la par, de la Unión Europea.

Solo que en 1989 y 1990 no había sitio para México por esos lares y no hubo más remedio que pensar, así lo dijo el entonces mandatario mexicano, en un Mercomún si bien, casi de inmediato, sosegó sus propias inclinaciones y optó por un tratado más mesurado si bien, insisto, para las potencias del norte fue un mero acuerdo –entre individuos- a diferencia del primero que subraya una condición superior, entre naciones. Por eso es más frágil el primero y puede fracturarse con mayor facilidad. Trump lo está demostrando con cálculo perverso que tiende a nuestra asfixia.

Mientras crecían las presiones de los acreedores internacionales, México se encaminaba al absurdo de pretender ir a la par con Estados Unidos y Canadá cuando era imposible equiparar nuestra economía y nuestra capacidad mercantil con las de las potencias. Y salinas lo sabía con suficiencia; de allí su resistencia inicial que rompió al desesperarse cuando encontró las puertas de Europa cerradas. Tenía, sin embargo, otras opciones que el mandatario no vio o no quiso ver en plena carrera de la sumisión.

Primero, fue miguel de la Madrid, el oscuro presidente con aviesos propósitos –con él inició la desnacionalización-, quien se negó a formar un club de deudores como lo sugirió el recordado presidente de Argentina, Raúl Ricardo Alfonsín, y hacer frente con este al agio desmedido de los acreedores norteamericanos, feroces en cuanto a la imposición de tasas asfixiantes que condenaron a Latinoamérica a la condición de deudores permanentes.

Pero, sin duda, salinas fue a más al sumarse a la idea de Georg Bush padre para formalizar el famoso TLCAN que ahora es motivo de una de las controversias con el señor Trump quien ha optado por alejarse del mismo, de manera unilateral y sin la menor consideración hacia sus socios comerciales, sin considerar que los beneficios mayores del mismo fueron para su país y no al revés como sostiene sin base alguna señalando a “los mexicanos” por el cierre de “miles” de empresas. Mentira flagrante: al contrario, la mano de obra barata de nuestros compatriotas –a quienes se les paga menos que a los blancos de USA por trabajos similares-, significa un ahorro sustantivo para los productos del norte que rompen los precios de nuestro mercado al fabricar en serie multiplicando sus ganancias.

Insisto: carlos salinas tenía una alternativa que ni siquiera consideró en esa hora decisiva; pudo haber oteado hacia el sur del continente. No pocos estadistas lo explicaban como la urgencia de hermanar a quienes ya eran hermanos por la sangre y la geografía, un argumento romántico si cabe, y otros, más profundos, explicaban que la potencialidad de la región podría convertir al bloque latinoamericano en inexpugnable porque es aquí donde radica la riqueza del subsuelo –tan ambicionada por los bárbaros hispanos y los posteriores remedos de conquistadores-, y la fortaleza de sus mujeres y hombres incapaces de bajar la cabeza. Así lo exclamó el histórico chileno que inflamó mi espíritu juvenil, Salvador Allende:

“El cóndor de los Andes y el águila azteca prosiguen su vuelo inmortal proclamando lo fecundo de sus razas”.

Una alegoría triunfal acaso inspirada en la leyenda universitaria, en la voz del maestro de América, nuestro José Vasconcelos, uno de los dos mexicanos cuyos nombres son honrados en las calles de Madrid –el otro es Lázaro Cárdenas-: “Por mi raza hablará el espíritu”. Y es este el que habla, por los siglos hasta la eternidad, cuando alguien pretende avasallarnos remitiéndonos a las letras de Francisco González Bocanegra: “Más si osare un extraño enemigo...”

La poesía, en todo caso, reverdece en nuestras propias emociones. Ayer y hoy. Nos llena de pasión nacionalista, acaso como en ninguna otro país sobre la tierra, porque los mexicanos sólo requerimos de un soplo para estar listos aunque tengamos fama de pueblo ominosamente sumiso. “Piensa, oh Patria querida”. Y así es, salvo en el caso de los traidores y tránsfugas, por desgracia no son pocos, dispuestos a vender conciencias guiados por las ambiciones. ¿Cuántos hay dentro de la clase política actual? En cada partido, por desgracia, encontramos un buen número de ellos. Anatema sea.

Nunca, como en el primer mes de este 2017 que ya pasó pero se quedó en el dolor, a los mexicanos nos habrían puesto sitio desde fuera y desde dentro. Trump nos golpeó inmisericorde; y Peña lo hizo, sin el menor pudor, sobrevaluando las gasolinas –otro ocho por ciento más en este febrero-, y reduciendo sensiblemente e poder adquisitivo general. Nos quiere mandar hambrientos a las trincheras de la dignidad, allá en donde el “dedo divino” habrá de conducirnos a la victoria de la razón y la dignidad sobre el oprobio de la prepotencia y la xenofobia.

No hay duda que, pese a los flagelos, venceremos si permanecemos unidos.

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02 Febrero 2017 04:00:00
Árbitro en La Haya
No son pocos los indicios acerca de que el poder Judicial ni actúa con autonomía plena ni concluye con justicia verdadera las querellas que tocan los cimientos del sistema, bajo el falaz argumento de preservarlo aun por encima de la corrupción y la inequidad política. Sucede, por ejemplo, con los ex presidentes: Toman el camino del olivo, por el temor de que su presencia en México encienda discusiones y obligue a señalamientos, como si se tratase de un pacto para evitar el escándalo y el consiguiente escarnio público; si no están cerca no se les observa y, con ello, las asechanzas disminuyen.

¿Cuántas veces, durante la larga hegemonía priísta –hasta el 2000-, observamos la sumisión del Congreso, eso es del poder Legislativo, a un Ejecutivo cuyos impulsos eran leyes porque sus iniciativas eran solo una especie de trámite burocrático? ¿Acaso no se daba el singular fenómeno, en ese mismo lapso, de que las oposiciones ganaban entonces los debates y perdían las votaciones asfixiadas por los mayoriteos de un partido casi único? Pero, apremiadas por las presiones internacionales –solo los cubanos Castro y el venezolano Chávez las repelieron y soportaron en sus respectivos momentos-, las concesiones fueron convirtiéndose en gracias habituales de los mandatarios urgidos de poner ciertos sellos republicanos durante sus inicios sexenales; y así llegamos a las reglas que fueron llevando al PRI a la urgencia de la alternancia bajo los auspicios de la Casa Blanca y a punta de traiciones –bien documentadas desde que se cedió el gobierno de Baja California al PAN en 1989-, que culminaron con la ruindad de Ernesto Zedillo. Lo recuerdo por si a Enrique Peña Nieto le han cerrado ojos y oídos para separarlo de estos hechos.

En línea semejante, el Judicial, hasta su instancia mayor, la Suprema Corte de Justicia, ha dado muestras fehacientes de una especie de supeditación a ciertas reglas “de oro” de un sistema carcomido, entre ellas la de no tocar a los ex presidentes.

SOlo existe una pobre excepción: El caso de Echeverría, quien fue arraigado temporalmente en su exuberante residencia de San Jerónimo durante dos años y exonerado con parcialidad escandalosa por el tremendo delito de genocidio –con la justa denuncia, rebosante de pruebas y argumentos, de por medio-, para tranquilizar a ciertos sectores de opinión, los de priístas intransigentes, quienes pensaban que golpeando al ex mandatario difamaban igualmente a su partido de origen. Todos sus sucesores, en mayor o menor grado, y su antecesor Díaz Ordaz, cuando ya poblaba uno de los camposantos, han sido objeto de severas denuncias, sea por prevaricación, peculado o, peor aún, por las persecuciones y muertes de centenares o miles de personas adjudicadas a sus fuerzas de seguridad. En el caso reciente de Calderón la cifra aumenta a medida que pasan los días: De los 83 mil registrados al final de su mandato, las organizaciones no gubernamentales europeas alegan tener un listado de 130 mil lo que obliga a situar a nuestro país dentro de la franja de las naciones más violentas del planeta.

Las cifras aumentan desproporcionadamente: durante el peñismo bárbaro ya se suman más de 80 mil cadáveres más en cuatro años de ejercicio; y todo ello sin considerar a los desaparecidos, que no son solo los normalistas de Ayotzinapa, cuya suma ya es de nueve mil en este periodo sumados a los veinte mil que “heredó” la bazofia de calderón interesado en prolongarse a través de una candidatura para su mujer y GRAN administradora, Margarita Zavala.

Pero nadie se explica los porqué de las discrecionales amnistías dictadas a favor de los “ex” aun a pesar del clamor general o de buena parte de las comunidades afrentadas –siempre habrá defensores que postulen lo contrario-, sin siquiera indagatoria alguna sobre los torcidos procedimientos de cada uno de ellos. Por ejemplo, el ex procurador Antonio Lozano Gracia, panista colocado como procurador general en la primera fase de la administración de Zedillo, me confió –“El Gran Simulador”, Grijalbo, 1997-:

--A mí me retiraron del cargo cuando pretendí formalizar una denuncia contra el entonces presidente Zedillo por una controversia de índole constitucional.

--Pero él era su jefe...

--Sin estar exento de la justicia –replicó-. Pero, además, teníamos encima al ex presidente salinas quien me llamaba, a cada rato, preguntándome, después de la aprehensión de su hermano Raúl, sí íbamos a ir por él.

--¿Qué le respondió usted?

--Que no, porque no teníamos pruebas concluyentes.

--Entonces, ¿no había responsabilidad alguna del ex mandatario sobre los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu en 1994?

--El de Colosio –afirmó- fue un crimen desde el poder.

--El poder era salinas...

--No necesariamente...y creo que le estoy dando una pista.

Hasta allí llegó, obviamente insinuando que el gran asesor de entonces, Joseph-Marie Córdova Montoya, debía responder por cuanto le señalaba; pero éste fue tan hábil que puso en la encrucijada a los legisladores perredistas que le acusaron: Si no presentaban pruebas les amenazó con querellarse contra ellos... y Cuauhtémoc Cárdenas, lo que le hubiera imposibilitado, en la víspera de las elecciones de 197, a acceder a la jefatura de gobierno del Distrito Federal. En el PRD optaron por dejar ir a la liebre para evitar poner en riesgo el triunfo cantado del ingeniero en el centro neurálgico del país y que, desde entonces, representa el mejor filón para este partido, política y económicamente hablando.

¿No es significativa, entonces, la supeditación de los órganos judiciales al poder supuestamente superior aun cuando por encima del Ejecutivo debiera estar la “soberanía popular” representada por el Congreso de la Unión? Esta interrogante ni siquiera se dignan en contestarla los integrantes de la nueva clase política experta en negociaciones soterradas y alianzas turbias como las de 2010 y 2011 entre el panismo gobernante y el partido que no reconocía al mandatario calderón –minúscula- por sus pecados originales –esto es la usurpación de una Presidencia precaria-.

Así llegamos a los últimos episodios de aquel 2012 lamentable que sembró las malas semillas: un grupo de académicos acusó a calderón –minúscula- por “genocidio económico”, un delito no tipificado en ninguno de los códigos penales –el federal y los estatales- que rigen en México aun cuando se pretenda crear jurisprudencia al respecto bajo las bases de un endeudamiento colosal, tres veces mayor a las propaladas reservas internacionales del país que alcanzaron niveles récord: 162 mil millones de dólares, tan ociosos como espectarles, esto es se sabe que existen pero nadie puede verlos sobre todo lo referente al oro por cuatro mil millones de dólares... resguardado en una bóveda de Arizona; y el segundo capítulo lo escribió Humberto Moreira Valdés, siniestro agiotista ex gobernador de Coahuila y pasajero presidente del PRI, al presentar en el Tribunal Internacional de La Haya, en Holanda, una denuncia contra el mismo ex mandatario arguyendo el genocidio cometido por éste en agravio de decenas de miles de personas, en su mayor parte inocentes en cuanto a las mafias dominantes cuyos elementos se mataron entre sí. ¿Ochenta mil?¿130 mil? Y ello sin contar a los desaparecidos, veinte mil más, que obviamente tienen más probabilidades de estar bajo tierra... como los huesos en el desierto de Samalayuca, alrededor de Ciudad Juárez.

No faltaron panistas, como Luis Alberto Villarreal ex coordinador de su bancada en la Cámara baja, quienes soltaron todo tipo de calificativos. Por ejemplo, Juan Molinar Horcasitas –quien se mantuvo en la cúpula hasta su muerte, no está libre de acusaciones por los infinitos señalamientos dada su responsabilidad en el incendio de la guardería ABC de Hermosillo que visité no hace mucho en uno de los instantes más duros que recuerdo por cuanto las fotografías de decenas de bebés calcinados sin justicia alguna sobre sus pequeños cuerpecitos-, se dio el lujo de calificar la querella de Moreira como “política barata”. Tan barata como las vidas de los niños quemados y de la barbarie encendida por obra y gracia de un sujeto execrable, Felipe Calderón Hinojosa. Nunca hubiéramos siquiera imaginado que nos iría peor, mucho peor, con Peña.

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01 Febrero 2017 04:00:00
Mentiras siniestras
La repetición de las mentiras suelen convertirse en lugares comunes sin la mínima base. Sobran estas en el México actual gracias a la promiscuidad mental del señor Peña Nieto, el rey de los enredos semánticos y de las justificaciones a mansalva. Nadie como él para expandir promesas que no puede cumplir y promover reformas que se empantanan en los sucios grandes lagos de la demagogia ramplona.

Por eso estalló la sociedad ante la reiterada miseria sociopolítica de poner en paralelo la venta de nuestro petróleo y el alza a las gasolinas arguyendo que construir refinerías ya era un mal negocio.

Con tal postura, peña fue devorado por Trump, mejor informado y con conocimiento de sobra sobre la existencia de 144 refinerías en su territorio –Japón tiene 50 y no es extractor de petróleo-, en donde se capta la materia prima proveniente de México para devolvernos el producto refinado a precio mayor. Hasta los niños de primaria –espero que a ellos no se les ocurra imitar a Federico N. de Monterrey-, podrían resolver la sencilla ecuación y determinar el nivel de las falsedades. México se estancó por una falsa política ambientalista que, de modo alguno, es redituable en otros renglones, por ejemplo en cuanto a nuestros bosques brutalmente atacados y a la desertificación alarmante cada año. Nuestro suelo es más desierto y menos productivo en la era de la nueva conquista estadounidense.

La fallida reunión con Trump, en la Casa Blanca, no fue sino una invitación a aceptar los hechos consumados como el inicio de la construcción del muro de la ignominia y el desecho del Tratado de Libre Comercio para América del Norte, además del Transpacífico. Nada para acordar y todo por asimilar bajo el designio de un gobierno mexicano profundamente vulnerable. Por eso, claro, desbarrancó.

¿Podríamos responder ante la amenaza de guerra que lanzó, todavía como candidato insolente, el señor Trump unos meses antes de los comicios que él mismo reconoció como ilegítimos.

En este punto debe cuestionarse la mentira mayor. El propio “pato” Donald admitió las versiones sobre el hackeo de los técnicos rusos a las computadoras estadounidenses destinadas a las funciones electorales; pero, además, hace unos días lanzó otra ignominiosa versión, tratando de justificar su andar fascista, al determinar que los votos de los “indocumentados” habían hecho la diferencia para abonar a la señora Clinton los dos millones 900 mil sufragios con los que ésta ganó la elección general, no así la fincada en la claudicante estructura de los “votos estatales” en los cuales sacó ventaja, mínima, en algunos de los estados con mayor puntaje... cuando su adversaria le sacaba ventaja durante las horas previas, esto es mientras los operadores de Putin hacían lo suyo.

La ilegitimidad de Trump es mucho mayor a la de su antecesor republicano, George Bush junior, quien en 2000 se erigió ganador por diferencia de 527 sufragios, detenidos en una comunidad de Florida, en donde su hermano Jeb gobernaba; un efecto de clan detenido por Al Gore, el vicepresidente quien creyó salvar al sistema en una fatal decisión que le relegó posiblemente de una victoria, modificando así el destino de la poderosa nación. Luego, en septiembre de 2001, conocimos el verdadero costo de ello cuando el liderazgo del abyecto junior se consolidó después de la tragedia terrorista de Nueva York.

Desde luego, para justificar a Trump se insiste en los aires bélicos frenéticos de Barack Hussein Obama –tales sus apellidos, cercanos a los de dos de los grandes enemigos de Estados Unidos que fueron sacrificados en los últimos diez años, Saddam Hussein, el sátrapa de Irak, y Osama bin Laden, el terror de Al Qaeda y antiguo socio de los Bush en su exitosa corporación petrolera Arbusto Oil –la traducción al español del propio infamante apellido-. Los círculos se cierran, lamentablemente, con los tufos de la complicidad. Así gobiernan “al mundo libre”, esto es a las naciones súbditas de las que somos parte, la Casa Blanca y sus arterias.

No extraña, con estos antecedentes, que las nuevas alzas a la gasolina programadas para dentro de unos días y la primera semana de marzo –del ocho por ciento adicional a lo que ya subieron en enero-, sean una estrategia dispuesta para desestabilizar, aún más, a México y sacar a la población a la calle, de nuevo, sin tocar al señor Peña, blindado por Trump como figura decorativa para señalar con la misma el grado de descomposición nacional. De irse el mandatario, ello podría dar lugar a una de dos distintas vertientes:
En primer lugar podría generar más violencia –la apuesta del “pato”-, al grado de que el desorden hiciera necesaria una ocupación formal por elementos de la ONU –los malhadados cascos azules-, para tratar de imponer la ley del más fuerte sobre la endeble territorialidad mexicana. Esto es: Si los grupos sociales marchan desunidos hacia el mismo punto, en éste se encontrarán y no habrá manera de evitar, cuando menos, un conato de guerra civil que justificaría, a los ojos del mundo –que han seguido la descomposición gradual de nuestro país-, una intervención de gran magnitud. No es broma, está en la agenda de las especulaciones posibles que marcan los derroteros de la CIA.

La segunda opción, más compleja, deviene de una mayor madurez de la comunidad nacional cuya exigencia sobre el retiro del mandatario en curso va acompañada de la serenidad suficiente para que las aguas no se desborden y sea posible retomar el camino de la civilidad perdida hasta lograr la consolidación política, a través de nuevas elecciones o de éstas con otras reglas, para modificar al sistema y asegurar la ruptura total del presidencialismo y la partidocracia, ambas sendas infectadas por la corrupción, la negligencia social y la ignorancia, esto es la ausencia de valores por el desconocimiento de la historia.

Lo primero es deleznable; lo segundo podría salvarnos salvo que sobre nuestro suelo se han posado los ojos de un neofascismo –le he llamado la victoria cultural de Hitler a setenta y un año de su deceso supuesto-, que no tolera a quienes no tienen sangre anglosajona como antes se pretendió exaltar a la raza aria. Es lo mismo aunque se confluye a dos épocas distintas aunque es la del presente la que es motivo de la asfixia general en un mundo confundido, sorprendido y rebosante de incertidumbre.

México está en peligro serio; lo ha estado siempre pero ahora es mayor a causa de las condiciones que privan. Por eso deben tomarse las decisiones necesarias para intentar superar el ahogamiento del país a costa de asfixiar al modelo político que tanto nos ha dañado. Esto último es la fuerza de Trump para socavarnos y no debemos caer en su juego.

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31 Enero 2017 04:00:00
» Ahora, el día DDT
Cuando asumió el “pato” Donald la presidencia de los Estados Unidos, haciendo buenos los augurios de Walt Disney –y, al parecer, también de los pitonisos Simpson–, hablamos de que volvían a darse las condiciones para un nuevo día “D” recordando el desembarco en Normandía como efecto del bombardeo, sin aviso, a Pearl Harbor desde donde los Estados Unidos habían puesto en jaque a Japón; no fue aquel un acto de traición, sino de defensa ante la disparidad de fuerzas y la amenaza que significaba la flota norteamericana en el Pacífico.

La comparación siniestra surgió porque la protesta de Trump parecía el símil de aquella ocupación de Europa con el argumento de combatir a un sistema inhumano, avasallante: El fascismo o igualmente el nazismo surgido del modelo Nacional Socialista para el cual sólo importaba el desarrollo de Alemania y la supresión de los candados a esta impuesta luego del desastre de la Primera Guerra Mundial.

Fue la vendetta la que llevó a la terrible conflagración, la más cruel de la historia incluso por encima de la Segunda Guerra universal, y las muertes de dieciocho millones de combatientes y civiles. Y el Tercer Reich logró, al inicio de la nueva oleada de terror bélico, vindicarse por las “humillaciones” que culminaron con el armisticio germano en un vagón de ferrocarril colocado en los jardines a las afueras de París.

Ahora, como se previó desde el principio, la asunción de Trump fue una parodia de rencores, de visceralidades acumuladas y de fobias acrecentadas por la soberbia. Todos los ingredientes que hicieron de Adolfo Hitler el más grande villano –para muchos criminal– de la historia. La misma filosofía está en boga ahora en la Casa Blanca –la de Washington–, merodeando por la oficina oval, conocida como el set más recurrente de la industria de celuloide –el otro es el de la escenografía de la brutalidad extrema de la guerra–, en donde Trump descarga sus odios personales y su augusta xenofobia basada en el imperio del capital extraído a costa de la sangre de los demás.

En el retorno a la década de los cuarenta del siglo pasado, Trump enfiló hacia México sus traumas y antipatías. Rompió tratados comerciales, como había adelantado, y acribilló con adjetivos hirientes a nuestros compatriotas que se ganan la vida en territorio norteamericano, también a cada uno de nosotros, generalizando sobre cuestiones como el tráfico de drogas... ¡propiciado y administrado por las propias autoridades y servicios de inteligencia estadounidense! Sólo los hijos de esta nación vecina son capaces de tan brutal parodia; ni siquiera la clase política de nuestro país.

Trump impone y peña habla de que la actitud de su gobierno no será sumisa. De carcajada. Precisamente, la orden para la reunión de hoy en la capital de la Unión Americana surgió de los testaferros del “pato” y, pese a las advertencias de antemano –comercio, deportaciones y muro de la ignominia–, el señor Peña Nieto aceptó de inmediato el encuentro que le quitó el sueño desde hace diez días... hasta que no tuvo opción más que cancelarlo. No tuvo jamás en las manos algunas alternativas para paliar las exigencias del pretendido todopoderoso que se acerca más a los infiernos en un mundo dominado por las perversidades que nos asfixian y nos arrebatan a innumerables seres queridos.

¡Qué rápido nos alejamos del escenario brutal de Monterrey en donde un niño de quince años, Federico N., arremetió a tiros contra sus compañeros del Colegio Americano del Noreste! ¡Qué terrible enterarnos que en Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, cuando menos, se fraguó el crimen tremendo contra decenas de niños al aplicarles agua destilada para simular quimioterapias mortales! ¡Qué dolorosa la cerrazón oficial ante las protestas públicas contra el alza a las gasolinas, motor de la economía, en plena debacle de valores morales! Y, sobre todo, ¡que indigna la permanencia del mandatario responsable de la gran tragedia nacional!
Sobre todo ello, duele que sólo reaccionara la sociedad cuando el bolsillo le dolió por la carestía, en alza, y apenas se movilizara tras los genocidios de Iguala, Tanhuato y Tlatlaya, además de los de Apatzingán, Puerto Vallarta, Guadalajara y otros más. ¡Qué terrible la displicencia ante los abusos reiterados de los mílites y la guerra que cubre de sangre a la nación mientras el gobierno civil, bajo presión, cede ante las exigencias de los mandos superiores! ¿Quién tiene, en México, poder real sobre el presidente? ¿Los dueños de minas como Germán Larrea y Alberto Baillères, protegidos de los grandes consorcios norteamericanos? ¿De dónde vienen todos los males?
Quienes representan a México –la esdrújula sagrada y deshonrada por quienes se apropian del concepto nación y se visten con este–, olvidan que la diplomacia debe ser, en todo tiempo y lugar, ante cualquier otro país, recíproca. ¿Por qué los estadounidenses no necesitan ni pagan visas para ingresar a nuestro territorio y a los mexicanos, incluso con visados, se les somete a interrogatorios vejatorios? ¿Cuántos personajes han sido sometidos a ellos con la consabida indignación que muere en ellos mismos desde el momento mismo de “librarla”? Si no hay dignidad propia, no puede existir respeto ajeno.

Ya sabemos de antemano que Trump, el huésped de la casona de la avenida Pensilvania más antimexicano en más de un siglo, incluyendo a quienes ordenaron la invasión de 1847 y la ocupación de Veracruz en 1914, acaso en el torpe papel de David Crockett –quien fue aniquilado durante la batalla por “El Álamo”, en lo que es hoy San Antonio–, cazador de osos y vengador fantasmal, pretende pasar, de nuevo, sobre los intereses de México. Para ello le dio cauce, desde 1986, el primero de los grandes vende-patrias, Miguel de la Madrid, quien se negó a formar un “club de deudores” con los pueblos hermanos de Latinoamérica y optó por caer de rodillas ante el Fondo Monetario Internacional.

Fue aquel momento vergonzoso el que, sin duda, marcó las líneas por las cuales ahora Trump nos considera inferiores y simples vasallos de los intereses de Norteamérica. Ya nuestros productos –como el aguacate– son motivos de boicot; y también los limones de Argentina y otras mercancías perecederas provenientes de Centro y Sudamérica. La insolencia del presidente 45 de los Estados Unidos no tiene límites y México ni siquiera puede esgrimir la marginada Doctrina Estrada, otrora más fuerte que una barda cimentada con la razón y el derecho, porque el gobierno nuestro, a golpes lacayunos, la desfondó y extinguió; sólo queda la letra y el dolor por la nostalgia de la honra perdida.

Con tales cartas, peña enfrenta a Trump. Y, demacrado, sólo le resta esperar el inexorable juicio de la historia... que ya perdió.

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29 Enero 2017 04:00:00
» El Fracaso del Régimen
Sin duda alguna ya, enrique Peña Nieto es la imagen viva del fracaso. Exhibido como predador ambicioso y descuidado, represor y torpe en la toma de sus decisiones, cuanto ha propuesto se lo ha llevado su propio fango. No hubo necesidad de consulta alguna para enfrentar los efectos de la malhadada reforma energética en sentido contrario a la historia de México y la defensa de su soberanía con mucha sangre derramada; simplemente se derrumbó ante la caída abismal de los precios del petróleo -veintinueve dólares por barril- y la consiguiente reserva de quienes, fuera y dentro del país, se frotaban las manos en espera de los jugosos contratos de Pemex sin medir la catástrofe que se avecinaba en los mercados internacionales: se calculaba apenas hace un año, el valor de la mezcla mexicana del crudo, a futuro, en cuarenta dólares por barril cuando llegó a cotizarse en doscientos... y se sostiene en niveles bajísimos mientras la gasolina va al alza. Absurdo... Lo que toca Peña, al revés del Rey Midas, se convierte en cenizas, para no decir otra cosa.

Fracasó igualmente la reforma fiscal porque veintidós entidades federales, bajo los mandos del narcotráfico, dejaron de aportar lo usual y, para colmo, la facturación electrónica saturó las páginas de la trituradora secretaría de Hacienda en donde Luis Videgaray Caso, ahora Canciller, atesoró sólo premios internacionales –muy bien cotizados por el erario-, a cambio de su notoria incapacidad para frenar las oleadas especulativas y los vaivenes de Wall Street así como la crisis del euro que somete a las filiales bancarias hispanas y les impulsa a saquear divisas a México y Brasil. Ahora volverá a recurrirse al terrorismo fiscal para extender las medidas represivas contra una sociedad que, ahora sí, parece dispuesta a exigir el respeto a la soberanía popular.

La reforma educativa, a su vez, está a medias con los maestros, buena parte de ellos, soliviantados, reprimidos y escarnecidos injustamente con evaluaciones sesgadas y con censos marginales de los mismos, condiciones medulares que originaron la iniciativa presidencial. Pese a su dolor, detrás de las rejas, la maestra y ex cacique, Elba Esther Gordillo –ahora internada en el hospital ABC, de lujo-, debe estar riéndose a carcajadas porque la Presidencia no pudo pasar los valladares de una clase magisterial confundida y temerosa al sentirse débiles y vulnerables sin dirigencias. Por ello, claro, dan clases mientras no caminen las normas impuestas pero no en la praxis.

Y, finalmente, la reforma en materia de telecomunicaciones, con dedicatoria especial para Carlos Slim Helú, Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego, sencillamente se estrelló en el cerco del dinero. A Slim le bastó un pequeño movimiento en la Bolsa, a través de América Móvil, para revertir sus supuestas pérdidas y ganar millones de dólares hasta volver a situarse en el pináculo de los más ricos del planeta; por su parte, Azcárraga y Salinas Pliego, siguen esperando a sus competidores sin que les sacuda el polvo: Tienen elementos de sobra para colocar a Peña Nieto frente a la pared, en el rincón, con sólo difundir las crónicas del presente.

Y, por supuesto, los asesores de cabecera, Aurelio Nuño Mayer, ahora además sentado en el escritorio de Vasconcelos, y el delfín Luis Enrique Miranda Nava, secretario de Desarrollo Social, se convirtieron en rastrojos en una espectacular caída de los efectos mediáticos a los que tanto jugo sacó el propio mandatario en funciones –quien obedece, no lo olvidemos-, en la hora de su apoteosis de campaña. No pueden ofrecer por estos días sino sudor y lágrimas a la vista de la sangre derramada –casi sesenta mil muertos por una guerra sin contenidos salvo la represión contra jóvenes y civiles cansados de ser manipulados, en dos años de ejercicio más allá del linde de la barbarie tal y como recogen los noticiarios y cotidianos del exterior, sorprendidos, indignados-, y bajo una tremenda crispación social que no cesará; al contrario, habrá más gente en las calles al ritmo del rencor y el hastío. Y esto, claro está, se aproxima al doloroso amanecer de 1994 y a los terribles hechos de 1968 con la diferencia de que ahora es gran parte de la comunidad nacional la “provocadora”, y no sólo los universitarios y politécnicos, contra un puñado de personajes de élite absolutamente rebasados.

Además, sin duda, lo sucedido desde septiembre de 2014 cuando se “descubrió” que un destacamento militar había ajusticiado sumariamente a veintidós civiles, esto es noventa días antes de que la nota nos llegara desde el exterior para vergüenza de los periodistas nacionales –me incluyo-, en una bodega de San Pedro los Pinos, Tlatlaya, con testimonios gráficos irrefutables al grado de que se ordenó la aprehensión de siete militares, escogidos al azar, produciéndose con ello un profundo escozor en las filas castrenses contra sus mandos y elevando el riesgo de una revuelta en las mismas. Y, claro, el responsable más encumbrado, Salvador Cienfuegos Zepeda, titular de la Defensa Nacional, optó por lavarse las manos y asegurar que la institución no se “amedrentaba” con las críticas...

¡cuándo las armas y el poder de fuego están de su lado!
Y las secuelas fueron de mal en peor. Con los sucesos de Iguala y Cocula, los “desaparecidos” cuyas madres se niegan a reconocer como muertos porque creen que pueden o pudieron estar esclavizados sacando oro de las minas o en los laboratorios de goma de opio, los de mayor productividad en la República; por ello los primeros autobuses fueron baleados porque la policía del infeliz José Luis Abarca, perredista –no olvidemos este detalle por el que pidió perdón el ex dirigente de este partido, Carlos Navarrete Ruiz en tanto Andrés Manuel López Obrador trataba de deslindarse porque él fue uno de quienes impulsó al personaje aunque lo haya negado públicamente-, exigía la entrega de los cargamentos de opio que suelen transportar las líneas regionales en cada entidad que cruzan. Una red más efectiva aún que las llamadas “sociales” vía internet.

Es curioso en el tema de los normalistas de Ayotzinapa los dos mayores antagonistas, como los extremos, se tocan. López Obrador al mentir sobre su respaldo a abarca y a sus padrinos, los hermanos Mazón muy afines a Andrés Manuel, y peña nieto al respaldar, hasta el último momento, la precandidatura de ángel Aguirre Rivero, el tránsfuga que mudó de partido sin distanciarse de su amigo, el entonces precandidato presidencial del PRI quien perdió la posición por una cuestión de contrapeso: Era necesario detener un poco el impulso arrollador del mexiquense situando a Manlio Fabio Beltrones, quien apoyó a Manuel Añorve Baños al final derrotado en los comicios, en línea para ser después crucificado mostrando con ello su escaso poder de convocatoria. Una jugada maestra, diseñada no por peña sino por quienes le impulsaron –entre ellos Montiel, Salinas y demás raptores-, que acabó con la entonces fuerza de Beltrones y dejó limpia la ruta para la exaltación de peña y los desastres posteriores. Pero Beltrones se levantó y ahora encabeza a un PRI, estando él maniatado.

Perdida la autonomía entre los poderes de la Unión –basta para ello constatar el desempeño como ministros de la Corte de Norma Lucía Piña Hernández y Javier Laynez Potisek, éste último con tres décadas de carrera en la burocracia presidencial-, y un Congreso rebosante de dinosaurios y sus cachorros, los Juniors del Jurásico, la presidencia se mueve sobre un pantano y, peor aún, sin legitimidad alguna dado el apoyo minoritario del quince por ciento de los mexicanos.

¡Y qué decir de las ignominias de las colas verdes! No hay delito electoral que no hayan cometido –incluso triangulaciones ilegítimas con viene inmuebles supuestamente “donados”-, y pese a ello no se toma en serio, en las alturas del peñismo obtuso, la justa demanda de algunos opositores, y de millones de mexicanos, para retirar el retiro a una institución deshonesta, gregaria, especuladora y tunante a la vera de un priísmo que se ahoga con todo y Beltrones.

Nunca, en la historia del país, se había solicitado la salida de un mandatario federal desde los dos primeros años de su asunción; y de eso ya pasaron otros doce meses entre especulaciones sobre la recortada agenda del mandatario. Sólo hay un caso: cuando el senador Belisario Domínguez, en la máxima tribuna, exigió la retirada del villano usurpador, Victoriano Huerta Márquez, a cambio de su propia vida. El legislador chiapaneco fue torturado, mutilado, sin lengua para señalar la vendetta por un pronunciamiento impecable, y finalmente ofrecido, muerto, al sátrapa. El recuerdo es oportuno luego de que el pasado primero de diciembre, una senadora, la campechana Layda Sansores –su padre fue un cacique impresentable-, alzó la voz y solicitó la licencia indefinida de Peña a quien llamó inepto, cobarde y corrupto –no son insultos, dijo ella, sino la opinión de quien no puede ser coartada al expresarse por razón de su función legislativa-, precisando cada punto, desde las maniobreras operaciones por la llamada “Casa Blanca” hasta el deslinde de su mujer, la actriz de telenovelas a quien le encanta lucirse en escenarios en donde no está el marido, pasando por las represiones inconcebibles de Tlatlaya e Iguala.

Y bien que le gritaron en el Zócalo –ahora convertido en pista de patinaje sobre hielo-que parece, cada vez, una gran plancha ideal para la represión –lo digo para advertir no para amedrentar-: “¡Fuera: Tú no eres Ayotzinapa sino Atlacomulco!” El grupo y el penal, la mafia y las rejas, las conjuras y la mayor de las derrotas políticas. Porque no son pocos quienes, además de la licencia, exigen un proceso contra el decepcionante mandatario cuyos fracasos se cuentan por decenas. Digámoslo sin ambages.

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27 Enero 2017 04:00:00
» De lógica política
Si comenzó mal 2017, en cuanto a la política y no sólo en este renglón, los meses subsecuentes pueden ser mucho peores por la descomposición del tejido social y política y la inminencia de una crisis financiera imparable, rendido el peso ante el dólar, más bien vapuleado ante la presencia presidencial del xenófobo y fascista que gobierna Estados Unidos, y con los precios del crudo desplazados mientras se aumentan los precios de la gasolina. Una quiebra no anunciada, diríamos si se tratara de una empresa y no de una nación, que sobrelleva la tremenda afrenta de una supervivencia a cambio de jirones de soberanía... y ya quedan muy pocos.

Muchos se preguntan, con razón, como en este escenario tan adverso, brutal diríamos, el gobierno mexicano insiste en la continuidad del partido enseñoreado de la Presidencia de la República aun cuando miente, con descaro, al subrayar que nuestra economía está “estable y en crecimiento” mientras, por ejemplo, en Francia, ante la realidad, se declara una emergencia económica como efecto, entre otras cosas, del terrorismo que hizo encallar a la gran industria del turismo. Y lo mismo ha sucedido con otras naciones líderes en el mundo occidental cuyas finanzas resienten los efectos globales de la depresión que Estados Unidos intenta superar a costa de guerras en el Medio Oriente al lado de sus aliados desfalcados como los galos.

En este entorno, el año electoral que se plantea a partir de los viejos y arraigados fraudes -las truculencias durante las jornadas comiciales se han dado en el ring exclusivo de los caciques regionales, los ex gobernadores y sus títeres-, no es sólo complejo sino de alto riesgo porque el partido en el gobierno, sus corifeos e incluso sus aliados soterrados de la “oposición” –no sólo los miserables verdes situados fuera de la ley y bajo la impunidad-, parecen querer jugar con fuego y pueden quemarse... incluyendo al soberbio Manlio Fabio Beltrones quien, por supuesto, se jacta de los votos de los paupérrimos pero no aclara el destino de los millones de pesos sustraídos de su administración en Sonora: Mil millones, nada menos.

Lo que falta. El PRI ya tiene prospectos en las entidades que elegirán gobernador dentro de unos meses. Son tres pero claves no sólo por su importancia política y económica sino, sobre todo, en el mayor número de éstas por cuanto a la influencia determinante de las mafias con dominio territorial sobre ellas cuya expansión, dentro del organigrama gubernamental, es consecuencia de la ausencia de medidas drásticas para frenar la colusión entre los capos relevantes, por ejemplo, y altos miembros de la clase política.

En esta condición, Coahuila se lleva la palma a la par con el nepotista gobernador, Rubén Moreira Valdés, hermano de Humberto el cínico. Insisto: la cobardía del personaje es tal que ni siquiera se animó a intentar resolver el genocidio financiero de quien le precedió aunque se tratara de la misma sangre, su sangre.

Si se tiene la menor lógica política y considerando que hace seis años el tal Rubén y sus corifeos afectados ganaron sobre una abstención notable –muy distante de la mayoría que legitima-, puede augurarse que el PRI no puede ganar ni moral ni prácticamente salvo un escándalo más a la manera “de la vieja guardia” –como en Sonora hace un año-, esto es bajo la escuela de los grandes alquimistas que han favorecido al tricolor con las mayores desviaciones de la voluntad general. La abstención es un arma de mayor peligro que las pistolas nueve milímetros del ejército.

En Aguascalientes, la cuna del beodo ex mandatario Carlos Lozano de la Torre, a quien no se ha emplazado por el nuevo mandatario panista, Martín Orozco, no pudo mantenerse el PRI al aplicarse el voto de castigo que igualmente envuelve al panista, predecesor de Lozano, Luis Armando Reynoso Femat, represor y enfermo sexual entre otras cosas –lo ladrón nadie se lo quita-, y mantener a su entidad en un largo marasmo inundado por el miedo inconcebible. Como allí la situación se extiende por Nayarit e incluso el Estado de México.

Analicemos a algunas de las entidades que dieron la bienvenida a gobernadores singulares durante el recién terminado 2016:

En Chihuahua, caramba, la línea del masoquismo electoral cesó igualmente tras el periodo oscuro de César Duarte Jáquez –jaqueca debería escribirse-, y el reiterado cúmulo de señalamientos; y en Durango, parte de triángulo dorado que es refugio de cárteles y bandas, los momios estuvieron parejos igualmente por la ausencia de definiciones políticas aunque, al final, el PAN se alzó con la victoria por la exhibición de nexos inconfesables; y lo mismo en Hidalgo, tierra de viejos caciques, en donde al ex mandatario Francisco Olvera Ruiz, a quien ni se vio ni se expuso, fue el responsable de una continuidad con una creciente oposición.

Oaxaca se convirtió en un nuevo polvorín con la reconquista priísta que se antojaba imposible bajo el fuelle de los juniors y la ausencia de conocimientos sobre la extendida problemática local; para colmo, los aliancistas están tan desprestigiados, como Gabino Cué Monteagudo, que tampoco fueron opción bajo el peso de la explicable irritabilidad; y en Puebla, el célebre “góber bala”, Rafael Moreno Valle, maniobró para que los panistas ni siquiera tuvieran rival en una deformación que se acerca al antiguo fascismo y con tal de “salir limpio” como presunto precandidato de su partido a la Presidencia a partir del primero de febrero. Causa náuseas.

Sigue Quintana Roo en donde los priístas Roberto Borge Angulo, gobernador, y su padre, Roberto Borge Martín, dentro de un extenso clan familiar que se han adueñado de la más joven entidad del país –que antes fue propiedad de once miembros de la “casta divina” yucateca-, y han reprimido, cooptado y difamado a los críticos valiéndose de mercenarios que aplauden, entre otras cosas, la destrucción de los manglares de la Riviera Maya para entregarles tierras a los consorcios hoteleros del exterior. Despiadados egocidas que debieran ser castigados, como su partido, aunque parece difícil dado los controles electorales abyectos.

Lo de Sinaloa se cuece aparte. El ex Mario López Valdés, aliancista pero priísta por formación y convencimiento, hizo del gobierno una suerte de lupanar propio para los grandes capos pertenecientes a la Confederación de Sinaloa, mucho más poderosa y presente que el mandatario, el tal MALOVA, quien ya debiera estar ante la justicia. Aquí los narcos mandan y los priístas supieron negociar mejor mientras el miedo pervive entre un colectivo maniatado de la mano de Quirino Ordaz Coopel.

¿Díganme ustedes si con esta perspectiva, una de las peores visualizadas desde el inicio de cada año, podemos los mexicanos sentirnos tranquilos o si, al contrario, la agitación de los rencores justos de la ciudadanía está a punto de explotar aunque se haya apaciguado al Volcán de Fuego en Colima? ¿Fue así o todavía alguna entidad será capaz, siquiera, de recuperar lo perdido oponiéndose a la impunidad reinante y exhibiéndola?

A veces me resulta inexplicable la pasividad de las sociedades afrentadas, sobre todo la mexicana. A la vista de las complicidades que saltan a la vista, el recurso del sufragio tampoco parece ser certero por los usos ilegales de recursos y las constantes trampas contra la voluntad de a ciudadanía. Es esto, sí, lo que debiéramos evitar para separarnos del carril de la tolerancia que nos asfixia.

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26 Enero 2017 04:00:00
» Debate sobre violencia
La semana anterior, marcada por la asunción presidencial de uno de los antimexicanos más feroces de la historia, el “pato” Donald Trump Macleod, fue especialmente dolorosa por cuanto a la brutal acción de un pequeño de quince años en Monterrey, el sitio criminal a Cancún, la nueva crecida de la violencia en Culiacán y otras capitales y la continua descalificación de las protestas por el alza a las gasolinas. ¡Ay, si la ciudadanía hubiese reaccionado a tiempo!
El 14 de octubre de 2014, cuando convocamos a un Paro Nacional boicoteado no solo por el gobierno peñista sino por algunos dirigentes a quienes no cayó bien no ser ellos los que tomaron la iniciativa, sumidos en sus apretados cubículos de soberbia, solo unos grupos y estudiantes secundaron la llamada y unos cientos de capitalinos –o citadinos de acuerdo a la nueva denominación-, se apostaron, con este columnista, en la puerta principal de Los Pinos. No faltaron los imbéciles que se burlaron por nuestra petición de usar enseres de cocina para hacer ruido al estilo de lo que se ha visto en naciones luchadoras como Chile y Argentina. Los cacerolazos son, en todo caso, mejores que los tiroteos sin dirección alguna.

Esos descalificadores ahora deben justificar su ominosa desidia. Sí, también ante la imagen del drama en Monterrey aun cuando, desde luego, los defensores oficiosos de peña insistieran en que lo sucedido en la capital neoleonesa –tan sacudida por los horrores del narcotráfico; fue allí donde aparecían “colgados” en los cruceros amén de los primeros “narco-bloqueos” en las rúas-, no podía ser obra del presidente por mucho que éste fuera repelido por la mayor parte de los mexicanos –el 85 por ciento de acuerdo a los sondeos de algunos periódicos y más del 90 por ciento con recogen las organizaciones no gubernamentales-.

Pese a la ligereza de tal juicio es evidente el daño que causa el entorno de violencia, provocada por el gobierno como un distractor a la rebeldía cívica, para tratar de apaciguar las voces que reclaman no sólo la rectificación en los precios de los combustibles sino, sobre todo, la licencia definitiva del señor Peña Nieto quien evidencia, cada día, su profundo hartazgo por el ejercicio del poder aunado al cansancio, mental y físico, derivado de su enfermedad y de los tratamientos quincenales –cuando menos-, en el Hospital Militar. El cáncer en la próstata puede ser vencido pero no sin secuelas ni riesgos de nuevas expansiones.

El fastidio del mandatario igualmente se refleja en el círculo personal en donde la señora Angélica Rivera Hurtado, sobrina de Miguel de la Madrid por si lo han olvidado, ha sido conminada a mantener silencio y solo aparecer en público para lucir la nueva moda costeada, por supuesto, con su propio dinero y no los del erario como no se cansa en repetir ante las justificadas sospechas de los gobernados; y los viejos amigos del mexiquense extreman sus comentarios preocupantes y reprobatorios por doquier.

No parece haber quien sea capaz de frenar la marea del odio, cargado con el sargazo de la maledicencia y el deseo de enfrentar a una situación insostenible.

No recuerdo tanto rencor ni en los tiempos de Díaz Ordaz cuando los tanques aguardaban a la entrada de mi preparatoria, y de muchas más, convertidos los estudiantes en subversivos bajo las órdenes, se decía, de genízaros extranjeros preparados para un golpe de Estado desechado por el general Marcelino García Barragán, el mílite jalisciense a quien se honra en el jardín de los próceres en Guadalajara como si hubiese sido salvador de la patria escarnecida.

¿Cuántas generaciones se llevó por delante el genocidio de Tlatelolco? No puede precisarse pero, desde luego, la matanza del jueves de Corpus, el 10 de junio de 1971, sepultó igualmente las ansias de redención de los jóvenes de entonces, todos ellos dispuestos a vencer al sistema con la fuerza de la justicia y la razón, malogrados por la cobardía inaudita de las fuentes oficiales que resistieron y se atrincheraron para asegurar la continuidad política malsana.

Así arribó el frívolo López Portillo y luego vendrían los gobiernos noeliberales entreguistas, descaradamente antimexicanos.

Por fortuna, entonces, no teníamos a un Trump en la Casa Blanca aun cuando sus predecesores se comportaron con alevosía. Sobre todo el cínico Ronald Reagan quien saludó al señor De la Madrid, en el puente fronterizo, con una expresión políticamente incorrecta para los mexicanos:
--Me place –dijo- que un egresado de nuestras universidades sea ya presidente de México.

Con ello validaba la tesis de Robert Lansing, secretario de Estado norteamericano, al fin de la Revolución:
“México es un país extraordinario, fácil de dominar porque basta con controlar un solo hombre: El presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la presidencia a un ciudadano americano ya que esto llevaría otra vez a la guerra.
La solución necesita más tiempo: Debemos abrir a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y el respeto al liderazgo de Estados Unidos.

Con el tiempo esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes, finalmente se adueñarán de la presidencia; entonces, sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos.

Y lo harán mejor y más radicalmente que nosotros.”

Este estigma, por desgracia, ha normado las interrelaciones con la mayor potencia de todos los tiempos, incluso considerando los imperios griego y romano cuando la crónica histórica estaba apenas en pañales. Y con el mismo criterio se dio paso a la irrazonable invasión de marines al puerto de Veracruz en 1914, propiciada por un incidente marinero sin importancia. Durante meses duró la afrenta, ondeando el pabellón de las barras y las estrellas en nuestro territorio bajo el mandato de un usurpador, victoriano huerta, acaso el peor de los antihéroes –que son muchos- de nuestro país.

El desafío hoy tiene nombre y apellido: Donald Trump. Llevamos ya varios meses, desde cuando los tuertos sugerían que arrollaría en los comicios la apática Hillary, ex primera dama y ex secretaria de Estado, quien ganó en cuanto a la votación general pero sin contar con instrumentos para defenderse del hackeo de los rusos. Ahora, el nuevo presidente tiene amplia ruta hacia la ignominia pese a las protestas razonables de millones de sus compatriotas.

En el tornado político, México ya está en el aire; y sin presidente ni gobierno.

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24 Enero 2017 04:00:00
» Sigue la burla
El señor peña está en desventaja notable: Los cuestionamientos de sus gobernados, algunos de ellos franca y acaso merecidamente groseros, exhiben a un colectivo decepcionado, molesto, sencillamente cansado y harto de su mandatario y de los “esfuerzos” de este para armar diatribas e intentan manipular a quienes se las creen. No ha entendido, por ejemplo, que el rencor mayor viene de las mentiras reiteradas y de los pronunciamientos cargados de sarcasmo que van en sentido contrario a la punzante realidad, esto es como si, además de los encajes económicos, los genocidios y la oleada de corrupción, tuviera todavía el cinismo inaudito para vernos las caras.

Sigo lamentando el lento despertar de los mexicanos, hasta ahora de pie, cuando desde hace dos años, tras las atrocidades de Ayotzinapa y Tlatlaya, amén de otras escenas grotescas como la de su mujer justificando su riqueza en un vano intento de legitimar su corrupción, llamamos a un par nacional, el 14 de octubre de 2014, cacerolas en mano, y ello en lugar de convocar a millones de mexicanos dio lugar al pronunciamiento valioso de algunos grupos racionales y los señalamientos ridículos de otros por haber hecho sonar cacerolas ante una hilera de granaderos en la residencia oficial de Los Pinos.

Perdónenme pero tenía guardada esta nota con la intención de que me sirviera de bálsamo. No entendí por qué un país cargado de afrentas no fue capaz de reaccionar a tiempo. Imagínense, nada más, si hubieran apoyado aquella manifestación hasta lograr, como en 2004, una marcha por la paz, la libertad y el buen gobierno A TIEMPO y no después de más de dos años de gobierno, de octubre de 2014 a enero de 2017, para que salieran a las calles, indignados, los mexicanos. Pudo más el bolsillo, duele decirlo, que la secuela de crímenes y ladronerías. Este estigma también nos cae en la cara.

Hace veintisiete meses se dio la barbarie institucional, entregándose al país a las bandas delincuenciales mientras el Ejército, la Marina, la gendarmería y hasta los odiados granaderos, eran absolutamente rebasados por el crimen organizado y colocados en una zona de guerra en donde solo atacaban a los ciudadanos, como los llamados “autodefensas” al grado de despedazar, física y emocionalmente, a quien lideró a las mismas, el doctor José Manuel Mireles Valverde, quien todavía permanece, enfermo, en la prisión. Tal equivale a mostrar su cabeza en una esquina de la Alhóndiga de Granaditas siguiendo el brutal ritual de los salvajes hispanos que sometieron a los pueblos prehispánicos utilizando las artimañas de la traición.

Para eso sí han sido efectivos: Para controlar a los ciudadanos desesperados por la ausencia de seguridad y el constante ultraje a sus familias, botines incluidos para la soldadesca, sin la menor protección por parte de las fuentes oficiales que debieron encargarse de asegurar las plazas tomadas por los cárteles en una inútil guerra, propiciada por Calderón con su esposa al lado –si es que no estaba mancillada por sus golpes-, que no ha detenido, hasta hoy, el flujo interminable de drogas hacia los Estados Unidos.

Si por cada muerto mexicano, derramada su sangre por las vendettas y las estrategias estadounidenses, hubiese disminuido un cargamento de estupefacientes hacia los Estados Unidos, cuyas aduanas reciben la mercancía y la dejan pasar en complicidad abyecta con las agencias de inteligencia, CIA, DEA, NSA, Y FBI, reguladoras del mercado, hace tiempo habría terminado el flagelo. Pero no ha sido así: La “exportación” no se ha reducido siquiera en un gramo y se mantiene “estable”. Miserables mentirosos.

En las semanas recientes, el señor Peña, tratando de encontrar vanos pretextos, ha usado para sus alegorías infantiloides a mulas, huevos y gallinitas de oro. Aunque “ler” –leer- no sea lo suyo podría convertirse en un buen cuentista para los niños mexicanos y quizá hasta podría ser este su oficio, cuando nos deje en paz a los mexicanos, el algunos de los países nórdicos en donde fluye la fantasía con mayor facilidad para mitigar las tantas horas de encierro a las que obliga el frío invernal. Sería un buen refugio para él en ausencia de justicia, esta sí muy lejana aún de la normalidad con todo y los sueldos de 600 mil pesos mensuales que los ministros de la Corte cobran sin el menor agobio personal para mantener sus propias pleitesías y defender al establishment. Parvada de ladrones.

Últimamente el referente a las gallinitas causó hasta indiferencia, el peldaño más alto de desprecio, entre quienes le escucharon parlotear. Fue tan ridículo hacernos creer que habíamos tenido una cuando la depreciación del salario tiene décadas y el poder adquisitivo, sobre todo de los trabajadores sujetos a salarios mínimos, ha venido en picada. La tal gallinita, en todo caso, debe haber sido devorada por la sin par “Gaviota” y los hijos de ella y su consorte presidencial, en la cena de Año Nuevo, previa al torpe “gasolinazo” que terminó por ser explosivo. Ahora, ¿habrá alguien que estigmatice a los jóvenes normalistas de Ayotzinapa por haber intentado incendiar una pipa mientras la defendía Gonzalo Rivas Cámara premiado post mórtem ¡con la medalla Belisario Domínguez!, hecha trizas su razón de ser, la defensa de la libertad y no la fidelidad a su empresa, para secundar a un periodista oficioso que convirtió en este hecho en emblema oficial contra el genocidio de Iguala y Cocula. Qué asco.

Si hubiéramos actuado a tiempo podríamos haber evitado cientos de tragedia. No lo hicimos y, por ello, fui señalado como un enajenado busca-pleitos armado de una cacerola. Sí, me molesta la estulticia de quienes, servidores de Peña, solo buscan escarnecer a quienes levantan la cara. Por eso llegamos a este punto mientras las afretas siguen: En febrero habrá de aumentar la gasolina, de nuevo, en un ocho por ciento y otro tanto en marzo. No van a detenerse a menos de que el señor Peña solicite, ya y sin tardanza, una licencia definitiva.

Aseguran los cercanos al titular del Ejecutivo federal que este, de plano, desearía estar fuera de Los Pinos y solo se sostiene para tomar terapias en el Hospital Militar. Con gusto le financiamos su convalecencia en alguno de los centros médicos de Yucatán que dejó abandonados, desnudos, la ladrona yucateca Ivonne Ortega Pacheco, una pesadilla que no cesa desde hace ya varios lustros. No es cuestión de género, sino de grados de criminalidad.

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22 Enero 2017 04:00:00
» Intenciones ocultas
Alguna vez me confió el abogado Antonio Lozano Gracia, luego de dejar la titularidad de la Procuraduría General apenas dos años después de hacerse cargo de ella durante el malhadado y simulador régimen zedillista, que se había atrevido a presentar una denuncia contra su jefe, el presidente, por haber incurrido en actos inconstitucionales en sus correlaciones con las entidades federales. El mandatario lo mandó a llamar y le pidió su renuncia a cambio de una embajada. Lozano se negó a irse de México y su salida fue vista como consecuencia de sus errores –el caso de los huesos supuestamente de Manuel Muñoz Rocha y de la utilización de una bruja, “La Paca”, para encontrar los que eran del suegro de ésta en los lindes de una de las más grandes propiedades de raúl salinas, la finca “El Encanto”, ahora recuperadas para él y su familia-, y no del acecho judicial a su patrón.

En este punto y hora, sin duda, se nulificó toda posibilidad de que las instituciones prevalecieran sobre quienes, de manera perentoria ocupan los cargos públicos. El presidencialismo privó sobre el Estado de Derecho y la querella iniciada por el llamado “abogado de la nación” ni siquiera fue nombrada más; se apagó como el destino político del panista Lozano con quien Zedillo pretendió iluminar el falso sendero de la pluralidad para después caer rendido ante la derecha en la fase terminal de su periodo.

Por esta misma razón, no debió ser válida la protesta presidencial de Enrique Peña Nieto porque al alzar la mano y declamar el texto constitucional se olvidó de mencionar la denominación completa de la “Constitución” –que pudiera ser cualquiera y no la Política de los Estados Unidos Mexicanos, brincándose una línea clave-, por lo cual, en estricto derecho, podría considerarse fuera de contexto su presencia en Los Pinos e incluso nulas sus acciones como titular del Ejecutivo... si tuviéramos, claro, un Estado de Derecho. Y aunque las comparaciones son odiosas, vale la pena recordar que Barack Obama, en su protesta ante el Capitolio, omitió algunas palabras ordenadas en el cuerpo de la carta superior, lo que obligó al presidente de la Corte a tomarle nuevo juramento en la Oficina Oval de la Casa Blanca para que pudiera comenzar su gestión al amparo de la normativa ineludible e indispensable.

En nuestro país, por desgracia, el derecho se alinea a los intereses de cada quien; y no hablo solo del presidente Peña en quien recaen un gran número de faltas pero no todas como algunos pretenden sino, igualmente, de las directivas partidistas atrofiadas que se creen impolutas dentro de sus mismos gallineros. No digamos el icono de la izquierda quien ha sido capaz de sobrevivir, sin sueldo fijo, por toda una eternidad sexenal y, además, sin Registro Federal de Causantes. Hay cuestiones que no sólo están mal vistas sino además resultan desilusionantes, y lo entiendo, para sus partidarios.

Pero pocos son comparables al antiguo rector del PAN, Gustavo Madero Muñoz, moderno Antonio López de Santa Anna por cuanto éste iba y venía desde Veracruz hasta la Presidencia cuando le daba la gana y con la misma ligereza tomaba las largas licencias para descansar en su hacienda de “El Lancero”. Sin respetar plazos, sin someterse a los designios de la militancia –lo que haría un demócrata serio-, como si tomara por asalto el liderazgo nacional de su partido que dejó en las jóvenes manos del queretano Ricardo Anaya Cortés la presidencia “provisional”, Madero retornó a su elevado encargo cuando quiso sorprendiendo a sus simpatizantes y a cuantos se han deslindando. Sólo nos falta que empezamos a analizar si el calderonista Ernesto Cordero Arroyo era una mejor opción. ¡Qué desastre! Luego, Anaya le cortó el paso y se quedó con la presidencia panista, acaso demasiado tarde.

En paralelo, los traspiés de los “verdes” quienes se dicen “ecologistas” son de tambores batientes. Han llegado al límite al arrebatarle a los niños algunas de las partes más bonitas de su infancia, el circo con animales, logrando con ello mantenernos como rehenes de los juegos cibernéticos sin opciones, por ejemplo, como el magnífico espectáculo “Cavalia”, internacionalmente reconocido, en donde los equinos son exhibidos en toda su belleza y pureza. ¿A dónde vamos a llegar con las cursilerías para cooptar a electores igualmente desquiciados por el “amor”, dicen, a sus mascotas a las que encierran, maltratándolas con la asfixia tal y como hacen las tiendas en donde se venden cachorros finos –un chitzu tibetano se valora en veinticuatro mil pesos en Polanco-, encerrándolos en una urna transparente, bastante más que las electorales, durante varios días; una crueldad sin remilgos a la que nadie osa siquiera mencionar.

Lo anterior revela que, cuando menos, en dos ocasiones Peña Nieto se ha colocado en posición contraria a la pobre dirigencia priísta, incapaz de maniobrar:

1.- Al apoyar a ángel Aguirre Rivero, su compadre y amigo, luego de ser segregado de la candidatura priísta al gobierno de Guerrero para incorporarse al recogedor de basura en el que se ha convertido el PRD; más ahora con sus alianzas turbias precisamente con la intención de acotar al peñismo aprovechando el vendaval contra éste. La justicia divina opera y ahora sufre por la muerte de su hijo. A nadie le deseamos tal mal.

2.- Y también al avalar a su efebo Alejandrito Murat Hinojosa, en Oaxaca –una entidad en conflicto aunque no sean muy aparatosos los subversivos conocidos-, como “su” candidato. ¿Cuál era la intención del mandatario en funciones? ¿Mostrarse atingente para luego concentrar a las distintas fuerzas políticas en una sola y prolongar su mandato al estilo de los reeleccionistas latinoamericanos? De haber sido así el proyecto se le salió de las manos, como el país, como consecuencia de los males físicos y la torpeza política que alcanzó niveles muy altos hasta rebasar el linde del escándalo.

Solamente que las cosas se acomodan siguiendo la naturaleza humana: Aguirre Rivero está en la calle aunque sigue influyendo; y Murat ha sido el mandatario estatal más publicitado a pesar del reducido presupuesto de su empobrecida entidad.

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20 Enero 2017 04:00:00
» Día de penumbras
Nos ganó el tiempo y entramos hoy a la era Trump con nuestro gobierno vulnerable y una sociedad que no parece estar dispuesta a soportar nuevas afrentas y humillaciones aun cuando los mexicanos, es por todos sabido, formamos la comunidad más aguantadora del mundo y la de mayor resistencia ante los embates de los malos gobiernos. Llegamos al peñismo, sí, pero después de haber padecido décadas de frustraciones y desviaciones, desde el salinismo abyecto hasta la guerra de calderón pasando por las simulaciones de Zedillo y la amargura de un prometido cambio traicionado al primer minuto de diciembre de 2000.

No sé cuánto nos toque de responsabilidad a cada uno de nosotros, sobre todo a los conformistas empeñados en creer en los milagros sexenales jamás logrados, ante golpes tan arteros como los magnicidios de 1993 y 1994, la venta neoliberal del zedillismo, la falsedad hiriente de los Fox, la inigualable torpeza de Calderón convertido en un alfil belicista de la peor calaña y el desbordamiento general a manos de la irresponsable e insensible administración de Peña, la peor en largo tiempo.

Pero todo ello podrá sopesarse hoy, en el día de Trump, cuando el nuevo inquilino de la Casa Blanca comience su gestión destinada a asfixiarnos como supuestos responsables, una idea absurda, de los males del norte continental bajo la idea de que solo exportamos drogas y criminales, además de ladrones especuladores, para justificar la inminente deportación de tres millones y medio de mexicanos y la edificación del muro de la ignominia.

¿Pudo evitarse tal lacerante ofensa? Por supuesto que sí y desde 1986 cuando inició el camino hacia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte para paliar la idea justiciera del argentino Raúl Alfonsín Foulkes, en el sentido de organizar un “club de deudores” para enfrentar al agio internacional como primer paso para integrar una suerte de unión latinoamericana. Con esta fortaleza, tres décadas después, el club y la unión habrían fortificado al centro y sur del continente hasta situarnos, si no a la par, cuando menos en una situación bastante más ventajosa que la avizorada hoy.

Pero no. Se impusieron los bastardos intereses de la clase política y la ceguera de los mandatarios mexicanos que han sido, para dar cauce a las ambiciosos dueños de los grandes consorcios trasnacionales quienes ahora, como ya observamos con el retiro de la Ford y la Fiat amén de las amenazas a la Toyota, están dispuestos a darnos los golpes de gracia necesarios para obligarnos a aceptar los términos de un gobierno estadounidense xenófobo y fascista.

Nunca hubo un plan “B” para intentar encontrar alternativas, por ejemplo, en la Unión Europea pese a los intereses hispanos que se han salvado gracias a sus ventajosas inversiones en México -así lo reconocieron Francisco González Rodríguez y sus socios desde 2009 y tal se ha alimentado al paso del tiempo-, y la urgencia de diversificarse hacia el sur –digamos con una política bilateral fuerte con Brasil y Argentina, también en este momento víctimas del injerentismo anglosajón-, para presionar y frenar al gigante norteño. La manipulación financiera se convirtió en un arma más poderosa que las desplegadas por el gobierno de Washington en Oriente Medio.

No hay tiempo para negociar ya salvo una cuestión: La sucesión presidencial, en México, en 2018. El favorito de la Casa Blanca, sin duda, es Luis Videgaray Caso, el flamante Canciller quien reconoció su ignorancia en cuestiones diplomáticas pero no así con relación al creciente entreguismo de la administración peñista. Una vergüenza.

Por supuesto, cualquiera de los futuros electores se carcajeará ante tal hipótesis dado el rencor que se guarda, por igual, a Peña y Videgaray, causante de las intrigas palaciegas más exitosas. Pero, por desgracia, no puede cantarse victoria adelantando el rechazo colectivo a cuanto huela a estos personajes. Sin embargo, si la estructura electoral estadounidense pudo colapsarse por el “hackeo” desde Rusia, ¿qué podemos esperar ante la parcialidad del Instituto Nacional Electoral, del racista Lorenzo Córdova Vianello y de los consejeros atrapados en su mediocridad y ambición? No creo que sea un gran disparate intuirlo cuando las experiencias recientes -2006 y 2012- demuestran lo fácil que es vulnerar la voluntad del colectivo con fraudes de sofisticado método.

Por otra parte, pese a sus deficiencias coronarias y su edad –tendría 78 en 2018-, el enjambre de apoyos en la redes sociales al ingeniero Carlos Slim Helú se detiene en un punto medular: ¿Quién si no él sería capaz de sentarse en la oficina oval para amortiguar los despropósitos del “pato” Donald? En lo personal, la idea de alimentar a la oligarquía es detestable, pero bien podría ser útil para sustituir al señor Peña si éste resuelve, por dignidad, solicitar licencia definitiva y alejarse cuando, como hoy, la marea lo arrastre.

Es penoso, sí, que hable de “defender la dignidad” ante las advertencias de su colega estadounidense cuando sabe, a ciencia cierta, que carece de alternativas para intentar, siquiera, amortiguar el colapso que se nos viene. No ha podido siquiera con la reacción por sus torpezas recientes –el gasolinazo, las alzas subsecuentes del gas y otras mercancías, el retorno con calzador de Videgaray al gabinete, la insistencia de programar nuevos precios del combustible, con un ocho por ciento más, en febrero y marzo, el fracaso de su “pacto” supuestamente destinado a beneficiar a las familias sin hechos prácticos, la caída incesante del peso ante el dólar y la marcada incertidumbre de los inversionistas potenciales-, y parece utópico que salga, espada en mano, listo a cruzar debates con el desatado Trump quien se siente invulnerable.

Lo dijimos hace unos días: La llegada del “pato” Donald es el mayor desafío de cuantos hayamos confrontado los mexicanos desde la revuelta revolucionaria de hace más de un siglo; de mayores consecuencias, incluso, al genocidio de Tlatelolco y a los sucesos de la misma dimensión cometidos durante este régimen.

Y, para colmo, la visita del rubio magnate a nuestra patria, a finales de agosto de 2016, sirvió para que éste le tomara el pulso a una sociedad herida y a un gobierno profundamente debilitado. Pasto para cualquier proyecto de intervención sea con la declaratoria de un “estado de excepción” o para templar la cuerda del ahorcado. ¿Qué puede hacer Peña ante esta realidad incontrovertible?
Es un mal día para México; sobre todo porque, desde hace varios sexenios, han desfilado por el Palacio Nacional una cáfila de traidores.

Debate
La economía, a la baja con perspectivas de crecimiento casi nulas, es lo que mueve a los mexicanos a salir a las calles. Ni siquiera los sonados sucesos de Iguala, ni las matanzas militares en Tlatlaya y Tanhuato, provocaron las reacciones furiosas derivadas de la subida arbitraria de los precios de los combustibles. Es más, nadie entiende -salvo los economistas oficiales-, cómo es que enviamos crudo a los Estados Unidos, a precios de oferta, y nos devuelven el producto, refinado como gasolina, para cubrir el 53 por cierto de nuestro mercado. Tal es el absurdo mayor en un país que se preciaba de ser generador de petróleo.

Agustín Carstens Carstens, aún gobernador del Banco de México -dejará el cargo el primero de julio en las vísperas de los comicios en el Estado de México, en donde se avergüenzan de ser la cuna del peñismo, la saqueada Coahuila y la marginada Nayarit-, tiene ya su propio proyecto general. Pasará al Banco de Pagos Internacionales desde donde, hipotéticamente, podría auxiliar a liberar parte de la asfixiante deuda pública de México que ya llega al equivalente al 42.2 por ciento del Producto Interno Bruto, con siete billones y medio de pesos obrando en contra de cualquier intento de desarrollo.

Para el efecto, es necesario contar en el Banco de México con un lacayo de Carstens, listo a actuar según consigna; y para ello ya está preparado Alejandro Díaz de León Carrillo, incorporado a Banxico como subgobernador el primer día del presente año. De esta manera no habrá obstáculos para imponer condiciones, amortizadas por Carstens pero inevitables, a unas finanzas moribundas. Tal es el peor de los legados del peñismo.

La bancarrota está tan cerca como la posibilidad de una declaratoria como “estado fallido” para nuestro país, condenado por una clase política cómplice -de los intereses de fuera-, y absolutamente amoral, dispuesta a venderlo todo para blindarse sobre los rencores sociales y las protestas por venir... si dejamos que se salgan con la suya.

De ello surge la urgencia de poner un punto final.


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19 Enero 2017 04:00:00
» ¿A las trincheras?
Mañana, ¿nos prepararemos para la guerra fría o cederemos ante el impulso bélico y el fascismo redivivo del “pato” Donald Trump? Las mentiras han sido tan frecuentes, lastimosamente, que nuestro gobierno no ha trazado un plan “B” para hacer frente a la xenofobia de quien asumirá mañana la presidencia de los Estados Unidos; lejos de ello, el señor Peña Nieto ha mostrado su peor talante para replicar a favor de la dignidad de los mexicanos... pero si tal es lo políticamente correcto hacia dentro, no lo es tanto si observamos cómo ha sido capaz de desdecirse, con la mayor facilidad, en distintos temas con aristas extremas, incluyendo el disparo en los precios de las gasolinas.

Es obvio que, a estas alturas, no es posible conocer cuáles son las verdaderas intenciones de sendos personajes. Las de Trump podrían aterrizar en la vanagloria de expandirse sin límites hacia todo el continente; las de Peña acaso evitar ser señalado, como ya se hace, como el traidor que entregó los jirones de nuestra deshilada soberanía al nuevo Napoleón de los tiempos modernos; o Hitler si recreamos los sucesos de la Segunda Guerra Mundial en la que parece estancada la mentalidad del nuevo mandatario de la Unión Americana.

Si Napoleón fue el bárbaro que conquistó, a sangre y fuego, casi toda Europa a finales del siglo XVIII y principios del XIX, Hitler creyó estar llamado a imponer su cultura aria sobre las demás razas en el devastador XX cuando se rompieron todas las reglas y se dio paso a la crueldad ilimitada del Holocausto, por una parte, y de las bombas atómicas, por la otra. Ambos bandos guerrearon no entre sí sino contra la humanidad con saldos devastadores para la conciencia universal. Nadie quiere regresar a tales horizontes.

El gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, pese al supuesto “prestigio” de Obama, acaso porque en la comparación con Trump sale ganando ampliamente –algo similar a cuanto sucede con los Calderón a quienes se les perdona ante la insolencia del peñismo aun cuando protagonizaron un sexenio de ignominia-, se dio a la tarea de lanzar entre 26 y 30 mil bombas contra siete naciones, sobre todo en Medio Oriente, sólo en el último año de Obama que termina hoy. Y, pese a ello, Barack llora y es aplaudido por quienes, atemorizados, aguardan, sin remedio, la llegada de Trump.

¡Qué vergüenza para la falsa “democracia” estadounidense la certeza de su arribo a la Casa Blanca gracias a los hackeos provenientes de Rusia como el propio “pato” ha reconocido! El hecho le resta toda legitimidad política en un universo congestionado por el mundo cibernético que desplaza, muchas veces, la escasa credibilidad de los medios masivos de comunicación y rompe con ello las líneas oscuras bajo el telón de las cortinas de humo. Trump es ilegítimo porque, además, fue superado por ¡dos millones novecientos mil sufragios! por su adversaria, Hillary Clinton, rebasada por la compleja numerología de los “votos electorales”, los de cada entidad en donde se borran todas las papeletas de contrario aun cuando quede a poca, ínfima, distancia de su adversario.

En 2000, quien había sido eficaz vicepresidente durante el período de Bill Clinton, el fumador de habanos que igualó las marcas del extinto Fidel Castro en este renglón, no quiso llegar a los tribunales dada su fe “en el sistema” y temeroso de provocar una escisión formidable al ser vencido por poco más de quinientos votos y con Florida detenida en los escrutinios y bajo el gobierno de Jeb Bush, hermano de quien resultó triunfador, George junior. Se trataba de sólo medio millar de sufragios, no de casi tres millones.

Bueno y ni qué decir de Peña quien, sin duda, ha sido el candidato más beneficiado por la escandalosa compraventa de voluntades en la historia de México; si calderón atacó los escrutinios basándose en la manipulación en 2006, Peña llegó al descaro de distribuir prebendas, bonos y despensas en una desproporción intolerable, sobre todo en cuanto a las negociaciones soterradas con sus opositores –incluyendo Andrés Manuel quien no es tan santo como pintan sus incondicionales aun cuando el pretexto sea que es menos malo-. En resumen, sendos personajes ultrajaron a la democracia incipiente y dieron un franco viraje a la voluntad general que posibilitó, con el aval de la Casa Blanca –la de Washington-, la primera alternancia en 2000 con el saldo sangriento de 1993 y 1994 sobre los hombros del “establishment”.

Con estos turbios antecedentes, la postura de Peña Nieto es endeble. Nunca ha defendido la dignidad de los mexicanos y su controversia sobre el muro carece de autoridad moral de sendos gobiernos. Con ello, la impostura del más fuerte tiene mucho más que andar mientras el mandatario mexicano, como lo hizo calderón, se busca un refugio en alguna universidad diseñada para los alumnos con capacidades diferentes; nadie mejor que él para encajar en ese ámbito dadas sus propias limitaciones mentales y emocionales.

El diferendo sobre el muro lo tiene perdido la administración federal mexicana desde el momento mismo de su planteamiento y lo sabe, a ciencia cierta, el repudiado presidente, asido al poder como si con ello pudiera desviar el curso de la historia. Y no es difícil que, con la hipocresía habitual, el discurso peñista sirva sólo de parapeto ante las presiones del “pato” Trump. Es una guerra fría más caliente que los bombazos sobre Siria y el Estado Islámico para preservar la fecunda industria armamentista del vecino país. Mucho dependemos de ello.

Nuestro ejército, destinado ahora a las calles, no detendría al de los Estados Unidos en caso de una conflagración; y es esta vulnerabilidad la que agita la xenofobia de Trump y nos coloca en el límite del estado fallido a vista de la gran potencia universal. ¡Qué mundo estamos viviendo!

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15 Enero 2017 04:00:00
» San Pedro Limón
En los límites con Guerrero y Michoacán, en el occidente del Estado de México, desde hace una década cuando menos se ha establecido un cuadrángulo de la muerte en una región, además, en la que las cavernas son el sello distintivo. Arranca en Tejupilco de Hidalgo –es mala costumbre ponerle apellidos de héroes a los pueblos como Almoloya de Juárez, infamándolos después por distintas causas–, extendiéndose hacia Luvianos para bajar hacia Bejucos y seguir a San Pedro Limón y Tlatlaya para rematar en Amatepec. En todos estos sitios, el partido con más peso municipal y ganador de las elecciones es el de la Revolución Democrática.
En 2012, con motivo de la campaña presidencial, me cuenta un testigo directo que las multitudes recibieron a Andrés Manuel López Obrador como héroe, le colocaron guirnaldas al cuello y le hicieron recorrer varias calles entre el estruendo de las balas que se disparaban hacia el aire desde distintas camionetas llamadas “Lobo”. Concretamente, en Luvianos, el abanderado entonces de la izquierda unida fue acompañado por los alcaldes y por los personajes de cada sitio en donde, como curiosidad, las enormes residencias, entre el bosque, contrastan tremendamente con las reducidas casas de los agricultores porque, de acuerdo a los censos oficiales, esta porción mexiquense está dedicada a la siembra de granos básicos aunque, con el correr del tiempo, las actividades fueron variando; incluso entre los lugareños se acepta que entre las cuevas dominantes existen evidencias sobre laboratorios de refinación de cocaína.

Por supuesto se trata de un punto convergente entre tres entidades, ya mencionadas, en una ruta que parte de Zihuatanejo, pasa por Vallecitos de Zaragoza –en donde sepultaron clandestinamente el cuerpo casi desnudo de mi padre, Carlos Loret de Mola, en 1986–, y se extiende hasta Toluca y consiguientemente al Distrito Federal. Basta con observar un mapa para ir comprendiendo algunos de los sucesos de mayor calado que nos han marcado con el dolor y la impotencia que generan las injusticias y las desigualdades. Como dicen los militares: Debe saberse leer los planos –no sólo los de guerra pero estos especialmente–, para proceder en consecuencia y tomar posiciones claves. Por desgracia, el ejército mexicano ha convertido esta área en una especie de campo de batalla en el que, sin embargo, las alianzas soterradas y turbias prevalecen.

Bien se sabe que en San Pedro Limón, cerca de Tlatlaya, el 30 de junio de 2014, un comando militar ajustició a veintidós civiles alegando que se trataba de desmantelar a una “banda de secuestradores”. Luego se guardó silencio ominoso durante noventa días hasta que un semanario y la agencia de noticias AP difundieron fotografías de la masacre en las que se observan cadáveres de niños y el de una jovencita ante el muro de una bodega cerrada. Así procedían los imperialistas británicos en la India de Ghandi y actúan hoy los marines concentrados en la base de Guantánamo, Cuba, contra los talibanes en estos tiempos de lujurioso fundamentalismo.

Los mandos castrenses, entonces, pretextaron que un soldado había sido herido por lo cual debieron repeler la agresión. No fue así: Es muy posible que el baleado hubiese sido víctima de las ráfagas intermitentes de sus propios compañeros quienes no cesaron hasta agotar las muertes. Veintidós civiles a quienes no ha podido confirmarse como delincuentes post-mortem cuando se cuenta, y tanto se presumen, con tecnología “punta”, bancos de huellas y voces, de ADN, para poder resolver cualquier enigma criminal.

Por si alguien no lo sabe debemos informarle que debajo de donde se construyó, en el sexenio de Calderón, la Secretaría de Seguridad Pública, hoy extinta sin otro fin que poner un distintivo peñista como camuflaje, se excavó catorce metros desde la superficie para asegurar un búnker dispuesto para las reuniones del Consejo de Seguridad, encabezadas por el presidente de la República supuestamente, aunque ni Calderón ni mucho menos Peña Nieto se animaron a utilizarlo... salvo el día de su inauguración con un pomposo “Jelipe”. Con todo este imponente instrumental –mismo que he atestiguado–, NO hay ninguna evidencia de que las víctimas de Tlatlaya, es decir de San Pedro Limón, tengan antecedentes como criminales o hubiesen desarrollado una “banda” para raptar a personajes adinerados.

El drama recula históricamente según la investigación de un acucioso reportero. Y así llegamos a 2008, en plena efervescencia calderonista –esto es antes del derribo del Jet LEAR en el que viajaba Juan Camilo Mouriño Terrazo, el “delfín” en apariencia–, cuando aún se negociaba para aglutinar a los grandes capos del narcotráfico en un solo mando, precisamente el de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, quien se dio el lujo de amenazar de muerte, en mayo del mismo año, al entonces gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto asegurándole que no llegaría a la Presidencia. Por eso fue prioritario capturarlo... aunque ya no estuviera al mando de la “Confederación de Sinaloa” dominada ahora por Ismael “El Mayo” Zambada, quien traicionó al primero con el apoyo soterrado de ciertos mandos institucionales. ¿Alguien ha vuelto a saber de este personaje desde la caída del “Chapo”? La sola interrogante es una evidente denuncia.

Pues bien, en ese 2008, Miguel Ángel Granados Chapa, en su columna “Plaza Pública”, publicó lo siguiente exactamente el 9 de octubre, menos de un mes antes de la muerte de Mouriño:

“Al mediodía del lunes 18 de agosto pasado, el tianguis que se sitúa al lado del templo parroquial en San Pedro Limón, un poblado en el municipio de Tlatlaya, distrito de Sultepec, Estado de México, fue interrumpido de manera brutal.

Llegados a bordo de tres vehículos, una veintena de individuos con el rostro cubierto y con vestimenta de tipo militar disparó sus armas, AR-15 y AK-47 contra la pequeña multitud que trajinaba en el lugar. Murieron por lo menos 23 personas, niños y adultos, y decenas más resultaron heridas. No pareció que buscaran a alguien en particular, contra el que dirigieran su ataque. Su blanco era gente común y corriente, desconocida de los agresores. Se cree que no todos se marcharon al concluir su estúpida y sangrienta acción, sino que algunos de ellos se quedaron en la zona para tener control sobre lo que allí ocurriría”.

“Con ser excesivo, no fue eso lo peor. Rato después de la inesperada embestida, que dejó pasmados a los sobrevivientes, quienes no acertaban a decidir qué hacer, llegaron al lugar otros vehículos, esta vez ocupados por miembros del Ejército. Estos retiraron los cadáveres, recogieron los casquillos y limpiaron la escena. Despojaron de sus teléfonos celulares a los espantados vecinos y visitantes y se las arreglaron para hacerles saber que era preferible que no se supiera nada de lo ocurrido. Quizá disuadieron también al personal de la agencia del Ministerio Público, incluidos agentes ministeriales, que supieron de los hechos pero no cumplieron sus funciones, pues no se inició averiguación previa alguna”. Hasta aquí el relato del columnista ya fallecido.

Por tanto, no era desconocido el lugar para mandos castrenses y capos que viven como reyes entre el bosque maravilloso, rebosantes de pinos, que les sirven de camuflaje aunque no lo necesitan porque los acuerdos se cumplen.
Lo terrible es que los partidos políticos, y todos sus líderes, parecen involucrados sin remedio.

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12 Enero 2017 04:00:00
» Pregoneros del dolor
“¡Qué lloren, niños qué lloren!”. Así sonaba la voz de “Miguelito”, quien se decía el rey de los pastelitos –en realidad se trataba de suculentas hojaldras con relleno de jamón y queso–, a su llegada a los campos de béisbol de la capital de Yucatán. Y bien que les gustaban a los “Leones”, incluyendo a los aguadores –entre ellos, en plena decrepitud, el inmenso boxeador de Matanzas, Ultiminio Ramos, ex campeón mundial de peso Pluma hasta que un mexicano, Vicente Saldívar, lo mandó al retiro–, y hasta los grandes protagonistas como lo fue, alguna vez, el zurdo Fernando Valenzuela, quien llegó a Mérida procedente de Sonora y de la Liga del Pacífico.

Aquellos gratos recuerdos, en un México donde se hablaba de deportistas triunfadores y no sólo de los fracasos futboleros reiterados, se diseminan en la memoria ocupada ahora por asimilar los golpes del presente y las mentiras de los nuevos pregoneros que han sustituido a los venteros callejeros con vozarrones turbios, con excepciones claro, en las tribunas camarales; son más bien merolicos pero ya sin el encanto de quienes vendían remedios caseros con escasos resultados prácticos –aunque algunos, con mejor retentiva, aseguran lo contrario–, en las calles y avenidas de las viejas ciudades mexicanas que se han ido llenando de franquicias y de tradiciones... anglosajonas. Dicen que tal es lo moderno.

Nuestro gobierno, por ejemplo, ha caído, desde hace varias décadas, en el precipicio del entreguismo; acaso fue Miguel De la Madrid, ya extinto y huésped distinguido de Xibalbá, quien consolidó la tendencia con la pretensión de recibir una palmadita del Tío Sam al tiempo que boicoteaba el propuesto “club de deudores”, ideado por el argentino Raúl Alfonsín –venerado a su muerte–, y alentado por Castro a quien, claro, se le llamó profeta del desastre cuando este llegó, precisamente, tras recorrer la vía contraria.

Ahora peña nieto, un hombre demasiado pequeño –además de sus disparatadas ambiciones personales cargado con su enfermedad– para la dimensión de la conflictiva que nos acecha, insiste en que la economía mexicana está estable y en crecimiento como si se tratase de un generoso epitafio para salvar los escollos inquebrantables de la historia. Nada de cuanto dice es cierto y, por ello, los gobernados desconfían y se alejan de cualquier versión oficial incluidas las disparatadas crónicas sobre la captura de Joaquín Guzmán Loera, las preparadas desde dentro de la estructura gubernamental no las periodísticas que han ido demostrando la farsa, porque sencillamente no cuentan con elementos de credibilidad ante las imágenes, los audios y los reportajes que no dejan lugar a dudas. Nunca habíamos contemplado a una administración federal tan mentirosa y, por ende, tan manipuladora.

Todo cuanto ha anunciado peña, en sus momentos de euforia –incluyendo la aprehensión de “El Chapo” cuando jamás explicó los porqués de su fuga en julio de 2015–, se ha ido a las cañerías del engaño, lo mismo lo referido a las supuestas obras públicas que las reformas por él iniciadas y paralizadas por la realidad, las presiones populares y hasta las reacciones de los mayores inversionistas mexicanos cansados de asechanzas y dispuestos ahora a invertir lo necesario para ajustar las cuentas; sobre todo quienes tienen nexos inconfesables que les colocan el la línea de fuego tras la caída aparente de Guzmán Loera cuya única venganza posible será hablar de más para vender sus palabras al gobierno estadounidense tan complacido por estar ganando la batalla de la extradición. Menos mal que sea esta y no una invasión como las acostumbradas.

La trama es larga. No imagino qué podía pasar por la deteriorada mente del mandatario federal en curso cuando dictaminó las falsas expectativas de nuestra economía para este año cuyos derroteros parecen bastante peores que los de 2015. Con los precios de la mezcla mexicana de crudo por debajo de los costos de producción –cuatro dólares y no dos por barril considerando la transportación y los gastos arancelarios–, el dólar y el euro amartillando al infeliz peso, el poder adquisitivo a la baja –aunque hay defensores del peñismo que tienen sus propias mediciones como lecciones derivadas del foxismo para abatir los índices de pobreza en el papel, no en la realidad–, las remesas apretadas y la producción rural semiparalizada, las mentiras oficiales son más estruendosas que en los tiempos de Echeverría, Salinas, Zedillo, los Fox y Calderón. ¿Cuál es el peor de todos? Lo sabremos cuando bajen al inframundo a rendir cuentas. (Espero, por cierto, no ser yo el reportero en tal sitio, aunque temo que así resulte por tanto cuanto he contado).

El pregonero peña siempre llega tarde a las citas. Lo hizo con el anuncio infecundo de la economía estable cuando caían los valores, y también al presentar su enésimo proyecto contra la inseguridad pública aprovechando la catarata de información sobre “El Chapo” –me acuso de haber caído igualmente en la misma nota separándome un tanto de los dramas persistentes en todo el país, sin excepción de entidad alguna y en la Ciudad de México–, y los amagos distractores –como el reiterado tema de la película de Sean Penn y Kate del Castillo, cuya propia trama es digna de ser llevada al celuloide acaso con mayor interés al despertado por la fuga y captura del capo de oro de quien ya se dijo todo, incluyendo sus filtreos telefónicos y personales con la actriz que personificó a la “Reina del Sur” recreando la vida de Sandra Ávila Beltrán, la monarca del Pacífico.

Sólo nos falta que peña anuncie, en estos días y a través de la recién creada Secretaría de Cultura, a cuyo frente se encontraba Rafael Tovar y de Teresa hasta que la muerte se puso en escena, un extenso programa para recrear, con artistas seducidas por presidentes y/o gobernadores, los episodios de captura dirigidos por la DEA norteamericana y adjudicados a la Armada de México, con el auxilio de los marines estadounidenses. De esto, por supuesto, está prohibido hablar en los entretelones de la vida política nacional. Ni los “valientes” miembros de Morena, presentada como la opción verdadera sin separarse de la partidocracia negociadora, se atreven y menos luego de lo sucedido con los Abarca de Iguala desde la trágica noche del 26 de septiembre de 2014; han sido, por supuesto, demasiado prudentes.

En esta tesitura no puede hablarse de credibilidad alguna para sumarla a los boletines gubernamentales y a los tantos voceros institucionales que de poco sirven cuando le gana la alegría al presidente cuando opta por el Twitter para anunciar no sólo la retención del capo más buscado en el mundo, como dijeron, sino hasta para transmitir, por “Periscope”, cómo se coloca la banda tricolor que resbaló por el escritorio del Ejecutivo en Palacio Nacional. Todo sea por el afán de ganar algunos puntos.

El pregonero parece que ha agotado su imaginación para vender cuanto puede del México, silente en su mayoría y despierto a través de algunos grupos en franca rebeldía, en medio del caos mundial –la tercera guerra sigue su curso y no parece detenerse–, y la ausencia de salidas para poder evitar los empujones del exterior y las presiones del interior. No sol tolvaneras sino verdaderos tornados aunque, por fortuna, la naturaleza evitó que tales fenómenos también nos azotaran... hasta ahora.

No imagino, con estos tremendos rezagos, cómo podrá continuar el señor Peña al frente de sus responsabilidades si no es capaz siquiera de aplicar la lógica elemental para explicarla los hechos a sus gobernados a quienes deja, siempre, un sabor amargo, entre el sarcasmo ligero y el rencor profundo, en medio de innumerables catástrofes.

Mientras, los planes contra la inseguridad revientan. Ninguna acción tiene mediano éxito y, a cambio, cuanto se sugiere se convierte en verdadera bomba de tiempo. ¿No entenderá que su mandato está perdido irremisiblemente?

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08 Enero 2017 04:00:00
» No rinde cuentas Peña
Al desprestigio global de nuestro gobierno, rehén de la soberbia y la insensibilidad, se une ahora el clamor internacional, alimentado por severas críticas en el influyente New York Times, respecto a la escasa rendición de cuentas de la administración peñista perdida entre concesiones amorales –sobre todo al Reino de España lo que provoca la reacción de los estadounidenses igualmente ambiciosos-, y comisiones soterradas que amparan las complicidades de la deplorable clase política; recuérdese que no hay partido fuera del establishment, ni siquiera el que subraya ser la verdadera oposición ocultando las negociaciones con el poder central como la que dio origen, lo informamos ayer, a la liberación “sin cargos” del pillastre Pablo Salazar Mendiguchía con la “secreta” intervención de Pedro Joaquín Coldwell, en esos tiempos presidente nacional del ahora devastado y achicado PRI. Los errores se cargan siempre.
El hecho relevante consiste en que el pomposo cuarto informe de gobierno no convenció a nadie, ni siquiera a los invitados al mensaje presidencial del día siguiente luego de una burda presentación del voluminoso expediente administrativo que, por lo explicado por legisladores y observadores, no contenía sino un repaso superficial de haberes.

Esta situación es bastante más grave en momentos de crisis estructural y cuando los precios del petróleo apenas fluctúan en los límites de los 40 dólares por barril –hace dos años llegaron a bajar a 20 dólares-, un verdadero desastre, mientras el vaivén del dólar y el euro nos arroja, sin remedio, al abismo de la pérdida sustantiva del poder adquisitivo general. El aumento en los salarios mínimos es, sin duda, uno de los más aviesos engaños en la historia de las manipulaciones oficiales; pero no faltan tontos que los festejen o nos lo restrieguen en la cara.

Mientras el desprestigio se eleva, el infecundo Julián Olivas Ugalde, un personaje esbirro con modales de esbirro -¿será esbirro?-, asegura que es falaz afirmar tal cosa, esto es la pobre rendición de cuentas, como un reproche a los analistas foráneos porque los críticos mexicanos sólo merecemos decadentes posturas de intolerancia y prepotencia; los amaneramientos –espero que la Suprema Corte de Justicia no nos reste del habla este término porque, al paso que vamos, me temo terminar haciendo señales de humo, con sombras un tanto obscenas, para dirigirme a ustedes y seguir fustigando a este gobierno sin límites, acaso el de mayor corrupción que hemos conocido. Es tan ridículo que la cúspide del poder Judicial nos prohíba vocablos, sin darnos alternativas, que doy gracias por no haber anulado el denominativo de “cofradía” ni el de “mano caída” para señalar a la red mafiosa de homosexuales convertidos en carnes de cañones politiqueros. Ojo: no es un comentario homofóbico sino de defensa sobre la dignidad de quienes forman el movimiento lésbico-gay y son usados por la superioridad como “soldados del amor”.

En fin, peña se justifica también para secundar las palabras de su más fiel vasallo, el mismo ungido como el gran auditor para demostrarle al mundo la honestidad de su jefe respecto a los actos de corrupción adjudicados a él como la interminable rola “Las Casas Blancas” que se extendieron a un puñado de sus favoritos, desde el ex Luis Videgaray Caso hasta Alejandrito Murat Hinojosa, ahora gobernador oaxaqueño repelido por sus coterráneos que saben las bases de su ascenso: Los servicios mortuorios prestados por al sistema en Lomas Taurinas por su papi Pepe. Todos caben en el mismo jarrito... cuando así lo determina el mandatario en funciones de mandante.

Dice peña que gobierna para todos. ¿Lo hizo al implementar la reforma energética con el EVIDENTE rechazo de la mayor parte de la mayoría, excluyendo a los maiceados miembros del Legislativo con excepción de algunos izquierdistas que llegaron muy tarde con sus contrapropuestas? ¿O cuando armó una reforma educativa destinada, en primer lugar, a desprestigiar a los maestros y no a mejorar los niveles académicos ni las condiciones precarias de la escuelas públicas, sobre todo las rurales en donde los ductos de Pemex pasan por debajo de los patios, en terrenos baratos por ende, con el consiguiente riesgo para los alumnos quienes, además, carecen de instalaciones mínimas de salubridad? ¿O más aún al elaborar una persecutoria reforma fiscal sin preocuparse de la paulatina caída del poder adquisitivo? ¿O es justo pagar más con menos a un gobierno que, además, despilfarra cuanto tiene en sueldos holgados para quienes lo forman dentro de los tres poderes y bonos inmorales de fin de año? Si es así como se gobierna para todos los mexicanos, vamos a proponernos como descendientes de los pueblos de Mesoamérica para eludir la clasificación peñista.

Pero no. El orgullo de ser mexicano no va a quitárnoslo un farsante ignorante. Él es quien no merece ser llamado como tal al convertirse en una suerte de liquidador de nuestros bienes, incluyendo los del subsuelo en donde se atesora gran parte de cuanto debiera ser nuestra riqueza, al punto de estar rematando a Pemex, a la minería y a la industria en general mientras los dueños de los consorcios privados mantienen, en alianza abyecta con los cárteles y otros grupos delincuenciales, a cientos, miles de esclavos que no son sino centroamericanos sometidos o secuestrados mexicanos dentro de la clasificación de “desaparecidos” para intentar justificar las ausencias con la trama vieja de los enfrentamientos entre mafias. ¡Mentiras!
No existe tal guerra. Y la verdad aflora cuando se corrobora que el mercado de estupefacientes en los Estados Unidos, el de mayor consumo en el mundo, es regulado por elementos de la CIA, la DEA y el NSA; además hay una evidencia irrefutable: pese a la supuesta búsqueda de capos y la captura de algunos de ellos, supuestamente cabecillas –de lo cual nos enteramos cuando se realizan las aprehensiones-, no disminuyen en un solo gramo –insisto- las “exportaciones” de cocaína, marihuana, amapola, metanfetaminas y opio al país vecino del norte.

Todo está en equilibrio para mantener los precios y asegurados a los adictos.

¡QuE demuestren lo contrario los mandos del Gobierno mexicano incluyendo a los castrenses! ¿Será por esto que corre el rumor sobre las posibilidades del general Salvador Cienfuegos Zepeda para aspirar a una candidatura presidencial, preferentemente la del PRI? Casi lo apuesto.

Por si fuera poco, los alcaldes de todo el país viven bajo una terrible zozobra: están amenazados por los ocho cárteles de mayor relieve dependiendo la zona de influencia de éstos. Les queda lo mínimo para pagar nóminas y ofrecer alguna fiesta a sus parroquianos, que tales son y no ciudadanos con vigor, en plena deformación de valores. Y peor aún: veintidós entidades de la República, o la tesorería de los mismos, deben pagar una suerte de alcabala para las trasferencias de los impuestos federales a la ciudad de México donde llegan muy mermados a sabiendas de las propias autoridades. Si tal es sano y servir a todos los mexicanos comenzaré a escribir en esperanto, el idioma que se pretendió universal y sólo aprendieron unos cuantos lingüistas para sentirse sabios, por encima de los demás, una condición propia de quienes se sienten dioses. Pobrecillos despistados.

En fin. El señor peña Nieto no gana en ninguna perspectiva salvo en cuanto a la corrupción, la impunidad y el entreguismo, condiciones que a los mexicanos bien nacidos nos dan la pauta exacta para la condena histórica de este régimen cuya continuidad es moralmente imposible, parafraseando al gran Juárez. Nadie que tenga dos dedos de frente será capaz de cruzar el emblema priísta a la hora de votar. La “segunda oportunidad” brindada a sus dirigencias no sólo fue dilapidada sino, además, de tal modo correoso que no ha lugar a una tercera exposición a menos de que nuestro pueblo refrende la triste posición de masoquista en un establo plagado de burros sin raciocinio pero exaltados sólo en los pesebres decembrinos.

En fin, si el Papa Francisco ya se comprometió –es un hecho- a no hablar de los desaparecidos, ni de la guerra entre las mafias, ni de la esclavitud simulada, ni de las políticas antisociales de Peña, ¿podemos esperar la redención a manos del carísimo obispo de Roma? Me temo que no.

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06 Enero 2017 04:00:00
» ¿Peligro o instinto?
Lo de que el hombre es un “animal político” no puede estar mejor señalado que en la figura de Andrés Manuel López Obrador, para muchos el satán dispuesto a poner en riesgo sus comodidades y ventajas y acaso llegar al extremo de estatizar -¡qué barbaridad!-, las siempre “imparciales” empresas de comunicación –y varios otros emporios del continuismo nacional-, y clausurar al Congreso para rehabilitar la figura del presidente fuerte –quizá por ello ha vuelto los ojos hacia el represor Manuel Bartlett-, en fase de engendrar un régimen fascista, reeleccionista claro cuando el virus del poder se inocula hasta lo más hondo, simulando, como en Venezuela por ejemplo, un ejercicio democrático en quien solo creen los incondicionales.

El cambio de talante y de discurso le ha venido mal a muchos a quienes todavía sorprenden los virajes en una nación rebosante de mutantes de la política, geniales, sí, para justificarse con largas expiaciones personales que justifican las mudanzas más escandalosas entre un partido y otro. Hasta se sienten, cuando lo hacen, en la piel de Churchill cuya fama era que se levantaba conservador y se acostaba liberal... pero nadie era capaz de negar su carisma y capacidad de aglutinamiento excepcionales. En fin, los más repelentes del perfil de López Obrador, del antiguo y del “nuevo”, no admiten sino hipocresías en los distintos acentos por él puestos en cada una de sus etapas. Y no les sobra razón para ello.

También es cierto que nadie, como él, es capaz de manejar con tanta ligereza a las masas conmovidas. Gracias a ello ha logrado reunir a millones de mexicanos en torno suyo y resucitar entre quienes le creían muerto y ahora están bastante más entumbados que él. Y eso a pesar de mantener la parodia de la “presidencia legítima” hasta el 2012 –sin que dudemos en el fraude vergonzoso de 2006-, al tiempo de recorrer “como misionero” –a decir de sus propios cercanos- hasta el último rincón de la patria mexicana. Pocos lo han hecho, quizá ninguno. Por ello no dudo en proclamar que López Obrador es, sin duda, quien mejor conoce su país de cuantos están a la vista y también de aquellos que presumen haber viajado mucho...asomándose a las ventanillas del avión.

Bien sabe Andrés Manuel en dónde radica su capital político. Lo refrendó cuando, con bastante facilidad, dejó en el camino a Marcelo Ebrard Casaubón, favorito de los intelectuales de izquierda y de los grupos conservadores dispuestos a darle una oportunidad a la contraparte no radicalizada, y sumó enseguida puntos cuando muchos desdeñaban la posibilidad de una nueva crecida. Lo hizo, insisto, con dos jugadas claves: anular a Ebrard sin necesitar de pelear con él y reconciliarse con Televisa, tendiéndole la mano a Joaquín López Dóriga el año pasado, el informador contra quien más arremetió. Y lo hizo con tanta seguridad que incluso dejó pasmados a los operarios de exportación contratados por el PAN.
Al antiguo estigma de representar un “peligro” para México, como le señalaron los predadores bajo contrato de los panistas con la parafernalia presidencial detrás, interpuso López Obrador su propio instinto de viejo zorro, marrullero...

y profundamente conocedor del terreno que pisa y de cuantos integran su mercado de votos, no solo “los pobres” –por desgracia, en buena medida todavía manipulables-, sino también muchos de los pensantes a quienes no convence el retorno del PRI ni el continuismo panista cuya ineficacia es notoria y abrumadora. Va ganando el instinto porque lo primero, lo del “peligro”, no puede tener segunda edición porque sencillamente nadie creería en la oficiosa trama, ni los más ignorantes atados a la televisión y al mundo cibernético que convierte las iniciativas propias, sin percibirlo siquiera los afectados, en rutinas que los convierten en parte de la maquinaria, como robots andantes al estilo de la sociedad estadounidense.

La diferencia es que ahora, pese a lo avanzado en unas cuantas semanas, con su MORENA, López Obrador puntea en las encuestas acerca de quienes pudieran ser llamados a cubrir una hipotética vacante presidencial si el caso ocurriese: cuando ésta sea un hecho, los cartones se moverán y entonces sabremos cuánto, de verdad, ha avanzado Andrés Manuel con su oferta de la nueva y morena “república amorosa”, que no extraña en él si recordamos aquella frase, de abril de 2005 cuando seguro estaba de ser sometido a proceso penal, cuando, a manera de despedida, clamó ante la multitud: “los amo...desaforadamente” –esto es, también sin fuero constitucional-, en el pésimo entramado montado por los fox que ya reconocieron, por lo menos vicente “tanto monta, monta tanto”, haber metido las manos hasta el indecoro en el contaminado proceso federal de 2006.

Lo cierto es que, a diferencia de sus adversarios, López Obrador cree en lo que hace y no se adapta a los guiones preestablecidos; por eso sorprenden tanto sus acciones y es complejo medir avances y puntos a futuro. Máxime cuando sabemos que jamás reconoció la supuesta derrota electoral, hace casi nueve años, y mantuvo su campaña, sin micrófonos ni seguimientos periodísticos, sin perder su propio liderazgo. Esta circunstancia debiera hacer reflexionar a cuantos no le conceden la menor oportunidad de remontar. Este columnista se pregunta, a veces, si le alcanzará el tiempo para ello, pero mantiene la seguridad en la capacidad y alcance del personaje por respeto a una trayectoria impregnada de obstáculos y aun cuando a través de la misma haya caído en el mal primario de los políticos: La intransigencia, una incongruencia en cuanto a la proclama democrática que sostiene. Lo sé bien porque él mismo lo ha demostrado así con quien esto escribe desde que debí contar, por objetividad básica, su historia negra en 2004 –“Destapes”-.

Debate
Lo vimos desde el 2012: Andrés Manuel no se conformaría con nada que no fuese la candidatura en 2018 y la presidencia de llegar a quedar vacía. En esto no ha cambiado un ápice; en su estrategia, sí. Ya no parece belicoso –aunque en el interior lo sea más que nunca-, y habla de estabilidad en vez de encender el fuego de la hoguera en donde pretendió situar a las mafias encabezadas, claro, por carlos salinas, cada vez más influyente a falta de guía en Los Pinos y cuyo equipo le dotó de algunos de sus más cercanos consejeros y promotores. Una paradoja que López Obrador prefiere eludir alegando tan solo que son cosas del pasado. Pero no es así si observamos el protagonismo incesante de Manuel Bartlett y otrora el de Manuel Camacho Solís, ya extinto pero recordado por haber lanzado la iniciativa de las alianzas turbias en 2010 con un éxito aparente: Quienes ganaron no se sienten necesariamente panistas o perredistas sino líderes capaces de aglutinar hasta a sus adversarios. Y todavía se mantiene latente la posibilidad de que el experimento se repita en algunas entidades en 2017 y 2018.

Bajo el empalagoso llamado a las cruzadas cívicas –aunque procure eludir cuanto puede el espinoso tema de Ayotzinapa del cual NO puede desligarse-, Andrés Manuel no ha respondido a una interrogante clave, formulada hace dos años cuando publiqué “2012: La Sucesión”: ¿Cómo fue que recorrió hasta los últimos rincones de Chiapas y Oaxaca sin publicitar siquiera algún encuentro con los subversivos afincados en esas regiones y que tuvieron que dejarle pasar, cuando menos? Ni modo que a su paso desaparecieran por encanto para reaparecer enseguida, más estimulados si cabe. Y no quiero hablar de los criminales porque tal sería injusto ante la desproporción evidente con los acorazados del PAN y el PRI.

¿Cuál es, entonces, su estrategia central?¿El “amor” vendido como telenovela de izquierda, sin vejaciones a las sirvientas enamoradas, o la puesta en escena de una advertencia severa contra las instituciones representada por la unión de los rebeldes a quienes 2012 favoreció por las distancias financieras que seguramente habrán de abrirse este año que inicia sin la menor previsión por parte del régimen en curso? Solo Agustín Carstens, gobernador del Banco de México en fase de finiquito, advirtió ya que se nos viene encima la peor crisis económica de la historia, mucho peor a las catástrofes de 1982 y 1994, el año de la barbarie. Y ni así modifican sus líneas los representantes de la “nueva” clase política que piensan como viejitos intransigentes.

Mientras, Andrés Manuel suma y camina. No digan que no lo advertimos.

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05 Enero 2017 04:00:00
» ¿Cuál es la claridad?
El presidente enrique peña nieto, cuyo desplome en cuanto a la popularidad es el principal signo de su temprana decrepitud política, estimó que se mantendrá “la claridad” del rumbo en su administración durante un acto en Veracruz en donde estuvo escoltado por los secretarios de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, y de Marina, Vidal Soberón Sanz, dos de los personajes que han hecho de la opacidad su modus operandis bajo el argumento falsario de proteger con ello la seguridad del Estado; en todos los casos los pretendidos expedientes secretos al hacerse públicos han elevado notoriamente el nivel de la crispación general.

Tiros por la culata para que nos entiendan los mandos castrenses y de alta mar.

Bastaría insistir en el caso de Tlatlaya, en el Estado de México, donde fueron emboscados y pasados por las armas veintidós civiles a manos de un comando militar incontrolado, para observar la manera cómo se procede: Durante tres meses la Defensa apenas envió un reporte aduciendo el desmantelamiento de una “banda de secuestradores”; pero al “filtrarse” la nota a la revista Esquire y a la agencia internacional AP sobre una masacre de civiles sin capacidad de respuesta –aunque hubiese sido herido un militar, no sabemos si por los disparos de los mismos uniformados-, la trama se revirtió y la secretaría mencionada procedió a detener a siete soldados y a un teniente para “arreglar” las cosas mientras estos se quejaban de que habían cumplido órdenes del alto mando. Y fue tanta la decepción de los miembros del ejército que una parte de este manifestó su contrariedad contra Cienfuegos, apagada momentáneamente previo acomodo de chantajes.

Ni qué decir de la Marina en donde el “almirante” en jefe, Soberón, se ha dado el lujo de descalificar las justas protestas de quienes, como este columnista, no admitimos más las versiones oficiales sobre la sangre derramada; ni tampoco, el ocultamiento de algo tan serio como la confirmada presencia de marines en la Armada de México, autorizada por Calderón, frenada momentáneamente por Peña y luego corregida y aumentada hasta niveles francamente vergonzosos, por decir lo menos. Desde luego, no hay confirmación oficial al respecto porque, ¿saben ustedes?, el presidente asegura que se mantendrá la “claridad”. A la vista del entorno y de quienes le acompañaron en el trance de uno más de sus discursos contradictorios -¿qué les pasa al Mandatario y sus escribientes de planta?-, parece necesario aclarar cómo entiende la transparencia el mandante, quien se dice falsamente Mandatario en esta época de aguda repulsión de la mayor parte de la sociedad a su ejercicio gubernamental.

¡Además qué no bajaron los precios de la luz y las gasolinas! Lo primero porque alegó el éxito de una reforma hacendaria que se ha estrellado ante la baja de una recaudación obstaculizada por los cárteles en veintidós entidades de la República –y de allí al terrorismo fiscal hay un pequeño peldaño-; y lo segundo bajo el ardid de que funciona la reforma energética, para los esquiroles árabes, sin relacionar el hecho con la tremenda caída de los precios de la mezcla de crudo mexicano cotizada apenas por arriba de los cuarenta dólares por barril...

y la crisis sigue.

Durante muchos lustros se ha mantenido la falacia de cobrarnos caro por los productos del petróleo manteniendo precios accesibles para los compradores siguiendo las tarifas globales; cuando José Andrés de Oteyza, en su condición de secretario de Patrimonio y Fomento Industrial bajo la égida de José López Portillo, decidió subir los precios en un mercado a la baja nuestro país perdió a la mitad de sus clientes, supeditándose más al comercio con los Estados Unidos, mismos que ya no recuperó ni andado el tiempo. El punto final lo dio Miguel de la Madrid al ordenar el encarcelamiento del ingeniero Jorge Díaz Serrano, quien se opuso a semejante insensatez forzada acaso por las ambiciones de los malhadados vecinos del norte; y luego preguntan por qué se les aborrece.

Con estos antecedentes, ¿no merece la pena investigar cómo se dieron los hechos y las complicidades para llegar al absurdo de que México compre crudo a los Estados Unidos cuando solía ser al revés, protegiendo la gran potencia con ello sus propias reservas? No importa que De Oteyza tenga setenta y dos años y Díaz Serrano y López Portillo ya no se encuentren en el mundo terrenal. Estamos hablando, sin duda, del mayor fracaso administrativo y político del gobierno de una nación productora de crudo y arrastrada a la miseria por cuenta y gracia de los traidores que votaron -¿ya se dieron cuenta?-, una reforma inútil, hueca y vulnerable en extremo. Por si hubiera una suspicacia asumo que NO soy partidario de Andrés Manuel López Obrador ni militante de MORENA, quienes han defendido esta postura, pero sí congruente con la historia nacional y sus enseñanzas irreductibles.

Fíjense en las oleadas de las mentiras. Durante el mismo periodo, el de López Portillo, afanosamente se anunció la autosuficiencia en granos básicos, sobre todo el maíz y el frijol sustentos de la alimentación popular lo que reducía la inercia de las dependencias. Pese a ello, años después, el profesor Carlos Hank González, en calidad de secretario de Agricultura y Recursos Hidráulicos en la oscura etapa de la barbarie salinista, debió aceptar que se importaran los granos básicos porque no se cubrían las necesidades generales. Y, al respecto, recuerdo la sentencia de Miguel de la Madrid, en campaña, cuando definió que no era tan importante “comprar granos baratos” si, a cambio, se sembraban productos de exportación a mejor precio. Una falacia para ocultar la realidad de los acuerdos soterrados en beneficio de los agricultores del sur de los Estados Unidos.

Nos han estado viendo la cara desde hace ya muchos años. Y no pocos han caído en las falacias intermitentes de una clase política cernida a la demagogia del paternalismo y al indecoro posterior de suprimir subsidios sin brindar verdaderas oportunidades para elevar la productividad de quienes se quedaron anclados. Por eso privan la desconfianza, el enfado y la rabia por ahora contenida... pero no sabemos por cuánto tiempo más.

La opacidad ha sido la regla de este régimen fatalmente recreador de todos los vicios del pasado. ¡Se equivocaron, de cabo a rabo, quienes creyeron en el imposible de asegurar una remodelación de la antigua hegemonía priísta! Al contrario: Los males se acrecentaron notoriamente hasta consumarse en los falsos proyectos, las ofertas mentirosas y la incapacidad notoria de los gobernantes, sobre todo con referencia al perentorio huésped de Los Pinos quien debiera estar preparando su equipaje. Ligero, si se puede, para dejar algo colgando de las paredes a diferencia de los Zedillo que, como turistas rufianes, se llevaron hasta las sábanas y los colchones. Y esto lo señalaron los Fox... sin proceder a la denuncia que tenían obligación de hacer. (La señora Martita ya era vocera).

Claridad alega el presidente; opacidad observamos los periodistas que no estamos, ni estaremos jamás, implorando servicios a Los Pinos para vivir con comodidad a cambio de las miserias mercenarias. No es un sentimiento personal sino una doctrina que, estoy seguro, deberá exaltarse en el futuro cuando la sociedad recupere su soberanía y los presidentes desciendan a su verdadero estatus: El de mandatarios y no el de mandantes.

En fin que cómo entienden la claridad los entenados del gobierno es una deformidad de cuanto intentamos definir por fuera. No hay nubarrones, insisten, cuando el peso se arrastra; no existen motivos de angustia cuando ya suman diez mil los “desaparecidos” durante el rutilante vuelo de “la gaviota” por los jardines de Los Pinos, en silencio, claro, para no incomodar a su “dueño”. Una presidencia de telenovela con un único final: El desconsuelo en vez del tradicional “happy end”.

No existe lugar para decaimientos: Ya falta bastante menos que en el arranque. Lo verán y sentirán más pronto de lo imaginado.
04 Enero 2017 04:00:00
» Confusión y temor
Pocas veces, por no decir ninguno, el inicio de un nuevo año había sido tan pesimista como el actual. De acuerdo
a lo observado fueron más las familias confundidas sobre qué esperar a lo largo de los próximos doce meses sobre todo por el pesimismo financiero y la seguridad de que nuestro superior gobierno no parece preparado para superar los inevitables golpes del exterior. Nada puede hacerse, desde aquí, para frenar la caída del peso frente al dólar ni la del petróleo cuyos precios son regulados por el mercado internacional, incluyendo a los esquiroles del Medio Oriente dispuestos a vender millones de barriles ofertándolos como en un mercado invernal.

Estos dos factores, sin duda, marcarán los derroteros de las semanas y meses por venir y para los cuales los sabios economistas no están preparados ni fueron previsores. Prefirieron discursar sobre el optimismo basado en la grandeza del país y n sobre el alud que se precipita, sin remedio, sobre una endeble economía que ya ni siquiera puede decirse resistente con las reservas internacionales del Banco de México despegando... hacia abajo. Pareciera cosa del demonio y, en ocasiones, percibo que estamos en tiempos de males provocados oficiosamente por los engendros de la política partidista tan desprestigiada.

No sé cuántas veces cité en el ciclo pasado la fusión perversa del presidencialismo asfixiante y la partidocracia chantajista, para muchos la nueva forma de hacer política aun cuando con ello se deje a los gobernados en estado de indefensión frente a los repetidos y permanentes abusos de la clase político resumidos en dos palabras: Corrupción e impunidad. A mayos desvergüenza de quienes integran la cúpula suele darse, sin remedio, una escalada hacia el caos. Y esto es exactamente lo que ha venido ocurriendo.

Durante las últimas semanas, en diversas entidades del país –Sinaloa, Morelos, Michoacán, Tamaulipas, Veracruz, Zacatecas, entre otras-, la multiplicación de la violencia fue como un avance de cuanto puede esperarse para las jornadas venideras en ausencia de controles, no sólo de los grupos armados del Estado sino incluso de los gobernadores y del mando federal. Mientras los legisladores se animan a debatir sobre el uso de la marihuana este mismo mes, el veinticinco –situación que tiene feliz a los señores Fox de ingrata memoria-, las mafias de narcotraficantes presionan acaso buscando aliados, con réditos enormes y dentro de las instituciones –desde la Presidencia hacia abajo-, para que no los tomen desprevenidos antes de responder con sus pertrechos, superiores en apariencia a los de las Fuerzas Armadas. El riesgo es alto considerando que la mayor parte de los mandatarios estatales han sido tocados por los capos y cooptados por ellos.

Si me piden ejemplos, señalaré hacia todo el litoral del Golfo y los estados fronterizos. También hacia la costa del Pacífico.

Queda poco territorio por disputar bajo el flagelo de ocho cárteles con enorme ferocidad y gran capacidad de despliegue y operativa. La guerra no es cualquier cosa y apenas estamos conociendo su rostro más perverso con el derribo de helicópteros y asaltos múltiples en las carreteras para dañar con ello a los viajeros comunes y evitar que salgan al campo de guerra por ellos trazado con los mexicanos y el país convertidos en rehenes. De allí que la incertidumbre haya saltado al plano del temor colectivo que deviene, sin duda, del horror de nuevas matanzas, cuidadosamente presentadas para evitar escándalos públicos, distribuidas por gran parte del suelo patrio.

Hace días, en Mérida, descubrí que el municipio emprendió una campaña para presumir que ésta es una “ciudad de paz” cuando sucede que se ha convertido en albergue de narcos y sus familias, con la tutela oficial, por lo que les conviene mantener “frío” su refugio. De allí que el penoso slogan oficial, “Yucatán es el Pilar de la Transparencia” –como tituló el Milenio local el domingo 27 de diciembre, adelantándose al Día de los Santos Inocentes-, sea una cortina de humo, nada más, para desdibujar por completo la realidad bajo un gobierno rapaz, el de Rolando Zapata Bello, una mera caricatura de su ladrona antecesora, Ivonne Ortega Pacheco, sobrina del cacique víctor cervera, quien fue a parar a lo más hondo del inframundo mayo en agosto de 2004 pero cuya familia sigue saqueando al estado. Ivonne, por ejemplo, en alianza con su querida Angélica Araujo Lara, ex alcaldesa de la capital yucateca, fraccionó lo indecible en su beneficio y, peor aún, concesionó obras inútiles y suntuarias, pese a las protestas masivas reprimidas, como el innecesario puente en la prolongación del Paseo Montejo cuya utilidad no la entiende ni quienes lo construyeron.

Eso sí: su fobia llegó al extremo de dejar sin operatividad algunos hospitales construidos por las anteriores administraciones, panistas, abandonadas por celos partidistas enfermizos y absolutamente descocados. Tanta fue su resistencia –la de la señora en cuestión-, por la funcionabilidad de los centros que el ex gobernador panista Patricio Patrón Laviada –bueno también para ganarle terrenos a las reservas de la ciudad en beneficio propio como sucedió con los terrenos aledaños al crematoria en la salida de Mérida a Hunucmá-, decidió organizar una marcha de la dignidad, él solo, hacia Tekax, para exigir el fin de la simulación criminal y de la abyección oficial.

Por cierto, uno de los más allegados a Patricio y muy cercano amigo mío, me demostró, con testigos y hechos irrefutables, la manera como medró el PRI y sus socios, entre ellos el execrable Mario Menéndez, director de un pasquín en donde difama a todos cuantos no están en el círculo rojo de la ignominia, y Emilio Gamboa Patrón, primo de Patricio, con los damnificados del ciclón Isidoro hace unos años: Los enfermos de poder se conjuraron para difundir que los víveres enviados –que no había llegado el primer día- habían sido secuestrados por órdenes superiores para ocasionar con ello una revuelta, el saqueo de varios palacios municipales, tratando de provocar un incendio político global, con muertos incluidos, para lograr la caída del panista a quien tampoco defiendo. Sólo que en este caso la infamia tuvo nombres de tricolores miserables y de un mercenario de la letra impresa a quien, ahora, no se le cobra ni por la energía eléctrica, el agua o el predial.

El tal sujeto, Menéndez, se ha dado el lujo de fincar cuotas a los ricos del sureste –los Ponce le entregan setecientos mil pesos al mes-, para sostener su aventura periodística cuyo éxito estriba en la permanente difamación de quienes están al otro lado de su propia frontera y bajo dos reglas sustantivas: Defender a Zapata Bello a capa y espada mientras simula sus intenciones golpeando al también priísta Enrique Peña Nieto. Tiene la seguridad de que, aún si alguien lo lee en Los Pinos, no será tocado en su feudo por los bajos intereses a los que cuida y representa... los de la nueva “casta divina” resucitada, en su último mandato –sumó diez en el ejercicio del Ejecutivo-, para convertirse en el cómplice número uno de la misma a costa de “quitarles un pelo” como asegura el propio individuo, ex guerrillero por cierto y negociante de altos vuelos.

Conozco a perfección sus andares, antes y después de convertirse en sicario del periodismo.

Ahora me dirán los amigos de Sinaloa cómo es que hoy no mencioné al siniestro Mario López Valdés, Malova, en cuyo Palacio en Culiacán, pasan las drogas y el mercado negro de dólares sin la menor intervención del mandatario; y en Veracruz, hastiado y asqueados de la impunidad sobre el infeliz ex mandatario Javier Duarte de Ochoa, me reclamarán sobre el olvido de hoy sobre el personaje; y no se diga en Tamaulipas, con el descastado Egidio Torre Cantú, creador del narco-Estado y eslabón más reciente de los ex gobernadores protegidos por los cárteles, o en Coahuila con el miserable Rubén Moreira, aliado a los “Zetas”, o en Morelos, con Graco Ramírez, dejando hacer y dejando pasar... el tiempo.

Es en toda la República dónde el hastío es insoportable, tanto como el propósito de que, este año, sea el punto de no inflexión sobre la geopolítica nacional. Ni un paso atrás, incluso cuando no sea factible, por el momento, dar zancadas hacia delante. Llegará la hora, sin duda, mientras el peñismo se divierte creyendo que ya nos olvidamos de sus ultrajes en una renovación de intenciones cuyos efectos nos envuelven de terror. Como los cuatro jinetes del Apocalipsis dramatizados con las cuatro reformas del régimen en curso cuyas consecuencias han sido devastadoras. No puedo aceptar, me niego a ello, que el sino de México sea tener en la Presidencia, cada seis años, a un predador mayor, superior a su predecesor inmediato. Después de la derecha no cabía pensar así y ahora hay quienes declaran al ramplón y alcohólico, beligerante además, felipe calderón como “el mejor presidente de la historia”. Total: Ya Fox se dijo superior al Benemérito Juárez en una desproporcionada tendencia de la derecha a autoexaltarse. Anatema sea.
03 Enero 2017 04:00:00
» El terror aumenta
Hace dos años comenté que, ante la oleada terrorista iniciada en Francia contra la redacción de un semanario satírico “Charlie Hebdo”, con un sangriento saldo de trece muertos incluyendo a un trabajador recién contratado a quien se excluye de la lista funesta, nuestras autoridades no habían tomado la debidas medidas de emergencia para prevenir una incursión de los grupos radicales que, es obvio, tienen como blanco algunas ciudades de los Estados Unidos, no solo Nueva York, sino también la capital de la poderosa nación. Podría parecer exagerado y hasta se presumiría que tal extendería la psicosis colectiva pero tratándose de un fenómeno de alto riesgo tales criterios son absolutamente banales. Menos ahora luego de los brutales hechos de noviembre 13 de 2015.

De hecho, en México se ha instalado ya el terrorismo desde hace algunos años. Si tal denominación se da a quienes siembran el terror contra la ciudadanía indefensa, bien cabe el mismo para calificar a cuantos, por ejemplo, aterraron a Morelia la noche trágica del 15 de septiembre de 2008, cuando comenzó de hecho la escalada de violencia bajo el calderonismo con ocho víctimas mortales a las que ya ni siquiera se cuenta dentro de los más casi cien mil asesinados, por causa de la guerra entre mafias, durante el mencionado régimen. Y lo mismo puede expresarse de los grupos con capacidad para extender sus territorios obligando a los pobladores en estado de indefensión a refugiarse en sus casas o morir en las calles... a la vista de destacamentos militares que voltean hacia otros lados. En Iguala y Cocula, por ejemplo, porque en San Pedro Limón, Tlatlaya, fueron protagonistas directos.

Y sigue la exaltación de la negligencia pública. Se observan en los mensajes televisivos cargados con el elemento más demagógico que puede exponerse: manipular la crispación o tratar de llevarla por el camino del continuismo como manera de frenar los horrores sembrados por intereses lejanos a través de personajes radicales capaces de encender hogueras; en este último caso colocamos, claro, a Andrés López Obrador, el único con posibilidad de convocar a multitudes aun cuando él no sea objetivo al evitar la autocensura y asumir sus propias responsabilidades en los sucesos dramáticos. Si Peña debe irse como consecuencia de los recientes acontecimientos en Guerrero, y otro tanto debe hacer el secretario de la Defensa Nacional Salvador Cienfuegos Zepeda por cuanto aconteció en Tlatlaya, igualmente debiera aceptar su responsabilidad López Obrador e igualmente los panistas tuertos –solo observan cuanto les conviene-, sobre todo Felipe Calderón en cuyo gobierno, como expusimos ya, se dio en agosto de 2008 una masacre similar en San Pedro Limón, Tlatlaya, con veintitrés civiles muertos, uno más que en julio de 2014. Todos tienen las manos sucias. ¿Y qué pueden decir sobre las matanzas en Allende, Coahuila, en 2011, recién descubiertas?

Es así como los protagonistas de la “nueva” clase política extienden, a su manera, el terror y caen en la clasificación expresada aun cuando escondan los radicalismos tras las bambalinas de la partidocracia. No solo eso: Al encubrir crímenes y explosiones sociales, con la réplica incesante de las mismas, posibilitan el ámbito perfecto para el camuflaje de los fundamentalistas cuyo ingreso a nuestro país no ha sido, de modo alguno, controlado. Tienen pase libro porque, ¿saben ustedes?, somos una nación en donde se respetan las libertades...

cuando conviene así a la imagen internacional de un gobierno actualmente con cargas de desprestigio insostenibles.

Durante varios lustros se ocultó el hecho, por ejemplo, de la llegada de miembros de alto grado del grupo terrorista vasco ETA; y fueron múltiples las reclamaciones del Gobierno español, experto en darse golpes de pecho bajo los palios de la dictadura que se extienden a la monarquía infecta, y las consiguientes negativas del Gobierno mexicano al respecto hasta que Ernesto Zedillo, el gran simulador, tuvo urgencia de proyectar una suerte de Tratado de Libre Comercio con Europa porque el norteamericano comenzaba a asfixiarnos e inmovilizaba cualquier acción de gobierno; y pese a que el doctor “Zeta” era francamente pro-yanqui también sabía leer las reglas de la economía, basadas muchas de ellas en los dobles juegos y en las rutinarias complicidades, y bien sabía que sería más útil a los dominantes vecinos si México igualmente ofrecía más... con la intención acaso de ir hipotecando al viejo continente y al “euro” en crecida, esto es como cerrando un círculo.

El caso es que, en tales instancias, la administración zedillista “descubrió” finalmente a parte de la plana mayor del ETA –Francisco Labastida Ochoa era el secretario de Gobernación y albergaba ilusiones presidenciales-, y pese a que los extraditados insistieron en que ya no formaban parte de la asociación terrorista, llegaron a Madrid en donde fueron encerrados y permanecen así. Y es ésta una de las protestas más sonoras de la actualidad en el llamado país vasco –antes Provincias Vascongadas-, por cuanto a lo que allí se consideran “presos políticos” como una rémora del franquismo avasallante y asesino.

Y otro elemento sustantivo es que los etarras en México nunca se tomaron su permanencia como un paseo turístico para visitar, digo, las espléndidas joyas arqueológicas que ni siquiera la furia hispana pudo desaparecer –es tal su sentimiento de culpa que la corona española, no confundir con la mexicana de tentadoras cebadas, financió las obras de reconstrucción de Edzná, una bella ciudad maya enclavada en Campeche-. Al contrario: Tuvieron una actividad casi frenética en las cañadas de Chiapas, antes y después de la “toma” de San Cristóbal de las Casas en enero de 1994. Lo reconoció el propio “subcomandante Marcos” en su momento aunque con el camuflaje correspondiente. De cualquier manera, la esencia fue la misma e incluso, al surgir otros grupos más radicalizados, como el EPR en Guerrero aterrorizando al gobierno de Zedillo, sus sellos distintivos iniciales fueron sendos bombazos en estacionamientos de centros comerciales y contra el cableado eléctrico.

Para descubrir a los asesinos en serie, se sabe bien, una de las reglas es encontrar hilos conductores distintivos; en México los hubo y se ocultaron por determinación de un gobierno tan torpe como inútil; y lo que sucedió después fue bastante explicable: la dispersión de las células armadas que luego, al paso de los años, habrían de convertirse en lo que ahora son las mafias del narcotráfico, algunos de los conocidos “autodefensas” y no pocos políticos con capacidad para ablandar a sus superiores jerárquicos e incluso desplazarlos. Michoacán, Guerrero y Chiapas, son las entidades emblemáticas al respecto. También Tamaulipas, Chihuahua y, desde luego, Sinaloa. No hay distingo de sellos partidistas ni de colores y emblemas: Todos en las mismas cavernas de la inmoralidad.

¿De qué nos extrañamos si bien sabemos que en México operó el principal centro de espionaje nazi destinado a fraguar una potencial invasión a Norteamérica? Y luego los soviéticos instalaron sus guaridas alrededor de la embajada de la entonces URSS, en los sesenta del siglo anterior, muy visitadas por Lee Harvey Oswald, el verdadero y gran camuflaje para el crimen contra John F. Kennedy. Y todo ello a sabiendas, tal vez a expensas, del gobierno mexicano. Por ello la pregunta puede resultar irritante pero dentro de la lógica elemental: ¿acaso los fundamentalistas islámicos no han pensado lo mismo?
De allí nuestra preocupación sobre la posibilidad de que México sea infectado, en muy poco tiempo, por los peores asesinos del planeta. Con Peña divagando, amando y dejando pasar los días.
30 Diciembre 2016 04:00:00
Un grato adiós
Al fin, terminamos con 2016. Cada quien puede observar sus saldos personales y algunos hasta se entusiasman por ellos. En el fondo de cada conciencia, sin embargo, anida la desesperación, la impotencia y la rabia contenida.

Si quienes ejercen el poder no lo percatan, peor para ellos. Hay que avisarles: 2017 no será tranquilo ni pueden esperar que la sociedad siga cruzada de brazos ante el espectáculo grotesco de una clase política represora, asesina y profundamente ignorante y desconocedora de la geografía nacional. No es posible soportar más.

Desde luego no es misión de este columnista estelarizar el papel de aguador de fiestas en esta noche que esperamos tranquila y sin avisos de Apocalipsis como en las respectivas efemérides de 1994 y 2012. Sin embargo, es necesario reflexionar, una y cien veces si es necesario, cuáles son nuestros deberes primigenios empezando con el bienestar de la familia que no se agota con una buena cena de fin de año; lo trascendente es legarles a quienes nos siguen un México con justicia y libertad. ¿Y cuánto hemos andado en esta dirección? Veamos hacia atrás y resolvamos esta interrogante en lo más profundo de nuestras conciencias. De no hacerlo, el tiempo pasará y nos convertiremos en cenizas sin posibilidad de redención.

Nos duele México aun cuando, en familia, tratemos de consolarnos unos a otros, observando los pesebres hogareños que nos guían todavía con la esperanza de la estrella que se posó en Belén como demostración de que la humildad es el mejor ingrediente para ejercer el liderazgo, en este caso el divino, el más alto de todos, sobre las sociedades convulsionadas por el odio y la violencia. ¡Ay, si lo entendieran los gobernantes que nos agobian y afrentan precisamente con la soberbia que es origen de la prepotencia y la ceguera ante las terribles heridas sociales!

Quizá algunos lectores –y lo entiendo- lean estas líneas pareciéndoles fuera de lugar, incluso molestas en una tarde-noche en la que suele brillas la euforia, exaltada por los vinos de marca o el alcohol destilado según sea el nivel de cada quien en una comunidad plagada de desigualdades extremas; pero es necesario recordarlo así como los romanos triunfadores llevaban al pie de su carroza, durante los desfiles con olor a gloria, a un servidor que les decía constantemente al oído: “Recuerda que eres humano”. Y comprendían así que la perentoria exaltación terminaría junto al despliegue de sus tropas. Nada más, como no tiene un día más un sexenio ni un año como el que hoy termina.

No es sencillo abrir el baúl de los recuerdos y las nostalgias cuando hay tanta superficialidad alrededor; cuando se llama locos a quienes sufren por el dolor de México o se estigmatiza a los luchadores sociales que se atreven a dar la cara cuando son quienes corren los riesgos para aliviarnos a todos del rencor exaltado por la impudicia y el horror de la corrupción acumulada. Ya son demasiados años, y el que se va uno de los más significativos, de aguantar el cinismo, la amoralidad y la deformación de quienes pretenden ser conductores de una nación atenaceada.

Pensemos en ello cuando brindemos; en lo particular, tendré la mente en ese mañana que no parece optimista sino conforma acaso el mayor de los desafíos de nuestra vida. 2015, ¿seremos capaces de dar un paso, de verdad, hacia la transformación moral e integral del cuerpo místico de la patria? Debemos pensar en ello antes de que algunos se pierdan por las efervescencias del alcohol. Anestesiados por voluntad propia, diría. Mejor permanezcamos con nuestros cinco sentidos para jamás olvidar uno de los peores años de nuestra existencia, este 2014 que se va. Es un grato adiós.

Debate
Con o sin guerra fría, la humanidad no aprende las duras lecciones de la polarización. Ya se cumplen más de dos décadas y un lustro desde la pulverización de la Unión Soviética, la potencia que fue contrapeso a la Casa Blanca, y los rusos, desprendidos de “sus” repúblicas, vuelven andar la senda hacia la autocracia. Mientras, en los Estados Unidos la política gremial cada vez tiene más éxito acaso como efecto de la manipulación colectiva: Un hijo ya fue sucesor del padre, mediando sólo dos cuatrienios de por medio, y una mujer buscó, sin éxito por intervención de Putin, de Rusia, el cargo que ostentó el consorte años atrás.

Si tal pasa en dos de las naciones que ejercen liderazgos políticos no debe extrañarnos la recomposición, quizá la descomposición, de la geopolítica universal. Esto es como si estuviéramos andando hacia atrás en una peligrosa regresión histórica. ¿Y todo por qué? la respuesta es compleja aunque pueda perfilarse en una sola sentencia: Quienes mueven los hilos del poder encontraron los antídotos efectivos contra la democracia. Con ello, claro, nuestra capacidad de asombro parece agotada.

Europa tiende a la derecha y Latinoamérica ancla en el populismo; el “euro” golpea al dólar guiado por los especuladores que acaso proyectan equipararlo con la libra esterlina para maniatarlo después, pero se desploma; surgen nuevos matriarcados, con la exaltación de los “príncipes consortes”, en distintas latitudes y la reelección se ha convertido en un vicio observado, de manera tendenciosa, como “democrático” en cuanto que está marcado por el aval popular volcado hacia las urnas. De la confusión inducida pasamos a la abierta manipulación.

Me queda claro que uno de los valores esenciales de la vida democrática, en todo tiempo y lugar, debe ser el impedimento para quienes gobiernan de optar a la reelección basándose en una popularidad circunstancial, acaso un espejismo, que deviene, precisamente, del ejercicio del poder. Es obvio que cuantos mantienen los controles cuentan con excepcionales capacidades de promoción, inalcanzable para sus opositores y rivales, y de maniobra, gracias a la cual pueden proyectar su dominio hacia los árbitros electorales asegurando la continuidad contra viento y marea.



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28 Diciembre 2016 04:00:00
Si todo fuera así
Amanecimos y no había barricadas alrededor de Los Pinos ni se vendían drogas en las secundarias –incluso también en algunas primarias-, y la policía era la institución más respetada por la ciudadanía. No había evasores fiscales porque, claro, la ciudadanía confiaba plenamente en la buena administración y destino de sus impuestos más allá de las mareas intermitentes de la política. No había incluso de habilitar, en la Carta Superior, el término corrupción como el ponzoñoso virus que destruye y carcome por dentro al sistema político mexicano. Ya ni siquiera se discutía sobre la autenticidad del indio Juan Diego, cuyas visiones de la Guadalupana fueron puntos de identidad para la naciente nación mexicana, y nadie hacía del fervor popular arma proselitista para intentar conservar el poder. ¿Se acuerdan de los Fox?

Era un día despejado, sin turbulencias en el paisaje y sin agobios por la inminencia de los huracanes financieros críticos. Vivíamos bien, tan estupendamente, que el Metro ya no era materia de demagógico subsidio porque, sencillamente, el poder adquisitivo general lo posibilitaba. (En Madrid, por ejemplo, se presume tener el Metro más económico del mundo; cada viaje cuesta un euro y medio, algo así como veintisiete pesos. ¿Sabrán que allende el mar existe un país, México, donde solo se cobra cinco pesos por el servicio y aún así no alcanza para cubrir los satisfactores básicos y un entorno, más o menos, digno y saludable?).

Pero este día, en fin. Todos contaban con empleo digno lo que hacía innecesaria las manifestaciones –de acuerdo a la estadística oficial hay veintiún movimientos sociales, entre marchas y plantones, cada día en el Distrito Federal, según nos confió Manuel Mondragón y Kalb, cuando era responsable de la seguridad pública metropolitana; y aseguraba a los legisladores un ingreso compatible con “la digna medianía” en donde situó el benemérito Juárez a los servidores públicos dentro de la tabla de salarios. No cobraban los ministros de la Corte casi 600 mil pesos ni los legisladores viajaban más que como lo hacía, en sueños, Julio Verne. (Apunte el dato el señor Enrique Peña Nieto para tomarlo en cuenta en futuras interpretaciones maliciosas destinadas a provocarle resbalones).

Gozábamos, en fin, de libertad plena. No temíamos por las acechanzas del norte, en donde no pocos están listos ya a inventarse una “cooperación” bilateral con altos grados de invasión como delinea el texano Rick Perry, ni las de ultra mar, con los bancos haciendo el papel de los históricos corceles de Cortés que hicieron caer a los pobladores de Mesoamérica en las leyendas apocalípticas que en 2012 volvieron a encenderse. Si todo habrá de terminar en un futuro cercano, ¿para qué preocuparnos por la vulnerabilidad política del PAN, la improvisación mediática del PRI y la incongruencia extrema del PRD? En todo caso, sólo padeceríamos al vencedor de las justas comiciales de julio de 2018... por si llegamos a ese año. Durante unos cuantos días. No vale la pena angustiarse tanto por ello.

Si caemos en el garlito, no habrá nada que contar, ni siquiera la asunción del nuevo mandatario en plenitud de encontradas mediocridades. Porque, como bien sabemos, hace mucho, mucho tiempo, las mejores mujeres y los mejores hombres del país dejaron de incorporarse al servicio público no sólo decepcionados de la política sino también estresados por las mil y una trabas impuestas para el cumplimiento de las funciones propias del poder. Y ni con eso hemos sido capaces de arrinconar a la corrupción; al contrario, ésta se ha hecho más grande gracias a las fórmulas que crean entresijos entre los poderes públicos, financieros y mafiosos con los mexicanos convertidos en rehenes.

Pero hoy, de nada debemos preocuparnos. El sol brilla muy arriba, lo que no es insinuación alguna en pro de alguno de los partidos, en todo caso el referente sería para exaltar los valores vocales de “Luismi”, como le llaman en las revistas del corazón creadoras de la nueva aristocracia mexicana, aunque su decadencia, la del artista, haya llegado. Por fortuna, para nosotros, la música que escuchamos son cantos fervorosos y no cursis muletillas de desalmados compositores que, por el momento, están muy ocupados preparando sus galas de fin de año con descorches y todo. La crisis no nos restará alegría, faltaría más.

Alguna vez, con referencia a una larga estadía a la que me vi obligado en España, resalté un hecho singular: En México se toma para olvidar; y allá, se bebe para recordar. La diferencia es abismal entre quienes pueden darse el lujo de emborracharse la última noche del año sin agobiarse por la dura cuesta de enero. Bueno, eso era antes de que les cayera encima el gallego impresentable Rajoy; porque desde el 2012, también los adelantados ibéricos dejaron de consumir su célebre jamón porque las mejores partidas se las llevaron los chinos, buenos pagadores y excepcionales consumidores.

En fin, imaginé que hoy estaríamos los mexicanos en igualdad de condiciones aun cuando tanto se quejen los españoles por el perdido poder adquisitivo: Para fortuna de ellos, muchos de sus consorcios principales ya le hincaron el diente a los mexicanos y estarán compensados por ello. Así es la vida entre conquistadores y supuestos y estigmatizados conquistados. ¿Cuándo seremos capaces de trocar los papeles? ¿Cuándo Pemex, al fin, pueda recuperar los precios del crudo mexicano y volver a atraer a los afanosos contratistas convenencieros? Puras quimeras para comenzar a cerrar el año del desastre.

Debate
Todos estamos indignados ante la ineficiencia y la corrupción reiterada; pero, sobre todo, contra la desigualdad extrema entre el ciudadano común, mal pagado, y los funcionarios venales con sueldos de superestrellas. De hecho, jamás se había dado tal cinismo entre los servidores públicos. En otros tiempos, cuando menos, había discreción en vez de soberbia y prepotencia. Por eso, desde ahora, los panistas célebres están más que blindados. No digamos solo las “primeras familias” que han sido y son. ¿Acaso los escándalos de los diputados del PAN no fueron solo un pretexto para comenzar a fraguar el aterrizaje económico de cada uno bajo la batuta del execrable calderón con los mismos instrumentos como extendieron canonjías en Pemex y la Secretaría de Energía?

Ni que decir de los Salinas quienes, estos sí, pueden decir que estos últimos han sido sus mejores años desde que dejaron la residencia presidencial. El sinvergüenza de Raulito, el mayor, recuperó millones y bienes en una terrible escalada de la simulación política y con ello el Poder Judicial atizó las hogueras de la crispación que ya queman al régimen peñista. ¿Se trata de enfadar hasta más allá de los límites a una sociedad perpleja por tantos abusos ignominiosos?

En fin, México no está exento, ni mucho menos, de la posibilidad de que crezcan en número los “indignados”. Más que en la Europa negra de nuestros días en donde Alemania, sin disparar un solo tiro, parece haber ganado su tercera confrontación continental ahora con el presidente francés, Francois Hollande, en el papel de verdadero pelele. Tenemos, con los pies puestos en la realidad y no en las inocentadas de la clase política, una creciente y por ende muy riesgosa inestabilidad social, una de las apuestas principales del abanderado de la izquierda desunida, Andrés Manuel López Obrador, que pueden redituarle a su MORENA al corto plazo en tanto los estrategas del PAN intentan igualmente destruir el perfil de peña nieto restándole toda autoridad moral como un revire por cuanto se acusó a Calderón.

Mucho me temo que los ingredientes para el 2017 estén muy a la vista. Y no son favorables bajo ninguna circunstancia. Tanto peor. La angustia económica también aflorará sobre las urnas, el 5 de junio cuando se renovarán doce gubernaturas, y sobre esta no hay manipulación política que sea suficiente o definitoria. Por eso es importante otear hacia otras latitudes para encontrarnos con los orígenes de nuestro perfil nacional. Solo nos queda, insisto, en cerrar definitivamente la página del presidencialismo para haber si así, siquiera, se reducen nuestros niveles de indignación contra la impunidad que pervive.

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27 Diciembre 2016 04:00:00
» Un sueño de Navidad
Soñé, todavía es posible, con una Navidad blanca. No la artificial que impone a una parte del zócalo el hielo para el disfrute de los patinadores –escasos si los comparamos al total de una población cuya cultura no incluye las llamadas festividades del invierno estadounidense-, y regocijo de los curiosos que, a falta de poder adquisitivo, se animan observando en silencio sólo roto cuando alguien de los activos sucumbe irremisiblemente ante la ausencia de equilibrio.

Las risotadas son enormes y no pocos manifiestan su sorpresa ante un paisaje que, desde luego, no nos pertenece y es tan ajeno como el de los pingüinos al sur del continente; aún con algunas reproducciones en los zoológicos las muestras nos siguen pareciendo exóticas y lejanas.

La Navidad blanca con la cual entré al paraíso de la irrealidad –o la fantasía, si no creemos en la sentencia de que cuanto pensamos adormecidos, en la oscuridad de la noche, encuadran en las premoniciones-, no tiene que ver con la nieve, tan poco frecuente como los actos de justicia en el centro de la República y sólo presente en algunos sitios del norte, sino con la urgencia de frenar la barbarie, dejar de observar a sujetos patibularios andando al lado nuestro y convencidos que portar una cadena de oro les hace tan superiores como para abrirles el paso en las estrechas banquetas o en los pasos peatonales artificiales en donde las obras públicas huelen a complicidades y corrupción.

Hace unos días, por cierto, uno de los trabajadores contratados para modificar la avenida Presidente Masaryk, acaso uno de los sitios de la capital en donde menos falta hacía esta millonaria inversión, me abordó con voz muy suave, como si quisiera hablar en silencio lo que, naturalmente, es imposible y me susurró:
--Oiga... fíjese que nos encontramos una pulsera de oro cuando escarbábamos; ¿quiere verla?

La vi, por curiosidad. Y aunque parecía una artesanía azteca propia de un museo recordé que esta sección de la inmensa ciudad de México, Polanco, era un islote alejado de la Gran Tenochtitlan por lo cual era poco probable desenterrar piezas prehispánicas; acaso, dicho con el mayor respeto, podrían encontrarse algunas Menorah, el tridente del pueblo israelí utilizado para las grandes celebraciones, considerando que esta colonia defeña fue, durante muchos años, casi exclusivo de la comunidad judaica. Por cierto, no faltan lugares en donde pueda apreciarse este símbolo, incluso en centros comerciales como Antara muy cerca de lo que se denomina ya “ciudad Slim”, el segundo gran espejismo de la urbe magna en paralelo con Santa Fe.

Pretendí explicarle al humilde obrero la realidad y con el rostro sonrojado y la cabeza baja -¡nunca deberíamos admitir esta postración!-, me suplicó:
--Por favor, no le diga a nadie... es mi Navidad.

--¿Y a quién podría decirle? ¿A un policía que seguramente haría el negocio él a costa de usted? No, mi amigo, soy mexicano y, por desgracia, no confío en las autoridades.

Lo dije y me quedé petrificado. ¿Estaba estigmatizando a mi país, a mi propio entorno, tan entrañable y amado? Por un momento quise rectificar pero ya no alcancé al ofertante y, entonces, también perdí la vista por el mal amalgamado cemento de las escarpas agrietadas por haber sido construidas con una amalgama amoral para hacer rendir más las famosas “comisiones” con las cuales los funcionarios de la “high-life” pueden disponer de suficientes fondos para construirse mansiones en Las Lomas, en Huixquilucan o en Malinalco. Y en otros sitios, como Valle de Bravo o Ixtapa de la Sal –favorita para el descanso de un tal señor peña-, aunque alrededor pululen las mafias más terribles, los monstruos bípedos para quienes la vida sólo es la de cada uno de ellos, perentoria y por ende provocadora para obtener placeres sin límites para desquitarse del horror de la miseria, como la que muchos de los sicarios padecieron en sus terribles, obsesivas infancias.

No son pocos quienes creen que el flagelo de la miseria, aunque pretendamos cubrir de blanco el ámbito mágico de nuestro México, es el origen de la violencia desatada e imparable en una nación viciada por el narcotráfico; ven sólo el primer árbol de un bosque infectado que se prolonga hasta el norte, allí donde perviven todas las hipocresías y se coopta a las multitudes con inventos como el abuelo de la barba blanca y el uniforme colorado que fue símbolo de la Coca-Cola gracias a la cual, entre tantas cosas, surgió un presidente de la República, Vicente Fox, quien resultó un miserable apátrida creyendo que la nación entera era sólo una empresa particular para ser administrada por los grandes consorcios trasnacionales; tenía esta formación y no pudo sacudírsela.

La blanca navidad en México suele ser gris por los nubarrones en el cielo. Acaso por ello, en mi sueño, retorné a la infancia para recordar las calles rebosantes de foquitos de colores –no unas cuantas sino casi todas las avenidas troncales-, y los paseos en la Alameda sin el temor a ser asaltado; y también me llegó el olor a las castañas carbonizadas aunque tal fuese una especie de reminiscencia de la vieja colonia, la Nueva España no México, del que era imposible sustraerse hasta devorarlas una a una. Y de ellas surgía el material culinario principal para el pavo que nos hacía Chelito cuya vida fue atrapada por la mía.

Soñé, sí, con las taquerías infinitas de Bucareli y con el estadio Delta del Seguro Social sobre la avenida Cuauhtémoc que se convirtió, en 1985, en campo no de béisbol sino forense, albergando los cadáveres rescatados de los escombros tras los sismos devastadores. Aquel año, todos guardamos luto hasta más allá de las fiestas navideñas. Y en no pocos hogares las ausencias fueron una losa. Lo mismo en 1968, en el octubre rojo cuyo color se extendió mucho más del fin de año borrando cualquier posibilidad de blancura. Y en 1988 cuando la usurpación de salinas –ahora su hermano Raúl, otro mal nacido, tiene en sus manos sus ilegítimos bienes con la complicidad del poder Judicial-, nos llenó de rencor las mentes que olvidaron pronto las afrentas, acaso porque su asunción a la Presidencia se dio ya en diciembre cuando comenzábamos a pensar en los trineos... rebosantes de votos anulados. Yo aún guardo una de esas papeletas abyectas, recogida en un basurero. La salvé de la quema infamante –incluyendo al Palacio de San Lázaro- ordenada por los beneficiarios del escandaloso fraude. Su castigo fue menor: debieron legislar en el auditorio del IMSS del Centro Médico Siglo XXI que, como castigo divino contra los inocentes –no los parlamentarios cómplices sino los niños y ancianos que no pudieron salvarse saliendo a la superficie-, como ocurre siempre con las grandes catástrofes prohijadas, en esencia, por la corrupción. A veces, perdónenme la blasfemia desde ahora, creo que Dios se distrae con el futbol y deja pasar algunos de los más cruentos acontecimientos. Son los hombres, nos dicen los clérigos para justificarse; pero siempre he creído que los castigos divinos no tienen parangón.

Y uno de esos contrastes tiene mucho que ver con estas fiestas. ¿Quiénes las disfrutan? Pues, aunque sea difícil de creer, se la pasan mucho mejor los pobres, quienes donan hasta lo que no tienen conmovidos por quienes no pueden imponerse a la miseria extrema, comiendo romeritos y tomando alcohol mal destilado. En las cosas rumbosas el festín sólo atrae a la gula y al malestar de conciencia a sabiendas que cada bocado se le arrebata a uno de esos niños que se pasan la noche cubiertos con cartones en una sociedad tan desigual como pasiva.

La blanca Navidad de mi sueño es la de una ciudad limpia y segura, feliz y armoniosa; sin los cinturones de miseria ni los contrastes vestidos de palacetes frutos de la inmoralidad pública y de la moderna aristocracia que desciende de cada una de las “primeras familias” que han sido y la que es hoy. Añoro la blancura de la inocencia de los niños no contaminados con los juegos bélicos cibernéticos en una espiral de ausentismo mental que no sabemos cómo y en dónde desembocará. Me da escalofríos pensar en esto.

Prefiero soñar y recordar cuando aún me asomaba a la ventana para tratar de descubrir el trineo del hombre de rojo repartidos de regalos o la llegada de los Reyes Magos, al frente de las únicas monarquías que aún ilusionan con si oro, su mitra y su incienso convertidos en regalos multicolores. Nuestra Navidad es la blancura de las nubes ensoñadoras, no la nieve sobre la cual se construyen los mitos hasta convertirse en postales. Vivamos lo nuestro, no lo ajeno.
26 Diciembre 2016 04:00:00
Cuentos de Navidad
Las Navidades serán felices en Moscú. Allí, los cánticos auspiciados por la Iglesia Ortodoxa –la menos evolucionista aunque Roma está dispuesta a imponerse en este renglón-, suenan fuerte al ritmo de los bailes estridentes, en todas sus modalidades y de acuerdo a cada región de las estepas, motivados por el vodka claro y la exaltación de Baco al igual que en los pueblos del occidente. Son ellos quienes, al fin, tras el finiquito de la Guerra Fría, digamos en 1989 cuando cayó el Muro de Berlín y la perestroika de Gorbachov, acaso ideada desde Washington, van recuperando espacios hasta situarse en el más alto nivel, como en el pasado, en un contexto minado por el espionaje, la cooptación de figuras relevantes y la expansión de las bandas criminales, la mafia sobre todo, hacia casi todo el orbe.

Si la Guerra Fría la ganó Estados Unidos, en apariencia, con los sucesos descritos y la pulverización de la Unión Soviética, en el mundo contemporáneo, sin duda, se reaniman las doctrinas del Tercer Reich unidas al modelo socialista que muchos creyeron vencido y sólo sobreviviente en la Cuba del extinto Fidel Castro Ruz. No es así, porque suele ocurrir que los sistemas –salvo el de México- se transforman y van adaptándose al devenir de los pueblos sea para amancebarlos o guiarlos hacia un destino sólidamente controlado. De allí el éxito del gobierno de Rusia luego de la extirpación de gran parte de su territorio dando paso a una decena de nuevas naciones con el origen común del sufrimiento.

Hay nieve en esta Navidad. Frío en las almas e incertidumbre hasta en la naturaleza porque la gran potencia del norte, desde enero 20, habrá de alejarse de los proyectos anticontaminantes, apenas esbozados por el maniatado Barack Obama cuyo futuro personal no es tan halagüeño como el de las mafias Bush y Clinton sobreprotegidas por los consorcios financieros... a los que pertenece, de lleno, el señor Trump, como miembro y no mero aliado en el poder; una diferencia, en verdad, sustantiva y altamente peligrosa.

En fin, antes de los festejos de Navidad, se coloca al dirigente ruso, Vladimir Putin –cuyo apellido enciende risas entre quienes no conocen los trasfondos y en aquellos dispuestos a reducir al ridículo a cualquiera por el mínimo detalle-, como el hombre más poderoso del mundo... y es el cuarto año consecutivo en el que se reconoce tal liderazgo. No es cualquier cosa. Desde luego, desde la Plaza Roja de Moscú, desde donde brilla la Catedral de San Basilio con sus cúpulas redondas y doradas, se observa al mundo de otra manera, acaso desde el filtro de una política que incluso resiste la mayor secesión de la historia... sin afectar a la “madre” Rusia, ya sin zares pero con presidentes cuya firmeza y decisión desplazan a los demás líderes del mundo.

Ni quien se acuerde de la nonagenaria Reina Isabel II, de Gran Bretaña, otrora jefa del “imperio” que tanto exaltaban sus súbditos hasta llegar a los desprendimientos, como el de la India, que mostraron la atrocidad de los ingleses engreídos y matones cuyas razones jamás fueron justificadas; Gandhi las deshizo con un taparrabo hilado con sus propias manos.

La Rusia de Putin fue más marrullera y esperó, con paciencia, el inicio del final del imperialismo estadounidense. No es otra cosa la entronización ligera de Trump, odiado por el mundo y la mitad de sus compatriotas cuando menos, apoyado por sesenta millones de estadounidenses que revivieron, bajo un fatuo nacionalista, las peores tendencias del orbe, esto es hacia el fascismo que corrobora cuanto he llamado la “victoria” cultural de Hitler con todo y sus sociedades protectoras de animales, fundadas cerca desde donde se incineraban miles, millones de cuerpos durante la Segunda Guerra Mundial prohijada por el fürher y con un saldo sanguinario sin precedentes: casi veinte millones de bajas.

Esa sangre de derramada, de manera brutal y a contrasentido del humanismo, es la que brota hoy mismo en el mayor liderazgo del planeta, el de Putin, acompañado en el pódium del poder por Trump –marginado Obama pese a que a lo largo de 2006 él ejerció la presidencia de los Estados Unidos si bien lo hizo como un cómico de la legua y un bailarín consumado-, y desde luego por la señora Ángela Merkel, quien ve a España como “su perra”, de acuerdo a lo que dejó oír a micrófono abierto, y acapara la fuerza de la Unión Europea a pesar del Brexit inglés y los tremendos azotes de los paulatinos de la desintegración, sea por la asfixia económica o por instinto de supervivencia en una nación, Inglaterra, acostumbrada a ser líder y no cabús.

Si nos asomamos a la década de los treinta del siglo pasado, cuando Estados Unidos intentaba superar la “gran depresión” hasta volver a consolidar su poder militar ante la adversidad financiera, nos daremos cuenta de que las condiciones entonces imperantes son de menor gravedad a las actuales en donde el peso de Hitler se siente por partida triple –Putin, Trump y Merkel-, y las disonancias de los gobiernos con sus pueblos son advertencia de rupturas inminentes, como en el caso de México y la nueva aristocracia que sume en la desgracia a las mayorías, por distintas causas y un hilo conductor: la soberbia inaudita de las clases gobernantes. La diferencia es que, en nuestro país, tal condición se agiganta ante la amalgama indisoluble, por ahora, del presidencialismo con la partidocracia. Estamos asfixiados.

En nuestro sueño de Navidad nos creímos en la utopía de la paz y en el oasis del respeto a las libertades más profundas: la de expresión y la de acción, sobre todo, bajo el cielo de la justicia que no surge de los intereses corporativos sino de los generales haciendo, con ello, una profunda diferencia. No avizoramos los regalos de Santaclós, una figura comercial pero atractiva por risueña, sino los de la vida, sí, los de una existencia en donde las conciencias estén en paz con nuestras mentes asegurándose de tres elementos fundamentales: la dignidad, la honra y el respeto a los semejantes. ¡Qué lejos se sitúan los incondicionales de tal o cual causa de esta perspectiva de felicidad real, acostumbrados a las penumbras derrotistas de la tristeza!

Ojalá pudiéramos reventar las hipocresías del consumismo para honrar lo que es insustituible: la convivencia armoniosa. Pero esto ya lo sabemos porque se ha convertido en lugar común en voz de santurrones, feligreses beatos y religiosos con hondo pesar en su interior por los desvíos de la carne o el acecho interminable del “maligno”. ¿Qué pasaría, me he preguntado siempre, si no hubiese contra nosotros la amenaza permanente del infierno? ¿Nos volveríamos contra los templos para incendiar los rencores reprimidos? No lo sé, ni quiero pensarlo, porque no encuentro otro equilibrio moral y mental para controlar a los seres humanos y así evitar que seamos iguales políticos y gobernados; mandantes y opositores; aristócratas y siervos amancebados.

Pero si los ricos no podrán pasar, hacia la gloria y como los camellos, por el hoyo de una aguja –un arco bajísimo en las antiguas ciudades del Viejo y Nuevo Testamentos-, entonces la justicia divina caerá, sin remedio, contra los sátrapas vindicando a todos los inocentes asesinados o mancillados por el flagelo de la ambición inmunda de los poderosos. ¿O alguien se atreve a pensar que Putin, Trump o la señora Merkel, seguidos por el presidente chino Xi Jinping y el Papa Francisco, tienen asegurado algún lugar cercano a la imagen del Dios renacido? Sólo si no hay Dios podrán aspirar a la gloria terrenal mientras sus sucesores cuenten sus historias entre signos de admiración... hasta que aparezcan los rastros de sus crímenes.

Igual en México en donde la Navidad es blanca desde Durango hacia el norte, y se cierne gris vista por el sur, donde un grupo de descastados, a los que el concepto patria les estorba, buscan continuar, sin remedio, hasta el fin de otro milenio, domeñando a los ignorantes y a los pobres de espíritu. En mi sueño nos imponíamos los más; ¿y en los suyos, amables lectores?

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