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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Originaria de Torreón, Coahuila, médico cirujano con especialidad en Pediatría Médica. Trabajó para el IMSS hasta agosto del 2008 cuando se jubiló por años de servicio. Es miembro fundador del Capítulo Norte del Colegio de Pediatras de Coahuila desde 1996. Aficionada a las Letras, comenzó su trayectoria como editorialista en 1975, colaborando para diversos diarios regionales; para periódico ZOCALO escribe desde su arribo a la ciudad de Piedras Negras en 1984. Por otra parte ha publicado tres libros y tiene dos en revisión que saldrán a la luz a finales del 2009. Inquieta por los problemas sociales busca compartir sus puntos de vista en el papel, con cada artículo hace una propuesta al lector para que se involucre en la solución de dichos problemas que a todos afectan, particularmente a nuestros niños y jóvenes.

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22 Abril 2018 04:00:00
Nuestra tierra, nuestra existencia
Hoy celebramos el Día de la Tierra. Esta última palabra así con mayúscula, para denotar la personalidad de nuestro planeta, a quien tanto la gramática como nuestra irresponsabilidad han defenestrado. Hemos sido testigos de los terribles daños provocados por la contaminación del aire, del agua, del propio suelo. A últimas fechas conocemos el desastre de los desechos plásticos que van a dar a los mares y océanos. Este tipo de residuos afectan particularmente a las especies marinas, causando daños estructurales, enfermedad y muerte. A través de diversas investigaciones se ha documentado una isla de desechos plásticos en el Pacífico Sur, con una extensión equivalente al tamaño de la República Mexicana.

Un problema que se ha incrementado en los últimos lustros: Los daños provocados a las colonias de abejas por causa de plaguicidas. Al mermar el número de individuos que polinizan en forma natural, las cosechas disminuyen. El costo para suplir esa función de las abejas mediante métodos artificiales tiene un costo muy elevado, que va a repercutir en el bolsillo del consumidor.

El Calentamiento Global es una dolorosa realidad. Las predicciones de Al Gore se vienen cumpliendo puntualmente, aun cuando personajes como Donald Trump insistan en aseverar que no existe. Vemos cómo especies árticas se ven amenazadas y podrían extinguirse, al desaparecer las condiciones de la tundra que mantienen la cadena alimenticia. Las imágenes de osos famélicos que deambulan
desorientados a lo largo de las placas de hielo, o que hurgan contenedores de basura, son terribles. Hay algo que no estamos visualizando con la debida seriedad respecto al derretimiento de los polos; El problema no topa en que dejemos de ver osos blancos en su hábitat natural. Aparte del daño a las especies vivas, el derretimiento de los casquetes polares elevará el nivel de agua de los océanos, con los consecuentes riesgos para habitantes de las zonas tropicales de todo el mundo.

La Tierra (con mayúscula) es un ente que da vida y la sostiene, y que a la vez resulta modificado por las acciones de sus pobladores, en particular de nosotros los humanos. Hemos vivido en la creencia de que el planeta siempre va a estar ahí para nosotros. Nos ha faltado dimensionar la forma cómo los pequeños daños individuales de cada uno de nosotros, terminan generando un problema mayúsculo para el suelo; el aire que respiramos; el agua que consumimos; las especies vegetales que cosechamos; los animales a partir de los cuales producimos bienes de consumo. Cada vez que arrojamos un papel a la vía pública, que utilizamos popotes de plástico, que privilegiamos el uso de envases de polietileno, estamos perjudicando más al planeta. Parece que no estamos ni cerca de imaginar las graves consecuencias que nuestros actos están provocando.

En Sudáfrica se ha impuesto una realidad que más delante padeceremos el resto de los habitantes del planeta: Ciudad del Cabo tiene una severa escasez de agua.

En febrero de este año se notificó a sus habitantes que las reservas alcanzarían solamente para 3 meses, mismos que se cumplen en mayo, en lo que han dado por llamar el “Día Cero”. De esta forma fue como limitaron la dotación de agua por habitante a 50 litros diarios, que se han ido reduciendo a 25 litros conforme se acrecienta la escasez. La creatividad de los sudafricanos se ha echado a andar para reciclar y aprovechar hasta la última gota del vital líquido.

Los inodoros tradicionales utilizan por descarga un promedio de 16 a 24 litros de agua, según el modelo. Hay nuevas opciones que buscan ahorrar agua, está el sistema dual que permite al usuario elegir el volumen grande o pequeño de agua por descarga, y el modelo ahorrador que utiliza menos de 5 litros. De igual manera, en una ducha podemos gastar entre 50 y 100 litros de agua, cuando podríamos consumir mucho menos si estamos conscientes de que nos estamos acabando el agua entre todos.

El gran proyecto soñado han sido las desalinizadoras, que hasta la fecha no funcionan, pues son caras y limitadas en su producción. Convertir el agua de mar en potable no es una opción rentable todavía.

SOlo por hoy, domingo 22 de abril del 2018, imaginemos que no podemos tomar un baño; que no hay modo de lavar una fruta que vamos a consumir. Imaginemos que los inodoros dejan de funcionar para siempre. Que no podemos lavar platos ni ropa. Que no podemos trapear ni tener una planta en maceta. Que tenemos que racionar el agua que ingerimos porque es cara y está racionada. Que mueren las especies animales…

¿Es ese el mundo que queremos para nuestros hijos?
Imposible revertir todo el daño, pero podemos frenar la espiral destructiva. Hoy más que nunca se impone “el poder de uno”.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
15 Abril 2018 04:00:00
#YO TAMBIÉN
El caso de Luis Alberto Pérez, ortopedista pediatra acusado en Oaxaca por el delito de homicidio con dolo eventual es un claro ejemplo de las inconsistencias del sistema. El niño es llevado a un hospital del sector salud donde no cuentan con lo necesario para la cirugía requerida. Lo movilizan a un nosocomio particular, entra a cirugía, durante la misma surge una reacción alérgica grave y el niño fallece.

Desde prisión el doctor Pérez publicó una carta a través de la cual él hace un recorrido literario de lo que fue su preparación profesional, desde que aspiraba a ingresar a la carrera de Medicina. La leí y me identifiqué con cada etapa de su formación, los años de estudio en aula; el pregrado; el servicio social: los años de especialidad. Me hizo recordar además, un episodio de mi vida en el que yo también fui #Luis, aunque en mi caso las cosas no avanzaron a los niveles que padeció el compañero.

Durante un par de años ocupé la Dirección Médica del Hospital General de Zona y la Unidad de Medicina Familiar del IMSS en Piedras Negras. Mis dos hijos eran muy pequeños entonces, y la responsabilidad del puesto no me permitía atenderlos como se requería, así que regresé a ocupar mi base de pediatra. Poco tiempo después, ocurrió un accidente en la sala de Pediatría. Un niño al que la auxiliar de enfermería iba a bañar activó la palanca del agua caliente y se quemó parte del cuerpo. Siendo yo responsable de la sala, hablé con la mamá, le expliqué lo que había sucedido y le detallé el manejo hospitalario que daríamos a las quemaduras. Esto ocurrió en el verano; el cubículo del paciente se sentía muy caliente, en particular por las tardes, de modo que la madre me pidió que le autorizara llevarse al niño a casa. Tras un par de días, terminados los antibióticos intravenosos, accedí a darlo de alta con medicamento oral, vendajes en las áreas de las quemaduras, y el firme compromiso por parte de la madre de llevarlo diariamente a curación.

En cuanto la madre salió del hospital con su niño, se fue a los medios de comunicación a señalarnos a la enfermera y a mí de criminales. Días después me llegó un citatorio para comparecer ante Ministerio Público. Un abogado (buen amigo) se ofreció a acompañarme. Tomaron mi declaración, expliqué en qué términos había dado de alta al paciente, lo que, para mi fortuna, estaba documentado en el expediente médico. En seguida me pidieron esperar afuera de aquella oficina, lo que se prolongó toda la tarde; en un par de ocasiones asomó la cabeza el amigo abogado para decirme que insistían en fincar cargos en mi contra. En esos tiempos el MP estaba a la entrada de la antigua cárcel municipal, de modo que durante aquella larga espera la imaginación me jugaba chanzas, ya me veía yo ocupando una de aquellas celdas y mis hijos preguntando a su papá por qué mami no había vuelto a casa. Más delante pude enterarme que detrás de aquel procedimiento judicial manido había otro tipo de intereses en juego. La acusación finalmente no progresó, y pude regresar a casa a las 9 de la noche.

Desde esa perspectiva autobiográfica entiendo muy bien lo que pasó el doctor Luis Alberto, quien afortunadamente ya sigue su proceso en libertad. Él obró con la mejor voluntad para resolver un problema quirúrgico urgente. Es terrible que una criminalización como esa suceda a un profesional médico, en tanto las grandes carencias en el área de la salud están desatendidas.

Se exige que el profesional de la salud trabaje al 100%, sacando adelante la atención de los pacientes, cuando tantas veces no hay suficiencia en instalaciones, equipos o insumos. ¿Cómo es posible que la ley funcione de un modo para unos asuntos y de otro modo para los restantes?

México necesita un saneamiento exhaustivo de sus instituciones. Este es buen momento para comenzar a hacerlo.
15 Abril 2018 04:00:00
#Yo también
El caso de Luis Alberto Pérez, ortopedista pediatra acusado en Oaxaca por el delito de homicidio con dolo eventual es un claro ejemplo de las inconsistencias del sistema. El niño es llevado a un hospital del Sector Salud donde no cuentan con lo necesario para la cirugía requerida. Lo movilizan a un nosocomio particular, entra a cirugía, durante la misma surge una reacción alérgica grave y el niño fallece.

Desde prisión el doctor Pérez publicó una carta a través de la cual él hace un recorrido literario de lo que fue su preparación profesional, desde que aspiraba a ingresar a la carrera de Medicina. La leí y me identifiqué con cada etapa de su formación, los años de estudio en aula; el pregrado; el servicio social: Los años de especialidad. Me hizo recordar además, un episodio de mi vida en el que yo también fui #Luis, aunque en mi caso las cosas no avanzaron a los niveles que padeció el compañero.

Durante un par de años ocupé la Dirección Médica del Hospital General de Zona y la Unidad de Medicina Familiar del IMSS en Piedras Negras. Mis dos hijos eran muy pequeños entonces, y la responsabilidad del puesto no me permitía atenderlos como se requería, así que regresé a ocupar mi base de pediatra. Poco tiempo después, ocurrió un accidente en la sala de Pediatría. Un niño al que la auxiliar de Enfermería iba a bañar activó la palanca del agua caliente y se quemó parte del cuerpo. Siendo yo responsable de la sala, hablé con la mamá, le expliqué lo que había sucedido y le detallé el manejo hospitalario que daríamos a las quemaduras. Esto ocurrió en el verano; el cubículo del paciente se sentía muy caliente, en particular por las tardes, de modo que la madre me pidió que le autorizara llevarse al niño a casa. Tras un par de días, terminados los antibióticos intravenosos, accedí a darlo de alta con medicamento oral, vendajes en las áreas de las quemaduras, y el firme compromiso por parte de la madre de llevarlo diariamente a curación.

En cuanto la madre salió del hospital con su niño, se fue a los medios de comunicación a señalarnos a la enfermera y a mí de criminales. Días después me llegó un citatorio para comparecer ante Ministerio Público. Un abogado –buen amigo—se ofreció acompañarme. Tomaron mi declaración, expliqué en qué términos había dado de alta al paciente, lo que –para mi fortuna—estaba documentado en el expediente médico. En seguida me pidieron esperar afuera de aquella oficina, lo que se prolongó toda la tarde; en un par de ocasiones asomó la cabeza el amigo abogado para decirme que insistían en fincar cargos en mi contra. En esos tiempos el MP estaba a la entrada de la antigua cárcel municipal, de modo que durante aquella larga espera la imaginación me jugaba chanzas, ya me veía yo ocupando una de aquellas celdas y mis hijos preguntando a su papá por qué mami no había vuelto a casa. Más delante pude enterarme que detrás de aquel procedimiento judicial manido había otro tipo de intereses en juego. La acusación finalmente no progresó, y pude regresar a casa a las 9 de la noche.

Desde esa perspectiva autobiográfica entiendo muy bien lo que pasó el doctor Luis Alberto, quien afortunadamente ya sigue su proceso en libertad. Él obró con la mejor voluntad para resolver un problema quirúrgico urgente. Es terrible que una criminalización como esa suceda a un profesional médico, en tanto las grandes carencias en el área de la salud están desatendidas. Se exige que el profesional de la salud trabaje al 100%, sacando adelante la atención de los pacientes, cuando tantas veces no hay suficiencia en instalaciones, equipos o insumos. ¿Cómo es posible que la ley funcione de un modo para unos asuntos y de otro modo para los restantes? Por ningún concepto se justifica considerar bajo el término “negligencia médica” deficiencias en la atención de pacientes por causas ajenas a la actuación médica. Por otra parte, no es posible criminalizar a los profesionales de la salud por eventos cuya aparición escapa totalmente de la voluntad de quienes participan en un procedimiento médico.

Se requieren modificaciones para tipificar los delitos de la práctica médica por la vía civil –y no penal--, como está normado en otros países. No es posible que el médico arriesgue todo en el desempeño de su práctica profesional, mientras que las instituciones actúan engañosamente, escatimando recursos indispensables para la atención de los pacientes. En este caso concreto, cuando el accidente del helicóptero del gobernador Murat, el doctor no dudó por un momento en atender a los heridos fuera de su horario de trabajo. ¿Y así es como le pagan?...

México necesita un saneamiento exhaustivo de sus instituciones. Este es buen momento para comenzar a hacerlo.

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08 Abril 2018 04:00:00
Gracias, mister Trump
Me irritan las campañas electorales. En buena parte por la inconsistencia de las promesas frente a la contundencia de los hechos, o lo que el candidato ha hecho frente a lo que dice que ha hecho, o bien, las promesas que hace ahora y no cumple después. Me exaspera el exceso de publicidad y el despilfarro que ello representa.

Desde el punto de vista mercadotécnico, muchos de los anuncios presentan fallas, en televisión me ha tocado la misma cantaleta hasta tres veces durante un mismo corte. Y para rematar, concluidas las campañas queda mucha basura, que incrementa los alarmantes niveles de contaminación.

El ideal serían unas elecciones limpias, ordenadas, en las que cada candidato pudiera presentar su plan de trabajo, de modo de poder elegir el que a nuestro juicio personal fuera el mejor. Candidatos con un perfil apropiado para el puesto, que garantice que van a trabajar por el mejor interés de la nación. Lo que se ha puesto de moda en los últimos años, hacer candidatos a deportistas o actores de televisión, no ayuda en la resolución de los problemas reales de nuestro país.

Luego de todo lo anterior que, dicho sea de paso, me ha servido de catarsis, va lo que hoy quiero abordar. En el curso de la semana que termina, Donald Trump hace un anuncio oficial, mientras el Congreso no apruebe el presupuesto para el muro, va a militarizar toda la frontera con México. Al parecer lo abrupto de su determinación estuvo influenciado por el avance de la caravana de centroamericanos denominada Vía Crucis Migrante, en su quinta edición. Nosotros como mexicanos damos a la migración una lectura muy distinta a la que él hace, consideramos que quienes cruzan ilegalmente van para trabajar, y trabajan duro y en condiciones laborales difíciles. No son para nada las hordas del crimen organizado que invaden con propósitos delictivos. Dos realidades son ineludibles, hay tráfico de estupefacientes de aquí para allá, y hay tráfico de armas de allá para acá, aunque claro, los responsables de estos ilícitos no tienen nada que ver con los grupos de familias migrantes que persiguen el sueño americano.

Esta vez Enrique Peña Nieto manifestó la postura de México en un comunicado claro y firme. Cuando lo escuché sentí orgullo por el posicionamiento de nuestra nación a través de las palabras del presidente, algo que, debo ser franca, hace mucho tiempo no sentía. Los candidatos hicieron lo mismo, reconocer que las luchas intestinas por la presidencia son una cosa, y el interés nacional otra muy distinta. Y que ese interés nacional es común para todos, nos une en una misma fuerza y nos identifica. Puedo decir que me hizo recordar la primera vez que fui a votar para presidente, corría 1976 y acudí con mis papás a hacerlo. Al depositar mi boleta en la urna, viví una emoción muy particular. Sentí que mi voto era decisivo.

Sentirnos parte de una nación que respira un solo aliento es muy gratificante. Saber que a pesar de las diferencias de pensamiento, de educación, religiosas o de cualquier otro tipo, existe un interés común que nos hermana a todos, despierta las ganas de luchar, de poner ese esfuerzo extra, con la convicción de que hará la diferencia.

Coincidió que en estos días termino la obra de Alex Grijelmo titulada La Seducción de las Palabras, que me explica en gran medida el comportamiento que vienen presentando las preferencias electorales. En la turbidez lodosa que han generado las campañas, y que no permiten conocer a fondo las propuestas de los candidatos, se perfilan a ganar las que se dirigen, no a la razón sino al corazón.

Gracias Mister Trump, todo lo acontecido ayuda a mantenernos unidos en una sola voluntad a favor de nuestro amado México.
08 Abril 2018 04:00:00
Gracias, mister Trump
Me irritan las campañas electorales. En buena parte por la inconsistencia de las promesas frente a la contundencia de los hechos, o lo que el candidato ha hecho frente a lo que dice que ha hecho, o bien, las promesas que hace ahora y no cumple después. Me exaspera el exceso de publicidad y el despilfarro que ello representa, cuando nuestro país tiene necesidades de primer orden que no han sido atendidas. Desde el punto de vista mercadotécnico, muchos de los anuncios presentan fallas, en televisión me ha tocado la misma cantaleta hasta tres veces durante un mismo corte programático; no entiendo con qué finalidad. Y para rematar, concluidas las campañas queda mucha basura, que incrementa los alarmantes niveles de contaminación de nuestros ecosistemas.

El ideal serían unas elecciones limpias, transparentes, ordenadas, en las que cada candidato pudiera presentar su plan de trabajo, de modo de poder elegir el que a nuestro juicio personal fuera el mejor. Candidatos con un perfil apropiado para el puesto, que garantice que van a trabajar por el mejor interés de la nación. Lo que se ha puesto de moda en los últimos años, hacer candidatos a deportistas profesionales o actores de televisión, no ayuda en la resolución de los problemas reales de nuestro país. O tal vez sea esa la intención, partidismo puro, que en un exceso de candidez no alcanzó a asimilar.

Luego de todo lo anterior que, dicho sea de paso, me ha servido de catarsis, va lo que hoy quiero abordar. En el curso de la semana que termina, Donald Trump hace un anuncio oficial, mientras el Congreso no apruebe el presupuesto para el muro, va a militarizar toda la frontera con México. Al parecer lo abrupto de su determinación estuvo influenciado por el avance de la caravana de centroamericanos denominada “Vía Crucis Migrante”, en su quinta edición.

Nosotros como mexicanos damos a la migración una lectura muy distinta a la que él hace, consideramos que quienes cruzan ilegalmente van para trabajar, y trabajan duro y en condiciones laborales difíciles. No son para nada las hordas del crimen organizado que invaden con propósitos delictivos. Dos realidades son ineludibles, hay tráfico de estupefacientes de aquí para allá, y hay tráfico de armas de allá para acá, aunque claro, los responsables de estos ilícitos no tienen nada que ver con los grupos de familias migrantes que van persiguiendo el sueño americano.

Esta vez Enrique Peña Nieto manifestó la postura de México en un comunicado oficial claro y firme. Cuando lo escuché sentí orgullo por el posicionamiento de nuestra nación a través de las palabras del presidente, algo que -debo ser franca- hace mucho tiempo no sentía. Los candidatos hicieron lo mismo, reconocer que las luchas intestinas por la presidencia son una cosa, y el interés nacional otra muy distinta. Y que ese interés nacional es común para todos, nos une en una misma fuerza y nos identifica. Puedo decir que me hizo recordar la primera vez que fui a votar para presidente, corría 1976 y acudí con mis papás a hacerlo. Al depositar mi boleta en la urna, viví una emoción muy particular.

Sentí que mi voto era decisivo para llevar a México por el mejor camino.

La octava ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio ha avanzado más lento de lo previsto, y se espera que sea para la próxima semana en Perú, durante la Cumbre de las Américas, cuando terminen de definirse las posturas de esta ronda. Fase que amén de sus complejidades intrínsecas, ha contado además con la presión de Donald Trump respecto a cancelar el Tratado si no se aprueba el muro fronterizo. Ahora México ha sido claro y firme en su posicionamiento, habló el presidente y todos lo respaldamos.

Sentirnos parte de una nación que respira un solo aliento es muy gratificante.

Saber que a pesar de las diferencias de pensamiento, de educación, religiosas o de cualquier otro tipo, existe un interés común que nos hermana a todos, despierta las ganas de luchar, de poner ese esfuerzo extra, con la convicción de que hará la diferencia. Vernos de repente rodeados de candidatos distintos en su ideología pero respetuosos en su actuación, nos permite despejar nuestro pensamiento para llevar a cabo una buena elección. Coincidió que en estos días terminó la obra de Alex Grijelmo intitulada “La seducción de las palabras”, que me explica en gran medida el comportamiento que vienen presentando las preferencias electorales. En la turbidez lodosa que han generado las campañas, y que no permiten conocer a fondo las propuestas de los candidatos, se perfilan a ganar las que se dirigen, no a la razón sino al corazón.

Gracias Mister Trump, todo lo acontecido ayuda a mantenernos unidos en una sola voluntad a favor de nuestro amado México.

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01 Abril 2018 04:00:00
El canto de la calandria
Esta vez no pensé que pudiera concluir mi tarea semanal a tiempo. Una calandria que se había ausentado desde hace meses, hoy me está dando serenata. Sospecho que me la manda desde el cielo mi mejor amigo José Clemente, quien justo hoy cumple su primer aniversario luctuoso, y que –seguramente-- para que no me entristeciera por la ocasión, mandó por delante a la calandria a cantarme todo el fin de semana. Es curioso, comencé a escucharla en la ventana de mi oficina; luego me movilicé a otras habitaciones, y lo mismo hizo la calandria para instalarse en alguna rama próxima a aquellos ventanales, y así continuar su concierto. Regresé a mi oficina, y lo mismo hizo el ave canora que, con cada línea que escribo, varía de tonada en su amplio repertorio. Mi querido José, hoy te recuerdo como siempre hago, sé que estás bien y que algún día volveremos a encontrarnos. Gracias por el concierto.

El canto de la calandria me ayudó a consolidar la idea que venía esbozando para esta colaboración. Quiero hablar acerca de nuestra actitud frente a las redes sociales, y el modo como aquellos contenidos que mandamos nos dibujan como personas. El gobierno norteamericano retoma la posibilidad de revisar nuestras redes sociales dentro de los requisitos para tramitar una visa de ingreso a aquel país. Buscan cualquier contenido relacionado con actividades potencialmente peligrosas, lo que es muy entendible. Por otro lado vemos cómo ha quedado demostrada la vulnerabilidad de nuestros datos en redes como Facebook. En lo personal encuentro hasta estremecedor imaginar que todo contenido que busque o publique en Internet deja una huella digital imborrable, más todavía que cualquier otro medio. No alcanzamos siquiera a imaginar lo que existe acerca de nuestra persona en la red, al alcance de voluntades ajenas a nosotros, imposibles de identificar.

Ello me llevó a cuestionar hasta qué punto estamos conscientes de la responsabilidad que implica el uso de las redes sociales dentro de nuestra sociedad. Particularmente lo pienso ahora que han arrancado todas las campañas políticas. Ya hemos visto que se ponen buenas las peleas con lodo entre candidatos, y mi pregunta como ciudadana es, ¿vamos a permitir que ese lodo llegue a cegarnos al momento de decidir nuestro voto?

Al día recibimos infinidad de mensajes, propuestas y cosas chuscas. Que llegue a mi equipo no implica que yo los reenvíe de inmediato, al menos es lo que se esperaría de nosotros como entes pensantes: Leer, aquilatar, y tomar la decisión de enviar o eliminar. Y no me refiero solamente a los mensajes de corte político sino a todo lo que ponemos a circular. Tal vez modifiquemos nuestra actitud si imaginamos que cada envío es como un punto dentro de una pintura impresionista, y que a la vuelta del tiempo aquel conjunto de puntos va a dibujar la imagen personal que proyectamos al mundo.

En lo particular –reconozco—soy muy puntillosa con la palabra escrita, tanto que en ocasiones modifico dos o tres veces un párrafo hasta que me convence de que está diciendo justo lo que yo quiero expresar, y no otra cosa. Sé que es una conducta que frisa con lo obsesivo, y aún así algunas veces me sorprendo cometiendo lamentables erratas. Cada palabra tiene un peso específico, para mí tan grande, que una palabra dicha de cierto modo en un determinado momento, llega a modificar toda la existencia de un ser humano.

La invitación después del canto de la calandria, es a ser más prudentes en los contenidos que manejamos en redes sociales. Más selectivos a la hora de leer, ponderar qué dice el mensaje, quién lo envía, cómo lo documenta, y si hay una intención oculta tras el mismo. Mucho más sensatos a la hora de reenviar, haciéndonos plenamente responsables de aquellos contenidos. Por desgracia el uso de la Internet produce una lectura superficial y fugaz, que nos puede llevar a grandes errores de apreciación. Recientemente se publicó en cierto chat algo así: “Mañana lunes habrá venta de tacos de barbacoa afuera de la iglesia de la Luz. Lo recaudado será para ayudar a los niños de Chiapas”. Al minuto comenzaron las preguntas: ¿Cuándo es la venta? ¿Qué es lo que van a vender? ¿Dónde será la venta? ¿De qué son los tacos? ¿Para qué se organiza la venta? ¿Unos niños de dónde?... Este tropel de preguntas puso en evidencia que habíamos leído de tal manera mal, que captamos la información de manera fragmentada y equívoca, ¿o no?

Vamos saneando las redes de contenidos, contribuyendo a que no circule todo lo que recibimos. Hagamos una lectura crítica de aquello que nos llega, ¿proviene de una fuente confiable? ¿Es congruente? ¿Desde dónde está escrito, con qué intención? Eso será nuestra mejor huella en Internet, no nos quepa la menor duda.

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25 Marzo 2018 04:00:00
El difícil arte de la convivencia
Mientras que esto escribo siguen desaparecidos tres jóvenes en el estado de Jalisco, al parecer levantados por las “fuerzas del orden”. ¿Su delito? Detenerse a revisar una falla de su vehículo después de haber grabado un documental como parte de un proyecto escolar de cine. Tememos que se repita la historia de muchos otros jóvenes que han desaparecido de manera similar, cuyas investigaciones han terminado en “carpetazo técnico”. Nadie parece hacer nada efectivo por dilucidar el ilícito, y este se olvida cuando uno nuevo capta la atención del público.

Lamentablemente sucede y sigue sucediendo aquello de imponer la fuerza bruta por encima de los derechos civiles de la población. El Estado avala esa forma de utilizar las instituciones por parte de ciertos personajes turbios, y lo que es peor, en ocasiones no solo avala dichas arbitrariedades, sino que las emprende por cuenta propia. Como si tener un pedazo de ley en las manos concediera a un individuo el derecho de atropellar a otros de manera discrecional.

Es muy doloroso vivir en el país de “no pasa nada”, en el que es peor delito robar por hambre una tapa de huevos, que defraudar al fisco mediante sumas millonarias. Donde las acciones delictivas de un individuo quedan impunes en la medida en que esté bien relacionado con quien tiene a su cargo normar o juzgar los hechos. Nuestro México es el hermoso país rico en historia, en música, artesanía y variedad gastronómica, que ha dado grandes artistas y científicos, pero en el cual alguien que se esforzó durante media vida por obtener un doctorado, percibe un salario diez veces menor al de un funcionario “chambón” que no llena el perfil del puesto, pero está allí por recomendaciones.

Son muchas las condiciones que han propiciado esta forma de actuar. Una –muy clara—ha sido la que tiene que ver con nuestra tibieza a la hora de fijar límites, digamos, muchas faltas menores que se cometen a diario son vistas como “puntadas”, y claro, no pasa nada. Si el individuo logró burlar la ley y salirse con la suya, solemos decir que es astuto o suertudo, pero difícilmente lo catalogamos como delincuente, aun cuando lo que cometió es un delito, grande o pequeño, pero un delito. Caso contrario, al que trata de cumplir con la norma lo llamamos desde “ñoño” hasta “estúpido”, difícilmente reconocemos en él como una cualidad tratar de obedecer lo establecido.

Solo para no olvidarlo, acaban de cumplirse 6 meses del sismo del 19 de septiembre. Vienen a la mente dos casos emblemáticos, entre muchos otros: El del Colegio Rébsamen y el de los donativos económicos provenientes del exterior. No hay avance en las investigaciones de los edificios construidos de manera ilegal en un predio marcado como “escolar”, y las voces de los padres de los niños muertos se pierden en el desierto de la impunidad. Con relación a los cuantiosos donativos económicos, nadie sabe dónde quedaron esas grandes sumas de dinero… a ratos da la impresión de que quienes debían hacerse responsables solo esperan el cambio de sexenio para asegurarse que todo quede en el olvido.

Comencé intitulando la presente colaboración “El difícil arte de la convivencia”, y ahora lo retomo. Un punto fundamental dentro de todo grupo humano es que cada individuo pueda actuar con libertad, pero sin afectar los intereses de los demás. En el escenario ideal, la propiedad privada, el derecho a la libre expresión, o a trabajar en lo que cada quien elija, son derechos fundamentales, cuyo límite está dado a partir del derecho de otros para hacer lo mismo. Si pretendo rebasarlos, está la ley para advertirme y en su caso sancionarme. Difícil precisar a partir de qué momento histórico el mexicano decide no reconocer esos límites y va más allá, atropellando los derechos de otros. No sé si nació de su ambición y las instituciones lo respaldaron, o fue la laxitud de estas últimas lo que propició el cambio de pensamiento en el individuo. El asunto es que en ambas situaciones, se violenta el bien común.

El arte de la convivencia: A partir del reconocimiento de los derechos del individuo, contentarnos cada uno de nosotros con los límites que el grupo señala, y desarrollar al máximo nuestras potencialidades. Dicen los especialistas que el principio del enriquecimiento desmedido es el miedo a no tener lo suficiente en el futuro. En lo personal encuentro una razón más, pensamos que el reconocimiento social está dado por aquello que se tiene y no por las obras que se emprenden.

El proceso educativo es la base del cambio, rumbo al bien común. Educar para el corazón comenzando desde el hogar, hacer de nuestro México un país de ciudadanos felices que no utilicen el atropello para sentir que valen frente al mundo.

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18 Marzo 2018 04:00:00
Día del Enfermo
Desde hace cuarenta años mi colaboración periodística se publica los domingos. La envío el viernes a mediodía, así que ese día despierto con el pendiente en la conciencia. Si ya tengo el tema, voy ensamblando las aristas; si no lo tengo todavía, amanezco revisando las vivencias de la semana. Esta vez comencé mi viernes en las instalaciones del IMSS recogiendo papelería para la valoración médica semestral a la que mi cangrejo y yo nos sometemos.

Justo un día antes escuchaba en entrevista al maestro Tuffic Miguel Ortega, director general del IMSS. Habló acerca del 75 aniversario de la institución, y del modo como para el 2016 se logró su recuperación financiera, tras de una severa crisis. Se refirió a programas para la detección de factores de riesgo, que permiten prevenir la aparición de enfermedades como el cáncer, la diabetes mellitus y la hipertensión arterial. El maestro se refirió también a las estrategias para mejorar el trato al derechohabiente, combatiendo esas prácticas añejas de actuar como si se le hiciera un favor a quien solicita atención. A propósito de esto último, las cosas en mi clínica fueron bastante cordiales, aunque aún falta organización. Todos quienes esperábamos papelería lo hacíamos de pie en un área que no se da abasto, además de que es un corredor de intenso tránsito entre la Consulta y la Dirección. Conseguí instalarme frente a un ventanal para ver pasar la vida, algo que me produce un cúmulo de visiones que mucho disfruto.

Desde el segundo piso de la clínica se despliega frente a los ojos la plaza cívica con su estatua icónica en bronce vaciado, diseño del regiomontano Federico Cantú. Poco más delante se halla el asta Bandera, esta vez sin Bandera.

Alrededor de dichos monumentos se apreciaba en aquellos momentos un intenso trajín de pacientes, familiares y vendedores, y hasta un par de callejeritos, ambos lucían muy familiarizados con el movimiento humano, ella -embarazada- se dejaba caer en los puntos donde la sombra de media mañana se iba extendiendo. Traté de meterme dentro de la cabeza de cada uno de los personajes que transitaban por ahí: ¿Les dolerá? ¿Sentirán cansancio? ¿Estarán fastidiados de tanto tratamiento? Al menos un par de pacientes en silla de ruedas, provenientes del área de diálisis, así parecían sentirse.

Siguió mi reflexión: ¿Qué es la enfermedad? Habría muchas maneras de definir esa condición. Es la pérdida de la salud; la interrupción de la funcionalidad; la falla de la normalidad corporal… Más allá de los tecnicismos, la enfermedad es una experiencia de vida que nos proporciona la oportunidad de medirnos frente al cosmos. En medio de la crisis que representa la pérdida de la salud, la enfermedad nos da ocasión de asimilar nuestro tamaño real, ante todo lo que nos rodea. Es ocasión de practicar la humildad y la paciencia; momento para voltear hacia nuestros seres queridos en busca de apoyo. Siento que sería bastante recomendable que de cuando en cuando enfermáramos de esa manera, para después de dicho trance volver a la vida a valorar de otra manera lo que somos y tenemos, y que tantas veces damos por sentado.

¡Cuánto se puede aprender desde una experiencia de enfermedad! A partir del dolor conseguir valorar y cuidar nuestra integridad física. Desde la incertidumbre tener la ocasión de vivir al máximo las oportunidades que la vida nos da. Partiendo de las necesidades que la enfermedad impone, aprender a reconocer con humildad nuestros límites.

Existe un día para celebrar a la persona del enfermo, corresponde al 11 de febrero, que en el santoral católico conmemora la aparición de la Virgen de Lourdes a la pequeña Bernardette de Soubirous. Ese día se desarrolla la Jornada Mundial de los Enfermos en el Santuario de Lourdes, población enclavada en un extremo de la cadena de los Altos Pirineos, al sur-suroeste de Francia, casi en la frontera con España. Al contemplar la enorme extensión del Santuario, es difícil imaginar esas grandes avenidas que convergen a la iglesia y a la gruta, atestadas de enfermos provenientes de todas partes del mundo, asistidos por 10,000 voluntarios, algo que sucede cada mes de febrero desde hace mucho tiempo.

Hoy escribo pensando en los enfermos, en sus familiares. Pienso en el personal de las instituciones públicas que hace posible que quienes así lo requerimos, recibamos atención. Cada puesto tiene su razón de existir, su función específica y su valor intrínseco. A través del buen desempeño de cada uno de los trabajadores, los derechohabientes estamos en condiciones de recibir la atención necesaria en el momento oportuno.

No digo que pidamos al cielo que nos mande enfermedad. Pero eso sí, que cuando la mande, sepamos aprovecharla para crecer en ella

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11 Marzo 2018 04:00:00
Alas para volar
8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, fecha en la que se hace presente la voluntad de media humanidad --a la cual me digno pertenecer--, para hacer valer nuestros derechos. Rememoramos las luchas emprendidas por valientes féminas en el campo laboral, universitario y electoral, entre otros, tantas veces pagando una cuota de sangre por lograrlo. En el nuevo milenio la equidad de género es mucho más real que en los albores del siglo veinte, pero aun así quedan asignaturas pendientes.

Esta fecha tuvo un significado muy especial en mi esfera íntima, al lado de una mujer que admiro por su autenticidad de plantarse frente al mundo a decir “Aquí estoy y así soy”. Se trata de mi hija Eréndira, a quien justo ese día le avisaron que había obtenido una beca de la SEP y la Embajada de Francia para una estancia académica y laboral en aquel país. En medio de su jornada de trabajo, luego de ser notificada, se hizo un tiempo para avisarme en un mensaje, y ya fue hasta que salió de su trabajo, cuando pudimos desmenuzar la noticia de manera sabrosa.

De pequeña mi hija tuvo discalculia, las restas fueron su “coco”. No pocas tardes pasamos juntas haciendo la tarea; yo angustiada pensando en cuánto tiempo iría a superar esa condición. Ella desesperada viendo que su hermano, un año menor, era muy hábil en matemáticas. Aunque ese problema se resolvió en poco tiempo, hoy se hizo presente, a raíz de la beca y de la fecha que conmemorábamos, cuando recordé un episodio de aquel entonces. Al expresar mi inquietud respecto a la dificultad de mi hija con las matemáticas, alguien me dijo, como para tranquilizarme: “Total, no es tan importante que salga bien en todo, al fin que es mujer, y las mujeres son para la casa”. Si yo me hubiera conformado con aquel panorama y hubiera doblado las manos, no estaría aquí celebrando este nuevo logro en la vida profesional de mi hija.

En este planeta cada mujer tiene derecho a definirse para sí misma y para el mundo. Nos pronunciamos a favor de iguales oportunidades que los hombres en todas las esferas de la actividad humana. Ciertamente habrá diferencias biológicas, sicológicas y culturales entre ambos géneros, que imponen límites sensatos de ser atendidos. Sin embargo no queremos ser encasilladas, que venga alguien desde fuera a decirnos qué sí y qué no podemos hacer. Pugnamos por el derecho absoluto para probar de qué somos capaces y hasta dónde podemos llegar, pues antes que mujeres somos individuos con todas las capacidades intelectuales para desarrollarnos en todos los aspectos que deseemos abordar.

Erróneamente el feminismo se ha interpretado en ocasiones como un actuar cual si fuéramos hombres. Son dos asuntos muy independientes, uno es el derecho a desarrollarnos sin límites impuestos por razón de nuestro género, y otro muy distinto sería el asumir conductas varoniles que en absoluto equivalen a desarrollar eficientemente una actividad dada.

Dentro de este ámbito de equidad que buscamos conseguir, este pasado día 8 de marzo se emprendieron diversas manifestaciones alrededor del mundo. Grandes grupos se expresaron a favor de la equidad de género y la no-violencia, que en nuestro país ha cobrado muchas vidas de una forma tan absurda. A ratos, frente a un panorama de tanta violencia, hago un examen de conciencia como mujer y madre para preguntarme si realmente estamos cumpliendo con nuestro papel en la formación de los hijos, o cuál es la razón para que tantos jóvenes opten por enfrentar las diferencias de opinión por la vía del ataque violento, y no por la del diálogo. Aquí sí, debo reconocer a nombre de todas mis congéneres, que hemos fallado en inculcar una ética, en formar dentro de los hijos un corazón que busque comunicar, conciliar y construir, antes que violentar y destruir. Por supuesto que estamos en nuestro derecho de exigir un trato digno por parte de los varones, tanto en la calle como en la relación de pareja, pero también estamos en la obligación de forjar ciudadanos con ética en su actuar.

En los años setenta estudié Medicina en Torreón, en la única facultad que tenía la UAdeC; en ese tiempo la proporción de mujeres era de 1 por 4 hombres. Hoy en día, para la misma carrera en las tres facultades de la UAdeC, es 1 por 1. Mucho se ha avanzado desde aquel 1887 cuando Matilde Montoya, la primera médica mexicana, tras enfrentar mucha oposición, logró titularse en la UNAM. Pero aún falta mucho por hacer.

“Tengo alas para volar” palabras de Frida Kahlo que llevan a Eréndira en su ruta siempre auténtica, por la que busca reinventarse y crecer. No me resta más que decirle, como la mamá más orgullosa del planeta: “Que Dios te lleve, mi querida hija. A volar tan alto como tú lo decidas y a ser feliz”.

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04 Marzo 2018 04:00:00
Nuestra impronta personal
Para ejemplos hay muchos. En estos momentos aludo al reciente caso -muy doloroso- de 3 jóvenes fallecidos en un accidente automovilístico en Saltillo. Las últimas imágenes compartidas por uno de los infortunados muestra los “shots” de tequila que estaban tomando, con la leyenda “Casual aquí, a punto de morir”, lo que horas después se cumplió.

Una de las características de nuestros tiempos es la profunda necesidad de hacernos presentes en el mundo, decir “aquí estoy” y dejar impronta de nuestro paso. Contrario a lo ocurrido en otras épocas en las que teníamos un Miguel Ángel Buonarroti esculpiendo la excelsa “Piedad” a los 23 años, o un Wolfgang A.

Mozart muriendo a los 35, no sin antes dejar para la historia un legado musical excepcional, hoy alcanzamos esas edades y muchas más sin sentir que ha habido una verdadera oportunidad para trascender. Cuando Goethe tenía mi edad ya había publicado la primera parte de su intemporal “Fausto”, lo que no deja de sacudir mi entendimiento. Más que concentrarnos en un objetivo que esté por encima de nosotros, y al cual enfocar tiempo y talento, nos fraccionamos en bisutería que al final del día nos deja con un vacío interior que mañana buscaremos nuevamente llenar –desgraciadamente por el mismo camino- con iguales o peores resultados.

El método más socorrido para manifestarnos, me atrevo a suponer, es el de la imagen digital. Amanecemos pensando qué indumentaria vamos a utilizar, o cómo nos vamos a arreglar para salir mejor “en la foto”. Hay inclusive sofisticados métodos de maquillaje que aseguran que los ojos luzcan más bellos, que la cara parezca más delgada, y que cualquier arruga o mancha engañen a la cámara. Una floreciente industria del “contour” que debe de estar produciendo ganancias millonarias a quien tuvo el acierto de imaginarla. Cada uno de nosotros vueltos esclavos de esa imagen que va a tomarse nos aplicamos, nos cuidamos, a veces sufrimos y otras más nos ocultamos. Una buena parte de nuestros momentos de convivencia se invierten en congraciarnos con la lente de esa cámara inserta en el celular, y que tantos cambios es capaz de producir. La “selfitis” -perdón por el barbarismo -se nos prende a la vida como ciempiés ponzoñoso, para nunca más soltarnos.

Tal vez los de edad buscamos defendernos de convertirnos en presas de ese fenómeno digital, tan difundido entre los millennials, o tal vez ya hayamos cedido a sus influjos y fotografiemos nuestras pantuflas al amanecer; el desayuno a las 9; la mascota a media mañana; alguna escena callejera al mediodía; el café o la merienda por la tarde, y la luna, o el farol, o nuevamente las pantuflas, pero ahora apuntando en dirección contraria, hacia la cama, al terminar el día. ¿Qué nos estamos diciendo a gritos a nosotros mismos? ¿Qué necesidad imperativa nos lleva a invertir tiempo, energía y tanto más, en tomar una foto cada 30 minutos?...

Somos una especie de “niños digitales”, aunque nos cueste reconocerlo, a ratos muy solos en medio de tanta tecnología de punta, deseando alcanzar al otro para comunicarnos, pero con un miedo atroz de hacerlo, pues no sabemos cómo. Perdemos de vista la necesidad vital de encerrarnos en nuestro propio espacio personal, ponernos frente al espejo y abrir muy grandes los ojos para vernos así, desnudos, sin maquillaje, sin tener que guardar las apariencias. Preguntarnos qué queremos, a dónde vamos, y si estamos tomando el camino correcto para llegar. Cuestionar cómo queremos vernos dentro de 10 o de 20 años. Mentalizarnos qué esperamos que nuestros seres queridos expresen acerca de nosotros el día que muramos. Así de simple, así de sencillo. Es la única forma de comenzar a emprender acciones que en realidad nos lleven a trascender, sería como plantarnos frente a nuestro lienzo único y personal para pintar la obra más perfecta, en lugar de estar desperdiciándonos en unos cuantos trazos sobre pedazos de papel que finalmente el viento termina por llevarse.
¿Por qué tememos tanto a la soledad? Quizá sentimos que estamos en el gran escenario, desde el cual el público nos vigila y nos juzga. O tal vez sea que necesitamos autoafirmarnos a cada momento, para de ese modo convencernos de que existimos en el mar del anonimato.

Que la muerte tan lamentable de estos jóvenes no resulte ociosa, que esa gran lección que nos dejan desde la última de sus imágenes digitales, propague su mensaje de vida para todos nosotros. Que nos haga reaccionar. Que nos invite a medirnos de otra manera, frente a nuestro “mejor yo” potencial. Que dejemos de lado ese afán de escribir en el hielo, para comenzar a plasmar nuestra mejor obra con el pincel de la voluntad y la paleta del talento, dispuestos a forjar una memoria inmune al tiempo.

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25 Febrero 2018 04:00:00
Al pie de la bandera
El jueves pasado circulaba por el primer cuadro de la ciudad, al transitar una calle aledaña al astabandera de la Puerta de México, desde donde ondea nuestra bandera monumental, hice una de esas locuras que puedo hacer como jubilada, dueña de mi tiempo. Busqué donde aparcarme y me bajé a contemplarla. El viento soplaba con cierta fuerza, de modo que había momentos cuando llegaba a desplegarse casi por completo, para luego regresar a su estado de reposo. La vi a media asta, 22 de febrero –pensé—conmemoración del asesinato de Madero y Pino Suárez. Ya luego me enteré que en realidad conmemoraban por adelantado el Día de la Bandera, y que debiendo lucir a toda asta, quiero suponer que en nuestros militares se impuso el respeto a la memoria de los grandes próceres que cayeron muertos por defender sus ideales. Podemos decir entonces que fue una celebración híbrida, que de alguna manera me puso a reflexionar.

Vino a mi memoria la “Decena Trágica” que ocurrió entre el 9 y el 19 de febrero de 1913, golpe de estado perpetrado por Victoriano Huerta para derrocar a Francisco I. Madero, quien había asumido el poder en 1911. Huerta fungía como comandante militar de la Ciudad de México, nombramiento dado por el propio Madero. Desde esa posición el también llamado “gran traidor” elaboró un plan para quitar del poder a Francisco I. Madero y a su vicepresidente José María Pino Suárez. Cuando el plan ya estaba bien estructurado fue descubierto por Gustavo Madero, hermano del presidente. En el propio despacho de Francisco I. Madero, y en presencia de Huerta, Gustavo Madero dio a conocer a su hermano las intenciones de Huerta. Con el cinismo que lo caracterizó Huerta desmintió a Gustavo Madero y aseguró a Francisco I. Madero que las cosas no eran así, y que ya pronto todo terminaría. En los siguientes días murieron de manera indigna, primero Gustavo Madero, y luego Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, el primero al pie de un monumento a Morelos, entre burlas de los cadetes comandados por Huerta, los segundos en la parte posterior del Palacio de Lecumberri. Argumentando que les daría protección los persuadió de dimitir a favor de Pedro Lascuráin, quien duró en el cargo 45 minutos, luego de lo cual asumió la presidencia el propio Victoriano Huerta. Respecto al asesinato de Madero y Pino Suárez, Huerta afirmó que habían sido asaltados y muertos al intentar defenderse.

Llego a pensar entonces que no fue casual que yo detuviera mi vehículo y me apostara a ver nuestra hermosa bandera ondeando a media asta un 22 de febrero, aniversario luctuoso de Madero y Pino Suárez, para conmemorar por anticipado el Día de la Bandera. Y me quedo pensando en el Victoriano Huerta que cada uno de nosotros lleva dentro, ese personaje funesto que traiciona a la patria de una u otra forma, el que se justifica ante el mundo sus torvas intenciones. Y sigo pensando en la bondad de los hermanos Madero que vivieron hasta el último día de su vida convencidos de sacar adelante la patria, empeñando en ello la nobleza de sus corazones.

Volteo a ver a nuestro México actual y descubro cuánto nos hemos alejado de los ideales maderistas, de cómo el poder es visto como el gran negocio de donde sacar tajada. Me preocupa nuestra pasividad ciudadana, suponemos que señalar lo que está mal es haber cumplido con la patria. Me inquieta esa molicie mental de no ahondar en el conocimiento de nuestra historia, de modo de entender qué ha sucedido y tener la valentía de resolverlo.

Este año electoral las cosas se magnifican. Los candidatos se dan con todo, lejos de proponer planes de acción se ocupan de desacreditarse unos a otros; algunos atentan contra el sentido común queriendo establecer alianzas con grandes delincuentes que tanto daño han hecho a nuestro país. Salen noticias de malos manejos por un lado y por el otro, y la contienda electoral –que todavía no arranca, de hecho—ya es un chiquero.

Los hermanos Madero crecieron con unos valores familiares que los llevaron a creer en México, en los demás y en ellos mismos, y así murieron. Mi percepción es que personajes de esa integridad proba son cada vez más escasos en la función pública, desde que esta se enfoca como un negocio particular en el cual se invierte con el propósito de obtener ganancias. No estamos hablando de ideales patrios sino de jugosas regalías.

Nunca dejaré de emocionarme cuando esté frente a nuestra hermosa bandera que significa todo lo que nuestros padres y abuelos nos han legado. Quiero entender más a mi México desde sus raíces, para encaminar mis esfuerzos ciudadanos con acierto y sagrado respeto. Aspiro a poder transmitir esta emoción que me embarga a mis hijos, mantenerla siempre como llama viva para bien de mi patria.


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18 Febrero 2018 04:00:00
Niños solos
Vuelve a repetirse. Una masacre en Norteamérica, esta vez en el estado de Florida. Una escuela secundaria, un tirador solitario, un arma semiautomática. Hasta el momento de escribir la presente son 17 muertos entre los que hay 2 maestros y 15 alumnos, y otros 15 heridos, algunos de gravedad.

Lo que hoy es una matanza dolorosa en un par de semanas pasará a la historia. Los ecos de los llantos desgarradores se irán perdiendo. Los diarios se ocuparán de otras noticias. El dolor que les abre el pecho de tajo a esos padres y madres se quedará prisionero dentro de ellos, para seguirse llorando en el silencio hasta el día en que mueran.

Como ciudadanos del mundo, debemos entender qué es lo que pasa. Volvemos los ojos a la legislación de muchos estados de la Unión Americana, donde basta con haber cumplido 18 años para comprar un arma letal de largo alcance. No hay un solo cuestionamiento o una limitación para la adquisición de ese tipo de armas, que en manos de adolescentes han ocasionado asesinatos múltiples en escuelas de aquel país. El presidente Trump se adelanta a garantizar que ningún niño o maestro se sienta en riesgo dentro de los planteles escolares. Difícil consigna, mientras fuera de los planteles las regulaciones no cambien.

Detrás de la nota roja que circula vertiginosa por las redes, yo veo un niño solo. Nikolas Cruz quedó huérfano de padres biológicos, puesto en adopción, y nuevamente hecho huérfano. Un niño aislado, enojado con la vida, dispuesto a tomar venganza. No parece gratuito que para su ataque haya elegido el Día de San Valentín. Un ser humano que decidió ollar el suelo que pisa de la única forma que encontró para hacerlo, con un arma en las manos. De ninguna manera lo justifico, simplemente trato de asomarme a la visión de ese mundo que él percibe con tanta rabia.

Niños solos, aislados, con la vista clavada en la pantalla. Ellos viven la ilusión de un acompañamiento como medida de extrema urgencia, para no morir. La suya es una piel que ha venido acartonándose por falta de caricias, que hoy solo responde al estímulo de los golpes, por lo que busca provocarlos.

Niños solos, colocados a la orilla del despeñadero, en permanente balanceo, cara o cruz, como si les diera igual lanzarse ellos mismos o lanzar a quien se halle cercano, matar o morir. Silencios que se rompen a gritos, anunciando al mundo la vocación para la que creen haber nacido: “Voy a ser un atacante de escuelas profesional”.

Niños que hallan en la pantalla el reflejo de lo que quieren ser. Es el espejo a modo en el que encuentran su propio nicho existencial, a partir del cual van modelando su propio lenguaje, y desde este su pensamiento, la manera de ver la vida y de apostarse frente a ella.

Ellos, los solitarios taciturnos, que no saben comunicarse de manera eficiente con el mundo que les rodea, ni con el universo que mora dentro de su propia persona. Ellos, cuyo encono va incubando afanes como hidras mortíferas. Personajes marginales que se mezclan con el resto de la gente, aunque son muy distintos a los demás.

Niños solos que por primera vez se sienten poderosos con un arma entre las manos, cuyos ritos de iniciación son el sometimiento y la muerte de pequeñas criaturas. Ese experimentar un goce desbordante frente a la sangre que ellos mismos consiguen derramar, los hace ir por más, y así van escalando hasta albergar sueños obsesivos de gran escala.

¡Cuánto dolor encapsulado guardan dentro de sí, esos solitarios con sed de venganza! ¡Qué difícil ha de ser ir por la vida con la cabeza entre constantes nubarrones plomizos!

Tiempo de volver la vista a nuestros niños y jóvenes cercanos, y analizar si algo los está llevando a mantener la mirada clavada en la pantalla.

Tiempo de platicar, de interesarnos en sus cosas. De diluir las limitaciones arcaicas de la edad y aprender acerca de sus motivaciones y valores como jóvenes.

Nos toca sacudirnos la molicie, salir de nuestra zona de confort a explorar los sitios que son tan suyos y que les apasionan.

Es necesario asimilar que ser padres no equivale a ganar un concurso de popularidad. Es enfundarnos en nuestro papel de guías; vigilar y conocer, evaluar y actuar en consecuencia, con sensatez y prudencia sí, pero siempre con firmeza.

Nos corresponde como adultos fijar límites que permitan a nuestros niños y jóvenes comprender qué es una sociedad y cómo funciona, para de este modo ir midiendo sus propios alcances. Que es en este ejercicio de ensayo-error bajo la fresca sombra de nuestra tutela, como se convierten en los hombres y mujeres del mañana.

Una oración al cielo por los fallecidos; claridad para los gobernantes; esperanza para sanar el alma de esos niños solos, y un examen de conciencia en nuestro propio entorno personal.


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11 Febrero 2018 04:00:00
Entretelones
En estas últimas semanas no he podido sustraerme del tema de la política. Trato de evitarlo porque no es lo mío, y porque corresponde a analistas profesionales abordar estos asuntos, sin embargo llega el tema, toca a la puerta y no puedo negarme. Va pues mi personal reflexión respecto a la aplicación de la ley en delitos de utilización de recursos de procedencia ilícita.

Lo habíamos mencionado a propósito del aniversario de nuestra Carta Magna, en México tenemos burocracia de más, para cada asunto, leyes y normas en exceso. En el caso de la tipificación de delitos, este exceso de legislaciones genera una especie de laberinto el cual condiciona vacíos legales, que permiten a un indiciado sustraerse de la acción de la justicia con la mano en la cintura. Tal parece ser el caso de Guillermo Padrés, exgobernador de Sonora, que ahora ha sido exonerado por las imputaciones de lavado de dinero y defraudación fiscal, que supuestamente cometió en el 2015. La absolución la otorgó un juez federal, por supuestas irregularidades en el debido proceso.

Contrario a lo que sucede en otros países, para la mayoría de los delitos en México no existe una real extinción de dominio. Esto es, desde mi función pública yo me robo 500 millones, me acusan y mientras soy sujeta a proceso, sigo disponiendo de esos 500 millones para contratar abogados y hasta comprar conciencias, para finalmente lograr que la acusación se anule. Por otro lado, hemos visto que para la justicia mexicana muchos de estos delitos de enriquecimiento ilícito no se consideran graves. Este es el punto que quisiera revisar en la presente columna.

Sigamos con el caso de que me robé esos 500 millones, y que la suma estaba originalmente destinada a la compra de medicamentos contra el cáncer en niños. Ese dinero, en el peor de los casos podría desviarse a la compra de propiedades o caballos pura sangre –caso Javier Duarte--, y en el menos terrible de los casos para pago de nómina, lo que ya ha sucedido en otras entidades federativas. Si ese dinero estaba destinado a salvar vidas de niños enfermos de cáncer, y al no ejercerlo ellos se agravan o mueren… ¿Cómo es que el delito de peculado no se tipifica con agravantes? El daño hecho a esos niños atropellando su derecho a la vida y a la salud, ¿Acaso no es un delito grave? Vericuetos legales que no acabo de entender.

Otro caso parecido, en el sismo del pasado septiembre, los recursos que enviaron particulares y gobiernos, tanto nacionales como extranjeros, para la reconstrucción de casas-habitación, se hicieron polvo. Muchas familias damnificadas de la ciudad de México, y de los estados de Morelos, Oaxaca y Chiapas viven a la intemperie. ¿No es grave que el gobierno no asuma la responsabilidad de investigar dónde quedaron esos recursos, además de dar solución a la crisis de casas-habitación que padecen esas familias? Desde mi perspectiva particular, tan no se considera grave el caso, que ni siquiera se ha integrado una averiguación. Y si estoy en un error, por favor corríjanme quienes más saben del asunto. Estos damnificados parecen destinados a vivir una experiencia como algunos de la ciudad de México tras el sismo del ’85, que a más de treinta años de ocurrido, siguen viviendo en campamentos, pues nunca se les dotó de una vivienda digna.

Una grave falla de nuestros gobernantes es la falta de sensibilidad frente a los problemas del país. Hay una zanja que los separa, eso sí, cuando un problema afecta de manera directa a un funcionario o a sus allegados, todo el aparato gubernamental se vuelca a solucionarlo de inmediato. En cambio, cuando se trata de Juan Pueblo, son muchas las veces en que el problema se ignora, o peor aún, se busca sacar beneficio personal del mismo. La falta de sensibilidad social de nuestros políticos quedó perfectamente dibujada esta semana con lo ocurrido en Chihuahua. Los diputados invitan a un grupo de rarámuris a exponer un problema que les afecta, cuatro representantes de la etnia acuden y son colocados frente al grupo de legisladores en mesas distribuidas en forma de “C”. Los rarámuris hablan y los legisladores desayunan: Aparte de una elemental descortesía –diría mi mamá--, ¿no es acaso una falta absoluta de empatía entre representantes y representados?

En los entretelones de la corrupción se visualizan grandes cuadros de injusticia social. ¿Puede seguir tipificándose el desvío de recursos como un delito “no grave”, que dé pie a exoneraciones? ¿Puede aplicarse la justicia sin la figura de extinción de dominio? ¿Cómo tienen las manos quienes ejercen el poder?... Es insostenible un sistema de gobierno que maneja una justicia mediática, a medias o a modo. Más vale que lo entiendan quienes así deban entenderlo.

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04 Febrero 2018 04:00:00
Lo que nos toca
Acudí a la sucursal de una farmacia jalisciense de cadena. Contrario a lo que he visto en sucursales de otras ciudades, aquí no existe la unifila, y conforme los clientes llegan se van colocando a lo largo de todo el mostrador, resultando confuso identificar a quién corresponde el turno. Me sentí apenada, me adelanté creyendo que me tocaba, cuando había otra persona antes que yo.

Pero no vine a hablar sobre estrategias de atención al cliente, aunque aprovecho para mandar mi mensaje a la cadena de farmacias. Entre los que esperábamos ser atendidos se hallaba una pareja joven con un niño pequeño, muy bien portado, por cierto. Cuando finalmente los atendieron y quisieron pagar su producto, no pudieron hacerlo, la que debe haber sido una tarjeta de nómina no tenía fondos. Los esposos se miraron uno al otro con una mezcla de contrariedad y angustia, el medicamento costaba 45 pesos y –según les escuché—era un paliativo para dolor de un familiar con cáncer. Alguien en aquella desordenada fila se ofreció a hacer el pago, lo que ellos correspondieron con bendiciones.

En lo personal me vine rumiando lo que acababa de atestiguar. El salario mínimo diario es de 88 pesos, ellos necesitaban más de la mitad de aquel importe para comprar un medicamento muy urgente para su familiar que sufre de cáncer, y que aun cuando pueda estar inscrito en algún programa del Sector Salud tendrá la necesidad de comprar algunos fármacos que la cobertura no abarca. Contrario a los anuncios televisivos sobre salud, la realidad cruda y desnuda estaba ahí, gritando su verdad.

En un inicio remarqué que el niño pequeño se portaba muy bien, algo que me llamó la atención, sobre todo siendo sus padres muy jóvenes. Una práctica muy común en nuestro país –por desgracia—, es que se asocia cualquier salida de casa con la compra de bocadillos para ser consumidos mientras la gente camina, toma el camión o hace fila. Es una escena común en los comercios ver al niño solicitando a los adultos que lo llevan, la compra de un dulce, fritura o líquido endulzado, algo a lo que habitualmente los mayores acceden, y que es terreno propicio para futuros trastornos dietéticos o metabólicos de esa población infantil. En contraste a ello, este niño pequeño esperaba tranquilo al lado de sus padres, lo que como pediatra me pareció un indicador bastante acertado de la dinámica familiar y del orden en su modesta economía. No había fondos en la cuenta de nómina del trabajador, porque era fin de mes y su sueldo mensual se había agotado.

Contrasto lo anterior frente a la realidad que nos quieren vender los precandidatos en campaña. Hacen promesas con poco o nulo sustento, sin tomar en cuenta una serie de elementos del panorama global. Es muy fácil sacar números alegres y prometer recursos, subsidios, becas, apoyos y exenciones, sin tomar en cuenta la estructura total de nuestra economía. La mayoría de los mexicanos señalamos la corrupción como el gran mal de nuestro país y quisiéramos que desapareciera, pero no sucederá como por magia, pues por desgracia buena parte de nuestras instituciones tiene elementos estructurales viciados que no pueden borrarse de un plumazo. La cosa no es así, anunciarse con promesas irresponsables y temerarias, que finalmente no podrán cumplirse.

Circula una historia muy simpática de un revolucionario, que a la pregunta de que si tuviera dos casas donaría una a la revolución contesta afirmativamente. Si tuviera dos vehículos, ¡claro!, donaría uno. Y si tuviera un millón en el banco, donaría la mitad. Cuando le preguntan que si tuviera dos gallinas donaría una a la causa, ahí sí respinga.

-¿Y por qué no, compañero?...

-¡Ah, porque gallinas sí tengo!

Gobernar es poner orden, comenzando por la casa: Está el caso de Sergio Sánchez, ciudadano mazahua encarcelado en el Edomex en el 2007, su delito, vender dulces. Tras muchas presiones de organizaciones civiles ahora lo liberan. O el reciente caso de Marco Antonio, el jovencito sometido a desaparición forzada por elementos de las fuerzas del orden, que es localizado con signos de confusión 5 días después. Parece ir siguiendo el guión de tantos otros ilícitos, dejar que el tiempo pase y el asunto se olvide.

Hasta personajes relacionados con delitos de peculado andan hoy en campaña, lo que da cuenta de cómo está la legalidad en nuestro país. La injusticia social frente a prácticas tramposas. En nosotros, votantes está la esperanza del cambio, apostar a favor del mismo con nuestro voto y vigilar como ciudadanos la legitimidad de los comicios.

Lo que nos toca, nada más: Ciudadanos con autoridad moral para exigir los cambios que el país requiere, y el conocimiento necesario para planear cómo lograrlos. “Integridad” es la palabra.

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28 Enero 2018 04:00:00
Sonia de Noruega y yo
Hace poco vi en un canal español un documental que me pareció muy interesante, acerca de Sonia, reina de Noruega. De entrada debo reconocer que no conocía al personaje, como tampoco la interesante historia de una plebeya que conquistó el corazón de Harald V, entonces futuro rey, al grado que este se rebela en contra de las disposiciones de su señor padre, hasta conseguir la aprobación para casarse con ella. Después de varios años de noviazgo y de una deliberación por parte de los principales consejeros del reino, finalmente se autoriza la unión matrimonial que en agosto cumplirá cincuenta años. El documental nos condujo por las zonas montañosas de Noruega en una de las muchas excursiones que emprende la reina con grupos de amigos para recorrer esos parajes naturales, y nos muestra la sorpresa que se llevan pobladores de pequeños lugares cuando se topan de frente con la reina quien los aborda para conocer las costumbres locales.

Debo decir que con cierta malicia, quise imaginar un evento similar en nuestro país. La caminata estaría perfectamente planificada, blindada, apegada a un protocolo previamente establecido; el estado mayor enviaría su avanzada para explorar el terreno, valorar riesgos y plantar vigilancia. Nada podría suceder de manera espontánea, los habitantes de los diversos poblados visitados por la reina, acá estarían previamente escogidos, aleccionados y controlados, sin una pizca de espontaneidad. Serían incondicionales del partido oficial que inundarían el ambiente de porras y aplausos de acuerdo a lo estipulado.

Tal vez se pregunten el por qué de este parangón, y la razón es la siguiente. Me entristece un país en el que se destina tanto dinero del pueblo para asuntos protocolarios que nada tienen que ver con las urgentes necesidades de primer orden. Ahora se acaban de entregar los resultados del aprovechamiento escolar en alumnos de tercer año de secundaria, los cuales dejan mucho que desear. Se detecta que lo que hace falta, una vez que ya han sido evaluados los maestros, es capacitarlos para aplicar adecuadamente los conocimientos adquiridos, y así lograr que los alumnos despeguen, y que no tengamos un nivel de matemáticas de quinto año de primaria en los alumnos que están por ingresar a preparatoria.
Es lamentable el criterio discrecional de utilización de recursos para etiqueta, protocolo y seguridad de funcionarios en un país con índices alarmantes de pobreza alimentaria. Además del dispendio queda claro que a través de esos manejos se coloca a los “servidores públicos” totalmente alejados de las necesidades reales del pueblo.

Habrá que suponer sin mucho margen de error que esos gastos en seguridad de los funcionarios se generan porque –lamentablemente—vivimos en un país con elevados y crecientes índices de inseguridad. Pero además porque la misma cúpula gubernamental conoce el descontento del pueblo, al que se niega a escuchar envuelto en su burbuja mercadológica de “todo está bien” y “vamos avanzando”.
Todo lo anterior viene a raíz de lo acontecido hace un par de días en Gómez Palacio, Durango, en donde se bloqueó el paso de la Caravana por la Dignidad encabezada por Javier Corral, proveniente de Chihuahua, orillando a sus integrantes a desviarse por un camino que los volvía vulnerables. Obra de agitadores del PRI, encabezados por el regidor Uriel López Carrillo, inicialmente impidieron la llegada de vehículos a la ciudad, y posteriormente boicotearon un acto público convocado por la Caravana.

Javier Corral pretende con la Caravana señalar actos de corrupción y exigir la extradición de César Duarte por los 11 delitos que se le imputan. El atropello de que fueron objeto en Gómez Palacio nos habla de las malas mañas de un partido, coartación de la libertad de expresión, bloqueo de la pluralidad y temor a que se dé a conocer por boca de Corral una información que ya todos conocemos y la mayoría reprobamos. Atendiendo al viejo modo de manejar las cosas del PRI, “lo que no se dice, no existe”. Tal vez por ello su urgencia de acallar las voces que señalan los desvíos.

La reina Sonia de Noruega se siente aceptada entre los suyos, a pesar de que se las vio difíciles cuando su esposo quiso concederle el título de reina y las cámaras no estuvieron muy de acuerdo. Ahora ellos cuentan con la bendición de la iglesia como rey y reina, y Sonia dedica parte de su tiempo libre al montañismo, la fotografía y las artes plásticas, pero lo hace como una noruega más, ajena a todos esos blindajes que tanto se utilizan en México y se pagan con nuestros impuestos. Sentí franca envidia de los noruegos quienes tienen monarcas de carne y hueso que no temen codearse con el pueblo, pues se saben ampliamente aceptados y aprobados por él.

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21 Enero 2018 04:00:00
Falacia Digital
En la actual época digital es notable el modo como los medios audiovisuales influyen en la formación de opiniones. Con base en lo anterior se explica que las figuras públicas destinen carretadas de dinero para la creación de la imagen que habrán de vender al mundo. Nuestros políticos no han sido la excepción, y vemos con dolor la enorme cantidad de recursos que se han distraído de rubros de primer orden para pago de productos que pretenden construir una imagen pública que les retribuya en popularidad o votos.

Estamos a tal grado inmersos en esta cultura audiovisual, que difícilmente alcanzamos a percatarnos de la incongruencia que llega a haber entre la realidad y la proyección. Nos hemos acostumbrado a creer en el valor de la imagen como si fuera una verdad absoluta, sin reparar en lo que hay detrás.

Dos de los autores que más hablan sobre la cultura digital y sus variantes, Zygmunt Bauman y Gilles Lipovetsky enfatizan respecto a este fenómeno que tiene que ver con la disociación entre imagen y contenido, y nuestra tendencia como usuarios a inclinarnos a favor de la imagen, concediendo al contenido menor importancia de lo que se debería. Hay muchos ejemplos de distinto orden, pero esta vez me permitiré valerme de uno reciente y muy dramático.

Durante la semana que termina se dio a conocer un caso de extremo abuso físico y sicológico ocurrido en California. Se trata de 13 niños y jóvenes que eran mantenidos encadenados, privados de afecto y de suficiente alimento, y que además eran torturados por sus propios padres. Estas condiciones de maltrato crónico se fueron agravando con el tiempo, hasta que hace 4 años los sujetaron a sus camas, primero mediante cuerdas y posteriormente (por el intento de huida de uno de ellos) con cadenas y grilletes.

La edad del mayor es de 29 años y de la más pequeña 3 años. Todos, a excepción de la más pequeña, mostraban claros signos de retraso en peso, talla, socialización y desarrollo intelectual. David y Louise Turpin de 56 y 49 años, padres de los afectados, además de la sujeción ejercieron muchas otras formas de tortura como fue mantenerlos despiertos todas las noches; en muchas ocasiones no autorizarles ir al baño; forzarlos a hacer una comida escasa al día; permitirles bañarse una vez al año, y algo que me parece inconcebible, comprar alimentos apetitosos que dejaban cerca de ellos sin que pudieran probarlos.

Lo anterior sucedía de manera cotidiana sin levantar sospechas por parte de los vecinos. A raíz de que se pusieron al descubierto las condiciones infrahumanas en que vivían los 13 hijos, circularon diversas publicaciones de redes sociales en las que aparece la familia luciendo feliz, tanto en Disneyworld como en Las Vegas, a este último lugar fueron en el 2016 con todos los hijos para renovar sus votos matrimoniales. Hoy quise revisar unos datos, pero me topo con que ya no es posible acceder al Facebook del matrimonio, cuando antes de que lo bloquearan, había unas 40 fotografías de la familia completa en distintas poses, vendiendo al mundo la idea de una familia bien integrada que se divertía.

El retraso en peso, talla y desarrollo psicomotor de los hijos ya estaba presente en el tiempo en que se publicaron esas fotografías, sin embargo no es muy evidente en las imágenes, que además presentan el evento social, no el médico. El gravísimo problema ya estaba allí, pero los padres lograron enmascararlo de muy diversas maneras, y los hijos (que vivían en pánico, según refiere la que logró escapar e hizo la denuncia) no fueron capaces de delatar nada. A la serie de razonamientos falsos que existen y que se conocen como “falacias”, agregaríamos esta nueva bajo la premisa de: “Lo que se ve no se cuestiona”.

A la fecha ambos padres se han declarado inocentes de tortura y maltrato, y por lo pronto se les ha fijado una fianza de 12 millones de dólares a cada uno. Las fotografías de su detención los muestran, a él con su cabello lacio y largo, poco expresivo, y a ella con un gesto contenido o extraviado, según quiera interpretarse. Ambos se convierten ahora en personajes siniestros, cuando hasta hace poco pasaban por un matrimonio feliz y amoroso. ¡Paradojas terribles de la vida!

Sirva este dramático ejemplo para alertarnos con relación al valor relativo que tienen las primeras impresiones, y la necesidad de hacerlas acompañar de elementos adicionales, antes de emitir un juicio.

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21 Enero 2018 04:00:00
Falacia digital
En la actual época digital es notable el modo como los medios audiovisuales influyen en la formación de opiniones. Con base en lo anterior se explica que las figuras públicas destinen carretadas de dinero para la creación de la imagen que habrán de vender al mundo. Nuestros políticos no han sido la excepción, y vemos con dolor la enorme cantidad de recursos que se han distraído de rubros de primer orden para pago de productos que pretenden construir una imagen pública que les retribuya en convicción, popularidad o votos.

Estamos a tal grado inmersos en esta cultura audiovisual, que difícilmente alcanzamos a percatarnos de la incongruencia que llega a haber entre la realidad y la proyección. Nos hemos acostumbrado a creer en el valor de la imagen como si fuera una verdad absoluta, sin reparar en mayor medida en lo que hay detrás, que bien pudiera ser todo lo contrario.

Dos de los autores que más hablan sobre la cultura digital y sus variantes, Zygmunt Bauman y Gilles Lipovetsky enfatizan respecto a este fenómeno que tiene que ver con la disociación entre imagen y contenido, y nuestra tendencia como usuarios a inclinarnos a favor de la imagen, concediendo al contenido menor importancia de lo que se debería. Hay muchos ejemplos de distinto orden, pero esta vez me permitiré valerme de uno reciente y muy dramático para ilustrarlo:

Durante la semana que termina se dio a conocer un caso de extremo abuso físico y psicológico ocurrido en California. Se trata de 13 niños y jóvenes que eran mantenidos encadenados, privados de afecto y de suficiente alimento, y que además eran torturados por sus propios padres. Estas condiciones de maltrato crónico se fueron agravando con el tiempo, hasta que hace 4 años los sujetaron a sus camas, primero mediante cuerdas y posteriormente –por el intento de huída de uno de ellos—con cadenas y grilletes. La edad del mayor es de 29 años y de la más pequeña 3 años. Todos, a excepción de la más pequeña, mostraban claros signos de retraso en peso, talla, socialización y desarrollo intelectual. David y Louise Turpin de 56 y 49 años de edad, padres de los afectados, además de la sujeción ejercieron muchas otras formas de tortura como fue mantenerlos despiertos todas las noches; en muchas ocasiones no autorizarles ir al baño; forzarlos a hacer una comida –escasa- al día; permitirles bañarse una vez al año, y algo que me parece inconcebible, comprar alimentos apetitosos que dejaban cerca de ellos sin que pudieran probarlos, o bien el hecho de que ambos padres consumían esos productos frente a sus hijos quienes solo miraban…

Todo lo anterior sucedía de manera cotidiana sin acaso levantar sospechas por parte de los vecinos. A raíz de que se pusieron al descubierto las condiciones infrahumanas en que vivían los 13 hijos, circularon diversas publicaciones de redes sociales en las que aparece la familia luciendo feliz, tanto en Disneyworld como en Las Vegas, a este último lugar fueron en el 2016 con todos los hijos para renovar sus votos matrimoniales. Hoy quise revisar unos datos, pero me topo con que ya no es posible acceder al Facebook del matrimonio, cuando antes de que lo bloquearan, había unas 40 fotografías de la familia completa en distintas poses y momentos, vendiendo al mundo la idea de una familia bien integrada que disfrutaba y se divertía.

El retraso en peso, talla y desarrollo psicomotor de los hijos ya estaba presente en el tiempo en que se publicaron esas fotografías, sin embargo no es muy evidente en las imágenes, que además presentan el evento social, no el médico. El gravísimo problema ya estaba allí, pero los padres lograron enmascararlo de muy diversas maneras, y los hijos –que vivían en pánico, según refiere la que logró escapar e hizo la denuncia—no fueron capaces de delatar nada. A la serie de razonamientos falsos que existen y que se conocen como “falacias”, agregaríamos esta nueva bajo la premisa de: “Lo que se ve no se cuestiona”, para destacar el peso que llega a tener una imagen, al punto de inhibir nuestro juicio crítico.

A la fecha ambos padres se han declarado inocentes de tortura y maltrato, y por lo pronto se les ha fijado una fianza de 12 millones de dólares a cada uno. Las fotografías de su detención los muestran, a él con su cabello lacio y largo “de cazuela”, poco expresivo, y a ella con un gesto contenido o extraviado, según quiera interpretarse. Ambos se convierten ahora en personajes siniestros, cuando hasta hace poco pasaban por un matrimonio feliz y amoroso. ¡Paradojas terribles de la vida!

Sirva este dramático ejemplo para alertarnos con relación al valor relativo que tienen las primeras impresiones, y la necesidad de hacerlas acompañar de elementos adicionales, antes de emitir un juicio.

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14 Enero 2018 04:00:00
En el caldero
Dentro de la premiación de los Globos de Oro se realizó una manifestación del movimiento “#MeToo”. Con contadísimas excepciones las asistentes acudieron vestidas de negro en son de protesta.

El movimiento “#MeToo para romper el silencio” inició a finales del 2017 tras la denuncia pública de acoso que hace la actriz Ashley Judd en contra del director Harvey Weinstein, seguida por una denuncia de Rose McGowan contra el mismo director por violación. El movimiento #MeToo tuvo tanto impacto que se hizo acreedor del título “Persona del Año 2017” por parte de la revista norteamericana TIME.

En Francia Sandra Muller, tuitera de “La lettre del audiovisuel” da nombre a dicho movimiento con la expresión “#Balancetonporc”. Posterior a los Globos de Oro surge en aquel país una reacción contraria a los movimientos anteriores, encabezada por Catherine Deneuve, quien habla para el diario LeMonde en contra del puritanismo de las norteamericanas. Menciona que no todas las expresiones de sexualidad son causal de delito, y baja de intensidad las expresiones sexuales para dejar en coqueteo consensuado lo que se ha venido señalando como acoso. Y así van las cosas hasta el momento de sentarme a escribir la presente colaboración en la que pretendo expresar mi punto de vista respecto al origen de #MeToo.

En los últimos veinte años la industria fílmica norteamericana se ha caracterizado por una sexualización desmedida de contenidos. El sexo es tema obligado en todo tipo de producciones, nada más hay que sentarse un rato a ver cualquiera de los programas “familiares” de la televisión norteamericana para descubrir el exagerado número de veces que mencionan términos relacionados con la genitalidad. Respecto a los personajes de dichos programas nunca sabremos qué desayunan, dónde compran su mandado o si se lavan los dientes, pero siempre sabremos cuándo, cuánto y con quién tuvieron sexo, aunque no venga al caso mencionarlo. Esta exposición constante de contenidos sexuales lleva a una “normalización” de la sexualidad que conduce al público infantil a suponer que tener sexo siempre, con quien sea y como sea, es una conducta aceptable, o incluso deseable. Y que conseguir un cuerpo que alcance los estándares de perfección que presenta la televisión, es la autopista a la felicidad.

Linda Papadoupulos (2010) define la “sexualización” como la imposición de la sexualidad adulta en niños y jóvenes antes de que sean capaces de lidiar con esto mental, emocional o físicamente. Dicho de otra manera, es la imposición inapropiada de contenidos sexuales a una persona.

Desde el punto de vista del desarrollo psicosexual, una “normalización” de la sexualidad genera confusión respecto a la propia sexualidad, así como violencia de género; desubica al chamaco con relación a su propia sexualidad cuando lo somete a estímulos más allá de lo que él es capaz de entender o experimentar en esa etapa. Además de que ofrece propuestas de identificación poco sanas para una personita que vive su pubertad en la búsqueda de construir su definición como persona frente al mundo.

En cuestión de contenidos eróticos hay una clara diferencia entre el cine norteamericano y el europeo. Es notable el excesivo uso de contenidos sexuales, en gran medida ociosos del cine norteamericano. Nunca he entendido bien la razón, tal vez se deba a una fijación adolescente de sus productores, aunque más bien debe de obedecer a un beneficio económico, y por eso tan reiterativo.

En el 2008 se publica el libro de Gigi Durham “Efecto Lolita: La sexualización mediática de las niñas”, basado en el personaje de la novela de Nabokov, misma que habla de la aventura sexual de un cuarentón y una púber. El estudio de G.

Durham aborda esa tendencia a propiciar que las niñas pequeñas asuman patrones de comportamiento inapropiados para su edad, atendiendo a modelos presentados por los medios de comunicación, en particular la televisión.

Otro resultado muy negativo de esta “normalización” de conductas sociales inapropiadas tiene que ver con la violencia. Habría que analizar hasta qué punto esos casos inexplicables de ataques mortales a la pareja o al mejor amigo están influenciados por paradigmas de telenovela mexicana, donde la interacción de los personajes suele darse a base de gritos, golpes y amenazas.

Si un niño o adolescente tiene contacto con determinados contenidos de manera constante, es de esperarse que se genere un cambio de comportamiento a largo plazo.

Volviendo al #MeToo: En un imaginario sexualizado, ¿podemos esperar algo distinto a lo sexual en el trato cotidiano? Si el erotismo indiscriminado se presenta como normal y aceptable, que no nos alarme la violencia sexual ni las actitudes sexistas. Es lo que se cocina en el caldero de la cotidianidad.

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07 Enero 2018 04:00:00
El clamor de Paola
Paola Espinosa es una medallista olímpica, a la vez que una adulta sensible y proactiva. Con sus propios recursos creó hace cuatro años la fundación que lleva su nombre, y que trabaja a favor de la población infantil mediante programas de actividad física, orientación nutricional y práctica del deporte.

Hace unos días Paola sufrió un robo en las instalaciones de su fundación en la Delegación Benito Juárez de la Ciudad de México; los malhechores se llevaron equipos de cómputo y material de oficina. Ella se muestra consternada y con sobrada razón, manifestando sentir impotencia ante una situación como esta. Y claro, no es para menos, sobre todo porque sabemos que estos bienes terminan siendo vendidos por cantidades ridículas en el comercio ilegal, desestimando por completo el valor inmaterial que poseen, y que ha costado tiempo, esfuerzo y dedicación a Paola y a todo su equipo de trabajo.

Aúltimas fechas he recordado con mucha frecuencia las palabras de José Alfredo Jiménez en su canción Caminos de Guanajuato que a la letra dice “la vida no vale nada”. De alguna manera el guanajuatense profetizó con más de 60 años de anticipación que llegaríamos a este punto los mexicanos, en el que los delincuentes en Edomex dan un tiro mortal a una mujer a la que asaltaban, porque se tardó en hallar el celular que pretendían robarle, o en el que sustraen una valiosa información de una fundación sin fines de lucro, para ir a malbaratarla en cualquier mercado callejero.

El clamor de Paola es el de los mexicanos que perciben los problemas del país, y lejos de quedarse en la quejumbre ociosa se proponen utilizar sus propios recursos para resolverlos. Son los emprendedores que no se estancan eternamente en estar señalando al sistema de Gobierno lo que no ha cumplido, sino que se proponen actuar para coadyuvar con el logro de las grandes metas patrióticas.

Ella es la deportista que cree en su país y que actúa a partir del agradecimiento. Busca otorgar a las nuevas generaciones las oportunidades que algún día ella recibió, tratando de que les permitan a cada uno de estos niños y jóvenes el logro de sus propias metas personales. No se paraliza mirando todo lo que otros deberían haber hecho pero no han cumplido, sino que parte de un punto cero para trazarse las metas que ella con sus propios recursos pretende alcanzar para beneficio de muchos mexicanos.

Paola se enfrenta en su lucha contra paradigmas culturales de gran penetración en nuestra sociedad. En los últimos 30 años los medios de comunicación nos han vendido ideas que nos han perjudicado en muchos aspectos, uno de ellos ha sido el consumo excesivo de bebidas azucaradas asociado a diversas enfermedades como obesidad y diabetes mellitus entre niños y adultos. No es fácil enfrentar a estos poderosos monstruos trasnacionales, que acaparan los medios de comunicación, y en no pocas ocasiones se hacen escuchar a través de figuras públicas del más alto nivel, para vender mercancías y con ellas estilos de vida poco sanos.

Vivir en nuestro país es moverse a la defensiva en todo momento, anticipar con cierta malicia cuál puede ser la jugada de aquel que va a cruzarse frente a mí más delante.

El clamor de Paola es el de todos nosotros, a favor de un ambiente seguro para trabajar con entusiasmo por las causas de México. No la dejemos sola en estos momentos. Solidaridad es la cuota mínima que nos corresponde aportar.

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07 Enero 2018 04:00:00
El clamor de Paola
Paola Espinosa es una medallista olímpica, a la vez que una adulta sensible y proactiva. Con sus propios recursos creó hace 4 años la fundación que lleva su nombre, y que trabaja a favor de la población infantil mediante programas de actividad física, orientación nutricional y práctica del deporte. Busca coordinarse con asociaciones civiles afines para generar de este modo un ambiente más adecuado para la población infantil de nuestro país.

Hace unos días Paola acaba de sufrir un robo en las instalaciones de su fundación en la Delegación Benito Juárez de la Ciudad de México; los malhechores se llevaron equipos de cómputo y material de oficina. Ella se muestra consternada y con sobrada razón, manifestando sentir impotencia ante una situación como esta. Y claro, no es para menos, sobre todo porque sabemos que estos bienes terminan siendo vendidos por cantidades ridículas en el comercio ilegal, desestimando por completo el valor inmaterial que poseen, y que ha costado tiempo, esfuerzo y dedicación a Paola y a todo su equipo de trabajo.

A últimas fechas vengo recordando con mucha frecuencia las palabras de José Alfredo Jiménez en su canción “Caminos de Guanajuato” que a la letra dice “la vida no vale nada”. De alguna manera el guanajuatense profetizó con más de 60 años de anticipación que llegaríamos a este punto los mexicanos, en el que los delincuentes en Edomex dan un tiro mortal a una mujer a la que asaltaban, porque se tardó en hallar el celular que pretendían robarle, o en el que sustraen una valiosa información de una fundación sin fines de lucro, para ir a malbaratarla en cualquier mercado callejero.

El clamor de Paola es el de los mexicanos que perciben los problemas del país, y lejos de quedarse en la quejumbre ociosa se proponen utilizar sus propios recursos para resolverlos. Son los emprendedores que no se estancan eternamente en estar señalando al sistema de gobierno lo que no ha cumplido sino que se proponen actuar para coadyuvar con el logro de las grandes metas patrióticas.
Ella es la deportista que cree en su país y que actúa a partir del agradecimiento. Busca otorgar a las nuevas generaciones las oportunidades que algún día ella recibió, buscando que les permitan a cada uno de estos niños y jóvenes el logro de sus propias metas personales. No se paraliza mirando todo lo que otros deberían haber hecho pero no han cumplido, sino que parte de un punto cero para trazarse las metas que ella con sus propios recursos pretende alcanzar para beneficio de muchos mexicanos.

Paola se enfrenta en su lucha contra paradigmas culturales de gran penetración en nuestra sociedad. En los últimos 30 años los medios de comunicación nos han vendido ideas que nos han perjudicado en muchos aspectos, uno de ellos ha sido el consumo excesivo de bebidas azucaradas asociado a diversas enfermedades como obesidad y diabetes mellitus entre niños y adultos. No es fácil enfrentar a estos poderosos monstruos trasnacionales, que acaparan los medios de comunicación, y en no pocas ocasiones se hacen escuchar a través de figuras públicas del más alto nivel, para vender mercancías y con ellas estilos de vida poco sanos.

El clamor de Paola es totalmente válido. Esperemos que las autoridades de la Ciudad de México actúen a la altura del mismo y se den a la tarea inaplazable de esclarecer el robo, e idealmente, regresar esos archivos informáticos a la fundación Paola Espinosa, A.C., finalmente la única que podrá aprovecharlos. Que no suceda como tantas otras veces, que teniendo en la Ciudad de México un C5 de primerísimo mundo, los resultados no llevan a nada, y reina la impunidad.
Vivir en nuestro país es moverse a la defensiva en todo momento, anticipar con cierta malicia cuál puede ser la jugada de aquel que va a cruzarse frente a mí más delante. ¡Qué triste que hayamos llegado a esto, pero así es! Por eso es que tanto la seguridad pública como la privada se han vuelto negocios muy lucrativos, porque a todos los ciudadanos nos invade una sensación de vulnerabilidad hasta en la casa, y estamos más que dispuestos a invertir una parte de nuestros ingresos en comprar seguridad. Y si no, analicemos la serie de rituales y previsiones que llevamos a cabo cada vez que salimos de casa, abordamos nuestro carro, entramos a un sitio público o efectuamos un pago. Tal vez ya no lo alcanzamos tanto a percibir, puesto que se ha vuelto parte de nuestro imaginario colectivo, y si no estamos alertas, somos más susceptibles de sufrir un despojo en cualquier momento.

El clamor de Paola es el de todos nosotros, a favor de un ambiente seguro para trabajar con entusiasmo por las causas de México. No la dejemos sola en estos momentos. Solidaridad es la cuota mínima que nos corresponde aportar.

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31 Diciembre 2017 04:00:00
Frente al 2018
Una vez más la vida me da la oportunidad de colocarme frente a un año que termina para evaluar mi desempeño, y frente a uno que inicia para ajustar el plan de vuelo.

Llega el momento de cerrar ciclos, dejar en el pasado lo que debe quedar atrás como parte de la historia, y que ya no me pertenece.

Estoy frente al tiempo dando gracias a la vida por las 365 oportunidades que me brindó en el año que termina.

Prometo poner mi mejor esfuerzo por hacer una realidad digna y productiva de cada uno de los días que me toque vivir en el año que hoy inicia.

De frente al tiempo entiendo que la vida es eso, instantes minúsculos como chispazos en cada uno de los cuales se despliega la opción de aplicar todo el entusiasmo.

No alcanzaría a identificar lo que hice día a día del año que hoy termina, aun cuando en su momento haya sido cada jornada la maravillosa oportunidad de trascender.

Hoy me perdono por aquellos momentos desperdiciados en la molicie, en la quejumbre, en la procrastinación.

Sé que el tiempo vivido no habrá de volver, y que las manecillas del reloj avanzan sin detenerse, por más que queramos que no suceda así.

Pero he aprendido a ser indulgente con mis propios errores para no estancarme.
Sé que en este inicio de año estoy más cerca del final último de lo que estuve hace doce meses, y que nadie más que yo tiene en las manos las riendas de mi vida.

Deseo despertar cada mañana consciente de la realidad del tiempo, de modo de vivir cada día como si fuera el último.

Hoy me encuentro frente a mi propia persona, valorando qué se ha cumplido de mi plan de vuelo particular.

Sé que los sueños son muchos, los proyectos varios y el cumplimiento sujeto a evaluación. No puedo quedarme en buenas intenciones, porque así no se avanza.

Hoy es el momento de medir qué llevo en la mochila de viaje, y en qué medida esos recursos apuestan al cumplimiento de mi proyecto de vida.

Es la ocasión de evaluar si continúo por la misma ruta o si habré de rectificarla. También es ahora cuando debo medirme frente a lo que tengo y lo que quiero lograr.

No hay peor error que aferrarse a un sueño sin plantarse de cuando en cuando como juez imparcial de su cumplimiento.

Porque entonces sucedería como en arenas movedizas, ir hundiéndonos más entre mayores intentos hacemos por avanzar.

Frente a mi propia persona hoy es el tiempo de agradecer la mano amiga que se extendió cuando más lo necesitaba; la palmada en la espalda que me animó y la palabra de aliento que alentó mi marcha.

Agradezco también al amigo que tuvo la valentía de señalarme mis errores, y al que se abstuvo de falsas alabanzas que tanto daño hacen.

Del mismo modo es ahora cuando estoy en obligación de medir hasta qué punto he correspondido a la vida esas bendiciones con mi actitud, mi lealtad y mi generosidad.

Sé que me hallo en un cruce de caminos y que me corresponde en este preciso momento colocarme frente al futuro, en disposición de medirme con respecto a la mejor versión de mi propia persona: ¿Lo estoy intentando en serio? ¿Me voy pareciendo a esa versión, o por el contrario, me voy alejando de lograrla?
Quiero desarrollar una mente despierta que sepa asombrarse con las pequeñas cosas. Unos sentidos conectados con la existencia para disfrutar la vida de la mejor manera.

Quiero hacer del mío un corazón abierto y generoso que sepa amar. Uno que se desprenda del egoísmo paralizante para prodigarse en beneficio de quienes lo necesitan.

Quiero construir un proyecto de vida incluyente, que aparte de mí y los míos pueda beneficiar a otros, para lograr con ello encaminar mis propósitos por los cauces que el Todopoderoso tiene para mí.

Quiero recordar ahora y siempre que el amor inicia por los de casa, para de este modo evitar descuidar lo propio por atender lo ajeno.

Quiero llegar a sentir esa bendita sensación de esforzarme por ser mejor, para compartirlo en la alegría de un corazón gozoso.

En apego a la justicia, no me ha de alcanzar la vida para agradecer tantas bendiciones como las que he recibido a lo largo del año que hoy termina.

Así, de este modo, quisiera que se me presentaran las oportunidades para
ejercitar el corazón en el delicado arte de amar.

Con la convicción de que son los pequeños actos que cada uno de nosotros lleva a cabo, los que hacen de la vida algo maravilloso.

Que logre sembrar huellas que a otros orienten, para que mi andar no sea estéril.

Que mis palabras tengan un sentido, que alegren, consuelen, sanen.

Frente al 2018 me planto para decir sí a la vida, sí a los retos que me presente, sí a la ocasión de acercarme más al plan divino que el buen Dios tiene para mí, en la confianza de que sus designios son sabios.
Hoy y siempre.

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31 Diciembre 2017 03:00:00
Frente al 2018
Una vez más la vida me da la oportunidad de colocarme frente a un año que termina para evaluar mi desempeño, y frente a uno que inicia para ajustar el plan de vuelo.

Llega el momento de cerrar ciclos, dejar en el pasado lo que debe quedar atrás como parte de la historia. Estoy frente al tiempo dando gracias a la vida por las 365 oportunidades que me brindó en el año que
termina.

Prometo poner mi mejor esfuerzo por hacer una realidad digna y productiva de cada uno de los días que me toque vivir en el año que hoy inicia.

De frente al tiempo entiendo que la vida es eso, instantes minúsculos como chispazos en cada uno de los cuales se despliega la opción de aplicar todo el
entusiasmo.

No alcanzaría a identificar lo que hice día a día del año que hoy termina, aun cuando en su momento haya sido cada jornada la maravillosa oportunidad de trascender.

Hoy me perdono por aquellos momentos desperdiciados en la molicie, en la quejumbre, en la procrastinación. Sé que el tiempo vivido no habrá de volver, y que las manecillas del reloj avanzan sin detenerse, por más que queramos que no suceda así. Pero he aprendido a ser indulgente con mis propios errores para no
estancarme.

Sé que en este inicio de año estoy más cerca del final último de lo que estuve hace 12 meses, y que nadie más que yo tiene en las manos las riendas de mi vida.

Deseo despertar cada mañana consciente de la realidad del tiempo, de modo de vivir cada día como si fuera el último.

Hoy me encuentro frente a mi propia persona, valorando qué se ha cumplido de mi plan de vuelo particular.

Sé que los sueños son muchos, los proyectos varios y el cumplimiento sujeto a evaluación. No puedo quedarme en buenas intenciones, porque así no se avanza.

Hoy es el momento de medir qué llevo en la mochila de viaje, y en qué medida esos recursos apuestan al cumplimiento de mi proyecto de vida.

Es la ocasión de evaluar si continúo por la misma ruta o si habré de rectificarla. También es ahora cuando debo medirme frente a lo que tengo y lo que quiero lograr.

No hay peor error que aferrarse a un sueño sin plantarse de cuando en cuando como juez imparcial de su cumplimiento.

Frente a mi propia persona hoy es el tiempo de agradecer la mano amiga que se extendió cuando más lo necesitaba; la palmada en la espalda que me animó y la palabra de aliento que alentó mi marcha.

Agradezco también al amigo que tuvo la valentía de señalarme mis errores, y al que se abstuvo de falsas alabanzas que tanto daño hacen.

Del mismo modo es ahora cuando estoy en obligación de medir hasta qué punto he correspondido a la vida esas bendiciones con mi actitud, mi lealtad y mi generosidad.

Quiero hacer del mío un corazón abierto y generoso que sepa amar. Uno que se desprenda del egoísmo paralizante para prodigarse en beneficio de quienes lo necesitan.

Quiero construir un proyecto de vida incluyente, que aparte de mí y los míos pueda beneficiar a otros, para lograr con ello encaminar mis propósitos por los cauces que el Todopoderoso tiene para mí.

Quiero recordar ahora y siempre que el amor inicia por los de casa, para de este modo evitar descuidar lo propio por atender lo ajeno.

Frente al 2018 me planto para decir sí a la vida, sí a los retos que me presente, sí a la ocasión de acercarme más al plan divino que el buen Dios tiene para mí, en la confianza de que sus designios son sabios.

Hoy y siempre.
24 Diciembre 2017 04:00:00
Navidad profunda
Llega esta maravillosa época del año. Hoy todos tenemos permiso de volver a creer en la magia de las cosas, como cuando éramos niños.

Una fecha cuyo origen y manifestaciones debieran ir de la mano, pero no siempre sucede así. En momentos nos gana la fiesta de los sentidos por encima de la reflexión profunda del corazón.

Llega Jesús Niño que nace entre pajas en Belén. Él, quien somete su majestuosidad de rey a los rigores de la pobreza, para que ni el más sencillo tenga temor de aproximarse ante su
presencia.

Todos nos remontamos a nuestra infancia para dejarnos deslumbrar por esos misterios inexplicables que fascinan. Desde las luces de Bengala cuyas chispas se esparcen para iluminar la noche, hasta el misterio del amor de Dios que da la vida por nosotros.

Esperamos el momento en que la piñata cargada reviente su panza para regalarnos fruta y colación, después de haber representado a los peregrinos José y María que finalmente hallan posada.

Este es momento de reunión familiar, ocasión para dejar atrás las pequeñas diferencias capaces de abrir zanjas irreconciliables entre hermanos. ¿Qué sitio más precioso para el corazón que el hogar? ¿Qué amor más grande que el de la familia?

Tiempo para vernos reflejados en la mirada de los niños pequeños que esperan con ilusión la fiesta de Navidad. Momento de gozar como ellos gozan, de agradecer a la vida tantas bendiciones que nos ha regalado a lo largo del año.

De igual manera, es la ocasión para aprender a bendecir aquellas dificultades que nos permiten valorar al doble la vida, la salud y la familia. Escollos que ayudan a medir de qué somos capaces, que contribuyen a enfocarnos en lo que es en verdad valioso, y así avanzar en nuestro crecimiento personal.

¡Qué maravilloso poder dar algo de nosotros mismos para contribuir a la alegría de otros! Sacudirnos el propio interés en aras del beneficio de quien más necesita, y así percibir la experiencia transformadora de la generosidad.

Sea la fiesta una oportunidad para descubrir las necesidades reales de nuestros hermanos, con el propósito de dar un sentido sanador a nuestra dádiva.

Conservemos en mente el carácter de la celebración, evitando caer en excesos que pudieran derivar en tragedia.

Organicemos nuestro programa para librarnos de prisas que en esta temporada provocan tantas malas experiencias. Por momentos nos gana la precipitación y actuamos hasta con furia. Se trata de disfrutar con quienes más apreciamos, pero sobre todo, pasarla bien cada quien consigo mismo.

Recordemos hoy esos lejanos goces de la infancia. La manera cómo las pequeñas cosas nos ponían tan felices. No desvirtuemos el sentido último de la celebración, que es el amor más grande. Vivamos una fiesta congruente entre el gozo cristiano que festejamos y el modo como lo hacemos.

Seamos gentiles con el medio ambiente, cuidemos nuestro planeta. Que el amor que prodigamos consiga cubrir hasta donde nuestra vista alcance. Seamos congruentes entre el motivo de la celebración y nuestra forma de festejar. Entre la pobreza del que llega para salvarnos y lo que gastamos para la ocasión. Entre el amor que celebramos y nuestro modo de manejarnos en esta temporada.

Deseo para cada uno que el milagro del amor transformador se instale en su vida y en su hogar esta noche para siempre.
24 Diciembre 2017 04:00:00
Navidad profunda
Llega esta maravillosa época del año. Hoy todos tenemos permiso de volver a creer en la magia de las cosas, como cuando éramos niños.

Una fecha cuyo origen y manifestaciones debieran ir de la mano, pero no siempre sucede así. En momentos nos gana la fiesta de los sentidos por encima de la reflexión profunda del corazón.

Llega Jesús Niño que nace entre pajas en Belén. Él, quien somete su majestuosidad de rey a los rigores de la pobreza, para que ni el más sencillo tenga temor de aproximarse ante su presencia.

Todos nos remontamos a nuestra infancia para dejarnos deslumbrar por esos misterios inexplicables que fascinan. Desde las luces de Bengala cuyas chispas se esparcen para iluminar la noche, hasta el misterio del amor de Dios que da la vida por nosotros.

Esperamos el momento en que la piñata cargada reviente su panza para regalarnos fruta y colación, después de haber representado a los peregrinos José y María que finalmente hallan posada.

Este es momento de reunión familiar, ocasión para dejar atrás las pequeñas diferencias capaces de abrir zanjas irreconciliables entre hermanos. ¿Qué sitio más precioso para el corazón que el hogar? ¿Qué amor más grande que el de la familia?

Tiempo para vernos reflejados en la mirada de los niños pequeños que esperan con ilusión la fiesta de Navidad. Momento de gozar como ellos gozan, de agradecer a la vida tantas bendiciones que nos ha regalado a lo largo del año.

De igual manera, es la ocasión para aprender a bendecir aquellas dificultades que nos permiten valorar al doble la vida, la salud y la familia. Escollos que ayudan a medir de qué somos capaces, que contribuyen a enfocarnos en lo que es en verdad valioso, y así avanzar en nuestro crecimiento personal.

¡Qué maravilloso poder dar algo de nosotros mismos para contribuir a la alegría de otros! Sacudirnos el propio interés en aras del beneficio de quien más necesita, y así percibir la experiencia transformadora de la generosidad.

Sea la fiesta que hoy vivimos, una oportunidad única para descubrir las necesidades reales de nuestros hermanos, con el propósito de dar un sentido sanador a nuestra dádiva.

Conservemos en mente el carácter de la celebración, evitando caer en excesos que pudieran derivar en tragedia.

Organicemos nuestro programa para librarnos de prisas que en esta temporada provocan tantas malas experiencias. Por momentos nos gana la precipitación y actuamos hasta con furia.

Se trata de disfrutar con quienes más apreciamos, pero sobre todo, pasarla bien cada quien consigo mismo, y los apremios no son la mejor forma de hacerlo.

Recordemos hoy esos lejanos goces de la infancia. La manera cómo las pequeñas cosas nos ponían tan felices.

No desvirtuemos el sentido último de la celebración, que es el amor más grande.
Vivamos una fiesta congruente entre el gozo cristiano que festejamos y el modo como lo hacemos.

Seamos gentiles con el medio ambiente, cuidemos nuestro planeta. Que el amor que prodigamos consiga cubrir hasta donde nuestra vista alcance.

Disfrutemos al máximo aquello que podamos comprar con sensatez. Evitemos compromisos económicos que generan malestar al término de las fiestas. Lo más importante es la convivencia, el encuentro con aquellas personas que nos valoran por lo que somos y no por otra cosa.

Vivir es el gran milagro que se lleva a cabo en la intimidad de nuestras células cada día. Tener salud implica la armonía entre procesos maravillosos que se realizan en el interior de nuestros cuerpos para proveernos de bienestar, entendimiento y una sensibilidad capaz de traspasar las murallas de nuestro propio yo. Esos son los milagros por los cuales nos corresponde agradecer día con día.

Tener la promesa de una vida después de la muerte es encontrar un propósito más allá de nosotros mismos, para hacer lo que hacemos con redoblado entusiasmo, ciertos de que lo que hoy emprendemos aquí es una forma de sembrar eternidad.

Jesús Niño viene a decirnos que las mayores riquezas del ser humano radican en su corazón, y que los afanes de posesión no apuntan en ese sentido.

Con la sencillez de niño con que hoy invita desde las pajas a revestirnos, es como Jesús ha prometido que se entrará al reino de los cielos.

Así, en el silencio, en un momento de recogimiento frente al prodigio del amor más grande, ofrezcamos desde nuestro corazón, aquello que ayude a que otros crean en el amor de Dios de viva forma.

Seamos congruentes entre el motivo de la celebración y nuestra forma de festejar. Entre la pobreza del que llega para salvarnos y lo que gastamos para la ocasión. Entre el amor que celebramos y nuestro modo de manejarnos en esta temporada.

Deseo para cada uno que el milagro del amor transformador se instale en su vida y en su hogar esta noche para siempre.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
17 Diciembre 2017 04:00:00
Nuestra celebración
Me asombran los grandes viajeros que encuentran la manera de recorrer el mundo para adentrarse en los usos y costumbres de cada lugar.

Al margen de quienes buscan desentrañar los misterios insondables del universo, yo conozco la vida de otra manera, ella llega para invitarme a descubrir manifestaciones de su esencia, y así, a través de esas pequeñas muestras de las grandes cosas, darme la oportunidad de amarla.

Esta temporada del año tiene mucho que ver con nuestros deseos. Los buenos presagios van y vienen en una y otra dirección, se expresan en saludos, en tarjetas impresas, mensajes electrónicos y canciones navideñas. Deseamos lo mejor para nuestra familia y amigos, a la vez que tratamos de dar cumplimiento a ciertos deseos propios que se han ido incubando en nuestro interior a lo largo del año. Tal vez un viaje, quizás el regalo de algo que hemos deseado y que finalmente nos obsequiamos. Y del mismo modo, así como parte de nuestros deseos se ve satisfecha, otra parte de los mismos se queda sin atender, y en medio de aquella algarabía terminamos la temporada con un sabor agridulce.

Para poner las cosas en perspectiva respecto a esas insatisfacciones tan humanas, tan nuestras, llegó un gorrión a darme una gran lección hace un par de días. Aprovechamos que el clima era benigno para regar las plantas del patio, y al terminar de hacerlo quedó un pequeño charquito sobre el cemento. Momentos después apareció el pequeño pardal que se instaló en el charquito y comenzó a revolotear y revolotear con singular entusiasmo. Se acomodaba para un lado y luego para el otro aprovechando aquel pequeño volumen acumulado, se acicalaba y volvía a sumergirse dentro del menguante charquito. Supuse que se estaría raspando contra las rugosidades del cemento cada vez que se deslizaba de panza en la poca agua una y otra vez. Pero si alguna imagen de una avecilla feliz pudiera tener en mi mente, sería la de este chilero. ¡Vaya! tanta algarabía armó que pronto se aproximaron los dos pájaros carpinteros que seguido me visitan, y en la escasa agua que quedaba buscaron hacer lo mismo.

Después del disfrute visual vino la reflexión: ¿Acaso se necesita tanto para ser feliz? ¿Es obligado emprender grandes gastos para lograrlo? Lo glamoroso de la temporada nos atrae a todos (me incluyo en primerísimo lugar), las luces, la música, los adornos navideños por doquier; los regalos, la ropa, los alimentos propios de la temporada.

Cuando entendemos que Jesús, siendo rey, vino al mundo de la más humilde manera, para que los pobres no se intimidaran, podremos voltear a ver a quienes menos tienen y sentirlos como hermanos. Y seguir adelante con nuestras fiestas como las hemos planeado, pero abrir un espacio en nuestro corazón y compartir una poca de nuestra abundancia, para aquellos que pasarán la Nochebuena como cualquier otra noche, con hambre, con frío, en soledad.

El hermoso gorrión pardo vino a mi patio en estos días para recordarme que la alegría de la temporada consiste precisamente en eso, en gozar lo que se tiene, en disfrutarlo con todo el entusiasmo que hay en nosotros. Es contar nuestras bendiciones y dar un testimonio de agradecimiento al cielo, reconociendo lo afortunados que somos.

Yo me quedo con esa hermosa imagen de gozo y alegría grabada en mi mente para toda la temporada. Les deseo que cada uno encuentre su propia gran inspiración para vivir esta celebración de la mejor manera.
17 Diciembre 2017 04:00:00
Nuestra celebración
Me asombran los grandes viajeros que encuentran la manera de recorrer el mundo para adentrarse en los usos y costumbres de cada lugar. Igual admiro a quienes han leído bibliotecas enteras, y llegan a conocer la forma de pensamiento de tantos hombres y de tantas culturas. Todos ellos impelidos por una necesidad de descubrir y amar más la vida.

Al margen de quienes buscan desentrañar los misterios insondables del universo, yo conozco la vida de otra manera, ella llega para invitarme a descubrir manifestaciones de su esencia, y así, a través de esas pequeñas muestras de las grandes cosas, darme la oportunidad de amarla. Imagino que mi ventana ejerce un efecto como de imán para la naturaleza, de modo que las cosas suceden justo ahí, al otro lado de donde yo estoy, para mi goce y aprendizaje.

Esta temporada del año tiene mucho que ver con nuestros deseos. Los buenos presagios van y vienen en una y otra dirección, se expresan en saludos, en tarjetas impresas, mensajes electrónicos y canciones navideñas. Deseamos lo mejor para nuestra familia y amigos, a la vez que tratamos de dar cumplimiento a ciertos deseos propios que se han ido incubando en nuestro interior a lo largo del año. Tal vez un viaje, quizás el regalo de algo que hemos deseado y que finalmente nos obsequiamos. Y del mismo modo así como parte de nuestros deseos se ve satisfecho, otra parte de los mismos se queda sin atender, y en medio de aquella algarabía terminamos la temporada con un sabor agridulce.

Para poner las cosas en perspectiva respecto a esas insatisfacciones tan humanas, tan nuestras, llegó un gorrión a darme una gran lección hace un par de días. Aprovechamos que el clima era benigno para regar las plantas del patio, y al terminar de hacerlo quedó un pequeño charquito sobre el cemento. Momentos después apareció el pequeño pardal que se instaló en el charquito y comenzó a revolotear y revolotear con singular entusiasmo. Se acomodaba para un lado y luego para el otro aprovechando aquel pequeño volumen acumulado, se acicalaba y volvía a sumergirse dentro del menguante charquito. Supuse que se estaría raspando contra las rugosidades del cemento cada vez que se deslizaba de panza en la poca agua una y otra vez. Pero si alguna imagen de una avecilla feliz pudiera tener en mi mente, sería la de este chilero. ¡Vaya! tanta algarabía armó que pronto se aproximaron los dos pájaros carpinteros que seguido me visitan, y en la escasa agua que quedaba buscaron hacer lo mismo.

Después del disfrute visual vino la reflexión: ¿Acaso se necesita tanto para ser feliz? ¿Es obligado emprender grandes gastos para lograrlo? Lo glamoroso de la temporada nos atrae a todos –me incluyo en primerísimo lugar--, las luces, la música, los adornos navideños por doquier; los regalos, la ropa, los alimentos propios de la temporada. Cada elemento es un atractivo que atrapa nuestros sentidos, por supuesto. Ahora habría que preguntarnos si es lo fundamental de las fiestas, o si existe un sentido más profundo que debiera actuar como eje rector. Y habría que cuestionar si en cumplir con todo lo externo estamos descuidando el motivo último de la celebración.

Cuando entendemos que Jesús, siendo rey vino al mundo de la más humilde manera, para que los pobres no se intimidaran, podremos voltear a ver a quienes menos tienen y sentirlos como hermanos. Y seguir adelante con nuestras fiestas como las hemos planeado, pero abrir un espacio en nuestro corazón y compartir una poca de nuestra abundancia, para aquellos que pasarán la Nochebuena como cualquier otra noche, con hambre, con frío, en soledad.

¿Será realmente tan difícil compartir algo de lo que tenemos? ¿Tan complicado actuar desde la convicción de que todos podemos regalar un tanto que alivie a quienes menos tienen? Y que esas personas poco favorecidas en lo material puedan sentir el amor de Dios en esa pequeña dádiva.

El hermoso gorrión pardo vino a mi patio en estos días para recordarme que la alegría de la temporada consiste precisamente en eso, en gozar lo que se tiene, en disfrutarlo con todo el entusiasmo que hay en nosotros. Es contar nuestras bendiciones y dar un testimonio de agradecimiento al cielo, reconociendo lo afortunados que somos por tener nuestro propio espacio para gozar.

No nos dejemos llevar por los apremios de la temporada hasta volvernos contradictorios: Nada cristianos al manejar, al desplazarnos en sitios públicos, al festejar, cayendo en ese contrasentido de celebrar de la manera menos cristiana el más grande amor cristiano.

Yo me quedo con esa hermosa imagen de gozo y alegría grabada en mi mente para toda la temporada. Les deseo que cada uno encuentre su propia gran inspiración para vivir esta celebración de la mejor manera.

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10 Diciembre 2017 04:00:00
Lecciones de otoño
No hay una razón única sino muchas que vuelven para mí el otoño la época más hermosa del año. Las tres estaciones restantes hablan de florecimiento, fructificación y decadencia. La sabiduría del otoño me atrapa, por sus nobles lecciones de vida ante la recta final.

Gozo el verde de los paisajes primaverales, sin embargo los ocres de esta época me cautivan. Puedo permanecer largo rato mirando una sola hoja de maple que luce sus colores cálidos, del rojo al púrpura. Habla de madurez, de una esencia poderosa del árbol, que no teme perderse en las hojas que deja caer al suelo, con cada viento que sopla sobre sus ramas.

Hasta ahora no he conocido una hoja que no caiga con gracia haciendo cabriolas desde el sitio donde brotó y creció –su hogar--, hasta su destino final en el suelo. Cada una de ellas adopta un estilo muy particular para ir meciéndose, tal vez girando en su trayecto aéreo hasta terminar, del mismo modo que hacen sus hermanas, conformando una alfombra multicolor pero de corta vida, que pronto termina deshecha por algún otro viento travieso, o por la iniciativa del hombre que llega con su escoba a romper aquel efímero equilibrio foliado.

Qué lección de desprendimiento, de dejar ir aquel nicho al que ya no se pertenece. Qué manera de asumir el destino que corresponde a su condición de expatriadas, tienen las hojas. ¡Tanto qué aprender de ellas!

El otoño enseña que nada en esta vida es permanente, y que nos corresponde ser dóciles a los cambios que va imponiendo la edad. Esto es, aprender a envejecer con gracia y una buena dosis de buen humor, pero sobre todo con un sentimiento de gratitud por todo lo que la vida nos ha permitido experimentar. Es el tiempo de hacer cuentas con nosotros mismos, para entender de qué modo hemos sido bendecidos, de tantas y tan variadas formas hasta el momento de efectuar esta respiración. El ocre del otoño invita a eso, al agradecimiento.

Eventos como el vivido en el país la semana que termina llaman al niño interior que todos tenemos dentro, tantas veces anestesiado, de modo que no alcanza a percatarse de las maravillas que ocurren en derredor. La formación de cristales de nieve como estrellas a partir de agua y frío refuerzan mi convicción personal, de que los prodigios de la naturaleza son incontables, sin embargo vivimos distraídos –como dijera Facundo Cabral-- y no los percibimos. Salir a ver cómo cae la nieve con sus grandes copos que de inmediato se prenden de la ropa y pronto se derriten; sorprendernos del modo como la nieve forma una alfombra que va cubriendo todas las superficies que encuentra a su paso; divertirnos jugando con la nieve entre las manos como cuando éramos pequeños.

Es un modo de reavivar nuestra alegría innata, que tan fácilmente dejamos que se apague por cualquier razón, tantas veces absurda. Es darnos cuenta que no es tan complicado sentirnos alegres por las pequeñas cosas que suceden cada día, porque finalmente, la felicidad es cuestión de actitud, es como una mochila que cargamos a lo largo de la ruta para hacer del andar algo digno de ser vivido. Es la provisión que llevamos para recorrer el camino.

¡Cuántas grandes lecciones nos trae el otoño! La mansedumbre para acatar el orden perfecto del cosmos; la docilidad para atender los tiempos que nos va correspondiendo vivir. La profundidad como seres humanos, para que a pesar de aquello que vamos perdiendo por el camino, no se agote nuestra esencia.

Otoño es empatar con la vida y actuar de manera divertida y graciosa, aun en las caídas. Es descubrir que muchos contemporáneos más están en las mismas circunstancias que nosotros, y sabernos arropados por una hermandad. Es apoyarnos unos a otros en los momentos difíciles, que por cuestión de la edad van siendo más frecuentes, y es también aprender a ahijar con sentido del humor, aquellas limitaciones que el paso del tiempo nos impone.

Llegar al otoño no implica desechar nuestros sueños de juventud. Es emprenderlos de manera entusiasta, pero ir cerrando círculos de aquellos propósitos que se van cumpliendo. Es entender de mejor manera que cuando éramos jóvenes, que el paso del tiempo es absoluto, y que querer detenerlo es una forma de engaño que nos roba tiempo.

Encaminarse por esa recta final es sentir el orgullo de haber llegado hasta este punto en condiciones de seguir andando por cuenta propia. Es voltear a ver lo afortunado que ha sido nuestro trayecto, colmado de bendiciones que se han hecho presentes día con día.

Es hacer un alto en el camino para dimensionar el tramo final, efectuar un recuento de aquello que tenemos para una buena marcha, y emprenderla con el mejor de los ánimos.

¡Bendito otoño que me permites entender todas estas realidades de la vida de manera tan bella!

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10 Diciembre 2017 03:00:00
Lecciones de otoño
No hay una razón única sino muchas que vuelven para mí en otoño la época más hermosa del año. Las tres estaciones restantes hablan de florecimiento, fructificación y decadencia. La sabiduría del otoño me atrapa, por sus nobles lecciones de vida ante la recta final.

Gozo el verde de los paisajes primaverales, sin embargo los ocres de esta época me cautivan. Puedo permanecer largo rato mirando una sola hoja de maple que luce sus colores cálidos, del rojo al púrpura. Habla de madurez, de una esencia poderosa del árbol, que no teme perderse en las hojas que deja caer al suelo, con cada viento que sopla sobre sus ramas.

Hasta ahora no he conocido una hoja que no caiga con gracia haciendo cabriolas desde el sitio donde brotó y creció, hasta su destino final en el suelo. Cada una de ellas adopta un estilo muy particular para ir meciéndose, tal vez girando en su trayecto aéreo hasta terminar, del mismo modo que hacen sus hermanas, conformando una alfombra multicolor, pero de corta vida, que pronto termina deshecha por algún otro viento travieso, o por la iniciativa del hombre que llega con su escoba a romper aquel efímero equilibrio.

Qué lección de desprendimiento, de dejar ir aquel nicho al que ya no se pertenece. Qué manera de asumir el destino que corresponde a su condición de expatriadas, tienen las hojas.

El otoño enseña que nada en esta vida es permanente, y que nos corresponde ser dóciles a los cambios que va imponiendo la edad. Esto es, aprender a envejecer con gracia y una buena dosis de buen humor, pero sobre todo con un sentimiento de gratitud por todo lo que la vida nos ha permitido experimentar. Es el tiempo de hacer cuentas con nosotros mismos, para entender de qué modo hemos sido bendecidos, de tantas y tan variadas formas hasta el momento de efectuar esta respiración.

Eventos como el vivido en el país la semana que termina llaman al niño interior que todos tenemos dentro, tantas veces anestesiado, de modo que no alcanza a percatarse de las maravillas que ocurren en derredor. La formación de cristales de nieve como estrellas a partir de agua y frío refuerzan mi convicción personal, de que los prodigios de la naturaleza son incontables, sin embargo vivimos distraídos, como dijera Facundo Cabral, y no los percibimos. Salir a ver cómo cae la nieve con sus grandes copos que de inmediato se prenden de la ropa y pronto se derriten; sorprendernos del modo como la nieve forma una alfombra que va cubriendo todas las superficies que encuentra a su paso; divertirnos jugando con la nieve entre las manos como cuando éramos pequeños. Es un modo de reavivar nuestra alegría innata, que tan fácilmente dejamos que se apague por cualquier razón, tantas veces absurda. Es darnos cuenta que no es tan complicado sentirnos alegres por las pequeñas cosas que suceden cada día, porque finalmente, la felicidad es cuestión de actitud, es como una mochila que cargamos a lo largo de la ruta para hacer del andar algo digno de ser vivido.

Otoño es empatar con la vida y actuar de manera divertida y graciosa, aun en las caídas. Es descubrir que muchos contemporáneos más están en las mismas circunstancias que nosotros, y sabernos arropados por una hermandad. Es apoyarnos unos a otros en los momentos difíciles, que por cuestión de la edad van siendo más frecuentes, y es también aprender a ahijar con sentido del humor, aquellas limitaciones que el paso del tiempo nos impone.

Llegar al otoño no implica desechar nuestros sueños de juventud. Es emprenderlos de manera entusiasta, pero ir cerrando círculos de aquellos propósitos que se van cumpliendo. Es entender de mejor manera que cuando éramos jóvenes, que el paso del tiempo es absoluto, y que querer detenerlo es una forma de engaño que nos roba tiempo.

Encaminarse por esa recta final es sentir el orgullo de llegar hasta este punto en condiciones de seguir andando por cuenta propia. Es voltear a ver lo afortunado que ha sido nuestro trayecto, colmado de
bendiciones.

¡Bendito otoño que me permites entender todas estas realidades de la vida de manera tan bella!
03 Diciembre 2017 04:00:00
Pensar sintiendo
Tuve la oportunidad de asistir a la entrega del Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña en Lengua Española 2017. El evento se llevó a cabo en el Palacio de Gobierno de Saltillo el pasado miércoles 29. En esta quinta edición la ganadora fue la cuentista y poeta española Ana Isabel Conejo Alonso con su poemario titulado Todo lo Abierto, obra escrita a principios de este año, luego de que le diagnosticaron un cáncer de mama. Como ella misma dice, tuvo un efecto catártico en su proceso emocional para enfrentar una enfermedad de tal magnitud. Sus palabras de agradecimiento estuvieron cargadas de emoción, de hecho, tuvo que interrumpir su discurso un par de veces a causa del llanto.

Al referirse a la disciplina literaria que la llevó a ganar este premio, la galardonada manifestó que la poesía, lejos de ser un adorno inútil como pudiera parecer de primera intención, es un instrumento transformador de la sociedad. Hizo énfasis en que este género literario tiene una importante función social, porque “La poesía es una forma de pensar sintiendo”. Ahondando un poco en sus palabras, hay que decir que es precisamente esta característica del lenguaje poético la que lo vuelve un modo de expresión tan único, tan íntimo, tan envolvente. Nace de lo más profundo de la emoción del poeta, y va a estremecer a quien lo lee. Lo consigue mediante la música de las palabras y la esencia muy humana, como llama viva, de sus contenidos.

El cáncer es una enfermedad cada vez más frecuente en nuestro medio, se estima que en una de cada tres familias mexicanas, en un momento dado, aparecerá la enfermedad, y según la UICC, cada año se diagnostican 128 mil nuevos casos. Obedece a factores químicos, físicos y biológicos, de manera que esos conceptos populares para prevenirla o curarla de forma natural, no dejan de ser eso, productos del pensamiento mágico que se topa de frente con el rigor científico al cual hay que atender para salir adelante.

Ahora bien, a pesar de ser cada vez más frecuente este mal, estamos poco o nada preparados para enfrentar un diagnóstico de tal naturaleza, ya sea en nosotros mismos o en un ser querido. Cuando el mal físico se presenta hace zozobrar todas las esferas del paciente y de su familia cercana, se necesitan asideros para no hundirse después de recibir la noticia. Es así como las palabras de Ana Isabel representan una tabla de salvación que encuentra el náufrago en medio del río revuelto, y que definitivamente le habrá de ayudar a llegar a buen destino, a pesar de la turbulencia de las aguas. Como señalaba en el párrafo anterior, para salir delante de esta enfermedad no hay remedios mágicos, pero sí buenas oportunidades de remisión en muchos de los casos, o de tratamientos paliativos en aquellos que, por su avanzada condición, no alcanzan una remisión total. De este modo la palabra escrita cumple una doble función, como señala de manera acertada la poeta, tiene una función catártica, además de que permite transmitir a otros (comenzando por los seres queridos) los estados emocionales que se están padeciendo en un momento dado, dentro del obligado Camino de Santiago personal, uno que se vive, no por una semana como el de Compostela, sino a lo largo de lo que resta de vida.

Otro rasgo muy definitorio de Ana Isabel es la forma como se expresa con relación a la mujer, postura muy definida en ella, que dio pie a una de las poesías leídas durante la ceremonia, que se titula Todas Nosotras.
03 Diciembre 2017 04:00:00
Pensar sintiendo
Tuve la oportunidad de asistir a la entrega del Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña en Lengua Española 2017. El evento se llevó a cabo en el Palacio de Gobierno en la ciudad de Saltillo el pasado miércoles 29. En esta quinta edición la ganadora fue la cuentista y poeta española Ana Isabel Conejo Alonso con su poemario intitulado “Todo lo abierto”, obra escrita a principios de este año, luego de que le diagnosticaron un cáncer de mama. Como ella misma dice, tuvo un efecto catártico en su proceso emocional para enfrentar una enfermedad de tal magnitud. Sus palabras de agradecimiento estuvieron cargadas de emoción, de hecho, tuvo que interrumpir su discurso un par de veces a causa del llanto.

Al referirse a la disciplina literaria que la llevó a ganar este premio, la galardonada manifestó que la poesía, lejos de ser un adorno inútil como pudiera parecer de primera intención, es un instrumento transformador de la sociedad. Hizo énfasis en que este género literario tiene una importante función social, porque “La poesía es una forma de pensar sintiendo”. Ahondando un poco en sus palabras, hay que decir que es precisamente esta característica del lenguaje poético la que lo vuelve un modo de expresión tan único, tan íntimo, tan envolvente. Nace de lo más profundo de la emoción del poeta, y va a estremecer a quien lo lee. Lo consigue mediante la música de las palabras y la esencia muy humana –como llama viva-de sus contenidos.

El cáncer es una enfermedad cada vez más frecuente en nuestro medio, se estima que en una de cada 3 familias mexicanas, en un momento dado, aparecerá la enfermedad, y según la UICC, cada año se diagnostican 128,000 nuevos casos. Obedece a factores químicos, físicos y biológicos, de manera que esos conceptos populares para prevenirla o curarla de forma natural, no dejan de ser eso, productos del pensamiento mágico que se topa de frente con el rigor científico al cual hay que atender para salir adelante.

Ahora bien, a pesar de ser cada vez más frecuente este mal, estamos poco o nada preparados para enfrentar un diagnóstico de tal naturaleza, ya sea en nosotros mismos o en un ser querido. Cuando el mal físico se presenta hace zozobrar todas las esferas del paciente y de su familia cercana, se necesitan asideros para no hundirse después de recibir la noticia. Es así como las palabras de Ana Isabel representan una tabla de salvación que encuentra el náufrago en medio del río revuelto, y que definitivamente le habrá de ayudar a llegar a buen destino, a pesar de la turbulencia de las aguas. Como señalaba en el párrafo anterior, para salir delante de esta enfermedad no hay remedios mágicos, pero sí buenas oportunidades de remisión en muchos de los casos, o de tratamientos paliativos en aquellos que, por su avanzada condición, no alcanzan una remisión total. De este modo la palabra escrita cumple una doble función, como señala de manera acertada la poeta, tiene una función catártica, además de que permite transmitir a otros –comenzando por los seres queridos—los estados emocionales que se están padeciendo en un momento dado, dentro del obligado Camino de Santiago personal, uno que se vive, no por una semana como el de Compostela, sino a lo largo de lo que resta de vida.

Otro rasgo muy definitorio de Ana Isabel es la forma como se expresa con relación a la mujer, postura muy definida en ella, que dio pie a una de las poesías leídas durante la ceremonia, que se intitula “Todas nosotras”.

Me permito compartir un fragmento de su poemario que dibuja de cuerpo entero a la poeta quien, por cierto, está muy orgullosa de sus cicatrices quirúrgicas. Las identifica como parte de su propio ser, de manera que no piensa desterrarlas atendiendo a la estética, sino conservar con orgullo como parte de su geografía personal. Con esto termino:

Yo no soy
De miel.
De luz.
De aire.
Yo no soy esta herida.
No soy solo esta herida.
Claveles rojos
me estallan en la boca
si pienso un beso.
Yo no soy solo el pecho cercenado,
la maltratada carne.
Yo soy por dentro vuelo,
soy esa oscuridad
de noche con estrellas
que se puede habitar como una casa
De miel.
De luz,
De aire.
Yo no soy una víctima.

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26 Noviembre 2017 04:00:00
El corazón de piedra verde
Salvador de Madariaga fue un notable historiador, escritor, poeta y diplomático español. Dentro de su vasta obra literaria dedicó una novela a la Conquista de México, misma que se intitula “El corazón de piedra verde”. Me permití tomar prestado su título para mi columna semanal en la que buscó hablar de México, del corazón de su gente y del precioso jade que dentro de la Arqueología mexicana simboliza la vida.

Ahora son Baja California sur, el estado de México y Colima; antes han sido o siguen siendo otras entidades federativas las golpeadas por la violencia ligada al crimen organizado. El artero asesinato de Silvestre De la Toba --ombudsman en BCS—y de su hijo ocurrido hace una semana manda un poderoso mensaje: “No hay institución que pueda someternos”. Se cumple así la intención del mensaje de desmoralizar a todo aquel que busque hacer valer los derechos humanos, lo que nos lleva a temer qué más seguirá. El gobernador de dicha entidad luce pasmado y silencioso, y ¡vaya! no es para menos la situación que están viviendo.

Una vez más, como ya ha venido sucediendo en anteriores momentos de crisis necesitamos detenernos, analizar y entender que el origen de un problema de este tamaño, al igual que su solución, no dependen de forma exclusiva del gobernante en turno. La descomposición social que estamos padeciendo ha sido un problema de muchos –o más bien de todos—durante largo tiempo, y sería absurdo esperar que exista un modo de resolverlo en quince minutos, como dijera en su momento Vicente Fox con relación al EZLN. La forma segura de solucionarlo es a largo plazo, difícil pero en realidad es la única que funciona: Se llama educación.

La educación, necesitamos visualizarla con todo lo que conlleva. No se trata de que el niño aprenda a multiplicar cifras de cuatro dígitos, que enumere de corrido los 135 ríos de México o que identifique todos los organelos de la célula animal. Claro que es importante el conocimiento, pues entre más conoce una persona más avanza por el camino que le llevará a apreciar y amar aquello que conoce. Pero para lo que nos ocupa, la educación va mucho más allá, al fomento de valores.

El concepto de “educación” se refiere a desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño y del joven, esto es, educar la inteligencia y la voluntad. Para que el proceso educativo sea exitoso necesita partir de modelos sólidos para las actitudes que pretendemos que el niño o el joven asimilen. Si yo como maestro no soy congruente entre lo que digo y lo que hago, el mensaje no cumple con su función de moldear la conducta del alumno, y el proceso educativo no se da.

Un caso que no por cotidiano pierde fuerza es el siguiente: Existe un reglamento vial que señala que si el semáforo está en rojo yo debo esperar, y si está en verde me toca avanzar. No puedo enseñar al alumno esa regla si yo no la acato primero. Cuando me paso el semáforo en rojo porque “al cabo que no hay carros que estén cruzando frente a mí”, estoy anulando la regla. El mensaje para el joven es entonces: “La ley no tiene valor absoluto sino relativo y condicional.”

Si yo me paso los semáforos en rojo, u ocupo los cajones para discapacitados cuando no me corresponde, ¿con qué autoridad moral puedo exigir al hijo que cumpla sus obligaciones? ¿O le estoy enseñando que el respeto a los demás es variable?... Un país de Primer Mundo lo que hace de entrada es poner orden en casa. Si dice “alto” no pasas, si dice “siga” pasas. No a criterio personal, no dependiendo de las circunstancias, una regla siempre se obedece.

Un país está compuesto por individuos agrupados en familias. Para que funcione el proceso educativo que va a sacar a México de estos graves problemas, debe iniciar dentro de cada hogar mediante reglas sensatas, universales y claras, con sanciones también claras y firmes, que se aplican con amor. El niño necesita saberse aceptado y querido, necesita asimilar que se le corrige por amor, porque queremos que llegue a ser un ciudadano satisfecho, productivo y feliz.

Antes de sacarle tarjeta roja necesitamos demostrarle de manera tácita que lo amamos; no podemos partir del supuesto de que “ya lo sabe”, así no funciona. Tampoco funciona si tenemos la nariz metida en la TV o en el celular todo el día, y cada vez que el niño nos aborda ponemos cara de fastidio.

Los primeros que tenemos que educarnos somos nosotros, desechar malos hábitos, ser congruentes, conscientes, proactivos, generosos y compartidos.

Un gran cambio requiere mucho trabajo: Todos –sin excepción-- tenemos tarea para rato. El corazón de piedra verde que tanto sorprendió al escritor: La vida de México que surge plena y fecunda desde sus raíces, dispuesta a conquistar al mundo.


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26 Noviembre 2017 03:00:00
El corazón de piedra verde
Salvador de Madariaga fue un notable historiador, escritor, poeta y diplomático español. Dentro de su vasta obra literaria dedicó una novela a la Conquista de México, misma que se intitula El Corazón de Piedra Verde. Me permití tomar prestado su título para mi columna semanal en la que busco hablar de México, del corazón de su gente y del precioso jade que dentro de la Arqueología mexicana simboliza la vida.

Ahora son Baja California Sur, el Estado de México y Colima; antes han sido o siguen siendo otras entidades federativas las golpeadas por la violencia ligada al crimen organizado. El artero asesinato de Silvestre de la Toba (ombudsman en BCS) y de su hijo ocurrido hace una semana manda un poderoso mensaje: “No hay institución que pueda someternos”. Se cumple así la intención del mensaje de desmoralizar a todo aquel que busque hacer valer los derechos humanos, lo que nos lleva a temer qué más seguirá. El Gobernador de dicha entidad luce pasmado y silencioso, y ¡vaya! no es para menos la situación que están viviendo.

Una vez más, como ya ha venido sucediendo en anteriores momentos de crisis, necesitamos detenernos, analizar y entender que el origen de un problema de este tamaño, al igual que su solución, no dependen de forma exclusiva del gobernante en turno. La descomposición social que estamos padeciendo ha sido un problema de muchos durante largo tiempo, y sería absurdo esperar que exista un modo de resolverlo en 15 minutos, como dijera en su momento Vicente Fox con relación al EZLN. La forma segura de solucionarlo es a largo plazo, difícil pero en realidad es la única que funciona: se llama educación.

La educación, necesitamos visualizarla con todo lo que conlleva. No se trata de que el niño aprenda a multiplicar cifras de cuatro dígitos, que enumere de corrido los 135 ríos de México o que identifique todos los organelos de la célula animal.

El concepto de “educación” se refiere a desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño y del joven, esto es, educar la inteligencia y la voluntad. Para que el proceso educativo sea exitoso necesita partir de modelos sólidos para las actitudes que pretendemos que el niño o el joven asimilen. Si yo, como maestro, no soy congruente entre lo que digo y lo que hago, el mensaje no cumple con su función de moldear la conducta del alumno.

Un caso que no por cotidiano pierde fuerza es el siguiente: existe un reglamento vial que señala que si el semáforo está en rojo yo debo esperar, y si está en verde me toca avanzar. No puedo enseñar al alumno esa regla si yo no la acato primero. Cuando me paso el semáforo en rojo porque “al cabo que no hay carros que estén cruzando frente a mí”, estoy anulando la regla. El mensaje para el joven es: “la ley no tiene valor absoluto sino relativo y
condicional”.

Un país está compuesto por individuos agrupados en familias. Para que funcione el proceso educativo que va a sacar a México de estos graves problemas debe iniciar dentro de cada hogar mediante reglas sensatas, universales y claras, con sanciones también claras y firmes, que se aplican con amor.

Antes de sacarle tarjeta roja necesitamos demostrarle de manera tácita que lo amamos; no podemos partir del supuesto de que “ya lo sabe”, así no funciona. Tampoco funciona si tenemos la nariz metida en la TV o en el celular todo el día, y cada vez que el niño nos aborda ponemos cara de fastidio.

Los primeros que tenemos que educarnos somos nosotros, desechar malos hábitos, ser congruentes, conscientes, proactivos, generosos y compartidos.

Un gran cambio requiere mucho trabajo: todos, sin excepción, tenemos tarea para rato. El corazón de piedra verde, que tanto sorprendió al escritor: La vida de México que surge plena y fecunda desde sus raíces, dispuesta a conquistar al mundo.
19 Noviembre 2017 04:00:00
Antes de izar los ideales
Hoy he recordado a don José Muñoz Cota, orador, escritor y diplomático chihua-huense, con quien tuve la fortuna de coincidir en el medio periodístico lagunero allá por 1975, cuando yo escribía mis primeras colaboraciones y él ya era toda una institución. Recuerdo uno de sus libros del cual generosamente me obsequió una copia autografiada: El Hombre es su Palabra”.

Cada quien ve el mundo desde aquello que le apasiona. En mi caso es desde la palabra a la cual hallo atributos extraordinarios. A ratos me parece una palanca capaz de mover al mundo, tal y como Arquímedes lo asentara hace más de 2 mil años. Mucho de lo que hoy ocurre hace suponer que es precisamente por causa de la palabra, o para ser específicos, a falta de la palabra.

Una necesidad fundamental del ser humano es la de expresarse frente a los demás. Es algo que ocurre desde principios de la historia, lo bueno o lo malo busca ser expresado de muy distintas maneras, ya sea para participar una alegría o para desahogar una contrariedad. Desde las pinturas rupestres europeas, hasta los gifs y los emojis actuales, el ser humano busca expresar aquello que piensa o que siente. Sin embargo la cosa no es tan sencilla como supondríamos.

De niños aprendimos a hablar, el lenguaje se va ajustando progresivamente a reglas y convenciones sociales, esto es, puedo decir algo “siempre y cuando…”, o “en la medida que…”, expresarlo frente a determinadas personas, y no hacerlo frente a otras. Desde ese momento lo que llevamos dentro va quedando determinado por elementos externos, y entendemos que así debe de ser, para una sana convivencia. Los soliloquios propios del niño pequeño van quedando atrás, al grado de que el escolar halla indeseable o aburrido estar solo, no sabe disfrutar estar consigo mismo, con lo cual se pierde de mucho en la vida.

años después estamos frente a un individuo que no habla consigo mismo, y menos sabe decir a otros lo que siente, tiene pobre autoestima, y por ende no es asertivo, además de que no posee mucho autocontrol. En estas condiciones va del extremo de guardarse todo, al extremo de explotar por cualquier contrariedad.

Y esta misma falta de palabras que no se dicen se vuelve responsable de úlceras duodenales infartos del miocardio, adicciones y demás. Aquello que debiera decirse y no se dice, ha de hallar una vía de escape, cualquiera. Más delante vienen los hechos terribles, los que provoca nuestra ira largamente reprimida cuando sale a chorro y arremete contra lo que esté más próximo, la pareja, el hijo, el jefe o el conductor de enfrente.

Uno de los apelativos que tenía don José Muñoz Cota era el de “relámpago”. Al menos así lo llamó Federico Corral Vallejo, uno de sus biógrafos. Él fue un relámpago para vivir su vida que fue interesante y variada, pero fundamentalmente un relámpago con el uso de la palabra, habiendo sido el primer campeón nacional de Oratoria, en el concurso convocado por el periódico El Universal en el año 1927, cuando José contaba con 20 años. Lo contrasto con los relámpagos destructivos hoy en día, que produce la noutilización de la palabra para expresar nuestros estados internos, que resulta en latigazos de violencia de género, familiar y social.

Ahora que las autoridades de la SEP se enfocan en la reforma educativa, todos los ciudadanos somos responsables de vigilar que tenga como objetivo la formación de ciudadanos sanos y libres. Las competencias de un programa académico no se alcanzan sin una base de sustentación emocional firme. Uno de los requisitos para lograr este sano equilibrio de las sociedades que viven en paz, es el desarrollo de la inteligencia emocional, aprender a comunicarnos unos con otros, expresar pensamientos, deseos y emociones, para alcanzar una sana armonía. Como diría Muñoz Cota “hacerlo antes de izar los ideales”.
19 Noviembre 2017 04:00:00
Antes de izar los ideales
Hoy he venido recordando a Don José Muñoz Cota, orador, escritor y diplomático chihuahuense, con quien tuve la fortuna de coincidir en el medio periodístico lagunero allá por 1975, cuando yo escribía mis primeras colaboraciones y él ya era toda una institución. Recuerdo uno de sus libros del cual generosamente me obsequió una copia autografiada: “El hombre es su palabra”.

Cada quien ve el mundo desde aquello que le apasiona. En mi caso es desde la palabra a la cual hallo atributos extraordinarios. A ratos me parece una palanca capaz de mover al mundo, tal y como Arquímedes lo asentara hace más de dos mil años. Mucho de lo que hoy ocurre hace suponer que es precisamente por causa de la palabra, o para ser específicos, a falta de la palabra, y ahí les va:

Una necesidad fundamental del ser humano es la de expresarse frente a los demás. Es algo que ocurre desde principios de la historia, lo bueno o lo malo busca ser expresado de muy distintas maneras, ya sea para participar una alegría o para desahogar una contrariedad. Desde las pinturas rupestres europeas, hasta los GIFS y los emojis actuales, el ser humano busca expresar aquello que piensa o que siente. Sin embargo la cosa no es tan sencilla como supondríamos, y esa falta de expresión de lo propio bien puede ser el germen de interacciones sociales poco afortunadas.

De niños aprendimos a hablar, el lenguaje se va ajustando progresivamente a reglas y convenciones sociales, esto es, puedo decir algo “siempre y cuando…”, o “en la medida que…”, expresarlo frente a determinadas personas, y no hacerlo frente a otras. Desde ese momento lo que llevamos dentro va quedando determinado por elementos externos, y entendemos que así debe de ser, para una sana convivencia. Los soliloquios propios del niño pequeño van quedando atrás, al grado de que el escolar halla indeseable o aburrido estar solo, no sabe disfrutar estar consigo mismo, con lo cual se pierde de mucho en la vida. Su autoestima se queda muy corta, y necesita de los demás para sentirse bien. Entra al sistema educativo escolarizado y aprende muchas cosas, pero no se le educa para desarrollar su inteligencia emocional. Como por intuición va practicando expresar lo que piensa y lo que siente, y así continúa hasta la edad adulta.

Unos años después estamos frente a un individuo que no habla consigo mismo, y menos sabe decir a otros lo que siente, tiene pobre autoestima, y por ende no es asertivo, además de que no posee mucho autocontrol. En estas condiciones va del extremo de guardarse todo, al extremo de explotar por cualquier contrariedad. La maravillosa utilidad que la palabra podría aportar para él se queda flotando en el limbo, en un mundo en el que nos guardamos de expresar lo que sentimos por miedo a ser malinterpretados, y reservamos las palabras amables, y volcamos las de odio cuando ya estamos como olla de vapor, con las emociones a punto de explotar.

Y esta misma falta de palabras que no se dicen se vuelve responsable de úlceras duodenales infartos del miocardio, adicciones y demás. Aquello que debiera decirse y no se dice, ha de hallar una vía de escape, cualquiera. Más delante vienen los hechos terribles, los que provoca nuestra ira largamente reprimida cuando sale a chorro y arremete contra lo que esté más próximo, la pareja, el hijo, el jefe o el conductor de enfrente. Nos volvemos violentos, o más bien explosivos, sin que –visto desde fuera-- parezca existir una causa que pueda explicarlo.

Uno de los apelativos que tenía Don José Muñoz Cota era el de “relámpago”. Al menos así lo llamó Federico Corral Vallejo, uno de sus biógrafos. Él fue un relámpago para vivir su vida que fue interesante y variada, pero fundamentalmente un relámpago con el uso de la palabra, habiendo sido el primer campeón nacional de Oratoria, en el concurso convocado por el periódico El Universal en el año 1927, cuando José contaba con 20 años de edad. Lo contrasto con los relámpagos destructivos hoy en día, que produce la no-utilización de la palabra para expresar nuestros estados internos, que resulta en latigazos de violencia de género, familiar y social.

Ahora que las autoridades de la SEP se enfocan en la reforma educativa, todos los ciudadanos somos responsables de vigilar que tenga como objetivo la formación de ciudadanos sanos y libres. Las competencias de un programa académico no se alcanzan sin una base de sustentación emocional firme. Uno de los requisitos para lograr este sano equilibrio de las sociedades que viven en paz, es el desarrollo de la inteligencia emocional, aprender a comunicarnos unos con otros, expresar pensamientos, deseos y emociones, para alcanzar una sana armonía. Como diría Muñoz Cota “hacerlo antes de izar los ideales”.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
12 Noviembre 2017 04:00:00
El mejor piloto
Haz de tu vida un sueño, y del sueño una realidad. Antoine de Saint-Exupéry


Rubén es un joven emprendedor que busca llegar muy alto por la cima de sus propios sueños, explora diversas posibilidades y generosamente me comparte sus impresiones camineras. En esta ocasión habla con singular entusiasmo de la función que tienen los sueños en la vida de un ser humano, y hasta dónde pueden llevar los mismos a aquel que se atreve a soñar.

El mundo avanza, las metas se van adecuando a los tiempos, y hoy hablamos de emprendedurías, misiones, visiones, objetivos y niveles. Tal vez el sistema nos inclina a esquematizar nuestros sueños personales, dentro de procesos de producción que faciliten su medición, sin embargo no es la única forma para alcanzar las metas que nos proponemos.

La diferencia entre un sueño y un proyecto es que el primero se alberga echando a volar la imaginación, y el segundo se concreta aterrizándolo en la realidad personal. Es fundamental que nuestros jóvenes tengan imaginación para soñar, a la par de herramientas para armar un proyecto de vida al cual entregarse con toda la pasión. Para ello la experiencia de los mayores les facilita la creación de proyectos factibles de llevarse a cabo. Lo que menos querríamos es que pasen a formar parte de ese grupo de individuos que no han logrado convertir ese sueño en proyecto, porque viven esperando que alguien venga a tocar su puerta para descubrirlos.

Conchita es un ser humano excepcional a quien me precio de tener como amiga. Acaba de cumplir 95 años y lo ha celebrado como las bodas de rancho, a lo largo de varios días. Admiro en ella haber llegado a esa edad, pero más aún, las condiciones de salud y lucidez en que lo ha hecho. Sin embargo lo que más admiro, por encima de todo lo demás, es su particular entusiasmo por vivir que se manifiesta siempre que alguien le pregunta cómo está, e invariablemente contesta con un alegre “Muy bien”.

Rubén es el adulto joven que se lanza en pos de sus sueños. Conchita el adulto mayor que ha cumplido esos sueños de manera sobrada, y que aún hoy se inventa cada día un motivo para mantener mente y cuerpo activos, venciendo nuevos retos. Entre uno y otra nos hallamos el resto de los humanos, cada cual en un rango de edad, con sus propias habilidades y limitaciones, pero sobre todo dejándonos guiar por aquello que nuestro corazón señala. No existe un límite para empezar a consolidar sueños, como tampoco para cancelarlos y limitarnos a ver pasar la vida.

Ahora bien: ¿De qué depende que los sueños se transformen en proyectos, y que esos proyectos se conviertan en consignas de vida? Cada uno de nosotros es el resultado de multiplicidad de factores, estos intervienen desde varias generaciones atrás para conformarnos y definir los elementos de nuestro temperamento, y más delante de nuestra personalidad. No hay sobre el planeta dos seres humanos iguales, ni sucede que una persona actúe igual que otra, por más que puedan tener un origen o una educación similar. Cada uno va perfilando su propia forma de ser y marcando su huella muy particular a lo largo de la vida, en los casos más afortunados para el bien de la humanidad.

Los grandes iniciados fueron seres humanos que supieron trazarse un proyecto de vida al cual dieron cumplimiento cabal mientras vivieron, para ejemplos hay muchos. Pero no nos vayamos tan lejos, en nuestra misma comunidad descuellan personajes excepcionales, cuya vida ha significado una gran diferencia para quienes les rodean, ahí están ellos con su claridad de pensamiento, su voluntad de triunfar y una decidida búsqueda del bienestar colectivo. Están dispuestos a dar ese punto extra más allá de lo que se esperaba que dieran, lo que finalmente hace la gran diferencia. Y por el contrario, tenemos a quienes van en sentido opuesto, sin un proyecto concreto, faltos de entusiasmo, vivos porque respiran, pero nada más.

Lo que somos hoy en buena medida está dado por nuestra infancia. La educación recibida en el hogar durante los primeros años de vida es la que determina qué buscamos consolidar como grupo humano, la altura de nuestros sueños, pero sobre todo la envergadura de nuestro fuselaje y la potencia del motor interno, que nos impulsa a seguir adelante en cualquier circunstancia. Así regresamos a ese tema tan necesario de entender, la autoestima. Un niño que se sabe amado por lo que es, se abastece de elementos para ser mejor. Un pequeño que se siente aceptado a pesar de sus errores, aprende a amar, asume que todo ser humano merece lo mejor, y apuesta a favor suyo.

La autoestima es el corazón del mundo. Cuando descubramos dentro de cada niño al mejor piloto, no habrá sueño que no se convierta en un afortunado proyecto de vida.


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12 Noviembre 2017 03:00:00
El mejor piloto
Rubén es un joven emprendedor que busca llegar muy alto por la cima de sus propios sueños, explora diversas posibilidades y generosamente me comparte sus impresiones camineras. En esta ocasión habla con singular entusiasmo de la función que tienen los sueños en la vida de un ser humano.

El mundo avanza, las metas se van adecuando a los tiempos, y hoy hablamos de emprendedurías, misiones, visiones, objetivos y niveles. Tal vez el sistema nos inclina a esquematizar nuestros sueños personales, dentro de procesos de producción que faciliten su medición, sin embargo, no es la única forma para alcanzar las metas.

La diferencia entre un sueño y un proyecto es que el primero se alberga echando a volar la imaginación, y el segundo se concreta aterrizándolo en la realidad personal. Es fundamental que nuestros jóvenes tengan imaginación para soñar, a la par de herramientas para armar un proyecto de vida al cual entregarse con toda la pasión. Para ello la experiencia de los mayores les facilita la creación de proyectos factibles de llevarse a cabo. Lo que menos querríamos es que pasen a formar parte de ese grupo de individuos que no han logrado convertir ese sueño en proyecto.

Conchita es un ser humano excepcional a quien me precio de tener como amiga. Acaba de cumplir 95 años y lo ha celebrado como las bodas de rancho, a lo largo de varios días. Admiro en ella haber llegado a esa edad, pero más aún, las condiciones de salud y lucidez en que lo ha hecho. Sin embargo lo que más admiro, por encima de todo lo demás, es su particular entusiasmo por vivir que se manifiesta siempre que alguien le pregunta cómo está, e invariablemente contesta con un alegre “Muy bien”.

Rubén es el adulto joven que se lanza en pos de sus sueños. Conchita el adulto mayor que ha cumplido esos sueños de manera sobrada, y que aún hoy se inventa cada día un motivo para mantener mente y cuerpo activos, venciendo nuevos retos. Entre uno y otra nos hallamos el resto de los humanos, cada cual en un rango de edad, con sus propias habilidades y limitaciones, pero sobre todo dejándonos guiar por aquello que nuestro corazón señala. No existe un límite para empezar a consolidar sueños, como tampoco para cancelarlos y limitarnos a ver pasar la vida.

Ahora bien: ¿De qué depende que los sueños se transformen en proyectos, y que esos proyectos se conviertan en consignas de vida? Cada uno de nosotros es el resultado de multiplicidad de factores, estos intervienen desde varias generaciones atrás para conformarnos y definir los elementos de nuestro temperamento, y más delante de nuestra personalidad. No hay sobre el planeta dos seres humanos iguales, ni sucede que una persona actúe igual que otra, por más que puedan tener un origen o una educación similar. Cada uno va perfilando su propia forma de ser y marcando su huella muy particular a lo largo de la vida, en los casos más afortunados para el bien de la humanidad.

Los grandes iniciados fueron seres humanos que supieron trazarse un proyecto de vida al cual dieron cumplimiento cabal, para ejemplos hay muchos. Pero no nos vayamos tan lejos, en nuestra misma comunidad descuellan personajes excepcionales, cuya vida ha significado una gran diferencia para quienes les rodean, ahí están ellos con su claridad de pensamiento, su voluntad de triunfar y una decidida búsqueda del bienestar colectivo. Están dispuestos a dar ese punto extra más allá de lo que se esperaba que dieran, lo que finalmente hace la gran diferencia. Y por el contrario, tenemos a quienes van en sentido opuesto, sin un proyecto concreto, faltos de
entusiasmo.

Lo que somos hoy en buena medida está dado por nuestra infancia. La educación recibida en el hogar durante los primeros años de vida es la que determina qué buscamos consolidar como grupo humano, la altura de nuestros sueños, pero sobre todo la envergadura de nuestro fuselaje y la potencia del motor interno, que nos impulsa a seguir adelante en cualquier circunstancia. Así regresamos a ese tema tan necesario de entender, la autoestima. Un niño que se sabe amado por lo que es, se abastece de elementos para ser mejor.

La autoestima es el corazón del mundo. Cuando descubramos dentro de cada niño al mejor piloto, no habrá sueño que no se convierta en un afortunado proyecto de vida.
05 Noviembre 2017 04:00:00
Destino y ruta
Hoy en día se impulsa la educación por competencias medida en resultados. Los grandes recursos tecnológicos facilitan estos logros, tenemos en la punta de los dedos todo tipo de información que hasta hace algunos lustros hubiera requerido tiempo de consulta en tratados impresos. Las nuevas generaciones nacen con el chip integrado, de modo que difícilmente alcanzarían a imaginar cómo eran las cosas en los tiempos cuando no existía la televisión a colores, la computadora personal o la telefonía celular. Todo ello condiciona cambios de comportamiento que no siempre apuestan a la armonía social.

Hace algunos días circulaba por una de las principales avenidas de la ciudad, mi intención era aparcarme en un estacionamiento al frente de unos locales comerciales. Al momento de intentarlo se atravesó frente a mí un vehículo cuyo joven conductor pretendía salir del estacionamiento en reversa; al accionar mi claxon debió frenar bruscamente, para luego girar sobre sí mismo e intentar ahora salir de frente, justo en el momento cuando yo intentaba entrar al estacionamiento. Dado que arrancó con el acelerador a fondo, quedamos a milímetros de que impactara mi unidad. Cuando finalmente pude estacionarme, él arrancó con una quemada de llanta que debe haberse escuchado a dos cuadras a la redonda.

Aquello me preocupó, ya me veía toda la tarde en engorrosos trámites viales aquí y allá, sin vehículo mientras reparaban la carrocería, y sin poder atender los compromisos que ya había contraído. Pero lo que más me impresionó fue lo que capturó aquella instantánea acerca de nuestra juventud, inquietud personal que quisiera compartir en este espacio.

Sería inadecuado afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. Cada época ha poseído sus propios encantos, y quienes hemos tenido la fortuna de transitar entre dos siglos, dos milenios y diversos avances tecnológicos, debemos reconocerlo. Sin embargo es evidente que existe una gran diferencia en el estilo de vida de una y otra época, mientras que la actual se orienta a objetivos específicos medidos en tiempo y forma, las épocas anteriores ponían en primer término al ser humano y después todo lo demás.

Un ejemplo familiar de lo anterior, que me resulta muy útil para medir esta diferencia es el siguiente. A los 7 años de edad me llevaron mis papás a conocer Disneylandia. Hicimos el recorrido por tierra desde la ciudad de Torreón hasta las inmediaciones de Los Ángeles, California, en el vehículo familiar, un Renault Coupe blanco que de niña siempre me pareció semejante a un huevo cocido. En dos jornadas llegamos a aquella parte del estado de California, lo que para mí significaba cumplir el gran sueño de mi infancia. El vehículo era compacto, sin ninguno de los aditamentos que hoy en día facilitan viajar distancias como esa, lo que sí recuerdo es la infinidad de momentos mágicos que pude acumular a lo largo de la travesía hasta llegar a Disneylandia. Mis papás y yo gozamos de igual manera el camino como la meta final.

A diferencia de aquellos tiempos, hoy acostumbramos fijar la atención en el destino al cual buscamos llegar en el menor tiempo y con la mayor comodidad posible. Descartamos cualquier goce que el derrotero pueda ofrecernos, con la mirada puesta en llegar al destino.

Sucede con los viajes turísticos y sucede en nuestra vida diaria, pareciera que vamos contra reloj, como si en avanzar veloces empeñáramos la vida. Nos irrita cualquier contratiempo del camino, y terminamos enojados con todo y con todos. Esto es, nos perdemos de disfrutar una gran parte de lo que el trayecto nos ofrece, dispuestos a gozar solo a partir de que lleguemos a nuestra meta.

No estoy tan segura de que los adultos estemos haciendo bien en la forma de educar a nuestros niños y jóvenes, dejando de lado los aspectos humanistas que tienen que ver con el disfrute de otros elementos, aparte del éxito final. Gozar cada tramo, disfrutar la compañía que llevamos, y atesorar bellas memorias que –en mi caso particular-- a más de cincuenta años de distancia siguen recordándose con particular gozo.

Los sitios públicos son los grandes escaparates en los que puede aprenderse mucho sobre la vida. La costumbre de no respetar los cajones para discapacitados significa poner mi comodidad por encima de las necesidades del otro; el no atender el rojo del semáforo, revela que me siento por encima del elemental orden colectivo. Y mostrarse contrariado cuando algo no funciona conforme a los propios deseos, refleja baja tolerancia a la frustración. Habría que revisar si el manual para la vida que damos a nuestros niños y jóvenes les está permitiendo hacer de la felicidad la actitud cotidiana con la cual puedan gozar a profundidad cada tramo del camino.


https://contraluzcoah.blogspot.com/
05 Noviembre 2017 03:00:00
Destino y ruta
Hoy en día se impulsa la educación por competencias medida en resultados. Los grandes recursos tecnológicos facilitan estos logros, tenemos en la punta de los dedos todo tipo de información que hasta hace algunos lustros hubiera requerido tiempo de consulta en tratados impresos. Las nuevas generaciones nacen con el chip integrado, de modo que difícilmente alcanzarían a imaginar cómo eran las cosas en los tiempos cuando no existía la televisión a colores, la computadora personal o la telefonía celular.

Hace algunos días circulaba por una de las principales avenidas de la ciudad, mi intención era aparcarme en un estacionamiento al frente de unos locales comerciales. Al momento de intentarlo se atravesó frente a mí un vehículo cuyo joven conductor pretendía salir del estacionamiento en reversa; al accionar mi claxon debió frenar bruscamente, para luego girar sobre sí mismo e intentar ahora salir de frente, justo en el momento cuando yo intentaba entrar al estacionamiento. Dado que arrancó con el acelerador a fondo, quedamos a milímetros de que impactara mi unidad. Cuando pude estacionarme, él arrancó con una quemada de llanta.

Aquello me preocupó, ya me veía toda la tarde en engorrosos trámites viales aquí y allá, sin vehículo mientras reparaban la carrocería, y sin poder atender los compromisos que ya había contraído. Pero lo que más me impresionó fue lo que capturó aquella instantánea acerca de nuestra juventud, inquietud personal que quisiera compartir en este espacio.

Sería inadecuado afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. Cada época ha poseído sus propios encantos, y quienes hemos tenido la fortuna de transitar entre dos siglos, dos milenios y diversos avances tecnológicos, debemos reconocerlo. Sin embargo, es evidente que existe una gran diferencia en el estilo de vida de una y otra época, mientras que la actual se orienta a objetivos específicos medidos en tiempo y forma, las épocas anteriores ponían en primer término al ser humano y después todo lo demás.

Un ejemplo familiar de lo anterior, que me resulta muy útil para medir esta diferencia es el siguiente. A los 7 años me llevaron mis papás a conocer Disneylandia. Hicimos el recorrido por tierra desde la ciudad de Torreón hasta las inmediaciones de Los Ángeles, California, en el vehículo familiar, un Renault Coupe blanco que de niña siempre me pareció semejante a un huevo cocido. En dos jornadas llegamos a aquella parte del estado de California, lo que para mí significaba cumplir el gran sueño de mi infancia. El vehículo era compacto, sin ninguno de los aditamentos que hoy en día facilitan viajar distancias como esa, lo que sí recuerdo es la infinidad de momentos mágicos que pude acumular a lo largo de la travesía hasta llegar a Disneylandia.

A diferencia de aquellos tiempos, hoy acostumbramos fijar la atención en el destino al cual buscamos llegar en el menor tiempo y con la mayor comodidad posible. Descartamos cualquier goce que el derrotero pueda ofrecernos, con la mirada puesta en llegar al destino.

Sucede con los viajes turísticos y sucede en nuestra vida diaria, pareciera que vamos contrareloj, como si en avanzar veloces empeñáramos la vida. Nos irrita cualquier contratiempo del camino, y terminamos enojados con todo

No estoy tan segura de que los adultos estemos haciendo bien en la forma de educar a nuestros niños y jóvenes, dejando de lado los aspectos humanistas que tienen que ver con el disfrute de otros elementos, aparte del éxito final. Gozar cada tramo, disfrutar la compañía que llevamos, y atesorar bellas memorias que, en mi caso particular, a más de 50 años de distancia siguen recordándose con particular gozo.

Los sitios públicos son los grandes escaparates en los que puede aprenderse mucho sobre la vida. La costumbre de no respetar los cajones para discapacitados significa poner mi comodidad por encima de las necesidades del otro; el no atender el rojo del semáforo, revela que me siento por encima del orden colectivo. Y mostrarse contrariado cuando algo no funciona conforme a los propios deseos, refleja baja tolerancia.

Habría que revisar si el manual para la vida que damos a nuestros jóvenes les está permitiendo hacer de la felicidad la actitud cotidiana con la cual puedan gozar a profundidad cada tramo del camino.
29 Octubre 2017 04:00:00
Yessica
Lo primero que llama la atención son sus grandes ojos color café, que siguen con viveza todo lo que sucede en derredor. Se inscribió a un taller de escritura creativa en el cual fue la más pequeña de los nueve participantes, con sus 13 años.

Durante el primer ejercicio a todos nos sorprendió su sintaxis, claro reflejo de su gusto por la lectura. Lee en voz alta a la misma velocidad con que trabaja su mente, lo que nos obligó a estar muy atentos, para no perder detalle de sus textos.

A lo largo de los tres días que duró el taller esta jovencita no dejó de asombrarnos. Afirma que le gusta leer, lo hace de manera continua, y con sus amigos ha integrado un círculo literario en el que leen, escriben e intercambian opiniones de sus respectivos textos.

Veo en Yessica un futuro literario muy prometedor. Tiene un gran talento nato, pero sobre todo posee un espíritu de constancia y disciplina. Durante el taller mostró gran entusiasmo ante cualquier actividad que se nos encomendó desarrollar, una tarde se convirtió en extraterrestre, otra más participó en una historia terrorífica de temporada, y al final fue el único humano en un mundo en el que todos se habían transformado en perros.

Justo ese es el encanto de la literatura, nos concede permiso de abrir la puerta de la imaginación para viajar, descubrir, crear y recrear. Yessica ha captado de la mejor manera la esencia de la pasión por la lectura, sabe disfrutarla.

Ojalá que más chicos como ella, con ese ánimo contagien a otros, para procurar la lectura por placer. Habitualmente se asume este hábito como una obligación tediosa en la que se participa por deber, y a partir del momento cuando ya no existe una exigencia externa, la lectura se abandona.

Nuestros jóvenes la tienen difícil: Les estamos heredando un mundo complicado, altamente mediático, saturado de antivalores, donde prevalecen las verdades a medias; una sociedad encaminada a que el ciudadano se abstenga de pensar, de cuestionar, de proponer cambios. Jóvenes como Yessica amenazan con desestabilizar al sistema, en ellos está el germen del cambio, uno que favorezca a la sociedad y que –en consecuencia—vaya a lesionar los intereses de los actuales poderosos. Estos últimos actúan mediante la utilización de opiniones a modo, programas idiotizantes, contenidos eróticos, y la apuesta por la imagen al margen de los contenidos, estrategias que buscan mantener las cosas como ahora están. Solo quien es capaz de alejarse para ver a la distancia, puede dar una lectura distinta a las cosas, proponer otros caminos para generar el cambio que México necesita.

Esta joven es un excelente ejemplo de lo anterior. Detrás de ella está su familia, seguramente sus maestros, pero sobre todo su capacidad de trazarse un derrotero propio de forma valiente y auténtica, y jalar con ella a sus pares. Es bajo esta premisa como podrán prepararse adultos con clara conciencia acerca de qué cambios se necesitan, y cómo conseguirlos.

A mis años, interactuar con gente joven es como recibir una vitamina de largo alcance. El entusiasmo que ellos manifiestan me lleva a la confianza de que nuestro país habrá de seguir adelante y mejorará. La tarea de nosotros los adultos mayores consiste en animar a niños y jóvenes a perseverar en ese entusiasmo, a reforzarlo, pero sobre todo a que entiendan cómo hemos llegado a donde estamos; de quedarnos aquí qué riesgos corremos, y cuáles serían las maneras para evitar empantanarnos. Con jóvenes como Yessica me siento tranquila; al apropiarse ella de la palabra escrita --como lectora y como escritora--, está generando un canal de comunicación que habrá de crecer y multiplicarse, para favorecer el desarrollo del juicio crítico.

Meter la cabeza en una caja desbordante de contenidos ociosos, es una forma de morir en vida. Por más años que vivamos siempre habrá algo nuevo que conocer, una habilidad por aprender, una belleza por descubrir. La caducidad no la dan los años acumulados sino los sueños agotados.

Yessica no tiene celular, así que para enviarle un mensaje lo hago a través de su mamá, y de este modo aprovechamos para hablar sobre los hijos y la educación. Percibo en ella una madre que sabe estar siempre ahí, al lado de los hijos, atendiendo sus necesidades, vigilando sus actividades, y anticipándose a lo que pueda venir más delante. Una madre cumplida y exigente que espera resultados, y por consecuencia unos hijos que responden al cuidado y la atención materna.

Los grandes problemas que vive nuestro país comienzan en el hogar. En principio no son asuntos de seguridad pública sino cuestiones de educación. Bajo el amor inteligente y proactivo de los padres florecen futuros adultos como Yessica, para bien de nuestro amado México.

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29 Octubre 2017 03:00:00
Yessica
Lo primero que llama la atención son sus grandes ojos color café, que siguen con viveza todo lo que sucede en derredor. Se inscribió a un taller de escritura creativa en el cual fue la más pequeña de los nueve participantes, con sus 13 años.

Durante el primer ejercicio a todos nos sorprendió su sintaxis, claro reflejo de su gusto por la lectura. Lee en voz alta a la misma velocidad con que trabaja su mente, lo que nos obligó a estar muy atentos, para no perder detalle de sus textos.

A lo largo de los tres días que duró el taller esta jovencita no dejó de asombrarnos. Afirma que le gusta leer, lo hace de manera continua, y con sus amigos ha integrado un círculo literario en el que leen, escriben e intercambian opiniones de sus respectivos textos.

Veo en Yessica un futuro literario muy prometedor. Tiene un gran talento nato, pero sobre todo posee un espíritu de constancia. Durante el taller mostró gran entusiasmo ante cualquier actividad que se nos encomendó desarrollar, una tarde se convirtió en extraterrestre, otra más participó en una historia terrorífica de temporada, y al final fue el único humano en un mundo en el que todos se habían transformado en perros.

Justo ese es el encanto de la literatura, nos concede permiso de abrir la puerta de la imaginación para viajar, descubrir, crear y recrear. Yessica ha captado de la mejor manera la esencia de la pasión por la lectura, sabe disfrutarla.

Ojalá que más chicos como ella, con ese ánimo, contagien a otros, para procurar la lectura por placer. Habitualmente se asume este hábito como una obligación tediosa en la que se participa por deber.

Nuestros jóvenes la tienen difícil, les estamos heredando un mundo complicado, altamente mediático, saturado de antivalores, donde prevalecen las verdades a medias; una sociedad encaminada a que el ciudadano se abstenga de pensar, de cuestionar, de proponer cambios.

Jóvenes como Yessica amenazan con de-sestabilizar al sistema, en ellos está el germen del cambio, uno que favorezca a la sociedad y que vaya a lesionar los intereses de los actuales poderosos. Estos últimos actúan mediante la utilización de opiniones a modo, programas idiotizantes, contenidos eróticos, y la apuesta por la imagen al margen de los contenidos, estrategias que buscan mantener las cosas como ahora están.

Esta joven es un excelente ejemplo de lo anterior. Detrás de ella está su familia, seguramente sus maestros, pero sobre todo su capacidad de trazarse un derrotero propio de forma valiente y auténtica, y jalar con ella a sus pares.

A mis años, interactuar con gente joven es como recibir una vitamina de largo alcance. El entusiasmo que ellos manifiestan me lleva a la confianza de que nuestro país habrá de seguir adelante y mejorará.

Con jóvenes como Yessica me siento tranquila; al apropiarse ella de la palabra escrita (como lectora y como escritora), está generando un canal de comunicación que habrá de crecer y multiplicarse, para favorecer el desarrollo del juicio crítico.

Meter la cabeza en una caja desbordante de contenidos ociosos, es una forma de morir en vida. Por más años que vivamos siempre habrá algo nuevo que conocer, una habilidad por aprender, una belleza por descubrir. La caducidad no la dan los años acumulados sino los sueños agotados.

Yessica no tiene celular, así que para enviarle un mensaje lo hago a través de su mamá, y de este modo aprovechamos para hablar sobre los hijos y la educación. Percibo en ella una madre que sabe estar siempre ahí, al lado de los hijos, atendiendo sus necesidades, vigilando sus actividades, y anticipándose a lo que pueda venir más delante. Una madre cumplida y exigente que espera resultados, y por consecuencia unos hijos que responden al cuidado y la atención.

Los grandes problemas que vive nuestro país comienzan en el hogar. En principio no son asuntos de seguridad pública sino cuestiones de educación. Bajo el amor inteligente y proactivo de los padres florecen futuros adultos como Yessica, para bien de nuestro amado México.
22 Octubre 2017 04:00:00
El arte de sanar
Mañana 23 de octubre, se celebra en nuestro país el Día del Médico. En mi caso, con el paso del tiempo y las circunstancias, más que festejada me siento festejadora, dispuesta a rendir tributo a las figuras sanadoras de mi propia historia personal.

Con relación a los orígenes de la celebración, en esta misma fecha, pero en el año 1833 se abrió en México la Escuela de Ciencias Médicas dependiente de la Dirección de Instrucción Pública. Un siglo después, en 1937 este hecho fue conmemorado, rindiendo honor al médico Valentín Gómez Farías, creador de la Dirección de Instrucción Pública.

Desde que somos pequeños la figura del médico inspira una mezcla de sentimientos, confianza y temor; apego y admiración. De este modo crecí bajo la sombra protectora de nuestro médico de confianza, el ginecólogo César Del Bosque, a quien recurríamos para infinidad de consultas y procedimientos. En lo personal merece una atención especial, pues fue también a través de él que comencé a entrar al hospital --el Centro Médico de la Laguna, frente a la Alameda-- desde mis años de preparatoria. Fue ahí donde vi un parto y una cirugía por primera vez, y tuve el primer encuentro con la muerte de un paciente. A partir de entonces esos y otros muchos pasillos hospitalarios representaron las avenidas de mis andares universitarios, los de formación hospitalaria y los de práctica institucional, hasta la jubilación. Muy ocasionalmente ocupé el sitio como paciente, del otro lado de la barrera, pero pasó el tiempo y las cosas cambiaron, de modo que en los últimos ocho sí me ha tocado fungir como paciente, primero para diagnóstico y tratamiento, actualmente para control.

Hoy agradezco a los médicos que inicialmente valoraron mi caso, quienes utilizaron su tiempo para hacerlo con especial cuidado, mucho más allá de sus horarios de salida. Médicos que hallan en su ejercicio profesional la mayor satisfacción, totalmente al margen de la ganancia económica.

A partir de ese momento han sido muchas las figuras de galenos que han atendido todo lo derivado de aquel cuadro inicial, que han vigilado la evolución del mismo etapa por etapa. Quienes, además del enfoque hacia la enfermedad han tenido en cuenta a la persona del paciente, algo fundamental para la recuperación integral. Incurriría en imperdonable injusticia si tratara de nombrarlos a todos, pero sí quiero reconocer a cada uno de ellos su elevada calidad moral como personas, de modo que nosotros los pacientes logramos reconocer a Dios obrando a través de su quehacer profesional.

Maravilloso es enfocarse a la solución del problema físico del paciente, pero mucho más sanador es abarcar también sus circunstancias personales, junto con el medicamento brindar una palabra de aliento, que en algunos casos tal vez sea lo que más alivie al paciente y a sus familiares.

Hace una semana celebraba con mis compañeros de facultad en la ciudad de Torreón, 40 años de haber egresado de las aulas de Medicina. Regresamos a ellas y pudimos percibir de qué modo el espíritu de nuestros maestros sigue presente; cada uno de nosotros logró evocar algún momento vivido en las aulas que le marcó para siempre. De eso está hecho un buen maestro, de testimonios que apuntalen el incipiente proyecto de vida de sus alumnos.

La figura del médico está completa solo cuando es humana, de otra manera su trabajo podría ser reemplazado por una máquina que haga diagnósticos basada en algoritmos de probabilidad, con la frialdad de cualquier otro aditamento tecnológico. La calidez en el abordaje, la afabilidad y el buen trato para nada están peleados con la objetividad al aplicar los conocimientos científicos.

Quiero agradecer también al Médico Tiempo su función sanadora. A lo largo de la vida vamos enfrentando tormentas grandes y pequeñas, cuando estamos atravesando por ellas es difícil entender las cosas a plenitud o definir un rumbo, así que nos valemos del sentido común para tomar decisiones y superar aquel episodio.

Una vez que va pasando el tiempo comenzamos a ver las cosas de otra manera, lo sucedido se clarifica, los sentimientos recuperan su orden, y el espíritu va sanando. Es entonces cuando entendemos que ya no es necesario mantener las velas replegadas, que podemos volver a extenderlas para continuar la travesía.

La Medicina ha sido una ciencia y un arte, sagrada misión que se lleva dentro y se prodiga en cada acto profesional. “Donde quiera que se ama el arte de la Medicina se ama también a la humanidad”, palabras de Platón que en estos tiempos adquieren especial significado, pues son precisamente médicos humanistas lo que necesita nuestro mundo para ir sanando, para recuperar la fe y recargar la esperanza. Gracias, vida por haberlos puesto frente a mí.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
22 Octubre 2017 03:00:00
El arte de sanar
Mañana se celebra en México el Día del Médico. En mi caso, con el paso del tiempo y las circunstancias, más que festejada me siento festejadora de las figuras sanadoras de mi propia historia personal.

En relación con los orígenes de la celebración, en esta misma fecha, pero en 1833 se abrió en México la Escuela de Ciencias Médicas dependiente de la Dirección de Instrucción Pública. Un siglo después, en 1937 este hecho fue conmemorado, rindiendo honor al médico Valentín Gómez Farías, creador de la Dirección de Instrucción Pública.

Desde que somos pequeños la figura del médico inspira una mezcla de sentimientos, confianza y temor; apego y admiración. Así crecí bajo la sombra protectora de nuestro médico de confianza, el ginecólogo César del Bosque, a quien recurríamos para infinidad de consultas y procedimientos. En lo personal merece una atención especial, pues fue también a través de él que comencé a entrar al hospital -el Centro Médico de La Laguna, frente a la Alameda- desde mis años de preparatoria. Fue ahí donde vi un parto y una cirugía por primera vez, y tuve el primer encuentro con la muerte de un paciente. A partir de entonces esos y otros muchos pasillos hospitalarios representaron las avenidas de mis andares universitarios, los de formación hospitalaria y los de práctica institucional, hasta la jubilación. Muy ocasionalmente ocupé el sitio como paciente, del otro lado de la barrera, pero pasó el tiempo y las cosas cambiaron, de modo que en los últimos ocho sí me ha tocado fungir como paciente,.

Hoy agradezco a los médicos que inicialmente valoraron mi caso, quienes utilizaron su tiempo para hacerlo con especial cuidado, mucho más allá de sus horarios de salida. Médicos que hallan en su ejercicio profesional la mayor satisfacción, totalmente al margen de la ganancia económica.

A partir de ese momento han sido muchas las figuras de galenos que han atendido todo lo derivado de aquel cuadro inicial, que han vigilado la evolución del mismo etapa por etapa. Quienes, además del enfoque hacia la enfermedad, han tenido en cuenta a la persona del paciente, algo fundamental para la recuperación integral. Incurriría en imperdonable injusticia si tratara de nombrarlos a todos, pero sí quiero reconocer a cada uno de ellos su elevada calidad moral como personas, de modo que nosotros los pacientes logramos reconocer a Dios obrando a través de su quehacer
profesional.

Maravilloso es enfocarse a la solución del problema físico del paciente, pero mucho más sanador es abarcar también sus circunstancias personales, junto con el medicamento brindar una palabra de aliento, que en algunos casos tal vez sea lo que más alivie al paciente y a sus familiares.

Hace una semana celebraba con mis compañeros de facultad en Torreón, 40 años de haber egresado de las aulas de Medicina. Regresamos a ellas y pudimos percibir de qué modo el espíritu de nuestros maestros sigue presente; cada uno de nosotros evocó algún momento que le marcó para siempre.

Quiero agradecer también al Médico Tiempo su función sanadora. A lo largo de la vida enfrentamos tormentas grandes y pequeñas, cuando atravesamos por ellas es difícil entender las cosas a plenitud, así que nos valemos del sentido común para tomar decisiones. Una vez que pasa el tiempo comenzamos a ver las cosas de otra manera, lo sucedido se clarifica, los sentimientos recuperan su orden, y el espíritu sana. Es entonces cuando entendemos que ya no es necesario mantener las velas replegadas, que podemos volver a extenderlas para continuar la travesía.

La Medicina ha sido una ciencia y un arte, sagrada misión que se lleva dentro y se prodiga en cada acto profesional. “Donde quiera que se ama el arte de la Medicina se ama también a la humanidad”, palabras de Platón que en estos tiempos adquieren especial significado, pues son precisamente médicos humanistas lo que necesita nuestro mundo para ir sanando, para recuperar la fe y recargar la esperanza. Gracias, vida por haberlos puesto frente a mí.
15 Octubre 2017 04:00:00
Celebrar la vida
Una mañana, durante esos años de adolescencia caracterizados por grandes cambios, así como por el surgimiento de enormes ilusiones, se instaló encima de mi cabeza un sueño, fue como si una nube que recorriera el cielo llevada por el viento, frenara su avance para venir a colocarse aquí, sobre mi persona, y más delante convertirse en parte de mi propio ser. A partir de ese tiempo, del que fácilmente ha transcurrido ya medio siglo, comencé a fabricar con la imaginación un mundo alterno, con tal entusiasmo, que me hallé dispuesta a mudarme a él para el resto de mis días.

Todo fue cobrando un sentido nuevo desde la maravillosa intimidad celular de la que fui testigo privilegiada, a partir de entonces comencé a concebir la existencia como un prodigio único. Entendí cómo se transforman las moléculas inertes en estructuras vivas al ver que un átomo de carbono extendía sus brazos para enlazarse con el indispensable oxígeno, el necesario hidrógeno y el esencial nitrógeno, hasta formar moléculas orgánicas, precursoras de vida.

Convencida del singular privilegio de conocer la vida desde un palco de primera, supe que en esa misma medida, de ahí en adelante sería mi compromiso para corresponder a la vida su generosidad.

Aquello no podía quedarse así como un privilegio estéril. Luego de haber conocido ese milagro de la vida, en mi corazón nació el deseo de trabajar para conseguir que esa maquinaria con la precisión de un fino reloj no fallara, o siquiera lograr que fallara lo menos posible. Que cuando los tejidos y aparatos que conforman al ser humano sufrieran un desequilibrio y enfermaran, estuviera yo ahí para restaurar ese fino mecanismo y devolver la salud.

En aquel momento vino la decisión de estudiar la carrera de Medicina, ahondar en el conocimiento de los mecanismos y su ruptura a causa de la enfermedad. En el aprendizaje de cada materia tuve el privilegio de caminar junto a grandes maestros que compartieron generosos su saber, pero más allá de la teoría, cada uno de ellos fue preparando mi espíritu para asimilar el ejercicio de la Medicina como un arte, un arte de carácter sagrado que se practica con amor.

De este modo cada maestro, como hábil buril fue moldeando mis actitudes frente al quehacer de abordar al paciente; me invitó a hacerlo desde su propia realidad única, viéndolo en todo momento como un ser humano que enferma, y nunca como una enfermedad o un número de expediente. Aprendí de todos mis mentores que la vida desde sus inicios hasta el final es sagrada, y que a ella me debo con la entrega de un hermano mayor que ve por las necesidades de los más pequeños.

Desde entonces supe que esa consigna a favor de la vida no se abandona nunca, porque habrá de ser el lienzo último que nos cubra cuando rindamos tributo a la madre tierra.

Ese mundo alterno que soñé en mi adolescencia me ha premiado con amigos de una sola pieza, que han estado conmigo en los momentos cuando me hallé a punto de doblarme, ellos me han acompañado y alentado. Hoy quiero decir a cada uno de quienes ahora son mis hermanos, que los llevo en mi corazón como el mayor tesoro y la más elevada inspiración.

La existencia nos dota de grandes alas y de un espacio abierto, donde cada cual tiene libertad para ser el pintor de su propio cuadro, el creador de su propia melodía. Tenemos la maravillosa facultad de aprender cosas nuevas, de probar destrezas que antes no hubiéramos acaso imaginado, con una sola consigna en mente, disfrutar todas las oportunidades que se nos presenten, siempre y cuando aquello que adquiramos y aquello que ejerzamos no haga mal a nadie.

Este es un momento muy especial para mí, se cumplen cuarenta años de haber dejado las aulas de mi querida facultad de Medicina de la UAdeC, para emprender un camino personal auténtico, que me ha proporcionado ocasión de entender la vida, a través de la labor de servir a otros de distintas maneras. Todo ello sin perder nunca de vista que la felicidad es una opción muy personal, una actitud con la que vamos por el camino hasta exhalar el último aliento.

Si veinte años no es nada, cuarenta menos: Un suspiro, un viento travieso que revuelve el cabello de la niña cualquier tarde de verano. Con el paso del tiempo van cayendo las barreras de la solemnidad y comienza a germinar el bendito sentido del humor, la alegría de estar con vida y el gozo de poder celebrarla con los amigos más queridos.

Doy gracias a la vida por todos sus momentos, por sus retos y oportunidades, en especial por la absoluta libertad que tengo para decidir qué par de lentes uso para mirarla cada día. Momento especial de celebrar, y en tal espíritu gozoso este pequeño espacio nuestro –suyo y mío-- no podía quedarse ajeno a la gran ocasión.

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15 Octubre 2017 03:00:00
Celebrar la vida
Una mañana, durante esos años de adolescencia caracterizados por grandes cambios, así como por el surgimiento de enormes ilusiones, se instaló encima de mi cabeza un sueño, fue como si una nube que recorriera el cielo llevada por el viento, frenara su avance para venir a colocarse aquí, sobre mi persona, y más delante convertirse en parte de mi propio ser. A partir de ese tiempo, del que fácilmente ha transcurrido ya medio siglo, comencé a fabricar con la imaginación un mundo alterno, con tal entusiasmo, que me hallé dispuesta a mudarme a él para el resto de mis días.

Todo fue cobrando un sentido nuevo desde la maravillosa intimidad celular de la que fui testigo privilegiada, a partir de entonces comencé a concebir la existencia como un prodigio único. Entendí cómo se transforman las moléculas inertes en estructuras vivas al ver que un átomo de carbono extendía sus brazos para enlazarse con el indispensable oxígeno, el necesario hidrógeno y el esencial nitrógeno, hasta formar moléculas orgánicas, precursoras de vida. Convencida del singular privilegio de conocer la vida desde un palco de primera, supe que en esa misma medida, de ahí en adelante sería mi compromiso para corresponder a la vida su generosidad.

Aquello no podía quedarse así como un privilegio estéril. Luego de haber conocido ese milagro de la vida, en mi corazón nació el deseo de trabajar para conseguir que esa maquinaria con la precisión de un fino reloj no fallara, o siquiera lograr que fallara lo menos posible. Que cuando los tejidos y aparatos que conforman al ser humano sufrieran un desequilibrio y enfermaran, estuviera yo ahí para restaurar ese fino mecanismo y devolver la salud.

En aquel momento vino la decisión de estudiar la carrera de Medicina, ahondar en el conocimiento de los mecanismos y su ruptura a causa de la enfermedad. En el aprendizaje de cada materia tuve el privilegio de caminar junto a grandes maestros que compartieron generosos su saber, pero más allá de la teoría, cada uno de ellos fue preparando mi espíritu para asimilar el ejercicio de la Medicina como un arte.

De este modo cada maestro, como hábil buril fue moldeando mis actitudes frente al quehacer de abordar al paciente; me invitó a hacerlo desde su propia realidad única, viéndolo en todo momento como un ser humano que enferma, y nunca como una enfermedad o un número de expediente. Aprendí de todos mis mentores que la vida desde sus inicios hasta el final es sagrada, y que a ella me debo con la entrega de un hermano mayor que ve por las necesidades de los más pequeños.

Ese mundo alterno que soñé en mi adolescencia me ha premiado con amigos de una sola pieza, que han estado conmigo en los momentos cuando me hallé a punto de doblarme, ellos me han acompañado y alentado. Hoy quiero decir a cada uno de quienes ahora son mis hermanos, que los llevo en mi corazón como el mayor tesoro y la más elevada inspiración.

Este es un momento muy especial para mí, se cumplen 40 años de haber dejado las aulas de mi querida facultad de Medicina de la UAdeC, para emprender un camino personal auténtico, que me ha proporcionado ocasión de entender la vida, a través de la labor de servir a otros de distintas maneras.

Si 20 años no es nada, 40 menos: un suspiro, un viento travieso que revuelve el cabello de la niña cualquier tarde de verano. Con el paso del tiempo van cayendo las barreras de la solemnidad y comienza a germinar el bendito sentido del humor, la alegría de estar con vida y el gozo de poder celebrarla con los amigos más queridos.
08 Octubre 2017 04:00:00
Claudia Elena
A Claudia la vine a conocer estos últimos años, previamente era la hermana menor de dos alumnas de preparatoria muy brillantes. Comencé a saber de su vida a raíz de la desaparición de su hijo Gerardo hace 6 años y medio, noticia que cimbró a esta frontera. Aún cuando ya padecíamos los daños provocados por la delincuencia organizada, los ciudadanos suponíamos que los desaparecidos eran por regla individuos relacionados con tales grupos, y no un adolescente deportista que estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

A partir de este hecho, sin duda el más doloroso que una madre puede padecer, Claudia Elena se convirtió en motor que movilizó a toda la ciudad hacia la oración. A través de su actitud se percibía el empuje de una mujer que se negaba a instalarse en su dolor para ver pasar la vida. En tanto movía cielo y tierra tratando de dar con el paradero de su hijo, conminó a toda la población a orar.

Se pedía por Gerardo, se pedía por todos los afectados a causa de la delincuencia organizada, se pedía por México. La zozobra que había en su corazón de madre la guardaba para sí, quiero imaginar que por las noches, cuando había cumplido con su familia y con ella misma, podía –entonces sí—sacar ese dolor de su pecho, tomarlo entre sus manos, desgranarlo y llorarlo. Hablaría con Dios, con la luna, con su hermoso hijo hasta donde él estuviera, para después de un rato, con la disciplina que la caracteriza, volver a acomodar ese llanto en el paño de su dolor y guardárselo por toda la jornada. Continuaría la vida a la mañana siguiente prendida de la esperanza, lo que ocurrió día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que llegó la noticia final, así de dolorosa como de tranquilizadora: Su hijo descansaba en la bendita paz de Dios.

Cronológicamente fue a partir de este tiempo cuando coincidí más con ella, en su función de coordinadora de Cultura Municipal, y posteriormente compañeras de un taller de literatura testimonial que ella debió abandonar temporalmente y en el que todavía nos hace mucha falta. Hace diez meses se dio una coincidencia mayor entre las dos: Le detectaron un cáncer, situación que definitivamente le cambia la vida a cualquiera. Si ella había pensado que con la muerte de su hijo terminaba su labor como promotora de asuntos espirituales, a partir de esto descubrió que nuestro buen Dios le tenía asignada mucha tarea para los años por venir.

Hace algunas noches, atendiendo una invitación personal de su parte, acudí a una conferencia que dio dentro del mes de Lucha contra el Cáncer, intitulada “Cáncer en el alma”, en la cual ofreció un testimonio de su vida en los últimos años, pero muy en particular de este 2017 en el que se han presentado grandes cambios para ella y su familia. El mayor de estos retos, un diagnóstico que marcó para su vida un antes y un después.

A partir de su experiencia como paciente transmite al público como en esos momentos de incertidumbre y de angustia, gestos tan simples como un abrazo o una palabra de aliento llegan a hacer la gran diferencia. Varios de los asistentes, que ya hemos andado ese mismo camino, asentimos totalmente a lo expresado por ella. En definitiva un diagnóstico de cáncer rompe el equilibrio de tu día a día, te arranca con brusquedad de tu zona de confort y te lleva a temer lo peor, primero la muerte, después la limitación física, y por supuesto el desequilibrio financiero. Una vez superada la crisis comenzamos a ver la vida de otra manera, apreciamos cada pequeño detalle como con lentes de realidad aumentada, provistos de un entusiasmo tal, que los demás no consiguen abarcar.

Quienes hemos transitado este camino azaroso del cáncer aprendemos a degustar la vida de otra manera, gota a gota, conscientes de cuan afortunados somos de seguir vivos y bien. No hay tiempo ocioso, cada día tiene un propósito específico por cumplir, de modo que la existencia se convierte a largo plazo en una colección de experiencias maravillosas.

Claudia Elena: ¡Muchas felicidades por tu vida, por tu valentía y por tu testimonio! Como dijiste al explicar la razón de intitular tu plática como “Cáncer en el alma”, es urgente sanar el corazón del mundo. Tu llamado es a reconectarnos como seres humanos, habitar ese pequeño espacio que nos identifica unos con otros, procurar las coincidencias y desechar las diferencias. Nos conminas a creer y crear; a compartir, cada cual desde su sitio en el cosmos.

Pero sobre todo nos invitas a revalorar a la familia y los amigos como el mayor tesoro, como el respaldo más fuerte en tiempos de crisis.

En esta vida cada cual tiene una historia y una misión. Hacen la diferencia quienes saben combinar una y otra para bien de todos. ¡Gracias Claudia, por hacerlo tan bien!

https://contraluzcoah.blogspot.com/
08 Octubre 2017 03:00:00
Claudia Elena
A Claudia la conocí estos últimos años, era la hermana menor de dos alumnas de preparatoria muy brillantes. Comencé a saber de su vida a raíz de la desaparición de su hijo Gerardo hace seis años y medio, noticia que cimbró a esta frontera. Aun cuando ya padecíamos los daños provocados por la delincuencia organizada, los ciudadanos suponíamos que los desaparecidos eran ´por regla individuos relacionados con tales grupos, y no un adolescente deportista que estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

A partir de este hecho, sin duda el más doloroso que una madre puede padecer, Claudia Elena se convirtió en motor que movilizó a toda la ciudad hacia la oración. A través de su actitud se percibía el empuje de una mujer que se negaba a instalarse en su dolor para ver pasar la vida. En tanto movía cielo y tierra tratando de dar con el paradero de su hijo, conminó a toda la población a orar. Se pedía por Gerardo, se pedía por todos los afectados a causa de la delincuencia organizada, se pedía por México. La zozobra que había en su corazón la guardaba para sí, quiero imaginar que por las noches, cuando había cumplido con su familia y con ella misma, podía sacar ese dolor de su pecho, tomarlo entre sus manos, y llorarlo. Hablaría con Dios, con la luna, con su hermoso hijo hasta donde él estuviera, para después de un rato, con la disciplina que la caracteriza, volver a acomodar ese llanto en el paño de su dolor y guardárselo por toda la jornada. Continuaría la vida a la mañana siguiente prendida de la esperanza, lo que ocurrió día tras día, mes tras mes, año tras año, hasta que llegó la noticia final, así de dolorosa como de tranquilizadora: su hijo descansaba en la bendita paz de Dios.

fue a partir de este tiempo cuando coincidí más con ella, en su función de coordinadora de Cultura Municipal, y posteriormente compañeras de un taller de literatura testimonial que ella debió abandonar temporalmente y en el que todavía nos hace mucha falta. Hace 10 meses se dio una coincidencia mayor entre las dos: le detectaron un cáncer, situación que definitivamente le cambia la vida a cualquiera. Si ella había pensado que con la muerte de su hijo terminaba su labor como promotora de asuntos espirituales, a partir de esto descubrió que nuestro buen Dios le tenía asignada mucha tarea para los años por venir.

Atendiendo una invitación personal de su parte, acudí a una conferencia que dio dentro del Mes de Lucha contra el Cáncer, titulada Cáncer en el Alma, en la cual ofreció un testimonio de su vida en los últimos años, pero muy en particular de este 2017, en el que se han presentado grandes cambios para ella y su familia.

Quienes hemos transitado este camino azaroso del cáncer aprendemos a degustar la vida de otra manera, gota a gota, conscientes de cuan afortunados somos de seguir vivos.

Claudia Elena: ¡Muchas felicidades por tu vida, por tu valentía y por tu testimonio! Como dijiste al explicar la razón de intitular tu plática como Cáncer en el Alma, es urgente sanar el corazón del mundo. Tu llamado es a reconectarnos como seres humanos, habitar ese pequeño espacio que nos identifica unos con otros, procurar las coincidencias y desechar las diferencias. Nos conminas a creer y crear; a compartir, cada cual desde su sitio en el cosmos. Pero sobre todo nos invitas a revalorar a la familia y los amigos como el mayor tesoro.

En esta vida cada cual tiene una historia y una misión. Hacen la diferencia quienes saben combinar una y otra para bien de todos. ¡Gracias Claudia, por hacerlo tan bien!
01 Octubre 2017 04:00:00
El otro sismo
Difícil dejar de hablar de ese movimiento telúrico que cimbró a todo México. Imposible permitir que caduque lo acontecido en torno al mismo, dar vuelta a la página del calendario, seguir adelante como si nada hubiera sucedido, cuando ha sido un punto de inflexión histórico para nuestro amado país.

A diferencia del ‘85 -para quienes hemos vivido ambos escenarios- en este se vio una sociedad civil organizada a partir de los “millennials”. Los mayores tuvimos que reconocer el valor de esta generación, cuando durante mucho tiempo se les consideró un grupo etario indiferente hacia las necesidades de la colectividad.

A partir del 19 de septiembre la palabra “sismo” se incrusta en el imaginario de los mexicanos como una figura central, nos permite revisarnos cual protagonistas de un importante capítulo de nuestra historia. Con toda seguridad Elena Poniatowska o Sabina Berman vendrán recogiendo tantas experiencias de vida que confluyeron en una sola intención, la de levantar a México después del cataclismo. Los grandes que nos hacen falta para ayudarnos a entender las cosas son Octavio Paz, Carlos Monsiváis, Ignacio Padilla.

La ayuda ha provenido de muy distintos lugares, tanto de la sociedad civil como de las instituciones públicas y privadas. La logística para su distribución –debemos decirlo-- no ha sido la mejor, desde el principio se percibió la falta de un mando único que organizara el gran conjunto para optimizar la ayuda, tanto humana como material. Nuevamente fueron los millennials, que traen el chip integrado, los que establecieron plataformas y redes digitales para enlazar a quienes desean ayudar con quienes necesitan dicha ayuda. Lamentable, se percibió cierta pugna entre los mandos comisionados a un mismo sitio, lo que entorpeció en buena medida las eficiencia del apoyo.

La emergencia crítica se ha superado, ahora viene la segunda etapa, la de reconstruir los sitios dañados, además –por supuesto- evaluar qué proporción de las afectaciones obedeció a factores humanos que pudieron haberse prevenido. Tiempo de fincar responsabilidades, y por una vez garantizar que esas denuncias de la sociedad civil no se queden en el limbo de la no-procedencia judicial. Para ejemplo el caso del Colegio Rébsamen en el cual se concentran muchos vicios institucionales y que resultó en 26 muertes, cuando si se hubiera cumplido la norma, no tendríamos ese saldo fatal.

Atemoriza enterarnos de las grandes sumas de dinero que vienen acumulándose para la restauración de nuestro país. Triste reconocerlo, lo que nos atemoriza no es que lo donado no alcance, sino más bien que dichas sumas comiencen a desviarse por otros caminos. Nos atemoriza que se contamine con la plaga de la corrupción, siendo que esta vez –más que nunca- el dinero deberá ser sagrado peso por peso, para llegar a donde debe llegar, sin desvío ni merma alguna.

En definitiva este sismo ha sido ocasión para una gran lección ciudadana, pero nos falta mucho por aprender. La rapiña a todos los niveles es una mala costumbre que se da a partir del pensamiento --“cultural”, diría nuestro señor Presidente--, de que si aquello no me lo apropio yo, lo hará alguien más, cuando lo ideal sería decir, si no es mío, tiene que ser de alguien más, y me toca respetarlo. Esto último sucede en países con un gran desarrollo humanista, y hacia allá debemos de enfocarnos a llegar.

Nuestros millennials toman las riendas de la nación tras un largo tiempo de molicie en el que nosotros no supimos hacerlo. Son la voz apasionada que exige, y estamos aquí para apoyarlos y respaldarlos. Habrá que seguir de manera puntual cada movimiento que el gobierno haga con esos recursos que se han enviado para ayudar a los necesitados, sacudirnos la complicidad en la que tantas veces caemos por obra o por inacción. No es nuestro, no se vale robarlo, así de sencillo, llamando a las cosas por su nombre.

Las redes sociales han jugado un gran papel, necesario que actúen a favor de la verdad y el bien. No se vale editar una nota para volverla alarmista y generar encono contra quienes tratan de actuar en la contingencia. Es sensato partir de la presunción de inocencia cuando no nos consta algo; sabemos que por desgracia ha habido grandes rufianes en nuestra historia reciente, pero no podemos generalizar y decir que por lo tanto, todos los que tienen una función pública son corruptos. Encender los ánimos valiéndose de la distorsión es criminal; creerse todo lo que aparece en redes sociales, sin cotejarlo con fuentes acreditadas, es ingenuo; retransmitirlas sin documentarnos es irresponsable.

El otro sismo, el de las estructuras intangibles que renacen, es la gran oportunidad para conformar por la vía pacífica ese México que todos anhelamos.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
01 Octubre 2017 03:00:00
El otro sismo
Difícil dejar de hablar de ese movimiento telúrico que cimbró a todo México. Imposible permitir que caduque lo acontecido en torno al mismo, dar vuelta a la página del calendario, seguir adelante como si nada hubiera sucedido, cuando ha sido un punto de inflexión histórico para nuestro amado país.

A diferencia del 85 (para quienes hemos vivido ambos escenarios) en este se vio una sociedad civil organizada a partir de los millennials. Los mayores tuvimos que reconocer el valor de esta generación, cuando durante mucho tiempo se les consideró un grupo etario indiferente hacia las necesidades de la colectividad.

A partir del 19 de septiembre la palabra “sismo” se incrusta en el imaginario de los mexicanos como una figura central, nos permite revisarnos cual protagonistas de un importante capítulo de nuestra historia.

La ayuda ha provenido de muy distintos lugares, tanto de la sociedad civil como de las instituciones públicas y privadas. La logística para su distribución, no ha sido la mejor, desde el principio se percibió la falta de un mando único que organizara el gran conjunto para optimizar la ayuda, tanto humana como material. Nuevamente fueron los millennials, que traen el chip integrado, los que establecieron plataformas y redes digitales para enlazar a quienes desean ayudar con quienes necesitan dicha ayuda. Lamentable, se percibió cierta pugna entre los mandos comisionados a un mismo sitio, lo que entorpeció las eficiencia del apoyo.

La emergencia crítica se ha superado, ahora viene la segunda etapa, la de reconstruir los sitios dañados. Atemoriza enterarnos de las grandes sumas de dinero que vienen acumulándose para la restauración de nuestro país. Triste reconocerlo, lo que nos atemoriza no es que lo donado no alcance, sino más bien que dichas sumas comiencen a desviarse por otros caminos. Nos atemoriza que se contamine con la plaga de la corrupción, siendo que esta vez (más que nunca) el dinero deberá ser sagrado peso por peso, para llegar a donde debe llegar, sin desvío. En definitiva, este sismo ha sido ocasión para una gran lección ciudadana, pero nos falta mucho por aprender.

los millennials toman las riendas de la nación tras un largo tiempo de molicie en el que nosotros no supimos hacerlo. Son la voz apasionada que exige, y estamos aquí para apoyarlos y respaldarlos. Habrá que seguir de manera puntual cada movimiento que el Gobierno haga con esos recursos que se han enviado para ayudar a los necesitados, sacudirnos la complicidad en la que tantas veces caemos por obra o por inacción. No es nuestro, no se vale robarlo, así de sencillo, llamando a las cosas por su nombre.

Las redes sociales han jugado un gran papel, es necesario que actúen a favor de la verdad y el bien. No se vale editar una nota para volverla alarmista y generar encono contra quienes tratan de actuar en la contingencia. Es sensato partir de la presunción de inocencia cuando no nos consta algo; sabemos que por desgracia ha habido grandes rufianes en nuestra historia reciente, pero no podemos generalizar y decir que por lo tanto, todos los que tienen una función pública son corruptos. Encender los ánimos valiéndose de la distorsión es criminal; creerse todo lo que aparece en redes sociales, sin cotejarlo con fuentes acreditadas, es ingenuo; retransmitirlas sin documentarnos es
irresponsable.

El otro sismo, el de las estructuras intangibles que renacen, es la gran oportunidad para conformar por la vía pacífica ese México que todos anhelamos.
24 Septiembre 2017 04:00:00
Septiembre 19: México vivo
19 de septiembre del 2017: Una fecha que quedará grabada en la historia de todos los mexicanos. Un sismo en la ciudad de México vino a robarnos de tajo la tranquilidad.

Somos un país que ha aprendido a sentirse en paz aun en medio de problemas que unos cuantos de sus hijos provocan, por razón de sus afanes desmedidos.

A pesar de esos nubarrones sabemos reír y gozar, y cantar. Nuestros niños juegan en la seguridad de ser los dueños auténticos del mundo.

Constituimos una nación que se prende de la oración para no naufragar, aun cuando las turbulentas aguas amenazan con tragarla de una sola vez.

Somos el pueblo que se recuperó del sismo del ’85 porque sabe tender puentes de solidaridad, pero más que nada porque sabe levantarse, creer y cantar.

Ahora nuestro hermoso México del color de la sandía, de los cielos transparentes y los preciosos valles de jade y esmeralda, sufre. Sus entrañas han convulsionado.

En lo personal no soy de quienes se afilian a escenarios catastrofistas para sentarse a llorar al borde del fin del mundo, ni de quienes dan una interpretación apocalíptica a lo ocurrido.

Estoy convencida de que habitamos un planeta vivo, que como tal sufre acomodos en su estructura, y cual ente que es, también reacciona a las agresiones de nosotros sus pobladores.

Una cadena de acontecimientos de la naturaleza nos ha cimbrado a todos los mexicanos. A quienes conocimos de cerca el sismo del ’85 nos estremece aún más la memoria rediviva.

Vemos las obras del hombre convertidas en montones de escombro, y descubrimos con pasmo nuestra real pequeñez frente al cosmos, del cual somos una simple arenilla.

Nuestros grandes tesoros quedan hechos polvo cuando la tierra ruge y su fuerza se hace presente como ahora lo ha hecho.

Debido a la contundencia de lo ocurrido, nos toca asumir nuestra fragilidad, reconocer que ante el prodigioso poder de la naturaleza nuestra condición es la de simples peregrinos.

Y que por ello estamos obligados a avanzar con absoluta prudencia, cuidando que nuestras huellas no marquen el suelo bendito que pisamos.

Me duele el dolor de quienes sufren, me solidarizo con ellos. No puedo limitarme a hacerlo en la intención. Tengo el deber de traducir esos deseos en ofrendas capaces de brindar alivio.

Es regresar un poco de lo tanto que he recibido cuando he estado en una situación similar, desafiando mis ardientes deseos de vivir toda sentencia de muerte.

Los seres humanos oscilamos en la eterna dialéctica, vida y muerte; noche y día; bien y mal. Y así como hay quien da todo frente a la tragedia de otros, hay quien busca sacar ventaja. Así de enfermo su corazón.

Que no nos limite el mal de aquellos para hacer el bien a quienes lo necesitan. Que prevalezca el llamado de la conciencia sobre los silencios de codicia y egoísmo.

Maravillosa oportunidad para sentirnos útiles, parte de una comunidad que respira un mismo hálito vital.

Ocasión de rozar muy de cerca el dolor de quienes sufren, y dar gracias al cielo de que en este momento estamos del lado de quienes consuelan. Mañana quién sabe.
24 Septiembre 2017 04:00:00
Septiembre 19: México vivo
19 de septiembre del 2017: Una fecha que quedará grabada en la historia de todos los mexicanos. Un sismo en la ciudad de México vino a robarnos de tajo la tranquilidad.

Somos un país que ha aprendido a sentirse en paz aún en medio de problemas que unos cuantos de sus hijos provocan, por razón de sus afanes desmedidos.

A pesar de esos nubarrones sabemos reír y gozar, y cantar. Nuestros niños juegan en la seguridad de ser los dueños auténticos del mundo.

Constituimos una nación que se prende de la oración para no naufragar, aun cuando las turbulentas aguas amenazan con tragarla de una sola vez.

Somos el pueblo que se recuperó del sismo del ’85 porque sabe tender puentes de solidaridad, pero más que nada porque sabe levantarse, creer y cantar.

Ahora nuestro hermoso México del color de la sandía, de los cielos transparentes y los preciosos valles de jade y esmeralda, sufre. Sus entrañas han convulsionado.

En lo personal no soy de quienes se afilian a escenarios catastrofistas para sentarse a llorar al borde del fin del mundo, ni de quienes dan una interpretación apocalíptica a lo ocurrido.

Estoy convencida de que habitamos un planeta vivo, que como tal sufre acomodos en su estructura, y cual ente que es, también reacciona a las agresiones de nosotros sus pobladores.

Una cadena de acontecimientos de la naturaleza nos ha cimbrado a todos los mexicanos. A quienes conocimos de cerca el sismo del ’85 nos estremece aún más la memoria rediviva.

Vemos las obras del hombre convertidas en montones de escombro, y descubrimos con pasmo nuestra real pequeñez frente al cosmos, del cual somos una simple arenilla.

Nuestros grandes tesoros quedan hechos polvo cuando la tierra ruge y su fuerza se hace presente como ahora lo ha hecho.

Debido a la contundencia de lo ocurrido nos toca asumir nuestra fragilidad, reconocer que ante el prodigioso poder de la naturaleza nuestra condición es la de simples peregrinos.

Y que por ello estamos obligados a avanzar con absoluta prudencia, cuidando que nuestras huellas no marquen el suelo bendito que pisamos.

Me duele el dolor de quienes sufren, me solidarizo con ellos. No puedo limitarme a hacerlo en la intención. Tengo el deber de traducir esos deseos en ofrendas capaces de brindar alivio.

Es regresar un poco de lo tanto que he recibido cuando he estado en una situación similar, desafiando mis ardientes deseos de vivir toda sentencia de muerte.

Los seres humanos oscilamos en la eterna dialéctica, vida y muerte; noche y día; bien y mal. Y así como hay quien da todo frente a la tragedia de otros, hay quien busca sacar ventaja. Así de enfermo su corazón.

Que no nos limite el mal de aquellos para hacer el bien a quienes lo necesitan. Que prevalezca el llamado de la conciencia sobre los silencios de codicia y egoísmo.

Maravillosa oportunidad para sentirnos útiles, parte de una comunidad que respira un mismo hálito vital.

Ocasión de rozar muy de cerca el dolor de quienes sufren, y dar gracias al cielo de que en este momento estamos del lado de quienes consuelan. Mañana quién sabe.
Que se sienta la viva presencia de los sueños que llevaron a nuestros abuelos a arar la tierra y sembrar –palmo a palmo- pedazos de nuestra historia. Hoy nos toca soñar y luchar por quienes vienen detrás.

El planeta, como ente vivo respira. Sea este estremecimiento la ocasión de reajustar prioridades en nuestra ruta de navegación personal.

Después de este nuevo 19 de septiembre, me quedo con una reflexión que deseo compartir:

México: Gracias por ser la fuerza que remueve escombros, que trabaja hasta con las uñas. Gracias por ser el puño solidario que pide silencio de vida, y ser el grito de alegría cuando de la oscura bocaza surge esta como un milagro.

Gracias por la fe de quienes rezan prendidos de tu nombre, de un rosario, de la imagen de la Guadalupana. Gracias por el espíritu inquebrantable de tus hombres y mujeres de piel de canela, por la sabiduría de tus viejos, y por aquel que se desprende de su pequeño salario para ofrecer un taco a quien lo necesita.

Gracias, México por recordarme dónde te encuentras y dónde te debo buscar cada mañana. Gracias por recargar mi entusiasmo cuando el desánimo amenaza con abatirme.

Gracias por tus niños de colores reunidos en una sola risa. Gracias por tus perros de arnés que buscan vida, y por aquellos sin dueño que puedo sentir míos.
…Por tu música y tus historias, por tus poetas, por la nobleza de quien no tiene para dar más que una gran sonrisa y la reparte feliz por donde va.

Gracias por sembrar en mí una esperanza que se crece con las dificultades, que aprende a volar muy alto con cada 19 de septiembre que sale a su paso. Ahora más que nunca sé que debo honrar el bendito suelo donde he nacido.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
17 Septiembre 2017 04:00:00
Ante la pérdida: ¿Estamos preparados?
Alejandra es una compañera de primaria a quien tengo muy presente a pesar del tiempo y la distancia. Esta semana tuve noticias de ella, atravesaba por la circunstancia más dolorosa que puede sufrir una madre, su hijo moría. Se comunicó para pedirnos oraciones en ese duro trance, su hijo Marcos de 37 años se hallaba en estado de coma debido a una enfermedad metabólica que avanzó demasiado rápido. Al tercer día volvió a ponerse en contacto con el grupo para informar que su hijo terminaba, no sin antes hacer un regalo invaluable antes de partir, la donación de sus órganos.

Cualquiera que tiene un hijo se pone por un momento en los zapatos de Alejandra y tiembla solo de imaginar el dolor, la impotencia y la inevitable rabia frente a una situación así de injusta, tu hijo con una vida por delante consumido de esta manera por la enfermedad. Sé que en su bendita generosidad Alejandra y su familia, nos permitirán tomar su situación dolorosa a manera de anclaje para una reflexión en torno a la pérdida.

Como seres humanos solemos mantenernos en nuestra zona de confort, algo así como flotando en un limbo de confianza, ciertos de que no surgirá ningún imprevisto que rompa el equilibrio. Cuando se presenta una crisis, no estamos preparados para enfrentar esa situación de inestabilidad. Justo hace una semana sufrimos en la Región Noreste del país un apagón de varias horas de duración, en momentos como ese nos sorprendemos al ver nuestra total impericia para poner orden y definir prioridades. En este caso del apagón, al momento de iniciar no había información. La falla en el suministro de energía eléctrica era un misterio, un rato después distintas versiones circulaban por la red sembrando zozobra, algunas hablaban de dos días sin electricidad y sin agua. Se desataron las compras de pánico de agua, hielo y gasolina, no sé si sería el caso, pero tal vez algunos comerciantes sacaron tajada económica del caos.

Yo necesitaba conseguir croquetas para mi “entenado” algo que por simple falta de previsión no compré por adelantado. Salí a buscarlas y no pude dejar de sorprenderme de todas las actividades que se trastornaron a causa del apagón: No había cajas registradoras, por tanto los comercios cerraron; clausurados los cajeros de los bancos y las gasolineras; apagados los semáforos; cancelada una función teatral que estaba programada para esa tarde. Ya de regreso a casa pensé en hacerme un café, para lo que tuve que recurrir al método de la percoladora ahora en total desuso.

De qué modo nos sorprende el apagón, y de qué manera nos puede encontrar la muerte hoy o mañana, a cualquier edad, aún cuando las circunstancias de la vida parezcan garantizarnos que tardará muchos años en llegar. Y de qué modo tenemos que estar preparados para afrontarla en aspectos médicos, financieros y familiares principalmente. Abordar el tema de la muerte no es invocarla, es prevenir, es en un dado caso proceder, como ya se tenía contemplado hacer, y no estar adivinando cuál habría sido la voluntad del fallecido.

Reflexionar acerca de la muerte nos permite apreciar más la vida, nos salva de dar las cosas por sentadas. Asimilar que la salud es un aspecto que hay que procurar y vigilar, pero a pesar de hacerlo entender que nadie sobre el planeta tiene patente de Corso, y que el final puede sobrevenir en cualquier momento.

La muerte apuesta a la democracia. Todos nosotros, independientemente del nivel de conocimientos, el poder adquisitivo o la posición social, vamos a morir de igual manera, lo que invita a que tratemos de mantener una convivencia cordial y equitativa con el resto de los humanos, puesto que todos vamos por un mismo camino.

En ocasiones nos aferramos a lo material, como si nuestras posesiones fueran a tendernos un puente al infinito. Queremos tener más, aspiramos a la nueva versión de cuanto equipo electrónico sale al mercado, compramos como si el fin del mundo estuviera a la vuelta de la esquina. Desarrollamos una ambición desmedida quizá partiendo de la falacia de que joyas, casas, automóviles o ranchos son lo que define quiénes somos.

Alejandra y toda su familia, de cara a la partida física de Marcos nos dan un ejemplo de organización y de amor: Acogen la muerte como lo que es, algo inevitable. Refuerzan la unión familiar en torno al hijo/hermano que parte, y juntos mitigan el dolor que genera su mudanza a otra dimensión. Permiten que Marcos ofrezca ese último regalo antes de partir: Sus órganos como promesa de vida.
La pregunta queda al aire: ¿Estamos preparados para la muerte? Y entre otras previsiones que conviene tomar para evitar conflictos futuros: ¿Hemos hecho nuestro testamento?

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17 Septiembre 2017 03:00:00
Ante la pérdida: ¿Estamos preparados?
Alejandra es una compañera de primaria a quien tengo muy presente, a pesar del tiempo y la distancia. Esta semana tuve noticias de ella, atravesaba por la circunstancia más dolorosa que puede sufrir una madre, su hijo moría. Se comunicó para pedirnos oraciones en ese duro trance, su hijo Marcos, de 37 años, se hallaba en estado de coma debido a una enfermedad metabólica que avanzó demasiado rápido. Al tercer día volvió a ponerse en contacto con el grupo para informar que su hijo terminaba, no sin antes hacer un regalo invaluable antes de partir, la donación de sus órganos.

Cualquiera que tiene un hijo se pone por un momento en los zapatos de Alejandra y tiembla sólo de imaginar el dolor, la impotencia y la inevitable rabia frente a una situación así de injusta, tu hijo con una vida por delante consumido de esta manera por la enfermedad. Sé que en su bendita generosidad Alejandra y su familia, nos permitirán tomar su situación dolorosa a manera de anclaje para una reflexión.

Como seres humanos solemos mantenernos en nuestra zona de confort, algo así como flotando en un limbo de confianza, ciertos de que no surgirá ningún imprevisto que rompa el equilibrio. Cuando se presenta una crisis, no estamos preparados para enfrentar esa situación de inestabilidad. Justo hace una semana sufrimos en la región noreste del país un apagón de varias horas de duración, en momentos como ese nos sorprendemos al ver nuestra total impericia para poner orden y definir prioridades. En este caso del apagón, al momento de iniciar no había información. La falla en el suministro de energía eléctrica era un misterio, un rato después distintas versiones circulaban por la red sembrando zozobra, algunas hablaban de dos días sin electricidad y sin agua. Se desataron las compras de pánico de agua, hielo y gasolina.

De qué modo nos sorprende el apagón, y de qué manera nos puede encontrar la muerte hoy o mañana, a cualquier edad, aun cuando las circunstancias de la vida parezcan garantizarnos que tardará muchos años en llegar. Y de qué modo tenemos que estar preparados para afrontarla en aspectos médicos, financieros y familiares principalmente.

Reflexionar acerca de la muerte nos permite apreciar más la vida, nos salva de dar las cosas por sentadas. Asimilar que la salud es un aspecto que hay que procurar y vigilar, pero a pesar de hacerlo, entender que nadie sobre el planeta tiene patente de Corso, y que el final puede sobrevenir en cualquier momento.

La muerte apuesta a la democracia. Todos nosotros, independientemente del nivel de conocimientos, el poder adquisitivo o la posición social, vamos a morir de igual manera, lo que invita a que tratemos de mantener una convivencia cordial y equitativa con el resto de los humanos, puesto que todos vamos por un mismo camino.

Alejandra y toda su familia, de cara a la partida física de Marcos nos dan un ejemplo de organización y de amor: Acogen la muerte como lo que es, algo inevitable. Refuerzan la unión familiar en torno al hijo/hermano que parte, y juntos mitigan el dolor que genera su mudanza a otra dimensión. Permiten que Marcos ofrezca ese último regalo antes de partir: sus órganos como promesa de vida.

La pregunta queda al aire: ¿Estamos preparados para la muerte? Y entre otras previsiones que conviene tomar para evitar conflictos futuros: ¿Hemos hecho nuestro testamento?
10 Septiembre 2017 04:00:00
Reconocimiento y autoestima
Muy en lo personal me siento afortunada de haber nacido en estos tiempos que de alguna manera, en el contexto de la historia, ha sido de grandes cambios. En muy pocos años hemos atestiguado progresos maravillosos en el campo de la ciencia y la tecnología, que garantizan una vida de mayor calidad y duración para los humanos.

Frente a un escenario inédito hemos visto surgir fenómenos también inéditos que tienen que ver con la personalidad de todos nosotros. En particular la tecnología nos ha puesto frente a elementos que generan cambios en nuestra forma de ser y de percibir las cosas. En esta espiral tecnológica aún no acabamos de apropiarnos de un equipo cuando ya está en el mercado el siguiente, no necesariamente superior en cuanto a funciones, pero sí con la suficiente capacidad mercantil para orillarnos a adquirirlo. En este sistema de productos electrónicos no reciclables generamos una gran cantidad de basura tóxica que no viene haciendo otra cosa que acumularse y contaminar. Así nos percatemos de ello, parece no modificarse mucho nuestra toma de decisiones, puesto que seguimos adquiriendo el nuevo equipo que sale a la venta cada vez que las firmas de renombre deciden lanzar un producto novedoso al mercado.

Y así, de este mismo modo que –habrá que decirlo—no obedece a una decisión totalmente personal, actuamos en muchos sentidos. Otros señalan qué comer, qué beber, a dónde ir, cómo vestir, qué música escuchar o qué artista aplaudir.

Nuestras elecciones están altamente influenciadas por lo que intereses ajenos determinan para nosotros.

Las redes sociales han venido a revolucionar nuestra forma de comunicarnos con otros, se convierten en un foro de expresión muy amplio, pero siempre sujeto y modulado por la opinión de los demás. Hay mucho escrito con relación a esa costumbre de algunos usuarios de redes sociales de publicar todo lo que hacen, piensan o utilizan. Comienzan en la mañana con una fotografía de los calcetines de rayas con los que durmieron, y siguen a lo largo de la jornada con registros gráficos de su día a día, para ir a saturar su espacio personal con estos contenidos que finalmente la persona que podría seguir con deleite y los ojos arrasados en llanto es su mamá, pero no el resto del mundo. Con ello el usuario busca crear una imagen que lo muestre agradable ante los ojos de los demás, y colecciona “likes” como forma de reconocimiento de parte de quienes visiten su página, cada ícono favorable representa una caricia cibernética.

Si de algo estamos hambrientos en este mundo altamente tecnológico, frío y aislante, es de calidez humana, y habremos de buscar cómo obtenerla. En ocasiones, cuando no entendemos por qué una persona procede como procede, baste asomarnos al niño que lleva dentro para preguntarnos qué trata de lograr ese niño, y entonces vamos a entender las motivaciones del adulto. Me atrevo a suponer que en muchos de esos comportamientos que de entrada no entendemos, surge de nueva cuenta la palabra “reconocimiento”, esto es, si vivo dentro de una comunidad, no lo hago como hongo en el bosque sino manejando expectativas que tienen que ver con quienes me rodean. Hago tal o cual cosa esperando lograr tal o cual efecto de parte de los demás, y el que lo obtenga o no lo obtenga, irá modulando mi actitud más delante. La tecnología nos provee de grandes posibilidades de conocimiento y comunicación, además de que en la red puedo crear una y otra vez mi propia imagen, precisamente para cubrir esa necesidad de aceptación y autoafirmación que me es tan necesaria.

Esta palabra “reconocimiento” tiene su parte oscura que explica en gran medida por qué un chico de 12 o 13 años se enlista en las huestes del crimen organizado, no es precisamente por hambre física sino por hambre de sentirse aceptado y estimado. De alguna manera los medios le venden la idea de esos personajes ricos y poderosos, con capacidad para actuar como dueños y señores del mundo. Dicha idea lo seduce de manera que entra, sin saber que entre ese primer paso y el espejismo que se le presenta, hay un camino sembrado de cruces, y que excepcionalmente habrá quien pueda llegar desde aquí hasta el pináculo sin morir en el intento.

La necesidad de reconocimiento es uno de los poderosos motores que mueven al mundo, nace desde el interior de cada uno y va abriendo cauces hacia los demás para satisfacerse. La vacuna es la autoestima, en la medida en que un ser humano la desarrolle, tendrá menor urgencia de reconocimiento proveniente del exterior.

La gran apuesta en esta época tecnológica es a la autoestima, a conseguir la forma en que cada quien encuentre dentro de sí mismo lo necesario para sentirse feliz, más allá de los elementos del exterior.

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10 Septiembre 2017 03:00:00
Reconocimiento y autoestima
En lo personal me siento afortunada de haber nacido en estos tiempos, que de alguna manera, en el contexto de la historia, han sido de grandes cambios. En muy pocos años hemos atestiguado progresos maravillosos en el campo de la ciencia y la tecnología, que garantizan una vida de mayor calidad.

Frente a un escenario inédito hemos visto surgir fenómenos también inéditos que tienen que ver con la personalidad de todos nosotros. En particular, la tecnología nos ha puesto frente a elementos que generan cambios en nuestra forma de ser y de percibir las cosas. En esta espiral tecnológica aún no acabamos de apropiarnos de un equipo, cuando ya está en el mercado el siguiente, no necesariamente superior en cuanto a funciones, pero sí con la suficiente capacidad mercantil para orillarnos a adquirirlo. En este sistema de productos electrónicos no reciclables generamos una gran cantidad de basura tóxica que no viene haciendo otra cosa que acumularse y contaminar.

Y así, de este mismo modo que no obedece a una decisión totalmente personal, actuamos en muchos sentidos. Otros señalan qué comer, qué beber, a dónde ir, cómo vestir, qué música escuchar o qué artista aplaudir.

Las redes sociales han revolucionado nuestra forma de comunicarnos, se convierten en un foro de expresión muy amplio, pero siempre sujeto y modulado por la opinión de los demás. Hay mucho escrito en relación con esa costumbre de algunos usuarios de redes sociales de publicar todo lo que hacen, piensan o utilizan. Comienzan en la mañana con una fotografía de los calcetines de rayas con los que durmieron, y siguen a lo largo de la jornada con registros gráficos de su día a día, para ir a saturar su espacio con estos contenidos que finalmente la persona que podría seguir con deleite y los ojos arrasados en llanto es su mamá, pero no el resto del mundo. Con ello, el usuario busca crear una imagen que lo muestre agradable ante los ojos de los demás, y colecciona “likes”.

Si de algo estamos hambrientos en este mundo tecnológico, frío y aislante, es de calidez humana, y habremos de buscar cómo obtenerla. En ocasiones, cuando no entendemos por qué una persona procede como procede, baste asomarnos al niño que lleva dentro para preguntarnos qué trata de lograr ese niño, y entonces vamos a entender las motivaciones del adulto. Me atrevo a suponer que en muchos de esos comportamientos que de entrada no entendemos, surge de nueva cuenta la palabra “reconocimiento”, esto es, si vivo dentro de una comunidad, no lo hago como hongo en el bosque sino manejando expectativas que tienen que ver con quienes me rodean. Hago tal o cual cosa esperando lograr tal o cual efecto de parte de los demás, y el que lo obtenga o no lo obtenga, irá modulando mi actitud más delante. La tecnología nos provee de grandes posibilidades de conocimiento y comunicación, además de que en la red puedo crear una y otra vez mi propia imagen, precisamente para cubrir esa necesidad de aceptación y autoafirmación que me es tan necesaria.

La necesidad de reconocimiento es uno de los poderosos motores que mueven al mundo, nace desde el interior de cada uno y va abriendo cauces hacia los demás para
satisfacerse.

La vacuna es la autoestima, en la medida en que un ser humano la desarrolle, tendrá menor urgencia de reconocimiento proveniente del exterior.

03 Septiembre 2017 04:00:00
Yo corrupto, tú también
Sin temor a equivocación podemos afirmar que la corrupción a gran escala es un fenómeno que a todos los ciudadanos nos preocupa, nos resta oportunidades y nos sangra. En la administración pública es desalentador enfrentarnos de manera sistemática a esos personajes voraces que se empeñan en aprovechar para su beneficio personal aquellos recursos que se les confiaron para administrar. Vemos el gran problema y nos preguntamos cómo ha llegado México a esos extremos.

La UVM y el Aspen Institute México organizaron durante la semana que termina un foro denominado: “Ética y Cultura Cívica”, en el que participaron --entre otros-- los doctores Juan Ramón de la Fuente y Federico Reyes Heroles para revisar los orígenes de este fenómeno de corrupción que nos asola. De manera muy descriptiva menciona el Dr. De la Fuente que se nos perdieron los valores, tanto en el sistema de gobierno como en el educativo y el familiar, para señalar más delante algunos factores de la sociedad del siglo XXI que han influido en ello. La mujer sale a trabajar, dejando de lado su actuación como inculcadora de valores dentro de casa; no es lo mismo que mamá esté allí en el momento en que al niño se le ocurre tal o cual cosa para corregirlo oportunamente, a que mamá llegue a las 9 de la noche y se pueda poner al corriente de todo lo sucedido durante el día.

En el renglón educativo, un punto que me pareció de enorme relevancia, y que ya hemos comentado en más de una ocasión en este espacio, es que desde la época de la Reforma, y más en los últimos sexenios, los programas oficiales han venido manifestando signos de una alergia grave a todo lo que tenga que ver con valores. Aquel principio juarista de una educación laica que salve a los ciudadanos de la influencia de la jerarquía católica, llevó a crear programas que dejan fuera cualquier instrucción sobre el comportamiento como sociedad, y con la eliminación de los programas de Civismo en tiempos de Echeverría, más se agravó el asunto. Si el niño no tenía mucha oportunidad en casa de aprender principios de ética y lo que lograba era a través de la educación formal, con estos cambios de programa el niño dejó de tener acceso a elementos que le ayuden a crear un marco de conducta.

“La ética se nos ha diluido”, una expresión muy descriptiva del Dr. De la Fuente para señalar la forma en que todos nosotros como sociedad nos manejamos hoy en día. Va un ejemplo de lo más cotidiano, sucedió esta semana, llego yo al supermercado y se repite aquel fenómeno tan común, comienzas a recorrer pasillos al mismo tiempo que otras personas, y te las vas topando de manera intermitente hasta llegar a las cajas. De este modo coincidí con una señora joven, muy bien arreglada, con dos niñas que parecían sacadas de una revista de modas, peinadas, con moño en la cabeza y vestido de fiesta, la más pequeña sentada en el carro de compras y la grandecita caminando junto a su mamá. A los pocos pasillos cada una de las niñas tenía entre sus manos un envase de yogurt líquido que se fueron tomando en el recorrido. En el último pasillo la más pequeña se había echado encima parte del yogurt, en ese momento la madre lucía contrariada, sacó una toallita para limpiar a la pequeña, imagino que tal vez irían a una fiesta, y la niña había arruinado su indumentaria. La joven mujer se esmeró en limpiarla, le quitó el envase, en seguida arrancó el yogurt de las manos a la grandecita, puso ambos botes en el estante más cercano, y siguió su camino…

Algo que de entrada calificaríamos como “cotidiano”, “normal”, “sin importancia”, “no hay pex”: ¿Qué mensaje les va imprimiendo en su cerebro a las dos niñas? Lo primero es, si salimos de casa hay que comer algo (y luego nos alarma la obesidad infantil). Lo segundo, tienes derecho a tomar mercancía y consumirla sin pagarla. Tercero: Al cabo todo el mundo lo hace. Entonces pregunto, ¿puedo exigir rectitud a mis hijos, cuando soy la primera en faltar a ella? ¿O voy a esperar, como Layín de Nayarit que “nomás robó poquito”, que me lo celebren con música y aplausos?

Vivimos unos tiempos alrevesados en los que ser ético y cumplir es retrógrado y estúpido, mientras que pasarme la ley por el arco del triunfo indica poderío y nivel de vida envidiable. Para muestra ahí tenemos una serie televisiva sobre narcotráfico que inicia su quinta temporada. ¿No? Con este escenario de fondo, actuando como una sociedad laxa y tibia, que no está dispuesta a comprometerse: ¿Cómo esperar que surjan como por arte de magia funcionarios íntegros y honestos?

Ya por último, tenemos lo que tenemos porque no nos ocupamos en lograr algo distinto, entonces, o comenzamos todos a trabajar en lo pequeño, o dejamos de quejarnos de los grandes tiburones.


http://contraluzcoah.blogspot.com/
03 Septiembre 2017 03:00:00
Yo corrupto, tú también
Sin temor a equivocación podemos afirmar que la corrupción a gran escala es un fenómeno que a todos nos preocupa, nos resta oportunidades y nos sangra. En la administración pública es desalentador enfrentarnos de manera sistemática a esos personajes voraces que se empeñan en aprovechar para su beneficio personal aquellos recursos que se les confiaron para administrar. Vemos el problema y nos preguntamos cómo ha llegado México a esos extremos.

La UVM y el Aspen Institute México organizaron durante la semana que termina un foro denominado: Ética y Cultura Cívica, en el que participaron los doctores Juan Ramón de la Fuente y Federico Reyes Heroles para revisar los orígenes de este fenómeno de corrupción que nos asola.

De manera muy descriptiva menciona De la Fuente que se nos perdieron los valores, tanto en el sistema de gobierno como en el educativo y el familiar, para señalar más delante algunos factores de la sociedad del siglo 21 que han influido en ello. La mujer sale a trabajar, dejando de lado su actuación como inculcadora de valores dentro de casa.

En el renglón educativo, un punto que me pareció de enorme relevancia, y que ya hemos comentado en más de una ocasión en este espacio, es que desde la época de la Reforma, y más en los últimos sexenios, los programas oficiales han venido manifestando signos de una alergia grave a todo lo que tenga que ver con valores. Aquel principio juarista de una educación laica que salve a los ciudadanos de la influencia de la jerarquía católica, llevó a crear programas que dejan fuera cualquier instrucción sobre el comportamiento como sociedad, y con la eliminación de los programas de Civismo en tiempos de Echeverría, más se agravó el asunto.

“La ética se nos ha diluido”, una expresión muy descriptiva de De la Fuente para señalar la forma en que todos nosotros como sociedad nos manejamos hoy en día.

Va un ejemplo de lo más cotidiano, sucedió esta semana, llego yo al supermercado y se repite aquel fenómeno tan común, comienzas a recorrer pasillos al mismo tiempo que otras personas, y te las vas topando de manera intermitente hasta llegar a las cajas. De este modo coincidí con una señora joven, muy bien arreglada, con dos niñas que parecían sacadas de una revista de modas. A los pocos pasillos cada una de las niñas tenía entre sus manos un envase de yogurt que se fueron tomando en el recorrido. En el último pasillo la más pequeña se había echado encima parte del yogurt, en ese momento la madre sacó una toallita para limpiar a la pequeña; la mujer se esmeró en limpiarla, le quitó el envase, en seguida arrancó el yogurt de las manos a la grandecita, puso ambos botes en el estante más cercano, y siguió su camino.

Algo que de entrada calificaríamos como “cotidiano”, “normal”, “sin importancia”, “no hay pex”: ¿Qué mensaje les va imprimiendo en su cerebro a las dos niñas? Lo primero es, si salimos de casa hay que comer algo (y luego nos alarma la obesidad infantil). Lo segundo, tienes derecho a tomar mercancía y consumirla sin pagarla. Tercero: Al cabo todo el mundo lo hace. Entonces pregunto, ¿puedo exigir rectitud a mis hijos, cuando soy la primera en faltar a ella? ¿O voy a esperar, como Layín de Nayarit que “nomás robó poquito”, que me lo celebren con música y aplausos?
27 Agosto 2017 04:00:00
Hacia la paz
La educación es el arma más poderosa para cambiar al mundo. Nelson Mandela


Minutos antes de iniciar esta estimulante tarea semanal llegó un mensaje de Regina, una querida amiga quien vuelca sus impresiones como turista al recorrer la Rambla de Barcelona y escuchar relatos de quienes vivieron de cerca el atentado terrorista. Transcribo: “…no saben qué tristeza se siente al ver los altares que han ido poniendo a las personas que fallecieron en la tragedia […] nos platicaron historias tremendas de niños corriendo sin encontrar a sus papás, gente desesperada buscando a sus familias…” Percibo en su relato algo que a todos nos inquieta, un sentirnos cada vez más vulnerables, con la fragilidad de avecillas en el alambre, a merced de cualquiera que dispare y acabe con nosotros en un dos por tres.

Más allá de las teorías socioeconómicas que abordan la migración, sus orígenes y consecuencias, mi exploración personal se encamina hacia los motivos del corazón. ¿Qué lleva a un joven a arremeter con furia en contra de civiles a los que nunca ha visto, y que no le han hecho ningún daño directo? ¿De dónde surge esa rabia que le impele a atacar a mujeres y niños? Me sorprende el testimonio del padre de Driss y Moussa, dos de los terroristas de Cambrils, quien manifiesta que sus hijos tuvieron siempre un comportamiento ejemplar y sociable, y que la culpa de lo sucedido fue del Imam que les metió ideas locas en la cabeza. El suyo no es el típico caso de la familia que convive en un mismo lugar, pues la de estos jóvenes terroristas era originaria de Marruecos y había emigrado a Cataluña, de modo que había movilidad entre ambos países, pero aun así, los jóvenes habían pasado el verano en Marruecos al lado de sus padres, y ahora se sabe que lo hacían en tareas de preparación para el atentado. Aunque el padre, en una entrevista insiste que investiguen en Cataluña, porque allá es donde transformaron a los jóvenes. Difícil creer que unos padres que están al tanto de sus hijos, no alcancen a detectar signos de alarma en su comportamiento, que los jóvenes se desaparezcan por horas; que frecuenten mucho a ciertos amigos que antes no tenían; que se manejen de forma misteriosa. Sucede algo parecido a lo que acontece acá con las familias de jóvenes metidos en las drogas, que niegan estar enteradas de sus actividades, como para no confrontarse con una realidad dolorosa que no sabrían cómo manejar.

Los de mi generación hallamos grandes diferencias en la forma actual de asumir la responsabilidad por los propios actos, frente a cómo se daba anteriormente. En mi niñez, si se perdía un lápiz en el salón de clases, no había recreo hasta que aquel lápiz apareciera, situación que desanimaba a cualquiera del grupo a tomar algo ajeno. En contraste, ahora que compareció Ruiz Esparza con motivo del socavón, dijo con aquel cinismo: “Que se busque y se castigue a los culpables, no a los responsables”, burda manera de pretender sacudirse las consecuencias de sus fallas como titular de una Secretaría. Hemos venido viendo que cuando algo sale mal se echa a andar el juego de la papa caliente, y resulta que nadie se hace responsable de aquello que en principio es asunto específico de alguien cumplir o hacer cumplir.

En estos tiempos de redes sociales nos abruma enterarnos de cuanto pasa en el mundo, quisiéramos hacer algo por resolverlo, para finalmente concluir que es poco o nada lo que podemos hacer desde nuestra posición. Hay quienes despotrican y maldicen en contra de los probables responsables de las desgracias ajenas, eso es simple protagonismo o quizás un desahogo personal que nada resuelve, de modo que las cosas habrán de seguir igual o peor. En cambio si nos enfocamos a considerar que los grandes problemas del planeta son la suma acumulada de lo que sucede en cada una de nuestras pequeñas parcelas llamadas “hogar”, estaremos en posición de buscarles solución. De ninguna manera será una labor sencilla, estaremos nadando contra corriente, caminando por la ruta más azarosa, a ratos sintiendo escribir en el agua, y cuidando en cada tramo de que la fe no desfallezca, pero en realidad es la única forma de resolver esos grandes problemas que amenazan con extinguir nuestro mundo. Fue la respuesta que se me ocurrió dar a mi atribulada amiga: Alojar la paz en nuestros hogares, lo que nos brindará además la sensación de estar haciendo algo efectivo por apagar estos terribles vientos incendiarios que el odio genera en los corazones. Así se logrará evitar que esos jóvenes que por razón de su edad, de su falta de experiencia o de su arrojo, se conviertan en carne de cañón para ir a morir de manera absurda por los arranques de un individuo, por una creencia religiosa o por una ideología.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
27 Agosto 2017 03:00:00
Hacia la paz
Minutos antes de iniciar esta estimulante tarea semanal llegó un mensaje de Regina, una querida amiga, quien vuelca sus impresiones como turista al recorrer la Rambla de Barcelona y escuchar relatos de quienes vivieron de cerca el atentado terrorista.

Transcribo: “…no saben qué tristeza se siente al ver los altares que han ido poniendo a las personas que fallecieron en la tragedia […] nos platicaron historias tremendas de niños corriendo sin encontrar a sus papás, gente desesperada buscando a sus familias…”.

Percibo en su relato algo que a todos nos inquieta, un sentirnos cada vez más vulnerables, con la fragilidad de avecillas en el alambre, a merced de cualquiera que dispare y acabe con nosotros.

Más allá de las teorías socioeconómicas que abordan la migración, sus orígenes y consecuencias, mi exploración personal se encamina hacia los motivos del corazón. ¿Qué lleva a un joven a arremeter con furia en contra de civiles a los que nunca ha visto, y que no le han hecho ningún daño directo? ¿De dónde surge esa rabia?

Me sorprende el testimonio del padre de Driss y Moussa, dos de los terroristas de Cambrils, quien manifiesta que sus hijos tuvieron siempre un comportamiento ejemplar y sociable, y que la culpa de lo sucedido fue del Imam que les metió ideas locas en la cabeza. El suyo no es el típico caso de la familia que convive en un mismo lugar, pues la de estos jóvenes terroristas era originaria de Marruecos y había emigrado a Cataluña, de modo que había movilidad entre ambos países, pero aun así, los jóvenes habían pasado el verano en Marruecos al lado de sus padres, y ahora se sabe que lo hacían en tareas de preparación para el atentado. Aunque el padre, en una entrevista insiste en que investiguen en Cataluña, porque allá es donde transformaron a los jóvenes.

Difícil creer que unos padres que están al tanto de sus hijos, no alcancen a detectar signos de alarma en su comportamiento, que los jóvenes se desaparezcan por horas; que frecuenten mucho a ciertos amigos que antes no tenían; que se manejen de forma misteriosa.

Los de mi generación hallamos grandes diferencias en la forma actual de asumir la responsabilidad por los propios actos, frente a cómo se daba
anteriormente.

En estos tiempos de redes sociales nos abruma enterarnos de cuanto pasa en el mundo, quisiéramos hacer algo por resolverlo, para finalmente concluir que es poco o nada lo que podemos hacer desde nuestra posición.

Hay quienes despotrican y maldicen en contra de los probables responsables de las desgracias ajenas, eso es simple protagonismo o quizás un desahogo personal que nada resuelve, de modo que las cosas habrán de seguir igual o peor. En cambio si nos enfocamos a considerar que los grandes problemas del planeta son la suma acumulada de lo que sucede en cada una de nuestras pequeñas parcelas llamadas “hogar”, estaremos en posición de buscarles solución. De ninguna manera será una labor sencilla, estaremos nadando contra corriente, caminando por la ruta más azarosa, a ratos sintiendo escribir en el agua, y cuidando en cada tramo de que la fe no desfallezca, pero en realidad es la única forma de resolver esos grandes problemas.

Así se logrará evitar que esos jóvenes que por razón de su edad, de su falta de experiencia o de su arrojo, se conviertan en carne de cañón para ir a morir de manera absurda por los arranques de un individuo, por una creencia religiosa o por una ideología.
20 Agosto 2017 04:00:00
La guerra y sus razones
El tema del momento tiene que ver con el terrorismo y la discriminación. Los recientes ataques en dos puntos del estado de Cataluña y en Finlandia, dan cuenta del nivel de violencia que pueden alcanzar las iniciativas movidas por el odio. Podemos afirmar que la guerra en Medio Oriente, como un cáncer emite sus metástasis a la Unión Europea, de modo que estos ataques del EI a la población civil en varios países, representan un fenómeno psicosocial complejo, que trataremos de comenzar a entender.

La migración se vuelve un fenómeno mundial que impacta un país de muy distintas maneras. Un territorio ocupado o en guerra enfrenta problemas que amenazan la vida y la seguridad de su población, por lo que grupos familiares tratan de huir en búsqueda de un país que ofrezca las garantías que el suyo no ofrece. Hay acuerdos internacionales que contemplan un flujo migratorio anual y los presupuestos necesarios para que esos extranjeros, que ingresan en calidad de refugiados a un país, tengan lo necesario en cuanto a vivienda, alimentación, salud y escolaridad durante el primer año de estancia en el sitio de acogida. Pasado ese período inicial se verá qué hacer con dichos grupos, lo habitual es darles albergue permanente, de modo que vienen a constituir una primera generación de inmigrantes ya establecidos que darán pie a una segunda generación de individuos que, nacidos en el país de acogida, cuentan con todos los derechos de los naturales. De esa segunda generación han salido la mayoría de los terroristas que amenazan la seguridad de países del primer mundo, en particular de la Unión Europea, aunque claro, se dan casos de jóvenes no migrantes que se afilian por voluntad propia, habitualmente a través de internet, a organizaciones paramilitares como ISIS o ISIL, por citar algunas.

Acaba de salir hace un par de días un video del rapero puertorriqueño “Residente” que yo recomendaría mucho ver, se intitula “Guerra” y puede visualizarse a través de youtube. El género no es de mis preferidos, pero debo reconocer que tiene el gran valor de constituir una voz que da a conocer muchos fenómenos sociales, como es en este caso la filiación a grupos armados que buscan cambios radicales, ya en su país de origen, ya en el de acogida.

Si analizamos los territorios que han librado guerras a través de la historia, observaremos que, aun cuando estos conflictos armados hayan sido considerados como guerras santas o de castas, han tenido detrás fuertes intereses de orden económico, como es el caso de los conflictos actuales en Medio Oriente. Los países afectados representan una suerte de botín para aquellos grupos o potencias extranjeras que participan o respaldan esas luchas armadas. Los grupos paramilitares están comandados por un líder poderoso que va manejando al grupo de guerrilleros hacia donde él o una pequeña cúpula determinan, llevándose de encuentro a gran parte de población civil inocente.

Ahora bien, con relación a los grupos paramilitares surgidos en países desarrollados, y que se identifican con estas hordas extremistas habría que analizar qué intereses mueven a un joven de primer mundo a involucrarse en doctrinas completamente ajenas a su formación occidental. Lo primero que habría que conceptualizar es el perfil de esos chicos que suelen provenir de familias aparentemente bien organizadas, rígidas en su formación, en las que los padres están distanciados de los hijos, de manera que el joven se siente algo así como un bicho raro. Por esa misma dinámica familiar el adolescente suele tener problemas de adaptación al medio, lo que lo lleva a encontrar un enemigo en cada ser humano que tiene frente a sí.

A la par de esa sensación de inadecuación se va generando un sentimiento de odio, un soñar con acabar de un solo tajo con aquellas condiciones que propician que él se la pase tan mal. Busca entonces, no entre lo que le es familiar –y que no le ha funcionado—sino entre lo antagónico, partiendo de la premisa de que aquello que es contrario a lo que tiene, debe ejercer un efecto contrario al que tanto lo ha dañado hasta ahora. Al adentrarse en una cultura ajena y sentir que es aceptado, comienza a encontrarle sentido a la existencia, hasta estar dispuesto a dar la vida por ello. Además, saber que pertenece a un grupo que tiene bien definidas sus estrategias y sus metas, le otorga cierta valía que hasta ahora no había encontrado en su propia vida personal.

Un fragmento de la letra de este rap “Guerra” dice: La guerra es más débil que fuerte, /no aguanta la vida,/ por eso se esconde en la muerte.

Terminaría diciendo que tal vez la muerte es aquella condición que no se ha experimentado hasta ahora, en lo que el chico finca todas sus esperanzas de un mundo mejor.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
20 Agosto 2017 03:00:00
La guerra y sus razones
El tema del momento tiene que ver con el terrorismo y la discriminación. Los recientes ataques en dos puntos del estado de Cataluña y en Finlandia, dan cuenta del nivel de violencia que pueden alcanzar las iniciativas movidas por el odio. Podemos afirmar que la guerra en Medio Oriente, como un cáncer emite sus metástasis a la Unión Europea, de modo que estos ataques del EI a la población civil en varios países, representan un fenómeno sicosocial complejo, que trataremos de comenzar a entender.

La migración se vuelve un fenómeno mundial que impacta un país de muy distintas maneras. Un territorio ocupado o en guerra enfrenta problemas que amenazan la vida y la seguridad de su población, por lo que grupos familiares tratan de huir en búsqueda de un país que ofrezca las garantías que el suyo no ofrece.

Acaba de salir hace un par de días un video del rapero puertorriqueño Residente que yo recomendaría mucho ver, se intitula Guerra y puede visualizarse a través de YouTube. El género no es de mis preferidos, pero debo reconocer que tiene el gran valor de constituir una voz que da a conocer muchos fenómenos sociales.

Si analizamos los territorios que han librado guerras a través de la historia, observaremos que, aun cuando estos conflictos armados hayan sido considerados como guerras santas o de castas, han tenido detrás fuertes intereses de orden económico, como es el caso de los conflictos actuales en Medio Oriente. Los países afectados representan una suerte de botín para aquellos grupos o potencias extranjeras que participan o respaldan esas luchas armadas. Los grupos paramilitares están comandados por un líder poderoso que va manejando al grupo de guerrilleros hacia donde él o una pequeña cúpula determinan, llevándose de encuentro a gran parte de población civil inocente.

Lo primero que habría que conceptualizar es el perfil de esos chicos que suelen provenir de familias aparentemente bien organizadas, rígidas en su formación, en las que los padres están distanciados de los hijos, de manera que el joven se siente algo así como un bicho raro. Por esa misma dinámica familiar el adolescente suele tener problemas de adaptación al medio, lo que lo lleva a encontrar un enemigo en cada ser humano que tiene frente a sí.

A la par de esa sensación de inadecuación se va generando un sentimiento de odio, un soñar con acabar de un solo tajo con aquellas condiciones que propician que él se la pase tan mal. Busca entonces, no entre lo que le es familiar –y que no le ha funcionado—sino entre lo antagónico, partiendo de la premisa de que aquello que es contrario a lo que tiene, debe ejercer un efecto contrario al que tanto lo ha dañado hasta ahora. Al adentrarse en una cultura ajena y sentir que es aceptado, comienza a encontrarle sentido a la existencia, hasta estar dispuesto a dar la vida por ello. Además, saber que pertenece a un grupo que tiene bien definidas sus estrategias y sus metas, le otorga cierta valía que hasta ahora no había encontrado en su propia vida personal.

Un fragmento de la letra de este rap Guerra dice: La guerra es más débil que fuerte, /no aguanta la vida,/ por eso se esconde en la muerte.

Terminaría diciendo que tal vez la muerte es aquella condición que no se ha experimentado hasta ahora, en lo que el chico finca todas sus esperanzas de un mundo mejor.
13 Agosto 2017 04:00:00
El principio del cambio
Eres solo un peregrino que camina hacia la patria.
San Agustín.

En estricta justicia aplica la presunción de inocencia en los casos de Rafa Márquez y Julión Álvarez. Estados Unidos los señala como testaferros de un capo de la droga, aún falta comprobar las ligas entre unos y otro, sin embargo es una excelente coyuntura para la reflexión.

En el supuesto de ratificarse la participación de ambos en el blanqueo de capitales, lo primero que viene a la mente es por qué razón figuras que ganan tanto, y en el caso del futbolista, que además de sus ingresos cuenta con beneficios fiscales millonarios, pudieran considerar meterse en actividades ilícitas como las mencionadas. Lo más fácil sería pensar que parten del supuesto de que estando en posición de enriquecerse más, no hay razón para no hacerlo. Aunque la hallo como una suposición muy simplista.

Bajo el término “avaricia” o su hermana “codicia” se engloba el deseo desmesurado por adquirir o poseer más de lo que uno necesita, hacer hasta lo imposible por tener más y más, y teniéndolo, escatimar utilizarlo, algo que habitualmente atribuimos al plano material y que nos lleva a recordar a Ebenezer Scrooge, el inmortal personaje de Charles Dickens. Sin embargo este afán de poseer no se limita a bienes materiales, sino que también pueden ser beneficios de orden moral, social o de reconocimiento, de manera que un individuo es capaz de cualquier cosa con tal de tener o figurar más que los demás.

Ahora bien, ¿por qué alguien se empeña en tener más allá de lo que realmente necesita? Los estudiosos de la conducta humana señalan que lo que inicialmente nos impulsa es un miedo a que más delante cuando necesitemos, no haya disponibilidad de aquel bien, y por ello la necesidad de acumular más de la cuenta por anticipado. Esto es, detrás de ese afán de conseguir, guardar o restringir bienes, está la inseguridad o el miedo, en buena medida de corte irracional, capaz de llevar a conductas insensatas con tal de tener más.

Fromm relaciona el materialismo con la creación de necesidades, y vaya que el mundo actual tiene dentro de sus características la constante creación de necesidades. El teléfono móvil, el pantalón o los zapatos “deben” cambiarse porque así lo marcan las tendencias de la moda o del mercado, así estén en excelentes condiciones para seguirse usando. Y partiendo de ese maligno supuesto de que “todos” lo hacen, se genera una angustia interna que llevará a conseguir aquel cambio de indumentaria o de tecnología a toda costa.

Los objetos o las prebendas obtenidas son los símbolos de una condición frente al mundo. No importa si las características del nuevo teléfono móvil no representen ventaja alguna frente al modelo anterior, lo que importa es adquirirlo como “todos” lo están haciendo.

Loewestein establece una marcada relación entre la esfera emocional y la economía del individuo, haciéndonos ver cómo una es termómetro de la otra, y de qué modo los valores tradicionales de una sociedad quedan sujetos a la urgencia precipitada de adquirir, tener, o acumular más que los demás. Así se explican situaciones como las de aquellos que construyen más mansiones de las que podrían habitar. El decir “puedo” y “poseo” es una falacia que les otorga tranquilidad, al menos por un rato.

Frente al desapego del Budismo, estas conductas de apego absurdo ponen en evidencia que detrás de ellas hay una gran inseguridad del ser humano. Y pudiéramos afirmar que esa inseguridad está dada por falta de autoestima del individuo quien no reconoce en sí mismo ningún mérito, de modo que concluye que los méritos se compran y se ostentan, pero no se desarrollan dentro de uno mismo. Valores como el autoconocimiento, la integridad y la honestidad, --desde esta perspectiva-- quedan fuera de lugar, y la generosidad y el altruismo son cosas de ficción. De este modo el apego proviene de la conciencia de saberse pobre en sí mismo, debiendo hacerse de posesiones materiales para sentirse rico. ¡Qué cosas! Y va el individuo tras los símbolos y las quimeras, sin asumir que el tesoro verdadero está en el significado y no en los símbolos.

Si vamos por la vida sin una conciencia cósmica, creyendo que nuestro destino termina bajo una pila de tierra, por supuesto que vamos a querer poseer y acumular desesperadamente, para sentir que vivimos Y vamos a depender de aquello que acumulemos, y buscaremos tener más y más, como oxígeno vital, y en aquel apego jamás podremos conocer la serena alegría de estar bien dentro de nuestra piel, o la libertad, o la creatividad, o el amor transformador, al que ni la muerte logra apagar.

El principio del cambio radica en el corazón, en sabernos parte de un todo superior a través del cual somos plenos y trascendemos.

https//contraluzcoah.blogspot.com/
13 Agosto 2017 03:00:00
El principio del cambio
En estricta justicia aplica la presunción de inocencia en los casos de Rafa Márquez y Julión Álvarez. Estados Unidos los señala como testaferros de un capo de la droga, aún falta comprobar las ligas entre unos y otro, sin embargo es una excelente coyuntura para la reflexión.

En el supuesto de ratificarse la participación de ambos en el blanqueo de capitales, lo primero que viene a la mente es por qué razón figuras que ganan tanto, y en el caso del futbolista, que además de sus ingresos cuenta con beneficios fiscales millonarios, pudieran considerar meterse en actividades ilícitas como las mencionadas.

Bajo el término “avaricia” o su hermana “codicia” se engloba el deseo desmesurado por adquirir o poseer más de lo que uno necesita, hacer hasta lo imposible por tener más y más, y teniéndolo, escatimar al utilizarlo, algo que habitualmente atribuimos al plano material y que nos lleva a recordar a Ebenezer Scrooge, el inmortal personaje de Charles Dickens. Sin embargo, este afán de poseer no se limita a bienes materiales, sino que también pueden ser beneficios de orden moral, social o de reconocimiento, de manera que un individuo es capaz de cualquier cosa con tal de tener o figurar más que los demás.

Ahora bien, ¿por qué alguien se empeña en tener más allá de lo que realmente necesita? Los estudiosos de la conducta humana señalan que lo que inicialmente nos impulsa es un miedo a que más delante, cuando necesitemos, no haya disponibilidad de aquel bien, y por ello la necesidad de acumular más de la cuenta por anticipado.

Fromm relaciona el materialismo con la creación de necesidades, y vaya que el mundo actual tiene dentro de sus características la constante creación de necesidades. El teléfono móvil, el pantalón o los zapatos “deben” cambiarse porque así lo marcan las tendencias de la moda o del mercado, así estén en excelentes condiciones para seguirse usando. Y partiendo de ese maligno supuesto de que “todos” lo hacen, se genera una angustia interna que llevará a conseguir aquel cambio de indumentaria o de tecnología a toda costa. Los objetos o las prebendas obtenidas son los símbolos de una condición frente al mundo. No importa si las características del nuevo teléfono móvil no representen ventaja alguna frente al modelo anterior, lo que importa es adquirirlo.

Loewestein establece una relación entre la esfera emocional y la economía, haciéndonos ver cómo una es termómetro de la otra, y de qué modo los valores tradicionales de una sociedad quedan sujetos a la urgencia precipitada de adquirir, tener, o acumular más que los demás.

Frente al desapego del Budismo, estas conductas de apego absurdo ponen en evidencia que detrás de ellas hay una gran inseguridad del ser humano. Y pudiéramos afirmar que esa inseguridad está dada por falta de autoestima del individuo, quien no reconoce en sí mismo ningún mérito, de modo que concluye que los méritos se compran y se ostentan, pero no se desarrollan dentro de uno mismo.

Si vamos por la vida sin una conciencia cósmica, creyendo que nuestro destino termina bajo una pila de tierra, por supuesto que vamos a querer poseer y acumular desesperadamente, para sentir que vivimos Y vamos a depender de aquello que acumulemos, y buscaremos tener más y más, como oxígeno vital, y en aquel apego jamás podremos conocer la serena alegría de estar bien dentro de nuestra piel, o la libertad, o la creatividad, o el amor transformador, al que ni la muerte logra apagar.

El principio del cambio radica en el corazón, en sabernos parte de un todo superior a través del cual somos plenos y trascendemos.
06 Agosto 2017 04:00:00
Padres informados
Nos agobia la cantidad de niños robados o extraviados que se reportan por los distintos medios de comunicación. Una parte corresponde a jovencitos mal orientados que asumen conductas de riesgo, otras veces la garra del crimen organizado da cuenta de la sustracción de menores. Una tercera modalidad corresponde a descuido de los padres, a lo cual quiero enfocarme.

Hace algunos días caminaba por el centro de la ciudad de Guadalajara, tuve que entrar a una farmacia y lo hice solamente por causas de fuerza mayor, pues aquello era una locura, tal vez por razón de ser quincena y mediodía. Llamó mi atención que justo delante de mí caminaba un par de pequeñitos, mi ojo de pediatra me indicó que tendrían dos y tres años respectivamente; de momento me sorprendió que parecieran andar solitos, ya luego pude constatar que la que supongo sería su madre, una mujer joven que caminaba y atendía el teclado del celular al mismo tiempo, iba unos cinco pasos delante de ellos. En la locura de solicitar el medicamento y pasar a pagarlo entre aquella aglomeración, perdí de vista a las tres figuras, pero pude continuar la narración por boca de mi hermana quien me esperaba afuera. Me indicó que primero salió la mujer sola, luego apareció el mayor de los hermanitos, al que de inmediato la madre reclamó acerca de su hermano. No sabiendo qué decir el niño de tres años fue acreedor a una cachetada y un grito de su madre quien lo envió dentro del establecimiento a buscar al pequeño, y finalmente -después de unos minutos- aparecieron ambos niños caminando hacia la mujer, luego de lo cual partieron de igual forma, la mujer por delante y los dos chiquitos siguiéndola unos pasos detrás.

Cuando observo algo así vienen a mi mente los cachorritos nacidos en la calle, probablemente de un total de seis dos mueran en las primeras horas, y de los otros cuatro serán uno o dos que sobrevivan y adquieran una enorme habilidad para sortear los vehículos que pasan a gran velocidad, en tanto otros dos cachorritos mueran en los primeros intentos por cruzar alguna avenida, quedando de ellos como recuerdo una mancha informe adherida al asfalto. Ahora bien, regresando a la mujer de la farmacia, de acuerdo a la ley de probabilidades, mientras sucedió lo que les narro esos dos menores pudieron ser exitosamente sustraídos, no pesaban más de doce kilos uno y diez el otro, de modo que un par de adultos pudieron perfectamente haberlos levantado para caminar velozmente con ellos, de modo que cuando la madre finalmente se percatara de su ausencia, se hallarían al menos a un par de cuadras a la distancia.

Ahora bien, ¿hasta qué punto este crimen hubiera sido responsabilidad de las autoridades de seguridad pública, cuando en realidad se debió a un descuido de la madre? Si por desgracia fueran muertos y aparecieran en una vereda, ¿puede atribuirse la responsabilidad a la inseguridad, al crimen organizado, o a qué, cuando correspondió a la figura materna que en su momento no los vigiló?...

Traer al mundo una criaturita es muy sencillo, la prodigiosa naturaleza se abre paso y un jovencito está en condiciones de procrear a muy temprana edad, sin que esto signifique que esté capacitado para hacerse responsable de velar por los intereses de ese nuevo ser. Y más todavía inician su vida sexual a edades muy tempranas inmersos en un mundo altamente erotizado que marca estilos de vida artificiales los cuales llevan a una niña de 12 o 13 años a salir embarazada.

La mujer del relato no tendría menos de 24 años, sin embargo su actitud da cuenta de una falta de responsabilidad cuyo origen podemos imaginar mas no determinar con certeza. Eso sí, está visto que no mide el riesgo al que está sometiendo a sus niños –no lo mide o no le interesa, lo que sería aún más grave--.

Sabemos que detrás de muchas iniciativas del gobierno hay intereses de personajes que obtienen tajada política o económica. Este asunto tan en boga de que un niño o niña tenga la opción de decidir a qué género siente pertenecer, y el asunto de que una niña de 11 años comience a tener relaciones sexuales antes de que empiece a reglar y tenga formas de mujer, siempre me han parecido iniciativas populistas que favorecen los intereses de unos cuantos, y no de la población, mi opinión muy personal. Entonces, si así se va a proceder, es obligación de las autoridades que promueven y apoyan esas iniciativas, encargarse generar conciencia en los “beneficiarios” de los riesgos que asumen: La alta tasa de suicidios relacionados con cirugías para cambio de sexo, y el escenario terriblemente desgarrador de niños robados, vejados o muertos porque sus padres no tuvieron la preparación para cuidarlos debidamente.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
06 Agosto 2017 03:00:00
Padres informados
Nos agobia la cantidad de niños robados o extraviados que se reportan por los distintos medios de comunicación. Una parte corresponde a jovencitos mal orientados que asumen conductas de riesgo, otras veces la garra del crimen organizado da cuenta de la sustracción de menores. Una tercera modalidad corresponde a descuido de los padres, a lo cual quiero enfocarme.

Hace algunos días caminaba por el centro de la ciudad de Guadalajara, tuve que entrar a una farmacia y lo hice solamente por causas de fuerza mayor, pues aquello era una locura, tal vez por razón de ser quincena y mediodía. Llamó mi atención que justo delante de mí caminaba un par de pequeñitos, mi ojo de pediatra me indicó que tendrían 2 y 3 años respectivamente; de momento me sorprendió que parecieran andar solitos, ya luego pude constatar que la que supongo sería su madre, una mujer joven que caminaba y atendía el teclado del celular al mismo tiempo, iba unos cinco pasos delante de ellos. En la locura de solicitar el medicamento y pasar a pagarlo entre aquella aglomeración, perdí de vista a las tres figuras, pero pude continuar la narración por boca de mi hermana, quien me esperaba afuera. Me indicó que primero salió la mujer sola, luego apareció el mayor de los hermanitos, al que de inmediato la madre reclamó acerca de su hermano. No sabiendo qué decir, el niño de 3 años fue acreedor a una cachetada y un grito de su madre, quien lo envió dentro del establecimiento a buscar al pequeño, y finalmente (después de unos minutos) aparecieron ambos niños caminando hacia la mujer, luego de lo cual partieron de igual forma, la mujer por delante y los dos chiquitos siguiéndola unos pasos
detrás.

Cuando observo algo así, vienen a mi mente los cachorritos nacidos en la calle, probablemente de un total de seis, dos mueran en las primeras horas, y de los otros cuatro serán uno o dos que sobrevivan y adquieran una enorme habilidad para sortear los vehículos que pasan a gran velocidad, en tanto otros dos cachorritos mueran en los primeros intentos por cruzar alguna avenida, quedando de ellos como recuerdo una mancha informe adherida al asfalto. Ahora bien, regresando a la mujer de la farmacia, de acuerdo con la ley de probabilidades, mientras sucedió lo que les narro, esos dos menores pudieron ser exitosamente sustraídos, no pesaban más de 12 kilos uno y 10 el otro, de modo que un par de adultos pudieron perfectamente haberlos levantado para caminar velozmente con ellos, de modo que cuando la madre finalmente se percatara de su ausencia, se hallarían al menos a un par de cuadras a la distancia.

Ahora bien, ¿hasta qué punto este crimen hubiera sido responsabilidad de las autoridades de seguridad pública, cuando en realidad se debió a un descuido de la madre?

Traer al mundo una criaturita es muy sencillo, la prodigiosa naturaleza se abre paso y un jovencito está en condiciones de procrear a temprana edad, sin que esto signifique que esté capacitado para hacerse responsable de velar por los intereses de ese nuevo ser.

Sabemos que detrás de muchas iniciativas del Gobierno hay intereses de personajes que obtienen tajada política o económica. Este asunto tan en boga de que un niño o niña tenga la opción de decidir a qué género siente pertenecer, y el asunto de que una niña de 11 años comience a tener relaciones sexuales antes de que empiece a reglar y tenga formas de mujer, siempre me han parecido iniciativas populistas que favorecen los intereses de unos cuantos, y no de la población, mi opinión muy personal. Entonces, si así se va a proceder, es obligación de las autoridades que promueven y apoyan esas iniciativas.
30 Julio 2017 04:00:00
Maligna quimera
Uno de los grandes problemas de nuestro país ha sido la inveterada costumbre de nombrar políticos y no especialistas del área, para ocupar los mandos medios y superiores de las distintas dependencias, tomando en cuenta lazos de amistad o compromisos que un funcionario tenga con otro, más que la capacidad probada del aspirante al cargo. Un ejemplo muy claro ha sido el del trágico socavón morelense, por citar alguno de tantos que ha habido en los últimos ochenta años.

El titular de la SCT en el estado de Morelos asumió el cargo sin tener la mínima experiencia en el ramo, y como dice el dicho: “Tanto peca el que mata a la vaca como el que le estira la pata”. Responsabilidad del titular estatal Alarcón Ezeta por aceptar el puesto; responsabilidad de Ruiz Esparza, titular de la SCT a nivel federal por nombrarlo, del gobernador Graco Ramírez por apoyarlo, y de EPN por permitirlo. ¿Sí o no?...

Ahora surge otro caso que en una primera lectura no pareciera tener tanta relación con esos asuntos de impericia y corrupción, pero que a fin de cuentas es una vertiente más del mismo problema. Cien inmigrantes indocumentados son abandonados en la caja de un tráiler en el estado norteamericano de Texas, y para cuando los descubren una parte de ellos ha muerto. Dentro de la información que se da a conocer en torno a este lamentable hecho se sabe que cada uno de esos individuos tuvo que pagar a la red de tráfico de humanos más de $100,000 pesos para ser cruzado a través de la línea fronteriza. Y aquí es donde quiero iniciar mi reflexión.

Sabemos que los programas de apoyo a sectores menos favorecidos tienen una bolsa para otorgar microcréditos a emprendedores. El monto de cada uno de esos préstamos anda alrededor de los $30,000, con intereses muy bajos, y -al menos en teoría- están disponibles para quien los solicite para emprender un negocio o una cadena productiva. Ahora bien, es muy probable que los jóvenes no los soliciten porque en su región no hay una organización que les abra camino para utilizar ese recurso de manera eficiente, y aquí es donde habría que preguntarnos qué ha hecho el gobierno para detectar esos nichos de oportunidad y diseñar cadenas productivas, de suerte que la gente joven piense en quedarse en su terruño, y así favorecer el desarrollo de esas regiones.

Es muy doloroso ver cómo las familias del sector rural se sacrifican por cierto período de tiempo para recaudar lo necesario para enviar a uno de sus miembros -el mejor dotado- en búsqueda del sueño americano, en ocasiones con resultados funestos, como fue esta vez para algunos de ellos. Se confía ese monto que no es cualquier cosa, así como la vida y la integridad de su familiar, en manos de traficantes, que para nada van a actuar como hermanitas de la caridad. A la fecha funcionan como redes de tráfico humano a merced del crimen organizado, con la colusión de autoridades a ambos lados de la frontera. Baste recordar el caso de la matanza de San Fernando, Tamaulipas ocurrida en el 2010.

Casos como este ponen en evidencia la desarticulación que existe entre programas gubernamentales. Si hay una región del país con problemas de desarrollo, corresponde a las autoridades diseñar un programa que los resuelva, pero para ello necesitamos que las instituciones estén capitaneadas por especialistas en la materia, y no por improvisados colocados allí por intereses ajenos al bien común. Se requieren científicos con liderazgo para detectar las necesidades de una región, y con la preparación suficiente para diseñar, echar a funcionar, supervisar y evaluar programas encaminados a subsanar esas mismas necesidades.

En la mancha urbana existen individuos jóvenes que han perdido una o ambas extremidades, convertidos en pedigüeños. ¿Será por falta de orientación? ¿Será porque no existen oportunidades de capacitación? ¿O será por molicie?... En cualquiera de los casos, se trata de un desperdicio de talento, que da por resultado una pobre calidad de vida para el individuo, su familia y la comunidad misma. ¿Dónde están los programas gubernamentales para capacitar y agremiar a estos jóvenes en cooperativas o en cadenas productivas que apoyen la economía regional?

Los problemas de seguridad resultan de falta de planeación estratégica, y no se resuelven con la militarización. Mientras no los veamos de este modo seguirá habiendo casos de jóvenes transportados peor que reses después de haber pagado cantidades exorbitantes a redes de traficantes que no hacen más que fortalecer el crimen organizado.

¿Qué México queremos? ¿Y qué parte del problema vamos a asumir como propia, para comenzar a trabajar?... Porque, de no hacerlo, nos estamos sumando con nuestra indiferencia, a la maligna quimera que rompesueños como pompas de jabón.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
30 Julio 2017 03:00:00
Maligna quimera
Uno de los grandes problemas de nuestro país es la inveterada costumbre de nombrar políticos y no especialistas del área, para ocupar los mandos medios y superiores de las distintas dependencias, tomando en cuenta lazos de amistad o compromisos que un funcionario tenga con otro.

Un ejemplo muy claro es el del trágico socavón morelense, por citar alguno de tantos que ha habido en los últimos 80 años. El titular de la SCT en el estado de Morelos asumió el cargo sin tener la mínima experiencia en el ramo, y como dice el dicho: “Tanto peca el que mata a la vaca como el que le estira la pata”. Responsabilidad del titular estatal Alarcón Ezeta por aceptar el puesto; responsabilidad de Ruiz Esparza, titular de la SCT a nivel federal por nombrarlo, del gobernador Graco Ramírez por apoyarlo, y de EPN por permitirlo.

Ahora surge otro caso que en una primera lectura no pareciera tener tanta relación con esos asuntos de impericia y corrupción, pero que a fin de cuentas es una vertiente más del mismo problema. Cien inmigrantes indocumentados son abandonados en la caja de un tráiler en Texas, y para cuando los descubren una parte de ellos ha muerto. Dentro de la información que se da a conocer en torno a este lamentable hecho, se sabe que cada uno de esos individuos tuvo que pagar a la red de tráfico de humanos más de 100 mil pesos para ser cruzado a través de la línea fronteriza.

Sabemos que los programas de apoyo a sectores menos favorecidos tienen una bolsa para otorgar microcréditos a emprendedores. El monto de cada uno de esos préstamos anda alrededor de 30 mil con intereses muy bajos, y están disponibles para quien los solicite para emprender un negocio. Ahora bien, es muy probable que los jóvenes no los soliciten porque en su región no hay una organización que les abra camino para utilizar ese recurso.

Es muy doloroso ver cómo las familias del sector rural se sacrifican por cierto período de tiempo para recaudar lo necesario para enviar a uno de sus miembros (el mejor dotado) en búsqueda del sueño americano, en ocasiones con resultados funestos.

A la fecha funcionan como redes de tráfico humano a merced del crimen organizado, con la colusión de autoridades a ambos lados de la frontera. Baste recordar el caso de la matanza de San Fernando, Tamaulipas ocurrida en el 2010.

Casos como este ponen en evidencia la desarticulación que existe entre programas gubernamentales. Si hay una región del país con problemas de desarrollo, corresponde a las autoridades diseñar un programa que los resuelva, pero para ello necesitamos que las instituciones estén capitaneadas por especialistas en la materia, y no por improvisados colocados allí por intereses ajenos al bien común. Se requieren científicos con liderazgo para detectar las necesidades de una región.

En la mancha urbana existen individuos jóvenes que han perdido una o ambas extremidades, convertidos en pedigüeños. ¿Será por falta de orientación? ¿Será porque no existen oportunidades de capacitación? ¿O será por molicie?...

Los problemas de seguridad resultan de falta de planeación estratégica, y no se resuelven con la militarización. Mientras no los veamos de este modo, seguirá habiendo casos de jóvenes transportados peor que reses después de haber pagado cantidades exorbitantes.

¿Qué México queremos? ¿Y qué parte del problema vamos a asumir como propia, para comenzar a trabajar?... Porque, de no hacerlo, nos estamos sumando con nuestra indiferencia, a la maligna quimera que rompe sueños como pompas de jabón.
23 Julio 2017 04:00:00
Reingeniería para la justicia
Llegó Javier Duarte a nuestro país, ahora sabemos que conforme a la solicitud de extradición son escasos los delitos de orden federal por los que se le podrá acusar, lo que explica la actitud alegre y confiada del ex gobernador a partir de que se le notificó su envío a México. Como sucede en todos estos casos de corrupción, las fallas –técnicas o más bien a modo—llevan a un individuo como este a quedar exculpado, y a que esas cantidades multimillonarias robadas del erario público jamás sean reintegradas.

En México tenemos leyes mucho muy complejas que por lógica tienen huecos, los que utilizan en su momento los abogados para ganar un proceso judicial. Y así tenemos a los grandes ladrones salidos de la función pública, enriquecidos de manera inexplicable, a los que el sistema no puede tocar.

A quienes conformamos la ciudadanía nos irrita saber que estos sujetos, tras un ejercicio público plagado de irregularidades, con sueldos y dietas exorbitantes y opción a robar, la ley no esté en condiciones de sancionarlos. Es la forma equivocada y malintencionada en que funciona el sistema para beneficio de las cúpulas en el poder.

Una “justicia” discrecional para beneficio de los delincuentes tiene muchos lugares comunes. Aunque sorprendan a un individuo embolsándose fajos de billetes, cuenta más su dicho que los hechos, y la autoridad es capaz de basarse en el mismo para exonerarlo. Igual obra esa nueva modalidad de proteger la identidad del delincuente con una “N” y cubriéndole los ojos. Y detrás de ello viene el nuevo Sistema Penal Acusatorio que parece cuidar más al acusado que a la víctima.

Ejemplos de esto último hay muchos, uno frecuente es el de la violencia contra las mujeres en su modalidad de violación: Una mujer violada que se defiende puede terminar siendo acusada de delitos dolosos por el hecho de tratar de resguardar su vida, así de simple. Para ilustrar un caso por demás significativo está la historia de Yakiri Rubio recogida por Ana Katiria Suárez en su libro “En legítima Defensa”.

¿Qué nos pasa a los mexicanos? ¿Por qué la justicia se inclina de manera tan grosera hacia donde no debe? ¿Por qué permitimos que haya un sistema burocrático de lo más complicado y costoso, que da resultados a ratos tan deficientes?...

Hace un par de días parafraseaba Sergio Sarmiento a Tácito al mencionar que “Entre más corrupto el Estado, mayor el número de leyes”, algo que se cumple cabalmente en nuestro sistema
legislativo.

Si analizamos en qué base ciudadana se sustenta este árbol de frutos amargos, diríamos que en el “no me importa”, pecado venial que todos cometemos en mayor o menor medida:
• No me importa que el joven con un carro deportivo y sin logo que lo justifique, ocupe el cajón de discapacitados.

• No me importa que el matrimonio de clase media con un niño de 6 años, en la tienda departamental, permita que el muchachito saque un juguete de su empaque, juegue con él y luego lo abandone en cualquier pasillo.

• No me importa en esta misma tienda tomar un yogurt para mi hijo, y deshacerme del envase cuando lo haya
consumido.

• No hago nada cuando el sujeto violento se mete en la fila a la brava. Ni cuando observo a un grupo de jóvenes dañando sitios públicos.


• Tampoco me preocupa que el joven se pase sistemáticamente los cruceros con el semáforo en rojo. O que acostumbre ir manejando y hablando por celular.
• Soy indiferente ante la actuación del pariente o amigo que transa, “al fin que todos lo hacen”, y “el que no transa no avanza”.

• No veo –o no quiero ver—que esos pequeños actos encarecen y dificultan la vida de cada uno de nosotros.

• No me importa que los demás batallen, mientras yo resuelva mi problema de manera rápida y eficaz, por cualquier camino.

• No me interesa dejar la justa propina en un establecimiento, así haya recibido una atención de primera.

• No me preocupa pasar por encima de los derechos del otro, en un sistema que aplaude más al ventajoso que al justo.

En esta sociedad que vamos construyendo entre todos, día a día, con nuestras pequeñas acciones, para conformar un gran árbol de frutos agrios, no nos sorprenda entonces que se presenten fenómenos escandalosos y ofensivos como los de los actuales ex gobernadores corruptos, los Duarte, Yarrington y Borge, por citar unos cuantos, o el caso de las constructoras especialistas en socavones, que tienen una historia negra de trabajar mal, con sobreprecios y abandono de la obra, pero que siguen siendo contratadas una y otra vez.

Urge una revisión de nuestra legislación, un lanzarse con todo para un rediseño que vea por el interés fundamental de la nación, y no un sistema que genere lo contrario. Y claro, nosotros ciudadanos, como base de sustentación de esa estructura de gobierno, somos los primeros obligados a revisarnos a conciencia antes de exigir.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
23 Julio 2017 03:00:00
Reingeniería para la justicia
Llegó Javier Duarte a nuestro país, ahora sabemos que conforme a la solicitud de extradición son escasos los delitos de orden federal por los que se le podrá acusar, lo que explica la actitud alegre y confiada del exgobernador a partir de que se le notificó su envío a México. Como sucede en todos estos casos de corrupción, las fallas llevan a un individuo como este a quedar exculpado, y a que esas cantidades multimillonarias robadas del erario público jamás sean reintegradas.

A quienes conformamos la ciudadanía nos irrita saber que estos sujetos, tras un ejercicio público plagado de irregularidades, con sueldos y dietas exorbitantes y opción a robar, la ley no esté en condiciones de sancionarlos.

Una “justicia” discrecional para beneficio de los delincuentes tiene muchos lugares comunes. Aunque sorprendan a un individuo embolsándose fajos de billetes, cuenta más su dicho que los hechos, y la autoridad es capaz de basarse en el mismo para exonerarlo. Igual obra esa nueva modalidad de proteger la identidad del delincuente con una “N” y cubriéndole los ojos. Y detrás de ello viene el nuevo Sistema Penal Acusatorio que parece cuidar más al acusado que a la víctima.

Ejemplos de esto último hay muchos, uno frecuente es el de la violencia contra las mujeres en su modalidad de violación. Una mujer violada que se defiende puede terminar siendo acusada de delitos dolosos por el hecho de tratar de resguardar su vida. Para ilustrar un caso por demás significativo está la historia de Yakiri Rubio recogida por Ana Katiria Suárez en su libro En Legítima Defensa.

¿Qué nos pasa a los mexicanos? ¿Por qué la justicia se inclina de manera tan grosera hacia donde no debe? ¿Por qué permitimos que haya un sistema burocrático de lo más complicado y costoso, que da resultados a ratos tan deficientes?... Hace un par de días parafraseaba Sergio Sarmiento a Tácito al mencionar que “Entre más corrupto el Estado, mayor el número de leyes”, algo que se cumple en nuestro sistema legislativo.

Urge una revisión de nuestra legislación, un lanzarse con todo para un rediseño que vea por el interés de la nación, y no un sistema que genere lo contrario. Y claro, nosotros ciudadanos, como base de sustentación de esa estructura de gobierno, somos los primeros obligados a revisarnos a conciencia antes de exigir.
16 Julio 2017 04:00:00
Identidad y valía
El surgimiento de la Aldea Global ha generado una crisis de identidad personal, somos parte de una comunidad gigantesca, lo que representa grandes ventajas, pero a un costo emocional muy elevado.

En el mundo de la hipercomunicación se van extraviando los valores humanos fundamentales. Generamos, transmitimos y recibimos tantos mensajes, que a ratos nos sentimos asfixiados, el significado que tuvo un mensaje para quien lo dio y quien lo recibió por primera vez, se va perdiendo en la medida en que la transmisión del mismo se vuelve masiva. Su esencia original se desdibuja en ese ir y venir a través de la red, como sucedería con una hoja de árbol, que mientras la tenemos entre las manos apreciamos la riqueza de detalles, su color, bordes y venas, pero cuando se convierte en parte de una tonelada de hojas en el suelo, pierde su valor único y se confunde en el montón.

Dejamos de percibir toda su magnificencia individual, ya no sentimos ese contacto maravilloso con la naturaleza, y más bien creemos estar frente a un cúmulo de basura.

Este mismo acostumbramiento obra tratándose de otros contenidos; los ruidos intensos nos generan un caos auditivo en el cual simplemente dejamos de escuchar. La erotización indiscriminada hace que se pierda el encanto del encuentro amoroso. Los constantes signos de violencia extrema dejan de impactarnos. Asimismo nos vamos tornando insensibles frente a escenas de muerte, un asunto que permea todos los medios de información en sus distintas versiones, para generar en nosotros una tolerancia perversa.

Con mucho, whatsapp se ha convertido en la reina de las redes sociales, podemos mandar mensajes de cualquier extensión y prácticamente sin límite de destinatarios. Cada mañana van y vienen infinidad de buenos deseos para recibir el día, y otro tanto circula por las noches para despedirlo. Se cumple cabalmente aquella teoría de los 6 grados de conectividad de Karinthy, y en menos que canta un gallo un contenido que lanzamos ya nos está llegando reciclado desde otra parte del mundo. A través de esa misma red circulan fotografías de todo, de todos, de cada detalle, a cada momento, para bien o para mal. Yo me pregunto hasta qué punto esos contenidos terminan siendo intrascendentes en razón de su exceso, además de que nos privamos de disfrutar un paseo, una obra de arte o una reunión, en aras de tomar una y mil fotografías, y ser los primeros en publicarlas.

En este escenario que yo llamaría “despersonalizador” es muy reconfortante descubrir que aún hay modos de ensalzar valores que nos llevan a sentirnos personas únicas, especiales y apreciadas. Elementos que nos permiten reafirmar que la vida es un don inestimable el cual nos corresponde cuidar y explotar para el bien propio y de los demás. Necesitamos dar y recibir mensajes personalizados, una llamada, una visita, tal vez una tarjeta electrónica, sí, pero crearla para una sola persona, y no que sea la misma para los 250 contactos que tengo en 5 chats… Sentir esa caricia personalizada, ese decir “aquí estoy”, “te aprecio”, “cuenta conmigo”.

Nuestros hijos saben bastante poco de sus ancestros. En esta época en que la prisa nos gana, no hay mucha oportunidad –como antes- para aquellas pláticas familiares donde se contaban una y otra vez anécdotas de tiempos de los abuelos, que además de sabrosas y originales, otorgaban identidad familiar y sentido de pertenencia al clan. Muchos podemos recordar de labios de nuestros mayores, historias que dibujan las figuras queridas y dejan en nosotros una impronta de orgullo familiar. Ahora sólo falta que digamos a los chicos que vayan a googlear la biografía de sus ancestros para que los conozcan y aprendan a sentirse felices de tenerlos.

Conocer el significado de un objeto de arte que atesoramos con especial cuidado, la historia de una receta culinaria, lo que hay detrás de aquellas fotografías de reuniones familiares en casa de los abuelos. Poder identificar los relatos que narran hazañas de los ancestros, y que a fin de cuentas nos ponen sobre el planeta. Es buen momento para trabajar esa esfera de la identidad para nuestros niños y jóvenes, que ellos sientan que cuentan con elementos que los definen y los ubican en un contexto familiar y de comunidad, frente a un mundo que a ratos arrasa como tsunami. Demos los obsequios más valiosos --tiempo y atención--, tiempo para amar en forma personalizada, para regalar a los miembros de la familia un “te quiero” mirándolos a los ojos, que haga patente nuestro interés por ellos… Atención, para que por nuestra actitud cada uno se sepa único e irrepetible, convencido de que nuestro buen Dios, amorosamente, valiéndose del más precioso polvo de estrellas, dejó plasmada en él su mejor obra.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
16 Julio 2017 04:00:00
Identidad y valía
El surgimiento de la Aldea Global ha generado una crisis de identidad personal, somos parte de una comunidad gigantesca, lo que representa grandes ventajas, pero a un costo emocional muy elevado.

En el mundo de la hipercomunicación se van extraviando los valores humanos fundamentales. Generamos, transmitimos y recibimos tantos mensajes, que a ratos nos sentimos asfixiados, el significado que tuvo un mensaje para quien lo dio y quien lo recibió por primera vez, se va perdiendo en la medida en que la transmisión del mismo se vuelve masiva. Su esencia original se desdibuja en ese ir y venir a través de la red, como sucedería con una hoja de árbol, que mientras la tenemos entre las manos apreciamos la riqueza de detalles, su color, bordes y venas, pero cuando se convierte en parte de una tonelada de hojas en el suelo, pierde su valor único y se confunde en el montón.

Este mismo acostumbramiento obra tratándose de otros contenidos; los ruidos intensos nos generan un caos auditivo en el cual simplemente dejamos de escuchar. La erotización indiscriminada hace que se pierda el encanto del encuentro amoroso. Los constantes signos de violencia dejan de impactarnos. Así mismo nos vamos tornando insensibles frente a escenas de muerte.

Con mucho, whatsapp se ha convertido en la reina de las redes sociales, podemos mandar mensajes de cualquier extensión y prácticamente sin límite de destinatarios. Cada mañana van y vienen infinidad de buenos deseos para recibir el día, y otro tanto circula por las noches para despedirlo. Se cumple cabalmente aquella teoría de los 6 grados de conectividad de Karinthy, y en menos que canta un gallo un contenido que lanzamos ya nos está llegando reciclado desde otra parte del mundo. A través de esa misma red circulan fotografías de todo, de todos, de cada detalle, a cada momento, para bien o para mal. Yo me pregunto hasta qué punto esos contenidos terminan siendo intrascendentes en razón de su exceso, además de que nos privamos de disfrutar un paseo, una obra de arte o una reunión, en aras de tomar una y mil fotografías, y ser los primeros en publicarlas.

En este escenario que yo llamaría “despersonalizador” es muy reconfortante descubrir que aún hay modos de ensalzar valores que nos llevan a sentirnos personas únicas, especiales y apreciadas. Elementos que nos permiten reafirmar que la vida es un don inestimable, el cual nos corresponde cuidar y explotar para el bien propio y de los demás. Necesitamos dar y recibir mensajes personalizados, una llamada, una visita, tal vez una tarjeta electrónica, sí, pero crearla para una sola persona, y no que sea la misma para los 250 contactos que tengo en cincon chats… Sentir esa caricia personalizada.

Conocer el significado de un objeto de arte que atesoramos con especial cuidado, la historia de una receta culinaria, lo que hay detrás de aquellas fotografías de reuniones familiares en casa de los abuelos.

Es buen momento para trabajar esa esfera de la identidad para nuestros niños y jóvenes, que ellos sientan que cuentan con elementos que los definen y los ubican en un contexto familiar y de comunidad, frente a un mundo que a ratos arrasa como tsunami. Demos los obsequios más valiosos: tiempo y atención. Tiempo para amar en forma personalizada, para regalar a los miembros de la familia un “te quiero” mirándolos a los ojos. Atención, para que por nuestra actitud cada uno se sepa único, convencido de que nuestro buen Dios, amorosamente, valiéndose del más precioso polvo de estrellas, dejó plasmada en él su mejor obra.
09 Julio 2017 04:00:00
Vinculación
Me encontré el que fue mi primer artículo periodístico, lo publiqué en 1969, mientras cursaba la secundaria. Volver a leerlo me transportó en tiempo y lugar hasta la casa paterna; leía el artículo a mi señor padre, él me hacía observaciones, una y otra vez, hasta que quedaba claro.

Ahora, a casi medio siglo de aquello, el ritual para publicar una colaboración viene a ser bastante similar, lo que sí ha cambiado en definitiva son los tiempos, pues lo que en esos años me llevaba una y hasta dos semanas en documentarme y redactar, ahora se hace en horas.

Sin embargo el peso de la responsabilidad sigue siendo el mismo, y procuro ser muy disciplinada. Los temas a escudriñar son inagotables; nunca se habrá dicho lo suficiente con relación a un tópico, como para que no pueda ser retomado desde otra óptica. Lo mío no son temas económicos ni políticos, sino los fenómenos sociales que derivan de los mismos, y que finalmente afectan el comportamiento individual y la dinámica familiar de nuestras comunidades.

Esta semana se presentan varios acontecimientos que llevan a reflexionar con relación a la educación y el pensamiento mágico. Aurelio Nuño anuncia los puntos estratégicos de la Reforma Educativa que en el papel es buena, aunque habrá que ver la forma como se aplica, y sobre todo los retrasos y deformaciones que sufra como plan transexenal, máxime ahora que para el 2018 se anticipa una abierta oposición multipartidista.

De alguna manera son estas rupturas de cada 6 años las que empantanan al país, pues el presidente entrante –como Tlatoani—pretende reconstruir México desde sus raíces, labor ociosa que implica una importante pérdida de tiempo y de recursos públicos. Ya para el cuarto año en el poder, cuando consolida su plan, se asoma el período electoral con todo lo que implica.

Dentro de esas estrategias educativas que favorecen el desarrollo humano, anunciadas por Nuño está el desarrollo de las distintas inteligencias, lo que busca resolver un problema añejo, la desvinculación entre la carga educativa y la utilidad de lo aprendido para enfrentar la vida como adultos.

En el sistema tradicional el alumno aprende gramática, trigonometría o filosofía, porque son materias obligadas, pero sin visualizarlas como herramientas para el desarrollo personal. Se estudian para cumplir un programa académico y no porque representen alguna utilidad en el pensamiento y la forma de actuar de una sociedad.

Así tenemos casos como el de la joven señora regiomontana que pierde la vida por el consumo de productos para bajar de peso que adquirió en redes sociales, o el de las amas de casa en esta frontera que fueron sorprendidas con el fraude de ganancias económicas mágicas en una pirámide, que las llevó a invertir $10,000 pesos a cada una, y que ahora no logran recuperar. La lógica matemática se quedó empolvada en algún tratado de preparatoria, pero nunca se enseñó como un recurso para administrar la propia vida y evitar estos riesgos.

El pensamiento mágico siempre ha formado parte de la personalidad de nosotros los mexicanos. Dentro de estos papeles archivados me hallé uno que no tengo la menor idea de cómo llegó hasta mí, y que no deja de divertirme. Resumo su contenido, es un aviso clasificado por tres días, con número de folio, entregado por el agente 2 al cliente 00001 (supongo que el cliente soy yo). Más delante incluye una oración milagrosa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y la petición de 2 milagros financieros y 1 imposible.

El total a pagar es $386.55, y como es del año 2009, debe de haber sido bastante dinero. Me atormenta pensar que si hubiera atendido este asunto, con un solo milagro financiero ahora andaría yo en Dubai. Lo increíble es que hay quien paga esto y más, apegado a la idea de que por la fe se consiguen logros que en el mundo real son resultado del trabajo y la voluntad.

De este modo es como los programas televisivos que venden milagros son tan atractivos, esto es, dando el óbolo que esa iglesia anunciante indica, el marido se vuelve fiel, las finanzas se recuperan como por magia, la enfermedad desaparece y el hijo se aleja de las drogas. No descarto el poder de la oración en absoluto, sin embargo no podemos descargar la responsabilidad de un cambio a la milagrería. Bien dice el dicho: “Ayúdate que Dios te ayudará”.

Confiemos en que las reformas en el papel se traduzcan en formas útiles mediante las cuales, desde la infancia, se eduquen las distintas inteligencias del ser humano, para hacer de él un ciudadano lúcido, responsable y tenaz. Que haya una vinculación entre lo que se enseña en clase y los ideales ciudadanos, para conseguir un México proactivo, que sepa resolver los problemas de forma eficiente, con recursos propios.

https://contraluzcoah.blogspot.com/

09 Julio 2017 04:00:00
Vinculación
Me encontré el que fue mi primer artículo periodístico, lo publiqué en 1969, mientras cursaba la secundaria. Volver a leerlo me transportó en tiempo y lugar hasta la casa paterna; leía el artículo a mi señor padre, él me hacía observaciones, una y otra vez, hasta que quedaba claro. Ahora, a casi medio siglo de aquello, el ritual para publicar una colaboración viene a ser bastante similar, lo que sí ha cambiado en definitiva son los tiempos, pues lo que en esos años me llevaba una y hasta dos semanas en documentarme y redactar, ahora se hace en horas. Sin embargo el peso de la responsabilidad sigue siendo el mismo, y procuro ser muy disciplinada. Los temas a escudriñar son inagotables; nunca se habrá dicho lo suficiente con relación a un tópico, como para que no pueda ser retomado desde otra óptica. Lo mío no son temas económicos ni políticos, sino los fenómenos sociales que derivan de los mismos, y que finalmente afectan el comportamiento individual y la dinámica familiar de nuestras comunidades.

Esta semana se presentan varios acontecimientos que llevan a reflexionar con relación a la educación y el pensamiento mágico. Aurelio Nuño anuncia los puntos estratégicos de la Reforma Educativa que en el papel es buena, aunque habrá que ver la forma como se aplica, y sobre todo los retrasos y deformaciones que sufra como plan transexenal, máxime ahora que para el 2018 se anticipa una abierta oposición multipartidista. De alguna manera son estas rupturas de cada 6 años las que empantanan al país, pues el presidente entrante -como Tlatoani- pretende reconstruir México desde sus raíces, labor ociosa que implica una importante pérdida de tiempo y de recursos públicos. Ya para el cuarto año en el poder, cuando consolida su plan, se asoma el periodo electoral con todo lo que implica.

Dentro de esas estrategias educativas que favorecen el desarrollo humano, anunciadas por Nuño está el desarrollo de las distintas inteligencias, lo que busca resolver un problema añejo, la desvinculación entre la carga educativa y la utilidad de lo aprendido para enfrentar la vida como adultos. En el sistema tradicional el alumno aprende gramática, trigonometría o filosofía, porque son materias obligadas, pero sin visualizarlas como herramientas para el desarrollo personal. Se estudian para cumplir un programa académico y no porque representen alguna utilidad en el pensamiento y la forma de actuar de una sociedad. Así tenemos casos como el de la joven señora regiomontana que pierde la vida por el consumo de productos para bajar de peso que adquirió en redes sociales, o el de las amas de casa en esta frontera que fueron sorprendidas con el fraude de ganancias económicas mágicas en una pirámide, que las llevó a invertir $10,000 pesos a cada una, y que ahora no logran recuperar. La lógica matemática se quedó empolvada en algún tratado de preparatoria, pero nunca se enseñó como un recurso para administrar la propia vida y evitar estos riesgos.

El pensamiento mágico siempre ha formado parte de la personalidad de nosotros los mexicanos. Dentro de estos papeles archivados me hallé uno que no tengo la menor idea de cómo llegó hasta mí, y que no deja de divertirme. Resumo su contenido, es un aviso clasificado por tres días, con número de folio, entregado por el agente 2 al cliente 00001 (supongo que el cliente soy yo). Más delante incluye una oración milagrosa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, y la petición de 2 milagros financieros y 1 imposible. El total a pagar es $386.55, y como es del año 2009, debe de haber sido bastante dinero. Me atormenta pensar que si hubiera atendido este asunto, con un solo milagro financiero ahora andaría yo en Dubai. Lo increíble es que hay quien paga esto y más, apegado a la idea de que por la fe se consiguen logros que en el mundo real son resultado del trabajo y la voluntad. De este modo es como los programas televisivos que venden milagros son tan atractivos, esto es, dando el óbolo que esa iglesia anunciante indica, el marido se vuelve fiel, las finanzas se recuperan como por magia, la enfermedad desaparece y el hijo se aleja de las drogas. No descarto el poder de la oración en absoluto, sin embargo no podemos descargar la responsabilidad de un cambio a la milagrería. Bien dice el dicho: “Ayúdate que Dios te ayudará”.

Confiemos en que las reformas en el papel se traduzcan en formas útiles mediante las cuales, desde la infancia, se eduquen las distintas inteligencias del ser humano, para hacer de él un ciudadano lúcido, responsable y tenaz. Que haya una vinculación entre lo que se enseña en clase y los ideales ciudadanos, para conseguir un México proactivo, que sepa resolver los problemas de forma eficiente, con recursos propios

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02 Julio 2017 04:00:00
Trivialización y ceguera
Quizás el libro de Saramago que más me ha marcado sea Ensayo sobre la Ceguera, obra que lleva a entender lo absurdo de tantos constructos sociales que tenemos por indispensables. Cuestiones que nos parecen elementales en nuestras relaciones interpersonales, tales como nivel escolar, poder adquisitivo, vestimenta, edad o hábitos de higiene personal, pierden su valor ante una situación de crisis colectiva que demanda que todos los personajes se unan en una causa común. Es un argumento que con cierta frecuencia viene a mi mente ante situaciones del diario vivir, en las que se evidencia lo absurdo que resultan actitudes clasistas y racistas, que a la larga merman un grupo social.

Así como en la novela los personajes fueron contagiados por la ceguera blanca, nosotros estamos siendo afectados por la ceguera social a través de lo que hoy se conoce como “trivialización”. Esto es, el hecho de que ocurran tantos eventos violentos y que se publiciten por todos los medios, genera un acostumbramiento tal, que para que la violencia despierte en mí alguna reacción será necesario que su intensidad sea cada vez mayor. Recuerdo el primer cadáver que vi, fue a principios de los sesentas a mis 6 años; un motociclista había sido impactado por un vehículo, y en pleno crucero se hallaba el cuerpo sin vida del infortunado junto a su maltrecha motocicleta; es una imagen que a más de 50 años de distancia sigo teniendo presente como si la viera ahora.

Frente a ello quisiera yo saber, para los 6 años de vida un niño actual, ¿cuántos cientos o miles de imágenes de violencia o de muerte habrán registrado sus pupilas? No necesariamente en el mundo real, pero sí a través de los contenidos en los que la violencia es la regla, y de forma cotidiana se hace apología de la misma. Disparos, estallidos, patadas, ofensas verbales, amenazas de muerte, por citar algunas de dichas manifestaciones. Justo en estos días vi el comercial de una telenovela que está por estrenarse, me sorprendió el número y la variedad de escenas violentas que exhibe este adelanto, y que da cuenta de manera clara de ese fenómeno de trivialización.

Como los personajes de Saramago, que en aquellas condiciones de aislamiento y carencia fueron cancelando sus propias percepciones, así sucede con la violencia en nuestro medio, se van creando las condiciones para que a fuerza de repetición asumamos como “normal” la conducta que incluye todo tipo de agresión a otros seres humanos, violación de sus derechos, o deseos de venganza y de muerte. Como público caemos en la trampa de los productores, esto es, reaccionar justificando esos actos violentos y asumiéndolos como conductas sociales aceptables, dentro de una sociedad egocéntrica en la cual lo único que cuenta son mis derechos, a cualquier precio, y nada más.

Algo similar ocurre con la forma como se presenta el sexo en la pantalla. Parece que la censura se limita a impedir que se visualicen de manera clara determinadas porciones anatómicas, pero presenta como “normal” cualquier otro tipo de contenidos. No me considero moralista, simplemente es de sentido común que si permitimos que nuestros niños asimilen ciertos contenidos como normales y apetecibles, por supuesto que van a querer imitarlos. Si la actriz bonita y rica conoce al galán millonario y guapísimo, y después de bailar dos piezas se van a la cama, ¿cuál es el mensaje que se da? No nos sorprenda entonces el elevado número de embarazos en adolescentes con las consabidas complicaciones médicas.

Y por otra parte, presentar el acto sexual como sinónimo absoluto de amor transmite un mensaje engañoso que llevará al niño, y más a la niña, a experimentar la temprana actividad sexual como forma de manifestar su cariño por otra persona.

La trivialización es un arma de alta peligrosidad, genera sociedades carentes de empatía. Y es más letal todavía, cuando no se acompaña de referentes, esto es, cuando en una sociedad sus integrantes no se documentan, de modo que carecen de elementos de juicio más allá de los que la televisión o los medios digitales marcan. La trivialización conduce a la idea de que lo único que importa es el momento presente, la satisfacción personal y los propios derechos, sin importar el daño que pueda ocasionarse a otros. Si avanzamos por este camino llegaremos, como en la novela de Saramago, a un punto donde una terrible crisis humanitaria nos lleve a rediseñar los constructos sociales para crear un concepto de comunidad nuevo y distinto, pero francamente no tiene caso esperar a que ello ocurra. Mejor nos ponemos a trabajar desde ahora con nuestros jóvenes y con los contenidos a los que acceden, partiendo de la idea de construir una sociedad justa y democrática para todos.
02 Julio 2017 04:00:00
Trivialización y ceguera
Quizás el libro de Saramago que más me ha marcado sea “Ensayo sobre la Ceguera”, obra que lleva a entender lo absurdo de tantos constructos sociales que tenemos por indispensables. Cuestiones que nos parecen elementales en nuestras relaciones interpersonales, tales como nivel escolar, poder adquisitivo, vestimenta, edad o hábitos de higiene personal, pierden su valor ante una situación de crisis colectiva que demanda que todos los personajes se unan en una causa común. Es un argumento que con cierta frecuencia viene a mi mente ante situaciones del diario vivir, en las que se evidencia lo absurdo que resultan actitudes clasistas y racistas, que a la larga merman un grupo social.

Así como en la novela los personajes fueron contagiados por la ceguera blanca, nosotros estamos siendo afectados por la ceguera social, a través de lo que hoy se conoce como “trivialización”. Esto es, el hecho de que ocurran tantos eventos violentos y que se publiciten por todos los medios, genera un acostumbramiento tal, que para que la violencia despierte en mí alguna reacción será necesario que su intensidad sea cada vez mayor. Recuerdo el primer cadáver que vi, fue a principios de los sesentas a mis 6 años de edad; un motociclista había sido impactado por un vehículo, y en pleno crucero se hallaba el cuerpo sin vida del infortunado junto a su maltrecha motocicleta; es una imagen que a más de 50 años de distancia, sigo teniendo presente como si la viera ahora. Frente a ello quisiera yo saber, para los 6 años de vida un niño actual, ¿cuántos cientos o miles de imágenes de violencia o de muerte habrán registrado sus pupilas? No necesariamente en el mundo real, pero sí a través de los contenidos en los que la violencia es la regla, y de forma cotidiana se hace apología de la misma.

Disparos, estallidos, patadas, ofensas verbales, amenazas de muerte, por citar algunas de dichas manifestaciones. Justo en estos días vi el comercial de una telenovela que está por estrenarse, me sorprendió el número y la variedad de escenas violentas que exhibe este adelanto, y que da cuenta de manera clara de ese fenómeno de trivialización. Como los personajes de Saramago, que en aquellas condiciones de aislamiento y carencia fueron cancelando sus propias percepciones, así sucede con la violencia en nuestro medio, se van creando las condiciones para que a fuerza de repetición asumamos como “normal” la conducta que incluye todo tipo de agresión a otros seres humanos, violación de sus derechos, o deseos de venganza y de muerte. Como público caemos en la trampa de los productores, esto es, reaccionar justificando esos actos violentos y asumiéndolos como conductas sociales aceptables, dentro de una sociedad egocéntrica en la cual lo único que cuenta son mis derechos, a cualquier precio, y nada más.

Algo similar ocurre con la forma como se presenta el sexo en la pantalla. Parece que la censura se limita a impedir que se visualicen de manera clara determinadas porciones anatómicas, pero presenta como “normal” cualquier otro tipo de contenidos. No me considero moralista, simplemente es de sentido común, que si permitimos que nuestros niños asimilen ciertos contenidos como normales y apetecibles, por supuesto que van a querer imitarlos. Si la actriz bonita y rica conoce al galán millonario y guapísimo, y después de bailar dos piezas se van a la cama, ¿cuál es el mensaje que se da? No nos sorprenda entonces el elevado número de embarazos en adolescentes con las consabidas complicaciones médicas. Y por otra parte, presentar el acto sexual como sinónimo absoluto de amor, transmite un mensaje engañoso que llevará al niño, y más a la niña, a experimentar la temprana actividad sexual como forma de manifestar su cariño por otra persona.

La trivialización es un arma de alta peligrosidad, genera sociedades carentes de empatía. Y es más letal todavía, cuando no se acompaña de referentes, esto es, cuando en una sociedad sus integrantes no se documentan, de modo que carecen de elementos de juicio más allá de los que la televisión o los medios digitales marcan. La trivialización conduce a la idea de que lo único que importa es el momento presente, la satisfacción personal y los propios derechos, sin importar el daño que pueda ocasionarse a otros. Si avanzamos por este camino llegaremos, como en la novela de Saramago, a un punto donde una terrible crisis humanitaria nos lleve a rediseñar los constructos sociales, para crear un concepto de comunidad nuevo y distinto, pero francamente no tiene caso esperar a que ello ocurra. Mejor nos ponemos a trabajar desde ahora con nuestros jóvenes y con los contenidos a los que acceden, partiendo de la idea de construir una sociedad justa y democrática para todos.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
25 Junio 2017 04:00:00
Integridad y valores
Ha ocupado titulares periodísticos, espacios digitales y redes sociales. No fue cualquier pleito de vecinos, sino el enfrentamiento violento entre jóvenes relacionados con dos colegios particulares de renombre en la Ciudad de México. Lo que inicialmente apuntaba hacia la presentación de denuncias formales ha quedado en un acuerdo de reparación de daños, y así pasará a la historia.

Llama la atención lo ocurrido. Chicos de bachillerato o de los primeros semestres de licenciatura que se encuentran festejando una graduación, y de buenas a primeras son agredidos por un grupo que entra al recinto a atacar, mientras que sus guardaespaldas se encargan de bloquear las puertas de salida del salón. Un par de jóvenes sale muy lesionado en tanto el resto se recupera de lesiones que no ponen en riesgo la vida, y a una semana de los hechos, mediante los abogados de las respectivas familias se alcanza un acuerdo, y aquí no ha pasado nada…

Fue un plan tribal de ataque, una venganza por parte de los agresores, fue desquitar el enojo generado por un video que los lesionaba. Un gesto de provocación, una solidaridad grupal, un importante nivel de alcoholización y luego el enfrentamiento, si pudiéramos preguntarles, con seguridad unos y otros hallarían justificada su conducta. Los valores que les inculcaron desde pequeños quedaron fuera de escena, y brotó la sangre.

Tradicionalmente se considera que la educación en planteles particulares es superior a la que se proporciona en los públicos. No necesariamente ocurre así, pero sí hay que decir que en los particulares se enfatiza más el fomento de valores, sobre todo en aquellos sistemas educativos de filiación religiosa, como es el caso de los dos colegios involucrados en este pleito campal, fundados por los legionarios de Cristo. Los pedagogos se cansan de repetir que los valores se adquieren en casa, pero la verdad es que esto no ocurre en la medida que debiera, de manera que tener una escuela que los incluye en sus programas de enseñanza, en teoría genera alumnos más conscientes que los provenientes de planteles que no los enfatizan. Valores que buscan formar ciudadanos orientados hacia el bienestar colectivo mediante el ejercicio de la bondad y la empatía, la generosidad y la prudencia, la voluntad y el autodominio.

¿Qué falló entonces?... ¿O acaso los valores son de uso discrecional?...

La diferencia entre Moral y Ética –ya lo hemos comentado en otro momento—recae en el motivo para actuar bien. En el caso de la Moral procuro actuar bien movido por elementos externos que me indican que si no lo hago, recibiré un castigo divino. Para la Ética actuar correctamente es el resultado de una convicción íntima y personal, no negociable.

Cuando somos jóvenes, el sentido de pertenencia es una necesidad urgente de satisfacer a cualquier precio. El aislamiento amenaza de muchos modos, de manera que pertenecer a un clan y ser leal a este queda por encima de cualquier otra cosa. Por ello se actúa como la tribu marca, hay que mantenerse dentro de ella para satisfacer el sentido de pertenencia. En este caso particular un elemento que hizo lo suyo para agravar el problema fue el alcohol, en estado etílico el lóbulo frontal deja de cumplir su función de inhibición social, y la persona actúa de un modo que no haría sin estar intoxicado. Los ánimos se exaltan, la percepción se distorsiona y los apasionamientos se disparan, de modo que acudir en apoyo del amigo peleador es obligado. Además, hay que decirlo, nuestros jóvenes “millennials” han crecido en un sistema que no fomenta el autocontrol, están acostumbrados a que las cosas sucedan de forma inmediata, y de no ocurrir así sobrevienen frustración y enojo. Todo ello conformó el caldo de cultivo en el cual se cocinó la contienda.

Los padres y las autoridades escolares han decidido imponer una sanción interna, al margen de la autoridad formal. Por el propio bien de estos jóvenes esperemos que lo ocurrido sea el punto de quiebre para un acercamiento y una revisión, tanto por parte de los padres, como de las autoridades escolares.

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