×
María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
ver +
Originaria de Torreón, Coahuila, médico cirujano con especialidad en Pediatría Médica. Trabajó para el IMSS hasta agosto del 2008 cuando se jubiló por años de servicio. Es miembro fundador del Capítulo Norte del Colegio de Pediatras de Coahuila desde 1996. Aficionada a las Letras, comenzó su trayectoria como editorialista en 1975, colaborando para diversos diarios regionales; para periódico ZOCALO escribe desde su arribo a la ciudad de Piedras Negras en 1984. Por otra parte ha publicado tres libros y tiene dos en revisión que saldrán a la luz a finales del 2009. Inquieta por los problemas sociales busca compartir sus puntos de vista en el papel, con cada artículo hace una propuesta al lector para que se involucre en la solución de dichos problemas que a todos afectan, particularmente a nuestros niños y jóvenes.

" Comentar Imprimir
26 Marzo 2017 04:00:00
Llenar los vacíos
Con los años me descubro albergando pensamientos que con anterioridad juzgaba propios de los ancianos, como afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. El siglo veintiuno ofrece maravillas que ni Verne o Asimov hubieran imaginado, pero en términos de deshumanización, el precio a pagar es elevado.

Viene a mi mente esta reflexión al inicio de la primavera, temporada de conciertos matutinos alrededor. Será el cambio climático, o que los niños que antes eran cazadores urbanos están metidos en sus aparatos electrónicos, hoy en día los árboles circunvecinos son visitados desde temprana hora por calandrias, cenzontles, unos tordos que conocen popularmente como “pájaros del viento”, y cardenales, que por acá llaman “cadernales”, cambiando dos consonantes, (igual hacen con el chile “piquín” al que muchos llaman “quipín”), y finalmente un par de pájaros carpinteros. En lo personal es una forma deliciosa de mantenerme en contacto con la naturaleza en medio de la mancha urbana, una oportunidad extraordinaria para alabar a Dios.

¡Cuántos fenómenos se van tejiendo en torno a esa necesidad enfermiza denominada “codicia”! La nota de esta semana la dio Mauricio Ortega, quien de director de un rotativo muy conocido pasó a vulgar ladrón internacional, luego de sustraer prendas de jugadores famosos e intentar venderlas a través de internet. Claro, no podía faltar un sistema judicial que calificara aquello de “travesura”, justo en momentos cuando los ojos de los Estados Unidos están puestos en los mexicanos, buscando demostrar que llenamos el calificativo de “delincuentes” que nos ha colgado Mr. Trump. O sea, el robo de los “jerseys” es un asunto serio de corte internacional, pero al ladrón le perdonan la travesura, él se compromete a devolver las prendas robadas, el delito se cancela y Trump se justifica.

“Para entender los actos irracionales de un adulto, pregúntate qué quiere lograr con ellos el niño que lleva dentro”. Hay infinidad de comportamientos detrás de los cuales se percibe un vacío en el interior de su autor. Son oquedades que buscan llenarse de alguna manera, pero al andar caminos equivocados, no se logra hacerlo. Hay sensaciones de vacío que se extienden a todas las esferas, de modo que el individuo a mediación o cerca del término de su vida se pregunta qué ha hecho en tantos años, y se deprime. Hay vacíos que son producto de una baja autoestima, entonces, como la persona no está satisfecha consigo misma, requiere de manera constante el aplauso exterior, mismo que siempre será insuficiente. En estas condiciones la persona sufre al considerar que no está logrando el justo reconocimiento. Siempre y cuando el sentirnos bien dependa de elementos externos, iremos, si no a la deriva, sí con altas y bajas que terminarán haciendo de la vida algo insufrible.

Hay vacíos muy patológicos que buscan llenarse mediante sensaciones artificiales y se recurre a químicos para tratar de conseguirlo. Pertenecen a personas adictas que al ser cuestionadas aseveran que no lo son, y que en cualquier momento pueden dejar aquello que las tiene atrapadas, como serían el alcohol o las drogas. Nuevamente esas personas se sienten satisfechas solamente a expensas de elementos externos, de modo que su satisfacción es como una barcaza frágil en alta mar.

El consumismo, dentro de sus premisas busca hacernos sentir distintos tipos de vacío. No tengo la prenda de última moda que acaba de salir, surge un vacío. No poseo un inmenso capital para pagarme un viaje al espacio, soy un fracaso. Tengo un vehículo de reciente modelo que funciona bien, pero la fantasía consumista me bombardea con mensajes de que “todos” menos yo cambian de carro como cambiar de calcetines; frente a ese panorama, estoy condenado al vacío. Y así avanzamos por la vida, muchas veces olvidando contar las bendiciones que sí tenemos, y más bien lamentando aquello que no es nuestro, por más irracional que resulte, y nos sentimos muy infelices, tanto que hasta consideramos el suicidio, ya sea por la vía corta o larga, pues finalmente –en nuestra depresión—no vale la pena vivir.

La primavera es buen momento para hacer un inventario personal, revisar qué vacíos voy cargando, de dónde surgieron y por qué, y en un dado caso, cómo y con qué voy a llenarlos. En un mundo mercantilista se nos olvida que en la vida nuestra principal consigna es ser humanos, enfocarnos a esa parte intangible y prodigiosa que genera el hermoso canto del cenzontle y que a nosotros nos lleva a sentir la presencia de Dios cada mañana.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
26 Marzo 2017 03:00:00
Llenar los vacíos
Con los años me descubro albergando pensamientos que con anterioridad juzgaba propios de los ancianos, como afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. El siglo 21 ofrece maravillas que ni Verne o Asimov hubieran imaginado, pero en términos de deshumanización, el precio a pagar es elevado.

¡Cuántos fenómenos se van tejiendo en torno a esa necesidad enfermiza denominada “codicia”! La nota de esta semana la dio Mauricio Ortega, quien de director de un rotativo muy conocido pasó a vulgar ladrón internacional, luego de sustraer prendas de jugadores famosos e intentar venderlas a través de Internet. Claro, no podía faltar un sistema judicial que calificara aquello de “travesura”, justo en momentos cuando los ojos de Estados Unidos están puestos en los mexicanos, buscando demostrar que llenamos el calificativo de “delincuentes” que nos ha colgado Mr. Trump. O sea, el robo de los “jerseys” es un asunto serio de corte internacional, pero al ladrón le perdonan la travesura, él se compromete a devolver las prendas robadas, el delito se cancela y Trump se justifica.

Hay vacíos muy patológicos que buscan llenarse mediante sensaciones artificiales y se recurre a químicos para tratar de conseguirlo. Pertenecen a personas adictas que al ser cuestionadas aseveran que no lo son, y que en cualquier momento pueden dejar aquello que las tiene atrapadas como el alcohol o las drogas.

El consumismo busca hacernos sentir distintos tipos de vacío. Tengo un vehículo de reciente modelo que funciona bien, pero la fantasía consumista me bombardea con mensajes de que “todos” menos yo cambian de carro como cambiar de calcetines; frente a ese panorama, estoy condenado al vacío.

La primavera es buen momento para hacer un inventario personal, revisar qué vacíos voy cargando y cómo y con qué voy a llenarlos. En un mundo mercantilista se nos olvida que en la vida nuestra principal consigna es ser humanos, enfocarnos a esa parte prodigiosa que genera el hermoso canto del cenzontle y que a nosotros nos lleva a sentir la presencia de Dios.
19 Marzo 2017 04:00:00
Niños de arena
Admiro a aquellos individuos que se apasionan con el alma por alguna actividad. Me quito el sombrero ante ese acendrado entusiasmo por una causa superior a ellos mismos que los inunda de endorfinas y los mueve a hacer infinidad de cosas que en otras circunstancias no emprenderían. Constituyen un excelente ejemplo del término “compromiso” del cual hoy quiero hablar.

En días pasados sostuve una enriquecedora plática con amigos de distintas edades con quienes me une el gusto por la francofonía; entre otras cosas hablamos de la palabra “compromiso” y de cómo es aplicada por personas de distintas generaciones. Por razón de época yo fui educada con mayor rigor, en mis tiempos la palabra empeñada era sagrada, y no nada más para las grandes cosas en la vida como el matrimonio, sino desde lo más sencillo: “Paso por ti a las 3” era eso, llegar unos minutos antes de la hora señalada y cumplir, nada del otro mundo sino una simple costumbre, como lavarse los dientes, que nos enseñaban desde muy pequeños. En la actualidad las cosas suceden de una manera muy distinta y para ejemplificarlo tenemos personajes de la vida pública que anuncian con bombo y platillo que harán algo que finalmente no hacen, sin justificar más delante la causa del incumplimiento, o peor aún, negando que hayan dicho lo que dijeron. Es una suerte de realismo mágico maravilloso, frente al que el mismo Gabo se habría sorprendido, pues ahí están las evidencias, digamos un discurso grabado y difundido en redes sociales, pero por encima de ello el personaje público se aferrará a decir que nunca dijo aquello que dijo y de lo cual obra sobrada constancia, como si con negarlo pudiera borrarse la historia misma.

Los nuestros son tiempos de inmediatez, de dispersión y de vacío. Las cosas nos llegan de inmediato, llámense comida a domicilio, tesis doctorales por Internet u oportunidades de trabajo en Nueva Zelanda. Lo que anteriormente habría llevado semanas o meses ahora aterriza en nuestra pantalla electrónica en un abrir y cerrar de ojos; la información a la que accedemos por esta vía es amplia pero no necesariamente profunda, la revisamos “a ojo de pájaro” y dentro de un par de horas poco podremos recordar de ella. Todo eso va dejando en nosotros una sensación de vacío, respecto a la cual Gilles Lipovetsky habla de manera muy amplia en su obra, refiriéndose a la “seducción” que ejercen estos medios masivos de comunicación sobre la persona que accede a ellos, y que como seducción que es, pronto pasa.

¡Vaya! No es que el mundo esté contenido en la Internet, pero sí es la red una representación fidedigna de lo que sucede acá afuera. Pongo un ejemplo por demás cotidiano, si varios amigos vamos a hacer un viaje y yo quedé de llevar el lonche para el camino, debo asumir que todos están confiando en que yo cumpla con mi tarea. Sin embargo sucede que, o no aparezco, me buscan y les digo que siempre no voy a ir al viaje, o aparezco pero sin el lonche que quedé de llevar, y sin haber tenido la delicadeza de avisar con tiempo para que todos se prepararan, o tal vez llego con mi veliz, sin lonche y sin acaso mencionar que no lo llevo, calladita, pretendiendo que ni me pregunten… Esta es la forma como la sociedad actual está siendo dibujada, y en gran medida dibujada por la propia Internet. Estando los adultos muy ocupados en sus múltiples actividades, los menores quedan en cierto modo a la deriva asimilando patrones de donde pueden, y uno de estos “instructores” es la Internet con sus características: Inmediata, proclive a la dispersión, seductora y vacía. Hasta ahora la red no es capaz de enseñar valores como sería el compromiso, esa virtud de cumplir con aquello que dije que haría, contra viento y marea, simplemente concediendo a la palabra empeñada el valor que se merece.

Esta falla frente al compromiso se presenta también en el interior de la propia persona, es un decir: “Total, no cumplo y qué, al cabo no pasa nada”, es utilizar la turbiedad o el engaño para zafarse de una responsabilidad que se asumió, y es a la larga quedarse con las manos vacías frente a la vida, sin una historia personal que contar.

¿Es esto lo que queremos formar? ¿Niños de arena, carentes de solidez, que se deshacen al primer viento o pierden su forma cuando la ola los golpea? Hay valores como el compromiso que no deben perderse por el propio bien personal, pues un ser humano que no sabe comprometerse, poco o nada trascendental habrá de lograr en la vida. Visualizar un quehacer como algo superior a mi persona que me obliga a cumplir con gusto, inyectándole pasión a lo que hago, es la forma de actuar de quienes hacen historia. No lo perdamos de vista a la hora de educar a nuestros hijos.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
19 Marzo 2017 03:00:00
Niños de arena
Admiro a aquellos individuos que se apasionan con el alma por alguna actividad. Me quito el sombrero ante ese acendrado entusiasmo por una causa superior a ellos mismos que los inunda de endorfinas y los mueve a hacer infinidad de cosas que en otras circunstancias no emprenderían.

Hace días sostuve una enriquecedora plática con amigos de distintas edades con quienes me une el gusto por la francofonía; entre otras cosas hablamos de la palabra “compromiso” y de cómo es aplicada por personas de distintas generaciones.

Por razón de época yo fui educada con mayor rigor, en mis tiempos la palabra empeñada era sagrada, y no nada más para las grandes cosas en la vida como el matrimonio, sino desde lo más sencillo: “paso por ti a las 3”, era eso, llegar unos minutos antes de la hora señalada y cumplir, nada del otro mundo, sino una simple costumbre, como lavarse los dientes, que nos enseñaban desde muy pequeños.

En la actualidad las cosas suceden de una manera muy distinta y para ejemplificarlo tenemos personajes de la vida pública que anuncian con bombo y platillos que harán algo que finalmente no hacen, sin justificar más delante la causa del incumplimiento, o peor aún, negando que hayan dicho lo que dijeron. Es una suerte de realismo mágico maravilloso, frente al que el mismo Gabo se habría sorprendido, pues ahí están las evidencias, digamos un discurso grabado y difundido en redes sociales, pero por encima de ello el personaje público se aferrará a decir que nunca dijo aquello, como si con negarlo pudiera borrarse la historia misma.

Los nuestros son tiempos de inmediatez, de dispersión y de vacío. Las cosas nos llegan de inmediato, llámense comida a domicilio, tesis doctorales por Internet u oportunidades de trabajo en Nueva Zelanda.

¡Vaya! No es que el mundo esté contenido en la Internet, pero sí es la red una representación fidedigna de lo que sucede acá afuera. Pongo un ejemplo por demás cotidiano, si varios amigos vamos a hacer un viaje y yo quedé de llevar el lonche para el camino, debo asumir que todos están confiando en que yo cumpla con mi tarea. Sin embargo sucede que, o no aparezco, me buscan y les digo que siempre no voy a ir al viaje, o aparezco, pero sin el lonche que quedé de llevar, y sin haber tenido la delicadeza de avisar con tiempo para que todos se prepararan… Esta es la forma como la sociedad actual está siendo dibujada, y en gran medida dibujada por la propia Internet.

Esta falla frente al compromiso se presenta también en el interior de la propia persona, es un decir: “Total, no cumplo y qué, al cabo no pasa nada”, es utilizar la turbiedad o el engaño para zafarse de una responsabilidad que se asumió, y es a la larga quedarse con las manos vacías frente a la vida, sin una historia personal que contar.

¿Es esto lo que queremos formar? ¿Niños de arena, carentes de solidez, que se deshacen al primer viento o pierden su forma cuando la ola los golpea? Hay valores como el compromiso que no deben perderse por el propio bien personal.
12 Marzo 2017 04:00:00
La fuerza de lo pequeño
El calentamiento global es el prototipo de un problema que inició siendo pequeño, y que con el tiempo empezamos a padecer en gran escala todos los habitantes del planeta Tierra; cambios climáticos inesperados, elevaciones térmicas fuera de rango y de época, o grandes meteoros que afectan principalmente zonas tropicales. Volteamos la vista y descubrimos que se trata de una cadena interminable de pequeñas situaciones que fueron dándose en el tiempo, cuyo efecto acumulativo a la fecha ha alcanzado graves proporciones.

Como el del cambio climático hay muchos otros problemas acumulativos que luego de que han crecido de forma desproporcionada, parecen engullirnos, y es hasta entonces cuando nos alarmamos y comienza a “caernos el veinte” respecto a su magnitud. Hoy quiero enfocar mi comentario con relación a otro tipo de problemas, los que se generan en el seno del hogar, llámese en la pareja o en la propia familia. Son pequeñeces que se van dando de forma sistemática, repitiéndose, aumentando en intensidad, pequeñeces a las que se suman otras pequeñeces, y aquello comienza a crecer como bola de nieve, llevándose a su paso todo lo que encuentra. Detalles en la relación de pareja, tal vez durante el noviazgo, diferencias que no se ventilan, silencios que albergan en su seno inconformidades, pero que se asumen así bajo el argumento que a la larga sale caro, de callarse y ceder “nada más esta vez, para llevar la fiesta en paz”.

Se nos olvida que la relación de pareja es precisamente eso, la asociación voluntaria y por amor de dos personas distintas, cuya base de sustentación es la negociación, alcanzar acuerdos que a ambos beneficien. Los patrones de relación se van estableciendo desde el momento cuando se conocen e intercambian las primeras palabras, son adaptaciones de uno al otro, es un dar y recibir; un renunciar y obsequiar; en la medida en que haya satisfacción al hacerlo, no por la fuerza sino de propia voluntad.

Resulta increíble cómo los detalles más pequeños en una pareja de novios llegan a ser un indicativo de la futura relación como esposos, recordando aquella parábola del evangelio de Lucas: “El que es fiel en lo poco, en lo mucho también lo es”. Los pequeños gestos, las pequeñas palabras que sugieren problema en el inicio de una relación, no van a pulverizarse y desaparecer así nada más; son fórmulas matemáticas que presagian lo que está por venir, de manera que cada uno tendrá que definir hasta qué punto conoce al otro, y en caso de que los signos indiquen problemas potenciales en la relación, medir hasta qué punto están dispuestos a tolerarse, a negociar, a buscar de manera conjunta un camino que les permita llevar la relación al nivel óptimo. Esos chispazos mágicos del enamoramiento suelen ser elementos que identificamos en el otro como algo familiar, porque son representaciones con las cuales hemos tenido contacto de niños. La chica de alguna manera buscará en la pareja potencial actitudes, gestos o modos de tratarla a ella que repliquen la forma como su padre trató a su madre, que tantas veces explica ese repetir patrones de conducta que dañaron en la infancia y ahora se repiten como calcados en la pareja que se elige para toda la vida.

Hablando de la familia, son muchas las ocasiones cuando esta es una de la puerta de la casa para afuera y otra muy distinta en el interior de la misma. El hogar es ese sitio en el cual podemos expresarnos de forma natural, sentirnos libres de actuar tal cual somos, sin preocuparnos por el rechazo social que de forma sistemática se da allá afuera. La libre expresión no nos autoriza -sin embargo- a ser rudos con nuestros seres queridos, a tratarlos de manera descuidada, suponiendo que de todas formas ellos tienen que aguantarnos. Si el hogar es el sitio donde se va desarrollando la relación de pareja en todo su esplendor, y donde se forja la autoestima de los hijos desde el primer momento, es justo el sitio donde nos corresponde aplicar nuestras mejores herramientas emocionales, el cuidado, el afecto, la ternura, la paciencia, todas aquellas maneras que permitan a nuestros niños sentirse seguros y amados, que no quepa en ellos duda alguna de que siempre los vamos a querer por lo que son. Un hogar en el cual estas cuestiones no quedan claras para el corazón de un niño, puede convertirse en una losa en su pecho que no le permitirá alcanzar todo su potencial humano, por favor no lo olvidemos. Una relación de pareja que se convierte en rutinaria y sin chispa es el preámbulo perfecto para vivir lo que llamaba Campoamor: “La soledad de dos en compañía” o la muerte en vida del amor.

La suma de lo más pequeño, a través del tiempo es la fuerza más grande en el universo, polvo de estrellas que construye destinos.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
12 Marzo 2017 03:00:00
La fuerza de lo pequeño
El calentamiento global es el prototipo de un problema que inició siendo pequeño, y que con el tiempo empezamos a padecer en gran escala todos los habitantes.

Como el del cambio climático hay muchos otros problemas acumulativos que luego de que han crecido de forma desproporcionada, parecen engullirnos, y es hasta entonces cuando nos alarmamos y comienza a “caernos el veinte” respecto a su magnitud.

Hoy quiero enfocar mi comentario en relación con otro tipo de problemas, los que se generan en el seno del hogar. Son pequeñeces que se van dando de forma sistemática, aumentando en intensidad. Detalles en la relación de pareja, tal vez durante el noviazgo, diferencias que no se ventilan, silencios que albergan en su seno inconformidades, pero que se asumen así bajo el argumento que a la larga sale caro, de callarse y ceder “nada más esta vez, para llevar la fiesta en paz”.

Resulta increíble cómo los detalles más pequeños en una pareja de novios llegan a ser un indicativo de la futura relación como esposos, recordando aquella parábola del evangelio de Lucas: “El que es fiel en lo poco, en lo mucho también lo es”. Los pequeños gestos, las pequeñas palabras que sugieren problema en el inicio de una relación, no van a pulverizarse y desaparecer así nada más; son fórmulas matemáticas que presagian lo que está por venir, de manera que cada uno tendrá que definir hasta qué punto conoce al otro, y en caso de que los signos indiquen problemas potenciales en la relación, medir hasta qué punto están dispuestos a tolerarse, a negociar, a buscar de manera conjunta un camino que les permita llevar la relación al nivel óptimo.

La libre expresión no nos autoriza a ser rudos con nuestros seres queridos, a tratarlos de manera descuidada, suponiendo que de todas formas ellos tienen que aguantarnos. Si el hogar es el sitio donde se desarrolla la relación de pareja en todo su esplendor, y donde se forja la autoestima de los hijos desde el primer momento, es justo el sitio donde nos corresponde aplicar nuestras mejores herramientas emocionales que permitan a nuestros niños sentirse seguros y amados, que no quepa en ellos duda de que siempre los vamos a querer por lo que son. Un hogar en el cual estas cuestiones no quedan claras para el corazón de un niño, puede convertirse en una losa en su pecho que no le permitirá alcanzar todo su potencial.

La suma de lo más pequeño, a través del tiempo es la fuerza más grande en el universo, polvo de estrellas que construye destinos.
05 Marzo 2017 04:00:00
Riesgo de vida
Las conductas sociales han cambiado con el tiempo. Los jóvenes de hoy pasan pocas horas en comunión con ellos mismos, esto es, la figura de un observador solitario tratando de entenderse a sí mismo o al mundo que le rodea es excepcional, resulta una práctica poco alentada y hasta mal vista en nuestro medio. Los jóvenes conviven poco, quizás en “reventones” multitudinarios, pero casi no lo hacen fuera de estos ambientes festivos, tal como hicieron las generaciones de las dos centurias previas. Lo que prevalece –triste decirlo—es el joven prendido de un aparato, haciendo caras y riéndose solo, en total aislamiento con respecto al mundo exterior. En lo personal me llaman mucho la atención estos jóvenes –ellos y ellas, por aquello de la igualdad de género--, tanto que quisiera acercarme a preguntarles qué es aquello que captura su atención al grado de aislarse de cuanto les rodea, además trataría de descubrir por qué llegan a considerar tan importante una llamada, como para arriesgar la vida en contestarla mientras conducen.

Precisamente con relación a esta manera de terminar atrapados por las tecnologías de la comunicación es que surgen problemas modernos, como la alta tasa de accidentes que ocurren mientras el conductor o el transeúnte, --porque también se da el caso—va distraído atendiendo al celular, sobre todo si va escribiendo mensajes de texto. Si el simple uso de telefonía celular mientras se conduce, así sea utilizando “hands free” provoca visión de túnel que estrecha el campo visual, cuanta más distracción se generará cuando el joven tiene la vista puesta en la pantalla de su celular y no en la vía por la cual transita. Alcanza tal magnitud el problema, que ha dado pie a la creación de campañas para desalentar el uso del teléfono celular mientras se conduce, algo que en lo personal hallo muy positivo para prevenir accidentes con riesgo de graves lesiones o hasta la muerte. En otros sentidos la tecnología es la gran culpable a la cual pretendemos colgar responsabilidades, como antaño se hacía con “las malas compañías” que pasaban a ser las responsables absolutas de los malos pasos en los que pudiera andar alguno de nuestros retoños, saliendo nosotros, mediante tal señalamiento, exculpados.

El uso insensato de tecnologías encierra un riesgo de muerte, eso lo sabemos y trabajamos para prevenirlo, sin embargo la otra faceta, la que he dado por llamar en este espacio “riesgo de vida” ha sido poco explorada, quizá nos refiramos a ella por exclusión, sin darle la importancia que en realidad merece.

La fórmula educativa de los últimos años está generando jóvenes frágiles con poca tolerancia a la frustración, que trazan sus metas muy elevadas, pero no actúan de manera congruente para alcanzarlas. Son jóvenes que quieren un título que les abra puertas, pero no están muy dispuestos a aplicarse con asiduidad a estudiar una carrera; cuando solicitan un trabajo esperan el puesto de categoría “senior”, aun cuando no tienen un respaldo curricular ni para aspirar a una posición ejecutiva. Son chicos caprichudos que fácilmente avientan el pandero cuando las cosas no se dan como ellos lo desean. Tal vez los hemos acostumbrado así, a complacerlos, a cumplirles todos sus gustos, a no permitir que batallen por lograr las cosas, no sea que “se traumen”. Recuerdo un chico que quería ser astrofísico, cuando lo conocí se estaba tomando un año sabático entre primer y segundo año de bachillerato “para prepararse”. La primera pregunta que me hice al conocerlo fue: ¿Pero qué tienen en la cabeza sus padres? ¿Por qué lo dejan tomar malas decisiones en lugar de educarlo?
En ocasiones es la lectura que obtengo de nuestros chicos que viven prendidos de sus aparatos, una cómoda evasión de la realidad, un decir “estoy pero no estoy”, como si hubieran colgado el aviso de “no molestar” en la puerta de su propia vida. Esos chicos que no están dispuestos a salir de su zona de confort para desarrollarse y ganar a pulso una posición que los encauce hacia un futuro satisfactorio. Esos chicos que se sienten dueños del mundo y unos papás que corren tras ellos con algodones en las manos para que, si acaso tropiezan no se golpeen contra el suelo, sin asumir que los padres no somos eternos, y que actuar así es condenar de ya el destino de los hijos. Estamos criando una generación de jóvenes que evita a toda costa el riesgo que implica la vida, aprender a medirse frente a los obstáculos y tener yerros, como futuros adultos que viven sus primeros años conociéndose a ellos mismos para que lo que venga después los halle preparados.

Riesgo de vida que adormecen frente a la pantalla, metidos en una realidad virtual en la que, cuando las cosas salen mal, cambian de aplicación, y asunto resuelto.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
26 Febrero 2017 04:00:00
Merecimientos
Nuestro México ha alcanzado un momento histórico en el que la capacidad de asombro se halla totalmente rebasada para los temas que tienen que ver con malos manejos, corrupción e impunidad, triste decirlo pero así es. En este escenario se presentan los escándalos en torno al gobierno de Javier Duarte y poco o nada nos mueve mientras leemos noticias que en otro país generarían un escándalo de dimensiones mayores, 50 mil millones de pesos nos parecen a los mexicanos poca cosa, una raya más al tigre.

Ahora que se ha decomisado una bodega repleta de objetos de valor, personales e infinidad de artículos correspondientes a programas de solidaridad no ejercidos, que incluyen despensas y sillas de ruedas, se agrega un elemento más a la increíble historia de un gobernador y su esposa. Dentro de todo lo incautado lo que más me impresionó fue la libreta (claro, no cualquier libreta Polito, sino una fina) en la cual supuestamente Karime Macías, ex primera dama de Veracruz escribió de manera interminable el mantra “sí merezco la abundancia”. En mi imaginario personal significó como si emergiera un iceberg para explicar muchas cuestiones hasta ahora inexplicables que se dan en una sociedad como la nuestra.

Hace 100 años las cosas tenían un orden, dentro de la casa, dentro de la iglesia, en el propio sistema de gobierno; con sus excepciones existía una forma lógica de pensamiento, de modo que del punto A se pasaba al punto B, todos lo sabían y actuaban en consecuencia. Vinieron las dos grandes guerras a romper el orden mundial, y a raíz de las mismas comenzaron a surgir variaciones en la forma de pensar y de sentir, que fueron más evidentes a partir de los años sesenta, con las guerras de Corea y de Vietnam. El movimiento hippie detonó una particular expresión de libertad de pensamiento, ese asumir que es válido romper el orden establecido. Y así surgieron los grandes pensadores de la época, escritores que se atreven a decir cosas que antes no podrían haberse dicho, lo que a su vez concede licencia de pensamiento al propio lector. En los setenta comenzaron a llegar al continente Americano corrientes filosóficas de oriente que en buena medida, a través de los siguientes cuarenta años adquieren carta de naturalización en la cultura occidental. Religiones tibetanas o de la India generan fenómenos culturales de apropiación que dan pie a corrientes filosóficas y religiosas de lo esotérico o mágico a lo ortodoxo.

Es así como tenemos a una primera dama veracruzana escribiendo para ella misma que le da flojera atender programas sociales inherentes a su cargo, tal vez como una catarsis íntima, lo que es válido cuando nos vemos obligados a cumplir con algo que no nos satisface, pero que además mezcla la filosofía hindú repitiendo mantras con miras a lograr un enriquecimiento exorbitante e ilícito mediante el saqueo a las arcas de la nación. Para mí es un ejemplo de cómo la libertad de pensamiento y de creencias nos lleva a generar incongruencias de ese tamaño, a esperar merecimientos por los cuales no estamos trabajando por el camino adecuado para lograr, como una canica rodando dentro de una gran vasija, errática y ruidosa.

Tenemos los políticos corruptos que en el fondo de ellos mismos sienten que “se merecen” la riqueza mal habida, o que “no merecen” recibir castigo alguno por sus actos ilícitos.

Surgen aquellas personas que actúan dañando a terceros, pero que esperan recibir buenos tratos, porque se creen merecedores de los mismos.

Hay personas que no le fallan a la misa los domingos sintiendo que ya con ello, independientemente de su modo de proceder, se han hecho merecedoras del cielo.

Existen líderes que creen merecer todo por derecho propio y hay quienes forman una gavilla en torno suyo en la búsqueda de merecer favores de su líder.

Estar frente a la mayor libertad para decidir qué somos y a dónde vamos implica la madurez de saber qué hacer, un trabajo mental para ubicarse y no terminar en la enajenación; ser capaces de establecer límites para nuestra propia conducta y no levitar suponiendo que el cargo que ocupamos nos convierte en dioses “de facto”. Quizá hace cien años cuando las estructuras sociales eran rígidas, había más orden, aunque claro, muchísimos sueños jamás se cumplían, o tal vez ni siquiera eran soñados, pues albergarlos era atentar contra lo establecido, y los que llegaban a soñar sin tener permiso para hacerlo, eran considerados los tránsfugas del sistema.

Quienes ocupan un cargo asumen un riesgo inédito de enfermedad mental frente al verbo “merecer”, si sienten que su forma de proceder, así sea descabellada, es la correcta, inspirada por un poder superior y arropada por una legión de ángeles de bolsillo a su entero servicio, como dioses.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
26 Febrero 2017 03:00:00
Merecimientos
Nuestro México ha alcanzado un momento histórico en el que la capacidad de asombro se halla totalmente rebasada para los temas que tienen que ver con malos manejos, corrupción e impunidad, triste decirlo pero así es. En este escenario se presentan los escándalos en torno al gobierno de Javier Duarte y poco o nada nos mueve mientras leemos noticias que en otro país generarían un escándalo de dimensiones mayores, 50 mil millones de pesos nos parecen a los mexicanos poca cosa, una raya más al tigre.

Ahora que se ha decomisado una bodega repleta de objetos de valor, personales e infinidad de artículos correspondientes a programas de solidaridad no ejercidos, que incluyen despensas y sillas de ruedas, se agrega un elemento más a la increíble historia de un gobernador y su esposa. Dentro de todo lo incautado lo que más me impresionó fue la libreta (claro, no cualquier libreta Polito, sino una fina) en la cual supuestamente Karime Macías, exprimera dama de Veracruz escribió de manera interminable el mantra “sí merezco la abundancia”.

Es así como tenemos a una primera dama veracruzana escribiendo para ella misma que le da flojera atender programas sociales inherentes a su cargo.

Tenemos los políticos corruptos que en el fondo de ellos mismos sienten que “se merecen” la riqueza mal habida, o que “no merecen” recibir castigo alguno por sus actos ilícitos.

Existen líderes que creen merecer todo por derecho propio y hay quienes forman una gavilla en torno suyo en la búsqueda de merecer favores de su líder.

Quienes ocupan un cargo asumen un riesgo iné-dito de enfermedad mental frente al verbo “merecer”, si sienten que su forma de proceder, así sea descabellada, es la correcta, inspirada por un poder superior y arropada por una legión de ángeles de bolsillo a su entero servicio, como dioses.
19 Febrero 2017 04:00:00
Abuelos sanadores
No es Día de los Abuelos, pero en mi caso particular se aproxima una fecha muy especial, el próximo día 21 es aniversario luctuoso de Elvira, mi abuela materna. Murió cuando yo estaba terminando el preescolar, sin embargo son inolvidables las memorias que guardo de ella y de mi abuela paterna quien, aunque murió mucho tiempo después vi poco por vivir en otra ciudad. Mis primeros diez años de vida fui hija única creciendo entre adultos, así que la presencia de estas hermosas compañeras de juegos fue de lo más agradable.

Cuando volvemos la vista para identificar los problemas sociales que involucran niños y adolescentes encontramos algo en común, provienen de hogares con escasa calidez; no podríamos apostar a una sola causa pero en cualquier caso el resultado es bastante similar: Chicos que están solos, a quienes urge sentir que pertenecen a un clan por encima de ellos mismos, y si la familia no satisface esa necesidad, marchan a buscar algo o alguien que lo haga. Las suyas no suelen ser demandas de orden material, cuentan con lo necesario para subsistir, incluso en ocasiones tienen de más, lo que falta va en otro sentido: Tiempo, atención y calidez. Tal vez los papás se hallan muy ocupados trabajando en proveer satisfactores materiales para su hijos, tantas veces a costa de elementos de orden emocional que el chico necesita para su desarrollo. Ante un escenario como este surgen figuras salvadoras, muchas veces el hermano mayor, algún maestro o tío, y en particular la figura de los abuelos que aparecen para modular las cosas, para reconocer, tolerar y apapachar, dotando al pequeño de ese sentido de pertenencia que tanto anhela.

Mi abuela Elvira pasó el último año de vida en nuestra casa por razón de una enfermedad que la consumía lentamente, a pesar del dolor que su padecimiento provocaba, nunca la podría recordar de otra forma que no fuera su naturaleza amable y cariñosa de siempre; invariablemente tenía tiempo para mí, lo que resultó maravilloso. En fechas recientes evocaba junto con mis primos por la rama materna un viaje que ella realizó por Europa algunos años antes de su muerte; cada uno conserva aquello que la abuelita vino cargando desde allá para sus entonces trece nietos. En lo personal el recuerdo más querido y que aún conservo, aunque no he sabido cómo reparar es un juguete de plástico que representa una pata y sus patitos, mismo que funcionaba al colocarlo en una superficie inclinada ¡Quién iba a decir que a más de 50 años después aquel artefacto pudiera provocar en mí tantas emociones!

Los abuelos son los grandes sanadores, sin embargo --hay que decirlo-- no están allí para vivir de nueva cuenta un rol de padres, no sería justo ni sano para nadie. El pequeño debe identificar que la autoridad de la familia recae en los padres, quienes habrán de asumir sus responsabilidades, en tanto los abuelos deben dejar en claro que son apoyo y no sustitutos en la atención de los nietos. Las familias actuales en las que hay pocos hijos y escasa convivencia entre los distintos miembros, se benefician enormemente con la presencia de los abuelos sanadores, y ese vínculo generacional provee para los más pequeños raigambre e identidad, y los sitúa en el mundo globalizado de hoy en día como individuos que se conocen a ellos mismos al conocer y amar su historia.

Vivimos tiempos en los que la amistad se condiciona, se cuestiona o se contamina; cuando la palabra ha perdido su valor agregado y se vende al mejor postor. Tiempos en los que el honor es cuestionado o mancillado sin empacho. Es precisamente ahora cuando más necesaria resulta la labor afianzadora y restauradora de la familia, y en esta labor validadora la presencia de los abuelos es fundamental. El niño necesita convencerse de que es amado, independientemente de su comportamiento, y claro, en la medida en que su autoestima aumente, el comportamiento irá mejorando, pues él sentirá que es aceptado por el grupo social, lo que facilita su integración al mismo. Resulta natural que los padres en cierta medida condicionen la expresión de su amor por el hijo, más el padre que la madre, fenómeno que es aún mayor si ellos están presionados viviendo en un mundo que demanda óptimos resultados. A ratos querrán tratar al hijo a partir de los estándares con que ellos son medidos en el ámbito laboral, lo que provocará una crisis en el niño. Maravilloso es entonces descubrir a los abuelos que tanto bien hacen en la vida de esos pequeños, para acuñar en ellos huellas imborrables que duran para siempre, y que constituyen elementos formativos que habrán de facilitar la construcción de la propia identidad, y a partir de ella el desarrollo del respeto y la tolerancia, piedras angulares de una sociedad.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
19 Febrero 2017 03:15:00
Abuelos sanadores
No es Día de los Abuelos, pero en mi caso particular se aproxima una fecha muy especial, el próximo día 21 es aniversario luctuoso de Elvira, mi abuela materna. Murió cuando yo estaba terminando el preescolar, sin embargo son inolvidables las memorias que guardo de ella y de mi abuela paterna quien, aunque murió mucho tiempo después, vi poco por vivir en otra ciudad. Mis primeros 10 años de vida fui hija única creciendo entre adultos, así que la presencia de estas hermosas compañeras de juegos fue de lo más agradable.

Cuando volvemos la vista para identificar los problemas sociales que involucran niños y adolescentes encontramos algo en común, provienen de hogares con escasa calidez; no podríamos apostar a una sola causa, pero en cualquier caso el resultado es bastante similar: chicos que están solos, a quienes urge sentir que pertenecen a un clan por encima de ellos mismos, y si la familia no satisface esa necesidad, marchan a buscar algo o alguien que lo haga. Las suyas no suelen ser demandas de orden material, cuentan con lo necesario para subsistir, incluso en ocasiones tienen de más, lo que falta va en otro sentido: tiempo, atención y calidez. Tal vez los papás se hallan muy ocupados trabajando en proveer satisfactores materiales para sus hijos, tantas veces a costa de elementos de orden emocional que el chico necesita para su desarrollo. Ante un escenario como éste surgen figuras salvadoras, muchas veces el hermano mayor, algún maestro o tío, y en particular la figura de los abuelos que aparecen para modular las cosas, para reconocer, tolerar y apapachar, dotando al pequeño de ese sentido de pertenencia que tanto anhela.

Mi abuela Elvira pasó el último año de vida en nuestra casa por razón de una enfermedad que la consumía lentamente, a pesar del dolor que su padecimiento provocaba, nunca la podría recordar de otra forma que no fuera su naturaleza amable y cariñosa de siempre; invariablemente tenía tiempo para mí, lo que resultó maravilloso. En fechas recientes evocaba junto con mis primos por la rama materna un viaje que ella realizó por Europa algunos años antes de su muerte; cada uno conserva aquello que la abuelita vino cargando desde allá para sus entonces 13 nietos. En lo personal el recuerdo más querido y que aún conservo, aunque no he sabido cómo reparar, es un juguete de plástico que representa una pata y sus patitos, mismo que funcionaba al colocarlo en una superficie inclinada ¡Quién iba a decir que a más de 50 años después aquel artefacto pudiera provocar en mí tantas emociones!

Los abuelos son los grandes sanadores, sin embargo no están allí para vivir de nueva cuenta un rol de padres, no sería justo ni sano para nadie. El pequeño debe identificar que la autoridad de la familia recae en los padres, quienes habrán de asumir sus responsabilidades, en tanto los abuelos deben dejar en claro que son apoyo y no sustitutos en la atención de los nietos. Las familias actuales en las que hay pocos hijos y escasa convivencia entre los distintos miembros, se benefician enormemente con la presencia de los abuelos sanadores.

Vivimos tiempos en los que la amistad se condiciona, se cuestiona o se contamina; cuando la palabra ha perdido su valor agregado y se vende al mejor postor. Tiempos en los que el honor es cuestionado o mancillado sin empacho. Es precisamente ahora cuando más necesaria resulta la labor afianzadora y restauradora de la familia, y en esta labor validadora la presencia de los abuelos es fundamental.

El niño necesita convencerse de que es amado, independientemente de su comportamiento, y claro, en la medida en que su autoestima aumente, el comportamiento irá mejorando, pues él sentirá que es aceptado por el grupo social, lo que facilita su integración al mismo. Resulta natural que los padres en cierta medida condicionen la expresión de su amor por el hijo, más el padre que la madre, fenómeno que es aún mayor si ellos están presionados viviendo en un mundo que demanda óptimos resultados. A ratos querrán tratar al hijo a partir de los estándares con que ellos son medidos en el ámbito laboral, lo que provocará una crisis en el niño.

Maravilloso es entonces descubrir a los abuelos que tanto bien hacen en la vida de esos pequeños, para acuñar en ellos huellas imborrables que duran para siempre.
12 Febrero 2017 04:00:00
Vibra México
La imagen es desgarradora: En el exterior de una farmacia de cadena de las que cuentan con un consultorio anexo, en la ciudad de Tehuacán, Puebla se halla una carriola totalmente tapada con cobertores y a unos pasos de la misma una mujer joven cuya actitud hace suponer que llora profusamente mientras cubre su rostro con la parte redundante de las mangas de una chamarra color guinda, que ha estirado hasta cubrir sus manos. En torno a la carriola y a la madre se ha extendido cinta amarilla de “prohibido pasar”; en el triángulo que forma la cinta hay dos figuras más, la de un uniformado y la de un joven hombre que habla por teléfono. La nota –amarilla o roja, aunque para mí en este instante es negra– la comparte un compañero pediatra para llamar nuestra atención con relación a una muerte que nunca debió ocurrir: ¡Cuánto nos falta por hacer para evitar algo así, un niño de 4 años que muere esperando turno para consulta, portador de una probable rubeola complicada! Contrario a otras semanas cuando en lenta cocción surge la nota dominical, esta llega a mi mente como latigazo, tanto que siento una urgencia inminente por comenzar a escribir, lo que hago de inmediato, dejando de lado otras tareas literarias que me ocupaban en el momento, es un deber ciudadano hacerlo, al menos así lo siento.

Quizá la forma más exquisita de entender la democracia sea concebirla como un sistema que permite a cada cual ejercer su pleno derecho sin por ello afectar los derechos de otros. Como nación estamos pasando por una etapa de rediseño que –queremos creer– se encamina hacia la democracia, pero por desgracia nos falta mucho por crecer; descalificamos las acciones de quienes no piensan como nosotros, en lugar de proponernos actuar cada cual desde su propio canal para ir a confluir en un fin común. La marcha ciudadana que se llevará a cabo hoy en varias ciudades, denominada “Vibra México” la convocan ciudadanos de carne y hueso para manifestarse como mexicanos a favor del país y en contra de las medidas que pretende imponer un gobierno extranjero. Pero por supuesto se han multiplicado las voces que la desacreditan y distorsionan, hay quien quiere sacar tajada política de la misma, cuando el lema original es un clamor ciudadano, un decir “basta a las malas prácticas de la administración pública y a las imposiciones de un gobierno extranjero”. Triste decirlo: Los mexicanos no necesitamos enemigos de fuera, pues en cada uno de nosotros mora el mayor enemigo del otro mexicano, en buena parte es por este canibalismo ciudadano que nuestras iniciativas ciudadanas luego no progresan.

Hay problemas muy urgentes por atender. Que un niño de cuatro años muera en la banqueta esperando su turno para ser atendido es un llamado de atención para todos; como sucede en otras áreas de salud, las farmacias con consultorios anexos de bajo costo resuelven buena parte de las deficiencias en la atención de pacientes dentro del sector salud y esto no es un problema menor. Si el niño murió por complicaciones de rubeola, significa que no contaba con la vacuna, un derecho que el sistema debe garantizar en todo menor de edad, entonces... ¿qué pasó aquí? La madre luce joven, tal vez haya sido su primer niño y ella no supo identificar la gravedad en las condiciones de su hijo. ¿Estaría desnutrido? ¿Cuándo iniciaría con su cuadro? ¿No hubo quién orientara a esta madre?... Me recuerda aquel óleo de un niño enfermo, pintado por Gabriel Metsu, y en este caso por el pincel de la pobreza y la ignorancia, frente al cual sería criminal permanecer indiferentes. Menos aún cuando reconocemos que renglones de primer orden como el de salud sufren recortes presupuestales frente a rubros innecesarios que bien pueden ser cancelados.

Los mexicanos necesitamos cambiar nuestra actitud, ser solidarios unos con otros, corresponsables, dejar de pelear por el color de la camiseta, dejar de meter zancadilla al que trata de hacer las cosas, y por el contrario, reconocer y alentar sus logros. Necesitamos anteponer el bien del país por encima de los asuntos de orden personal, y entender que mientras un mexicano sea el mayor enemigo de otro mexicano, el país seguirá empantanado.

Hace un par de días arrancó el Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción, integrado por personajes de trayectoria amplia e integridad reconocida por la sociedad (no fue “dedazo”). Apostemos porque sea este el primero de incontables pasos que nos permitan esbozar el proyecto de nación que demandan de nosotros –con justa razón– nuestros hijos. No hay fórmulas mágicas para sacar adelante a México, solamente la conjunción de inteligencia, trabajo y unidad encaminados al logro del bien común. Que vibre México por entusiasta y solidario.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
12 Febrero 2017 03:00:00
Vibra México
La imagen es desgarradora: en el exterior de una farmacia de cadena de las que cuentan con un consultorio anexo, en la ciudad de Tehuacán, Puebla, se halla una carriola tapada con cobertores y a unos pasos de la misma una mujer joven cuya actitud hace suponer que llora mientras cubre su rostro con la parte redundante de las mangas de una chamarra color guinda, que ha estirado hasta cubrir sus manos. En torno a la carriola y a la madre se ha extendido cinta amarilla de “prohibido pasar”; en el triángulo que forma la cinta hay dos figuras más, la de un uniformado y la de un joven hombre que habla por teléfono.

La nota la comparte un compañero pediatra para llamar nuestra atención en relación con una muerte que nunca debió ocurrir ¡Cuánto nos falta por hacer para evitar algo así, un niño de 4 años que muere esperando turno para consulta, portador de una probable rubeola complicada!

Quizá la forma más exquisita de entender la democracia sea concebirla como un sistema que permite a cada cual ejercer su pleno derecho sin por ello afectar a los otros. Como nación estamos pasando por una etapa de rediseño que, queremos creer, se encamina hacia la democracia, pero por desgracia nos falta mucho por crecer; descalificamos las acciones de quienes no piensan como nosotros, en lugar de proponernos actuar cada cual para ir a confluir en un fin común.

La marcha ciudadana que se llevará a cabo hoy en varias ciudades, denominada Vibra México la convocan ciudadanos de carne y hueso para manifestarse como mexicanos a favor del país y en contra de las medidas que pretende imponer un gobierno extranjero. Pero se han multiplicado las voces que la desacreditan y distorsionan, hay quien quiere sacar tajada política de la misma, cuando el lema original es un clamor ciudadano, un decir “basta a las malas prácticas de la administración pública y a las imposiciones de un gobierno extranjero”.

necesitamos cambiar nuestra actitud, ser solidarios, dejar de pelear por el color de la camiseta, dejar de meter zancadilla al que trata de hacer las cosas, y por el contrario, reconocer sus logros. Necesitamos anteponer el bien del país por encima de los asuntos personales, y entender que mientras un mexicano sea el mayor enemigo de otro mexicano, el país seguirá empantanado.
05 Febrero 2017 04:00:00
Rompiendo silencios
Soy melómana, aun así hay una serie de sones de los que conozco poco o nada, y tal es el caso del reggaeton. Sé que es un ritmo afrocaribeño nacido en Jamaica, que emigró a Panamá, influenciado por el hip-hop, y por los efectos electrónicos de los DJ, y que cumple una función social en ciertas tribus urbanas. De alguna manera, ya sea por lo poco que he escuchado canciones de este corte, o que me inclino más por la armonía que por la letra, en realidad no sé decir de qué temática tratan estos sones reggaetoneros.

En el curso de la semana el Dr. Juan Lino Fernández, pediatra tamaulipeco, buen amigo muy avezado en redes sociales, dentro de un Foro de Pediatras al cual ambos pertenecemos compartió un video que me dejó muda. Dos jóvenes nos llaman la atención a los adultos con relación a los contenidos sonoros que escuchan los hijos, para ello reproducen un fragmento de reggaeton desglosando la letra del mismo, este habla de las distintas variaciones del acto sexual. Para quienes no estamos familiarizados con ese tipo de música, de entrada aquello no llama la atención, aunque a la hora de ir colocando la letra se distingue claramente su contenido. Más delante los mismos presentadores nos hacen ver que estos contenidos están al alcance de cualquier menor de edad, y para demostrarlo incluyen fragmentos de videos tomados de youtube, en los que niños no mayores de 10 años bailan esta misma canción, cantándola palabra por palabra. Está visto que algunos, por razón de su edad, o no alcanzan a captar el significado de la letra, o están tan familiarizados que ni se sorprenden, en tanto otros claramente se abochornan al tiempo de ir cantando, o sea que tienen alguna idea de qué se trata el contenido.

Lo más sencillo es desviar la mirada para otro lado y decir que eso sucede en cierto estrato social, pero no en el nuestro, o bien adelantar que en estos tiempos en los que todo se vale, “no hay bronca” con tales contenidos, para ignorar el asunto, borrarlo de nuestro imaginario y ponernos a pensar en cosas más agradables. Yo los animo a no caer en esta postura cómoda, sino por el contrario escuchar estas letras, entender que no es normal que un niño de 8 o de 10 años esté hablando de posiciones sexuales como si platicara de hacer palomitas. No a esa edad, no presentado de ese modo, no con ese desprecio por la figura femenina, no exaltando la función como semental de la figura masculina.

Lo anterior pone en evidencia esos terribles silencios que zanjan a la generación de los chavos con respecto a la de los adultos, sean padres o formadores. La prístina negación de los mayores frente a la maligna exposición a todo tipo de contenidos a la que están sujetos los menores de edad hoy en día. No se trata de prohibir a los chavos el acceso a redes sociales ni de colocar bajo tres candados los celulares o las tabletas… Se trata en primer término de acercarnos a los jóvenes con interés por conocer a qué contenidos acceden, poner atención a los temas que incluyen y cómo los presentan, y más delante dialogar con ellos para tratar de entender por qué les llaman la atención, y una vez que quedan claros los motivos, valorar junto con ellos si ese conducto es el más apropiado para conseguir aquello que ellos buscan. Muchas veces es la necesidad de sentirse identificado, de satisfacer su sentido de pertenencia a un grupo que él identifica valioso y validador.

Desde el momento cuando vamos con la espada desenvainada, ya hemos cortado toda posibilidad de apertura de su parte. Cuando nos espantamos con lo que conocemos o fiscalizamos, tenemos asegurado el hermetismo de los jóvenes. Alguna vez cuando una madre me pedía orientación sobre cómo manejar a sus hijos adolescentes, le sugería abrir los sentidos, captar lo que percibe y hacer cara de que nada le asusta. Es la única manera de que el chavo sienta la confianza suficiente como para abrirse, pues para saber sus cosas necesitamos que lo haga, de otro modo poco o nada vamos a lograr.

Esos silencios generados por la diferencia de edad entre jóvenes y adultos, o por la apropiación de tecnologías que ellos como nativos digitales tienen y nosotros no; esos silencios provocados por nuestros temores a indagar y luego no saber qué hacer con lo que hallemos, tanto que prefiramos suponer que no pasa nada y quedarnos en nuestra bendita ignorancia… Esos silencios son los que necesitamos romper antes de que nuestros chavos cometan un error que les cueste demasiado. Ellos saben mucho de muchas cosas, pero el valor de la experiencia no lo da más que el tiempo, y eso no debemos de olvidarlo.

Por cierto: ¿Conoces bien qué música le gusta a tus hijos? ¿Qué personajes admiran y por qué? Hoy domingo es un buen día para platicar y comenzar a averiguarlo.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
05 Febrero 2017 03:00:00
Rompiendo silencios
Soy melómana, aun así hay una serie de sones de los que conozco poco o nada, y tal es el caso del reggaeton. Sé que es un ritmo afrocaribeño nacido en Jamaica, que emigró a Panamá, influenciado por el hip hop, y por los efectos electrónicos de los DJ, y que cumple una función social en ciertas tribus urbanas. De alguna manera, ya sea por lo poco que he escuchado canciones de este corte, o que me inclino más por la armonía que por la letra, en realidad no sé decir de qué temática tratan estos sones.

En el curso de la semana el Dr. Juan Lino Fernández, pediatra tamaulipeco, buen amigo muy avezado en redes sociales, dentro de un Foro de Pediatras, al cual ambos pertenecemos, compartió un video que me dejó muda. Dos jóvenes nos llaman la atención a los adultos en relación con los contenidos sonoros que escuchan los hijos, para ello reproducen un fragmento de reggaeton desglosando la letra del mismo, este habla de las distintas variaciones del acto sexual.

Más delante los mismos presentadores nos hacen ver que estos contenidos están al alcance de cualquier menor de edad, y para demostrarlo incluyen fragmentos de videos tomados de youtube, en los que niños no mayores de 10 años bailan esta misma canción, cantándola palabra por palabra. Está visto que algunos, por razón de su edad, o no alcanzan a captar el significado de la letra, o están tan familiarizados que ni se sorprenden, en tanto otros claramente se abochornan al tiempo de ir cantando, o sea que tienen alguna idea de qué se trata el contenido.

Lo más sencillo es desviar la mirada para otro lado y decir que eso sucede en cierto estrato social, pero no en el nuestro, o bien adelantar que en estos tiempos en los que todo se vale, “no hay bronca” con tales contenidos para ignorar el asunto, borrarlo de nuestro imaginario y ponernos a pensar en cosas más agradables. Yo los animo a no caer en esta postura cómoda, sino por el contrario escuchar estas letras, entender que no es normal que un niño de 8 o de 10 años esté hablando de posiciones sexuales como si platicara de hacer palomitas. No a esa edad, no presentado de ese modo, no con ese desprecio por la figura femenina, no exaltando la función como semental de la figura masculina.

Lo anterior pone en evidencia esos terribles silencios que zanjan a la generación de los chavos con respecto a la de los adultos, sean padres o formadores. La prístina negación de los mayores frente a la maligna exposición a todo tipo de contenidos a la que están sujetos los menores de edad hoy en día. No se trata de prohibir a los chavos el acceso a redes sociales ni de colocar bajo tres candados los celulares o las tabletas… Se trata en primer término de acercarnos a los jóvenes con interés por conocer a qué contenidos acceden, poner atención a los temas que incluyen y cómo los presentan, y más delante dialogar con ellos para tratar de entender por qué les llaman la atención, y una vez que quedan claros los motivos, valorar junto con ellos si ese conducto es el más apropiado para conseguir aquello que ellos buscan.
29 Enero 2017 04:00:00
Érick y Karabo
Cada cual busca prevenir el Alzheimer de la mejor manera, a mis casi 62 años yo lo hago aprendiendo francés. Tengo un maestro muy joven con verdadera vocación por lo que hace, que convierte nuestra clase en tiempo de enriquecimiento, diversión y aprendizaje. Él acaba de regresar de una estadía de 2 años como misionero en el extranjero y tuvimos la buena fortuna de constituir su primer grupo de alumnos; en lo particular es muy gratificante ver cómo prepara sus clases y se aplica con toda la paciencia del mundo para que cada alumno logre su objetivo.

Asumiendo lo ocurrido en Monterrey hace once días como una gran asignatura personal por atender, esta semana me he ocupado de conocer las teorías de Gilles Lipovetsky, un filósofo postmoderno, autor de una teoría que viene a explicar en gran medida los fenómenos sociales que involucran a nuestros niños y adolescentes. Su primera obra publicada en 1983 se intitula: “La era del vacío”, en ella aborda el impacto que tienen los medios de difusión masiva en la transformación de los valores de una sociedad. Aun cuando su libro fue publicado antes de la proliferación de las redes sociales, contiene principios que se aplican perfectamente a los tiempos actuales. En sus últimas publicaciones Lipovetsky tiene el acierto de incluir lo relativo a los “self media” (perdón por el anglicismo), que explican el narcisismo del individuo frente a la pantalla de uso personal, propio de la que llama “época hipermoderna”. Además acuña un término muy descriptivo: “Felicidad light”.

Con relación a esto último me topo con la iniciativa de un joven sudafricano de 18 años (tres menos que mi maestro Érick) de nombre Karabo Mnisi; él propone hacer montajes de la propia muerte, fotografiarlos y subirlos a las redes sociales. Más que horroroso lo hallo patético, además de que bajo la óptica de la teoría de Lipovetsky se explica por ese vacío existencial que los chavos no hallan cómo llenar, frente a la necesidad apremiante de reinventarse ellos mismos. Lipovetsky propone que la educación le apueste en serio a la formación artística de los niños desde los primeros grados, como una forma mediante la cual el estudiante pueda sentir que vale frente a la sociedad por aquello que es capaz de expresar. Que el arte le permita asimilar el concepto de que se le reconoce por lo que sabe hacer, lo que le vuelve distinto del resto de los mortales, rompiendo de ese modo el narcisismo colectivo de nuestros tiempos, dentro del cual somos tan parecidos unos y otros, que terminamos sintiendo que la vida es un absurdo, al grado de considerar que da lo mismo tenerla que perderla. Con relación a las redes sociales señala una verdad tan profunda como lamentable, emprendemos una comunicación carente de objetivo preciso o público determinado, movida por la urgencia de expresarnos para cerciorarnos de que seguimos vivos. Esa honda sensación de vacío nos encapsula en nuestro espacio vital, y nos conduce tanto al hedonismo como a la insensibilidad frente a los demás. Todo lo que sucede en la vida real se confunde con lo que se ve en la pantalla, lo que lleva a un desapego emocional en potencia grave.

En la adolescencia el ser humano lleva a cabo un proceso de definición secundaria para luego salir a enfrentar al mundo de forma única y auténtica. Cuando el desarrollo emocional falla el chico no encuentra los elementos que le permitan llevar a cabo esa autoafirmación, de modo que lo intentará tal vez comprando para sentir que existe, o atacando para sentirse poderoso mientras navega en aguas turbulentas que amenazan con hundirlo. Su creatividad echa mano de los elementos al alcance para decir “yo soy” a cualquier precio. Ahí tenemos los dos polos, el de mi maestro Érick que a sus 21 años ya está construyendo un futuro propio, y el de Karabo de 18 jugando a morir, con el riesgo de que en una de esas se le cumpla.

Un principio de comunicación señala que a las dos semanas una noticia pierde vigencia. En tres días más se cumple ese plazo para lo acontecido en un colegio de Monterrey y que en su momento nos cimbró; en este caso no se vale cerrar el libro, sellar la historia y olvidarlo, estamos todos obligados a hacer lo necesario para que algo así nunca vuelva a ocurrir.

No está de más insistir: Los niños y jóvenes están en período de formación, no tienen capacidad para tomar todas las decisiones, no todo lo que hagan está bien hecho, para eso estamos los adultos, para señalar valores y ver porque se cumplan. La mejor manera de garantizarlo es a través del ejemplo: Enseñar amor a la vida amando la vida, enseñar fortaleza siendo fuertes; convertirnos en paradigmas de total congruencia en cada pequeño acto que emprendamos para un cambio verdadero.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
29 Enero 2017 03:00:00
Erick y Karabo
Cada cual busca prevenir el Alzheimer de la mejor manera, a mis casi 62 años yo lo hago aprendiendo francés. Tengo un maestro muy joven con verdadera vocación por lo que hace, que convierte nuestra clase en tiempo de enriquecimiento, diversión y aprendizaje. Él acaba de regresar de una estadía de dos años como misionero en el extranjero, y tuvimos la buena fortuna de constituir su primer grupo de alumnos; en lo particular es muy gratificante ver cómo prepara sus clases y se aplica con toda la paciencia del mundo para que cada alumno logre su objetivo.

Asumiendo lo ocurrido en Monterrey como una gran asignatura personal por atender, esta semana me he ocupado de conocer las teorías de Gilles Lipovetsky, un filósofo postmoderno, autor de una teoría que viene a explicar en gran medida los fenómenos sociales que involucran a nuestros niños y adolescentes. Su primera obra publicada en 1983 se titula La Era del Vacío, en ella aborda el impacto que tienen los medios de difusión masiva en la transformación de los valores de una sociedad.

eN relación con esto último me topo con la iniciativa de un joven sudafricano de 18 años (tres menos que mi maestro Erick) de nombre Karabo Mnisi; él propone hacer montajes de la propia muerte, fotografiarlos y subirlos a las redes sociales. Más que horroroso lo hallo patético, además de que bajo la óptica de la teoría de Lipovetsky se explica por ese vacío existencial que los chavos no hallan cómo llenar, frente a la necesidad apremiante de reinventarse.

En la adolescencia el ser humano lleva a cabo un proceso de definición secundaria para luego salir a enfrentar al mundo. Cuando el desarrollo emocional falla el chico no encuentra los elementos que le permitan llevar a cabo esa autoafirmación, de modo que lo intentará comprando para sentir que existe, o atacando para sentirse poderoso. Su creatividad echa mano de los elementos al alcance para decir “yo soy” a cualquier precio. Ahí tenemos los dos polos, el de mi maestro Erick que a sus 21 años ya está construyendo un futuro propio, y el de Karabo de 18 jugando a morir, con el riesgo de que en una de esas se le cumpla.
22 Enero 2017 04:00:00
Agua mala
Una de las grandes notas de esta semana es lo acontecido en un colegio particular de la ciudad de Monterrey, una dolorosa tragedia que nunca debió ocurrir. Por tal razón me permito echar mano del título del libro de la argentina Josefina Licitra para esbozar mi idea sobre lo que puede haber detrás de estos hechos.

Un jovencito, un arma, un posible anuncio en redes sociales, un aparente no dar importancia al anuncio y los hechos de sangre. Rondan mil cosas en derredor, que si había acoso escolar, que si estaba deprimido, o medicado, que si pertenecía a un grupo de troleadores en la red, que de quién era el arma y que quién lo entrenó… Y así de este modo cada cual baraja la información y arma su propia historia, difícil saber qué tan verídica, y muchas veces tan carente de humanismo.

“Agua mala” haciendo alusión a la novela de Licitra, no para referirme a un maremoto arrasador como fue el caso de la aldea argentina desaparecida que da pie a la novela. Más bien de esas humedades que van infiltrando lentamente las estructuras, y con el paso del tiempo terminan minando todo hasta provocar destrucción. Esa humedad simbólica que nosotros como sociedad no tomamos muy en cuenta, o desestimamos, esa humedad que comienza a propiciar la proliferación de parásitos, mismos que hacemos por limpiar pero al rato vuelven a pulular, puesto que el problema de fondo –la humedad—ahí sigue y avanza. Así es como imagino la situación de muchos chicos, que puede ser o no ser el caso del alumno de Monterrey, nosotros como padres atendiendo lo estrictamente necesario; desconociendo las potencialidades de los hijos; pasando por alto o racionalizando aquellos primeros signos de alarma. Y la humedad avanza, infiltra, hasta que en un momento dado la solidez del muro queda hecha polvo a nuestros pies.

Imposible medir la cantidad de comentarios en redes sociales a raíz del incidente en Monterrey, todos nos erigimos en jueces, profundos conocedores, opinamos y satanizamos; nos vamos contra los padres, o contra los maestros, pontificamos y agredimos, por desgracia algo tan común en la red.

Para resolver los problemas sociales de México necesitamos una plataforma de la cual partir, y por desgracia nuestras instituciones no la proveen puesto que no están profesionalizadas. Mientras los mandos estén en manos de políticos y no de especialistas del ramo, vamos a seguir emproblemados. Con relación a casos de violencia en adolescentes la Dra. Feggy Ostrosky, reconocida neuropsicóloga de la UNAM, y apasionada estudiosa de este fenómeno reconoce tres elementos clave: Depresión, un gran enojo y un profundo sentido de venganza, que tal vez el chico no verbalice, pero de alguna manera se manifiestan, y pueden ser detectadas por personas del entorno, siempre y cuando existan canales de comunicación, tanto en la familia como en la escuela.

En buena medida los padres jóvenes de hoy tienen grandes demandas laborales que roban mucho de su tiempo real frente a los hijos, lo que genera poca comunicación además de culpa, y tal vez se tienda a llenar esos huecos afectivos con regalos materiales, cuando el chico lo que está pidiendo es que lo miren a los ojos, lo escuchen sin juzgarlo de entrada, y ser tomado en cuenta y reconocido.

Señala la Dra. Ostrosky que no existe un gen de la maldad, pero sí neuronas-espejo que determinan la empatía hacia los demás, y estas se van apagando con la exposición continua a la violencia, así se trate de videojuegos; son hechos probados científicamente, así que habrá que revisar los contenidos temáticos que dejamos entrar a casa. Por desgracia como sociedad nos hemos acostumbrado a manejarnos en el entendido que nada es malo, y para muestra ahí tenemos a los grandes ladrones de cuello blanco a los que en ratos hasta celebramos. Es en esa confusión donde urge nuestra participación como orientadores.

En el caso de Monterrey nunca vamos a conocer la verdad última de lo ocurrido, pero sí a partir de ello estamos obligados a revisar nuestra actuación frente a los chicos, como padres, como maestros, como médicos, como ciudadanos. Ellos están pidiendo acercamiento, ser escuchados y valorados, no criminalizados. Fomentemos en ellos una identidad que les proporcione raíces; un sentido de pertenencia que les provea de seguridad, y un reconocimiento que les permita extender las alas y volar sin riesgo de venirse a pique.

Un chico es el síntoma pibote de lo que ocurre dentro de la familia, eso no es gratuito. Como sociedad civil y como instituciones profesionales estamos obligados a detectarlo. La operación mochila inicia en casa revisando en tiempo y forma mochilas de viaje, la propia y la que cargan nuestros hijos.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
22 Enero 2017 03:00:00
Agua mala
Una de las grandes notas de esta semana es lo acontecido en un colegio particular de la ciudad de Monterrey, una dolorosa tragedia que nunca debió ocurrir. Por tal razón me permito echar mano del título del libro de la argentina Josefina Licitra para esbozar mi idea sobre lo que puede haber detrás de estos hechos.

Un jovencito, un arma, un posible anuncio en redes sociales, un aparente no dar importancia al anuncio y los hechos de sangre. Rondan mil cosas en derredor, que si había acoso escolar, que si estaba deprimido, o medicado, que si pertenecía a un grupo de troleadores en la red, que de quién era el arma y que quién lo entrenó… Y así de este modo cada cual baraja la información y arma su propia historia, difícil saber qué tan verídica, y muchas veces tan carente de humanismo.

“Agua mala” haciendo alusión a la novela de Licitra, no para referirme a un maremoto arrasador como fue el caso de la aldea argentina desaparecida que da pie a la novela. Más bien de esas humedades que van infiltrando lentamente las estructuras, y con el paso del tiempo terminan minando todo hasta provocar destrucción. Esa humedad simbólica que nosotros como sociedad no tomamos muy en cuenta, o desestimamos, esa humedad que comienza a propiciar la proliferación de parásitos, mismos que hacemos por limpiar, pero al rato vuelven a pulular, puesto que el problema de fondo –la humedad—ahí sigue y avanza.

Imposible medir la cantidad de comentarios en redes sociales a raíz del incidente en Monterrey, todos nos erigimos en jueces, profundos conocedores, opinamos y satanizamos; nos vamos contra los padres, o contra los maestros, pontificamos y agredimos, por desgracia algo tan común en la red.

Para resolver los problemas sociales de México necesitamos una plataforma de la cual partir, y por desgracia nuestras instituciones no la proveen puesto que no están profesionalizadas. Mientras los mandos estén en manos de políticos y no de especialistas del ramo, vamos a seguir emproblemados. En relación con casos de violencia en adolescentes Feggy Ostrosky, reconocida neuropsicóloga de la UNAM, y apasionada estudiosa de este fenómeno, reconoce tres elementos clave: depresión, un gran enojo y un profundo sentido de venganza, que tal vez el chico no verbalice, pero de alguna manera se manifiestan, y pueden ser detectadas por personas del entorno, siempre y cuando existan canales de comunicación, tanto en la familia como en la escuela.

En buena medida los padres jóvenes de hoy tienen grandes demandas laborales que roban mucho de su tiempo real frente a los hijos, lo que genera poca comunicación, además de culpa, y tal vez se tienda a llenar esos huecos afectivos con regalos materiales, cuando el chico lo que está pidiendo es que lo miren a los ojos, lo escuchen sin juzgarlo de entrada, y ser tomado en cuenta y reconocido.
15 Enero 2017 04:00:00
Terabithia
Esta semana falleció un pensador excepcional: El polaco Zygmunt Bauman, autor del concepto de “sociedad líquida” que analiza los efectos generados por nuestra participación dentro de la Internet, mismos que repercuten en el mundo real.

La tecnología llegó para quedarse, cada dispositivo que se introduce al mercado va generando cambios en los usuarios hasta que se completa el período de apropiación, esto es, hasta que un elemento –digamos, el teléfono móvil—se integra como parte de la vida cotidiana. Los primeros teléfonos celulares que datan de 1973 y que eran privilegio de unos cuantos, han dado paso a aparatos muy variados, desechables y multiusos, que cualquiera puede adquirir, de modo que difícilmente prescindimos de su uso, ya sea para comunicarnos, informarnos o entretenernos.

Bauman allá por 1990 comenzó a profundizar en sus estudios acerca de los efectos que la apropiación de la tecnología de la información y comunicación provocaba en los usuarios. Centró su atención en la manera como la vida de relación de los seres humanos iba cambiando conforme aumentaba la utilización de distintos equipos de tecnología digital, pero sobre todo, haciendo hincapié en la forma tan escasa como nosotros los usuarios llegamos a percatarnos de esos cambios generados en nuestro comportamiento general.

Cuando visualizamos bajo la óptica de Bauman diversos fenómenos que ocurren en derredor nuestro, descubrimos una relación directa entre los contenidos transmitidos a través de la tecnología y el comportamiento de diversos sectores de la población. En los últimos cuarenta años hemos conformado sociedades que se mueven a una velocidad muy alta, constituidas por individuos que parten del principio de que todo en derredor debe funcionar como ellos lo anticipan. La tecnología da pie a seres humanos aislados y altamente egocéntricos que no alcanzan a percibir las cosas de otra forma, ello lleva a que nos volvamos poco tolerantes con quienes actúan de otra manera o a otra velocidad, y llegamos a exasperarnos fácilmente. Quisiéramos modular el mundo a voluntad, como haríamos desde la consola de un videojuego.

Una cosa deja clara el pensador desde sus primeras comunicaciones sobre el tema: El mundo virtual es un generador de ilusiones que caen más allá de cualquier realidad material, la más grave es que el mundo real tiene solidez, idea generada a partir del mundo líquido que sólo existe en la red. Dentro de las redes sociales cada individuo puede jugar a reinventarse cada día, aun cuando la imagen que proyecta por Internet tenga poca o ninguna relación con su comportamiento en el mundo real. Este manejo lúdico y altamente narcisista de nuestro imaginario nos lleva a conductas muy variadas, desde a subir un número interminable de “selfies” como una forma de cotidiana autoafirmación, hasta contenidos que dibujan el “yo ideal” que queremos alcanzar, pero que nada tienen que ver con cómo somos en realidad.

Uno de los fenómenos generados por este mundo de ilusiones es el culto a la imagen. Querámoslo o no, el efecto de una imagen de nosotros que los demás “compran” determina en buena proporción nuestra autoestima: Cómo nos vemos, qué lugares visitamos, qué compañías frecuentamos. Elementos que –según la teoría de la sociedad líquida de Bauman—nos esmeramos en pulir para vender mejor nuestra imagen en la red dentro de la cual somos a la vez consumidores y mercancía, en un sentido figurado. Así entonces, una buena imagen “lo dice todo”, aunque no esté respaldada por hechos. Del mismo modo, un buen discurso cautiva, aunque lo dicho sea totalmente ajeno a los datos duros. Es así como personajes que llamamos “mediáticos” nos atrapan de entrada, y nos apresuramos a colgarles todo tipo de atributos que al final del día descubrimos que en realidad no tenían. En la medida en que conozcamos estos fenómenos estaremos en capacidad de identificarlos, pero por desgracia es tan poco lo que se lee en nuestro país, que nos convertimos en caldo de cultivo para que estos paradigmas virtuales huecos proliferen, y vayan a provocar problemas sociales de muy variada magnitud, desde pequeños malentendidos entre amigos hasta decisiones políticas que con facilidad se llevan de encuentro a todo un país. Así se explica que haya gobiernos que apuestan todo a la imagen descuidando de manera absoluta la contundencia de las acciones reales.

Esta paradoja me recuerda el “Mundo mágico de Terabithia” que sólo existe en la imaginación de Katherine Paterson su autora, pero que nosotros por un buen rato estamos lejos de descubrir que es ficción.

Descanse en paz Zygmunt Bauman. No dejemos de ocuparnos por vivir en el mundo real, sin dejarnos seducir por el canto de las sirenas.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
15 Enero 2017 03:00:00
Terabithia en la red
Esta semana falleció un pensador excepcional: el polaco Zygmunt Bauman, autor del concepto de “sociedad líquida” que analiza los efectos generados por nuestra participación en internet, mismos que repercuten en el mundo real.

La tecnología llegó para quedarse, cada dispositivo que se introduce al mercado genera cambios en los usuarios hasta que se completa el período de apropiación, esto es, hasta que un elemento –digamos, el teléfono móvil– se integra a la vida cotidiana.

Los primeros celulares que datan de 1973, privilegio de unos cuantos, dieron paso a aparatos muy variados, desechables y multiusos, que cualquiera puede adquirir, de modo que difícilmente prescindimos de su uso, ya sea para comunicarnos, informarnos o entretenernos.

Bauman allá por 1990 comenzó a profundizar en sus estudios acerca de los efectos que la apropiación de la tecnología de la información y comunicación provocaba en los usuarios.

Centró su atención en la manera como la relación de los seres humanos iba cambiando conforme aumentaba la utilización de distintos equipos de tecnología digital, pero sobre todo, haciendo hincapié en la forma tan escasa como nosotros los usuarios llegamos a percatarnos de esos cambios generados en nuestro comportamiento general.

Cuando visualizamos bajo la óptica de Bauman diversos fenómenos que ocurren en derredor nuestro, descubrimos una relación directa entre los contenidos transmitidos a través de la tecnología y el comportamiento de diversos sectores de la población.

En los últimos 40 años conformamos sociedades que se mueven a una velocidad muy alta, constituidas por individuos que parten del principio de que todo debe funcionar como ellos lo anticipan.

La tecnología da pie a seres humanos aislados y altamente egocéntricos que no alcanzan a percibir las cosas de otra forma, ello lleva a que nos volvamos poco tolerantes con quienes actúan de otra manera o a otra velocidad, y llegamos a exasperarnos fácilmente.

Una cosa deja clara el pensador desde sus primeras comunicaciones sobre el tema: el mundo virtual es un generador de ilusiones que caen más allá de cualquier realidad material, idea generada a partir del mundo que sólo existe en la red.

Dentro de las redes sociales cada individuo puede jugar a reinventarse cada día, aun cuando la imagen que proyecta en internet tenga poca o ninguna relación con su comportamiento en el mundo real.

Esta paradoja me recuerda al Mundo Mágico de Terabithia que sólo existe en la imaginación de Katherine Paterson su autora, pero que nosotros por un buen rato estamos lejos de descubrir que es ficción.

Descanse en paz Zygmunt Bauman. No dejemos de ocuparnos por vivir en el mundo real, sin dejarnos seducir por el canto de las sirenas.
08 Enero 2017 04:00:00
A río revuelto
Quizá lo que más me duele de mi México es la forma como el uso engañoso de la palabra ha distorsionado el sentido de las cosas.

Para ejemplo tenemos el segundo discurso hueco del presidente EPN con relación a la elevación en el precio de la gasolina, que da la pauta final para considerar que la realidad suya y de la cúpula en el poder es una, mientras que la realidad lacerante de Juan Pueblo es otra, y que más allá de la perorata en el fondo no le importa en absoluto que la población sufra. Que se solidariza verbalmente pero por supuesto no renuncia a los privilegios que la función pública le otorga de manera sobrada.

A lo largo de los últimos tres sexenios, pero muy en particular en éste, grandes esfuerzos y presupuestos millonarios se han destinado a crear imágenes como hologramas, que dibujan un México que existe solo en la imaginación de sus creadores, dinero tirado a la basura, pues quienes vemos esos anuncios simplemente no los tomamos en cuenta.

No es que EPN y su gabinete estén inaugurando esta forma de comunicación. Por desgracia queda inserta en un imaginario de palabras huecas que tienden a volverse moneda de uso corriente entre los mexicanos.

El sistema nos quiere vender la idea de que el bien y el mal son relativos, y se justifican… Mediante eufemismos se busca presentar de una manera estética una realidad que en verdad hiede, digamos, se llama “vacío de poder” a la ineficiencia para gobernar; se denomina “malos manejos” o “peculado” a lo que en realidad es un robo descarado de las arcas públicas. Y así los comunicólogos oficiales se ocupan de inventar apelativos para acciones inexcusables que bajo el amparo de un término amable quedan –según ellos—justificadas.

Cada vez en forma por demás descarada los políticos utilizan un doble discurso, se enfocan a la forma desatendiendo totalmente el fondo, este último no les afecta en absoluto, puesto que ellos están más que blindados contra los daños económicos y morales que en el resto de las familias provocan las alzas. Y ni por un momento dejan de exhibir de manera cínica sus despilfarros como “clase política”.

Claro, quedarnos en la quejumbre no lleva a nada en absoluto, solamente nos sumaríamos a los usuarios de redes sociales que despotrican contra el Gobierno, o nos confundiríamos con esos delincuentes a sueldo infiltrados en las protestas callejeras, que se ocupan de desvirtuar el sentido original de las mismas.

De momento lo que nos corresponde es actuar con inteligencia para no convertirnos en carne de cañón. Que algo se diga “en la tele” o en redes sociales, no necesariamente significa que sea cierto. Hay que aprender a leer con cierta malicia los contenidos en los medios, preguntándonos quién es el autor de un texto, y qué intereses puede haber detrás, sobre todo en aquellos mensajes que nos conminan a paralizarnos o nos inspiran miedo.

Es necesario ir a las fuentes originales. Por desgracia hay muchas personas que publican en la red cuyo objetivo no es informar, sino todo lo contrario, mantener al lector confuso y atemorizado. Es un fenómeno de perversión que siempre me ha llamado la atención como la expresión de un perfil con rasgos sicopáticos, individuos que gozan con generar angustia en los lectores, y que en estos momentos cuando existen intereses políticos detrás de los contenidos en la red, más se ocupan en hacerlo.

No nos dejemos amedrentar por mensajes alarmistas, consultemos fuentes confiables, preguntemos a quienes puedan saber más de los hechos relatados. El potencial de las redes utilicémoslo a nuestro favor, con inteligencia y serenidad.

El miedo es un estado muy primitivo que se asocia con la sobrevivencia, y que será de utilidad en el momento necesario. A través del mismo los seres vivos han aprendido a distinguir condiciones favorables de otras peligrosas, a modo de sobrevivir. No permitamos que nuestro candor nos lleve a caer presas de un miedo colectivo generado por intereses ajenos al bien público, que pudieran provenir de poderes fácticos cuya finalidad es someternos, limitarnos y encauzarnos a discreción.

Es momento de analizar los problemas del país, estar dispuestos a cumplir cada uno con lo nuestro, pero a la vez exigir verdaderas medidas de austeridad por parte del Gobierno. Ya basta de estar auspiciando funcionarios que no resuelven los problemas de la nación, y que además nos cuestan tanto a los mexicanos.

No permitamos que a río revuelto salgan beneficiados los que provocan este estado de cosas, organicémonos como sociedad civil para sacar adelante a nuestro querido México. Obliguemos a los legisladores a revisar y reajustar partidas presupuestarias de acuerdo a las necesidades del momento, eliminando gastos onerosos. Y nunca olvidemos que nosotros somos el patrón.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
08 Enero 2017 03:00:00
A río revuelto
Quizá lo que más me duele de mi México es la forma como el uso engañoso de la palabra ha distorsionado el sentido de las cosas.

Para ejemplo tenemos el segundo discurso hueco del presidente EPN en relación con la elevación en el precio de la gasolina, que da la pauta final para considerar que la realidad suya y de la cúpula en el poder es una, mientras que la realidad lacerante de Juan Pueblo es otra, y que más allá de la perorata en el fondo no le importa en absoluto que la población sufra.

A lo largo de los últimos tres sexenios, pero muy en particular en éste, grandes esfuerzos y presupuestos millonarios se han destinado a crear imágenes como hologramas, que dibujan un México que existe sólo en la imaginación de sus creadores, dinero tirado a la basura, pues quienes vemos esos anuncios simplemente no los tomamos en cuenta.

No es que EPN y su gabinete estén inaugurando esta forma de comunicación. Por desgracia queda inserta en un imaginario de palabras huecas que tienden a volverse moneda de uso corriente entre los mexicanos.

Cada vez en forma por demás descarada los políticos utilizan un doble discurso, se enfocan a la forma desatendiendo totalmente el fondo, este último no les afecta en absoluto, puesto que ellos están más que blindados contra los daños económicos y morales que en el resto de las familias provocan las alzas. Y ni por un momento dejan de exhibir de manera cínica sus despilfarros como “clase política”.

Claro, quedarnos en la quejumbre no lleva a nada en absoluto, solamente nos sumaríamos a los usuarios de redes sociales que despotrican contra el gobierno, o nos confundiríamos con esos delincuentes a sueldo infiltrados en las protestas callejeras, que se ocupan de desvirtuar el sentido original de las mismas.

De momento lo que nos corresponde es actuar con inteligencia para no convertirnos en carne de cañón. Que algo se diga “en la tele” o en redes sociales, no necesariamente significa que sea cierto. Hay que aprender a leer con cierta malicia los contenidos en los medios, preguntándonos quién es el autor de un texto, y qué intereses puede haber detrás. No nos dejemos amedrentar por mensajes alarmistas, consultemos fuentes confiables, preguntemos a quienes puedan saber más de los hechos relatados.

No permitamos que a río revuelto salgan beneficiados los que provocan este estado de cosas, organicémonos como sociedad civil para sacar adelante a nuestro querido México. Obliguemos a los legisladores a revisar y reajustar partidas presupuestarias de acuerdo con las necesidades del momento, eliminando gastos onerosos. Y nunca olvidemos que nosotros somos el patrón.
01 Enero 2017 03:00:00
2017: Año de cambio
Arranca un nuevo año, nos proponemos llevar a cabo planes y proyectos con todo el entusiasmo y toda la voluntad. Este en particular será para los mexicanos un tiempo de grandes retos para sacar adelante la economía familiar pese a las severas limitaciones del exterior, un periodo en el que la industria y el comercio deberán aplicar su máxima creatividad para no naufragar.

Cuando los problemas económicos llegan al hogar, surge una crisis; la angustia existencial que implica mantener a flote las necesidades de la familia genera estados emocionales complicados que de alguna manera redundan en la calidad de las relaciones interpersonales. No perdamos de vista aquel refrán popular que reza: “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana”.

En este estado de cosas nos corresponde pues, ser muy cuidadosos con nuestros gastos, planificar, endeudarnos lo menos posible y mantener la organización de nuestras finanzas. De alguna manera será una oportunidad para aprender a vivir con menos, a mantener un buen nivel de vida dejando de lado gastos que no son indispensables.

Con respecto a las relaciones personales dentro del hogar es buen momento para revisarnos, trabajar por mantenernos enfocados en lo que finalmente es importante, y evitar generar conflictos gratuitos. Buen tiempo para poner en práctica ciertos principios que rigen las relaciones humanas, orientarnos a encontrar el punto de convergencia unos y otros, y no extraviarnos en inútiles luchas de poder.

Nos espera un año difícil en lo económico, que habrá de poner a prueba todas nuestras capacidades. Un tiempo en el que habremos de sobreponernos a los rigores del exterior para sacar adelante lo esencial. Si no lo habíamos hecho antes, es ahora cuando corresponde a la sensatez imponerse por encima de tantas otras cosas como lo es la moda, dado que lo importante en un producto no es la marca sino su utilidad; necesario comenzar a entender que las riquezas en esta vida, las que finalmente nos llevamos al momento en que partimos, no tienen nada que ver con el mercado de consumo.

Quienes tenemos edad para hacerlo, recordamos las grandes crisis de 1981 y de 1994 que dejaron su estela de desgracias personales irreparables. Fueron tiempos en que los ciudadanos de pronto nos convertimos en delincuentes, al no poder afrontar las exigencias financieras que se generaron, no por nuestra causa, sino por la impericia de nuestros gobernantes y la voracidad de los banqueros. Que no nos apague el entusiasmo la recesión que se anuncia.

2017: Tiempo de un cambio renovador, forzados por circunstancias del exterior, ocupados en desarrollar un sentido humanista y trascendente. No hay más que de dos sopas, la del espíritu entrón y creativo, y la que se terminó.
31 Diciembre 2016 04:00:00
2017: Año de cambio
Arranca un nuevo año, nos proponemos llevar a cabo planes y proyectos con todo el entusiasmo y toda la voluntad. Este en particular será para los mexicanos un tiempo de grandes retos para sacar adelante la economía familiar pese a las severas limitaciones del exterior, un periodo en el que la industria y el comercio deberán aplicar su máxima creatividad para no naufragar. Lo vemos venir y nos enoja, pues es la consecuencia de un sistema de gobierno que ha pretendido vendernos palabras y no resultados.

Cuando los problemas económicos llegan al hogar, surge una crisis; la angustia existencial que implica mantener a flote las necesidades de la familia genera estados emocionales complicados que de alguna manera redundan en la calidad de las relaciones interpersonales. No perdamos de vista aquel refrán popular que reza: “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana”. Sirva para estar conscientes de que viene un año difícil para todos, resultado de malas decisiones administrativas de nuestros gobernantes para las que no se tomó en cuenta la voluntad ciudadana, asunto que debemos vigilar para que no dañe nuestro espíritu.

En este estado de cosas nos corresponde pues, ser muy cuidadosos con nuestros gastos, planificar, endeudarnos lo menos posible, y mantener la organización de nuestras finanzas. De alguna manera será una oportunidad para aprender a vivir con menos, a mantener un buen nivel de vida dejando de lado gastos que no son indispensables. Ocasión para despegarnos un tanto del consumismo y asumir ese concepto de que el valor del ser humano no se halla fincado en su capacidad adquisitiva sino en su potencial creador.

Con respecto a las relaciones personales dentro del hogar es buen momento para revisarnos, trabajar por mantenernos enfocados en lo que finalmente es importante, y evitar generar conflictos gratuitos. Buen tiempo para poner en práctica ciertos principios que rigen las relaciones humanas, orientarnos a encontrar el punto de convergencia unos y otros, y no extraviarnos en inútiles luchas de poder. Ahora menos que nunca debemos permitir esas desgastantes afrentas que no llevan a nada constructivo dentro del hogar; es ahora cuando debemos, de manera seria, trabajar conscientemente por fomentar la armonía familiar.

Nos espera un año difícil en lo económico, que habrá de poner a prueba todas nuestras capacidades. Un tiempo en el que habremos de sobreponernos a los rigores del exterior para sacar adelante lo esencial. Si no lo habíamos hecho antes, es ahora cuando corresponde a la sensatez imponerse por encima de tantas otras cosas como lo es la moda, dado que lo importante en un producto no es la marca sino su utilidad; necesario comenzar a entender que las riquezas en esta vida, las que finalmente nos llevamos al momento en que partimos, no tienen nada que ver con el mercado de consumo.

Sea Este un inicio de año diferente, una prueba para nuestro potencial creativo en todos los sentidos, un tiempo para trabajar el estado de cosas dentro de la familia de manera de mantener un equilibrio en los aspectos más importantes, cuidando al máximo que las restricciones del exterior no hagan mella en nuestro estado de ánimo, para no caer en la desesperanza y el abatimiento.

Quienes tenemos edad para hacerlo, recordamos las grandes crisis de 1981 y de 1994 que dejaron su estela de desgracias personales irreparables. Fueron tiempos en que los ciudadanos de pronto nos convertimos en delincuentes, al no poder afrontar las exigencias financieras que se generaron, no por nuestra causa, sino por la impericia de nuestros gobernantes y la voracidad de los banqueros. Que no nos apague el entusiasmo la recesión que se anuncia y claro, hagamos valer nuestro poder ciudadano de manera pacífica y civilizada para comenzar a desarticular el sistema plutocrático que tanto nos ha dañado.

Enseñemos a nuestros niños el valor del dinero, fomentemos en ellos la capacidad de autogestión. Qué mejor momento para alejarnos de los contenidos tóxicos de la televisión que presentan paradigmas de ficción para nuestros incautos jóvenes, quienes tantas veces pretenden empatarlos en la vida real y –obvio—no lo logran. Ningún humano de carne y hueso tiene en su persona todos los atributos de los personajes de las telenovelas, eso no es más que un montaje, y más nos vale a todos entenderlo. Del mismo modo desterremos esos programas que venden como diversión contenidos que no hacen más que embotar la capacidad crítica del televidente.

2017: Tiempo de un cambio renovador, forzados por circunstancias del exterior, ocupados en desarrollar un sentido humanista y trascendente. No hay más que de dos sopas, la del espíritu entrón y creativo, y la que se terminó.


http://contraluzcoah.blogspot.com/
25 Diciembre 2016 04:00:00
Navidad por la paz
Un privilegio publicar en la Navidad y de esta manera estar en posición de desear a quien me premia con su lectura la mejor de las celebraciones.

En este año, cuando la violencia ha mostrado al mundo su cara más descarnada, sea el nacimiento del Amor la más grande ocasión de esperanza.

De la misma manera, sea momento para cada cual de una íntima revisión personal, medir si lo que hacemos y dejamos de hacer contribuye a la paz.

Finalmente lo que sucede en los grandes escenarios nace justo aquí en nuestros corazones, en los propios hogares, en la intimidad de la convivencia familiar.

Muy en particular nuestros actos u omisiones hacia los más pequeños habrán de tener efectos en abanico para el tiempo venidero.

Cada vez que se propina un golpe, cada vez que se escatima una caricia, un abrazo, una palabra cálida a un niño, se siembra una semilla de resentimiento.

En palabras de Francis Thompson: “No puedes agitar una flor sin conturbar una estrella”.

¿Por qué no ser, por lo pronto hoy, corteses en nuestro trato con los semejantes? No importa si nunca hemos visto a aquellas personas o si lucen hostiles…

Aun cuando ese gesto amable no sea agradecido ni correspondido, viene a ser una caricia para el mundo, que tendrá un efecto acumulativo.

Actuemos como la mansa corriente sobre la roca más rugosa a la que termina puliendo, no por la fuerza sino por la constancia.

Las matemáticas nunca han contribuido a la creación de todo aquello que finalmente viene a mejorar al mundo.

Hoy es un buen momento para compartir la alegría de estar vivos, con una salud que nos permite festejar, una familia que nos acepta y que sabe estar con nosotros en todo momento, y unos amigos que amplían nuestro círculo de afectos. Buen momento para actuar a favor de la paz mundial a través del corazón, partiendo de lo más cercano a nuestra propia persona.

Hagamos el cambio que el mundo tanto necesita, creamos en que podemos lograrlo, y hagamos de estas las fiestas para la paz del mundo, trabajando nuestra pequeña parcela personal.

24 Diciembre 2016 04:00:00
Navidad por la paz
Un privilegio publicar en la Navidad y de esta manera estar en posición de desear a quien me premia con su lectura la mejor de las celebraciones.

En este año en particular, cuando la violencia ha mostrado al mundo su cara más descarnada, sea el nacimiento del amor más grande ocasión de esperanza.

De la misma manera, sea momento para cada cual de una íntima revisión personal, medir si lo que hacemos y dejamos de hacer contribuye a la paz.

Finalmente lo que sucede en los grandes escenarios nace justo aquí en nuestros corazones, en los propios hogares, en la intimidad de la convivencia familiar.

Muy en particular nuestros actos u omisiones hacia los más pequeños habrán de tener efectos en abanico para el tiempo venidero.

Cada vez que se propina un golpe, cada vez que se escatima una caricia, un abrazo, una palabra cálida a un niño, se siembra una semilla de resentimiento.

En palabras de Francis Thompson: “No puedes agitar una flor sin conturbar una estrella”.

¿Por qué no ser, por lo pronto hoy, corteses en nuestro trato con los semejantes? No importa si nunca hemos visto a aquellas personas o si lucen hostiles…

Aun cuando ese gesto amable no sea agradecido ni correspondido, viene a ser una caricia para el mundo, que tendrá un efecto acumulativo.

Actuemos como la mansa corriente sobre la roca más rugosa a la que termina puliendo, no por la fuerza sino por la constancia.

Las matemáticas nunca han contribuido a la creación de todo aquello que finalmente viene a mejorar al mundo.

Es el arriesgarse a dar un poco más de lo recibido lo que finalmente contribuye a tender puentes entre corazones.

Muy necesario es para todos sentir ese calorcito dentro del pecho que nos señala que estamos vivos y que formamos parte de algo superior a la propia persona.

Percibir que a través de nuestros actos podemos trascender las limitaciones propias del ente físico que nos alberga.

Para darnos cuenta de ello observemos cómo se vuelca en ternura el hombre más bragado frente a las muestras de amor de la pareja o de los hijos.

Ahí, y no en otro instante, radica la verdadera esencia de su persona, ese espíritu que da un sentido a la propia existencia, una razón para poner ese esfuerzo extra.

Tal vez nuestro mundo ha producido últimamente muchos seres humanos como islas que se olvidan de esa parte suya que nos conecta con el resto de la humanidad.

De alguna manera nos sentimos aislados en medio del tumulto anónimo que pareciera arrastrarnos hacia un destino que nosotros no elegimos.

Nuestras asideras para no ser llevados por la corriente son precisamente esas, las que emanan del corazón y nos otorgan una certeza.

Un niño que se sabe amado por lo que él es, al margen de sus actos, crecerá creyendo en la vida como algo bueno.

Por otra parte, aquel pequeño que enfrenta rechazo y que nunca logra estar a la altura de las expectativas de sus mayores, anidará grandes resentimientos.

No podemos perder de vista aquella materia preciosa que se nos da temporalmente en la persona de los hijos para su modelado, tarea frente a la cual somos artistas privilegiados.

Sean, pues estas fiestas, la mejor ocasión para encauzar nuestros sentimientos en todo aquello que habitualmente estamos muy agitados para tomar en cuenta.

Nuestro mundo va a cambiar de acuerdo con los cambios que cada uno de nosotros vaya haciendo en su propio entorno…

Cuando actuemos de manera sistemática orientados hacia los valores que dan sentido último a nuestras acciones.

El mundo se irá transformando cuando no nos amilane otorgar ese esfuerzo extra sin tomar en cuenta si seremos retribuidos por ello.

No se trata de las grandes odiseas sobre el planeta Tierra. Son nada más que los pequeños abalorios de cada día, que finalmente constituyen un todo precioso para la historia.

Las grandes guerras que se dan finalmente por codicia, se extinguen cuando el ser humano entiende que el sentido último de sus actos no está en el polvo que sus pies pisan.

Sea cual fuere nuestra propia concepción de un principio superior, las cosas cambiarán en la medida en que entendamos que el puerto al que vamos está más allá de los límites de nuestra propia piel.

Hoy es un buen momento para compartir la alegría de estar vivos, con una salud que nos permite festejar, una familia que nos acepta y que sabe estar con nosotros en todo momento, y unos amigos que amplían nuestro círculo de afectos.

Buen momento para actuar a favor de la paz mundial a través del corazón, partiendo de lo más cercano a nuestra propia persona.

Hagamos el cambio que el mundo tanto necesita, creamos en que podemos lograrlo, y hagamos de éstas las fiestas para la paz del mundo, trabajando nuestra pequeña parcela personal.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
18 Diciembre 2016 04:00:00
Ana Gabriela y más
Vivimos tiempos de elevado contenido visual, todo aquello que entra por nuestros ojos tiene un impacto directo en pensamientos y emociones, y repercute en como actuamos; lo sabemos o al menos lo intuimos. Las redes sociales se han convertido en un foro público que vuelve comunes las causas particulares, adquiriendo además un sesgo importante dado por la distorsión natural del mensaje, o bien por intereses particulares que de manera intencionada tergiversan los contenidos para ir al terreno del amarillismo. Hasta los asuntos eminentemente privados se convierten, por obra y gracia de la red, en tópicos públicos, tendencia de la que nadie se salva, y que obliga a incluir un código actualizado de comportamiento que incluya cómo actuar para el caso de ir a parar a las redes sociales.

De esta manera la golpiza propinada a la senadora Ana Gabriela Guevara se volvió asunto público, y como la terrible agresión ocurrió en plena vía pública, hubo muchas cámaras que grabaron lo que sucedía, y que ahora están aportando lo necesario para la captura de los agresores.

Definitivamente una conducta así de violenta da cuenta de que nuestra sociedad anda mal, produciendo individuos con cero tolerancia a la frustración, que al primer contratiempo reaccionan con una agresividad inusual, con encono, descargando una ira histórica que encuentra en ese justo momento un blanco contra el cual volcarse. Por desgracia situaciones de esta índole son cada vez menos la excepción, y como grupo humano corremos el riesgo de acostumbrarnos a percibirlas como algo natural. Antes de que ello pueda ocurrir estamos obligados a efectuar un análisis minucioso de los posibles motivos que llevan a un individuo a actuar de este modo para tratar de desarticular estos comportamientos en el período cuando se está organizando la conducta humana.

Nuevamente echo mano de esa herramienta tan útil para el proceso de tratar de entenderlos comportamientos: Al actuar de ese modo, ¿qué busca lograr el niño que ese individuo lleva dentro? En este caso el niño buleador que lleva dentro quien encabezó la agresión contra la senadora refleja frustración por el estado actual de cosas, refleja impotencia frente a hechos que le resultan adversos, y se propone acabar con ellos, de modo que ahora que está en posición para descargar todo su odio, lo hace como por impulso. Igual pudo haber sido el camión de la basura, un perro pulgoso o qué sé yo, aquello que obstaculizaba su actuar era un símbolo nada más, un simple disparador de esa violencia que había estado haciendo antesala en su interior y que había que sacar, una acción totalmente irracional que deja de serlo hasta el momento cuando Ana Gabriela se quita el casco dando oportunidad al agresor de identificarla, imaginar las consecuencias de sus actos y huir. Ahora dos de los agresores detenidos dicen que no supieron de quién se trataba, entiéndase pues, que de haberlo sabido no la habrían atacado, pero que si no ha sido alguien importante sí lo habrían desbaratado a golpes.

Por el mismo orden sucedió en días pasados algo en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. con un indigente que tuvo la mala fortuna de quedarse dormido en las afueras de la catedral. Durante la noche un par de jovenzuelos lo rociaron con gasolina y le prendieron fuego, provocándole severas quemaduras en la mitad derecha de su cuerpo. Ese delito es un acto de extrema e irracional violencia contra quien –supongo—para los agresores no tiene un valor como persona. ¿Hubieran hecho lo mismo si se tratara de un político o un empresario reconocido? La respuesta lógica es “no”, porque para la mentalidad de tales “juniors” salvajes estos últimos sí tienen clase y son dignos de respeto.

¡Qué desgracia de seudovalores nos rigen! Y nuevamente, en gran medida producto de contenidos que ingresan a través de nuestros ojos vía la televisión o la internet, para pasar a formar parte del imaginario colectivo de un pueblo mal informado, resentido e iracundo, que no se halla en condiciones de modificar esos malos hábitos, pues para hacerlo tendría que entender que lo son, y para entender que lo son sería menester un nivel de cultura y de sensibilidad social que, está visto, no posee.

La senadora está con vida, puede contarlo, y ha decidido hacer de este tópico muy personal una causa que habrá de llevar muy lejos, a favor de la no-violencia, en particular hacia las mujeres. Confiemos en que el sistema haga lo suyo para poner a todos los involucrados ante la autoridad, de modo que se imparta la debida justicia.

Más allá de esto último, trabajemos por una sociedad capaz de dar salida a los conflictos y a las aspiraciones de sus ciudadanos, de modo que estén en condiciones de trabajar a favor de un clima de paz para todos.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
18 Diciembre 2016 03:00:00
Ana Gabriela y más
Vivimos tiempos de elevado contenido visual, todo aquello que entra por nuestros ojos tiene un impacto directo en pensamientos y emociones, y repercute en cómo actuamos.

Las redes sociales se han convertido en un foro público que vuelve comunes las causas particulares, adquiriendo además un sesgo importante dado por la distorsión natural del mensaje, o bien por intereses particulares que de manera intencionada tergiversan los contenidos para ir al terreno del amarillismo.

De esta manera la golpiza propinada a la senadora Ana Gabriela Guevara se volvió asunto público, y como la terrible agresión ocurrió en plena vía pública, hubo muchas cámaras que grabaron lo que sucedía, y que ahora están aportando lo necesario para la captura de los agresores.

una conducta así de violenta da cuenta de que nuestra sociedad anda mal, produciendo individuos con cero tolerancia a la frustración, que al primer contratiempo reaccionan con una agresividad inusual, con encono, descargando una ira histórica que encuentra en ese justo momento un blanco contra el cual volcarse. Por desgracia situaciones de esta índole son cada vez menos la excepción, y como grupo humano corremos el riesgo de acostumbrarnos a percibirlas como algo natural. Antes de que ello pueda ocurrir estamos obligados a efectuar un análisis minucioso de los posibles motivos que llevan a un individuo a actuar de este modo para tratar de desarticular estos comportamientos en el período cuando se está organizando la conducta humana.

¡Qué desgracia de seudovalores nos rigen! Y nuevamente, en gran medida producto de contenidos que ingresan a través de nuestros ojos vía la televisión o internet, para pasar a formar parte del imaginario colectivo de un pueblo mal informado, resentido e iracundo, que no se halla en condiciones de modificar esos malos hábitos, pues para hacerlo tendría que entender que lo son, y para entender que lo son sería menester un nivel de cultura y de sensibilidad social que, está visto, no posee.

La senadora está con vida, puede contarlo, y ha decidido hacer de este tópico muy personal una causa que habrá de llevar muy lejos, a favor de la no-violencia, en particular hacia las mujeres. Confiemos en que el sistema haga lo suyo para poner a todos los involucrados ante la autoridad, de modo que se imparta la debida justicia.

Más allá de esto último, trabajemos por una sociedad capaz de dar salida a los conflictos y a las aspiraciones de sus ciudadanos, de modo que estén en condiciones de trabajar a favor de un clima de paz.
11 Diciembre 2016 04:05:00
Tradiciones y contradicciones
Estas fiestas decembrinas se hallan revestidas de una magia particular, que de alguna manera nos remonta a los años de infancia cuando las cosas sucedían de forma esplendorosa por causa de la imaginación. Es la temporada del año en la cual permitimos a nuestro niño interior aflorar de manera natural para divertirnos. Así es esta época que de manera folclórica bautizamos los mexicanos: Maratón Guadalupe-Reyes para significar las fechas cuando el espíritu festivo flota en el ambiente.

Un segundo plano oscuro en torno a estas celebraciones, paradójico y contradictorio se despliega desde inicios de mes y tiene que ver con ese mismo afán de festinar, sacando a flote pulsiones poco civilizadas que afectan la convivencia con quienes no son de nuestro entorno inmediato. Hace días regresaba de una fiesta al filo de las 11 de la noche por una calle angosta de un sector residencial, cuando de súbito aparece detrás del mío un vehículo que se desplaza a gran velocidad, el ancho de la calle difícilmente permite que me rebase, y delante hay un bordo frente al que hay forzosamente que frenar. Por obra y gracia de Dios en un tramo en particular hubo el modo de que ambos vehículos cupieran, de modo que pasó a un costado mío sin reducir su velocidad, y sin frenar en absoluto frente al bordo, para seguirse de largo, aun cuando el crucero unos metros más delante le marcaba alto. Para mi fortuna no me impactó, algo que inicialmente supuse inminente.

El anterior es un ejemplo de lo que con elevada frecuencia ocurre en esta temporada del año, cuando en un afán por cumplir con las tradiciones nos aceleramos para tornarnos impacientes y rudos.

Otra gran paradoja de la temporada es que gastamos hasta lo que no tenemos (vía líneas de crédito) en comprar de manera poco reflexiva. Con unos cuantos billetes en la mano todo se nos hace fácil y gastamos de más, para luego estar lamentándolo en enero, cuando la excitación de la temporada ha pasado y volvemos a colocar los pies en tierra firme.

Tradiciones y contradicciones: ese celebrar de la mano del consumismo dejando de lado el significado último de la Navidad. Viene a mi memoria una reflexión leída en algún tratado religioso que habla sobre el nacimiento de Jesús en Belén, y que en lo particular me resulta hermosa e iluminadora: Siendo Jesús rey de reyes eligió la cuna más humilde para que ningún hombre sobre la tierra se sintiera cohibido frente a él. De alguna manera ese poder de seducción del consumismo nos va envolviendo y convierte las fiestas en una pasarela glamorosa, barajando elementos propios de ese “tener para ser” que no guardan relación alguna con la festividad religiosa.

Para quienes no comulgan con el carácter religioso de esta ocasión, sea de igual modo una hermosa oportunidad para exaltar y compartir los sentimientos más nobles del ser humano, que tienen que ver con la compasión, la misericordia y la empatía, en decir “me pongo en tus zapatos y vivo tu realidad como un acto de amor”. Quizás uno de los mayores problemas de la comunicación que nos está tocando vivir es que (dentro del aislamiento que todos desarrollamos) de alguna manera espero que los demás actúen conforme a mi propio modo de actuar, y como esto no ocurre, se genera una sensación de inconformidad con esa persona y con la vida.

Diciembre, Una época que llama a la auténtica generosidad, a descubrir a los demás y por un momento obsequiar un gesto de amabilidad, un detalle de cortesía, un ponernos en los zapatos del otro para regalarle un momento de aceptación y buena voluntad. Tradiciones hermosas, gratuitas y enriquecedoras, a través de las cuales solazarnos. Que podamos crear entre todos, con propios y extraños, una calidez navideña que pueble los corazones del mundo de buenos sentimientos.
11 Diciembre 2016 04:00:00
Tradiciones y contradicciones
Estas fiestas decembrinas se hallan revestidas de una magia muy particular que de alguna manera nos remonta a los años de infancia cuando las cosas sucedían de forma esplendorosa por causa de la imaginación. Es la temporada del año en la cual permitimos a nuestro niño interior aflorar de manera natural para divertirnos, cantar, reír y dejarnos llevar por la algarabía contagiosa y quizás hasta imprudente, que llega a colocarnos en situación de riesgo. Así es esta época que de manera folclórica bautizamos los mexicanos: “Maratón Guadalupe-Reyes” para significar las fechas cuando el espíritu festivo flota en el ambiente.

Un segundo plano oscuro en torno a estas celebraciones, paradójico y contradictorio se despliega desde inicios de mes y tiene que ver con ese mismo afán de festinar, sacando a flote pulsiones poco civilizadas que afectan la convivencia con quienes no son de nuestro entorno inmediato. El día de ayer regresaba de una fiesta al filo de las once de la noche por una calle angosta de un sector residencial, cuando de súbito aparece detrás del mío un vehículo que se desplaza a gran velocidad, el ancho de la calle difícilmente permite que me rebase, y delante hay un bordo frente al que hay forzosamente que frenar. Por obra y gracia de Dios en un tramo en particular hubo el modo de que ambos vehículos cupieran, de modo que pasó a un costado mío sin reducir su velocidad, y sin frenar en absoluto frente al bordo, para seguirse de largo, aun cuando el crucero unos metros más delante le marcaba alto. Para mi fortuna no me impactó, algo que inicialmente supuse inminente.

El anterior es un ejemplo de lo que con elevada frecuencia ocurre en esta temporada del año, cuando en un afán por cumplir con las tradiciones nos aceleramos para tornarnos impacientes y rudos. Ya que con miras a celebrar el amor más grande, el de Jesús de Nazaret, hacemos gala de violencia en sus distintos modos y grados en nuestro trato con aquellos que tienen la mala fortuna de coincidir con nosotros en la vía pública o en los centros comerciales.

Otra gran paradoja de la temporada es que gastamos hasta lo que no tenemos (vía líneas de crédito) en comprar de manera poco reflexiva. Con unos cuantos billetes en la mano todo se nos hace fácil y gastamos de más, para luego estar lamentándolo en enero, cuando la excitación de la temporada ha pasado y volvemos a colocar los pies en tierra firme.

Tradiciones y contradicciones: Ese celebrar de la mano del consumismo dejando de lado el significado último de la Navidad. Ahora viene a mi memoria una reflexión leída en algún tratado religioso que habla sobre el nacimiento de Jesús en Belén, y que en lo particular me resulta hermosa e iluminadora: Siendo Jesús rey de reyes, eligió la cuna más humilde para que ningún hombre sobre la tierra se sintiera cohibido frente a él. De alguna manera ese poder de seducción del consumismo nos va envolviendo y convierte las fiestas en una pasarela glamorosa, barajando elementos propios de ese “tener para ser” que no guardan relación alguna con la festividad religiosa que se celebra en estas fechas.

Para quienes no comulgan con el carácter religioso de esta ocasión, sea de igual modo una hermosa oportunidad para exaltar y compartir los sentimientos más nobles del ser humano, que tienen que ver con la compasión, la misericordia y la empatía, en decir “me pongo en tus zapatos y vivo tu realidad como un acto de amor”. Quizás uno de los mayores problemas de la comunicación que nos está tocando vivir es que –dentro del aislamiento que todos desarrollamos– de alguna manera espero que los demás actúen conforme a mi propio modo de actuar, y como esto no ocurre, se genera una sensación de inconformidad con esa persona y con la vida. Se nos olvida que los sentidos son ventanas al mundo a través de las cuales asomarnos y percibir la realidad de los demás, y no precisamente esperando que los demás vengan a asomarse a ellas para conocernos. Como dijera Facundo Cabral, somos una generación de distraídos que no tiene el tiempo o la acuciosidad para mirar más allá de su propia nariz.

Diciembre: Una época que llama a la auténtica generosidad, a descubrir a los demás y por un momento obsequiar un gesto de amabilidad, un detalle de cortesía, un ponernos en los zapatos del otro para regalarle un momento de aceptación y buena voluntad. Tradiciones hermosas, gratuitas y enriquecedoras, a través de las cuales solazarnos. Que podamos crear entre todos, con propios y extraños, una calidez navideña que pueble los corazones del mundo de buenos sentimientos, que tanta falta hacen.

Felices y sanas fiestas para todos. Que concluyamos la temporada de la mano de una renovada esperanza en la humanidad.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
04 Diciembre 2016 04:00:00
La desilusión y otros demonios
Hay imágenes que llegan para quedarse, en lo personal evoco entre estas la de un niño pequeño durante la Guerra Civil Española, a quien acaban de regalar un par de zapatos, su expresión denota que no cabe de felicidad abrazando aquel tesoro; es de esas fotografías tonificantes que puedo ver una y mil veces sin cansarme. Algo similar observé en fechas recientes, se trataba de un adulto que salía de un comercio con un par de zapatos nuevos, no podría precisar datos del producto, lo que mi ojo capturó fue la caja de calzado, y por encima de todo ello el gesto de aquel joven adulto en una expresión a la cual bauticé: “El dulce sabor de la ilusión”, inspirador término que me dio para mucho más que imaginar y pensar, y que hoy deseo compartir.

Uno de los problemas graves del consumismo es pretender cubrir las necesidades afectivas con objetos materiales, en lo que el diseñador y productor cinematográfico Tom Ford ha denominado de manera muy atinada: “La cultura de las cosas”, tendencia que genera un creciente vacío interior, mismo que tratará de llenarse del modo más accesible, con cosas materiales, lo que convierte aquello en un círculo vicioso con que genera hartazgo y vacío.

Esta concepción consumista de “tengo, luego existo” que contraviene los principios del clásico cartesiano “Cogito ergo sum” es el disparador absoluto para el consumo dentro de una sociedad como la nuestra, elemento por el cual nunca dejaremos de comprar lo último en el mercado, la nueva versión, la tendencia de moda… De manera subliminal aquel mensaje nos conduce a asumir que el mundo nos valora por lo que tenemos, ocupándonos entonces de no quedar rezagados en el sistema de la perpetua innovación. De este modo tan absurdo como avasallador, los consumidores alimentamos de manera continua el inextinguible fuego del mercado.

En este extraño mundo que nos hemos creado una constante es el vacío interior que tal vez los adultos adormecemos mediante la utilización de químicos, el barullo o el sexo efímero, sin embargo hay una pequeña figura que con frecuencia se descuida, un espíritu que se queda en medio de aquel caos con un vacío imposible de llenar, lo que traerá a la larga problemas estructurales graves. Las sociedades modernas producen una enorme cantidad de niños solos, que aparte de su estado de abandono, en ocasiones llevan cargas extracurriculares agobiantes que poco apuestan a la generación de infancias felices.

Un pequeño cambiaría la tableta más costosa por una tarde con papá o mamá; sin dudarlo descartaría cualquier juguete de tercera generación a cambio de la compañía cálida y enriquecedora de alguien que le manifieste que lo quiere, que lo acepta y que es importante, porque muy en el fondo lo que el chiquito desearía es saberse valorado por los demás por lo que él es, y nada más. Esos chiquitos necesitan satisfacer a toda costa su sentido de pertenencia, tener la seguridad de que sobre el planeta existe un punto bendito llamado “hogar” dentro del cual son siempre tomados en cuenta, amados y reconocidos.

Esos niños solos crecen sin una escala de valores que los afiance al planeta, de modo que el concepto de la vida misma es muy relativo, y no dudarán en jugársela sin medir las consecuencias, pues ellos no han asimilado el hecho de que la muerte es para siempre. Desde la soledad y la plétora material nuestros niños difícilmente logran establecer una escala funcional de valores. No hay mucho de donde abrevar comportamientos que funcionen a modo de paradigmas, y luego sobrevienen las tragedias, como la recién acontecida en esta frontera con dos adolescentes que terminaron muertos de manera absurda en un juego de ruleta rusa. De ninguna manera podríamos levantar un dedo y señalar culpables, desconocemos a fondo lo que sucedió, y aun cuando lo conociéramos, no es nuestro papel convertirnos en jueces de nadie, sin embargo desde aquí podemos unirnos al dolor inacabable de esos padres y volver la vista al resto de chicos que pudieran hallarse en circunstancias similares, y de alguna manera actuar para evitar que una tragedia de esta magnitud pueda repetirse.

N.L. Kleinfield ganó el Pulitzer de Periodismo 2015 por un reportaje que habla de George Bell, un hombre solo en la Gran Manzana, acumulador compulsivo que terminó rodeándose de objetos materiales para acallar su soledad. De alguna manera a todos estremece porque a todos retrata, me hace recordar “El Grito” de Edvard Munch, cuya descarnada imagen nos atrapa porque condensa los pequeños gritos que todos llevamos dentro.

“Desilusión”, terrible realidad que viven nuestros niños en un mundo consumista del cual todos somos responsables. Tiempo entonces de poner las cosas en perspectiva y sanar vidas.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
04 Diciembre 2016 03:00:00
La desilusión y otro demonios
Hay imágenes que llegan para quedarse, en lo personal evoco entre éstas la de un niño pequeño durante la Guerra Civil Española, a quien acaban de regalar un par de zapatos, su expresión denota que no cabe de felicidad abrazando aquel tesoro; es de esas fotografías tonificantes que puedo ver una y mil veces sin cansarme.

Algo similar observé en fechas recientes, se trataba de un adulto quien salía de un comercio con un par de zapatos nuevos, no podría precisar datos del producto, lo que mi ojo capturó fue la caja de calzado, y por encima de todo ello el gesto de aquel joven adulto en una expresión a la cual bauticé: “El dulce sabor de la ilusión”, inspirador término que me dio para mucho más que imaginar y pensar, y que hoy deseo compartir.

Uno de los problemas graves del consumismo es pretender cubrir las necesidades afectivas con objetos materiales, en lo que el diseñador y productor cinematográfico Tom Ford ha denominado de manera muy atinada “La cultura de las cosas”, tendencia que genera un creciente vacío interior, mismo que tratará de llenarse del modo más accesible, con cosas materiales, lo que convierte aquello en un círculo vicioso con que genera hartazgo y vacío.

En este extraño mundo que nos hemos creado, una constante es el vacío interior que tal vez los adultos adormecemos mediante la utilización de químicos, el barullo o el sexo efímero, sin embargo hay una pequeña figura que con frecuencia se descuida, un espíritu que se queda en medio de aquel caos con un vacío imposible de llenar.

Un pequeño cambiaría la tableta más costosa por una tarde con papá o mamá; sin dudarlo descartaría cualquier juguete de tercera generación a cambio de la compañía cálida y enriquecedora de alguien que le manifieste que lo quiere, que lo acepta y que es importante, porque muy en el fondo lo que el chiquito desearía es saberse valorado por los demás por lo que él es, y nada más. Esos chiquitos necesitan satisfacer a toda costa su sentido de pertenencia, tener la seguridad de que sobre el planeta existe un punto bendito llamado “hogar” dentro del cual son siempre tomados en cuenta, amados y reconocidos.

Esos niños solos crecen sin una escala de valores que los afiance al planeta, de modo que el concepto de la vida misma es muy relativo, y no dudarán en jugársela sin medir las consecuencias, pues ellos no han asimilado el hecho de que la muerte es para siempre. Desde la soledad y la plétora material nuestros niños difícilmente logran establecer una escala funcional de valores. No hay mucho de donde abrevar comportamientos que funcionen a modo de paradigmas, y luego sobrevienen las tragedias, como la recién acontecida en esta frontera con dos adolescentes que terminaron muertos de manera absurda en un juego de ruleta rusa.

De ninguna manera podríamos levantar un dedo y señalar culpables, desconocemos a fondo lo que sucedió, y aun cuando lo conociéramos, no es nuestro papel convertirnos en jueces de nadie, sin embargo desde aquí podemos unirnos al dolor inacabable de esos padres y volver la vista al resto de chicos que pudieran hallarse en circunstancias similares, y actuar para evitar que una tragedia de esta magnitud pueda repetirse.

N.L. Kleinfield ganó el Pulitzer de Periodismo 2015 por un reportaje que habla de George Bell, un hombre solo en la Gran Manzana, acumulador compulsivo que terminó rodeándose de objetos materiales para acallar su soledad. De alguna manera a todos estremece porque a todos retrata, me hace recordar El Grito de Edvard Munch, cuya descarnada imagen nos atrapa porque condensa los pequeños gritos que todos llevamos dentro.

“Desilusión”, terrible realidad que viven nuestros niños en un mundo consumista del cual todos somos responsables. Tiempo entonces de poner las cosas en perspectiva y sanar vidas.
27 Noviembre 2016 04:00:00
Conversatorios
Acabo de leer un artículo suscrito por Francisco García Pimentel intitulado: “Estimado Millennial: Despierta”, el bloguero se expresa de forma muy negativa acerca de esta generación de jóvenes llamados Millennials nacidos entre 1985 y el 2010. Adivino que el autor es joven, de manera que me sorprende el modo como ataca a los que supongo sean sus contemporáneos, tildándolos de desorganizados, informales e ilusos. Yo con mis doce lustros a cuestas me considero bien informada acerca del perfil de estos jóvenes habitantes de la Aldea Global, y contrario a García Pimentel los visualizo como individuos que saben lo que quieren, que se enfocan a conseguirlo y que trabajan de manera informada y bastante organizada. No puedo negar que hay ciertos rasgos que no les favorecen, como la dispersión de pensamiento cuando pasan de uno a otro tema sin fijar la atención, pero es que en definitiva ellos vienen programados de otra manera, su chip trabaja a -velocidad mucho más rápida, y su forma de pensamiento es completamente distinta a la de nosotros. Mis tiempos en primaria y secundaria fueron de obligada memorización; entre dichos conocimientos grabados con cincel en las circunvoluciones cerebrales están los primeros 32 artículos y el 123 de la Constitución Mexicana en clase de Civismo que ahora -equivocadamente- ha sido desterrada de los programas escolares, y que debería volver, junto con el servicio militar obligatorio, si queremos una mayor conciencia ciudadana. De igual modo la tabla de elementos, las capitales de los países y los ríos de México… Los jóvenes de hoy -y en ello les concedo cierta razón-consideran pérdida de tiempo tanta memorización, siendo que con un clic obtienen igual o más información desde su celular.

En fin, el universo de conocimientos es muy distinto y se llega a él por caminos diferentes a los que recorrimos quienes hoy somos mayores. Cada etapa tiene su encanto propio y lo interesante es aprender a convivir y a combinar esas distintas capacidades en beneficio de todos. Sin embargo sí debo reconocer que la tecnología ha hecho que se pierda algo importante con relación a los tiempos previos, como es la capacidad de comunicarnos cara a cara, hoy nos retraemos, nos parapetamos detrás de una pantalla grande o pequeña, y finalmente nos aislamos. Convivir con otros seres humanos a ratos parece un reto imposible, cuando antes aquello era de todos los días, ya por la numerosidad de las familias, ya por el reducido tamaño de las viviendas, o por las costumbres que privilegiaban la estrecha convivencia. Entre aquello que se ha perdido está también buena parte de la calidez que tanta falta le hace al corazón, las señales de afecto y de aprobación, esa mirada cómplice, la entonación de la voz, una palmada al hombro, un decir “aquí estoy”. Cierto, las redes sociales tienen lo suyo, pero no dejan de ser espacios bastante más impersonales que la comunicación cara a cara.

Otro efecto colateral de la tecnología tiene que ver con la disminución en el hábito de la lectura. La información se recibe como chispazos, justo en el momento en que se requiere, y luego se destierra. Se ha ido perdiendo el goce de tener entre las manos un buen libro para, conforme vamos recorriendo sus páginas seguir la trama de la historia, compartir los estados de ánimo, o anticiparnos a las ideas que van a ser expresadas… Eso no se logra definitivamente con ningún dispositivo electrónico.

En 1993 en Dinamarca se diseñó una forma de comunicación cara a cara que tiene que ver con la transmisión de conocimientos, iniciativa que se llevó a cabo como un experimento social encaminado a disminuir la violencia entre jóvenes. Durante los siguientes veinte años ha tenido cierto avance, pero en los últimos dos se ha convertido en un proyecto de gran expansión por todo el mundo. Para llevarlo a cabo se requiere un grupo de voluntarios, cada cual informado acerca de un tópico de su elección, y un grupo de oyentes que acudan de a uno a dos frente a ese experto a escuchar lo que tenga que decir sobre el tema de su elección durante diez o quince minutos, no más. Si observamos a esos grupos interactuando, podremos atestiguar que la tensión inicial va dando paso a la relajación y finalmente se evidencia un espíritu de camaradería, cuando tanto el experto como los oyentes terminan dialogando de cualquier otra cosa.

Bibliotecas humanas les llaman. En lo personal se me antoja como un excelente recurso para ir rescatando aquello que se ha perdido: El conversatorio como una forma de conocer gente, divertirnos y crecer, un modo muy original de hallar una excusa apropiada para sentarnos frente a otros seres humanos, expresarnos y exaltar las coincidencias, las simpatías, el nudo que nos hermana.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
20 Noviembre 2016 04:00:00
Cuarenta años
Por estas fechas allá en el año 2007 me llamó Juan Carlos, excelente amigo sabinense, compañero de una generación anterior a la mía, de la facultad de Medicina de la UAdeC en Torreón; me hacía una invitación a participar con una plática en el festejo de aniversario de su generación. Dicha reunión se llevó a cabo en Sabinas, y puedo decir que ha sido para mí una de las reuniones más cálidas y divertidas de todos los tiempos, tanto que solicité abonarme a dicha generación para así mantenerme en contacto con ese fabuloso grupo. Desde entonces año con año he recibido una amable invitación, misma que por desgracia --como ahora sucede-- no siempre puedo atender como quisiera, y justo este fin de semana se lleva a cabo en Torreón la celebración del 40 aniversario de egresada esa generación, la XV. Fue a mediados de junio de 1976 cuando terminaba un total de 132 nuevos profesionistas que desde aquellos tiempos se reúnen año con año para celebrar la vida; a la fecha 15 de ellos se han adelantado en el camino, dejando –lo sabemos—un recuerdo imborrable en el corazón de cada uno de sus compañeros.

Para quienes tuvimos la oportunidad de recibir una educación universitaria, me parece que esos años de formación profesional son un parteaguas en nuestra vida. Ingresamos a la carrera como unos preparatorianos recién salidos del cascarón, y egresamos --en el caso de Medicina-- con una licenciatura que más delante nos abrirá muchas puertas. Esos catedráticos que nos fueron señalando los senderos de las diversas especialidades dejaron además en nosotros una impronta única de ética y humanismo que se hace presente siempre que estamos frente al paciente. De diversas maneras y con modos muy distintos cada maestro puso en nosotros una partícula de lo mejor de su propia persona.

Cuarenta años se dicen fácilmente, pero contienen una urdimbre de historias de vida que se van entrelazando unas con otras hasta formar una red indisoluble. En ella van las mayores alegrías, los dolores más profundos, las pérdidas más dolorosas, compartidas todas estas experiencias, como en una fraternidad en la que ningún sentir se queda huérfano puesto que todos lo perciben como propio. Difícil sería mencionar a todos los compañeros sin incurrir en imprecisiones, pero sí puedo decir que entre ellos campea un respeto absoluto por la idiosincrasia personal de cada uno, y se apoyan uno a otro aunque no compartan los gustos o las convicciones. Hacen frente común cuando así se requiere; se unen en las desgracias, pero sobre todo, y con esto me quedo, saben gozar al máximo las alegrías del compañero como si fueran propias, poniendo en ello lo mejor.

En el transcurso de estos años cada uno de ellos terminó sus estudios de pregrado, hizo su servicio social, tal vez optó por una especialidad. Posteriormente se posicionó para ejercer su profesión, y en la actualidad quizá se mantenga activo en la medicina o la docencia, o viva su retiro profesional. Colateralmente formó una familia, y muy probablemente esté viviendo ya la etapa de la “abuelez” con tiempo y energía por delante para disfrutar esos años grandiosos. Todos y cada uno se mantienen activos haciendo algo que les gusta y que además beneficia en cierto modo a quienes les rodean.

Desde mi pequeña tribuna dominical no puedo más que desearles que estén disfrutando cada momento de esta hermosa celebración. Que nuestro buen Dios les conceda seguir adelante por muchos años más, conservando esa increíble capacidad de asombro y ese espíritu para gozar y compartir juntos la vida. Su solidez como grupo es un ejemplo para quienes les rodeamos, ya que en ocasiones nos gana el desánimo o la molicie y abandonamos los proyectos antes de llegar a puerto. Nada hay más contagioso y sanador que una buena dosis de alegría, comenzar a asumir las limitaciones propias de la edad con sentido del humor, con un balance positivo de las capacidades que el paso del tiempo nunca podrá arrancarnos.

Esa forma de interactuar que tienen es un paradigma para todos nosotros, que mucho aprendemos acerca de cómo vivir la vida con un espíritu fresco y visionario. Dios permita que conserven siempre esa calidez que los caracteriza, esa manera de ejercer el amor divino en su forma humana más auténtica, al vivirlo cada día, en todo momento, en cualquier circunstancia, teniendo en mente tan sólo el beneficio del otro, de modo que el día cuando sean llamados a la presencia de Dios se presenten con serena humildad para decir: “Misión cumplida”.

¡Felicidades a todos y cada uno, que disfruten el reencuentro como sólo ustedes saben hacerlo, que canten, bailen y rían, y que junto con sus familias hagan de esta en particular, una memoria imborrable para todos los tiempos!

http://contraluzcoah.blogspot.com/
20 Noviembre 2016 03:59:00
Cuarenta años
Por estas fechas, allá en el año 2007, me llamó Juan Carlos, excelente amigo sabinense, compañero de una generación anterior a la mía, de la Facultad de Medicina de la UAdeC en Torreón; me hacía una invitación a participar con una plática en el festejo de aniversario de su generación. Dicha reunión se llevó a cabo en Sabinas y puedo decir que ha sido para mí una de las reuniones más cálidas y divertidas de todos los tiempos, tanto que solicité abonarme a dicha generación para así mantenerme en contacto con ese fabuloso grupo. Desde entonces año con año he recibido una amable invitación, misma que por desgracia, como ahora sucede, no siempre puedo atender como quisiera, y justo este fin de semana se lleva a cabo en Torreón la celebración del 40 aniversario de egresada esa generación, la XV.

Para quienes tuvimos la oportunidad de recibir una educación universitaria, me parece que esos años de formación profesional son un parteaguas en nuestra vida. Ingresamos a la carrera como unos preparatorianos recién salidos del cascarón, y egresamos (en el caso de Medicina) con una licenciatura que más delante nos abrirá muchas puertas.

Cuarenta años se dicen fácil, pero contienen una urdimbre de historias que se van entrelazando unas con otras hasta formar una red indisoluble. En ella van las mayores alegrías, los dolores más profundos, las pérdidas más dolorosas, compartidas todas estas experiencias, como en una fraternidad en la que ningún sentir se queda huérfano puesto que todos lo perciben como propio. Difícil sería mencionar a todos los compañeros sin incurrir en imprecisiones, pero sí puedo decir que entre ellos campea un respeto por la idiosincrasia personal de cada uno, y se apoyan uno a otro. Hacen frente común cuando así se requiere, pero sobre todo saben gozar al máximo las alegrías del compañero como si fueran propias.

¡Felicidades a todos y cada uno, que disfruten el reencuentro como sólo ustedes saben hacerlo, que canten, bailen y rían, y que junto con sus familias hagan de ésta en particular, una memoria imborrable para todos los tiempos!
13 Noviembre 2016 04:05:00
Después de Trump
Ganó Trump, es un hecho que hemos de aprender a asimilar todos, y como señala Jaime Leal en su escrito Veo Cosas Maravillosas, que circula en Internet, habrá que ponernos a trabajar por salir adelante en este nuevo escenario. La reflexión personal que me deja todo este asunto es la siguiente, como mexicanos estamos acostumbrados a que otros midan nuestras potencialidades, logros y limitaciones. ¿No será éste un momento coyuntural para tomar esa responsabilidad nosotros mismos, fijar el rumbo propio y medir nuestros logros como nación? De ello deriva una segunda reflexión: ¿Quién tasa nuestro valor personal? ¿Quién determina qué somos y hacia dónde vamos?

Vivo un momento personal que equivale a un cruce de caminos, ocasión de medir una vez más mi propio rendimiento en un área de desarrollo y justo representa un punto en el que reafirmo, como tantas otras veces, que en esta vida nacemos solos, morimos solos, y en los momentos más importantes del trayecto estamos solos para tomar nuestras propias decisiones. Quizá la mayoría de la gente esté acostumbrada a vivir en comunidad, principalmente familiar, de manera que las decisiones que cada uno toma están en buena medida influenciadas por la opinión del grupo en el que se desarrollan. En mi caso no, suelo manejarme por cuenta propia, y las decisiones buenas o malas que tome, son sólo mías.

Desde pequeños de alguna manera nos guiamos por el parecer de los demás para ir avanzando y claro, eso es lo más conveniente mientras el individuo desarrolla los suficientes y adecuados recursos propios para hacerlo por su cuenta. Es un misterio identificar el momento a partir del cual esa persona comienza a tomar decisiones propias de manera responsable, independientemente de lo que otros opinen o pretendan imponer. Podría decirse que en ese punto crítico es donde radica el concepto de “adultez”, y que a partir de este momento único un ser humano asume toda la responsabilidad sobre sus propios actos.

como plantea Jaime Leal en su excelente escrito, yo secundo la percepción de que el triunfo de Trump en los Estados Unidos de Norteamérica pueda ser asumido por nosotros como una oportunidad maravillosa para el desarrollo como nación, y de pasada para el crecimiento personal como individuos. Asumir la soledad como una realidad que está ahí, y que en la medida en que la asimilemos mejor podremos valernos de ella para bien de nuestra propia creatividad. Mi hipótesis es que le tenemos pánico a la soledad, de modo tal que no nos permitimos probarla a ratos, descubrir de qué forma puede convertirse en un espacio mágico de desarrollo personal.

Trump ganó las elecciones del vecino país: ¿no será tiempo de dar vuelta a la hoja y comenzar a vernos en el espejo de nosotros
mismos?
13 Noviembre 2016 04:00:00
Después de Trump
Ganó Trump, es un hecho que hemos de aprender a asimilar todos, y como señala Jaime Leal en su escrito intitulado “Veo cosas maravillosas” que circula en internet, habrá que ponernos a trabajar por salir adelante en este nuevo escenario. La reflexión personal que me deja todo este asunto es la siguiente, como mexicanos estamos acostumbrados a que otros midan nuestras potencialidades, logros y limitaciones. ¿No será este un momento coyuntural para tomar esa responsabilidad nosotros mismos, fijar el rumbo propio y medir nuestros logros como nación? De ello deriva una segunda reflexión, mientras cada uno de nosotros transcurre por la vida: ¿Quién tasa nuestro valor personal? ¿Quién determina qué somos y hacia dónde vamos, y mide los logros de nuestra propia carrera?

Vivo un momento personal que equivale a un cruce de caminos, ocasión de medir una vez más mi propio rendimiento en un área de desarrollo y justo representa un punto en el que reafirmo, como tantas otras veces, que en esta vida nacemos solos, morimos solos, y en los momentos más importantes del trayecto estamos solos para tomar nuestras propias decisiones. Quizá la mayoría de la gente esté acostumbrada a vivir en comunidad, principalmente familiar, de manera que las decisiones que cada uno toma están en buena medida influenciadas por la opinión del grupo en el que se desarrollan. En mi caso no, suelo manejarme por cuenta propia, y las decisiones -buenas o malas-que tome, son sólo mías, y así ha sido siempre, al menos en mi caso.

Resulta dificultoso separar los conceptos autoestima y reconocimiento de los que corresponden a desempeño personal. Desde pequeños de alguna manera nos guiamos por el parecer de los demás para ir avanzando y claro, eso es lo más conveniente mientras el individuo desarrolla los suficientes y adecuados recursos propios para hacerlo por su cuenta. Es un misterio identificar el momento a partir del cual esa persona comienza a tomar decisiones propias de manera responsable, independientemente de lo que otros opinen o pretendan imponer. Podría decirse que en ese punto crítico es donde radica el concepto de “adultez”, y que a partir de este momento único un ser humano asume toda la responsabilidad sobre sus propios actos y sabe dar la cara por las buenas y malas decisiones que haya tomado.

Conocemos que buena parte de las familias conservan una estructura muy tradicional, de manera que los hijos adultos, incluso casados, siguen viviendo -física o emocionalmente- dentro de la casa paterna, lo que, si alguien me lo preguntara, no me parece la mejor apuesta a la autonomía de nadie, ni de la familia de origen que seguirá cargando de una u otra manera con responsabilidades que ya no le corresponden, ni de los hijos adultos convivientes que de alguna manera no acaban de sentir el peso del fardo que implica vivir, ver por sus propias necesidades y gozar plenamente de los logros que vayan obteniendo por el camino. Y ¡claro! la soledad pesa, y pesa mucho a ratos, pero finalmente es la condición que nos prepara al mejor desarrollo de las potencialidades individuales durante nuestra vida como adultos.

Entonces, como plantea Jaime Leal en su excelente escrito, yo secundo la percepción de que el triunfo de Trump en los Estados Unidos de Norteamérica pueda ser asumido por nosotros como una oportunidad maravillosa para el desarrollo como nación, y de pasada para el crecimiento personal como individuos. Asumir la soledad como una realidad que está ahí, y que en la medida en que la asimilemos mejor podremos valernos de ella para bien de nuestra propia creatividad. Ahora mismo traigo a colación una situación vigente en estos tiempos de tecnología de bolsillo, es algo que no por cotidiano deja de impresionarme cada vez que me percato de ello. De cada diez personas que vemos en cualquier sitio público, ¿cuántas de ellas están hablando por celular? Yo, por razón de mi edad hago un comparativo con los tiempos cuando no había celulares: ¿Acaso nos pasábamos el tiempo pegados al teléfono fijo en casa? Tal vez quienes fuimos adolescentes en esa época “planchábamos oreja” en el teléfono, pero no teníamos esa inminente necesidad de consultar o comunicar todo a través de llamadas constantes. Mi personal hipótesis es que le tenemos pánico a la soledad, de modo tal que no nos permitimos probarla a ratos, calarnos a nosotros mismos, descubrir de qué forma puede convertirse en un espacio mágico de desarrollo personal a partir del cual explotemos diversas facetas de nuestra creatividad.

Trump ganó las elecciones del vecino país: ¿No será tiempo de dar vuelta a la hoja y comenzar a vernos en el espejo de nosotros mismos?...

http://contraluzcoah.blogspot.com/
06 Noviembre 2016 04:00:00
Platón y Javier Duarte
No suele ser mi estilo profundizar en temas de política, más bien me valgo de algunos de ellos para orientar mi reflexión semanal hacia tópicos que me apasionan y de los cuales pudiera hablar un poco más. El análisis de la política y de los políticos lo dejamos para quienes sí sepan del asunto y tengan calidad moral para opinar.

Un tema que sigue dando de qué hablar es la graciosa huida de Javier Duarte, al cual ahora nuestras autoridades no localizan. Resulta cándido que la SRE haya ayudado al hoy prófugo a preparar los pasaportes de su familia días antes de que él metiera la licencia al cargo. Lo vemos así, con ternura, o lo vemos como parte de toda una maquinación institucional para facilitar su huida.

Y claro, vienen las consecuencias lógicas de las acciones, Javier Duarte desaparece, todos sus allegados se amparan, y comienzan a surgir de la nada propiedades a su nombre en el estado de México, en la Unión Americana y en España. El gobierno mexicano, no está en posición de rematarlas para recuperar esos dineros para México, situación que no deja de generar malestar entre los mexicanos, aunque no seamos veracruzanos.

En estos ratos de profunda desazón, cuando a lo de Javier Duarte se suman actos corruptos y de mala administración de muchos otros personajes públicos, como que se nos arruga el pericardio y nos dan ganas de llorar, más del coraje que otra cosa… Entonces es cuando la literatura resulta sanadora, los textos aletean alrededor de la cabeza, y tomamos alguno de ellos para buscar convencernos de que no todo está perdido. Así es como llegaron a mi mente aquellos Diálogos de Platón que leí por primera vez en una edición de Porrúa que puso en mis manos de adolescente mi señor padre. Ahora que los retomo me aboco a leer lo que nos dice aquel filósofo griego acerca de la justicia y me encuentro lo siguiente en su diálogo sobre Justicia y República: “La justicia es la devolución de lo que se debe”, ¡Qué maravilla! Y echa mano de lo que para los cristianos son virtudes teologales: Prudencia, fortaleza y templanza, que aplicados a la sociedad representan el pensamiento racional de los filósofos, la defensa a cargo del ejército, y las actividades que tienen que ver con la producción del resto de los ciudadanos, respectivamente.

En este punto Platón ya me ha provocado una especie de tranquilidad, comprendo entonces que vivir en un país donde emergen de su agujero como topos los personajes que obran de manera contraria a la justicia, no significa que todo esté perdido. Que el cambio hacia una sociedad justa en todos sus niveles está en nuestras manos, comenzando con educar a los más pequeños. Educarlos, no con discursos y castigos, sino con el claro ejemplo de nuestra vida cotidiana, que es el mejor maestro. Esto es, para que un pequeño asimile el concepto pleno de la justicia social, yo como adulto formador debo abstenerme de decir mentiras, de violar normas, de sacar provecho indebido. En ocasiones ejemplos tan cotidianos como sería tirar a la vía pública un vaso desechable o una servilleta de papel mientras circulamos, está enviando un mensaje contrario a la justicia para esos pequeños que pronto se acostumbran a ello y dejan de percibirlo como violatorio del orden. Del mismo modo sería ocupar el cajón de discapacitados cuando no lo requiero, aun cuando mi vehículo traiga placas porque en ocasiones saco de paseo a la abuelita. O decir una mentira al vendedor, o al amigo que llama por teléfono para pedir un favor… de estos pequeños hilos cotidianos se va formando la gran madeja de la que luego salen torvos personajes que tanto dañan a nuestro México.

Platón y Sócrates manejan los términos de alma individual y alma colectiva. ¡Y qué poco pensamos en ellos! Nos queremos convencer de que en esta vida todo está bien, nada está mal, y hay que lograr ahorita por aquello de que se acabe, así que nos lanzamos como el niño “ganón” de la piñata, a no dejar gallina con cabeza. Y en realidad resulta tan absurdo: ¿Para qué quiero cuarenta carros deportivos de lujo? ¿A qué horas voy a manejarlos todos? ¿Será que siento que me conceden valía porque en patín del diablo o en un modesto sedán no valgo nada?...

Platón es muy claro al señalar que como base de toda esta concepción de excelencia como sociedad se halla la educación, y en el primer estrato de esta educación se encuentra la familia. Hora entonces de volver los ojos a la familia, cuna de esa civilización justa que hoy en día parece una utopía inalcanzable.

En otras circunstancias muchos de nosotros pensaríamos en el suicidio. Para nuestra fortuna existen los libros y a nadie le está prohibido leer –al menos no todavía--, y la literatura está en cualquier biblioteca, esperando amorosa que la procuremos.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
30 Octubre 2016 04:00:00
Del otro lado del tiempo
El hombre es un animal social, lo dijo Aristóteles en el milenio previo a la llegada de Cristo, y lo seguimos corroborando en este tercer milenio; no va con su naturaleza aislarse del grupo humano. Hay distintas maneras de estar en contacto unos con otros, siendo la más reciente la comunicación mediante computadora, recurso que nos satura de información, más allá de lo estrictamente necesario. En unos cuantos minutos nos enteramos de las costumbres de apareamiento de los lobos grises, cuántos muertos dejó el último bombazo en Siria, qué probabilidades tenemos de desarrollar Alzheimer o la receta para los tamales de alcachofa… Información que sorprende, cautiva y a ratos subyuga.
Esa interacción con la tecnología provoca cambios importantes en el comportamiento humano de muy diversas maneras; la mentalidad consumista halla en este medio los mejores canales para convertir al usuario en consumidor, asimismo logra presentarlo como mercancía. Buscamos el mejor ángulo para la “selfie”, montamos la escenografía idónea para nuestra portada de Facebook; tomamos prestados (muchas veces sin permiso) pensamientos de otros y los publicamos en nuestros espacios. Todo ello para crear una imagen de nosotros mismos lo más cercana a lo ideal.

El mensaje llega a convertirse en una trampa: Apostar a las apariencias nada más, aun cuando no haya congruencia alguna con la realidad. Y bajo esta premisa comienzan a actuar muchas figuras públicas, cuidando la forma sin ocuparse del fondo, preocupándose por la foto nada más, yéndose a extremos que se antojan absurdos, como son los casos más recientes de malversación de fondos destinados a rubros de primer orden, convertidos –en el caso de Javier Duarte– en muchas propiedades en el extranjero, en un rancho de lujo y un hospital de primer mundo para caballos.

Al margen del cinismo con el que han venido actuando estos personajes que se adjudican bienes públicos para su propio beneficio, y que le ven la cara a los contribuyentes, yo siempre me he preguntado cómo pueden ver de frente a sus hijos, y qué les dicen, o cómo justifican, primero el grosero enriquecimiento, y luego los señalamientos de la opinión pública. Parto del supuesto de que no creen en juicio divino alguno, o tal vez piensan que en el último momento dicen “me arrepiento” y Dios se traga el asunto y listo. Entiendo también que les valga sorbete el profundo malestar de la ciudadanía que los eligió y ahora se siente traicionada… Todo eso de alguna manera lo entiendo desde su cinismo absoluto. ¿Pero pararse frente a un hijo e inventar una sarta de mentiras que los exculpe, y no sentirse mal por timar a los propios vástagos? O bien, ¿será que les dicen la verdad, que robaron, enseñándoles que hacerlo y despojar a otros de sus bienes es un signo de astucia?
Hace unos cuántos días falleció en Piedras Negras Dave Arellano, un hombre joven, entusiasta participante en todas las causas nobles de la ciudad. Fue conmovedor atestiguar el modo como sus amigos y compañeros del trabajo y de los diversos grupos a los que pertenecía se volcaron, primero en acompañarlo durante su enfermedad, y luego en sus exequias. Un grupo de corredores con los que siempre participó en carreras de resistencia, hizo el recorrido de la iglesia al camposanto trotando detrás de la carroza fúnebre. Sabemos que Dave tocó muchas vidas y siempre lo hizo de un modo positivo y proactivo, y que su familia habrá de atesorar esos testimonios de cariño como lo más preciado. Ahora bien, pasando a lo que comentaba párrafos arriba, ¿cómo se va a recordar a los grandes ladrones de nuestro México actual? ¿Podrá la parafernalia que ahora compran para maquillar su imagen, seguir funcionando indefinidamente?...

Los especialistas en comportamiento humano señalan que esta voracidad sin límites es producto de graves carencias internas de la persona, quien parte de aquello de “tener para ser”, a partir de una angustia existencial que le lleva a pensar que sólo teniendo más y más puede mantener su valía como individuo en una sociedad altamente consumista. Si inicialmente robaron para hacerse de ciertas comodidades, siguen haciéndolo de manera enfermiza, sistemática y desmedida, en un afán absurdo de autoafirmación que finalmente termina siendo de lo más inútil para conseguirlo.

¡Qué tranquilidad partir como Dave claro y ligero, sin cuentas pendientes con la vida! ¡Qué orgullo para su familia, poder evocarlo limpiamente, como lo que fue, un hombre de bien!
Quien vive de espaldas a la verdad corre el riesgo de ser descubierto en cualquier momento. ¡Qué pena por estos funcionarios corruptos y por sus hijos que terminan siendo engañados o vilmente corrompidos!
23 Octubre 2016 04:00:00
Y seréis como dioses
Inicio este escrito relativo al Día del Médico con el Génesis cuando habla sobre el momento cuando el Demonio tienta a Adán y Eva a probar los frutos del árbol prohibido aduciendo que al hacerlo serían iguales a Dios, y de este modo apelando a la soberbia. Sin embargo en el Nuevo Testamento Lucas da otra lectura al pasaje y habla acerca de imitar a Dios en nuestra forma de conducirnos frente a nuestros semejantes, proveyendo de un significado totalmente distinto a la expresión original: “Y seréis como dioses”.

La profesión médica en estos tiempos enfrenta un complejo panorama, por un lado ha dejado de ser aquella condición que permitía a un profesional vivir holgadamente a lo largo de su vida, y para los estándares del capitalismo adquirir tempranamente una casa habitación, cambiar de vehículo periódicamente, viajar a cualquier parte del mundo cada dos años, y enviar a sus hijos al colegio de paga más costoso. Desde hace algunos lustros esta bonanza automática ha quedado atrás, y hoy el médico tal vez viva toda su etapa productiva dentro de la práctica institucional, o campeando de aquí para allá con alguna otra actividad dentro del campo de la salud, que le proporcione una vida cómoda, modesta, y –por desgracia-- no exenta de sobresaltos. Pero el llamado sigue existiendo y no se agota entre jóvenes preparatorianos que aspiran a convertirse en galenos.

El primer requisito es entonces, amar el quehacer médico por encima de todas las cosas, de manera de estar dispuestos a desempeñar la profesión en cualesquiera condiciones que se presenten para hacerlo. Cuando algún joven me pregunta cómo identificar si es o no su vocación, suelo presentarle una analogía para ejemplificar: El que quiere ser pianista debe partir de su amor a la música, y no de la fama que le daría convertirse en pianista de talla internacional. Si esto último es lo que le mueve a convertirse en músico pudiera fracasar, puesto que no está partiendo de una convicción absoluta de tocar el piano, sino del deslumbramiento que provocan aquellos elementos que adornan la profesión musical. Emprender una preparación que exige muchos sacrificios y dedicación, sin tener garantía alguna de convertirse en el pianista internacional que se soñó, puede conducir a la mayor de las frustraciones, por lo que habrá que valorar muy bien si en realidad es el camino correcto.

Cuando un joven está convencido de estudiar Medicina, puede saber desde el primer momento que algún día participará de modo directo en el cuidado de la vida humana, cumpliendo entonces con lo que originalmente Dios propone, esto es, esforzarnos por ser perfectos como perfecto es Él, y a través de la acertada aplicación del conocimiento convertirnos en instrumentos santos a través de los cuales pueda obrar Él para devolver la salud, o mitigar el dolor; para sanar el espíritu o confortar al que sufre. Todo ello estará algún día en manos de esos jóvenes que hoy se preparan a conciencia.

Para ser un buen médico primero hay que ser una buena persona. Nuestra sociedad requiere profesionales con elevada ética, quienes invariablemente se orienten a la consecución del bien común, de modo de ejercer la profesión con igual entusiasmo y devoción, así sea el paciente el hombre más rico, o el mayor de los pordioseros. Que se tenga la capacidad de traspasar todas esas capas externas para llegar a la médula y descubrir que en esencia todos somos iguales y que tenemos el mismo valor como personas.

En este “seréis como dioses” habrá que cuidarnos de no torcer el sentido de las palabras para ir a caer en la soberbia, en comenzar a sentirnos dioses y considerar que tenemos la última palabra frente a la vida del enfermo. Muy fácil que “perdamos piso” embriagados por los vastos conocimientos científicos, hasta el punto de llegar a pensar que somos los únicos dueños de la verdad.

¿Qué vida se quiere vivir? ¿Qué orientación se piensa dar a cada día de la misma para mantenernos con la pasión encendida? Solamente los ideales que están por encima de nosotros mismos son los que nos mantendrán con la vista puesta en lo alto, y dispuestos a avanzar más y más cada día. Cuando nuestros objetivos no van más allá del propio entorno personal, el entusiasmo es llama que se apaga con cualquier vientecillo.

La profesión médica permite vivir una vida con propósito, que nos mantenga con el deseo de ser mejores cada día para bien propio y de nuestro mundo. Es un modo de conocer más a fondo los prodigios de la naturaleza dentro del cuerpo humano para reconocer con toda humildad que entre más se conoce, más grande la convicción de que Dios existe. Como dijo Louis Pasteur: Un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a Él.
23 Octubre 2016 03:00:00
Y seréis como dioses
Inicio este escrito relativo al Día del Médico con el Génesis cuando habla sobre el momento en el que el Demonio tienta a Adán y Eva a probar los frutos del árbol prohibido aduciendo que al hacerlo serían iguales a Dios, y de este modo apelando a la soberbia. Sin embargo en el Nuevo Testamento Lucas da otra lectura al pasaje y habla acerca de imitar a Dios en nuestra forma de conducirnos frente a nuestros semejantes, proveyendo de un significado totalmente distinto a la expresión original: “Y seréis como dioses”.

La profesión médica en estos tiempos enfrenta un complejo panorama, por un lado ha dejado de ser aquella condición que permitía a un profesional vivir holgadamente a lo largo de su vida. Desde hace algunos lustros esta bonanza automática ha quedado atrás, y hoy el médico tal vez viva toda su etapa productiva dentro de la práctica institucional, o campeando de aquí para allá con alguna otra actividad dentro del campo de la salud, que le proporcione una vida cómoda, modesta, y, por desgracia, no exenta de sobresaltos. Pero el llamado sigue existiendo y no se agota entre jóvenes preparatorianos que aspiran a convertirse en galenos.

El primer requisito es entonces, amar el quehacer médico por encima de todas las cosas, de manera de estar dispuestos a desempeñar la profesión en cualesquiera condiciones que se presenten para hacerlo.

Cuando un joven está convencido de estudiar Medicina, puede saber desde el primer momento que algún día participará de modo directo en el cuidado de la vida humana, cumpliendo entonces con lo que originalmente Dios propone, esto es, esforzarnos por ser perfectos como perfecto es Él, y a través de la acertada aplicación del conocimiento convertirnos en instrumentos santos a través de los cuales pueda obrar Él para devolver la salud, o mitigar el dolor; para sanar el espíritu o confortar al que sufre. Todo ello estará algún día en manos de esos jóvenes que hoy se preparan a conciencia.

Para ser un buen médico primero hay que ser una buena persona.

En este “seréis como dioses” habrá que cuidarnos de no torcer el sentido de las palabras para ir a caer en la soberbia, en comenzar a sentirnos dioses y considerar que tenemos la última palabra frente a la vida del enfermo. Muy fácil que “perdamos piso” embriagados por los vastos conocimientos científicos, hasta el punto de llegar a pensar que somos dueños de la verdad.

La profesión médica permite vivir una vida con propósito, que nos mantenga con el deseo de ser mejores cada día para bien propio y de nuestro mundo. Es un modo de conocer más a fondo los prodigios de la naturaleza dentro del cuerpo humano para reconocer con toda humildad que entre más se conoce, más grande la convicción de que Dios existe. ¡Feliz día a todos mis colegas!
16 Octubre 2016 04:00:00
¿Aparentamos o avanzamos?
Según los avances que ha tenido la humanidad podemos viajar en el tiempo desde la Edad de Piedra hasta la Aldea Global, pasando por las diversas eras según se logró encender fuego, fundir metales, industrializar a gran escala, o comunicarse de manera masiva, dejando atrás los antiguos escribanos y calígrafos. Con mi imaginación veo todos estos procesos como ruedas de una delicada maquinaria de relojería que, conforme pasa el tiempo se van haciendo cada vez más pequeñas, de modo tal que avanzan a una velocidad cada vez mayor.

Bajo esta óptica los cambios que ha tenido la humanidad a partir de los años noventa del siglo pasado, cuando la internet desarrolló el concepto de hipervínculo han sido cada vez mayores. (Hipervínculo, doy clic a una palabra o frase que leo en un texto en la red, para conectarme a otro sitio, y de allí a otro y a otro). Con los hipervínculos la internet dio algo así como un salto cuántico, para constituir la Aldea Global de la que todos somos parte, tan vasta y compleja, que ahora tenemos algo nuevo que aprender cada día.

Un elemento notable en el escenario digital de este siglo 21 corresponde a la imagen que damos a conocer a través de la red. Ahora cuando es sencillísimo tomarnos una fotografía con el teléfono móvil, editarla y subirla a cualquiera de las redes, comenzamos a tomar conciencia, de hasta qué grado una imagen puede hablar acerca de nosotros, y como maniquíes en aparador, nos esmeramos en lucir nuestro mejor gesto y las galas domingueras para adornar esa imagen, de manera que, cuando hable de nosotros, lo haga bien.

Lo contradictorio es que en ocasiones se apuesta todo a la imagen, descuidando hacerlo a la propia persona. Para ejemplos hay muchos, digamos la del político que gasta grandes sumas de dinero del erario público en publicidad para sacar “spots” televisivos, anuncios espectaculares y demás, para decir que hace aquello que en la vida real dista mucho de cumplir. Ejemplos por desgracia sobran en lo que a funcionarios públicos se refiere, como si apostar a la imagen o al enunciado politiquero fuera suficiente para gobernar un pueblo y hacer desaparecer como por arte de magia los problemas lacerantes que se están padeciendo día con día.

Ahora bien, volviendo a nosotros, “ciudadanos de a pie”, pareciera que nuestra búsqueda por una identidad propia que nos satisfaga incluye ahora el mundo virtual. En otras épocas esa definición de la propia persona la hacíamos desde la adolescencia a través de charlas con los amigos, conferencias o lecturas de libros, y ahora damos un brinco a la red. En este afán de presentarnos frente a los demás echamos mano de reflexiones que hablan de aquellos ideales a los que aspiramos, mismas que colocamos en nuestro muro como para no olvidarlas. En lo personal me llego a topar con personas que se manifiestan, digamos, sumamente religiosas o filosóficas y publican preciosidades acerca del amor al prójimo, pero cuando te las topas en la calle no te saludan, o bien olímpicamente te voltean la cara y te ignoran. En esos momentos pienso que tal vez en su imaginario haya dos tipos de “prójimos”, el prójimo que sí los merece y el que no está a la altura… Porque de otra manera hallo incongruente lo que se dice frente al modo como se actúa, y por eso, más vale ser discretos al expresarse, en vez de hacerlo a voz en cuello, para luego resultar blanco de críticas.

Ahora que esto escribo recuerdo a mi señor padre allá por 1975, cuando publicaba mis primeros artículos periodísticos; a raíz de algún comentario muy moralista que puse (porque en ese tiempo, recién salida del cascarón, confieso que era muy moralista). Después de leerlo me dijo mi señor padre: “Cuídate de lo que dices, porque con la vara de tus propias palabras vas a ser medida por los demás.” ¡Y vaya que tenía razón el viejo! De modo que en estos poco más de cuarenta años como columnista me he cuidado de emitir condenas que del mismo modo como son lanzadas pudieran revertirse en mi contra.

Viene a mi mente un cuento de Jorge Luis Borges llamado “El Jardín de los Senderos que se Bifurcan”, el cual habla de dos realidades, que para el caso que nos ocupa son la verdadera y la virtual. Claro, en el cuento un ejército que probaba una vía o la otra, finalmente llegaba a un mismo resultado, que era la victoria, algo que como bien sabemos, no sucede fuera de la ficción. Ser de un modo en las palabras y de otro en los actos, en este mundo nos lleva a complicaciones de todo orden, que mucho entorpecen la convivencia.

¡Cuánta falta hace en nuestro mundo la congruencia entre el ser, el hacer y el decir! La congruencia renueva la confianza, oxigena, tiende puentes y finalmente construye esa sociedad que todos anhelamos tener.
16 Octubre 2016 03:00:00
¿Aparentamos o avanzamos?
Según los avances que ha tenido la humanidad podemos viajar en el tiempo desde la Edad de Piedra hasta la Aldea Global, pasando por las diversas eras según se logró encender fuego, fundir metales, industrializar a gran escala, o comunicarse de manera masiva, dejando atrás los antiguos escribanos y calígrafos.

Bajo esta óptica los cambios que ha tenido la humanidad a partir de los años 90 del siglo pasado, cuando la Internet desarrolló el concepto de hipervínculo han sido cada vez mayores. Con los hipervínculos la Internet dio algo así como un salto cuántico, para constituir la Aldea Global de la que todos somos parte, tan vasta y compleja, que ahora tenemos algo nuevo que aprender cada día.

Un elemento notable en el escenario digital de este siglo 21 corresponde a la imagen que damos a conocer a través de la red. Ahora cuando es sencillísimo tomarnos una fotografía con el teléfono móvil, editarla y subirla a cualquiera de las redes, comenzamos a tomar conciencia, de hasta qué grado una imagen puede hablar acerca de nosotros, y como maniquíes en aparador, nos esmeramos en lucir nuestro mejor gesto.

Lo contradictorio es que en ocasiones se apuesta todo a la imagen, descuidando hacerlo a la propia persona. Para ejemplos hay muchos, digamos la del político que gasta grandes sumas de dinero del erario en publicidad para sacar spots televisivos, anuncios espectaculares y demás, para decir que hace aquello que en la vida real dista mucho de cumplir.

volviendo a nosotros, “ciudadanos de a pie”, pareciera que nuestra búsqueda por una identidad propia que nos satisfaga incluye ahora el mundo
virtual.

Viene a mi mente un cuento de Jorge Luis Borges llamado El Jardín de los Senderos que se Bifurcan, el cual habla de dos realidades, que para el caso que nos ocupa son la verdadera y la virtual. Claro, en el cuento un ejército que probaba una vía o la otra, finalmente llegaba a un mismo resultado, que era la victoria, algo que como bien sabemos, no sucede fuera de la ficción. Ser de un modo en las palabras y de otro en los actos, en este mundo nos lleva a complicaciones de todo orden, que mucho entorpecen la convivencia.

¡Cuánta falta hace en nuestro mundo la congruencia entre el ser, el hacer y el decir!
09 Octubre 2016 04:00:00
Chispazos y desaciertos
En 1637 René Descartes publicó la que sería su obra más importante, “El Discurso del Método”, disertación en torno a la verdad, tratado precursor del método científico. Está dividida en cuatro partes, y en la segunda viene un enunciado al que quiero aludir en estos momentos: “No admitir jamás cosa alguna como verdadera sin haber conocido con evidencia que así era”.

Lo anterior viene a colación para hablar sobre la propuesta de enmienda legislativa presentada por el senador Jorge Luis Preciado Rodríguez, quien postula que se apruebe la portación de armas para fines de legítima defensa.
La gran diferencia entre Descartes y nuestros actuales legisladores, es que aquél se sabía consciente de caminar entre alfileres, y lo hacía con extremo cuidado, mientras que nuestros actuales legisladores se sienten poseedores de la verdad última y actúan por chispazos de inspiración, sin un análisis concienzudo causa-efecto. Este modo de pensamiento no ha sido privativo de los legisladores, por desgracia gran parte de los programas –y presupuestos—que han fracasado, parecieran haber tenido este origen: Un momento de inspiración en la vida de alguien que está en un puesto que le permite acceder a recursos y ya, se arma el programa “a ver si pega” sin ninguna fundamentación científica, y para ejemplos hay muchos, por desgracia.

Uno de los grandes males de nuestro México es la inseguridad; circula una cantidad descomunal de armas ilegales, parte de las cuales van a dar a manos de los delincuentes que las utilizan para atracar a la población civil. Esas armas las obtuvieron en el mercado negro, y a éste muy probablemente llegaron por vía del contrabando a través de las fronteras. Ahora bien, en lugar de proponer un programa multidisciplinario que corte de raíz esos mecanismos de tráfico de armas de fuego, nos vamos a la punta de la rama a proponer que, al igual que los delincuentes, sea ahora la población civil la que porte armas para su legítima defensa.

Sé que en Norteamérica se capacita a los jóvenes en el manejo de armas por parte de la propia Policía, y yo me pregunto: ¿En México quién va a capacitar a los potenciales usuarios en el manejo de armas de fuego? ¿O iremos a funcionar como con las licencias de manejo, que se capacite al “ahí se va” y le damos su primera licencia? Y aquí no puedo dejar de mencionar el anecdótico caso de mi hija cuando tramitó su primera licencia; había una escuela (“patito”, ya verán por qué), que se encargaba de aplicar los exámenes y reprobar a todos los examinados, quiero suponer que habrían reprobado al mismísimo Fittipaldi, para así obligar a pagar el curso de manejo que ellos mismos daban. Cuando fuimos a pagar el examen me dijeron que el examinado debía llevar su carro, a lo que yo dije, no hay problema, es un carrito estándar. Cuando escucharon la palabra estándar los dos “maestros” pelaron los ojos y me dijeron que estándar no, porque no sabían manejar estándar. Claro, mi hija sí manejaba estándar porque me programé para tener un estándar cuando fuera tiempo de enseñarles a manejar a ella y a su hermano. Decidieron entonces los “maestros” ponerle un examen escrito que, claro, reprobó, el objetivo final era pagar el curso, se pagó, y el sábado cuando mi hija recibiría dicho curso la escuela estuvo cerrada, de modo que al siguiente lunes pasó ella a recoger su certificado (de un curso que nunca tomó), y ya pudo obtener su licencia. ¿Así queremos la capacitación en el manejo de armas, de aprobarse la iniciativa propuesta por el Senador Preciado?... ¡Dios guarde la hora!
En países de Primer Mundo la obtención de la primera licencia implica toda una capacitación, un examen riguroso y un costo elevado, y cada infracción que acumule el conductor le va restando puntos a su récord, llegando incluso a la cancelación de su permiso para conducir, de acumularse muchas faltas. Pero nuestro amado México de inspiraciones, magia y excepciones, donde todo se puede, se cuece aparte.

Honestamente espero que la iniciativa de este senador no prospere, porque en verdad que estaríamos metidos en un lío muy gordo que luego no hallaríamos cómo parar. Más bien es tiempo de ponernos a leer un poquito, echar mano de los grandes pensadores de la Historia que tienen tanto qué decirnos, y dejar de apelar a los chispazos de inspiración divina y comenzar a actuar con seriedad y profesionalismo, apegados al sentido común y a la razón, revisando antecedentes de otros países, con voluntad de entender qué mecanismos han producido este problema de inseguridad que tenemos entre manos, y aplicando medidas que en verdad conduzcan a resolverlo. Para tiro al blanco en manos inexpertas, con los puestos de la feria es suficiente.
02 Octubre 2016 04:00:00
El concepto del orden
Con relación al arte y la cultura quienes vivimos en provincia chica sufrimos cierto grado de marginación; el centralismo nos coloca en desventaja con respecto a quienes se hallan en las capitales o próximos a ellas. Tal ha sido el caso de la Literatura en esta zona fronteriza, sin embargo en otras disciplinas, debo decir, nos hemos visto muy favorecidos en los últimos años, y para ejemplo hace una semana tuvimos en Piedras Negras una hermosa gala operística con una adaptación en un acto de “Elixir de Amor” de Gaetano Donizetti, que tuvo un lleno casi total del Teatro de la Ciudad.

En estos cinco años de gobierno de Rubén Moreira la Secretaría de Cultura nos ha provisto de espectáculos de excelente nivel, en su mayoría gratuitos, que todos tratamos de aprovechar, no obstante aún hay mucho que mejorar con relación a la formación de públicos. Los conciertos como la ópera son para espectadores capaces de mantener su atención en el foro, de manera que niños de cinco años o menos no entran en esta categoría, y por desgracia a estos conciertos llevan pequeños hasta de brazos. Yo entiendo el deseo de los padres por asistir, pero hacerlo con niños tan pequeños que interrumpen el evento es una falta de respeto, tanto para los ejecutantes como para el público, además de que no se vale forzar a un pequeño a asistir a algo que todavía no está en condiciones de disfrutar. Otro caso común es la falta de orden en el uso de aparatos celulares que suenan a media función, y peor aún, hay quienes toman la llamada y hablan a voz en cuello, como si estuvieran en la plaza. Esas son fallas que requieren de una regulación puntual y constante por parte de la Secretaría de Cultura, evento tras evento, para la formación de públicos.

Lo que sucedió durante la gala operística referida merece mención aparte y por otros motivos. Acababa de comenzar el concierto cuando entraron dos adultos con un niño de cuatro o cinco años; no pasaron ni diez minutos cuando ese niño comenzó a subir y a bajar las escaleras de la sección en la que yo me hallaba. El tipo de calzado del pequeño hacía que cada paso se tradujera en un golpe seco, de manera que ese constante subir y bajar implicaba ruido y distracción para los vecinos del área. Supuse que enseguida acudirían los familiares por el niño, y aunque parezca increíble eso no sucedió durante todo el evento, de modo que el pequeño comenzó a ampliar su campo de exploración, se colgaba de los barandales y golpeaba con los zapatos la tabla-roca de las paredes laterales, y más delante comenzó a hacer piruetas en el pasillo que divide primera platea de segunda, y a abordar al público de la última fila, pasando después a trotar por los pasillos laterales hasta la parte frontal, para distraer con su plática a personas de la primera fila. En un rato que lo tuve cercano a mi butaca lo escuchaba golpear la tabla-roca al tiempo que repetía “No me gusta, no me gusta, no me gusta”, quiero suponer que se refería al evento que para un niño de esa edad y con ese temperamento, debe de haber resultado terrible de aburrido.

Mi señalamiento no va tanto en el sentido de la distracción que provocó en gran parte de los asistentes la incesante actividad de este niño durante todo el concierto, lo que representa una total falta de respeto para ejecutantes y público. Quedó visto que, al menos durante esa hora, el niño hizo lo que quiso, sin que las personas que lo llevaron al evento lo metieran en orden, algo que como pediatra me indica que a ese pequeño no se le está dotando de un marco disciplinario que le permita discriminar cuál comportamiento es socialmente aceptable y cuál no lo es. Este tipo de conductas a la larga termina generando rechazo, algo que de entrada él no va a entender, pues no se le están proporcionando elementos para identificar las consecuencias últimas de sus actos. A lo largo del evento su inquietud fue subiendo de tono, como tratando de llamar la atención, y al menos durante todo ese tiempo, su estrategia no dio resultado. No nos extrañe que estos niños sean después los alumnos problema de primaria, y más delante los adolescentes con perfil oposicionista desafiante de difícil control.

Educar es la tarea constante de formar a nuestros hijos para la vida, desde el primer momento cuando llegan a nosotros, hasta que entregamos a la sociedad adultos útiles y responsables, habiendo provisto para ellos durante todo ese tiempo lo necesario para que estén en condiciones de asumir y manejar las consecuencias lógicas de sus actos. Es misión sagrada que nadie nos impuso, pero que una vez aceptada no admite distracción ni tregua. Una conducta en contra del orden social no es monería ni asunto menor, más vale que así podamos entenderlo.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
02 Octubre 2016 03:00:00
El concepto del orden
En relación con el arte y la cultura quienes vivimos en provincia chica sufrimos cierto grado de marginación; el centralismo nos coloca en desventaja con respecto a quienes se hallan en las capitales o próximos a ellas. Tal ha sido el caso de la Literatura en esta zona fronteriza, sin embargo en otras disciplinas, debo decir, nos hemos visto muy favorecidos en los últimos años, y para ejemplo hace una semana tuvimos en Piedras Negras una hermosa gala operística con una adaptación en un acto de Elíxir de Amor de Gaetano Donizetti, que tuvo un lleno casi total del Teatro de la Ciudad.

En estos cinco años de gobierno de Rubén Moreira, la Secretaría de Cultura nos ha provisto de espectáculos de excelente nivel, en su mayoría gratuitos, que todos tratamos de aprovechar, no obstante aún hay mucho que mejorar en relación con la formación de públicos. Los conciertos como la ópera son para espectadores capaces de mantener su atención en el foro, de manera que niños de 5 años o menos no entran en esta categoría. Yo entiendo el deseo de los padres por asistir, pero hacerlo con niños tan pequeños que interrumpen el evento es una falta de respeto para los ejecutantes y para el público.

Lo que sucedió durante la gala operística referida merece mención aparte y por otros motivos. Acababa de comenzar el concierto cuando entraron dos adultos con un niño de 4 o 5 años; no pasaron ni 10 minutos cuando ese niño comenzó a subir y a bajar las escaleras de la sección en la que yo me hallaba. El tipo de calzado del pequeño hacía que cada paso se tradujera en un golpe seco, de manera que ese constante subir y bajar implicaba ruido y distracción para los vecinos del área. Supuse que enseguida acudirían los familiares por el niño, y aunque parezca increíble eso no sucedió durante todo el evento.

Educar es la tarea constante de formar a nuestros hijos para la vida, desde el primer momento cuando llegan a nosotros, hasta que entregamos a la sociedad adultos útiles y responsables, habiendo provisto para ellos durante todo ese tiempo lo necesario para que estén en condiciones de asumir y manejar las consecuencias lógicas de sus actos. Es misión sagrada que nadie nos impuso, pero que una vez aceptada no admite distracción ni tregua. Una conducta en contra del orden social no es monería ni asunto menor, más vale que así podamos entenderlo.
25 Septiembre 2016 04:00:00
El concepto del mal
“Surge de la sombra y asciende recta hacia la luz. Entonces se inclina la cabeza celeste, y la frente tenebrosa que está debajo se llena de esplendor. Cesa la cólera, se aplaca la tempestad, y la venganza se convierte en perdón”. Doctrina de La Cabala.

No atino a entender cómo, particularmente en nuestro país, la función pública se ha visto a tal grado contaminada por corrupción y malos manejos, que hasta queremos entenderla como algo “cultural”. Hablar de que un gobernante desvió algunos miles de millones ha dejado de ser noticia, y si acaso al enterarnos decimos: “Claro, y quién no haría lo mismo estando en su lugar.” No dudo que aún hoy haya quien llegue a un puesto público con la firme intención de no apropiarse de dineros ajenos, pero francamente tanta corrupción nos ha vuelto tan suspicaces, que ya no lo concebimos. Nos sucede algo así como lo que pasa con los adolescentes y el sexo: En el imaginario todos los adolescentes tienen relaciones sexuales, por lo que un púber imprudente llega a la conclusión de que si todos lo hacen, por qué él (o ella) no, cuando la realidad no es tan absoluta como supone.

Para la Psicología la necesidad por adquirir y poseer obedece a una necesidad por validarse frente al grupo social. Si yo valgo por lo que poseo, debo poseer cada vez más para seguir valiendo frente al grupo. No basta con que tenga un vehículo que cumpla con la función de transportarme, pues de ese modo no me distingo del conjunto. Necesito uno que sobresalga por sus características para destacar dentro del grupo. Igual para con viviendas, teléfonos celulares y qué sé yo. Dado que lo que poseo me otorga mi marca, debo poseer lo mejor para tener la mejor marca.

Ahora bien, habrá que buscar ocupaciones en las que el flujo de capital sea importante. Un trabajo cualquiera no me permitirá tener suficiente como para mantenerme comprando lo último que marcan las tendencias. Necesito una ocupación que me provea de lo necesario; si es legal o ilegal es lo de menos, el asunto es que genere rendimiento. Y como es bien sabido, uno de tales puestos que facilitan el enriquecimiento, es la función pública, lo que explica los robos descarados y cínicos de muchos de los personajes que viven de ella y que claro, así se les sorprenda con las manos en la masa, afirmarán que esos dineros de procedencia inexplicable son “fruto de su trabajo honrado”.

No vayamos tan lejos. En nuestro país actos como el robo o la mentira a muchos niveles se miran hasta con simpatía. Que en la tienda el niño de la familia abra un paquete de galletas, se coma unas cuantas y bote el resto sin pagar, produce en los padres una de varias reacciones: Se hacen los que no vieron; se justifican diciendo que es una travesura; lo propician dándole el paquete, a sabiendas del resultado lógico.

En un escenario de robo crónico como el que vivimos, es obvio que los padres de ese niño esgriman uno y mil argumentos para negarse a pagar, en el remoto caso de que alguna autoridad pretendiera sancionarlos. Viene a mi memoria aquel funcionario de Nayarit que, al ser señalado por robo, dijo que sí había robado pero “poquito”.

Pareciera entonces que en nuestro sistema lo malo no es que alguien robe, sino que lo sorprendan haciéndolo. Y aun en el caso de que lo sorprendieran con los fajos de billetes en las manos, alegará una y mil cosas para zafarse del asunto, y lo peor del caso es que le funciona, y sale bien librado.

Recuerdo las palabras de un funcionario de gran nivel en el IMSS a quien tuve oportunidad de tratar mientras ocupé la dirección de un hospital: “Si los de abajo roban y sus jefes no los sancionan, significa que están coludidos”. Es una frase que viene a mi memoria con relativa frecuencia cuando surgen casos de malos manejos por parte de funcionarios de los distintos niveles de gobierno.

No es posible que con una generación de por medio la religiosidad de nuestros abuelos se haya hecho pinole. Seguimos creyendo que hay un Dios que algún día habrá de juzgarnos por nuestros actos, pero estamos convencidos de que no hay problema, que podemos darnos gusto en esta vida, y al cuarto para la hora nos arrepentimos y listo, nos vamos a gozar la vida eterna. Quizá mucho de nuestro mal actuar parta de esta creencia, de modo que el personaje de más perverso comportamiento vive sin preocupación, pensando en que la vida eterna será negociable, como todo ha sido negociable en esta vida.

Nuestro México necesita individuos seguros de ellos mismos, que no sientan la fijación por avorazarse por tener para sentir que son, que sepan respetar lo que no es suyo y que puedan conducirse con la verdad.

La solución a la corrupción y la inseguridad está ahora en las cuatro paredes del hogar.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
18 Septiembre 2016 04:00:37
¡Viva México en las redes!
Circula en redes el video de un jovencito de unos catorce años en silla de ruedas, y toda su odisea para subir la escalera de un puente peatonal por sí mismo, sin recibir ayuda, ni de quien lo filma, ni de los presurosos transeúntes que pasan junto a él y siguen su camino. Como no hay parlamentos, no logro saber si quien graba es su aliado, tratando de llamar la atención con respecto a las terribles dificultades que debe pasar el chiquillo para cruzar una avenida, o bien si es un simple aficionado que busca en todo momento el mejor ángulo para su video, algo que sería a todas luces humillante para la dignidad del jovencito en cuestión. No me aventuro en conjeturas pues no hay elementos de juicio para determinarlas.

La cámara del celular se ha vuelto una parte muy nuestra que nos empodera frente a situaciones externas que queremos preservar o denunciar, y en el peor de los casos manipular en aras de intereses no siempre nobles. De igual manera como un aliado en los propios estados de ánimo, ya sea para compartir una alegría, ya para dar a conocer un momento de depresión. Por desgracia son muchos los adolescentes que graban un mensaje en video previo a su suicidio, mismo que queda en el aparato celular como carta póstuma para dolor de amigos y familiares.

Hace un par de días me atrapé a mí misma queriendo atrapar dos momentos únicos. El primero fue el rostro de un anciano que vende chicles en el puente internacional, y que al detenerme a comprarle unos me dijo “Nada más cójalos, no me los pague, ya están pagados”. Supongo que alguien antes de mí dejó pagados unos chicles, más para beneficio del anciano que otra cosa, pero él demostró ser honesto cual más. Batallé un rato para convencerlo de que me cobrara mis chicles y transfiriera el privilegio a su siguiente cliente. Quisiera haber ido preparada con el celular para tomar y compartir la foto de un mexicano a carta cabal, de esos que poco quedan ya.

El segundo cuadro que grabé con fuego en mi mente y que, contrario al anterior sí me dejó preocupada, fue observar a la distancia, en una avenida de gran circulación a una madre y su hija adolescente, de unos 15 años. La madre cruzó la avenida, y pareció como si esperara que la hija hiciera lo propio, y al no hacerlo la chiquilla de inmediato, se regresa la madre, la toma del cabello recogido en un chongo, y virtualmente la arrastra por la avenida hasta la acera opuesta donde finalmente la suelta y comienza a vociferar frente a ella. La velocidad me impidió ver el desenlace, pero me dio la impresión de que la chiquilla se le enfrenta y finalmente toma un camino distinto al de la madre.

Dolorosamente ese también es nuestro México, el de la ignorancia, el de las familias altamente disfuncionales donde un hijo se considera una propiedad con la que su “dueño” puede hacer lo que quiera. Un México con falta de equidad de género, en el que la madre es la principal gestora del machismo y sus nefastas consecuencias, y que de alguna manera actúa obedeciendo a consignas inconscientes que parecieran concederle derecho a maltratar todo aquello con lo que se identifica, en este caso la chiquilla adolescente.

Claro, haberlo filmado no hubiera hecho ninguna diferencia. Subirlo a las redes a manera de denuncia para que se siguiera una ristra de comentarios negativos no va a llevar absolutamente a nada que ayude a sanear el tejido social. Los señalamientos y las murmuraciones no tienen utilidad alguna, al menos no para resolver un problema, y si alguna utilidad social tienen, será el desfogue de frustraciones personales de quienes levantan el dedo para erigirse en jueces de todo aquello que no comulga con su propia y específica manera de ver la vida.

Ese México que también es nuestro nos obliga a quienes hemos tenido un poco más de oportunidades, a solidarizarnos con quienes menos tienen. Los procesos educativos dentro del hogar no se dan por generación espontánea, sino que requieren de un trabajo previo, para el cual la educación escolarizada y la promoción de valores ciudadanos por parte de instituciones y particulares ayuda.

Este ha sido tal vez el mayor daño colateral de las redes sociales: Exhibir; violentar la privacidad de otros seres humanos al grabarlos sin su autorización, y terminar publicando imágenes que finalmente no llevan un propósito de mejora social. Implica una forma de poder mal encauzado que por un rato nos hace sentir como dioses, poseedores de esa verdad que adecuamos a nuestros intereses para sentirnos superiores.

Nuestro México es una gran canasta con un poco de todo. Dos grandes palabras que sobresalen en ella, y que resultan urgentes en estos tiempos son: “Gratitud” por lo que tenemos y “Solidaridad” para compartirlo.

¡Felices fiestas!

http://contraluzcoah.blogspot.com/
11 Septiembre 2016 04:00:07
Ángeles y mariposas
Cuando esto escribo han pasado unas horas del fallecimiento de Doña Lichita Aguirre, una querida amiga, mujer hermosa y admirable, fundadora de una familia que se ha distinguido en la Región Norte del Estado por su elevada calidad humana y su actitud de servicio a la comunidad. Justo hace algunas semanas festejábamos sus 94 años de vida, durante su celebración ella, en el centro de la fiesta nos regalaba, como siempre hizo, la mejor de las sonrisas y su característica y contagiosa alegría de vivir.

Hoy la ha llamado nuestro buen Dios a su lado donde sé que ya está instalada y feliz. Ahora caigo en cuenta por qué desde el día anterior a su muerte comenzaron a llegar en grandes grupos mariposas Monarca a mi jardín donde cada vez que salgo revolotean alrededor mío, como queriendo decirme algo. Así entiendo que los ángeles también pueden tomar esta forma para venir a avisar que cumplen con un cometido sagrado que, aunque a nosotros nos deja en dolor, para el cielo es ocasión de alegría.

A partir del momento en que me dieron la noticia comencé a reflexionar acerca de la muerte. Finalmente es una gran oportunidad para hacerlo mientras nos toca nuestro turno, cada muerte cercana nos invita a colocar en contexto nuestra propia vida hasta donde la llevamos vivida, a revisar la mochila de viaje, afinar nuestro plan de vuelo y hacer una evaluación que nos indique si nuestras prioridades del hoy responden a aquello que, en la proximidad de nuestra propia muerte, reiteraríamos como tales, sobre todo recordando que de este paso por la vida no nos llevamos nada aparte de aquello que hayamos sembrado día a día con el corazón.

Desde la perspectiva de la muerte se visualiza la vida de otra manera, concediendo valor a lo que en verdad lo tiene y desechando el resto.

¡Cómo disfruté haber caminado por un rato al lado de alguien como Doña Lichita! Un ser humano limpio y generoso que nos deja grandes lecciones para asimilar. Ella y su hermosa familia son personas que siempre demuestran tener tiempo y calma para estar al pendiente de los demás, algo que habitualmente nos cuesta mucho trabajo al resto de nosotros. La voy a recordar con su mirada límpida, su sonrisa amplia y una particular serenidad siempre reflejada en su rostro, que daban cuenta de un entusiasmo inagotable y una renovada alegría de vivir. ¡Qué hermosa herencia les deja a sus hijos a partir de su ejemplo!

Justo hoy es aniversario luctuoso de mi madre, y de hecho los primeros grupos de mariposas Monarca en mi jardín me hicieron pensar en ella. Ahora sé que esos espíritus justos y buenos que han trascendido a otra dimensión tienen permiso para venir a pasearse entre nosotros y así recordarnos que sí vale la pena la tarea de esforzarnos en tratar de cumplir con Dios y con la vida.

Ciertamente hay ratos cuando lo que sucede allá afuera nos descorazona. Por desgracia vivimos en un mundo que nos mantiene hiper-informados, de modo que estamos constantemente bombardeados por noticias de corrupción, malos manejos, mentiras, impunidad y saqueo, que nos llevan en ratos a dudar si realmente la honorabilidad y la rectitud siguen teniendo un lugar en la escala de valores, cuando lo contrario pareciera ser lo que se preconiza como lo más importante en la vida, esto es, el manejo impúdico del dinero, haciendo creer que la justicia, la integridad y la honradez son cosa de tontos nada más.

A pesar de todo lo anterior, y sabiendo que difícilmente podemos escaparnos de esas malas noticias, es estimulante recordar que en este planeta también tenemos referentes que nos alientan a no desfallecer y a seguir adelante por el camino recto, como la opción que finalmente es la mejor.

Vivimos en un mundo de distraídos, y nosotros mismos también somos parte de esa gran mole que vive quizá con los sentidos metidos en una pequeña pantalla que pareciera que ya no permite al ser humano pensar por cuenta propia. O bien, tal vez sea ese miedo a confrontar nuestras propias cosas, que nos lleva a refugiarnos en esa pantalla que nos permite evadirnos de una realidad cada vez más compleja y dolorosa. Conocer seres humanos que viven su vida de manera extraordinaria nos permite comenzar a salir de ese marasmo mental, asomarnos al planeta Tierra y poder así entender que lo verdaderamente trascendente se construye día a día con buenos sentimientos traducidos en obras. Las buenas intenciones, por desgracia, no dejan huella permanente, pronto se hacen polvo.

Descanse en paz Doña Lichita, una gran mujer a quien siempre vamos a recordar de la mejor manera, por todo lo que ella fue, un alma justa y generosa que supo vivir en los hechos, sin jamás escatimar en cosa alguna, el verbo “amar”.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
04 Septiembre 2016 04:00:35
Confianza ciudadana
Cuando esto escribo voy saliendo de un procedimiento diagnóstico bajo anestesia, y durante el camino a casa vengo cocinando en mi estufa mental el tema para la colaboración de este domingo. Inicialmente pensaba hablar, para no quedarme fuera de contexto, del lamentable caso de la visita de Donald Trump a México, y todas las implicaciones políticas y socioeconómicas que conlleva, pero como ya todo está dicho solo agregaré algo que me llama la atención: La similitud que guarda la actitud del Ejecutivo federal con los casos de Síndrome de Estocolmo, esa simpatía que desarrolla el secuestrado por su secuestrador, al grado de defenderlo y apoyarlo. Sobre el tema que finalmente hay mucho escrito, lo parecido que es la actitud de nuestro Presidente con el de los secuestrados que desarrollan admiración por el poderío demostrado por el criminal que los priva de su libertad. Y digo nuestro Presidente y no nuestro gobierno, porque acaba de saberse que la titular de la SRE ni enterada estaba de la reunión entre EPN y Trump en la que el candidato republicano ganó puntos y nuestro Presidente los perdió de manera por demás lamentable.

En fin, el procedimiento endoscópico y anestésico al cual acabo de ser sometida me lleva a analizar de manera muy directa el concepto de “confianza”. Yo como paciente tengo plena confianza en los médicos tratantes, en su diagnóstico, en la destreza manual del endoscopista para realizar el estudio, en los conocimientos farmacológicos del anestesiólogo para sedarme, y en un dado caso, en la capacidad de todo el personal a cargo para resolver cualquier complicación que pueda surgir. Claro, yo firmo un consentimiento informado, de todas formas la clave fundamental en toda esta interacción es la confianza.

De igual manera, hablando de confianza, podemos establecer que en las diversas interacciones, desde las más insignificantes hasta las más complejas, la palabra “confianza” es la piedra angular. Dentro del matrimonio los esposos confían uno en el otro en todos los sentidos, y cuando esta confianza se quebranta, las cosas jamás vuelven a ser las mismas que antes de la ruptura. Los hijos confían en los padres, en su amor, en su capacidad para asistirlos y guiarlos. Pocas responsabilidades son del tamaño de la que implica el cuidado de los menores a nuestro cargo, hasta que están en condiciones de valerse por ellos mismos.

La confianza es la moneda de cambio en las relaciones comerciales en las que, amén de las comprobaciones matemáticas que al caso vengan, existe una base de confianza entre comprador y vendedor que vuelve expeditas las mutuas interacciones. El comprador confía en la cantidad y la calidad de la mercancía a comprar, y el vendedor confía en que su contraparte cumplirá con el pago conforme a lo que quedó establecido entre ellos.

De modo similar a lo anterior, confían los padres de familia en las autoridades educativas, de modo de entregar a sus hijos para ser educados por el sistema.

Regresando pues, al desempeño que nuestros gobernantes, entendemos que la confianza es lo que más se ha perdido. La costumbre inveterada de decir una cosa y hacer otra muy distinta, faltando a su palabra una vez sí y otra también, nos ha vuelto a los ciudadanos suspicaces. Ya no creemos lo que nos cuentan, e incluso andamos buscando la trampa que puede haber en cada declaración oficial, como ha sido con los casos de la gasolina, la energía eléctrica, o la estabilidad de nuestra moneda, por citar algunos.

Cuando tomamos entre las manos el “caso México”, tiene tantas aristas que no hallamos por dónde abordarlo. Hay corrupción, inseguridad, falta de transparencia. Hay francas mentiras, hay descarado cinismo, abuso de autoridad, y por ende se viene generando mucha falta de confianza. Mientras no se resuelvan estas poco podemos hacer por ir sacando a flote los problemas.

Quizá uno de los casos más emblemáticos con relación a la confianza ciudadana fue aquel de Lázaro Cárdenas, cuando convocó a la población en general a aportar algo de sus posesiones para tratar de completar lo necesario para liquidar a las petroleras extranjeras lo que se les debía, y consolidar la Expropiación Petrolera.

Dentro de otras muchas cualidades hoy nos hace falta a todos los ciudadanos retomar la confianza como una condición que me pone en condiciones para dejar que otro tome control de lo mío propio, y a la vez, que quien este control toma, sepa responder a esa confianza, manejándose de modo de cuidar los bienes ajenos como si fueran propios.

Estamos a muchas leguas de distancia, pero como todo, esa distancia comienza a zanjarse con el primer paso en la dirección correcta.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
28 Agosto 2016 04:00:42
Crecer en la convivencia
La época moderna le apuesta a lo expedito por encima de lo que implica tiempo para realizarse. Los objetos se vuelven desechables, las modas se descartan en el corto plazo y la consigna general apunta en el sentido de que todo pierde su utilidad con el tiempo.

Lo anterior es lamentable en el caso de objetos muy queridos que desearíamos rehabilitar, pero ya no existen las herramientas necesarias para hacerlo, y ya sea que se queden como fósiles para exhibición de museo o que terminen botados como tantas otras cosas del mundo moderno que se usan y se eliminan, contribuyendo en gran medida a elevar los niveles de contaminación ambiental.

Una cosa son los objetos materiales y una muy distinta son los seres humanos. Por desgracia la tendencia consumista contamina nuestra mente y, en ocasiones, nos hace suponer que aquellos seres humanos que ya no rinden a un nivel óptimo deben sacarse de circulación, confinarse a determinados lugares en los que su lentitud o su torpeza no afecten la rápida carrera de hombres y mujeres en el mundo competitivo de cada día.

La empresa Parametría acaba de llevar a cabo una encuesta nacional para medir la percepción que los jóvenes tienen de los viejos, destacando en sus resultados que los miembros de la tercera edad son vistos más bien como un estorbo. Claro, sería imposible querer equiparar su desempeño frente al de los jóvenes, sin embargo las generaciones mayores poseen atributos que mucho bien haría a las nuevas generaciones conocer y aprovechar.

Los nacidos en las últimas décadas constituimos la generación que se maneja con poco tiempo y mucha prisa, que vive con premura y no se siente en condiciones de entregarse con paciencia a una labor única a conciencia. Las épocas de las manualidades van quedando atrás, porque lo que se invertiría en ellas es tiempo que nuestra agitación exige para otras cosas que, finalmente, se hacen rápido y a la ligera. Vamos por el mundo conectados a un equipo electrónico que determina nuestro comportamiento, el consumo de nuestro tiempo y hasta el humor del momento, conforme a lo que vaya apareciendo en la pantalla del mismo. Nos sentimos muy dueños de las situaciones, aunque en verdad nos hemos convertido en una pieza que se mueve conforme a fuerzas provenientes desde fuera de la propia persona.

Y en este “no tener tiempo”, por supuesto que los viejos con sus modos lentos son tenidos por un estorbo, como un inconveniente que rompe con ese ritmo acelerado del resto del grupo social.

Habría que replantear las cosas partiendo de la idea de que en un grupo social todos tenemos una función particular, distinta a la del resto.

Ojalá nos diéramos oportunidad para razonar y entender que ese mismo trato que damos a las personas mayores, será el que recibiremos cuando tengamos su edad.

Que comprendiéramos que todo ser humano tiene algo único para compartir y que desaprovechar las enseñanzas de quienes tienen tanto qué contar no es muy sabio.

La maestría se adquiere fundamentalmente con el tiempo y el joven que abreva del conocimiento de quien lleva más camino andado obtendrá una mayor enseñanza.

Por otra parte, aprender a convivir con aquella persona que por razón de su edad va teniendo ciertas limitaciones, permite a los más jóvenes desarrollar la tolerancia y la paciencia, cualidades muy necesarias para la diaria
interacción con otros.

Entre más viejos somos más comenzamos a actuar como niños. Una de las facetas maravillosas de ello es la recuperación de la capacidad de asombro y la sana alegría. El adulto mayor actúa al margen de lo que otros piensen o digan, es muy auténtico y sabe divertirse con las cosas más simples, proveyendo de grandes lecciones acerca de la vida a los adultos jóvenes que en su habitual rutina tienen poco tiempo hasta para sonreír.

El viejo de alguna manera comienza a acercarse a Dios, porque su condición de sencillez se lo permite, o tal vez porque los cambios sufridos en su cuerpo le llevan a entender que nada de lo material es para siempre, y que el tiempo de rendir cuentas se aproxima.

De alguna manera ese reencuentro con Dios del anciano es una buena ocasión para tomar ejemplo, orar con él y entender la vida como un proceso cíclico que así como un día empieza, otro más termina, y que asumir la realidad de las cosas no significa para nada entristecerse. Por el contrario, implica aprovechar cada momento que vivimos para hacer de él algo trascendente.

Permitamos convertir el hogar en un espacio de mutuo enriquecimiento, en el cual nos complementemos unos a otros de acuerdo a nuestras capacidades y limitaciones, que eso es la vida, el maravilloso arte de crecer con cada nueva experiencia que compartimos.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
21 Agosto 2016 04:00:28
Vida con propósito
Cuando esto preparo se conmemora el octogésimo aniversario luctuoso de Federico García Lorca, poeta y dramaturgo español, para muchos el poeta más leído en lengua castellana, muerto a los 38 años, por razones políticas, en el fragor de la Guerra Civil Española.

“Hoy siento en el corazón/un vago temblor de estrellas/pero mi senda se pierde/en el alma de la niebla…” De este modo volcaba en canto sus encontrados sentimientos el poeta que tanto tenía de romántico en el alma, como de revolucionario, integrante de la generación de poetas del 27, entre los que se cuentan también Luis Cernuda y Dámaso Alonso, quienes mostraron su clara oposición al régimen imperante en la Península Ibérica.

Ahora bien, a la luz de la historia: ¿Qué rasgos tenía García Lorca como para que a veinte años del centenario de su muerte siga conmoviendo conciencias?... Mi personal opinión, a través del conocimiento de su vida y obra podemos confirmar una vez más, que los personajes que perduran a través del tiempo son aquellos que emprendieron una vida con propósito.

Traigo a colación lo anterior en el escenario que vivimos hoy en día, cuando a ratos parece que nos dedicamos a sobrevivir más que otra cosa, sin que logre identificarse una pasión que nos mueva de nuestro lugar a la tarea de emprender un proyecto de vida. Nos invade el desánimo como diciendo: “¿Y para qué, si todo está tan mal en derredor?”, para arrellanarnos en nuestra molicie y seguir subsistiendo ociosamente, nada más.

Es interesante conocer las vidas de esos hombres y mujeres que han hecho la diferencia, ya sea en su entorno inmediato, ya para el mundo. Descubrir que no contaron con circunstancias extraordinarias para emprender eso que los hizo trascender a través de la historia. En general se desenvolvieron en circunstancias parecidas a las de cualquier otro ser humano, sin embargo en su actitud, en su modo de valerse de esas circunstancias para construir algo favorable para la sociedad, es que lograron trascender.

El estilo de vida que priva en la actualidad va mucho encaminado al confort, a la propia satisfacción. Las necesidades que se ubican más allá de las propias o de nuestro entorno inmediato, quedan fuera de enfoque. Pensar en los demás no suele ser algo que se inculque en las nuevas generaciones, sino todo lo contrario, como si la consigna fuera: “Piensa en ti por encima de las necesidades de los demás”.

La maestra Rosaura Barahona en su última editorial habla precisamente sobre la ocupación de cajones para personas con necesidades especiales afuera de los hospitales, por conductores que no los requieren, a grado tal que incluso el reclamar que se respeten estos espacios llega a representar un riesgo de muerte, si es que quien se estaciona alevosamente donde no le corresponde trajera un arma de fuego misma que puede accionar en contra de quien ose reclamarle.

A ese grado de hedonismo ha llegado nuestra sociedad, fenómeno que vemos reflejado de muy diversas maneras en cualquier lugar donde interactúen dos seres humanos. Lo verdaderamente excepcional es ver a alguien capaz de respetar y hacer respetar los derechos de otros, por encima de influyentismos y amenazas violentas.

Yo me pregunto qué podrá recordar el mundo de esos personajes oscuros y rabiosos después de que hayan muerto, aunque lo más probable es que a ellos ni les preocupe lo que ocurra después de este día, tan recortada su perspectiva emocional.

¡Qué importante es inculcar en nuestros niños el gusto por la lectura! Y después de hacerlo, facilitarles el acceso a buenos libros, de modo que se descubran ellos mismos a través de la lectura de distintas realidades, variadas en tiempo, en geografía y en circunstancias. Tan necesario ubicarlos en el contexto universal, para que abarquen con su mente la inmensidad de la raza humana a través de la historia, y que asimilen que, siendo una arenilla en la inacabable playa de la historia, habrá que trabajar por ser la mejor arenilla que se puede llegar a ser.

Leer es dialogar con los grandes personajes que han encauzado la trayectoria de todos los hombres. Leer a García Lorca es atisbar en los eventos que marcaron la historia de la España moderna hasta nuestros días, y ver aparecer entre sus miles de ciudadanos, a aquellos que con su valiente voz convocaron a los pueblos a luchar por lo propio.

Mientras no entendamos qué sentido tiene leer, nada efectivo podrá hacerse por promover la lectura. Mientras sigamos pensando equivocadamente que la violencia es el camino para el cambio, no estaremos en condiciones de convocar mentes y corazones para emprender una reforma estructural de este sistema que parece caerse a pedazos. En la medida en que no actuemos convencidos de que el cambio del país está sobre nuestros hombros, no gritando, no profiriendo, no atacando, sino analizando y planificando, el rumbo del país no se habrá movido ni un milímetro en la dirección correcta.

Hoy recordamos a García Lorca. Sea su vida un motivo para despabilarnos y ponernos a trabajar, cada quien en su pequeña parcela, pero a conciencia, por un cambio real.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
14 Agosto 2016 04:00:03
Tras la máscara
Como cada cuatro años, los Juegos Olímpicos están resultando un evento que se sigue desde muchos puntos del orbe en sus diversas disciplinas. Mis primeros recuerdos de esta justa deportiva corresponden a México‘68, cuando pude seguir por televisión los juegos; recuerdo a Queta Basilio, primera mujer que encendió el pebetero en la historia de los Juegos Olímpicos.

Las del 2016 en Río han tenido sus grandes controversias desde que comenzaron a organizarse, y para México siguen ahora con el deficiente apoyo que se dio a los competidores de la delegación mexicana, frente a la cuestionable actitud del titular de la Conade paseando a su novia por tierras brasileñas.

En particular, lo que más me sorprende, aunque a estas alturas del partido ya no debía ocurrirme, es el tratamiento que los llamados “haters” han dado en redes sociales a los competidores mexicanos, sin dejar “gallina con cabeza”, volcándose en todo tipo de expresiones calumniosas que van desde cuestionamientos por su desempeño, hasta asuntos del todo descabellados, como lo que publicó un tuitero amenazando de muerte a uno de los competidores por no haber ganado medalla de oro en tiro con arco. En general, son una serie de vejaciones que, lejos de afectar la imagen de los deportistas, ponen en evidencia la insania mental de quienes las publican.

Como muchas otras veces, viene a mi mente la palabra “reconocimiento” como piso de fondo de esta alberca de aguas cenagosas conformada por los agravios expresados por estos personajes de la sombra quienes, por supuesto, nunca dan su nombre, y se valen de ese anonimato para volcar a placer toda la basura que traen dentro. El reconocimiento es una de las necesidades emocionales básicas del ser humano, que tantas veces, al no ser debidamente satisfecha, da pie a conductas antisociales como esta, de la crítica desproporcionada y sin fundamento a figuras públicas en redes sociales, cada vez más común como dañina.

Hace muchos años leí las obras de Eric Berne, fundador del Análisis Transaccional cuya consigna más famosa era aquella de: “Yo estoy bien, tú estás bien”. Dentro de lo que el autor maneja habla de caricias positivas y caricias negativas, dando cuenta de que todo ser humano necesita siempre de reconocimiento y aprecio. Idealmente este reconocimiento es a base de caricias positivas: “Te quiero” y “te acepto” son dos de ellas que proveen al individuo, y muy en particular al niño, de autoestima.

Más delante menciona el autor que, en caso de no existir un ambiente propicio para caricias positivas, el niño sigue buscando ese necesario reconocimiento que le permita sentir que existe sobre el planeta, y procurará las caricias negativas, esto es, se comportará de modo que sus mayores lo tomen en cuenta, aunque sea para soltarle una palabrota o un golpe.

Las caricias se definen como unidades de reconocimiento que proporcionan estimulación, tanto física como emocional a un individuo, y son del todo necesarias, ya que representan la manera de hacerle sentir que pertenece a un grupo que lo toma en cuenta, de modo tal que si no consigue caricias positivas, habrá que buscar caricias negativas para sentir que lo atienden y que existe. En ese caso el niño hace todo lo posible porque lo regañen, digan cosas terribles de él o lo desprecien, en cualquiera de esos casos él asumirá, en consecuencia, que está vivo.

Algo así se presenta en esos jóvenes “haters” (porque en general son jóvenes) quienes desde su equipo de comunicación, generalmente un teléfono celular, están haciendo toda clase de comentarios peyorativos respecto a la persona o al desempeño de las figuras públicas, en este caso los deportistas, destilando una terrible dosis de amargura y de odio. Hay que entender, es lo que ellos saben dar, porque es lo que han recibido, y además el anonimato les permite hacerlo a sus anchas, sin tener que enfrentar las consecuencias de sus comentarios.

Con cada frase utilizada para denostar a otros recrean su propia imagen, por un momento se sienten importantes y poderosos, lo que perpetúa el círculo vicioso que los conmina a seguir haciéndolo.

Mediante la palabra “reconocimiento” vamos a entender muchas de nuestras actitudes propias en redes sociales, en particular en Facebook, donde publicamos esperando recibir un montón de “likes”. Nadie en este planeta publica sin esperar aprobación, por más que lo niegue. Del mismo modo se explica ese hábito de algunos de subir diariamente una “selfie”, o de aquel que publica la fotografía de todos sus alimentos. Es un grito, en este caso muy simpático aunque a ratos fastidioso, de decir: “Aquí estoy, reconózcanme.” Y vaya, si tenemos oportunidad de contribuir a que ese amigo se sienta bien con un simple “like”, ¿por qué no hacerlo?

Nuestra entrada a la Aldea Global nos lleva en ratos a perdernos en el mundo virtual y a considerar que con que yo conteste una de esas frases ofensivas de los “haters” ya hice mi parte en la solución del problema. Habrá más bien que mirar estos fenómenos sociales en la red como síntomas de daño emocional, para ir detrás de la máscara a atender sus causas.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
07 Agosto 2016 04:00:03
Armas de fuego en la escuela
Vivimos en una sociedad que se caracteriza por su exasperación. El acceso a todo tipo de comodidades en tiempo y forma ha provocado que tengamos muy baja tolerancia a la frustración.

Hay infinidad de factores condicionantes de este modo de comportarnos; tal vez porque las generaciones jóvenes han nacido en una época en que se privilegia la comodidad por encima de todo lo demás. Las familias de clase media tienen pocos hijos, con miras a darles lo mejor. Aquellos clanes de mediados del siglo pasado, constituidos por ocho o 10 hijos en los que todo se compartía han cedido lugar a familias con uno o dos descendientes con un nivel de vida muy superior al de otros tiempos. La idea de que la ropa o los útiles escolares se pasen del hermano mayor al siguiente es cosa del pasado, cada hijo exige lo suyo propio, pertenencias, espacio y satisfacción de gustos personales.

Lo anterior ha generado patrones de conducta particulares, que privilegian el confort y como consecuencia derivan en la creación de individuos poco tolerantes hacia los demás, algo que podemos ver en cualquier sitio público, cuando se presentan actitudes hasta de desesperación porque las cosas no salen en tiempo y forma como ellos lo desean. Los ejemplos más sencillos los vemos en los semáforos, cuando el conductor del segundo vehículo hace sonar el claxon con impaciencia un segundo después de que la luz ha cambiado a verde y el primer vehículo no ha comenzado a movilizarse. Como ejemplos hay muchos que dan cuenta de que esa tendencia a reaccionar de un modo irascible es muy común en nuestros tiempos.

No quiero imaginar entonces qué va a suceder ahora que ese mismo adulto joven de mecha corta, a todas luces impulsivo, cuenta en la Unión Americana con permiso para portar armas en los centros escolares. El tener un permiso de portación de arma de fuego de ninguna manera dota a la persona irascible del don de la contención. El que actúa de un modo precipitado va a seguir haciéndolo, y ahora con el arma al alcance, me temo que con consecuencias más graves que en otros tiempos, cuando la prohibición para portar un arma de fuego de alguna manera limitaba su uso.

La NRA (National Rifle Association) es uno de los principales organismos que aportan capital a los partidos políticos y a los candidatos de su preferencia en tiempos electorales. De manera legal y transparente, por supuesto, mediante el mecanismo del “lobbying”, que de alguna manera obliga a quienes reciben apoyo económico del citado organismo, a corresponderle, en este caso con modificación de los términos en que los permisos para el uso de armas de fuego. O sea, quiérase que no, hay un trasfondo político y finalmente económico detrás de estos ajustes para la portación de armas de fuego.

La propia Unión Americana lamenta tragedias como la de Columbine, en las que la violencia dentro de los centros escolares ha costado lamentables pérdidas humanas. Y como dicen algunos especialistas al referirse a estos casos que han trascendido a nivel mundial, los homicidas, a pesar de ser adolescentes consiguieron armas de fuego de uso controlado, las introdujeron a los centros de enseñanza, y las utilizaron en contra de compañeros o maestros, sembrando la muerte. La fórmula funciona de esta manera, se introduce un arma, y ya trayéndola consigo, un estudiante puede responder con una descarga de balas ante cualquier situación que antes se enfrentaba con palabras o a puñetazos, y a partir de ahora contará con el recurso de primera mano de un arma de fuego y la posibilidad de un enfrentamiento letal.

Hay quien dice que la portará en defensa propia. Un experto en situaciones de emergencia está entrenado para valorar un escenario y determinar las intenciones de cada participante, como para distinguir un atacante en potencia, y aún así ha llegado a haber confusiones a la hora de determinarlo. Luego entonces, una situación de emergencia para personas que no son expertos en criminalística, puede llevar a un estado de confusión, valorar mal el estado de cosas, y llegar a utilizar el arma imprudentemente, ocasionando daños a terceras personas.

De por sí ya estamos viviendo un mundo muy violento. Hay violencia en las calles, muchas veces en los hogares, en los vecindarios. Hay violencia en los programas televisivos, hay violencia en los videojuegos. Estos últimos premian al más rápido en disparar contra aquel objetivo que el propio juego marca como blanco, y hay estudios científicos que señalan que este modo de reaccionar del niño sometido a prolongadas sesiones de videojuegos en el mundo virtual, tiende a reproducirse en la vida real.

Incuestionable es la libertad como valor sagrado para un país, siempre y cuando se acompañe de la obligación de su gobierno para proveer mecanismos que garanticen la seguridad de la población en general, en particular los grupos vulnerables. ¿Se está tomando en cuenta esta segunda premisa en el caso actual, o se está proclamando la libertad sin considerar los casos de excepción?... Ya pronto lo sabremos, las estadísticas futuras habrán de señalarlo.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
31 Julio 2016 04:00:06
¿Y por qué no?
Hay ratos cuando el acceso a las redes sociales provoca malestar, hasta cierto grado de amargura; percibir de primera mano los eventos que a pequeña y gran escala dan cuenta de conductas poco éticas es para desanimar a cualquiera. En estos últimos días circula en medios el caso de #LordAudi, un jovenzuelo quien a bordo de un vehículo de esta marca en la Ciudad de México pretende avanzar por un carril exclusivo para ciclistas, casi llevándose de encuentro a un ciclista que circula por esa vía. Finalmente se arma el pleito, el joven que se las da de influyente insiste en que el ciclista que viene delante de él “lo está molestando” y procede a agredirlo. Ya en ese punto el grupo de testigos que se ha congregado en torno al jovenzuelo hace lo posible por evitar que huya, lo que finalmente este “mirrey” consigue, acelerando su carro a toda velocidad.

¿Qué nos queda después de ver este video? En general un encono contra el agresor que, por más que se conozca su caso va a seguir actuando igual o peor; una sensación de impotencia hacia personajes de esta pobre calidad moral, y muchas veces hacia autoridades que no actúan –debo de aclarar que este no fue el caso.

Y finalmente un enojo que nos va a llevar a volvernos violentos allá afuera, para perpetuar el círculo.

Una segunda historia que pretendo casar con la primera, ocurrió un rato antes de sentarme a escribir: Acudo a una plaza comercial a hacer un pago, paso frente a un aparador que exhibe una amplia variedad de bisutería. Se emparejan conmigo dos mujeres por cuyo peinado e indumentaria deduzco que pertenecen a un grupo religioso fundamentalista; se detienen por un segundo frente a la bisutería, y le dice una a la otra: “Ay, hermana, yo no entiendo por qué a las mujeres les gusta esto.” La otra mujer simplemente expresa un: “Quién sabe, hermana”. Fin de la conversación.

Me parece que hemos ido creando “in crescendo” una sociedad cada vez más intolerante, más enojada, más agresiva. En el caso de #LordAudi me quedó muy claro que el jovenzuelo agresor esgrimió en todo momento tener la razón. La cerrazón comenzó al momento de apearse del vehículo para proceder a lanzar la bicicleta del ciclista con furia hacia unos arbustos, y siguió cuando insistía en que el ciclista lo venía hostigando, y terminó cuando consiguió zafarse del grupo que pretendía evitar que huyera, no sin antes amenazar con “voy a llamar a mi papá”, y finalmente dar un arrancón de aquellos y escapar de la escena. Nunca hubo de su parte el mínimo intento de reconocer que él había actuado mal, y jamás lo pudieron hacer entender que efectivamente, él venía por la ciclovía, violentando los derechos del ciclista. Imagino los argumentos en su mente: “¿Por qué se atreven a cuestionarme?” o “¿cómo suponen merecer una explicación de mi parte?”

Volviendo a las mujeres que cuestionan a otras suponiendo que gustan de una bisutería que para ellas probablemente sea pecaminosa, nuevamente nos topamos con esa cerrazón, con ese considerar que si no piensa o actúa como yo, entonces está mal. Gran parte de las guerras han empezado justo de esta forma, cuando una parte considera poseer la verdad absoluta, por ende exigiendo a la parte contraria que se someta, aún cuando –como ha venido sucediendo en Medio Oriente—las causas reales que subyacen sean de orden económico, pero alimentado el fuego mediante razones étnicas o religiosas.

¡Cuánta falta hace un sistema familiar que enseñe a los niños que los seres humanos tienen un valor intrínseco propio, que merece el más absoluto respeto, y que si otra persona no es como yo, de todos modos tengo la obligación de respetarla en cualquier circunstancia. Necesitamos un sistema escolar congruente, en el que la principal herramienta del maestro sea su propio ejemplo, algo que por desgracia ha entrado en crisis en el gremio magisterial en estos últimos tres años.

Urge conformar un sistema de Gobierno apegado a derecho, recto y transparente, pero de forma real en los hechos, no en los discursos ni en el papel… Necesitamos contar con servidores públicos que trabajen para cumplir las funciones inherentes a su cargo, y no para el beneficio propio.

Pero, sobre todo, se requiere hacer un frente común para defender las causas justas. Ya basta de los atropellos de individuos que de repente tienen dinero en sus bolsillos y se sienten dueños del mundo. Un individuo como #LordAudi es el producto lógico de su medio; ya veía yo a su padre llegando dando gritos y manotazos aun antes de enterarse de los hechos.

En vez de un “¿Por qué?” excluyente que conduce a dividir a la humanidad en segmentos que finalmente se contraponen unos a otros, colocando de un lado quienes se sienten dueños del mundo, con derecho de atacar a los del lado contrario, que a su criterio nada merecen, para terminar en guerra, hagamos valer un sensato y maduro “¿Y por qué no?”, para desde ahí comenzar a ejercer el respeto mutuo tan necesario.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
24 Julio 2016 04:00:03
Pokemon go
A todas luces asombrosos los alcances de la tecnología que permite explorar el mundo, facilitando que lo entendamos y manejemos mejor. Parece increíble que, al menos en Medicina, haya avances que permiten tener tejidos artificiales para suplir a aquellos que dejan de funcionar, y del mismo modo que a través de la tecnología podamos llegar a la intimidad de información genética para desentrañar los mecanismos capaces de producir enfermedad, y que en un futuro nada lejano, a través de ese conocimiento, se esté en capacidad de diseñar mecanismos que inactiven o reviertan esos daños bioquímicos.

Al margen de los logros en el terreno científico, hoy quiero abordar un fenómeno que me sorprende por su dimensión: Pokemon Go, un juego virtual que consiste en tomar el teléfono celular y lanzarse, de preferencia a pie por distintos puntos de una ciudad para “cazar” monitos, lo que para ahora, a escasas dos semanas de iniciado en países como Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos ya ha dado cuenta de severos accidentes de tráfico cuando el conductor desvió su atención para buscar el muñequito en su pantalla, y no vio el poste o el puente, o el otro vehículo que tenía enfrente. Mientras que en Japón, cuna del Pokemon, el juego acaba de llegar hace apenas dos días, en México, por supuesto, ya tenemos nuestras versiones “pirata”, y los jóvenes ya andan por las calles a la caza de muñequitos.

Nada más como un ejercicio para ampliar un poco la información sobre este juego que se ha convertido en viral, busqué en redes sociales y hallé un sinfín de “memes” al respecto; de todos ellos me impactó mucho uno proveniente de Uruguay: Como oficialmente el juego no ha entrado a Latinoamérica, el “meme” dice: “La unión hace la fuerza: Latinoamérica wants Pokemon Go”, y se acompaña de un dibujo de todo el continente americano con sus banderas por país, y el logo del Pokemon.

Sin lugar a dudas para ahora los especialistas en fenómenos sicosociales ya estarán investigando las razones últimas que expliquen a satisfacción la fuerza que ha tomado este fenómeno a nivel mundial. Desde mi modesta tribuna me permito llamar la atención en dos aspectos: El económico que hay detrás de todo lanzamiento de un producto, y que ya para ahora está generando cuantiosos dividendos para Nintendo, compañía que ha multiplicado sus ganancias en dos semanas, y el otro fenómeno, que más me atrapa a mí, el conductual.

Ir persiguiendo monitos por la ciudad representa un entretenimiento al que los jóvenes se entregan con pasión, y que finalmente traduce que tienen tiempo de sobra que no habían hallado cómo emplear. De alguna manera les proporciona un sentido de identidad, pues se unen a otros muchos que se dedican a hacer lo mismo, y con quienes pueden intercambiar monitos. Satisface además una necesidad emocional muy olvidada, la del reconocimiento. Que la pantalla del celular te diga que vas muy bien porque atrapaste un muñequito, es una caricia que siempre se recibe con gusto. Por desgracia hemos ido generando una sociedad ingrata, que deja fuera de su imaginario la palabra “reconocimiento”, tan necesaria siempre, sobre todo para nuestros niños y jóvenes.

En el mundo virtual todos los personajes son bellos, amanecen peinados y oliendo a limpio, tienen carro del año, la cartera repleta de billetes, un coeficiente intelectual de 240 y siempre toman las mejores decisiones. Cierto, cuando nos metemos tanto en ese mundo virtual, porque el mundo real no nos está representando un sitio agradable donde estar, comenzamos a medirnos con esos personajes tan perfectos y nos sentimos una basura, no hay manera de sentir que merezcamos una palmadita por lo que somos o hacemos. Pero entonces llegan juegos virtuales o de casino frente a los cuales, al menos por un rato sentimos poseer un poder que nos hace dignos de reconocimiento. Vaya, y aparte nos estamos divirtiendo, y ocupamos nuestro tiempo… En esos momentos no nos percatamos de que el telón de fondo en todo tipo de adicción es un vacío interior, un cuestionarse qué le falta a nuestra vida para sentirla digna de ser vivida.

El potencial de los jóvenes está ahí, esperando ser tomado en cuenta. Del mismo modo como ahora hacen frente común para ir tras las figuras amarillas hasta con riesgo de su propia vida, así podríamos nosotros presentarles propuestas de entretenimiento y crecimiento interior, que al mismo tiempo ayuden a resolver los graves problemas que enfrenta el mundo.

Dentro de las publicaciones en redes sociales que tienen que ver con el Pokemon Go, hay una que me enterneció, es la fotografía de un niño sirio sosteniendo en sus manos una lámina con un dibujo de un muñequito para llamar la atención sobre su condición de refugiado. El mismo gesto de desazón en la cara del niño la tiene el dibujo elaborado por Saif Aldeen. Yo me pregunto de qué manera algo así funcionará para aliviar el sufrimiento de tantos miles de refugiados…

Nuestros jóvenes tienen tiempo y entusiasmo para trabajar: Planteémosles causas nobles, con sentido social que les permitan divertirse y crecer ayudando a otros.


http://contraluzcoah.blogspot.com/
17 Julio 2016 04:00:56
El futuro de Pablo
Con relativa frecuencia me sorprenden frases de compañeros columnistas que dan cuenta de infinidad de lectores. En lo personal me quedo deslumbrada, pues –siendo honesta-- en más de cuarenta años de escribir artículos de opinión, es muy ocasional que alguien me haga comentarios sobre algún artículo, y eso que tengo el mal hábito de ser obsesiva en este oficio, y sólo verdaderas causas de fuerza mayor han impedido que algún domingo no publique mi columna, lo que daría, desde 1975 a la fecha de colaboraciones dominicales ininterrumpidas, algo más de 2,200, y en proporción son escasos los comentarios que he recibido. Es más, a veces ni los familiares cercanos me leen, pero claro, luego me entero de que Catón, con algunos años más que yo como columnista, tiene 4 lectores, y como la ranita de Facebook, “entonces se me pasa”.

Ahora bien, ya entrando en materia, alguna vez que alguien me preguntó de dónde me inspiraba para escribir, le contesté algo que hoy retomo: A mí las historias me encuentran, ha de ser obedeciendo a la Ley de la Atracción: Heme aquí en la necesidad de escribir a más tardar el viernes para que se publique el domingo, y poco antes de la fecha una historia llega a mí, nuevecita, lista para ser contada. Así llegó el pasado jueves la historia de Pablo, la cual tomo entre algodones para que no se desgaste, y plasmarla tal cual en palabras sin que sufra merma alguna.

Pablo es un joven de 16 años que está por iniciar su último año de preparatoria. Durante sus vacaciones “para aprovechar el tiempo y no estar ahí nomás en la casa” es empacador voluntario en una tienda de autoservicio en la que suelo hacer mis compras semanales. Aunque sea poco lo que compro, siempre solicito la ayuda del empacador en turno por varios motivos, para que regrese el carrito y no se quede obstruyendo cajones de estacionamiento; para reconocer de algún modo la labor de los empacadores, y finalmente –lo que al caso nos ocupa—para atrapar historias al vuelo.

Pablo me pregunta sobre una fruta que traigo en mi mandado: “Chicozapote”, y de allí inicia un simpático intercambio sobre mameyes, zapotes blancos, y hasta fruta de la pasión. Me comenta que él no es oriundo de esta frontera coahuilense, y que en el centro del país conoció algunas frutas que ahora ya casi no reconoce. Habla de su tío que vive en la ciudad de México y tiene un árbol de “chinola” que se pone hermoso en esta temporada. Luego él me pregunta de dónde soy, y la plática avanza.

A los empacadores jóvenes suelo preguntarles qué estudian, para luego animarlos a no dejar de hacerlo. Pablo me dice que él quiere echarle muchas ganas para estudiar Psicología; le sugiero que investigue bien la oferta de trabajo que tiene en la actualidad esta licenciatura, pues en ocasiones está muy saturado el mercado, a lo que él me dice con el particular estilo que caracterizó toda su animada plática: “El que es bueno en cualquier lugar consigue trabajo”.

Me quedo con estas últimas palabras de un joven entusiasta que está esforzándose desde ahora por forjarse un futuro. Quiero creer en él, y no dudo que se cumpla en su caso aquello que dice que el buen gallo en cualquier corral canta… pero también me doy cuenta de cuan necesario es que los planteles de educación media superior orienten a sus alumnos de acuerdo con la oferta laboral. En esta ciudad oficialmente de 140,000 habitantes ha llegado a haber la carrera de Derecho en tres universidades; Psicología en otras tres; Administración en cuatro, y Enfermería en tres… Yo me pregunto a qué instancia le corresponde revisar y diversificar la oferta académica, y adecuar las carreras universitarias para que el número de egresados no rebase la oferta laboral vigente.

El concepto romántico de estudiar lo que siempre se ha soñado debe aterrizar en la realidad, el chico necesita conocer de antemano si la carrera que desea tiene futuro como fuente de ingresos, o qué implica poder desarrollarla al máximo…Los hijos de un filósofo difícilmente van a comer de las disertaciones de su padre, y bien dice el dicho: “Primero comer que ser cristiano”. Si queremos un México progresista, hay que resolver de entrada las necesidades básicas del individuo y su familia. Si se estudia una carrera que jamás se ejerce hay mucho desperdicio de recurso, cuando ese potencial humano y académico pudo aprovecharse de mejor manera.

Le deseo a Pablo el mayor de los éxitos. Tiene visión, dotes de líder y capacidad para comunicarse con los demás; no dudo que llegue a ser un gran psicólogo, y tampoco dudo que como buen gallo donde quiera cante… Él tiene 16 años, todo el entusiasmo para emprender un ambicioso proyecto de vida, y comienza con el pie derecho. Ahora bien, la responsabilidad de una planeación eficiente que asegure que todo ello se cumpla para Pablo no depende de él, y más vale que así lo conciban las correspondientes autoridades de educación superior desde ahora.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
10 Julio 2016 04:00:35
Cuesta arriba
Ahora me viene a la mente aquel pequeño cuento narrado por Carlos Kasuga, de un gorrioncito que, ante el avasallador incendio del bosque, mientras los otros animales huyen despavoridos, comienza a mojar su pico y sus alas en el río para luego sobrevolar el incendio dejando caer algunas gotas sobre el fuego voraz una y otra vez. En medio de su agotador vuelo es abordado por el jaguar, quien cuestiona sobre qué sentido tiene hacer lo que hace, si con ello no va a apagar el incendio, a lo que el gorrioncito replica que, ya que el bosque le ha dado todo lo que él tiene, siente lealtad hacia el mismo, y que sin importar lo que suceda, va a tratar de salvarlo. Termina la historia cuando los dioses, conmovidos por la actitud del pajarillo, dejan caer una tormenta sobre el bosque, con lo que finalmente se extingue el fuego y la vida recomienza para todos sus moradores.

Así sucede a veces, sobre todo en el convulso México que nos ha tocado vivir, no una sino muchas veces nos preguntamos qué sentido tiene esforzarnos por ir cuesta arriba, por cumplir la norma cuando tantos no lo hacen; actuar con honestidad, si la deshonestidad se ha convertido en la regla en diversos sectores de la población, o ser corteses cuando tantas veces la respuesta a tu gesto amable es un sopapo que nos descorazona…

Hay ratos cuando nos preguntamos por qué, o para qué seguir escalando la montaña, cuando la vía más fácil es precisamente de bajada, lo que no implica mayor esfuerzo… O qué sentido tiene hacer las cosas como hasta ahora, cuando resulta que eres tomado en cuenta en la medida en que sirvas a las necesidades de otros, y cuando de lo tuyo personal se trata, te las has de ver solo por el camino, porque nadie parece dispuesto a darte una mano.

Los grandes problemas macroeconómicos y sociales del país tienen su repercusión en lo pequeño, en el hogar, en las relaciones interpersonales que de alguna manera resultan afectadas. La inseguridad que sentimos en las calles provoca una desazón que finalmente acarreamos a los círculos más cercanos, y lesiona nuestra interacción con otros. El observar como parte del panorama urbano tal cantidad de uniformados de las distintas corporaciones militares y policiacas no deja de mandar un mensaje que rompe la tranquilidad del espíritu; en las calles hay una guerra silenciada, una sucia guerra de intereses, que contrapuntea a los hermanos convirtiéndolos en enemigos, hasta sentir cómo la zozobra acomete sobre todos nosotros y la desesperanza se instala en nuestro pecho.

Así como la ciudad más limpia es, no la que más se asea sino la que menos se ensucia, de igual manera la ciudad más tranquila no es la que tiene más medidas de seguridad, sino la que menos las necesita. En lo personal -debo confesar- sí me afecta sentir que a los ciudadanos se nos trata como delincuentes en potencia, y que se ha perdido esa confianza que hasta hace algunos años campeaba en nuestras poblaciones. Probablemente esta percepción particular se deba a que, por cuestión de mi edad, puedo comparar el México de mis años mozos con el actual, y el contraste es del cielo a la tierra.

Pero en fin, en medio de este caos que a ratos se vuelve aún más terrible, se trata de encontrar motivos para seguir esforzándonos por actuar dentro del orden, cuando lo más sencillo es no hacerlo, al fin que parece que da lo mismo cumplir o no cumplir.

Viene a mi mente --¡bendita literatura!- el pensamiento de Viktor Frankl quien, luego de pasar algunos años en varios campos de concentración, halló la suficiente cordura para sobrellevar esas terribles condiciones de vida centrado en un solo propósito: Salir con vida para poder publicar su libro cuyo apunte llevaba escrito en un pequeño fragmento de papel, enrollado y metido en la bastilla de su uniforme de prisionero. Esa idea, junto con la de volver a reunirse con su amada esposa –algo que finalmente no sucedió, pues ella sí murió en otro campo- fueron los elementos que lo mantuvieron con vida todo ese tiempo.

Dentro de su obra nos deja un mensaje claro: Las adversidades y el dolor van a existir siempre, pero no nos van a arredrar, en la medida en que mantengamos en nuestra mente y en nuestro corazón un propósito, un proyecto de vida que nos permita seguir adelante.

Hoy me tomo de la mano de esas dos figuras, el gorrioncito de Kasuga y el espíritu de Frankl para recuperar y mantener ese entusiasmo por hacer bien las cosas, así nadie se percate de que lo hago, o incluso haya quienes tergiversen mi intención con sus palabras. Sea mi propósito la tranquilidad de llegar un día al término de mi existencia sin tener tantas cuentas pendientes con la vida. Y sobre todo, dejar testimonio a mis hijos de que escalar la cima, si bien implica dificultades, templa el espíritu, y que cuando termina nuestra estancia terrenal, la vista desde la cima habrá valido la pena.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
03 Julio 2016 04:00:38
¿Y quién rescata a Jorge?
Jorge es uno de los 26 organilleros que quedan en el centro histórico de la Ciudad de México. Joven y alegre, no duda en posar para la fotografía y para el video arrancando a su caja musical de origen alemán las más mexicanas “Mañanitas”, mientras relata que la causa de su mengua como grupo es que no consiguen los rodillos perforados que se colocan en el cilindro para producir el sonido. Cuando le pregunto qué han hecho como gremio parece sorprendido, y cuando le sugiero que busquen una instancia oficial dentro de la cultura que vea por ellos, se le iluminan los ojos.

Al parecer es algo que ninguno de los 26 organilleros había considerado dentro de sus derechos. Le indico que recurran al Departamento del Distrito Federal, claro pidiendo a Dios que siga existiendo como tal, y que en el caos burocrático de cambio de nombre a Ciudad de México, con todo lo que conlleva, no haya quedado en tierra de nadie la instancia que pueda apoyarlos.

Sigo comentándole que tiene que haber algún especialista dentro de la carrera de Música interesado en este rescate, mismo que pueda ser llamado por las autoridades de la hoy Ciudad de México para emprender la perpetuación de este baluarte nacional que muere de la forma más absurda, por ignorancia, por falta de visión, por lo que pareciera un descuido de las autoridades encargadas de la cultura. La música de organillo es parte del imaginario colectivo de la nación, y así el tratamiento que debe recibir por parte de los encargados de todo aquello que nos da identidad nacional.

Nos enteramos de la historia de Jorge mientras recorrimos gran parte del centro histórico y pudimos apreciar, tanto el deterioro y hundimiento de importantes edificios con gran valor histórico, como los emprendimientos para su rescate. O sea, sí hay interés, pero se adivina que no hay un proyecto global de rescate, como si de alguna manera hubiera faltado visión, o al menos es la impresión que nos llevamos quienes no somos oriundos de la Ciudad de los Palacios, mientras nos sorprendemos con sus maravillas y nos inquietamos con descuidos como éste.

El Palacio de Correos es una joya arquitectónica enclavada en el centro histórico, entre las calles de Tacuba y Eje Central 1, antes San Juan de Letrán, que ha cumplido a principios de este siglo su honroso centenario, en espléndidas condiciones. Originalmente en el predio en donde se asienta Correos estuvo el Hospital de Terceros de los Franciscanos, y fue a principios del siglo pasado cuando Porfirio Díaz autorizó la construcción del actual edificio, que llevó cinco años para ser terminado en 1907. Funciona como Oficina de Correos, su arquitectura porfiriana es en sí un baluarte arquitectónico, con un reloj de origen alemán de particular belleza, además de que encierra un museo en la planta baja dedicado a lo que es todo lo relacionado con el Servicio Postal.

En décadas anteriores sus plantas altas fueron extensiones del Banco de México, y posteriormente albergaron el Museo de Historia Naval. Cercanos a él se hallan el Templo de la Profesa, actualmente en labores de restauración, y el joven Museo del Estanquillo, inaugurado hace diez años, el cual pude visitar por primera vez en este viaje, y asombrarme por su espléndido inmueble y sus exposiciones temporales con colecciones de Ernesto “El Chango” García Cabral y Santiago Hernández.

Ahora bien, siendo la aún Delegación Cuauhtémoc la que concentra la mayor parte del patrimonio histórico de la ciudad de México: ¿Por qué nos topamos con esos huecos como el de Jorge el organillero, cuyas necesidades han pasado inadvertidas para los responsables de la cultura en esa Delegación?... No tengo elementos de juicio para suponerlo, pero sí estoy obligada a señalar el fallo, y a exigir que se haga el debido rescate, antes de que la figura del organillero pase a convertirse en una pieza de museo.

Entre más vivo más me convenzo de que el grave problema de México es el desamor que los mexicanos le tenemos, producto de la falta de información, de la pobre sensibilización para generar un amor por lo nuestro, mientras que el extranjero –paradójico decirlo—se asombra por nuestra riqueza cultural en todos los aspectos: Histórico, arquitectónico, gastronómico, artesanal, musical… en fin, sería difícil abarcar en este espacio todo lo que representa México para los que nos ven maravillados desde fuera, mientras que nosotros logramos si acaso percibirlo.

El rescate histórico ayudará a inyectar en los mexicanos ese urgente amor a la camiseta que nos permitirá sacar adelante a nuestra nación. Me comprometo a hacer llegar esta colaboración al Lic. Miguel Ángel Mancera, sin embargo falta mucho por hacer por parte de cada uno de los mexicanos que amamos y honramos nuestra cuna.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
26 Junio 2016 04:00:25
Por los cauces correctos
Nuestro país presenta graves problemas que tienen que ver con el abuso de poder, la corrupción, y la impunidad. Si los estallidos sociales se representaran por llamaradas y pudiéramos visualizarlos desde el espacio, veríamos un México en llamas. Podemos esgrimir razones económicas, sociales, partidistas, religiosas, territoriales, en fin… Tratando de hallar un común denominador a los distintos fenómenos que vienen impactando a nuestra sociedad yo me iría más a la base, a un sustrato familiar que de alguna manera ha fallado en todos los hogares, independientemente de su ubicación geográfica, su nivel académico o de ingresos, algo que finalmente no ha propiciado la consecución del bien común, dando lugar entre otras cosas a grandes tragedias, como la recién vivida hace una semana en Nochixtlán, Oaxaca.

Los buenos libros son como los buenos amigos, permanecen en algún rincón, y el día cuando los buscamos ahí están para acompañarnos. Retomé la lectura de una obra de Daniel Goleman que al momento de publicarse fue controversial, y hoy constituye parte del sistema educativo, al menos en muchas escuelas privadas de occidente. Habla sobre la inteligencia emocional, el papel que esta juega en las relaciones interpersonales y la forma como sugiere el autor que sea explorada y desarrollada desde los niveles básicos, para favorecer el desarrollo de sociedades sensibles a las necesidades de los demás, empáticas y en consecuencia éticas, orientadas hacia el bien de la sociedad en su conjunto.

El autor pone diversos ejemplos que son comunes a cualquier grupo humano. Un niño de un año llora, y el otro hace lo mismo; está en contacto con las emociones del primero y se sintoniza en ese mismo canal. Cuando ya es más grande trata por algún medio de consolarlo, y más adelante procurará resolver el problema que lo hizo llorar. ¡Vaya! si en Internet vemos incontables ejemplos de vida animal que muestran la solidaridad de un individuo o de un grupo por otro de su misma especie, inclusive de especies distintas.

¿En qué momento se perdió la capacidad de conmovernos con lo que sucede a otros? ¿Por qué razón se impone la agresión por encima del mutuo entendimiento? Lo vemos en todos los niveles, cuando se trata de negociar un acuerdo, surge de inmediato la frustración de uno u otro lado, y la cosa se violenta. Es un decir “si no es como yo digo, entonces ataco”. Y ahí tenemos a gobernantes, fuerzas armadas, grupos paramilitares, gremios magisteriales, en pie de guerra, unos de formas más sucias que otros, pero finalmente lo que impera es el espíritu bélico de Ares, dios de la mitología griega que se caracterizaba por sus modos violentos e irreflexivos. Es ira explosiva dirigida contra quien se ponga enfrente, algo que por lógica jamás conducirá a resolver el problema. Es violencia mal encauzada, activada por la frustración, porque vaya: ¿En qué ayuda a resolver un conflicto el hacer pintas en monumentos de gran valor histórico o quemar un tráiler cargado de jaulas de gallinas para verlas morir achicharradas? ¿O qué arreglo se logra con disparar a mansalva contra un grupo de manifestantes?...

Jamás la violencia ha sido el camino para resolver nada. Vaya, hasta las victorias en las más grandes guerras tuvieron su planeación estratégica, baste leer a Sun Tzu. De ningún modo estoy sugiriendo que se emprendan acciones violentas planificadas, para nada. Lo que quiero destacar es que esos arranques de violencia que vemos a pequeña escala en la vía pública, igual que en los conflictos de mayor envergadura, son estériles, no van a generar nada de provecho para nadie. Lo único que están logrando es mermar los ya de por sí exiguos dineros que quedan en las arcas de la nación.

Enseñar a un niño a manejar sus emociones, a canalizarlas, detectar y resolver el problema que lo afectó. Manejarlo en un ambiente, primero familiar y luego escolar en el que se le encauce a ser sensible frente a las necesidades de sus compañeros, y a resolver los problemas en forma grupal ayuda al desarrollo de la empatía y de la verdadera solidaridad.

Excelente que un pequeño sepa cálculo integral o domine el chino mandarín, pero si no es asertivo para resolver los problemas que la vida presenta, no sabrá ser feliz ni aportará mayor cosa a su grupo social.

Cuando nos convenzamos de que la violencia en las calles se gesta en el corazón de nuestros niños, ese día daremos el primer paso por la ruta más conveniente. Militarizar el país no es la solución.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
19 Junio 2016 04:00:32
Seguiré tus pasos
Difícilmente en la actualidad logramos deslindar las festividades tradicionales de nuestra sociedad de su sentido mercantilista, es por ello que en lo personal suelo resistirme a abordar la festividad en turno. Sin embargo hoy lo haré, dado que es tan necesario hablar de la autoridad paterna como eje central del comportamiento de las sociedades.

La festividad del Día del Padre tuvo su origen en la Unión Americana, por iniciativa de una mujer de nombre Sonora Smart, quien propuso que debería existir un día para celebrar a esa figura, máxime que en su caso particular, el suyo había sido un padre “soltero”, como ahora suele llamarse, quien –a la muerte de su esposa-- había sacado adelante cinco hijos, una de los cuales era Sonora. Así entonces esa iniciativa local se convirtió en celebración oficial norteamericana, en 1924, y finalmente en 1966 quedó establecido celebrarla el tercer domingo del mes de junio, algo que suele coincidir en otros países de Occidente, siendo pocos, como España que lo celebra en marzo, o Alemania, que lo hace en mayo, la excepción. En México se festeja a partir de 1950.

Hablar de la figura del padre se vuelve tópico indispensable en el tercer milenio cuando una tendencia social es a diluir la figura de autoridad en todos los ámbitos, empezando por el familiar. Querer imponer un orden suele ser mal visto por los subordinados, y a ratos, si no somos precavidos, estaremos enfrentando el fenómeno aquel de que “los patos le tiren a las escopetas”.

La autoridad en cualquiera de sus géneros necesita atender un orden moral, esto es, tienes la obligación de cumplir lo que yo mando, porque yo por mi parte cumplo con lo que me corresponde hacer. Es tan sencillo como esto: No tengo autoridad moral para decirle al hijo que no fume si yo fumo; así arguya yo mil cosas para obligarlo, no estoy en posición de ejercer un liderazgo comprometido frente al joven. Aquel argumento arcaico de “porque yo mando” perdió su vigencia hace muchos, pero muchos años.

Hablando de autoridad moral, algo similar se aplica a la sociedad: Tenemos “servidores” públicos ganando salarios y dietas millonarios, quienes alegan que un salario mínimo alcanza perfectamente a una familia hasta para ir al cine… ¿No es una burla grosera y un cinismo rampante? ¿Con qué autoridad moral alguna diputada farandulera dice que todos debemos estar agradecidos con el estado actual de cosas? Esos son claros ejemplos de una autoridad moral inexistente, que simplemente no se ha ganado, frente a una autoridad formal dada por el puesto que se ocupa.

Imponerse como padre por la vía de la violencia es un sistema que finalmente no funciona. Trae implícito el mensaje de que el amor y la violencia van de la mano, además de que en la mayoría de los casos el padre golpea irreflexivamente en un arranque, habitualmente desencadenado por frustración y no como una medida disciplinaria bien razonada. Apelar a la sensatez del niño para hacerle ver por qué determinada conducta no es aceptable, es forjar en él un adulto crítico, que ante una situación busque entender el origen del mismo y discrimine sus posibles consecuencias. De ninguna manera es declinar la autoridad; todo lo contrario, es ejercer un liderazgo formador.

Cada uno de nosotros, sin lugar a dudas, ha tenido el padre ideal. Así lo sentimos porque nos gana el cariño en nuestras apreciaciones, pero en definitiva los padres, como humanos que son, tienen carencias y fallas cuyo oportuno reconocimiento allana el camino para llegar a ser mejores padres. Ni vivo ni muerto es sano idealizar a un padre; hacerlo es imponer una carga extra a los hijos, que se sentirán incapaces de alcanzarlo. Las familias que han perdido de manera temprana al padre tienden aún más a idealizarlo, y las consecuencias son más graves, porque el concepto del padre perfecto se convierte así en una figura imposible de imitar para el hijo.

Si algún testimonio pudieran dejar esos pequeños a sus padres, les dirían algo así:

Seguiré tus pasos, de manera que cuida por dónde vas y cómo te comportas.

Seguiré tus pasos, cierto de que el camino que emprendes es el mejor.

Seguiré tu ejemplo, la forma cotidiana que tienes de entender la vida. Así como te vea enfrentar los problemas aprenderé a enfrentarlos. Así como trates a otros yo lo haré.

Seguiré tus pasos, el modo en que tratas a mi mamá asumiré que es como se debe tratar a una mujer, y así lo haré, dice el niño. Buscaré por compañero alguien que me trate como tú haces con mi madre, dice la niña.

Hoy más que nunca es necesaria la figura del padre como modelo y guía; a él le corresponde prepararse para estar a la altura de su encomienda. ¡Felicidades por enfrentar este desafío para formar mejores ciudadanos!

http://contraluzcoah.blogspot.com/
12 Junio 2016 04:00:41
Intercambio de mochilas
Empatía: Sentimiento de identificación con algo o con alguien/ Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

El ser humano se está acostumbrando a funcionar de manera aislada con respecto de la sociedad; desde pequeño se le estructura una individualidad que lo lleva a percibirse a sí mismo como separado de los demás. La tecnología hace su parte proveyendo a ese joven prospecto de adulto de lo necesario para favorecer aún más ese aislamiento, como un “hombre-isla” dentro de una burbuja, de la cual saldrá solo de manera ocasional, para volver a encerrarse en ella.

Las tendencias educativas de los últimos cuarenta años se enfocan hacia el trabajo en equipo, de modo que los jóvenes del tercer milenio en muchos aspectos sí asumen un sentido de comunidad para trabajar, pero en lo emocional parecieran estar encerrados en su propio espacio vital. Los vemos caminando por las calles, o lo más grave, conduciendo con los audífonos puestos o “texteando”, situación a todas luces de alto riesgo para un accidente, y que refleja el poco interés que el chico tiene en lo que hay alrededor suyo.

Mi reflexión va, entonces, en este sentido: A pesar de los cambios educativos, la personalidad se modela en casa, y estas tendencias sociales han ido llevando a jóvenes y a no tan jóvenes hacia una pérdida de la empatía. Los anteriores patrones de convivencia facilitaban la cohesión de grupos ante cualquier situación que se presentara; desde el nacimiento hasta la muerte era el grupo en su conjunto el que acompañaba a las personas directamente afectadas por determinado acontecimiento; había tiempo para estar con ellas y ver por sus necesidades de momento, igual lloraban que reían juntas, para finalmente reforzar ese sentido de comunidad.

El diseño urbano llega a crear ciudades tan grandes, que aquella cohesión grupal se va perdiendo. Tal vez estemos en contacto con algunos vecinos, o podamos recurrir a ciertos amigos, pero aquel acompañamiento ha dejado de ser lo que era antes Las grandes distancias tienen su efecto, y además, encerrado cada cual en su propia burbuja no se dan las condiciones tal vez ni para detectar las urgencias de quienes se hallan en nuestro entorno. Si bien es cierto que el ser humano moldea sus circunstancias el efecto funciona en ambos sentidos, y ese ambiente frío y distante comienza a hacer mella en la esfera síquica del individuo y acrecienta su separación emocional del resto del grupo, hasta que en un momento dado él mismo se percibe muy solo, y no logra precisar de entrada cómo fue que se generó aquella condición.

De lo anterior deriva un sinfín de conductas que nos dañan a todos. Una de ellas tiene que ver precisamente con la empatía, esto es, yo, que me cuezo aparte de los demás pretendo, desde mis muy personales circunstancias erigirme en juez de otros, y no cualquier juez. Por lo general somos duros para señalar y condenar, como si nos asistiera la verdad absoluta, sin darnos cuenta de que es justo esa miopía en el observar lo que finalmente da cuenta de nuestras propias limitaciones. Pero, ¡ah, cómo somos proclives a disecar en vivo al prójimo!, lo hacemos hasta con cierto goce íntimo, significando entre líneas que nosotros somos mejores.

Bien dice el refrán popular: Solo quien carga la mochila sabe cuánto pesa. Si en un acto de magnanimidad comenzáramos por no juzgar “a priori” las conductas o los motivos de los demás, aun si los mismos llegaran a lesionarnos. Si nos abstuviéramos de emitir juicios dogmáticos, partiendo de que no obra en nuestro poder la verdad absoluta. Si en lugar de ver caer al compañero y limitarnos a observar, le ayudamos a levantarse. Si suavizamos un tanto nuestro corazón y nuestros sentidos, y somos uno con el que en ese momento lo necesita. Si salimos de nuestra burbuja aséptica para “contaminarnos” con las realidades de los demás, y las aceptamos aun cuando no alcancemos a comprenderlas. Finalmente en este planeta cada cual tiene derecho a actuar como mejor considere, y nunca la conducta de dos personas va a ser semejante, así se hallaran ambas en la misma situación. Si nos proponemos generar un ambiente emocional más “habitable”, cálido y apoyador, las cosas comenzarían a cambiar para todos…

Cuando llevemos a cabo un verdadero intercambio de mochilas, y carguemos la del otro, nos daremos cuenta que al cargarla de alguna manera comenzamos a actuar justo como su dueño hace y no como nosotros pontificamos; a partir de entonces la diaria convivencia se transformará en un sano ejercicio de mutuo entendimiento.

Hay dos caminos: Abrir los sentidos y el corazón para ejercitar la empatía, o acercarnos peligrosamente al despeñadero donde hasta la mejor burbuja se hace trizas.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
05 Junio 2016 04:00:21
Retorno al pensamiento mágico
Al comienzo la humanidad mantenía un equilibrio respecto al medio ambiente, que en un momento dado se rompió, generando enfermedad.

Quiero imaginar a aquellos primeros hombres preguntándose qué ocurría cuando alguno de ellos comenzaba a retorcerse, a agitarse, a cambiar de color o a rechazar el alimento, y tal vez, después de cierto tiempo de estar así, moría. Lo más seguro es que no hayan sabido qué hacer o cómo ayudarlo, pues simplemente desconocían cuál era su origen.

Surgió el pensamiento mágico, los observadores de la vida y del universo, que siempre ha habido, habrán comenzado a asociar lo que ocurría a ese individuo con lo que acontecía en derredor, quizás atribuyéndolo a fuerzas más allá de su condición humana, tal vez eran los dioses que vislumbraban cuando el rayo parecía partir en dos el cielo, o cuya voz portentosa creían escuchar al producirse el trueno. Asimismo, observando la naturaleza y experimentando de diversas maneras, habrán comenzado a producir algunos remedios para devolver la salud a ese individuo enfermo.

Avanzaron las épocas y sus grandes guerras acompañadas de terribles plagas que arrasaron poblaciones enteras. Con el conocimiento cada vez más orientado hacia el origen real de la enfermedad, la Medicina comenzó a integrarse como una ciencia separada de las demás. Los griegos fueron los primeros en establecer un orden en el estudio de la salud y la enfermedad, teniendo entre aquellos galenos a Esculapio en Grecia y a su equivalente –Imhotep-- en Egipto. Se atribuía a espíritus malignos el mal funcionamiento de órganos y tejidos, por lo que el paciente era sometido a conjuros y exorcismos para recuperar su salud.

Se siguieron grandes avances en la Roma Imperial, en Francia y en Arabia, hasta el siglo 18 cuando podría decirse que arranca la Medicina moderna, con la fabricación de la vacuna contra la viruela por el médico francés Edward Jenner, pero aún así con limitaciones, pues a mediados del siglo 19, cuando la epidemia de cólera en Inglaterra, fue hasta cuando se descubrió la asociación entre agua contaminada y esta enfermedad, algo que hoy en día un niño de primaria conoce.

No podríamos seguir profundizando en la historia de la Medicina, pues el espacio no lo permite, baste entonces imaginar el brinco cuántico que ha significado pasar de esas calles repletas de cadáveres a causa de la epidemia mundial de peste bubónica en el siglo 14, al escáner intracreaneal actual que logra detectar lesiones milimétricas en las estructuras nerviosas alojadas dentro de la cabeza.

La Medicina moderna depende mucho más de la tecnología de lo que lo que hicieran los grandes clínicos del siglo 19 y primera mitad del 20, particularmente en Francia, cuya acuciosidad frente al paciente llegaba a establecer diagnósticos que hoy en día requerirían de todo un arsenal de estudios para lograr.

Por esta razón los costos de la Medicina se han elevado, lo que trae aparejado todo un sistema económico alrededor de la práctica médica con hospitales, recursos diagnósticos y operación de aseguradoras, entre muchas otras. En Norteamérica hay estudios que calculan que alrededor del 50% del costo de una consulta se destina a cubrir los riesgos por “mala práctica”.

En México, donde nos encanta todo lo extranjero, por supuesto que hemos querido copiar esto de las demandas calificando como “negligencia médica” cualquier incidente en la atención del paciente, tanto en el medio particular como en el institucional, de manera que el médico ejerce una profesión de alto riesgo.

Por desgracia el sistema de administración de hospitales, por un lado, la falta de cultura médica de los demandantes por el otro, y de ribete la voracidad de los litigantes, llevan a atribuir a la persona del médico asuntos que no lo son.

Esto es, si la institución no contaba con el recurso idóneo para la atención del paciente, o si la clínica estaba muy alejada del domicilio del enfermo, o bien, si la condición que genera la demanda se debió al desacato de indicaciones médicas por parte del paciente, cómodamente se determina que fue “negligencia médica”, y que rueden cabezas.

Esto es, después de más de dos mil años de avances médicos estamos volviendo a los tiempos de las cavernas, aplicando el pensamiento mágico, o la postura cómoda, o la versión redituable para visualizar un caso en el que las cosas no salieron como se esperaba, atribuyendo al médico toda la responsabilidad.

El gremio médico exige a las autoridades que se hable con la verdad en lo relativo al sistema de salud y demanda con justa razón un trato digno. De otra suerte México corre el riesgo de ir perdiendo profesionales de la salud y a ver cómo nos curamos, tal vez utilizando el conjuro o la cartomancia.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
29 Mayo 2016 04:00:39
“Cobijas” y la espiral de violencia
Sucedió en la ciudad de Guanajuato, pero igual podría suceder en cualquier otra ciudad de México. Un grupo de jovencitos golpean a un indigente, hacen mofa de él y le vacían encima un bote de pintura, ¿el motivo?: “Una broma como las que salen en redes sociales y en la televisión”. Ahora estos mismos adolescentes refieren haber recibido amenazas de muerte por diversos medios, algo factible, dada la flamígera forma de reaccionar de algunos ante hechos similares.

El surgimiento de la Internet con los fenómenos que conlleva es materia de estudio para los especialistas. Este recurso, que resulta muy nuevo para la historia de la raza humana desde que aparece la necesidad de comunicarse, no deja de darnos sorpresa tras sorpresa, y de alguna manera se convierte en el monitor del estado emocional del mundo, máxime en estos tiempos cuando el concepto de “Aldea Global” ha uniformado percepciones y actitudes de grupos humanos antes tan disímiles, a lo largo y ancho del mundo.

Sistemas primitivos como la denominada “telegrafía acústica” llevada a cabo con tambores, o en nuestros pueblos de origen mediante caracoles; las llamadas a voz sonora de un sitio a otro, o bien los avisos mediante mensajeros fueron quizá las primeras formas organizadas de comunicación, que hallaron su definitivo mayor avance con el surgimiento de la imprenta en la Alemania del siglo quince, lo que fue desplazando la artesanal labor de escribanos y copistas, que se llevaba a cabo con singular maestría en los monasterios del Medioevo europeo.

Damos un brinco en el tiempo hasta los inicios de los sistemas automatizados de comunicación a distancia entre los que van apareciendo el teléfono con toda la magia que implicaba poder escuchar la voz humana a la distancia; el fax, en su momento algo maravilloso que transmitía un escrito en papel con absoluta fidelidad a muchos kilómetros de distancia, inclusive de un lado a otro del Atlántico… Eventos que para un niño de pecho actual no generan mayor asombro, para quienes de alguna manera los vimos nacer -como es el caso del fax-representaron algo increíble.

Llega entonces la computación, con su primer sistema que requería programadores para alimentar aquellas enormes máquinas que llegaban a ocupar espaciosos recintos, hasta la actual comunicación tan portátil como un teléfono móvil del tamaño de una galleta, lo que genera un fenómeno de hipercomunicación con sus propios demonios.

La fórmula es muy simple, colocamos un adolescente con una familia medianamente integrada, le damos un adminículo de comunicación, un grupo de amigos y la absoluta libertad para utilizar su tiempo.

A este joven sus modelos a seguir se los proporciona “la tele” o YouTube, a los que incursiona por su cuenta, pues no hay ningún adulto cercano que lo asesore. Uno y otro medio están pletóricos de “bromas” con una carga de agresividad y otra de erotismo muy marcadas, “porque es lo que vende”, expresión que le escuché utilizar a un ejecutivo de alto nivel de estos medios.

Como nos hallamos sumidos en el Capitalismo desquiciante, y la consigna es vender, así se tenga que poner en venta la progenitora, por supuesto que generar productos que tuerzan la conducta de un adolescente solo y desorientado, no da pie a contemplaciones. Y si los padres no actúan -me atrevo a suponer que, en primera instancia porque ni enterados están- mucho menos lo harán los propios medios cuya consigna es producir dinero.

Vaciarle una lata de pintura al “Cobijas”, indigente guanajuatense al que además golpearon, y del cual se mofaron tiene muchas implicaciones: Hacerlo en grupo; atacar a una persona que no se puede defender; actuar con violencia; no respetar el trato digno que todo ser vivo merece; tomar video para subirlo al Facebook… Todos y cada uno de estos elementos merecen un análisis detallado acerca de la autoestima de los propios “chavos” preguntándonos si será esta la única forma en su imaginario para sentir que valen.

¿Por qué la violencia, sobre todo grupal contra una persona desvalida? ¿Lo conceptualizaron como un objeto más del panorama urbano, como un tambo o un poste de la luz que se puede patear?

¿Qué -en su momento sintieron- les da derecho a actuar como lo hicieron? ¿Cuál era su necesidad de armar este ataque para subirlo a Facebook? ¿No sabrán hacer algo mejor con su tiempo y con su vida?...

Y así quedan diversas cuestiones a ser analizadas y resueltas por toda la sociedad. Esta conducta aislada finalmente es un foco rojo para cada uno de nosotros, mexicanos.

Una última pregunta, a título personal: ¿Seguimos como vamos, o actuamos para modificarlo pero de ya, comenzando primero por nuestro propio hogar? Porque eso sí, una cosa es clara, México se nos está yendo de las manos.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
22 Mayo 2016 04:00:55
Palmeras y memorias
“Amarillamiento letal por fitoplasma” poco ha de decirle a quien no sea torreonense y haya crecido acompañado muy de cerca por esas cinco mil palmeras que forman parte de la identidad de una ciudad centenaria, que recibió colonias provenientes de diversas latitudes dando pie a una multietnicidad envidiable que impacta en usos y costumbres.

Españoles avecindados a raíz de la Guerra Civil; grupos de habla árabe, franceses, norteamericanos, chinos. británicos y alemanes; todo el que proviniera de algún otro lugar era bien recibido, como fue el caso de mi señor padre, no extranjero pero sí un “chilango”, que murió sintiéndose lagunero.

Las palmeras altas y esbeltas de la avenida Morelos nacieron con la ciudad, fueron mudos testigos del avance de la Revolución Mexicana. Formaron parte de la infancia de mi madre y la mía propia, ya que la casa de mi abuela materna estaba sobre dicha avenida, frente al edificio que inicialmente albergó la cárcel municipal y después el distinguido Hotel Nazas. Apostadas a lo largo de los camellones de esta avenida, las recuerdo cuando algún viento hacía mover sus grandes cabezas verdes por encima de aquellas barbas secas de color de arena, tal vez para no olvidar sus orígenes desérticos a medio mundo de distancia. Pero al igual que las etnias, y los chilangos, y los viñedos que llegaron a poblar y enverdecer aquella tierra semiárida de los abuelos, las palmeras echaron raíces, y por más de 100 años crecieron, se fortalecieron y avanzaron a otras colonias como la Torreón Jardín de mis dulces recuerdos, cuando acompañada de mis primos recogía de las robustas palmeras datileras un puñado de aquellos frutos silvestres para llevarlos a la boca con el desenfado de cualquier niño, sin pensar en el riesgo de una infección intestinal, y mucho menos en el maldito fitoplasma que hoy amenaza con borrar esas palmeras para siempre.

Uno de los daños colaterales que ha generado el fenómeno de la Globalización es la pérdida de identidad. Ese sentir que somos parte de un todo sin fronteras, provoca que nos sintamos perdidos. Para nuestro yo interno el no identificar nuestro grupo ni satisfacer el elemental sentido de pertenencia, genera una crisis cuyos alcances no podemos medir aún, pues no ha pasado el tiempo necesario para hacerlo, pero aventuramos que será significativo. Haber vivido en la Laguna, y sentir que la comida libanesa o la china, o la festividad de la Covadonga, o el Boliche de los alemanes, o las tiendas de ropa de los franceses era algo tan nuestro como lo propio, nos ayudó a ser incluyentes en nuestro trato con los demás, a sentir que nuestra amada tierra era una representación en pequeño del gran mundo allá afuera. Y ahora, de manera por demás simbólica, esas nobles palmeras datileras están muriendo, y ningún esfuerzo agroquímico ha logrado detener el avance de la enfermedad, en lo que ya se contempla con una gran tragedia ecológica para la Laguna.

Sea Este un buen momento de reflexión para volver la vista a las raíces, las propias para afianzar, las de nuestros pequeños para ver porque se planten perfectamente bien en la tierra, tan firmes que les permitan elevar sus copas a los cielos y llegar tan alto como se lo propongan, sabiendo que el suelo que las contiene y soporta es firme y provee de la nutrición necesaria para toda la vida.

No puedo evadir a la nostalgia: Me doy cuenta de que es una tragedia que toca muchas fibras de mi intimidad familiar: Las palmeras existen para mí desde los bisabuelos a finales del siglo 19, hasta mis actuales sobrinos nietos nacidos en el tercer milenio.

Comienzan a quedar los amplios camellones de Torreón Jardín como deshabitados; me provoca la misma sensación que tendría frente a un edificio entrañable que es desocupado, a partir del momento cuando queda vacío y mudo, habitado tan solo por los ecos de tiempos que nunca han de volver, a tal grado desolado, que hasta las memorias convertidas en polvo añejo se van perdiendo con cada vientecillo que se cuela por los rotos cristales de sus ventanas.

Tiempo de guardar esas memorias en el álbum de los recuerdos imborrables. Retomo los libros de mi tío Homero Del Bosque --quien fuera entusiasta e incansable cronista de la ciudad--, que hablan de Torreón a lo largo de cien años, y me sumerjo en sus historias que también me pertenecen, para reencontrarme con mis raíces, antes de que me invada algún fitoplasma mental que quiera arrasar mis amadas memorias, como ahora hace con las otrora magníficas palmeras, plantadas con amor por padres y abuelos, para dotarnos de una identidad sagrada, a prueba del tiempo y la distancia.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
15 Mayo 2016 04:00:58
Huellas en el viento
Dentro de las mayores bendiciones que he recibido en la vida se hallan mis grandes maestros, por cuyas enseñanzas de vida he aprendido a conducir la mía propia. Los maestros son piedra angular en el desarrollo de un ser humano, de manera distinta a los padres, pero igual de importante. Con el advenimiento de tantos conflictos en torno al magisterio, que muchas veces ponen en entredicho la integridad de la figura del maestro, no está por demás en este espacio, a propósito de la fecha que se celebra hoy en México, rendir un pequeño tributo a la figura del maestro, ese ser –como alquimista—capaz de transformar en oro cualquier otro metal.

Un maestro está ahí para aleccionarnos acerca del Bien como valor fundamental de una sociedad, como cimiento de la ética a través de la cual todos los demás valores se van desarrollando. Para que esa lección se fije en el corazón del alumno necesita haber congruencia entre lo que el maestro dice y lo que hace. El mayor obstáculo para el aprendizaje de una conducta es la discordancia entre el modo como se actúa y lo que se pregona.

Una vez encaminados por la senda recta el maestro nos enseña acerca de la Verdad, no una verdad tramposa y a modo que obedezca a intereses particulares de unos u otros, y que tanto mal viene haciendo en nuestros tiempos. Él está para enseñar acerca de la Verdad única, aquélla frente a la cual debemos de postrarnos de rodillas y rendir tributo, más allá de nuestras humanas limitaciones.

Después del Bien y la Verdad, la Justicia viene a ser un valor agregado que se da en forma natural, como enseñanza y dogma de vida. Ser justos es tener la grandeza de pensamiento para entender que no hay seres humanos distintos, que todos desde la concepción somos partícipes de una misma esencia divina que nos hermana, y que así sean de diferentes nuestras circunstancias, habremos de regirnos por esa esencia única común a todos.

A través de sus lecciones, pero sobre todo mediante su ejemplo de vida, el maestro nos enseña acerca de la Solidaridad, ese cerrar filas en torno a aquel que en un momento dado tiene dificultades para estar a tono con el resto. Solidaridad entendida, no como favor, no como la inhumana pesca de voluntades para el beneficio de unos cuantos, sino como una verdadera urdimbre de empeños, una conciencia colectiva, una unión perfecta.

De todo ello deriva el Respeto a manera de actitud personal frente al mundo, reconociendo la personalidad del otro en toda su forma, no por encima ni por debajo de la mía propia. Cuando conozco respeto, asimilo que hay una equidad implícita de carácter innato que debe ser reconocida por la vía del entendimiento y la convivencia.

Un maestro nos enseña el concepto de Lealtad a través de su ejemplo: Leal a los principios patrios; leal a su profesión y a su gremio. Este valor viene a ser uno que se practique con amor, como una norma justa de participación, que lleva a actuar a favor del conjunto, así deban de sacrificarse comodidades de orden individual.

El maestro es la persona sencilla y accesible que nos enseña acerca del principio mismo de Humildad. Él va dejando huellas en el aire, con absoluta discreción, como para no ser notado. Cumple cada día con su trabajo como un deber sagrado, un compromiso en primer lugar consigo mismo, luego con la sociedad y finalmente con la patria.

En esta ocasión rindo un pequeño tributo a los maestros que me han dotado de esa particular sensibilidad para observar y ese oficio de utilizar la palabra escrita para comunicar. Hortensia Bolívar, la maestra que siendo yo muy niña despertó en mí a una enamorada de la palabra escrita, y me dio ánimos tales, que cincuenta años después sigo escribiendo. Consuelo Romo, quien me dotó de confianza en mí misma para lograr lo que me proponga. Rosa Adriana Vela, la que me hizo enamorarme de la Medicina en secundaria, y Velia Soto en preparatoria, que me enseñó que la ciencia requiere disciplina y constancia. Don Jorge Siller de quien aprendí a abordar al paciente con amor; Don Bulmaro Valdez cuyo espíritu nos daba cátedra acerca de que para la voluntad no existen límites; por supuesto Don Carlos Ramírez quien me enseñó a abordar la enfermedad a partir de lo que ocurre en la intimidad celular, y Luis Lauro Lozano de cuya entrega y entusiasmo en el trabajo entendí que se hacen bien las cosas cuando se pone en ello hasta la última fibra. Son sólo algunos de tantos maestros que han dejado en mi vida huellas en el aire, huellas esbozadas con total modestia, como queriendo pasar desapercibidos, huellas para ser seguidas sin acaso mencionarlos nunca…

Un abrazo a todos esos maestros cuyo diario desempeño hace la diferencia para nuestros niños y jóvenes. Dios los bendiga en su sagrada misión.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
08 Mayo 2016 04:00:58
Maternidad y conducta social
La nuestra ha sido una sociedad eminentemente matriarcal, por más que en el escenario sean los varones los que toman las decisiones. Detrás de ellos siempre está la figura femenina que a través de sus mejores recursos conduce al hijo o al esposo hacia donde ella considera que debe hacerlo. Soy feminista, sí, pero lo anterior no lo digo como tal, son los estudiosos en ciencias sociales los que así lo consideran para nuestra sociedad. Ahora bien, ha cambiado mucho el papel de la mujer dentro de la sociedad en general; ha pasado de una posición aislada dentro del hogar a participar activamente en el campo laboral y en la toma de decisiones políticas del conjunto, lo que conlleva grandes cambios en ella, en la familia y en el grupo social en general.

Hablando ya en específico sobre la madre del siglo 21 es una mujer bastante más preparada que la de hace 50 años. Reconoce su derecho a capacitarse y lo ejerce, aunque claro, lo ideal sería que lo hiciera aún más a fondo, que no se conformara con terminar estudios medios o medios superiores, sino que se propusiera como meta un nivel técnico superior o de licenciatura, que amplíen para ella el abanico de posibilidades de disfrute, y que le garanticen poder salir adelante por su cuenta, en caso necesario.

La madre de hoy, en su gran mayoría, está multiconectada con el mundo; al menos posee un teléfono móvil que no solo utiliza para llamadas sino que participa en la comunicación a través de redes sociales, lo que a la vez le divierte, la enriquece y satisface en buena medida su sentido de pertenencia. Se siente parte del grupo social con el cual comparte gustos, aficiones y metas. Tal vez sea el bordado, la cocina, la acción social o el rescate animal aquello que la relacione con otros seres humanos para sentirse parte de algo superior a ella misma y sus tareas domésticas.

Una gran proporción de mujeres nacidas entre los años cincuenta a los noventa del siglo pasado pasan a formar un grupo de madres de jóvenes a maduras, activas, propositivas, que no se conforman con cumplir un rol de esposas y madres, sino que se esfuerzan por descollar por cuenta propia, no solo a la sombra del marido, y que además desean para sus hijos y nietos lo mejor, sin detenerse a hacer diferenciaciones de género, lo que algún día nos llevará a una verdadera equidad de género, cuando las oportunidades académicas, laborales y políticas sean equivalentes para hombres como para mujeres.

Quizá los grandes cinocéfalos de la vida moderna, que amenazan la vida y la integridad, en este caso de las mujeres, sean los sentimientos de culpa. Por ellos una madre puede caer en manejar a sus hijos con poca o nula autoridad, sin establecer el marco de referencia tan necesario para el chico, de manera que el hijo no identifica ni acata las reglas sociales, por la sencilla razón de que no las conoce. La madre en esta situación suele ser joven, tal vez madre soltera, y más todavía de hijo único, que trabaja muchas horas, y llega a casa cansada pero sobre todo sintiéndose culpable por haber estado alejada de su hijo durante tanto tiempo. Muy en su interior no se siente con autoridad moral para exigir al pequeño y se vuelve permisiva, hasta cómplice de las travesuras o los caprichos del chiquillo, dejando así de ejercer la necesaria potestad sobre él.

En este escenario no nos extrañe pues ver al niño de tres o cuatro años contestarle a la madre, golpearla, o inclusive proferir expresiones como: “¡Ya quiero que te mueras!” Dado que es un niño que crece con cero tolerancia a la frustración, el mínimo contratiempo provocará en él una explosión aparatosa con su cohorte de cosas desagradables. Y esta madre cargada de culpa todavía así verá de justificar dicho comportamiento: “Es que está cansado”, “Es que está pequeño”, “Es que ya se quiere ir”… En lo particular como pediatra hallo en esto un signo de alarma grave, indicando algo que debe atenderse de manera urgente.

De no modificarlo nos exponemos como sociedad a estar criando jóvenes impulsivos, irreflexivos y violentos, capaces de cualquier cosa para cambiar una situación que les irrita. Y no es de extrañar, pues simplemente han crecido sin un marco referencial que establezca la diferencia entre el bien y el mal. Las cosas las maneja según sean o no agradables, y nada más.

Doble reto tiene entonces la madre joven de estos tiempos: Proveer a sus hijos de lo necesario, ya sea sola o compartiendo con su pareja, y a la vez establecer dentro de casa un modelo social que el chico replique más delante por cuenta propia. Orden y disciplina constituyen el más grande patrimonio que ella puede procurarles para toda su vida.

¡Feliz Día de la Madre 2016!

http://contraluzcoah.blogspot.com/
02 Mayo 2016 04:00:03
Pasión por lo que se hace
En esta vida somos testigos privilegiados de cuanto ocurre en derredor, la tecnología nos coloca en posición de seguir los sucesos en el justo momento cuando acontecen, así sea del otro lado del mundo. Tal fue el caso del discurso de Fernando Del Paso durante la recepción del Premio Cervantes en España que pudimos seguir los mexicanos en tiempo real, si acaso con el pequeño inconveniente de la diferencia de horario, pero nada más.

Estuvimos en condiciones de escuchar las palabras del hombre enamorado de la lengua castellana y de la palabra escrita, que no ha perdido la sencillez a pesar de su reconocida trayectoria como escritor. El intelectual que reconoce la dolorosa situación de nuestro país y sabe que no tiene por qué ocultarla a los ojos del mundo, despojado de ese falso pudor oficialista que no hace otra cosa que empantanar aún más las verdades que a todos nos ahogan.

En mi entorno personal se unieron algunos otros personajes que hicieron de esta semana que termina algo especial. De visita en la ciudad de Saltillo tuve oportunidad de asistir al ensayo de la Filarmónica del Desierto y de dos jóvenes solistas, el pianista Eric Valdés, de quien ya hablé en una colaboración previa, y el violinista Carlos Suárez. Tuvo mucho de mágico el entrar por la puerta de artistas e instalarme en la parte posterior del foro con Eric y Fernando su padre a platicar por un par de horas mientras la orquesta ensayaba y constatar que, al igual que Fernando del Paso, Eric y su familia tienen ese ingrediente que se requiere para dejar huella en esta vida: Pasión por lo que se hace.

Me agradó hallar en el papá de Eric un hombre entregado a apoyar a su hijo en lo que él desea desarrollar, pero con la sabiduría necesaria para no dejarse llevar por los logros del joven pianista ni presionarlo para que siga ese camino hasta ahora muy exitoso.

Me platicó cómo, casi de manera simultánea con el descubrimiento de las dotes musicales de su hijo, él atravesaba una difícil situación laboral que lo llevó a una depresión de la que sintió que no podría salir, pero como él mismo señala, Dios pone las cosas de manera de que todo vaya teniendo una solución. El entusiasmo de Eric y sus primeros logros obligaron al padre a salir de aquel estado para apoyar y acompañar a su vástago, en ese entonces de 9 años de edad, a la vez que Mony, mamá de Eric, hacía lo suyo en ayudar a solventar los problemas de la economía familiar.

A la fecha Eric ha recorrido mucho camino, domina perfectamente el piano, tiene ilusión por aprender violín y algún instrumento de viento, y tal vez seguir la carrera de Dirección de Orquesta. Cuando cuestiono a su papá acerca de qué pasaría si Eric cambia la música y decide ser astronauta, con la risa franca que lo caracterizó durante toda nuestra charla menciona: “Lo que no es difícil, pues le apasiona mucho el universo”.

Hallar seres humanos que se entregan a fondo en aplicar aquellos talentos que Dios les dio, es a todas luces alentador. Vienen a mi memoria las palabras de Vincent Van Gogh cuya biografía es un tratado recomendable para cualquier aspirante al oficio del arte, que habla de la esencia del artista, de su relación con la vida, de cómo para él fueron el amor y la naturaleza el eje de toda su creación.

Hay temas recurrentes como las estrellas, el color y el corazón. En alguna de las misivas que intercambió el pintor con su hermano Theo, quien por cierto vivió siempre preocupado por las condiciones de pobreza del artista, Vincent expresa: “Desde mi punto de vista soy inmensamente rico, no en dinero, sino (y eso a veces, no siempre) soy rico porque encuentro en mi oficio, algo a lo que puedo entregarme con alma y corazón, y que da inspiración y sentido a mi vida”.

En un mundo que trae la brújula extraviada, y confunde valor con precio, y se deja engañar con el sofisma de “tener para ser”, y se vuelve loco tratando de dar satisfacción a estos postulados falaces, y es capaz de cualquier cosa con tal de estar a la altura de lo que oscuros intereses determinaron que fueran los estándares del éxito, cobijarse bajo estos paradigmas entusiastas que ponen toda la pasión en su diario quehacer, o como diría Van Gogh “en las pequeñas cosas”, es inspirador. A la vez constituye un recordatorio para el resto de nosotros: Hallar nuestro lugar; descubrir nuestro propio talento, y ponerlo a trabajar con todo el amor, hasta el último día de nuestra vida.

“Lo que es el color a la pintura, es el entusiasmo a la vida.” Palabras de Van Gogh que nos invitan al desafío de alcanzar en esta vida una sola cosa: Con toda la pasión de que seamos capaces, la estrella de nuestra propia realización personal.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
01 Mayo 2016 03:00:44
Pasión por lo que se hace
En esta vida somos testigos privilegiados de cuanto ocurre en derredor, la tecnología nos coloca en posición de seguir los sucesos en el justo momento cuando acontecen, así sea del otro lado del mundo. Tal fue el caso del discurso de Fernando del Paso durante la recepción del Premio Cervantes en España, que pudimos seguir los mexicanos en tiempo real, si acaso con el pequeño inconveniente de la diferencia de horario, pero nada más. Estuvimos en condiciones de escuchar las palabras del hombre enamorado de la lengua castellana y de la palabra escrita, que no ha perdido la sencillez a pesar de su trayectoria como escritor.

En mi entorno personal se unieron algunos otros personajes que hicieron de esta semana que termina algo especial. De visita en Saltillo tuve oportunidad de asistir al ensayo de la Filarmónica del Desierto y de dos jóvenes solistas, el pianista Eric Valdés, de quien ya hablé en una colaboración previa, y el violinista Carlos Suárez. Tuvo mucho de mágico el entrar por la puerta de artistas e instalarme en la parte posterior del foro con Eric y Fernando su padre a platicar por un par de horas mientras la orquesta ensayaba y constatar que, al igual que Fernando del Paso, Eric y su familia tienen ese ingrediente que se requiere para dejar huella en esta vida: pasión por lo que se hace.

Me agradó hallar en el papá de Eric un hombre entregado a apoyar a su hijo en lo que él desea desarrollar, pero con la sabiduría necesaria para no dejarse llevar por los logros del joven pianista ni presionarlo para que siga ese camino. Me platicó cómo, casi de manera simultánea con el descubrimiento de las dotes musicales de su hijo, él atravesaba una difícil situación laboral que lo llevó a una depresión de la que sintió que no podría salir, pero como él mismo señala, Dios pone las cosas de manera de que todo vaya teniendo una solución.

El entusiasmo de Eric y sus primeros logros obligaron al padre a salir de aquel estado para apoyar y acompañar a su vástago, en ese entonces de 9 años de edad, a la vez que Mony, mamá de Eric, hacía lo suyo en ayudar a solventar los problemas de la economía familiar. A la fecha Eric ha recorrido mucho camino, domina perfectamente el piano, tiene ilusión por aprender violín y algún instrumento de viento, y tal vez seguir la carrera de Dirección de Orquesta. Cuando cuestiono a su papá acerca de qué pasaría si Eric cambia la música y decide ser astronauta, con la risa franca menciona: “Lo que no es difícil, pues le apasiona mucho el universo.”
24 Abril 2016 04:00:31
Silencios mortales
Hallé dolorosa y aleccionadora una carta que circula en internet, escrita por la tía de Alexis, una niña de 17 años quien fue muerta de manera violenta por su novio de 23. Quien escribe, como familiar muy cercana, se cuestiona, se recrimina por no haber estado más pendiente de su hermosa sobrina, y finalmente lanza una advertencia a los padres de los jóvenes para no desestimar cualquier gesto o actitud que pudiera indicar un problema de fondo.

Como madre de dos lo expresé a mis hijos cuando entraron en la adolescencia hace “un buen”, como ellos mismos dirían, y lo sigo percibiendo más de diez años después: Ser joven en los tiempos actuales es toda una encomienda, saber mantenerse en el justo equilibrio cuando hay para ellos, por un lado tanta libertad, y por el otro infinidad de modelos que distan mucho de ser los ideales.

En gran medida nosotros, como padres que venimos arrastrando una carga de culpa, los hemos criado con un marco referencial bastante difuso, lo que no les permite determinar cuáles sí y cuáles no son conductas adecuadas para la interacción social. Por otra parte, con relación al ambiente en el que se desenvuelven, baste sintonizar algún audio o video por internet, o encender la televisión a la hora de las telenovelas para toparnos con contenidos que presentan como “normales” un conjunto de conductas que frisan con lo patológico.

Los padres, de manera errónea hemos delegado en los propios hijos la responsabilidad de decidir cuáles son los términos en que deben llevar su propia existencia. Por una parte porque estamos pasmados por la cantidad de información que ellos manejan y, por la otra, porque sentimos que no tenemos derecho a imponernos, y simplemente nos hacemos a un lado en la toma de decisiones respecto a su vida. Luego sucede que estos chicos con acceso absoluto a contenidos y de la mano de la inexperiencia, se extravían en el camino.

Y la niña de 15 tiene novio, y va y viene con él a todas partes y a cualquier hora “porque es lo normal”, ella lo dice y nosotros lo damos por cierto. Está en sus manos decidir qué o hasta dónde, lo cual hace basada en ciertos conocimientos reales, otro tanto de intuición y una pizca basada en la experiencia de sus amigas. Difícilmente hay una comunicación abierta y franca con sus mayores, primero para expresar cómo se siente, y luego para recibir orientación. Los padres muchas veces asumimos por propia voluntad el papel de viejos anacrónicos que nada saben y nos hacemos a un lado como si así debieran ser las cosas.

La misma tía de Alexis se teme que este ataque violento que finalmente acabó con su vida, pudo no haber sido el primero; expresa que ella algo notaba, pero quizás no le dio importancia, no pensó que viniera al caso ahondar en aquello, y aunque los “hubiera” no existen, en su proceso de duelo ella se reprocha no haber actuado de manera distinta ante esas señales incipientes de anomalía.

Como dice el dicho, “para bailar tango se necesitan dos”. En ningún conflicto social la causa se carga para un solo lado, siempre habrá un juego de interacciones que, como en este caso, pueden subir de tono hasta culminar en una lamentable tragedia. Si el joven no tiene un marco referencial que le indique en qué consiste expresar la varonía, él puede dejarse llevar por sus impulsos en búsqueda de establecer el dominio, como posiblemente haya pasado en este caso provocado porque la chica lo había cortado dos semanas antes.

Por otra parte, si la chica considera que el amor es la fórmula mágica para cambiar al amado, está viviendo en un mundo irreal. Pudo ser que ella algo había detectado en su novio, incluso en ocasiones ese perfil sicopático es parte del atractivo que gancha a las chicas. El joven impulsivo y a ratos violento es un reto a conquistar, en tanto que el chico tranquilo y sensato resulta hasta aburrido. Y puede suceder que ella decida volcar todo su tiempo y su afecto en él, convencida de que el amor va a cambiar a su pareja, y que el alcoholismo, la drogadicción o cualquier conducta violenta que él manifieste van a desaparecer gracias a ella.

Cuando nuestros jóvenes no tienen muchos modelos a los cuales asirse, y van más bien solos por el mundo, confiados en que su criterio es el bueno, es más probable que ocurran situaciones que luego habrán de lamentarse. Ni la más brillante inteligencia ni la mejor educación escolar pueden sustituir la experiencia de sus mayores para advertirles y orientarlos.

Descanse en paz Alexis. “Ojalá que esto que nos pasó nos sirva de algo […] como familia, como mujeres, como sociedad.” Palabras de su entristecida tía a las que más nos vale a todos prestar oídos.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
17 Abril 2016 04:00:51
Ética del corazón
Corro el riesgo de que las tiendas de conveniencia del palíndromo de cada esquina, me quieran cobrar regalías por fungir como fuente inspiradora de mis colaboraciones periodísticas, aunque siendo estas últimas a título gratuito, no podría aplicarse un porcentaje a otra cosa que no sea la buena voluntad.

La sensibilidad ciudadana no es un tema que esté agotado, y jamás debe serlo.

Es un tópico cuyo incumplimiento cansa y desanima a más de un ciudadano que procura que se cumplan leyes y reglamentos, aunque a ratos den ganas de aventar el arpa y ya. Nuevamente fue una tienda de conveniencia, temprana la mañana; el estacionamiento de la misma completamente libre de vehículos salvo el cajón para discapacitados, que ocupaba un vehículo con placas del estado de Texas, en cuyo interior no colgaba distintivo alguno de discapacidad. Dentro de la tienda una única mujer joven y fuerte, y muy posiblemente residente del lado americano, lo cual concluí tras ver la cantidad de cajetillas de cigarros que compraba y guardaba en su bolso de mano.

Con toda la gentileza de que fui capaz, aun cuando en esos trances se me agota en un segundo, me dirigí para preguntar si era la propietaria del vehículo en cuestión, a lo que muy amablemente respondió que sí. Cuando le hice notar que ocupaba el cajón para discapacitados puso cara de sorpresa, hizo como si revisara el sitio, y dijo “Pues no lo vi”. Estuve a punto de llamar algún colega oftalmólogo para que fuera testigo de aquel doble prodigio, una mujer daltónica, pero que además, en vez de confundir los tonos rojos, lo hacía con los azules…

Continuó mi conversación, nuevamente pidiendo a los dioses que me dieran paciencia. Le referí que mi madre durante sus últimos años fue discapacitada, y que era muy doloroso necesitar el único cajón de fácil acceso y hallarlo ocupado por alguien que lo utilizaba de modo injustificado. Allí su gesto se fue transformando hacia la indiferencia o el enojo, un decirme “púdrete, yo hago lo que quiero”, lo que no me silenció, dije lo que tenía decir y rematé con una grave sentencia: “Algún día, cuando en verdad llegue a necesitarlo va a entender mis palabras”.

Aquello me remitió al hermoso texto de Facundo Cabral que comienza: “No estás deprimido, estás distraído”, para dar cuenta de todas esas omisiones en nuestra percepción del mundo. Tal parece que vivimos tan deprisa, enredados en vericuetos emocionales, que no alcanzamos a salir un poco de nuestra piel para descubrir el universo que está allá afuera, compuesto por seres humanos que tienen necesidades con mucho bastante más profundas que las nuestras.

Y tampoco tomamos en consideración que la cuenta a la que estamos apostando todo ese desamor, es precisamente la cuenta de la que habremos de vivir más delante, cuando la juventud se agote, las enfermedades nos atribulen y estados como la soledad o la tristeza amenacen con invadirnos.

Necesitamos rescatar esos ánimos ciudadanos para detenernos un segundo en nuestra carrera y señalar, sobre todo a las jóvenes generaciones, que entre todos construimos el mundo que finalmente habrá de quedarles a ellos, pues nosotros ya estamos más cerca de la meta final. Hacerlo siempre con dulzura, no con aspavientos; propuestos a penetrar hasta donde se hallan sus emociones y que al menos, poco a poco, se vaya dando una sensibilización de unos para con otros.

Quiero suponer que la mujer de la tienda de conveniencia volverá a hacer lo mismo la próxima vez, y quizás hasta lo haga con encono, con dedicatoria a la mamá de quien osó cuestionarla.

Pero si detrás de mí viene otro ciudadano, y otro más, a hacerle ver que aquella no es la mejor forma de convivir, llegará el día -esperemos- cuando así lo entienda, o quizás no, y sea hasta el momento cuando en verdad necesite ese cajón para ella o para alguno de sus seres queridos, cuando comprenda la intención de todos aquellos ciudadanos que la molestaron cada vez que irrespetaba el reglamento.

Una buena receta para la convivencia es salirnos de nuestra propia piel y dejarnos llevar dócilmente hacia el otro, tratando de abarcar sus razones con nuestro corazón. No es erigirnos en fiscales y señalar; no es sentirnos dioses y juzgar; no es creer que tenemos la verdad del mundo y marcar rutas de viaje.

Es dejarnos llevar suavemente con los sentidos, sin enojos, sin barreras, hasta comenzar a entender. Cuesta, ¡y vaya que cuesta!, pero finalmente es el único camino para una convivencia civilizada en la que los derechos humanos tan devaluados hoy en día se apliquen de manera sistemática, no por decreto sino por convicción profunda de cada uno de los ciudadanos.

Retomo a Cabral para terminar: “No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor…”

http://contraluzcoah.blogspot.com/
10 Abril 2016 04:00:04
Éric: Un presente con futuro
No me provoca escozor alguno externar que las redes sociales representan una parte importante de mi actividad diaria; son el recurso siempre disponible para acceder a contenidos, para compartir opiniones y finalmente para dar a conocer algo de lo propio. Aunque claro, hay ratos cuando ese fácil acceso a contenidos de todo tipo genera desazón, primero por lo que sucede, luego por la manera como se cuenta y finalmente por el modo como en ocasiones se expresan otros navegantes. Hay contenidos que en lo particular dañan la moral, imágenes que aun cuando las oculte en mi muro, finalmente me persiguen como para decirme que no he sabido cumplir la tarea de forjar un mundo mejor…

En esta vida todo tiene dos caras y a esa parte oscura de las redes sociales se contrapone la parte luminosa, esas noticias que alientan, son algo así como una inyección de energía que nos pone a circular y a echarle ganas para estar en condiciones de dar lo mejor que tenemos. Tal fue el caso de una nota aparecida hace unos cuantos días en un diario saltillense, que habla sobre un joven valor musical de doce años cumplidos, quien lleva por nombre Éric Valdés Marines.

Este artista tuvo su primer contacto con la música siendo muy pequeño y casi por casualidad -así suceden los grandes prodigios que hacen historia-. Bien, Éric tuvo en sus manos un teclado que sus hermanos mayores habían desechado y a partir de esas primeras pulsaciones sobre las teclas, vino su fascinación por la música.

Todos los seres humanos poseemos algún tipo de inteligencia, desde la lógico-matemática, hasta la naturalista o la interpersonal; desde antes de nacer cada niño va dando muestras del tipo de inteligencia que más predomina en su persona y ahora sí que está en la acuciosidad con que padres y cuidadores observen a ese pequeño para identificar su potencial en la vida. Éric fue afortunado de contar con unos padres que en cuanto detectaron aquel gusto del niño por la música hicieron lo correspondiente para apoyar su talento.

Actualmente se halla en la ciudad de Monterrey avanzando en su preparación como pianista, con un nivel tal, que a su corta ya ha participado en diversas presentaciones y festivales, además de ser un jovencito muy educado con quien dialogué brevemente en el chat de la publicación donde apareció la nota.

De toda esta historia que apunta a un joven talentoso, a unos padres observadores y apoyadores y a un medio de difusión que da buenas noticias, lo que más me impactó de la historia es enterarme de que con el monto de su primer premio económico Éric compró un piano que donó a un hospicio el día de su propio cumpleaños, fecha que decidió pasar al lado de los niños de dicho albergue, compartiendo un poco de su talento.

Esta historia con su filigrana de cosas bellas me deja un excelente sabor de boca, en particular cuando los medios con tanta facilidad nos inundan de relatos e imágenes que cumplen con todo lo contrario, con desalentar, con crear desesperanza…

Otro asunto que atrapa mi mente y quiero destacar, es lo relativo a los distintos tipos de inteligencia que existen. Un niño puede tener dificultad para asimilar las matemáticas, pero excelente en cuanto a inteligencia espacial o intrapersonal. El mayor error de aquellos que están a cargo de su educación es etiquetarlo con algo así como “tú no aprendes porque no eres inteligente”.

No se puede encasillar la grandiosidad de un ser humano con todo su potencial y afanarnos en que quepa a la fuerza en una casilla prefabricada que otros determinaron que debe ser la correcta para todos. Por el contrario, es labor nuestra como padres, cuidadores o maestros, detectar qué tipo de inteligencia predomina en ese niño y a partir de la misma encausarlo. Por supuesto que no se trata de decir que si un niño es muy bueno para dibujar entonces que se dedique a dibujar 8 horas al día y que no aprenda ni la tabla del 2.

Pero sí, reorganizar los contenidos de manera de potenciar el desarrollo particular de ese pequeño, para que llegue a ser un niño talentoso que se siente tan bien consigo mismo, que está en la mejor disposición de compartir algo de lo propio, como es el caso de Éric, a quien espero pronto saludar en persona cuando lleve a cabo alguna de sus giras dentro del estado.

Por lo pronto, Éric reitero lo que te dije en el chat: Un gusto conocer a un jovencito como tú, que además de representar el futuro de México, es ya en estos momentos un presente luminoso que se recibe con agrado y con gran esperanza. ¡Muchas felicidades!

http://contraluzcoah.blogspot.com/
03 Abril 2016 05:00:31
El tesoro
Es pequeño, de manera que no llama la atención entre el gentío; lo habré visto un par de veces para luego borrarlo de mi mente, como suelo hacer cuando voy por la calle tratando de abarcar la vida con los ojos. Una o dos veces, luego de mirarlo, lo habré descartado, en cuanto a mis pupilas llegaron a poblar otras imágenes de tantas que a diario registro, en ese mi interés por lograr desentrañar al ser humano observando la vida y sus afanes.

Estaba por llegar a casa, justo cuando en el equipo de sonido del carro comenzó a escucharse el Vals No. 2 de Shostakovich que ejerce una fascinación absoluta en mi persona, de manera que –pequeños privilegios de la edad—me seguí de frente, confieso que en aquel momento el calentamiento global no me hizo ni cosquillas, así es el amor cuando nos arroba, nos dejamos llevar por el momento sin que nada más importe. Continué, pero eso sí, calculando con una matemática muy elemental cuántas cuadras debería desplazarme para dar oportunidad a que aquellos compases melancólicos terminaran de hacer lo suyo en mí.

Fue entonces cuando atrapé unas de esas imágenes que guardo en mi imaginario, y que resultan tan útiles cuando se trata de alejar las sombras de la noche. Ahí estaba él con su figura pequeña, una piel del color de la canela quemada, que en su rostro ha ido dejando muchos surcos, que se pliegan uno junto a otro cuando sonríe, justo como hacía en ese momento en que lo miré. Su sonrisa era tan amplia, que le quedaba grande al resto del rostro y a esa su figura tan pequeña, pero eso sí, se extendía de oreja a oreja bajo el cobijo de dos ojos grandes como el carbón, en los cuales podía verse con toda claridad al mismo Dios reflejado.

Otras veces me lo habré topado, lo sé, no soy mala fisonomista, sin embargo no recuerdo dónde o haciendo qué, como ahora que la lerdez con que yo circulaba en amoríos con Shostakovich, me permitió identificar plenamente su actividad, un gambusino urbano que justo en aquel momento se había encontrado un tesoro, mismo que se apuraba a colocar dentro de una bolsa de plástico blanca, que a su vez acomodó más delante con el resto de bolsas de varios colores, cuatro o cinco, perfectamente alineadas en la canasta de su vieja bicicleta.

Me hizo recordar a Gibrán, el poeta que cantó por igual al amor y al dolor, pero siempre a la vida; en uno de sus libros relata la historia de aquel hombre rico que se deshace de una escultura lanzándola a la basura, y de aquel hombre pobre que encuentra en la basura un tesoro y se apura a llevarlo con él, cubriendo amorosamente su nueva riqueza para ponerla a salvo de cualquier cosa que pudiera dañarla.

Es en esos intercambios con la vida es cuando me sorprendo diciéndole cuánto la amo. Es justo ahí donde mejor se revela, cuando muestra su cara más limpia, en las cosas pequeñas, en los gestos de inspiración divina que suelen pasar inadvertidos mientras nos hallamos sumidos en las agitaciones sin tregua de cada día.

Sé cuánto la amo cuando me permite descubrirla en ese niño que sonríe aunque para el resto del mundo sea un infeliz que no tiene ni zapatos, o cuando la adivino de forma tan clara en el anciano que se niega a claudicar, y allá va con pasitos lentos cada día primero del mes a cobrar sus ochocientos pesos de pensión, y aprovecha la fila del banco, mientras llega su turno, para reencontrarse con alguno de sus contemporáneos, y celebrar entre bromas –uno y otro— el seguir con vida.

Y vuelvo a verla, y me invita a seguirla cuando se muestra a través de todo aquello divorciado de la pompa y las luminarias, para recordarme finalmente que es ahí, precisamente en ese sitio, grandioso en su absoluta modestia, donde Dios tiene su perfecta morada entre nosotros.

La sonrisa de ese hombre pequeño que ha encontrado un tesoro tan grande que él mismo no puede creerlo, y que entonces, al descubrir su fortuna, lo abraza contento muy cerca de su corazón, me la he tatuado, para esos días cuando me da por sentirme desdichada por cosas francamente absurdas, o para echar mano de ella en esas horas cuando el dolor pretende aguijonearme, o cuando amanezco con la mirada turbia, y no acierto a descubrir todos los motivos que están ahí para mí, por los cuales debo dar gracias al cielo, pero que en mi tozudez ni siquiera logro enfocar.

La he guardado conmigo para siempre a manera de abalorio, junto con algunos otros pequeños milagros que poseo, y que aligeran mi marcha, porque sé con certeza que en cada uno de ellos puedo hallar tan claro como el agua, el rostro sonriente de mi Dios.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
27 Marzo 2016 04:00:00
¿Qué rumbo llevamos?
En mi personal experiencia, entre más años de vida acumulo, más rejuvenezco, no en el rostro ni en la figura, donde más bien sucede lo opuesto, sino en espíritu, en la forma de enfrentar las pequeñas vicisitudes de cada día, con alma de niño. Claro, en un mundo como el nuestro no es fácil, pues vivimos entrampados por clichés que nos limitan el movimiento, y en el imaginario social no está bien visto eso de comportarse alejados de la rigidez que los cánones establecen.

Pero ahí está precisamente el encanto de la edad, que poco o nada te inquieta lo que otros determinen, y tú actúas tan auténtico como quieras, en la medida en que tu comportamiento no lesione a los demás.

El Domingo de Pascua evoca la celebración familiar al lado de mis padres, en los primeros años en compañía de mi hermosa abuela materna quien partió demasiado pronto; después celebrando con tíos y primos, y más delante con mis hermanas pequeñas, que por diferencia de edades, en ocasiones como esta me tocó vigilarlas más que divertirme al unísono con ellas.

Pero de alguna manera, igual que la Navidad, la Pascua se vivió en mi familia con mucha intensidad, y recordarlo es traer a la memoria fragmentos de mi propia infancia, y ahora, seis décadas después, estar dispuesta a divertirme como entonces, con la simplicidad de los niños pequeños.

Surge entonces la pregunta: ¿Por qué se tiene que esperar tanto tiempo en esta vida para empezar a disfrutarla? No entiendo por qué hemos de pasar la mitad de nuestros años con el ceño fruncido, los puños apretados y caminando muy deprisa a todos lados, cuando las cosas pueden llevarse más relajadas, para gozar en vivir, y no solo matarnos más de media vida para después afanarnos la otra media en vanos intentos por no envejecer ni morir...

Acabo de leer en redes sociales un artículo que me pareció de suma importancia; lo publica en su versión original Omid Safi, director del Centro de Estudios Islámicos de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, Estados Unidos, y lo retoma traducido al español el blog “Al Gluten Buena Cara”.

El texto, bajo el título de “La enfermedad de estar ocupado” habla acerca de cómo los paradigmas actuales nos llevan a enfocarnos en hacer, en acumular títulos, habilidades, destrezas, créditos que nos vuelvan más competitivos en el mundo, dejando de lado ese aspecto medular en la vida, el de ser humanos, mirarnos unos a otros a la cara, darnos un tiempo y dedicarnos justo a eso, a vivir, a respirar, a contar cosas intrascendentes, y tal vez a cantar aunque desentonemos y a reír sin una razón concreta para hacerlo. ¿Por qué no?... ¿Quién dijo que estaba prohibido?...

¡Vaya! Se vuelve algo tan complicado ponernos en contacto con nuestros propios sentimientos, y reconocer si estamos contentos, o tristes, o dubitativos. ¿Por qué conservamos ese patrón que quién sabe quién determinó, para que tuviéramos que ocultar nuestros estados de ánimo tras una careta? ¿Cómo estás? Muy bien, aunque no sea así, porque es lo que alguien dijo que debería de contestarse cuando nos preguntaran que cómo estamos, y nunca revelar qué carga nuestra mochila.

Omid Safi hace hincapié en otro punto que yo encuentro neurálgico como pediatra: ¿Tenemos los padres derecho de cancelar la infancia de nuestros hijos por hacerlos desde la cuna individuos cada vez más competitivos? ¿Estamos facultados para privarlos de sus juegos y sus tiempos de ocio, en los que está perfectamente bien no hacer nada, no cumplir una tarea específica, no estar sujetos a una calificación… No se vale someter a ese chiquito a jornadas de estimulación temprana, adiestramiento de habilidades y actividades extracurriculares, si en hacerlo estamos privándolo de su derecho a una infancia feliz, llena de juegos y sonrisas, en la cual sentirse aceptado en automático, sin tener que hacer méritos para ganárselo.

Menciona Safi: “Sabemos lo que queremos: Una vida con significado, sentido de humanidad y una existencia justa.” De igual manera expresa: “Cuéntame, dime que tu corazón está contento, dime que tu corazón está dolorido, que está triste y que necesita contacto humano”.

¿O vamos a esperarnos hasta descubrir la nota póstuma de algún adolescente para lamentar no habernos enfocado a tiempo? ¿O la ruptura de una relación? ¿O el desespero de un padre de familia que opta por sumirse en el alcohol? A pesar de la evidencia: ¿Seguiremos construyendo una sociedad que establece estándares cada vez más difíciles de cumplir, y que tantas voluntades han quebrado?...

No olvidemos que estamos formando seres humanos, no integrando cárdex académicos para la competencia más descarnada por un puesto en el 2038.

…Entendámoslo hoy, antes de que la misma vida nos lo reclame con su cuota de sangre.

http://contraluzcoah.blogspot.com/

" Comentar Imprimir
columnistas

top-add