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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Originaria de Torreón, Coahuila, médico cirujano con especialidad en Pediatría Médica. Trabajó para el IMSS hasta agosto del 2008 cuando se jubiló por años de servicio. Es miembro fundador del Capítulo Norte del Colegio de Pediatras de Coahuila desde 1996. Aficionada a las Letras, comenzó su trayectoria como editorialista en 1975, colaborando para diversos diarios regionales; para periódico ZOCALO escribe desde su arribo a la ciudad de Piedras Negras en 1984. Por otra parte ha publicado tres libros y tiene dos en revisión que saldrán a la luz a finales del 2009. Inquieta por los problemas sociales busca compartir sus puntos de vista en el papel, con cada artículo hace una propuesta al lector para que se involucre en la solución de dichos problemas que a todos afectan, particularmente a nuestros niños y jóvenes.

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25 Junio 2017 04:00:00
Integridad y valores
Ha ocupado titulares periodísticos, espacios digitales y redes sociales. No fue cualquier pleito de vecinos, sino el enfrentamiento violento entre jóvenes relacionados con dos colegios particulares de renombre en la Ciudad de México. Lo que inicialmente apuntaba hacia la presentación de denuncias formales ha quedado en un acuerdo de reparación de daños, y así pasará a la historia.

Llama la atención lo ocurrido. Chicos de bachillerato o de los primeros semestres de licenciatura que se encuentran festejando una graduación, y de buenas a primeras son agredidos por un grupo que entra al recinto a atacar, mientras que sus guardaespaldas se encargan de bloquear las puertas de salida del salón. Un par de jóvenes sale muy lesionado en tanto el resto se recupera de lesiones que no ponen en riesgo la vida, y a una semana de los hechos, mediante los abogados de las respectivas familias se alcanza un acuerdo, y aquí no ha pasado nada…

Fue un plan tribal de ataque, una venganza por parte de los agresores, fue desquitar el enojo generado por un video que los lesionaba. Un gesto de provocación, una solidaridad grupal, un importante nivel de alcoholización y luego el enfrentamiento, si pudiéramos preguntarles, con seguridad unos y otros hallarían justificada su conducta. Los valores que les inculcaron desde pequeños quedaron fuera de escena, y brotó la sangre.

Tradicionalmente se considera que la educación en planteles particulares es superior a la que se proporciona en los públicos. No necesariamente ocurre así, pero sí hay que decir que en los particulares se enfatiza más el fomento de valores, sobre todo en aquellos sistemas educativos de filiación religiosa, como es el caso de los dos colegios involucrados en este pleito campal, fundados por los legionarios de Cristo. Los pedagogos se cansan de repetir que los valores se adquieren en casa, pero la verdad es que esto no ocurre en la medida que debiera, de manera que tener una escuela que los incluye en sus programas de enseñanza, en teoría genera alumnos más conscientes que los provenientes de planteles que no los enfatizan. Valores que buscan formar ciudadanos orientados hacia el bienestar colectivo mediante el ejercicio de la bondad y la empatía, la generosidad y la prudencia, la voluntad y el autodominio.

¿Qué falló entonces?... ¿O acaso los valores son de uso discrecional?...

La diferencia entre Moral y Ética –ya lo hemos comentado en otro momento—recae en el motivo para actuar bien. En el caso de la Moral procuro actuar bien movido por elementos externos que me indican que si no lo hago, recibiré un castigo divino. Para la Ética actuar correctamente es el resultado de una convicción íntima y personal, no negociable.

Cuando somos jóvenes, el sentido de pertenencia es una necesidad urgente de satisfacer a cualquier precio. El aislamiento amenaza de muchos modos, de manera que pertenecer a un clan y ser leal a este queda por encima de cualquier otra cosa. Por ello se actúa como la tribu marca, hay que mantenerse dentro de ella para satisfacer el sentido de pertenencia. En este caso particular un elemento que hizo lo suyo para agravar el problema fue el alcohol, en estado etílico el lóbulo frontal deja de cumplir su función de inhibición social, y la persona actúa de un modo que no haría sin estar intoxicado. Los ánimos se exaltan, la percepción se distorsiona y los apasionamientos se disparan, de modo que acudir en apoyo del amigo peleador es obligado. Además, hay que decirlo, nuestros jóvenes “millennials” han crecido en un sistema que no fomenta el autocontrol, están acostumbrados a que las cosas sucedan de forma inmediata, y de no ocurrir así sobrevienen frustración y enojo. Todo ello conformó el caldo de cultivo en el cual se cocinó la contienda.

Los padres y las autoridades escolares han decidido imponer una sanción interna, al margen de la autoridad formal. Por el propio bien de estos jóvenes esperemos que lo ocurrido sea el punto de quiebre para un acercamiento y una revisión, tanto por parte de los padres, como de las autoridades escolares.
25 Junio 2017 04:00:00
Integridad y valores
Yo soy un ciudadano, no de Atenas o de Grecia, sino del mundo. Sócrates
Ha ocupado titulares periodísticos, espacios digitales y redes sociales. No fue cualquier pleito de vecinos sino el enfrentamiento violento entre jóvenes relacionados con dos colegios particulares de renombre en la ciudad de México.

Lo que inicialmente apuntaba hacia la presentación de denuncias formales ha quedado en un acuerdo de reparación de daños, y así pasará a la historia.
Llama la atención lo ocurrido. Chicos de bachillerato o de los primeros semestres de licenciatura que se encuentran festejando una graduación, y de buenas a primeras son agredidos por un grupo que entra al recinto a atacar, mientras que sus guardaespaldas se encargan de bloquear las puertas de salida del salón. Un par de jóvenes sale muy lesionado en tanto el resto se recupera de lesiones que no ponen en riesgo la vida, y a una semana de los hechos, mediante los abogados de las respectivas familias se alcanza un acuerdo, y aquí no ha pasado nada…

Fue un plan tribal de ataque, una venganza por parte de los agresores, fue desquitar el enojo generado por un video que los lesionaba. Un gesto de provocación, una solidaridad grupal, un importante nivel de alcoholización y luego el enfrentamiento, si pudiéramos preguntarles, con seguridad unos y otros hallarían justificada su conducta. Los valores que les inculcaron desde pequeños quedaron fuera de escena, y brotó la sangre.

Tradicionalmente se considera que la educación en planteles particulares es superior a la que se proporciona en los públicos. No necesariamente ocurre así, pero sí hay que decir que en los particulares se enfatiza más el fomento de valores, sobre todo en aquellos sistemas educativos de filiación religiosa, como es el caso de los dos colegios involucrados en este pleito campal, fundados por los legionarios de Cristo. Los pedagogos se cansan de repetir que los valores se adquieren en casa, pero la verdad es que esto no ocurre en la medida que debiera, de manera que tener una escuela que los incluye en sus programas de enseñanza, en teoría genera alumnos más conscientes que los provenientes de planteles que no los enfatizan. Valores que buscan formar ciudadanos orientados hacia el bienestar colectivo mediante el ejercicio de la bondad y la empatía, la generosidad y la prudencia, la voluntad y el autodominio.

¿Qué falló entonces?... ¿O acaso los valores son de uso discrecional?...

La diferencia entre Moral y Ética –ya lo hemos comentado en otro momento—recae en el motivo para actuar bien. En el caso de la Moral procuro actuar bien movido por elementos externos que me indican que si no lo hago, recibiré un castigo divino. Para la Ética actuar correctamente es el resultado de una convicción íntima y personal, no negociable.

Cuando somos jóvenes, el sentido de pertenencia es una necesidad urgente de satisfacer a cualquier precio. El aislamiento amenaza de muchos modos, de manera que pertenecer a un clan y ser leal a este queda por encima de cualquier otra cosa. Por ello se actúa como la tribu marca, hay que mantenerse dentro de ella para satisfacer el sentido de pertenencia. En este caso particular un elemento que hizo lo suyo para agravar el problema fue el alcohol, en estado etílico el lóbulo frontal deja de cumplir su función de inhibición social, y la persona actúa de un modo que no haría sin estar intoxicado. Los ánimos se exaltan, la percepción se distorsiona y los apasionamientos se disparan, de modo que acudir en apoyo del amigo peleador es obligado. Además, hay que decirlo, nuestros jóvenes “millennials” han crecido en un sistema que no fomenta el autocontrol, están acostumbrados a que las cosas sucedan de forma inmediata, y de no ocurrir así sobrevienen frustración y enojo. Todo ello conformó el caldo de cultivo en el cual se cocinó la contienda.

Los padres y las autoridades escolares han decidido imponer una sanción interna, al margen de la autoridad formal. Por el propio bien de estos jóvenes esperemos que lo ocurrido sea el punto de quiebre para un acercamiento y una revisión, tanto por parte de los padres, como de las autoridades escolares. Valorar si están siendo congruentes en sus exigencias hacia los jóvenes, en un mundo infectado de actos de doble moral. Nuestro mundo necesita seres humanos íntegros, empáticos con las necesidades de todos, capaces de generar proyectos incluyentes nacidos de una visión global. No funcionan las actitudes mezquinas de quienes a toda costa buscan poder y posición para provecho propio.

Necesitamos ciudadanos que actúen desde sus más elevados ideales y no desde sus miedos. Ciudadanos generosos y empáticos por el interés superior de la humanidad, no nada más para beneficio propio o de su clan.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
18 Junio 2017 04:00:00
El nombre del juego
Los grandes delitos son algo así como la punta del iceberg que evidencia los comportamientos sociales de cada época. Los delitos actuales son similares a los de hace cincuenta o cien años, sin embargo tienen elementos nuevos que los vuelven diferentes y nos invitan a la reflexión ciudadana. A partir de ello estamos obligados a preguntarnos cómo está funcionando la figura de autoridad en los procesos educativos de nuestra sociedad.

Allá por 1946, cuando surgió en los Estados Unidos el libro “Tu hijo” del pediatra Benjamin Spock, mucha de la metodología que utilizaban los padres para educar a sus hijos en el hogar comenzó a cambiar. Los detractores del Dr. Spock afirman que a partir de la propuesta de dicho libro, que pugnaba por evitar castigar a los hijos para que no se traumaran, sobrevino la crisis de valores que padecemos hoy en día. En tanto los simpatizantes del galeno afirman que su método ayudó a flexibilizar las rígidas estructuras disciplinarias hacia los hijos que prevalecían hasta entonces. Habría que ver con óptica antropológica qué sucedió y de qué manera repercute setenta años después.

El libro del Dr. Spock se publicó a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando sobrevino la Guerra Fría, y poco antes del inicio de la Guerra de Corea. En dichos conflictos bélicos Estados Unidos tuvo participación activa, lo que repercutió en el núcleo familiar. El hombre partía al frente de batalla y desde ese momento reinaba en el hogar la incertidumbre de si regresaría y en qué condiciones lo haría. Por su parte, la mujer tuvo que salir a trabajar fuera de casa, tanto para obtener un ingreso familiar como para apoyar en la producción de implementos bélicos, reduciendo la hasta entonces plena atención de los hijos. Mucha pero mucha culpa flotaba en el ambiente, por lo que el concepto del Dr. Spock de no infligir mayores heridas a los hijos cayó como anillo al dedo.
Los niños de los cincuentas, jóvenes de los sesentas, tuvieron más libertad y menores inhibiciones para expresarse, surgió el Movimiento Contracultural de finales de los años sesentas con sus campañas a favor de la paz y el amor, junto con el rock, el consumo de drogas y el uso de la píldora anticonceptiva. Además había una nueva razón para protestar, esa razón se llamaba Viet Nam.

Quienes tenemos edad suficiente para haber conocido aquellos movimientos y medirlos frente a los actuales, vemos una gran diferencia. Los delitos que ocurren hoy en día dan cuenta de que la figura de autoridad es totalmente ignorada, se actúa a partir de un egocentrismo profundo, de modo que todo lo que estorbe a los propósitos del propio yo es eliminado, así se trate de vidas humanas. Muy en el fondo me parece que está influyendo mucho la falsa idea de los padres de conquistar a los hijos más que educarlos, de ponerse de su lado, de concederles una posición jerárquica que no les corresponde, y que a la larga terminará por perjudicarlos.

Una cosa es que busquemos sentarnos a platicar con el hijo de diez o doce años, y otra muy distinta es que queramos actuar como su mejor amigo. Una cosa es ganarnos su confianza y otra muy distinta es negociarla a costa de nuestra autoridad. Una cosa es reconocer que en cuestiones tecnológicas nos llevan la delantera, y otra es someternos a ellos.

No sé si como papás tenemos miedo de perderlos, no sé si nos mueve la culpa o se nos carga la eventual soledad que llegará el día cuando ellos partan a hacer su vida, de modo que nos corresponde analizar qué elementos nos mueven a actuar de una manera que no contribuye a fijar límites. Nuestros hijos pasarán un tiempo a nuestro lado y el resto ya por su cuenta, haciendo su propia vida, de modo que por lógica nos corresponde educarlos desde ahora para que aprendan a vivir bien sin nosotros.

Ese fenómeno de la “adultescencia” bien puede tener un origen similar, adultos de treinta o cuarenta años que siguen viviendo cómodamente en la casa paterna sin intención alguna de independizarse. Nosotros como padres buscamos cómo seguir siendo necesarios en las vidas de nuestros hijos, para así salvarnos del síndrome del nido vacío. Nos ofrecemos a ayudar en cuestiones que ellos ya deberían resolver por cuenta propia, los cobijamos bajo nuestra ala y casi los asfixiamos. Una forma de dependencia que parte de nuestra necesidad de sentirnos indispensables y así no quedarnos solos, que los mantiene anclados en el hogar paterno, desperdiciando tiempo precioso que les corresponde a ellos vivir por su cuenta.

Revisemos cómo anda la autoridad en casa y fuera de ella. Las transgresiones del orden no se resuelven con ley y cárcel, sino que se previenen con inteligencia y corazón. Educación temprana, firme y constante es el nombre del juego.

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18 Junio 2017 03:00:00
El nombre del juego
Los grandes delitos son algo así como la punta del iceberg que evidencia los comportamientos sociales de cada época. Los delitos actuales son similares a los de hace 50 o 100 años, sin embargo tienen elementos nuevos que los vuelven diferentes y nos invitan a la reflexión ciudadana.

Allá por 1946, cuando surgió en los Estados Unidos el libro Tu Hijo del pediatra Benjamin Spock, mucha de la metodología que utilizaban los padres para educar a sus hijos en el hogar comenzó a cambiar. Los detractores del Dr. Spock afirman que a partir de la propuesta de dicho libro, que pugnaba por evitar castigar a los hijos para que no se traumaran, sobrevino la crisis de valores que padecemos hoy en día. En tanto los simpatizantes del galeno afirman que su método ayudó a flexibilizar las rígidas estructuras disciplinarias hacia los hijos que prevalecían hasta entonces.

El libro del Dr. Spock se publicó a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando sobrevino la Guerra Fría, y poco antes del inicio de la Guerra de Corea. En dichos conflictos bélicos Estados Unidos tuvo participación, lo que repercutió en el núcleo familiar. El hombre partía al frente de batalla y desde ese momento reinaba en el hogar la incertidumbre de si regresaría y en qué condiciones lo haría. Por su parte la mujer tuvo que salir a trabajar, tanto para obtener un ingreso familiar como para apoyar en la producción de implementos bélicos, reduciendo la hasta entonces plena atención de los hijos. Mucha culpa flotaba en el ambiente, por lo que el concepto del Dr. Spock de no infligir mayores heridas a los hijos cayó como anillo al dedo.

Los niños de los 50, jóvenes de los 70, tuvieron más libertad y menores inhibiciones para expresarse, surgió el Movimiento Contracultural de finales de los años sesentas con sus campañas a favor de la paz y el amor, junto con el rock, el consumo de drogas y el uso de la píldora anticonceptiva. Además había una nueva razón para protestar, esa razón se llamaba Vietnam.

Quienes tenemos edad suficiente para conocer aquellos movimientos y medirlos frente a los actuales, vemos una gran diferencia. Los delitos que ocurren hoy dan cuenta de que la figura de autoridad es ignorada, se actúa a partir de un egocentrismo profundo, de modo que todo lo que estorbe a los propósitos del propio yo es eliminado, así se trate de vidas humanas. Muy en el fondo me parece que está influyendo mucho la falsa idea de los padres de conquistar a los hijos más que educarlos, de concederles una posición jerárquica que no les corresponde, y que a la larga terminará por perjudicarlos.

Una cosa es que busquemos sentarnos a platicar con el hijo de 10 o 12 años, y otra muy distinta es que queramos actuar como su mejor amigo. Una cosa es ganarnos su confianza y otra muy distinta es negociarla a costa de nuestra autoridad. Una cosa es reconocer que en cuestiones tecnológicas nos llevan la delantera, y otra es someternos a ellos.

No sé si como papás tenemos miedo de perderlos, no sé si nos mueve la culpa o se nos carga la eventual soledad que llegará el día cuando ellos partan a hacer su vida, de modo que nos corresponde analizar qué elementos nos mueven a actuar de una manera que no contribuye a fijar límites.

Ese fenómeno de la “adultescencia” bien puede tener un origen similar, adultos de 30 o 40 años que siguen viviendo cómodamente en la casa paterna sin intención alguna de independizarse. Nosotros como padres buscamos cómo seguir siendo necesarios en las vidas de nuestros hijos, para así salvarnos del síndrome del nido vacío. Una forma de dependencia que parte de nuestra necesidad de sentirnos indispensables y así no quedarnos solos, que los mantiene anclados en el hogar paterno.

Revisemos cómo anda la autoridad en casa y fuera de ella. Las transgresiones del orden no se resuelven con ley y cárcel, sino que se previenen con inteligencia y corazón. Educación temprana, firme y constante es el nombre del juego.
11 Junio 2017 04:00:00
La gran casa
Mi amigo Rafael tuvo hace poco la oportunidad de conocer Japón, en días pasados nos dio una plática donde compartió sus impresiones de viaje. De su relato lo que más me llamó la atención fue la congruencia entre valores familiares, orden, respeto y espiritualidad que existe en aquella nación de acuerdo a la religión shintoista, que según nos relata, es practicada por un 70% de los oriundos.

Un pensador cuyo nombre escapa a mi memoria dijo alguna vez que sería muy ocioso vivir dentro de una sociedad que cumple con el orden, pues de este modo no habría necesidades que satisfacer para seguir vivos, sugiriendo que eran precisamente las transgresiones a la ley las que mantienen funcionando una sociedad. En principio coincido con la idea de que la vida se nos presenta como en un cuento, con tropiezos que van marcando los nudos de la historia para salvarla de ser plana y por ende aburrida. Sin embargo debo reconocer que en cuestión de derechos humanos, admiro una sociedad que tiene estos por sagrados y siempre los respeta, y en lo personal el estado ideal es el de un grupo humano que cumple con el orden, dando lugar a seguridad y a tranquilidad entre sus integrantes.

Como mexicanos estamos acostumbrados al desorden en muchas cuestiones, y de alguna manera hasta lo festinamos. No concebimos la fotografía urbana sin que junto con sus personajes típicos aparezcan montones de basura, y así actuamos, tirando papelito por aquí y por allá, y más delante, en temporada de lluvias, cuando el azolve tapona los cauces naturales, atribuimos el problema a la infraestructura urbana y no a nuestros malos hábitos. Con relación a la honestidad difícilmente la practicamos a cabalidad, hacerlo llega a ser mal visto, quizás hasta como signo de estupidez, cuando la ocasión de sacar ventaja a través de la deshonestidad está ahí seduciéndonos, y más cuando ocupamos un cargo público que facilita sacar ventaja del mismo. Ver a alguien conocido transgrediendo una regla nos resulta divertido, y de este modo nos vamos haciendo cómplices unos de otros.

Dice un amigo al que le gusta mucho viajar, que hacerlo es conocernos por comparación, porque aprender de otras culturas nos permite poner lo propio en perspectiva. En este caso, entender que hay un pueblo llamado Japón que ha atravesado circunstancias geográficas, sociopolíticas y económicas que lo llevan a ser como es, a pesar de haber quedado en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial, nos hace considerar que los nuestros son problemas posibles de superar, y que esa apatía cívica se quita con una buena dosis de conocimiento y otra más de voluntad.

No hemos aprendido a considerar a nuestro país como nuestra gran casa y a la sociedad como la gran familia que debemos cuidar. Tenemos la mentalidad de ensuciar para que otro limpie, descomponer para que otro arregle y sacar ventaja aunque un tercero salga perjudicado. Cuando echamos mano de un recurso que no nos corresponde no reparamos en que el afectado tiene un rostro, una necesidad y un derecho, y si acaso imaginamos una masa anónima y nos justificamos con aquello de “al fin que todos lo hacen”.

Cuando eduquemos a nuestros niños acerca de que eso que no es tuyo tiene dueño, y debes respetarlo. Cuando los aleccionemos a comportarse en público, dejando de actuar como si la criatura no fuera nuestra. Cuando a un adolescente lo instruyamos con amor que aquel daño que hace al medio ambiente se lo hace a sí mismo. Cuando enseñemos con el ejemplo que los derechos de las personas discapacitadas son sagrados, y a respetar hoy para ser respetados mañana. Cuando nuestros fallos –que seguirán siendo muchos—puedan atribuirse a cualquier causa menos a la deshonestidad y a la mentira. Entonces estaremos en camino de lograr una sociedad autosustentable, digna y justa. Ese día cuando actuemos convencidos de que las cosas se hacen por la vía legal, independientemente de si los resultados finales nos puedan favorecer o no. Cuando actuemos firmes en proporcionar a nuestros hijos el espejo más limpio donde puedan mirarse con la frente en alto cada vez que lo deseen. Ese día estaremos dando cuenta de que habita en nosotros un espíritu grande que está dispuesto a trascender a través de su desempeño en esta vida, un ser humano que conoce los recursos propios, con la inteligencia para utilizarlos y la sabiduría para encauzar sus actos. Un ser humano que no halle justificado actuar fuera del marco legal nunca, por ningún motivo, sabiendo que lo que finalmente nos llevamos cuando morimos es un buen nombre y nada más. Sea nuestro propósito como ciudadanos del mundo ganarnos a pulso, con las pequeñas acciones de cada día, ese buen nombre del que puedan enorgullecerse nuestros hijos.

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11 Junio 2017 03:00:00
La gran casa
Mi amigo Rafael tuvo hace poco la oportunidad de conocer Japón, en días pasados nos dio una plática donde compartió sus impresiones de viaje. De su relato lo que más me llamó la atención fue la congruencia entre valores familiares, orden, respeto y espiritualidad que existe en aquella nación de acuerdo con la religión shintoista.

Un pensador cuyo nombre escapa a mi memoria dijo alguna vez que sería muy ocioso vivir dentro de una sociedad que cumple con el orden, pues de este modo no habría necesidades que satisfacer para seguir vivos, sugiriendo que eran precisamente las transgresiones a la ley las que mantienen funcionando una sociedad. En principio
coincido con la idea de que la vida se nos presenta como en un cuento, con tropiezos que van marcando los nudos de la historia para salvarla de ser plana y por ende aburrida. Sin embargo, debo reconocer que en cuestión de derechos humanos admiro una sociedad que tiene estos por sagrados y siempre los respeta.

Como mexicanos estamos acostumbrados al desorden en muchas cuestiones, y de alguna manera hasta lo festinamos. No concebimos la fotografía urbana sin que junto con sus personajes típicos aparezcan montones de basura, y así actuamos, tirando papelito por aquí y por allá, y más delante, en temporada de lluvias, cuando el azolve tapona los cauces naturales, atribuimos el problema a la infraestructura urbana y no a nuestros malos hábitos. En relación con la honestidad difícilmente la practicamos a cabalidad, hacerlo llega a ser mal visto, quizás hasta como signo de estupidez, cuando la ocasión de sacar ventaja a través de la deshonestidad está ahí seduciéndonos, y más cuando ocupamos un cargo público que facilita sacar ventaja del mismo.

Dice un amigo al que le gusta mucho viajar, que hacerlo es conocernos por comparación, porque aprender de otras culturas nos permite poner lo propio en perspectiva. En este caso, entender que hay un pueblo llamado Japón que ha atravesado circunstancias geográficas, sociopolíticas y económicas que lo llevan a ser como es, a pesar de haber quedado en ruinas después de la Segunda Guerra Mundial, nos hace considerar que los nuestros son problemas posibles de superar.

No hemos aprendido a considerar a nuestro país como nuestra gran casa y a la sociedad como la gran familia que debemos cuidar. Tenemos la mentalidad de ensuciar para que otro limpie, descomponer para que otro arregle y sacar ventaja aunque un tercero salga perjudicado. Cuando echamos mano de un recurso que no nos corresponde no reparamos en que el afectado tiene un rostro, una necesidad y un derecho, y si acaso imaginamos una masa anónima y nos justificamos con aquello de “al fin que todos lo
hacen”.

Cuando eduquemos a nuestros niños acerca de que eso que no es tuyo tiene dueño, y debes respetarlo. Cuando los aleccionemos a comportarse en público, dejando de actuar como si la criatura no fuera nuestra. Cuando a un adolescente lo instruyamos con amor que aquel daño que hace al medio ambiente se lo hace a sí mismo. Cuando enseñemos con el ejemplo que los derechos de las personas discapacitadas son sagrados, y a respetar hoy para ser respetados mañana. Entonces estaremos en camino de lograr una sociedad autosustentable, digna y justa.

Cuando actuemos firmes en proporcionar a nuestros hijos el espejo más limpio donde puedan mirarse con la frente en alto cada vez que lo deseen. Ese día estaremos dando cuenta de que habita en nosotros un espíritu grande que está dispuesto a trascender a través de su desempeño en esta vida, un ser humano que conoce los recursos propios, con la inteligencia para utilizarlos y la sabiduría para encauzar sus actos.

Sea nuestro propósito como ciudadanos del mundo ganarnos a pulso, con las pequeñas acciones de cada día, ese buen nombre del que puedan enorgullecerse nuestros hijos.
04 Junio 2017 04:00:00
Las otras ballenas
Temporada de elecciones, como ahora para Coahuila, momento de revisar cómo anda nuestro sistema, y de qué manera aquellos individuos que escogeremos para representarnos, habrán de cumplir con la responsabilidad que les corresponde y por la que estarán muy pero muy bien pagados.

Meterme en el intríngulis de la política no es lo mío, prefiero enfocarme en aquellos aspectos generales que finalmente impactan en las tribunas porque tienen que ver con el estado de cosas dentro de nuestra sociedad. Para ejemplo van dos asuntos de los que tuve conocimiento esta semana.

La Comisión Permanente del Congreso de la Unión enfoca ahora su atención a casos de suicidio en adolescentes causados por el juego denominado “La Ballena Azul” del que ya hablamos en este espacio, mismo que invita a adolescentes a cumplir retos progresivamente más difíciles, dañinos para ellos, que culminan en el suicidio del jugador. Lo que en Rusia ha sido un problema serio, en México no lo es, aunque a criterio de nuestros legisladores justificó emitir un punto de acuerdo. De 100 muertes registradas en México, 1 es por suicidio, y de 10 casos de suicidio, 4 corresponden a jóvenes entre 15 y 29 años, y de los 2,400 suicidios en adolescentes del último año, 3 fueron por la Ballena Azul, así la proporción.

Nunca jamás podría desestimar la muerte de un solo ser humano, menos aun cuando se trata de suicidio en adolescentes, sin embargo habría que poner las cosas en perspectiva, y para ello algunos datos duros para fundamentar mi reflexión.

Según la asociación SAVE THE CHILDREN, la mitad de los adolescentes en México está en pobreza, y según el CONEVAL en un estudio del 2012 un 8.5% de menores de 18 años padece rezago educativo, un 19.7% no tiene acceso a servicios de salud, un 65.6% no cuenta con seguridad social, el 18.5% no tiene vivienda de calidad, el 24.9% no tiene servicios básicos, y un 28.2% no cuenta con acceso a la alimentación.

De acuerdo a la UNICEF (2009) había en México 12.8 millones de adolescentes entre 12 y 17 años, de ellos 1 de cada 3 no asiste a la escuela. El INEGI señala que 11 de cada 100 mujeres menores de 19 años ha tenido al menos un embarazo. SAVE THE CHILDREN en el 2013 indica que por cada 1000 mujeres menores de 19 años ocurren 77 embarazos, y a más baja escolaridad mayor mortalidad materna. De cada 100 muertes maternas 13.8% corresponden a menores de 19 años.

Hay otros rubros mucho más urgentes que los tres suicidios por la Ballena Azul. Esta semana comparte un compañero pediatra un documento expedido por un chiapaneco que se ostenta como médico y que al describir el estado de salud de una paciente de 28 años que acudió con él a la letra dice, (transcribo respetando las erratas del documento): “Se le encontró un tumor malino (sic) de 2.4 cm de diámetro y anemia de 3er grado a punto de ser leucemia acumulación de animalitos y paracitos (sic) no tiene calcio ni cartilago arteria lenta derrame viliar (sic) y supuracion de liquidos en traquia (sic), inflamacion en la ingue (sic) hernia en piloro, hígado picado, inflamación en páncreas, infección intestinal en 3er grado, quistitis (sic) en vejiga orinaria (sic), gastritis en colon (sic), en concreto, una hernia en supuración de 2.4 de diámetro (tumor).”

Sin necesidad de ser médicos detectaremos un sinnúmero de inconsistencias en este documento escrito por quien se firma como médico, en una clara y evidente usurpación de funciones muy grave y que va contra la ley. En pocas palabras, con su “diagnóstico” desahucia a una joven de 28 años… No quiero ni imaginar la preocupación de la paciente y de sus familiares pensando en que va a morir. ¿Dónde está Profesiones para revisar estos casos? ¿Dónde está la Secretaría de Salud? Escenarios como el descrito proliferan, así como los de estilistas que aplican botox o que inyectan aceite industrial para hacer lipoescultura. Igual está la venta clandestina de medicamentos pirata en las pulgas. ¿Tienen conocimiento de ello nuestros legisladores? ¿Qué están haciendo al respecto?

Ahora cuando vamos a elegir, conozcamos las propuestas de los candidatos, pero sobre todo su trayectoria. Que no nos maree el canto de sirenas de las campañas, investiguemos a fondo su sensibilidad social, la honestidad y espíritu de servicio en su desempeño público, y apostemos por aquellos que se enfocan en las otras ballenas, hacia los graves problemas que merman los segmentos de población más vulnerables. Tomemos conocimiento de cuestiones como la malnutrición, la deficiencia de infraestructura urbana, el analfabetismo funcional, los bajos salarios, la inseguridad, los grandes depredadores que en realidad sí ponen en riesgo significativo a nuestro amado México. Si no lo hacemos, no se vale quejarnos luego.

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28 Mayo 2017 04:00:00
Soledad: ¿hacia dónde?
Una de las grandes constantes de las sociedades post modernas es la sensación de soledad; nos hemos convertido en numerosos grupos de población que atestamos centros comerciales, salas de cine o restoranes, pero en medio de aquellas aglomeraciones, a cada uno de nosotros la soledad nos acecha como ladrón, buscando hacerse presente y dominarnos.

Una cosa es la soledad como la condición de estar solo a voluntad, que aporta muchos beneficios al espíritu, y otra muy distinta es la sensación de soledad, el percibir que no encajamos en un mundo cada vez más complejo y demandante, que nos lleva con desesperación a tratar de establecer contacto con otros seres humanos, lo que finalmente, partiendo de esa íntima sensación de inadecuación, no logra satisfacerse en la medida de nuestros deseos.

Lo anterior explica en parte esa imagen tan común en estos tiempos, de la persona que va sola caminando, conduciendo o esperando en la fila, con la mirada fija en la pantalla de su celular, hablando o texteando de manera ininterrumpida. Más que una forma de mostrarse ante otros, parece resultado de un angustioso estado que le amenaza, y del cual busca fugarse.

Otto Rank, discípulo de Freud, postuló lo que llamó la angustia del nacimiento, que conforme a sus hipótesis tendría importantes repercusiones en la psiqué del individuo a lo largo de toda la existencia. El nacimiento implica el desprendimiento del útero materno y una sensación asfixiante a lo largo del canal vaginal, hasta la salida de la cabeza al exterior. A ratos, cuando nos zambullimos en estos conceptos del desarrollo emocional, cuestionamos hasta qué punto acontecimientos ocurridos en esas etapas tan tempranas de la vida, pudieran influir en nuestra conducta como adultos. En el caso de la hipótesis de Rank, lo ocurrido al nacer busca explicar en buena parte esa sensación angustiosa de soledad que tratará de ser contrarrestada.

Coloquemos ahora esa soledad como el centro de una estructura tridimensional alrededor de la cual comienzan a agregarse fenómenos que nos van ocurriendo a lo largo de la vida. En buena medida esa resistencia a sentirse solo durante los primeros años de existencia da lugar al apego a la figura materna y la identificación de la propia persona como niño o niña. Más delante puede condicionar relaciones de codependencia, dentro de las cuales estamos dispuestos a pagar un elevado costo emocional con tal de no estar solos. Otras estructuras que vienen a añadirse a este núcleo original son las adicciones, el producto adictivo representa una fuente de placer, que lleva a experimentar por un rato una sensación agradable frente al mundo, al cual se deja de percibir por ese rato como amenazador. La necesidad de poseer para sentir que valemos se agrega a esta creciente estructura, y luego lo hacen otras más, así se explican las tribus urbanas o los grupos secretos, que de alguna manera otorgan al individuo un sentido de pertenencia que lo salva de sentirse solo, aunque habitualmente hay que pagar un precio elevado. Esto es, para pertenecer a estos grupos el individuo está obligado a llevar a cabo ritos que implican riesgo para su propia seguridad o que generan conflicto frente a sus principios éticos o morales. Y de igual modo se añaden otros elementos a esa estructura tridimensional que vienen a explicar parte de los fenómenos de corrupción que vive nuestro vapuleado país. Quiero creer que al menos la mitad de los funcionarios involucrados en actos de corrupción están metidos en dicho ilícito por un sentido de lealtad al jefe, de solidaridad hacia los compañeros, o un angustioso deseo de no quedar fuera de la jugada institucional, y que no tanto actúan así por simple codicia.

Nuestro modo de pensamiento nos inclina a procurar soluciones rápidas a problemas de larga creación. De un solo golpe queremos atacar la drogadicción como si fuera un problema de inseguridad, cuando en su núcleo confluyen situaciones de diversos órdenes que deben ser resueltas del modo apropiado. La delincuencia organizada como conducta antisocial no va a terminar colocando un policía en cada esquina, por el contrario, sin ir a la raíz del problema, la onda expansiva de la delincuencia organizada se amplía, es precisamente lo que estamos viendo en el país, presupuestos millonarios para preparar cuerpos policíacos que posteriormente no aprueban los controles de confianza.

Los ciudadanos estamos obligados a lograr que la política deje de ser vista como el gran botín, con nuestro voto, con nuestras demandas ciudadanas, pero principalmente con nuestra conducta. Comencemos hoy por revisar en primera instancia si en nuestra vida la soledad es un estado que se procura para crecer o una angustia traicionera que nos ancla.

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28 Mayo 2017 03:00:00
Soledad: ¿Hacia dónde?
Una de las grandes constantes de las sociedades post modernas es la sensación de soledad; nos hemos convertido en numerosos grupos de población que atestamos centros comerciales, salas de cine o restoranes, pero en medio de aquellas aglomeraciones, a cada uno de nosotros la soledad nos acecha como ladrón, buscando dominarnos.

Una cosa es la soledad como la condición de estar solo a voluntad, que aporta muchos beneficios al espíritu, y otra muy distinta es la sensación de soledad, el percibir que no encajamos en un mundo cada vez más complejo y demandante, que nos lleva con desesperación a tratar de establecer contacto con otros seres humanos, lo que finalmente, partiendo de esa íntima sensación de inadecuación, no logra satisfacerse en la medida de nuestros deseos.

Lo anterior explica en parte esa imagen tan común en estos tiempos, de la persona que va sola caminando, conduciendo o esperando en la fila, con la mirada fija en la pantalla de su celular, hablando o texteando.

Otto Rank, discípulo de Freud, postuló lo que llamó la angustia del nacimiento, que conforme a sus hipótesis tendría importantes repercusiones en la psique del individuo a lo largo de toda la existencia. El nacimiento implica el desprendimiento del útero materno y una sensación asfixiante a lo largo del canal vaginal, hasta la salida de la cabeza al exterior. A ratos, cuando nos zambullimos en estos conceptos del desarrollo emocional, cuestionamos hasta qué punto acontecimientos ocurridos en esas etapas tan tempranas de la vida, pudieran influir en nuestra conducta como adultos. En el caso de la hipótesis de Rank, lo ocurrido al nacer busca explicar en buena parte esa sensación angustiosa de soledad que tratará de ser
contrarrestada.

Coloquemos ahora esa soledad como el centro de una estructura tridimensional alrededor de la cual comienzan a agregarse fenómenos que nos ocurren a lo largo de la vida. En buena medida esa resistencia a sentirse solo durante los primeros años de existencia da lugar al apego a la figura materna y la identificación de la propia persona como niño o niña. Más delante puede condicionar relaciones de codependencia, dentro de las cuales estamos dispuestos a pagar un elevado costo emocional con tal de no estar solos. Otras estructuras que vienen a añadirse a este núcleo original son las adicciones.

Nuestro modo de pensamiento nos inclina a procurar soluciones rápidas a problemas de larga creación. De un solo golpe queremos atacar la drogadicción como si fuera un problema de inseguridad, cuando en su núcleo confluyen situaciones de diversos órdenes que deben ser resueltas del modo apropiado. La delincuencia organizada como conducta antisocial no terminará colocando un policía en cada esquina, por el contrario, sin ir a la raíz del problema, la onda expansiva de la delincuencia organizada se amplía, es precisamente lo que vemos en el país, presupuestos millonarios para preparar cuerpos policíacos que posteriormente no aprueban los controles de confianza.

Los ciudadanos estamos obligados a lograr que la política deje de ser vista como el gran botín, con nuestro voto, con nuestras demandas ciudadanas, pero principalmente con nuestra conducta.
21 Mayo 2017 04:00:00
Ira contenida
En lo personal soy poco dada a procurar imágenes de grandes tragedias. Algunas de ellas, como las pilas de cadáveres de los campos de concentración nazis, reafirman lo terrible que fue el sometimiento de un pueblo a manos de otro, pero con ver esas escenas dantescas una y otra vez, no siento que aumente mi comprensión del fenómeno nazi, de modo que las evito. Algo similar acontece con videos en tiempo real de hechos desafortunados que ocurren en nuestro mundo; los famosos “bloopers” me parecen una forma eufemística de humillación, la utilización de una desgracia ajena para mofarse de otros seres humanos. Algo similar me pasa cuando se publican en redes sociales imágenes de tragedias; prefiero enterarme a través de la crónica más que por el material gráfico. Hoy me encontré viviendo una excepción a la regla, ante una secuencia de tomas de las cámaras fijas que hay en Times Square, que dan cuenta del modo como se comporta el conductor del vehículo que arrolló a una veintena de peatones y mató a una joven mujer hace unos días. Llega a un crucero, da una brusca vuelta en U y a partir de ese momento actúa como poseído para ir a embestir a distintos grupos de transeúntes, haciendo suponer que si no fuera porque volcó su unidad, habría continuado haciéndolo. Ahora se sabe que se trata de un ex marino con rasgos paranoides que dentro de lo poco que ha manifestado refiere que actuó así para que la policía lo matara y terminar de una buena vez con todo.

Sea cual fuere la verdad detrás de los hechos, me sobrecoge la furia que manifiesta ese modo arrebatado de lanzar su vehículo contra los grupos humanos. De momento me recordó la fuerza poderosa con que una máquina de vapor deja escapar el agudo sonido de su silbato, una vez que se genera la necesaria fricción en su interior para alcanzar la presión requerida, que active el mecanismo sonoro. Así me pareció el conductor de este vehículo, como activado por una fricción interna inusual que lo llevó a lanzar su columna de vapor contra todo y contra todos, de un modo irracional.

Partiendo de este supuesto, habría que preguntarnos porqué razón un individuo acumula dentro de sí tal cantidad de enojo. Yo entiendo que el mundo actual con sus grandes incongruencias es suficiente motivo para que los jóvenes se hallen enojados con nosotros, los adultos que ponemos en sus manos el estado actual de cosas. No nos extrañe entonces que en mucho sea este mismo pensamiento el que explica la negativa de las nuevas generaciones a procrear hijos; se resisten a colocarlos dentro de un mundo difícil, a ratos traidor y poco gratificante. ¿Y cómo podemos rebatirles la validez de esos argumentos?

Vivir en una frontera méxicoamericana ofrece diversas lecturas, una que hago con frecuencia es respecto a los tripulantes de vehículos con placas tejanas, que cincuenta o cien metros antes de incorporarse al puente internacional, abren las ventanas y lanzan todo tipo de basura a la vía pública. Ante este hecho que me irrita siempre, he querido hallar una explicación satisfactoria, me quedo con dos ideas, la primera es que cómo allá los multan y aquí no, aprovechan la impunidad. La segunda, los norteamericanos de segunda o tercera generación expresan de ese modo el enojo hacia la tierra que obligó a sus ancestros a migrar a un país, que probablemente no los trató muy bien a su llegada. Es una ira de orden genético que aprovecha cualquier oportunidad para manifestarse.

Algo similar halla mi mente en el caso del conductor enajenado del Times Square. ¿Qué ira tan terrible albergará en su interior, que le llevó a atacar con furia inusual a todo aquel que –por desgracia– quedó frente a su unidad?

En 1995 Daniel Goleman publicó un libro acerca de lo que él llamó “inteligencia emocional”, algo que no está por demás retomar en estos tiempos violentos. Que un niño sepa matemáticas o sea excelente para memorizar las capitales de los países del mundo, no garantiza que se convierta en un adulto sano, feliz y productivo. La base sobre la que habrán de florecer los conocimientos y las habilidades para enfrentar los retos que la vida presenta, es de orden emocional, y mientras los sistemas educativos no apuesten a favor de ello, estaremos lejos de generar sociedades sanas. Es necesario que esos niños desde pequeños aprendan a resolver los problemas que se van presentando en su camino, de manera responsable y serena, aplicando destreza en el manejo de herramientas y confianza en ellos mismos. Ver cada nueva situación como un proceso de crecimiento personal, de modo de evitar acumular sentimientos de frustración, que tarde o temprano provocan fenómenos de muerte.

Profesionalización de las instituciones: Piedra angular de las sociedades sanas.

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21 Mayo 2017 03:00:00
Ira contenida
En lo personal, soy poco dada a procurar imágenes de tragedias. Algunas de ellas, como las pilas de cadáveres de los campos de concentración nazis, reafirman lo terrible que fue el sometimiento de un pueblo a manos de otro, pero con ver esas escenas dantescas no siento que aumente mi comprensión del fenómeno nazi, de modo que las evito.

Algo similar acontece con videos en tiempo real de hechos desafortunados que ocurren en nuestro mundo; los famosos "bloopers" me parecen una forma eufemística de humillación, la utilización de una desgracia ajena para mofarse de otros. Algo similar me pasa cuando se publican en redes sociales imágenes de tragedias; prefiero enterarme a través de la crónica más que por el material gráfico.

Hoy viví la excepción de la regla, ante una secuencia de tomas de las cámaras fijas que hay en Times Square, que dan cuenta cómo se comporta el conductor del vehículo que arrolló a una veintena de peatones y mató a una joven mujer hace unos días. Llega a un crucero, da una brusca vuelta en U y a partir de ese momento actúa como poseído al embestir a varios grupos de transeúntes, haciendo suponer que si no fuera porque volcó su unidad, habría continuado haciéndolo. Ahora se sabe que se trata de un exmarino con rasgos paranoides que refiere que actuó así para que la policía lo matara.

Sea cual fuere la verdad detrás de los hechos, me sobrecoge la furia que manifiesta ese modo arrebatado de lanzar su vehículo contra los grupos humanos. De momento me recordó la fuerza poderosa con que una máquina de vapor deja escapar el agudo sonido de su silbato, una vez que se genera la necesaria fricción en su interior para alcanzar la presión requerida, que active el mecanismo sonoro. Así me pareció el conductor de este vehículo, como activado por una fricción interna inusual que lo llevó a lanzar su columna de vapor contra todo y contra todos, de un modo irracional.

Partiendo de este supuesto, habría que preguntarnos por qué razón un individuo acumula dentro de sí tal cantidad de enojo. Yo entiendo que el mundo actual con sus grandes incongruencias es suficiente motivo para que los jóvenes se hallen enojados con nosotros, los adultos que ponemos en sus manos el estado actual de cosas. No nos extrañe entonces que en mucho sea este mismo pensamiento el que explica la negativa de las nuevas generaciones a procrear hijos; se resisten a colocarlos dentro de un mundo difícil, a ratos traidor y poco gratificante. ¿Cómo rebatir esos argumentos?

Vivir en una frontera méxico-americana ofrece diversas lecturas, una que hago con frecuencia es respecto a los tripulantes de vehículos con placas tejanas, que 50 o 100 metros antes de incorporarse al puente internacional, abren las ventanas y lanzan todo tipo de basura a la vía pública. Ante este hecho que me irrita siempre, he querido hallar una explicación satisfactoria, me quedo con dos ideas, la primera es que como allá los multan y aquí no, aprovechan la impunidad. La segunda, los norteamericanos de segunda o tercera generación expresan de ese modo el enojo hacia la tierra que obligó a sus ancestros a migrar a un país, que probablemente no los trató muy bien a su llegada. Es una ira de orden genético que aprovecha cualquier oportunidad para manifestarse.

lo mismo halla mi mente en el caso del conductor enajenado del Times Square. ¿Qué ira tan terrible albergará en su interior, que le llevó a atacar con furia inusual a todo aquel que por desgracia quedó frente a su unidad?

En 1995 Daniel Goleman publicó un libro acerca de lo que él llamó "inteligencia emocional", algo que no está de más retomar en estos tiempos violentos. Que un niño sepa matemáticas o sea excelente para memorizar las capitales de los países del mundo no garantiza que se convierta en un adulto sano, feliz y productivo.

La base sobre la que habrán de florecer los conocimientos y las habilidades para enfrentar los retos que la vida presenta, es de orden emocional, y mientras los sistemas educativos no apuesten a favor de ello, estaremos lejos de generar sociedades sanas.

Es necesario que esos niños desde pequeños aprendan a resolver los problemas que se presentan en su camino, de manera responsable y serena, aplicando destreza en el manejo de herramientas, y confianza en ellos mismos.Ver cada nueva situación como un proceso de crecimiento personal, de modo de evitar acumular sentimientos de frustración, que tarde o temprano provocan fenómenos de muerte.
14 Mayo 2017 04:00:00
Soluciones, no parches
La SCJN ha determinado que los menores de edad de 14 años en adelante, acusados de delitos graves recibirán prisión domiciliaria hasta por 3 meses, mientras se desahoga el proceso judicial en su contra. Desde tiempo atrás se había considerado que estos menores, al cometer delitos graves como si fueran adultos, deberían ser tratados como tales, pero ahora se determina hacer responsable de su custodia temporal a la misma familia de la cual surgió el delincuente.

De acuerdo al International Institute of Strategic Studies (IISS) de Londres, México en el 2016 ha quedado en segundo lugar mundial como país violento, superado únicamente por Siria y su cruenta guerra civil. Mientras que en el 2016 aquel país oriental el conflicto bélico sumó 50,000 muertes, México contabilizó 23,000, casi la mitad de las defunciones sirias. En nuestro caso los indicadores 2016 dan este resultado debido a la violencia que se vive en las calles. El Gobierno federal ha desacreditado por completo dicha información argumentando irregularidades en la forma de medición, restando seriedad a la fuente investigadora, y señalando que la situación no es tan grave, aun cuando durante el 2016 esas 23,000 muertes violentas hayan ocurrido en 22 de los 32 estados que conforman nuestro país, y que la tasa de homicidios haya superado las de Afganistán y Somalia.

Conocemos que el gobierno federal se refiere a todo choque armado como “enfrentamiento entre cárteles rivales”, aunque hay evidencia de que muchos casos son ataques en contra de población civil inocente, ya sea por parte de sicarios o de fuerzas armadas. En México tenemos los aparatos burocráticos más caros del mundo, y en buena medida los menos eficaces, puesto que, además de que muchas instituciones no funcionan en cumplir aquello para lo cual fueron creadas, termina siendo la propia ciudadanía, que en principio debía recibir el beneficio de instituciones fuertes y sanas, la que en ocasiones asume el papel que éstas no cumplen, con los consabidos riesgos.

En el curso de la semana fue acribillada en el interior de su domicilio en San Fernando Tamaulipas Míriam Elizabeth Rodríguez, madre de Karen, una menor desaparecida en el 2012. Ante la ineficacia de las autoridades la madre buscó a su hija, vivió el dolor de encontrar sus restos en una fosa clandestina en el 2015, y ubicó a los delincuentes a los que finalmente presentó a la autoridad. Hace un par de semanas estos homicidas escaparon de prisión, y ahora ella está muerta. En su momento solicitó protección por parte de las autoridades estatales, pero su petición nunca fue atendida. En este mismo estado de Tamaulipas, hasta hace poco el gobierno estatal mantenía un total de 8 custodios para Tomás Yarrington, ex gobernador prófugo de la justicia, pero en cambio para una activista que estaba siendo amenazada no hubo protección, una más de esas paradojas dolorosísimas en nuestro país. El gobernador Cabeza de Vaca expresa que no descansará hasta localizar a los responsables de este crimen. ¿Ya para qué, si Míriam no fue atendida en su momento, y ahora está muerta?...

La SCJN dispuso este martes que los menores de edad que enfrenten cargos por delitos graves como narcotráfico, secuestro o violación reciban el beneficio de la prisión preventiva domiciliaria durante 3 meses para que sigan su proceso fuera de prisión, mientras se determina su situación legal. Yo me pregunto de qué va a servir que a un chico en estas condiciones se le dicte prisión domiciliaria, si de antemano sabemos que no la cumplirá. En lo personal lo veo como una forma cómoda de liberar del problema a las autoridades judiciales.

Las familias disfuncionales que generan menores delincuentes no están en condiciones de actuar como guardianes de los mismos. Las condiciones de la dinámica familiar dieron lugar a un menor que no reconoce orden ni límites, además de que la familia suele, si no apoyar, sí ocultar o justificar las conductas antisociales de los menores. ¿Cómo vamos a esperar que una familia que así se maneja vaya a asumir funciones de guardián? ¿No será una forma de eludir responsabilidades por parte del poder judicial? Si el menor actúa como mayor de edad al momento de cometer el delito, ¿no debe -por lógica- ser tratado como tal? O bien, ¿no irá a ocurrir que en dicha prisión domiciliaria las conductas delictivas, lejos de ser contenidas, se acrecienten?

Aparte de la corrupción que tanto ha afectado a nuestro país, las instituciones requieren de profesionalización y seriedad en su funcionamiento. En México el problema de la inseguridad tiene que verse como lo que es, un problema social de origen que requiere soluciones científicas, no parches que se botan a poco de haberse colocado.

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07 Mayo 2017 04:00:00
De cara al sol
Los edificios abandonados me provocan tristeza, y más cuando los conocí durante su vida activa, lo que marca un terrible contraste con la soledad que ahora los habita. Resulta similar a la muerte, frente a un cuerpo sin vida, por más que lo embellezcan, ya no está ese soplo divino que hasta poco tiempo antes le confirió la esencia con la cual conocí y recordaré al espíritu que lo habitó.

En esta frontera coahuilense durante décadas existió una frutería llamada El Nacimiento, negocio familiar en el que tres generaciones se encargaron de abastecer a colonias del centro de la ciudad productos de primera necesidad. Su forma de manejarla fue tan acertada, que se convirtió en un referente a ambos lados de la frontera, y muchos adultos de la actualidad la conocieron por primera vez siendo niños. Recuerdo cómo mi hijo, ahora de 26 años, de pequeño me pedía ser él quien se bajara a la frutería para saludar a Quica, hija de los fundadores y amiga de grandes y chicos.

El Nacimiento se integró al imaginario local como lo han hecho en su momento panaderías, escuelas o templos, que llegan a ser algo que suponemos que ahí estará siempre. Días atrás quise llegar por un aguacate, y cuál sería mi sorpresa que la frutería estaba cerrada, y 24 horas después aquel espacio había desaparecido por completo. En una mañana desmontaron sus paredes de madera y lo único que quedó fue el piso de cemento y encima de él una multitud de memorias.

Me resisto a dejar ir así nada más aquello que fue parte de mi vida, como es el caso de la frutería. Yo sé que mi duelo es mayor de lo que sería en otras circunstancias, porque lo elaboro bajo el cariz de la muerte de mi mejor amigo, quien partió hace pocas semanas, por lo que todas las pérdidas que se presentan ahora van impregnadas por mi gran pérdida personal.

Cuando caminamos de cara al sol, nuestra sombra queda detrás y nos sigue. Si pretendemos caminar en sentido contrario, observaremos que nuestra propia sombra nos precede, de modo que nuestra marcha se adentra en ella a cada paso.

De frente al sol, poniendo todo el entusiasmo en la marcha, convencidos de que los lentes que cada cual elige para ver la vida son los que finalmente determinan de qué color la registramos. Tenemos desde el tono de continua desgracia de aquellos para quienes absolutamente todo es negativo, hasta el extremo opuesto, seres humanos que viven en condiciones de extrema carencia, pero hallan siempre el modo de sentirse felices con lo que la existencia les presenta.

Quiero guardar en mi corazón esos recuerdos hermosos del pasado, y entender que mi vida ha sido privilegiada al haberlos vivido. Doy gracias al cielo por concederme la oportunidad de hallar personas maravillosas en el camino, y refrendo mi compromiso de seguir el ejemplo que me han dejado.

Y así de esta manera, cumplido el tiempo, morir en paz una tarde cualquiera, partir en silencio, de puntillas, como mi mejor amigo, como la frutería, dejando detrás una estela de recuerdos inspiradores para quienes siguen con vida. Un testimonio que invite a creer que cada quien tiene la capacidad de pintar su propio escenario, escribir su historia personal y alimentar su íntima esperanza, de modo de vivir una vida buena que finalmente conduzca al anhelado reencuentro, ese reencuentro feliz que no habrá de caducar con el tiempo.
07 Mayo 2017 04:00:00
De cara al sol
Los edificios abandonados me provocan tristeza, y más todavía cuando ocurre que los conocí durante su vida activa, lo que marca un terrible contraste con la soledad que ahora los habita. Resulta similar a la muerte humana, frente a un cuerpo sin vida, por más que lo embellezcan, ya no está ese soplo divino que hasta poco tiempo antes le confirió la esencia con la cual conocí y habré de recordar al espíritu que lo habitó.

En esta frontera coahuilense durante décadas existió una frutería llamada “El Nacimiento”, negocio familiar en el que tres generaciones se encargaron de abastecer a colonias del centro de la ciudad productos de primera necesidad. Su forma de manejarla fue tan acertada, que se convirtió en un referente a ambos lados de la frontera, y muchos adultos de la actualidad la conocieron por primera vez siendo niños de brazos. Recuerdo cómo mi hijo, ahora de 26 años, de pequeñito me pedía ser él quien se bajara a la frutería para saludar a Quica, hija de los fundadores y entusiasta amiga de grandes y chicos.

“El Nacimiento” se integró al imaginario local como lo han hecho en su momento panaderías, escuelas o templos, que llegan a ser algo que suponemos que ahí va a estar siempre. Días atrás quise llegar por un aguacate, y cuál sería mi sorpresa que la frutería estaba cerrada, y 24 horas después aquel espacio había desaparecido por completo. En una mañana desmontaron sus paredes de madera y lo único que quedó fue el piso de cemento y encima de él una multitud de memorias las cuales seguirán ocupando ese espacio, que si bien ya no existe en el plano físico, en nuestra mente siempre estará presente.

Me resisto a dejar ir así nada más aquello que fue parte de mi vida, como es el caso de la frutería. Yo sé que mi duelo es mayor de lo que sería en otras circunstancias, porque lo elaboro bajo el cariz de la muerte de mi mejor amigo quien partió hace pocas semanas, por lo que todas las pérdidas que se presentan ahora van impregnadas por mi gran pérdida personal. Yo sé que la vida sigue y que no podemos detener su marcha, y más porque sabemos que ese ser amado que cambió de dimensión lo que menos hubiera querido es que nos quedáramos anclados a nuestro dolor, así que hay que seguir adelante.

Cuando caminamos de cara al sol, nuestra sombra queda detrás y nos sigue. Si pretendemos caminar en sentido contrario --de espaldas al sol--, observaremos que nuestra propia sombra nos precede, de modo que nuestra marcha se adentra en ella a cada paso. Esto es, independientemente del tamaño de nuestro dolor, necesitamos caminar de frente al sol, rumbo a la fuente de luz y de energía, y no en sentido opuesto. Nuestro pasado clama por atención, pero las cosas no funcionarán si permitimos que nos atrape; cada ser vivo tiene su tiempo, y ese tiempo es perfecto, de modo que el ser que muere parte atendiendo a su propio reloj vital, porque era su hora, por más que quienes nos quedamos acá no logremos alcanzar a entenderlo.

De frente al sol, poniendo todo el entusiasmo en la marcha, convencidos de que los lentes que cada cual elige para ver la vida son los que finalmente determinan de qué color la registramos. Tenemos desde el tono de continua desgracia de aquellos para quienes absolutamente todo es negativo, hasta el extremo opuesto, seres humanos que viven en condiciones de extrema carencia, pero hallan siempre el modo de sentirse felices con lo que la existencia les presenta.

De cara al sol, dispuestos al cambio, entendiendo que el pasado no nos pertenece, y que no podemos invertir en él los recursos del presente.

De frente a la luz, para permitir que esta inunde y transparente todas nuestras acciones. Quien obra bien y no tiene nada que ocultar, avanza con presteza.

Quiero guardar en mi corazón esos recuerdos hermosos del pasado, y entender que mi vida ha sido privilegiada al haberlos vivido. Doy gracias al cielo por concederme la oportunidad de hallar personas maravillosas en el camino, y refrendo mi compromiso de seguir el ejemplo que me han ido dejando.

De cara al sol, poniendo la mayor voluntad en acrecentar el entusiasmo, apostando todo a creer que cada quien decide qué tan feliz quiere ser y cuánto trabaja por lograrlo…

Y así de esta manera, cumplido el tiempo, morir en paz una tarde cualquiera, partir en silencio, de puntillas, como mi mejor amigo, como la frutería, dejando detrás una estela de recuerdos inspiradores para quienes siguen con vida. Un testimonio que invite a creer que cada quien tiene la capacidad de pintar su propio escenario, escribir su historia personal y alimentar su íntima esperanza, de modo de vivir una vida buena que finalmente conduzca al anhelado reencuentro, ese reencuentro feliz que no habrá de caducar con el tiempo.

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30 Abril 2017 04:00:00
Coincidir
Siempre es bueno que aparezcan elementos que nos hagan recordar que nuestra existencia está sujeta al tiempo, y que las oportunidades que ahora dejamos pasar, nunca volverán a presentarse de igual manera. En ocasiones es la muerte de un ser querido o una enfermedad que hace acto de presencia en nuestra vida, o tal vez ese instante cuando comprendemos que hemos dejado pasar de un modo lamentable la oportunidad de llevar a cabo un proyecto largamente acariciado. El riguroso paso del tiempo ayuda a ubicarnos en el contexto cósmico; su avance es hasta ahora lo único que el ser humano no ha logrado someter. Y así como en estas vivencias dolorosas asimilamos nuestra finitud, de igual manera surgen a lo largo del camino momentos maravillosos cuando nos congratulamos por vivir una experiencia enriquecedora a partir de la cual nos sentimos bendecidos.

Asistir a un congreso nacional de tu especialidad ofrece la posibilidad de enterarte de las novedades en el quehacer profesional, y conocer de primera mano a grandes personajes que han escrito parte de la historia del mundo. Además de la actualización en cuanto a conocimientos, se viven momentos de feliz reencuentro con amigos de las distintas etapas de la propia formación profesional y se aprovecha la ocasión para saber cómo se hallan aquellos que esta vez no asistieron.

Con el entusiasmo que estas convivencias entre amigos proporcionan, vino a mi mente la hermosa canción de Fernando Delgadillo intitulada “Coincidir” que en lo personal me resulta muy inspiradora. De manera poética nos hace ver lo afortunados que somos de coincidir en tiempo y geografía con extraordinarios seres humanos que hacen de la propia vida algo hermoso. Hallarte entre amigos entre los cuales sientes que puedes ser tú mismo con libertad y confianza, es una sensación que pocas veces se experimenta a profundidad.

Deponer los escudos tras los cuales nuestros propios miedos nos llevan a parapetarnos, para expresarnos como en realidad somos, sabiéndonos aceptados tal y como somos, provoca un bienestar a todas luces sanador. Somos seres vivos con funciones que nos mantienen activos sobre el planeta como al resto de las criaturas, pero a diferencia de ellos, nosotros tenemos la maravillosa oportunidad de comprender el sentido del tiempo, y a partir de ello trazarnos un proyecto de vida para escribir nuestra propia historia personal, para que el día cuando dejemos la existencia lo hagamos tranquilos, dispuestos a proseguir nuestro andar espiritual en otra dimensión.

Aquí me permito transcribir la letra de esta hermosa canción a partir de la cual me permitiré hacer unas reflexiones finales acerca de este vivificante encuentro entre hermanos.

“Soy vecino de este mundo por un rato, y hoy coincide que también tú estás aquí. Coincidencias tan extrañas de la vida. Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio, y coincidir.”

“Si navego con la mente en los espacios, o si quiero a mis ancestros retornar. Agobiado me detengo y lo imagino. Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio, y coincidir.”

“Si en la noche me entretengo en las estrellas, y capturo la que empieza a florecer. La sostengo entre las manos, mas me alarma. Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir.”

“Si la vida se sostiene por instantes, y un instante es el momento de existir. Si tu vida es otro instante, no comprendo, tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir.”
¿Por qué nacimos en este tiempo y no en otro? ¿Por qué en esta exacta latitud? Los ateos dirán que por casualidad o por carga genética; yo pienso que es como parte de un plan divino que busca que cada uno de nosotros esté en condiciones de explotar al máximo su potencial personal.

Andar el camino por cuenta propia nos asegura que nuestros pasos nos lleven justo por el derrotero que nos tracemos, sin embargo hacerlo de manera solitaria cansa el alma. Más vale ir andando en compañía de otros, y aunque nuestro plan no se cumpla exactamente como lo teníamos previsto, la caminata será más enriquecedora.

Es buen momento para comenzar a contar a nuestros seres queridos como bendiciones que el cielo nos regala. Ellos ayudan a conformar la casa dentro de la cual podemos reposar para solaz en tiempos benévolos, o buscando resguardo en la tormenta.

El tiempo con su implacable paso nos recuerda que los sueños expiran si no los mantenemos firmes como elevada cometa que el viento permite sostener en lo más alto.

Es más dulce el sabor de un pedazo de pan compartido que aquel de la hogaza que, con tal de no compartir, tragamos con desesperación y que casi nos ahoga.

Gracias, queridos amigos del grupo ciberpeds por coincidir conmigo en este tramo del camino. Sigamos adelante haciéndonos compañía como hermanos rumbo al gran puerto.

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30 Abril 2017 03:00:00
Coincidir
Siempre es bueno que aparezcan elementos que nos hagan recordar que nuestra existencia está sujeta al tiempo, y que las oportunidades que ahora dejamos pasar, nunca volverán a presentarse de igual manera. En ocasiones es la muerte de un ser querido o una enfermedad que hace acto de presencia en nuestra vida, o tal vez ese instante cuando comprendemos que hemos dejado pasar de un modo lamentable la oportunidad de llevar a cabo un proyecto largamente acariciado.

El riguroso paso del tiempo ayuda a ubicarnos en el contexto cósmico; su avance es hasta ahora lo único que el ser humano no ha logrado someter. Y así como en estas vivencias dolorosas asimilamos nuestra finitud, de igual manera surgen a lo largo del camino momentos maravillosos cuando nos congratulamos por vivir una experiencia enriquecedora a partir de la cual nos sentimos
wwbendecidos.

Asistir a un congreso nacional de tu especialidad ofrece la posibilidad de enterarte de las novedades en el quehacer profesional, y conocer de primera mano a grandes personajes que han escrito parte de la historia del mundo. Además de la actualización en cuanto a conocimientos, se viven momentos de feliz reencuentro con amigos de las distintas etapas de la propia formación profesional, y se aprovecha la ocasión para saber cómo se hallan aquellos que esta vez no asistieron.

Con el entusiasmo que estas convivencias entre amigos proporcionan, vino a mi mente la hermosa canción de Fernando Delgadillo intitulada “Coincidir”, que en lo personal me resulta muy inspiradora. De manera poética nos hace ver lo afortunados que somos de coincidir en tiempo y geografía con extraordinarios seres humanos que hacen de la propia vida algo hermoso.

Hallarte entre amigos entre los cuales sientes que puedes ser tú mismo con libertad y confianza es una sensación que pocas veces se experimenta a profundidad. Deponer los escudos tras los cuales nuestros propios miedos nos llevan a parapetarnos, para expresarnos como en realidad somos, sabiéndonos aceptados tal y como somos, provoca un bienestar a todas luces sanador.

Somos seres vivos con funciones que nos mantienen activos sobre el planeta como al resto de las criaturas, pero a diferencia de ellos, nosotros tenemos la maravillosa oportunidad de comprender el sentido del tiempo, y a partir de ello trazarnos un proyecto de vida para escribir nuestra propia historia personal, para que el día cuando dejemos la existencia lo hagamos tranquilos, dispuestos a proseguir nuestro andar espiritual en otra dimensión.
23 Abril 2017 04:00:00
Un libro y una rosa
Fue un 23 de abril pero de 1926 cuando se celebró por vez primera el Día del Libro.

Ocurrió en la provincia de Cataluña, en el Viejo Continente, para conmemorar el aniversario luctuoso de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega, que murieron en un día como hoy. Para 1930 la celebración se había difundido por buena parte de la hoy Unión Europea, y más delante fue tomada por la UNESCO como celebración mundial, quedando inscrita en su calendario de conmemoraciones a partir de 1995 bajo el título de “Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor”.

“Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”, expresión atribuida a Arquímedes y que en estos momentos bien podemos utilizar para exaltar al libro como punto de apoyo fundamental para el mundo. Mediante las tecnologías de la información y comunicación (TIC) estamos saturados de datos, pero a la vez mal informados. Son demasiados contenidos sobre tantos temas, que no podemos procesar en una sentada, y para cuando lo hacemos ya hay otro cúmulo de datos pendientes de revisión. Por ello y por la forma en que nuestro cerebro aborda la información en la red, es que no nos detenemos mayormente a discriminar el origen o el sesgo de las publicaciones que llegan a nuestras pantallas. Damos por hecho supuestas realidades por el simple hecho de que se hallan en la red, situación que contribuye a ahondar nuestro desconocimiento y a incrementar nuestras ya extensas angustias vitales.

Los sistemas de televisión se encargan en buena medida de mantener al gran público sometido por la vía de los programas bobos y las noticias que se presentan totalmente digeridas y a modo, apagando la capacidad de analizar, cuestionar y decidir por cuenta propia. No proporcionan elementos de juicio para entender de entrada si lo que se nos presenta es así o totalmente distinto, pero la miopía del acostumbramiento mediático no permite que lo descubramos.

En el curso de esta semana llegué a hacer un trámite en un edificio que cuenta con grandes ventanales. Observé un gorrioncito dándose una y otra vez contra los cristales, y por desgracia mis intentos por orientarlo hacia la puerta de salida para que obtuviera su libertad no funcionaron, por más que lo intenté. Ojalá que finalmente haya encontrado –casi por accidente—la salida, pues su condicionamiento lo mantenía esforzándose en conseguirlo a través de los ventanales. De ese mismo modo llegan a engañarnos los medios, y quizá para cuando lo descubramos estemos ya muy golpeados, como estaba esta avecilla.

Desde nuestra zona de confort no le vemos sentido a explorar otras opciones, ahí está el ventanal con su manantial de luz, y por ahí tiene que ser la salida.

Entre 1926 y 1930, cuando comenzó a difundirse en Europa la fiesta del libro, se desarrolló el hábito de regalar un libro y una rosa justo en esa fecha. ¡Cuánto bien nos haría retomar esa costumbre en nuestro apabullado mundo! Así nada más porque sí, no habiendo otra razón para hacerlo, compartir hoy un libro y una rosa. Un libro que nos salve de los grandes males como la depresión y la mortífera indiferencia, que nos invite a charlar con personajes sabios de otros tiempos, de otras latitudes, a conocer nuevas propuestas para resolver los problemas comunes a todos, escritores amigos cautivadores que nos inviten a través de sus palabras a emprender un viaje para conocer o bien para ver con otros ojos aquello que nosotros visualizamos de manera unilateral. Sumergirnos en las líneas de un buen libro hasta volvernos cómplices de las aventuras o de los amores del personaje de nuestra elección, a tal grado de adivinar con cierto gozo pueril cuál será el siguiente paso que va a dar dentro de la historia.

Los libros de auto-ayuda en lo personal no me satisfacen. Los encuentro como los recetarios de cocina que te indican cómo elaborar un platillo paso a paso, apagando tu potencial creatividad. En lo personal prefiero los libros que me permiten emprender una lectura muy personal entre líneas, una mirada lateral a aquello que el autor tal vez quiso decir, o tal vez no, porque nos concede total libertad de interpretación, convirtiendo su propia obra en mil obras, a través de la mirada de mil lectores.

Todos estamos necesitados de luz y de afecto. Somos como el gorrioncillo que insiste en golpearse una y otra vez contra el cristal movido por la fantasía de su percepción, algo que llega a costarle la vida. Por otro lado necesitamos demostrarnos unos a otros afecto, no solamente suponer que el otro sabe cuánto lo aprecio, sino patentizarlo de maneras tangibles, y ¿por qué no?, puede ser a través de un obsequio.

Hay ciertos momentos cuando nos percatamos de que nada es para siempre. Sea pues, el tiempo nuestro mejor aliado en la vida, pero por hoy un libro y una rosa.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
23 Abril 2017 03:00:00
Un libro y una rosa
Fue un 23 de abril, pero de 1926 cuando se celebró por vez primera el Día del Libro. Ocurrió en la provincia de Cataluña, en el Viejo Continente, para conmemorar el aniversario luctuoso de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega, que murieron en un día como hoy.

Para 1930 la celebración se había difundido por buena parte de la hoy Unión Europea, y más delante fue tomada por la UNESCO como celebración mundial, quedando inscrita en su calendario de conmemoraciones a partir de 1995 bajo el título de Día Mundial del Libro y del Derecho de
Autor.

“Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”, expresión atribuida a Arquímedes y que en estos momentos bien podemos utilizar para exaltar al libro como punto de apoyo fundamental para el mundo. Mediante las tecnologías de la información y comunicación (TIC) estamos saturados de datos, pero a la vez mal informados. Son demasiados contenidos sobre tantos temas, que no podemos procesar en una sentada, y para cuando lo hacemos ya hay otro cúmulo de datos pendientes de revisión. Por ello y por la forma en que nuestro cerebro aborda la información en la red, es que no nos detenemos mayormente a discriminar el origen o el sesgo de las publicaciones que llegan a nuestras pantallas. Damos por hecho supuestas realidades por el simple hecho de que se hallan en la red, situación que contribuye a ahondar nuestro desconocimiento y a incrementar nuestras ya extensas angustias vitales.

Los sistemas de televisión se encargan en buena medida de mantener al gran público sometido por la vía de los programas bobos y las noticias que se presentan totalmente digeridas y a modo, apagando la capacidad de analizar, cuestionar y decidir por cuenta propia. No proporcionan elementos de juicio para entender de entrada si lo que se nos presenta es así o totalmente distinto, pero la miopía del acostumbramiento mediático no permite que lo descubramos.

En el curso de esta semana llegué a hacer un trámite en un edificio que cuenta con grandes ventanales. Observé un gorrioncito dándose una y otra vez contra los cristales, y por desgracia mis intentos por orientarlo hacia la puerta de salida para que obtuviera su libertad no funcionaron, por más que lo intenté. Ojalá que finalmente haya encontrado (casi por accidente) la salida, pues su condicionamiento lo mantenía esforzándose en conseguirlo a través de los ventanales. De ese mismo modo llegan a engañarnos los medios, y quizá para cuando lo descubramos estemos ya muy golpeados, como estaba esta avecilla.

Entre 1926 y 1930, cuando comenzó a difundirse en Europa la fiesta del libro, se desarrolló el hábito de regalar un libro y una rosa justo en esa fecha. ¡Cuánto bien nos haría retomar esa costumbre en nuestro apabullado mundo! Así nada más porque sí, no habiendo otra razón para hacerlo, compartir hoy un libro y una rosa. Un libro que nos salve de los grandes males como la depresión y la mortífera indiferencia, que nos invite a charlar con personajes sabios de otros tiempos, de otras latitudes, a conocer nuevas propuestas para resolver los problemas comunes a todos, escritores amigos cautivadores que nos inviten a través de sus palabras a emprender un viaje para conocer o bien para ver con otros ojos aquello que nosotros visualizamos de manera unilateral. Sumergirnos en las líneas de un buen libro hasta volvernos cómplices de las aventuras o de los amores del personaje.

Todos estamos necesitados de luz y de afecto. Somos como el gorrioncillo que insiste en golpearse una y otra vez contra el cristal movido por la fantasía de su percepción, algo que llega a costarle la vida. Por otro lado necesitamos demostrarnos afecto, no solamente suponer que el otro sabe cuánto lo aprecio, sino patentizarlo de maneras tangibles.

Hay ciertos momentos cuando nos percatamos de que nada es para siempre. Sea pues, el tiempo nuestro mejor aliado en la vida, pero por hoy un libro y una rosa.
16 Abril 2017 04:00:00
El valor del tiempo
Cuando parte una persona que significó mucho para nosotros, sobreviene una obligada revisión de la vida propia desde la perspectiva de esa particular relación. A la tristeza de la ausencia se agregan perlas de dulzura cada vez que nos topamos con recuerdos que nos permiten aquilatar cuán grande fue nuestra fortuna de conocerlo y tenerlo cerca por un rato.

Bajo dicha óptica el tiempo se vuelve relativo a cual más, entendemos entonces que la vida se mide por momentos, por la significancia que cada uno de ellos tiene, y no precisamente por el paso de las horas, como sería para cualquier otro asunto. Concluimos que ese rico ayer ahora forma parte de un tiempo que se ha ido para siempre y que por tanto ya no nos pertenece. A partir de ahora la vida sigue y así hemos de avanzar junto con ella, siempre hacia adelante, con el propósito de cumplir las promesas que nos hemos hecho a nosotros mismos.

En momentos como estos entendemos que lo que hoy nos ofrece cada amanecer serán horas muertas si no lo aprovechamos. Que el tiempo es como agua preciosa, una vez que la hemos vertido no hay manera de regresarla al recipiente de donde salió.

La gran lección que nos da la vida es la de mantener en la mente y en el corazón –en todo momento– un proyecto de vida, para que no nos sorprenda la muerte con las manos vacías. Colocar a cada uno de nuestros actos un “por qué” y un “para qué”, a modo de dotar a cada uno de ellos de una razón que los refuerce y justifique.

No podríamos sentarnos a ver pasar la vida así como si nada. Desde el día cuando fuimos concebidos se nos señaló una consigna vital frente a la cual nos corresponde empeñar todo nuestro ser cada día, hasta el último de los alientos.

Resulta difícil imaginar que por leyes de probabilidad nunca podría existir otro humano idéntico a nosotros, nuestra propia existencia es un conjunto de circunstancias que finalmente nos han conformado como lo que ahora somos, colocándonos en el camino que llevamos. Pero aún así, dentro de esos factores que escapan a nuestra voluntad, existe dentro de nosotros la capacidad para encauzar nuestro propio destino, la posibilidad de modificar aquellos elementos que determinan nuestra vida como ahora la vivimos, de suerte de hacer con ella la mejor versión de nosotros mismos.

Lo único que es nuestro es precisamente el tiempo, esa preciosa oportunidad de hacer algo de bien con aquello que se nos ha entregado a consignación el mismo día de nuestro nacimiento. Vivamos, pues, conscientes de que no hay tiempo de sobra ni de reposición, y que aquellas horas que desperdiciamos nunca habrán de recuperarse.

Sea nuestra existencia una cadena de momentos significativos a través de los cuales vayamos logrando ser mejores seres humanos cada día. No midiéndonos frente a los demás, algo que resultaría ocioso, sino frente al mejor “yo” que puedo llegar a ser, con total honestidad al medirme.

Los recuerdos como perlas preciosas que dejan esos seres amados que parten antes que nosotros, sirvan como inspiración para ponerle todas las ganas a la vida, para sacar esa garra que nos permita avanzar por encima de los escollos que puedan surgir por el camino. Sea esa memoria el impulso extra que tenga nuestro espíritu para creer y crear, poniendo toda la fe y la fibra en aquello que nos proponemos ver cristalizado.

Vivamos con el firme propósito de sacar adelante aquel proyecto para el que fuimos concebidos, y frente al cual no habría en la historia de la humanidad una persona mejor preparada para llevarlo a cabo.

Que ese amor que ayer recibimos se convierta ahora en uno que se da más delante para crear un círculo virtuoso que a todos beneficie. Porque los sentimientos –como las semillas– los va sembrando el viento para tiempos venideros.

Que finalmente el día cuando partamos lo hagamos sabiendo que le cumplimos a la vida con la pequeña porción que nos correspondía hacer, ni más ni menos.

La historia de cada ser humano es un libro que se va escribiendo con el aliento de cada día. Para algunos es un libro breve, para otros es uno de grueso lomo. Lo que cuenta al final no es la extensión de la historia, sino su contenido, esto es, con cuánto empeño se fue manejando la pluma para escribir cada una de las palabras que –una a una– fueron poblando aquellas blancas páginas de un principio.

Afortunado aquel que a su partida deja dulces recuerdos, grandes enseñanzas y prístinos llantos. En hacerlo entendemos que supo cumplir a cabalidad con la vida y que era su tiempo de partir, aunque a quienes nos quedamos a ratos nos cueste tanto aceptarlo.

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16 Abril 2017 03:01:00
El valor del tiempo
Cuando parte una persona que significó mucho para nosotros, sobreviene una obligada revisión de la vida propia desde la perspectiva de esa particular relación. A la tristeza de la ausencia se agregan perlas de dulzura cada vez que nos topamos con recuerdos que nos permiten aquilatar cuán grande fue nuestra fortuna de conocerlo y tenerlo cerca por un rato.

Bajo dicha óptica el tiempo se vuelve relativo a cual más, entendemos entonces que la vida se mide por momentos, por la significancia que cada uno de ellos tiene, y no precisamente por el paso de las horas, como sería para cualquier otro asunto. Concluimos que ese rico ayer ahora forma parte de un tiempo que se ha ido para siempre y que por tanto ya no nos pertenece. A partir de ahora la vida sigue y así hemos de avanzar junto con ella, siempre hacia adelante, con el propósito de cumplir las promesas que nos hemos hecho a nosotros mismos.

La gran lección que nos da la vida es la de mantener en la mente y en el corazón (en todo momento) un proyecto de vida, para que no nos sorprenda la muerte con las manos vacías. Colocar a cada uno de nuestros actos un “por qué” y un “para qué”, a modo de dotar a cada uno de ellos de una razón que los refuerce.

Resulta difícil imaginar que por leyes de probabilidad nunca podría existir otro humano idéntico a nosotros, nuestra propia existencia es un conjunto de circunstancias que finalmente nos han conformado como lo que ahora somos, colocándonos en el camino que llevamos. Pero aún así, dentro de esos factores que escapan a nuestra voluntad, existe dentro de nosotros la capacidad para encauzar nuestro propio destino.

Lo único que es nuestro es precisamente el tiempo, esa preciosa oportunidad de hacer algo de bien con aquello que se nos ha entregado a consignación el mismo día de nuestro nacimiento. Vivamos pues conscientes de que no hay tiempo de sobra ni de reposición, y que aquellas horas que desperdiciamos, nunca habrán de recuperarse.

Sea nuestra existencia una cadena de momentos significativos a través de los cuales vayamos logrando ser mejores seres humanos cada día. No midiéndonos frente a los demás, algo que resultaría ocioso, sino frente al mejor “yo” que puedo llegar a ser, con total honestidad al
medirme.

Que ese amor que ayer recibimos se convierta ahora en uno que se da más delante para crear un círculo virtuoso que a todos beneficie. Porque los sentimientos (como las semillas) los va sembrando el viento para tiempos venideros.

Afortunado aquel que a su partida deja dulces recuerdos, grandes enseñanzas y prístinos llantos. En hacerlo entendemos que supo cumplir a cabalidad con la vida y que era su tiempo de partir, aunque a quienes nos quedamos a ratos nos cueste aceptarlo.
09 Abril 2017 04:00:00
Frente a la muerte
Esta semana acabo de perder a mi mejor amigo, un ser humano maravilloso con el que me unían lazos de sangre, pero muy por encima de estos una profunda amistad, que en el recuento final es uno de los mayores tesoros en mi vida.

Ahora me encuentro aquí, tratando de digerir esa realidad que no tiene vuelta de hoja, la que se planta con todo su rigor y sus voces de “nunca jamás” en medio de quienes lloramos su partida.

Cuando alguien se va, y aun antes de que se disipen los últimos polvos que levantaron sus pies por el camino, comenzamos a vislumbrar lo que fue su ruta de vida. Entonces, cuando ya nada estorba a la mirada, vamos descubriendo aquello que deja como legado.

Quien a lo largo de su existencia tocó muchos corazones nos enseña que la grandeza del ser humano está en dar, y que a través de ello la vida cobra sentido, y de ese modo la muerte representa un puerto hacia el cual se encauza la nave en las tormentas de alta mar.

Aquel que a lo largo de su permanencia en esta tierra supo enfrentar los escollos con voluntad y entusiasmo nos lleva a entender que de eso está hecha la ruta del crecimiento, de retos frente a los que hay que ir siempre dispuesto a conquistar.

Hay personas cuyo camino luce angosto, porque en su corazón no hubo espacio para albergar más que a ellos mismos. En cambio hay personas –como mi amigo—cuyo amplio sendero indica que siempre estuvo rodeado de compañeros de ruta que en diversas etapas lo procuramos para andar el camino.

Mi amigo fue una persona que actuó con excelencia en cada una de las esferas de su vida, humano como todos lo somos, con aciertos y errores, pero abrazando en todo momento el propósito de alcanzar la santidad.

¡Cuán afortunada fui de poder compartir con él una parte del camino! Como dice el refrán, mil veces haberlo conocido a pesar del gran dolor de perderlo ahora, que no haberlo conocido. A todos los que tuvimos la fortuna de avanzar a su lado, nos queda un ejemplo a seguir y la cristiana esperanza de un reencuentro.

Frente a la muerte se descorre el velo para entender que pasar la existencia con ansias de poseer y dominar, es algo así como morir en vida. Nunca las posesiones van a ser suficientes, nunca el poder apagará nuestra sed de dominio. En esos casos la alegría y el entusiasmo se alejan como mariposas en búsqueda de aire fresco.

La palabra “compromiso” es un traje que suele quedarnos grande. Entonces, ver la forma como un ser humano se ciñe a esta palabra contra viento y marea, nos lleva a creer que el espíritu es capaz de cosas que ni siquiera imaginamos, y que cuando él llega al final del camino estará en condiciones de partir ligero, sin cuentas pendientes con la vida.
Amar en los hechos, amar a quien no puede corresponder, hacerlo cuando nadie observa, dar sin que la mano izquierda sepa lo que hace la derecha, lejos de las palabras, al margen del anuncio. ¡Qué hermosa forma de testimoniar el amor de Dios!
Frente a la muerte de un ser querido nos invade la tristeza, nos taladra el cerebro la palabra “jamás” que da cuenta de todo aquello que no volverá a presentarse como antes a raíz de su partida física. A ratos surge la inquietud de preguntarnos si hicimos lo necesario por acompañarlo en el camino como él lo merecía, o –mejor dicho—como él hubiera hecho con nosotros. ¡Los ociosos “hubiera” rondan como aves de la noche en un tiempo cuando ya nada puede hacerse por cambiar las cosas!
Como él querría que yo hiciera, hoy frente a la muerte cuento mis bendiciones, la vida, la salud, el aire, la música. Doy gracias por mis sentidos, la inteligencia, la voluntad. Afortunada de tener una familia, amigos, personas por cuya presencia tengo la oportunidad de trabajar para ser mejor.

Ante el rigor de la inevitable partida de mi gran amigo, me siento privilegiada de haber andado en su compañía una parte del camino, de modo que ahora cuando ya no está, me corresponde trabajar por ser una buena compañía para quienes vienen detrás y que en algún momento emparejarán su marcha con la mía.

El día en que muere un hombre de profunda fe, y lo vemos partir sereno, comenzamos a entender que cuando el Padre es el viento que dirige la barca, no hay derrotero malogrado.

A ti, mi querido amigo quiero decirte gracias desde el fondo de mi corazón, por tu presencia, por tu cariño, por tu ejemplo, por enseñarme a creer en mí, pero muy en especial, por enseñarme a creer en Dios. Ahora habrás de continuar tu misión de amor en esa nueva dimensión que estrenas y que yo no alcanzo acaso a imaginar.

Descansa en paz. Te extrañaré siempre.

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09 Abril 2017 03:00:00
Frente a la muerte
Esta semana acabo de perder a mi mejor amigo, un ser humano maravilloso con el que me unían lazos de sangre, pero muy por encima de estos una profunda amistad, que en el recuento final es uno de los mayores tesoros en mi vida.

Ahora me encuentro aquí, tratando de digerir esa realidad que no tiene vuelta de hoja, la que se planta con todo su rigor y sus voces de “nunca jamás” en medio de quienes lloramos su partida.

Cuando alguien se va, y aun antes de que se disipen los últimos polvos que levantaron sus pies por el camino, comenzamos a vislumbrar lo que fue su ruta de vida. Entonces, cuando ya nada estorba a la mirada, vamos descubriendo aquello que deja como legado.

Quien a lo largo de su existencia tocó muchos corazones, nos enseña que la grandeza del ser humano está en dar, y que a través de ello la vida cobra sentido, y de ese modo la muerte representa un puerto hacia el cual se encauza la nave en las tormentas de alta mar.

Aquel que a lo largo de su permanencia en esta tierra supo enfrentar los escollos con voluntad y entusiasmo nos lleva a entender que de eso está hecha la ruta del crecimiento, de retos frente a los que hay que ir siempre dispuesto a conquistar.

Hay personas cuyo camino luce angosto, porque en su corazón no hubo espacio para albergar más que a ellos mismos. En cambio hay personas (como mi amigo) cuyo amplio sendero indica que siempre estuvo rodeado de compañeros de ruta que en diversas etapas lo procuramos para andar el camino.

Mi amigo fue una persona que actuó con excelencia en cada una de las esferas de su vida, humano como todos lo somos, con aciertos y errores, pero abrazando en todo momento el propósito de alcanzar la santidad.

¡Cuán afortunada fui de poder compartir con él una parte del camino! Como dice el refrán, mil veces haberlo conocido a pesar del gran dolor de perderlo ahora, que no haberlo conocido. A todos los que tuvimos la fortuna de avanzar a su lado, nos queda un ejemplo a seguir y la cristiana esperanza de un reencuentro.

Frente a la muerte se descorre el velo para entender que pasar la existencia con ansias de poseer y dominar, es algo así como morir en vida. Nunca las posesiones van a ser suficientes, nunca el poder apagará nuestra sed de dominio. En esos casos la alegría y el entusiasmo se alejan como mariposas en búsqueda de aire fresco.

A ti, mi querido amigo quiero decirte gracias desde el fondo de mi corazón, por tu presencia, por tu cariño, por tu ejemplo, por enseñarme a creer en mí, pero muy en especial, por enseñarme a creer en Dios. Ahora habrás de continuar tu misión de amor en esa nueva dimensión que estrenas y que yo no alcanzo acaso a imaginar.

Descansa en paz. Te extrañaré siempre.
02 Abril 2017 04:00:00
Séptimo círculo
Se hacen llamar “Centinelas”, pero lejos de la acepción original de la palabra que tiene que ver con orden y vigilancia, este grupo de niños ricos de la Ciudad de México se dedica a atacar por diversión. Desde hace un par de años han sido exhibidos en redes sociales junto con otros grupos similares, sin que hasta la fecha se les hayan fincado cargos. Su modo de actuar es llegar en grupo a un sitio público, elegir un blanco, e irse contra él valiéndose del factor sorpresa. Jóvenes que se hallan tranquilos tomando un café con la novia o esperando su turno para entrar a un restaurante se ven rodeados y de la nada son atacados a golpes y patadas por el grupo. Representación del Séptimo Círculo del Infierno de Dante en la tierra.

En ciudades grandes y pequeñas siempre ha existido ese fenómeno de privilegiar a jóvenes provenientes de familias con poder económico o político; la falta administrativa, o incluso penal, cometida por un “junior” perderá gravedad y tendrá pronta solución, ya que el sistema se vuelca a favor de los núcleos de poder que hay detrás de ese junior. Para ejemplo tenemos la actuación a todas luces reprobable del juez Anuar González en el caso de uno de los “Porkys”; como juez y parte se propuso desdeñar con argucias legales el daño provocado a Daphne –la menor de edad– por la violación tumultuaria de este grupo de jóvenes, y poco faltó para que el susodicho juez la condenara a ella y victimizara a los violadores. Afortunadamente, el jurisconsulto fue separado de su cargo por el Consejo de la Judicatura Federal mientras el caso se resuelve, lo que representa una inyección de oxígeno dentro del sistema judicial mexicano.

En fin, volviendo a estos grupos de adolescentes tardíos y violentos que atacan por diversión hay varias cosas a considerar: Mientras que la agresión es un instinto primario que se activa ante una amenaza, la violencia es una conducta adquirida; no se es violento por naturaleza, es algo que se aprende básicamente en el hogar. Me imagino estos núcleos familiares sobrados en lo material, pero carentes de valores o de autoridad. Niños mal encausados que terminan siendo adolescentes en búsqueda de adrenalina para sentirse vivos. ¿Habrán agotado el resto de fuentes generadoras de placer a las que un ser humano tiene acceso? En mi mente los visualizo como niños que tuvieron todo desde pequeños, de manera que se agotó en ellos la capacidad de disfrute. Fueron requiriendo estímulos cada vez mayores para sentirse vivos, y para ahora habrán recorrido un largo camino de elementos generadores de sensaciones que yo no llamaría precisamente “agradables”, sino más bien estimulantes, como descargas de adrenalina, o en términos coloquiales, ellos no buscan subirse a la rueda de la fortuna y disfrutar la feria desde las alturas, sino apearse a una montaña rusa y vibrar al extremo hasta sentir que se pierde la noción de uno mismo.

Una familia que se hace presente para el niño mediante elementos materiales no va a llegar a su corazón, donde el chiquito espera ser reconfortado mediante tiempo, atención, aceptación, ternura y amor incondicional. Cuando los amigos o el trabajo, o las reuniones sociales tienen prioridad, el mensaje que recibe el hijo es muy claro: “No eres importante para mí”, luego no nos sorprenda la conducta del chico de diez o quince años, quien no hace más que reaccionar desde su dolor más profundo. Fuera de esos momentos de energía pura el resto de su existencia es plana, al punto de que ni las fiestas ni el sexo o los químicos consumidos logran provocar estímulo suficiente, estos jóvenes que a nada material aspiran porque todo lo tienen, pretenden sentir que no están muertos, y es por ello que han escalado hasta hacer de la violencia un entretenimiento. La sociedad que genera estos personajes de la sombra está conformada por todos nosotros en nuestro papel de padres, tíos, abuelos, maestros, clérigos, funcionarios de gobierno, ciudadanos… Es resultado de nuestra actitud de indiferencia, de ese cómodo “no me toca” con el que pretendemos zafarnos de cualquier responsabilidad.

¿Qué vendrá cuando les fastidie su papel de buleadores? ¿Se volverán asesinos?... Porque ciertamente, cuando la satisfacción viene del exterior se genera un fenómeno de tolerancia, por el cual se requieren estímulos cada vez mayores para obtener un mismo resultado.

Si cada quiÉn arregla su pequeño espacio, el mundo se compone. Por desgracia, los mexicanos tenemos la costumbre de asomarnos poco a nuestro interior, y más bien enfocarnos en los demás para practicar la crítica y el rumor, lo que finalmente no se traduce en resultados. Seguir así augura un escenario dantesco para nuestros hijos y nietos, entendámoslo ahora cuando aún hay tiempo de evitarlo.

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02 Abril 2017 03:01:00
Séptimo círculo
Se hacen llamar Centinelas, pero lejos de la acepción original de la palabra que tiene que ver con orden y vigilancia, este grupo de niños ricos de Ciudad de México se dedica a atacar por diversión. Desde hace un par de años han sido

exhibidos en redes sociales junto con otros grupos similares, sin que hasta la fecha se les hayan fincado cargos. Su modo de actuar es llegar en grupo a un sitio público, elegir un blanco, e irse contra él valiéndose del factor sorpresa.

En ciudades grandes y pequeñas siempre ha existido ese fenómeno de privilegiar a jóvenes provenientes de familias con poder económico o político; la falta administrativa, o incluso penal, cometida por un “junior” perderá gravedad y tendrá pronta solución, ya que el sistema se vuelca a favor de los núcleos de poder que hay detrás de ese junior. Para ejemplo tenemos la actuación a todas luces reprobable del juez Anuar González en el caso de uno de los Porkys; como juez y parte se propuso desdeñar con argucias legales el daño provocado a Daphne (menor de edad) por la violación tumultuaria de este grupo de jóvenes, y poco faltó para que el susodicho juez la condenara a ella y victimizara a los violadores. Afortunadamente el jurisconsulto fue separado de su cargo por el Consejo de la Judicatura Federal mientras el caso se resuelve, lo que representa una inyección de oxígeno dentro del sistema judicial mexicano.

En fin, volviendo a estos grupos de adolescentes tardíos y violentos que atacan por diversión hay varias cosas a considerar: mientras que la agresión es un instinto primario que se activa ante una amenaza, la violencia es una conducta adquirida; no se es violento por naturaleza, es algo que se aprende básicamente en el hogar.

Me imagino estos núcleos familiares sobrados en lo material, pero carentes de valores o de autoridad. Niños mal encauzados que terminan siendo adolescentes en búsqueda de adrenalina para sentirse vivos. ¿Habrán agotado el resto de fuentes generadoras de placer a las que un ser humano tiene acceso? En mi mente los visualizo como niños que tuvieron todo desde pequeños, de manera que se agotó en ellos la capacidad de disfrute.

¿Qué vendrá cuando les fastidie su papel de buleadores? ¿Se volverán asesinos?... Porque ciertamente, cuando la satisfacción viene del exterior se genera un fenómeno de tolerancia, por el cual se requieren estímulos cada vez mayores para obtener un mismo resultado.

Si cada quien arregla su pequeño espacio el mundo se compone. Por desgracia los mexicanos tenemos la costumbre de asomarnos poco a nuestro interior, y más bien enfocarnos en los demás para practicar la crítica y el rumor, lo que finalmente no se traduce en resultados. Seguir así augura un escenario dantesco para nuestros hijos y nietos, entendámoslo ahora cuando aún hay tiempo de evitarlo.
26 Marzo 2017 04:00:00
Llenar los vacíos
Con los años me descubro albergando pensamientos que con anterioridad juzgaba propios de los ancianos, como afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. El siglo veintiuno ofrece maravillas que ni Verne o Asimov hubieran imaginado, pero en términos de deshumanización, el precio a pagar es elevado.

Viene a mi mente esta reflexión al inicio de la primavera, temporada de conciertos matutinos alrededor. Será el cambio climático, o que los niños que antes eran cazadores urbanos están metidos en sus aparatos electrónicos, hoy en día los árboles circunvecinos son visitados desde temprana hora por calandrias, cenzontles, unos tordos que conocen popularmente como “pájaros del viento”, y cardenales, que por acá llaman “cadernales”, cambiando dos consonantes, (igual hacen con el chile “piquín” al que muchos llaman “quipín”), y finalmente un par de pájaros carpinteros. En lo personal es una forma deliciosa de mantenerme en contacto con la naturaleza en medio de la mancha urbana, una oportunidad extraordinaria para alabar a Dios.

¡Cuántos fenómenos se van tejiendo en torno a esa necesidad enfermiza denominada “codicia”! La nota de esta semana la dio Mauricio Ortega, quien de director de un rotativo muy conocido pasó a vulgar ladrón internacional, luego de sustraer prendas de jugadores famosos e intentar venderlas a través de internet. Claro, no podía faltar un sistema judicial que calificara aquello de “travesura”, justo en momentos cuando los ojos de los Estados Unidos están puestos en los mexicanos, buscando demostrar que llenamos el calificativo de “delincuentes” que nos ha colgado Mr. Trump. O sea, el robo de los “jerseys” es un asunto serio de corte internacional, pero al ladrón le perdonan la travesura, él se compromete a devolver las prendas robadas, el delito se cancela y Trump se justifica.

“Para entender los actos irracionales de un adulto, pregúntate qué quiere lograr con ellos el niño que lleva dentro”. Hay infinidad de comportamientos detrás de los cuales se percibe un vacío en el interior de su autor. Son oquedades que buscan llenarse de alguna manera, pero al andar caminos equivocados, no se logra hacerlo. Hay sensaciones de vacío que se extienden a todas las esferas, de modo que el individuo a mediación o cerca del término de su vida se pregunta qué ha hecho en tantos años, y se deprime. Hay vacíos que son producto de una baja autoestima, entonces, como la persona no está satisfecha consigo misma, requiere de manera constante el aplauso exterior, mismo que siempre será insuficiente. En estas condiciones la persona sufre al considerar que no está logrando el justo reconocimiento. Siempre y cuando el sentirnos bien dependa de elementos externos, iremos, si no a la deriva, sí con altas y bajas que terminarán haciendo de la vida algo insufrible.

Hay vacíos muy patológicos que buscan llenarse mediante sensaciones artificiales y se recurre a químicos para tratar de conseguirlo. Pertenecen a personas adictas que al ser cuestionadas aseveran que no lo son, y que en cualquier momento pueden dejar aquello que las tiene atrapadas, como serían el alcohol o las drogas. Nuevamente esas personas se sienten satisfechas solamente a expensas de elementos externos, de modo que su satisfacción es como una barcaza frágil en alta mar.

El consumismo, dentro de sus premisas busca hacernos sentir distintos tipos de vacío. No tengo la prenda de última moda que acaba de salir, surge un vacío. No poseo un inmenso capital para pagarme un viaje al espacio, soy un fracaso. Tengo un vehículo de reciente modelo que funciona bien, pero la fantasía consumista me bombardea con mensajes de que “todos” menos yo cambian de carro como cambiar de calcetines; frente a ese panorama, estoy condenado al vacío. Y así avanzamos por la vida, muchas veces olvidando contar las bendiciones que sí tenemos, y más bien lamentando aquello que no es nuestro, por más irracional que resulte, y nos sentimos muy infelices, tanto que hasta consideramos el suicidio, ya sea por la vía corta o larga, pues finalmente –en nuestra depresión—no vale la pena vivir.

La primavera es buen momento para hacer un inventario personal, revisar qué vacíos voy cargando, de dónde surgieron y por qué, y en un dado caso, cómo y con qué voy a llenarlos. En un mundo mercantilista se nos olvida que en la vida nuestra principal consigna es ser humanos, enfocarnos a esa parte intangible y prodigiosa que genera el hermoso canto del cenzontle y que a nosotros nos lleva a sentir la presencia de Dios cada mañana.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
26 Marzo 2017 03:00:00
Llenar los vacíos
Con los años me descubro albergando pensamientos que con anterioridad juzgaba propios de los ancianos, como afirmar que los tiempos pasados fueron mejores. El siglo 21 ofrece maravillas que ni Verne o Asimov hubieran imaginado, pero en términos de deshumanización, el precio a pagar es elevado.

¡Cuántos fenómenos se van tejiendo en torno a esa necesidad enfermiza denominada “codicia”! La nota de esta semana la dio Mauricio Ortega, quien de director de un rotativo muy conocido pasó a vulgar ladrón internacional, luego de sustraer prendas de jugadores famosos e intentar venderlas a través de Internet. Claro, no podía faltar un sistema judicial que calificara aquello de “travesura”, justo en momentos cuando los ojos de Estados Unidos están puestos en los mexicanos, buscando demostrar que llenamos el calificativo de “delincuentes” que nos ha colgado Mr. Trump. O sea, el robo de los “jerseys” es un asunto serio de corte internacional, pero al ladrón le perdonan la travesura, él se compromete a devolver las prendas robadas, el delito se cancela y Trump se justifica.

Hay vacíos muy patológicos que buscan llenarse mediante sensaciones artificiales y se recurre a químicos para tratar de conseguirlo. Pertenecen a personas adictas que al ser cuestionadas aseveran que no lo son, y que en cualquier momento pueden dejar aquello que las tiene atrapadas como el alcohol o las drogas.

El consumismo busca hacernos sentir distintos tipos de vacío. Tengo un vehículo de reciente modelo que funciona bien, pero la fantasía consumista me bombardea con mensajes de que “todos” menos yo cambian de carro como cambiar de calcetines; frente a ese panorama, estoy condenado al vacío.

La primavera es buen momento para hacer un inventario personal, revisar qué vacíos voy cargando y cómo y con qué voy a llenarlos. En un mundo mercantilista se nos olvida que en la vida nuestra principal consigna es ser humanos, enfocarnos a esa parte prodigiosa que genera el hermoso canto del cenzontle y que a nosotros nos lleva a sentir la presencia de Dios.
19 Marzo 2017 04:00:00
Niños de arena
Admiro a aquellos individuos que se apasionan con el alma por alguna actividad. Me quito el sombrero ante ese acendrado entusiasmo por una causa superior a ellos mismos que los inunda de endorfinas y los mueve a hacer infinidad de cosas que en otras circunstancias no emprenderían. Constituyen un excelente ejemplo del término “compromiso” del cual hoy quiero hablar.

En días pasados sostuve una enriquecedora plática con amigos de distintas edades con quienes me une el gusto por la francofonía; entre otras cosas hablamos de la palabra “compromiso” y de cómo es aplicada por personas de distintas generaciones. Por razón de época yo fui educada con mayor rigor, en mis tiempos la palabra empeñada era sagrada, y no nada más para las grandes cosas en la vida como el matrimonio, sino desde lo más sencillo: “Paso por ti a las 3” era eso, llegar unos minutos antes de la hora señalada y cumplir, nada del otro mundo sino una simple costumbre, como lavarse los dientes, que nos enseñaban desde muy pequeños. En la actualidad las cosas suceden de una manera muy distinta y para ejemplificarlo tenemos personajes de la vida pública que anuncian con bombo y platillo que harán algo que finalmente no hacen, sin justificar más delante la causa del incumplimiento, o peor aún, negando que hayan dicho lo que dijeron. Es una suerte de realismo mágico maravilloso, frente al que el mismo Gabo se habría sorprendido, pues ahí están las evidencias, digamos un discurso grabado y difundido en redes sociales, pero por encima de ello el personaje público se aferrará a decir que nunca dijo aquello que dijo y de lo cual obra sobrada constancia, como si con negarlo pudiera borrarse la historia misma.

Los nuestros son tiempos de inmediatez, de dispersión y de vacío. Las cosas nos llegan de inmediato, llámense comida a domicilio, tesis doctorales por Internet u oportunidades de trabajo en Nueva Zelanda. Lo que anteriormente habría llevado semanas o meses ahora aterriza en nuestra pantalla electrónica en un abrir y cerrar de ojos; la información a la que accedemos por esta vía es amplia pero no necesariamente profunda, la revisamos “a ojo de pájaro” y dentro de un par de horas poco podremos recordar de ella. Todo eso va dejando en nosotros una sensación de vacío, respecto a la cual Gilles Lipovetsky habla de manera muy amplia en su obra, refiriéndose a la “seducción” que ejercen estos medios masivos de comunicación sobre la persona que accede a ellos, y que como seducción que es, pronto pasa.

¡Vaya! No es que el mundo esté contenido en la Internet, pero sí es la red una representación fidedigna de lo que sucede acá afuera. Pongo un ejemplo por demás cotidiano, si varios amigos vamos a hacer un viaje y yo quedé de llevar el lonche para el camino, debo asumir que todos están confiando en que yo cumpla con mi tarea. Sin embargo sucede que, o no aparezco, me buscan y les digo que siempre no voy a ir al viaje, o aparezco pero sin el lonche que quedé de llevar, y sin haber tenido la delicadeza de avisar con tiempo para que todos se prepararan, o tal vez llego con mi veliz, sin lonche y sin acaso mencionar que no lo llevo, calladita, pretendiendo que ni me pregunten… Esta es la forma como la sociedad actual está siendo dibujada, y en gran medida dibujada por la propia Internet. Estando los adultos muy ocupados en sus múltiples actividades, los menores quedan en cierto modo a la deriva asimilando patrones de donde pueden, y uno de estos “instructores” es la Internet con sus características: Inmediata, proclive a la dispersión, seductora y vacía. Hasta ahora la red no es capaz de enseñar valores como sería el compromiso, esa virtud de cumplir con aquello que dije que haría, contra viento y marea, simplemente concediendo a la palabra empeñada el valor que se merece.

Esta falla frente al compromiso se presenta también en el interior de la propia persona, es un decir: “Total, no cumplo y qué, al cabo no pasa nada”, es utilizar la turbiedad o el engaño para zafarse de una responsabilidad que se asumió, y es a la larga quedarse con las manos vacías frente a la vida, sin una historia personal que contar.

¿Es esto lo que queremos formar? ¿Niños de arena, carentes de solidez, que se deshacen al primer viento o pierden su forma cuando la ola los golpea? Hay valores como el compromiso que no deben perderse por el propio bien personal, pues un ser humano que no sabe comprometerse, poco o nada trascendental habrá de lograr en la vida. Visualizar un quehacer como algo superior a mi persona que me obliga a cumplir con gusto, inyectándole pasión a lo que hago, es la forma de actuar de quienes hacen historia. No lo perdamos de vista a la hora de educar a nuestros hijos.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
19 Marzo 2017 03:00:00
Niños de arena
Admiro a aquellos individuos que se apasionan con el alma por alguna actividad. Me quito el sombrero ante ese acendrado entusiasmo por una causa superior a ellos mismos que los inunda de endorfinas y los mueve a hacer infinidad de cosas que en otras circunstancias no emprenderían.

Hace días sostuve una enriquecedora plática con amigos de distintas edades con quienes me une el gusto por la francofonía; entre otras cosas hablamos de la palabra “compromiso” y de cómo es aplicada por personas de distintas generaciones.

Por razón de época yo fui educada con mayor rigor, en mis tiempos la palabra empeñada era sagrada, y no nada más para las grandes cosas en la vida como el matrimonio, sino desde lo más sencillo: “paso por ti a las 3”, era eso, llegar unos minutos antes de la hora señalada y cumplir, nada del otro mundo, sino una simple costumbre, como lavarse los dientes, que nos enseñaban desde muy pequeños.

En la actualidad las cosas suceden de una manera muy distinta y para ejemplificarlo tenemos personajes de la vida pública que anuncian con bombo y platillos que harán algo que finalmente no hacen, sin justificar más delante la causa del incumplimiento, o peor aún, negando que hayan dicho lo que dijeron. Es una suerte de realismo mágico maravilloso, frente al que el mismo Gabo se habría sorprendido, pues ahí están las evidencias, digamos un discurso grabado y difundido en redes sociales, pero por encima de ello el personaje público se aferrará a decir que nunca dijo aquello, como si con negarlo pudiera borrarse la historia misma.

Los nuestros son tiempos de inmediatez, de dispersión y de vacío. Las cosas nos llegan de inmediato, llámense comida a domicilio, tesis doctorales por Internet u oportunidades de trabajo en Nueva Zelanda.

¡Vaya! No es que el mundo esté contenido en la Internet, pero sí es la red una representación fidedigna de lo que sucede acá afuera. Pongo un ejemplo por demás cotidiano, si varios amigos vamos a hacer un viaje y yo quedé de llevar el lonche para el camino, debo asumir que todos están confiando en que yo cumpla con mi tarea. Sin embargo sucede que, o no aparezco, me buscan y les digo que siempre no voy a ir al viaje, o aparezco, pero sin el lonche que quedé de llevar, y sin haber tenido la delicadeza de avisar con tiempo para que todos se prepararan… Esta es la forma como la sociedad actual está siendo dibujada, y en gran medida dibujada por la propia Internet.

Esta falla frente al compromiso se presenta también en el interior de la propia persona, es un decir: “Total, no cumplo y qué, al cabo no pasa nada”, es utilizar la turbiedad o el engaño para zafarse de una responsabilidad que se asumió, y es a la larga quedarse con las manos vacías frente a la vida, sin una historia personal que contar.

¿Es esto lo que queremos formar? ¿Niños de arena, carentes de solidez, que se deshacen al primer viento o pierden su forma cuando la ola los golpea? Hay valores como el compromiso que no deben perderse por el propio bien personal.
12 Marzo 2017 04:00:00
La fuerza de lo pequeño
El calentamiento global es el prototipo de un problema que inició siendo pequeño, y que con el tiempo empezamos a padecer en gran escala todos los habitantes del planeta Tierra; cambios climáticos inesperados, elevaciones térmicas fuera de rango y de época, o grandes meteoros que afectan principalmente zonas tropicales. Volteamos la vista y descubrimos que se trata de una cadena interminable de pequeñas situaciones que fueron dándose en el tiempo, cuyo efecto acumulativo a la fecha ha alcanzado graves proporciones.

Como el del cambio climático hay muchos otros problemas acumulativos que luego de que han crecido de forma desproporcionada, parecen engullirnos, y es hasta entonces cuando nos alarmamos y comienza a “caernos el veinte” respecto a su magnitud. Hoy quiero enfocar mi comentario con relación a otro tipo de problemas, los que se generan en el seno del hogar, llámese en la pareja o en la propia familia. Son pequeñeces que se van dando de forma sistemática, repitiéndose, aumentando en intensidad, pequeñeces a las que se suman otras pequeñeces, y aquello comienza a crecer como bola de nieve, llevándose a su paso todo lo que encuentra. Detalles en la relación de pareja, tal vez durante el noviazgo, diferencias que no se ventilan, silencios que albergan en su seno inconformidades, pero que se asumen así bajo el argumento que a la larga sale caro, de callarse y ceder “nada más esta vez, para llevar la fiesta en paz”.

Se nos olvida que la relación de pareja es precisamente eso, la asociación voluntaria y por amor de dos personas distintas, cuya base de sustentación es la negociación, alcanzar acuerdos que a ambos beneficien. Los patrones de relación se van estableciendo desde el momento cuando se conocen e intercambian las primeras palabras, son adaptaciones de uno al otro, es un dar y recibir; un renunciar y obsequiar; en la medida en que haya satisfacción al hacerlo, no por la fuerza sino de propia voluntad.

Resulta increíble cómo los detalles más pequeños en una pareja de novios llegan a ser un indicativo de la futura relación como esposos, recordando aquella parábola del evangelio de Lucas: “El que es fiel en lo poco, en lo mucho también lo es”. Los pequeños gestos, las pequeñas palabras que sugieren problema en el inicio de una relación, no van a pulverizarse y desaparecer así nada más; son fórmulas matemáticas que presagian lo que está por venir, de manera que cada uno tendrá que definir hasta qué punto conoce al otro, y en caso de que los signos indiquen problemas potenciales en la relación, medir hasta qué punto están dispuestos a tolerarse, a negociar, a buscar de manera conjunta un camino que les permita llevar la relación al nivel óptimo. Esos chispazos mágicos del enamoramiento suelen ser elementos que identificamos en el otro como algo familiar, porque son representaciones con las cuales hemos tenido contacto de niños. La chica de alguna manera buscará en la pareja potencial actitudes, gestos o modos de tratarla a ella que repliquen la forma como su padre trató a su madre, que tantas veces explica ese repetir patrones de conducta que dañaron en la infancia y ahora se repiten como calcados en la pareja que se elige para toda la vida.

Hablando de la familia, son muchas las ocasiones cuando esta es una de la puerta de la casa para afuera y otra muy distinta en el interior de la misma. El hogar es ese sitio en el cual podemos expresarnos de forma natural, sentirnos libres de actuar tal cual somos, sin preocuparnos por el rechazo social que de forma sistemática se da allá afuera. La libre expresión no nos autoriza -sin embargo- a ser rudos con nuestros seres queridos, a tratarlos de manera descuidada, suponiendo que de todas formas ellos tienen que aguantarnos. Si el hogar es el sitio donde se va desarrollando la relación de pareja en todo su esplendor, y donde se forja la autoestima de los hijos desde el primer momento, es justo el sitio donde nos corresponde aplicar nuestras mejores herramientas emocionales, el cuidado, el afecto, la ternura, la paciencia, todas aquellas maneras que permitan a nuestros niños sentirse seguros y amados, que no quepa en ellos duda alguna de que siempre los vamos a querer por lo que son. Un hogar en el cual estas cuestiones no quedan claras para el corazón de un niño, puede convertirse en una losa en su pecho que no le permitirá alcanzar todo su potencial humano, por favor no lo olvidemos. Una relación de pareja que se convierte en rutinaria y sin chispa es el preámbulo perfecto para vivir lo que llamaba Campoamor: “La soledad de dos en compañía” o la muerte en vida del amor.

La suma de lo más pequeño, a través del tiempo es la fuerza más grande en el universo, polvo de estrellas que construye destinos.

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12 Marzo 2017 03:00:00
La fuerza de lo pequeño
El calentamiento global es el prototipo de un problema que inició siendo pequeño, y que con el tiempo empezamos a padecer en gran escala todos los habitantes.

Como el del cambio climático hay muchos otros problemas acumulativos que luego de que han crecido de forma desproporcionada, parecen engullirnos, y es hasta entonces cuando nos alarmamos y comienza a “caernos el veinte” respecto a su magnitud.

Hoy quiero enfocar mi comentario en relación con otro tipo de problemas, los que se generan en el seno del hogar. Son pequeñeces que se van dando de forma sistemática, aumentando en intensidad. Detalles en la relación de pareja, tal vez durante el noviazgo, diferencias que no se ventilan, silencios que albergan en su seno inconformidades, pero que se asumen así bajo el argumento que a la larga sale caro, de callarse y ceder “nada más esta vez, para llevar la fiesta en paz”.

Resulta increíble cómo los detalles más pequeños en una pareja de novios llegan a ser un indicativo de la futura relación como esposos, recordando aquella parábola del evangelio de Lucas: “El que es fiel en lo poco, en lo mucho también lo es”. Los pequeños gestos, las pequeñas palabras que sugieren problema en el inicio de una relación, no van a pulverizarse y desaparecer así nada más; son fórmulas matemáticas que presagian lo que está por venir, de manera que cada uno tendrá que definir hasta qué punto conoce al otro, y en caso de que los signos indiquen problemas potenciales en la relación, medir hasta qué punto están dispuestos a tolerarse, a negociar, a buscar de manera conjunta un camino que les permita llevar la relación al nivel óptimo.

La libre expresión no nos autoriza a ser rudos con nuestros seres queridos, a tratarlos de manera descuidada, suponiendo que de todas formas ellos tienen que aguantarnos. Si el hogar es el sitio donde se desarrolla la relación de pareja en todo su esplendor, y donde se forja la autoestima de los hijos desde el primer momento, es justo el sitio donde nos corresponde aplicar nuestras mejores herramientas emocionales que permitan a nuestros niños sentirse seguros y amados, que no quepa en ellos duda de que siempre los vamos a querer por lo que son. Un hogar en el cual estas cuestiones no quedan claras para el corazón de un niño, puede convertirse en una losa en su pecho que no le permitirá alcanzar todo su potencial.

La suma de lo más pequeño, a través del tiempo es la fuerza más grande en el universo, polvo de estrellas que construye destinos.
05 Marzo 2017 04:00:00
Riesgo de vida
Las conductas sociales han cambiado con el tiempo. Los jóvenes de hoy pasan pocas horas en comunión con ellos mismos, esto es, la figura de un observador solitario tratando de entenderse a sí mismo o al mundo que le rodea es excepcional, resulta una práctica poco alentada y hasta mal vista en nuestro medio. Los jóvenes conviven poco, quizás en “reventones” multitudinarios, pero casi no lo hacen fuera de estos ambientes festivos, tal como hicieron las generaciones de las dos centurias previas. Lo que prevalece –triste decirlo—es el joven prendido de un aparato, haciendo caras y riéndose solo, en total aislamiento con respecto al mundo exterior. En lo personal me llaman mucho la atención estos jóvenes –ellos y ellas, por aquello de la igualdad de género--, tanto que quisiera acercarme a preguntarles qué es aquello que captura su atención al grado de aislarse de cuanto les rodea, además trataría de descubrir por qué llegan a considerar tan importante una llamada, como para arriesgar la vida en contestarla mientras conducen.

Precisamente con relación a esta manera de terminar atrapados por las tecnologías de la comunicación es que surgen problemas modernos, como la alta tasa de accidentes que ocurren mientras el conductor o el transeúnte, --porque también se da el caso—va distraído atendiendo al celular, sobre todo si va escribiendo mensajes de texto. Si el simple uso de telefonía celular mientras se conduce, así sea utilizando “hands free” provoca visión de túnel que estrecha el campo visual, cuanta más distracción se generará cuando el joven tiene la vista puesta en la pantalla de su celular y no en la vía por la cual transita. Alcanza tal magnitud el problema, que ha dado pie a la creación de campañas para desalentar el uso del teléfono celular mientras se conduce, algo que en lo personal hallo muy positivo para prevenir accidentes con riesgo de graves lesiones o hasta la muerte. En otros sentidos la tecnología es la gran culpable a la cual pretendemos colgar responsabilidades, como antaño se hacía con “las malas compañías” que pasaban a ser las responsables absolutas de los malos pasos en los que pudiera andar alguno de nuestros retoños, saliendo nosotros, mediante tal señalamiento, exculpados.

El uso insensato de tecnologías encierra un riesgo de muerte, eso lo sabemos y trabajamos para prevenirlo, sin embargo la otra faceta, la que he dado por llamar en este espacio “riesgo de vida” ha sido poco explorada, quizá nos refiramos a ella por exclusión, sin darle la importancia que en realidad merece.

La fórmula educativa de los últimos años está generando jóvenes frágiles con poca tolerancia a la frustración, que trazan sus metas muy elevadas, pero no actúan de manera congruente para alcanzarlas. Son jóvenes que quieren un título que les abra puertas, pero no están muy dispuestos a aplicarse con asiduidad a estudiar una carrera; cuando solicitan un trabajo esperan el puesto de categoría “senior”, aun cuando no tienen un respaldo curricular ni para aspirar a una posición ejecutiva. Son chicos caprichudos que fácilmente avientan el pandero cuando las cosas no se dan como ellos lo desean. Tal vez los hemos acostumbrado así, a complacerlos, a cumplirles todos sus gustos, a no permitir que batallen por lograr las cosas, no sea que “se traumen”. Recuerdo un chico que quería ser astrofísico, cuando lo conocí se estaba tomando un año sabático entre primer y segundo año de bachillerato “para prepararse”. La primera pregunta que me hice al conocerlo fue: ¿Pero qué tienen en la cabeza sus padres? ¿Por qué lo dejan tomar malas decisiones en lugar de educarlo?
En ocasiones es la lectura que obtengo de nuestros chicos que viven prendidos de sus aparatos, una cómoda evasión de la realidad, un decir “estoy pero no estoy”, como si hubieran colgado el aviso de “no molestar” en la puerta de su propia vida. Esos chicos que no están dispuestos a salir de su zona de confort para desarrollarse y ganar a pulso una posición que los encauce hacia un futuro satisfactorio. Esos chicos que se sienten dueños del mundo y unos papás que corren tras ellos con algodones en las manos para que, si acaso tropiezan no se golpeen contra el suelo, sin asumir que los padres no somos eternos, y que actuar así es condenar de ya el destino de los hijos. Estamos criando una generación de jóvenes que evita a toda costa el riesgo que implica la vida, aprender a medirse frente a los obstáculos y tener yerros, como futuros adultos que viven sus primeros años conociéndose a ellos mismos para que lo que venga después los halle preparados.

Riesgo de vida que adormecen frente a la pantalla, metidos en una realidad virtual en la que, cuando las cosas salen mal, cambian de aplicación, y asunto resuelto.

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26 Febrero 2017 04:00:00
Merecimientos
Nuestro México ha alcanzado un momento histórico en el que la capacidad de asombro se halla totalmente rebasada para los temas que tienen que ver con malos manejos, corrupción e impunidad, triste decirlo pero así es. En este escenario se presentan los escándalos en torno al gobierno de Javier Duarte y poco o nada nos mueve mientras leemos noticias que en otro país generarían un escándalo de dimensiones mayores, 50 mil millones de pesos nos parecen a los mexicanos poca cosa, una raya más al tigre.

Ahora que se ha decomisado una bodega repleta de objetos de valor, personales e infinidad de artículos correspondientes a programas de solidaridad no ejercidos, que incluyen despensas y sillas de ruedas, se agrega un elemento más a la increíble historia de un gobernador y su esposa. Dentro de todo lo incautado lo que más me impresionó fue la libreta (claro, no cualquier libreta Polito, sino una fina) en la cual supuestamente Karime Macías, ex primera dama de Veracruz escribió de manera interminable el mantra “sí merezco la abundancia”. En mi imaginario personal significó como si emergiera un iceberg para explicar muchas cuestiones hasta ahora inexplicables que se dan en una sociedad como la nuestra.

Hace 100 años las cosas tenían un orden, dentro de la casa, dentro de la iglesia, en el propio sistema de gobierno; con sus excepciones existía una forma lógica de pensamiento, de modo que del punto A se pasaba al punto B, todos lo sabían y actuaban en consecuencia. Vinieron las dos grandes guerras a romper el orden mundial, y a raíz de las mismas comenzaron a surgir variaciones en la forma de pensar y de sentir, que fueron más evidentes a partir de los años sesenta, con las guerras de Corea y de Vietnam. El movimiento hippie detonó una particular expresión de libertad de pensamiento, ese asumir que es válido romper el orden establecido. Y así surgieron los grandes pensadores de la época, escritores que se atreven a decir cosas que antes no podrían haberse dicho, lo que a su vez concede licencia de pensamiento al propio lector. En los setenta comenzaron a llegar al continente Americano corrientes filosóficas de oriente que en buena medida, a través de los siguientes cuarenta años adquieren carta de naturalización en la cultura occidental. Religiones tibetanas o de la India generan fenómenos culturales de apropiación que dan pie a corrientes filosóficas y religiosas de lo esotérico o mágico a lo ortodoxo.

Es así como tenemos a una primera dama veracruzana escribiendo para ella misma que le da flojera atender programas sociales inherentes a su cargo, tal vez como una catarsis íntima, lo que es válido cuando nos vemos obligados a cumplir con algo que no nos satisface, pero que además mezcla la filosofía hindú repitiendo mantras con miras a lograr un enriquecimiento exorbitante e ilícito mediante el saqueo a las arcas de la nación. Para mí es un ejemplo de cómo la libertad de pensamiento y de creencias nos lleva a generar incongruencias de ese tamaño, a esperar merecimientos por los cuales no estamos trabajando por el camino adecuado para lograr, como una canica rodando dentro de una gran vasija, errática y ruidosa.

Tenemos los políticos corruptos que en el fondo de ellos mismos sienten que “se merecen” la riqueza mal habida, o que “no merecen” recibir castigo alguno por sus actos ilícitos.

Surgen aquellas personas que actúan dañando a terceros, pero que esperan recibir buenos tratos, porque se creen merecedores de los mismos.

Hay personas que no le fallan a la misa los domingos sintiendo que ya con ello, independientemente de su modo de proceder, se han hecho merecedoras del cielo.

Existen líderes que creen merecer todo por derecho propio y hay quienes forman una gavilla en torno suyo en la búsqueda de merecer favores de su líder.

Estar frente a la mayor libertad para decidir qué somos y a dónde vamos implica la madurez de saber qué hacer, un trabajo mental para ubicarse y no terminar en la enajenación; ser capaces de establecer límites para nuestra propia conducta y no levitar suponiendo que el cargo que ocupamos nos convierte en dioses “de facto”. Quizá hace cien años cuando las estructuras sociales eran rígidas, había más orden, aunque claro, muchísimos sueños jamás se cumplían, o tal vez ni siquiera eran soñados, pues albergarlos era atentar contra lo establecido, y los que llegaban a soñar sin tener permiso para hacerlo, eran considerados los tránsfugas del sistema.

Quienes ocupan un cargo asumen un riesgo inédito de enfermedad mental frente al verbo “merecer”, si sienten que su forma de proceder, así sea descabellada, es la correcta, inspirada por un poder superior y arropada por una legión de ángeles de bolsillo a su entero servicio, como dioses.

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26 Febrero 2017 03:00:00
Merecimientos
Nuestro México ha alcanzado un momento histórico en el que la capacidad de asombro se halla totalmente rebasada para los temas que tienen que ver con malos manejos, corrupción e impunidad, triste decirlo pero así es. En este escenario se presentan los escándalos en torno al gobierno de Javier Duarte y poco o nada nos mueve mientras leemos noticias que en otro país generarían un escándalo de dimensiones mayores, 50 mil millones de pesos nos parecen a los mexicanos poca cosa, una raya más al tigre.

Ahora que se ha decomisado una bodega repleta de objetos de valor, personales e infinidad de artículos correspondientes a programas de solidaridad no ejercidos, que incluyen despensas y sillas de ruedas, se agrega un elemento más a la increíble historia de un gobernador y su esposa. Dentro de todo lo incautado lo que más me impresionó fue la libreta (claro, no cualquier libreta Polito, sino una fina) en la cual supuestamente Karime Macías, exprimera dama de Veracruz escribió de manera interminable el mantra “sí merezco la abundancia”.

Es así como tenemos a una primera dama veracruzana escribiendo para ella misma que le da flojera atender programas sociales inherentes a su cargo.

Tenemos los políticos corruptos que en el fondo de ellos mismos sienten que “se merecen” la riqueza mal habida, o que “no merecen” recibir castigo alguno por sus actos ilícitos.

Existen líderes que creen merecer todo por derecho propio y hay quienes forman una gavilla en torno suyo en la búsqueda de merecer favores de su líder.

Quienes ocupan un cargo asumen un riesgo iné-dito de enfermedad mental frente al verbo “merecer”, si sienten que su forma de proceder, así sea descabellada, es la correcta, inspirada por un poder superior y arropada por una legión de ángeles de bolsillo a su entero servicio, como dioses.
19 Febrero 2017 04:00:00
Abuelos sanadores
No es Día de los Abuelos, pero en mi caso particular se aproxima una fecha muy especial, el próximo día 21 es aniversario luctuoso de Elvira, mi abuela materna. Murió cuando yo estaba terminando el preescolar, sin embargo son inolvidables las memorias que guardo de ella y de mi abuela paterna quien, aunque murió mucho tiempo después vi poco por vivir en otra ciudad. Mis primeros diez años de vida fui hija única creciendo entre adultos, así que la presencia de estas hermosas compañeras de juegos fue de lo más agradable.

Cuando volvemos la vista para identificar los problemas sociales que involucran niños y adolescentes encontramos algo en común, provienen de hogares con escasa calidez; no podríamos apostar a una sola causa pero en cualquier caso el resultado es bastante similar: Chicos que están solos, a quienes urge sentir que pertenecen a un clan por encima de ellos mismos, y si la familia no satisface esa necesidad, marchan a buscar algo o alguien que lo haga. Las suyas no suelen ser demandas de orden material, cuentan con lo necesario para subsistir, incluso en ocasiones tienen de más, lo que falta va en otro sentido: Tiempo, atención y calidez. Tal vez los papás se hallan muy ocupados trabajando en proveer satisfactores materiales para su hijos, tantas veces a costa de elementos de orden emocional que el chico necesita para su desarrollo. Ante un escenario como este surgen figuras salvadoras, muchas veces el hermano mayor, algún maestro o tío, y en particular la figura de los abuelos que aparecen para modular las cosas, para reconocer, tolerar y apapachar, dotando al pequeño de ese sentido de pertenencia que tanto anhela.

Mi abuela Elvira pasó el último año de vida en nuestra casa por razón de una enfermedad que la consumía lentamente, a pesar del dolor que su padecimiento provocaba, nunca la podría recordar de otra forma que no fuera su naturaleza amable y cariñosa de siempre; invariablemente tenía tiempo para mí, lo que resultó maravilloso. En fechas recientes evocaba junto con mis primos por la rama materna un viaje que ella realizó por Europa algunos años antes de su muerte; cada uno conserva aquello que la abuelita vino cargando desde allá para sus entonces trece nietos. En lo personal el recuerdo más querido y que aún conservo, aunque no he sabido cómo reparar es un juguete de plástico que representa una pata y sus patitos, mismo que funcionaba al colocarlo en una superficie inclinada ¡Quién iba a decir que a más de 50 años después aquel artefacto pudiera provocar en mí tantas emociones!

Los abuelos son los grandes sanadores, sin embargo --hay que decirlo-- no están allí para vivir de nueva cuenta un rol de padres, no sería justo ni sano para nadie. El pequeño debe identificar que la autoridad de la familia recae en los padres, quienes habrán de asumir sus responsabilidades, en tanto los abuelos deben dejar en claro que son apoyo y no sustitutos en la atención de los nietos. Las familias actuales en las que hay pocos hijos y escasa convivencia entre los distintos miembros, se benefician enormemente con la presencia de los abuelos sanadores, y ese vínculo generacional provee para los más pequeños raigambre e identidad, y los sitúa en el mundo globalizado de hoy en día como individuos que se conocen a ellos mismos al conocer y amar su historia.

Vivimos tiempos en los que la amistad se condiciona, se cuestiona o se contamina; cuando la palabra ha perdido su valor agregado y se vende al mejor postor. Tiempos en los que el honor es cuestionado o mancillado sin empacho. Es precisamente ahora cuando más necesaria resulta la labor afianzadora y restauradora de la familia, y en esta labor validadora la presencia de los abuelos es fundamental. El niño necesita convencerse de que es amado, independientemente de su comportamiento, y claro, en la medida en que su autoestima aumente, el comportamiento irá mejorando, pues él sentirá que es aceptado por el grupo social, lo que facilita su integración al mismo. Resulta natural que los padres en cierta medida condicionen la expresión de su amor por el hijo, más el padre que la madre, fenómeno que es aún mayor si ellos están presionados viviendo en un mundo que demanda óptimos resultados. A ratos querrán tratar al hijo a partir de los estándares con que ellos son medidos en el ámbito laboral, lo que provocará una crisis en el niño. Maravilloso es entonces descubrir a los abuelos que tanto bien hacen en la vida de esos pequeños, para acuñar en ellos huellas imborrables que duran para siempre, y que constituyen elementos formativos que habrán de facilitar la construcción de la propia identidad, y a partir de ella el desarrollo del respeto y la tolerancia, piedras angulares de una sociedad.

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19 Febrero 2017 03:15:00
Abuelos sanadores
No es Día de los Abuelos, pero en mi caso particular se aproxima una fecha muy especial, el próximo día 21 es aniversario luctuoso de Elvira, mi abuela materna. Murió cuando yo estaba terminando el preescolar, sin embargo son inolvidables las memorias que guardo de ella y de mi abuela paterna quien, aunque murió mucho tiempo después, vi poco por vivir en otra ciudad. Mis primeros 10 años de vida fui hija única creciendo entre adultos, así que la presencia de estas hermosas compañeras de juegos fue de lo más agradable.

Cuando volvemos la vista para identificar los problemas sociales que involucran niños y adolescentes encontramos algo en común, provienen de hogares con escasa calidez; no podríamos apostar a una sola causa, pero en cualquier caso el resultado es bastante similar: chicos que están solos, a quienes urge sentir que pertenecen a un clan por encima de ellos mismos, y si la familia no satisface esa necesidad, marchan a buscar algo o alguien que lo haga. Las suyas no suelen ser demandas de orden material, cuentan con lo necesario para subsistir, incluso en ocasiones tienen de más, lo que falta va en otro sentido: tiempo, atención y calidez. Tal vez los papás se hallan muy ocupados trabajando en proveer satisfactores materiales para sus hijos, tantas veces a costa de elementos de orden emocional que el chico necesita para su desarrollo. Ante un escenario como éste surgen figuras salvadoras, muchas veces el hermano mayor, algún maestro o tío, y en particular la figura de los abuelos que aparecen para modular las cosas, para reconocer, tolerar y apapachar, dotando al pequeño de ese sentido de pertenencia que tanto anhela.

Mi abuela Elvira pasó el último año de vida en nuestra casa por razón de una enfermedad que la consumía lentamente, a pesar del dolor que su padecimiento provocaba, nunca la podría recordar de otra forma que no fuera su naturaleza amable y cariñosa de siempre; invariablemente tenía tiempo para mí, lo que resultó maravilloso. En fechas recientes evocaba junto con mis primos por la rama materna un viaje que ella realizó por Europa algunos años antes de su muerte; cada uno conserva aquello que la abuelita vino cargando desde allá para sus entonces 13 nietos. En lo personal el recuerdo más querido y que aún conservo, aunque no he sabido cómo reparar, es un juguete de plástico que representa una pata y sus patitos, mismo que funcionaba al colocarlo en una superficie inclinada ¡Quién iba a decir que a más de 50 años después aquel artefacto pudiera provocar en mí tantas emociones!

Los abuelos son los grandes sanadores, sin embargo no están allí para vivir de nueva cuenta un rol de padres, no sería justo ni sano para nadie. El pequeño debe identificar que la autoridad de la familia recae en los padres, quienes habrán de asumir sus responsabilidades, en tanto los abuelos deben dejar en claro que son apoyo y no sustitutos en la atención de los nietos. Las familias actuales en las que hay pocos hijos y escasa convivencia entre los distintos miembros, se benefician enormemente con la presencia de los abuelos sanadores.

Vivimos tiempos en los que la amistad se condiciona, se cuestiona o se contamina; cuando la palabra ha perdido su valor agregado y se vende al mejor postor. Tiempos en los que el honor es cuestionado o mancillado sin empacho. Es precisamente ahora cuando más necesaria resulta la labor afianzadora y restauradora de la familia, y en esta labor validadora la presencia de los abuelos es fundamental.

El niño necesita convencerse de que es amado, independientemente de su comportamiento, y claro, en la medida en que su autoestima aumente, el comportamiento irá mejorando, pues él sentirá que es aceptado por el grupo social, lo que facilita su integración al mismo. Resulta natural que los padres en cierta medida condicionen la expresión de su amor por el hijo, más el padre que la madre, fenómeno que es aún mayor si ellos están presionados viviendo en un mundo que demanda óptimos resultados. A ratos querrán tratar al hijo a partir de los estándares con que ellos son medidos en el ámbito laboral, lo que provocará una crisis en el niño.

Maravilloso es entonces descubrir a los abuelos que tanto bien hacen en la vida de esos pequeños, para acuñar en ellos huellas imborrables que duran para siempre.
12 Febrero 2017 04:00:00
Vibra México
La imagen es desgarradora: En el exterior de una farmacia de cadena de las que cuentan con un consultorio anexo, en la ciudad de Tehuacán, Puebla se halla una carriola totalmente tapada con cobertores y a unos pasos de la misma una mujer joven cuya actitud hace suponer que llora profusamente mientras cubre su rostro con la parte redundante de las mangas de una chamarra color guinda, que ha estirado hasta cubrir sus manos. En torno a la carriola y a la madre se ha extendido cinta amarilla de “prohibido pasar”; en el triángulo que forma la cinta hay dos figuras más, la de un uniformado y la de un joven hombre que habla por teléfono. La nota –amarilla o roja, aunque para mí en este instante es negra– la comparte un compañero pediatra para llamar nuestra atención con relación a una muerte que nunca debió ocurrir: ¡Cuánto nos falta por hacer para evitar algo así, un niño de 4 años que muere esperando turno para consulta, portador de una probable rubeola complicada! Contrario a otras semanas cuando en lenta cocción surge la nota dominical, esta llega a mi mente como latigazo, tanto que siento una urgencia inminente por comenzar a escribir, lo que hago de inmediato, dejando de lado otras tareas literarias que me ocupaban en el momento, es un deber ciudadano hacerlo, al menos así lo siento.

Quizá la forma más exquisita de entender la democracia sea concebirla como un sistema que permite a cada cual ejercer su pleno derecho sin por ello afectar los derechos de otros. Como nación estamos pasando por una etapa de rediseño que –queremos creer– se encamina hacia la democracia, pero por desgracia nos falta mucho por crecer; descalificamos las acciones de quienes no piensan como nosotros, en lugar de proponernos actuar cada cual desde su propio canal para ir a confluir en un fin común. La marcha ciudadana que se llevará a cabo hoy en varias ciudades, denominada “Vibra México” la convocan ciudadanos de carne y hueso para manifestarse como mexicanos a favor del país y en contra de las medidas que pretende imponer un gobierno extranjero. Pero por supuesto se han multiplicado las voces que la desacreditan y distorsionan, hay quien quiere sacar tajada política de la misma, cuando el lema original es un clamor ciudadano, un decir “basta a las malas prácticas de la administración pública y a las imposiciones de un gobierno extranjero”. Triste decirlo: Los mexicanos no necesitamos enemigos de fuera, pues en cada uno de nosotros mora el mayor enemigo del otro mexicano, en buena parte es por este canibalismo ciudadano que nuestras iniciativas ciudadanas luego no progresan.

Hay problemas muy urgentes por atender. Que un niño de cuatro años muera en la banqueta esperando su turno para ser atendido es un llamado de atención para todos; como sucede en otras áreas de salud, las farmacias con consultorios anexos de bajo costo resuelven buena parte de las deficiencias en la atención de pacientes dentro del sector salud y esto no es un problema menor. Si el niño murió por complicaciones de rubeola, significa que no contaba con la vacuna, un derecho que el sistema debe garantizar en todo menor de edad, entonces... ¿qué pasó aquí? La madre luce joven, tal vez haya sido su primer niño y ella no supo identificar la gravedad en las condiciones de su hijo. ¿Estaría desnutrido? ¿Cuándo iniciaría con su cuadro? ¿No hubo quién orientara a esta madre?... Me recuerda aquel óleo de un niño enfermo, pintado por Gabriel Metsu, y en este caso por el pincel de la pobreza y la ignorancia, frente al cual sería criminal permanecer indiferentes. Menos aún cuando reconocemos que renglones de primer orden como el de salud sufren recortes presupuestales frente a rubros innecesarios que bien pueden ser cancelados.

Los mexicanos necesitamos cambiar nuestra actitud, ser solidarios unos con otros, corresponsables, dejar de pelear por el color de la camiseta, dejar de meter zancadilla al que trata de hacer las cosas, y por el contrario, reconocer y alentar sus logros. Necesitamos anteponer el bien del país por encima de los asuntos de orden personal, y entender que mientras un mexicano sea el mayor enemigo de otro mexicano, el país seguirá empantanado.

Hace un par de días arrancó el Comité de Participación Ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción, integrado por personajes de trayectoria amplia e integridad reconocida por la sociedad (no fue “dedazo”). Apostemos porque sea este el primero de incontables pasos que nos permitan esbozar el proyecto de nación que demandan de nosotros –con justa razón– nuestros hijos. No hay fórmulas mágicas para sacar adelante a México, solamente la conjunción de inteligencia, trabajo y unidad encaminados al logro del bien común. Que vibre México por entusiasta y solidario.

https://contraluzcoah.blogspot.com/
12 Febrero 2017 03:00:00
Vibra México
La imagen es desgarradora: en el exterior de una farmacia de cadena de las que cuentan con un consultorio anexo, en la ciudad de Tehuacán, Puebla, se halla una carriola tapada con cobertores y a unos pasos de la misma una mujer joven cuya actitud hace suponer que llora mientras cubre su rostro con la parte redundante de las mangas de una chamarra color guinda, que ha estirado hasta cubrir sus manos. En torno a la carriola y a la madre se ha extendido cinta amarilla de “prohibido pasar”; en el triángulo que forma la cinta hay dos figuras más, la de un uniformado y la de un joven hombre que habla por teléfono.

La nota la comparte un compañero pediatra para llamar nuestra atención en relación con una muerte que nunca debió ocurrir ¡Cuánto nos falta por hacer para evitar algo así, un niño de 4 años que muere esperando turno para consulta, portador de una probable rubeola complicada!

Quizá la forma más exquisita de entender la democracia sea concebirla como un sistema que permite a cada cual ejercer su pleno derecho sin por ello afectar a los otros. Como nación estamos pasando por una etapa de rediseño que, queremos creer, se encamina hacia la democracia, pero por desgracia nos falta mucho por crecer; descalificamos las acciones de quienes no piensan como nosotros, en lugar de proponernos actuar cada cual para ir a confluir en un fin común.

La marcha ciudadana que se llevará a cabo hoy en varias ciudades, denominada Vibra México la convocan ciudadanos de carne y hueso para manifestarse como mexicanos a favor del país y en contra de las medidas que pretende imponer un gobierno extranjero. Pero se han multiplicado las voces que la desacreditan y distorsionan, hay quien quiere sacar tajada política de la misma, cuando el lema original es un clamor ciudadano, un decir “basta a las malas prácticas de la administración pública y a las imposiciones de un gobierno extranjero”.

necesitamos cambiar nuestra actitud, ser solidarios, dejar de pelear por el color de la camiseta, dejar de meter zancadilla al que trata de hacer las cosas, y por el contrario, reconocer sus logros. Necesitamos anteponer el bien del país por encima de los asuntos personales, y entender que mientras un mexicano sea el mayor enemigo de otro mexicano, el país seguirá empantanado.
05 Febrero 2017 04:00:00
Rompiendo silencios
Soy melómana, aun así hay una serie de sones de los que conozco poco o nada, y tal es el caso del reggaeton. Sé que es un ritmo afrocaribeño nacido en Jamaica, que emigró a Panamá, influenciado por el hip-hop, y por los efectos electrónicos de los DJ, y que cumple una función social en ciertas tribus urbanas. De alguna manera, ya sea por lo poco que he escuchado canciones de este corte, o que me inclino más por la armonía que por la letra, en realidad no sé decir de qué temática tratan estos sones reggaetoneros.

En el curso de la semana el Dr. Juan Lino Fernández, pediatra tamaulipeco, buen amigo muy avezado en redes sociales, dentro de un Foro de Pediatras al cual ambos pertenecemos compartió un video que me dejó muda. Dos jóvenes nos llaman la atención a los adultos con relación a los contenidos sonoros que escuchan los hijos, para ello reproducen un fragmento de reggaeton desglosando la letra del mismo, este habla de las distintas variaciones del acto sexual. Para quienes no estamos familiarizados con ese tipo de música, de entrada aquello no llama la atención, aunque a la hora de ir colocando la letra se distingue claramente su contenido. Más delante los mismos presentadores nos hacen ver que estos contenidos están al alcance de cualquier menor de edad, y para demostrarlo incluyen fragmentos de videos tomados de youtube, en los que niños no mayores de 10 años bailan esta misma canción, cantándola palabra por palabra. Está visto que algunos, por razón de su edad, o no alcanzan a captar el significado de la letra, o están tan familiarizados que ni se sorprenden, en tanto otros claramente se abochornan al tiempo de ir cantando, o sea que tienen alguna idea de qué se trata el contenido.

Lo más sencillo es desviar la mirada para otro lado y decir que eso sucede en cierto estrato social, pero no en el nuestro, o bien adelantar que en estos tiempos en los que todo se vale, “no hay bronca” con tales contenidos, para ignorar el asunto, borrarlo de nuestro imaginario y ponernos a pensar en cosas más agradables. Yo los animo a no caer en esta postura cómoda, sino por el contrario escuchar estas letras, entender que no es normal que un niño de 8 o de 10 años esté hablando de posiciones sexuales como si platicara de hacer palomitas. No a esa edad, no presentado de ese modo, no con ese desprecio por la figura femenina, no exaltando la función como semental de la figura masculina.

Lo anterior pone en evidencia esos terribles silencios que zanjan a la generación de los chavos con respecto a la de los adultos, sean padres o formadores. La prístina negación de los mayores frente a la maligna exposición a todo tipo de contenidos a la que están sujetos los menores de edad hoy en día. No se trata de prohibir a los chavos el acceso a redes sociales ni de colocar bajo tres candados los celulares o las tabletas… Se trata en primer término de acercarnos a los jóvenes con interés por conocer a qué contenidos acceden, poner atención a los temas que incluyen y cómo los presentan, y más delante dialogar con ellos para tratar de entender por qué les llaman la atención, y una vez que quedan claros los motivos, valorar junto con ellos si ese conducto es el más apropiado para conseguir aquello que ellos buscan. Muchas veces es la necesidad de sentirse identificado, de satisfacer su sentido de pertenencia a un grupo que él identifica valioso y validador.

Desde el momento cuando vamos con la espada desenvainada, ya hemos cortado toda posibilidad de apertura de su parte. Cuando nos espantamos con lo que conocemos o fiscalizamos, tenemos asegurado el hermetismo de los jóvenes. Alguna vez cuando una madre me pedía orientación sobre cómo manejar a sus hijos adolescentes, le sugería abrir los sentidos, captar lo que percibe y hacer cara de que nada le asusta. Es la única manera de que el chavo sienta la confianza suficiente como para abrirse, pues para saber sus cosas necesitamos que lo haga, de otro modo poco o nada vamos a lograr.

Esos silencios generados por la diferencia de edad entre jóvenes y adultos, o por la apropiación de tecnologías que ellos como nativos digitales tienen y nosotros no; esos silencios provocados por nuestros temores a indagar y luego no saber qué hacer con lo que hallemos, tanto que prefiramos suponer que no pasa nada y quedarnos en nuestra bendita ignorancia… Esos silencios son los que necesitamos romper antes de que nuestros chavos cometan un error que les cueste demasiado. Ellos saben mucho de muchas cosas, pero el valor de la experiencia no lo da más que el tiempo, y eso no debemos de olvidarlo.

Por cierto: ¿Conoces bien qué música le gusta a tus hijos? ¿Qué personajes admiran y por qué? Hoy domingo es un buen día para platicar y comenzar a averiguarlo.

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05 Febrero 2017 03:00:00
Rompiendo silencios
Soy melómana, aun así hay una serie de sones de los que conozco poco o nada, y tal es el caso del reggaeton. Sé que es un ritmo afrocaribeño nacido en Jamaica, que emigró a Panamá, influenciado por el hip hop, y por los efectos electrónicos de los DJ, y que cumple una función social en ciertas tribus urbanas. De alguna manera, ya sea por lo poco que he escuchado canciones de este corte, o que me inclino más por la armonía que por la letra, en realidad no sé decir de qué temática tratan estos sones.

En el curso de la semana el Dr. Juan Lino Fernández, pediatra tamaulipeco, buen amigo muy avezado en redes sociales, dentro de un Foro de Pediatras, al cual ambos pertenecemos, compartió un video que me dejó muda. Dos jóvenes nos llaman la atención a los adultos en relación con los contenidos sonoros que escuchan los hijos, para ello reproducen un fragmento de reggaeton desglosando la letra del mismo, este habla de las distintas variaciones del acto sexual.

Más delante los mismos presentadores nos hacen ver que estos contenidos están al alcance de cualquier menor de edad, y para demostrarlo incluyen fragmentos de videos tomados de youtube, en los que niños no mayores de 10 años bailan esta misma canción, cantándola palabra por palabra. Está visto que algunos, por razón de su edad, o no alcanzan a captar el significado de la letra, o están tan familiarizados que ni se sorprenden, en tanto otros claramente se abochornan al tiempo de ir cantando, o sea que tienen alguna idea de qué se trata el contenido.

Lo más sencillo es desviar la mirada para otro lado y decir que eso sucede en cierto estrato social, pero no en el nuestro, o bien adelantar que en estos tiempos en los que todo se vale, “no hay bronca” con tales contenidos para ignorar el asunto, borrarlo de nuestro imaginario y ponernos a pensar en cosas más agradables. Yo los animo a no caer en esta postura cómoda, sino por el contrario escuchar estas letras, entender que no es normal que un niño de 8 o de 10 años esté hablando de posiciones sexuales como si platicara de hacer palomitas. No a esa edad, no presentado de ese modo, no con ese desprecio por la figura femenina, no exaltando la función como semental de la figura masculina.

Lo anterior pone en evidencia esos terribles silencios que zanjan a la generación de los chavos con respecto a la de los adultos, sean padres o formadores. La prístina negación de los mayores frente a la maligna exposición a todo tipo de contenidos a la que están sujetos los menores de edad hoy en día. No se trata de prohibir a los chavos el acceso a redes sociales ni de colocar bajo tres candados los celulares o las tabletas… Se trata en primer término de acercarnos a los jóvenes con interés por conocer a qué contenidos acceden, poner atención a los temas que incluyen y cómo los presentan, y más delante dialogar con ellos para tratar de entender por qué les llaman la atención, y una vez que quedan claros los motivos, valorar junto con ellos si ese conducto es el más apropiado para conseguir aquello que ellos buscan.
29 Enero 2017 04:00:00
Érick y Karabo
Cada cual busca prevenir el Alzheimer de la mejor manera, a mis casi 62 años yo lo hago aprendiendo francés. Tengo un maestro muy joven con verdadera vocación por lo que hace, que convierte nuestra clase en tiempo de enriquecimiento, diversión y aprendizaje. Él acaba de regresar de una estadía de 2 años como misionero en el extranjero y tuvimos la buena fortuna de constituir su primer grupo de alumnos; en lo particular es muy gratificante ver cómo prepara sus clases y se aplica con toda la paciencia del mundo para que cada alumno logre su objetivo.

Asumiendo lo ocurrido en Monterrey hace once días como una gran asignatura personal por atender, esta semana me he ocupado de conocer las teorías de Gilles Lipovetsky, un filósofo postmoderno, autor de una teoría que viene a explicar en gran medida los fenómenos sociales que involucran a nuestros niños y adolescentes. Su primera obra publicada en 1983 se intitula: “La era del vacío”, en ella aborda el impacto que tienen los medios de difusión masiva en la transformación de los valores de una sociedad. Aun cuando su libro fue publicado antes de la proliferación de las redes sociales, contiene principios que se aplican perfectamente a los tiempos actuales. En sus últimas publicaciones Lipovetsky tiene el acierto de incluir lo relativo a los “self media” (perdón por el anglicismo), que explican el narcisismo del individuo frente a la pantalla de uso personal, propio de la que llama “época hipermoderna”. Además acuña un término muy descriptivo: “Felicidad light”.

Con relación a esto último me topo con la iniciativa de un joven sudafricano de 18 años (tres menos que mi maestro Érick) de nombre Karabo Mnisi; él propone hacer montajes de la propia muerte, fotografiarlos y subirlos a las redes sociales. Más que horroroso lo hallo patético, además de que bajo la óptica de la teoría de Lipovetsky se explica por ese vacío existencial que los chavos no hallan cómo llenar, frente a la necesidad apremiante de reinventarse ellos mismos. Lipovetsky propone que la educación le apueste en serio a la formación artística de los niños desde los primeros grados, como una forma mediante la cual el estudiante pueda sentir que vale frente a la sociedad por aquello que es capaz de expresar. Que el arte le permita asimilar el concepto de que se le reconoce por lo que sabe hacer, lo que le vuelve distinto del resto de los mortales, rompiendo de ese modo el narcisismo colectivo de nuestros tiempos, dentro del cual somos tan parecidos unos y otros, que terminamos sintiendo que la vida es un absurdo, al grado de considerar que da lo mismo tenerla que perderla. Con relación a las redes sociales señala una verdad tan profunda como lamentable, emprendemos una comunicación carente de objetivo preciso o público determinado, movida por la urgencia de expresarnos para cerciorarnos de que seguimos vivos. Esa honda sensación de vacío nos encapsula en nuestro espacio vital, y nos conduce tanto al hedonismo como a la insensibilidad frente a los demás. Todo lo que sucede en la vida real se confunde con lo que se ve en la pantalla, lo que lleva a un desapego emocional en potencia grave.

En la adolescencia el ser humano lleva a cabo un proceso de definición secundaria para luego salir a enfrentar al mundo de forma única y auténtica. Cuando el desarrollo emocional falla el chico no encuentra los elementos que le permitan llevar a cabo esa autoafirmación, de modo que lo intentará tal vez comprando para sentir que existe, o atacando para sentirse poderoso mientras navega en aguas turbulentas que amenazan con hundirlo. Su creatividad echa mano de los elementos al alcance para decir “yo soy” a cualquier precio. Ahí tenemos los dos polos, el de mi maestro Érick que a sus 21 años ya está construyendo un futuro propio, y el de Karabo de 18 jugando a morir, con el riesgo de que en una de esas se le cumpla.

Un principio de comunicación señala que a las dos semanas una noticia pierde vigencia. En tres días más se cumple ese plazo para lo acontecido en un colegio de Monterrey y que en su momento nos cimbró; en este caso no se vale cerrar el libro, sellar la historia y olvidarlo, estamos todos obligados a hacer lo necesario para que algo así nunca vuelva a ocurrir.

No está de más insistir: Los niños y jóvenes están en período de formación, no tienen capacidad para tomar todas las decisiones, no todo lo que hagan está bien hecho, para eso estamos los adultos, para señalar valores y ver porque se cumplan. La mejor manera de garantizarlo es a través del ejemplo: Enseñar amor a la vida amando la vida, enseñar fortaleza siendo fuertes; convertirnos en paradigmas de total congruencia en cada pequeño acto que emprendamos para un cambio verdadero.

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29 Enero 2017 03:00:00
Erick y Karabo
Cada cual busca prevenir el Alzheimer de la mejor manera, a mis casi 62 años yo lo hago aprendiendo francés. Tengo un maestro muy joven con verdadera vocación por lo que hace, que convierte nuestra clase en tiempo de enriquecimiento, diversión y aprendizaje. Él acaba de regresar de una estadía de dos años como misionero en el extranjero, y tuvimos la buena fortuna de constituir su primer grupo de alumnos; en lo particular es muy gratificante ver cómo prepara sus clases y se aplica con toda la paciencia del mundo para que cada alumno logre su objetivo.

Asumiendo lo ocurrido en Monterrey como una gran asignatura personal por atender, esta semana me he ocupado de conocer las teorías de Gilles Lipovetsky, un filósofo postmoderno, autor de una teoría que viene a explicar en gran medida los fenómenos sociales que involucran a nuestros niños y adolescentes. Su primera obra publicada en 1983 se titula La Era del Vacío, en ella aborda el impacto que tienen los medios de difusión masiva en la transformación de los valores de una sociedad.

eN relación con esto último me topo con la iniciativa de un joven sudafricano de 18 años (tres menos que mi maestro Erick) de nombre Karabo Mnisi; él propone hacer montajes de la propia muerte, fotografiarlos y subirlos a las redes sociales. Más que horroroso lo hallo patético, además de que bajo la óptica de la teoría de Lipovetsky se explica por ese vacío existencial que los chavos no hallan cómo llenar, frente a la necesidad apremiante de reinventarse.

En la adolescencia el ser humano lleva a cabo un proceso de definición secundaria para luego salir a enfrentar al mundo. Cuando el desarrollo emocional falla el chico no encuentra los elementos que le permitan llevar a cabo esa autoafirmación, de modo que lo intentará comprando para sentir que existe, o atacando para sentirse poderoso. Su creatividad echa mano de los elementos al alcance para decir “yo soy” a cualquier precio. Ahí tenemos los dos polos, el de mi maestro Erick que a sus 21 años ya está construyendo un futuro propio, y el de Karabo de 18 jugando a morir, con el riesgo de que en una de esas se le cumpla.
22 Enero 2017 04:00:00
Agua mala
Una de las grandes notas de esta semana es lo acontecido en un colegio particular de la ciudad de Monterrey, una dolorosa tragedia que nunca debió ocurrir. Por tal razón me permito echar mano del título del libro de la argentina Josefina Licitra para esbozar mi idea sobre lo que puede haber detrás de estos hechos.

Un jovencito, un arma, un posible anuncio en redes sociales, un aparente no dar importancia al anuncio y los hechos de sangre. Rondan mil cosas en derredor, que si había acoso escolar, que si estaba deprimido, o medicado, que si pertenecía a un grupo de troleadores en la red, que de quién era el arma y que quién lo entrenó… Y así de este modo cada cual baraja la información y arma su propia historia, difícil saber qué tan verídica, y muchas veces tan carente de humanismo.

“Agua mala” haciendo alusión a la novela de Licitra, no para referirme a un maremoto arrasador como fue el caso de la aldea argentina desaparecida que da pie a la novela. Más bien de esas humedades que van infiltrando lentamente las estructuras, y con el paso del tiempo terminan minando todo hasta provocar destrucción. Esa humedad simbólica que nosotros como sociedad no tomamos muy en cuenta, o desestimamos, esa humedad que comienza a propiciar la proliferación de parásitos, mismos que hacemos por limpiar pero al rato vuelven a pulular, puesto que el problema de fondo –la humedad—ahí sigue y avanza. Así es como imagino la situación de muchos chicos, que puede ser o no ser el caso del alumno de Monterrey, nosotros como padres atendiendo lo estrictamente necesario; desconociendo las potencialidades de los hijos; pasando por alto o racionalizando aquellos primeros signos de alarma. Y la humedad avanza, infiltra, hasta que en un momento dado la solidez del muro queda hecha polvo a nuestros pies.

Imposible medir la cantidad de comentarios en redes sociales a raíz del incidente en Monterrey, todos nos erigimos en jueces, profundos conocedores, opinamos y satanizamos; nos vamos contra los padres, o contra los maestros, pontificamos y agredimos, por desgracia algo tan común en la red.

Para resolver los problemas sociales de México necesitamos una plataforma de la cual partir, y por desgracia nuestras instituciones no la proveen puesto que no están profesionalizadas. Mientras los mandos estén en manos de políticos y no de especialistas del ramo, vamos a seguir emproblemados. Con relación a casos de violencia en adolescentes la Dra. Feggy Ostrosky, reconocida neuropsicóloga de la UNAM, y apasionada estudiosa de este fenómeno reconoce tres elementos clave: Depresión, un gran enojo y un profundo sentido de venganza, que tal vez el chico no verbalice, pero de alguna manera se manifiestan, y pueden ser detectadas por personas del entorno, siempre y cuando existan canales de comunicación, tanto en la familia como en la escuela.

En buena medida los padres jóvenes de hoy tienen grandes demandas laborales que roban mucho de su tiempo real frente a los hijos, lo que genera poca comunicación además de culpa, y tal vez se tienda a llenar esos huecos afectivos con regalos materiales, cuando el chico lo que está pidiendo es que lo miren a los ojos, lo escuchen sin juzgarlo de entrada, y ser tomado en cuenta y reconocido.

Señala la Dra. Ostrosky que no existe un gen de la maldad, pero sí neuronas-espejo que determinan la empatía hacia los demás, y estas se van apagando con la exposición continua a la violencia, así se trate de videojuegos; son hechos probados científicamente, así que habrá que revisar los contenidos temáticos que dejamos entrar a casa. Por desgracia como sociedad nos hemos acostumbrado a manejarnos en el entendido que nada es malo, y para muestra ahí tenemos a los grandes ladrones de cuello blanco a los que en ratos hasta celebramos. Es en esa confusión donde urge nuestra participación como orientadores.

En el caso de Monterrey nunca vamos a conocer la verdad última de lo ocurrido, pero sí a partir de ello estamos obligados a revisar nuestra actuación frente a los chicos, como padres, como maestros, como médicos, como ciudadanos. Ellos están pidiendo acercamiento, ser escuchados y valorados, no criminalizados. Fomentemos en ellos una identidad que les proporcione raíces; un sentido de pertenencia que les provea de seguridad, y un reconocimiento que les permita extender las alas y volar sin riesgo de venirse a pique.

Un chico es el síntoma pibote de lo que ocurre dentro de la familia, eso no es gratuito. Como sociedad civil y como instituciones profesionales estamos obligados a detectarlo. La operación mochila inicia en casa revisando en tiempo y forma mochilas de viaje, la propia y la que cargan nuestros hijos.

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22 Enero 2017 03:00:00
Agua mala
Una de las grandes notas de esta semana es lo acontecido en un colegio particular de la ciudad de Monterrey, una dolorosa tragedia que nunca debió ocurrir. Por tal razón me permito echar mano del título del libro de la argentina Josefina Licitra para esbozar mi idea sobre lo que puede haber detrás de estos hechos.

Un jovencito, un arma, un posible anuncio en redes sociales, un aparente no dar importancia al anuncio y los hechos de sangre. Rondan mil cosas en derredor, que si había acoso escolar, que si estaba deprimido, o medicado, que si pertenecía a un grupo de troleadores en la red, que de quién era el arma y que quién lo entrenó… Y así de este modo cada cual baraja la información y arma su propia historia, difícil saber qué tan verídica, y muchas veces tan carente de humanismo.

“Agua mala” haciendo alusión a la novela de Licitra, no para referirme a un maremoto arrasador como fue el caso de la aldea argentina desaparecida que da pie a la novela. Más bien de esas humedades que van infiltrando lentamente las estructuras, y con el paso del tiempo terminan minando todo hasta provocar destrucción. Esa humedad simbólica que nosotros como sociedad no tomamos muy en cuenta, o desestimamos, esa humedad que comienza a propiciar la proliferación de parásitos, mismos que hacemos por limpiar, pero al rato vuelven a pulular, puesto que el problema de fondo –la humedad—ahí sigue y avanza.

Imposible medir la cantidad de comentarios en redes sociales a raíz del incidente en Monterrey, todos nos erigimos en jueces, profundos conocedores, opinamos y satanizamos; nos vamos contra los padres, o contra los maestros, pontificamos y agredimos, por desgracia algo tan común en la red.

Para resolver los problemas sociales de México necesitamos una plataforma de la cual partir, y por desgracia nuestras instituciones no la proveen puesto que no están profesionalizadas. Mientras los mandos estén en manos de políticos y no de especialistas del ramo, vamos a seguir emproblemados. En relación con casos de violencia en adolescentes Feggy Ostrosky, reconocida neuropsicóloga de la UNAM, y apasionada estudiosa de este fenómeno, reconoce tres elementos clave: depresión, un gran enojo y un profundo sentido de venganza, que tal vez el chico no verbalice, pero de alguna manera se manifiestan, y pueden ser detectadas por personas del entorno, siempre y cuando existan canales de comunicación, tanto en la familia como en la escuela.

En buena medida los padres jóvenes de hoy tienen grandes demandas laborales que roban mucho de su tiempo real frente a los hijos, lo que genera poca comunicación, además de culpa, y tal vez se tienda a llenar esos huecos afectivos con regalos materiales, cuando el chico lo que está pidiendo es que lo miren a los ojos, lo escuchen sin juzgarlo de entrada, y ser tomado en cuenta y reconocido.
15 Enero 2017 04:00:00
Terabithia
Esta semana falleció un pensador excepcional: El polaco Zygmunt Bauman, autor del concepto de “sociedad líquida” que analiza los efectos generados por nuestra participación dentro de la Internet, mismos que repercuten en el mundo real.

La tecnología llegó para quedarse, cada dispositivo que se introduce al mercado va generando cambios en los usuarios hasta que se completa el período de apropiación, esto es, hasta que un elemento –digamos, el teléfono móvil—se integra como parte de la vida cotidiana. Los primeros teléfonos celulares que datan de 1973 y que eran privilegio de unos cuantos, han dado paso a aparatos muy variados, desechables y multiusos, que cualquiera puede adquirir, de modo que difícilmente prescindimos de su uso, ya sea para comunicarnos, informarnos o entretenernos.

Bauman allá por 1990 comenzó a profundizar en sus estudios acerca de los efectos que la apropiación de la tecnología de la información y comunicación provocaba en los usuarios. Centró su atención en la manera como la vida de relación de los seres humanos iba cambiando conforme aumentaba la utilización de distintos equipos de tecnología digital, pero sobre todo, haciendo hincapié en la forma tan escasa como nosotros los usuarios llegamos a percatarnos de esos cambios generados en nuestro comportamiento general.

Cuando visualizamos bajo la óptica de Bauman diversos fenómenos que ocurren en derredor nuestro, descubrimos una relación directa entre los contenidos transmitidos a través de la tecnología y el comportamiento de diversos sectores de la población. En los últimos cuarenta años hemos conformado sociedades que se mueven a una velocidad muy alta, constituidas por individuos que parten del principio de que todo en derredor debe funcionar como ellos lo anticipan. La tecnología da pie a seres humanos aislados y altamente egocéntricos que no alcanzan a percibir las cosas de otra forma, ello lleva a que nos volvamos poco tolerantes con quienes actúan de otra manera o a otra velocidad, y llegamos a exasperarnos fácilmente. Quisiéramos modular el mundo a voluntad, como haríamos desde la consola de un videojuego.

Una cosa deja clara el pensador desde sus primeras comunicaciones sobre el tema: El mundo virtual es un generador de ilusiones que caen más allá de cualquier realidad material, la más grave es que el mundo real tiene solidez, idea generada a partir del mundo líquido que sólo existe en la red. Dentro de las redes sociales cada individuo puede jugar a reinventarse cada día, aun cuando la imagen que proyecta por Internet tenga poca o ninguna relación con su comportamiento en el mundo real. Este manejo lúdico y altamente narcisista de nuestro imaginario nos lleva a conductas muy variadas, desde a subir un número interminable de “selfies” como una forma de cotidiana autoafirmación, hasta contenidos que dibujan el “yo ideal” que queremos alcanzar, pero que nada tienen que ver con cómo somos en realidad.

Uno de los fenómenos generados por este mundo de ilusiones es el culto a la imagen. Querámoslo o no, el efecto de una imagen de nosotros que los demás “compran” determina en buena proporción nuestra autoestima: Cómo nos vemos, qué lugares visitamos, qué compañías frecuentamos. Elementos que –según la teoría de la sociedad líquida de Bauman—nos esmeramos en pulir para vender mejor nuestra imagen en la red dentro de la cual somos a la vez consumidores y mercancía, en un sentido figurado. Así entonces, una buena imagen “lo dice todo”, aunque no esté respaldada por hechos. Del mismo modo, un buen discurso cautiva, aunque lo dicho sea totalmente ajeno a los datos duros. Es así como personajes que llamamos “mediáticos” nos atrapan de entrada, y nos apresuramos a colgarles todo tipo de atributos que al final del día descubrimos que en realidad no tenían. En la medida en que conozcamos estos fenómenos estaremos en capacidad de identificarlos, pero por desgracia es tan poco lo que se lee en nuestro país, que nos convertimos en caldo de cultivo para que estos paradigmas virtuales huecos proliferen, y vayan a provocar problemas sociales de muy variada magnitud, desde pequeños malentendidos entre amigos hasta decisiones políticas que con facilidad se llevan de encuentro a todo un país. Así se explica que haya gobiernos que apuestan todo a la imagen descuidando de manera absoluta la contundencia de las acciones reales.

Esta paradoja me recuerda el “Mundo mágico de Terabithia” que sólo existe en la imaginación de Katherine Paterson su autora, pero que nosotros por un buen rato estamos lejos de descubrir que es ficción.

Descanse en paz Zygmunt Bauman. No dejemos de ocuparnos por vivir en el mundo real, sin dejarnos seducir por el canto de las sirenas.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
15 Enero 2017 03:00:00
Terabithia en la red
Esta semana falleció un pensador excepcional: el polaco Zygmunt Bauman, autor del concepto de “sociedad líquida” que analiza los efectos generados por nuestra participación en internet, mismos que repercuten en el mundo real.

La tecnología llegó para quedarse, cada dispositivo que se introduce al mercado genera cambios en los usuarios hasta que se completa el período de apropiación, esto es, hasta que un elemento –digamos, el teléfono móvil– se integra a la vida cotidiana.

Los primeros celulares que datan de 1973, privilegio de unos cuantos, dieron paso a aparatos muy variados, desechables y multiusos, que cualquiera puede adquirir, de modo que difícilmente prescindimos de su uso, ya sea para comunicarnos, informarnos o entretenernos.

Bauman allá por 1990 comenzó a profundizar en sus estudios acerca de los efectos que la apropiación de la tecnología de la información y comunicación provocaba en los usuarios.

Centró su atención en la manera como la relación de los seres humanos iba cambiando conforme aumentaba la utilización de distintos equipos de tecnología digital, pero sobre todo, haciendo hincapié en la forma tan escasa como nosotros los usuarios llegamos a percatarnos de esos cambios generados en nuestro comportamiento general.

Cuando visualizamos bajo la óptica de Bauman diversos fenómenos que ocurren en derredor nuestro, descubrimos una relación directa entre los contenidos transmitidos a través de la tecnología y el comportamiento de diversos sectores de la población.

En los últimos 40 años conformamos sociedades que se mueven a una velocidad muy alta, constituidas por individuos que parten del principio de que todo debe funcionar como ellos lo anticipan.

La tecnología da pie a seres humanos aislados y altamente egocéntricos que no alcanzan a percibir las cosas de otra forma, ello lleva a que nos volvamos poco tolerantes con quienes actúan de otra manera o a otra velocidad, y llegamos a exasperarnos fácilmente.

Una cosa deja clara el pensador desde sus primeras comunicaciones sobre el tema: el mundo virtual es un generador de ilusiones que caen más allá de cualquier realidad material, idea generada a partir del mundo que sólo existe en la red.

Dentro de las redes sociales cada individuo puede jugar a reinventarse cada día, aun cuando la imagen que proyecta en internet tenga poca o ninguna relación con su comportamiento en el mundo real.

Esta paradoja me recuerda al Mundo Mágico de Terabithia que sólo existe en la imaginación de Katherine Paterson su autora, pero que nosotros por un buen rato estamos lejos de descubrir que es ficción.

Descanse en paz Zygmunt Bauman. No dejemos de ocuparnos por vivir en el mundo real, sin dejarnos seducir por el canto de las sirenas.
08 Enero 2017 04:00:00
A río revuelto
Quizá lo que más me duele de mi México es la forma como el uso engañoso de la palabra ha distorsionado el sentido de las cosas.

Para ejemplo tenemos el segundo discurso hueco del presidente EPN con relación a la elevación en el precio de la gasolina, que da la pauta final para considerar que la realidad suya y de la cúpula en el poder es una, mientras que la realidad lacerante de Juan Pueblo es otra, y que más allá de la perorata en el fondo no le importa en absoluto que la población sufra. Que se solidariza verbalmente pero por supuesto no renuncia a los privilegios que la función pública le otorga de manera sobrada.

A lo largo de los últimos tres sexenios, pero muy en particular en éste, grandes esfuerzos y presupuestos millonarios se han destinado a crear imágenes como hologramas, que dibujan un México que existe solo en la imaginación de sus creadores, dinero tirado a la basura, pues quienes vemos esos anuncios simplemente no los tomamos en cuenta.

No es que EPN y su gabinete estén inaugurando esta forma de comunicación. Por desgracia queda inserta en un imaginario de palabras huecas que tienden a volverse moneda de uso corriente entre los mexicanos.

El sistema nos quiere vender la idea de que el bien y el mal son relativos, y se justifican… Mediante eufemismos se busca presentar de una manera estética una realidad que en verdad hiede, digamos, se llama “vacío de poder” a la ineficiencia para gobernar; se denomina “malos manejos” o “peculado” a lo que en realidad es un robo descarado de las arcas públicas. Y así los comunicólogos oficiales se ocupan de inventar apelativos para acciones inexcusables que bajo el amparo de un término amable quedan –según ellos—justificadas.

Cada vez en forma por demás descarada los políticos utilizan un doble discurso, se enfocan a la forma desatendiendo totalmente el fondo, este último no les afecta en absoluto, puesto que ellos están más que blindados contra los daños económicos y morales que en el resto de las familias provocan las alzas. Y ni por un momento dejan de exhibir de manera cínica sus despilfarros como “clase política”.

Claro, quedarnos en la quejumbre no lleva a nada en absoluto, solamente nos sumaríamos a los usuarios de redes sociales que despotrican contra el Gobierno, o nos confundiríamos con esos delincuentes a sueldo infiltrados en las protestas callejeras, que se ocupan de desvirtuar el sentido original de las mismas.

De momento lo que nos corresponde es actuar con inteligencia para no convertirnos en carne de cañón. Que algo se diga “en la tele” o en redes sociales, no necesariamente significa que sea cierto. Hay que aprender a leer con cierta malicia los contenidos en los medios, preguntándonos quién es el autor de un texto, y qué intereses puede haber detrás, sobre todo en aquellos mensajes que nos conminan a paralizarnos o nos inspiran miedo.

Es necesario ir a las fuentes originales. Por desgracia hay muchas personas que publican en la red cuyo objetivo no es informar, sino todo lo contrario, mantener al lector confuso y atemorizado. Es un fenómeno de perversión que siempre me ha llamado la atención como la expresión de un perfil con rasgos sicopáticos, individuos que gozan con generar angustia en los lectores, y que en estos momentos cuando existen intereses políticos detrás de los contenidos en la red, más se ocupan en hacerlo.

No nos dejemos amedrentar por mensajes alarmistas, consultemos fuentes confiables, preguntemos a quienes puedan saber más de los hechos relatados. El potencial de las redes utilicémoslo a nuestro favor, con inteligencia y serenidad.

El miedo es un estado muy primitivo que se asocia con la sobrevivencia, y que será de utilidad en el momento necesario. A través del mismo los seres vivos han aprendido a distinguir condiciones favorables de otras peligrosas, a modo de sobrevivir. No permitamos que nuestro candor nos lleve a caer presas de un miedo colectivo generado por intereses ajenos al bien público, que pudieran provenir de poderes fácticos cuya finalidad es someternos, limitarnos y encauzarnos a discreción.

Es momento de analizar los problemas del país, estar dispuestos a cumplir cada uno con lo nuestro, pero a la vez exigir verdaderas medidas de austeridad por parte del Gobierno. Ya basta de estar auspiciando funcionarios que no resuelven los problemas de la nación, y que además nos cuestan tanto a los mexicanos.

No permitamos que a río revuelto salgan beneficiados los que provocan este estado de cosas, organicémonos como sociedad civil para sacar adelante a nuestro querido México. Obliguemos a los legisladores a revisar y reajustar partidas presupuestarias de acuerdo a las necesidades del momento, eliminando gastos onerosos. Y nunca olvidemos que nosotros somos el patrón.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
08 Enero 2017 03:00:00
A río revuelto
Quizá lo que más me duele de mi México es la forma como el uso engañoso de la palabra ha distorsionado el sentido de las cosas.

Para ejemplo tenemos el segundo discurso hueco del presidente EPN en relación con la elevación en el precio de la gasolina, que da la pauta final para considerar que la realidad suya y de la cúpula en el poder es una, mientras que la realidad lacerante de Juan Pueblo es otra, y que más allá de la perorata en el fondo no le importa en absoluto que la población sufra.

A lo largo de los últimos tres sexenios, pero muy en particular en éste, grandes esfuerzos y presupuestos millonarios se han destinado a crear imágenes como hologramas, que dibujan un México que existe sólo en la imaginación de sus creadores, dinero tirado a la basura, pues quienes vemos esos anuncios simplemente no los tomamos en cuenta.

No es que EPN y su gabinete estén inaugurando esta forma de comunicación. Por desgracia queda inserta en un imaginario de palabras huecas que tienden a volverse moneda de uso corriente entre los mexicanos.

Cada vez en forma por demás descarada los políticos utilizan un doble discurso, se enfocan a la forma desatendiendo totalmente el fondo, este último no les afecta en absoluto, puesto que ellos están más que blindados contra los daños económicos y morales que en el resto de las familias provocan las alzas. Y ni por un momento dejan de exhibir de manera cínica sus despilfarros como “clase política”.

Claro, quedarnos en la quejumbre no lleva a nada en absoluto, solamente nos sumaríamos a los usuarios de redes sociales que despotrican contra el gobierno, o nos confundiríamos con esos delincuentes a sueldo infiltrados en las protestas callejeras, que se ocupan de desvirtuar el sentido original de las mismas.

De momento lo que nos corresponde es actuar con inteligencia para no convertirnos en carne de cañón. Que algo se diga “en la tele” o en redes sociales, no necesariamente significa que sea cierto. Hay que aprender a leer con cierta malicia los contenidos en los medios, preguntándonos quién es el autor de un texto, y qué intereses puede haber detrás. No nos dejemos amedrentar por mensajes alarmistas, consultemos fuentes confiables, preguntemos a quienes puedan saber más de los hechos relatados.

No permitamos que a río revuelto salgan beneficiados los que provocan este estado de cosas, organicémonos como sociedad civil para sacar adelante a nuestro querido México. Obliguemos a los legisladores a revisar y reajustar partidas presupuestarias de acuerdo con las necesidades del momento, eliminando gastos onerosos. Y nunca olvidemos que nosotros somos el patrón.
01 Enero 2017 03:00:00
2017: Año de cambio
Arranca un nuevo año, nos proponemos llevar a cabo planes y proyectos con todo el entusiasmo y toda la voluntad. Este en particular será para los mexicanos un tiempo de grandes retos para sacar adelante la economía familiar pese a las severas limitaciones del exterior, un periodo en el que la industria y el comercio deberán aplicar su máxima creatividad para no naufragar.

Cuando los problemas económicos llegan al hogar, surge una crisis; la angustia existencial que implica mantener a flote las necesidades de la familia genera estados emocionales complicados que de alguna manera redundan en la calidad de las relaciones interpersonales. No perdamos de vista aquel refrán popular que reza: “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana”.

En este estado de cosas nos corresponde pues, ser muy cuidadosos con nuestros gastos, planificar, endeudarnos lo menos posible y mantener la organización de nuestras finanzas. De alguna manera será una oportunidad para aprender a vivir con menos, a mantener un buen nivel de vida dejando de lado gastos que no son indispensables.

Con respecto a las relaciones personales dentro del hogar es buen momento para revisarnos, trabajar por mantenernos enfocados en lo que finalmente es importante, y evitar generar conflictos gratuitos. Buen tiempo para poner en práctica ciertos principios que rigen las relaciones humanas, orientarnos a encontrar el punto de convergencia unos y otros, y no extraviarnos en inútiles luchas de poder.

Nos espera un año difícil en lo económico, que habrá de poner a prueba todas nuestras capacidades. Un tiempo en el que habremos de sobreponernos a los rigores del exterior para sacar adelante lo esencial. Si no lo habíamos hecho antes, es ahora cuando corresponde a la sensatez imponerse por encima de tantas otras cosas como lo es la moda, dado que lo importante en un producto no es la marca sino su utilidad; necesario comenzar a entender que las riquezas en esta vida, las que finalmente nos llevamos al momento en que partimos, no tienen nada que ver con el mercado de consumo.

Quienes tenemos edad para hacerlo, recordamos las grandes crisis de 1981 y de 1994 que dejaron su estela de desgracias personales irreparables. Fueron tiempos en que los ciudadanos de pronto nos convertimos en delincuentes, al no poder afrontar las exigencias financieras que se generaron, no por nuestra causa, sino por la impericia de nuestros gobernantes y la voracidad de los banqueros. Que no nos apague el entusiasmo la recesión que se anuncia.

2017: Tiempo de un cambio renovador, forzados por circunstancias del exterior, ocupados en desarrollar un sentido humanista y trascendente. No hay más que de dos sopas, la del espíritu entrón y creativo, y la que se terminó.
31 Diciembre 2016 04:00:00
2017: Año de cambio
Arranca un nuevo año, nos proponemos llevar a cabo planes y proyectos con todo el entusiasmo y toda la voluntad. Este en particular será para los mexicanos un tiempo de grandes retos para sacar adelante la economía familiar pese a las severas limitaciones del exterior, un periodo en el que la industria y el comercio deberán aplicar su máxima creatividad para no naufragar. Lo vemos venir y nos enoja, pues es la consecuencia de un sistema de gobierno que ha pretendido vendernos palabras y no resultados.

Cuando los problemas económicos llegan al hogar, surge una crisis; la angustia existencial que implica mantener a flote las necesidades de la familia genera estados emocionales complicados que de alguna manera redundan en la calidad de las relaciones interpersonales. No perdamos de vista aquel refrán popular que reza: “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana”. Sirva para estar conscientes de que viene un año difícil para todos, resultado de malas decisiones administrativas de nuestros gobernantes para las que no se tomó en cuenta la voluntad ciudadana, asunto que debemos vigilar para que no dañe nuestro espíritu.

En este estado de cosas nos corresponde pues, ser muy cuidadosos con nuestros gastos, planificar, endeudarnos lo menos posible, y mantener la organización de nuestras finanzas. De alguna manera será una oportunidad para aprender a vivir con menos, a mantener un buen nivel de vida dejando de lado gastos que no son indispensables. Ocasión para despegarnos un tanto del consumismo y asumir ese concepto de que el valor del ser humano no se halla fincado en su capacidad adquisitiva sino en su potencial creador.

Con respecto a las relaciones personales dentro del hogar es buen momento para revisarnos, trabajar por mantenernos enfocados en lo que finalmente es importante, y evitar generar conflictos gratuitos. Buen tiempo para poner en práctica ciertos principios que rigen las relaciones humanas, orientarnos a encontrar el punto de convergencia unos y otros, y no extraviarnos en inútiles luchas de poder. Ahora menos que nunca debemos permitir esas desgastantes afrentas que no llevan a nada constructivo dentro del hogar; es ahora cuando debemos, de manera seria, trabajar conscientemente por fomentar la armonía familiar.

Nos espera un año difícil en lo económico, que habrá de poner a prueba todas nuestras capacidades. Un tiempo en el que habremos de sobreponernos a los rigores del exterior para sacar adelante lo esencial. Si no lo habíamos hecho antes, es ahora cuando corresponde a la sensatez imponerse por encima de tantas otras cosas como lo es la moda, dado que lo importante en un producto no es la marca sino su utilidad; necesario comenzar a entender que las riquezas en esta vida, las que finalmente nos llevamos al momento en que partimos, no tienen nada que ver con el mercado de consumo.

Sea Este un inicio de año diferente, una prueba para nuestro potencial creativo en todos los sentidos, un tiempo para trabajar el estado de cosas dentro de la familia de manera de mantener un equilibrio en los aspectos más importantes, cuidando al máximo que las restricciones del exterior no hagan mella en nuestro estado de ánimo, para no caer en la desesperanza y el abatimiento.

Quienes tenemos edad para hacerlo, recordamos las grandes crisis de 1981 y de 1994 que dejaron su estela de desgracias personales irreparables. Fueron tiempos en que los ciudadanos de pronto nos convertimos en delincuentes, al no poder afrontar las exigencias financieras que se generaron, no por nuestra causa, sino por la impericia de nuestros gobernantes y la voracidad de los banqueros. Que no nos apague el entusiasmo la recesión que se anuncia y claro, hagamos valer nuestro poder ciudadano de manera pacífica y civilizada para comenzar a desarticular el sistema plutocrático que tanto nos ha dañado.

Enseñemos a nuestros niños el valor del dinero, fomentemos en ellos la capacidad de autogestión. Qué mejor momento para alejarnos de los contenidos tóxicos de la televisión que presentan paradigmas de ficción para nuestros incautos jóvenes, quienes tantas veces pretenden empatarlos en la vida real y –obvio—no lo logran. Ningún humano de carne y hueso tiene en su persona todos los atributos de los personajes de las telenovelas, eso no es más que un montaje, y más nos vale a todos entenderlo. Del mismo modo desterremos esos programas que venden como diversión contenidos que no hacen más que embotar la capacidad crítica del televidente.

2017: Tiempo de un cambio renovador, forzados por circunstancias del exterior, ocupados en desarrollar un sentido humanista y trascendente. No hay más que de dos sopas, la del espíritu entrón y creativo, y la que se terminó.


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25 Diciembre 2016 04:00:00
Navidad por la paz
Un privilegio publicar en la Navidad y de esta manera estar en posición de desear a quien me premia con su lectura la mejor de las celebraciones.

En este año, cuando la violencia ha mostrado al mundo su cara más descarnada, sea el nacimiento del Amor la más grande ocasión de esperanza.

De la misma manera, sea momento para cada cual de una íntima revisión personal, medir si lo que hacemos y dejamos de hacer contribuye a la paz.

Finalmente lo que sucede en los grandes escenarios nace justo aquí en nuestros corazones, en los propios hogares, en la intimidad de la convivencia familiar.

Muy en particular nuestros actos u omisiones hacia los más pequeños habrán de tener efectos en abanico para el tiempo venidero.

Cada vez que se propina un golpe, cada vez que se escatima una caricia, un abrazo, una palabra cálida a un niño, se siembra una semilla de resentimiento.

En palabras de Francis Thompson: “No puedes agitar una flor sin conturbar una estrella”.

¿Por qué no ser, por lo pronto hoy, corteses en nuestro trato con los semejantes? No importa si nunca hemos visto a aquellas personas o si lucen hostiles…

Aun cuando ese gesto amable no sea agradecido ni correspondido, viene a ser una caricia para el mundo, que tendrá un efecto acumulativo.

Actuemos como la mansa corriente sobre la roca más rugosa a la que termina puliendo, no por la fuerza sino por la constancia.

Las matemáticas nunca han contribuido a la creación de todo aquello que finalmente viene a mejorar al mundo.

Hoy es un buen momento para compartir la alegría de estar vivos, con una salud que nos permite festejar, una familia que nos acepta y que sabe estar con nosotros en todo momento, y unos amigos que amplían nuestro círculo de afectos. Buen momento para actuar a favor de la paz mundial a través del corazón, partiendo de lo más cercano a nuestra propia persona.

Hagamos el cambio que el mundo tanto necesita, creamos en que podemos lograrlo, y hagamos de estas las fiestas para la paz del mundo, trabajando nuestra pequeña parcela personal.

24 Diciembre 2016 04:00:00
Navidad por la paz
Un privilegio publicar en la Navidad y de esta manera estar en posición de desear a quien me premia con su lectura la mejor de las celebraciones.

En este año en particular, cuando la violencia ha mostrado al mundo su cara más descarnada, sea el nacimiento del amor más grande ocasión de esperanza.

De la misma manera, sea momento para cada cual de una íntima revisión personal, medir si lo que hacemos y dejamos de hacer contribuye a la paz.

Finalmente lo que sucede en los grandes escenarios nace justo aquí en nuestros corazones, en los propios hogares, en la intimidad de la convivencia familiar.

Muy en particular nuestros actos u omisiones hacia los más pequeños habrán de tener efectos en abanico para el tiempo venidero.

Cada vez que se propina un golpe, cada vez que se escatima una caricia, un abrazo, una palabra cálida a un niño, se siembra una semilla de resentimiento.

En palabras de Francis Thompson: “No puedes agitar una flor sin conturbar una estrella”.

¿Por qué no ser, por lo pronto hoy, corteses en nuestro trato con los semejantes? No importa si nunca hemos visto a aquellas personas o si lucen hostiles…

Aun cuando ese gesto amable no sea agradecido ni correspondido, viene a ser una caricia para el mundo, que tendrá un efecto acumulativo.

Actuemos como la mansa corriente sobre la roca más rugosa a la que termina puliendo, no por la fuerza sino por la constancia.

Las matemáticas nunca han contribuido a la creación de todo aquello que finalmente viene a mejorar al mundo.

Es el arriesgarse a dar un poco más de lo recibido lo que finalmente contribuye a tender puentes entre corazones.

Muy necesario es para todos sentir ese calorcito dentro del pecho que nos señala que estamos vivos y que formamos parte de algo superior a la propia persona.

Percibir que a través de nuestros actos podemos trascender las limitaciones propias del ente físico que nos alberga.

Para darnos cuenta de ello observemos cómo se vuelca en ternura el hombre más bragado frente a las muestras de amor de la pareja o de los hijos.

Ahí, y no en otro instante, radica la verdadera esencia de su persona, ese espíritu que da un sentido a la propia existencia, una razón para poner ese esfuerzo extra.

Tal vez nuestro mundo ha producido últimamente muchos seres humanos como islas que se olvidan de esa parte suya que nos conecta con el resto de la humanidad.

De alguna manera nos sentimos aislados en medio del tumulto anónimo que pareciera arrastrarnos hacia un destino que nosotros no elegimos.

Nuestras asideras para no ser llevados por la corriente son precisamente esas, las que emanan del corazón y nos otorgan una certeza.

Un niño que se sabe amado por lo que él es, al margen de sus actos, crecerá creyendo en la vida como algo bueno.

Por otra parte, aquel pequeño que enfrenta rechazo y que nunca logra estar a la altura de las expectativas de sus mayores, anidará grandes resentimientos.

No podemos perder de vista aquella materia preciosa que se nos da temporalmente en la persona de los hijos para su modelado, tarea frente a la cual somos artistas privilegiados.

Sean, pues estas fiestas, la mejor ocasión para encauzar nuestros sentimientos en todo aquello que habitualmente estamos muy agitados para tomar en cuenta.

Nuestro mundo va a cambiar de acuerdo con los cambios que cada uno de nosotros vaya haciendo en su propio entorno…

Cuando actuemos de manera sistemática orientados hacia los valores que dan sentido último a nuestras acciones.

El mundo se irá transformando cuando no nos amilane otorgar ese esfuerzo extra sin tomar en cuenta si seremos retribuidos por ello.

No se trata de las grandes odiseas sobre el planeta Tierra. Son nada más que los pequeños abalorios de cada día, que finalmente constituyen un todo precioso para la historia.

Las grandes guerras que se dan finalmente por codicia, se extinguen cuando el ser humano entiende que el sentido último de sus actos no está en el polvo que sus pies pisan.

Sea cual fuere nuestra propia concepción de un principio superior, las cosas cambiarán en la medida en que entendamos que el puerto al que vamos está más allá de los límites de nuestra propia piel.

Hoy es un buen momento para compartir la alegría de estar vivos, con una salud que nos permite festejar, una familia que nos acepta y que sabe estar con nosotros en todo momento, y unos amigos que amplían nuestro círculo de afectos.

Buen momento para actuar a favor de la paz mundial a través del corazón, partiendo de lo más cercano a nuestra propia persona.

Hagamos el cambio que el mundo tanto necesita, creamos en que podemos lograrlo, y hagamos de éstas las fiestas para la paz del mundo, trabajando nuestra pequeña parcela personal.

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18 Diciembre 2016 04:00:00
Ana Gabriela y más
Vivimos tiempos de elevado contenido visual, todo aquello que entra por nuestros ojos tiene un impacto directo en pensamientos y emociones, y repercute en como actuamos; lo sabemos o al menos lo intuimos. Las redes sociales se han convertido en un foro público que vuelve comunes las causas particulares, adquiriendo además un sesgo importante dado por la distorsión natural del mensaje, o bien por intereses particulares que de manera intencionada tergiversan los contenidos para ir al terreno del amarillismo. Hasta los asuntos eminentemente privados se convierten, por obra y gracia de la red, en tópicos públicos, tendencia de la que nadie se salva, y que obliga a incluir un código actualizado de comportamiento que incluya cómo actuar para el caso de ir a parar a las redes sociales.

De esta manera la golpiza propinada a la senadora Ana Gabriela Guevara se volvió asunto público, y como la terrible agresión ocurrió en plena vía pública, hubo muchas cámaras que grabaron lo que sucedía, y que ahora están aportando lo necesario para la captura de los agresores.

Definitivamente una conducta así de violenta da cuenta de que nuestra sociedad anda mal, produciendo individuos con cero tolerancia a la frustración, que al primer contratiempo reaccionan con una agresividad inusual, con encono, descargando una ira histórica que encuentra en ese justo momento un blanco contra el cual volcarse. Por desgracia situaciones de esta índole son cada vez menos la excepción, y como grupo humano corremos el riesgo de acostumbrarnos a percibirlas como algo natural. Antes de que ello pueda ocurrir estamos obligados a efectuar un análisis minucioso de los posibles motivos que llevan a un individuo a actuar de este modo para tratar de desarticular estos comportamientos en el período cuando se está organizando la conducta humana.

Nuevamente echo mano de esa herramienta tan útil para el proceso de tratar de entenderlos comportamientos: Al actuar de ese modo, ¿qué busca lograr el niño que ese individuo lleva dentro? En este caso el niño buleador que lleva dentro quien encabezó la agresión contra la senadora refleja frustración por el estado actual de cosas, refleja impotencia frente a hechos que le resultan adversos, y se propone acabar con ellos, de modo que ahora que está en posición para descargar todo su odio, lo hace como por impulso. Igual pudo haber sido el camión de la basura, un perro pulgoso o qué sé yo, aquello que obstaculizaba su actuar era un símbolo nada más, un simple disparador de esa violencia que había estado haciendo antesala en su interior y que había que sacar, una acción totalmente irracional que deja de serlo hasta el momento cuando Ana Gabriela se quita el casco dando oportunidad al agresor de identificarla, imaginar las consecuencias de sus actos y huir. Ahora dos de los agresores detenidos dicen que no supieron de quién se trataba, entiéndase pues, que de haberlo sabido no la habrían atacado, pero que si no ha sido alguien importante sí lo habrían desbaratado a golpes.

Por el mismo orden sucedió en días pasados algo en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. con un indigente que tuvo la mala fortuna de quedarse dormido en las afueras de la catedral. Durante la noche un par de jovenzuelos lo rociaron con gasolina y le prendieron fuego, provocándole severas quemaduras en la mitad derecha de su cuerpo. Ese delito es un acto de extrema e irracional violencia contra quien –supongo—para los agresores no tiene un valor como persona. ¿Hubieran hecho lo mismo si se tratara de un político o un empresario reconocido? La respuesta lógica es “no”, porque para la mentalidad de tales “juniors” salvajes estos últimos sí tienen clase y son dignos de respeto.

¡Qué desgracia de seudovalores nos rigen! Y nuevamente, en gran medida producto de contenidos que ingresan a través de nuestros ojos vía la televisión o la internet, para pasar a formar parte del imaginario colectivo de un pueblo mal informado, resentido e iracundo, que no se halla en condiciones de modificar esos malos hábitos, pues para hacerlo tendría que entender que lo son, y para entender que lo son sería menester un nivel de cultura y de sensibilidad social que, está visto, no posee.

La senadora está con vida, puede contarlo, y ha decidido hacer de este tópico muy personal una causa que habrá de llevar muy lejos, a favor de la no-violencia, en particular hacia las mujeres. Confiemos en que el sistema haga lo suyo para poner a todos los involucrados ante la autoridad, de modo que se imparta la debida justicia.

Más allá de esto último, trabajemos por una sociedad capaz de dar salida a los conflictos y a las aspiraciones de sus ciudadanos, de modo que estén en condiciones de trabajar a favor de un clima de paz para todos.

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18 Diciembre 2016 03:00:00
Ana Gabriela y más
Vivimos tiempos de elevado contenido visual, todo aquello que entra por nuestros ojos tiene un impacto directo en pensamientos y emociones, y repercute en cómo actuamos.

Las redes sociales se han convertido en un foro público que vuelve comunes las causas particulares, adquiriendo además un sesgo importante dado por la distorsión natural del mensaje, o bien por intereses particulares que de manera intencionada tergiversan los contenidos para ir al terreno del amarillismo.

De esta manera la golpiza propinada a la senadora Ana Gabriela Guevara se volvió asunto público, y como la terrible agresión ocurrió en plena vía pública, hubo muchas cámaras que grabaron lo que sucedía, y que ahora están aportando lo necesario para la captura de los agresores.

una conducta así de violenta da cuenta de que nuestra sociedad anda mal, produciendo individuos con cero tolerancia a la frustración, que al primer contratiempo reaccionan con una agresividad inusual, con encono, descargando una ira histórica que encuentra en ese justo momento un blanco contra el cual volcarse. Por desgracia situaciones de esta índole son cada vez menos la excepción, y como grupo humano corremos el riesgo de acostumbrarnos a percibirlas como algo natural. Antes de que ello pueda ocurrir estamos obligados a efectuar un análisis minucioso de los posibles motivos que llevan a un individuo a actuar de este modo para tratar de desarticular estos comportamientos en el período cuando se está organizando la conducta humana.

¡Qué desgracia de seudovalores nos rigen! Y nuevamente, en gran medida producto de contenidos que ingresan a través de nuestros ojos vía la televisión o internet, para pasar a formar parte del imaginario colectivo de un pueblo mal informado, resentido e iracundo, que no se halla en condiciones de modificar esos malos hábitos, pues para hacerlo tendría que entender que lo son, y para entender que lo son sería menester un nivel de cultura y de sensibilidad social que, está visto, no posee.

La senadora está con vida, puede contarlo, y ha decidido hacer de este tópico muy personal una causa que habrá de llevar muy lejos, a favor de la no-violencia, en particular hacia las mujeres. Confiemos en que el sistema haga lo suyo para poner a todos los involucrados ante la autoridad, de modo que se imparta la debida justicia.

Más allá de esto último, trabajemos por una sociedad capaz de dar salida a los conflictos y a las aspiraciones de sus ciudadanos, de modo que estén en condiciones de trabajar a favor de un clima de paz.
11 Diciembre 2016 04:05:00
Tradiciones y contradicciones
Estas fiestas decembrinas se hallan revestidas de una magia particular, que de alguna manera nos remonta a los años de infancia cuando las cosas sucedían de forma esplendorosa por causa de la imaginación. Es la temporada del año en la cual permitimos a nuestro niño interior aflorar de manera natural para divertirnos. Así es esta época que de manera folclórica bautizamos los mexicanos: Maratón Guadalupe-Reyes para significar las fechas cuando el espíritu festivo flota en el ambiente.

Un segundo plano oscuro en torno a estas celebraciones, paradójico y contradictorio se despliega desde inicios de mes y tiene que ver con ese mismo afán de festinar, sacando a flote pulsiones poco civilizadas que afectan la convivencia con quienes no son de nuestro entorno inmediato. Hace días regresaba de una fiesta al filo de las 11 de la noche por una calle angosta de un sector residencial, cuando de súbito aparece detrás del mío un vehículo que se desplaza a gran velocidad, el ancho de la calle difícilmente permite que me rebase, y delante hay un bordo frente al que hay forzosamente que frenar. Por obra y gracia de Dios en un tramo en particular hubo el modo de que ambos vehículos cupieran, de modo que pasó a un costado mío sin reducir su velocidad, y sin frenar en absoluto frente al bordo, para seguirse de largo, aun cuando el crucero unos metros más delante le marcaba alto. Para mi fortuna no me impactó, algo que inicialmente supuse inminente.

El anterior es un ejemplo de lo que con elevada frecuencia ocurre en esta temporada del año, cuando en un afán por cumplir con las tradiciones nos aceleramos para tornarnos impacientes y rudos.

Otra gran paradoja de la temporada es que gastamos hasta lo que no tenemos (vía líneas de crédito) en comprar de manera poco reflexiva. Con unos cuantos billetes en la mano todo se nos hace fácil y gastamos de más, para luego estar lamentándolo en enero, cuando la excitación de la temporada ha pasado y volvemos a colocar los pies en tierra firme.

Tradiciones y contradicciones: ese celebrar de la mano del consumismo dejando de lado el significado último de la Navidad. Viene a mi memoria una reflexión leída en algún tratado religioso que habla sobre el nacimiento de Jesús en Belén, y que en lo particular me resulta hermosa e iluminadora: Siendo Jesús rey de reyes eligió la cuna más humilde para que ningún hombre sobre la tierra se sintiera cohibido frente a él. De alguna manera ese poder de seducción del consumismo nos va envolviendo y convierte las fiestas en una pasarela glamorosa, barajando elementos propios de ese “tener para ser” que no guardan relación alguna con la festividad religiosa.

Para quienes no comulgan con el carácter religioso de esta ocasión, sea de igual modo una hermosa oportunidad para exaltar y compartir los sentimientos más nobles del ser humano, que tienen que ver con la compasión, la misericordia y la empatía, en decir “me pongo en tus zapatos y vivo tu realidad como un acto de amor”. Quizás uno de los mayores problemas de la comunicación que nos está tocando vivir es que (dentro del aislamiento que todos desarrollamos) de alguna manera espero que los demás actúen conforme a mi propio modo de actuar, y como esto no ocurre, se genera una sensación de inconformidad con esa persona y con la vida.

Diciembre, Una época que llama a la auténtica generosidad, a descubrir a los demás y por un momento obsequiar un gesto de amabilidad, un detalle de cortesía, un ponernos en los zapatos del otro para regalarle un momento de aceptación y buena voluntad. Tradiciones hermosas, gratuitas y enriquecedoras, a través de las cuales solazarnos. Que podamos crear entre todos, con propios y extraños, una calidez navideña que pueble los corazones del mundo de buenos sentimientos.
11 Diciembre 2016 04:00:00
Tradiciones y contradicciones
Estas fiestas decembrinas se hallan revestidas de una magia muy particular que de alguna manera nos remonta a los años de infancia cuando las cosas sucedían de forma esplendorosa por causa de la imaginación. Es la temporada del año en la cual permitimos a nuestro niño interior aflorar de manera natural para divertirnos, cantar, reír y dejarnos llevar por la algarabía contagiosa y quizás hasta imprudente, que llega a colocarnos en situación de riesgo. Así es esta época que de manera folclórica bautizamos los mexicanos: “Maratón Guadalupe-Reyes” para significar las fechas cuando el espíritu festivo flota en el ambiente.

Un segundo plano oscuro en torno a estas celebraciones, paradójico y contradictorio se despliega desde inicios de mes y tiene que ver con ese mismo afán de festinar, sacando a flote pulsiones poco civilizadas que afectan la convivencia con quienes no son de nuestro entorno inmediato. El día de ayer regresaba de una fiesta al filo de las once de la noche por una calle angosta de un sector residencial, cuando de súbito aparece detrás del mío un vehículo que se desplaza a gran velocidad, el ancho de la calle difícilmente permite que me rebase, y delante hay un bordo frente al que hay forzosamente que frenar. Por obra y gracia de Dios en un tramo en particular hubo el modo de que ambos vehículos cupieran, de modo que pasó a un costado mío sin reducir su velocidad, y sin frenar en absoluto frente al bordo, para seguirse de largo, aun cuando el crucero unos metros más delante le marcaba alto. Para mi fortuna no me impactó, algo que inicialmente supuse inminente.

El anterior es un ejemplo de lo que con elevada frecuencia ocurre en esta temporada del año, cuando en un afán por cumplir con las tradiciones nos aceleramos para tornarnos impacientes y rudos. Ya que con miras a celebrar el amor más grande, el de Jesús de Nazaret, hacemos gala de violencia en sus distintos modos y grados en nuestro trato con aquellos que tienen la mala fortuna de coincidir con nosotros en la vía pública o en los centros comerciales.

Otra gran paradoja de la temporada es que gastamos hasta lo que no tenemos (vía líneas de crédito) en comprar de manera poco reflexiva. Con unos cuantos billetes en la mano todo se nos hace fácil y gastamos de más, para luego estar lamentándolo en enero, cuando la excitación de la temporada ha pasado y volvemos a colocar los pies en tierra firme.

Tradiciones y contradicciones: Ese celebrar de la mano del consumismo dejando de lado el significado último de la Navidad. Ahora viene a mi memoria una reflexión leída en algún tratado religioso que habla sobre el nacimiento de Jesús en Belén, y que en lo particular me resulta hermosa e iluminadora: Siendo Jesús rey de reyes, eligió la cuna más humilde para que ningún hombre sobre la tierra se sintiera cohibido frente a él. De alguna manera ese poder de seducción del consumismo nos va envolviendo y convierte las fiestas en una pasarela glamorosa, barajando elementos propios de ese “tener para ser” que no guardan relación alguna con la festividad religiosa que se celebra en estas fechas.

Para quienes no comulgan con el carácter religioso de esta ocasión, sea de igual modo una hermosa oportunidad para exaltar y compartir los sentimientos más nobles del ser humano, que tienen que ver con la compasión, la misericordia y la empatía, en decir “me pongo en tus zapatos y vivo tu realidad como un acto de amor”. Quizás uno de los mayores problemas de la comunicación que nos está tocando vivir es que –dentro del aislamiento que todos desarrollamos– de alguna manera espero que los demás actúen conforme a mi propio modo de actuar, y como esto no ocurre, se genera una sensación de inconformidad con esa persona y con la vida. Se nos olvida que los sentidos son ventanas al mundo a través de las cuales asomarnos y percibir la realidad de los demás, y no precisamente esperando que los demás vengan a asomarse a ellas para conocernos. Como dijera Facundo Cabral, somos una generación de distraídos que no tiene el tiempo o la acuciosidad para mirar más allá de su propia nariz.

Diciembre: Una época que llama a la auténtica generosidad, a descubrir a los demás y por un momento obsequiar un gesto de amabilidad, un detalle de cortesía, un ponernos en los zapatos del otro para regalarle un momento de aceptación y buena voluntad. Tradiciones hermosas, gratuitas y enriquecedoras, a través de las cuales solazarnos. Que podamos crear entre todos, con propios y extraños, una calidez navideña que pueble los corazones del mundo de buenos sentimientos, que tanta falta hacen.

Felices y sanas fiestas para todos. Que concluyamos la temporada de la mano de una renovada esperanza en la humanidad.

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04 Diciembre 2016 04:00:00
La desilusión y otros demonios
Hay imágenes que llegan para quedarse, en lo personal evoco entre estas la de un niño pequeño durante la Guerra Civil Española, a quien acaban de regalar un par de zapatos, su expresión denota que no cabe de felicidad abrazando aquel tesoro; es de esas fotografías tonificantes que puedo ver una y mil veces sin cansarme. Algo similar observé en fechas recientes, se trataba de un adulto que salía de un comercio con un par de zapatos nuevos, no podría precisar datos del producto, lo que mi ojo capturó fue la caja de calzado, y por encima de todo ello el gesto de aquel joven adulto en una expresión a la cual bauticé: “El dulce sabor de la ilusión”, inspirador término que me dio para mucho más que imaginar y pensar, y que hoy deseo compartir.

Uno de los problemas graves del consumismo es pretender cubrir las necesidades afectivas con objetos materiales, en lo que el diseñador y productor cinematográfico Tom Ford ha denominado de manera muy atinada: “La cultura de las cosas”, tendencia que genera un creciente vacío interior, mismo que tratará de llenarse del modo más accesible, con cosas materiales, lo que convierte aquello en un círculo vicioso con que genera hartazgo y vacío.

Esta concepción consumista de “tengo, luego existo” que contraviene los principios del clásico cartesiano “Cogito ergo sum” es el disparador absoluto para el consumo dentro de una sociedad como la nuestra, elemento por el cual nunca dejaremos de comprar lo último en el mercado, la nueva versión, la tendencia de moda… De manera subliminal aquel mensaje nos conduce a asumir que el mundo nos valora por lo que tenemos, ocupándonos entonces de no quedar rezagados en el sistema de la perpetua innovación. De este modo tan absurdo como avasallador, los consumidores alimentamos de manera continua el inextinguible fuego del mercado.

En este extraño mundo que nos hemos creado una constante es el vacío interior que tal vez los adultos adormecemos mediante la utilización de químicos, el barullo o el sexo efímero, sin embargo hay una pequeña figura que con frecuencia se descuida, un espíritu que se queda en medio de aquel caos con un vacío imposible de llenar, lo que traerá a la larga problemas estructurales graves. Las sociedades modernas producen una enorme cantidad de niños solos, que aparte de su estado de abandono, en ocasiones llevan cargas extracurriculares agobiantes que poco apuestan a la generación de infancias felices.

Un pequeño cambiaría la tableta más costosa por una tarde con papá o mamá; sin dudarlo descartaría cualquier juguete de tercera generación a cambio de la compañía cálida y enriquecedora de alguien que le manifieste que lo quiere, que lo acepta y que es importante, porque muy en el fondo lo que el chiquito desearía es saberse valorado por los demás por lo que él es, y nada más. Esos chiquitos necesitan satisfacer a toda costa su sentido de pertenencia, tener la seguridad de que sobre el planeta existe un punto bendito llamado “hogar” dentro del cual son siempre tomados en cuenta, amados y reconocidos.

Esos niños solos crecen sin una escala de valores que los afiance al planeta, de modo que el concepto de la vida misma es muy relativo, y no dudarán en jugársela sin medir las consecuencias, pues ellos no han asimilado el hecho de que la muerte es para siempre. Desde la soledad y la plétora material nuestros niños difícilmente logran establecer una escala funcional de valores. No hay mucho de donde abrevar comportamientos que funcionen a modo de paradigmas, y luego sobrevienen las tragedias, como la recién acontecida en esta frontera con dos adolescentes que terminaron muertos de manera absurda en un juego de ruleta rusa. De ninguna manera podríamos levantar un dedo y señalar culpables, desconocemos a fondo lo que sucedió, y aun cuando lo conociéramos, no es nuestro papel convertirnos en jueces de nadie, sin embargo desde aquí podemos unirnos al dolor inacabable de esos padres y volver la vista al resto de chicos que pudieran hallarse en circunstancias similares, y de alguna manera actuar para evitar que una tragedia de esta magnitud pueda repetirse.

N.L. Kleinfield ganó el Pulitzer de Periodismo 2015 por un reportaje que habla de George Bell, un hombre solo en la Gran Manzana, acumulador compulsivo que terminó rodeándose de objetos materiales para acallar su soledad. De alguna manera a todos estremece porque a todos retrata, me hace recordar “El Grito” de Edvard Munch, cuya descarnada imagen nos atrapa porque condensa los pequeños gritos que todos llevamos dentro.

“Desilusión”, terrible realidad que viven nuestros niños en un mundo consumista del cual todos somos responsables. Tiempo entonces de poner las cosas en perspectiva y sanar vidas.

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04 Diciembre 2016 03:00:00
La desilusión y otro demonios
Hay imágenes que llegan para quedarse, en lo personal evoco entre éstas la de un niño pequeño durante la Guerra Civil Española, a quien acaban de regalar un par de zapatos, su expresión denota que no cabe de felicidad abrazando aquel tesoro; es de esas fotografías tonificantes que puedo ver una y mil veces sin cansarme.

Algo similar observé en fechas recientes, se trataba de un adulto quien salía de un comercio con un par de zapatos nuevos, no podría precisar datos del producto, lo que mi ojo capturó fue la caja de calzado, y por encima de todo ello el gesto de aquel joven adulto en una expresión a la cual bauticé: “El dulce sabor de la ilusión”, inspirador término que me dio para mucho más que imaginar y pensar, y que hoy deseo compartir.

Uno de los problemas graves del consumismo es pretender cubrir las necesidades afectivas con objetos materiales, en lo que el diseñador y productor cinematográfico Tom Ford ha denominado de manera muy atinada “La cultura de las cosas”, tendencia que genera un creciente vacío interior, mismo que tratará de llenarse del modo más accesible, con cosas materiales, lo que convierte aquello en un círculo vicioso con que genera hartazgo y vacío.

En este extraño mundo que nos hemos creado, una constante es el vacío interior que tal vez los adultos adormecemos mediante la utilización de químicos, el barullo o el sexo efímero, sin embargo hay una pequeña figura que con frecuencia se descuida, un espíritu que se queda en medio de aquel caos con un vacío imposible de llenar.

Un pequeño cambiaría la tableta más costosa por una tarde con papá o mamá; sin dudarlo descartaría cualquier juguete de tercera generación a cambio de la compañía cálida y enriquecedora de alguien que le manifieste que lo quiere, que lo acepta y que es importante, porque muy en el fondo lo que el chiquito desearía es saberse valorado por los demás por lo que él es, y nada más. Esos chiquitos necesitan satisfacer a toda costa su sentido de pertenencia, tener la seguridad de que sobre el planeta existe un punto bendito llamado “hogar” dentro del cual son siempre tomados en cuenta, amados y reconocidos.

Esos niños solos crecen sin una escala de valores que los afiance al planeta, de modo que el concepto de la vida misma es muy relativo, y no dudarán en jugársela sin medir las consecuencias, pues ellos no han asimilado el hecho de que la muerte es para siempre. Desde la soledad y la plétora material nuestros niños difícilmente logran establecer una escala funcional de valores. No hay mucho de donde abrevar comportamientos que funcionen a modo de paradigmas, y luego sobrevienen las tragedias, como la recién acontecida en esta frontera con dos adolescentes que terminaron muertos de manera absurda en un juego de ruleta rusa.

De ninguna manera podríamos levantar un dedo y señalar culpables, desconocemos a fondo lo que sucedió, y aun cuando lo conociéramos, no es nuestro papel convertirnos en jueces de nadie, sin embargo desde aquí podemos unirnos al dolor inacabable de esos padres y volver la vista al resto de chicos que pudieran hallarse en circunstancias similares, y actuar para evitar que una tragedia de esta magnitud pueda repetirse.

N.L. Kleinfield ganó el Pulitzer de Periodismo 2015 por un reportaje que habla de George Bell, un hombre solo en la Gran Manzana, acumulador compulsivo que terminó rodeándose de objetos materiales para acallar su soledad. De alguna manera a todos estremece porque a todos retrata, me hace recordar El Grito de Edvard Munch, cuya descarnada imagen nos atrapa porque condensa los pequeños gritos que todos llevamos dentro.

“Desilusión”, terrible realidad que viven nuestros niños en un mundo consumista del cual todos somos responsables. Tiempo entonces de poner las cosas en perspectiva y sanar vidas.
27 Noviembre 2016 04:00:00
Conversatorios
Acabo de leer un artículo suscrito por Francisco García Pimentel intitulado: “Estimado Millennial: Despierta”, el bloguero se expresa de forma muy negativa acerca de esta generación de jóvenes llamados Millennials nacidos entre 1985 y el 2010. Adivino que el autor es joven, de manera que me sorprende el modo como ataca a los que supongo sean sus contemporáneos, tildándolos de desorganizados, informales e ilusos. Yo con mis doce lustros a cuestas me considero bien informada acerca del perfil de estos jóvenes habitantes de la Aldea Global, y contrario a García Pimentel los visualizo como individuos que saben lo que quieren, que se enfocan a conseguirlo y que trabajan de manera informada y bastante organizada. No puedo negar que hay ciertos rasgos que no les favorecen, como la dispersión de pensamiento cuando pasan de uno a otro tema sin fijar la atención, pero es que en definitiva ellos vienen programados de otra manera, su chip trabaja a -velocidad mucho más rápida, y su forma de pensamiento es completamente distinta a la de nosotros. Mis tiempos en primaria y secundaria fueron de obligada memorización; entre dichos conocimientos grabados con cincel en las circunvoluciones cerebrales están los primeros 32 artículos y el 123 de la Constitución Mexicana en clase de Civismo que ahora -equivocadamente- ha sido desterrada de los programas escolares, y que debería volver, junto con el servicio militar obligatorio, si queremos una mayor conciencia ciudadana. De igual modo la tabla de elementos, las capitales de los países y los ríos de México… Los jóvenes de hoy -y en ello les concedo cierta razón-consideran pérdida de tiempo tanta memorización, siendo que con un clic obtienen igual o más información desde su celular.

En fin, el universo de conocimientos es muy distinto y se llega a él por caminos diferentes a los que recorrimos quienes hoy somos mayores. Cada etapa tiene su encanto propio y lo interesante es aprender a convivir y a combinar esas distintas capacidades en beneficio de todos. Sin embargo sí debo reconocer que la tecnología ha hecho que se pierda algo importante con relación a los tiempos previos, como es la capacidad de comunicarnos cara a cara, hoy nos retraemos, nos parapetamos detrás de una pantalla grande o pequeña, y finalmente nos aislamos. Convivir con otros seres humanos a ratos parece un reto imposible, cuando antes aquello era de todos los días, ya por la numerosidad de las familias, ya por el reducido tamaño de las viviendas, o por las costumbres que privilegiaban la estrecha convivencia. Entre aquello que se ha perdido está también buena parte de la calidez que tanta falta le hace al corazón, las señales de afecto y de aprobación, esa mirada cómplice, la entonación de la voz, una palmada al hombro, un decir “aquí estoy”. Cierto, las redes sociales tienen lo suyo, pero no dejan de ser espacios bastante más impersonales que la comunicación cara a cara.

Otro efecto colateral de la tecnología tiene que ver con la disminución en el hábito de la lectura. La información se recibe como chispazos, justo en el momento en que se requiere, y luego se destierra. Se ha ido perdiendo el goce de tener entre las manos un buen libro para, conforme vamos recorriendo sus páginas seguir la trama de la historia, compartir los estados de ánimo, o anticiparnos a las ideas que van a ser expresadas… Eso no se logra definitivamente con ningún dispositivo electrónico.

En 1993 en Dinamarca se diseñó una forma de comunicación cara a cara que tiene que ver con la transmisión de conocimientos, iniciativa que se llevó a cabo como un experimento social encaminado a disminuir la violencia entre jóvenes. Durante los siguientes veinte años ha tenido cierto avance, pero en los últimos dos se ha convertido en un proyecto de gran expansión por todo el mundo. Para llevarlo a cabo se requiere un grupo de voluntarios, cada cual informado acerca de un tópico de su elección, y un grupo de oyentes que acudan de a uno a dos frente a ese experto a escuchar lo que tenga que decir sobre el tema de su elección durante diez o quince minutos, no más. Si observamos a esos grupos interactuando, podremos atestiguar que la tensión inicial va dando paso a la relajación y finalmente se evidencia un espíritu de camaradería, cuando tanto el experto como los oyentes terminan dialogando de cualquier otra cosa.

Bibliotecas humanas les llaman. En lo personal se me antoja como un excelente recurso para ir rescatando aquello que se ha perdido: El conversatorio como una forma de conocer gente, divertirnos y crecer, un modo muy original de hallar una excusa apropiada para sentarnos frente a otros seres humanos, expresarnos y exaltar las coincidencias, las simpatías, el nudo que nos hermana.

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20 Noviembre 2016 04:00:00
Cuarenta años
Por estas fechas allá en el año 2007 me llamó Juan Carlos, excelente amigo sabinense, compañero de una generación anterior a la mía, de la facultad de Medicina de la UAdeC en Torreón; me hacía una invitación a participar con una plática en el festejo de aniversario de su generación. Dicha reunión se llevó a cabo en Sabinas, y puedo decir que ha sido para mí una de las reuniones más cálidas y divertidas de todos los tiempos, tanto que solicité abonarme a dicha generación para así mantenerme en contacto con ese fabuloso grupo. Desde entonces año con año he recibido una amable invitación, misma que por desgracia --como ahora sucede-- no siempre puedo atender como quisiera, y justo este fin de semana se lleva a cabo en Torreón la celebración del 40 aniversario de egresada esa generación, la XV. Fue a mediados de junio de 1976 cuando terminaba un total de 132 nuevos profesionistas que desde aquellos tiempos se reúnen año con año para celebrar la vida; a la fecha 15 de ellos se han adelantado en el camino, dejando –lo sabemos—un recuerdo imborrable en el corazón de cada uno de sus compañeros.

Para quienes tuvimos la oportunidad de recibir una educación universitaria, me parece que esos años de formación profesional son un parteaguas en nuestra vida. Ingresamos a la carrera como unos preparatorianos recién salidos del cascarón, y egresamos --en el caso de Medicina-- con una licenciatura que más delante nos abrirá muchas puertas. Esos catedráticos que nos fueron señalando los senderos de las diversas especialidades dejaron además en nosotros una impronta única de ética y humanismo que se hace presente siempre que estamos frente al paciente. De diversas maneras y con modos muy distintos cada maestro puso en nosotros una partícula de lo mejor de su propia persona.

Cuarenta años se dicen fácilmente, pero contienen una urdimbre de historias de vida que se van entrelazando unas con otras hasta formar una red indisoluble. En ella van las mayores alegrías, los dolores más profundos, las pérdidas más dolorosas, compartidas todas estas experiencias, como en una fraternidad en la que ningún sentir se queda huérfano puesto que todos lo perciben como propio. Difícil sería mencionar a todos los compañeros sin incurrir en imprecisiones, pero sí puedo decir que entre ellos campea un respeto absoluto por la idiosincrasia personal de cada uno, y se apoyan uno a otro aunque no compartan los gustos o las convicciones. Hacen frente común cuando así se requiere; se unen en las desgracias, pero sobre todo, y con esto me quedo, saben gozar al máximo las alegrías del compañero como si fueran propias, poniendo en ello lo mejor.

En el transcurso de estos años cada uno de ellos terminó sus estudios de pregrado, hizo su servicio social, tal vez optó por una especialidad. Posteriormente se posicionó para ejercer su profesión, y en la actualidad quizá se mantenga activo en la medicina o la docencia, o viva su retiro profesional. Colateralmente formó una familia, y muy probablemente esté viviendo ya la etapa de la “abuelez” con tiempo y energía por delante para disfrutar esos años grandiosos. Todos y cada uno se mantienen activos haciendo algo que les gusta y que además beneficia en cierto modo a quienes les rodean.

Desde mi pequeña tribuna dominical no puedo más que desearles que estén disfrutando cada momento de esta hermosa celebración. Que nuestro buen Dios les conceda seguir adelante por muchos años más, conservando esa increíble capacidad de asombro y ese espíritu para gozar y compartir juntos la vida. Su solidez como grupo es un ejemplo para quienes les rodeamos, ya que en ocasiones nos gana el desánimo o la molicie y abandonamos los proyectos antes de llegar a puerto. Nada hay más contagioso y sanador que una buena dosis de alegría, comenzar a asumir las limitaciones propias de la edad con sentido del humor, con un balance positivo de las capacidades que el paso del tiempo nunca podrá arrancarnos.

Esa forma de interactuar que tienen es un paradigma para todos nosotros, que mucho aprendemos acerca de cómo vivir la vida con un espíritu fresco y visionario. Dios permita que conserven siempre esa calidez que los caracteriza, esa manera de ejercer el amor divino en su forma humana más auténtica, al vivirlo cada día, en todo momento, en cualquier circunstancia, teniendo en mente tan sólo el beneficio del otro, de modo que el día cuando sean llamados a la presencia de Dios se presenten con serena humildad para decir: “Misión cumplida”.

¡Felicidades a todos y cada uno, que disfruten el reencuentro como sólo ustedes saben hacerlo, que canten, bailen y rían, y que junto con sus familias hagan de esta en particular, una memoria imborrable para todos los tiempos!

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20 Noviembre 2016 03:59:00
Cuarenta años
Por estas fechas, allá en el año 2007, me llamó Juan Carlos, excelente amigo sabinense, compañero de una generación anterior a la mía, de la Facultad de Medicina de la UAdeC en Torreón; me hacía una invitación a participar con una plática en el festejo de aniversario de su generación. Dicha reunión se llevó a cabo en Sabinas y puedo decir que ha sido para mí una de las reuniones más cálidas y divertidas de todos los tiempos, tanto que solicité abonarme a dicha generación para así mantenerme en contacto con ese fabuloso grupo. Desde entonces año con año he recibido una amable invitación, misma que por desgracia, como ahora sucede, no siempre puedo atender como quisiera, y justo este fin de semana se lleva a cabo en Torreón la celebración del 40 aniversario de egresada esa generación, la XV.

Para quienes tuvimos la oportunidad de recibir una educación universitaria, me parece que esos años de formación profesional son un parteaguas en nuestra vida. Ingresamos a la carrera como unos preparatorianos recién salidos del cascarón, y egresamos (en el caso de Medicina) con una licenciatura que más delante nos abrirá muchas puertas.

Cuarenta años se dicen fácil, pero contienen una urdimbre de historias que se van entrelazando unas con otras hasta formar una red indisoluble. En ella van las mayores alegrías, los dolores más profundos, las pérdidas más dolorosas, compartidas todas estas experiencias, como en una fraternidad en la que ningún sentir se queda huérfano puesto que todos lo perciben como propio. Difícil sería mencionar a todos los compañeros sin incurrir en imprecisiones, pero sí puedo decir que entre ellos campea un respeto por la idiosincrasia personal de cada uno, y se apoyan uno a otro. Hacen frente común cuando así se requiere, pero sobre todo saben gozar al máximo las alegrías del compañero como si fueran propias.

¡Felicidades a todos y cada uno, que disfruten el reencuentro como sólo ustedes saben hacerlo, que canten, bailen y rían, y que junto con sus familias hagan de ésta en particular, una memoria imborrable para todos los tiempos!
13 Noviembre 2016 04:05:00
Después de Trump
Ganó Trump, es un hecho que hemos de aprender a asimilar todos, y como señala Jaime Leal en su escrito Veo Cosas Maravillosas, que circula en Internet, habrá que ponernos a trabajar por salir adelante en este nuevo escenario. La reflexión personal que me deja todo este asunto es la siguiente, como mexicanos estamos acostumbrados a que otros midan nuestras potencialidades, logros y limitaciones. ¿No será éste un momento coyuntural para tomar esa responsabilidad nosotros mismos, fijar el rumbo propio y medir nuestros logros como nación? De ello deriva una segunda reflexión: ¿Quién tasa nuestro valor personal? ¿Quién determina qué somos y hacia dónde vamos?

Vivo un momento personal que equivale a un cruce de caminos, ocasión de medir una vez más mi propio rendimiento en un área de desarrollo y justo representa un punto en el que reafirmo, como tantas otras veces, que en esta vida nacemos solos, morimos solos, y en los momentos más importantes del trayecto estamos solos para tomar nuestras propias decisiones. Quizá la mayoría de la gente esté acostumbrada a vivir en comunidad, principalmente familiar, de manera que las decisiones que cada uno toma están en buena medida influenciadas por la opinión del grupo en el que se desarrollan. En mi caso no, suelo manejarme por cuenta propia, y las decisiones buenas o malas que tome, son sólo mías.

Desde pequeños de alguna manera nos guiamos por el parecer de los demás para ir avanzando y claro, eso es lo más conveniente mientras el individuo desarrolla los suficientes y adecuados recursos propios para hacerlo por su cuenta. Es un misterio identificar el momento a partir del cual esa persona comienza a tomar decisiones propias de manera responsable, independientemente de lo que otros opinen o pretendan imponer. Podría decirse que en ese punto crítico es donde radica el concepto de “adultez”, y que a partir de este momento único un ser humano asume toda la responsabilidad sobre sus propios actos.

como plantea Jaime Leal en su excelente escrito, yo secundo la percepción de que el triunfo de Trump en los Estados Unidos de Norteamérica pueda ser asumido por nosotros como una oportunidad maravillosa para el desarrollo como nación, y de pasada para el crecimiento personal como individuos. Asumir la soledad como una realidad que está ahí, y que en la medida en que la asimilemos mejor podremos valernos de ella para bien de nuestra propia creatividad. Mi hipótesis es que le tenemos pánico a la soledad, de modo tal que no nos permitimos probarla a ratos, descubrir de qué forma puede convertirse en un espacio mágico de desarrollo personal.

Trump ganó las elecciones del vecino país: ¿no será tiempo de dar vuelta a la hoja y comenzar a vernos en el espejo de nosotros
mismos?
13 Noviembre 2016 04:00:00
Después de Trump
Ganó Trump, es un hecho que hemos de aprender a asimilar todos, y como señala Jaime Leal en su escrito intitulado “Veo cosas maravillosas” que circula en internet, habrá que ponernos a trabajar por salir adelante en este nuevo escenario. La reflexión personal que me deja todo este asunto es la siguiente, como mexicanos estamos acostumbrados a que otros midan nuestras potencialidades, logros y limitaciones. ¿No será este un momento coyuntural para tomar esa responsabilidad nosotros mismos, fijar el rumbo propio y medir nuestros logros como nación? De ello deriva una segunda reflexión, mientras cada uno de nosotros transcurre por la vida: ¿Quién tasa nuestro valor personal? ¿Quién determina qué somos y hacia dónde vamos, y mide los logros de nuestra propia carrera?

Vivo un momento personal que equivale a un cruce de caminos, ocasión de medir una vez más mi propio rendimiento en un área de desarrollo y justo representa un punto en el que reafirmo, como tantas otras veces, que en esta vida nacemos solos, morimos solos, y en los momentos más importantes del trayecto estamos solos para tomar nuestras propias decisiones. Quizá la mayoría de la gente esté acostumbrada a vivir en comunidad, principalmente familiar, de manera que las decisiones que cada uno toma están en buena medida influenciadas por la opinión del grupo en el que se desarrollan. En mi caso no, suelo manejarme por cuenta propia, y las decisiones -buenas o malas-que tome, son sólo mías, y así ha sido siempre, al menos en mi caso.

Resulta dificultoso separar los conceptos autoestima y reconocimiento de los que corresponden a desempeño personal. Desde pequeños de alguna manera nos guiamos por el parecer de los demás para ir avanzando y claro, eso es lo más conveniente mientras el individuo desarrolla los suficientes y adecuados recursos propios para hacerlo por su cuenta. Es un misterio identificar el momento a partir del cual esa persona comienza a tomar decisiones propias de manera responsable, independientemente de lo que otros opinen o pretendan imponer. Podría decirse que en ese punto crítico es donde radica el concepto de “adultez”, y que a partir de este momento único un ser humano asume toda la responsabilidad sobre sus propios actos y sabe dar la cara por las buenas y malas decisiones que haya tomado.

Conocemos que buena parte de las familias conservan una estructura muy tradicional, de manera que los hijos adultos, incluso casados, siguen viviendo -física o emocionalmente- dentro de la casa paterna, lo que, si alguien me lo preguntara, no me parece la mejor apuesta a la autonomía de nadie, ni de la familia de origen que seguirá cargando de una u otra manera con responsabilidades que ya no le corresponden, ni de los hijos adultos convivientes que de alguna manera no acaban de sentir el peso del fardo que implica vivir, ver por sus propias necesidades y gozar plenamente de los logros que vayan obteniendo por el camino. Y ¡claro! la soledad pesa, y pesa mucho a ratos, pero finalmente es la condición que nos prepara al mejor desarrollo de las potencialidades individuales durante nuestra vida como adultos.

Entonces, como plantea Jaime Leal en su excelente escrito, yo secundo la percepción de que el triunfo de Trump en los Estados Unidos de Norteamérica pueda ser asumido por nosotros como una oportunidad maravillosa para el desarrollo como nación, y de pasada para el crecimiento personal como individuos. Asumir la soledad como una realidad que está ahí, y que en la medida en que la asimilemos mejor podremos valernos de ella para bien de nuestra propia creatividad. Ahora mismo traigo a colación una situación vigente en estos tiempos de tecnología de bolsillo, es algo que no por cotidiano deja de impresionarme cada vez que me percato de ello. De cada diez personas que vemos en cualquier sitio público, ¿cuántas de ellas están hablando por celular? Yo, por razón de mi edad hago un comparativo con los tiempos cuando no había celulares: ¿Acaso nos pasábamos el tiempo pegados al teléfono fijo en casa? Tal vez quienes fuimos adolescentes en esa época “planchábamos oreja” en el teléfono, pero no teníamos esa inminente necesidad de consultar o comunicar todo a través de llamadas constantes. Mi personal hipótesis es que le tenemos pánico a la soledad, de modo tal que no nos permitimos probarla a ratos, calarnos a nosotros mismos, descubrir de qué forma puede convertirse en un espacio mágico de desarrollo personal a partir del cual explotemos diversas facetas de nuestra creatividad.

Trump ganó las elecciones del vecino país: ¿No será tiempo de dar vuelta a la hoja y comenzar a vernos en el espejo de nosotros mismos?...

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06 Noviembre 2016 04:00:00
Platón y Javier Duarte
No suele ser mi estilo profundizar en temas de política, más bien me valgo de algunos de ellos para orientar mi reflexión semanal hacia tópicos que me apasionan y de los cuales pudiera hablar un poco más. El análisis de la política y de los políticos lo dejamos para quienes sí sepan del asunto y tengan calidad moral para opinar.

Un tema que sigue dando de qué hablar es la graciosa huida de Javier Duarte, al cual ahora nuestras autoridades no localizan. Resulta cándido que la SRE haya ayudado al hoy prófugo a preparar los pasaportes de su familia días antes de que él metiera la licencia al cargo. Lo vemos así, con ternura, o lo vemos como parte de toda una maquinación institucional para facilitar su huida.

Y claro, vienen las consecuencias lógicas de las acciones, Javier Duarte desaparece, todos sus allegados se amparan, y comienzan a surgir de la nada propiedades a su nombre en el estado de México, en la Unión Americana y en España. El gobierno mexicano, no está en posición de rematarlas para recuperar esos dineros para México, situación que no deja de generar malestar entre los mexicanos, aunque no seamos veracruzanos.

En estos ratos de profunda desazón, cuando a lo de Javier Duarte se suman actos corruptos y de mala administración de muchos otros personajes públicos, como que se nos arruga el pericardio y nos dan ganas de llorar, más del coraje que otra cosa… Entonces es cuando la literatura resulta sanadora, los textos aletean alrededor de la cabeza, y tomamos alguno de ellos para buscar convencernos de que no todo está perdido. Así es como llegaron a mi mente aquellos Diálogos de Platón que leí por primera vez en una edición de Porrúa que puso en mis manos de adolescente mi señor padre. Ahora que los retomo me aboco a leer lo que nos dice aquel filósofo griego acerca de la justicia y me encuentro lo siguiente en su diálogo sobre Justicia y República: “La justicia es la devolución de lo que se debe”, ¡Qué maravilla! Y echa mano de lo que para los cristianos son virtudes teologales: Prudencia, fortaleza y templanza, que aplicados a la sociedad representan el pensamiento racional de los filósofos, la defensa a cargo del ejército, y las actividades que tienen que ver con la producción del resto de los ciudadanos, respectivamente.

En este punto Platón ya me ha provocado una especie de tranquilidad, comprendo entonces que vivir en un país donde emergen de su agujero como topos los personajes que obran de manera contraria a la justicia, no significa que todo esté perdido. Que el cambio hacia una sociedad justa en todos sus niveles está en nuestras manos, comenzando con educar a los más pequeños. Educarlos, no con discursos y castigos, sino con el claro ejemplo de nuestra vida cotidiana, que es el mejor maestro. Esto es, para que un pequeño asimile el concepto pleno de la justicia social, yo como adulto formador debo abstenerme de decir mentiras, de violar normas, de sacar provecho indebido. En ocasiones ejemplos tan cotidianos como sería tirar a la vía pública un vaso desechable o una servilleta de papel mientras circulamos, está enviando un mensaje contrario a la justicia para esos pequeños que pronto se acostumbran a ello y dejan de percibirlo como violatorio del orden. Del mismo modo sería ocupar el cajón de discapacitados cuando no lo requiero, aun cuando mi vehículo traiga placas porque en ocasiones saco de paseo a la abuelita. O decir una mentira al vendedor, o al amigo que llama por teléfono para pedir un favor… de estos pequeños hilos cotidianos se va formando la gran madeja de la que luego salen torvos personajes que tanto dañan a nuestro México.

Platón y Sócrates manejan los términos de alma individual y alma colectiva. ¡Y qué poco pensamos en ellos! Nos queremos convencer de que en esta vida todo está bien, nada está mal, y hay que lograr ahorita por aquello de que se acabe, así que nos lanzamos como el niño “ganón” de la piñata, a no dejar gallina con cabeza. Y en realidad resulta tan absurdo: ¿Para qué quiero cuarenta carros deportivos de lujo? ¿A qué horas voy a manejarlos todos? ¿Será que siento que me conceden valía porque en patín del diablo o en un modesto sedán no valgo nada?...

Platón es muy claro al señalar que como base de toda esta concepción de excelencia como sociedad se halla la educación, y en el primer estrato de esta educación se encuentra la familia. Hora entonces de volver los ojos a la familia, cuna de esa civilización justa que hoy en día parece una utopía inalcanzable.

En otras circunstancias muchos de nosotros pensaríamos en el suicidio. Para nuestra fortuna existen los libros y a nadie le está prohibido leer –al menos no todavía--, y la literatura está en cualquier biblioteca, esperando amorosa que la procuremos.

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30 Octubre 2016 04:00:00
Del otro lado del tiempo
El hombre es un animal social, lo dijo Aristóteles en el milenio previo a la llegada de Cristo, y lo seguimos corroborando en este tercer milenio; no va con su naturaleza aislarse del grupo humano. Hay distintas maneras de estar en contacto unos con otros, siendo la más reciente la comunicación mediante computadora, recurso que nos satura de información, más allá de lo estrictamente necesario. En unos cuantos minutos nos enteramos de las costumbres de apareamiento de los lobos grises, cuántos muertos dejó el último bombazo en Siria, qué probabilidades tenemos de desarrollar Alzheimer o la receta para los tamales de alcachofa… Información que sorprende, cautiva y a ratos subyuga.
Esa interacción con la tecnología provoca cambios importantes en el comportamiento humano de muy diversas maneras; la mentalidad consumista halla en este medio los mejores canales para convertir al usuario en consumidor, asimismo logra presentarlo como mercancía. Buscamos el mejor ángulo para la “selfie”, montamos la escenografía idónea para nuestra portada de Facebook; tomamos prestados (muchas veces sin permiso) pensamientos de otros y los publicamos en nuestros espacios. Todo ello para crear una imagen de nosotros mismos lo más cercana a lo ideal.

El mensaje llega a convertirse en una trampa: Apostar a las apariencias nada más, aun cuando no haya congruencia alguna con la realidad. Y bajo esta premisa comienzan a actuar muchas figuras públicas, cuidando la forma sin ocuparse del fondo, preocupándose por la foto nada más, yéndose a extremos que se antojan absurdos, como son los casos más recientes de malversación de fondos destinados a rubros de primer orden, convertidos –en el caso de Javier Duarte– en muchas propiedades en el extranjero, en un rancho de lujo y un hospital de primer mundo para caballos.

Al margen del cinismo con el que han venido actuando estos personajes que se adjudican bienes públicos para su propio beneficio, y que le ven la cara a los contribuyentes, yo siempre me he preguntado cómo pueden ver de frente a sus hijos, y qué les dicen, o cómo justifican, primero el grosero enriquecimiento, y luego los señalamientos de la opinión pública. Parto del supuesto de que no creen en juicio divino alguno, o tal vez piensan que en el último momento dicen “me arrepiento” y Dios se traga el asunto y listo. Entiendo también que les valga sorbete el profundo malestar de la ciudadanía que los eligió y ahora se siente traicionada… Todo eso de alguna manera lo entiendo desde su cinismo absoluto. ¿Pero pararse frente a un hijo e inventar una sarta de mentiras que los exculpe, y no sentirse mal por timar a los propios vástagos? O bien, ¿será que les dicen la verdad, que robaron, enseñándoles que hacerlo y despojar a otros de sus bienes es un signo de astucia?
Hace unos cuántos días falleció en Piedras Negras Dave Arellano, un hombre joven, entusiasta participante en todas las causas nobles de la ciudad. Fue conmovedor atestiguar el modo como sus amigos y compañeros del trabajo y de los diversos grupos a los que pertenecía se volcaron, primero en acompañarlo durante su enfermedad, y luego en sus exequias. Un grupo de corredores con los que siempre participó en carreras de resistencia, hizo el recorrido de la iglesia al camposanto trotando detrás de la carroza fúnebre. Sabemos que Dave tocó muchas vidas y siempre lo hizo de un modo positivo y proactivo, y que su familia habrá de atesorar esos testimonios de cariño como lo más preciado. Ahora bien, pasando a lo que comentaba párrafos arriba, ¿cómo se va a recordar a los grandes ladrones de nuestro México actual? ¿Podrá la parafernalia que ahora compran para maquillar su imagen, seguir funcionando indefinidamente?...

Los especialistas en comportamiento humano señalan que esta voracidad sin límites es producto de graves carencias internas de la persona, quien parte de aquello de “tener para ser”, a partir de una angustia existencial que le lleva a pensar que sólo teniendo más y más puede mantener su valía como individuo en una sociedad altamente consumista. Si inicialmente robaron para hacerse de ciertas comodidades, siguen haciéndolo de manera enfermiza, sistemática y desmedida, en un afán absurdo de autoafirmación que finalmente termina siendo de lo más inútil para conseguirlo.

¡Qué tranquilidad partir como Dave claro y ligero, sin cuentas pendientes con la vida! ¡Qué orgullo para su familia, poder evocarlo limpiamente, como lo que fue, un hombre de bien!
Quien vive de espaldas a la verdad corre el riesgo de ser descubierto en cualquier momento. ¡Qué pena por estos funcionarios corruptos y por sus hijos que terminan siendo engañados o vilmente corrompidos!
23 Octubre 2016 04:00:00
Y seréis como dioses
Inicio este escrito relativo al Día del Médico con el Génesis cuando habla sobre el momento cuando el Demonio tienta a Adán y Eva a probar los frutos del árbol prohibido aduciendo que al hacerlo serían iguales a Dios, y de este modo apelando a la soberbia. Sin embargo en el Nuevo Testamento Lucas da otra lectura al pasaje y habla acerca de imitar a Dios en nuestra forma de conducirnos frente a nuestros semejantes, proveyendo de un significado totalmente distinto a la expresión original: “Y seréis como dioses”.

La profesión médica en estos tiempos enfrenta un complejo panorama, por un lado ha dejado de ser aquella condición que permitía a un profesional vivir holgadamente a lo largo de su vida, y para los estándares del capitalismo adquirir tempranamente una casa habitación, cambiar de vehículo periódicamente, viajar a cualquier parte del mundo cada dos años, y enviar a sus hijos al colegio de paga más costoso. Desde hace algunos lustros esta bonanza automática ha quedado atrás, y hoy el médico tal vez viva toda su etapa productiva dentro de la práctica institucional, o campeando de aquí para allá con alguna otra actividad dentro del campo de la salud, que le proporcione una vida cómoda, modesta, y –por desgracia-- no exenta de sobresaltos. Pero el llamado sigue existiendo y no se agota entre jóvenes preparatorianos que aspiran a convertirse en galenos.

El primer requisito es entonces, amar el quehacer médico por encima de todas las cosas, de manera de estar dispuestos a desempeñar la profesión en cualesquiera condiciones que se presenten para hacerlo. Cuando algún joven me pregunta cómo identificar si es o no su vocación, suelo presentarle una analogía para ejemplificar: El que quiere ser pianista debe partir de su amor a la música, y no de la fama que le daría convertirse en pianista de talla internacional. Si esto último es lo que le mueve a convertirse en músico pudiera fracasar, puesto que no está partiendo de una convicción absoluta de tocar el piano, sino del deslumbramiento que provocan aquellos elementos que adornan la profesión musical. Emprender una preparación que exige muchos sacrificios y dedicación, sin tener garantía alguna de convertirse en el pianista internacional que se soñó, puede conducir a la mayor de las frustraciones, por lo que habrá que valorar muy bien si en realidad es el camino correcto.

Cuando un joven está convencido de estudiar Medicina, puede saber desde el primer momento que algún día participará de modo directo en el cuidado de la vida humana, cumpliendo entonces con lo que originalmente Dios propone, esto es, esforzarnos por ser perfectos como perfecto es Él, y a través de la acertada aplicación del conocimiento convertirnos en instrumentos santos a través de los cuales pueda obrar Él para devolver la salud, o mitigar el dolor; para sanar el espíritu o confortar al que sufre. Todo ello estará algún día en manos de esos jóvenes que hoy se preparan a conciencia.

Para ser un buen médico primero hay que ser una buena persona. Nuestra sociedad requiere profesionales con elevada ética, quienes invariablemente se orienten a la consecución del bien común, de modo de ejercer la profesión con igual entusiasmo y devoción, así sea el paciente el hombre más rico, o el mayor de los pordioseros. Que se tenga la capacidad de traspasar todas esas capas externas para llegar a la médula y descubrir que en esencia todos somos iguales y que tenemos el mismo valor como personas.

En este “seréis como dioses” habrá que cuidarnos de no torcer el sentido de las palabras para ir a caer en la soberbia, en comenzar a sentirnos dioses y considerar que tenemos la última palabra frente a la vida del enfermo. Muy fácil que “perdamos piso” embriagados por los vastos conocimientos científicos, hasta el punto de llegar a pensar que somos los únicos dueños de la verdad.

¿Qué vida se quiere vivir? ¿Qué orientación se piensa dar a cada día de la misma para mantenernos con la pasión encendida? Solamente los ideales que están por encima de nosotros mismos son los que nos mantendrán con la vista puesta en lo alto, y dispuestos a avanzar más y más cada día. Cuando nuestros objetivos no van más allá del propio entorno personal, el entusiasmo es llama que se apaga con cualquier vientecillo.

La profesión médica permite vivir una vida con propósito, que nos mantenga con el deseo de ser mejores cada día para bien propio y de nuestro mundo. Es un modo de conocer más a fondo los prodigios de la naturaleza dentro del cuerpo humano para reconocer con toda humildad que entre más se conoce, más grande la convicción de que Dios existe. Como dijo Louis Pasteur: Un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a Él.
23 Octubre 2016 03:00:00
Y seréis como dioses
Inicio este escrito relativo al Día del Médico con el Génesis cuando habla sobre el momento en el que el Demonio tienta a Adán y Eva a probar los frutos del árbol prohibido aduciendo que al hacerlo serían iguales a Dios, y de este modo apelando a la soberbia. Sin embargo en el Nuevo Testamento Lucas da otra lectura al pasaje y habla acerca de imitar a Dios en nuestra forma de conducirnos frente a nuestros semejantes, proveyendo de un significado totalmente distinto a la expresión original: “Y seréis como dioses”.

La profesión médica en estos tiempos enfrenta un complejo panorama, por un lado ha dejado de ser aquella condición que permitía a un profesional vivir holgadamente a lo largo de su vida. Desde hace algunos lustros esta bonanza automática ha quedado atrás, y hoy el médico tal vez viva toda su etapa productiva dentro de la práctica institucional, o campeando de aquí para allá con alguna otra actividad dentro del campo de la salud, que le proporcione una vida cómoda, modesta, y, por desgracia, no exenta de sobresaltos. Pero el llamado sigue existiendo y no se agota entre jóvenes preparatorianos que aspiran a convertirse en galenos.

El primer requisito es entonces, amar el quehacer médico por encima de todas las cosas, de manera de estar dispuestos a desempeñar la profesión en cualesquiera condiciones que se presenten para hacerlo.

Cuando un joven está convencido de estudiar Medicina, puede saber desde el primer momento que algún día participará de modo directo en el cuidado de la vida humana, cumpliendo entonces con lo que originalmente Dios propone, esto es, esforzarnos por ser perfectos como perfecto es Él, y a través de la acertada aplicación del conocimiento convertirnos en instrumentos santos a través de los cuales pueda obrar Él para devolver la salud, o mitigar el dolor; para sanar el espíritu o confortar al que sufre. Todo ello estará algún día en manos de esos jóvenes que hoy se preparan a conciencia.

Para ser un buen médico primero hay que ser una buena persona.

En este “seréis como dioses” habrá que cuidarnos de no torcer el sentido de las palabras para ir a caer en la soberbia, en comenzar a sentirnos dioses y considerar que tenemos la última palabra frente a la vida del enfermo. Muy fácil que “perdamos piso” embriagados por los vastos conocimientos científicos, hasta el punto de llegar a pensar que somos dueños de la verdad.

La profesión médica permite vivir una vida con propósito, que nos mantenga con el deseo de ser mejores cada día para bien propio y de nuestro mundo. Es un modo de conocer más a fondo los prodigios de la naturaleza dentro del cuerpo humano para reconocer con toda humildad que entre más se conoce, más grande la convicción de que Dios existe. ¡Feliz día a todos mis colegas!
16 Octubre 2016 04:00:00
¿Aparentamos o avanzamos?
Según los avances que ha tenido la humanidad podemos viajar en el tiempo desde la Edad de Piedra hasta la Aldea Global, pasando por las diversas eras según se logró encender fuego, fundir metales, industrializar a gran escala, o comunicarse de manera masiva, dejando atrás los antiguos escribanos y calígrafos. Con mi imaginación veo todos estos procesos como ruedas de una delicada maquinaria de relojería que, conforme pasa el tiempo se van haciendo cada vez más pequeñas, de modo tal que avanzan a una velocidad cada vez mayor.

Bajo esta óptica los cambios que ha tenido la humanidad a partir de los años noventa del siglo pasado, cuando la internet desarrolló el concepto de hipervínculo han sido cada vez mayores. (Hipervínculo, doy clic a una palabra o frase que leo en un texto en la red, para conectarme a otro sitio, y de allí a otro y a otro). Con los hipervínculos la internet dio algo así como un salto cuántico, para constituir la Aldea Global de la que todos somos parte, tan vasta y compleja, que ahora tenemos algo nuevo que aprender cada día.

Un elemento notable en el escenario digital de este siglo 21 corresponde a la imagen que damos a conocer a través de la red. Ahora cuando es sencillísimo tomarnos una fotografía con el teléfono móvil, editarla y subirla a cualquiera de las redes, comenzamos a tomar conciencia, de hasta qué grado una imagen puede hablar acerca de nosotros, y como maniquíes en aparador, nos esmeramos en lucir nuestro mejor gesto y las galas domingueras para adornar esa imagen, de manera que, cuando hable de nosotros, lo haga bien.

Lo contradictorio es que en ocasiones se apuesta todo a la imagen, descuidando hacerlo a la propia persona. Para ejemplos hay muchos, digamos la del político que gasta grandes sumas de dinero del erario público en publicidad para sacar “spots” televisivos, anuncios espectaculares y demás, para decir que hace aquello que en la vida real dista mucho de cumplir. Ejemplos por desgracia sobran en lo que a funcionarios públicos se refiere, como si apostar a la imagen o al enunciado politiquero fuera suficiente para gobernar un pueblo y hacer desaparecer como por arte de magia los problemas lacerantes que se están padeciendo día con día.

Ahora bien, volviendo a nosotros, “ciudadanos de a pie”, pareciera que nuestra búsqueda por una identidad propia que nos satisfaga incluye ahora el mundo virtual. En otras épocas esa definición de la propia persona la hacíamos desde la adolescencia a través de charlas con los amigos, conferencias o lecturas de libros, y ahora damos un brinco a la red. En este afán de presentarnos frente a los demás echamos mano de reflexiones que hablan de aquellos ideales a los que aspiramos, mismas que colocamos en nuestro muro como para no olvidarlas. En lo personal me llego a topar con personas que se manifiestan, digamos, sumamente religiosas o filosóficas y publican preciosidades acerca del amor al prójimo, pero cuando te las topas en la calle no te saludan, o bien olímpicamente te voltean la cara y te ignoran. En esos momentos pienso que tal vez en su imaginario haya dos tipos de “prójimos”, el prójimo que sí los merece y el que no está a la altura… Porque de otra manera hallo incongruente lo que se dice frente al modo como se actúa, y por eso, más vale ser discretos al expresarse, en vez de hacerlo a voz en cuello, para luego resultar blanco de críticas.

Ahora que esto escribo recuerdo a mi señor padre allá por 1975, cuando publicaba mis primeros artículos periodísticos; a raíz de algún comentario muy moralista que puse (porque en ese tiempo, recién salida del cascarón, confieso que era muy moralista). Después de leerlo me dijo mi señor padre: “Cuídate de lo que dices, porque con la vara de tus propias palabras vas a ser medida por los demás.” ¡Y vaya que tenía razón el viejo! De modo que en estos poco más de cuarenta años como columnista me he cuidado de emitir condenas que del mismo modo como son lanzadas pudieran revertirse en mi contra.

Viene a mi mente un cuento de Jorge Luis Borges llamado “El Jardín de los Senderos que se Bifurcan”, el cual habla de dos realidades, que para el caso que nos ocupa son la verdadera y la virtual. Claro, en el cuento un ejército que probaba una vía o la otra, finalmente llegaba a un mismo resultado, que era la victoria, algo que como bien sabemos, no sucede fuera de la ficción. Ser de un modo en las palabras y de otro en los actos, en este mundo nos lleva a complicaciones de todo orden, que mucho entorpecen la convivencia.

¡Cuánta falta hace en nuestro mundo la congruencia entre el ser, el hacer y el decir! La congruencia renueva la confianza, oxigena, tiende puentes y finalmente construye esa sociedad que todos anhelamos tener.
16 Octubre 2016 03:00:00
¿Aparentamos o avanzamos?
Según los avances que ha tenido la humanidad podemos viajar en el tiempo desde la Edad de Piedra hasta la Aldea Global, pasando por las diversas eras según se logró encender fuego, fundir metales, industrializar a gran escala, o comunicarse de manera masiva, dejando atrás los antiguos escribanos y calígrafos.

Bajo esta óptica los cambios que ha tenido la humanidad a partir de los años 90 del siglo pasado, cuando la Internet desarrolló el concepto de hipervínculo han sido cada vez mayores. Con los hipervínculos la Internet dio algo así como un salto cuántico, para constituir la Aldea Global de la que todos somos parte, tan vasta y compleja, que ahora tenemos algo nuevo que aprender cada día.

Un elemento notable en el escenario digital de este siglo 21 corresponde a la imagen que damos a conocer a través de la red. Ahora cuando es sencillísimo tomarnos una fotografía con el teléfono móvil, editarla y subirla a cualquiera de las redes, comenzamos a tomar conciencia, de hasta qué grado una imagen puede hablar acerca de nosotros, y como maniquíes en aparador, nos esmeramos en lucir nuestro mejor gesto.

Lo contradictorio es que en ocasiones se apuesta todo a la imagen, descuidando hacerlo a la propia persona. Para ejemplos hay muchos, digamos la del político que gasta grandes sumas de dinero del erario en publicidad para sacar spots televisivos, anuncios espectaculares y demás, para decir que hace aquello que en la vida real dista mucho de cumplir.

volviendo a nosotros, “ciudadanos de a pie”, pareciera que nuestra búsqueda por una identidad propia que nos satisfaga incluye ahora el mundo
virtual.

Viene a mi mente un cuento de Jorge Luis Borges llamado El Jardín de los Senderos que se Bifurcan, el cual habla de dos realidades, que para el caso que nos ocupa son la verdadera y la virtual. Claro, en el cuento un ejército que probaba una vía o la otra, finalmente llegaba a un mismo resultado, que era la victoria, algo que como bien sabemos, no sucede fuera de la ficción. Ser de un modo en las palabras y de otro en los actos, en este mundo nos lleva a complicaciones de todo orden, que mucho entorpecen la convivencia.

¡Cuánta falta hace en nuestro mundo la congruencia entre el ser, el hacer y el decir!
09 Octubre 2016 04:00:00
Chispazos y desaciertos
En 1637 René Descartes publicó la que sería su obra más importante, “El Discurso del Método”, disertación en torno a la verdad, tratado precursor del método científico. Está dividida en cuatro partes, y en la segunda viene un enunciado al que quiero aludir en estos momentos: “No admitir jamás cosa alguna como verdadera sin haber conocido con evidencia que así era”.

Lo anterior viene a colación para hablar sobre la propuesta de enmienda legislativa presentada por el senador Jorge Luis Preciado Rodríguez, quien postula que se apruebe la portación de armas para fines de legítima defensa.
La gran diferencia entre Descartes y nuestros actuales legisladores, es que aquél se sabía consciente de caminar entre alfileres, y lo hacía con extremo cuidado, mientras que nuestros actuales legisladores se sienten poseedores de la verdad última y actúan por chispazos de inspiración, sin un análisis concienzudo causa-efecto. Este modo de pensamiento no ha sido privativo de los legisladores, por desgracia gran parte de los programas –y presupuestos—que han fracasado, parecieran haber tenido este origen: Un momento de inspiración en la vida de alguien que está en un puesto que le permite acceder a recursos y ya, se arma el programa “a ver si pega” sin ninguna fundamentación científica, y para ejemplos hay muchos, por desgracia.

Uno de los grandes males de nuestro México es la inseguridad; circula una cantidad descomunal de armas ilegales, parte de las cuales van a dar a manos de los delincuentes que las utilizan para atracar a la población civil. Esas armas las obtuvieron en el mercado negro, y a éste muy probablemente llegaron por vía del contrabando a través de las fronteras. Ahora bien, en lugar de proponer un programa multidisciplinario que corte de raíz esos mecanismos de tráfico de armas de fuego, nos vamos a la punta de la rama a proponer que, al igual que los delincuentes, sea ahora la población civil la que porte armas para su legítima defensa.

Sé que en Norteamérica se capacita a los jóvenes en el manejo de armas por parte de la propia Policía, y yo me pregunto: ¿En México quién va a capacitar a los potenciales usuarios en el manejo de armas de fuego? ¿O iremos a funcionar como con las licencias de manejo, que se capacite al “ahí se va” y le damos su primera licencia? Y aquí no puedo dejar de mencionar el anecdótico caso de mi hija cuando tramitó su primera licencia; había una escuela (“patito”, ya verán por qué), que se encargaba de aplicar los exámenes y reprobar a todos los examinados, quiero suponer que habrían reprobado al mismísimo Fittipaldi, para así obligar a pagar el curso de manejo que ellos mismos daban. Cuando fuimos a pagar el examen me dijeron que el examinado debía llevar su carro, a lo que yo dije, no hay problema, es un carrito estándar. Cuando escucharon la palabra estándar los dos “maestros” pelaron los ojos y me dijeron que estándar no, porque no sabían manejar estándar. Claro, mi hija sí manejaba estándar porque me programé para tener un estándar cuando fuera tiempo de enseñarles a manejar a ella y a su hermano. Decidieron entonces los “maestros” ponerle un examen escrito que, claro, reprobó, el objetivo final era pagar el curso, se pagó, y el sábado cuando mi hija recibiría dicho curso la escuela estuvo cerrada, de modo que al siguiente lunes pasó ella a recoger su certificado (de un curso que nunca tomó), y ya pudo obtener su licencia. ¿Así queremos la capacitación en el manejo de armas, de aprobarse la iniciativa propuesta por el Senador Preciado?... ¡Dios guarde la hora!
En países de Primer Mundo la obtención de la primera licencia implica toda una capacitación, un examen riguroso y un costo elevado, y cada infracción que acumule el conductor le va restando puntos a su récord, llegando incluso a la cancelación de su permiso para conducir, de acumularse muchas faltas. Pero nuestro amado México de inspiraciones, magia y excepciones, donde todo se puede, se cuece aparte.

Honestamente espero que la iniciativa de este senador no prospere, porque en verdad que estaríamos metidos en un lío muy gordo que luego no hallaríamos cómo parar. Más bien es tiempo de ponernos a leer un poquito, echar mano de los grandes pensadores de la Historia que tienen tanto qué decirnos, y dejar de apelar a los chispazos de inspiración divina y comenzar a actuar con seriedad y profesionalismo, apegados al sentido común y a la razón, revisando antecedentes de otros países, con voluntad de entender qué mecanismos han producido este problema de inseguridad que tenemos entre manos, y aplicando medidas que en verdad conduzcan a resolverlo. Para tiro al blanco en manos inexpertas, con los puestos de la feria es suficiente.
02 Octubre 2016 04:00:00
El concepto del orden
Con relación al arte y la cultura quienes vivimos en provincia chica sufrimos cierto grado de marginación; el centralismo nos coloca en desventaja con respecto a quienes se hallan en las capitales o próximos a ellas. Tal ha sido el caso de la Literatura en esta zona fronteriza, sin embargo en otras disciplinas, debo decir, nos hemos visto muy favorecidos en los últimos años, y para ejemplo hace una semana tuvimos en Piedras Negras una hermosa gala operística con una adaptación en un acto de “Elixir de Amor” de Gaetano Donizetti, que tuvo un lleno casi total del Teatro de la Ciudad.

En estos cinco años de gobierno de Rubén Moreira la Secretaría de Cultura nos ha provisto de espectáculos de excelente nivel, en su mayoría gratuitos, que todos tratamos de aprovechar, no obstante aún hay mucho que mejorar con relación a la formación de públicos. Los conciertos como la ópera son para espectadores capaces de mantener su atención en el foro, de manera que niños de cinco años o menos no entran en esta categoría, y por desgracia a estos conciertos llevan pequeños hasta de brazos. Yo entiendo el deseo de los padres por asistir, pero hacerlo con niños tan pequeños que interrumpen el evento es una falta de respeto, tanto para los ejecutantes como para el público, además de que no se vale forzar a un pequeño a asistir a algo que todavía no está en condiciones de disfrutar. Otro caso común es la falta de orden en el uso de aparatos celulares que suenan a media función, y peor aún, hay quienes toman la llamada y hablan a voz en cuello, como si estuvieran en la plaza. Esas son fallas que requieren de una regulación puntual y constante por parte de la Secretaría de Cultura, evento tras evento, para la formación de públicos.

Lo que sucedió durante la gala operística referida merece mención aparte y por otros motivos. Acababa de comenzar el concierto cuando entraron dos adultos con un niño de cuatro o cinco años; no pasaron ni diez minutos cuando ese niño comenzó a subir y a bajar las escaleras de la sección en la que yo me hallaba. El tipo de calzado del pequeño hacía que cada paso se tradujera en un golpe seco, de manera que ese constante subir y bajar implicaba ruido y distracción para los vecinos del área. Supuse que enseguida acudirían los familiares por el niño, y aunque parezca increíble eso no sucedió durante todo el evento, de modo que el pequeño comenzó a ampliar su campo de exploración, se colgaba de los barandales y golpeaba con los zapatos la tabla-roca de las paredes laterales, y más delante comenzó a hacer piruetas en el pasillo que divide primera platea de segunda, y a abordar al público de la última fila, pasando después a trotar por los pasillos laterales hasta la parte frontal, para distraer con su plática a personas de la primera fila. En un rato que lo tuve cercano a mi butaca lo escuchaba golpear la tabla-roca al tiempo que repetía “No me gusta, no me gusta, no me gusta”, quiero suponer que se refería al evento que para un niño de esa edad y con ese temperamento, debe de haber resultado terrible de aburrido.

Mi señalamiento no va tanto en el sentido de la distracción que provocó en gran parte de los asistentes la incesante actividad de este niño durante todo el concierto, lo que representa una total falta de respeto para ejecutantes y público. Quedó visto que, al menos durante esa hora, el niño hizo lo que quiso, sin que las personas que lo llevaron al evento lo metieran en orden, algo que como pediatra me indica que a ese pequeño no se le está dotando de un marco disciplinario que le permita discriminar cuál comportamiento es socialmente aceptable y cuál no lo es. Este tipo de conductas a la larga termina generando rechazo, algo que de entrada él no va a entender, pues no se le están proporcionando elementos para identificar las consecuencias últimas de sus actos. A lo largo del evento su inquietud fue subiendo de tono, como tratando de llamar la atención, y al menos durante todo ese tiempo, su estrategia no dio resultado. No nos extrañe que estos niños sean después los alumnos problema de primaria, y más delante los adolescentes con perfil oposicionista desafiante de difícil control.

Educar es la tarea constante de formar a nuestros hijos para la vida, desde el primer momento cuando llegan a nosotros, hasta que entregamos a la sociedad adultos útiles y responsables, habiendo provisto para ellos durante todo ese tiempo lo necesario para que estén en condiciones de asumir y manejar las consecuencias lógicas de sus actos. Es misión sagrada que nadie nos impuso, pero que una vez aceptada no admite distracción ni tregua. Una conducta en contra del orden social no es monería ni asunto menor, más vale que así podamos entenderlo.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
02 Octubre 2016 03:00:00
El concepto del orden
En relación con el arte y la cultura quienes vivimos en provincia chica sufrimos cierto grado de marginación; el centralismo nos coloca en desventaja con respecto a quienes se hallan en las capitales o próximos a ellas. Tal ha sido el caso de la Literatura en esta zona fronteriza, sin embargo en otras disciplinas, debo decir, nos hemos visto muy favorecidos en los últimos años, y para ejemplo hace una semana tuvimos en Piedras Negras una hermosa gala operística con una adaptación en un acto de Elíxir de Amor de Gaetano Donizetti, que tuvo un lleno casi total del Teatro de la Ciudad.

En estos cinco años de gobierno de Rubén Moreira, la Secretaría de Cultura nos ha provisto de espectáculos de excelente nivel, en su mayoría gratuitos, que todos tratamos de aprovechar, no obstante aún hay mucho que mejorar en relación con la formación de públicos. Los conciertos como la ópera son para espectadores capaces de mantener su atención en el foro, de manera que niños de 5 años o menos no entran en esta categoría. Yo entiendo el deseo de los padres por asistir, pero hacerlo con niños tan pequeños que interrumpen el evento es una falta de respeto para los ejecutantes y para el público.

Lo que sucedió durante la gala operística referida merece mención aparte y por otros motivos. Acababa de comenzar el concierto cuando entraron dos adultos con un niño de 4 o 5 años; no pasaron ni 10 minutos cuando ese niño comenzó a subir y a bajar las escaleras de la sección en la que yo me hallaba. El tipo de calzado del pequeño hacía que cada paso se tradujera en un golpe seco, de manera que ese constante subir y bajar implicaba ruido y distracción para los vecinos del área. Supuse que enseguida acudirían los familiares por el niño, y aunque parezca increíble eso no sucedió durante todo el evento.

Educar es la tarea constante de formar a nuestros hijos para la vida, desde el primer momento cuando llegan a nosotros, hasta que entregamos a la sociedad adultos útiles y responsables, habiendo provisto para ellos durante todo ese tiempo lo necesario para que estén en condiciones de asumir y manejar las consecuencias lógicas de sus actos. Es misión sagrada que nadie nos impuso, pero que una vez aceptada no admite distracción ni tregua. Una conducta en contra del orden social no es monería ni asunto menor, más vale que así podamos entenderlo.
25 Septiembre 2016 04:00:00
El concepto del mal
“Surge de la sombra y asciende recta hacia la luz. Entonces se inclina la cabeza celeste, y la frente tenebrosa que está debajo se llena de esplendor. Cesa la cólera, se aplaca la tempestad, y la venganza se convierte en perdón”. Doctrina de La Cabala.

No atino a entender cómo, particularmente en nuestro país, la función pública se ha visto a tal grado contaminada por corrupción y malos manejos, que hasta queremos entenderla como algo “cultural”. Hablar de que un gobernante desvió algunos miles de millones ha dejado de ser noticia, y si acaso al enterarnos decimos: “Claro, y quién no haría lo mismo estando en su lugar.” No dudo que aún hoy haya quien llegue a un puesto público con la firme intención de no apropiarse de dineros ajenos, pero francamente tanta corrupción nos ha vuelto tan suspicaces, que ya no lo concebimos. Nos sucede algo así como lo que pasa con los adolescentes y el sexo: En el imaginario todos los adolescentes tienen relaciones sexuales, por lo que un púber imprudente llega a la conclusión de que si todos lo hacen, por qué él (o ella) no, cuando la realidad no es tan absoluta como supone.

Para la Psicología la necesidad por adquirir y poseer obedece a una necesidad por validarse frente al grupo social. Si yo valgo por lo que poseo, debo poseer cada vez más para seguir valiendo frente al grupo. No basta con que tenga un vehículo que cumpla con la función de transportarme, pues de ese modo no me distingo del conjunto. Necesito uno que sobresalga por sus características para destacar dentro del grupo. Igual para con viviendas, teléfonos celulares y qué sé yo. Dado que lo que poseo me otorga mi marca, debo poseer lo mejor para tener la mejor marca.

Ahora bien, habrá que buscar ocupaciones en las que el flujo de capital sea importante. Un trabajo cualquiera no me permitirá tener suficiente como para mantenerme comprando lo último que marcan las tendencias. Necesito una ocupación que me provea de lo necesario; si es legal o ilegal es lo de menos, el asunto es que genere rendimiento. Y como es bien sabido, uno de tales puestos que facilitan el enriquecimiento, es la función pública, lo que explica los robos descarados y cínicos de muchos de los personajes que viven de ella y que claro, así se les sorprenda con las manos en la masa, afirmarán que esos dineros de procedencia inexplicable son “fruto de su trabajo honrado”.

No vayamos tan lejos. En nuestro país actos como el robo o la mentira a muchos niveles se miran hasta con simpatía. Que en la tienda el niño de la familia abra un paquete de galletas, se coma unas cuantas y bote el resto sin pagar, produce en los padres una de varias reacciones: Se hacen los que no vieron; se justifican diciendo que es una travesura; lo propician dándole el paquete, a sabiendas del resultado lógico.

En un escenario de robo crónico como el que vivimos, es obvio que los padres de ese niño esgriman uno y mil argumentos para negarse a pagar, en el remoto caso de que alguna autoridad pretendiera sancionarlos. Viene a mi memoria aquel funcionario de Nayarit que, al ser señalado por robo, dijo que sí había robado pero “poquito”.

Pareciera entonces que en nuestro sistema lo malo no es que alguien robe, sino que lo sorprendan haciéndolo. Y aun en el caso de que lo sorprendieran con los fajos de billetes en las manos, alegará una y mil cosas para zafarse del asunto, y lo peor del caso es que le funciona, y sale bien librado.

Recuerdo las palabras de un funcionario de gran nivel en el IMSS a quien tuve oportunidad de tratar mientras ocupé la dirección de un hospital: “Si los de abajo roban y sus jefes no los sancionan, significa que están coludidos”. Es una frase que viene a mi memoria con relativa frecuencia cuando surgen casos de malos manejos por parte de funcionarios de los distintos niveles de gobierno.

No es posible que con una generación de por medio la religiosidad de nuestros abuelos se haya hecho pinole. Seguimos creyendo que hay un Dios que algún día habrá de juzgarnos por nuestros actos, pero estamos convencidos de que no hay problema, que podemos darnos gusto en esta vida, y al cuarto para la hora nos arrepentimos y listo, nos vamos a gozar la vida eterna. Quizá mucho de nuestro mal actuar parta de esta creencia, de modo que el personaje de más perverso comportamiento vive sin preocupación, pensando en que la vida eterna será negociable, como todo ha sido negociable en esta vida.

Nuestro México necesita individuos seguros de ellos mismos, que no sientan la fijación por avorazarse por tener para sentir que son, que sepan respetar lo que no es suyo y que puedan conducirse con la verdad.

La solución a la corrupción y la inseguridad está ahora en las cuatro paredes del hogar.

http://contraluzcoah.blogspot.com/
18 Septiembre 2016 04:00:37
¡Viva México en las redes!
Circula en redes el video de un jovencito de unos catorce años en silla de ruedas, y toda su odisea para subir la escalera de un puente peatonal por sí mismo, sin recibir ayuda, ni de quien lo filma, ni de los presurosos transeúntes que pasan junto a él y siguen su camino. Como no hay parlamentos, no logro saber si quien graba es su aliado, tratando de llamar la atención con respecto a las terribles dificultades que debe pasar el chiquillo para cruzar una avenida, o bien si es un simple aficionado que busca en todo momento el mejor ángulo para su video, algo que sería a todas luces humillante para la dignidad del jovencito en cuestión. No me aventuro en conjeturas pues no hay elementos de juicio para determinarlas.

La cámara del celular se ha vuelto una parte muy nuestra que nos empodera frente a situaciones externas que queremos preservar o denunciar, y en el peor de los casos manipular en aras de intereses no siempre nobles. De igual manera como un aliado en los propios estados de ánimo, ya sea para compartir una alegría, ya para dar a conocer un momento de depresión. Por desgracia son muchos los adolescentes que graban un mensaje en video previo a su suicidio, mismo que queda en el aparato celular como carta póstuma para dolor de amigos y familiares.

Hace un par de días me atrapé a mí misma queriendo atrapar dos momentos únicos. El primero fue el rostro de un anciano que vende chicles en el puente internacional, y que al detenerme a comprarle unos me dijo “Nada más cójalos, no me los pague, ya están pagados”. Supongo que alguien antes de mí dejó pagados unos chicles, más para beneficio del anciano que otra cosa, pero él demostró ser honesto cual más. Batallé un rato para convencerlo de que me cobrara mis chicles y transfiriera el privilegio a su siguiente cliente. Quisiera haber ido preparada con el celular para tomar y compartir la foto de un mexicano a carta cabal, de esos que poco quedan ya.

El segundo cuadro que grabé con fuego en mi mente y que, contrario al anterior sí me dejó preocupada, fue observar a la distancia, en una avenida de gran circulación a una madre y su hija adolescente, de unos 15 años. La madre cruzó la avenida, y pareció como si esperara que la hija hiciera lo propio, y al no hacerlo la chiquilla de inmediato, se regresa la madre, la toma del cabello recogido en un chongo, y virtualmente la arrastra por la avenida hasta la acera opuesta donde finalmente la suelta y comienza a vociferar frente a ella. La velocidad me impidió ver el desenlace, pero me dio la impresión de que la chiquilla se le enfrenta y finalmente toma un camino distinto al de la madre.

Dolorosamente ese también es nuestro México, el de la ignorancia, el de las familias altamente disfuncionales donde un hijo se considera una propiedad con la que su “dueño” puede hacer lo que quiera. Un México con falta de equidad de género, en el que la madre es la principal gestora del machismo y sus nefastas consecuencias, y que de alguna manera actúa obedeciendo a consignas inconscientes que parecieran concederle derecho a maltratar todo aquello con lo que se identifica, en este caso la chiquilla adolescente.

Claro, haberlo filmado no hubiera hecho ninguna diferencia. Subirlo a las redes a manera de denuncia para que se siguiera una ristra de comentarios negativos no va a llevar absolutamente a nada que ayude a sanear el tejido social. Los señalamientos y las murmuraciones no tienen utilidad alguna, al menos no para resolver un problema, y si alguna utilidad social tienen, será el desfogue de frustraciones personales de quienes levantan el dedo para erigirse en jueces de todo aquello que no comulga con su propia y específica manera de ver la vida.

Ese México que también es nuestro nos obliga a quienes hemos tenido un poco más de oportunidades, a solidarizarnos con quienes menos tienen. Los procesos educativos dentro del hogar no se dan por generación espontánea, sino que requieren de un trabajo previo, para el cual la educación escolarizada y la promoción de valores ciudadanos por parte de instituciones y particulares ayuda.

Este ha sido tal vez el mayor daño colateral de las redes sociales: Exhibir; violentar la privacidad de otros seres humanos al grabarlos sin su autorización, y terminar publicando imágenes que finalmente no llevan un propósito de mejora social. Implica una forma de poder mal encauzado que por un rato nos hace sentir como dioses, poseedores de esa verdad que adecuamos a nuestros intereses para sentirnos superiores.

Nuestro México es una gran canasta con un poco de todo. Dos grandes palabras que sobresalen en ella, y que resultan urgentes en estos tiempos son: “Gratitud” por lo que tenemos y “Solidaridad” para compartirlo.

¡Felices fiestas!

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11 Septiembre 2016 04:00:07
Ángeles y mariposas
Cuando esto escribo han pasado unas horas del fallecimiento de Doña Lichita Aguirre, una querida amiga, mujer hermosa y admirable, fundadora de una familia que se ha distinguido en la Región Norte del Estado por su elevada calidad humana y su actitud de servicio a la comunidad. Justo hace algunas semanas festejábamos sus 94 años de vida, durante su celebración ella, en el centro de la fiesta nos regalaba, como siempre hizo, la mejor de las sonrisas y su característica y contagiosa alegría de vivir.

Hoy la ha llamado nuestro buen Dios a su lado donde sé que ya está instalada y feliz. Ahora caigo en cuenta por qué desde el día anterior a su muerte comenzaron a llegar en grandes grupos mariposas Monarca a mi jardín donde cada vez que salgo revolotean alrededor mío, como queriendo decirme algo. Así entiendo que los ángeles también pueden tomar esta forma para venir a avisar que cumplen con un cometido sagrado que, aunque a nosotros nos deja en dolor, para el cielo es ocasión de alegría.

A partir del momento en que me dieron la noticia comencé a reflexionar acerca de la muerte. Finalmente es una gran oportunidad para hacerlo mientras nos toca nuestro turno, cada muerte cercana nos invita a colocar en contexto nuestra propia vida hasta donde la llevamos vivida, a revisar la mochila de viaje, afinar nuestro plan de vuelo y hacer una evaluación que nos indique si nuestras prioridades del hoy responden a aquello que, en la proximidad de nuestra propia muerte, reiteraríamos como tales, sobre todo recordando que de este paso por la vida no nos llevamos nada aparte de aquello que hayamos sembrado día a día con el corazón.

Desde la perspectiva de la muerte se visualiza la vida de otra manera, concediendo valor a lo que en verdad lo tiene y desechando el resto.

¡Cómo disfruté haber caminado por un rato al lado de alguien como Doña Lichita! Un ser humano limpio y generoso que nos deja grandes lecciones para asimilar. Ella y su hermosa familia son personas que siempre demuestran tener tiempo y calma para estar al pendiente de los demás, algo que habitualmente nos cuesta mucho trabajo al resto de nosotros. La voy a recordar con su mirada límpida, su sonrisa amplia y una particular serenidad siempre reflejada en su rostro, que daban cuenta de un entusiasmo inagotable y una renovada alegría de vivir. ¡Qué hermosa herencia les deja a sus hijos a partir de su ejemplo!

Justo hoy es aniversario luctuoso de mi madre, y de hecho los primeros grupos de mariposas Monarca en mi jardín me hicieron pensar en ella. Ahora sé que esos espíritus justos y buenos que han trascendido a otra dimensión tienen permiso para venir a pasearse entre nosotros y así recordarnos que sí vale la pena la tarea de esforzarnos en tratar de cumplir con Dios y con la vida.

Ciertamente hay ratos cuando lo que sucede allá afuera nos descorazona. Por desgracia vivimos en un mundo que nos mantiene hiper-informados, de modo que estamos constantemente bombardeados por noticias de corrupción, malos manejos, mentiras, impunidad y saqueo, que nos llevan en ratos a dudar si realmente la honorabilidad y la rectitud siguen teniendo un lugar en la escala de valores, cuando lo contrario pareciera ser lo que se preconiza como lo más importante en la vida, esto es, el manejo impúdico del dinero, haciendo creer que la justicia, la integridad y la honradez son cosa de tontos nada más.

A pesar de todo lo anterior, y sabiendo que difícilmente podemos escaparnos de esas malas noticias, es estimulante recordar que en este planeta también tenemos referentes que nos alientan a no desfallecer y a seguir adelante por el camino recto, como la opción que finalmente es la mejor.

Vivimos en un mundo de distraídos, y nosotros mismos también somos parte de esa gran mole que vive quizá con los sentidos metidos en una pequeña pantalla que pareciera que ya no permite al ser humano pensar por cuenta propia. O bien, tal vez sea ese miedo a confrontar nuestras propias cosas, que nos lleva a refugiarnos en esa pantalla que nos permite evadirnos de una realidad cada vez más compleja y dolorosa. Conocer seres humanos que viven su vida de manera extraordinaria nos permite comenzar a salir de ese marasmo mental, asomarnos al planeta Tierra y poder así entender que lo verdaderamente trascendente se construye día a día con buenos sentimientos traducidos en obras. Las buenas intenciones, por desgracia, no dejan huella permanente, pronto se hacen polvo.

Descanse en paz Doña Lichita, una gran mujer a quien siempre vamos a recordar de la mejor manera, por todo lo que ella fue, un alma justa y generosa que supo vivir en los hechos, sin jamás escatimar en cosa alguna, el verbo “amar”.

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04 Septiembre 2016 04:00:35
Confianza ciudadana
Cuando esto escribo voy saliendo de un procedimiento diagnóstico bajo anestesia, y durante el camino a casa vengo cocinando en mi estufa mental el tema para la colaboración de este domingo. Inicialmente pensaba hablar, para no quedarme fuera de contexto, del lamentable caso de la visita de Donald Trump a México, y todas las implicaciones políticas y socioeconómicas que conlleva, pero como ya todo está dicho solo agregaré algo que me llama la atención: La similitud que guarda la actitud del Ejecutivo federal con los casos de Síndrome de Estocolmo, esa simpatía que desarrolla el secuestrado por su secuestrador, al grado de defenderlo y apoyarlo. Sobre el tema que finalmente hay mucho escrito, lo parecido que es la actitud de nuestro Presidente con el de los secuestrados que desarrollan admiración por el poderío demostrado por el criminal que los priva de su libertad. Y digo nuestro Presidente y no nuestro gobierno, porque acaba de saberse que la titular de la SRE ni enterada estaba de la reunión entre EPN y Trump en la que el candidato republicano ganó puntos y nuestro Presidente los perdió de manera por demás lamentable.

En fin, el procedimiento endoscópico y anestésico al cual acabo de ser sometida me lleva a analizar de manera muy directa el concepto de “confianza”. Yo como paciente tengo plena confianza en los médicos tratantes, en su diagnóstico, en la destreza manual del endoscopista para realizar el estudio, en los conocimientos farmacológicos del anestesiólogo para sedarme, y en un dado caso, en la capacidad de todo el personal a cargo para resolver cualquier complicación que pueda surgir. Claro, yo firmo un consentimiento informado, de todas formas la clave fundamental en toda esta interacción es la confianza.

De igual manera, hablando de confianza, podemos establecer que en las diversas interacciones, desde las más insignificantes hasta las más complejas, la palabra “confianza” es la piedra angular. Dentro del matrimonio los esposos confían uno en el otro en todos los sentidos, y cuando esta confianza se quebranta, las cosas jamás vuelven a ser las mismas que antes de la ruptura. Los hijos confían en los padres, en su amor, en su capacidad para asistirlos y guiarlos. Pocas responsabilidades son del tamaño de la que implica el cuidado de los menores a nuestro cargo, hasta que están en condiciones de valerse por ellos mismos.

La confianza es la moneda de cambio en las relaciones comerciales en las que, amén de las comprobaciones matemáticas que al caso vengan, existe una base de confianza entre comprador y vendedor que vuelve expeditas las mutuas interacciones. El comprador confía en la cantidad y la calidad de la mercancía a comprar, y el vendedor confía en que su contraparte cumplirá con el pago conforme a lo que quedó establecido entre ellos.

De modo similar a lo anterior, confían los padres de familia en las autoridades educativas, de modo de entregar a sus hijos para ser educados por el sistema.

Regresando pues, al desempeño que nuestros gobernantes, entendemos que la confianza es lo que más se ha perdido. La costumbre inveterada de decir una cosa y hacer otra muy distinta, faltando a su palabra una vez sí y otra también, nos ha vuelto a los ciudadanos suspicaces. Ya no creemos lo que nos cuentan, e incluso andamos buscando la trampa que puede haber en cada declaración oficial, como ha sido con los casos de la gasolina, la energía eléctrica, o la estabilidad de nuestra moneda, por citar algunos.

Cuando tomamos entre las manos el “caso México”, tiene tantas aristas que no hallamos por dónde abordarlo. Hay corrupción, inseguridad, falta de transparencia. Hay francas mentiras, hay descarado cinismo, abuso de autoridad, y por ende se viene generando mucha falta de confianza. Mientras no se resuelvan estas poco podemos hacer por ir sacando a flote los problemas.

Quizá uno de los casos más emblemáticos con relación a la confianza ciudadana fue aquel de Lázaro Cárdenas, cuando convocó a la población en general a aportar algo de sus posesiones para tratar de completar lo necesario para liquidar a las petroleras extranjeras lo que se les debía, y consolidar la Expropiación Petrolera.

Dentro de otras muchas cualidades hoy nos hace falta a todos los ciudadanos retomar la confianza como una condición que me pone en condiciones para dejar que otro tome control de lo mío propio, y a la vez, que quien este control toma, sepa responder a esa confianza, manejándose de modo de cuidar los bienes ajenos como si fueran propios.

Estamos a muchas leguas de distancia, pero como todo, esa distancia comienza a zanjarse con el primer paso en la dirección correcta.

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