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Rodolfo Villarreal Ríos
Rodolfo Villarreal Ríos
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19 Agosto 2017 04:00:00
La política exterior estadounidense: Del internacionalismo independiente hasta Vietnam
En términos generales, los historiadores afirman que durante la década de los 1920s, los EUA vivieron un periodo de aislamiento y dejaron de tener un rol activo en el terreno internacional. Sin embargo nos contamos entre quienes no coinciden con las tesis desarrolladas por los que aseguran que, tras la conclusión de la Primera Guerra Mundial y el fracaso para que los EUA ingresaran a la Liga de las Naciones, ese país se encerró y a partir de ahí actuó como un simple espectador de lo que sucedía en el mundo. Estamos de acuerdo con los historiadores William Appleman Williams y Joan Hoff quienes refutaron tal estereotipo que aun hoy algunos insisten en proclamar. Partamos de aquí hasta llegar a la diplomacia estadounidense durante los 1960s.

Primero, en 1954, en el artículo “The Legend of Isolationism in the 1920s,” publicado en la revista Science and Society y más tarde, en 1959, en su libro, “The Tragedy of American Diplomacy”, William Appleman Williams produjo una crítica devastadora sobre el aislamiento que supuestamente vivieron los EUA durante los 1920s, inicios de los 1930s. De acuerdo a Williams, no era posible caracterizar como aislada a una nación que tenía inversiones por todo el mundo y cuyo departamento de comercio promovía activamente esos intereses. Asimismo, indicaba que “los estadounidenses tienden a pensar acerca de los 1920s como un fin de semana perdido en términos de asuntos internacionales, como un periodo en el cual los Estados Unidos ignoró sus responsabilidades mundiales mientras se intoxicaba bebiendo la ginebra del aislamiento de fabricación casera.” Sin embargo, argüía, las administraciones de los Presidentes Warren Gamaliel Harding, Calvin Coolidge, y Herbert Clark Hoover tuvieron un papel muy activo dando seguimiento a los intereses económicos [y políticos] de los estadounidenses alrededor del mundo.

En base al análisis de Williams, la historiadora Joan Hoff publicó su libro “American Business and Foreign Policy: 1920-1933” (1971). Hoff sostiene que los Estados Unidos se mantuvo “aislado” solamente en el sentido de que no ingresó a la Liga de Naciones y quiso evitar alianzas que pudieran llevarlo a involucrarse en otra guerra en Europa. Los EUA optaron por seguir un camino propio, interactuando con las naciones de Europa cuando hacerlo era redituable para sus intereses. La política exterior estadounidense desarrollada, durante el periodo entre 1920 y 1933, fue denominada por Hoff como “Internacionalismo Independiente” el cual no es una filosofía de política exterior, sino un método pragmático de conducir los asuntos foráneos. Bajo esta perspectiva, se asumía que los Estados Unidos cooperarían a nivel internacional cuando no pudieran, o no quisieran, resolver un problema diplomático específico a través de una acción unilateral.

Respecto a lo anterior, veamos varios ejemplos. El rol activo que los Estados Unidos tuvieron en México para resolver los problemas que se suscitaban entre las empresas petroleras y el gobierno mexicano. Asimismo, aun sin hacerlo de manera oficial, la intervención del mejor embajador que hayan enviado a nuestro país, Dwight W. Morrow, quien supo lidiar con los representantes de la poderosa organización política internacional llamada la Iglesia Católica Apostólica y Romana, a cuyos dirigentes convenció de lo importante que era concluir con la reyerta inútil. O bien el papel activo que tuvieron los EUA durante el conflicto en Nicaragua por esos años. En el entorno europeo, Coolidge autorizó que representantes estadounidenses, primero Charles Dawes y después Owen Young participaran en el proceso para resolver los problemas financieros de Europa consecuencia de la Primera Guerra Mundial. El llamado Plan Dawes planteó los mecanismos para equilibrar el presupuesto de Alemania, reorganizar el Reichsbank, y estabilizar la moneda. Eso le permitiría a Dawes obtener, en 1925, el Premio Noble de la Paz. Asimismo, en agosto de 1928, se firmó el Pacto [Frank Billings] Kellogg-[Arisitide] Briand mediante el cual se proscribía y prohibía la guerra como instrumento de política nacional. A pesar de ser firmado por quince naciones, Coolidge reconoció su naturaleza simbólica, pero representó un paso hacia la creación de protocolos globales que sirvieran como normas para el comportamiento internacional en los años venideros. Por ello, Kellogg ganaría el Premio Nobel de la Paz en 1929. En igual forma, durante los 1920s, la diplomacia estadounidense sufre una transformación que pocos mencionan. A esto, el historiador Robert Beisner, lo llamó el cambio de la diplomacia vieja a la nueva. Beisner afirmó que una vez que los EUA se consolidan como una potencia mundial, la diplomacia de esa nación sufre un giro al dejar de ser conducida por amateurs y/o designados por motivos políticos para ser conducida por personal diplomático profesionalizado.

La política exterior estadounidense de los 1920s podríamos denominarla “la política externa silenciosa,” acorde a una de las características del Presidente Calvin Coolidge, un personaje poco analizado por quienes tienden a etiquetarlo como gris, no obstante que condujo a su país por una época de prosperidad la cual si bien concluyó con la crisis de 1929, no fue culpa de Coolidge quien ya no estaba en el poder. El problema le estalló al presidente Herbert Hoover (1929-1933) quien poseía una capacidad intelectual muy alta, pero no supo dejar de lado su procedencia tecnocrática y adoptar un manejo político de la crisis. Dada su formación como ingeniero, cuando le preguntaron sobre la situación económica respondió con un término propio de su profesión dijo que los EUA estaban en una “depresión.”

Asimismo, cuando presentó al Congreso un programa para resolver el problema, sus enemigos políticos lo rechazaron al igual que lo haría más tarde, Franklin Delano Roosevelt ( 1933- 1945) quien prefirió jugar política y encargarse de mantener vivo al moribundo que solamente se salvó “gracias” a que estalló la Segunda Guerra Mundial.

Con los tambores de guerra sonando en Europa, el Presidente Roosevelt proclamó, en la cita de Kissinger, como las metas de la política estadounidense, las cuatro libertades: De expresión, de religión, de deseo, y del miedo en cualquier parte del planeta. Era el arribo del globalismo mesiánico estadounidense del siglo XX. En ese contexto, una vez que los EUA emergen como triunfadores de la Segunda Guerra Mundial, los Presidentes Roosevelt y Harry S. Truman (1945-1953) estuvieron en condiciones de dar forma al entorno internacional de acuerdo a los principios estadounidenses -seguridad colectiva, autodeterminación nacional y descolonización- en el proceso crearon la Organización de las Naciones Unidas como reemplazo de la Liga de las Naciones.

A pesar de que los EUA se convirtieron en el ente dominante sobre las naciones europeas, no fue nada sencillo establecer las reglas nuevas en el orden mundial. Robert J. Donovan en su libro “Conflict and Crisis” (1977), menciona que en la era Post Segunda Guerra Mundial, existía el sentir de que Rusia violaba o trataba de establecer su versión propia de lo que se había pactado en los Acuerdos de Terán, Yalta y Potsdam. Iósif Stalin buscaba consolidar el poderío soviético y, al mantener el control del Ejército Rojo en Europa del Este, retrasaba la firma de la paz. Los soviéticos deseaban instalar un gobierno amigable en Grecia, hacer de Turquía un estado títere y apropiarse de los campos petroleros en el Medio Oriente. Moscú apoyaba a los comunistas en China y se resistía a la unificación de Corea, excepto bajo un gobierno comunista. Ante esto, algunos diplomáticos estadounidenses analizaron la situación y buscaron proveer con una guía política y diplomática para manejar la situación.

En el verano de 1947, el diplomático estadounidense, George Frost Kennan, bajo el seudónimo Mr. X, introdujo el término “Containment” (Contención), en un artículo publicado en la revista Foreign Affairs, titulado “The Sources of Soviet Conduct”. A este había precedido el famoso “Telegrama Largo” en donde alertaba sobre el peligro que representaba Rusia. A partir de ello, la política exterior estadounidense habría de basarse en el principio de Contención que consistía en proveer a las naciones con fondos para que lograran su desarrollo económico, así como otorgarles protección mediante apoyo militar. Esto, de acuerdo al presidente Truman, citado por Barton J. Bernstein en “Towards a New Past: Dissenting Essays in American History” (1970), podría detener la expansión del comunismo, el crecimiento del militarismo podría controlarse y prevenir las revoluciones. Dado que estas últimas, de acuerdo a la definición liberal, eran impuestas por una minoría pequeña, un gobierno estadounidense vigilante podría detenerlas. Eran las bases de la Doctrina Truman.

Entre 1947 y 1948, el gobierno estadounidense dio los pasos primeros para transformar el principio de Contención en una política tangible. De acuerdo a Thomas Paterson en “Every Front: The Making and Unmaking of the Cold War” (1992), la meta de los EUA era construir una red internacional económica y defensiva la cual permitiera reafirmar y proteger la hegemonía estadounidense. El primer experimento se realizó en Europea occidental con el Plan Marshall, el cual cubría varios objetivos estadounidenses tales como; la reconstrucción económica, prevención de victorias políticas de izquierdistas y comunistas, sacar al comunismo del gobierno, integración europea mediante la incorporación de la zona occidental de Alemania dentro del sistema económico de Europa occidental ligado a los EUA, arreglos de las disputas coloniales que estaban drenando los recursos escasos de las naciones de origen, bloquear una “tercera fuerza” o tendencias neutralistas y la creación de una alianza defensiva. El panorama lucia esplendoroso para los EUA. Sin embargo, apareció un elemento externo, que en ocasiones generó confrontaciones en lo interno, la Guerra Fría.

Fuentes diversas señalan que la Guerra Fría se deriva de tres causas entrelazadas: a) un sistema internacional conflictivo; b) la divergencia fundamental de necesidades, ideas y poder de los EUA y la URSS; y, c) la conducta diplomática y los sistemas políticos domésticos –las tácticas- de los lideres estadounidenses y soviéticos. Dejando a un lado esto, lo que más contribuyó a la Guerra Fría fue cuál de las dos potencias controlaba el desarrollo, difusión y uso de la energía atómica.

Hasta 1948, los EUA tenían el monopolio de la bomba atómica y estaban preocupados porque una vez que ya no lo poseyeran, serían más vulnerables. Durante los años primeros de la postguerra, los soviéticos mantuvieron sus tropas en Europa del Este como una medida para detener el poderío estadounidense nuclear y aéreo. En 1949, la Unión Soviética produjo su propia bomba y el escenario quedo listo para que la Guerra Fría fuera el eje de la política exterior estadounidense durante los años venideros.

En 1948, dentro del contexto de la esfera militar, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Luxemburgo y Holanda fueron impulsados por los EUA para crear el Pacto de Bruselas. Más tarde, ellos reconocieron que sin la participación de los EUA, el Pacto no funcionaría y le solicitaron que participara. Posteriormente, con la incorporación de EUA y Canadá, nació, en 1949, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Los Estados Unidos se convirtieron en el miembro clave de la OTAN, proveyendo protección y seguridad, así como los fondos para adquirir equipo militar y hacer viable la asociación regional. En ese contexto, mediante la promulgación de la primer Ley de Asistencia para la Defensa Mutua (Octubre 1949), se autorizaron cerca de dos mil millones d dólares en ayuda militar para los miembros de la OTAN, así como para Grecia, Turquía, Irán, Corea, Filipinas y China. Se había militarizado la Contención. Asimismo, se implantó una política para ayudar a Japón en su reconstrucción y asegurar así que ese país se incorporara a la esfera estadounidense.

Para lograr las metas de desarrollo descritas bajo la política de Contención, los EUA disponían de dos instrumentos El Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (Banco Mundial) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Dado que ambos tenía su sede en Washington, el presidente del Banco Mundial era un estadounidense, y los EUA el principal proveedor de financiamiento, los préstamos se otorgaran a los amigos de los estadounidenses y se negaran a los que pertenecían a la esfera soviética. Fue la transformación de la “Dollar Diplomacy” en un
instrumento moderno de desarrollo.

Pero, la Contención no era un concepto rígido. En 1949, cuando el líder de Yugoslavia, Tito rompió con la URSS, tras cavilarlo, los EUA se percataron de lo importante que era dar apoyo a un disidente de la esfera comunista como un paso inicial para romperle la unidad. Regresando a Paterson, los EUA gradualmente se abrieron al comercio con el país balcánico, además de otorgarle créditos en 1949 y ayuda militar dos años más tarde. También en 1949, Al momento en que Mao Zedong derrotó a Chiang Kai-shek, y proclamó un gobierno comunista independiente de Moscú, los estrategas del departamento de estado recomendaron reconocerlo y continuar con el intercambio comercial de bienes no estratégicos. Por esos rumbos,cuando los soviéticos armaron a Corea del Norte para invadir Corea del Sur (CS), el aliado de los EUA, estos asumieron que los rusos trataban de medir su grado de debilidad, a la vez que se convertían en una amenaza para la ribera del Pacifico y apoyaron a CS, mientras tanto Francia determinaba ir en busca de su expansión en Indochina (Vietnam, Cambodia y Laos), Filipinas y Formosa (Taiwán).

Por nuestros rumbos, durante los 1950s, la política de Contención enfrentó varios retos. Los países latinoamericanos ofrecieron poco apoyo a los EUA durante la Guerra de Corea; el Panamericanismo y la OEA mostraron ser ineficientes en el manejo de los problemas regionales. Ya en la administración del Presidente Dwight D. Eisenhower (1953-1961), en 1954, cuando, en Guatemala, Juan Jacobo Árbenz Guzmán desafió la hegemonía estadounidense aquello acabó en una asonada organizada por la CIA y la caída del gobierno. En 1958, el vicepresidente Richard Milhaus Nixon fue vejado durante su gira por países latinoamericanos; mientras que en Panamá los nacionalistas demandaban términos nuevos en el acuerdo para operar la Zona del Canal.

Richard Immerman, en un artículo publicado en 1979, en Political Psychology, titulado “Eisenhower and Dulles: Who Made the Decisions?” señalaba que, en los 1950s, la situación en Europa se movía en contra de los intereses estadounidenses. Francia vetó la Comunidad de Defensa Europea, apoyada por los EUA, arguyendo que permitiría el rearme germano. Igualmente, los galos ayudaron a la creación del Mercado Común Europeo para disminuir la influencia estadounidense en Europa, al tiempo que abandonaban la OTAN y demandaban se removieran las bases militares de su territorio. En medio de esto, el Presidente Eisenhower mantuvo una política sin requiebros hacia Rusia demandándole acuerdos que condujeran a reducir el armamentismo Su énfasis no estaba en la conciliación sino en la firmeza. Pero aun vendría otro problema para la política de Contención.

A finales de los 1950s, encabezados por Fidel Castro Ruz, los rebeldes se apoderaron de Cuba y si bien no mostraban su filiación política izquierdista, una serie de medidas estadounidenses equivocadas, culminadas en el desastre de Bahía de Cochinos, terminaron por arrojarlos a los brazos soviéticos. Esto, en octubre de 1962, llevaría a la Crisis de los Misiles. Ante eso, posteriormente, el Presidente John F. Kennedy (1961-1963) implantó una política que promovería que las naciones del llamado Tercer Mundo pasaran de una situación económica precaria a la madurez política y económica. En ese proceso deberían de adoptar el desarrollo capitalista y alejarse del radicalismo, socialismo o comunismo. Inclusive deberían olvidar la neutralidad y abiertamente declararse pro EUA. Entre los programas desarrollados para tal fin destacaron la Alianza para el Progreso y los Cuerpos de Paz.

A pesar de esas propuestas, Kennedy continuó enfocado a detener la propagación del comunismo e ignoró los consejos de abandonar Vietnam. Rechazó cualquier acuerdo negociado y se embarcó en una de las peores experiencias bélicas de la historia estadounidense, la Guerra de Vietnam. Al caer asesinado, en noviembre de 1963, Kennedy lega una situación conflictiva al Presidente Lyndon Baines Johnson (1963-1968) quien prosigue con la política de Contención. Al persistir con la Guerra de Vietnam, Johnson enfrenta protestas en contra de ella. A la vez que esos mismos activistas incorporan a su paquete de demandas la integración racial y el movimiento feminista. A la par, antiguos admiradores del régimen soviético se muestran decepcionados al enterarse de la represión que se vivió en la URSS durante la administración de Stalin. De que como se desarrolló la política exterior estadounidense desde la segunda mitad de los 1960s hasta nuestros días, les comentaremos en la colaboración próxima.

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12 Agosto 2017 04:00:00
La política exterior estadounidense: La doctrina Monroe y el corolario Roosevelt / C
En el contexto de la política exterior estadounidense, América Latina ha ocupado un lugar preponderante al encontrarse dentro de su esfera de influencia. En base a ello, se arguye que cuando la Doctrina Monroe establece aquello de “América para los americanos,” entendamos como sinónimo de estos últimos a los estadounidenses y no al continente que comprende desde el norte del Bravo y hasta la Patagonia. Si bien, la Doctrina fue un acto unilateral de los EU en función de preservar para sí el control de América Latina y evitar cualquier intervención europea, rememoremos que cuando nace, en 1823, apenas nos acabábamos de sacudir tres centurias de dominio español, el cual sin negar que nos legó el mestizaje de donde provenimos, poco o nada dejó en términos de bienestar para la población. En ese contexto, los EU vieron que en estas tierras había un espacio en donde ejercer su influencia y a partir de ahí instrumentar su política exterior para nuestros países. Antes de que por ahí salga un ensabanado en el lábaro patrio, recordemos que este análisis está fundado en datos duros y no en “wishful thinking.” En ese contexto, no olvidemos que esta es una revisión de la política exterior estadounidense, la cual no fue diseñada para ver si nos gustaba o no. Con ella han lidiado nuestros gobernantes. Varios de ellos han mostrado un grado alto de dignidad por lo cual han sido respetados y capaces de desarrollar políticas conjuntas, los otros han utilizado conforme al nivel exhibido. Vayamos al recuento de las dos primeras décadas del siglo 20 en el entorno de la política exterior estadounidense durante ese lapso.
Al momento en que la Doctrina Monroe aparece, los EU eran aún una nación en vías de formación. Sin embargo, los alcances de la misma fueron más allá de lo esperado. Acabaría estableciendo las bases para el futuro de la política exterior estadounidense en general. Inmersa en ese proceso, llegó a los albores del Siglo 20 y ya no era factible utilizar las medidas empleadas cuando apenas se configuraba el país que cuando ya había obtenido el estatus de potencia. Por ello, el Presidente Theodore Roosevelt decidió tomar los principios de la Doctrina Monroe al nivel siguiente. Ahí, nació el llamado Corolario Roosevelt.

Conforme a lo citado por uno de los historiadores estadounidenses más connotados, Walter Lafeber, ese Corolario establecía como falso que los Estados Unidos “estuvieran hambrientos por adquirir posesiones territoriales nuevas o considerara cualquier proyecto al respecto para otras naciones del Hemisferio Occidental, excepto la búsqueda de su bienestar. Todo lo que [los EU] desean para sus naciones vecinas, citaba LaFeber, es estabilidad, orden y prosperidad…” Acto seguido venia la admonición preventiva. Sin embargo, de persistir “situaciones equivocas crónicas o la impotencia que den por resultado la pérdida de vínculos con la sociedad civilizada puede en América [entendida como el Continente Americano], como en cualquier otro sitio, requerirse la intervención de alguna nación civilizada…” Y como por estos rumbos ya sabíamos quien representaba eso, pues indicaba claramente: “En el Hemisferio Occidental, la observancia por parte de los Estados Unidos a los principios de la Doctrina Monroe podría forzar [a que esta nación], aun renuentemente, en los casos en que persistieran las situaciones equivocas y/o la impotencia flagrantes, tuviera que actuar como un poder policial internacional…” Pero no fueran a creer que aquello se daría de forma automática, “[Los EU] intervendríamos en [América Latina] únicamente como un recurso último, y solamente si fuera evidente que su incapacidad u oposición a impartir justicia en casa y hacia el exterior hubieran violado los derechos de los Estados Unidos o bien se hubiera recurrido a llamar a otras fuerzas externas de agresión, lo cual generara el detrimento de todo el conjunto de las naciones [del Continente Americano].” Para algunos era la puesta en práctica de las palabras que Roosevelt pronunciara años atrás: “speak softly and carry a big stick, you will go far” (habla suavemente y carga un garrote, así llegaras lejos). Si bien la Doctrina y el Corolario parecían un elemento unificado, existían algunas diferencias.

La Doctrina apoyaba las revoluciones en América Latina, el Corolario se oponía. Esto se explica ya que, a inicios de los 1800, los enemigos eran los europeos quienes desafiaban la predominancia estadounidense en el Hemisferio Occidental. En los albores del Siglo 20, las revoluciones podían estallar para combatir la intervención de los EU en el área.

Monroe demandaba la no intervención de fuerzas externas, incluyendo los EU, en esas revueltas, Roosevelt declaraba que intervendría para mantener el orden civilizado. Cuando Monroe proclamó su Doctrina, los EU no poseían un ejército fuerte para intervenir en esas insurrecciones, era mejor prohibir cualquier intervención. Pero una vez que se tiene un apoyo militar fuerte, no iba a permitir que nadie iniciara un fuego en la puerta de su casa.

La Doctrina había visto el poder económico actuando en un mercado tradicional, comprando y vendiendo de acuerdo a las reglas establecidas por el país de origen. El Corolario planteaba usar el poderío económico del país para controlar esos mercados y revertir el control ejercido por el país de origen para que fuera ejercido por los EU. O, como se dice, quien tiene el oro escribe las reglas, una potencia tiene capacidad para dictar los términos de intercambio.

Monroe argumentaba que al mantenerse alejado de los asuntos internos de América Latina, no requeriría una intervención militar. La propuesta de Roosevelt implicaba que si las cosas no se daban correctamente, en función de los intereses de los EU, en esa región o en uno de los países de la misma entonces había que hacer uso de la fuerza para corregir el problema.

La Doctrina establecía abstención. En Congreso no tenía un rol específico y el presidente no tenía que preocuparse por problemas constitucionales con la legislatura. Roosevelt siguió un camino que constitucionalmente requería la aprobación del Congreso, pero lo ignoró cuando se le oponía.

Para el Presidente Roosevelt, el futuro de los EU no estaba solamente en el Hemisferio Occidental, había una oportunidad muy importante en Asia. Los estadounidenses tenían que conquistar el mercado más grande del mundo que ofrecía la mano de obra más barata. El presidente estadounidense trató de garantizar la política de puertas abiertas al mercado chino mediante el apoyo otorgado a Japón, mientras obstaculizaba los intentos de Rusia por colonizar Manchuria y controlar Corea. Al final, Roosevelt fue capaz de sentar en la mesa de negociaciones a ambas partes, Japón y Rusia lograron un acuerdo de paz el cual colocó al gobierno ruso en una situación tal que años más tarde concluyó con la erupción de la Revolución Bolchevique. Al respecto, revisemos la perspectiva de un experto en el tema.

En la opinión de Henry Kissinger, lo que Roosevelt hizo fue utilizar las reglas del equilibrio de poderes. Esto implicaba querer debilitar a Rusia, pero sin llevarlo a un grado en que fuera derrotado y los japoneses se convirtieran en la amenaza sustituta de los rusos. En el llamado Tratado de Portsmouth, los arreglos se basaron en la premisa de un equilibrio de poder asiático en el cual Japón, apoyado por la Gran Bretaña, compensaría a Rusia, mientras los Estados Unidos mantendrían el balance final entre las dos partes de Asia, tanto como Gran Bretaña preservaba el equilibrio en Europa.

Quien sucedió a Roosevelt fue, otro Republicano, William Howard Taft (1909-1913). Su ritmo de trabajo fue lo opuesto a su predecesor en términos energéticos, lo cual no significó que cayera en la inactividad. La política externa de Taft quedó en manos del secretario de estado, Philander C. Knox, de quien un diplomático británico dijera que concebía los asuntos internacionales en igual forma que la práctica de la abogacía. Para Knox, un tratado era un contrato, la diplomacia era un litigio, y los países involucrados son partes en una demanda.

Bajo esa suposición, Knox and Taft creían que no era necesario el uso de la fuerza para continuar la consolidación del poder estadounidense en el mundo. Según su perspectiva, era suficiente con utilizar el capital creciente del país e invertirlo en otras altitudes. A esa política se le llamó “Dollar Diplomacy.” De acuerdo al Presidente Taft, mediante su implantación, sería factible crear sociedades ordenadas al ayudar a industrializar las naciones y a la vez generar utilidades para los inversionistas estadounidenses. La realidad habría de hacerle ver que aquello funcionaba mejor si le aderezaba un poco de orden. La utilización de la “Dollar Diplomacy” en China casi termina en catástrofe tanto para los chinos como para los EU.

Durante la era de la “Dollar Diplomacy,” específicamente en 1909, se propuso un tratado de reciprocidad el cual implicaba disminuir las tarifas en el intercambio comercial con México y Canadá. Sin embargo, la propuesta se vino abajo debido a los desacuerdos surgidos entre Republicanos conservadores quienes demandaban tarifas más altas y los Progresistas quienes apoyaban a Taft. Asimismo, la diplomacia promovida por Taft fue puesta en práctica en América Central. En Costa Rica y Honduras, la United Fruit jugó un papel importante en las plantaciones de plátano y los ferrocarriles, lo cual le permitió extender su control sobre el trasporte de carga, la banca y el gobierno.

El Presidente Taft, se preocupaba por ver cuál era la situación de los negocios estadounidenses en el mundo. Creía que los préstamos y la inversión de capital generarían orden, estabilidad y prosperidad a las naciones. Prefería esperar los resultados en lugar de ir a buscarlos o implantar medidas para lograr que se presentaran conforme a los planes. No obstante todas esas acciones, estallaron revoluciones en México y Nicaragua. Mientras tanto, en Europa, el sistema sustentado en el equilibrio de poder mostró una estabilidad muy endeble lo cual conduciría a la Primera Guerra Mundial.

En 1912, empieza a aparecer una fase nueva en materia de comercio. El entonces candidato presidencial Demócrata, y futuro presidente, Thomas Woodrow Wilson (1913-1921), señaló, tal como es citado por LaFeber, que era necesario encontrar la frontera nueva de los mercados mundiales para reemplazar la frontera geográfica. El gobierno, encabezado por un presidente fuerte, debe de abrir y ordenar esas fronteras nuevas. Wilson reconocía que las corporaciones serian un factor diferente de carácter nacional, pero deseaba emplear al gobierno para reforzar los valores políticos y morales tradicionales.

La presidencia de Wilson se distinguió por ser una combinación de idealismo con pragmatismo. De acuerdo a Kissinger, las ideas de Wilson habrían de dar forma a la base conceptual de la política exterior estadounidense durante el resto del siglo 20.

Una vez en la presidencia, Wilson realizó su primer movimiento diplomático cuando, con la finalidad de estabilizar China, sacó a los banqueros estadounidenses del consorcio de las seis potencias integrado también por Rusia, Francia, Alemana, Japón y Gran Bretaña. Esta medida la tomó no porque careciera de conocimientos sobre lo que China representaba, sino debido al hecho de que Rusia y Japón, que controlaban el grupo, mostraban muy poco interés por la política de puertas abiertas. Utilizaría el poderío económico creciente de los EU e iría solo en China. Trabajaría con el líder chino quien prometiera estabilidad y cooperación.

En relación a Japón, Wilson, a través del secretario de estado, Robert Lansing, obtuvo un acuerdo en el cual los EU reconocían el dominio de Japón en áreas como el sureste de Manchuria. A cambio, Japón reafirmaba su participación en la política de puertas abiertas.

La imagen que Wilson proyectó durante su campaña fue la de un pacifista. Sin embargo, durante su administración implantó una política exterior más agresiva aun que la de Theodore Roosevelt. Wilson no tenía duda de que el uso de la fuerza era necesaria para poder alcanzar el orden. Aun cuando cabe mencionar que también utilizó el poder del dinero para hacerse de territorio como fue el caso de las Islas Vírgenes por las cuales le pagó 25 millones de dólares a Dinamarca. Tras de que en su campaña para reelegirse, les prometió a los estadounidenses que no enviaría sus hijos a la guerra, al final no tuvo otra opción sino involucrarse, y ganar, en la Primera Guerra Mundial. Por tierras Latinoamericanas durante el gobierno de Wilson seis fueron las veces en que envió tropas para “pacificarnos” o “ayudarnos”. No olvidemos que dos de ellas fueron aquí en México, mismas que trataría de justificar años después, pero que en su momento no fueron bien recibidas por nadie y solamente la testarudez positiva de Venustiano Carranza Garza hizo factible que no termináramos en protectorado o de achichincles durante la Primera Guerra Mundial.

Retornando a Kissinger, desde su perspectiva los motivos que indujeron a Wilson a involucrarse en la Guerra no fueron generados por el deseo de preservar y fortalecer el equilibrio de las potencias en Europa. Lo que en realidad Wilson buscaba era terminar conjuntamente con ese equilibrio y el sistema de Westfalia. Aquí cabe hacer un paréntesis y precisar a lo que se refiere esto último. En 1648, se firmó la Paz de Westfalia dando fin a la Guerra de los Treinta Años. Era un acuerdo para respetar el principio de integridad territorial. En el sistema de Westfalia, se asumía que los intereses nacionales y los objetivos de los estados (más tarde estados-naciones) estaban por encima de cualquier ciudadano o gobernante. Los estados, se convirtieron en los agentes institucionales primarios en un sistema de relaciones regionales. Hasta aquí la disgregación, retornemos a principios el siglo 20 en los EU en donde el presidente Wilson estaba convencido de que las relaciones entre países no deberían fundarse en un equilibrio de potencias , sino en una comunidad de potencias; no en un conglomerado de rivalidades organizadas, sino sustentada en la instauración de una paz común. A partir de ahí, el Presidente Wilson habría de delinear los tres temas básicos en los cuales se sustentaría la política exterior estadounidense del futuro.

Primero, habría que considerar la prevalencia de la armonía como el orden natural de los asuntos internacionales. Segundo, generar el cambio mediante el uso de la fuerza es inadmisible; toda transformación debe de suscitarse mediante un proceso basado en la ley, algo que se asemeje a ella o mediante un procedimiento legal. Tercero, cualquier nación construida bajos dichos principios nunca debería optar por la confrontación violenta; aquellos estados que no adopten estos criterios más temprano que tarde llevaran al mundo a un conflicto. El objetivo de Wilson era extender al resto del mundo lo que ellos llaman los valores estadounidenses por lo cual se convierten en una política exterior activa.

En ese contexto, al finalizar la Primera Guerra Mundial, Wilson promovió la creación de un parlamento mundial liderado por los EU. Esto generaría seguridad colectiva y representaría un acuerdo en pro de la paz permanente. Bajo este esquema, se creó la Liga de las Naciones. Tras convencer a los otros líderes ganadores de la Guerra, Wilson retornó a los EU para promover la incorporación a su país a dicha Liga. Sin embargo, pagaría el olvido que tuvo cuando se fue a París sin invitar a miembros del Congreso como parte de la delegación estadounidense. El triunfo lo cegó y creyó era un mero trámite convencer a los integrantes del legislativo en su país. Sin embargo, su rival acérrimo, el senador por Massachusetts, Henry Cabot Lodge, encabezó la oposición para que los EU ingresaran a la Liga de las Naciones.
Cuestionó el contenido del artículo X de la Liga que se refería a la seguridad colectiva. Esto significaba que si una nación estaba bajo ataque, todos los demás miembros habrían de defenderla, lo cual argüía, ponía en riesgo a los EU. Se requerían dos tercios de votos aprobatorios del Senado para aprobar la participación de los EU en la Liga, pero Wilson y los Demócratas no pudieron alcanzarlos. Eso, le costó la salud a Wilson y el poder presidencial disminuyó. A partir de ahí, aseguran algunos historiadores, da inicio un periodo de aislamiento de los EU con respecto los eventos mundiales, algo con lo que de acuerdo a nuestras investigaciones no ocurrió, eso lo trataremos en la colaboración siguiente.
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Añadido (1) A poco creían que era un partido de pelados, pues no. Ya tenía a la princesita plagiaria, ahora muestra al rey de mazapán. Desde la cúspide, luce complacido su Alteza Serenísima, el del Siglo 21, no el del 19.

Añadido (2) Un amigo, quien como militante de toda la vida ha sudado la camiseta por su partido, nos hizo el mejor resumen sobre el sentir de los miembros acerca de la asamblea priísta: DECEPCIONADOS.

Añadido (3) En el boxeo, los antiguos aconsejaban golpear al cuerpo para minar la velocidad de del contrario y que llegara exhausto a los rounds finales. De continuar a ese ritmo el “traca-traca,” como dijera el cronista nigropetense Agustín Álvarez Briones, cuando los negociadores mexicanos se vayan a negociar el TLCAN o NAFTA llegaran con los brazos caídos pesándoles una tonelada. Primero fue la papaya, siguió el batacazo del dinero sucio, a ver mañana que nos anuncian. Y aquí, impávidos en espera de que les asignen otra chambita en pro de la democracia.
05 Agosto 2017 04:00:00
El punto de inflexión en la política exterior estadounidense/ B
Al momento en que el siglo XIX finalizaba, tras la Reconstrucción, el auge industrial alcanzado en la llamada “Gilded Age,” la crisis de 1893 y su recuperación, los EUA estaban listos para buscar un sentido nuevo a sus relaciones con el exterior. En 1896, concluía el mandato del vigésimo segundo y vigésimo cuarto presidente de los EUA, el Demócrata Grover Cleveland (1885–1889 y 1893–1897). Alguien cuyo nombre suena extraño al sur del Bravo o, por qué no decirlo, desconocido. Sin embargo, está pleno de anécdotas entre las que se encuentran alegatos de una paternidad fuera de matrimonio; el casamiento con la hija de su socio en el despacho de abogado, a la cual le llevaba 28 años de edad; ser el segundo presidente en casarse en la Casa Blanca; haber procreado la primera criatura nacida en la Casa Blanca, y realizar la inauguración de la Estatua de la Libertad. Durante su primer mandato mantuvo la política de aislamiento, mientras que en el segundo logró superar la crisis de 1893; obligó a Gran Bretaña a aceptar los límites de Venezuela invocando la Doctrina Monroe, y apoyó la restauración de la monarquía en Hawái, retirando del Senado el proyecto de anexión de Hawái a los EUA. En la contienda presidencial de 1896, se enfrentaron quien fuera gobernador de Ohio (1892-1896), William McKinley (Republicano) y William Jennings Bryan (Demócrata), enemigo del patrón oro y partidario de que lo fuera la plata. Partamos de aquí para revisar el punto de inflexión en la política exterior estadounidense.

Bajo la promesa de fomentar la industria y la banca y generar prosperidad para todos, McKinley derrotó en una contienda cerrada a Bryan. Al finalizar 1897, el primer año de gobierno de McKinley (1897-1901), la economía estadounidense estaba en recuperación plena. Sin embargo, para entonces la rebelión cubana en contra de la dominación española de la isla llevaba dos años y ello ponía en riesgo las propiedades de los estadounidenses, cuyo valor era de alrededor los 50 millones de dólares. Ante esa situación, el gobierno de los EUA, buscando proteger los bienes de sus connacionales, le solicitó a España conceder la independencia a Cuba. Dado que España rechaza la propuesta y los cubanos continuaban destruyendo el patrimonio de los estadunidenses buscando con ello forzar la intervención armada estadounidense, esto permitía que un par de próceres del periodismo estadounidense, Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst se enfrascaran en ver quien vendía un número mayor de diarios. Permítanos precisar de qué se trató esto.

En su afán mercantilista por vender papel, Pulitzer y Hearst inflamaban el nacionalismo y no les importaba lo que fuera a suceder, lo significativo era derrotar al rival y apoderarse del mercado de lectores neoyorkinos. Un día sí, y al siguiente nuevamente, publicaban notas alarmistas respecto a lo que sucedía en Cuba en sus diarios The New York World, propiedad de Pulitzer, y The New York Journal editado por Hearst. A la par, se convertían en los padres de la llamada prensa amarillista, porque de ese color era el papel en donde se plasmaban historias poco sustentadas, pero suficientemente alarmistas para atraer lectores, algo que hoy ha quedado atrás. El New York Times y el Washington Post, junto con las cadenas televisivas CNN, NBC, MSNBC, ABC y CBS, difunden sus versiones de la realidad pintadas de colores etéreos y/o fantasmales, en el caso de FOX todo depende del color del cristal con que se mire, y las redes sociales tienden a cubrir una multitud de sus mensajes con un tono café de aspecto y olor desagradable. Pero, el 15 de febrero de 1898, Pulitzer y Hearst recibieron como maná caído del cielo la noticia de que la embarcación estadounidense Maine había explotado. Este es un evento que hasta nuestros días no se define que fue realmente lo acontecido. Unos dicen que fue una mina y otros que una explosión en la cocina. Sin embargo, para ese par de editores, entonces, y siempre, 274 muertos representaban un número suficiente para inflamar el fervor patrio. La narrativa periodística que prevaleció, compartida por autoridades y ciudadanos estadounidenses, fue que los responsables de tal barbaridad eran los españoles y deberían de pagar.

Walter Lafeber en “The American Age: United States Foreign Policy at Home and Abroad Since 1896” (1994), menciona que entre el 20 y 28 de marzo de 1898, el Presidente McKinley presentó un serie de demandas a España. Entre ellas destacaban que deberían: Pagar una indemnización por el hundimiento del Maine; prometer que no utilizarían la política del reconcentrado [la política de mover a los civiles cubanos a poblaciones del centro en manos del ejército español]; declarar un cese al fuego; y, negociar la independencia de Cuba, sí fuera necesario, a través de la intervención de los EUA. España aceptó todas las demandas, excepto la última. Como consecuencia, se incrementó la presión en los EUA; entre las voces más demandantes se encontraban la del subsecretario de marina, Theodore Roosevelt. El 11 de abril, el Presidente McKinley solicitó al Congreso autorización para declarar la guerra dado que tres años de lucha en la isla amenazaba la vida de los cubanos, las propiedades de los estadounidenses, y la tranquilidad misma de los EUA.

Tras un debate feroz, ambas Cámaras aprobaron, el 19 de abril, la declaración referida que al día siguiente fue firmada por McKinley. El presidente aceptó la llamada Enmienda Teller en la que se especificaba que el objetivo no era obtener territorio, su objetivo no era hacerse de Cuba sino de Hawái. Tras una serie de acciones militares, el 25 de abril, los EUA declararon estado de guerra con España, lo cual persistiría por los 113 días siguientes. En ese inter, tan pronto los buques estadounidenses destruyeron la flota española en Filipinas, en mayo de 1898, el presidente solicitó al Senado la anexión de Hawái. Esta solicitud revivió después de que, en 1897, Japón envió buques de guerra a esa isla con la finalidad de que formara parte de su territorio. Sin embargo, no todos los estadounidenses estaban convencidos, los productores de azúcar temían ser desplazados por las importaciones del producto de aquellas tierras. Al no contar con los 60 votos requeridos, McKinley promovió una resolución conjunta de ambas Cámaras, utilizada en 1846 para incorporar Texas. Así, el 12 de agosto de 1898, Hawái pasó a ser parte de los EUA. Meses antes, McKinley declaraba: “Necesitamos a Hawái y un buen acuerdo, tanto como lo hicimos con California. Este es el destino manifiesto.” Era tiempo de atender totalmente el conflicto en Cuba.

Mientras tanto, un escuadrón español cruzaba el Atlántico, a la vez que por el Pacifico se desplazaba el USS Oregon para atravesar el Cabo de Hornos y de ahí subir por el Atlántico hasta el Caribe en un viaje que duró 68 días. En ese contexto, se reafirmó la idea de que era necesario construir un canal ístmico que atravesara América Central. Cuando ambas flotas se encontraron en Cuba, doce embarcaciones estadounidenses destruyeron la flota hispana, una lucha en donde un estadounidense perdió la vida. Para entonces, Theodore Roosevelt al frente de los Rough Riders ya había tomado la Colina de San Juan y curado parcialmente el trauma que lo aquejaba desde que se enteró como su padre pagó a otro para que combatiera en su lugar, el del padre, en la Guerra Civil Estadounidense. Al finalizar la contienda que el secretario de estado, John Milton Hay llamara “una guerra pequeña espléndida,” 2900 estadounidenses perecieron, de los cuales 2500 fue debido a enfermedades, se erogaron 250 millones de dólares, se obtuvo el control de Cuba y ya se habían anexado Hawái. Sin embargo eso no fue todo, mediante los Acuerdos de París, firmados el 10 de diciembre de 1898, se conviene la futura independencia de Cuba, que se concretaría en 1902, y España cede, a los EUA, Filipinas, Puerto Rico y Guam. Por su parte, el subsecretario de estado, John Basset Moore, citado por LaFeber, mencionaba que la nación pasó de una situación de libertad relativa con enredos a ser considerada una potencia mundial.

Los EUA no ocuparon territorialmente Cuba, pero mediante la Enmienda Platt ejercieron su influencia. En ella, se estipulaba que los EUA tenían derecho a intervenir como lo desearan para proteger la independencia de Cuba; la deuda cubana debía de ser limitada para que los acreedores europeos no la usaran como excusa y utilizar la fuerza para cobrarla o tal vez apoderarse como compensación del territorio cubano; los EUA demandaban rentar por 99 años la base naval de Guantánamo, y, desarrollar un programa sanitario extenso para la población cubana que permitiera hacer la isla más atractiva para los inversionistas estadounidenses. La Doctrina Monroe era llevada a la práctica. Pero los EUA ya eran una potencia mundial y tenían que actuar en otras arenas.

En ese contexto, John Hay, al igual que muchos estadounidenses, tenían una fascinación grande con Asia, especialmente con China. Hay veía que el futuro del comercio estaba en aquella región y mencionó que quien entendiera a China tendría la llave del mundo de la política por las próximas cinco centurias. En lo que se conoce como “Open Door Notes,” escritas en 1899 y 1900, Hay pidió a las otras potencias (especialmente Rusia y Alemania) que no cargaran a los extranjeros más de lo que sus propios ciudadanos pagaban por los privilegios de transporte de carga y ferrocarril en las llamadas esferas de influencia en China que cada potencia clamaba detentar. Hay insistía en que la tarifa general de China se utilizase para todas las esferas de influencia, y que China recolectara los derechos. Era necesario reforzar la integridad territorial de China. Ninguna de las otras potencias estuvieron de acuerdo con las Notas de Hay, pero tampoco las rechazaron. Hay logró un acuerdo con Gran Bretaña, Japón y Francia. Ante esto, Alemania y Rusia, que se detestaban mutuamente, no tuvieron otra alternativa que aceptarlas o desafiar a las otras potencias. Pero algo más sucedería en China por aquel entonces.

A principios de 1900, la Emperatriz Dowager, Cixi, quien encabezaba la dinastía Manchú que se encontraba en decadencia plena, promovió una política radical anti extranjera para lo cual utilizó a una sociedad militarista conocida como los Boxers cuyos miembros procedieron a atacar a los foráneos y sus propiedades. Rusia, Alemania y aun Japón tuvieron que hacer uso de esos mismos Boxers para sellar algunas partes de China dentro de sus propias esferas de influencia. La situación empezó a revelar las ventajas de las acciones realizadas por los EUA a finales del siglo XIX.

Pronto, McKinley pudo mostrar porque había sido importante adquirir las Filipinas. Ordenó la movilización de cinco mil elementos del ejército estadounidense para que se dirigieran de Manila hacia China.

Mientras tanto, Hay solicitó a todas las potencias que directamente declararan comprometerse a preservar la integridad territorial y administrativa de China. Todos aceptaron cumplir el requerimiento realizado por el secretario de estado de los EUA. Hay entendió la necesidad que su país tenía de mercados comerciales y religiosos y el limitado poder que podía ejercer en la región. McKinley no veía otra opción sino tratar de mantener a las otras potencias alineadas voluntariamente respaldando la política de puertas abiertas. Esto no se podía alcanzar mediante el uso de la fuerza militar estadounidense, sino enfrentando una potencia entre sí-

Al realizar todas estas acciones, McKinley había convertido a los EUA en una de las grandes potencias, emergiendo como un rival para los europeos. Sin embargo, el objetivo primordial de los estadounidenses ya no era la adquisición de más territorio, lo que deseaban era apoderarse de los mercados. En ello, veían una alternativa que les permitiría estar a salvo de situaciones como las que vivieron durante la post depresión de 1893. El presidente McKinley proclamó que no era posible, ni deseable vivir en un estado de aislamiento. Por ello, los EUA tendrían que diseñar un esquema nuevo de tarifas, acompañado de otras políticas, que les permitiera conquistar los mercados comerciales del mundo. Con la prosperidad rampante y los territorios adquiridos, los estadounidenses no tuvieron mucha dificultad para reelegir, en 1900, a McKinley quien derrotó nuevamente a William Jennings Bryan. Todo lucia esplendoroso para McKinkley quien fue un ejecutivo moderno que proveyó a su país con una clase de liderazgo diferente.

Sin embargo, el 6 de septiembre de 1901, al inaugurar la Exposición Panamericana, en Búfalo, New York, William McKinley recibió los disparos del anarquista Leon Czolgosz. El 14 de septiembre de 1901, víctima de gangrena, fallece el vigésimo quinto presidente de los EUA.

El sucesor de McKinley fue el vicepresidente Theodore Roosevelt, un hombre de acción quien creía que el libre albedrío y la capacidad individual eran los elementos vitales que podían generar el cambio social. Estaba convencido firmemente que era necesario regular la competencia y de esa manera evitar el desorden. Roosevelt deseaba el orden y la paz., al mismo tiempo que ejemplifica la política exterior estadounidense post 1890s. Esto implicaba una inclinación a utilizar la fuerza como un medio para obtener el orden, enfatizar la responsabilidad especial que recaía sobre los hombros de los EUA para garantizar la estabilidad en América Latina y Asia, y la creencia de que los valores anglosajones y el éxito que al amparo de ellos se había tenido, daba a los estadounidenses el derecho de manejar una política exterior bajo esas premisas.

Con respecto a quien debería de conducir la política exterior estadounidense, no obstante su profundo respeto por la Constitución, Roosevelt no tenía duda alguna de que debería ser responsabilidad única del presidente. Roosevelt nunca percibió que sus acciones en el terreno de asuntos foráneos fueran una muestra de actividades imperialistas. Para él, simplemente, se trataba de actividades que tenía que desarrollar quien se asumía como un guardián encargado de mantener el orden entre pueblos menos civilizados.

Sí algo caracterizó la presidencia de Roosevelt (1901-1909) fue su frenético accionar. Lo mismo buscó poner en orden a los grandes consorcios que se instauró como el padre del ecologismo estadounidense. Mientras su política interna era catalogada de Progresista. Y para quienes hoy se alarman porque el Jefe del Ejecutivo de los EUA firma decretos para avanzar su agenda, vale mencionar que durante su administración, Roosevelt firmó 1081 decretos. En el contexto externo, perdió interés en las Filipinas y en seguir incrementando las posesiones en Asia. A la par, entendiendo su condición de potencia mundial, se dio a la tarea de acrecentar su poderío naval y, para finales de su segundo término, solamente Gran Bretaña lo superaba en el número de embarcaciones de batalla. Asimismo, estrecho sus lazos con Gran Bretaña, logrando que, el 18 de noviembre de 1901, se firmara el Tratado (John Milton)Hay–(Lord Julian) Pauncefote, el embajador británico en los EUA, que vino a sustituir al Tratado (John Middleton) Clayton–( Henry Lytton Earle) Bulwer, firmado el 19 de abril de 1850, el cual prohibía a ambas naciones colonizar o controlar algún país en América Central y por consiguiente impedía a los EUA construir un canal que conectara al Pacifico con el Atlántico. En igual forma, solucionó el problema de los límites de Alaska. Sin embargo, asumiendo la postura de que encabezaba a una de las grandes potencias, actuó como mediador para lograr finalizar la guerra entre Rusia y Japón mediante la firma del Tratado de Portsmouth. Con esta acción obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1906, en aquellos tiempos en donde dicho galardón tenía un valor real y no como ahora que se otorga a inventoras de historietas rosas. Posteriormente, finalizó las disputas de los EUA con Japón mediante el Acuerdo de Caballeros (1907). Por lo que concierne a América Latina, además de dar inicio a la construcción del Canal de Panamá, estableció un nuevo sentido a la Doctrina Monroe. Las condiciones imperantes en los inicios del Siglo XIX habían cambiado para los albores de la vigésima centuria. Los EUA estaban convertidos en una potencia mundial y actuaban en consecuencia. Cerca de ello, nos ocuparemos en la tercera colaboración sobre este tópico.
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Añadido (1) Vaya que añoramos los tiempos en que nuestro país regía sus relaciones con otras naciones bajo los principios de la Doctrina Estrada. Entonces, ganamos prestigio y respeto en el entorno internacional. Hoy, el prestigio se ha evaporado y ni quien nos respete por andar de entrometidos. Ante eso, han degradado la diplomacia a reyerta de piquera.

Añadido (2) El globito galo se desinfla. Aquí, los maxhincados andan descorazonados pues el modelito que buscaban imitar y vender en el 2018 luce desteñido y ajado. Eso pasa por deslumbrarse con cualquier retazo de percal que a los ojos de los cándidos luce como seda.
29 Julio 2017 04:00:00
Sobre la política exterior estadounidense / A
A lo largo del tiempo, se ha escrito ampliamente sobre la política exterior estadounidense y mucho nos hemos quejado sobre ella. Algunos buscan precisar si es justa o injusta, algo que es totalmente subjetivo, ya que la primera pregunta que surge es ¿para quién o para qué? A varios no les ha quedado claro que, hasta nuestros días, quienes definen las acciones a seguir en materia de los asuntos externos en los Estados Unidos de América (EUA) lo han hecho, y lo realizan en función de los intereses de ese país para consolidar su poder y no pensando que opinara el vecino al respecto. Sobre esto nada se puede argüir, es la forma en que deben actuar quienes estén a frente de cualquier nación. Tomando en cuenta todo esto, y la situación que se vive actualmente en ese entorno, decidimos nuevamente irnos a buscar en el baúl de los escritos elaborados, pero no publicados. Recuperamos uno de ellos para someterlo a su consideración, lector amable, bajo la premisa de que son los ciudadanos estadounidenses quienes deben de aprobar o no las acciones de sus gobernantes y nosotros los foráneos demandar que los nuestros sean capaces de tener la destreza requerida para saber cómo hacer frente a las políticas implantadas por quien posee el liderazgo mundial.

En esto de las relaciones con el vecino hemos tenido ejemplos verdaderamente notables por parte de nuestros líderes a lo largo de la historia, aun cuando otros han mostrado una incapacidad que los ha llevado a la abyección. Pero demos un repaso histórico a lo que ha sido la política exterior
estadounidense.

Definir la política exterior de los EUA simplemente como la construcción de la relación con otros países es una acepción a medias, ya que deja fuera lo concerniente a organizaciones y empresas. Asimismo, es olvidarse de que en ella va inmersa los esfuerzos de los gobernantes de ese país para consolidar metas específicas entre las que van el desarrollo de lo que ellos llaman los valores estadounidenses lo cual da lugar a esos objetivos. En esto no hay nada nuevo, todos los países que en algún momento han detentado liderazgos sobre otros a lo largo de la historia lo han hecho. Tomando la experiencia de otros, la política exterior estadounidense ha estado fundamentada en las cuatro “P”. Primero, el uso de las herramientas políticas para consolidar el Poder; segundo, ayudar a diseñar y establecer un orden mundial que permitan alcanzar la Paz; tercero, hacer del comercio la herramienta económica que permita la Prosperidad; y, cuarto, ayudar al desarrollo de una situación en donde el idealismo democrático y la cohesión se conviertan en los más importantes Principios. No obstante esta aparente coherencia, no todos los estudiosos han estado de acuerdo en que a lo largo del tiempo todo ha sido uniformidad. Veamos la opinión de algunos expertos en el tema.

En 1967, el Senador J. William Fulbright en The Arrogance of Power argüía que tradicionalmente la política exterior estadounidense había que considerarla desde dos aspectos: Ambos se caracterizan por una especie de moralismo, pero una es la moral de los instintos decentes que se forja bajo la premisa de reconocer la existencia de la imperfección humana y la otra es la moral de la confianza absoluta en sí mismo que se catapulta por el espíritu de lucha”. Más tarde, Henry Kissinger en Diplomacy (1994) establecería que los “Estados Unidos habían oscilado entre aislamiento y compromiso. Aun cuando ambos términos parezcan contradictorios, de acuerdo a Kissinger reflejan una fe subyacente común: que los Estados Unidos poseen el mejor sistema de gobierno en el mundo, y que el resto de la humanidad puede lograr paz y prosperidad si abandona la diplomacia tradicional y adopta la admiración y el respeto estadounidense por las leyes internacionales y la democracia”. Para concluir el autoelogio a su país adoptivo, Kissinger enfatizaba que “el recorrido de los Estados Unidos por la política internacional ha sido un triunfo de la fe sobre la experiencia”. Por su parte, Andrew J. Bacevich en American Empire (2004) cita al historiador Ernest May quien dijo: “los Estados Unidos no actúa de acuerdo a una lógica predeterminada; reacciona a las circunstancias”. Dejando de lado asuntos moralistas o considerar que una nación posee un sistema de gobierno superior al de otras o que la fe es lo que les ha permitido triunfar, lo que definitivamente es cierto es que enmarcar la diplomacia de los EUA como una reacción a las circunstancias es una percepción simplista.

La política exterior Estadounidense a lo largo de la historia ha tenido un hilo conductor. Se ha presentado en formas diversas, pero nunca ha dejado de lado que su objetivo es muy claro, la consolidación del poder estadounidense y la propagación por todo el mundo de los valores prevalecientes en la sociedad de esa nación. Para apoyar esta acepción, procederemos a realizar un análisis partiendo de los principios establecidos en la Constitución de los EUA, a la par que consideremos aquellos elementos que involucran seguridad, política, comercio, economía, ayuda humanitaria y por supuesto el poder.

Desde el punto de vista del marco legal, hay un debate intenso sobre quien está a cargo de la política exterior estadounidense. ¿El Presidente o el Congreso? En relación a esto, Louis Henkin en Foreign Affairs and the United States Constitution (1990) establece que los asuntos externos no es un término encontrado en la Constitución y lo que se caracteriza como asuntos externos no es una categoría constitucional aislada. Citando al Juez Robert H. Jackson, quien, en 1954, escribió que es posible mencionar que hay una zona nebulosa en la cual el presidente y el Congreso pudieran tener una autoridad concurrente o en la cual sus atribuciones son inciertas.

En lo concerniente a la Constitución, encontramos que de acuerdo al Artículo I, Sección 8, el Congreso tiene entre otras prerrogativas declarar la guerra, crear y financiar el ejército, determinar los impuestos, definir la política fiscal y definir el gasto. En otras palabras, el Congreso tiene el poder de controlar el “monedero”. Asimismo, en el Artículo II, Sección 2, se establece que además de otros poderes el Presidente será el comandante en Jefe del Ejército y al Armada, tendrá la autoridad para, con la asesoría y consentimiento del Senado, firmar tratados, nombrar embajadores. También, en base a la “War Powers Resolution” aprobada por el Congreso en 1973, el Presidente tiene el poder constitucional para enviar las fuerzas armadas a combate o hacerlo en aquellas situaciones cuando el involucramiento en hostilidades es inminente como pudiera ser los casos de un ataque en contra de los Estados Unidos o de sus fuerzas armadas. Vayamos ahora al terreno de quien corresponde la definición de la política exterior estadounidense.

El debate se remonta hasta los Padres Fundadores. Para Alexander Hamilton, la cláusula en la Constitución en la cual se establece que el Poder Ejecutivo estará investido en el presidente significa que le otorga todo el poder ejecutivo de los Estados Unidos – el cual para Hamilton incluye todos los poderes relacionados con el exterior- excepto que expresamente sea previsto lo contrario. Por su parte, James Madison escribió que el poder estaba en el Congreso, excepto que la Constitución expresa y específicamente lo otorgue en cantidades modestas al presidente. No obstante las discusiones generadas a lo largo de los años, lo que prevalece en este tema es lo que John Marshall declaró: La Presidencia es el único órgano de la nación en sus relaciones externas y es el único representante ante las naciones foráneas. Esa descripción, continuando con la cita de Henkin, fue expresamente aprobada por la Suprema Corte de Justicia en la confrontación The United States v.

Curtiss-Wright Export Corp. (1936), la cual se refiere al muy delicado, plenario y ejecutivo poder del presidente como el único órgano del Gobierno federal en el campo de las relaciones internacionales. Pero vayamos ahora a como se ha dado la política internacional estadounidense en la práctica a través de los años.

No hay duda de la político externa estadounidense, desde una acepción que podría llamarse moderna, nace a partir de 1905. Sin embargo, para entender los principios de dicha política es necesario remontarnos a lo que dio como resultado la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto. En su análisis, Kissinger se remonta a los principios de los Padres Fundadores y menciona como entendían y respetaban los principios del equilibrio Europeo. Para Alexander Hamilton, los mejores cálculos sobre su interés requerían que los Estados Unidos moderaran su apoyo a los poderes Europeos sin ligarse a ninguno de ellos. Por su parte, Thomas Jefferson articulaba una versión estadounidense de la teoría del balance de poderes, mencionaba que “debemos orar especialmente para que las potencias de Europa puedan estar tan equilibradas y contrarrestadas entre sí que su propia seguridad puede requerir la presencia de todas sus fuerzas en el país, dejando a las otras partes del mundo en una tranquilidad ininterrumpida”. En ese contexto, cabe anotar que los estadounidenses de aquella generación veían a su nación motivada por principios cuyos valores estaban muy por encima de los del viejo mundo, el cual se imaginaban reflejaban básicamente las aspiraciones egoístas de loa monarcas. Los Estados Unidos, decían, están destinados a servir de modelo para que los pueblos menos afortunados puedan vivir al amparo de la ley. En 1804, James Madison, (más tarde, entre 1809 y 1817, fue presidente), señaló que los Estados Unidos le debían al mundo, al igual que a sí mismos, el ejemplo de que un gobierno al menos proteste en contra de la corrupción prevaleciente. En 1821, John Quincy Adams, (sería presidente entre 1825 y 1829), insistió que los Estados Unidos debe de realizar su misión sin hacer uso de la fuerza, eliminando así la base ideológica para la intervención en el equilibrio europeo de poder.

Dos años después, el presidente James Monroe (1817-1825) dejó de lado razones prácticas y optó por acogerse a la premisa establecida por Hamilton en la cual prevalecía el temor a una intervención Europea en el Hemisferio Occidental y fue así como nació la Doctrina Monroe.

De acuerdo a Warrenm Zimmerman, en ‘First Great Triumph’ (2002), la Doctrina Monroe, proclamada en 1823, consistía de cuatro Nos: No a una nueva colonización Europea; No extensión de los sistemas políticos europeos en el Hemisferio Occidental; No intervención para terminar revoluciones; y No interferencia Estadounidense en asuntos internos de Europa. Por supuesto que la Doctrina Monroe fue un acto unilateral de la política de los EUA, no un tratado. No vinculaba a ningún país sino a los Estados Unidos, ni se aplicaba u observaba uniformemente Esta doctrina vendría a ser acompañada más tarde por , algo que se usó por vez primer en los 1840s, el llamado Destino Manifiesto. Esto fue casi una justificación teológica de la expansión continental de los EUA y del misma doctrina. Fue en cierta forma un acto de fe nacional para expandir y propagar los valores anglosajones.

En el contexto de lo anterior, la Doctrina Monroe vio sus primeros frutos cuando los pueblos Latinoamericanos lograron su independencia de España y los mismos estadounidenses terminaron de echar fuera de este continente a los ingleses. Sin embargo, como todos lo sabemos, los pobladores de lo que originalmente eran Trece Colonias estimaron que aquel territorio era pequeño e iniciaron su marcha hacia el oeste. Primero fueron los territorios en donde habitaban los aborígenes y más tarde procederían con la marcha imparable en medio de la cual, como dirían en el pueblo, “nos llevaron de corbata,” y mediante la firma de los Tratados de Guadalupe Hidalgo “legalizaron” lo que ellos elegantemente llaman “la adquisición” (mediante el pago de 15 millones de dólares) de la mitad del territorio Mexicano con los cual los EUA terminaron de ampliar su superficie en un 60 por ciento más. Es importante mencionar, simplemente para recordarlo, que en esa política expansionista estaba considerado anexarse, aparte de lo “adquirido”, lo que restaba de lo que hoy conocemos como los Estados Unidos Mexicanos, pero una vez que se firmaron los papeles de la “transferencia” decidieron dejarlo para otra ocasión. Pero no nada más nosotros estábamos en el esquema, Canadá también fue considerado dentro de la política expansionista, pero elementos diversos se conjugaron y la anexión no se concretó. Entre ellos estuvieron el rechazo de los Canadiense a ser parte de los Estados Unidos, pero quizá lo más importante fueron las divergencias suscitadas dentro de los EUA en donde no lograron ponerse de acuerdo. Los Sureños se oponían a la unión pues Canadá no aceptaba la esclavitud, algo en lo cual los Norteños estaban de acuerdo. Además, la presencia británica en Canadá seguía siendo fuerte y los EUA decidieron no confrontarla.

Kissinger establece que durante el periodo comprendido entre la aparición de la Doctrina Monroe y Guerra Estadounidense con España que culminó con la independencia de Cuba, la noción misma de política exterior -sus prácticas y estrategias- ocupó un espacio muy poco importante dentro del pensamiento estadounidense. Sin embargo, a pesar de esta afirmación, no podemos olvidar que durante los años de la Guerra Civil estadounidense, Francia invadió México, lo cual representó un reto a los principios de la Doctrina Monroe. Napoleón III, se convirtió en una amenaza para la consolidación del poder de los Estados Unidos en el Hemisferio Occidental. México fue como se dice simplemente la punta de iceberg. La idea original de Napoleón III, apoyado por otros monarcas Europeos, era iniciar un proceso gradual que llevara a la conquista y recuperación para Europa de las tierras que hoy conocemos como América Latina, algo que hasta nuestros días aquí en nuestro país sigue teniendo seguidores quienes son conocidos como los Maxhincados. Pero en aquellos tiempos, el paso siguiente, después de someter a México, era otorgar apoyo financiero y moral, así como respaldo militar clandestino a los Estados Confederados para de ahí proceder a la reintroducción de un sistema monárquico de gobierno en un Estados Unidos dividido. Una vez consolidado eso, procederían a suprimir todos los regímenes republicanos y las revoluciones en el Nuevo Mundo. Por si alguno no se había percatado de lo importante que fue que por estos lares se contara con un Estadista de la talla de Benito Pablo Juárez García al frente de LOS HOMBRES DE LA REFORMA. Al no caer la primera pieza del dominó, los planes de los europeos se vieron alterados. A Napoleón III no le quedó sino atender el llamado que le hizo, en una nota enérgica fechada en diciembre de 1865, el secretario de Estado de los EUA, William H. Seward. En ella le requería el retiro inmediato de las tropas francesas de México. Al ver que a pesar de todos sus esfuerzos no podía exterminar la lucha fiera librada por los Mexicanos patriotas, Napoleón III se arropó en la misiva de Seward y ordenó la evacuación de sus soldados, era menos deshonroso a los ojos de los europeos decir que acataban las ordenes de los estadounidenses que aceptar la verdad de no haber podido vencer a un pueblo liderado por un indio quien en plena adolescencia no sabía ni leer, ni escribir el idioma que se hablaba mayoritariamente en su patria. Al francés no le importó abandonar a su socio austriaco, Maximiliano quien ante la orfandad buscó al Presidente Andrew Jackson a quien le propuso una reconciliación y, en uno de las pocas cosas positivas que este hizo durante su mandato, se rehusó a escucharlo.
En ese contexto, podemos precisar que los Estados Unidos durante el periodo comprendido entre 1867 y 1898 cuando estalló la Guerra Estadounidense con España, enfocó sus esfuerzos a construir su poderío económico e industrial. Una vez edificado esto, pudo dar inicio a una era nueva de la política exterior Estadounidense. En ese momento, los Estados Unidos de América estaban listos para dar el paso siguiente. Sobre esto comentaremos en la colaboración próxima, claro sí usted, lector amable, nos favorece con su lectura.

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Añadido (1) Un día sí y otro también, nos encontramos con noticias acerca de paisanos quienes se largan del país, literalmente a jugarse la vida, ante la falta de oportunidades. Condolencias oficiales no faltan cuando varios de ellos perecen. Sin embargo, no escuchamos que gobierno y hombres de negocios, acepten la responsabilidad compartida ante su incapacidad para crear condiciones que eviten irse a otros lares en busca de mejores condiciones de vida. Eso sí, gran algarabía porque van a dedicar mil millones de pesos para rescatar una especie marina cuya existencia alcanza niveles míticos que casi igualan a los de las sirenas.

Añadido (2) Pero un momento, no seamos injustos que nuestras autoridades.

También reconocen a los emigrantes, recordemos que es la única política exitosa de los últimos 17 años, durante ese lapso, vía remesas, el país ha captado alrededor de 350 mil millones de dólares. Por eso, mediante un gasto mínimo, inventan apoyos y asistencias allá y no se ocupan por crear aquí las condiciones para que existan oportunidades reales y no tengan que largarse.
22 Julio 2017 04:00:00
El Estado mexicano y la Iglesia con aderezos Jesuíticos / y II
En nuestra colaboración anterior nos quedamos de cómo, a inicios de 1926, la clerecía católica daba muestras de que, tras varios años de preparación, arremeterían con todo en busca de recuperar lo que consideraban era su privilegio, el monopolio religioso-político. Habían trascurrido sesenta y nueve años, desde les habían quitado el pingüe negocio y buscaban recuperarlo, algo que no lograron entonces al ser metidos al orden en 1929. Sin embargo, 63 años después les volverían a abrir la puerta. Vayamos a este recorrido histórico.

En 1926, la estrategia no operaría solamente en el frente interno, sería ampliada al ámbito internacional. Al otro lado del Bravo, buscaron involucrar a los católicos estadounidenses, jerarquía y feligresía, y obligar al presidente Calvin Coolidge a derrocar al estadista Plutarco Elías Calles quien en esos momentos vivía serias controversias con los estadounidenses a consecuencia de la puesta en práctica de las leyes petroleras y un ambiente desfavorable creado por el pésimo embajador de ese país en el nuestro, James Rockwell Scheffield. A la par, cruzando el Atlántico, el 3 de julio de 1926, se abría el “fuego sagrado” disparado por Achille Damiano Ambrogio Ratti, el papa Pío XI, quien, ante los estudiantes de la Pía Escuela Latinoamericana, condenó las políticas del Gobierno mexicano. Al día siguiente, la oficina de Relaciones Exteriores del Vaticano envió una carta a los diplomáticos acreditados ante esa institución, así como a los representantes de la iglesia alrededor del mundo, en la cual condenaba a Elías Calles a quien denominaba enemigo de la religión.

Don Plutarco no iba a quedarse con el golpe y respondió implantando reformas al Código Penal de las cuales la única criticable era de que las autoridades locales determinarían el número de sacerdotes por localidad. Lo de que se registraran nada tenía de excesivo. Los prelados apoyaron la convocatoria de la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa la cual llamaba a un boicot económico. Sin embargo, el Papa, siempre cuidadoso de los intereses de sus fieles más fervientes recordó que eso les pegaría en el bolsillo y desaprobó tal medida, pero señaló que el 1 de agosto sería un día de oración mundial para terminar con la persecución de los católicos mexicanos.

Al inicio del segundo semestre con la bendición papal, recordemos que nada hacen sin su aprobación, ocho arzobispos y 29 obispos emitieron una carta pastoral mediante la cual ordenaron cerrar los templos y suspender las misas, mientras vendían a los crédulos, aun hoy muchos viven con esa idea, que el gobierno ordenó tal acción. Ante ello, el Gobierno tomó el control de los templos ya que estos eran propiedad de la nación. Posteriormente, a mediados de agosto, los miembros de la jerarquía católica enviaron un comunicado al Estadista Elías Calles en el cual trataban de justificar sus acciones que decían, eran su respuesta al no tener libertad para ejercer su ministerio. Asimismo, pedían en palabras elegantes, que las autoridades se hicieran, como dirían en el pueblo, de “la vista gorda” y dejaran de cumplir con las disposiciones legales. Como les es costumbre, invocaban la necesidad de tener libertades tales como de conciencia, pensamiento, de adoración, de instrucción, de asociación, de prensa y por supuesto que se les reconociera personalidad jurídica. Por supuesto, entonces como hasta nuestros días no lo han hecho, no repudiaban un par de encíclicas. Una, Mirari Vos sobre el Liberalismo y el indiferentismo religioso emitida el 15 de agosto de 1832 por Bartolomeo Alberto Cappellari Pagani Gesa, el Papa Gregorio XVI. La otra Pascendi Dominici Gregis sobre la doctrina de los modernistas, firmada el 8 de septiembre de 1907 por Giuseppe Melchiorre Sarto, el papa Pío X. La primera cuestionaba la liberta de libre pensamiento y la segunda aprobaba la censura sobre aquellos escritos que no coincidieran con la perspectiva de la Iglesia. Ensabanados como supuestos paladines de la libertad los clérigos fueron a reunirse con el Presidente de México el 21 de agosto.

Aparte de repetir sus dichos de la carta mencionada nada nuevo dijeron, ante lo cual Elías Calles les recomendó dirigirse al Congreso solicitando cambiara las leyes. Mientras esto no sucediera, su opción era obedecer las disposiciones en la materia. Sin embargo, fieles a sus tradiciones, los miembros de la jerarquía católica querían la rendición del Estado Mexicano o nada. Como lo que lograron fue nada, pues “submecatum” soliviantaron a los fanáticos. Para septiembre, ya algunos andaban levantados en armas por el rumbo del occidente mexicano. Los trabajos realizados años antes por el jesuita francés Bernard Bergöen y el cerebro de la oposición, formado en el Colegio Pío Latino en Roma de orientación jesuita, el arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, empezaban a dar frutos.

A finales de octubre, aquello estaba extendido a 10 entidades de la región centro-occidente en donde los alzados clamaban luchar en el nombre del Sagrado Corazón de Jesús. Que invocaran esta imagen no era fortuito. La leyenda narra que, en 1675, a Margarita María de Alacoque perteneciente a la Orden de la Visitación de Santa María, Jesús se le manifestó con el corazón abierto. Sin embargo, sus visiones le trajeron problemas que fueron solucionados al ser puesta bajo la protección de su confesor, el jesuita Claudio de la Colombière quien a través de los miembros de su orden propagó el culto y la devoción tanto en España como en América Latina. Además, recordemos, esa misma imagen fue utilizada por los contrarrevolucionarios del Vendée durante la Revolución Francesa, salvo que allá lo hacían para combatir que no les impusieran un remedo de credo para que sustituyera a su fanatismo religioso y acá no había amenaza sobre sus creencias sino sobre los privilegios de quienes los encandilaron a ir a matar compatriotas y de esa manera seguir gozando de sus canonjías. Al igual que en la Francia de finales de los 1700s, los miembros de la iglesia católica con mayor poder económico se ubicaban en la región occidental del país, los sacerdotes eran los lideres morales en las comunidades y pues no iban a permitir que les quitaran el mana.

Para que no se sintieran desamparados, el 11 de noviembre de 1926, el papa Pío XI emitió la encíclica Iniquis Afflictisque cuyo contenido actuó como el pistoletazo oficial para dar inicio oficial a la revuelta. Conociendo esto, días más tarde, los líderes del movimiento se reunieron con loa arzobispos que operaban en México para pedirles autorización de irse a matar a quienes no comulgaran con su visión de las cosas inmanentes. Tras de pensarlo por unos días, los prelados respondieron que no podían abiertamente otorgar el permiso, pero que les asignarían capellanes para que los acompañaran en su lucha, o sea no pero sí.

Pero si del otro lado del Atlántico soliviantaban los ánimos, en la ribera del Potomac habitaba alguien con cordura, era el Presidente Calvin Coolidge quien envuelto en su silencio proverbial juagaba las cartas diplomáticas con maestría y se rehusaba a engancharse en el conflicto religioso mexicano. Cuando los Caballeros de Colón píamente fueron a solicitarle que nos invadiera, les dijo que él favorecía una política de “hands off” (manos fuera) y que eso era un asunto interno de México. Más tarde, mostraría que la diplomacia del silencio era más efectiva que la estridencia que algunos gustaban, y gustan, de practicar.

Tras de un año de lucha, y observar que la conflagración podía cruzar las aguas del Bravo y convertirse en un asunto contaminante en la política estadounidense, Coolidge decidió remplazar al nefasto embajador Sheffield por el mejor que hayan enviado los estadounidenses a nuestro país, Dwight W. Morrow. Antes de venir a México, Morrow, se entrevistó con la jerarquía católica estadounidense para discutir el problema religioso mexicano. Al llegar a México inmediatamente encontró empatía con el Estadista Elías Calles a quien para marzo de 1928 ya había convencido, tras de negociaciones silenciosas, de que se entrevistara con el sacerdote paulista John J. Burke quien era el líder del National Catholic Welfare Council (NCWC). En abril, en medio de gran sigilo, Burke llegó a México investido como enviado especial del arzobispo Fumasoni-Biondi, el Delegado Papal en los EUA. Durante seis horas, en San Juan de Ulúa, el estadista mexicano, el sacerdote paulista y el asesor legal del NCWC, William F. Montavon discutieron sobre el conflicto religioso mexicano. Cuando concluyeron la charla, un acuerdo estaba sobre la mesa para terminar aquella revuelta inútil. Burke, cuidadoso de las formas, solicitó comentarlos con los miembros de la jerarquía católica mexicana exiliados en San Antonio, Texas. Cuando les expuso del proyecto, estuvieron de acuerdo y solicitaron una reunión entre su líder, el arzobispo Ruiz Flores, y el presidente mexicano.

Sin embargo, hubo resistencia del Presidente Elías Calles y nuevamente el embajador Morrow tuvo que hacer uso de sus artes diplomáticas para convencerlo. Durante el verano de 1928, se efectuó la reunión en México en al cual se logró un acuerdo para finiquitar la estupidez. Sin embargo, faltaba la aprobación de Roma y cuando se esperaba una respuesta afirmativa inmediata lo que llegó fue el silencio. Los sacerdotes mexicanos por allá, los más conservadores, querían una rendición del Estado mexicano, algo con lo cual coincidían los combatientes fanáticos. Aunado a ello, Pío XI andaba enganchado en negociaciones con el faro de bondad que era el Duce, Benito Mussolini con quien negociaba la creación del Estado Vaticano y pues México era un asunto de segundo nivel, total que tanto eran unos muchos muertos más, después de todo servirían para engrosar las huestes celestiales, aunque hubo bajas a quien definitivamente no iban a darles entrada por allá.

Ese fue el caso del ex presidente-presidente electo, Álvaro Obregón Salido a quien, el 17 de julio de 1928, un fanático católico, José de León Toral, lo asesinó. No era la primera vez que lo intentaban, durante su mandato entre 1920 y 1924, en varias ocasiones atentaron contra su vida. Al repasar esto, vino a nuestra mente un intercambio de opiniones que tuvimos con el economista sinaloense Sergio Enrique Castro Peña acerca de Enrique de Borbón quien, entre 1589 y 1610, fuera rey de Francia como Enrique IV. La charla giró en torno a que originalmente profesaba la religión protestante, pero en un acto de pragmatismo dijo aquello de “Paris bien vale una misa,” y se convirtió al catolicismo. Su gobierno se caracterizó por la tolerancia religiosa hacia los hugonotes (protestantes), al mismo tiempo que reconocía al catolicismo como religión de estado. Sin embargo, esto no era suficiente para quienes no le perdonaban su pasado protestante. Los inconformes eran liderados por miembros de la orden de los jesuitas. En total, Enrique IV sufrió un total de 21 atentados contra de su vida, detrás de los cuales en gran parte de ellos estaban los jesuitas quienes cristalizaron su “obra” el 14 de mayo de 1610 cuando el fanático católico François Ravaillac acaba con su vida. Muchos años después, en el caso del presidente Obregón, detrás de los dos atentados, la mano que mecía la cuna era la de los hermanitos Miguel Agustín y Humberto Pro ambos pertenecientes a la orden de los jesuitas, el primero ya beatificado por el ciudadano Wojtyla quien antes santificó a una parvada de asesinos en donde solamente les falta Toral, también adoctrinado por los jesuitas, para completar el grupo. Con ese hecho se evaporó la solución inmediata. Trascurriría casi un año hasta que las actividades diplomáticas no oficiales de Morrow fructificaron. En diciembre de 1928, cuando el presidente interino Emilio Portes Gil tomó el mando, el embajador estadounidense reanudó actividades sobre el tema desarrollando un accionar febril en ambos lados de la frontera. Mientras tanto después de que el Duce firmara los Tratados de Letrán, en febrero de 1929, para dar pie al nacimiento del Estado Vaticano, Pío XI volvió a ver hacia México que seguía proveyendo de almas al mas allá.

Tomando como base el acuerdo alcanzado en 1922 con Francia para resolver un problema similar en lo concerniente a la separación de la iglesia y el estado, Pío XI decidió retomar el control. Hizo a un lado a los sacerdotes mexicanos y dejo el caso en manos de la jerarquía católica estadounidense. Nombró como su representante al sacerdote jesuita Edmund Walsh quien era vicerrector de la Universidad de Georgetown en Washington. Antes de continuar con esta narrativa, debemos de recordar que años después, a principios de la década de los 1950s, el jesuita Walsh fue el cerebro generador de aquella cruzada emprendida en los EUA para terminar con los comunistas y que es popularmente conocida como “Macartismo.” Sin duda un acto de “piedad” congruente, como lo hemos mencionado líneas arriba, con las acciones que miembros de esa orden han desarrollado a lo largo de la historia.

Cuando el jesuita Walsh quiso tomar el control de las negociaciones e imponer una propuesta extremista, Morrow no lo permitió y retornó a la acordada con el paulista Burke. El 21 de junio de 1929, se firmó el Modus Vivendi mediante el cual se permitía a la Iglesia designar sus sacerdotes quienes deberían de registrarse, no se permitiría la enseñanza religiosa, salvo en los templos y se les reconoció a los miembros de la iglesia el derecho de petición para la implantación o derogación de leyes. Como nos dijera nuestra profesora Joan Pavilack, cuando defendíamos nuestra disertación doctoral, “al final todo quedo igual a como el gobierno mexicano lo demandaba desde el principio.” Al día siguiente de la firma del acuerdo, como en la Francia de 1794, la iglesia y el Estado retornando a sus actividades usuales. A partir de ahí en México, durante los próximos sesenta y tres años se dio una convivencia más o menos armónica, salvo por un episodio generado en el sureste mexicano.

A finales de los 1920s, principios de los 1930s, el gobernador de Tabasco, Tomás Garrido Canabal, tal vez inspirado en los revolucionarios franceses quiso crear una versión mexicana de la iglesia francesa y procedió a cometer tropelía y media, similar a las realizadas por los de los 1790s. Aquello no era más que otro remedo para combatir un fanatismo creando otro. Igualmente terminó en fracaso. Con el correr del tiempo, los Presidentes Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo se entrevistaron con el papa Paulo VI y el papa Juan Pablo II respectivamente, pero las relaciones oficiales continuaban rotas. En pleno proceso modernizador, en 1992, el Presidente Carlos Salinas de Gortari decidió reanudar relaciones con El Vaticano y abrir la puerta para que la curia volviera a meterse en la vida política mexicana. A partir de ahí, el activismo de los miembros de la curia no ha parado. Disfrazados de defensores de las causas justas tratan de convertir al estado mexicano en uno teocrático. Lo mismo han inventado charlotadas como la creada en Chiapas, a principios de 1994, por el jesuita Samuel Ruiz García, que toman cuanta causa política se les aparece y la convierten en bandera que les reditúa mucha$ $atisfacciones. A ello, agregamos que desde la llegada a la presidencia de la república del ignaro con botas, dizque instruido en la jesuítica Universidad Iberoamericana, quienes representan al estado mexicano no han sido capaces de comportarse a la altura de hombres de estado, al referido y los dos siguientes se han postrado ante el Jefe del Estado Vaticano con quien han tenido que interactuar tal y como lo vimos durante la visita del ciudadano perteneciente a la orden de los jesuitas, Jorge Mario Bergoglio Sivori, el papa Francisco. Pero a la generación actual de políticos poco les importa rendirse ante el jefe de otro estado, ellos creen que al postrarse habrán de ganar indulgencias para asegurar un espacio celestial en la vida eterna. Desconocen que la curia simplemente los utiliza para obtener canonjías y el día que se vean en desgracia, ni tan siquiera voltearan a verlos, mucho menos los ayudaran a salir del trance. Sí estudiaran la historia…

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Añadido (1) Todos claman, con muchísima razón, la falta de “precaución” de las autoridades a la hora de aprobar la construcción de esa brecha elevada disfrazada de paso exprés y demandan se cuelgue a los funcionarios gubernamentales responsables. Sin embargo, por ningún lado vemos un fervor similar por que aparezca la otra parte. Los nombres de las constructoras los mencionan muy quedito, para nada demandan que los dueños y representantes salgan a dar la cara y nadie sabe quién fue el ingeniero que construyó la oquedad.

¿Aca$o olvidaron que la corrupción es una callejuela de do$ carrile$?
15 Julio 2017 04:00:00
Las relaciones estado-iglesia a lo largo de la historia mexicana/ I de II
En nuestra colaboración anterior tratamos acerca del conflicto y las consecuencias que trajo para Francia que sus revolucionarios quisieran sustituir un fanatismo religioso por otro. En ese contexto, no faltó quien nos hiciera el comentario de que eso era exactamente lo que sucedió en México durante los años de la revuelta inútil o lo que popularmente se conoce como La Cristiada. Sin embargo, discrepamos con ese punto de vista, aún cuando a lo largo de la historia haya pasajes coincidentes entre lo ocurrido en Francia y en México en asuntos en donde está involucrada la clerecía. En nuestro país, ni LOS HOMBRES DE LA REFORMA, ni los revolucionarios quisieron terminar con el catolicismo, mucho menos implantar un remedo de credo, aun cuando por ahí surgió un iluminado. Ambos grupos, lo único que buscaban era hacer que prevaleciera la separación Estado-Iglesia. Y mientras garrapateábamos esto, escuchábamos en nuestro subconsciente la voz de quien, a pesar de tener toda la autoridad para hacerlo, solamente en una ocasión nos solicitó que comentáramos sobre algo específico en este espacio, cada vez que abordábamos lo relacionado con la clerecía nos decía: “No escribas sobre ese tema. De por sí casi nadie te lee y al insistir en tópicos como ese no ganaras ningún adepto”. Sin embargo, necios como somos, hoy volvemos a las andadas.

En Francia, la relación gobernantes-iglesia se remonta al siglo VIII cuando, en el año 732, el mayordomo de palacio, Carlos Martell derrota a los árabes. Más tarde, el Papa Zacarías (741-752) coadyuva a que el hijo de Martell, Pipino el Breve, con el mismo cargo que su padre era el hombre fuerte que gobernaba, derrotara al último rey merovingio Childerico III. Sin embargo, surgía un problema. Pipino carecía de sangre real para ser coronado y esto solamente se lo podía proporcionar el papa quien actuando pragmáticamente, a través del arzobispo Bonifacio, hizo que ungieran a Pipino con santos óleos como en el Antiguo Testamento. A partir de ahí, se crea la noción cristiana de que el rey de occidente solamente podía serlo por la gracia de Dios, es decir del papa. Asimismo, le otorga el derecho de que puede nombrar a su sucesor. Más tarde, como nobleza obliga, cuando el Papa Zacarías le solicita apoyo para combatir a los longobardos, Pipino va y los derrota y le entrega los territorios del norte y centro de Italia al papa con lo cual se crean los Estados Pontificios que prevalecerán hasta 1870. Más tarde, el hijo de Pipino, Carlomagno, es coronado rey de los francos la Navidad del año 800 por el Papa León III (795-816) quien se atribuyó el derecho de coronar al emperador. Es por ello que Carlomagno sentía que también era señor de la iglesia y la política imperial era la política de la iglesia, y la política de la iglesia era la política del imperio. Ahora veamos cómo da la relación entre los hombres del poder político y la iglesia en nuestro país.

En México, o la Nueva España para decirlo con propiedad, los conquistadores españoles imponen a los aborígenes la religión católica al amparo de lo que años antes había concedido graciosamente aquel engendro del mal, un ibérico llamado Rodrigo Lanzol y Borja quien transformado en Rodrigo Borgia alcanzaría el cardenalato de donde saltaría a convertirse en el guía espiritual de los católicos bajo el nombre del papa Alejandro VI. Dejándose llevar por el amor a su patria natal, y sus ambiciones, mediante las bulas papales, Inter Caetera y Eximiae devotionis emitidas en 1493, prácticamente entregaba las tierras descubiertas, lo que hoy es América Latina, a los Reyes de España, Isabel y Fernando, a cambio de que convirtieran a los nativos sin alma en seguidores de la religión católica. Sin embargo, no era tan fácil convencer a aquellos idolatras a lo que los creyentes llaman la “fe verdadera.” Por ello, fue necesario utilizar algunos instrumentos más convincentes que la simple cruz. En primera instancia recurrieron a la trinca látigo-espada-hierro candente. Para quienes resultaban más rejegos estaban otros instrumentos de apoyo que eran del uso exclusivo de la mal llamada Santa Inquisición y en caso de que no surtieran efecto, entonces la pira habría de purificar las almas para que en la vida eterna encontraran su salvación y redimieran los pecados que cometieron al no aceptar ver la luz aquí en la tierra. Así, trascurrieron tres centurias en donde el fanatismo y la superchería prevalecieron sobre un pueblo mantenido en el analfabetismo, la función educadora que consistía en enseñarles rezos y cánticos religiosos, fue todo un éxito. En el siglo XIX, alrededor del 98 por ciento de la población mexicana era analfabeta. Así logramos la independencia y nos pasamos la mitad de dicho siglo en riñas internas, en donde las leyes obligaban a todo aquel que viviera en nuestro país a profesar la religión católica, hasta que la generación de LOS HOMBRES DE LA REFORMA, encabezada por sus dos individuos más distinguidos, el estadista Benito Pablo Juárez García y la mente más preclara de ese grupo, Juan Ignacio Paulino Ramírez Calzada, instrumentaron el rompimiento del monopolio religioso y dieron paso a la separación Estado-iglesia. Contrario a lo que promueven los poco cuidadosos en revisar el respaldo documental, el objetivo no era desaparecer la entidad religiosa, sino ubicarla en el contexto espiritual en que
debía de operar.

Pero como nunca han de faltar quienes disfrazan las ambiciones bajo el manto de fervor religioso, de la mano del Arzobispo de Puebla, Pelagio Antonio De Labastida y Dávalos fueron a Europa a traernos un príncipe barbirrubio para que viniera a civilizarnos. Sin embargo, Maximiliano de Habsburgo optó por no reinstalar el catolicismo como la religión oficial y pronto le retiraron su apoyo. Para cuando las fuerzas de la República derrotaron a los invasores, la clerecía, empezando por el papa Pío IX, ya se mostraba distante de los redentores europeos. Si bien al iniciarse la reconstrucción nacional el estadista Juárez García implantó una política de conciliación, algo que es muy diferente a la rendición, en donde dejó que tanto el Estado como la iglesia operaran en sus respectivos campos de acción. Ejemplo de ello fue que sin perder su condición de hombre de estado laico, Juárez acompañaba a su esposa los domingos a los servicios religiosos. Al fallecer Juárez, su sucesor Sebastián Lerdo de Tejada, retomó la línea dura en contra de la iglesia. Sin embargo, cuando José de la Cruz Porfirio Díaz Mori asume el poder, en 1876, da inicio para la iglesia un periodo de reposicionamiento. Aun cuando entonces no detentaba la presidencia, se la había prestado por cuatro años a su compadre Manuel del Refugio González Flores, el poder real era de Díaz Mori quien en noviembre de 1881 contrae nupcias religiosas con Carmen Romero Rubio en el templo jesuita de la Iglesia de la Profesa, en una misa celebrada por el mismo De Labastida y Dávalos con quien Díaz ya departía amistosamente al igual que lo haría con el Arzobispo de Antequera, Eulogio Gregorio Clemente Gillow y Zavala.

Dado lo anterior, las condiciones para que la clerecía recuperara sus canonjías se iban dando. Claro que había que cambiarle ropajes al discurso y en ello fue fundamental la encíclica Rerum Novarum, emitida por el Papa León XIII. En ella, se apoyaban los derechos de los indicadores, pero se rechazaba el socialismo, mientras se defendía la propiedad privada. A la vez, en lo concerniente a las relaciones Estado-negocios-trabajadores, la iglesia proponía una estructura económica y social que después sería llamada corporativista. Inclusive se dio un comunicado de León XIII al Presidente Díaz proponiendo reanudar las relaciones, pero el mandatario mexicano no dio respuesta. Ello no fue impedimento para que durante el Porfiriato se crearan nuevos arzobispados, aparecían periódicos apoyados por la clerecía, fueran organizados congresos por todo el país, y los funcionarios gubernamentales hicieran exhibición pública de sus creencias religiosas. Los delegados apostólicos enviados a México fueron considerados como emisarios diplomáticos papales.

Lo anterior permitió que al inicio del Siglo XX, la iglesia católica en México estuviera en una situación similar a la que gozaba dicha organización en Francia a finales del siglo XVIII, se encontraba inmersa en la opulencia. Se estimaba que a lo largo del Porfirismo, la Iglesia Católica vio aumentar su riqueza hasta totalizar un valor de 100 millones de pesos, lo cual le permitió recuperar su influencia política. Esta recuperación de poderío contrastaba con los síntomas de fatiga que ya mostraba el régimen porfirista, no solamente por una razón biológica natural en el caudillo, sino porque el modelo de gobierno ya estaba agotado. Algo similar a lo que había ocurrido durante la penúltima década del siglo XVIII en Francia. Sin embargo, los paralelismos no
paraban ahí.

Alrededor del Presidente Díaz Mori, se conformó el grupo denominado los Científicos, el cual durante el Porfiriato detentó no solamente el poder político, sino que consolidaron su fortuna. Paradójicamente, ellos trataban de imitar la forma de vivir de los franceses con lo cual marcaban la diferenciación d clases sociales. En el siguiente escalafón social, se encontraba otro grupo de hombres de negocios y terratenientes, quienes a pesar de sus riquezas estaban marginados para acceder al poder político. Ante ello, en 1909, decidieron apoyar a Francisco Ignacio Madero González como candidato presidencial en contra de Díaz. Las elecciones resultaron muy cuestionadas y Díaz vuelve a imponerse, lo cual termina por dar pie a la revuelta armada que conocemos como Revolución Mexicana. En medio del descontento, tanto el Presidente Díaz, cuyo amor por México está fuera de toda duda, como los apoyadores de Madero deciden que hay que buscar una salida al problema. En marzo de 1911, se reúnen en New York el padre el hermano de Madero con Jose Yves Limantour y acuerdan que Díaz renunciaría, Limantour ocuparía la presidencia y en seis meses convocaría a elecciones en donde participaría Madero. Posteriormente, se dan los Tratados de Ciudad Juárez, el presidente Díaz renuncia y acaba ocupando la presidencia Francisco León de la Barra quien convoca a elecciones. En medio de todo ello, los miembros de la clerecía buscaban como participar directamente en la política y el 7 de mayo de 1911, dieciocho Díaz antes de la renuncia del presidente Díaz, se crea el Partido Católico Nacional. En octubre de ese año, apoyan con recelo la candidatura de Madero y al año siguiente participan en las elecciones en donde obtienen resultados muy favorables, incluyendo cuatro gubernaturas.

Como dirían por ahí, olfatearon que la presa estaba cercana y se convirtieron en críticos acérrimos del Presidente Madero González. En febrero de 1913, se embozaron como la fuerza tras bambalinas y, mediante un católico ferviente, Victoriano Huerta y el embajador estadounidense, Henry Lane Wilson, operaron el asesinato del presidente Madero González. Tras de ello, las campanas de los templos católicos aun cuando llamaban a triunfo gozosas, a lo que incitaban era a que obtuvieran una respuesta, misma que llegó del norte encabezada por Venustiano Carranza Garza. Así, nos fuimos a una guerra civil la cual concluiría en 1916 y que en 1917 se institucionalizó mediante la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

El contenido de ese documento hizo que nuevamente la clerecía mostrara su oposición, quisieron vender a sus feligreses que vientos similares a los de la Francia del Siglo XVIII soplaban sobre México. Liderados a distancia por el Papa Benedicto XV y en territorio mexicano por el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, se declararon enemigos de las nuevas disposiciones. El presidente Carranza Garza emitió leyes diversas, entre ellas las que permitían el divorcio, lo cual avivó la protesta. Nuevamente, el afán conciliatorio postergó la implantación total de las leyes.

Así, arribamos a la década de los 1920s y el presidente Álvaro Obregón Salido decidió que era el momento de poner un alto al desorden con que operaba la clerecía. En 1922, cuando el delegado Apostólico, Ernesto Philippi encabezó la ceremonia para erigir el monumento a Cristo rey en el Cerro del Cubilete en Guanajuato, con la ley en la mano, dos días después fue expulsado por el Presidente Obregón Salido. Más tarde, en 1924, los obispos organizaron en la Ciudad de México un Congreso Eucarístico detrás del cual tenían como propósito consagrar la Ciudad de México al Sagrado Corazón de Jesús. Coincidencia o no, debemos de recordar que ese fue el símbolo que utilizaron los contra revolucionarios de la región del Vendée durante la rebelión de 1793. Ante la amenaza, de aplicar la ley a quienes acudieran a las ceremonias, los católicos decidieron cancelar una peregrinación que tenían planeada a la Basílica de Guadalupe.

En 1924, cuando el Estadista Plutarco Elías Calles llegó a la presidencia, en el horizonte aparecían nubes de controversia. La clerecía lo acusaba de ser enemigo de la religión a lo cual él respondía que respetaba todas las creencias, pero que era enemigo del clero político, intrigante, explotador, del que busca mantener a la población en la ignorancia, del que se aliaba con el hacendado para explotar al campesino, o del que se unía con el hombre de negocios para tomar
ventaja del obrero.

Ante eso, hubo quien creyó ver una oportunidad de crear, al igual que sucedió en la Francia del Siglo XVIII, un remedo de religión. En febrero de 1925, en la Iglesia de la Soledad ubicada en la ciudad de México, en medio de la misa arribó un grupo armado y demandó la posesión del templo. Posteriormente, arribaría el sacerdote Joaquín Pérez quien se proclamó líder La Iglesia Ortodoxa Católica Apostólica Mexicana, también conocida como la Iglesia Cismática. Contrario a la leyenda, el estadista Elías Calles nunca apoyó dicho movimiento. En un intercambio epistolar, cuyos originales revisamos, con el ex presidente Obregón Salido, este le aconsejaba no darles soporte pues entonces tendría que lidiar con dos problemas en lugar de uno, la romana y la mexicana. Al año siguiente, Elías Calles decidió poner en práctica la ley, lo cual provocó el descontento de la curia. El 4 de febrero de 1926, el arzobispo Mora y Del Río declaró en El Universal que “la doctrina de la iglesia era inamovible porque era una verdad divina…Por lo tanto, cualquier cambio que quisiera hacérsele seria considero un acto de deslealtad a la fe y a la religión.” El escenario iba configurándose para dar paso a la reyerta y a las acusaciones de que el estado mexicano planeaba repetir el error cometido por los revolucionarios franceses de los 1790s, un planteamiento acerca del cual discrepamos y a partir de ahí, lo analizaremos en la
colaboración siguiente.

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Añadido. Este martes 18 habrá trascurrido un año, lapso durante el cual han sido muchísimas las ocasiones en que a lo largo de los días existen momentos en que pienso que al llamarte escucharé tu voz siempre alegre y llego a creer que aun estas ahí en casa presta siempre a recibirnos a todos con tu sonrisa cantarina. Sin embargo, de pronto, me percato que eso es simplemente un deseo fundado en los recuerdos gratos. Más de lo que nunca llegamos a imaginar, hemos extrañado tu presencia doña
ESTELA RÍOS SCHROEDER.
08 Julio 2017 04:00:00
El combate al fanatismo religioso con un remedo de credo durante la revolución francesa
Al conmemorarse, este 14 de julio, el aniversario número 228 del inicio de la Revolución Francesa nacida bajo el lema de “Liberté, Égalité, Fraternité,” algo que suele provocar que varios en nuestro país casi pierdan la respiración al pronunciarlo, decidimos irnos a buscar uno de esos escritos que tras haber cumplido el propósito para el cual fueron elaborados pasaron a guardar reposo en los archivos. Todos sabemos que la revuelta mencionada no fue todo lo exitosa que algunos insisten en creer. La iniciaron, en 1789, para terminar con el despotismo del Rey Luis XVI y la concluyeron coronando, en 1804, como monarca del Primer Imperio Francés a Napoleón Bonaparte, un acto con bendición incluida de Giovanni Angelo Braschi, el Papa Pío VI. Sin embargo, tal acercamiento gobernantes-iglesia no fue la constante durante aquel periodo caracterizado por la abundancia de hemoglobina la cual los revolucionarios franceses fueron muy dados a desparramar por su suelo patrio. En ese proceso de transformación, los beligerantes galos decidieron que era necesario terminar con el fanatismo religioso y para ello procedieron a crear una religión propia. Sobre esto comentaremos a continuación.

Es conveniente recordar que en Francia, la cristianización se consolidó durante el siglo XVI “cuando el catolicismo post-tridentino [el periodo en donde se da el florecimiento de las corrientes espirituales] intenta reafirmar su dominio y la iglesia busca elevar el nivel intelectual de sus sacerdotes construyendo seminarios a lo largo del país y estableciendo un esquema regular de visitas pastorales.” (Mona Ozouf. De-Christianization en A Critical Dictionary of the French Revolution.1989). Esto permitió que antes de que estallara la Revolución Francesa, el catolicismo fuera la religión dominante. “Esta era la religión de una nación que los papas llamaron ‘La Hija más antigua de la Iglesia’”. (A.

Aulard. Christianity and the French Revolution. 1927)
Conforme a lo apuntado por Aulard, en Francia, durante el siglo XVIII, el catolicismo floreció. Existían muy pocos quienes eran miembros de otras religiones o no practicaran ninguna. La Iglesia Católica era una entidad opulenta viviendo de su riqueza, mientras que el gobierno absolutista del Rey Luis XVI mostraba signos de decadencia derivada de su pereza y carácter débil. El rey era incapaz de manejar la crisis económica y el país estaba al borde de la bancarrota. Ante esta situación, Luis XVI “no tuvo otra alternativa sino llamar a los Estados Generales integrados por miembros de los tres estamentos [clero, nobleza y los representantes de las ciudades que disponían de consistorio] en que se dividía la sociedad francesa, los cuales no se habían reunido desde 1614. El rey no fue lo suficientemente capaz, ni imaginativo para poder manejar la situación.” (Linda S. Frey and Marsha L. Frey. The French Revolution. 2004). Un elemento muy importante detrás de esta crisis fue el conflicto de clases. No fueron el hambre de la mayoría de la población, ni tampoco la distribución del ingreso inequitativa los elementos que detonaron la Revolución Francesa, la causa verdadera del estallido fue la lucha entre las clases altas, social y económicamente hablando. La aristocracia y el clero disfrutaban de los beneficios que el rey les otorgaba, mientras que la burguesía era dejada al margen a pesar de su poderío económico. Ahí subyacían las raíces que darían origen al árbol de la rebelión.

Cuando se inicia la revuelta en contra de la monarquía, los líderes del movimiento utilizan a los campesinos como una herramienta para iniciar la Revolución. Al final, la Asamblea estaba dominada por miembros de la burguesía quienes ejercían el liderazgo político, mientras el pueblo se enfrascaba en luchas callejeras. Esta situación permitió a los burgueses negociar la rendición del antiguo régimen. Al inicio de la Revolución Francesa, “los miembros de los tres estamentos, el clero menos vehemente que los otros dos, demandaban el fin del despotismo y por la instauración de una monarquía controlada.” (Francois Furet. Revolutionary France: 1770-1880. 1992). Entre los primeros pasos tomados por la Asamblea, destaca el instituir la Monarquía Constitucional, lo cual convierte al rey en una figura decorativa, misma que tarde o temprano está condenada a desaparecer institucional y físicamente. El objetivo principal de los revolucionarios era “la reconstrucción del cuerpo político basado en principios universales”. (Furet). En esta configuración estaba incluida una reforma que consideraba las relaciones entre la Iglesia y el Estado.

Aun cuando el antiguo régimen caminaba por los linderos de la destrucción, “la religión católica como tal no estaba amenazada por la mayoría revolucionaria de la Asamblea Constitucional”. (Furet) Lo que la asamblea buscaba era “regular, en nombre de la nación, las relaciones entre el clero y la autoridad laica, hacer que la iglesia actuara en armonía con las instituciones nuevas…el enfoque nada tenía que ver ni con la religión, ni con asuntos de teología”. (Alberth Mathiez, The French Revolution. 1927) En consecuencia, es un hecho innegable que “a partir de los Estados generales, los cuestionamientos acerca de la religión estuvieron también, cada vez más, enfocados hacia aspectos políticos. Una de las cosas que [valga la expresión], fueron revolucionarias de la Revolución fue que esta convirtió a la organización religiosa en un asunto de política pública”.

(Charles Tilly, The Vendée: A Sociological Analysis of the Counterrevolution of 1793. 1967). Sin embargo, en medio del conflicto cuando la Revolución estaba en el proceso de reconstruir el Estado, lo cual pasaba por reformar el papel que la iglesia jugaría en el futuro, “el clero, preocupado únicamente por conservar sus privilegios, cometió un error gravísimo al no considerar, ni presentar, algo que era imperativo tras la abolición de los diezmos, un plan constructivo para reformar las finanzas eclesiásticas”. (William Milligan Sloane, The French Revolution and Religious Reform. 1901) Como MathiE apuntaba, “la reorganización del estado necesariamente involucraba la reforma financiera de la iglesia, de la cual dependía la salvación del estado, pero hubiera sido un error si se hubieran preservado todas las prerrogativas de la iglesia”.

El 4 de agosto de 1789, los miembros de la Asamblea Constitutiva en Francia dieron inicio a la implantación de una serie de reformas sobre la constitución de la Iglesia Gala. “Primero abolieron el sistema y los derechos feudadles; posteriormente, suprimieron toda clase de diezmos, así como los cobros ocasionales que realizaban los clérigos en los pueblos; prohibieron que los annates, (recursos provenientes de los pagos que hacían los recipiendarios de servicios eclesiásticos a las autoridades ordinarias) fueran enviados a Roma; cancelaron los privilegios de los obispos, arzobispos y canónigos; al tiempo que prohibían obtener beneficios si su valor era mayor a tres mil francos”.

(Aullard). Las reacciones entre los miembros de la clerecía fueron mixtas.

Mientras que el Papa y el alto clero mostraban su disgusto, el clero bajo mostró su apoyo a las medidas. Pero, a pesar de que la Asamblea Constitutiva había declarado inicialmente el catolicismo como la religión de estado, las medidas dispuestas eran solamente las primeras en un serie larga que buscaba controlar a los miembros de la clerecía. El 19 de diciembre de 1789, se ordenó la venta de propiedades de la iglesia con valor de 400 millones de liras. Conforme la Revolución progresaba y los miembros de la Asamblea orientaban sus acciones más en concordancia con la Declaración de los Derechos del Hombre, la predominancia del catolicismo como el credo religioso oficial declinaba. Consecuentemente, diversas medidas fueron tomadas. Primero, “el 13 de febrero de 1790, todas las congregaciones y órdenes religiosas fueron suprimidas.” (Aular). Posteriormente, las diferencias entre la Iglesia y la Asamblea se ahondaron. “El 29 de marzo de 1790, siguiendo la asesoría del embajador francés, François-Joachim de Pierre de Bernis, el cardenal de Bernis, desleal a su mandato, el papa Pío VI condenó, en un consistorio secreto, la Declaración de los Derechos del Hombre”.

(Mathiez). De acuerdo al papa, dicho documento cuestionaba la autoridad de la iglesia, especialmente cuando señalaba que “la ley es la expresión de la determinación general… al igual que la afirmación de que todos los ciudadanos son elegibles para tomar parte en el proceso legislativo ya sea en persona o a través de sus representantes”. (Aullard).

Bajo la premisa de que la Revolución era cambio, vuelco e innovación, los revolucionarios franceses implantaron las medidas necesarias que, para algunos, eran consideradas como el inicio de la descristianización de la sociedad y, para otros, el retorno a los orígenes del cristianismo. Sin embargo, era imposible que este grupo de hombres, quienes firmemente “creían en un Ser Supremo distante convenientemente”, (R. R. Palmer, Twelve Who Ruled: The Year of the Terror in the French Revolution. 1989) fueran a destruir del todo una religión en un país en donde la mayoría de la población era católica. Lo que hicieron fue empezar a construir una “religión” alternativa fundamentada en principios similares. El primer paso formal fue la proclamación, el 12 de julio de 1790, de la Constitución del Clero la cual se encontraba dividida en cuatro disposiciones.

En la primera, se abolía las instituciones preexistentes de arzobispados, obispados, prebendarios, canonjías, monasterios y abadías, sustituyendo diez distritos metropolitanos o arzobispados y ochenta y tres obispados”. (William Milligan Sloane, The French Revolution and Religious Reform. 1901). En síntesis, “esta era una reorganización de la división territorial de la Iglesia Francesa para adecuarla a las divisiones civiles nuevas”. (Tilly). La segunda disposición estaba relacionada con la institución y la forma de ordenar a los ministros de culto. Los electores de la asamblea departamental nominarían los candidatos a ocupar los cargos de obispos, mientras que aquellos pertenecientes a la asamblea distrital designarían a los clérigos encargados de las parroquias. La tercera disposición estaba relacionada con los salarios de los miembros de la curia y la cuarta establecía las reglas para la residencia de los sacerdotes, lo cual estaría supervisado y controlado por aquellos quienes ejercieran la autoridad en las municipalidades.

Un número importante de clérigos, especialmente en la región del Dauphiné, vieron esas reglas nuevas como “un retornos a las condiciones imperantes durante los primeros años de la Cristiandad. La Constitución, escribió el Abad Cazaneuve, tiende a revivir los días gloriosos de la iglesia primitiva al destruir dicha perspectiva emanada de los abusos introducidos por la superchería.” (Timothy Tackett, Priest and Parish in Eighteen Century France: A Social and Political Study of the Curés in a Diocese of Dauphiné. 1750-1791.

1977). Sin embargo, dicha perspectiva empezaría a cambiar pronto. El 27 de noviembre de 1790, se publicó un decreto mediante el cual las autoridades civiles demandaban que los clérigos en active, en un periodo no mayor a dos meses, “juraran la Constitución y consecuentemente la Constitución del Clero que se incluía en la misma”. (Furet). Los revolucionarios acaban de cometer un error mayúsculo al no considerar que hasta ese momento la amplia mayoría del clero bajo los apoyaba junto con sus medidas. A partir de ese momento, “la necesidad de tomar una postura absoluta y clara a favor o en contra de la Constitución Civil, colocaba al clero en un dilema agonizante.” (Tacket). El plan reducía la relación del papa con la iglesia a un término puramente mítico y convertía a los clérigos en servidores del Estado.

Para enero de 1791, solamente un tercio de los miembros de la Asamblea de los ministros eclesiásticos y siete obispos, principalmente aquellos sin diócesis, aceptaron tomar el juramento. A partir de ese momento, de acuerdo a la Asamblea, existían dos tipos de clérigos: Constitucionales y refractarios. Sin embargo, ante las reacciones negativas, se decidió reconsiderar la intransigencia y “autorizar que los clérigos refractarios permanecieran en sus parroquias hasta que se les encontrara un reemplazo”. (Mathiez).

El Sistema Nuevo había sido emitido sin que los diputados en Paris consultaran al papa, aun sin verlo y negociarlo con el clero francés. Esto fue, sin duda, la razón última por la cual muchos sacerdotes rechazaron jurar la Constitución, aun cuando en muchos aspectos la consideraban una mejora sobre lo dispuesto bajo el régimen antiguo. (Tackett). Adicionalmente, crecía el descontento entre la alta jerarquía eclesiástica, principalmente los obispos. “Muchos de esos obispos, que eran Émigrés, habían mostrado su hostilidad hacia la Revolución”. Supuestamente, aquellos obispos que abandonaron el país estaban conspirando, mientras que quienes permanecieron incitaban a la población civil a la guerra civil en medio de todo esto el Papa Pío VI no tomó ninguna postura oficial sino hasta marzo de 1791 cuando emitió el breve Quod Aliquantum, en el cual apuntaba que la Constitución negaba las creencias sagradas , abolia la mayoría de los servicios sacros (por ejemplo, los oficios corales de los monjes) y generaba calamidades, las cuales serían increíbles, si no era que ya habían sido experimentadas.

(Arthur Galton, Church and State in France: 1300-1907. 1907).

En ese momento, las reformas religiosas estaban fuera del control, de los revolucionarios. Existía una confrontación abierta entre el clero refractario y el constitucional, la cual fue agravada cuando el directorio del departamento de París “emitió, en abril de 1791, una ordenanza mediante la cual se organizaba el ministerio de los clérigos refractarios como un culto tolerado.” Los sacerdotes constitucionales protestaron arguyendo que después de declarasen partidarios de la Revolución, tan pronto como los problemas surgieron “fueron amenazados con despojarlos de sus derechos”. (Mathiez). Ante esto, los sacerdotes constitucionales dejaron de apoyar a Lafayette y su partido, y empezaron a ingresar a los clubes de Jacobinos. La disputa religiosa no solamente fortaleció al partido aristocrático sino que “también propició la formación del partido anticlerical que no existía previamente”. (Mathiez). Ante esto, los Jacobinos tomaron un papel muy active en atacar al catolicismo romano y proponer la sustitución de la Constitución Civil, así como la creación de una religión nacional. “También, se dieron mascaradas anticlericales, y virtualmente en todos lados hubo intentos para que se implantaran los rituales revolucionarios en sustitución de las ceremonias cristianas”. (Ozouf)
Cambon propuso finalizar los pagos de los gastos y estupendos para cualquier religión y sus miembros. Sin embargo, no fue sino hasta el 21 de febrero de 1795 (Tercero Ventosa del Año III) cuando se publicó un decreto que restauraba legalmente la libertad a la iglesia católica. Los puntos principales de tal decreto eran: Libertad de todas las religiones, la condena como culpables a todos aquellos que se opusieran o insultaran a quienes practicaran públicamente la religión. El estado no pagara más a ningún sacerdote o proveerá recursos para el mantenimiento de ningún edificio dedicado al culto. Se prohibían manifestaciones externas de ceremonias religiosas, hacer inscripciones o señalamientos llamando a asambleas, utilizar vestimentas religiosas y todas las re uniones de carácter religioso estarían bajo la supervisión política. También, se impondría un impuesto para el mantenimiento de la religión. (Aulard).

Después de esto, el catolicismo reapareció en toda Francia, ya no hubo distinción entre los clérigos y la razón volvió a prevalecer. El terror terminó, pero aun había muchos asuntos por resolver antes de que un Concordato se firmara, lo cual ocurrió años después. Mientras ello sucedía, la Iglesia y el Estado pudieron trabajas sin que uno tratar de hacer el trabajo del otro.

Los eventos mencionados en esta colaboración muestran lo que sucede, ayer y hoy, cuando el Estado y la Iglesia tratan de establecer la prevalencia del uno sobre el otro. Si bien Alexis de Tocqueville en “The Old Régime and the French Revolution” apuntaba que la “estabilidad del Estado y el mantenimiento de la ley y el orden…así como una comunidad civilizada no podían existir sin la presencia de la religión”. nosotros, no practicantes de religión alguna, apuntamos que ello puede ser parcialmente cierto. Somos firmes creyentes de que es necesaria la presencia de un Estado fuerte capaz de establecer los límites dentro de los cuales las religiones pueden operar sin interferir con las funciones de gobierno.

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01 Julio 2017 04:00:00
Un acuerdo financiero con lecciones intemporales
Sin duda alguna, la década de los 1920 fue la etapa definitoria en lo que habría de ser el país a lo largo del Siglo XX. Durante esos diez años habría de emerger el estado mexicano moderno que, como ya lo hemos dicho en este espacio, estuvo sustentado en las acciones de cuatro hombres. El diseño arquitectónico ideado por Venustiano Carranza Garza; el desbroce del terreno que corrió a cargo de Adolfo de la Huerta Marcor; las actividades de cimentación realizadas por Álvaro Obregón Salido; y la construcción del edificio ejecutada por Plutarco Elías Calles. Sin embargo, durante ese proceso hubieron de superarse obstáculos diversos, especialmente en lo relacionado con los Estados Unidos de América (EU). Una de esas dificultades fueron las financieras en donde jugó un papel fundamental el ex presidente, convertido en secretario de hacienda, De la Huerta quien creyó que por ello la patria le estaba en deuda. Sobre ello versara esta colaboración.

Para ubicarnos en contexto, debemos de recordar que la Revolución de Agua Prieta, mediante la cual la trinca sonorense derrotó la testarudez del coahuilense, al convertirse en gobierno tuvo que iniciar un proceso de pacificación exprés en un semestre. Sin embargo, el gobierno encabezado por De la Huerta no fue reconocido oficialmente por el gobierno de Thomas Woodrow Wilson, aun cuando las negociaciones tras bastidores nunca pararon, al grado tal que cuando, a finales de 1920, cuando ambos concluían su mandato estaba listo un acuerdo entre ambas naciones. Esto llegaba muy tarde para los dos que se iban y llegaban muy temprano para Obregón y Warren Gamaliel Harding quienes arribarían a la presidencia de sus países respectivos. No obstante el distanciamiento diplomático, a la ceremonia de toma de protesta de Obregón asistieron más de 500 hombres de negocios estadounidenses, principalmente de la zona fronteriza que, como hace unos días le comentábamos a un amigo sonorense profesor en la universidad de esa entidad, siempre ha tenido su dinámica propia que va más allá de lo que se decida en Washington o en la Ciudad de México. Pero de nada valían las relaciones cordiales a nivel de terreno, el presidente Obregón tenía que cimentar el futuro del país y para poder hacerlo requería recursos adicionales que como todos sabemos o se generan vía impuestos o a través de créditos. En el primero de los casos, la fuente principal eran los provenientes del petróleo, pero a los segundos, no era factible recurrir dado que al no haber no reconocimiento oficial de los EU, los banqueros de aquel país estimaban que el riesgo de prestarnos era altísimo y por consiguiente no éramos sujetos de crédito.

Obregón, quien si sabía cómo lidiar con nuestros vecinos pues ellos fueron sus clientes principales en los tiempos de productor de garbanzos, decidió enviar a su secretario de hacienda, De la Huerta, para que empezara a convertirlos en fuente de financiamiento. Dado que lo único que teníamos era petróleo, pues en base a ello habría que negociar. México requería entre 50 y 100 millones de dólares y los petroleros necesitaban volver a producir pues perdían parte del mercado de producción en México. En ese contexto, los representantes de las principales firmas petroleras operando en México decidieron venir a visitarnos para buscar un acuerdo. En el grupo encabezado por el presidente de la “Standard Oil” y líder del Comité de Ejecutivos Petroleros, Walter Clark Teagle, venían, entre otros, el Presidente de la “Mexican Petroleum Company”, Edward L. Doheny y el Presidente Ejecutivo de la “Sinclair Oil Company,” H.F. Sinclair. Los dos últimos eran un par de angelitos quienes años después estarían involucrados en el escándalo de “Teapot Dome” en donde terminaría sacrificado Albert B. Fall aquel que, entre 1919 y 1920, como senador instaló un comité senatorial itinerante para someter a juicio a México. Fall obtuvo el deshonroso galardón de ser el primer funcionario federal estadounidense de primer nivel convertido en huésped de una prisión. Pero volvamos a los petroleros visitantes.

Antes de emprender el viaje, Tagle le mencionó al secretario de estado, Charles Hughes, que existía la posibilidad de que nuestro país le solicitara al grupo un préstamo. Al respecto, Hughes le comentó tener información proporcionada por el presidente ejecutivo del Comité Internacional de Banqueros para México, Thomas William Lamont, que ese tema ya había sido discutido entre ellos y los banqueros interesados. Como sugerencia, les recomendaba que las negociaciones sobre el préstamo las realizarán de manera independiente de las que realizarían con respecto a las tasas impositivas que México planteaba imponer sobre la producción petrolera. El 29 de agosto de 1921, arribaron los petroleros a nuestro país y, ese mismo día, la Suprema Corte de México inicio deliberaciones sobre un amparo presentado por la Texas Oil Company. Con eficiencia para el día siguiente ya estaba listo el fallo que declaraba que lo dispuesto en el artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no tenía carácter retroactivo. Todo era pura coincidencia, decía el presidente Obregón y de seguro alguno empezó a abrir cajones, como lo hiciera muchos años antes Manuel González cuando lo visitó Porfirio Díaz, para tratar de encontrar al tarugo que se lo creyera. Retornemos a 1921.

El 3 de septiembre, las negociaciones concluían, los petroleros pagarían los impuestos pendientes al gobierno de México y retirarían el amparo, mientras, las autoridades mexicanas levantarían el embargo a la producción. Todo resumido en un acuerdo de siete puntos, el sexto de los cuales establecía que el gobierno de México pondría en el mercado estadounidense bonos. A finales de septiembre, Lamont envió una carta a Teagle indicándole que dicha venta no funcionaria. Tres meses después, los hechos darían la razón a Lamont, los compradores no mostraron interés por los bonos mexicanos. Sin embargo, durante ese lapso acontecieron otros eventos que armarían el andamiaje de acuerdos futuros.

En octubre, Lamont visitó México para discutir con De la Huerta la restauración del crédito mexicano y la renovación del pago de la deuda. Sin embargo, aquello se atoró rápidamente. Lamont no quiso participar en el plan para vender los bonos mexicanos, mientras que De la Huerta argüía que las condicionantes para disponer nuevamente de crédito y reactivar los pagos del débito eran onerosas y por lo tanto, se negó a cualquier negociación. En ese impase quedó todo hasta enero de 1922 cuando se reanudarían las negociaciones entre banqueros y autoridades mexicanas.

A partir de ahí, durante los cinco meses siguientes, diferentes propuestas fueron estudiadas. Las posturas poco cambiaban, los banqueros continuaban dudando de la capacidad para respaldar los bonos por parte del gobierno mexicano el cual continuaba solicitando a los bancos un préstamo, mientras aseguraba que poseía el potencial para cubrir las primas de los tenedores de bonos mexicanos. A finales de mayo, De la Huerta partió hacia New York para entrevistarse con el Comité de Banqueros. Entre el 2 y 6 de junio, se efectuaron las reuniones que dieron por resultado lo que conocemos como los Tratados De la Huerta-Lamont. En ellos, México reconocía su deuda externa en 500 millones de dólares sobre los cuales se habrían de cubrir intereses por 289 millones de dólares, pero se cancelaba el pago de los intereses vencidos. El repago de la deuda ajustada iniciaría en 1928 y el periodo durante el cual se cubriría serían los cuarenta años siguientes. Loa pagos de los intereses para el periodo 1923-1928, darían inicio en el primer año y se realizarían parcialmente en efectivo y un tres por ciento en forma de crédito al gobierno mexicano. Hasta aquí lucía que el acuerdo era satisfactorio para ambas partes. Los banqueros obtenían que México les pagara y el gobierno de nuestro país tenía acceso al crédito.

Sin embargo, había otras cosas que no sonaban tan placenteras. Adicionalmente, México se comprometía a entregarles a los banqueros, por un periodo de cinco años, todos los ingresos provenientes de la exportación de petróleo, las ganancias netas derivadas de la operación de los ferrocarriles y todos los ingresos generados por un impuesto de 10 por ciento sobre las ventas brutas de boleros de los ferrocarriles. Aunado a ello, nuestro gobierno, se comprometía a privatizar los Ferrocarriles Nacionales de México. Al final de cuentas, este acuerdo imponía una pesada carga sobre las finanzas gubernamentales, mientras que transfería los problemas a administraciones futuras. Y aquí cabe hacer una pequeña digresión hacia los rumbos por allá en el pueblo. Nuestra generación crecimos con la leyenda, que aun algunos siguen tomando como cierta, de que, en 1928-1929, el traslado de las instalaciones ferrocarrileras de Piedras Negras, Coahuila a Monterrey fue como represalia al desaire que los paisanos hicieron al estadista Elías Calles cuando anduvo solitario por la calle Real (hoy Zaragoza) sin recibir muestra de simpatía alguna. Así, nos lo narraba nuestro abuelo materno, Rafael Ríos Lozano, quien tenía motivos muy personales, y valederos, para no simpatizar con el mandatario sonorense. A la par, el paterno, Rafael Villarreal Guerra, directamente afectado por la medida, siempre sostuvo que aquello era producto de una decisión de política que por mucho rebasaba los linderos de nuestra población natal. Dejemos nuestras remembranzas pueblerinas y volvamos al entorno internacional de 1922.

En julio, De La Huerta volvería a los EU en busca de concluir aquel acuerdo financiero, pero a la vez trataba de lograr avances para obtener el reconocimiento diplomático. Con certeza ya se veía que si concretaba aquello con certeza volvería a cruzarse la banda presidencial. El 18 de julio, De la Huerta, acompañado por el senador Holm Olaf Bursum (R-New Mexico) y el general James A. Ryan tuvo reuniones separadas con el presidente Harding y el secretario Hughes. De acuerdo a la narrativa del secretario de finanzas mexicano, durante la entrevista, Harding recordó los tiempos cuando De la Huerta era gobernador de Sonora y él, en compañía de un amigo, invirtieron en una mina en aquella entidad, la únicamente les ocasionó pérdidas. Anécdotas aparte, De la Huerta cuestionó acerca de porque Harding demandaba firmar un tratado con México antes de otorgarle el reconocimiento diplomático a lo cual el presidente estadounidense dijo que todas las naciones firmaban acuerdos. Sin embargo, dijo De la Huerta, eso se hace una vez que ya están establecidas las relaciones. La réplica de Harding fue que no solicitaría firma de tratado alguno como prerrequisito para otorgar el reconocimiento diplomático, mientras se comunicaba con Hughes para que lo recibiera esa tarde. Antes de concluir la entrevista, De la Huerta invitó a Harding a cenar a su carro de ferrocarril en donde le dijo traía algunos caldos de esos que no podían ingerirse en los EU. Socarronamente, el nativo de Ohio respondió que él no podía hacer eso pues era respetuoso de la ley, algo que no era más que una falacia pues no había tarde-noche en que, junto con las cartas y los cigarros, corrieran litros de beberacua en un recinto no muy lejano de la Casa Blanca de donde De la Huerta partió hacia su otra cita.

Por la tarde, Hughes cuestionaría a De la Huerta sobre la retroactividad del artículo 27, a lo cual el secretario mexicano arguyó que eso sucedía con todas las constituciones emanadas de una revolución ya que esta implicaba el establecimiento de un orden nuevo. Aun cuando el secretario estadounidense aceptó el argumento, arguyó que nuestra constitución no debería de serlo. De la Huerta le aseguró que México respetaría los derechos de los propietarios y efectuaría algunos cambios. Quienes aprovechaban los recursos del subsuelo, en lugar de ser propietarios, obtendrían una concesión para explotarlos por un periodo de cincuenta años. Respecto a esta entrevista, hay algo que De la Huerta hizo omisión. En un comunicado confidencial que Hughes envió a la embajada estadounidense en México, De la Huerta propuso, como solución a los asuntos pendientes, un intercambio de comunicados entre el secretario y Obregón para lo cual presentó un par de proyectos. Obviamente la respuesta fue negativa dado que hacerlo implicaba otorgar reconocimiento a Obregón. Además, Obregón demandaba ciertas cosas que estaban fuera de la esfera de acción del Departamento de Estado. Hughes reconocía que México tenía el derecho de emitir cuanta ley quisiera, siempre y cuando respetara los derechos de los estadounidenses. Según De la Huerta aquello fue todo un éxito y en cuanto Hughes retornara en octubre de una gira por Brasil, lo único pendiente seria nombrar embajadores.

Las reuniones en Washington recibieron cobertura de la prensa estadounidense y mexicana, aun cuando los detalles de lo tratado no fueron revelados. Aun cuando, públicamente, De la Huerta declaró que nada se había tratado acerca del reconocimiento, el memorando de Hughes muestra lo contrario. Sin embargo, publicaciones en ambos países especulaban que próximamente se reanudarían relaciones diplomáticas. Sin aportar mayores datos, en Frederick, Maryland, The Daily News, publicó un titular que se leía: “Recognition for Mexico is nearer” (El reconocimiento para México está cercano). En México, Las Noticias publicaban: “De la Huerta regresó con el reconocimiento en la bolsa”. Así, el documento llegó al Congreso Mexicano.

Y como se trataba de la salvación de la patria, pues volvieron a aparecer las coincidencias. El 15 de septiembre, la Cámara de Diputados aprobó el acuerdo y el 27 del mismo mes, de manera unánime, el Senado hizo lo mismo. Los miembros de ambos cuerpos legislativos alabaron el contenido del documento. Afirmaban que, gracias a ese acuerdo, el país se ahorraba 571 millones de pesos. Con la aprobación, se confirmaba lo que De la Huerta dijera a Hughes: “El acuerdo con los banqueros se aprueba porque se aprueba, como que mi nombre es De la Huerta”. Mientras escribíamos sobre este salvamento vino a nuestra mente otro que sucedió allá por los 1990 cuando también nos prometieron que nunca volveríamos a tener problemas, la patria estaba emancipada. El día 29, el presidente Obregón firmó el decreto aprobando los tratados De la Huerta-Lamont.

Y llegó octubre, al regresar Hughes de Brasil, el reconocimiento seguía pendiente. El día último del mes, en Boston, Hughes aseguraba que “para los mexicanos, los EU no tenían sino sentimientos de amistad, pero que no estaban dispuestos a reconocer ninguna política mexicana domestica fundada en medidas confiscatorias en contra de extranjeros”. El reconocimiento continuaría pendiente hasta que arribo mayo de 1923 y representantes de ambos países se sentaron a negociar y acordar lo que ellos conocen como “The General Claims Conventions” y nosotros como los Tratados de Bucareli, acerca de los cuales se ha tejido toda una leyenda negra, no obstante que lo único que implicaba era el pago de daños que en uno u otro país se hubiese hecho en contra de los ciudadanos de ambos. Ello daría pie para que vivales con pluma en mano convencieran a De la Huerta que la patria estaba en deuda con él y se lo creyera. Fue a , casi, demandarle al presidente Obregón que lo nombrara como su sucesor y al no recibir una respuesta afirmativa alegó que con los Tratados de Bucareli se vendía a la patria y que él nunca estuvo enterado de las negociaciones.

Al respecto, diplomático-político-hombre de negocios, Aarón Sáenz Garza lo desmiente plenamente al recordarle que sobre el tema siempre se trató en las reuniones de gabinete a las cuales De la Huerta asistía. Sin embargo, dejándose llevar por los consejos de una ristra de plumas de alquiler quienes veían se les iba el negocio que implicaba tenerlo en la presidencia convencieron a De la Huerta de que se lanzara a una lucha armada sin sentido que terminó en derrota, pero que sirvió para que algunos como Martín Luis Guzmán despotricaran en contra del presidente Obregón Salido y el estadista Elías Calles a quienes presentó como un par de matarifes, algo que creyeron pie juntillas quienes son poco dados a revisar la historia basada en información dura y no la generada por jugos gástricos. En eso concluyó la historia de un acuerdo financiero que hizo creer a su principal instrumentador que la patria estaba en deuda con él e hizo que sus servicios valiosos, para la construcción del estado mexicano moderno, terminaran olvidados. Una lección intemporal que algunos deberían de repasar.
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Añadido (1) Una y otra vez, Osorio tiene que salir a justificar la estrategia que por más que trate de convencernos no funciona. La competencia es el año próximo y no se ve cómo pueda lograr éxitos. Hablamos del panbol mundano, de lo otro solamente los especialistas en el tema están capacitados para dar opiniones…

Añadido (2) Convirtieron en un asco la Avenida Insurgentes, siguieron con las calles de Xola, Félix Cuevas, Río Mixcoac y ahora, para que quede su recuerdo imperecedero, van a destrozar el Paseo de la Reforma. A todo ello, agreguemos que no hay calle o avenida que no luzca como campo minado. Pero como dice el tango, “veinte años no es nada…” y nada es lo que han hecho en ese tiempo por elevar la calidad del nivel de vida de los habitantes primero del DF y la ahora pauperizada CDMX.

Añadido (3) En Alemania, al aparearse la izquierda con la derecha nació un engendro que bautizaron como nacionalsocialismo con el cual, dijeron, habrían de salvar al país de todos los malvados y los males. Muy conveniente sería que quienes hoy andan de aplaudidores de amancebamientos potenciales de corte similar revisaran la historia.
24 Junio 2017 04:00:00
Los editoriales y las noticias que The New York Times publicaba sobre los eventos en México hace 150
Hoy, cuando varios acostumbran tomar como palabra sagrada lo que se publica en The New York Times (NYT), vale la pena irnos a revisar el debate que se daba en las páginas de dicho diario durante el mes de julio de 1867. Entonces, en los editoriales lo mismo apuntaba la necesidad de definir una política estadounidense hacia México que criticaban al grupo encabezado por el estadista Juárez García, acusándolos de ser unos asesinos por haber mandado un mensaje claro y conciso al exterminar al invasor. Sin embargo, en otras secciones, se presentaban opiniones diversas, destacando entre ellas las contenidas en un largo artículo elaborado por el político-escritor-poeta-militar guerrerense, Ignacio Manuel Altamirano Basilio. Para cerrar esta serie de colaboraciones, seis con la actual, acerca de aquellos días en que la nación nueva nacía en medio de las críticas de los maxhincados internos y los siempre correctos extranjeros que no perdían, ni lo dejan de hacer, la oportunidad para embestir en contra de nuestro país cuando de defender su dignidad se trata. Vayamos a lo que en las páginas del diario neoyorquino era publicado hace un siglo y la mitad de otro.

El 9 de julio, aparecía en el NYT una nota en la cual se hacía una observación. Desde el 10 de junio de 1863, cuando los 42 mil hombres que conformaban las fuerzas de Bazaine y Forey tomaron la ciudad de México hasta el 20 de junio de 1867, cuando el general Porfirio Díaz Mori la recuperó para la República, los habitantes de dicha población no realizaron ningún acto de rebelión que mostrara su incomodidad por la presencia de extraños. Ante ello, preguntamos nosotros, ¿Acaso aquellos ciudadanos capitalinos fueron víctimas de la fascinación ante lo europeo o como lo han hecho siempre, ellos nunca se equivocan, siempre están con el vencedor en turno? Antes de que alguien por ahí nos diga: “Ya le salió el complejo de provincianito a este”, lo invitamos a que revise la historia del siglo XIX y XX, la cual nosotros estudiamos y comentamos, pero que no es de nuestra invención. En la misma fecha citada al inicio de este párrafo, en la sección editorial, se apuntaba que los EU deberían de definir una política hacia México, la cual tendría que ser “liberal, vigorosa, definitiva, pero que debe de ser ejecutada”. Posteriormente agregaba que para que esa política tuviera éxito, era necesario se contara con “un estadista capaz de generar un plan que asegure el establecimiento permanente del orden y un gobierno estable en México, el cual a la vez permita prevenir la interferencia de poderes externos.” Sin embargo, afirmaba el editorialista neoyorkino, “creemos que México es incapaz de lograr esto por sí mismo y ello solamente puede concretarse mediante la influencia o dominación estadounidense.” Para que se viera cuan listos estaban, en una nota pequeña, anunciaban que la embarcación Susquehanna procedía directamente hacia México para que en caso de que la muerte de Maximiliano suscitara conflictos, la fuerza bélica estadounidense estuviese bien representada y lista para actuar.

Durante los días subsiguientes, el NYT, se dedicó a narrar como fueron los últimos momentos de esos angelitos que formaban la triple M, incluyendo pasajes del juicio. Al respecto, el 11 de julio, aparecía la nota en donde se enfatizaba que uno de los defensores de Maximiliano, de nombre Eulalio Ortega, refutaba los cargos de que el austriaco hubiera actuado como un usurpador y con crueldad. Para sustentar estos dichos argüía que la promulgación de la ley del 3 de octubre era consecuencia de que a Maximiliano lo engañaron diciéndole que Juárez había salido de México y que uno de los artículos de dicha ley fue elaborado por el comandante en jefe francés. Pobre hombre tan inocente y compadecido, resulta que como ya se había ido su oponente principal, pues a darle gusto al gatillo y a cazar aborígenes rebeldes, pero ni crean que de él fue la idea. Ni duda, al final de cuentas el austriaco no era sino un felón incapaz de reconocer sus actos. Eso sí, la defensa maximilianesca clamaba que lo perdonaran en nombre de la civilización, de hacerlo “salvaría el buen nombre de México a los ojos de las generaciones venideras. Ellas aplaudirán por siempre la coronación de una de las victorias más grandes mediante el mayor de los perdones.” Acto seguido, otro maxhincado, Jesús María Vázquez, quien se ostentaba como consejero del barbirrubio, procedió a cerrar los argumentos con esta perorata: “Si ustedes condenan al archiduque a muerte, me inquieta la posibilidad de que Europa integre una coalición o la actitud que los EU pueda tomar respecto a la República [Mexicana]… temo que el reproche universal caiga sobre nuestro país como una anatema…” Pero otros con antelación nos habían prevenido de no tomar medidas drásticas.

Uno de ellos era el nominado como ministro estadounidense ante el gobierno de la República, Lewis D. Campbell, quien con fecha 6 de abril de 1867, envió un mensaje a nuestro representante ante Washington, Matías Romero Avendaño, en el cual le reiteraba las simpatías estadounidenses hacia la causa Republicana, pero le preocupaba la severidad con que se castigó a los traidores en Zacatecas. Temía Campbell de que en caso de que se capturara a Maximiliano, sanciones similares fueran implantadas. En caso de que ello sucediese, pudiera ser que el gobierno estadounidense variase su actitud, además de que dicho comportamiento ocasionaría que disminuyera “la estimación de los pueblos civilizados, y tal vez perjudiquen la causa del republicanismo, retardando su progreso en todas partes”. Y luego viene un párrafo que no tiene desperdicio, casi es un tronido dactilar, “El Gobierno [estadounidense] me ha prevenido que haga saber al presidente Juárez, pronta y eficazmente, su deseo de que, en caso de que se capture al príncipe Maximiliano y a los que lo sostienen, ellos reciban el tratamiento humano que se acostumbra con los prisioneros de guerra en naciones civilizadas”. Respecto a este comunicado, el NYT reproducía en la página primera, el 12 de julio, un artículo que el segundo día del mes anterior había aparecido en México en el periódico anticlerical “El Pájaro Rojo”. La pieza era de la autoría de una de las plumas literarias más poderosas que hay dado la nación, la de Ignacio Manuel Altamirano cuyo escrito iniciaba así: “No bien nos hemos librado del yugo de la intervención europea – gracias a nuestra propia fuerza, nuestro propio coraje, nuestra propia fidelidad y nuestro propio orgullo republicano- [esto es lo que deberíamos de tener presente siempre y no andar creyendo que fueron otros los que nos hicieron triunfar en lo que es la victoria mayor obtenida a lo largo de la historia patria] cuando nuevamente tenemos que repeler un intento de intervención por parte del país más poderoso del continente”. Dado que Altamirano no andaba con correcciones políticas, procedía a señalar que “si dejamos pasar este incidente confiando en la amistad de los estadounidenses, mañana tendremos un comunicado dirigido al Gabinete Mexicano sugiriendo la abolición de tal o cual gravamen comercial bajo el pretexto de simpatía y civilización”. Respecto a la admonición de Campbell, la respuesta era directa, “siempre he creído que ya pasaron los tiempos de permitir que un ministro extranjero venga con esas expresiones feudales a la hora de comunicarse con nuestro gobierno, mientras lanza la amenaza en la frase primera.” Enseguida, el escritor guerrerense les recordaba que mucho era lo que se había combatido y nos habíamos ganado el derecho a ser respetados. El país pasaba por un momento de “grandeza y majestuosidad que nos permitía responder en un tono de orgullo a quienes buscaran amenazarnos”. Respecto a la invocación realizada a mantener la estima de las naciones civilizadas, Altamirano directamente le preguntaba “¿cuáles son esas monarquías europeas? ¿Qué les debemos a ellas por el odio y las desgracias que nos trajo la intervención de Maximiliano? ¿Qué acciones tomaron las llamadas naciones civilizadas para evitar la carnicería desatada por los franceses al amparo de sus cortes marciales, al tiempo que realizaban la destrucción de pueblos y ciudades enteras? ¿Qué hizo el gobierno de los EU cuando los liberales mexicanos eran masacrados por quienes hoy piden sean considerados con clemencia?” Tras esto, les espetaba: “…

ahora en el nombre de la civilización claman impunidad para estos europeos aventureros quienes fueron los mercenarios del déspota cuya única misión era matar mexicanos”. Y si de intervencionismos se tratara, Altamirano les cuestionaba “¿Cuál sería su respuesta si fuéramos a decirles que Jefferson Davis y sus cómplices deberían ser decapitados, basando nuestra demanda en el hecho de que los Confederados reconocieron el imperio, apoyaron la intervención europea y declararon la guerra a los republicanos mexicanos?... Los EU deben de tener una idea muy pobre sobre la dignidad de México para pensar que pueden dictar nuestra política interna. Nuestro gobierno debe de ser justo. Su energía, demostrada en la última contienda, es garantía suficiente del brío que mostrara en esta hora de la victoria….Las leyes de la nación deben de crear un código inviolable y los gobernados deben de asumirlas como una regla de conducta para acatarlas…” A la par de este artículo, aparecían otros en donde se informaba lo mismo acerca de las disposiciones militares en la ciudad de México que aparecían notas en donde se argüía que los Liberales habían inaugurado una era de terror en contra de la curia y acólitos que los acompañaban. Los “sufrimientos” de los habitantes de la ciudad capital una vez que cayeron en manos de los Republicanos. Y para conocer la postura del NYT al respecto, nos vamos a la página editorial de ese día.

En ella, volvían a arremeter en contra de los Liberales a quienes les endilgaban ser poseedores de una apetencia mayúscula por hemoglobina que cualquiera diría que provenían de Transilvania. Asimismo, para terminar de condenarlos los hacían aparecer como emisarios de Satanás dispuestos a terminar con cuanto cura y monja existiera en México, además de ser unos vulgares extractores de los bienes de otros a quienes sometían a préstamos forzosos. Y a los extranjeros el trato que les daban era insolente, en fin que aquello lo resumía en aprensiones, ejecuciones y extorsiones. A la par que, según el diario neoyorkino, constantemente había manifestaciones demandando a los extranjeros que se fueran. Si ese era el clima prevaleciente en la capital mexicana, aun no entendemos cómo es que, por el rumbo de las calles de San Juan de Letrán y Tacuba, un joven prusiano, quien nada tenía que ver con la política, anduviera “echando novia” con una damita de origen guanajuatense, seguramente no estaban enterados de lo que publicaba el NYT. Un diario muy al pendiente de nuestros eventos.

A mediados de julio, en primera plana dedicaba un artículo extenso en el cual el secretario de estado, William H. Seward realizaba una serie de precisiones negando existiera apoyo alguno por parte de los estadounidenses al siempre dispuesto a salvar a la patria, el López del siglo XIX. Por esas mismas fechas, se informaba de la misa de réquiem que celebrarían por el alma de Maximiliano sobre cuyo juicio el NYT presentó un artículo precisando pormenores. . En igual forma, daba paso a noticias especulando que un grupo de nicaragüenses e imperialistas mexicanos planeaban integrar un grupo, para lo cual ya reclutaban voluntarios en New York, New Orleans y Philadelphia, con el cual habrían de venir a “salvarnos” de los Liberales. Mientras estos deliraban, había otros con los pies sobre la tierra.

Uno de ellos era el abogado, militar, político, diplomático, escritor y general estadounidense, Lewis Wallace, autor de la novela “Ben Hur: A Tale of the Christ”, (1880), quien indicaba “… podemos destruir a México, no hay duda, pero no lo hagamos simplemente porque podemos. Un estudio de nuestras propias culpas, junto con un breve análisis de las costumbres, hábitos y peculiaridades de los mexicanos, convencerá a cada ciudadano [estadounidense] pensante de que es más conveniente apoyar la consolidación de un México independiente que tomar acciones para absorberlo, y que será mucho mejor gastar cincuenta millones de dólares para ayudarlo a recuperarse que hacerlo para mantenerlo sojuzgado”. Nadie podrá dudarlo, esas palabras siguen teniendo vigencia hoy en día. Lo que ya no prevalece es el hecho de que diarios como el NYT antiguamente utilizaban la página editorial para plasmar la postura de la publicación y hoy han optado por editorializar las noticias.

Con esto concluimos la serie de seis artículos fundamentados en las opiniones que sobre nosotros se tenían en otras latitudes. En ellos, hemos querido mostrar el tamaño de la obra realizada por los HOMBRES DE LA REFORMA, encabezados por el estadista Benito Pablo Juárez García. Las opiniones provenientes del exterior, cercano y lejano, una y otra vez buscaban mostrarnos como un pueblo de salvajes, mientras que desde su postura de superioridad supuesta demandaban se perdonara a quienes trajeron destrucción y miseria a un pueblo inmerso en la búsqueda por construir la nación nueva. Esa es una historia que, una y otra vez a lo largo del tiempo, se ha repetido y en esa reiteración siempre ha existido un grupo de connacionales ansiosos de halagar al que venga a dominarnos, mostrando con ello que su aspiración suprema es convertirse en ciudadanos de segunda en su propio país, son los maxhincados de ayer y hoy quienes, debemos de reconocerlo, siguen ganando espacios y son objeto de entrevistas en los medios de comunicación nacionales pontificando acerca de las bondades de su “emperador”. Somos muy pocos los Laicos-Republicanos-Juaristas quienes abiertamente mostramos nuestro orgullo por el triunfo que, hace un siglo y medio, nos llevó a la concreción de esta nuestra patria. Aun no entendemos la actitud de quienes dicen pertenecer a ese grupo y optan por el silencio o hablar en voz baja. ¿A qué le temen o acaso encubren su naturaleza verdadera?

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(1) Qué tal si los trepan a un ring rodeado por una jaula metálica, reforzada con candados, y que de ahí no salgan hasta que diriman todas sus diferencias. Estamos seguros que el éxito, en taquilla y de “pay per view,” estaría asegurado. Lector amable, nada más imagínese el anuncio: “Lengua contra lengua, sin límite de tiempo, en esta esquina, con calzoncillos cafés, El Mesías Tropical de Macuspana y, en esta otra, con mallones celeste y blancos, El Ignaro con Botas del Bajío”. Para cuidar que la deslenguada se lleve conforme al nivel intelectual de los contendientes, como tercero en el ring, el joven Lorencillo ataviado con tirantes multicolores por aquello de que fueran a acusarlo de favoritismo.

Añadido (2) Cayó en trance para que el mánager transe.

Añadido (3) En estos días, por los rumbos del Caribe Mexicano, las figuras del presidente don Adolfo López Mateos, del canciller Manuel Tello Baurraud y la del embajador Rafael de ca Colina Riquelme adquirieron dimensiones colosales. Estamos ciertos de que esto ha sido percibido por usted, lector amable. ¿Lo habrán notado otros?

Añadido (4) De pronto, volteamos a la mesa contigua y ahí estaba, desayunando, más solitario que un alma en pena, un otrora prócer de la democracia. No hay duda, cuando dejas de ser, ya no eres y el enjambre vuelva hacia otras colmenas.
17 Junio 2017 04:00:00
La prensa externa aporreándonos después del 19 de junio de hace 150 años
Apenas empezaba a clarear el tercer miércoles del sexto mes del año. Las campanas tañían llamando a la misa primera en el Querétaro siempre religioso. Aquel día, la población despertó más temprano que de costumbre. Era la fecha señalada tras de una posposición de tres días. El Gobierno de la República actuaba dentro del marco para acatar el mandato de un jurado y el clamor general de la mayoría de la población, enviar un mensaje que resonara más allá de las fronteras patrias. La nación estaba en ruinas como consecuencia de las acciones realizadas durante los cinco años previos por el grupo encabezado últimamente por esos tres personajes quienes enfrentaban el último amanecer de sus vidas.

El jefe, un austriaco quien clamaba inocencia y poco faltaba que llamara malagradecidos a los habitantes de estas tierras a los que, según él, había venido a redimir. El segundo, un indígena puro quien bajo el argumento de defender su religión decidió seguir a aquel hombre blanco y barbado quien seguramente le recordaba alguna leyenda vieja que le contaron sobre asuntos de la salvación que traería un hombre, proveniente del Este, poseedor de las características físicas descritas. El tercero, un descendiente de francés quien, tras de ser un joven héroe defensor de la patria, optó por aliarse con los enemigos del progreso para terminar convertido en el lugarteniente principal del invasor.

El sol, no queriendo ser menos se hacía presente, mostraba la luz generada por el triunfo de los Patriotas sobre las tinieblas creadas por los invasores y traidores. Eran las siete de la mañana del 19 de junio de 1867, enfrente del muro de adobe construido por los miembros del Batallón de Coahuila, Maximiliano, Mejía y Miramón eran ejecutados. Ese era su castigo por las miles de vidas que fueron cegadas y la destrucción que ocasionaron a un país al que sumieron en la miseria. Pero en medio de ese acto hubo todo tipo de protestas, peticiones y críticas provenientes de distintas partes del planeta, de ello nos ocuparemos en esta colaboración.

El uno de julio de 1867, The New York Times (NYT) informaba que conforme a lo hecho saber por la tripulación de un vapor austriaco que arribó a New Orleans, Maximiliano había sido ejecutado el 19 de junio y que al día siguiente, el general Díaz Mori se apoderaba de la ciudad de México. Sin embargo, apuntaba, el Departamento de Estado no tenía información oficial. Inclusive, la nota especulaba, si eso aconteció probablemente fue porque los generales decidieron hacerlo sin consultar a Juárez quien, según el NYT, optaba [¿?] por dejarlo libre. A la par, en Europa, se daba por cierta, sin dudar, dicha información. Al día siguiente, en la misma publicación estadounidense aparecía un editorial titulado “The Murder of Maximilian” (El asesinato de Maximiliano). Tras de presentarlo como un hombre bien intencionado quien vino a México por la invitación de quienes creyó representaban el sentir de las mayorías, acabó abandonado.

Sin embargo seguía la pieza, un triunfo de Maximiliano hubiera resultado una calamidad no porque la condición de México empeorara con ello, sino debido a que era un severo revés al Republicanismo en el Continente Americano. Además, no había jurado respetar la doctrina Monroe y no tenía ningún apego a los principios republicanos. Sin embargo creía que podía redimir y regenerar a los mexicanos. “Su muerte confirma dicha necesidad. Es difícil creer que los responsables de ella sean capaces de auto gobernarse o que puedan ser investidos con autoridad. Son insensibles a cualquier sentimiento de honor o cualquier dictado de prudencia.

La sed de sangre está en su naturaleza… El asesinato de Maximiliano deja al gobierno de México sin la simpatía de ninguna otra nación, a la par que lo hace objeto de la desconfianza, el escarnio y el odio de todas ellas.” En tono similar aparecía otro editorial en el NYT el 4 de julio. Nos llamaba salvajes a los mexicanos, calificativo que extendía a los líderes que, según el artículo, “…se autodenominaban Liberales quienes desafiaban el sentimiento del cristianismo [¿Habrán considerado las medidas bondadosas tomadas años atrás por la Inquisición?] para tomar una postura alejada de la civilización.” Pero no solamente editorialistas anónimos nos “surtían” de epítetos.

Un escritor y viajero estadounidense, Henry Wikoff, indicaba que aun cuando se le sugería a Maximiliano que abandonara México una vez que ya no contaba con el apoyo francés, el austriaco persistió en quedarse y “luchar en contra de la venganza de un gobierno bárbaro… un acto que ennoblece y honra a este príncipe… tanto coraje y devoción solamente pudo ser superada por la furia de esos asesinos desalmados… Maximiliano ha sido exterminado, los sentimientos de esta era humanitaria han sido lacerados y una afrenta ha sido cometida en contra de los Estados Unidos, la cual debe ser castigada. El pueblo y gobierno estadounidense dieron su apoyo a la causa republicana en México y lo que las autoridades de nuestro país les solicitaron fue simplemente clemencia para Maximiliano cuya mala fortuna ha subsanado sus errores. Su muerte no es solamente un acto inhumano, pero un insulto. Hagamos que esos semisalvajes se enteren de ello…” Dejemos por un momento las opiniones generadas al norte del Bravo y vayamos al otro lado del Atlántico.

Desde Londres era anunciado que todas las cortes europeas se declaraban en luto. El gobierno británico había llamado a su representante ante México, al tiempo que consideraba dar por terminadas las relaciones diplomáticas. A la par, en París, Le Moniteur Universel publicaba un artículo en el cual condenaba el asesinato, así lo llamaba, de Maximiliano. Asimismo, daba cuenta de que en el Senado y en todo el cuerpo legislativo los discursos en general coincidían en que la ejecución era un crimen en contra de la humanidad. El gobierno francés había ordenado a sus cónsules en México cesar sus actividades, al tiempo que suspendía los festejos para celebrar el inicio de su revolución. Mientras los europeos buscan alejarse de nosotros como represalia, en los EUA, había quienes tenían una perspectiva con pragmatismo mayor.

El 20 de junio, The Times-Picayune editado en New Orleans publicaba un escrito firmado por W.M.B. Ahí, se indicaba que México era entregado a los demonios de la anarquía y la insolvencia. Acto seguido, se preguntaba: “¿Permitirán los Estados Unidos que las vidas, propiedades y comercio de sus ciudadanos queden a merced de un gobierno sin esperanza e incapaz de preservar el orden. Sí en México no se establece el orden ahora, si no desea la paz después de este periodo de conflictos y miseria, lo único que podemos esperar es una guerra perpetua? Los EUA necesitan enviar un ministro hábil a México. No debería de ser un político… nosotros necesitamos el mercado doméstico de México para nuestras manufacturas, envíos y provisiones… necesitamos el derecho de vía a través de Tehuantepec y del Pacifico a través de sus estados del norte. Requerimos comercio libre o reciproco a través de los puertos mexicanos. No podría México abrirse y utilizar esto ante el mundo. Los comerciantes de New York y los industriales de New England estarían muy interesados en reanudar las relaciones con ese país. ¿Por qué dejar que los políticos fomenten el conflicto y paralicen la energía potencial de este país [los EUA]? Los integrantes del primer grupo desean mercados para su industria. Los miembros del segundo buscan salarios y contratos. Cuando los políticos claman falta de gobernabilidad en México, olvidan que aun nosotros [los EUA] vivimos en una incertidumbre casi similar acerca de nuestro futuro.” Sin embargo había quienes no actuaban en términos tan conciliatorios y pragmáticos.

El 6 de julio, el NYT publicó una carta firmada por Béla Estván, quien se firmaba como el director del Buró Imperial de México en los EUA. Antes de ir al texto, cabe apuntar que este sujeto era un húngaro quien combatió al lado de los Confederados en la Guerra Civil estadounidense. Más tarde, Estván se enteró que Maximiliano había establecido una oficina en New York para diseminar propaganda e intrigas, al tiempo que nombraba a Luis De Arroyo como cónsul de su imperio en dicha ciudad. Ante esto, Estván se apersonó ante este último a quien le vendió que era influyente entre la prensa neoyorkina. Posteriormente, consiguió una audiencia con el austriaco a quien engatusó con el cuento de su amor y admiración por los Habsburgo. Para demostrar el cariño, ofreció sus influencias con el fin de revertir la imagen poco grata que nuestro visitante indeseado tenía en los EUA. Sin embargo, para ello, eran requeridos algunos recursos. Entre 1865 y 1867, Maximiliano le asignó cinco mil dólares anuales, además de 40 mil dólares para gastos. Esto último lo utilizó para “maicear” a los principales diarios neoyorkinos en busca de notas positivas sobre el “imperio” Una vez establecido quien era Estván, retornemos a su carta, la cual iniciaba lamentando la muerte de Maximiliano de quien decía fue abandonado y vendido por sus amigos, así como por aquellos gobiernos, los cuales le otorgaron la promesa moral de proteger y salvar su vida.

Decía que había muerto como un mártir, en un evento que no tenía paralelo en la historia moderna que será recordado como abominable y vergonzoso. Tras de lamentarse que con esa muerte concluía la misión que le encomendaron y, diríamos nosotros, cesaba el fluir de fondos a su bolsillo, procedía a ser “magnánimo” mientras apuntaba que no acusaría a los EUA de violar una obligación solemne con Europa y Francia, solamente lo acusaba de una “vacilación inexcusable y auto denigrante.” Invocando que el ministro austriaco ante Washington solicitó a nombre de su gobierno que intervinieran para salvarlo. Estván se preguntaba porqué no enviaron un ministro a México, no a pedirle a Juárez, sino a demandarle que le perdonara la vida. “Esta demanda no era solamente un privilegio glorioso, sino un derecho que los EUA tenían.” Tras de esto, daba paso a la mentira que a lo largo del tiempo han alimentado los europeos y los maxhincados de ayer y hoy, que los EUA fueron realmente el soporte del estadista Juárez y no el pueblo mexicano.

Ante de ir al texto de entonces, cabe recordar que una y otra vez los historiadores, quienes sí conocen el tema, han demostrado cómo durante todo el tiempo en que los franceses estuvieron en México, los EUA les vendieron pertrechos de guerra. No fue sino hasta que se largaron cuando México empezó a comprar armamento proveniente de allá. Pero retornemos a los decires de Estván quien argüía que no fue la bravura de las tropas mexicanas, ni mucho menos la pericia de sus generales quienes echaron fuera a los franceses, lo que los expulsó fue la fuerza y el deseo de los estadounidenses quienes con su poder moral obligaron a los europeos a retirar su apoyo a Maximiliano.

“Hubiera bastado con que las tropas estadounidenses se colocaran a lo largo de la frontera con México para que la vida de Maximiliano se hubiera salvado y con ella el honor de la civilización occidental.” Acto seguido, Estván procedía a mencionar de que a Maximiliano lo habían ido a buscar y no aceptó venir hasta que le demostraron [falsamente] que la gran mayoría lo quería aquí para que nos redimiera. Al fallar Maximiliano en “su intento noble, México mostró que no era merecedor de alcanzar un destino como el prometido bajo su liderazgo. Con este acto barbárico, México se autocondena.” Para concluir, Estván demandaba al editor que publicara su perorata, esto no era extraño si nos atenemos a las cercanía$ que este tenía con los diarios neoyorkinos. Mientras tanto, los austriacos hacían preparativos para venir a llevarse los despojos del redentor fallido.

El 7 de julio, desde Viena, era anunciado que la flota austriaca enviaba una embarcación hacia México. Asimismo, días después, Napoleón III culpaba a los miembros del Partido Católico en México de ser los responsables de la muerte de Maximiliano. Un hecho curioso aconteció en París, en donde el 20 de junio los diarios parisinos daban cuenta de lo sucedido cuando se presentaba la obra Hernani, escrita por Víctor Hugo y ambientada en la España medieval. De pronto en una de las escenas, llega un ayudante y le anuncia al personaje principal, don Carlos, “El emperador Maximiliano ha muerto,” refiriéndose a un personaje del medievo. Sin embargo la audiencia inmediatamente hizo la conexión con los acontecimientos mexicanos. Pero más allá de asignar culpas o hechos curiosos, otros se preocupaban por llevar el cuerpo de la derrota de retorno al sitio de donde nunca debió de haber salido. En ese contexto, la prensa estadounidense daba a conocer que el capitán Grueller, al mando la corbeta austriaca Elizabeth, le solicitaba al capitán F.A. Rowe, quien comandaba el vapor estadounidense Tacony, que intercediera ante el presidente Juárez García para que le permitiera recibir los despojos de Maximiliano y trasladarlos a Austria. Pero eso tardaría todavía tiempo para materializarse.

Mientras los restos del austriaco continuaban pudriéndose en el Convento de las Capuchinas en Querétaro, en donde permanecería (mal embalsamado) hasta el mes de noviembre cuando fue trasladado a la ciudad de México, en el Congreso de los EUA algunos legisladores continuaban empeñados en que pagáramos la “afrenta.” El 8 de julio en la Cámara de Representantes, los Republicanos, Abner C. Harding (Illinois), John P. C. Shanks (Indiana) y John D. Baldwin (Massachusetts), al igual que los Demócratas. James Brooks (New York) Fernando Wood (New York) y William Mungen (Ohio) presentaron una serie de resoluciones relacionadas con México, mismas que fueron referidas al Comité de Asuntos Externos.

Los Republicanos Harding y Shanks expresaban su satisfacción por la caída de Maximiliano y el triunfo de la República, solicitando se actuara en consecuencia. Por su parte los Demócratas volvían a mostrar su “amor” a México. Brooks proponía que se impugnaran las leyes de neutralidad que prohibía la intervención armada en México. Wood demandaba acción inmediata y sumaria en contra de México por sus acciones en perjuicio de ciudadanos estadounidenses y por el hecho de que funcionarios mexicanos abordaron el vapor Virginia y sin autorización alguna sacaron de ahí al López del siglo XIX, justo era que se indignara de trato tal a un sujeto que tanto les dio a los estadounidenses, para ir a depositarlo en las mazmorras de San Juan de Ulúa. Mungen solicitaba al secretario de estado que clarificara como fue “secuestrado” el quince uñas.

Seguramente leer sobre estas propuestas habrá de descorazonar a los maxhincados que dividen el mundo entre buenos y malos cuando se trata de lidiar con los estadounidenses. Las propuestas causaron resquemor en algunos, especialmente el editorialista del NYT quien veía que en caso de aprobarse la abolición de la ley de neutralidad, pronto México se viera en manos de filibusteros estadounidenses. O bien, si se sumaban a la felicidad de Harding y Shanks significaba que “se aprobaba la barbarie de Juárez y de los Liberales carniceros, lo cual significaba que los EUA se degradaban ante el mundo cristiano, así como a los ojos de mahometanos y persas.” No cabe duda, aún quedaban en el bolsillo algunas monedas de aquellas que el húngaro Estván repartió entre los plumíferos neoyorkinos. Mientras tanto, al mando del Almirante, Wilhelm von Tegetthoff, la fragata austriaca Novara, la misma en que llegaron a Veracruz, Maximiliano y Carlota, venía a recoger el cadáver del primero.

Mientras llegaba, la prensa extranjera continuaría aporreándonos, al tiempo que los epítetos de salvajes era lo más delicado que se leía sobre los Hombres que osaron derrotar a los invasores europeos. Acerca de ello, les comentaremos en nuestra próxima colaboración, sexta y última de este capítulo glorioso de la historia patria que los maxhincados quieren ocultar, mientras invitan a la misa que celebraran en la ciudad de México, este 19 de junio, en memoria de su segundo emperador de opereta.

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Añadido (1) A quienes se desgañitan demandando la inhabilitación del proceso electoral en Coahuila, les recomendamos que, para serenarse, efectúen una lectura cuidadosa del artículo, “Anular la elección, misión casi imposible” (El Heraldo de Saltillo 09-VI-17) de la autoría de José Gerardo Villarreal Ríos, un abogado quien, acerca de los asuntos lectorales, sabe un buen rato tanto en la teoría como en la praxis. Repasar el texto mencionado hará reflexionar a quienes hoy andan inquietos en demasía, pero claman su deseo por vivir en un estado de derecho.

Añadido (2), Siempre será grato acudir a un evento en donde se ofrece una perspectiva objetiva sustentada en el conocimiento sobre lo acontecido en México hace 150 años. Ese fue el caso al escuchar a los doctores Patricia Galeana Herrera, Rafael Estrada Michel y Silvestre Villegas Revueltas en la charla titulada “Los Juicios a Maximiliano, Miramón y Mejía.

Añadido (3) ¿Por qué se extrañan de la actitud del cuentachi$te$ saltillense? A quienes lo hemos observado desde los tiempos en que gobernaba Coahuila el general Raúl Madero González nada nos sorprende. Es la forma en que ha operado toda su vida.
10 Junio 2017 04:00:00
Desperdigaban noticias falsas e infamaban a los mexicanos mientras buscaban salvar a Maximiliano
Eran los inicios de junio y el mundo apenas conocía lo acontecido quince o más días atrás en México. Ése era el ritmo al cual viajaban las noticias en aquellos años. La caída de Querétaro, acompañada por la captura de Maximiliano, había acontecido el 15 de mayo. El evento agravó las preocupaciones de quienes se presentaban como adalides del humanitarismo, siempre y cuando se tratara de un príncipe europeo usurpador. Semejante desasosiego nunca estuvo en la agenda apretada de dichos sujetos cuando los afectados eran los habitantes de un país que fue destruido al sumirlo en una guerra invasora que devino en intestina. Vayamos a las noticias que por el mundo circulaban respecto a México durante el sexto mes de 1867.

Para el día 4, las versiones aun variaban sobre si las fuerzas maximilianescas habían rendido sus espadas al general Escobedo De La Peña. En los EU, la prensa informaba que tras la captura, Maximiliano fue víctima de disentería, misma que fue atendida por los médicos de su captor. Los optimistas aseguraban que rápidamente había superado el malestar y que ya era esperado en San Luis Potosí para que de ahí se fuera a los EU y posteriormente retornara tranquilamente a Austria. Como quien dice, aquí no pasó nada y lo que hizo fue una “chamacada de un príncipe juguetón”. Sin embargo, para el 20 de mayo en Veracruz aún no se conocía del fin del maximilianismo, pero mencionaban que eso sucedería gracias al apoyo estadounidense a los Liberales mexicanos. Igual situación prevalecía en La Habana, sitio al cual arribó el vapor Sonora el 28 de ese mes y nadie podía asegurar con certeza que aquello había terminado.

Para el 7 de junio, The New York Times (NYT) anunciaba la captura de Miramón y 200 de sus subalternos. Asimismo, se informaba que el general Escobedo de la Peña ordenó que todo aquel enemigo que no se entregara por voluntad propia sería pasado por las armas al identificarlo, mientras quienes lo hicieran voluntariamente serían sujetos a un juicio. Seguían insistiendo en que el barbirrubio austriaco sería trasladado a San Luis Potosí y tratado como prisionero de guerra al cual Juárez mandaría a la capital de la República el 19 de junio, los redactores le atinaron a la fecha del traslado, pero no al sitio a donde se iría. Posteriormente, la misma publicación daría detalles acerca de la captura. Apuntaría que por 48 mil dólares, el coronel Miguel López fue quien dio el acceso para que entraran a capturar a los invasores-traidores. Que Maximiliano envío una bandera blanca, junto con su espada, a Escobedo indicándole que se rendía incondicionalmente, pero pedía tres favores. Uno, no ser insultado y recibir trato de prisionero. Otro, si fusilaban a alguien que él fuera el primero. Un tercero, que en caso de ser ejecutado, su cuerpo no fuera abusado. En el informe que Escobedo presentó, indicaba que 15 mil hombres se rindieron, incluyendo 13 generales y 500 oficiales de rango menor. En ese contexto de victoria, el 15 de mayo, Juárez había enviado una misiva al ministro Romero Avendaño felicitándolo por la victoria de la República. Pero vayamos a Europa y la percepción que allá tuvo la caída de su representante en solar mexicano.

El 29 de mayo, The London Times (LT) citaba como fuente la prensa estadounidense acerca de la caída de Maximiliano. A ello, agregaba, que de acuerdo a información recibida vía telegráfica, se aseguraba que Juárez había ordenado la ejecución de los invasores y los traidores que actuaron como sus aliados. Eso no era todo, el diario londinense indicaba que “México, bajo el líder Republicano, recuperara su democracia y anarquía… habrá de retornar al desorden que, hace seis años, llevó a tres naciones europeas a intervenir en nombre de la humanidad y la civilización”. No podían los europeos dejar de lado la amargura que les ocasionaba que un puñado de aborígenes valientes terminaran por echar fuera a un miembro de una de las casas reales más importantes de Europa. Debemos de recordar que a los franceses siempre se les han indigestado los aborígenes de estos rumbos. En los finales del siglo XVIII, principios del XIX, en Haití, una partida de negros zarrapastrosos (en esas condiciones estaban) encabezados por Toussaint-Louverture y Jean-Jacques Dessalines, derrotaron a las huestes de Napoleón, el de verdad, para lograr su independencia. Como resultado de esa derrota, el corzo-francés, decepcionado, decidió venderle el territorio de la Louisana (desde Montana hasta Louisiana) a Thomas Jefferson. Dejemos disgregaciones históricas de inicios de la centuria antepasada y retornemos a la segunda mitad de la misma.

En la nota del LT, se enfatizaba que la noticia, de la captura de Maximiliano, causaría regocijo entre aquellos que se opusieron desde un principio a la intervención de Francia o bien predijeron que eso terminaría en fracaso. Sin embargo, indicaba, si en lugar de haber tratado de imponer un príncipe, simplemente se hubiera instalado una administración civil, Francia habría pacificado a ese país. Eso hubiera permitido que la presencia francesa se diera sin sobresaltos y, posiblemente, habría generado la aceptación de los EU. Pero, el emperador francés decidió trasplantar una versión europea a México olvidando que los EU estaban en una guerra civil y no admitirían un enclave europeo que pudiera terminar aliándose con los secesionistas. Acto seguido, los ingleses se preguntaban cómo fue factible que un príncipe europeo haya aceptado ser vasallo de Francia. Era inconcebible que alguien tan cercano a un trono, casado con la hija de un soberano europeo, hubiese consentido ir a tratar de gobernar a “una raza de degenerados. En lugar de Viena o Miramar, en donde recibía los honores más altos, optó por ir a tratar de someter a una raza de varios millones de semisalvajes o de españoles cuya degeneración los ha llevado más abajo que los aborígenes salvajes…” Sin embargo, se leía en la nota del LT, “Maximiliano ha actuado con nobleza [sic] y mano firme [resic]. Desde la partida de los franceses ha tratado de poner orden y luchado bravamente para mantener su posición. Pero, la simpatía de los EU y la influencia directa de su gobierno han trabajado en pro de la causa de Juárez proporcionándole partidarios y reconociéndolo como Jefe de Estado y, probablemente, proporcionándole pertrechos de guerra.” La nota concluía aceptando que “el imperio mexicano está en su última etapa y nada queda sino que el Jefe triunfante reorganice el gobierno o permita al país hundirse bajo el poder de los Estados Unidos”. Mientras en Europa lamentaban la caída de uno de los suyos, en México los generales triunfantes intercambiaban congratulaciones.

El 12 de junio, la prensa estadounidense publicaba los mensajes de felicitación que intercambiaban los generales Escobedo de la Peña y Díaz Mori. El primero, una vez cumplida su misión le ofrecía 15 mil hombres al segundo para que terminara de tranquilizar a la ciudad de México. En medio de todo ello, los acólitos del emperador de opereta seguían diseminando mentiras. Por un lado decían que Escobedo, pistola en mano, habíase dedicado a matar heridos y prisioneros. A la vez, aseguraban que la viuda de un mexicano prominente había pagado 80 mil dólares a Juárez para evitar que sus bienes le fueran confiscados en el futuro. Como podemos ver, la enseñanza quedo muy bien fijada, o ¿ya estaba impresa en su código genético?, y los maxhincados de ahora continúan empleando los mismos métodos cuando de desperdigar patrañas se trata. Sin embargo, no todas las publicaciones estadounidenses hacían eco a las “fake news”. Uno de los que buscaba ser objetivo era The Galveston News el cual desmentía las historias de horror de ejecuciones y masacres, mientras enfatizaba que Maximiliano recibía buen trato y ya estaba recuperado de la disentería que lo aquejó por varios días. A la par, los periódicos estadounidenses repetían la historia de los esfuerzos que hacia la princesa Salm-Salm para salvar a Maximiliano.

En el contexto de lo anterior narraban que tras el rechazo del estadista Juárez García a las proposiciones, los prisioneros principales fueron colocados en celdas separadas custodiadas por una guardia doble. A la par, se armaba lo que habría de ser “la corte marcial” a la cual someterían al intruso y sus aliados principales. “Desde los años de la inquisición no se había visto nada igual. Quien la presidirá no se sabe. En donde será establecida y quienes actuaran como testigos, también es desconocido. El juez de la causa tenía catorce puntos acusatorios…” En una información que aparecía contradictoria, de pronto, la nota señalaba que el juicio llevaba tres días y concluiría al siguiente. Posteriormente recalcaba que Maximiliano demandaba una corte bajo la jurisdicción de las leyes internacionales arguyendo que él representaba un gobierno que era reconocido por todos los países, excepto los EU y por consiguiente debería ser juzgado por el Congreso de la nación. En base a ello, la prensa estadounidense argüía que Juárez estaba en un dilema por un lado todos los Liberales clamaban por la ejecución culpándolo de todas las atrocidades cometidas por las tropas francesas, pero por otro si accedía a ello, perdería la simpatía estadounidense. Sin embargo, el sentimiento antiestadounidense era tal que, simplemente por eso, la suerte del austriaco estaba echada. Los europeos estaban convencidos de ello.

E4 de junio, el periódico La Gazette de France publicaba una nota al respecto. Iniciaba que ni aun los festejos que se realizaban en París con motivo de la visita del rey de Bélgica y el zar “podían hacer olvidar la penosa situación que Maximiliano vivía en México, atrapado sin esperanza de clemencia o aun de justicia por parte de un hombre llamado Juárez. Ningún calificativo en contra de este es severo. Juárez no es el jefe de una república sino de una banda. Ha roto todas las leyes y responsabilidades que corresponden a un jefe de estado… Ha sido apoyado por los EU que lo convirtieron en un mero instrumento de su política”. Sí algún maxhincado de ahora lee lo anterior habrá de refocilarse, pero la continuación de la nota con certeza los hará padecer malestares biliares similares a los que sufrían los franceses de entonces. “No podemos sentir sino pesar de que nuestra expedición [la francesa] no haya permitido a México despojarse de este hombre peligroso [Juárez] sus victorias aparentes en contra de la política francesa serán injuriosas para nuestro prestigio [el francés] y para la protección de nuestros paisanos [los franceses]. Es inexplicable que ninguno de nuestros generales haya sido capaz de lograr la retirada de Juárez…pero lo que nos resulta incomprensible es no haber tenido la satisfacción de tomar prisionero a Juárez y sacarlo fuera de la escena de la guerra y la política. Su captura, aparentemente fácil, habría sido un consuelo para el amor propio de Francia”. Mientras tanto en México continuaban las discusiones sobre el juicio a Maximiliano y se hacían peticiones para que no fuera ejecutado.

En San Luis Potosí, un grupo integrado por cincuenta damas distinguidas pertenecientes a lo “mejor” la sociedad de dicha ciudad acudió ante el estadista Juárez a quien solicitaron perdonara la vida de Maximiliano. Como respuesta escucharon que el asunto aun no le había sido llevado para su consideración, pero que cuando ello ocurriese habría de tener en mente su petición. Mientras aquellas damas acicaladas intercedían por intrusos, por los rumbos del Golfo de México aparecían quince uñas embarradas de inmundicia, eran las del López del siglo XIX quien convenció a varios para que, el 20 de junio, desde Tampico desconocieran al presidente Juárez a quien acusaban de hipotecar a los EU, los estados de Tamaulipas y San Luis Potosí por 45 millones de dólares. Ante ello, reconocían a López de Santa Anna como presidente interino de México. Quien firmaba la proclama era un tal Manuel Gardette. Al final nada se concretó pues el Comodoro Rowe, quien venía al frente del vapor Virginia, en el cual se trasladaba el gallero de Manga de Clavo, lo entregó a las autoridades mexicanas luego de una amenaza. Y ya que andamos entre sujetos de esa calaña, el 25 de julio, se publicaba que, en la capital del país, Leonardo Márquez había hecho prisioneros a treinta liberales a quienes planeaba intercambiar por la vida de Maximiliano. Asimismo, daba a conocer que entre los documentos que le dejó bajo resguardo el austriaco estaba el de su abdicación y el nombramiento, como heredero del trono, de un nieto de aquel criollo quien un día se sintió noble, Agustín Cosme Damián.

Por esas mismas fechas, las noticias seguían corriendo en ambos sentidos. Desde Galveston anunciaban el perdón a Maximiliano quien, decían, pronto se iría por Tampico o Veracruz. Desde Londres se informaba que el escritor francés Víctor Hugo apelaba ante el estadista Juárez García para que perdonara a Maximiliano. Sin embargo, no sería sino hasta el 30 de junio cuando la prensa estadounidense comunicaba que Maximiliano había sido ejecutado. Sobre ello discerniremos en la próxima colaboración, la quinta de esta serie escrita en un entorno en donde predomina el silencio o el hablar en voz soterrada por parte de los oficialistas (historiadores y gobiernistas) quienes no quieren incomodar a los maxhincados recordándoles como acabó uno de sus héroes del ayer. ¿Cuántos de los callados pertenecerán a este grupo?

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Añadido (1) Millones de pesos son erogados para tener un aparato electoral supuestamente confiable. Sin embargo, cuando llegan las elecciones pareciera que aún estamos en la cuaternaria y nadie es capaz de ofrecer información certera y confiable. Resulta ridículo lo acontecido en Coahuila. Los encargados del proceso no fueron capaces de ofrecer resultados confiables en un tiempo perentorio. Al parecer las actas eran trasportadas a lomo de burro provenientes de la serranía agreste. De pronto creímos que andábamos entre 1938 y 1942. Ante la ineptitud y falta de claridad, todos aprovecharon para declararse triunfantes o bien cuestionar los resultados.

Añadido (2). Cuando comentábamos con el economista sinaloense, Sergio Enrique Castro Peña lo ocurrido en Coahuila, nos preguntó: “¿Dado que priístas y panistas aseguraban haber ganado, porqué ninguno procedió a escanear las actas de cada casilla y las subió a la internet mostrando así un soporte sólido a su aseveración? O ¿Acaso sus representantes no firmaron una por una las actas mencionadas tras efectuar el
conteo correspondiente?”

Añadido (3) El Acuerdo de París vale tanto como lo escrito y firmado en aquella hoja de papel que Nevil Chamberlain llegó restregando a los ingleses, misma que Winston Churchill descalificó de inmediato. Porque ni modo que vayamos a creernos el cuento de qué por signar un papiro, algunos de los principales países contaminadores del planeta como China, India y México van a tomar algo más que medidas cosméticas para lograr que sus habitantes dejen de respirar porquerías. Lo que provoca los gritos de los vividores del ecologismo son los tres mil millones de dólares que dejaran de percibir al retirarse los EU.

Añadido (4) Cerca de 25 millones de mexicanos son víctimas, diariamente, de un proceso neurodegenerativo causado por la contaminación ambiental. Cuando los científicos serios presentan un estudio tras otro al respecto, las autoridades mexicanas, los hombres de negocios y los comunicadores guardan silencio absoluto. Sin embargo, basta con que venga un actorcito hollywoodense inflado para que todos, vueltos loquitos, se proclamen ecologistas salvadores de la vaquita marina, de la cual supuestamente existen treinta ejemplares. Bueno, es que hay de prioridades a prioridades.

Añadido (5) Con otra “victoria” como la del acuerdo azucarero y la patria está salvada. Esto fue nada más para que la máquina se vaya aflojando. Cuando llegue la hora de renegociar el TLC, ni un rechinido. Todo habrá de proceder, como dirían los estadounidenses, “smoothly.”

Añadido (6) El rector de la sacrosanta UNAM, Enrique Luis Graue Wiechers, se muestra indignado por la corrupción de algunos gobernadores, cólera que nada tiene de cuestionable y cualquiera que se respete habrá de compartirla. Sin embargo, nos surge una pregunta: ¿Dado que alrededor del 90 por ciento, el total en 2017 fueron 40.9 mil millones de pesos, de su presupuesto proviene de fondos públicos, cuándo fue la última vez que la Auditoría Superior de la Federación y/o la Secretaria de la Función Pública realizaron una auditoría sobre el ejercicio de los recursos en esa casa de estudios? O ¿Será que eso no es necesario ahí ya que todo es pulcritud y no hay ninguna alma pecaminosa con las uñas largas?
03 Junio 2017 04:00:00
En medio de las lluvias, el ‘imperio’ se deshizo en Querétaro hace 150 años
En mayo es cuando oficialmente inicia la época de lluvias en Querétaro. En 1867, algunos auguraban que esas aguas terminarían por obligar a las fuerzas de la República a retirarse y dejar en paz al barbirrubio ahí encerrado. Sin embargo, esas aguas acabarían por terminar de deslavar aquel “imperio.” Pero continuemos con esta serie de relatos de como desde otras latitudes veían los acontecimientos que se desarrollaban en el México de aquel año.

Para cuando iniciaba el quinto mes del año, muchos eran quienes con antelación observaban que la suerte de nuestro visitante barbirrubio estaba lejos de ser halagüeña. El 2 de mayo, la prensa estadounidense daba cuenta del comunicado que, un antiguo teniente coronel del cuerpo austriaco de voluntarios en México, Frederick Hotze, enviaba a quien fuera enviado extraordinario y ministro plenipotenciario del gobierno de Austria ante el de EUA, Ferdinand Freiherr von Wydenbruck, el Conde Wydenbruk. En dicho documento, originado en Cincinnati, Ohio, reconocía que “la posición del príncipe es sumamente critica… corre peligro su vida. Se debe evitar al mundo un drama sangriento y una terrible pesadumbre a la familia imperial de Viena.” Al ciudadano Hotze no le importaba la destrucción ocasionada a México y las muertes de nuestros nacionales que ocasionó la aventura de aquel a quien buscaba salvar. En ese contexto, pedía al conde que intercediera ante el secretario de estado de los EUA, William Henry Seward para que demandara, aun cuando no fuese de manera oficial, sino mediante su influencia ante Juárez para que respetara la vida de Maximiliano. Dado que Hotze había estado comisionado en Oaxaca, argüía conocer a la familia del presidente mexicano y en base a ello ofrecía sus servicios para convertirse en el portador de un comunicado de Seward a Juárez. Para entonces, los EUA ya habían instruido a L.D. Campbell a negociar al respecto, algo que comentaremos más adelante. Sin embargo, la precisión no era la característica de las noticias que llegaban de México.

Anticipando vísperas, se afirmaba que Miramón había caído muerto en batalla, que Márquez estaba derrotado totalmente, que Querétaro ya era posesión de la República, que Maximiliano había huido y se desconocía su paradero. Lo totalmente cierto era que el hambre hacia mella entre las fuerzas maximilianistas. En base a toda esa información, el 3 de mayo de 1867, The New York Times (NYT) armaba un editorial dando por hecho el fin de la aventura del austriaco de quien decían desde su llegada a Querétaro negociaba con Juárez la capitulación. Según la publicación, el oaxaqueño podría en cualquier momento terminar con el conflicto con tan sólo ofrecer amnistía a todos los que luchaban del lado del “imperio.”

El 13 de mayo, el diario The Sun, publicado en Baltimore, Maryland, aseguraba que en el caso de Veracruz, la ciudad no caería en manos de los Liberales a menos de que se susciten desavenencias entre los generales del imperio. Sin embargo reconocían que la escasez de alimentos causaba estragos y que las clases menesterosas se alimentaban con carne de caballo. En esa misma fecha, desde Europa era informado que cuatro embarcaciones de la flota francesa arribaban al puerto de Cherburgo, agregaríamos nosotros, llevando de regreso a miembros de las tropas que otrora apoyaran a nuestro visitante indeseable. Pero en México aún quedaban quienes gustaban desperdigar información falsa o vivir en un estado de “wishful thinking,” como dirían los estadounidenses. A La Habana llegaban noticias, mismas que después pasaban a los diarios estadounidenses. En Querétaro, según ellos, las fuerzas de la República eran derrotadas y salían huyendo para San Luis Potosí. El 29 de abril, aseguraban, Maximiliano había entrado a la Ciudad de México y al frente de ocho mil hombres derrotaba al general Díaz Mori. Mientras eso obnubilaba la mente de algunos, otros con mayor pragmatismo buscaban paliar la ya casi inminente derrota de los maximilianistas.

Como lo mencionábamos líneas arriba, el secretario de estado Seward ordenó al ministro de los Estados Unidos para México, Lewis D. Campbell, que enviara un representante a San Luis Potosí para buscar negociar con Juárez. La comisión recayó en James White. Tras permanecer dos días en esa ciudad, regresó al sitio por donde había ingresado a México, Matamoros, Tamaulipas. Desde ahí, informaba el trato cortés recibido durante su visita a San Luis Potosí a donde llegó la tarde del 21 de abril. Inmediatamente entregó los documentos que llevaba y al día siguiente tuvo entrevistas con Juárez y dos de los miembros de su gabinete. Ese mismo, día a las doce de la noche, White concluía su misión y el martes retornaría a la ciudad tamaulipeca mencionada. De acuerdo a la descripción que hacía White, “Juárez es un hombre de movimientos moderados, de piel morena oscura, de complexión robusta, cuya edad fluctúa alrededor de los cincuenta años; un indígena puro con cabello corto de color negro, al igual que sus ojos; su rostro, perfectamente afeitado, es de aspecto tosco, muy expresivo que refleja determinación, al tiempo que muestra una gran inteligencia, su cabeza es grande apoyada en un cuello que sienta bien con su cuerpo. Lucía su traje negro con elegancia y pulcritud, su dicción era clara y tenía un caminar que si bien no era elegante, ello no le restaba distinción. Su hablar es pausado, pero pleno de arrojo. Su único inconveniente es que no habla inglés.” Sí algún maxhincado de ahora lee esta descripción entrecomillada, antes de sufrir una apoplejía, seguramente dirán que en estos tiempos no serviría ni para candidato pues no vendería imagen y, como ya sabemos para qué sirven los guapitos, pues el resto del comentario es suyo lector amable. Tanto el estadista mexicano como sus colaboradores habían tratado a White con cortesía y consideración amplia, la cual mostraba que no eran lo que los traidores propalaban, lo hacen aun, por ahí calificándolos de una partida de salvajes. Recordemos a los desmemoriados que esa ha sido la generación más preclara, LA DE LOS HOMBRES DE LA REFORMA, que haya tenido México en toda su historia. Pero retomemos la narración de hace un siglo y la mitad de otro.

Asimismo, White aseguraba que Escobedo seguía en Querétaro al frente de 35 mil hombres quienes tenían cercados todos los caminos de acceso, salvo uno, y que Maximiliano continuaba adentro con 15 mil seguidores. En igual forma apuntaba que entre los Liberales prevalecía el disgusto en contra de los traidores y hacia el objetivo de sus lealtades. En caso de ser derrotados estos últimos, pocas eran las esperanzas de salvarles la vida. En eso de preservar existencias otros también andaban desde hacía rato.

Con la “celeridad” con que viajaban las noticias, el 19 de mayo reportaban la entrevista que exactamente un mes antes tuvieran en la Hacienda de Los Morales, al norte de la ciudad de México, el general Díaz Mori y el secretario de Maximiliano, el sacerdote Agustín Fischer quien buscaba que el primero respetara las vidas de cuantos capturaran como prisioneros. Como Díaz no andaba para favores, le espetó que a cuanto francés, belga y austriaco capturara habría de pasarlo por las armas. Al escuchar eso, Fisher lo acusó de ser un asesino bárbaro y abandonó la conferencia. En medio de todo ello, la prensa estadounidense estaba convencida de que el ejército maximilianista contaba con el mejor talento militar al tener sujetos como Miramón, Márquez, Mejía, Quiroga, Méndez, Vidarrui y varios más. En contraste, las fuerzas de la República solamente tenía a Díaz y si acaso a Ramón Corona Madrigal, los demás no eran sino abogados y camaradas habilitados en la milicia, ni siquiera a Escobedo Leal le otorgaban crédito. De aceptarse esa perspectiva, diríamos que entonces de poco servían los conocimientos militares a traidores tan deslavados. Con sesos y cojones, como diría nuestro amigo hidalguense, bastaba para derrotarlos.

En ese tenor, las noticias seguían llegando con retraso, y el 20 de mayo, la prensa del otro lado del Bravo daba a conocer que un mes antes llegó al cuartel general de Díaz una princesa alemana, en realidad era una estadounidense avecindada en Prusia, se trataba de Agnes Elisabeth Winona Leclerc Joy, mejor conocida como la princesa Salm-Salm. Esta dama arribó con un pliego petitorio que incluía: que al desintegrarse los cuerpos belga-austriacos, se les garantizara la vida y pudieran retornar a sus países sin problemas. Asimismo, demandaba la certeza de que se perdonaría la vida de Maximiliano. A los primeros puntos, Díaz respondió que los evaluaría. Respecto al último, fue claro al indicar que no estaba en sus manos la respuesta final. De pronto todos se volvieron negociadores.

En Querétaro, el 20 de abril el NYT anunciaba que Miramón pidió suspender por un momento las hostilidades pues quería conferenciar con sus amigos personales de años atrás, el general Sostenes Rocha Fernández y los coroneles José Montesinos y José Rincón Gallardo. Con el río de por medio, Miramón exhibió los efectos del trajín sitiador, propuso un armisticio para que durante ese lapso, se discutiera en la ciudad de México el tipo de gobierno que prevalecería para nuestro país en el futuro. Contrario a lo que el otrora niño héroe creyera, sus compañeros no se encontraban en estado de pen..satez y soltaron la carcajada, al tiempo que le comunicaban la caída de Puebla y la derrota de Márquez, lo cual el maximilianista no quería creer.

Para el 22 de mayo, The Picayune en New Orleans reportaba que la ciudad de México estaba rodeada por 20 mil Liberales quienes dieron inicio al bombardeo sobre las fuerzas de 8 mil hombres comandadas por Márquez. La orden era, que de capturarse a este sujeto, Miramón o Maximiliano, fusilarlos de inmediato. Mientras tanto, se daba cuenta que a bordo del vapor, French West India Mail llegaban a La Habana un grupo de pasajeros provenientes de Veracruz quienes decían que la caída de la capital mexicana era cosa de días. Las fuerzas maximilianistas estaban exigiendo prestamos forzosos de entre 10 y 15 mil dólares diarios para poder cubrir los gastos de sus tropas. Esto había provocado el enojo de todas las clases sociales. Quien no aceptara participar con su óbolo, inmediatamente era visitado por un piquete de soldados quienes no permitían a nadie salir, ni entrar de sus casas. Se quedaban ahí hasta que recibían lo que pedían. En la ciudad, la escasez de vivieres aumentaba, mientras que la industria y el comercio se paralizaban. Asimismo, relataban los pasajeros que el 14 de abril, tras de cinco horas de combate, el Castillo de Chapultepec cayó en manos de las fuerzas de la República. A la vez ya tenían cercos en las proximidades de Vallejo, Peralvillo y Tlatelolco. Por lo concerniente a Querétaro, cada vez era más difícil para los maximilianistas soportar el cerco, la comida escaseaba y los Liberales recibían más refuerzos. Puebla, en manos republicanas, estaba tranquila y los pertrechos de guerra eran trasladados a México. Veracruz seguía en medio de una lucha encarnizada, mientras que la carne de mula y caballo eran los platillos ofrecidos en los restaurantes. Sisal, en Yucatán, continuaba en poder de los Liberales quienes apenas vieron desembarcar, proveniente de Cuba, al ciudadano de nombre Simón Peón, fueron a apresarlo y bajo el cargo de ser imperialista lo pasaron por las armas. Mientras tanto en Viena, el 23 de mayo, anunciaban haber girado instrucciones al ministro austriaco ante Washington para que entrara en negociaciones con Juárez para salvar a Maximiliano en caso de que cayera en manos de los Liberales. Mientras tanto, las notas continuaban llegando confusas.

Sobre la batalla del 27 de abril, ambos bandos clamaban victoria. Escobedo admitía la muerte de 90 de sus hombres, pero estaba convencido de que la victoria final estaba cercana. Se informaba que el “príncipe” Salvador de Iturbide, nieto de otro protagonista de opereta, con apenas 14 años de edad, pero con la genética bien puesta, ofrecía sus servicios a Maximiliano. Un par de periódicos, El Mexicano y El Ranchero anunciaban que los Liberales estaban por abandonar Querétaro pues, víctimas de las lluvias, habían perdido todo. Una muestra de cómo las “fake news” no son novedad alguna. Lo real era que en Querétaro familias enteras morían de hambre y que al imperio las aguas lo desintegraban cual castillo de arena dejado al alcance de la marea.

Para el 27 de mayo, la prensa estadounidense daba cuenta de un comunicado que el día 3 previo el general Díaz Mori envió al ministro mexicano en Washington, Romero Avendaño. Después de comentar los eventos que apuntamos líneas arriba, Díaz mencionaba que a través de una tercera persona el mariscal Bazaine le ofreció entregar todas las ciudades en su poder, así como a Miramón, Mejía y Maximiliano, lo cual rechazó pues a cambio tenía que cumplir una propuesta nada honorable, misma que Díaz no precisaba. Asimismo, se le ofrecía la venta de armas y municiones. Ante eso el general Díaz Mori, en plenitud de facultades, escribió: “La intervención y sus resultados nos han abierto los ojos y deberíamos de ser muy cautelosos en nuestras negociaciones con los poderes externos, especialmente con los europeos y de estos en particular con Francia.” Vaya un mensaje del pretérito para los maxhincados de hoy.
El 28 de mayo en Europa corría el rumor de que Maximiliano había sido capturado el 15 y pasado por las armas inmediatamente. La verdad sobre el caso la publicaba el NYT que entonces aún aparentaba, en ocasiones, ser un diario veraz. Efectivamente Querétaro había caído en manos de los Liberales. Escobedo informó a Juárez que Maximiliano y sus huestes se rindieron incondicionalmente [Ahora ya sabemos que, utilizando como negociador a su compadre el coronel Miguel López, el austriaco decidió poner fin a su aventura]. En la nota se informaba que Maximiliano no había sido ejecutado, pero que dudaban mucho que fuera a salvar su vida. El rencor que generaron entre los Republicanos era muy grande, además de que el austriaco estaba bien consiente que su futuro se movía entre el deshonor y la muerte y prefería optar por esta última. Premonitoriamente el autor de la editorial apuntaba “Su destrucción [la de Maximiliano] será una llamada de atención memorable para que los poderes europeos nunca más atenten dominar parte alguna del Continente Americano.”

El 29, el mismo diario neoyorkino acusaba a los Liberales de haber cometido una carnicería con sus prisioneros lo cual decían les habría de acarrear la perdida de simpatías entre los estadounidenses. Precisaban que de continuar una política de revanchismos lo único que se generaría sería una división mayor y que eso sería tomado como justificante por los integrantes del “partido católico quienes en cuanto tuvieran oportunidad habrían de tomar venganza.” En esto tenía toda la razón, desde entonces hasta nuestros días, las autoridades eclesiásticas han azuzado a los fanáticos profesantes de esa religión a terminar con el estado laico y denostar todo lo que emita aromas de Juarismo. A pesar de esas noticias, el 30 de mayo, la prensa estadounidense continuaba sin querer aceptar los hechos como totalmente ciertos y publicaban una serie de dudas sobre la veracidad de la caída del maximilianismo.

El 21 de mayo, The London Times había considerado irremediable, sin saber los acontecimientos ya acaecidos, el fin del maximilianismo. Pero fiel a la visión euro centrista, apuntaba que no había ninguna esperanza de pacificación en México, Juárez era apto para destruir un gobierno, pero no de construirlo. Dada la incapacidad mexicana para gobernarse sería necesaria la intervención estadounidense. Mientras tanto, el 1 de junio, el ministro de los Estados Unidos para México, Lewis D. Campbell, recibía noticias de la caída de Maximiliano. Dos días después, el 3 de junio, el NYT daba a conocer que un grupo de 20 comerciantes estadounidenses, simpatizantes de la causa Juarista, acudían a la casa del general H. Sturm a celebrar la victoria mexicana y congratularlo pues en los momentos más aciagos de la causa Liberal el proporcionó apoyos más allá de solidarios. Las lluvias queretanas terminaron por deshacer el “imperio” con pies de lodo. Sin embargo, aún quedaba mucha tinta por correr respecto a estos eventos en la prensa estadounidense, de ellos comentaremos en la colaboración próxima.
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Añadido (1) Para nuestro amigo y profesor en las aulas, así como en la vida profesional, Jerónimo Ramos Sáenz Pardo, un abrazo solidario en estos momentos difíciles.

Añadido (2) Hace cuatro décadas en un día como hoy, 3 de junio que entonces era viernes, un grupo de diez jóvenes concluían los estudios que los acreditaban como licenciados en economía. Aun cuando, como es el caso de este escribidor, no se comparta la ideología política imperante en aquella escuelita parroquial, no hay duda que la instrucción recibida de nuestros profesores fue de excelencia. Hasta donde sabemos, a la mayoría de aquel grupo le ha ido muy bien en la vida en el campo que cada uno seleccionó para desarrollar su actividad profesional. Por si alguno llegara a leernos, va para ellos, dos damas y siete caballeros, un abrazo fraternal.

Añadido (3) Esperamos que mañana, en las cuatro entidades en donde hay comicios, los electores salgan y voten por quien mejor les parezca. Sin embargo, deberán de tener en cuenta que de nada vale apasionarse y llevar las cosas a otros niveles. Deberán recordar que los actores de la contienda tienen muy hecho el salto desde la tercera cuerda y al final lo que parece no es, aun cuando tengan a la fanaticada en el alarido pleno.

Añadido (4) Dicen los expertos en meteorología que la semana próxima habrá de aparecer en el firmamento un arco iris integrado por colores violeta, verde, blanco, rojo, azul, este ribeteado de amarillo y negro, acompañados de nubarrones de color café. Bueno, eso dicen los que le saben a esos temas. Nosotros, legos al respecto, simplemente lo apuntamos. Ya lo comprobaremos, y comentaremos al respecto, en los días que vienen.
27 Mayo 2017 04:00:00
Como percibían en el exterior los acontecimientos en México hace 150 años
Continuamos inmersos en el silencio oficialista, mientras algunos estudiosos de la historia tratan de vendernos la imagen de un Maximiliano bondadoso y Carlotita la virtud envuelta en huevo. Eran tan buenos que amaban muchísimo a los indios. Como muestra de ello, el 3 de octubre de 1865, Maximiliano promulgó la ley para declaraba fuera de la ley a los guerrilleros, quienes sin duda por el color oscuro del cabello y la piel denotaban su origen nórdico, que seguían combatiendo al imperio. En ese contexto, todo hombre sorprendido con armas sería remitido a las cortes marciales. Acto seguido, sería fusilado dentro de las 24 horas posteriores a su aprehensión. Una muestra de cuanto era el amor profesado por el barbirrubio austriaco hacia los aborígenes mexicanos. Algo equivalente a lo que, casi un siglo más tarde, John Wayne dijera: “el indio bueno es el indio muerto.” Pero vayamos a lo que la prensa en el mundo mencionaba durante los meses de marzo y abril de 1867 acerca de las acciones que en nuestro país se desarrollaban en torno a esos visitantes de entonces que los maxhincados de hoy perciben como seres misericordiosos.

Para finales de febrero, la prensa estadounidense reportaba, con un mes de retraso, que para finales de enero Maximiliano subastaría una cantidad considerable de sus cachivaches. Al respecto, más tarde, el 25 de abril, se informaba que, dado el rechazo de los mexicanos por adquirirlos, algunos de los caballos propiedad de Maximiliano fueron vendidos a un circo manejado por un tal José Chiarini. No hay duda, los pencos tenían su destino marcado, lo de ellos era vivir en medio de actos circenses. A la par, retornando a febrero, se informaba que las tropas francesas iban ya rumbo a Veracruz de donde zarparían hacia Europa. En el viaje los acompañarían los adalides de la derecha, el arzobispo de México, cuatro obispos, cuyos nombres no se mencionaban, y varios de quienes actuaron como ministros de Maximiliano. Eran fieles a sus costumbres, al ver el barco hundirse saltaban hacia otro para emigrar a sitios más seguros. Acabarían por arribar a La Habana como escala primaria.

Asimismo, eran señalados los actos que los apoyadores del barbirrubio emprendían en contra de la prensa. A Bazaine le dio por clausurar un órgano de difusión denominado Patria, a cuyo editor lo envió a prisión acusándolo de insultos y difamación.

A principios de marzo, en Europa, se aseguraba que Maximiliano, por temor a que cayeran en manos de los liberales, había prohibido el envío de despachos informando sobre el estado que guardaba la situación en México.

Para mediados del tercer mes del año, desde New Orleans, se anunciaba que el Estadista Juárez García estaba en San Luis Potosí. Maximiliano al frente de 10 mil hombres ocupaba Querétaro junto con sus lugartenientes Miguel Miramón, Tomás Mejía y Leonardo Márquez. En ese contexto, el austriaco decía vivir algo que por mucho tiempo había esperado, estar libre de amarras y poder él directamente encargarse de sus tropas. Por fin, podría dar rienda suelta a sus sentimientos sin tener los obstáculos de la milicia francesa. Mientras Max gozaba su dicha soñada, a 18 leguas (86.9 km) estaban quienes terminarían por romperle los sueños, eran las fuerzas comandadas por el general Mariano Escobedo De La Peña a la espera del arribo de los genérales Nicolás De Regules Cano y Ramón Corona Madrigal quienes traían cuatro y ocho mil hombres respectivamente bajo su mando. Para acabar de estropear las quimeras maximilianistas, el general Porfirio Díaz Mori, encabezando un ejército de ocho mil hombres, estaba estacionado en Huamantla mientras se le incorporaban cuatro mil refuerzos con los cuales habría de cargar sobre la Ciudad de México. Desde esa ciudad, los representantes de gobiernos extranjeros lanzaban un reclamo a Maximiliano por los asesinatos y robos que cometieron sus muchachitos en contra de ciudadanos de otros países. Esto no podía ser menos encontrándose al frente de las fuerzas maximilianistas el chacal Márquez.

Como se empezaba a vislumbrar una victoria de la República, hizo su asomo el quince uñas, Antonio López de Santa Anna y Pérez de Lebrón quien, por intermedio de un ciudadano de Memphis, Tennessee, un tal A.G. Reteham, preguntaba al embajador mexicano en Washington, Matías Romero Avendaño si el gobierno juarista no tenía objeción en que un grupo comandado por el lotero se incorporara a defender la Republica. La respuesta de Romero fue negativa al tiempo que apuntaba como ese sujeto, a pesar de haberse manifestado partidario de la intervención, había ofrecido sus servicios a Juárez quien los rechazó.

Pero la anterior no era la preocupación única que se generaba en los EUA acerca de nuestro país. El 12 de marzo, en el Congreso se discutía si, mediante una resolución, le ordenaban a Maximiliano que se regresara a Europa. Los legisladores estadounidenses expresaban su inconformidad porque el austriaco no había aprovechado el momento y, acompañando a las tropas francesas que partieron el 10 de marzo, se había despedido. Buscaban evitar un baño de sangre. Aun cuando el hecho ya había sido reportado, desconocían al detalle lo acontecido el 1 de febrero.

En esa fecha, las fuerzas de la República al mando de Mariano Escobedo De La Peña y Jerónimo Treviño Leal, en la llamada Batalla de San Jacinto, próximo a Zacatecas, derrotaron a las fuerzas maximilianistas. De los cerca de 800 prisioneros capturados por los triunfadores, 123 eran de origen francés. Vía New Orleans, el 20 de marzo, la noticia empezó a dispersarse y alarmó a los diarios y congresistas estadounidenses. Tan pronto terminó la lucha, Escobedo ordenó que esos franceses fueran pasados por las armas. Simplemente utilizó la misma medicina que Maximiliano había recomendado administrar en octubre de 1865. En ese contexto, el Coronel Palacios informaba que el 3 de febrero a las 7 de la noche había terminado de cumplir la tarea. El 26 de marzo, en un editorial titulado “Savages in Mexico” (Salvajes en México), The New York Times (NYT), que en nada criticó la disposición maximilianista, calificaba el acto como algo que nunca había ocurrido antes en ninguna guerra. Calificaba de monstruos al Presidente de México y a la causa republicana. Era algo, decían, que ningún cristiano o persona con instintos humanos podía tolerar ya que violaba todos los principios de la guerra. Demandaban que el gobierno estadounidense elevara una protesta enérgica en contra de ese crimen abominable. Lo que olvidaba, o no sabía, el redactor estadounidense era acerca de todo el rencor acumulado en las tropas republicanas, así como la crueldad y el pillaje exhibido por las fuerzas de Miguel Miramón y Tarelo apenas unos días antes al tomar la capital zacatecana en donde por poco y toma prisionero al estadista Juárez. Pero volviendo al Times, el artículo concluía mencionando como la Cámara de Representantes emitió una resolución convocando a las partes en el conflicto mexicano a observar las reglas de humanidad durante la guerra. Al respecto, invocaba llevar eso a algo más que palabras ya que ellos, los estadounidenses, ayudaron a expulsar a los franceses [para inicios de abril, la cifra rebasaba los 30 mil] y no podían permitir que México cayera en manos de hombres que eran una desgracia para la humanidad y la causa que decían defender. En términos similares habría de expresarse Miramón. El 22 de febrero, en Querétaro, arengaba a sus tropas.

Tras de imputar a las fuerzas republicanas actuar como salvajes y cometer actos de rapiña, Miramón les acusó de haber vendido el territorio a los “Yankees a cambio del honor de las familias y la independencia de México.” Este es el guión seguido por los maxhincados desde entonces hasta nuestros días. Para el 11 de abril, el NYT ya oteaba que el fin de la aventura maximilianista estaba por concluir. Mientras adjudicaba a los estadounidenses toda la gloria de habernos salvado de los franceses, estimaba que en caso de que el austriaco cayera prisionero en manos de las fuerzas mexicanas le esperaban cosas nada agradables. Eso sí, reconocía las desgracias que trajo la invasión francesa, y que actos como las atrocidades cometidas por algunos de ellos, como Dupin, alimentaban la sed de revancha. Por ello, pedía la intersección del gobierno estadounidense ante Juárez para que permitiera a Maximiliano marcharse sin someterlo a daño alguno. Sin embargo, las clemencias no entraban en el esquema de otros, los mercenarios franceses, belgas y austriacos quienes formaron parte el ejército imperial y se ofrecían a Miramón para incorporarse a sus filas y vengar la “afrenta” que sufrieron aquellos que, como ellos, andaban aquí de intrusos y a quienes Escobedo les aplicó la receta de su emperador de opereta al pie de la letra.

Mientras tanto, desde los EUA, seguían cada vez más preocupados por la suerte de las tropas maximilianistas atrapadas en Querétaro, inquietud que llegaba hasta Europa en donde el emperador de Austria temía por la suerte de su hermano. Sin embargo, aun contaban con la esperanza de que el cerco sobre esa ciudad no estaba cerrado, la comunicación con la capital del país persistía y los invasores con la ayuda de traidores mantenían en su poder algunas ciudades. Además, el ejército de la República, estimaban los estadounidenses, no contaba con suficientes pertrechos de guerra y carecían de disciplina. Aunado, decían ellos, si Miramón y Márquez continúan cooperando con Maximiliano son capaces de poner a prueba la capacidad militar de Escobedo. Sin reconocer cual sería la suerte de Maximiliano, creían que aun poseía recursos para prolongar la guerra hasta convertirla en “un negocio poco rentable para Juárez.” Apostaba el editorialista neoyorkino que el “imperio mexicano” no caería tan rápido como se esperaba, pero que de suceder ello, Juárez debería de comportarse como un estadista y ofrecer una amnistía general, al tiempo que negociaba con Maximiliano en términos ventajosos para los dos.

Apenas pasada la mitad de abril, a La Habana llegaban noticias provenientes de Veracruz puerto en manos de imperialistas que continuaban soportando el asedio de las tropas republicanas. La Península de Yucatán seguía en poder de los maximilianistas, aun cuando cada vez sufrían de más defecciones y el futuro no les prometía nada bueno. En Tampico arribaba el vapor McCulloch a bordo del cual venia un embarque de armas y municiones para el ejército de las República. Mientras tanto, se comentaba que, en Querétaro, el sitio prevalecía y tras de un intento fallido por romperlo, Maximiliano envió un mensajero para negociar la capitulación. Esto obviamente no tuvo éxito, el Estadista Juárez solamente aceptaba la rendición incondicional y que se llevara al austriaco como prisionero de guerra, con todas las consideraciones del caso, a San Luis Potosí sitio en donde se encontraba instalado el gobierno de la República. De acuerdo a esa misma información, cuando Maximiliano se enteró de eso, ordenó que no se fusilara a ningún miembro del ejército republicano que se atrapara, eso solamente debería hacerse previa autorización del cuartel general. Mientras tanto, las fuerzas maximilianistas buscaban mantener viva la comunicación con la Ciudad de México. Sin embargo, cada vez era más frecuente que los correos fueran interceptados. De los varios documentos capturados, en uno de ellos, Maximiliano expresaba desconfianza hacia su ministro de finanzas Mariano Campos. Otro, era una carta que le enviaba el gallero de Manga de Clavo quien, cual mercenario que era, ofrecía su servicios al imperio.

Asimismo, en un despacho de la Associated Press, se informaba que desde el 2 de abril, el general Porfirio Díaz Mori tenía bajo su posesión la ciudad de Puebla. Antes de iniciar el ataque final, Díaz prometía dar un tratamiento considerado a los defensores de la ciudad, para lo cual demandó un par de condiciones, las cuales no se mencionan. Como respuesta recibió una negativa acompañada de insultos de todo tipo. Ante eso, lanzó el ataque en donde perdió dos mil hombres por mil de los imperialistas. No obstante la ciudad cayó en poder del Ejercito de la República. A los 140 oficiales que defendieron los fuertes de Loreto y Guadalupe, a quienes se les permitió rendirse a discreción, les perdonaron la vida. Otros no tuvieron esa gracia y Díaz procedió a fusilarlos. Las cifras manejadas caían en un rango entre veintinueve y ciento nueve, entre los que se encontraban seis generales y sesenta y uno de rango menor. A toda costa, la prensa estadounidense insistía en presentar a los miembros del ejército de la república como auténticos carniceros, ¿en dónde hemos escuchado eso?

Dado que al norte del Bravo cada día veían más cercano el fin de la aventura europea en México. El día veinte de abril se propuso una resolución alternativa indicando que “en el caso de que, algún día, Maximiliano decidiera abdicar y se rindiera él y sus tropas para sí concluir con la guerra civil, el Senado estaría muy complacido si el presidente ofreciera los buenos oficios de nuestro gobierno para asegurar que el gobierno de México otorgara, a los nativos partidarios de Maximiliano, un trato humanitario acorde con las reglas de la guerra. Como alternativa, el Senador Demócrata por Maryland, Reverdy Johnson solicitaba en el pleno de esa Cámara que el gobierno estadounidense actuara como mediador en el conflicto mexicano. Sin embargo, la mayoría de los senadores se opusieron y desecharon la moción. A la par de Europa llegaban otras noticias.

El anuncio era que la salud mental de Carlota iba de mal en peor y pocas esperanzas existían que recobrara la cordura. Enfatizaban que la princesa belga no tenía ningún problema físico. Posteriormente, en algo que los maxhincados de hoy firmarían con gusto, se comentaba que esa información, la perdida de la razón, provocaba una pena genuina entre la población mexicana ya que si bien rechazaban a su esposo, ella dio muestras amplias de la bondad de su corazón y su caridad magnificente. Mientras tanto, en Veracruz, sus antiguos aliados quienes nunca mostraron poseer tales virtudes supuestas, seguían aferrados a mantener la plaza en donde todo era escasez y los especuladores con todo tipo de mercancías querían obtener el provecho máximo. A la par, las noticias falsas circulaban. Algunos aseguraban que Maximiliano había regresado a México. Sin embargo, en la realidad continuaba encerrado en Querétaro en donde si bien los miembros de la aristocracia seguían apoyándolo, el pueblo no estaba muy emocionado con seguir aguantando las consecuencias de tener ahí de huésped a un sujeto con el cual no se identificaban. Pero abril terminaba y, cual letra de “My Way,” el final estaba cerca. Sobre lo acontecido en mayo de 1867, les comentaremos desde la perspectiva con que los acontecimientos eran observados desde fuera de México.

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Añadido (1) Esos cuatro tweets, adornados con un cielo azul invocado como lo prevaleciente, debieron sacar de dudas a quienes se cuestionaban acerca de los daños neurológicos generados por la contaminación. Quienes aún viven en la realidad, observaban un panorama cubierto por una nata que sin distinción de edad, género, condición socioeconómica o cargo importantísimo que se tenga, fríe el cerebro a todos por igual.

Añadido (2) Ni qui´en lo dude, a pesar del paso del tiempo, muestran sus facultades. Eso es lo suyo, los tres nos enseñan cómo debe de ejercerse el control… del balón. Justo lo que la patria necesita en estos momentos.

Añadido (3) Solamente para recordar el significado del vocablo, Maxhincados: Mexicanos que anhelan ser como los europeos, príncipe incluido.
20 Mayo 2017 04:00:00
El silencio ante los 150 años del triunfo de la República sobre la reacción
Vivimos los días en que nuestra patria debería de celebrar los ciento cincuenta años de que finalmente emergimos como nación y ni quien desee recordarlo. Lo que prevalece en el presente es el silencio al respecto. El oficialismo opta por la indiferencia. Luce como si temieran que las fuerzas de los maxhincados (mexicanos que anhelan ser como los europeos, príncipe incluido) fueran a reclamarle por andar recordando los acontecimientos de 1867. Hay una corriente, bien definida, que a toda costa busca hacernos creer que el barbirrubio austriaco era un buen hombre de quien se aprovecharon algunos alevosos. En esa narrativa incluyen que al estadista Benito Pablo Juárez García le temblaron las corvas y terminó perdonándolo. Algunos, como si se tratara de Pedro Infante Cruz, hacen correr la leyenda de que Maximiliano no fue fusilado en Querétaro, sino que terminó sus días como un viejecito apacible en la República de El Salvador. Pareciera como si el triunfo de la República sobre la reacción fuera motivo de vergüenza y no un pendón de orgullo. Otros más arguyen que de nada sirve remover enconos antiguos, de hacerlo podríamos provocar la división, ¿más? Para nada quieren recordar como la curia, encabezada primero por el neolonés, José Lázaro de la Garza y Ballesteros y posteriormente por el michoacano, Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, fue la que actuó como líder de la oposición para evitar nos convirtiéramos en nación. Los conservadores civiles eran meros instrumentos quienes con sus acciones buscaban ganarse indulgencias y el acceso a la gloria eterna. Cualquier semejanza con el presente no es coincidencia. Ante todo el silencio que rodea lo que debería de ser una celebración, este escribidor, como Juarista convencido que es y bajo la perspectiva de que el personaje no era un santo, esos solamente los encuentra uno en las iglesias y están elaborados con madera, estuco, mármol y/o carrizo, decidió irse a hurgar en los archivos y presentar, en esta, y en colaboraciones próximas, como se reportaban en el mundo los acontecimientos que ocurrieron durante el primer semestre de 1867 en México.

En los inicios de 1867, el imperio de opereta que oficialmente duró del 10 de abril de 1864 al 15 de mayo de 1867, estaba tambaleándose. Las tropas francesas se preparaban para retirarse. Inclusive, se apuntaba que ya evitaban involucrarse en las contiendas en contra de las fuerzas de la República. Cada vez era mayor el número de aquellos franceses y mexicanos partidarios del imperio, que se trepaban a los barcos para abandonar el país. Desde La Habana, Cuba, el 30 de enero, se reportaba que esperaban el arribo de muchos de ellos, entre los cuales especulaban encontrarían a Maximiliano. Asimismo, en Europa, aseguraban que las tropas austriaca ubicadas en México no habrían de partir cuando lo hicieran las francesas. A principios de febrero, la prensa estadounidense daba cuenta de que en una reunión realizada el 14 de enero, recordemos que entonces no había Twitter, WhatsApp, Facebook, o Hotmail y las noticias viajaban lentas, pero no exentas de contener “fake news,” Maximiliano reunió a su gabinete ante el cual sometió a consideración su renuncia. La votación mayoritaria fue en favor de que aquello terminara.

Para el 4 de febrero, las noticias eran que Los Liberales iban ganando terreno a lo largo del territorio nacional. En Morelia, las fuerzas imperialistas eran derrotadas por las que comandaba el general Vicente Riva Palacio. Por su parte, el general Ramón Corona se movía camino a Manzanillo para echar fuera a los conservadores apoderados del puerto. Mientras tanto, en Acapulco, cinco buques de guerra franceses eran custodiados por un puñado de soldados cuya suerte lucía incierta. En paralelo, Cuernavaca era capturada por las fuerzas mexicanas. A la vez, se anunciaba que, otro grupo de leales a Maximiliano, prominentes miembros de la curia habrían de treparse al barco en cuanto las tropas francesas lo hicieran. Dado que las luchas armadas se ganan con fusiles y parque, en Galveston, estaba el general Ignacio Mejía para supervisar el embarque de los rifles Withworth y otros pertrechos de guerra adquiridos por México.

No obstante lo reportado anteriormente, el 30 de enero, en “The New Orleans Picayune” se mencionaba que, el 14 de enero, Maximiliano no solamente se había reunido con su gabinete, sino con la Junta de Notables para discutir el destino de su “imperio.” Ahí, el presidente del Consejo de Ministros, Teodosio Lares preguntó si, a la luz de las cifras presentadas por los ministros de guerra y de finanzas aún era posible lograr la pacificación del país. El encargado de los dineros imperiales, Santiago Vidaurri Valdez anunciaba, imbuido por el espíritu de la lechera, que en el tesoro contaba con once millones de pesos. Sin embargo, en cuanto fueran recuperados los Departamentos de Jalisco, San Luis y Zacatecas, la cifra llegaría a 23 millones y cuando dominaran todo el país, alcanzarían los 36 millones. Por su parte, el responsable de las fuerzas armadas, anunció que contaba con 26 mil hombres listos para respaldar al imperio. Acto seguido, se suscitó la discusión sobre si seguir o no con la empresa y el chacal Leonardo Márquez aseguró que había dinero y pertrechos suficientes para exterminar a los rivales, similar postura adoptaron otros miembros de la Junta. Sin embargo, cuando le preguntaron su opinión a De Labastida y Dávalos, se excusó diciendo que no era asunto de su ministerio emitir opiniones sobre si se iba o quedaba el emperador, además de no tener elementos para juzgar las cifras de los ministros de finanzas y de guerra. Por su parte, el arzobispo de San Luis Potosí, Pedro Barajas y Moreno, arguyó que él creía haber sido llamado para discutir asuntos de moral y religión, además, ante la sorpresa de todos, indicó que el reporte sobre la bajeza de los Liberales no era cierto, el conocía a varios quienes eran personas honorables. Finalmente, los miembros de la Junta acordaron, en votación proporcional de dos a uno, que Maximiliano continuara la lucha para pacificar al país. Unos días más tarde, un grupo de capitalistas, de la ciudad de México, fueron llamados, de 80 acudieron 50, ante el ministerio de finanzas en donde les anunciaron que el imperio requería fondos por un millón de pesos y que cada uno de ellos aportaría en función de su fortuna, las cuotas variarían entre dos mil y tres mil pesos por persona. Afuera del entorno imperial y de notables había otras noticias.

En México, por esos días, se anunciaba la captura del general Jesús González Ortega. A la par, el estadista Juárez García venía ya de regreso rumbo al centro del país. Mientras tanto, en Europa, era informado que las tropas belgas pronto regresarían a su patria y que a más tardar para el 25 de febrero todos los soldados franceses deberían abandonar México. En ese contexto, el 29 de enero, en “The London Times,” aparecieron un par de artículos relacionados con nuestro país.

En el primero de ellos, se apuntaba que los mexicanos éramos incapaces de gobernarnos por sí mismos, pero a la vez rechazábamos ser dirigidos por otra nación. Recordaban que habíamos sido una colonia de España y por lo tanto pues éramos igual que aquel país. Sin embargo, decían los ingleses, en el caso de México la diferencia era que vivíamos en un estado de anarquía, en donde el grado bajo de civilización influía en la clase de dirigentes que teníamos. Esto hacia que para Inglaterra, México no importara más que Madagascar, excepto que nosotros les debíamos dinero y los segundos no. Después de hacer toda una serie de consideraciones sobre la riqueza del país y las antiguas civilizaciones que aquí se desarrollaron, el diario inglés apuntaba que cualquier intervención en México no valía la pena sino era para ejercer una conquista total. Por ello, estimaban que Inglaterra actuó correctamente al retirarse y no embarcarse en una aventura militar. Acto seguido, procedían a elogiar a Maximiliano a quien consideraba un monarca moderado y bien intencionado cuya objeción única era su origen político, pero como ya se iba a quedar sin el apoyo francés, pues entonces ya no había porque cuestionarlo. Tal vez hasta los estadounidenses dejarían de protestar, si Maximiliano fuera electo como el único gobernante de México. Reconociendo que ninguno de los dos bandos iba a deponer las armas, el diario inglés expresaba su esperanza de que, al igual que lo hacían los españoles, los líderes de las facciones solamente se atacaran unos a otros. Tal vez al final fuera posible que México dejara de representar una dificultad y encontrara el camino para convertirse en una nación.

En el segundo artículo, se expresa el lamento por lo que llaman el injusto reclamo que, en una circular dirigida a sus agentes en Europa, Maximiliano realizaba a Napoleón III. Para el inglés autor de la pieza, el monarca francés siempre fue generosos con el austriaco y si en esos momentos decidía retirar sus tropas era porque otras circunstancias ajenas a él lo obligaban. De acuerdo a Maximiliano, el éxodo francés se debía a que Napoleón III había negociado con los EU la formación de una alianza cuyo propósito era restaurar la paz y tranquilidad a México, lo cual permitiría instaurar un gobierno republicano y liberal. Esto, apuntaba el escrito, representó un revés severo tanto para el austriaco como para una considerable parte de la población mexicana que lo apoyaba, cargándose así las ilusiones que tenían de dar inicio a una nueva etapa. Obviamente ante esta circunstancia, un imperio no tenía razón de ser. En consecuencia, al carecerse del apoyo francés, nuevamente el país volvió a caer en el caos. Ante ello fue que Maximiliano convocó a la reunión que les mencionamos líneas arriba. A los ingleses alguien les vendió cuentos color de rosa y los compraron, si los franceses se fueron es porque les costaba muy caro el experimento y temían que los estadounidenses una vez terminada su guerra civil fueran a intervenir directamente y acelerar su derrota. A la vez, recordemos que Napoleón III en eso de los asuntos externos fue un perdedor al cien por ciento. Por lo único que puede recordarse su gobierno es por haber embellecido a París. Pero volvamos a los asuntos imperiales mexicanos.

En el “Memorial Diplomatique,” se reportaba que Carlota sufría perturbaciones en su salud de las cuales se recuperaba gracias entre otras cosas a que su consorte le había avisado que convocaría a un congreso nacional para definir el futuro de México. Eso la animó, pues veía como Maximiliano manejaba su cargo con honor. Una vez que le informara de los resultados de tal congreso, Carlota volvería a su lado. Esos eran sus planes, mientras por acá otros eventos se desarrollaban.

Para mediados de febrero, en Campeche, la población se organizaba con el fin de echar fuera a las fuerzas imperialistas que ocupaban la ciudad. El 18 de febrero era reportado que los generales Mariano Escobedo y Jerónimo Treviño habían combatido dos veces en contra de Miguel Miramón quien en la segunda acción bélica salió herido. Asimismo, Zacatecas ya estaba en manos de los Liberales, mientras que las tropas francesas, con Bazaine a la cabeza, ya habían evacuado México. Mientras esto sucedía, Maximiliano se encontraba en una hacienda fuera de la ciudad de México. ¿Estaría diseñando la estrategia a seguir con la cabeza apoyada en el regazo de la India Bonita? Ante todo esto, la prensa estadounidense adelantaba vísperas.

“The New York Times,” en un editorial titulado “The New Prospects of Mexico. The Resumption of the Republic,” se anotaba que a más tardar el 20 de febrero sería la fecha en que los Liberales ocuparían la Ciudad de México, la cual lucía indefendible dado que las fuerzas de Márquez no contaban con elementos suficientes, el partido clerical es un desastre, las fuerzas militares no son confiables y los gritos de apoyo de algunos miembros del populacho no valen el aire que se gasta en emitirlos. Para el autor de la pieza, todo caería rapidísimo. Asimismo, expresaba sus deseos de que aquello concluyera rápido y terminara el caos. Acto seguido, referiría las esperanzas que fincaba en el regreso de Juárez. Durante su gobierno, previo a la invasión francesa, los principios de orden y liberalismo, así como la prosperidad general del país, avanzaban promisoriamente. Las reformas que implantó estaban en marcha y ni siquiera Maximiliano pudo detenerlas, como era el caso de los asuntos religiosos. Por vez primera, desde la independencia, el futuro de México lucía promisorio. Esto era consecuencia de su carácter, sagacidad, firmeza y el respeto a la Constitución que mostraba Juárez. El liderazgo que ha ejercido en todos estos años de persecución lo muestran como el dirigente requerido para manejar los asuntos de esta nueva etapa de México. Existen varias lecciones que los mexicanos deben de sacar de esta invasión. Es necesario contar con un gobierno que organice la nación, imponga el orden y mantenga su existencia. Dado que el partido clerical fue el que apoyó a los invasores, los mexicanos han aprendido algo acerca de este partido detestable que ha sido el causante de los males de México como lo ha sido de los de Italia, de España y de cualquier otro país en donde ha dominado. Si los mexicanos están conscientes de todo lo anterior, será factible que Juárez reasuma el gran trabajo de las reformas que inició hace seis años… A quien escribió lo anterior, podríamos calificarlo de adelantado o de pitoniso, según se vea, pero aun tendrían que pasar cinco meses para que el estadista Juárez García regresara triunfal a ocupar su despacho en Palacio Nacional. De lo que aconteció en ese inter, les seguiremos comentando en este espacio. Recordemos que hace un siglo y medio, las fuerzas de la República se impusieron a la reacción y solamente de esa manera fue factible que dejáramos de ser un conglomerado de feudos para convertirnos en una nación.

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Añadido (1) Para quien dudaba que las medidas tomadas en la Ciudad de México para “combatir” la contaminación fueron simplemente cos$mética$. ¿Por qué en lugar de reunirse en la CoNaGo para palmotearse, no se ponen a trabajar y, conjuntamente con el presidente de la República, elaboran una política integral real en la materia para el Valle de México?

Añadido (2) ¿En verdad andan tan desesperados los panistas que hasta aquel que resultó mejor cómico que su sobrino se apunta para pelear la candidatura presidencial? Como carta de presentación trae bajo el brazo su obra maestra, el compendio de como cruzar ilegalmente a los EU y sobrevivir. Aquello que él y el ignaro con botas, orgullosamente, titularon “Guía del Migrante Mexicano”.

Añadido (3) Es digna de alabarse la preocupación de nuestro gobierno por los paisanos en el exterior, especialmente por quienes están ilegalmente en Texas. Seguramente, atribulados por tantos asuntos pendientes, no se les ocurre como terminar con ese desasosiego. Para que de una vez por todas ya no tengan que lidiar con esos estadounidenses que les da por llevar a la práctica lo que las leyes de su país establecen, aquí hay una propuesta. Qué tal si van, rentan una flotilla de camiones y colocan al frente de ella a uno de los integrantes más conspicuos del gabinete para que marche por las poblaciones texanas y se traiga a todo el paisanaje de vuelta a casa. Esplendorosa luciría la caravana del retorno, recibiría vítores en todos los sitios por los cuales cruce desde la frontera hasta la Ciudad de México. Seguramente serían recibidos con arcos triunfales adornados con flores. De ahí al 2018 y ni quien pare al personaje que encabece la repatriación. Además, eso serviría para demostrar fehacientemente como aquí la economía va de maravilla y el empleo crece como nunca.

Añadido (4) Hasta donde han caído. Utilizan el nombre de una literata como SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ (así con mayúsculas) para ensalzar a una princesita plagiaria de textos.
13 Mayo 2017 04:00:00
Las hazañas beisboleras del tío Manuel Francisco
Eran los años de la infancia, a este escribidor, aparte de cumplir con sus tareas escolares, no le interesaba más que andar por ahí enterándose cómo iban las competencias diversas y practicar el deporte. En ese entonces lo que más nos atraía era el béisbol. El patio (de la casa o de la escuela), el callejón, la calle o el campo deportivo eran escenarios de la práctica deportiva armado de un bate (en ocasiones era un mango de escoba antiguo, o bien, un pedazo de madera dejado por ahí), un guante y una pelota ya fuera esta de goma, de trapo o cubierta con cuero unido mediante 108 puntadas. Pero cuando queríamos que el ejercicio se realizara con los utensilios reglamentarios, íbamos a casa de los abuelos paternos y ahí encontrábamos los avíos correspondientes. En un cuarto de madera, construido en la mitad del patio, se guardaban objetos que en otras épocas fueron de uso cotidiano. Entre ellos, estaban una cantidad considerable de bates y pelotas. Innumerables fueron las veces que después de acabar por romperlos y descoserlas, el abuelo volvió a proveernos tanto de la “majagua,” como de las pelotas respectivas. Sin temor a equivocarnos podemos decir que nosotros terminamos con los implementos que en otros tiempos pertenecieron al tío Manuel Francisco Villarreal Martínez quien, poseedor de facultades que no fueron aprovechadas del todo, había practicado el béisbol. Crecimos escuchando sobre sus hazañas en los diamantes beisboleros de Piedras Negras, Coahuila y de ciudades diversas en Texas. Sin embargo fue nuestro padre, don Rafael Villarreal Martínez, quien plasmó algunas de ellas en los dos libros que escribió sobre la historia de los habitantes de todos los días de nuestro pueblo. Con el permiso perene que nos extendió, recurriremos a los textos, incorporándoles información adicional y algunas variantes en la redacción, que al respecto contienen los volúmenes de Piedras Negras Destino y Origen, el primero subtitulado, 80 años, Una narración para mis Nietos (2005) y el segundo, Personajes, Sitios y Recuerdos (2010).

De acuerdo a los escritos de Don Rafael, allá por los inicios de la década de los años cuarenta del siglo veinte, bajo la aun paz pueblerina nigropetense, en lo que entonces era conocido como el barrio de la Veracruzana, nombre que se le daba por la tienda de abarrotes propiedad de don Marcial Riojas que se encontraba en la calle de Rayón y Xicoténcatl, había un trío de chamacos inquietos quienes apenas ingresados a la adolescencia mostraban singular gusto por practicar el béisbol. Sin embargo su afición enfrentaba un problema pequeño: No contaban con los implementos necesarios para jugarlo. Sin embargo ello no iba a ser obstáculo para detenerlos. Pronto lo que eran ramas de los árboles de mezquite se convirtieron en bates y los hilos que otrora fueran medias de mujer poco a poco acabaron transformados en pelotas de béisbol. Una vez resuelto el problema, aquellos tres chamacos acabarían por volver una rutina dirigirse a los campos de “La Pedrada,” en donde hoy está ubicada la Plaza de las Culturas, para dar rienda suelta a sus facultades beisboleras innatas. Así iniciaba su carrera por los diamantes beisboleros, Manuel Francisco Villarreal Martínez junto con Sergio Martínez y Florencio Morúa. Antes de proceder a comentar sobre el primero, es de justicia mencionar algo sobre los dos últimos.

Sergio Martínez se desempeñaba como short stop. Pronto su fildeo y bateo oportuno empezó a llamar la atención de los dirigentes de diversos conjuntos locales. Inició con el equipo Ayuntamiento y después se incorporó a los Pericos de la Aduana. A la desaparición de este “team” pasaría a formar parte de los Rojos de La Consolidada. Al poco tiempo, Sergio se convirtió en uno de los favoritos de la afición y, narraba Don Rafael, aún recuerdo como cuando ejecutaba una buena jugada o daba el batazo oportuno, su padre don Gregorio gritaba orgulloso a todo pulmón “Ese es mi hijo…” Aquello era seguido por el festinar de los aficionados que de esa manera aprobaban lo escuchado. Una vez retirado del deporte, Sergio se dedicó, como él lo decía, “a propagar la palabra de Dios,” una actividad en donde se ganó amplio reconocimiento de quienes fueron sus seguidores.

El segundo integrante de este singular trío beisbolero lo fue Florencio Morúa, quien cubría el jardín central. Lencho, como era conocido, se caracterizaba por la su prestancia con que cubría la pradera central; era uno de esos fildeadores que se llaman de oído. Esto significa que al momento en que escuchaba el contacto del bate con la pelota y esta salía dirigida hacia sus dominios empezaba a correr sin mirarla siquiera, ello no le impedía realizar la atrapada correspondiente. Destacó su participación con los Rojos de la Consolidada y después tuvo participación importante con el equipo Café Marba, el cual dirigido por León “Sony” Martínez, fue el primero en recorrer el Sur de Texas enfrentando equipos de diversas localidades en esa región. Más tarde, Florencio formaría parte del equipo, los Indios de Zúñiga, patrocinados por José Zúñiga, equipo que llegó a ser muy solicitado para presentarse en tierras texanas. Posteriormente se incorporó al trabucó de LACSA financiado por Timoteo González. Es una lástima que con todas las facultades beisboleras que Florencio poseía nunca haya tenido la oportunidad de demostrarlas en un baseball de mayor categoría. Pero vayamos al personaje central de nuestra narración.

El tío Manuel Francisco era un deportista innato. Con una estatura de alrededor del 1.90 metros, poseía facultades naturales para la práctica del basquetbol y el béisbol. En la primera de esas actividades formó parte del equipo Piedras Negras que resultó campeón estatal en 1957, lo cual le permitió representar a Coahuila en el Campeonato Nacional de Primera Fuerza “B” efectuado en Mexicali, Baja California. Aparte del deporte, sus pasiones giraban en torno al amor de toda su vida, Eloísa De La Torre Trueba y la familia que juntos formaron. Durante los tiempos en que practicó las actividades deportivas, exhibió una disciplina de admirarse, nada de francachelas y desveladas. Una vez que estaba en la competencia, a su estampa de pelotero caro le añadía clase y coraje singulares. De haber tenido la orientación y el respaldo adecuado hubiera destacado en los más altos niveles mundiales. En ese contexto, don Rafael escribía que él, en lo personal, era un apasionado del deporte, pero carecía de las aptitudes físicas para la práctica de dicha actividad. Ello, lo llevó a convertirse en el más ferviente admirador y promotor de su hermano. Cuando a este le fueron negadas las oportunidades para participar en algún equipo, don Rafael, en esa época viviendo tiempos de bonanza, optó por formar el equipo que representara, al que entonces era uno de los más importante negocios de la ciudad, Trueba y Eloísa. Ahí, habría de tener la oportunidad de empezar a mostrar las facultades beisboleras que poseía. Posteriormente, le armaría giras con varios conjuntos nigropetenses, los cuales se enfrentarían a novenas de ciudades diversas en el estado de Texas. Demos un repaso breve a algunas anécdotas del tío Manuel Francisco por los diamantes beisboleros.

Andaba al final de la adolescencia cuando en uno de los partidos, estaba al bate y en la cuenta de dos strikes y dos bolas con la carrera de la ventaja en segunda base, el umpire de nombre Susano, le marca un strike declarándolo out. Manuel Francisco empezó a discutir con el oficial, quien al ver la diferencia de estatura empieza a caminar hacia la primera base, ahí por causa desconocida se detiene, mientras la discusión subía de tono, de pronto, narra don Rafael, mi hermano, se agacha y arranca la almohadilla y con ella golpea en la cabeza al umpire, su expulsión del juego fue inmediata y de no ser por la mesura de otros aquello hubiera terminado en fenomenal bronca. Sin embargo, ahí no para aquello, el mencionado Susano era muy buen amigo de mi padre [nuestro abuelo] y cuando este se entera, recrimina a Manuel Francisco su proceder, exigiéndole que fuera a buscar al ofendido y le ofreciera disculpas. En un acto de hombría, lleno de vergüenza fue y reconoció su error.

Pronto llamó la atención de los directivos de los Pericos de la Aduana que tuvo sus años de gloria bajo el patrocinio del entonces administrador de la aduana fronteriza, don Mario Ruanova Haller. Cuando él dejó de apoyar económicamente a dicho equipo, un hombre de negocios muy importante y aficionado al deporte, don Refugio Montemayor, se dio a la tarea de mantenerlo en la Liga Regional del Norte de Coahuila. Enamorado de su pueblo, quería que fueran peloteros jóvenes nacidos en Piedras Negras quienes lo integraran y esto permitió a nuestro tío participar en el mejor béisbol regional de aquel entonces.

Era el final de la década de los años cuarenta y Manuel Francisco actuaba como el titular de la primera base del equipo arriba mencionado. En uno de los partidos en contra de los Diablos Rojos de la “Concha,” como le decíamos a la Consolidada (la planta siderúrgica que por mucho tiempo fuera la fuente principal de empleo en la ciudad), ocurrió una jugada singular. “La Concha” había contratado como manager-jugador al antiguo catcher de los Pericos de Puebla de la Liga Mexicana, Alfredo “La Chiva” Jiménez. El manager de los Pericos locales era “Polón” González. Con el partido empatado, viene a batear Manuel Francisco sin gente en base y logra colocar un doblete que lo ancla en la segunda base. El “Polón” decide jugar agresivo y ordena bateo y corrido al siguiente bateador, quien logra sacar un hit entre primera y segunda, el jardinero derecho al ver que Manuel Francisco había salido disparado desde segunda base lanza el tiro en donde “La Chiva” recibe la pelota cuando el corredor venia entre tercera y home, en la espera de una barrida el catcher rojo se adelanta al homeplate tratando de bloquear al corredor. Sin embargo, para su sorpresa, Manuel Francisco utiliza sus más de un metro noventa centímetros de estatura y dando enorme zancada literalmente vuela por encima del receptor cayendo exactamente sobre el home, anotando la carrera. La afición que abarrotaba el Estadio Piedras Negras (ubicado en el sitio en donde hoy está el Hotel Posada Rosa en la esquina de las calles Sinaloa y San Luis), se levantó de sus asientos y otorgó una sonora ovación cuya escena don Rafael siempre recordó vívidamente.

Otro recuerdo es lo sucedido en Nueva Rosita, Coahuila, en donde los Pericos enfrentaban a los poderosos Mineros, quienes tenían en la loma de las responsabilidades a Carlos “Toto” Torres, un pitcher que en la Liga Mexicana formó parte de los Rojos del México y después del equipo Unión Laguna. Con las bases llenas, Manuel Francisco viene al bate. El Toto, se mostraba confiado de que el jovencito que venía a enfrentar sus lanzamientos representaba un trámite simple. Los primeros dos lanzamientos fueron un par de rectas que Manuel Francisco simplemente se quedó viéndolas y le fueron cantadas como strikes, luego vinieron el clásico lanzamiento desperdicio y otro más que fueron bolas, el Toto empezaba a perder el home. Muestra de ello fue el quinto lanzamiento que lo colocó debajo de la zona de strike un sitio en donde Manuel Francisco conectaba con suma facilidad. El contacto del bate con la pelota fue seco y pronto la esférica empezó a tomar altura hasta terminar depositada atrás de la barda del jardín central. Al tiempo que Manuel Francisco recorría las bases, el multimencionado “Toto” Torres se la pasó lanzando una serie de gritos, los cuales estaban lejos de ser bendiciones, mientras tanto mi hermano volteaba a verlo con su muy característica sonrisa que en esos instantes adquiría tonos de burla y sarcasmo. Vayamos a los diamantes texanos.

Famosas fueran las actuaciones que el tío Manuel Francisco brindó en los diamantes texanos a donde acudió defendiendo los colores de los Indios de Zúñiga que de los Rojos de LACSA. Respecto al primero de los dos equipos, Hace varios años, este escribidor, junto con nuestro hermano Juan Antonio, recorríamos las calles nigropetenses cuando encontramos que el establecimiento del señor Zúñiga aun operaba. En una de las paredes colgaba una fotografía del equipo referido. Al identificarnos, comenzamos a charlar y don José nos decía como en las ciudades de Texas, a la hora del juego, a los aficionados les llamaba la atención ver sus brazos cubiertos de relojes. Eran los pertenecientes a los jugadores quienes se los encargaban para evitar que algún distraído los tomara como un regalo fortuito. Pero volvamos al béisbol.

En uno de tantos juegos de los efectuados a lo largo de la entidad texana, en esta ocasión en la ciudad de Mission, Manuel Francisco jugando para los Indios de Zúñiga, dirigidos por José Rodríguez, se enfrentaban al equipo local comandados por el inmortal de la Liga Mexicana, Leonardo “Najo” Alanís. Era el noveno inning, el partido se encontraba empatado, los Indios tenían las bases llenas con un out y Francisco viene a batear, el manager le envía la señal para que toque la bola, lo cual considera una ofensa y obvió la instrucción, disponiéndose a batear a su libre albedrío. Acto seguido saca candente línea por el lado de la primera base, en una jugada que aun hoy no le encuentro explicación, el primera base logra quedarse con la pelota y consumar un dobleplay que impidió a los Indios tomar la delantera en el marcador. El manager, José Rodríguez, trinaba de coraje y le reclamó, la respuesta fue: “a que pelado tan pendejo, como se quedó con la pelota”.

En otra ocasión, en Big Spring, Texas, el catcher del equipo local, un conocido nuestro, José Ignacio “Asesino” Flores, recomendó a su pitcher que no fuese a lanzar abajo a Manuel Francisco, pues esa era la zona donde mejor conectaba la bola. Cuando este viene a batear por vez primera, el lanzador envía un disparo afuera de la zona de strike, el segundo es un perfecto strike y al hacer el tercero, olvidando las recomendaciones la pelota cae en la zona en donde mi hermano encontraba mayor facilidad para conectar, hace contacto con la esférica y termina atrás de la barda del jardín izquierdo a una distancia de más de 400 pies.

Su porte de beisbolista caro y las facultades con que se desempeñaba en el terreno de juego llamaron la atención de los scouts de los equipos de las ligas mayores. En Loubock, se nos acercó Jesse Flores, un mexicoamericano nacido en Guadalajara, quien entre 1942 y 1950 lanzara con los Cachorros de Chicago, Filis de Philadelphia y los Indios de Cleveland. Eran los 1950’s y Flores actuaba como manager del San Antonio Missions, afiliado a los Orioles de Baltimore, de la Liga de Texas AAA, quien invita a mi hermano a probar suerte en ese béisbol. Por desgracia muchas fueron las dudas y finalmente no acepta incursionar ahí.

En la Liga Otoñal de Béisbol en Piedras Negras, Manuel Francisco formó parte del equipo representativo del Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (S.T.I.C.), conjunto con el que logró dos campeonatos de bateo. Uno en 1954, cuando bateó para .333. El otro lo obtuvo en 1958 con un fabuloso promedio de .409. En 1959, Manuel Francisco emigró al estado de California, EU, en donde participó en diversas ligas dominicales, y a inicios de la década de los sesenta concluiría su paso por los diamantes beisboleros.

Vaya esto como un recuerdo para nuestro tío Manuel Francisco Villarreal Martínez quien, el 4 de mayo pasado, acudió puntual a su cita con el Gran Arquitecto.
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Añadido (1) Respecto a nuestro escrito de la semana anterior, “El resquebrajamiento de las instituciones y los actores de hoy,” un lector amable, don Francisco Loreto, nos escribió un comentario congratulándonos por el contenido, algo que siempre se agradece. En el contexto de ese mensaje hay algo que nos llamó la atención cuando apuntó: “…ojalá que su artículo esté escrito en buena lid…” Al respecto, cabe indicar que bajo esas circunstancias está redactado. Este escribidor no pertenece a cofradía alguna, ni escribe por encargo de nadie. Las cosas llegan a un extremo tal que hasta en nuestro pueblo natal, Piedras Negras, Coahuila, salvo en Zócalo y en la UAPN, estamos en la lista negra de vetados. Si les dijéramos las razones que alguien esgrimió, hace varios años, seguramente usted, lector amable, acabaría carcajeándose. Pero, mientras nos los permitan en este medio, y alguien continúe leyéndonos, persistiremos con un ejercicio semanal que realizamos por el puro placer de hacerlo.

Añadido (2) ¿No será que detrás de esa medida “ecológica” para proteger a la vaquita marina se esconde algo más? Recordamos que allá por 2003, un grupo de inversionistas españoles, en conjunción con la oficina de la presidencia de la república, proponían cerrar totalmente el Golfo de California a las actividades pesqueras. El objetivo era crear marinas turísticas en esa área y convertir a los pescadores en mozos de todo tipo. Sin embargo, entonces aún quedaban funcionarios del estado mexicano, no chambistas de ocasión, quienes vehemente se opusieron en una y otra reunión, en donde eran vistos como engendros del demonio, a dicha aberración. Pero aquellos eran otros tiempos y...

Añadido (3) Encabezados por Castañeda, el chico, los maxihincados (mexicanos que anhelan arrodillarse ante lo europeo o un príncipe proveniente de allá) nos salieron con que hay que buscar al Macron mexicano. Obviaron que este ciudadano, aparentemente sin partido, no es sino la versión joven de Hollande. Fue su ministro, además de haber recibido de él un respaldo singular. Aun cuando las opciones para los franceses no eran nada esplendorosas, a los de acá les salió lo francófilo. ¿Será por qué recuerdan el colaboracionismo francés que en cuanto llegaron los nazis se les arrodillaron, para después inventar el cuento de la resistencia y las plaquitas en cada
esquina de Paris?
06 Mayo 2017 04:00:00
El resquebrajamiento de las instituciones y los actores de hoy
La semana anterior comentábamos las resistencias que se habían vivido para pasar de un país de caudillos a una nación de instituciones. La de resistencias que hubieron de vencerse. Para algunos pudieran parecer hechos aislados, pero todos los movimientos armados, incluida la revuelta inútil santificada, no tenían sino un solo fin, evitar que dejáramos ya de depender de la voluntad exclusiva de quienes empuñando el argumento fácil de que todo habrá de mejorar porque ellos así lo prometen. No obstante dichos embates fueron superados gracias a que, como nos dijera un lector amable, los de entonces estaban sobrados de testosterona y acabaron por colocar a cada quien en su lugar. Sin embargo, hoy, las instituciones que entonces fueron creadas están sujetas a un embate salvaje que busca hacerlas añicos. Sobre esto comentaremos.

Vivimos tiempos de incertidumbre. Por momentos pareciera que el timón anda al garete. Nuestra clase dirigente parece vivir más de la ocurrencia y preocupada por ver cómo queda bien con todos para al final terminar por unificar en contra la opinión de mayoritariamente abrumadora. Al final nadie respeta a nadie y esto termina por lucir como un herradero en donde imperan los gritos y el olor a piel chamuscada. Y pues sí, cuando de marcar ganado se trata poco importa que el desorden impere dentro del orden que con ello se busca, pero que en una nación eso prevalezca como norma es para preocuparnos. Todo empezó con el cuento de que teníamos que convertirnos en una “democracia,” entendida esta como el hecho simple de sacar a un partido a la cabeza de un gobierno para colocar a otro y por arte de magia todo habría de transformarse en positivo y los males huirían. Cuando eso sucedió, ahí empezó el desorden.

Un sujeto, quien hizo de la ignorancia su pendón de orgullo, fue entronizado por los incautos para ocupar la presidencia de la república. Aquí, seguramente alguien va a salir por ahí a decir y ahora si sale este escribidor muy valiente, como no lo dijo en aquellos tiempos. Sin embargo, dicha aserción estará equivocada, nada de que nosotros en lo personal no lo hayamos dicho antes y durante el desgobierno del fulano. Lo expresamos públicamente en reuniones diversas antes de que eso se materializara. Asimismo, durante el tiempo en que actuamos como funcionarios al servicio del estado mexicano, varias fueron las ocasiones en que pronunciamos desacuerdos con las acciones de negocios, perdón de política, que trataban de instrumentar miembros de esa cofradía. Sin embargo, como nosotros fuimos formamos en la institucionalidad, la figura presidencial seguía siendo respetable aun cuando quien la ostentaba entonces no era capaz de respetarla pues no entendía lo que ello significaba y la convertía en objeto de escarnio. Aun cuando en su descargo debemos de apuntar que el dócilmente acataba las órdenes de quienes lo manejaban en una estrategia que nada tenía de fortuita. Y para cuando dejó el cargo, la imagen de la institución presidencial estaba en franco deterioro, una tendencia que desafortunadamente ha continuado. Esto no contradice nuestra postura sobre caudillajes e instituciones.

Para nosotros, la institución presidencial, independientemente de que ostente el cargo al frente del Poder Ejecutivo, debe de mantener una imagen de liderazgo y ser capaz de aglutinar las diversas corrientes políticas y de cualquier tipo. De ahí deben emanar las directrices que permitan la gobernabilidad en la nación. Porque ningún país o agrupación de cualquier tipo puede operar correctamente sí al frente no se encuentra alguien con la suficiente fuerza moral y de liderazgo que le permita ser el factor capaz de darle sentido a aquello. Por supuesto que en eso de los liderazgos puede caerse en el caudillismo y ahí dar al traste con todo. Precisamente por eso es que en contrapeso deben de existir las instituciones que permitan evitar los excesos. Sin embargo, cuando esas instituciones están también entre azul y buenas noches, pues entonces caminamos hacia lo que el economista sinaloense, Sergio Enrique Castro Peña ha venido apuntando, en un par de artículos publicados en
http://www.guerrerohabla.com (26-04-17 y 04-05-17), en donde señala lo cerca que estamos de convertirnos en un estado acotado, frustrado o fallido, usted escoja. Y en qué más podemos acabar con la clase de actores que hoy tenemos entre los grupos de poder económico-religioso-político.

Empecemos por los integrantes de nuestra clase política. Durante los últimos diecisiete años, la calidad de quienes la integran desde arriba hasta abajo, salvo contadísimas excepciones, deja mucho que desear. En su afán por volverse “populares” y aparecer como cercanos a sus gobernados, quienes han ocupado el cargo presidencial han incurrido, una y otra vez, en actos que ni como civiles debieron de haber representado. Tras de una docena de años, hace cinco creíamos ingenuamente que se habría de recuperar la respetabilidad al cargo. Sin embargo, no obstante que “estudiaron” el presidencialismo durante el periodo de Álvaro Obregón Salido, al parecer no lo entendieron. En lugar de que al momento de arribar hicieran sentir el mando y buscaran poner orden entre las diversas facciones, trataron con actos efectistas y de buen samaritano iniciar su gobierno cuando lo recomendable era primero dar un “apretón” y a partir de ahí empezar a negociar. Y que conste que eso no es física nuclear, hasta un director de área del priismo arcaico sabía que eso era lo primero que debería de hacerse y vaya que daba resultados. Aunado a ello, cuando les saltó el primer problema aparecieron todos espantados y sin saber cómo reaccionar. Al ver aquello, alguien nos dijo, “ya se acabó el sexenio”. Nosotros, todavía con el institucionalismo a cuestas, nos negamos a aceptarlo. Al trascurrir del tiempo, debimos de aceptarlo. Aun cuando fue factible que sacaran las reformas, las cuales insistimos, a riesgo de que nos quemen con leña verde, era necesario que se efectuaran. Sin embargo, aparte de que tuvieron un costo político elevadísimos por lo que acabamos de apuntar, para que tuvieran éxito era requerido contar con quienes las operaran eficientemente y de esos no hubo. A esto, debemos añadir la camada de gobernadores que salieron buenos para el “business”, y el que no ha caído anda en huida, mientras otros están en posición de “en sus marcas” para tomar rumbos similares. Con todo esto, no es extraño que hoy todo sea crítica al grupo en el poder y obviamente carguen con todos los costos políticos hasta el grado de que su futuro luce entre la penumbra de una noche sin luna y estrellas, lo cual hace que uno de ellos proponga un auténtico salvavidas para sobrevivir el naufragio que amenaza no solamente a su partido, sino a las instituciones.

Ante la carencia de políticos institucionales, el sonorense Manlio Fabio Beltrones Rivera ha terminado convertido en el único referente de la clase política con una propuesta concreta. Hoy, trata de convencer de que la única alternativa para salvar la gobernabilidad del país es realizar los cambios requeridos a las leyes y abrir la puerta a los gobiernos de coalición. Sin embargo, esa propuesta carece de un elemento fundamental. Para que sea factible instrumentar un gobierno de coalición, es requerido contar con políticos institucionales que acepten desempeñar cada uno de ellos el papel que le correspondería y, con la clase política que actualmente tenemos, pues eso no es factible. Solamente contamos con arribistas, saltimbanquis y busca chambas. De materializarse un gobierno coaligado ya nos imaginamos como cada cual va a armar su coto de poder y a ver quién logra poner orden. Porque un modo que de súbito surja un líder con todo el poder aglutinador. Es vergonzoso aceptarlo, pero nunca en nuestro país habíamos tenido una clase política cuyos integrantes se hubieran ganado a pulso ser considerados los peores de la historia. Escoja usted, lector amable, el color o la ‘ideología’ que guste y va a encontrar lo mismo, la vacuidad y cantaletas similares de que ellos son castos y puros y no lo corrupto que son los otros, aun cuando al final todos terminen igual de enlodados. Ni modo de que con ellos vaya a ser factible armar un gobierno de coalición diáfano que anteponga el interés del país a los personales y ayuden a recomponer o salvar las instituciones.

En ese contexto, nuestra clase gobernante actual le ha dado por colocar a las instituciones laicas al servicio de la cofradía eclesiástica. Hoy, como si sus muy personales y respetables formas de interpretar los asuntos de la fe fueran parte de la actividad gubernamental, todos buscan congraciarse con la curia, en especial la católica. Dejan de lado la separación estado-iglesia y van a postrarse creyendo que así ganaran votos para su causa. Ni los miembros del clero, ni las autoridades civiles cuidan las formas y acaban por exhibirse como irrespetuosos de sus respectivos encargos. Si, ya sabemos que los miembros de la iglesia son formados bajo la premisa de que algún día habrán de recuperar el poder absoluto del cual disfrutaron en México hasta mediados del Siglo XIX. Sin embargo, mucho bien les haría comprender que si se concretaran a las labores propias de su encargo ganarían el respeto hasta de aquellos que no acostumbran practicar religión alguna. En muchas ocasiones lo hemos comentado en el ámbito privado, ante creyentes fervientes, cuando en 1992 reformaron la Constitución y les permitieron a los miembros de la curia inmiscuirse abiertamente en la vida civil, ahí perdieron más de lo que se imaginan. Ahora por andar de entrometidos los ha convertido en objeto de crítica abierta, algo que antes pocos se atrevían a realizar. A más de ello, hoy han quedado al descubierto, inclusive las porquerías que los convierten en tema de barandilla. Hoy, ya sea con la bandera de izquierda o de derecha, los miembros de la curia tratan de convertirse en los grandes decididores y lo que es peor, quienes deberían de actuar como guardianes de la separación estado-iglesia nada hacen pues no pueden olvidar sus orígenes de formación religiosa. El colmo fue ver como los tres candidatos principales al gobierno del Estado de México actuaban como niños regañados y entre sus propuestas resaltaban aquellas que buscan no ofender los designios de la curia, no fuera a ser que los condenaran y terminen en el infierno.

Y en esos rumbos del averno no quieren terminar los hombres de negocios mexicanos quienes se han autoproclamado como los guardianes de la moral y las buenas costumbres. Para ello, han emprendido la cruzada anticorrupción, pero solamente de aquellos que forman parte de los poderes públicos, pues entre ellos, los negociantes, no existen fulanos con tan malas mañas. Sustituyendo a las instancias judiciales, se han adjudicado, y la clase política débil se los ha permitido, el escudriñar como se ejercen los recursos públicos y cuando ellos decidan que eso no se hace correctamente entonces implantar castigos. Pero claro, para que no lucir como intransigentes, inventan su organismo ante el cual hay que ir a confesarse y decirle con que bienes se cuenta. Sin embargo, nada de molestar a quienes realizan negocios o se ven beneficiados con recursos públicos sin ser miembros del gobierno. Ellos son inmaculados e incapaces de dar un uso incorrecto a los recursos. Y así, de pronto, con la complicidad de la clase gobernante, los negociantes son ahora los sustitutos de los órganos de fiscalización administrativa gubernamental y por supuesto del poder judicial encargado de ese ramo. Claro que con sus negocios que nadie se meta, salvo para dar algún subsidio o exención fiscal. Y, en muchos de los casos, para que les mantengan su posición monopólica. Ellos no nacieron para competir con nadie. Por esto, nos hemos negado a llamarlos empresarios. Ellos operan en mercados monopólicos u oligopólicos que los lleva a una posición muy cómoda en donde no es requerido invertir en desarrollo tecnológico y con la complicidad-sumisión de la clase gobernante y religiosa, les permite convertirse, mediante testaferros, en los guardianes de la moral y el uso estricto e inmaculado de los recursos públicos. Y como la credibilidad de las instituciones públicas ha sido llevada al nivel de los sótanos, pues no faltan los que compran el cuento de que solamente con la supervisión de estos preclaros ciudadanos puede lograrse que la corrupción termine en nuestro país. Dado que conocemos de primera mano cómo operan, todos los miembros de estos tres grupos mencionados a lo largo de este escrito, no compramos figuras de arcángeles, ni demonios, hay de todo y para todos los gustos.

Todo lo anterior nos vino a la mente, mientras revisábamos los decires y acciones de quienes aspiran a gobernar el Estado de México y nuestra natal Coahuila. Esto es el preámbulo de lo que viene para el 2018, en donde francamente no esperamos más dado los actores en escena. ¿Acaso lo único que nos queda es esperar que alguien, venido de quien sabe dónde, sea capaz de salvar a las instituciones? Porque en donde andamos como sociedad, tampoco podemos presumir de excelsitudes y con quienes integran nuestra clase política actual francamente las cosas no lucen como que se pueda contrarrestar una estrategia diseñada muy bien para exterminarlas y dar pie para que acabemos convertidos en un protectorado o en una fulgurante añadidura a otra bandera.

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Añadido (1) Este 4 de mayo, el Gran Arquitecto consideró que era el momento de volver a reunir a los cinco y llamó al último de ellos, Manuel Francisco Villarreal Martínez. Vaya un abrazo solidario para nuestra tía Eloísa y sus hijos, Eloísa, Rodolfo, Manuel, Amalia, Fernando, Roberto y Miguel.

Añadido (2) Don Xavier Diez de Urdanivia Fernández definió puntualmente lo que son las disputas políticas actuales en busca de gobernar tres entidades. En su escrito, Educación y Campañas (Zócalo 30-IV-17), apuntó: “... [han] hecho de la contienda electoral una palestra para denostar y descalificar a los adversarios, con o sin razón para ello… pareciera que más bien pretenden un cargo judicial o en el Ministerio Público, porque su más recurrente oferta es meter a la cárcel a alguien, en todo caso ‘a los corruptos…”

Añadido (3) ¿Por qué, allá en el pueblo, los padres de familia prefirieron no acercarle los infantes a la prima de su
prima?

Añadido (4) Para que se vea que en ese partido hay clases sociales. Como que un entenado quiere tener derechos similares a quien por cuyas venas corre sangre (¿de agave?) azul pura. Con toda certeza debe de haber dicho, “pues que se cree este pelado…” Eso pasa con los que, en busca de purificarse, acaban de arrimados al tiempo que muestran lo que son.

Añadido (5) Después de ver el video del “Policleto” y la motocicleta, nos preguntamos: ¿Eso como lo van a combatir con la 3 de 3 o con el Fiscal Anticorrupción?

Añadido (6) Primero fue un cuatro. ¿Después que serían, un ocho y un dieciséis?
29 Abril 2017 04:00:00
Los problemas iniciales para pasar de los caudillos a las instituciones
Hoy, vivimos tiempos de reacomodos. Por un lado, tenemos un modelo que definitivamente no supieron, o no los dejaron, ajustarlo para enfrentar las circunstancias nuevas. A la vez, por otro, enfrentamos la carencia de un liderazgo firme, porque el querer quedar bien con todos nunca podrá permitir a nadie asumirlo. Ante esto, surgen un día sí, y otro también, quienes buscan tomar el timón de la nave y ver como llenan los vacíos. Y en ese paquete van desde los que ya fueron hasta quienes desean serlo. Sin embargo, al final de cuentas, a todos se les encuentran debilidades y terminan por ser descalificados. Al estar revisando ese panorama, recordamos los tiempos cuando el país buscaba la fórmula para transitar del tiempo de los caudillos al de las instituciones. Esto será el tema de esta nuestra colaboración.

Transcurría el año de 1929. El país continuaba inmerso en la revuelta inútil, mejor conocida como la Cristiada. El grupo gobernante apenas se reponía del asesinato, cometido por un católico fanático, del ex presidente-presidente electo, Álvaro Obregón Salido. En ese contexto, bajo el liderazgo del estadista Plutarco Elías Calles, se planteaba el esquema para que la nación pasara de un país de caudillos a uno de instituciones. En ello, iba implícita la creación de un partido político que permitiera aglutinar las diversas fuerzas políticas, organizacionales y personales, que pululaban a lo largo del país. Esa no era una tarea menor, ni mucho menos habría de darse en forma tersa y sin que presentara resistencias. Una de ellas, se dio precisamente durante los días en que nacía el Partido Nacional Revolucionario y un grupo de generales decidieron dar inicio a una revuelta armada.

Justo el tercer dial del tercer mes de 1929, todo era tres inclusive la suma del último número, tres generales del Ejército mexicano, dos sonorenses, Jesús María Aguirre Moreno y Francisco R. Manzo y un sinaloense, José Gonzalo Escobar decidieron sublevarse en contra del gobierno encabezado por el tamaulipeco, Emilio Portes Gil. Los rebeldes realizaban acciones en ocho estados, Veracruz, Sonora, Oaxaca, Sinaloa, Coahuila, Nayarit, Chihuahua y Durango. A la par, en una novena entidad, Querétaro, representantes de las fuerzas políticas de todo el país estaban reunidos con el objetivo fundamental de encontrar la fórmula que les permitiera hacer de la actividad política un asunto de instituciones en el marco de las cuales fuera factible dirimir diferencias, lograr acuerdos y sentar las bases para que el país creciera y se desarrollara. El 4 de marzo de 1929, nacía el Partido Nacional Revolucionario (PNR) cuyo primer dirigente habría de ser el coahuilense más ilustre del México posrevolucionario, Manuel Pérez Treviño. Sin embargo, la discusión civilizada no frenaba los apetitos de poder de los insurrectos.

Estos rebeldes argüían estar en desacuerdo con los métodos que utilizaban el estadista Elías Calles y el presidente Portes Gil para definir el próximo candidato presidencial que sin duda sería el michoacano Pascual Ortiz Rubio. Y como sucede siempre, pues a estos sublevados, beneficiarios del sistema, en cuanto no les dieron lo que buscaban pues les salió el prurito de presentarse como demócratas de tiempo completo, igualito a tantos otros que hoy navegan con un estandarte similar. Pero los del ayer, a diferencia de los de ahora, eran un poco más atrabancados, aunque claro también buscaban vestir con ropajes de desinterés a la lucha. De acuerdo al general Aguirre, quien primero apareció a la cabeza del grupo, los métodos utilizados por los dos personajes mencionados al inicio de este párrafo, “nulifican el derecho al sufragio y buscan continuar con sus políticas indignas bajo las cuales la libertad ha desaparecido. La intolerancia, la política impúdica y el grupo gubernamental encabezado por [Elías] Calles han comercializado la administración pública para su beneficio propio. Han defraudado el deseo de la población que tiene derecho a la felicidad tras de dieciocho años de luchas y sufrimientos”. Tras de calificar al gobierno de despótico y a Portes Gil de títere, acusaban padecer una autoridad centralista e imposicioncita que buscaba colocar en las entidades como dirigentes a “políticos voraces e impopulares”. Acto seguido, para purificar sus almas, Aguirre clamaba que detrás de su lucha “no estaba el apoyo a ningún candidato, todo lo que deseamos es la libertad absoluta y que los deseos de la nación se cumplan”. No obstante esta preocupación por el bienestar general, en realidad lo que animaba a los rebeldes era que el otrora secretario de Gobernación y embajador en Inglaterra, Gilberto Valenzuela fuera escogido como el candidato presidencial. Ante esto, se dio la reacción gubernamental.

De inicio, el Presidente Portes Gil enfrentaba otro problema. El secretario de guerra, el creador del Ejército mexicano moderno, el general Joaquín Amaro Domínguez, estaba imposibilitado para ir a enfrentar a los sediciosos. Jugando polo, una pelota le ocasionó la pérdida del ojo derecho. Por ello, fue necesario que el estadista Elías Calles volviera a calzarse las botas militares y, como secretario de guerra, encabezara la lucha para terminar con el intento de asonada. Asimismo, en un manifiesto a la nación, Portes Gil apuntaba que “la causa de la actual rebelión debe buscarse en el cieno de los apetitos más bajos que puedan animar a los hombres. Ni los principios de la Revolución conculcados, ni los anhelos democráticos, ni los deseos de regeneración mueven a esos hombres que hoy se muestran como paladines del impulso antiimposicionista en que ni ellos mismos creen. Su rebelión nace de su deseo de poder y de su afán de enriquecimiento. Su distanciamiento del Gobierno viene de que no ha querido ser cómplice de ellos para permitirles que sigan acumulando riquezas, ni para tolerarles que con las fuerzas de su mando cometan o autoricen verdaderos delitos”. Recuerde, lector amable, esas palabras corresponden a hechos acontecidos en 1929. Pero Portes Gil aun agregaba algo sobre los que estaban detrás de los impolutos amotinados, “…los actuales rebeldes han solicitado la cooperación de los elementos fanáticos para constituir un gran frente de combate que, de llegar a resolverse con la derrota del Gobierno constituido, implicaría el regreso a los procedimientos retardatarios que creemos haber desterrado desde 1910…” Por supuesto, se refería a las fuerzas militares del cristerismo que a toda costa buscaban aliados para impedir el nacimiento del Estado Mexicano moderno. Como dato al calce, debemos de apuntar que Aguirre de pronto salió muy respetuoso de las creencias religiosa, las cuales invocaba como uno de los objetivos a lograr, pura coincidencia. Mientras eso sucedía aquí, al norte del Bravo acontecían otras cosas.

El 4 de marzo de 1929, tomaba posesión como el trigésimo primer presidente de los EU, Herbert Clark Hoover. Y adivine usted cual fue el primer asunto que el secretario de estado, Frank B. Kellogg le llevó a tratar la mañana del día cinco, su primero en la oficina, por supuesto que fue el de México. Para entonces, Kellogg ya contaba con el comunicado del mejor embajador que nos hayan enviado durante toda la historia los estadounidenses, Dwight W. Morrow quien tuvo que interrumpir sus vacaciones familiares en Cuernavaca en donde los visitaba Charles Lindbergh, el novio de su hija Anne. Morrow había trasmitido la petición del Gobierno mexicano para que se decretara el embargo de la venta de armas y municiones, excepto las solicitudes que al respecto realizara el gobierno de México. Se cerrara el tráfico a los puertos fronterizos y navales en manos de los rebeldes. Que el gobierno estadounidense asegurara le vendería al mexicano los pertrechos de guerra necesaria en caso de requerirlos. Que la nueva administración expresara públicamente simpatía por el gobierno constituido de México. En la medianoche del 8 de marzo, el secretario Kellogg comunicaba a sus cónsules en México que solamente autorizaría exportar armas y municiones vía los puntos de entrada controlados por el Gobierno mexicano y que el material de guerra se vendería al Gobierno mexicano.

En paralelo, surgían algunas posturas sobre el movimiento armado. Desde Los Ángeles, California, el ex presidente Adolfo de la Huerta Marcor era muy claro y, más preocupado por agenciarse alumnos para impartirles sus clases de canto, enfatizaba que él no apoyaba la revuelta. Por su parte el gobernador de Nuevo león, Aarón Sáenz Garza declaraba que suspendía su precampaña para lograr la presidencia de la República y se ponía a la disposición del gobierno para ayudar en la lucha en contra de los rebeldes. Por su parte, la viuda del presidente Obregón, María Claudia Tapia Monteverde, en una nota publicada en The Oakland Tribune declaraba: “deploro la pérdida de vidas humanas... pero estos jóvenes nobles están luchando por preservar los principios de mi esposo”. A la par, las iglesias en Sonora eran abiertas y los sacerdotes rezaban por el triunfo de los rebeldes.

Para entonces, la lucha armada ya estaba en pleno apogeo. Al día siguiente de su inicio, se nombró a José Gonzalo Escobar como el general en jefe del Ejército Renovador Nacional. Mientras las tropas al mando de Aguirre clamaban tener controladas las principales poblaciones de Veracruz y haber obtenido triunfos importantes en Sonora. Para el 5 de marzo, las fuerzas al mando de Escobar, se apoderaban de Monterrey. Al respecto, hay una anécdota familiar con la que crecimos. En esa época, nuestros abuelos paternos vivían en la zona centro de dicha ciudad y al respecto, nuestro padre, don Rafael Villarreal Martínez, quien entonces era un infante, nos narraba, y más tarde lo plasmaría en el primero de los libros que escribió, como le tocó ser testigo de los horrores que dejaron las secuelas de la lucha. Sin embargo, una vez superada la sorpresa, los rebeldes empezaron a mostrar que sus apoyos no lo eran tanto.

Para el 7 de marzo, las fuerzas federales al mando del secretario de guerra, Elías Calles, retomaron las ciudades de Veracruz, mientras Aguirre huía para evitar la confrontación al ver que los indios Yaquis se rehusaban a acatar sus órdenes. A la par, en Monterrey, poco le duraba a Escobar lo valiente y después de ocupar la plaza no supo cómo responder cuando empezaron a llegar refuerzos a las tropas federales. Sin embargo, los combates continuarían principalmente en la región norte del país, empujando a los rebeldes hacia la zona fronteriza en donde poco margen tendría para moverse. En ese contexto, cada vez más, los rebeldes iban acumulando derrotas que atribuían en gran parte al apoyo que el Gobierno estadounidense daba al mexicano. Así, lo expresaba Escobar a finales de marzo cuando acusaba a Morrow de intervenir a favor del Gobierno mexicano, algo que definitivamente era cierto.

Para el 29 de abril de 1929, desde Nogales, Sonora, el secretario de guerra, Elías Calles reportaba al presidente Portes Gil que, con la rendición de 500 rebeldes, la rebelión en Sonora había terminado y que la mayoría de los cabecillas buscaban un sitio en el exilio. Por esa frontera había cruzado rumbo a los EU, Francisco R. Manzo, Gilberto Valenzuela, José Gonzalo Escobar y varios generales más entre los que se encontraban Marcelo Caraveo, Román Yocupicio y Jacinto B. Treviño, a quienes no les quedaba otra opción para salvar sus vidas. En esa forma terminaba el intento de asonada de aquellos que ensabanados en la bandera de la democracia decían estar preocupados por el futuro del país, aun cuando realmente lo que buscaban se resume en las palabras del estadista Elías Calles publicadas, en el New York Times, el 10 de marzo de 1929: “Su propósito es impedir que México entre en una fase en la cual sea regido por un gobierno de instituciones, una meta por la cual hemos luchado y apenas hemos logrado alcanzar. Su propósito es establecer una dictadura militar encabezada por hombres corruptos y de poco prestigio cuyo objetivo es terminar con los logros económicos y sociales que la Revolución ha alcanzado y sustituir un régimen constitucional respetuoso de la ley por una dictadura militar…” Ya sabemos que no faltar por ahí quien nos critique por invocar los inicios del Estado Mexicano moderno y armados de una memoria corta traten de convencernos de que nada bueno nos trajo. Sin embargo, quienes hemos estudiado la historia sin esperar encontrar puros y castos, estamos convencidos que gracias a la creación de ese sistema fue posible que el país creciera y se desarrollara. Era un sistema que tan operó que fue capaz de dar espacios para todos en rangos diversos, independientemente de su ideología política. Que no fue un sistema perfecto, por supuesto que no. Que no resolvió todos los problemas, tampoco. Pero eso si abrió espacios en muchísimos ámbitos, los cuales había estado cerrados para la inmensa mayoría de la población. Fue tan generoso que hasta hizo lugar para que los perseguidos, provenientes de otros lares, pudieran tener una oportunidad aquí y hasta los impolutos de la derecha tuvieron su espacio para presentarse como enemigos políticos y socios en lo económico. Pero sobre todo, logró que el país creciera y se desarrollara. Que hizo falta ajustarlo a tiempo para que continuara funcionando, no lo vamos a negar. Pero de ahí a embarcarnos en la diatriba que algunos hacen de que todo fue malo sería pecar de ignorancia y olvidar que quienes pertenecemos a la “cultura del esfuerzo”, como nos calificara Luis Donaldo Colosio Murrieta, jamás habríamos logrado nada de haber nacido en los años del caudillaje. Porque, recordemos, pasar de un país de caudillos a uno de instituciones fue algo que evitó siguiéramos viviendo en la forma que prevaleció durante la mayor parte del Siglo XIX y lo único que nos dejó fue miseria, ignorancia y con la mitad del territorio. Para recordarlo ahora que algunos iluminados nos ofrecen el cielo, el oro y el moro junto con la pócima mágica para resolver todos nuestros problemas.

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Añadido (1) Ante el fallo emitido por la OMC respecto al asunto del atún mexicano, tanto los miembros del sector privado como los encargados actuales del sector pesquero gubernamental han mostrado su estatura. Procedieron a colgarse todas las medallas. Dejaron de lado los tiempos en que todo fue una batalla cuesta arriba. Olvidan los nombres de dos funcionarios del Estado Mexicano quienes, en los momentos en que todo parecía perdido, fueron factor fundamental para lograr lo que hoy otros presumen como una victoria únicamente de ellos. Aun cuando nosotros hace muchísimos años que nos alejamos de ese sector, eso no ha hecho que perdamos la memoria. Por ello, y dado que sabemos quién es quién, recordamos a ese par de personajes: Carlos Camacho Gaos y Jerónimo Ramos Sáenz Pardo.

Añadido (2) Siempre lo hemos sostenido, ni la capacidad intelectual, ni la probidad están en función del género. Ese es un cuento alimentado por los políticamente correctos. Como prueba tenemos los ejemplos de manufactura reciente. Las sinvergüenzadas, chicas o grandes, se cometen lo mismo portando pantalones que enaguas.

Añadido (3) Los políticos de una variedad amplia de sabores y colores, al igual que la curia, encendieron los ventiladores. Aquello es un salpicadero que deja a todos malolientes.

Añadido (4) Cuando escribimos el artículo “Lo indicado era plantarse de frente para definir posiciones y negociar, pero…” (Zócalo 28-I-2017), recibimos varias críticas. Sin embargo, esta semana fue factible comprobar que nuestra opinión era la indicada. La comunicación directa es el único medio con que contamos para resolver los problemas con los vecinos del norte. Ni modo que los vayamos a solventarlos mediante una confrontación armada.
22 Abril 2017 04:00:00
Sin importar los tiempos, los extremos se unen mediante el cordel de la intolerancia
Vivimos los tiempos en que todos claman por la prevalencia de la libertad de expresión. Sin embargo, al mismo tiempo, quienes más ruido hacen al respecto son a la vez los mismos que solamente la toleran si la postura adquirida es la que ellos desean escuchar. Cada vez es más difícil expresar puntos de vista que no coincidan con los de quienes, ensabanados por la corrección política, no permiten que nadie difiera de su perspectiva y aquel que osé hacerlo recibe un baño de epítetos. Esa intolerancia, se ha apoderado de los centros de educación superior. Ahí, se suponía era un sitio para confrontar las ideas bajo argumentos racionales. Eso sucede tanto al sur como al norte del Bravo y nos hace recordar las posturas que cierta institución milenaria, a través de sus dirigentes, ha adoptado a lo largo del tiempo. Sobre estos temas comentaremos a continuación.

En nuestro país, los centros de educación superior, públicos y privados, cada vez en grado mayor manifiestan que viven la endogamia intelectual. Según sea la filiación política prevaleciente, no se acepta que nadie con una perspectiva distinta vaya y exponga algo contrario a lo que ellos consideran la verdad eterna. Ejemplos los tenemos a lo largo de la historia, si el visitante no es del agrado de los políticamente correctos, a estos les sale su lado salvaje y exhiben que lo supuestamente aprendido en las aulas, como dirían en el pueblo, “les entra por un oído y les sale por el otro,” a lo cual agregaríamos, y como no, si entre ambos solamente hay vacuidad. Sin embargo, también existen otros quienes son capaces de almacenar información, pero no se les da someterla al análisis y se la toman como verdad absoluta y hay de aquel que no la acepte. Para ellos, su creencia es pura y diáfana, todo lo demás representa basura mal oliente. En ese entorno, se forman profesionales intolerantes cada vez menos capaces de razonar. Todo encubierto bajo el manto sagrado de la corrección política al amparo de la cual son capaces de cometer todo tipo de latrocinios intelectuales y físicos. Pero no nos
adjudiquemos exclusividades.

En los EUA, la intolerancia se ha ido agravando a lo largo de la última década, aun cuando viene de tiempo atrás. Y también allá, en las universidades, ha hecho sitio de residencia la prevalencia de una sola verdad. En lo personal, recordamos como la discrepancia nos ha ocasionado ciertos problemas. En el pretérito distante, durante nuestra segunda etapa estudiantil, recordamos aquella ocasión en que nos olvidamos del silencio monacal que exhibimos durante los tiempos en que acudíamos a la escuelita parroquial. En nuestra clase de desarrollo económico, empezamos a expresar un punto de vista diverso al de nuestro maestro estadounidense. Necios, como siempre, insistíamos en hacer prevalecer nuestro punto de vista. Aquello llevaba visos de profundizarse hasta que llegó el momento de tomar un descanso y, durante este, se nos acerca un amigo venezolano y nos aconseja cejar en nuestra postura, “recuerda que es él quien al final pone las calificaciones”. Seguimos el consejo y nada sucedió. Sin embargo, hubo otro compañero quien osó apuntar en favor de la teoría cepaliana del economista argentino Raúl Prebisch sobre como los términos de intercambio habían operado en contra para los países latinoamericanos. La filípica que recibió fue de órdago, solamente faltó que le suministraran una “nalgueada”. En tiempos más recientes, durante nuestra tercera etapa estudiantil, cuando se analizaba la Revolución Mexicana y sus personajes, por esa fascinación que los estadounidenses tienen con los mitos, nuestra maestra ponderaba las virtudes del caballerango consentido de Nachito de la Torre, Emiliano Zapata. Ante ello, expresamos nuestro desacuerdo y la discusión dio inicio hasta alcanzar un punto extremo, ahora reconocemos que, tal vez, fuimos vehementes en demasía. Sin embargo, el incidente fue reportado a nuestro mentor quien nos llamó, amablemente nos reconvino y, sin decírnoslo, dejó muy claro cuál sería el paso siguiente sí no moderábamos la discrepancia. Agradecidos, volvimos a tomar el consejo. Estos ejemplos son muestra de que la libertad de opinión en los centros educativos de los EU no posee márgenes tan holgados como se dice y esto se ha agudizado en los días que corren.

Hoy, en la Universidad de California-Berkeley, los grupos extremistas de izquierda han llegado al punto de negar el acceso a quien vaya a sustentar una conferencia en donde el punto de vista no sea coincidente con lo que ellos creen es la verdad eterna. Un par de meses, hordas de salvajes, quienes dicen ser estudiantes, procedieron a destruir y quemar edificios como protesta porque un homosexual, quien se manifiesta profesante de la ideología de derecha, había sido invitado a dar una plática sobre un libro que publicó y cuyo contenido no coincidía con la filosofía del centro escolar mencionado. Como aquello no fue sancionado por autoridad alguna, hace unos días, cuando un grupo universitario identificado con el Partido Republicano invitó a una dama para que fuera a dar una conferencia, nuevamente hubo amenazas de disturbios y la universidad anunció la cancelación del evento, aun cuando después se retractó y la invitó para cuando no haya estudiantes en clases. La dama, quien al parecer esta sobrada de redaños, les respondió que iría en la fecha original y ya veremos que sucede la semana próxima. Ante estos hechos, pareciera que el espíritu del carnicero de Georgia se ha apoderado de los estudiantes de Berkeley quienes no aceptan más verdad que la suya y aquellos que discrepen merecen ser enviados al Gulag. Pero estas actitudes no solamente se dan en esa forma. Conocemos un caso, en otro sitio, en donde uno de esos paladines de la democracia fue acusado de ser discriminador con quienes no coincidían con su perspectiva ideológica. Ante eso, para demostrar que no lo era, en la puerta de su cubículo colocó un letrero en donde se lee: “En esta oficina, usted estará protegido. Estará tan seguro como mi cuerpo y mi voz lo permitan. Será identificado y llamado por su nombre.

Tu: Negro, latino, blanco, indígena, asiático, extraño, heterosexual, bisexual, mujer, transgénero, hombre, pobre, rico, clase media, emigrante, ciudadano, extranjero. Entren y serán bienvenidos”. Ello, al parecer, es un certificado que le permite continuar menospreciando a quienes no concuerdan con su perspectiva, especialmente si se trata de mujeres y minorías con capacidad intelectual de sobra, la cual no se ajusta al estereotipo de su perspectiva. Así, se comportan ahora los usufructuarios de la verdad absoluta. Estos, en nada están diferenciados de aquellos quienes en el pasado presumían de poseerla y para quienes la libertad de expresión y pensamiento estaban circunscritos a su dogma. Van un par de ejemplos.

Allá por 1832, el 15 de agosto, el ciudadano Bartolomeo Alberto Cappellari, el Papa Gregorio XVI, (1831-1846) emitió la encíclica Mirari Vos (Sobre el Liberalismo y la Indiferencia Religiosa). En ella, argumentaba que la Iglesia de entonces enfrentaba un grave peligro derivado de la indiferencia o el hecho de que varios no consideraban necesaria, ni útil la práctica de una religión única.

“Esa opinión perversa, [escribía don Bartolomeo,] es un fraude que busca convencer de que es factible lograr la salvación eterna de las almas profesando cualquier religión, mientras que, en sus acciones, la moral prevalezca”. Sin embargo, eso no es cierto ya que solamente “hay un Dios, una fe y un bautismo”.

Arguyendo aquello de que “quien no está con Cristo está en contra de él,” lanzaba un anatema a los disidentes indicándoles que “sin duda, morirán eternamente a menos de que profesen la fe católica, única e inviolable…” Igualito a lo que dicen los de ahora, en el lado del espectro que guste colocarlos. Pero continuemos con la encíclica.

“Este tipo de indiferencia vergonzosa da lugar a una proposición absurda y errónea, la cual clama que cada uno debe de gozar de la libertad de conciencia. Esto disemina la ruina en asuntos sacros y civiles, aun cuando se repita una y otra vez, con gran imprudencia, que alguna ventaja saca de ello la religión. Cuando todas las restricciones, por las cuales los hombres se mantienen cercanos a la verdad, se quitan, su forma de ser, diabólica por naturaleza, los lleva a la ruina… Tras de ello viene la transformación de la mente, la corrupción de los jóvenes, desprecio por la leyes y cosas sagradas- en otras palabras, una plaga más mortal que ningún otra para el estado. La experiencia, desde tiempos inmemoriales, nos muestra que aquellas ciudades famosas por sus riquezas, dominios y glorias, perecieron como consecuencia de un solo demonio, el cual es conocido como libertad de opinión ilimitada, autorización de la libertad de expresión y deseo por lo novedoso”. Para que no quedara duda alguna a qué se refería, fue más específico.

Sin preámbulo, soltó: “Aquí, debemos de incluir algo dañino y nunca denunciado suficientemente, la libertad de publicar cualquier escrito y distribuirlo entre la gente, lo cual algunos promueven y demandan vehementemente”. Enfebrecido, escribía, “estamos horrorizados al ver que doctrinas monstruosas y errores extraordinarios son difundidos ampliamente en libros, panfletos, y otros escritos innumerables, los cuales si bien son ligeros en su peso, son muy grandes en odio.” Ante eso, no estimaba que fuera suficiente la aparición de otras publicaciones que refutaban el contenido de esos escritos. Y para mostrar como eso de acabar con las “malas lecturas” era una cruzada que venía de tiempo atrás, procedió a mencionar algunas acciones. Despojado de rubor, el ciudadano Cappellari, apuntó que “la Iglesia siempre ha ejecutado acciones para terminar con esa plaga de libros malos. Sería suficiente consultar las leyes del quinto Concilio de Letrán sobre esta materia y la Constitución que [Giovanni di Lorenzo de’ Medici, el Papa] León X [1513-1521] publicó posteriormente…” Asimismo, esto ha sido una preocupación mayor para los padres de Trento quienes utilizaron un remedio en contra de esa maldad diabólica, el cual consistió en la publicación de un decreto concerniente a un índice de libros en cuyo contenido son difundidas doctrinas falsas. Debemos de luchar valientemente, decía [Carlo della Torre di Rezzonico, el Papa] Clemente XIII [1758-1769] en una encíclica sobre la prohibición de libros inmorales, tanto como lo demande y exterminar el veneno mortal de muchísimos libros; nunca debemos temer a equivocarnos y abandonar la lucha a menos de que las fuentes criminales de depravación perezcan en las llamas….” Tras de eso, procedía a calificar de corruptos a quienes afirmaban que la destrucción de libros era contrario a las leyes y le negaban a la Iglesia el derecho a emitir decretos al respecto. Aquí, recordamos a un alumno aventajado de estas enseñanzas, la bestia austriaca. Eso no era todo.

Para que no quedara duda, don Bartolomeo Alberto indicó que “ciertas enseñanzas han sido difundidas en escritos que atacan la confianza y sumisión hacia los príncipes; las antorchas de la traición se han prendido por todos lados”. Al respecto, alertaba que mucha gente era apartada del camino correcto y por ello era conveniente recordar que “no hay ninguna autoridad, excepto la de Dios; las autoridades que existen han sido designadas por Dios. Por consiguiente quien resista la autoridad estará exponiéndose a ser condenado….” Años después, el 8 de septiembre de 1907, el ciudadano Giuseppe Melchiorre Sarto, el Papa Pío X, emitía la encíclica Pascendi Dominici Gregis (sobre la doctrina de los modernistas).

En ella, se refería a los estudios seculares, dedicando atención especial al estudio de las ciencias naturales en donde se habían logrado descubrimientos brillantes y de utilidad amplia. Sin embargo, escribía, “eso debe de hacerse sin interferir con los estudios sagrados, tal y como nuestro predecesor [Vincenzo Gioacchino Raffaele Luigi Pecci, el Papa León XIII (1878-1903)] agregaba, ‘si ustedes indagan sobre la causa de esos errores, encontrarán que ello se deriva del hecho de que en estos días, las ciencias naturales demandan mucho estudio, pero los más grandes y severos han sido dejados de lado, algunos hasta causar estupor, otros han sido abordados superficialmente… o bien fueron desfigurados por doctrinas perversas y errores monstruosos. Por consiguiente, ordenamos que el estudio de las ciencias naturales en los seminarios se realice de acuerdo a esta ley”.

Para asegurarse que el demonio no fuera a colarse a sus establecimientos educativos, don Giuseppe Melchiorre establecía que “las recomendaciones de su predecesor, como las suyas, deberían de considerarse al escoger directores y profesores para los seminarios y las universidades católicas. Quien, en cualquier forma, exhiba estar contaminado de Modernismo, sin vacilar, debe de ser excluido de estas oficinas, ya sean las de gobierno o de enseñanza y aquellos que ya desempeñen un cargo deberán ser removidos. Una política similar habrá de adoptarse para quienes, en forma abierta o encubierta, se inclinen hacia el Modernismo ya sea alabando a los Modernistas y excusando su conducta errónea o bien criticando los métodos de enseñanza, a los sacerdotes y al magisterio de la iglesia o bien resistiéndose a obedecer los dictados de la autoridad eclesiástica de cualquier nivel; y a quienes muestren inclinación a lo novedoso en historia, arqueología, la explicación crítica de la Biblia; y finalmente a quienes abandonen las ciencias sagradas o prefieran sobre de ellas a las seculares”. Asimismo, les exhortaba estar alertas en la selección del profesorado porque “como regla, los estudiantes son modelados por el diseño de sus maestros”. Y para no contaminarse, les daba otras recomendaciones.

Apuntaba que “… era obligación de los obispos prevenir, cuando ya estaban publicados, la lectura de los escritos de los Modernistas o cualquier cosa que promueva esa filosofía, así como retrasar su aparición cuando no han sido editados. Ninguno de este tipo de libros, artículos o diarios deben de permitirse a los seminaristas o universitarios. Los daños que pudieran causarles no son menos que los derivados de lecturas inmorales, ya que tales escritos envenenan la vida cristiana en su fuente propia”. Como esto ya había trascendido entre algunos católicos, el papa recomendaba tener cuidado con los escritos de quienes imbuidos por el Modernismo buscaban armonizarlo con los dictados de la fe. Aquellas recomendaciones no quedaban entre las paredes de los recintos educativos.

Es necesario, indicaba, “que hagan todo lo que esté a su alcance para sacar de su diócesis, aun por la fuerza, cualquier libro pernicioso que circule por ahí.

La Santa Sede no prohíbe ningún medio para hacerlo…” Por lo establecido en la Constitución del Índice de Libros Prohibidos, “muchas publicaciones requieren la autorización del Ordinario, y en ciertas diócesis (dado que el obispo no puede estar familiarizado con todos) es costumbre tener censores oficiales quienes examinen los escritos… Ordenamos que todas las diócesis cuente con ellos…

permitiéndose que los censores sean escogidos tanto del clero secular como regular, quienes por su edad, conocimientos, y prudencia emitirán juicios prudentes”.

Como se puede apreciar, a pesar del paso de centurias, los extremistas siempre buscarán hacer prevalecer su “verdad” por cualquier medio. Sin importar los espacios cronológicos, los extremos terminan por mostrar que están unidos por el cordel de la intolerancia.

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Añadido (1) Recomendable ampliamente revisar la entrevista que Ricardo Raphael de la Madrid realizó a Manlio Fabio Beltrones Rivera. Preguntas y respuestas en un nivel de excelencia que en pocas ocasiones se ve en ese tipo de intercambios.

Solamente en una cosa discrepamos del ciudadano Beltrones Rivera, en México no puede haber gobiernos de coalición. Entendemos las razones detrás de su propuesta. Sin embargo, para ello, se requiere contar con políticos y funcionarios gubernamentales que actúen bajo un principio de institucionalidad y de esos no proveen el PAN, el PRD o Morena y la camada nueva del PRI, salvo contadas excepciones, nada sabe al respecto.

Añadido (2) Apenas les lanzan el curricán e inmediatamente buscan engancharse para mostrar con que cartas habrán de negociar. Desde la proa los observan con ternura(¡!).

Añadido (3) Creíamos que ya no había quien comprara espejitos. Sin embargo, allá por los rumbos cercanos al pueblo, los paisanos nos refutaron. Los pagan muy bien, siempre y cuando quien los merque le ponga un tono “champurrado” al idioma.

Añadido (4) Al paso que van, los candidatos en las contiendas diversas por las gubernaturas, acabarán prometiendo que, aparte de todas las obras que realizarán, adjudicarán un salario hasta por el simple hecho de respirar. El problema es... ¿de dónde sacarán los recursos?, salvo que cuenten con una fuente de financiamiento de esas que no se ven en la estructura, pero que son bien rentables.
15 Abril 2017 04:00:00
El discurso de un congresista proveniente de Illinois
De acuerdo a los relatos de la época, era un personaje delgado de estatura cercana a los dos metros. Su rostro, con una mirada taciturna, semejaba el de un intelectual real. Poseía una mente inquisitoria y emitía juicios serenos. Su hablar era claro y mesurado, sin que ello fuera obstáculo para que se expresara de manera elocuente. Era un abogado nativo de Kentucky quien, un par de años atrás, había sido electo para representar, en el Treceavo Congreso de los EUA, al Séptimo Distrito con cabecera en Springfield ciudad ubicada en Illinois, entidad en donde había participado como representante en el Congreso estatal durante cuatro periodos previos. Se trataba de político ascendente dentro del Partido Whig. Sin embargo, en los albores de aquel año, era un congresista nuevo quien actuaba solamente como un miembro más de la Cámara de Representantes y estaba en desacuerdo con la forma en que el Presidente James Knox Polk justificaba haber enviado tropas hacia el patio vecino. Por ello, en el seno de dicho cuerpo legislativo, pronunciaría un discurso cuestionando la validez de los argumentos que el presidente, emanado del Partido Demócrata, sostenía para justificar su incursión por tierras mexicanas, en donde, hasta nuestros días, poco nos ocupamos de revisar las palabras que, el 12 de enero de 1848, pronunció Abraham Lincoln Hanks. Pero antes de repasar el texto impreso en el apéndice de “The Congressional Globe,” es importante poner en contexto como se suscitó lo que el Presidente Polk llamó una agresión en contra de los estadounidenses en suelo de ese país.

El proceso de incorporación de Texas a los EUA no careció de sobresaltos. Para precisar como estuvo aquello, revisemos el texto de Walter R. Borneman en “Polk: The man who transformed the presidency and America. (2009)” Ahí, se apunta que a inicios de 1844, el general Zachary Taylor recibió la orden que, desde el Fuerte Jesup, estuviera alerta por si se presentaba un intento de invasión a Texas. Sin embargo, el 13 de enero de 1846, una vez que la anexión de dicha entidad a los EUA ya estaba formalizada, el Presidente Polk mandó a Taylor que trasladara cuatro mil efectivos hacia Corpus Christi y de ahí los movilizara a la ribera del Río Grande (Bravo) para que, en el sitio opuesto a Matamoros, Tamaulipas, construyera el Fuerte Texas. Esto provocó la reacción inmediata del gobierno mexicano el cual, a través del general Pedro De Ampudia, demandó a los estadounidenses se regresaran más allá del Río Nueces que era donde México reconocía la frontera con Texas. La respuesta fue negativa y, además, Taylor solicitó a la fuerza naval que bloquearan la boca del Bravo para que de esa manera fuera impedida la comunicación de Matamoros hacia el Golfo de México. Tras de ello, arriba el general Mariano Arista quien se pone al frente de las fuerzas mexicanas. Ni tardo, ni perezoso, le comunica a Taylor que, en su opinión, la guerra había dado inicio. Las patrullas estadounidenses son reforzadas. El 25 de abril de 1846, miembros de la caballería e infantería estadounidense encabezados por el capitán Seth Thornton salen a realizar una investigación en las cercanías del Bravo dado los reportes de que grupos armados de mexicanos habían cruzado ese río. Al arribar a una ranchería, los estadounidenses son atacados por las fuerzas mexicanas. Como resultado, once soldados estadounidenses mueren y veintiséis incluido Thornton, son capturados.

Dado que en esos tiempos las noticias viajaban lentamente, no fue sino hasta el 9 de mayo cuando el informe sobre el incidente llega al Presidente Polk. Dos días más tarde, el Congreso estadounidense recibe la solicitud presidencial para declarar la guerra a México y, con rapidez singular, cinco horas después, mediante una votación de 174 a 14, la aprueba. El Senado fue un poco más lento y no fue sino hasta día 12 que sometió a votación la petición, cuyos resultados fueron de 40 a favor, dos en contra y tres abstenciones. El 13 de mayo de 1846, el Presidente Polk firmaba la declaración de guerra en contra de México arguyendo que sangre estadounidense había sido vertida en su territorio por fuerzas externas, las cuales argüían que eso había sucedido en territorio mexicano. En torno a eso giró el discurso de Lincoln.

A inicios de 1848, el 3 de enero, en la Cámara de Representantes la mayoría de sus integrantes, miembros del Partido Whig, aprobaron una enmienda en la cual responsabilizaban al Presidente Polk por iniciar una guerra que era innecesaria y anticonstitucional. Entre quienes apoyaron tal resolución se encontraba Lincoln quien, nueve días más tarde, habría de analizar el porqué de su voto en dicho sentido. Empezó por recordar que “el presidente [Polk] en su discurso de mayo de 1846, declaró que fue en nuestro suelo [EUA] en donde México inició las hostilidades; y, en cada de uno de sus mensajes anuales, ha repetido esa declaración, casi en un lenguaje similar, lo cual muestra que para él esto es un punto esencial. Estoy de acuerdo con el presidente en la importancia de ello, lo cual debería ser justificado o condenado”. Sin negar que al derramarse la primera sangre, se generó la guerra, Lincoln cuestionaba el justificante de Polk quien tajantemente sostenida que ello había ocurrido en territorio de su país y por lo tanto la incursión armada en México tenía fundamento legal ya que la frontera con Texas era el Rio Bravo y no el Río Nueces. A partir de esto, Polk basa su argumentación en seis puntos, mismos que Lincoln refutó.

En el primero, recuerda cÓmo el presidente apunta que el Bravo era la frontera oeste del territorio de la Lousiana cuando los EUA la adquirieron a Francia. Sin embargo, a la vez menciona que mediante el tratado de 1819, la porción al este desde el Bravo al río Sabino fue vendida a España. Para Lincoln, esta justificación de Polk sonaba sin sentido y comentaba, “admitiendo que el Bravo fuera la frontera con Louisiana, ¿Qué tiene que ver esto con la frontera actual con México? Como, señor presidente de la Cámara, la porción de que una vez marcó la división entre su propiedad y la mía, puede seguir marcando los límites entre nuestros terrenos después de que yo le vendí a usted mi porción de tierra, esto es algo que va más allá de cualquier explicación.” Peor aún, Lincoln encontraba como un contrasentido que alguien utilizara ese argumento para demostrar que actuaba correctamente.

Como segunda pieza de evidencia, el presidente arguye que “la República de Texas siempre ha considerado el río (Bravo) como su límite al oeste. Esto no es cierto. Texas ha considerado esto, pero no siempre lo ha hecho. Hay al menos una excepción. En su Constitución…no se establece así. Pero supongamos que siempre lo haya considerado. ¿Acaso México no ha sostenido siempre lo contrario?
A continuación, Lincoln refuta que por el simple hecho de que Texas en ocasiones diversas haya argüido que sus límites llegaban hasta el Bravo, ello no implicaba que eso fuera verídico. Citando un ejemplo muy simple, decía, “Si yo, verbalmente, reclamo que su tierra es mía, esto no necesariamente implica que lo sea, y si fuera a reclamarlo mediante un acto que yo ejecuto, pero en el cual usted nada tiene que ver, tal reclamación es la misma, sustancialmente se trata de un hecho sin fundamento legal”.

Acto seguido, analiza la afirmación del Presidente Polk de que Santa Anna, en el tratado con Texas, reconoció el río Bravo como la frontera con Texas. Aquí debemos de apuntar que se está refiriendo a los mal llamados Tratados de Velasco que el López del siglo XIX, con el grillete en el pescuezo, firmó, el 14 de mayo de 1836, con las autoridades texanas encabezadas por el presidente de dicha república, David G. Burnet. Al respecto Lincoln precisa que si hay alguien quien desee revisar esa pequeña pieza, la cual el presidente eleva de categoría, puede recurrir al Niles’ Register volumen 50, página 336 [Este documento era una publicación semanal fundada por Hezekiah Niles en 1811 y cuya publicación concluyó en 1849. Era famosa por ser muy completa en la recopilación de documentos y considerada una fuente autorizada de información en los juzgados y las legislaturas]. Después de indagar en el Departamento de Estado, decía Lincoln, me enteré de que el presidente nunca vio tal documento en ningún otro lado. Respecto al documento invocado, “…durante los diez primeros años de su existencia, nadie lo llamó tratado hasta que el presidente, en un acto extremo, lo forzó, para justificar su declaración de guerra con México”. De hecho, cuando revisamos el documento, en su inicio, se lee: “Artículos de un acuerdo que se celebra entre…” Por lo cual, como Lincoln lo afirma, no puede ser considerado un tratado. En el cuerpo del documento, Santa Anna “estipula que las hostilidades deberían de cesar, que él no empuñara las armas, ni influenciara a los mexicanos a que lo hagan en contra de Texas durante la duración de la guerra de independencia. Tampoco reconoce la independencia de Texas, no asume terminar la guerra, por el contrario claramente indica su esperanza de que continúe. Para nada menciona fronteras, tal vez ni haya pensado en ellas”. Lo que sí quedó establecido fue que “el Ejército mexicano evacuaría el territorio de Texas y pasaría al otro lado del Río Grande, mientras que en otro artículo, queda claro que para evitar choques entre los ejércitos, las tropas texanas no podrían aproximarse a una distancia menor a cinco leguas [una legua equivale a 4.8 kilómetros] y aun cuando no se especifica, se asume que era del río Grande.

Ahora, si este es un tratado reconociendo el Río Grande como la frontera de Texas, este contiene una cláusula muy singular, al estipular que Texas no puede acercarse a cinco leguas de su frontera”. Como puede inferirse, aun con la argolla apretándole el gaznate, la doblez de aquel López prevalecía y era capaz de lograr redacciones ambiguas que lo salvaran primero de sus captores y segundo que le permitieran en el futuro pararse enfrente de la historia y decir que él no entregaba nada y si no le creían que leyeran ese documento.

Acto seguido, argumentaba que desde la perspectiva de Polk, “…Texas desde antes de anexarse y posteriormente ha ejercido jurisdicción más allá del Nueces y entre los dos ríos….Nos dice que traspone el Nueces, pero no menciona que llega hasta el Bravo. Nos señala que se ha ejercido potestad entre los dos ríos, pero no que haya abarcado todo el territorio entre los dos.” En consecuencia, para Lincoln, eso no era prueba suficiente para reclamar como estadounidense que la extensión territorial que separaba a dichas corrientes.

En el sexto punto, “el presidente indica que el Congreso de los EUA entendió que al admitir a Texas como parte de la Unión Americana, su territorio iba más allá del Nueces”. E inmediatamente, Lincoln agrega, “muy bien, supongamos que así fue, yo ciertamente lo comprendo, ¿pero hasta dónde? Para el Congreso no quedó claro que dichos límites llegaban hasta el Río Bravo, muestra de ello es que en la resolución conjunta de admisión, claramente se especifica que dejan todo lo relacionado con la frontera para determinarse en el futuro. Asimismo, puede añadirse que Texas tiene una postura similar a la del Congreso dado que su constitución se apega a las resoluciones emitidas por el legislativo federal”.

Tras de este análisis, Lincoln procedió a demandar que el Presidente Polk mostrara, apoyado en datos duros, las razones por las que “envió un ejército a un sitio en donde vivían mexicanos, quienes nunca se sometieron por consenso o por la fuerza a las autoridades de Texas o de los EUA, y que en ese lugar se derramo la primera sangre de guerra. En todo lo que el presidente ha dicho no hay una sola palabra que admita o niegue esa declaración. En esta omisión extraña, se esconde la deshonestidad de la evidencia del presidente, ya que para mí, [dice Lincoln] eso pudo haber ocurrido solamente mediante un diseño previo”.

Dado que tanto Texas como México podían argüir que ese territorio indefinido era suyo y como ningún tratado se había firmado al respecto, tal vez la única vía para definirlo fuera mediante el uso de las armas y que Texas por la fuerza lograra que las personas viviendo en esa área aceptara pasar a formar parte de dicha entidad. Sin embargo, antes de que eso acabara de materializarse, Lincoln demandaba varias
cosas al Presidente Polk.

Le requería que “contestara total, honesta y francamente. Que lo hiciera con hechos y no con argumentos. Habría que recordarle que ocupaba el sitio en el que una vez estuvo Washington y responda en la forma en que él lo haría… De esa manera podría demostrar que el territorio en donde se vertía la primera sangre de esta guerra era nuestro [de los EUA] que no fue en una área ocupada o en la cual los habitantes habían aceptado someterse a la autoridad civil de Texas, o de los EUA, y que algo similar es verdadero para el lugar en donde está el Fuerte Brown [lo que hoy conocemos como Brownsville, Texas], si las evidencias son contundentes, entonces cambiare el voto que emití el otro día [3 de enero]. Si no lo hace entonces terminare por convencerme de que está totalmente consiente de que cometió un error y que lo hizo con el fin de generar el enfrentamiento con México teniendo un propósito perfectamente definido, sobre el cual no quiero emitir un juicio”. Sin embargo, la crítica de Lincoln iba más allá.
En su opinión, el mensaje más reciente de Polk reflejaba aspectos de locura.

“…Por un lado, nos decía que de México no se puede obtener nada más que territorio, mientras que por otro nos mostraba cómo podemos financiar la guerra mediante la imposición de contribuciones a México. A la vez que para justificar la guerra invocaba el honor patrio, la seguridad del futuro, la prevención de la intervención extranjera, y aun la prosperidad de México, por otra parte, nos enfatizaba que rechazar una indemnización, al no aceptar la cesión de territorio, sería dejar a un lado las demandas justas para pagar la guerra, cubrir los gastos, sin un propósito u objeto definido”. Tras de esta exposición quedaba claro a Lincoln que para Polk “la única indemnización factible de aceptar era la cesión del territorio mexicano…Sin embargo, olvidaba decir que más habría de requerir una vez que todos los gastos inherentes a la guerra superarán el valor de todo el territorio mexicano… ” Y para continuar con las contradicciones, Polk insistía en que “habíase de mantener la existencia nacional de México, sin precisar como sucedería eso si todo el territorio pasaba a formar parte de los EUA”.

En ese contexto, después de cerca de veinte meses de guerra, el presidente concluía que los gastos realizados en ella podían ser cubiertos con la cesión de la mitad del territorio, la cual era la porción más valiosa para poderla convertir en algo mucho mejor, dado que casi estaba inhabitada. Adquirir la otra parte, en donde vivían la mayoría de los mexicanos, implicaba muchos problemas. No era posible despojar a todos de sus propiedades, ni mucho menos exterminar a la población o bien convertirlos en esclavos, pero quedaban otras opciones para terminar la guerra.

Una era, “…intensificar las acciones bélicas en sitios vitales del país….La otra era aprovecharse de que los mexicanos estaban cansados de sus dirigentes, de las pugnas constantes entre las facciones diversa, de tener un cambio de gobierno con frecuencia inusitada y la aparición constante de revoluciones. Ante ello, era apropiado convencer a los mexicanos de que se alejaran de sus dirigentes y confiaran en que bajo la protección estadounidense, sería factible establecer un gobierno que pudiera permitirles vivir en paz”. Hasta parece que esto lo escribieron ayer. Sin embargo, vayamos a las conclusiones a las cuales arribo Lincoln tras de su análisis exhaustivo sobre los motivos de la invasión a México.

El presidente, Lincoln decía, “muestra confusión y no haya que posición tomar… Al inicio de las hostilidades cesó al general [Windfield] Scott porque no pudo concluir el conflicto bélico en tres o cuatro meses, hoy veinte meses después cuando nuestro ejército [el de EUA] ha logrado un éxito pleno, el presidente sale a dar un discurso que lo muestra como alguien viviendo bajo una concepción imaginaria. Como lo dije anteriormente, [Lincoln enfatizaba,] no sabe dónde se encuentra. Es un hombre confundido, miserable y perplejo. Esperemos que Dios le permita mostrar que hay algo más consiente que su mentalidad perpleja y dolorosa.” Con lo que Lincoln no contaba es que aquí en nuestras tierras sobraban quienes estaban ya encarrilados en las negociones, y mediante unas monedas, habrían de entregar la mitad del territorio y con ello asegurar algunos años de vivir bien. Después de todo que importaba, la población olvidaría y volvería a caer rendida solicitando la vuelta del López del Siglo XIX para que regresara a salvarlos del caos. Y aun es fecha que no se determina si aquella primera sangre derramada cayó sobre territorio estadounidense o mexicano, lo que si queda claro es que aun en nuestros días hay quienes siguen esperanzados en que la salvación del país solamente se puede lograr mediante el sometimiento a otra fuerza que puede ser amarilla, azul, roja o blanca, no les importa. Para ellos el paraíso solamente puede alcanzarse bajo el abrigo de otros.

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Añadido: Aun no aprende a “ler” en español y ahora vende que “…México no podrá ser un país exitoso si no se vuelve un país bilingüe o trilingüe. El inglés permitirá a la nación dar un brinco cuántico y extraordinario” No desconocemos lo valioso que es dominar otro idioma. Sin embargo, ¿Qué tal si, a la par, los enseñamos a leer, escribir y pronunciar correctamente el idioma español? Como ejemplo, recordemos que hay un buen número quienes hablan con “faltas de ortografía.” Los “pos,” “pus,” y “pa” en boca de muchos analistas televisivos que presumen de Intel¿cuáles? son el pan de todos los días.
08 Abril 2017 04:00:00
Cuando discutían anexarse la mitad o todo México
Para quienes estudiamos las relaciones México-EUA, no hay tema más difícil de revisar que lo acontecido entre 1846 y 1848. Cada vez que encontramos, y leemos, un documento o un libro sobre el tema debemos de hacerlo a pausas. Es como tomar un medicamento amargo como aquellos que le daban a uno en la infancia ya lejanísima. Así nos sucedió hace varios años cuando consultamos los documentos del Departamento de Estado relacionados con el agente especial estadounidense, Moses Y. Beach y los sobornos que le exigían los siempre evangelizadores miembros de la curia mexicana o bien cuando revisamos las memorias del undécimo presidente estadounidense, James Knox Polk y nos enterábamos de sus negociaciones con los obispos católicos estadounidenses para que convencieran a los de acá de que les prestaran ayuda. Y ni que decir cuando repasamos las “negociaciones” del López del siglo XIX para cerrar el trato que lo convirtió en el lotero que todos conocemos. En todo ese contexto, hace unos días leíamos una biografía sobre Polk, el egresado de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, a quien sus paisanos le siguen negando el reconocimiento por haber extendido el territorio estadounidense en 38 por ciento. Claro que eso lo hizo parcialmente a costillas nuestras, la otra porción se la adquirió a los ingleses. Ya inmersos en el proceso revisionista, decidimos irnos a buscar lo que se discutía en el Congreso estadounidense en los albores de 1848. Dos eran los tópicos predominantes. Uno versaba sobre sí estuvo o no justificado que nos “visitaran,” de lo cual les hablaremos en la próxima colaboración. El otro que será tema de esta, era la deliberación de sí se llevaban solamente un “pedacito” o de una buena vez extendían la frontera hasta el Suchiate. Vamos al recuento de aquellos días.

En marzo de 1845, cuando Polk jura como presidente de los EUA, todos pensaban que era simplemente el muchacho consentido del séptimo presidente estadounidense Andrew Jackson. Sin embargo, entre sus planes estaba no solamente completar la obra de su maestro, sino superarlo. Así, en octubre de ese año, se concluyó la anexión del territorio de Texas a los EUA. Aquí, debemos de recordar que si bien en 1836, el lotero López firmó la rendición , en los mal llamados Tratados de Velasco, Texas durante nueve años fue una república. Pero la incorporación texana no fue sino un paso simple en la marcha hacia el oeste. El segundo lo concretó en agosto de 1848, al negociar con Inglaterra la adquisición del territorio de Oregón. Sin embargo, su objetivo fundamental era hacerse de otras tierritas de dimensión y riquezas mayores, mismas que por entonces pertenecían a México. Y como todos sabemos, en mayo de 1846, decidió lavar una afrenta supuestamente cometida por tropas mexicanas en territorio presuntamente estadounidense y acabaron con el Ejército metido hasta el centro del país. En septiembre de 1847, ya instalados en la Ciudad de México aquello no vislumbraba para cuando terminaría. Llegamos a enero de 1848 y los legisladores estadounidenses buscaban encontrar una solución, pues tener a sus muchachitos por acá no les salía barato y todavía no definían cual sería el logro que obtendrían a cambio de la victoria. Para sustentar lo que ahí era discutido nos fuimos a los documentos publicados en el apéndice del “The Congressional Globe” en donde se plasman los decires entre los legisladores miembros del Trigésimo Congreso Estadounidense durante la Primera Sesión efectuada en enero de 1848.

En el contexto de lo anterior, en el Senado estadounidense, se suscitó un debate entre el senador por Delaware, John Middleton Clayton, miembro del Partido Whig, y el senador por Louisiana, Solomon Weathersbee Downs de filiación Demócrata. Clayton argüía que “rápidamente nos aproximamos a un estado de cosas las cuales harán inevitable la conquista y anexión de todo México…” Para el senador por Delaware, eso sería deshonesto y equivalente a un robo. Sin embargo, para el senador Downs no coincidía con esa perspectiva y aseguraba que “ni las leyes, ni mucho menos las acciones que realizaban las naciones se alineaban con la postura que él [Clayton] asumía. Las naciones extranjeras, y aun Inglaterra, la más ambiciosa, vigilante y celosa de todas ellas, no solamente miran la conquista de México como un evento que sucederá, y que no es contrario a la ley de las naciones, sino que estiman que es algo deseable por sí misma y habrá de reportar ventajas para el mundo entero”. Acto seguido. Downs procedió a soportar sus palabras con publicaciones diversas.

Exhibió una publicación inglesa aparecida en enero de 1848. En ella, entre otras cosas, se afirmaba que la predisposición existente respecto a cómo proceder para resolver el asunto de Texas hacia inevitable que tarde o temprano se suscitara una revuelta bélica entre ambas naciones. Y que al generarse esta, México había sido derrotado en todos los sentidos. Dado que no hay gobierno en México, “los Americanos –conquistadores en la guerra- son de acuerdo a todas las leyes de Grotius [esto se refiere a lo que Horacio Grotio establecía de que las normas de convivencia que hay en la sociedad son naturales e inherentes al ser humano, y constituyen objeto de derecho positivo. Estas normas, por el hecho de ser naturales, ni se pueden cambiar, ni se pueden discutir] tienen el derecho de dictar los términos en que habrá de firmarse la paz”. Asimismo, aseguraba la publicación británica que “… en ocasiones diversas México ha dado motivos para que los Estados Unidos se molesten. Y México, en acto premeditado de ignorancia y vanidad, ha provocado una confrontación con un poder que, por mucho, lo supera en fuerza”. O sea, de acuerdo, al autor de esa pieza ello sucedía por andar metiéndonos con un grandote. Pero, el senador Downs no paraba ahí.

Decía que si habrían de apoderarse de todo México esto era “consecuencia de la locura de sus gobernantes y del estímulo extraordinario que han recibido de sus propios ciudadanos.” (¡!) Sin embargo, el senador demócrata, decía que ni el Presidente Polk, ni los miembros de su partido de su partido, “deseaban apoderarse de todo México, pero los eventos podrían forzarlos a hacerlo; y si ese fuera el caso pues…” la justificación estaba en citar algunos extractos de lo que, el 8 de enero de 1848, había aparecido en el “New Orleans Picayune,” “un periódico neutral editado por miembros del partido Whig”.

Dicha publicación presentaba argumentos más amplios para justificar que de una buena vez, todo el territorio mexicano pasara a ser parte de las propiedades estadounidenses. Apuntaba que “el Ejército [estadounidense] está próximo a diseminarse y ocupar todo el territorio mexicano hasta que la República de México ruegue por términos de paz aceptables para los Estados Unidos… Mientras que el Congreso está debatiendo, los estadistas crean teorías, y los políticos toman el pulso del público, el ejército se esparce a lo largo del territorio. La energía, el proyecto y la perseverancia de una raza audaz y superior está permeando las montañas y valles de la república ocupada.” Así o más claro que como, trescientos años antes, los que arribaban consideraban a los habitantes de estas nuestras tierras seres inferiores, aun cuando al menos en esta ocasión no eran colocados al nivel de sujetos sin alma, para consuelo de los pen…santes. Pero para que se viera que en nuestro país había convencidos de las bondades que acarrearían los visitantes, la publicación citaba el texto de una carta de “un oficial distinguido del Ejército Americano publicada en otro medio llamado Delta”.

En el cuerpo de la misiva apuntaba: “Los mexicanos más dispuestos e inteligentes unen sus manos llenos de terror y suplican por la protección que solamente nuestro país [los EUA] puede dar. En México, no es ningún secreto que una amplia proporción de los mejor de sus habitantes [o, como nuestros clasistas mexicanos dirían, gente de razón] están dispuestos y listos para declararse en favor de la supremacía Americana, pero solamente los detiene la indecisión que caracteriza nuestras [las estadounidenses] operaciones en ese país [México], y la angustia de que un tratado de paz, y la salida de nuestras tropas los deje inermes ante las consecuencias más temidas; es bien sabido que a ellos los han marcado por la amistad y cercanía exhibida para con los estadounidenses, así como las expresiones de afecto y confianza que les han proporcionado”. Estos, nosotros decimos, eran los colaboracionistas de siempre quienes creen que, por doblar la testuz ante el invasor, han de adquirir prestigio, a más que las tonalidades de la epidermis les ha de cambiar por comportarse lacayunamente. Para estos, faltaba más, era a quienes decía defender el autor de la pieza quien apuntaba “existe una obligación moral de parte de nuestro país para proteger a este número considerable de ciudadanos mexicanos virtuosos e inteligentes quienes están preocupados por las desgracias que han originado la devastación de su país, y aprecian la superioridad real de nuestra forma de gobierno republicana que ha permitido la incursión de nuestro Ejército en México como un precursor de un sistema mejor y el advenimiento de tiempos mejores.” Si todavía le queda estómago, lector amable, permítanos precisarle que a estos deslumbrados los consideraban “…la mejor gente de México. Abandonarlos ahora, y dejarlos a merced de los semisalvajes que los rodean, seria inconsistente con el espíritu filantrópico que ha prevalecido y hemos profesado durante el desarrollo de esta guerra”. Ahora resulta que aquella visita fue motivada por la generosidad. Pero ahí no paraba todo.

El senador Clayton había preguntado: ¿Cuál sería la consecuencia de anexar los veinte [entonces ese era el numero] estados de México a la Unión Americana? De todos los hombres en los Estados Unidos los más interesados en que esto suceda son los caballeros del Sur. En México hay no menos de ocho millones de personas, hombres, mujeres y niños, pertenecientes a una raza totalmente distinta a la nuestra –una población que no posee sentimientos comunes a los nuestros- no tienen prejuicios como los nuestros y por el contrario tienen una perspectiva diametralmente opuesta respecto a la esclavitud.” Al respecto, el senador Downs afirmaba que eso le resultaba toda una novedad ya que nadie había escuchado a un indígena manifestarse como un abolicionista. “Muchos de ellos (los peones) están en peores condiciones de esclavitud que nuestros negros y estarían felices si pudieran intercambiar su situación con ellos. Acto seguido, procedía a realizar toda una serie de cálculos de cuanta era la población que se podía incorporar, cuantos eran los indígenas, negros y blancos que habitaban en México. Que si de un total de siete millones de habitantes, cerca de 700 mil sabían leer y escribir, cifras que lucen alegres pues a finales del siglo XIX, el índice de analfabetismo en México era alrededor del 98 por ciento. Esto claro consecuencia de la gran labor educativa que durante tres siglos habían desarrollado los evangelizadores hoy sublimados por un baturro de cuatro patas que dirige una televisora europea. Pero volvamos a la mitad del siglo XIX cuando por mas cálculos que hacían de pronto se percataban de que lo único que podían adquirir era más territorio, eso sí muy rico, pero al cual le faltaban habitantes con las características que ellos deseaban para incorporarlos como sus ciudadanos. Al parecer, eso fue lo que al final de cuentas salvó que las fronteras no se extendieran hasta el Suchiate. En fin, al senador Downs no le cuadraban las cifras, pero eso no lo frenaba de buscar justificantes para la intervención.

Downs volvía a la carga y enfatizaba que “nuestros ciudadanos han sido encarcelados en México bajo acusaciones frívolas. Han forzado as nuestros comerciantes para que efectúen préstamos. Los tribunales han prestado oídos sordos para que se efectúen los pagos correspondientes. Ello ha generado el incremento de la desconfianza mutua, lo cual es fatal en muchos casos para el comercio y el intercambio. Un ejemplo de ello es que el intercambio comercial en 1835 alcanzaba más de nueve millones de dólares y para 1843, apenas llega al millón de dólares. Al respecto, debemos de indicar que en ese periodo la balanza comercial era superavitaria para México, principalmente debido a las exportaciones de plata.

Mientras en el Congreso Estadounidense seguían debatiendo si se quedaban con todo o con una parte, en las cercanías de la Ciudad de México continuaban negociándose hasta donde llegarían los límites de la nueva frontera estadounidense. Los emisarios estadounidenses ya se habían convencido que no les convenía llevarse el país entero, pero eso sí, seguían haciendo su lucha por cargar con algo más de lo que ya se habían agenciado. En plenas negociaciones, los representantes del lotero López solicitaban la cancelación de la deuda y el pago por reparaciones de daños causados por la intervención. Como a los estadounidenses eso les pareció muy costoso, acabaron ofreciendo 15 millones de dólares que fue bajo lo cual se firmó, el 2 de febrero de 1848, el Tratado de Guadalupe Hidalgo mediante el cual se cedía la mitad del territorio mexicano a los estadounidenses. El 10 de marzo de ese año, el senado estadounidense, mediante una votación de 38 a 14 ratificaba el tratado mencionado. Más tarde, el 19 y 22 de mayo, la Cámara de Diputados y el Senado Mexicano aprobaban los términos de la entrega mediante votaciones de 51 a 35 y 33 a 4 respectivamente. En esa forma acabó por irse la mitad del territorio un evento en el cual prevalecieron las traiciones que aunadas a la carencia de recursos internos provocaron la caída que no fue tan fortuita, formaba parte de un proyecto que en su cabeza tenía muy bien definido el hombre proveniente de Tennessee formado a la vera del creador del Partido Demócrata. El justificante para materializarlo fue un incidente suscitado en lo que era un territorio que aún estaba en controversia a quien pertenecía. Esto también dio pie para que un oscuro congresista proveniente de Illinois emitiera un discurso brillante, acerca del cual les comentaremos en la colaboración siguiente.

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Añadido (1) Para el presidente de la Radio y Televisión Española, José Antonio Sánchez Domínguez, el látigo, el hierro candente y la espada son instrumentos religiosos. Y para purificar almas nada como una sesión en el potro y después a la pira con leña verde. Así, ni como negar que lo realizado por los españoles en nuestras tierras fue evangelización. Solamente los herejes podemos dudarlo. En eso de comparar a los Aztecas, con todos los defectos que su imperio pudo haber tenido, con las huestes de la bestia austriaca, solamente un mentecato puede hacerlo.

Añadido (2) Aquí lo apuntamos cuando todos andaban de matraqueros intervencionistas, para uno u otro lado, en los asuntos del vecino. ¿Con que cara ahora demandan que ellos no se inmiscuyan en nuestro proceso electoral? A incrementar la producción de lábaros patrios, la demanda para usarlos como cobertor se disparara.

Añadido (3) Síntoma de que los patrones han decidido cortar la relación con el potrillito amaestrado del noreste. El coordinador ejecutivo de su gobierno(¿?) renunció al cargo y decidió irse a ocupar de su familia.
01 Abril 2017 04:00:00
Los 10 restantes de los 23 quienes casi fueron… / II de II
La semana anterior nos ocupamos de trece personajes quienes se quedaron a la vera del camino por alcanzar la presidencia de nuestro país. Hoy, concluiremos con el recuento de los diez restantes hasta sumar veintitrés.
Al iniciarse la década de los setenta, el modelo del desarrollo estabilizador mostraba su agotamiento. El presidente Echeverría Álvarez trató, infructuosamente, de convencer a los hombres de negocios mexicanos de que en el futuro competirían con las fronteras abiertas, nadie entendió el mensaje. A la par, en el contexto político nacional aparecían personajes con aspiraciones presidenciales futuras. Quien destacaba más era el secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia. En todo el país surgieron grupos que manifestaban simpatía abierta a su candidatura. Esto se derivaba de que Moya actuaba como lo debe de hacer toda persona que ocupa tal cargo, mientras mostraba estatura para dirigir el país. Así, llegó septiembre de 1976 y todo quedó en el intento. José López Portillo fue el elegido. El presidente Echeverría creyó que su casi hermano era la opción más adecuada.

Detrás de esa decisión hay varias leyendas. Algunas cuentan que fue la animadversión entre las esposas, otras que el comportamiento cuestionable del hijo de Moya. Varias más, hablan de que el presidente saliente temía que Moya fuera a entregarse en brazos de grupos económicos y políticos que lo cuestionaban. Muchas fueron las bodegas dentro del país, y algunas en la frontera al otro lado del Bravo, en las cuales se quedaron toneladas de propaganda Moyista. El tiempo mostraría el error cometido por Echeverría, mientras que el país lo pagaba. Moya terminaría convertido en diplomático y escritor de libros. En ambas actividades mostró, lo que algunos amigos mutuos nos habían comentado, su amplia capacidad intelectual.

En medio de la crisis económica-política arribó López Portillo a la presidencia. Sin embargo, gracias a la escrituración del diablo, como escribiera López Velarde, aquello fue superado y a preocuparnos por administrar la abundancia. El responsable de que aquel maná no dejara de fluir era un ingeniero sonorense, Jorge Díaz Serrano. Sin experiencia política, representaba el mejor ejemplo de que en la industria petrolera mexicana siempre estuvo la participación del sector privado nacional y extranjero. Años atrás, creó empresas diversas, algunas con un estadounidense, George Herbert Walker Bush. Con esa experiencia, conocía como operaba el mercado del crudo internacional, lo cual utilizó para manejar Pemex. Ante la bonanza, de manera soterrada, poco a poco fueron apareciendo quienes proponían que Díaz Serrano era el indicado para dirigir al país a partir de 1982. Sin embargo, un año antes, la crisis petrolera mundial explotó. El presidente López Portillo creyó que México dictaba la política internacional del energético. Díaz Serrano recomendó bajar los precios del crudo para no perder mercados. El presidente, con las entendederas obnubiladas, optó por despedirlo. Más tarde, lo enviaría a Siberia como embajador de donde regresó para ser senador de la República. Para entonces, Miguel de la Madrid Hurtado era el candidato presidencial. Seguramente algo le debía y este acabaría enviándolo a prisión por cinco años pagando culpas de otros. Al salir, sin que se le comprobara nada, volvería a dedicarse a los negocios privados, mientras disfrutaba sus últimos años al lado de la musa de la Diana Cazadora.

El sexenio del Presidente De La Madrid Hurtado, se desarrolló en medio de la presión estadounidense para que aceptara cambiar el modelo económico-político y abandonara su participación en el Grupo Contadora. Ello conllevó a una crisis económica y apoyos a la oposición. En ese contexto, surgieron tres sucesores potenciales al presidente De la Madrid. Uno era Alfredo del Mazo González, hijo del secretario de recursos hidráulicos en el gobierno lopezmateista. Al igual que su padre ocupó la gubernatura del Estado de México en donde realizaba un gobierno que lucía esplendoroso. Sin embargo, aquello solamente era la fachada. Con eso, le alcanzó para convertirse en secretario de energía, minas e industria paraestatal. Ahí, su primera acción fue recubrir los elevadores con espejos. Sus colaboradores sentían que el país ya era de ellos. Posteriormente, lanzarían su precampaña con la reconversión industrial. El día que fue a presentarla en la Cámara de Diputados, aquello parecía destape presidencial, no faltaba ningún líder político y los camiones repletos de mexiquenses no dejaban espacio alguno en los alrededores. El planteamiento de la reconversión era realizado por expertos quienes por la noche escribían sobre ingenios azucareros y para la mañana siguiente, mediante metamorfosis, redactaban las directrices de la industria siderúrgica. Alguien quien conocía como estaba aquello osó decirle al responsable de eso que su jefe no tenía posibilidades de ser el candidato y hasta ahí llegó en aquel grupo. El tiempo, le dio la razón. Años después, Del Mazo aspiraría a gobernar el Distrito Federal y fracasó.

El segundo de los precandidatos era el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz representante del ala política en un gobierno de tecnócratas. Hijo del ex gobernante tabasqueño Manuel Bartlett Bautista, por el lado materno su abuelo era el Salvador Díaz Mirón aquel poeta aguerrido quien desde El Imparcial apoyara a Victoriano Huerta. Formado en el sistema, apuntaló la democratización priísta encabezada por Carlos Alberto Madrazo, fue colaborador leal de Mario Moya Palencia y posteriormente actuaría como secretario general del PRI en la campana delamadridista. Como secretario de Gobernación enfrentó las presiones políticas estadounidenses para rendir la plaza a los panistas. Asimismo, lidió con la amenaza clerical de cerrar las iglesias, al puro estilo cristero, en Chihuahua durante las elecciones en 1986. Ante la amenaza, accionó una grabación en la cual se escuchaba a un alto jerarca eclesiástico de aquellos lares en conversación fragorosa con cierta dama esposa de un contendiente. Aquellas palabras derritieron hierros, los cerrojos cayeron convertidos en esquirlas y las puertas fueron abiertas. Tras de la comparecencia de seis precandidatos, se decidió que el ungido sería Carlos Salinas de Gortari. Como hombre del sistema, Bartlett se quedó a manejar las elecciones. A la hora de los resultados, la oposición alegaba manejos irregulares y Bartlett acabaría cargando el sambenito de haber tirado el sistema, que no existía, y como autor de una frase que nunca pronunció. Posteriormente, seria secretario de educación y gobernador de Puebla hasta venir a terminar como senador por el Partido del Trabajo adorador del lopizmo.

Las elecciones de 1988 fueron muy reñidas. Salinas de Gortari encarnaba el rompimiento con el modelo anterior y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano era representante de lo que había sido. Hijo del presidente Cárdenas del Río, hasta entonces había operado en una zona de confort colgado de las glorias paternas. Con una posición económica consolidada gracias a la asignación de obras y contratos gubernamentales, en la segunda mitad de los setenta, a pedimento materno, fue nombrado subsecretario forestal y de ahí brincó, vía dedazo, al gobierno de Michoacán en donde no hizo obra mayor. Encarrilado, creyó que por derecho hereditario le correspondía dirigir Pemex. Al ver que se lo negaban, el saltimbanqui Porfirio Muñoz Ledo oteó que lo podía utilizar como vehículo para concretar su revancha juvenil en contra del presidente De la Madrid. Convenció a Cárdenas de que él era el nacionalista más puro y fueron por la candidatura presidencial. Al no asignárselas, les salió lo demócrata y se fueron del PRI. La candidatura cardenista levantó simpatías Sin embargo, a pesar de los alegatos, la maquinaria priísta fue suficiente para vencerlo. A punto estuvo de provocar un enfrentamiento mayor, pero prefirió negociar. Formaría el PRD, volvería a competir en 1994 y fue derrotado. En 1997, se convirtió en gobernante del Distrito Federal con una actuación gris iniciando la pauperización que hoy vive esa ciudad convertida en estado. En el 2000 sufriría su tercera derrota electoral, relegado al tercer sitio. Acabaría convertido en el santón de nuestra muy sui generis izquierda mexicana.

Durante el sexenio del Presidente Salinas de Gortari, el regente de la Ciudad de México, Manuel Camacho Solís, era el operador político desplazando a quien nominalmente tenía ese encargo. Amigo del presidente desde años estudiantiles, se creó imagen mediante plumas bien aceitadas. Generaba problemas para luego emerger como el solucionador. Cuando de Tabasco llegaba, puntualmente antes de cada Grito, el contingente de barrenderos encabezado por el ciudadano López, siempre un día antes del evento enviaba a su mozo de estoques, Ebrard, a entregar un maletín con una pócima mágica que inmediatamente levantaba el plantón. En 1991, en una muestra de su vena democrática, Camacho envió a su mozo para solicitarle a Salvador Robles Quintero se declarara perdedor para la diputación por el Distrito 39 del DF y concediera el triunfo al panista que derrotó, Felipe Calderón Hinojosa. El sinaloense lo mandó allá a donde un fulano quiere retirarse. Cuando la gran decisión fue tomada y Camacho no fue seleccionado, se emberrenchino. Entre noviembre de 1993 y marzo de 1994, minó la campaña de Luis Donaldo Colosio Murrieta. A la par, se investía como el gran pacificador de la charlotada zapatista, vaya usted a saber si él mismo la promovió y aceitaba las plumas para cuestionar a Colosio, de aquellas columnas guardamos copia. Al ocurrir la tragedia no pocos lo acusaron de estar detrás de ella. Acabaría formando un partido fracasado para terminar convertido en senador perredista cargando en sus espaldas el fardo de haber engendrado el huevo de la serpiente.

Inmersos en el proceso globalizador, el presidente Salinas instrumentó su política en ese contexto, mientras buscaba quien habría de continuar el proyecto. Decidió que quien mejor podía instrumentarlo era Colosio. Así, el sonorense fue paso a paso escalando posiciones desde sus trabajos en la campaña salinista, la senaduría, la presidencia del PRI y la Sedesol. De que los priístas lo respaldaban, ni duda nos queda. Soldado partidista disciplina, tuvo que reconocer la primera derrota en una elección estatal en Baja California. La ovación que le tributaron, al dejar la presidencia, en la XIV Asamblea fue apoteótica, nadie nos la platicó. Su candidatura presidencial vislumbraba el arribo al poder de la clase media emergente de la cultura del esfuerzo consolidada a partir del modelo instaurado por el estadista Elías Calles. Era la generación de la niñez lopezmateisma aquella que miraba a sus dirigentes como el modelo a seguir. Contrario a la versión de plumas aceitadas, la candidatura despertaba la simpatía de las mayorías. A la par, había logrado crear una gran coalición política a partir de la cual planteaba poder incorporar al modelo la parte social. En ese mismo esquema iba implícito que quien se encargaría de la parte económica seria Ernesto Zedillo Ponce de León. El discurso del 6 de marzo de 1994 vino a confirmar todo ello. Contrario a lo que algunos han tratado de hacernos creer, en su asesinato nada tuvo que ver el presidente Salinas quien no tuvo otra opción sino nombrar a Zedillo como candidato sustituto.

El gobierno del Presidente Zedillo fue caracterizado por una crisis inicial y su alejamiento del PRI al cual le cambió de presidente en seis ocasiones. Al parecer, salvar la crisis implicó el compromiso de entregar el poder a otro.

El candidato elegido fue el secretario de Gobernación, Francisco Labastida Ochoa. El sinaloense quien había sido gobernador de su entidad provenía del grupo compacto inicial del delamadridismo en donde fue secretario de energía, minas e industria paraestatal. Además actuó como embajador en Portugal. Su candidatura no despertó entusiasmo, pero los priístas disciplinados decidieron apoyarla. En la campaña las decisiones erráticas fueron apilándose. Los recursos no fluían y aquello no acababa de convencer. Además, plumas, “intelectos” y voces siempre dispuestas al elogio, vendían a Vicente Fox Quesada como la quinta esencia. Este prometía que a la velocidad de la luz resolvería los problemas del país. Mientras negaba que durante los setenta años previos nada se hubiera hecho. El distribuidor de refrescos, formado en las aulas jesuitas, era presentado como un demócrata. Labastida se veía “engarrotado” para responder con propiedad. Las palabras lastimeras que emitió para defenderse del apodo que le endilgó el guanajuatense fueron de pena ajena. Aun con todo ello, el resultado electoral lució como un gran teatro. Al mediodía, el embajador estadounidense ya daba a Fox como ganador, el presidente del IFE en sus apariciones informativas siempre lució igual y el presidente Zedillo hizo una aparición teatral con maquillaje de sobra para anunciar la derrota de Labastida y del PRI.

El desgobierno foxista decepcionó a sus matraqueros. Otros empezaron a cultivar la figura del gobernante del Distrito Federal, Manuel Andrés López Obrador. Formado por el poeta Carlos Pellicer Cámara, su carrera política la desarrolló en al PRI cobijado por Enrique González Pedrero. Su vena literaria-musical lo llevó a componer un himno al PRI tabasqueño. Cuando no le dieron lo que esperaba decidió trasladar barrenderos al DF y sucedió lo que arriba comentamos. Convertido en opositor, apareció como miembro del PRD aspirando a gobernar el DF. Contaba con el apoyo del patriarca izquierdista, Cárdenas Solórzano. Sin reunir los requisitos legales de residencia, con el beneplácito del presidente Zedillo fue exonerado de cumplir la ley y, en 2000, se apoderó del DF. Traicionó a su protector y se autonombró precandidato presidencial. Durante seis años vimos su duelo con Fox y en 2006 apareció como candidato presidencial. Tras de una campaña de lodo y artimañas, otro con más malas artes, Felipe Calderón Hinojosa, lo derrotó. Encaprichado, López se plantó a la mitad de Reforma en el DF y, al carecerse de autoridad federal, convirtió la ciudad en un caos. Se declaró presidente legítimo y quien sabe cuanta teatralidad más. Victimizándose y con recursos que parecía emergían de un hilo telefónico, se pasó los siguientes seis años en campaña plena. Volvió a ser derrotado, ahora por Enrique Peña Nieto y retomó su cantaleta de que lo habían robado. Hoy, nuevamente, se prepara para participar en la contienda presidencia al amparo de su partido familiar.

Durante el foxismo, los priistas buscaron plantear una alternativa para recuperar el poder. Huérfanos de la línea presidencial, los grupos iniciaron la lucha por apoderarse del PRI. El que lo obtuvo fue el encabezado por Roberto Madrazo Pintado. Desarrolló su carrera bajo el aura democratizadora de su padre, Carlos Alberto Madrazo Becerra, y el apoyo terrenal del profesor Hank González. Fue gobernador de Tabasco desde donde tuvo un enfrentamiento serio con el presidente Zedillo, superado gracias al apoyo de su maestro. En 2000, al perder el PRI, Madrazo fue nombrado como su presidente y procedió a apoderarse del mismo para construir su candidatura presidencial. Los líderes que le estorbaban fueron puestos a un lado. Cuando llegó el momento de la decisión final, su contendiente más fuerte, Arturo Montiel Rojas fue sometido al desprestigio hasta hacerlo desistir. Madrazo creyó asegurar el triunfo. Sin embargo, un partido dividido no auguraba que llegara a tener éxito en la contienda. Aunado a ello, el discurso madracista no “vendía” ante la “pureza” de Calderón y el populismo de López.

Líderes dañados por el desplazamiento que les hizo Madrazo, decidieron hacer uso de sus recursos políticos y económicos, así como de número y muchos gobernadores priístas promovieron a trasmano el voto en favor de Calderón. El resultado fue desastroso para el PRI, acabó en el tercer lugar. Algunos llegamos a preguntarnos si era la hora de sus exequias. No lo fue, pero sí las políticas de Madrazo quien terminaría corriendo maratones en donde también hacia trampa.

Así, concluimos esta revisión breve de veintitrés personajes quienes casi fueron, pero se quedaron a la vera del camino. Hoy vivimos los días en que varios están apuntados deseando convertirse en presidente de la república. Sin embargo, ya veremos quien o quienes son los que se incorporan a engrosar esta lista del olvido, salvo que un historiador ávido de presentar temas poco tratados decida volverlos a colocar a los ojos de usted lector amable.

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Añadido (1) Ante las circunstancias actuales en México, no está de más recordar las palabras que el economista austriaco Joseph Alois Schumpeter pronunciara allá por el inicio de la década de los 1930: “La preocupación real es que los votantes alemanes, insatisfechos con la situación económica actual y aun con las heridas abiertas por los Tratados de Versalles, escuchen las promesas imposibles de demagogos de todo tipo: Comunistas, fascistas y socialistas extremos”. Para reflexionarlas en los tiempos que vivimos.

Añadido (2) En Chihuahua y Veracruz no hayan qué hacer con sus redentores. Solamente los ingenuos pensaron que ese par iba a ser su salvación. Todo por no revisar el historial.
25 Marzo 2017 04:00:00
23 quienes casi fueron… / I de II
Bajo circunstancias normales, lo común es hablar de quienes alcanzaron la primera magistratura de nuestro país. Sin embargo, pocas son las veces que nos ocupamos de aquellos que, por una u otra circunstancia, no pudieron convertir en realidad su anhelo. Al respecto, cavilábamos este jueves 23, mientras repasábamos lo ocurrido hace veintitrés años. En ese proceso fuimos haciendo un recuento de los que entre 1920 y 2017 aspiraron a dirigir nuestro país. Dado que el conjunto reúne una amplia variedad de personajes lo cual haría imposible considerar a cada uno de ellos, al final de cuentas decidimos incluir a veintitrés de ellos. Procedamos con el recuento.

Iniciemos con Ygnacio Bonillas Fraiijo a quien el Presidente Venustiano Carranza Garza buscaba investir como la alternativa civil para dirigir a la nación. Hasta 1920, Bonillas era el embajador de México en los EUA. No portaba credenciales guerreras, pero si logros académicos. El ser graduado del Massachusetts Institute of Technology (MIT) como ingeniero civil avalaba sus luces intelectuales. Sin embargo, aquello estaba muy verde como para que al país lo dirigiera un tecnócrata. Aunado a ello, salvo su origen sonorense, poco se sabía acerca de su familia y de su vida. Por ello, al no saberse ni como apareció, ni de dónde venía, sus rivales lo motejaron “Flor de Té”. El apoyo del Presidente Carranza Garza no fue suficiente para hacer que la candidatura prendiera y Bonillas nada tenía que hacer frente de la popularidad y la fuerza militar del único general invicto de la Revolución Mexicana, Álvaro Obregón Salido. Como el coahuilense se dejó llevar por la testarudez, sus otros pupilos quienes integraban la trinca sonorense, De La Huerta, Elías Calles y Obregón Salido, acabaron por armarle la Revolución de Agua Prieta y en Tlaxcalantongo acabó la vida de Don Venustiano y la flor de té se marchitó.

De aquella trinca, salió un interino, Adolfo De La Huerta Marcor quien, al terminar con éxito su semestre, pasó a ser secretario de hacienda. Le hicieron soñar que merecía pago mayor. En ese proceso firmó el tratado De La Huerta-Lamont para recuperar la capacidad crediticia del país. Sin embargo, la emisión de bonos mexicanos en el mercado estadounidense fracasó, además de que algunas de las condicionantes eran leoninas. Al revisarlo, hace varios años, pudimos aclarar una leyenda con la que crecimos allá en el pueblo respecto a porque se llevaron del pueblo los talleres del ferrocarril. Don Adolfo creyó haber salvado al país y estimó se la debían. Sin embargo, el líder de la trinca tenía otros planes. El aspirante, al enterarse, presentó su renuncia. Cuando fue a decírselo verbalmente al Presidente Obregón Salido, en su casa dejó el documento firmado. Mientras acordaba con el presidente meter reversa, en su casa aparecía el periodista Martin Luis Guzmán y encontró el documento de renuncia firmado. Al día siguiente lo publicó. Por faltar a la palabra, lo corrieron. Los seguidores decidieron embarcarlo en una revuelta, la Revolución Delahuertista que añadió una victoria militar más para Obregón, mientras De la Huerta terminaba solfeando.

Para pasar de los caudillos a las instituciones, en 1929, se formó el Partido Nacional Revolucionario. Todo apuntaba que su primer candidato presidencial seria Aarón Sáenz Garza. El neolonés tenía una sólida formación como abogado, funcionario público y político, además de haber participado en la lucha armada. Secretario de relaciones exteriores en los gobierno del presiente Obregón y el Estadista Elías Calles y para quienes denostan a los hombres de la Revolución tratándolos de poco preparados, sería muy recomendable revisar los documentos, respecto a la relación México-EUA, generados por Sáenz como encargado de las relaciones exteriores, son auténticas piezas de defensa de la soberanía nacional. En ese contexto, manejó el problema petrolero e inició a las negociaciones con el embajador estadounidense Morrow para resolver la cristiada. Desde la gubernatura de Nuevo León construía su futuro, con un intermedio al retornar para dirigir con éxito la campaña presidencial de Obregón. Cuando los católicos fanáticos asesinaron a este último, Sáenz regresó a su estado. Para febrero de 1929, todo indicaba que él sería ungido. Sin embargo, al llegar a Querétaro, lo “enfermaron” y Ortiz Rubio ganó. Disciplinadamente aceptó y, tras de desempeñar cargos diversos, se convirtió en un hombre de negocios próspero.

Como a la reacción no le acomodaba el nacimiento de las instituciones, recurrieron a un iluminado, el gigolo-cobarde-nazi-sinarquista, José Vasconcelos. Despreciaba a los hombres del norte a quienes consideraba incapaces de comprender su sapiencia. Se montó como el gran reformador educativo, aun cuando el autor real lo fue el Presidente Obregón. Compró plumas con dineros públicos y se creyó su mentira. Proclamándose demócrata, se presentaba como la opción para que los “pensantes” llegaran al poder. Soliviantó a las juventudes mientras recorría el país prometiendo la democracia, mientras que a su círculo cercano cada vez se hacía más cerrado. Buscó el apoyo de los estadounidenses y fue a ver al embajador Morrow quien lo envió por donde había ido, después el oaxaqueño lo defenestraría. Fue a requerir los servicios del general cristero, Gorostieta, pero una bala se atravesó y el apoyo quedó en promesa. Fue a las urnas y al perder se trepó en la leyenda del fraude y a sacarle jugo. Sin embargo, como de redaños andaba muy escaso huyó hacia los EUA, pero antes tachó de cobardes a quienes no fueron a matarse por él. Acabaría, monedas de por medio, rindiendo pleitesía a la bestia austriaca y al catolicismo.

En 1933, con las instituciones en proceso formativo, uno de los mencionados para convertirse en candidato presidencial era el coahuilense más ilustre del México posrevolucionario, Manuel Pérez Treviño. Ingeniero de profesión, transitó del fragor de la pólvora a consolidar de instituciones. Como gobernador de Coahuila, uno de los tres mejores de la historia, inició la modernización de la entidad. Jefe de Estado Mayor, secretario de industria y de agricultura, lo convertía en un candidato idóneo. Sin embargo, el estadista Elías Calles decidió otorgar su apoyo a quien llamaba “el chamaco” y por ello habría de arrepentirse el resto de sus días. Sin embargo, hay una historia poco mencionada. La leímos primero en las Memorias del Alazán Tostado y después la confirmamos con una de las nietas del candidato fallido. El apoyo no se dio porque el Presidente Abelardo Rodríguez odiaba a Pérez Treviño por haber sido novio de su esposa. Tras de la derrota, Pérez Treviño fue enviado al exilio como diplomático a España en donde su labor fue excepcional para salvar vidas. Al regresar, convirtió “La Candelaria” en un emporio agroindustrial. Estando a punto de convertirse en jefe de la campaña presidencial de Miguel Alemán, la muerte lo sorprendió.

Durante la sucesión cardenista, la derecha estaba muy alebrestada. Al mismo tiempo soliviantaba el sinarquismo que apoyaba a Juan Andreu Almazán. Guerrerense de origen participó en la Revolución lo mismo apoyando a Huerta y Zapata en contra del Presidente Carranza para redimirse al lado de Villa, laborar en el gobierno del presidente Ortiz Rubio y terminar de cardenista. Asignado como Jefe de la Zona Militar de Nuevo León, los dueños del dinero vieron que podría ser útil para cerrar la pinza negociadora con el cardenismo o apropiarse del Gobierno federal. Crearon el Partido Revolucionario de Unificación Nacional y contendió por la presidencia de la república con el apoyo del Partido Laborista Mexicano y el PAN. Apelaba a las clases medias y los inconformes lo creían autentico. Desconocían que era la otra cara de una moneda de cambio. Así fue hasta que el jefe de la campaña del presidente futuro Ávila Camacho, Miguel Alemán Valdés ofreció a las regiomontanos prebendas y desaparecieron el sinarquismo y el almazanismo. Ello no evitó que el día de las elecciones el Alazán Tostado fuera a limpiar el cochinero que había en la casilla en donde votaría el presidente Cárdenas. Andreu acabaría dedicado a los negocios.

En el otro lado del espectro ideológico de la sucesión cardenista estaba Francisco José Múgica Velázquez un michoacano quien se inició en la lucha armada al lado del Obregón con quien acabaría enfrentado. Como Constituyente fue fundamental para establecer los puntos torales de la Carta Magna. Formado al lado de Cárdenas, fue su sustituto como gobernador de Michoacán. Como secretario de economía y de comunicaciones fue factor esencial en el proceso de gobierno del Presidente Cárdenas. Creyente firme en las posturas de avanzada en materia de educación y la separación estado-iglesia, se convirtió en un precandidato presidencial sólido.
Sin embargo, esa misma fortaleza lo presentaba como alguien poco apetecible para su amigo quien de heredarle el cargo, habría terminado siendo mostrado en su dimensión real, un moderado a la hora de implantar reformas. Y eso jamás lo permitiría el Presiente Cárdenas. Ante ello, decidió optar por el general Manuel Ávila Camacho quien representaba una imagen moderada y un claro contraste con el gobierno de “avanzada” que se decía era el cardenista. Múgica, soldado leal, aceptó su marginación, pero dado que era visto como una amenaza política, entre 1940 y 1946 fue enviado a gobernar el territorio de Baja California Sur.

Durante el sexenio del Presidente Miguel Alemán Valdés, el país vivió un periodo de prosperidad para los negocios, aunque muchos dicen que solamente los realizaron sus amigos. Las alternativas sucesorias eran reducidas. En 1948, falleció el secretario de gobernación, Héctor Pérez Martínez y en 1949, el Apóstol del Maíz, Gabriel Ramos Millán. Los alemanistas creyeron que la sucesión recaería en el jefe del Departamento del Distrito Federal, Fernando Casas Alemán. Cuando Alemán Valdés dejó el cargo de gobernador para dirigir la campaña de Ávila Camacho, fue sustituido por Casas quien se presumía era su primo. Cuando Alemán se convierte en presidente, lo nombra para el cargo mencionado y cuenta la leyenda que el domicilio y las oficinas de Casas eran insuficientes para albergar a la multitud de convencidos. Sin embargo, cuando todo se decidió a favor de Adolfo Ruiz Cortines, la soledad invadió aquellos lares. De su obra de gobierno quedó el Viaducto y su actuación como coadyuvante en la construcción de Ciudad Universitaria. Asimismo, no debemos de olvidar que fue Casas quien sacó de la selva chiapaneca a cierta dama, entonces quinceañera, quien después prestaría servicios a otros proceses de la patria. Casas Alemán terminaría de diplomático en Europa.

Fuera del entorno alemanista, se dio la candidatura del general Miguel Henríquez Guzmán. Sus orígenes generan controversia, aun cuando aducía haber nacido en Piedras Negras, Coahuila, cuando le solicitaron al Juez del Registro Civil que buscara en los archivos, jamás encontró documento probatorio alguno. La candidatura henriquista se presentaba auspiciada por la llamada Federación de Partidos del Pueblo de México. Si bien alrededor de él se aglutinan diversos elementos que habían participado en la Revolución Mexicana, en realidad todo aquello era movido por los apoyos del ex presidente Lázaro Cárdenas Del Río quien buscaba convertirse en lo que decía haber combatido. La campaña henriquista provocó inquietudes porque como siempre, el candidato que se opone al gobierno establecido atrae las simpatías de algunos. Sin embargo, Adolfo Ruiz Cortines se convertiría en Presidente de México. Como sucede en esas situaciones, los alegatos de fraude fueron numerosos sin aportar pruebas reales. Ante ello, un buen número de simpatizantes del henriquismo querían tomar el fusil. Sin embargo, Henríquez, sabedor de que su movimiento despertó simpatías pero no ganó, optó por tranquilizarlos. Buscó obtener algo de lo perdido, y vaya que si lo logró. Los negocios y el patrimonio florecieron para él y su familia.

La sucesión ruizcortinista se dio en el entorno del sistema. Varios fueron los mencionados, pero quien más se mostró fue el nayarita secretario de agricultura, Gilberto Flores Muñoz. Cuenta la leyenda que el Presidente Ruiz Cortines era muy dado a engañar con la verdad y bajo ese tenor mantenía las relaciones con sus colaboradores. Como sucede, los nombres de tal o cual funcionario empiezan a filtrarse y Flores sonaba cada vez con insistencia mayor. Al aludido le ganaron las ansias y fue a ver a su jefe, necesitaba una señal para irse preparando. Y se la dieron. El presidente, le recomendó arreglar todas las cosas, buenas y malas, que tuviera a su alrededor pues había que estar preparado para lo que habría de venir. Sobreponiendo los deseos a la racionalidad, mientras otro fumaba sus “elegantes,” Flores Muñoz procedió a entrevistarse con todo el mundo y hacerles ver en una forma u otra que necesitaba tener todo en regla pues su tiempo estaba por arribar. Efectivamente llegó pero para que aclarara un sinfín de negocios y otros asuntos poco claros. El ungido fue Don Adolfo López Mateos. Muchos años después, Muñoz terminaría sus días en medio de una tragedia familiar espantosa.

En la bonanza económica y con la popularidad por las nubes, Don Adolfo enfrentaba su sucesión. Con gabinete de lujo, cartas sobraban para seleccionar un buen sustituto. Uno de ellos era Javier Barros Sierra quien fuera secretario de comunicaciones primero y después de obras públicas. Ingeniero civil con una formación académica sólida, además de haber participado con éxito como socio fundador de la constructora ICA, tuvo un desempeño excelente cuando logró que la red carretera del país creciera en alrededor del 56 por ciento durante el sexenio lopezmateista. Por todo ello, Barros Sierra estaba convencido de que las palabras mayores recaerían sobre él. Sin embargo, las cosas no sucedieron así y fue Gustavo Díaz Ordaz Bolaños Cacho quien las escuchó. Al terminar el sexenio, se convertiría en el primer director del Instituto Mexicano del Petróleo y después asumiría la Rectoría de la UNAM. Ahí, habría de cobrarse la afrenta del sistema político mexicano por no haberlo seleccionado a él como candidato presidencial. La revuelta “estudiantil” de 1968 le sirvió de vehículo para venderse como defensor de la autonomía universitaria, aun cuando en realidad actuaba como un instrumento que le permitía concretar la vendetta personal en contra del Presidente Díaz Ordaz.

En la sucesión de 1970, aparecían dos cartas visibles y otra soterrada. Esta última era representada por el mejor secretario de hacienda que haya tenido el país, el abogado chihuahuense, Antonio Ortiz Mena. En el sexenio ruizcortinista fue director del IMSS alrededor de cuya actuación tenemos una anécdota que alguien nos relató hace muchos años, pero que no es sitio, ni momento, para contarla. Entre 1958 y 1970 lograría que el crecimiento económico del país fuera elevado y la inflación baja, lo cual redundó en el desarrollo económico del país, algo que algunos hoy dicen nunca se dio durante los años priístas. Por ello, muchos lo veían como el candidato natural para que la nación continuara por la senda del progreso. Sin embargo, en el entorno de la política partidista, la figura de Ortiz Mena no tenía presencia. Pero eso tenía arreglo y se especula que muchas de las acciones que realizaba Carlos Alberto Madrazo Becerra en realidad iban encaminadas a crear un grupo político paralelo al PRI desde donde surgiría una candidatura alternativa, no la de Madrazo, sino la de Ortiz Mena. Nada de eso cristalizó. Al concluir su encomienda domestica fue nombrado Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

Una de las cartas visibles era el médico tamaulipeco, Emilio Martínez Manatou. Fue senador por su entidad durante el sexenio previo al diazordacismo en donde habría de ser secretario de la presidencia. Dada la cercanía personal con el presidente, no pocos lo veían como la alternativa segura para sucederlo. Alrededor de él fueron aglutinándose los integrantes de la llamada “intelectualidad” mexicana. Al suscitarse el problema estudiantil de 1968, las diferencias entre Martínez Manatou y Luis Echeverría Álvarez, se hacen evidentes. El primero optaba por una posición que satisficiera a los estudiantes, mientras que el segundo actuaba como hombre del sistema.

Como el objetivo era grande, ambos bandos se enfrascaron en una lucha encarnizada. Nada de lo que sucedía entonces era fortuito, los martinistas a toda costa buscaban crear problemas para exhibir al echeverrismo quien no se quedaba atrás a la hora de utilizar los resortes del poder. Al llegar las cosas a un punto en donde la opción era mantener la gobernabilidad, el Presidente Díaz Ordaz eligió apoyar al presidente futuro, Echeverría.

El sexenio siguiente Martínez Manatou viviría en el ostracismo hasta ser rescatado por el Presidente López Portillo, primero como secretario de salubridad y después como gobernador de Tamaulipas.

Hasta aquí dejamos este repaso de los primeros 13 de los 23 quienes casi fueron. Determinar si ellos eran mejores o peores que quienes llegaron a ocupar la presidencia de la república de nuestro país, es algo que nunca sabremos. Sin embargo, un historiador nunca debe de olvidar a quien casi fueron, aun cuando seguramente usted lector amable podrá decirnos que omitimos varios y seguramente así lo es, pero estos son quienes nosotros estimamos caen dentro de la categoría de quienes casi fueron.

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Añadido: Don Rafael Villarreal Martínez. Miércoles 29, tres años. Cuanta falta ha hecho tú presencia y bien sabes el porqué. Sin embargo, el Gran Arquitecto estableció la cita para esa fecha y…
18 Marzo 2017 04:00:00
Después de la expropiación petrolera en una versión poco romántica
Un par de generaciones crecimos leyendo y escuchando las versiones plenas de nacionalismo y romanticismo de como el presidente Lázaro Cárdenas del Río había expropiado el petróleo y expulsado a todas las compañías extranjeras. Las cosas no paraban ahí, se ensalzaba a los obreros y técnicos mexicanos por haber logrado que aquello funcionara gracias a su esfuerzo y habilidades. Y por supuesto, ningún extranjero había tenido nada que ver una vez que aquello se suscitó. Cada 18 de marzo, discursos iban y venían, mientras el fervor patrio se henchía. Con el tiempo, la conmemoración fue perdiendo importancia. En lo particular, nosotros siempre guardamos ciertas reservas sobre aquellas narraciones, esas dudas se empezaron a acrecentar cuando cursábamos el nivel educativo de preparatoria y leímos las memorias del presidente Cárdenas.

Sin embargo, no teníamos más elementos para fundamentarlas. Trascurrió el tiempo y, hace ya varios años, cuando preparábamos un curso que impartiríamos, nos encontramos un par de libros. Uno, “The United States and Mexico,” (1953) bajo la firma del historiador estadounidense, Howard F. Cline. Otro, titulado “Strategy, Security, and Spies: Mexico and the U.S. as Allies in World War II” (1997) escrito por la economista e historiadora María Emilia Paz. Desde entonces a la fecha, con base en ellos, y la información derivada de investigaciones subsecuentes para corroborar y ampliar lo leído, hemos presentado en este espacio varios artículos al respecto.

Ahí, dábamos cuenta de cómo, tras la expropiación, continuaron operando en México empresas pequeñas con capital estadounidense e inglés, así como la participación de inversión japonesa en esa misma rama industrial. Sin embargo, habíamos tratado parcialmente un aspecto que poco se aborda, las negociaciones que el gobierno cardenista sostuvo con Alemania e Italia durante aquellos años. Procedamos a revisarlas.
Tras de la expropiación petrolera, México enfrentó el cierre del mercado estadounidense para la venta del crudo. A la par, sufría las presiones de las compañías petroleras estadounidenses e inglesas que demandaban el pago de la indemnización correspondiente. Un escenario cuyas expectativas eran nada gratas. Obviamente, el gobierno mexicano jugaba la carta del nacionalismo como único elemento para evitar un estallido social.

Sin embargo, eso no impedía las quejas. A finales de enero, de 1939, The New York Times (NYT) reportaba cuan común era escuchar entre los miembros de las clases bajas y medias que la situación económica estaba peor en ese momento que dos años atrás. A la vez, los campesinos argüían que de nada les había valido el reparto agrario pues sus ingresos eran peores o iguales que cuando laboraban como asalariados. La miseria, apuntaba la nota, va en ascenso. Sin embargo, la versión oficial era que si bien se pasaba por momentos difíciles, en el largo plazo las cosas iban a ir de maravilla. Aun cuando los estadounidenses reconocían que las compañías petroleras habían incurrido en un error grave al no pagar mayores regalías al Gobierno mexicano, al nivel de las que cubrían en Venezuela, también enfatizaban que el castigo, la expropiación, había sido mayor a la falta cometida. En medio de todas estas presiones, se especulaba que México estaba acercándose a negociar con un par de “angelitos” llamados Adolfo Hitler y Benito Mussolini. Como dirían en el pueblo, “primero estaba comer que ser cristiano,” aun cuando no podemos dejar de mencionar que este par de escorias estaban en muy buenos términos con la curia romana. Recordemos cuán importante fue Eugenio Pacelli, el futuro Pío XII, en el ascenso de la bestia austriaca cuando, en 1933, se firmó el Concordato entre Alemania y el Vaticano. Y respecto al Duce, ya sabemos que, en 1929, fue quien signó con Pietro Cardenal Gasparri, en nombre de Pío XI, los Tratados de Letrán para la creación del Estado Vaticano. Así que don Lázaro podía entablar negocios sin temor de irse al infierno o sí se iba podría tener compañeros santificados plenamente.

En ese contexto, el 19 de enero de 1939, el NYT publicaba que el gobierno mexicano estaba en el proceso de implantar un plan para que los establecimientos comerciales y talleres, en nuestro país, consumieran bienes elaborados en Alemania e Italia. Ello, apuntaba la nota, era consecuencia de los acuerdos establecidos por el gobierno cardenista para que, a cambio de petróleo, le enviaran productos como maquinaria, papel periódico y rayón. Se comentaba que entre el primero y el 16 de enero, un total de siete buques tanques con 722, 087 barriles de crudo habían zarpado de Tampico con destino a Hamburgo. Para concretar esa negociación, el gobierno mexicano se valió de un negociante neoyorquino, William Rhodes Davis, en cuyo nombre se enviaba el crudo consignado a Ernest Jung de Hamburgo quien actuaba como agente de la marina alemana. Más adelante, les comentaremos lo que esgrimió el ciudadano Davis para justificar su actuación. Asimismo, se especulaba que crudo mexicano era enviado a refinerías en Houston. Bajo esta práctica, se estimaba que desde septiembre de 1938 hasta enero de 1939 más de 680 mil barriles habían salido de dicha ciudad para que posteriormente fueran utilizados por la armada del Duce. En 1938, las exportaciones petroleras mexicanas disminuyeron a 14.5 millones de barriles, comparados con las de 1937 cuando llegaron a 24. 9 millones de barriles. A la par de los dos países mencionados, ya se tenían envíos menores a Japón, mismos que se proyectaba incrementar. A México no le quedaba sino negociar con el diablo.

Y con ese objetivo, México envió como su representante diplomático ante el gobierno alemán al general Juan F. Azcarate de quien se especulaba habría de cerrar el trato para que, a cambio de petróleo, México obtuviera aviones construidos en aquel país. De acuerdo a los reportes de The Washington Post (WP), tan pronto se enteró de eso, el embajador estadounidense en México, Josephus Daniels, fue a apersonarse ante el recién nombrado secretario de la defensa, general Jesús Agustín Castro. Antes de seguir, es importante recordar que Daniels es el segundo mejor embajador que nos hayan enviado los estadounidenses en toda su historia.

Al calificarlo así, no olvidamos que en sus alforjas cargaba el fardo de que, como secretario de marina, instrumentó, mediante su subsecretario Franklin Delano Roosevelt, el envío de los buques que nos visitaron en Veracruz durante 1914. Pero eso eran hechos pasados, ya como embajador supo actuar con diplomacia plena durante los días de la expropiación. Al revisar los intercambios de comunicación que sostenía con miembros del departamento de estado, estos trataban de endilgarle la falta de precaución para prevenir lo que venía. Sin embargo, el desempeño de Daniels fue lo suficientemente astuto para no crear problemas mayores entre ambas naciones. Literalmente, se jugó el cargo cuando hizo caso omiso a una nota que le enviaba el secretario de estado Cordell Hull al Gobierno mexicano, la cual era una amenaza de que paraba la expropiación o volveríamos a tener de visita de las tropas estadounidenses en territorio nacional. Con ese acto en las talegas, don Josephus tenía suficiente respaldo para ir a reclamar se fueran a comprar aviones alemanes en lugar de adquirirlos en los EUA. La visita tuvo el efecto deseado y pronto fue anunciado la cancelación del trato. En medio de todo ello. Llegó el primer aniversario de la expropiación.

Las negociaciones con las empresas estadounidenses continuaban y el presidente Cárdenas mostraba optimismo de que habría de lograrse un acuerdo, mientras que más de 40 mil trabajadores lo aclamaban en el Zócalo al celebrarse el primer aniversario de la expropiación. Sin embargo, la esperanza duró poco, tres días después, las negociaciones fueron rotas. Ante este escenario, a inicios de abril, se especulaba que México obtendría cuatro mil toneladas de rayón a cambio de enviar a Italia petróleo cuyo valor fluctuaría entre dos o tres millones de dólares. Ese rayón seria vendido a los textileros mexicanos con un diez por ciento de descuento. En ese contexto, el secretario de economía, Efraín Buenrostro, se reunió con ellos y recibió la contrapropuesta de que adquirirían tres mil toneladas si les daban un veinte por ciento de descuento. Aunado a ello, en el terreno domestico había algunos reclamos.

De acuerdo a la prensa estadounidense, una entidad llamada Instituto de Estudios Sociales y Económicos acusaba al presidente Cárdenas de haber convertido a la nación en un ente más dependiente de los EUA, al grado de que el tipo de cambio, afirmaban, lo establecía el secretario del tesoro, Henry Morgethaun Jr. Asimismo, culpaban al gobierno cardenista de haberse involucrado en un negocio poco productivo para el país. El precio del crudo Pánuco en los mercados mundiales era de 83 centavos por barril, mientras que el de Poza Rica era de más de un dólar. Sin embargo, el petróleo mexicano era vendido a W.R. Davis quien lo adquiría por 46 y 54 centavos el barril respectivamente. ¿Se llevaría Davis todo el diferencial o contaría con algunos socios mexicanos? Eso sí, Davis siempre arguyó que le entró al negocio por ser esta la única vía que tenía para recuperar la inversión que había hecho, en los años previos a 1938, en pozos petroleros mexicanos. Lo que no mencionó es lo que publicó el WP en abril de 1940. Ahí, se comentaba respecto a las contribuciones que Davis hizo al Partido Demócrata estadounidense en 1936 y las negociaciones que, antes de la expropiación petrolera, efectuaba, con la aprobación del presidente Roosevelt para concretar exportaciones de crudo que involucraban a los EUA, Alemania y México. Lo cual al final vino a quedar entre estas dos últimas naciones.

Y todo parecía que la opción escogida por México era la correcta desde el punto de vista comercial. Nada se decía de las atrocidades que la bestia austriaca cometía, esto era puramente “business,” para que sirviera el petróleo mexicano ya no era responsabilidad del gobierno cardenista. Durante los primeros ocho meses de 1939 fueron exportados a Alemania 6.3 millones de barriles de crudo que aunados a los 3.2 millones vendidos a Italia, representaban el 66 por ciento de las ventas que de ese producto se hacía al exterior. Sin embargo, había otros problemas en el horizonte. La capacidad de almacenaje en México alcanzaba para 18 millones de barriles y ya se tenían en bodega 13 millones. Pero llegó septiembre y otro problema surgió.

Las tropas de la bestia austriaca invadieron Polonia, (¿Cuánto del petróleo mexicano habrá sido utilizado para movilizar los tanques alemanes?) y la guerra se declaró en Europa. Consecuentemente, Inglaterra decidió bloquear el tránsito de cualquier embarcación cuyo destino fuera Alemania. Sin embargo, el presidente Cárdenas estimaba que eso era simplemente un problema temporal ya que Inglaterra y Francia tendrían necesariamente que buscar abastecimiento de petróleo para mantener el aparato de guerra y la opción sería México. Pero el gobierno alemán no iba a darse por vencido tan fácilmente. Historias diversas se suscitaron de como barcos mercantes y submarinos alemanes llegaban a Tampico para abastecerse de petróleo mexicano. Igualmente, surgieron noticias de que los alemanes estaban comprando en México cantidades inusitadas de barriles metálicos y de madera, en los cuales trasportarían petróleo, mismo que transferirían a buques alemanes en altamar. En ese mismo contexto, se hablaba de que al no declararse Italia como participante en la conflagración, la habrían de utilizar como vía para hacer llegar el petróleo a Alemania. Inmersa en todas estas historias, estaba un hecho del cual no quedaba duda, ingleses y franceses decidieron que ningún producto alemán con destino a México pasaría por sus aguas. Ante ello, nuestro país reclamó.

Loa alemanes aun debían a México el equivalente a 32 millones de pesos en productos, especialmente maquinaria, que fueron intercambiados por petróleo mediante contratos celebrados previamente al inicio de la conflagración. No sería sino hasta enero de 1940 cuando Inglaterra y Francia accedieran a permitir que pasaran los productos que Alemania enviaba a México para saldar su deuda pre-guerra. Pero no todo eran conflictos externos, en el terreno doméstico había algunos aspectos que son poco mencionados.

Como si fuera regalo de reyes, el 6 de enero de 1940, en el NYT y en The Chicago Daily Tribune, se publicaron las declaraciones del gerente general de Petróleos Mexicanos, Vicente Cortés Herrera. Las notas, daban cuenta de una reunión entre los miembros del sindicato petrolero y los directivos de la empresa. Cortés Herrera clamaba que la industria petrolera mexicana operaba en “condiciones desastrosas”. Prevalecían la “inexperiencia, ineficiencia y la carencia de responsabilidad”. Asimismo, la rapiña era rampante y el incremento de costos junto con el descenso en la producción ponía aquello en una situación muy delicada. En respuesta, los trabajadores se defendían arguyendo que los problemas eran originados por quienes administraban el negocio ya que carecían de conocimientos para hacerlo de manera eficaz. Por su parte, Cortés Herrera argüía que la expropiación de las compañías se dio por negarse a cubrir incrementos salariales que significarían una erogación adicional anual de 26 millones de pesos. Sin embargo, desde el 18 de marzo de 1938, los gastos de la empresa mexicana habían superado, en términos anuales, con creces la cifra. En abril de 1938, el número de trabajadores petroleros era de 15, 895 y los costos de operación mensuales eran 4.3 millones de pesos.

En enero de 1940, un total de 19,316 personas laboraban en la industria y los costos de operación cada mes eran de 6.5 millones de pesos. Al mismo tiempo, durante ese periodo, la extracción de crudo disminuyó de 570 mil metros cúbicos por mes a 470 mil. Ya desatado, el ciudadano Cortés apuntaba que sin avisar a los directivos del negocio, el sindicato decidía a quien contrataba. Asimismo, se enfrentaba falta de disciplina entre los obreros quienes se rehusaban a poner en práctica los planes de trabajo elaborados por los directivos. Aunado a ello, existía el robo de tubería e inclusive se daban casos de que se conectaran ductos de los tanques de almacenamiento a las casas de los trabajadores quienes desde ahí vendían el producto. Se les otorgaban medicamentos sin costo alguno y en lugar de utilizarlos para remediar sus males, los vendían. Algo similar sucedía con los juguetes que en Navidad les entregaban para sus hijos. Por supuesto, tras de estas declaraciones, el sindicato demandó que Cortés Herrera fuera removido, lo cual no sucedió sino hasta el cambio de administración.

Este es un recuento que nada tiene de romántico. Nos muestra como el Presidente Cárdenas actuó con un pragmatismo mucho muy alejado de la versión romántica y dulzona con la cual sus panegiristas, alentados por él mismo, lo presentaron. Nadie duda que la decisión de expropiar fuera la correcta, pero la leyenda sentimental no soporta un análisis con datos duros. Es innegable el papel fundamental que tuvo el petróleo nacionalizado en el proceso de crecimiento y desarrollo económico del país. Sin embargo, eso de que nos quisieran hacer creer que en aquellos tiempos todo fue prístino y los problemas se resolvieron a punta de actos nacionalistas, mientras todos actuaban armoniosamente, nos llevan a que, para concluir, recurramos a parafrasear al poeta español, León Felipe Camino, y aceptar que los mexicanos no sabemos muchas cosas, es verdad, pero nos durmieron con todos los cuentos… y por ello sabemos todos los cuentos.
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Añadido (1) Con la huelga de árbitros pamboleros, muchos aprovecharon para recordar que los jugadores profesionales de dicha actividad nunca han sido capaces de unirse. Ante esto último, nos vino a la mente lo que don Fernando Marcos González mencionara, allá por los 1970, en el programa radiofónico “La Familia Teleguía”. Decía el cronista de las cuatro palabras que, a mediados de los 1960, cuando se trató de armar un movimiento para defender los derechos de los jugadores, la traición llevó todo al fracaso. Nadie sabía a ciencia cierta quien lideraba el movimiento. Sin embargo, un joven defensa del Necaxa llamado Carlos Albert Llorente deseaba a toda costa ser integrante de la Selección mexicana que participaría en el mundial de Inglaterra. Como sus posibilidades eran escasas, pero la ambición mucha, se presentó ante Guillermo Cañedo de la Bárcena para decirle que el líder de todo aquello se llamaba Guillermo Sepúlveda Rodríguez, el apodado Tigre del equipo Guadalajara. Y adivine que sucedió, Sepúlveda no fue al mundial y Albert sí, aun cuando no participó en ningún partido. Hasta donde sabemos, nadie desmintió lo dicho por el narrador quien siempre recordaba que “el último minuto también tiene sesenta segundos”.

Añadido (2) Respecto al nuevo plan educativo, nos surge una pregunta: ¿Incorporaron en él la fórmula para que los educandos con los estómagos vacíos adquieran conocimientos o ya resolvieron ese problema?
11 Marzo 2017 04:00:00
Como un periodista justificaba, en una entrevista no publicada, la visita estadounidense a Veracruz
Eran los días cuando los estadounidenses nos hacían una visita de “cortesía” para librarnos de un chacal que, aprovechando el viaje, inflamó nuestro nacionalismo siempre presente. Sin embargo al otro lado del Bravo, había quien entendía las cosas de manera diferente y buscaba explicar el cómo y porqué de los acontecimientos en nuestro país. En ese contexto, en los magazines, Metropolitan y Cosmopolitan publicaba una serie de artículos sobre México y en específico sobre Carranza y Villa. Sin embargo, deseaba complementarlos con la perspectiva estadunidense desde el primer nivel.

Ante esto, el periodista y poeta profesante del credo socialista, John Silas Reed, a quien la mayoría de nosotros conocemos por su libro México Insurgente (1914), buscaba afanosamente tener una entrevista con el primer mandatario estadounidense, Thomas Woodrow Wilson. De cómo logró realizarla nos enteramos hurgando en esa obra monumental, consistente en 69 volúmenes, compilada por el historiador estadounidense, Arthur S. Link, en los cuales se reúnen todos los documentos relacionados con la vida del presidente estadounidense entre 1856 y 1924. Vayamos a revisar cuales eran los motivos que movían a Reed y cuál fue el contenido de la mencionada entrevista.

Eran los inicios de junio de 1914, casi tres meses después de que los “huéspedes” se instalaran en Veracruz, cuando Reed se dirige a William Phillips solicitándole intercediera con el Presidente Wilson para que le concediera una entrevista. Reed apuntaba que todo indicaba que “su política con respecto a México va a ser satisfactoria y magnificente”. Asimismo, deseaba saber cuáles serían los efectos que la política implantada con respecto a México tendría sobre el resto de las naciones y en la política exterior estadounidense. Del porque la paz era más deseable que la guerra y porque la libertad social y económica de la gente era más importante que la propiedad. Pero sobre todo, esperaba que le contara “la historia no publica del no-reconocimiento a Huerta y la ocupación de Veracruz”. Para endulzar el oído, Reed escribía: “no pienso que los movimientos de la Administración con respecto a México sean del todo entendidos, aun en los Estados Unidos. Los diarios favorables a la política presidencial han, en su confusión, fallado al comunicar la impresión de que todo es resultado de una serie de errores afortunados basados en idealismo ingenuo” Sin embargo, para Reed, las acciones tomadas en contra de México eran parte de un “plan muy bien pensado…el cual podría ser utilizado en el resto del mundo”. Finalmente la entrevista se concretó y según se lee en una nota que Reed envió al presidente estadounidense, este se sintió tan cómodo que hasta mencionó asuntos que no necesariamente podían darse a conocer al público. Sin embargo, Reed no iba por el escándalo y solicitó, autorización antes de dar a conocer escrito alguno.

En respuesta, el 17 de junio de 1914, el Presidente Wilson apuntó cuan satisfecho estaba por la entrevista cuyo contenido podía publicar siempre y cuando Reed la escribiera en su lenguaje propio, pero sin citar necesariamente a Wilson. O como diríamos en México, “hay la escribes como si fuera cosa tuya”. Al recibir este comunicado y leer otros artículos publicados sobre la política wilsoniana en México, Reed estimó que nadie entendía lo que había realmente detrás, e infatuado por el verbo del antiguo rector de la Universidad de Princeton, escribió: Todos con quienes he hablado lucen sin esperanza sobre lo que significa la invasión (él anotaba ‘ocupación’) de Veracruz, la política consistente que, ahora veo claramente, usted ha mantenido siempre sobre los asuntos mexicanos. Nadie sabe nada sobre esto, Sr. Presidente”. Para clarificar dudas, Reed solicitaba autorización para hacer del conocimiento general lo que le habían dicho. Con ello, decía, hasta “un niño podría entender el desarrollo de los eventos que pueden acontecer ahora y después”. Sin embargo, después de que el secretario privado de Wilson, Joseph Tumulty, leyera el contenido de artículo, este solicitó hablar con el presidente pues en la nota aparecían “varios pasajes que resultaban vergonzosos y los cuales deberían ser eliminados”. Tras de otro intercambio, finalmente ep 27 de junio de 1914, Reed reenvió su propuesta de artículo, reiterando que a pesar de que el magazine Metropolitan lo estaba urgiendo le entregara el escrito para publicación, él no habría de remitirlo conteniendo algún elemento con el cual no estuviera de acuerdo el presidente. Ese mismo día, el Presidente Wilson escribió a Tumulty indicándole cuanto admiraba el trabajo realizado por Reed, pero le era imposible aceptar que lo publicara. “Le abrí completamente mi mente bajo el entendimiento de que no me iba a citar textualmente”. La única forma en que podría autorizarlo, apuntaba Wilson, seria mediante la reescritura del artículo, “quitara todas las citas o todas las cosas privadas que le comente y se concretara a dar las impresiones personales que él tuvo de la reunión”. A continuación sugería como debería refrasear las palabras del presidente. Ante esto, una vez más, Reed accedió a realizar correcciones y remitir una versión nueva en la cual parafraseo las citas hechas anteriormente de las palabras del presidente y agregó seis párrafos. No obstante esto, no cambió la decisión presidencial y el artículo nunca vio la luz. Antes de que usted, lector amable, crea que este escribidor le va a dar por contar historias incompletas, permítanos presentarle un resumen de aquello que se quedó guardado hasta que el historiador Arthur S. Link lo rescató para presentarlo.

Reed definitivamente quedó maravillado con Wilson y al inicio de la pieza anotaba: “Yo siempre tuve la impresión de que el presidente era frio, trivial y pedante. Sin embargo, no lo es... cada cosa que dice es precisa, definitiva y tiene la simpleza de las palabras de Lincoln”. Lo calificaba de poseer los ideales de “cristiandad, libertad y justeza”. Para el periodista, Wilson era “muy americano….cree en los principios fundamentales en los cuales el gobierno se fundó y poder de la gente pacífica para remediar los males mediante sus propios medios”. Y así por ese camino continuaba adornándolo con todas las virtudes que pudieran encontrarse en un ser humano, al tiempo que lo comparaba con algunos de sus predecesores en el cargo a quienes no atribuía las características de Wilson. Respecto a la política que el presidente estadounidense seguía con México, Reed indicaba que “no era sentimental, ni ciertamente presbiteriana (cualquier cosa que esto signifique). No hay nada secreto respecto a esta”.

Tras de acusar al Presidente Theodore Roosevelt de haber apoyado “la dictadura sanguinaria de Porfirio Díaz en México,” Reed resaltaba que conforme a la palabras de Wilson, “mientras él este en el cargo, el gobierno de los Estados Unidos no habrá de apoyar las tiranías”. En ese contexto, empezaba a dar una explicación sobre la situación actual, entonces, en México. “Si el Sr. Wilson se rehusara a reconocer el gobierno de Huerta es primariamente porque es un gobierno basado en el asesinato, sería una razón inadecuada. Pero ese no es el motivo. Que dicho gobierno este fundamentado en el asesinato es secundario, lo importante es que no es un gobierno apoyado por el pueblo”. Reed decía estar convencido de que el presidente se oponía enfáticamente a interferir en los asuntos internos de México. Sin embargo, reconocía que ninguna revolución en América Latina ha podido triunfar en ninguno de los países que la conforman sin antes contar con la simpatía de los estadounidenses, y los intereses financieros que los respalden con metas claramente delineadas. Pero, de acuerdo a Reed, esa no era la intención del gobierno de Wilson.

La mayor parte de la prensa se refería a la incursión veracruzana como “Intervención en México”. Sin embargo, de acuerdo a la perspectiva del periodista, esto era un error. “la ocupación de Veracruz no fue una interferencia en los asuntos domésticos de México. El Presidente Wilson no envío el ejército y la armada a Veracruz para terminar con la dictadura de Huerta. Los envío para prevenir la guerra, como él ha tratado de explicarlo en varias ocasiones”. Tras de mencionar que Huerta en reiteradas ocasiones había tratado de crear la confrontación entre México y EUA, procedió a narrar el incidente en Tampico, al tiempo que enfatizaba que no fue el “insulto” a la bandera estadounidense lo que motivó el envío de tropas, sino que como se lo dijera el presidente fueron una serie de incidentes en contra de los EUA y los estadounidenses, mismos que pudieron haber causado una pérdida de vidas considerable y llevado a una guerra sangrienta. Un ejemplo de que el mandatario estadounidense no tenía motivos intervencionistas fue el hecho de que las tropas no marcharon hacia la ciudad de México. La única arma con que Wilson contaba, antes de la intervención, era el no reconocimiento.

Para fundamental su aseveración, Reed anotaba como ejemplo que cuando Aureliano Blanquet al preparar una contrarrevolución, encontró que los EUA no lo reconocerían y desistió de emprenderla. “El Presidente [Wilson] no usa el ejército y la armada para coartar a Huerta. El usa dichas fuerzas como policías, para neutralizar la fuerza que fuerza esta[ba] generando…” Asimismo, Reed daba su punto de vista respecto a la acusación que se hacía a Wilson, “tras de opinar sobre el problema agrario en México, de que habría de intervenir en la distribución de los latifundios a los campesinos”. De acuerdo al periodista, su impresión era totalmente distinta, decía que el presidente afirmaba que si ellos, el gobierno mexicano, quería confiscar dichas extensiones de tierra, era asunto suyo. Sin embargo, partiendo del principio de que el “presidente creía en la ley y en el gobierno, preferiría que el gobierno mexicano las comprara, en lugar de tomarlas, y les pagara a sus dueños la compensación respectiva…”

Continuando con su tesis de que Wilson no aspiraba a intervenir en los asuntos mexicanos, Reed escribía que él no encontraba nada que le indicara que el presidente habría de establecer ciertas características que debería de llenar quien habría de dirigir a México. “No importaba si fuera un bandido o un torero, no haría ninguna diferencia, mientras que representara al pueblo”. Acto seguido procedía a comentar acerca de las negociaciones que se realizaban en Niagara Falls, New York.

Esto último, es algo que nuestros historiadores poco mencionan. Todo el mundo prefiere presentar el lado “romántico” de las luchas, fundamentales ni quien lo niegue, de los ejércitos liderados por Obregón y Villa en contra de las fuerzas huertistas, pero dejan de lado que a iniciativa de los embajadores de Argentina, Brasil y Chile en los EUA, el gobierno de este país estuvo de acuerdo en enviar representantes a una conferencia con los representantes del huertismo, y a la cual Carranza se negó a enviar ningún emisario en su nombre. Fue durante esas reuniones en donde se acordó como habría de irse Huerta y ahí se pactó que se le dejaría ir vivo, y decimos nosotros, con las alforjas repletas para irse a parar en Europa por un buen rato. Pero volvamos a la narrativa de Reed para quien la Conferencia mencionada antes tenía dos objetivos, “primero, arreglar las diferencias entre los Estados Unidos y Huerta, y segundo, intentar detener la guerra civil inútil en México mediante un acuerdo entre las facciones las cuales deberían de someter sus diferencias a una elección popular”. Al final, el acuerdo fue, como lo mencionamos antes que se fuera Huerta.

Continuando con su muy particular perspectiva sobre el Presidente Wilson y México, Reed enfatizaba que “el propósito del presidente no era tomar ventaja de México en forma alguna…el presidente reconocía que ni aun la Doctrina Monroe le daba a ese país [los EUA] el derecho de proteger a México en sus relaciones exteriores, mucho menos interferir en sus asuntos domésticos. Por ello, esperaba que el nuevo gobierno mexicano [asumimos se refería al que siguiera a Huerta] no empezara a desarrollar una política confiscatoria de las propiedades y concesiones en manos de extranjeros”. Argüía que todas fueron otorgadas de acuerdo a las leyes prevalecientes.

Asimismo, Reed hacía notar que esa política extraordinariamente simple y directa hacia México que no había sido reconocida por los estadounidenses, era ampliamente aceptada por los cancilleres de Europa. “Es una novedad en el mundo de la política y sus efectos apuntan a ser tremendos sobre la forma en que las naciones habrán de interactuar entre sí. Por ejemplo, es interesante especular cual será la actitud de los poderes hacia China en los próximos do o tres años. La república de China ha caído; Yuan Shi Kai no es nada más, ni nada menos que un dictador similar a Huerta…En el corto plazo la Revolución China iniciara nuevamente y Yuan probablemente use tácticas similares a las de Huerta. ¿Será posible que el Presidente Wilson utilice una política militar a la que emplea en México para lidiar con los eventos de China?

Para concluir, Reed enfatizaba que “de acuerdo a la evidencia de sus palabras y sus actos. El presidente está peleando en todos lados en contra de las minorías depredadoras que se oponen a la lucha popular por la inteligencia y la vida. Sin embargo, frecuentemente, las condiciones que dieron origen a esas minorías fueron establecidas pacíficamente, con el consentimiento de la gente que ellas oprimen; y si ese es el caso, es factible que las condiciones deban de cambiarse pacíficamente por la gente, mediante el principio de un gobierno sin coerción como una muestra de civilidad. Pareciera que el presidente teme que la Revolución Mexicana no sea capaz de destruir por la fuerza la cadena de explotación extranjera que está ahorcando a la gente”.

No dudamos de que el Presidente Thomas Woodrow Wilson hay tenido las mejores intenciones al enviar las tropas a Veracruz. Sin embargo, los efectos fueron totalmente los contrarios. A nadie le gusta que otros vayan y se metan a su casa para tratar de arreglarle o indicarle como habrá de manejar los asuntos domésticos. Eso vale tanto para el pretérito como para el presente, así como para cualquier tipo de situación. De nada valen los justificantes que se hagan a través de plumas amigas o mediante campañas de comunicación social, la intromisión siempre tiene consecuencias negativas en las relaciones de los pueblos. El principio de respeto es algo biunívoco. Para no olvidarlo.

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Añadido (1) En verdad cree la dama del reboso que por fotografiarse con el senador republicano, John McCain, tiene asegurado el apoyo estadounidense para su candidatura. Que pronto olvidó la felicidad que mostraba al verse retratada al lado de la candidata demócrata, Hillary Rodham Clinton. Y luego, se quejan de que nuestros vecinos metan la mano en los asuntos domésticos de este país.

Añadido (2) Desconocemos si quienes profesan la fe católica recuerdan que la revista Rolling Stone, en 2016, enfrentó, y tiene en proceso otro, un juicio por difamación. Una administradora de la Universidad de Virginia la demandó por haber publicado una historia acerca de que en el campus de Charlottesville las violaciones sexuales a mujeres era cosa común. Todo eso resultó ser una mentira burda y tuvieron que pagarle 3 millones de dólares. La revista aún espera el fallo de una demanda por 25 millones de dólares presentada por la Fraternidad Phi Kappa Psi en cuyas instalaciones, de acuerdo al artículo de marras, se efectuó una de las violaciones. ¿Podrán los católicos sentirse orgullosos de que el ciudadano Bergoglio Sivori ocupe la portada, y se regodee con sus declaraciones, en un pasquín de ese calibre?

Añadido (3) De cascajo pasan a ser cascajo reciclado. Así de ecológica es la “izquierda” mexicana, transitan del negro amarillento para convertirse en negro cafecito.

Añadido (4) El evento del sábado fue patético. Para tratar de salvarlo, no les quedó sino otorgarle la medalla Plutarco Elías Calles al ciudadano Beltrones Rivera quien se convirtió en la figura del día.

Añadido (5) Cada vez que vemos imágenes, mostrando una concurrencia escasa y lánguida, de los eventos del PRI en una de las entidades en donde habrá elecciones en junio, nos viene a la mente el recuerdo del Partido Demócrata Mexicano (PDM), aquel que, allá por los 1980’s, lideraba Gumersindo Magaña Negrete.
04 Marzo 2017 04:00:00
Las aventuras del coronel
Aquellos eran los días cuando aún se veía transitar a personas, ya entradas en años, quienes habían tomado parte en el movimiento armado de principios de siglo. Los había de todos calibres. Unos habían sido muy ahorrativos como aquel general quien le tomó un cariño muy especial a los objetos religiosos de oro. Cuidándolos celosamente había atravesado el país desde el sureste hasta la frontera. Sin embargo, estimó que corrían peligro. Por ello, para evitar que fueran a serle sustraídos, consideró que lo mejor era llevarlos al otro lado del río. Pero olvidó un detalle pequeño: No los declaró. Ante eso, tuvo que explicar su procedencia. Otros, no fueran tan cuidadosos o bien nunca percibieron sumas exorbitantes por sus servicios y vivían más del recuerdo que de lo obtenido en la lucha. Entre estos últimos destacaba un personaje quien argüía haber alcanzado, durante aquellos tiempos, el grado de coronel. Lo que a continuación les narraremos no es algo ficticio, sucedió en la realidad y en una de esas usted, lector
amable, identifica a los personajes.

El Coronel era un hombre en plena senectud nacido en una ciudad minera del centro norte del país al inicio de la segunda mitad de la última década del siglo XIX. Fue el mayor de diez hermanos y, como se acostumbraba en aquellos tiempos, le habían endilgado siete nombres, aun cuando únicamente se presentaba con los dos primeros, algo explicable pues en esa larga lista había dos, uno el del santo del día en que nació, y otro cuya resonancia podía asociarse con profundidades, que lo hubieran convertido en objeto de escarnio, algo que no iba con su carácter. Provenía de una familia en donde se amalgamaban orígenes prusianos-germanos-hispanos sin faltar el toque nativo del cual él definitivamente no heredó un céntimo.

No obstante su figura breve, no más allá del metro sesenta centímetros, llamaba la atención. De piel blanca, cabeza cubierta por cabellos canos escasos resguardados invariablemente por un sombrero pequeño, ojos avispados ayudados por lentes minúsculos, voz profunda que de vez en vez alternaba con una risa profunda que la convertía en singular cuando al ritmo de la cual se movía un estomago pronunciado cubierto por una camisa pulcra y unos pantalones que casi le llegaban al pectoral. Día tras día, se le veía transitar, bastón en mano, de su hogar a la ciudad vecina allende el río, hasta llegar al negocio de su hijo político sitio en el cual solía trabajar. No podía pasar desapercibido, tenía un tipo de extranjero muy marcado.

Las historias acerca de su vida eran diversas. Había llegado al pueblo hacía ya muchísimos años siendo un adolescente. Cuando “la bola” empezó a pegar duro sobre la economía de su sitio natal, sus padres decidieron abandonar el lugar y él, junto con sus dos hermanas y cuatro hermanos, fueron llevados a la frontera. Primero, se dirigieron a una que lleva nombre del prócer máximo, pero ahí las cosas no se dieron y optaron por trasladarse a la que en un tiempo llevara el nombre del dirigente del mandato extendido. Poco seria el tiempo que ahí permanecería.

Quienes lo conocieron de joven bien sabían que había gozado la vida a su manera. Al final de la adolescencia, su progenitor lo envió al Colegio Militar. El objetivo era formarlo bajo una disciplina estricta. Sin embargo, de poco sirvió, por el contrario acentuó los deseos de recorrer el mundo. Tras dos años optó por la deserción y durante un tiempo nadie supo de él.

Cuando ya lo daban por perdido, de pronto un sujeto andrajoso, lleno de mugre, piojos, liendres, barba descuidada y cabellos largos, se presenta en una vivienda modesta profiriendo saludos sonoros y frases que reclamaban ser reconocido. Ante el azoro de las mujeres, dado la hora del día eran las únicas que se podían estar en casa, quienes con extrema cautela le respondieron al sujeto, preguntándole acerca de su identidad y el motivo de sus gritos. Una vez identificado por una de sus hermanas, se apoderó de ellas la algarabía y habiendo pasado un par de horas, cuando los abrazos seguían sucediéndose, su hermano político arribó. Sorprendido de tal jolgorio, cuestionó sobre el motivo de los alaridos y apapachos, pero al verlo inmediatamente supo de quien se trataba.

Repuesto de la sorpresa, sugirió que antes de cualquier cosa procedía someter a quien ya se daba por muerto a un intenso proceso de asepsia. Abreviando palabras, invitó al recién llegado para que saliera al patio de la vivienda. Antes de que pudiera preguntar para que, había ya recibido la primera descarga de agua limpia que caía sobre su piel en los últimos meses. Acto seguido, se procedió, tijera y navaja en mano, a eliminar cabellos que cubrían lo mismo cara que cabeza, el corte de pelo fue al más puro estilo del denominado casquete corto, el cual adoptaría para el resto de su vida.

Vuelto a la higiene, retornó a dar cuenta de sus andanzas y aventuras. La toma de no sé dónde, la batalla de por allá, mi General por aquí, la soldadera por acullá y por supuesto él en el centro de la escena como importante protagonista, ningún libro de historia reseña su presencia, pero siempre señaló que sus acciones de guerra le habían permitido obtener el grado de Coronel. Años después, esas mismas anécdotas las contaría a otros miembros de su familia y serian escuchadas con singular agrado. Sus narraciones jamás pudieron probarse, eso sí siempre mencionaba que mientras a su General no lo reconocieran como héroe, jamás aceptaría la pensión que, según sus palabras, le correspondía como guerrero veterano.

Opositor perpetuo al gobierno que por años había dominado al país, pensaba que en la vida siempre hay una revancha. Pasaron los años y casado ya en segundas nupcias, de su primera mujer enviudó, con una dama a quien convirtió en su fiel protectora y guardián, se presento el Movimiento del Recuerdo. Creyó que era el momento esperado y pasó a formar parte de la Coalición de Grupos del Pueblo en donde figuró como candidato a diputado federal suplente, ganar era imposible pero compitió. El Recuerdo fracasó y no le quedó sino volver a la oposición. Escribía en un periodiquito de esos que se publican una semana si y la siguiente quien sabe cuando, era su catarsis.

Moraba en una vivienda minúscula de tres habitaciones. Una de ellas, la sala, tenía las cuatro paredes forradas, del piso al techo, con libros cuya temática era variada. A donde fueron a parar todos aquellos volúmenes era desconocido hasta hace poco tiempo. Los menos fueron salvados por una sobrina nieta. El resto, acabarían en manos poco conocedoras quienes creyeron que colocándolos a la intemperie habrían de preservarse a la luz de la luna y los rayos solares. Terminaron arrumbados al final de un patio, mientras la humedad y los hongos daban cuenta de cada una de sus páginas. Triste final para aquellas obras, varias de los cuales fueron consultadas por un infante para armar sus tareas escolares. En esos textos abrevaba el Coronel.

El revolucionario de otros tiempos, no podía quitarse de la cabeza la idea de revancha, ya veía venir la tercera oportunidad. A principios de los años sesenta, cuando el país andaba mejor que nunca antes y después, un grupo de viejos militares sentía que el Presidente en turno se había entregado en manos de los comunistas y alejado de los principios que, a su entender, eran propios del país. Por lo tanto, era necesario terminar con el mal gobierno.

El movimiento alcanzaba niveles nacionales y en la mente del Coronel revoloteaba la idea de que ahora sí. Tenía listos la pluma y el lápiz, los panfletos y las proclamas, el verbo y la voz estaban prestos, solo faltaba el viejo fusil para volverse a
cargar las cananas.

Se reunía con sus correligionarios, algunos de su edad y otros más jóvenes con igual dosis de entusiasmo. Todos estaban dispuestos a deponer al joven gobernante que, según ellos, cada día mostraba una mayor querencia al comunismo.

Un día, tras regresar de una reunión fragorosa en la cual se definieron estrategias y fijaron fechas para dar inicio a la rebelión, el espíritu del Apóstol había ya invadido sus almas. Aun cuando las manos le “hormigueaban” por sentir el detonar del fusil, el Coronel estimó que había otras necesidades inmediatas que atender y se
dispuso a cenar.

Dada la época del año, verano estaba reacio a irse, el clima era ardiente y sin brizna de aire circulando. Ante eso, el Coronel buscó ingerir sus alimentos lo más cómodo y displicente posible.

Apenas hincó el diente en un trozo de carne jugosa que su mujer amorosa le preparó, cuando de pronto escucha el acompasado retumbe de un conjunto de botas. Inmediatamente, pensó que el momento estaba ahí. Se adelantaron los acontecimientos y presto estaba para ir en busca de sus herramientas cuando el silencio invade la noche y tras de ello irrumpe el tronar de una voz que lo requería para que saliera con las manos en alto sin oponer resistencia, era el Comandante al mando del grupo.

La realidad cambia para el Coronel, dejó atrás los sueños y por su mente pasó que ahora sí algún soplón nos delató y estamos perdidos. No lo sabía, pero acciones similares eran ejecutadas en el resto del país. Batallones de soldados iban cargándose a los insurrectos pretensos. La asonada abortaba.

A medio vestir, obedeció las órdenes y apenas asomó la mitad de su cuerpo por la puerta del comedor, cuando el Comandante, un tipo de más de un metro noventa centímetros de estatura, rostro encendido cubierto por atusados bigotes y un vientre prominente, lo tomó por los hombros. La diferencia de estatura y peso era evidente. El Coronel, percibiendo tal disparidad, optó por acatar lo que le ordenaban. No había trascurrido diez minutos cuando ya estaba a buen recaudo en el cuartel militar.

Ahora, a responder interrogatorios. ¿Cuántos son? ¿Dónde están las armas? ¿Quiénes son los cómplices? ¿Desde cuando andas en esto? ¿Cuándo pensaban iniciar? La mudez lo invadió, sabia que era el momento de adoptar el sigilo como medida precautoria.

Mientras tanto su mujer busca a la familia para ponerlos al tanto del trance en que se había metido el Coronel. Acto primero, solicita a una de las hermanas del ahora subversivo que la ayudase a proceder, a quemar, romper, destrozar todos aquellos panfletos que incitaban a la levantisca. Pronto, la alarma cundió entre todos los miembros de su círculo familiar. Hasta un infante preguntón y curioso demandaba le
explicaran lo sucedido.

De pronto, en medio del trajín fragoroso, la esposa del insurrecto recordó que un hermano del Coronel, años atrás había tenido la fortuna, entonces más que nunca lo era, de haber enamorado y procreado un hijo con una dama de la vieja alcurnia sureña. Ella, con el tiempo, se convertiría en la tía del encargado de los asuntos del interior del país, Ahí había que recurrir para que al Coronel no le aplicaran el cargo de sedición social y traición a la patria. El problema era cómo buscarla.

A pesar de ser una familia poco unida, la esposa del Coronel había tenido por costumbre mantener contacto con el producto de aquellos amores juveniles. A él, acudió para pedirle que su madre intercediera ante aquel monumento a la fealdad, que era el Secretario del Interior, para que a su tío, porque al fin era sangre de la misma estirpe, no fueran a darle un viaje turístico por las mazmorras del célebre, triste, frío y húmedo palacio que servía para albergar como huéspedes a quienes no advertían las bondades del régimen en turno. El joven accedió y se entrevistó con su madre a quien le planteó el pedimento. La dama con el recuerdo de aquellas noches, tardes y días que pasó en brazos del mozalbete que le susurraba al oído poesías tiernas, mientras le prometía amor eterno, accedió al ruego y fue a ver a su sobrino que por coincidencia era tocayo de quien alguna vez fuera su cuñado.

Tras de los prolegómenos usuales, la señora fue directa al punto. Solicitó clemencia para aquel insurrecto quien, sintiéndose libertador juvenil, había soñado con cambiar el gobierno del país. Con el argumento de que era más producto de la sinrazón que un acto meditado, suplicó al poderoso señor ordenase se liberara al Coronel. El antónimo de Adonis, no pudo sino acceder a las peticiones de su venerable tía por la cual sentía afecto especial. Que más daba soltar al Coronel, sabia que después de eso ya no volvería a embarcarse en aventuras de ese tipo.

No obstante la experiencia vivida durante la encerrada, ello no impediría al Coronel continuar con su oposición perpetua, misma que salpicaba con anécdotas de sus años revolucionarios. En ese contexto contaba el encuentro fortuito que había tenido en la segunda ciudad del país con un antiguo militante del Recuerdo y quien fuera el encargado de las fuerzas armadas de la nación en un periodo, entonces, reciente. Al respecto, comentaba como le había reclamado que anduviera presumiendo de sus acciones guerreras cuando juntos andaban a las órdenes del segundo de su General. Identificándolo con el apodo femenino de la raza porcina, contaba el Coronel haberle dicho que desde cuando le había salido lo valiente, pues durante los años de la lucha armada “nunca había sido más que un correlón.”

Sin embargo, ya nunca las cosas volverían a pasar de ahí. Una vez aprendida la lección, el Coronel retornaría a su romántico idealismo. Eso lo acompañaría hasta el momento, más de treinta años desde aquel día en que por poco y le adelantan el viaje, cuando de pronto se empezó a extrañar a ese anciano diminuto quien con la figura erguida, bastón en mano, pantalones que casi le cubrían los pectorales, camisa pulcra, gafas y sombrero recorría, desde su vivienda en la Avenida Protector de los Indígenas hasta la Calle Principal allende el río, el sendero que lo llevaba a su pequeña oficina donde era un señor respetable, el Coronel.

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Añadido (1) El domingo 26 de febrero leíamos en Excélsior una nota titulada “Luis Spota; ´Es que escribía best-sellers.” En el contenido de ella, por fin, encontramos quienes abiertamente expresan lo que en este espacio hemos sostenido en varias ocasiones, especialmente en aquella colaboración “Luis Spota, el periodista que convirtió en literatura la narrativa del poder.” (Zócalo 30-XI-13).

Añadido (2) Ya se nota, en algunos pollos, que la “maiceada” ha hecho efecto. Las plumas empiezan a emitir tonalidades distintas.

Añadido (3) En su revista semanal, Desde la Fe, la arquidiócesis de México declaró: “Se necesita pericia, experiencia, no aprendices donde hace falta verdaderos maestros del arte de la diplomacia y sensibilidad humana y política.” Hasta los hubiéramos aplaudido sino fuera porque, esas palabras, esconden el temor de que se les terminen los “business” que el corporativo maneja de este lado de la frontera y al norte del Bravo.

Añadido (4) Nos preguntamos que pensaran, quienes lo creyeron el adalid de la democracia, al verlo hoy convertido en patiño de un payaso estadounidense, mientras exhibe una actitud y lenguaje propios de teporocho en una piquera. Cuánta razón tenía quien hace cerca de diecisiete años, cuando todos alababan al sujeto, declaró públicamente que el fulano era un desquiciado quien requería de tratamiento psiquiátrico.
25 Febrero 2017 04:00:00
La emigración de mexicanos a los EUA en un ayer que, por momentos, parece ser hoy
“El desarrollo fenomenal que recientemente ha tenido la emigración mexicana hacia los Estados Unidos es un asunto de vital interés”. Si usted, lector amable, estima que estas palabras fueron escritas ayer, permítanos contradecirlo. En esa forma daba inicio el artículo titulado “Observations of the Mexican Immigration Into the United States” (Observaciones de la inmigración mexicana hacia los Estados Unidos), publicado, en agosto de 1929, en la revista Pacific Affairs por el antropólogo mexicano, Manuel Gamio Martínez. Hasta donde conocemos, fue este el primer estudio serio que se realizó al respecto. Sin embargo, el problema de la inmigración, se remonta hasta los tiempos cuando perdimos la mitad del territorio a mediados del siglo XIX. Para darnos una idea de cuan complejo es, daremos un repaso breve a lo acontecido desde esa fecha hasta el final de la década de los años veinte, principios de los treinta del siglo pasado cuando los estadounidenses enfrentaron la peor crisis económica de toda su historia, tuvieron que tomar medidas extremas y los mexicanos yendo hacia allá disminuyeron al mínimo y porcentualmente se produjo el mayor número de repatriaciones voluntarias e involuntarias. Procedamos al repaso histórico.

Una vez que se firmaron los Tratados de Guadalupe Hidalgo, mediante los cuales el lotero, a cambio de quince millones de dólares, aceptaba entregar la mitad del territorio a los EUA, alrededor de 75 mil mexicanos decidieron adoptar la nacionalidad estadounidense bajo la racional de que su vida estaba de aquel lado y pues el gobierno federal mexicano nunca había puesto el mínimo interés en ellos. Así que ni modo de culparlos de apátridas, simplemente actuaron en función de sus intereses muy particulares. Posteriormente, entre 1850 y 1880, se estima que cerca de 55 mil mexicanos cruzaron la frontera para irse a trabajar en la región suroeste y oeste de los EUA. El desplazamiento fue originado por las oportunidades que ofrecían el crecimiento de los ranchos ganaderos en el suroeste y las plantaciones de frutales en California, además de la expansión del ferrocarril hacia aquella región. Sin embargo, el éxodo empezó a generar situaciones que demandaron acciones tanto por parte del Gobierno mexicano como el estadounidense.

En 1871, el estadista Benito Pablo Juárez García promulgó la primer Ley Consular de nuestro país. En ella, se especificaban lineamientos para lograr la protección a los mexicanos en el extranjero. Asimismo, se establecía emitir un documento de registro consular, al tiempo que se ordenaba a los cónsules proporcionarles a nuestros paisanos protección y acceso a servicios consulares. En igual forma, se habría de otorgar apoyo a los familiares y a las autoridades del estado de origen para localizar a los nacionales en el extranjero. Como se puede apreciar, las novedades que hoy nos presentan no son tales. Hasta 1875, el acceso a los EUA no representaba mayor problema y de ello tomaron ventaja los trabajadores mexicanos. Sin embargo, aun cuando no iban dirigidas hacia loa mexicanos, los estadounidenses decidieron empezar a establecer disposiciones migratorias.

En 1875, se dispuso prohibir la entrada de convictos y prostitutas. En 1882, es publicada la primera ley federal de inmigración estadounidense la cual negaba acceso a dicho país a “idiotas, lunáticos y mendigos, además de imponer un impuesto de cincuenta centavos por cada persona inmigrante”. Asimismo, en dicho año, fue emitida otra medida para denegar el acceso basado en la nacionalidad de las personas, un documento que fundamentalmente iba dirigido en contra de los chinos quienes tenían prohibido el acceso durante diez años y a quienes ya estuvieran en los EUA no podían adquirir la nacionalidad de ese país. Sin embargo, las medidas no fueron efectivas y como en Europa las cosas no iban bien y en los EUA la economía mejoraba, pues siguieron llegando europeos no siempre de lo más selecto. Por ello, en 1891, los congresistas estadounidenses quisieron promover la inmigración selectiva de profesionales y dejar a un lado a quienes no aportaban sino su mano de obra. Y ya en pleno proceso prohibitorio, rechazaban enfermos contagiosos y aquellos quienes tuvieran una “moral depravada”. Por supuesto que ninguna de estas leyes acabaría por tener un efecto mayor en el movimiento de los mexicanos hacia los EUA, tres mil kilómetros de frontera son una extensión muy larga para detener a quienes al cruzarla hacia el norte podían tener ingresos mayores que los que obtenían en su patria.

Para 1900, había 400 mil personas de origen mexicano, de los cuales una cuarta parte había nacido en nuestro país. En general, las cifras no eran llamativas comparados con los 76 millones que conformaban la población en los EUA y los poco más de 13 millones en México. Sin embargo, para la década siguiente, el número de nacidos en México viviendo allá se duplica y los paisanos ya residentes allá practican con fe singular el juego de la reproducción y aportan 200 mil más. Parte de la emigración mexicana, se debió a que, en 1902, fue promulgada en los EUA la Ley de Reclamaciones mediante la cual se otorgaba financiamiento a proyectos agrícolas en 20 estados, lo cual obviamente aumentaba el área dedicada a proyectos agrícolas que demandaba un mayor número de trabajadores. A la par, en nuestro país, el proyecto porfirista impulsaba la construcción de líneas ferroviarias, la gran mayoría orientadas de sur a norte, lo cual facilitaba el movimiento de personas quienes en sus tierras no vivían bajo las mejores condiciones dado lo limitado de sus salarios y la sequía que azotó a las regiones del centro y oeste de nuestro país a finales del siglo XIX. En ese contexto, arribamos a 1910-1911 cuando el profirismo llega a su fin y da inicio la Revolución Mexicana.

Aquí cabe hacer una digresión, es común argüir que, entre 1910 y 1920, los 300 mil mexicanos por nacimiento que se fueron a vivir EUA lo hicieron huyendo del movimiento armado. Sin embargo, pocas veces se hace mención a que hubo un factor exógenos fundamental que determino el movimiento hacia el país del norte. Cuando los EUA inician su participación en la Primera Guerra Mundial, de pronto ven que su mano de obra era escasa y necesitan reemplazarla. Aunado a ello, habría que considerar quienes simplemente moraban allá de manera temporal y regresaban a nuestro país una vez que las temporadas de trabajo concluían. Sin embargo, ese movimiento sin control no habría de durar para siempre. En 1917, se promulga la Ley de Inmigración mediante la cual se establecen restricciones relacionadas con analfabetismo, es establecido un impuesto de ocho dólares por inmigrante, y se les otorgan facultades a los oficiales de migración para determinar a quién dejar entrar o no a su país. Sin embargo, en la práctica las medidas no daban los resultados esperados al menos en lo referente al cruce de mexicanos hacia los EUA. La frontera México-EUA carecía de vigilancia, lo cual permitía que los mexicanos cruzaran ilegalmente y una vez de aquel lado iban a buscar a los contratistas para obtener un trabajo. Asimismo, ya campeaba por tierras mexicanas una fauna nociva, los coyotes. Estos sujetos no operaban necesariamente como agentes libres, sino que podían estar contratados por agricultores y rancheros estadounidenses para enganchar mexicanos y llevarlos a laborar allá bajo condiciones que no siempre eran similares a las que les habían prometido. La primera acción que el Gobierno mexicano tomó para tratar de poner orden en este tráfico laboral fue la propuesta que, en 1920, realizó el presidente Venustiano Carranza Garza para establecer un contrato laboral que garantizaba a los trabajadores emigrantes derechos similares a los establecidos en la Constitución de México. Ningún emigrante podía partir a los EUA sin un contrato firmado por un oficial de migración. El contrato debería de establecer: salario, horario de trabajo y lugar en donde laboraría. En igual forma, los granjeros estadounidenses deberían permitir al trabajador mexicano que lo acompañara su familia durante el periodo establecido en el contrato. Sin embargo, se atravesó Tlaxcalantongo y todo quedó volando, aun cuando podemos decir que fue el antecedente del programa bracero que operaria entre los 1940 y 1960. Sin embargo, esa disposición, la de Carranza Garza, da pie para revisar lo escrito por Gamio Martínez en 1929.

El antropólogo mexicano argüía que la inmigración y emigración era benéfica tanto para los EUA como para México. Sin embargo, el éxodo permanente es dañino para ambas naciones. Reconocía que quienes se iban a los EUA lo hacían motivados por razones económicas. Que eran personas con niveles educativos bajos y carentes de conocimientos técnicos. Asimismo, los salarios que percibían eran menores a los que obtenían miembros de otros grupos raciales, pero con todo ellos eran superiores a los que podrían obtener en México. Sin embargo, su aportación al crecimiento económico estadounidense era enorme. De no contarse con la mano de obra mexicana, según los testimonios de hombres de negocios ante comités senatoriales, se hubieran retrasado actividades económicas que involucraban alrededor de cinco mil millones de dólares. En contrapartida, las agrupaciones laborales estadounidenses culpaban a los trabajadores mexicanos de afectar sus intereses pues su presencia abarataba el precio de la mano de obra. Ante esa situación, Gamio proponía fomentar la permanencia temporal de los trabajadores ya que realizaban trabajos para los cuales los estadounidenses no podían encontrar sustitutos, pero sobre todo no se arraigan a la vida estadounidense y cuando regresen a sus lugares de origen, además de coinvertirse en propagandistas de productos estadounidenses que llevaran consigo, podrán diseminar sus conocimientos, podrían instruir a los mexicanos acerca de los adelantos técnicos en agricultura e industria.

Ello ocasionara que a mediano plazo la producción agrícola mexicana aumente y será menor el número de quienes desearan emigrar. Por el contrario quienes emigran de manera permanente, para México representan una fuga de fuerza laboral, en los EUA causan problemas de status y prejuicios raciales. Por ello, sugería Gamio, hay que entregar a inmigrantes documentos para trabajos temporales especificando tiempo de estancia e implantar un plan de repatriación para establecerlos en tierras públicas. Sin embargo, esos eran buenos deseos. Gamio escribió todo eso a la luz del comportamiento de la economía estadounidense durante la década de los 1920, era agosto de 1919, aun no llegaba octubre. Y en ese contexto, vale recordar que para detener la ola inmigrante se habían tomado medidas diversas a lo largo de la década.

El 26 de mayo de 19124 fue promulgada la Ley de Inmigración (Johnson-Reed Act 1924) estableciendo la necesidad de obtener una visa para ingresar a los EUA con lo cual terminaban para los mexicanos el cruce libre instituido en febrero de 1922. Un mes antes de la promulgación de la ley mencionada, había sido creada la Patrulla Fronteriza (Border Patrol). Sin embargo, el movimiento de personas sin presentar documentos no de decrecía, algunos estimaban que para 1926 tenían alrededor de 1.3 millones de ilegales viviendo en los EUA, pero que los costos de deportarlos eran tremendos. Simplemente para regresar a 250 mil se requerían 25 millones de dólares. Las medidas eran poco efectivas, la demanda de mano de obra mexicana crecía por todos lados y a todos beneficiaba, así que lo mejor era hacer como que hacían y dejar que le economía marcara la pauta. Pero llegó octubre y la noche cayó sobre la bonanza.

Se hizo público lo que ya se decía soterradamente, los mexicanos representaban una amenaza debido a: Alta tasa de natalidad; eran portadores de enfermedades como neumonía, peste bubónica, viruela y tifo; la mayoría eran mano de obra no calificada que aceptaba laborar por salarios inferiores a los que cobraban negros e indígenas; tenían dificultades para integrarse a la sociedad estadounidense. Todo ello hacia que granjeros en pequeño, sindicatos y algunos grupos de comerciantes, los veían como una amenaza sobre los salarios y clamaban existía explotación. De 1920 a 1930, la población de origen mexicano viviendo en los EUA se incrementó de 1.2 a 1.7 millones, de los cuales los nacidos en México creció de 0.5 a 0.6 millones durante un lapso similar. Sin embargo, estas cifras pronto empezarían a mermar en medio del debate.

Con la crisis encima, los legisladores estadounidenses discutían sobre la conveniencia de establecer cuotas de entrada a mexicanos como ya lo hacían con personas provenientes de otros países. Nuestros diplomáticos en Washington protestaban más por formulismo que por convencimiento, sabían que ante una caída económica como la que vivían los estadounidenses primero antepondrían a los suyos y después a los visitantes por más buenos vecinos que fueran. Los legisladores planeaban establecer una cuota máxima de mexicanos alrededor de 11 mil para 1931, 6 mil para 1932 y 2900 para 1933. En la calle se hablaba de terminar con la invasión mexicana potencial”. Sin embargo, para 1930, la repatriación estaba en marcha.

La repatriación nunca fue instituida como una política oficial, sino como un acto voluntario. Simplemente, los mexicanos eran invitados a irse ante las circunstancias económicas. Organizaciones privadas y oficiales los ayudaban para que se trasladaran a la frontera. Un ejemplo de cómo se daban las cosas es mostrado en una fotografía que encontramos y que podría ubicarse en cualesquier pueblo o ciudad estadounidense. En la imagen aparecen cinco hombres con las manos en las bolsas del pantalón, caminando con la cabeza gacha. Al fondo luce un espectacular en el cual se lee: “Mexicans Keep Going. We can’t take care of our own. Chamber of Commerce”. (Mexicanos sigan. No podemos encargarnos de los nuestros. Cámara de Comercio). Otra muestra es una nota publicada el 12 de abril de 1931 en The New York Times. En ella se leen las declaraciones del cónsul mexicano en Los Ángeles, Rafael de la Colina (si aquel quien mostraría, años después, la dignidad, hoy perdida, de la diplomacia mexicana cuando la expulsión de Cuba de la OEA) informando que alrededor de 30 mil mexicanos habían dejado esa ciudad debido a la adversidad económica, temerosos de las acciones que recientemente habían implantado las autoridades migratorias y sorprendidos por el creciente sentimiento antimexicano. En la misma nota se hablaba de que para el verano esperaba que un total de 75 mil mexicanos retornaran a su patria. Al final, de acuerdo a cifras oficiales estadounidenses, regresaron a México, forzada o voluntariamente un total de 310,000 personas, muchas de las cuales eran estadounidenses por nacimiento, pero de origen mexicano. Quienes se quedaron sufrieron más que el resto de la población las consecuencias de la depresión, mientras los retornantes vinieron a agravar el desempleo, algunos se beneficiaron del reparto agrario y otros buscarían años más tarde regresar a los EUA ya fuera ilegalmente o bien al amparo del programa bracero instituido durante los 1940 y concluido a mitad de los 1960. Así termina este recuento de la inmigración a los EUA del ayer que parece ser de hoy cuando se sigue buscando como resolver el problema, mientras olvidan que la única fórmula para solucionarlo es mediante el crecimiento y el desarrollo económico. Solamente cuando eso existió, el problema migratorio no lo fue.

Actualmente, todo se les va en mendigar otros se responsabilicen de lo que les corresponde, prometer inversiones que nunca se materializan y la venta de esperanzas vanas de que si nos tomamos su agüita de borrajas todo se va a solucionar.
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Añadido (1) No hay duda, el PRI nacional habrá de terminar convertido en una taquería. Ya llegó uno con los chicharrones, al parecer convencieron a una dama que sea parte de la organización y les comparta el secreto del guacamole. ¿El próximo en arribar será quien traiga el nixtamal con el cual elaboraran la harina para echar las tortillas?

Añadido (2 ¿Hasta cuándo habremos de cargar los nigropetrenses con el baldón de que en el pueblo glorifiquen al cobarde-gigolo-sinarquista-nazi, José Vasconcelos? ¿Habrán olvidado que ese mercenario execrable era un adorador de la bestia austriaca?

Añadido (3) La actitud que ha tomado el embajador futuro de México en Washington deja mucho que desear. Todavía no llega y ya dicta línea de como los EUA habrán de comportarse en materia de las relaciones comerciales con nuestro país, además habla de irse a reunir con los grupos opositores al que actualmente gobierna allá, etc. Otro más que va a utilizar el cargo para aprender
diplomacia.

Añadido (4) Un par de ejemplares, uno vestido de azul y el otro de oscuro, de lo peor que puede exhibirse del priísmo prehistórico andan por ahí acusándose mutuamente de ser corruptos. Para defenderse, alegan que, ahora con su vestimenta nueva, son el ejemplo de la honestidad. Lo peor es que hay “ingenuos” que les compran la engañifa.
18 Febrero 2017 04:00:00
El embajador entrometido
Actualmente, se viven momentos difíciles en nuestra relación con los EUA. Mucho de ello lo atribuimos a un manejo pésimo de nuestra diplomacia. Aún no encontramos la razón por la cual, en pleno inicio de un nuevo gobierno en aquel país, se decidiera que el nuestro no contara con un embajador allá. A ello, debemos de aunar que quien desempeña las funciones de representante diplomático de ellos aquí con nosotros actué simplemente como figura emblemática y según parece, afortunadamente, por lo tanto se restringe en su accionar. Sin embargo, a pesar de lo que digan los “expertos”, esta no ha sido la situación peor que hemos vivido a lo largo de la historia en las relaciones entre ambas naciones cuando se dan transiciones gubernamentales en aquel país y quien se desempeña como embajador no pertenece al grupo recién llegado a la Casa Blanca. No siempre los EUA han contado con un enviado diplomático que conoce cuál es su función ante esa situación. Un ejemplo de esto último aconteció por estos días hace un siglo y cuatro años cuando alguien quien sabía que no le quedaba mucho futuro en nuestro país quiso dejar su huella. Sobre esto le comentaremos, lector amable.

Era febrero de 1913, los EUA estaban en pleno proceso de transición presidencial ya que entonces los presidentes entrantes tomaban posesión el 4 de marzo. En esa fecha el republicano William Howard Taft entregaría el mando al demócrata Thomas Woodrow Wilson quien obtuvo el triunfo en las elecciones de noviembre del año anterior. A la par, en nuestro país, Francisco Ygnacio Madero González trataba de consolidar su mandato presidencial producto de una transición pacífica pactada y un triunfo indiscutible en las urnas. Sin embargo, aquí las apetencias de poder eran amplias y muy variadas, algo de cual tomaría ventaja un personaje quien se sentía lastimado por haber sido dejado al margen de las negociaciones efectuadas en marzo de 1911 en New York. Era el embajador estadounidense, el peor en toda la historia, Henry Lane Wilson.

No obstante que su triunfo electoral, en noviembre de 1911, fue nítido, la presidencia de Madero González habría de enfrentar resistencias serias de grupos diversos. Nunca fue el favorito de la prensa, la curia se montó en la apertura democrática y quería le regresaran todo el poder. Asimismo, entre otros, pululaban los redentores falsos como el antiguo caballerango de Nachito de la Torre, Emiliano Zapata quien en el Plan de Ayala llamaba a derrocar a Madero, Benjamín Argumedo, ese que como monigote glorificó hace unos años el gobierno del devoto mangas largas, y los Pascuales, padre e hijo, Orozco en cuyo código genético traían impresa la traición. Aunado a todo ello, tanto la burocracia como los miembros de la milicia eran rescoldos del porfirismo. Y fue precisamente entre estos últimos entre quienes Lane Wilson encontraría los secuaces quienes le ayudarían a materializar su venganza.

Tras de dos meses fuera de México, Lane Wilson regresaría y, el 4 de febrero de 1913, reportaba a sus superiores que “el gobierno de Madero luce impotente para encontrar un remedio u ofrecer una solución a los problemas que cada vez son más. Además, su gabinete está dividido…” Cinco días más tarde, tras del ataque de los militares en contra de Palacio Nacional al grito de ¡Viva Díaz, Muera Madero!, el embajador estadounidense informaba haber recibido a un emisario de Félix Díaz, el sobrino de su tío, quien le solicitaba que requiriera a Madero su renuncia para evitar un baño de sangre. Adoptando poses de dignidad, Lane Wilson se resistió, al tiempo que clamaba que no poseía facultades para ello y en todo caso sería necesario que todo el cuerpo diplomático acreditado en México le otorgara tal facultad. Tras de hablar con ellos, le fue conferida la misión de solicitar al ministro de relaciones exteriores, Pedro Lascuráin Paredes, protección para todos. Dado que le dijeron se haría lo que fuera posible, procedió a buscar a Díaz para comunicarle que lo hacían responsable de su seguridad. Eso le permitió, a Lane Wilson, tratar de vender a su gobierno que el pueblo en masa apoyaba a Díaz. Siguiendo con su trama, como la revuelta continuaba, el estadounidense fue a demandarle al presidente Madero González que protegiera a los ciudadanos estadounidenses y a los diplomáticos. El mandatario mexicano culpó a Díaz del desorden y comentó que eso acabaría pronto. Sin embargo, Lane Wilson no quedó conforme y se fue a ver a Díaz quien lo recibió con toda pompa, al tiempo que le aseguraba que pronto estaría en control absoluto de la situación. Ya para el 14 de febrero, las traiciones a Madero estaban en pleno hervor y Lascuráin fue a visitar a Lane Wilson para “confesarle” que en su opinión, Madero debería de renunciar. Cuando se anunció que el edificio de la embajada estadounidense quedaba en la línea de fuego, Lascurain solícitamente ofreció que se movieran a una casa en Tacubaya en donde el proveería de todo lo necesario, sirvientes incluidos, oferta que fue declinada, pero anotada para pronto pago. Para entonces, los navíos estadounidenses ya estaban camino a costas mexicanas. Eso provocó que el encargado mexicano de negocios en Washington, Arturo de la Cueva reclamara al secretario de estado, Philander Chase Knox, la intervención de Lane Wilson demandando la renuncia de Madero, al tiempo que requería se evitase la irrupción de marines en México.

Si bien no hubo desembarque, el embajador estadounidense ya tenía lista la ofensiva con el aval de sus pares de Gran Bretaña, Alemania y España para materializar lo que De la Cueva presentaba como queja. Y se fue a Palacio en donde el presidente Madero no le reconoció ninguna autoridad para requerirle se fuera y tras decirle que eso era una “tontería” lo dejó hablando solo. Sin embargo, ahí estaba ya una parvada de buitres, perdón senadores, quienes en número de 30 argüían haber votado para que el presidente dejara su cargo. Tras de una segunda entrevista con Madero, se acordó un cese momentáneo al fuego, al tiempo que el presidente de México enviaba un comunicado al presidente Taft reclamando la intervención de su embajador. Como respuesta el mandatario estadounidense aseguró que él nunca había instruido a su subordinado para actuar en tal sentido. Esto, por supuesto, no impedía que los planes de Lane Wilson continuaran su marcha.

El 17 de febrero, la traición ya estaba cuajada. Huerta le informaba a su titiritero que el plan estaba listo para despojar del cargo al presidente Madero. Al día siguiente, Aureliano Blanquet en acatamiento a las órdenes de Huerta fue y apresó al presidente, algo de lo cual el felón jalisciense informó inmediatamente a Lane Wilson quien procedió a llamarlo a la embajada junto con el sobrino de su tío, Díaz. Ambos recibieron las indicaciones pertinentes y procedieron a cumplirlas. Para entonces la prensa estadounidense mostraba su desaprobación al hecho. Algunas notas destacaban la fama de cruel de Huerta, al tiempo que lo llamaban otro Porfirio Díaz, pero sin el cerebro de este. La nota premonitoria de lo que sucedería era publicada el 20 de febrero de 1913 en el Washington Post: “Madero facing death or exile” (Madero enfrenta la muerte o el exilio). Ya para entonces habían pasado los 45 minutos de Lascuráin como “presidente” y Huerta estaba en comando. Y al enviado estadounidense le urgía obtener la aprobación de su gobierno para reconocer a su criatura.

Por ello, envío un telegrama en tal sentido, mismo que no fue contestado con la prontitud que él esperaba. Así, el 21 de febrero le informaba al secretario de estado que ya había reunido a los miembros del cuerpo diplomático y que todos estaban de acuerdo en reconocer a Huerta. Como respuesta, el secretario Knox indicó que en principio estarían dispuestos a proceder en tal sentido, pero antes era necesario tener respuesta a varios asuntos pendientes. Wilson fue corriendo a plantárselo al ministro de relaciones exteriores de Huerta, Francisco León de la Barra quien le respondió que el 24 de febrero lo recibirían y le tendrían una respuesta. Sin embargo, eso era en el mundo idílico de los conspiradores-traidores del centro. En el norte de México, la oposición a Huerta, liderada por Venustiano Carranza Garza, crecía. Ello provocaba un reporte en el Post en el cual se indicaba que ocho estados planteaban separarse de México y constituir una república nueva. Ante la presión, Huerta y su cofradía decidieron actuar y enviaron a León de la Barra anunciarle a Lane Wilson que trasladarían al presidente Madero González y el vicepresidente Pino Suarez de palacio a la penitenciaría. Sin embargo, como todos lo sabemos, en ese trayecto fueron ejecutados la noche del 22 de febrero. Las versiones oficiales variaban, primero se dijo que habían tratado de escapar, después que fueron víctimas de fuego cruzado. Sin embargo, nadie creyó eso. Inclusive los miembros del cuerpo diplomático tan preocupados por deponer a Madero cuestionaban la veracidad de dicha afirmación. La abrumadora mayoría de los diarios estadounidenses calificaron el crimen como un acto inmoral. Sin embargo, el padre de la criatura tenía algo distinto que decir.

El 26 de febrero, Lane Wilson reportaba al presidente Taft y al secretario Knox que durante todo el tiempo que el presidente Madero estuvo en el cargo mostró una actitud antiestadounidense, al tiempo que su gobierno durante los últimos seis meses estuvo caracterizado por un nepotismo que superaba por mucho al prevaleciente durante el gobierno del general Díaz. El nuevo gobierno es consecuencia de un movimiento armado durante el cual se suscitaron algunos eventos deplorables. Sin embargo, las nuevas autoridades habían asumido el cargo cumpliendo con todos los requisitos y por lo tanto estaban legítimamente investidas como gobierno provisional. Acto seguido para mostrar que su engendro, Huerta, era una chulada de criatura, apuntaba que la nueva administración era ampliamente aprobada y aceptada por la opinión pública, especialmente por aquellos que eran los más respetables, igual postura tenían los extranjeros, el gabinete era un ejemplo de unidad, moderado en sus políticas y actuando en plena concordancia con los dictados del “presidente” y el ejército. Las manifestaciones antiestadounidenses han cesado y se espera que pronto queden saldadas las diferencias entre ambos gobiernos. De no consolidarse el gobierno huertista, el caos prevalecerá y las demandas de una intervención foránea crecerán. Toda esta explicación llena de ternura no evitó que el Chicago Daily Tribune, en un editorial, publicado el 25 de febrero de 1913, calificara a Huerta de Judas Iscariote, al tiempo que lo calificaba de renegado y asesino.

Dado que la prensa estadounidense no aceptaba versiones rosadas como se ve, el Departamento de Estado hubo de emitir un comunicado en el cual indicaba estaban en espera de los resultados periciales sobre el asesinato del presidente Madero. Asimismo, indicaba que le entregaba a la prensa los reportes recibidos provenientes del embajador Lane Wilson. En ese contexto, no se había dado ningún paso para otorgar reconocimiento a Huerta.

Como la situación cada vez lucía más enrarecida, el Departamento de estado le solicitó a Lane Wilson un informe detallado de todo lo ocurrido entre el 9 y el 24 de febrero de 1913. Por supuesto, el embajador estadounidense procedió a reseñar toda una serie de justificantes de su actuación, al tiempo que trataba de minimizar la participación que había tenido. Igualmente calificaba de bandolero a Carranza y argumentaba que la potencial separación de varias entidades era debido a que estas nunca, decía él, se habían identificado con el resto del país. Al gobierno del presidente Madero González por supuesto que lo descalificaba. Sin embargo, lo que vale la pena trascribir literalmente es la opinión que tenía sobre su parejita de protegidos.

Empecemos por Huerta de quien decía: “Es predominantemente un soldado, un hombre de hierro, poseedor de un coraje absoluto quien conoce que quiere y como obtenerlo y no está, yo creo, sujeto a seguir un método en particular. Es un creyente firme de las políticas del general Porfirio Díaz y estima conveniente cultivar relaciones amistosas estrechas con los Estados Unidos. Estimo que es un patriota sincero, y creo desde mi punto de vista que abandonará el cargo una vez que la paz se restaure y las dificultades financieras sean superadas.” Ni quien dude que el comerciante trataba de vender el producto como si se tratara de un alma en estado de gracia. Pero en caso de que eso no gustara al patrón, pues podía ofrecerle otro artículo con características muy similares. Envuelta en celofán ofrecía la descripción de Félix Díaz de quien apuntaba; “no creo que tenga una personalidad tan fuerte como el del general Huerta, pero es un hombre con un carácter muy humano, enemigo del derramamiento de sangre y las crueldades. Tiene un gran parecido con su tío, el ex presidente Díaz, tanto en apariencia como en la forma de comportarse, sin duda con entrenamiento y tiempo habrá de desarrollar la capacidad requerida para gobernar y será de gran utilidad. En este momento es muy proclive a tomar decisiones en base a lo que le aconsejan sus asesores y quienes andan en busca de un empleo, pero estimo que simplemente es una fase pasajera. El profesa un proamericanismo amplio. Sin embargo, algunos a su alrededor no poseen esas características.” O sea que felixito era medio soncito, pero bien manejado podría servir para actuar como títere en caso de que el otro fallara.

Tras de repasar los acontecimientos descritos y este par de descripciones finales, no nos queda sino tener siempre presente que atrás de las manifestaciones de protesta “espontáneas”, así como los ensalzamientos a tales o cuales personajes como salvadores de la patria siempre habrá intereses que los mueven. Poco les importa llevarnos a una revuelta civil. Si con ello cobran cuentas pendientes, se dan por satisfechos. No necesariamente son requeridas manos externas para mover a las marionetas, unas u otras igual tratan de convencernos de que es el pueblo, cualquier cosa que eso realmente signifique, es quien está detrás de ellos. Para no olvidarlo, ni ahora, ni nunca, haya o no embajador vengativo porque no lo tomaron en cuenta a la hora de negociar una transición pactada.

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Añadido (1) Poco énfasis se ha dado a las palabras del diplomático, Carlos Manuel Sada Solana. Sin embargo, es lo más sensato y objetivo que hemos escuchado en medio de todo esta alharaca, juzgue usted: “El objetivo del gobierno [mexicano] es brindar servicios consulares a los cerca de seis millones de indocumentados que viven en Estados Unidos para que no estén tan vulnerables, [pero] no podemos protegerlos de una deportación, no podemos ir en contra de las leyes”.

Añadido (2) Como a los intele¿cuáles? de derecha, ellos dicen que son de izquierda porque con esa mano cobran, y a sus acolitos nadie les hizo caso con su marchita, no les queda sino retornar a seguir palmoteándose unos a otros. En el proceso, buscaran a ver si, por fin, pueden superar el trauma y algún día llegan a escribir como Luis Spota Saavedra, aquel quien convirtió el periodismo en literatura.

Añadido (3) De acuerdo a los últimos sondeos de opinión entre los estadounidenses, el noventa por ciento de los republicanos, el setenta por ciento de los independientes y el cuarenta y nueve por ciento de los demócratas no creen lo que publica la prensa en aquel país. Eso sucede cuando se editorializa la noticia y los medios acaban convertidos en voceros de tal o cual partido. En el pretérito, los que hacían eso lo especificaban claramente en su nombre.

Añadido (4) Muy conveniente es que al leer The New York Democrat, otrora conocido como The New York Times, no se saquen conclusiones a partir del titular de las notas que ahí se publican. Al revisar el texto completo es fácil percatarse que el autor de la pieza no provee datos duros que soporten lo que anuncia el cabezal.

Añadido (5) Nuevamente, los hombres de negocios en nuestro país anuncian que invertirán chorrocientos mil millones de pesos. Esperamos que en esta ocasión se materialice la oferta. En el pasado ese tipo de anuncios no han pasado de ser promesas. Como resultado, hoy se anda mendigando que los EUA legalice a poco más de seis millones de paisanos que se fueron no porque les gustara la aventura, sino porque aquí ni había empleos y los que existían pagaban sueldos de hambre.
11 Febrero 2017 04:00:00
El tango: ¿Un baile pecaminoso?
Todos sabemos que vivimos en un proceso evolutivo consecuencia del cual seres humanos y el entorno que nos rodea hemos arribado a lo que somos. Inclusive quienes niegan que eso suceda viven sujetos a ese proceso cambiante que planteara el filósofo griego, Heráclito de Éfeso. A la luz del presente, traemos esto a colación debido que hace unos días mientras hurgábamos en los archivos, en nuestra búsqueda continua por encontrar tema para esta colaboración semanal, nos topamos accidentalmente con una nota en cuyo encabezado se leía: “Pope denounces the new ‘paganism’” (El papa denuncia el paganismo nuevo). Aun cuando el titular pudiera parecer de manufactura reciente, corresponde a una noticia publicada, el 16 de enero de 1914, en el Chicago Daily Tribune (lo que hoy conocemos como el Chicago Tribune, cuya nota más famosa, originada por la urgencia de irse a dormir temprano, es aquella de “Dewey Defeats Truman” (Dewey derrota a Truman) del 3 de noviembre de 1948, un día después de la elección presidencial en donde el segundo venció al primero. Pero retornemos al pretérito anterior en 1914. Tras de leer la noticia completa, decidimos buscar información más amplia respecto a aquello, lo cual encontramos, en el diario mencionado, en The New York Times y en otras publicaciones. En ese viaje prohibicionista muchos, de variopinta, aparecieron como guerreros en una cruzada por salvar a la humanidad del tango, un baile que, según ellos, alimentaba las pasiones bajas y la lascivia. Vayamos a revisar cómo se desarrolló aquella contienda y porque, en 1914, el tango era considerado como un baile pecaminoso.

El 17 de noviembre de 1913, Friedrich Wilhelm Viktor Albert von Preußen, Wilhelm II, Káiser de Alemania y Rey de Prusia emitió un decreto mediante el cual prohibía a los oficiales del ejército que bailaran el tango portando el uniforme militar. La razón de tal disposición nada tenía que ver con el honor de la milicia. Lo que sucedía es que de los siete hijos del Kaiser, la única fémina Viktoria Luise, Duquesa de Brunswick, había sido influenciada por una amiga estadounidense y tomaba clases para aprender a bailar dicha danza. Y como sabemos que no hay primera sin segunda, a mediados de diciembre de ese año, Ludwig Luitpold Josef Maria Aloys Alfried, Ludwig III, Rey de Bavaria emitió una disposición similar dirigida a los miembros de su tropa para que durante las fiestas navideñas no fueran a enfrascarse en un baile “absurdo y sin valor.” Pero las disposiciones de la nobleza germana alcanzaban el otro lado del Atlántico. En Ottawa, Canadá, la princesa, Louise Margaret de Prusia, convertida en duquesa de Connaught and Strathearn, vía el matrimonio con uno de los hijos de la reina Victoria, el príncipe Arthur quien actuaba como gobernador general de Canadá, a principios de diciembre de 1913, doña Louise anunciaba que en los salones de la casa de gobierno no se permitiría bailar tango. Ante ello, los miembros de la alta sociedad canadiense decidieron cancelar las lecciones que ya tomaban con tal propósito. Para finales de ese mes, el rey de Italia, Víctor Emmanuel prohibió que se bailara tango en los salones imperiales de su país. Siguiendo tal disposición, los embajadores de Inglaterra, Austria, Alemania y España acreditados ante dicha nación, decidieron impedir que sus fiestas fueran salpicadas por la “inmoralidad” de dicho baile, algo que sus homólogos estadounidense, francés y español decidieron no imitar. Las cosas llegaban a extremos que inclusive en Luxemburgo, la prensa decidió vetar cualquier publicidad que ofreciera lecciones para aprender a bailar tango o alguna nota que hiciera referencia a tal expresión musical. Pero nada de eso era suficiente para intimidar a los pecadores, era necesario hacerlos que temieran por algo más. Y nada mejor para lograr lo anterior que tener el respaldo de los miembros de religiones diversas.

Como de costumbre, faltaba más, la iglesia católica romana ya había tomado la iniciativa. A través de su líder, Giuseppe Melchiorre Sarto, el papa Pío X, condenó el tango. Actuando en consecuencia, durante la segunda mitad de aquel diciembre, a lo largo de toda Italia, la jerarquía católica distribuyó una circular en la cual los clérigos eran instruidos claramente para que encabezaran una cruzada en contra del “tango y danzas similares que son ofensivas para la pureza de cualquier persona que razone correctamente y no merecen formar parte de los festejos, ni entrar [dichos bailes] en las casas de las mujeres católicas”. No obstante la admonición, eran muchos los italianos que preferían ser tachados de blasfemos y lujuriosos, antes que dejar de bailar aquello que, dicen los que saben, debe de ejecutarse en ocho pasos. Pero antes de revisar las acciones tomadas en Italia para seguir esa lucha en pro de la “pureza de almas”, echemos un vistazo a las acciones tomadas en otra nación eminentemente católica, Francia.

Allá, en los primeros días de enero de 1914, los arzobispos de Cambray y Lyon, así como el obispo de Chalons-sur-Marne, emitieron un decreto condenando el tango que era, según ellos, dañino para la moral. A la vez, “recomendaban a todos los sacerdotes, especialmente quienes operaban en comunidades pequeñas que lo combatieran con toda el poder que poseyeran”. Al mismo tiempo, hacían un llamado para que el arzobispo de París, León Adolphe Cardenal Amette emitiera un pronunciamiento al respecto. La respuesta no tardó mucho, llegó el 9 de enero. En una admonición solemne, el prelado parisino mencionaba: “Condenamos el baile, de origen extranjero, conocido como tango, el cual por su naturaleza lascivia ofende la moral. Todos los cristianos en conciencia plena no deben de practicarlo. Los confesores deben, al administrar el sacramento del arrepentimiento, tomar las medidas requeridas para que esta prohibición sea cumplida”. Actuando en consecuencia, el presidente francés, Raymond Poincaré, decidió seguir las recomendaciones “celestiales” y anunció que en las fiestas que él ofreciera habría de prohibirse el tango. Sin embargo, no todo era aceptar con resignación las anatemas eclesiásticas. En París, un profesor de tango, a quien la prensa estadounidense identificaba como M. Stilson, anunció que demandaría por veinte mil dólares al arzobispo de París. El argumento bajo el cual sustentaba la querella era que desde el anuncio del prelado vetando el baile en cuestión, él, Stilson, había perdido alumnos y que aquello era un ataque a su profesión y forma honesta de vivir. En ese ambiente enrarecido, aún era necesario escuchar y ver acción directa proveniente de la casa matriz.

A mediados de mes, el 15 de enero de 1914, el vicario general de Roma, Basilio Cardenal Pompili, en nombre del papa Pío X, emitió una carta pastoral denunciando al tango, algunos periódicos, obras de teatro y manifestaciones de la moda acusándolos de pervertir las almas. Asimismo, indicaba que el tango, el cual obispos ilustrísimos habían condenado e inclusive estaba vedado en países protestantes, debería de ser prohibido en la casa del pontífice romano, el centro de la religión católica. Demandaba que el clero alzara su voz en defensa de la santidad de los valores cristianos que se veían amenazados por la inmoralidad del nuevo paganismo. Alertaba a los padres que si ellos no protegían a sus niños de la corrupción, serian culpables ante el Gran Arquitecto de no cumplir con sus más sagradas obligaciones. Acto seguido, habría de manifestarse al respecto otro miembro del círculo cercano al papa.

Era el sucesor del ciudadano Sarto en el cargo de patriarca de Venecia, Aristide Cardenal Cavallari quien el 20 de enero emitió una carta pastoral en la que calificaba al tango como “la vergüenza de nuestros días”. Sin pausa, añadía que el tango era: “Cada cosa que pudiera ser imaginada. Repulsivo y nauseabundo. Solamente quienes han perdido todo sentido de lo que es la moral pueden tolerarlo…Quien persista en ello está cometiendo un pecado.” El cardenal ordenaba a los sacerdotes negar la absolución a quienes, habiendo bailado tango, no prometieran que habrían de dejar de hacerlo. No obstante este par de “sugerencias” provenientes de la jerarquía máxima, al igual que en París, en Roma solamente algunos acataban las disposiciones.

De acuerdo al New York Times, una distinguida dama de la sociedad romana ofrecía una fiesta en su casa cuando de pronto ordenó parar la música al descubrir que, en uno de los rincones del salón, una pareja bailaba tango, no se explica de dónde provenía la melodía que los acompañara, en su forma más explícita. Ante ello, decidió conminarlos a que dejaran de hacerlo y ante eso, ellos, la pareja integrada por un ciudadano estadounidense y otra persona de nacionalidad no mencionada, decidieron abandonar el sitio. Sin embargo, no todos imitaban a la dama quisquillosa. El Hotel Excélsior contrató un par de bailarines procedentes de París para que interpretaran tango al momento en que los huéspedes tomaban el té. El attaché militar estadounidense tampoco respetó el veto eclesiástico y en sus eventos sociales se bailaba el tango. Y ya que andamos por rumbos estadounidenses, veamos cómo de este lado del Atlántico, el tango también era objeto de debate.
En octubre de 1913, el alcalde de Boston, John Francis Fitzgerald, anunció que se prohibía bailar tango en todos los salones sociales de esa población. El veto era extensivo, decía el comunicado, a todos los llamados “bailes animales”, entre los que estaba incluida la danza mencionada. Seguramente don John no alcanzó a trasmitirles su preocupación por el buen comportamiento a sus “nietecitos”, John, Robert y Edward quienes en sus vidas privadas respectivas hicieron algo más que bailar tangos, mientras aplicaban la máxima del filósofo potosino, Gonzalo N. Santos quien afirmaba que “la moral es un árbol que da moras”. Pero volvamos a los EUA de 1914 en donde las madres de familia en New York afirmaban que nada tenían en contra del tango, pero les preocupaba la cercanía de los cuerpos de quienes lo bailaban. Seguramente hoy estarían felices pues los chamacos, al danzar, mantienen distancia prudente de sus parejas. De acuerdo al Times, la actitud prohibicionista permeaba entre diversas agrupaciones sociales, una de ellas era aquella que años más tarde solicitaría que los EUA nos invadieran para salvarnos, los Caballeros de Colón quien abiertamente declaraban que en sus saraos no permitirían que se bailaran danzas como el tango. Pero no solamente entre los católicos existían guardianes celosos de las buenas costumbres, en Atlantic City, New Jersey, los dirigentes de la iglesia episcopal metodista dieron un ultimátum a una maestra que enseñaba tango, o abandonaba de hacerlo o tendría que dejar de pertenecer al coro de dicha congregación, la ciudadana optó por la segunda alternativa. Ante este ambiente tan enrarecido, The New York Times publicó, el 19 de enero de 1914, los resultados de los cuestionamientos que había enviado a miembros de agrupaciones religiosas de denominaciones diversas, cuestionándolos sobre su opinión acerca del tango. De un total de dieciocho religiosos que fueron cuestionados, solamente los obispos episcopales de Albany, N.Y, Richard H. Nelson y el de Harrisburg, Pensilvania, James Henry Darlington emitieron un sentir positivo hacia el tango. Por su parte, el obispo católico de Cincinnati, Henry Moeller dejó a la conciencia de cada quien determinar si era o no lícito atreverse a involucrarse en tales danzas. Quienes definitivamente se mostraron contrarios a las prácticas tanguistas fueron el obispo de la iglesia metodista episcopal del sur, John C. Kilgo, el tesorero de la asamblea general de la iglesia presbiteriana de los Estados Unidos, Thomas H. Law; y el oficial ejecutivo de la iglesia católica reformada, Henry Beets. El sentir de ellos fue que estaban en contra de todas las manifestaciones bailables, el tango no tenía sentido, además de ser peligroso y dañar la pureza mental. Por su parte, en el magazine Current Opinion correspondiente al periodo, enero-junio de 1914, se reproducía la opinión, publicada originalmente en The Atlantic, que respecto al debate en cuestión había emitido el sexólogo, médico y activista social británico, Henry Havelock Ellis: “Si somos indiferentes al arte del baile, hemos fallado de entender, no solamente las manifestaciones supremas de la vida física, sino también el símbolo supremo de la vida espiritual”. Acto seguido, procedía a enumerar las formas en que a través de la historia los practicantes de las religiones diversas, a través de las danzas habían expresado su conexión con la deidad. Tras de ello concluía que “el baile se convierte en la representación de un drama divino, la representación vivida de una historia sagrada en donde los fieles son capaces de representar una parte real”. Tras de toda esta discusión, se suscitó un acto inesperado.

En marzo de 1914, el arzobispo de Roma, Merry De Val, organizó un evento para que bailarines de tango ejecutaran su número ante la presencia del ciudadano Sarto. Obviamente, los practicantes del baile fueron muy cuidadosos de que sus movimientos no fueran a ofender a tan distinguido personaje quien al observar aquello sonrío al tiempo que cuestionaba el hecho de que hubiera personas quienes gozaran con aquellos movimientos bárbaros y ridículos que semejaban los que realizaban indios y negros. ¿Por qué en lugar de esas danzas exóticas, mejor no interpretaban el baile popular de Venecia, la rufiana? A partir de ahí dicho bailoteo fue conocido como la danza del papa. Eso originó que descendieran las discusiones en torno a la lascivia que generaba el tango. Lo que nunca imaginaron es lo que acontecería casi un siglo después.

En 2013, un antiguo interprete de aquella danza que un día fue calificada de inmoral por miembros de la alta jerarquía católica, arribaría como dirigente máximo de la corporación política-religiosa-económica. El ciudadano argentino, Jorge Mario Bergoglio Sivori investido en la figura del papa Francisco, como tanguero que es, habría de permitir que miles bailaran en la plaza de San Pedro, al compás de La Cumparsita, el Choclo, Volver, El Día que me Quieras, Adiós Muchachos, Balada para un Loco y Cambalache, entre muchos otros. Así, podríamos concluir el relato de un debate que, hace un siglo, demostró una vez más lo nocivo que resulta ver a la curia, de cualquier denominación, involucrarse en asuntos que no son de competencia espiritual. Sin embargo, no podemos dejar de parafrasear lo reportado en el Times a finales de enero de 1914 respecto a lo que dijera en San Francisco, California, el rabino, Jacob Nieto: El tango interpretado por quienes saben bailarlo y cantarlo, es bello y placentero. Pero, cuando son torpes quienes lo ejecutan, aquello se convierte en un espectáculo poco apetecible, tal y como sucede con muchas otras acciones de nuestra vida cotidiana actual en donde todos, de cualquier color e ideología, se creen capaces de desempeñar una actividad para la cual no reúnen las características demandadas, tal y como les sucede a quienes no saben ejecutar acompasadamente los ocho pasos del tango y se exhiben como lerdos, al tiempo que muestran que la evolución no ha pasado por ellos.

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Añadido (1) El domingo anterior, para demostrar cuan dispuestos están para incorporarse al boicot, ahí lucían ensabanados en el lábaro patrio, mientras gritaban jubilosos en favor de los patriotas…estadounidenses.

Añadido (2) Allá por los rumbos más cercanos al pueblo, los estudiantes acaban de hacer que empiece a pagar algunas cuentas un traidor y valentón amenazante cuando vendía engañifas a quien, por crédulo, terminó en el ostracismo político.

Añadido (3) Pareciera que algunos miembros del PAN quieren demostrar que a ellos, como dirían en el pueblo, si les “fosforean la meninges”. Un ejemplo de eso lo dio el sonorense Francisco de Paula Búrquez Valenzuela, coordinador económico de dicho partido en el Senado, cuando subió a la tribuna para solicitar una reforma a la ley del Banco de México. Demandó que sí la inflación es mayor al dos por ciento anual, el gobernador de dicha institución sea destituido e inhabilitado por cinco años; si sobrepasa el cuatro por ciento, o dos años consecutivos superior al dos por ciento, se destituya a los miembros de la junta de gobierno y se les inhabilite. Y para que se vea que va en serio, en caso de que el aumento de precios alcance el ocho por ciento anual o más, entonces los inhabiliten por quince años, les impongan sanciones económicas e inclusive los envíen a la cárcel. Debe de haber pasado de noche por las escuelas caras en donde recibió su instrucción o ¿Eso es lo que ahí les enseñan? Aun cuando pudo suceder que, antes de ir al Senado, haya ingerido vino de consagrar mezclado con algún otro brebaje.

Añadido (4) En esta ocasión, sí le creemos al aprendiz de diplomático.

Añadido (5) Aun cuando sus apoyadores iniciales ya casi quedan calvos, de tanto tirarse de los cabellos, el potrillito amaestrado del noreste insiste en que puede dirigir la nación.
04 Febrero 2017 04:00:00
La embestida clerical a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
Mañana domingo 5 de febrero, se conmemora el centenario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos elaborada por un grupo de mexicanos de excelencia encabezados por el coahuilense Venustiano Carranza Garza cuya virtud fue escuchar y aceptar quedaran plasmadas en el documento propuestas las cuales no necesariamente formaban parte de lo que él inicialmente había planteado. Dado que lo nuestro es la historia, decidimos irnos a buscar cómo fue recibido dicho documento por el grupo que siempre ha sido opositor al progreso del país, los miembros de la alta jerarquía católica. Al optar por hacer esta revisión histórica, no pudimos sustraernos recordar que si aún estuvieran entre nosotros las únicas dos personas quienes, con toda autoridad, podían reprendernos por no estar de acuerdo con nuestros escritos, afortunadamente fueron pocas las veces en que lo hicieron, nos volverían a repetir: “Ya no escribas sobre ese tema, nadie te va a leer…” Sin embargo, les recordaríamos, como siempre lo hicimos, que ellos nos educaron como Liberales en el sentido de LOS HOMBRES DE LA REFORMA. Además, decimos ahora, seguramente serán muy pocos quienes aborden el centenario en cuestión desde esta perspectiva que nada tiene que ver con la interpretación de la fe que cada quien tenga. Por eso, decidimos contar lo que acontecía aquellos días de hace cien años cuando los enemigos del progreso trataban de retrasar el reloj de la historia, mientras que la patria luchaba por instaurar una forma de gobierno que le permitiera crecer y desarrollarse.

Para poder lograr lo anterior, fue necesario que las fuerzas revolucionarias empezaran por echar, a balazos y mediante negociaciones, a un sujeto a quien tanto su socio, el execrable Henry Lane Wilson, como su confesor, el padre Francis P. Joyce, calificaban como un católico devoto, el chacal Victoriano Huerta. En este contexto, cabe recordar que tanto “amor” de la curia por este sujeto provenía del apoyo, no necesariamente representado por rezos, que le dieron para asesinar al presidente Francisco Ygnacio Madero González. No olvidemos que, al día siguiente del hecho, las campanas de los templos replicaron de gozo sin pensar que su criatura era espuria y los hombres del norte del país no lo aceptarían. Para que no quedara duda de qué lado estaban, los miembros de la jerarquía católica publicaron, a principios de 1914, una carta pastoral condenando la rebelión encabezada por Carranza en contra del “gobierno legítimo” y previniendo a los católicos de que si apoyaban a los rebeldes habrían de ser condenados al calor de los infiernos, lo cual seguramente provocó que por aquellos rumbos se preocuparan pues las cosas pintaban para tener una demanda creciente. En consecuencia, no es difícil encontrar la explicación al porque don Venustiano no les guardaba ninguna simpatía a los clérigos. Como muestra de ello, a finales de 1914, el 12 de diciembre, emitió un decreto que ponía en vigor las Leyes de Reforma. Con la pluma encendida, el 25 de ese mismo mes, publicó las Leyes del Divorcio y más tarde el 29 de enero de 1915, emitió una enmienda al Código Civil mediante la cual autorizaba dicha disolución legal del matrimonio. Sin embargo, algo le faltaba para asegurar un lugar en el averno, según la versión clerical y eso sucedió cuando, a finales de 1916, convocó a un Congreso Constituyente para redactar una Carta Magna Nueva.

Mientras en Querétaro estaban reunidos los hombres quienes miraban hacia el futuro, en otros lados los agentes de la reacción, encabezados por la clerecía, armaban la estratagema en busca de retornar al pasado. Uno de ellos era el ciudadano Giacomo Della Chiesa al cual sus seguidores identificaban como el Papa Benedicto XV quien en calidad de tal, el 26 de enero de 1917, dirigió un telegrama al presidente Woodrow Wilson en el cual le solicitaba que hiciera uso de su gran influencia sobre México y lograra que dejaran libres al arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez y al arzobispo de México, José Mora y Del Río a quienes se detuvo por conspirar en contra de Carranza y apoyar a Villa (en el original en latín ambos apellidos están escritos con minúsculas como una muestra del desprecio que hacia ellos sentía el ciudadano romano). Don Giacomo jugándole al inocente argüía que tal vez las pasiones políticas los habían llevado a manifestarse de esa manera y, en plena carrera, solicitaba al presidente Wilson que convenciera a los mexicanos de que se los dejara libres para que fueran juzgados por la santa sede. Wilson no le respondió ya que no existían relaciones diplomáticas entre la Iglesia católica y los EUA. Sin embargo, su secretario Joseph Tumulty se dirigió al delegado apostólico, Giovanni Bonzano indicándole que Orozco andaba huyendo y que a Mora le darían oportunidad de defenderse para lo cual sus seguidores reunían dineros en México y así cubrir los emolumentos de los abogados. Esto era el preámbulo, o si se quiere la orden de arranque, para que en cuanto apareciera la Constitución los sacerdotes mexicanos se manifestaran en consecuencia.

Como todos lo sabemos, la Constitución fue promulgada el 5 de febrero y no terminaba aun de secar la tinta con que fue escrita cuando, el 24 del mismo mes, los miembros del Episcopado Mexicano elaboraron una carta pastoral en la cual argüían que la Constitución, ellos la llamaban código, hería “los derechos sacratísimos de la Iglesia Católica, de la sociedad mexicana y los individuales de los cristianos, proclama principios contrarios a la verdad enseñada por Jesucristo…” Asimismo, negaban su respaldo a la asonada de Huerta y haberlo apoyado en su lucha contra el Ejército Revolucionario. Pero vayamos al cuerpo de su protesta.

Se oponían a que la educación fuera libre y sin contenido religioso, a la desaparición de las órdenes religiosas; se permitiera que cada quien escogiera la religión que más le conviniera o deseara; los actos religiosos se efectuaran exclusivamente en los templos y bajo la supervisión del Gobierno federal (estimamos que esto de la vigilancia lucía excesivo, pero entonces no lo era del todo dadas los antecedentes de la curia). Lo que verdaderamente les molestaba era que en, el artículo 27, se estableciera que todos los edificios y terrenos que fueran propiedad de la Iglesia pasaban a ser propiedad del Estado mexicano. Asimismo, les prohibía que ellos o sus familiares y las organizaciones religiosas administrarán instituciones de caridad. En igual forma en el artículo 130, se les negaba poseer personalidad jurídica, a la vez que a los clérigos se les debería de tratar como a cualquier otro profesional, debiendo ser mexicano por nacimiento, no poder participar en política y obtener un permiso especial del Gobierno para abrir una iglesia nueva. Criticaban que la Constitución declarara el matrimonio como un contrato civil, ya que, decían ellos, es una definición dogmática y el Estado no tiene ese derecho. Seguramente para la curia la unión de un hombre y una mujer debería de darse en condiciones de adquisición de la segunda en algo que semejara un mercado de esclavas. Adicionalmente, en abril, el episcopado envió un mensaje a los clérigos recordándoles los lineamientos que se habían establecido en el Consejo Plenario Latinoamericano, mediante los cuales se “sugería” a los padres de familia no enviar sus hijos a escuelas que no pertenecieran a una orden religiosa católica. Como muestra de que los clérigos mexicanos no estaban solos en su embestida en contra de la Constitución Mexicana, ese mismo mes de abril, los sacerdotes estadounidenses también emitieron su opinión.

En la publicación católica, entonces la más importante de esa fe en los EUA, “Extension Magazine”, aparecieron un par de artículos. Uno firmado por el arzobispo de Saint Paul, Minnesota, John Ireland quien mencionaba que “el llamado partido constitucionalista bajo el liderazgo de Venustiano Carranza, al perseguir a la Iglesia católica atenta en contra de los principios de libertades civiles y religiosas, tan apreciados por los estadounidenses en su suelo propio, harán que no perdonen tal afrenta que se comete en México”. Por su parte, el obispo de Oklahoma, Francis Clement Kelley argüía que la minoría en el poder en nuestro país estaba temerosa de la Iglesia quien poseía suficiente fuerza para hacer que los más de dos tercios de la población que profesaba dicha religión se lanzaran en contra de los revolucionarios. Sin embargo, magnánimamente, aclaraba que no lo harían. “El objetivo de los revolucionarios es quitar el mayor poder posible a la iglesia para hacer que la Iglesia haga uso del que hoy tiene. La Iglesia vive bajo la amenaza de la extinción… La Iglesia es la gran paria en un país al cual convirtió a la civilización y le ofreció la oportunidad de que sus habitantes adquirieran conocimientos…” Y tras de eso procede a enumerar como antes de la bendición que recibieron los mexicanos nativos vivían en un estado de salvajismo, idolatría, prevalencia de sacrificios humanos y estratificación social. De no haber sido por la labor de los frailes, decía Kelley, aquello hubiera prevalecido. Todo eso, apuntamos nosotros, que se desvaneció gracias al uso del látigo, la espada, el hierro candente, la aparición de santos y vírgenes, las acciones bondadosas de la inquisición, la clasificación de los individuos por orígenes raciales y la promoción de la educación para hacerlos especialistas en canticos y rezos religiosos, todo instrumentado bajo la protección de la cruz. Pero eso es historia más lejana, volvamos al entonces de 1917.

Después de retornar del exilio. El arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, no perdió tiempo para mostrar quien era el líder de los contestatarios. El 4 de junio de 1917, publicó una carta pastoral en la cual, después de apoyar la carta pastoral de febrero, procedía a criticar las disposiciones establecidas en la Constitución, al tiempo que indicaba era “tiempo de revivir entre nosotros el espíritu católico verdadero y eliminar todo compromiso con los errores modernos [a lo lejos se escuchaban los ecos de la encíclica Silabario de Errores que Giovanni Maria Mastai-Ferreti, el papa Pío IX, emitiera el 8 de diciembre de 1864] condenados por la Iglesia”. Asimismo, enfatizaba que los revolucionarios tenían como objetivo “sojuzgar y oprimir a la Iglesia hasta el punto de suprimir su nombre”. Pero la arremetida no se detenía.

Once días más tarde, el papa Benedicto XV envió un comunicado a los miembros de alta jerarquía católica en México a quienes felicitaba por la actitud asumida en la carta pastoral de febrero. Asimismo, les mencionaba que “al protestar, obligados por la firme conciencia de nuestro deber, contra las injurias inferidas a la Iglesia y el detrimento causado a los intereses [¿pecuniarios?] católicos, habéis cumplido una obra propia de vuestro oficio pastoral y muy digna de nuestro elogio… Algunos de los artículos de la ley nueva ignoran los derechos sagrados [¡!] de la Iglesia, mientras que otros abiertamente los contradicen”. Aquí cabe anotar que desde el 21 de abril, Orozco y Jiménez ya contaban con la bendición de su alto mando para no detenerse, en esa fecha le fue enviada una carta firmada por el secretario de estado, Pietro Cardenal Gaspari, quien le comunicaba que el papa aprobaba sus acciones y le felicitaba por defender a la Iglesia.

En ese contexto, el arzobispo de Guadalajara remitió un escrito al presidente Carranza Garza, en el cual se quejaba de la forma en que las autoridades de Jalisco trataban a los católicos, a quienes acusaban de violar lo dispuesto en la Constitución. Pero el embate a la Constitución continuaba al otro lado del Bravo.

Durante los primeros días de septiembre de 1917, reunidos en Kansas City, los miembros de la Federación Estadounidense de Sociedades Católicas adoptaron una resolución condenando a la Constitución Mexicana. Una postura similar fue la que escogieron los obispos estadounidenses reunidos en la Universidad Católica de Washington. Los prelados argüían que el Gobierno de México le debía su existencia a los EUA. Después de hacer todo tipo de considerandos en contra de las disposiciones jurídicas asentadas en la Constitución, veladamente lanzaban su requerimiento. Decían que “actualmente nuestro país [los EUA] está inmerso en una guerra debido principalmente a que su honor e integridad han sido lastimados por un poder autocrático. Hemos heredado de nuestros ancestros el espíritu democrático basado en los ideales y preceptos cristianos”. Y decimos nosotros para que sean utilizados por otros, pues su organización es la más antidemocrática que se conoce a lo largo de la historia o ¿Alguien puede espetarnos lo contrario? Por ello, planeaban enviársela al presidente Wilson demandándole que tomara cartas para corregir las irregularidades que sucedían en el país vecino. Sin embargo, el arzobispo de Baltimore, James Cardenal Gibbons decidió retenerla al considerar que el mandatario estadounidense estaba más preocupado con la guerra en Europa que en andar solucionándoles su problema de ver como mantenían sus prerrogativas y propiedades al sur del Bravo.

También por los rumbos del sur, pero del Suchiate hacia abajo, los jerarcas de la Iglesia católica, desde Guatemala hasta Chile, se entrometieron en un asunto que no era suyo. Un ejemplo del tenor de las protestas lo muestra el documento emitido por el episcopado de Perú en el cual se asentaba que “la constitución daña escandalosamente los derechos de la Iglesia, y paraliza completamente su acción benéfica en los hogares, en la sociedad y en la nación… expresaban el deseo de que la persecución odiosa cesara… y los arzobispos y obispos pudieran salir del ostracismo para continuar impartiendo a sus ovejas amadas la labor pastoral en favor de la causa de la libertad...” A las protestas latinoamericanas, se unirían las provenientes de Francia y España.

Lo descrito líneas arriba fue apenas el principio, durante los nueve años siguientes las presiones arreciarían. El arzobispo Orozco y Jiménez, apoyado por el jesuita francés, Bernard Bergöend, no descansaría hasta lograr que nuestro país se viera inmerso en un enfrentamiento armado entre el Gobierno mexicano y los católicos fanáticos. Lo consiguieron en 1926 cuando nos llevaron a una reyerta estúpida en la que perdieron la vida inútilmente más de cien mil mexicanos. No pudieron impedir el nacimiento del estado mexicano moderno, ese que nos proveyó con crecimiento y desarrollo económico. Sin embargo, a lo largo de una centuria no han cejado en su empeño por deshacer aquel documento que les quitó privilegios, muchos de los cuales se los regresaron en aras de una modernidad supuesta, lo cual lo único que les trajo es que ahora sus miserias sean del conocimiento público, sus dirigentes hayan perdido el respeto que alguna vez tuvieron entre la mayoría de la población y cada vez sean menos los adherentes a esa interpretación de la fe. En este contexto, no debemos de olvidar que cada vez que alguien salga a recomendar que eliminemos la Constitución para dar paso a una nueva, debemos de revisar si detrás del sugerente no está alguna mano luciendo un anillo prominente moviendo los hilos. Mientras tanto, la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, a pesar de los más de seiscientos remiendos, continúa manteniendo como válidos la gran mayoría de sus preceptos y soportando las embestidas de malos gobernantes, aprendices de políticos y de la clerecía a quienes cien años no les han bastado para saciar sus ansias de revancha en contra de un documento que los privó de muchos de sus privilegios e hizo que se cuestionara si su accionar era puramente celestial. Ahí están los datos duros sustentados en documentos primarios que lo prueban.
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Añadido (1) En la UNESCO fueron de entrometidos a mostrar que lo de ellos no es la diplomacia, ni la historia. En ese mismo contexto, nos resultaron piel de cebolla y ahora, se cuelgan de cualquier clavo ardiente en busca de aparecer como defensores del honor patrio. Pobre diplomacia mexicana en manos de quien fue a caer.

Añadido (2) Aquí lo escribimos, lo indicado era plantarse de frente. Si eso hubiera hecho, hoy no tendrían que andar desmintiendo versiones periodísticas acerca de las cuales nosotros no tenemos elementos para calificarlas de confiables o no, pero que muchos toman como verdad eterna, y dado que de este lado la credibilidad es escasa, pues…

Añadido (3) Muy satisfechos deben de estar, lograron imponer récord. El monto de las remesas, en 2016, alcanzó los 26 mil 970 millones de dólares. Ante esa cantidad que son mil millones de pesos (+/- 48 millones de dólares) para defender (¡!) paisanos. ¿Se imaginan que sucedería si se regresan siete millones de connacionales y deja de llegar esa cuantía? Fracasaría la única política exitosa instrumentada en dieciséis años. Por supuesto que no hay que darles todo el crédito a los actuales, debemos de reconocer los esfuerzos realizados por los grupos que encabezaron el lenguaraz ignaro y el devoto mangas largas.

Añadido (4) Vaya muestra de intolerancia la exhibida por los estudiantes de la Universidad de California-Berkeley. Esos son quienes dicen defender la democracia y la libertad de expresión, claro siempre y cuando se les diga lo que ellos quieren escuchar. Al observar el actuar de los californianos iracundos de hoy, no pudimos sustraernos al recuerdo de las imágenes que plasman el accionar de aquellos nacional socialistas alemanes de los años treinta y cuarenta del siglo pasado.
28 Enero 2017 04:00:00
Lo indicado era plantarse de frente para definir posiciones y negociar, pero…
Sabemos que en estos momentos sobran quienes demandan que nos cobijemos con el lábaro patrio y aunado a ello otros, más envalentonados, le recomendaron al presidente de México que fuera a esconderse envuelto en el cobertor mencionado, como una forma de protestar ante las medidas que toma el presidente de los EUA y, para nuestra desgracia, les hizo caso. Todo esto está muy bien para quienes acostumbran vender y comprar demagogia. Sin embargo, como dicen en el pueblo “la realidad es canija y…” pues no queda sino afrontarla de frente provistos de una buena cantidad de neuronas y un par de cosas más. Los gritos histéricos y los berrinches deben ser dejados a un lado y entender que a nada nos llevan. La naturaleza, la geografía, el destino o, para los creyentes, los designios del Gran Arquitecto determinaron que México y los EUA compartieran una frontera común. Primero en dirección oeste-este y más tarde, cuando encontraron de este lado un lotero sin escrúpulos, la orientación cambio hacia sur-norte. Así, hemos vivido pasando por épocas diversas ninguna de las cuales podríamos decir que han sido fáciles para nuestro país. Hoy, los estadounidenses decidieron escoger para que los gobernara a una persona que lo hace en una forma estridente y quien dice en voz alta lo que muchos veníamos escuchando desde hace mucho tiempo en forma soterrada. Ante ello, aquí en nuestro país lo único que percibimos son respuestas quejumbrosas y carentes de estrategia como si no hubiéramos sabido lo que venía, todo por andarle apostando a una candidata en un juego que no era nuestro. A quienes con tiempo demandamos que se tuvieran listos un par de planes de acción para el eventual triunfo de uno u otra, pues nos miraban con recelo. Estaban seguros que ellos acertarían en su apuesta y nada que la realidad se hizo presente. Hoy, juegan con las manos vacías y, en lugar de utilizar el nacionalismo pragmático, les sale lo digno y van a ocultarse cuando lo indicado era plantarse frente a frente para resolver las diferencias.

Para quienes nacimos y crecimos de este lado de la frontera con los EUA, todo lo que hoy sucede nos resulta difícil de aceptar. Nos formamos bajo el concepto de que al norte del Bravo existía un país poderoso, el mayor de la tierra, el cual era nuestro vecino rico, pero que no necesariamente era un monstruo que fuera a devorarnos. Por el contrario, lo veíamos como el sitio a donde podíamos ir por un rato y regresar a nuestra realidad trayendo consigo cosas diversas que nos hacían la vida más placentera. Disfrutábamos de las ventajas del primer mundo aun cuando viviéramos en un país que luchaba por consolidar su desarrollo. Morábamos en un entorno que no solamente por razones geográficas, sino por la convivencia diaria nos hacía sentir una cercanía mayor hacia nuestros vecinos del norte. Estábamos aislados del resto de la nación. La radio del centro del país se escuchaba, y mal, solamente por las noches. La televisión que mirábamos era la estadounidense. Los diarios nacionales arribaban con un día de retraso. Celebrábamos con singular alegría lo que ellos conocen como el “Eastern Bunny” y nosotros como “Día de la Coneja.” Asimismo, adoptamos la llegada de Santa Claus como el símbolo de la Navidad. Eso sí, ni remotamente andábamos trepándonos en el “Halloween” o en el “Thanksgiving Day.” En ese contexto hasta un día al año se podía cruzar hacia “el otro lado” sin necesidad de presentar documento alguno y a la par se efectuaba un desfile cuyo inicio se alternaba año con año a uno y otro lado. La emigración ilegal estaba presente, pero era mínima. Recordemos que en aquellos tiempos el país crecía y se desarrollaba y quienes iban a los EUA en busca de trabajo era porque no les quedaba de otra ante el veto que sobre ellos pesaba y vaya que de eso nadie puede contarnos nada. En la vida del día con día, existían diferencias como entre todo vecino, pero era factible resolverlas. El apoyo se daba cuando era requerido en uno u otro sentido. Nos vencían en el baseball, pero los derrotábamos a la hora de enfrentarnos en el baloncesto. No había hogar fronterizo que no gozara de las ventajas de los aparatos eléctricos y electrónicos estadounidenses. En el caso específico de nuestro pueblo, recordamos cómo en cierta negociación estadounidense cuando uno iba a comprar un aparato electrodoméstico, o de cualquier tipo, la persona encargada de la venta preguntaba: ¿Se lo lleva o lo quiere en su casa? La mayoría cubría el costo, flete incluido, y optaba por que se lo entregaran al sur del Bravo en la comodidad del domicilio. En esa forma se daban las importaciones. Suena cínica, pero esa era la realidad imperante en aquellos tiempos. Ni modo que algún paisano contemporáneo vaya a negarlo, salvo que sea un hipócrita. O como nos dijera en una ocasión un fronterizo de otras latitudes, “por el puente pasa todo siempre que no venga atravesado”. No obstante, toda la interrelación descrita, en poco menguaba nuestro sentimiento patrio. Para nada nos sentíamos un remedo de estadounidenses de segunda. Nuestra mexicanidad no sufría mella, estábamos plenamente identificados con la patria a pesar del aislamiento. Nuestro lazo de unión era la historia y un nacionalismo profundo que era al final lo que nos aglutinaba a todos a lo largo y ancho del país. Sí eso que en años recientes, gracias a los (des)gobiernos panistas, acabó convertido en objeto de escarnio. Aquello de las relaciones no era ni paradisiaco, ni nada que pueda parecérsele, las diferencias existían, pero entonces teníamos gobernantes que arreglaban los problemas de frente. A pesar de lo que parecía, era factible que México tuviera grados de libertad en su relación. Sin embargo, llegaron los tiempos modernos y aquella interrelación se convirtió en dependencia absoluta.

Cuando arribó la globalización quienes ya la habíamos vivido en una u otra forma y la interrelación diaria con el extranjero no nos resultaba extraña, estimamos que era una buena oportunidad para que nuestro país tomara ventaja de algunas cosas que ya poseía y adquiriera otras mediante una relación en grado mayor. No veíamos la apertura al capital foráneo como un ente diabólico que nos comería las entrañas. Sin embargo, estamos ciertos de que no vendrían en plan de hermanas de la caridad, pero confiábamos en que nuestra clase gobernante habría de tomar las decisiones adecuadas en función del interés de la nación. Con convencimiento pleno primero participamos, mucho antes de la apertura, en aquel grupo que planteaba una estrategia industrial en donde habría de utilizarse las fortalezas existentes y se buscaría complementar las debilidades con factores externos. Aun bajo esa premisa nos involucramos en el proceso de apertura, porque ni modo que ahora vayamos a salir con que nosotros ni enterados, ni mucho menos que por ahí no andábamos.

En ese contexto, aun no olvidamos la cara que puso, cuando le dijimos que no se podía, aquel representante del Royal Bank of Canada, quien estaba interesado en que dicha institución se estableciera en México. Y por ese camino transitarían varios más a quienes tarde se les hacía para invertir en electricidad, petróleo y adquirir una franja de tierra en las costas. Hasta entonces en las leyes mexicanas prevalecía la negativa para que se metieran ahí, pero no duraría mucho. Cuando eso llegó, nosotros ya andábamos por rumbos distintos, no poseer un perfil santanista había hecho que nos echaran por primera, y única, vez en toda nuestra carrera al servicio del estado mexicano.

Cuando llegaron los tiempos del TLC, basados en lo que expusimos párrafos arriba, estábamos convencidos de que era lo correcto. Si bien al principio aquello lucía que iría por caminos que permitirían al país obtener ventajas de la globalización, de pronto les entró la urgencia y procedieron a abrir la puerta de par en par, sin ton, ni son. A la par, nuestros gobernantes fueron víctimas de una “disentería tratadil.” Parecía que estaban en competencia con otras naciones para ver quién firmaba más tratados, sin que detrás de ellos hubiera realmente una estrategia de política industrial-comercial. Y pronto empezamos a ver cómo todo el sector productivo mexicano se iba desmoronando. Los hombres de negocios mexicanos decidieron que ya estaban cansados y empezaron a vender sus propiedades a extranjeros. Y así, el país se fue convirtiendo en un ente maquilador de productos elaborados por empresas de capital foráneo, hasta llegar a nuestros días en donde nuestra dependencia del exterior es total. Se destruyeron todos los pequeños y medianos negocios, se acabó con la gran mayoría de talleres y la integración de componentes nacionales en el producto final se redujo al mínimo. En síntesis, como nos lo dijera el economista sonorense Luis Fernando Morfín Avilés, “no pudimos aprovechar el modelo económico basado en la inversión extranjera y el proceso de adaptarnos al TLC, para invertir en educación y tecnología que permitiera generar productos con alto valor agregado”. Y para los ilusos que aún no se percatan que ya nada del aparato productivo es nuestro, mientras claman que debemos de diversificar mercados para responder a la política estadounidense, les recomendamos que revisen lo escrito por otro economista, este sinaloense, Sergio Enrique Castro Peña, en “Hablemos de incertidumbre o de reformas estructurales”
(
http://www.guerrerohabla.com, 26-I-2017).

En lugar de andar prometiendo que va a convertir los consulados de México en los EUA en oficinas de defensa para quienes entraron de manera ilegal, lo conveniente sería que con esos recursos empezara a constituir un fondo. Acto seguido, dado que todos ellos crearon las condiciones para que la emigración se suscitara, mandar llamar a los miembros del sector productivo (hombres de negocios y líderes obreros), financieros y miembros de la curia, esos que dicen estar muy preocupados por sus semejantes, para que conjuntamente con el gobierno mexicano vean cuánto van a aportar para generar inversión y empleos productivos y no sea necesario andar mendigando que el vecino se haga cargo de nuestros connacionales quienes se largaron, a cruzar la línea o el Bravo sin documentos, porque no les quedaba de otra antes de morirse de hambre.

Al parecer lo único que preocupa a nuestras autoridades y hombres de negocios, así como a los miembros de la curia, acerca de los mexicanos viviendo de manera ilegal y legal en los EUA, son los recursos que les generan. Al primer grupo porque durante los últimos dieciséis años los mexicanos morando en el exterior les han redituado pingues ganancias al enviar a México alrededor de 340 mil millones de dólares, lo cual ha terminado por convertirlos en la fuente principal de divisas para el país. Para ello no han tenido necesidad de invertirles un sólo quinto, solamente con expulsarlos ha sido suficiente. A los segundos dado que muchos de los ilegales han optado por refugiarse en las llamadas “sanctuary cities,” en donde el negocio de proporcionar refugio es administrado por miembros de la curia católica y las utilidades que ello les genera son bastas. Hoy, todos se trepan a un muro cuya mayor parte ya está construida y de muy poco ha servido para evitar el tráfico ilegal de personas y mercancías de todo tipo. Pero eso sí, ha generado una muralla de humo en donde se arropan todos los patrioteros, que no nacionalistas, de uno y otro lado para desviar la atención de lo verdaderamente importante.

No estamos de acuerdo en que el presidente Peña Nieto haya cancelado su entrevista con el presidente Trump. Esa actitud que mostró en videograbaciones y twitters debió haberla expresado en Washington cara a cara. A partir de ahí, entablar las negociaciones. Esto no es asunto de buenos o malos, son cuestiones de negocios entre dos naciones en donde sus líderes deben de defender los intereses de sus gobernados. Ante las circunstancias domésticas negativas que vive el presidente mexicano, esta era su oportunidad para revertir la situación Sin embargo, escuchó a los demagogos e ignorantes. Prefirió envolverse en el lábaro patrio y resguardarse. Jugó para la tribuna aullante, incluyendo al lenguaraz ignaro que nos (des)gobernó y al otro que nos embarcó en una reyerta estúpida. Ya sabemos lo que vendrá después, en cuanto les pase la euforia y empiecen a resentir los efectos, esos mismos que hoy le aplauden acabarán por abuchearlo. Como mexicanos profesantes del pensamiento Juarista-Elíascallista, nos sentimos decepcionados de que, una vez más, como dijera nuestro hermano José Gerardo: “La historia cíclica nos ha quedado a deber la presencia de un estadista.”

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Añadido (1) Ahora que regresó Fidel el veracruzano, hay por ahí un candidato “independiente” quien ya no duerme tranquilo. El fantasma de un audio le inquieta el descanso. Y él, quien se presenta como puro y casto, pudiera salir del color del jarocho si nuevamente circula aquella grabación.

Añadido (2) En la vecindad azul del noreste, el pleito de los chamacos ya se resolvió y aparecieron muy amartelados. El romance durará hasta que una torta de jamón vuelva a interponerse en su camino.

Añadido (3) ¿Por qué será que ahora, cuando el país anda muy necesitado de recursos, nadie osa proponer que se impongan medidas sobre el manejo de recursos generados mediante la excusa de que así les otorgaran el perdón de los pecados y les abrirán las puertas celestiales? Por esa vía, periódicamente, salen millones de dólares cuyo único fin es continuar ensanchando las arcas de aquellos, quienes dicen no tener
interés en las cosas terrenales

Añadido (4) Habría que preguntarles si también consideran violatorio de los derechos humanos las murallas que rodean a cierto estado ubicado en las colinas de la ciudad eterna. O ¿acaso con ese no se meten por temor a que les suban la
penitencia semanal?

Añadido (5) Ahora que anda de consejero de cómo enfrentar al vecino, no estaría de más recordarle a don Cuauhtémoc la forma en que su padre reaccionó cuando quiso pasarse de listo. Bastó la visita del embajador don Josephus para hacer que don Lázaro se retractara y corriera a cerrar la puerta, que él generosamente le había abierto, al capital japonés para que participara plenamente en el entonces recién “nacionalizado” sector petrolero. O ¿van a decirnos que esa historia no se la contaron?

Añadido (6) Como lo expresamos en este espacio, apostar a la cercanía con el yerno no era base de sustentación para las relaciones con el vecino. Eso sí, una vez más confirmamos la sinceridad de quien dijo que de diplomacia no sabía nada. Ni quién pueda poner en duda sus palabras, es todo un lego en la materia.
21 Enero 2017 04:00:00
Aquella sí era una nación dividida
Ayer, conforme a la decisión que los ciudadanos estadounidenses tomaron el 2 de noviembre pasado, juró como el presidente número 45 de los Estados Unidos de América, el ciudadano Donald John Trump MacLeod. Como era de esperarse, algunos grupos manifestaron su descontento dado que su candidata no fue quien accedió a esa posición. De pronto pareciera que algunos olvidan que aceptaron jugar bajo ciertas reglas y al no darse las cosas cómo ellos esperaban, salen encobijados en el papel de mártires. Y aquí, en nuestro país, en donde de pronto lo que sobran son expertos en los asuntos estadounidenses, pues no faltan quienes se incorporen a esa cofradía y emitan su opinión como si fueran ciudadanos o nativos de aquel país. En ese entorno, a principios de semana escuchábamos en la radio a una persona, cuyo nombre no logramos identificar, quien presumía de ser experto en las relaciones México-EUA. En ese contexto, se declaraba alarmado porque, de acuerdo a su perspectiva, nunca en la historia de los EUA la toma de posesión de uno de sus presidentes había estado rodeada por un ambiente de tensión tan alto derivado de una división profunda entre la población. Por ahí siguió sin citar ejemplos de otra toma de posesión al otro lado del Bravo. Ante eso, este escribidor recordó las lecciones que sobre la historia estadounidense le proveyeron, con objetividad plena alejada de franquicias partidistas, sus profesores Harry W. Fritz y Michael S. Mayer. El primero acerca de lo acontecido en el Siglo XIX y el segundo sobre los eventos del Siglo XX. En ese contexto, procedimos a dar, en sentido inverso, un repaso rápido a las “inauguraciones”, de esa manera son llamadas por los estadounidenses, presidenciales. Así, llegamos a la toma de protesta presidencial de 1861 cuando, en los EUA, se mostraba lo que realmente es una nación dividida.

Sin embargo, para explicar lo acontecido entonces es requerido dar una revisión breve a su pasado inmediato. Durante los 1830s y 40s, los estadounidenses mostraban una politización y partidismo muy marcado. Operaban bajo un esquema bipartidista en donde Whigs y Demócratas tenían un grado alto de cohesión entre sus respectivos miembros. Los integrantes del Congreso emitían su voto en función de lo que era más conveniente para el partido y no de acuerdo a los intereses locales o sectarios. A lo largo de los 1840s, el comportamiento a la hora de emitir el sufragio en el seno del legislativo mostraba una unidad partidista de alrededor del 80 por ciento en todos los asuntos, excepto en uno, el de la esclavitud. Sin embargo, alrededor de esto se dieron un par de acontecimientos que vendrían a alterar el escenario político de esa nación.
Uno, suscitado, el 18 de septiembre de 1850, cuando se acepta lo que es conocida como la “Fugitive Slave Law” en donde se autorizaba que los sureños esclavistas pudieran capturar esclavos quienes habían escapado de aquellas entidades en donde tal situación no estaba permitida. El otro, acaecido el 6 de julio de 1854, al promulgarse el llamado “Kansas-Nebraska Ac,,” mediante la cual se otorgaba libre albedrío a las dos entidades en asuntos relacionados con la esclavitud. Ante estos acontecimientos, el descontento surgió entre quienes se oponían a que la esclavitud se extendiera por todo el territorio estadounidense.

Este grupo estaba integrado por tres facciones, los “Free Soilers”, los
demócratas disidentes y los miembros del Partido Whigh. Entre todos ellos fundaron, el 20 de marzo de 1854, lo que hoy se conoce como el Partido Republicano. Pronto, este instituto político salió a competir en las elecciones legislativas de ese mismo año en donde el sur envía al Congreso principalmente demócratas y del norte resultan electos mayoritariamente aquellos que pertenecían al Partido Republicano. Esto fue consecuencia de que los miembros del Partido Whig en el sur pasaron a formar parte de los Demócratas y en el norte el Partido Republicano se volvió atractivo para muchos Demócratas quienes temían las consecuencias del incremento de la inmigración alemana e irlandesa. En esas elecciones cabe mencionar que e fueron electos 108 candidatos quienes se oponían al “Kansas-Nebraska Act”, aun cuando no todos eran Republicanos ya que existía un tercer partido conocido como los “Know Nothings”. En este se ubicaban quienes se oponían a la religión católica, pero sobre todo a la inmigración de alemanes en el medio oeste y la de irlandeses en el este. Argüían que estos grupos representaban una amenaza para la economía y la seguridad política de los estadounidenses por nacimiento quienes profesaban la religión protestante. En medio de ese debate político trascurrirían los dos años siguientes hasta llegar a las elecciones
presidenciales de 1856.

Por vez primera, en el proceso electoral estadounidense se enfrentaban tres partidos políticos nacionales. Por los “Know Nothings”, participaba Millard Fillmore quien previamente, como miembro de esa organización, había accedido al poder, en 1848, para convertirse en el décimo tercer presidente al darse la muerte de Zachary Taylor de quien los mexicanos guardamos recuerdos nada gratos.

Por los Republicanos participó John C. Frémont. Esta división ayudó al candidato demócrata, James Buchanan. En una campaña presidida por el debate en favor y en contra de la esclavitud, el candidato demócrata se pronunció porque la aceptación o no de la misma fuera resuelta por cada estado, lo cual le permitió obtener el apoyo de los estados sureños. Al final, Buchanan se alzó victorioso con el 45.2 por ciento del voto popular que le permitió alcanzar un total 174 votos electorales. Sorprendentemente, los Republicanos, con solamente dos años de haberse constituido obtuvieron, el segundo lugar al lograr su candidato 1.34 millones de sufragios que representaron el 33.1 por ciento de la votación total que lo proveía de 114 votos electorales. No obstante el resultado adverso, en el futuro, los Republicanos habrían de recibir una ayuda extraordinaria de parte del Presidente Buchanan quien por cierto es el único mandatario estadounidense que nunca se casó por lo cual las historias acerca de su vida privada son innumerables y, aun cuando hoy serian bien recibidas por varios, entonces lo convirtieron en blanco de críticas nada gratas. Pero independientemente de sus inclinaciones griegas en asuntos afectivos, su toma de posesión se suscitó en medio de una división creciente, a la cual se vino a sumar su actuación como presidente, misma que dejó mucho que desear.

El 6 de marzo de 1857, dos días después de que Buchanan jurara como el décimo quinto presidente de los EUA, la Suprema Corte estadounidense emitió su fallo en el denominado “Dread Scott Case”. Conforme a esta resolución, los descendientes de afroamericanos, fueran esclavos o lo hubieran sido, dejaban de poseer la ciudadanía estadounidense y por lo tanto no tenían derechos para pelear por su libertad en ninguna corte judicial. Asimismo, la Corte declaraba inconstitucional lo establecido en el “Missouri Compromise” de 1820, mediante el cual se aceptaba la incorporación de Missouri, como estado esclavista, y Maine como entidad libre de esclavitud a la Unión, al tiempo que se prohibía la esclavitud en la parte norte latitud 36°30’N, excepto Missouri, de la región que abarcaba el territorio de la Louisiana (desde Montana en forma descendente hasta el estado de Louisiana). Esta medida fue recibida con beneplácito por Buchanan quien la apoyó. Asimismo, en su cadena de errores, implantó medidas económicas equivocadas en la víspera de la depresión mundial de 1857. En igual forma, el décimo quinto presidente estadounidense se mostró partidario del contenido de la llamada “Lecompton Constitution”. Ésta fue la segunda constitución para el Territorio de Kansas, misma que fue elaborada por partidarios de la esclavitud.

De acuerdo a ella, dicha condición era permitida en Kansas, al tiempo que excluía de vivir en la entidad a descendientes de afro americanos en condición de libertad y solamente permitía votar a varones ciudadanos de los EUA. Los Republicanos se opusieron y repudiaron las medidas legales. Ante esto, el escenario político estadounidense se partió en dos. Por un lado los Republicanos originarios del Norte y antiesclavistas. Por el otro, Demócratas principalmente sureños y algunos aliados norteños quienes defendían la esclavitud y los derechos de los estados.

Sin embargo los años de unidad partidista entre los Demócratas parecían quedar lejanos, el rompimiento entre ellos fue liderado por el senador proveniente de Illinois, Stephen Arnold Douglas quien se mostró contrario a la adopción de la “Lecompton Constitution,” cruzada en la que los Republicanos estuvieron dispuestos a apoyarlo para bloquearla en el Congreso. Y aquí empezaría a cambiar la historia estadounidense. Dado que Douglas iría por la reelección, los Republicanos a nivel nacional pensaran en apoyarlo. Sin embargo, en Illinois, los miembros del partido tenían otros planes y decidieron nominar a un abogado quien ente 1847 y 1849 había sido miembro de la Cámara de Representantes, su nombre era Abraham Lincoln.

Al momento de pronunciar su discurso de aceptación, Lincoln criticó a su rival, Douglas, así como a la Suprema Corte y el Presidente Buchanan por promover la esclavitud, al tiempo que enfatizaba que “una casa dividida no puede permanecer erecta.” Con ese pronunciamiento, se convirtió en el líder de la anti esclavitud. En agosto de 1858, Douglas estuvo de acuerdo en participar en siete debates con Lincoln quien a lo largo de los mismos se pronunció en contra de la esclavitud, misma que no debería permitir implantarla en los territorios. Por su parte, Douglas se centraba en la soberanía popular y el racismo. Para muchos, Lincoln fue el ganador de la contienda de oratoria. Sin embargo, por la forma en que estaban divididos los distritos en Illinois, Douglas lo venció en las urnas. Sin embargo, gracia a esa exposición, Lincoln pasó a convertirse en una figura nacional que maduraría en los dos años siguientes.

Así, llegaba a su fin la década de los 1850s y, a pesar de los problemas financieros, los EUA vivían una época de crecimiento económico. Sin embargo, durante la campaña presidencial de 1860, el tema principal giró alrededor de una pregunta: ¿Hasta qué punto llega el poder del gobierno federal y en donde da inicio el poder de los estados? En intrínseca relación a ello estaban el tema de la secesión y la esclavitud, algo sobre lo cual giraría el debate de los cuatro contendientes.

Las elecciones de 1860 eran vistas por los Republicanos como una oportunidad de promover la reunificación. A la par, en Illinois, los miembros de ese partido organizaban la candidatura de Lincoln. Con ese apoyo, llegaría a la Convención Republicana efectuada en Chicago. Después de una serie de negociaciones, en la cuarta votación habría de derrotar a los otros contendientes, William Seward de New York y Salmon P. Chase de Ohio. La nominación de Lincon, se dio en parte gracias a su punto de vista moderado sobre la esclavitud, para él no podía existir un país en donde la mitad del territorio prevalecía la libertad y en la otra la esclavitud. Asimismo, además de proponer que la unidad del país debería prevalecer, apoyaba mejorar la infraestructura del país y las tarifas proteccionistas. Sin embargo, entre los Demócratas la selección no fue tan ordenada.

De entrada estaba presente el desacuerdo entre el Presidente Buchanan y Douglas.

Ello provocó que la Convención Demócrata terminara con dos candidatos. Uno, el Vicepresidente, John C. Breckinridge, a quien apoyaban los sureños, quien creía firmemente que las diferencias eran irreconciliables. Otro, Douglas quien proponía un compromiso original. Al final, el primero aparecería como el candidato de los demócratas del sur y el segundo por los del norte. Un cuarto candidato lo fue John Bell quien representaba a la Unión Constitucional y proclamaba la aplicación de la Ley, pero no veía como resolver el problema principal, la esclavitud. Al final, Lincoln obtuvo la victoria al obtener el 40 por ciento del voto popular que le permitieron lograr 108 de los 303 votos electorales. Cabe mencionar que el origen de dichos sufragios provino de los estados del norte y noreste, excepto New Jersey, así como de California y Oregón. El Sur fue ganado mayoritariamente por sus rivales, especialmente Breckinridge quien solamente perdió Tennessee. La victoria Republicana representó el único caso en la historia de la política estadounidense en donde un tercer partido lograba reemplazar a uno de los dos partidos más importantes ya establecidos. Sin embargo, la celebración para Lincoln duró poco.

Tan pronto fue conocida en Carolina del Sur la noticia de la victoria de Lincoln, quienes apoyaban la secesión empezaron a buscar los medios para separarse de la Unión. El 20 de diciembre de 1860, 34 días después de las elecciones, el estado en cuestión anunciaba su separación de la Unión. Más tarde, el 11 de febrero de 1861, Lincoln saldría, vía férrea, de Springfield, Illinois con destino a Washington. En el trayecto, por medio de la prensa, habría de enterarse de que en Montgomery, Alabama se efectuaba el Congreso Provisional de los Estados Confederados de América al cual acudían representantes de siete entidades, South Carolina, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana y Texas. La decisión tomada fue de separarse de la Unión Americana y constituirse en otra nación. Sin perder tiempo, procedieron a elegir como presidente a Jefferson Davis y como vicepresidente a Alexander Stephens. Si bien el presidente Buchanan aceptaba que aquello era ilegal, se decía impedido para poder hacer algo por evitarlo. En medio de esas noticias trascurrió el viaje de Lincoln quien en cada pueblo en donde se detenía era bien recibido por sus habitantes. Sin embargo, al llegar a Philadelphia habría de enterarse de que en Baltimore se preparaba un complot para asesinarlo. Ante ello, sus asesores lo convencieron que debería de entrar a esta última ciudad de noche y disfrazado de invalido para que no lo reconocieran. Tan pronto se supo del evento, sus rivales lo cubrieron de críticas y de cobarde no lo bajaron. El mismo Lincoln acabó por aceptar que aquello había sido un error. Finalmente el 4 de marzo de 1861, en medio de un ambiente crispado, lleno de amenazas, y con un país literalmente dividido, Abraham Lincoln seria investido como el presidente décimo sexto de los EUA. Al mes siguiente, en abril, daría inicio la Guerra Civil, entre los sureños esclavistas-separatistas Demócratas y los norteños antiesclavistas-pro Unión Republicanos, que finalizaría en 1865 con la derrota de los primeros. Ni modo de que nos vayan a acusar de partidarios de unos u otros, así sucedió la historia y nosotros nos concretamos a relatarla basados en datos duros. Así que ya lo sabe, lector amable, si por ahí escucha usted la opinión de algún “experto” quien le dice que nunca antes un presidente estadounidense había sido ungido entre tanta división, no le preste oídos. Lo de estos días son fuegos artificiales simples que habrán de terminarse en cuanto deje de llegar el patrocinio.

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Añadido (1) Creíamos que era uno de los poquísimos políticos serios que había en nuestro país y que nos sale “maistro” alburero.

Añadido (2) Lo apodan el “Niño Azul”. Para confirmarlo, hizo la rabieta acompañado de su Mamá. La selección de candidato panista para Coahuila convertida en “La Vecindad del Chavo”.

Añadido (3) Para no quedarse atrás, el PRI decidió organizar una charlotada.

Añadido (4) El diseñador del panfleto infame y vergonzante denominado “Guía del Migrante Mexicano,” o como cruzar y sobrevivir ilegalmente en los EUA que fue la base de la política migratoria del foxismo, hoy dicta línea para enfrentar lo que viene del otro lado del Bravo. Aun cuando en su descargo debemos de reconocerle que esa política ha sido la única, de las instrumentadas, que ha tenido éxito en los últimos tres sexenios. Gracias a ella, el (des)gobernante que la implantó podía enorgullecerse de captar poco más de 99 mil millones de dólares vía remesas. Y como sale baratísimo expulsar mexicanos, sus dos sucesores la han continuado. Uno logró que durante su sexenio se captaran 139 mil millones de dólares y otro, en cinco años, lleva cerca de 100 mil. Por eso están preocupados, lo
demás les importa un bledo.

Añadido (5) Y sobre cómo lidiar con el gobernante recién ungido de los EUA, hay otro que da recetas, bueno, para algo es facultativo. Eso sí, sus pa…negiristas no dejan de alabarlo, los comprendemos es mucho lo que le deben. Sin embargo en el proceso de recuperación deben de haber perdido la memoria. No recuerdan que su ídolo fue incapaz de echar fuera del auditorio Justo Sierra a una pandilla de facinerosos quienes ahí siguen.
14 Enero 2017 04:00:00
La actitud que un estadista mexicano adoptó ante las resistencias al cambio
En los tiempos que vivimos todos los actores de la vida pública mexicana pareciera que compiten para demostrar lo sorprendidos que están ante lo que parece será una relación tensa con el presidente futuro de los EUA. ¿Pero por qué habríamos de sorprendernos? Indebidamente nuestro gobierno fue a meter su cuchara en un asunto que no era de su competencia y anduvo promocionando el voto a favor de la candidata demócrata. ¿Esperaban acaso que el candidato triunfante fuera a responderles con cortesías? Hoy, carentes de una política exterior, todo se apuesta a una supuesta relación de cercanía, desconocemos a qué grado será, con un tercero. Pero esto de las fricciones entre nuestro gobierno y los vecinos del norte no es nada nuevo, así hemos vivido, y sobrevivido, a lo largo de nuestros días, meses y años como país independiente. Como han sido resueltas esas desavenencias ha dependido en mucho de la actitud de quien ha estado al frente del ejecutivo mexicano. Dado que lo nuestro es la historia con un interés particular, primero, en el nacimiento de México como nación con el estadista Benito Pablo Juárez García y después en la construcción del estado mexicano moderno edificado por el segundo, y último, estadista que hemos tenido, Plutarco Elías Calles. En ese contexto, nos dimos una vuelta a lo acontecido allá por el otoño de 1926, cuando dos de los grandes poderes políticos del mundo, el Gobierno de los EUA y la alta jerarquía de la Iglesia católica, hacían todo lo posible por descarrilar el proyecto de nación que emergía entonces.

En esta ocasión comentaremos cÓmo a consecuencia de las acciones del segundo peor embajador, el primero recordémoslo es el execrable Henry Lane Wilson, que nos han enviado los estadounidenses, James Rockwell Sheffield, la relación se tensó. Ante ello, el estadista Elías Calles respondió cómo debe de hacerse en esos casos sin titubear y convencido de que el proyecto de nación que estaba en proceso de implantación era el correcto para el futuro del país. Para ilustrar este capítulo de nuestra historia, recurriremos a un par de artículos originados en torno al estadista mexicano. Uno versa sobre lo expuesto en un artículo publicado, en octubre de 1926, bajo su firma en la revista “Foreign Affairs”.

Otro, acerca de lo que el estadista Elías Calles respondió, a inicios de diciembre de 1926, en el diario Excélsior.

En ese caso, se trató de la réplica a los ataques que el secretario de estado, Frank Billings Kellogg emitía hacia el Gobierno mexicano calificándolo de bolchevique. Esas embestidas eran originadas por los reportes manipulados que le enviaba Sheffield a quien un par de pájaros de cuenta tripulaban y le vendían información falsa como si fuese autentica. Aunado a ello agregaremos que la relación de Sheffield con los funcionarios mexicanos era casi nula. Su principal fuente de información, sobre lo que realizaba el Gobierno mexicano, provenía de lo publicado en la prensa diaria la cual era, y será siempre, muy útil para conocer ciertas cosas, pero no para en función de lo que ahí aparezca delinear las acciones diplomáticas de ningún país.

En ese contexto, Sheffield había reportado que la representación del Gobierno soviético en México realizaba una actividad inusual y el número de personas que ahí laboraban no correspondía a las casi inexistentes relaciones entre ambas naciones. Asimismo, se argüía la preocupación prevaleciente en círculos estadounidenses porque un antiguo representante ruso en nuestro país, a quien identificaban como M. Petkosky, desarrollaba actividad política intensa la cual llegaba hasta Nicaragua, utilizando a México como su centro de operaciones para preparar el ataque a los EUA y diseminar la doctrina bolchevique en el continente. En ello iba preparar un ataque en contra del Canal de Panamá y sabotear el proyecto futuro de un canal en Nicaragua. Ahí no paraba todo, la “cilindreada” que le daban a Sheffield sus informantes alcanzaba para mencionar que varios radicales izquierdistas estadounidenses eran pagados por el gobierno de México. Por ello, decían los estadounidenses, el secretario Kellogg está muy molesto con el Gobierno mexicano. Además, para calentar más las relaciones, ya se anunciaba el arribo próximo de la embajadora soviética en México a quien ellos identificaban como madame Kollantai, el nombre correcto era Aleksandra Mijáilovna Kollontái, para quien aseguraban al arribar a Veracruz habrían de organizar un desfile y un banquete. Ante esta “información confidencial” que Sheffield manejaba, y compartía, la prensa mexicana quiso salir de dudas. Por esto, un reportero de Excélsior quiso conocer de primera mano, en voz del estadista mexicano, lo que opinaba sobre todas aquellas imputaciones que lo presentaban enfundado en un traje rojo púrpura al tiempo que blandía la hoz y el martillo.

Para iniciar, Elías Calles respondió que aquellas acusaciones eran simplemente propaganda y que si no fueran difamatorias serian ridículas. Enfatizó que nadie en sus cabales podría dar cabida en su mente al hecho de que México, un país en proceso de construcción, sin un ejército organizado para ir en busca de conquistas territoriales y sin una armada, planeara atacar el Canal de Panamá o los sistemas de defensa de otras naciones. “¿Es lógico pensar que nosotros quienes tratamos de poner nuestra casa en orden, vayamos a convertirnos en apóstoles de doctrinas exóticas?” Afirmaba que el problema de México no es de ningún otro país, mi gobierno desea ejecutar sus acciones por sí mismo en función de los asuntos que aquí lo demanden y no supeditado a teorías foráneas. Por lo tanto, los problemas políticos de Rusia nos son tan extraños como los de los EUA. En igual forma, apuntaba el estadista que México mantenía relaciones con Rusia, al igual que lo hacen muchos otros países de Europa, basadas en asuntos meramente comerciales. Sin embargo, la premisa fundamental de la relación con esa nación era sustentada en el respeto a las diferencias de opinión respecto a su ideología política. Acto seguido procedía a delinear los grandes objetivos de su programa de gobierno el cual, afirmaba, era profundamente cristiano, pero que sus enemigos los calificaban de bolchevique con fines propagandísticos. Afirmaba que si en lugar de hacer eso, continuara con un programa similar al que había prevalecido durante los años del porfirismo, y pagando notas laudatorias en la prensa, obtendría el título de pacificador del país y reconstructor de la nación. Dejaba, al paso del tiempo, el juicio final que respecto a su programa y actuación habría de emitirse. En lo concerniente al programa en cuestión, vayamos a lo publicado en “Foreign Affairs.

En octubre de 1926, fue publicado el artículo titulado “The Policies of Mexico Today” (Las Políticas de México Hoy). En dicha pieza, Elías Calles explicaba en qué consistían las acciones que el Gobierno, encabezado por él, realizaba para construir lo que habría de ser el estado mexicano moderno, el cual debemos de recordar fue lo que dio pie a un sinnúmero de beneficios que, a pesar de todos los errores cometidos, impactarían positivamente sobre la mayoría de la población. Esto lo afirmamos a riesgo de que, como siempre, no faltara quién nos tache de falsarios, no obstante que ellos mismos jamás hubieran logrado muchas de las cosas que hoy disfrutan de no haberse implantado con éxito dicho
programa.

Para explicar por quÉ tanta reticencia, proveniente del extranjero, a la instauración de un nuevo orden en México, Elías Calles exponía que solamente un tercio de la riqueza nacional estaba en manos de mexicanos. Entre los poseedores principales de dicha riqueza sobresalía la institución llamada Iglesia católica que, decimos nosotros en medio de artimañas y triquiñuelas con prestanombres, poseía el 60 por ciento, lo cual explica por qué ayer, al igual que hoy, se oponían a cualquier cambio que atentara contra sus bienes abundantes. Asimismo, apuntaba que lo más fácil para su administración hubiera sido atender los problemas inmediatos, mejorar las condiciones domésticas, lograr estabilidad financiera con el exterior y consolidar en lo doméstico su poder militar y político. Sin embargo, se optó por emprender un programa de reformas que contenían un alto grado de sentido nacionalista y social, las cuales en el futuro habrían de ser la fuente de la paz social, progreso colectivo y generadoras de riqueza pública. Esto implicaba adoptar métodos y sistemas que permitieran generar riqueza a partir de los recursos domésticos y defender los derechos de la nación. Esto había sido, y es, practica común de todas las naciones para preservar su independencia política y económica, lo cual les permitiría consolidar su prosperidad económica y alcanzar un
desarrollo total.
Lo anterior, apuntaba el estadista mexicano, no está inspirado en el odio hacia el extranjero. El Gobierno nunca ha rechazado aceptar los beneficios que se derivan de la cooperación internacional como un apoyo al proceso de desarrollo.

Asimismo, no estima que el establecimiento de leyes que fomentan la soberanía deba de considerarse contrarias para aceptar la participación de extranjeros en el proceso de construcción de la nación nueva. Simplemente que dicha participación habrá de hacerse conforme a los intereses nacionales. El objetivo es simple, que los inversionistas extranjeros actúen en el marco de las leyes mexicanas con el objetivo de actuar como coadyuvantes al desarrollo y crecimiento de nuestro país y, diríamos nosotros, no como simples agentes saqueadores que únicamente dejan salarios paupérrimos. Tras de esto, pasaba a los asuntos monetarios y financieros.

La preocupación fundamental era lograr una reorganización del sector gubernamental para resolver el problema primario: El balance presupuestario. Ello permitió reanudar el pago del servicio de la deuda externa, cumplir con las obligaciones domésticas, implantar las medidas requeridas para desarrollar la educación, la agricultura y la industria, así como resolver el problema de la circulación monetaria. Como resultado, de la reorganización administrativa y la rehabilitación financiera fue posible, al final del primer año de gobierno, ahorrar 70 millones de pesos y con esa cantidad fundar el Banco de México y más tarde el Banco Nacional de Créditos Agrícolas. A la par de estas medidas, el gobierno de Elías Calles estaba preocupado por convertir al campo mexicano en generador de riqueza. Para ello planteaba el establecimiento de sistemas de irrigación, la construcción de una red carretera y de caminos y promover intensamente la educación agrícola. Si bien como primer paso se buscaba proveer de tierras bajo la forma de tenencia de la tierra en ejidos, a la par logró que el Congreso aprobara la forma de posesión bajo la modalidad de pequeña propiedad. Estaba cierto de que el colectivismo no era la ruta correcta adecuada para generar el cambio que requería el campo mexicano, el tiempo le daría la razón ampliamente por más que los panegiristas de quien convirtió al campo en un ente generador de votos anden por ahí inventando historias fantásticas para justificar fracasos. Para concluir su artículo, el estadista Elías Calles abordó lo concerniente a las resistencias que algunos envolvían en ropajes celestiales.
Para él, en México no había un problema religioso. Por parte del Gobierno mexicano no se daba persecución ninguna en contra de credo religioso alguno u oposición al dogma o la práctica de cualquier religión. Es cierto que la Constitución Mexicana contiene enunciados que el clero mexicano considera incompatibles con su intervención constante e ilegítima en asuntos de orden político y de estado o con su poderío económico el cual usa como medio de influencia espiritual y el principal factor de dominación en asuntos materiales.

Aquí les dejaba muy claro que mientras no acudieran a las instancias legislativas que les autorizaran cambios en la Constitución, la única alternativa que tenían era cumplir con la ley establecida. Hasta ahí llegaba la pieza en “Foreign Affairs.”

Con lo descrito evocamos la forma en que, durante la segunda mitad de la década de los 1920s, estaba en proceso de creación el estado mexicano moderno. Las resistencias a que se implantara fueron muchísimas, más de las que normalmente nos mencionan ampliamente los libros de historia. Para vencer las de nuestros vecinos al norte fue necesario convencerlos de que se llevaran al inepto que tenían como embajador y nos enviaran al mejor que hemos tenido a lo largo de la historia. A la resistencia de la curia católica fue necesario enfrentarla en una lucha estúpida que costó la vida de más de cien mil mexicanos y la forma en que se solucionó funcionó hasta el día en que se les ocurrió volverles a abrir la puerta a estos, quienes envueltos en ropajes supuestamente celestiales, no pueden esconder sus apetitos de poder político y económico. En el mismo entorno del grupo gobernante hubo quien bajo una piel de oveja vino a retrasar el reloj de la historia y optó por fomentar la propiedad de la tierra bajo formas que prevalecieron en la época prehispánica dejando de lado la propuesta de que a la tierra hay que arrimarle tecnología e irrigación en dimensiones adecuadas para que sea rentable desde el punto de vista económico y no de votos. Sin embargo, a pesar de todo ello, el estado mexicano moderno fue exitoso y logro en términos generales traer beneficios para el país y su población. Y si usted, lector amable, se pregunta cuál fue el secreto, le diremos que quien encabezó el cambio tenía rumbo y sentido de hacia dónde iba y qué quería. No anduvo titubeando ante las críticas o los embates de los opositores. Nada de andarse moviendo en la dirección del viento para que no se molestaran lo opositores. El camino estaba delineado y, aun cuando somos pocos quienes abiertamente reconocemos la grandeza del estadista Plutarco Elías Calles, los resultados de su obra nadie puede negarlos. Mucho bien les haría a quienes acostumbran soltar por aquí o por allá el calificativo de estadista efectuar una revisión a la historia dura de la década de los 1920s, algo que también deberían imitar quienes ambicionen, o pretendan abrogarse liderazgos que en sus fantasías y la de quienes los rodean les otorga en automático el calificativo de estadista. Recordemos, de este calibre solamente hemos tenido dos y el último dejó el cargo presidencial hace cerca de noventa años.

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Añadido (1) Al parecer en el Senado de México la escasez de vergüenza es abundante. En el pasado reciente, cuando eran matraqueros de la candidata demócrata, nos proveyeron con un par de perlas. Una, las cuatro senadoras, incluida la coahuilense, con sus camisetitas. Otra, aquel promocional del guacamole. Y como no hay segunda sin tercera, ahora se promueven como defensores de los paisanos en los EUA. Son de dar pena ajena. ¿Por qué, en lugar de tirar dinero en publicidad inútil, mejor coadyuvan a instrumentar acciones reales y demandan, tanto al gobierno como a los hombres de negocios, que aquí se creen las condiciones para que no tengan que largarse?

Añadido (2) El 22 de abril de 1992, en Los Pinos, Jacques Cousteau declaró que en sus viajes múltiples por el Golfo de California no había observado vaquitas marinas y en el evento nadie fue capaz de mostrar una fotografía reciente, entonces, de dicha especie. Han pasado casi 25 años y hoy nos salen con que la especie está en peligro de extinción y requieren quien sabe cuántos millones para salvarla. No hay duda, el verde es el color que alivia los male$ de los ecologistas$.

Añadido (3) ¿Por qué será que hay ciertos establecimientos a los cuales los vándalos protestantes del gasolinazo, ni siquiera se acercan? ¿Será porque son muy respetuosos de las manifestaciones folclóricas?
Añadido (4) ¿A cuenta de que el Banco de México sigue utilizando fondos de la reserva para disque detener la devaluación del peso? Eso ya huele a negocio para favorecer especuladores o ¿Alguien más estará en el “business” beneficiándose con cada
inyección?
Añadido (5) Como simple dato histórico, recordemos que el nacimiento de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), se dio el 22 de septiembre de 1929 como una de las respuestas de aquellos que se oponían al nacimiento del estado mexicano moderno. Para acordarse hoy que nos la quieren presentar como defensora del pueblo.

Añadido (6) El procurador del consumidor dice primero que vivimos en una economía de libre mercado. Inmediatamente después, cita al secretario de economía quien afirma que los precios no deben de aumentar más del uno por ciento. ¿Alguien les habrá dicho lo que significa libre mercado y las condicionantes requeridas para que este opere?
07 Enero 2017 04:00:00
El país inicia el año bajo los peores augurios que hayamos presenciado a lo largo de nuestra vida. Y
El país inicia el año bajo los peores augurios que hayamos presenciado a lo largo de nuestra vida. Y nada de que nos salgan con que la charlotada de 1994 fue peor, aquello era un espantajo promovido por los resentidos quienes no lograron su propósito de encumbrar la candidatura de uno de los inventores de los charlatanes que aun hoy pululan bajo la bandera de apoyar las causas populares. Lo de hoy, huele y luce como desorden, falta de autoridad, carencia de reflejos para responder rápida y certeramente ante el embate. Todo se hace a toro pasado y al final las palabras suenan huecas y como dirían en la antigüedad, “entran por un oído y salen por el otro.” No hace mucho, comentábamos con un economista sinaloense destacado que pareciera que, a los integrantes del actual grupo en el poder, se les hace poco cualquier oportunidad para demostrar que su único objetivo es entregar el gobierno a cualquiera. Hasta parecen estar compitiendo consigo mismos para que el dislate presente supere por mucho al anterior. Y ante esto, pues cada vez las cosas lucen peor. Para recomponer las relaciones con el gobierno entrante de los EUA, en lugar de armar una estrategia coherente que conlleve invariablemente a definir como habrá de enfrentarse la renegociación del TLC, salen con bravatas de que se aliaran con los asiáticos y europeos. Sin embargo, eso se cae como castillo de naipes cuando les recuerdan que estos quieren establecerse aquí para entrar al mercado estadounidense y de allá viene un mensaje clarificador. Asimismo, para recomponer la relación con el futuro ocupante de la Casa Blanca apuestan a la relación personal con terceros. Mientras tanto en lo interno, sueltan el batacazo sin estrategia y al puro estilo de “viva la virgen,” para después, tardíamente salir a culpar al pasado y apelen a un nacionalismo que en ellos suenan hueco y la promesa de un futuro resplandeciente. En esas cavilaciones andábamos cuando nos encontramos, no por azar, un par de discursos que pronunciara aquel Presidente de México, de origen mexiquense, don ADOLFO LÓPEZ MATEOS. Uno, lo pronunció al suscitarse la entrega de El Chamizal y el otro con motivo del cuarto aniversario de la nacionalización de la
industria eléctrica.

Era el 25 de septiembre de 1964, el país vivía los años en que hablar de un seis por ciento de crecimiento económico anual era cosa común y no había hordas esperando que diera la noche para cruzar la línea fronteriza o el río Bravo y adentrarse en los EUA. Hoy, nuestros hijos, se carcajean cuando les platicamos que una vez al año, el 22 de febrero, era factible cruzar hacia el país vecino al norte sin mostrar documento alguno y jamás se dio un éxodo masivo. Pero volvamos a aquel otoño ya cercano al fin del mandato, que vaya si lo había cumplido y bien, Don Adolfo. Estaba en la recepción de aquel pedazo de tierra, más simbólico que otra cosa, denominado El Chamizal. Ahí, el gobernante de origen mexiquense estaba reunido con el presidente estadounidense Lyndon Bynes Johnson ante quien apuntó: “Esta es la primera vez, [y creemos que fue única] que el presidente de los Estados Unidos y el de México se reúnen, no para examinar problemas pendientes entre sus gobiernos o para inaugurar obrar realizadas mediante el común acuerdo de ambos países, sino para recrearse en una victoria de la amistad internacional que pudimos lograr a través de negociaciones tan honrosas como cordiales.” Más adelante señalaba: “Con el orgullo más que justificado ofrecemos este claro ejemplo de cordura frente a las conmociones de nuestros días, signo de cambios y ajustes que están configurando el mundo del mañana, pero que necesariamente originan conflictos cuya solución se busca a veces por las vías de hechos con preterición de los instrumentos que ha creado el derecho para mantener la paz y robustecer la solidaridad de las naciones.” Posteriormente, invocó primero la figura del estadista Juárez García cuyo ejemplo de cómo defender la soberanía nacional fue, fijo Don Adolfo, la guía que siguió en el desarrollo de la política internacional de México entre 1958 y 1964. Aquí, nosotros debemos de apuntar que entonces sí existía la diplomacia mexicana pues era ocupada por profesionales. En la cancillería Manuel Tello Barraud, en la OEA, Rafael De La Colina Riquelme, en la ONU estuvieron Luis Padilla Nervo y como alterno, Jorge Castañeda y Álvarez de la Rosa, él sí un diplomático autentico y no como el chico quien se cree grande, mientras que como embajador en Washington operaba Antonio Carrillo Flores.

Ninguno de ellos era aprendiz, conocían el oficio y, por ende, la política exterior mexicana era respetada en el mundo. Posteriormente, el presidente López Mateos emitió comentarios laudatorios a los presidentes John Fitzgerald Kennedy y el propio Johnson, por el papel activo que tuvieron en lograr aquel acuerdo.

En las palabras del mexiquense, “la importancia del entendimiento a que llegamos sobre El Chamizal reside de una manera singular en que fue resultado del indudable mejoramiento que se registró en las relaciones entre los Estados Unidos y México durante los últimos treinta años, pero particularmente en los que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, cuando la Revolución Mexicana había sido ya finalmente comprendida. De una manera quizá explicable pero desde luego infortunada, ese entendimiento se produjo tardíamente en la historia de los dos países. Sobre este particular me parece interesante señalar que pocas veces se han registrado tantas coincidencias en las concepciones políticas, económicas y sociales de dos pises en cuya formación participaron elementos étnicos y culturales disímbolos”. Aquí, este escribidor en vestimenta de revisionista habría de corregirle la plana a don Adolfo y apuntar que olvidó de indicar lo acontecido a finales de la década de los años veinte en la relación México-EUA.

Es importante destacar que en el proceso de formación del estado mexicano nuevo, la relación alcanzó niveles de excelencia gracias tanto al entendimiento entre el estadista Plutarco Elías Calles con el presidente John Calvin Coolidge, como a la del primero con el embajador Dwight Whitney Morrow, una tercia de personajes quienes fueron fundamentales para la construcción de la patria nueva y de hacer brillar las relaciones entre ambas naciones. Pero volvamos a 1964.

En ese entonces, el mandatario mexicano indicó que “en la actualidad, después de las grandes guerras de este siglo, muchas de nuestras nociones políticas –sin detrimento de las que por naturaleza son inherentes a la estructura constitucional del Estado- han sido objeto de transformación y perfeccionamiento. Admitimos ahora sin dificultad, en todas partes, que el clamor de los pueblos por la realización de la justicia social debe de ser oído y atendido por sus servidores, y sabemos que el gobierno tiene una responsabilidad primordial en el progreso económico y social de la nación.” Como diría la canción, “como han pasado los años…” hoy nuestros funcionarios no pueden interrumpir sus vacaciones, aun cuando la pradera se incendie, primero está el siempre bien (in)merecido descanso. Aunado a ello, muy poco saben de cómo se ha dado la relación entre ambas naciones y no van más allá del maniqueísmo puro. Ante eso bien muy bien las palabras del presidente López Mateos al respecto.

“La historia de México y la de los Estados Unidos…muestran coincidencias sin paralelo en otras regiones del mundo. Los motivos que nos unen bastan para construir el sólido pedestal de una amistad perdurable. Las diferencias que nos distinguen, resultantes –como entre los mejores amigos- de la naturaleza y el carácter de su personalidad diversa, deben necesariamente contribuir, en una sociedad internacional constituida para el ejercicio de la libertad, al enriquecimiento y a la madurez de los lazos amistosos.” Bajo esa premisa fue posible que nuestro país construyera una relación de respeto que nos permitió margen de maniobra a pesar de las diferencias en el tamaño de la economía. Pero aquello implicaba, como dice “La Bamba,” “…de una poca de gracia…” a lo cual nosotros agregaríamos y algo más… Y así, llegamos al segundo discurso el del 27 de septiembre de 1964, al conmemorarse el cuarto aniversario de la nacionalización, esa si verdadera y no como la otra del cuento, de la industria eléctrica.

Entonces, el presidente Don Adolfo firmemente asevero: “Hemos conmemorado la nacionalización de las instalaciones eléctricas que estaban en poder de empresas extranjeras. Ahora, todos los energético son del pueblo de México, están al servicio de su desarrollo y su bienestar.” Ante los eventos que vivimos, no queda sino preguntarnos: ¿Podría el mexiquense de ahora repetir las palabras del mexiquense del ayer? Y no solamente eso, sino lo que
enfatizó a continuación.

“Sabemos que en muchas partes del mundo hay incertidumbres, luchas internas, desgarramientos y contraposiciones. ¡Que distinto el panorama de México! ¡Que seguro puede sentirse el Presidente de la República cuando se mezcla con su pueblo en las tareas nacionales! No sin dolor y sin sacrificio ha aprendido México su camino. Nada ha sido fácil –desde ganar la independencia hasta esta conmemoración-, todo ha sido esfuerzo y sacrificio permanentes, pero el pueblo debe estar orgulloso de sus victorias…” Y para concluir, se despedía desde el balcón central del Palacio Nacional.

“Desde aquí, les informé del resultado de mis viajes, desde aquí, de la nacionalización de la industria eléctrica, y, desde aquí, quiero convocar al pueblo para que no desmaye en la tarea, para que dando un ejemplo universal de unidad, de elevación de propósitos y de lealtad a las causas de la humanidad, siga conquistando victorias, elevando sus niveles de vida, haciéndose la justicia que merece y manteniendo en alto, siempre en alto, la soberanía de la patria y la dignidad de la nación”.

Tras de terminar de revisar los discursos del Presidente López Mateos nos entró una combinación de nostalgia y rabia. Nostalgia por que hace ya tiempo que quienes son nuestros gobernantes muy poco se le asemejan y no tienen con que soportar palabras como las pronunciadas por él. Nostalgia porque en aquellos años, a pesar de todos los pesares era factible vislumbrar que con trabajo y estudio sería factible alcanzar mejores niveles de vida, en lo personal podemos probarlo. Nostalgia porque entonces los gobernados creían en su presidente quien les respondía con acciones concretas y no atribuyendo culpas al de atrás como ha venido sucediendo una y otra vez desde inicios del siglo hasta nuestros días.

Nostalgia porque los niños de entonces sí tenían porque irle a decir al presidente “gracias” al verlo pasar a bordo de un autobús. Rabia porque ahora nos quieren convencer con palabrería hueca y nula acción. Rabia porque, a pesar de la institucionalidad en que fuimos educados, tenemos que aceptar que la actual clase gobernante en el país carece del talento requerido para ejercer sus funciones. Rabia porque esto luce como barco al garete. Rabia porque hay muchísimos que no entienden que la paz social que esta nación vivió por siete décadas costó muchísimo construirla y fue gracias a ella que el país creció- se desarrolló. En ese contexto, retomamos parte del discurso último que don Adolfo dirigió desde el balcón central del Palacio Nacional.

“No es la tarea de un hombre ni la de su equipo por brillante que este sea, lo que hace la grandeza de un país.” Sin embargo, decimos nosotros, sin ello es muy difícil de que la nación pueda enfrentar los retos e imbuir en sus ciudadanos los deseos de laborar armoniosamente hacia un mismo fin. Porque aquel mexicano reconocía que “lo que constituye esa grandeza es el espíritu que anima a su pueblo, y al mexicano lo anima el espíritu de su rebeldía contra toda injusticia, de su inspiración a la libertad de su deseo de progreso, de su ambición de ser mejor.” Pero, reiteramos sin un liderazgo firme y con objetivos claros, toda esa pasión acaba distorsionada y provocando situaciones nada gratas. Por ello fue que recordamos las palabras de aquel Presidente de México, de
origen mexiquense.

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Añadido (1) Quien sabía cómo estuvo todo lo de Acteal, la semana previa al evento se paseó por toda la entidad, ya se fue con sus secretos.

Añadido (2) Si usted transita por la Ciudad de México, le recomendamos que se dé una vuelta por el edificio que ocupó el Tribunal de Santo Oficio. Ahí, encontrara la exposición “La Inquisición, Procesos y Tormentos.” Una muestra vivida de los métodos “píos” que la Iglesia Católica Apostólica y Romana empleó para “convencer,” y de paso quedarse con sus bienes, a quienes no aceptaban su dogma. De ese pozo abrevaron la bestia austriaca y el carnicero de Georgia. Para recordarlo…

Añadido (3) ¿Cómo es posible que no tuvieran una estrategia para enfrentar la situación que provocaría la liberación del precio de la gasolina? ¿En realidad pensaban que no habría reacciones negativas? ¿Serán tan ingenuos para creer que los socios que les ayudaron a aprobar las reformas iban a comprometerse para defenderlas?

Añadido (4) Una medalla más para los funcionarios del medio ambiente y de la Ciudad de México. De noviembre de 2015 a noviembre de 2016, las ventas de autos se incrementaron en 22.5 por ciento. Todo un acierto. Sus medidas, lograron el objetivo. No importa que la contaminación continúe afectando la salud de los mexicanos comunes. Recordemos que los otros, gracias a sus cargos altos, son inmunes a esas veleidades… hasta el día en que vuelvan a ser mortales simples. Por lo pronto, disputan el premio “the car dealer of the year”.

Añadido (5) ¿Si alguien con un problema neurológico requiere de una intervención quirúrgica, recurriría a un odontólogo quien le dice que no sabe nada de la materia, pero que va a aprender conforme se
desarrolle la cirugía?

Añadido (6) Y para confirmar sus palabras, lo primero que hizo fue irse a reunir con una embajadora a quien ya le avisaron que a más tardar el 20 de enero de 2017 debe de dejar cargo. Por si alguien dudaba de su sinceridad.
31 Diciembre 2016 03:00:00
Las características de un político, algo que luce como una especie en extinción
En estos nuestros días, el accionar pobre de quienes andan inmersos en la cosa pública ha dado por resultado que el vocablo político acabe convertido en una acepción peyorativa. Coincidimos en que, en su gran mayoría, la actuación de la generación actual de hombres públicos, en el buen sentido del concepto, deja muchísimo que desear. Sin embargo, quienes entendemos la política como el arte de gobernar, no compartimos esa perspectiva. Lo que sucede es que actualmente a cualquiera, por el hecho simple de involucrarse en la actividad pública, se le llama, o es calificado como, político. Ante ello, nos fuimos a buscar sobre el tema entre las lecturas de antaño y encontramos un volumen que hace tres décadas y un tercio leímos por vez primera. El volumen, escrito en 1908, se titula “El Político”, y fue obra de José Augusto Trinidad Martínez Ruiz. Tal vez el nombre no diga nada, pero si lo mencionamos por su seudónimo, “Azorín”, seguramente lo recordaremos en las lecturas de los tiempos en que se cursaba la preparatoria. Pero antes de ir al tema del político, y las características que debe de reunir, coloquemos en contexto quien era este personaje perteneciente a la llamada “Generación del 98”.

Entre los integrantes del grupo estaban los escritores, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Ramón del Valle-Inclán y Antonio Machado. A ellos, se agregaban los pintores Darío de Regoyos, Ignacio Zuloaga, los hermanos Ramón y Valentín Zubiaurre, Gustavo de Maeztu, José Gutiérrez Solana; el grabador Ricardo Baroja y los músicos Isaac Albéniz y Enrique Granados. El conjunto se aglutinaba en torno a realizar una reflexión sobre la esencia de España basada en su tradición histórica y cultural. En ellos, predominaba el rechazo hacia el oficialismo que enarbolaba el régimen de la restauración borbónica que los llevaba a confrontarse con las intuiciones académicas oficiales. En ese contexto, no debemos de hacer a un lado que en la percepción de esta generación influye de manera fundamental un hecho que marca el fin de España como potencia, la perdida de la guerra con los Estados Unidos de América. Si, aquella que fue promovida, en los orígenes de la llamada “yellow press”. por los “próceres” del periodismo estadounidense, Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst. En esa confrontación, España pierde primero, en 1898, Cuba y más tarde cedería Filipinas, Puerto Rico Y Guam. Una vez establecido el marco en el cual se desarrollaron las ideas de Azorín, vayamos a las características que, desde su perspectiva, debe poseer un político.

De entrada, dice que “la primer condición de un hombre de estado es la fortaleza.” Pero no vaya a creerse que para cargar bultos de gran tonelaje, sino para “no dejarse aplanar en aquellos momentos críticos de amargura, en que nuestros planes y esperanzas se frustran”. Esto es algo que nuestros insignes de la actualidad parecieran que poseen en escasa cuantía. En cuanto ven que las cosas no van como planeaban creen que deben de recurrir al popularecherismo y a cometer desfiguros. Ante esto, Azorín apunta que “al hombre de mérito se le estima tanto más cuanto menos podemos apreciar los detalles pequeños, inevitables, que le asemejan a los hombres vulgares”.

En este renglón, los ejemplos a lo largo y ancho de la geografía nacional son innumerables y llenarían planas enteras. Los políticos mexicanos, en su afán por quedar bien, no se han detenido en nada para disfrazarse de cuanto se les ha ocurrido y ya no hablemos de la diarrea verbal que algunos padecen perennemente. Todo ello ha dado por resultado que la actividad política pierda seriedad y la población les haya perdido el respeto. Respecto a la incontinencia oral que la mayoría posee, el autor español indicaba que “la virtud de la eubolia [prudencia] consiste en ser discreto de lengua, en ser cauto, en ser reservado, en no decir sino lo que conviene decir.” En ese contexto, “el político, [no debe ser] fácil a las conversaciones y conferencias con publicistas y gaceteros; cuando haya conferenciado con alguien sobre los asuntos del Estado, no vaya pregonando lo que ha dicho, por qué lo ha dicho y cuál ha sido la causa de no haber dicho tal otra cosa.” Si esto lo hubieran llevado a la práctica los miembros de nuestra clase dirigente actual, seguramente no andarían haciendo desfiguros para tratar de componer la relación con quien fortuitamente, porque ni modo de calificarlos de estrategas, acertaron al invitarlo a casa para después, tras su partida, salir a emitir palabras que acabaron por enredar todo y tener que alejar, al menos públicamente a su alter ego. Respecto a estos cercanos, Azorín apunta algo interesante.

Como era, y es común, el hombre en el poder realiza viajes por los territorios en donde lo ejerce. Con toda certeza, en cada lugar habrá de encontrar admiradores y amigos quienes en su afán de quedar le proporcionar todo tipo de atenciones y proferirán palabras para halagarlo. Sin embargo, “sepa el político en tales circunstancia desentenderse algún momento de esa corte de admiradores y amigos que le rodean, a su alrededor ellos han formado una atmósfera, una muralla que le impide ver en su normalidad, en su verdad, el pueblo o el país que visita”. Y vaya que conocemos acerca de esto, cuántas veces hemos observado a los “queda bien con el jefe” a quien le pintan todo en rosado y, en busca de alguna canonjía, le hacen creer que linda los límites de la excelsitud intelectual y que todo marcha como nunca antes gracias a lo atinado de su dirección. Como remedio para esto, el integrante de la generación del 98, indicaba que “…por las mañanas, bien temprano, o en alguna ocasión, él dejara la casa con sigilo, se apartará de la fiesta y se ira, bien solo o bien en compañía de un buen amigo a visitar y escudriñar el pueblo o la tierra adonde ha llegado. [De esa manera,] se informará sobre respecto a [las] vidas, [las] necesidades, [los] planes y [las] ideas [que] sobre la marcha de los negocios públicos [tienen quienes son sus gobernados.] Esto, ya sabemos, suena utópico y hasta nos llevó a recordar una de aquellas historias infantiles de cuando nuestro abuelo materno nos narraba los pasajes de “Las Mil y una Noches”. Pero dejemos anécdotas y volvamos al texto respecto a la actitud del político.

Cuando las cosas no marchan como se quisiera, es recomendable para el político no perder la paciencia, por ello, escribía Azorín, “no nos precipitemos, hay momentos en la vida de los negocios en que la multitud, la Prensa, la opinión pública se exacerba, se encienden y piden que se haga tal o cual cosa, en estos momentos hasta los espíritus más reflexivos pierden la sangre fría, hombres sosegados y discretos de ordinario, se exaltan y unen su voz a la de la multitud.” Aquí, nadie de los opinadores, en cualquier sentido, podemos decir que no hemos caído en esto, negarlo nos convertiría en hipócritas, pero no se trata de nosotros, volvamos al político. Quien “no debe en estos instantes dejarse arrastrar por el impulso general, si es preciso tenga el valor de arrostrar la impopularidad, la efervescencia, la pasión pasara, y entonces todos reconocerán que él tuvo razón, y la impopularidad de un momento se trocará en cimiento de su hombría de bien y de su sinceridad”. En esos momentos de bombardeo es cuando se conoce el temple del político.

Por ello, “el político debe meditar en el valor de las censuras y de las alabanzas. No conceda a la censura y la alabanza más valor del que tienen. Es fácil ser indiferente a la censura o sobreponerse a la contrariedad que nos produce; no es tan hacedero tomar el elogio en el sentido que realmente tiene”. Cuántas veces hemos observado, a políticos o no, envanecerse ante el elogio y creer que han alcanzado la excelsitud y por lo tanto han pasado a formar parte de un grupo selecto como si la alabanza fuera para siempre. En eso, “no estime el político [al igual que cualquier otro ser humano] un elogio en más de lo que realmente vale. Agradezca la buena voluntad de los que lo elogiaren, pero por encima de los ditirambos, de las hipérboles y de los entusiasmo de sus admiradores, él sepa poner un ligero y amable desdén”. Y en ello debe de ir implícito “nunca perder la sangre fría, [permanecer] siempre impasible ante el ataque”. Y aquí hay algo que un político nunca debe olvidar. No es permisible “que el político [caiga] en la candidez de creer en la famosa distinción entre el derecho y la fuerza. No hay más que una cosa: La fuerza. Lo que es fuerte es de derecho… Ha dicho un filósofo que los humanos, no pudiendo hacer que lo justo sea lo fuerte, han hecho que lo fuerte sea lo justo. En este espejismo, en este juego consolador vive la humanidad, se proclama el derecho, se grita por la justicia, pero en el fondo solo hay una cosa: Fuerza. La fuerza es la vida, y la vida es un hecho desconocido.” Ya sabemos que en los tiempos que corren en donde es políticamente incorrecto hablar de la fuerza del estado y que al hacerlo las almas suaves se estremecen. Sin embargo, las naciones, y sus pobladores, siempre preferirán tener al frente de sus destinos una persona que exhiba su poder al gobernar y no alguien que busque por cualquier medio complacer a todos para lo cual muestra posiciones blandengues que se mueven en función de hacia dónde corre el viento. No hablamos de ejercer el mando bajo tiranías, eso jamás, pero el respeto hacia el gobernante o el político se tienen cuando este actúa firmante conforme a sus convicciones y muestra de lo que está hecho. Solamente en esa forma puede consolidarse el presente para construir el futuro.

Nunca hay que olvidar que “las naciones se engrandecen y decaen en virtud de la savia que está escondida en ellas, nadie podrá detener su engrandecimiento, ni nada podría evitar su ruina; es un hecho fatal. No haga sobre ello el político filosofías, ni sentimentalismos. Si aparentemente, para el público, mostrase una cosa, sea su creencia intima, profunda, que no hay en el concierto nada más alto que la vida, y que la vida es la fuerza, que surge y que se tira”. Y tras de esto, Azorín recurre a los clásicos de la política.

Apunta que “Nicolás Maquiavelo quiere que el político sea como el león y sea como la vulpeja [zorra]… Es necesario ser vulpeja para conocer los lazos y ser león para espantar los lobos.” En ese entorno, Azorín, cita a Cicerón quien escribía que “de dos modos se puede hacer injuria: O con la fuerza o con el engaño, la fuerza parece propia del león, y el engaño de la vulpeja”. Y para cerrar las citas de los clásicos invocaba a Plutarco quien apuntaba; “lo que no se puede con la piel del león, debe de alcanzarse con la de la vulpeja”. Y sí, a lo largo de nuestra historia hemos tenido políticos que reúnen ambas características, pero durante los últimos tiempos a lo más que hemos llegado es a tener un dizque zorro que emanaba tufo de zorrillo, lo cual no fue percibido por los incautos a quienes engañó haciéndoles creer que representaba el cambio, pero lo que no les dijo era que en reversa, y miren hasta donde hemos llegado. Lo que sigue no tiene desperdicio a la luz de lo actual.

“Muchas veces oirá el político que le proponen que haga en su patria tal o cual cosa que se hace en un país extraño. Son muchos los que claman por que en su país se de una ley o se implante una institución como las que rigen y se han implantado en otros pueblos, muchos son los que creen que el bienestar de una nación se puede lograr por medio de tales trasplantaciones”. Al respecto, “el político habrá de reflexionar despacio sobre esto… Todos los países no son lo mismo, no es la misma su historia, no es la misma su tradición, no son las mismas sus condiciones físicas, no son los mismos, en fin sus hombres. Debe proceder, por tanto, con mucha cautela el político, él habrá de conocer lo que pasa en los países extranjeros, este conocimiento, le servirá de auxilio en sus gestiones… Pero el político no debe acoger sin estudio, sin una detenida reflexión previa, las leyes, trazas e instituciones de otros países… La labor del político ha de consistir en estudiar bien el país en que vive y gobierna, él ha de conocer cómo viven y piensan sus compatriotas; conocerá la historia de su patria, las tradiciones, las costumbres, las diferencias que existen de unas regiones a otras, conocerá también el grado de cultura del país, sus condiciones físicas, lo que produce y lo que puede producir; estudiara el estado de las industrias y las modalidades y características del Arte. Luego, el político… hará las leyes y dispondrá su gobierno. Es posible que los mismos que clamaban por las leyes e instituciones de otros países encuentren que las leyes e instituciones que ha creado el político no sean las que ellos querían, pero el político no se inquiete, él habrá gobernado y legislado de acuerdo con la realidad, de acuerdo con la realidad de su país y el genio de su pueblo, y sus leyes e instituciones serán eficaces”. Para que esto se transforme en realidad, decimos nosotros, es requerido que la nación cuente con hombres que sepan comprender y analizar lo que leen, pero esto al parecer es mucho pedir en nuestro país en donde la inmensa mayoría de quienes dicen ser políticos, del color o sabor que usted quiera, a lo más que llegan es a “ler” la síntesis informativa para ver que comenta acerca de ellos la prensa diaria. Y así, ni es factible tener políticos, ni mucho menos gobernantes que sean capaces de hacer retornar al país a la senda extraviada hace ya muchos ayeres.

Añadido (1) Lo apuntamos en este espacio hace un par de años, “las reformas no son actos separados, ni de corto plazo”. Con lo que no contábamos era con la estulticia de los involucrados en su manejo. Unos quieren seguir “ordeñando” la vaca vía impuestos y otros esconden la codicia encubiertos en la piel oveja. Total que muy amantes de la libre competencia y a la hora de la hora enseñan el rabo. La reforma energética era para fomentar la competencia, ser más eficientes y no para destruir la riqueza nacional (y esto nada tiene que ver con aquel del cuento de las gallinitas y los puerquitos). Para que la reforma tuviera éxito era necesario contar con hombres de estado y empresarios. Desafortunadamente aquí no tenemos de esos, lo que hay son burócratas inflados y rentistas insaciables.

Añadido (2) ¿Quién se quedara con el contrato, la AAA, el CMLL o la WWE?

Añadido (3) Para algunos es simplemente un hecho más. Sin embargo, detrás de la protesta de Raymond Leo Cardenal Burke hay una acción que algunos insisten en negar. Entre los miembros, de la Iglesia católica en los Estados Unidos de América, existe hartazgo al observar como sus recursos monetarios son transferidos a Roma y poco o nada les reditúa. Eso, en el contexto nuevo que se avecina, implica que para algunos ha llegado la hora de revisar dichas remesas. Después de ello, ¿Por qué no pensar en una Iglesia Católica Americana, de América toda, independiente de la romana? Para cavilarlo…

Añadido (4) Aleluya, el ciudadano Rafael Pacchiano Alamán acaba de elevarse a la estratósfera intelectual al exponer su teoría sobre la relación entre el precio de los combustibles y el cambio climático. Según él, a menor precio, mayor daño al medio ambiente. Con un precio mayor, menor es el perjuicio que se ocasiona al entorno atmosférico. Corramos o trepémonos al carretón jalado por acémilas y entonces ni quien se preocupe por cuanto hay que pagar por los carburantes y el ambiente será prístino. Solamente habrá que ver como se dispone de los recuerdos que vayan dejando en el camino los animalitos.

Añadido (5) Estábamos por concluir esta colaboración cuando accedimos a la página de Facebook y nos encontramos lo que había subido nuestro amigo y compañero antiguo de lides pesqueras, Guillermo Muñoz Montes de Oca, era la faena que el toreo David Eduardo Silveti Barry realizara al toro “Solitario” de Fernando de la Mora. Entonces, recordamos por qué Silveti fue el último de los matadores mexicanos que logró trasmitirnos la emoción de una faena.

Añadido (5) A usted y los suyos, lector amable, les deseamos que 2017 sea un año que traiga cosas mucho mejores que las proveídas por el 2016.
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24 Diciembre 2016 04:00:00
¿Se aislaron los Estados Unidos de América durante los años veinte?
Con toda certeza, usted lector amable habrá de preguntarse: ¿Pues qué le dio a este amigo que insiste en escribir acerca de los EUA y sobre un tema como el aislamiento? ¿A quién le importa eso? ¿Porque ocuparse ahora de ese tópico que suena extraño? A ello tenemos varias respuestas que parten del hecho de que en nuestros días empiezan a surgir voces indicando que los estadounidenses insisten en volver al aislamiento que, dicen ellos, vivieron durante la década de los años veinte del siglo anterior. Sin embargo, aun cuando reconocemos que esa versión ha sido propagada por algunos historiadores, nuestra perspectiva, sustentada en una revisión cuidadosa de los análisis realizados por un par de historiadores estadounidenses, William Appleman Williams y Joan Hoff, además de los eventos acontecidos durante aquel lapso, es que tal aislamiento no existió. Lo acontecido fue un cambio en el enfoque de como los EUA manejaron sus relaciones con el mundo. Al respecto sustentaremos nuestra aseveración desde ángulos distintos.

Iniciemos por precisar quiénes son los cuatro personajes que ocuparon la primera magistratura de los EUA entre 1920 y 1929. Ellos fueron: Thomas Woodrow Wilson, Warren Gamaliel Harding, John Calvin Coolidge Jr., y Herbert Clark Hoover. Sabemos que no son precisamente de los más populares o conocidos por estos lares. Además de que la visión que de cada uno de ellos se tiene, no necesariamente es objetiva. A Wilson todos lo identifican como un intervencionista guerreoso y no como aquel que empezó a dar un enfoque nuevo a la relación EUA-México. Sobre Harding, ya comentamos en la colaboración anterior apuntando sus positivos y negativos. En el caso de Coolidge, algunos ni lo conocen. Ello tal vez se derive de su parquedad a la hora de emitir palabras y la sobriedad de su personalidad. Sobre Hoover, sin saber nada de sus antecedentes, simplemente lo califican como el gran causante de la depresión de 1929, mientras olvidan que hubo algo más que la generó: la ambición de aquellos quienes creen que nadar entre tiburones es un asunto de amateurs. Respecto a Hoover, no analizan ni su capacidad para los negocios, ni que evitó la hambruna en Europa durante la Primera Guerra Mundial. Eso sí, la política no se le daba, de hecho podemos decir que fue el pionero de los tecnócratas metidos a políticos y en ese contexto actuó cuando le preguntaron sobre los problemas económicos que vivía su país. Como ingeniero minero que era, respondió que estaban en una depresión (termino estrictamente relacionado con su profesión), cuando pudo haber dicho que pasaban por una baja u otra cosa. Y esa falta de habilidad política hizo que la situación económica empeorara. Pero vayamos al tema del aislamiento.

De nueva cuenta, como hace casi un siglo, vuelve a ponerse de moda el tema del aislamiento de los EUA. Eso sucedió, según algunos historiadores, tras de que ese país obtuvo el triunfo en la Primera Guerra Mundial. A ello, agregaríamos nosotros, de que junto con los otros países ganadores fecundaran el huevo de la serpiente. El producto de tal polinización, al imponer sanciones ignominiosas sobre los derrotados, especialmente Alemania, fue el surgimiento años después del nazismo que, hábilmente, la bestia austriaca supo vender a un pueblo empobrecido y ávido de esperanza que creyó encontrar en esa escoria el líder que habría de salvarlos. Pero eso sucedió después, durante la década de los treinta y cuarenta. Retornemos a lo que varios estudiosos de la historia han dado en enfatizar. Durante la década de los años veinte, los EUA se retrajeron y evitaron adoptar un papel activo en los aconteceres con el resto del mundo. Si bien esta versión del aislamiento es la que prevalece comúnmente, existe un grupo de historiadores quienes disienten de tal visión. Tras de estudiar con detalle lo ocurrido entonces, coincidimos con la perspectiva que ofrecen el par de historiadores estadounidenses mencionados, Williams y Hoff. Sabemos que, a usted lector amable, los nombres, seguramente, le parecerán extraños, pero comentemos acerca de su perspectiva.

Algunos arguyen de que los EUA dejaron de tener un rol activo en el mundo a partir del al momento en que le presidente Woodrow Wilson fue incapaz de convencer a sus rivales políticos, encabezados por Henry Cabot Lodge, de cuan conveniente era ingresar a la Liga de las Naciones, y que en ese contexto se movió la política exterior de nuestros vecinos durante los años subsiguientes. Ante tal alegato, en los años cincuenta, William Appleman Williams generó una crítica devastadora a dicha interpretación sustentada en el hecho de que, durante ese lapso, los EUA mantuvieron sus intereses económicos y de todo tipo en todo el mundo, mismos que nunca dejaron de lado. De acuerdo a Williams, no es factible caracterizar como aislada a una nación que tenía inversiones distribuidas por todo el planeta, además de contar con un departamento de comercio que activamente promovía sus intereses. En 1971, a partir de la tesis de Williams, Joan Hoff mantuvo que los EUA siguieron una política de Internacionalismo Independiente. Con este término, ella quiso decir que los EUA estuvieron aislados solamente en el sentido de que no ingresó a la Liga de las Naciones y evitó alianzas que pudieran llevarlos a involucrarse nuevamente en una guerra en Europa. Los EUA optaron por proceder conforme a sus intereses, interactuando con las naciones europeas solamente cuando era conveniente para la causa estadounidense. En síntesis, internacionalismo independiente no es una filosofía que guiara la política exterior, sino un método pragmático para conducir los asuntos externos. Esto implicaba que los EUA deberían cooperar a escala internacional cuando un problema diplomático no pudiera, o no se quisiera, resolverlo mediante una acción unilateral. Esto, contrario a lo comúnmente apuntado dio inicio a fines de la administración de Wilson en 1920 y marcó la pauta durante las tres siguientes administraciones encabezadas por republicanos.

Lo que mejor puede precisar cómo se comportó la política exterior estadounidense a lo largo de los veinte, son la palabras que pronunció en 1923, durante su informe de gobierno, el presidente Coolidge. Ahí, el mandatario acertó: “Nuestro país tiene solo un principio cardinal en su política exterior. Es un principio estadounidense. Nos ocupamos de nuestros asuntos, cuyo objetivo es preservar nuestra fuerza y proteger los intereses de nuestros ciudadanos; pero reconocemos nuestra obligación de ayudar a otros, reservándonos la decisión de nuestro juicio, el tiempo y el método. Nos percatamos de que existe un lazo común de humanidad y conocemos que, de manera inalienable, existe una ley de apoyo”. Reconociendo el derecho de sus ciudadanos, expreso no tener inconveniente en que realizaran actividades comerciales con Rusia, a la vez que dejaba claro que como gobierno no podían los EUA mantener relaciones diplomáticas con un régimen que se negaba a reconocer “la inviolabilidad de las obligaciones internacionales”. En lo concerniente a la Liga de las Naciones, ratificaba su rechazo a incorporarse a ella. Ni proponía, ni solicitaba cambio alguno a la forma en que operaba. Para Coolidge era simplemente un organismo externo que desde la perspectiva estadounidense, de incorporarse al mismo, limitaría su libertad e independencia de acción lo cual eran principios básicos que regían los asuntos domésticos y la forma de ejecutar la acción de gobierno. ¿Es una muestra de aislamiento anteponer los intereses de sus conciudadanos antes que nada?

Para quienes arguyen que los EUA no participaron en los asuntos económicos y el replanteamiento de las leyes internacionales, es conveniente recordar su rola en la Comisión Especial de Deuda Externa. En el seno de la misma fue factible renegociar la deuda de varias naciones europeas (Gran Bretaña, Finlandia, Hungría, Lituania y Polonia), las cuales mediante negociaciones lograron rebajar el monto de 12 a 5 mil millones. En lo referente al establecimiento de leyes e instituciones de justicia internacional, los EUA participaron en la Conferencia para la Limitación de Armamentos y sus representantes jugaron un papel fundamental para el establecimiento del Tribunal de La Haya y más tarde en la Corte Permanente de Justicia Internacional. Sin embargo, la pieza fundamental de la diplomacia estadounidense, durante los 1920, fue el Pacto Kellogg–Briand, aprobado en 1928 y ratificado al año siguiente. Si bien, el presidente Coolidge actuó como el promotor, serian el secretario de estado, Frank B: Kellogg y el ministro francés de relaciones exteriores, Aristide Briand quienes lo concretaron. Mediante este acuerdo, cincuenta y cuatro naciones convinieron renunciar a la utilización de las armas para arreglar sus diferencias, optando por la vía pacífica. ¿Es aislamiento participar para establecer leyes, organismos y convenios que rijan las relaciones entre naciones?

En el entorno económico doméstico, mucho se arguye que las fronteras estadounidenses fueron cerradas a los productos extranjeros. Sin embargo, revisando las cifras de 1927, se encuentra que por concepto de aranceles recaudaban 600 millones de dólares. El 65 por ciento de las importaciones no estaban gravadas. Del 35 por ciento restante, 23 consistían en artículos de lujo y productos agrícolas y el otro 12 por ciento correspondía a manufacturas y mercancías. Los aranceles tenían un objetivo específico, proteger a la industria y el comercio interno. ¿Es un ejemplo de aislamiento resguardar el desarrollo de los entes económicos internos en aquellos casos en donde sea necesario?

Hay también quien dice que los EUA cerraron sus fronteras a la inmigración de ciudadanos de otros países. Esto nuevamente debe de tomarse con cautela. Ante la apremiante situación que se vivía en otras latitudes, muchos fueron quienes deseaban trasladarse a los EUA y estos aun no acababan de absorber toda la mano de obra disponible una vez que regresaron del frente de batalla. Por ello, establecieron cuotas de inmigración y ante el naciente problema de cruces ilegales en la frontera con México, procedieron a crear, en 1924, la Patrulla Fronteriza. Sin embargo, ello no fue todo lo exitoso que se esperaba y en 1929 cuando la crisis estalló, fue necesario “invitar” a los mexicanos a regresar a nuestro país, algo que para 1933 alcanzó un total de cerca de un millón que “voluntariamente” lo hizo. ¿Es aislamiento tratar de proveer con empleos primero a los de casa y después a los visitantes?
En las relaciones con otras naciones, la forma de operar fue constante. Bajo la premisa de que ante todo había que proteger las vidas e intereses de los ciudadanos estadounidenses morando en otros países, se enviaron fuerzas navales a China en donde estaba en curso una confrontación doméstica. Tratando de mantener la neutralidad, los EUA expresaron sus deseos de trabajar con quien resultara triunfante bajo el principio de que querían cooperar al bienestar de la población de aquel país. Asimismo, en escala menor, se enviaron fuerzas navales como medida preventiva a Nicaragua. Aquí cabe precisar que cuando el conflicto emergía, las partes en disputa solicitaron el involucramiento de los estadounidenses como mediadores, algo que se efectuó a bordo del buque de guerra U.S.S. Denver en donde el encargado de negocios, Lawrence Dennis actuó como mediador sin que al final de cuentas pudieran ponerse de acuerdo. En ese mismo contexto de relaciones con América Latina, los EUA tuvieron una participación fundamental en la Sexta Conferencia Internacional de los Estados Americanos, realizada en La Habana durante enero de 1928. Participaron para resolver el conflicto entre Chile y Perú los cuales reanudaron relaciones diplomáticas. Asimismo, logran solventar las diferencias entre Bolivia y Paraguay, así como entre Guatemala y Honduras, sin que aparecieran los fusiles como elemento resolutorio. ¿En verdad es esto una exhibición de aislamiento en materia externa?

Aunado a todo lo mostrado, estimamos que la mayor muestra de cómo la década de los veinte no fue una era de aislamiento estadounidense, lo fue la forma en que los EUA se involucraron en los asuntos de México. Todo dio inicio al final del periodo del Presidente Wilson quien no solamente dejo de lado su política intervencionista vía las armas, utilizada en el pasado, sino que sentó las bases de una nueva forma de resolver las diferencias entre los EUA y México mediante negociaciones, algo que se consolidaría durante las administraciones de Harding, Coolidge y Hoover. Del lado mexicano, sin hacer a un lado el nacionalismo, los presidentes Carranza Garza, De la Huerta Marcor, Obregón Salido, el estadista, Elías Calles y el presidente Portes Gil, instituyeron una política pragmática que reconocía la importancia de la participación estadounidense, tanto política como económicamente, en el desarrollo futuro de México. Debe de reconocerse que la postura adoptada por los dirigentes de ambas naciones les acarreo resistencias en sus respectivos entornos domésticos. Durante ese periodo, grupos económicos, políticos y religiosos utilizaron su poder para tratar de influir en ambos gobiernos a la hora de definir sus políticas internas y externas. A pesar de dichas presiones, quienes estuvieron al frente del ejecutivo en ambas naciones fueron capaces de hacer a un lado sus diferencias y entablar relaciones constructivas que, al final fueron benéficas para ambas partes. La forma en que, entre 1920 y 1929, se dieron las relaciones, no exentas de sobresaltos y discrepancias, EUA-México, son una muestra de que la tesis de Williams estaba correcta. La Doctrina Monroe sufrió un cambio en su ejecución. Los EUA dejaron atrás el expansionismo territorial y la intervención armada como herramientas principales para resolver conflictos con las naciones latinoamericanas y consolidar su presencia en la región. Al igual que lo hicieron en el resto del mundo, durante esos años, los EUA se involucraron en los asuntos internacionales bajo un nuevo enfoque en el cual prevaleció una política de negociaciones orientada hacia los negocios o lo que Hoff llamó Internacionalismo Independiente que en nuestro caso fue factible amalgamarla con el Nacionalismo Pragmático.

Si, ya sabemos que no faltara por ahí quien, después de leer lo expuesto, nos califique de “yankofilos.” Sin embargo, a quien así lo haga habría que recomendarle que revisara con cuidado sumo la política implantada durante los años veinte en los EUA, de mucha ayuda seria para entender lo que actualmente sucede. Pero especialmente poner atención especial a la forma en que se dieron las relaciones entre nuestros vecinos al norte y este país que habitamos. En ese análisis no deben dejar de lado que, como consecuencia de todo ello, nació el estado mexicano moderno. Sí ese que, los cortos de visión y memoria, hoy critican como un fracaso. Tal vez su falta de perspectiva histórica les impida observar que gracias él fue que pudimos acceder a las escuelas públicas, que se generó la clase media, que se suscitó la movilidad social, que se pasó de ser un país rural a uno urbano, que fue factible crecer y desarrollarnos. Sin embargo, para que eso fuera factible de consolidarse fue requerido de contar con liderazgos fuertes que supieran como negociar cara a cara con su contraparte y no buscaban terceros para ir a discutir los asuntos de la relación. Los de entonces no competían por ver si firmaban más tratados con los demás para abrirse sin ton, ni son, reconocieran fortalezas y debilidades para a partir de ahí enfrentar el futuro. Ellos no se aislaban, ni asumían que los estadounidenses lo iban a hacer. Simplemente, actuaron como presidentes y estadista. Por ello, fueron capaces de insertarse en el enfoque nuevo de la política estadounidense, lo que algunos erróneamente llaman aislamiento, no lo olvidemos.

Añadido (1) Hoy, lector amable, lo único que podemos apuntar es desearle que, en compañía de todos los suyos, pase una Nochebuena y Navidad venturosa.
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17 Diciembre 2016 04:00:00
Los editores de diarios estadounidenses y uno de ellos quien llegó a presidente
No es precisamente un tópico que frecuentemente sea revisado. Sin embargo, en la historia de nuestras relaciones con los EUA, tres personajes involucrados con la actividad periodística en aquel país han tenido algo que ver con los acontecimientos del nuestro. Uno es William Randolph Hearst, otro, Josephus Daniels y un tercero, Warren Gamaliel Harding. Brevemente comentaremos sobre los dos primeros y será sobre el tercero acerca de quién nos ocuparemos con amplitud mayor. Este personaje es recordado por pocos. Algunos, ni siquiera lo tienen en su radar y para ellos es un desconocido. Sin embargo, para los que andamos en esto de hurgar en la historia el protagonista ha sido siempre objeto de discusión sobre su actuación como primer mandatario de nuestros vecinos al norte. En nuestro país, poco se conoce o se habla de él y hasta cierto punto podríamos decir que es entendible pues no figura entre aquellos a quienes constantemente invocamos como punto de referencia en nuestra relación con los Estados Unidos de América. Pero antes de ir al personaje central de esta colaboración, revisemos brevemente a los otros dos editores de diarios estadounidenses quienes en una forma u otra estuvieron involucrados con nuestros eventos.

Uno fue William Randolph Hearst quien guardaba un especial desafecto por el presidente Álvaro Obregón Salido y al estadista, Plutarco Elías Calles, ya que ninguno de los dos le había dado trato preferencial en sus propiedades del rancho Babicora ubicado en Chihuahua. Ello lo llevó, en 1927, a emprender, en sus 26 diarios, una campaña de desprestigio hacia nuestro país y el estadista Elías Calles a quien acusaba de liderar una asonada mundial en contra de los EUA. Al final, todo resultó en una chamaqueada que le dieron a Hearst un par de pillos quienes le vendieron documentos con información falsificada. El segundo editor estadounidense relacionado con nuestro país fue Josephus Daniels, un hombre originario de Carolina del Norte en donde editaba el diario The Raleigh News & Observe. Si bien en las páginas de este diario no se recuerda haya atacado a nuestro país, es bien conocida la fama que tenía de ser un racista en grado alto como lo demostró entre 1899 y 1900. Más tarde sería el secretario de Marina que, acatando las instrucciones del presidente demócrata, Thomas Woodrow Wilson, ordenara a su subsecretario, Franklin Delano Roosevelt, quien acató sin chistar, enviar los buques que iban a salvarnos del chacal Huerta. Sin embargo, en descargo de Daniels, debemos de apuntar que, entre 1933 y 1941, cuando se desempeñó como embajador de los EUA en México, realizó una labor excepcional, solamente superada por la realizada previamente por Dwight Whitney Morrow. Durante ese periodo, aparte a aplacar los rescoldos del cristerismo, Daniels fue factor fundamental para que no recibiéramos otra visita armada de estadounidenses cuando el presidente Cárdenas del Río “nacionalizó” el petróleo: Sin embargo, ello no evitó demandarle que no quisiera “hacer vivezas” al abrirle la puerta al capital japonés que ya operaba libremente en ese sector “expropiado”. Pero vayamos al tercero de los editores estadounidenses, aquel que se convirtió en presidente y que aun cuando no se recuerde tuvo mucho que ver con nuestro país.

Warren Gamaliel Harding era nativo de Ohio en donde editaba el diario The Marion Star, publicado en la población de Marion. Su paso exitoso por las comunicaciones, le permitió convertirse en un personaje con posibilidades de acceder a la política. En 1900, se convierte en senador estatal, después en teniente gobernador de su estado natal, tras contender y perder, por la gubernatura de su estado, más tarde, en 1914 fue electo como senador por Ohio al Congreso Federal y desde ahí construiría la carrera que habría de llevarlo a ser electo, en 1920, el vigésimo noveno presidente de los EUA, un cargo que ocuparía entre 1921 y 1923. De su actuación se recuerda más los negativos que los positivos, sobre todo esto comentaremos a continuación.

La carrera de Harding estuvo plagada de situaciones peculiares referentes a su vida personal. Algunos lo acusaban de tener ancestros de raza negra, alegaban que una de sus abuelas había sido de estirpe africana y eso entonces era un baldón para cualquier persona en los EUA y mucho más si estaba involucrado en la vida pública. Además, Harding contrajo matrimonio con Florence Mabel Kling una mujer cinco años mayor que él y quien tenía un hijo nacido de una relación fuera de matrimonio. Aunado a todo ello, don Warren estaba muy sobrado de amor y acostumbraba repartirlo generosamente entre otras féminas. Con estas credenciales, pocos esperaban que Harding fuera a sobrevivir en la política estadounidense. Sin embargo, no contaban con su habilidad política y un hecho fundamental. En 1919, fallece el ex presidente Theodore Roosevelt y el Partido Republicano se queda sin una figura que aproveche las circunstancias del país. Aquí debemos de recordar que los EUA vivían una situación peculiar. En 1919, el presidente Thomas Woodrow Wilson sufre un infarto cerebral que lo deja en malas condiciones físicas y el país, se decía, era conducido por su esposa Edith. Además, el país había quedado muy dividido tras la lucha por determinar si ingresaba, o no, a la Liga de las Naciones, batalla que perdió, y le costó la salud a Wilson. Si bien inicialmente, eran otros nueve hombres quienes aspiraban a la candidatura republicana, incluyendo un par de presidentes futuros, Calvin Coolidge y Herbert Hoover, el más fuerte precandidato lo era el general Leonard Wood quien contaba con respaldos financieros importantes. Wood trató de pactar con Harding quien rechazó cualquier negociación. En sus discursos, el nativo de Ohio apelaba al americanismo. Para él, había que “… reforzar la seguridad de los EUA, estabilizar primero a los EUA, lograr la prosperidad de los EUA, pensar primero en EUA, exaltar primero a los EUA, primero, y, vivir y reverenciar a los EUA”. ¿Usted, lector amable, ha escuchado esto en alguna otra ocasión?

Finalmente, Harding obtuvo la nominación republicana y, en principio, decidió hacer la campana desde el portal de su vivienda en Marion a donde entre julio y septiembre de 1920, llegaron más de 600 mil personas. Sin embargo, ello no lucía suficiente y hubo de salir a visitar varias entidades. Finalmente, en las elecciones de noviembre, junto con Calvin Coollidge, derrotarían a la fórmula de los demócratas integrada por James Cox y Franklin D. Roosevelt. Antes de tomar el cargo, le propusieron se entrevistara con el presidente electo Obregón Salido o bien asistiera a su toma de posesión, ambas las descartó. Sin embargo, ello no impidió que el 14 de febrero de 1921, antes de tomar posesión, Harding le enviara una carta a Obregón expresando sus deseos de que en un futuro cercano fueran reanudadas las relaciones entre ambos países.

Cuando Harding toma posesión, la prensa mexicana se deshizo en elogios para él y en críticas acres para Wilson quien se iba. Excélsior atacaba sanguinariamente a Wilson y daba una bienvenida cordial a Harding. El Heraldo de México, apuntaba que Harding resolvería una serie de problemas pendientes de solución. El Universal, demandaba que Harding construyera una amistad sincera entre ambas naciones. Al mismo tiempo, lo elogiaba como “un eminente periodista del pasado”, y expresaba la esperanza de que “el clamor de los especuladores” no fuera a causar la sordera del presidente entrante. El 5 de marzo de 1921, mientras Harding tomaba posesión en Washington, en nuestro país, el presidente Obregón Salido estaba reunido con periodistas estadounidenses a quienes declaraba su esperanza de que el mandatario recién llegado implantara una política justa hacia nuestro país. Cuando fue cuestionado sobre las conclusiones ominosas que el comité encabezado, en 1919-1920, por el entonces senador por New Mexico, Albert B. Fall había emitido sobre México, Obregón respondió que eso no reflejaba el sentir de Harding. Asimismo, mencionó su complacencia por el nombramiento como secretario de estado de Charles E. Hughes a quien calificó como un hombre poseedor de una moralidad y talento elevados. En términos similares fueron las palabras sobre el subsecretario Henry P. Fletcher. Aquí debemos de hacer un paréntesis sobre otros nombramientos en el gabinete de Harding.

Aparte de los mencionados, el presidente estadounidense decidió contar con las mentes más preclaras para integrar su equipo de trabajo. Al frente del Departamento del Tesoro nombró a Andrew W. Mellow; en Comercio a Herbert Hoover; en agricultura a Henry Wallace; en guerra a John W. Weeks, en Marina a Edwin N. Denby; en trabajo a James J. Davis; y, como administrador de correos a Will H. Hays. Sin embargo, también decidió cubrir la cuota política y de amistad. En el primer renglón nombró como procurador de justicia a Harry M. Daugherty y como encargado del departamento de veteranos a Charles Forbes. Vía el segundo motivo, arribó Albert B. Fall cuyo nombramiento fue confirmado, por primera y única vez en la historia estadounidense, por aclamación unánime de los integrantes del senado. Serían estos tres quienes marcarían la presidencia de Harding para quienes no gustan de revisar a fondo los eventos.

Si bien durante la administración Harding fue aprobada legislación que limitaba la entrada de extranjeros debido a una oferta laboral restringida, también debe de mencionarse que se hicieron excepciones en los casos que lo ameritaba. Inclusive en febrero de 1922, se acordó que no era necesario presentar documentos para que los mexicanos ingresaran a los EUA. En el renglón de los gastos gubernamentales, estos fueron reducidos en mil millones de dólares, rechazando los bonos para los veteranos. Los cambios económicos implementados permitieron sentar las bases para la prosperidad económica que vivió ese país a lo largo de la década de los veinte hasta que la falta de habilidad política, aun cuando nadie puede dudar de su capacidad intelectual alta, de Herbert Hoover hizo que todo estallara. En materia internacional, contrario a lo que se acusa de que la década de los veinte fue una época de aislamiento estadounidense, se firmaron tratados mediante los cuales se reducía las flotas navales de los EUA, Inglaterra y Japón, además de limitar el uso de gas venenoso. Sin embargo, lo más nocivo para administración de Harding fue las actuaciones de algunos colaboradores. Albert B. Fall, se vio envuelto en el escándalo conocido como “Teapot Dom Scandal”. Como secretario del interior se involucró en el tráfico de terrenos petroleros en beneficio de Edward Doheny y Harry Sinclar, un par de sujetos ampliamente conocidos en nuestro país en donde realizaban negocios en ese sector. Al final, a estos dos los exoneraron y, acusado de recibir un millón de dólares, Fall acabó por convertirse en el primer funcionario federal estadounidense en ir a la cárcel. Otro caso fue el de Charles Forbes quien, con espíritu de comerciante, traficó con los artículos asignados para hospitales e instalaciones del departamento de veteranos, obteniendo para sí ganancias jugosas. Un tercero fue el procurador Doherny involucrado en negocios oscuros y obviar, en ocasiones, el uso de la justicia. Pero retornando al contexto internacional, volvamos a las relaciones con nuestro país.

Harding nunca fue partidario de mantenerse alejado con México, mediante canales no oficiales prevaleció un amplio intercambio epistolar entre los presidentes de ambas naciones. En julio de 1922, cuando el secretario de Hacienda, Adolfo de la Huerta Marcor fue negociar el Tratado De la Huerta-Lamont, el funcionario mexicano discutió con el mandatario estadounidense sobre el reconocimiento diplomático a nuestro país y la necesidad de firmar un tratado para obtener el reconocimiento, aun cuando De la Huerta no solicitó eso al presidente, ni al secretario Hughes. De la Huerta cuenta en sus memorias como también invitó a Harding a una cena en su carro de ferrocarril en donde le ofreció que ahí sí habría bebidas espirituosas, invitación que fue declinada porque le dijo el estadounidense que recordara que prevalecía la prohibición, seguramente sufrió una repentina pérdida de memoria pues en sus reuniones para jugar cartas con sus amigos de Ohio, el licor nunca estuvo ausente. En general, De la Huerta tuvo un viaje exitoso y en septiembre se firmaría el tratado mencionado arriba. Finalmente, en abril de 1923, ambos gobiernos acuerdan celebrar reuniones para alcanzar un acuerdo y lograr el reconocimiento diplomático a México. A partir de 14 de mayo de 1923, nuestro país nombra a Ramo Ross y Fernando González Roa como sus delegados para negociar con los estadounidenses, Charles Beecher Warren y John Barton Payne. Ello concluiría con la firma de los aquí conocidos como los Tratados de Bucareli y en los EUA como “The General Claims Conventions”, alrededor de los cuales se ha construido toda una leyenda negra sin base de sustentación ya que ahí simplemente se reconocían daños causados a ciudadanos de uno y otro país, mismo que serían cubiertos tras analizarse caso por caso. Sin embargo, a De la Huerta lo cultivaron sus amigos y de pronto dijo desconocer todo aquello que había sabido con antelación y fue a presentar su renuncia a Obregón para después lanzarse a una reyerta armada inútil. A ese cultivo abonó mucho el periodista mexicano, Martín Luis Guzmán Franco quien a partir de ahí escribiría sus libros denostando al presidente Obregón Salido y al estadista, Elías Calles. En ese contexto, cabe apuntar que las negociaciones concluyeron el 17 de agosto cuando para entonces Harding ya había fallecido.

Lo anterior ocurrió el 3 de agosto cuando el presidente estadounidense estaba en un viaje por la región oeste de ese país. Los males que lo aquejaban de tiempo atrás hicieron crisis y fue en San Francisco, California en donde todo concluyó. Pocos en nuestro país estarán enterados que fueron 9 millones de personas quienes se hicieron presentes durante el trayecto que recorrió el cadáver del mandatario estadounidense desde esa ciudad californiana hasta Washington. La popularidad de Harding era altísima, la economía vivía momentos de recuperación camino a la bonanza. Eso sería poco recordado cuando estallaron los escándalos descritos arriba. Sin embargo, a este escribidor le dio por revisar el lado la historia de un estadounidense editor de diarios, Warren Gamaliel Harding quien llegó a la presidencia de su país e implementó medidas económicas que les permitieron gozar de años de bonanza, aun cuando sus colegas y los historiadores prefieran simplemente quedarse en lo negativo. Además, nos olvidemos de como su relación con México influyó mucho en el proceso de construcción que se vivía en aquel entonces.
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Añadido (1) Con todos los errores y las debilidades humanas que pudieran haber cometido y/o tenido, Ignacio Manuel Altamirano Basilio, Justo Sierra Méndez y Jaime Torres Bodet, sus aciertos los colocan en un estrato diferente. No es factible darles el mismo status que al gigolo-cobarde-sinarquista-nazi, José Vasconcelos. Quienes lo hacen, los introducen injustamente en la pocilga de la historia en donde mora este sujeto quien a cambio de unas monedas se convirtió en propagandista de la bestia austriaca, algo que nunca debemos de olvidar y, algunos, deberían tener muy presente, especialmente ahora que no hayan como remendar su torpeza en la UNESCO.

Añadido (2) Jamás habrán de otorgar reconocimiento alguno a quien logró convertirse, desde hace más de una década, en la primer persona en el mundo en demostrar que la contaminación ambiental es causante de las enfermedades neurodegenerativas que se manifiestan desde edad temprana y no, como erróneamente se asume, en la edad adulta, además de causar efectos sobre el nivel cognitivo de la población Eso no es importante, después de todo solamente tiene repercusiones en un primer círculo sobre 24 millones de mexicanos. Entre esos, ellos no se incluyen pues están protegidos por los cargos altos que hoy detentan, tal vez cuando los dejen perderán dicho escudo y entonces se convertirán en mortales simples.

Añadido (3) El juego del tío Lolo no conoce fronteras. En París, para combatir la contaminación ambiental decidieron imponer el programa hoy no circula una medida que todos conocemos lo inútil que resulta si no va acompañada por otras que sean efectivas verdaderamente. Pero, bueno, esto les hará el día a otros que se justifican con lo mismo.
10 Diciembre 2016 04:00:00
Reflexiones ante las carencias educativas
Todos andamos alarmados y repartiendo culpas. La noticia de que México, nuevamente, sale mal calificado en materia de educación ha permitido enderezar todo tipo de críticas a quienes se encargan de ella en el sector público. Sin embargo, los resultados del Programa para la Evaluación de Alumnos Internacional (PISA) no hacen sino confirmar lo que ya era sabido, pero por corrección política algunos prefieren callar sobre algunas de las causas que ocasionan tal desfiguro. En ciencias, lectura y matemáticas nuestros educandos andan por la calle de la amargura. Esto no es solamente el reflejo del sistema educativo en sí, sino de muchas otras cosas que como sociedad enfrentamos. Eso sí, nadie quiere mencionar esto último pues entonces tendríamos cada uno de nosotros que cargar con el pedazo de culpa que nos toca ya sea por omisión o por acción. No, nada de que súbitamente adoptaremos el papel de defensores de nadie. Lo que comentaremos tiene que ver con lo que vivimos en un pasado ya muy lejano y lo que hoy observamos a la distancia.

Cuando nos dicen que la educación en México anda mal, lo primero que respondemos es: ¿Cómo esperábamos estar en un país en donde más de cincuenta millones de personas viven en estado de pobreza? Porque ni modo que nos vayan a decir que eso no tiene repercusiones en la posibilidad de que los educandos sean capaces de adquirir conocimientos. De ahí parte el problema educativo. Con esa situación tienen que lidiar los maestros a quienes gustamos de culpar de todo el desaguisado, pero recordemos sin materia prima de calidad jamás será factible obtener resultados de primera. Ellos, los mentores, también son víctimas de un entorno adverso que parte del hecho de que sus servicios no son remunerados en función de lo que esperamos provean. Aunado a ello, debe de apuntarse que no siempre cuentan con la preparación óptima y/o las condiciones para hacerlo.

Aparte de lo anterior, en esto de que la lectura, las matemáticas y las ciencias nos exhiben, cabría hacer algunas consideraciones. En el mundo actual, en donde poseer un juguetito electrónico hace creer que el poseedor adquiere sabiduría y status, las tres materias mencionadas en el primer renglón de este párrafo pasan a convertirse en elementos desechables para algunos. Cuántas veces hemos observado a los papas orgullosos porque ya el pequeño anda apachurrando la pantalla de tal o cual instrumento electrónico. Nada de arrimarle o leerle un libro, eso suena anticuado y podría verse mal ante su entorno social. Cuando ya están más “grandecitos,” aquí y en otros lados, hemos visto como los chamacos andan pegados a sus aparatitos y pronto vemos las consecuencias. Cuando se trata de que hilen un par de ideas, los estragos de tanta electrónica se hacen presentes. No son capaces de dominar el idioma, están impedidos para escribir oraciones coherentes y mucho menos son capaces de realizar procesos de sinapsis para adquirir conocimientos. Esto sucede entre los urbanos. Pero vayamos a las zonas rurales, allá no necesariamente ese es el problema, sino la falta de apoyos técnicos para adquirir conocimientos que les permitan, en el futuro, ser competitivos con un mundo que no necesariamente es el que conocen. Además, a nivel general no debemos de olvidar que aún existen retrogradas quienes creen vivir en un entorno cerrado y luchan porque a los estudiantes no se les enseñe otro idioma pues atenta contra su idiosincrasia. Bueno, esto no es privativo de nuestro país, conocemos algunos casos en los Estados Unidos de América en donde sucede lo mismo. En uno de ellos, los padres de familia levantaron la voz en protesta porque a sus “little boys,” los obligaban a que tomaran clases del idioma español y les causaba “a lot of stress.” Eso explica por qué cuando llegan al nivel universitario y se les cuestiona sobre si conocen otro idioma, respondan que sí. Al preguntárseles que cual, contestan que el “redneck.” Como vemos, la estupidez no conoce fronteras. Pero volvamos a nuestro entorno y como todas estas carencias acumuladas en el proceso formativo desde la educación elemental hasta la preparatoria, se ven reflejadas al momento en que
ingresan al nivel superior.

En asuntos universitarios no andamos nada bien que digamos. Los principales centros educativos, públicos y privados, hacen esfuerzos por aparecer en x o y sitio en encuestas que son muy conocidas en el cubículo del país en donde se originan, pero que en la realidad nada significan. La masificación de la educación ha dado por resultado un decremento en la calidad de los servicios que se proveen. Alguien tuvo la idea, aquí y afuera, de que la educación superior debe de ser para todos. Y si, debe ser para todo aquel que cuente con las capacidades intelectuales para cursar una carrera a ese nivel. Y esto lo afirmamos porque hay quienes definitivamente lo suyo son otras cosas que demandan habilidades técnicas que muchísimos no poseemos. Seguramente por ahí alguien dirá, “para eso me gustaba, a este ya le salió lo elitista.” Sin embargo, nada más alejado de la realidad. A lo largo de los años hemos observado que, en estas y otras latitudes, las universidades se han llenado con gente que nada tiene que hacer ahí. Para apoyar lo que decimos, hemos de precisar el caso de la UNAM que es un ejemplo palpable de la masificación de la educación que a nada bueno conduce. Antes de que algún Puma exaltado se nos vaya a la yugular, permítanos precisar cómo esta apreciación coincide con la de los directivos de dicha institución con base a las políticas que han utilizado desde hace años. Si bien por el pase automático se da cabida a un número enorme de estudiantes, una vez que están ahí, junto con los otros que pasan el examen de admisión, empieza un proceso de selección al cual se le da poca publicidad para no “lastimar” la corrección política de los “piel de cebolla.” En algunas carreras, se crean grupos pequeños, no más de sesenta alumnos, en donde se coloca a quienes alcanzan el grado de excelencia. Al resto, los ubican en grupos “normales.” Aun recordamos lo acontecido en el pasado en esa institución en la cual se dice no hay niveles. Cuando se suscitó la huelga de un año a finales del siglo XX, mientras la gran mayoría de los alumnos perdían el ciclo escolar, quienes pertenecían a esos grupos selectos continuaban con sus clases sin problemas. Y a la hora de graduarse, quiérase o no, las evidencias muestran diferencias de todo tipo, mismas que los directivos tratan de ocultar para no provocar la ira de los políticamente correctos. Pero vayamos a las instituciones de
educación privada.

La caída en los niveles de enseñanza de la educación pública dio pie al empoderamiento de las que en los tiempos lejanos eran llamadas escuela de paga las cuales hoy a todos los niveles, con grados de calidad de todos sabores y colores, ocupan cada vez más espacios. Esto no necesariamente salva que algunas sean simplemente un fraude que contribuye a exhibir nuestra pobreza educativa. Con ese mosaico de centros expulsores de egresados, se conforma la base de profesionales del país en donde también hay situaciones de varia pinta.

Si nos vamos a los asuntos de investigación, también se han querido subsanar fallas mediante la masificación. En los principales centros de educación superior, públicos y privados, se imparten doctorados y maestrías que dejan mucho qué desear. En algunos de ellos se ofrecen doctorados en los cuales quienes los cursan no tienen sino ir un día a la semana, durante un lapso de dos o tres horas, a platicar con sus “mentores.” En otros, ni siquiera eso, simplemente con presentar un proyecto de investigación y desarrollarlo ya se está en posibilidades de que cuando al terminarlo sea factible obtener la maestría o el doctorado. Asimismo, a ese nivel hemos conocido casos en los cuales se ofrece un doctorado con especialidad en “x” materia, sin que en el cuerpo docente exista un profesor que cuente con un doctorado en el tópico. Nada de pasar por los rigores académicos que implica todo un proceso de aprendizaje y análisis fundamentado en las lecturas de puntos de vista diferentes, ni mucho menos elaborar ensayos analíticos respecto al tema, ni discutir con el profesor y los compañeros las diversas perspectivas al respecto. En síntesis, se les excusa de realizar la sinapsis que todo proceso de aprendizaje implica. A la hora de escribir la disertación doctoral, no hay porqué preocuparse por realizar una investigación exhaustiva que permita soportar un argumento de manera robusta. Hemos conocido documentos de ese tipo que ni para nivel de licenciatura cubren los requisitos. Pero esas son visiones dinosáuricas, lo de ahora es hacer expedito el proceso y que el alumno se titule. Como consecuencia, contamos con chorrocientos “maestros” y “doctores” que alardean el grado sin que detrás haya ningún respaldo de proceso intelectual o conocimientos que avalen la presunción. Y luego viene lo otro.

Como ya ostentan ese “título” pues se convierten en investigadores y demandan que el Sistema Nacional de Investigadores los incorpore al mismo. Sin embargo, dado que la investigación científica no es un acto de inspiración divina y no fueron formados en el rigor académico, pues no les queda sino convertirse en sanguijuelas de alguien más. A cambio de realizar trabajo técnico, muy importante ni duda cabe, demandan aparecer en cuanto artículo se publique como resultado de la investigación. Ellos no han escrito una sola línea, pero su nombre aparece ahí, como dicen en el argot, “ensandwichados”. Esto último también se da a otros niveles. De pronto encontramos con que “y” persona aparece en multitud de artículos publicados en el extranjero y no pierde oportunidad de clamar el número como si fueran de su cosecha. Sin embargo, al revisarlos uno encuentra que en todos emerge apretujado entre otros nombres, lo colocaron como parte de los autores porque proveyó algún material, pero, al igual que los técnicos, no escribió ninguna línea. Para no ser injustos, no debemos de dejar de mencionar a los “refriteros,” aquellos que un día sí y otro también, copiando lo que en otros lados está en proceso o es bosquejo, nos anuncian que acaban de descubrir la cura milagrosa para tal o cual mal, o bien, encontraron un procedimiento que revolucionará tal o cual actividad, al final de cuentas estos anuncios no pasan del diario al cual le tienen asignada la cuota para que les publique sus maravillas. Y para presumir que en nuestro país existe mucha investigación científica, pues vemos al Gobierno federal asignando recursos a estos “investigadores” sanguijuelas que son aceptados en el sistema como si fueran reales. Mientras tanto, los investigadores serios, producto del rigor académico en que se formaron y tienen una línea de investigación definida, deben de luchar por ver cómo financian la continuación de sus proyectos. Si los recursos son escasos y se dividen para asignarlos a quienes no merecen ser apoyados porque ni investigan, ni aportan nada nuevo al desarrollo científico, pues entonces la investigación de primer nivel en el país acaba pulverizándose y no puede ofrecer los resultados que debiera.

Y en medio de todo esto, cual evocación “Acuñesca,” aparece que la pobreza educativa es un fiel reflejo del entorno en el cual vive el país desde hace un rato. Primero porque los panistas quién sabe en qué utilizaron los excedentes petroleros y poco se preocuparon por apoyar proyectos productivos que ofreciera mayores opciones a la población. Y ahora porque el dinero es escaso, no necesariamente se utiliza adecuadamente y las cosas continúan por el mismo tenor. Y todo esto, a querer o no acaba por reflejarse en la calidad de la educación con que se provee a la población. Así que con o sin reforma educativa o estando al frente de sector, alguien quien guste de leer o no, las carencias en este renglón continuarán siendo mostradas. El secreto está en encontrar la forma de revertir los niveles de crecimiento económico mediocres que han prevalecido durante los últimos dieciséis años. A partir de ahí podremos volver a aspirar a retomar la senda extraviada en lo referente a recuperar los niveles educativos de excelencia que una vez se tuvieron en las escuelas gracias a lo que se construyó en el entorno del estado moderno surgido de la Revolución
Mexicana.

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Añadido (1) Nada de que quieran acusar a la izquierda mexicana de comunistas, ni lo mande el Cristo de Palacagüina. Ellos simplemente responden a los dictados que les legó su guía espiritual, el Quince Uñas. Primero fue lo de los canes y les falló. Hoy, van por la plusvalía, misma que obviamente la ciudadanía rechaza. Si no les cuaja, pues aún les quedan gatos, puertas, ventanas y todo lo demás que su maestro les heredó en un catálogo con un sinfín de posibilidades.

Añadido (2) Revelaron lo que era sabido, su nivel es de pinches de cocina. Uno de ellos, ya mostró que es muy hábil para eso de batir los aguacates y resultó un esteta para el manejo de cuchillo a la hora de picar jitomates y cebollas. Para no quedarse solo, retó a otros tres, quienes hicieron lo mismo y ganó la dama. Imaginamos que los subalternos de los cuatro, conociendo a varios, al rato van a andar con mandil y gorrito blanco preparando los ingredientes para que otros elaboren el ceviche, los tacos al pastor y la carne asada. Ahora sí, ni quién dude de sus capacidades para resolver los problemas alimentarios, turísticos, de la salud y de las relaciones con otras naciones. Acaban de asegurar un lugar a la hora de renegociar el TLC, los enviarán a traer las “drinks” y los ingredientes para preparar los canapés.

Añadido (3) Las palabras del secretario de la Defensa demuestran que él sí entiende lo que significan los nombramientos para el futuro que, al otro lado del Bravo, se realizan en materia de asuntos militares y de seguridad.

Añadido (4) Una pregunta que siempre nos ha quedado la duda sobre la respuesta nula: ¿Por qué Eduardo Del Río García (Rius) nunca rebatió a Don Fernando Marcos González quien aseguraba, a voz en cuello, haber sido testigo de cuando el entonces presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz Bolaños le entregaba al michoacano recursos para que continuara con su labor “educativa” a través de las historietas Los Súpermachos y Los Agachados?
03 Diciembre 2016 04:00:00
La estrategia industrial planteada, y desechada, hace tres décadas
Ahora, como si se tratara de una pócima mágica, nos vienen a descubrir que ante el entorno internacional adverso debemos de volver los ojos, nuevamente, hacia el entorno interno. Les entró la amnesia y olvidaron que fueron ellos quienes optaron por colgarse de las ventajas comparativas y creyeron que el país alcanzaría estadíos superiores de crecimiento convirtiéndonos en país maquilador porque eso es lo que somos actualmente. ¿Acaso hay alguien que nos diga que producimos algo con insumos generados en el país y no con lo que traen de otros lados para que aquí se arme? ¿En verdad creen que existen las cadenas productivas con insumos nacionales? Volvemos a insistir, ya lo hemos hecho en varias ocasiones en este espacio, en 1984-1985, tuvimos a la mano un instrumento que de haber hecho caso a su contenido hubiéramos estado en condiciones de enfrentar la realidad de lo que se nos venía encima. Sin embargo, las clases dirigentes, todas, optaron por rendirse al capitalismo salvaje y prefirieron adoptar el papel de empleados antes que asumir cada uno su responsabilidad. Sí, hace poco más de tres décadas que sobre papel se plasmó como deberíamos enfrentar el futuro, pero aquello acabó en cestos de basura de alguna oficina gubernamental o bien en los estantes de alguien como este escribidor quien tiene la mala costumbre de coleccionar impresos de todo tipo y de cuando en cuando, especialmente durante los últimos dieciséis años, cuando ve el desastre al que han llevado la hoy inexistente planta productiva nacional. Demos una visita por aquel programa que planteaba, a mediados de la década de los ochenta del siglo XX, fomentar la industria nacional y el comercio exterior.

Eran los tiempos en que el modelo de sustituciones de importaciones, el cual tuvo éxito en su tiempo, mostraba la carencia de mecanismos para adaptarse a los escenarios nuevos que entonces ya se vislumbraban. En unos pocos años el mundo estaría globalizado y vendría a mostrarnos de que estaban hechos los hombres de negocios mexicanos acostumbrados a ser protegidos por el gobierno al cual hoy achacan toda la responsabilidad de sus errores. Y sí, el Gobierno fue responsable en gran parte de haber sobreprotegido a un sector que nunca fue capaz de haber hecho que sus miembros pasaran de hombres de negocios-rentistas a empresarios-generadores de utilidades. Y aun cuando eso pareciera lo mismo, en la realidad son dos conceptos totalmente distintos. Sin embargo, en aquella mitad de los ochenta del siglo pasado, aun existían profesionales con visión de corto, mediano y largo plazo quienes creían que el país podía tener una alternativa para incorporarse a lo que vendría. En ese contexto, en diversos grados y con opiniones diversas, elaboraron aquel programa que fue conocido como Pronafice, la singularidad de este documento era que específicamente señalaba que y como sería factible poder cambiar el paradigma del desarrollo industrial mexicano.

Sin dejar de reconocer lo que había sido exitoso, también apuntaba lo que se debería de corregir. No planteaba colocar camisas de fuerza o volverse indicativo desde una perspectiva rígida de donde o como debería ser enfocada la inversión del industrial mexicano. Sin embargo, por ejemplo, proponía “consolidar y ampliar al sector industrial endógeno mediante la integración de las cadenas productivas de bienes básicos e insumos de amplia difusión”. Para ello habría que establecer “dos niveles de prioridad. El primero se asigna a las ramas altamente generadoras de empleos directos e indirectos y cuyos bienes son consumidos por amplios sectores de la población o son insumos de uso difundido… En el segundo…se encuentran las ramas cuya producción no es fundamental para el consumo básico de la población, no producen insumos utilizados ampliamente ni son importantes generadoras de empleos directos e indirectos en comparación al primer nivel”. Asimismo, en este contexto de armar cadenas productivas, el Pronafice planteaba “el nuevo patrón de industrialización considerando la necesidad de vincular efectivamente la industria manufacturera con los demás sectores económicos. El sector industrial requiere del sector primario materia prima e insumos en cantidad y calidad adecuadas del sector servicios, los medios e insumos para el desarrollo de su actividad y del sector comercio la eficiente distribución de sus productos. Los sectores primario, de servicios y comercial requieren… del sector industrial insumos, productos terminados y bienes de capital…” para lograr alcanzar un desarrollo sostenido. ¿Hasta qué punto fue factible armar las cadenas productivas con insumos nacionales? La respuesta es que lo realizado fue simplemente marginal. Hoy en día, los insumos provienen de otros lados y las cadenas solamente son vistas como el lazo que cada vez nos fue convirtiendo más y más en dependientes del exterior. Pero volvamos a los planteamientos de hace tres décadas.

Conscientes de que el futuro planteaba un esquema totalmente nuevo al vivido hasta entonces, los profesionales quienes elaboraron el Pronafice planteaban que México participara en ese nuevo contexto “incorporando ramas industriales con tecnologías nuevas y de punta, que serán en parte las que determinaran la competitividad futura de las economías en el mercado mundial.” Con ello, apuntaban, se “permitirá una mayor articulación, en el largo plazo, entre industria y comercio exterior”. Tenían muy claro que “el progreso tecnológico no es un fenómeno espontáneo sino que forma parte de un proceso planeado de inversión en investigación y desarrollo.” Claramente señalaban que el desarrollo tecnológico [habría de efectuarse] a nivel de la planta productiva.” Asimismo, enfatizaban que con el Pronafice no se pretendía “indicar a las distintas ramas industriales como desarrollar sus tecnologías, sino facilitarles la innovación tecnológica mediante el fomento a las actividades de investigación, desarrollo y asimilación de tecnología en áreas específicas, diseñando un conjunto de instrumentos financieros fiscales y de infraestructura…” Al respecto estaba muy claramente definida cual sería la estrategia para implantar un “nuevo patrón tecnológico… selectivo por rama industrial y…” en el cual se distinguían “tres tipos diferentes de tecnologías: Maduras, nuevas y de punta”. Sin embargo, para adoptar esas tecnologías era requerido algo más, capacitar a quienes las fueran a operar. Para ello, era necesario considerar que las “tecnologías maduras enfatiza la necesidad de formar cuadros técnicos y medios la asimilación de tecnologías nuevas requiere profesionistas técnicos y la innovación en las tecnologías de punta necesita recursos humanos con niveles de excelencia, lo cual involucra grados superiores de especialización”. Aun cuando esfuerzos fueron realizados en este sentido, poco fue lo que se avanzó y todo quedó supeditado a actuar en función de lo requerido en otros lados. Así que nada de que no teníamos definido hacia donde queríamos ir y de que no sabíamos cómo hacerlo, todo fue que alguien decidió optar por otro camino.

Así llegamos al papel que deberíamos asignar a la inversión extranjera, misma que se planteaba, “se promoverá selectivamente su entrada directa hacia actividades capaces de contribuir al desarrollo tecnológico nacional.” El objetivo era promover la “coinversión como un mecanismo para asegurar la transferencia real de tecnologías en áreas donde este factor sea decisivo para alcanzar niveles de competitividad internacional y para la sustitución de importaciones en la integración de cadenas productivas prioritarias”. Asimismo, para evitar que al mentado Pronafice lo fueran a acusar de estatista, quienes lo elaboraron mencionaban que “el empresario [así los apodaban, ya sabemos que en México en toda su historia no hemos tenido más que tres] tendrá toda la libertad para seleccionar la tecnología y los proyectos de investigación que considere más adecuados. Cuando estos coincidan con las prioridades nacionales, serán sujetos de estímulo”. Con lo que no contaban aquellos profesionales era con que la inmensa mayoría de nuestros hombres de negocios acabarían optando por vender sus centros de producción para convertirse en empleados de empresas extranjeras, por eso siempre nos hemos negado a llamarlos empresarios. Pero esto no era todo lo que planteaban quienes tenían una visión clara y sentían un compromiso con el país. Ellos sabían que las naciones industrializadas no habían llegado a convertirse en eso por la simple promoción y establecimiento de grandes conglomerados.

Indicaban claramente que “la estrategia de racionalización de la organización industrial tiene en la actualidad en México dos dimensiones específicas. La primera consiste en aumentar la articulación entre las grandes y las pequeñas y medianas industrias para evitar la duplicidad de inversiones y los excesivos costos de integraciones verticales ineficientes y reducir los costos de producción a partir de la especialización de procesos. La segunda dimensión se refiere a la racionalización de la estructura de concentración industrial y de competencia para poder desarrollar plantas productivas con dimensiones tales que aprovechen plenamente las economías de escala que permite la tecnología moderna”. En especial, se enfatizaba cuán importante era “la consolidación de empresas de tamaño medio y [dar] atención prioritaria a la microempresa…” Bajo esa perspectiva, “la estrategia de racionalización de la organización industrial señala que mediante la subcontratación se impulsara la articulación entre empresas de diferente tamaño y a través del apoyo al aprovechamiento pleno de las economías de escala se buscara una mayor eficiencia y competitividad de la planta productiva…” Pero llegaron los globalistas y se dieron a la tarea de “pensar” en grande y a terminar con todos los talleres y negocios pequeños y medianos. Como resultado tuvieron un éxito inusitado, las exportaciones mexicanas de mano de obra, legal e ilegal, se incrementaron en forma inusitada hasta alcanzar los once millones de mexicanos viviendo en los EUA, lo cual permite que cada año se capten entre 20 y 25 mil millones de dólares vía remesas. Les salió bien el negocio, se despreocuparon de un buen número de demandantes de satisfactores, además que de gratis captan los montos mencionados. Pero como en los ochenta no habíamos llegado a eso, pues los profesionales podían seguir soñando como habría de ser la planta productiva nacional del futuro.

Hablaban de lo importante que era descentralizar las actividades industriales en función de aprovechar las ventajas que las diversas regiones del país ofrecían, las potencialidades de cada una y el tipo de bien o producto que fuera a generarse. Inclusive, para quienes hoy se las dan de descubridores del agua tibia y anexas, desde entonces los profesionales planteaban que “el principio básico inherente a la estrategia de localización industrial es el aprovechamiento racional del patrimonio ecológico, evitando su deterioro y preservando su calidad”. Asimismo, se hacía mención a la forma en que el estado debería de irse retirando de aquellas áreas que no fueran estratégicas, y solamente quedarse en aquellos rubros en donde la premisa fuera operar con eficiencia, generar divisas y crear una base tecnológica propia. Sin embargo, todo quiso hacerse a rajatabla y los resultados los vemos hoy en día.

Nuestros globalizadores, hoy muy reconocedores, de que el mercado interno existe y que es una alternativa para sacarnos del atascadero en que estamos metidos. Sin embargo, durante tres décadas trabajaron afanosamente en quererse incorporar a las grandes ligas para terminar convirtiendo al país en un gran centro maquilador en el cual simplemente se arman productos o llegan elaborados en otras naciones, hasta con la etiqueta “Made in Mexico”, para enviarse al mercado estadounidense. Hoy, ni tenemos política industrial, ni existe una planta productiva mexicana real, más allá del membrete en el papel, y el país vive a merced de lo que otros decidan en sitios lejanos. Eso sí, se les llena la boca al decir que hoy somos una sociedad democrática y los grandes avances logrados con crecimientos anuales paupérrimos de alrededor del dos por ciento, eso si el estado ya no pinta en su intervención en la economía y eso dicen es un gran logro. A la par, lanzan loas a China y sus altos niveles de crecimiento. Sin embargo, olvidan un detalle pequeño. En dicho país, la economía está totalmente estatizada y es el gobierno quien rige las actividades económicas en donde también interviene la iniciativa privada, pero el estado es fuerte. En asuntos de democracia, pues no andan preguntando qué les parece a los de fuera. Aquí no queda sino lamentarnos de no haber optado por una política industrial que permitiera al país incorporarse a lo que venía para participar como agente activo y no como simple ente pasivo en espera de lo que otros nos ordenaran hacer.

Quienes diseñaron la política económica de nuestro país, a lo largo de los treinta años anteriores, eligieron por echarse en brazos del capitalismo salvaje o, como dicen ellos, todo lo dejaron para que fuera el mercado quien lo determinara. Se les olvidó recordar que si en las escuelas, en donde fueron dizque a aprender economía, les hablaban de la mano invisible y lo bien que esta operaba, ello se daba bajo la premisa de competencia perfecta y esa, lector amable, solamente existe en los libros de texto y en la mente de algunos crédulos.

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Añadido (1) Como colofón de nuestra visita por Chile fue muy agradable volver a reencontrarnos con la calidez de la amistad de la periodista y catedrática de la Pontificia Universidad Católica de Chile, María Elena Gronemeyer Forni y la del virtuoso de la música y profesor de la Universidad de Chile, Rolando Cori Traverso. En medio de remembranzas e intercambios de opiniones diversas, coincidentes y no tanto, sobre todo tipo de tópicos, trascurrieron un par de reuniones que, como siempre, nos dejan recuerdos muy gratos.

Añadido (2) Nada más para reafirmar lo que es de sobra conocido. El chico, quien se cree grande, llama “grandes estadistas” a Nicolás Maduro y Daniel Ortega. ¿Habrá algún patrocinio de por medio o es simplemente otro dislate producto de su realidad distorsionada?

Añadido (3) Hasta ternura inspiraba escuchar al potrillito domesticado del noreste. Nosotros vamos, decía, por las inversiones asiáticas y europeas, los estadounidenses no son importantes. El corcelito olvidó el destino de esos productos. Ni marchan para Asia, ni son remitidos a Europa. Habría que recordarle un detalle pequeño, cuando se renegocie el TLC sus favoritos no van a ver a México tan atractivo. Entonces, no le quedara sino ir a tocar la puerta del vecino no necesariamente para solicitarle una tacita de azúcar.

Añadido (4) Siguen con su lamento los herederos de Miramar en su versión Siglo XXI. Hacen responsables, de que hoy Donald John Trump sea el presidente electo de los EUA, a los ciudadanos de ese país quienes no salieron a votar y les endilgan una retahíla de adjetivos. Ya hasta crean sospechas de que hubo algo más que mera simpatía a la hora de expresar sus opiniones. A la par, uno de ellos, se dedica a convertir en mártires a cualquiera que, metido en asuntos judiciales en proceso, se le acerque y le pida un espacio para santificarse. Son los puros y castos embutidos en la misma talega.

Añadido (5) Culpan de lo que sucede a los resultados electorales del vecino. Sin embargo, no recuerdan que una cosa es perdonar y otra olvidar. Si supieran historia…

Añadido (6) Se los comentamos en su momento. La carrera política del senador Ernesto Gándara Camou no terminaba al perder la nominación al gobierno de Sonora.
26 Noviembre 2016 04:00:00
Y retornamos al sur del mundo
Hace un año, simplemente pensamos en que habíamos tenido la oportunidad de conocer algunas ciudades de la República de Chile y que como tantos otros sitios que, afortunadamente hemos visitado, habría de pasar un largo tiempo para que retornáramos ahí. Sin embargo, exactamente doce meses después, de nueva cuenta andamos por estas tierras chilenas gratas en donde su gente nuevamente nos ofrece su amabilidad. En su capital, Santiago, nos calzamos unos zapatos cómodos y nos dimos a la tarea de recorrer sus calles y acudir a eventos que nos permitieron ver, escuchar e intercambiar opiniones, lo cual nos ofreció todo un mosaico de sentires, muchos de los cuales incluyen la perspectiva que tienen sobre nuestro país y como ven algunos de ellos nuestra relación en el futuro cercano con los EUA, mismos que les compartiremos desde estos lares al sur del mundo.

Nos trepamos en el transporte subterráneo de la ciudad de Santiago y de entrada nos sorprendió la limpieza que impera en sus carros, nada de grafitis, restos de alimentos y/o refrescos “adornando” paredes o pisos. Al ingresar, hubo un acto de esos que ya no se observan con frecuencia y por ende lo relatamos. Una joven veinteañera guapa, quien iba sentada, amablemente nos ofreció cedernos su lugar. No vaya a creer, lector amable, que había caído rendida ante galanura inexistente alguna, simplemente actuaba, seguramente movida por los valores que aprendió en su hogar, como respuesta al ver que nuestra testa, desde hace muchos ayeres, lucen cabellos blancos que recuerdan la acumulación de experiencia y pues con toda certeza aquella chamaca consideró, que dada nuestra proximidad a la tercera edad, aquello era una cortesía que debe correrse a toda persona en dicha etapa de la vida. Agradecimos aquel gesto de urbanidad y educación, mientras nos dispusimos a continuar nuestro viaje de pie. Así, llegamos a la estación La Moneda y ahí nos apeamos. Procedimos a iniciar nuestro caminar por las calles del centro de Santiago. Al cruzar la avenida Bernardo O’Higgins, viramos a la derecha y, un par de cuadras más tarde, decidimos hacer una escala enfrente de uno de esos vehículos en los cuales se ofrece al transeúnte “mote con huesillo”. Esto es una bebida preparada en base a un jarabe de melocotón al cual, frío, se le agrega trigo hervido. Cuando por vez primera lo ingerimos, hace un año, el expendedor nos dijo “ustedes los turistas no aprenden que hay que probar primero y, si es de su agrado, preguntar después”. Para nuestra sorpresa, a quien ahora le pedíamos nuevamente nos hiciera favor de servirnos un vaso de aquello, era el mismo quien lo había realizado en el pasado. Esta persona, contrario a lo que pudiéramos pensar, tenía más mundo recorrido que cualquiera de nosotros y en ese entorno nos comenzó a relatar sobre su pasado estudiantil izquierdista que lo llevó a las mazmorras para después desilusionarse de sus antiguos compañeros de viaje a quien hoy situaba en la misma talega por donde transitan cobijados los ilusionistas de la derecha. En dicho contexto, retomamos la plática e inmediatamente nos preguntó: ¿Va a hacer Trump el muro o no? Nuestra respuesta fue que físicamente eso ya estaba construido en una gran extensión, pero que aquello era más asunto de simbolismos que de otra cosa. Para nuestra sorpresa, nos dijo sin parpadear, “creo que lo que Trump propone es lo correcto”. ¿Por qué le preguntamos? Su respuesta fue muy clara, “como cree usted que un país pueda seguir cargando con la responsabilidad de otro [México]. No puede continuar aceptando gente que llegue a desplazar a sus gobernados”. Además, nos dijo, “alguien tiene que venir a poner en orden a China, ya no podemos seguir permitiendo que de allá nos sigan llenando de mercancías basura. Debe de retornarse a producir artículos de calidad y que cada país asuma las responsabilidades que le corresponden para con su gente”. Después de eso, tal vez pensando que había ido demasiado lejos, quiso halagarnos el oído y nos dijo: “Bueno, pero el presidente de ustedes está muy bien con Trump, lo invitó y seguramente eso actuara en su favor”. Pudimos haberlo dejado en su creencia, pero tuvimos que desengañarlo. Le dijimos que la invitación fue correcta. Sin embargo, desgraciadamente, lo que vino después fue poco grato, algo que nosotros y usted lector amable ya conocemos. “¿Pero cómo es posible que el Presidente de un país tan grande hiciera eso? Seguramente de haber vivido Pancho Villa, lo habría fusilado”. Ante tal afirmación, preferimos apurar la ingesta de nuestra bebida y nos despedimos. Dirigimos nuestros pasos hacia el edificio del Palacio de La Moneda, sede del Poder Ejecutivo de Chile, planeábamos visitar una exposición de las que, nos habían dicho, siempre estaba alguna por ahí.

Sin embargo, al arribar encontramos vallas metálicas que impedían el acceso próximo al edificio. Cuando se está enfrente a dicho edificio, las imágenes primeras que vienen a la mente son las aparecidas en los diarios el 12 de septiembre de 1973. Un edificio en llamas y el anuncio del “suicidio” del presidente Salvador Allende Gossens. Hoy, el inmueble luce de blanco impecable y ningún deterioro se aprecia en su exterior. Al levantar la vista hacia la plazoleta de enfrente, divisamos un número considerable de banderas de Chile junto a otras inconfundibles de China. Aquello despertó nuestra curiosidad y, preguntones como somos, nos acercamos a uno de los miembros del grupo de Carabineros de Chile. Le cuestionamos del porqué de aquello y amablemente nos respondió que estaban en espera del arribo del presidente de China, Xi Jinping. Como de lo que disponíamos era de tiempo, decidimos dar una vuelta por los alrededores y percatarnos de primera mano, incorporándonos a los curiosos, como se daba aquello. La seguridad era intensa, pero a la vez no agresiva, tal y como se realiza cuando es ejecutada por profesionales. De pronto, nos percatamos de un grupo que portaban cachuchas rojas y la bandera del país asiático. Fuimos y cuestionamos de quién se trataba, respondiéndosenos que eran miembros de la comunidad de ciudadanos chinos o descendientes de emigrantes de esa nación quienes deseaban manifestar su saludo, aun cuando fuera de lejos, al mandatario de aquel país. La integración del grupo iba desde niños de brazos hasta personas de la tercera edad, se les notaba la felicidad y orgullo de estar por ahí. En cierto momento, decidimos hacer un alto, en el área cercana al flanco izquierdo de la sede gubernamental y desde ahí observar la ceremonia.

Mientras esperábamos, veíamos como periodistas, camarógrafos y algunas personas para nosotros desconocidas solicitaban ingresar al área restringida. De pronto, llega un hombre, vasto en carnes, quien le anuncia a uno de los miembros del grupo de seguridad que a pocos metros atrás de él viene la subsecretaria de economía y que por favor le franqueara el paso. Nosotros, turistas mirones, que íbamos a saber quién era la dama aquella, pero a nuestro lado había un buen número de chilenos a quienes la funcionaria al pasar no se dignó, ya no digamos saludarlos, nunca volteó a verlos, seguramente caminaba, en su imaginación, sobre algodones y sentía que aquellos mortales simples, los que finalmente pagan su sueldo, no merecían ni siquiera una mirada. La estampa nos trajo a la mente un recuerdo del actuar de muchísimos de nuestros funcionarios gubernamentales quienes de pronto creen haber sido tocados por los dioses, mientras olvidan que eso de los cargos públicos es como una pompa de jabón que se esfuma en menos de 10 segundos, pero vayamos al arribo del mandatario asiático.

En cuanto se advirtió de su llegada, un grupo de chinos empezó a mostrar su alegría y agitar pequeñas banderitas. Apareció un automóvil de color gris con vidrios polarizados, a su lado caminaban guardias de seguridad y miembros del ejército chileno montando corceles. Cuando los paisanos del ocupante esperaban verlo, encontraron que además de los cristales oscuros, las cortinillas del asiento trasero estaban corridas para impedir fuera visto tan importante personaje. Entonces, para nuestros adentros, dijimos acaba de pasar no el presidente, sino el emperador de China. Después nos enteraríamos que durante la reunión entre la presidenta Verónica Michelle Bachelet Jeria y el visitante asiático, la primera, como ya lo habían hecho algunos ingenuos en nuestro país, sacó el petate del muerto” y declaró que dada la decisión del presidente futuro de los EUA, Donald John Trump, de que su país habrá de retirarse del Acuerdo Transpacífico (TPP), entonces Chile habría de buscar intensificar su relación con China. Vaya con nuestros políticos latinoamericanos, siempre tan escasos en conocimientos de historia, pero vastos en credulidad. Según ellos, China es la nación bondadosa que habrá de salvarnos de las garras del “imperialismo yanqui.” De donde sacarán que los quieren de socios, cuando los asiáticos lo que buscan son súbditos, ¿Qué acaso no recuerdan que China fue imperio muchísimo antes de que nosotros fuéramos siquiera proyecto de colonia? Pero ya sabemos que cuando se sienten perdidos, cualquier clavo ardiente es asidera y creen que así recuperarán el respaldo de su pueblo.

Al recorrer las calles de Santiago, no se percibe el desánimo. La gente vive el día con día como en cualquier otro lado. Si uno visita los “malls”, se aprecia un buen número de personas realizando compras. Por las avenidas circulan, en número considerable, autos, por cierto un parque vehicular más moderno que el de nuestro país, que arman tremendos “tacos” (así llaman ellos a los congestionamientos del tráfico). Los restaurantes no se ven desolados. Sin embargo, de acuerdo a la OCDE, Chile es el país con mayor desigualdad en la distribución del ingreso, seguido por México y los EUA o sea que por acompañantes no podrán quejarse, en consecuencia los augurios económicos son malos y se prevé difícil que el grupo político al que pertenece la presidenta actual pueda retener el cargo en las elecciones del año próximo.

Entre los aspirantes del llamado oficialismo, se encuentran Ricardo Froilán Lagos Escobar, un economista y abogado, social demócrata quien fuera presidente entre 2000 y 2006; José Miguel Insulza Salinas quien viviera en México entre 1981 y 1988, casado con una mexicana, ministro del interior con Lagos y diplomático que hasta hace unos días fuera el embajador chileno ante el Tribunal de la Haya; Fernando Atria Lemaitre, abogado y profesor universitario. A ellos, se une una tercia desde la oposición al gobierno actual. Uno es quien fuera presidente, entre 2010 y 2014, Miguel Juan Sebastián Piñera Echenique, aquel del rescate de los mineros, hombre de negocios, un demócrata cristiano quien posteriormente apareció como candidato del Partido de Renovación Nacional y ahora es cuestionado seriamente por su involucramiento en negocios pesqueros en Perú. Otro es Alejandro René Eleodoro Guillier Álvarez, sociólogo y periodista, senador independiente con inclinación al Partido Radical Social Demócrata. Y el tercero, aun cuando nadie lo menciona, de pronto se ha vuelto muy visible y declarativo es el senador Ignacio Walker Prieto, quien fuera presidente del Partido Demócrata Cristiano y ministro de relaciones exteriores durante la presidencia de Lagos. Entre ellos, dicen los chilenos, saldrá quien los dirigirá en el futuro en medio de lo que los expertos pronostican será una crisis económica a la que los ha llevado la falta de medidas adecuadas por parte del gobierno actual, sumido en escándalos de corrupción. ¿En dónde hemos escuchado eso?

Pero lo que si oíamos sonar con fuerza eran unos silbatazos. Creímos que para algunos trasnochados se había adelantado el carnaval o bien que padecían el complejo de policía de tránsito. Sin embargo, lo que nos encontramos fue un grupo de trabajadores de una de las universidades privadas más importantes de Chile. Aunado al tañer de los silbatos, de pronto nos pareció que vivíamos el ambiente de la vetusta izquierda mexicana, esa que se ha quedado estancada en los sesenta y setenta del siglo pasado con estribillos como aquel del “se ve, se siente, la (aquí póngale el título que desee) está presente…” etc. Era una protesta, de no más de cincuenta personas quienes demandaban incrementos salariales. Sin embargo, lo que nos causó pena ajena fue que a dichas demanda no la acompañaran una serie de propuestas para elevar la calidad educativa, ni mucho menos como habrá de incrementarse la productividad que es al final de cuentas lo que debe de acompañar toda elevación en el pago al trabajo. Después, alguien nos explicó que detrás de todo eso estaba la demanda de gratuidad para toda la educación, es decir la desaparición de las escuelas privadas o bien que los costos de acceder a ellas fueran cubiertos por el estado. Al parecer, todavía existen ingenuos quienes creen que algo puede ser regalado, pues de darse apoyo a dicha petición, nada de que será de a gratis, los ciudadanos acabaran pagando. Y ya metidos en esos ambientes universitarios, nos fuimos a una cena con investigadores.

Lejos de la ciudad, por los rumbos que llevan el nombre de un líder religioso del pretérito, nos encontramos con quienes buscan como paliar los efectos que la contaminación tiene sobre los habitantes de esta capital chilena. Aquí debemos de decirles que, según nos contaban, días antes de que arribáramos la ciudad sufría los estragos de los incendios que azotaban sus alrededores. La contaminación generada se sumaba a la que, día con día, es producida por la industria y los vehículos. Las autoridades buscan como atenuarla, mientras los investigadores los proveen de información resultado de sus estudios sobre los efectos que tienen en la salud de los humanos. Como en todo existen diversos puntos de vista, desde quienes dicen que muy poco se ha hecho hasta quienes creen que ha sido suficiente. En ese entorno, de pronto nos encontramos charlando con alguien quien argüía cuán importante era hacer ver a la población de que no había que preocuparse por lo que sucediera en el corto plazo, lo trascendente era convencerlos de que en el largo plazo todo estaría bien. Ante eso, no pudimos sustraernos de recordarle lo que dijera el economista inglés, John Maynard Keynes, “En el largo plazo todos estaremos muertos”. A lo cual agregamos, en versión mexicana, que eso nos parecía irresponsable y era el equivalente a que “arreé el que viene atrás”, mientras se hace como que se hace para justificar la chamba. Pronto se agregó a la charla otra persona quien cuestionó el uso de la promoción de la bicicleta porque era irresponsable exponer a los altos contaminantes a la población, mientras alguien más decía que a causa de destinar espacios a los velocípedos, se habían reducido los carriles para automóviles y aquello terminaba por generar más “tacos”. Sin embargo, en lo que todos si coincidieron es que para poder bajar los niveles de contaminación además de profundizar en los estudios de sus efectos sobre la salud humana y encontrar formas de evitarlos, es necesario que la población acepte algunos cambios culturales ya que según nos dijeron la contaminación no solamente se abate sobre la ciudad capital, sino también en algunas poblaciones en donde los habitantes se niegan a abandonar el uso de la leña como combustible. Y por esos caminos continuó la charla hasta el punto que nos hizo de pronto creer que comentábamos sobre asuntos de nuestra patria. De esta manera fue nuestro retorno a una ciudad, Santiago, la cual no obstante que en ocasiones sus cielos se cubren de nubes oscuras, en esta nuestra segunda visita, el firmamento volvió a brillar para dejarnos percibir con claridad nítida la calidez de quienes viven al sur del mundo.

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Añadido: A nombre de mi hermana, mis hermanos, mis sobrinas, mis hijas e hijos y en el propio de este escribidor, les expresamos nuestro agradecimiento a las damas integrantes del Círculo Cultural Piedras Negras-Eagle Pass por haber dedicado la sesión, correspondiente al mes de noviembre, a la memoria de nuestra madre, DOÑA ESTELA RÍOS SCHROEDER.
19 Noviembre 2016 04:00:00
Así percibían los inicios de la Revolución Mexicana los diplomáticos y la prensa estadounidense
Sabemos que en estos tiempos, cuando todos andan más preocupados por encontrar el “Buen Fin” o el puente coincidente que ni siquiera les preocupa a qué se deba, ponerse a comentar sobre los inicios de la Revolución Mexicana luce como algo que solamente algunos despistados pueden animarse a tratar. Sin embargo, este escribidor, necio como es, disfruta andar hurgando por los archivos y ofrecerle a usted, el único lector amable quien lo sigue, cómo lucía el inicio de la Revolución Mexicana a los ojos de algunos diplomáticos y diarios estadounidenses. Retrocedamos un siglo, un lustro y un año.

Eran los inicios de noviembre de 1910 y el peor embajador que hayan enviado los estadounidenses a México, el siempre mal recordado Henry Lane Wilson expresaba cómo, desde 1908, bandas de forajidos, así los llamaba, realizaban ataques a los pueblos fronterizos pequeños del lado mexicano. Ello había provocado que el gobierno estadounidense se viera en la necesidad de concentrar fuerzas militares a lo largo de su frontera con México para prevenir que los “bandidos” buscaran refugio en los EUA. Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense había instaurado penas en contra de quienes violaran la ley de neutralidad y desde su territorio planearan ataques a las poblaciones al sur del Bravo. Sin embargo, una cooperación exitosa entre ambas naciones era difícil de darse porque el gobierno de EUA no había sido capaz de arrestar a los propagandistas y prohibir el tráfico de armas y municiones. Sin embargo estos no eran los motivos únicos que tensionaban las relaciones entre ambas naciones.

El 31 de julio de 1910, un grupo de mexicanos cruzó la frontera a la altura de San Benito, Texas, y asesinaron a un teniente Carnes y un sargento West tras de lo cual regresaron a México. En ese mismo contexto, durante esos días, un ciudadano mexicano, Antonio Rodríguez fue acusado de violar y asesinar a una mujer en Rock Springs, Texas. Como respuesta, los pobladores decidieron hacer justicia por mano propia y cuando lo capturaron lo quemaron vivo. Aunado a esto, la presencia de estadounidenses que venían a realizar negocios en nuestro país era mal vista. Con esta gama de ingredientes, las manifestaciones y ataques en contra de los intereses y personas de origen de aquel país se convirtieron en cosa de todos los días. Mientras tanto, las elecciones presidenciales en México, realizadas en junio, 26 ya habían dejado su estela. Francisco Ygnacio Madero González había sido capturado días antes de que se celebraran y no fue sino hasta el 6 de octubre cuando logra escapar y cruzar hacia los EUA. A ese país habían huido antes los revolucionarios Ricardo y Enrique Flores Magón, en donde fueron capturados, consignados y confinados a una celda por violar las leyes de neutralidad. Mientras tanto, en México, las tensiones aumentaban durante los primeros días de noviembre.

El 9 de noviembre, Lane Wilson dirigía un comunicado al ministro de Relaciones Exteriores de México, José Enrique Clay Ramón de Jesús Creel Cuilty, (bisabuelo del Santiago de hoy) demandándole que el gobierno mexicano tomara las medidas pertinentes para evitar que se continuaran dando los ataques como el perpetrado en contra del diario Mexican Herald de propiedad estadounidense, así como las agresiones que sufrieron ciudadanos de ese país durante una manifestación realizada en la calle de San Francisco (hoy Madero) en la Ciudad de México. De acuerdo al reporte del embajador, tras entrevistarse con Creel, este le aseguró que el gobierno tomaría las medidas necesarias para evitar se repitieran actos similares. A la par, en el norte de México, el 10 de noviembre, el consulado estadounidense en Ciudad Porfirio Díaz (Piedras Negras), Coahuila fue atacado. Dos días más tarde, en Chihuahua, se suscitó una demostración pacifica antiestadounidense. En San Luis Potosí fue decretado un boicot a productos provenientes de aquella nación. Cuando el gobierno mexicano tomó medidas para evitar continuaran dándose estos actos, la población mexicana las interpretó, en palabras del felón futuro Lane Wilson, como “muestra de un entendimiento entre los científicos y los gringos, lo cual dio por resultado un incremento en el número de aquellos quienes deseaban incorporase al ejército revolucionario.” Dichas acciones no detuvieron las protestas.

El 11 de noviembre, el estadounidense George C. Carothers fue atacado en su casa de Guadalajara, lo cual lo obligó a defenderse, matando a una persona e hiriendo a otra. Respecto a estas y otras acciones violentas, Lane Wilson reportaba al secretario de estado, Philander C. Knox que el presidente Díaz Mori consideraba dichos ataques como parte de las acciones de los revolucionarios quienes estaban actuando en toda la República, pero que, de continuar, serían suprimidas con toda la fuerza disponible. En ese contexto, Lane Wilson comentaba su entrevista con el presidente Díaz para quien las manifestaciones eran simplemente expresiones oportunistas de grupos estudiantiles. A la par, el mandatario mexicano manifestó su queja porque Madero y Flores Magón estaban comprando armas en los EUA, sin que el gobierno de ese país hiciera nada para evitar eso o la difusión de propaganda revolucionaria. Por ello, ya se había instruido al embajador mexicano en Washington para que llevara el asunto ante el presidente William Howard Taft. En ese entorno, el 16 de noviembre, el embajador mexicano Francisco León De La Barra comunicó al secretario Knox que “el gobierno de México había recibido información confiable relacionada con el hecho de que ayer las autoridades federales en San Antonio, Texas, encontraron 100 carabinas de calibre 45 y 5 mil cartuchos en posesión de un ciudadano estadounidense amigo de Madero. Aun cuando se trató de requisarlas, el posesionario arguyó que las adquirió legalmente…Sin embargo, demandaba que se investigara, determinara a quién pertenecían y tomaran las medidas necesarias para prevenir la comisión de hechos que pudieran resultar contrarios a la paz en México.” Sin embargo, León De La Barra no paraba ahí.

El embajador argüía ante el gobierno estadounidense que su contraparte mexicana tenía documentos mediante los cuales Madero se declaraba presidente de México, nombraba a Manuel Urquidi como gobernador de Tlaxcala y le solicitaba un préstamo al hombre de negocios, José M. Ortiz. Al mismo tiempo, en la capital del país habían sido requisados cincuenta rifles adquiridos por un agente de Madero. Dado que este vivía en los EUA, solicitaba a las autoridades estadounidenses tomar las acciones requeridas para que desde su territorio se “atentara en contra de la paz de México.” Mientras tanto, el 18 de noviembre, Lane Wilson reportaba que el gobierno mexicano estaba realizando redadas a lo largo del país en donde la conspiración se extiende, aun cuando carece de cohesión. Reportaba que Madero desde San Antonio estaba enviando armas a sus seguidores en México. Por ello, mencionaba al secretario de estado que el gobierno de Díaz agradecería se tomaran las medidas pertinentes para acusarlos de intentar subvertir el orden en una nación amiga de los EUA. El inicio de la revuelta era inminente.

El 19, León De La Barra alertaba a Knox que en varios puntos de la frontera con Texas estaban reclutándose bandas de rebeldes y que los sitios más peligrosos eran “Naco, El Paso, Presidio, Boquilla e Eagle Pass.” Le pedía que movilizara fuerzas para evitar se unieran los sublevados y exportaran armas hacia México, el paso de bandas hacia uno u otro lado y, sobre todo, evitar que se altera la paz en nuestro país. La respuesta que recibió fue que ya se había turnado su memorándum al departamento de guerra y al procurador de justicia para que tomaran las medidas pertinentes. En ese contexto, llegó el 20 de noviembre y he aquí lo que la prensa estadounidense reportó.

El domingo 20 de noviembre de 1910, el San Antonio Light and Gazette reportaba un telegrama del presidente Díaz Mori, quien respondiendo al cuestionamiento de un grupo de turistas, emitía una declaración apuntando que los desórdenes habían sido provocados por anarquistas quienes ya estaban bajo custodia de las autoridades. Justo en la parte inferior en la misma columna, apuntaba que a pesar de que el secretario Creel señalaba que nada sucedería, ellos contaban con información de que la revolución estallaría en la frontera. Madero habría de cruzar el “Río Grande” para unirse a los hombres que lo esperan del otro lado. Se estimaba que alrededor de 700 hombres armados estaban en la localidad de Las Vacas (Ciudad Acuña, Coahuila) listos para atacar la guarnición del ejército. A la medianoche del 19 se suscitó una manifestación en Ciudad Porfirio Díaz en contra del gobierno mexicano. En Eagle Pass, el cónsul Elsworthy había implementado toda una serie de medidas para impedir que Madero cruzara hacia México y esperaba arrestarlo por violar las leyes de neutralidad. En Cd. Porfirio Díaz las tropas patrullan las calles y dispersan cualquier reunión que se suscite. Una nota proveniente de Carrizo Springs indicaba que un grupo encabezado por un tal Ignacio González había adquirido siete caballos, lo cual provocó que un alguacil los persiguiera al presumir que González no era otro sino Madero, lo cual fue desmentido al periódico por el presunto acusado. Ello no impidió al alguacil afirmar que él no dejaría que Madero cruzara hacia México.

The New York Times (NYT) que aún era un diario fiable y no adquiría el nombre de “The New York Slimes,” como lo identifican ahora un gran número de estadounidenses, reportaba en su edición del 21 de noviembre que la insurrección planeada para un día antes no se materializó, excepto por un pequeño incidente ocurrido en Guerrero, Coahuila que fue resuelto inmediatamente. Ahí, las fuerzas federales tomaron control de la situación e implantaron ley marcial. Asimismo, apuntaba que lugares como Veracruz, Puebla, Orizaba y Pachuca estaban en calma. Sin embargo, sin precisar fechas, daba cuenta de la muerte de más de cuarenta personas ocurrida en un enfrentamiento en la casa de Aquiles Serdán, él incluido, y alrededor de 145 heridos. Igualmente relataba que al no haber incidentes mayores(¡!) la comunidad extranjera en México había recobrado la calma y acerca de Madero nadie sabía nada. Pero vayamos a otra versión de los eventos publicada el mismo 21 de
noviembre.

Según el reportero del San Antonio Light and Gazette en Eagle Pass, a las cuatro de la mañana Madero había cruzado hacia México por un lugar (el rancho El Indio) ubicado a seis millas al sur de dicha población. Se afirmaba, sin confirmar, que los rebeldes encabezados por el coahuilense habían tomado la población de Guerrero. En igual forma, se reportaban incidentes en Allende y El Fénix y las autoridades estadounidenses reportaban movilizaciones al norte de Del Río, Texas. A la vez, el gobierno mexicano anunciaba que los mil efectivos destacamentados en Matamoros, Tamaulipas serían reforzados con 300 más, lo cual permitiría seguir teniendo el control absoluto de la ciudad.

En un editorial del NYT, entonces las opiniones las colocaba en esa sección y no en la primera plana, titulado “Madero’s Little War” (La guerrita de Madero) señalaba entre otras cosas: “La Conquista de México por Madero es una broma. Él es un político débil con pocos seguidores y ninguna de renombre. No pertenece a la herencia histórica de Hidalgo, Morelos, Guerrero y Juárez. Carece de la fuerza personal y las habilidades militares de un revolucionario tipo Santa Anna y (Juan) Álvarez. Ni aun pudiera compararse con los sanguinarios mercenarios, Miramón y Márquez. Tal vez si tuviera el apoyo de la iglesia católica y un ejército fuerte pudiera convertirse en una imitación pequeña de Iturbide…” Ya encaminado, el editor afirmaba que “Lo más rápido que el general Díaz pueda silenciar a Madero, mejor será para la paz y el crédito del país… Los incidentes suscitados en Puebla el viernes pasado (18 de noviembre) pudieran haber significado algo en otros tiempos, pero ahora son simples actos rabiosos y fútiles…” Como podemos leer, ya desde entonces The New York Times no era muy acertado en sus predicciones, excepto que, lo repetimos, las enviaba a la sección de opinión y no las colocaba disfrazadas de noticias. Así eran reportadas las noticias al día siguiente de los acontecimientos del 20 de noviembre de 1910, entonces no había ni celulares, ni correos electrónicos, ni tweets, ni Whatsapp, ni Facebook. De haber existido nuestros ancestros se habrían enterado de lo que realmente ocurrió aquel domingo en las inmediaciones del Bravo.

Madero no pudo cruzar el río, se quedó en El Indio esperando a que su tío Catarino Benavides llegara con los rifles y los hombres que le había prometido. Como eso no sucedió, se regresó a San Antonio. Sin embargo, el inicio del fin del gobierno del presidente Díaz Mori había dado principio. Más tarde, en marzo de 1911, habría de negociarse la transición pactada, misma que se materializó en mayo de ese año. Después, Madero fue electo presidente y parecía que los cambios se realizarían de manera ordenada a pesar de ciertas resistencias. Sin embargo, se abrieron los apetitos de poder de algunos y en febrero de 1913, la trinca infernal compuesta por el embajador estadounidense, Henry Lane Wilson, el felón, Victoriano Huerta, y no lo olvidemos nunca, embozados tras las sombras los miembros de la curia católica, habrían de efectuar la asonada que costó la vida a Madero y con ello se reviviría la llama de la insurrección que había sido encendida en una fecha que los herederos de la cistiada y el sinarquismo han querido sumir en el olvido para no recordar que al amparo de ella nacería el estado mexicano moderno, aquel que permitió al país crecer y desarrollarse, crear instituciones, formar la clase media y generar la movilidad social. Sí, todo aquello que hoy molesta a algunos, inclusive quienes gracias a eso que hoy critican pueden tener una situación económica–educativa–social que jamás hubieran alcanzado de no haber sucedido aquello que dio principio el 20 de noviembre de 1910.

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Añadido (1) Entre acordes de “pa” y “pos,” sin niña que lo corrija, el chico, quien se cree grande, da consejos para enfrentar el problema de los mexicanos ilegales en los EUA y de cómo ha de prepararse el presidente de México para entrevistarse con el electo en aquel país. Al parecer, la contaminación ambiental ya hizo efecto en sus neuronas. Ha olvidado que, gracias a sus berrinches y la ignorancia de su jefe, el problema se agravó cuando era factible empezar a armar una solución.

Añadido (2) Después de escucharlo, nos percatamos porqué lo echaron de la embajada de México en Washington. Al decir que había que unirnos con los chinos, y con todo aquel a quien haya ofendido el candidato triunfante, se quedó a un paso de incitar a tomar el fusil para declararles la guerra a nuestros vecinos al norte.

Añadido (3) ¿Por qué será que cierto comunicador exhibe un comportamiento muy benevolente con el truhan blanquiazul y al tricolor de catadura similar lo quiere crucificar? ¿Será un asunto de filias partidistas? No queremos imaginar que haya otras razones de pesos mayores.

Añadido (4) Para algunos es sorpresa que, de pronto, Ernesto Guillermo Ruffo Appel haya lanzado el buscapiés de aspirar a la candidatura de la Presidencia de la República por el PAN. Sin embargo, para los herederos de Miramar en su versión Siglo XXI, este sería el candidato ideal. Ya no tendrían que cruzar el Bravo para cumplir su sueño, recordemos que este ciudadano nació en San Diego, California, en donde fue registrado como Ernest Ruffo Jr.

Añadido (5) Todo el escándalo que prevalece en Veracruz lo ha armado quien va a llegar. En cuanto arribe, todo habrá de solucionarse y buscará exhibirse como el gran componedor. Ese es un truco muy añejo para impresionar almas cándidas.
12 Noviembre 2016 04:00:00
Actuaron como los herederos de Miramar en su versión siglo XXI
Lo que acabamos de vivir en nuestro país en torno a las elecciones estadounidenses nos permitió percatarnos de la aparición en pleno Siglo XXI de un conjunto integrado por personajes de varia pinta, quienes mostraron una orfandad amplia en materia de sentirse gobernados y optaron por cruzar el Bravo, ellos no tuvieron necesidad de trasladarse al otro lado del Atlántico, en busca de alguien con quien pudieran identificarse y les llenara sus necesidades, al respecto. Como han evolucionado, hoy no fueron en busca de un personaje blanco, barbado, ojos claros y cabellera rubia, dejaron de lado los excesos capilares faciales y se conformaron con que las otras tres características adornaran la figura de una dama. Este grupo de mexicanos de origen actuaron como los herederos de Miramar versión Siglo XXI. Vayamos a ver quiénes integran este gremio.

Empecemos por el conglomerado en el poder. Tal como aquí lo apuntamos en su momento, el haber invitado a nuestro país al entonces candidato republicano Trump MacLeod fue lo correcto en el contexto de lo que debe de ser la diplomacia entre dos naciones vecinas. Todo iba bien hasta que, como dirían en el pueblo, “la puerca torció el rabo” y empezaron a surgir errores en la forma como que se manejó la visita. Al parecer, en privado, el visitante les dijo varias cosas que no gustaron a nuestros funcionarios y al momento de salir a la conferencia conjunta exhibían unas caras que parecían atender un funeral, mismas que se agravaron cuando el huésped expresó públicamente cosas no precisamente gratas para los anfitriones quienes, enfrente de él, guardaron silencio al respecto. Sin embargo, en cuanto se fue, les salió lo valiente y empezaron a despotricar. Acto seguido se trasladaron a Washington con el propósito de redimirse ante la ciudadana Rodham Cinton y casi le piden perdón por el pecado cometido. La persona encargada de los asuntos externos, la ciudadana Ruiz Salinas, provista de estropajos y una botella de ajax amonia, anduvo por territorio estadounidense dispuesta a cualquier cosa con tal de lograr el perdón por el desliz. Por aquellos lares se dice, con armas similares, deambuló la ciudadana Robles Berlanga tratando de convencer paisanos de votar por la candidata demócrata. A la par, el Presidente Peña Nieto, arrepentido de haber seguido los consejos de su alter ego, Videgaray Caso, a quien después corrió, buscaba lucir como partidario de Rodham Clinton. Pero, como diría el panbolero: “La tuvo, era suya y la voló”. Muy triste, por decir lo menos, resultó observar a qué punto la dignidad, otrora divisa de orgullo de la política exterior mexicana, ha sido llevada por estas personas que actuaron como los herederos de Miramar en su versión Siglo XXI, camarilla en la cual también participan otros miembros de la clase política.

A finales de junio pasado, la ciudadana Zavala Gómez del Campo se apersonó en la convención del Partido Demócrata estadounidense para expresar su respaldo a la candidatura de la ciudadana Rodham Clinton. Creyó que al hacerlo, por asociación de género, aseguraba que sus correligionarios albicelestes habrían de verla con mejores ojos. Probablemente, olvidó que el partido estadounidense apoya, entre otras cosas, el aborto y los derechos homosexuales, algo que aquí los suyos rechazan. Eso no importaba, ya veía que al ser electa la candidata estadounidense, lo sería ella aquí por default. En la ciudadana Zavala, quien a toda costa desea evitar la liguen con su socio conyugal apellidado Calderón Hinojosa, pudo más su condición de heredera de Miramar que los principios ideológicos, los cuales dice profesar. Y ya que andamos por esos caminos, no debemos de hacer a un lado la postura tomada por el siempre sobrante de expresiones (vacuas), Vicente Fox Quesada, quien también proclamó sus deseos fervientes de sentirse gobernado, seguramente fundado desde su condición ancestral de ciudadanía, por la dama estadounidense. Para no sentirse menos, sustentado en la calidad moral amplísima que posee, el ciudadano Ebrard Casaubón, abiertamente promovió el voto por la señora en comento, mientras que su sucesor el ciudadano Mancera Espinosa simplemente se concretaba a declarar persona non grata en su feudo mexiqueño al candidato republicano. Pero no se crea que estos políticos fueron los únicos quienes orgullosos mostraron que actuaron como los herederos de Miramar en su versión Siglo XXI, hay otro sexteto que quiso proveernos con una huella gráfica de sus adherencias.

El pasado 4 de noviembre, dejando de lado el respeto que les podría merecer un recinto legislativo, en este caso el de la Cámara de Senadores, de un país que dice ser libre y soberano, en el pleno las senadoras Gómez del Campo Gurza (PAN), Flores Escalera (PRI), y Padierna Luna (PRD) acompañadas por su colega Robledo Aburto (PRD), se colocaron playeras con la leyenda “Hillary for president 2016”. Un cuarteto plural para que no quede duda del nivel en que se mueve nuestra clase política actual, reforzada más tarde en otra impresión gráfica en donde aparecen los mismos, con excepción de la ciudadana Padierna, junto con los también senadores, Gamboa Patrón (PRI) y Lozano Alarcón (PAN), quienes con sonrisa amplia les mostraban su adhesión y aprobación a lo que promovían. Desconocíamos que ese sexteto poseyera la nacionalidad doble derivado de lo cual podrían entrometerse en los asuntos domésticos de los vecinos del norte. Al parecer, ni cuenta se dieron que con ello estaban abriendo la puerta para que en el futuro al desarrollarse elecciones en nuestro país cualquier estadounidense venga y se manifieste a favor o en contra de un candidato y ni modo que vayamos a protestar. Eso les importó muy poco a esta cuadrilla, ellos a toda costa querían demostrar su orfandad de liderazgo y que mejor que irlo a buscar en una dama de cabellos rubios y ojos claros. Para que se viera cuan interesados estaban en el proceso estadounidense, el día de la elección, se fueron a Washington dizque como observadores electorales, seguramente lo hicieron desde la habitación de algún hotel, a los centros de votación ni por casualidad se acercaron estas personas, quienes actuaron como los herederos de Miramar en su versión Siglo XXI. Pero no solamente entre los legisladores predominaba el sentimiento binacional.

Hubo otro conjunto integrado por mexicanos, denominados figuras del espectáculo, quienes imbuidos de un espíritu intervencionista alto, claro que algunos podrán argüir que también son ciudadanos estadounidenses, se lanzaron a promover la candidatura de la ciudadana Rodham Clinton. Creyeron que los paisanos viviendo al otro lado del Bravo habrían de caer subyugados al verlos como se lanzaban a los pies de la candidata estadounidense. Sin embargo, estos miembros de la farándula olvidaron que los mexicanos que se fueron ante la falta de oportunidades, y están allá legalmente o pertenecen a una segunda o tercera generación, por lo cual no ven con buenos ojos que lleguen otros en números abundantes, bajo la condición de ilegales, a competir por puestos de trabajo de por si escasos. Una cosa es divertirse, mientras escuchan una canción interpretada por Fernández Gómez o Los Tigres del Norte, ven una película en donde las damas Hayek Jiménez o Del Castillo-Negrete Trillo exhiben la epidermis, los Luna Alexander o García Bernal muestran dotes histriónicas o disfrutan el producto dirigido por González Iñárritu o Cuarón Orozco, lo cual pueden hacer porque tienen empleo e ingresos, y otra muy distinta es salir, porque cualquiera de ellos se lo recomiendan, en tropel a apoyar a una candidata que prometía abrir las fronteras para que entrara quien así lo deseara. Eso es algo que olvidaron los componentes de esta sección quienes sobreestimaron su influencia sobre el paisanaje que hace tiempo entendió que su realidad y futuro está de aquel lado y no de este, en donde sobraron quienes estaban adheridos a la agrupación extensa de quienes actuaron como los herederos de Miramar versión Siglo XXI, conglomerado en el que no podía dejarse de lado la participación de miembros del sector privado.

Encabezados por el ciudadano Slim Helu, quien tenía, tiene, razones de sobra para apoyar abiertamente a la ciudadana Rodham Clinton, los miembros del sector privado mexicano no quisieron quedarse atrás y abiertamente apoyaron su candidatura al tiempo que clamaban el apocalipsis llegaría si la señora no era electa por los estadounidenses. Al parecer, erraron el pronóstico, pues en los últimos días, en New York, la bolsa ha exhibido un comportamiento al alza. Pero claro, pueden argüir que aquí el monedero sufre pérdidas y el peso no resiste sus embates especulativos, pero eso sucede por andar de entrometidos. Esta era la sección del dinero exhibida como integrante de la banda de quienes actuaron como los herederos de Miramar versión Siglo XXI, cuya fuerza como ondas expansivas se amplió a otros sectores.

Al amanecer del lunes, todos los noticiarios televisivos y radiofónicos, así como las columnas periodísticas, con excepción de unas cuantas voces objetivas que se pueden contar con los dedos de una mano y sobran, anunciaban que las elecciones estadounidenses serían un mero trámite para la ciudadana Rodham Clinton. Parecía que cada uno de ellos o bien, eran estadounidenses o al menos tenían la nacionalidad doble. Por un momento, llegamos a creer que entre todos realizaron una “coperacha” para comprar una corona y solamente esperaban pasara el 8 de noviembre para emprender el viaje a Washington y colocarla sobre la testa de quienes ellos pensaban sería la triunfadora y la gobernante que habían soñado tener para remediar su orfandad. Sin embargo, los ciudadanos estadounidenses tenían planeado otra cosa y ese mismo martes decidieron no extender por cuatro más los ya casi ocho años de gobiernos demócratas. Contra todos los pronósticos de nuestros opinadores, quienes para elaborar sus comentarios sesudos se surten en las fuentes provenientes de las cadenas televisivas CNN, NBC, MSNBC, CBS, ABC, UNIVISION, la radiofónica NPR y los diarios The New York Times y The Washington Post, cada uno de los cuales no puede negarse están alineados con el Partido Demócrata, o bien acuden a los resultados de encuestas que arrojan resultados al gusto de quien las paga. Por razones que desconocemos olvidaron que para emitir una opinión objetiva es requerido tomar en cuenta lo que se dice en todo el espectro de opinión estadounidense, además de conocer lo que los ciudadanos de a pie piensan y creen, aun cuando en ocasiones no sea de su agrado o pudiera no responder a los intereses que representan. En ese contexto, recomendaríamos que si los ansiosos de ser gobernados por un foráneo fueran capaces, al menos por un momento, de hacer eso de lado y quisieran entender el comportamiento del electorado estadounidense, recurrieran a leer lo escrito por aquella persona quien, en 1980, fuera encuestador y estratega del presidente James Earl Carter, Patrick Caddell. Un día antes de las elecciones, Caddell publicó en
http://www.foxnews.com un artículo muy interesante titulado: “The real election surprise? The uprising of the American people,” (¿La sorpresa verdadera de la elección? La rebelión de los estadounidenses). Sin embargo, no creemos que piezas así lleguen a despertar el interés de quienes se rigen por el “wishful thinking” en base a lo cual emiten sus opiniones. Pero al final de cuentas, otra vez retomando los dichos del pueblo, “la realidad es canija y…” el martes por la noche, y el miércoles por la mañana, encontramos en el espectro radiofónico, las imágenes televisivas y en la prensa escrita las palabras, caras y actitudes de ciudadanos que pareciera habían perdido un familiar muy cercano. El mundo se derrumbaba a sus pies. Durante todo el proceso electoral estadounidense emitieron juicios como si los estadounidenses estuvieran pendientes de lo que dijeran o bien, tenían que desquitar los emolumentos derivados de estar en la nómina de la candidata Demócrata. Olvidaron que una cosa es opinar e informar y otra tomar partido, dejando a un lado la objetividad. Era la sección opinadora de aquellos que actuaron como los herederos de Miramar versión Siglo XXI.

Ante la actitud observada por todas las secciones de la asociación descrita arriba, nos pareció como si de pronto los ciudadanos quienes la integran se comportaban ansiosos de que alguien del extranjero viniera a gobernarlos. Sin embargo, olvidaron varias cosas muy simples. Lo que ellos digan o cómo se comporten aquí, le importa muy poco a la gran mayoría de los ciudadanos estadounidenses quienes ni conocen de su existencia y mucho menos les interesan cuáles son sus pareceres. Actuaron desde una perspectiva irreal, creyendo que su opinión habría de definir el curso de la historia estadounidense. Además, volvemos a enfatizar, el asunto de las elecciones en el país al norte del Bravo corresponde única y exclusivamente a los ciudadanos de dicha nación y a quienes no somos ciudadanos de ese país solamente nos queda observar y respetar lo que ellos decidan. En el opinar debe campear la objetividad partiendo de la perspectiva de que respetamos la soberanía de otras naciones como queremos que lo hagan con la nuestra. Respecto a si nos iba a ir mejor o peor con uno u otra, olvidaron que cualquiera de los dos habría de gobernar en función de los intereses de su país y no iba a estar pensando si nos gustaría o no, lo que deberían de haber hecho era demandar que nuestro gobierno diseñara un plan para cada caso, mismo que hoy debería ya tenerlo en marcha para ver como habremos de relacionarnos con los EU bajo la presidencia de quien eligieron los habitantes de ese país, el ciudadano Trump MacLeod, es totalmente válido emitir juicios con nuestro parecer sobre los acontecimientos de otros países, pero no debe de hacerse a partir de adoptar posturas de lacayo. Sin embargo, ya sabemos que eso seguramente no les interesara, ellos lo que buscan a toda costa es sentirse súbditos de alguien que more no al otro lado del Atlántico como antaño, sino aquí más cerca, al norte del Bravo. Hoy empieza a convertirse en legión quienes arrepentidos, necesitados de cubrir su orfandad, buscan congratularse con el ganador y dan reversa a sus posturas hasta el punto de señalar errores de la candidata derrotada, cuando antes la bañaban en elogios. Con ello, nos llevan a concluir que ellos no actuaron como, son los herederos de Miramar en su
versión Siglo XXI.

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Añadido (1) En los años ochenta, la escuelita parroquial le entregó el doctorado honoris causa al “demócrata” paraguayo, Alfredo Stroessner Matiauda tal y como ya lo había hecho con antelación con otro sujeto de calibre similar, Anastasio Somoza Debayle. Hoy, aun cuando no llegó a tanto, otra institución educativa superior privada decidió premiar a Felipe del Sagrado Corazón de Jesús “por sus contribuciones al desarrollo político [¡!], económico [¡!!] y social [¡!!!] del país.” Desde nuestra ignorancia amplia preguntamos: ¿Es condición sine qua non para ese tipo de centros de enseñanza que el recipiendario de sus reconocimientos haya cubierto una cuota determinada de decesos en su país, al tiempo que lo deja inmerso en el caos económico y social en medio de una corrupción rampante?

Añadido (2) La Ciudad de México sigue sumergida en altos niveles de contaminación ambiental. Sin embargo, las autoridades solamente toman medidas cosméticas cuyo fracaso es evidente. Una muestra de ello es cuando cualquier ciudadano, de a pie, tiene que pasarse un par de horas “fumigándose” en un centro de verificación en donde más de cuarenta autos con el motor encendido esperan ser o son atendidos. ¿Se habrán percatado las autoridades ambientales, de salud y las mexiqueñas a lo que están exponiendo a los ciudadanos que van a cumplir con una medida, inútil, para dizque protegerlos?

Añadido (3) Ahora, ya sabemos para lo que sirve el IMCO. Es una instancia expendedora de cartas de buena conducta o ¿serán patentes de corzo? Claro que un documento como ese no se otorga a cualquier “pelado,” para obtenerlo se requiere que el beneficiario jure santificar el bien común. Como siempre la derecha vendiendo engañifas para apaciguar conciencias afligidas.

Añadido (4) De pronto, previamente a entregarse a la justicia, el ex gobernador sonorense Guillermo Padrés Elías apareció en un programa radiofónico. Mientras lo escuchábamos argüir inocencia y ser un político perseguido, nos pareció que el espíritu de Teresa de Calcuta se había apropiado de su alma. Sin embargo, al escuchar que ahí estaba su abogado, Antonio Lozano Gracia, inmediatamente vino a nuestra mente una pregunta: ¿En su defensa habrán sido asesorados por las videncias de “La Paca” o ya negociaron el asunto? Por lo pronto, el PAN ya cumplió con su aportación a la anticorrupción, falta el PRI y los otros.

Añadido (5) Para quienes se pregunten como han sido las relaciones de México con los presidentes estadounidenses provenientes del Partido Republicano, les recomendamos repasar el artículo titulado: “Así nos ha ido con los Republicanos”. [www.zocalo.com.mx (17-09-16) y http://www.guerrerohabla.com (16-09-16)].

Añadido (6) Así como los hemos criticado en otras ocasiones, ahora debemos de dar nuestro reconocimiento pleno a los senadores panistas por colocar de lado posiciones partidistas al apoyar se le entregue, post mortem, la medalla Belisario Domínguez al héroe ciudadano, Gonzalo Miguel Rivas Cámara. Y no olvidemos que esta victoria hay que anotarla en el haber del escritor, recientemente fallecido, Luis González De Alba, quien durante mucho tiempo clamó al final de su columna semanal para que la presea fuera entregada al veracruzano de nacimiento, avecindado en Guerrero.
05 Noviembre 2016 04:00:00
¿De dónde dicen que viene nuestra tradición democrática?
No pasa día en que alguno de los llamados adalides democráticos salga a recetarnos la cantaleta de que nuestra “incipiente” democracia está en peligro si fulano de tal hace esto u otro o bien que x o y acción se enmarca en lo más oscuro de lo antidemocrático, etcétera. Ante esto, al fin y al cabo historiadores, decidimos dar un repaso al pretérito para tratar de encontrar en donde nace la tradición democrática en nuestro país. Para ello, nos fuimos hasta los tiempos prehispánicos que usualmente, todos, abordamos como una especie de edén cuya virtud vino a ser pervertida con el arribo de los ibéricos. Vayamos a este recorrido que pudiera causar molestias para algunos inmersos en el romanticismo de paraísos perdidos.

De todos los grupos indígenas que habitaban las tierras que hoy forman nuestro país, la que más identificamos como nuestro punto de referencia son los Mexicas, incorrectamente llamados Aztecas, dado que fue el grupo que dominó la región del Altiplano. A ellos les atribuimos todas las virtudes y tendemos a olvidar que cuando llegaron a las tierras de Anáhuac no era sino otro grupo más de guerreros. Las tribus dominantes en la región los confinaron a las tierras agrestes localizadas en Chapultepec. Desde ahí, dotados de habilidad singular para la lucha, habría de ir poco a poco adueñándose de la región. Cuando ya ejercían la hegemonía, encontraron con que, como muchas familias venidas a más en nuestros días, les faltaba pasado glorioso por contar. Ante ello, fueron y se aprovecharon de que la cultura Tolteca, esta sí rica en ese tema, estaba en pleno declive pues su líder Quetzalcóatl, un hombre blanco y barbado, había partido rumbo al Este cansado de que los toltecas hubieran optado por la práctica de sacrificios humanos. En ese contexto, los Mexicas fueron y tomaron toda la tradición Tolteca y la reescribieron como si ellos hubiesen sido los protagonistas de ese pasado. A lo largo de casi dos centurias, de 1325 a 1521, los Mexicas fueron gobernados por once Tlatoanis todos ellos pertenecientes a una sola familia, la del primero, Acamapitchli (1325-1346). A él, lo sucederían sus hijos Huitzilihuitl (1346-1367); Chimalpopoca (1346-1367); e Izcoatl (1427-1439). Posteriormente los gobernaría el hijo de Huitzilihuitl, Moctecuhzoma Ilhuicamina (1439-1468) quien heredaría el trono a sus hijos Axayacatl (1468-1481); Tizoc (1481-1486); y Ahuizotl (1486-1502). Después estarían al frente del imperio los hijos de Axayacatl: Moctecuhzoma Xocoyotzin (1501-1519) y Cuitláhuac (1519-1521). Tocaría a Cuauhtémoc (1521), hijo de Ahuizotl, ser el último de los gobernantes Mexicas. A este grupo de gobernantes debemos de agregar a Tlacaelel, hijo de Huitzilihuitl, quien fuera consejero de Izcoatl, Moctecuhzoma Ilhuicamina y Axayacatl. Como es factible apreciar, en materia de elegir gobernantes, los Mexicas no andaban tomando parecer a las mayorías, una sola familia se encargó de gobernarlos y dictaba lo que les parecía más conveniente, ya fuera ir a declarar guerras a las tribus vecinas para recolectar prisioneros y doncellas que serían ofrendadas a los dioses o bien determinar que varones se educaban en el Tepochcalli y quien en el Calmécac. Las mujeres simplemente eran instruidas en las artes culinarias y la costura. O sea que la igualdad de género era cosa no existente. Además de ello, las clases sociales estaban bien marcadas y nada de revolturas. Como podemos ver de ese pasado no podemos presumir que nos venga nuestra tradición democrática. Vayamos al siguiente que insistimos en negar.

Cuando las huestes comandadas por Hernán Cortez arribaron a nuestras tierras, encontraron un sinfín de grupos enfrentados entre sí o bien sometidos. Ellos no fueron los primeros, otros ibéricos ya andaban por aquí como era el caso de Gonzalo Guerrero y Gerónimo de Aguilar quienes estaban asimilados con las tribus que vivían en el sureste. Fue precisamente en tierras de Tabasco en donde uno de los capitanes de Cortez, el más leal, honesto y olvidado de todos ellos, Andrés de Tapia, en compañía de la Malinche, habría de encontrar a De Aguilar, quien les sería de mucha ayuda durante la lucha de conquista. En este proceso, desarrollado en forma brutal, les auxiliaría el descontento de las tribus periféricas con la central que las tenían sojuzgadas. Los resultados todos los sabemos, la conquista derivó en la dominación y tanto defensores como aliados acabaron sometidos a los designios de la corona española. Durante las próximas tres centurias de 1521 a 1821, el poderío ibérico en la Nueva España, se ejerció a través de los virreyes que en número de 63 fueron desde Antonio de Mendoza y Pacheco hasta Juan O’Donojú y O’Ryan. La mezcla entre españoles e indígenas se fue dando, unas veces por la fuerza y otras por convencimiento mutuo, dando origen así a lo que hoy somos. Sin embargo, en ese proceso, nadie se preocupaba por preguntarles a los habitantes de estas tierras que opinaban sobre los actos de gobierno. Para aquellos quienes se mostraban rejegos, ahí estaban los miembros de la iglesia católica, pertrechados en la Inquisición, o se convertían a lo que ellos llamaban la única fe verdadera o se iba derechito al averno. Dos instituciones antidemocráticas, la corona española y la iglesia católica, habrían de trabajar conjuntamente para someter a los habitantes de estas tierras durante tres siglos en los cuales se habría de marcar el futuro. Durante ese lapso, la diferenciación social y la minimización de la mujer y los indígenas fue la constante. Como podemos ver, de ese pasado no podemos presumir que nos venga nuestra tradición democrática. Pasemos al periodo post independentista.

Los criollos, marginados de las decisiones de gobierno, iniciarían una protesta porque “Pepe Botella” Bonaparte, apoyado por su hermano el Corzo, había echado del trono español a Fernando VII. Sin embargo, nunca esperaban que aquello se les fuera de las manos y terminara por convertirse en una lucha por terminar con el dominio español. Los representantes de este al ver que no tenían futuro, maniobraron hábilmente para que fuera uno de ellos, Agustín Cosme Damián de Iturbide y Aramburu quien se encargara de finiquitar la lucha y proclamar la independencia. Con lo que no contaban era con que el criollo se sentía noble y pronto le dio por instaurar un imperio de opereta de corta duración. Aquello daría pie a que por los próximos treinta años el país naciente, se la pasara entre asonadas y subidas y bajadas a la presidencia del quince uñas, López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, mientras que la curia seguía gozando del privilegio que le otorgaba que en cada Constitución promulgada entre 1824 hasta antes de la de 1857, se le considerara como la religión única. No fue sino hasta que en un acto autoritario, ahí no había espacio para consultas democráticas, LOS HOMBRES DE LA REFORMA, acabarían con aquello y empezaría la construcción de lo que hoy conocemos como México. Sin embargo, ello no satisfizo a los de siempre, conservadores y la curia, y se fueron a Miramar en busca de un príncipe extranjero quien viniera a gobernar a esta horda de salvajes. Mucha sangre le costó al país acabar con aquello y al terminar no le quedó al estadista Benito Pablo Juárez García sino ejercer el mando de manera autoritaria, el país no estaba para andar con ensayos democráticos como lo demandaba el grupo encabezado por José de la Cruz Porfirio Díaz Mori. A la muerte de Juárez, y tras un gobierno débil de Sebastián Lerdo de Tejada y Corral, Díaz se apoderaría del poder y lo habría de ejercer por los próximos 36 años durante los cuales cada cuatro simulaba efectuar elecciones en las cuales, con excepción del periodo en que le prestó el gobierno a su compadre, Manuel del Refugio González Flores, siempre resultó triunfante. Así fue como finalizó el siglo XIX y comenzó el XX. Tampoco en ese periodo podemos presumir que nos venga nuestra tradición democrática. Revisemos el periodo de la Revolución Mexicana y lo que de ella derivó.

Protestando por ser víctima de un robo en las urnas, Francisco Ygnacio Madero González terminaría arribando a la presidencia gracias a una transición pactada mediante negociaciones efectuadas en New York entre sus representantes y los del presidente Díaz Mori. Ya en el poder, Madero decidió jugarle al demócrata y en 1912 convocó a elecciones cuyos resultados habrían de avivar los apetitos de poder de los miembros de la institución más antidemocrática que exista en el mundo: La Iglesia católica. Antes de que algún creyente nos condene, le preguntamos: ¿Cuándo fue la última vez que sometieron a consulta alguna de las decisiones de dicha institución, desde la selección de un cura de pueblo hasta la de mayor importancia en El Vaticano? Pero retornemos a 1912 cuando, a través de su órgano de paja, el Partido Católico Nacional obtuvo 3 gubernaturas, 4 senadurías, 29 diputaciones y un número importante de alcaldías en las capitales de diversos estados. Con esos resultados, la curia creyó que era el momento de recuperar el poder absoluto. Aliada con el embajador estadounidense, Henry Lane Wilson, y el chacal dipsómano, Victoriano Huerta, prepararon el cuartelazo, muy caro le salió a Madero su vocación democrática. Sin embargo, algo bueno arrojó todo ello. Al final, las fuerzas triunfantes de Venustiano Carranza Garza habrían de elaborar la Constitución de 1917, en la cual incorporaron transformadas en logros sociales las aspiraciones democráticas manifestadas a lo largo de la lucha armada. Sin embargo, la democracia no llega por decreto, la sociedad mexicana venía arrastrando, literalmente, siglos de atraso y era mucho lo que se debería recomponer. Las resistencias empezaban con quienes se sentían herederos de un pasado ya ido y no querían dejarlo ir así como así. Si se soltaban los lazos, fácilmente habrían de volverse a hacer del mando. Bajo la guía de la trinca sonorense integrada por los presidentes, Álvaro Obregón Salido y Adolfo de La Huerta Marcor, conjuntamente con el estadista, Plutarco Elías Calles, habría de nacer el estado mexicano moderno bajo el cual se desarrollaría un sistema de gobierno, que prevalecería durante siete décadas y 14 presidentes de la Republica más, al cual mucho le han criticado que no fue democrático ya que mantenía los hilos del poder. Los argumentos están fundados en la prevalencia de un solo partido en el poder y, dicen los opositores, ello ahogó al país. Sin embargo, a pesar de reconocer que esa democracia mexicana no fue la más preclara y adoleció de fallas múltiples, el país creció y se desarrolló. Nació la clase media, muchísimos tuvimos acceso a la educación y la movilidad social existió. Sin embargo, en la sociedad mexicana continuaron prevaleciendo los mismos vicios y prejuicios que venían arrastrando desde tiempos inmemoriales, pero siempre será más fácil atribuir a otros los defectos que nos son propios. En ese contexto, tampoco podemos decir que de ahí nos venga nuestra tradición democrática. Así llegamos al Siglo XXI.

Con el advenimiento de la centuria nueva, les vendieron a quienes desearon comprarlo con el cambio de partido en el poder habría de llegar la democracia a México. Y ahí van los crédulos dando apoyo a un representante de la derecha retrograda antidemocrática representada por el triunvirato del cristerismo-sinarquismo-panismo. Como representante de eso apareció Vicente Fox Quesada enfundado en la casaca albiceleste. En unas elecciones cuyos resultados, cada vez más parece ser fueron determinados de antemano en otros lares, Fox fue investido como ganador. Secreciones salivales les faltaban a algunos para clamar a grito en pecho que por fin éramos un país democrático. Les habían hecho creer que el nuevo gobierno llegaba gracias a su voto, pronto se percatarían que los recién llegados extrapolarían al gobierno la forma en que manejaban la hacienda sinarquista y que conste esto no lo comentamos de oídas, muchas fueron las veces en que le comentamos a quien deberíamos de hacerlo que mandara eso al carajo, no le estaban dando sino el trato de caporal. Finalmente, habría de percatarse cuando sucedió aquello. Al final de cuentas todos nosotros, los que ya lo habíamos visto con antelación y los creyentes, sufriríamos las consecuencias de ese invento democrático que fue el foxismo. Lo que seguiría no fue mejor, en medio de un cochinero, las huestes del panismo representadas por Felipe del Sagrado Corazón de Jesús y el iluminado de Macuspana, López Obrador habrían de dirimir quien era más puerco en sus procedimientos, como sabemos, y sufrimos, ganó el primero. Fue la democracia dicen algunos, fueron los triquiñuelas decimos otros. Tras doce años bajo el manto del cristerismo-sinarquismo-panismo, el país ni creció, ni se desarrolló y acabamos en un baño de sangre. En ese contexto, de nuevamente las elecciones fueron cuestionadas por sus procedimientos, y al fin de cuentas fue electo Enrique Peña Nieto, quien representaba la vuelta del priísmo al poder y con quien se esperaba las cosas cambiaran. Sin embargo, como quiso jugarle al demócrata e incluir a todos en las decisiones de gobierno mediante el Pacto por México, con el cual pudo sacar todas las reformas que buscaba. Aunado a ello, no fue capaz de desbaratar todo el entramado burocrático que le heredaron los panistas y hoy su gobierno naufraga entre la decepción y la ineficacia. Tres sexenios llevamos, según lo que algunos venden, en donde la “democracia” ha prevalecido y, decimos nosotros, los resultados han sido desastrosos. Claro que los muy “ortodoxos” podrían increparnos y tacharnos de retrógrados por no ver como “la democracia es algo inherente a nosotros que no ves como todos podemos votar ahora y tenemos instituciones que cuidan el respeto al voto.” Además de que puedes decir lo que se antoje sin que te castiguen. ¿En verdad? Sin embargo, lo que no mencionan es que la democracia no es simplemente ir a votar por el fulano que se nos antoje o creamos es el mejor, eso es simplemente una parte. La democracia implica toda una serie de acciones y actitudes que cada individuo debe de tomar. Aun cuando sea políticamente incorrecto decirlo, continuamos siendo una sociedad clasista y segregacionista. Las decisiones continúan siendo tomadas en las esferas altas de los grupos de poder. El tartufismo sigue rigiendo en un sinfín de nuestras actividades cotidianas. Ahora que si de consuelo les sirve, a quienes invocan a la sociedad griega como el ejemplo a seguir de lo que debe de ser la democracia, debemos recordarles que en ella no todos tenían el derecho para elegir a sus gobernantes, ni las mujeres, ni los esclavos les era permitido elegir a sus gobernantes. Aquello era un asunto de unos pocos con características especiales, la mayoría de la población permanecía al margen. En el caso de nuestro país, la “democracia” para lo único que ha servido en nuestros días es para enriquecer a varios. Por más que le hemos buscado en este recuento histórico desde los 1300s hasta nuestros días, no hemos podido encontrar de dónde nos viene nuestra tradición democrática. Pero tal vez usted, lector amable, tenga fuentes más extensas y precisas que nos permitan cambiar la perspectiva y convencernos de que la democracia es una tradición que forma parte de nuestro ser como nación.

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Añadido (1) Este martes 8, los estadounidenses habrán de elegir a su dirigente para el futuro. Con cualquiera, que ellos seleccionen, habremos de lidiar al menos por los cuatro años próximos. Dado que nuestros gobernantes entrometidos decidieron tomar partido, los imaginamos en pleno de proceso de mortificación de sus carnes, mientras rezan la novena a San Judas Tadeo. Más les vale que las penitencias y plegarias les arrojen resultados positivos. Si no sucediera así, aderezado con el ingrediente de su voto en la UNESCO, en el porvenir habremos de testificar tiempos muuuuuuuuuuy interesantes.

Añadido (2) Cuando en octubre del año 2000 le comentábamos a quien fuera nuestro vecino de pupitre, entonces encargado por el foxismo de elaborar la reforma fiscal, si ya tenía la talega repleta de billetes lista para “maicear” a los legisladores que habrían de aprobársela, su respuesta fue tan vaga que inmediatamente supimos que aquello no funcionaría y así se lo dijimos. Desde entonces no hemos vuelto a cruzar palabra con él. Sin embargo, aunque la reforma mentada acabó en el cesto de basura, pareciera que nuestro “consejo” no cayó en saco roto. Durante el foxismo, se promovió que a los legisladores se les asignara un monto determinado para atender a la ciudadanía. Con ello esperaban que les aprobaran cuanta ocurrencia tuvieran, pero el resultado fue negativo. Los foxistas no sabían tratar, como dijera un amigo nuestro, “a esas finísimas personas”. Creyeron que con pago por adelantado les iban a cumplir. Estaban en el proceso de la curva de aprendizaje al cual nunca llegaron los foxistas, pero los legisladores encontraron otra fuente de ingresos que prevalece hasta
ahora.

Añadido (3) Muchas fueron las veces que les mencionamos aquí: El chico maravilla del panismo es toda una ficha bien conocida por sus paisanos queretanos. Ahora todos se muestran sorprendidos porque lo que descubrieron. Otro ejemplo más de la moral doble que practican los panistas. Primero resplandeció en la figura de su otrora candidata presidencial, ahora en la persona de su líder. Como dijeran los angloparlantes: “Who is next?”
29 Octubre 2016 04:00:00
¿Serían de Iturbide y Von Habsburg quienes inspiraron al vallisoletano de ahora?
Hoy, cuando las cosas no marchan como se quisiera, hay por ahí algunos a quienes les entra la nostalgia y sueltan suspiros que no se detienen en el periodo de la presidencia extendida ya que Don Porfirio les resulta demasiado plebeyo. Trepados en la imaginación, vuelan hasta el siglo XIX y empiezan a rememorar, como si lo hubiesen vivido, los tiempos en que un par de fulanos llamados Agustín Cosme Damián, y Ferdinand Maximilian Joseph Maria trataron de imponer formas imperiales para gobernar este país. A esos añoran quienes dicen pertenecer a la “gente decente y no al “”peladaje.” Aun cuando usted lector amable no lo crea, todavía quedan por ahí, encubiertos en mantones azules con ribetes blancos, quienes así se expresan. Y al ver y escuchar semejantes posturas, vino a nuestra mente las lecturas y análisis que sobre estos personajes hemos realizado a lo largo de los años. Sin embargo, dado que el espacio de esta colaboración es limitado, no podemos entrar a tratar todo el cuento creado durante los “gobiernos” de este par. Ante ello, decidimos recurrir a distintas fuentes para ver cómo se comportaban sus “súbditos” cuando un criollo y el austriaco eran ungidos.

Demos inicio con el criollo oportunista De Iturbide quien se apoderó de la consumación independentista y acto seguido le apareció su verdadero yo. Según él, por sus venas corría sangre azul y en consecuencia, para materializar tal sentimiento, era necesario crear un imperio el cual constituyó con la anexión de todas las naciones centroamericanas. Veamos como el “pueblo” demandó que el criollo, quien un día se sintió noble, fuera proclamado emperador. La noche del 18 de mayo de 1822, alrededor de las diez, un oscuro sargento llamado Pío Marcha salió a gritar vivas a Agustín I. Y como, según cuentan las crónicas, el pueblo salió en masa a respaldar la proclama, después de hacerse el remolón por un rato, Agustín Cosme Damián se sintió obligado a responder afirmativamente. Ante esto, recurriendo a la narración de Diego Arenas Guzmán en “Croniquillas de Divulgación Histórica,” dos meses y tres días después, el 21 de julio, se dio la coronación del criollo michoacano y su esposa Ana María Josefa Ramona Huarte Muñoz y Sánchez De Tagle “…ese día de la coronación amanecieron adornados los balcones y las fachadas de todas las casas; se cubrieron con toldos las calles desde el palacio provisional en San Francisco, hasta Catedral, por la de Plateros, frente del Portal de Mercaderes frente de las Casas Consistoriales, y frente del antiguo palacio de los virreyes. A las once y media de la mañana comenzaron los repiques en la Catedral generalizándose en seguida en todas las iglesias de la ciudad. La Catedral informa “La Gaceta,” estaba adornada con la mayor magnificencia, puestos en el altar mayor y credencias los utensilios y piezas más solemnes y curiosas de oro y plata. En el presbiterio blandones y mariolas del mismo metal y en todas las naves colgadas con luces, arañas y candiles, también de plata…” En ese marco habría de darse la coronación de tan ilustres personajes y ahí nos vamos a lo escrito por Rosa Beltrán en su excelente novela “La Corte de los Ilusos,” en la cual narra cómo tras recorrer el trayecto desde su morada en el Palacio de Moncada hasta la catedral, “El Emperador y la Emperatriz entraron caminando muy erguidos, sin reparar en los gestos de embeleso o en las lágrimas de emoción que derramaban algunos de los asistentes. La iglesia estaba tapizada con flores y el olor de ellas mezclado con el abigarramiento de la multitud hacía difícil la respiración.” O para decirlo en términos coloquiales aquello apestaba a putrefacto como si fuese presagio de lo que implicaría el reinado iturbidista. Siguiendo con la ceremonia, recurrimos al texto de Josefa Vega en “Agustín De Iturbide,” en donde relata que la ceremonia de coronación fue oficiada por dos antiguos amigos del vallisoletano, el obispo de Guadalajara, Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo y el de Puebla, José Antonio Joaquín Pérez Martínez y Robles quienes sostenían una encarnizada contienda por ocupar la preminencia en el acto, algo que logró el primero ya que el segundo cargaba una serie de acusaciones provenientes de Roma. Una vez concluida la ceremonia no exenta de incidentes derivados de rivalidades que terminaban por exhibir la manta que portaban por debajo de los ropajes fastuosos, retornando al texto de Beltrán, “…Su Alteza Agustín I, decidió que no quería pasar por el mismo sitio por donde había llegado. Don Vicente [Güido y Güido] le aclaró que la calle de Plateros se había remozado y adornado para ese fin. El obispo Pérez, desesperado, se abría paso entre la multitud para recordar a Su Alteza la promesa que le había hecho de pasar al palacio de los Virreyes al refrigerio. Pero su anchísimo volumen y la necedad del tumulto en no dejarlo pasar, le impidieron llegar a tiempo: el Dragón [Iturbide] montaba ya su cabalgadura, cayendo en ella como los propios ángeles, y desviaba la ruta original para pasar frente a la casa de [María Ignacia Javiera Rafaela Agustina Feliciana Rodríguez de Velasco y Osorio Barba Jiménez Bello de Pereyra Hernández de Córdoba Solano Salas y Garfias a quien sus próximos, que se dicen eran muchos y variados, la llamaban simplemente] la Güera Rodríguez,” quien le proporcionaba lo que doña Ana María no era capaz de ofrecerle. De esta manera, retomando el texto de Vega, “la ciudad de México volvía a ser Corte, pero ya no virreinal –que al fin y al cabo era ser Corte de segunda clase-, sino soberana, con emperador, emperatriz, príncipes, infantes duques y condes propios. La nobleza tradicional mexicana, la más numerosa, poderosa y rica de América, no disimulaba su desprecio ante los 34 títulos nobiliarios distribuidos por Iturbide entre familiares y amigos, las clases medias miraban con asombro la pompa que rodeaba a quienes hasta hacía poco habían sido como ellos, y [Joel R.] Poinsett…el enviado de Estados Unidos a la Corte de Agustín I, apenas podía contener la risa al ser presentado al príncipe de la Unión…El emperador de México ya tenía su Corte de opereta formada por nobles pulqueros, clérigos intrigantes y militares fieles a su jefe supremo hasta la muerte… o hasta que otro cualquiera les prometiera negocios más ventajosos. ” Y esto último empezaría a materializarse en diciembre de 1822, cuando se levantó en armas aquel brigadier de nombre Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez De Lebrón, quien no había olvidado el rechazo que la “princesa” sesentona, Nicolasa, le había endilgado, a instancias de su hermano, cuando le declaro su amor sincero(¡!).

¨El 20 de marzo de 1823, el criollo quien un día se sintió noble no tuvo otra opción sino abdicar, según él, para evitar derramamiento de sangre, aun cuando la realidad decía que el gobierno estaba en bancarrota, las tropas ya no lo obedecían y el país se desintegraba. Se fue para regresar, creyendo que podía recuperar “el trono”, el 15 de julio de 1824, cuatro días después lo fusilaron en Padilla, Tamaulipas dejando huérfanos a los de la causa imperialista quienes tardarían varios años en encontrar con quien reemplazarlo.

Eso sucedería el 3 de octubre de 1863 cuando hasta el Castillo de Miramar llegó la delegación mexicana compuesta por José María Gutiérrez de Estrada, Juan Nepomuceno Almonte Miguel Miramón y Tarelo, José Pablo Martínez del Río, Antonio Escandón, Tomás Murphy, Adrián Woll, Ignacio Aguilar y Marocho, Joaquín Velázquez de León, Francisco Javier Miranda, José Manuel Hidalgo y Esnaurrízar y Ángel Iglesias. Este grupito iba a ofrecerle a Ferdinand Maximilian Joseph Maria von Habsburg-Lothringen que aceptara convertirse en Emperador de México, algo que, decían ellos, era una petición mayoritaria del pueblo de México. No sería sino hasta el 10 de abril de 1824 cuando Maximiliano aceptó la “corona” de México. Para saber cómo reaccionaron en México los huérfanos de imperio, nada como ir a lo escrito por una dama que los conocía y se movía entre ellos, María de la Concepción Josefa Severa Ignacia Ramona Lombardo Gil de Partearroyo, la esposa de Miguel Gregorio de la Luz Atenógenes Miramón y Tarelo. Para ver lo acontecido en México entre esa fecha y el 28 de mayo de 1864, cuando Maximiliano llegó a Veracruz, acompañado por su esposa, Marie Charlotte Amélie Augustine Victoire Clémentine Léopoldine de Saxe-Coburg-Saalfeld, recurramos a lo escrito por la ciudadana Lombardo en “Memorias de una Primera Dama.” Ahí, nos relata que “apenas se recibió en la capital la noticia de la aceptación del trono del archiduque Maximiliano y su pronta salida de Miramar para embarcarse y emprender viaje a México, se apoderó de los conservadores y de casi toda la sociedad una especie de frenesí y no se hablaba de otra cosa que de la manera más digna y brillante que se tenía para poner en práctica para recibir a los soberanos, para embellecer su moradas y organizar toda clase de fiestas y festejos.” Pero eso era nada, de poco valía el esfuerzo sino había documento que lo respaldara. Por ello, narra Lombardo, “los pocos pergaminos de nobleza que aún quedaban en los viejos armarios de las casas, los empezaron a sacudir el polvo en que los tenia enterrados la tirana República y al leerlos los nietos y los bisnietos de los abuelos, exclamaban llenos de gozo:” !Yo soy marques!, ¡yo soy conde!, decía otro “!yo soy duque y Grande de España!” Una señora que mucho conocí: Yo desciendo en línea directa de Moctezuma.” Pero si parece que los tiempos no han cambiado, los huérfanos de imperio de hoy en día siguen con la misma cantaleta. Sin embargo, el entusiasmo que despertaba entre los capitalinos el arribo del barbirrubio emperador no era el mismo que predominaba entre los pobladores del puerto veracruzano. Vayamos al texto de Victoriano Salado Álvarez en “Episodios Nacionales: La Corte de Maximiliano,” en donde escribió que, al llegar los intrusos, apenas “una columna de sesenta a ochenta personajillos negruzcos, otra de muchachos comentando el caso y riéndose a mandíbula batiente y una murga desentonada haciéndose rajas tras de nosotros, y tendréis idea de aquel cortejo que fluctuaba entre convite de toros y recepción de jefe político.

¿Señoras? Ni para remedio había; todas se excusaron de presentarse o ni siquiera dieron excusas.” Una recepción con similar frialdad tendrían al pasar por Orizaba. Sin embargo, al llegar a Puebla, el 5 de junio, encontrarían por fin caras amables. De acuerdo a una aristócrata y cronista de la época,Paula Hollonitz: “Se erigían por todos lados arcos del triunfo, se adornaban las iglesias, las casas y se hacían preparativos. La gente no se cansaba de averiguar las cosas personales de la pareja imperial, en lo íntimo y en lo público” tras de esa grata recepción emprendieron el viaje a la ciudad de México a la cual arribarían el 12 de junio de 1864. Según la narración de Lombardo, “los nuevos soberanos hicieron su entrada en la capital; la recepción que México les hizo fue verdaderamente regia. En las calles, las piezas y los edificios públicos flotaban infinidad de banderas tricolor y la ciudad parecía un extenso jardín por la cantidad de arbustos, plantas y flores que la adornaban.” Como era de esperarse al primer lugar que se dirigen Maximiliano, Carlota y la cauda de apátridas que los acompañaban fue a la Catedral. Parte de ese recorrido fue presenciado por la esposa de Miramón quien narra que vio “la fiesta desde un balcón de la casa de don Octavio Muñoz Ledo [ya sabemos de dónde le viene la casta al galgo demócrata-nacionalista- saltimbanqui que todos conocemos en nuestros días como Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y Lazo De La Vega] en la calle de Plateros, y fue tanto el entusiasmo que en aquel día dominó los espíritus que vi bajar de los balcones a las principales señoras y al paso del soberano ofrecerle ramos de flores.” Finalmente, tras de cruzar las calles de San Francisco y de Potrero llega al recinto religioso en donde lo esperaba el Arzobispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos quien antes había estado en Guadalupe junto con los obispos de Michoacán, Clemente de Jesús Munguía y Núñez y de Oaxaca, José María Covarrubias y Mejía. Como siempre los miembros de la curia santificando la traición a México. ¿Quién lo puede negar? Pero retornemos a la historia contada por doña Concepción.

Quien fuera “presidenta, así lo decían sus malquerientes, no dejaba de congratularse como “en la noche hubo brillante iluminación y bien se puede decir que no había en toda la ciudad una sola casa en que no hubiera profusión de luces y de artísticos faroles de colores.” A ello, añadía, “en algunas casas se veían los retratos de Maximiliano y Carlota pintados sobre grandes transparentes, rodeados de plantas, luces y banderas, terminando el adorno con cortinajes de seda y terciopelo.” Esa era una versión de la recepción, Salado Álvarez por su parte, apunta: “No creáis todo lo que os digan los periódicos y las gentes de aquel tiempo acerca de las magnificencias de la recepción imperial; cuanto se hizo no valió tres pitoches, y aunque los príncipes quedaron satisfechos, la cosa no era para tanto; más para los conservadores que habían organizado aquello y que en su inocencia creían que México era la primera ciudad del Nuevo Mundo, que era lo más rico y lo más grande que existía, y que aquí tomaban lecciones de lujo y de elegancia los imperios más remotos de la tierra, aquello era el acabose del primor y del buen gusto.” Lo peor de este aldeanismo es que aun hoy existen quienes siguen con esa creencia y continúan añorándolo.

Tras de la recepción, Maximiliano poco a poco iría percatándose de la clase de fulanos con la que se había venido a enredar, ello no le impidió creer que efectivamente estaba creando un imperio y como físicamente estaba impedido para tener descendencia, decidió adoptar los nietos de aquel criollo que un día se sintió noble, Agustín De Iturbide y Green y Salvador De Iturbide y Marzán, a quienes nombró herederos del segundo imperio de opereta que sufrió nuestro país. Al final todo se le hizo humo y no hubo tal dinastía. Sin embargo, cuando creíamos que eso de la instauración de linajes era cosa del ante pretérito, de pronto nos encontramos con que otro vallisoletano encubierto en las enaguas de su mujer quiere implantarnos uno disfrazado de una expresión democrática. Lo peor es que hoy encontramos quienes reaccionan igual que como lo hicieron aquellos quienes en el siglo XIX aprobaban la instalación de casas gobernantes en México. ¿Serán De Iturbide y Von Habsburg quienes inspiraron al vallisoletano de nuestros días? Para reflexionarlo.

vimarisch53 @hotmail.com

Añadido (1) El ciudadano Bergoglio Sivori salió a emitir disposiciones sobre cómo cada quien puede disponer de las cenizas de sus difuntos. Si no le compran un nicho caen en pecado. No desperdician la oportunidad para demostrar que hoy, como ayer, lo de ellos es el negocio. Como nos lo dijera un hidalguense distinguido, liberal de cepa pura: “En el fondo nada ha cambiado, sino solamente el envoltorio en que ahora se presenta.” ¿Alguna duda?

Añadido (2) Ya lo hemos mencionado, meterse en los asuntos domésticos del vecino implica abrir la puerta para que este se sienta con derechos y mañana lo haga en los nuestros. Cuando ello suceda, los demagogos aumentaran la demanda de lábaros patrios para usarlos como cobertores, mientras clamaran por el respeto a nuestra autodeterminación sacrosanta. Pero que podemos esperar en un país que carece de política exterior y quienes dicen estar encargados de ella andan buscan como ganarse enemigos de a gratis. ¿A cuenta de que los sostienen en el cargo?

Añadido (3) Aun no se coloca el puchero en el fogón y los panistas se arrebatan la cazuela porque creen que a nadie más que a ellos les pertenece ingerírselo. Al respecto, les recomendamos lo analizado por el economista sinaloense, Sergio Enrique Castro Peña en “Hablemos del triunfo asegurado o de cómo ‘del plato a la boca, se puede caer la sopa.’” (
http://www.guerrerohabla.com, 16-VIII-16). Una reflexión amplia sobre una partida de hambrientos de poder. O ¿Habrá quienes los crean adalides de la democracia?

Añadido (4) Ya está lista la mitad de las cuotas iniciales que se aportaran al Sistema Nacional Anticorrupción. El PRI lo hará con Duarte De Ochoa y el PAN con Padrés Elías. Nos falta saber con quienes cooperaran el PRD y Morena. En el primero, la decisión está entre Aguirre Rivero y Ebrard Casaubon. En el segundo, el fallo es más difícil porque ahí, al convertirse en cascajo reciclado por tercera o cuarta vez, han pasado a transformarse en seres inmaculados que pueden hacer y deshacer con los recursos públicos lo que se les antoje sin que haya autoridad que les exija cuentas. ¿A poco no lo había notado?
22 Octubre 2016 04:00:00
México: Cuarenta años atrás
Estaba próximo el fin del verano. Habíamos regresado para cursar el último año en aquella escuelita parroquial, en la cual nos enseñaron, muy bien por cierto, economía. El país enfrentaba momentos difíciles. El modelo del desarrollo estabilizador ya vivía sus estertores. Su finalización dio inicio desde finales de la década de los sesentas, pero muy pocos querían convencerse de ello. El entonces Presidente de México, Luis Echeverría Álvarez había tratado de mostrar, sin éxito, que era necesario prepararse para tiempos nuevos. En ello había contado con un aliado muy importante, uno de los tres empresarios que ha tenido México a lo largo de toda su historia, Eugenio Garza Sada. Sin embargo casi al final del verano de 1973, manos extrañas, que no necesariamente son las que oficialmente aparecen y/o se mencionan, segaron la vida del industrial regiomontano. A partir de ahí, se recrudecería el enfrentamiento entre el sector de hombres de negocios y el gobierno mexicano. Entre los inicios de la primavera y el final del verano de 1976, todo aquello haría crisis. Retrocedamos el tiempo y vayamos hacia aquellos días.

Apenas iniciaba abril y el Presidente Echeverría denunciaba en las ocho columnas de Excélsior: “Campañita subversiva de plutócratas y pro fascistas…” Se refería a la reunión que semanas atrás habían tenido los hombres de negocios en el sitio que ocupara la hacienda de Chipinque (hoy cabecera del municipio de El Carmen) misma que allá por las primeras décadas del siglo XVII, Bernabé de las Casas López había heredado a su hija Beatriz De Las Casas Navarro cuando contrajo nupcias con Diego De Villarreal Gutiérrez Del Castillo. En ese sitio, el presidente Echeverría aseguraba, se fraguaba en el siglo XX una campaña en contra de su gobierno. Las consecuencias las veríamos después.

Por esas mismas fechas, el presidente del Partido Popular Socialista (PPS), Jorge Cruickshank García, continuaba tratando de justificar el atraco que meses antes él y ese “adalid” de la democracia, que era el entonces presidente del PRI, Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y Lazo De La Vega, habían cometido en perjuicio de Alejandro Gascón Mercado a quien le esquilmaron la gubernatura de Nayarit a cambio de otorgarle una senaduría al líder del PPS. Pero eso era entre rufianes del presente de entonces, el pasado histórico podía aportar otras cosas.

El 5 de mayo, decidieron trasladar, del Panteón de San Fernando en la ciudad de México hacia Puebla, los restos del general coahuilense, Ignacio Zaragoza Seguín. Había trascurrido 114 años desde su fallecimiento y los encargados del traslado llegaron con una urna pequeña. Sin embargo, al abrir el féretro de zinc, encontraron el uniforme y el quepis pardos con los vivos rojos, junto con la capa del mismo material, las botas y los lentes pequeños de arillos metálicos cubriendo el esqueleto completo, mientras que la boca permanecía semiabierta, lo cual llevó al entonces secretario de gobernación, Mario Moya Palencia a expresar que parecía estar “como lanzando el ultimo grito de victoria. ¡Hasta el tiempo respetó su figura!”

Pero eso era historia, mientras tanto José López Portillo y Pacheco continuaba su campaña presidencial sin adversario oficial. Los panistas, o mejor dicho sus dueños, no fueron capaces de ponerse de acuerdo en un candidato y optaron por no participar. Solamente, el neolonés, Valentín Campa Salazar figuraba como candidato del Partido Comunista Mexicano el cual carecía de registro reconocido legalmente. Y tras de que, el 4 de julio, López Portillo y Pacheco formalizara el triunfo en las urnas,llegamos al 31 de agosto.

El secretario de hacienda, Mario Ramón Beteta Monsalve, apareció acompañado del director del Banco de México, Ernesto Fernández Hurtado; un hasta entonces desconocido subsecretario de hacienda de nombre Miguel de la Madrid Hurtado; los subsecretarios de ingresos, Carlos Tello Macías y de investigación y ejecución fiscal, Jorge Carrillo Olea, así como el oficial mayor de la dependencia, Enrique Velasco Ibarra, junto con el subsecretario de la presidencia, Mauro Jiménez Lazcano. El anuncio no podía ser peor, tras de 22 años de paridad de 12.50 pesos por dólar, se anunciaba que la paridad fija desaparecía o para decirlo en términos crudos, el peso se devaluaba. Y eso, en aquellos tiempos equivalía a ver mancillado el honor patrio. No comprendíamos que al final de cuentas, la moneda no es sino una mercancía más que sube o baja su valor dependiendo de circunstancias diversas. Pero como íbamos a entenderlo, éramos una generación a la cual se nos hizo creer que de eso dependía el honor y la fortaleza del país y no de muchas otras cosas que lo acompañaban. Aun recordamos las discusiones que al respecto sostuvimos entonces con nuestro amigo entrañable, Luis Fernando Morfín Avilés.

En aquellos momentos, la gran mayoría sentía que el sueño mexicano quedaba hecho trizas. Nadie escuchaba las causas oficiales que se argumentaban. Entre ellas estaban la magnitud del déficit de la balanza de pagos; el deterioro en la situación competitiva de los productos nacionales y la dificultad para lograr colocar en el exterior productos mexicanos lo cual restringía el ingreso de divisas y obligaba a recurrir al endeudamiento externo. Para junio de ese año, la deuda del sector público era de 13 mil millones de dólares, a final del año totalizaba 19.6 miles de millones de dólares, y una balanza comercial deficitaria en 42 mil millones de pesos. En el anuncio oficial, se indicó que aquello era una flotación regulada, en la cual el Banco de México actuaria para moderar los movimientos especulativos o erráticos. Sin embargo, eso en nada tranquilizó al ciudadano común para quien aquello simplemente significaría, especulación de las mercancías y el consiguiente incremento de precios. Algunos, sin mayor calculo, simplemente demandaban un incremento de salarios como si con ello se fuera a terminar la pérdida de poder adquisitivo, cuando en realidad lo único que iba a generar era intensificar una carrera precios-salarios, al final del año la inflación fue de 27,2 por ciento, que nunca ha llevado a nada bueno, nadie hablaba de incrementar productividad, pues sabemos que eso no se logra en el corto plazo y requiere de muchas otras circunstancias más allá que buenos deseos. El pronóstico entre la gente de a pie era que al final del año, la paridad rondaría los 20 pesos por dólar, acabo en 22. Nuestra perspectiva entonces, y hoy más reafirmada que nunca, con respecto a la medida anunciada fue que era necesaria, pero se tomó muy tarde. Eso debió de ocurrir desde 1971, cuando los EUA decidieron poner fin a la convertibilidad del dólar en oro o la terminación del Acuerdo de Bretton Woods. Sin embargo, el Presidente Echeverría actuó más con criterio político y temió que adoptar tal medida provocara una hecatombe. Sin embargo, retrasar la medida en nada ayudó. Al final, todo era incertidumbre y al día siguiente del anuncio de la “flotación regulada” era la fecha del último informe presidencial.'

Como si nada hubiese sucedido, las calles fueron llenadas para vitorear al presidente en su paso rumbo a la Cámara de Diputados entonces ubicada en el recinto de Donceles. Ahí, con Heladio Ramírez López (en el futuro seria gobernador de Oaxaca) a la derecha y con José De Las Fuentes Rodríguez (quien años después gobernaría Coahuila), el Presidente Echeverría procedió a dar su informe justiciando la medida tomada. Entre los asistentes, pocos tenían cara de preocupación. Sentado en un palco, el presidente electo estaba acompañado, todos muy sonrientes, a la derecha, por el aun no infectado de ‘democratitis,’ Muñoz Ledo y Julio Rodolfo Moctezuma Cid; a la izquierda del futuro tlatoani aparecían Rodolfo Echeverría Ruiz y Enrique Olivares Santana. En la fila de adelante se aprecia a Silvia Hernández, muy seria, Eduardo Andrade Sánchez, buscando quien sabe que, y con gesto adusto, igual postura tenía en otra toma, (sería porque él sí comprendía lo que pasaba) Eliseo Mendoza Berrueto (un gobernante estatal del porvenir en Coahuila). Y tras del ritual acostumbrado en aquellos tiempos, vendrían tres meses que los miembros de nuestra generación no habíamos vivido nunca.

A la par en el mundo aconteció un hecho, en China Mao Tse Tung fallecía el 9 de septiembre y en ese instante dicha nación daba inicio a nueva etapa, cruenta, que finalmente la llevaría a convertirse en una superpotencia una vez que hicieron las modificaciones requeridas a su modelo económico y político. Mientras tanto, aquí en nuestro país, el enfrentamiento entre el Presidente Echeverría Álvarez y el sector privado se recrudecía. La razón se fue de paseo y la ola de rumores no dejaba sin tocar ningún sitio del territorio nacional. Que si Echeverría buscaba dar un autogolpe, que si el ejército estaba cansado de tanta barbaridad y que tomaría el poder, que si confiscarían los bienes de todos, etc. Para acabarla de fastidiar, aun nos pegaba la tontería del voto relacionado con el sionismo, el activismo internacional del presidente quien con su Carta de Derechos y Deberes Económicos de las Naciones quería cambiar el mundo y convertirse en secretario general de la ONU, dos días antes de abandonar el cargo fue postulado para tal fin. En lo interno, las huestes de Augusto Gómez Villanueva, lideradas por Félix Barra García, Humberto Serrano Pérez y una cauda de redentores agraristas falsos sembraban la incertidumbre en el campo mexicano. Los enfrentamientos con los agricultores de Sonora fueron épicos y funestos para la producción y la confianza.

El 19 de noviembre en Villahermosa, el Presidente Echeverria afirmaba que “los rumores sólo consiguieron llevar zozobra a los hogares…Nada más absurdo que un golpe.” Ello, decía, “lastimó al sistema bancario nacional…” Más tarde, un par de días antes de dejar el cargo, Echeverría aseguraría que “la infraestructura del mañana vale el precio que pago hoy.” Aceptaría que sus objetivos mayores no se habían cumplido, pero negó haber engañado a nadie. Sin embargo, sus palabras no convencían a la gran mayoría, su figura quedaba desprestigiada, algunos miembros del sector privado, políticos e intelectuales quienes años atrás salameramente se trepaban a los “aviones de redilas”, con cargo al erario, ahora eran críticos acérrimos, mientras acusaban de despilfarro y todo lo que al momento se les ocurría. A pesar de todo ello, en lo personal nunca compramos la rumorología y vaya que era difícil mantener dicha postura. La situación del país no era bonancible, la paridad llegó a rebasar los 24 pesos por un dólar y los precios se elevaban. Sin embargo, los instrumentos del estado mexicano moderno, creado por el estadista Plutarco Elías Calles, mostraron que a pesar de todo era factible superar las dificultades y efectuar una transmisión del mando de manera pacífica.

Llegó el 1 de diciembre y nos sentamos frente al televisor para ver y escuchar el arribo de Quetzalcóatl redimido en la figura de López Portillo. Aquello actuó como un bálsamo en la mayoría de la población. Un discurso bien construido y transmitido con voz convincente, según ellos, les hizo creer que la solución había llegado. A nosotros, quienes nunca fuimos partidarios del recién ungido, aquello nos sonó a demagogia y llegamos a comentarlo. Obviamente, no ganamos simpatía alguna. Sin embargo, desafortunadamente, a pesar del espejismo petrolero, el tiempo nos dio la razón, el gobernante José López Portillo y Pacheco quedaba muy atrás del hombre culto y buen discurseador. En ese entorno daba inicio el último mes de año. El modelo del desarrollo estabilizador ya no daba para más, pero una transfusión a base de petróleo lo hizo sobrevivir por un tiempo más. Después de todo,quienes habían obtenido beneficios de la implantación de aquel modelo no querían comprender lo que vendría. Cuando el Grupo Alfa, el emblema regiomontano, fue víctima de la ineficiencia e ineficacia, el gobierno lopezportillista lo salvó con recursos públicos. De nada le valdría, cuando la crisis llegó no tuvo la reciprocidad de sus rescatados.

Tal vez entonces el mandatario mexicano haya comprendido porque su antecesor insistía, años antes, en que era la hora de modificar el modelo. El intento echeverrista por insertarnos en el porvenir fracasó. Los intereses económicos del rentismo fueron más fuertes que la visión del futuro. A ello, no podemos dejar de reconocerlo, debemos aunar que el propio presidente contribuyó a fomentar la problemática con una serie de acciones erróneas en el entorno externo y en la política doméstica. Hace cuarenta años pudimos habernos preparado para lo que venía, pero las clases dirigentes, todas, estaban más preocupadas por ver como conservaban lo que tanto les había redituado, sin percatarse de que no vivíamos en una ínsula.

Jamás imaginamos que aquella crisis económica del país, la primera que atestiguábamos en nuestra vida, resultaría cosa de niños comparada con las otras por venir. Atestiguábamos, sin percatarnos del todo, el final de los días de un México que ahí quedó, que ya no existe. De eso ya han pasado cuatro décadas y a las nuevas generaciones les es totalmente distante. Sin embargo, nunca está por demás recordar que hace más de cuarenta años pudimos haber tomado medidas para insertarnos en el porvenir con éxito pleno, pero optamos por tratar de preservar algo que no iba a ninguna parte sino se le instrumentaban cambios profundos. Pero, eso es historia…

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Añadido (1) No podían permitirlo. Como que pensar en darle la Medalla Belisario Domínguez a un ciudadano simple, Gonzalo Rivas Cámara,cuyo mérito único fue sacrificar su vida en aras de salvar la de miles de personas y exhibir la bestialidad de una parvada de delincuentes convertidos en héroes por sujetos de igual catadura. Se imaginan que pensaría la “gente decente,” que aun cuando no lo crean todavía la hay en este país. Ante ello, proponen a un producto de celuloide: González Iñárritu. ¿En verdad creen que los Óscares son reconocimiento al arte? Pero como seremos pen…santes, se nos olvidaba que él pertenece a la izquierda “nice”, aparte de que es políticamente correcto. Y eso, en nuestro país, vale más que cualquier sacrificio humano en aras de proteger a sus compatriotas, especialmente si quien hace esto último no se mueve en los triángulos del “yo te alabo, tú lo ensalzas, él me exalta.” Recordémoslo.
Añadido (2) En los tiempos del Presidente Echeverría Álvarez, en 1975,buscando quedar bien con Arafat y la OLP, se cometió la estupidez de votar en favor de aceptar que el Sionismo era racismo. De nada valió enviar después al Canciller Emilio Óscar Rabasa Mishkin a ofrecer justificaciones, para posteriormente correrlo, la barrabasada ya estaba ejecutada. Hoy, cuando la diplomacia mexicana vive sus momentos más pobres, México votó en contra de reconocer los derechos del pueblo judío sobre la preservación del patrimonio cultural y religioso en el Jerusalén Oriental. Cuando se dieron cuenta de la “tontejada”, anunciaron que largaban al representante de nuestro país ante la UNESCO, Andrés Roemer Slomianski, y tibiamente informaron que México cambiaría el sentido del voto por una abstención, lo cual finalmente les fue rechazado. Ellos creen que, con un “usted disculpe,” todo está zanjado y no se les aparecerá el fantasma de 1975-76. Sin embargo, debemos recordarles que dicho espectro no ha dejado de manifestársenos desde entonces de manera periódica. Ya sabemos que historia no conocen. Sin embargo, como son muy religiosos, sería conveniente que nuestros dirigentes empezaran a rezarla Novena de su predilección.
15 Octubre 2016 04:00:00
El estadista Elías Calles y el presidente Cárdenas del Río
No dudamos que si alguien, por accidente, lee esta colaboración vaya a rasgarse las vestiduras y nos llame sacrílegos. Sin embargo quien o quienes hayan dado seguimiento a nuestros escritos conoce cuál es nuestra postura, fundada en datos duros, con respecto a los dos personajes. Uno, Elías Calles, fue quien concluyó, al construir el edificio que albergaría al Estado mexicano moderno, la obra que previamente habían iniciado Carranza Garza, De La Huerta Marcor y Obregón Salido. Otro, Cárdenas Del Río, trató de dar su propia versión a lo ya hecho y empezó a colocar al inmueble una serie de emplastes que al final de cuentas impidieron se obtuvieran todos los beneficios proyectados en el modelo original, y crearon problemas que no tenían por qué haberse hecho presentes, mismo que a pesar de todo fue exitoso por cerca de siete décadas.

Durante esos setenta años muchas cosas sucedieron. El Estado mexicano moderno empezó a operar y las instituciones nuevas fueron asentándose camino hacia una nueva etapa de crecimiento y desarrollo. En esa marcha hacia el futuro aconteció la defenestración que el presidente Cárdenas hiciera del estadista Elías Calles cuando, al olvidar todas las promesas de fidelidad y agradecimiento que le había realizado, lo convirtió en perro del mal y no solamente lo expulsó de México, sino que habría de imponer a sus corifeos la denostación de quien había sido el creador del Estado mexicano moderno. Y ahí, en ese instante de la expulsión, se vio quién era estadista y quién presidente. El desterrado, con todo el poder que aún tenía, optó por aceptar la pena y jamás convocó a una asonada para revertir la acción del presidente. No quiso volver a sumir al país en una lucha armada estéril y destruir lo que él ya había edificado. Sabía que aun con las arremetidas que le esperaban, aquel edificio tenía materiales de construcción de primerísima calidad y habría de soportar los embates.

Claro que solamente los maniqueos podrían decir que uno es bueno u otro es malo. Ambos tiene luces y claroscuros, pero ello no impide colocar a cada quien en su esfera de acción y sustentar, como lo hacemos nosotros, por qué a uno es factible denominarlo estadista y al otro presidente. Estamos conscientes de que es más fácil, como lo hace la gran mayoría de quienes opinan o escriben sobre la historia, adoptar la postura que ha prevalecido a lo largo de los años. Mayoritariamente, en el estudio de la historia patria casi nada se dice positivo del estadista sonorense, mientras que al presidente michoacano algunos casi lo elevan hasta la santificación. Ya en alguna ocasión lo comentamos en este espacio, en nuestro caso personal en el entorno familiar, desde la infancia tuvimos acceso a las opiniones extremas sobre el estadista sonorense. Del mandatario michoacano siempre hubo algo que nos impedía seguir el clamor de admiración que algunos exhibían. Al dedicarnos al estudio profesional de la historia pudimos aclarar dudas y establecer una opinión fundada y sustentada.

La perspectiva que algunos emiten sobre el estadista parte de lo que conocen a través de los libros que escribió Martín Luis Guzmán. En ellos, el escritor no hace sino pintar al estadista, junto con el presidente Obregón Salido, como un par de matasiete que todo lo arreglaban a punta de balazos. Sin embargo no reparan que dicha versión, la de Guzmán, está sustentada en el hecho de que éste nunca pudo superar el trauma que le causó el no haber visto concretada la candidatura presidencial de Adolfo de la Huerta Marcor. A partir de ahí, los historiadores cardenistas crearon todo el mito de que aquel, Elías Calles, era un malvado y el otro, Cárdenas Del Río, un alma en olor a santidad.
Ni una ni otra versión pueden sustentarse. En la lucha por preservar el poder, muchas son las acciones drásticas que deben tomar quienes lo detentan. Sin embargo son las acciones de gobierno lo que los distingue. En materia petrolera al estadista Elías Calles lo atacan porque permitió la participación del capital estadounidense en nuestro país. Por su parte, al presidente Cárdenas del Río lo entronizan porque realizó la “expropiación” petrolera. Pocos analizan que en primero de los casos, se actuó con fundamento en un nacionalismo pragmático. Para poder instaurar el nuevo modelo era necesario contar con recursos monetarios y ésos solamente podían provenir de los impuestos que pagaban las compañías petroleras, a más de la gran cantidad de empleos, y sus efectos multiplicadores, que generaban. No era un asunto de envolverse en el Lábaro Patrio y lanzarse al vacío, había mucho futuro por recorrer y se jugaba el de la patria. En el segundo caso, la llamada expropiación fue al final de cuentas un acto para inflamar el nacionalismo, pero durante muchísimos años se escondió la verdad detrás del acto. No fuimos tan independientes, los ingleses siguieron operando aquí hasta 1954; Hitler y Mussolini eran los mejores clientes de México ya que Cárdenas tuvo que ser pragmático y en algún lugar colocar el crudo mexicano para que le redituara recursos; y, en lugar de capital estadounidense, se abrió la puerta al japonés. Claro el discurso antiestadounidense se volvió la constante.

En eso también hay diferencias entre cómo uno y otro observaban la relación con esa nación. En el caso del estadista, nos encontramos con un reportaje que entre otras cosas abordaba los asuntos con nuestros vecinos del norte y la perspectiva del sonorense. El artículo en cuestión, firmado por Isaac F. Marcosson, fue publicado en The Saturday Evening Post de Philadelphia el 26 de febrero de 1927. En este documento, el estadista Elías Calles contesta ante las acusaciones de que su gobierno era bolchevique que en materia laboral se había “creado una legislación… muy drástica… Antes no se reconocía derecho alguno a la clase trabajadora y el gobierno ha tratado de resolver esta laguna reconociendo y codificando tales derechos. No hemos ido más allá de lo que han hecho otros países… Hemos otorgado a los trabajadores el derecho a organizarse, ir a la huelga, a ser indemnizados y a ser asegurados… no hemos ido más allá que el estado de Montana o algunos otros estados de la Unión Norteamericana”. Y entonces apuntaba acerca del reclamo que hacían “los capitalistas [quienes] gritan ‘radicalismo’. Porque hemos reducido a ocho horas las doce que tenía el día laboral”. Acerca de esto último nada mencionan los corifeos del presidente Cárdenas, para ellos todos los logros del movimiento obrero se lograron durante su gobierno y por ello, dicen los trabajadores lo adoraban. Pero vayamos a las relaciones con nuestros vecinos al norte y el proyecto para el campo mexicano que uno y otro proponían.

Para el estadista, el proyecto miraba hacia las siguientes generaciones, para el presidente lo importante era la próxima elección. Elías Calles partía de la premisa de que el ejido era una etapa transitoria en el modelo de desarrollo de México. El campo debería ser fuente generadora de riqueza y para ello era necesario capacitar al campesino, proveerle de un espacio suficiente para que pudiera hacer rentable la operación, apoyarlo a obtener los insumos y la maquinaria requerida para la labranza y a partir de ahí convertirse en un ente productor. En ese contexto planteaba su programa agrario, el cual elevaría el nivel de vida de la población y decía “aumentaremos nuestra capacidad económica en proporción geométrica. Nuestro plan implica requerimientos de más maquinaria, más construcciones, más material, y ¿de procederá lógicamente el abastecimiento? De nuestro vecino del norte”. Ésa era la forma en que el estadista Elías Calles veía el futuro del agro mexicano y su relación con los EUA. Por su parte, el presidente Cárdenas planteaba que con un esquema basado en el pospretérito habría de asegurar el voto en la elección de mañana. La repartición indiscriminada de tierras, en espacios pequeños que sus malquerientes dicen equivalía en términos económicos a fundamentar el desarrollo agrícola del país en siembras colocadas en macetas, y por supuesto eso únicamente generó votos para las elecciones subsecuentes y un incremento en los niveles de pobreza. Contrario al proyecto de Elías Calles, los resultados del cardenismo fue ver a los campesinos como entes generadores de mano de obra en el campo, pero en el estadounidense, sitio al que llegaron por varias vías. Primero bajo el programa Bracero y después como ilegales. Claro que algún cínico nos pudiera argüir que son fuente generadora de riqueza. ‘¿Qué acaso no ves los miles de millones de dólares que envían de allá para acá cada año?’ Eso no es lo que crea el crecimiento y desarrollo de una nación. La mediosalva de una revuelta social y de la hambruna, pero no genera valor agregado”.

En las relaciones con los EUA, el estadista Elías Calles tenía muy claro que nuestro socio natural era EUA. Por ello, se preguntaba: ¿No es, pues ilógico que los Estados Unidos se oponga a nuestro desarrollo y crecimiento, obligándonos a que busquemos en otras partes ese abastecedor?” A ello, con un visión más allá de lo que entonces se pudiera percibir, le decía Marcosson: “Tal procedimiento es particularmente absurdo dado el hecho de que en Europa se está formando una coalición poderosa para arrebatarle a los Estados Unidos su predominio comercial del mundo. El porvenir de los Estados Unidos no se encuentra en Europa, sino en nuestro hemisferio occidental”. Y lector amable, esto que parece lejano pudiera ser suscrito en nuestros días cuando la lucha que vemos, más allá de los asuntos de lavadero que ocupan a los más, es sobre cómo los EUA habrán de recuperar la supremacía retornando a las zonas de influencia con aperturas comerciales regionales o apegándose al modelo globalizante de gobierno único. Sí, ésa es realmente la lucha, lo demás son fuegos artificiales para el consumo de la afición. Pero retornemos al presidente Cárdenas quien manejaba el discurso antiestadounidense envolviéndose en la bandera nacionalista. Sin embargo dejaba de lado que fue Josephus Daniels, el segundo embajador estadounidense que hayamos tenido, con todo y su pasado de enviarnos los buques en 1914 y las acusaciones de racista que cargaba, quien evitó una nueva intervención armada estadounidense, a más de que cuando Daniels fue y le reclamó a Cárdenas el quererles ver la cara al permitir inversión japonesa en el sector petrolero, al presidente mexicano no le quedó sino recurrir al viejo expediente de que las concesiones fueron otorgadas por el ministerio de economía sin que él lo supiera. El estadounidense que no iba en busca de camorra simplemente le pidió que las parara y así se hizo.

No podemos concluir este repaso breve sin aludir a la forma en que manejaron su sucesión. No se puede negar que el estadista Elías Calles mantuvo una influencia notable aun después de dejar el cargo. Las presidencias de Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez Luján son ejemplo de ello. Sin embargo en descargo de esa influencia podemos decir que durante ese periodo fue factible consolidar las instituciones apenas creadas en años anteriores y que sobreviven hasta nuestros días. De cómo manejó el presidente Cárdenas su sucesión, nos dice mucho de cómo era realmente. En lugar de apoyar a quien supuestamente se acercaba más a su proyecto de nación, Francisco José Múgica Velázquez optó por apoyar a Manuel Ávila Camacho quien era una opción menos incómoda, o más cómoda, para los EUA. Tras de una elección “rechinando de limpia”, recordemos la crónica del Alazán Tostado, Gonzalo N. Santos, de cómo dejó la casilla en donde votaría Cárdenas. En las sucesiones por venir, Cárdenas trató de influir sobre el candidato hasta aparecer detrás de la candidatura de Miguel Henríquez Guzmán en contra del candidato priísta, Adolfo Ruiz Cortines o bien retar, en los días de la revolución cubana, al presidente Adolfo López Mateos quien le mostró que la mano no le temblaba y lo puso en paz.

Ambos personajes principales de este recuento breve, lo repetimos, tuvieron luces y claroscuros, positivos y negativos. Ninguno de los dos sería un candidato a canonización alguna. Ambos aportaron algo al proceso de crecimiento y desarrollo del país. Uno ha sido vilificado, el otro glorificado. Pero no hay duda de que uno enfocó sus acciones en función de las generaciones por venir, mientras que el otro encauzó sus actos en función de la próxima elección. Es por ello que diferenciamos entre el estadista Plutarco Elías Calles y el presidente Lázaro Cárdenas Del Río. Para recordarlo este miércoles que se conmemoran 71 y 46 años respectivamente del fallecimiento de ambos personajes.
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Añadido (1) En la antigüedad el boxeador Raúl “Ratón” Macías Guevara clamaba: “Todo se lo debo a mi mánager y a la Virgencita de Guadalupe”. En estos nuestros días, cuando a la gobernadora de Sonora, Claudia Artemiza Pavlovich Arellano, le preguntaron que a cuántos debía su logro (suponemos que acceder a ese cargo) respondió: “A Dios. Soy gente de fe. A mis padres, a mi familia y a un gran ser humano, un gran amigo: Manlio Fabio Beltrones”. Para los incrédulos quienes se niegan a ver lo mucho que el país y sus personajes han avanzado.

Añadido (2) Para algunos es difícil distinguir entre sus muy personales y respetables creencias religiosas y el análisis de la historia de una institución cuya actividad, a lo largo de los tiempos, ha sido encaminada hacia la consecución del poder político. Nada se ganan con lanzar antemas, la historia está ahí y sobre eso sí sabemos. Acerca de las interpretaciones de la fe de cada quien, no discutimos.

Añadido (3) Tras de leer las reacciones de la prensa, aquí y allá, al contenido del debate presidencial en los EUA, tuvimos que recordar a Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana cuando escribió: “Parecer quiere el denuedo/de vuestro parecer loco, /al niño que pone el coco/y luego le tiene miedo.

Añadido (4) Dado el nivel alcanzado en la contienda, todo indica que los ciudadanos estadounidenses decidirán su futuro sobre el tapete de una mesa de crap en Las Vegas.

Añadido (5) Nada queda de aquel diario que nos sirvió de fuente histórica para documentar eventos de las relaciones México-Estados Unidos de América durante las tres primeras décadas de la centuria anterior. Hoy, The New York Times está convertido en un tabloide similar a esos que uno encuentra en el camino a la caja de pago en cualquier supermercado estadounidense.

Añadido (6) Le negaron el Nobel al más grande escritor latinoamericano del siglo XX, Jorge Luis Borges Acevedo, y ahora se lo otorgan a este fulano. Ya desde que galardonaron al plagiario mayor esto apuntaba hacia el desprestigio, pero no creíamos que llegarían a tanto.
08 Octubre 2016 04:00:00
El clero de hace casi dos siglos a la luz del presente
Al largo de los tiempos, su presencia ha servido para detener la marcha del país al promover y aliarse con las causas que buscan retrasar el reloj de la historia. Durante trescientos años, se beneficiaron de fomentar la ignorancia y la superchería. Al llegar la independencia, entronizaron al criollo que un día se sintió noble. Posteriormente, cuando se daban los pasos primeros para romper sus fueros, se aliaron con el quince uñas. Cuando este les exigió una mayor aportación, le armaron una revuelta con dinero proveniente del otro lado del Bravo y acabamos con medio país menos. En el momento en que les rompieron el monopolio, junto con sus lacayos fueron a buscar al barbirrubio emperador de opereta y retrasaron la creación de la nación que definitivamente triunfó. Durante la presidencia extendida convivieron en sana cercanía que les permitió recuperar la fortuna. Al soplar vientos nuevos, se aprovecharon de un ensayo democrático y creyeron que podían ir por todo. Como no se los permitieron, optaron por aliarse con un enviado extranjero y un chacal para acabar bañando al país en sangre. Una vez aplacada la confrontación, al momento en que daba inicio la construcción del estado mexicano moderno, nuevamente procedieron a inflamar conciencias y arrastrarlos a la confrontación inútil. Finalmente, se impuso la fuerza de la razón y los apaciguaron regresándolos a sus entornos. Así, hasta que en plena vorágine “modernizadora,” les volvieron a abrir la puerta para inmiscuirse en todo. Hoy, los vemos activos como nunca. Ello nos hizo ir a un libro titulado “El Clero, la Educación y la Libertad”, en el cual se compilan escritos diversos de un miembro de la curia. Él sí, un hombre de pensamiento brillante y creyente de que los pueblos se construyen hacia adelante y no retrasando el reloj de la historia. Nos referimos al sacerdote, doctor en teología y padre del liberalismo mexicano, el guanajuatense José María Luis Mora Lamadrid.

Como todas las mentes lucidas que conocen al monstruo desde las entrañas, el doctor Mora fue capaz de describir lo que era la institución y sus miembros. En el apartado, “Abolición de los privilegios del clero y la milicia”, describe el actuar de los miembros del clero hace cerca de dos siglos. Si lo que a continuación leerá, lector amable, le parece sacado del diario publicado el día de ayer o la semana anterior, como dirían los clásicos, “es pura coincidencia”, pues los textos datan de 1837.

Tras de analizar y comentar sobre los fueros, el doctor Mora llega a la definición de lo que los integrantes de la institución religiosa eran al señalar que “el clero es en su mayor parte compuesto de hombres que sólo se hallan materialmente en la sociedad y en coexistencia accidental con el resto de los ciudadanos. Por su educación solo pueden tener para él importancia los intereses del cielo, que hace consistir no precisamente en la creencia religiosa y en el ejercicio de las virtudes evangélicas, sino en la supremacía e independencia de su cuerpo, en la posesión de los bienes que se les han dado, en la resistencia a someter las acciones civiles y las causas criminales de sus miembros al Poder Judicial, a sus leyes, a sus autoridades, gubernativas y judiciales; por su fuero no reconoce más autoridad que la de su clase…” Y como prueba de que en nada han cambiado, en nuestros días, hay por ahí ejemplos múltiples de como al momento en que alguno (s) de sus miembros cometen actos de lesa humanidad, acaban protegidos por sus superiores o bien prefieren llegar a acuerdos económicos extrajudiciales, muestras de ello abundan y todos los conocemos. Pero retornemos al pretérito que al parecer no carece de actualidad.

En ese pasado, el clérigo de Chamacuero (hoy Comonfort), continuaba definiendo las “virtudes” de aquellos sus colegas que en nada se le parecían. Así, establecía como “el clero siente una repugnancia invencible por la tolerancia de cultos, la libertad de pensamiento, y de la prensa, porque estos principios y las instituciones que de ellos emanan son tales que destruyen o debilitan su imperio sobre las conciencias; detesta la igualdad legal, que hace desaparecer los fueros y jerarquías, y acaba con el poder y consideración de estos y aquellas proporcionan a su clase; resiste el arreglo del estado civil de los ciudadanos, que le quita la influencia sobre los principales actos de vida y sobre la suerte de las familias, nacimientos y entierros”. No olvidemos que tras del rechazo a Las Leyes de Reforma lo que había era una protesta porque les quitaban el negocio pingüe que les significaba controlar, en monopolio, los registros de nacimiento y defunción, así como la administración de los cementerios. Y en la lucha por recuperar esas canonjías no han parado desde entonces, aun cuando debemos de reconocerles que han sofisticado sus métodos pero en esencia no cambian como lo veremos a continuación.

Todos sabemos de la lucha que, a lo largo de la historia, ha prevalecido respecto a quien debe de impartir la educación. Al respecto, el padre del liberalismo mexicano escribía: “Las tendencias del clero son perniciosas a la educación pública e impiden su difusión y mejoras, porque las masas mejor educadas tienden visiblemente a emanciparse del dominio sacerdotal en que han estado por tres siglos, [recordemos que el texto es de 1837] y esta emancipación disminuye el poder que sobre ellas ha ejercido y aun no acaba de perderse. Se quiere que la educación nacional sea la propiedad exclusiva de los ministros de culto y que esté toda basada sobre reglas monásticas en trajes, usos y habitudes; se quiere que las materias de enseñanza sean las de los claustros, disputas teológicas y escolásticas que han pasado de moda hace medio siglo…” Si, alguien podrá decirnos que eso ya no sucede en nuestros días, pero la respuesta nuestra sería que en el fondo nada ha cambiado, sino solamente el envoltorio en que ahora se presenta.

Retomando el texto de Mora Lamadrid, encontramos que en su opinión, “la educación entorpecida en su marcha, mutilada en sus ramos y restringida en su extensión por los temores y resistencias sacerdotales, lo es todavía más en los medios de saber que obstruyen y paralizan los mismos. La introducción de los libros y su circulación sufren una persecución sorda, pero constante y eficaz, que hace disminuir el número de lectores y compradores… Los obispos hacen otro tanto para sus prohibiciones, pues ni las limitan, como debía de ser, a solo los libros que atacan los dogmas y la moral de la creencia católica, ni se contentan con expedir edictos, sino que se propasan algunas veces a recoger los libros por si mismos…” Con certeza algún lector amable podrá espetar que este escribidor escogió un ejemplo inadecuado. Sin embargo, recordamos como en los años setenta, cuando acudíamos a la escuelita parroquial que decía ser aconfesional y apolítica, en la cual aprendimos economía, existían libros prohibidos de leerse y/o poseer y hay de aquel que fuera pillado. A la par, no perdían oportunidad para, en sus eventos, hacer gala de su inclinación hacia el catolicismo. Si, ya sabemos que nos dirán eso fue hace mucho tiempo. Sin embargo, hace poco más de dos meses, asistíamos a una reunión familiar y de pronto un sobrino nieto de diez años de edad sobrado de inquietud por el conocimiento, pero instruido en una escuela confesional, soltó una pregunta a su abuela: “¿Por qué si Dios creó al hombre para poblar la tierra, cuando los dinosaurios existían, no había seres humanos?” Como nos enseñaron que en casa ajena no damos opiniones que no nos solicitan, optamos por el silencio, mientras la respuesta venia de quien era el objeto de la misma. Ello, la pregunta, nos demostró que en eso de explicar el desarrollo de la humanidad, la clerecía continúa en las mismas y las lecturas siguen siendo restringidas a todos los niveles.

Lo anterior, nos lleva a retomar el texto del eclesiástico liberal quien escribía: “El clero es una corporación coetánea a la fundación de la colonia y profundamente arraigada a ella: Todos los ramos de la administración pública y los actos civiles de la vida han estado y están todavía más o menos sometidos a su influencia… Cuanto en México se sabía, o era ensenado por el ministerio del clero o estaba sometido a su censura; la Inquisición, los obispos y los curas ejercían sobre la imprenta, la lectura y la enseñanza el imperio más absoluto; la dirección de las conciencias no se ha limitado a los deberes religiosos, sino que se ha extendido a los sociales, conyugales y domésticos, a los trajes y a las diversiones públicas. Los virreyes, los magistrados, los jueces, los administradores de rentas, en una palabra, todos los hombres de gobierno, han sometido por muchos años el ejercicio de las funciones públicas al dictamen de un confesor, que hoy todavía se hace escuchar e influye de una manera eficaz en los actos de soberanía y en las personas que bajo su tutela los ejercen, actos que los eclesiásticos procuran queden en último análisis reducidos al deber religioso”. De pronto vino a nuestra mente la imagen de los funcionarios quienes contritos agachaban la testuz para recibir la hostia durante la visita del ciudadano Jorge Mario Bergoglio Sivori, al tiempo que nos preguntábamos ¿Si así se someten en público, qué harán en privado ante los miembros de esa institución? Aunque claro, debemos de abonarle a uno de ellos que últimamente se ha mostrado rebelde y por eso lo han castigado, ¿volverá al redil? Mientras la respuesta llega, revisemos lo que Mora Lamadrid escribía sobre las riquezas terrenales de la curia de entonces.

Al respecto, mencionaba la incertidumbre sobre el monto que alcanzaban. Sin embargo, “la riqueza del clero mexicano, como todos los ramos eclesiásticos del país, es todavía un arcano para el público; cuantas apreciaciones se han hecho de ella han sido y son necesariamente incompletas”. No obstante ello, el clérigo no se detenía y apuntaba que los caudales de esta institución y sus miembros alcanzaba “más de ciento setenta y nueve millones de pesos de capitales y siete y medio millones de renta para un clero que no llega a tres mil personas, y del cual los nueve decimos no perciben sino de ciento cincuenta a trescientos pesos anuales, suponen en una parte del clero el imperio y el dominio, y en la otra la obediencia y la sumisión”. Aquí nos preguntamos: ¿Cómo estará ahora la distribución de riquezas, prevalecerá esa inequidad o ya se volvieron compartidos? Lo que no creemos que haya variado es su estructura de autoridad.

En aquellos tiempos, “ese estado de cosas forma del sacerdocio mexicano un cuerpo compacto que se robustece por el fuero y por la absoluta dependencia y subordinación graduada que existe desde el ultimo acolito hasta el arzobispo metropolitano. Este cuerpo tiene sus leyes, gobierno y magistrados independientes de la autoridad temporal, y que lo rigen no sólo en el orden religioso, sino también en el civil; así, pues, su organización lo constituye un poder público, cabal, completo, distinto de la sociedad en que se halla implantado e independiente de ella por consecuencia forzosa”. Y lo que viene a continuación es algo que pareciera ser escrito antier. “Cuanto en las leyes se dice s de sumisión del clero a la autoridad pública es vano e ilusorio, porque los cuerpos no se pueden someter, y la acción de los magistrados solo es eficaz respecto a los particulares, únicos capaces de sufrir el apremio y el castigo. ¿De qué sirve, pues, que las leyes proclamen una sumisión que ellas mismas hacen imposible, renunciando a los medios de realizarla? De nada, sino de crearse obstáculos con que luchar perpetuamente, como sucede y sucederá con el clero”.

Ya para concluir, José María Luis Mora Lamadrid apuntó algo que debería ser norma en la relación Estado-Iglesia. “El principio y regla de conducta que se propusieron los hombres públicos de aquella época en orden al clero fue reducido a su simple misión espiritual, dejando en ella absolutamente libre, pero sustrayéndole al mismo tiempo todo el poder civil de que gozaba por concesiones sociales. El poder eclesiástico, reducido a los fines de su institución, obrando en la órbita puramente espiritual y por medios del mismo orden, es un elemento benéfico necesario a la naturaleza humana y de la cual no se puede pasar a la sociedad; las creencias religiosas y los principios de conciencia son la propiedad más sagrada del hombre considerado como individuo, y la autoridad pública no puede, no debe prescribirlos ni atacarlos mientras no tomen otro carácter. Pero si el principio religioso se convierte en un poder político y, saliendo de las vías de la convicción que le son propias, pretende ejercer sobre los ciudadanos una fuerza coercitiva, tener rentas, imponer contribuciones, gozar de un foro exterior y aplicar penas temporales, su degeneración es completa y en lugar de auxiliar al poder soberano en el orden directivo, se convierte en su rival en la parte administrativa”.

Hoy, de nueva cuenta nos encontramos en las mismas. Presenciamos como la curia lucha a toda costa por olvidarse que lo suyo son asuntos de índole espiritual y no determinar cómo habrá de comportarse una sociedad en donde existen interpretaciones de todo tipo acerca de los asuntos religiosos y formas de vivir. Se puede o no estar de acuerdo con cada uno de ellos, pero todos merecen respeto. No olvidamos que la prevalencia de una sola interpretación de la fe, su maridaje, o la confrontación con el poder civil, lo único que ha traído al país es atraso y enfrentamientos costosos. Sin embargo, para poder imponer esta separación de áreas de influencia requeriríamos, además, contar con miembros de la autoridad gubernamental quienes sean capaces de olvidar sus muy personales y respetables interpretaciones de la fe, mientras actúan con la ley en la mano. Porque recordemos, han trascurrido casi dos siglos y, a la luz del presente, el clero sigue empeñado en que aparte de los asuntos espirituales, también le pertenece ejercer el poder civil. ¿Alguien lo duda?

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Añadido (1) Se los dijimos, no era más que un potrillo amansado para la diversión de los chicos.

Añadido (2) ¿Para eso quiere un presupuesto mayor? O ¿Alguien cree que esos conciertos en el Zócalo son sin cargo al erario en una u otra forma? Ahora que si del otro lado le entran al sadomasoquismo y, parafraseando al ex presidente López Portillo, les gusta pagar para que les peguen, pues cada quien sus gustos.

Añadido (3) La campaña presidencial en los EU ha entrado al drenaje profundo y de ahí nadie sale portando un aroma que semeje al de las rosas.

Añadido (4) Desconocemos porqué los miembros de su partido, se enojan con la ciudadana Vázquez Mota. Es una representante digna de lo que ha sido, y es, el panismo a través de la historia. En público, atacar y en lo oscurito beneficiarse de la relación. ¿Acaso olvidan los tiempos en que los abogados panistas servían, ¿sirven? a los políticos priístas, y a la curia, para que los negocios, entre otras cosas, de estos “rechinaran de limpios”? Deberían de instituir la medalla Manuel Gómez Morín para premiar a quienes, como ella, son muestra límpida de lo que es el panismo. Claro que la competencia sería muy reñida, candidatos sobrarían.
01 Octubre 2016 04:00:00
Los destapes de antes para la gubernatura de Coahuila
Como lo nuestro es la historia y bajo el principio de que “toda la política es local,” como lo que dijera el político estadounidense, Thomas Phillip “Tip” O’Neill Jr., en esta ocasión trataremos el asunto de los destapes coahuilenses desde la perspectiva de alguien quien, entre 1963 y 1987, vivió esos procesos en distintos grados de proximidad. Con el permiso perpetuo que nos extendió, vamos a lo que, en 2010, don Rafael Villarreal Martínez escribió en su segundo libro “Piedras Negras, Destino y Origen: Personajes, Sitios y Recuerdos”. Un relato objetivo alejado de cualquier algún papel protagónico que no haya desempeñado.

Conforme a las reglas prevalecientes entonces, cuatro fueron las veces en que don Rafael participó en grupos que…se manifestaron en favor de alguno de los aspirantes a la gubernatura de Coahuila. En 1963, estaba por concluir… la gubernatura del general Raúl Madero González… para algunos…era simplemente una figura emblemática y sin empacho propagaban que quienes gobernaban realmente… eran su hija Dora Madero González y el secretario general de gobierno, José Saucedo Siller. No obstante la bien ganada fama de autoritario y represor que tenía Saucedo Siller, en su descargo debemos de apuntar que quienes dicen que en aquellos años no había espacio en la prensa para criticar al gobernante en turno, les recomendaría que acudieran a alguna hemeroteca o biblioteca y buscarán el libro “De Política y Cosas Peores,” escrito por Armando Fuentes Aguirre. [Ahí,] Catón recopila… los artículos que escribió sobre tan singular triunvirato. [En ellos,] encontramos como…el cronista saltillense hacía notar los desaciertos de la administración Maderista, sin que [se] haya ganado viaje de descanso a mazmorra alguna. En ese contexto, se presentó la sucesión gubernamental y abiertamente nos pronunciamos a favor de Braulio Fernández Aguirre. Tras de las consultas a los diversos grupos, don Braulio fue elegido como el candidato del PRI a la gubernatura para el sexenio 1963- 1969. La campaña fue intensa e ilusionados trabajamos en ella. Sin problemas, el candidato priista fue electo gobernador. Cuando pensábamos que… nos llegaría la oportunidad de contribuir con nuestro esfuerzo en algún cargo público, la inexperiencia del grupo se mostró al no ser capaces de superar las “grillas” e intrigas que siempre se dan al interior de los equipos triunfantes, otros fueron los beneficiarios del trabajo realizado. Había que esperar otra oportunidad…

En 1969, dos eran los precandidatos con mayores posibilidades al interior del priísmo, el profesor Federico Berrueto Ramón y el ingeniero Eulalio Gutiérrez Treviño. Tras de la experiencia del sexenio maderista, el profesor Berrueto enfrentaba serios cuestionamientos sobre la edad y sus condiciones de salud. Sin embargo, creía y… mantengo esa opinión, que el Profr. Berrueto era el mejor capacitado para desempeñar el cargo. Su labor como subsecretario de educación pública nunca se vio afectada por ninguna de esas dos circunstancias, la edad y su salud. Algunos de sus partidarios tratando de desvanecer esos cuestionamientos en lugar de alejar las sospechas las convirtieron en un punto central de debate. A uno de esos Berruetistas, se le ocurrió que para demostrar la buena salud del profesor lo mejor era publicar una fotografía en la que se indicara que no eran ciertos los rumores de que para caminar requiriera ayudarse de un bastón. En plena efervescencia predestape, el diario nigropetrense, La Voz del Norte publicó en primera plana una foto del Profr. Berrueto acompañado de otros dos personajes en el jardín de una residencia, a poco menos de un metro de distancia tirado sobre el césped aparecía un bastón, mientras que el texto al calce alababa las buenas condiciones de salud del precandidato. …Uno de mis hijos, Rodolfo, quien entonces contaba con trece años, me hizo la observación de que eso era un error. Los rumores continuaron y nunca faltaban las notas sobre de sí al profesor lo habían operado de tal o cual dolencia, mientras se enfatizaba su edad cronológica. El Profr. Berrueto bien pudo haber [recurrido a la] respuesta que don Adolfo Ruiz Cortines diera años atrás a quienes le hacían similares cuestionamientos, y decir: “¿Me quieren para gobernante o para semental?” Al final, la decisión se inclinó a favor del Ing. Gutiérrez Treviño y de nueva cuenta a vivir la marginación política. Lejos estaba de imaginar que el destape del Lic. Luis Echeverría Álvarez como candidato a la presidencia de la República, en octubre de 1969, tendría con el tiempo consecuencias favorables para nosotros, [ni siquiera] al momento de decidirse quienes serían los candidatos a senador por Coahuila,…el ex gobernador Braulio Fernández Aguirre y el profesor Óscar Flores Tapia. [Sin embargo,] tras de la experiencia que habíamos vivido con el primero de ellos, nuestra opción fue acercarnos con los seguidores del segundo.

A la cabeza del florestapismo en Piedras Negras se encontraban sus amigos Eduardo L. Barrientos, Óscar Pope Jiménez, Saúl López Aldape y Humberto Flores Garza. Pronto ese grupo y, otros en el resto del estado, se habrían de convertir en un fuerte contrapeso para el gobernador Gutiérrez Treviño quien veía como la presencia primero del candidato a senador y después del legislador iba en ascenso. Una vez que Flores Tapia fue electo senador de la República, comentábamos entre nosotros que había llegado el momento de descansar por un rato. Aquello llegó a oídos del antes aludido y en una reunión que tuvo con nosotros sus seguidores nigropetrenses, nos dijo muy claro: “Que descansar, ni que nada. Hoy mismo empezamos la campaña para llegar a la gubernatura de Coahuila, el que se quiera rajar que lo haga ahorita”. Por supuesto que nadie de los presentes iba a echarse para atrás. Tiempo después, entre risas y cuando el cansancio de las jornadas políticas hacia mella, Óscar Pope que para eso de los dichos se pintaba solo, comentaba: “y nosotros de pendejos se lo aceptamos y nos clavamos como machos tronqueros.” A la par de su ejercicio legislativo, Flores Tapia se convirtió en el líder nacional de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) y desde ahí realizó una labor de acercamiento a las bases que le permitió consolidar una estructura de apoyo amplia. Uno de los secretos de ello fue la creación de cooperativas de consumo a nivel de las colonias populares en todas las poblaciones de la entidad. A mí se me encomendó lo correspondiente a Piedras Negras y con satisfacción puedo decir que entregue resultados positivos. Al momento en que se solicitó a la población el respaldo para Flores Tapia como candidato a la gubernatura, la gran mayoría lo otorgó sin cuestionamiento alguno. La labor desarrollada por Flores Tapia como gobernador comprobó que la ciudadanía no se equivocó cuando confió en él y le encomendó gobernar Coahuila. Pero antes de llegar ahí, en 1975, Flores Tapia hubo de enfrentar a diversos contendientes que también se mencionaban. Uno era Gustavo Guerra Castaños quien contaba con una amplia base de soporte en la Región de los Cinco Manantiales. Otro precandidato era el profesor Melchor Sánchez Jiménez, antiguo secretario particular del Presidente Echeverría Álvarez. Un tercero mencionado era el entonces secretario del patrimonio nacional, Horacio Flores de la Peña, destacado economista pero alejado del estado por muchos años. Vayamos a lo que vivimos en esos días del destape florestapista.

Como lo mencionamos, Gustavo Guerra Castaños controlaba la Región de los Cinco Manantiales, por lo cual era necesario tratar de convencer a los renuentes de que Flores Tapia era la mejor opción. En Allende, Humberto Villanueva y Jesús Perales (Padre), ambos con fuerte presencia política en esa localidad, estaban reacios a incorporarse al grupo. Ante ello hicimos una cita con el Dr. Valdés, de Villa Unión para concertar una reunión con los aludidos y obtener el apoyo del grupo que representaban. El sitio del encuentro fue definido en un lugar a la mitad el camino entre las poblaciones de Allende y Rosales. Ahí, mientras un carnero se asaba lentamente y las cervezas mitigaban la sed de algunos, procedíamos a la labor de convencimiento. A la par del consumo del carnero fue posible empezar a incorporar al florestapismo uno tras otro a los hasta entonces poco convencidos de que nuevos tiempos vendrían para Coahuila. Al filo de las nueve de la noche, el carnero había cumplido su encomienda y contábamos con un grupo más adherido a nuestra causa.

Sin embargo, no todo fueron éxitos, en Zaragoza pasaríamos un mal rato. Se había acordado efectuar una reunión para concretar el apoyo de los pobladores de esa ciudad a nuestro precandidato, los organizadores preveían que todo saldría bien. Sin embargo, como en esto de las lides políticas cualquier argucia es válida, los partidarios de Guerra Castaños convencieron a Tomás García de que el acceso a la función de cine de esa noche fuera gratuito. Justo cuando los convencidos priístas habían llenado el local donde se efectuaría la reunión, un automóvil provisto con un aparato de sonido hizo su aparición en las afueras del mismo para anunciar que sin cobro alguno quien lo deseara podría disfrutar de la función de cine nocturna. Poco a poco los asistentes se fueron retirando y cuando llegamos solamente encontramos a Hermilo “Milo” Flores, propietario de una carnicería, acompañado por un par de personas más. Apenados los tres no encontraban como justificar el fracaso de lo que tanto trabajo les había costado organizar. Mientras escuchábamos las excusas, de pronto reparamos que en las vigas del techo colgaban plácidamente un par de murciélagos ajenos testigos de aquella mala jugada de la cual los organizadores no fueron sino víctimas. Recuerdo la pasión con que “Milo” nos dijo: “Díganle al profesor que si en Zaragoza queda nada más un soldado del florestapismo ese habré de ser yo.” Para su desgracia, tan leal partidario no pudo disfrutar la victoria de nuestro candidato, una ulcera acabaría con su vida. Pero los apuros no terminarían ahí.

A pesar de que, años más tarde, quien fuera secretario general de gobierno durante el sexenio florestapista, Roberto Orozco Melo relataría que la candidatura nunca estuvo en riesgo, a nivel de las bases y entre los otros contendientes la incertidumbre persistía. En los albores de 1975, cuando llega el tiempo de la decisión final, algunos insistían en que Flores Tapia no sería el elegido. Al momento que invitamos a uno de los más ardientes partidarios de Guerra Castaños en Piedras Negras, el Dr. Norberto de Luna Chavarría para que nos acompañara al registro de nuestro candidato, nos respondió: “Muchas gracias, pero tal vez esa comitiva que llevan a Saltillo nos vaya a ser de mucha utilidad para mostrar la popularidad de Gustavo”. Convencidos de que nosotros teníamos la razón, una caravana de autobuses y autos particulares salió rumbo a Saltillo para confirmar su adhesión y participar en el registro de Óscar Flores Tapia. Al momento de arribar a Saltillo nos enteramos de que Horacio Flores de la Peña acaba de renunciar a su cargo y que hospedado en el Hotel Huizache, Melchor Sánchez Jiménez aún veía posibilidades de que él fuera investido como candidato. Mientras tanto las huestes de Guerra Castaños no perdían la esperanza. Tales acontecimientos por supuesto que nos intranquilizaron e hicieron que Humberto Flores Garza exclamara “ya nos llevó la chingada.” A la par, el delegado del PRI en Coahuila, José Guadalupe Cervantes Corona esperaba impaciente las instrucciones finales para proceder, mientras que se tronaba los dedos pues no estaba en él ayudar a su amigo. Finalmente se conoció la decisión, acto seguido casi secuestramos al buen Lupe y lo llevamos directo al edificio del PRI, temíamos que alguien quisiera dar un albazo. Por fin, parecían que las cosas cambiarían en nuestro estado y podríamos incorporarnos al grupo de los triunfadores. Algunos fueron más que expresivos en sus demostraciones de satisfacción. Mientras que Óscar Pope clamaba que “ya tenemos un nuevo sol político en Coahuila, arriba mi tocayo Óscar,” otros como el padre de la actriz Magda Guzmán, Jesús, gritaba y bailaba de júbilo al tiempo que manifestaba “ahora si no me harán hacer antesala para ver al señor gobernador”. El “Borrado”, como era conocido, había sido compañero y amigo de Flores Tapia en sus tiempos de periodista y cuando nadie apostaba por su éxito en la política.

Con singular entusiasmo se desarrolló la campaña electoral y en ella tome parte activa. El triunfo electoral de Flores Tapia fue rotundo y… habría de encabezar un gobierno [caracterizado] por sacar de la modorra y transformar todos y cada uno de los municipios de Coahuila. Durante su sexenio serví al estado primero como Oficial Mayor de la Recaudación de Rentas en Piedras Negras y más tarde, entre 1979-1981, como tesorero municipal [el mejor que haya tenido la ciudad en toda su historia, este escribidor lo afirma con documentos en mano]. Cuando José López Portillo y Pacheco, con la complicidad de otros enemigos de nuestro estado, armó el tinglado que conduciría a la solicitud de licencia de Flores Tapia, ahí estuvimos con nuestro gobernador hasta el final. Entonces los inconformes de siempre se regocijaban y alababan la acción, no pasaría mucho tiempo para que acabaran denostando a quien entonces ensalzaban. La historia habría de colocar a cada quien en su lugar. A la par de Manuel Pérez Treviño y Nazario Ortiz Garza, Flores Tapia es recordado como el referente histórico de la transformación coahuilense. De López Portillo todos nos acordamos de no muy buena manera, aunque más bien quisiéramos olvidarlo.

Ya para el momento en que Flores Tapia se separó del cargo, en agosto de 1981, José De Las Fuentes Rodríguez había sido electo para el sexenio 1981-1987. Durante el proceso interno de selección del candidato priísta, primero se mencionaba a quien había sido condiscípulo de López Portillo en la Escuela Nacional Preparatoria y entonces era subsecretario de la defensa nacional, el general Juan Antonio de la Fuente Rodríguez quien falleció en un trágico accidente aéreo. Posteriormente el destacado jurisconsulto nigropetrense, Atanasio González Martínez, con amplia trayectoria en diversos cargos del Poder Judicial, se convertiría en otro de los aspirantes. Cuentan algunos que, un buen día, Atanasio se le presentó a López Portillo a quien le hizo saber de sus aspiraciones. Como respuesta, continúan los comentarios, el entonces presidente, sabedor de las actividades proselitistas del nigropetrense, conminó a Atanasio a que continuara con la organización de las “carnes asadas” que como pretexto usaba para allegarse partidarios. Cuando uno de los allegados al Lic. De las Fuentes le hizo saber tales noticias, este preguntó acerca del sitio en donde se había recomendado efectuar tales eventos. Cuando le informaron que a lo largo de Coahuila, el futuro gobernador respondió “no se preocupen, lo peligroso sería que López Portillo le hubiera pedido a Atanasio que le organizara una carne asada en Los Pinos”.

[Cuando] se dio el destape del Lic. De las Fuentes, súbitamente Saltillo amaneció cubierto de propaganda del candidato, muchos se sorprendieron de ello. Al grado que algunos comentaban que “esto debe de ser obra del diablo,” mientras que otros les contestaban, “sí, pero del Diablo De las Fuentes .Hoy, [en 2010] a casi treinta años de distancia puedo platicarles de cómo sucedió eso. Durante meses, la candidatura mencionada, fue construyéndose silenciosamente en el Norte de Coahuila. Quienes éramos sus partidarios no solamente hacíamos proselitismo, sino que tomábamos las previsiones para que llegado el momento todo estuviera listo para arrancar a tambor batiente. En ese contexto, un día de 1981 recibí instrucciones para que me trasladara a Saltillo por la noche. Acompañado por Enrique Romero al volante y los ingenieros Apolinar Galván y Jaime Salas, gente de todas las confianzas del Lic. De Las Fuentes, nos dirigimos a la ciudad capital. Arribamos en las primeras horas de la madrugada y enfilamos rumbo a una casa, ubicada en el sur de la ciudad. Ahí empezó la campaña, en pocas horas Saltillo se encontraba tapizado de propaganda a favor del futuro gobernador, mientras que a un número considerable de autos sus propietarios les habían colocado engomados mostrando su adhesión. Aun sin reponerse de la sorpresa, los saltillenses se hacían cruces de dónde y cómo había aparecido aquello ahora sí de la noche a la mañana. Acerca de dónde, quiénes y cómo se armó todo esto, solamente puedo comentarles que así como entonces los participantes dieron una amplia muestra de discreción profesional al realizar la labor encomendada, en correspondencia hoy prefiero guardarme sus nombres y este escribidor lo reafirma, seguimos archivando hechos y personajes. En ese sexenio, Don Rafael habría de tener un papel destacado, lo mismo manejando de manera impecable la visita a la Región Lagunera del entonces candidato presidencial, Miguel de la Madrid Hurtado, que a la hora de manejar la erogación de los recursos pecuniarios de la entidad.

Así eran antes los destapes, a partir del último referido las cosas serían distintas. Hoy. otras son las formas y las circunstancias. A nosotros, desde el autoexilio, solamente nos queda rememorar el pasado y observar a la distancia como abundan quienes buscan ser destapados bajo métodos que ellos dicen son “modernos” ¿Serán?

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Añadido (1) Como consecuencia de que en el estado de Washington la corrección política impera y no es bien visto ni siquiera pensar que los islámicos son terroristas, cuando uno de ellos fue e hizo una de sus brutalidades, les dio por decir que el fulano lucía como hispano. Al día siguiente, cuando en los Estados Unidos de América lo escuchaban a usted hablar español, inmediatamente volteaban a verlo como si fuera portador de un arma de fuego listo para dispararla. Por la noche, cuando se detuvo a la bestia que resultó ser un turco islámico, ni quien ofreciera una disculpa a la comunidad hispana. Pero eso sí, ellos serán siempre políticamente correctos.

Añadido (2) Para quienes creyeron que nuestro Añadido (2) de la semana anterior era ficción pura, repasen lo sucedido a los regenteadores distinguidos del partido “éscort” durante la toma de posesión del gobernador de Quintana Roo.

Añadido (3) Es beneficiaria en 50 por ciento de la sociedad de la cual forma parte y hoy quiere venderle a los crédulos que a ella, sus hermanos, primas y demás familiares no les tocó ni una piscacha de las utilidades generadas por los negocios que realizó durante seis años el poseedor del otro 50 por ciento de la sociedad.

Añadido (4) Quienes le saben a esto comentan: Antes, en la política mexicana, llevar el sello de la casa mayor, a cualquier nivel, era sinónimo de triunfo asegurado. Hoy, eso también da certeza, pero de fracaso amarrado. Para reflexionarlo.
24 Septiembre 2016 04:00:00
La clarividencia de los estadounidenses
Es común encontrarnos con comentarios acerca de que nuestros vecinos al norte siempre conocen con antelación lo que habrá de ocurrir con nosotros y quienes moran al sur de nuestro territorio. Sin embargo, eso no es nuevo. Así sucedía desde que eran nuestros los colindantes hacia el lado Este.

Seguramente usted, lector amable, se estará preguntando ¿Ahora que le sucede a este escribidor que parece divagar? Sin embargo, no andamos de expedición y lo afirmado tiene sustento en lo que, sin proponérnoslo, encontramos. Permítanos a continuación sustentar esto.

Antes de que llegara la conmemoración del doscientos seis aniversario del inicio de la lucha para lograr la independencia de México, habíamos decidido que nada escribiríamos al respecto. Sin embargo, antier, hurgando los archivos en busca de otra información, nos tropezamos con un ejemplar del periódico “The Centinel” editado en Gettysburg, Pennsylvania, el cual fue publicado el 12 de septiembre de 1810. Sí, tres días antes de que nuestros próceres se animaran, unos dicen que apresurados por las circunstancias, a salir a defender el reinado de Fernando VII en España. Por ahí iban, nunca esperaron que aquello deviniera en la revuelta independentista que concluiría en 1821. Ni mucho menos que con el acontecer del tiempo provocaría las celebraciones que vivimos hasta finales del siglo XX, antes de que nos cayeran convertidos en (des)gobierno los sinarquistas-panistas y los priístas deslavados de hoy, cuando el aniversario del inicio de la lucha era de motivo de celebración popular espontánea. Pero vayamos al texto que si bien pareciera profético por momentos, no es sino una muestra más de que nuestros vecinos siempre han visto un poquito más allá del inmediatismo que aquí nos empeñamos en tener.

El artículo en cuestión daba inicio apuntando que “los asuntos del mundo están cambiando de manera permanente, la situación en cada una de las naciones, al igual que las de las familias están sujetas a una mutación constante. La historia nos presenta una serie de revoluciones. Observamos imperios poderosos sometidos a la dependencia…” Para respaldar esta aseveración, la pieza recurría al ejemplo de como “antes de que Francia [recordemos que eran los inicios del Siglo XIX] sometiera una gran parte de nuestro planeta, y antes lo intimidara; aún antes de que Roma, el modelo que los franceses siguieron, monarquías que con un poder inmenso prevalecieron en la región del oriente habían dejado de tener importancia. El péndulo de los imperios ha tendido a moverse hacia occidente y no sería improbable que el poder y la ciencia cruzaran el Atlántico.” Y lo que seguía no tiene desperdicio aun cuando no necesariamente al referirse a América lo hicieran para todo el continente.

Refiriéndose a la forma en la cual las cosas iban acomodándose de este lado del Atlántico, apuntaban: “Cuando vemos ante nuestros ojos los asuntos que dominan el mundo y observamos las regiones inmensas de nuestro continente; regiones cuya población crece con una rapidez sin presente; es difícil resistirse de aceptar convencidos que el tiempo se acerca al hecho de que América encontrara su interés primario en casa. A la par verá los asuntos de Europa lejanos y secundarios.” Esta situación habrá de generar que “imperios poderosos se formen en este nuevo mundo, entre quienes las relaciones de guerra y paz estarán presentes; cuya amistad y enemistad serán de gran importancia para cada uno de ellos… ” Si bien hablaban en plural, ya sabemos lo que en el fondo había tras de esas palabras. Una nación sería la poderosa y las otras habrían de ocuparse más de sus luchas intestinas entre quienes no terminaban, ni estaban dispuestos a dejarlo, de quitarse el grillete europeo y los otros quienes buscaban como iban a enfrentar los tiempos en donde dentro del nuevo esquema de esferas de poder habrían de ver cómo jugaban bajo las nuevas reglas. Pero retornemos a septiembre de 1810.

Mientras por los rumbos queretanos doña Josefa y don Ignacio jugaban a las escondidillas, el Corregidor sacaba brillo al marfil y Don Miguel dubitativo acababa de definir cuándo habrían de alzarse para defender a Fernando VII, los estadounidenses tenían bien claro cuál era el futuro. Sabían que el estado de cosas no podría seguir como hasta entonces y que era imposible continuar con el sometimiento de los habitantes de estas tierras a los dictados provenientes de España y Portugal. Por ello, afirmaban, “las colonias son muy fuertes para continuar soportando el yugo impuesto por los europeos.” Causas morales, apoyadas por eventos circunstanciales, son razones muy poderosas para poder evitarlas. La dependencia política de Europa, una vez rota mediante la violencia, no podrá ser reinstaurada ni por la intriga, ni a través de la fuerza. Brasil ya es en este momento un imperio, y muchos otros habrán de crearse en los territorios que hoy pertenecen a España.” La afirmación no resultaría cierta, pero en aquellos tiempos el redactor del escrito no lo miraba así y continuaba su perorata afirmando que “cuando estas revoluciones inmensas suceden en el mundo, están precedidas por causas visibles cuyos efectos son casi ciertos…” Por ello, “aquellos a quienes se les confían los destinos de una nación deben estar preparados siempre para afrontar eventos que pueden ser predichos y nunca deben de ser sorprendidos por las consecuencias que las revoluciones traigan…” En este contexto, afirmaba que “la independencia de la América hispana es uno de esos eventos. Solamente aquellos quienes continúan creyendo que este mundo fue hecho para Napoleón y que todo distanciamiento de sus deseos, si no es impío, debe ser vano, pueden dudar que este continente puede gobernarse por sí mismo.” Aún no aparecía la Doctrina Monroe, ni mucho menos oficialmente se adoptaba la política de las esferas de poder, pero en los EUA ya estaban preparándose para el futuro en donde el mundo habría de dividirse en zonas en donde las grandes potencias tendrían sus parcelas en las cuales uno a otro habrían de respetarlas. Hoy doscientos años más tarde este tipo de discusión vuelve a estar presente, aun cuando pocos sean los que alcancen a ver lo que actualmente hay en disputa en la contienda interna de nuestros vecinos al norte. Dejemos de elucubraciones sobre el presente y volvamos al pasado.

En ese ayer, se afirmaba que “la separación completa de los países de América de Europa será un hito en la historia de la humanidad, y habrá de convertirse en un evento de importancia fundamental para el mundo civilizado.” Y aquí aparecía lo que afirmamos líneas arriba, se apuntaba que “para ningún país sobre la superficie terrestre será más importante que dicha separación se efectué que para los Estados Unidos de América.” Posteriormente a esto, viene una alegoría que permite encubrir cualquier cosa que parezca apetito de poder. En el escrito de 1810 se leía que “un cambio de esta magnitud nos proveerá [a los EUA] con vecinos formidables los cuales estarán en condiciones de manejar sus asuntos, ejercer su poder y emitir juicios sin la interferencia de otros. El Atlántico no actuara más como una barrera entre los EUA y las naciones poderosas de la tierra, ellas estarán ahora en la cercanía de nuestras fronteras…” Cuando leímos esto, nos pareció apreciar que quien lo haya escrito conocía perfectamente a nuestras naciones y sabía que los habitantes de entonces, como los de ahora no solamente en nuestro país, sino en todo el resto del Continente Americano, nunca podríamos ponernos de acuerdo para trabajar hacia un solo objetivo. Cada quién montado en su creencia. Entre unos que aducían, alegan, el dedo divino les escrituró la patria y otros que se montan en todo lo que les venden como moda, el raciocinio se va de paseo y seguimos atascados, a la par que las luchas intestinas predominaban y lo siguen haciendo. Mientras tanto, los vecinos veían cómo les afectaría que las hoy naciones latinoamericanas se independizaran y cómo habrían de enfrentarlas.

En ese contexto, partían de afirmar que “cualquier persona que observe el mapa de Norteamérica verá que es imperfecto con respecto a la forma en que habrán de darse las relaciones entre los EUA y los imperios nuevos que se crearán al sur y oeste de su frontera. Por ello, es necesario inducir que las relaciones se basen en confianza mutua y amistad; de no darse habrá siempre motivos para que se generan conflictos bélicos, celos y que, desafortunadamente para todos, el sentimiento nacionalista predomine.” Como catálogo de buenos deseos podría pasar este párrafo. Sin embargo, en la realidad no podría ser llevado a la práctica. Ellos mismos, los estadounidenses ya estaban proyectando cómo habrían de sacar la mayor raja posible de la geografía cuando en el mismo artículo afirmaban cuán importante era el área de Florida que conectaba al Atlántico con el Río Mississippi y generaría una área extensa muy fértil que además permitiría el transporte de mercancías, algo que beneficiaría a los estados de Georgia, Carolina del Sur y aún Virginia. Reconocían que toda esa área de navegación posible no sería factible desarrollarla dado que la Florida pertenecía a España y, por lo tanto, era necesario o bien adquirirla o mantener relaciones amistosas con el país que la poseía. Recordemos que fue en 1811 cuando el presidente James Madison incorporó la parte occidental de esa entidad a su país y que en 1819, mediante el Tratado Adams-Onis, todo el territorio pasó a manos de los estadounidenses. Dejemos estas disgregaciones breves sobre movimiento de fronteras estadounidenses para retomar cómo nos veían antes de que siquiera se soltaran los primeros pistoletazos y machetazos en contra de los ibéricos que se atravesaban por los caminos guanajuatenses tratando de parar a los insurrectos.

Respecto a nuestro país, se afirmaba: “Nuestra [la de los estadounidenses] situación con respecto al Nuevo-México [así nos llamaban] es extremadamente delicada. Esta provincia que probablemente se convertirá en un imperio [así apuntaba “The Centinel”], se une a los Estados Unidos a través de la frontera oeste. La extensión y fertilidad de su suelo posiblemente lo transformen en una nación poderosa en un periodo no muy lejano tras de que disfrute las ventajas de autogobernarse.” Los comentarios se los dejamos a usted lector amable para que cavile acerca de porqué fuimos incapaces de alcanzar esa proyección que sonaba tan halagüeña.

En lo que pareciera ser una proyección de lo que vendría tiempo después, el autor de la pieza apuntaba que “los límites entre los Estados Unidos y México están desatendidos. Uno y otro reclaman hasta dónde se extiende el territorio que poseen y que llega hasta los cauces que transportan el agua del Mississippi. El ajuste de tales límites será siempre un trabajo delicado y difícil. No es raro que para zanjar diferencias de tal magnitud sea necesario el empleo de la espada. Sin embargo, cuando aparecen diferencias como las que ahora existen entre los Estados Unidos y México, se requiere una gran moderación y buenos deseos mutuos para llegar a un acuerdo sin que devenga en una guerra larga y desastrosa. Si ambos persisten en sus reclamos el dios de la guerra habrá de decidir quien posee la razón.” Una vez que se llega a una situación como esa, “alcanzar acuerdos amigables habrá de depender más de situaciones fortuitas.” A pesar de esta advertencia velada, el artículo concluía posteriormente que la situación a generarse una vez que las naciones latinoamericanas fueran independientes era extremadamente delicada y debería de ser tomada en cuenta por todos. Aun cuando enfatizaba que debería ser la amistad algo que el vecino debería de cultivar siempre.

Mientras, en 1810, los estadounidenses ya se planteaban los escenarios que habría de prevalecer once años más tarde en nuestras tierras, aquí todos los integrantes de las clases dominantes se preocupaban más por ver cómo mantendrían mañana su posición. Nada de pensar en escenarios de largo plazo, toda era la inmediatez. Desafortunadamente en dos centurias, un lustro y un año, al país le han sobrado grillos, aprendices de políticos, políticos y hombres de negocios, pero hemos carecido de empresarios y estadistas, los cuales hemos tenido solamente en número de tres y dos, respectivamente, a lo largo de la historia. Y con lo que hoy tenemos a la mano, pues no nos alcanza para nada más que andar haciendo el papel de entrometidos, en grado de servidumbre, allá en donde el porvenir está definido y nosotros no sabemos cómo habremos de participar en ese orden nuevo. Mientras el futuro nos alcanza, seguimos trabados en un conflicto doméstico tras otro, olvidando lo que eso nos ha redituado en un pasado que otros vieron con antelación en su presente.

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Añadido (1) Solamente los inocentes pueden sorprenderse. Si brinda con ella es porque siempre ha sido uno de ellos. ¿Acaso ignoraban esto los regenteadores el partido “escort”?
Añadido (2) Pena ajena da ver en lo que acabaron los autollamados adalides de la justicia social integrantes del partido “escort.” Están esperando a ver si el fulano a quien sirvieron desea darles siquiera para pagar el taxi de regreso.
Añadido (3) Allá afuera siempre habrá organizaciones dispuestas a convertir en: El mejor financiero mundial, una de las universidades más prominentes del planeta o un estadista al que este dispuesto en ponerse de acuerdo, faltaba más. Todo es cuestión de juntar la morralla, y otro poco, para que le den el premio que usted considere resalta sus virtudes más preclaras.
Añadido (4) Ayer dieron inicio las celebraciones para conmemorar el centenario del natalicio de quien fuera el último héroe mexicano, El Santo. Desde que se fue, al país no le ha ido nada bien. Pura coincidencia. Bien harían los miembros de la clase gobernante en unirse al festejo. Ante la ineficiencia e ineficacia de sus políticas, en una de esas, puede que le atinen y terminen con el conjuro.
17 Septiembre 2016 04:00:05
Así nos ha ido con los republicanos…
Hoy, en los EUA, Demócratas y Republicanos continúan inmersos en la lucha por lograr que sus respectivos candidatos obtengan la presidencia. Aquí, en nuestro país, seguimos testificando cómo la diplomacia mexicana fue a terminar, digámoslo benévolamente, en manos de amateurs. Mientras tanto, nosotros damos seguimiento al recorrido histórico que iniciamos la semana anterior y en esta ocasión comentaremos de cómo le ha ido a México con los 18 gobernantes estadounidenses emanados del Partido Republicano, procedamos.

En 1854, tras la desintegración del Partido Whig varios de sus miembros, opuestos a la esclavitud, crearon el Partido Republicano. En 1856, el primer candidato presidencial al amparo de esa bandera fue John C. Fremont quien obtuvo la victoria en 11 de los 16 estados de los EUA. Sin embargo, en términos de votos electorales, fue derrotado por el Demócrata James Buchanan quien era apoyado por los estados esclavistas del sur. No sería sino hasta 1860 cuando Abraham Lincoln (1861-1865), se convertiría en el primer presidente proveniente del ala republicana. Esto provocó el disgusto de los estados sureños y pronto tendría Lincoln que hacer frente a la Guerra de Secesión. No obstante, se dio tiempo para mirar hacia México y dejar claro que nuestro país debería tener un gobierno estable y sólido ya que quienes apostaban por la anarquía en México podrían servir de inspiración a aquellos que, en los EUA, buscaban la secesión. De igual manera, el gobierno de Lincoln, se opuso a la intervención francesa en nuestro país, aun cuando poco pudo hacer pues estaba más ocupado en tratar de apaciguar a los separatistas sureños. En medio de esto, brillaría la diplomacia mexicana encabezada por el embajador nuestro en aquel país, Matías Romero Avendaño quien, como representante del gobierno del estadista Benito Pablo Juárez García, logró convencer a los estadounidenses de que si caía México, el siguiente objetivo de Napoleón III serían ellos. Una vez abatidos los sureños, Lincoln no dispuso de mucho tiempo para voltear y apoyarnos. El 15 de abril de 1865, una bala impidió que se ocupara directamente de nuestros asuntos. No sería sino hasta cuatro años más tarde cuando volveríamos a relacionarnos con un presidente de origen republicano.

Ulysses S. Grant (1869-1877) quien llamó la invasión a México, en 1846-47, una de las acciones más injustas que haya cometido un país poderoso en contra de uno débil, esto no evitó que como teniente arriara duro en contra de los nuestros en las batallas de Molino del Rey y Chapultepec. Años después, Lincoln lo nombraría general en jefe, los demás habían resultado un fiasco, de las fuerzas del ejército de la Unión y lograría que el líder de los sureños, Robert E. Lee, le entregara su espada el 9 de abril de 1865. Como presidente, tuvo poca relación con nuestro país. Retiró el reconocimiento diplomático cuando, derivado de las revueltas internas promovidas por el héroe del 2 de abril, José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, cayó el Presidente Sebastián Lerdo De Tejada y Corral. Asimismo vio cómo ocupaban, sin reconocerlos, la primera magistratura José María Iglesias Inzaurraga y Juan Nepomuceno Méndez Sánchez y, por un lapso breve, Díaz Mori. Para el periodo siguiente, los estadounidenses repitieron con otro republicano.

Rutherford Birchard Hayes (1877-1881) ordenaría a sus tropas combatir a los forajidos que invadieran territorio estadounidense, aun cuando tuvieran que cruzar a México. Esto generó que el presidente Díaz Mori enviara tropas a la frontera y, salvo diferencias verbales, al final ambos gobiernos acordaron combatir conjuntamente a los delincuentes. En medio de ello, en 1877, el gobierno de Hayes reconoció al de Díaz quien cumpliría puntualmente con los abonos para el pago de la deuda y utilizaría la diplomacia para convencer a los hombres de negocios estadounidenses que era factible invertir en México. En 1880, inició la construcción de los ferrocarriles que apuntaban del centro de México hacia el norte. Hayes al igual que sus sucesores de origen Republicano, James A. Garfield (Marzo-Septiembre, 1881), quien fuera asesinado; y, Chester Alan Arthur (1881-1885) mantendrían con el Presidente Manuel González Flores una relación que permitió el incremento de las exportaciones y las inversiones estadounidenses en México especialmente en la construcción de líneas ferroviarias. Respecto al Presidente Arthur y el Presidente Díaz cabe apuntar que, en 1883, cuando había dejado el gobierno prestado por un rato a su compadre González y aprovechado para casarse con Carmen Romero Rubio y Castelló, mientras la pareja disfrutaba de su “luna de miel,” visitaron Washington en donde fueron recibidos por el presidente estadounidense. Una vez que Don Porfirio fue electo nuevamente, mantuvo relaciones cordiales con Arthur y más tarde con Benjamin Harrison (1889-1893), aun cuando en 1885 enfrentaría las presiones para que aboliera la zona de libre comercio en la región fronteriza, lo cual no hizo, sino que la amplio a toda la franja. Para el cierre del siglo XIX, la presencia económica estadounidense en México continuaría creciendo.

Un ejemplo de lo anterior, es el discurso que el ministro de relaciones exteriores mexicano, Ignacio Mariscal pronunciara, enfrente del presidente William McKinley (1897-1901), durante un evento efectuado en Chicago en 1899. Ahí, Mariscal apuntaría que no solamente la proximidad geográfica nos unía, sino que México había adoptado sus instituciones y modelado su sistema político en forma muy semejante al estadounidense, además de que compartían el mismo símbolo, el águila. Sería esta ave estadounidense la que guiaría a la mexicana la cual seguiría el ejemplo de su hermana mayor. Ello no impedía al Presidente Díaz criticar la Doctrina Monroe y empezara a voltear hacia Europa para copiar su modelo de vida.

A principios del Siglo XX, las inversiones europeas y el afrancesamiento, se intensificaron en México. Cuando en 1901, una bala cegó la vida de McKinley, accedió al poder el padre del ecologismo estadounidense, Theodore Roosevelt (1901-1909) quien definiría su política hacia América Latina, en 1904, en el llamado Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe. Mediante este, los EUA se abrogaban el derecho de intervenir militarmente en aquellos países que no fueran capaces de gobernarse por sí mismos. Varias fueron las invitaciones que recibió, el Presidente Díaz Mori del Presidente Roosevelt para que México interviniera en los asuntos de otras naciones latinoamericanas, algo a lo cual el mandatario mexicano no prestó atención. De nada valió la foto que Roosevelt dedicó de puño y letra a Díaz, en la cual se lee: “From a well-wisher to Mexico, and an admirer of its illustrious chief, President [Porfirio] Díaz, and with the regard of Theodore Roosevelt September 1904”. (De alguien que desea la felicidad de México, y un admirador de su jefe ilustre, el Presidente Porfirio Díaz, y con los mejores deseos de Theodore Roosevelt Septiembre 1904). Mientras el país consolidaba su crecimiento económico, no se desarrollaba a pesar del incremento en las inversiones, para entonces en mayor cuantía provenientes de Europa que de los EUA. Bajo ese escenario, se darían las relaciones con el siguiente presidente estadounidense, William Howard Taft (1909-1913) quien privilegió la “dollar diplomacy”. En 1909, en Ciudad Juárez, Chihuahua-El Paso, Texas, se daría el primer encuentro entre presidentes de ambos países. Más allá de lo protocolario nada significativo surgió. Cuando estalló la Revolución Mexicana, Taft proclamó que se mantendría al margen. Sin embargo, los EUA fueron el escenario de la transición pactada, misma que descompuso, de la mano de la curia católica mexicana el embajador estadounidense Henry Lane Wilson. Taft afirmaba que no autorizaba el accionar criminal de Wilson, pero no lo retiro del cargo. Taft habría de ver pasar, además de Díaz, otros cuatro presidentes mexicanos, Francisco León de la Barra, Francisco Ygnacio Madero González, Pedro Lascuráin Paredes y Victoriano Huerta Ortega. Ocho años trascurrirían antes de que otro republicano morara en la Casa Blanca.

El antiguo editor de diarios en Ohio, Warren Gamaliel Harding (1921-1923) tuvo acercamientos no oficiales con el gobierno mexicano no obstante que el gobierno mexicano encabezado por el Presidente Álvaro Obregón Salido carecía del reconocimiento diplomático estadounidense. Lo mismo externó su beneplácito cuando Obregón tomó posesión, más tarde recibiría al secretario de hacienda mexicano Adolfo De la Huerta Marcor e inclusive en 1922 autorizó que los mexicanos cruzaran si necesidad de presentar documentos a los EUA. Finalmente en mayo de 1923, ambos gobiernos decidieron dialogar. Casi al final de las negociaciones, Harding fallece durante su gira por el oeste estadounidense y no pudo ser testigo del surgimiento de los allá conocidos como “General Claims Conventions” y acá como los Tratados de Bucareli, en torno a los cuales nuestras plumas tejieron una leyenda negra que no soporta ningún análisis documental serio. Sería el presidente John Calvin Coolidge (1923-1929) quien extendiera el reconocimiento diplomático a México, el acto que daba inicio a otra etapa en las relaciones México-EUA. Sin embargo, ello no estuvo exento de sobresaltos, especialmente cuando el embajador estadounidense en México, James R. Sheffield trató de generar conflictos hasta terminar convertido en un hazmerreír. Con la llegada como embajador de Dwight W. Morrow, el estadista Plutarco Elías Calles pudo construir una era nueva en las relaciones con los EUA. El Presidente Coolidge estableció que no se inmiscuiría en los asuntos internos de México cuando Los Caballeros de Colon fueron a pedirle que nos invadiera o bien cuando su amigo William Randolph Hearst emprendió una campaña periodística en contra de México. En general, las relaciones fueron cordiales, pero ello no evitó acusar a México de apoyar a los rebeldes nicaragüenses encabezados por Augusto César Sandino. En la construcción del estado mexicano moderno mucho tuvieron que ver el Presidente Coolidge y su embajador Morrow quien logró arreglar las diferencia petroleras y además convencer a los fanáticos religiosos católicos que era necesario concluir la reyerta inútil. Cuando Herbert Clark Hoover (1929-1933) arribó a su oficina, un día después de haber tomado posesión, lo primero que encontró fue el reporte de la revuelta escobarista en México. Continuando con la política de su antecesor, estimó que eso era un asunto domestico del vecino y ordenó no intervenir. Cuando la depresión económica le cayó encima, no le quedó sino expulsar mexicanos hasta superar los 300 mil, primero eran los de su casa, después los visitantes, y ni modo que Pascual Ortiz Rubio o Abelardo L. Rodríguez fueran a protestar. Pasarían veinte años antes de que los Republicanos recuperaran la presidencia.

Lo lograrían mediante el arribo del general Dwight David Eisenhower (1953-1961) quien había salvado a la humanidad de la bestia austriaca. Si bien las relaciones fueron cordiales con el Presidente Adolfo Ruiz Cortines, cuando los EUA tuvieron problemas por el exceso de mano de obra generado por el retorno de los combatientes en la Guerra de Corea, Eisenhower promovió la “Operación Mojado” mediante la cual regresó a México, en 1954, un millón de ilegales. Una vez que las economías empezaron a recuperarse y la mexicana a consolidar su crecimiento y desarrollo, con el presidente don Adolfo López Mateos, vendrían años de armonía en las relaciones. Cuando otro republicano vuelve a ser presidente en los EUA, Richard Milhous Nixon (1969-1974), gobernaba México Gustavo Díaz Ordaz Bolaños y otros asuntos marcaban la relación. El programa de maquila ya operaba en la frontera norte de nuestro país; las tiendas “in-bond” y el proteccionismo estadounidense causaban trastornos al comercio mexicano; la venta de armas a México y la salinidad del Rio Colorado era objeto de discusiones, mientras que el narcotráfico y el contrabando empezaban a estar presente en la agenda. En 1969, Nixon ordenó la Operación Intercepción en la frontera con México, algo que no agradó a los habitantes de esa región en ambos países. Al momento en que el Presidente Luis Echeverría Álvarez aparecía como el campeón de los pueblos del tercer Mundo y lo veían como antiestadounidense, se dio aquella reunión en junio de 1972. Ahí, Echeverría le aclaró a Nixon que la posición progresista adoptada por nuestro país era para arrebatar banderas a Fidel Castro Ruz y Salvador Allende Gossens y a los EUA les convenía mas tener alguien como él quien era su amigo, mientras le solicitaba promover el incremento de inversiones estadounidenses en México. Con Gerald Rudolph Ford (1974-1977), Echeverría lograría un acuerdo con respecto a la salinidad del Rio Colorado. En 1976, el presidente mexicano le proponía al estadounidense crear comisiones paralelas en ambos países destinadas a analizar y dictar políticas para combatir el tráfico y uso de drogas. Tras cuatro años de pesadilla, los estadounidenses optaron por republicano.

Con el Presidente Ronald Wilson Reagan (1981-1989), el Presidente José López Portillo Pacheco viviría el fin de sus sueños de líder mundial y cambiaría el tono cuando la crisis nos hizo volver a la realidad. Esta fue heredada al Presidente Miguel De La Madrid Hurtado quien de rebote tuvo que afrontar los efectos de las dificultades estadounidenses generadas entre 1978 y 1981. Asimismo, debemos reconocerle evitar que el país se le deshiciera en la manos, a más de soportar el intervencionismo estadounidense abiertamente impulsando al panismo Caro le costó promover el grupo Contadora tratando de arreglar las cosas en Centroamérica. En pleno proceso globalizador arribó a la presidencia estadounidense George Herbert Walker Bush (1989-1993) quien se entendería muy bien con Carlos Salinas De Gortari y además de abrir la economía negociarían el Tratado de Libre Comercio para América del Norte, mismo que en los años siguientes nos ayudaría a salir de problemas, pero a la vez intensificó nuestra dependencia de los EUA y su mal manejo terminó por hacernos un país maquilador, disfrazado de productor de manufacturas. Así, llegamos al siglo XXI cuando George Walker Bush (2001-2009) departiría con Vicente Fox Quesada, cuya administración nos llenaría de vergüenza en el ámbito internacional, gracias en gran parte a su propia incapacidad para dilucidar lo importante de lo jocoso, como lo fue su reacción ante los eventos del 11 de septiembre, y en otra derivado de la actuación de Castañeda el pequeño y su enchilada completa así como de Derbez, mejor cómico que su sobrino, con su panfleto guía para emigrantes ilegales. Acabaría vanagloriándose de lograr incrementar la captura de divisas vía ilegales para quienes demandaba les dieran la ciudadanía en los EUA, política que continuó su sucesor Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa que aunado a ello, decidió hacerle el trabajo sucio a los estadounidenses y se embarcó en una guerra sin estrategia que lo único que generó fue inseguridad y alteró la paz social del país, algo que hoy algunos parecen haber olvidado. Nunca nuestro país cayó tan bajo en su relación con los gobiernos estadounidenses.

Así, concluimos este viaje por la historia de cómo nos ha ido con los presidentes estadounidenses emanados de ambos partidos, el Demócrata y el Republicano. Una relación que, como se ha mostrado, no arroja ni buenos, ni malos, solamente intereses en ambos flancos. Los resultados positivos obtenidos en este lado han dependido de la habilidad, inteligencia y otro par de cosas de nuestros gobernantes. Hoy en día, nuestras autoridades apuntan hacia el futuro instrumentando una política de matracas y pompones para una y de espantasuegras para el otro, lo cual no les ha redituado el respeto mínimo de ninguno de los dos. Si hubieran repasado la historia…

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Añadido (1): No fue capaz de echar a unos rufianes del Auditorio Justo Sierra. Hoy, algunos, lo venden como una solución posible al desgarriate. ¿Los tendrá bajo tratamiento?

Añadido (2): ¿Acaso han olvidado las autoridades de la Ciudad de México que ahora es una más de las treinta y dos entidades federativas que conforman la nación? ¿A cuenta de que quieren trato preferencial en materia presupuestaria o acaso estiman que hay estados de primera, de segunda y de tercera?
10 Septiembre 2016 04:00:37
Así nos ha ido con los demócratas…
Es ya una tradición larga en nuestro país que cuando volteamos hacia el norte, se apodere de algunos un sentimiento maniqueista y tiendan a dividir a las cuarenta y tres personas (se cuentan 44 porque uno de ellos lo hizo en dos periodos no continuos) que han gobernado los Estados Unidos de América en función de si son “buenos” o “malos”. Según sea la filiación política del observante, les endilga una u otra característica a los presidentes surgidos de los partidos Demócrata (15) y del Republicano (18) en aquella nación. Bajo esa perspectiva simplista, algunos creen que quienes gobiernan allá lo hacen pensando en cual va a ser la opinión de nosotros respecto a las acciones que implementen. Sin embargo, quienes ya estamos creciditos, y además nos interesamos por estudiar la historia, encontramos que no hay ni buenos, ni malos, simplemente existen intereses que en primera instancia son los suyos, lo que opinemos o dejemos de hacer los mexicanos realmente lo consideran secundario. Ante eso, y el arguende que hoy vivimos entre quienes repudian al ciudadano Trump o santifican a la ciudadana Rodham-Clinton, decidimos dar un paseo por el pasado y ver cómo nos ha ido cuando miembros de uno u otro partido han gobernado aquella nación. En esta colaboración nos ocuparemos de las administraciones encabezadas por los Demócratas, en la siguiente lo haremos con las de los republicanos. Procedamos con el recorrido.

Ya lo hemos comentado en este espacio que fue el generalísimo José María Morelos y Pérez de Pavón quien primero, en 1815, solicitó apoyo al presidente James Madison, al tiempo que le proponía, al consumarse la independencia, firmar un tratado de amistad y comercio. Todo quedó en petición, no hubo respuesta. Más tarde, James Monroe nos habría de enviar, entre 1822 y 1823, a Joel Roberts Poinsett para que viniera a zanjar las diferencias entre los miembros de las Logias Masónicas de Yorkinos y Escoceses. Además, se dio tiempo para viajar por el país y, en Taxco, Guerrero, “descubriría” la flor de nochebuena a la cual le agarro tanto cariño que se la llevó a su país en donde la bautizaron como “poinsettia”. Ese fue la primera señal de que a nuestros vecinos les agradaba lo nuestro. Y ya con el apetito abierto, como dicen por ahí, irían por más.

Dado que los gobiernos post-independentistas poco se preocupaban por las regiones áridas y aisladas del norte y pocos eran quienes allá moraban, decidieron permitir a colonos estadounidenses que se establecieran en las mismas. Así, la familia Austin y varios más llegaron a la región de Texas y pronto les entró el cariño por aquel territorio. Para cuando acordaron nuestras autoridades, los colonos querían volar por sí mismos, después de todo el gobierno central ni caso les hacía. Y ahí empezaron los problemas. Al enterarse de ello, Antonio de Padua María Severiano López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, quien fungía como presidente, decidió que no lo podía permitir y allá va a cruzar medio país para defender lo nuestro. Si bien al principio parecía que derrotaría a los insurrectos, se le atravesó una mulata y, al ganarle la hormona, acabaría preso. Más tarde fue conducido a Washington ante el presidente Andrew Jackson (1829-1837), el fundador del Partido Demócrata, quien le perdonaría la vida quien sabe a cambio de qué. Sospechamos que a cuenta de ventas futuras, pero carecemos de soporte documental para afirmarlo. Regresó a nuestro país, en donde fue recibido como héroe, aun cuando ya para entonces la nación había sido despojada de los territorios texanos convertidos en república independiente, misma que Jackson reconocería en 1837. Bajo esa condición permanecería durante los gobiernos del también demócrata Martin Van Buren (1837-1841) y el miembro del Partido Whig, William Henry Harrison (marzo-abril, 1841) quien apenas tuvo tiempo de sentarse en la silla presidencial antes de morir y ser sustituido por su correligionario John Tyler (1841-1845) entre cuyas acciones estuvo buscar la incorporación de Texas a la Unión Americana, lo cual el Congreso autorizó durante los últimos días de su mandato, dejando a su sucesor la culminación del evento.

Con ese bocadillo fue inaugurado el Demócrata James Knox Polk (1845-1849). Ya con el apetito abierto, el oriundo de Carolina del Norte decidió ir por más. Echó un vistazo hacia el oeste y encontró que había territorios con características similares a los de Texas. Armado de espíritu aventurero, decidió crear un problema ficticio en la frontera México-EU y para pronto empezó a alistar las tropas para enviarlas a territorio mexicano. En el proceso tuvo a bien, por supuesto, negociar con los miembros de la cura católica estadounidense para que le “echaran una mano” con sus colegas mexicanos, algo que logró. Sin embargo, Polk desconfiaba de los mercaderes y envió un agente especial Moses Y. Beach para que con billetes en puño fuera repartiéndolos entre las almas pías de los obispos de Guadalupe, Chilapa, Michoacán y Puebla, quienes se encargaron de armar revueltas alternas en contra del todavía incipiente lotero, López de Santa Anna. Pero como los apetitos de esos “santos” son insaciables, pronto pidieron cuarenta mil dólares más arguyendo que la empresa bien los valía. Así, hace 169 años por estas fechas, el ejército estadounidense se apoderó de la ciudad de México y el gallero de Manga de Clavo no tuvo otra opción sino sentarse a negociar la venta de garaje en que convirtió la mitad del territorio nacional, mismo que, al amparo de los Tratados de Guadalupe Hidalgo, remató en 15 millones de dólares. A donde fueron a parar esos dineros, nadie realmente lo sabe. Sin embargo, el demócrata Polk cumplía a con el objetivo de engrandecer su país, mientras que el nuestro se hacía más pequeño.

A pesar de lo anterior, no todo estaba concluido. Era necesario encontrar una ruta rápida rumbo al oeste y por aquellos años la vía más rápida era el ferrocarril, pero surgió un inconveniente era necesario, para ahorrar costos, que la vía del ferrocarril fuera tendida a través del territorio que pertenecía a México. Para “fortuna” de los estadounidenses, por onceava vez estaba al frente del Gobierno mexicano quien ya tenía experiencia en eso de los bienes raíces, el infausto quince uñas. Ante ello, el presidente, surgido del partido demócrata, Franklin Pierce (1853-1857) envió como ministro de los EU en México a James Gadsden quien se encargaría de negociar la venta de terrenos ubicados al sur del Río Gila (territorio de Sonora y Chihuahua, hoy una porción de Arizona y Nuevo México). Aprovechando la experiencia adquirida, el lotero mexicano acabaría firmando el 30 de diciembre de 1853 el llamado Tratado de la Mesilla (Gadsden Treaty) mediante el cual se les vendía a los EU 100 mil kilómetros cuadrados a cambio de diez millones de dólares. Tres fueron los demócratas que ocuparon la presidencia en lo que restaba del siglo XIX. James Buchanan (1857-1861) quien poco se ocupó de nuestro país. Andrew Johnson (1865-1869) deseaba enviar tropas a México para expulsar a los franceses, pero su secretario de estado, William H. Seward, prefirió emplear la diplomacia como medio de convencimiento para que Napoleón III se llevara sus huestes de regreso a Francia. Con Grover Cleveland (1885-1889 y 1893-1897) las cosas no fueron más allá de firmar o ratificar tratados. Pasarían dieciséis años antes de que otro demócrata volviera a ocupar la Casa Blanca.

El antiguo rector de la Universidad de Princeton y ex gobernador de New Jersey, Thomas Woodrow Wilson (1913-1921) sería el vigésimo octavo presidente estadounidense y su relación con nuestro país sería intensa. Arribó cuando en México se había sido cometido una felonía, misma que quiso remediar enviando las tropas estadounidenses. Aquello le salió al revés, al arribo de dichas fuerzas en 1914, el felón Huerta recurrió al patrioterismo y las buenas intenciones de Wilson acabaron por fortalecer momentáneamente al usurpador. Eso duraría hasta el año siguiente cuando Huerta aceptó que sus enviados se reunieran en Niagara Falls, New York con los embajadores de Argentina, Brasil y Chile, quienes tenían la bendición de Wilson, para comerciar su salida. Una vez que el chacal se fue, Venustiano Carranza Garza tuvo que negociar la salida de las tropas estadounidenses y buscar ser reconocido por el Gobierno estadounidense. Esto lo logró una vez que las presiones de la Primera Guerra Mundial acechaban a Wilson y que el famoso telegrama Zimmerman hizo su aparición. Tras de ello, vendría la incursión villista en Columbus, New Mexico y el consecuente envío de tropas estadounidenses a México, lo cual volvió a tensar las relaciones. Una vez dejado atrás el problema, tiempo después, en 1918, ante editores mexicanos, Wilson presentaría una especie de disculpa por su accionar hacia México, prometiendo no volver a enviar tropas, lo cual cumplió en 1919 cuando el intenso de asonada de Aureliano Blanquet o bien cuando mandó al diablo al senador republicano por New Mexico, Albert B. Fall quien encabezó un comité senatorial para enjuiciar a México. Sin embargo, cuando surgió la Revolución de Agua Prieta, que suscitó la muerte de Carranza, se negó a reconocer al gobierno de Adolfo de la Huerta Marcor, pero ello no impidió que extraoficialmente se realizaran negociaciones para alcanzar un acuerdo entre ambos países, algo que, concretado, llego muy tarde para De la Huerta y Wilson y muy temprano para Obregón Salido y Harding. Transcurrían una docena de años antes de que otro demócrata volviera a ser huésped de la Casa Blanca.

En plena depresión, Franklin Delano Roosevelt (1933-1945) arribó a la presidencia estadounidense. Su relación con México pasaría por varia etapas. Le tocó enfrentar la expropiación petrolera, lo cual ocasionó que su secretario de estado, Cordell Hull, quien no se mandaba solo, quisiera enviar las tropas a nuestro país. Sin embargo, el embajador estadounidense en México, el segundo mejor que hayan enviado en toda la historia, Josephus Daniels actuó astutamente y nunca presentó las amenazas al gobierno mexicano. Después de todo era el único al que Roosevelt llamaba “Jefe”. Recordemos que, en 1914, Daniels fue el Secretario de Marina que ordenó el envió de las naves a Veracruz y a quien le dio la orden de materializarla fue a su subsecretario de nombre Franklin D. Roosevelt. Eso sí, cuando el presidente Cárdenas se quiso pasar de listo y abrió la puerta al capital japonés para invertir en petróleo, Daniels fue y, comedidamente, lo hizo que se retractara. Una vez que los EU entraron a la Segunda Guerra Mundial, Roosevelt trabajó coordinadamente con el presidente Manuel Ávila Camacho y por esos años se firmaría el primer Programa Bracero, a más de que México se convirtió en un importante proveedor de materias primas para los EU, mientras que la economía mexicana crecía. Al finalizar el conflicto, el presidente Harry S Truman decidió iniciar una nueva era diplomática con México y en 1947 vino a México a entrevistarse con el presidente Miguel Alemán Valdés. Como primer acto fue a colocar una ofrenda ante el Monumento a Los Niños Héroes. Al poco tiempo, envió “The Holly Cow”, el avión presidencial estadounidense para que trasportara al presidente Alemán a Washington, primera vez que un mandatario mexicano fue allá en calidad de tal, dando así inicio a una nueva etapa en las relaciones diplomáticas y económicas.

Con John Fitzgerald Kennedy (1961-1963), las relaciones vivirían el punto más alto de que se tenga historia. La visita de él y su esposa a México fue de apoteosis. Sin embargo, también en esos años, se demostró que más allá de simpatías, primero están los principios y así fue manifestado por el presidente don Adolfo López Mateos cuando el conflicto entre los EU y Cuba. Entonces, México enseño la estatura y el respeto que había alcanzado en el contexto mundial en el renglón de la diplomacia. El país crecía y se desarrollaba, lo cual permitió que tanto el presidente López Mateos, como el presidente Gustavo Díaz Ordaz Bolaños pudieran mantener una relación de mutuo respeto con su homólogo Lyndon Baines Johnson (1963-1969).

Durante la década de los setenta, James Earl Carter (1977-1981), inmerso en una situación económica interna desastrosa, mantendría una relación muy difícil con el presidente José López Portillo y Pacheco quien, tomando ventaja de su amplia cultura y la efímera bonanza petrolera de que disfrutamos, no perdió oportunidad de exhibir al mandatario estadounidense.

Al momento en que el mundo se globalizaba, a William Jefferson Clinton (1993-2001) le tocó firmar con el presidente Carlos Salinas de Gortari el Tratado de Libre Comercio para América del Norte, algo que, como lo dijéramos en el segundo párrafo de esta colaboración, había sido propuesta en 1815 por el generalísimo Morelos. La alegría del TLC no duraría mucho, a finales de 1994, se nos vino encima una crisis que dejo como única alternativa ir a pedir la ayuda del presidente Clinton, misma que proporcionó y que, según sus propias palabras escuchadas a un metro de distancia, es uno de los actos que más lo enorgullecen haber tomado. Y por los años siguientes, la economía mexicana se recuperó, aun cuando el costo social fue muy alto. Hay quien dice, dado que no poseemos soporte documental solamente lo apuntamos, que en aquel paquete de ayuda iba algo más y eso se materializó con la llegada del panismo-sinarquismo calzando las botas de Vicente Fox Quesada.

Mientras aquí prevalecía el panismo, en los EU, arribaba al poder Barack Hussein Obama (2009- ) con quien Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa mantendría una relación de subordinación que dejó mucho que desear, a la par que la economía mexicana daba tumbos y acababa por reafirmar su dependencia de la estadounidense. Cuando esperábamos que con el Presidente Enrique Peña Nieto, la relación con los EU recuperara la interlocución basada en el respeto, hemos encontrado que la diplomacia mexicana sigue dando tumbos y ahora se mueve entre desempeñar el rol de matraqueros con la candidata demócrata o bien servir de “punching bag” y sparring para el candidato republicano. Eso, mientras vergonzosamente se mendiga que se legalicen a cerca de siete millones de mexicanos que entraron a aquel país clandestinamente.

Este ha sido un apretado repaso histórico de cómo nos ha ido con las administraciones demócratas en los EU. Tal vez para algunos el recuento no resulte del todo grato, pero aquí no inventamos la historia, la revisamos-analizamos y, con soporte documental, la sometemos a la consideración de usted lector amable.

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Añadido (1) La libertad de expresión sigue brillando en la UNAM. Alguien ordenó que un artículo sobre el tema de la contaminación ambiental, publicado recientemente en una de las revistas científicas de mayor relevancia mundial y que está disponible libremente en la internet, no fuera subido a ninguna de las páginas electrónicas de dicha institución. ¿Qué sigue? ¿A quién le hacen el trabajo sucio? Al parecer eso del saludito que realizan cuando entonan el himno universitario es algo más que una mera reminiscencia.

Añadido (2) Anda por ahí una grabación, en inglés, de un hispano parlante descerebrado quien convoca a los mexicanos para que crucen a los EU y vayan a asesinar al candidato republicano. En la cárcel debería de estar ya el autor de esa estupidez, antes de que salga otro idiota del bando contrario proponiendo hacer lo mismo con la candidata demócrata. Ahora resulta que a todo aquel con quien no coincidamos ideológicamente debemos de exterminarlo a balazos. ¿A eso llaman ser amantes de la libertad y la democracia?
03 Septiembre 2016 04:00:46
Las reformas y la política exterior no prometían el paraíso…en los 1920’s
Como lo hemos mencionado anteriormente en este espacio, la edificación del estado mexicano moderno, bajo el cual el país creció y se desarrolló, consistió de cuatro etapas. El diseño de los planos, la promulgación de la Constitución Política de los Estados Mexicanos, corrió a cargo del presidente Venustiano Carranza Garza. El desbroce del terreno, la pacificación inicial de un sinnúmero de generales aun rejegos, fue realizado por el presidente Adolfo de la Huerta Marcor. La cimentación con la correspondiente elaboración de fosas profundas, o el establecimiento del orden institucional, correspondió al único general invicto de la Revolución Mexicana en funciones plenas de presidente, Álvaro Obregón Salido. La erección del edificio, implantar las reformas que dieron pie a la creación de las instituciones políticas-económicas-sociales, correspondió realizarla al estadista Plutarco Elías Calles, durante la segunda mitad de los 1920’s. Con ello en mente, demos un repaso breve al México de hoy para después retornar a lo que sucedía entonces.

Hoy, las cosas en nuestro país parecieran desarrollarse como si estuviéramos siendo testigos de un herradero, en donde peones y caporales no se distinguen de su patrón. Todos dan órdenes y, en su afán de quedar bien o mostrar que son los más cercanos al jefe, como ellos dicen, nadie respeta las parcelas de acción de los demás. Las reformas andan por los linderos del barranco. En materia de política exterior, la dignidad se mueve a nivel del surco árido y a quien se la tienen encomendada operarla la ignoran a la hora de las decisiones mismas que conoce a través de terceros. La economía sufre un ajuste hoy y varios mañana, pero eso sí, nada de utilizar razonable y productivamente el gasto público, mientras que el sector productivo continúa adoptando el papel de pobrecito para encubrir las acciones oligopólicas que distorsionan la economía e impiden exista competencia real en los mercados. Quienes llegaron hace cuatro años al gobierno prometieron el paraíso terrenal en un santiamén una vez que las reformas fueran aprobadas. Sin embargo, aun cuando reconocemos que dichas reformas eran necesarias, siempre apuntamos que era imperioso saber operarlas y no tendrían efectos positivos inmediatos.

Cuando escribimos que “Las reformas no son actos separados, ni de corto plazo” (Zócalo 04/01/14), dado que no pertenecemos a cofradía alguna, pues simplemente fuimos ignorados por seguidores y opositores. Desafortunadamente el tiempo nos dio la razón y hoy el cielo luce encapotado mientras presagia tormenta. Y para acabarla de fastidiar, los caporales andan más preocupados por ver quién se queda con el caballo de su patrón, aun cuando nada les asegure que puedan concretar la aspiración ya que hay otros, provenientes de ranchos vecinos, quienes también le echaron el ojo al corcel y hasta compraron la montura para ensillarlo. Mientras esto sucede en el país urbano de hoy, recordábamos cuando la nación era eminentemente rural y vivía los estertores de la tercera etapa, y la alborada de la cuarta, de la construcción de lo que sería el gran edificio del estado mexicano moderno erigido, como lo mencionamos en el párrafo inicial de esta colaboración, durante la segunda mitad de los 1920’s.

En aquellos años, el 21 de octubre de 1923, el entonces candidato a la presidencia de la República, Plutarco Elías Calles, declaraba ante los obreros que no estaba ahí “para ofrecerles nada nuevo o hacerles promesas milagrosas o juramentos de reformas quiméricas. No busco obtener el voto ofreciéndoles un programa que promete realizar reformas en diez años, las cuales no pueden ser materializadas en dos siglos…” Bajo esa premisa, una vez en el gobierno, Elías Calles simplemente procedió a realizar los cambios requeridos. Los asuntos del campo los enfrentó desde la perspectiva de que este debería de ser generador de riqueza y para ello era requerido proporcionar agua, crédito, implementos de labranza y sobre todo preparar al campesinado para que en el futuro pudiera tener acceso a los avances tecnológicos, lo cual solamente sería posible mediante la elevación de los niveles educativos. En ese contexto, en materia de financiamiento al campo, en 1926, fundó el Banco Nacional de Crédito Rural, el Banco Cooperativo Agrícola y promulgó la Ley de Bancos Agrícolas Ejidales. Asimismo, se crearon las escuelas centrales agrícolas y las escuelas normales rurales. En igual forma, fue puesta en marcha la Comisión Nacional de Irrigación bajo cuya égida fueron construidas diversas presas. De las distorsiones que en todo esto sucedió, ni modo de responsabilizarlo, cuando llegó el presidente Cárdenas Del Río creyó conveniente organizar aquello con fines electoreros. Al final de cuentas, el campesinado ni fueron entes productores de riqueza y quienes sí lo hicieron, para sí mismos, fueron algunos bandidos que operaron en las instituciones de crédito mencionadas. Pero como Elías Calles había prometido que solamente realizaría reformas que eran factibles, pues continúo el proceso de edificación.

Promulgó la Ley General de Pensiones del Retiro y puso énfasis especial en el desarrollo de las comunicaciones. Para ello, amplió los servicios telefónicos y creo la Comisión Nacional de Caminos, la cual fue la encargada de la construcción de carreteras nuevas. Y para quienes todavía sueñan que el proyecto educativo de México fue diseñado por el cobarde-gigoló-sinarquista-nazi, José Vasconcelos, muy conveniente es recordar que la idea original fue del presidente Obregón Salido y el estadista Elías Calles, fue quien creó las escuelas secundarias, a la par que creaba la dirección de enseñanza técnica, industrial y comercial, cuyo objetivo era fomentar la instrucción para que se formaran obreros calificados que prestaran sus servicios en el sector industrial. Sabedor que ninguna economía puede operar si no tiene reglas claras en materia fiscal y financiera procedió en consecuencia.

Un proyecto de código fiscal fue puesto en práctica, mientras se instrumentaba la forma de operar el impuesto sobre la renta como base de una incipiente reforma fiscal. Acto seguido fue promulgada la Ley General de Instituciones de Crédito y Establecimientos Bancarios. Apenas iniciando su gobierno, procedido a crear la Comisión Nacional Bancaria, reorganizó la Comisión Monetaria que habría de operar la Casa de Moneda. Con ese fundamento, durante la segunda mitad de 1925, fundó el Banco de México, un proceso en el cual tuvo un papel fundamental Manuel Gómez Morín, quien por entonces, ya había sido agente financiero en New York del gobierno del presidente Obregón Salido, alquilaba sus servicios al gobierno revolucionario, después pasaría a ser agente soviético y más tarde sería sinarquista destacado y fundador del Partido Acción Nacional.

Para quienes hoy todo lo ven novedoso en materia de equidad de género, el estadista Elías Calles también se ocupó de ello. En 1928, se reformó el Código Civil y en él se incorporó la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer, además de dar trato legal similar a los hijos legítimos y los llamados naturales. Y por supuesto, no podemos dejar de lado como validó la separación Estado-Iglesia, aun cuando se haya excedido en eso de que las autoridades determinaran el número de sacerdotes por localidad, lo cual sirvió de pretexto para que la curia lanzara a sus seguidores a una reyerta estúpida cuya única finalidad era matarse unos a otros en aras de una supuesta defensa de derechos religiosos que nunca fueron conculcados por el gobierno del estadista Elías Calles. Pero lo concerniente a las relaciones con otros estados lo dejo muy claro en un discurso pronunciado en 1924 en el teatro Ocampo de Morelia.

Ahí, apuntÓ: “No deseamos que otras naciones intervengan en nuestros asuntos internos para imponernos sus condiciones y métodos en una forma que favorezcan sus intereses. Somos soberanos y tenemos el derecho de arreglar nuestros asuntos internos libremente alejados de cualquier influencia externa. Deseamos que las relaciones con otros países se caractericen por el respeto mutuo…” Y bajo esa premisa se desarrolló la política exterior mexicana durante su mandato. Cuando el embajador estadounidense, James R. Sheffield quiso crear problemas y exhibir al Gobierno de México como un nido de conspiradores en contra del de su país, el estadista Elías Calles le recetó una lección, mientras que jugaba política con las relaciones exteriores. Sheffield, el segundo peor embajador que hayan tenido los EUA en México, ya que el primero en ese renglón es indiscutiblemente Henry Lane Wilson, decidió jugar al espionaje y se enganchó con un viejo conocido de los gobiernos mexicanos, un tal Miguel R. Ávila. Este sujeto quien se decía nativo de Saltillo, Coahuila, aun cuando era nacido en Texas, actuaba como agente doble y tenía libre acceso a la embajada estadounidense. Con la ayuda de John Page, el corresponsal de la “International News Services,” proveían a Sheffield de documentos “extraídos” de las oficinas del gobierno mexicano. Cuando uno los lee, inmediatamente se percata de que son tan reales como una moneda de S2.50, la redacción es típica de alguien cuya lengua materna no es el español.

En contraparte, Ávila recibía recompensas por parte del líder de la CROM, Luis Napoleón Morones a quien le llevaba copias de los documentos oficiales recibidos y generados por la embajada y el Departamento de Estado de los EUA, claro sin faltar aquellos cuya redacción era ambigua, pero muy útil para crear teorías conspiracionistas. Cuando surge el escándalo de que la embajada estadounidense era objeto de espionaje, el embajador toma la decisión de que a partir de ese momento las gavetas serían cerradas con candados. Mientras tanto, Ávila sigue circulando libremente por los pasillos de dicha representación diplomática. Y como había documentos del attaché militar redactados en forma tal que podían interpretarse al libe albedrio, el estadista Elías Calles, a quien ya le habían llevado el fajo de trescientos documentos, decidió jugar la carta nacionalista. Arguyendo que en varios de esos papeles se hablaba de una posible invasión militar estadounidense, cosa que en su lectura nunca se ve, ordenó al gobernador de Tamaulipas, Emilio Portes Gil, que en caso de que eso sucediera ordenara al encargado de la zona militar, general Lázaro Cárdenas Del Río que volara los pozos petroleros. Al mismo tiempo, Elías Calles, se ocupaba de armar un paquete con las copias de los trescientos documentos para enviarlo, a través del reportero del New York Evening Post, George Barr Baker, al presidente Calvin Coolidge, mientras los mantenía alejados de la prensa la cual únicamente escribía acerca de rumores.

Una vez que el objeto del espionaje estaba en Washington, el presidente Coolidge se negó a revisarlos y dejó el asunto en manos del secretario de Estado, Frank B. Kellogg. Ello no fue impedimento para que después el embajador mexicano Manuel Téllez tuviera una reunión con el presidente y el secretario para “explicarles” que no sabía el origen de aquellos documentos que llegaron al escritorio del presidente mexicano, quien les aseguraba que todo sería tratado de manera confidencial. Y ahí, las relaciones México-EUA tomaron otro giro. Sheffield fue relevado más tarde y llegaría el mejor embajador que hayan enviado los estadounidenses a México, Dwight W. Morrow. Con él, las cosas cambiaron ciento ochenta grados, aun cuando no pudo evitar el coletazo de Sheffield y asociados quienes embarcaron a William Randolph Hearst en una campaña periodística fallida. Entre fines de noviembre y principios de diciembre de 1927, los diarios de Hearst publicaron documentos presuntamente en los cuales México estaba patrocinando una revuelta mundial en contra de lo EUA, al respecto tenemos un artículo próximo a publicarse en una revista importante. Cuando el ataque arreciaba, el cónsul de México en New York, Arturo Elías, preguntó que cual debería de ser la respuesta, le contestaron que guardara silencio, todo habría de caer por su propio peso tal y como sucedió. Hearst acabó tragándose, por mentiroso, su orgullo enfrente de una comisión en el Senado estadounidense.

Así era por aquellos tiempos, nada de andar prometiendo paraísos derivados de las reformas. Simplemente, se instrumentaban, eran puestas en práctica y a buscar cómo podían dar los mejores resultados. En materia de relaciones externas, nada de engancharse en dimes y diretes. Con pocos recursos, pero imaginación sobrada, fue factible ganarse el respeto de otras naciones. En la relación con los EUA, se aceptaba en donde estábamos y bajo la premisa del nacionalismo pragmático buscaban como obtener los beneficios mayores que permitieran apuntalar la creación del estado mexicano moderno y vaya que tuvieron éxito, durante setenta años el país creció y se desarrolló, con todos los negativos y positivos que se le quieran colgar, hasta que el modelo ya no dio para más y se quedó atorado en la falta de reformas y cuando estas fueron llevadas al papel y aprobadas por el Congreso, fallaron los operadores. Hoy no tenemos ni resultados que se reflejen en el crecimiento económico y en materia de política exterior perdimos la brújula. Al parecer quienes estudiaron el periodo del presidente Álvaro Obregón Salido obviaron algunas cosas y no tuvieron a bien darle una revisada al del estadista Plutarco Elías Calles, de mucho provecho les hubiera sido. Aun cuando, suponemos, entonces, ni se imaginaban que pudieran acabar enganchados en un proceso reformista.
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Añadido (1): Hace un par de días veíamos la película “Money Monster”, cuya calidad oscila entre mediocre y mala. En una de las escenas últimas aparece un líder sindical en Sudáfrica, quien encabezaba una huelga, pronunciando un discurso rabioso en contra de los propietarios de las minas. Acto seguido, se presenta al mismo sujeto discutiendo con un especulador multimillonario, quien era su patrocinador. Afortunadamente eso sucede solamente en la ficción y en países muy lejanos al nuestro.

Añadido (2): Eso debería de haber hecho desde el principio, dialogar con los dos candidatos, obviamente desde una posición de dignidad, y no andar de matraqueros entrometidos apoyando a ella. Quien sea electo será un asunto de los ciudadanos estadounidenses y gústenos o no tendremos que convivir con su selección. Esperemos que ya tengan un par de planes para ver cómo van a lidiar con el
eventual triunfo de uno u otra.

Añadido (3): ¿Por quÉ si habían tratado sobre quién pagaba el muro, nada dijo cuando el otro mentía? Lo tenía a un par de metros para exhibirlo. ¿Por qué esperase dos horas, cuando el visitante ya había abandonado territorio nacional, para hacer aclaraciones? Así, ni quién pueda defenderlo.

Añadido (4) El jueves anterior, en la página 2 de Impacto El Diario apareció la columna La Teoría del Caos firmada por Hugo Páez. Acompañando al escrito, hay un par de fotografías que presentan la imagen de cinco personajes que pareciera acuden a un funeral.

Añadido (5): En la UNAM, los adalides de la libertad de expresión mostraron que esta existe ahí siempre y cuando se diga lo que ellos quieren escuchar. Pero como seremos pen…santes, olvidábamos que, en el original, por ellos siempre hablara el Espíritu
Santo.
27 Agosto 2016 04:00:18
Aquellas reformas funcionaron debido a…
Ante el ambiente enrarecido de nuestros días, a uno y otro lado del espectro político no faltan adalides quienes dicen ser poseedores de la verdad absoluta. Sin embargo, eso no es lo peor. Vivimos tiempos en que los integrantes de la clase gubernamental dirigente, buscan no apartarse de la corrección política bajo el pretexto de que hay que quedar bien con cada uno, aun cuando al final de cuentas no los deja en buenos términos con nadie. Sobre asuntos de reformas comentaremos en esta ocasión.

Todos sabemos que la instauración de cambios siempre habrán de generar resistencias y para vencerlas hay que tener más que deseos y se sugiere ingerir aquel platillo que recomendaba el presidente don Adolfo López Mateos y vaya que a él le sobraban de los ingredientes que conformaban aquel guiso. En esas reflexiones andábamos cuando vinieron a nuestra mente los tiempos en que el país se encontraba inmerso en el primero de los grandes cambios que nos permitió constituirnos en nación. Aquel que emprendieron y lograron llevar a buen puerto, a pesar de todas las resistencia internas y externas que enfrentaron, la más grande generación de mexicanos que haya existido en nuestra historia, la de LOS HOMBRES DE LA REFORMA. Y para comentar sobre ellos, recordando lo que siempre nos dijera Michael S. Mayer, nuestro asesor de tesis doctoral, “cuando vayas a tomar información de otras fuentes, cítalas…” acudimos a la publicación recopilada y editada por Jorge L. Tamayo, “Benito Juárez: Documentos, Discursos y Correspondencia”. En el cuarto volumen de dicha obra, encontramos una circular, fechada el 20 de enero de 1861, enviada a los gobernadores de los estados justo después de que el gobierno juarista había triunfado sobre la reacción conservadora y clerical.

El documento en comento era firmado por el entonces ministro de relaciones, el político- periodista-historiador-Liberal, Joaquín Francisco Zarco Mateos, ancestro de Don Adolfo, y en el cual daba a conocer las directrices bajo las cuales operaria de entonces en adelante el gobierno del estadista Juárez García con quien previamente había acordado el contenido del documento. Hay que recordar que por aquellos tiempos, los colaboradores del presidente de la República asumían sus responsabilidades y no esperaban que el jefe saliera a defenderlos. Para iniciar, Zarco les indicaba que “el gobierno asegurara a los mexicanos a los mexicanos el ejercicio de todos los derechos que la Constitución les concede… la necesidad de reorganizar la administración pública y de sacar al país del caos en que lo ha hundido la anarquía reclama medidas prontas, severas, enérgicas, pero en nada afectan la cuestión política. El gobierno las dictará en el orden económico y administrativo para evitar la disolución social…” Aquellos hombres no andaban convocando mesas de diálogo o lanzaban admoniciones para que los rejegos volvieran al buen camino.

Como muestra, Zarco precisaba: “Las reformas sociales decretadas en Veracruz y que se reasumen en la nacionalización de los bienes de manos muertas, la libertad de cultos, la consiguiente independencia entre la potestad civil y la espiritual, están sancionadas por la opinión, ha sido el principal objeto de la contienda y, en vez de estar en pugna con la Constitución, son el desarrollo del germen que ella contenía”. Tras de esto viene un texto que cualquiera diría que Zarco estaba escribiendo en el siglo XXI y no en el XIX, al indicar: “El Gobierno ni puede ni debe retroceder en la vía de las innovaciones, tan conformes con el espíritu del siglo y que son el único medio de reanimar y fortalecer una sociedad casi aniquilada por inveterados abusos y oscuras preocupaciones, destrozada por medio siglo de discordias. La emancipación del poder civil, la libertad de conciencia, el respeto a todas las creencias, aseguran la paz y traerán a la República nuevos elementos de riqueza y prosperidad”. Lo que sigue deberían de aprendérselo gobernantes y clericales, quienes en caso de tener problemas para retenerlo, podrían proceder cual chamaco castigado y hacer cien planas del texto hasta que lo memoricen.

Como Don Joaquín Francisco era un Liberal de tiempo completo y no andaba con nimiedades de corrección política para que no lo fueran a excomulgar, dejó muy claro que: “Las Leyes de reforma no son, como ha dicho el espíritu del partido, una hostilidad contra la religión que profesa la mayoría de los mexicanos; lejos de eso, otorgan a la Iglesia la más amplia libertad, la dejan independiente para que obre en los espíritus y en la conciencia, la apartan del bastardo influjo de la política y hacen cesar aquel fatal consorcio de dos potestades, que producía el escándalo, unas veces, de que los gobiernos abusaran del nombre de la religión oprimiéndola y, otras, de que el clero se convirtiera en un instrumento de dominación”. Hasta nuestros días algunos aun no acaban de entender que los asuntos de la fe son estrictamente privados y ahí es en donde deben de operar quienes tienen como función principal salvar del averno a los pecadores incorporados a su organización.

Dado que los Liberales del siglo XIX no median actuar o dejar de hacerlo en función de lo que dijeran encuestas de veracidad dudosa, afortunadamente no existían, no tenían empacho en dejar claro que: “El gobierno está resuelto a llevar a cabo las reformas decretadas, a plantearlas en la República entera y a hacer que se hagan sentir los beneficios derramándose y descendiendo desde la cumbre de la sociedad hasta las clases más desvalidas.” Para ello, estaban conscientes de que era necesario procurar “combinar todos los intereses creados, [aclarar] todas las dudas para facilitar la adquisición de la propiedad y lograr no sólo la destrucción del poder que ha mantenido el país en perpetuas agitaciones, sino el desarrollo del crédito, la extinción o disminución de la deuda, la creación del erario, la capitalización de empleos civiles y militares, la reducción del presupuesto y las grandes mejoras materiales.”

Acto seguido para que no quedara duda de que lo suyo era cambiar el rumbo y operar una nación autentica, dejaban muy claro que: “El Gobierno…no ejercerá la dictadura, se sujetara al orden legal; pero reorganizara la administración y, en casos necesarios, dictara medidas legislativas aceptando la responsabilidad que le resulte de no vivir inerte y de no contemplar impasible los males del país”. No olvidemos, la cita corresponde al siglo XIX cuando la fama del país en el exterior era entre mala y pésima, gracias al desastre creado por los gobiernos conservadores, el último de ellos encabezado por Miguel Gregorio de la Luz Atenógenes Miramón y Tarelo aquel cuyas dotes financieras de dudosa honradez lo llevo a contratar una deuda ruinosa con la Casa Jecker y dejó comprometido el futuro y el buen nombre del país. Por esto, Zarco Mateos precisaba que: “El Gobierno hará valer [ante otros países] sus derechos con moderación y dignidad, no provocara conflictos, protesta ante el mundo su deseo sin cero de mantener amistosas relaciones con todos los pueblos y de cumplir con todos los compromisos internacionales que le imponen los tratados y el derecho de gentes. Cree que los gobiernos de algunas naciones amigas han sido mal informados acerca de la situación en México, procurar hacerles conocer toda la verdad y, guiado por un espíritu de conciliación y de justicia, intentara el arreglo satisfactorio de todas las cuestiones pendientes por todos los medios posibles y que están en práctica en todo el mundo civilizado…” Claro que los Liberales mexicanos hicieron todo lo posible por revertir la imagen negativa, pero la curia y los conservadores no cejaban en su empeño por exhibir en el exterior a la nación. No habían quedado satisfechos después de la derrota. Aun cuando el estadista Juárez García planteaba considerar a los vencidos simples adversarios políticos, “esos hombres que caminaron sin plan, que ensangrentaron al país, que ultrajaron las leyes, que en su demencia de tiranía se mancharon con hechos atroces y bárbaros, no puede verse un partido político vencido. Formaron una gavilla numerosa, llena de títulos; se llamaron funcionarios públicos, se arrogaron el poder, pero no pensaron más que en saciar viles rencores y ambiciones personales”. No, no estamos comentando sobre el siglo XXI, seguimos en los acontecimientos del XIX.

Pero no todo eran asuntos políticos, los Liberales estaban ciertos del papel fundamental que jugaba la educación en el futuro de la patria por ello, apuntaban que sería “efectiva la libertad de enseñanza, dejándola a la familia, al municipio, al Estado, a la asociación religiosa. El Gobierno, por su parte procurara generalizar la educación primaria, perfeccionar la facultativa en todas las profesiones y merecerán todo su cuidado las escuelas de Medicina, de Agricultura, de Artes y oficios, de Minería y de Comercio, y las Academias de Bellas Artes; establecimientos que encuentra unos casi en ruina y otros totalmente destruidos por el Gobierno de vivac, que sentía que su perdición estaba en el desarrollo de las inteligencias y en la difusión de las luces”. Y sin presumir de feminismo alguno, los de entonces apuntaban que “secularizados los establecimientos de utilidad pública, se atenderá también a la educación de las mujeres, dándole la importancia que merece por la influencia que ejerce en la sociedad”. Esto también, por supuesto, era mal visto por la curia y sus compinches quienes siempre les han negado valor alguno, salvo el de rezanderas y procreadoras de futuros clientes, perdón seguidores.

En un contexto de fomentar el federalismo, los Liberales estaban ciertos de que era un “deber del Ejecutivo estrechar el vínculo federal y ayudar a los estados a plantear su régimen interior con la libertad e independencia que ellos convivieron en el pacto de su unión. Respetando su soberanía en su régimen interior y, creyendo que los que más han luchado lo han hecho por reconquistar las libertades públicas, hará que en la República entera se disfruten desde luego las ventajas todas del orden legal”. En ese mismo tenor planteaban operar los asuntos de la hacienda pública.

Bajo el principio de un manejo escrupuloso y abierto de los recursos públicos, se planteaba que “sin un presupuesto fijo, invariable, es imposible la administración de la Hacienda. La bancarrota y el descrédito fueron siempre el fruto de la prodigalidad. Las rentas públicas en que se aglomeran lo superfluo de la opulencia y el óbolo de la miseria, no son el patrimonio de los Gobiernos, ni están destinadas a ganarse amigos y prosélitos: son el bien de la comunidad y no pueden distraerse de lo que a esta sea benéfico y necesario”. La resonancia de estas palabras traspone los siglos y llega justo al XXI de nuestros días acompañando a otra medida que entonces se tomó para poner en orden a los rijosos soliviantadores de asonadas. En ese contexto, fue discutida en el Consejo de Ministros “la expulsión del señor arzobispo de México [el neoleonés, Lázaro de la Garza y Ballesteros] y de algunos señores obispos que tuvieron parte en la subversión de las instituciones y en la prolongación de la guerra civil, la orden del destierro fue plenamente aprobada y se acordó subsistiera”. Aquí cabe precisar que en el Consejo mencionado, Zarco fue el único que se opuso a la medida, arguyendo que “los desterrados [deberían ser] sometidos a juicio ante el tribunal competente, que examinara su culpabilidad y fallara conforma a las leyes”. Ante la derrota, Zarco renunció, pero el estadista Juárez no le aceptó su separación del cargo. De esa estatura eran los hombres de aquella generación.

Lo narrado es apenas un resumen breve de como aquella grandiosa generación de mexicanos, se embarcaron en la más grande reforma que haya vivido la patria y que gracias a ella pudimos emerger como nación. Sí alguien llegara a preguntarse porque ellos sí pudieron, a pesar de toda la oposición existente, culminar con el éxito, simplemente responderíamos porque fueron hombres con visión de estado quienes estaban mucho más allá de ver como sacaban raja política, viendo como metían la zancadilla al oponente o bien como les habría de ir en la elección próxima. Y mucho menos aparecían espantados con el petate de la excomunión que les mostraban aquellos que al ver limitadas sus canonjías son capaces de armar revueltas, acudir a príncipes foráneos o bien encandilar a creyentes para ir a matar semejantes en el nombre de sus muy particulares y respetables formas de interpretar los asuntos de la fe. En el siglo XIX, las reformas tuvieron éxito porque un grupo de mexicanos plenos de convicciones actuaron haciendo uso de los instrumentos con que la ley los proveía y no se arredraron ante las protestas. En el siglo XXI, las reformas andan tambaleándose porque algunos dudan de usar las herramientas que la ley les proporciona y otros porque temen caer en la incorrección política o bien por que el domingo próximo les nieguen la hostia y los hagan candidatos a la excomunión. A quienes hoy dudan en cumplir su responsabilidad política, mucho bien les haría repasar la historia de México, en especial el capítulo concerniente al actuar de la más grande generación que la patria haya dado, la de LOS HOMBRES DE LA REFORMA. En el actuar de cada uno de ellos habrán de encontrar respuestas a lo que hoy no encuentran como resolver. Nada de que aquellos son asuntos antiguos, al final los problemas y soluciones solamente están cubiertos por ropajes distintos, pero siguen abrigando estructuras orgánicas similares.

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Añadido (1): Como ejemplo de por dónde andan los nuevos valores de la literatura mexicana, el XII Festival Internacional de Letras en San Luis Potosí, tendrá como invitado principal, y mejor pagado, a un escritor eximio!!!, el ciudadano Yordi Rosado.

Añadido (2): Afortunadamente no todo son noticias de calidad dudosa en el ámbito cultural. El INBA hizo justicia plena al otorgar la Medalla Bellas Artes 2016 al poeta, dramaturgo, director de escena, actor, pedagogo y crítico de teatro, ensayista y editor, José Ramón Enríquez Alcázar, él sí es un auténtico valor de las letras mexicanas desde hace varias décadas.

Añadido (3): De que está bien acompañado ni quien lo dude. No olvidemos que Martin Luther King, Joseph Robinette Biden Jr., Gabriel García Márquez, Camilo José Cela y Trulock, José de Sousa Saramago, Carlos Fuentes Macías, Elena Poniatowska Amor y por supuesto Agustín Lara y Aguirre del Pino, entre varios, también portan los galones que los identifican como miembros del pelotón de fusilamiento.

Añadido (4) En 1973, Arthur Meier Schlesinger, Jr. publicó “The Imperial Presidency”. En 1997, en un acto de originalidad extrema, Enrique Krauze Kleinbort presentó “La Presidencia Imperial”. Uno trata sobre los excesos de la institución presidencial en los EUA, el otro en México. Pura coincidencia, se nos olvidaba lo que apuntara Platón, las ideas están en el Topos Uranus y de ahí los hombres las toman para hacerlas propias.
20 Agosto 2016 04:00:40
El parador del tranco
Lo que narraremos ocurrió en aquel país que ya no existe, del cual solamente queda el recuerdo. Los jóvenes de entonces estaban dispuestos a enfrentar sus realidades convencidos, como así les sucedió a muchos de ellos, de que a pesar de que el presente no lucía esplendoroso, el futuro les deparaba cosas mejores.

Por ello, los de la cultura del esfuerzo, sabían que en todos los órdenes había que ir escalando peldaño a peldaño y en ese proceso estaban los sitios en donde vivían quienes estaban alejados de su tierra natal.

En ese contexto, se dieron aquellas historias generadas en una de las tantas de las llamadas casas de huéspedes en que varios vivían sus muy personales procesos de formación. Para algunos seguramente recordar, no digamos ya contar, representa un baldón.

Sin embargo, de aquello siempre habrá historias por narrar y con certeza más de uno habrá de identificarse, por haber experimentado algo similar, con lo que pasó bajo los techos de aquella construcción erigida en los albores del siglo ido en lo que había sido una aristocrática colonia de los tiempos de la presidencia extendida.

Echemos un vistazo a lo sucedido en aquel microcosmos cuando el país estaba ya, sin darse cuenta, inmerso en lo que vendría a ser una etapa nueva con todos los costos que sus habitantes habrían de pagar.

Estaba situada en una colonia con nombre de ciudad europea cuyos años de esplendor quedaron sepultados en la noche de los tiempos. La construcción denotaba haber tenido mejores épocas a principios del siglo XX y hasta valor arquitectónico le fue asignado.

El edificio, se ubicaba justo en la esquina en donde se encontraban dos calles con nombre de estados, uno del sureste y otro del centro del país. En la planta baja operaban locales comerciales y, en medio de ellos, una escalera conducía a un segundo piso en donde, justo a la izquierda de la entrada estaba el teléfono y a la derecha una estancia pequeña.

A partir de ahí, a lo largo de un corredor, una habitación tras otra, se distribuían unas dando hacia cada una de las calles mencionadas, mientras que otras dos, del lado opuesto del pasillo, eran las únicas que contaban con todos los servicios. Como testimonio de que esos rumbos habían vivido mejores tiempos, no lejos de ahí, al cruzar un par de calles, moraba una dama en quien aún se apreciaban rasgos del porqué, durante la época revolucionaria, había vuelto loco a más de uno de los generales prominentes.

Aun hoy hay alguien que se arrepiente de no haberla abordado y platicado con ella cuando en repetidas ocasiones se cruzaron en el camino. Pero eso es otra historia, retornemos a lo que entonces ya no era vivienda unifamiliar sino posada de personajes de variopinta.

El nombre seguramente fue una ocurrencia de la mujer que entonces rentaba el local y lo convirtió en su medio de sustento. Hasta ahí llegaron un grupo de jóvenes quienes, en busca de mejorar el sitio en donde previamente moraban, decidieron irse a vivir ahí. Al principio todo les parecía normal, pronto empezarían a percatarse de las peculiaridades que adentro se suscitaban. Y aquí iniciamos el relato.

El comportamiento de la dama en cuestión causaba comentarios entre los huéspedes. Cada vez que se apersonaban ante ella para pagar la renta mensual, al momento de recibir los billetes, la señora corría hacia la cocina y los lanzaba al fregadero al tiempo que abría las llaves del agua para lavarlos. Argüía que aquellas piezas podrían haber sido ensuciadas con sangre durante el trayecto antes de que se posaran en sus manos y había que tomar precauciones.

Asimismo, épicas eran las escenas que escenificaba con su hijo, un mozalbete, quien ya había dejado de ser adolescente, pero que continuaba viviendo a expensas de su madre. Ella le cumplimentaba todos sus gustos, no sin antes pasar por un sainete que siempre terminaba en arrumacos y lágrimas, a los cuales se incorporaba un perro de color blanco que era su lazo de unión.

Por ello, no les importaba que desparramara pelambre por toda la vivienda. Para ahorrarse algunos centavos, la propietaria del lugar preparaba los alimentos, mismos que se caracterizaban por la limitada cuantía en que eran servidos, a más de que en ocasiones trataba de convencer a los huéspedes de que ingerían algo que no correspondía a lo que ella les anunciaba. Sin embargo, aquello no duraría mucho.

Un buen día, la dama llamó a los huéspedes y, teniéndolos reunidos, les avisó que a partir de ese momento dejaba el negocio, el cual había transferido a un médico de origen norteño, ahí presente, con quien tendrían que arreglarse a partir de entonces. Y ahí empezó otra historia, el facultativo aquel no viviría ahí. Llegó acompañado de un grupo amplio, pero pronto hizo los deslindes correspondientes para señalar quienes habrían de involucrarse en el día con día de aquel parador.

A uno de ellos, le asignó encargarse de administrar aquello o sea estar al pendiente de que el sitio funcionara y los huéspedes no tuvieran queja del servicio y por supuesto que en retribución pagaran oportunamente. Otros eran una pareja y una niña, la dama fue presentada como quien se encargaría de realizar las labores de limpieza. El tercero era un caballero de modales finos quien se acercaba a formar parte del grupo de la tercera edad, él estaría encargado de la preparación de los alimentos. Todo aquello parecía muy formal.

El nuevo propietario contaba con un séquito de amigos en compañía de quienes, un día sí y otro también, acostumbraban acudir al hipódromo, vaya usted a saber sí ahí apostaban o no sus dineros. Sin embargo, de lo que si es factible dar cuenta es que al regresar al Parador del Tranco, lo que normalmente operaba como cocina acababa convertido en un sitio de esparcimiento en donde el dominó y/o las cartas eran el centro de la diversión acompañada por brebajes espirituosos. Y eso duraba hasta las primeras horas del día siguiente. Con puertas cerradas del sitio, poco se molestaba al resto de los moradores quienes, al inicio, ni ganas les daban de protestar.

No precisamente porque les satisficiera la alegría reinante, sino porque la alimentación había mejorado en cantidad y calidad. El cocinero servicial, además de cumplir con su encomienda de manera excelente, era toda atención con los huéspedes, la mayor parte de ellos pertenecientes al sexo masculino, e inclusive a un par de ellos les guisaba al gusto. Pero eso no duró mucho.

En cuanto el galeno se percató de que los gastos en alimentos iban en aumento, mientras las rentas permanecían estables, decidió despedir al responsable de los guisos al tiempo que anunció que en el futuro no se proporcionarían servicios de alimentos, el pago solamente cubriría el hospedaje.

Y como eso de andarse mudando, previa búsqueda y encuentro de un nuevo sitio, no era cosa fácil, la mayoría de los huéspedes decidieron permanecer en el sitio. Entre ellos había quienes venían de una experiencia poco grata en su anterior vivienda, en donde lo único rescatable fue una amistad que prevalece hasta estos días. Pero repasemos a los habitantes.

Demos inicio con el de edad mayor. Era un hombre entrado en los cincuenta años quien decía cubrir una fuente periodística de primerísimo nivel. Sin embargo, este ciudadano, quien ocupaba lo que pudiera decirse era la “master suite,” tenía la peculiaridad de que extrañamente abandonaba la casa. No obstante ello, era común encontrarlo apenas caía la tarde, pegado al teléfono reportando lo correspondiente al área de su responsabilidad.

Vaya a saber usted, lector amable, como le hacía para obtener información, aún resulta incomprensible. Coincidir con él a la hora de los alimentos era esperar ser testigo de una perorata. Algunos simplemente lo escuchaban, pero otros, especialmente un par de estudiantes de ingeniería, le creían cuanto salía de su boca. Lo trataban con respeto y acudían a él en busca de consejo. Y con esa verborrea logró, en poco tiempo, que una dama acabara rendida y accediera a compartir habitación.

Eso se convirtió en la comidilla entre el resto de los huéspedes. Por entonces algo así era aún digno de comentarse, pero pronto pasó la sorpresa. Varios de los cohabitantes del parador empezaron a buscar alcanzar un status similar, pero a lo más que llegaban eran a encuentros amistosos ocasionales. Aun cuando había un par que daban el espectáculo completo.

Una de las protagonistas era la persona encargada del aseo a quien frecuentemente su galán acostumbraba utilizarla para practicar el deporte de la fistiana, lo cual no impedía verlos al día siguiente acaramelados nuevamente. Aun es recordada aquella ocasión en que un descendiente de asiáticos, quien andaba viendo si emprendía aventuras laborales en aquella ciudad, salió despavorido de su habitación a media noche buscando una explicación a los gritos y lloridos que salían de la cocina.

Creía que él habría de ser la próxima víctima de aquel desorden, pronto fue calmado por su amigo quien ya sabía de qué se trataba aquello. Poco duró el visitante en ese sitio, vaya usted a saber que tanto influyó el evento, y decidió regresar a su pueblo.

Pero si de aproximaciones a tragedias se trataba, nada como aquella que ocurrió un fin de semana cuando un grupo departía y uno de ellos, veracruzano, envalentonado por vapores etílicos, quiso galanear a una guerrerense y acabó enfrentándose a un amigo cercanísimo de esta.

Las cosas llegaran a tal grado que en plena escalera los duelistas iniciaron el combate que fue finiquitado cuando la dama objeto de la disputa tomó una estatuilla de yeso y la estrelló en la cabeza al veracruzano quien fue a dar hasta el pie de la escalera con la cabeza adornada de púrpura encendida.

Finalmente, alguien puso paz y a llevar al herido al hospital, mientras se daban explicaciones para evitar que aquello terminara ante el ministerio público. A esos niveles algunos llevaban la pasión. No obstante no todo era violencia y/o arrumacos.

También entre los moradores estaba un originario del noroeste mexicano quien se desempeñaba como traductor para un diario nacional. Era muy reservado, salvo con una dama quien era su paisana, y escasamente intercambiaba palabras con quien se cruzaba por los pasillos. Estos, se veían muy concurridos por las mañanas cuando los huéspedes formaban fila afuera de uno de los dos cuartos de baños, mientras esperaban turno.

Otros optaban por asearse en el que estaba en la mitad del patio y para ello tenían que levantarse prácticamente al alba en donde no era raro que se encontraran con las habitantes del cuarto de la azotea quienes venían regresando de sus labores, seguramente al cubrir el turno nocturno en algún restaurante.

Otro personaje peculiar era un hombre que siempre portaba gafas oscuras y una bufanda cubriéndole el cuello. Él nunca intercambiaba miradas, en cuanto veía venir a alguien, agachaba la cabeza y apresuraba el paso para llegar a encerrarse en su habitación, todos decían que era un espía. Uno más era un sudamericano distraído quien acabó de funcionario de la universidad nacional.

En dicho lugar también pernoctaba, literalmente eso hacía, un artista en ciernes de la plástica quien no perdía ocasión para que las paredes de la habitación que ocupaba fueran testigos mudos de su paso por el lugar, en un par de cuartos dejó constancia de su arte. Hoy, seguramente, los muros adornados han sido cubiertos por varias capas de pintura. El menor de los habitantes de aquel sitio era un joven preparatoriano quien tomaba la vida con desparpajo al grado que sus siestas llegaron a provocar alarma, pues no había ruido capaz de perturbarlo.

Respecto a ellos dos y su hermano hay una anécdota que aun hoy les provoca carcajadas. Los fines de semana acostumbraban irse a comer por ahí y no fueron escasas las ocasiones en que acudieran a un lugar en donde llegaba, acompañado de un par de mozalbetes, un actor de teatro quien otrora hiciera las delicias de la niñez mexicana.

En ese contexto, como el hermano mayor lucía distinto a los otros dos, y era quien pagaba la cuenta, las meseras creían que se trataba de alguien adelantado a los acontecimientos que hoy son comunes.

En la vivienda en cuestión, fueron testigos de lo acontecido aquella mañana a finales del primer mes del año, a hora temprana, que pareció preludio, o sería manifestación de protesta por la profanación a ocurrir, de lo que habría de ocurrir en el futuro al país, al ser despertados por una sacudida fuerte. Ese evento pocos lo mencionan pues podría dar pie a elucubraciones y poner en otra tesitura que ese día arribó al país quien fuera un viajero exitoso revitalizador de las finanzas de la organización cuyas riquezas fueron incrementadas considerablemente cuando uno de sus antecesores endosó estas tierras a un par de sus paisanos.

Como entonces la ciudad vivía inmersa en un proceso de arrasar avenidas para convertirlas en vías rápidas, sobre la que llevaba nombre de estado del sureste, los rastros de pavimento se movieron hasta formar montículos que asombraban. Claro que ni siquiera imaginaban lo que verían, ya no vivían por ahí, seis años más tarde cuando, literalmente, observarían convertido en charamusca un edificio de once pisos edificado en la acera de enfrente sobre la calle con nombre de estado de la región centro, además de muchos otros horrores.

Eso sí, el edificio que ocupara aquella casa de huéspedes soportó incólume la zarandeada y aún hoy sigue erecto guardando en sus paredes el murmullo de vaya usted a saber cuántas voces que por ahí resonaron, además de ser testigos mudos de un sinfín de escenas de todo tipo, a más de sueños cumplidos y frustrados de aquellos que, en su andar hacia mejores condiciones de vida, hicieron un alto en el llamado Parador del Tranco.

Añadido (1) Muy grato fue encontrar a un grupo de priistas jóvenes ávidos, receptivos y participativos quienes, alejados de aquello de que la política es simplemente grilla, mostraron un interés singular por conocer lo que, con fundamento documental sólido, se les presentó sobre el pasado y presente de las relaciones entre México y los Estados Unidos de América. Ellos son los pertenecientes a la XIII Generación del Diplomado en Formación Política Integral, “Constitución Política de lo Estados Unidos Mexicanos”, del Instituto de Capacitación y Desarrollo Político, (Icadep) del Partido Revolucionario Institucional, en el estado de Hidalgo. Ahí, César Jiménez Ortiz y Andrés Baños Hernández, como presidente y secretario general respectivamente, encabezan una cruzada por dar un enfoque nuevo a la formación de quienes habrán de construir el futuro diferente y vigoroso del hoy alicaído PRI. Esperamos que el modelo Hidalgo, en materia de capacitación política, este siendo reproducido en el resto de las entidades federativas, mucho les ayudaría a construir el porvenir que por ahora luce en la penumbra.

Añadido (2) Dicen por ahí que hay un entrevistador radiofónico quien, desde la mitad de la semana que hoy concluye, recurre a fomentos de agua caliente, hielo, árnica y te de cuasia para la bilis, todo por culpa del presidente de un partido político quien le arrimó una zarandeada de órdago la cual provocó que se pusiera blanco y al día siguiente azul.

Añadido (3) El comal acusó a la olla y esta le respondió: Tú eres impío, deshonesto e impúdico, yo soy santa, pura y casta; por lo tanto, lo que dices es falso. Y seguimos esperando el soporte documental del “diálogo”.
06 Agosto 2016 04:00:03
Miraron hacia atrás y el campo mexicano pagó las consecuencias
Una de las causas que dio origen a la Revolución Mexicana fue la situación prevaleciente en el campo. Sabemos que, en estos tiempos, invocar dicho movimiento armado no es precisamente lo de moda y para algunos hasta suena descontextualizado.

Sin embargo, quienes no pertenecemos al grupo de aquellos que todo lo quieren explicar en la inmediatez del ahora, como si los problemas no tuvieran un origen añejo, nunca dejaremos de recurrir al análisis histórico para tratar de entender en dónde existió el punto de quiebre que terminó por generar primero una situación dual en el país y segundo, actuar como un lastre para que el país pudiera crecer y desarrollarse.

Aun cuando algunos piensan que dichos conceptos son lo mismo, existen diferencias marcadas que en el caso de nuestro país han sido expuestas de manera palpable a lo largo de los tiempos y que lo mismo ha generado problema de migración a las ciudades que hoy los causan con la expulsión hacia el país vecino.

Todo ello, se deriva de que el modelo original de tenencia y aprovechamiento de la tierra propuesto por el grupo del norte fue sustituido por un retorno a la situación prevaleciente en el periodo colonial.

Vayamos a dar un repaso a la forma en cómo desde los días de la lucha armada las posturas eran ya disímbolas entre los actores.

Todos conocemos cÓmo el gigoló-cobarde-sinarquista-nazi, José Vasconcelos convirtió en héroe al antiguo caballerango consentido de Nachito de la Torre y Mier, Emiliano Zapata.

A este le cargó todo tipo de virtudes como héroe del campesinado nacional. Lo mismo, le atribuyó como propio, otros lo escribieron, el llamado Plan de Ayala, al cual convirtió de una diatriba en contra de Francisco Ygnacio Madero González, en un documento “santo” de la lucha por la tenencia de la tierra.

En esa labor de adoración, el sujeto execrable mencionado en la primera línea de este párrafo, contó con aliados demagogos como Paulino Martínez y Antonio Díaz Soto y Gama quienes en la Convención de Aguascalientes de 1914 expusieron que el plan referido habría de actuar como pócima mágica para el campo mexicano.

Lo que se proponía era retornar a un tipo de propiedad de la tierra en donde todos tuvieran su pedacito de tierra que decían era lo románticamente prevaleciente en los años de la colonia. Ellos miraban hacia atrás para encontrar la solución del futuro.

Sin embargo, había otros que consientes de las cosas positivas y negativas del pasado, miraban que en el presente debería de instrumentarse un proceso de cambio con rumbo para construir un futuro que generara riquezas y no simplemente el aplauso fácil del ahora, pero que terminaría en la crítica atroz del mañana. En ese grupo estaban los hombres del norte, uno de los cuales sí sabía lo que era hacer producir la tierra, crear tecnología y generar utilidades, su nombre era: Álvaro Obregón Salido.

Si bien, en 1914, Obregón no era si no el general más importante del Ejército Constitucionalista, tenía perfectamente delineado como instrumentar acciones para que el país produjera su sustento alimenticio primario.

En ese contexto, durante la Convención de Aguascalientes, puntualizó que, aun cuando no estaba en contra del Plan de Ayala y reconociendo cuán importante era el problema campesino, no habría de ser con discursos demagógicos inflamatorios como se resolvería la problemática agrícola y mucho menos podría sacarse de la pobreza y el atraso al campesinado nacional.

Fue a partir de dicha convención cuando claramente se delinearan los bandos revolucionarios y aquello se convirtió en una guerra civil. Unos buscaban armar el futuro repitiendo el pretérito.

Otros plantaban retomar lo positivo del pasado para, en el presente, construir un futuro sustentado en el pragmatismo que llevara a generar y distribuir riqueza para las mayorías.

Tiempo más tarde, Obregón haría del campo uno de sus temas durante sus escarceos por convencer a las mayorías de que él era la mejor opción para construir el México nuevo.

Para Obregón, uno de los mayores errores que cometían quienes creían que la reforma agraria era simplemente volver a la situación prevaleciente durante la colonia o los primeros años de vida independiente.

Eso no le impedía reconocer la necesidad de dotar con tierras a una gran cantidad de campesinos que si se habían incorporado a “La Bola” era porque creían firmemente que al final les tocaría un pedazo de tierra en propiedad con lo cual habrían de abandonar las condiciones paupérrimas en que vivían.

Sin embargo, el reconocer ello no implicaba que habría de realizarse sin procedimientos concretos y estableciendo metas muy claras, cualquier otra cosa llevaría al desastre.

En 1919, en una reunión con la Cámara Agrícola Jalisciense, Obregón establecería claramente que para lograr el desarrollo de la acción agraria habría que transformar la forma de tenencia de la tierra encontrando una nueva forma de poseerla y eso lo planteaba a partir de la creación de la pequeña propiedad dotada de medios modernos de cultivo que le permitirían alcanzar mayor productividad, inclusive superior a la obtenida en las grandes propiedades tradicionales.

Nadie lo dudaba, lo que por largo tiempo había sido el pilar fundamental de la producción agrícola en México tenía que dejar de serlo.

Era requerido crear una nueva forma nueva de distribuir la tierra en el marco de la cual fuera factible encontrar una organización productiva que fuera más acorde con los tiempos que corrían, sobre todo que fuera capaz de sustentarse hacia el futuro basada en la utilización de técnicas productivas modernas.

No se ponía en duda que la hacienda antigua del porfirismo estaba liquidada, lo importante era ver cómo sustituirla.

Para Obregón, nada se ganaba con destruir las haciendas, antes de crear un nuevo tipo de propiedad, no beneficiaría a nadie y perjudicaría a la agricultura nacional.

Arrasarlas mediante el uso de la violencia, a lo cual nosotros agregaríamos, como lo había hecho en sus días de “gloria” el caballerango Zapata, tampoco sería una solución.

A esto, Obregón agregaba: “No creo de ninguna manera que se deba recurrir al fraccionamiento de las propiedades para dotar de ellas a los pequeños agricultores, antes de que se haya logrado el desarrollo evolutivo de la pequeña agricultura.” Sin embargo, Obregón no desconocía que algunos de sus compañeros de armas eran unos gavilanes y gustaban de hacerse de unas tierritas para asegurar la vejez.

En ese entorno, de acuerdo a la recopilación de documentos de Obregón, realizada en 1923 por Luis N. Ruvalcaba, titulada “Campaña Política,” el 19 de diciembre de 1919, Obregón le escribía a Roque Estrada indicando que diversos revolucionarios “se han apoderado de las mejores haciendas en las regiones en que han operado”.

Asimismo, condenaba la violencia, significando con ello “…los casos en que los jefes militares, con mayor o menor buena intención, pero sin sujetarse a ninguna ley ni a ningún estudio detenido de la materia, han procedido al fraccionamiento de grandes propiedades, siguiéndose a esta irregularidad, una situación falsa para los mismos agraciados y desastrosa para el propietario, a quien no se le ha sujetado previamente a un procedimiento legal”. Aunado a esto, su preocupación fundamental era como hacer rentable el campo.

El modelo que mejor conocía era el tipo “farms” estadounidenses. Eso no era fortuito, Obregón como agricultor productor de garbanzo, e inventor de una máquina para su recolección, tenía una relación comercial muy sólida con el mercado de aquel país, el cual había visitado en varias ocasiones.

En ese sentido, derivado de sus observaciones empíricas, proponía que en el campo mexicano fueran impulsadas las técnicas agrícolas, la mecanización de cultivos, al tiempo que se diversificaban y escogían aquellos de mayores rendimientos y que tuvieran mejores mercados, promover el desarrollo de la pequeña propiedad, en suma era generar una revolución verdadera en el sector agrícola para modernizarlo, mientras que a la par se ganaban tierras al desierto, a los pantanos tropicales para convertirlos en áreas productivas mediante la utilización de maquinaria, sistemas de riego y fertilización.

En síntesis, lo que se buscaba era que los campesinos fueran entes desarrolladores de riqueza, algo en lo cual el gobierno habría de participar para dar el impulso necesario al inicio y después, una vez que el sector se hubiese consolidado económicamente, dejarlos operar en el marco de la ley.

Ese planteamiento formaría parte del diseño de la política agrícola del estadista Plutarco Elías Calles, quien agregaba que el ejido era simplemente una etapa transitoria y no un fin último. Sin embargo, los tiempos no le alcanzaron para consolidar dicho proyecto político-económico agrícola y otros vendrían a implantar su versión.

El presidente Lázaro Cárdenas Del Río, en su afán por desaparecer todo vestigio del llamado callismo, procedió a retomar la idea de que la liberalización y el éxito del campo habría de lograrse mediante la pulverización de la propiedad y en un acto que le ganó muchos aplausos entonces, se dio a la tarea de empezar la repartición de tierras de manera masiva.

Todo mundo, se decía, tiene derecho a una parcela y así creyó cumplir con uno de los objetivos de la Revolución. Sin embargo, olvidó que no toda la tierra es apta para labores agrícolas y aun la que lo es, requiere de algo más que estar esperando a las benevolencias climáticas.

Bajo el argumento de que somos la cultura del maíz, se dedicaron grandes extensiones a su cultivo, mientras se olvidaban de determinar que otras especies podían producirse, a la vez que la introducción de tecnología y los sistemas de riego no iban a la par de la dotación de tierras. Y a partir de ahí, dio inicio una competencia para ver qué administración repartía el mayor número de hectáreas.

Para los años setenta, se decía que si fueran sumadas todas las extensiones dotadas, seguramente el país ya contaba con un tercer piso. Asimismo, fueron surgiendo todo tipo de vicios que enriquecieron a algunos y empobrecieron a otros.

En paralelo a la agricultura de subsistencia surgió otra, manejada con enfoque de negocios y con fines de incrementar la producción, misma que fue consolidándose como una fuente generadora de divisas.

Y ahí empezaron otros problemas, los campesinos que no podían cultivar sus tierras por carecer de recursos procedieron a rentarlas a otros y acabaron convertidos en jornaleros en terrenos de su propiedad.

Otros cuyas posesiones no eran adecuadas para el cultivo y mucho menos contaban con la disponibilidad de medios para tecnificarlas, irrigarlas o fertilizarlas, las abandonaron y se trasladaron a las ciudades en donde en su mayoría vivían en condiciones de pobreza con toda la presión social que ello implica.

Otros más decidieron emigrar, legal e ilegalmente, a los EU. Pero eso sí, el campesinado siempre fue objeto de uso con fines políticos.

Lo mismo fueron utilizados por la curia para irse a matar en la revuelta estúpida, La Cristiada, que fueron empleados por el sector privado como carne de cañón sinarquista hasta que los vendieron a cambio de prebendas durante el gobierno del presidente Manuel Ávila Camacho, aun cuando la oferta principal les fue cumplida por el presidente Carlos Salinas De Gortari cuando por fin autorizó que los ejidatarios pudieran legalmente enajenar sus tierras.

Esta medida en nada mejoró las condiciones de vida o de producción en el campo mexicano, salvo que acabó por concentrar aún más la propiedad y profundizar la división entre un sector productivo generador de riqueza y divisas y otro que lo único que creó, salvo honradísimas excepciones, fue miseria y acabó convertido en un lastre para el crecimiento y desarrollo del país.

Ni quien lo dude, en materia del campo mexicano triunfó la concepción de que era necesario volver al pretérito antiquísimo para cumplir con los postulados de la Revolución Mexicana.

Sin embargo, hoy seguimos discutiendo sobre si se miden o no correctamente los niveles de pobreza, misma que tiene su origen primario en el campo o bien andamos demandando que otros se ocupen de dar forma de vida legal en otros lares a millones de compatriotas que ante la opción de morirse de hambre aquí o jugarse la vida cuando ilegalmente optaron por esto último.

Ambos fenómenos tienen su origen primario en la incorrecta instrumentación de una política agrícola, que eso sí hasta nuestros días sigue redituando ganancias a los vivales que los usan para ejercer presión a las autoridades en los diversos niveles de Gobierno.

Por otro lado, no se puede negar la existencia de un sector agrícola próspero y productivo, mismo que se ha desarrollado bajo la premisa que originalmente planteó el modelo del estado mexicano moderno que, por el triunfo de un grupo político sobre otro, acabó desvirtuado.

Pero eso sí, muchas estatuas fueron erigidas, millones de campesinos acarreados, así como innumerables discursos laudatorios se han dicho, acompañados de aplausos estruendosos, en torno a Zapata y Cárdenas presentándolos como los adalides del campesinado nacional.

Mientras tanto a Obregón Salido y Elías Calles se les vitupera porque tuvieron la idea “aburguesada” de querer convertir el campo mexicano en una fuente generadora de riqueza y hacer que el campesino fuera un ente productivo y no un sujeto utilizado, por todos, con fines políticos según lo demandara la ocasión o como lo dijera aquel secretario de Agricultura del echeverrismo, Óscar Brauer Herrera, los campesinos no fueron organizados para sembrar sino para votar.

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Añadido (1) Extraño caso. En México, son partidarios de: Reducir la participación gubernamental; no incrementar el déficit público, ni los impuestos; abatir los servicios de asistencia social en pro de su privatización; prohibir el aborto, y reclaman sean condenados los partidarios del matrimonio homosexual.

Sin embargo, cuando se trata de los EU, actúan como matraqueros de quienes son seguidores de: Una mayor participación gubernamental; la elevación del déficit y la carga fiscal, la socialización de los servicios de apoyo y la economía, mientras aprueban interrumpir el embarazo y las bodas entre personas del mismo sexo. ¿Habrán reparado en ello o es que al cruzar el río Bravo sufren una metamorfosis cerebral?

Añadido (2) Añadido (2). A los tartufos azules se les subió el color a casi morado. Allá por Sonora, pelean por ver en dónde quedaron 400 millones de pesos derivados de las cuotas descontadas a los funcionarios del Gobierno del estado que militaban en el PAN durante la administración de ese crisol de honestidad llamado Guillermo Padrés.

¿Acaso no era esa una práctica que criticaban a los priistas? Los dineros, dicen, no fueron entregados al panismo en Sonora, si no a un organismo denominado IEP Fuerza Sonora A. C. Mientras todos sacaban raja, ni quien gritara. Hoy que es hora de sálvese quien pueda, a denunciar trastupijes. Ah que los panistas. Siempre tan modositos, pero en cuanto los acercan al billete les sale su verdadero yo. Sobre ello pudiera disertar su líder, el chico maravilla queretano es un experto en la materia.
30 Julio 2016 04:00:31
Los caballeros demandaban nos invadieran…  ¡Para salvarnos!
Como siempre lo ha sido, al otro lado del Bravo nunca han faltado almas pías quienes busquen por todos los medios como habrán de salvarnos (¡!) de nosotros mismos. Lo mismo han sido políticos, hombres de negocios, líderes religiosos o bien ciudadanos quienes tras una funda de samaritanos buscan llevar agua a su molino. Así sucedía hace noventa años cuando nuestro país estaba en proceso de constituir y consolidar el estado mexicano nuevo que, aun con todos los errores que tuvo, ha sido el único que ha funcionado a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, entonces eran muchos los intereses y privilegios que se afectaban y los jerarcas, adentro y afuera, de las instituciones afectadas utilizaban cuanto mozo de estribos tenían bajo su férula para ver como impedían que lo propuesto se consolidara. En ese contexto, aprovecharon que en los Estados Unidos de América estaba por llevarse a cabo la Convención Nacional de los Caballeros de Colón en la cual se agrupaban ciudadanos profesantes de la religión católica a quienes convencieron que el demonio andaba suelto al sur del Bravo. Pero antes de ir a los acontecimientos de 1926, comentaremos brevemente sobre su nacimiento para después analizar sus acciones de salvación (¡!).

El origen de esta organización data del 2 de octubre de 1881 cuando el sacerdote, Michael J. McGivney reunió, en el sótano de la iglesia de Santa María ubicada sobre la avenida Hillhouse en New Haven, Connecticut, un grupo de fieles a quienes les propuso formar una agrupación cuyos miembros tuvieran como divisa, y juraran, defender su país, sus familias y la fe católica. Finalmente, casi seis meses más tarde, el 29 de marzo de 1882, nacería formalmente la institución en comento como una sociedad mutualista. No sería sino hasta el 18 de septiembre de 1905 cuando se establecería en nuestro país bajo el impulso del general Juan B. Frisbie. Sin embargo, durante aquellos años, fue en los EU en donde la organización tuvo un crecimiento sustancial en su membresía al pasar de 460 miembros en 1884 a 700,000 agremiados en 1928, llegando a ser conocida como “el brazo derecho fuerte de la Iglesia católica”, teniendo momentos de esplendor durante el papado de Ambrogio Damiano Achille Ratti, Pío XI a quien quisieron servirle tratando de encontrar, a su manera, una solución al conflicto Estado-Iglesia que se vivía en nuestro país durante el verano de 1926.

El 3 de agosto del año enunciado se reunieron, en Philadelphia, Pennsylvania, los Caballeros de Colón para efectuar su convención nacional. Como muestra de que contaban con el apoyo de la máxima jerarquía católica, previo al inicio del evento, fue celebrada una misa oficiada por el arzobispo de Philadelphia, Dennis Joseph Cardenal Dougherty. Al abrirse el evento, el Caballero Supremo, James A. Flaherty declaró que “antes de que concluya esta convención vamos a tratar de una manera inequívoca la situación [el problema religioso] en México”, dado lo ambiguo de tales palabras, podría agregarse en el mismo lenguaje, “whatever that means”. Encarrilado, continuó, espetó “la crisis presente es una de las cosas más importantes que tendremos que considerar”. Escuchando la perorata, sentados en la primera fila, estaban cuatro representantes de los católicos mexicanos a quienes se dirigió y les dijo: “Ruego a Dios que al concluir esta convención puedan regresar a su país natal y les sea permitido entrar”. Pero no solamente de México se ocupaban los católicos fervientes, otros personajes merecían su atención.

De ello estuvo encargado el antiguo presidente de los Caballeros de Colón, Edwin L. Hearn quien declaró que se desvivió en elogios para “El Duce” Benito Mussolini, entonces líder de Italia y quien en el futuro habría de formar la trinca infernal junto con la bestia austriaca (Hitler) y el carnicero de Georgia (Stalin). El ciudadano Hearn declaró que el gobernante italiano era una figura sobresaliente de Europa. Sin embargo, no paró ahí. Añadió que “el mundo, aun cuando no se percate de ello, tiene una deuda con Mussolini”. Para reafirmar la admiración, apuntó: “Cualquier cosa que extinga su liderazgo en Europa permitiría que la hiedra que crece en Moscú se extienda y domine el mundo. Él habrá de proporcionar una ayuda única a Italia, mejor que ningún otro estadista.

Él ha hecho un gran servicio a Italia, pero más que nada al mundo civilizado.” Pero no vaya a creerse que solamente los Caballeros de Colón alababan al Duce. La revista “Catholic World” criticaba a la prensa estadounidense por dar una cobertura amplia a las atrocidades que cometía el “angelito” italiano, mientras que poco reseñaban las tropelías que sucedían en el patio vecino al sur de la frontera. Aquello no era fortuito, ni producto de amores libres, tenía una razón muy poderosa. Mientras que en México, se buscaba marcar la separación Estado-iglesia y que cada quien operara en su ámbito de acción, en Italia estaba en marcha el proceso de negociaciones, que culminarían el 11 de febrero de 1929, mediante las cuales habrían de firmarse los Tratados de Letrán que dieron origen al Estado Vaticano y como dirían años después los estadounidenses respecto a los gorilas centro y sudamericanos, la jerarquía católica pudo haber mencionado: “Pues sí, Mussolini es un hijo de la chi…, pero es nuestro hijo de la chi…” y vaya que les salió generoso su protegido. Pero volvamos a la convención de los caballeros.

Para el segundo día de la reunión, aquello fue enfocado a los ataques que, según los convencionistas, habían sufrido ciudadanos estadounidenses en México. Según ellos, habían sido insultados, vejados y expulsados sin consideración alguna. Un tratamiento que, decían, en nada se parecía al que los estadounidenses otorgaban a los mexicanos que acudían a territorio estadounidense. Por ello, demandaron al Presidente Calvin Coolidge que tomara las medidas pertinentes para que el gobierno de México se condujera con civilidad. Para mostrar que aquello iba en serio, los Caballeros de Colón autorizaron otorgar un millón de dólares para emprender una campaña educativa, eufemismo bello para encubrir el apoyo destinado a la compra de armas y municiones, para terminar con la influencia soviética que se desarrollaba en México. Según apuntaban, en nuestro país “la filosofía soviética controlaba el ejército. La familia es un mito y el matrimonio está en degradación… las libertades civiles y religiosas han sido suprimidas. El sistema político en México se ha creado bajo los auspicios estadounidenses, apoyado por el ejecutivo de este país quien mientras desconoce a Lenin y Trosky ha aceptado dar reconocimiento a [Elías] Calles y Obregón quienes apoyan la forma de gobierno bolchevique”. Ante ello demandaban que el presidente y el departamento de estado actuaran firmemente, léase enviaran los marines, para poner fin a esa situación. Ante esto, las autoridades estadounidenses declararon que efectivamente en el departamento de estado habían sido recibidas un buen número de quejas al respecto, mismas que habían sido remitidas al, embajador, el peor en toda la historia apuntamos nosotros, estadounidense en México, James Sheffield para que las investigara. No obstante ello, el presidente Coolidge declaró que a él no le había llegado directamente ninguna queja por parte de los Caballeros de Colón, pero que llegar a recibirla habrase de analizarla.

Finalmente, el 12 de agosto, la resolución caballeresca pidiendo intervención fue recibida por el secretario de estado Frank B. Kellogg quien daría audiencia a los representantes del grupo. Al entrevistarse con los emisarios, Kellogg les comunicó que la política estadounidense seguiría siendo la misma. Sin embargo, lograron concertar una cita entre cuatro miembros del Consejo Supremo de los Caballeros de Colón y el Presidente Coolidge, fijando fecha para el 1 de Septiembre de 1926.

En principio, el Presidente Coolidge les mencionó que no tomaría ninguna decisión respecto a México hasta no conocer el reporte del embajador Sheffield. Después de la charla, Flaherty convocó a una conferencia de prensa en la cual apuntó que los caballeros se oponían al levantamiento del embargo de armas, pero que continuaban apoyando el reconocimiento al gobierno del presidente Elías Calles. Flaherty acusó a las administraciones de Woodrow Wilson y Warren G. Harding de ser los responsables de un mal manejo político en su relación con México, lo cual había creado la situación que entonces prevalecía. Sin embargo, pronto habría una respuesta conclusiva.

El 8 de septiembre, el presidente Coolidge anunció que los EU mantendrían una política de “manos fuera” respecto al conflicto religioso en México, el cual era un asunto interno del país vecino al sur. “El gobierno estadounidense no habrá de responder afirmativamente a la propuesta de los Caballeros de Colón de enviar tropas a México para resolver la disputa”. Al día siguiente, los Caballeros recibirían la noticia de que toda su correspondencia a México estaba prohibida como consecuencia de sus ataques a las autoridades mexicanas. Sin embargo, ahí no paró todo a mediados de mes, el jefe del Comité el Fondo de Ayuda para México, John A. Reagan envió un comunicado a los miembros de la agrupación pidiéndoles su cooperación para juntar el millón de dólares prometido.

Con ello buscaban armar a 800,000 hombres quienes irían a derrocar al “gobierno bolchevique”. La colecta no tuvo el éxito esperado y el millón de dólares quedó en simple promesa. Sin embargo, ello no detuvo los afanes intervencionistas-conspiracionistas. En New York, miembros de los Caballeros rentaron un apartamento y bajo el liderazgo del director del magazine, América, el sacerdote jesuita, una vez más un religioso de esta orden conspiraba en contra de México, Joseph Wilfrid Parson. De acuerdo a uno de los miembros de la maquinación, Roy Bowie, el Supremo Caballero, James A. Flaherty, había enviado un telegrama al papa informándole que: “El 12 de octubre, México estará libre del callismo y los derechos de la Iglesia serán restaurados. Obregón y oficiales en la ciudad de México han garantizado protección total a las propiedades de la iglesia y a la vida de los clérigos. Calles habrá de ser sustituido por un ejecutivo amigo. Los mexicanos estarán cien por ciento con su santidad”.

Esto resultaba fantasía pura. El pensamiento religioso de Obregón estaba más que claro, no iba a entregarse a quienes no lo querían ni tantito, como lo habían demostrado y lo harían posteriormente. Pero los Caballeros de Colón estadounidenses y sus seguidores mexicanos no descansarían. En 1927, patrocinaron el viaje a México, durante seis semanas, del capitán Francis McCullagh quien al año siguiente publicaría un libro titulado “Red Mexico: A Reign of Terror in America,” en el cual lo mismo ataca al Gobierno mexicano llamando al presidente Elías Calles un dictador medio salvaje que odiaba a los EU y el idioma inglés, que al presidente Wilson y a la prensa estadounidense por no dar cobertura a los sucesos mexicano, aun cuando al respecto había información más que plena. Co ello, McCullag y sus patrocinadores demostraban que escribían con el estómago. Les hubiera bastado con revisar los diarios estadounidenses entre 1924 y 1927 para conocer lo que el estadista mexicano Elías Calles decía respecto a las relaciones México-EU.

Como resultado de la publicación del libelo, los Caballeros fueron criticados fuertemente aun por miembros pensantes de la curia como el sacerdote John A. Ryan quien expresó su desacuerdo con opiniones de un calibre tan visceral. Ello pudiera ser el epílogo para la actitud intervencionista que enfundada en la piel de samaritano han adoptado diversas organizaciones a lo largo de la historia y que ya sabemos no tienen otro objetivo sino meter su nariz en nuestros asuntos domésticos. Valga el relato simplemente para recordar la importancia de que mexicanos oficiosos no anden queriendo entrometerse en lo que compete a la vida interna de otras naciones. Cuando sucede a la inversa no alcanzan los lienzos para confeccionar lábaros patrios en los cuales buscamos ensabanarnos.

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Añadido (1): Hasta cuándo van a comprender que nada ganan con atacar o publicitar aquí a uno u otra, eso no habrá de influir más que en las mentes de quienes creen que las elecciones de los EU son decididas en México. Lo que por estos lares lleguen a creer algunos es fantasía pura. Por favor, revisen la historia. No importa a quien decidan elegir las fuerzas del poder real, a través de los ciudadanos estadounidenses, al final de cuentas el ciudadano Trump o la ciudadana Rodham-Clinton habrán de gobernar en función de los intereses de su país, y el nuestro, salvo como ha sucedido en ocasiones contadas, será un mero elemento accesorio. Así que a dejar a un lado estridencias que no trascienden las montañas del Valle de México, ni mucho menos llegan a cruzar las aguas broncas del río Bravo. Solamente bajo la premisa del nacionalismo pragmático es factible hacer predominar el respeto en la relación.

Añadido (2) Contrariamente a la creencia, es durante los momentos de oscuridad intensa cuando los perfiles son percibidos con nitidez plena.

Añadido (3) Lejos han quedado aquellos tiempos cuando eran el partido de la gente decente. La llegada al poder les produjo una indigestión perenne. Hoy, para resolver sus diferencias y aligerar el estómago, acostumbran vomitarse unos sobre otros. Ojalá y no tengamos que enterarnos de algo peor.

Añadido (4) Cuando esperábamos que el ciudadano Bergoglio Sivori indignado, a voz viva, condenara la atrocidad que cometieron en Normandía con uno de los suyos, Jacques Hamel, mandó a su vocero a declarar lo de “cajón”. Posteriormente, rapidito, minimizó el hecho y cambió el enfoque. No fue el mismo énfasis que cuando publicitaba la aceptación de refugiados sirios en el Vaticano. ¿Acaso el sacrificado no pertenecía a su línea política y por eso la indiferencia? o ¿fue porque un evento como el acontecido echa por tierra su narrativa de que los musulmanes son unas palomas blancas? ¿En verdad todas las religiones buscan la paz?
23 Julio 2016 04:00:56
Al manifestarse el alba
Apenas despuntaba el segundo día de la tercera semana del mes. Era la fecha en que el Gran Arquitecto había decidido citarte. De tiempo atrás sabías que el evento estaba próximo y preparabas todo para que no te tomara desprevenida. Siempre fuiste seguidora de que tus acciones tuvieran como característica el orden y la puntualidad. Nada de dejar las cosas a medias y sumidas en marasmos. Esas virtudes, indudablemente, formaban parte de tu código genético. Sí en alguien de tu familia esas características se hicieron presentes fue en ti.

Contrario a lo que por aquellos tiempos se estilaba, antes se cumplieran las primeras veintisiete horas de tu nacimiento, tu padre, mi abuelo, ya daba parte de tu nacimiento ante la autoridad respectiva. ¿Cuál fue la razón? La desconozco, pero con ninguno de sus otros hijos empleó tal celeridad. Tu infancia fue caracterizada por la estrechez económica, pero ello no te impidió disfrutarla. A la derecha de donde estoy escribiendo, cuelga de la pared una fotografía, la única que se conserva de aquellos días, y, en la niña que entonces estaba por cumplir los seis años de edad, no se aprecia ninguna mirada triste, abatida o malhumorada. Por el contrario, enmarcados en una sonrisa tenue, tus ojos observan al frente y hacia las alturas. Sabías que el andar sería largo y sinuoso, pero nada de abatirse ante la adversidad.

Aun en aquellas condiciones poco propicias, estabas convencida de que la única forma de mejorar la situación futura sería mediante el estudio. Dotada de alegría singular decidiste hacer uso de las capacidades intelectuales con que te había dotado la naturaleza. Ibas a la escuela convencida y gozosa de que el esfuerzo no era vano. Sin embargo, sabías que caminabas por una línea delgada.

De nada te valía escuchar las historias alegóricas que tu madre contaba de antepasados quienes vivieron tiempos mejores. Tu padre nada decía respecto a ancestros ilustres pues desconocía quienes lo fueron, aun cuando ahora sé que los poseía. Ni mucho menos era suficiente para paliar aquello que tu abuelo materno fuera médico distinguido en la localidad; a él siempre le mantuviste un aprecio especial y cuantas veces nos narraste las historias que les contaba noche a noche. Pero todos esos son tópicos para charlarlos en, y hacer amenas, las reuniones familiares del ahora, poco aportaban y de nada servían en el día con día de entonces cuando las estrecheces económicas predominaban. Y así hasta que llegó el momento en que no hubo otra opción sino dejar la escuela. Cursabas el nivel de preparatoria, lo cual en aquellos tiempos para una persona del sexo femenino era arribar a niveles educativos fuera de lo cotidiano. Muchas fueran las ocasiones en que nos mencionaste con cuanto dolor tuviste que aceptar aquella realidad. Sin embargo, como lo hiciste a lo largo de toda tu vida, buscaste la manera de convertir lo negativo en positivo y cursaste una carrera breve que te permitiera incorporarte a la vida laboral. A pesar de los pocos años con que contabas ellos no fueron impedimento para que pronto te hicieras notar, a la par que te ganabas el respeto de todos, algo que muchos años después pude yo comprobar directamente. Y ahí seguiste convertida en pilar de tu familia.

A tus padres les otorgaste todo el apoyo, entonces y siempre. A tu hermana mayor le profesaste un cariño singular con alto sentido de protección, lo cual hizo que entonces, y a lo largo de los tiempos, sus hijas, tus sobrinas, fueran muy cercanas a ti algo que prevaleció literalmente hasta el último día en una relación biunívoca de afecto, confianza y apoyo. A tus hermanos les otorgaste respaldo sin cortapisas. Fue el menor de los dos quien lo requirió en grado mayor y como siempre se lo otorgaste sin esperar nada a cambio, salvo la satisfacción de verlo convertido en lo que tú hubieras deseado alcanzar. Al final habría de ser el primero de quienes a lo largo de tu vida habrías de formar y transformar en seres útiles y productivos para la sociedad.

Pero no todo era trabajar, a la par de ello, mantenías una vida social activa. Organizaste un club y tuviste en él una actividad plena. Disfrutabas tu juventud y en las fotografías de la época lucías siempre la sonrisa argentina que te acompañó hasta el día último. Estoy seguro que ella y tu capacidad intelectual fueron lo primero que cautivaron a quien sería el amor de tu vida.

Al momento que, tras un largo noviazgo, decidiste unirte con mi padre, pocos auguraban que aquello fuera a prevalecer por mucho tiempo y, por supuesto, se equivocaron, nada más duraron sesenta y un años juntos hasta que el Gran Arquitecto decidió concluirlo. Olvidaban o desconocían que la palabra fracaso no formaba parte de tu proyecto de vida. Al iniciar el camino aquello lucía agreste y sinuoso. No obstante, diste inicio a un proceso que con el devenir del tiempo habría de obtener resultados positivos. Pero aquello no fue fácil, esperaban la llegada de mi hermano mayor y un día lo poco que poseían era convertido en nada, solamente les quedaron las ropas que cubrían sus cuerpos.

Así, literalmente de la nada, valga la repetición de la palabra, volvieron a empezar. Pronto, al arribar a quien aguardaban con tanta ilusión, un nuevo reto se les presentó. Y durante los catorce años próximos, mientras íbamos llegando uno tras otro hasta completar cinco más, habrías de dedicar la mayoría de tus esfuerzos a atenderlo lo cual se detuvo cuando se presentó la oscuridad de la noche eterna. Durante todo ese lapso, ello no fue obstáculo para nos prestaras atención cuidadosa a cada uno de nosotros.

Estabas siempre al pendiente de apoyarnos en nuestras actividades escolares, en las cuales te involucrabas no solamente al momento en que arribábamos a casa. Tenías una parte más que activa en buscar como respaldar a los centros en donde recibíamos la instrucción, sin que ello implicara entrometerte en los procesos propios de tal acción, tú la complementabas cuando realizabas en casa la tarea de educarnos. En ese transcurrir nacieron amistades sólidas que prevalecieron hasta el último día cuando acudieron, como siempre lo hicieron, solidarias. Aun no me explico cómo te dabas tiempo para todos y cada uno de nosotros. Por supuesto había quienes nos veían como una parvada de chamacos más. Sin embargo, tú habías decidido que no fuera así.

Cuando, por motivos laborales, mi padre tenía que ausentarse por periodos largos mantenías con él un intenso intercambio epistolar. Aún recuerdo como al filo de la media noche, después de haber terminado de apoyarnos en las tareas escolares, darnos de cenar y mandarnos a dormir, algo que no necesariamente yo obedecía, te sentabas, bolígrafo en mano, a escribir aquellas cartas cuyo contenido desconocía, y desconozco, que te mantenía cercana a él. Nunca te pregunté por qué ni tú, ni mi padre, conservaron aquellos documentos que, cuando menos en número de dos por semana, se enviaban mutuamente. Sin embargo, lo entiendo, para ustedes el amor era un asunto privado, algo de dos y los demás, ni siquiera sus herederos, teníamos porque enterarnos de nada. En medio de ese cariño apoyabas a mi padre para que no se diera por vencido, todo tenía que mejorar algún día.

Administrabas con sumo cuidado el presupuesto familiar, y aun cuando no estaba caracterizado por la abundancia, lo hacías en forma tal que hasta sobraba para ahorrar. En cuanta actividad, política-deportiva-organizacional, se involucraba mi padre ahí estabas para darle tu respaldo con algo más que palabras. Sí algo creías que no lo hacía correctamente, lo reconvenías sin que ello implicara darle la espalda. Cuando las cosas no salían como eran esperadas, ahí estabas tú para darle ánimos y no dejarlo abatirse. Le fuiste transformando el carácter, para bien, y cuando llegó la hora del triunfo y tuvo éxito, los disfrutaste como tuyos. Sin embargo, ello no te envaneció, ni mucho menos te hizo olvidar amistades. Por el contrario, mientras encontrabas nuevas, fortalecías las antiguas, sabías que eso era transitorio y más temprano que tarde aquello finalizaría como lo fue. Regresaste a tu pueblo, a la casa que ladrillo a ladrillo, muro a muro, habías construido con tu esfuerzo y sentido de bien utilizar los recursos con que contabas. Lo tuyo era edificar.

En ese proceso formaste cinco chamacos, no siempre dóciles y ni modo de que fueran a serlo. La debilidad no forma parte de su herencia genética. A cada uno le diste su tiempo y su espacio. Uno a uno fueron respondiendo primero en las aulas alcanzando los grados académicos que tú siempre hubieras deseado alcanzar hasta que uno de ellos logró el máximo que es posible obtener. En ese proceso formativo no dejaste fuera los asuntos de la fe. Eras creyente, pero viste, y te enteraste de tantas cosas que ejecutaban quienes en público se presentaban en olor a santidad, aun cuando en privado eran lo opuesto, que decidiste inculcar en tus hijos que los asuntos de la fe son del ámbito estrictamente privado y sin extremos. En ese contexto, cada quien decidió interpretarla a su manera, con respeto a las creencias de otros, pero sin caer en fanatismos en uno u otro sentido. Y bajo esa premisa nos hemos desarrollado en la vida.

A todos nos inculcaste que en la vida profesional habríamos de comportarnos con rectitud y honestidad, en esto no transigías. Desde pequeños nos formaste así y al mínimo desvío actuabas con firmeza. Al llegar el momento de que nuevos miembros se incorporaran a la familia, los recibiste con las puertas de la casa abiertas de par en par. A tus nueras y a tu yerno los viste como una extensión de tus hijos, mientras les otorgabas tu cariño. Cuando llegaron los nietos a todos por igual les otorgaste amor y comprensión. Ansiaban que llegaran las vacaciones, ya fueran de primavera, las del verano o de la Navidad. Estaban ciertos de que ahí estaba la abuela, junto con el abuelo, esperándolos. Sabían que pasarían momentos agradables e inolvidables como lo fueron. Cuando partían, la casa retornaba a su tranquilidad habitual y daba inicio la espera para verlos volver.

En ese lapso, intensificaste las relaciones con tus amistades, decidiste que no ibas a permanecer en casa y retomaste tus actividades sociales. Nuevas amistades fueron surgiendo y aun cuando estaban más cercanas a las edades de tus hijos, ningún problema tuviste para convivir con ellas. Como comentario al calce, vale apuntar que en todas las agrupaciones a las que perteneciste, pronto te ganabas la confianza de quienes las integraban y terminaban encomendándote la administración de los recursos pecuniarios, acción en la que siempre cuidabas prevaleciera la claridad y precisión. Durante los últimos tiempos, miércoles a miércoles, te reunías en casa con tu grupo compacto de amigas quienes seguramente disfrutaban al máximo las reuniones porque aquello se prolongaba por horas y ni quien deseara marcharse, ese día tendríamos que esperar hasta tarde para comunicarnos contigo y lo hacíamos con gusto pleno, sabíamos que disfrutabas plenamente de aquella compañía. Pero había algo que, tiempo atrás, habías decidido.

Desde tu infancia fuiste una lectora ávida de poesía y te gustaba escuchar a quienes declamaban. Sin embargo, eso no era suficiente para ti. Anhelabas poder manifestar y compartir con otros tu sentir sobre aquellas lecturas. Cuando nadie pensábamos que fueras a tener oportunidad de cristalizar aquello, contando con ocho décadas y nueve años de edad, decidiste que habrías de presentar un recital de poesía. Te pusiste de acuerdo con el cuarto de tus hijos y secretamente prepararon lo concerniente para que se realizara. Cuando todos suponían que él sería protagonista exclusivo del evento, procediste a declamar siete poemas.

Mientras que él recurría al texto impreso para presentar los que le correspondían, tú no requeriste de apoyo escrito alguno, tu memoria estaba intacta y la emoción para expresarlos se encontraba más clara que nunca, ahora observo la grabación de uno de ellos. No dejabas de sorprendernos, como siempre lo hiciste, con la facilidad que, hasta el último día, mantuviste intacta para manejar asuntos de números. De nada nos valían los entorchados académicos, sencillamente nos demostrabas que éramos incapaces de superarte en esos terrenos, ni tan siquiera recurriendo a la ayuda de la tecnología. Y, aun cuando nos enviabas señales de que tu cita con el Gran Arquitecto estaba próxima, preferíamos ignorar el mensaje porque pensábamos que estarías con nosotros por siempre.

Pero era ya mucho lo que durante los últimos meses había sucedido. Primero, fue tu yerno, más tarde tu hermana y posteriormente otras cosas. Nada decías, tu código genético no te permitía exteriorizar ese tipo de emociones, y todo lo guardabas para ti. Sin embargo, los impactos sobre tu corazón quedaban registrados. Cuando al manifestarse el alba del lunes que acaba de irse, al momento en que levanté el teléfono y escuché a mi hermano menor supe que ya todo había concluido. Apenas unas horas antes, escuchaba tu voz distinta a la de todos los días, pero no quise convencerme de que algo no andaba bien. Si bien todo tiene un principio y un fin, es difícil aceptar que es así.

Muchos serán, somos, quienes te extrañaremos. Lo van a hacer tus amigas con quienes ya no compartirás las reuniones. Lo harán tus sobrinas quienes sentían la confianza plena para charlar contigo abiertamente. Mis hijos y mis hijas, así como el resto de tus nietas van a sentir tu ausencia, echarán de menos tus llamadas gratas, pero también aquellas en las que, a pedimento nuestro, te solicitábamos que les dieras un consejo que sin llegar al regaño era lo suficientemente enérgico para hacerlos recapacitar. Sucederá con tus nueras, especialmente quien acostumbraba hablarte libremente cuando la aquejaban los problemas y tú, pacientemente, la escuchabas y le dabas un consejo. Habrán de rememorarte inmensamente mis hermanos, pero sobre todo mi hermana con quien un día y otro también, o varias veces a lo largo de los mismos según fuera requerido, sostenías pláticas que duraban por mucho tiempo, especialmente durante las noches, eran confidentes mutuas y como con nadie más, compartías todo, preocupaciones, esperanzas y alegrías.

Sé que te voy a añorar más de lo que pude llegar a imaginarme. Pero prefiero recordarte cuando te preocupabas porque cumpliera con mis obligaciones escolares, cuando me impulsabas para que no me dejara abatir ante la diversidad, cuando me llamabas la atención, porque detrás de tu apariencia dulce estaba un carácter fuerte que me hacía reaccionar. Me quedo con tu imagen de mujer incansable que de la nada levantó un negocio y que, en contra de todos los pronósticos, lo convirtió en rentable. Te recordaré con la sonrisa que apareces en la fotografía que te tomaron horas antes de que el Gran Arquitecto decidiera que era el tiempo de que acudieras a la cita que todos habremos de tener. Pero sobre todo tendré presente que si existo es por ti y que aquello que he logrado no lo hubiera podido alcanzar de no haber estado tu ahí desde siempre. Ante todo ello, no me queda sino decirte muchas gracias por haber sido mi madre, doña ESTELA RÍOS SCHROEDER.

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Añadido: A nombre de mi hermana Estela Luisa, mis hermanos José Gerardo, Enrique, Juan Antonio y en el propio extendemos nuestro agradecimiento a quienes, los de siempre en las buenas y en las malas, estuvieron acompañándonos física y espiritualmente en los momentos difíciles por los que acabamos de transitar.
16 Julio 2016 04:00:16
Joseph Fouché, el duque de Otranto / epílogo
La Revolución Francesa, cuyo aniversario 227 fue ensombrecido por la sangre de inocentes asesinados por uno de esos fanáticos que nos quieren regresar al medievo, concluiría con el ascenso de un dictador Napoleón Bonaparte convertido en lo que los insurrectos iniciales combatían: Un dictador monárquico.

En este proceso jugaría un papel preponderante uno de los tres personajes de los que hemos comentado en las dos colaboraciones previas, Joseph Fouché cuyo accionar sería fundamental para llevar al poder al nativo de Córcega quien lo investiría tiempo después en el Duque de Otranto. Demos un repaso, con base en el texto de Stefan Zweigh, a este periodo en donde, como la propia revolución mencionada, este personaje originalmente radical acaba transformado en lo que originalmente combatió.

Como lo hemos mencionado en las colaboraciones previas, Fouché poseía la característica singular de saber medir los tiempos para siempre colocarse en el lado de los vencedores. Y así lo otea en los inicios del segundo semestre de 1799 cuando el Directorio lucía camino al desastre y era ya sentir popular que “solo un dictador puede salvar la situación…” Mientras todos son incapaces de dilucidar quién podría ser, el líder del Directorio, Paul Barras dice, tratando de presentarse a sí mismo como la opción, a Fouché: “Necesitamos una cabeza y un sable.” Lo que Barras desconoce es lo que Josefina, su antigua amante y ahora esposa de Napoleón, le ha confiado a Fouché: “El próximo regreso de Napoleón.

El 11 de octubre de 1799, cuando el Directorio lo manda llamar para anunciarle que Bonaparte ha regresado, el ministro de policía aparenta no saber nada. Ello no le impide ir a la casa de Napoleón, en donde pasa desapercibido durante una hora, hasta que un criado lo reconoce y avisa al anfitrión quién está en la antesala. Inmediatamente el conspirador aparece ofreciendo disculpas y durante las próximas dos horas, sin testigos, habrá de definirse el curso de la historia francesa para los próximos años. Cada uno sabe el rol que adoptara, así como quién es el amo y cuál el subordinado.

Con el golpe en proceso, el presidente del Directorio lo llama para reprenderlo por no haberse percatado de lo que vendría, Fouché guarda silencio. Ya sabe que tres de los cinco miembros del Directorio han dejado el barco. Sin embargo, cauto espera al resultado final antes de dar el paso siguiente, no podía equivocarse. Él sabía que de cualquier forma estaría en el bando vencedor.

Al final de cuentas, Fouché acabaría anunciando a París la victoria de Napoleón. Y juntos habrían de terminar con Barras aquel a quien tanto le debían por haberlos rescatado, en tiempos diversos, de la desgracia. Pero en la victoria, algunos olvidan todo y a todos poniendo de lado que la vida es una rueda de la fortuna.

Ya instalados en el poder, decidieron “que es preferible terminar la guerra civil con negociaciones y condescendencias, que por la fuerza y con ejecuciones.” Pronto, Fouché restablece “la tranquilidad completa en el país, desaloja los últimos nidos de terroristas y su energía burocrática… Se subordina solícita a los grande proyectos de Bonaparte.” Sin embargo, esa alianza irrestricta sufre una horadación irreparable el 20 de enero de 1800 cuando llegan noticias a París de que Napoleón ha sido derrotado en Marengo.

Ante ello, fiel a su costumbre, Fouché permanece mudo en aquella reunión de ministros y consejeros, quienes inmediatamente piensan en sustituir al vencido. Sin embargo, al día siguiente, arriba un mensaje en sentido contrario, la victoria era del corzo. Aun cuando nada le es reprochado al ministro de policía, a partir de ahí la confianza le es retirada. En ese contexto, la familia Bonaparte ve la oportunidad de alejar al personaje incómodo quien les estorbaba para sus planes y además no era miembro del grupo.

Recordemos que “Napoleón no llegó solo a Francia: Llega rodeado de un clan familiar hambriento, deseoso de poder.” Pero no es solamente eso, “le piden la institución de una dinastía familiar, le piden que se proclame rey o emperador… Le empujan a la reacción y al despotismo.” Dos son los objetivos primarios de los parientes, una es la esposa, Josefina, el otro Fouché a quien “espían todos sus pasos, dispuestos a dar de lado al hombre molesto que les estorba en los negocios en la primera ocasión.” Tendrían que esperar por un rato hasta que el 24 de diciembre de 1800, encuentran la oportunidad de cargar sobre Fouché.

Al dirigirse Bonaparte a la Ópera, tras de su coche, se produce una explosión que de no haber sido por la velocidad a que iba el carruaje, hubiera cambiado la historia de Francia. Ello no impide que Napoleón acuda a la función y al terminar, de regreso en la Tullerías, arremeta en contra del ministro de policía a quien acusa de solapar a sus antiguos compinches, los jacobinos a quien Bonaparte acusa de ser responsables del atentado. Sin embargo, Fouché replica que no son ellos, sino los conspiradores realistas y el dinero inglés los que están detrás de aquellas detonaciones. De nada le vale, y mucho menos cuando vuelve a replicar y escucha, de labios del gobernante, acusaciones por las acciones ejecutadas en el pasado. Para beneplácito de los cercanos al bonapartismo, Fouché sale de ahí derrotado y todos le miran con desprecio.

Aquello duraría quince días en donde muchos sospechosos de haber participado en el complot son castigados y exiliados. Sin embargo, el otrora revolucionario sigue callado realizando las investigaciones, mientras sus enemigos ríen y lo creen derrotado. Así, hasta el día en que demuestra que el líder de los realistas George “Cadoudal; realistas juramentados, comparados con dinero inglés, habían sido los ejecutores.” Sin embargo, ello no le hace recuperar la confianza de Napoleón, nunca le perdonará que haya tenido la razón desde el principio. El poder marea a todos, quienes pronto empiezan a creer que son infalibles y recordemos que “los reyes no quieren bien a las personas que les vieron en un momento de debilidad y las naturalezas despóticas no gustan de los consejeros que hayan demostrado, aunque sea una sola vez, ser más sabios que ellos.”

Sin embargo, El triunfo de Fouché es nada comparado con las acciones de Napoleón, aunque sin dicha victoria pequeña no hubiera el segundo lograr “la paz definitiva con Inglaterra [y] el concordato con la Iglesia.” Aunado a ello, “el país tranquilizado, ordenada la economía, terminada la discordia de los partidos, suavizadas las oposiciones, la riqueza vuelve a florecer, la industria se desarrolla de nuevo, las artes despiertan; una época augusta empieza, y no está lejana la hora en que Augusto podrá llamarse también César.”

Ante esto, Fouché busca adelantarse y cabildea, sin saber que fincaba su desgracia, para que el Senado le ofrezca a Napoleón el puesto de primer cónsul por un lapso de diez años. Cuando se lo ofrecen el gobernante enfurece y lo considera muy poco, él aspiraba a un “Consulado de por vida.” Lo que en realidad aspiraba era a convertirse en emperador y ante lo bien que iban las cosas, el pueblo francés decide elegirlo en soberano, dando inicio a la monarquía. Fouché ya no cabe en ese esquema y el ministerio de policía desaparece, pero para que no se vea mal agradecimiento a los servicios prestados, es nombrado miembro del Senado al tiempo que le regala un millón doscientos mil francos, la mitad del capital de la policía que Fouché había entregado como liquidación. Para 1804, “el hombre del primer manifiesto comunista será el segundo capitalista de Francia y primer terrateniente del país.” Su fortuna alcanza los quince millones de francos.

Pero, eso no lo satisface, “el reposo le martiriza, y mientras hace tranquilamente, con bien fingida indiferencia, de Cincinato en el arado, le cosquillean los dedos y le vibran los nervios por volver a coger los naipes de la política.”

Napoleón estaba bien consciente de ello, pero por el momento no requería de su aliado del ayer. “Mientras que Bonaparte es poderoso, mientras no comete faltas, no necesita de un criado tan equívoco, tan excesivamente inteligente.” Pero, nadie es perfecto y “convencido por Talleyrand y, a costa de la ruptura del derecho internacional, manda traer entre gendarmes al duque de Enghien de territorio neutral y le hace fusilar.” Los efectos son negativos, pronto, “se crea alrededor de Bonaparte un vacío de miedo y terror, de protesta y odio…” No tendrá más remedio que “volver a ponerse bajo la protección del Argos de mil ojos, bajo la protección de la policía.” Para lo que vendría, era necesario contar con “un ayudante hábil y sin escrúpulos para su ascensión postrera.” Y quién sino Fouché podía ocupar el cargo.

Una vez retornado, “está dispuesto a tender el anzuelo para pescar en el Senado la corona imperial. De cebo sirve el dinero y las buenas promesas…” Pronto, el jacobino de antier, “hoy excelencia… Da apretones de mano sospechosos [al tiempo que asedia e intriga] hasta conseguir que… Se cree una institución que destruya para siempre las esperanzas de los conspiradores, garantizando la permanencia del Gobierno más allá de la vida de su jefe.” Finalmente, “de la pluma de Fouché procede la petición vil y sumisa del Senado con que se invita a Bonaparte a contemplar su obra, dándole forma inmortal.” Y aquello tiene premio, “por quinta vez presta José Fouché juramento – el primero lo prestó al gobierno realista; el segundo, a la República; el tercero al Directorio; el cuarto al Consulado-.

Aun cuando la antipatía era mutua, ambos se necesitaban y en 1809, con Napoleón ausente de París, ante la invasión inglesa, Fouché arma el ejército y logra rechazar a los invasores, quienes vuelven a sus buques y se repatrian. Aun cuando los ingleses ya no están, él ministro juega a la guerra y moviliza al ejército, hace un llamado “a filas de la guarda nacional de Piamonte, de la Provenza y hasta Par