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Denisse Dresser
Denisse Dresser
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17 Julio 2017 03:00:00
Sr. Socavón
Razones por las cuales Gerardo Ruiz Esparza, secretario de Comunicaciones y Transportes, debe renunciar o ser cesado de su puesto inmediatamente:

1) Porque en las democracias funcionales, las cabezas de las instituciones tienen responsabilidad política por lo que ocurre en ellas, incluso en niveles más bajos. Y eso siempre entraña la renuncia del titular de la dependencia cuando hay una tragedia humana como la del Paso Exprés.

2) Porque Ruiz Esparza viene arrastrando irregularidad tras irregularidad en su gestión, incluyendo la férrea defensa de la licitación del tren México-Querétaro, cancelada después de que Carmen Aristegui destapara el escándalo de la “casa blanca” que involucraba a Grupo Higa, ganador de la licitación.

3) Porque según reportes periodísticos recientes, hay daños y problemas estructurales en vialidades y obras a lo largo del país, realizadas bajo su tutela.

4) Porque a partir del socavón debe comenzar una investigación al entramado de relaciones turbias entre miembros de la clase política y contratistas que se han beneficiado de la corrupción.

5) Porque ha habido favoritismos en contratos de obra, licitaciones amañadas, observaciones de la Auditoría Superior de la Federación que fueron desatendidas por la SCT.

6) Porque hay empresas extranjeras que han obtenido lucrativos contratos en el sector de la construcción, a pesar de estar involucradas en escándalos de corrupción fuera de México, como es el caso de la empresa Aldesa -constructora del Paso Exprés- acusada de proporcionar donativos ilegales al Partido Popular español. Y Ruiz Esparza lo permitió.

7) Porque en el Paso Exprés ocurrieron numerosas anomalías en la construcción, incluyendo 250 accidentes que llevaron a la muerte de 21 personas, y terminó costando más de lo doble presupuestado. La ampliación fue bautizada por los morelenses como “El Paso de la Muerte”. Y Ruiz Esparza calló.

8) Porque la Auditoría Superior de la Federación descubrió 257.6 millones de pesos erogados sin la comprobación correspondiente, falta de supervisión en la construcción, pagos por trabajos que no fueron realizados y un posible daño al erario descrito en 10 pliegos de observaciones entregados a la SCT desde 2015. Y Ruiz Esparza no tiene una explicación plausible.

9) Porque no resulta creíble que la basura y las lluvias excesivas hayan producido un socavón en una obra que costó 2 mil 300 millones de pesos y fue presentada como ejemplo de modernidad. La razón se halla en otra parte; en la corrupción, en la negligencia. Y Ruiz Esparza lo sabía.

10) Porque el Paso Exprés es un microcosmos de los problemas que se presentan en gran parte de la obra pública del país: afectaciones ambientales, materiales de baja calidad, vialidades que son paliativos pero que no resuelven problemas de movilidad a fondo, inauguraciones con bombo y platillo cuando las obras no han sido concluidas. Y Ruiz Esparza fue cómplice de esta situación.

11) Porque la SCT declaró ganadoras de la licitación del Paso Exprés –el consorcio Aldesem y Epccor– a empresas que, en las 13 obras presentadas en los últimos cinco años para acreditar el cumplimiento de contratos, 8 no cumplían con lo solicitado. Y Ruiz Esparza cerró los ojos.

12) Porque la empresa española corresponsable de la construcción del Paso Exprés construirá la torre de control del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México, y la empresa Epccor está vinculada a la polémica Estela de Luz del Gobierno de Felipe Calderón, lo cual despierta dudas sobre los criterios con los cuales se elige a empresas y se otorgan contratos. Y Ruiz Esparza ha alentado esta cuatitud.

13) Porque pobladores, Gobierno local y Protección Civil en Morelos habían alertado sobre las fallas de la nueva carretera sin que la SCT respondiera. Y esa indiferencia apunta directamente a Ruiz Esparza.

14) Porque ante la indignación ciudadana, el secretario se ha limitado a decir que “es mi jefe quien debe decidir si le sirvo o no”, cuando en una democracia la permanencia en el cargo debe provenir de la eficacia probada y no de la genuflexión constatada.

15) Porque México merece algo mejor que un funcionario capaz de minimizar la tragedia y llamarla un “mal rato” o “gajes del oficio” o decir socarronamente que está “encantado de haber servido a mi país”. Alguien debe rendir cuentas y esa persona se llama Gerardo Ruiz Esparza. El Secretario Socavón.

20 Febrero 2017 04:00:00
Preguntas civiles
Preguntas para el general Salvador Cienfuegos y los proponentes de la Ley de Seguridad Interior:

1) Si en realidad el Ejército quiere regresar a los cuarteles como se ha insistido, ¿por qué las iniciativas de ley propuestas por el PAN y el PRI no incorporan un retorno calendarizado con fechas específicas?

2) ¿Cómo responden al cúmulo de cifras y datos recientes sobre la “guerra” de los últimos 10 años, que revelan causalidad entre operativos conjuntos y el aumento de la violencia en los lugares donde ocurren?

3) ¿Cómo responden a la evidencia en estudios hechos por el CIDE y el Instituto Belisario Domínguez, que resaltan la intensificación de la violencia desde que el Ejército salió a las calles ordenado por Felipe Calderón?

4) ¿Cómo explican que los índices de letalidad en México están fuera de toda norma?

5) ¿Por qué en los operativos en los que participa la Sedena, la letalidad producida por los enfrentamientos es mayor?

6) ¿Cómo explican que en 37% de los casos de los enfrentamientos entre civiles y militares, la letalidad es “perfecta”, o sea no hay un solo herido, sino todos los adversarios, o denominados “sicarios” acaban muertos?

7) Si hoy ninguna autoridad investiga o rinde cuentas sobre estos operativos, ¿por qué las iniciativas de ley presentadas no contemplan estos mecanismos democráticos básicos?

8) ¿Cómo justifican en el caso de Tepic el despliegue de un helicóptero artillado en una zona residencial? ¿No es un uso desproporcionado de la fuerza recurrir a una nave con armas que hacen 2000 a 4000 disparos por minuto? ¿Por qué el secretario de la Marina afirma que los disparos duraron sólo 6-7 segundos cuando el video disponible demuestra que no es así? ¿Por qué no muestran las armas que los presuntos sicarios portaban? Al declarar “sicarios” y “criminales” a todos los muertos en el operativo, ¿no está la Marina abrogándose tareas que le tocan a los tribunales?

9) Si el operativo en Tepic fue producto de una labor de “inteligencia”, ¿por qué no confrontar a los presuntos culpables en una zona de menor riesgo para la población?

10) Aunque califican el operativo de “exitoso”, ¿cómo aseguran que no volverá a ocurrir lo que ha ocurrido durante la última década? ¿Cómo evitar que el descabezamiento de un cártel no lleve a más violencia, producto de la disputa por la plaza?

11) ¿Creen que con darle cobertura constitucional a las Fuerzas Armadas para que operen de manera indefinida mejorará la seguridad en el país o es sólo un pretexto para hacer legal lo que actualmente hacen de manera extralegal?

12) ¿Por qué se centran en darle más poder y margen de maniobra al Ejército en vez de darle más capacitación, entrenamiento y presupuesto a la Policía?

13) Si todos repiten que la prioridad es eventualmente ceder la protección de civiles a la Policía, ¿por qué la Ley de Seguridad Interior propuesta no toca el tema de cómo fortalecerla, limpiarla, entrenarla? ¿Por qué no se contemplan vías para que las Fuerzas Armadas sean accesorias a las fuerzas civiles y no al revés?

14) ¿Por qué el Ejército chantajea y amenaza con regresar de inmediato a los cuarteles si no recibe su ley a modo, cuando nadie está pidiendo su retiro inmediato sino gradual?

15) ¿Cómo justifican el proceso legislativo tan opaco y tan atropellado al que se ha recurrido para sacar adelante esta ley? ¿Cómo explican la participación intensa del llamado “senador 129” o el “diputado 501”, el consejero jurídico del Presidente, Humberto Castillejos?

16) ¿No demuestra su apresuramiento en aprobar la Ley de Seguridad Interior la gran ceguera y las múltiples complicidades que esta “guerra” mal librada contra las drogas está creando?

17) Si lo que han hecho para combatir la inseguridad no ha funcionado en 10 años, ¿por qué legalizar una estrategia fallida? ¿Será que buscan protección política y no protección ciudadana?

18) ¿No están lucrando con la desesperación de la ciudadanía ante el panorama de creciente inseguridad para sacar una ley inconstitucional? ¿Para lavarse la cara cuando la historia y los tribunales internacionales y las víctimas los confronten más adelante?

19) ¿Cómo van a explicarle a la población que de manera sorpresiva, apresurada y sin la deliberación que el tema se merece, van a convertir la militarización en política pública?

20) Parafraseando a Einstein, ¿no es una locura seguir con la misma estrategia y esperar resultados distintos?
13 Febrero 2017 04:00:00
¿Vibrar o no?
¿Vibrar o no vibrar? ¿Marchar o descalificar? ¿Enfrentar a Trump o denunciar a Peña Nieto? Esas fueron las preguntas hamletianas que dominaron el debate público en los últimos días, evidenciando nuestras divisiones, recalcando nuestras animadversiones, restando en vez de sumar. El debate se centró en los motivos turbios de unos y los cuestionamientos tramposos de otros. Que si la izquierda podía ir a una marcha convocada por la derecha. Que si uno debía marchar codo a codo con quienes siempre han descalificado las marchas y raras veces se paran en una. La discusión se volvió un pleito sobre quién posee el monopolio moral de las marchas: la “izquierda” purista que solo bendice a marchas cuando las convoca, o la “derecha” que las condena excepto cuando validan sus intereses.

Lo cierto es que hubo manipulación de ambas partes. Isabel Miranda de Wallace, irrumpiendo con el anuncio de que su marcha –México Unido– sería de denuncia a Trump pero de apoyo incondicional al gobierno. Televisa montándose sobre un esfuerzo que surgió de organizaciones civiles, en un obvio y contraproducente esfuerzo por revivir al Telepresidente.

Figuras emblemáticas del conservadurismo intelectual, convocando a tomar las calles, cuando siempre han criticado a otros por hacerlo. Enrique Ochoa, anunciando que asistiría felizmente a marchar contra la corrupción, cuando su partido la ha hecho una marca registrada. Y finalmente, el propio Presidente felicitando al país por la unidad que las marchas demostrarían, sin entender que esa unión era en su contra. Actores que por apoyar las marchas, contribuyeron a debilitar su atractivo.

Por otro lado las izquierdas mimetizaron actitudes que tanto critican del otro bando. El sectarismo. La desacreditación socarrona, gratuita e intelectualmente deshonesta. La crítica a una movilización que catalogaron de “burguesa”, “pirrurris”, “activismo peluche”, “vedetismo intelectual”.

Lo que yo vi fue un grupo de hombres y mujeres libres, gritando, exigiendo, riendo, cantando, ejercitando el músculo ciudadano que ya no tiene patrón o mecenas. Ni Peña Nieto, ni Wallace, ni Televisa, ni La Jornada, ni AMLO. Una marcha multiclasista, heterogénea, diversa, unida quizás por el repudio dual a Trump y a la corrupción que nos vulnera como país ante él. Una marcha con muchos jóvenes, con muchas mujeres portando carteles con consignas como “Alto al muro”; “Unidos para combatir la corrupción”; “Justicia para todos”; “Soy mexicano. Amo a mi país y me avergüenzo de mi gobierno”; “#VibroContraPeña”; “Unidad Sí; Corrupción No”; “Mi país no teme a Trump; mi presidente sí”. Y tantas expresiones más de indignación. De exigencia. De unidad, pero no en torno al gobierno sino en torno a la posibilidad de cambiarlo.

Aunque la indignación es muy grande, la marcha en la Ciudad de México no lo fue. Por la confusión generada. Por la crítica enardecida. Pero también por algo más profundo y más preocupante. Ante un entorno agreste, México tiene un gobierno incompetente. Pocas veces el país había estado tan amenazado y pocas veces ha tenido un Presidente tan poco preparado. La combinación es tóxica y hace difícil apelar a la unidad, pero debe haberla. No para darle respiración artificial al gobierno pero sí para proveerle de oxígeno a nuestros migrantes. No para tapar, pero sí para exhibir. Porque mientras peleábamos ayer sobre quién podía y debía marchar, hoy comenzaron las redadas, las aprehensiones ilegales, las deportaciones irregulares. Mientras nos confrontamos acá, viven con miedo allá. Por ellos y por nosotros habrá que seguir resistiendo. Y vibrando.
23 Enero 2017 03:30:00
Taquería Trump
Quienes marchamos en Washington el sábado lo sospechamos, los percibimos, lo tememos. La sensación colectiva de algo venturoso que termina y algo amenazante que comienza. Donald Trump Presidente, y el mundo como lo conocíamos cede el lugar a la incertidumbre. A la angustia. Al aislacionismo y al proteccionismo y al racismo. Al peso en caída libre y al muro por venir. Porque yo soy de las que creen, como señala el historiador Timothy Snyder, que hay que creerle al autócrata.

Hay que tomar en serio lo que tuitea, y lo que proclama y lo que promete. Y entender que la democracia liberal en Estados Unidos así como en otras latitudes se encuentra bajo acecho. Nuestra generación, que aplaudió la caída del muro de Berlín y el arribo de Obama, ahora enfrentará lo impensable. No el fin de la historia, sino el regreso de la historia. No el triunfo de la democracia, sino la vuelta de quienes no creen en ella.

En Rusia. En Francia. En Alemania. En Polonia. En Hungría. A lo largo de Europa donde la derecha xenófoba va ganando elecciones y cercenando derechos y erigiendo barreras y cerrando mentes. De pronto, la OTAN en juego. El liderazgo de Angela Merkel amenazado. Putin jugando a la intervención y a la desestabilización geopolítica en Siria para acabar con la democracia liberal en Europa.

Ese “nuevo orden mundial” que trajo consigo el fin de la Guerra Fría, ahora desdibujándose ante nuestros ojos. La idea fundacional del progreso como motor de la historia, que desembocaría felizmente en gobiernos electos, la promoción de garantías individuales, la creación de sistemas capitalistas. Esa era –con el triunfo de Trump y sus implicaciones– parece estar llegando a su fin. Y en su lugar, brotan en todas partes esos regímenes que Fareed Zakaria bautizara como “democracias liberales”.

Gobiernos democráticamente electos que no creen en la garantías individuales ni en los contrapesos ni en la tolerancia ni en la diversidad ni en las instituciones representativas. Gobiernos como el que acaba de ganar en Estados Unidos. Gobiernos producto de los problemas que la democracia liberal no logró resolver, como argumenta Jennifer Welsh en The Return of History. La desigualdad creciente. El crecimiento económico languideciente. La inmigración desbordada. Los refugiados sin país que recorren Europa, buscándolo. Todo ello parte de una tendencia global caracterizada por la “recesión democrática”: democracias de baja calidad, corroídas por la corrupción, responsables de nuevas formas de persecución a sus adversarios y opresión a sus minorías.

Lo impactante de los últimos meses ha sido presenciar el regreso del iliberalismo al lugar que históricamente ha sido su antítesis. Estados Unidos hoy, involucionando, regresando a ese país polarizado, confrontado, dividido, que fue durante la Guerra Civil. Estados Unidos bajo Trump, normalizando el nacionalismo y la xenofobia y la retórica de la rabia.

Trump como arquetipo de aquello que asola de manera creciente y ahora a su país. El populismo de “nosotros el pueblo” contra las “élites” insensibles. La idea de que él representa una victoria para “la gente real, común, decente”. La noción de que él enarbola los intereses de la clase trabajadora, ignorada por las élites educadas y rapaces. Esa es la narrativa que ha vendido, esa es la historia que ha contado.

Un cuento de muros indispensables y mexicanos malos y chinos amenazantes y americanos aislacionistas. Una caricatura de republicanos redentores y demócratas desalmados, de “hechos alternativos” versus medios deshonestos. Y en el ápice del poder un narcisista patológico, que solo busca usar a su país como un espejo que lo refleje al doble de su tamaño.

Ahora, para entender a Estados Unidos habrá que dejar de pensar en su “excepcionalismo”; dejar de creer que los mejores ángeles de la República salvarán a los peores demonios del Trumpismo. Con él y el fenómeno que ha desatado, nuestro vecino se va a Mexicanizar. La cuatitud se va a mimetizar.

Con Trump la corrupción presidencial va a ser aceptable, el capitalismo de cuates va a ser promovido, la desacreditación de los medios va a ser costumbre, la vulgarización de la investidura presidencial va a ser cotidiana. En la Oficina Oval ya no habrá un hombre pensante sino un bufón delirante. Y Trump construirá un muro para protegerse de México, cuando en realidad lo que hará es emularlo.
02 Enero 2017 03:50:00
Hoy toca
Hoy toca comprender que es el tiempo de resistir la más mínima transgresión de las fronteras de lo que es justo y correcto. Hoy toca declarar que estamos cansados de gasolinazos mal ejecutados, reformas mal instrumentadas, fortunas mal habidas. Hoy toca cargar como medalla de honor las acusaciones de “revoltosos” y “argüenderos” y “ridículos” y “locos” cuando señalamos los dos años de plomo por venir, la certidumbre del desgobierno, el trumpismo en puerta. Hoy toca decir que no caminaremos con miedo al borde del precipicio frente al cual Enrique Peña Nieto nos ha colocado.

Hoy toca impedir que nos empujen a la era de la sinrazón o el militarismo, porque como decía el periodista Edward R. Murrow, no somos descendientes de hombres y mujeres miedosos, con temor a escribir, hablar, y defender causas impopulares. Llamaremos a las cosas por su nombre, para impedir que la verdad sea ofuscada por quienes dicen gobernar pero se dedican a expoliar o a abusar. Diremos “corrupción” ante el actuar de numerosos gobernadores; diremos “auto-golpe” ante la Ley de Seguridad Interior. Seremos ágiles y escépticos, activos en lugar de reactivos. Elevaremos –como enuncia Chimamanda Ngozi– “el arte de cuestionar” preguntando por qué el Gobierno gasta tanto y de manera tan opaca y clientelar que ni con gasolinazos garantizados le alcanza.

Hoy toca defender los despojos de la democracia mexicana en las calles y en las cortes y en el Congreso y en los medios. Aprender lo que movimientos como MoveOn, Occupy Wall Street, Black Lives Matter, Standing Rock y el Women’s March en Washington tienen que enseñarnos sobre cómo la protesta social puede traducirse en cambios positivos en la política pública. Reconocer que es tiempo de movimientos vitales y transformadores que emanen de la sociedad civil, como la Ley 3de3 y la lucha por la despenalización de la mariguana y la defensa del matrimonio igualitario y “UnaFiscalíaQueSirva”. Buscar nuevas formas de comunicarnos y organizarnos, franqueando las distancias y las diferencias. Pequeños gestos que se transformen en grandes revoluciones.

Hoy toca defender los derechos fundamentales, porque si no lo hacemos la anormalidad comenzará a parecer normal. Los muertos y los desaparecidos y las fosas y la tortura y el peculado y el despojo y la cotidianeidad de la violencia; habrá que hacer visibles y públicas cada una de las afrentas para que lo tolerado se vuelva intolerable. No todo lo enfrentado puede ser cambiado, pero nada cambia hasta que es enfrentado, escribía James Baldwin. Hoy toca decir que resistimos la amnesia obligatoria en Ayotzinapa, en Tlatlaya, en Tanhuato, en Ostula, en Nochixtlán, en Apatzingán. Hoy toca pelear por la equidad de las mujeres en un país que con demasiada frecuencia las denigra o las mata o las excluye o las humilla. Y no porque sean inherentemente superiores, sino porque forman la mitad del país y merecen la mitad de las oportunidades. Mi hija y la tuya también.

Hoy toca enarbolar la desobediencia civil pacífica para confrontar a un gobierno que no sabe cómo gobernar, cómo reformar, cómo comunicar, cómo lidiar con las crisis que crea por ineptitud o irresponsabilidad o narcisismo o corrupción. Hoy toca dejar de creer que somos tímidos, frágiles, impotentes. Saber que hay métodos y héroes y heroínas y visionarios y victorias. Saber que el statu quo no es inmutable ni inevitable ni invulnerable. El poder plutocrático e impune que prevalece en México puede ser desmantelado, paso a paso, con fervor moral. Con determinación. Con unidad. Con valor. Con paciencia. Con ingenio. Para así reescribir el contrato social que el PRI nos endilgó; ese en el cual nos exprimen pero no nos representan.

Hoy toca defender la esperanza filosa y punzante, porque como dijera María Popova, “el pensamiento crítico sin esperanza es cinismo, pero la esperanza sin el pensamiento crítico en ingenuidad”. Bienvenida la esperanza que sólo significa pensar en lo imaginable, no como promesa, no como garantía, sino como gota que va erosionando piedra tras piedra. Bienvenida la crítica que se vuelva un instrumento de navegación, un esbozo del país posible, un regalo para el 2017. Una antorcha para iluminar a este México nuestro. Apagado, agreste, herido, atribulado, pero nuestro al fin. Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando “los caminos del viento” que describía Galeano, a pesar de las caídas y las derrotas, porque la historia sigue y está volteando para decir: “Hoy te toca”.
26 Diciembre 2016 04:07:00
Deseos 2017
Un replanteamiento total de la política de la seguridad nacional basada en el entendimiento de que la estrategia actual ha fracasado. México hoy no es un país más seguro y menos violento que cuando Felipe Calderón sacó al Ejército a las calles.

* Un alto total a la Ley de Seguridad Interior tal y como está planteada, basada en regular estados de excepción para el Ejército y suspensión de garantías para los ciudadanos. No al fortalecimiento del poder militar y al debilitamiento del poder civil.

* El regreso calendarizado del Ejército a los cuarteles, y legislación específica para armar una policía profesional que hoy no cuenta con el respaldo legal ni la formación institucional para cumplir con las atribuciones que debería tener en una democracia.

* Un combate verdadero, estratégico e inteligente al crimen organizado que necesariamente pasa por la despenalización de las drogas, acusaciones penales contra políticos y empresarios vinculados al narcotráfico, así como el desmantelamiento de sus múltiples redes de negocios. Más que descabezar cárteles habrá que ir tras sus bienes y sus flujos financieros.

* La instrumentación plena del Sistema Nacional Anticorrupción con nombramientos basados en la autonomía, integridad y ausencia de conflictos de interés de sus miembros, en lugar del acuerdo de #CuotasyCuates que ha prevalecido en el Senado.

* La renuncia de Raúl Cervantes, el fiscal carnal, antes de que entre el vigor la nueva Fiscalía General, y entre tanto, reformas constitucionales conducentes a construir una Fiscalía que sirva y no sólo a remodelar una Fiscalía a la cual nada más se le ha pintado la fachada. El combate a la corrupción transita por perfiles adecuados e instituciones bien diseñadas. Pasa por leyes –y personas que las hagan valer– para que el corrupto lo pierda todo.

* Compromisos políticos públicos por parte de gobernadores, jueces, fiscales y otros operadores del sistema de justicia penal oral/adversarial para revigorizar una instrumentación que languidece, y que al ritmo actual tomará 11 años en aplicarse en todo el país.

* Una explicación coherente y creíble sobre Ayotzinapa, que dé cuenta sobre el “Pentágono de la Amapola”, las complicidades que ha generado entre las “fuerzas del orden” en Iguala y más allá, las redes criminales que han llevado a ocultar lo que verdaderamente ocurrió y todo lo que el Estado mexicano –con el grupo delincuencial que enquista– no quiere explicar sobre la actuación de la Policía Municipal, la Policía estatal, la Policía Federal y el 27 Batallón del Ejército.

* Un mecanismo como la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, capaz de crear una alianza entre la sociedad civil, las partes reformadoras del Estado y la comunidad internacional.

Para de ese modo enjuiciar a los corruptos que no son perseguidos sino protegidos, y combatir la impunidad que en México no es un “hecho aislado” sino algo que ocurre en 99% de los casos.

* Un Presidente que en lugar de celebrar la “unión del país” nos diga qué va a hacer para afrontar lo que parecen dos largos años sin esperanza, sin conducción, sin mapa de ruta. Que nos diga cómo el Estado mexicano va a llevar a cabo sus tareas primordiales de asegurar la seguridad, la estabilidad, el crecimiento, los derechos humanos y la ley.

* El reemplazo de lo que ha sido una diplomacia agachada y timorata por una postura más digna y más estratégica ante Donald Trump. Y eso no pasa por el nombramiento de Luis Videgaray a la Cancillería, sino por un plan de acción en múltiples frentes con múltiples interlocutores en Estados Unidos y en el ámbito internacional.

* Precandidatos presidenciales con propuestas específicas de política pública y no sólo vaguedades como “rebelión en la granja” o “dignificar la política”. Y un cuestionamiento mediático constante que los obligue a asumir posiciones claras en torno a la guerra contra las drogas, la despenalización de la mariguana, el matrimonio igualitario, la política fiscal, la deuda, el muro y tantos temas más.

* Una sociedad civil menos aletargada y más indignada, menos complaciente y más exigente. Presente a cada paso para frenar, airear, proponer, informar, y ser el verdadero contrapeso en un país secuestrado que hemos de recuperar. Porque como dijera Michelle Obama: “When they go low, we go high”. Ellos golpean bajo, nosotros alzamos la cabeza.
09 Mayo 2016 04:00:01
Freno de mano
Como pisar el acelerador y esperar que el carro avance cuando tiene el freno de mano puesto. Como trazar la ruta, elaborar el mapa y subirse a un vehículo trabado. Como andar en un automóvil atorado, lento, demorado. Un coche que el Gobierno presume de alta velocidad pero el cual ha sido saboteado por casi todos los conductores. Así ha sido la historia de la reforma al sistema de justicia penal en México. Una historia que pudo haber tenido un final feliz, pero que no podemos celebrar hoy porque la meta se encuentra todavía tan lejana. A apenas unas semanas de que se venza el plazo constitucional para el “nuevo sistema de justicia”, el auto echa humo.

Este es el diagnóstico que hace el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC) en su informe Hallazgos 2015: evaluación de la implementación y operación a ocho años de la reforma constitucional en materia de justicia penal. A 8 años de que México cambiara de un sistema inquisitorio y opaco a un sistema penal oral y adversarial. Casi una década investigada, auscultada, escrutinada y con grandes esfuerzos debido a la dificultad de obtener información sobre el nuevo sistema, porque demasiadas instituciones que lo operan no quisieron proporcionarla o la reservaron. Aun así, el CIDAC recolecta las cifras que encogen el ánimo, los datos que desilusionan. A pesar de la existencia del nuevo sistema, la cifra negra de delitos no denunciados sigue siendo persistentemente alta: 92.8% de los crímenes cometidos no fueron denunciados por falta de confianza en la autoridad, o porque los ciudadanos creen que es una pérdida de tiempo. Y con demasiada frecuencia tienen razón.

En los lugares donde sí se procede con la investigación y el juicio, la oralidad es intermitente o nula. Escasean los defensores públicos y pocos tienen capacidades técnicas para actuar adecuadamente; sólo 19% de las defensorías cuenta con algún tipo de apoyo pericial. No hay suficientes asesores jurídicos de víctimas. La Policía no tiene ni el respaldo legal ni la formación institucional para cumplir con sus nuevas atribuciones, y los protocolos para guiar su actuación han resultado insuficientes. En pocas palabras, México no está preparado al 100% para el nuevo sistema de justicia penal. Después de millones de pesos, miles de discursos, cientos de foros y muchos autoelogios gubernamentales, el carro no ha llegado ni a la esquina. Sólo 6 entidades del país están operando con el nuevo sistema de justicia penal de manera casi total. En algunas entidades hay trechos que celebrar y en otros hay automóviles varados que urge echar a andar.

Porque si no lo hacemos, el camino se ve largo, tortuoso, y doloroso para tantos mexicanos injustamente encarcelados, violentamente torturados, presuntamente inculpados. Como explica el CIDAC, si sigue el ritmo actual de instrumentación de los juicios orales, tomará 11 años en promedio lograr la operación nacional. 11 años de inocentes languideciendo en los reclusorios. 11 años de criminales a los cuales el juez se ha visto obligado a liberar debido a fallas en la aprehensión, en la investigación, en el debido proceso. 11 años de un sistema de justicia que funciona mal y muy mal. Tan es así que México ocupa el lugar 79 de 102 países en cuanto a calidad del estado de derecho según The World Justice Project. Estamos por debajo de Ghana y casi todos los países de América Latina en cuanto a justicia penal.

Y van las preguntas: ¿El freno de mano es planeado o accidental? ¿Es un problema de voluntad política o de inercia institucional? ¿Es un sabotaje producto de gobiernos que no quieren remodelar o simplemente no saben cómo hacerlo? Preocupa tanta evidencia que parece demostrar la obstaculización deliberada. Basta con ver las presiones políticas y los chantajes a los que fue sometido el CIDAC por parte de autoridades enojadas. Basta con ver la Miscelánea Penal que acaba de aprobar la Cámara de Diputados, denunciada como una contrarreforma por la Red Nacional de Juicios Orales. Basta con ver cómo niega el derecho a la defensa del inculpado en su primera comparecencia ante un juez. O cómo permite a los imputados ser “paseados” por la policía –con la posibilidad de tortura que eso entraña– antes de ser puestos a disposición de un juez. O cómo permite la prisión preventiva de manera casi sistemática.

He allí los reflejos autoritarios de un sistema que dice empujar el cambio, pero a la hora de la instrumentación, lo para. He allí a los conductores que deberían pisar el acelerador pero colocan el freno de mano. Quieren anunciar que llegaron a la meta prometida, pero no corriendo sino simulando. A ocho años de su arranque, el carro no va.
28 Marzo 2016 03:00:08
Ley garrote
No se trata de glorificar a los golpeadores. No se trata de martirizar a macheteros. No se trata de exaltar la violencia. Sí se trata –en toda democracia– de respetar derechos constitucionales, fundacionales, elementales. Eso hacen las leyes y quienes se encargan de elaborarlas y aplicarlas. Los policías y los jueces y los gobernadores y los legisladores. Aquellos que deben proteger ciudadanos en lugar de atropellarlos, como lo acaban de hacer en el Estado de México con la “Ley Atenco”. Una bazofia que pretende criminalizar la protesta social, impedir el derecho a la libre asamblea, limitar el derecho a la libre asociación. Una retribución retrógrada con olor a los desalojos violentos de San Salvador Atenco en 2006. Una maniobra gansteril que en lugar de proveer lineamientos a la Policía, le regala un garrote.

Le obsequia la facultad de intervenir en una manifestación como le da la gana. Le concede la capacidad de disolver una protesta cuando le da la gana. Policías estatales y municipales ahora encargados de decidir el momento en que una manifestación es “ilegal” o “altera la paz y el orden público”, para entonces usar la fuerza irrestricta y con criterios poco claros. Usar toletes y gases lacrimógenos y macanas y golpes. Usar esposas rígidas y candados de pulgares y dispositivos de descargas eléctricas y candados de mano. Hacer lo que hicieron hace 10 años, pero ahora protegidos bajo el escudo de una ley hecha a modo para reprimir. Para justificar “armas letales”. Para eximir de responsabilidad a gobernadores y alcaldes y delegar las culpas en los mandos operativos. Para que Eruviel Ávila siga gobernando de manera autoritaria. Para que su predecesor Peña Nieto pueda decir que las ilegalidades que cometió hace una década ahora son legales.

“Legales” porque fueron aprobadas por una mayoría en el Congreso del Estado, con el voto a favor –increíble– del PRD. “Legales” pero moral e inconstitucionalmente incorrectas. Habrá quienes justifiquen esta ley, argumentando su efecto civilizatorio. Habrá quienes argumenten que es la única manera de lidiar con los revoltosos, los incómodos, los floricultores, los furibundos, los indios, los desarrapados. A esos todo el peso de la ley que jamás será aplicada a los Moreira o los Duarte o los Deschamps. A esos el apego irrestricto al estado de derecho que no existe para los pecados de la clase política. Tantos alzando la voz contra los que bloquean carreteras pero susurrando cuando se trata de crímenes de cuello blanco. De fraudes o casas blancas o saqueos o moches o corrupción. Armas letales contra los pobres y protección predecible para los priistas.

Una ley no sólo amoral sino también inconstitucional. Por el uso de la fuerza pública en asambleas, reuniones y manifestaciones. Por la forma en la que atenta contra derechos –consagrados en la Carta Magna– de libre manifestación y libre expresión. Porque no queda claro cuándo y en qué circunstancias una manifestación se vuelve “ilegal”. Y todo ello corre en contra de la decisión reciente de la Suprema Corte que estableció la inconstitucionalidad del Artículo 287 del Código Penal de la Ciudad de México que castigaba con cárcel el delito de “ultrajes a la autoridad”. Un delito discrecional, un delito definido de manera arbitraria, un delito para ser utilizado políticamente. Así como lo quiere utilizar el gobernador Eruviel Ávila.

Él y otros de su talante, incapaces de entender que la protesta social se encuentra inserta en el corazón de nuestra truculenta transición democrática. Él y otros cargadores del gen priista, incapaces de comprender que el ejercicio actual de derechos y libertades proviene de las calles y las marchas y los amplios procesos organizativos. Desde las protestas pacíficas hasta las irrupciones “violentas”, la lucha por las garantías individuales y sociales siempre ha sido desafiante. Esa es su naturaleza, su origen, su vocación transformadora. Y la respuesta del Estado no puede ni debe ser la restricción. O la sanción. O la criminalización.

La protesta social es una forma de exigir la autocontención del Estado, la regulación de sí mismo para no usar de manera abusiva el poder que tiene. Por ello habrá que parar la “Ley Atenco”. Por ello habrá que pedirle a la Comisión Nacional de Derechos Humanos que inicie un proceso de inconstitucionalidad contra una legislación que viola los derechos que debe proteger. Los ciudadanos que ocupan el espacio público acuden allí con el ánimo de encender un cerillo en la oscuridad. No le corresponde al Estado apagarlo con un garrotazo.
11 Enero 2016 04:00:54
‘El Chapo’(teadero)
“Misión cumplida”, dice Enrique Peña Nieto mientras se da palmadas en la espalda. Mientras su Gobierno exhala un suspiro colectivo de alivio ante la buena noticia de la captura de “El Chapo”. Mientras trata de proveer una imagen de fortaleza institucional ante las debilidades que permitieron su segunda fuga. Un paréntesis de eficacia en un largo párrafo de incompetencia. Un error arreglado de tantos que permanecen descompuestos. Un triunfo, pero demasiado pequeño como para remontar la imagen de un Gobierno que no sabe cómo gobernar. Porque todo aquello que explica el escape reiterado del capo sigue allí. La corrupción enraizada. La complicidad extendida. El entramado institucional desgajado.

Bien por la Armada, bien por el aparato de inteligencia, bien por la coordinación que finalmente se dio. Pero los problemas de fondo permanecen, inalterados, incomprendidos. El lugar 79 de 102 países que ocupa el sistema judicial mexicano según The World Justice Project. El poder corrosivo del narcotráfico que según el propio “Chapo” en la entrevista publicada por la revista Rolling Stone no cambiará con su captura. Una segunda fuga que nunca debió haber sido y que se comenzó a preparar mucho tiempo antes de que Joaquín Guzmán fuera capturado por segunda ocasión. Un Sistema Penitenciario Nacional desmantelado por el gobierno peñanietista, como describe Raymundo Riva Palacio en el libro La Segunda Fuga del Chapo, Crónica de un Desastre. Alertas que se fueron dando sobre las fallas de la Comisión Nacional de Seguridad, ignoradas una y otra vez. Engaños, corrupciones, evasiones que no han sido plenamente explicados ni encarados aun con “El Chapo” en la cárcel, de nuevo.

La recaptura de “El Chapo” no revierte la debacle de la política de seguridad nacional. No cambia lo que ha sido una actitud vacilante e incluso contradictoria. No altera el fortalecimiento de los cárteles en este sexenio ni los vacíos de poder que grupos de autodefensa y el crimen organizado han ido llenando. No cambia las regiones grises de ilegalidad que se han multiplicado como hongos por todo el país. No resuelve el desmantelamiento de los dispositivos de seguridad de las cárceles, ni la cancelación de protocolos y procedimientos que explican sus dos fugas. No contesta la pregunta de fondo, ineludible: ¿Hasta dónde llegó la complicidad que propició su segundo escape? ¿A los custodios? ¿A los directores del penal? ¿A los coordinadores de reclusorios federales? ¿Al área de inteligencia de la Policía Federal? ¿Al Cisen?

Y hasta que no haya una respuesta integral y satisfactoria a esa interrogante, Guzmán Loera debe ser extraditado lo más pronto posible. Porque quienes dicen que una tercera fuga es impensable se equivocan. Subestiman la capacidad de infiltración y corrupción de la cual el capo es capaz. Sobrestiman la fortaleza institucional de un Estado muchas veces corroído, muchas veces protector del crimen organizado, demasiadas veces su cómplice. Ignoran que “El Chapo” mantuvo su actividad criminal dentro del penal prácticamente sin alteración alguna. Olvidan que la burla que hicieron Guzmán Loera y sus cómplices fue resultado del colapso en cámara lenta de todo el sistema de prevención y vigilancia del Altiplano y más allá.

Reatrapar no significa reconocer ni reformar ni remediar. En la segunda fuga fallaron tantos sistemas a la vez que es demasiado enorme la falla para que sea circunstancial. La coincidencia es demasiado coincidente. Por eso, debe ser sacado de un sistema penitenciario, de seguridad, de información e investigación criminal que ha exhibido de manera reiterada sus debilidades, aunque el Presidente y su equipo lo nieguen. Por eso Guzmán Loera debe ser extraditado antes de que su batalla legal entrampe esa posibilidad. Dejarlo en México es ponerlo en manos de élites políticas que se resisten a instrumentar controles judiciales y patrimoniales al crimen organizado que las beneficia. Que las financia. Que les permite seguir mandando en la República mafiosa.

En el país podrido donde las autoridades mexicanas no impulsaron acusación penal alguna contra cualquiera de sus múltiples redes de socios y franquicias empresariales de Guzmán Loera. No fueron tras los políticos asociados con sus actividades. No se tocó ningún activo vinculado a él. El pacto de impunidad aunado a la parálisis premeditada del sistema judicial mexicano permanece intacto. Y a menos de que eso cambie, no importa cuántas veces se atrape y encarcele y extradite a “El Chapo” o a sus facsimilares. “El Chapo”(teadero) que se extiende desde el Altiplano seguirá allí.
04 Enero 2016 04:00:41
Deseos para 2016
Un discurso de Año Nuevo honesto y elocuente de Enrique Peña Nieto en el cual, en lugar de congratularse por los “logros”, reconozca los errores, la corrupción, la crisis de credibilidad y lo que se comprometerá a hacer para afrontarla.

2. El fin de la política de cuestionamiento y degradación a los miembros del Grupo de Expertos Independientes sobre Ayotzinapa y la plena colaboración gubernamental con su equipo, así como el seguimiento puntual a cada una de sus recomendaciones.

3. El inicio de un debate auténtico e informado sobre la despenalización de la mariguana para uso recreativo y medicinal, que produzca legislación de avanzada sobre el tema.

4. Compromisos calendarizados con la legislación secundaria del Sistema Nacional Anticorrupción, con el involucramiento de México Evalúa, la Red por la Rendición de Cuentas, el IMCO y otras organizaciones de la sociedad civil.

5. El nacimiento de una Fiscalía Anticorrupción autónoma e independiente como las que existen en países como Brasil y Guatemala.

6. El inicio de un debate nacional sobre un tema que tantos preferirían no tocar: cómo reformar y regular a la policía, y el planteamiento de una ley nacional que busque hacerlo.

7. El seguimiento de investigaciones comenzadas por la Fiscalía para Delitos Electorales sobre ilegalidades cometidas por el Partido Verde y su entonces dirigente, Arturo Escobar, entre otros.

8. Una investigación independiente a todos los procesos de licitación en los que hayan participado Grupo Higa y OHL, acompañada de legislación que asegure la transparencia en todas las licitaciones públicas, especialmente las que se están llevando a cabo en el sector energético y de infraestructura.

9. La obligatoriedad de todo candidato y funcionario a hacer público su “3 de 3”: su declaración patrimonial, su declaración de impuestos, y su declaración de intereses en el momento de hacer campaña, de ocupar y de dejar un puesto público.

10. La reducción en 50% del financiamiento público a los partidos y la vinculación del voto nulo con las prerrogativas partidistas.

11. La instrumentación de las recomendaciones del relator especial de la ONU sobre la tortura, para luchar contra la extracción de confesiones a través de esta vía, y castigar la participación de las Fuerzas Armadas y la complicidad de muchos médicos, fiscales y jueces.

12. Cambios constitucionales para la selección de ministros de la Suprema Corte, con el objeto de evitar las cuotas y los cuates, y asegurar una auscultación profunda, transparente e informada por parte del Senado y la sociedad civil.

13. La protección comprometida y eficaz a periodistas amenazados; la investigación a crímenes cometidos contra informadores que han quedado impunes; la remodelación de fiscalías especializadas que no funcionan.

14. Modificaciones a la Ley Federal de Telecomunicaciones capaces de componer las deficiencias a la legislación existente, que ha permitido al IFT declarar “no dominante” a Televisa, aunque concentra 64% de la televisión de paga.

15. La obligatoriedad de tribunales especializados en telecomunicaciones de proveer a los interesados copia de las sesiones videograbadas, para así hacer públicas sus deliberaciones y decisiones, como en el caso de los amparos presentados por colaboradores de Carmen Aristegui.

16. La aclaración de las reglas para la participación y el financiamiento de las candidaturas independientes, para bajar las barreras de entrada en lugar de subirlas, como ha sido el objetivo de las leyes “antibronco” en varios estados.

17. La adopción de la segunda vuelta en la elección presidencial, para asegurar que el ganador llegue al poder con un respaldo mayoritario en lugar de un respaldo mínimo.

18. El mantenimiento de la indignación ciudadana –catalizada por Ayotzinapa– para crear un contexto de exigencia ante la impunidad y la injusticia.

19. La evolución de la protesta a la propuesta mediante recomendaciones de política pública –emanadas de la sociedad civil–, capaces de generar una renovación institucional necesaria. La participación ciudadana en la edificación de un sistema político con contrapesos, con rendición de cuentas, con representación real.

20. El entendimiento por parte de cada mexicano de lo que Barack Obama dijera en su campaña presidencial: “El poder nunca concede sin una batalla desde abajo”. Ya que el poder impune, oligopólico, rapaz, que se ejerce en México no va a hacer graciosas concesiones en nombre de los ciudadanos. Por eso habrá que seguir dando la batalla. En el 2016 y siempre.
21 Diciembre 2015 04:00:11
¿Autoinvestigar Apatzingán?
Tantas inconsistencias. Tantas mentiras. Tanto que se ha intentado esconder, ocultar, acallar.

Apatzingán, como un microcosmos de lo que está mal con la Policía Federal, el Gobierno federal, el entonces comisionado de Seguridad en Michoacán, la estrategia de seguridad, la falta de preocupación del Estado por la vida o los derechos humanos.

Bien, entonces que la Comisión Nacional de Derechos Humanos se haya dado a la tarea de investigar un caso que muchos preferirían silenciar. Un caso que el equipo de Peña Nieto –vía Alfredo Castillo– buscó desaparecer de la agenda pública con explicaciones erróneas y deshonestas sobre lo que ocurrió allí.

Asesinatos y ejecuciones extrajudiciales y el “uso excesivo de la fuerza” por parte de la Policía. Con el involucramiento y/o la complicidad de la Sedena, el Presidente Municipal de Apatzingán, el Gobernador del Estado.

Un “operativo” que debe ser condenado por su brutalidad, su ilegalidad, su violación de normas básicas sobre cómo debe comportarse tanto la Policía como el Ejército.

Un “operativo” donde –según la CNDH– hubo uso excesivo de la fuerza, detenciones arbitrarias, atropellados por la policía, lesiones innecesarias, violaciones a la legalidad por la forma en la cual se levantó un cadáver y cómo se le practicó la necropsia, atención médica negada o demasiado tardía.

Una violación sistemática de derechos esenciales de la población, de principio a fin.

Peor aún, la respuesta del Gobierno y las fuerzas de seguridad a múltiples niveles. Los esfuerzos de la Policía Federal y de la Procuraduría de Michoacán por encubrir y silenciar. La incompetencia demostrada en la falta de preservación de la evidencia en el lugar de los hechos. Las omisiones, la negligencia, lo que no se detectó o investigó de manera deliberada.

Y ante ello, la única respuesta es una recomendación en la que se pide atentamente al comisionado nacional de Seguridad, a la PGR, a la Sedena, al Gobernador y al Presidente Municipal de Apatzingán que “colaboren” en las denuncias y quejas, que “ayuden” en la integración de averiguaciones previas, que “actualicen el marco normativo que regula el uso de la fuerza pública por las instituciones policiales”.

Peticiones vagas, exhortos etéreos, sugerencias a los responsables para que se investiguen a sí mismos. La propia CNDH reconoce que “no investiga delitos ni efectúa indagaciones paralelas a las realizadas por las instancias de procuración de justicia”.

Instancias que no tienen el menor incentivo para indagar o castigar. Instancias que no procuran justicia sino más bien eluden hacerlo.

Hay una realidad que se va asomando de manera brutal en Apatzingán, en Ostula, en tantos sitios más. Ante el surgimiento de las autodefensas, el Gobierno intenta regularlas, convirtiéndolas en fuerzas con las cuales se asocia. Les provee armas, les exige colaboración, demanda su regularización y después se voltea contra ellas. Y lo hace porque las autodefensas se crean para combatir al crimen organizado que el propio Estado –vía la Policía o el Ejército– protege.

Ese día en Apatzingán, alguien ordenó un “operativo” contra autodefensas que ya resultaban disfuncionales. Incómodas. Contraproducentes. Amenazantes.

De allí el envío de 44 policías federales y 287 militares para responder a un informe sobre “personas armadas”.

De allí que un operativo se convirtiera en una acción de ejecución contra civiles –muchos desarmados– que la CNDH no documenta adecuadamente.

Emite una recomendación y hay que congratularla por hacerlo, a la luz de la inacción de la CNDH en años anteriores. Pero no va al fondo del asunto. Soslaya o deja fuera información importante. No responde preguntas que deberían ser contestadas por la máxima institución abocada a proteger los derechos humanos en el país.

¿Por qué el informe no menciona a Alfredo Castillo, encargado de la seguridad de Michoacán en ese momento y ahora director de la Conade?

¿Por qué hubo un operativo tan masivo para enfrentar a un grupo tan pequeño, congregado para pedir que le pagaran los sueldos pendientes?

¿Por qué no aclara el misterio de cuerpos llevados a Cemefos en ciudades distintas, cuyo objetivo parecería esconder lo que el Gobierno se apresuró a negar? ¿Por qué habla de tan solo una ejecución extrajudicial cuando los minuciosos reportajes de Laura Castellanos describen más muertos y más desarmados?

La CNDH afirma que “no está deslindando a nadie” y que “se tiene que investigar”. Y he allí el nudo gordiano: los encargados de investigar son los mismos que preferirían no hacerlo.
30 Noviembre 2015 04:00:19
Magistrados MVSeados
Hay que usar las instituciones para conocer su disfuncionalidad, dice Ai Weiwei, el artista disidente chino. Y por eso fui a la sesión del Tribunal Colegiado especializado en telecomunicaciones a presenciar la discusión sobre un caso que me atañe pero también me trasciende.

Un amparo interpuesto -gracias al equipo de la gran abogada Margarita Griesbach- contra los lineamientos impuestos por MVS que llevaron a la salida de Carmen Aristegui y su equipo del aire. Un amparo que buscaba apelar al “interés legítimo” y a las nuevas disposiciones sobre derechos como la libertad de expresión, contenidas en la reforma constitucional en telecomunicaciones. Sentada allí constaté lo que pocos reconocen pero habrá que confrontar.

Tribunales que interpretan la ley sin conocerla a fondo, magistrados que no entienden el fondo de los casos sobre los cuales votan, reformas que son aplaudidas pero saboteadas a las hora de su instrumentación.

Sentada allí escuché con azoro argumentos que apenarían a magistrados en democracias donde quienes llegan a un tribunal superior lo hacen por competencia y no por disciplina o dedazo. Argumentos espurios o ignorantes o tramposos expuestos por los magistrados Mijangos e Iturbe Rivas. Que aun siendo concesionario de un bien público, MVS no tiene carácter de autoridad por lo que no se le puede reclamar vía un amparo. Que los lineamientos que trató de imponer eran un “plan de trabajo” empresarial y no un intento de censura.

Que yo nunca demostré mi calidad de colaboradora de MVS a pesar de haber formado parte de “Mesa Política” durante seis años. Que el Estado no tiene por qué supervisar cómo una empresa utiliza un bien público aunque viole la Constitución al hacerlo. Que el programa de radio -sin Carmen Aristegui- sigue al aire y la gente “tiene acceso a la conductora” por lo que no se ha afectado la pluralidad.

Planteamientos que revelan un problema muy grave. Tribunales especializados en telecomunicaciones que aún no entienden que la reforma reconoció derechos ciudadanos que deben ser tutelados. Como lo dijo la única magistrada -Adriana Campuzano- que parece entender el artículo sexto y sus implicaciones, la radiodifusión es un servicio público de interés social. MVS por ello debería ser autoridad para efectos del amparo y yo y otros afectados por sus decisiones deberíamos tener “interés legítimo”.

De allí las preguntas que merecen respuesta: ¿Entonces la reforma constitucional en telecomunicaciones no generó derechos ni autoridades responsables de violarlos o protegerlos? ¿Acaso la actuación de una empresa -vía lineamientos y despidos- no afecta la libertad de expresión y los derechos de las audiencias? ¿Para qué se reformó la Ley de Amparo si nunca se va a reconocer el “interés legítimo” y no ha ocurrido en un solo caso? Otra vez parecemos enfrentar reformas aplaudidas que no surten los efectos prometidos y celebrados.

Y una parte importante del problema se encuentra en el Poder Judicial mismo. En magistrados que siguen actuando en función de una lógica de protección empresarial en vez de una óptica de protección de derechos. En magistrados que demuestran una debilidad argumentativa que debe ser escudriñada y aireada y por ello he solicitado vía la Ley de Transparencia el video de la audiencia para que el público pueda ver y evaluar a los magistrados que tenemos. En magistrados que -al margen del fondo del caso o la jurisprudencia- una y otra vez fallan a favor del Estado porque quieren proteger sus carreras y sus puestos.

Pero no pueden seguir ignorando jurisprudencia, reformas constitucionales o sentencias como la que dicta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos al gobierno de Venezuela por violar la libertad de expresión. Ya no deben seguir cerrando los ojos ante el contexto de censura e intimidación que existe para los periodistas en el país, especialmente los independientes y los críticos. Ya no pueden seguir negando que las restricciones a la libertad de expresión se materializan a través de acciones estatales y de particulares -como MVS- que administran una concesión y proveen un servicio público, lo cual genera actos de autoridad. En el caso de la salida forzada de Carmen Aristegui del aire hubo y hay vulneración de derechos. Y los magistrados lo reconocerían si salieran de su burbuja y prendieran la radio por las mañanas. Si escucharan el silencio que hay en torno a temas que ya no son cubiertos, aireados o discutidos. No tendrían cara para decir, como lo dijeron, que “los agravios son infundados”. No serían magistrados MVSeados.
23 Noviembre 2015 04:00:09
Bajo la lupa
Preguntas indispensables que el Senado debe hacer para asegurar la idoneidad de los próximos ministros de la Suprema Corte. Preguntas necesarias para evitar cuotas y cuates, cómplices y correas de transmisión. Preguntas para apuntalar la independencia y la autonomía y el profesionalismo del Tribunal Supremo. Preguntas para que llegue allí alguien más interesado en proteger los derechos fundamentales de la población que en garantizar la protección política a quienes ejercen el poder. Preguntas como las que se le suelen hacer en audiencias públicas –en democracias funcionales– a quienes tendrán el privilegio de la toga y la interpretación de la Constitución.

1) Hace poco la Suprema Corte aprobó el consumo personal de la mariguana basado en un argumento de derechos de la persona. ¿Cree que este precedente debería ser ampliado más allá de los cuatro individuos que presentaron el amparo y a quienes hasta hoy aplica la sentencia? ¿Cuál es su postura en torno a la despenalización de la mariguana para uso medicinal? ¿Cuál es su posición sobre la despenalización para uso comercial?

2) En tiempos recientes hemos visto la proliferación de las llamadas leyes “anti-Bronco” que buscan colocar barreras de entrada a las candidaturas indepependientes. ¿Qué papel debería jugar la Corte en estos casos?

3) El secretario de la Defensa Nacional ha declarado que el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes no puede entrevistar a miembros del Batallón 27 de Iguala porque son “sus soldados”. ¿Cuál es su visión del papel de la Corte en la separación de poderes cuando del Ejército y su comportamiento se trata?

4) En el momento en que una Corte interpreta tratados internacionales es frecuente que considere el derecho internacional. Es más controvertido que ministros apelen a leyes extranjeras en busca de asistencia para interpretar leyes exclusivamente mexicanas como la Constitución. ¿Cuál es su posición del uso de leyes y jurisprudencia de otros países en la interpretación de la Constitución?

5) La Comisión Interamericana emitió 16 recomendaciones en el caso de Rosendo Radilla, desparecido en 1974. ¿Qué opinión le merece que el Estado mexicano aún no haya cumplido totalmente las recomendaciones? ¿Cuál debería ser el papel de la Corte cuando el Estado mexicano incumple sus obligaciones internacionales?

6) La Suprema Corte ordenó la liberación inmediata de Florence Cassez debido a la violación del debido proceso en su caso. ¿Cómo hubiera votado usted y cuál es su opinión sobre el hecho de que su supuesto cómplice –Israel Vallart– lleva 10 años en la cárcel y sin sentencia? ¿No debería ser liberado por los mismos motivos?

7) La reforma penal –el cambio jurídico más importante en los últimos 70 años– va retrasada y ha enfrentado obstáculos políticos, financieros y administrativos en su instrumentación, ¿qué papel debería jugar la Corte para asegurar su éxito?

8) La Suprema Corte no quiso atraer el caso de Carmen Aristegui que ponía a prueba los lineamientos de la protección de derechos humanos en la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones. ¿Usted hubiera atraído el caso? ¿Por qué sí o por qué no?

9) Esta semana la Suprema Corte decidirá si los expedientes sobre la masacre de 72 migrantes en San Fernando deben ser desclasificados. ¿Usted cómo votaría en esta cuestión y en otras que involucran documentos clasificados sobre la actuación de autoridades como la Policía, la Marina y el Ejército?

10) En el caso de Lydia Cacho, la mayoría votó que quizás hubo violación de sus garantías pero que fueron “menores”, “poco graves”. ¿Cómo hubiera votado usted en ese momento y por qué?

11) ¿Qué opinión tiene del proyecto que presentó el ministro Zaldívar sobre el caso de la Guardería ABC, imputando responsabilidades administrativas y políticas a Juan Molinar, exdirector del IMSS? De nuevo, ¿cómo hubiera votado usted en ese caso?

12) Con frecuencia la aplicación justa de la ley corre contracorriente a las simpatías o posturas de un ministro. ¿Cuál es su postura con respecto al derecho a decidir y el matrimonio homosexual y las decisiones de la Corte en estos temas?

13) ¿Qué opina de que el Senado haya votado la Ley Federal de Transparencia aunque la sociedad civil argumenta que contradice la reforma constitucional en la materia? ¿Cuál es su criterio para declarar inconstitucional que se obstaculice el derecho a la información?

14) ¿Cree que haya una diferencia entre procurar justicia y obedecer la ley?

15) ¿Cuál es el ministro o ministra de la Suprema Corte que ha admirado más y por qué?
16 Noviembre 2015 04:00:28
Juzgar a los juzgadores
Una Suprema Corte sin cuotas o cuates. Un Tribunal Supremo sin sometimientos al poder ni conformada para hacer sus encargos. Un recinto autónomo que vele por los derechos fundamentales y no los favores politicos; que interprete la Constitución para darle vida democrática y no sentido oligárquico; que se erija como contrapeso y no como comparsa; que involucre a los ciudadanos en un diálogo sobre el significado de la Carta Magna. Eso exigimos. Eso merecemos. Eso peleamos. Eso es lo que el Senado debe asegurar ahora que revisa las ternas que Enrique Peña Nieto acaba de enviar para ser votadas. Ternas que sorprenden por las diferencias en calidad, por la nebulosidad de algunos perfiles y lo absurdo de otros. Como si el Presidente y su consejero jurídico hubieran hecho caso omiso al movimiento que denunció lo que había pasado en el caso de Eduardo Medina Mora y evitar su repetición.

Ese intento burdo –avalado por el Senado– de volver a la Corte un símbolo y un instrumento del poder político vía la colocación de compadres. Via el nombramiento y la votación “fast track” para evitar la participación ciudadana. Para evitar un proceso abierto, transparente, adversarial que obligara a cada nominado a definir su posición. En lugar de ello vimos la locomotora del Poder Ejecutivo pasar por encima de un Senado que permitió ser arrollado. Gracias a un PAN abyecto. Gracias a un PRD cuya bancada completa no se presentó a votar. Gracias a un proceso que permite todo eso. El “fait accompli”. La terna en donde dos se prestan al juego de ser contendientes cuando sólo uno lo es. La fachada que esconde pulsiones autoritarias.

No podemos permitir que eso pase de nuevo, manchando a la Corte, mancillando su reputación, poniendo en duda su independencia. De allí la importancia de que el Senado haga su trabajo. En el documento que Peña Nieto les envía habla de la importancia de “las cualidades humanas, morales y profesionales de las mujeres y los hombres llamados a integrarse como Ministros en el más alto tribunal de México”. Pero en lugar de presentar un argumento razonado, sofisticado, completo sobre las seis personas que propopone, simplemente expone sus curriculums. Tiene tantos años, estudió en tal lugar, presentó tal conferencia. Nada sobre sus posturas en torno al derecho a decidir, nada sobre la despenalización de la mariguana, nada sobre los derechos humanos, nada sobre el “interés legítimo”, nada sobre la implementación de los juicios orales. Nada sobre qué piensan en torno al papel de la Corte y su desempeño.

Ahora el Senado tiene 30 días para votar y ojalá use bien su tiempo para iniciar un proceso de auscultación serio. De confrontación larga y profunda a cada uno de los candidatos, con preguntas duras, difíciles como las que se le hacen a los candidatos a otras Cortes en democracias que funcionan mucho mejor que la nuestra. De deliberación y argumentación pública en la que participen académicos, especialistas y la sociedad civil. Porque sólo así saldrá a la luz lo que apenas alcanzamos a atisbar. Lo escandalosa que resulta la nominación de Verónica Sánchez Valle, sancionada en 2007 por el Consejo de la Judicatura con un apercibimiento público por “falta de profesionalismo”. Sancionada de nuevo en 2010 por la misma razón. Consignada por la PGR en 2011 por delitos contra la administración de la justicia. O qué decir de Alejandro Jaime Gómez Sánchez, actual procurador general de Justicia del Estado de México. El que salió a negar los hechos de Tlatlaya. El que salió a mentir y ocultar, y ofuscar. Dos candidatos no idóneos para el puesto, quizás colocados como fichas de negociación.

Llegó el momento de sacar a la luz y de manera pública quiénes son estas personas. De donde vienen, qué han hecho, en qué creen. Porque son los que van a interpretar y defender principios constitucionales. Porque quienes sean electos deben mantener el balance, la autonomía, la pluralidad de la Corte. Y no deben llegar quienes quisieran convertirla en un órgano del poder politico. Quienes quisieran que dejara de corregir las deficiencias del proceso gubernamental. Para impedir eso el Senado no puede abdicar su responsabilidad: le toca hurgar, preguntar y confrontar sin cortapisas. Le corresponde juzgar a los juzgadores. Y a nosotros como ciudadanos activos también.
09 Noviembre 2015 04:00:21
Slim: rey de reyes
El rey de reyes. El gigante entre liliputenses. El hombre más rico de México y entre los más acaudalados del mundo. Alguien que ha respaldado en momentos críticos al PRI y en otros, por conveniencia, a López Obrador. Casado por Marcial Maciel. Alguien con un indudable olfato, instinto y talento empresarial. Alguien que en comparación con otros multimillonarios en el mundo, ejerce una filantropía bastante tacaña, calculadora y que se vuelve una forma de hacer política por otros medios. Sofisticado en algunas cosas, simplón en otras, propositivo en ciertos temas y pueril en otros tantos, cosmopolita y también profundamente provinciano. Ése es el retrato polifacético que emerge del imperdible libro de Diego Enrique Osorno, Slim: Biografía Política del Mexicano más Rico del Mundo. En él no lincha ni glorifica, pero sí expone.

Y el retrato dista de ser halagador. Omnipresente en la vida de los mexicanos, Slim domina un abanico de sectores y posee una fortuna estimada en el 7% del PIB. Una fortuna producto de decisiones audaces e inteligentes, pero también de gobiernos y reguladores que lo crearon. Lo propulsaron. Lo protegieron. Más que un empresario innovador, emerge como prototipo mexicano de los oligarcas rusos, que han multiplicado sus fortunas bajo la sombra del poder. Protagonista principal del capitalismo oligárquico en el cual el tráfico de influencias ocupa el vacío dejado por la falta de leyes y gobiernos fuertes.

Osorno pregunta si Slim es una buena persona. Pero me parece que esa no es la pregunta central que debería hacerse en torno a él. Esa pregunta quizás llevaría a evaluarlo positivamente tan sÓlo porque tiene hábitos personales modestos, maneja su propio carro, y no despliega una vida ostentosa como otros millonarios mexicanos. Ello sería equivalente a argumentar que John D. Rockefeller -el monopolista más exitoso que ha precedido a Slim en la historia- debió ser alabado por la sociedad de su tiempo porque trataba bien a los perros y a los niños. Y tan no fue así que el Gobierno intervino y partió el monopolio de Standard Oil, nivelando de ese modo el terreno de juego del capitalismo estadunidense.

México tiene que discutir seriamente el papel nocivo que Slim ha tenido sobre la competencia en telecomunicaciones y tantos otros ámbitos. Tiene que escrutinar la operación del sistema económico disfuncional que lo produjo y le permite seguir expandiendo su imperio. Un capitalismo de cuatitud que Slim ha logrado poner a su servicio aprovechándose de instituciones débiles, funcionarios cómplices, legisladores doblegados, consumidores sin recursos legales para enfrentar su expoliación y medios mayoritariamente silenciados que dependen de su publicidad y apoyo financiero.

Con un alto costo para el país y sus ciudadanos. El economista Gerardo Esquivel calcula que entre 2005 y 2009, el monopolio de telecomunicaciones de Slim significó la pérdida de bienestar a los mexicanos superior a 129 mil millones de dólares, casi 1.8%del PIB anual. Por la falta de competencia y la concentración del mercado. Por la debilidad de las instituciones mexicanas que no contuvieron a Slim, sino que le
permitieron seguir cobrando tarifas exacerbadas. Por un proceso de privatización discrecional, personalizado, protector que convirtió a Telmex en una vaca que Slim ordeñó durante años.

Ojalá el libro de Osorno lleve a la discusión indispensable sobre cómo México crea multimillonarios al estilo Slim, sobre la desigualdad, sobre el influyentismo, sobre la ética empresarial. Y sobre el legado de un hombre con una fortuna de 77.1 mil millones de dólares. Un legado que podría ser mucho mejor del que ha dejado hasta ahora, lejos del que dejará Bill Gates. Una huella profunda que vaya más allá de la filantropía minimalista y mediocre que le ha dado al país que le permitió ser quien es y tener lo que tiene.

PD. En el libro Slim trata a sus críticos -el Wall Street Journal, la OCDE, los respetados autores del libro Why Nations Fail, yo incluso- con desdén. Los califica de poco serios, comprados o “babosos”. Slim afirma que yo no siempre he dicho la verdad sobre él. Le pido atentamente que señale mis inexactitudes para aclararlas. Aprovecho también para corregir las muchas que él pronuncia a lo largo del libro, específicamente una que me atañe: Slim dice que en un evento del ITAM en el cual participó, yo envié a un grupo a atacarlo. Falso. Una alumna se levantó, lo cuestionó y lo hizo motu proprio, seguramente cansada de ser exprimida por su cuenta mensual de Telmex.
26 Octubre 2015 03:00:13
¿Pachecos o postrados?
Aquí postrados ante una guerra que nadie, nunca, podrá ganar. Peleando contra un enemigo –el mercado del narcotráfico– que nadie, nunca, podrá vencer. Una guerra repleta de sacrificios humanos, alianzas inconfesables, corrupción corrosiva y estadísticas brutales que no ha producido los resultados prometidos.

En lugar de contener la violencia, ha llevado a su implosión.

En lugar de desmantelar a los cárteles, ha llevado a su dispersión.

México hoy es un país más inseguro, más inestable, más violento que cuando el Gobierno decidió volver a la mariguana el mayor mal del país.

Y con resultados cada vez más contraproducentes como la disputa intestina por el control territorial, la complicidad gubernamental y el poder creciente de los cárteles mexicanos, desde las cárceles del Altiplano hasta Iguala.

Enhorabuena entonces que el ministro Arturo Zaldívar reconoce la realidad que muchos quisieran rechazar, vía un proyecto que propone despenalizar para uso personal el uso de la mariguana.

Enhorabuena la intervención que llevó a aliviar –vía un derivado de mariguana– el sufrimiento de Grace, una niña doblada de dolor.

Aplausos a quienes entienden que millones de personas alrededor del mundo pueden acudir a un dispensario a recibir mariguana por razones médicas o la consumen por razones recreativas.

Legalmente.

Si el país hiciera lo que el ministro Zaldívar propone y la Suprema Corte debería apoyar, habría beneficios que ni siquiera han sido contemplados o sopesados.

Al despenalizar, podríamos tratar a los verdaderos adictos como enfermos y no como criminales.

Podríamos disminuir los ingresos de los cárteles y bajar la violencia vinculada con el narcomenudeo. Más importante aún: podríamos llevar a las fuerzas de seguridad a enfocarse en la tarea que le toca.

Hoy la Policía pasa demasiado deteniendo a consumidores y vendedores de mariguana, que rápidamente son reemplazados por otros.

Hoy la Policía extorsiona a dos de cada tres detenidos y se vuelve así soldado de una guerra fútil que no extermina a los enemigos, pero sí corroe a las instituciones.

Hoy la Policía corretea a pachecos en lugar de perseguir a ladrones.

Hoy la Policía va tras los muchachos de Ecatepec, pero no los de Polanco.

En esta guerra que postra a las instituciones y a las personas, encarcelamos por años a quienes sólo portaban o consumían: 60% de los presos están allí por delitos de drogas y 80% por portación o consumo.

Y es una droga que no necesariamente produce “enfermos” o “adictos”.

Hay profesores universitarios, exmiembros del Gabinete presidencial, grandes empresarios, médicos y deportistas que han usado recreativamente la mariguana a lo largo de su vida sin tener un problema de dependencia.

En lugar de argumentar que cierto tipo de despenalización produciría una catástrofe social –lo cual no está demostrado en países que lo han hecho–, centremos la discusión en los beneficios concretos que sí podría entrañar. Preferible un país con algunos pachecos a un país de 120 millones de postrados.

Pie de página: Hay columnistas que investigan y analizan los avatares del país para contribuir al debate público.

Hay otros que prefieren usar su tiempo, su energía y su talento para denostar a otros analistas. En tiempos recientes ha habido textos críticos sobre mi trabajo pero que no se centran en mis argumentos, sino en mi pelo, mi forma de vestir, mi salud mental, mi calidad moral, mi presunto lesbianismo, los supuestos “pagos” que recibí por promover el voto nulo, y cómo estoy “manejando mal mi menopausia”.

Estos textos suelen describirme como la “señora Dresser” en lugar de “maestra” o “doctora”, sugiriendo que en lugar de hacer análisis político, debería estar en el lugar que me corresponde: en casa horneando galletas. La última embestida sugiere que me “autoplagio” ya que una acuciosa investigación –de las que uno quisiera ver sobre Ayotzinapa, Tlatlaya, Tanhuato u OHL– descubre que de las aproximadamente 856 columnas que he escrito desde 1999, hay repeticiones de frases y analogías en media docena de ellas. Mea culpa sincera ante mis lectores por ser reiterativa, ante el reto de una clase política que sigue arrastrando los mismos vicios. También va mensaje para quienes desprestigiarme se ha vuelto un hobby: muchos de ellos están donde están y escriben donde escriben por nepotismo, favores políticos, subcontratar columnas a sus asistentes, pagos con la consigna de golpear o escribir notas falsas que venden bien.

Y como dice el adagio, quienes viven en casas de cristal deberían tener cuidado de aventar piedras.
12 Octubre 2015 03:00:06
OHL: Enron mexicano
El verdadero escándalo. El caso más explosivo y el menos explorado.

El Enron mexicano, repleto de ejecutivos corruptos, autoridades cómplices, cifras amañadas, consumidores engañados, auditores a modo. OHL y el Circuito Exterior Mexiquense, que revela muchas de las facetas malolientes de la economía política mexicana. La forma tramposa en la cual se hacen licitaciones, se reserva información, se cobra a los usuarios, se enriquece a los ejecutivos y a sus amigos en el Gobierno.

Y cómo el Poder Judicial, en lugar de investigar las denuncias, inculpa a quienes denuncian.

OHL participa en un proyecto cuyo presupuesto original iba a ser de 5 mil 637 millones de pesos. Monto que luego crece a 18 mil 628 millones de pesos. Cantidad que después la empresa infla –falsamente– a 23 mil 376 millones de pesos.

Y con esos números falsos, el Gobierno modifica la concesión para que pueda ganar más dinero, con incrementos en las tarifas, en 50%, y hasta el 2051.

No sólo eso. Después rechaza la instalación de un sistema de verificación independiente para evaluar exactamente qué está pasando con el aforo, los ingresos, los servicios de la obra.

Ese sistema llega a la conclusión de que OHL ya había recuperado su inversión en el proyecto, por lo que la concesión debía terminar.

Pero no fue así. De pronto el Gobierno del Estado de México para el sistema independiente de verificación.

De pronto, el gobernador Eruviel Ávila reserva toda la información sobre OHL por nueve años.

De pronto empezamos a oír grabaciones describiendo actividades corruptas entre ejecutivos de OHL y miembros del Gobierno federal y el Poder Judicial. Salen notas periodísticas por aquí y por allá, pero ninguna investigación en firme porque hay demasiados intereses de por medio.

Y mientras tanto OHL ha obtenido ingresos por cuotas cuestionables de peaje por más de 12 mil millones de pesos. Montos que equivalen a miles de casas blancas y casas en Malinalco, y casas en Ixtapan de la Sal.

Tasas de rentabilidad que ninguna otra empresa constructora en el mundo tiene. En una obra así, en una zona así, la tarifa debería ser de 1.56 pesos por kilómetro y actualmente es de 2.19 pesos.

Y todo porque OHL está políticamente protegida, arropada, cuidada. Por eso la investigación en el Senado propuesta por la panista Laura Rojas no avanza. Por eso Emilio Gamboa Patrón congela los siete puntos de acuerdo que incluyen investigar al secretario de Comunicaciones y Transportes. Por eso hasta los propios auditores –Deloitte– le han permitido a OHL mantener un manejo oscuro de su inversión, su deuda, sus supuestas utilidades.

OHL se está endeudando “a cargo de su concesión”. Está generando deuda pública –con una empresa extranjera– y eso lo sabe y lo permite Luis Videgaray. No importan las denuncias, los audios, la trama de sobornos y tráfico de influencias que llega hasta el picaporte de Los Pinos. OHL ha logrado convertirse en cuate privilegiado del capitalismo de cuates.

Cuatitud impulsada por Eruviel Ávila, por Gerardo Ruiz Esparza, por Luis Videgaray. Cuatitud en la cual está también involucrado –otra vez– el Grupo Higa, encargado de la construcción del monumento Torre Bicentenario en Toluca, el cual le fue adjudicado “generosamente” por OHL con cargo a los usuarios del Circuito Exterior Mexiquense y con fondos federales.

Un ejemplo más del vasto universo de ilícitos que involucra al sector de la construcción en nuestro país.

OHL sólo revela una práctica común que llevó a la implosión de Enron: registra una inversión que no tiene –porque ya la recuperó– y unos ingresos que igual tampoco tiene.

Y el Estado mexicano quiere asegurar que los tenga porque algún beneficio obtendrá. Basta con atender la frase famosa “follow the money”. Sigamos la pista del dinero que terminará en algún proceso electoral o en la bolsa de algún funcionario.

De allí el imperativo de investigar y auditar y hacer del conocimiento público a quien ha permitido este fraude, más lo que significa.

Y que la investigación abarque todas las operaciones de OHL celebradas con el Gobierno federal. Y que la investigación acabe en los tribunales españoles, donde podríamos encontrar una justicia que en México no se dará.

Al contrario, lo que ocurre aquí es que al abogado que denuncia lo ocurrido, la PGR le “siembra” un arma y lo detiene injustificadamente durante más de 24 horas. En lugar de airear el caso del Enron mexicano, los culpables buscan callar a quien lo evidenció.

Enséñame un mentiroso y te mostraré un ladrón, dice el dicho. OHL –auspiciado por el Gobierno– es ambos.
05 Octubre 2015 03:00:09
Verdad a la vista
¿Por qué la verdad engendra odio?, pregunta san Agustín. Y la misma pregunta habría que hacerla a los miembros del Estado mexicano que se han dedicado a deslegitimar el informe preliminar de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “Superficial”, alega la Cancillería. “Creo que a la Comisión le han platicado una realidad, pero no ha visto la verdad”, lanza Manlio Fabio Beltrones. “No refleja la situación del país”, declara Roberto Campa. Y todo porque la CIDH alertó sobre una situación que ha vivido y padecido cualquiera que ha perdido un hijo, visto morir a un padre, sido víctima de una desaparición forzada, sido colega de un periodista asesinado, caminado por las calles de Iguala o Tampico o Apatzingán. Cualquiera que ha revisado las cifras sobre homicidios, secuestros, desapariciones o tortura en México.

Documento tras documento retrata a un país que las autoridades se niegan a mirar, enfrentar, reconocer. He allí la verdad que preferirían no oír. Ni de la CIDH, ni de la OEA, ni de la ONU, ni del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes sobre Ayotzinapa. La verdad sobre la grave crisis de derechos humanos que vive México y que si no es encarada, persistirá. La inseguridad y la violencia. Las graves violaciones, en especial la desa-parición forzada. Las ejecuciones extrajudiciales y la tortura. Los niveles críticos de impunidad y la atención insuficiente a las víctimas. Lo que día con día enfrentan los pobres, los migrantes, los desplazados internos, las mujeres indígenas, las minorías sexuales. Tantos a quienes se les hostiga, se les dispara, se les desaparece, se les silencia para que paren los reclamos de justicia y verdad. Para acallar las voces que México más necesita.

Y esto no es nuevo. Viene de antes. Viene de atrás. Viene desde el 2 de octubre cuando se instaló la impunidad, cómoda y apoltronada en el sistema político. Por eso la CIDH se refiere a una “situación estructural” ya que continúan los asesinatos sin números confiables, sin identificaciones individuales, sin un total de personas ejecutadas o desaparecidas, entonces o ahora. La verdad es alarmante y ojalá nos alarmemos. Allí están las cifras y los testimonios sobre secuestros a manos de la delincuencia organizada. O las desapariciones forzadas a manos de agentes del Estado. El pasado presente. La impunidad de ayer viva hoy. Producto de gobiernos cómplices o ineptos o incapaces de llevar a cabo investigaciones confiables. Como la PGR y su “cadena de custodia” en Ayotzinapa. Como la PGR y su siembra de armas a adversarios políticos. Como la PGR y su resistencia a instrumentar las medidas cautelares que le son exigidas para proteger a periodistas o a testigos.

Obligando así a los familiares a descubrir y desenterrar fosas por sí mismos. A ir de organización en organización en busca de información que no encuentran. A cargar carteles con las fotografías de sus desaparecidos, con la esperanza de que alguien -algún día- en el Gobierno los escuche. A colar tierra en busca de las dentadura de sus hijos. Los angustiados, los desconsolados, en búsqueda perpetua porque el Estado no cumple con su deber de investigar, de documentar, de apoyar, de reparar. Porque el Estado parece odiar la verdad y por ello se empeña en subregistrar las cifras. Porque a pesar de las importantes reformas en derechos humanos que se han introducido en México, persiste una profunda brecha entre el andamiaje legislativo y judicial y la realidad de millones de mexicanos. Muchos a la intemperie sin acceso a la justicia independiente, la justicia expedita, la justicia veraz.

Hay algunos avances. Hay muchas leyes nuevas. Pero la CIDH tiene razón al hacer el llamado enérgico de atención que le hace al Estado mexicano. Tiene razón al recomendar lo que recomienda. Investigaciones diligentes e imparciales en los casos de Apatzingán, Tanhuato y Tlatlaya. Instrumentación de las medidas pedidas por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes en el caso de Ayotzinapa. Medidas para lidiar con y prevenir la tortura y las ejecuciones extrajudiciales y las desapariciones forzadas y las agresiones a periodistas y los asesinatos. Pero eso sólo ocurrirá si el Estado mexicano es capaz de aceptar la verdad en lugar de desacreditarla. Si en lugar de mancillar la reputación del mensajero, atiende el mensaje. Ralph Waldo Emerson escribió que cuando la verdad es lastimada, hay que defenderla. Lo terrible del caso mexicano es que los ataques a esa verdad a la vista provienen del propio Estado. Y la verdad puede doler, pero las mentiras matan.
28 Septiembre 2015 03:00:47
Presidente perdido
Enrique Peña Nieto parece estar contento consigo mismo, siempre. Enrique Peña Nieto dice que el país se mueve, se mueve. Enrique Peña Nieto argumenta (que) no es necesario cambiar nada, absolutamente nada. Con ello el Presidente demuestra que padece un autismo político –con perdón para los autistas– que alarma y manifiesta todos sus síntomas. Como cualquier autista, ríe sin tener motivos aparentes para hacerlo; actúa como si estuviera sordo; no tiene ninguna apreciación del peligro; habita un mundo propio. Un mundo raro. Un planeta paralelo.

Sus discursos lo revelan, su reacción inapropiada ante Ayotzinapa lo ejemplifica, su (el) nombramiento de Arturo Escobar lo confirma. El Presidente vive en una burbuja. Vive sin entender la realidad que lo rodea. Repite palabras y frases de manera obsesiva, como la noche del Grito de Independencia, ante un Zócalo semi-vacío? No responde de manera normal frente a los estímulos externos. Ha desarrollado una discapacidad que afecta el desarrollo de su gestión y amenaza con despedazarla. Su cerebro no funciona como el de un político que quiere y sabe cómo usar el poder. No reacciona como un líder con reflejos rápidos frente a retos permanentes. Se le ve desenganchado, se le ve desorientado, se le ve cada día más distante del país que dirige. Viaja a Nueva York en vez de liderar el luto nacional sobre Ayotzinapa.

La anormalidad es cada vez más evidente. El desfase es cada vez más preocupante. Los síntomas están allí y emergen a diario. El Presidente afirma que su gobierno está comprometido con la verdad cuando –en caso tras caso– la PGR parece empeñada en ocultarla. El Presidente apela a indicadores verificables y medibles, cuando la mayor parte de la población dice creerle poco o nada cuando los reitera. El Presidente habla de la reinvención del sistema de procuración de justicia y el combate a la corrupción, cuando el caso de OHL demuestra que no es así. El Presidente habla de estrategias económicas que han dado resultados, cuando millones de mexicanos sienten que su situación económica ha empeorado.

Pero como todos los autistas políticos, Peña Nieto enfrenta un déficit de sensibilidad. Al igual que los pobladores de mundos propios, se resiste al cambio y no cree que sea necesario llevarlo a cabo. Insiste en presentar listas de logros aunque a nadie ayuden. Insiste en exhibir números aunque sean políticamente irrelevantes. Insiste en hablar de leyes que ha impulsado aunque sigan tan atoradas como el Sistema Nacional Anticorrupción. Insiste en la eficacia de las instituciones aunque la población no concurra. Insiste en mantener en el puesto a Gerardo Ruiz Esparza aunque los costos políticos sean cada vez más altos. El Presidente gobierna el país que existe únicamente en su cabeza y no encuentra referentes en la realidad.

Por ello no sorprende que –como los autistas– tenga problemas para comunicar su mensaje. Por ello no llama la atención que –como los autistas– enfrente dificultades para entenderse con los padres de Ayotzinapa. Por ello es explicable que –como los autistas– insista en rutinas, rituales, movimientos repetitivos. No puede evitarlo, no puede controlarlo, no puede aliviar un mal que ni siquiera comprende. No reacciona ante las mismas experiencias como lo hace la mayoría de los mexicanos. No pide ayuda porque no cree que la necesita. No entiende la tristeza que despierta su gobierno porque es incapaz de sentirla en carne propia. Sin saber cómo reaccionar ante Ayotzinapa, Tlatlaya, Tanhuato, Ostula, la fuga de “El Chapo”, la “casa blanca”, OHL, los conflictos de interés, la depreciación del peso y de la imagen internacional que construyó, el Presidente ha perdido el piso. Tumbado sobre él y con la mirada perdida, Peña Nieto no entiende o desestima las críticas. No sabe por qué la prensa internacional repite un diagnóstico de confusión, estancamiento, depresión, desánimo, desorientación.

Para mala fortuna de los mexicanos, el autismo es incurable. La enfermedad presidencial no tiene remedio ni salvación. Enrique Peña Nieto continuará exhibiendo la conducta que lo ha caracterizado, continuará demostrando la falta de realismo que lo ha acorralado, continuará viviendo la fantasía sobre sí mismo que Televisa le ayudó a elaborar y a vender. México está en la frontera del caos y el Presidente no sabe qué hacer. México enfrenta la tormenta perfecta y el Presidente cree que tan sólo es una llovizna. Al país lo gobierna alguien que dice transformar la realidad cuando se rehusa a aprehenderla. México llora y su Presidente sólo sabe sonreír.
21 Septiembre 2015 03:00:48
Parar el ‘premio’
Para el Gobierno de Enrique Peña Nieto, la opinión pública es como la carabina de Ambrosio: un objeto inútil. Algo que se puede ignorar. Algo que no sirve excepto a la hora en la cual hay que convencerla de votar. Y tan es así que el Presidente designa a un delincuente para prevenir el delito. Nombra a Arturo Escobar, exvocero del Partido Verde, como subsecretario de Gobernación, encargado de prevenir el crimen y promover la participación ciudadana. Ignorando la trayectoria maloliente de un marrullero. Ignorando la hoja de vida de alguien que se ha dedicado a violar la letra y el espíritu de la ley. Pero eso no importa. Lo que a Peña Nieto le preocupa no es nombrar a un funcionario eficaz, sino premiar a un operador obediente.

Basta con recordar cómo Escobar describió su nombramiento: fue un “premio”. Una recompensa por los votos que el Verde proveyó, las multas que acumuló, la legislación electoral que violó, las autoridades electorales que doblegó. Todo ello para que el PRI pudiera mantenerse en el poder apoyado en una marca menos manchada que la suya. Todo ello para inaugurar una estrategia que llevó a la supremacía electoral en 2015 y que llevará a la victoria presidencial en 2018. Y Escobar sonriente recibe el trofeo por las mejores trapacerías. Recibe el honor por el deshonor. Ostenta la medalla que el Presidente le coloca y la muestra orgullosamente, como si ambos no supieran qué significa. La validación de la colusión. La celebración de la ilegalidad. La muestra de cómo funciona la democracia mexicana: a base de cachetadas con guante verde que el priismo le propina a la población.

Porque no hay otra manera de interpretar el nombramiento. Es un acto de arrogancia. Es un acto de insensibilidad. Es un acto en el cual se le manda un mensaje a todas las personas y organizaciones que luchan para prevenir el delito: lo que ustedes piensen, exijan o digan nos importa lo mismo que un comino, lo mismo que una carabina descargada. Y corre en sentido contrario a lo que la actual Administración impulsó: una política y un programa de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia que creó grandes expectativas. Algo que fue aplaudido, aceptado, impulsado. Algo a lo cual cientos de personas provenientes de la sociedad civil dedicaron su conocimiento, su experiencia, su talento, su buena voluntad. Vieron cómo la Subsecretaría fue aprendiendo y promoviendo las mejores prácticas. Vieron cómo empezó a crear nuevas herramientas para lidiar con viejos problemas.

Pero el nombramiento de Escobar no concuerda con la construcción, sino más bien sugiere la destrucción. Si es fiel a los principios de su partido, utilizará al Pronapred para pagar complicidades, construir clientelas, y disponer patrimonialmente del presupuesto. Si es un reflejo de lo que el Verde enarboló, asumirá una postura punitiva, divisoria y vengativa como la diseminada en cineminutos a lo largo del país. Porque esa es su naturaleza y la del partido que encabezó. Así se han comportado y se seguirán comportando: corrompiendo, simulando, mintiendo, burlándose de la ley y de la democracia. El partido ecologista que nunca ha dejado de ser priista.

Como lo demostró cuando fue detenido en el aeropuerto de Chiapas -en temporada electoral- cargando una maleta con miles de pesos en efectivo cuyo origen no supo explicar. Alguien así no merece ser premiado, ni designado, ni colocado al frente de una subsecretaría encargada de prevenir lo que él ha promovido. Alguien así no es un servidor público en el cual se pueda confiar ni con el cual es posible dialogar. No tiene experiencia en el tema de prevención del delito. No tiene la menor idea sobre el diagnóstico que hizo México Evalúa, sobre el Pronapred subrayando sus buenas intenciones, acentuando sus limitaciones, proponiendo recomendaciones. Lo que sí tiene es el aval presidencial a una carrera construida a base de corruptelas y chanchullos.

Es por ello que decenas de organizaciones de la sociedad civil y académicos y expertos en prevención del delito rechazan la petición que hiciera el secretario de Gobernación al nombrarlo: “dejemos que los hechos hablen”. Los hechos ya hablaron. Arturo Escobar no es un admirable servidor público sino un abominable cómplice. No es un eficaz funcionario que se aboca a cumplir la ley sino un saboteador de su cumplimiento. No es un un aliado de la sociedad civil sino alguien que ha sido premiado por ignorarla. Será insuficiente suspender el diálogo con el nuevo subsecretario como algunos han sugerido; habría que revocar el premio y arrebatárselo.

14 Septiembre 2015 03:00:30
Gobernar mintiendo
Preguntas sobre Ayotzinapa para la PGR:

1) ¿Por qué si dicen que van a incorporar las recomendaciones del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) al caso Ayotzinapa, insisten en hacer nuevos peritajes en el basurero de Cocula, cuando el Informe asienta de manera contundente que 43 estudiantes no fueron incinerados allí?

2) ¿Por qué a pocas horas de que el Informe fuera presentado ya había medios mexicanos tratando de desacreditarlo, presentando entrevistas con peritos que nunca han estado en el basurero de Cocula?

3) ¿Por qué en condiciones mejores para incinerar cuerpos –Pueblo Viejo, por ejemplo– quedan restos de huesos que en Cocula son inexistentes?

4) ¿Por qué la PGR ignora tantas contradicciones en el expediente sobre el basurero, arribando a conclusiones equivocadas sobre una incineración allí sin bases y usando a peritos con poco entrenamiento?

5) ¿Por qué siguen centrando la atención en el basurero cuando el Informe revela tantas otras líneas de investigación por seguir que la PGR nunca tomó en cuenta?

6) ¿Si hay nuevos peritajes se compromete la PGR a que participe el perito nombrado por el Grupo Interdisciplinario, José Torero?

7) ¿Por qué la “verdad histórica” presentada por Murillo Karam jamás mencionó la participación de la Policía Federal y Estatal en los incidentes de Iguala y colocó toda la culpa sobre la Policía Municipal?

8) ¿Por qué la “verdad histórica” de Murillo Karam se basó exclusivamente en función de las declaraciones –ahora comprobadas como falsas– de los imputados?

9) ¿Qué dice la PGR ante el hecho de que la Policía Federal mintió descaradamente, diciendo que esa noche todos sus miembros estaban acuartelados, cuando en realidad estuvo presente en muchos de los incidentes de violencia?

10) ¿Por qué la PGR intentó “encapsular” la narrativa, centrándola en José Luis Abarca, cuando había muchos más elementos de seguridad involucrados?

11) ¿Por qué parecería que la PGR y sus aliados están tratando de desviar la atención de lo que el Informe revela, en particular el involucramiento de los diferentes niveles de la Policía, la presencia del Ejército, y la existencia de un quinto autobús?

12) ¿Por qué a la hora en que el GIEI detecta la presencia de un quinto autobús y pide verlo, le muestran uno que no corresponde con los videos obtenidos?

13) ¿Por qué la PGR no ha dicho que va a concentrar su atención en descubrir la identidad de la persona que, según el Informe de GIEI, coordinó la operación contra los estudiantes esa noche?

14) ¿Va a hacer pública la PGR el contenido de las comunicaciones sostenidas en el C4 –entre la Policía municipal, estatal, federal y el Ejército– el 26 de septiembre? ¿Explicará la PGR por qué hay silencios y cortes en esas comunicaciones?

15) Si el Presidente es el jefe de las Fuerzas Armadas, ¿por qué no ordena a la Sedena que permita al Grupo Interdisciplinario entrevistar a los miembros del Batallón 27 de Iguala, cosa que la Sedena se ha negado a hacer? ¿O acaso la Sedena se gobierna sola?

16) ¿Por qué la PGR nunca informó de la ropa de varios normalistas que encontró y poseía y no cuidó como evidencia de la manera que debía haberlo hecho?

17) ¿Por qué la PGR no ha declarado que hará la investigación sugerida por el GIEI sobre todos los hornos crematorios –públicos y privados– de la zona?

18) ¿Cómo explican las contradicciones en las declaraciones del chofer de uno de los autobuses? ¿Cómo explican que declara una cosa en el expediente pero entrega una hoja escrita a mano con una versión distinta?

19) ¿Por qué el equipo responsable de la “verdad histórica” –con la excepción de Murillo Karam– sigue allí, cuando cometió tantos errores, ahora evidenciados internacionalmente?

20) ¿Está la PGR dispuesta a poner a la disposición del GIEI un grupo de investigación diferente, más dispuesto a esclarecer que retrasar u ocultar u omitir?

21) ¿Está la PGR dispuesta a ampliar la investigación para saber si efectivamente el quinto autobús estaba involucrado en la transportación de droga? ¿Colaboraría la PGR con la DEA y otras instancias internacionales para averiguarlo y detectar qué tan grande es la red de narcotráfico y a quién incluye?

22) ¿Está dispuesta la PGR a limpiar la investigación amañada de la “verdad histórica”, proceder por nuevas rutas y romper los pactos de silencio que se han establecido entre las diferentes corporaciones involucradas?

¿O seguirá mintiendo?
03 Agosto 2015 04:00:20
Fue el Estado
Porque a la lista de periodistas muertos se acaba de añadir el nombre de Rubén Espinosa, fotorreportero de la revista Proceso.

-Porque huyó de Veracruz y de las amenazas que había recibido reiteradamente allí.

-Porque Veracruz se ha vuelto el estado más peligroso para ser periodista en el país.

-Porque al llegar al Distrito Federal, las autoridades hicieron caso omiso a su historia.

-Porque la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión es una broma, una farsa, un cascarón institucional creado para dar la impresión tramposa de que el tema es prioritario.

-Porque de qué sirve un mecanismo de protección dependiente de la propia Secretaría de Gobernación, o sea del Estado, si se ha vuelto fuente primaria de la agresión.

-Porque qué utilidad tienen los “botones de pánico” que no funcionan y los “rondines de vigilancia” que actúan de manera intermitente.

-Porque detrás de la máscara de “protección”, se oculta la cara de la agresión.

-Porque descubrieron el cuerpo de Rubén junto con los de cuatro mujeres –periodistas y activistas– que habían sido torturadas.

-Porque la Procuraduría del Distrito Federal dice que la línea de investigación es de “robo”.

-Porque la procuradora Arely Gómez dedicó su tuit del día a desearle feliz cumpleaños a Angélica Rivera y no a #JusticiaParaRubén.

-Porque el ejercicio de la libertad de prensa está en peligro, en declive, acorralado por la violencia contra la prensa y los defensores de derechos humanos.

-Porque el Gobierno de Enrique Peña Nieto ha creado un clima cada vez menos tolerante a la crítica y al disenso, y cada vez más adepto al hostigamiento y la intimidación.

-Porque en este sexenio, el promedio de agresiones a la libertad de expresión subió 80 por ciento.

-Porque los principales perpetradores contra la prensa –como reporta Artículo 19– son las autoridades. Ya sea el gobernador o el presidente municipal o el legislador o la policía o el director de Comunicación Social de Los Pinos. O en este caso Javier Duarte, en Veracruz, cargando con 14 cadáveres de periodistas asesinados. En este sexenio 48% de las agresiones a periodistas ha sido cometido por algún funcionario público.

-Porque el Estado mismo amordaza, asesinando con un arma o silenciando vía un despido orquestado como el de Carmen Aristegui.

-Porque los principales periódicos están cerrando sus unidades de periodismo de investigación o censurando el trabajo de quienes lo producen.

-Porque el arma con la cual se asesina al periodismo mexicano es la impunidad que genera miedo, que arrincona, que inhibe la responsabilidad de comunicar temas de interés público.

-Porque en México se agrede a un periodista cada 26 horas sin que haya una investigación, una sanción.

-Porque allí están las amenazas verbales o por internet, o los secuestros o la diseminación de datos personales en redes sociales, o el bombardeo de las oficinas de periódicos que denuncian en vez de callar.

-Porque allí están los contenidos falsificados y los portales atacados y los periodistas difamados y los comunicadores objeto de campañas de desprestigio vía Twitter.

-Porque nadie en realidad previene, investiga, juzga o sanciona ataques a periodistas, a pesar de las muertes en ascenso, a pesar de las medidas cautelares dictadas por la CIDH a la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra la Libertad de Expresión.

-Porque nadie sabe qué ha pasado con el fideicomiso público creado para aplicar medidas de infraestructura que garanticen la seguridad de periodistas, como los circuitos cerrados de televisión, la alarmas, los sistemas de monitoreo vía internet, los microchips de localización. Todo lo que pudo haber sido utilizado para prevenir la muerte de Rubén Espinosa y de tantos que lo precedieron.

-Porque ante el asesinato del periodismo en México lo que no podemos hacer es callar, guardar silencio, aceptar el féretro y el pétreo mascarón.

-Porque han sido asesinados en Veracruz los siguientes periodistas cuyos nombres no olvidamos: Noel López, Miguel Ángel López, Misael López, Yolanda Ordaz de la Cruz, Regina Martínez, Gabriel Huge, Guillermo Luna, Esteban Rodríguez, Víctor Báez, Gregorio Jiménez, Moisés Sánchez, Armando Saldaña Morales, Juan Mendoza, Rubén Espinosa.

-Porque qué pasa después del asesinato de otro periodista más en México. Nada. Nada. Nada. Nada.

-Porque nadie puede permanecer impasible después de abrazar –en la marcha honrando a Rubén Espinosa– a una mujer que te susurra en el oído: “Fui su compañera”.





29 Septiembre 2014 03:00:41
Terrenos tóxicos
En México hoy hay más en juego que 40 millones de litros de sustancias tóxicas tiradas al río en Sonora. Hay más ante lo cual indignarse que el comportamiento criticable de una empresa. Lo que ha pasado en Cananea evidencia de la toxicidad de nuestro sistema económico, en el cual tantas compañías hacen lo que quieren –expoliar, explotar, contaminar, abusar– ante la pasividad o la complicidad del Gobierno. Operan al margen de la ley o la ignoran. Lastiman el medio ambiente sin pagar una sola consecuencia por ello. El sui generis capitalismo mexicano lo alienta, lo permite, lo arropa. Las necesidades del gran capital por encima de la protección a la población. El bienestar de Germán Larrea por encima de los desastres que su actividad empresarial ha provocado. El arropamiento al multimillonario por encima de los derechos de miles de mexicanos.

El multimillonario misterioso, enigmático, reclusivo, como lo señala Dolia Estevez en el artículo –”A Rare Glimpse Of Mining Mogul German Larrea, Mexico’s Most Mysterious Billionaire”– publicado recientemente en la revista “Forbes”. El segundo hombre más rico del país, pero cuya faz es casi completamente desconocida en el ámbito público. Viaja, come en restaurantes, opera de incógnito. Pero de pronto su apartamiento, su retiro, parece estar llegando a su fin. Por la fotografía que circula de él, hablando con Enrique Peña Nieto. Por las investigaciones que han comenzado a surgir debido a los problemas legales que enfrenta en Estados Unidos –por temas de violación de contratos– y cómo se ha rehusado a testificar al respecto. Por la escandalosa contaminación de los ríos Sonora y Banuchi. El peor desastre ecológico en la historia del país.

Desastre ante el cual Larrea ni siquiera ha salido a disculparse. Desastre ante el cual Grupo México inicialmente resistió peticiones del Gobierno para invertir en la limpieza de la zona. Y luego –a regañadientes– aceptó pagar 150 millones de dólares para atender los daños ambientales y humanos. Una bicoca para uno de los productores de cobre más grandes del mundo, que el año pasado obtuvo 9.3 mil millones de dólares en ganancias. Una limosna ofrecida por un hombre cuya fortuna personal está calculada en 14.9 mil millones de dólares. Un arreglo aceptado por el Gobierno mexicano, el cual ni impuso sanciones ni tomó acción legal ante una calamidad que ha asolado a miles de sonorenses. Un arreglo que le permitirá a Germán Larrea participar en la licitación de los nuevos canales de televisión que estarán a la venta próximamente. Otro generoso espaldarazo gubernamental, en lugar de una respuesta sancionadora en nombre de los afectados.

Porque esa es la relación entre el Gobierno de México y los magnates que empodera. Que protege. Que escuda. Que no toca ni con el pétalo de una recriminación la debacle de Pasta de Conchos o la destrucción ambiental. Panistas y priistas permitiendo el ascenso de un contratista y un concesionario minero que ha crecido al amparo del poder público. Germán Larrea como tantos más, beneficiarios de privatizaciones y concesiones que permiten el enriquecimiento personal a costa de los consumidores. Intentando limpiar su reputación con el Dr. Vagón o Tren de la Salud –11 vagones con laboratorios, consultorios, farmacia y comedor– cuyos promocionales en los cines lo califican como “uno de los muchos esfuerzos de Grupo México y Ferromex para apoyar la salud en comunidades marginadas”. Mientras destruye el medio ambiente en otras. Mientras ofrece sólo 2000 pesos por persona a los afectados en la ribera de los ríos que ha vuelto tóxicos.

Tan tóxicos como el sistema económico en el cual ser un ciudadano que padece la mala conducta de una empresa es vivir sin voz. Es vivir como un hombre invisible o una mujer sin rostro. Y en el caso de daños ambientales de la mina perteneciente al Grupo México presenciamos un esfuerzo gubernamental encaminado a cobijar al cuate en lugar de demandar que rinda cuentas y pague daños y enfrente sanciones. Por ello se agradece la valentía de la asociación civil “Acciones Colectivas de Sinaloa A.C.”, por la demanda que han presentado contra el Grupo México.
22 Septiembre 2014 03:00:50
Pacto con el diablo
El consenso aplaudido. El acuerdo admirado. El “Pacto por México” celebrado por las reformas que aprobó, los cambios que avaló, las transformaciones que encaminó. El gran triunfo político de la presidencia de Enrique Peña Nieto que lo consagró en la prensa internacional como un reformista comprometido, el salvador del país. El gran instrumento legislativo para remontar la parálisis que había impedido a sus predecesores mover a México. Pero como argumentan José Merino y Jessica Zarkin en su magnífico estudio “Eficacia y democracia: la reconcentración del poder en México”, el Pacto no es como lo pintan. Tuvo y tiene su lado oscuro. Tuvo y tiene sus características contraproducentes. Significó priorizar la eficiencia sacrificando atributos de la democracia. Implicó pactar con el diablo.

Como siempre que las élites políticas del país llegan a acuerdos. Con objetivos que tienen poco que ver con los ciudadanos a los cuales representan. Con soluciones mexicanísimas que en este caso entrañaron compartir el poder de otra manera entre élites partidistas, pero no repartirlo de otra manera entre los electores. El Pacto por México generó mayorías legislativas pero no una mayor rendición de cuentas. Operó dentro del sistema polÌtico preexistente, pero no lo modificó para que funcionara mejor en nombre de la población. El Pacto ayudó al Presidente, pero no al Congreso; de hecho los legisladores en los dos años de la LXII Legislatura desaparecieron como actores legislativos. Los diputados no llevaron al recinto legislativo las preocupaciones de sus representados. Se limitaron a discutir y publicar la agenda de Enrique Peña Nieto. Se volvieron sus amanuenses. Se convirtieron en sus escribanos.

El rendimiento de la LXII Legislatura llevó a 3% de iniciativas de ley publicadas, de las cuales más del 50% provinieron del Poder Ejecutivo. De las 92 iniciativas de ley publicadas en el Diario Oficial de la Federación, 50 las presentó el Ejecutivo federal. La agenda se concentró en sus iniciativas, en sus propuestas, en su visión. Y al margen quedaron los representantes electos que deberían haber planteado sus propias iniciativas y peleado por ellas. En lugar de ello simplemente avalaron las del Presidente, y dejaron morir las suyas. Basta con mirar su desempeño. En el segundo año de la Legislatura, del 100% de las iniciativas individuales presentadas por un diputado, no fueron publicadas 99% de las iniciativas del PAN; 99% de las iniciativas del MC; 99% del Panal; 98% del PRD; 98% del PVEM.

Así quedó anulado el trabajo legislativo de los diputados. Así acabó reconcentrada la agenda en el Ejecutivo. Así presenciamos tras bambalinas –o a base de “bonos”– una negociación que impidió analizar el proceso de construcción de esa agenda y asignar responsabilidades sobre cómo emergió. El Pacto por México deja tras de sí un Poder Legislativo atrofiado que no actúa como debería en la formulación de leyes. Deja como legado un electorado que, como no tiene acceso a mecanismos de rendición de cuentas por parte de la clase política, queda excluido de la discusión pública. Ni siquiera tiene forma de incidir en ella. La “solución” mexicana para “mover” al país sacrificó la representación. Minó el equilibrio de poderes. Afectó y para mal la deliberación y la salud de la democracia.

Y habrá quien diga que el fin justifica los medios. Que para forjar mayorías legislativas había que convertir a los diputados en títeres que voluntariamente se colocaron los hilos que Presidencia después jaló.
15 Septiembre 2014 03:00:53
Adiós a la autonomía
Adiós a lo prometido. Adiós a lo celebrado. Adiós a aquello que debíamos celebrar y que ahora comenzaremos a extrañar. La autonomía de órganos como el Instituto Federal de Telecomunicaciones y el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos. Instituciones creadas para ser un vigilante del Estado, una valla de contención ante los intereses privados, una salvaguarda capaz de cobijar los derechos ciudadanos. Instituciones diseñadas para regular, transparentar, intervenir, decidir, sancionar. Ahora en riesgo de volverse comparsas del poder en lugar de su contrapeso. Ahora en una situación en la cual su credibilidad está siendo cuestionada, su autonomía está siendo acechada, su capacidad para hablar en nombre de la sociedad está en entredicho. Otra conquista ciudadana en peligro.

Porque la clase política se llena la boca exaltando la “autonomía”, pero hace todo para debilitarla. Porque todos dicen querer transparencia y competencia y regulación, pero en un sector que no sea el suyo. Y por ello presenciamos la selección de comisionados del IFAI que no deberían estar allí, o leyes secundarias que le arrebatan al Ifetel los dientes que debió haber tenido. Demostrando de esa manera que los órganos “autónomos” no lo van a ser tanto. Que la aplaudida autonomía resulta incómoda para intereses políticos. Para intereses empresariales. Para aquellos que quieren seguir recibiendo privilegios fiscales, gozando posiciones monopólicas, obstaculizando la competencia, evadiendo la transparencia.

De no ser así, cómo explicar posicionamientos recientes, votaciones cuestionables, decisiones que van en contra de lo que el IFAI y el Ifetel deberían promover. Como la mayoría de los comisionados que integran el órgano de transparencia, votando para no presentar una acción de inconstitucionalidad contra la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones. Para no pedir que la Suprema Corte se pronunciara sobre temas tan controvertidos como la geolocalización de personas vía sus teléfonos celulares y el almacenamiento de comunicaciones privadas de particulares –por empresas de telecomunicaciones– durante dos años. Para ignorar la exigencia de más de 200 organizaciones sociales preocupadas por el derecho a la privacidad y la protección de datos personales. El IFAI contribuyendo así a la vulneración de derechos humanos fundamentales. Actuando en contra de directrices mundiales que protegen las comunicaciones personales de la intervención estatal, protegen la vida privada, protegen al ciudadano del espionaje del Gobierno.

El IFAI rehusándose a enviar un asunto espinoso a la Suprema Corte, donde debió haber sido discutido, aireado, sopesado, votado. El IFAI a contrapelo de su razón de ser, sucumbiendo frente al argumento gubernamental envuelto –tramposamente– en la bandera de “la seguridad pública” y “el combate al crimen organizado”. El IFAI ayudando a que el Estado pueda espiar no sólo a presuntos secuestradores sino también a opositores, periodistas críticos, activistas, defensores de derechos humanos.

O qué decir de la votación reciente en el Ifetel, en la cual dos comisionadas valientes –Adriana Labardini y María Elena Estavillo– plantearon una demanda similar. Llevar una demanda de inconstitucionalidad a la Suprema Corte por aquello que la Ley Federal de Telecomunicaciones le quitó al organismo al que pertenecen. Las atribuciones que le arrebató. La capacidad de decisión que le cercenó. El poder regulatorio que le restó. Y basta con leer la versión estenográfica de la sesión del 3 de septiembre para constatar la pobreza argumentativa de quienes se negaron a apoyarlas. Ninguno dijo por qué la exigencia de que la Suprema Corte se ocupara del tema no procedía. Ninguno explicó por qué esa exigencia era riesgosa o contraproducente. Ninguno expuso por qué el Tribunal Supremo no debía ocuparse de un asunto crucial para las facultades del Ifetel. Más bien se congratularon de lo bien que quedó la ley, aunque les atara las manos.



ch
08 Septiembre 2014 03:00:41
Abusómetro
El robo del siglo, día tras día, mes tras mes, año tras año. Millones de pesos destinados a maestros que no dan clases, administradores de escuelas que no administran, líderes sindicales que se embolsan el presupuesto educativo en lugar de entregarlo a los niños de México. Allí constatado en el “Abusómetro”: un espectacular electrónico colocado en la capital, que mide lo que el magisterio malgasta. Un recordatorio vergonzoso. Un llamado de atención embarazoso. Una denuncia en torno a aquello que nos aqueja: México gasta más del Producto Interno Bruto en educación que Brasil, España, o Suiza. Pero el dinero no se usa para educar; se sustrae para enriquecer.

Allí a la altura de San Ángel, sobre el Periférico, está el marcador electrónico de los recursos que se desvían. Los recursos que se roban. Los recursos que desaparecen sin control alguno. Nutrido con las cifras oficiales del censo educativo llevado a cabo por el INEGI en 2013 que revelan carencias como 45% de las escuelas sin drenaje. 11% sin sanitario. 31% sin agua corriente. 35.8% sin área deportiva. 94% sin laboratorio en sexto de primaria. 82.4% sin drenaje en Oaxaca. Cifras desoladoras, cifras decepcionantes, cifras que subrayan que el gasto en educación no va a donde debería ir.

Y junto a las carencias exhibidas, el abuso expuesto. 298,174 pagos irregulares o ilegales a maestros que no están en el aula porque son aviadores o comisionados o están en “otro centro de trabajo” o ya se jubilaron pero su nombre sigue en la nómina. La ONG “Mexicanos Primero” ha hecho los cálculos de cuánto cuesta y nos cuesta esta catástrofe. $35,000 millones de pesos cada año; $95 millones de pesos diarios; $1,099 pesos por segundo. Recursos con los cuales se podrían construir 24 escuelas al día. Pagarle al menos $17 mil pesos mensuales a cada maestro en servicio. Alimentar a 12 millones de niños en la escuela diariamente. Becar a 6 millones de jóvenes cada año. Invertir 80 veces más en la capacitación de los maestros. Pero en lugar de ello, el Estado financia docentes invisibles o jubilados o desaparecidos o muertos.

Permitiendo así un atraco, sexenio tras sexenio, a nivel nacional y estatal. Autoridades que engrosan e ignoran y tapan y solapan. Gastando malamente $35,000 millones de pesos que equivalen a 7 veces el presupuesto de la Suprema Corte. 3 veces el del Poder Legislativo. 2 veces el de la Procuraduría General de la República. Institucionalizando esta situación con bases de datos incorrectas, leyes de contabilidad gubernamental incumplidas, registros de alumnos, maestros y escuelas no fiables, un registro inicial de maestros al cual no tiene acceso el público. Estados como Oaxaca, Chiapas, y Michoacán donde no se pudo ni siquiera censar a altos porcentajes del personal. Donde miles de maestros se rehusaron a contestar a los encuestadores qué hacen en la escuela.

Y el gobierno ni siquiera cuenta con información correcta sobre el sistema educativo que nos dicen censó y evaluó. Como revela el estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad, “La pedagogía de la transparencia: desafíos de la opacidad en la educación pública en México”, los datos del censo están mal capturados; los archivos están presentados de tal manera por las entidades federativas que hace imposible identificar la información completa que contienen; la mitad de los campos que se requieren están vacíos; hay estados como Quintana Roo que no han entregado su información entre semestres consecutivos; 56% de los archivos entregados tienen errores de formato y los estados regularmente mandan los datos solicitados de manera extemporánea.



ch
01 Septiembre 2014 03:00:45
Pintándonos solas
Aquí va una columna esperanzadora. Una columna repleta de luces en lugar de sombras. Una balsa en el río de fatigas. Un recordatorio de aquello que nos hace despertarnos por las mañanas entre tanta corrupción, tanta impunidad, tanto mal gobierno. Las acciones diarias de esas mexicanas que saltan, corren, actúan, retando el ruido mediocre de las calles. Voces de progreso, de dignidad, de humanidad. Las voces de las mujeres que pueblan el documental Nos pintamos solas, de Marisa Belausteguigoitia y Mariana Rivera, recién estrenado. Una película sobre lo que significa ser una mujer encarcelada en México, pintar los muros de esa cárcel, tomar la palabra. Retomar la vida a pesar de los muros que se erigen para acabar con ella.

Esos muros que cercan y reducen y encierran, pero que al mismo tiempo se vuelven un sitio desde el cual gritar de desesperación. Un lugar desde el cual plasmar la injusticia. Un entorno desde el cual surge la idea de construir una clínica de litigio estratégico, donde me honra participar. Las presas desplegando un repertorio visual, a favor de la transformación de las mujeres y la transformación del ejercicio jurídico y la transformación de las prácticas penitenciarias. Un asalto colectivo a eso que las encierra más allá de los ladrillos y el cemento y las cercas electrificadas: ese repertorio de actitudes, prácticas, esquemas corporales y mentales que lleva a las mujeres a la cárcel real y a la cárcel psicológica. El encierro detrás de la pared y dentro de la feminidad.

Retratado en un documental al que hay que ver desde abajo y con las plantas de los pies, como decía Siqueiros que debe mirarse todo mural. Mujeres víctimas de una mancuerna cruel: el sistema de (in)justicia con sus protocolos, su peculiar definición de “pruebas”, su cuestionable definición de “flagrancia”. Y por otro lado, la forma de ser mujer en México con sus pruebas, sus protocolos, sus evidencias. Ser mujer en este país que es una cosa seria, un despropósito jurídico, una maquinación dolorosa con muchas probabilidades de convertirse en presa, de ser cazada. Ya no como presunta culpable sino como culpable confesa. Un altísimo porcentaje de mujeres hoy en prisión por delitos vinculados con el crimen organizado, donde acaban por las ganas de bailar. Porque allí en la pista de baile son presas fáciles de hombres que las invitan. Hombres que las conquistan. Hombres que luego les piden variados favores.

Como guardar en su cuenta un dinerito, sin preguntar de dónde viene. Como entregar un maletincito negro a unos señores en la cuneta de la carretera. Como la petición de sentarse en una banquita frente a una calle en un camellón y -a través del celular- reportar a quien pasa por allí. Y las únicas detenidas en flagrancia son ellas. Las únicas visibles. Luego, defendidas por abogados de oficio inútiles, acusadas por ministerios públicos incompetentes, sentenciadas por jueces que ni siquiera estuvieron presentes en el juicio. Poblando las cárceles de mujeres con ganas de bailar. Familias devastadas y empobrecidas. El aumento geométrico de mujeres encarceladas.

Por ello hay que escuchar lo que gritan nuestras mujeres desde allí. Escuchar el mensaje mural que manda el alzamiento desde Santa Martha Acatitla. Lo que dicen las cárceles sobre el gobierno, la democracia, el país. Para que lo entiendan los magistrados y los abogados defensores y los ministros y los ministerios públicos. Para que volteen a ver a quienes están en la cárcel sin haber cometido delito alguno, pasando por las homicidas, terminando con aquellas que, por su condición racial, no fueron sentenciadas justamente. Para que pintándose solas, las presas retraten a México y cuánto le falta por cambiar. Pintándonos para poder bailar. Pintándonos para poder vivir.
04 Agosto 2014 03:00:23
No entienden que no entienden
Hay ministros de la Suprema Corte que no entienden su papel. Unos quieren conducir el autobús que busca correr de prisa para darle vida al texto constitucional. Otros van sentados en el cabús. Unos tienen el destino claro. Otros no quieren llegar a él. Unos han impulsado proyectos de vanguardia como el de Florence Cassez o la Guardería ABC o el fin del fuero militar. Otros han desechado un asunto tan importante como el de #YoContribuyente. Evidenciando así a una Corte confusa, una Corte confundida, una Corte que en ocasiones adopta una actitud de avanzada pero en otras parece retrógrada. O defensora de intereses que no son los que la Constitución debería proteger.

Como en el caso del ministro Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, quien en tres artículos en el periódico Excélsior muestra la manera en la cual alguien sentado en el Tribunal Supremo no debería comportarse. No debería ofuscar. No debería confundir. Refiriéndose al caso de #YoContribuyente -un amparo ciudadano interpuesto ante la decisión del Congreso de perdonar el pago del ISR a estados y municipios- el ministro vierte una serie de medias verdades, de legalismos irrelevantes, de afirmaciones dudosas. Porque la Corte no debe contribuir a la confusión sobre temas centrales del debate público; debe ayudar a su esclarecimiento. Porque la Corte no debe hacerle el trabajo sucio a la Presidencia, a la Secretaría de Hacienda, o al SAT; debe ser el contrapeso constitucional a su labor.

Cosa que el ministro Gutiérrez Ortiz Mena no entiende cuando escribe que el amparo de #YoContribuyente “aún no está resuelto” pues el expediente se ha turnado a otro ministro para la elaboración de un nuevo proyecto. Dando así a entender que todavía existe la oportunidad de que el fallo se revierta. Sugiriendo así que los demandantes todavía tendremos la oportunidad de conocer qué hicieron los gobernadores y los presidentes municipales con nuestros impuestos. Implicando así que la Suprema Corte quizás se parará del lado de la transparencia, la rendición de cuentas y las explicaciones necesarias sobre el uso del gasto público. En tres artículos tramposos, un ministro de la Suprema Corte intenta engañar a la opinión pública sobre lo que en realidad ha ocurrido y está ocurriendo.

Lo único que va a ocurrir es que él elabore un nuevo proyecto de sentencia que se limite a poner por escrito lo que ya fue decidido. Lo que ya fue votado. Lo que ya fue acordado a puerta cerrada y en una discusión pública que duró menos de cinco minutos. Los motivos detrás de un desechamiento que produce precisamente lo que el ministro niega: que los contribuyentes que sí pagan impuestos no tengan derecho a saber a quiénes les fueron perdonados.
28 Julio 2014 03:00:58
Lágrimas de cocodrilo
Pobre hombre victimizado. Pobre empresario regulado. Pobre monopolista perjudicado. Pobre Carlos Slim, tan afectado por la reformas recientes en telecomunicaciones. Esa es la imagen que tanto el ingeniero como el Gobierno quieren cultivar. Esa es la impresión que América Móvil y los políticos que supuestamente iban a contener el poder de la empresa quieren diseminar. La narrativa de un equipo gubernamental que encara al monopolista más exitoso del país y lo contiene. El cuento de un presidente que confronta al hombre más rico de México y -finalmente- lo hace llorar. Pero las supuestas lágrimas del Sr. Slim no reflejan el dolor real de alguien que va a enfrentar condiciones competitivas reales y adversas porque no va a ser así. Las lágrimas que, según los legisladores, corren por su cara son lágrimas de cocodrilo.

Tantos han comprado la visión de una reforma en telecomunicaciones con beneficios claros para los consumidores y perjuicios evidentes para quien los exprime. Se argumenta que América Móvil tendrá que enfrentarse a regulación asimétrica por ser preponderante. Que tendrá que compartir su infraestructura y desagregar su red. Que tendrá que eliminar los cargos por las llamadas de larga distancia. Que tendrá que enfrentar reguladores fuertes y autónomos.

Pero antes de que eso ocurra, en una medida que la revista “The Economist” interpreta como una “retirada táctica” y no como una derrota, Slim anuncia la desincorporación de activos de América Móvil para controlar menos del 50% del mercado. Para así evitar la regulación que acompañaría la preponderancia. Para así evitar los costos que tendría que pagar. Para así aprovechar las ambigüedades y las lagunas en la ley y usarlas en su favor. Para así explotar una reforma redactada deliberadamente con una gran falta de precisión y enorme flexibilidad interpretativa, como lo argumenta Irene Levy. Para así usar el artículo décimo segundo transitorio de la nueva ley -incorporado a la última hora- como ruta de escape a su preponderancia.

He allí a la clase política celebrando su extraordinario “logro”. Cómo la desincorporación de los activos de América Móvil es uno de los primeros “grandes resultados” de la nueva ley. Cómo es un “efecto concreto y medible de la eficacia de la reforma”, en palabras del dirigente nacional del PRI, César Camacho Quiroz. Cómo con la reforma de telecomunicaciones “ya partimos un monopolio, el más fuerte, el más poderoso”, en palabras del ex dirigente nacional del PRD Jesús Ortega.

Por eso no es momento de algarabía para quienes hubiéramos querido ver una contención real del poder concentrado. Para quienes hubiéramos deseado ver una legislación que promoviera las mejores prácticas, generara los mejores incentivos, creara la mayor diversidad, produjera los mayores beneficios. Tan no es perjudicial para Carlos Slim lo que ha ocurrido, que cuando anunció la desincorporación de activos de América Móvil, las acciones de la compañía repuntaron de manera espectacular. La firma ganó 6 mil 851 millones de dólares en un día. La clase política dijo que quería “frenar” a uno de los hombres más ricos del mundo y tan sólo lo llevó a engordar más.
07 Julio 2014 03:00:30
Gobernar para pocos
No, no es para eso el Gobierno. No es para aprobar leyes de telecomunicaciones que violan la Constitución. No es para aprobar dictámenes con dedicatoria, en este caso para Televisa. No es para proteger intereses creados con más privilegios. No es para blindar aún más a grupos empresariales y políticos que coluden entre sí. No es para quitarle autonomía a organismos autónomos -como el Instituto Federal de Telecomunicaciones- que en realidad no podrán serlo. No es para actuar a espaldas de los ciudadanos. No, el gobierno no fue creado para eso. En la mayor parte del mundo existe para evitar la injusticia, no para acentuarla.

Pero aquí la protección a los intereses particulares es cada vez más obvia. Cada vez más evidente. Cada vez más contraproducente. Porque cuando el Estado claudica, los intereses privados se imponen día tras día, decisión tras decisión, como lo acaban de hacer en el Senado donde se aprobó la llamada “Ley Peña-Televisa” con 80 votos a favor: 50 del PRI, 23 del PAN, 5 del PVEM , 1 del PT y 1 del NA. Allí está el sometimiento, reflejado en la postura de los legisladores frente a las televisoras. En la posición de los senadores cercanos a Felipe Calderón que siguieron dándole a Televisa todo lo que quiso, al igual que en el sexenio pasado. En el esfuerzo por reducir la autonomía del Ifetel, que había sido creado precisamente para mejorar la regulación en el sector.

El gobierno de Enrique Peña Nieto en el tema de la televisión ya ni siquiera finge ser un medio para mejorarla en nombre del interés público; demuestra que es el protector de intereses particulares. Promueve el enquistamiento de privilegios anti-democráticos en un país que ha sido paralizado por ellos. Promueve el debilitamiento de órganos reguladores por quienes quieren limitar su función. Promueve el diseño de leyes cuya intención no es beneficiar al país sino a quienes intentan gobernarlo como siempre. Las televisoras proponen y el Estado dispone. Al hacerlo revela que el gobierno funciona para unos cuantos. Al empujar iniciativas que abiertamente van en contra de las mayorías, evidencia los enclaves privilegiados de las minorías.

Pocas iniciativas revelan tanto este afán como lo que el Senado acabar de aprobar. Televisa y el gobierno de Enrique Peña Nieto y 80 legisladores cogidos de la mano, devolviéndole a la Secretaría de Gobernación facultades de supervisión, monitoreo, reserva gratuita de canales, verificación y sanción de las transmisiones. Dándole a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes la capacidad de opinar en materia de prórroga de concesiones. Quitándole al Ifetel la capacidad de llevar a cabo sus atribuciones en el tema de competencia en telecomunicaciones. Negándole a las audiencias los derechos que deberían tener. Incrementando escandalosamente los tiempos de publicidad y otorgándole al Ejecutivo tiempos adicionales a los que ya tiene el Estado. Marginando aún más a las radios comunitarias e indígenas. Impidiendo que las instituciones públicas de educación superior que cuentan con medios -como TV UNAM, Radio Educación, el Canal 22, el Canal 11 o el IMER- reciban presupuesto adicional para enfrentar los retos de la modernización tecnológica.

Allí están los ejemplos de una ley que en lugar de fomentar la competencia, la inhibe. Que en vez de resistir la posibilidad de censura, la permite. Que en vez de poner límites a la rapacidad privada, renuncia a hacerlo. Que en vez de sentar los lineamientos para una televisión moderna, plural, de buena calidad, los ignora. Que en vez de garantizar un sistema de radiodifusión público, lo vuelve un peón del Gobierno. Que en vez de regular de manera simétrica a Carlos Slim y a Televisa, opta por proteger oligarcas, de nuevo. El Estado opta por claudicar, de nuevo.

Y es una claudicación promovida por quienes no encuentran otra manera de proteger sus intereses más que poniendo el gobierno a su servicio. 80 senadores que votaron como lo hicieron, violando la Constitución al cerrar los ojos ante la propiedad cruzada y la preponderancia de facto y el enlazamiento de la televisión con negocios como la telefonía, los casinos, los espectáculos y el deporte. El monopolio sin fin. Paso a paso, creando un gobierno que se ve coludido, comprado, lejos del país que se mueve en la dirección correcta. Voto tras voto, creando un gobierno que no entiende por qué debe actuar en nombre de la población o -al menos- fingir que lo hace. 80 senadores y un Presidente construyendo un gobierno que evidencia cómo se ejerce el poder en México: para pocos.


30 Junio 2014 03:00:54
Campo de Guerra
La palabra “campo”. Usada para describir el terreno extenso fuera de las ciudades, el lote baldío, la tierra de cultivo, el lugar de los juegos, de los duelos. Usada por Sergio González Rodríguez en su libro Campo de Guerra -Premio Anagrama de Ensayo 2014- para describir el lugar en el que nos hemos convertido. Un país como tantos en el siglo 21, donde el combate al tráfico de drogas se ha vuelto un objetivo de guerra. Como el terrorismo. Como la insurgencia. Las sociedades actuales y futuras, que combinan carices tecnológicos y militares. Sociedades vigiladas, controladas.

En México un campo de guerra más allá de las fronteras nacionales, que se despliega hacia el norte y hacia el sur, como parte del Comando de América del Norte. Campo de excepción. Campo posnacional de líneas porosas, donde se entrecruzan la vigilancia aérea y terrestre del ejército estadounidense junto con las tareas convergentes del crimen organizado. Campo modificado por el dominio de grupos criminales cuyas actividades han reconfigurado el mapa interior del país. El secuestro, la extorsión, el robo, el tráfico de mujeres y niños, la prostitución, el cobro de derechos de piso y de paso. La dislocación social que trae consigo una cartografía movediza. Inestable. Volátil.

Urbes reformuladas por la fuerza del crimen organizado y las componendas del Gobierno federal, estatal y local. Produciendo el daño del exilio o la expulsión o la sumisión o la coacción bajo el nuevo orden criminal-institucional. Produciendo el ascenso del modelo carcelario como alternativa del Gobierno urbano, donde los delincuentes coludidos con funcionarios ejercen el poder público de la sociedad. Produciendo una población -privada de sus derechos- que vive en un régimen cotidiano de terror. Todo ello oculto por una política de simulación apoyada por los partidos políticos, las cámaras de diputados y senadores, el sistema judicial y penal, y los propagandistas. Todos los que apoyan esa simulación.

Un Estado que simula legalidad al mismo tiempo que construye un an-Estado (del prefijo “an”, del griego que significa negación o privación de sí mismo). Caracterizado por la compulsión a emitir más y más leyes, más y más penas en lugar de producir Derecho y cumplirlo. Desde los preceptos constitucionales hasta las leyes y reglamentos existentes. Y por ello se vive en la cultura de la a-legalidad. Al mismo tiempo que se despliega una estrategia contra el narcotráfico y el crimen organizado con dos vertientes: 1) continuar con los compromisos de la Iniciativa Mérida y 2) simular un cambio de prácticas y discurso “pacifista” por parte del gobierno de Enrique Peña Nieto, al mismo tiempo que asume la inercia que su antecesor dejó.

En la Oficina Binacional de Inteligencia en el Distrito Federal cohabitan funcionarios y agentes del Pentágono, la CIA, el FBI, la ATF, así como los Departamentos de Justicia, de Seguridad Interior y del Tesoro. El Pentágono opera mediante la Agencia de Inteligencia Militar, la Oficina Nacional de Reconocimiento, y la Agencia Nacional de Seguridad. También está el Departamento de Seguridad Interior y el Departamento del Tesoro tiene agentes de la Oficina de Inteligencia sobre Terrorismo y Asuntos Financieros. Una vasta burocracia que no logra lidiar con el problema del narcotráfico y la violencia, porque no entiende su complejidad.
23 Junio 2014 03:00:20
Sin crecer
1) Durante el primer año del gobierno de Enrique Peña Nieto, el crecimiento fue un raquítico 1.1 por ciento y para esta año se estima sólo 2.7 por ciento, muy por debajo de lo que ustedes auguraron. ¿Cómo van a mantener la imagen de un gobierno exitoso con esas cifras?

2) ¿Por qué sus explicaciones sobre la debilidad económica han sido tan insuficientes? ¿Por qué usted sigue aludiendo a la economía estadounidense o al descenso en la producción petrolera como las principales razones, cuando no lo son?

3) ¿No es cierto que nuestras inclemencias económicas se deben más bien a factores internos?

4) Según el Grupo Huatusco, la causa principal del lento crecimiento es la falta de ímpetu de la inversión privada. ¿Por qué el gobierno no ha logrado fomentarla?

5) ¿Por qué no se han dado cuenta que la reforma fiscal incluyó medidas que constituyen un desincentivo para la inversión privada?

6) ¿Por qué no han comprendido que la falta de crecimiento económico también está relacionada con el aumento de impuestos a la clase media alta que -de la mano de la inflación- ha llevado a un descenso de su ingreso disponible en 8 por ciento?

7) ¿Por qué no han comprendido que la reforma fiscal ha contraído el consumo lo cual, a su vez, ha contraído las ventas de carros, supermercados y tiendas departamentales, entre otros sectores?

8) ¿Por qué argumentan que el efecto de la reforma fiscal es transitorio, cuando el alza en los impuestos parece ser permanente?

9) ¿Por qué la Secretaría de Hacienda ha sido tan tardía en la devolución del IVA? ¿Cómo explican el retraso?

10) ¿Por qué -como ha cuestionado Jesús Reyes Heroles- la banca de desarrollo no ha regresado a financiar proyectos de inversión a largo plazo?

11) ¿Por qué, a pesar del “Momento de México”, el país no es visto como atractivo para los inversionistas extranjeros?

12) ¿Por qué el ánimo de los inversionistas es de desencanto y malestar con respecto al gobierno de Enrique Peña Nieto?

13) ¿Por qué lo que ustedes argumentaron iba a ser una palanca del crecimiento -el Programa Nacional de Infraestructura- no ha sido instrumentado con la eficacia deseada ni ha generado los logros prometidos?

14) ¿Por qué creen que relajar las restricciones al uso de dolares en efectivo en la frontera va a aumentar la productividad y el crecimiento cuando en realidad va a beneficiar a un segmento muy reducido de la población?

15) ¿Por qué creen que impulsar las exportaciones se va a lograr con la medida minimalista que ustedes han ofrecido: la ventanilla única?

16) ¿Por qué creen que ofrecer créditos adicionales a las medianas y pequeñas empresas funcionará, si la misma promesa no obtuvo resultados en el 2013, y lo que verdaderamente importa es incrementar la demanda y la inversión?

17) ¿Por qué argumentan que “modernizar” las reglas de operación de los programas sociales impactará el crecimiento económico en el corto plazo?

18) ¿Cómo van a lidiar con el tema de la baja productividad, y sobre todo la que prevalece en el sector informal, en el cual trabajan 3 de cada 5 mexicanos? ¿No es cierto que ustedes han generado aún más incentivos para operar en la informalidad?

19) ¿Creen que podemos crecer si no se atacan los cuellos de botella, o islotes de privilegios en la economía, resistentes a la competencia e inmunes a la innovación?

20) ¿Y qué pasa si después de la aprobación de leyes secundarias en energía y telecomunicaciones, junto con el enorme gasto público que dicen haberle inyectado a la economía, seguimos sin crecer?

21) ¿Si vuelven a revisar sus predicciones de crecimiento para el año a la baja -como probablemente será el caso- no enfrentarán un serio problema de credibilidad?

22) Usted ha declarado que “necesitamos hacer cambios profundos en la economía mexicana si queremos que los próximos años sean distintos a lo que han sido los años recientes y no tan recientes”. ¿Qué otros “cambios profundos” ofrecen llevar a cabo si la economía permanece estancada?

23) ¿Combatirán -ahora sí- a los segmentos de la economía corporativista y oligopolizada y rentista que siguen protegiendo?

24) ¿Tienen alguna otra carta bajo la manga para generar el crecimiento económico o ya jugaron la última?

21 Abril 2014 04:08:03
¿Aritmética adulterada?
En la feria del libro en Guadalajara, Enrique Peña Nieto no podía contar tres libros que marcaran su vida. Por lo visto su administración tampoco puede contar los asesinatos de manera creíble. Los datos sobre la supuesta caída en el número de homicidios violentos cometidos en el país desde que asumió el poder simplemente no cuadran. Pero Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, presume la disminución de violencia. Monte Alejandro Rubido García, comisionado Nacional de Seguridad, lo hace también. Mil homicidios menos en el mes de enero, informan. Una disminución del 16.1% en el homicidio doloso, celebran. Michoacán convertido en un estado fallido, el Estado de México convulsionado por el crimen, la extorsión ya epidémica. Pero por lo menos los homicidios han caído, proclama el gobierno con orgullo.

Sin embargo, como pregunta Alejandro Hope, del IMCO, los números ostentados por el gobierno generan suspicacia. ¿Cómo se explica la caída tan estrepitosa de homicidios en el primer mes de la administración de Peña Nieto? ¿La caída se debe a la eficacia gubernamental o a que alguien no sabe contar? ¿Cómo entender que las cifras de homicidios con arma de fuego se mantienen estables, mientras que disminuyeron los muertos a pedradas, a empellones, con tubos, sillas o candelabros, a golpe limpio, por envenenamiento intencional, ahorcados con cuerda o asfixiados con almohada, arrojados desde lo alto de un edificio o en la cima de un risco?

¿Será que la política de seguridad nacional de Peña Nieto está enfocada a reducir los homicidios por candelabros? ¿Cómo creer que los argumentos del gobierno sobre la disminución de decesos asociados con el crimen organizado son ciertos, cuando no hay una reducción en el número de homicidios relacionados con él: los cometidos con armas de fuego? ¿Cómo explica el Presidente que su política de seguridad ha prevenido las muertes con palos, pero no con pistolas? ¿Será que están contando mal, clasificando mal, midiendo mal? ¿Usando cifras para fabricar un éxito que dista de serlo?

Tal vez como lo hizo cuando fue gobernador del Estado de México y fue detectado por la revista The Economist en su momento, Peña Nieto continúa manipulando los datos de la criminalidad con fines políticos. En aquella ocasión la revista inglesa se refirió a la reducción espectacular en la tasa de homicidios anunciada por el mexiquense como “una falsedad absoluta”. El semanario esclareció que la nueva metodología de clasificación de homicidios -midiendo datos antes y después del 2007 de diferente manera- llevaba a resultados que calificó como un “disparate engañoso”. Expuesto de esa manera, Peña Nieto no tuvo más remedio que reconocer su error.

Y así como manipuló la información sobre la criminalidad en el pasado, está manipulando las cifras ahora. Así como trató de maquillar ayer, trata de maquillar hoy. Falta explicar por qué los datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública difieren tanto de los datos del INEGI, institución autónoma del gobierno. Falta explicar por qué el excedente de cuerpos contados por las fuentes del INEGI entre 2008-2012, supera el número de homicidios contabilizados vía averiguaciones previas del SNSP en 18,207; en pocas palabras hay 18,207 muertos que el gobierno no reconoce o cuenta. Falta explicar por qué, según el INEGI en 2013, 61.9% no denuncia por considerarlo una pérdida de tiempo y en el 53.2% de los casos denunciados no pasó nada. En 2011 esta cifra fue 53.3%.

Puede ser que la tendencia de los homicidios va a la baja, pero con estas cifras hay poco de qué congratularse todavía. Una parte considerable en la caída es explicada por muertes provocadas por “otros” y “sin datos” en lugar de armas de fuego. Una parte importante de la disminución se explica por dinámicas locales en Monterrey, Ciudad Juárez y La Laguna, y no como resultado de una estrategia gubernamental eficaz a nivel nacional.

En 2012, el INEGI reportó un promedio de 20,000 homicidios al año. 55 personas asesinadas al día. 2 personas muertas por hora. De allí venimos. De un país que sabe matar, y en el cual el gobierno no sabe o no quiere o no puede contar. Y en lugar de ponerse a hacerlo, prefiere seguir maquillándose.
31 Marzo 2014 03:00:02
Cloaca abierta
“A mí no me gustan los chismes, ni los mochos, ni los chismosos. Es una cuestión que no tiene sustento”. Así responde Manlio Fabio Beltrones a las acusaciones recientes en su contra. Así trata de escurrirse nuevamente un político al cual el tufo de una cloaca abierta lo persigue donde quiera que va. No hay novedad. Ayer fue acusado de vínculos con el narcotráfico; hoy es acusado de participar en los “moches” que salpican a su partido. Ayer fue señalado por “The New York Times”, hoy es señalado por ofrecer la asignación de 160 millones de pesos del presupuesto público al Alcalde de Celaya para la pavimentación del municipio a cambio de un “moche”. Allí están, otra vez, los cargos en su contra, las preguntas sin respuesta, las averiguaciones que van a ningún lado. Manlio Fabio Beltrones sigue políticamente vivo a pesar de todo.

Demostrando con ello que México permite la supervivencia de los íconos de la impunidad. Subrayando con ello que el PRI avala la longevidad política de los personajes más cuestionables. Y por ello el gobierno se vuelve el refugio de tantos sinvergüenzas con la complicidad de quienes deberían escudriñarlos pero no lo hacen. Las televisoras silenciosas. Los medios miedosos. Los periodistas que tendrían que hacer las preguntas difíciles pero optan por las respuestas fáciles. Todos avalando, todos minimizando, todos cerrando los ojos porque saben que los beneficios de la cloaca son compartidos. Porque entienden que en el país la corrupción es válida si muchos participan en ella. Porque ante los corruptos no hay condena política o investigación judicial o castigo social si demuestran ser “competentes”.

Como en el caso emblemático de Beltrones, coordinador parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados, frente a cuya trayectoria truculenta no ha habido ni un sólo deslinde por parte de su partido. Ni una sola expresión de disgusto. Ni una sola condena a su conducta o un solo esfuerzo por distanciarse de ella. Al contrario: el PRI lo protege, lo ensalza, lo coloca en posiciones de liderazgo vez tras vez. Con lo que revela a un partido que -a pesar de las reformas presumidas- todavía está dispuesto a cerrar la tapa de la cloaca en lugar de limpiarla. Está dispuesto a ignorar la realidad de un asunto que nunca fue aireado o resuelto de manera satisfactoria. Lo que en 1997 los reporteros de “The New York Times”, Sam Dillon y Craig Pyes, publicaron que les ganó el premio Pulitzer. Lo que fue detallado en la nota titulada “Vínculos con el narco manchan a dos gobernadores mexicanos”. Lo que Craig Pyes reitera ahora en una entrevista con el periodista Julio Roa de EnLaPolitika: que su reportaje “no se basó nada más en un reporte de inteligencia, sino en más de 20 alegaciones de la DEA y otros archivos gubernamentales”.

Y después de cuatro meses de investigación minuciosa, los resultados: Beltrones responsable de proteger al narcotráfico en el estado que gobernó y de aceptar pagos de capos a cambio de protección para sus actividades; Beltrones incluido en una lista de 17 funcionarios sospechosos de corrupción, que el Gobierno estadounidense entregó a Ernesto Zedillo, poco después de su llegada a Los Pinos; Beltrones al centro de un debate en el Buró Internacional de Narcóticos del Departamento de Estado sobre el imperativo de revocar su visa para entrar a Estados Unidos; Beltrones protegido por el entonces embajador estadounidense James Jones, el mismo que exaltó la integridad empresarial de Ricardo Salinas Pliego y formó parte del Consejo de Administración de Grupo Azteca, al cual tuvo que renunciar después del escándalo Codisco-Unefón.

A pesar de todo ello, el sonorense sigue pavoneándose en la política porque nunca hubo una investigación seria en México para desmentir o validar las acusaciones hechas. Ni ayer ni hoy. Y eso se debe a que en nuestro país la acusación penal no es autónoma. El procurador es nombrado por el Presidente y puede ser despedido por él. El sueldo del procurador puede subir o bajar dependiendo del humor del Ejecutivo, al cual sirve. En contraste, en países con democracias funcionales, la autonomía e imparcialidad de la investigación penal es protegida por procuradores nombrados de forma colegiada, que sólo pueden ser despedidos de forma colegiada, como demuestra un estudio por Azul Aguiar publicado en “The Mexican Law Review”. Hasta que eso no ocurra en México -y Peña Nieto se opone- continuará habiendo casos que nunca son investigados a fondo. Continuarán sobreviviendo políticos con acusaciones de corrupción. Y cloacas abiertas que todavía huelen mal.

24 Marzo 2014 03:00:53
País plutocrático
Cada vez que “Forbes” publica la lista de los multimillonarios mexicanos, el país debería ponerse a pensar. Cada vez que allí aparece un rico que ha hecho su fortuna expoliando a México, su población debería preguntar. ¿Cómo han acumulado tanta riqueza? ¿Se debe a su extraordinario talento empresarial o a las conexiones políticas que han logrado construir? ¿Se debe a la innovación que han impulsado o al rentismo del cual se han aprovechado? ¿Han creado su fortuna gracias a los buenos servicios y productos que ofrecen al consumidor o han ascendido a la cima exprimiéndolo? La revista “The Economist” se hace las mismas preguntas para entender por qué hay tantos mercados emergentes con plutócratas poderosos. Con empresarios que siempre buscan una tajada mayor del pastel y no cómo hacerlo crecer.

Y la razón principal se debe al fenómeno extendido del rentismo (rent-seeking). Una forma de cobrar de más por aquello que debería costar menos. Una forma de abuso, de explotación, de aprovechamiento que ocurre en mercados imperfectos, poco regulados, monopolizados, con poca o nula competencia. El rentismo en México se da a través de la colusión entre empresas para mantener precios elevados. Se da a través del cabildeo para obtener leyes que protegen al empresario mientras abusan del consumidor. Se da cada vez que Telmex o Telcel o Elektra o Televisa o Compartamos o cualquier banco o cualquier proveedor de servicios los cobra por encima del precio que deberían tener. Se da cuando el Gobierno mexicano regala concesiones y otorga licencias y privatiza bienes públicos sin imponer reglas para su aprovechamiento. Se da cuando el Gobierno se pone al servicio de quienes debería regular.

Creando así el capitalismo de cuates. El capitalismo de cómplices. El capitalismo sobre el cual “The Economist” elabora un índice de 23 países en los cuales el rentismo -permitido y avalado por el gobierno- es un problema estructural. Enlista los sectores más susceptibles al rentismo como los casinos. Como el carbón. Como la banca. Como la infraestructura y los gaseoductos. Como el petróleo, el gas, los químicos y otras formas de energía. Como los puertos y los aeropuertos. Como los bienes raíces y la construcción. Como la minería. Como las telecomunicaciones. Industrias que son vulnerables a los monopolios o a las concesiones o al involucramiento estatal. Sectores propensos a la corrupción según Transparencia Internacional. Áreas que en México son manejadas por magnates.

Ámbitos económicos en los cuales los multimillonarios han crecido de forma fenomenal. En el mundo en desarrollo su riqueza se ha duplicado, relativa al tamaño de la economía y asciende a 4 por ciento del PIB, comparado con 2 por ciento en 2000. Los mercados emergentes -como México- contribuyen 42% de la producción a nivel global, pero 65% de la riqueza vía el capitalismo de cuates. Y en ése índice que refleja la corrupción y el amiguismo y los favores y la protección regulatoria y las privatizaciones mal hechas México ocupa el séptimo lugar. Detrás de Hong Kong, Rusia, Malasia, Ucrania, Singapur, y Filipinas. Rusia, según el índice, está allí por la forma en la cual los oligarcas se apropiaron de los recursos naturales. México está allí por Carlos Slim y otros como él. Los plutócratas de un país que les permite serlo.

El índice es una guía imperfecta pero ilustrativa de la concentración de la riqueza en sectores opacos, comparada con lo que ocurre en sectores competitivos. El índice revela lo mucho que falta por hacer y que México -poco a poco- ya está haciendo. Con la ley de Competencia Económica. Con la declaración de empresas preponderantes que ha hecho el Instituto Federal de Telecomunicaciones, junto con acciones para limitar el rentismo que practican.

Es en este rubro donde el capitalismo de cuates -construido sobre un sistema legal disfuncional- sigue limitando el potencial del país. Según el World Justice Project, México ocupa el lugar 79 de 99 países en cuanto al funcionamiento del Estado de Derecho. Porque la corrupción continúa. Porque las reformas judiciales no han sido lo suficientemente completas y falta medir su impacto. Porque los jueces todavía se venden. Y porque la plutocracia prospera en un país que sigue exaltando su existencia.
10 Marzo 2014 04:08:52
Fin del poder
El poder está cambiando. El poder se está transformando. El poder se está dispersando. Ya no lo poseen sólo los Estados o los ejércitos o quienes lo monopolizaban legítimamente. Ahora hay nuevos y sorprendentes rivales. Las autodefensas y Los Templarios y Dish y WhatsApp y las candidaturas ciudadanas, y en su momento #YoSoy132. Todos éstos, ejemplos de un fenómeno global que Moisés Naím describe en su libro “El Fin del Poder”, donde escribe de empresas que se hunden, militares derrotados, papas que renuncian y gobiernos impotentes. El poder ya no es lo que era. Si antes estaba concentrado, ahora está cada vez más descentralizado. Si antes lo ejercían los gobiernos, ahora se lo apropian sus enemigos. Si antes lo monopolizaban las grandes empresas, ahora se lo apropian quienes se las pueden saltar.

Y fluye de quienes tienen más fuerza bruta, como el Ejército, a quienes tienen más conocimiento. Fluye de los viejos gigantes empresariales como Telmex, a empresas más ágiles y jóvenes como Dish. Fluye de los monopolistas aferrados al rentismo, a la gente que protesta en la calle como #YoSoy132. Y no sólo ocurre que el poder se esté dispersando; también se está degradando. En el siglo 21 el poder es más fácil de adquirir, más difícil de utilizar y más fácil de perder. Desde las salas de juntas y las zonas de combate hasta el ciberespacio, las luchas de poder son intensas; pero cada una con resultados crecientemente inciertos.

La guerra contra el narcotráfico -por ejemplo- se está convirtiendo en una lucha asimétrica. El Ejército Mexicano se enfrenta cada vez menos a los grandes cárteles y cada vez más a fuerzas pequeñas y heterodoxas como las autodefensas y “Los Caballeros Templarios”. Esta dispersión y degradación del poder también afecta el mundo político. Los partidos políticos contemplan con asombro el surgimiento de candidaturas ciudadanas al margen de las estructuras tradicionales. Al margen de las dirigencias convencionales. Al margen de los mecanismos más personalistas y opacos de selección. Como está ocurriendo en Nuevo León y otros estados. Los que antes controlaban el poder miran con perplejidad cómo lo van perdiendo.

Y lo mismo empieza a ocurrir en el mundo empresarial. Los empresarios mexicanos en la lista “Forbes” de multimillonarios ganan mucho más dinero que antes, pero su posición en la cima se ha vuelto inestable. Amenazada. Difícil de sostener. Basta con ver la ferocidad de la pelea de los privados contra la decisiones del nuevo órgano regulador, el Ifetel. Peleando para que las decisiones en favor de la competencia no los toquen. Peleando para que la desincorporación de activos no se dé. Peleando por quedarse con su pedazo de las rentas. Porque saben que alrededor del mundo, muchas firmas relativamente recién llegadas están desplazando a los gigantes empresariales tradicionales. Los bancos están perdiendo terreno ante los fondos de inversión de alto riesgo. Las empresas se han vuelto más vulnerables a “desastres de marca” que afectan su reputación, como Televisa y Telmex.

El poder cambia porque el país cambia. Con transformaciones demográficas que vuelven a México un país mayoritariamente joven y urbano. Con transformaciones económicas que están llevando al crecimiento -poco a poco- de las clases medias y sus aspiraciones. Con tecnologías de la información que están alterando el acceso y la utilización del poder. Ante estos cambios, el Estado mexicano y la burocracia centralizada y los partidos y los monopolios con frecuencia actúan de manera torpe, arcaica, vetusta. Intentando conservar y recentralizar el poder cuando ya no va a ser posible hacerlo.

Cuando ya hemos ingresado a la era de delincuentes, narcotraficantes, grupos insurgentes, criminales informados, falsificadores y activistas. Cuando las grandes burocracias y las grandes empresas tendrán más restricciones que nunca y la degradación de su poder está creando intestabilidad. Desorden. Parálisis frente a problemas complejos. La corrosión de la autoridad de los poderosos, desde Enrique Peña Nieto hasta Carlos Slim. Ante una sociedad que considera a los líderes tradicionales como poco dignos de confianza. Ante una ciudadanía con otros valores, otras opciones, otras expectativas. Millones de mexicanos para los cuales Peña Nieto no está “salvando” a México - como sugiere la portada de la revista “Time”- sino vendiéndolo al mejor postor. Millones de mexicanos que, ante la resurrección de estrategias salinistas para conservar y administrar el poder, estamos buscando mejores formas de gobernarnos.
17 Febrero 2014 04:00:14
Adicción al error
Aquí vamos otra vez. Escribiendo el mismo guión. Poniendo en función estelar las mismas escenas. Habrá compromisos firmados y aplaudidos mientras Barack Obama y Enrique Peña Nieto se dan palmadas en la espalda. La escenificación y los rituales serán exactamente idénticos a otros años, otros protagonistas, otras sedes. Pero la película bilateral del combate al narcotráfico será igual. Será estrenada en la cartelera -al norte y al sur de la frontera- como si fuera una gran inauguración, cuando en realidad será tan sólo una repetición. Cuando habrá los mismos discursos, el mismo reconocimiento de responsabilidades compartidas, el mismo método cansado de encarar el problema de las drogas y la violencia que acarrea.

México y Estados Unidos adictos al error. Adictos a versiones facsimilares. Adictos a reuniones ceremoniales en las cuales el presidente mexicano es aplaudido por su “valentía”, su “arrojo”, su “compromiso modernizador”. Y seguramente presenciaremos acuerdos rubricados, acciones colaborativas, el anuncio de sendos esfuerzos para limitar el consumo en Estados Unidos y combatir la oferta en México. Y seguramente habrá declaraciones en torno al “enfoque social” que se está instrumentando en Michoacán. Pronunciamientos en torno a la importancia de restaurar el “tejido social” y no sólo enviar al Ejército. Pero nada de lo declarado o anunciado entrañará un cambio sustancial en la perspectiva contraproducente y la visión simplista con la que venimos cargando desde hace décadas.

Porque esa visión está basada en premisas falsas. En argumentos debatibles. Supone que la guerra que seguimos librando contra las drogas -aunque ya no se hable de ella así- puede ser ganada. Cree que Estados Unidos puede limitar su consumo y que dedicará energía y esfuerzos para lograrlo. Supone que la victoria se obtendrá cuando México limite su oferta de drogas y que eso es posible. Cree que la política anti-drogas estadounidense debe ser asumida como la política anti-drogas mexicana. Piensa que la legalización es una caja de Pandora que no debe ser abierta. Y esas ideas son esgrimidas, publicitadas, argumentadas año tras año, cumbre tras cumbre, hasta el cansancio. Hasta llegar al escenario de violencia sin fin que padecemos hoy.

Y de allí las preguntas para las cuales tenemos derecho a exigir una respuesta: ¿La guerra contra el narcotráfico ha contribuido a combatir la corrupción o la ha exacerbado? ¿Ha llevado a la construcción del Estado de derecho o ha desviado los recursos y la atención que deberían estar centrados allí? ¿Ha resuelto el reto del crimen organizado o más bien ha contribuido a su multiplicación? ¿Ha enfrentado la corrupción -que tanto asiste al crimen organizado- en cada pasillo del poder en el país, o ha cerrado los ojos ante ella?

La respuesta honesta, franca, a estas preguntas debería llevarnos a pensar en otras alternativas. A considerar otras opciones. A mirar lo que está haciendo el Distrito Federal en un esfuerzo para diseñar mejores políticas y leyes sobre drogas. A cambiar de paradigma. A pensar -como lo han hecho tres ex presidentes latinoamericanos- que la legalización de algunas sustancias reduciría su precio. Que al legalizar se podría tratar a los adictos como enfermos y no como criminales. Que al caer el valor de las drogas consumidas habría manera de enfrentar los daños que producen.

Mientras tanto, Estados Unidos se encamina hacia la legalización en cada elección. 32% de la población allí puede ir a un dispensario para recibir mariguana por razones médicas. 11 millones 753 mil habitantes de Colorado y Washington aprobaron el uso recreativo de la mariguana. 50% de la población encuestada en la Unión Americana aprueba su despenalización. Y de allí la urgencia de que México tome las riendas de su propio destino en lugar de aceptar el que Estados Unidos impone. La urgencia de tomar decisiones para fortalecer nuestra seguridad nacional, nuestra estabilidad política, nuestra cohesión social. Y para ello, empezar un amplio debate -en el Distrito Federal y más allá- sobre la despenalización de la mariguana. Mirar e imitar lugares que lo han hecho con éxito. Reconocer la adicción mexicana al error y corregirlo. Reconocer que gobierno tras gobierno se ha vuelto adicto a una política antidrogas que lleva a dedicar cada vez más presupuesto, más armas, y más militares a una guerra que nadie, nunca podrá ganar.
30 Diciembre 2013 05:06:54
Razón para seguir
Con frecuencia escucho la pregunta: ¿cómo le hace usted para seguir peleando? ¿Para permanecer en la lucha por un país mejor? ¿Para levantarse en las mañanas a pesar de todo lo que no cambia? La corrupción. El patrimonialismo. La impunidad. La brecha entre una clase política que debería representarnos pero no lo hace. La supervivencia de personajes como Ulises Ruiz, Mario Marín, Fidel Herrera, Humberto Moreira, Carlos Romero Deschamps, Arturo Montiel, entre tantos más. Y cuando escucho reiteradamente la pregunta pienso en el famoso libro de Viktor Frankl, “Man´s Search for Meaning”.

Un libro escrito por un sobreviviente de los campos de concentración que perdió a su esposa allí. Un libro que no describe los grandes horrores sino la multitud de pequeñas tormentas. La historia no contada de los sacrificios, la crucifixión, y la muerte de los innombrables. Los que no tenían nombres y apellidos famosos. Los que estaban en la lucha diaria por la supervivencia, por un pedazo de pan, por la vida misma. Quince mil cautivos en Auschwitz en celdas diseñadas para doscientos. Muertos de miedo, muertos de frío, muertos de incertidumbre. Validando la frase de Dostoyevsky de que un hombre puede acostumbrarse a cualquier cosa, mientras no se le pregunte cómo.

Y en México nos hemos acostumbrado a muchas cosas que no deberíamos tolerar. La mendacidad de nuestros políticos. El horror de nuestras cárceles, pobladas de inocentes. La persecución de una joven que mata a su violador en un caso legítimo de auto-defensa. La proliferación de reformas que no se traducen en beneficios para las grandes mayorías. Un país que se rehúsa a medir la calidad de sus alumnos y la mala educación que reciben. El abuso diario de las compañías de telecomunicaciones y el pésimo servicio que ofrecen. La voracidad de sindicatos que siguen protegiendo sus feudos y sus privilegios y sus contratos. Realidades ante las cuales unos reaccionan con apatía, otros con cinismo, unos con indolencia, otros con pasividad. Pocos con indignación participativa.

Pero como escribe Frankl, ante circunstancias terribles, los seres humanos sí tienen la posibilidad de acción. Los hombres sí pueden preservar los vestigios de libertad espiritual, independencia de pensamiento, la posibilidad de escoger un camino propio. En el campo de concentración, cediendo un pedazo de pan. En México, contribuyendo a su comunidad de alguna manera. Cómo cargar la cruz le da un significado mayor a la vida. Elegir la autopreservación egoísta o ser valiente, digno, generoso. Ante el destino dado siempre existe la oportunidad de lograr algo a través del sufrimiento y darle un significado.

Dice Nietzsche que “alguien que tiene por qué vivir, puede soportar el cómo”. Un sentido. Un objetivo. No lo que esperamos de la vida sino lo que la vida espera de nosotros. Lo que el país espera de nosotros. Alguien que se vuelve consciente de la responsabilidad hacia cualquier otro ser humano nunca desperdiciará su vida. Trabajará para que la joven Yakiri sea liberada. Para que la prueba Enlace sea mejorada y restablecida. Para que Telmex deje de prometer un servicio que en realidad no ofrece pero de cualquier manera cobra por él. Para que el Gobierno mexicano intervenga para devolverle a Maude Versini sus hijos, ilegalmente secuestrados. Para que en las cárceles no quepa un sólo inocente más. Para que el petróleo no vuelva a acabar en mano de unos cuantos. Para que la clase política reconozca y devuelva derechos ciudadanos que han sido coartados o arrebatados.

Y saber que en los tiempos difíciles alguien -un maestro, un amigo, alguien vivo o muerto, un Dios- nos mira y espera que no lo desilusionemos. Como lo hace mi padre, desde algún lugar del paraíso (seguramente una biblioteca) donde espera que siga luchando contra los dragones. Donde espera que ame a mi país tanto como él lo hizo. Donde no pierde la fe en que me levante y dé una buena clase o escriba una buena columna o participe en una buena causa o sacuda alguna conciencia. Como el 89% de los encuestados por Frankl quienes respondieron que necesitaban “algo” por lo cual vivir. O el 61% que daría la vida por ese “algo”.

Ese algo que es el atardecer sobre el Ixtlacíhuatl, la sonrisa de Toño Zúñiga al ser liberado, el sonido del afilador de cuchillos mientras recorre las calles de la Condesa, la majestuosidad y el misterio de Mitla, andar en bicicleta por Reforma, cualquier comida en “Dulce Patria”, el pelo rizado de mi hija Julia. Ese algo que es la razón para seguir. Mi país. Nuestro país.
24 Diciembre 2013 04:00:22
Robo hormiga
Hace unas semanas -como tantos mexicanos más- me quedé sin servicio de Internet durante tres días. Hablé al proveedor del servicio del departamento en el que vivo y quien tomó la llamada en Telmex, después de mantenerme en la línea durante más de una hora, dijo que el técnico se presentaría para arreglar el problema. Eso nunca ocurrió.

En un arrebato de desesperación mandé un tuit quejándome, y sugiriendo en tono de broma, que si no restablecían el servicio, escribiría otro artículo crítico sobre Carlos Slim. El tuit generó un furor y fui bautizada como #ladytelmex. Decidí entonces asumir el apodo y usar la controversia que mi tuit suscitó para colocar la atención donde debería estar: en el pésimo servicio de Internet que padecemos los consumidores, así como sus implicaciones.

Decidí también contribuir a la generación de datos duros sobre este tema y con la ayuda de un amigo experto en diseño de encuestas, diseñé una que envié por Twitter:
https://www.surveymonkey.com/s/8FN8HCG.

Hasta el mediodía del 21 de diciembre habían respondido 2 mil 660 personas, quienes asumieron el ejercicio con seriedad y se tomaron la molestia de contestar un cuestionario durante 30-40 minutos. A todos los consumidores conscientes de sus derechos y dispuestos a contribuir para defenderlos, mi respeto y mi agradecimiento porque juntos generamos resultados muy iluminadores sobre un área clave y altamente disfuncional de la economía mexicana.

Los resultados de la encuesta se encuentran en: https://drive.google.com/file/d/0BwLt9hESuqKBdG1LM0ZRbmdnWW5mRlUtcnFDM3FJeHRfUmpF/edit?usp=sharing. Comparto algunos datos demoledores. Telmex sigue siendo el “jugador dominante”, el proveedor de más presencia, el monopolio de facto. Y el servicio que provee -al igual que otros proveedores- es muy malo. En México a 80% de los usuarios les toma más de dos horas descargar una película. Para 76%, Internet es tan lento que no sirve para sustituir al teléfono, por lo que tienen que pagar un doble servicio. Al 64% le ofrecieron más de 6 Mbps de velocidad de descarga, sin embargo a los usuarios les dan sistemáticamente menos velocidad que la prometida, y por la cual pagan. Al 60% le ofrecieron más de 3 Mbps de velocidad de “upload”. Sin embargo, basándose en el medidor de la Cofetel, 71% de los usuarios tienen velocidades de “upload” inferiores a 1 Mbps. 63% ha sufrido al menos 2 interrupciones de Internet en las últimas 4 semanas. Y 27% vio interrumpido el servicio 6 veces o más.

Pero incluso hay otros problemas. 30% de las interrupciones duran varias horas. Cuando los consumidores se quejan, sólo al 50% les toman la llamada en menos de 10 minutos. A 95% no les ofrecieron reembolsar su dinero a pesar de las interrupciones en el servicio. Y a los pocos que sí les ofrecieron el reembolso, nunca se dio. Por ello sólo el 18% de los usuarios evalúa positivamente su servicio de internet. Y a pesar de que 45% evalúa como “malo” o “pésimo” su servicio, Profeco, la agencia que protege los derechos del consumidor, no logra que ni el 11% de los usuarios acudan a quejarse.

Ese es el resultado de años en los que no ha habido competencia efectiva. Años de protección al monopolio. Años de juzgados que proveen amparos ante decisiones regulatorias por parte del Gobierno. Años de reguladores débiles o capturados. Años de robo hormiga a consumidores pasivos o desinformados. Con costos cada vez más obvios y más altos. Según la OCDE, la pérdida de bienestar atribuida a la disfuncionalidad de las telecomunicaciones es de 129,200 millones de dólares, equivalente al 1.8% del Producto Interno Bruto. Y de allí la importancia de medir, exigir, denunciar, obligar al gobierno a que intervenga en nombre de nuestros derechos. Y de allí el imperativo de que todos nos volvamos #ladytelmex.
11 Noviembre 2013 04:00:16
Aún en pantalla
Hace casi tres años, el documental Presunto culpable evidenció a un sistema judicial podrido. Expuso a jueces incompetentes. A policías abusivos. A testigos mentirosos. A funcionarios del Ministerio Público que acusan al azar porque “es su chamba”. La película plasmó todo lo que no funciona con la justicia en el país. Alertó, sacudió, evidenció y marcó el mapa de ruta de lo que tendría que hacerse para que no hubiera un inocente más en la cárcel. Para que Toño Zúñiga fuera la excepción y no la regla. Para que ni un sólo mexicano fuera aprehendido arbitrariamente, juzgado discrecionalmente, encarcelado injustamente.

La sacudida fue tan grande que avizoramos un parteaguas. Supusimos cambios de gran envergadura. Ciframos nuestras esperanzas en la capacidad de las autoridades para aceptar la crítica, reformarse a sí mismas, actuar de otra manera. Pero todo lo que ha ocurrido en los últimos 984 días desde que la película fue censurada por la juez Blanca Lobo demuestra lo contrario. En vez de entender el mensaje, los tribunales han optado por matar al mensajero. En vez de empujar reformas indispensables -como los juicios orales en el Distrito Federal- han preferido congelarlas. En vez de permitir la grabación de las audiencias han cerrado el acceso público a ellas cada vez más. En vez de transformarse, los jueces han decidido atrincherarse. Acorazarse. Desentenderse.

Con resultados a la vista, allí. La realidad de un sistema que manufactura Toños Zúniga de manera cotidiana. La realidad de un sistema judicial y policial al que le falta un largo trayecto por recorrer para ser confiable, profesional, transparente. Según una encuesta comparativa entre el Estado de México y el DF, hecha recientemente por Roberto Hernández y Layda Negrete -en colaboración con el CIDE y la UNAM-, hoy hay más inocentes en la cárcel que antes del estreno de Presunto culpable. En ambas entidades se continúa torturando a pesar del estreno de los juicios orales en territorio mexiquense. El 50% de las personas que pasan por un Ministerio Público son obligadas a desvestirse durante el interrogatorio. 71 por ciento de las personas interrogadas son maltratadas. 40 por ciento son privadas de agua o alimento. A las mujeres aprehendidas les dicen insultos como “chinga tu madre pendeja” o “si no confiesas te doy una cogida” o “para que te haces pendeja si sí cometiste el delito”.

Y en lugar de lidiar con estas estadísticas calamitosas, el Poder Judicial elige darle entrada a demandas frívolas a una película, que de llegar el caso al sistema interamericano de Derechos Humanos llevará a que México sea condenado como lo fue Chile cuando intentó censurar “La Última Tentación de Cristo”. Elige perpetuar mitos como que los productores no tenían permiso para filmar o que el testigo era menor de edad o que no dio su constentimiento para ser grabado, cuando sabía que las cámaras estaban allí y el juicio era público. Elige pasar la papa caliente de tribunal en tribunal, argumentando que hay demasiada “carga de trabajo” o que, como lo declaró la Suprema Corte de Justicia, el asunto es “irrelevante e intrascendente”. Elige evadir, escabullirse, patear el problema para adelante en lugar de resolverlo hoy.

Y hoy Roberto Hernández, director del documental, acaba de recibir una amenaza de muerte vía telefónica en la cual se le dice que “si no le baja se lo va a llevar la chingada a él y a sus pinches hijas”. Y hoy el IFAI -en un timing curioso- exige transparencia en la recaudación del cine y elige empezar su cruzada pidiendo cuentas a “Presunto Culpable”. Y hoy Miguel Mancera sigue sin impulsar la instrumentación de los juicios orales en el DF. Y hoy la policía sigue arrestando de manera poco profesional, los testigos oculares siguen señalando presuntos responsables de manera arbitraria, los jueces siguen condenando sin presentarse siquiera al juicio, las cárceles siguen llenándose de personas que -como Toño Zúniga- acabaron allí porque así es México. Un lugar donde los que denuncian terminan amenazados, los que exigen terminan demandados, los que son capaces de imaginar un país mejor acaban aplastados por sus inercias.

No se trata aquí sólo de un documental o lo que ocurra con un par de personas o del resultado de demandas desorbitadas por 3 mil millones de pesos. Se trata de la defensa de la libertad de expresión. Se trata de la defensa del ejercicio periodístico crítico. Se trata de seguir presionando a un sistema judicial que opta por la opacidad en lugar de la transparencia. Se trata de temas que nos atañen a todos. A cualquier mexicano que haya enfrentado a un policía corrupto, a un agente del Ministerio Público inepto, a un testigo mentiroso, a un juez capaz de condenar a alguien en cuyo juicio no estuvo presente. Porque eso es lo que pasa todos los días en las calles y en las cárceles del país. En sus tribunales y en sus ministerios públicos. Una historia de horror que Presunto culpable tuvo la valentía y la decencia y la honorabilidad de contar. Una historia que tristemente todavía sigue en pantalla.
23 Septiembre 2013 03:00:49
Sin derechos
En México, ser mujer implica no poder decidir sobre tu propio cuerpo si no vives en el Distrito Federal. En México, ser mujer significa que otros -funcionarios, sacerdotes, esposos, hombres- todavía pueden decidir tu destino. En México ser mujer implica todavía tener que pelear por el derecho a serlo plenamente. Lejos aún del aborto legal y seguro. Lejos de la salud reproductiva y la información necesaria para asegurarla. Lejos de la no discriminación y la autonomía. Todos ellos derechos consagrados en la Constitución pero ignorados en la práctica. Todos ellos derechos contenidos en los tratados de derechos humanos que México subscribe pero ignora. Y por eso las mujeres de nuestro país siguen sentadas en el vagón de atrás, en la cabina de segunda clase, en la retaguardia de una historia que podrían escribir pero no se les permite hacerlo.

Produciendo así un país lleno de desigualdades, de falta de oportunidades, de todo lo que pudo haber sido pero no fue. Las mujeres con recursos económicos pueden viajar al DF o al extranjero a realizarse un aborto. Pero las mujeres pobres, menos educadas, indígenas, no. Ellas son las que están expuestas a abortos insalubres, a métodos inseguros, a agujas de tejer, a sábanas roídas, a médicos apócrifos. Los abortos inducidos en México -como lo explica un reporte reciente del Grupo de Información en Reproducción Elegida- han aumentado de 500,000 abortos estimados en 1990 a 874,747 en 2006, con una tasa que subió de 25 a 38 abortos por cada 1,000 mujeres en edad reproductiva. Según datos de la Secretaría de Seguridad federal, en 2010 el aborto significó 11% de las muertes maternas. Una de las tasas más altas del mundo. Una tasa de la cual deberíamos avergonzarnos como país.

Y mientras tanto los señores de sotana siguen cabildeando. Las buenas conciencias siguen presionando. Actualmente existen 127 sentencias en 19 entidades federativas por el delito de aborto. Una elección individual que es criminalizada, perseguida, castigada. Una opción dolorosa cuyas consecuencias las padece cualquier mujer que la haya tomado, y frente a la cual el Gobierno no debería intervenir. Pero la normativa en la mayor parte de los estados carece de perspectiva de género, y peor aún, de evidencia científica. En más de 10 códigos penales se refieren a la mujer que aborta como “la madre”, en 28 definen al aborto como la “muerte del producto de la concepción”, cuando según la Organización Mundial de la Salud es la interrupción del embarazo y el embarazo inicia con la implantación y no con la concepción, es decir cuando el óvulo fecundado se adhiere a la pared del útero y no en el momento de la fecundación. En la mayoría de los estados impera la moral y la religión en lugar de la ciencia y la razón.

En Tlaxcala, una mujer que aborta -por la razón que sea- pierde su libertad por hasta dos meses. En Jalisco, Aguascalientes y Nuevo León por hasta un año. En Baja California Sur por hasta dos años. En Campeche y Quintana Roo por hasta dos años. En Baja California Norte, Morelos, Oaxaca, Puebla, Tamaulipas y Yucatán hasta por cinco años. Así. Una larga lista de injusticias cometidas en nombre de Dios, del “derecho a la vida”, de lo que los sacerdotes mandan y los hombres suscriben. Una larga lista de arbitrariedades cometidas contra mujeres que son violadas, secuestradas, torturadas, víctimas del incesto, obligadas por sus propios esposos. Ovilladas. Maltratadas. Olvidadas. Encarceladas.

GIRE se ha abocado a recopilar los casos de mujeres que han sido procesos penales documentados hasta 2013 y describe una historia de horror. La mayoría de las mujeres sujetas a procesos penales tiene muy pocos recursos financieros y de información. La mayoría fue denunciada al Ministerio Público por parte del personal hospitalario. La mayoría fue presionada para hacer confesiones por los médicos y las policías. La mayoría fue maltratada física y verbalmente por el personal de salud y las procuradurías. La mayoría vio cómo su debido proceso fue violado ya que no se les informó de los cargos en su contra, ni se les dijo que tenían el derecho a permanecer en silencio y a obtener una representación legal.

Leo el reporte de GIRE con el corazón encogido. Con los puños apretados. Pensando en mi hija Julia -de 17 años- y cómo el país en el que nació y ha crecido considerará su derecho a decidir como un tema criminal y no como un asunto de derechos humanos. Cómo México transforma a mujeres titulares de derechos en presuntas criminales.

16 Septiembre 2013 03:00:24
La curita
Una reformita. Una curita. Un parche. Algo que no resuelve el problema de fondo sino que coloca un alivio temporal sobre él. Así es la reforma hacendaria propuesta por Enrique Peña Nieto. Así debería interpretarse. No como una gran iniciativa sino como una pequeña intervención. No como algo que va a revolucionar la relación del contribuyente con el Estado, sino como algo que la perpetuará tal y como está. No como la renegociación del pacto fiscal prevaleciente, sino como la continuación del que ya existe. Con la misma petrolización, con la misma elusión, con la misma base de contribuyentes cautivos. Peña Nieto no busca cambiar el acuerdo fiscal actual basado en pocos ingresos, mucho gasto y uso de la renta petrolera para cubrir los huecos. Quiere darle respiración artificial.

Mediante el acotamiento de los regímenes especiales y la eliminación del IETU y el impuesto a las gasolinas y el aumento al ISR para personas físicas de altos ingresos y el gravamen para ganancias en la Bolsa y el límite de las deducciones personales y la homologación de las tasa fronteriza del IVA y el pago de intereses sobre hipotecas. Pero todo ello equivale tan sólo a 1.4 por ciento del Producto Interno Bruto. Todo ello recaudaría nada más 240 mil millones de pesos extras. Todo ello no resuelve el reto de la baja recaudación en México. Todo ello no cura la enfermedad de un Estado que recauda poco y gasta mal. Nuestro pacto fiscal inequitativo, precario y petrolizado sigue intacto.
Porque Peña Nieto colocó su apuesta a la izquierda institucional por encima de su apuesta a una reforma hacendaria integral. Porque Peña Nieto decidió subir las tasas impositivas a los cautivos en vez de la eliminación completa de privilegios. Porque la reforma busca construir apoyos sociales al no incluir un alza de impuestos para 80 por ciento de la población que gana menos de 5 salarios mínimos. Es una reforma que quiere seguir apuntalando al Estado dadivoso, generoso, clientelar. Es una reforma del ogro filantrópico reloaded.

Su objetivo no es detonar el crecimiento económico sino seguir financiando el gasto. Su meta no es racionalizar lo que el Estado distribuye, sino asegurar que pueda seguir haciéndolo.

Y sí, golpea a la clase empresarial al reducir algunos privilegios como el régimen de consolidación fiscal. Y sí, elimina algunos regímenes especiales y tratamientos preferenciales. Pero no es una reforma que contemple el fin de amplios espacios para la corrupción, que entrañe acabar con todas las lagunas y los huecos y las evasiones, que intente despetrolizar los ingresos del Estado o racionalizar cómo los usa. Y de allí que se quede corta. Y de allí que constituya tan sólo un afán recaudatorio y no un esfuerzo verdaderamente redistributivo. Y de allí que refleje a un Estado que quiere intervenir más sin que eso entrañe que recaude mejor o gaste con más transparencia.

Porque lo que sí contempla la reforma es gastar. Gastar. Seguir gastando. Va a generar presión permanente al gasto al introducir a la Constitución el derecho a la pensión universal y el seguro de desempleo. Va a aumentar el gasto por la instrumentación del programa de escuelas de tiempo completo. Va a aumentar el gasto por encima de los ingresos y a ampliar el déficit presupuestal. Va a dejar atrás la disciplina fiscal que caracterizó al panismo y es desdeñada por el priismo. Estamos presenciando una expansión importante del Estado en la economía. Estamos viendo cómo empuja los límites de su intervención. Sin controles. Sin supervisión. Sin racionalización.

Aunque la reforma contempla algunos procesos de mayor control del gasto -como centralizar el pago de la nómina en educación- en realidad incluye pocos candados. No hay forma de enfrentar el pago de las partidas presupuestales que más crecen, como el pago a pensiones de trabajadores del gobierno. No hay manera de reducir el exceso de recursos con los que cuentan los partidos políticos. Lo que sí hay es un incremento del gasto per se. Lo que sí queda claro es que el gasto neto público alcanzará un máximo histórico si la propuesta de Peña Nieto es aceptada. Y el problema es que no sabemos si los recursos adicionales se irán a los bolsillos de los burócratas o a la construcción de carreteras. Si se usarán para comprarle otro departamento a Carlos Romero Deschamps o para impulsar la movilidad social de sus agremiados.

Porque la reforma planteada no busca resolver a fondo el problema de nuestro pésimo pacto fiscal. No resuelve los dilemas generados por unos impuestos insuficientemente recaudados, por un gasto ineficientemente asignado, por unos recursos públicos lamentablemente distribuidos. No intenta cambiar la dinámica histórica de un Estado que tiene poca legitimidad para exigir más cuando gasta tan mal. Si eso no cambia, no habrá esfuerzo recaudatorio que sea suficiente. Y los ciudadanos seguirán evadiendo impuestos. Y los oligarcas empresariales seguirán eludiendo su pago. Y el Estado, en lugar de reescribir un pacto fiscal disfuncional, le seguirá colocando curitas.
09 Septiembre 2013 03:06:56
Informe desmenuzado
Lo bueno, lo malo y lo pendiente del primer informe de Enrique Peña Nieto:

Lo bueno:

-Horas antes del Primer Informe, el Congreso aprueba la ley pendiente del Servicio Profesional Docente.

-La aprobación intempestiva permite que Peña Nieto llegue al informe con una fortaleza política y capacidad de operación que parecía haber perdido.

-El gobierno, acorralado la semana anterior por la CNTE, actúa al margen de la presión de los maestros disidentes y logra sacar una reforma que apunta en la dirección correcta, aunque falta ver qué sucederá con su instrumentación.

-El Presidente dice que opta por “la ruta de la transformación” y reconoce el peso de las resistencias al cambio.

-En el contexto del Pacto por México, el gobierno de Peña Nieto logra la aprobación de reformas en sectores que parecían intocables como la educación y las telecomunicaciones.

-Peña Nieto anuncia una reforma hacendaria, indispensable para trascender el pacto fiscal actual: inequitativo, injusto y con lagunas llenadas por la renta petrolera.

-El Presidente anuncia que su prioridad es hacer que la economía sea más productiva, más competitiva y más dinámica. Ojalá sea cierto, ya que la pregunta perenne sigue siendo: ¿por qué no logramos modernizarnos y crecer a la velocidad que podríamos y deberíamos?

-Peña Nieto alude al país de privilegios y qué bueno que lo reconozca, ya que su persistencia es aquello que nos mantiene maniatados.


Lo malo:

-Peña Nieto ensalza el Pacto por México cuando éste se encuentra en plena desintegración; cuando los diputados del PRD ya votaron en contra de la reforma educativa.

-A pesar del llamado “frente común” contra la delincuencia, ésta sigue al mismo nivel y ritmo que durante el sexenio pasado, demostrando así la falta de una política de seguridad novedosa y exitosa.

-Nuevamente el gobierno se vanagloria del número de delincuentes capturados, como si esa métrica fuera la más esclarecedora sobre la situación de (in)seguridad del país.

-Peña Nieto afirma que su gobierno “no tolerará” que nadie pretenda hacer justicia por sus propios medios, a la par del crecimiento de los grupos de autodefensa a lo largo del país, ante el pasmo de la autoridad.

-Peña Nieto argumenta que “las minorías deben respetar a la democracia, a sus instituciones y las libertades de todos”. Sin duda el Presidente se refiere a los maestros de la CNTE, pero debería recordar que su gobierno invitó a representantes de esa “minoría” a 13 foros sobre la reforma educativa, y después la aprobó sin hacerle cambios o incorporar demandas legítimas.

-Por un lado el Gobierno promueve la reforma constitucional en materia de responsabilidad hacendaria de entidades federativas y municipios, para tratar así de frenar el gasto irresponsable en los estados. Pero por otro, empuja un presupuesto en el que condona el pago del ISR de los estados a la Federación, promoviendo así un rescate subrepticio.

-El Presidente destaca el monto de la inversión extranjera, pero si a esta cantidad se le resta la compra de Femsa, hubiera sido mucho mayor con respecto a lo recibido por países más pequeños como Colombia el año pasado.

Lo pendiente:

-Aunque se han aprobado -sobre el papel- reformas importantes, aún quedan pendientes leyes secundarias en telecomunicaciones y en otros ámbitos donde la resistencia será feroz y el gobierno parece poco preparado para ella, como lo ha demostrado en el caso de la CNTE.

-La reforma constitucional que permitirá crear un Código Procesal Penal Único no ha tomado en cuenta que implicaría una profesionalización policial profunda, sin la cual la reforma será incompleta y seguiremos padeciendo una policía que no cuenta con códigos de conducta que regulen su actuación a la hora de arrestar.

-Falta una evaluación inicial de la Cruzada contra el Hambre y si está cumpliendo con los objetivos que delineó, o si está politizando y condicionando la entrega de ayuda, como sus críticos han señalado. Habrá que ver si la tarjeta Sin Hambre no se vuelve una versión de lo que fueron las tarjetas Monex.

-Peña Nieto anuncia una reforma hacendaria, pero si insiste en sólo aumentar la recaudación, y a la vez no racionaliza el gasto público, no habrá reforma que alcance para seguir financiando la mala manera en la cual se ejerce.

-El Presidente aún no ha elaborado una narrativa convincente sobre el imperativo de las reformas por venir, o la trascendencia de las que ya han sido aprobadas. Por ello no recibe el apoyo social que necesita y su mensaje se siente distante del México inseguro, pobre, violento y rezagado que todavía está allí.

-Aprobar reformas en el Congreso y celebrarlas no es suficiente para “Mover a México”, como la campaña publicitaria que el Gobierno sugiere. Ello requerirá una instrumentación hábil, una capacidad administrativa y regulatoria que no hemos visto, y una vigilancia de las políticas públicas que aún no existe. De allí que el crecimiento económico sea tan exiguo y la inversión internacional tan ausente. México se mueve, pero todavía centímetro por centímetro, y en algunos rubros lo hace para atrás.
26 Agosto 2013 04:00:40
Días de plomo
Días de plomo. Días de una violencia que no abate ni acaba ni disminuye, como escribe Héctor de Mauleón en su crónica sobre periodistas asesinados en los últimos tiempos. Un país en el cual ser joven, con bajo nivel de educación, y desempleado significa estar en peligro de muerte. Un país de policías que se vuelven criminales, criminales que torturan por placer, autoridades que en lugar de ayudar a las víctimas las extorsionan. Donde la autodefensa se ha vuelto legítima. Donde la venganza es ejercida por mano propia ante el pasmo del Gobierno, o su complicidad.

Un país retratado magistralmente por la película “Heli” de Amat Escalante, ganadora de la Palma de Oro por Mejor Dirección en el Festival de Cannes. Un largometraje que alguien debería obligar a Felipe Calderón a ver, a contemplar, a interiorizar. La realidad que el ex presidente dejó tras de sí. La realidad que todo mexicano necesita comprender y rechazar. Un México corrompido por las drogas. Un México volcado hacia la violencia. Un México corroído por la corrupción. Lejos de la narrativa gubernamental de éxito y cerca de la tragedia humana de todos los días, en pueblo tras pueblo, en familia tras familia.

Heli como arquetipo de cualquier muchacho mexicano encasillado por circunstancias difíciles, por oportunidades limitadas, por los candados que ser pobre en México le colocó. Y sin embargo, reflejado en él, la pequeña esperanza de salir adelante, de hacer las cosas bien, de cuidar a su familia, de proteger a su hermana. La esperanza retratada en la pantalla, con una cinematografía llena de luz, donde la planicie y los atardeceres capturan la belleza austera del México rural.

Pero de pronto, irrumpe en sus vidas un joven cadete del Ejército quien -cansado de los rigores y abusos de su vida en el Ejército- busca seducir a la hermana menor de Heli. Y tiene buenos motivos para huir: el Ejército aparece como una organización arbitraria, cruel, donde los jóvenes reclutas son obligados a revolcarse en su propio vómito, bajo la mirada implacable de un entrenador estadounidense. Al igual que el joven cadete, la hermana de Heli tiene sus propios motivos para huir. Una educación que no la lleva a ninguna parte, una familia asfixiante, un pueblo sin salidas. En su esfuerzo por huir juntos cometen un error por el cual todos pagarán caro, hasta con la vida.

Porque un general corrupto se había robado paquetes de cocaína y los había escondido. Porque Beto -el joven cadete- los encuentra y los toma como si fueran un boleto, un pasaje a otra vida. Porque Heli descubre el plan, y en un esfuerzo por proteger a su hermana tira la cocaína. Desatando con ello una cadena de violencia, de tortura, de muerte, de violación. Escena tras escena muestra a policías que matan porque pueden, a muchachos que torturan para entretenerse, a víctimas que tuvieron la mala suerte de cruzarse con el inframundo del crimen que jamás será castigado. El inframundo cada vez más presente y cada vez menos escondido, cada vez más poderoso y cada vez menos perseguido. El inframundo caracterizado por cuerpos que cuelgan de puentes peatonales o que son arrojados en parajes desolados, donde se vuelven huesos en el desierto.

Heli tiene que enfrentarse a aquello que es una vivencia cotidiana para millones de mexicanos. La autoridad que acusa en vez de investigar; la Policía local que intimida en vez de ayudar; la detective asignada al caso que sólo ofrece reabrirlo a cambio de favores sexuales. Lo que vive Heli es un microcosmos de lo que padecen tantos mexicanos más. La brutalidad del narcotráfico que infiltra cada calle y cada colonia. La indolencia de la autoridad que cierra los ojos o le tiende la mano al crimen organizado. La corrupción de la policía que sirve al mejor postor. Como película, Heli sacude. Como retrato de la realidad, Heli incomoda. Como testimonio de nuestro tiempo Heli debería llevar a la exigencia de cambios constantemente prometidos pero históricamente incumplidos. El combate a la corrupción. La profesionalización de la policía. La autonomía del Ministerio Público. La creación de oportunidades para mexicanos jóvenes con vidas amuralladas.

Heli termina con un mensaje preocupante, desconcertante, demoledor. El protagonista sólo encuentra la paz cuando toma la ley en sus propias manos, cuando sigue la consigna de “ojo por ojo, diente por diente”, cuando le hace a otro lo mismo que le hicieron a su familia. La venganza, entonces, se vuelve una forma de redención. Una ruta a la absolución. Una manera de recobrar la paz perdida. Y por más que uno sienta empatía por Heli, su acción final no merece ser aplaudida o emulada o aceptada. Recuerda demasiado a los grupos de autodefensa que están surgiendo por todo el país, pistola en mano. Recuerda demasiado a los que están persiguiendo, neutralizando y castigando al margen de la ley y sin la contención necesaria que debe asegurar. Y como bien nos recordaba Gandhi, si todos recurriéramos al mandato del “ojo por ojo”, el mundo entero acabaría ciego.
19 Agosto 2013 03:00:04
Las tres ‘T’s
“El Tigre” Emilio Azcárraga. “El Tigrillo” Emilio Azcárraga Jean. Televisa, la empresa emblemáticamente mexicana que ha influido de manera desmedida en el pasado y en el presente del país. La nueva edición del libro de Claudia Fernández y Andrew Paxman, “El Tigre” Emilio Azcárraga y su imperio Televisa, revela que las huellas que hizo “El Tigre” son profundas, que los zarpazos de “El Tigrillo” aún lastiman, que Televisa continúa actuando ya no como un “soldado del PRI” sino como un “soldado del sistema”. Monopolistas y machos, calculadores y clientelistas, represores y benefactores, los Azcárraga han mimetizado al PRI. Al igual que el partido al cual el padre sirvió y el hijo chantajeó, los Azcárraga fueron preparados para vivir sin competencia. Se convirtieron en espejo fiel de un partido y de una forma de vida que ha beneficiado a un manojo de Televisos, pero ha perjudicado a millones de mexicanos.

Como lo argumenté cuando la primera edición del libro fue publicada hace 13 años, “El Tigre” Azcárraga no construyó el edificio del autoritarismo priista, pero sí le proveyó el valet parking. No fue el autor del mensaje autoritario, pero sí su mensajero. Televisa -la dama de compañía del PRI- le enseñó a los mexicanos a quedarse en su lugar, a guardar silencio, a creer que los pobres serán los herederos del paraíso. Noche tras noche, telenovela tras telenovela, los mexicanos aprendieron a ser abnegados y amables, dignos y dóciles. Aprendieron a consumir y a callarse la boca. Aprendieron las buenas maneras y el inmobilismo social. Las tareas de relaciones públicas de Televisa -a las órdenes de sucesivos presidentes- fueron múltiples. Televisa se convirtió en vehículo de Echeverría para atacar a Excélsior. Televisa negó el fraude en Chihuahua. Televisa no transmitió jamás las interpelaciones de legisladores de oposición en el Congreso. Televisa dejó de informar sobre cada subida del dólar en 1987, porque, en palabras de Lolita Ayala, “eso le angustia mucho (a la gente)”. Televisa, elección tras elección, convirtió a los candidatos presidenciales de la oposición en hombres invisibles. Y la lealtad fue recompensada cada sexenio con otra concesión, otra renovación, un préstamo, un rescate, un dique legislativo contra la competencia, el espaldarazo presidencial a Azcárraga Jean cuando quedó al frente de la empresa.

Y en cuanto al papel político que ha jugado Televisa en la transición de “El Tigre” a “El Tigrillo”, como lo explican Fernández y Paxman en el nuevo prólogo: Azcárraga Jean y su círculo íntimo, Bernardo Gómez, Alfonso de Angoitia y José Bastón -juntos llamados “Los Cuatro Fantásticos”- han demostrado ser jugadores desconcertantemente capaces de participar en el nuevo juego. Televisa ya no es siquiera el Quinto Poder; con frecuencia parecería que es el Primero. A veces parece que en México no gobiernan los representantes de la población sino los dueños de la televisión. Frente a una clase política cada vez más adicta a la popularidad mediática, hay ejecutivos de Televisa cada vez más dispuestos a venderla. Frente a un poder mediático cohesionado, hay poderes políticos fragmentados y adictos. Día tras día, decisión tas decisión, los políticos de México demuestran que prefieren salir en la pantalla antes que promover el interés público. Que prefieren escuchar las demandas de los cabilderos televisivos antes que aplaudir las virtudes de la digitalización. Antes que hacer prefieren aparecer. Están sometidos, doblegados, empantallados.

Durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón presenciamos el fortalecimiento de los poderes televisivos con los cuales la clase política pactó para poder gobernar.

El resultado ha sido una democracia capturada, unos medios que coluden con el poder en vez de escrutinarlo, un Presidente cómplice, una clase política asustada y por ello constantemente subyugada por intereses creados. Ha implicado la claudicación del gobierno y de los partidos ante los intereses a los cuales se enfrentó en la reforma electoral del 2007, y con los cuales hoy parecería que prefieren aliarse, a pesar de la reciente reforma a las telecomunicaciones -cuya instrumentación está por verse. Como cualquier otro poder sin restricciones, el poder de la televisión se ha vuelto abusivo.

Y por ello, Televisa y “El Tigrillo” seguirán despertando ataques viscerales y diatribas dramáticas como las que empujó en su momento #YoSoy132. Hasta que Azcárraga Jean realmente demuestre que Televisa le va a México, muchos seguirán pensando que le va al mantenimiento de sistema tal y como está. Hasta que Televisa ofrezca algo más que chicle para los ojos, muchos seguirán creyendo que quiere calmar los ánimos y alimentar la apatía. “El Tigre” Azcárraga alguna vez le dijo a Miguel de la Madrid, en alusión a los políticos: “Ustedes se van y vienen, pero nosotros siempre estamos aquí”. Es hora de que Televisa reinterprete sus propias palabras y entienda que el PRI puede ir y venir, pero que los mexicanos que exigimos y merecemos una televisión y una democracia mejor seguimos aquí.


29 Julio 2013 03:00:04
Papel de baño
Antes sabíamos que Arturo Montiel era un corrupto; ahora sabemos que es un secuestrador. Antes sabíamos que era un pillo: ahora sabemos que es otro Góngora, sólo que peor. Alguien que pone al sistema judicial a su servicio cuando de un asunto de venganza personal se trata. Alguien que manipula jueces, presiona a autoridades, desconoce tratados internacionales, y retiene a sus tres hijos ilegalmente. Con la protección de Enrique Peña Nieto, con la complicidad de los tribunales, con la anuencia de la Cancillería, con el cobijo del Estado mexicano. Ese Estado que está violando la Convención de la Haya Contra la Retención Ilegal de Menores. Ese Estado que usa un tratado internacional que suscribió como papel de baño.

Porque la Convención de la Haya existe precisamente para evitar lo que Montiel ha logrado conseguir: quedarse con sus hijos, arrebatándoselos a su madre cuando vinieron a México de vacaciones, aún cuando ella -Maude Versini- tenía la custodia en Francia. Porque la Convención de la Haya existe precisamente para que uno de los cónyuges no pueda apropiarse de los hijos, usando argucias legaloides, recurriendo a jueces comprados, apelando a la “autoridad central” -en este caso la Cancillería mexicana- para que se declare incompetente. Porque para evitar el secuestro, la Convención exige que el proceso de restitución de menores dure sólo 6 semanas. Maude Versini lleva casi dos años peleando y sin ver a sus hijos.

Esta aberración es posible gracias a que Montiel la acusó de “maltrato” aunque un tribunal francés, después de una larga investigación, la declaró inocente. Gracias a que ella ganó dos juicios en el Estado de México -donde se ordenó el regreso inmediato de los menores a Francia- pero Montiel se amparó y ahora, otro juez ordena empezar el juicio desde cero. Gracias a que ese juez declaró que los “derechos” de Montiel fueron violados y que era necesario cancelar las dos primeras instancias que la madre había ganado. Gracias a que Montiel ha impedido el contacto de sus hijos con Maude Versini y que ellos, menores de edad, ya son víctimas del síndrome de “alienación parental”. Gracias a que ninguna autoridad interviene como debería para permitir que Maude vea y abrace y acaricie y hable con sus hijos.

Y mientras tanto, la Comisión de Derechos Humanos le devuelve las cartas que ella envía, abiertas pero sin respuesta. Angélica Rivera, supuestamente tan preocupada por los derechos de los niños, hace lo mismo. Norberto Rivera ni siquiera contesta. Enrique Peña Nieto guarda silencio. Puerta tras puerta es azotada en las narices de una madre que tiene a la justicia internacional de su lado. Justicia que México ignora. Que México no obedece. Que México sabotea. Basta con ver el historial de incumplimiento del país con la Convención de la Haya detallado en el Report on Compliance with the Hague Convention on the Civil Aspects of International Child Abduction (http:/travel.state.gov/pdf/2010ComplianceReport.pdf).

Quien lidia con la Convención de la Haya es la llamada “autoridad central” de cada país, en este caso la Cancillería. Y de allí las preguntas: ¿Qué tiene que decir el secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, sobre el caso Montiel-Versini y el incumplimiento de México con sus responsabilidades internacionales? ¿Qué tiene que decir María Cristina Oropeza Zorrilla, directora de Derecho de Familia de la Cancillería? ¿Qué tiene que decir Claudia Sierra, subdirectora de Restitución a Menores de la misma institución? ¿Qué tienen que decir los jueces que le han otorgado amparo tras amparo a Arturo Montiel? ¿Qué tiene que decir Enrique Peña Nieto sobre el uso de la Convención de la Haya como papel higiénico, todo con tal de ayudar a su amigo y padrino político?

En cada columna que escribía, Germán Dehesa le preguntaba a Arturo Montiel cómo durmió. Pues sigue durmiendo bien porque hay un sistema político que lo arropa; un sistema judicial que le hace favores; un sistema de tratados internacionales del cual México se burla. Y sí, Maude Versini debe saber algo sobre el enriquecimiento ilícito y la podredumbre del poder que definen a su ex esposo. Y sí, quizás en algún momento debería contar su versión del político mexiquense y cómo operaba. Pero mientras tanto, hay un hecho condenable, irrefutable, indignante. No hay nada más cruel, ni más inhumano, ni más contra natura que quitarle sus hijos a una madre.

22 Julio 2013 03:00:11
No pasarán
No pasarán”, vociferan los miembros del Partido Republicano ante la posibilidad de una reforma migratoria. “No pasarán”, gritan los miembros más recalcitrantes del Tea Party ante la propuesta de legalizar a millones de migrantes indocumentados. Y por más que Barack Obama prometa, empuje y presione al Congreso y al Senado de su país, es poco probable que esa reforma ocurra. Las presiones en contra son demasiado fuertes; los costos políticos son demasiado altos; el cabildeo para sabotear cualquier avance es demasiado intenso. Y aunque Winston Churchill decía que los estadounidenses siempre acaban haciendo la cosa correcta “cuando han agotado todas las otras posibilidades”, ese optimismo hoy parece infundado.

Como lo argumenta Thomas Friedman, el columnista de The New York Times, en una columna reciente, la política estadounidense está dominada por un grupo pequeño y de mente estrecha al cual no le interesa gobernar, sino sabotear. No quiere aprobar políticas públicas sino enterrar cualquiera de las que Obama envía. No le preocupa ser políticamente suicida con los latinos si puede ser la piedra en el zapato del Presidente. Ese grupo de republicanos y sus aliados más conservadores está dispuesto a matar una reforma migratoria aunque entrañe beneficios económicos, sociales y estratégicos para su país. Los artículos sobre la reforma migratoria contenidos en el último ejemplar de Foreign Affairs en español lo subrayan: el Partido Republicano ha alejado a los votantes latinos con una desmedida retórica sobre la migración. Y el repudio electoral que los latinos manifiestan hacia el Partido Republicano refleja más los vicios de ese partido que las características de los latinos en sí.

Hoy, a pesar de que los demócratas del Senado y 14 valientes republicanos han forjado una iniciativa, los republicanos de la Cámara Baja se niegan a discutirla. Hoy que Estados Unidos necesita legalizar a los mexicanos que ya están allí, además de atraer a los mejores migrantes del mundo para mantenerse competitivo, el país cierra las compuertas en vez de abrirlas.

Estados Unidos está cambiando de color, de demografía, de faz, de composición étnica. Y esto asusta. Atemoriza. Produce los peores reflejos de una sociedad que sigue siendo muy racista, como el caso de Trayvon Martin -el joven adolescente asesinado por un hombre blanco- acaba de revelar. En lugar de encarar esos miedos y esos prejuicios a través de una reforma migratoria inteligente y coherente, el Partido Republicano se está encargando de reforzarlos. Con propaganda incendiaria. Con discursos polarizantes. Con la falta de una discusión a fondo seguida por una votación sobre el tema en la Cámara Baja. Con la aprobación de una solución amplia y realista al caos migratorio que existe en Estados Unidos, que entrañaría sacar de las sombras a tantos que contribuyen a la vitalidad económica de un país que depende de los migrantes pero los maltrata.

Y a un costo muy alto que sólo se percibirá a mediano y a largo plazo. La mejor forma de competir globalmente con China y la Unión Europea y el Este Asiático sería crear una América del Norte más integrada, más unificada, más cooperativa. Esto se lograría con inversión en corredores de transporte de carga y trenes de alta velocidad. Con la entrada mucho más libre y más fácil de personas a lo largo de la frontera. Con una reforma migratoria que desmantelara los muros en lugar de insistir en su elevación. Pero en vez de ello, los republicanos quieren redoblar el gasto en la patrulla fronteriza, ensanchar el muro, elevar la barrera, despreciar al vecino en lugar formas más eficaces de integrarse con él. En lugar de consolidar al continente están tratando de fracturarlo.

México tiene un papel importante qué jugar en esta discusión, ya sea de manera pública o privada. Según estudios recientes, la migración mexicana a Estados Unidos se encuentra en el nivel más bajo de las últimas cuatro décadas. Han partido menos personas y más han regresado. Ya sea por la crisis económica estadounidense o por la oportunidad de empleo en México -a raíz de la estabilidad macroeconómica- los mexicanos vuelven o no cruzan la frontera como lo hacían. Y éste es un argumento muy poderoso que podría resonar con fuerza en Estados Unidos. Legalizar ahora, a sabiendas de que el flujo está disminuyendo. Legalizar ahora, a sabiendas de que los mexicanos están volviendo. La amenaza de hordas de mexicanos aprovechando la legalización sería un mito. El espectro de millones de indocumentados cruzando año tras año sería un tigre de papel. Y entonces Estados Unidos, que necesita a los migrantes aunque no lo quiera reconocer, ya no podría esgrimir el argumento de “No pasarán”. Tendría, por necesidad, que sustituirlo por un amable “Pase usted”.
15 Julio 2013 04:00:02
Mapa mendaz
He allí lo que se hace con los recursos de Pemex. El chofer de Carlos Romero Deschamps apostando miles de pesos en el Hipódromo de las Américas. Sacando fajos de 500 y mil pesos para jugar cada vez que quiere. He allí el despilfarro. He allí el desvío de dinero. He allí la mendacidad de una narrativa en la cual a los mexicanos se les hace creer que el petróleo es suyo cuando queda en manos del sindicato. De los burócratas. De los gobernadores. De un gobierno despilfarrador. Y por eso la necesidad de una buena sacudida. Y por eso la importancia de un cambio profundo en nuestra forma de pensar sobre Pemex, como el que ofrece el estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad: “Nos cambiaron el mapa: México ante la revolución energética del siglo XXI”.

Un estudio que exhibe el atraso. El costo de mantener el statu quo. El costo de mantenerse al margen de una revolución energética global de la cual México no ha formado parte. Estancado en el mismo lugar en el Índice de Competitividad desde hace más de una década porque no hemos creado las condiciones para que la economía despegue. Y el petróleo es una parte clave de ese mapa que no nos lleva a ninguna parte. En los últimos 30 años las reservas probadas de crudo han crecido casi 2.5 veces. Como afirma el estudio, se ha roto el paradigma de la era del fin del petróleo. Es y seguirá siendo la principal fuente de energía en el mundo en las décadas por venir. Pero lo que es cada vez más evidente es la dificultad para encontrar y explotar esos recursos. Estamos transitando de la era del “petróleo fácil” a la era del “petróleo difícil”. Y sólo los países con la capacidad de desarrollar la tecnología de punta y el talento para lidiar con este nuevo entorno lo podrán aprovechar.

Estados Unidos lo está haciendo ya y es probable que se convierta en exportador de crudo en las próximas dos décadas, obligando a México a buscar nuevos mercados. Pero aquí -mientras tanto- seguimos desaprovechando nuestro potencial. Perdiendo el tiempo. Canalizando más recursos a los bolsillos de Carlos Romero Deschamps y sus allegados que a los bolsillos de los mexicanos. Transfiriéndole al gobierno dinero de Pemex que debería obtener mediante una reforma fiscal. Necesitamos una reforma energética que no privatice el petróleo pero que sí permita las asociaciones estratégicas y la liberalización del mercado de los energéticos. Una reforma energética que libere a Pemex de los amarres ideológicos, del estrangulamiento del sindicato, de la explotación fiscal del gobierno. Una reforma energética que integre a México a la revolución energética en Norteamérica y lleve al país a formar parte integral de ella.

Y no se trata de descubrir el hilo negro sino de aprovechar las lecciones que ofrecen otros países que manejan mucho mejor su petróleo que México. Países como Arabia Saudita, Cuba, Brasil, Colombia, Noruega y Canadá que han reformado sus sectores de hidrocarburos de manera flexible y pragmática. Para atraer inversión privada o extranjera. Para crear marcos regulatorios eficaces y robustos. Para permitirle al operador estatal -como Statoil en Noruega- mantener la rectoría sobre los recursos pero maximizar eficazmente la renta petrolera. Pero mientras todo esto ocurre, México vive atrapado en el pasado: experimentando un marcado deterioro en los niveles de producción y reservas privadas; permitiendo la baja eficiencia y confiabilidad de las plantas de refinación; permitiendo la canibalización de Pemex por líderes sindicales y contratistas y funcionarios gubernamentales y todos los que financian la corrupción con el oro negro. Un modelo, un mapa de petróleo que ya no sirve a las necesidades del país. Lo estrangula.

Ante esta camisa de fuerza, el IMCO ofrece una serie de propuestas que el país debe discutir desde hoy. Eliminar el monopolio constitucional de Pemex en la exploración y explotación de hidrocarburos. Convertir a Pemex en una verdadera empresa y con criterios de maximización de valor. Establecer criterios de transparencia y rendición de cuentas para vigilar el desempeño de nuevos operadores. Permitir la inversión privada en refinación, transporte y distribución del petróleo. Propuestas que merecen ser analizadas, ampliadas, examinadas. Para que ya no siga prevaleciendo la mentira de que el petróleo es de los mexicanos, cuando en realidad es de unos cuantos que se lo embolsan.
08 Julio 2013 03:00:57
IFE: Verdades necesarias
Mareados, spoteados, avasallados, disgustados y con buenos motivos para sentirnos así. Porque la numeralia de la elección presidencial del 2012 que el IFE está examinando revela un sistema político que en aras de promover la equidad ha producido el abuso. Una narrativa de rebases de topes de campaña. Una crónica de caos, una historia de desorden, una larga lista de excesos e irregularidades pagadas con el dinero de los contribuyentes. Una predicción de multas millonarias provocadas por partidos que rutinariamente actúan fuera de la ley. Hoy en México la democracia no significa igualdad de oportunidades para contender, sino igualdad de oportunidades para abusar.

Hoy el país padece las consecuencias de una decisión fundacional que se ha vuelto contraproducente. La apuesta al financiamiento público a los partidos como una forma de fortalecer la democracia está empeorando su calidad. Lo que funcionó en 1996 se ha vuelto disfuncional 17 años después. Lo que fue un bálsamo se ha convertido en un veneno. Lo que funcionó para fomentar la competencia ahora financia la incontinencia. Lo que fue un ingrediente indispensable para la transición actualmente obstaculiza su avance. El subsidio público a los partidos resolvió algunos dilemas pero ha creado otros y muy graves.

Antes la equidad electoral enfrentaba el problema del acceso al financiamiento, y ahora se enfrenta al problema de sus excesos. Antes se pensaba que el financiamiento público prevendría el ingreso indebido del financiamiento privado al proceso electoral, pero tanto Monex como Soriana, como los excesos cometidos por el Movimiento Progresista, han demostrado que no es así. Antes el Estado canalizaba recursos para asegurar la equidad entre los partidos y ahora esos flujos ascendentes contribuyen a su “cartelización”.

Partidos que son cárteles de la política y operan como tales. Deciden quién participa en ella y quién no; deciden cuánto dinero les toca y cómo reportarlo; deciden las reglas del juego y resisten demandas para su reformulación; deciden cómo fortalecer su feudo y reciben protección del IFE para hacerlo. Partidos que canalizan el dinero público para pagar actividades poco relacionadas con el bienestar de la sociedad. Organizaciones multimillonarias que, en lugar de transmitir demandas legítimas desde abajo, ofrecen empleo permanente a los de arriba. Organizaciones autónomas que extraen sin representar y usan recursos de la ciudadanía sin explicar puntual y cabalmente su destino. Agencias de colocación para una clase política financiada por los mexicanos, pero impermeable ante sus demandas.

Veneno ante el cual la autoridad electoral no tiene un antídoto eficaz, por tres motivos: la debilidad y la división dentro del IFE, el modelo de fiscalización que impera en México y los incentivos que tienen los partidos para violar sus reglas. Las sanciones no funcionan como un disuasivo, el monitoreo concluye un año después de la elección, las irregularidades detectadas no invalidan el triunfo conseguido con ellas, la expectativa de más dinero público -en función del voto- obtenido crea razones para exceder los topes en vez de respetarlos. Ante ese envenenamiento, hay un IFE impotente, errático, que mide con varas distintas y criterios cambiantes. Un IFE que parece tener miedo de reportar las irregularidades detectadas dado que no es capaz de diseñar la cura correcta.

La solución a aquello que aqueja al sistema electoral está en manos de quienes contribuyen a violar el Cofipe. Depende de quienes saben que el reto ya no es la equidad electoral, sino quién logra gastar más sin que se le compruebe o sancione. Encuesta tras encuesta lo revela: 50 por ciento de la población no cree en la democracia y sospecha de sus principales actores; más de la mitad de los encuestados afirma que los partidos políticos “no son necesarios” para el bien del país; 77 por ciento piensa que las elecciones “cuestan demasiado” y son “poco o nada útiles para informar a la ciudadanía”. Síntomas de la toxicidad producida por un modelo electoral que el IFE conoce pero no se atreve a confrontar.
01 Julio 2013 03:00:29
Vacío de poder
Lugares donde nadie gobierna. Municipios donde no queda claro quién ejerce la autoridad. Sitios donde las comunidades se arman a sí mismas e imponen castigos como si fueran jueces. Pueblos al margen de la ley donde el Estado de Derecho es una quimera. México está repleto de ellos. Entidades que padecen un brutal vacío de poder que ni los gobernadores ni los presidentes municipales ni las policías locales pueden llenar. Como ha argumentado Edgardo Buscaglia, ahora que México se ha puesto de moda, se nos olvida que la vasta mayoría de los mexicanos enfrenta una lucha diaria por sobrevivir bajo gobiernos locales ausentes o corruptos.

Y como la naturaleza no tolera vacíos, estos espacios han sido llenados por el crimen organizado. México no es excepcional en cuanto a su aparición o su fuerza. Rusia, China e Italia -entre otros- han generado grupos criminales imponentes por el poder que ejercen y la impunidad con la que lo hacen. Pero ninguno de los países mencionados -y este es el punto central de Buscaglia- enfrenta formas extremas de violencia criminal como las que presenta México. El número de homicidios. La cantidad de personas involucradas en el tráfico humano. La persistencia de los secuestros. La omnipresencia de las extorsiones.

Y la complejidad de la situación mexicana no deriva únicamente de la presencia de drogas o armas. Por sí mismas no producen los grados de violencia que padecemos y presenciamos en el país. Diversos estudios demuestran que los grupos asociados con el crimen organizado usualmente tratan de evitar la confrontación con gobiernos centrales fuertes. Prefieren trabajar en la periferia -en mercados locales y regionales-, donde pueden operar con más libertad y asegurar mayores ganancias. Tienden a rehuir la guerra con los gobiernos federales, a sabiendas de que si lo hacen, tienen acceso a otros mercados lucrativos de drogas, donde es posible moverlas sin desatar la violencia o provocar el caos.

La violencia extrema de México más bien tiene que ver con los vacíos de poder que existen y con la corrupción crónica que los hace posibles. Tiene que ver con la complicidad de los gobernadores y los presidentes municipales y las policías locales. Tiene que ver con la ausencia de la presencia federal, incluso. La corrupción crea -como argumenta Buscaglia- enormes incentivos para que los grupos criminales consoliden sus mercados a través de la competencia salvaje, producto de vacíos en la “autoridad”. Autoridad inexistente o doblegada, inexistente o comprada. Autoridad que en realidad no lo es.

En el caso controvertido de Michoacán, el estado parece estar totalmente infiltrado por redes tan sofisticadas del crimen organizado como “La Familia”. Y sin embargo, nunca se ha podido capturar al medio hermano de Leonel Godoy y los más de 30 presidentes municipales acusados de vínculos con el crimen organizado no pudieron ser procesados por la torpeza del gobierno de Felipe Calderón. En los 12 años del panismo, muchas de las instituciones vinculadas con el autoritarismo fueron desmanteladas. Ahora falta que instituciones democráticas legítimas y estables llenen los vacíos de poder que el PAN dejó tras de sí. El “Pacto por México” incorpora muchas reformas necesarias, pero fracasa en cuanto al tema de la seguridad. El que ya no se hable de la violencia como tema central del gobierno no significa que haya desaparecido. Al contrario, la proliferación de los grupos de auto-defensa demuestra cuán profundo es el problema y cuán lejos está de ser resuelto.

Para todo efecto práctico, el sistema judicial de México está colapsado. Los gobernadores tienen el poder para designar jueces, manipular ministerios públicos, decidir si emprenden o no una investigación policiaca. Así aseguran impunidad para sí mismos y para los suyos. Impunidad reforzada por la inhabilidad de México para instrumentar estatutos para combatir el lavado de dinero y la extinción de dominio. Impunidad prolongada por la incapacidad de México para llevar a cabo una reforma judicial que procede lenta e ineficientemente. Alguien está impidiendo que los cambios ocurran y no es difícil saber por qué. A ciertos miembros de la clase política -en connivencia con el crimen organizado- el vacío de poder les conviene. Aprovechan para violar leyes, extorsionar ciudadanos, promover negocios lucrativos, acumular fortunas y usar la violencia como otra forma de hacer política.
17 Junio 2013 03:00:42
Preguntas para Granier
1) Tú solías citar a tu padre, “Mira hacia abajo, no mires arriba. Despréndete de algo si lo puedes hacer. No te daña”. Entonces tenías fama de bueno. ¿Por qué te volviste un pillo?

2) ¿Cómo explicas la deuda cercana a los 18 mil millones de pesos y no de 10 mil como habías reportado? ¿Cómo explicas las deudas a proveedores por más de 2 mil millones de pesos? ¿Cómo explicas los mil 918 millones de pesos perdidos de fondos federales?

3) ¿Cómo se ha preguntado en estas páginas, ¿qué le sucedió al químico honorable?

4) ¿Por qué decidiste desfalcar arcas, falsificar documentos, alterar cuentas?

5) ¿Cómo calificarías tu manera, tu estilo, tu forma, tu modelo de gobernar? ¿No fue algo así como la distribución del botín?

6) ¿Y quiénes fueron tus cómplices a nivel federal, ya que tú floreciste al amparo de una corrupción tolerada desde el poder federal?

7) ¿Cómo explicas que tu hijo apodado “Fabiancito” gastó una fortuna en la compra de un hotel en la zona hotelera de Quintana Roo? ¿Que ha comprado terrenos en la Riviera Maya, una clínica en Mérida, departamentos de lujo en Miami y en Cancún, un yate?

8) ¿Cómo explicas que tu hijo cómodamente instalado en la parte trasera de la Quinta Grijalva realizara gestiones, iniciara negocios, condonara infracciones de tránsito, regalara licencias de conducir, perdonara multas a bares, cantinas y discotecas, nombrara directores administrativos de dependencias de gobierno a sus amigos, distribuyera dinero a delegados municipales y líderes sociales de todo Tabasco?

9) ¿Cómo explicas la “desaparición” de mil 900 millones de pesos supuestamente destinados a la educación y la salud en el estado que nunca llegaron?

10) ¿Cómo explicas ser dueño de 400 pares de zapatos, 300 trajes y mil camisas, comprados supuestamente con tu sueldo de gobernador y químico?

11) ¿Cómo justificas comprar zapatos de 600 dólares siendo gobernador de uno de los estados con mayor grado de marginación social del país?

12) ¿Cómo explicas las cuentas de tu hija Mariana, actualmente congeladas?

13) ¿Cómo se siente ser clasificado como “el Moreira del Sur”?

14) ¿Cómo explicas el hallazgo de una casa que almacenaba 88 millones de pesos en efectivo, a cargo del tesorero de tu estado?

15) ¿Qué se siente ser uno más de los tantos gobernadores priistas dedicados al saqueo sistemático?

16) ¿Qué se siente ser arraigado por la PGR, en un esfuerzo selectivo de Peña Nieto por deslindarse de los “usos y costumbres” del PRI?

17) ¿Qué otros funcionarios de tu administración están involucrados en las maniobras que tú promoviste y cobijaste?

18) ¿Cómo explicas que sea posible desviar casi 100 millones de pesos del erario sin que ninguna autoridad se percate o quede registro de la transacción?

19) ¿Cuéntanos cuál era el contrapeso a tu poder. Cuáles eran los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas en Tabasco? ¿Qué hacían el congreso estatal, las contralorías, los auditores?

20) ¿Cómo explicas que el año pasado, un hombre de nombre Víctor Vélez presentó una denuncia por el robo de su carro, en el cual se encontraban curiosamente los documentos de contabilidad del Gobierno de Tabasco?

21) ¿Dónde fueron a parar entonces los “soportes detallados y evidencias documentales de los gastos de inversión, gasto en seguridad pública, contratos, solicitudes, oficios, canjes de vales, y dictámenes que respaldaban el ejercicio de recursos de los presupuestos 2007 al 2012”? ¿Dónde está la documentación oficial de los recursos ejercidos durante tus seis años de gobierno?

22) ¿Cómo explicas que los billetes encontrados en la finca de Nacajuca los cuales tú dices son un “montaje” están etiquetados por un banco, tienen la leyenda “para pagos diversos” y forman parte de una cuenta concentradora del Gobierno de Tabasco?

23) ¿Qué se siente saber que posiblemente Enrique Peña Nieto te meterá a la cárcel para quedar bien con los partidos de oposición y presentarse como un Presidente que también está dispuesto a castigar al PRI?

24) ¿Qué se siente ser presa fácil, ya que no perteneces a la cúpula privilegiada del PRI y tu procesamiento no significaría una confrontación frontal con la élite priista, como sería el caso con Humberto Moreira o Arturo Montiel?

25) ¿Qué se siente herir tan obvia y burdamente al estado que gobernaste y en el cual naciste?
20 Mayo 2013 03:00:45
Vs. los ‘intelectuales’
Como dijera famosamente Foucault, “Creo que la gente es suficientemente grande para decidir por sí misma por quién votar”. Y por ello a mí -como a él- el papel del intelectual que se coloca por encima de la sociedad para dar lecciones y sentencias inapelables me resulta incómodo. Me aliena la jactancia del “intelectual”. Del que se define a sí mismo como tal y arma cofradías en torno al término. Un vocablo que se ha vuelto sinónimo del elitismo, del país de privilegios, de la construcción cupular que caracteriza al mundo de la cultura. Las ideas también forman parte de los múltiples monopolios que mantienen maniatado a México. Ideas consagradas, defendidas, diseminadas y sacralizadas por pequeños grupos -generalmente de hombres- que se encargan de decirle al país lo que debe pensar.

Estamos aún lejos del paradigma diferente y necesario en el cual un pensador, un escritor, un abogado o un experto en economía política usan su trabajo, su análisis, sus reflexiones, su manera de actuar y de pensar para aclarar una situación específica en la cual puede verdaderamente hacer un aporte teórico y práctico. Pienso con admiración en aquellos que sí lo hacen. Ana Laura Magaloni y su trabajo en torno a la reforma judicial; Carlos Elizondo y sus reflexiones sobre la reforma fiscal; Marta Lamas y sus contribuciones a la despenalización del aborto; Juan Pardinas y su investigación sobre el gasto público; Mauricio Merino y sus propuestas de renovación institucional. Los que sí están aportando a la percepción, al conocimiento, a la evaluación, a la actuación.

Personas que están influyendo en el debate público no para pontificar o para moralizar o para apoyar a una ideología o a un partido o a un presidente. Personas que más bien están obligando a las instituciones del país a mirarse a sí mismas; a preguntarse si son capaces de soportar su propia historia ante el peso de la luz pública, si son capaces de reformarse. Ese nuevo grupo no puede ni debe ser catalogado como los “intelectuales” de antaño que vivían de la proximidad con el poder, de las prebendas del presupuesto, del acceso a la pantalla, de los aplausos al presidente en turno. Y es importante reivindicar y aplaudir el nuevo papel que está surgiendo entre la inteligencia libre, para oponerse a la genuflexión compartida ante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Porque ya hay tantos demasiado confiados, demasiado comprometidos con su caudillo, demasiado fervorosos en la defensa de las promesas que ofrece. Aquellos a los que dan ganas de pedirles que se centren menos en los aplausos a Peña Nieto y más en cómo hacer crecer la economía en su sexenio; que se aboquen menos a ensalzar al Pacto por México y más a hacerlo viable. Hoy el reto para el “intelectual” consiste en saber cómo funciona una economía, cómo incide la globalización, cómo vive el ciudadano mexicano la vida real. Más que buenos escritores hacen falta buenos expertos en política pública; más que buenos retóricos hacen falta buenos conocedores de la técnica legislativa; más que buenos “comentócratas” hacen falta buenos organizadores de la sociedad civil.

Habrá entonces que salir de la torre de marfil y adentrarse en la fábrica del mundo. Separar lo verdadero de lo falso. Proporcionar al ciudadano datos fiables para que pueda tomar sus verdaderas decisiones. Escuchar más a los de abajo que vivir en la pequeña caja de resonancia de los de arriba. Usar los libros, la prensa, la radio, la televisión para debatir y para dialogar, no sólo para monologar. Tener conciencia del servicio público y ser lo que Husserl llamaba “funcionario de la humanidad”: aquel que siempre está cerca de los problemas que preocupan y afectan a la ciudadanía.

Ya no ser el “intelectual” parado en el vértice del poder, sino el contrapoder crítico de quienes lo ejercen. La conciencia cívica capaz de comprender que la cooperación activa de vivir juntos no puede provenir del dictado de unos pocos, o del monopolio de la razón. Es un asunto de muchos. Y de allí que como lo sugiere el filósofo español José Antonio Marina, creo que debemos usar poco el término “intelectual”, y en caso de ello reservarlo para aquellos que estén comprometidos con la sociedad. Aquellos que viven en alerta permanente. Aquellos dispuestos a aumentar las posibilidades de los ciudadanos y no sólo los espacios reservados para su propio clan.
22 Abril 2013 03:00:22
¿Para qué la cultura?
“¿Para qué la cultura?”, se pregunta Sabina Berman en un texto divertido y provocador que Enrique Peña Nieto debería leer, si decide hacerlo alguna vez. Sabina escribe un capítulo en el libro coordinado por Rafael Rodríguez Castañeda llamado “La agenda pendiente: Los desafíos de Peña Nieto”. Y vale la pena que tanto él como nosotros reflexionemos sobre qué hacer con la cultura en un país que entró a la democracia por la derecha. Que acabó encabezado por un grupo de políticos que no habían leído a los clásicos del siglo XIX ni a los contemporáneos del siglo XX. Gente que desconocía la simple definición de la palabra “cultura” y si pensaba en ella era con el objetivo de darles a los artistas una beca y ya.

Así lo vive Sabina Berman. Así lo presencia. Así lo atestigua. Durante la elección presidencial del 2000 cuando la dramaturga busca el proyecto cultural del PAN en internet y se topa con algo breve y bobo. En un intento por influenciarlo, Sabina se reúne con la encargada de cultura de Vicente Fox -Sari Bermúdez- y le habla de la importancia de retomar el proyecto de José Vasconcelos. Para hacerle llegar toda la cultura a los mexicanos. Para educar a través del arte y la literatura. Para hacer patria con la palabra. Sari Bermúdez escucha atenta y de pronto la interrumpe para decirle: “Espérate, no sigas. Escucha, podemos cenar los cuatro esta noche con el candidato?”. “Con Vicente Fox?”, preguntó Sabina. “Yo traigo a la cena a Vicente y tú trae a José Vasconcelos”, sugiere Sari. Sabina se queda perpleja y dice: “Es que no sé cómo decírtelo. José Vasconcelos está muerto”. “Ay, pobrecito”, responde Sari. Y así.

Esa anécdota se convertirá en botón de muestra de la actitud foxista hacia la cultura a lo largo del sexenio.

Después de auscultar una lista de nombres famosos para dirigir el Conaculta, Sari se viene a encontrar a sí misma en un espejo y se elige como la persona idónea. Dado que los capos de la cultura que se habían adueñado de ella desde la fundación del PRI no exigieron ninguna revolución cultural no la hubo, cobraron sus cheques y siguieron sus labores sin la menor modificación, con la excepción del Fondo de Cultura Económica que recuperó su liderazgo como la editorial más prestigiosa del idioma español. Lo único que verdaderamente ocurrió en el ámbito de la cultura durante el foxismo fue la creación de una fábrica incesante de chistes con Sari Bermúdez como protagonista. Y en el centro de ella: la megabiblioteca José Vasconcelos. Un ataúd enorme de cristal en el que apenas hay libros, decorado con el cadáver de una ballena.

Sabina, frustrada, escribe junto con Lucina Jiménez, una obra seminal para entender el tamaño del reto que Sari Bermúdez y Vicente Fox decidieron ignorar: el Estado debe ser facilitador de un proceso que multiplique los focos y las formas de generar y distribuir cultura, para que una cultura diversa llegue a todos los habitantes. Su propuesta busca romper con el sometimiento al antiguo proyecto priista, que ni siquiera los priistas comprendieron o terminaron del todo. La creación del Conaculta buscaba apuntalar una clientela cultural provechosa para el Estado y agradecida por la clase intelectual. Bajo Rafael Tovar y de Teresa, el Conaculta multiplicó las becas tal y como Cristo había multiplicado los panes. Pero mientras las becas crecían geométricamente, el público crecía sólo aritméticamente. Mucho arte para muy pocos. Muchos creadores apretujados en un embudo compartido.

Proyecto que Consuelo Sáizar intenta reinventar: aumentar y eficientar el presupuesto del Conaculta. Crear nuevos espacios públicos. Colocar a México como la plataforma de la cultura en el siglo XXI. Aprovechar las nuevas tecnologías. Y de allí logros como la Ciudadela, la Cineteca, la librería Elena Garro, y el Congreso “La experiencia intelectual de las mujeres en el siglo XXI”. Después de tres años de febril intensidad vuelve Rafael Tovar y de Teresa a sentarse en la misma silla que ocupó. Acompañado de preguntas: ¿presidir el Conaculta como si el tiempo no hubiera pasado por él? ¿Regresar al elitismo y las prácticas cortesanas del pasado? ¿Mejorar la imagen de México en el mundo o tan sólo apuntalar la del priismo? Apropiarse de la cultura para ayudar a los cuates o ensanchar sus horizontes para lograr lo que hubiera querido el ya fallecido Vasconcelos: hacer llegar la cultura a muchos. Siempre.
15 Abril 2013 04:00:17
Sólo decir ‘No’
Montgomery, Alabama. Diciembre 1o. 1955. Como cuenta Susan Cain en su libro “Quiet: The Power of Introverts in a World That Can’t Stop Talking”, un camión público se detiene y una mujer cuarentona, vestida modestamente, se sube a él. Camina de manera erguida y con gran dignidad a pesar de haber pasado el día planchando en una sastrería. Sus pies están hinchados, le duelen los hombros. Se sienta en la primera fila de la sección para negros y mira calladamente mientras el autobús se llena de pasajeros, hasta que el conductor le ordena que le ceda su asiento a un pasajero blanco.

La mujer pronuncia una sola palabra que desata la protesta civil más importante del siglo 20, una palabra que ayuda a Estados Unidos a encontrar su mejor lado.

La palabra es “No”.

El conductor amenaza con arrestarla.

“Puede hacerlo”, dice Rosa Parks. Y al responder así cambia el curso de la historia. Poco después Martin Luther King pronuncia un discurso sobre cómo llega un momento en que la gente se cansa de que la pisoteen.

Y como individuos, como sociedad, ha llegado el momento de decir “No” colectivamente a los maestros que marchan porque quieren seguir heredando su plaza. “No” a los maestros inconformes de Guerrero y Morelos y otros estados que consideran la venta o la herencia de plazas magisteriales como una verdadera “conquista” sindical. “No” a quienes les pagan aunque no trabajen. “No” a los que consiguen lo que quieren tomando casetas en las carreteras. “No” a los que se enorgullecen de dejar a 26 mil niños sin clases. “No” a quienes exigen no ser evaluados. “No” a quienes poco les importa el mérito o la competencia. “No” quienes han conseguido un coto. “No”, como le dijo Rosa Parks a quien trató de obligarla a ceder su asiento a un hombre blanco.

Yo siempre me había imaginado a Rosa Parks como alguien imponente, audaz, capaz de enfrentarse a un camión lleno de pasajeros enojados y racistas. Pero cuando murió, las esquelas la describían como “tímida e introvertida”. Y saberlo me reconfortó: hasta los más inseguros o temerosos o callados pueden encontrar la fortaleza para oponerse a la injusticia o a la estupidez. Pueden decir “No” a aquellos maestros a quienes no les quita el sueño saber que en las evaluaciones PISA de educación 7 de cada 10 mexicanos concluyen primaria con niveles elementales o insuficientes de español y matemáticas. “No” a que regresen al aula los 7 de cada 10 maestros que presentaron el examen para concursar por una plaza y lo reprobaron. “No” a los que defienden las cosas tal y como están y gritan por las calles: “El hambre nos vence, pero el orgullo nos levanta”. “No” a quienes quieren jugar un papel en la cancelación del futuro para nuevas generaciones.

“No” a los que a cambio de dar clases sin ser evaluados cierran los ojos ante la forma en la cual los gobernadores intervienen en la venta de plazas, asegurando con ello un negocio jugoso. “No” a los maestros chantajistas que defienden esa conquista sindical a la que se accede por la vía de “la costumbre”, como sucede en el sindicato de Pemex y de la CFE. “No” a los que están tratando de recuperar -mediante la permanencia en el puesto- la inversión que hicieron al comprar una plaza.

“No” a los que, usando el mejor lenguaje del nacionalismo revolucionario que tanto les ha servido para proteger sus privilegios, toman casetas y bloquean carreteras y paralizan escuelas. “No” a la práctica de intercambiar plazas por servicios sexuales. “No” al privilegio de que un maestro jamás pueda ser despedido aunque no haga bien su trabajo. “No” al privilegio de beneficiar a parientes cercanos con una plaza magisterial. “No” a quienes en esta “batalla heroica” sólo están tratando de conservar el botín.

“No” a quienes marchan en contra del mérito, gritan en contra del reclutamiento riguroso, fustigan la capacitación, la evaluación y el desempeño, alzan el puño en contra de la transparencia, pelean en contra de la rendición de cuentas, no se preocupan por el tráfico de influencias. “No” a quienes defienden su conquista a como dé lugar. “No” a quienes aceptan el mantenimiento de uno de los lugares más bajos en las evaluaciones PISA de educación. “No” a la conquista de un feudo lucrativo en manos de los maestros. “No” a la conquista de la estabilidad laboral a costa del avance académico. “No” a la conquista de la plaza vendible y heredable a costa de los niños del país. “No” a quienes rechazan la reforma educativa y la perpetuación de un sistema que no obliga a sus docentes a dar lo mejor de sí. “No” a quienes -como La Maestra- sigan parándose del lado de la mediocridad, el atraso, el conformismo.

“No” a quienes niegan que la reforma educativa sea una gran oportunidad para muchos maestros de sacudirse el yugo sindical. “No” a quienes rechazan la posibilidad para recuperar el orgullo profesional y levantar la cabeza, mientras insisten en mantenerla agachada ante el liderazgo de la CNTE. “No” a quienes desde hace demasiado tiempo han mantenido a los niños de México en la parte de atrás del autobús. Ese autobús que es su país.
08 Abril 2013 03:00:07
Échate para delante
Si eres una mujer con ambición, lee este texto. Si eres una mujer que quiere trascender, lee este texto. Si eres una mujer que quiere dejar una buena huella, lee este texto. Porque como madres, esposas, profesionistas y miembros de la especie humana nos falta mucho por recorrer. Mucho por hacer. Mucho por confrontar, tanto fuera como dentro de nosotras mismas. Hoy la realidad sin cortapisas es que los hombres todavía dominan al mundo. De los 195 países independientes en el planeta, sólo 17 son gobernados por mujeres. Las mujeres sólo ocupan el 20 por ciento de los asientos parlamentarios a nivel global. Sólo 21 por ciento de las 500 principales compañías del mundo son lideradas por mujeres. Y por ello Sheryl Sandberg, la COO de Facebook, escribe “Lean In: Women, Work, And the Will to Lead”. Un libro controvertido. Un libro provocador. Un libro necesario.

Porque la revolución en la equidad para las mujeres se ha detenido. Porque el famoso techo de cristal sigue allí, impidiendo el ascenso, obstaculizando el ingreso, manteniendo a las mujeres en el lugar donde la sociedad piensa que deben estar. Yo he presenciado estos eventos descorazonadores desde un lugar privilegiado, como maestra del ITAM, con maestría y doctorado de Princeton, con espacios como éste para diseminar mis opiniones y presentar mi análisis. Y durante mucho tiempo pensé que el ascenso de las mujeres a posiciones de liderazgo en la academia y en la política y en la ciencia y en los negocios era sólo una cuestión de tiempo. Sin embargo no ha sido así. Con mucha frecuencia en ámbitos profesionales soy la única mujer en la habitación.

La promesa de la igualdad no se ha traducido en la realidad de la igualdad. Un mundo verdaderamente equitativo sería ese en el cual las mujeres estuvieran a cargo de la mitad de los países y las compañías, y los hombres estuvieran a cargo de la mitad de los hogares. La pregunta se vuelve entonces: “¿cómo?”. Las condiciones para las mujeres mejorarán cuando haya más mujeres tomando decisiones por otras, dándoles voz, atendiendo sus preocupaciones, empujando sus metas, Y según Sandberg, eso sólo se logrará cuando las mujeres lleven a cabo una revolución interna. Es cierto: muchas mujeres enfrentan discriminación sexual, sexismo abierto o escondido, obstáculos tangibles al ascenso profesional. Enfrentan la falta de apoyo en el cuidado de los hijos o en el mantenimiento de la casa. Pero hay otro factor que también explica el rezago, el atraso, la falta de ascenso.

Tiene que ver con un obstáculo interno, una barrera que existe dentro de nosotras mismas. Nos detenemos -de maneras pequeñas y grandes- por la falta de confianza en nosotras mismas. Por la falta de coraje para alzar la mano, formular la demanda, hacer la pregunta, exigir la respuesta. Caminamos hacia atrás cuando deberíamos echarnos para delante. Internalizamos los mensajes negativos que recibimos a lo largo de nuestras vidas; esos mensajes que dicen que es malo ser más agresivas, más demandantes, más poderosas que los hombres sentados a nuestro lado. Disminuimos nuestras expectativas de lo que podemos alcanzar. Continuamos haciendo la mayor parte del trabajo del hogar. Vamos encogiendo nuestras expectativas profesionales para cederle lugar a nuestras parejas o a nuestros hijos. Comparadas con nuestros colegas masculinos, pocas aspiramos a las posiciones de mayor responsabilidad. Yo misma he cometido cada error en esta lista.

Y el argumento de Sandberg -el cual comparto- es que la única forma en la cual las mujeres de México vamos a avanzar es deshaciéndonos de esas barreras internas, desmantelando esos muros que cargamos dentro. Cuando empecemos a pensar y a actuar de otra manera. Cuando nos preguntemos: “¿Y qué pasaría si dejáramos de tener miedo?”. Si decidiéramos tener la confianza suficiente para sentarnos a la mesa de negociación; la confianza suficiente para elegir al compañero y no sólo al esposo; la confianza suficiente para ser presidente de una universidad o CFO de una compañía o editora de un periódico. De lo que se trata es de reconocer la legitimidad de la ambición. La legitimidad de “echarse para delante”. Yo le debo a mi hija Julia el compromiso de seguir peleando para que la batalla por la equidad continúe. En las casas. En el Congreso. En las corporaciones. En cada lugar donde ella sea aplaudida por aspirar a más y no penalizada por ello.
25 Marzo 2013 03:00:46
Cirugía plástica
Una estirada por aquí, una retocada por allá. México cambia de piel. México cambia de faz. Se lee en “The New York Times”, se aplaude en “The Economist”, se celebra en el “Financial Times”, se delinea en “Foreign Affairs”. Cifra tras cifra, reforma tras reforma, la prensa internacional ya no lamenta el “Estado fallido”. Ensalza al Estado eficaz. Ya no habla de los 60 mil muertos y los 25 mil desaparecidos. Más bien cambia la conversación. El país deja de ser la crónica conocida de fracasos para convertirse en la lista anticipada de éxitos. La economía crece, la clase media se expande, las exportaciones aumentan, el tigre azteca ruge. Hace seis meses nadie daba un quinto por el país; ahora hacen cola para invertir en él.

Es indudable que la narrativa ha cambiado. Es incuestionable que la cobertura se ha alterado. Antes los titulares estaban llenos de muertos y heridos; ahora están repletos de reformas y acuerdos. Antes, las primeras planas detallaban las ejecuciones; ahora se centran en los cambios a las telecomunicaciones. Antes los periódicos detallaban los operativos del Ejército; ahora describen los acuerdos en el Congreso. Y parte de ese cambio proviene de la Presidencia, de Los Pinos, del mensaje que Peña Nieto ha creado y su equipo se encarga de diseminar. Es la historia de un México que se mueve, que se apura, que aprieta el paso. Es la historia de un país que compite con China y le gana a Brasil. Es la historia de un Presidente que reforma al PRI precisamente porque es del PRI. Es un mensaje manufacturado que repite un gabinete disciplinado.

El eje central del Gobierno ya no es combatir el crimen, sino aprobar las reformas. Ya no se trata de aprehender capos, sino de encarcelar lideresas. El “spin” gubernamental no es la guerra contra las drogas, sino la lucha por los mercados; no es el número de armas confiscadas, sino la cantidad de ingenieros graduados; no es la fotografía de los capos apresados, sino de los políticos abrazados.

China con sueldos ascendentes y rendimientos decrecientes, parece menos apetecible ante un país más cercano a Estados Unidos. Brasil, con limitaciones estructurales al crecimiento, parece menos atractivo ante una economía mexicana pujante. Pero más allá de la perspectiva comparativa, México va al alza por las reformas que emprende. Por la reforma educativa que empuja. Por la reforma a las telecomunicaciones que aprueba. Por la reforma energética que anuncia. Por la reforma fiscal que anticipa. Por la apertura de Pemex que promete. Por la imagen de profesionalismo que Peña Nieto cultiva. Por la cerrazón de filas que induce. Por la disciplina incuestionada que la aprehensión de “La Maestra” produce. Por “el momento de México” que los especialistas en imagen están gestionando.

La percepción de éxito genera éxito y Peña Nieto está cosechando el suyo con creces. Pero debajo de la cirugía plástica de los primeros meses subyace una musculatura monopólica atrofiada, un esqueleto corporativo calcificado, una piel que recubre prácticas policiacas del pleistoceno. El ejecutómetro del periódico “Reforma” revela el mismo número de muertos en los últimos 100 días del sexenio de Felipe Calderón que en los primeros 100 días de Enrique Peña Nieto. Los números sobre la criminalidad en México son entre los peores del hemisferio occidental, y de acuerdo con Latinobarómetro, más del 40% de los mexicanos dice que ellos o algún familiar han sido víctimas de la violencia. La inseguridad –sugiere el banco de inversión J.P. Morgan– rasura un punto del Producto Interno Bruto del país anualmente. El nuevo Milagro Mexicano todavía dista de serlo. Falta todavía crecer y competir, innovar y educar, confrontar la inseguridad y no sólo ignorarla.

Porque la violencia persiste aunque la conversación sobre ella haya cambiado. La impunidad continúa aunque nadie en el Gobierno quiere hablar al respecto. La disfuncionalidad judicial sigue allí aunque nadie quiera resaltarla de nuevo. Si los números no bajan y las cifras no cambian y los indicadores no mejoran, no importa cuánto corrector se coloque Peña Nieto sobre la cara. No importa cuántos jaloncitos se dé o cuánto botox se inyecte. La suya será una fachada que no logrará cargar con el peso de la realidad que hay detrás de ella. Será el perfil de alguien que se hace una cirugía cosmética pero no logra extirpar el tumor canceroso que encubre.
21 Enero 2013 04:00:26
Política de aparador
Hoy sabemos que Enrique Peña Nieto percibe un sueldo de $193,478 pesos mensuales. Que posee cuatro casas, cuatro terrenos y un departamento. Que también tiene obras de arte, joyas, relojes varios y monedas de plata. Que los autos favoritos de los miembros del gabinete son los BMWs y los Jaguares. Que el nuevo director de Pemex es dueño de un Picasso y un Dalí.

Sabemos todo eso porque en un esfuerzo por cumplir con sus obligaciones constitucionales, los miembros del nuevo gobierno han compartido con nosotros sus bienes patrimoniales. Así, de acuerdo con la Secretaría de la Función Pública, los mexicanos podemos “verificar la evolución del patrimonio de los servidores públicos y la congruencia entre sus ingresos lícitos y sus egresos”. Lástima que en realidad no sea así. La apariencia se impone sobre la realidad. O como advirtiera Thomas Carlyle, intentamos asirnos de las sombras como si fueran sustancia.

Porque el recuento de los bienes enlistados no esclarece su valor ni cómo fueron adquiridos. No explica de dónde provinieron los que se obtuvieron por “donación”. No detalla los montos de los fondos de inversión ni su procedencia. El supuesto esclarecimiento vale entonces por su valor simbólico. El acto que arranca aplausos. El gesto que cosecha adulación. La forma por encima del fondo.

En la competencia por el prestigio, Peña Nieto intenta perfeccionar su imagen, manufacturar su mensaje, tomar decisiones que parecen correctas pero están lejos aún de serlo. Como explica el historiador Daniel Boorstin en el libro The Image: A Guide to Pseudo-Events in America, esa se ha vuelto la forma más fácil de producir los resultados deseados. Acostumbrados a vivir en un mundo de seudo-eventos, creemos que nuestras sombras somos nosotros mismos.

Terminamos seducidos por las apariencias, por lo que las cosas presumen ser más allá de lo que son. Y de allí la unanimidad celebratoria con la cual se exalta a Enrique Peña Nieto. Hay gobierno, dicen. Hay experiencia, aclaman. Hay oficio político, aplauden. Y como evidencia del profesionalismo rescatado está la comida del titular de Hacienda con los líderes del Congreso. El encuentro del secretario de Relaciones Exteriores con los líderes del Senado. La reunión del titular de Gobernación con los dirigentes senatoriales de la oposición. El almuerzo del Presidente con los ministros de la Suprema Corte. El Pacto por México. Por encima de todo, las buenas maneras. El cuidado de las formas como un deber. El rescate de la política como consenso civilizatorio.

El problema surge cuando la exaltación de las formas se vuelve un fin en sí mismo. Cuando la Presidencia empuja reformas apresuradamente tan sólo para decir que lo hizo. Cuando, como ha sugerido Alejandro Gertz, los partidos legislan compulsivamente para encubrir y prometen para incumplir. Cuando el nuevo gobierno arma espectáculos publicitarios para generar la percepción de cambios que no ocurren. Cuando algo como la Ley de Víctimas se vuelve un instrumento para echar a andar el aplausómetro antes que reparar el daño causado. Cuando el gobierno adorna el aparador antes de remodelar el edificio en el cual se encuentra.

Porque no cabe duda que la Ley de Víctimas es una victoria moral para Javier Sicilia y su movimiento. Pero está lejos de ser un instrumento claro y contundente, eficaz y eficiente. Sus grandes defectos son desestimados ante sus buenas intenciones. Porque es “un símbolo”; “las víctimas fueron protagonistas”; “Sicilia estaba en el presídium”; “lo importante es que se dio el paso”; “se ve bien”. La oposición no sólo se suma a la política de aparador del Presidente; forma parte de ella. Está allí, ayudando a colgar cortinas, arreglar flores, colocar maniquíes. Está allí, ignorando la inconstitucionalidad de la ley, y su ambigüedad en cuanto a la definición de lo que significa ser una “víctima”, y la inexistencia de recursos presupuestales asignados para hacerla realidad.

Tal y como está, la Ley de Víctimas resuelve poco y descuida mucho, palomea promesas de campaña en lugar de abordar problemas severos. Pero tanto Peña Nieto como quienes deberían erigirse en su contrapeso conciben a la política como un espectáculo continuo. Un ritual de poses y fotos y apretones de manos y abrazos celebrados en recintos históricos. Un sitio en el cual se enlista el patrimonio de los miembros del gabinete, pero no se aclara su valor real.

Las apariencias engañan, y detrás de los gestos reformistas de tiempos recientes hay una realidad recalcitrante. Detrás de las buenas formas persisten los malos modos. Los mexicanos todavía no conocen el patrimonio completo de quienes los gobiernan. Todavía no cuentan -a pesar de la Ley de Víctimas- con normas que se cumplan y castigos que se apliquen. Todavía no saben cómo reducir la impunidad o crear un proceso penal que produzca certezas. Ante esos retos, Peña Nieto no puede sólo aparecer como modernizador; tiene que serlo. Parado en el aparador, se ha colocado una máscara reformista. Pero habrá que ver si el cuerpo le crece lo suficiente para llenarla.
26 Noviembre 2012 05:00:27
Saldo sexenal
Lo bueno:

» La política macroeconómica que convierte a México en un archipiélago de estabilidad en medio de la crisis global.

» El crecimiento económico a un ritmo relativamente bajo pero sostenido, y mayor este año que el de Brasil.

» Una reforma política que incluye temas como las candidaturas ciudadanas y otras formas de participación política.

» La política de fomento a las exportaciones que convertirá -según la revista “The Economist” a México en uno de los principales exportadores a Estados Unidos para el 2018. “Made in China” se está convirtiendo gradualmente en “Made in Mexico”.

» La política de salud bajo el liderazgo de José Ángel Córdova.

» La infraestructura cultural, producto de la imaginación visionaria de Consuelo Sáizar.

» La disminución en la migración a Estados Unidos, y el regreso de mexicanos que empiezan a encontrar empleo, estabilidad y seguridad social en algunas zonas al sur de la frontera.

» El descenso de la violencia en ciertos lugares como Ciudad Juárez y Tijuana.

» El fortalecimiento de la Policía Federal y los esfuerzos por profesionalizarla.

» La clausura de Luz y Fuerza del Centro, una compañía ineficiente, rentista y rapaz.

» La interlocución que el Presidente tuvo con grupos de la sociedad civil, como el encabezado por Javier Sicilia.

» Una Primera Dama que estuvo donde tenía que estar y le imprimió un sello de dignidad y tolerancia al gobierno de su esposo.

- Lo malo

» Los más de 63 mil muertos de la “guerra” emprendida contra el narcotráfico y el crimen organizado, hecho que opaca cualquier logro de Felipe Calderón. Será recordado como el Presidente del sexenio más violento desde tiempos revolucionarios.

» El predominio creciente de Joaquín El Chapo Guzmán y cómo pareció volverse intocable en el sexenio calderonista.

» Los 56 periodistas ejecutados y los 13 desaparecidos.

» La obcecación personal de Calderón con una estrategia de seguridad contraproducente, que contribuyó a la dispersión de los cárteles y su incursión en otros ámbitos de actividad criminal.

» La operación de Estado que se llevó a cabo desde Los Pinos para proteger a Juan Molinar durante la debacle de la Guardería ABC.

» Franjas del país controladas por cárteles, grupos criminales y brigadas de mercenarios, como detalla Anabel Hernández en su nuevo libro “México en llamas: el legado de Calderón”.

» La impunidad con la que actuó Genaro García Luna al frente de la SSP, en casos escandalosos como el de Florence Cassez.

» La política de telecomunicaciones que no empujó la competencia, el crecimiento y la competitividad en un sector clave, y que acabó por beneficiar a Televisa.

» El aumento en la pobreza, según el último reporte del Coneval.

» Una reforma energética presumida como la más importante desde la nacionalización de Pemex, que hizo poco por cambiar la dinámica en el sector.

» La ausencia de una nueva ley de medios y que no se lograra -en todo el sexenio- la licitación de una tercera cadena de televisión abierta.

» La claudicación gubernamental frente a los monopolios, los cuales prometió combatir.

» La alianza político-electoral con Elba Esther Gordillo, que llevó a la subordinación gubernamental a los imperativos del sindicato.

» Un sexenio “valiente” del cual el gobierno se vanagloria, pero que deja al país con una violencia zozobrante.

» Un Partido Acción Nacional sin rumbo, sin liderazgo, sin proyecto, sin una ruta para regresar al poder que torpemente ejerció.

» El regreso del PRI a Los Pinos, sin haberse modernizado y sin dar muestras claras de que quiere y sabrá cómo hacerlo.

- Lo pendiente

» Una política económica que se centre en el crecimiento acelerado como primera prioridad.

» Una política de seguridad que se aboque a reducir la violencia antes que combatir las drogas. Una visión integral que abarque no sólo la reducción de la criminalidad, sino reformas significativas al sistema judicial y penitenciario también.

» Una misión pro-competencia que obligue a los “campeones nacionales” en telecomunicaciones, cemento, alimentos y medicinas a competir, a innovar, a reducir precios, a beneficiar a los consumidores por encima de los productores.

» Una reforma política que contemple la reelección de los legisladores y los presidentes municipales, y así crear incentivos para la rendición de cuentas.

» Una política anti-corrupción que vaya más allá de la creación de comisiones cosméticas, sin dientes y sin alcances claros.

» Una política educativa que le devuelva al Estado la rectoría que perdió y que obligue a los maestros a la evaluación continua de la cual dependerá su sueldo, su ascenso y su permanencia.

» La creación de un equilibrio fiscal justo, eficaz y sostenible ya que -como argumenta Carlos Elizondo- el pacto fiscal vigente en México está mal armado: el Estado cobra poco, gasta mal, y gasta más de lo que obtiene gracias a los ingresos del petróleo.

» Un Presidente capaz de entender que el Estado sólo será eficaz cuando pueda domesticar a los poderes fácticos que hoy lo acorralan.

» Un equipo de gobierno que no conciba al gobierno como un lugar para la distribución del botín.

12 Noviembre 2012 04:00:06
¿Perestroika?
México a punto de despertar. México a punto de avanzar. Un país listo para pactar, negociar, proponer reformas y aprobarlas. Un país que ya no quiere ser rehén de tradiciones arcaicas y prácticas arraigadas. Un país listo para dejar atrás el enfoque patriótico sobre el petróleo, la posición hipersensitiva sobre la soberanía, la justificación nacionalista sobre los monopolios. Según Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín, en su artículo “Mexico’s Age of Agreement”, publicado en la revista “Foreign Affairs”, el alma nacional va a cambiar. Enrique Peña Nieto la va a liberar.

Porque –según los autores– México está evolucionando rápidamente. Está dejando atrás su pesado fardo ideológico. Está dispuesto a remontar 15 años de pocas reformas y poco crecimiento. Está dispuesto a asumir un “nuevo consenso nacional” que no existía colectivamente sino hasta ahora. La mayoría de los mexicanos está de acuerdo con el poder del voto, en la importancia de la rendición de cuentas, en el combate a la corrupción. Creen que los derechos humanos deben ser protegidos, que la cultura de la impunidad debe ser eliminada, que la inequidad social debe ser atacada, que los oligopolios deben ser combatidos. Los mexicanos se han vuelto exigentes, demandantes, conscientes, demócratas.

Ya rechazan el viejo paradigma del nacionalismo revolucionario. Y aunque la elección fue aguerrida y el resultado contencioso, de acuerdo con Castañeda y Aguilar Camín, la campaña presidencial reveló la profundidad del acuerdo nacional. Evidenció el tamaño del consenso colectivo. El futuro parece prometedor y México está en el umbral de aprobar reformas largamente pospuestas e históricamente rechazadas. México ha dicho adiós al autoritarismo y no necesita temer su resurgimiento. Hay razones para el optimismo, dicen: el PRI quizás no se ha reinventado del todo, pero México sí.

Peña Nieto fue electo por la población y no designado por el dedazo; no cuenta con una mayoría en el Congreso; el PRD sigue controlando el Distrito Federal; el nuevo presidente tendrá que coexistir con una maleza de instituciones como el Banco de México, el IFAI, la Cofetel, la Comisión Federal de Competencia, una Suprema Corte que le hizo la vida imposible a Vicente Fox y a Felipe Calderón, unos medios más libres, una sociedad civil más vibrante. Para bien o para mal, el Gobierno ya no puede hacer lo que se le da la gana.

Y por ello, predicen los autores, el PRI se ver obligado a cumplir las promesas que hizo y a empujar las reformas que ofreció. El PRI y el PAN lo harán juntos, a pesar de la oposición del PRD. Crearán una mejor policía y reducirán el papel del Ejército. Crearán una Comisión Anticorrupción. Evaluarán a los maestros. Eliminarán las exenciones fiscales. Le darán autonomía al Ministerio Público. Están de acuerdo con abrir Pemex, crear asociaciones público-privadas para invertir en infraestructura, inaugurar un sistema universal de protección social. Los priístas y los panistas comparten una agenda que pueden enarbolar; coinciden en una plataforma que quieren hacer realidad; escriben juntos una nueva narrativa.

Al leer este diagnóstico y el futuro promisorio que augura, dan ganas de creer que es cierto. Dan ganas de pensar que Castañeda y Aguilar Camín tienen razón. Dan ganas de apostar que las reformas serán aprobadas y las resistencias serán vencidas. Pero cabe la pregunta obligada: ¿y si el pronóstico de los autores está más basado en “wishful thinking” –en lo que ambos quisieran ver– que en la realidad circundante? Ambos asumen que las reformas que el país necesita no han ocurrido por la falta de consenso entre la clase política y lo único que ha faltado es una visión común y una voluntad compartida. El problema con este argumento es que minimiza la complacencia de la élite política y económica con el status quo. Subestima las ataduras con las cuales Peña Nieto llega a Los Pinos y cuan acorralado gobernará. No le da el peso suficiente a los compromisos que el mexiquense adquirió con los poderes fácticos y cómo buscarán acorralarlo. Presupone que Peña Nieto tendrá tanto el poder como la voluntad de encarar a los intereses que lo encumbraron.

Para emprender el proceso de “Peñastroika” que algunos auguran y otros quisieran ver, el nuevo presidente tendría que desarticular los intereses que lo llevaron al poder. Las televisoras. La gerontocracia sindical. Los monopolios empresariales. Las bases corporativas del PRI. Todos los cómplices del capitalismo de cuates que el priísmo engendró y del cual sigue viviendo. Todos los “centros de veto” que impiden el regreso de una Presidencia omnipotente, pero también sabotean la posibilidad de una Presidencia eficaz. Es cierto, México necesita una narrativa creíble de futuro. Pero para poder escribirla el PRI tendría que dejar de ser lo que ha sido y el PAN tendría que convertirse en lo que nunca ha logrado ser. Partidos capaces de plantar un nuevo paradigma sobre la necesidad de crecer y prosperar. Y al frente de ellos, un presidente con la voluntad de reformar a pesar de las presiones para evitarlo.
01 Octubre 2012 03:00:50
Evidenciado(s)
Si como escribió Heráclito, “carácter es destino”, Enrique Peña Nieto acaba de evidenciar el de su próxima presidencia. Un gobierno que de cara a la reforma laboral, claudica. Una administración que ante los intereses atrincherados, se rinde. Un equipo que frente a la oferta de la modernización, no pasa su primera prueba. Porque la reforma laboral rasurada que el PRI aprueba en el Congreso evidencia a un presidente electo que en lugar de cambiar el país de privilegios, busca asegurar su mantenimiento. Evidencia a un presidente electo que en lugar de controlar a las fuerzas sindicales antidemocráticas, acaba doblegado por ellas. Evidencia a un presidente electo que usa la retórica de la modernidad, pero que al sucumbir ante los líderes obreros mina su autenticidad. Peña Nieto aún no ha asumido el poder pero la reforma laboral predice que los ejercerá acorralado.

Acorralado por Víctor Flores, líder atávico del sindicato ferrocarrilero. Acorralado por Carlos Romero Deschamps, líder vetusto del sindicato petrolero. Acorralado por Francisco Hernández Juárez, líder enquistado del sindicato de los telefonistas. Ellos y tantos más que en días recientes declararon “Vamos con todo contra la iniciativa” o “La vida interna (de los sindicatos) debe quedar en la vida interna; es como los matrimonios”, o “Si el gobierno del nuevo presidente entra con esa actitud de golpear a los trabajadores en sus derechos laborales es a él a quien tenemos que hacer responsable si esta iniciativa sigue adelante”. Ellos y tantos más defendiendo el derecho a encumbrarse, año tras año, en organizaciones que en lugar de representar a los trabajadores, los expolian.

Utilizando el argumento de la “autonomía sindical” para proteger privilegios y defender prebendas y justificar la opacidad. Valiéndose del argumento de la “no intromisión del Estado en la vida interna de los sindicatos” para seguir manejándolos a su libre albedrío. Usando el argumento de que la reforma atenta contra la Constitución para tapar cuánto tiempo han pasado violando su espíritu. Negando el derecho de los trabajadores al voto libre y secreto; a la rendición de cuentas a los agremiados sobre la administración de sus cuotas; a la información necesaria sobre el patrimonio sindical. Líderes ricos representando a obreros pobres. Líderes acaudalados exprimiendo a trabajadores que no lo son. Líderes chantajistas que quieren doblegar al próximo presidente, y lo logran.

Enrique Peña Nieto aún no traspasa el picaporte de Los Pinos y ya le entregó las llaves a los cotos corporativos. Ya ajustó la reforma laboral al tamaño del charrismo sindical. Ya demostró que su liderazgo no buscará fomentar la transparencia, sino seguir administrando su ausencia. Ya declaró en Brasil que “No se trata de hacer una reforma a espaldas de las organizaciones sindicales, sino se trata de una reforma laboral que tome en cuenta las voces de las organizaciones sindicales y se logre el consenso necesario”. Consenso priísta que implica la prolongación del statu quo. Consenso que significa claudicación. Consenso que entraña abdicación.

Y sin duda los defensores de la reforma dirán que fue necesario diluirla, debilitarla, descafeinarla. Dirán que fue indispensable quitarle los dientes democráticos para asegurar que una mayoría legislativa estuviera dispuesta a apoyarla. Dirán que valió la pena por la flexibilización que introduce y los salarios caídos que regula y las nuevas modalidades de contratación que ofrece. Dirán –como los panistas– que por lo menos fue aprobada y “peor es nada”. Pero ante ello la pregunta es la misma que acompaña todas las reformas calderonistas con poco efecto sobre el empleo y el crecimiento y la productividad: ¿Para qué aprobar reformas que no atacan el corazón del problema? ¿Para qué empujar iniciativas audaces para luego abandonarlas a la mitad del camino ante el chantaje priísta? ¿Para qué celebrar aquello que no tendrá la capacidad de desmantelar el control corporativo que estrangula al país? Al aceptar la reforma laboral encogida el PAN también queda evidenciado como el partido que acaba cediendo una y otra vez. El partido que promete exhibir al PRI y termina por ser su comparsa.

Quizás la reforma laboral recortada tenga alguna incidencia sobre el crecimiento del empleo. Quizás tenga algún impacto sobre la expansión de la informalidad. Ojalá sea así. Pero lo que dejó de lado no es menor ni debería serlo. La modernización de la vida sindical. El desmantelamiento de liderazgos que toman las calles, resistiendo demandas a la rendición de cuentas. El enquistamiento de poderes fácticos creados por el Estado, pero cada vez más autónomos ante él. El sometimiento de un presidente electo que promete modernizar al país pero no pasa una prueba definitoria con su propio partido. Enrique Peña Nieto, cayendo en una contradicción producto de aquello que el poeta Walt Whitman describe como “las multitudes que llevamos dentro”. Multitudes sindicales que llevaron a Peña Nieto al poder y ahora demandarán que lo ejerza a su medida.
17 Septiembre 2012 04:06:28
Candil de la calle
Una imagen vale más que mil palabras, y la de Enrique Peña Nieto anunciando su iniciativa en favor de la transparencia lo dice todo. La fotografía del evento ilustra la contradicción, muestra la tensión, evidencia lo que el PRI sigue siendo aunque prometa lo contrario. Detrás del Presidente electo están sentados dos íconos de la impunidad, dos indicadores de la pre-modernidad: Emilio Gamboa y José Emilio González, mejor conocido como “El Niño Verde”. El nuevo coordinador de los senadores priístas y su principal aliado parlamentario, convocados al acto en el cual se anuncia que el PRI combatirá la corrupción. Ambos sonríen. Ambos aplauden. Ambos representan la antítesis de lo que el nuevo gobierno ofrece y a pesar de ello su longevidad política está asegurada. Ambos apoyan al candil de la calle mientras garantizan la oscuridad en casa.

Oscuridad priísta forjada durante décadas de complicidad, sexenios de silencio, años de creer que la corrupción es parte de la labor de gobierno. La corrupción como tuerca, la corrupción como engrane, la corrupción como aceite que engrasa la maquinaria del poder. Y ahora Luis Videgaray anuncia que habrá una nueva forma de ejercerlo, usarlo, vigilarlo. Con el fomento de la transparencia en estados y municipios. Con la creación de una comisión nacional anticorrupción. Con la fundación de un organismo que regule el gasto público en publicidad vía los medios de comunicación. Todas ellas agendas loables; todas ellas medidas plausibles; todas ellas acciones que la sociedad reclama y que el PRI finalmente hace suyas. “El PRI no se le raja a México”, nos dice Emilio Gamboa.

El mismo senador Emilio Gamboa, quien fue escuchado negociando la suspensión de una iniciativa en el Senado, porque así se lo pidió su amigo Kamel Nacif. El mismo Emilio Gamboa mencionado una docena de veces en el libro de Lydia Cacho, “Los Demonios del Edén”, sobre las redes de complicidad entre políticos y pederastas en Quintana Roo. El mismo Emilio Gamboa que jamás ha sido investigado o sancionado o cuestionado por su propio partido. Y por eso su proximidad con el Presidente electo despierta dudas sobre el compromiso modernizador del PRI. Un partido que quiere tapar el sol con una comisión; quiere ahuyentar el abuso con dos órganos nuevos; quiere demostrar que combate a la corrupción creando dos instituciones nuevas para administrarla.

Ya hay normas, reglas, auditores, contralores, supervisores, ministerios públicos, fiscales, procuradores y la corrupción sigue allí. Ni la autonomía constitucional ni la hiperespecialización ni la ciudadanización servirán para combatirla. Ni los presupuestos abultados, ni los nombres rimbombantes, ni la grandilocuencia retórica servirán para erradicarla. Como ha subrayado Mauricio Merino del CIDE, las iniciativas propuestas buscan combatir la corrupción cuando ésta ya fue cometida y no intentan abatirla desde su origen. Desde que alguien es contratado por sus influencias y no por su profesionalismo, desde que alguien hace un mal manejo del presupuesto público y nadie lo detecta, desde que alguien negocia un soborno a cambio de un permiso para construir un hotel en una reserva ecológica, desde que alguien ofrece eliminar una iniciativa legislativa y asegura -como lo hizo Emilio Gamboa- “no te preocupes, esa chingadera no pasa en el Senado”.

Quienes proponen la comisión anticorrupción prometen que sí tendrá poder real. Que gozará de facultades de investigación real. Que romperá el monopolio del Ministerio Público al poder consignar ante jueces a corruptos. Que logrará sancionar también a particulares. Que podrá pedir al Legislativo el desafuero de funcionarios. ¿Pero cómo creer que funcionará si juzgará a los presuntos corruptos con las mismas reglas legales que hasta ahora han hecho posible la impunidad? ¿Cómo creer que atrapará a los peces gordos si el sistema judicial actual deja libres incluso a las ballenas? ¿Cómo creer que irá tras las conductas corruptas si no las ha sancionado jamás dentro del propio PRI o del Partido Verde? ¿Cómo creer que investigará los casos de Walmart y la Comisión Federal de Electricidad si no ha investigado a Emilio Gamboa o al Niño Verde o a Carlos Salinas de Gortari?

El combate a la corrupción sólo ocurrirá cuando sea parte de una política de Estado omnicomprensiva y preventiva. Sólo se dará cuando forme parte de una agenda nacional y no sólo sea producto de una concesión post-electoral. Sólo tendrá impacto cuando haya cambios en la contratación, la licitación, la vigilancia y la administración de los recursos públicos. Sólo surtirá efecto cuando acompañe la detección necesaria con la sanción indispensable. Y por ello, para ser verdaderamente creíble, la cruzada de Enrique Peña Nieto tendría que pasar por la limpieza de su propio partido y el distanciamiento de sus figuras más cuestionables. Tendría que decirnos qué piensa hacer con Emilio Gamboa y Arturo Montiel y Humberto Moreira y tantos priístas más. Tendría que resolver la contradicción entre ser candil de la calle y mantener la casa en penumbra.
03 Septiembre 2012 03:00:56
¿Ni Modo?
Veinticinco razones para cuestionar la decisión del TEPJF:

1) El fallo no deriva de una revisión exhaustiva del proceso electoral ya que no se entró a fondo en las circunstancias de ese proceso.

2) Hemos llegado a la calificación del TEPJF sin saber todo lo que tendríamos que saber.

3) El propio Tribunal no tuvo a su acceso toda la información relevante para emitir su decisión.

4) El Tribunal ha desestimado posibles violaciones al principios constitucionales sin la información concluyente sobre los reportes de campañas, que serán entregados hasta octubre.

5) La elección ha sido declarada impoluta sin contar con el ejercicio de fiscalización que concluirá en enero del 2013.

6) El Tribunal sólo contó con información sobre quejas sobre las cuales se emitió ya una resolución con base en la información existente e incompleta hasta ahora. El IFE no ha concluido su trabajo.

7) Arribamos, al igual que los magistrados del Tribunal, a la calificación de la elección sin estar enterados de toda la información necesaria para validar el proceso.

8) Como ha señalado el grupo “Democracia Deliberada”, no sabemos de quiénes recibió el PRI dinero o donaciones en especie ni cuáles fueron las cantidades.

9) No sabemos el desglose de gastos operativos, gastos de producción y gastos de propaganda.

10) No sabemos si el IFE encuentra irregularidades en los reportes de las campañas o la dimensión de esas irregularidades.

11) No sabemos si se rebasaron los topes de campaña y de qué manera.

12) No sabemos el monto de las dádivas a cambio del voto.

13) No sabemos el monto de la entrega de bienes privados en esta elección y si estos constituyeron sólo una “forma de propaganda” como argumenta el IFE o si contribuyeron a la compra del voto.

14) No sabemos las circunstancias, tiempo, modo y lugar de las tarjetas Monex y Soriana.

15) No sabemos los detalles de los acuerdos explícitos entre las televisoras y Enrique Peña Nieto. El IFE concluyó, sin investigación alguna y con el voto disidente del consejero Alfredo Figueroa, que no se había dado el fenómeno de propaganda encubierta hacia algún candidato.

16) Sí sabemos que en la calificación y validación de la elección, toda la información sobre las fuentes de ingresos y total de gastos de campaña ha sido considerada irrelevante.

17) Sí sabemos que mientras las autoridades no tengan información relevante para calificar la elección (ya sea porque no existen instrumentos legales y técnicos para recopilarla o se mantenga una interpretación jurídica que restringe su recopilación) el Tribunal no logra dar respuesta a las quejas y cuestionamientos legítimos sobre nuestro sistema electoral.

18) Sí sabemos la ausencia de información sobre el uso del dinero en el proceso electoral es resultado del marco normativo aprobado por los propios partidos en el 2007. Ellos permiten que quede un enorme espacio para que las campañas violen la normatividad sobre sus ingresos y gastos. Ellos fomentan la transferencia de bienes privados vía el clientelismo.

19) Sí sabemos que aunque tuviéramos toda la información disponible y ausente hasta el momento, eso no sería suficiente para invalidar el proceso electoral, ya que pesa el criterio cuantitativo para determinar si hubo violaciones a principios constitucionales. O sea, lo que importa es la distancia entre el primero y el segundo lugar. Lo demás nunca ha sido documentado, ponderado o cuantificado.

20) Sí sabemos que hoy la posibilidad de cuantificar las violaciones es virtualmente imposible ya que recae sobre la parte acusatoria, y como lo demostró el Movimiento Progresista en su impugnación, resulta muy difícil documentar ese criterio jurídico.

21) Sí sabemos que conforme a la legislación actual, alguien más y no el Tribunal debe demostrar algo que resulta imposible demostrar: a cuántos ciudadanos pudieron haber afectado las violaciones a principios constitucionales en el proceso electoral.

22) Sí sabemos que quienes impugnan no logran demostrar las irregularidades y que el Tribunal tampoco puede hacerlo. Entonces, el único criterio que sobrevive para validar la elección es la magnitud de la distancia entre el primero y el segundo lugar.

23) Sí sabemos que estamos sujetos a un marco normativo que produce enormes vacíos de información. También sabemos que el Tribunal ha usado criterios empíricamente imposibles y jurídicamente superficiales para ponderar violaciones a principios constitucionales de equidad, certeza, y transparencia.

24) Sí sabemos que el marco normativo que rige las elecciones en México tiene que cambiar y que –al mismo tiempo– el Tribunal ha dado una lectura de la ley que no confronta los serios problemas que todos presenciamos en esta elección.

25) Sí sabemos que la ley actual, así como la interpretación jurídica que el Tribunal esgrime, no resuelven los dilemas que se presentan con cada vez mayor frecuencia, elección tras elección. Sí sabemos que los partidos quieren mantener las leyes electorales tal y como están para aprovechar los vacíos legales y de información existentes. Ante ello, debemos negarnos a aceptar y a decir “ni modo”.
20 Agosto 2012 03:00:31
El ‘rescate’
Dice Carmen Aristegui que el rescate de la banda 2.5 GHz va con dedicatoria. Y así es. La controvertida medida decretada el 8 de agosto no busca fomentar la competencia o promover nuevos jugadores o salvar al espectro en nombre del interés público. No busca reducir la concentración o mermar a los monopolios o favorecer a los consumidores. El objetivo es distinto y mucho menos loable. Tiene que ver con los poderes fácticos y cómo subyugan. Tiene que ver con los intereses atrincherados y cómo controlan. Tiene que ver con Televisa y cómo ha logrado, en las postrimerías del sexenio, poner de nuevo al gobierno a su servicio.

Es una historia de chantajes inaceptables y presiones criticables. De un gobierno que mezcla las pasiones viscerales con las políticas públicas. De la forma en la cual funcionarios públicos llamaron a Joaquín Vargas -presidente de MVS- para exigirle que Carmen Aristegui se disculpara por hacer preguntas al aire sobre el supuesto alcoholismo de Felipe Calderón. De la manera en que Dionisio Pérez Jácome, titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, canceló la negociación con la empresa hasta que la disculpa se diera. De cómo el entonces secretario del Trabajo, Javier Lozano, amenazó con que si Vargas recontrataba a Aristegui, su proyecto de explotar la frecuencia radioeléctrica se iría “a la chingada”. Muestras de un gobierno irascible, de un gobierno subyugado, de un gobierno que prefiere quedar bien con la televisión antes que con los consumidores.

Porque el supuesto “reordenamiento” y “rescate” de la banda ancha despierta sospechas legítimas. Genera preguntas válidas. Se da casi al final sel sexenio, cuando es un tema que debería dejarse en manos de la siguiente administración. Se da después de la oposición de Televisa a la renovación de la concesión a MVS, su claro competidor. Se da después de que la empresa de Vargas presentara un proyecto ambicioso de utilización del espectro, avalado por la Cofetel y la Comisión Federal de Competencia. Y por ello el rescate huele mal, se ve mal, se entiende mal. Parece un acto político más que una decisión técnica. Parece más una venganza que acto racional y deliberado de política pública. Si al gobierno le interesaba tanto la contraprestación que le exigía a Joaquín Vargas, ¿por qué la Cofetel y la Secretaría de Hacienda tardaron tantos años en ponerse de acuerdo sobre sus lineamientos? Si al gobierno le preocupaba tanto la supuesta sub-explotación de la banda, ¿por qué mantuvo la incertidumbre jurídica sobre su renovación, alejando así a los inversionistas que Vargas había reunido? Si al Gobierno lo motivaba instrumentar una mejor política de comunicaciones, ¿por qué esperó hasta el final del sexenio para empujarla?

La respuesta a estas preguntas no se encuentra en documentos gubernamentales sobre el aprovechamiento del espectro o la generación de la competencia. No se encuentra en sesudos diagnósticos elaborados con criterios estrictamente técnicos. No toma en cuenta el imperativo de reordenar las frecuencias excedentes de Televisa. No contempla el hecho de que México ocupa el último lugar en servicios de banda ancha de la OCDE y dentro de los más caros, o que el “rescate” -debido a los litigios que generará- postergará la competencia aún más. No toma en cuenta que Alejandra Sota le pidió personalmente a Joaquín Vargas que no interpusiera recursos jurídicos contra la fusión Iusacell-Televisa.

El caso MVS evidencia un problema mayor. El gobierno de Felipe Calderón ha fracasado en la creación de una política de telecomunicaciones integral, pro-competitiva y abocada al bienestar de los consumidores. El supuesto “reordenamiento” llega demasiado tarde y se aplica de forma demasiado selectiva como para creer que en realidad de trata de recuperar un bien público intempestivamente. Más bien la intención ha sido castigar y chantajear, obscurecer y favorecer, sancionar a los enemigos de la administración y apoyar a una empresa a la cual le teme. Una empresa que obtiene lo que quiere doblegando a funcionarios endebles y a autoridades cómplices. Por eso al país le urge un marco legal en materia de telecomunicaciones y competencia para evitar lo que el escándalo ha revelado. Mientras a MVS le bloquean su autopista, a Televisa le construyen segundos pisos.
06 Agosto 2012 03:00:51
Tomar partido
El PRI exige resignación ante el resultado electoral; Andrés Manuel López Obrador llama a rechazarlo. Enrique Peña Nieto defiende un triunfo impoluto e irrevocable; AMLO describe un cochinero que es necesario limpiar e invalidar. Algunos hablan de “buen ganador” de la contienda; otros critican al “mal perdedor” por no aceptar sus resultados. He allí dos visiones polarizadas de un mismo país: quienes celebran la democracia que el país ha alcanzado y quienes señalan sus múltiples imperfecciones. Quienes apelan a la legalidad y quienes insisten en la legitimidad. Quienes niegan la compra del voto y quienes enfrentan dificultades para probarlo. Creando así un contexto en el cual el ciudadano tiene que demostrar su lealtad a un bando u a otro, cuando ninguno de los dos se lo merece.

El Movimiento Progresista denuncia. Exhibe. Recolecta. Arma listas de irregularidades que presenta ante el Tribunal Federal Electoral. La compra y la coacción del voto. El uso desmedido de recursos públicos por parte de los gobernadores priistas. La complicidad de las televisoras. Las estructuras paralelas de financiamiento. Las irregularidades aún no esclarecidas de Monex y Soriana. Y es probable que todo ello haya ocurrido en una u otra medida a lo largo del país. El problema reside en que el PRD no lo puede probar; Andrés Manuel López Obrador no lo logra comprobar. La evidencia que ha reunido hasta el momento no es lo suficientemente contundente ni atañe exclusivamente al PRI. Los comicios no fueron limpios pero la izquierda enfrenta dificultades para evidenciarlo. Las elecciones no fueron impolutas pero el PRD también contribuyó a ese resultado.

De allí las preguntas legítimas a Andrés Manuel: si no había equidad en la contienda, ¿por qué aceptó participar en ella? Si la parcialidad de las televisoras afectó el proceso electoral, ¿por qué no salirse de él con antelación? Si los resultados deben ser invalidados, ¿por qué aceptarlos en el caso de los senadores y diputados electos por parte de la izquierda? Si la elección no fue libre, ¿por qué denunciarla selectivamente? Si el fraude fue tan monumental, ¿por qué no es posible acreditarlo en las 638 cuartillas entregadas a la autoridad electoral? La izquierda sabe confrontar pero le cuesta trabajo argumentar. Sabe cómo presentar posiciones políticas pero no entiende cómo sustentar argumentos jurídicos. Sabe alzar el puño pero no redactar con la mano. Sabe suscitar pasiones pero no acreditar irrefutablemente por qué las enciende.

Por su parte el PRI intenta desvirtuar el mensaje desacreditando al mensajero. Responde atacando a Andrés Manuel López Obrador sin atender lo que sí necesita aclarar para poder gobernar. Responde apelando al Estado de Derecho cuando se ha encargado -mediante la compra del voto- a minarlo. El uso de 7,851 tarjetas de prepago Monex para financiar el trabajo “ordinario” de su partido. El compromiso de 16 gobernadores a entregar votos y el uso del presupuesto público a nivel estatal para lograrlo. El descalificar como “indicios” a prácticas consuetudinarias y sistemáticas. La acumulación de evidencia incómoda que contradice un triunfo intachable. El PRI se escuda en una legalidad que ha pisoteado. El PRI arropa bajo leyes que ha violado. El PRI celebra una democracia que se ha dedicado a desvirtuar. Llama “ejemplar” a una elección que está muy lejos de serlo.

Según Jesús, no es posible servir a dos amos al mismo tiempo. De allí que cada uno llame a tomar partido: AMLO convocando a la resistencia; el PRI llamando a la resignación; AMLO pidiendo la invalidez de la elección: el PRI implorando a aceptarla. Y es cierto que la lealtad es una cualidad noble, siempre y cuando no lleve a la ceguera y no excluya la lealtad más alta a la decencia y a la verdad. Hoy ninguno de los dos bandos tiene la calidad moral como para exigir la lealtad incondicional, como para pedir un acto de fe, como para argumentar la inequidad determinante o celebrar la victoria impoluta. Unos por no denunciar a tiempo o hacerlo selectivamente, otros por violar las reglas de manera impune. Unos por no documentar la inequidad, otros por negar que existió.

Pero más allá de la actuación criticable de los partidos y quien los encabeza, el conflicto actual revela un problema estructural. Un sistema electoral que incentiva la trampa al no castigarla eficazmente. Un sistema de fiscalización que detecta las irregularidades después de la elección y no incide en sus resultados. Un sistema donde el clientelismo es un instrumento al que todos los partidos recurren si de ganar la elección se trata. Un sistema de calificación donde los magistrados ungen al “ganador” sin saber si obtuvo el triunfo limpiamente. Un sistema de castigos que no va más allá de una multa. Todas ellas, condiciones que crean una democracia de baja calidad. Todas ellas, condiciones donde cada quien hace lo que quiere y lo que puede. Todas ellas, condiciones que validan lo escrito por Thomas Fuller: “Tomen nota: la mayor parte de los hombres hace trampa sin escrúpulo, donde lo puede hacer sin temor”.
23 Julio 2012 03:00:02
¿Qué hacer con AMLO?
¿Provocador del odio o promotor de la democracia? ¿Populista irresponsable o luchador social incansable? ¿Un mal perdedor de la elección o el único que critica su podredumbre? Éstas son las preguntas que acompañan a Andrés Manuel López Obrador desde 2006 y que lo persiguen persistentemente ahora. Éstas son las interrogantes que suscita alguien que algunos condenan como un “mesías tropical” y otros idolatran como un líder providencial. AMLO polariza. AMLO divide. AMLO enciende pasiones entre quienes lo consideran un héroe y quienes lo califican como un traidor. Y aunque no hay una decantación definitiva sobre el personaje, queda claro que la izquierda mexicana tendrá que decidir qué hacer con él.

Hay mucho por lo cual el país le debe agradecimiento. La demanda de aclarar y limpiar la elección. La propuesta de concientizar a la población sobre lo que significa la compra del voto y cómo coaccionarlo. La manipulación cotidiana en la que incurre la televisión y cómo construye candidaturas.

La incompetencia que en ocasiones demuestran instituciones como el IFE y cómo afecta eso su credibilidad. La utilización de tarjetas Monex y Soriana y cómo contribuyeron a la labor de los operadores del PRI. La triangulación de presupuestos estatales y cómo se utilizaron con fines electorales. AMLO evidencia una lista de prácticas condenables y cotidianas, amplias y arraigadas, visibles y cuantificables.

Ante ellas AMLO exige -y con razón- que no hay más opción que investigar. Airear. Transparentar. Castigar. Informar con rigor y sancionar con vigor. Crear un contexto de exigencia en el cual el PRI se vea obligado a reconocer las irregularidades en las que incurrió y pagar multas multimillonarias por ello. Dar la batalla política por la opinión pública para que el electorado entienda lo que pasó, y dar la batalla legal para que no vuelva a repetirse. Eso es lo más a lo cual AMLO puede aspirar y no es poca cosa. Pero difícilmente el Tribunal Electoral nulificará la elección o declarará su invalidez. La documentación no es lo suficientemente contundente, la evidencia no es lo suficientemente determinante, los tiempos no dan.

Aunque el triunfo de Peña Nieto no haya sido recto -como lo escribe Pepe Merino-, una ley electoral que incentiva la trampa acabará avalándolo. Los partidos acarrean y compran y triangulan y gastan sabiendo que es mejor ganar la Presidencia primero y pagar la multa después.

En algunos meses, el IFE declarará que el PRI rebasó los topes de campaña y le impondrá una multa, pero ya con Peña Nieto despachando en Los Pinos. Aun con información incompleta, la elección terminará validada. Aun con un proceso manchado, la elección terminará certificada. Habrá ganado el que mejor viola las reglas.

Y después de ese paso probable, la pregunta es si AMLO se retirará o si permanecerá como el líder indiscutible de la izquierda mexicana. Porque junto con la crítica loable al proceso electoral coexiste su posición criticable con respecto a la vida institucional. Un día dice respetar las reglas y al otro las desconoce.

Un día manifiesta su respeto a las instituciones y al otro erosiona la confianza en ellas. Un día se apega a las rutinas de la democracia y al siguiente las desdeña. Desconoce los resultados de la elección pero no los logros que su partido obtuvo con su participación. López Obrador representa lo mejor y lo peor de la izquierda: el diagnóstico correcto pero la receta equivocada; la crítica certera pero la solución inadecuada; la postura moral encomiable pero el proyecto poselectoral limitado.

Porque después del conflicto poselectoral la pregunta seguirá allí: qué tipo de izquierda quiere y necesita México. La que obstaculiza o la que propone.

La que descalifica o la que participa. La que bloquea o la que abre camino. La que mira con nostalgia al pasado o la que contempla con ambición el futuro. Y a pesar de las contribuciones que AMLO ha hecho, llegó el momento de un relevo generacional. Un relevo mental.

Un relevo político. Para que una izquierda, que será segunda fuerza en la Cámara de Diputados, no piense en cómo prevenir la llegada de Enrique Peña Nieto a Los Pinos, sino en cómo promover la movilidad social entre los pobres. Para que una izquierda con presencia relevante en el Senado no acabe tomando el proscenio sino liderando la agenda progresista. Para que una izquierda que ganó 15 millones de votos no termine tirándolos por la borda como lo hizo después de 2006.

AMLO puede permanecer como líder moral, como conciencia crítica, como ombudsman necesario. Pero la izquierda debe buscar otros liderazgos más innovadores, más visionarios, más liberales, más socialdemocráticos. Liderazgos que promuevan los derechos sociales, respeten la diversidad sexual, crean en los mercados junto con la necesidad de regularlos, entiendan la globalización y sus imperativos, comprendan que la izquierda debe ser acicate del cambio pero también avatar de la responsabilidad.

Y por ello, ante la pregunta de qué hacer con AMLO, la respuesta parece obvia: sustituirlo por Marcelo Ebrard.
09 Julio 2012 03:00:44
¿Quién es EPN?
He aquí preguntas para Enrique Peña Nieto:

1) ¿Cómo vas a convencer a tu partido a aceptar reformas que hasta ahora ha rechazado?

2) ¿Cómo piensas desmantelar los cotos construidos y los privilegios protegidos por el propio PRI?

3) ¿Cómo lograrás ser el artífice de la modernidad ante una organización que es su antítesis?

4) En tu libro “México, la Gran Esperanza” (el cual admites no haber escrito pero que sí has leído), argumentas que el rezago del país se debe a “algunas estructuras económicas y sociales que no se transformaron, lo que permitió que algunas de ellas mantuvieran una gran concentración del poder frente a un sistema político desconcentrado, alcanzando la capacidad para bloquear reformas que consideran contrarias a sus intereses”. ¿Cuál es el nombre y el apellido de esos intereses y cómo vas a confrontarlos?

5) ¿Qué harás frente a Elba Esther Gordillo, Joaquín Gamboa Pascoe, Carlos Romero Deschamps, Carlos Slim, Emilio Azcárraga, Ricardo Salinas Pliego?

6) ¿Cómo vas a domesticar a esas “criaturas del Estado” que ahora lo acorralan? ¿Cómo vas a encarar a los intereses que te propulsaron a la puerta de Los Pinos?

7) Reconoces que “durante los múltiples gobiernos del PRI también se cometieron errores y abusos inadmisibles que tuvieron serias consecuencias para el país”, incluyendo “inaceptables actos de corrupción”. ¿Qué credibilidad tienes para combatir la corrupción cuando todo apunta a que el PRI recurrió nuevamente a ella para que ganaras la elección?

8) ¿Cuáles son los errores y abusos que el PRI cometió durante su paso por el poder y también en los meses y semanas previas a la contienda? ¿Admites, por ejemplo, que hubo compra de votos?

9) Dices que has aprendido de los errores del priísmo para no repetirlos, pero, ¿no es cierto que muchos de ellos revivieron durante la gesta electoral?

10) ¿Cómo justificas aún estar rodeado de personajes asociados con la corrupción como Arturo Montiel y Emilio Gamboa?

11) ¿Por qué políticamente siguen vivos tantos íconos de la impunidad? ¿Por qué tu partido continúa albergándolos en vez de distanciarse de ellos?

12) Propones obtener una “democracia de resultados” a través de la construcción de mayorías estables en el Congreso, de la mano del Partido Verde. ¿Pero no deberíamos temer en lugar de aplaudir esa nueva hegemonía priísta? ¿Qué respondes ante la irresponsabilidad priísta cuando tuvo gobiernos unificados? ¿Qué respondes ante los años de inestabilidad macroeconómica y malos manejos de las finanzas públicas? ¿Ante los años de crisis y devaluaciones? ¿Ante los años en los cuales la ausencia de pesos y contrapesos derivó en políticas económicas fallidas e irresponsables?

13) ¿Cómo vas a “escuchar a la gente” como prometes, cuando te opones a la reelección legislativa y otras medidas que reformarían nuestra democracia disfuncional? ¿Cómo vas a mejorar la calidad de la representación democrática si te opones a reformas políticas que le darían más poder a la ciudadanía?

14) Lamentas la falta de competencia y señalas que de acuerdo con las cifras del Foro Económico Mundial, México ocupa el lugar 120 de 140 economías. Ante ese panorama, ¿piensas poner a Televisa a competir mediante una tercera cadena de television y la obligación del “must carry, must offer”? ¿Piensas obligar a Carlos Slim a cumplir con las obligaciones de su concesión antes de darle acceso a la televisión? ¿Piensas forzar a todos los maestros del país a competir por una plaza? ¿Querrás y podrás enfrentar a los “centros de veto” que el PRI corporativo creó y sigue manteniendo?

15) ¿Crees que por ser del PRI podrás reformar al PRI? ¿Crees que podrás ser el Nixon mexicano que va a China, o en este caso, cambia al PRI desde adentro? ¿Cómo creerte si en esta elección tu partido desplegó muchas de las peores prácticas que lo caracterizan?

16) ¿Cómo vas a arrancarle privilegios a la élite que te llevó al poder? ¿No llegas demasiado amarrado como para hacerlo?

17) ¿Cómo confiar en tu compromiso modernizador si tu partido se opone consistentemente a él? ¿Cómo instrumentar reformas necesarias ante los intereses rentistas que el PRI protege? ¿Cómo componer nuestra democracia descompuesta si el PRI sólo cree en la rotación de élites impunes? ¿Cómo lograr la modernización sindical si el PRI consagró los “derechos adquiridos” en los sindicatos? ¿Cómo desmantelar a los monopolios cuando el PRI fue el responsable de su creación?

18) ¿No eres el virtual presidente electo del statu quo? ¿El que llega precisamente para resguardar al sistema priista -aún vivo- de cualquier cambio que entrañaría abrir, sacudir, confrontar, airear, ciudadanizar o remodelarlo? ¿No eres el presidente electo del país de privilegios que el PRI concibió y del cual sigue alimentándose? ¿No eres el presidente protector de intereses económicos tan poderosos que obstaculizarán cualquier plan de reforma desde adentro?

19) Hablas constantemente de instaurar “el Estado eficaz”. ¿Eficaz para qué y para quién?

20) ¿Cómo respondes al joven que marchó en tu contra hace unos días cargando una manta que decía: “No estoy llorando, es que se me metió un pinche fraude en el ojo”?
25 Junio 2012 03:00:57
Pájaro enjaulado
El PRI está a un paso de regresar a Los Pinos. Todo lo indica, todo lo sugiere, todo lo augura. Enrique Peña Nieto probablemente será el próximo presidente de México y el partido que tantos lucharon para sacar del poder lo habrá reconquistado. Y volverá sin haberse modernizado. Regresará sin haberse reconfigurado. Resucitará sin haberse remodelado. Porque a lo largo y a lo ancho del país persiste el PRI clientelar, el PRI corporativo, el PRI que realmente no cree en los contrapesos o en la participación ciudadana autónoma o en la apertura de la vida sindical al escrutinio público. México se enfrenta a la posible “Putinización” del poder; a la recentralización del mando en un partido que controlará las dos Cámaras del Congreso; a la reinstalación de viejas maneras de pensar en el poder y ejercerlo.

La gran incógnita es qué hará Enrique Peña Nieto con el mando unificado que México le entregará. ¿Será un modernizador o un restaurador? ¿Promoverá reformas que el PRI ha rehuido u obligará a su partido a aceptarlas? ¿Coexistirá con el pluralismo que el movimiento #YoSoy132 promueve o intentará sofocarlo?

¿Pavimentará el camino hacia un país próspero e incluyente o mantendrá el capitalismo de cuates oligárquico y excluyente? Estas son las preguntas que persiguen al puntero priista y para los cuales no ha ofrecido una respuesta clara. A veces Peña Nieto habla el lenguaje de la modernidad, a veces usa el vocabulario del pleistoceno. A veces promete reformas que cambiarían la naturaleza del PRI, a veces despliega sus peores prácticas. Peña Nieto encarna las contradicciones de un partido que construyó el México del siglo 20 y no sabe qué hacer frente al mundo del siglo 21. Un partido que institucionalizó el modelo económico extractor que es origen fundacional de nuestro subdesempeño crónico como país. Un partido que diseñó la jaula dentro de la cual hay un pájaro -la economía mexicana- permanentemente enjaulado.

Como lo explican Daron Acemoglu y James Robinson en su magistral libro “Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity and Poverty”, los países son ricos cuando cuentan con instituciones políticas y económicas incluyentes. Son pobres cuando permiten la extracción por encima de la representación; cuando apuntalan a élites rentistas por encima de ciudadanos participativos; cuando instalan sistemas oligárquicos por encima de sistemas plurales, abiertos, competitivos; cuando permiten la osificación de instituciones por encima de su adaptación. Y en México, durante demasiado tiempo, élites poderosas dentro de y apoyadas por el PRI han creado reglas que benefician a pocos a expensas de muchos. Han concentrado el poder económico y político en manos de quienes controlan a la sociedad en lugar de permitir su participación. El PRI arrebató las riendas de una dictadura y creó otra: la de élites extractivas. La de monopolios rapaces y líderes sindicales corruptos y televisoras chantajistas y políticos impunes. Por eso la economía mexicana no crece a la velocidad que podría y debería. Por eso el letargo y la parálisis y la baja competitividad y la falta de innovación. Por eso la pequeñez del pájaro enjaulado.

Y por eso la diferencia entre Nogales, Arizona, y Nogales, Sonora. Dos poblaciones muy diferentes, separadas por una frontera que define dos mitades. En Nogales, Arizona, los habitantes tienen acceso a instituciones que les permiten adquirir educación y habilidades, que promueven sus empleadores a invertir en la mejor tecnología, que lleva a mejores salarios para ellos. También tienen acceso a instituciones políticas que les permiten participar plenamente en los procesos democráticos, elegir a sus representantes y sancionarlos si abusan del poder o lo ejercen mal. En consecuencia, los funcionarios públicos proveen servicios básicos -salud pública, escuelas, caminos, leyes- que los ciudadanos demandan. Los habitantes de Nogales, Sonora, no son tan afortunados. Viven en mundos diferentes, creados por instituciones diferentes, con incentivos diferentes. Los nogalenses al norte de la frontera avanzan con instituciones creadas para incentivar la prosperidad y la innovación; los nogalenses al sur de ella padecen instituciones creadas para incentivar el statu quo y la extracción.

¿Y qué hará una próxima Presidencia priísta ante el microcosmos de Nogales y el resto de México? Transformar la realidad recalcitrante de un capitalismo excluyente y una democracia incompleta requeriría cambios institucionales de gran envergadura. Cambios que implicarían empoderar a la población y no sólo explotarla; regular a los monopolios y no sólo fomentar su colusión; proveer a la población de derechos políticos amplios y no sólo los que benefician a los partidos; crear un modelo económico enfocado al crecimiento económico acelerado y no sólo perpetuar el que beneficia a unos cuantos. México está atorado por un patrón institucional antitético al crecimiento. Antitético a la inclusión. Antitético al pluralismo que ahora sufrirá un golpe con el regreso del PRI y su propensión a mantener al pájaro enjaulado.
28 Mayo 2012 03:00:51
Primavera al fin
Bertolt Brecht pregunta si en los tiempos oscuros habrá canto, Y responde: "Sí. Habrá el canto sobre los tiempos oscuros". El canto joven que comienza en Santa Fe se escucha en el Zócalo, llega hasta el Ángel de la Independencia, cobra fuerza en la Estela de Luz, cobra claridad frente a las instalaciones de Televisa.

Un canto de combate al estoicismo, la resignación, la complicidad, el silencio y la impasibilidad de tantos; razones por las cuales un país tan majestuoso como México ha sido tan mal gobernado. Marchan con la boca abierta: demandando, exigiendo, confrontando. Hablando bien de los ríos claros y transparentes, pero hablando mal de los medios opacos y tramposos; hablando bien del país pero hablando mal de quienes se lo han embolsado.

Marchan entendiendo que el oficio de ser un buen ciudadano parte del compromiso de llamar a las cosas por su nombre. De descubrir la verdad aunque haya tantos empeñados en esconderla. De decirle a los manipuladores que lo han sido; de decirle a los abusivos que deberían dejar de serlo; de decirle a quienes han expoliado al país que no tienen derecho a seguir haciéndolo; de mirar a México con la honestidad que necesita; de mostrar que somos mejores que nuestra clase política y no tenemos los medios que merecemos. De vivir anclados en la indignación permanente: criticando, proponiendo, sacudiendo. De alzar la vara de medición. De convertirse en autores de un lenguaje que intenta decirle la verdad al poder, con pancartas que dicen "Voto mata copete", "Televisa te idiotiza, TV Azteca te apendeja". Porque, como lo advertía Martin Luther King, hay pocas cosas peores que el apabullante silencio de la gente buena. Entienden que ser ciudadano a ciencia cierta es saber que la obligación intelectual mayor que tienen es rendirle tributo a México a través de la crítica, a través de la protesta.

Hay un gran valor en la primavera mexicana, en el espíritu de oposición permanente y constructiva versus el acomodamiento fácil. Hay algo intelectual y moralmente poderoso en disentir del statu quo. El valor de enfrentar a televisoras chantajistas y los políticos que encumbran. El valor de decir "así no" a un resultado electoral que parece predeterminado por fuerzas más allá de nuestro control. Por ello se vuelve imperativo criticar la colusión, defender la transparencia, retar a la autoridad a rendir cuentas. Por ello se vuelve fundamental seguir denunciando las casas de Arturo Montiel y los abusos de Atenco y los feminicidios en el Estado de México y los abusos de Carlos Romero Deschamps y el escandaloso Partido Verde.

Se trata –marchando– de mantener vivas las aspiraciones eternas de verdad y justicia en un sistema político que se burla de ellas. Se trata –marchando– de jugar un papel puntiagudo, punzante, cuestionador. Se trata –marchando– de hacer las preguntas difíciles, confrontar los hechos aparentemente consumados, demostrar que el país ha cambiado y que habrá que gobernarlo de otra manera. Representar a las personas y a las causas que muchos preferirían ignorar. Aspirar a ciertos estándares decentes de comportamiento de parte del Gobierno. Saber que la violación de esos estándares debe ser detectada y denunciada: con pancartas, con demandas, con propuestas, con un contexto de exigencia que los jóvenes están dispuestos a crear.

Quienes han tomado las calles de manera entusiasta están intentando resistir las imágenes convencionales, las narrativas oficiales, las justificaciones circuladas por televisoras poderosas o candidatos que los han impulsado. Buscan desenmascarar versiones alternativas y desenterrar lo olvidado. Forman parte del incipiente equipo de rescate de un país secuestrado por gobernadores venales, líderes sindicales corruptos y duopolios rapaces. No perciben la realidad como un hecho dado, inamovible, incambiable, sino como una situación contingente, resultado de decisiones humanas. La crisis del país se convierte en algo que es posible revertir, que es posible alterar mediante la acción decidida y el debate público intenso. La crítica se convierte en una forma de abastecer la esperanza en el país posible.

Y por ello mi reconocimiento a los que desde las calles ejercen a cabalidad el oficio de la ciudadanía crítica. A los que alzan un espejo para que un país pueda verse a sí mismo tal y como es. A los que dicen "no". A los que resisten el uso arbitrario de la autoridad. A los que asumen el reto de la inteligencia libre. A los que piensan diferente. A los que declaran que el emperador está desnudo. A los que se están involucrando –desde la UNAM, el ITAM, el Tec de Monterrey, el Politécnico y muchos sitios más– en causas y en temas y en movimientos más grandes que sí mismos. A los que en tiempos de grandes disyuntivas éticas no permanecen neutrales. A los que se niegan a ser espectadores de la injusticia o la estupidez. A los que critican a México porque están cansados de aquello que Carlos Pellicer llamó "el esplendor ausente". A los que cantan en la oscuridad porque es la única forma de iluminarla.
15 Mayo 2012 03:00:50
Los bonsái
Así fueron durante el debate. Cuatro candidatos miniatura, como los árboles bonsai de la tradición artística japonesa. Chiquitos, como en contenedor. Pequeños, como una planta diseñada para la contemplación. Menudos ante el tamaño de los retos que México enfrenta. Incapaces de proponer reformas audaces, adoptar posiciones controvertidas, ofrecer más allá de los lugares comunes. Mirarlos deja en el espectador un sentido compartido de desilusión, de desesperanza. He allí un formato rígido que convierte la interpelación sustantiva en una sucesión de monólogos. He allí un ejercicio fársico en la cual se comenta más lo que asoma en el escote de una edecán que lo que pasa por las mentes de sus participantes.

Enrique Peña Nieto, que gana porque logra articular una oración con sujeto, verbo y predicado sin teleprompter. Alguien que reduce las expectativas al mínimo para después sobrepasarlas con el argumento de que no es tan estúpido como suponíamos. Alguien que según las tendencias electorales, gana porque mantiene la distancia de 20 puntos que lo separan de sus principales competidores. Peña Nieto, el beneficiario de una panista que no logra noquearlo y un perredista que tampoco lo hace. El candidato que se erige en triunfador por tan sólo resistir; por tan sólo contestar; por no perder la ventaja; por convertir el ataque en la mejor defensa. El candidato del “por lo menos”: por lo menos puede presentarse en la pantalla sin reproducir el ridículo que hizo en la FIL de Guadalajara. Por lo menos es mejor que el PAN de los últimos 12 años, dicen quienes no perciben el regreso probable del PRI a los Pinos como una regresión.

Josefina Vázquez Mota, la gran perdedora de la noche porque insiste en decir que es “diferente” pero no logra explicar por qué. La candidata que intenta instrumentar una estrategia de contraste con el PRI, cuando debería aplicarla con respecto a sus predecesores panistas. Queda atrapada entre un priismo que capitaliza el voto de castigo al PAN y un perredismo que le apuesta a ser el cambio verdadero. Le falta claridad para decir en qué sería diferente de Vicente Fox, de Felipe Calderón, de los últimos 12 años de gobiernos panistas. Ataca a Peña Nieto pero no logra darle un golpe contundente; critica al PRI pero deja ir la oportunidad de mostrarlo como el partido que ha obstaculizado todas las reformas que ahora el puntero presidencial ofrece. Tenía que demoler al mexiquense metrosexual y no logra hacerlo. No logra subrayar las contradicciones de un priismo que se pinta como modernizador en la teoría pero nunca lo ha sido en la práctica. No transmite convicción, no despierta convicción. Se le ve desdibujada, artificial, fingida, fuera de tono.

Andrés Manuel López Obrador tampoco obtiene lo que quería: exhibir a Peña Nieto y hundirlo, acosar al priísta y evidenciarlo. Aunque sustituye a la República amorosa por la República rencorosa, los golpes propinados al priísta lo dejan aún de pie. No trae consigo algún ataque novedoso, alguna evidencia enervante, alguna investigación fresca. Se convierte por ello en el emisario de un pasado que a pocos -lamentablemente- les interesa: la conexión con Arturo Montiel y Carlos Salinas de Gortari, el cordón umbilical que une al peñanietismo con las televisoras, la corrupción como huella dactilar del PRI. AMLO iba a informar en vez de debatir, pero su información huele a viejo. De nuevo se erige en el luchador social que no sabe cómo ser político profesional. Eso hubiera implicado -entre otras cosas- colocar de manera correcta la fotografía que traía consigo en lugar de mostrarla al revés. Se le ve cansado, agresivo, reiterativo, poco propositivo.

Y la gran sorpresa del evento. Gabriel Quadri que se adueña del escenario -y del voto de los indecisos- con la libertad que provee ser un candidato sin nada que perder. El “ciudadano” que no lo es porque de independiente tiene muy poco. El candidato que Elba Esther Gordillo ha hecho suyo y se encarga de edificar. Con propuestas políticas y económicas que el SNTE jamás aceptaría y a las cuales se opone. Con una combi ciudadana a la cual Quadri se sube sólo dos cuadras antes de cada evento al que va. Hay un plan de trabajo que La Maestra ha puesto en marcha, el cual el ecologista sigue al pie de la letra: te doy la plataforma desde la cual propulsarte y a cambio me das los 2 puntos de la votación que el Panal necesita para conservar el registro. He allí un intercambio de apoyo, dinero y promoción mediática. Todo para que el Panal pueda continuar siendo un instrumento de extorsión política. Un factor de chantaje electoral, que los maestros pagan con los 6 millones de pesos que el SNTE recibe todos los días de la cuota magisterial.

Candidatos miniatura como los árboles que los japoneses usan para decorar sus casas y jardines. Producto de una democracia disfuncional y de un IFE debilitado. En Japón los bonsai son considerados una obra de arte que amerita la contemplación. Pero en su versión mexicana sólo parecen arbustos disminuidos por la maceta mal formada que les dio vida.
30 Abril 2012 03:00:06
Niño burbuja
En los 70 se volvió popular una película llamada “The Boy in the Plastic Bubble” -El niño en la burbuja de plástico- y el protagonista vivía aislado del mundo por un problema inmunológico. En México hoy tenemos nuestra propia versión encarnada por el candidato Enrique Peña Nieto. Así como John Travolta temía a los microbios, el puntero priísta le teme a los debates. Le teme a la confrontación de ideas y cómo defenderlas. Le teme a las preguntas incómodas y cómo contestarlas. Prefiere vivir en un mundo controlado, artificial, encapsulado, lejos de cualquier paso en el mundo real que podría mostrar su debilidad discursiva. Su fragilidad propositiva. La acusación de vaciedad que lo perseguiría en los auditorios ante los cuales no se quiere presentar. La percepción de incapacidad que lo acompañaría frente a los foros que rehúye. Peña Nieto prefiere ser catalogado de cobarde que de estúpido.

“Dame la palabra correcta y moveré al mundo”, escribió Joseph Conrad. Porque las palabras son poder. Poder para persuadir, para convencer, para disentir, para construir democracias y habitarlas. Poder que el priísta demuestra que no tiene. La libertad se forja a martillazos sobre el yunque del debate y eso es precisamente lo que Peña Nieto evade. Prefiere -por lo visto- el autoritarismo silencioso a la democracia gritona. No quiere construir espacios cívicos y participativos, plurales y educativos. Y con ello revela su problema principal: no ha aprendido a debatir ideas sino a memorizarlas; no ha aprendido a pensar en las políticas públicas sino a repetir lo que le colocan en el teleprompter.

Y la reticencia de Peña Nieto tiene efectos y muy graves. México tiene un problema de desinformación ciudadana. De personas que se oponen a las reformas estructurales, pero no entienden por qué otros subrayan su necesidad. De personas que le apuestan a líderes providenciales y no asumen responsabilidades individuales. Los mexicanos cuentan con pocos mecanismos para expresar sus preferencias más allá del voto sexenal. No tienen acceso al aprendizaje sobre la cosa pública más allá del periódico que leen de manera superficial y del programa de televisión que contemplan de manera pasiva. México hoy padece una democracia delgada, una democracia de urnas presentes y ciudadanos ausentes. Y Peña Nieto contribuye –al rechazar el debate– a esa democracia de baja calidad.

Como lo argumenta el filósofo político Benjamin Barber en “Strong Democracy”, la democracia necesita ciudadanos eficaces: hombres y mujeres ordinarios haciendo cosas extraordinarias de manera regular. Por ello, la tarea más urgente para el país es la construcción cotidiana de ciudadanos. El cultivo de lo que Tocqueville llamó “los hábitos del corazón”. La promoción de actitudes necesarias para que la democracia funcione. La construcción de foros públicos donde se discuta, se aprenda, se presenten datos, se comparen cifras, se conozca al otro y qué opina. La transformación de cada estudiante y cada trabajador y cada ama de casa y cada periodista en un aprendiz de la libertad. Al negarse a debatir -más allá de los dos debates acortados y acartonados del IFE- Peña Nieto coarta la posibilidad de esa transformación.

Hoy, con todo lo que hay en juego en la elección presidencial hay que concebir el debate para educar no solo para influenciar; el debate para construir ciudadanos no solo para presionar a políticos; el debate para proveer conocimiento a la población y no sólo para atarse a preguntas prestablecidas; el debate para informar a la opinión pública y no sólo para usarla como público de telenovela.

Por ello hay que obligar a Peña Nieto a salir de su burbuja y darle un buen pinchazo para romperla. Obligarlo a salir a la democracia contestataria y sin acordeones. Obligarlo a contestar por qué el Estado de México ocupa el primer lugar en robo de automóviles de toda la República. Obligarlo a responder por qué en los últimos años han muerto más mujeres en la entidad que gobernó que en Ciudad Juárez. Obligarlo a explicar por qué el territorio mexiquense ocupa un lugar tan malo en el índice de transparencia gubernamental elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad. Obligarlo a decir por qué, ahora sí, el PRI apoyaría reformas estructurales que ha pasado los últimos dos sexenios rechazando o saboteando.

En países con una cultura del debate se enseña a los ciudadanos a pelear con las palabras, y en México llegó la hora de que el puntero presidencial aprenda a hacerlo también. En países con democracias funcionales, las personas entienden que la información no es prerrequisito del debate, sino su producto, y Peña Nieto debe enseñarnos que sabe cómo dominarla. Que sabe cómo convertir copetes acicalados en argumentos duros. Que sabe confrontar ideas para esclarecerlas. Que está dispuesto a participar en un argumento con el objetivo de arribar a la verdad. Para llegar a ella México necesita, como lo diría Hamlet, “palabras, palabras, palabras”. Pero palabras pronunciadas en debate tras debate y no sólo leídas en un teleprompter.
16 Abril 2012 03:00:51
Querer no saber
El Papa vino y se fue sin reunirse con las víctimas de Marcial Maciel. Sin encontrarse con los que padecieron la pederastia clerical y sin mencionar el tema siquiera. Un ejemplo más de la actitud de muchos actores que quieren olvidar el “caso Maciel”. Rehuirlo. Diluirlo. Sepultarlo. Fingir que nunca ocurrió. Verlo tan sólo como un trágico accidente en la vida religiosa de la Iglesia y no como un problema estructural que ha recorrido la cartografía mexicana y mundial. Concebirlo como una patología individual y no como parte de las patologías de la Iglesia Católica y de la sociedad, en particular la mexicana. Rechazar que forma parte de un patrón de inmoralidad e impunidad religiosa. Intentar desentenderse de la responsabilidad de quienes lo defendieron, lo legitimaron y ahora le apuestan al silencio.

Pero la apuesta del país y los católicos que lo habitan debería ser otra. Debería ser la apuesta por la verdad. Como lo explican Alberto Athié, José Barba y Fernando González en su libro “La voluntad de no saber: lo que sí se conocía sobre Maciel” en los archivos secretos del Vaticano desde 1944, Marcial Maciel no puede ser entendido como un extraño personaje solitario, una especie de insólito accidente eclesial, del cual la cúpula de la Iglesia Católica se enteró hasta el año 2000, según lo ha afirmado Benedicto XVI. Como lo demuestran los documentos contenidos en el libro y disponibles para consulta pública en
http://www.lavoluntaddenosaber.com, el Vaticano conocía desde los años cuarenta el comportamiento delictivo e inmoral de Marcial Maciel y su doble vida. Y optó por callar. Eligió la complacencia y la dilatada tolerancia institucional, reflejada en el silencio del Papa en su paso por México.

Acallamiento evidenciado por el hecho de que el Papa sí se reunió con víctimas del abuso sexual en Estados Unidos, en Australia, en Portugal, en Malta, en Inglaterra, en Alemania. Allí sí, acá no. Allí sí hubo tiempo y espacio en su agenda, acá ni se tocó. Por presiones del Episcopado mexicano, dicen. Porque la Iglesia “no conoce” a las víctimas, argumentan. Pero el vacío en esta visita se explica por otras razones: las autoridades religiosas actúan –así lo subraya Bernardo Barranco en el prólogo– como si Maciel y sus víctimas fueran de otro planeta. Como si no merecieran la verdad y la justicia y la compensación y el consuelo que han recibido en otras latitudes. Como si México no se mereciera un pronunciamiento público, amplio y detallado que deslinde responsabilidades y reconozca culpas y detecte cómplices al estilo de Onésimo Cepeda y Norberto Rivera.

En torno a Maciel, la Iglesia católica mexicana y el Vaticano ilustran eso que Alessandro Baricco llama “algo que sabía desde siempre, pero de esta manera de no saber nunca”. Algo reportado desde los años cuarenta en diversos documentos y cartas enviadas a las autoridades eclesiásticas. Algo que un artículo parteaguas en el periódico “The Hartford Courant” se hizo público por primera vez en 1997. Algo que el Canal 40 y los periodistas Salvador Guerrero Chiprés, Carmen Aristegui y Javier Solórzano reportaron en los noventa. La pederastia practicada por Maciel. La adicción a la morfina que tenía. Los hijos que había procreado. La familia que había ocultado. Y ante la avalancha de acusaciones quedan las respuestas reprobables de Norberto Rivera: “Son totalmente falsas, son inventos (los periodistas) deben platicarnos cuánto les pagaron”. O lo que dijera Onésimo Cepeda: “hombres que hablan (así de Marcial Maciel) después de 40 años o están mintiendo o les gustó”.

Y qué pensar de Juan Pablo II, quien en el mejor de los casos pecó de ingenuo porque supuestamente no le ofrecieron la información pertinente sobre alguien a quien nombró “ejemplo de la juventud”. Alguien que la Iglesia busca desvincular del beato a pesar de la estrecha relación que existió entre ellos. Alguien que fue protegido durante décadas a pesar de la información disponible y contenida en la Sagrada Congregación de Religiosos, en el archivo personal del Papa y de la propia Legión. Alguien cuyo único castigo fue llevar una vida de “oración y penitencia” y que según Benedicto XVI se retiró “por motivos de edad avanzada”. Alguien sobre el cual –según la “Guía para responder algunas preguntas” que los Legionarios diseminaron en 2009– los superiores no contaban con pruebas y no sospechaban nada.

Ante todo ello no sorprende el silencio sepulcral del Papa en México. Está tan íntimamente implicado en el tema que no puede afrontar complicidades sin admitir la suya. No sorprende pero sí desilusiona, sobre todo cuando él mismo ha dicho que “las víctimas tienen que ser nuestra preocupación prioritaria”. Parecería que el caso de México no se va a hacer nada con el pasado. Ni hurgar ni sancionar ni compensar ni reconfortar a los que sufrieron por lo que pasó. He allí a la Iglesia que no entiende el verso de Martí “En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”. En lugar de reconocer el golpe que ha propinado quiere seguir no sabiendo.
02 Abril 2012 04:00:42
¿Menos peor?
Preguntas para el presidente Felipe Calderón:

1) Usted argumenta que nunca se había enfrentado la criminalidad con la firmeza que su gobierno lo ha hecho en este sexenio. Sin embargo, la violencia continúa y los cárteles han cobrado aún mayor fuerza. ¿Cómo respondería a quienes argumentamos que su estrategia ha resultado contraproducente?

2) Usted dice que de los delincuentes más peligrosos del país, 22 han sido capturados o han fallecido. Pero al centrarse en la aprehensión de cabecillas, ¿no está usted llevando a la atomización de las bandas criminales y al consecuente esparcimiento de la violencia?

3) Usted dice que de no haber intervenido una parte del territorio nacional estaría hoy dominada por capos. Pero, ¿no es el caso hoy en estados como Michoacán y ciudades como Monterrey?

4) Usted subraya que no habría paz ni tranquilidad. ¿Cómo explica entonces su ausencia en lugares como Nuevo Laredo y Ciudad Juárez, entre tantos más?

5) Usted afirma que de no haber actuado su sucesor se habría encontrado con instituciones completamente infiltradas por los delincuentes, arrodilladas frente a los criminales. Pero parecería que eso ha ocurrido de cualquier manera al no haber una política de combate a la corrupción de alto nivel, en los lugares donde se protege al narcotráfico, ¿o no?

6) Usted enfatiza que en su sexenio se ha dado la profesionalización y la limpieza de los cuerpos policiacos. ¿No es cuestionable esa “profesionalización” en casos como los de Florence Cassez donde se le capturó en un sitio pero luego se le trasladó a otro para asegurar un montaje mediático que incluyó la siembra de armas?

7) Usted dice que ha habido una transformación profunda de la educación. ¿Cuál sería su respuesta a lo planteado por la película “De Panzazo” que califica a la educación como un desastre? ¿Cómo respondería al hecho de que la prueba PISA nos coloca en los últimos lugares en los países de la OCDE? Y que al ritmo que avanzamos con la Alianza por la Calidad de la Educación nos tomará décadas alcanzar un nivel educativo aceptable.

8) Usted dice que “antes las plazas de docentes se heredaban, o se vendían o se daban por favoritismo” y que ahora eso sólo ocurre en dos estados. ¿Cuál es su reacción a que en la película De Panzazo su ex secretario de Educación, Alonso Lujambio, haya negado que en México se vendan plazas, aunque en la misma película Elba Esther Gordillo asegura que se cotizan entre 50 y 60 mil pesos?

9) Aparte del mantenimiento de la estabilidad macroeconómica y la baja inflación, ¿qué logros económicos puede presumir en su sexenio? ¿Por qué México no logra avanzar con más velocidad en los indicadores de competencia, competitividad y productividad?

10) El discurso que pronunció hace unos días fue un listado de logros y ha sido criticado por su autocomplacencia. ¿Cuál sería la principal autocrítica que haría de su gestión?

11) Si su gobierno ha estado caracterizado por las enormes bondades que enumeró, ¿por qué el PAN está por debajo del PRI en las encuestas? No refleja eso el ánimo de “voto de castigo” ante dos sexenios que han resultado desilusionantes?

12) ¿Por qué parece que fueron acarreados miles de burócratas en pleno horario laboral para escuchar -y aplaudir- el discurso que pronunció en el Auditorio Nacional?

13) Usted afirma que “si México no crece más rápido, es también porque se han escatimado reformas fundamentales como la laboral, que permitiría la generación de empleos de más calidad y mejor pagados”. Pero, ¿no fue usted también responsable de aceptar y aplaudir reformas diluidas como la de Pemex? ¿Y por qué no actuó con mayor firmeza en la promoción de una política integral de competencia?

14) Usted argumenta que la explicación a la falta de reformas de mayor envergadura es que se enfrentó a un “gobierno dividido”. Pero, ¿no es cierto que hay reformas y decisiones que pudieron haberse tomado desde el Poder Ejecutivo que no tenían que pasar por el Congreso? ¿No es cierto que una de las medidas más importantes de su sexenio -la clausura de Luz y Fuerza- fue una decisión decretada desde el Ejecutivo? ¿Cómo explica que no hubiera más decisiones de este estilo, sobre todo en lo que respecta a otros monopolios públicos y privados?

15) Cuando usted afirma que México está mejor que hace 6 años, cabría preguntarle para quién está mejor. ¿Para Televisa? ¿Para el sindicato petrolero? ¿Para la burocracia del PAN? ¿Para Fernando Larrazabal? ¿Para los padres de la Guardería ABC? ¿Para las 50 mil víctimas de la violencia?

16) ¿Cree que las mujeres encarceladas en múltiples estados por haber abortado comparten su visión del “gobierno humanista” que lidera?

17) A pesar de los logros que usted enumeró, ¿no le parece que será recordado como el Presidente de la guerra fallida contra el narcotráfico y que deja tras de sí un legado de miles de muertos?

18) ¿Cómo puede tener la “conciencia tranquila” si su gestión ha contribuido al fortalecimiento y al regreso del PRI?

19) ¿Qué se siente ser el Zedillo del PAN? ¿El Presidente panista que probablemente acabará entregándole las llaves de Los Pinos a Enrique Peña Nieto?
19 Marzo 2012 04:04:37
Silencio forzado
En México ser periodista que cubre el crimen, los asesinatos y el narcotráfico es vivir en peligro de muerte. Siempre al acecho. Siempre atemorizado. Siempre ante la posibilidad de ser amordazado por un delincuente o por un funcionario. Porque, como detalla la organización Article 19 -dedicada a defender globalmente la libertad de expresión-, la violencia contra periodistas no proviene tan sólo de los cárteles y sus cabecillas. El Estado mismo se ha vuelto cómplice de la violencia contra la prensa en el país. La autocensura de los medios como protección ya va acompañada de la censura del gobierno como forma de amedrentación. En vez de proteger a los periodistas, el Estado cierra los ojos o da un manotazo para acallarlos.

Las cifras son estremecedoras. En 2011 se presentaron 172 agresiones relacionadas con el ejercicio de la libertad de prensa. Nueve asesinatos contra periodistas. Dos asesinatos de trabajadores de medios. Dos desapariciones de comunicadores. Ocho agresiones con armas de fuego o explosivos contra instalaciones de medios. Allí está Veracruz con 29 agresiones, el Distrito Federal con 21, Chihuahua con 15, Coahuila con 15, Oaxaca con 11. Veracruz es particularmente preocupante porque las agresiones aumentaron 200 por ciento en un año. Veracruz, escenario de asesinatos y desapariciones y ataques violentos contra medios de comunicación y abuso de las autoridades contra reporteros y acciones penales emprendidas por el propio gobierno estatal contra la libertad de expresión. Allí, en lugar de arropar a quienes intentan diseminar la verdad, el gobierno agrede. Persigue. Criminaliza. Ataca.

Los propios funcionarios encargados de investigar y proveer justicia –a los reporteros, los fotógrafos y los camarógrafos– muchas veces acaban encabezando las acciones en su contra. Envilecen a las víctimas, asociándolas con el crimen organizado o atribuyendo la violencia ejercida en su contra a un arrebato pasional. La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión en seis años de existencia ha tenido dos nombres diferentes, cuatros titulares distintos, ha ejercido sólo 4 por ciento de su presupuesto en medidas cautelares, ha ejercitado acción penal en sólo 27 casos y obtenido una sola sentencia condenatoria. He allí los síntomas de la incompetencia institucional, de la complicidad gubernamental, de la ineficacia estatal.

He allí a los victimarios. El Ejército, la Marina, las policías municipales, estatales y federales. Responsables del mayor número –41.86 por ciento del total– de agresiones a la libertad de expresión. Señalados como culpables de 6 de cada 10 abusos contra representantes de los medios de comunicación. Y en contraste, las agresiones provenientes de sujetos presuntamente vinculados con el crimen organizado representaron apenas 13.37 por ciento. He allí la paradoja perversa: la prensa recibe más ataques de quienes ejercen el poder que de los criminales a quien combate. En estado tras estado, el gobierno es un actor ausente, o un actor cómplice, o un actor agresor.

Y lo que no podemos ni debemos hacer es olvidar a los periodistas muertos del 2011. Olvidar sus nombres y sus apellidos. Olvidar a Luis Emanuel Ruiz Carrillo. A Noel López Olguín. A Pablo Aurelio Ruelas. A Miguel Ángel López Velasco. No podemos ni debemos olvidar que en Veracruz la Procuraduría estatal detuvo a dos “twitteros” a quienes imputó cargos de “terrorismo equiparado” y “sabotaje”. O que el gobernador presentó una iniciativa para reformar el Código Penal y crear el delito de “perturbación del orden público”, el cual permitiría perseguir a cualquier persona por hacer afirmaciones que el gobierno considere inconvenientes o juzgue que atentan contra la paz social. Crudos esfuerzos para acallar. Obvios intentos para silenciar. Evidentes actos para amordazar.

Difícil comprenderlo pero es así. Los funcionarios públicos son -en los hechos- los principales perpetradores de los ataques contra periodistas en México. En más de la mitad de las agresiones registradas existen servidores públicos o fuerzas de seguridad implicadas. En contraste, a la delincuencia organizada se le atribuye una de cada siete de las agresiones en el país. Impactos de bala, tortura, desapariciones, mantas sobre sus cuerpos con mensajes como: “Esto me pasó por dar información a los militares y escribir lo que no se debe. Cuiden bien sus textos”.

Y ante esa escalada de violencia los medios tratan de protegerse eliminando la autoría de notas para firmarlas como Redacción; guardan silencio sobre la criminalidad; publican primeras planas preguntándole a los narcotraficantes “¿Qué quieren de nosotros?” O desafían a sus agresores afirmando “No vamos a ceder”. Y a su lado deberían estar todos los que pensamos que la tarea del periodismo -como lo decía Joseph Pulitzer- es exponer el fraude y la mentira, luchar contra todos los males y abusos, ser campeones sin tregua de los derechos de quienes no tienen voz, pero aspiran a encontrarla en la prensa.
05 Marzo 2012 05:00:39
Quadriculado
“Hablas como una niña verde, no apta para estas circunstancias tan azarosas”, escribe Shakespeare, refiriéndose a Ophelia en la obra Hamlet. Y esa es la reacción que produce la candidatura de Gabriel Quadri a la Presidencia como candidato del Panal. He allí a un hombre inteligente pero ingenuo; muy preparado para debatir sobre el medio ambiente pero poco preparado para hablar sobre el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y la mujer que lo controla. Una persona liberal al frente de un partido que no lo es. Un profesionista respetable propulsado por una franquicia electoral que dista de serlo. Quadri ha puesto su prestigio al servicio de un partido que representa las peores prácticas del sistema político. Ha vinculado su reputación a la simulación.

La simulación detallada por Ricardo Raphael en su libro “Los Socios de Elba Esther”. Página tras página donde describe y documenta todo lo que el aparato electoral de Elba Esther Gordillo ha hecho y está dispuesto a hacer. La operación en las casillas electorales, la sustitución de los funcionarios de casilla, la detección de secciones electorales definidas por el IFE como de “atención especial” y la movilización magisterial allí, la capacidad de los maestros colocados específicamente para modificar -al final de la jornada- el cómputo real de los sufragios. Allí está la crónica de cómo la red electoral gordillista logró vulnerar los candados para que los votos de los mexicanos contaran y se contaran democráticamente en la elección del 2006. Para eso existe el Panal: para prestar servicios electorales permanentes a quien esté dispuesto a pagarlos.

Y a eso se suman los constantes cuestionamientos que acompañan a Elba Esther Gordillo dondequiera que va. Las preguntas sobre la opacidad con la cual se manejan las multimillonarias cuotas del SNTE. Las denuncias de proselitismo electoral en las escuelas. Las interrogantes sobre la compra y la coacción del voto y la falta de democracia dentro del sindicato. Las dudas aún no resueltas sobre el asesinato del maestro Misael Núñez Acosta. El financiamiento de campañas con dinero que es público y ha sido arrebatado al presupuesto educativo. Pero peor aún: el papel que La Maestra y el SNTE -de la mano de sucesivos gobiernos- han jugado en la degradación de la educación pública mexicana.

Ante todo ello, las respuestas de Gabriel Quadri resultan insuficientes, insatisfactorias, balbuceantes. Dice que será “el candidato de los maestros” pero no reconoce los vicios de quien los controla. Cuando se le pregunta sobre la podredumbre del Panal responde que “no hay partidos inmaculados”, como si el mal de muchos fuera el consuelo de tontos. Cuando se le interroga sobre las irregularidades asociadas con la franquicia familiar de Elba Esther responde que los antecedentes del partido no van a influir en su campaña, como si pudiera deslindarse de quien lo postuló. Cuando se le pregunta específicamente sobre La Maestra contesta que es una “mujer maravillosa” que le inspira confianza y en cuya palabra cree, como si hubiera motivos para confiar en la honorabilidad de alguien que lleva más de 20 años prometiendo la modernización educativa mientras la sabotea. Cuando se le interroga sobre el SNTE responde que “yo no vine a hablar del sindicato” como si pudiera distanciarse de él. Quadri evade, Quadri elude, Quadri no sabe cómo salir de la camisa de 11 varas que él mismo se colocó.

Porque las buenas ideas que propone no pueden desvincularse de la plataforma que las impulsará. Porque no es posible -como insiste Ricardo Raphael- declarar que las propuestas son prístinas si provienen de un medio podrido. Porque no se puede argumentar que los posicionamientos sean evaluados independientemente de la plataforma corrupta a la cual representan. Va a ser muy difícil -si no imposible- para Quadri resolver las contradicciones a las que se enfrenta. Dice ser el candidato de los maestros y propone una “Revolución blanca” que quienes marchan para no ser evaluados rechazarán. Dice que aplaude la película De Panzazo que retrata el papel criticable que La Maestra y el magisterio han desempeñado en el desastre educativo del país. Dice que el cuestionamiento legítimo y democrático a estas evidentes contradicciones equivalen a una “crucifixión”.

La estatura intelectual de Gabriel Quadri y las ideas que carga consigo no son suficientes para limpiar la cloaca en la cual ha decidido pararse. Más que una candidatura audaz, la suya es una candidatura ingenua. La honestidad de Quadri y la trayectoria transparente que tiene no son suficientes para airear la casa maloliente que actualmente habita. Quadri avala todo aquello que siempre ha criticado; Quadri apoya todo aquello que siempre ha condenado; Quadri ofrece una cara fresca detrás de la cual está la faz de Elba Esther. Y ese rostro está asociado con la venta de plazas y las negociaciones extralegales y las irregularidades electorales. Y por ello llegó la hora de decir “ni uno de tres”: ni un voto más para el Panal ni para la abeja arcaica que lo creó.
20 Febrero 2012 04:00:46
Elastichica
Josefina Vázquez Mota sonríe. Y sonríe. Y sonríe. Pero también hace otra cosa al arrancar su campaña presidencial. Como la protagonista “Elastichica” de la película “Los Increíbles”, se estira en una dirección con la mayor facilidad, y luego en la otra sin pestañear siquiera. Es la candidata que sabe decirle a cada quién exactamente lo que quiere oír. Puede desayunar en la mañana con los concesionarios de radio y televisión y salir ovacionada. Por la tarde recibe aplausos emocionados de los que están al frente de las radios comunitarias. Habla de “consolidar” el trabajo de Vicente Fox y Felipe Calderón, mientras aspira a un “México posible”, que sus predecesores panistas no lograron construir. Puede presentarse en un mismo día como una candidata del cambio y como un avatar de la continuidad. Josefina elástica, flexible, moldeable y por ello mismo difícil de aprehender. Difícil de entender.

No cabe duda de que es una mujer políticamente hábil y mediáticamente astuta. Ha sabido tender puentes entre tirios y troyanos, entre miembros del Gobierno y representantes de la sociedad civil. Ha sabido estar al frente de dos Secretarías importantes -Desarrollo Social y Educación- y crear equipos talentosos desde allí. Conversa, seduce, elogia, concilia, convoca. Se presenta como un personaje más cercano a la ciudadanía que sus contrincantes. Pero lo que la hace distintiva hasta este momento no son sus posturas sino su género. Lo que la hace memorable es esta coyuntura no es el hecho de apoyar la reforma política sino el hecho de ser mujer. Sólo en eso es válida su afirmación de no ser más de lo mismo. En todo lo demás representa la continuidad con las administraciones panistas de los últimos 12 años. No quiere romper con Felipe Calderón porque no sabría a dónde ir, qué decir, qué ofrecer, en dónde estar parada.

Es cierto, Josefina Vázquez Mota es mujer y eso le da la ventaja de la novedad. Pero es una mujer de convicciones poco claras y eso le restará apoyos si no se define y de mejor manera. Basta con escuchar la elasticidad de sus palabras, la maleabilidad de sus pronunciamientos. Afirma que “es momento de replantear la política pública en el campo mexicano”, pero no dice cómo. Dice que “no tiene miedo para enfrentar el crimen organizado”, pero no delinea la estrategia con la cual lo hará. Propone fortalecer el mercado interno pero no explica el plan para lograrlo. Insiste en la reconstrucción de la paz en el país, pero para asegurarla sólo ofrece darle a México el mismo trato que despliega con sus hijas. Dice que combatirá los monopolios cuando ella fue una de las negociadoras que llevó al PAN a apoyar la Ley Televisa, como coordinadora de campaña de Felipe Calderón.

Cuando se le pregunta sobre la homologación del IVA responde que “más que una medida parcial, lo que requerimos es una reforma hacendaria integral”. Cuando se le cuestiona sobre la necesidad de otra reforma energética contesta que “más que una reforma energética lo que requerimos es seguir trabajando en aspectos que no hemos reformado”. Cuando se le interroga sobre la posible desaparición del IMSS y del ISSSTE para crear un solo sistema de seguridad pública responde simplemente “tenemos que hacer una revisión profunda de las instituciones”. Y es aún más elástica y escabullidiza en el tema del combate al crimen y la guerra contra el narcotráfico. Reconoce la valentía personal de Felipe Calderón, pero más allá de eso no aporta más que la frase trivial, la declaración banal, la repuesta hueca.

Josefina habla mucho pero dice poco; sonríe mucho pero se compromete poco. Hasta hoy su candidatura es una falda abotonada con buenas intenciones. Y eso no será suficiente para afrontar el lento crecimiento de la economía, el escalamiento intenso de la violencia, el hartazgo ciudadano con el PAN. Si Josefina no empieza a asumir posiciones que la distancien de Vicente Fox y Felipe Calderón, acabará siendo la candidata del statu quo. Quedará aprisionada entre un Enrique Peña Nieto que ofrece el valor de la experiencia -aunque haya sido corrupta- y un López Obrador que ofrece el rompimiento radical a través de la República besucona. Quedará atrapada entre quien dice sí saber gobernar y el que promete hacerlo de forma fundamentalmente distinta. Quedará acorralada entre el esfuerzo de restauración priísta y el intento de seducción lopezobradorista.

En el discurso en el cual asume su candidatura, Josefina declara que el enemigo a vencer es Enrique Peña Nieto, que “no conoce a fondo los problemas del país y que tiene muchos compromisos”. Pues para confrontarlo y ganar, tendrá que remplazar la elasticidad por la congruencia, la maleabilidad por la toma de posiciones contundentes, el escabullimiento por la manifestación de posturas valientes. Tendrá que romper con los mismos compromisos que le achaca a Peña Nieto y que explican por qué el PAN ha podido hacer tan poco en los últimos dos sexenios. Tendrá que hacer una campaña de contrastes con el PRI del pasado y ello requerirá ser una mujer de hierro y no una mamá de plastilina.


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