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Sylvia Georgina Estrada
Sylvia Georgina Estrada
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03 Junio 2014 03:00:05
Palabras para seducir a los cuerpos
El país se fue al carajo. Al menos esa era la sensación que tenía El Alfaqueque cuando caminaba por las calles desoladas de la ciudad en busca de una farmacia abierta. La alerta de epidemia tenía a todos encerrados en sus casas, aunque no faltaban los valientes ―o los descerebrados― a quienes les tenían sin cuidado el tono alarmista de los medios. Sí, mientras la mayoría se recluía esperando lo peor, otros seres seguían fieles a sus costumbres, ocupando su mesa regular en los bares y locales oscuros que se apiñan en el Corredor de las Caricias.

Un hombre promedio no estaría buscando muertos, pero El Alfaqueque no pertenece a esa categoría. El protagonista de “La Transmigración de los Cuerpos” (Periférica, 2013), la reciente novela de Yuri Herrera, posee un don especial, que lo ha hecho tener un trabajo poco usual... Y peligroso.

No se puede decir que El Alfaqueque se arriesgue a la primera de cambio. Menos en medio de estas circunstancias, llenas de promesas. Su vecina, la Tres Veces Rubia, está solita y algo urgida, ni el gorila de su novio se atreve a salir por medio a un contagio. Frustrada, la joven se da cuenta de la presencia del protagonista, cuyas palabras tienen un extraño poder: fascinan a quien las escucha. Al fin, la chica de sus suspiros lo invita a pasar a su casa. Un sueño largamente acariciado.


Con una narrativa ágil, influenciada por el realismo sucio norteamericano, la segunda novela del mexicano presenta un escenario que no le parecerá ajeno al lector, pues está inspirado en la epidemia de influenza que mantuvo a los niños fuera de las escuelas del país, y que suscitó distintos ataques de pánico (así como el desabasto de tapa bocas, geles antibacteriales y vacunas) en el año 2009.

En medio de esta novela negra abundan personajes que seducen de inmediato al lector. Ahí está la Tres Veces Rubia, esta vecina que vuelve loco a El Alfaqueque; el Ñándertal, eterno compañero de aventuras, que tiene una herida honda en el corazón, de esas que no cierran nunca. También aparece Vicky, una enfermera ruda, quien siempre está a mano para ayudar al protagonista.

No faltan “los malos”, los matones del lugar que de cuando en cuando tienen encargos para el Alfaqueque. Ahora la misión no será tan sencilla, pues habrá que hacer un extraño intercambio entre familias rivales (los Fonseca y los Castro), los dos cuerpos de unos jóvenes muertos en extrañas circunstancias.

La pluma de Yuri Herrera es refrescante. Y es que si bien aborda temas que son una constante en los últimos años en la narrativa nacional ―violencia, crimen, ambientes sórdidos― al final lo que plantea el autor es una historia redonda que muestra lo que sucede cuando la gente está asustada. Vemos, en este espejo que deforma la realidad a través de la ficción, pero que a fin de cuentas nos devuelve la conciencia de nuestra propia imagen, cómo somos capaces, bajo la sombra de la desconfianza y el miedo, de hacer cosas terribles.

Yuri me comentó hace unos días, cuando se presentó en la Feria Internacional del Libro en Arteaga, que él se toma su tiempo para escribir sus libros. Después de leer La Transmigración de los Cuerpos, no sé si sus lectores tengamos la paciencia para esperar lo que sigue. Al igual que su personaje, El Alfaqueque, las palabras de Herrera producen fascinación.

La Transmigración de los cuerpos
De Yuri Herrera

Editorial Periférica
134 páginas
195 pesos
http://www.editorialperiferica.com

29 Mayo 2014 02:59:51
Las molestias amorosas
"Sólo cuando amamos conseguimos dejar de lado el egoísmo”, esta sentencia profética marcará la vida de tres habitantes de un pueblo minero enclavado en el norte de Brasil. El deseo, las intrigas y las viejas historias persiguen como sombras a dos amantes dispuestos a arriesgarlo todo, a pesar de lo que les dicta el sentido común.

"Lo que vemos en el mundo habla de las molestias amorosas, del amor que se convierte en una peste”, sentencia Schianberg, el autor de cabecera de Cauby, un fotógrafo escéptico y descreído que vive en esta comunidad, entregado a una relación que trastorna su vida.


Este artista atormentado es el protagonista de “Yo Recibiría las peores Noticias de tus Lindos Labios” (Océano, 2013), una novela que el brasileño Marçal Aquino escribió hace 10 años, pero que apenas se tradujo al español hace unos meses, una obra que ya fue llevada al cine por el director Beto Brant.


Alentado por una beca y la posibilidad de publicar un libro de fotografía en Francia, el fotógrafo decide capturar imágenes de un pueblo minero, pero no intuye que en ese sitio conocerá a Lavinia, un encuentro que cambiará su vida, y la forma en que concibe el amor, para siempre.


La idea del pueblo idílico está muy alejado de la realidad de este sitio enclavado en el Amazonas. Existe una tensión palpable en el ambiente húmedo, abigarrado, que rodea a la mina. La desconfianza anida en todas partes, incluso en los sitios en los que Cauby se siente más seguro: la tienda de fotografía, la casona de un mecenas amante de las letras ―y de los misterios―, incluso su propio patio es invadido por las miradas curiosas del vecino.


Nada mejor que un escenario violento y peligroso para que sirva de ambiente para una historia delicada de amor”, me comentó Marçal hace unos meses sobre su novela, que en Brasil fue un éxito de ventas.

Más allá de mostrar una historia sobre el amor clandestino, el escritor da vida a personajes fuertes, capaces de seducir a los lectores.
Lavinia es una joven hermosa que está casada con Ernani, el popular pastor evangélico del lugar y que no hace nada respecto al romance clandestino de su mujer. En este triángulo amoroso los personajes son seres solitarios, que justamente encuentran en el otro un oasis en medio del bullicio y la barbarie.


A lo largo de las páginas, que suceden ágiles ante la avidez del lector, Aquino exhibe este sentimiento en el que se unen la pasión, el deseo, la generosidad y la ternura, una emoción que se rebela en contra de nosotros mismos.


El amor es el único sentimiento realmente subversivo que un ser puede experimentar, afirma Marçal. Y en esta novela queda de manifiesto que solamente cuando amamos somos capaces de dejarnos de lado a nosotros mismos, de olvidar nuestros anhelos y necesidades.

El poder transforma, para bien o para mal, y ciertas historias, a pesar del dolor que causan, sólo podemos soportarlas si las escuchamos de los labios correctos.


EL LIBRO

Yo recibiría las peores noticias de tus lindos labios



De Marçal Aquino

Editorial Océano

Colección Hotel de las Letras
212 páginas
225 pesos
28 Mayo 2014 03:00:13
En busca de Salinger
Cuando se nombra a J. D. Salinger el título de un libro acude pronto a nuestra memoria: “El Guardián entre el Centeno”. El escritor norteamericano dedicó 10 años de su vida a dar forma al periplo del joven Holden Caulfield, aunque el resto de su vida lamentaría lo que esta obra significaría en su existencia.

Ermitaño, celoso de su intimidad, seductor epistolar, cuando hablamos de Salinger a la mente de muchos acude la imagen, en blanco y negro, de este hombre alto y desgarbado, ya viejo, que mira con furia hacia la lente. Por un instante dan ganas de quitar la mirada de esta fotografía, pero pasando ese lapso en el que la mente nos dice que somos intrusos, tristes voyeuristas de escritorio, es imposible evitar una morbosa atracción que nos empuja a estudiar ese rostro surcado por arrugas, la mirada fiera, acentuada por el puño levantado en un gesto amenazante.

“Amo, amo con locura escribir para la página impresa”, escribió el novelista cuando la fama todavía no lo mordía con sus fauces, cuando la cámara no le producía espanto, cuando la cháchara del medio cultural todavía no lo orillaba a recluirse en una casa alejada de los lectores, de los periodistas, del mundo.

¿Quién fue J.D. Salinger? A diferencia de los fanáticos del escritor, David Shields y Shane Salerno se plantearon muy en serio esta pregunta y se embarcaron en una investigación que da forma a un documental y a un libro que recupera fotografías inéditas, entrevistas, fragmentos de cartas y diarios.

“Salinger” (Seix Barral, 2014) es una lectura obligada para los seguidores del autor que sólo publicó un puñado de textos.

“Cada vez que publicamos algo, producimos algo o aireamos algo, nos exponemos a que nos vuelvan a juzgar, a sopesar, a etiquetar y a meter en sacos otra vez”, cita el autor de “Franny y Zooey” en una de sus cartas. Y así, a través de “Salinger”, se nos revelan momentos clave en la vida del narrador, que influirán en forma notable en su trabajo literario.

La Segunda Guerra Mundial, el rechazo de una jovencísima Oona O Neill, el gusto por las mujeres jóvenes a quienes conquistaba a través de cartas, su conexión con la revista “The New Yorker”, son algunos de los pasajes citados en el libro.

Narrado en forma poco usual, a manera de diálogo entre los autores, las numerosas páginas dan cuenta además de la influencia que tuvo Holden Caulfield en la vida no sólo de una generación entera de lectores y escritores, también en asesinos.

“No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo”, escribió Salinger, quien fue incapaz de seguir su propio consejo. De hecho, a lo largo de las páginas aparecen varias lecciones que serían muy útiles para quienes comienzan sus afanes literarios: “Yo le sugiero que lea a muchos escritores. No escriba sucesos reales. Mezcle sus experiencias. Planee sus relatos con meticulosidad. No tome decisiones precipitadas y no se agobie demasiado con los críticos y toda su locura psicoanalítica”

Sí, “El Guardián entre el Centeno” es un libro extraordinario, pero después de leer la extensa biografía de Salinger se puede ver de manera distinta las andanzas de Holden Caulfield, del joven que afirma con desenfado: “No importa que la sensación sea triste o hasta desagradable, pero cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta de que me marcho. Si no luego me da más pena todavía”.

Todavía hay varias obras inéditas del neoyorkino (varios relatos de la Famila Glass, un manual de vedanta, una novela sobre la Segunda Guerra Mundial y un cuento sobre Caulfield) que comenzarán a publicarse en el 2015.

Salinger fue todo un personaje, un hombre complejo y atormentado, pero al final, lo importante es la sensación que nos deja después de terminar la última línea de su primera novela, de esa historia sacada "directamente de las entrañas".


Salinger

De David Shields y Shane Salerno

Seix Barral
734 páginas
468 pesos





23 Mayo 2014 03:00:29
El libro que recomendamos
Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar...

» Jorge H. Chávez
» FCE
» 92 páginas
» 120 pesos

“Te diría que fuéramos al Río Bravo a llorar, pero debes saber que ya no hay río ni llanto”, dice uno de los versos que da título al reciente libro de Jorge Humberto Chávez, que le valió el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2013.

A través de las páginas, el lector se sumerge en un testimonio de la violencia, de la desesperación, de la soledad que se respira en el norte de México desde que el crimen se convirtió en uno de los protagonistas de las páginas centrales de los diarios.

“En el año 2006 mi país empezó a adelgazar / la calle y la noche más flacas cada vez / la ciudad crecida de cadáveres”. Sentencian los versos del poeta nacido en Ciudad Juárez y que dan cuenta de la barbarie, del dolor, de los rostros azorados y aturdidos de miles de mexicanos que viven en el norte del país y que durante años debieron enfrentar las noticias diarias que daban cuenta de la violencia y la masacre sin sentido que invadían sus ciudades.

Pero además de esa desolación, del sentimiento de pérdida ante la muerte y la brutalidad, en el libro encontramos poemas que giran en torno a los naufragios amorosos, a los amores perdidos, a la nostalgia que deja un road trip, a esas viejas querencias que no tienen remedio: “una tras otro pasan veloces las ciudades pero tú eres el mismo en/ tu caja de plástico metales y neumáticos// vas lleno de recuerdos como heridas que no conocen el descanso”.


El libro, de acuerdo al autor, está escrito en dos niveles, por un lado está el aspecto formal, lingüístico, con versos deliberadamente parcos y sin una adjetivación rica; y, por otra parte, un texto muy informativo, con tono de crónica, que abrevó en los periódicos que se publicaron durante el sexenio de Felipe Calderón en torno a la guerra contra el narcotráfico.

“En el 2006 el amor adelgazó tanto/ que apenas una brisa lo podía cruzar/ al otro lado de la línea fronteriza”, continúa el poema que se titula justamene 2006 y que permite conocer, desde la visión del poeta, la memoria que se niega a perecer “entre muertos entre vivos que mueren / indescifrables caras que se esfuman”.
30 Marzo 2014 04:01:29
Las revelaciones de Alice Munro
El cuento es “algo vislumbrado con el rabillo del ojo”. Esta sentencia de V.S. Pritcher la recoge el norteamericano Raymond Carver en su ensayo “Escribir un Cuento”; una descripción que se ajusta perfecto a la sensación que provoca leer la obra de Alice Munro, la reciente ganadora del Premio Nobel de Literatura.

La obra de la canadiense no era muy leída antes de ganar el máximo galardón de las letras, un hecho que se debe a que en estos tiempos las editoriales apuestan por la publicación de novelas, dejando en un segundo plano a la narrativa breve. Al respecto, la propia Munro señaló, en una entrevista para una televisora de Canadá, que el premio podría “hacer ver a la gente que el cuento corto es un arte importante, no algo con lo que uno juega hasta tener una novela
escrita”.

En México circulan varios títulos de la autora, editados por Penguin Random House, como “La Vida de las Mujeres”, “Demasiada Felicidad” y “Amistad de Juventud”.

Hace unos días leí “Las Lunas de Jupiter” y “Mi Vida Querida”, este último contiene cuatro textos autobiográficos escritos con la maestría de Munro, pero revestidos de una emoción profunda. La autora comparte las sensaciones de su infancia, en las que se mezclan la extrañeza y el dolor ante los cambios y la muerte. También en los apartados “Voces” y “Vida Querida” —que le da título al libro— atisbamos la vida de una joven Alice que vive en una casa aislada del pueblo,
en pleno campo, y que narra, a través de una mirada prístina, sus andanzas en el bachillerato, las tareas domésticas, el fracaso del negocio paterno y la aparición temprana del Parkinson de su madre. aunque “en casa no cundió el desconsuelo más que de costumbre”, señala la autora con ese estilo en el que la narración se hilvana con frases cortas y contundentes.

Munro escribe del tiempo en que había cines en todos los pueblos; de los noviazgos cortos destinados al naufragio; de los viejos que ven de frente su destino inefable; de las casas aisladas en la que habitan ermitaños, solitarios, perdedores, gente que decidió bajarse del tren de la vida para sólo verla pasar.

No hay mucho drama en los cuentos que conforman “Mi Vida Querida” y “Las Lunas de Júpiter”. La escritora no entrega escenas cargadas de llanto o de una emoción extrema, pero se siente el desaliento de algunos de sus protagonistas. La cercanía que surge entre lector y los personajes se logra a través de los diálogos, de una línea breve y contundente capaz de conmovernos.

“Las Lunas de Júpiter” presenta una serie de relatos —“ “Accidentes”, “Prue”, “Visitas”, etcétera— que se erigen sobre vidas ordinarias y se construyen con detalles minuciosos, labrados con precisión demoledora. Personajes que recorren calles y caminos de Canadá, pero que nos dan la sensación de habitar en nuestro vecindario, de que podríamos toparmos con ellos a la vuelta de la equina, o que los rozamos en la parada del autobús o en la oficina de al lado. Hombres y
mujeres que nos hablan de las transformaciones, del paso del tiempo, de los deseos no cumplidos y del resentimiento que guardamos dentro, en una suerte de caja de seguridad cuya cerradura se avería cuando hemos dejado atrás la juventud y sus bellos sueños disparatados.

“No debes dar al lector ninguna oportunidad de recuperarse”, solía aconsejar el escritor ruso Anton Chéjov. Y Alice Munro, la “Chéjov canadiense”, no da tregua en sus relatos y nos deja este espejo de letras, insinuando que ahí, entre las páginas, hemos atisbado un fragmento de nuestra propia existencia.
16 Febrero 2014 05:06:43
Tango Negro: El vaivén de la danza y el canto
Si un hombre quiere estar seguro de la ruta que sigue
tiene que cerrar los ojos y marchar en la oscuridad

San Juan de la Cruz

Pero estoy aquí, sin sentir vergüenza de la brevedad del tiempo
W.S. Merwin


Para Octavio Paz la poesía es visión, música, símbolo, analogía... El caracol en donde resuena la música del mundo, en el que metros y rimas no son sino correspondencias, ecos de la armonía universal. Y si bien el poema no es hechizo ni conjuro, a la manera de los ensalmos y sortilegios, el poeta puede despertar las fuerzas secretas del idioma.

Saúl Ibargoyen (Montevideo, Uruguay, 1930) brinda esta poética que busca en el lenguaje, en el ritmo, en la reinterpretación y creación, los signos adecuados para expresar las cavilaciones y experiencias humanas.

En Tango Negro (Laberinto Ediciones, 2013) el escritor nos acerca a ese rito casi mágico que provoca la poesía en sus lectores (o en sus oyentes), en el que el poder evocativo de la palabra y la musicalidad juegan un papel destacado.

La tradición arrabalera nacida a orillas del Río de la Plata es el hilo conductor de un texto de largo aliento en el que el autor rinde homenaje a los músicos que escuchó en su natal Uruguay ―Carlos Gardel, Alfredo Le Perapero, Ricardo Farías― y también a los poetas que marcaron sus letras: Isidore Ducasse, Oliverio Girondo, Jorge Enrique Adoum.

Dividido en tres apartados ―Tango Negro, Los poemas de Marcela y Del Otro Aquí del Otro Allá―, este libro muestra una composición que recuerda, por su tono fervoroso, a estos salmos en los que se enuncian las inquietudes del devoto, pero éste no es un canto de alabanza, es una pieza en la que cada compás ofrece un frenético y cadencioso ritmo de imágenes, de sensaciones, de lúgubres metáforas en la que participan, y tropiezan, los danzantes, los amantes, las madres, las novias y las musas ariscas.

En la primera parte, en los poemas que le dan título al libro, nos topamos con versos que se unen con el sonido, con la música, con el movimiento, con la danza. “Tango Negro” devuelve esta conciencia de la oralidad del poema: “Sí así son Ellas/ Las musas pues que nos respiran/ Con toda su viva verdad/ Y que están ya bailando/ O danzando o gozando o sufriendo/ Nuestro tango negro”.

El propio Ibargoyen me comentó en la pasada Feria Internacional del Libro en Arteaga 2013, que hay una diferencia entre contar y cantar: “Lo que sucede es que yo siempre tengo la tendencia de cantar, más que a contar”. Y ciertamente, Tango Negro tiene esa musicalidad que se encuentra con frecuencia en la obra del uruguayo.

El lector recrea este ambiente oscuro, arrabalero, en el que cada compás trae consigo las notas de Gardel, de los guitarreros de ánima limpia a quienes están dedicados algunos de los poemas: “Nadie canta aquí/ pero alguien abre su oreja/ y la intangible cadencia/ vuelve a nosotros”.

Me gusta pensar en esta idea del poema que, como un organismo vivo, se nutre del leguaje de la comunidad a la que, consciente o no, describe con sus pasiones, sus anhelos, su pesimismo. Incluso, el propio Ibargoyen me comentó que Tango Negro le “salió del alma”, sin planificación alguna, pero sí con la conciencia de que retrata nuestro tiempo, en el que abundan el pesimismo y el desencanto.

El uruguayo revela en este libro esos miedos ancestrales: el dolor, la soledad, la amargura, el desamor. Versos que nos ayudan a los lectores en este permanente intento de explicarnos el mundo a través de la palabra, y también a cuestionarnos sobre el valor de ésta. Tal y como dicen algunos versos del poema Por aquí y por allá, que conforman el tercer apartado del libro.

“¿Para qué describir con tan triste ceniza/ con tan absurdo arte/ con tan torpe hazaña escrituraria/ Esta inmedible expansión/ De cada una/ De todas las sombras?

Como señala con frencuencia el entrañable escritor argentino Juan Gelman, el poeta sabe de la inutilidad de su tarea, y sin embargo no renuncia a la poesía, al contrario, se empeña en arrancarle a las palabras ese poder evocador de emociones y sensaciones. El poeta se niega a desterrar de su labor la esperanza que habita en la vibración creadora, engendradora del lenguaje.

Al pensar en esto último, la obra de Ibargoyen adquiere este carácter de obra referencial, de espejo en el que podemos encontrar el reflejo de nuestras alegrías, fracasos, tristezas y deseos insatisfechos, como bien cierran los versos de este libro: “Necesario para ti para vos/ Todo lo tuyo compartido:/ La memoria que ya extraviaste/ Será vera memoria/ Entre las sombras nuevas”.



02 Febrero 2014 04:00:30
Poesía en la mesa de cocina
“Escribir es quizá el único arte en el que hay muchas mujeres de primera categoría”, afirmaba Susan Sontag. Durante las últimas semanas he tenido la oportunidad de descubrir a tres autoras que calzan a la perfección en la descripción de la intelectual norteamericana: María Polydouri, Julia Hartwig y Hamutal Bar-Yosef.

¿Qué tienen en común estas mujeres? Todas nacieron en el siglo 20; cuentan con una voz poética fuerte y directa que además habla del espíritu femenino ―el amor, la ternura, la maternidad, la cocina, la niñez― aunque sin una inclinación excesiva hacia escritos netamente de género; y forman parte del maravilloso trabajo de traducción de la editorial regiomontana-española Vaso Roto. Y para seguir esta línea de ideas, hay que apuntar que esta casa editora nació por la iniciativa de otra mujer escritora: Jeannette Clariond.

Ya he tenido oportunidad de escribir sobre la obra de María Polydouri (Grecia, 1902-1930), cuyo libro Los Trinos que se Extinguen es traducido al castellano por primera vez por el poeta Manuel Macías.

Esta obra forma parte del breve, pero valioso legado de Polydouri, en donde la escritora trata temas como la muerte, la enfermedad, el amor, el deseo, la soledad, el tiempo breve de los hombres: Ni aquí siquiera, en esta tierra extraña donde me ha arrojado,/ volteándome, la ola de la desventura,/ pude encontrar la paz sepulcral de los naufragios./ Por más que la negra sed agite mis entrañas,/ aunque mi voz se ahogue gimiendo de dolor,/ siempre seré la víctima con que juegan los sueños.

Guardar en la memoria

“Escribir representa mi salvación. Y, no obstante, no escribo para salvarme”, sostiene Julia Hartwig (Polonia, 1921), cuya obra llega por primera vez a los lectores en lengua española gracias a Dualidad. Antología Poética, una edición bilingüe de Antonio Benítez Burraco y Anna Sorieska.

Hartwig ve el mundo a través de un prisma que nos hace reflexionar sobre el tiempo, la fugacidad de la existencia, la soledad, el dolor que radica en la belleza que penetra la carne como hoja de cuchillo, pues lo que nos rodea es “claro, poco claro”, como sostiene uno de sus poemas. Sin embargo, es ahí donde reside la fuerza de la literatura, de la música, de la pintura, que nos dan la oportunidad de volvernos inmortales, un tema con el que la autora está plenamente identificad, pues pertenece a una familia de artistas: El arte es conjurar la existencia / para que perdure/ aunque su ámbito se extienda hasta lo invisible.

El poder de la memoria y de encontrar el equilibrio en una vida contradictoria, que a veces carece de sentido, también se descubre en la obra de la Hartwig: Experimentó la soledad y la melancolía/ Como si sólo ella existiera/ a pesar de saberse una entre muchos/ Le fue dado conocer el amor/ y que sus ojos se abrieran a las maravillas del mundo/ La consumía el enigma de la partida.

La poeta invita a darnos una pausa en medio del trajín de la vida contemporánea, a detenernos y contemplar nuestros dones, aunque estén envueltos con espinas: Y cuando caminando entres en los cielos/ No olvides que el corazón precisa/ Un poco de tierra de la que brote una flor/ Y algo de amargura, en pago por el tiempo,/ Por todo cuanto no ha de cumplirse.

De cara a la noche

No hace falta explicar nada. O conoces el lugar donde duele o no lo conoces, sentencia el poema de Hamutal Bar-Yosef (Tel Yosef, 1940) que da título a la antología que recoge cuatro décadas de obra poética de la escritora israelí.

El año pasado Israel fue el invitado de honor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y en ese marco la editorial Vaso Roto publicó esta edición bilingüe que contiene textos de los libros Tiempo, Que sus labios, Mesa de cocina, El lugar donde duele, Contra la oscuridad y A los lectores.

Nacida en un kibbutz, Hamutal vivió una etapa en la que, después del nacimiento del estado de Israel, se recuperó la lengua hebrea, lo que dio vida a una creación literaria muy particular. Así, en la obra de la escritora hay varias referencias al momento histórico que le tocó presenciar: Tendremos un Estado: este sereto/ se loreveló a mis padres el extraño que hablaba por la radio,/ un hombre intimidante y sabelotod que gemía plegarias durante el Shabat.

En la obra de Hamutal hay una fuerte voz femenina, que se traduce en versos alusivos a la maternidad, la comida, al tiempo que se pasa junto a la mesa de cocina, rebanando vegetales, preparando guisos.

También yo veo las grietas/ sobre la pesada mesa de la cocina,/ más vieja que nueva./ También yo veo sus gruesas patas./ Coge el cuchillo/ corta el pan.

Sin embargo, también encontramos en los textos de Hamutal una visión cruenta sobre el mundo, sobre la fragilidad, sobre el delicado equilibrio cotidiano sazonado con nostalgias, con la memoria del daño y el dolor. La poeta nos hace consciente de esas áreas donde la sombra gana espacio de una manera inquietante.

Esta es nuestra primavera, / arroja montones de ropa al suelo,/ sopla nubes de polvo y pájaros migratorios,/ muerde subrepticiamente en carne viva,/ cierra de un portazo y desaparece.

La ironía, la esperanza que tiende su mano para luego esconderla, juguetona, también forma parte de algunos de los poemas de la autora, y aunque, como sostiene uno de sus versos, El poema se ofende cuando lo traducen, el trabajo de Mario Wainstein y Florinda E. Goldberg permiten al lector disfrutar de textos muy musicales, reminiscencias del original en hebro: Nombres y más nombres multiplicados, triturados, melodiosos/ quien los pronuncia relincha como un caballo que llora en sueños.

En El lugar donde duele nos topamos con una poesía honesta, cercana, que vuelve al lector partícipe de los miedos, los desafíos, las alegrías, las pérdidas y los sueños de su autora. Versos, que también nos confrontan con aquello que yace aletargado en nuestra alma, y que despierta para increparnos: ¿Cuánto? ¿Un año? ¿Diez? ¿Cien? ¿Mil?/ A mí me llevó treinta./ La segunda vez sólo diez./ Después comencé a vivir,/ a amar, a escuchar.

20 Enero 2014 04:00:26
La nostalgia y su peregrinaje
“Aunque logres borrar los recuerdos, o enterrarlos muy hondo, no puedes borrar la Historia”, sentencia pensativo Tsukuro Tazaki, quien ve, a lo largo de los años, cómo la vida parece prescindir de él, dejándolo de lado, aislado, sin un lugar en el mundo.

A los 36 años, el ingeniero se pregunta, gracias al encuentro con Sara -por quien siente una fuerte atracción-, por qué a los 20 años la idea de la muerte lo obsesionaba. No es que el joven pensara en cómo suicidarse, mas bien consideraba que la vida era un tren del cual ya tenía ganas de bajarse, que el sitio en el que se sentiría mejor podría ser una oscura cavidad interminable.

En su reciente libro, “Los Años de Peregrinación del Chico sin Color” (Tusquets, 2013), Haruki Murakami presenta varios temas que son recurrentes en sus obras: la soledad, el amor, los sueños, la nostalgia.

Tazaki se percata de que el pasado sigue junto a él, como un invisible aliento denso y turbio, pero cuya presencia no puede negarse. El ingeniero trabaja en lo que siempre le ha gustado, el diseño y construcción de estaciones de ferrocarril, y en estos lugares, sentado en una banca, contempla el ir y venir de las personas, de las parejas, de los amigos, de los padres. Tazaki observa todo esto desde su solitud y se sabe extraño; él no posee ningún lazo afectivo sólido, sus amigos más queridos decidieron cortar toda relación con él, con el estudiante cortés y sosegado, con el chico sin color.

A diferencia de las historias más intrincadas que ha mostrado el escritor japonés en libros como “Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo”, “Kafka en la Orilla” y “1Q84”, en esta novela la trama se centra sólo en el periplo que vive el protagonista con el objetivo de buscar una respuesta a la pregunta que lo ha perturbado durante los últimos 16 años: ¿por qué sus amigos lo abandonaron?, dejando que se hundiera, sin explicación alguna, en el océano caótico de emociones e ideas que lo llevaron al borde de la muerte. Durante casi dos décadas Tsukuro ha vivido con “sus sentimientos guardados en el vacío de su corazón”.

Estos cuatro amigos que rompieron con el joven, dos chicas y dos chicos, tienen un “color” en sus apellidos, por lo que solían llamarse Mister Red, Mister Blue, Miss White y Miss Black. Tazaki era el único que no tenía color, y ahora, a la distancia, él piensa que ese vacío lo ha mantenido alejado de los demás, que ha provocado que sufriera un abandono tras otro.

En este viaje Tsukuru buscará esos sentimientos largamente ocultos, ya empolvados, para sanar una herida que, ahora lo sabe, siempre ha permanecido abierta.

“Los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen más bien, herida con herida,. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida”, reflexiona el joven, después de experimentar sueños perturbadores, experiencias dolorosas y charlas cargadas de melancolía, de la certeza de que el pasado no puede ser recobrado.

En “Los Años de Peregrinación del Chico sin Color” nos topamos con un Murakami nostálgico, que relata su historia al compás de las notas de “Le mal du Pays”, de Franz Liszt. Y, al igual que Tsukuru, llegará el momento en que debamos sentarnos a contemplar nuestro interior, y pensaremos en aquella época, en la que creíamos ciegamente en algo, pues éramos capaces de creer ciegamente en algo... “Esa emoción no puede haberse desvanecido del todo."

El dato

“Los Años de Peregrinación del Chico sin Color”

De Haruki Murakami
Tusquets Editores
314 páginas
309 pesos

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