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Dalia Reyes
Dalia Reyes
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19 Mayo 2018 04:00:00
Amor y distancia
El amor debió ser inventado por un historiador. Poniendo en consideración la materia prima con la cual construyen su disciplina, queda claro que el espacio y el tiempo son los elementos aglutinadores de esta emoción hecha en pedazos.

El lugar de coincidencia detona el encuentro, pero el momento oportuno dispara la atracción y el encuentro. Surge en la tierra correcta y sobrevive en el periodo adecuado hasta su floración, sea de hoja perenne o caducifolia.

Entonces, el amor debió ser inventado por un biólogo. No cabe duda que las etapas vitales en donde transita el amor se parecen bastante a los ciclos naturales de cualquier ser vivo, es decir, nacer, crecer, reproducirse y morir. Aunque hay quien afirma experiencias indomables de amorosa melancolía aunque el otro habite una dimensión distinta.

Podría decirse luego que el amor fue inventado por un físico. Las formas en las cuales se transforma el amor no parecen amenazar su química, pero sí los efectos sensibles que produce y se provoca, a tal grado de comportarse como un animal distinto entre su estado natal y su madurez, cosa difícil de explicar con ecuaciones científicas, apenas sí con algunas palabras.

Así las cosas, tal vez el amor lo inventó un lingüista. Colocar en frases un sentimiento imposible, cuando se manifiesta en modos contrarios, luego transformarlo en viable para, finalmente, valorarlo como finito, es asunto que logran apenas los muy buenos literatos.

Luego, el amor debió ser inventado por el hombre, porque lleva al sentimiento más allá de las palabras y lo imagina, lo recrea y lo mejora. La mayor ventaja de poner el amor, el tiempo y la distancia en el mismo enunciado es que el apego se mantiene intacto hacia la persona, cuya imagen también se encuentra eternizada en un rostro que la Penélope de Serrat sí podría reconocer tras de su espera en la estación del tren. Esto nada más la esencia humana lo pudo lograr.

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18 Mayo 2018 04:00:00
Epopeya con alfombra
Fiona esperó al príncipe encantador por quince años. Cuando su salvador arribó hasta la torre en donde estaba prisionera, ella pidió, además del pañuelo, un poema épico; él se lo negó por razones varias: no era el novio oficial, lo quemaba los talones una dragona y lo más difícil de entender, era un ogro.

El cambio obrado en Shrek no fue producto del amor ni de la poesía épica, sino de la época. Él era un inspirado ser con dotes para el diseño de interiores y la comida gourmet; que la sociedad pueblerina circundante no lo entendiera, ese no era su problema, porque en esencia él era un caballero y su hazaña una epopeya única en su clase.

Las epopeyas parecían cosa del pasado ante una realidad innegable: Extintos los caballeros andantes, reconocidos como genios los Quijotes, agotadas las batallas cuerpo a cuerpo y desaparecidos los personajes heroicos no había, al parecer obras literarias para contar en verso las hazañas de personaje alguno como origen de una estirpe.

Así como Shrek acabó con esa creencia, fundando toda una pléyade de héroes feos, fuertes y formales, la literatura visual que inunda hoy en día la fantasía del mundo con artes espectaculares. Si Gilgamesh fue en el pasado, ahora Avatar narra el origen alterno para una forma de vida; si Odiseo volvió de entre los monstruos y las mujeres, Thor se ciega y se recompone en distintos universos.

En mi más tierna juventud, lo más cercano a una epopeya era la vida de Remi, un chico “prestado” a cierto músico anciano para convertirse en su lazarillo. Sus andanzas provocaban más que la admiración por un héroe en ciernes, las lágrimas del público ante la imposibilidad de echar una manita a ese chico triste y solo.

Las epopeyas modernas -con la lógica filosofía del villano y simple principio del héroe- vienen con “dolbi stereo” y “surround sound” y se pueden ver desde la comodidad simple de la sala general hasta la superficialidad de la zona VIP. Eso sí: la quinta dimensión sigue siendo exclusiva para las epopeyas escritas con todas sus letras


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17 Mayo 2018 04:00:00
Pecado de omisión
De frío a caliente, el termómetro de la violencia contra la mujer es un claro listado de las muchas vías como la agresión se puede presentar en una relación de pareja. Pienso cuánto esa misma colección de barbaridades pueden atentar igualmente en contra de un varón.

La mujer mexicana, como sea, ha encontrado “contrargumentos válidos” para desviar el calor subido de las agresiones recurrentes en su contra, casi siempre con la espada de la tradición. Enseguida muestro los diferentes grados de violencia y lo que mi tiempo sobre la Tierra –y considerando que he sido mujer todos mis 50 años- y las justificaciones facilonas que nos llevan a momentos complicadísimos.

Si te hace de menos, es porque está muy ocupado; si te cela, es a razón del mucho amor que te tiene. Si te grita, ridiculiza o culpabiliza, es porque no lo has comprendido, si te ignora, es porque sabe que eres tan fuerte.

Si te insulta y chantajea, es porque resultó ser muy emocional; si te controla el celular, los correos, las redes o tus salidas, es porque está preocupado por ti. Si te amenaza, es porque no has respetado sus propias decisiones; si te aísla de tu familia y amistades, es a razón de querer estar mucho tiempo contigo.

SI te hace sentir miedo, es porque creció en una familia difícil; si te agarra, empuja, abofetea o golpea es porque lo educaron en un ambiente de violencia. Si te toca de forma que no te gusta y obliga a prácticas sexuales no deseadas o te viola, es porque resultó ser muy apasionado. Ahora bien, si atenta contra tu vida, es porque cuando se enoja no entiende razones.

Si todo esto es verdad, como una gran cantidad de mujeres quisieran hacerlo parecer, el ser víctima de acoso, humillación, agresión física y sexual, es porque estamos seguras de merecer eso y nada más.


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16 Mayo 2018 04:00:00
La rajita de canela
Una rajita de canela, decía la receta. La sola mención del ingrediente desataba un torbellino mental en la cocinera, quien debía atar los demonios de la añoranza y la melancolía para no escanciar el platillo con lágrimas no previstas.

A diferencia de la sal, que aparece en cuarenta versículos bíblicos, la canela solo protagoniza cuatro. Aquella es el condimento de la vida común, pero esta se reserva para la opulencia y el detalle; una la blanca necesidad, la otra, un oscuro deseo.

Traída de Sri Lanka, los mexicanos nos la apropiamos y hemos regresado al mundo medio centenar de platillos en donde su presencia distingue entre la perfección y el desamparo. Además, ha crecido con nuestra historia: Va de la mano con las abuelas y las madres; las hijas tal vez ni siquiera la conozcan: Hace tiempo la canela dejó de serlo.

Algunos dicen que nos dan acacia por canela, otros aseguran estar tomando raíces secas e indeterminadas, pero lograr el aroma arrojado por el hervor de una varita parece encontrarse, en estos días, solo en el mercado negro de la comida evocadora.

El ingenio humano, confrontado consigo mismo, ha desarrollado tantas formas de falsearla como de encontrarle la falacia: China siembra la canela falaz, el mercado desea acostumbrarnos a tomar un producto picante, se han desarrollado plantas a las cuales se les adicionan químicos para disfrazar la pieza. Como sea, es inviable viajar con el cargamento para descubrir su origen, eliminar el picor o tener un laboratorio en casa.

Tal vez, solo tal vez, así como los narcóticos adulterados llevan a una visión distorsionada y tensión muscular, probablemente la canela falsa nos arroje al delirium tremens de no poder distinguir a la abuela de Satán en el recuerdo liberado por sus aromas.

Extraño la canela.


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15 Mayo 2018 04:00:00
Eso es todo
Me tomó dos largos segundos el combate interno frente Sanborns. Solo un protector solar, nada más eso debía comprar, por lo tanto, no veía razón alguna para temer por la integridad de mi muy aporreada cuenta bancaria. Así las cosas, empujé la puerta de cristal. Después, ya nada fue igual.

El destino presupuestal de una mujer vanguardista es la mejor forma de ejemplificar lo churrigueresco si quisiera explicarse al neófito. De lejos, parece un claro y lindo entretejido, pero visto muy cerca, se convierte en intrincadas ramificaciones de un centro común, es decir, la mujer misma.

Las listas de compras dan apenas una pista muy superficial de lo que digo, porque una cosa es planificar las adquisiciones futuras y otra es el acto mismo de acrecentar las necesidades en un momento emergente. Así, al lado de la leche fresca y la mantequilla, van las chanclas de baño, champú, perfume fino, tapa del fregadero, conector para el riego exterior, chocolates, vinos y libros, muchos libros.

Tras la rama gruesa de los libros se derivan otras claramente independientes. Una pudo agotar su presupuesto en libros para el trabajo, pero eso no suple a los necesarios para estudiar un posgrado, además, están los de cocina, pues una dama moderna es una empírica chef. Ahora bien, se es esposa y madre, falta adquirir los textos que explican la realidad desde la filosofía, la historia, la sociología, la pedagogía.

Los libros clásicos son compras extraordinarias, las cuales cada vez se vuelven en pecados reiterativos pues las editoriales se empeñan en publicar clásicos modernamente presentados con ilustraciones antiguas retocadas de muy moderna manera.

Volviendo al principio, les decía que entré a Sanborns, necesitaba una pantalla solar. Atravesé el pasillo de los libros cual una paloma que cruza el pantano y se enfanga toditita, y al llegar a la farmacia me dijeron que no había pantalla solar. Me fui a la caja escondiendo el rostro para que nadie descubriera la vil forma como había caído en la tentación otra vez.

El muy solícito cajero se acerca y me dice, con un tono inolvidable: Eso es todo, su rostro se transfiguró en demonio y la frase coloquial convirtiose en un sarcasmo. Así que dije:

No, agrégueme la revista Aalgarabía.


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11 Mayo 2018 04:00:00
En la intimidad
Así como velar a los difuntos, las celebraciones también tenían como escenario la casa familiar. Abrir las puertas de la casa al mundo era una forma de ofrecer su espacio el recién fallecido, en el primer caso, y de mostrar la opulencia de la que se era capaz cuando de festejar se trataba.

La gente “apurada”, como decía mi papá tenía guardado un discurso para esas ocasiones; en él aparecían concatenadas dos ideas básicas: La pobreza innegable, el esfuerzo inigualable. Así y todo en la pobreza, se era capaz de conseguir suficiente efectivo para exhibir que el amor por el festejado no tiene precio ni límites de endeudamiento ni pedigüeñería.

Las bodas en el rancho –todavía vigentes en algunos casos- eran, necesariamente, en la casa paterna. El mismo patio donde se persogaban caballos, degollaban marranos y cacareaban las gallinas quedaba replanado con agua y escoba, techado con ramas y escanciado con vinos cuyo origen era la providencia, porque jamás en la vida de los festejante se lograba reunir tanto dinero como para pagar semejante cantidad de bebida.

Las novias, todavía en la adolescencia, se metían en vestiditos blancos como para la primera comunión y bailaban pasadita la media noche, porque la rato estaban tendidas en la cama de los anfitriones, mezcladas con chiquillos y bebés quienes aprovecharon la parada de la música para declararse vencidos por el sueño, dejando las muchachas para la siguiente ocasión su noche de bodas.

Los cumpleaños también se celebraban en casa. Se organizaban juegos en el patio cuyo marco se construía con sillas variopintas prestadas por los vecinos para ser las suficientes; en las fotos conmemorativas aparecen los respaldos tallados o los tejidos reventados de tanto uso y fiesta. Los adobes descascarados daban fe también del mucho esfuerzo de un padre por festejar a su hijo así el hogar se viniera abajo.

Incluso los quince años tenían lugar en la sala. La entrada con la corte festiva se hacía desde la puerta del patio, cruzaban la cocina damas y chambelanes para dejar el centro de la habitación libre para el vals, por lo menos, lo más libre posible entre una cama vuelta de costado y el pino con nacimiento si la quinceañera tenía el fatal sino de cumplir en diciembre.

Las fiestas de salón estaban reserva das para los pudientes. Luego hubo sitios en renta para todos los presupuestos, pero se necesitó todavía bastante tiempo para entender que hacer la fiesta afuera no la hacía una fiesta ajena.


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10 Mayo 2018 04:00:00
Gorda de gusto
La felicidad inspira muy poquito y engorda demasiado. Nunca se ha vuelto clásica la historia de un rotundo ser rebosante en contento y calma.

Las madres históricas han tenido derroteros terribles y dolorosos. Vayamos de María, la madre de Jesús, hasta la nana negra María Dolores, la madre adoptiva en “El derecho de nacer”; encontraremos mucho sufrimiento y pocos ratos de satisfacción. Como vieron, opté por una temporalidad conservadora para terminar por la tercera mitad del siglo pasado, pues en adelante baste con enumerar las lacrimógenas y reiterativos culebrones con la Rufo.

Las antes mencionadas son personajes, cuyas tragedias fueron urdimbre para grandes narraciones, pero bien podríamos pasar a la vida real en donde encontraremos otros dramas tan vívidos que parecen –y algunos se han convertido- una buena novela cuyo final aún no se escribe.

Isabel Allende es un buen ejemplo: Mujer revolucionaria, esposa contestaría y madre sufriente. Los pasajes más difíciles en su vida la llevaron a producir lo mejor en su saga literaria. Jo Rowling, la madre literaria de Harry Potter, debió pasar las de Caín para inspirarse, con urgencia monetaria, en una historia vuelta un clásico moderno.

Frankestein, la novela, fue creada por Mary Shelley, una dama inglesa cuyo marido casó con ella en segundas nupcias, pues la primera esposa se suicidó. El hombre tuvo fama de mal poeta y buen bribón quien maltrató a su mujer hasta que la naturaleza tuvo a bien llamarlo, pues murió ahogado. Ella vivió el resto de su vida con el único hijo sobreviviente –de tres- y el corazón del extinto viejo envuelto en un pañuelo.

“El tema a discutir es que mi inferioridad me cierra una puerta y otra y otra por las que ellos holgadamente atraviesan para desembocar en un mundo luminoso, sereno, altísimo que yo ni siquiera sospecho y del cual lo único que sé es que es incomparablemente mejor que el que habito, tenebroso, con su atmósfera irrespirable por su densidad…. El mundo que para mí está cerrado tiene un nombre; se llama cultura”. Esto lo escribió Rosario Castellanos, también una madre con vida laberíntica, doliente y luminosa.


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09 Mayo 2018 04:00:00
Hotel de ochenta
Cuando empecé a viajar era posible alojarse en hoteles familiares cuyo costo alcanzaba ochenta pesos por huésped; incluían una cama con la proverbial colcha de gusanos, un buró y cierto baño completo sin toalla ni jaboncitos. Pagar ciento setenta y cinco pesos era un lujo inalcanzable para la mayoría de mis conocidos, y si llegué a pernoctar por ese precio fue gracias al estado magnánimo del contador quien administraba los viáticos por viaje laboral.

Ocasionalmente, en Chachalacas, Veracruz, me vi obligada a hospedarme en un motel por horas: La temporada alta, mis escasos recursos económicos, la avanzada noche y el cansancio extremo justificaron mi decisión. A diferencia del dilema moral que libré por tres minutos, el recepcionista del establecimiento enfrentó uno mayor, pues debía hacer el cálculo sin precedentes de una clienta solitaria e insistente en ocupar la habitación durante ocho horas.

El tiempo mínimo a pagar era por dos horas -treinta pesos- y máximo durante seis -ochenta pesos. Aunque insistí en hacer una multiplicación sencilla a razón de quince pesos la hora, él se negó argumentando que las horas aumentaban su costo conforme el huésped se quedara más tiempo, y no a la inversa; en esa ocasión recibí la más profunda clase de economía pasional. La cuenta quedó en cien pesos cerrados. Pasaron ya veinticinco años de aquella hazaña.

Ayer vi sobre la carretera un anuncio, espectacular no por su tamaño o su dinamismo, sino por la información: Ochenta pesos la hora y dos por ciento cincuenta. El lugar parece mucho mejor equipado que el otro de hace un cuarto de siglo, sea cual fuere la actividad a realizar en él, sin embargo, si consideramos la inflación y el tiempo, la pasión parece haber sufrido una depreciación significativa.

A sabiendas de cómo a ciertas personas nos lleva toda una vida en identificar si aquella cosa es amor o no lo es, tasar el tiempo a 80 pesos la hora me parece una devaluación sin mejores esperanzas ni mayores promesas.


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05 Mayo 2018 04:00:00
Todo con medida
El hombre es la medida de todas las cosas, dijo Pitágoras en sus elucubraciones rumbo a tomarse algún vino con otros filósofos auspiciados por el genio y la cultura griega. Quiso decir, si nos ponemos a traducir de un español a otro, que las medidas humanas acaban por ser relativas a cada sujeto; esta verdad palmaria la descubrieron, demostraron y combatieron hasta la fecha grandes empresas como Urrea y Rugo que sin importarles el genio, invirtieron su ingenio para mostrarle al hombre que en cuestión de medirse, es un desmedido.

Si partimos de este principio: “el hombre es bueno por naturaleza pero la sociedad lo corrompe”, tiene sentido el que durante siglos se haya dejado al libre albedrío de la humanidad el uso y abuso de los recursos naturales, en particular el agua, principalmente en América Latina, en donde fuimos bendecidos con grandes caudales pero nos castigaron con pequeñas conciencias.

La proliferación de llaves para lavabo, regaderas y sanitarios con sistemas dosificadores de agua muestra cómo, por sí solos, no fuimos capaces de calcular la justa medida la cantidad del líquido necesario para cada acción. Aunque los mililitros expulsados han sido cuantificados estadísticamente hablando, el uso y costumbre lleva a las personas a considerar el ahorro de agua o una lata o una muestra de avaricia empresarial.

Numerosos gimnasios colocaron también regaderas dispensadoras con chorros mínimos necesarios para ducharse como Dios manda: Ni baño vaquero ni sauna romano. Sin embargo, si entra usted al área de damas a las ocho de la mañana, escuchará las más variopintas expresiones sobre la escasez de agua y la abundancia de jabón en ciertas partes de su anatomía.

Platón consideró la medida como un arte que tasa número, largo, altura, ancho y velocidad, pero también lo describió en relación al justo medio, a lo conveniente, a lo oportuno, a lo obligado, a lo que está en el medio de dos extremos. En síntesis, la consideró como la base para el orden y la armonía de las cosas.

Lo que no consideró el popular filósofo fue que el ser humano, tratándose de guardar las dimensiones, acaba casi siempre por irse al baño.

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04 Mayo 2018 04:00:00
La buena y la mala
Cuenta mi madre cómo tuvo la fortuna de ver la lluvia de estrellas más tupida en la historia de nuestro cielo nacional. La primera vez, esa narración tuvo un amplio impacto en mí, pues ella usó las atinadas metáfora “parecía como si el cielo se viniera encima” para que yo tuviera un sentimiento encontrado entre estar deseosa por ver un acontecimiento tal y sumamente temerosa porque, tal vez, el cielo sí estaba dispuesto a caer sobre mi persona en caso de mal comportamiento.

Casi me era posible mirar cómo las abuelitas, tías amorosas y padres idos prematuramente se cernían sobre mi cabeza si fuese yo testigo de una lluvia estelar. No usó mi madre ese cuento para mantenerme a raya, pero le dio buen resultado.

Les narré lo anterior solo por nostalgia, porque hoy en día lograr que los niños y jóvenes guarden las formas no basta con un amenazante acontecimiento celestial, tampoco con terribles posibilidades divinas y diabólicas, mucho menos con viejos del costal. Estos muchachos de hoy saben demasiado y podrían defenderse con un cálculo muy preciso sobre la escasa probabilidad de ser alcanzado por un meteorito o basura estelar.

Es más probable encontrar a un chamaco en pánico, construyendo un gorro con papel aluminio, por la llegada –programada mediáticamente- de extraterrestres poco amables. Las fechas, los sitios y sus coordenadas se publican con una certeza indiscutible. Las amenazas tradicionales han quedado descontinuadas.

Asustarlos no es bueno, dirán los modernos sicólogos modernos, sin embargo, considero relativamente bueno que le temieran a algo, algo que no sean ellos mismos, hoy por hoy su peor amenaza, como muestran los noticieros plagados con disparos a escolares, agresiones entre muchachos o suicidios inexplicables para los adultos.

Tener miedo es un acelerador con embrague: Permite ir más rápido si se han pisado los pedales correctos. El asunto es cuánto se han diversificado los motivos para temer que no parece haber un freno suficiente para la irrealidad.

La oscuridad, el gato negro, Santaclós mirándonos, los abuelos viéndonos desde las estrellas, un costal vacío, toda esta fantasía dejó de ser amenazante pues fue vencido por una realidad terrible e imparable.


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03 Mayo 2018 04:00:00
Pollo pasado
Los huevos de gallo-gallina que suelen poner las aves campiranas siempre fueron para mí un misterio insondable. El tema se ofreció arisco cuando hablamos de sexualidad en la escuela pues ofrecía aún una dificultad anatómica; ahora que ya soy grande, ese asunto sigue en mi lista de pendientes filosóficos.

Mucho me tranquiliza saber que no soy la única en estos intríngulis de la filosofía coloquial, hay quienes invierten bastante tiempo en pensarlo, y con profundidad y conocimiento, sépanse ustedes. Un buen ejemplo es el siguiente texto que, resumido, muestro a ustedes, pues el original tiene kilómetros de historia científico-filosófica-pedagógica-moral.

La pregunta inicial es: ¿por qué el pollo cruzó la carretera?

BUDA: Preguntar eso niega tu propia naturaleza de pollo.

SÓCRATES: ¿Sabes qué es un pollo?

ARISTÓTELES: Está en la naturaleza de los pollos cruzar la carretera.

HIPÓCRATES: Debido a un exceso de humores en sus páncreas.

CRISTÓBAL COLÓN: Para ir donde ningún pollo ha estado antes.

DESCARTES: El pollo cruzó la carretera y luego existió.

SHAKESPEARE: Para ser.

NIETZSCHE: El pollo ha muerto... ¡Viva la carretera!

DARWIN: A lo largo de grandes períodos de tiempo los pollos han sido seleccionados naturalmente de modo que ahora tienen una disposición genética a cruzar carreteras.

ALBERT EINSTEIN: Si el pollo ha cruzado la carretera o la carretera se ha movido debajo del pollo depende de tu marco de referencia.

SIGMUND FREUD: El hecho de que estés preocupado porque el pollo cruza la carretera revela tu inseguridad sexual.

PAULO COELHO: El universo entero conspiró para que el pollo cruzara la carretera.

MARTIN LUTHER KING: Veo un mundo en el que todos los pollos serán libres de cruzar la carretera sin que sus motivos se pongan en cuestión.

FIDEL CASTRO: Los pollos solo podrán cruzar dentro de los límites de este país, y solo cruzarán si los persigue un yankee.

BILL GATES: Acabo de lanzar el nuevo Windows Chicken Office 2007, que no solo cruza carreteras, sino que pone huevos, archiva tus documentos importantes y encuadra tus cuentas.

STALIN: Hay que fusilar al pollo inmediatamente, y también a los testigos de la escena y a diez personas más escogidas al azar por no haber impedido este acto subversivo.

SOPORTE TÉCNICO: “Yo desde acá no veo que haya cruzado la calle. Resetea el pollo y si sigues viendo que cruza, formatea la carretera”.


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02 Mayo 2018 04:00:00
Cinco pollitos
Cuando el hit parade musical presume en su lugar más alto a un grupo de cinco muchachos cuyo nombres es Cinco, y está vendiendo millones, entonces sabemos que la sociedad, si no ha tocado fondo, sí anda ya por los refajos.

El refajo era un intermedio colocado sobre el fondo para evitar que las mujeres fueran demasiado sugerentes con sus vestidos. Un hombre llegando a los fondos, tenía claro que no había vuelta atrás. Como sea, ese asunto de escudriñar por tantos nieves debió ser una excitante aventura.

Trasladado al plano social, asomados los refajos de la cultura, la perspectiva no es tan alentadora como en el caso de la relación hombre-mujer, pues a diferencia de esta, cuando viene el clímax, aquella tuvo por punto álgido sus inicios, de modo que lo venidero promete más tristeza que culminación.

El grupo de marras está compuesto por cinco proverbiales jóvenes reunidos en un grupo musical: Bonitillos, variopintos, con voces estándar que permiten un hip hop o un reguetón. La letra explica cuánto desea un hombre a su chica, tan maravillosamente como lo hacen los ciento cuarenta y nueve mil temas de reguetón registrados en los últimos tres años.

El nivel de fama que los trae por el mundo demuestra las preferencias por las cuales se inclina el público joven, principalmente. No me atrevería siquiera a sugerir nada al respecto: A nuestros muchachos les hemos dado televisión abierta, cincuenta canales de paga con los mismos videos, léxico disminuido y violento y reguetón, mucho reguetón. ¿Cómo exigirles una cultura profunda cuando se les hemos negado?

Cuando los adultos abordan el tema de los muchachos superfluos, de cuánto las formas culturales fueron de la admiración respetuosa a la facilidad vulgar, no agregan una propuesta. Los diversos mundos de la cultura siguen ahí, tal parece que a nuestros jóvenes sencillamente se les ha prohibido conocerlos tan a fondo que les encuentren sentido.

CiNCO –pronunciadas las siglas en inglés- es el nombre del grupo, más que, igual al resto, solo vendrá a dejar menos.


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27 Abril 2018 04:00:00
El botecito
Soy moderna musicalmente hablando. Nada más y nada menos ayer en la mañana agregué a mi bagaje musical un texto profundo y propositivo que dice más o menos así: “Mueve tu botecito, mami, mueve tu botecito”, ritmo además bastante cantábile y bailábile en el gimnasio.

Camino a casa, un caballero joven tuvo a bien iluminar mi ignorancia con otra canción maravillosa, que trata sobre los altibajos en la existencia humana: “Cambié las chelas por el coñac, ahora prestigio tiene el viejón, y del batillo con el que andabas soy el patrón”, cantó un fulano de voz aguda desde el auto estéreo.

Sí, señor, es puro sarcasmo. Tampoco quisiera llevarlos a ustedes hasta las profundidades acapulqueñas de Agustín Lara, pero creo que todo tiene su límite.

Por cierto, hasta Límite tenía letras más sustanciosas, bien recuerdo aquellos de “te quedó grande la yeguaaaa”, por lo menos fue bastante funcional como para dejar claros los motivos que acabaron divorciando a Alicia Villarreal.

Debo reconocer este síndrome como una consecuencia del relajamiento provocado por Raúl Velasco. Ya en su Siempre en Domingo salían a cantar lo que les viniera en gana, así Rafaela Carrá brincoteaba con su “mamá dame 100 pesitos porque a América me voy”, y deben creerme que eso era lo más trabajado en el poema.

De ahí surgieron cosas tan románticas como el Sur. Sí, cómo no, yo recuerdo perfectamente que las estaciones de radio parecían cicladas tocando esa canción interpretada por Magneto, chicos apretadísimos que invirtieron su voz en un interminable “hacia el suuuuuuur” y párele de contar. Bueno, el sur de qué, quizá eso nos aclararía algunas posturas.

Miren, una que ya no se cuece al primer hervor, necesita algo más para perdonar un yerro, mínimo las mañanitas que cantaba el Rey David, por lo menos incluyen pájaros y amaneceres, y bien rimados, además.

Aceptaré que los radioescuchas tenemos culpa grande en este estatus musical tan decadente, pues se acepta lo que venga y lo compramos a raudales. No hay que ser, hagamos algo por nuestros “oyiditos” –dijera Doña Mary, que Dios la tenga cantando una de las Jilguerillas- y pongamos a trabajar a los compositores y a vocalizar a los cantantes, yo creo que estando tan al sur en asuntos musicales, mínimo llegamos al noreste.

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26 Abril 2018 04:00:00
La luz de mis ojos
En el video no más plástico se muestra cómo los peces son afectados por las fibras sintéticas de nuestra ropa que, por vías insondables, llegan al mar, además enseña que hasta la miel que consumimos contiene partículas que regresan a la tierra a través nuestro cuerpo. No tengo muy claro cómo voy a sustituir todos los productos con los componentes dañinos a nuestro alrededor, sobre todo si considero que ahora soy portadora de todos ellos, pues ya los bebí, mastiqué, engullí, chupé y -lo peor- tal vez hasta lo disfruté.

A este paso, viviré desnuda e iluminada únicamente con la luz de mis ojos. El tema de la contaminación no es un chiste, lo tengo claro. En la medida de mis posibles, recojo, reúso, reciclo o regalo; sin embargo, las grandes campañas promundo rebasan mis posibilidades.

Una petición es botar la ropa sintética y elegir algodón o lana. La línea de JLo, por decir algo, me cobra 530 por un vestido sencillo confeccionado en bonitas licras y barrocos encajes con opción a pagos fáciles de 47 pesos; mientras tanto, un quintal de algodón supera las tres mil libras, lo que me da cerca de 70 mil pesos. Si considero mi talla, un tercio de quintal apenas bastaría y así, el vestidito me resultará en 100 mil con la suma del algodón y la marca del diseñador.

El ahorro de energía es otro tema importante. Usar energías renovables es la opción, pero si quiero instalar en mi casa un sistema solar, las cotizaciones para tener una vida digna en la cual al menos pueda tener un refrigerador en donde quepa la leche y dos cervezas, así como una tele del tamaño mínimo necesario para leer los subtítulos, la instalación se convierte en cientos de miles, van más allá de la realidad del mexicano promedio. Yo estoy en ese ranking.

Cuando separo las latas del papel, aprovecho la basura orgánica y digo no a la bolsa plástica, siento como si mis alas crecieran dos centímetros más, pero la constante publicación de cosas dañinas que hacemos sin darnos cuenta acaban por frustrar mis aspiraciones angelicales.


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25 Abril 2018 04:00:00
Pobre meme
Entre los memes alusivos a la pobreza encontré uno con más ingenio del que aparenta a primera leída: “Éramos tan pobres que ni siquiera diabetes teníamos”.

El humor latino, siempre tan sarcástico y desbocado, en esta ocasión logró concretar pasado, presente y futuro de nuestra realidad.

Cuando mi abuelo era un señor maduro, algunos de sus conocidos y conocidas murieron de secazón. La mayoría de las personas en el rancho morían de muerte o de enfermedad; la primera resultaba ser el inexorable destino de la gente mayor; la segunda, voluntad de Dios bien señalada como pulmonía, presión, contagio o corazón.

Irse secando era una manera de dejarse morir en ese entonces. Las personas ni perdían el apetito ni la voluntad, pero el cuerpo se les acababa poco a poco en una delgadez galopante que no paraba ni el laurel ni el orégano en tés e infusiones.

Lo cierto es que no era un mal común entre las personas del campo ni las más pobres de la ciudad; ahora sabemos que su alimentación no daba para adquirir una enfermedad como la diabetes, esa que les provocaba hacerse pequeñitos hasta que tenían a bien fallecer.

Los alimentos artificialmente azucarados no estaban al alcance de la tienda anca Juan, en el rancho, ni con Don José, en el barrio; comprar un refresco implicaba fin de semana, día de jauja y el mayor espíritu comunista al compartir una Coca-Cola de 500 mililitros entre cinco personas. En verdad, esa pobreza no daba como para enfermarse de azúcar, como se le conoció en sus albores a la diabetes.

El meme es tan cruel como genial; sin embargo, tras el chiste está una realidad imparable sobre el poder adquisitivo en un grupo social de mediana posibilidad, que dan la bienvenida a un mejor estatus pero no siempre saben que están dejando entrar a casa a un enemigo que desdeña a los pobres, porque se beneficia poco de ellos.

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24 Abril 2018 04:00:00
Tres veces me engañé
Gustar y respetar no es el mismo. A mi prima, por ejemplo, le gustó siempre –y mucho- la tandareola, pero, siendo honesta, su infidelidad con la profesión no rindió los frutos que la familia esperaba, pues se puso a coquetear con la vida seria y las aspiraciones de riqueza se nos vinieron al piso.

Gustarme algo tiene qué ver con regodearme con sus posibilidades, en cambio, respetarla es adentrarme en ello con todos sus usos y costumbres. Como verán, incluso la tandareola tiene reglas propias que la prima debió seguir a pie juntillas.

El otro día salió en la tele un candidato a la presidencia de la República. Nadie tenía demasiados elementos –unos pocos nada más- para poner en tela de juicio sus afirmaciones, sin embargo, cuando llegó al punto en donde se le hizo bolas el gusto con el respeto, las estadísticas se arrastraron con penosa insatisfacción.

Dijo “El Bronco”: yo respeto mucho el matrimonio, tanto así que me he casado tres veces. El rostro de su entrevistadora fue contundente, desde su punto de vista como mujer, esposa y periodista, la respuesta no encontró ningún frente para caer en buena tierra.

No en este mundo, ni en la Real Academia Española, ni en los diez mandamientos ni en el Corán se dará por cierto que respetar una condición social es mandarla a volar sin palomear todos los requisitos sobre los cuales se aceptó entrarle al toro.

Tres veces se casó y tres veces faltó a la regla del matrimonio, en términos llanos, sea que se haya casado como cristiano, mahometano o chiita. En la primera por la reiteración, en la segunda por la monogamia serial y en la tercera por la insistencia.

Sea como fuere, fundamentar un acierto sobre el error, no es la mejor idea cuando se está en cualquier contienda, mucho menos si se pretende ser guía y modelo para toda la nación.
  
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21 Abril 2018 04:00:00
Canibalismo
Son muy lindas las reuniones de familia. Si compartimos el pan y la sal las cosas resultan mucho mejor. Reunidos tíos, primos, hermanos, cuñados los menús se ofrecen muy variados y canibalescos.

Siempre hay una parte de alguien para deglutir. Los aperitivos están a cargo de las mujeres quienes, luego de saludarse de beso, abren el banquete: “¿Ya viste lo flaca que se puso María Ester? Seguro está embarazada”.

Se pasa revista a cuanta fémina pertenezca a la familia, sea nueva adquisición o ya reconocida por instrumentos evaluatorios muy determinantes, todos hechos de modo que quien evalúa nunca queda satisfecha.

Las primas jóvenes suelen ser menos voraces. Se cuentan el santo y seña de los amigos y pretendientes, alaban la buena suerte de la otra pero empieza a salirles un pequeño humo de la cabeza cuyo mensaje silencioso es algo así: “¿Pero cómo, tan boba y con ese novio?”. Así aparecen los primeros síntomas de la adultez.

Las abuelas, con su jerarquía y autoridad, nada se callan y condimentan cualquier reunión con sus frases de alarma cuando ven el desfile de nietos con copetes altos o de plano pelados a rapa; además, durante toda la fiesta, no dejan de lamentarse cómo es que se le olvidaron todos los detalles de la boda de Marianita, la nieta menor, quien ya ostenta un avanzado embarazo. “No hubo boda, abuelita”, la convencen algunos condescendientes, y ella se echa a llorar y reniega porque está segura de que tratan de darle por su lado para que ya no se preocupe, pues últimamente se le va la memoria de vez en cuando. Intenta de consolarse con la cercanía de quien insiste en confundir con Adela, la hija de su sobrina, “ya te dije que es Polo, el amigo de Mariana”, le aclaran una y otra vez.

Los hombres no se ocupan de sí mismos. Los más jóvenes pasan revista a las primas que el año pasado aún se sentaban a comer en la mesa de los niños. Los adultos solo procuran sentarse bien lejos de la muy atractiva cuñada del hermano, a fin de no despertar suspicacias, y se guardan sus platillos de prójimo para disfrutarlos en una sesión de glotonería personal.
Las comidas familiares, como ven, son siempre inolvidables.

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20 Abril 2018 04:00:00
Amor al fin
“Te amo Aydee”. Así, sin comas y sin acentos. Fue la sorpresa matutina.

Imposible no mirar la leyenda en rosa fosforescente sobre el verde de mi barda principal.

Ni siquiera la primera reacción fue natural: Las letras enormes y rosadas poca mella hicieron sobre mi estabilidad emocional y ni siquiera crucé la frontera entre el desazón y la rabia. ¿Quién ama a Aydee? La tintura da pocas pistas porque no tiene el cariz masculino de ostentar a una mujer como propiedad a voz en cuello. Sí, también se me ocurrió que Aydee misma lo haya puesto: La letra es más redonda que angulosa y los trazos, con todo y todo, limpios.

Prefiero asumir que es un chico. La frase llega más allá de la mitad. Él debió ser tan alto como eso, por lo tanto se ha estirado en estos años hasta alcanzar la medida prudente para “elevar” su voz gráfica. Acaso sería un adulto, pensé fugazmente. Descarté la idea porque los grandes solemos resguardar los amores en silencio por motivos varios.

Claro está, sí aparecieron en mi mente las imágenes posibles: Cuánto le hubiera dicho y maniatado en tanto llega la policía si lo pillo en acción; mucho hubiese corrido tras de él si intentara escapar; por lo menos una foto tomaría para luego buscarlo en la escuela más cercana…. porque fue un estudiante. Aquí terminaron las elucubraciones: un joven estudiante enamorado.

Sí, un típico muchacho que bien podría caer en la generalidad del desgano, la incertidumbre, la identidad perdida, la incursión en la violencia multimanifiesta a todos los niveles, la pobreza de expresión, la incapacidad para entender la necesidad de otros y la publicación de mensajes sanguinarios.

Sin embargo, este chavo ama a Aydee.

La tercera mañana yo también empecé a amarla. Miré el letrero y espanté un pequeño insecto que intentaba hacer nido por la “A”. El sol empieza a gastar el tono rosado pero aún es perfectamente visible el mensaje: alguien, en medio de todo, ama a otro. Todavía existe un grupo capaz de sentir amor… ¡y decirlo sin miramientos!

Cancelé la visita del pintor. El mensaje quedará ahí en tanto la luz y el calor le den permiso. Espero que ella haya respondido de buen modo a propuesta tan abierta, me gustaría saberlo. Por lo pronto, alguien ama a Aydee, Aydee es amada.

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19 Abril 2018 04:00:00
Debajo de la mesa
Lo hecho por debajo de la mesa, además de ser oculto, resulta prohibido; eso las pone en el conjunto de las cosas malas, feas, faltas de ética. Considerando lo anterior, el que los estudiantes mexicanos deban resguardarse bajo sus mesas de trabajo cuando se presentan enfrentamientos en las calles colocaría a alguien en una posición muy criticable. ¿Quién será el sorteado con el galardón a la barbarie?

La diferencia entre los roces pasionales de Manzanero y su conquista o la intimidad en la pareja protagónica de la canción “Mujer contra mujer” cantada por Mecano y el caso de muchachos pecho a tierra para salvar el pellejo mientras intentan terminar la educación básica, es que este acto último no es voluntario ni elegido, ni siquiera deseable, sin embargo, en los mejor de los casos se volvió un sitio oculto para la creatividad.

Hace un par de años, cierto brillante alumno mío aprovechó la brutalidad de lo que se quiere ocultar bajo las mesas políticas y mediáticas. Enfrentaba una situación atípica para terminar su tesis: No podía concluir con su práctica docente por las constantes interrupciones de violencia en la calle frente a la escuela secundaria. No se trataba de párvulos a quienes consolar con una canción infantil, sino de adolescentes en plena conciencia de los riesgos que se cernían sobre ellos.

Ahí, debajo de las mesas, este muchacho hizo su cuartel de poetas y narradores.

Los adolescentes podían decir, sin censura, sus emociones, ideas, fantasías que los desviaran de una verdad latente; pasado el peligro, emergían a la superficie del aula para darle forma a su miedo escrito.

Logró frutos mejores que tener un grupo aprobado por circunstancia o compasión, en realidad egresó personas críticas, con amplia capacidad de adaptación y resiliencia, que luego se levantaron en “armas de papel para exigir que los dejaran leer a Carlos Fuentes. Como se puede ver, no todo lo que se hace bajo la mesa es reprobable.

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18 Abril 2018 04:00:00
El problema de las hadas
La profesora nos decía: van a inventar un cuento, tienen quince minutos. Todos hojeábamos nuestros cuadernos como si alguna hoja en blanco tuviera la trama de una historia exprés que nos permitiera localizar a la musa correcta para lograr semejante hazaña.

Con el tiempo, la estrategia se modificó un poco: Van a escribir un cuento en donde aparezca un oso, una chancla y una nave espacial. Así los niños llevarían su imaginación al límite para concatenar una narración de cierto oso chancludo que quería ir al espacio.

En estos días de educación formada y reformada ya no hay chancla, oso, cuento ni quince minutos para la imaginación, porque la fantasía es un asunto entre chistoso y prohibido. La educación básica pretende en sus estudiantes una adultez ciernes antes que una niñez plena.

Escribir un cuento en 15 minutos no es posible, lo sabemos desde su nieto de siete años hasta Augusto Monterroso; la intención de las maestras radicaba más en el uso de ciertas palabras bien escritas que en la inspiración creativa porque esta es, al fin y al cabo, muy difícil de evaluar. Si usted, como yo, obtuvo una buena cantidad de “muy bonito”, en realidad la profesora comprendió muy poco.

El problema con la fantasía es que siempre había tenido una contraparte y ahora tiene dos. La primera es el contrario y la segunda es la fantasía misma, el alejamiento de una realidad que a la sociedad le urge activar en los niños para no postergar demasiado sus vidas productivas.

Las hadas vienen siempre con brujas, los superhéroes con villanos, los países de las maravillas con reinas malas. Dejar abierta la puerta a la fantasía enfrenta a la persona con los valores humanos, siempre anunciados en paquete: Quien distingue la bondad es porque ha vivido la maldad.

Ejercitar la fantasía era una manera de enseñar a los niños a ser personas cuya conciencia rebasara la competición por ser el mejor ante los ojos de un jurado. Tal parece que hoy en día solo se trata de volverlos números y multiplicarlos.

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17 Abril 2018 04:00:00
Morir soñando
Un terrible ejercicio se generaliza entre las sociedades del mundo: Mirar el obituario con la certeza de que la lista está engrosada con difuntos cuya edad apenas rondaba los cincuenta. No deberá confundirse con morbo, es incapacidad para comprender cómo en un presente donde la expectativa de vida es de 80, cada vez más personas se van dejando sin vivir los años que les correspondían.

En la película “El león en invierno”, el rey Enrique II, recién cumplió los 50 años y se siente solitario, incapaz de hacerse comprender por nadie porque, dice, no conoce a nadie que sea mayor que él para discutir la sucesión de un gobernante que, para la época, debía haber muerto ya.

Cincuenta años eran demasiados vistos desde casi diez siglos después. Hoy, nuestros ancianos parecerían acreedores a hechizos de inmortalidad frente a la terrible costumbre medieval de morir tan joven; sin embargo, es abril del 2018 y los obituarios y las esquelas no tienen empacho en mostrar el nombre completo y la edad de difuntos on 18, 35, 52 años. No hay error, tampoco límite, porque un ejercicio exhaustivo de creer esta verdad como algo atípico, me ha llevado a sorprenderme cada día con la multiplicación de muertos precoces.

La definición de esperanza de vida consiste en los años que un recién nacido puede esperar vivir si los patrones de mortalidad por edades imperantes en el momento de su nacimiento siguieran siendo los mismos a lo largo de su vida. Para mí, es la inversa del fenómeno Cenicienta: Puedes ir al baile si barres, trapeas, lustras, lavas, cocinas, sacudes y planchas; en este caso la promesa de alcanzar los 77 años esperados está condicionado a comer de tal manera que se nutra el cuerpo en un sitio donde sea capaz de generar los anticuerpos a cierto medio ambiente –no a otro- en el cual la persona se comporte de modo tal que no se exceda, no se extralimite, no se exponga, no se arriesgue y no le caiga el chahuistle.

Es vox pÓpuli este asunto de encontrar, cada vez más, edades impensables en los obituarios, peor algo me dice que la esperanza oficial de vida en el país no va a cambiar porque a cualquier gobierno se le vería muy feo que se le mueran los muchachos y las muchachas.

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14 Abril 2018 04:00:00
¿Adivinen qué?
Escuché que una mujer lanzó la iniciativa an-eyebrow, es decir, dejarse crecer el pelo de las cejas hasta que se unan y formen un todo completo. En cuestión de apariencia yo lo pondría en discusión, pero a modo de hacerse ver, será una cosa indiscutible, porque hay casos de violencia profunda contra las damas que invierten toda una tarde en perfilarse las cejas y sus maridos no se dan cuenta de algo tan, pero tan evidente en el rostro de su mujer. ¡Por Dios: quién dejaría de notar que se perfiló la ceja!
Pues nada menos, el otro día, a una amiga le sucedió algo parecido con unos zapatos nuevos. Los compró con tanto entusiasmo porque al fin había encontrado el tono beige –como los que ya tenía- pero con un filito café tan femenino. Ahí tienen a su marido: Ni cuenta se dio del cambio tan radical obrado en las piernas de su esposa gracias a la nueva adquisición. No, si todos son iguales.

Hasta aquí el sarcasmo. En esta ocasión juego el partido en el equipo masculino, porque la mente femenina parece exigir detalles de pintor medieval a la atención del sexo opuesto. Haré una analogía: Todas sabemos lo terrible en la pregunta masculina ¿qué hay? cuando les cuestionamos sobre sus preferencias para la cena. Ahora yo les digo, a ciencia cierta, que en ellos surte el mismo efecto si los recibimos con un ¿adivina qué? porque en realidad los enfrentamos a una circunstancia entre “La pregunta de los 64 mil pesos” y “Cien mexicanos dijeron”.

Hay razones biológicas, orgánicas, anatómicas para esa distracción hacia el detalle. Ellos verán un conjunto en tanto esté dentro de los límites terrenales; es decir, solo atraeremos su atención especial si nos aparecemos frente a ellos con un abrigo de piel -cuya procedencia desconocen- en el verano, o sin nada encima, en cualquier día del año.

Lo más claro es lo más decente – sin hablar de tintes para el cabello, por favor-. Suena poco romántico, pero es más sencillo decirle el santo y seña de nuestro nueva apariencia, tan evidente entre las féminas, pero imperceptible al ojo masculino.

Las ventajas de evitar las adivinanzas radican, principalmente, en enviar una vana. No cuesta tanto; por otro lado, para alimentar el ego, se organiza una reunión de mujeres quienes, antes de saludar, alabarán el finísimo trabajo en el perfilado de las cejas.

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13 Abril 2018 04:00:00
Puesta al sol
Una de las películas animadas mejor hechas es la de Tom y Jerry y los piratas hermanos. Durante la búsqueda del tesoro, en algún momento el espíritu guardián del mismo, una jocosa calavera, les advierte que, salvo cumplan con sus mandatos, morirán al amanecer.

La voz amenazante se escucha clara al inicio, y luego se va perdiendo aunque se entiende claramente como el plazo termina apenas se asome el sol. Igual que con Fiona, la de Shrek, pero al revés: A ella la buenaventura le empieza cuando sale el sol y le termina con la puesta.

La historia ha usado al amanecer como pretexto, amenaza, motivo, esperanza, promesa, sentencia, señal, prueba y confirmación. Los duelos tenían el horario preciso en él, marcaba el término de un plazo, su luz daba elementos para iniciar algo, la fiel presencia ofrecía posibilidades, su tiempo fue usado como momento clave, los fusilamientos se hacían a esa hora, su aparición mostraba la circularidad de la Tierra, su existencia evidenciaba otra y daba por hecho una presencia poderosa.

Todos los verbos están puestos en pasado, no porque los fusilamientos dejaran de existir o los duelos ahora prefieran la oscuridad, sino porque casi nadie tiene ya como signo relevante la aparición del sol en sus mañanas.

Las sociedades de antaño tenían en el amanecer un símbolo de laboriosidad y costumbre. Levantarse con el sol –y acotarse cuando este lo hacía- era una rutina muy bien vista, apegada al funcionamiento de la naturaleza, claro está, cuando el ser humano era amigo de la naturaleza, no su contrincante.

Si la puesta de sol ha sido motivo de numerosas alabanzas poéticas y plásticas, el amanecer tiene una mayor trayectoria como protagonista en los momentos más importantes de nuestra historia.

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12 Abril 2018 04:00:00
Cabello del deseo
El cabello es un tema polarizado entre los seres humanos: Bien se convierte en objeto del deseo o en el deseo de cabello; si Dios nos hizo el cuerpo, supongo que el pelo es cosa del demonio.

Los hombres poco manifiestan su acuerdo o desacuerdo con el tipo de cabello otorgado por la naturaleza –los milenials no entran en esa lista-, pero en ambiente femenino, las células que componen a la mujer nunca dan con bola sobre el deseo capilar de su poseedora.

Las investigaciones para generar tecnología relacionada con el cabello han seguido un parámetro muy sencillo: Buscar la manera de deshacer lo hecho. Máquinas para hacer rulos en el pelo lacio, otras para hacer lacio en cabezas chinas; si es ondulado nada más, entonces deberá convertirse en hirsuto; si se trata de un caso medio de cabello lacio, entonces se buscará la caída perfecta.

Algo que no se ha desarrollado, y tal vez nunca se logre, es el aparato capaz de acomodar cada uno de los cabellos femeninos en el lugar correcto. Puede estar perfectamente lacio o correctamente chino, pero siempre se requiere un acomodo constante a cargo de la portadora.

Es fácil ver lo anterior en las entrevistas hechas a las actrices. Están listas para las cámaras, arregladas, bañadas, planchas y pasteurizadas para no mostrar defecto alguno; sin embargo las manos empiezan a mostrarse tras los primeros 30 segundos de transmisión: Se aplanan el fleco, se acomodan el chino, sacuden la melena, pellizcan las ondas, lanzan un rulo atrás y luego lo traen al frente.

Es tan relevante el asunto del cabello y las manos que la neurolingüística dedica capítulos completos al análisis y la significación del movimiento. Se dice, en primer término, que el juego cabello-dedos es un intento de seducción, pero es mucho más complejo que eso.

Una mujer se toca el pelo si está preocupada o ansiosa; se lo mece si está al punto de la locura o temerosa; se lo arregla si está insegura, lo acomoda si se encuentra insatisfecha; lo pule si guarda un secreto a punto de explotar, lo peina si se enoja.

Como se ve, el juego seductor no es cualquier tocada de pelo, sino un concierto completo de mensajes que no planchará ningún aparato en el mundo.

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11 Abril 2018 04:00:00
Mi lado silvestre
Mis problemas de columna debieron empezar aquella tarde en la escuela primaria, cuando me monté en las botas de Marilú para bailar el Tamatán que tan aplicadamente nos enseñó la profesora Catita.

Una madre hace cualquier cosa con tal de ver a sus retoños en la fiesta de fin de cursos; esto ha sido y será siempre, claro, con sus diferencias bien guardadas. Si en el pasado nuestras profesoras aprendían desde la Normal todos los jarabes, polcas y pasodobles, en la actualidad deben haber cambiado la currícula por Zumba, Tubo I y Tubo II, pues a los niños ?y más a las niñas- se les cuecen las habas porque llegue la fiesta para despojarse, con permiso, de una gran cantidad de prendas y bailar, en medio del patio, ese ritmo desenfadado el resto del año.

Algo tendrá este festejo para cerrar el ciclo que provoca tal euforia en la comunidad escolar; bien valdría la pena investigar su esencia para repetirlo entre los semestres, muy bien nos haría que mamás y papás se empeñaran tanto en buscar la fórmula para que los hijos aprendan a usar la tablas como lo hacen para encontrar el leotardo color naranja que usarán en el bailable.

Los niños siempre se ven muy bien ejercitando sus humanidades con orden y coordinación, es solo que no comprendo el afán por perder la galanura guardada durante un año y desbordar el lado silvestre organizando ritmos de perreo con movimientos que en mucho pueden determinar la orientación vocacional de sus participantes.

Alguna vez acudí a Atotonilco, Guanajuato, en día de carnaval. Resulta que la gente aprovecha el festejo para disfrazarse y ocultar perfectamente su identidad, con ello podrán dar rienda suelta a sus bajos instintos y nadie sabrá quién con quién. Yo, claro está, solo era turista.

Pues algo así me resultan las fiestas escolares en fin de año: Las chiquillas pueden acortar sus faldas, alargar las pestañas, pintar la cara, estirar las uñas y crecer su estatura con tacones hasta del 10; así, tienen su día especial. Miren cómo cambian las cosas, cuando las mujeres crecemos, una jornada esperada consiste más bien en lo contrario: Olvidar las faldas, perder las pestañas, despintar la cara, morder las uñas y andar descalzas.

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10 Abril 2018 04:00:00
Los leggins y la dignidad
Nunca esperé ver estas dos palabras en la misma frase, sin embargo, debo aceptar la felicidad que me provocó encontrar artículos esperanzados en que las usuarias de esta prenda de ropa comprendan el enorme compromiso que significa portarla.

El texto disponible en la web se llama “Leggins, reglas de etiqueta para usarlos”.

Técnicamente hablando, no hay manera para ponerse de etiqueta llevando leggins, pero los autores del texto fueron muy listos al llevar a un plano imposible una prenda irreversible. La regla primera lo dice todo, porque aclara, con énfasis, que los leggins no son pantalones ni pantimedias, no se llevan a la oficina, no van bajo el vestido ni con botas y blusa corta, no están hechos para lucir la pantaleta ni la transpiración del gimnasio, y si los blancos son malos los que tienen color piel son peores. Queda claro que usarlos es un reto a la naturaleza femenina.

Junto con los leggins yo colocaré el pantalón deportivo. No con la censura abierta de aquellos, sino en una época muy particular de la mujer, y me refiero a la dama jubilada. Nada podría deprimir más a una fémina que resignarse a los “pants”.

El impulso por la belleza pública parece tener caducidad al día siguiente del último día laboral. Entretenerse en el espejo para algo prohibitivo para una gran cantidad de mujeres quienes consideran que han cumplido ya su labor de enchular al mundo si completaron los 30 años laborales o los 60 de edad. Siendo que hay moda para la coquetería de cualquier edad, pero la supervivencia de la hermosura no está tan relacionada con marcas como con actitud.

Cuando yo era una jovencita escuchaba de un temor fundado sobre jubilarse e ir a morir a casa, por ello muchas mujeres se resistían a ir a casa. Ahora creo que si no hay un plan de vida post-laboral y demasiados pantalones deportivos en el guardarropa, el riesgo es inminente, muy inminente.

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07 Abril 2018 04:00:00
Asunto mancomunado
Ir al baño, en cuanto acto volitivo, personal e intransferible, pareciera ser un asunto sin mayor trascendencia. Mi diatriba es cómo el asunto de entrar al sanitario es ahora un acto, imperante sí en nuestras vidas, mas hoy simbólico, determinante de estatus y definitivo para nuestra posición socioeconómica.

En un lugar público, una chica caminando sola al baño es un grito tajante de escasa popularidad; la modernidad dicta que debe ser un acto colectivo de plena socialización en tercer grado, cuya finalidad es la comunicación no solo en el mismo idioma, sino en códigos dialectales que es menester conocer para formar parte de una comunidad, congregación o clan. Por qué a los hombres les importa un bledo acudir solos a solventar la urgente necesidad, es un tema pendiente en mi agenda de soliloquios.

Sé de casos en que las damas acuerdan pactos diplomáticos para acompañarse en público hasta la puerta de Ladies, aunque ya dentro ni siquiera puedan verse, pero el género las obliga a solventar semejante compromiso ante los otros. Son reglas de guerra.

Por otro lado, el baño público se ha vuelto un búnker de acuartelamiento en donde se resuelven los más intrincados problemas, se dictan las tácticas de guerra, llevan las espías sus informes actualizados y retocan sus disfraces las agentes encubiertas. ¿Por qué los salones de fiesta tienen mullidos sillones frente a los lavabos? Lo anterior responde ampliamente a esta pregunta y también a otra cuestión: El baño de caballeros no tiene love seat pues no lo necesitan para leer ahí dentro.

Los asuntos resueltos en este recinto son temas de máxima seguridad, desde ahí se han resuelto noviazgos o desecho matrimonios; estrategias completas contra el enemigo pueden planearse frente a los grandes espejos, a fin de cuentas, hay suficiente papel en el dispensador para secarse las manos.

Desde el “ahí va el agua” que dicen usaban en la edad media para avisar cuando vaciarían sus bacinicas por la ventana, hasta una bien diseñada sala de juntas, el baño puede preciarse de tener historia propia.

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06 Abril 2018 04:00:00
‘Dijió’
Somos unos eternos inconformes. Eso, justamente, nos volvió humanos e inconmensurables. Apenas creemos que nos tenemos asidos, y no es cierto: Ya andamos subiendo un escalón que parecía existir únicamente en la imaginación.

Los niños son quienes más sorprenden, y quizá lo harían hasta la adultez si no les coartásemos tan temprano el ensayo de la genialidad. En cuestión del lenguaje, y sin discusión alguna, ellos se manifiestan inconformes con el arbitrio vocal que les enseñamos y cantan sin descuido un “dijió” y “escribido”.

Enseguida, los grandes “los hacemos entrar en razón”. ¡Vaya ironía!
Esa es una de las inconformidades a que aludo en el primer párrafo, mas quiero abundar en otra. Son las categorías en que están clasificados los pasos seguidos para aprender. Parece como si todo estuviera dicho ya: Memorizamos, transformamos, adecuamos, aplicamos, creamos, evaluamos. Y colorín colorado. Quedaremos muy conformes cuando nuestros niños suban esas escaleras. Pero estoy inconforme con ese final. Quisiera aprendices cosificando ese escalón imaginario. Es más, ya le puse nombre: Analogar, por hacerlo un verbo.

Hacer una analogía, creo y pienso, es llevar un aprendizaje al colmo de su racionalización. Es como resolver un problema de “por” –así les decíamos a las multiplicaciones- aunque nos cambien de lugar las cifras, descubrir a Hitler así esté vestido de mujer, es, en fin, llegar al fin de un proceso completito. Tengo un buen ejemplo para toda esta teoría.

Un niño de siete años, luego de escuchar la canción “Corazón en fuga”, de Silvio Rodríguez, meditó cómo el cantante, al igual que él, deseaba convertirse en capitán de barco pirata, en viajar como Simbad y ponerse una escafandra. Pero volvió a sur realidad inmediata y supo que ni siquiera podía ir solo a la colonia vecina porque el peligro acecha. Entonces hizo esta analogía: “El corazón de los malos es como un hoyo negro, porque chupa todo”.

¿Cuántos pasos siguió esa cabecita para llegar a la analogía? Mucho hubo de asimilar a partir del bombardeo diario con la información espeluznante que lo aterrizó en la comparación, bastante precisa para mi gusto, de cuánto le han quitado los sueños esas hordas de inexplicables.
Sí, también estoy inconforme con esto último.

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05 Abril 2018 04:00:00
Boca abajo
Hoy les tengo una propuesta. Es una cuestión lógica, si la piensan detenidamente. Muchas parejas hacen contratos prematrimoniales en donde especifican cómo repartirán sus bienes –los males cada quien se queda con ellos-; detallan desde la casona hasta el arenero del gato; algunos incluso se preocupan por prever el futuro de los hijos. Pero, hasta donde sé, ninguno incluye qué van a hacer con el sentimiento ese que tenían cuando casaron uno con el otro.

Fíjense bien el cuidado que tuve de no poner la palabra amor, porque suele suceder que ese se convierte en otras pasiones durante el tiempo de casados, desde odio hasta compasión, donde ésta última es peor.

Pues se me ocurre hacer un copy paste de los principios que rigen AlAnon (Alcohólicos Anónimos). Como sea, el apego al alcohol y la insistencia al amor, ambos se vuelven vicio ¿qué no? De acuerdo en esto, paso a detallar mi genial idea: Hagamos contratos de amor por 24 horas.

Consiste en un acuerdo de renovación, una promesa en este tenor: “Te amaré profundamente… las siguientes 24 horas”. ¿Y luego? Pasado este lapso, se renovará a voluntad.

¿Cuáles son las ventajas? Muchas, a saber:
•Nos libramos del susto inenarrable del “para siempre” porque como no lo podemos medir difícilmente lo digerimos.
•Sabemos de la posibilidad que tengo yo –y el otro también- de no renovar su trato al día siguiente, así que haremos nuestras mejores galas a cada momento.
•Es más fácil entrarle a un esfuerzo de permanencia por lapsos cortos, como con las dietas: Si un médico nos dice que comeremos cual pajaritos el resto de la vida, eso implica la muerte; sin embargo, servirnos lechuga por una semana, suena asequible.
•Y lo mejor: no habrá día en que olvidemos decirle al otro que lo amamos tanto como para quedarnos otras 24 horas a su lado.

Una recomendación nada más: junto con el recadito “tómate la pastilla”, peguen el juramento en el techo de la recámara y no habrá pierde. Claro está, no duerman boca abajo. ¿A poco no es buena mi idea?

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04 Abril 2018 04:00:00
Sobra y basta
Su mayor preocupación radicaba no en la in fidelidad de alguno, tampoco en si el trabajo del hombre era suficiente para darle una buena vida a la familia, en realidad, la oscura idea rondando por su cabeza era el inminente fin de ese matrimonio porque ella no dedicaba tiempo suficiente a su marido.

Pido encarecidamente que ninguno de ustedes me acuse de plagio, porque la historia arriba descrita es tan suya como de él, de ella o mía. No es un cuento de antaño, tampoco privativo de clases bajas o medios rurales, sino una realidad cotidiana en todos los niveles socioeconómicos.

Mi mente peregrina, al escuchar por primera vez semejante cosa, no se puso a elucubrar sobre cuánto podría yo estar incurriendo en el delito grave de desatención al marido, sino que hurgué entre mis archivos buscando una estadística que definiera con precisión cuánto es el tiempo suficiente que una mujer debe dedicar a su pareja.

Ser esposa no se trata de un empleo justo, por lo tanto, no podría decirse que 40 horas a la semana son bastantes. Ahora bien, siendo este papel de tiempo completo, ni siquiera se cubriría con doble turno, sino que toca horas extras. El tema es escabroso porque, siendo justos, tendría que estar tasado también un tiempo suficiente del hombre hacia la mujer, pero ese se exime por “obvias razones” que al fin y al cabo, no son tan obvias.

Hablando de estándares, una mujer casada y con hijos que trabaja una jornada laboral de ocho horas diarias, tiene 16 libres para dedicarle a la familia. A ese resultado le quitamos siete para dormir y nos quedan nueve, lo que resulta en 45 de lunes a viernes y 48 horas los fines de semana. Esta cuenta sería perfecta si estuviésemos hablando de una máquina de refrescos o una computadora de semáforo, porque ni siquiera una lavadora aguantaría semejante ritmo dando un servicio a terceros.

Las mujeres casadas que trabajan están dedicando también ese tiempo a su esposo y a su familia pues, en el fondo, a todas nos resultaría mucho más cómodo estar en casa si tuviésemos nuestro futuro y el de los hijos más que asegurado. Cuando esto suceda, todas nos dedicaremos a hacer obras de caridad con el excedente monetario que percibe ese marido cuyas necesidades de atención están siendo calculadas por ajenas miradas.

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03 Abril 2018 04:00:00
Fuera de lugar
Yo tenía puesto el “yómper” –mil disculpas ido a la Real Academia- azul marino de la primaria, con su respetiva blusa blanca. Una enorme mujer parada frente a mí me acusaba de algo incomprensible aunque, seguro, era en defensa de su hijo.

En cuanto mi madre se percató, dio tres zancadas, llegó al sitio y le dijo con firmeza. “¿Qué problema tiene con mi hija?”

Tal parece que arreglaron bien, como dijera don Cornelio –que Dios lo tenga unciendo yuntas-, sobre todo porque era impropio de un adulto agredir a una menor dentro del salón. Es, decir, la mujer pecó de desigualdad y actuó fuera de sitio.

De ahí en adelante valoré la profundidad que tiene ese reto escuchado, o protagonizado, por todos quienes pasamos por la escuela: ¡Te veo a la salida! Piénselo con seriedad y se darán cuenta cómo cumple con todas las reglas de combate; digamos que todo documento sobre ética de la guerra –y vaya que los hay- tendría que incluir esta declaración.

En primer lugar, nadie está desprevenido. Tanto el retado como el retador tienen claro el lugar, la fecha y la hora; ambos se conocen y pueden calcular sus posibilidades y, por si fuera poco, hay tiempo para planear la táctica.

Siempre que alguien profiere esta frase, sabe que tocará reunir a sus allegados, mismos que, conocedores de la regla, no intervendrán en el pleito más que como árbitros, quienes podrán dar fe, un poco como la ONU, de que el otro bando actúe de la misma forma; en segundo término, harán de Cruz Roja llevando al vapuleado hasta la casa de su mamá para explicar más o menos cómo sucedieron las cosas.

Ese “te veo a la salida” también ofrece la oportunidad de la rendición. Salir por otra puerta, escaparse a las carreras antes que los demás o pedir a sus aliados de otro grado le den asilo político… o avisar al profe para que regañe al revoltoso y evitar el bullying, todas son posibilidades viables entre la hora del différend y el timbre último del día.

Y volviendo a mis años muy mozos, si la señora de marras hubiese respetado las reglas de la guerra, debería haber esperado a la salida, así, podría haber decidido si enfrentaba personalmente la contienda o mandaba representantes, tal como hace el príncipe con Shrek en la primera película.

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30 Marzo 2018 04:00:00
Una protesta
Los libros con personajes humanos siempre son una protesta. Es una falacia que un autor sea tan capaz como para deslindarse de sí mismo cuando se da a la tarea de procrear a alguien con sentimientos y emociones.

Las narradoras latinas sirven bien para ejemplificar este razonamiento; de entre ellas, las feministas; de entre ellas, las mexicanas. Pongamos atención en el progreso literario de sus escritos y encararemos recurrentemente una historia propositiva, de liberalismo femenino con intervalos de una soledad decidida y mesurada. La segunda etapa consiste en generar párrafos entre los que trasluce una inconformidad indecisa porque toda la ansiada liberación resultó que no era el fin sino el camino para llegar ¿a dónde? Bueno, me parece que la meta era volver al principio, ponerse de nuevo en medio de ese mundo monstruoso dominado por lo masculino y tratar, una vez más de entender el rol de la mujer de modo que nos deje satisfechas luego de ese peleado viaje por entre la diatriba de encontrar la jerarquía superior hembra-macho.

Hay una tercera etapa: la protesta abierta, desgarbada, incontrolable pues la liberación femenina entre las letras consistió en un viaje circular. Las personas y los personajes acabaron en el mismo sitio de partida y sin que nada sea más claro al final que en el principio.

En conclusión, todas las mujeres que escribimos sobre asuntos de género –pero todititas- siempre acabamos escribiendo de mujeres. Y es que nadie encontró ya las respuestas a pesar de tanto cotilleo en foros y pasillos. Al final de la vida sabemos que todo ha sido una búsqueda inútil y estamos como en el arranque, en busca del entendimiento que nos pueda explicar exactamente cuál debiera ser la función femenina en este mundo cuyo nombre tiene una “m” frente a sí en todos los diccionarios.

La mujer protagonista en “Vivir la vida”, de Sara Sefcovich, me hizo pensar en todo esto asunto. No, en realidad no fue aquella, sino esta. La autora, venerada entre las feministas, describe en 200 páginas cuánto una vida completa de mujer puede pasar entre la indecisión y las veleidades de los otros. Es una fantasía, una exageración... una protesta a fin de cuentas contra una sociedad que no deja decidir a las mujeres, aunque a veces parezca que sí.

Mi dilema es que no puedo caer en la cuenta de esto: ¿En qué consiste el viaje feminista? A menudo me parece una huida para desafanarse del problema; luego, pasadas dos o tres novelas, enfrentar la realidad. No hay queja en todo esto: Las letras feministas me han entretenido sobremanera, más cuando pienso en las autoras, gastadas en la insistencia, solo deseo que, ya de vuelta, hayan disfrutado el viaje.

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29 Marzo 2018 04:00:00
No eres tú
Hubiese sido interesante datar el momento histórico cuando un caballero decidió proteger la integridad de su dama, respetadísima sí, pero dejadísima también, cuando le argumenta “no eres tú, soy yo”. Aunque el hombre ya tenía en mente volar del nido, la inmarcesible frase tiene una innegable marca de sensibilidad: Sobar antes del golpe, podría decirse; un poco de buena voluntad para no dejar tan averiada la dignidad del otro o la otra.

Considero que la idea contenida en esa frase ahora propiedad de la vox populi bien podría ser modelo para otras que vendrían como anillo al dedo, como mantequilla al pan o como bandera blanca a la guerra.
No es necesario decirlo yo, ustedes han sido testigos, partícipes e incluso protagonistas de una discusión que inicia con un decir inocente, sin mayor propósito que hacer plática, buscan consenso o saberse aceptado. “¡Qué frío hace!” alega uno, y el otro responde sorprendido con una negación tajante. Algo así se volverá suficiente para una contienda verbal sobre si este es friolento y la otra menopáusica y bochornosa.

Que si la comida está salada o insípida es otra situación de riesgo, pues donde a uno le parece buena la sazón a otro le resulta inadecuada y difícilmente alguien aceptará que cayó en vicio o bien, que no percibe del todo bien los sabores.

La hora del día para ser considerada tarde o temprano, la estatura, la delgadez, el color de la piel, el clima, los tonos del vestido, el volumen, las otras voces, las otras personas, la cantidad, la calidad, en fin, esta lista compuesta con desacuerdos es interminable.

Imagínese usted si dos mujeres al tazar el largo de un vestido dejarían de decirse cosas como “Es que tú estás muy chaparrita” y el comentario fuese así: “Es que yo estoy muy altota”. Al contrario del debate, vendría una andanada de adjetivos positivos sobre las virtudes de medir más que 1:60 metros.

Cierto, si lo está pensando, a mí también se me había ocurrido: Tal vez la vida, entonces, sería muy aburrida.

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28 Marzo 2018 04:00:00
Alto y sonante
Cuando Eugenio Derbez se atrevió a poner un “fue horrible” en una película internacional, quedó claro que nacionalizar el cine en las traducciones era una opción excelente para la mercadotecnia. El problema empezó cuando los productores pasaron de nacionalizar a vulgarizar.

Todas las lenguas conviven siempre en dos versiones, llamadas cada una desde tiempos ancestrales como culta y vulgar. Ninguna de ellas, históricamente hablando, buscaba iniciar una clasificación social, solo se tenía la idea de que las personas estaban predestinadas a una clase de la cual no era posible salir; entre otras cosas, la forma de hablar permitía distinguir al culto del inculto. Aunque, en honor a nuestros antepasados pobres, el inculto lo era antes porque no se le daba acceso a la cultura; hoy, en cambio, quien se mantiene al margen es por voluntad.

De esta manera, quien utiliza hoy en día la versión vulgar del español es resultado de su elección, respetable en tanto no vulnere el derecho del otro a no escucharlo. Esto último es justamente el problema del cine y sus versiones nacionales. México, ante el mundo, es ahora un país de hablantes cuyo léxico está plagado de altisonancias, por lo menos eso creen directores, productores y guionistas de cine y series infantiles de canales que se suponen constructivos.

No es difícil escuchar en boca de personajes principales términos ofensivos que eran privativos de malandros con papeles secundarios en películas para adultos. Se eligen palabras a más de innecesarias, agresivas, que violentan escenas simples y que a menudo deberían ser graciosas y no agresivas.

Nadie ha informado a los productores cinematográficos y televisivos que no todos los mexicanos gustamos o necesitamos del lenguaje vulgar, aunque podamos comprender sus huecos mensajes.

Lo difícil de asimilar será aceptar que el cine y la televisión legitiman, por ende, hablar vulgar pasará de ser una opción a un acto obligatorio.

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27 Marzo 2018 04:00:00
Polvo fuimos
La máxima “polvo fuimos y en polvo nos convertiremos” fue, antes que un axioma filosófico, una realidad inexorable para todos los niños del rancho.

Las escasas fotografías y los innumerables recuerdos dan fe de cuán evidente era la supremacía del polvo en el cuerpo del niño campirano, pues de pies a cabeza nos habitaba todo el año sí, pero con mayor determinación durante la Semana Santa.

Si bien no soy nacida en el rancho sí crecí y he renacido en él. La relación estrechísima entre los chiquillos y la tierra no ha tenido cambio alguno, pues siguen teniendo una relación indisoluble e involuntaria.

Una de las pocas imágenes que conservo de mi persona a eso de los seis años delatan esa realidad innegable: estos en cuclillas acariciando unos pollos vigilados muy de cerca por su gallinácea madre. Mi cabello llega apenas al cuello pero se ensancha en maneras imposibles de norte a sur simulando ondulados brazos en color plata.

No encanecí precozmente; el plateado en mi cabeza respondía a las inmedibles cantidades de tierra a las que nos exponíamos en el rancho. Así como el cabello, lucían cejas, pestañas y cada prenda que nos cubría, incluida la interior, pues la tierra volátil se las arregla para introducirse de forma homogénea y democrática a los sitios más recónditos del cuerpo infantil.

Los ojos de los niños en el rancho crecen durante estas vacaciones: el polvo blanco deja círculos en derredor de los párpados, único espacio anatómico que recibe, de vez en cuando, una limpieza rápida a fin de observar bien el panorama seco y airoso de la Pascua.

Es tierrita limpia, el polvo necesario, es aliento natural, es memoria cristiana; todo eso contiene ese talco inocente que viste a los chicos del campo en una época del año cuando todo es más importante que mirarse cual polvorón al volver a casa.

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24 Marzo 2018 04:00:00
El indígena que llevo dentro
No imaginan la hilaridad que desató entre mis alumnos esa fotografía. La mujer tenía una mirada fija hacia un punto distante, cuya ubicación precisa desconocemos hasta el momento por culpa del marco, pues la pintura termina justo frente a los ojos de la dama papúa.

Pero no fue ese detalle el motivo y la razón, sino las líneas coloridas que dividen su rostro en dos faces, como esos eclipses de barro que venden en San Miguel de Allende, como in Yin y el Yang, como la uña y la mugre. Ella estaba decorada quizá para algún festejo tribal, por ello dos líneas rojas brillantes la hacían más mofletuda del lado izquierdo, y los puntos blancos en círculos concéntricos le ponían un bucle en el derecho.

Ya se imaginarán a ese grupo de 30 muchachos preparatorianos y sus comentarios de entre adulto y niño: “Mira: Como Mirna”, dijo uno y todos le dieron la razón pelando los dientes. El asunto es que, en efecto, la chica comparada no tenía mucho de diferente con la indígena, solo que aquella portaba, además de los colores, tres piercing a la vista.
La señorita eligió, para esa mañana, una sombra verde fosforescente combinado con blanco tungsteno para decorar los ojos, con una dala final en negro que sobrepasaba, por mucho, los límites del párpado.

Desde otra fila una alumna aseveró que nada más le faltaba la diadema que portaba la protagonista en la pintura. Sin embargo, para colmo de males, ese día Mirna decidió un tocado de moño con esas redecillas navideñas escarchadas con diamantina multicolor. Todo estaba ahí.

Cuando logré volver el orden a la clase, les mostré fotografías de mujeres cuyas tradiciones tribales las hacen colocarse aros en la nariz, platos en las orejas y cuelleras metálicas los primeros 13 años de su vida; bueno, en ello consiste la belleza allá. “¿Y aquí?” Les pregunté.

Mirna casi se traga el aretito que le sobresalía en el labio inferior y fingió acomodarse el pelo para ocultar los ocho que había colocado, en fila india, en el lóbulo derecho. Ahí me enteré que casi la mitad de mis alumnos tenían por lo menos un metal incrustado en ciertas partes de su anatomía, incluso en rincones cuya existencia desconocía entre los humanos.

Tal parece que el modelo de belleza muy poco ha cambiado: Sea que hablemos de pieles tatuadas, un ratito o para siempre; salientes óseas por inyecciones de coral o polímero –esto para los pobres-; prótesis mil, o exageraciones labiales. Bueno, a estas alturas, los muchachos estaban escurridos en sus bancos y sin argumentos para defender su onda, supuestamente original.

Decidimos, en acuerdo unánime, pasar a otro asunto.

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23 Marzo 2018 04:00:00
Un emoji para ti
Estimado Amigo en Face Book:
Después de darte un “me gusta” por el más reciente álbum de fotos, paso a hacer mis comentarios sobre tus muy interesantes publicaciones y a compartir con todos nuestros amigos comunes este sentimiento que me crece como si alguien me hubiera dado un toque, hablando en Facebook, claro está.

Sé que podrías considerarme fuera de lugar, anacrónica y hasta ceder a la tentación de pulsar un “ya no me gusta”, pero la honestidad, creo yo, es un valor vigente también en las redes sociales; además, si no te digo esto, seguramente otra persona lo escribirá en tu muro, entonces, mejor lo hago yo.

Cada vez que ingreso a mi FB y te veo ahí, con tu cara tan atenta, sonriente y hasta misteriosa, con tu respectivo puntito verde a la derecha, símbolo de tu presencia constante en mi vida, esa esencia ecológica, una actitud de siempre adelante, como semáforo sincronizado, siento que la vida me sonríe, parece como si todo, al final de cuentas, estará bien, suceda cuanto suceda. ¡Vamos, si un amigo está en verde en la lista de contactos qué más da si los mayas vaticinaron el fin del mundo!

Bueno, amigo mío, a pesar de todo ello, siempre me queda un resquemor cuando platicamos y tienes el gran detalle de no desactivar el chat para mi persona. ¿Por qué? Te estarás preguntando; es sencillo: No puedo evitar ver cómo actualizas tu muro mientras chateas conmigo.

Sí, lo sé, todos hacen lo mismo, pero es como si estuviéramos charlando a media calle y de pronto decides ir con otro amigo a la máquina de galletas, y en el camino aprovechas para lanzar un piropo a un tercero –o tercera. Todo esto sin contar que, es probable, estés al mismo tiempo contestando una llamada, respondiendo un caduco correo electrónico y guiñando el ojo a la nueva de administración.

No, por supuesto, nada de ello es envidia por tus múltiples capacidades simultáneas, pero reclamo mi tiempo personal como lo merecía antes. Recordarás los minutitos robados a la oficina con el pretexto de sacar copias –cuando había copiadoras-, tomar un respiro –cuando las empresas no metían oxígeno en el minisplit- o de perdido ir a ver si puso la marrana; entonces uno entablaba conversaciones profundas de cinco minutos, pero personalizadas a más no poder. Todo cambia, bien lo dijo Lupita Pineda, pero el alma se arruga de cualquier modo.

Entiendo mucho la imposibilidad en lo que pido, pero no podía abstenerme de decírtelo antes de cerrar mi sesión, absteniéndome de buscar amigos, quienes puedan lastimarme el corazón con su desdén simultáneo de facebookeros.

Me despido de ti con la promesa de seguir tu publicación y la esperanza de que pronto actualices tu perfil como el que le hace caso a Dalia. Un emoji para ti.

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22 Marzo 2018 04:00:00
Cabuches y chicales
Todo mexicano decente debería estar con el alma en un hilo antes las difíciles condiciones que se ven venir por las negociaciones del TLCAN: Si inevitable impacto en la comida de Cuaresma podría dar al traste con esta tradición.

Hace ya un par de años que las cosas se pusieron complicadas para las señoras, pues las autoridades de protección ambiental restringieron la venta de cabuches en el mercado.

Así, de la colorida opción de encontrarlos en cualquier vendimia de la época, se tuvo que pasar al mercado negro, pues esta flor tiene en su vientre la semilla de una importante cactácea aparentemente amenazada por la extinción.

A decir de los medios, las discusiones sobre el Tratado de Libre Comercio fluctúan entre la cantidad de minerales permitida en los cangrejos hasta si las etiquetas del refresco van en minúsculas o mayúsculas, pasando por la permisividad o prohibición de las mazorcas con cierta cantidad de granos y otra específica para los pelos.

Este asunto del maíz es el más importante en lo que respecta a la época cuaresmal, porque si se decide exportar toda nuestra producción a, por ejemplo, Asia, no veo claro cómo tendremos suficiente para los chicales.

En lo que respecta a la flor de palma, si los mexicanos ya no podrán viajar a Estados Unidos, muchos deberán conformarse con viajar a parajes nacionales, mismos que deberán de ser rehabilitados y adaptados a gusto de clientes acostumbrados a playas prístinas. Podría suceder, quién puede saberlo, que toda la palma de flor sea sustituida por palma cocotera puesta a propósito en playas artificiales.

Las tortas de papa no parecen correr mucho riesgo, a reserva de ser un tema pendiente en la agenda del presidente norteamericano; sin embargo, las de atún sí me tienen con pendiente por ser un producto peleado en el mercado de comestibles marinos.

¿Qué será de la Cuaresma después de Trump?

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21 Marzo 2018 04:00:00
Fuego fatuo
Me falta razón y entendimiento para comprender la definición que la Real academia hace de la palabra “fatuo”. Dice, a la letra, que es el adjetivo para algo lleno de presunción o vanidad inundada y ridícula. Bueno, este fuego fatuo del que hablaré está henchido de orgullo por su origen y su fugacidad.

Se conocen como fuegos fatuos aquellas llamaradas misteriosas que son, al parecer, generadas por sustancias combustibles que en químicas reacciones se encuentran en concubinatos sospechosos entre el polvo y el cuerpo inerte de los difuntos. Son tema de leyendas, narraciones cuya mala intención es espantar y cuentos que parecen verdaderos contados por la gente mayor.

El fuego fatuo este que me ocupa también es misterioso, pero con buenas intenciones; es contado por la gente mayor, pero se convertirá también en una leyenda apenas acaben de morir los viejitos de mi rancho.

Son fogatas puestas una aquí, otra allá, una acá. Aparecen como arte mágico apenas pardea una tarde de velorio en las casas campiranas de la sierra. El muerto no se queda ni solo ni apagado. La noche entera lo velan las lágrimas de las mujeres, la resistencia de los hombres y los sueños ajetreados de los niños.

Los corrales se vuelven escenarios de un montaje iluminado ad hoc para la tristeza. En derredor del fuego se apiñan los señores sobándose las manos a sí mismos, girando sobre sus pies para distribuir el huidizo calor de las llamas avivadas a cada rato.

Esos fuegos vanidosos conocen, de punta a pelo, la vida del difunto contada en todas las versiones posibles: La del vecino, la del amigo, la del familiar, la del apenas conocido. Son luces que desaparecen a paso rápido; así como avanza un incendio en la sierra, con la misma velocidad se retrae la costumbre de condolerse la noche entera.

Los fuegos fatuos de un velorio campesino se marcharán con su soberbia, desaparecerán porque ahora a la gente le gusta morir en la ciudad y quedar en ella, como si eso garantizara la eternidad y el perpetuo recuerdo. En lo personal, tengo más a la mano en mi memoria las fogatas de los últimos cuarenta años que los asfaltos de los recientes cinco.

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19 Marzo 2018 04:00:00
Presente progresivo
De Don Cornelio lo supe casi todo, desde su incertidumbre por un árbol genealógico desleído hasta su certeza de no necesitar a un padre ausente para vivir como hombre de bien.

El título de este texto pudo sugerirle a usted una cosa lingüística complicada pero, muy al contrario, trata de una gramática sencilla instituida por este hombre de campo que tuvo la respuesta a cualquier intrincamiento filosófico, desentrañó incluso los misterios semiológicos en ocho vocablos: El significado de las palabras depende, porque “varean” mucho, dijo el otro día.

Estuve al tanto de sus andanzas por las rancherías, a veces a pie, a caballo otras, siempre con la constante de su guitarra cargada hacia atrás y su tío invidente por delante. No hubo boda ni quince años a donde no se escuchara su voz en segunda y su guitarra en tropel persiguiendo las notas bailables del acordeón.

Claro que me enteré de los muertos que le tocó ver justo cuando dejaron de estar vivos: Un bailador cayó frente a sus ojos al mismo tiempo que el dueño de la casa le ordenó que siguiera tocando aquella polca, porque al fin y al cabo el difunto no era asunto suyo; luego su primo y cómplice de escapadas; su amigo ultimado por un trozo de madera; su hija difunta en brazos de María –que Dios la tenga ya en buena compañía.

Casi todo supe de él, incluso me contó con detalle cómo se descalzó y anduvo las veredas con los zapatitos prestados de su abuela en la mano, también la noche en el panteón, el susto de los hombres metidos en la radio, la enfermedad que le vino del miedo cuando era niño. Todo eso yo lo sé.

Pero murió anteayer y de ello no tengo la certeza. Lo vi en el ataúd, serio y bien parecido; fui testigo de cómo quedó en la tumba bañada de flores, de aplausos y de llanto, sin embargo apenas hoy en la mañana el viento trajo el olor de sus pasos en la huerta, los pájaros volvieron a cantar como si no supieran la mala nueva y su perrita regresó a casa buscando su muy extraño apapacho.

Así las cosas, de la muerte de Don Cornelio no sé mucho; quién sabe, tal vez es porque no quisiera saber.

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16 Marzo 2018 04:00:00
Pandora y las uñas
Los ojos son el espejo del alma y el cabello femenino es la mejor seña de un despertador en funciones o descompuesto. Pero las uñas son la caja de pandora, la caja negra, la caja de Fruit Loops para conocernos a las mujeres en todo nuestro esplendor.

Deberán los caballeros agradecer a la inventiva estética por esta seña a distancia para tomar una decisión respecto de establecer uno u otro tipo de relación con el sexo opuesto. Algunas tribus y grupos étnicos usan turbantes atados de diferentes formas; otras, fajas de diferente grosor y colorido atadas a la cintura; también hay huipiles delatores del estado civil entre las mujeres, todo esto para evitar confusiones penosas -o trágicas- si alguien quisiera algo con ellas. Pero lo de hoy, lo de hoy, son las uñas.

La uña larga, a mediados del siglo pasado, era un signo de rebeldía, protesta no tan silenciosa contra la sumisión femenina referida a labores en el hogar, que impedían el cuidado de la belleza femenina, porque eso era sinónimo de desatención a las obligaciones de la mujer: los hijos, el viejo, un montón de pájaros, un perro, un gato y una tortuga.

Hoy en día, la uña racionalmente larga y pintada es solo reflejo de mesura y buena apariencia, no habla mucho del estado civil o deseos al respecto para un futuro inmediato. Si van pintadas, el color envía numerosos mensajes: la de rojo padece el síndrome de la blancura y desea exacerbar el albo tono de la piel, exista o no –el tono, no la piel-; las rositas guardan discreción y feminidad, las transparentes muestran cuidado, anuncian la perfección en dicho y hecho.

Una forma de reafirmar la determinación por la libertad fue usar, sobre las uñas propias, extensiones acrílicas en la punta de los dedos; ahora se usa porcelana, acrílico, gel. Las féminas capaces de portar esos accesorios y mantener las medias impolutas y la ropa interior sin rasguños, suelen ser solteras, económicamente activas, o casadas con la esperanza de volver al estado y añorado estatus anterior.

Por cuestión de espacio abordaré, por último, las de la uña mordida. Estas chicas son un albur y fehaciente modelo de la mujer, es decir, darán resultados extremos: en cuanto se casen, o comerán todo lo que haya en casa excepto la queratina de sus uñas, o pasado un mes de la boda, será usted quien vaya a ponerse uñas postizas, porque habrá consumido por completo las suyas.

Este es sOlo un Norte para usted, caballero. Hágame favor de tomar la decisión correcta mirando, antes que nada, las manos de todos.

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15 Marzo 2018 04:00:00
Moscas y parientes
Son fanática declarada de loa divulgación científica, sin embargo, el conocimiento profundo de otras especies me han puesto ante un problema ético, tanto así que si llego a matar una mosca de la fruta, siento como si hubiese asesina a un primo.

Tiene grandes ojos, es larga y delgada, es fértil y altamente reproductiva, es una modelo versátil y candidata a viajar en el espacio exterior; en sus genes está la posibilidad de enfermedades varias y desórdenes neurodegenerativos. Si le presento esta descripción sin ningún prólogo aclaratorio, usted no sabría si le hablo de la “Drosophila melanogaster” o de mi prima Celeste, quien ha invertido su belleza en parir chamacos mientras anda en las nubes inventándose enfermedades publicadas en internet.

La revaloración de la naturaleza como un ente sensible y estrechamente ligado al ser humano –sean plantas, rocas, dinosaurios o abejitas- nos ha puesto en un berenjenal en lo que a relaciones “internatura” se refiere. ¿Cómo debemos tomar, por ejemplo, ese estudio en el cual se afirma que las plantas tiene memoria, sienten dolor y son inteligentes? De entrada, podar un árbol frutal estaría penado y castigado como tortura, cortar hojas a la albahaca sería delito equiparado al canibalismo y pizcar manzanas quedaría como mutilación muy mal intencionada.

Ahora bien, un científico fundamentalista que llegara a presidente, bien podría condenarnos por insultar a un chimpancé, cazar un ratón, comer una vaca, encerrar a un perro o cocinar un pez cebra, con quienes compartimos el 90, 88, 85, 84 y 73 por ciento de parecido en el ADN, respectivamente.

EL avance científico no suele tener malas intenciones de arruinarnos la vida, mas considero que los videos de divulgación deberían venir acompañados con un código de ética actualizado, una oración de arrepentimiento o una carta de motivos para lanzar insecticida a la mosca de la fruta, por ejemplo.

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14 Marzo 2018 04:00:00
Poder chiquito
Pongamos por caso la palabra “poder” como un sustantivo, no como verbo en infinitivo. El poder lo tienen, valga la redundancia, los poderosos, y han sido la televisión y el cine los autores de una formación imaginaria relacionada con esta palabra, tal idea va de la mano con fuerza, grandeza, valor. Cabe mencionar que el uso de estas cualidades ejerce poder tanto para el bien como para el mal.

Pongamos, ahora, por caso a Superman. Dotado el hombre con todos los adjetivos arriba enlistados –además de buena gente, guapetón, caucásico, caballeroso y fértil-, es la imagen paradigmática del poder, al menos ese que sobrepasa la realidad para brincarse la frontera hacia la fantasía, ese conocido entre el común de los mortales como la capacidad para sobresalir y ordenar con efectos positivos de obediencia por efecto no del miedo, sino de la admiración.

Comentados ambos casos puestos, paso ahora a pedirles con amabilidad la existencia real, palpable y exitosa de lo que llamaré “poder chiquito”. Lo poseen las mujeres y, de entre ellas, las abuelas y las madres predominantemente. Refiero a su madre, estimado lector, con todo respeto: ¿Encuentra en ella alguna característica similar con la de Superman, sin contar esa capacidad innata de las mamás para volar y ver a través de las paredes? La mía, en definitiva, no, pero ha ejercido su poder sobre cinco varones y dos mujeres.

Pongo, en esta ocasión, por caso la hora de la comida. Una madre que acompaña a sus hijos durante este momento familiar y relevante, puede salvar a sus hijos, en dos palabras, del miedo, la ansiedad, el riesgo, la enfermedad e, incluso, la muerte. Si cae al piso un trozo de comida –o el chupón, ocasionalmente- ella lo sacude con su mano santa emite la frase sanadora: “Es tierrita”.

Un científico podría calcular la cantidad de gérmenes contenidos en esa tierrita y sumar los que aportó la mano materna, pero cualquier hijo de su mamá quedará tranquilo ante tan palmaria seguridad. Si el niño cae, no pasa nada: “Es un rasponcito”; a falta de tiempo para lavar el uniforme como Dios manda, todo estará bajo control: “Ay, una manchita”.

El poder chiquito de las madres contiene un decreto mucho más eficiente que el de Ali Babá y sus 40 ladrones, porque este funciona nada más en una cueva específica en tanto aquel, surte efecto en cada rincón del mundo.

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10 Marzo 2018 04:00:00
Mamá móvil
No es tan descabellado pensarlo si se analiza con detenimiento. Esto es lo que yo digo: el inventor de las escenas en cámara rápida fue inspirado por la cotidiana faena matutina de su madre.

Ni siquiera es necesario proporcionar la fecha del invento, es evidente que en todas las épocas, las madres de familia debieron iniciar el día antes que el sol y terminarlo después de él. Si en el campo habitaban, las vacas y pollos exigían atención temprana; si en la ciudad, las distancias y los ajetreos requerían arrancarle tiempo al tiempo.

Las madres modernas, incluso las mujeres liberadas quienes libremente eligieron ser madres modernas, entran en el mismo rango de seres cuyas partículas se aceleran cada mañana, y en un acto indescriptible todavía para la física, se vuelven a recomponer con todas sus partes y en todos sus sitios después de caer la tarde.

El auto es el acelerador de partículas materno por antonomasia de la madre moderna; es, a la vez, la cabina de transformación de ser terrenal en algo etéreo. Después de coordinar la logística entre levántense todos, pónganse el uniforme, lleven su lonche, carguen sus herramientas y sus tareas porque yo ya estoy lista desde hace media hora, sigue la faena sobre ruedas.

En un mamá móvil caben: la madre y eventualmente un conductor, los hijos, las mochilas de los hijos, todo lo que un hijo es capaz de llevar en una mochila, la guitarra o lo necesario si es que hay academia, regalo para el cumpleañero, pastel si el cumpleañero es el hijo, suéteres para usarse hoy y los que se usaron durante la última semana, mantas por si enfría toallitas húmedas, los zapatos de piso de emergencia o los tacón si se están usando los primeros, un paraguas, una caja de kleenex, pastillitas de menta, lentes de repuesto, liguitas para el cabello, bolsita para la basura, basura y un monito de peluche.

Lo más grandioso es la capacidad de transformación de un mama móvil. Este auto común pasa, en dos minutos, a convertirse en salón de belleza, sala de urgencias, casa de costura exprés, restaurante, centro de asesoría psicológica, defensoría para los derechos humanos, palestra para la mujer, casa hogar, casa de bolsa, salón de clase y, a menudo, un auto común.

La vida en cámara rápida, esa es una mamá en las mañanas.

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09 Marzo 2018 04:00:00
Cuánto por el perro
Con 30 años de edad y pocas esperanzas para aspirar a la riqueza, Sylvester Stallone vendió a su perro por 25 dólares: Era la supervivencia por dos días más o su mascota en casa. Seguro entonces, como ahora, hay quien por recuperar a la propia paga no 25, sino 25 mil sin ningún empacho.

Los postes son testigos mudos del dolor. De ellos penden migratorios ex votos de la pena que implica perder a un ser querido, persona, animal o cosa; sin embargo el sistema para tasar su valor genera cierto resquemor y debiera dejar bastante remordimiento.

Tengo claro el intríngulis implicado en el asunto de los sentimientos, se complica tanto como una tabla estadística, porque en el tema emocional cada quien establece su tipo de cambio. El dilema empieza cuando se identifica a los actores en esta obra teatral que es la vida cotidiana: Humanos, miembros de una sociedad, ciudadanos, guiados por una moral distinta a lo salvaje –descartando a Rihana y a JLo quienes usan calcetines de 25 mil dólares.

Con 25 mil pesos se completa el enganche de un auto; se pagan todos los cursos de inglés para convertirse en angloparlante; se cubre el costo de una cirugía de nariz, un parto o seis sesiones de hemodiálisis.

Con esa misma cantidad, una persona sin afiliación a servicios médicos, puede contar con servicio del IMSS por cuatro años; un niño puede tener seguro de gastos médicos mayores, o bien, se podría costear una carrera en la UNAM a miles de jóvenes mexicanos.

¿Cuánto cuesta su perrito? No calcule sobre pedigrí, moda o tamaño, sino el monto que moralmente deberíamos ofrecer por recuperar a una mascota pensando, claro está, siempre y cuando se tenga presente que algunos seres humanos valen más que cualquier mascota.

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08 Marzo 2018 04:00:00
Las dos muertes
En Yahoo respuestas, sitio multivisitado por estudiantes de primaria y hasta universidad, se encuentran las respuestas más representativas del conocimiento popular sobre temas populares. Uno de ellos es el dilema sobre la muerte de grandes artistas a nivel mundial; lo que contestaron refuerza, por todos lados, mi idea peregrina de que las estrellas verdaderas deberían morir dos veces.

¿Por qué los grandes artistas mueren jóvenes? Pregunta alguien en Yahoo. Enseguida contesta uno: Bueno compa, no todos, no ves ese montón de cantantes y actores viejos que todavía viven... Además Michael Jackson no murió joven tenía 50 años ya y fue que su médico le dio una sobredosis.

Corregí la ortografía hasta dejar el texto publicable, lo que es incorregible radica en la consideración de que 50 años no es “tan joven”, un tema a discutir por todos los cincuentones habitando este planeta. Como sea, la valoración de gran estrella es lo que media esta respuesta, pues el mismo respondiente ejemplifica con Chespirito.

Una segunda respuesta dice: Porque no quieren morir viejos y acabados quieren ser conocidos por su juventud, como Marylin Monroe; también otra cosa sería que la fama mata y los hizo vulnerables por la presión pública es demasiada para soportar.

En este caso se da al calvo respecto de la juventud como un valor indispensable para conseguir la fama, a reserva, claro está, que no sea este factor en determinante en su reconocimiento, sino sus capacidades para ser una estrella. A los integrantes de este grupo de famosos es a quienes yo les deseo doble muerte.

La primera debiera suceder en los medios, cuando sus habilidades han sido mermadas por la edad, el contexto o la enfermedad. Quien invierte una vida en ser recordado como el mejor en su labor actoral, no debería ser recordado en la lista de la decrepitud, porque generar compasión no fue su cometido. La segunda muerte es la física, aquella que todos lamentaremos en alguien a quien se le vio, por última vez, irradiando sus inigualables capacidades.

Sabemos todos que la vida acaba, y lo hace de muchas maneras, pero la vida después de la muerte solo puede existir en tanto alguien recuerde al otro en su plenitud, y eso merecen las grandes estrellas; los malos actores no lo requieren, ellos han muerto desde el inicio.

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06 Marzo 2018 04:00:00
Pasada de sexo
Sucede que nací con el sexo equivocado. Recién llegué a esa conclusión, y muchas cosas me pasaron por la cabeza: el IMSS cambió el niño a mi mamá; me disfrazó el ginecólogo para no aceptar su error al escudriñar el eco, porque lo que él vio como varonía era mi mano diciendo que no estaba de acuerdo con su opinión; quizá soy hija de Doña Agustina, la señora de planchar. Vamos, pudieron pasar tantísimas cosas y uno, inocente, sin darse cuenta, hasta que el tiempo saca a flote la verdad.

No hay de otra, porque carezco de explicación racional para que todas las tablas de pesos y medidas me salgan con o 10 kilos de más 20 centímetros de menos, a reserva de que los médicos estén usando las clasificaciones que acomodan a los varones, y ahí si podría quedar entre las personas robustas o entre los mastodontes ligeros.

No quito el dedo del renglón: Esas tablas las hicieron japoneses o médicos con aspiraciones a modelar Dolce & Gabanna, porque si bien acepto mi rotundez anatómica, no podría andar de pie con esos requisitos; además, nadie sabría si voy de frente o para atrás, porque cualquier curvatura quedaría en el olvido de la perfección teórica. Digamos que si respeto estatura y kilos, quedaría como chica Intima después del photoshop.

Los nutriólogos mexicanos debieran tener un poco de compasión y un mucho de realidad al reconocer que las posibilidades de una mujer común –sin referirnos a Anahí- están muy alejadas de alcanzar los tamaños anunciados en sus cuadernillos, y que sobrepasarlos con ligereza no nos hace enfermas ni alcanzarlos, saludables. ¿Acaso no estamos viendo cómo México tiene un gran problema de obesidad infantil pero, al mismo tiempo otro más grande de desnutrición?

Cuando hice el descubrimiento, cayó sobre mí una serie de dudas, pero me dejó en claro que sí puedo ser humana con mis dimensiones, bueno, después de la cirugía plástica a la cual ya me inscribí como candidata, y obtener así un doble beneficio: no tendré que depilarme y entraré en la clasificación homo sapiens aceptada en mi país.

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03 Marzo 2018 04:00:00
Un buen tipo
Incrementé el número de canales en televisión ante la promesa de recibir mayor diversión por “casi” el mismo costo. Ochenta canales, decía el anuncio, que tienen todo lo que estás buscando.

Hasta ahora no he localizado ninguno que responda a mis búsquedas principales: a) cómo limpiar la casa en menos tiempo, mayor gusto y menor esfuerzo, b) cómo sobrevivir sin secuelas sicológicas a la adolescencia de los hijos y c) cómo seguir comiendo taquitos al pastor sin engordar.

Considerando que nada de eso aparece en los maravillosos ochenta canales, busqué, como Garrik, el cómico más triste del mundo –encarnado, a mi parecer, por Robin Williams- el remedio a mis males con un especialista en cumplir deseos y devorar el tiempo: Fui a buscar en Facebook.

Tras leer las más recientes notificaciones –hace seis meses que no entraba- me encontré con un gran vacío en el alma y en el estómago. Comí algo y reflexioné: De todas esas personas cuyos muros acabo de leer, con cuántas he hecho, hago o haría una actividad sustanciosa.

Me enteré de que existen ya clasificaciones de amigos en Facebook, por ejemplo el desgraciado, quien siempre tiene una queja por el maltrato de la vida; el súper héroe capaz de ver los defectos del mundo entero y experto en futbol, política y todo lo que al mundo le interesa; el de los perritos graciosos y los gatos ladinos; el listo que promociona su negocio; el de las selfies, el de los memes, la mamá buscando amigas de la secundaria o la abuelita chuleando nietas y deseando bendiciones para todos.

Me permito compartirles la tipología que me vino a la mente cuando no encontré nada satisfactorio en la tele, ni tampoco en Facebook. Está basada en la posibilidad de traer a la realidad esas amistades de humo en la red social. Por favor, coloque el número correspondiente a los contactos con quienes compartiría cada opción:

1) invitar a fiesta familiar,

2) Pedir compañía en un trámite,

3) consultar sobre decisión laboral,

4) compartir un problema de salud,

5) confiar una intimidad o

6) pedir ayuda de cualquier índole.

Si la cifra más grande la colocó en el número 1, lo invito a que vayamos juntos a incrementar el número de canales en la tele de paga.

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02 Marzo 2018 04:00:00
Todos las cositas
Cada cabeza es un mundo. Esa frase no fue real hasta que los NIP bancarios vinieron a mostrarnos la dimensión de una máxima con dos mil años de antigüedad (si no es que más)
Los procesos de seguridad, emergentes ante la picardía del ser humano, se han hecho cada vez más sofisticados.

Aquí hago un paréntesis: No entiendo cómo las personas tememos a la supremacía de las máquinas cuando les hacemos la vida cada vez más complicada a ellas y estas, en venganza, a nosotros y así hasta el infinito.

Utilizar una palabra clave ya no es suficiente: para hacer trámites bancarios hay que tener una segunda clave de la palabra clave que, a su vez, tiene una imagen clave.

Tantas llaves para abrir una puerta no dan buena referencia de la comunidad que las utiliza.

Ayer me equivoqué. Teclee la segunda palabra secreta con distracción, debo haber puesto una u o una p en lugar del 8, el caso es que esperaba ver mi playa cotidiana en la imagen, pero en su lugar apareció un plátano.

Quise corregir el error y, con bastante prisa, volví a teclear la combinación de letras y números, pero no caí en cuenta de las mayúsculas puestas en automático; apareció entonces un deslumbrante sol.

Luego fue por gusto: hice cambios minúsculos en las letras, otros casi imperceptibles en los números y cada vez apareció una imagen distinta, desde el zapato de princesa hasta una canasta ahíta de huevos.

Qué piensa el ser humano cuando construye su NIP, eso será insondable para las máquinas, psicólogos, las madres y el autor mismo de las palabras clave que requieren otras palabras clave con su imagen clave respectiva.

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01 Marzo 2018 04:00:00
Primero acabas
Los mexicanos tenemos un más allá en donde cohabitan almas en pena, vivos con muy poco de ella, muertos definitivos, altos magistrados y líderes inalcanzables: Toda una orquesta santos a donde dirigimos nuestra esperanza.

Hay especialistas en todo el mundo ocupados en nombrar, caracterizar, demostrar y publicar los actos de agresión y violencia entre los seres humanos, y ni siquiera estoy hablando de la guerra, sino del día a día laboral. Si escucha hablar de bloqueos, agresiones, bombardeos, acechos y avanzadas, bien puede estar oyendo noticias de Siria o de sus compañeros en la oficina.

La dificultad del ser humano para aceptar al otro en sus mismas condiciones –humano, homólogo, del mismo sexo y, sobre todo, vivo- son inexplicables, sobre todo cuando en lugar de buscar la alianza con quienes están a la mano, prefiere pedir a las abuelas caídas, a las estrellas o a los seres etéreos que han ganado un gran hueso en la política y están sentados a la derecha de un ser inigualable y perfectamente muerto.

Dice Juan Villoro que en un entorno donde los vivos carecen de oportunidad, se suelen depositar exageradas esperanzas en quienes pueden intervenir desde el más allá. Ese más allá, digo yo, es el campo confuso en nuestro país.

Más allá del común de los mortales están quienes señalan a los elegidos para avanzar o quedarse donde están con la promesa de Cenicienta: Si vas al baile, pero primero acabas lo que yo te pida; sí te represento ante el olimpo sindicalista mexicano, pero te incremento una hora cada tres años. Estos cuasi dioses son los que se encumbran en el espacio celestial de la nación.

Alcanzar el cielo de la perfección mexicano requiere dedicar una vida a ser llamado por otro que, a su vez ya fue llamado también para servir a alguien más; o bien, dedicar una muerte a seguir difunto, porque resucitar nos pondría nuevamente en el peligroso campo de ser un vivo común y corriente.


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27 Febrero 2018 04:00:00
Rubí y las muchachas
Ahora que Rubí puede morir tranquila por haber gozado de sus quince minutos de fama -e incluso millones de segundos pertenecientes a otros que vivirán en el anonimato-, tengo sentimientos encontrados y montón de valores perdidos.

Los valores con los cuales crecimos usted y yo no entran en la lista palomeada por la sociedad mexicana para dar palestra y foro a esta jovencita pícara, quien ha robado el lugar en el escenario de su padre, a fin de cuentas, el autor de sus derroteros en las farándula.

Ir a la escuela, llegar temprano, no ser grosera con los profesores, hacer la tarea, bolear los zapatos, bajar el dobladillo a la falda y aparecer en el cuadro de honor eran las actividades que, probablemente, nos llevarían al reconocimiento, a decir de los padres. El caso de Rubí vino a corroborar que de seguir con esa rutina de vida, lo único que se logrará es ceder los momentos de éxito a todas las Rubíes bailando por la vida.

Yo tuve una compañera en la secundaria. Recuerdo su nombre letra por letra porque su destino se conformó en una pena ajena con la cual cargué por mucho tiempo. Hablaba inglés, era espigada y morena, cabello azabache y nariz graciosa, tenía catorce años y quedó embarazada.

El futuro con el cual compartiría la vida no incluía, por supuesto, continuar en la escuela. Debió irse de ahí a no sé dónde, y a mí me gustaba imaginar que ponía una escuela de inglés y se convertía en una gran maestra, o que hacía tortillas de harina y lograba hacer una cadena importante. Desee en su sino algo más que ser una buena madre.

Hoy, ella hubiese tenido una realidad distinta, como la de esta chiquilla de un rancho cercano al mío. Escapó algunas noches, montada a caballo, para hacer visitas nocturnas a cierto caballero de un ejido vecino, y tanto fue el caballo al ejido que la adolescente de 13 años ahora tiene un hijo. Junto con el bebé, le llegó una oferta para regalarle casa, pagarle todos sus estudios a la universidad y abrirle un espacio en cualquier guardería institucional. Ella solo aceptó la casa.

No es difícil adivinar los giros de nuestro mundo futuro cuando la sociedad está más dispuesta a alentar la picardía para la compasión que el esfuerzo por conseguir la fama sin que Televisa o TV Azteca interfieran en ello.


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24 Febrero 2018 04:00:00
Fiel a la infidelidad
Hay una diferencia más que sutil entre ser fiel por temor y ser fiel por amor De eso hablaba con una amiga querida la otra noche. Pero como íbamos camino a casa, la charla quedó inconclusa y ella, lo sé, con una inquietud en la cabeza.

Las almas superiores, como la de ella, tienen una envidiable claridad al respecto. Me dijo esa noche cómo ella no perfilaba en su futuro una relación meramente física, no le encontraba sentido. Así de prístina debería ser la idea en todos pero, déjame decirte Ema, que la regla se confirma en infinidad de seres, porque son la excepción.

De modo más prosaico, lo que quiero plantear es que a la mayoría de los seres humanos –desconozco el punto con los animales- no le basta con el principio de que, teniendo una pareja, no debieran necesitar ningún otro acercamiento. ¿Cómo es que se medio logra la fidelidad entonces? Por la amenaza y nada más.

Las personas comprometidas por la vía legal quedan advertidas respecto de la fidelidad, so pena de enfrentar un castigo palpable, terrenal. El miedo al ridículo o a quedar evidenciados en sus debilidades es el motivo que mueve a los seres inferiores que en nada se parecen a mi amiga.

Y es que yo le dije que tendríamos que estar de acuerdo con la fidelidad.

Entonces me vio con esos ojos interminables que tiene y no discutió mi postura, por lo menos no con palabras, pero sí con la mirada. Así que merece la pena la siguiente aclaración.

Cuando somos fieles por temor, no vale. Estar con una persona al lado con tal de ser considerado legal, es, en muchos maneras, un engaño en sí. Pero cuando nos quedamos por amor, entonces cumplimos a pie juntillas con todos los principios de la unión civil y espiritual, pues nos quedamos por la convicción de hacer lo correcto para nosotros.

Saber, y hacer saber a nuestra pareja, que el acto de considerar a alguien más es una posibilidad, y aun así, mantenerse juntos y monógamos, eso es para mí, querida Ema, la verdadera forma de la fidelidad, la más honesta y duradera.

Ser fieles por temor puede cambiar cuando el congreso diga o se desdiga; cuando la cámara decida que no hay adulterio por encontrar al cónyuge cohabitando con otro (a) en el domicilio conyugal…. ¡ah, pero si ya lo dijo!
Pero la fidelidad por amor, así un juez diga que engañar a la pareja es obligatorio, sería, sencillamente, imposible, como lo es para mi amiga.

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23 Febrero 2018 04:00:00
Mesa de regalos
Este febrero se me pasó, pero a partir del próximo, cuando sea mi cumpleaños, voy a poner la mesa de regalos en una librería de viejo. Me gusta sobremanera tener libros “con experiencia” y si, de pilón, traen comentarios al margen hechos a lápiz por algún lector pasado, me daré por muy bien servida.

Los libros usados tienen un encanto especial: El aroma a biblioteca ajena, a papel pasado y repasado, a letras leídas y releídas. Hay también en venta algunos modelos nuevecitos, cuya historia, por demás triste, pasó sin pena ni gloria de la imprenta a la venta de segunda mano sin haber tenido la oportunidad de demostrar sus saberes; duele adivinar su historia.

Entre las páginas zurcidas de algunos ejemplares he descubierto tesoros valiosísimos: Billetes del metro o el autobús; pétalos y flores completas cuya belleza se fosilizó entre el amarillento papel. Adivino las historias: Viajes poblados de lectura en carretera –con su respectivo Dramamine si el camino les causa mareos, como a mí-; tristeza de un adiós consolado por las historias contenidas bajo las solapas; un amor oculto en la complicidad de tal o cual autor, o el bullicio de una ciudad al que alguien escapó asiéndose de la lectura.

Si alguien, como yo, gusta de encontrar esas páginas con experiencia, estará encantado de adquirir un libro pasado por mis manos, pues tengo la mala costumbre de establecer por escrito mis rencillas con los autores: cuestiono, inquiero, contradigo, argumento y, a veces, rectifico, me arrepiento o los perdono.

El placer de tener un libro usado inicia desde su búsqueda. Entrar en esas librerías requiere de un código implícito en la actitud del comprador. Nos adentramos subrepticiamente para perdernos entre los anaqueles; el primer requisito es una piel resistente, no alérgica a los agentes que ahí pululan. Luego, el silencio, porque la búsqueda implica una lectura concienzuda de títulos y autores, rememorar la catalogación personal de valor que adjudicamos a cada libro y decidir, entre tantos, sobre el más valioso por edad, estado, contenido, autor o referencia; los colores, en este caso, están de más.

Ya con nuestra posesión entre las manos, se da un fenómeno esotérico: Palpar sus hojas nos remite a chispazos de fosfeno para recrear las condiciones de trayectoria que ese ejemplar tuvo en el pasado.

¿No es toda una aventura? Ahora entenderán el porqué de mi decisión sobre los regalos de cumpleaños. No será difícil: Se aceptan de cualquier edad, condición, clase social e idioma, con monitos o sin ellos. Gracias de antemano por sus atenciones.


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22 Febrero 2018 04:00:00
Alabado
“Esta bicicleta está apropiada para todas las edades, solo que tiene que lavarla, ponerle diesel a la cadena y también hay que llevarla a arreglar cuando compren la bicicleta. ¡No le funciona el freno derecho! y también las llantas están ponchadas y la llanta de adelante está a punto de salirse”.

El párrafo anterior pendía de una bicicleta puesta en venta. Los viandantes interesados en la compra, acercaban sus pasos hacia la reja ante los ojos esperanzados del chiquillo, dueño del artefacto. Antes de terminar la pregunta referente al precio, los adultos lanzaban carcajadas abiertas ante las advertencias, a diferencia de los niños.

Los pequeños capaces de leer el mensaje e interesados en adquirir el vehículo, argumentaban a sus padres las numerosas posibilidades de repararlo y usarlo sin pendiente ninguno ante el detalle de los desperfectos. Uno de ellos recordó a su progenitor aquel auto tan deficiente que adquirió la familia y sin que nadie se los advirtiera, resultó plagado de fallas y riesgos. Por lo que hacia a la bici, ya sabían a que atenerse.

Caída la tarde, el joven dueño tomó su artículo en venta y lo acomodó, de nuevo, en el patio. Entró a casa, tomó la cena y se preparó para dormir sin decir palabra alguna. Ya en la cama, luego de escuchar un cuento, preguntó: “Mamá ¿por qué la gente se ríe de mi anuncio?”

En esa época el vendedor tenía ochos años y en este presente, todavía es mi hijo. No imaginan cuánto trabajo me costó explicarle cómo la honestidad se diluye en las personas conforme cumplen años. No era su anuncio el equivocado, sino quienes tradujeron una verdad bien intencionada por estupidez infantil.

Asumo su letrero como el resultado de insistir sobre lo riesgoso de la mentira y el engaño, así que lo animé a continuar con su empresa, a ser paciente hasta encontrarse con un comprador lo suficientemente inteligente como para comprender el mensaje.

A la mañana siguiente de su primer intento, alguien trasteaba en el patio. Era él, corrigiendo el anuncio de venta y temí que estaría “maquillando” la realidad de su bicicleta; fui a su lado y le pregunté al respecto. Me contestó lo siguiente: “Sí, lo estoy corrigiendo, es que había escrito labar en lugar de lavar; ¿así está bien, verdad?”

Lo abracé muy fuerte, le di la razón y ambos nos sentamos frente a la reja con el letrero bien repintado en color rojo (No es necesario decir que la bicicleta sigue en el patio).


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21 Febrero 2018 04:00:00
Su boca y la mía
Un sitio en internet enumera los 190 sitios más contaminados que la taza del baño; incluidas su boca y la de una servidora, cualquier espacio tiene más bacterias que el retrete; huelga decir que nadie se explica cómo demonios amanecimos vivos usted y una servidora.

El trapo de la mesa y la esponja para tallar platos no son villanos nuevos. Capítulos completos en la televisión de paga invierten valiosos minutos en explicarnos por qué ambos objetos son un foco rojo en el área supuestamente más higiénica del hogar. Sustituirlos con papel absorbente y cepillos es una alternativa, siempre y cuando el cepillo se lave con suficiente cloro y el papel no se recicle, tentación muy probable considerando la resistencia creciente con la cual los fabrican.

El cloro tiene el papel del superhéroe en esta historia sucia: La lavadora hay que lavarla con él; el fregadero, la superficie de la mesa, el teclado, el ratón de la computadora, la pantalla, el teléfono celular. Todo lo anterior, claro está, a cuenta y riesgo de que no nos afecta al ser absorbido por cualquiera de nuestros poros, pues es sospechoso de detonar enfermedades desde alergias hasta cáncer de ano.

El cloro de las albercas no reguladas, al parecer, tiene el mismo efecto, entonces uno debe de evitar usar el cloro o sumergirse en la piscina aspirando, de esta forma, a una expectativa de vida más larga. Todo esto si no tiene la natación como prescripción médica, porque hasta ahora no se han inventado suplementos para el agua de la alberca, y usarla sin cloro, nos llenaría de bacterias tanto como si un moco nos diera abrazo de oso.

En conclusión, no es bueno dejar las rutinas prescritas por el médico, a menos que contengan cloro. Si deja de nadar, por lo menos lleve una alimentación y rutina de vida sanas que no contengan cloro, porque puede causar cáncer, pero sí lave con cloro las áreas llenas de bacterias, como todo lo que está en casa –incluida su boca y la de una servidora-, perdonando el área del sanitario.

En verdad, seguir con vida usted y una servidora es un verdadero milagro.


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20 Febrero 2018 04:00:00
Ni de nombre
Yo buscaba una canción, pero encontré otro asunto que me tomó por sorpresa y olvidé, en ese instante, mis intenciones jilgueriles y dejé la cantada para otro día.

Tecleé en google el título de la pieza y la intérprete: Dulce. Pero poco cándido fue el resultado, pues me encontré con su verdadero nombre y resultó que en el acta aparece como Bertha Elisa Noeggerath Cárdenas; claro, las artistas juegan con denominación y apelativo si en ello está comprometida su fortuna.

Mario Benedetti cayó también en la tentación, aunque en su caso, debo reconocer, era necesario y urgentísimo, pues todos sus nombres apenas podrían decirse completos en culebrón de Televisa. Él se llamaba Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia.

Pasa hasta en las mejores familias… también en la mía. Mi tía Azucena se llama Aurora, pero nadie la nombra así desde hace 70 años; no parece preocupada ni por ello ni porque a su hija todos le decimos Irma y en realidad se llama Azucena. ¿Cómo fue? Agrego aquí a Carito, cuyo nombre es Frida; Coco, quien fue bautizada como Elizabeth, y ustedes completen esta interminable fila de inexplicables.

Dicen en el rancho que uno debe de llamarse como trajo el calendario y nada de modificaciones, pues luego San Pedro no identificará nuestras perchas y nos mandará al demonio. Con lo anterior puedo adivinar cuánto cantante, escritor, pintor y pariente de la tía Azucena milita en las filas infernales pues, bien a bien, nadie conoce sus registros de nacimiento.

El nombre contiene la mitad del destino en la vida, dicen los decidores, pero supongo que uno debe arriesgarse con él, no sólo para evitarle la confusión al portero celestial –no hablo de Calero, sigo con San Pedro-, sino para encontrar si en verdad nuestros padres dieron al clavo al bautizarnos. Esto nos daría una ecuación más o menos así: Entre más original el nombre, el éxito más se acercará.

El problema radica en acotar ese asunto de la originalidad. En la sierra de Oaxaca hay muchas Mariafélix –así pegado- sin mayores glorias que sus amigas Lupita; Disneylandia, la chica publicada con todo y carné de identificación en Yahoo, tampoco tiene un oficio muy productivo. Por otro lado, conocemos algunos Felipes, Carlos y Enriques a quienes la vida les dio no sonrisas, sino carcajadas, con todo y portar nombres comunes en México.

Ni modo: el nombre es un albur y no hay manera de saberle el futuro a nadie, así que arriésguense con el de nacimiento o bien, háganse artistas y, si lo desean, cámbienselo cada año, ya vieron a Rubén, el Tacvbo, y ni se mortifica.


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16 Febrero 2018 04:00:00
Como es el matrimonio
Se acostumbra volver los regalos cuando los matrimonios duran muy poco tiempo. Cada sociedad tiene sus propios parámetros: menos de un mes, menos de un año y párale de contar, porque no imagino el estado de una vajilla cuando una pareja se divorcia a más de doce meses del casamiento, sería una escena mucho más trágica si fue por una relación violenta; por lo menos, el regalo tornará incompleto.

Tengo una buena noticia para todos los padrinos y regalones a quienes se les altera cierta hormona cuando se enteran de un matrimonio efímero. Una tía lamenta, desde hace 50 años, la bella tetera que regaló a Mary, quien escapó con su cuñado apenas 15 días después de su boda. Años después de la “tragedia”, la tía fue a visitar al “viudo” y ella vio el traste muy pulido y puesto en medio de la vitrina. En cuanto el hombre descubrió la mirada de la mujer fija el objeto, hizo una tajante aclaración: “Pues aquí le tengo guardada la tetera a Mary, por si viene a buscarla, luego ¡usted no sabe! se pone muy brava”.

Las venturosas nuevas consisten en hacerles saber que cada regalo, sea cual fueren su dimensión o precio, ayudará siempre a dos personas en su vía por descubrir si ese o esa consorte era lo correcto en su vida… o no. No hay manera de saber cómo es un matrimonio en tanto uno no se case. Dirá la gente de los noviazgos largos y las uniones libres interminables, que son convenientes, poco recomendadas, bonitas, riesgosas, apasionantes, rutinarias, relajadas, hastiantes. Serán lo que ustedes gusten y quieran, pero no un matrimonio.

No es fácil, compañeros, diría don Ramiro. Hay que tener valor para comprometerse de por vida, y donde que esta a veces es bien ladina y se empeña en alargarnos la existencia sin saber si estamos cómodos o no. Se los digo porque sé: Luego de llevar una pareja sin compromisos legal, tomar la pluma y estampar la firma nos lleva a hacer un recuento de la vida entera y, al igual que los condenados, poner nuestra existencia en manos del creador.

Algunos descubrimos que, ciertamente, hay un limbo, pero luego aparece el paraíso; otros se encuentran con un mundo diferente al de Alicia y sus maravillas, pues erraron el camino y tomaron por el de Dante y su laguna estigia. Pero solo se camina andando, dice don Juan Manuel Serrat, y para eso hace falta que padrinos y regalones unan sus manos –y las ollas, las toallas de “ella y él”, el micro, las sábanas, etc.- para armar entre todos una casa sostenida por el buen deseo de salir avante en la misteriosa aventura de estar casado; ya luego Dios dirá.


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15 Febrero 2018 04:00:00
Poca abuela
No tengo abuela; madre, sí. Por mí no quedó, hice algunos intentos pero, de plano, la naturaleza –la mía y la de ellas- no me ha dado oportunidad de contar con una de esas dibujadas en los cuentos infantiles y materializadas en pocas realidades.

Algunos cargan el mote por carentes de antecesora a resultas de su poca ética, abundante maña o manifiesto registro en las ramas del árbol genealógico caprino. Pero yo, en verdad, no tengo abuela. Tuve tres, pero ya no.

La primera es un mito, una leyenda, ambos andan en mi memoria falsa como historia tan posible como fantástica. Murió antes de que yo naciera, pero esparció sus pistas vitales por calles, casas, gente y murmullos de dos ciudades; así que la mantengo viva en tanto no descubra, a pie juntillas, si tengo la historia equivocada de una mujer, o la historia de una mujer equivocada.

La segunda me llegó porque Dios y Don Felipe quisieron. Este la eligió a ojo de pájaro cuando cruzaba a menudo los caminos frente a la huerta en donde ella tejía una cuota diaria, perfectamente medida: hasta consumirse una vela de sebo; esa fue prueba fehaciente de la aplicada esposa que podría encontrar en esa mujer. Aquel, se la llevó porque apenas matrimoniada dejó ganchillos, velas y veladoras para otra menos lista, y ese no fue el trato.

A la tercera la elegí con toda mi conciencia y estas dos benditas orejas tan oidoras que me pertenecen. Escuché sus historias una y otra vez, nunca las mismas, porque a veces eran contadas con la energía del recuerdo, a menudo con el dolor de la añoranza y, últimamente, con el desfiguro de la tristeza.

Sentada frente a la estufa metálica, su cuerpo empequeñecido apenas podía cambiar el sitio para encontrar acomodo en el sillón. Pero ahí estaba, en el lugar elegido por su voluntad, no la de médicos, hijos prestos o perdidos. Como sea, los últimos días viajó de la sierra hasta el pueblo, luego amanecía en la ciudad y, a veces, estaba mirando, clarito, la escuela primaria donde hizo hasta tercer grado una y otra vez; dentro de todo, su memoria fue magnánima y le permitió trasladarse a esos sitios con la pura imaginación y la certeza de una verdad deseada.

De carácter fuerte, organizó su mundo, el de su marido, llevó a los hijos a crecer, así tuviera que desnudar las almohadas para librarlos del frío pendiente siempre en las cabezas de pobres y de campesinos. Con todo y su yo determinante, un día me animé a pedirla en adopción; dijo que sí, al cabo había conocido a mis abuelos, a los tíos y hasta meció incansablemente a algún primo.

Entonces inauguramos tardes de recuerdos, charlas interminables, cíclicas y fractales sobre un pasado vigente en su deseo y mi curiosidad. Detalló lo lejano y lo reciente, lamentó su soledad y alabó la compañía; miró sus manos cansadas de moler, lavar, mecer, servir. Doña Quica fue mi última abuela, pero ya se me murió.

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14 Febrero 2018 04:00:00
Piedras por flores
Mi primer regalo por el Día del Amor y la Amistad data de 1982; databa, porque su existencia adelantó incluso su caducidad: Un frasco de perfume que rompí apenas llegando a casa.

La botella paradigmática contenía el muy conocido perfume Flor de Naranjo. Ahora tengo un naranjo en el patio y no me remite a ese aroma más bien punzante, pero juro que aquel olor fue lo más fino, amoroso y significativo del mundo conocido por mí. La ocasión fue por un intercambio y el emisor era ese típico chico al cual ninguna niña se acercaría, mas siendo la rara de la clase y mi primer 14 de febrero consciente, el momento se volvió un cuento de hadas. Hasta que rompí la botella.

Ya entonces se regalaban chocolates y flores, serenatas y peluches. Algunos años después, decidí un disco de Los Beatles que, en su momento, no valoré cual debía ser; si hubiese sabido cuánto me gustarían después, lo atesoraría como hoy hago con las piedras.

No hablo de piedras preciosas, es decir, de gemas, sino de las que he recibido como regalo inesperado por parte de alguien que eligió algo irrepetible e invaluable para mí. Una roca reúne esos requisitos.

La primera vez, solicité una piedra urbana, la primera que llame tu atención entre el cemento de la ciudad, le dije a la persona. A la vuelta de me trajo una pieza consistente y de peso pesado, casi imposible encontrarla sobre el pavimento.

Luego pedí piedras del campo, reto aún más difícil a sabiendas de la gran cantidad de ellas que lo habitan; por lo tanto, la persona debía dedicar un tiempo importante para seleccionarla pensando en alguna característica mía.

Las piedras posteriores llegaron sin pedirlas: Brillantes, adiamantadas, cristalinas, antiquísimas, numerosas. Todas elegidas de entre millones para entregármelas por alguna seña particular que el oferente encontró buena para mi persona.

Así las cosas, hay mucho más piedras que chocolates, flores y peluches para elegir, pero seleccionarlas, requiere de bastante dedicación y un mundo de amor.


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13 Febrero 2018 04:00:00
Historia quebradiza
Los trozos de vidrio darán testimonio de nuestro paso por el planeta: Son seña de civilización y de barbarie. Contemos cinco mil años en la historia del vidrio. Suman un millón ochocientos mil días de la humanidad depositando sus trozos sobre la faz del planeta.

Como vestigio, el vidrio dará luz a los historiadores del futuro sobre los números correctos para marcar el inicio de la civilización. El arte y la artesanía que el hombre ha sido capaz de fabricar con él, son clara muestra de la inteligencia con que nuestra especie fue dotada.

Como evidencia, se han encontrado innumerables piezas hechas con propósitos particulares; de todos ellos, el de rendir culto a los dioses es el reiterativo e imperante. Nadie podrá argumentar, cuando desaparezca nuestra especie, que no cumplimos el cometido de los seres deíficos, consistente en crear una raza capaz de adorarlos.

Como poesía, se encuentran tanto en los museos más herméticos, como en los trozos más olvidados, las imágenes que delatan los parámetros de la belleza. Fue el vidrio el mejor resguardo para los genios y las brujas, por tener al mismo tiempo dos cualidades aparentemente imposibles en un objeto. La fragilidad y la amenaza.

Como avatar, el vidrio será la representación de lo impensable: Los vestigios que hemos dejado entre las capas terrestres los seres humanos desde que nos llamamos civilizados y hasta el futuro por venir. Trozos que delatan abandono, pobreza, guerra, incapacidad, serán la prueba fehaciente de cómo no fuimos capaces de admirar y resguardar nuestra propia obra.

No sé si quienes encuentren los pedazos vítreos de nuestra historia sean terrícolas o extraterrestres, pero es seguro que nadie comprenderá cómo una misma especie es capaz de crear lo bello y destruirlo de las formas más espantosas.

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10 Febrero 2018 04:00:00
Así nací
Me pasé el fin de semana recordando la vida y la muerte de Amy Winehouse. Tuve emociones encontradas ante una historia de tanta determinación y fatalismo.
El asunto del divorcio entre sus padres me dejó claro lo siguiente: Los niños llegan a nosotros, sin excepción, con la misma vulnerabilidad; es falacia vil aseverar algo así: “Desde niño tuvo ese carácter”. En realidad, los chicos tienen un carácter a partir de cómo los signen los adultos.

La cantante británica mostró por primera vez un aparente desvío cuando tenía ocho años y su padre dejó el hogar para ir a vivir con otra familia: Ella se hacía cortadas en los brazos usando un cuchillo. No se requiere ser sicólogo y entender esa protesta física, a falta de lenguaje suficiente para manifestarse en contra de las decisiones tomadas entre los grandes.

Puedo aceptar voluntad y determinación genéticamente previstas; para qué la va a usar una persona, eso lo decide cada individuo a partir de su entorno social. Amy tenía ambas, y en cantidades estratosféricas, pero las dos fueron encaminadas hacia la autodestrucción certera.

Soportar las heridas autoinfligidas era ya bastante evidencia. Decidir si acababa su existencia entre las drogas o entre los intentos por dejarlas, nadie negará que fue una máxima lección en la capacidad para decidir sobre uno mismo.

Sin embargo, siempre quedará la duda sobre si ella hubiese sido capaz de tomar un camino distinto: Si sus padres no se hubiesen separado, primero; y segundo, si millones de personas no hubiesen aplaudido sus canciones de idolatría a las drogas y su forma de consumirlas. ¿Cómo esperábamos que alguien se rehabilitara, cuando su desfachatez musical sobre el consumo de estupefacientes la estaba volviendo millonaria? Se acabaría, quizá, el vertedero de su riqueza, la fama y esa economía boyante que permite a cualquiera elegir cómo y cuándo quiere morir.

¿Estoy insinuando a una sociedad culpable por el devenir de Amy Winehouse? No, ninguna insinuación: Estoy aseverando la responsabilidad de los otros en cada miembro de ella. La influencia de nuestro contexto inmediato nos programa, nos cultiva, nos hace crecer, reproducirnos –o no - y morir de tal o cual manera.

Al final de cuentas, ella estuvo cierta de la forma como quería morir; nosotros, en cambio, aplaudiendo su descontrol le pedíamos redención. Creo, ahora, que si Amy Winehouse aún viviera, como quiera estaría muerta.

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09 Febrero 2018 04:00:00
Urgida
Los Simpson, tan amarillos como insidiosos, tienen en Springfield una tienda de cosas inútiles. La tienda se llama “Things unnecesary”; con todo y ser de lo más común en la vida urbana, ocupa el primer lugar de la mercadotecnia honesta, es más, tal vez sea la única en esa lista casi desierta.

Tras ver el capítulo en donde Bart se empeña por encontrar el objeto más inútil a la venta - sabiendo que eso complacerá a su padre- quedé determinada a realizar una búsqueda de tiendas similares en la vida real. El resultado: La realidad tuvo más ficción que la vida de Homero Simpson.

Vistas con ojos imparciales, la mayoría de las tiendas a nuestro derredor ofrecen cosas innecesarias, aunque estamos de acuerdo en que algunas se especializan en ello. En esa lista agregaré las que venden portarretratos, almohaditas con leyendas y vasos grabados; están también las de postizos para uñas y aquellas con ofertas en fundas para celular; bolsos para dama y anteojos con aros sicodélicos; no olvidemos los productos egipcios o turcos cuyo uso no queda claro en nuestro país.

Siendo menos condescendientes con nuestro antojo, cada uno podríamos elaborar un listado bien nutrido de sitios en donde hay cosas a la venta cuyos precios oscilan desde la baratija irresistible, hasta el deseo más insano, monetariamente hablando.

En honor a la verdad, en el grupo de mujeres que somos amas de casa y tenemos familia, llegar a un supermercado nos dispone a la compra de algo para complementar la despensa, el antojo o la comodidad. Ayer entré a una tienda de ese tipo y descubrí que nada necesitaba de sus estantes; eso me tiene preocupada.

La necesidad creada por la mercadotecnia, la modernidad, la sociedad demandante y exclusiva, no nos ha preparado para estar satisfechos, de ahí que las cosas innecesarias a la venta son las más costosas, pues no sólo cubre una urgencia abstracta, también nos pode a competir en grado de excentricidad.

Bien pensado, no estamos necesitados, sino urgidos de lo innecesario.

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08 Febrero 2018 04:00:00
Mejor el mito
Escuchar a los campesinos viejos es remitirse a un lugar de fantasía, porque la realidad que se ha vivido debe contarse como una novela, pues darse cuenta de verdades tan crudas es difícil de llevar.

Este asunto se aborda, con palabras distintas, en la película “Hombres de negro”. Cuando el recluta se entera sobre la convivencia de humanos con extraterrestres, cuestiona la razón por la cual no se ha dado la noticia abiertamente. El entrenador le responde: “Hay información que las personas no podrían manejar”.

La “información” con la que han tejido su historia las comunidades rurales, es a menudo tan inmanejable para el resto del mundo, que mejor debería contarse como ficción. En pocas palabras, debemos asimilar que una gran cantidad de realidades han sido motivo de burla en contra de quienes las descubren; sin embargo muchas fantasías gozan de más credibilidad aunque sean representadas por un actor.

Trasladar muertos, ver morir a sus hijos recién nacidos, vivir como nómadas del siglo XX, ser jornaleros a los cinco años, trasnocharse entre las labores, comer pan y sal, inventar alimento con hierbas desconocidas, presenciar asesinatos, todos estos fueron temas cotidianos en la vida de las generaciones pasadas, aunque no tan añejas, pues todavía hay quien las cuenta en primera persona.

Contar la rudeza que acompañaba a todas esas acciones, cotidianas entonces, sería poco creíble. Quizá sea mejor llevar este asunto como se hizo con los murciélagos, tildados de malditos y predadores, hasta que a un científico locuaz se le ocurrió convertirlo en personaje y desarrollar una exitosa campaña de protección.

Lo que me ocupará ahora es convertir la realidad en cuento, y entonces muchos dejarán el escepticismo para convertirse a la compasión.

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07 Febrero 2018 04:00:00
Caiga mal
En una aciaga época, mi entretenimiento esperado a lo largo del día era sentarme a ver Ventaneando. Sin discutir en lo absoluto sobre su calidad como producción televisiva, tenía un innegable valor agregado que funcionaba a las mil maravillas apaciguando mi alma dolorida: Mirarlo no exige pensar ni siquiera un poquito.

Yo no sé si la tendencia mundial arrancó al mismo tiempo en todo el orbe, pero sí queda claro cómo los programas dedicados a encumbrar las cosas cotidianas son, más que una tendencia, el paradigma del actuar humano.

Los conductores de Ventaneando se han preparado a profundidad para convertirse en expertos de la exacerbación de lo trivial. Lo hacen tan al hilo, que uno no se entera de cómo se puede consumir una hora, con sus 60 minutos enteros, abordando asuntos sobre los cuales no podemos decidir, obrar o siquiera opinar, de tan banales. Pero aquello es tan, pero tan entretenido.

Junto con el encumbramiento del programa sobre espectáculos llegó a México el de los videos chistosos. Reírse de lo que sucede cada día al común de los mortales se volvió un deporte, pero entretenerse con las acciones fallidas de la vida doméstica, se convirtió en una exigencia para no ser excluido de la sociedad del conocimiento.

Los programas de videos con caídas, bromas, volcaduras, choques, incidentes mil llevan la batuta sobre los muy escasos dedicados a mostrar giros exitosos, volteretas grandiosas o piruetas de premio; todo esto resulta aburrido frente al error hilarante.

Caer mal tratando de patinar, hacer parkour fallido o achicharrarse el cabello en un tutorial bien intencionado, dará más fama a cualquiera frente a quienes se esmeran por presentar sus muchas habilidades para caer correctamente.

En conclusión, estamos viviendo una época en la cual caer mal aporta más expectativas que hacer lo correcto y hacerlo bien.


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06 Febrero 2018 04:00:00
Acostada y con zapatos
El otro día compré unos leggins y resultaron ser algo así como una malla y ya, muy lejos de hacerme lucir perfecta y tentadora por el destacable hecho de mantener las carnes en donde estaban hace 15 años. Si estuvieran dispuestos a cumplir la promesa de una imagen tentadora, tendrían bolsas disimuladas en donde uno pusiera los sobrantes que nos impiden aparecer justo como el anuncio dice: Espectacular y perfecta.

¿Perfecta para qué? De cualquier forma me lo puse, y la primera vez que lo hice dijo mi niño que se sentía muy feliz pues, por lo visto, yo iría de botarga a su festival de la nutrición: “¡Tú puedes ser la salchicha o la longaniza que nadie debe de comer, mamá! me dijo con sus ojitos llenos de ilusión.

Lo sé: cada quien vista en lo que le quepa, pero para ello debieran moderarse y no andar bajando el cielo y las estrellas a todas estas mujeres que feas no somos, pero sí demasiado pobres como para anunciar ropa en las revistas.

A más de la ropa, también he sido víctima con anuncios de calzado, en donde afirman cuánto una andará como en las nubes luciendo unas piernas largas, torneadas, perfectas e interminables con ese diseño innovador. Todo lo anterior es creíble si somos capaces de ignorar que lo interminable es la plataforma y ese tacón de 15 centímetros. Bueno, si logramos mantenernos en pie, todo pudiera funcionar; aunque cuando reclamé a la vendedora me dijo: “Míralo por el lado amable: Puedes posar para una foto muy sexy acostada en el piso y mostrando tus zapatos”.

Estoy más allá del optimismo en cuanto a promesas de lindura compradas por correo o por catálogo, y poco estoy dispuesta a seguir siendo burla entre los demás, así que me pondré mis leggins nuevos e iré a protestar a la capital del mundo… pero disfrazada de morsa en vías de extinción, para no pagar boleto de avión.

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03 Febrero 2018 04:00:00
Examencito
El profesor de inglés era un hombre paradigmático: Alto, medio encorvado por su determinación a no luchar contra la fuerza de gravedad, usaba anteojos y llevaba el imperdonable mostacho de los años 70. Todo en él era ser profesor, incluida su pasmosa y sorpresiva frase: “examencito”.

El examencito era un recurso nemotécnico para sus estudiantes de secundaria. Sin previo aviso, dictaba una tercia de acciones que debíamos hacer en la hoja arrancada del cuaderno, en donde pergeñábamos con bastante pena los adjetivos, verbos y sustantivos que, se supone, habíamos aprendido de manera indeleble durante la semana.

De los examencitos aprendí sobre no dejarme sorprender, de cómo distinguir a un profesor de otro profesionista, de cuánto era posible saber un segundo idioma sin parecer muy capaz, pero de inglés, solo recuerdo un mal chiste que nos contaron en la clase y fue una practicante de la Escuela Normal.

Como esa examencito son los que ahora se discuten en las aulas, las oficinas, las secretarías de gobierno y los sindicatos. Son sorpresivos a fuerza de ser ajenos a la realidad laboral, de manera que miles de profesores deben echar un volado mental –porque no se pueden llevar objetos a la sesión- para responder no lo que se ha aprendido en la práctica, sino el cálculo más aproximado a lo que el examinador quiere que se responda.

Las examinaciones son históricas y, hasta la fecha, cuando están hechas para elegir prestadores de servicios o funcionarios, siempre han sido tildadas como recursos de sistemas absolutistas. En China, desde el renacimiento, se oficializaron las examinaciones para quienes deseaban ocupar un cargo relativas al gobierno, debían enfrentarse a tres pruebas ascendentes en dificultad, la última aplicada por el mismísimo emperador.

El tema de los exámenes es como un fantasma que nos persigue a todos desde el preescolar. Una querida amiga, gran conocedora de la educación, no acaba de descifrar cómo su hijo acabó reprobado en primero de preescolar, porque no le valió ni siquiera el ir disfrazado de un perfecto plátano.

El conflicto surge al encontrarse con valoraciones alejadas a la formación de quien es examinado, ajenas a la realidad laboral, y emitidas por instancias con apenas conocimiento de lo que se requiere para enfrentar el día a día en un empleo. Baste recordar que en China los exámenes estaban a cargo del Ministerio de Ritos. Saque usted las conclusiones.

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02 Febrero 2018 04:00:00
Safo no duele
Junto con la petición implicada en este texto evidenciaré mi ignorancia sobre lo que existe fuera de mi caverna personal, pues no imaginé la cantidad de personas que invierten su vida y nuestro dinero en estudiar lo que a nadie es útil.

Hace algunos días participé en un importante encuentro nacional sobre problemas para la enseñanza del español. Mi corazón palpitaba como loco al saberme afortunadísima de estar presente en donde un grupo de estudiosos de la literatura vertería todo su saber, saber cultivado en las más importantes universidades de nuestro país.

Nada digo del profundo conocimiento atesorado por una gran cantidad de maestros mexicanos, lo único que discuto es la funcionalidad de ello. Ustedes me darán la razón cuando les cuente los temas de sus estudios: El uso del participio verbal en la poesía del Renacimiento; los diversos significados de la palabra “bicho” estudiada en los diccionarios de 1789; de cómo los artículos periodísticos tienen el argumento en la primera línea.

He cambiado algunos términos para proteger a los inocentes, pero luego de conocer sus empeños –y enterarme de que yo de plano escribo cualquier cosa menos artículos periodísticos- ya comprenderán la causa de mi tristeza cuando observamos que quienes tienen la información –y los recursos- al dedicar su vida a los asuntos académicos, habitan en el limbo de las entelequias, y los problemas para la enseñanza del español les importan un bledo –bledo: del latín “blitum”. Cosa insignificante, de poco o ningún valor-.

Mucha leña aporta al problema el hecho de la élite intelectual que conforman ciertas universidades. Sus integrantes, con docta certeza, se asumen como los propietarios del saber decimonónico y ni siquiera se percatan de cómo la vida bulle fuera de sus campus con una realidad muy otra a la de los sustantivos propios contenidos en El Decamerón.

No es justo que millones de profesores nos acabamos las horas y los minutos por mejorar la realidad de otros tantos jovencitos escuelantes, mientras otros tantos literatos presentes y en cierne se cortan las venas por los versos de Safo y Anacreonte, ignorando que puede haber mucho más dolor en el corazón de un muchacho de secundaria.

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01 Febrero 2018 04:00:00
Pisa y corre
Un día, mi suegra Doña Mary –que Dios la tenga embarrando tamales- consiguió una funda maravillosa para el asiento del sanitario. La sociedad en el rancho se dividió, entonces, entre quienes podían usar ese baño y el resto del mundo.

La dichosa funda estaba confeccionada con una especie de encaje, pero no de esos que traen en volandas las novias y las quinceañeras, tenía textura de tul con un bordado de filigrana, el cual, bien pensado, era totalmente inútil, a no ser por el sibaritismo de quienes teníamos el privilegio de posar las posaderas en él.

La mayor ventaja del accesorio radicaba no en el lindo acabado ni en su color azul cielo, imposible de tan claro; tampoco se la adjudicábamos a la resistencia de esa tela en apariencia delicadísima. Su eficacia para evitar que a uno se le entumieran las entrañas era el acto protagónico de la pieza.

Hay una diferencia bien marcada entre el tiempo que una persona se toma para ir al baño en primavera, comparado con el invertido durante el verano. Los meses cálidos y los tibios invitan a quedarse un poco más, filosofar, avanzar una lectura, ponerse al día con un chisme de revista; el ambiente helado, en cambio, echa para afuera en dos minutos incluso a quien ostente el intestino más caprichoso.

Esta realidad innegable está vigente en las zonas urbanas, ahora traslade usted la imagen al ambiente campirano, en donde la temperatura en este invierno llevó sus veleidades hasta los 20 grados bajo cero. Entrar al baño es una aventura, una encrucijada, un duelo entre el urgido y el objeto necesitado.

Tomar un baño se vuelve un ritual del que nadie sale completamente satisfecho: Si se tienen los medios para calentar el área, animarse a entrar como quiera cuesta trabajo, pero determinarse a salir, eso sí es para valientes.

Dicen que de todo hay en Youtube. Apostaría a que alguien tiene ya las estadísticas comparativas y exploratorias entre los tiempos del verano en el cuarto de baño y el pisa y corre que se estila de noviembre a marzo.

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31 Enero 2018 04:00:00
De lo prohibido
Las mujeres, por muchos años, no tuvieron acceso a, siquiera, comentar el asunto. Los hombres, en cambio, se han podido servir de ellos con la cuchara grande desde que la civilización fue inaugurada.

Cualquier mujer abordando el tópico entró como descocada al club de las insensatas. Hablo de tiempos cuando las féminas debían apegarse a la disposición de los hombres en los horarios, las formas y los modos dispuestos por ellos.

Ustedes se habrán prefigurado en la mente el tema sobre el cual platicaremos hoy. Seguro coincidimos todos en él, porque limitar al sexo femenino de semejantes decisiones fue una injuria para la humanidad: Estoy hablando de política. La buena noticia, es que ahora las mujeres también participamos de todas las formas posibles y no es dado elegir cómo, a qué hora y con quién….

queremos estar gobernadas; la mala, es cómo, igual que los varones, nos dejamos llevar por una descarga adrenérgica temporal. Luego la euforia pasa.

Refiero al asunto un poco por la época y un mucho por la historia. En víspera de elecciones, los ánimos están arriba; todos nos creemos capaces de cambiar el mundo –el nuestro, el inmediato, porque no existe otro- y tratamos de anexar a medio mundo a la mejor causa, sobre la que estamos honestamente convencidos. En estos días hay un hervidero de pasiones, una adrenalina política. Pero ¿qué sucede después del clímax? Haré una analogía con otro acto igualmente pasional y propio de la humanidad: antes del amor, cualquiera dice “mañana nos casamos”; después del clímax, la frase deriva en: “Bueno, no hay que apresurarnos”.

Lo sé de cierto por dos razones: Tengo edad suficiente para reconocer esos ciclos y relatos bastantes sobre la laxitud de las decisiones posteriores al clímax electoral. Además guardadas en el morral de las esperanzas, numerosas propuestas para hacer grupos multidisciplinarios en busca de profesionalizar el ejercicio docente, y si están durmiendo es porque obtuve respuestas variopintas, desde “claro, buena idea, luego la platicamos”, hasta “¿para qué moverle?, así estamos más tranquilos”. Sí, también pasé por el típico: “Dales a todos por su lado y te dejarán tranquila.

Ayer mismo recibí tres invitaciones por Facebook: Una protesta silenciosa, una asociación para combatir a los gobernantes corruptos, emulando a gente de otro país, y una invitación en pro de conmiserar a quienes no desean votar por el PRI. Mis ofertas las he planteado los últimos cinco años… y aún no tengo, ni siquiera, el “Me gusta” prometedor.

¿Acaso debo plantear mis proyectos sólo en tiempos electorales? Me niego a ello, porque tengo la mala costumbre de planear sobre lo sustentable, y los modos políticos efímeros son los que, en estos tiempos, dan un toque a las personas. Esto de dormirse después del clímax, definitivamente, “ya no me gusta”.

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27 Enero 2018 04:00:00
Poesía de pasada
Conocí la poesía de Miguel Hernández una somnolienta tarde dominical.
Agradezco aJuan José Arreola el favor de mencionar su nombre y recitar algunos versos del malogrado poeta español. Yo tenía unos 14 años entonces, y no se puede decir que tuviera a la mano una vasta biblioteca que me hubiese dado bases suficientes para comprender la profunda tragedia que pergeñaba Hernández, sin embargo, la cápsula de Arreola dentro del programa Para Gente Grande, fue lo suficientemente asequible para engancharme a leer poemas.

Hoy que hamuerto Nicanor Parra, yo quisiera devolver el favor y lanzar al aire algunas estrofas de quien fuera un longevo chileno atento siempre a sacar a la luz aquellas cosas mantenidas en la oscuridad. El sarcasmo y la ironía son las armas literarias que mejor defendieron su postura crítica, tan fina como socarrona.

Comparto esto, vayaa caer en donde caiga.


DÍGASE LUPANAR y no prostíbulo
meretriz en lugar de prostituta
Nuestro Señor
en vez de Jesucristo
Vía Láctea, no Río Jordán
la palabra es el hombre
no diga nunca sol
diga astro rey
diga Pronunciamiento Militar
y verá cómo le suben los bonos
si dice golpe lo mirarán de reojo
feo decir bachicha
diga mejor ciudadano italiano
más respetuoso
mucho más cristiano
lo que oyen señoras y señores
el que dice corcel en vez de caballo
tiene su porvenir asegurado
Y POR FAVOR destruye este papel
la poesía te sigue los pasos
a mí también
a todos nosotros

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27 Enero 2018 04:00:00
Extraordinario y aterrador
Las cosas son extraordinarias o aterradoras no por sí misas, sino de acuerdo con la generación que las clasifique.

Durante la Edad media, Aldrovandi, un inquieto científico italiano –apegado al concepto de tal durante los primeros siglos después de Cristo- decidió viajar por el mundo para conformar un catálogo de monstruos habitantes de la Tierra conocida. Fue a muchas ciudades, pueblos, caminos, lagos, ríos y mares europeos recabando información.

Conforme las personas le hablaban de sus experiencias con monstruos, él hacía un dibujo a carbón según entendía las señas del informante; en otros casos con mayor suerte, tuvo la oportunidad de ver al monstruo en persona. Su libro, de esta manera, ofreció los bocetos de animales marinos gigantescos, aves enormes con tres patas o dos cabezas, serpientes inconmensurables, pero también jorobados o hirsutos. Su “Monstruorum” se puede consultar hasta la fecha.

Dejando de lado las visiones, los monstruos de Aldrovandi lo fueron por moda, no tanto por realidad. Aunque menospreciado y no muy bien visto, ni siquiera Cuasimodo era calificado como monstruo en su antigua época, porque el avance científico, la cultura social o las políticas públicas determinaron qué era extraordinario y qué monstruoso. Como en todas las épocas conviven tres generaciones, las cualificaciones de algo no ordinario se pueden dar variopintas aunque parezca que todos están viendo exactamente lo mismo.

En la película “Up, una aventura de altura”, el locuaz niño protagonista no puede entender cómo su amigo anciano puede despreciar lo que a todas vistas es extraordinario. Así, se entabla un diálogo inverosímil. El chiquillo si pueden llevar con ellos al perro y el anciano contesta con una negativa tajante, así que el pequeño dice, con tono de gran sorpresa: “¡Pero es un perro que habla!”, a lo que el hombre argumenta que eso podría ser peligroso o estar radioactivo.

Al mismo tiempo lo maravilloso y lo amenazante. Así son las cosas en la vida diaria, depende de quién las esté mirando.

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26 Enero 2018 04:00:00
Poesía de pasada
Conocí la poesía de Miguel Hernández una somnolienta tarde dominical.

Agradezco a Juan José Arreola el favor de mencionar su nombre y recitar algunos versos del malogrado poeta español. Yo tenía unos 14 años entonces, y no se puede decir que tuviera a la mano una vasta biblioteca que me hubiese dado bases suficientes para comprender la profunda tragedia que pergeñaba Hernández, sin embargo, la cápsula de Arreola dentro del programa Para Gente Grande, fue lo suficientemente asequible para engancharme a leer poemas.

Hoy que ha muerto Nicanor Parra, yo quisiera devolver el favor y lanzar al aire algunas estrofas de quien fuera un longevo chileno atento siempre a sacar a la luz aquellas cosas mantenidas en la oscuridad. E sarcasmo y la ironía son las armas literarias que mejor defendieron su postura crítica, tan fina como socarrona.

Comparto esto, vaya a caer en donde caiga.
DÍGASE LUPANAR y no prostíbulo
meretriz en lugar de prostituta
Nuestro Señor
en vez de Jesucristo
Vía Láctea, no Río Jordán

la palabra es el hombre
no diga nunca sol
diga astro rey
diga Pronunciamiento Militar
y verá cómo le suben los bonos

si dice golpe lo mirarán de reojo

feo decir bachicha
diga mejor ciudadano italiano
más respetuoso
mucho más cristiano

lo que oyen señoras y señores
el que dice corcel en vez de caballo
tiene su porvenir asegurado
Y POR FAVOR destruye este papel
la poesía te sigue los pasos
a mí también
a todos nosotros

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25 Enero 2018 04:00:00
Telésforo me quiere
Elena Boris tiene una donación de diez millones ciento cuarenta y dos mil seiscientos veintiocho dólares para mí, pero con la filantrópica condición de que la mitad sea donada a los necesitados de iglesias, orfanatos y otros. Solo me pide nombre, estado de edad del país y número de teléfono (sic).

Peth Ramson, por su parte, se ocupa de la salud de mi familia y me hace saber cómo localizó mi correo electrónico: En zócalo.com.mx, dice. No podría dudar de él cuando, en su despedida, escribe con mayúscula: Sinceramente.

Elena Boris, quien debe de tener problemas de personalidad, la semana pasada me envió otra vez un correo con la misma oferta de la donación condicionada a la caridad, pero esta vez dijo llamarse Matheus Wagner.

Otras ocasiones el remitente dice ser Pierre, y desde el nombre franco hasta el del muy mexicano Telésforo, han pasado cerca de 50 correos electrónicos con ofertas fraudulentas que he recibido en los últimos meses. No me ofende la intención, sino la chabacanería con que lo hace ahora: Ya ni siquiera chantajean con elegancia y detalle.

Los fraudes al inicio de la comunicación virtual solían ser más elegantes: Historias sensibles de personas caídas en desgracia, cuyos argumentos merecían la colaboración económica del timado nada más por la creatividad literaria y patética de sus fantasías. Había también jóvenes hermosísimas que se ofrecían en un matrimonio formal; sus fotografías no dejaban lugar a dudas de su recato y buena intención, si bien, su conocimiento de los nombres en Latinoamérica era limitado, porque a mí me llegó una decena de ofertas para casarme con sendas chicas desahuciadas socialmente en su país, a decir del texto.

No sé si mañana mi querida Elena Boris trueque su nombre por el de Armida, Stephen, Magdalena o Próculo, pero estoy segura de que si su negocio fraudulento quiebra, estará lista para sustituir al cantante de Café Tacvba, quien ha viajado de Juan, Cosme, Massiossare, hasta el actualmente autollamado Zopilote.

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23 Enero 2018 04:00:00
Sombras nada más
Las sombras femeninas no se parecen en nada a las masculinas. Las de ellos son únicas y determinadas; las nuestras, múltiples y endebles.

Darse cuenta de sus sombras, le lleva a la mujer alrededor de 13 años a partir del nacimiento. Un hombre, en cambio, puede pasar la vida entera sin conocerla, sin siquiera atender sus formas o sus fluctuaciones cromáticas.

Si bien, el desenfado con el cual los caballeros las llevan puede ser un tanto criticable, debemos de reconocer que para nosotras, esa amplia variedad a menudo nos lleva a perdernos en sus opciones y acabamos por no tener una identidad que nos haga distinguirnos de entre todas.

Existe también el caso opuesto: Algunas chicas se quedan atadas a una o dos y cuando caen en la cuenta de su prisión voluntaria, abrirse a la posibilidad de usar todas las opciones a su disposición es un acto que, o bien se elude, se atiende con un psicólogo o es una oportunidad para salir en programas como “No te lo pongas”.

Yo no sé si a un varón le importe si la pierde o se daña, pero en el caso de las mujeres, extraviar una sombra o dejarla caer, es tanto como trastornar el cultivo de una temporada, quedarse sin una compañera vital y de confianza; es algo así como dejar una parte nuestra.

Así las cosas, los caballeros tienen sombras intangibles, pero las damas, las poseemos en polvo, en crema o en aerosol. Vienen en estuches lindos e integrales, aunque también está la opción de adquirirlas en presentación individual; se pueden tener en el tocador o llevar en el bolso porque existen diversas marcas que las ofertan en versión para viaje.

Las sombras femeninas son, al mismo tiempo, la luz que ilumina nuestros ojos, el producto que se lleva un ojo de la cara, el elemento que se vuelve ojo de huracán; en fin, son tantas cosas, que es difícil entender cómo los hombres pueden pasar la vida sin ellas.

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19 Enero 2018 04:00:00
Falta calor
Siendo que el frío se adueñó de nuestras vidas, no nada más los motores, los puentes y las tuberías quedan pasmados, también los dedos y las ideas. El clima me tiene tomada, así que lo tomé por sorpresa y, en este encierro involuntario, me dediqué a encontrarle al invierno los trapos que le han sacado al sol. Estas son las frases encontradas.

El matrimonio, al contrario de la fiebre, comienza con calor y termina con frío.

Hay algunos, felices, que pasan de un sueño rosado, de un sueño dulce, tibio y dulce, al sueño largo y frío.

Mejor sudar que toser y tiritar.

Juventud, calor y brío; vejez, tembladera y frío.

Cuando tú no ardas de amor, muchos morirán de frío.

Cómo debe ser frío el invierno para aquellos que no tienen recuerdos cálidos.

¿Ya entraron los pingüinos?
Enseñar sin inspirar, es como querer forjar un hierro en frío.

Tiene algo de perturbador evocar un recuerdo cálido y que te deje completamente frío.

En las profundidades del invierno aprendí finalmente que había en mí un verano invencible.

Chocolate frío, échalo al río.

El color de la primavera está en las flores; el color del invierno en la fantasía.

Siempre sentía demasiado frío por fuera y demasiado vacío por dentro.
La primavera del espíritu florece en invierno.

Para acortar el invierno, pide prestado dinero que debes devolver en primavera.
Me gusta el frío, porque me calienta el corazón.

La risa es el sol ahuyenta el invierno del rostro humano.

Coge las flores del buen tiempo, que pronto llegará tu invierno.

Hambre y frío entregan al hombre a su enemigo.

La venganza es un platillo que se come frío.

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