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Dalia Reyes
Dalia Reyes
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24 Noviembre 2017 04:00:00
Otra vez miedo
El miedo es una elección, dije ayer. Consensuar con ello también lo es.

Poco antes de los 18 años busqué un empleo, más a insistencia de mi madre que por decisión propia, pues en mí cabía la esperanza de continuar con mis estudios de química. Inicié a trabajar puntuando telex, un oficio desaparecido junto con esas máquinas al llegar las computadoras.

Menos de un año después, el primer recorte de personal en el periódico me puso en la lista negra: Me hacían vulnerable la edad, escasos estudios y casi nada de antigüedad. Una tarde me dieron cita para las 12 del día siguiente; todos sabían cuál era la razón de la entrevista. La noche fue una pesadilla, con todo y haber permanecido en vela.

Apenas cerraba los ojos, un temblor incontrolable me recorría el cuerpo obligándome a abrirlos. Así despierta, me visualizaba acabada y pobre, incapaz de comprar siquiera lo indispensable para mi persona. Cabe mencionar que vivía con mi familia, en una situación comprometida pero tampoco miserable.

El miedo pobló mi cabeza durante 20 horas. Tenía miedo cada parte de mi persona. Estaba dolorida de brazos y piernas por tanto esfuerzo al contenerlo. Permaneció en mí mientras me bañaba, cuando caminaba a mi trabajo, cuando llegué a la oficina y le dije a mi jefa que ya me iban a correr, cuando ella dijo, no, mejor quédate trabajando y me ordenas la biblioteca.

Permanecí en ese empleo por 15 años, hasta que yo decidí que era hora de retirarme. Pero de todos esos ciclos, ninguno fue tan largo como el de la noche aquella cuando elegí temer, porque fue un acto innecesario, inútilmente desgastante.

He tenido miedo por la posibilidad de llegar tarde a algún sitio importante; también me ha invadido pensando en que probablemente algo suceda a un miembro de mi familia; luego he sentido otro por la inseguridad, por el riesgo potencial de un robo en casa o un asalto en la calle.

El miedo es como pagar un seguro de auto: Se paga el costo aunque nunca tengamos un choque a lo largo de nuestra vida.

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22 Noviembre 2017 04:00:00
La elección del miedo
El miedo es una elección.

Íbamos mi hermano y yo bajando por una vereda. La noche estaba entrada desde hacía rato; sus pasos se escuchaban detrás de mí, muy cerca. “Aquí hay una mano que no es mía”, dijo. Yo solté el único grito estentóreo de toda mi vida, que se alargó hasta cuando él interrumpió mi susto diciendo que esa mano era la mía.

Dos personas en la misma situación, pero sólo una eligió el miedo como reacción. Pudo ser falta de información, reacción anticipada, blandura, etcétera. Si pensamos en una circunstancia, cualquiera que esta sea, verán que fue enfrentada de diferentes maneras, y no todas involucran el temor.

Hoy echaré mano de Fernando Savater y su ética para Amador para hablar del miedo; usted y yo continuaremos mañana.

“Solo quien ha nacido para esclavo o quien tiene tanto miedo a la muerte que cree que todo da igual se dedica a las lentejas y vive de cualquier manera.”

“todo animal consciente de estar en peligro de muerte se vuelve loco. Loco miedoso, loco astuto, loco malvado…”

“Todos tenemos reflejos íntimos del miedo que sentimos ante el castigo que puede merecer en este mundo o en otro después de la muerte, si es que lo hay nuestro mal comportamiento.”

“¿Y si yo te dijera que lo «irresistible» no es más que una superstición, inventada por los que le tienen miedo a la libertad?

“Quienes se comportan de manera hostil y despiadada con sus semejantes es porque sienten miedo, o soledad.”

“Lo que se agazapa en toda esa obsesión sobre la «inmoralidad» sexual no es ni más ni menos que uno de los más viejos temores sociales del hombre: El miedo al placer.”

“En el miedo siempre hay un inicio de respeto y bastante sumisión.”


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21 Noviembre 2017 04:00:00
Otras tribus
Pertenecer es el verbo más necesario en la vida del ser humano. No se confunda con “pertenecerme”, porque este asunto no trata sobre la propiedad privada.

Una reacción natural entre los adultos es la catalogación de adolescentes. Es un acto inconsciente: Apenas ver a un joven con ropa oscura, cabello sobre los ojos, pantalón raído, etcétera, la maquinaria mental de las categorizaciones ubica al observado en algún cajón de las tribus urbanas, por cierto cada vez más crecidas en su lista.

Se da por hecho que los jóvenes pertenecen a una tribu porque aún no desarrollan su individualidad, por tanto, siguen a un líder invisible, inasible e incoloro, que les marca la pauta de cómo hablar, cómo callar, como actuar y cómo no hacerlo.

Así las cosas, según lo que salte a la vista, un muchacho podría ser bakala, makinero, canis, flaite, ñero, turro, naco, chaka, cholo, cumbiero, emo, pokemon, friki, geek, merd, gamer, noob, grunge, gótico, dark, hardcore, heavie, metalero, hippie, hipster, indie, kawai, kopper lolita, mods, motero, otaku, punk, rapero, skater, grafitero, reggaetonero, ska, rockero, ultra o xtrail. Esta lista deberá de enriquecerse con lo que surja esta semana.

Los adultos, se supone, no entran en ninguno de los rangos anteriores, porque no son miembros de una subcultura, sino ciudadanos, adheridos a la sinergia social en donde viven, producen, gastan, en fin.

En realidad, las tribus urbanas en las que militan los adultos están tan vivas como las de los adolescentes, la diferencia radica en que aquellas no tienen la honestidad de estas. Un metalero ratifica su sentido de pertenencia vistiendo ropa oscura con accesorios brillantes, playeras estampadas; en cambio, un integrante de las tribus académicas, por poner un ejemplo, puede pasar inadvertido para el mundo, porque hace constar su adhesión con actos tan discretos como violentos al interior de sus centros laborales.

Nunca las tribus urbanas integradas por jóvenes han sido tan amenazantes como las que conformar profesionales. Los muchachos buscan coincidir con los miembros de sus grupos; los adultos, en cambio, prefieren comerlos antes que correr el riesgo de ser superados.


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18 Noviembre 2017 04:00:00
Dirección del futuro
Cultive usted la soledad. Hágala su amiga. Háblele con cariño y con respeto, porque es una dama antigua. Déjela que destruya su obra si así lo desea, o que la ensalce, si se descuida; pero no le pidas más de lo que dio: si no cultivó sus talentos, no se los exija, no use su nombre para ganarse la humillación del poderoso con tal de comer tres veces al día.

El futuro está muy lejos de nosotros, no estaremos vivos cuando se acerque a nuestro esqueleto. Moriremos con la incertidumbre de saber si llegará con llanto, dolor, luz o tierra buena.

No busque respuestas arriba. No pregunte a quien dice saber más: contestará su ignorancia y avaricia, guardará la sabiduría para los gusanos, cuando sus huesos pulidos nada puedan enseñar. Confiemos en el porvenir: Nunca engañará a nadie con promesas porque ha demostrado que no llegará jamás, no podremos alcanzarlo y eso es bueno saberlo hoy. El dolor previsto es mejor que la paz imprevisible, pues así nuestro cuerpo se prepara con esa deliciosa tortura que daña nuestra piel de adentro hacia afuera.

Que nadie se deje llevar por la luz pasajera, el tiempo de milagros quedó atrás y al parecer nunca volvería a repetirse. Si escuchamos coros angélicos y voces de alabanza, son los demonios que pelean por el alma estática del gélido rigor de los olvidos. Nadie nos recordará, excepto quienes nos requiera, si acaso supimos ser útiles para alguien.

El futuro no está aquí. Erramos el camino desde el cruce de veredas, disyuntiva voluntaria, donde escogimos lo posible y lo buscado, lo permitido lo deseable. No hay regreso en nuestras vidas, el tiempo ni siquiera existe, por ello no concede favores ni consigue canonjías.

Todo lo que creemos podría no ser verdad, quizá lo que se espera no tiene pensado llegar. El futuro resultó ser un personaje falaz, y eso deberíamos agradecerlo bastante, porque nos muestra cuánto vale el presente y se burla de cuán fácil se nos va.

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17 Noviembre 2017 04:00:00
Se renta comprador
Comprar tortillas hoy es un acto libre de riesgos; no requiere seguro social ni guardaespaldas. Antes, no señor, era un trabajo exclusivo para especialistas.

EL perfil de ingreso para ser comprador de tortillas oficial era bastante claro, aunque, como siempre hubo sus excepciones. En primer lugar, no se debían de rebasar los 15 años; en segundo, ser de preferencia, varón, y, tercero, tener una autoestima más puesta que la corona un rey medieval.

Lo anterior respecto de los generales para el candidato. Ahora bien, lo determinante para hacerse del empleo era una actitud de hierro, una autoestima de vikingo y una frialdad de ruso. Lo primero se solicitaba con fines pragmáticos; lo segundo, con fines de supervivencia.

Lo pragmático era más que para el empleado, para su mamá: Con tantos hijos y actividades, ir a comprar tortillas no estaba destinado, en definitiva, a los hijos apenas pudieran contar la feria correcta. Como se adivina, el cargo se heredaba conforme un elegido rebasaba la edad, la estatura o la capacidad de soportar la frustración.

Comprar tortillas requería, sin excepción, ir a la tortillería. Si esto es un perogrullo para algunos, eso me da señas de que ellos cumplieron más de 50 y fueron compradores designados en tanto crecían sus hermanos.

La primera y determinante decisión antes de encaminarse a la compra, era ser puntual como un sereno: Acudir cinco minutos antes implicaba una espera inútil, pero llegar cinco minutos tarde multiplicaba el tiempo en cantidades estratosféricas. Luego estaba la diatriba sobre si llevar o no servilleta de tela.

Quienes llevaban servilletas de tela tenían dos antecedentes posibles: Una discusión perdida con la madre, quien se negaba a pagar cincuenta centavos por la envoltura de papel, o una seguridad indiscutible, porque no le importaba si la colonia entera ponía en tela de juicio su hombría.

Hacer la fina ponía a prueba la paciencia de los santos. Apenas los dos delanteros alcanzaban la sombra que muy pobremente daba el techo laminado de la tortillería. Los demás se calentaban con 30 grados del mediodía y los vapores que emanaban de la máquina enorme y amenazante de cuyas fauces brotaba el objeto del deseo.

Las historias que, de principio a fin se vivían dentro de la fila, y el préstamo de chiquillos para el trabajo, son tema completo para otra charla como estas.

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16 Noviembre 2017 04:00:00
Nada de dama
En matemáticas no tiene significado preciso, es un término informal. Para los filósofos el concepto de la nada ha sido estudiado a través de la historia por diversos filósofos y teólogos, muchos de ellos encontraron que una consideración cuidadosa del término puede conducir fácilmente a la falacia de la reificación (usar un concepto abstracto como si fuese algo verdadero).

Todo lo anterior lo bajé de wikipedia, el sitio más rápido para encontrar la definición de algo o para no encontrar la definición de nada (pongámonos kantianos, pues). Wiki es rápido en Hawai, y como muchos dijeran a la hora de trabajar: ¿Lo quieres rápido o lo quieres bien? Así procedieron en estas definiciones quienes hicieron el diccionario virtual más popular del mundo, porque olvidaron la más importante acepción de la palabra nada: Esa que solo podríamos haber dado las mujeres.

Contestar nada en una dama equivale a decirlo todo, es decir, ahí puede caber desde cualquier cosa hasta, realmente, nada. Digamos que la abstracción es una cualidad más de la capacidad simultánea de las mujeres.

Si el viejo nos pregunta ¿qué te pasa?, el término que en matemáticas implica vacuidad en nosotras puede implicar: ¡Estoy molesta porque no le saludaste a mi mamá y llegaste tarde por mí y te quedaste viendo el futbol, no llevaste a los niños a pasear y no bañaste al perro por estar atendiendo a tu condenado carro, que lo quieres más que a mí, porque a ti no te importa lo que me pase, pero cuidado que alguien vea feo tu chatarra. Ah, y el suéter que me regalaste hace dos años en Navidad no me gustó!

Ahora bien, la respuesta puede implicar que estamos navegando entre las brumas del existencialismo, tratando de entender quiénes somos o qué estamos haciendo aquí, o ¿por qué no le hice caso a mi madre? Si ya tocamos fondo o no, para entonces, volver a la rutina diaria, es decir: Estamos contestando que no pensamos en nada de importancia.

La tremenda ambigüedad de la palabra –femenina, por supuesto, la ambigüedad y la palabra– puede causar desde un divorcio hasta nada. Si los caballeros insisten en dilucidar tremenda profundidad filosófica, vaya tormenta que les espera; más si son tan sagaces para guardar un respetuoso silencio ante nuestra nada, se habrán salvado de gran cosa, y miren que nuestra nada es mucho más que todo. ¿Quedó claro?


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15 Noviembre 2017 04:00:00
Aire
La gente del rancho, cuando envejece, acaba por aspirar todo el aire transparente que lo hizo crecer y luego no puede con tanta pureza.

Apenas nacer un chiquillo, en el pasado, estiraba bocanadas de viento pasado por el frío de la montaña, desgajado entre las puntas de los oyameles, aterido de nieve y húmedo de besana. Llevaba a sus pulmones nuevecitos una mezcla de aire campirano con cierto grado de humo venido de las estufas que hacían de su incubadora en lo que su madre y la comadrona decidían si tenía posibilidades de seguir respirando o era un ángel a quien Dios esperaba ya.

Sobrevivir a los humos tempranos del nacimiento era una buena señal. Las probabilidades de crecerlo en la cocina, junto a la estufa, mientras se echan gordas y se cuece la leche, eran altas.

La vida del niño estaba escrita con letras de carbón: Amanecer con el olor a madera crujiente, preludio del café negro puesto a punto por una madre experta en atizar la lumbre con hojarasca, trozos chiquitos de pino y morras recién desenraizadas para darle consistencia a aquel ritual caliente, oloroso y manchador que trae consigo el humo en la cocina.

Todo joven ranchero respiró y ha respirado el viento del norte cuando se anuncia el invierno, peor también reconoce los cambios de estación si el aire cambia y luego está cargado con aromas del establo.

La dosis de aire puro guardado en los pulmones de un muchacho, siempre deja espacio para llegar a casa y hacerse en su interior con la neblina blanca que puebla la estufa de lecha: Tanto calienta las manos como se instala, poco a poco en los pulmones de cualquier mortal que fue construido a fuego y leña.

Luego los adultos dan seña del fenómeno. Como si lo fumaran, se apropian de las exhalaciones que tiene a bien echar la estufa, y se dejan poblar de ellas hasta que no les queda más espacio en su cuerpo para recibir el aire de las montañas.

Al fin y al cabo están llenos de su hogar, de su madre, de las tortillas gruesas, de su vida entera. El humo posee a los campesinos, los aroma, los construye, y luego se los lleva.


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14 Noviembre 2017 04:00:00
Es precaución
Los fabricantes de fajas debieran proceder como los norteamericanos, quienes son muy precavidos, tanto que las etiquetas de las camisas incluyen los pasos para saber cómo meter los brazos sin causarse daño, so pena de una demanda millonaria al fabricante. El otro día, en un hotel texano, me entretuve bañándome más de una hora pues primero hube de leer el santo y seña de cuál pie meter primero a la bañera, abrir la llave en sentido correcto, evitar que el agua caiga directamente en la boca, los ojos o las orejas para evitar infecciones y/o atragantamientos, y no cantar bajo el agua porque se evocan espíritus indeseables o insultos del vecino.

El instrumento de tortura recomendado para lucir yo cual sílfide en una boda, parecía sumamente inofensivo a la vista. Estaba ahí, inánime. Las indicaciones solamente incluían amenazas tales como: Lavar a mano a 25 grados de temperatura; nada más indicaba su grado de peligrosidad.

No quisiera más información sobre los materiales, ni siquiera las advertencias de cómo queda una después de usarla: Surcada de por vida, con una costilla chueca y el pulmón cual coladera. Bastaba con lo siguiente: Primero va la faja y después viene la crema.

Acabé de bañarme y empecé ese ritual de mis “ancestras”: El embalsamado previo a un festejo. Inicié con la crema humectante y los potingues para disimular ojeras, arrugas, manchas, granitos, espinillas, barros, lunares. Es decir, Amon Ra y yo podíamos ser vecinas de sarcófago en ese momento. Decidí entonces enfundarme en la fajita. La acerqué amigablemente, introduje por ella mi cabeza. No habían pasado dos segundos cuando toda mi belleza artificial empezó a escurrirse por la cara.

Estaba maniatada con la prenda. Mis brazos hacia arriba tenían a medias la faja y la cara se me asfixiaba entre su 75 por ciento de elastano. No había manera de subir ni bajar aquello, así que respiré profundamente y dejé salir un grito de karate; con todo mi “fua” de por medio, sólo agravé el problema, pues acabó justo entre cuello y busto amenazando estirarme el cogote más allá de lo deseado.

Cuando transpiré toda el agua de mi cuerpo y, con ella, las carísimas cremas, ya había pasado la faja hasta el torso cambiando, en su camino, mi talla 34 a 28 “A”. Quedó por fin en su lugar y yo fuera de mí.

Intenté repararme el rostro, pero un calor infernal subía y bajaba por mi existencia permitiéndome apenas respirar. Se hacía tarde; no podía salir así. Llamé a mis familiares y justifiqué mi ausencia por síndrome de bochorno profundo. Ahora sólo quedaba deshacerme de la faja y tomé la mejor decisión de mi vida: Llamé a los bomberos y llené de lindezas a la mujer del consejo.


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11 Noviembre 2017 04:00:00
Un héroe
Durante un largo tiempo trabajé en una ciudad fronteriza entre México y Estados Unidos. No era diferente al modelo de los asentamientos urbanos apenas divididos por accidentes geográficos entre un país y otro; su principal característica era, como puede suponerse, una desesperada búsqueda de identidad.

En cierta ocasión se me ocurrió preguntar a los reporteros si el lugar tenía un personaje histórico a quien rescatar de la muerte social, con eso daríamos un eslabón con el cual iniciar una cadena de pertenencia; me dieron un no tajante. Tuve entonces la ocurrencia de contarles sobre la canción de Óscar Chávez sobre Juan Nepomuceno Cortina. Un par de semanas después alguno planteó la iniciativa de adoptarlo como héroe local.

Los pueblos necesitan de sus héroes para establecerse y echar raíces. Las personas los buscan para tener una expectativa de vida, esa es la razón por la cual se ensalzan hechos cotidianos, como el caso de la maestra convertida en heroína por cantar con sus niños de preescolar durante una balacera. Su acción no fue menor, sin embargo, para entonces todas las maestras de todas las escuelas estaban haciendo lo propio en sus salones, pero en lugar de grabar con su celular vigilaban a sus alumnos.

Los niños solían tener héroes revocables: primero los padres, luego los hermanos mayores, posteriormente los amigos y al final modelos de la farándula. Es muy probable que las nuevas generaciones se hayan saltado alguna de las etapas anteriores.

Hoy en día, los héroes están en el cine. Existen contra todas las posibilidades científicas, mueren y renacen frente a una interminable capacidad de asombro entre los espectadores; se unen, se convierten en enemigos, se asesinan entre hermanos y luego vuelven a la batalla sin explicarnos cómo sobreviven. Si algunas caricaturas del pasado fueron vetados por su alto contenido violento al repartir demasiados cacerolazos, las armas de hoy son, definitivamente, menos domésticas.

Así hayan pasado cientos de años desde el Mío Cid hasta Thor, la gente sigue muy necesitada de héroes, y los va a buscar estén donde se encuentren.

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10 Noviembre 2017 04:00:00
Llevarla a cuestas
Hemos estado ocupados los últimos 500 años en encontrarle sentido a la vida, como si la vida lo tuviera por sí misma y no fuésemos nosotros quien la amasamos a placer y a dolor. Cuando de plano no le hallamos la orilla, nos pescamos fuerte de frases sabias dichas por grandes hombres y grandes mujeres: Ortega y Gasset, dijo, que somos según nuestras circunstancias; Hofstadter estudia cómo nos convertimos en un pedazo de materia que piensa en sí misma. Pero yo me quedo con la mejor, cantada por Marysol: La vida es una tómbola, tom tom tómbola.

¿Y la tristeza, comadre? preguntarán. Radica justo en ello: El ser humano, tan avanzado él –yo soy una ser humana- supo registrar las barbaridades cometidas en el pasado por nuestros tatatarabuelos, pero de muy poco sirve porque ninguna es lección aprendida. Bien podríamos encumbrar a Julio Iglesias por la enorme verdad de “tropecé de nuevo con la misma piedra”… y con el mismo pie.

Me vino la tristura ayer, cuando leía a Efraín Huerta, y no me quedó más remedio que desahogarme con ustedes y pasarles, al costo, el motivo y la razón de tan tristes reflexiones. El hombre escribió “Avenida Juárez” en 1956, y como si hubiese sido zahorí, parece describirnos a pie juntillas 56 años después.

Uno pierde los días, la fuerza y el amor a la patria

el cálido amor a la mujer cálidamente amada,

la voluntad de vivir, el sueño y el derecho a la ternura;

uno va por ahí, antorcha, paz, luminoso deseo, deseos ocultos, llenos de locura y descubrimiento

y un no sabe nada, porque esta dicho que uno no debe saber nada

como si las palabras fuesen los pasos muertos del hambre…

Hay en el aire un río de cristales y llamas,

un mar de voces huecas, un gemir de barbarie,

cosas y pensamientos que hieren;

hay el breve rumor del alba

y el grito de agonía de una noche, otra noche,

todas las noches del mundo

en el crispante vaho de las bocas amargas.

Se camina como entre cipreses,

bajo la larga sombra del miedo,

siempre al pie de la muerte.

Y uno no sabe nada…

Efraín Huerta, como yo, recuperó intermitentemente este amor a la patria que, como dijera Cavafis, lo llevaremos siempre a cuestas.


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08 Noviembre 2017 04:00:00
Lo dicho
Hasta la fecha, seguimos suponiendo que los “soles” de nuestros nómadas antepasados son justamente, eso: “Soles” en representación gótica o surrealista o de vanguardia según quien los mire en las rocas de cuevas y montañas.

Pero ¿en verdad ellos y sus antepasados, digamos su padre nómada y su nómada madre, dibujaron soles? Acaso alguien se habrá preguntado si en realidad son pulpos, ciempiés enroscados, collares dentados o una pobre araña luego de la estampida de búfalos. Entonces ya deberíamos parafrasear aquello de nada es verdad ni es mentira, todo es según el “sol” con que se mira. Hay tantas versiones sobre algo como puntos de vista, concepciones, ideologías o estilos.

Para quienes escribimos, esto puede ser tan oportuno como peligroso, sobre todo cuando debemos alejarnos de la creación literaria y hemos de guardar en el cajón de la esperanza nuestras dotes de poetas, cuentistas o noveleras… perdón, novelistas.

Vamos a suponer que usted tiene en mente una obra dramática, de esas que llevan mensaje. Cae en la cuenta de que, ya estrenada y en marquesina, el público salió feliz por la enseñanza sobre cómo distinguir los puros de los cigarros… ¡pero usted deseaba prevenirlos sobre el peligro de fumar!

No vayamos tan lejos. Al entablar una charla coloquial saldrán tantas opiniones de un asunto como arenas en la playa y al final no solo se pierde tema y tiempo sino hasta los amigos. En el caso de la obra teatral, usted perderá la ilusión de combatir el vicio por el cigarro, pero siempre habrá alguien que le encuentre algo bueno a su trabajo y usted podrá ganar fama y dinero.

Pero cuando se trabaja con textos informativos y no logramos dar en el blanco con el mensaje, no solo se perderán lectores, sino también en el puesto del departamento editorial donde se trabaja, porque no se cumple la principal y única finalidad: Comunicar con precisión.

Una obra formal o de divulgación debe informar en modo tal que no se preste a interpretaciones personales como en el caso de los “soles”, por ello presenta algunos obstáculos al hacerla pública, considerando que podemos prever el tipo de lector a quien le sea útil, pero nunca sabremos con exactitud su nivel académico, cultura general, capacidad de comprensión ni contexto habitual, factores decisivos para el buen cumplimiento de ese virtual circuito de comunicación autor-lector.

Este asunto de escribir y publicar no es tan sencillo como parece.

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07 Noviembre 2017 04:00:00
Cómo ser una tentación
Lo bueno del martirio humano es que solo se manifiesta de dos maneras: La existencia misma y la belleza. La primera nos convierte en santos; la segunda, en tentación.

Cuando se alude al sufrimiento final en la vida de alguien bueno, los devotos afirman que era el broche de oro martirizante para ganar el paraíso. Yo me pregunto en silencio: ¿acaso la vida misma no era visa y pasaporte? Bueno, pues tengo el mismo conflicto con la hermosura dolorosa. No se trata de ser tan lindo que nos duela, sino estar tan adoloridos por tratar de serlo. ¿Acaso la naturaleza, que es perfecta, no nos había dejado listos para andar por ahí sin penas?

El dolor, dicen algunos, empieza al nacer en cuanto llega la nalgada. Pero no ¡qué va! eso no es nada comparado con el primer indicio de una feminidad incipiente: Los agujeros en las orejas son en realidad una agresión abierta, porque si bien el manazo en las pompas nos dio respiración, la perforación la quita. Dicen las señoras que ni duele, como si el hecho de que un bebé no habla fuera irrelevante.

Delinearse las cejas es una práctica brutal que cada vez inicia más temprano en la vida y no hace distinción de género. Eso me da mucho a pensar: ¿acaso a las madres modernas les ha dado por partir varones defectuosos? Esto porque, antes, ser peludos los chicos por donde quiera resultaba atractivo visual aquí y en Italia. Y hablando de lo mismo, el delineado ese pasó a ser escalpe indispensable en cada entresijo del cuerpo.

¿Y cómo ven el tema de los tatuajes? Los papás nos volvemos locos cuando un hijo tiene la aberrante idea de hacerse un dibujo en la piel, sin embargo, las mamás somos capaces de sobrevivir a la quemazón de ambas cejas, los dos párpados, por arriba y por abajo, y los labios, ay esa boquita nuestra puede andar como la de Angelina Jolie por un mes completo en tanto la inflamación cede.

La suma es interminable y multiplicada, sobre todo porque ahora hombres y mujeres le entran al toro de la belleza dolorosa y pagan la consecuencia de un peeling con la cara chamuscada cinco días; del enrojecimiento post-depilación, y hasta los jalones para llevar rayitos en le cabello, y cuyo sistema provoca tics en el dedo gordo del pie por cada bendita luz.

Lo inexplicable de todo esto, es que la tentación es mucha, algo así como el parto natural que, en algunos casos, parece olvidarse apenas dos meses después de dar a luz. ¿Cómo el dolor nos llama tanto? Miedo me da pensar que ahora es requisito y eso de que la belleza duele, se lo están tomando muy a pecho.

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04 Noviembre 2017 04:00:00
Popularidad
Mi capítulo preferido de la serie House tiene la reflexión más clara de las que suele hacer este médico atípico. Discuten con él sus practicantes sobre el trato que da a un enfermo casi terminal, como todos los que le asignan, y le cuestionan sobre su imposibilidad para detenerse a darle palabras de aliento. La respuesta del personaje es tajante: Tú puedes quedarte a sostenerle la mano, yo prefiero salvarle la vida.

House se volvió famoso por salir de los estándares; si bien, todos quisiéramos toparnos con un súper médico capaz de desentrañar los males insalvables del cuerpo humano, muy pocos estarían dispuestos a tolerar su sarcasmo y violencia verbal.

En la vida real, un médico con ese carácter tendría un montón de quejas en la dirección del hospital, de manera que se quedaría sin la oportunidad de demostrar su eficiencia. En cambio, un doctor amable, cariñoso y paciente se lleva las palmas, así tenga más pérdidas entre sus pacientes, todos lo ensalzarán diciendo que al menos el enfermo fue bien tratado en sus últimos momentos.

En España realizaron una encuesta para saber si las personas preferían dar la vida de un individuo para salvar las de cinco; la mayoría dijo que no. Los pocos que optaron por salvar a cinco en lugar de matar a seis, fueron mal visto y, en consecuencia, impopulares entre el grupo.

Las decisiones éticas son difíciles, pero tengo para mí que la finalidad de la preservación humana se ha perdido entre una moralidad ciega. Cierto es que los escenarios se recrudecerían si a esos impopulares les preguntaran si esa persona nominada es, por decir algo, su hijo.

Siempre existirá la probabilidad del peor escenario, pero debemos entender que las preguntas éticas se hacen sobre circunstancias potenciales, no particulares, si se desea saber qué tanto la humanidad está preparada para tomar decisiones prácticas o elegir por acciones que los volverán más populares. Definitivamente House no sería de este último grupo.

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03 Noviembre 2017 04:00:00
Tenemos lengua, pero madre no
El ordenamiento más reciente respecto del español en México es, quizá, el emitido por Carlos III de España, en 1770, cuando ordenó en 1770 la supresión de las lenguas vernáculas en América, porque hacían muy difícil la evangelización.

El rey pidió a los sacerdotes que extinguieran los diferentes idiomas y solo se hablara castellano. En consecuencia, decretó esta lengua como la oficial para la Nueva España en un documento oficial, sellado y lacrado como Dios mandó.

Vicente Fox hizo lo propio 233 años después, pero en sentido inverso, con la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, documento en el cual se corrobora la existencia y orden de difusión para las lenguas vernáculas que Carlos, el rey, mandó borrar.

Como sea, desde el decreto real, no se ha emitido una ley ni tampoco se ha publicado un acuerdo en el Diario oficial de la Federación para disponer que el español es la lengua oficial en México. Es decir, los mexicanos tenemos mucha lengua, pero una lengua madre legalmente reconocida, hasta la fecha no.

Como hijos putativos del español, los lingüistas mexicanos, en especial Jaime Labastida Ochoa, han reclamado con amargura cómo andan por el mundo presumiendo el hablar colorida de todos los connacionales, pero aceptándose como huérfanos o, por decirlo de alguna manera, deslenguados.

La Academia Mexicana de la Lengua festejó 140 años de vida, y todos esos años tiene luchando porque el español sea nuestra lengua oficial, incluso enviaron ya una iniciativa de ley al Congreso de la Unión.

Tantos años posponiendo el asunto no huele muy bien. Yo sospecho que están esperando a ver si progresan las iniciativas de que importemos de Estados Unidos, entre otras cosas, el inglés como lengua nacional.


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02 Noviembre 2017 04:00:00
Pañal de tela
Si la autoestima de mi generación está lastimada, es a causa de haber crecido con pañales de tela. Seguro esa es la causa por la que no tengo fuerza de voluntad cuando hago dieta o debo ir al gimnasio; a eso mismo le achaco mi falta de energía por las mañanas, al medio día y en la tarde..

La certeza me crece tan a menudo, sobre todo cuando pasan en la televisión esos pañales tan modernos, capaces de regular la absorción, hora, tamaño, color y aroma de las excreciones de los bebés. No usarlos, dice la mujer de los comerciales, dañará la autoestima del hijo y dará al traste con la buena relación entre madre e hijo.

Así que mi generación anda con la vida a rastras porque, además de ponernos pura manta de indio en nuestras partes nobles, nos hicieron tamalito apenas amenazamos con levantar las manos, nos fajaron con ombligueros bordados y nos sobaron la panza con manteca un montón de veces. Eso, sin duda, afectó de modo permanente nuestro concepto de libertad, el amor por nuestra apariencia natural y la inefable tentación por los tamales güeros.

Algún milagro nos permitió sobrevivir a pesar de los pellizcos y la frustración. Tenemos muy claro que los niños de hoy no podrían enfrentar semejantes castigos, ni nosotros, porque nos llevaría una vida entera de terapias familiares, resolución de daños irreversibles y hasta podríamos ser noticia en televisión, por malditos y desalmados.

En conclusión, tuvimos que solventar un montón de tragedias –a decir de los niños modernos-, como aprender a esperar por algo, a trabajar para completar esto otro, a construir fantasías sin ayuda de la tele, a escribir cartas, y soñar con tres deportes diferentes por semana en horarios extra clase; aprendimos a patear botes, construir carros, inventar juegos, desarrollar habilidades finas, gruesas y muy gruesas. Hoy, como los pañales de tela, todo eso es impensable.


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01 Noviembre 2017 04:00:00
Un minuto con él
Son cinco minutos si el aguador es hábil. Con el verdulero el tiempo se ralentiza y las señoras podemos dedicarle hasta 20 minutos; sin embargo, con los desconocidos no vale la pena siquiera iniciar nada.

¿Tuvieron la precaución de sumar el tiempo? Casi media hora, más diez minutitos dedicados a despedir al pedigüeño que tiene a su esposa enferma desde que tengo uso de razón, el fulano de Zacatecas quien desde hace 15 años está tratando de reunir suficiente capital para pagar el pasaje y volver a su terruño.

Por algún motivo, seguro producto de la globalización económica, la industria de las bolsas plásticas para basura ha tomado un auge tremendo. En consecuencia, cada 42 minutos un hombre diferente llama a la reja para ofrecerme versiones en colores variados, con aromas a polímero o mentolados y en toda clase de tamaños. No podemos pasar por alto que la estrategia de comercialización es bastante subliminal: “¿Cómo la va a querer señora? Grandecita o la mediana; éstas son más resistentes, pero éstas le duran más”. Una vecina mía, en proceso de divorcio, fue a confesar sus pecados el domingo porque ha tenido toda clase de fantasías con bolsas para la basura.

Yo, por eso, les digo a mis amigas, prefiero al carnicero. Él no anda como la señora de los nopalitos, ofreciendo su producto puerta a puerta durante todo el año, menos en Cuaresma, porque entonces va a su rancho. Por cierto, hace tiempo no la veo, pero adivino heredó la empresa a su nieta quien ahora ofrece pastillas de Nopalinaza para combatir problemas de la vista, diabetes y embarazos no deseados.

Bueno, a estas alturas, las amas de casa ya invertimos –y sin cotizar nada en la bolsa- como dos horas atendiendo vendedores; si lo multiplicamos por semana, dará como resultado 14 horas; por año, 728. ¡Qué impresionante! Aunque no suena tantísimo frente a lo que uno ocupa atendiendo en el trabajo a nuestras chicas vendedoras de Avón y toda clase de productos por catálogo.

No, señoras y señores, el carnicero es otra cosa. En lo personal, jamás ha venido a buscarme a deshoras ni es impertinente con las visitas. Soy yo quien anda tras de él y haciendo fila. Me ofrece de la mejor carne justo cuando la necesito, me dedica el tiempo exacto para mi mejor satisfacción y, como no, hasta con gusto pago lo que debo. ¿Cuánto tiempo requiere el hombre? Ande, no, pues el que necesite, según uno quiera pecho, puchero, machito o falda.


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28 Octubre 2017 04:00:00
Aroma a recuerdo
En épocas navideñas, ciertas líneas de cosméticos ofrecen aceites para el cuerpo fabricados con elementos de la naturaleza, cuyas propiedades rejuvenecedoras, relajantes y reafirmantes son una maravilla. No podría certificar tales promesas, pero sí estoy cierta cuánto ese aroma a canela que me viste cada 12 meses, época que espero con ansiedad, envuelve mis remembranzas de afectos y buenas personas. Cuando algún sitio huele a canela, mi pecho se llena de una algarabía variopinta y feliz.

Existieron estudiosos cuyas vidas fueron invertidas en adentrarse a las entrañas de la conducta humana y encontraron lo mucho que hay de estímulos y respuestas en nuestros aprendizajes. No tengo la menor duda: El olor es el estímulo más penetrante en la vida de cualquiera.

Mi abuela paterna murió cuando yo tenía 16 años. Hasta la fecha, el aroma a petróleo me recrea la figura alargada de su cocinita, pero no es un recuerdo feliz sino sombrío, porque ella se empeñó en encender su estufita a diario, a pesar de que sus manos no volvieron a cocinar 15 años atrás. El rompecabezas de emociones termina en la acidez del café negro hecho con agua ebullente salida de esa estufa que, como dijera don Felipe, estaba buena, pero no servía. Hasta la fecha cuando huele a petróleo se me llena el pecho de cierta nostalgia azul.

Durante una época aciaga, mi familia padeció la tendencia al alcoholismo de mi padre. Por las mañanas, había una razón válida para que yo entrara a la recámara de mis progenitores antes de irme a trabajar –ya tenía yo 17 años-. Apenas se hacía el ángulo con el marco, un tufo caliente y desagradable escapaba de la pequeña habitación.

No debemos desconfiar de los sentidos: El ser humano huele el peligro, el riesgo, la mentira, el rechazo, la maldad. No es premonición ni brujería, solo se trata el resultado de aprendizajes de vida en los que ha estado ocupada nuestra nariz. Démosle crédito si nos avisa cuando algo hule mal.

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27 Octubre 2017 04:00:00
Sin ver
Escuché cantar a Alejandro Rivera en el programa Siempre en Domingo. Apenas tengo recuerdos lindos de ese programa que torturó a tantos niños durante años, pues su conductor como su permanencia parecía eternos.

También guardo en la memoria algunas apariciones de Camilo Sesto y Julio Iglesias, pero el caso de Rivera fue especial para mí porque no lo volví a ver en televisión sino hasta entrada mi madurez, cuando el ser humano empieza a elegir los canales de la UNAM y el Politécnico.

Su enorme presencia, en el amplio sentido de la palabra, está grabada en mi mente: Vestía el traje de charro e imponía con una estatura que yo imaginaba interminable. Su rostro no era, en definitiva, como los acostumbrados en ese programa de Raúl Velasco, menos aún después de Camilo.

Escuchar los falsetes imposibles era una situación que jugaba con las emociones de cualquiera, porque nadie esperaba semejantes agudos tan bien afinados salidos de ese rostro monolítico e imponente.

Si pienso mal, su apariencia alejada imágenes como la de Pedro Infante o Jorge Rivero le acotaron a eventos de música ranchera sin tener las ofertas del cine y los programas televisivos de variedades. La audiencia es muy tirana, y como resulta ser Fuente Ovejuna, es decir, cuando todos participan nadie es culpable.

Ayer vi el video compartido en donde una jovencita invidente canta una melodía romántica con una voz magnífica y bien entonada. Su cara y su figura menuda delatan menos de 15 años, lo que en otras circunstancias la tendría ya haciendo fila para participar en concursos y algún “reality show”.

Ojalá esta chica tuviera la suerte de Cristal, la cantante y pianista invidente de los años 80, pero si no resulta porque el mundo está muy ocupado buscando la perfección ¿podría ella ser perfecta desde la virtualidad?
Hay una gran cantidad de personas admirando a seres inexistentes, electrónicos, virtuales, pero perfectos. Esa voz maravillosa bien pudiera lograr lo que la medicina no tiene en sus manos: Convertirla en un ser perfecto para el mundo.

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26 Octubre 2017 04:00:00
Amigo imaginario
Nunca, como hoy, el amigo imaginario es un ser palpable, accesible a los sentidos, indispensable y con larga duración.

Dice Wikipedia que un amigo imaginario es un personaje ficticio, que es asunto de niños y que estos le asignan un papel tutelar. Agrega, además, su existencia extendida, incluso, hasta la adolescencia.

Ya en el plano disciplinar, los sicólogos dicen que quienes tienen un amigo imaginario son capaces de comprender la vida intangible de esas “amistades”, es más, les asignan una condición física que solo ellos perciben. Afirman los especialistas que comprender las conversaciones entre la persona real y el personaje imaginario, revela miedos, aspiraciones, ansiedades o influencias.

En fin, todo lo anterior fue para llegar a este punto: Solo es preocupante el amigo imaginario cuando la persona se aferra a él a tal punto que le impida cumplir sus tareas, compromisos cotidianos, que no tiene amigos reales para relacionarse, que está retraído por ocuparse del “amigo”. Sospecho, a razón de fuertes evidencias, que lo más terrible ya nos alcanzó.

En los últimos meses he visto a personas afectadas de ese mal llamado “amigo imaginario”; prefiero asumir eso, pues de otro modo diría que la invasión zombi llegó.

Hay personas hablando con nadie mientras caminan por las calles o conducen su auto; no prestan atención ni a propios ni a extraños. Se abalanzan sobre los otros viandantes sin percatarse si atropellan o son atropellados.

Así las cosas, el problema se ha extendido mucho más allá de la adolescencia –o bien, la adolescencia llega hasta los 50- y los individuos se aferran a él, se distraen hablándole o escribiéndole a “alguien” cuya fisonomía conocen a la distancia y la dan por buena sin mayor evidencia de verdad.

Estas personas tuvieron amigos reales en algún momento de sus vidas, pero poco a poco los fueron cambiando por relaciones virtuales, cuya imagen puede rayar en la perfección a decir de los afectados.

Solo hay un aspecto en el cual los adultos con amigo imaginario no igualan a los niños: Estos no necesitan teléfono celular para hablar con él.

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25 Octubre 2017 04:00:00
Un accidente
Muchas cosas llegan por accidente, de entre todas, hay dos muy recurrentes, una es la vida y otra es la muerte.

En la escuela primaria conviví con los otros 30 niños que conformaba mi grupo de la sección C. No sé los derroteros de Juan ni de Andrea, peor a Sofía me la encontré hace poco, acompañada de su esposo. Hoy es una guapa señora dedicada al hogar. En ninguna de mis actividades profesionales he coincidido con ellos.

Excepto Omar, el resto de mis compañeros de secundaria siguen con vida. Me pregunto por Abigaíl, pero sé de Héctor, quien es cardiólogo reconocido. Dos más son profesores, una es química y del resto no sé nada.

La preparatoria nos dejó listos a la mayoría para el mismo mercado laboral, aunque la mayoría ingresamos a esa escuela por sus bajos costos, no tanto por la vocación. Apenas sé de dos compañeras que continuaron con la profesión.

El meollo de este asunto es la duda profunda que se abre en mis pensamientos.

Cómo es posible, quisiera saber, que si todos fuimos a la misma escuela, nos graduamos en la misma fecha, teníamos la misma edad, cada quien resultamos en cosas diferentes.

En estos días, me acuartelo en la cocina y preparo todo aquello que da calor a una casa. Imito las imágenes de las revistas, las mesas de fotografía, la presentación de los profesionales. No tengo mucho éxito pero sí bastante autoestima. Mi hermana, en cambio, cocina lo que dicta la cazuela.

Fue un accidente, esto segura. Cada uno de los que vivimos juntos ciertos periodos en la vida, tropezamos con alguien, en un encuentro esporádico, tal vez, que nos cambió las vías y nos llevó por rumbos diferentes.

Yo soy producto de varios accidentes, entre ellos mi familia, las jefas mujeres que tuve en mis primeros empleos, mis maestros, mis admirados. Ahora cuéntenos a usted quién lo atropelló.

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24 Octubre 2017 04:00:00
Muerto propio
La propiedad privada es la causa del deterioro ecológico que arrasa a nuestro planeta.

Mi tesis tiene varios sustentos, uno de ellos, el del pálpito, cuya sensibilidad deja claro a cualquier ser racional que nada bueno ha dejado al mundo el asunto de poseer cuando de origen pertenecía a todos. Pero como ese sustento no es propiamente científico, plantearé uno histórico.

Los vikingos, con todo y haber sido señalados como bárbaros, volvían a la naturaleza los restos mortales de sus difuntos. Colocaban el cuerpo inerte sobre una barcaza y luego le prendían fuego para que navegara hasta extinguirse sobre el agua.

Los chichimecas colocaban al difunto dentro de una olla de barro crudo, misma que la lluvia, la humedad, el viento y el tiempo mismo convertían en polvo que abonaba la tierra en donde había batallado en vida el caído.

Los indios Cherokee viven con la certeza de que la muerte será la mayor y más loable transición del ser humano, por ello depositan los cuerpos de sus muertos en una fosa sin recubrimiento ninguno, directamente sobre la tierra, a fin de que alimente la tierra.

Los campesinos mexicanos, todavía a principios del siglo pasado, sepultaban a sus difuntos envueltos en una sábana que los protegía de la violenta caída de la tierra que cerraba la fosa, sitio de renovación y vuelta a la naturaleza.

Un día, el hombre pensó que darle a la tierra a sus muertos era como entregar algo sin cobrar por ello. Ideó cajas metálicas impenetrables, paredes de concreto que no se degrada, cubiertas de piedra que no dejan salir el polvo de los huesos, capillas transparentes con cadenas y candados para que nadie robe lo que es suyo.

Es ahora, en la era moderna, cuando la muerte rompe el ciclo de la vida. Nos hemos negado a recibir de la naturaleza el derecho a vivir eternamente como una parte inseparable e imprescindible de ella. A ella le hemos quitado la posibilidad de reconstruirse y volvernos vida otra vez.
¿A quién pertenecen los muertos?

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18 Octubre 2017 04:00:00
Música por fuera
Hace años publiqué en la sección “De todo el mundo” una noticia entre irrisoria e impactante. Lo primero en caso de ser broma; lo segundo, si en verdad se comprobó.

El texto narraba cómo un granjero hizo caso a una luminosa idea y puso música clásica en los establos: Sus vacas, entonces, dieron tanta leche como nunca antes. El hombre hizo rutina su acto y el negocio de lácteos floreció en poco tiempo.

Ahora recuerdo también a una vecina de mi madre, quien afirmaba que sus hules y la cuna de Moisés debían tener alma jocosa porque reverdecía uno y florecía la otra cuando tocaban en el radio La Varsoviana. No dijo nada sobre los claveles ni los geranios.

La música amansa a las fieras, esa es una verdad de Perogrullo; si además multiplica la leche en las vacas y pone en floración a las matas, sería cuestión de investigarlo, pero la premisa tiene bastante sentido. De ello podrían hablar con amplitud los editores de música para estudiar, para dormir a los bebés y para volverse más inteligentes.

Junto con las voces familiares, uno crece escuchando la música ajena, y esa es la primera escuela para nuestros oídos. Yo tengo cierta melancolía con los dandis, un apego fuerte a Jean Michel Jarré y una incontenible emoción cuando oigo Poeta y campesino; todo esto, respectivamente, era preferencia de mi madre, mi hermano y mi padre.

La mezcla es atípica, extraña, igual que yo. Así las cosas, tengo una teoría: Tanto como nos impacta la forma de hablar en quienes nos rodean, la música hace el mismo papel, y si se trata de niños escuchando lo que sus padres oyen, entonces las canciones se vuelven una lección que deja huella. La mayoría de los niños en edad escolar crecen con una música de fondo cuyos temas predominantes son: a) sexo, b) violencia, d) altisonancia.

Sin comprender del todo las amorosas frases cantadas por los tríos, las disonancias de Jarré y el enjambre musical de mariachi, repetía las letras y las tonadas como parte de mi bagaje; también los chicos de hoy repiten cuanto escuchan en la música moderna.

Yo crecí como una persona entre extraña y atípica. ¿Por qué nuestros jóvenes crecerán como seres violentos y apresurados?

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17 Octubre 2017 04:00:00
Frío futuro
Están por comenzar las fechas donde abundan películas cuyos protagonistas viven sus aventuras en medio de la nieve, el aire gélido o, de plano, sobre un lago congelado que rompe la superficie.

Más allá de los dibujos animados, es sorprendente ver el desenvolvimiento de las personas en climas tan extremos y, aun así, mantenerse bellos y enhiestos. Con excepción de los sobrevivientes de Los Andes, nadie manifiesta ningún estertor por andar caminando sobre el hielo.

A las chicas acostumbran vestirlas con un sobre todo que siempre está abierto para dejar ver sus pocas carnes, sin embargo, el vaho que emiten delata la baja temperatura –la verdad no imagino cómo sería un efecto especial, a menos que se la pasen con un hielo bajo la lengua-.

He visto cómo alguien –suele ser mujer- cae al agua cuando un trozo de hielo se rompe bajo sus pies; alguien –suele ser un hombre- le tiende la mano para ayudar, envuelve al caído con una frazada que salió de algún lado y lo abraza tiernamente para darle calor. Mas nunca, jamás de los jamases, aparece el mojado al otro día en calidad de guajolote, es decir, moqueando, con estornudos intermitentes y toses de jarro, dice mi mamá. Ahí andan, otra vez muy orondos, con su vida entre el frío.

Los filmes que conjugan el frío y lo romántico, también tiene mucho de falaces.

Ahí van los enamorados a guarecerse de una nevada pertinaz y encuentran, muy a
doc, una cabaña con chimenea. De algún modo consiguen leña seca y encienden la fogata. Ahí, frente al hogar, pero en el piso, dan rienda suelta a sus pasiones.

No es que yo lo sepa de cierto pero me han contado que el calor nunca llega a entibiar lo suficiente las baldosas y se da la gente cada entumida que, al rato, se levantan con un músculo torcido, con el trapecio en el lugar de la escápula y la cresta ilíaca en el triángulo lumbar.

Mi interés radica en descubrir sus secretos para no andar jorobadas por la calle así se trate de un frente frío que nos llega hasta por atrás… y de pasada, si se puede, verse bella aunque entumida pero con los músculos todos en su lugar.

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13 Octubre 2017 04:00:00
Esto mido
Tener lo mismo que esas bellas mujeres cuyos cuerpos adornan, sin pudor alguno, las pantallas no es un honor, es cuestión de especie y naturaleza, nada más.

Ahora bien, el hecho de tenerlo distribuido, acomodado y mesurado de distintas formas, eso nos hace irrepetibles.

Yo iré aún más lejos: no tenemos lo mismo: tenemos muchos más. Citaré sólo a unas cuantas despampanantes porque son mis argumentos contundentes; si consideran que saldré por la tangente aludiendo a cuestiones intelectuales a fin de superar a estas pobres inocentes, están equivocados, se trata exclusivamente de cuerpos.

Respecto de Ninel Conde, Thalía y Jenifer López, explicare cómo, por mucho, las superamos. En orden de mención: la mayoría de las mexicanas tenemos doble ancho de nariz, triple ancho de cintura y cuádruple de chamorro. La primera, por ser pobres y sin cirugía; la segunda, por ser mexicanas sin apellido; la tercera, por cometer el grave error de representar justo la edad que tenemos.

Si no fuesen suficientes mis palabras anteriores, deberíamos todas hacer alarde de cuánto amor despierta nuestra perfecta anatomía en los maridos, quienes menudo nos recuerdan valemos el doble que Beyoncé, y hasta hacen la medida separando las manos a nuestro costado para demostrar su dicho. Aunque, pensándolo bien, debieron darse a la tarea de medir bien a esta morena muchachita para poder tener punto de comparación.

Está de más aludir a los kilos con los que superamos a Niurka, Madona y Anahí; pensándolo en términos rastreros –del rastro- eso nos convierte en valiosas presas.

Deberíamos compadecer a esas pobres mujeres tan desprovistas de carne, mujeres de la farándula que viven por ahí luciendo sus flaquezas.

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12 Octubre 2017 04:00:00
Pleito natural
Hace 20 años participé con un grupo de distinguidos pintores coahuilenses integrantes de la Asociación de Artistas de Coahuila. Me honraron al pedirme que redactara las cédulas para una colección de cuadros cuyo tema abordaba el ecocidio cometido por el ser humano, con la intención de reforzar el mensaje pictórico, claro ya de sí. Comparto, dos décadas después, estas frases, vigentes todavía muy a pesar de todos.

-Fuimos hechos para caminar sin herir las piedras. ¿Por qué, entonces, tropezamos?
-El grito de la naturaleza, estruendoso pero sabio, otorga la esperanza de la renovación.

-Tus plumas -ave que antes fuiste Dios- se esconden en el rojizo temor de volverse nada.

-¿Acaso algún día seremos capaces de entender su canto que llora sangre?
-Manos niñas abren las ventanas en el aire puro de lo que, todavía puede ser.
-Tú, cazador ¿más valen tus trofeos que el pavor de las criaturas?
-Después de todo ¿podemos soñar, todavía, con la vida?
-Las manchas del jaguar se decoloran. Biblioteca de historia natural.

-Ni siquiera ahogados en la propia miseria nos atrevemos a mirar.

-Tan dios se siente el hombre que hasta su propia vida rompe.

- Hombre: te maravillas en la estampida de la extinción. ¿Quién será tu cazador?
- La voz femenina, silenciosa, mata de química y de inercia su interior.
- Ya solo espectadoras, rencorosas frondas, protestan con el desierto de sus vidas.

- Tarde, evadimos nuestras propias manos destructoras, y los mismos ojos asesinos se espantan de sus actos.

- Aquí, bondadoso dios nos deja lo que no se nombra ni se muere: Se mata.
-No son suficientes los plumajes, no bastan los colores ni los cantos. ¿Qué nos maravillará entonces?
-La máquina no ordena, ejecuta. ¿Aprenderemos al fin a gobernar?
- Somos nido, calor, origen. Somos todos uno mismo.

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11 Octubre 2017 04:00:00
Sacar punta al nueve
Las tablas se aprendían con letra y música. La tonada acompañó a mi generación y la precedente en todos los niveles escolares y, asumo, se quedará por siempre.
Repetir hasta la ignominia las tablas, del dos al nueve, fue la penitencia por haber nacido humanos, pecadores y ambiciosos. ¿Qué nos hubiera costado mantenernos en la ignorancia? Supongo que la especie

Aprender de memoria las tablas era una consigna de ciudadanía si se deseaba tener un futuro en la vida, terminar la primaria, pasar de año, salir al recreo y tener amigos. La diferencia entre los niños de una escuela pública radicaba en qué tan certeros eran para responder rápido y correctamente al disparo cuestionador del profesor cuando nos ametrallaba con un repentino: “¡¿8x7?!”.

En las tienditas de la esquina vendían unos lápices muy buenos. Rara vez lograban mantener la punta de carboncillo en su lugar; la madera parecía de quinta y el borrador manchaba o se caía al primer error, pero tenían impresas las tablas. Cabían todas las necesarias.

Tener un lápiz con las tablas era un acto masoquista: Uno sabía que poco a poco irían desapareciendo ante la acción del sacapuntas. Primero se iba la tabla del nueve; uno mismo se daba ánimos pensando en que esa no era tan difícil, después de todo, pues tiene un algoritmo que facilita las cosas cuando se comprende bien.

Llegar a la tabla del ocho y el siete era una tortura. Se procuraba escribir poco y sacar punta, menos, a fin de mantener en su lugar los números que, de tanto verlos, acaban por quedarse en la memoria. Cabe mencionar que en ese tiempo no había manera de traer dos lápices, eso era nada más para Elisa y Enrique, inolvidables.

Hoy en día no interesan más los lápices con las tablas; es más, me atrevería a decir que son perseguidos por los profesores modernos a quienes les han ordenado echar por tierra todo permiso para memorizar. Lo que sí se mantiene, es ese vértigo de saber que saberse las tablas irá desapareciendo con el tiempo, como si le sacaran punta a cada nueva generación.

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10 Octubre 2017 04:00:00
Pies VIP
La máxima lección sobre periodismo la viví, no la escuché de nadie. Fue un acontecimiento cuya fuerza me lanzó de lleno a la realidad en lo que a medios masivos se refiere.

La contaré como un argumento empírico para afirmar lo que afirmaré al final de este artículo, pues veo indispensable que quienes publican un libro se compromete también con la sociedad a la cual llaman para convertirla en lector.

Llegaría, un día después, el nuevo obispo de la nueva Diócesis en Piedras Negra, Coahuila. Indiqué a reporteros, editores, fotógrafos y diseñadores que cedieran la primera página, casi en su totalidad, para la noticia; suponía que la fe de los nigropetenses se arrojaría sobre esa información. En las llamadas aparecía algún tema deportivo, uno social y uno más de seguridad pública, titulado “Convulsiona por comprar un perro”.

A la mañana siguiente, antes que el sol, me aposté en la oficina esperando la euforia sobre la llegada del sacerdote a la ciudad. Mi sorpresa fue grande cuando los voceadores me informaban a cada crucero que la noticia arrasadora fue la del perro y su enfermo comprador, misma que narraba cómo un hombre epiléptico adquirió la mascota, la cual era robada y su furiosa dueña le reclamó con encono hasta hacerlo entrar en crisis; el ladrón del perro vio la escena recargado en el poste de la esquina.

La lección de periodismo no recayó en cuán falta resulta comprar un animal robado, sino en sopesar el interés de una comunidad para acercarse a la información, sobre todo cuando se pretende que sea leída. Esto vino a colación por un reciente libro sobre Viesca, Coahuila.

Para destacar la importancia del libro se dijo que el municipio debía ser reconocido a nivel nacional porque sus calles fueron pisadas por Miguel Hidalgo y Benito Juárez. Asumo que la edición es muy valiosa y su información importante, mas, sin ser ave de mal agüero, atisbo poca respuesta por el lector común, al final, el más valioso.

En lo personal, sé que de Viesca salieron destacados profesores, cuya hazaña fue estudiar una carrera desde el entonces pequeñísimo pueblo; hubo una directora de escuela cuyas sesiones espiritistas acabaron de forma trágica, también un hombre que transformó una cueva en residencia. Reconocer el valor en la vida de la gente que mantiene a los pueblos en vilo, genera siempre más interés que superarlos por estampas. Digamos que son más el perro robado que el obispo.

Pensar en quién me va a leer es el paso número uno, me enseñaron en la escuela.

Claro, si uno pretende que alguien lo lea, es buena idea seguir el consejo.

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07 Octubre 2017 04:00:00
Lo bueno y lo peor
Esta vez no hay espacio para mí. Dejaré el lugar a la lista de Karen Langebeck, la terapeuta que ha puesto en una misma lista las dos caras de la liberación femenina sin salir manchada de esa aventurada empresa.

Ha decidido ser esposa, madre, hija, hermana, profesional,
Busca tener un estilo de vida determinado lo que hace que consiga el dinero suficiente para financiarlo
Ha encontrado mayor satisfacción en manejar las riendas del hogar y tomar decisiones profundas
Ha empezado a generar mayores ingresos económicos incluso superiores a los de su pareja
Está en la búsqueda de hombres independientes, maduros y que tomen decisiones superando la búsqueda de hombres simplemente proveedores
Participa en procesos laborales desarrollados ganando sueldos superiores a los de sus parejas
Da al mundo hijos criados por institutrices
Enfrenta a grandes retos personales
Construye una imagen de sí misma apoyada en los cambios estéticos.
Ha decidido sostener la carga emocional del hogar y de su familia
Decide no tener hijos o ser madre soltera.
Dejó de conformarse con lo que su marido llevaba al hogar.

Vive con frustraciones emocionales por parejas que no valoran sus capacidades,
Ha podido expresar su rechazo por relaciones sexuales sin cariño.

Tiene grandes guardarropas y poco tiempo
Administra, dirige, planea, proyecta y a menudo sostienen el hogar
Entiende que tener hijos o no es una decisión
Es adicta al trabajo y a la perfección
Buscan relaciones inconscientes con hombres dependientes
Ha decidido que el matrimonio puede no ser “para toda la vida”
Aprendió a viajar por el mundo
Es adictas al dinero
Se enfrenta a la soledad
Invierte dinero en ella
Ayuda a los demás
Decide expresarse a través de su belleza
Busca afecto en parejas externas
Estudia o vive sola
Se victimizan por la dependencia sentimental
Pierde el deseo sexual por su pareja sin explicación aparente
Se preparan para asumir nuevos retos
Sueña con metas personales.

Si respondió afirmativamente a una o más opciones, deberá decidir si eligió lo sencillo o lo complicado de la liberación femenina.

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06 Octubre 2017 04:00:00
Encuentre a su hijo
¿Dónde andan los muchachos? Es una pregunta ancestral hecha entre padres cuya respuesta está más relacionada con las generaciones que con las edades mismas de los chicos. Los riesgos en la calle son tan grandes como el número que los humanos asignamos a nuestros tiempos.

Los padres hemos transitado, supongo, desde temer que los haya tragado un mastodonte, pasando por el enojo saberlos en alguna fiesta non sancta y andar acompañados por amigos indeseables o, como ahora, que hayan sido tragados por el monstruo de la realidad.

El otro día una de mis alumnas, practicante en una escuela secundaria, debió enfrentar a una madre de familia quien fue llamada por la institución para notificarle que su hijo escapó por una barda. Ella argumentó a favor del muchacho: “él no tiene la culpa sino la escuela, él se aburre mucho aquí”, dijo.
Los compañeros del escapado, alumnos de primer grado, se quedaron para aprender la mejor forma de estructurar una ficha bibliográfica. ¿No fue ese un contenido en segundo de primaria? Miro fijamente el rostro y las manos de esos chicos y pienso, con toda certeza, que están preparados para hacer mucho más que llenar una tarjeta de acuerdo con los datos de un libro: Ya podían ellos hacer el propio, investigar un problema de su contexto, cuestionar al autor citado o plantear una nueva posibilidad. Tengo la certeza de su capacidad y, por algún motivo, se ha quedado como energía potencial.

Ayer visité otra escuela secundaria. Acudieron 24 alumnos y no es una buena noticia: Están inscritos 44. En la segunda, encontré un grupo solo con 11 niños que medio atendían a su profesor. La mejor noticia fue encontrarme una con solo dos por ciento de deserción. La ausencia de alumnos en secundaria se ha convertido en algo cotidiano y aceptado como normal, a pesar de ser creciente.

De camino a casa miraba las banquetas y a cada muchacho deambulando le puse el apellido de quienes tuvieron inasistencia esa tarde. Me pareció caminaban con decisión a alguna parte, sitio cuyas coordenadas los adultos desconocemos… o preferimos no saber.

Creíamos dominar la escena, saber con precisión los detalles de esos sitios cuyo acceso estaba prohibido por la advertencia y la amenaza de una consecuencia familiar. Dábamos por sabidas las consecuencias, con nombre y apellido. Ahora, las cosas son diferentes.

¿Dónde están esos muchachos? Están allá afuera, y allá afuera, en este tiempo, nadie sabe exactamente cómo es ni hasta dónde llega.
05 Octubre 2017 04:00:00
Ocasión de mujeres
Romper con la palabra es un ejercicio antiquísimo practicado por el hombre. Apenas se dio a luz al primer significado, se lo volvió herramienta para defensa contra el otro y contra sí mismo.

Se rompe con la palabra cuando se falta a ella, cuando ella falta y cuando se falta con ella. Algunos la hacen trizas cuando truecan un juramento y prefieren firmar un vulnerable papel; otros rasgan con el silencio y mucho más golpean con verbos, sustantivos, adjetivos, adverbios y odios. La palabra, con su relevante papel histórico en la trayectoria de la humanidad, rompe, sí, pero también se encuentra rota. Una ventaja tiene ese resquebrajamiento, si se trata de ser positivos: Sus partículas escindidas se unen en signos nuevos y emergen de ellas mundos inesperados.

Las escritoras ejercen ese oficio de recomponer, la desgracia es que es un oficio que habita la oscuridad y casi nadie se da cuenta que están hablando de sí mismas, vistas desde dentro, bien armadas de dignidad, de sarcasmo, de valor y de poesía. Saber que ni siquiera los ensayistas hablan de las ensayistas, extiende un panorama de compromiso que nos involucra: ¿Por qué las narradoras no hablan de las narradoras? O más puntualizado ¿Por qué las narradoras no hablan de sí mismas?

La mujer es una escultura pétrea, pero de materia caliza que se desgrana en capas finas acumuladas a través de posibilidades, deseos, sismos, catástrofes, promesas mitos y disfraces. Así, para desbastarla, se requiere retirar cada una por una las láminas que la conforman, porque cada cual tiene existencia propia.

Hablar de las mujeres con oficio de narradoras, debería ser una profesión de todos.

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04 Octubre 2017 04:00:00
Extraviado con ayuda
Doña Joaquina me contó lo siguiente: Al hijo de su hermano lo robó un lechero. El muchacho era apenas adolescente cuando, de alguna manera, el hombre lo subió a su camión y lo encerró en cierto lugar de donde, se asume, fue imposible escaparse sino hasta muchos años después. La madre del desaparecido supuso una escapada, tal vez lo haya buscado, tal vez no, pero le lloró como cualquiera que pierde a su hijo.

No había, entonces, periódicos en la ciudad, de todos modos, quién sabe si la mujer tuviera una foto del desaparecido para hacerla pública y pedir ayuda; tampoco tenían postes en su colonia –porque no había colonias- para fotocopiar tantas imágenes que tapizar la ciudad. No había fotocopiadoras.

Las historias de personas desaparecidas eran contadas como leyendas. Niños y adultos nos dejábamos seducir por las versiones multiplicadas de un mismo personaje inencontrable y luego aparecido, como el hijo pródigo, en el mismo cuerpo, pero ya con otra mente.

Según sé, el sobrino de Joaquina apareció mucho tiempo después. Pero volvió fantasma, como enajenado, incapaz de volver a ser el hijo de su muy dolida madre. Ya no era un adolescente, sino un adulto crecido a golpe de trabajos forzados.

Que las personas se pierdan era una noticia compartida de boca en boca, muy seguido considerada como cuento para asustar a los chiquillos que gustaban andar solos y por la noche, a los que desobedecían a sus padres y eran castigados con un ser fantástico capaz de meterlos en el costal.

Todas las familias de entonces teníamos un primo, un tío, una madrina, un compadre a quien le había salido un sisote, tenía un mezquino en la mano, le pegó vitíligo, le crecían cataratas o andaba rengo. Pero de ahí a tener desaparecido a un pariente, eso eran palabras mayores.

Hoy apareció en el periódico una página con 25 fotografías de personas a quienes buscan sus familias desde hace meses. Están desaparecidos y eso es un problema, pero en realidad a mí lo que me asusta es que pase de ser problema para convertirse en costumbre.

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30 Septiembre 2017 04:00:00
Dos lluvias
I
El miedo multiplica la fuerza de cualquier cosa. Las gotas benéficas que alimentan la tierra, golpeando el cristal de la ventana se convierten en rocas celestes que lanza el brazo corpulento de algún dios enfadado con nosotros. Imaginarias fisuras aparecen en el vidrio y parece a punto de caer sobre nosotros cuando, de pronto, termina la amenaza y el sol nos viene a decir “no es nada, sólo llueve”.

II
Mirando por la puerta del hombre maya que me dio hospedaje –no necesitamos hablar el mismo idioma para que él supiera que yo tenía miedo- sé que el mar brama y pronto se unirá con la laguna. Él, que debe llevar por apellido Poot o Can, deja ir a su mirada a un rincón del cuarto vacío que conforma su cocina; sólo el humo de la leña nos avisa que hay algo seco cerca de nosotros. Sabe que debo partir ahora pero no tiene mis palabras para decírmelo.

III
Cualquier vehículo de motor parece suficiente cuando el agua viene del cielo, mas no cuando emerge de la tierra en aumento como queriéndose maniatar la corriente y la lluvia para construir una casa transparente y líquida. Conducimos por un río que ocupa la vía del camino, el agua se ocupa de nosotros y las puertas apenas la contienen. De pronto, un felino abarca con su salto la anchura del automóvil y no sabemos a qué debemos temer más. Ahora, el camino desapareció.

IV
Llega como bruma, escondida, engaña a todos con su cara de buena e indefensa neblina pero en realidad tiene un corazón acuoso que se descarga sobre nosotros cuando vamos, apenas, a mitad del camino verde pero sin nada con qué guarecernos. Andamos, como quiera, sin prisa, nos dejamos atrapar, abrazar, abrasar por ella y, de un momento a otro, cambiamos nuestra apariencia de humanos a peces. La ropa pesa, la risa canta y el apuro por las tragedias que trae la lluvia es, en ese momento, algarabía.

V
Los rayos surcan el cielo partiéndolo en dos, fulminándolo, y todos dejan de ser lo que son porque afuera va a llover.

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29 Septiembre 2017 04:00:00
A buen adivinador
Ni siquiera se dio cuenta de algo tan evidente. Saltaba a la vista la transformación y él pasó por alto algo tan significativo. Entendí a esa pobre mujer violentada en lo más íntimo de sus sentimientos; ultrajada por cuanto no se cumplió esa promesa de verse querida y respetada hasta los últimos días de su vida. ¿Quién dejaría de notar que se perfiló la ceja?

A una amiga le sucedió algo parecido con unos zapatos nuevos. Los compró con tanto entusiasmo porque al fin había encontrado el tono beige –como los que ya tenía- pero con un filito café tan femenino. Su marido pasó por alto el cambio tan radical obrado en las piernas de su esposa gracias a la nueva adquisición.

Señoras: lean por favor, de nuevo, los párrafos anteriores y caigan en la cuenta del sarcasmo. Haré una analogía: Todas sabemos lo terrible en la pregunta masculina ¿qué hay? cuando les cuestionamos sobre sus preferencias para la cena. Ahora yo les digo, a ciencia cierta, que en ellos surte el mismo efecto si los recibimos con un ¿adivina qué? porque en realidad los enfrentamos a una circunstancia entre “La pregunta de los 64 mil pesos” y “Cien mexicanos dijeron”.

Hay razones biológicas, orgánicas, anatómicas para esa distracción hacia el detalle. Ellos verán un conjunto en tanto esté dentro de los límites terrenales; es decir, sólo atraeremos su atención especial si nos aparecemos frente a ellos con un abrigo de piel -cuya procedencia desconocen- en el verano, o sin nada encima, en cualquier día del año.

Lo más claro es lo más decente, y no estoy hablando de tonos en el cabello. Suena poco romántico, pero es más sencillo decirle el santo y seña de nuestra nueva apariencia, tan evidente entre las féminas, pero imperceptible al ojo masculino.

Las ventajas de evitar las adivinanzas radican, principalmente, en darle vuelta a vanas discusiones. No cuesta tanto.

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28 Septiembre 2017 04:00:00
George y Jorge
El príncipe George de Cambridge ya va al cole, y lo hace sin llorar. Los duques de Cambridge han distribuido en el Twitter de Kensington Palace dos fotografías de su primogénito, realizadas, como es costumbre por Kate Middleton, en su primer día de guardería; son las primeras imágenes del heredero yendo a la guardería.

EL texto anterior lo tomé tal cual de la revista digital Vanitatis –no podían haber elegido un mejor nombre-. En la página se abunda, luego, como el chiquillo real estaba ataviado con un abrigo acolchado, azul oscuro, a juego con su mochila. En una mira a la cámara; en otra, hacia un mural en su nieva escuela, el colegio Westacre Montessori, situado en Norfolk.

Tiene dos años y medio y a principios del año pasado empezó “su vida normal”, dice la revista, porque jugará con otros niños de su edad, como siempre han querido sus padres. Claro, la escuela ha hecho la aclaración pertinente: recibirá la misma educación que todos los niños.

Con unos meses de diferencia, Jorge de cuatro años, trata de ajustarse con un cinturón improvisado el pantalón deportivo que usó su prima durante el preescolar; el suéter de su hermano también le quedó grande, pero al fin y al cabo, los niños crecen tan rápido.

Este pequeñín, quien acude a la escuela Juana de Arco, situada en la colonia Textil, también salió en el periódico, aunque con mayor discreción: “El 24 de agosto regresaron a clases más de 25 millones 900 mil niños y un millón 212 mil maestros de educación básica”, dijo el titular. Uno de ellos es Jorge, quien también será tratado como los demás: Lo recibirán con una prueba estandarizada para categorizarlo en algún lugar del tristísimo ranking mexicano frente al mundo.

Jorge inició también su vida normal, la que sus padres desean: Permanecer unas horas en la escuela a fin de que ellos puedan ir a trabajar; aprenderá a lidiar con el mundo y el contexto apabullante de la autodefensa y la supervivencia en un contexto en donde siempre falta algo, y ese algo no es el Twitter para subir su foto, porque de eso se encargó el Estado.

George es uno en seis mil millones; Jorge es 25 millones.

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27 Septiembre 2017 04:00:00
Para que no te olvide
Saber cuántas veces las canciones románticas han usado, usan y usarán la palabra olvido en todas sus derivaciones requeriría de mucho tiempo, bastante paciencia e incontables ceros a la derecha. No sería ocioso plantearse semejante proyecto de investigación su todas las peticiones de recuerdo eterno fueran inútiles e infructuosas.

Creo conocer la más famosas de las canciones sobre ese tema: “Para que no me olvides”, de Lorenzo Santamaría. En ella desgrana toda la emocionalidad de la cual es capaz un ser humano para rogar por un recuerdo tan eterno como imposible.

En la teoría y en la práctica, el autor se compromete a vivir cada instante de su existencia dedicado a las acciones propias de cualquier ser inolvidable: enviará amorosas cartas a diario; viajará a donde sea necesario; acariciará, besará y abrazará incesantemente; donará su carísimo cariño. Como respuesta a tan descomunales esfuerzos espera ser recordado en una unión forjada en remembranzas.

Recorriendo las experiencias más comunes entre las parejas, debo decir que mi acercamiento empírico tiene una base de datos abundante en mujeres capaces de recordar con mayor facilidad a un patán que a un romántico. Cuando aluden a los primeros, registra mi memoria esta frase inexplicable emitida por la enamorada: “Sí, es de lo peor, pero lo quiero”. Tratándose de los segundos, la respuesta va más o menos así: “Es que es demasiado romántico, muy empalagoso”.

Si enfrentamos la terrible realidad, los autores como Santamaría deberían dedicarse a escribir canciones con mejores y más efectivos consejos para los amantes: ¿qué debes hacer para que no te olvide?

Así las cosas, las frases de pasión y rendimiento se convertirían en sugerencias para practicar el desdén de vez en cuando, ejercer la autoridad dos veces por semana, acudir a la desobediencia de vez en cuando, posponer el tiempo de convivencia y fallar a sus promesas de respeto y protección.

No tengo elementos teóricos ni prácticos para explicar la conducta de mis congéneres cuando de recordar a una pareja se trata, pero si hay bastantes pruebas en la vida diaria, las penitenciarías y los juzgados, de que son estas características las que más arraigo tienen en la pareja.

Lorenzo, es una pena, pero así es la vida real.

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26 Septiembre 2017 04:00:00
Despertar al insomnio
Con el descubrimiento del insomnio vino el gran despertar de la ciencia y la tecnología.

La primera vez que hubo vigilia en alguien, desobedeciendo la orden de la naturaleza sobre los ciclos cortos del desgaste y la recuperación, se cayó en la cuenta de que el mundo no se detenía con el sueño.

Me refiero al insomnio orgánico, ese que acostumbra poseer algún órgano interno inquieto, no al emocional provocado por la exagerada importancia que las personas concedemos a los problemas terrenales o al amor.

Así las cosas, el primer hombre con insomnio se dio cuenta de cómo se multiplicaban los animales de caza cuando caía la noche y bajaban a abrevar, a cazar y a ser cazados por otros depredadores irracionales.

Se descubrió con el desvelo la recurrencia del posicionamiento estelar y, por ende, el surgimiento de nuevas presencias en el universo. Así, Giordano Bruno, por ejemplo, jamás aceptó que sus viajes astrales hayan sido sueños, sino experiencias de sus vigilias a deshoras.

Luego, ya enviciada en los insomnios voluntarios, la raza humana observó con curiosidad y encontró la imperfección de los objetos celestes cuando descubrió los cráteres lunares. En consecuencia, ni todo era circular ni todo perfecto.

Metido luego a estudiarse asimismo, el insomnio descubrió en el sueño ajeno la vulnerabilidad del otro, como dijo el filósofo Hobbes: La vida del hombre es corta y bárbara, porque siempre habrá alguien con la certeza de que alguien tiene que dormir y entonces no podría defenderse.

Las vigilias planeadas e imprevistas dieron con la verdad detrás del mito: Los sonidos, las luces, las huellas, no era signos de seres deíficos o demoniacos, sino de entes naturales cuya existencia podría estar al servicio de la humanidad.

También los ronquidos, las formas de dormir ajenas, los riesgos mientras se duerme, el beneficio del silencio, la relatividad del tiempo, las obras de Shakespeare y un montón de otras de arte, en fin, todo eso nos ha heredado el insomnio.

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23 Septiembre 2017 04:00:00
La versión de mí
La adolescencia se ha extendido hasta los 21, según las nuevas corrientes psicológicas, que en realidad están volviendo a los dos siglos previos cuando Rousseau propuso que la escuela, tal cual, debía esperar hasta que los humanos alcanzaran esa edad. Como sea, ningún paradigma, enfoque o teoría ha logrado que padres y abuelos previa se expliquen porqué los adolescentes se visten y se miran así.

Reírnos de nosotros es la vía más corta para explicarse a sí mismo el ser humano, es decir, comprender cuán desfasados están los momentos históricos de la humanidad requiere de una reflexión sobre los cambios operados en uno mismo. Yo soy un buen modelo para ejemplificar el cambio, la transición y la adolescencia como la versión distorsionada de una tercera persona.

Para segundo de secundaria tenía ya el enorme bolso morado satín, de cuyas esquinas colgaban llaveros de entre tres y 15 centímetros. La Kitty de tela era la más grande, aunque las personitas de metal resultaban las más ruidosas; como iba caminando a la escuela, todo mi trayecto era pura algarabía y colorido, una verdadera competencia del burrito sabanero navideño. Acompañaba lo anterior mi cabello rebelde y mi complexión robusta paseando por las banquetas a grandes y ansiosas zancadas.

Hoy las calles son pasarelas de jovencitos con cabellos a colores, melenas asimétricas, copetes abultados y amenazantes de la buena visibilidad, pantalones inacabados, aretes puestos en lugares impensables, dibujos en la piel. Todos ellos están construyendo su mejor versión de alguien más.

De acuerdo con mis posibilidades, yo imitaba con mi bolsa brillante a una modelo de Dolce y Gabana que vi en la revista de un consultorio. Los chicos de hoy están haciendo su propia traducción de los famosos vueltos líderes por su rebeldía; imitarla es el primer paso de empezar la propia.

Cuando las generaciones anteriores nos enfrentamos con enojo a las modas juveniles, en realidad estamos haciendo la guerra en contra de los modelos que los chicos están teniendo en la televisión y el internet, ellos solo están tratando de hacer lo propio con sus recursos limitados. Eso que vemos es su mejor versión del otro a quien admiran. ¿Qué les parece si les ampliamos el repertorio de modelos para que sus imitaciones traspasen el asunto de la ropa y el cabello y quieran emular habilidad y conocimiento?

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22 Septiembre 2017 04:00:00
Lo que quiera
El comunicador tenía pasión en el amplio sentido: Sus palabras, sus conocimientos, sus convicciones, todo le estallaba en una algarabía verbal de fuegos artificiales: Convocaba a los jóvenes a ejercer su derecho de serlo. Un “shhh” extendido interrumpió al hombre: Alguien trataba de callar a los muchachos que, según el ponente, se volverían los revolucionarios que el país requiere.

Que los jóvenes son el futuro del mundo ya nadie lo dice ni lo cree, sobre todo en esta época cuando personas de 18 o menos están teniendo empresas, vendiendo proyectos o enriqueciéndose con precipitadas carreras artísticas.

Indiscutiblemente informado, el conferencista abordó un tema interesante por demás sobre las diferentes formas de vivir la juventud a las que se enfrentan muchachos surgidos de diversos estratos sociales; el meollo era convencer a las decenas de estudiantes que hacían de público para exigir una juventud digna.

Ni toda la pasión ni todos los chitones proferidos por los adultos lograron sacar a la mayoría de sus teléfonos, sus charlas animadas o sus huidas inesperadas; para hacer una revolución, suponemos, se necesitan más jóvenes de los pocos que se quedaron a escuchar hasta el final.

Tal vez los adultos estamos cometiendo un error garrafal: Elegimos a motu proprio las temáticas sobre las cuales hablar a los muchachos y, en realidad, deberíamos preguntarles antes qué desean escuchar. Por lo pronto, les comparto los resultados de encuestas aplicadas en América Latina en donde se enlistan algunos intereses manifestados por jóvenes de entre 16 y 21 años.

En primer término, la obtención del dinero les interesa siempre y cuando no implique sacrificios; alcanzar sus metas no es prioritario si implica trabajar muy duro. Tener mucho dinero es una opción a reserva de que no les demande un empleo muy demandante, les permita elegir su horario y no se les exija ser líderes. Desprecian el conocimiento a largo plazo porque, al fin y al cabo, es efímero y muy probablemente cuando pasen a otro grado escolar, ya no estará vigente.

Ahí está, ya les preguntaron. A partir de lo anterior, se reciben sugerencias sobre charlas y conferencias en donde se aborden sus temas, desde su punto de vista y con sus expectativas. Yo todavía no atino a saber.

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21 Septiembre 2017 04:00:00
Bla, bla, bu
A Monsi, el cartonista, no le pasó de noche, a nadie, en las circunstancias que vive México, le será inadvertido cómo muchos de nuestros políticos han perdido hasta el último gramo de sensibilidad y se volvieron autómatas del discurso demagógico.

¿Cuánta tranquilidad puede dar a una sociedad en crisis saber que una bien intencionada funcionaria, así sea la Primera dama, está coordinando las acciones de rescate y atención de damnificados tras una tragedia natural? Cualquiera desearía a escuchar la voz esperanzadora de un técnico especialista.

¿Cuánto tiempo hace la diferencia entre rescatar con vida o sin ella a una persona atrapada bajo los escombros? Podrían ser valiosos segundos que se pierden por atender a un político, así sea el Presidente, y hacer la promoción mediática de sus solidarias acciones.

¿A quién le interesa escuchar cinco veces que una autoridad, así sea el gobernador, que él personalmente fue a ver el desastre tras un sismo y se trasladó con dificultad para? Era de esperarse que su gabinete responsable asigne las acciones de reconocimiento a las áreas destinadas para ello.

Las estaciones radiales, los canales de televisión, los diarios están haciendo un monumental trabajo de incalculable valor en beneficio del país azotado, en algunas ciudades, por los derrumbes y la muerte; en el resto, por el miedo y la zozobra.

Sería deseable, muy deseable, que los voceros de las instancias públicas salieran de los discursos proselitistas y obviaran tiempo en sus espacios al aire: En lugar de mencionar la buena disposición y el mucho aguante de presidentes, gobernadores y primeras damas podrían capitalizar el espacio siendo muy concretos en indicar en dónde, cómo, cuándo y con quién acudir si se encuentra en situación de riesgo.

El país está en vilo. Cada minuto los mexicanos estamos atentos y temerosos al ver cómo las cifras van en aumento; a cambio de ello ¿sería mucho pedir que se pongan a la baja los discursos demagógicos?

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20 Septiembre 2017 04:00:00
Desempleada
¿Será posible esta construcción? Sí, lo es, tanto que acabo de escribirla y usted la está leyendo. Estos argumentos son suficientes para demostrar cuánto es posible ?

Traigo este asunto revoloteando en la mente desde hace algunos días porque esta parte de mí siempre anda elucubrando sobre qué hubiese pasado si mis decisiones hubiesen sido diferentes. Bueno, decir “mis decisiones” conlleva demasiada soberbia de mi parte porque, al final de cuentas, procedemos según lo que otros nos ponen en el camino.

El asunto es este: hace 24 años fui a pedir trabajo a una tienda de azulejos y no me contrataron; luego, un fulano extranjero en busca de asistente personal mostró sus colmillos de tratante de blancas antes de que yo firmara contrato alguno y, por último, mis estudios de química me tenían en una larga lista de espera porque las escuelas egresaban técnicos laboratoristas como hormigas un hormiguero.

Acabé contratada como correctora de telex –un aparatote abuelito del fax que paría hojas blancas con largos textos sin acentos ni puntuación-. Ahí, jorobada sobre una mesa pequeña aprendí de oído la jerga periodística y de mano la redacción en una pesada máquina Olimpia, cuyo olor se convirtió en una marca indeleble.

Ahí, entre ese albur que implica trabajar en los medios y la constante adrenalina de una hora de cierre, siempre con su bocaza a punto de tragarnos, justo ahí estaba yo. Mi deseo siempre dividido entre la química orgánica y las ansias por escribir en una vorágine de ideas, me armó como soy ahora.

Podría estar convertida en una empresaria negociando vitropisos o estar muerta y extraviada como las mujeres de Ciudad Juárez, quizá estaría oculta en un laboratorio. Tal vez… pero alguien cometió una equivocación y estoy aquí, tecleando más de dos décadas en 300 palabras; lo más terrible del caso es que me alegra mucho el fallo.

No olvidé las valencias ni las ecuaciones balanceadas y justamente estas palabras, al paso del tiempo, me permitieron seguir amando las ciencias y poder decirlo al mundo en forma de noticias entrevistas, crónicas, reportajes y artículos como estos.

Así lo llamo, “cerrar el círculo”: Yo escribo lo que usted no pergeña y usted me dice lo que yo no digo. Es una negociación justa a la que me llevó la decisión tomada un día, cuando fui a pedir empleo a un periódico.
No, no fue un acierto equivocado sino una equivocación muy acertada.

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19 Septiembre 2017 04:00:00
La noche es noche
Mamá se queda tranquila mientras no se haga de noche. Dice que el problema es la penumbra, como si esa oscuridad cobrara vida y anduviera engatusando almas buenas por doquier.

Tratándose de jovencitas y jovencitos, mantuvo la candidez de su postura respecto de las horas reloj, de manera que mientras el sol estuviera a la vista, no pasó por su cabeza que pudieran cometer actos de baja moral.

La noche, creo yo, ha sido vilipendiada sin argumentos firmes. Usted y yo sabemos que ni ella invita al pecado ni el día es inocente de hacerlo; así las cosas, es claro cómo se le victimiza por dos delitos ubicados en extremos opuestos: Ser libre en exceso o ser víctima del miedo.

Dejaré el tema del libertinaje para otro artículo porque implica reflexiones sociales, sicológicas y filosóficas que no van a tener cabida en 350 palabras. Hablaremos del miedo que se le adjudica a la noche y su oscuridad, así como a los espejismos de luna mejor conocidos como fantasmas y aparecidos.

La noche viene a nosotros con la candidez de mi madre: Nos muestra sin ambages sus tesoros, nos arropa, nos aleja momentáneamente de la prisa convirtiéndose en una esperanza cuya fehaciente realidad se verá ocho horas adelante. Con todo y eso, la vox populi y más de una investigación social, la han acusado de atemorizar a las personas.

Hay dos tipos de personas que se enfrentan a la noche: Los citadinos y los campesinos. Los primeros no le temen porque han extendido sus ansiedades a deshoras y, simple y sencillamente, la ignoran durante sus apresurados traslados. Los campesinos, quienes aprenden de ella y la respetan, tampoco le tienen miedo.

Todavía están en pleno las estrellas cuando los hombres salen de sus casas y empiezan a subir los cerros, ya para buscar leña, ya para encaminar ganado. A menudo, los traslados de enseres o de urgencias se hacen a caballo por cañones y brechas en tanto la luna les proyecta sombras propositivas e inquietas; más allá de don Chuyito –a quien dicen que le dio diabetes por un susto- la gente del campo no considera a la noche su enemiga.

La inocencia de mi madre no va a cambiar; el supuesto miedo a lo nocturno sí está destinado a morir, no por un ciclo natural, sino porque su belleza ahora pasa inadvertida.

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15 Septiembre 2017 04:00:00
Estolidez
Hace dos décadas entrevisté a un político. Alguien tuvo la ingeniosa idea de colocarlo en la lista de personajes destacados en nuestra sociedad, y dejé en el anonimato a cien paramédicos y cincuenta bomberos.

No tenía opción: la entrevista versaría sobre su ilustre vida y obra, así que usé mis entonces incipientes estrategias de lenguaje para que los lectores avezados conocieran los grandes océanos que tenía la ignorancia del susodicho.

Usé el método pregunta y respuesta; en las preguntas resalté temas de cultura general y en las preguntas, una buena cantidad, puse por respuesta puntos suspensivos para representar los incómodos silencios que obtenía de regreso.

El hombre no se dio percató de cuánto fue evidenciado con el texto, es más, mandó felicitarme y envió un regalo a la redacción. La enseñanza que me dejó esto es que cuando peligra nuestra vida por hacerle saber a otro cuánto nos enferma, las estrategias discursivas vienen a darnos la mano.

Por otro lado, cuando cometí un garrafal error al transcribir una entrevista con el director de la CFE, y en el texto lo mandé a Durango, en lugar de Guadalajara, él me envió una linda carta de agradecimiento diciendo: “Personas como ustedes nos harán mucha falta en Michoacán”. Digamos que ha sido el insulto más caballeroso visto por mis ojos.

Digámoslo de la siguiente manera: Si usted le dice al otro cuánto lo ensimisma el horizonte de su sabiduría cuyos límites crecen a cada palabra que pronuncia, no tendrá la misma reacción que si le hiciere ver cuán ignorante se manifiesta.

Ahora bien, si alguien le ha dicho a usted que la estolidez de sus actos lo deja perplejo, no confunda la frase con un halago, más bien toca una respuesta en cualquier idioma, pero con lindezas en lugar de halagos.
Como se puede ver, el problema no radica en que lo insulten a uno, sino en que muy a menudo ni cuenta nos damos.

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15 Septiembre 2017 04:00:00
Estolidez
Hace dos décadas entrevisté a un político. Alguien tuvo la ingeniosa idea de colocarlo en la lista de personajes destacados en nuestra sociedad, y dejé en el anonimato a cien paramédicos y cincuenta bomberos.

No tenía opción: la entrevista versaría sobre su ilustre vida y obra, así que usé mis entonces incipientes estrategias de lenguaje para que los lectores avezados conocieran los grandes océanos que tenía la ignorancia del susodicho.

Usé el método pregunta y respuesta; en las preguntas resalté temas de cultura general y en las preguntas, una buena cantidad, puse por respuesta puntos suspensivos para representar los incómodos silencios que obtenía de regreso.

El hombre no se dio percató de cuánto fue evidenciado con el texto, es más, mandó felicitarme y envió un regalo a la redacción. La enseñanza que me dejó esto es que cuando peligra nuestra vida por hacerle saber a otro cuánto nos enferma, las estrategias discursivas vienen a darnos la mano.

Por otro lado, cuando cometí un garrafal error al transcribir una entrevista con el director de la CFE, y en el texto lo mandé a Durango, en lugar de Guadalajara, él me envió una linda carta de agradecimiento diciendo: “Personas como ustedes nos harán mucha falta en Michoacán”. Digamos que ha sido el insulto más caballeroso visto por mis ojos.

Digámoslo de la siguiente manera: Si usted le dice al otro cuánto lo ensimisma el horizonte de su sabiduría cuyos límites crecen a cada palabra que pronuncia, no tendrá la misma reacción que si le hiciere ver cuán ignorante se manifiesta.

Ahora bien, si alguien le ha dicho a usted que la estolidez de sus actos lo deja perplejo, no confunda la frase con un halago, más bien toca una respuesta en cualquier idioma, pero con lindezas en lugar de halagos.
Como se puede ver, el problema no radica en que lo insulten a uno, sino en que muy a menudo ni cuenta nos damos.

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14 Septiembre 2017 04:00:00
Poquito champurrado
Saludé, como todos los días. Pedí mi bebida, como es costumbre. Me despedí, tal cual sucede a diario. Tomé mi vasito, pero este no era el de siempre: Sus medidas redujeron digamos en un 30 por ciento. ¿En qué momento me hicieron chiquito el champurrado?

El achicamiento de mi consuetudinaria bebida mañanera me ha llevado a reflexiones muy profundas. No se ría usted, eso de que le disminuyan a uno la ración es malo, pero no haberme dado cuenta de cuándo empezó semejante racionamiento, es un verdadero problema.

Todo cambia, eso lo dijo Heráclito y lo cantó Lupita Pineda, pero el hecho no es que todo en nuestro derredor se modifica y no podemos registrar cuándo pasó; eso de no tener el control ha sido un alimento para la ira humana.

Los cuerpos femeninos han cambiado: No hay relación entre las curvas de Silvia Pinal y el alargado estereotipo actual de la belleza. ¿Cómo perdimos esas voluptuosidades? Sé que no es evolución, pero alguna participación tuvo el progreso: La liberación femenina y las ropas holgadas, quizá.

El lenguaje modelo en los medios de comunicación pasó de ser “un ejemplo a seguir” a que los conductores sigan el ejemplo de quien consideren pertinente para expresarse ante millones de personas. ¿Quién fue el primero en atreverse? ¿Quién fue el primero en validarlo?

Los adolescentes, en promedio, alcanzan mayor estatura que hace dos generaciones; las razas de perros fueron más allá que el icónico Lazy, el pastor alemán y el mestizo; desaparecieron los coquitos de aceite; la canela ya no sabe a canela. No encuentro la causa primera para ninguno de estos acontecimientos presentes, aunque sé que pasó inadvertida en alguno de nuestros pasados.

Es avaricia, soberbia si quiere usted, tratar de localizar el gatillo que disparó la primera bala del cambio. No pretendo comprender todo lo que se transforma a mi alrededor porque enloquecería, pero el asunto sobre el tamaño de mi champurrado, ese sí me tiene muy inquieta.

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13 Septiembre 2017 04:00:00
Tiempo completo
¿Qué le viene a la memoria cuando digo “tiempo completo”? Supongo lo siguiente: La mayoría se remitirá al empleo como profesor; otros más, a sus agitadas semanas y el poco espacio para el solaz y el esparcimiento.

Como sea, si lo relacionó con circunstancias laborales docentes, madres de familia en casa, fidelidad, cualquier cosa, resultará que está abordando asuntos cuyas acciones han quedado extintas, porque un profesor por horas tiene como utopía completar su tiempo, una sociedad moderna sueña con tener otra vez mamás todo el día; de la fidelidad no diré nada. No se me preocupe, yo le encontré algo que sí está disponible y dispuesto para usted las 24 horas los 365 días del año.

La primera vez fue para mí un espejismo: La sola idea de entrar a Carl´s Junior a las tres de la mañana era un imán poderosísimo, así sea que las hamburguesas no estén entre mis menús preferidos, pero ahí estaban de tiempo completo.

La segunda vez me pasó con el primer Walmart en Saltillo: No solo abría sus puertas las 24 horas, además, estaba a cinco cuadras de mi casa. Hacer el súper después de media noche era un acto similar a convertirse en estrella de cine norteamericano, de esas que por razones insondables están en las tiendas a deshoras o duermen en hoteles de carretera.

El consumo de tiempo completo es algo que llegó para arrasar. Ni siquiera nos dimos cuenta cómo fue alcanzándonos con sus muchas cabezas de Hidra y ahora se ha vuelto indispensable; jóvenes y niños no conciben la realidad sin tiendas de conveniencia y gasolineras que no cierran sus puertas jamás.

No estoy muy segura, pero en el pasado nos bastaba con tocar a la puerta en la tiendita de Don José para comprar una aspirina, pero esto de poder comprar día y noche nos convirtió de vecinos con urgencia en allanadores de comercios. ¿Por qué seremos compradores de tiempo completo?

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12 Septiembre 2017 04:00:00
Medio pollo
Admiro profundamente a los estadistas; quienes me ocasionan urticaria son aquellos que usan las estadísticas.

El ejemplo de pollo es muy común: Si un país con diez mil personas consumió diez mil pollos, entonces se presume que ahí todos comieron un ave, así la mitad de los habitantes hayan muerto de hambre. Como sea, el discurso hace quedar bien a alguien con intenciones publicitarias.

Es probable que usted no se haya dado cuenta, pero en este momento forma parte del grupo donde todos leen tres libros al año; al mismo tiempo, también conforma la barra estadística de los analfabetas funcionales, pero, además, está incluido en la lista de los que leyeron tres historias de vampiro el año pasado. Todo es cuestión de cómo se lean las estadísticas, con qué se comparen y cuál sea el propósito de hacerlo.

La semana pasada supe lo siguiente: Percibo un salario más que suficiente para vivir con comodidades mucho más allá de las que caben en la canasta básica y puedo ahorrar por lo menos 200 pesos diarios. Debo ser una despilfarradora y mi vecino un buen histrión, pues ni me he dado a la tarea de rescatar esa cantidad al día y él, quien también es parte de mi grupo bendecido, a menudo se alimenta con granos básicos y té de yerbaniz.

Por la venta de la manzana, en un año de bonanza y buena fe de los compradores, un campesino recibe, una vez al año, aproximadamente 60 mil pesos; divididos, da como resultado 166 pesos diarios para vivir. La conclusión: Si no ahorra los 200 diarios es porque no quiere, si ya estadísticamente se le agrupó entre quienes pueden.

Se afirma también sobre ese grupo de marras, que todos percibimos un salario no menor a 500 pesos diarios. ¿Censarían también a los miles de profesores por horas que habitamos el estado de Coahuila?

Los estadistas son unos genios respetables; las estadísticas son una fuente valiosísima de información. El problema viene después.

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08 Septiembre 2017 04:00:00
Temor
Apenas inclinó la cabeza para sacar algo del bolso, respondió sin palabras a mi pregunta todavía encerrada en la buba de mi duda sobre si preguntarle o no el sitio de su operación. Dijo que tuvo un tumor, pero que no era maligno.

Si fuese médico también tendría respuesta a mi segundo cuestionamiento: ¿Hay tumores benignos? No sé si estoy de acuerdo en llamar benigno a un elemento extraño que provoca pánico, enfermedad, dolor, internamientos y desórdenes familiares.

Cuando yo era niña tenía una vecina. Sería cinco o seis años mayor que yo, pero una protuberancia creciente en la parte inferior derecha de su cara la hacía parecer mayor, en primera instancia, y luego amenazante. Era una linda persona e intentó siempre congeniar con todos, pero su raro padecimiento la volvía distinta y mítica entre los jovencitos del barrio.

Era distinta porque ninguno de los 10 vecinitos conocíamos a alguien más así; nuestros padres tampoco y ninguno de los amigos en la escuela. Conforme pasaron los años, ella creció poco en altura, pero el tumor se hizo casi tan grande como su rostro y su bondad, que resaltaba bastante porque sonreía a cualquiera y contrastaba sus dientes blancos con la deformidad.

Mi hermano tiene un amigo con un tumor en la cabeza; el compañero de mi hijo tiene una hermana con un tumor y en el hospital, mi vecinito tuvo a su lado en la habitación a otros dos más con el mismo padecimiento. Yo no sé qué clasificación le den los médicos a esas protuberancias, pero no creo que para ninguno de ellos sea una cosa benigna en sus vidas.

Mi vecina ya no es distinta a los demás. No porque su padecimiento se haya vuelto común en la gente, sino porque su existencia ligera y pacífica la volvió casi invisible a los ojos prejuiciados de quienes nos creíamos normales.

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07 Septiembre 2017 04:00:00
El aparato gris
El número telefónico de mi casa materna no ha cambiado desde 1982, cuando instalaron el primer y sonoro apartado gris. El sonido, el color, el peso y el cordón hecho bucle son recuerdos inmarcesibles de cuando se usaba el teléfono para hablar y ya.

En las calles abundaban diásporas de hombres sureños que ofrecían una divinas mesitas cuya hechura había considerado espacio para colocar el aparato telefónico en primer plano, el directorio, en segundo y en trono amplio, se sentaba el hablante para hacer sus conferencias con comodidad.

Bajo el aparato de dos piezas se colocaba una servilletita tejida, con delicados adornos a color en las orillas. Bien se merecía la arquitectura invertida en esa máquina mágica un ornato como ese, pues esos teléfonos bien servían, también como pisapapeles o arma de defensa personal: Más de un hampón cayó desvanecido tras el golpe certero de una avispada víctima con la suerte de tener aquel semejante peso tan a la mano.

Si aquello se consideró multiusos, las posibilidades en los teléfonos celulares modernos son una bacanal, pero dejaron sin trabajo, para empezar, a los sureños vendedores de mesitas telefónicas, quienes, supongo, ahora venden fundas, carátulas y bolsas contra el agua, o semillitas.

Dedicarle tiempo a quien estaba al otro lado de la línea era una cuestión de rito, no de necedad. Hablar por teléfono consistía en una actividad con tiempo y espacio definidos: No se llamaba a la hora de la comida, ni de la siesta; tampoco antes de las ocho de la mañana ni después de las nueve de la noche; digamos que las personas teníamos una vida íntima bien definida.

Si nos quedamos nada más con la acción de hablar, la Sociedad de la Comunicación parecía mejor fraguada en 1982, cuando el señor de Telmex llegó y todos casi nos desmayamos por la emoción. Cierto, la comunicación no se hizo tan expedita como en este siglo, pero sí se volvió importante y nunca se pensó en tenerla tan abundante, pero tan fugaz.

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06 Septiembre 2017 04:00:00
Nostalgia migrante
El personaje del migrante pasó de ser pintoresco a protagonista social. Los sentimientos hacia ellos en nuestro país a veces son encontrados, porque de sus vidas conocemos muchas versiones. Como sea, hay expertos hablando de ello, yo solamente quise compartirles este sencillo texto que escribí fuera de mi tierra y de mi gente hace algunos años. Cual sea la realidad de un migrante, estos sentimientos los vivimos todos en la lejanía.

Los primeros 10 años de vida me negué, rotundamente, a comer puchero de res. Escuchar el insoportable y mortal sonido del pivote en la olla de presión anunciaba lo inevitable: Verduras, trozos de carne, huesos con tuétano -que le tocaban a papá, gracias a Dios- y mucho, mucho repollo.

Veinte años después, lejos de la casa materna y a unos 1200 kilómetros de la ciudad que llevo a cuestas –como vaticinó Cavafis-, una fonda sureña logró, por 25 pesos, lo que ningún sicólogo por 400. Un gran plato de caldo de res me llevó a la catarsis.

La gloria de la humedad que tiene por bendición el sur de México es un sueño guajiro para los norteños, así que un día de lluvia copiosa, pasadas las dos de la tarde y muchas horas después del almuerzo, entré a guarecerme en un restaurantito de una pequeña ciudad y viajé, montada en ese olor, a mi niñez.

Enseguida recordé las frentes perladas de sudor de mis seis hermanos comiendo sendas tortillas con salsa verde, tratando de mitigar –en un acto imposible- el escozor en la lengua con una cucharada de muy caliente puchero de res.

En los días frescos del norte, las carnicerías indefectiblemente se ven visitadas por una fila de señoras que hoy no planearon su menú más que especial-para-día-de-lluvia. Algunas discuten en la fila si en verdad la hierbabuena le da un toque mágico o es mito su sabor.

Tiene el puchero de res varios actos en su aparición doméstica: Primero, el olorazo a caldo en toda la casa y la nariz roja por tanto olor a chile asado para preparar la salsa, y eso fue lo que encontré en el sur.

Volvía a mirar por la ventanita de la fonda; había terminado la lluvia y me pareció que todo esfuerzo sería innecesario: La gloria de comer puchero termina en cuanto la lluvia acaba y el ritual se queda en no sé dónde.

Le pedí al mesero que retirara el plato y trajera lo siguiente.

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05 Septiembre 2017 04:00:00
El buen nombre
Que en el nombre va la mitad del éxito, eso lo tengo bien comprobado, diría doña Mary –que Dios la tenga echando gordas-. Algunas veces, como en el caso de José José o Juan Gabriel la duda me hace cojear, pero vuelvo a mis arrestos muy pronto.

Así a la mano, tengo dos evidencias indiscutibles de cuánto el nombre correcto en el momento adecuado hacen la diferencia en el destino de una persona: La primera consiste en una lista de actores cuyos nombres fueron cambiados para salvar a sus inocentes padres de haber elegido mal durante su bautismo; la segunda, es cómo no es lo mismo untarse manzanilla que budleja.

Demi Moore se llama Demetria Guynes, en tanto que Charlie Sheen es Carlos Estévez. Laura León viajó hasta este nombre desde Rebeca Vedarrain, mientras que Mitzy es en realidad Zebedeo García, Daniela Romo es Teresa Presmanes, Pitbull es Armando Christian Uria Rui Pérez y Cositas es Alma Gómez. Yo, les juro que siempre me he llamado así, aunque alguna vez usé Onésima, para despistar enemigos.

La mercadotecnia sustenta mi segunda y más fuerte evidencia, pues los productos comerciales jamás tuvieron tanto éxito en ventas hasta que se llamaron lo más raro posible. La naturaleza, siempre a disposición de sus hijos, ha dado productos suficientes para sanar, lucir y pronunciar con claridad, sin embargo, el arte del ser humano es vestir como desconocido al común y luego hacerlo un ídolo.

Cuando yo era niña, mi madre enjuagaba los rebeldes rizos con agua de manzanilla; tiempo después, los comerciales anunciaron otros productos que se volvieron inalcanzables, desde su pronunciación hasta su precio a razón de contener Chamomile.

Los productos de sábila cambiaron sus etiquetas con Aloe Vera y se agregaron flores cuyos nombres se asemejan a las carnívoras, pero eso los volvió exóticas y, por ende, más caras y lucidoras desde su adquisición en el súper mercado y su lucimiento en la regadera.

El nombre no es lo de menos, que me perdonen los literatos, no cuando nos referimos a la mercadotecnia que hace caer al más avispado con solo tener una mona y vestirla de seda.

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02 Septiembre 2017 04:00:00
Al baño de la mano
Me pregunto cómo el asunto de entrar al sanitario se volvió un acto, más que imperante en nuestras vidas, simbólico, determinante de estatus y definitivo para nuestra posición socioeconómica.

En un lugar público, encaminarse al baño sola una chica, es un grito tajante de escasa popularidad. Por favor, la modernidad dicta que debe ser un acto colectivo de plena socialización en tercer grado, cuya finalidad es la comunicación no solo en el mismo idioma, sino en códigos dialectales que es menester conocer para formar parte de una comunidad, congregación o clan. Por qué a los hombres les importa un bledo acudir solos a solventar la urgente necesidad, es un tema pendiente en mi agenda de soliloquios.

Sé de casos en que las damas acuerdan pactos diplomáticos para acompañarse en público hasta la puerta de Ladies, aunque ya dentro ni siquiera puedan verse, pero el género las obliga a solventar semejante compromiso ante los otros. Son reglas de guerra.

Por otro lado, el baño público se ha vuelto un búnker de acuartelamiento en donde se resuelven los más intrincados problemas, se dictan las tácticas de guerra, llevan las espías sus informes actualizados y retocan sus disfraces las agentes encubiertas. ¿Por qué los salones de fiesta tienen mullidos sillones frente a los lavabos? Lo anterior responde ampliamente a esta pregunta y también a otra cuestión: El baño de caballeros no tiene love seat pues no lo necesitan para leer ahí dentro.

Los asuntos resueltos en este recinto son temas de máxima seguridad, desde ahí se han resuelto noviazgos o desecho matrimonios; estrategias completas contra el enemigo pueden planearse frente a los grandes espejos, a fin de cuentas, hay suficiente papel en el dispensador para secarse las manos.

Desde el “ahí va el agua” que dicen usaban en la edad media para avisar cuando vaciarían sus bacinicas por la ventana, hasta una bien diseñada sala de juntas, el baño puede preciarse de tener historia propia.

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31 Agosto 2017 04:00:00
Pecado eterno
Hace siete años ardió Troya –bueno, la Atenas de México- cuando los diarios del estado de Coahuila publicaron la derogación del artículo que consideraba el adulterio como un delito.

La prensa suavizó la nota enseguidita: Delito no sería ya pero sí causal de divorcio. No son los intríngulis legales sobre los que quisiera discutir con usted, sino el vaivén que la humanidad ha tenido con el asunto del adulterio; en términos históricos, yo encuentro que es sempiterno el acto, tanto como el vértigo de confesarlo.

A mediados de 1300 Boccaccio escribió sin ambages su Decamerón, una serie de cuentos subiditos de tono respecto del amor, la inteligencia humana y la fortuna; la mezcla resultante fue bastante placentera para los protagonistas, puestos voluntariamente en cuarentena sacándole la vuelta a la peste.

Straparola, en 1500, hizo su sarcasmo literario con el libro “Honesto y agradable entretenimiento de damas y galanes”, como se publicó en España, bastante censurado. Muy lascivo y deshonesto se consideró para los españoles, sin embargo, no se abstuvieron de traducirlo y publicarlo con un aclaración como esta: “Hubo necesidad de quitar cláusulas enteras….para evitar inconvenientes que pudiera evitar su impresión”. ¿Acaso no es esta una invitación a leer la versión original?

Bueno, en la lista de obras que no se recataron para publicar y describir actos de adulterio está el mismísimo Don Quijote y sus posaderas, por lo menos algunas, que estaban siempre prestas a las atenciones de un visitante nocturno.

De Carmina Burana –los cantos goliardos del siglo XII- hay bastante por ventilar, pues así haya sido la Edad Media los autores y participantes de esas aventuras bastante que salían del oscurantismo, sobre todo durante la noche. Un botón de muestra: “…un coro de doncellas ya ofrece un millar de goces”, “yo podré obligar a los chicos, quieran o no, a amarme, permitidme que os agrade”, “amad, hombres virtuosos, a las adorables mujeres”, “voy por el amino ancho como es costumbre de la juventud, me enredo en las vicios olvidado de la virtud”.

Así como hizo el editor español de Straparola, yo también omití los versos más picosos, pues aunque no sea delito el adulterio tampoco es cosa de andarlo recomendando.


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30 Agosto 2017 04:00:00
La Cleopatra interna II
En la sala de espera, una madre conversa con su hija adolescente. Ella evidencía el mal común en personas de su edad: cierta palidez, desgano, somnolencia e intensa necesidad de ver la pantalla de su teléfono. Todo fluyó en filial comunicación hasta el momento cuando la menor cuestiona a su progenitora el por qué incrementa los afanes para atender la salud de su hermano y no así cuando se trata de ella. La madre responde: porque él es hombre.

La cita anterior está fechada el día 29 de agosto del año 2017, no en 1867, cuando Marie Curie nació y nadie esperaría que fuese estudiante clandestina en la “universidad flotante” de Varsovia, época durante la cual fue impensable que una mujer ocupara el puesto de profesora en la Universidad de París; y sin embargo, lo hizo.

La madre de marras frisa los 50 años, no es una anciana octogenaria, quien haya visto con ojos sospechosos como Simone de Beauvoir se consagraba en la literatura con cosas tan tremebundas como “El segundo sexo”, en los años cincuenta. Válgame no, esta señora de hace días parece haberse quedado del lado cristiano cuando la Santa Sede repudió el ensayo; y sin embargo, la autora lo publicó.

La respuesta palmaria emitida por esa madre admirable sigue rondando mis pensamientos y mis desvelos: Pudo haber sido un sarcasmo; tal vez, discriminatoriamente, considera a los hombres incapaces de cuidarse solos, o bien, tuvo un viaje astral que la dejó en un pasado donde no se enseñaba a las niñas de la secundaria que hombres y mujeres somos iguales.

Sería muy violento darnos cuenta de dos cosas: a) la liberación femenina no ha sido una lucha ganada, sino solamente un discurso convenenciero para cubrir necesidades productivas en las sociedades modernas y provocar ensoñaciones en las damas con asuntos como darnos el 50 por ciento de las curules cuando eso es también un condicionamiento, b) la mujer ha tenido siempre las armas para liberarse, pero cuando se ignora la historia de la humanidad, se vuelven a pelear las batallas ganadas, no siempre con el mismo éxito.

Alguien dirá que en el pasado los derroteros de las damas geniales fueron fatídicos. ¿Y no acaso hoy mismo están muriendo mujeres por el simple hecho de serlo?

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29 Agosto 2017 04:00:00
La Cleopatra interna I
Veintiún siglos antes del movimiento de liberación femenina, Cleopatra reinó Egipto, peleó contra los romanos enemigos, guió a un pueblo y supo sacar provecho de su presencia y genialidad para ser reina, estratega y mujer.

Además de todo lo dicho antes, hablaba egipcio, griego, hebreo, sirio y arameo; sabía de literatura, música, política, matemáticas, astronomía y medicina. Todo esto sin descontar cuánto las lenguas malas dicen que estaba muy, pero muy bien.

Poco más de veinte siglos antes del movimiento de liberación femenina, Safo de Matilene –Safo de Lesbos, para los amigos- aprendió a recitar poesía, a cantarla y luego, por su cuenta, a escribirla con tan buen ritmo que los varones griegos no tuvieron más remedio que incluirla en su lista de poetas destacados.

Además de todo lo dicho antes, ella era homosexual, a decir de las lenguas viperinas. Esta chica se dio el lujo de escribirlo con metáforas tan bien logradas que muy pocos dieron con el mensaje puesto entre líneas tras sus versos; todo esto la llevó a ser un personaje admirado por Ovidio, el famoso poeta latino.

Cinco siglos antes del movimiento de liberación femenina, Juana de Arco hizo caso a las voces que la llamaban a la guerra. Montó su corcel, guió un ejército vestida de hombre y logró echar atrás algunas tropas inglesas.

Además de todo lo dicho antes, esta mujer construyó su carácter desde la infancia, desarrollada siempre entre la guerra y el abuso en contra de su familia. Las lenguas viperinas decían que tenía un pacto con el diablo.

Tres siglos antes del movimiento de liberación femenina Elisabetta Sirani violó la regla de que una mujer no iba a la escuela: Hizo que la escuela fuera a ella hasta convertirse en una destacadísima pintora de Bolonia.

Además de todo lo dicho antes, ella fue capaz de sostener a su familia vendiendo sus obras artísticas que debían ser expeditas y excelentes. Las lenguas voraces afirmaron que no pintaba desnudos de modelo vivo porque no era buena con el dibujo.

Me pregunto yo: ¿No sería que el movimiento de liberación femenina había empezado tres mil años atrás y no nos dimos cuenta?


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26 Agosto 2017 04:00:00
Mujeres de caricatura
De niña, consideraba el atardecer como la mejor parte del día. Esta percepción estaba construida por lo siguiente: mi madre haciendo tortillas, café hirviente en una ola vieja, frijoles molidos, salsa Búfalo y La Pantera Rosa.

La Pantera Rosa –y enseguida el inspector y su asistente Dodó- fue un personaje asexuado para mí. No me detuve a pensar en su género hasta el episodio en donde burla a un atípico Noé empeñado en reunir a todos los animales del bosque en un arca falsa a fin de conseguir la codiciada piel rosa de la pantera. Sucedió porque es la única transmisión en donde el clásico personaje habla: Tiene voz masculina.

Así las cosas, la pantera era un varón. También el inspector y Dodó. Si repasamos el menú de dibujos animados hace 40 años, igualmente eran masculinos Silvestre, el Pato Lucas, Piolín, el Correcaminos y el Coyote, Sam Bigotes, Porky, Speedy González.

Intento encontrar personajes principales en el cartonismo clásico y aparecen en nebulosas la Abuelita –de piolín-, el ama de Silvestre y ya. La primera apenas aparece como pretexto para poner en situación crítica al pajarito; de la segunda solo conocimos sus blancas piernas entaconadas.

Las mujeres no eran motivo de protagonismo; el perfil femenino no tenía aventuras ni podía hacer malabares fantásticos a colores. Si Bugs Bunny nació en 1938, las Chicas Súper poderosas se afamaron hasta los años 90; es decir sesenta años de espera para pensar en un personaje femenino animado.

Pido una disculpa si algún experto en cómics tiene a la mano alguna dama como personaje principal en los dibujos animados entre el conejo y las chicas, es solo que las masas infantiles no tuvieron acceso a otra posibilidad fantasiosa de ser mujer y caricatura sino hasta esa época.

¿En dónde estaban las mujeres para el Cartoon clásico? Creo que haciendo pay de manzana, vestidas con falda y delantal.

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25 Agosto 2017 04:00:00
Historia pisada
Con mi primer sueldo como reportera me compré unos zapatitos blancos con tacón de cinco centímetros cuya punta metálica anticipaba mi llegada desde la vigilancia hasta la administración. Visto a la distancia, no entiendo la razón por la cual elegí ese material para andar pisando mi historia.

A la conclusión que sí he llegado es una sobre la relevancia de los zapatos en la historia de la humanidad; miren cómo incluyo a los caballeros, porque las alpargatas romanas de Julio César fueron un parteaguas innegable en el tema de la moda, tanto así que las tendencias se dividen aquellas que las incluyen y las demás.

El año pasado las mujeres tuvimos a la mano dicho calzado, pero cuando yo era una jovencilla, las chicas las lucían con una minifalda tan corta como la del Julio César de Marras; es decir, con una capa y hubiese vuelto la moda Latina en todo su esplendor.

Hablar de zapatos es abordar un punto débil femenino. Calzar algo es un debate interno en la mujer, porque no se solventa nada más una necesidad básica de supervivencia y calidad de vida, en realidad es una representación del universo que una dama pretende mostrar al mundo.

Entre los tacones y el zapato de piso hay un mensaje encontrado: la inseguridad y la autoestima en cada extremo. Si los primeros se convierten en campanada para llamar la atención, los segundos son una muestra de amor propio.

La circunstancia sociohistórica de la mujer también se ha guardado en los zapatos: nuestras madres se olvidaban de los tacones antes de casarse para ser recatadas y, después, para sobrevivir al vaivén de siete hijos enfilados.

La cantidad exorbitante de zapatos en un guarda ropa femenino busca mostrar versatilidad; el tema de la calidad es más por estatus que por comodidad; la exuberancia tiende a aparentar originalidad.

Comprar zapatos, como pueden ver, no es un asunto cualquiera. Si ha quedado claro, señores del mundo, dejen que esa acción se haga con tiempo y en solitario; lo digo por su bien.


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24 Agosto 2017 04:00:00
Amarillo azul
Tuve bastante tiempo un vestido amarillo, largo hasta la rodilla y con cinturón ancho que me inventaba una cintura inexistente en mi persona. Busqué hasta el cansancio unos zapatos del mismo tono; no descansé hasta encontrarlos y, lo mejor de todo, es que en el mismo aparador estaban otros en rojo y unos más en anaranjado.

¿Qué hice después de encontrar los zapatitos? Conseguí un vestido color naranja con franjas negras en la cintura inexistente y otro rojo con floresotas blancas con pistilos amarillo, cosa que me implicó doble ventaja, porque pude combinarlo con dos pares de mis nuevas adquisiciones.

Los ochentas fueron una maravilla, pues el paradigma del buen vestir no representaba mayor problema: Vestido, zapatos, bolso y, de ser posible, ropa interior a tono. Si quisiéramos traducirlo al estatus emocional de la sociedad en aquella época, digamos que todo era más congruente y previsible.

En 1970 un diseñador norteamericano presentó en las pasarelas trajes confeccionados en telas metálicas, brillantes, con cuellos como escafandras, todo esto para estar a tono con la época espacial que se estaba viviendo. De este modo, pasamos de un atuendo monótono a un polícromo porque Picasso, o a uno masculino porque la liberación de la mujer.

La moda para la mujer no es fácil, si así lo pensaban. Si antes lo resolvíamos en un mismo color, hoy está penadísimo no portar por lo menos tres colores contrastantes, pero neutros, pero poco estampados y que no san lisos, suficientemente sugerentes pero sin caer en el libertinaje y la mala interpretación.

Cuando veo esos programas televisivos en donde un especialista en moda –vestido por demás simple- da consejos a hombres y mujeres catalogados como fachosos, llego a una conclusión más fácil que la pasarela: Me pongo algo mío, algo de mi esposo, algo de mi madre y algo de mi hijo. ¡Voilá!

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23 Agosto 2017 04:00:00
Miedo al temor
La lección para el primer día de clases fue: Temerle a los eclipses. Esta nota se hubiese visto de maravilla en una gaceta del Renacimiento, por la ignorancia y, de paso, para confirmar ante la sociedad las barbaridades que andaban diciendo Galileo Galilei y algunos de sus secuaces.

Considerando que en el siglo XVII no había propiamente un periódico y, en todo caso, los boletines con los avances de Ulise Aldrovandi en la construcción de su Monstrorum eran la noticia más a la mano, anunciar que la vida se paralizará porque hay un eclipse no fue cosa extraña. Vamos, habiendo tan a la mano tantos misterios indescifrables de la magia y la brujería, cualquier cambio resultaba amenazante.

Incluso Bugs Bunny tomó en cuenta este contexto histórico respecto de los temores de la sociedad hacia los asuntos de la naturaleza. En una animación protagonizada por este inigualable personaje, encarna a un científico quien amenaza a la corte con oscurecer el cielo si no lo liberan; y lo oscureció con un eclipse. En cuanto sale de la corte, no insiste en que la Tierra se mueve, solo comenta con bastante sorna: “Si leyeran un poco más, seguro me hubieran ejecutado”.

Viajemos ahora en la máquina del tiempo y volvamos a 2017, cuando la ciencia es cosa de todos, asunto de juego y programa de televisión abierta; entonces, nos encontramos con la noticia: “Alumnos no acuden a clases por el eclipse”. Seguro algo no cuadrará en el ambiente, es como si hubiese un personaje realista en un cuadro de Picasso.

National Geographic se desgañita para llevarnos de la mano por el mundo científico; Discovery Channel nos traduce las fórmulas más complicadas en atractivos programas narrados; Carl Sagan dejó su herencia para seguir adentrándonos en el cosmos los legos y los eruditos. ¿Por qué le tememos a un eclipse que era escenario ideal para las clases de ciencias, geografía, arte, redacción?

La logística, dirán algunos. Cierto, hace falta genio y creatividad para ello, pero se supone que tenemos ambas cosas al frente de cada aula. Digamos que se pasó Saturno a un cuadro de Botero.

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22 Agosto 2017 04:00:00
Trump me odiará
No hubo mala intención, holgazanería o abuso de la amistad, fue algo peor: ignorancia pura.

Muy añejo es el dicho “a donde fueres haz lo que vieres”, pero estarán de acuerdo conmigo: aun a las mujeres nos lleva un rato saberle los modos a sociedades diferentes a las nuestras, donde crecimos y nos hicimos personas. Bueno, pues de ahí el error garrafal cometido por quien esto escribe.

Fui a visitar a una querida amiga quien, entonces, vivía en San Antonio, Texas; entonces matrimoniada con un hombre paradigmáticamente norteamericano. Ella se divorció unos meses después, y me resisto a pensar que mi acto de vandálica informalidad fue el causante o, por lo menos, el pretexto perfecto.

Arribé a su casa, miré el piso del departamento y me pareció lo suficientemente amplio para dormir en cualquier rincón, como hacen las familias mexicanas cuando llega un huésped, pues estamos de acuerdo que, en nuestra querendona sociedad, insistir en alojarse en un hotel llega a ser muy ofensivo. Pues no fue el caso, el hombre aquel montó en cólera cuando sospechó mi intención: Quise arreglar el desaguisado, ofrecí buscar algún hostal, de perdis, pero entonces se armó la revuelta entre los esposos y yo quedé como personaje de caricatura, entre el estira y afloja.

Al otro día, nuevamente estuve en el ajo cuando no supe si, en el restaurante, pagar la cuenta de todos, la mía nada más o ninguna. El hombre se expresó despectivamente de los mexicanos y supe entonces cuánto mis clases de inglés estaban cobrando forma porque entendía hasta las palabrotas. Me equivoqué.

Pero si no se equivoca uno por lo menos sí puede hacerlo por lo más. Si me pasó en Estados Unidos, con más razón en el rancho. Ya ven ustedes cómo en la ciudad no es muy bien visto detenerse a platicar largamente, con todo y prólogo, en una visita oficial o en la calle si es encuentro fortuito, por aquello de las prisas. Pues debo decirles que en el rancho me hice fama de la más gruñona de todos, porque si era menester acudir a casa ajena para arreglar asuntos, saludaba e iba al grano. Supe cómo don Chuyito se cuestionó si realmente yo tenía estudios, pues yo obviaba la parte más importante: El rapport, saludo extendido, comentario del clima, actualización del estado familiar y, de pasada, el asunto en común.

No le halla uno, señoras y señores. Solo espero nadie comente sobre este bochornoso asunto que llevo a cuestas, pero tanto me pesaba que debía decirlo a alguien. Gracias por escuchar y guardarme el secretito.

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19 Agosto 2017 04:00:00
Hijo maravilloso
Si creí hasta ahora que mis aspiraciones fueron claras desde mis 10 años cuando dije a voz en cuello: “Yo quiero ser corresponsal de guerra”, debo reconocer mi equivocación, en realidad, yo quiero ser actriz y divorciada.

Yo quiero ser de las mujeres en sus cabales con la suficiente resistencia para mantenerse casadas hasta tener, por lo menos, dos hijos. Esto del número tiene una razón necesaria que argumentaré dos párrafos adelante, más o menos.

La razón por la cual me nació semejante deseo, es porque, debo confesarlo, no soy una madre ejemplar, ni abnegada; mucho menos podría considerarme progenitora quien se quita el saco o el pan de la boca para cederlos a su hijo; cada quien lo suyo y san se acabó.

Las actrices cuando contraen matrimonio tienen hijos, así nada más; cuando se divorcian, tiene hijos maravillosos. Los reporteros, siempre tras el escándalo, cortan muchísima tela de los divorcios entre famosos. La primera y obligada pregunta es si se siguen frecuentando, si terminó el amor para siempre. Las damas responderán, invariablemente “Siempre habrá amor y nos seguiremos viendo porque tenemos dos (o el número que corresponda) hijos maravillosos”.

Sé cuanto acelera la madurez de un hijo si sus padres se separan, pero en el caso específico de las actrices, los chicos transitan de lo ordinario a lo exorbitante en el abrir y cerrar de ojos de un juez civil. En la vida de los profanos como yo, eso no sucede. Y si bien, tengo un hijo que me cae excelentemente bien, regresa bastante revolcado de la escuela y carga tantas y tan extrañas cosas en el bolsillo como para saber que es un niño normal, dista mucho de ser maravilloso.

Pensándolo bien, sí soy una madre abnegada: Estoy dispuesta a encerrarme en el CEA de Televisa por dos años y medio para ser una buena actriz, casarme con Juan Querendón luego de ser su coestrella y… ¿tener un hijo como él? No lo había considerado.

Quizá decida enfrentar mi destino y quedarme con mi hijo buena onda. Quién sabe si en un futuro no muy lejano él no sea maravilloso, pero me siga cayendo tan bien como ahora.

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19 Agosto 2017 04:00:00
Terrorismo
Estamos viviendo una era muy difícil, donde la violencia va ganando terreno. ¿Qué está sucediendo en el mundo? ¿Por qué tanta agresión? ¿Qué sucede en la mente y el corazón de las personas que optan por la violencia?

Preguntas que no siempre se responden a entera satisfacción.

Vemos territorios en disputa por razones que no se alcanzan a comprender del todo, ya sea de orden político, religioso, social. ¡Qué más da! Las diferencias van generando sentimientos adversos en personas que consideran que solo ellos tienen la razón por lo tanto se consideran dueños de la verdad.

No solo es un pedazo de tierra lo que provoca conflictos, también la ideología, la religión. Los estallidos, los enfrentamientos y aún las guerras, han sido provocados por la intolerancia de una parte u otra y por esa falta de respeto hacia los demás.

Resulta verdaderamente vergonzoso ver a individuos convocando y participando en agresiones hacia personas, solo por el hecho de no ser o pensar como ellos. El fanatismo está causando problemas graves en el mundo.

El atentado ocurrido en Charlottesville, Virginia, nos ha mostrado una vez más el rostro de la violencia y de lo que pueden ser capaces los grupos radicales, extremistas; personas con una gran carga de odio en su interior.

No se concibe que alguien sea capaz de arrollar con su auto a una multitud sin medir las consecuencias de sus actos.

La actitud criminal de ese joven blanco, con apenas 20 años de edad, es verdaderamente preocupante porque ha ido creciendo el número de jóvenes que manifiestan su enojo, su coraje, su odio hacia los demás de manera violenta. ¿Qué les está faltando? ¿Dónde está realmente el problema?

Que alguien se sienta superior no significa necesariamente que lo sea. La superioridad no se demuestra con agresiones. Una buena persona manifiesta su bondad, su generosidad a través de sus acciones y con actitudes de respeto a los demás. Esa es parte de la fuerza de un ser notable, de una persona inteligente.

En cambio, el malvado, fanático o radical, busca el momento para descargar sus frustraciones, su odio en seres inocentes como ha sido el caso de las víctimas de todos los atentados, incluyendo por supuesto a los más recientes en Virginia y en Barcelona.

La violencia se está manifestando de una manera cruel y despiadada. Podría decirse y afirmarse que nadie está completamente seguro en ningún lado. Ya no importa el lugar, ciudad o país. El terrorismo, la violencia por cuestiones raciales están mostrando, además de la intolerancia, una gran dosis de odio. La amenaza para la humanidad está latente, por un lado los atentados, el terrorismo; por el otro lado, guerras, destrucción.

¿Qué sucede en el corazón de los seres humanos? ¿Qué está pasando por la mente de dirigentes mundiales que fincan su poderío en armamento y no en la razón? Quien le apuesta a guerras hoy en día, debe estar consciente que su propia familia estará en grave riesgo.

Ninguna nación debería ser gobernada por individuos que muestren signos de ser intolerantes, racistas o nefastos, sino que tenga la capacidad de discernir ante un dilema.
Desafortunadamente ¡Qué le vamos a hacer! Los discursos incendiarios de algunos gobernantes, en contra de grupos –de la condición que sea- puede ser el pretexto que algunos radicales necesitan, para actuar por su cuenta.

En el discurso se les da el cerillo para encender la hoguera….. la hoguera del odio.

Lo sucedido en Barcelona es una muestra más del horror que vive Europa por causa de grupos terroristas. ¡Cuánto odio! La gran ausencia de Dios en un corazón endurecido. Personas que son capaces de morir por su fanatismo, aunque la verdad ellos, ya están muertos al sacar a Dios de su corazón.

A pesar de todos los problemas que existen en el mundo, problemas grandes o pequeños, la vida es bella y nadie tiene derecho a arrebatarla a otros. No hay justificación alguna para odiar, menos aún para causar daño a seres inocentes, ni siquiera en el nombre de ideales o creencias.

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18 Agosto 2017 04:00:00
Acumuladores
El programa “Acumuladores”, transmitido por el canal Discovery Home and Health, no acaba de sorprenderme. Incluso en plena conciencia de estar viendo la misma historia en cada episodio: Una persona cuyo apego a las cosas la lleva a ahogarse en ellas.

Los protagonistas, en su mayoría, aceptan haber dedicado una gran cantidad de años en sus afanes y no se ocuparon por prever una jubilación del vicio; el resultado: No tienen idea cómo, cuándo y para qué deshacerse de sus cosas.

Ese mismo asombro, aunque aderezado con inconformidad, me crece con quienes atesoran conocimiento. Mi propuesta sería: Dedicar media vida en la acumulación de saber y la otra mitad en buscar la mejor manera de usar ese cúmulo en bien de los demás.

Ahogarse con la hacienda atesorada durante años no es una bonita forma de morir. Hay quienes han sido capaces de leer, recordar, repetir -algunos hasta reflexionan lo que leyeron- durante años de una vida dedicada a publicar su sabiduría. Los demás, legos del conocimiento, mantuvimos encendidas nuestras lámparas de aceite en la espera por ser vertidos con su bagaje y conocimiento, pero muchas veces, más de las que podemos imaginar, todo lo atesorado se queda ahí, perdiendo su plusvalía.

Conocer por conocer tiene un valor de profundo interés, y eso trata de promover la educación, por lo menos en teoría: Que los estudiantes se acerquen al aprendizaje por el mero interés de aprender, sin esperar pago extra. El agregado consiste en una extraña interpretación de esa propuesta: Saber para mí, aprender para mí; cosa que sin embargo deriva, generalmente, en una torturante vida que se gasta en la búsqueda de quien admire a esos depositarios del universo, como adorar a un becerro de oro, pesado e inútil.

Quino hizo algunos cuadros sueltos con reflexiones que luego fueron impresas en agendas y diarios. Uno de esas imágenes quedó en mi memoria, y como no quiero pecar de narcisista, se los comparto: Un hombre sentado en medio de interminables torres de libros ya leídos por él mira a su alrededor y dice: “¿Y ahora qué hago con todo esto?”
Tal vez usted tenga la respuesta.

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17 Agosto 2017 04:00:00
El más visto
Que Google haya recordado en titulares el 121 aniversario de nacimiento de Tina Modotti y no el 40 aniversario de la muerte de Elvis es significativo para nuestra generación.

Nuestra generación, aclaro, tiene como característica común haber presenciado la instauración de una revolucionaria propuesta musical que rompió una gran cantidad de barreras construidas a base de prejuicios e ignorancias.

No estoy abogando porque Google destaque más al ícono del rock –y del country para muchos otros- sino que la acción de este vital buscador en la vida de los jóvenes corrobora, de diversas maneras, que la nueva generación tiene otros modelos y eso la hace diversa y distinta a las anteriores.

La diversidad entre generaciones ha sido motivo lo mismo de grandes creaciones en el arte y la ciencia, pero también de terribles incomprensiones. El hecho de que Elvis Presley ya no sea el más imitado, el más visitado o el más “casado” en Las Vegas no implica que la humanidad olvida su historia, sino que está construyendo la propia y quedamos nosotros para corroborar el antecedente que somos de lo cual hoy celebran los otros.

Si bien, la Modotti murió en 1942 y Elvis en 1977, ella se convirtió en una figura relevante para la iniciativa feminista ahora vigente; sus imágenes fueron un reto en su momento y hoy mantienen su vigencia porque presentan sin ambages la riqueza de la cultura natural en los pueblos.

“El rock de la cárcel” resultó una insolencia para los conservadores que retaba Elivs, sin embargo, parece una prueba social superada –de alguna manera; por otro lado, “Las dos mujeres de Tehuantepec con jicalpextle” tienen vigente una lucha interna y hacia el exterior por dejar claro cuál es su rol en la sociedad que a veces parecer haber dejado la sumisión solo en las fotos de arte, pero muchas otras nos muestra que la realidad al respecto se ha quedado estática, como en las fotos de la vida cotidiana.

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15 Agosto 2017 04:00:00
Entelequia
Si encontrásemos la belleza en el presente, muchos suicidios evitaríamos. No hablo en sentido figurado sobre esto, es más propuesta que ensoñación.

Junto con la petición implicada en este texto evidenciaré mi ignorancia sobre lo que existe fuera de mi caverna personal, pues no imaginé la cantidad de personas que invierten su vida y nuestro dinero en estudiar lo que a nadie es útil.

Hace algunos días participé en un importante encuentro nacional sobre problemas para la enseñanza del español. Mi corazón palpitaba como loco al saberme afortunadísima de estar presente en donde un grupo de estudiosos de la literatura vertería todo su saber, saber cultivado en las más importantes universidades de nuestro país. Y ándale que me resbalé.

Nada digo del profundo conocimiento atesorado por una gran cantidad de maestros mexicanos, lo único que discuto es la funcionalidad de ello. Ustedes me darán la razón cuando les cuente los temas de sus estudios: El uso del participio verbal en la poesía del Renacimiento; los diversos significados de la palabra “bicho” estudiada en los diccionarios de 1789; de cómo los artículos periodísticos tienen el argumento en la primera línea.

He cambiado algunos términos para proteger a los inocentes, pero luego de conocer sus empeños –y saber que yo de plano escribo cualquier cosa menos artículos periodísticos- ya comprenderán la causa de mi tristeza cuando observamos que quienes tienen la información –y los recursos- al dedicar su vida a los asuntos académicos, habitan en el limbo de las entelequias, y los problemas para la enseñanza del español les importan un bledo –bledo: del latín “blitum”. Cosa insignificante, de poco o ningún valor- .

Mucha leña aporta al problema el hecho de la élite intelectual que conforman ciertas universidades. Sus integrantes, con docta certeza, se asumen como los propietarios del saber decimonónico y ni siquiera se percatan de cómo la vida bulle fuera de sus campus con una realidad muy otra a la de los sustantivos propios contenidos en El Decamerón.

Hace un par de años, una chica de Nuevo León determinó suicidarse por la profunda tristeza que le causaba la lectura de ciertos poemas trágicos, cuya realidad literaria le parecía la única, así como consideraba que la belleza posible estaba sólo entre autores del romanticismo. Es decir, ella consideró que nada podía fabricarse con el presente que tenía entre las manos, pues los materiales disponibles quedaron años atrás.

Ya, en serio, señoras y señores, no es justo que millones de profesores nos acabamos las horas y los minutos por mejorar la realidad de otros tantos jovencitos escuelantes, mientras un montón de literatos presentes y en cierne se cortan las venas por los versos de Safo y Anacreonte, ignorando que puede haber mucho más dolor en el corazón de un muchacho de secundaria.

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12 Agosto 2017 04:00:00
Vaivén inquisidor
De estar vigente la Inquisición, yo hubiese ardido ya en leña verde alimentada por los vecinos que me ven cada mañana entumiéndome en las aguas heladas de la acequia. Nadie creerá que es una prescripción médica el baño frío matutino, la exposición al aire puro y el desdén soberano al prejuicio ajeno.

Esta noche, a diferencia mía, Julión Álvarez y Rafa Márquez no dormirán como benditos gracias al baño frío, porque pende sobre ellos una espada cuyo peso, cualquiera que este sea, romperá el hilo del cual se sostiene sin previo aviso y sin razón alguna.

Los especialistas en derecho civil y penal no ven con mucho entusiasmo el optimismo del cantante –del futbolista no sé nada- quien está parado en esa filosofía profunda y respetable de los rancheros. El caso, dicen, que ser mencionado siquiera en un proceso del tipo en el cual lo involucran, implica la muerte civil por lo menos, en el mejor de los casos, durante cinco años.

Hace unas semanas transmitieron en televisión de paga un programa con entrevistados del FBI, quienes afirmaron que los mecanismos para marcar como sospechoso a un individuo eran impredecibles. Familias completas perdieron su identidad, su relación y, ya lo menos importante en esos casos, sus posesiones.

Lo irracional de todo esto es cómo las leyes tazan el nivel de peligrosidad de un sospechoso –como sea que haya llegado a esa tipificación-, pues estos dos hombres no podrán trabajar, disponer de su dinero, gozar el usufructo de sus propiedades, ser patrocinados durante el largo tiempo de la investigación que bien puede terminar con una sentencia o un “usted disculpe”. Mientras tanto, otras organizaciones relacionadas con actos de violencia extrema pueden continuar sin remordimientos.

Me viene a la mente el grupo Legión Holk, directamente relacionado con los tristísimos acontecimientos de Nuevo León. Se encontraron suficientes elementos para determinar que ejercía una influencia importante entre los jóvenes adscritos a ella por redes sociales; sin embargo, hoy mismo yo podría darme de alta en sus grupos.

La anarquía de las medidas cautelares, como en tiempos de la inquisición, sigue todavía el vaivén emocional que caliente el contentillo de los legisladores en turno.

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11 Agosto 2017 04:00:00
Patriótica panza
No en plena conciencia; tal vez desde el subconsciente brotaron los efluvios del caldo que Rius, junto con Gabriel Vargas, hizo en mis entrañas juveniles y hoy, tras su muerte, vienen a brotar con el asunto de la panza.

Yo les hablaré de otras panzas, las extranjeras, a propósito de mi teoría medio peregrina de que la nacionalidad, el patriotismo, la identidad cultural, no se lleva en la bandera, ni en el color de piel ni en la anatomía; no precisamente en el idioma ni en la vestimenta, sino en el estómago.

Leyendo la novela de C.M. Mayo, El último príncipe del Imperio mexicano, caigo en la cuenta de la algarabía de fuegos artificiales que se celebraba cada noche el Castillo de Chapultepec tras las llegada del emperador, la emperatriz y toda su europea corte.

En no pocos capítulos las autora retrae las quejas enviadas a ultramar, de ida y vuelta, en donde se hacía alusión a los alimentos picantes que debían de comer en México, a los insectos que hubo de engullir Carlota en su viaje a Yucatán; no se deja de mencionar la manteca de puerco que, a cambio del aceite de oliva, vino a instruir las panzas en un entrenamiento digno de un miliciano.

En el tema de los ruidos, las flatulencias y los desvíos intestinales, supongo yo, no hay clases ni títulos nobiliarios, por lo cual sé de cierto que desde el chef francés hasta el emperador mismo, abonaron bastante a las turbulencias sonoras en aquel importantísimo lugar.

La patria construye, antes que nada, la panza de sus ciudadanos. Aún no se pronuncian a cabalidad dos frases completas, cuando ya el estómago se cultiva con las especias de la India, los arroces de Oriente, los chilitos de México. De esta manera uno bien podría ir por el mundo sin necesidad de pasaporte: Cuando haga falta demostrar la nacionalidad, que nos pongan un buen plato de chilaquiles y la cosa estará hecha.

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10 Agosto 2017 04:00:00
Desnudos de plumas
Había unos pollos en el rancho. En ese rancho siempre había pollos chiquitos, blancuzcos o pardos, nunca amarillos como en mis libros de la escuela, pero tenían lo suficiente para no confundirlos con otro tipo de ave.

Con esos pollos me sucedió lo mismo que con el gato: Por años tuve la certeza de estar mirando a los mismos animales, porque no cabía en mi mente la posibilidad de haberme comido a aquellos o la muerte de este.

El gato lo encontramos en la casa citadina e insistí tanto en quedármelo que mi madre aceptó, siempre y cuando lo cuidara una señora del rancho. Los pollos eran habitantes huéspedes de la señora del rancho. El gato jamás creció; los pollos tampoco.

Con el gato nunca se me ocurrió tomarme una foto; con los pollos tengo varias. La más memorable es una en donde aparezco rodeada por ocho animalillos zancones, hacia quienes estiro mi brazo cubierto por una camisa bastante masculina en tanto miro hacia la cámara con unos ojillos desvelados apenas visibles por debajo de mi sempiterna melena despeinada.

Esa fotografía tiene la característica de las fotos proverbiales: Son un gatillo para denotar recuerdos. Aunque no está presente en la imagen, me viene a la memoria el gato sempiterno, el tractor, la trilladora, el trigo, el granizo, los limoncitos junto al maíz, mi abuelo, la barda para escapar, la plaza, el policía, un carro de paletas.

Usted puede descubrirla en el cajón menos pensado, pero existe, eso es un hecho. En lo personal, debo agradecer a los pollos que hicieron la hazaña de convertirse en mi foto detonadora, porque tengo muchas pruebas de cuántos tienen esa herencia en una imagen de cuando son bebés y están sin ropa, sin nada de ropa. ¿Le suena conocido eso?

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09 Agosto 2017 04:00:00
Un suéter raído
Junto con algo nuevo, algo prestado, algo azul y algo viejo, la lista debería componerse con un suéter raído, prenda que no entra en el rango de viejo, pues no es ésa la característica que lo vuelve esencial en la vida de una mujer, sino su condición de ajado.

Mi hermana debe haber tirado por lo menos dos de mis ejemplares más queridos, y con ellos partió cierta historia vital que pende de un hilo en mi memoria cada vez más endeble. Uno azul fue el más memorable, con su cremallera interminable y resistente a todo, su tejido grueso, pero presto a abrir ventanas ante la insistencia de un dedo nervioso entre las puntadas de macizo.

Debió quedarme muy bien cuando lo compre, considerando que cargué con él desde alguna ciudad en Estados Unidos en donde alguna tienda de cadena ofertaba la ropa de invierno al dos por uno. Esto último lo sé porque tuve también un ejemplar color cocoa, del cual apenas tengo referencia en mis recuerdos.

El azul me acompañó en el frío, la lluvia, el granizo, la prisa, la espera. Me abrazó cuando trataba de adivinar el sexo de mi hijo, me cobijó cuando velaba su respiración, luego estuvo dispuesto a ser prenda de interior bajo las gruesas chamarras de invierno.

Después de cada lavada, siguiendo las advertencias de mi madre, se hacía holgado como ninguno, y entonces parecía convertirse en un anciano sabio y acogedor para resguardarse en él con ese sentimiento de quien llega a casa.

Estaba lo suficientemente raído como para quedarse para siempre con él, pero como no era una herencia de nadie ni un regalo de bodas, quedó en la categoría de desechable y mi hermana lo tiró.

No hay calidez más amorosa, no se encuentra suavidad igual en otra prenda. Ha de ser un suéter, será tejido, debe ser usado y raído, esto como prueba de las batallas que en la vida ha librado, lo cual le concede suficiente sabiduría como para quedarse para siempre con nosotros.

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08 Agosto 2017 04:00:00
Soy un libro abierto
Mi primer libro completito fue Los hijos de Sánchez. Sumaba yo 14 años y mis posibilidades se cernían a dos opciones, una era dicha novela de Oscar Lewis y la segunda, El sombrero de tres picos, de Alarcón. Si consideramos a éste como un mamotreto de casi mil páginas, la suerte estaba echada para mí.

No sé si los enredos e intrigas resueltas por el testimonio de dos burras en El sombrero de tres picos hubiesen hecho de mí una persona diferente, quizá más sencillita y conservadora, lo cierto es que las lecturas sobre la fatalidad social que rodea al ser humano han sido, desde entonces, un vértigo insalvable.

Uno no se pone a divagar sobre las razones por las cuales inicia con la lectura de algunas páginas y se pega a ellas como una lapa en supervivencia, eso sería como dudar incluso de la duda, diría Descartes, y jamás llegaríamos al disfrute de una obra literaria. Esto sucede solamente hasta llegar a la segunda o tercera lectura, cuando las comparaciones son inevitables.

Alguien quien me compartió la herencia emocional de su primera lectura completa, un librito llamado la Ciudad Azul, afirma que el secreto radicó en cuánto ese texto le permitía imaginar los personajes y los escenarios, incluso puede describir los sonidos que hacía un legión de caballeros dispuestos a acabar con la ciudad.

Tal vez, solo tal vez, haya sido ese personaje femenino quien pugnaba por salir de la dinámica familiar de los Sánchez, y en ese intento vestía su traje pobre, pero impoluto, llenándose todos los días los taconcitos –que yo imaginaba celestes- del lodo en la calle frente a su casa. Mi casa tenía enfrente una calle sin pavimentar, y yo soñaba con un traje azul.

Las relaciones íntimas que vamos entretejiendo con las lecturas que nos abordan a lo largo de la vida, de muchas maneras nos construyen nos hacen crear esperanzas y creer posibilidades. Tal vez mi apasionado interés por la circunstancia social de las personas nació con una novelita semanal en donde una chiquilla acaba por suicidarse ante la complicada problemática familiar.

Nunca lo sabré de cierto, pero negar a todos los personajes que me construyen será un acto tan vil como el de la madrastra de Cenicienta.

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04 Agosto 2017 04:00:00
Mujer portada
El comportamiento humano resulta inexplicable en tanto no se viva la experiencia de una clase de maquillaje para mujeres; entonces, cualquier otra cosa es asequible.

Dar con el lugar sede es fácil 15 minutos después de la hora: Las mujeres llegan tarde porque así es su reloj biológico. Hay un hacinamiento de autos colocados en las posiciones más inverosímiles, alojados en espacios imposibles, unidos más allá de cualquier posición del Kama Sutra.

Los riesgos desaparecen de los estacionamientos en donde el evento tendrá lugar: Nadie piensa en emergencias posibles y las conductoras encuentran viable colocarse en baterías inventadas in situ y solo para la ocasión. Las interrupciones de la organizadora serán constantes preguntando por el auto celeste que está frente a una cochera; entonces, un coro de angelicales voces discuten si puede ser el suyo aunque éste es “grisecito” y aquel tirándole a cielo.

El orador se desgañita vociferando las mil maravillas del novedosísimo producto –con nombres que resultan, por supuesto, de extrañas gramáticas en inglés-; explica sin egoísmo sus mejores técnicas para usar tres capas de un producto, cuatro de otro y una final de un tercero. Nadie escucha,

Las mujeres se tallan el rostro con las estrategias practicadas a lo largo de su vida, aprendidas no sé dónde y quién sabe cuándo. Las caras lavadas que arribaron al lugar se van transformando en rostros ajenos, máscaras inesperadas de otras mujeres distintas.

El orador desespera. Las mujeres murmuran. Él maquilla a una guapa modelo cuya expresión lapidaria no permite a las asistentes imitarlas, pues hay demasiados gestos productos de la equivocación, la duda, el susto, la incertidumbre de estar volviéndose otra y no lo que se esperaba.

Nadie atiende ya. Cada quien es dueña de sí misma. Las puntas de los dedos se aferran a hisopos, algodones, toallitas húmedas para corregir, aumentar, disminuir, disimular. Ocho capas y se termina. Los espejos son insuficientes.

Los ojos se abren, los labios se enhiestan, los colores rebullen. Felicidades: Todas quedaron hermosísimas.

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03 Agosto 2017 04:00:00
Tóqueselo
No bien se asomara por la carretera un hombre de a pie, sólo o acompañado de un perro único o de una piara; ya fuera expendedor de paletas o escobas, nada impedía a mi abuelo detener su loca carrera de 60 kilómetros por hora para ordenarle al viandante que trepara a la caja azul del vehículo, con toda su compañía y cargamento, a fin de acercarlo a su destino.

Por la historia oral con la que he reconstruido en girones la vida de don Felipe -que Dios lo tenga atándose el pantalón con u cincho- concluyo mil caminos andados a pie, con huarache o sin él, bregando por la vida en las rancherías de la Sierra de Arteaga. Esa razón lo llevó, ya en la opulencia, a levantar a cualquiera con menos recurso que él.

Otras manías también debió desarrollar en esos andarse inciertos que tuvo la mitad de su vida, una de ellas, la de atar el pañuelo al ver un cortejo, echarse sal por la espalda si caía el salero, aprender La Milagrosa al revés por si alguna bruja en el camino.

Yo no ato el pañuelo –ni siquiera llevo uno- si me cruzo con un sepelio, pero apenas atisbo la escena, me acuerdo de él. Tampoco de mojo con saliva la punta del dedo índice para tocarme el lóbulo de la oreja mientras digo “San Ramón, pónle un tapón” para evitar un regaño, pero cada vez que adivino reprimendas, me acuerdo de mi prima Blanca y nuestras aventureras andanzas en el rancho.

Algunos familiares se tocan el sombrero, otros el brazo izquierdo; muchos tocan madera o se lavan las manos; otros se persignan y rozan sus labios con la señal de la cruz. Hay quienes vuelven la ropa puesta del revés hasta que el reloj marque las doce, otros levantan pronto la tortilla caída para evitar una larga visita. Las creencias de las personas cercanas puede que no se nos queden como una herencia particular, pero su recuerdo sí nos mantiene lúcidos para saber quiénes somos y de dónde venimos.

Siendo así, tóquese el lóbulo de la oreja, lo peor que puede pasar, es que lo atropelle una andanada de muy lindos recuerdos.

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02 Agosto 2017 04:00:00
Salir con hombres
El reglamento para señoritas maestras, supuestamente vigente en 1923, causó revuelo hace una década, cuando circuló por un incipiente internet sin redes sociales. Las reglas que lo conformaban dejaron boquiabiertos a muchos, aun considerando la época.

Ahora se afirma, con argumentos históricos, que el dichoso contrato es falso; sin embargo, si lo analizamos bien, muchas de las normas establecidas en él fueron exigencias reales no solo para las profesoras de párvulos, sino para cualquier hija de familia.

No casarse, no beber licor, no vestir colores brillantes, no maquillarse –reglas del susodicho contrato apócrifo- fueron leyes que los padres de familia establecieron todavía 30 años atrás, pues yo tuve compañeras de escuela a quienes les estaba prohibido todo lo anterior, con agregados como el siguiente: No ser alérgica al jabón en polvo con el que lavaba su ropa.

No andar en compañía de hombres, a menos que sea el hermano o el padre, fue una regla aplicada a una mujer muy cercana a mí: Por guarecerse de la lluvia en la misma terraza que un compañero de escuela, la obligaron a casarse con él.

Mantener limpia el aula, dice el contrato de marras. Bueno, sin saber si sería maestra algún día, yo debía fregar el patio un día y lavar el baño el otro, antes de ir a la escuela; poner el pino de Navidad costaba una limpieza profunda a la cocina.

Quizá sea falso el documento como tal, pero las reglas de quien manda en la realidad no distan mucho de aquellas. Usted mismo sabrás de jovencitos, hombres y mujeres, que antes de salir a la escuela deben de proveer a sus hermanos de alimento y cuidado ante la situación de sus padres.

Es evidente que todas esas reglas, inventadas o no, estaban hechas para evitar el murmullo y la mala interpretación; el problema era que ya una mujer que trabajada, en esa época, no era bien vista así portara cuatro enaguas y dos refajos. En conclusión, no hay reglamento suficiente para acallar la voz de quien mira y juzga.

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01 Agosto 2017 04:00:00
Mamá maligna
Mayores réditos daría ser una mala madre. La bondad, parte del deseable perfil de ingreso a la maternidad, no causa asombro ni deja huella, por lo menos así lo demuestra la literatura tradicional cuando aborda temas de familia.

La peor madre del mundo fue identificada por una chiquilla de primaria. Le impartía a su grupo de primero un taller de análisis de textos; considerando la edad, elegí Caperucita Roja por ser un cuento universal y con todos los personajes necesarios para reflexionar sobre los roles en la vida, la moral, la toma de decisiones.

Al final, Caperucita no resultó tan universal, porque los niños dominaban más la temática de Iron Man, pero trabajamos duro y la conclusión de una pequeña fue que la madre de la protagonista era el ser más repugnante y maldito del mundo: Qué mamá en el mundo mandaría a su hija sola para atravesar el bosque; es inexplicable que no haya ido la madre misma o bien, madre e hija, a visitar a la abuela; nadie entiende cómo permitió que la abuela viviera sola en lugar de levarla a casa y atenderla.

Las razones expuestas por mi novel crítica de textos fueron irrefutables, como también la posición que ella hubiese tomado en lugar de Caperucita si le daban semejante mandato: se negaría rotundamente a ir además de amenazar con una demanda en Derechos Humanos y la policía. Así dijo.

Terminada la sesión, se vino una andanada de mamás malignas, cuya fama trasciende las épocas, las generaciones, las ventas de libros en forma de madres o de madrastras, mientras que las buenas progenitoras no dejaron ni su nombre para la posteridad. ¿Alguien sabe cómo se llamaban las madres de Blanca Nieves, Hansel, Gretel o Cenicienta? En cambio todos dan santo y seña de la malvada sustituta, quien se ha ganado, incluso, un preponderante lugar hasta en el cine.

Consolémonos con la idea de que ser buena madre nos acerca al cielo, pero a la fama, definitivamente no.

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28 Julio 2017 04:00:00
Nescafé
Tardé bastante en comprender que el Nescafé no era el proverbial nombre del café soluble, sino una marca de éste. Junto con el descubrimiento, me enteré de cuánto mi vida se dividió en antes y después de él.

Ofrecer café en una casa del rancho no era discutible, ni la aceptación ni el tipo de bebida. La invitación implicaba un pocillo azul o una taza de cerámica con humeante café recién hervido y todavía con algunos asientos flotando en la superficie, pues a menudo el expendedor lo molía tanto que ningún colador retenía lo suficiente.

Un día me di cuenta que la situación económica en casa parecía mejorar: En el refrigerador había jamón y en la alacena un frasco de Nescafé. No dejó de aparecer la bolsa de café Oso, pero la ostentación del frasco como un reto se convirtió, en esa época, en símbolo de vanguardia y avanzada. El acabose se presentó cuando llegó a las casas rurales para apoderarse de sus mesas.

La dominación fue lenta: inició como una sugerencia, luego como una condición de buen estilo, posteriormente como marca de poder y ahora mismo es indispensable.

No sólo dejó de hervir el grano recién molido en las ollas del rancho, sino que ofrecerlo al visitante local es, a menudo, una afrenta, pues es del general conocido que allá se toma Nescafé.

La moda del café en grano regresó en modo gourmet. Los citadinos convertimos el ritual de consumirlo no ya en la cotidianidad de una casa modesta, sino en un acto de aparador cuya primera condición es renunciar al café soluble, como sea que se llame.

Al rancho no volverá. El café soluble posee sus almas y borró la historia en sus paladares. Quienes nos aferramos a él, somos los raros que nos empeñamos en hacer difícil algo tan sencillo como mezclar polvo con agua.
Seamos raros, pues, a pesar del Nescafé.

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27 Julio 2017 04:00:00
Chimichangas
La fantasía nunca fue tan peligrosa como en nuestros días. Darle vuelo a la imaginación era un acto natural en los niños del pasado, que no hacerlo lo llevaba a uno al sillón de los sospechosos.

Yo siempre estuve rodeada de hermanos mayores estudiando alguna ciencia y eso me condenó a convencer a mi compañera Carmen de que no resultaría embarazada porque Juan le robó un beso de su boca; como sea, no pude contra el discurso convincente de su abuela quien le contó cómo fue que engendró a su primer hijo.
Como es evidente, ciertas fantasías no eran del todo convenientes, pero aquellas que permitían prefigurar posibilidades, evadir por un momento la crudeza de la vida y generar esperanza, esa sigue siendo necesaria.

En los libros de texto autorizados la fantasía no está prohibida, pero tampoco permitida. Un autor puede contar cómo alguien tuvo tanta inventiva que escribió mil libros y mil noches, pero el niño que estudia eso solo tiene permitido conocer la historia, analizarla, pensar en cómo usar la información y compartir sus aprendizajes con el grupo.

Hace un par de años hube de resolver el caso de un niño cuya creatividad rebasaba los límites permitidos por los exámenes estandarizados. La profesora de sexto le pedía que escribiera un cuento de ficción –con ciencia, porque de otro modo sería rechazado-. El chiquillo sacó de su bolsillo la increíble historia de “El bosque de las chimichangas”, en donde se debatían ciertos personajes cuya única herramienta era ese mexicano alimento. Como adivinarán, quedó reprobado al instante y sin que nadie se hubiese tomado la molestia de leer el cuento que, en lo personal, me hizo recordar algunas tramas de Asimov.

Yo no digo más, dejaré que hable Oscar Wilde: “un mapamundi en que no figurase la utopía no valdría la pena de ser mirado, pues faltaría en él el único país al que humanidad arriba a diario. Y apenas en él, mira más allá, y divisando una tierra aún más atractiva, vuelve a poner proa hacia ella. El progreso no es más que la realización de las utopías”.

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