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Dalia Reyes
Dalia Reyes
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13 Noviembre 2018 04:00:00
Como en las fotos
Son invaluables los esfuerzos que hace cada país por lograr que sus zonas turísticas se parezcan, cada vez más, a las fotografías con las cuales anuncian sus maravillas.

Quince años atrás tuve en suerte ser reportera de turismo. Me tocaba establecer enlaces con los gobiernos de los estados para intercambiar servicios de hospedaje y guía a cambio de promoción en las páginas de un diario. Esta actividad me llevó dos años y veinte estados con todos sus municipios.

Más allá de las muchas maravillas prometidas que encontré y las tantas otras descubiertas para el común de los mortales, quedó claro que si un paseante se encamina a un destino, enamorado de las imágenes promocionales, deberá hacer un cálculo preciso para encontrarse con el panorama que tuvo a bien retratar un fotógrafo profesional.

Los edificios, por ejemplo, muestran lo mejor de sus caras en los folletos coloridos e impresos por la Secretaría de Turismo. Si el deseo es encontrar esa luz, ese color, ese contraste y ese detalle, es necesario dar con el horario que aporte la iluminación, el ángulo que incluya la contrastación y el acercamiento físico para dar con lo detallado. En general, lo que yo encontré, fue lo siguiente: es la cámara y no la vista humana, capaz de capturar tales bellezas.

Por esos años me tocó estar en Xochimilco con la finalidad de entrevistar a la viuda de Gabilondo Soler, “Cri Cri”, quien no solo accedió a la charla, sino que dio tanta feria de más sobre la vida personal del hombre y algunos otros detalles, que resultó una publicación reveladora. Una de las historias contadas fue la aversión a volar que padeció el cantautor y, al mismo tiempo, su convicción de que la única manera de conocer lo mejor de un país desde sus mejores ángulos, era hacerlo leyendo National Geographic, revista de la cual acumuló una significativa colección.

Como ven, ahora ya no se trata de capturar lo mejor de un lugar, sino hacer que ese lugar sea tan bueno como alguien lo pueda capturar.


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08 Noviembre 2018 04:00:00
Culto al diablo
Por fin pasó el Día de Muertos. Me gustan los cempasúchiles, gusto del pan de muerto y disfruto del colorido que le ponen a los comerciales alusivos a la muy mexicana tradición de los altares; será porque en el norte no siempre fuimos mexicanos, pero no tengo tan claro cuál festejo me toca: El culto al diablo o la herencia prestada de Quetzalcóatl.

Carlos Pellicer escribió: “El pueblo mexicano tiene dos obsesiones: El gusto por la muerte y el amor a las flores. Antes de que nosotros habláramos castellano, hubo un día del mes consagrado a la muerte; había extraña guerra que llamaron florida y en sangre los altares chorreaban buena suerte”. Es extraño cómo este párrafo no se reprodujo en todos los debates electrónicos que tuvieron foro en redes sociales; sin embargo, si contásemos la cantidad de veces que se aludió a Halloween como culto al diablo, la pelea justa sería un asunto discutible. Como sea, el norte mexicano no pertenece a Estados Unidos y poco se compara con el resto del país.

México está compuesto por tres países: El Sur, el Centro y el Norte; no me detendré a sostener lo que han dicho ya voces autorizadas. Yo puedo dar testimonio del último: El mío no es ese que suspende labores una semana por rendir culto religioso; tampoco encuentra los monumentos construidos por sus antepasados por la sencilla razón de que fueron nómadas. ¿A dónde podrían llevarle flores a sus muertos si quedaban puestos en canastas apenas resguardados en una cueva a merced de los animales?

Por si fuera poco, en esta discusión tan manoseada acabó involucrado hasta Bond, James Bond, y no como agente secreto, sino de un modo bastante procaz. De algún modo los productores supusieron que si había desfile de Parachicos en Chiapas lo habría en todo el territorio nacional y se inventaron el más vistoso paseo de calaveras por las calles mexicanas; tras de eso, organizamos desfiles como si lo hubiese dictado Bernal Díaz del Castillo.

Las tradiciones rebasan los dictados oficiales y las esperanzas turísticas, cada trozo de tierra es un país cuando se trata de festejar o de llorar; discutir por eso es tan vano como entablar una guerra porque unos son blancos y los otros no.

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06 Noviembre 2018 04:00:00
Nuevo de paquete
Descreída soy en lo referente a las estadísticas de pobreza, por lo menos en las mexicanas. Intento comprenderlo, con todas mis ganas, pero no me cuadran los números: Tantos premios facilísimos de ganar y muchos más esperando por uno manteniéndose, mientras tanto, en la aspiración por llegar a la clase alta.

Agradecería me asesore alguien versado en números, pensamiento matemático y cuentas claras, porque a mí se me mueven las cifras y soy más romántica que numérica cuando trato de ponerme a concatenar sorteos, concursos, certámenes y rifas con las muchas personas en nuestro país, cuyas esperanzas se van a la basura junto con los prometedores empaques de sus tantísimas compras.

Dicen que un señor en Veracruz encontró ambas partes de un auto, dibujadas estas en sendas tapas de refresco, las llevó a donde había de llevarlas, llenó formatos y solicitudes, demostró ser quien es y salió en la tele mostrando, orgullosamente, las llaves de su vehículo nuevo de paquete, cuyo costo, vale la pena decir, había ejercido ya comprando cientos de refrescos y pagando otros tantos médicos que controlasen su diabetes.

No tengo ningún sobrino, primo carnal o segundo, tío, cuñado, hermano, entenado, amigo ni enemigo tienen primos, hermanos, entenados, amigos o enemigos quienes conozcan a otros que hayan ganado uno de esos premios millonarios que prometen cuantos productos pasan en la tele.

No dudo, para nada, de la veracidad certificada en esos sorteos, pues sé de cierto que ya los registró Gobernación, dio por buenos el SAT y aceptó el pueblo en pleno, la razón por la cual mis conocidos y los suyos propios siguen tan pobres como esperanzados está relacionado con nuestra mala suerte en el juego… y también en el amor.

Dicen los abuelos: dinero llama dinero. Así, asumo que familias como los Slim, Romero o Gordillo fueron dotados con esa clase de fortuna y, hasta la fecha, ganaron los premios del refresco millonario, el concurso para triunfar en un minuto, fueron reyes por un día y registraron todos sus empaques de maicena, he ahí la génesis de sus fortunas.

Se necesita tiempo, sistematicidad y empeño para lograrlo, eso ha de ser. Siendo así, yo no aspiro a encontrarme siquiera un Gansito gratis cuando compre Bimbuñuelos.

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03 Noviembre 2018 04:00:00
Invisible
Volverse invisible es un sueño común entre niños, jóvenes, delincuentes y madres con más de un hijo o uno solo pero adolescente. Hay recetas históricas practicadas por brujas, hechiceros, científicos y directores de cine; hasta ahora, solo ha funcionado esa que dicta la mercadotecnia.

Un señor, el otro día, se echó limón en la cara y llegó a la lúcida conclusión de que ese ingrediente lo habría vuelto invisible; así las cosas, fue a robar un banco. Ya con la Policía encima, afirmó haber corroborado su teoría al mirar su borrosa imagen en un espejo justo tras vaciarse una taza de jugo en la cara y, por supuesto, los ojos. Desconozco si al final cayó en la cuenta correcta.

Luego ciertos investigadores inventaron la capa de invisibilidad, solo requería que el individuo metido en ella desviara los fotones chocando contra su cuerpo; como eso no fue posible, proyectaron la imagen de una pared trasera al frente del conejillo de indias. Dejó de verse, es cierto, pero invisible no se volvió.

En realidad hubo quien, en 1949, dio al clavo con la solución: Bob Dylan. En su canción “Like a rolling Stone” la última estrofa dice: “No puedes negarte cuando no tienes nada, no tienes nada que perder, ahora eres invisible, no tienes ningún secreto que ocultar”. Se refería a una mujer quien, tras tenerlo todo, se volvió mendiga y desapareció de los escenarios en una sociedad que rinde culto a la opulencia.

Convertirse alguien a las filas de la miseria es un acto quiromántico para volverse transparente; los pobres son uno mismo, no hay una cara particular que les corresponda. Ahora bien, el extremo opuesto también vuelve invisible.

La mercadotecnia dicta, paso a paso, cómo vestir, calzar, lucir para ser únicos; al final, entre tantos únicos todos acaban por ser iguales. Lo dijo con todas sus letras Síndrome, el villano en la película “Los increíbles”: Cuando todos tengan armas especiales, ya nadie lo será.

Como se ve, la fórmula para volverse invisible no es tan complicada, lo difícil, en realidad, es tratar de ser diferente, pues eso nos convierte en blanco fácil.


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02 Noviembre 2018 04:00:00
Muerto del rancho
A la distancia, los panteones pueblerinos parecen todos iguales. No es así, cada uno tiene sus historias propias y las formas heredadas por la costumbre local para recordar a sus parientes apresurados en comprobar la realidad de su fe. Pero algo ha venido a cambiar esos bonitos modos.

En el pasado, sepultar a los muertos consistía en volverlos a la tierra, entregarlos a la naturaleza que se encargaría de darles vida nuevamente: la mitad en el cielo, la otra mitad, en la tierra misma. Los pobres sabían, solo en esos momentos, que eran exactamente iguales a los ricos, pues unos y otros florecían tal cual en las mismas flores.

Pero antaño había algo diferente a hoy: vivos y muertos quedaban avecindados en el mismo pueblo. Ahora, a veces ventaja a veces no, los más jóvenes emigran a las ciudades para vivir y regresan, ya grandes, a los ranchos para morir. Entonces la gente nueva se empeña en dar reflectores a su cariño ya no dejando que la tierra les florezca a sus difuntos, sino dejándole muerta bajo placas de cemento.

Los panteones de los pueblos chicos apenas emergen de la tierra; en los pueblos grandes, la vista abierta se ve coartada por construcciones de simples a suntuosas pero todas, eso sí, innecesarias. Las flores, entonces, son de papel y tela a falta de sustrato.

El otro día que fui al rancho, pregunté sí yo, hija adoptiva de ese lugar, podría aspirar a morir por siempre en su panteón. Me dijeron que sí. Pero yo, limosnera y con garrote, les pedí de favor y en última voluntad, no me pudiera techos ni columnas, no quería ventanas ni muretes a los lados. ¿Para qué si uno busca estar mirando siempre la limpidez del cielo y la oscuridad del suelo que allá viven todavía?

Hay algunas tumbas envueltas en baldosas, con rejas en los vanos y puertas de metal frente a las cruces. Y donde que nadie entra a molestar muertos ajenos en los ranchos. No entiendo tanto empeño en un lugar de donde nadie se puede salir y nadie se quiere meter.

Yo, la mera verdad, sí quisiera, aunque sea hasta entonces, después de muerta, ser libre para andar del tingo al tango, aunque sea con la mirada.

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01 Noviembre 2018 04:00:00
Amor de hombre
Si ustedes no han conocido el amor más grande entre dos hombres, amor de esos que no pretenden ocultar nada de su profundidad y sus pretensiones, ahora mismo yo se los presento. No encontrarán alusiones sexuales, tampoco esperen cultivar su morbo con chismes de espectáculos, en realidad quisiera hablar de poesía.

Hace unos días celebramos el nacimiento de Miguel Hernández, nacido en 1910, en España, y muerto allá mismo en 1942, preso a causa de sus palabras. No lo mató Franco por arriero, ni por analfabeta, ni por campesino; lo mató por ser poeta.

No alcanzó siquiera a perder un rostro infantil, cuya inocencia contenía un profundo sentido del deber, la moral y el amor fraternal por sus amigos. Su infinito amor por los amigos, quienes no solo lo enseñaron a leer y escribir, sino a luchar con las palabras, no empañó su imagen de amoroso padre y esposo de la panadera más cálida de la lírica, y sin embargo, real.

Estos fragmentos de Elegía, escrita a la muerte de su amigo Ramón Sijé, dan fe de cuanto digo:

Yo quiero ser llorando el hortelano/ de la tierra que ocupas y estercolas /compañero del alma, tan temprano… Tanto dolor se agrupa en mi costado / que por doler me duele hasta el aliento. / No hay extensión más grande que mi herida, /lloro mi desventura y sus conjuntos /y siento más tu muerte que mi vida.../Quiero escarbar la tierra con los dientes, / quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. / Quiero minar la tierra hasta encontrarte/ y besarte la noble calavera / y desamordazarte y regresarte.

Si la muerte de Ramón Sijé era ya pasto suficiente para la pena, la suya propia, tan anunciada tras las rejas, le inspiró todavía más amor hacia otro hombre: su bebé de unos meses, a quien nunca pudo ver más.

Tu risa me hace libre, / me pone alas. / Soledades me quita, / cárcel me arranca. / Boca que vuela, / corazón que en tus labios / relampaguea. / Es tu risa la espada /más victoriosa. / Vencedor de las flores / y las alondras. / Rival del sol. / Porvenir de mis huesos / y de mi amor.

Esto es, a mi ver, amor de hombre.

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31 Octubre 2018 01:15:00
El mundo me vigila
Si a usted le agobia saber que la esperanza que tenemos cada uno de los 120 millones de mexicanos de ser elegido para aparecer en Big Brother es de 0.0000000120, le tengo buenas noticias: ya nos tocó a todos solo que nadie nos dio la alerta.

Cuando Pedro Ferriz Santacruz afirmaba cada noche que un mundo nos vigila, los adultos interpretaban su referencia a seres extraterrestres echándonos encima su único y pegajoso globo ocular; yo, en cambio, siendo niña no tenía más elementos de traducción que pensar lo siguiente: se refería al ojo avizor de Doña Elvia, la vecina.

Ella tenía un sistema cargado de diplomacia y ahíto de discreción desde el cual dejaba al aludido con desazón suficiente para responder un inocente “gracias” a sus comentarios. Más de una vez se acercó para decirme cuánto le encantó mi vestido color crema con moñitos rojos, el cual vestía yo la otra noche, ya muy tarde, cuando llegué a mi casa acompañada de ese muchacho morenito a quien ya había traído antes como dos o tres veces, pero de día.

Podría jurar que Google, quien nos adscribió a todos los mortales en su reality show, hizo grupos focales con todas las vecinas del mundo para copiar sus estrategias y saber el santo y seña de cuanto uno quiere, pide, sugiere, piensa y desea.

Así lo evidencia la pérdida de intimidad que debemos de pagar los usuarios de redes sociales porque ahora es un robot que suma todos los ojos de todas las vecinas convirtiendo el derecho a la privacidad en la mentira más redonda que conozco.

Si se me quemaron los huevos, Innova llama a mi celular para ofrecerme las ollas con recubierta a prueba de olvidos; si compré un boleto de avión, dos compañías me buscan. A esto se sobrevive con fuerza de voluntad y una autoestima a toda prueba, pues si mi viaje es a la Ciudad de México, las ofertas de vuelos que me mandan tienen destinos a Cuba o Islas Caimán; si adquirí ropa para vacacionar con mi tía de Durango, enseguida un demonio mercadológico me hacen llegar cierto artículo sobre cómo vestir si se me ocurre ir al Cairo, Ginebra o al desierto Saudí.

No pienso en alcanzar los precios para ir a África, ni siquiera me alcanza para comprar la ropa, pero mi autoestima se siente menos lastimada al saber que al menos el Big Brother de Google me ha tomado en cuenta sin que sea yo rubia, boquifloja ni copa talla C.


30 Octubre 2018 04:00:00
El mundo me vigila
Si a usted le agobia saber que la esperanza que tenemos cada uno de los 120 millones de mexicanos de ser elegido para aparecer en Big Brother es de 0.0000000120, le tengo buenas noticias: Ya nos tocó a todos solo que nadie nos dio la alerta.

Cuando Pedro Ferriz Santacruz afirmaba cada noche que un mundo nos vigila, los adultos interpretaban su referencia a seres extraterrestres echándonos encima su único y pegajoso globo ocular; yo, en cambio, siendo niña no tenía más elementos de traducción que pensar lo siguiente: Se refería al ojo avizor de Doña Elvia, la vecina.

Ella tenía un sistema cargado de diplomacia y ahíto de discreción desde el cual dejaba al aludido con desazón suficiente para responder un inocente “gracias” a sus comentarios. Más de una vez se acercó para decirme cuánto le encantó mi vestido color crema con moñitos rojos, el cual vestía yo la otra noche, ya muy tarde, cuando llegué a mi casa acompañada de ese muchacho morenito a quien ya había traído antes como dos o tres veces, pero de día.

Podría jurar que Google, quien nos adscribió a todos los mortales en su reality show, hizo grupos focales con todas las vecinas del mundo para copiar sus estrategias y saber el santo y seña de cuanto uno quiere, pide, sugiere, piensa y desea. Así lo evidencia la pérdida de intimidad que debemos de pagar los usuarios de redes sociales porque ahora es un robot que suma todos los ojos de todas las vecinas convirtiendo el derecho a la privacidad en la mentira más redonda que conozco.

Si se me quemaron los huevos, Innova llama a mi celular para ofrecerme las ollas con recubierta a prueba de olvidos; si compré un boleto de avión, dos compañías me buscan. A esto se sobrevive con fuerza de voluntad y una autoestima a toda prueba, pues si mi viaje es a la Ciudad de México, las ofertas de vuelos que me mandan tienen destinos a Cuba o Islas Caimán; si adquirí ropa para vacacionar con mi tía de Durango, enseguida un demonio mercadológico me hacen llegar cierto artículo sobre cómo vestir si se me ocurre ir al Cairo, Ginebra o al desierto Saudí.

No pienso en alcanzar los precios para ir a África, ni siquiera me alcanza para comprar la ropa, pero mi autoestima se siente menos lastimada al saber que al menos el Big Brother de Google me ha tomado en cuenta sin que sea yo rubia, boquifloja ni copa talla C.

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27 Octubre 2018 04:00:00
Buen ver
No somos nosotras, es el aparatito. No se trata de buscar una marca mejor, sino de colocarlo en el sitio idóneo para empezar a ver los resultados; en conclusión, tener el cuerpo perfecto entrenando en casa solo sucede si se vive frente a la playa, en un departamento lujoso y el resto es menos que un chiste.

Eso es lo único entendible en la venta por televisión de aparatos para ejercitarse, en donde el equivocado es un hombre gordo a conciencia, pedaleando bicicleta fija inquisitoria, y la inteligente es una chica 90-60-90 dándole a los abdominales en una máquina moderna y sencillita. Se pasa por alto estos detalles vivirá la siguiente odisea.

El comercial mostraba su producto bien instalado en una recámara amplia y luminosa. En la mía, apenas cabemos la cama y yo; pedalear ahí exigía cortarle un trozo a la base matrimonial, mandar levantarle las patas para guardar el armatoste debajo y hacer más grande la ventana, porque las construcciones modernas están inspiradas en Pakimé y sus ruinas prehispánicas a prueba de todo intruso pasado de peso.

La cama quedó bastante rara; di por hecho que no podría resolverlo sin ampliar la habitación. Terminada la obra, vine a ver qué hacía afuera, la ventana ofrecía dos geranios, un listón y tres helechos, además de la lavadora, la ropa tendida y el perro tirando la basura. Ese no era el panorama en la televisión: Regalé las plantas, cubrí la lavadora y regalé al perro, pero no vi ningún fruto de ello.

Compré un tiempo compartido en la playa. Ya en la costa, acomodé el ejercitador y empecé a darle duro al oficio. Pero faltaba una cosa: La tele enfrente, pues el anunciador mencionó, entre las ventajas, bajar de peso en tanto me informaba yo; lo único que no supe fue el canal que ella veía, pero le puse en las noticias. Solo faltaba el espejo gigante.

Lo puse frente a mí y pedaleé. Una imagen terrible apareció: Era yo y en nada me parecía a la muchacha, lo cual no entiendo porque compré el mismo color de ropa deportiva, los tenis, la liga en la coleta, me alacié el cabello y lo teñí de rubio.

Volví a casa. No pude devolver el aparato, ahora convertido en extraño perchero; compré otra cama y otro perro; respecto de lo que perdí, gramos, ninguno; dinero, muchísimo.


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25 Octubre 2018 04:00:00
Tan tonta
No es fácil discernir entre ser inteligente o bella. La modernidad, sabemos, nos da la posibilidad de adquirir estos atributos –no simultáneos, sino a elección- por medios impensables; así que los bebés pueden relajarse porque hoy la máxima “lo que natura no da, Salamanca no presta” es obsoleta.

Como pueden ver, aún no me decido. Mantengo mis posibilidades en el limbo por la tendenciosa influencia de algunas amigas, quienes afirman que es mejor ser inteligente que bonita. Pero tengo mis reservas, pues ya quisiera yo tener la inteligencia de Ninel Conde para haber decidido, mejor, ser bonita.

¿Qué me conviene, en realidad? Vamos por partes. Una profesora bonita tiene más posibilidades para dejar de serlo; sin embargo, me gusta lidiar con los alumnos. Una articulista guapa sería un desperdicio, pues los lectores nos quieren tras la pantalla cada vez más; sería un gasto innecesario.

Ahora bien, el asunto será determinar la finalidad de ser bonita o ser inteligente. La segunda sirve, eso es claro, para que la mujer sea autosuficiente, decidida, resolutiva, emprendedora, incansable; la primera, para encontrar a alguien que haga todo eso por ella.

Vuelvo al principio: se necesita mucho seso para elegir entre senos o cosenos. Si quisiera ser bonita, he de ser tan inteligente y producir suficiente capital para transformar mi apariencia que, bien vista, no es fea, sino linda, pero poco. Quizá esto es muestra de cuánto la belleza es directamente proporcional a la capacidad intelectual; saque usted sus conclusiones sobre todos mis coeficientes.

Las encuestas arrojan resultados nefastos para nuestra estabilidad mental: a los hombres les gustan bonitas al conocerlas, pero luego las quieren inteligentes porque, como diría San José José: Hasta la belleza cansa. Es decir, eso nos enfrenta a encontrar la forma de parecer bellas durante seis meses en inteligentes el resto de nuestra vida. ¿Entienden la dificultan que en ello estriba?
Yo equivoqué mi camino: traté de ser inteligente medio siglo; ahora que no lo consigo, busco la hermosura, pero para ello deberé encontrar la piedra filosofal para mi transformación o provocar una explosión tóxica para volver invidentes a todos los caballeros.

¿Qué prefiere usted, amiga mía? Haré mi propia encuesta como esas pre electorales; preguntaré y preguntaré hasta encontrar un resultado satisfactorio a mis intereses: el 99.9 % de las personas dirán que lo mejor de todo es ser linda, pero no tanto y no tan tonta.
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23 Octubre 2018 04:00:00
Cara o champiñón
Hace unos días vi la más inverosímil transacción entre un novel empresario y tres tiburones financieros mexicanos: El primero llegó a vender una agenda con tantos renglones como minutos tiene la vida a fin de organizar el éxito paso a; enseguida, tres de los inversores le hicieron ofertas tentadoras. Inicialmente me reí, pero ahora que pienso en los champiñones sé cuanta falta me hace uno de esos cuadernos.

El ser humano ha dedicado su existencia a encontrar las maneras de tragarse cuanto le rodea, desde los peces hasta el oro, desde las rocas hasta a su misma especie; si consideramos el tiempo que nos ha llevado ser empáticos con los hongos, en su lugar alguien hubiese ya inventado la vacuna contra el cáncer.

La agenda de marras debería tener un apartado para cuando se planea cocinar champiñones; ese día se elige limpieza facial en un rapidín miserable con crema desmaquillante porque el proceso de quitarle lo maligno a nuestra comida habrá consumido el resto del tiempo.

Ya conocía algunas tiranías de los hongos: Se limpian con un trapo húmedo; hemos de quitarles la piel con las puntas de los dedos para no romperlos y mandar la tierra superficial al interior de la pieza. Navegando en internet, me encuentro con algoritmos completos que indicen: Corte el tronco, humedezca un paño, elimine el exceso de humedad, limpie el champiñón, talle con un cepillo de dientes, pase a velocidad de la luz, todas las piezas en un colador bajo el chorro del agua. Advertencia: Agite mientras pasa el traste.

Con harina y limón, dice otra vía: Hacer una pasta con ambos ingredientes y tallar la pieza con ella. Algunos afirman que basta con el harina y otros, en cambio, con el limón o, más amarrado aún, con una gota de cloro en el agua donde se remojará el trapo con el cual se limpiará el champiñón.

Hay propuestas que incluyen peladores de papas, trapos de microfibra, rociadores de agua especiales. Nada más de leerlas, ya usted ocupó un tiempo precioso que bien le hubiera servido para cambiar de menú.


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20 Octubre 2018 04:00:00
Mientras dormías
Sandra Bullock fue mi actriz favorita de “Mientras Dormías” a “Miss Simpatía I”. En la primera, es una chica clasemediera enamorada de un pasajero quien a diario toma el tren en la estación donde ella expende boletos y se accidenta en las vías, suceso tras el que ella genera una confusión al pensar en voz alta, “nos íbamos a casar”. El enredo y el esclarecimiento suceden mientras el galán permanecía sin sentido, es decir, casi toda la película, tal como pasa a muchas esposas en el guión doméstico cotidiano.

Algunas mujeres empoderadas se arman con valor extremo y deciden, un día a la semana, por la mañana, al marchar los hijos a la escuela, dejar esa pesada tarea al marido. Que ellos despierten a los niños o adolescentes a tiempo y los entreguen, en horario correcto, en la escuela; todo eso son capaces las damas valientes de cederles a los hombres con tal de refirmar la igualdad de género.

La intención es permanecer impasibles en cama, haciéndose las dormidas, pues es su mañana libre; sin embargo, hay un despertador a volumen bajo por si el usado por el consorte no funciona. El lonche quedó preparado desde la noche anterior, pero el oído se agudiza desde la recamara para asegurarse de cómo crujió la bolsa del alimento al ser depositada dentro de la mochila; peor nada más, pues el resto del trabajo le toca al señor.

Como sea, es importante corroborar el uniforme correcto, si los chicos llevan suéter y pusieron el libro tocante, la tarea correcta y el frasco con aceite para la clase de Química. Por lo demás, están dispuestas a dejar caer sobre la espalda del esposo la responsabilidad que resta: despertar a los hijos y llevarlos a la escuela.

De todos modos, haciéndose con una modorrez fingida, esas madres liberadas exigen una visita de despedida hasta la cama. Quienes están por irse –incluido el marido- desfilan ante ellas para escuchar las recomendaciones consabidas y responder un exhaustivo interrogatorio sobre la ropa interior, el examen por venir y el calificar los fluidos nasales de todos y su estatus. Cuanto falte, le toca al hombre: Despertarlos y llevarlos a la escuela.

El resto de la semana, la mujer se levanta disparada y hace todo lo anteriormente descrito pero en primera persona. El esposo, mientras tanto, duerme sin saber cuántas historias corren cerca de él.

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18 Octubre 2018 04:00:00
Son los mocos
Es un viaje interpersonal, un estallido introspectivo; es quedarse con uno mismo. Vivirla en plenitud, con aceptación, nos llevará a modelar una forma de existencia individual, no gregaria, pues aún queriendo oír no se escucha; aún queriendo ver no se observa; aún dispuestos a percibir los aromas vitales en nuestro contexto, no se huele más allá de nuestros propias emanaciones.

Pasar el trance nos evoca, como si el futuro pudiese enviarnos señal alguna, el momento cuando en nuestro derredor gimen por nuestra ausencia: Las voces llegan de algún sitio más allá de nuestro alcance, nada es exactamente real, las figuras pululan como almas en pena en nuestro derredor y alguien, a lo lejos, se burla de la vida o de la muerte con una carcajada cuyos decibeles nos llegan retumbando a la caja hueca en que nos hemos convertido.

Llorar no es viable, ya nuestro cuerpo se encarga de exponer nuestros humores al peligro de la intemperie, desoyendo la voluntad extinta de nuestro cerebro obnubilado por nubes apeñuscadas entre las neuronas adormecidas, declaradas en franca derrota por el enemigo.

Nadie es salvo. Es la antítesis de la vitalidad; sin ella, no podríamos comprender cuán maravilloso es valerse por sí mismo sin andar dejando parte a parte nuestro cuerpo entero por donde erramos a placer cuando todos nuestros sentidos están dispuestos a mostrarnos a la gente como un ser humano, y no como despojo.

Cuán terrible es el destino del hombre, aferrado a sobrevivir en un mundo que se empeña en extinguirnos sin hacer distinción de seres inferiores o superiores, pues, al fin y al cabo, siempre acabamos sucumbiendo a la amenaza sempiterna que flota en el aire. Sí, con eso basta para ser presa fácil de algún virus o bacteria.

Yo, por ejemplo, como acabo de describirlo, traigo una gripe que mejor ya ni les cuento.


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16 Octubre 2018 04:00:00
Ancho de espalda
Desconozco los métodos de selección en la política. No sé si, como en los sindicatos, los futuros servidores públicos tengan acceso a puestos importantes trabajando con el sudor de sus padres, es decir, por herencia de plazas. Algo sí tengo por cierto: para ser político, funcionario, servidor público, es menester tener una espalda platónica.

Platón quiere decir “de espalda ancha”. Imagino yo que el filósofo griego ostentaba hombre fuerte, músculo grande y enorme cabeza. En el caso de los políticos, nada más se requeriría el anchor de espalda, lo demás puede perdonarse.

Digo esto porque me llama la atención el saludo obligado entre estos personajes.

No importa en donde se encuentren, los varones secuestrados por la función pública, se saludan de piquete de ombligo y un abrazo sonoro. Es decir, si uno no le aplaude la espalda al otro, deja mucho que desear respecto de sus cualidades para cumplir funciones asignadas por presidentes y gobernadores.

El sonido tras los golpazos en el otros posterior son secos, producto del empalme necesario entre camiseta, camisa y saco, no hay de otra. De alguna manera, esta vestimenta uniformada responde al requisito del ruidoso saludo: Resistir el trancazo.

En conclusión, si no suena, no es saludo ni es político, y la única razón que se me ocurre para ello es llamar la atención, marcar territorio, como lo hacen los caninos, firmar cada vez el pacto discrecional de “todo sigue entre nosotros”.

Así como los profesores –los de a de veras- tienen una alta incidencia de padecimientos faríngeos, debo suponer que los políticos adquieren seguros contra el derrengue espaldar, el estado postemado, lesión en las cervicales superiores y angina de pecho, producto de la vibración generada por las palmadas amigas.

Le propongo un ejercicio visual: cuando coincida con un político conocido en evento público, ceremonia, aeropuerto, ponga atención a los rituales. Apenas se ven, ambos deberán exagerar el gesto de emoción por el encuentro, como si uno de ellos hubiese estado náufrago por siete años y volvió con vida; luego levantan la voz y profieren un “hola” engolado de afectación. Ambos estiran sus deditos y entiesan las manos preparando el golpe; abren los brazos y aceleran su camino hasta el encuentro final con el homólogo.

Es curioso, pero el otro día, en un aeropuerto, me tocó presenciar el espectáculo y me acordé mucho de los pavorreales que tienen en el rancho.

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13 Octubre 2018 04:00:00
La vida en bra
Leí un cuento no ese nombre: El brasier de mamá. La protagonista es una niña quien observa cómo, mientras ella crecía, un cambio importante sucedía en el tendedero con la ropa interior de su madre: Dejaron de secarse al sol sus sostenes, porque tenía cáncer de seno.

La palabra explícita, en español latino, es una novedad en las ediciones mexicanas. Hablar de un brasier era tan impropio que se tomaba la usanza española de sostén; es más, algunas editoriales en el país publican historias de connacionales usando términos como bragas, porque decir calzones –con perdón- era un escándalo.

Dos cosas llamaron mi atención al leer ese cuento de Edmeé Pardo: La naturalidad con el cual usa un lenguaje accesible a los niños y, sobre todo, la recomendación claramente indicada para que las niñas que hacen la primaria aprendan a hacer la autoexploración para detectar signos de cáncer.

El incremento en el cáncer infantil es un jinete del Apocalipsis que se lleva por lo menos a dos mil niños al año, aunque los casos llegan a sumar hasta cinco mil, convirtiéndose en la primera causa de muerte. Si leemos con curiosidad las causas principales en los decesos del siglo pasado, a lo más abundarían las fiebres y los accidentes.

No parece natural ver morir a un niño que nació sano y sin tendencias genéticas, porque es irrefutable que la forma de vida social los está llevando a la muerte a temprana edad. Sin embargo, si la realidad nos está atropellando, resulta excelente que las cosas se llamen por su nombre y empecemos a ser conscientes de los riesgos para ser responsables de nosotros mismos lo antes posible.

He visto mujeres adultas, académicas incluso, escandalizadas porque he osado publicar historias de mis calzones, pero no me tocó estar cerca de ellas cuando plantearon sus propuestas para encarar un presente en el cual, lo peor que podemos enseñar a nuestros hijos es tener miedo a las palabras y los mundos que encierra cada una de ellas.


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11 Octubre 2018 04:00:00
Fue Bond, James Bond
Antes del Agente 007 no sucedía, debimos esperar hasta que se llevó a escena un acto monumentalmente colorido sobre el Día de Muertos para hacer de casi todo un buen desfile

La palabra parade está en el léxico básico para la enseñanza del inglés. Fue inexplicable para mí el tener que repetir oraciones en donde ver pasar un desfile era cosa ordinaria, hasta que James Bond hizo la gracia de explicarlo, y es a razón de cómo en Estados Unidos casi todo es motivo para salir a la calle con disfraces, monotes y ruidos.

Lo más reciente en México, después de inventarnos el muy lindo carnaval de las catrinas, es el evento callejero de la mariposa Monarca. Aunque muy similares las vestimentas y los maquillajes, sí se puso un toque particular para resaltar las características de este insecto emblemático para nuestro país.

Cuando niña, el pretexto único para hacer un desfile, en mi limitado entender, era la celebración del 20 de noviembre. Acompañada de mi mamá, caminábamos las pocas cuadras que nos separaban de la ruta deportiva, a lo largo de la cual cientos de estudiantes, soldados, policías y muchos otros voluntarios hacían piruetas a pie o a caballo, danzaban, tocaban en banda o se lucían en las poses marciales que el orden porfiriano heredó a nuestro presente. Los otros desfiles oficiales no tenían mayor atractivo para mi niñez.

Me gusta la manera como los norteamericanos nos trajeron el cliché de sus paradas, dijeran los españoles. Una manera de exaltar la identidad, lo propio e irrepetible en la cual todos los participantes acuden con el mismo fin, no como representantes de equipos contrarios o para medir fuerzas en competencia.

Para continuar con las buenas ideas, National Geographic puso en circulación un video en donde aparecen hombres, mujeres y niños, todos altivos interactuando con las mariposas. Las personas tienen pintado el rostro con los colores característicos de estas y las ropas se portan con dignidad natural.

James Bond me gusta, también por el asunto de los desfiles.


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09 Octubre 2018 04:00:00
Los empeños
Tuve un vecino quien llegó a la edad de 104 años. En épocas del Génesis, esto hubiese sido morir en la pubertad; en la edad Media, un exceso de existencia, y hoy en día, cierta excentricidad deseada por la mayoría.

Digo la mayoría porque no todos los seres humanos tenemos entre nuestros tres deseos fantásticos –si acaso aparece un genio en la botella- llegar siquiera al centenario; ochenta serían bastantes siempre y cuando fuesen bien vividos.

Reconozco que la tendencia humana es hacia la avaricia en lo referente a la edad, de ello dan fe rituales varios y métodos mil, desde el pacto con algún demonio hasta la inversión millonaria en medicamentos antienvejecimiento. De los primeros, el único ser palpable como resultado feliz de semejante acto es Tongolele; de los segundos, la ciencia dirá que los resultados de este tipo se verán en las siguientes generaciones.

El problema, hasta donde yo lo puedo ver, es que hay algo funcionando muy mal en ese acrecentamiento de la esperanza vital: Hoy se nos están muriendo más niños y jóvenes que tres generaciones atrás.

Quienes nacimos cincuenta años atrás, más o menos, contamos con una rama genealógica que falleció muy cerca de los cien; sin embargo, quienes vinieron con el siglo, tienen terribles historias por contar respecto de familiares cercanísimos caídos sin llegar a la adultez.

Según las revista científicas, en unos cuantos meses iniciarán las pruebas con una píldora antienvejecimiento desarrollada por cierto grupo europeo de científicos; sería interesante saber cómo funcionará, pero me temo que no veré esos resultados, claro está, si funciona. Lo digo porque si lo aplican a jóvenes que se matan por usar el celular mientras conducen o por abordar un auto con un chofer borracho, o bien, si resulta ser asesinado por un loco que dispara contra estudiantes, o quizá sea el loco agresor que luego se suicida, entonces no creo que la píldora tenga éxito.

Me gusta imaginar lo siguiente: Al mismo tiempo que el método antienvejecimiento se desarrolla un fármaco contra la estupidez.


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06 Octubre 2018 04:00:00
Arriba juan
La liberación femenina trajo consigo una muy bonita falacia: desafanarnos de los hijos por muy diversos caminos, que eventualmente se nos vuelven laberinto.

Y digo falacia porque, a final de cuentas, todo lugar que el ingenio humano ha creado para guardar a los hijos se convierte en otro factor de estrés: las tareas son compartidas con los padres, los compañeritos de salón cumplen años dos veces al día y hay que surtirlos de regalos; cuando es el propio el cumpleañero, necesariamente tenemos que organizarle una fiesta so pena de gastar un dineral en sicología postraumática.

El abanico de oportunidades para deshacernos de los niños sí que se abrió, no sé si por trámite de Derechos Humanos o el nuevo AEMUC. Tenemos una lista considerable cuyo mérito principal es regalarnos un momento de solaz y tranquilidad existencial, un ratito para recordar quiénes somos realmente y para qué venimos al mundo sin que nadie grite ¡mamaaaaaa!

Las niñeras tarde o temprano se vuelven piedra en el zapato. El kínder fue el primer paraíso para dejar a nuestros tormentos, pero esperar hasta los cuatro o cinco años era demasiado. Vinieron las guarderías: los aceptaban primero con la condición de que fueran solos al baño y comieran solo con la boca, la de la cara, no la del estómago. Ampliaron el rango poco a poco hasta aceptarlos a los 20 días de nacido. (En un futuro próximo la madre puede ir a parir ahí y el bebé será recibido con una canción de Pepa).

Las tías y las abuelas juegan un papel importante en el ajo. Hace una generación apenas, las abuelitas se jactaban de criar hasta tres generaciones: la propia, los nietos y a veces los bisnietos venían a hacerle cosas a sus macetas cuando por razones de viruela o escarlatina la guardería les cancelaba el pase. Las tías –antes había una soltera involuntaria en la familia- acabaron convirtiéndose en segundas madres, o en primeras porque los chicos pasaban tanto tiempo con ellas que la mamá se llamaba Margarita a secas.

Hoy en día, todo irá bien siempre y cuando el niño no presente erupción, porque la guardería llama a la abuela, quien va y lo deja con la tía porque ella tiene café con las amigas; misma tía que lo deja con la señora de la tienda para ir nosotras a recogerlo etiquetado y todo.

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06 Octubre 2018 03:00:00
Mamá Lía
La evolución humana dinamizada por una impensable capacidad de adaptación a las circunstancias naturales y artificiosas, no es otra cosa que una imitación pobre de una madre resolviendo problemas cotidianos de la vida.

Las manos maternas debieron ser modelo para fabricar las primeras herramientas de labranza, las incipientes armas de defensa, los primitivos albores de la quiropraxia y las iniciales técnicas de masaje por roce, fricción o percusión, sacudida, torsión y pellizcamiento, sobre todo estas últimas.

Ahora venden unas palitas chicas con su rastrillo pequeño, muy monos, para hacer de hortelana o floricultora, pero antes las madres ahuecaban la mano y nos mostraban cómo llenar de tierra un recipiente para colocarles la naciente planta en el centro. Con esas mismas manos nos cargaban en vilo para separarnos del peligro, o bien, nos llevaban a buen resguardo para sanar torceduras, sobar golpes, tapar heridas, percutir castigos en las nalgas, retorcer la piel en respuesta al mal comportamiento o sacudirnos hasta el alma con el dedo índice muy alzado.

Así como hoy el ser humano teme al avance en la generación de androides, en su momento la sociedad debió satanizar a las madres, hacerlas parecer muy sospechosas, porque en una sola habitaba un confesor, un soldado, dos policías y un médico con su enfermera. Es muy probable que esta versatilidad femenina fuese la que incentivaba a los ignorantes a señalarlas como poseídas.

De haber sido la Inquisición en estos tiempos, no habría una sola mujer sobre la tierra, porque esa aparente ubicuidad para estar ahora aquí y en cinco minutos coreando porras de futbol y enseguida emperifolladas para la reunión, daría material bastante y suficiente para ser procesadas bajo evidencias que, por si fuera poco, las recopila la bruja misma en su celular, aparato demoniaco por demás.

No es raro dar con historias de instrumentos desarrollados para un uso y aplicados exitosamente en otros muy distintos. Así es este capítulo de las manos maternas, y lo llamo capítulo porque tanto o más podríamos decir de los brazos, los pies, los hombros o el corazón.


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04 Octubre 2018 04:00:00
Los calzones en la mano
Las invitaciones lo advertían claramente, se debía llegar a la fiesta con los calzones en la mano. Hará unos quince años cuando estas indicaciones eran las más comunes para llegar, como Dios mandaba, a una despedida de soltera.

El aviso encerraba una serie de mensajes ocultos, mujerísimos –con perdón de la Real- y oscuros por demás, de entrada, refería a presentar bien visible la tarjetita cuya forma iba de la tanga al bikini. Si la invitación tenía forma de ropa interior, una podía esperarse cualquier cosa durante el festejo.

Me costaba un trabajo bárbaro compartir con mis amigas casaderas este tipo de reuniones, pues solían ocupar esas dos horas en llevar la peladez hasta la ignominia y la exacerbación. (También había las despedidas espirituales, pero esas las organizaba después la mamá de la novia).

Apenas entraba una a la casa, porque no eran reuniones para rentar salón, y una furiosa jauría de mujeres desorbitadas se abalanzaba sobre las invitadas para colgarnos pequeñísimas figuras alusivas al próximo matrimonio, y no eran precisamente palotes de las tortillas.

Los juegos dirigidos por la organizadora, que solía ser la compañera de oficina con mayor edad o más matrimonios en su lista, coloreaban entre rojo y morado a las presentes, pues consistían en obligar a la prometida a tocar cosas buenas que parecían malas, responder adivinanzas con doble y triple sentido, escuchar chistes coloradotes y encontrar la mejor salida para no dar detalles personalísimos sobre su novio.

Las cosas han cambiado y se han ido a los extremos, porque hoy en día o es una noche loca o son reuniones con la familia y dentro de los términos legales. Se trata de reuniones aconsejadoras y con muchos juegos de lotería en los cuales, por cierto, nunca gano nada.

Por qué las casaderas ya no necesitan la exacerbación y la ignominia de una reunión non sancta antes de casarse podría deberse a la mucha información a la mano hoy en día, a la naturalidad con que vemos las cosas del sexo dentro del matrimonio y porque, a fin de cuentas, darle tanto vuelo a la imaginación encerraba más miedo que alegría y curiosidad.


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02 Octubre 2018 04:00:00
Mujer dormida
Mantener despierta a una mujer, hoy en día, es una tarea relativamente sencilla y bastante divertida; hacerla dormir a su lado un hombre, eso sí que no a cualquiera se le da.

En la bella novela de Noah Gordon, “Chamán”, se narran las peripecias de un joven sordo quien deseaba ser médico en la década de 1860. Que vienen a colación con el asunto de la mujer dormida aparecen dos pasajes: El primero es donde el protagonista lleva a casa gas hilarante, del utilizado como anestésico en la escuela de medicina, para ponerle variedad a las relaciones sexuales que tenía con una chica en la casa de huéspedes; la segunda, explica las características de un preservativo primigenio hecho con cuero de cerdo, implemento útil para no inhibir a la mujer ante el riesgo de embarazo.

La historia humana siguió aportando recursos mil utilizados con la finalidad de conseguir diversión entre la pareja; el hombre, siempre a la vanguardia de los avances lúdicos en las relaciones, ha conseguido los desvelos y los favores de las mujeres por vías tan diversas como la promesa o la amenaza. Entre esos extremos podríamos enumerar bondad, amor, esperanza, dinero, obsequios, engaño, golpes; en conclusión, para mantener despierta a una mujer se necesita excitación o miedo presentado en todos estos envases.

Para que una mujer duerma al lado de un hombre, duerma y nada más, solo hay una vía: la confianza, cuya presentación es única y consiste en manifestaciones simultáneas de constancia, respeto, solidaridad y paciencia. Como se puede ver, no cualquier varón se tomaría el tiempo para este listado de requisitos cuando la vigilia en pareja parece más fácil y prometedora.

En la misma novela de Gordon hay otro pasaje en el cual, el padre del médico sordo acude a una choza para atender a cierta mujer arisca quien vive sola con su hijo. A pesar de ser reconocido en la comunidad y asediado por las solteras, él insiste en acercarse a Sara, a quien finalmente logra salvar con una cirugía imposible y ella, mucho después de la anestesia, sigue durmiendo a su lado.
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28 Septiembre 2018 04:00:00
Los porqués
Cualquier charla mañanera entre vecinas bien representa las formas historiográficas como los investigadores han esculcado en la vida social, la diferencia es que estos tardan entre dos y cuatro años en responder a las preguntas, en tanto aquellas lo dilucidan entre barrer la calle e ir por las tortillas.

Los hechos históricos pueden estudiarse desde muy diversas perspectivas, usando técnicas diversas de acercarse a ellos, hasta donde el pasado lo permite y se deja asir. Estas formas de estudio se llaman historiografía.

Así las cosas, la lucha feminista, por ejemplo, se ha observado desde sus protagonistas; se estudia a partir de las cronologías, pero también de los espacios; los fines son otra línea de investigación, las consecuencias resultan, para mí, las más abordadas por los estudiosos.

Una charla cotidiana en donde se quiere dilucidar todo lo referente al divorcio en proceso Geraldine Bazán y Gabriel Soto, es capaz de responder a todas las dimensiones científicas dichas en el párrafo anterior.

El porqué, se responde en estas dos palabras hoy dichas con soltura por la mujer liberada: Por cabrón. El cuándo es un “todavía no, pero ya mero”; en tanto el para qué se responde con las palabras clave “hombre, calentura y tontería”.

Los espacios del estudio social referente a este divorcio con impacto comunitario, se enlistan en segundos debido al amplio conocimiento adquirido por las conversantes en Ventaneando y Bla Bla Show, además de ser críticas de telenovela: En la serie tal, en la locación cual y en Las Vegas los sinvergüenzas.

Las consecuencias son siempre la parte más emocional de la charla, puesto que se comentan ya casi a la hora de partir por las tortillas, cuya compra requiere precisión milimétrica y estrategia militar. En estos casos, las categorías consideran a los pobres-hijos-que-ni-culpa-tienen, la imagen estoica de la mujer, las miserias del hombre que ni rubio natural es, y los matrimonios de los famosos que nunca duran, pero este parecía que sí.

No tengo espacio para abundar en los fundamentos científicos de dos señoras aclarando el mundo, aunque creo que ellas usan frases tan contundentes que la clasificación historiográfica en donde las coloquemos las tiene, verdaderamente, sin cuidado.

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27 Septiembre 2018 04:00:00
Nieve y negligé
A como veo las cosas, puedo aconsejarles a las damas que saquen todas sus prendas primaverales y las vistan con cualquier pretexto, pues todo parece indicar que en unos cientos de años tendremos otra glaciación y a ver cuándo podemos usar el bikini de rayas.

Es una inquietud genética. Tengo una parienta a quien le suben toda clase de sudores nada más al pensar que dentro de cinco mil años se acabará toda el agua del mundo; ella, a sus 80, más los cinco mil, poco podrá hacer entonces para salir airosa a del evento.

Lo innegable recae en la menopausia climática por la cual transita la Tierra. Yo tengo listos desde hace una semana el vestido floreado, chancla roja y bolso azul para lucir mis últimas galas primaverales, y ahí tienen ustedes que la neblina nos retrajo y nos rellevó a sacar las botas, siendo que ya estaban metidas en la última caja del bendito cuarto de tiliches.

Me sé una historia para reflexionar, tiene tipo como para ponerla en una plática motivacional: Una joven esposa compró cierto negligé para estrenarlo con su esposo cuando viajaran a la playa; pasaron los años, el viaje no sucedió y ella enfermó hasta morir dejando intacta la prenda. Esto en verdad sirve como lección.

También funciona pensar que si invertimos bastantes pesos en comprar ese trajecito tan fresco y galante, que se amuele el frío, porque no vaya a perder sus galas entre la naftalina del guardarropa. Si Lady Gaga, Madona y Gloria Trevi usan tirante y calzón con botas ¿por qué nosotras no, si tenemos exactamente lo mismo, aunque no tan bien acomodado?

Hoy en día la moda permite casi todo, quizá los diseñadores hayan caído en la misma cuenta mía y estén ávidos por sacar a la luz todas sus creaciones antes de lanzarse a poner de moda, otra vez, las pieles de animales como única pieza disponible para sobrevivir a la gélida época por venir.

Yo no sé ustedes, pero hoy mismo usaré un pantalón pescador con la blusa amarilla, contradiciendo a mi estatura y anchor, así diga la gente misa, pero no voy a esperar los fríos con los brazos cruzados, ya los cruzaré entonces.


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26 Septiembre 2018 04:00:00
El hombro y la mujera
Si el lenguaje inclusivo o neutro asegura el fin de la violencia, yo sería una fundamentalista defensora del “todes”. Mas tengo para mí que no es la vocal final en las palabras, sino el modo muy personal como cada una de las mujeres se autoconstruye y se conceptualiza frente al hombre y, muy interesante, frente a otras mujeres.

Los odios más encarnizados en mi contexto los he conocido entre damas que acaban por sentirse muy machas aplastando a la otra, armadas con un poder temporal que les conceden los sistemas laborales.

El trayecto histórico, social y legal recorrido por nuestras antecesoras en pie de guerra suma más de dos mil años. La lucha iniciada, por alguna innoble razón, no ha sido terminada, así se haya exigido a la sociedad una actitud de igualdad, respeto y equidad por la vía legal escrita, la oralidad jurídica, la literatura, la educación. Una línea de investigación para dar con el error que no permite alcanzar el propósito de esta cosa bélica pudiera ser, si se eligiera una historiografía, que hemos emitido el mensaje al receptor incorrecto: No era a la sociedad, sino a la mujer misma a quien deberían plantearse las exigencias iniciales para detonar la mejora en su condición.

El valor de la mujer se puede tasar desde la acepción de su costo –como en las culturas esclavistas-, de su grado de utilidad –como en la Revolución Industrial-, equivalencia de una cosa frente a otra –la lucha por la igualdad- o la subsistencia y firmeza frente a un acto –la continuidad en esa lucha. En contraste, se mide desde el enfrentamiento al miedo.

En ese sentido, algunas acciones femeninas, a fuerza de demostrar valor, eligen una batalla la cual, antes que fortalecerlas con los logros pasados, las llevan a denostar los derechos de aquellos que están bajo su responsabilidad. Los casos legales en donde se rechazan pensiones alimenticias en pro de demostrar autosuficiencia, son un caso que se sigue discutiendo en las cámaras; no se digan los miles de casos diarios en donde mujeres golpeadas casi hasta la muerte perdonan a su agresor y vuelven a vivir con él.

Así las cosas, la buena jueza por su casa empieza.

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25 Septiembre 2018 04:00:00
Basura de tarea
Para hacer la tarea, lo más extraordinario hecho por quien esto escribe, fue enfrentar una gran aventura en el basurero, a dos calles de la casa materna. Allá, un ser humano podía encontrar fama, fortuna o desdicha. Yo tuve suerte: una tarde encontré la cabeza completa, con pelo plástico y todo, de una muñeca bebé; mamá fabricó el cuerpo con tela y tuve una compañerita entonces. La tarea no me acuerdo si la hice o no.

Mi hermano mayor, en cierta ocasión debió perseguir a una rata para llevarla a su clase de Biología; cómo alcanzarla, la alcanzó, pero el animal vivió muy bastante cómodo muchos meses en una jaula, pues él no tuvo corazón para sacarle el suyo y estudiarlo en el laboratorio. Pero no más, porque hacer la tarea consistía en ciertas actividades propias de un ser humano, mortal, terrícola y limitado en el tiempo y el espacio.

A diario me preparo sicológica, física, emocional y racionalmente –hasta donde me es posible- para la sorpresa vespertina. Cuando vuelve de la escuela mi hijo, hago un exhaustivo interrogatorio sobre todo y cualquier cosa, hasta agotar los temas. El otro día acabamos discutiendo sobre la posibilidad de que el Capitán América pudiera resolver ciertas preguntas de una prueba Planea.

Postergar el tema tabú es parte de mi trabajo como madre que valora su estabilidad emocional. Así, cuando me siento preparada, abordo la cuestión: “¿qué te encargaron de tarea?” Una tormenta eléctrica se pone sobre mi casa y, a modo de la Familia Adams, la nube se posiciona, llueve y atormenta mi existencia la tarde entera.

Con gusto iría otra vez al basurero y encontraba no la cabeza, sino la muñeca entera, pero eso dista mucho de aventurarse a conseguir listones de acetato con transparencias violeta y amarillo; hojas de aluminio grueso con acabados tornasol y 143 limpiapipas jaspeadas. Ustedes, madres del mundo, saben que pasa en la vida real.

De alguna forma, las maestras de primaria están aplicando las TIC –tecnologías- y la globalización de una manera poco asequible: el hecho de que aparezca en internet de un teclazo cualquier producto, no quiere decir que se materialice en un tris y aparezca en nuestras manos, sería algo así como meternos en el Popotito 22, la máquina tele transportadora de Odisea Burbujas.

Amiga mía, como una debe ponerle buena cara al mal tiempo, esto deberá servirnos de entrenamiento: si el hijo, en definitiva, no sale adelante con la escuela, pues no es competente para conseguir el forro reciclable hecho con estiércol de caballo Moro, nosotras ya estamos listas para instalar un mercado negro de cosas inconseguibles solicitadas en la escuela.

Así, de la desesperación pasaremos a la abundancia resolviendo vidas de madres afligidas cuya tarde la arruinaron 25 cascarones de hoy para mañana, decorados. Un consejo nada más: si les preguntan cómo consiguen lo imposible, solo respondan: “Conozco a alguien”.


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22 Septiembre 2018 04:00:00
Mala mente
No lo tengo muy claro. Pasados los años, a las personas se nos borran ciertos recuerdos los cuales, en su momento, parecían inmarcesibles, tanto como lo eran en las familias de antaño las series navideñas: Duraban un montón, desde su compra y hasta que se acababan. Justo esa es mi obnubilada remembranza, pues muy apenas recuerdo haber tenido una para toda mi niñez. ¿Sería eso posible?

Tanto como el pino blanco, mediano, nevado y mate nos duró una serie conformada con focos pequeñitos y alargados, cuyos colores oscuros nos regalaban navidades melancólicas y muy lindas. Cuando las luces cumplieron tres años, mi padre descubrió la novedad más valiosa en el mundo: Focos de repuesto; así, le otorgó cinco ciclos más para vivir juntos la celebración navideña.

Lo más valioso en esa serie residía, y hasta ahora lo sé, no tanto en su extensión, color, viveza o resistencia, sino en carecer de un empaque con la mentirosa frase: “Fácil de guardar”. Apenas pasaba el Día de Reyes, y se acomodaba sin chistar en una cajita en donde alguna vez compró papá 12 bujías.

Hay muchas cosas molestas en la mercadotecnia hoy en día, pero, en lo personal, detesto la mentira y deshonestidad. Así, ese asunto de vender series con la falsísima promesa escrita de que algún ser humano podría volverlas a su empaque original, acaba por trocarme de Merry Christmas en la mujer del Grinch.

Esa aseveración es tan vacua como la que publican en los empaques de jamón o queso cuyas bocotas –si las tuvieran- dicen: Abre fácil. Falsos, mentirosos, perjuros y variosos –de esto último es autor mi tío Mario-, porque puedo testificar cuántas comidas mías terminaron en una sala de espera por el sicólogo ante la imposibilidad de encontrarle la orillita a los empaques.

Queriendo convencernos por su vista, nos ofrecen las series navideñas en bases redondas, cuyas perforaciones permiten al tendero mostrarla en todas sus posibilidades de iluminación. Parece todo tan sencillo, nadie se cuestionaría cuánta dificultad radica en volver a enroscar el cable en esos rieles predispuestos. Amigos y amigas, no se dejen llevar por las apariencias, es un engaño visual, truco mágico, hechizo veleidoso, pues sé de cierto quién empezó a empacarlas en enero y se dio por vencido empezando la Cuaresma.

Los focos, sépanse bien esto, nunca vuelven a entrar por donde vinieron. Digamos que mucho tiene de ser humano.

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20 Septiembre 2018 04:00:00
Hasta las manitas
No tengo suficientes neuronas, y si las hay, poco material intelectivo contienen, pues no me es asequible el entendimiento para aprehender la razón por la cual las personas comen manitas de puerco.

Nada tengo en contra de los cerdos –ni de sus patas-, es más, me resultan por demás simpáticos cuando están vivos y relativamente apetecibles cuando gruñen en otro reino. No es el animal en sí, sino el afán inexplicable de los seres humanos por llevarse a la boca todo lo que encuentren a su paso.

Las historias sobre difuntos cuya última comida fue un complicadísimo pez globo son numerosas. ¿Y qué? ningún nombre de esos glotones aparece en el santoral. Ahora bien, algunos se empeñan en poner en el caldero crustáceos cuyas patas aún están en movimiento y cuyos ojos los miran con determinación porque no tienen párpados y están pidiendo piedad. Yo podría pensar que cualquier día aparecerá en el periódico la fatídica noticia sobre un cocinero tragado por su receta.

Como sea, tengo un especial problema con las manos de puerco. No entiendo por qué, en tratándose de una cosa tan dañina, altamente pegajosa, difícil de cocinar y con muchísimas posibilidades de dejarlo tuerto a uno, siguen apareciendo en el menú familiar.

Lean bien lo siguiente: cada 100 gramos de las benditas manos contienen 291 kilocalorías, 25 gramos de grasa y 6.2 miligramos de colesterol. ¿Esto no los hace desistir? Tampoco desistiría yo si me apetecieran, pues muy poco sé de los valores numéricos que requiere mi panza, pero básteme con saber que al dorarlas disparan fuegos cruzados a distancias infinitas y, por si esto fuera poco, dejan los platos con cierta cantidad de coloide rejego ante cualquier lavatrastes.

No tiene sentido arriesgar el mercado de la gelatina, dejar mancos a los cerditos ni estropear nuestra reputación chupándonos los dedos durante la comida. ¿Qué les parecen unos chicharrones? Ahora bien, si es usted vegetariano, también los hay de harina, en tanto que las manitas nada más de manos hay.


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18 Septiembre 2018 04:00:00
Amor con refacciones
Tengo un insano apego a cierta antigua computadora portátil cuyos repuestos suman más que sus piezas originales. Viéndola detenidamente, me provoca una ternura infinita y nada de compasión, pues ha sabido sobrevivir a las actualizaciones mil y los descontinuos perversos de Microsoft; mucho, pero mucho se parece mi computadora a los maridos y las mujeres que acostumbramos llevar los humanos.

Quizá sean los dientes el primer factor de riesgo para irnos convirtiendo de un genuino original en cierta versión modificada de nosotros mismos. Empastes, coronas, puentes, dentaduras completas, todas son refacciones las cuales, a diferencia de los automóviles, no las podemos tener de marca pues nacemos y enseguida se rompe el molde.

Los matrimonios que sobreviven a una refaccionada pareja tienen altas posibilidades de llegar juntos a cumplir el juramento, explícito e implícito, de mantenerse juntos hasta que la muerte los separe. Esto debe pensarse considerando que hoy en día se ha rebasado el simple hecho de ponernos sustitutos –sin hablar de aumentos- de casi todo el cuerpo hasta pasar de humanos con prótesis a un Robocop en ciernes.

Una persona con prótesis metálicas en los huesos requiere una pareja que enfrente no solo la prueba de sustitución, sino del ruido sospechoso en el aeropuerto o el riesgo con ciertos imanes en los parques eólicos y museos de la ciencia. Los clavos en la columna, si bien hoy en día han sido sustituidos por piezas hechas en impresoras 3D, siguen estando en el número uno de los agregados al cuerpo humano de cuyos vestigios deducirán los extraterrestres que fuimos una sociedad avanzada.

Los anteojos son una reparación exoesquelética la cual, manejada con estilo, hasta otorga un plus estético al reparado; sin embargo, están los brackets: No importa cuánto argumenten los odontólogos a su favor, no hay una versión que mejore las relaciones amorosas cuando alguien los porta. Todo es una muestra de amor y apego incondicional.

Mi computadora no tiene batería y requiere teclado externo –como traer oxígeno sobre ruedas-; le funciona mal el siete y el nueve, así como la tecla de mayúsculas, lo que le da una apariencia de dama chimuela. Pero la quiero, y así trajera brackets, igual me quedaba con ella.

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13 Septiembre 2018 04:00:00
Pésima novedad
Resueltas las necesidades básicas del ser humano, este bendito ser se dedicó a encontrarme un uso creativo al espacio disponible en su cerebro. Cosas brillantes han surgido de esas circunstancias, el queso de colores, por ejemplo.

El queso de colores salió a la venta un martes y desapareció el lunes siguiente. Si bien las madres de familia tuvimos un momento de choque al suspender el menú consiste en sándwiches azules, supongo que los creadores pasaron peores momentos al saberse censurados por el mercado popular.

Inicialmente imaginé una reunión urgente con la élite directiva de Kraft llevando a la mesa un par de casos de envenenamiento: Chicos que acabaron gravemente intoxicado y sospechosamente azules luego de comer su lonche en el recreo.

Como ese asunto del queso variopinto, la ciencia ociosa también desarrolló papel sanitario rosa, aclaradores de partes íntimas femeninas, cinturones de castidad, fondos y refajos, tenis con tacones. Este conjunto tiene en común su poca funcionalidad y, en consecuencia, la desaparición repentina -como la del queso- o paulatina, como la del cinturón. Se entiende en ambos casos pues un niño envenenado representa a mies, y una mujer embarazada con todo y cinturón demuestra cómo la vida, y quién la genera, se abre camino a como dé lugar.

En lo personal, reconocería un invento moderno como el único exitoso y permanente en la historia humana, y más que ciencia es un arte: el arte de crear la necesidad del queso colorido, el cinturón, los tenis entaconados; tan exitosa ha sido esa disciplina que generó, incluso, la necesidad de usar zapatos Crocs.

Cuando era niña aprendí a legitimar a la mujer bella siempre y cuando usara pestañas Pixie; los vaqueros debían fumar Marlboro y la gente limpia se bañaba con jabón Zest. Junto con esas figuraciones, yo daba por hecho que solo las niñas rubias eran listas y únicamente quienes se apellidaran García eran ricas; ahora sé cuán endebles eran mis convicciones y lo mucho que la mercadotecnia colaboró para construirlas
Todo lo días la ciencia ociosa pone a la venta un nuevo e innecesario producto, y yo digo que ni siquiera tendrían que ocuparse en fabricar nada, porque bien pueden convencer al mundo de lo mucho que está en boga comprar nada y el mundo se colocará a comprarla.

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11 Septiembre 2018 04:00:00
Con la lengua
Los romanos enviaron a sus huestes para acrecentar el territorio de un imperio que parecía apoderarse, a grandes trancos, del mundo entero.

Las huestes romanas estaban compuestas por soldados, hombres recios, cuya preparación estaba fundamentalmente basada en ejercicio físico, fuerza bruta, pero de léxico, casi nada que no se hablara en la casa de cualquier latino. La retórica, la gramática y la oratoria se enseñaban en la otra cuadra.

Si no han puesta mucha atención en ello, las conquistas de territorios en el mundo no suelen hacerse a manos de investigadores, sacerdotes, estudiosos, magísteres, es decir, cuando nos apoderamos de un espacio, ponemos en él nuestra bandera de la lengua común, que en el Latín, se llamó vulgar. ¿Cómo se llama el español que llevan los migrantes a Estados Unidos?

Nuestro idioma tiene cimientos de Latín Vulgar, así sea hablado por Carlos Fuentes; la derivación del español se estableció también con variopintos niveles y hoy es fácil ver cómo se normaliza lo escandaloso: La globalización ha llevado a millones de hispanohablantes a convertirse en el foco de interés por parte de canales norteamericanos. Esos norteamericanos identifican nuestro idioma como el que llevan las personas que se establecen allá aunque son de origen hispano.

El resultado de lo anterior es: Comerciales en televisión familiar con palabras que todavía en México son agresivas u obscenas, pero quizá ellos no lo saben, sobre todo si quienes hablan el español en Norteamérica usan la cada vez más diseminada lengua compuesta con vulgarismos repetitivos y polisémicos.

Así se conquistan territorios, con la lengua.

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08 Septiembre 2018 04:00:00
Insana
Las mujeres tenemos una insana relación masiva, cuyas manifestaciones no son visibles al mundo exterior de nuestro yo femenino. Nunca la aceptaremos como propia, pues eso delataría nuestra profunda incapacidad para solventar ese emparejamiento entre lo deseado o lo insufrible; algo muy parecido al matrimonio.

Entre la generación de mi madre y la mía, la historia humana presenció una de las más interesantes travesías de nuestra especie, un éxodo con ida y vuelta: El tránsito de la bolsa de papel a la plástica. La vida nunca volverá a ser la misma.

Si bien, las iniciativas ecológicas vinieron a echarnos una mano con el asunto de las bolsas plásticas, el tema era ya un tabú por estar tan presente y volverse tan prohibido, ya que aceptar un creciente e inevitable monstruo en la intimidad hogareña no es cosa de decirlo a voz en cuello; cuchichearlo nos pone en riesgo de estar comunicando debilidades al enemigo. No saber qué diablos se hace con ellas podría delatarnos como poco hechurosas, escasas de imaginación, amigas del desorden, pero jamás como seres conscientes de la contaminación ambiental.

Cuando las súper tiendas iniciaron una débil campaña para sustituir el plástico por tela apareció una oportunidad para achacar a un tercero nuestra determinación a cerrarle la puerta a la bolsa plástica, pero sucede que ya en la acción, pedirle al Cerillo nos acomode toda la despensa en nuestros variopintos morrales es como enviar mensajes mujer-marido: La traducción final es que sí va todo en los morrales menos las carnes rojas, las frías, la leche y los envases de vidrio, los cuales, además, llevan doble envoltura de plástico, claro está.

Percibo en la generalidad femenina una resistencia a ir por la calle sosteniendo redes, colotes, bolsas de lona, morralitos y toda la pléyade de recipientes cuyo uso en el pasado era cosa muy natural; justo eso lo vuelve molesto, si se considera que la mujer moderna dejó de ir al mercado para comprar en el súper; volver al morral sería una regresión estética.

Cuando pido al empacador que no use bolsas plásticas, ni una, tampoco para la carne me dice enseguida cuán pesadas resultarán mis morrales; le respondo “no le hace”. Apenas avanzo y murmura con la cajera: “Viste, qué señora tan rara, a ver en dónde va a poner la basura”.


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08 Septiembre 2018 03:10:00
Ella habla sola
Las mujeres no requerimos la tercera edad ni la demencia senil para hablar solas, muy al contrario, en nosotras es una muestra de salud mental y resiliencia. Cuidado, eso sí, cuando nos quedamos calladas.

En honor a la verdad, no hemos tenido ninguna clase de angustia ante las especulaciones sobre posibles enfermedades mentales o inestabilidad emocional, el tema de convertirnos nosotras mismas en amigas imaginarias, es histórico e inherente a las actividades múltiples que realizamos; es más, se llega a convertir en recurso de supervivencia.

Si algunospiensan que hablar solas, en voz alta, es además de desvío una manera de obtener dos votos a favor, se equivocan: nosotras somos las más crueles fiscales de nuestros actos. Es más fácil escucharnos decir “qué bruta” cuando no equivocamos, a un “estás bien bonita” cuando nos miramos al espejo.

Decir en voz alta es un recurso nemotécnico, un decreto, un ejercicio situacional para no enajenarnos de la acción enproceso.

Lasdiversasactividadesque hacemos de forma simultánea, requieren tantas secretarias como lo pide un edificio de Gobierno.

Losexpertosdicen que hablar solo ayuda a ordenar ideas y sentimientos, a condicionarnos emocionalmente al éxito; además, agregan, quienes tienden a insultarse en lugar de adularse, suelen ser personas negativas. Otros afirman que cuando hablamos solos, mejoran significativamente nuestros procesos cognitivos.

Visto desdenuestra perspectiva, el auto insulto proferido viene a convertirse en un reconocimiento de las pequeñas imperfecciones que nos haceninolvidables.
Siempreesmejor una barbaridad verbal dicha con cariño y autorización a las ajenas expresadas con dolo.

Hablar solasesparte de nuestra naturaleza, un suspiro que reacondiciona la capacidad para seguir adelante, un exceso de confianza con nosotras mismas porque somos las únicas a nuestro derredor capaces de cumplirnos cabalmente o traicionarnos con permiso.

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06 Septiembre 2018 04:00:00
La leche y la cuajada
La tía Toña decía: cuando tú vas por la leche yo ya vengo con cuajada. Adaptada la frase sapientísima, pudiéramos ahora decir que cuando los adultos venimos con la fórmula láctea los jóvenes ya regresan con manchego.

No es difícil adivinar el sarcasmo en el dicho de mi tía, dirigido hacia quienes suponen dominar el pecado, la palabra y la omisión de los demás, siendo que los otros los sobrepasan en astucia. Creo, con fervor, es el caso de los adolescentes mexicanos y sus mentores.

Dos ejemplos pondré, allegados a mí por la experiencia docente con chicos entre discutibles y sorprendentes. El primero: Los jóvenes no leen; el segundo, los muchachos no se hacen responsables.

Si usted es de la pléyade de profes y papás que sucumbieron a la frustración y dan por hecho el analfabetismo funcional en sus alumnos e hijos, lamento evidenciar su equivocación: Ellos sí leen, pero no lo que ustedes quieren.

Si ustedes supieran lo que nuestros adolescentes están leyendo, tal vez nos daría más preocupación de la existente o un poquito de pena, pues su iniciativa los lleva mucho más allá de lo pensado. Baste con preguntar, sin prejuicio, sobre las letras que bailan en sus mentes y ellos harán un análisis semiótico de cualquier anuncio de preservativos en la tv.

El segundo asunto, cuando lo conocí, me dio más contento que otra cosa. Reunidos en un salón para conocer los intríngulis del Facebook y sus riesgos, el expositor hizo una pregunta para saber si entendieron su perorata de media hora sobre los farsantes cibernéticos. Ellos, en coro, dijeron que sí, todo eso ellos lo conocían como “Muros vemos, inbox no sabemos”.

Si cabe la duda es porque conocen la posibilidad y no se saben exentos. Maliciar a cualquier contacto en las redes sociales de las que son usuarios es el primer paso para reducir los riesgos de tantas formas abusivas en contra de muchachos y muchachas.

Al terminar la charla me acerqué con ellos y me explicaron las mil y una formas de bloquear contactos, notificar sus bajas o pasar desapercibida la suspensión; ver sus notificaciones siempre, a veces o nunca; identificar el lenguaje del otro para saber la edad posible a través de frases clave para ellos; es más, pueden distinguir el estilo de ser joven en donde milita.

Ellos están leyendo y se quieren más de lo imaginado.

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04 Septiembre 2018 04:00:00
Mamá lía
La evolución humana dinamizada por una impensable capacidad de adaptación a las circunstancias naturales y artificiosas, no es otra cosa que una imitación pobre de una madre resolviendo problemas cotidianos de la vida.

Las manos maternas debieron ser modelo para fabricar las primeras herramientas de labranza, las incipientes armas de defensa, los primitivos albores de la quiropraxia y las iniciales técnicas de masaje por roce, fricción o percusión, sacudida, torsión y pellizcamiento, sobre todo estas últimas.

Ahora venden unas palitas chicas con su rastrillo pequeño, muy monos, para hacer de hortelana o floricultora, pero antes las madres ahuecaban la mano y nos mostraban cómo llenar de tierra un recipiente para colocarles la naciente planta en el centro. Con esas mismas manos nos cargaban en vilo para separarnos del peligro, o bien, nos llevaban a buen resguardo para sanar torceduras, sobar golpes, tapar heridas, percutir castigos en las nalgas, retorcer la piel en respuesta al mal comportamiento o sacudirnos hasta el alma con el dedo índice muy alzado.

Así como hoy el ser humano teme al avance en la generación de androides, en su momento la sociedad debió satanizar a las madres, hacerlas parecer muy sospechosas, porque en una sola habitaba un confesor, un soldado, dos policías y un médico con su enfermera. Es muy probable que esta versatilidad femenina fuese la que incentivaba a los ignorantes a señalarlas como poseídas.

De haber sido la Inquisición en estos tiempos, no habría una sola mujer sobre la tierra, porque esa aparente ubicuidad para estar ahora aquí y en cinco minutos coreando porras de futbol y enseguida emperifolladas para la reunión, daría material bastante y suficiente para ser procesadas bajo evidencias que, por si fuera poco, las recopila la bruja misma en su celular, aparato demoniaco por demás.

No es raro dar con historias de instrumentos desarrollados para un uso y aplicados exitosamente en otros muy distintos. Así es este capítulo de las manos maternas, y lo llamo capítulo porque tanto o más podríamos decir de los brazos, los pies, los hombros o el corazón.

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01 Septiembre 2018 04:00:00
Ensayando
Escribir ensayos en la secundaria es un acontecimiento vanguardista, moderno e incluso temerario. La mayor hazaña para los escolapios del pasado como yo, era escribir un cuento cuyo inicio solía ser: “Había una vez un niño que no le hacía caso a su mamá”.

Los niños que no le hacían caso a su mamá eran siempre un excelente tema para los cuentos, pues les venía toda clase de fatalidades, como perderse sin encontrar el camino de vuelta a casa, ser robados por un mal hombre que los obligaba a trabajar o, incluso peor, caer en una escuela para niños malos en donde se estudiaba mañana, tarde y noche.

Ahora los chicos de la secundaria escriben ensayos desde segundo grado, corroboran su capacidad para lograrlo cuando son promovido a tercero y repiten la hazaña pero ahora con temas más complejos. Cuando digo complejos a los profesores se nos vienen a la mente asuntos como las drogas, enfermedades de transmisión sexual, alcoholismo o incluso embarazo en adolescentes.

Resulta, sin embargo, que la pretenciosa intención de quienes diseñan los programas educativos en México no previeron que nuestros muchachos están más interesados que ellos en abordar, argumentar y concluir cosas, mas no las que estaban previstas.

Un tema común en la escuela secundaria, si lo dejamos a elección de los alumnos, es el porqué un superhéroe no mató al enemigo si en la escena 435 claramente lo rozó con sus superpoderes. Otro más podría ser referente a las probabilidades de ganar dinero vendiendo bonos electrónicos desde una aplicación disponible para adolescentes.

Bueno, si ya apostamos por la inteligencia de los muchachos -cosa muy excelente- ahora debemos ofrecerles libertad para ejercerla, aunque la escuela en letras y la realidad escolar no van siempre de la mano. ¿Qué le parecería si un muchacho desea escribir sobre la música que los alemanes estaban obligados a escuchar durante el régimen de Hitler y su maestra lo obliga a hablar sobre los indios que poblaron el territorio? La causa es que la profesora ni domina el tema ni está dispuesta a aprenderlo; la consecuencia es frustración y desánimo de una buena iniciativa.

En resumen, si a la escuela le da miedo la libertad, entonces sigamos ensayando a escribir sobre el niño que desobedeció a su mamá.

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31 Agosto 2018 04:00:00
Comprando ideas
En un programa de televisión matutina discutían, hombres y mujeres los porqués de la tardanza femenina durante las compras y, paradójicamente, fue un caballero quien dio al clavo.

Salir con una idea predeterminada tiene que ver con una compra anterior: Los zapatos con detalles negros en los costados, por ejemplo, combinarían a la perfección con el bolso antes descrito y debemos lanzarnos en su busca porque, seguramente, esa combinación es tan común que a cualquier diseñador debería habérsele ocurrido.

A decir verdad, no es la imagen precisa del objeto de nuestro deseo lo que luego se torna en dilema, el asunto es que a veces, con todo y que nuestras ocurrencias parecen tan ordinarias, no localizamos con exactitud el artilugio y debemos conformarnos con algo ligera o completamente diferente; de ahí se desencadenará otra historia, porque si el bolso, en lugar de puntos shedrón los tiene rojo vino, entonces habrá que pensar en otro par de zapatos que combinen con él, a nadie se le ocurriría llevarlo con los que tienen negrito en los lados.

No es un trance fácil, quedamos decepcionadas y debemos desarrollar una gran capacidad resiliente porque nos parece imposible que ningún aparador muestra justamente lo que traemos en mente. Los años y la experiencia nos otorgan cierta flexibilidad, y podemos transigir un poco: Bueno, si no son cuadritos que sean lunares; podemos ceder ante medio centímetro de tacón o cambiar un cierre de metal por otro plástico, pero no más, eso sería traicionar nuestros principios.

Nadie va cándidamente a las compras. Eso de que salí a ver qué encuentro es una falacia que ya nadie nos cree: Seamos honestas y confesemos, antes de invitar a alguien a la búsqueda, qué es exactamente lo que traemos entre manos, así el otro decidirá si nos espera en una doble función de cine u ordenando la biblioteca completa.

Debemos aceptar que hay pacientes compañeros de compras, sin embargo eso no los hace comprensivos, no se dejen engañar: Podrán esperar tras de nosotros el día entero pero si leemos su mente, seguro tendrá una interrogación bien pintada: “¿Qué diferencia hay entre los puntos y los cuadros?”, se estarán preguntando y eso, en verdad, podría herirnos profundamente, hacernos sentir incomprendidas o acompañadas por pura compasión. No lo merecemos.

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30 Agosto 2018 04:00:00
La chica de la botella
Pude titular este artículo como “Chica de salón”, pero a los mayores de 40 la frase nos remitiría a los filmes de vaqueros, esas chicas y esos otros salones. Chicas curvilíneas y perfectas tal como las dibujaba “El libro vaquero”, en cuyos escenarios la tragedia, el dolor y el abandono no demeritaban tampoco en ellos las apolíneas figuras; aún el llanto, válganles Dios, los hacía parecer más melenudos y sensualones.

Este salón al cual refiero es el muy mundano sitio a donde vamos más mujeres que hombres, con el ensueño de catafixiarnos, en un tris, por unos más bellos, más suavecitos y menos peludos seres vivos.

Ni siquiera voy a hablar, propiamente, de esos centros en donde se dan cita el narcisismo y la autoestima, mi tema radica en lo lejana que estoy de comprender el maléfico incluido en esos productos mágicos expendidos por estetas y estilistas, y cuyos efectos –de los productos- caducan en un periodo no mayor a cinco cuadras.

Usted habrá caído en la tentación de poseer el tesoro ese en manos de su estilista y cosmetólogo, que la deja a una suavecita –el tesoro; digo, que el tesoro, y no el estilista, la deja a uno suavecita, no que nos deja suavecito… ¡Por Dios, no debieran necesitar tantas explicaciones!- y cuya venta está vedada en cualquier centro comercial, tienda de conveniencia, puesto callejero, pues solamente lo poseen ciertos iluminados. Ahí está el efecto, a la vista: nos cortan el cabello, vacían sobre nuestra humanidad cierto linimento que, enseguida, nos convierte en Beyoncé, J. Lo o Tatiana.

Volvemos a casa con cierta euforia no presente en nuestras vidas desde el lejano día de la boda… de Beyoncé, de J.Lo o de Tatiana, porque la propia fue un desastre después del brindis. Ya tenemos en nuestras manos el secreto máximo; a duras penas aguantamos la agonía del amanecer. De un salto, volamos al baño y salimos listas para la transformación.

No hacen falta palabras mágicas, todo está contenido en esa botellita de 45 mililitros y $867.50 pesos. Agitamos –la botella-; inclinamos –la cabeza-; volcamos toda nuestra melena hacia adelante y dejamos que el cabello reciba el elixir de amor, pero nada pasa, seguimos exactamente igual que al levantarnos.

Algún hechizo hay en las botellas del salón.

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28 Agosto 2018 04:00:00
Las ánimas
Posicionada en el contexto del lenguaje inclusivo, si los hombres se reúnen para levantarse los ánimos, las mujeres nos juntamos para masajearnos las ánimas.

El género femenino tiene por norma ser gregario y resolver sus problemas en modo colectivo. La magnitud del intríngulis es independiente de la metodología, pues esta funciona tanto si se trata de una vuelta al sanitario o bien, de solventar la pérdida de un ser querido.

A diferencia de los caballeros, no pedimos consejos, sino consenso. Contar sobre las tribulaciones pendientes sobre nuestra testa no está encaminado a encontrar vías resolutivas, sino aprobación sobre nuestra actitud para enfrentar el ajo, sea que nos hayamos resuelto por el estoicismo, la determinación o la indiferencia.

Levantarse las ánimas entre las mujeres tiene una ciencia milenaria desarrollada desde las sociedades antiquísimas africanas, tanto así que nos hemos especializado para atender esa demanda social sea como entrenadoras, árbitros, animadoras o acompañantes.

Las entrenadoras están preparadas a conciencia para indicar formas de proceder pero de un modo que parezca emanado de la emproblemada: se da la indicación con un agregado final como “así como tú habías pensado”.

Quienes ejercen como árbitros tienen una agudeza mental impresionante, si se considera que una mujer angustiada se debate entre las decisiones extremas a tomarse en una relación. Si la atribulada piensa separarse, la amiga le dirá que es una guerrera; ahora bien, si decide soportar, entonces la adjetivará como una santa.

Las animadoras son creativas. Su labor consiste en dar la razón y ofrecer formas diversas para lograr el objetivo planteado, así este cambie radicalmente durante la conversación, y ya puede implicar la libertad, las cadenas, la venganza u otros temas más delicados si acaso son fanáticas de series policiacas.

Las acompañantes escuchan y cierran las etapas conversatorias con asentimientos de cabeza y frases neutras como “Ay, amiga”, “Te entiendo”, “Claro, pues cómo no” para despedirse con un “Te apoyo en lo que decidas”. Si en apariencia esta última tomó el camino fácil, debo decir que nada es más inspirador en una charla de mujeres: cero críticas, nada de consejos, ningún compromiso pero bastante disponibilidad.

Así funcionan las ánimas femeninas.

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25 Agosto 2018 04:00:00
Sexo a color
Raúl Vale solía contar un chiste: “Cuando mi primer viaje a Italia, el homosexualismo era sumamente penado; en el segundo, nadie criticaba esta condición; en el tercero, incurrir en ello parecía gracioso; no pienso ir por cuarta vez, porque, seguramente, será obligatorio.”

Este hombre se llevó de calle a los filósofos más conocidos a lo largo de la historia, pues queda claro que, en cuestión de sexo, la moda es tan mandona y peligrosa como suegra de recién casados, ama de casa oaxaqueña o novia abandonada en fin de semana.

Cuando nuestros padres eran adolescentes, la sola palabra “homosexual” causaba alergia y escozor a quien la escuchaba. El término era exclusivo para médicos y sicólogos, porque la gente común prefería motes tan diversos como ofensivos.

En esa época, el mundo se encargó de dejar muy claro que había dos sexos diferentes entre los seres humanos y nadie debía de brincar la delgada frontera entre ambos. La exageración del machismo era requisito para todo varón y la ilimitada sumisión una condicionante para cualquier mujer con deseos matrimoniales. Los hombres eran fuertes, feos, formales y no lloraban; las mujeres eran frágiles dependientes y lloraban a mares por cualquier motivo, a imagen y semejanza de Silvia Derbez.

Cuando derrumbamos las barreras, los hombres empezaron a llorar y a las mujeres nos crecieron músculos. La diferenciación entre un sexo y otro ya no era tan palpable como antes; el sexo femenino y masculino se reconoció por otras características: El primero es el proveedor del hogar; la segunda quien lo mantiene en pie. Es decir, dejarle claro al mundo nuestro género ya no era tan apremiante.

Le siguió a esto la época libertaria, la del valor civil para reconocer preferencias no bien vistas entre las generaciones pasadas. “Salir del clóset”, cono dice la gente, se convirtió en una hazaña que convertía a su autor en una especie de héroe. Ante esto, hoy por hoy, si alguien desea colocarse en la punta del grito de los famosos, deberá argumentar preferencias sexuales “dudosas” o muy bien identificadas pero más allá de lo ordinario. Los heterosexuales somos aburridos.

¿Ser homosexual es obligatorio? En Italia todavía no, como lo profetizó Raúl Vale; aquí tampoco. En realidad creo que en la etapa siguiente a nadie le importarán las inclinaciones románticas entre hombres, mujeres y sus combinaciones posibles; el mundo pasará a quedarse sin sexo alguno, como los ángeles.
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24 Agosto 2018 04:00:00
Pequeño pero mío
El otro día me reclamó mi hijo por qué no estaba entre las madres de familia que se juntaron para reclamar a las escuelas que dejan fuera a los niños cuyos padres llegan tarde, si la escuela tiene la obligación de cuidárselos, dijeron. Me defendí mostrándole las fotos de cuando estuve dando una charla para mujeres y su importante rol en el equilibrio de la sociedad. Terminada la conferencia, regresé a la casa y puse la lavadora.

Prefiero las reuniones sobrias, en donde todos los presentes conocen la finalidad del movimiento. Por ejemplo, me gustan los congresos académicos cuando no son multitudinarios, porque en esos casos, abunda gente dando bendito uso a los recursos de sus escuelas sin la presión de aprender algo en el trance. La semana pasada, por ejemplo, fui a la universidad para hablar sobre los problemas docentes frente a grupo. Hube de regresar antes de que terminara porque los horarios estaban bárbaros. Llegué del viaje en la tardecita y puse la lavadora.

Como sea, una se encuentra en todos lados personas interesadas en mejorar el tema de la educación, el problema es que andamos cada quien en nuestra tiendita y así ni cómo hacer un súper. Lo más cercano a resolver apuros es un grupo de investigación al cual pertenezco hace unos meses; aunque se achica cada vez, seguimos con la intención de resistir, todavía eso lo platicamos ayer cuando determinamos el método de análisis para las pruebas Enlace. Cuando entendí cómo manejar el programa de estadística, me regresé rapidito y puse la lavadora.

Hoy fui a dejar a mi hijo en la escuela y aprovechamos las señoras para resolver un asunto de los baños; pasé a pagar el agua y aclarar un error en el recibo, luego todas las mujeres que estábamos ahí comentamos sobre las posibilidades de ahorrarla y controlar su uso en la familia. Llegué con el contador y dije a la secretaria cómo abrir un programa de Excel y las dos nos retiramos enseguida. Después de eso, todas, pero todititas, nos fuimos a poner la lavadora.

Yo me pregunto ahora ¿qué haríamos las mujeres con todo ese tiempo que nos lleva poner la lavadora a cada rato? Ahora lo sé: Plancharíamos, porque esa cosa cotidiana y simple nos deja pensar en el resto de nuestra vida y nos recuerda lo importante que somos para mantener andando la sociedad con ese pequeño y arraigado acto.

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23 Agosto 2018 04:00:00
Ella habla sola
Las mujeres no requerimos la tercera edad ni la demencia senil para hablar solas, muy al contrario, en nosotras es una muestra de salud mental y resiliencia. Cuidado, eso sí, cuando nos quedamos calladas.

En honor a la verdad, no hemos tenido ninguna clase de angustia ante las especulaciones sobre posibles enfermedades mentales o inestabilidad emocional, el tema de convertirnos nosotras mismas en amigas imaginarias, es histórico e inherente a las actividades múltiples que realizamos; es más, se llega a convertir en recurso de supervivencia.

Si algunos piensan que hablar solas, en voz alta, es además de desvío una manera de obtener dos votos a favor, se equivocan: Nosotras somos las más crueles fiscales de nuestros actos. Es más fácil escucharnos decir “qué bruta”, cuando no equivocamos, a un “estás bien bonita” cuando nos miramos al espejo.

Decir en voz alta es un recurso nemotécnico, un decreto, un ejercicio situacional para no enajenarnos de la acción en proceso. Las diversas actividades que hacemos de forma simultánea, requieren tantas secretarias como lo pide un edificio de Gobierno.

Los expertos dicen que hablar solo ayuda a ordenar ideas y sentimientos, a condicionarnos emocionalmente al éxito; además, agregan, quienes tienden a insultarse en lugar de adularse, suelen ser personas negativas. Otros afirman que cuando hablamos solos, mejoran significativamente nuestros procesos cognitivos.

Visto desde nuestra perspectiva, el auto insulto proferido viene a convertirse en un reconocimiento de las pequeñas imperfecciones que nos hacen inolvidables. Siempre es mejor una barbaridad verbal dicha con cariño y autorización a las ajenas expresadas con dolo.

Hablar solas es parte de nuestra naturaleza, un suspiro que reacondiciona la capacidad para seguir adelante, un exceso de confianza con nosotras mismas porque somos las únicas a nuestro derredor capaces de cumplirnos cabalmente o traicionarnos con permiso.



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22 Agosto 2018 04:00:00
Voy por ellos
Mucho sé cuán fuerte es el sexo masculino y bien poco necesita de mi ayuda. Sin embargo, ellos han tenido la delicadeza de guardarse en el fondo de su pecho, conmiserándose de nosotros, esta verdad contundente: ellos pondrán menos atención al nuevo olor a pino lustrado en el piso y más en el llamativo color de una ropa tentadora, puesta, ahora sí, en exclusiva para él.

Vamos a no discutir lo anterior. Si son ustedes capaces de solicitar a sus cónyuges detalles románticos- verbigracia, flores, invitaciones, cariñitos-, él puede decirles que, para ustedes, mantiene el auto en buen estado, baña al perro y va a casa de la suegra los domingos. ¿Verdad que no es suficiente? Tampoco lo es para ellos.

Les explicaré la causa de mi encono derivada en defensa de oficio hacia los hombres. Hoy en la mañana escuché a una oronda mujer afirmar que es abogada, sicóloga, esposa, pero, sobre todo, madre; lo peor de todo es que se dedica a “asesorar” familias para ayudarlos a alcanzar su bienestar. No entiendo muy bien cómo anda en los caminos de la armonía cuando pone en un “hit parade” a quienes viven en su casa, restándole importancia a unos y vaciándola de lleno en otros; es esta una actitud muy común, sobre todo, entre las madres abnegadas, quienes se olvidan que sus maridos siguen vivos aún después de ser papás.

Para eso, amigas mías, somos mujeres: ubicuas en el amor, versátiles en la pasión, hermeneutas de la vida, esposas-madres-hijas-hermanas en una sola palabra, porque debemos ejercer todas las profesiones de forma simultánea. No, ni se quejen, porque cada una de ellas fue elegida por ustedes; ahora sí, vayan a ser madres, por igual, de todo aquello a lo que han dado vida.


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21 Agosto 2018 04:00:00
La gran boca
La boca femenina es un icono libertario enarbolado en la lucha milenaria en pro de sabernos poseedoras de cada trozo anatómico con el cual fuimos dotadas. La cuestión es que ese anarbolamiento ha pasado por demasiadas esclavitudes labiales que ya una no sabe si es la boca ajena o la propia.

Pintar los labios fue una marca de estatus. A las mujeres se las buscaba con tez de porcelana, así que el rojo en la boca extremaba la blancura fingida con polvo de arroz; el color natural que solo lograban algunas campesinas quemadas al sol, era mal visto, “por imperfecto”.

La sensualidad femenina exigida por la sociedad para quienes no están dispuestas a vestir santos o a desvestir solo a uno, exige una apariencia voluptuosa, si no de pies cabeza, si de dientes para afuera. Los labios turgentes resultan sello de garantía para la lascivia, y es entonces cuando aparece el Botox untado, trasfundido, inyectado; cualquiera de sus formas remite a una sesión dolorosa a donde la dignidad tiene el acceso restringido.

El labial de chile tuvo propósitos similares: Provocar el escozor en parte tan sensible a fin de aumentar tamaños con el propósito claro de satisfacer a terceros. Al fin y al cabo, este hito histórico bucal se ha fundado en el servicio al otro.

El delineado permanente es una tortura aceptada bajo el influjo convincente de que una mujer sin maquillar es el mejor argumento de divorcio, pues encontrarse al amanecer con sus talentos naturales por alguna diabólica razón se volvió reprochable para las damas, pues a los hombres sus humores matutinos los tienen sin cuidado.

Depilarse el bozo también está en el listado de exigencias para una boca apetecible. Las cremas irritantes o la cera caliente son siempre un recordatorio de cuan esclavas seguimos siendo para el mundo; el resultado es que la prisa, el descuido o la depilación bajo protesta nos deje con marcas constantes, y nos escuece de tal modo que ciertos días del mes alcanzamos acrecentamientos suficientes para la sonrisa del Guasón.

Es menester que los labios no brillen, porque no está de moda; que el labial sea indeleble, para que no manche; que el colorete tenga sabores frutales, así al otro le sabe bien. Quisiera saber cuántas generaciones faltan para poder decir: ¡Esta boca es mía!

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17 Agosto 2018 04:00:00
Mujer querendona
El título es evocación de un tema hermosísimo compuesto por Silvio Rodríguez. Si bien, él envía un mensaje de profundo amor, yo hago la pregunta literal a ciertos objetos cuyos servicios prestados en el pasado fueron invaluables.

Entre los objetos de marras, voy a mencionar mi calendario de cocina. Lo compré en una feria de libros y no precisamente porque tenía los días contados, sino por las atractivas fotografías acompañantes de cada mes. No eran modelos en bikini, en realidad son platillos “ad hoc” para cada época del año. En enero vienen los buñuelos con todo y receta; en febrero, gelatina del amor; para marzo y abril hay camarones y ensalada, respectivamente, y luego aparece el salmón –rosadito, rosadito- y así hasta diciembre y sus tamales.

Ninguna de las recetas preparé hasta ahora, en honor a la verdad, pero se veía muy lindo colgado a un ladito del refri. Guardarlo me resulta muy aparatoso porque ya no puedo consultar la fecha y, además, llené los cuadritos de cada día con un menú que me resultaba más fácil y económico que el de la foto.

Otra pieza difícil de largar es la agenda. Cada año, los impresores se esmeran más y más en crear bellísimas portadas; este tuve una con motivos tribales, cuyo fondo sicodélico abunda en verdes, rosa mexicano y naranjas tornasoles. Además, en su interior tiene grecas dibujadas y contiene tarjetitas con adhesivo ¿cómo podría cometer el crimen de tirarlo?

Debo confesar que los lentes del año 2000, cuyos aros hacían de ceros, aún permanecen en una cajita brillante, en el fondo del guardarropa. Un día quise tirarlos y apareció al mismo tiempo, en la tele, un comercial del IFE recordándome que si mi afiliación fue cuando usé esos anteojos, estaba yo bastante “out”. Me entró una nostalgia bárbara y decidí arrojarlos en otra ocasión.

Consideraré la posibilidad de hablar a los conductores de esos programas en donde dos desconocidos vienen a casa y venden en la cochera los sobrantes que habitan nuestros domicilios, aunque, cabe aclarar, no soy acumuladora, solo una mujer muy querendona.


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16 Agosto 2018 04:00:00
Pecado chino
Las tardes sabatinas y somnolientas del verano están en mi memoria asociadas no a refrescantes limonadas no correrías por el campo en flor, como sale en las películas que deben de recordar las personas decentes. Mi cabeza se puebla del rostro desfachatado de Memín Pinguín y, sobre todo, de la melena ensortijada de Rarotonga.

Mientras fui una niña me mantuve despreocupada respecto de mi cabello. Su rebeldía y la mía eran evidentes, y así las cosas, sobreviví airosamente con los chinos al aire hasta mi juventud, cuando debí comer la manzana prohibida y se revelaron ante mis ojos todos los pecados, llegando a la conclusión de que las chinas teníamos una misión en el mundo.

Marilyn Monroe, por ejemplo, saltó a la fama –o mejor dicho, se recostó el ella- con pocas ropas y muchos rizos. Su cabello siempre ensortijado enmarcó el sensualísimo rostro de una mujer cuya vida se volvió misterio, antes de su muerte, incluso. Contemporánea y de muchas maneras la contraparte de la rubia, estaba la castañita Audrey Hepburn, lacia a más no poder, recatada, exquisita y transparente incluso después de su vida.

La Rarotonga de mis recuerdos entrecruzó sus historias con una década de mujeres haciéndose la base en los salones, volviéndose radicales a base de recortar y enchinar su cabello convirtiéndose en un bastión de la lucha feminista. Más aún, había mujeres libertarias cuyo éxtasis capilar consistía no solo en cortar y rizar, sino dejar suelta una melena que se había mantenida atada durante cien años.

Las chinas de pelo suelto en el cine dorado mexicano eran encarnadas por coprotagonistas malintencionadas, mujeres sin cordura, porque la madurez tenía el cabello hasta los hombres y un alaciado que terminada en tímidos bucles hechos con tubos plásticos, como el paradigma de Marga López en la tercera palabra.

Hoy en día, el alaciado es marca de esmero y estandarización de la seriedad. Las chinas naturales pasamos por almas libres, desentendidas o excomulgadas de las fiestas en el Casino. Este club de las rizadas, como podemos ver, nos ha dejado cierta marca revolucionaria que no buscamos, pero le ha venido muy bien a nuestras almas peregrinas.

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15 Agosto 2018 04:00:00
Felicidad pública
Hace treinta años más dos meses, confesé a un amigo cercano cuán grande era mi envidia hacia su agenda repleta con actividades. Él, mayor que yo, soltó una carcajada sonora y no abonó nada mi errado sentimiento, quizá fue porque supo que había caído yo en el engaño de la felicidad pública.

Quizá fue un quinquenio después cuando supe la razón de aquella carcajada, pues el asunto de la agenda llena me atropelló de lleno. La diferencia entre mi amigo, artista, y yo, periodista, radicó en que él estaba obligado a mostrar felicidad y satisfacción antes su público, en cambio, una servidora siempre ha padecido déficit de diplomacia, un síndrome congénito heredado no sé si por mi madre o por la madre de todas las boconas.

Hace poco tiempo caí de nuevo en la tentación de lo público: Admiré a esas mujeres de pulida cosmética, sentadas en grupos cercanísimos, alrededor de sendos cafés, ensaladas y pasteles servidos por un solícito mesero. No fue mi admiración por la cantidad de alimentos consumida, ni por aquella abstemia quien solo pidió lechugas, sino por la ruidosa felicidad desinhibida, capaz de informar a todos los presentes en el restaurante, con un solo grito estentóreo, cómo debe vivirse la vida.

Las vi celebrar los chascarrillos, reírse un poco de sí mismas, mejor de las otras y mucho más de las ausentes; sobrevivían airosamente a dos caídas de sus hijos y suficientes gritos de ellos mismos como para aturdir a cualquier sirena. Creí en su felicidad y volví a envidiarla por ser poseedoras de una receta inalcanzable para mí.

Un día coincidí con una amiga infeliz, insatisfecha, a quien era necesario empujarle la autoestima a cada paso. Con inocencia me apegué a ella y dediqué tiempo y alma a construirle algo propio, pero entonces fuimos al restaurante, y fue feliz, públicamente feliz.

Ensordecida, dos horas después salí del lugar y me hice la siguiente pregunta: ¿qué será mejor entre las mujeres, conocer a las personas o convivir con las “personajas”?

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14 Agosto 2018 04:00:00
Demasiadas heces
Atenta y con mucha pasión y atenta suelo ver “La era del hielo” una y otra vez: me resulta tan graciosa como profunda en diversas escenas. Hoy quiero resaltar esta: “podría ser la burra de su mamá, eso le daría más sentido”, dice un ciervo a Manfred, el mamut, cuando culminó su narración de Pepito y su mascota; entonces el cuenta-cuentos cambia la versión y termina justo con la frase: “entonces Pepito soltó a la burra de su mamá”. Las risas aparecen.

El juego léxico es inteligente, la organización entre los diálogos dista mucho de ser improvisada, como tampoco lo es el trasfondo en esta verdad batiente: las burras –como los perros, gatos, peces, hámster, tortugas- siempre acaban perteneciendo a la mamá.

Ninguna señora que se precie de serlo me dejará mentir, pues no importa cuántos compromisos hagan con los hijos y el marido, nunca cumplirán sus promesas de cuidanderos cuando adquieren la mascota soñada.

“Pero tú le limpias”, es el primer requisito puesto y aceptado por los chiquillos con el apoyo magnánimo del padre quien, a su vez, se apunta para la bañada del animal, así se trate de un pez –por cierto, los más difíciles de asear- e invierte una cantidad estratosférica en cepillos especiales, correas, jabón anti plagas, galletitas de premio y trajes para el invierno –así sea un pez-.

Los tres días posteriores, chicos y grandes invierten tiempo de calidad con la mascota hasta conformarlo como un perfecto ladino y mal educado; llegada la cuarta jornada, los comprometidos desaparecen como abducidos por alienígenas malignos y es la madre quien se queda con la carga – y la mascota-.

Pero debemos reconocer, señoras, que nosotros también faltamos a la promesa de poner patitas en la calle al animal si nadie es responsable de él. Nuestros argumentos son por demás patéticos: una mirada con esos ojitos, como si pudiera tener otros; nada más en lo que se desocupan los muchachos; es que el pobrecito qué culpa tiene, pero cuando se muera vendrá a estirarles los pies –así sea un pez-.

Al final de cuentas, los hijos tendrán la mejor defensa para alejarse del compromiso, y eso consiste en que al cabo a ellos ni los sigue, nada más está tras de nosotras y todo porque lo mal acostumbramos cuando estamos solas en casa con el animalejo.

Todo esto es rutina diaria en las familias mexicanas, en donde, a fin de cuentas, siempre es la burra de la mamá, situación comprobable cuando, entre las pláticas cotidianas, las señoras empezamos a promover las muchas cualidades de nuestras mascotas en casa, a ver si alguien la pide, mínimo, en préstamo. 


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11 Agosto 2018 04:00:00
Los mil libros
Esperé hasta mis 22 años para tener en mi haber “Mil libros”, cuyo contenido fue, es y será asediado por variopintos estudiantes, porque contiene tantos resúmenes como promete de grandes obras de la literatura universal. Ahora bien, para sumar mil libros en mi poder, todavía esperé diez años más. Los chicos de hoy, en cambio, parecen acercarse al millar cada inicio de clases: Los padres no inscribimos alumnos a la escuela, sino bibliotecarios fallidos que pierden cada año su acervo.

Ni siquiera en la universidad necesité de tantos ejemplares para iniciar el ciclo escolar; mis maestros se las arreglaron bastante bien con sus conocimientos, algunos apuntes, antologías realizadas por ellos y mucha habilidad docente. En la secundaria era común llevar a clase un libro usado por los hermanos mayores, cierto primo ya graduado o un vecino desertor.

El libro usado hoy es mal visto: Los editores ponen candados con elegantes nombres como “libro interactivo”, por lo tanto, ningún profesor aceptará que sus estudiantes lleven al salón un ejemplar con las respuestas escritas. Por otro lado, cada año se publican nuevas versiones de lo mismo pero con distinto encuadernado, así que la compra es recurrente y amplia.

La mayor desfachatez bibliográfica la tiene el preescolar. La escuela privada llega a pedir hasta diez títulos, los cuales deben de ser organizados, clasificados, colocados y transmutados por los niños de seis años quienes muy apenas pueden responder en donde colocaron su lonche.

Una idea encantadora sería impulsar estudiantes lectores, quienes desde los cuatro años inicien una colección de valiosa literatura académica; si hacemos cuentas, entre primer grado de preescolar y tercero de secundaria ya estarían alcanzando su primera centenar de acervo. Muy al contrario, la escuela invita a gastar en ejemplares caducos, cuyo valor muere junto con el entusiasmo de los alumnos: Mucho antes de terminar el ciclo escolar.

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10 Agosto 2018 04:00:00
Somos increíbles
La discusión entre Helena y Bob es una de las escenas más interesantes en la cinematografía infantil con discurso adulto en la película Los Increíbles. Ellos no llegaron a un acuerdo, pero yo sí comulgo con el marido respecto de cuánto gusta a las personas celebrar la “mediocridad”.

Cuando Bob criticó la insistencia por festejar el paso de un grado a otro entre los niños de primaria, pero limitarlos en mostrar sus habilidades extraordinarias, se refirió a celebrar la mediocridad porque se realza lo común, a lo rutinario o a lo previsto. Su hijo, con poderes extraordinarios, debía fingir ser “normal” a fin de poder ser reconocido.

En la vida real sucede más o menos lo mismo: Aquello que salga de la rutina o los niveles previstos de nuestros alcances, será considerado extraordinario en el sentido de raro a monstruoso, no como sinónimo de magnífico o maravilloso. Así, vamos a celebrar aquello que se quede dentro de los límites, lo legitimado por las mayorías y lo que consideren las altas jerarquías digno de reconocerse, solo así podrá trascender.

Hay otra película cuyo discurso aborda con profundidad este tema, resaltando cómo vivimos en una sociedad que vive cómoda en tanto todos nos mostremos como iguales u ordinarios, porque salir de ello nos pone en la boca del lobo. Es “Percy Jackson y el ladrón del rayo”, en donde la madre de un semidios adolescente soporta la vida cruda al lado de un hombre mediocre que oculta la brillantez del hijo, porque ninguna pareja clasemediera, con vicios rutinarios podría ser sospechosa de grandeza, por eso los dejan en paz.

Cuando el muchacho descubre sus poderes y sale al mundo para cumplir con el cometido de justicia, entonces surgen los enemigos y las amenazas. Así parece funcionar una sociedad en donde la mediocridad protege y lo extraordinario apesta.


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09 Agosto 2018 04:00:00
Madre y sesentona
La vida se abre camino, reza la filosofía de Jurassic Park. La profunda antecedió a una nota periodística en donde dan el santo y seña acerca de cierta sesentona mujer que dio a luz a mellizos; eso quiere decir, ni más o menos, que una no solo está en peligro de andar dando a luz a un nieto: Pueden ser hasta dos.

En algún momento de la historia femenina el embarazo pasó de ser una promesa a cierta clase de amenaza. Será la situación económica, la liberación femenina, el calentamiento global, el derecho al voto o la emergencia de condones con sabor; no lo sé, pero en ciertas condiciones generales de la mujer mexicana, el anuncio de la cigüeña en camino llega a causar entre pánico y colitis.

En mi caso, debo reconocer, el anuncio de un embarazo me sería muy beneficioso, pues después de Sara, siendo estéril y mayorcita, no se ha presentado caso similar. Entonces, con mi .01 por ciento de posibilidad de error y siendo que casi friso la tercera edad, el asunto me podría traer publicidad y algunas entradas económicas, pues sería muy factible alquilarnos el vástago y yo en calidad de milagro.

Siendo de inclinación masoquista, me refocilé en mi pavor y encontré en internet casos de mujeres que parieron dos veces con sólo 208 días de intermedio; una más que durante su vida fértil dio a luz a 16 pares de mellizos, siete tríos de trillizos y cuatro cuartetos de cuatrillizos. Hay otros casos entre sorprendentes y bizarros que prefiero mandarlos al olvido.

El riesgo, sea como fuere, pende sobre nuestras cabezas en tanto la naturaleza no se digne a darse por vencido. Sea este asunto el más embarazoso al que nos enfrentamos las señoras y muchos años pasan sobre nuestra existencia entre que el antojo de comer coco es un augurio tremendo hasta cuando se convierte en añoranza por el verano y nada más.


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08 Agosto 2018 04:00:00
Cuadrado y sin bermudas
El plano era muy claro: dos pasos hacia la derecha y ahí estaba la tacha. La caligrafía ensortijada y perfecta de la abuela no dejaba lugar a dudas respecto del sitio donde lo encontraríamos. Todos nos miramos intrigados y empezamos a hacer conjeturas.

Algo debíamos hacer … hicimos a un lado el refrigerador, sitio marcado en el testamento extraño. Yo había escuchado de casas antiguas que resguardaban valores incontables bajo los pisos de barro endiselados durante años por las mujeres abnegadas (por eso ahora el piso de barro ya viene barnizado). Eso imaginé que encontraríamos: un cofre, un costal o un cajón de madera pletórico de metales vueltos mil maravillas tangibles.

Era media tarde y no entraba mucha luz por la ventana. Apenas un pequeño brillo destelló nuestra mirada, pero fue tan fugaz que no tuvimos suficientes coordenadas para encontrar aquel objeto, en caso de que lo fuera. Alguien tenía una linterna –siempre alguien tiene una en las películas-. Dirigió la luz hacia el piso, cuyo sueño de 20 años bajo el refri le permitió mantener su color original y opaco. En efecto: ahí estaba el tesorito de la abuela.

Por alguna extraña razón, nadie fotografió nuestros rostros desencajados y sorprendidos para subirla la Facebook. Mi prima, incluso, dejó caer una lágrima cuyo origen no tengo claro si fue por enojo, desazón o muchísima nostalgia. Y no era para menos: justo frente a sus ojos estaba el anillo que le costó mantenerse soltera y ahora se revelaba frente a sí la verdad: nadie lo había robado, ella lo dejó en el gabinete y de alguna manera fue a caer al piso bajo la sombra del aparatote enfriador.

Pero también estaba la cucharita de plata, herramienta que mantuvo con vida a mi hermano menor; junto a ella, una docena de cubiertos sucios y otros tanto aún brillantes por el lavado profundo a que se aplicaba mi abuela después de comer. La mitad de estos artefactos cubrían una hoja amarillenta con el rutilante 10 en Matemáticas de mi hermano mayor 15 años atrás.

Parte de la fortuna recuperada consistía en dos secadores perdidos con deshilado y todo, trozos de vasos cuyas vidas se estrellaron contra el piso, imanes del refri, pedazos de momificado pollo, tres chiles secos y cuatro re secados, tornillos, clavos, cuchillos lisos y de sierrita, un recibo de la luz y el diente postizo de mi abuelito, quien lamentó esa ausencia los últimos meses de su vida.

Mi familia volvió a sus raíces. La identidad generacional fue recuperada al fin, y el refrigerador volvió a su lugar en espera de nuevas entregas, con la misma avidez de la estufa y el gabinete grande.

A modo de sugerencia, vaya preparando el mapa que heredará a su familia.


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07 Agosto 2018 04:00:00
Hubo unos ubuntu
Tienen algo en común los Ubuntu y la ONU: Una optimista utopía de la universalidad. Los Ubuntu dieron nombre a un sistema operativo homónimo que puede ser descargado gratuitamente para cualquier equipo computacional, además de dar una muestra al mundo de lo que se puede lograr con voluntad.

En la tribu africana, cuando se habla en primera persona, la respuesta siempre inicia así: Soy, porque somos. Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas, desde su nacimiento en 1945, mantiene la ensoñación de un comportamiento mundial dentro de los cabales morales presupuestos por cualquier ente racional.

Un reciente estudio antropológico realizado entre la tribu tuvo como reporte el asombro provocado en el antropólogo el resultado de una actividad recreativa con niños Ubuntu. El juego consistía en una carrera cuyo premio era un tazón de dulces colocado en la meta; el niño más veloz los disfrutaría.

Cuando se dio el grito de salida, antes que lanzarse de forma individual, los niños se tomaron de la mano y corrieron juntos sin dejar atrás ni al menor ni al más lento, tampoco al más débil; llegaron juntos a la meta y todos compartieron el premio. La razón dada al estudioso fue la siguiente: Si solo uno de ellos alcanzaba los dulces, el resto estaría triste y, por ende, entristecerían todos.

La filosofía de esta etnia es antiquísima, cimentada en las enseñanzas orales que les heredaron sus antepasados; más allá de esa edad, demuestra un sentido común en el cabal sentido del término, porque se encamina a una comunidad, no a la individualidad.

La ONU, con todos sus organismos, ha transitado desde 1945 por diversos paradigmas desarrollados en documentos amplísimos y profundos cuyo propósito es enseñarle al mundo las bondades de vivir en sociedades benévolas para el individuo e individuos benévolos para la comunidad. Decenas de pensadores transitaron ya por este organismo y dieron sus nombres para estamparlos en los libros publicados por la instancia.

Queda clara la coincidencia: los Ubuntu y la ONU han buscado exactamente lo mismo desde su nacimiento; la diferencia es que aquellos lo lograron desde el inicio sin mayor recurso que sus conciencias, y esta no alcanza a ver cristalizada siquiera una filosofía duradera de la paz.

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03 Agosto 2018 04:00:00
Pay de queso
Aprendí a hacer pay de queso en las condiciones menos propicias para tener éxito, sin embargo lo tuve, aunque la sociedad no registró el hecho por vivir yo remontada entre el bosque, a modo de Caperucita Roja. Así, mi ingreso a la élite femenina decente quedó sin mayor registro que mi palabra y el molde vacío.

Cada tradición cultural ha impuesto a las mujeres diversos tributos por la entrada a la enciclopedia nacional de las damas; el culinario es una marca social indeleble que parte la historia femenina: Antes y después de hacer tortillas; antes y después de hornear pastel; nunca hice mole.

Las marcas culturales son un curioso juego de estática en movimiento, una paradoja. Donde parece mantenerse la tradición sobre las acciones características de una mujer “como Dios manda”, en realidad corre un río revuelto del cual apenas nos damos cuenta si sobrevivimos a la curiosidad de ir más profundo que el seguimiento a ciegas.

Hacer tortillas de harina es, sin duda, la acción decisiva para coronarse una mujer simple como dama digna de hombre. Tan relevante es el acontecimiento de poner en la mesa semejante manjar, que la negación del acto se volvió estandarte en la lucha por la liberación femenina: Afirmar la indisposición para quemarse las pestañas en el comal, siendo que doña Chelo, la de la tienda, las vende buenas, bonitas y baratas, fue un acto de rebeldía muy loable.

De alguna manera la historia nos volteó esa tortilla: Las mujeres liberadas tienen ahora entre sus más finas cualidades el saber moverse en la cocina, y estoy hablando, todavía, de arte culinario y no del Kamasutra. Así las cosas, tener tortillas calientitas, hechas en casa, es un sello gourmet y, en lugar de esclavitud, convierte a la mujer en versátil, capaz y hasta amorosa. Qué importa si fueron hechas con harina preparada –casi como hacer hot cakes- o se trató de esas precocidas maravillosas y muy fáciles de encontrar: Lo importante es la actitud.

Eso mismo, la marca femenina referente a cocinar ahora se trata de actitud, más que de laboriosidad. Claro, cuando mi primer pay de queso lo batí a mano, deshice uno por uno los grumos de Philadelphia, quebré la galleta, suavicé la mantequilla, batí los huevos. Ya cocinado, se terminó en un santiamén, igual como sucede ahora cuando licuo todo y lo vacío en una base comercial. ¿Cuál es la diferencia? La actitud, nada más.


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02 Agosto 2018 04:00:00
Caliente prisión
Planchar es pernicioso para la autoestima de la mujer, prueba de ello es la existencia de prendas “wash and ware” y “wash and wear”. También son argumentos la existencia de hippies felices, las telas corrugadas, el look súper causal de las artistas cuando vuelven del gimnasio. En fin ¿qué nos falta para convencer al mundo de lo innecesario de llevar la ropa al burro?

Por algún motivo, el asunto de la planchada trueca en conflicto desde los primeros meses de matrimonio. Eso de amontonar ropa para procesarla, caloríficamente hablando, en nada se parece a sólo encargarse del atuendo personal cuando solteras. Luego viene el tema de la rayita. No, voluptuosos mal pensados, refiero a la de los pantalones masculinos. Es muy difícil atinar el punto exacto, la dimensión y el doblez donde debe de ir y justo en el sitio donde la suegra solía dejarla… o no ir, como en algunas mezclillas. ¿Qué necesidad de agregar estrés a la pareja cuando ya es bastante el ajetreo diario del trabajo y otros menesteres cotidianos como para pelear por la ropa mal planchada?

Y miren, luego de la lancha viene Pancha, la señora que aparece cuando le viene en gana. Aparece a medio día y resuella la asoleada; luego espera un poco a calentarse y entonces empieza cuando ya se le llegó la hora de ir a hacer de comer para su viejo. Así, las dos docenas de ropa implican toda una semana de suicidio.

Bueno, pues no es todo. Además de la planchada ¡hay que doblar la ropa! Otra por aparte, diría don Cornelio. Eso de acomodar las camisas, sin que resulten más arrugadas que antes, tiene su chiste porque es casi imposible lograr que las camisas queden del mismo ancho y largo; tratar de colgarlo todo en ganchos, nos lleva al principio de la misión porque quedarán tan hacinadas que estarán más rugosas que nuestro ceño al final del día.

Aludo a la evolución del hombre, y de la mujer, para alcanzar un avance suficiente como para dejar en el pasado la planchada como muestra de esclavismo y brutalidad salvaje, fósil de nuestro mítico pasado.

Una amiga mía estudió con ciertas hermanas de religiosa congregación antes de casarse. Todo a fin de conformarse como la mujer perfecta para llevar la casa. Llevaron un curso completo de lavado y planchado; aprendió a doblar hasta los calcetines y, escuchen esto: Era capaz de hacer caber las camisas en las bolsas donde venían cuando nuevas. Doy fe de que ahora vive en plenitud y felizmente casada y sé de cierto que su ropa no se plancha en casa.

¿Lo ven? Plancha y felicidad nunca se llevarán bien.

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01 Agosto 2018 04:00:00
Ni en el aire las compongo
Hay muchas razones pro las cuales yo no soy poeta. A más de argumentar mi dificultad para comprender las intrincadas definiciones sobre figuras literarias, aportadas por la deífica Elena Berinstain, hay otras razones de mucho más peso: Tengo un viejo, tengo un hijo, tengo un perro. El último me lo regaló Santa; el segundo la cigüeña y el primero aún no sé bien si Dios o el Diablo.

Como sea, cada uno traía algo bajo el brazo, y no era una torta. El perro venía con una serie de requerimientos para su estancia con dignidad como mascota en la familia; el hijo venía sin instructivo y exige observación 24 horas; el viejo traía la etiqueta de “listo para usarse”, pero nadie me advirtió acerca de los minuciosos cuidados que requería tan fina prenda.

Para escribir poemas se necesitan algunos ingredientes imposibles de eliminar en esa receta: El primero es la abstracción; quedarse con uno mismo dará la sazón necesaria para alcanzar la fama como escritor más o menos dedicado. ¿Cómo lograr semejante acto de valor cuando las señoras hemos de repartirnos como la Coyolxauhqui?

La educación tradicional nos dejó marca de caballo sobre atender las necesidades del marido, no desentenderse de sus tentaciones y sus urgencias; los hijos, nadie lo duda, dependen de la madre, por lo menos los primeros 42 años, pues ahora resultan renegados a salir de casa, porque el matrimonio es una asunto medio tenebroso y con demasiadas obligaciones.

Entre comprar la despensa, lavar la ropa, trabajar dentro y fuera de casa, asegurarse de dar pan y circo a tooodos los miembros de la familia, pagar recibos, atender a las vecinas, ser una buena hija y mediana hermana, mantener vivas a la mascotas propiedad del hijo, el viejo y el resto de la familia, muy poco espacio queda para la introspección, y los únicos poemas resultantes de todo esa rueda de la fortuna, serán unas construcciones medio bizarras en donde se discutan las razones por las cuales el tomate oscila entre 6 y 24 pesos en el súper mercado, o bien, si la carne de pollo deberá ser amarilla, blanca o rosita a fin de no ver crecer pezones donde no debieran aparecer.

Como pueden darse cuenta, no es falta de talento; es de tiempo y nada más.

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31 Julio 2018 04:00:00
Ver para querer
El título de este artículo tiene muchas variaciones: de la vista nace el amor, nadie ama lo que no conoce, el límite de mi lenguaje es el límite de mi mundo.

A propósito de ello, aquí mismo hablaré de ese amor que nace cuando se conoce un mundo ilimitado.

Soñar con la grandeza un niño de hace tres décadas años era una carrera cuya meta se establecía en eventuales glorias: ir a una fiesta con ropa decente, tener en casa el aparato capaz de reproducir un disco preferido, ir a la playa, comprar esa mantequilla norteamericana y espumosa envasada en recipientes plásticos coloridos. Lo referente a la escuela, en mi caso, se cernía a estudiar Química en la universidad; como no había recursos suficientes, dejé mi sueño para otra vida.

Ahora lo sé: tenía otras opciones, tales como prepararme para enseñar Ciencias en una Escuela Normal, buscar becas en escuelas privadas o en instancias públicas, pero 30 años atrás mi profunda ignorancia no solo estaba en los conocimientos de los cuales carecía, sino en el desconocimiento de lugares, oportunidades y caminos. Debo suponer que los cercanos a mí eran igualmente ignorantes, pues nadie me hizo saber en su momento hacia otras rutas a donde podía mirar.

Esa ignorancia mía era una característica generalizada entre niños y jóvenes de mi estrato social. Conocíamos poco, aspirábamos a poco, es una ecuación con suficiente lógica para entender por qué se repiten patrones o se limitan futuros. Si por un lado esta situación fue lamentable, también se convirtió en un mecanismo de defensa, pues no tenía sentido ambicionar objetos, lugares o posiciones a las que era casi imposible acceder si se considera nuestro estatus de pobreza en aquel tiempo.

Los abuelos de hoy se sorprenden sobre los modos de vida entre sus nietos, muchachos en apariencia desentendidos del mundo y con una vida más fácil que la nuestra. En realidad, los adolescentes enfrentan hoy realidades difíciles, menos visibles pero más violentas, menos físicas y más sicológicas. Ellos ahora están bombardeados con la existencia de sitios, objetos, eventos, personas deseables, peor inalcanzables, y eso los lleva a la frustración.

Si los niños de antes sobrevivimos con felicidad a la pobreza fue en mucho por esa ignorancia salvadora; hoy el diablo tienta a los muchachos un día sí y el otro también. Tal vez no los vemos trabajar en la calle como hicimos nosotros, pero están librando una batalla interna de la cual no siempre resultan bien librados.

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28 Julio 2018 04:00:00
El último ataúd
En mis mocedades escribí un cuento cuyo desahuciado y humilde protagonista recibe el beneficio de un último deseo, esto como retribución a su bondad e impecable vida. La muerte, mujer compasiva, sentose en el sencillísimo lecho, a la izquierda del moribundo, esperando conceder cualquier sencilla petición que pudiera hacer un hombre simple. Al escucharlo, la dama palideció, tanto como es posible que la muerte palidezca: El falleciente quiso que nadie en el mundo padeciera por su partida; en poco tiempo ese mundo quedó vacío.

La narración fue a resultas de esos raros pensamientos habitando a las muchachas raras como la que yo fui, pero eso ya pasó: Ahora soy una adulta muy rara. Lo que no dejó de estar en mí es la pregunta sobre el derrotero de una sociedad cuando van muriendo sus integrantes; hace unos días murió Arturo y volví a cuestionar a los presentes sobre quién llevará el ataúd del último hermano.

Tuve respuestas rápidas: los hijos, me dijeron. Y si no hay hijos, entonces los sobrinos, agregó otro. Continué hasta hartar a la concurrencia, quien repasó los lazos sanguíneos cercanos y lejanísimos; me ofrecieron la opción de los vecinos incluso y, en el extremo caso, los empleados del Sistema Municipal.

No puedo explicar cómo sucedería un acontecimiento tal cual ronda en mi imaginación, pero sigo con esa pregunta sin responder, pues creo que, al cabo, habrá un último ataúd. Tal vez ni siquiera haya quien coloque al postrer difunto en una caja de madera burda.

Como analogía tengo la historia del moribundo y su último deseo: La defunción de una persona es lamento para un vivo, por lo menos uno, pero este último tendrá apego con alguien más a quien le acongoje su tristeza y este, a su vez, un siguiente quien sufra esa pena diferida. La cadena es interminable, por eso me pregunto: ¿Quién está al lado del último tristísimo cuando se nos murió un hermano? ¿Habrá, al final de los tiempos, un ataúd y unos brazos disponibles?


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27 Julio 2018 04:00:00
Mujer paseada
Consideradas las tendencias posmodernistas surgidas tras la globalización ahora en pleno, el triunfo de la izquierda en México, la intriga vigente sobre cómo murió la madre de Luis Miguel y la cotización del dólar, se concluye que a usted, hombre soltero, lo que le conviene de verdad es buscarse una mujer paseada.

Ya alguien tuvo el valor no solo para amancebarse con una dama discurrida sino para hacer pública su elección en pleno entendimiento de semejante dislate: “A ti te quiero mujer, no le hace que seas paseada” dijo Ramón Ayala resaltando el “no le hace” como la marca que antecedía a ese enamoramiento atípico.

El cantante dejó claras, además, las aportaciones realizadas a esa unión, por si acaso fuese poco aceptar a una mujer con semejante currículo. Afirma en su magna obra de 77 palabras, que fue él quien le enseñó a amar considerando que su condición de paseada no le había enseñado asuntos menos carnales que la carne misma.

Cincuenta años después el panorama dio ya un giro copernicano: Tenga usted temor de la mujer guardada, porque habitar en la inopia trae consigo menos emergencias pero mayores riesgos. No es el prejuicio, el temor ni la inseguridad lo que se construye con la movilidad, sino la tolerancia, la apertura y la posibilidad.

Paseada, en el mundo globalizado –aunque en algunas cabezas localizadas lo sigue pareciendo- no es sinónimo de gamberrez, sino de capacidad, iniciativa, autonomía y preparación. Si reviso detenidamente esta lista, es explicable el terror de muchos caballeros ante la autosuficiencia, actitud que, cabe mencionar, se ha convertido ya en perfil de ingreso indeseable en la elección de pareja por parte de las mujeres.

Si todavía no doy suficientes argumentos para decidirse por esta clase de damas, puedo agregar lo siguiente: Cuando se está en una relación estable con un ejemplar así, el hombre puede estar seguro de que su pareja se queda por decisión y no por necesidad.

Como sea, si usted, caballero, le teme a la mujer segura, exitosa, productiva y con proyectos en la cabeza, quizá sea mejor mirar hacia esas chicas que, como las princesas de los castillos, han estado guardadas esperando por quien las rescate; las otras, en tanto, ya dieron cuenta del dragón.

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26 Julio 2018 04:00:00
Número equivocado
No cabe duda: las automatizaciones de Facebook fallan. Tengo como prueba el hecho de que ayer me apareció una invitación para unirme como amiga a la página de Tallas Extras; a mí, la sílfide de Santa María.

La colonia en donde emergió –literalmente- la casa paterna me vio nacer, crecer, tomar forma y desbordarme. Ahí me convertí de niña en mujer, de adolescente en adulta, de frágil florecilla en robusta sequoia; con todo y eso, nunca en tal recorrido hubo quien se metiera en mi vida con publicidades tan fuera de lugar como restregarme en la cara vestidos doble XX, siendo que todavía quepo en una.

La mayor osadía de las marcas revolucionarias en la época era el despliegue de estrategias mercadológicas consistentes, primero, en hojas llamativas que eran introducidas por debajo de las puertas; una intromisión bárbara cuya revancha más osada era convertir en chicharrón la hoja y ponerla en la basura sin siquiera leer el contenido. Luego llegó el teléfono.

Aún con el servicio telefónico –estrenado en casa a mis 14 años-, las intrusiones comerciales disfrazadas con voces de operadora cinematográfica eran fácilmente bloqueadas con la frase “número equivocado” a penas la osada mujer empezaba con un amabilísimo “buenos díaaaas”. No había, por lo tanto, una vía de acceso a la humillación de hacernos ver lo que nuestra autoestima estaba posponiendo para un momento mejor.

Considerando que no le di a Facebook talla, estado civil, preferencias en moda, marca de auto ni compañía telefónica, sus publicaciones emergentes solo pueden tener dos explicaciones: Su mundo me vigila o se equivocaron y me hicieron llegar un pop dirigido a otra persona con más años, más kilos y menos centímetros. Bien pensando, y por salud mental, me conviene elegir la segunda y lamentarme por los anuncios comerciales de ensaladas, bikinis y ropa petit que le están llegando a mi desconocida amiga.

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25 Julio 2018 04:00:00
Solícita y casta
Si aprendí a conducir fue por solícita; si me salvé de ser acosada fue por casta. Si usted no esperaba encontrar ambos adjetivos en la misma frase, entonces le toca hacer una plana: No debo ser tan prejuicioso(a).

La cultura latina borró la frontera natural entre la cortesía y la ligereza; no tengo fecha precisa de cómo inició ese prejuicio asignado en particular a las mujeres, pero desde mi adolescencia la confusión de los adultos entre una y la otra acción me resulta inexplicable.

Mi primera clase de manejo teórica la obtuve del chofer quien conducía el autobús de la preparatoria. Era un hombre conocido por varias generaciones previas a las mías: Simpático, atento y sociable, características todas que me pusieron enfrente la oportunidad de conocer el santo y seña en los tableros de un vehículo más grande que ninguno conducido por mis hermanos.

Bastaron dos viajes escolares para que el hombre confundiera mi interés por aprender con intenciones carnales que no estaban en mi mente todavía ni en pañales, mucho menos con un hombre que bien podía ser mi padre. Denuncié a las autoridades, quienes dieron crédito a mi versión por los antecedentes de estudiante ñoña que tuve, no tanto porque estuviera libre de sospecha: A que joven en su sano juicio se le pudo ocurrir acercarse al chofer para aprender a manejar, así lo razonaron.

Invitar la cena, proponer una salida al cine, ayudar con el trabajo, cualquiera de estas acciones y otras tan simples como las que dos amigas podían compartir, se tornan en un foco rojo que parece etiquetar a las mujeres amables y dispuestas a colaborar como una oportunidad abierta, una urgencia, una actitud más que sugerente.

No es solamente en este artículo en donde encontrará las dos palabras complementándose: El mundo está lleno de damas amables, aunque la mitad de ellas prefiere abstenerse de ofrecer ayuda so pena de parecer ligera. También creo una buena idea nombrar así a dos personajes de Pedro Almodóvar

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24 Julio 2018 04:00:00
Castigo y tentación
No estoy de acuerdo con el martirio en ningún aspecto vital del hombre. Aunque, debo reconocer, se practica en dos manifestaciones de tal humanidad: La existencia misma y la belleza. La primera nos convierte en santos; la segunda, en tentación.

Cuando se alude al sufrimiento final en la vida de alguien bueno, los devotos afirman que era el broche de oro martirizante para ganar el paraíso. Yo me pregunto en silencio: ¿Acaso la vida misma no era visa y pasaporte? Bueno, pues tengo el mismo conflicto con la hermosura dolorosa. No, no se trata de ser tan lindo que nos duela, sino estar tan adoloridos por tratar de serlo. ¿Acaso la naturaleza, que es perfecta, no nos había dejado listos para andar por ahí sin penas?

El dolor, dicen algunos, empieza al nacer en cuanto llega la nalgada. Pero no ¡qué va! eso no es nada comparado con el primer indicio de una feminidad incipiente: Los agujeros en las orejas son en realidad una agresión abierta, porque si bien el manazo en las pompas nos dio respiración, la perforación la quita. Dicen las señoras que ni duele, como si el hecho de que un bebé no habla fuera irrelevante.

Delinearse las cejas es una práctica brutal que cada vez inicia más temprano en la vida y no hace distinción de género. Eso me da mucho a pensar: ¿Acaso a las madres modernas les ha dado por partir varones defectuosos? Esto porque, antes, ser peludos los chicos por donde quiera resultaba atractivo visual aquí y en Italia. Y hablando de lo mismo, el delineado ese pasó a ser escalpe indispensable en cada entresijo del cuerpo.

¿Y cómo ven el tema de los tatuajes? Los papás nos volvemos locos cuando un hijo tiene la aberrante idea de hacerse un dibujo en la piel, sin embargo, las mamás somos capaces de sobrevivir a la quemazón de ambas cejas, los dos párpados, por arriba y por abajo, y los labios si esa boquita nuestra puede andar como la de Angelina Jolie por un mes completo en tanto la inflamación cede.

La suma es interminable y multiplicada, sobre todo porque ahora hombres y mujeres le entran al toro de la belleza dolorosa y pagan la consecuencia de un peeling con la cara chamuscada cinco días; del enrojecimiento post-depilación, y hasta los jalones para llevar rayitos en el cabello, y cuyo sistema provoca tics en el dedo gordo del pie por cada bendita luz.

Lo inexplicable de todo esto, es que la tentación es mucha, algo así como el parto natural que, en algunos casos, parece olvidarse apenas dos meses después de dar a luz. ¿Cómo el dolor nos llama tanto? Miedo me da pensar que ahora es requisito y eso de que la belleza duele, se lo están tomando muy a pecho.

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20 Julio 2018 04:00:00
Arturo y la revolución
Morbosa como soy con lo insondable, ayer entregué a la muerte a otro hermano.

Arturo lleva la encomienda doble de responder preguntas y guardarse las respuestas hasta que sea yo, en persona, quien vaya a pedirle cuentas.

Siento la responsabilidad particular de preservar su esencia. No fui su madre; si bien ella le concedió la existencia, su ser lo construyó conmigo en el corral de casa. Tampoco encarné a su esposa, quien lo enfrentó al invencible reto de acabar con la tozuda paciencia que otorga la esperanza. Fui su hermana.

Una hermana de seis que tuvo Arturo fui yo; no la mayor de todos ni la menor, sino la que está al lado. De su costado derecho fui la investigadora asistente: Observamos hormigas en su hábitat natural, nos conmovimos con múltiples cementerios de moscas que debieron morir al servicio de la ciencia. Nos graduamos en historia mexicana y antropología con excavaciones inéditas hasta descubrir los ecos de la revolución que se escuchaban a modo de gritos lejanos distorsionados por el tiempo, el espacio y la mala calidad de nuestras herramientas improvisadas.

Ahora bien, del lado derecho, fui la peor ocurrencia de mi madre: Una hermana apenas menor con la cual se carga en tanto las edades tengan a bien acomodarnos en escuelas distintas. Él debió inscribirme desde la primaria, lidiar con la sorna del amigo quien tenía la osadía de encontrar en mí belleza en ciernes, y confiarme los laberintos secretos para andar rumbo a la prepa entre la oscuridad temprana; veinticinco cuadras recorríamos con la promesa de un ahorro monetario que nos permitía comprar un Mamut cada semana. La ruta tenía por nombre Karchafle, iniciales personalísimas para ambos.

Se deshizo de mí en cuanto pudo, eso le dejé creer hasta el final. Nunca le confesé cuánto traía conmigo su imagen paralizada ante el miedo infinito de ver a mamá enferma; tuve siempre a la mano la candidez de su cara infantil cuando ya no podíamos ser Superman y Superchica porque mis poderes se desvanecían con demasiada facilidad. Será imposible ignorar que me rondaba en los sueños su devenir cuando creyó, casi 20 años atrás, que la vida terminaría pronto. No fue así.
Murió ayer: Esta vez no me dijo nada.

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19 Julio 2018 04:00:00
Amor y futbol
Eso de “te amo porque compartes conmigo el futbol” me parece una razón muy dudosa. Nadie ama a la porra contrincante, así que el verbo compartir mejor se refiere a coincidir en color y marcadores. Es más, apuesto a que incluye también en las formas y los fondos: Compartir con el señor el balompié va mucho más allá de la cancha, porque implica ingesta de sustancias espirituosas y una atención sin gestos a quienes lo acompañan.

Las mujeres de mi generación de plano nos quedaremos sin el halago, salvo algunas raras excepciones. Esto sucede porque quedamos marcadas de por vida por el futbol, y no me refiero a esa señal que se lleva como el apellido, sino a las que se esconden como tatuajes de la juventud.

Durante toda mi niñez, la televisión local sólo permitía dos canales: El nueve y el cinco. En el primero, Raúl Velasco –a quien siempre consideré enviado de la iglesia católica para hacernos una purga dominical, porque el domingo era el día de arrepentirse de todos nuestros pecados- nos torturaba con México, magia y encuentro para luego continuar con Siempre en domingo. El segundo transmitía los partidos de futbol en vivo, luego venían los comentarios y después, para darle variedad, empezaba Acción, en donde hacían un resumen del multicitado partido.

No imaginan las batallas que con mi hermano mal libraba para que me dejara ver televisión esas tardes de grima y desesperación. Cuando lograba apoderarme del sillón –el control remoto era apenas un prototipo-, luchaba contra la somnolencia, puesto que hubiese perdido la guerra si me dejaba vencer por el sueño que me daba ver a don Raúl y su transparente esposa, ataviados con kimonos en una nueva visita a China, donde el conductor traducía mal al traductor, quien le hablaba en español, y coleccionaba una serie de barbaridades dignas de una antología. Pero al otro lado del botón estaba el futbol y eso era una amenaza para mí, así que aprendí a tolerar al hombre.

El asunto entonces radicaba en que el futbol era obligatorio, no teníamos demasiadas opciones, menos aún si estábamos rodeadas de una orquesta de varones dispuestos a todos por ver, minuto a minuto, lo que hacían en la cancha los equipos.

Mi mamá solucionó salomónicamente el problema. No tuvo que amenazar a nadie ni prometer recompensas: Compró otro televisor. Sin embargo mi alma estaba marcada ya con un trauma que, a la fecha, no he podido superar. (Si saben de algún sicólogo que no le vaya al América, recomiéndenlo por favor).

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17 Julio 2018 04:00:00
Sola y soledad
Una mujer sola, vista desde la polisémica modernidad, se convierte en un fracaso o en una oportunidad. Como no me encuentro hábil para explicar la primera, me abocaré al segundo caso con el fin de aportar las técnicas infalibles para que una dama, recién estrenada en la soledad, no sucumba ante la terrible tentación de volver al matrimonio por el inexcusable hecho de que alguien debe de cambiar el botellón del agua.

Antes, observaré que el título de este artículo bien sugiere los nombres de dos féminas protagonistas en un filme francés; además, reconozco la aportación filosófica de Sid, el perezoso en “La era del hielo”, quien dijo: No hay peor soledad que no estar acompañado. No es una broma pueril, hay una diferencia importante entre una mujer que está sola y otra quien dejó de estar acompañada.

Para quien dejó de estar acompañada, el primer paso, antes del duelo, consiste en hacer un recorrido minucioso por la realidad emergente a fin de responder a estas preguntas profundísimas, cuyas respuestas pueden contener la felicidad o el terrible despertar a un enigma. ¿Puedo cambiar el tanque del gas? ¿Soy capaz de podar el césped? ¿Bañar al perro es demasiado para mí?
Si ella cuenta con gas entubado, un jardinero y estética canina a la mano, las preguntas anteriores deberán adaptarse a las necesidades particulares. Cuando encuentre un cuestionamiento cuya respuesta sea negativa, no entrará en pánico, mejor organizará un tour catártico por Home Depot, Auto Zone y la plomería de su confianza.

En los comercios antes citados encontrará especialistas capaces de identificar su punto preciso para el desahogo, acabar con la desesperanza, de construir la incertidumbre y, lo mejor, explicar a las mujeres cómo hacer conexiones varias, cambiar piezas, enlazar lazos y desamarrar nudos; las llevan de la mano al pasillo correcto para encontrar las refacciones necesarias, señalar los procedimientos, aportar sugerencias y tratarlas con la caridad de un hombre que siente cómo se acerca al cielo por ayudar a una mujer solitaria haciendo cosas de señores.

Si lo anterior fue insuficiente, debo decir que los servicios anteriores tienen un costo, pero siempre es en efectivo, porque no van acompañados con críticas mordaces, frases dobles, advertencias de fracaso ni una cédula vitalicia de zozobra.

En conclusión, sola y soledad ya pueden cantar albricias y obtener una tarjeta de cliente distinguido.

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14 Julio 2018 04:00:00
Así no
Hay intenciones samaritanas ambulatorias e insistentes en mantener un matrimonio ajeno sin separación de cuerpos –por usar el término legal- con argumentos válidos para la sociedad pero gastados para el individuo.

Algunos incluyen en la lista el gastado “qué dirán”. Más allá de esos prejuicios, se mantiene en el hit parade una recomendación para seguir juntos: El de un amor acumulado, alimentado por circunstancias complejas libradas en común.

He conocido personas cuyos matrimonios terminados llevaban diarios escritos con aventuras reales, en apariencia suficientes para salvar no solo el vínculo sino la vida misma y, sin embargo, acabaron por separarse. ¿Qué pasó? Pasa que el amor no es un sentimiento acumulable; en todo caso, lo que se alberga en una pila de razón es el agradecimiento.

Los jueces civiles suman gran cantidad de divorciados después de los 30 años de matrimonio. Solo esperan a que los hijos hagan su vida; entonces, cada quien toma su camino, porque sienten que ya no hay nada que los una; es decir, fue una relación funcional. Esto me lleva a pensar cuánto el amor es más una reacción química veleidosa y diferente en un organismo y en otro.

Hace unos días apareció una noticia referente a dos tortugas ancianísimas y obcecadas por seguir cada una su tortuguil vida de forma separada. Los cuidadores del zoológico insistieron en mantenerlas unidas, hasta procuraron la reproducción suministrándoles afrodisiacos… y nada, de plano se mordieron y dijeron adiós.

En seguida les transcribo un párrafo de la noticia:
El matrimonio más antiguo del mundo animal parece haber terminado. Las tortugas gigantes Bibi y Poldi se niegan a seguir compartiendo su jaula en un zoo austriaco. “Tenemos la impresión de que ya no soportan verse. No sabemos la razón por la cual han decidido separarse” (Periódico Austrian Times). La hembra fue quien dio el primer paso en la ruptura. Los cuidadores se dieron cuenta de que ya no podían convivir cuando Bibi atacó a su compañero mordiéndole parte del caparazón. Cuando los ataques continuaron, Poldi fue trasladado a otra jaula.

Los empleados seguirán preguntándose la razón sin obtener una respuesta.

Primero, porque, asumimos, la tortuga no hablará; segundo, porque sí. Ya se ha visto cómo de pronto una emoción se trastoca por la contraria y no necesita de una razón consciente para la escapada, ni siquiera puede acusarse a Bibi de tener una aventura.

¿Qué hacer? Vivamos el amor en toda su magnitud porque, sin decir agua va, puede transformarse en rechazo; demos cuantos besos sea posible antes de empezar a repartir mordidas.

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13 Julio 2018 04:00:00
Flores negras
Mi casa paterna tenía ventanas breves, pocas, con puertecitas enmarcadas con fierro rústico; lo más robusto en ellas era la torta de masilla que sostenía el cristal. La masilla tenía fecha de caducidad, cuyo síntoma inequívoco era una excesiva resequedad que la hacía saltar al primer toque. Podría contar numerosas historias sobre ese material, porque luego devino colores, texturas y brillos, pero ninguna tendría las implicaciones dolorosas que hoy me provoca el arte ver cómo se celebra el miedo al disfrazarlo de arte.

En el rancho todavía se encuentran construcciones desde donde sus habitantes pueden ver el campo sin la interrupción de los barrotes, pero son escasas viviendas habitadas por quienes aún se sienten capaces de vivir en libertad. En general, la arquitectura cotidiana de nuestro país incluye rejas metálicas para apresar a sus moradores, cuando son ellos, y no los delincuentes, quienes deberían vivir en libertad.

Si en un principio se trataba de barrotes simples, aferrados a los dinteles con el claro objetivo de evitar la entrada a un delincuente, el tiempo y la insistencia del delito las fue transformando en elemento necesario del panorama.

La paradójica modernidad citadina disfrazó de arte lo que es miedo en realidad.

Como si fueran barandales en un balcón, hermosa corona para la construcción tradicional, las protecciones en ventanas y puertas tienen ahora especialistas, artesanos, forjadores de ensueños que decoran con flores y mil fantasías esas piezas de encarcelamiento que llegan a cotizarse como si fueran certificados de seguridad.

Junto con ese rococó se han desarrollado cristales irrompibles –que sí pueden romperse-, cercas electrizadas –que se pueden neutralizar-, bucles de púas –que se cortan con la herramienta correcta-; incluso las colonias de clase A se han inventado sus propias cárceles, de marca sí, pero cárceles al fin.

Ya en este último párrafo dudo sobre esta manía del hombre por ornamentar lo terrible: Tal vez no sea socarronería, sino la inefable aceptación de que nunca podremos contra nosotros mismos y en lugar de padecer esa miseria, la volvemos divertimento.

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12 Julio 2018 04:00:00
Primera vez
La primera vez se queda grabada, indeleble. Los detalles, las sensaciones, los miedos, las perspectivas, todo suma una operación cuyo resultado suele ser muy diferente al esperado; eso suele suceder con las cosas incuantificables.

Nadie se sienta sonrojado si está inscrito en el altísimo porcentaje de seres humanos quienes derivan la frase “primera vez” a la relación sexual, es común.

En esta ocasión, sin embargo, aplico la frase a cualquier ocasión o suceso que acontece sin precedentes y nos pone ante una nueva perspectiva.

¿Cuántas “primera vez” podemos acumular en la memoria? La búsqueda en Google arroja datos interesantes: a) La primera opción no es la memoria humana, sino toda clase de memorias artificiales; b) informa que contamos con aproximadamente mil millones de neuronas; c) señala la manera exponencial como la combinación de esas neuronas aumentan el almacenamiento; d) indica que ese almacenamiento de recuerdos es cercano a 2.5 petabytes; d) no tengo idea de qué es un petabyte, pero suena a espacio suficiente para guardar, una sola persona, todas las “primera vez” de la humanidad. Ya lo consulté pero sigo sin dimensionarlo.

Así las cosas, problemas de espacio no tendríamos para vivir la vida como si fuera la primera vez; es decir, si las experiencias nuevas son aquellas capaces de mantenernos a la expectativa, con la adrenalina suficiente para continuar, no hay una clara explicación para responder por qué no buscamos siempre experiencias nuevas.

En el periodismo -cuando hay un periodista de por medio- la existencia se conforma casi a diario de primeras veces: Si ellas no vienen a nosotros, nosotros las buscamos. No hay lugar para el hastío pues se da por hecho que existe, indefectiblemente, un plano poco conocido de lo cotidiano.

En una clase de lingüística utilicé cierto meme en donde un caballero honestísimo conquista a una dama asegurándole que ella es la primera mujer en su vida, mujer rubia, rubia y bajita, en esa ciudad, en ese restaurante, a esa hora… Las especificaciones se alargan tanto como Números en la Biblia. Quizá la chica no haya valorado que, con todo y eso, además de conocer a un hombre confiable, estaba viviendo una primera vez.

Si a diario repetimos una rutina que nos apresa en el tedio, pongámosla de cabeza, iniciemos con la cena y terminemos con el desayuno. Disfrutar un rápido picnic en martes, ligero vino tinto el jueves y sexo aunque no sea viernes; vestir de rojo y no de negro, regalar flores cuando solo se hayan recibido, cualquier intervención de la creatividad será una generosa aportación a las primeras veces que le hacen falta a la vida.

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11 Julio 2018 04:00:00
Somos cuadritos
El cubo Rubik es la versión compleja de un tradicional juguete para quienes gozamos la infancia hace dos décadas, más o menos. Un cuadro enmarcaba quince cuadritos móviles numerados y coloreados en blanco y rojo, los cuales debían ser acomodados en orden ascendente o descendente; contadas ocasiones logré ese cometido, de ahí que me parece natural hacer una analogía entre este objeto y la vida humana.

El Juego del 15 exigía del intrépido participante la capacidad para organizar, en prospectiva, los movimientos necesarios para terminar en filas organizadas.

Hace unos días vi en televisión la versión moderna, a la cual se le agregaron colores y el reto de un patrón: Un cuadro ágil que, al sacudirlo, organiza azarosamente los cuadros; el jugador deberá imitarlo en su propio juguete.

No imagino cómo pasó, pero se me ha puesta en la mente que así es la vida diaria. Las personas, con una manifiesta necesidad de vivir en sociedad, ocupan la mayor parte de su existencia en encajar con los patrones que les rodean, mimetizarse con ellos, mover sus piezas para congeniar con el movimiento externo y continuo de una comunidad.

Cuando el azar sacude los modelos para dejarlos en órdenes atípicos, la habilidad para organizarse ascendente o descendentemente es un pase de entrada a la extraordinaria experiencia de enfrentar lo incierto. Claro, siempre está la opción de quedarse inmóvil, pero priva en nuestra especie cierto vértigo por lo improbable.

Como los cuadros cromáticos, no tenemos más espacio que ese donde estamos enmarcados, así subamos de peso o incrementemos musculatura. Somos los cubos que nos conforman, estamos teñidos previamente para identificar los polos de nuestras vidas racionales; las revoluciones que nos construyen solamente suceden porque tenemos en perspectiva un nuevo patrón, casi siempre diseñado por otros quienes, a su vez, libraron cierta batalla y ya están inmersos en otra.
Tras pensarlo mejor, quizá nosotros seamos un mejor reto para actualizar el Juego del 15: Tenemos millones de piezas sueltas por acomodar.

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10 Julio 2018 04:00:00
Discurso para dormir
Una cama sin tender es todo un discurso. Los pliegues de las sábanas delatan a gritos que hubo una contienda a su costa, puede ser esta contra el tiempo, contra uno mismo o con alguien más. Las razones por las cuales una persona no hace la cama son escasas: El despertador falló, el “arrullador” no falló o la ocasión se prestó para una protesta silenciosa.

La última opción fue usada por una amiga mía cuando hubo de divorciarse: toda la vida su madre le dijo que tender la cama en la mañanita era una prueba de ser buena esposa; nunca dejó de hacerlo durante su matrimonio y no le valió de mucho, así que dejó, por tres días, la cama sin tender.

A su madre –la de ella- le cabía algo de razón. Todas las consejeras de orden y diseño aclaran que nadie debe salir de casa sin lavar trastes, tirar basura y tender las camas, a fin de no caer en profunda depresión al volver a casa al medio día. No tengo problema con las dos primeras acciones, pero el asunto de estirar correctamente las sábanas, es una lid que, hasta hoy, no he logrado ganar y temo, señores y señoras mías, que mi marido me califique de mala esposa porque suelo esconder las almohadas con tal de no envolverlas bajo el edredón con todas las de la ley.

Mucho me gustaría tomar un curso con cualquier camarera de hotel. Esas mujeres son capaces de empaquetarlo a uno cada noche porque es imposible sacar la sábanas de abajo del colchón, todo queda tan restirado que a la mañana siguiente no es necesario usar faja ninguna bajo el vestido, porque amanecemos muy planos y sin marcas en la cara.

Alguna vez lo intenté y en el punto extremo de la desesperación, acabe pegando sábanas y cobertores con cinta canela bajo el colchón; esa misma noche parecía que bajo mi cama había una horda de grillos, los cuales no me permitieron dar rienda suelta ni al sueño ni a nada, absolutamente a nada.

Muy al contrario de esas maravillosas mujeres, mi técnica de tender la cama es al estilo boy scout: Como esas casas de campaña que se lanzan al aire y caen listas para usarse. Así procedo yo, mas cuando aquello queda para llorar, entonces anuncio a todo mundo el día de lavar blancos de la casa y dejo el colchón desnudo y mi fama de afanada ama de casa muy impoluta. Bueno, cada quien se las arregla como puede.

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07 Julio 2018 04:00:00
Desencadenada
La “Melodía desencadenada”, tema de la película “Ghost”, se convirtió en un ícono del romanticismo. En el plano superficial, fue entendida como la canción cuyas notas pueden desatar cualquier pasión carnal; en el profundo, representa el poder evocador de los sentidos.

La melodía retrae a la protagonista a un momento particular de su vida, a un contexto, a un significado personalísimo que le representó la confirmación de lo deseado: Constar el amor de su pareja, si bien dicho no con palabras, sí con acciones.

Todas las melodías tienen poder desencadenador. Las canciones primeras de la infancia, aquellas con las cuales crecimos en edad y madurez, las escuchadas por accidente durante un acto en apariencia insignificante, las percibidas por equivocación, las emergentes por obligación.

La circunstancia signa el eslabón nemotécnico que caracterizará el recuerdo, la forma como se desencadenará primero un registro mental y, tras de él, una emoción, luego un sentimiento, luego una acción en consecuencia.

No siempre somos conscientes de lo que desatará escuchar cierta canción, la melodía de una voz, la discordancia de un ruido en específico, el chasquido de un objeto o el silencio de un momento, pero aun con eso, hay todo un accidente en nuestro ser cada vez que nos enfrentamos a ello.

Las músicas con las cuales hemos construido nuestra vida –o la han construido otros- tiene la potencia gatilladora de lanzarnos a revivir ciertos momentos. Solo hay algo más fuerte que ellas: La voluntad para resituar un recuerdo doloroso relacionado con cierta melodía, al situarnos ahora en circunstancias felices y ponerla como música de fondo.

Las melodías que desencadenan una pasión como la de Ghost, así sea que el otro ya no esté, esas vale la pena guardarlas, repetirlas, recrearlas, porque son capaces de mantenernos vivos.


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05 Julio 2018 04:00:00
Sobada
Sucede cuando andamos por la vida con un nudo en la panza, no cual consecuencia de cierto apuro emocional, sino gástrico. Es entonces, y solo entonces, cuando vienen a nuestra mente tantos consejos y constancias de madres y abuelas.

Achaco mis males a ciertos taquitos ingeridos ayer en lugar non sancto, por lo menos para Salubridad, o bien, el postre consistente en esa clase de mescolanzas creadas por el ingenio mexicano cuya barbarie azucarada agrede, primeramente, al orgullo; eternamente, a los niveles sanguíneos. Referente a la cura, todavía no tengo a quién rendirle honores, pues estoy entre el Kaopectate y la tortilla caliente en el ombligo.

Bueno, Conchita acostumbraba curar a Lety colocando una tortilla de maíz bien caliente en su pancita –de Lety-. Luego, supongo, la llevaba a la cocina, aunque nunca tuvo a bien responderme si alguien debía comérsela para concluir con éxito el tratamiento; asumo que el enfermo no. ¿O sí?

Rosita La Usada –esta es una referencia distintiva familiar- nos sobaba el abdomen y sus alrededores con manteca de cerdo. Su empeño nos reportaba un montón de gusto, pero el olor a porcino, la consistencia gruesa de la verdadera grasa animal, nos dejaba peor que el mismo marrano: A los pálpitos estomacales se agregaban vómitos y otras escatologías.

El remedio con aceite de ricino ha sido infalible desde que el hombre tiene memoria, y aceite. Lo daban para depurar los intestinos o desenredarlos, para drenarlos correctamente si algo estaba atorado o curar de espanto. En el último caso, las madres apretaban la nariz de sus chiquillos a fin de encontrar una boca dispuesta a ingerir la pócima extraña; los niños estábamos tan espantados que se nos quitaba, por arte de magia, cualquier mal.

Algo así le pasó a mi primo, quien hace tiempo tuvo accesos de hipo por 24 horas seguidas. Cuando llegamos con él al IMSS, apareció una enfermera dispuesta a inyectarlo con impresionante aparato de tortura –una jeringa de 5 ml-; él montó un invisible corcel que lo sacó de la clínica en dos segundos. Hasta la fecha, en los últimos 15 años, no ha tenido hipo alguno.

A reserva de lo que ustedes digan, sobar se lleva las palmas en los remedios caseros; a menudo no quitan la enfermedad, pero ah, cómo dan cariño.


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04 Julio 2018 04:00:00
Galleta inútil
El primer día de clases de mi hijo empezó para mí, que soy su madre, desde el sábado anterior. Consulté un montón de recetarios para encontrar las galletas más deliciosas del mundo, probadas y comprobadas por mamás responsables en todos los continentes. El resultado: Unas gigantescas figuras de chocolate con chispas coloridas.

Su consistencia semidura era perfecta; el color, inmejorable; el sabor, irrepetible... pero él acabó almorzando un par de galletas Oreo que le compartió su nuevo amiguito, “porque mi lonche estaba fatal”, lo dijo con todas sus palabras.

Ese día puse en tela de juicio mis enseñanzas sobre siempre decir la verdad y lo que uno siente, para información de todos y evitar confusiones. No, amiga mía, jamás funciona, pues yo entré en un estado de hervor existencial sobre mi valía como progenitora, mis actos fallidos en su educación y la mala mano para hornear galletas.

La preocupante situación de obesidad infantil en el país ha sido bien aprovechada por los editores nacionales y extranjeros al publicar revistas monográficas en donde aparece un sinfín de maravillas por lonche. No es mala idea, siempre y cuando los creativos chefs que las originan se asociaran con alguna empresa farmacéutica, lo digo por ese periodo de prueba, cuando un centenar de inocentes se someten a pruebas terribles al probar, por vez primera, un producto.

Yo lo llevaría a una escuela pública: Si todos los de segundo y cuarto aceptan el platillo, pasamos a la prueba final, consistente en decirles que lo hizo su madre, eso podría cambiar dramáticamente los resultados. Bueno, durante muchos años me negué a probar la sopa de repollo que hacían en casa, pero la engullía con placer en casa de mi tía. Creo, aún tengo una niña dentro de mí. (Esa fue Santa Isabel).

No es fácil, compañeros, dice Don Ramiro. Todo parece perfecto en la teoría cuando de poner lonche se trata. Las fotos muestran el colorido, sabor y valor en tal cantidad de opciones que podríamos no repetir en todo el ciclo escolar (considerando que son años de 100 días); sin embargo, nadie nos aclara en dónde venden el queso rosa, los ratones de cheddar, el pan con figura del Capitán América ni los pastelillos de amaranto con arándano.

En nuestro mejor esfuerzo, si acaso logramos ponerle una rebanada de queso amarillo comercial, o un tajo de acetato, no hay gran diferencia; los animalillos terminan en monstruos informes de puré; en lugar del súper héroe, decimos a nuestros hijos que llevan al Pípila (ahí está, debajo del pan Bimbo) y el sano pastelito es un pingüino, al cabo de vez en cuando.

Yo empiezo a tener ciertos temblores esperando el lunes. Espero estar cuerda para entonces y encontrar, de perdido, en dónde puse el jamón y la mayonesa.

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30 Junio 2018 04:00:00
Bronco y en tacones
La máxima inmarcesible de Lupe Esparza fue que con zapatos de tacón las nenas se ven mejor. Su huella caló profundo en la autoestima femenina.

La presencia de este hombre imponía, pero seguramente no está impuesto a montarse sobre unas agujas de 15 centímetros, razón por la cual olvidó realizar especificaciones respecto de los sitios pertinentes en donde las damas en verdad se verán como tales calzadas así.

Ayer mismo corroboré la regla del señor Esparza: Tardó diez minutos en decidir cómo treparse a la escalera eléctrica para bajar al primer piso; no lo dijo, pero los presentes asumimos que tuvo entre sus opciones el ir parada de manos, de panzazo o en liana, pues sus enormes tacones y plataformas le hacían imposible mantener el equilibro para atrapar uno de esos escalones fugaces. Cuando por fin se decidió, su acompañante acabó con 500 cabellos menos y ella bien pudo integrarse en ese momento al Cirque du Soleil.

En estos tiempos, cuando la educación es por competencias, bien harían las escuelas para adolescentes incluir un curso sobre “Competencias para mantener la buena reputación aún entaconadas”. No se nace con la habilidad, chicas, es necesario desarrollarla antes de salir a confundirnos con un ave exótico y poco elegante, cuando el objetivo era partir plaza.

En definitiva, este asunto se presta a demasiadas suspicacias; he pensado, incluso, en la posibilidad de cobrar venganza entre enemigas usándolos como arma mortal. No puedo explicarme, de otro modo, cómo se organizan despedidas de solteras y cumpleaños en amplios jardines sin aclarar que el calzado obligatorio es un par de tenis.

No miento: tras un festejo al aire libre, las mujeres acabamos con medio tacón pelado; quienes se atreven a más altura, llevan a casa muestras de petróleo extraído de yacimientos profundos. Es una regla: No se llevan tacones al jardín; no se organizan las fotografías familiares sobre tierra cuando se cuenta con un poco de cemento al lado, claro está, si se quiere evitar esa danza simiesca de la que participamos cuando el piso se hunde bajo los pies y nuestra dignidad también.

Lo supongo: Christian Dior, Victoria Secret y Mitzi escucharon la canción de Bronco y la siguen a pie juntillas. ¿El resultado? Interminables modelos en bikini o lencería… y montadas en tacones; sus tobillos acaban partidos en dos y pasan formar parte no del catálogo primavera-verano, sino de los videos más terribles en YouTube.

Mi apreciado Lupe, extiendo una amable invitación para que posen en tacones en el jardín de su abuelita.

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29 Junio 2018 04:00:00
Verdadero animal
La primera vez que vio una vaca en el campo me preguntó: ¿Verdad que las vacas vuelan, tía? No solté esa risotada automática que suelen emitir los adultos ante las inocencias de los chiquillos, porque ese asunto de la naturaleza siempre me lo tomé muy en serio.

Mi sobrino, entonces de cinco años, recién se había mudado a vivir a provincia. Desde su nacimiento habitó un pequeño departamento en una populosa colonia de la Ciudad de México, y era evidente que ningún documental, libro ilustrado o película infantil le mostraron la naturaleza en toda su realidad. Pasados veinte años de ese acontecimiento, creo que cada vez más son –y serán- los niños y los adultos que duden sobre las vacas, los osos y todo animal excediendo el rango de perro o de gato.

En el contexto de la televisión por paga, es una suerte encontrar canales cuyos programas divulgan, con la mejor intención, usos y costumbres de la fauna más simple, menos conocida, excesivamente peligrosa, poco abundante o en vías de extinción, sin embargo el verdadero comportamiento y la palpable realidad de esos animales será conocido por muy pocos; dentro de algunos años, por casi nadie.

Los documentales de oso negro, por ejemplo, los presentan desde su mejor perspectiva: El pelambre oscuro y brillante, el carácter irascible. En las montañas del noreste, estos ejemplares viven con menos lucidez porque les falta alimento, han tenido que tolerar la presencia humana a fin de hacerse con frutos cultivados. Suelen andar flacos y asustadizos al borde de las carreteras y entre los huertos.

Los felinos, siempre presentados en televisión con la magnificencia de su figura altiva, en los bosques norteños asolan las casas campestres, sus ruidos y figuras se han vuelto fantasmales comparados con los que conocieron los abuelos.

El verdadero venado ya no es altivo, sino escurridizo porque lucha para sobrevivir; el verdadero coyote se minimiza en número y presencia ante el poblamiento de su territorio. No es en televisión como se conoce al verdadero animal, pero sí es muy probable que para las siguientes generaciones, sea la única fauna de verdad por conocer.

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27 Junio 2018 04:00:00
La mala educación
Circula en redes sociales un video breve con cifras promisorias para mejorar el ingreso económico de una sociedad si esta se decide a educar a las niñas. Alude al dinero que pueden ganar, a la postre, las mujeres; pero hay un impacto más grande si se les educa más allá de la escuela y se les promete algo mejor que el dinero.

De acuerdo con las cifras publicadas, el producto interno bruto de una nación aumentará hasta en un setenta por ciento conforme las mujeres alcancen mayor grado de estudio.

Luego analizan ingresos desglosados respecto de cada nivel, desde secundaria hasta una carrera universitaria, como resultado de salarios más prometedores en respuesta a su grado académico.

El asunto de educar a las niñas se cierne a la parte económica, sin embargo hay otra educación que redituaría mucho más a ellas mismas, a sus familias, a la sociedad y al mundo.

Consistiría esta en deconstruir la idea muy arraigada del derecho a la compasión, con la cual, por dar un ejemplo, se trata de convertirse en madres siendo niñas o adolescentes para obtener así los beneficios que “obligadamente” les debe proporcionar la sociedad.

Dos años atrás una jovencita estudiante de secundaria dijo que pensaba embarazarse antes de terminar el ciclo únicamente “para ver que se sentía”. Su madre, al fin y al cabo, estaría socialmente obligada a “apoyarla”, el gobierno a “sostenerla” y la escuela a “aprobarla”. Y eso que aún no había, becas, guarderías y salarios asistenciales para madres solteras como en la que ella pensaba convertirse.

Pero educar a las niñas, además de escolarizarlas, se requiere mostrarles una realidad responsable que deberían de enfrentar, pero que el populismo y la mala política ha convertido en una terrible predestinación de dolor y pobreza para miles de recién nacidos.

Enseñarles por qué una beca no lima las arideces de un embarazo precoz, explicarles cómo un marido sobrevive aunque las mujeres no dejen su empleo para servirle, reflexionar con ellas sobre el impacto de su ejemplo para las nuevas generaciones, tal vez eso, junto con la promesa de un aumento en el producto interno bruto, sea bastante aleccionador para todos.
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