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Agencias
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26 Octubre 2016 03:16:00
Apatía ciudadana, la mejor aliada de los políticos
‘Ni la ignorancia es tan grave como la apatía’
Abel Pérez Rojas

Es impensable que la población de un país medianamente civilizado tolere lo que los mexicanos hemos vivido en las más recientes décadas.

¿Por qué algunas naciones logran que las cosas cambien al rebelarse contra quienes los atropellan desde el poder económico y político, mientras los mexicanos permanecemos impasibles?

Para que tenga usted una idea es preciso recordar que estamos cerca de contabilizar más de 300 mil asesinatos en los últimos 18 años, es decir, conjuntando las dos administraciones políticas anteriores y la tendencia de la actual. A eso agregue usted la larga lista de feminicidios, secuestros…

Y cómo perder de vista que actualmente pesa una orden de aprehensión sobre el exgobernador Javier Duarte, cuyos señalamientos versarían, tan sólo en uno de los puntos, en un endeudamiento de la entidad que gobernó, por la cantidad de 35 mil millones de pesos.

A esas dos muestras anteriores sume también -como cereza que corona el pastel- el servilismo de nuestras autoridades ante las grandes corporaciones y el extranjero, en particular los Estados Unidos, que quedaron plenamente ejemplificados con la magnífica recepción a quien nos ha llenado de agravios: Donald Trump.

Seguramente mientras hago este recuento usted ya hizo mentalmente una larga lista de ultrajes y atropellos desde el poder. Pero, ¿por qué hemos soportado tanto los mexicanos?

A pesar de que el fenómeno anterior es complejo puede sintetizar de manera precisa: en México sucede todo lo anterior debido a la hiperapatía de su población sobre asuntos de carácter humanitario y social, que los políticos aprovechan para que todo permanezca a su favor.

La apatía que impera en los mexicanos trasciende con mucho la desidia, el desgano y la falta de interés mostrada por otros pueblos. Porque la de nosotros, los mexicanos, es producto de décadas ¿o serán siglos? de engaño, traición e ignorancia de parte de quienes ostentan el poder, proporcional a la indolencia creciente de la población que ha minado el aspecto emocional motor de la indignación.

Los mexicanos nos hemos vuelto insensibles a casi todo aquello que tiene que ver con la vida social, carentes de empatía, nosotros mismos nos hemos convertido en unos criminales en potencia… criminales desde la pasividad, porque con nuestra actitud contribuimos a que todo siga igual.

El individualismo nos ha nulificado, y tarde o temprano no dará para más y nos demostrará cuan inútil y contraproducente es aquella actitud en la cual nos escudamos, y que mostramos en tanto nosotros o nuestros familiares no sean víctimas de la violencia o de la injusticia.

Como la apatía de los mexicanos es de grado superlativo, no basta con “echarle ganas” ni con procesos de “concientización” superficiales, de lo que estamos hablando es de una situación social emocional que requiere de profundos procesos de sanación y reconciliación entre la ciudadanía para poder reinventarse y poner orden a una forma de organización social que ha demostrado su cadudicidad.

Mientras no sanemos como sociedad, nuestro estado emocional, que es el medio en el cual incuba la apatía, quienes ostentan el poder político y económico seguirán haciendo de las suyas. ¿Alguna vez nuestra indignación crecerá lo suficiente para decir: “ya basta”?
20 Julio 2016 02:00:19
Librarse de los recuerdos de la mente conceptual en el duelo
“Yo soy más
que la mente que conceptualiza”
Abel Pérez Rojas

Sufrir la pérdida de un ser querido nos sumerge en aguas muy lejanas, hasta que no se vive ese trance.

La preparación que tenemos sirve de muy poco. En realidad la tristeza que generan la pérdida y los recuerdos de quien estuvo muy cerca de nosotros, de cualquier manera es parte del duelo que hay que vivir.

Bien se dice, que cuando lloramos una partida, en realidad lloramos por nosotros, porque nos quedamos sin aquél o aquella que se fue. Sin embargo, no reconocemos nuestros propios sentimientos, y lo aducimos al sufrimiento por el cual transitó el difunto.

Nuestra mente conceptual nos juega una serie de trampas con los recuerdos del difunto, y nuestro egoísmo o sentido de propiedad hacia quien se fue es la causa de nuestro sufrimiento.
Le comparto algo que recientemente viví.

La semana pasada falleció mi padre, un hombre con el cual tuve la fortuna de vivir muy de cerca la infancia, la adolescencia y, tras un largo periodo de varios años debido a mi cambio de residencia, algunos meses del penúltimo tramo de su vida.

Fueron esos relativamente recientes meses los que me permitieron establecer una relación invaluable porque nos comunicamos como amigos adultos.

Debido la cercanía y la oportunidad de acompañarle en su muerte esto pudo haberse convertido en una losa pesada, en un fuerte trago amargo y sobre todo en una serie de sentimientos que desearan retenerle en esta vida.

Pero no fue así.

Afortunadamente le pude acompañar en la medida de mis posibilidades y mejor aún, no fui el único que asumió la actitud de ayudarle a continuar su viaje.

Los últimos días y momentos que pasamos juntos me dieron la oportunidad de reflexionar sobre las trampas de la mente conceptual, aquella en la cual se ha centrado nuestra educación formal y que es la generadora de pensamientos y razonamientos que dominan nuestra existencia.

Si logramos estar en paz en esos momentos difíciles no sólo estaremos en condiciones de ayudar al bien morir, también conseguimos reponernos con mayor rapidez a lo que está sucediendo y asumirlo como un proceso natural, que en la mayoría de los casos reviste ciertos rasgos de felicidad porque durante nuestra vida trabajamos para partir de determinada manera.

¡Qué valioso es darse cuenta que nosotros no somos nuestra mente, y sí en cambio ella es una parte, sí importante, pero sólo una parte de quienes somos!

Ante los oleajes de recuerdos y frente al remolino de emociones nada más a cobijo que guarecerse en la paz y el silencio de nuestro interior.

En aquel vacío que los maestros llaman: “lo que llena todo” y que desemboca en una actitud de total apertura, estado que de acuerdo con Tenzin Wangyal Rinpoche, “es donde comienza la alegría de vivir”.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es doctor en Educación Permanente. Dirige: Sabersinfin.com.
06 Abril 2016 04:00:38
Trump y el aparato republicano
La dirigencia del Partido Republicano está preocupada por el asenso de Donald Trump (69). No lo tenía en el radar, no reaccionó a tiempo y lo dejó hacer. Ahora que puede obtener el triunfo en la contienda interna se han prendido los focos rojos e intentan frenarlo.

Sus posturas nacionalistas, conservadoras y beligerantes debieron ser conocidas por la nomenclatura republicana. En 1987, en su primera incursión en la política, agredió a países aliados de Estados Unidos, en esa ocasión a Japón, Arabia Saudita y Kuwait. Y fue muy agresivo contra los políticos en turno.

El tipo y tono de discurso no ha cambiado desde aquel entonces. Han pasado 30 años. Lo que se modifica son los países y grupos a agredir y que ahora sí decidió entrar de lleno a la política. Lo que parecía una más de las múltiples actividades en las que ha participado el multimillonario resultó ser un proyecto sustantivo.

Los especialistas coinciden en que el contenido y forma de su discurso ha logrado atraer a las clases medias y medias bajas resentidas por la crisis, ahora tienen más dinero, pero el país es más desigual, y atemorizadas por los cambios que ocurren en la sociedad estadunidense cada vez más diversa y plural en lo étnico, racial, religioso e ideológico.

Esos sectores viven una sensación permanente de incertidumbre que Trump ha sabido entender muy bien. Son electores antiObama, anti lo nuevo y distinto. Culpan a los políticos de lo que pasa. Él se hace eco de ese sentimiento y los denuncia y ataca. El discurso del magnate recoge a los simpatizantes del Tea Party y añade nuevos.

Trump en su vida personal no representa los valores de los grupos más conservadores de la derecha religiosa. Se ha casado en tres ocasiones con modelos jóvenes y con las tres ha tenido hijos. No conoce bien la Biblia y en más de una ocasión ha dicho que nunca pide perdón a Dios.

El aparato tradicional del Partido Republicano, al ser desplazado por Trump, intenta retomar el control. Asumen los puede llevar a la derrota en la Presidencia y perder también puestos en el Senado y el Congreso. Hillary Clinton crece en la intención del voto. El discurso del multimillonario ha borrado, dejado de lado, la plataforma ideológica
construida por la dirigencia republicana.


Esta se encuentra en un callejón sin salida. No quiere que su candidato sea Trump, pero la alternativa de Ted Cruz, tan conservador como el magnate, no prospera. ¿Qué puede hacer? El partido ha mandado a candidatos a la Presidencia (Romney, MaCain) y otros personajes reconocidos en el partido a descalificarlo. No ha funcionado. ¿Tienen otra estrategia?

En los próximos días vamos a ver la lucha abierta entre Trump y la dirección republicana. El primero va a intentar que sea imposible que no le reconozcan su triunfo y elevar el costo que implica eso. Los segundos van a intentar abrir frentes, para que el magnate no obtenga los votos requeridos para alcanzar la candidatura y así llegar a la Convención Republicana del próximo julio en Cleveland, Ohio.
09 Agosto 2012 03:00:07
El oscurantismo de Guanajuato
Club de articulistas
Arturo Magaña Duplancher
Twitter: @duplancher

 
Viernes a las nueve de la noche. En la Plaza Expiatorio de la ciudad de León, capital del estado de Guanajuato, el profesor de ética Manuel Berumen besa a su esposa. A continuación, una mujer se escandaliza y les increpa: “¡Hay niños presentes, esas cosas se hacen en una casa o en un hotel!”. La mujer y el profesor, acusándose mutuamente por insultos, acuden a la estación de policía más cercana. A continuación un policía le coloca las esposas, sube a ambos a una patrulla y los lleva ante el juez calificador, quien determina imponerle a Berumen una sanción administrativa de 12 horas de arresto o el pago de una multa de 850 pesos por incurrir en tres faltas: insultar a la autoridad, perturbar el orden y faltar a la moral pública. Luego de pasar 12 horas privado de su libertad, el profesor Berumen se convierte en líder de una manifestación que, al siguiente día, congregan en la Plaza Expiatorio a 20 parejas que se besan apasionadamente y en abierto desafío al artículo 15 del Reglamento de la Policía Municipal.

El artículo enumera una serie de conductas “que atentan contra la integridad moral del individuo o de la familia” y que conducen necesariamente a una infracción. Destacan las de “hacer señas o gestos obscenos” así como la de “faltar en lugar público el respeto a cualquier persona”. El Besotón, al que convocó también el movimiento YoSoy 32 León, fue precedido por la audiencia que el Alcalde concedió a Berumen y donde le ofreció una disculpa por la arbitrariedad y por “la falta de criterio” con que actuaron los policías y el juez calificador. El desafortunado evento tuvo la habilidad de, incluso, escandalizar a las buenas conciencias, como las llamara Carlos Fuentes, puesto que el profesor Berumen besaba nada menos que a su esposa.

Sin duda, esta historia forma parte de un fenómeno ampliamente conocido que involucra a gobiernos filopanistas de profundas convicciones bajomedievales. No hace mucho, un buen amigo me ponía al tanto del caso de una señora que recibió una sentencia de más de 20 años por abortar, también en Guanajuato, y en la prensa abundan las historias que involucran la censura y el ataque a minifaldas, condones, homosexualidad, entre muchos otros rasgos esenciales de las sociedades modernas aquí y en China.

Afortunadamente, y a pesar de ese islote de oscurantismo que es Guanajuato, las sociedades cambian a tono con los tiempos. Basta recordar que en Jalisco el electorado castigó la homofobia del panismo gobernante, así como la intolerancia del candidato Fernando Guzmán, una especie de inquisidor neocristero en tiempos de Felipe II. Tómese en cuenta también el escándalo reciente y el posible impacto electoral que tuvieron las declaraciones de Juan Pablo Castro, un presunto integrante de las juventudes panistas, quien en marzo pasado acusó al Gobierno del Distrito Federal de aprobar leyes que promueven “el matrimonio entre jotos”.

En todo caso, me alivia saber que vivo en la Ciudad de México. Una ciudad que con todos sus problemas, algunos por cierto muy graves, no se ocupa de la preferencia sexual, de las expresiones de afecto y del derecho de hombres y mujeres a decidir libremente, como dijera Carlos Castillo Peraza, “la forma de vestirse y la de desvestirse”. 

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