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Luis Bernal
Luis Bernal
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Narrador y cronista. Autor del libro de cuentos ‘La casa púrpura’ y la novela ‘Por este cielo jamás dejan de circular aviones’. Colabora para varias revistas y periódicos del país. Hincha de Tigres y la música norteña.

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24 Mayo 2018 04:00:00
Pelota de Papel
El futbol, como ya lo había dicho, es un ejercicio de imaginación, constantemente estamos arrastrados a un terreno fantástico donde cualquier cosa puede suceder. Pero no siempre se trata sólo de hacer goles o detenerlos, me atrevo a decir que desde el hecho de construir un campo, regularlo, inventar un objeto que pueda patearse y poder –aparte de todo- reunir personas a las que les interese, ya es un logro enorme del pensamiento.

A finales de 2017 se presentó en la Feria Internacional del Libro de Monterrey, de la mano de Nahuel Guzmán, arquero del Club Tigres y la Selección Argentina, Pelota de Papel (Planeta Argentina, 2016), el primero, porque este año salió la parte 2 del libro que reúne 24 historias creadas por futbolistas profesionales liderados por Sebastián Domínguez y el uruguayo Agustín Lucas. La próxima semana les cuento de la segunda parte y con esto le doy continuidad a esta serie de libros que les iré presentando a propósito de la Copa Mundial que ya anda a nada de iniciar.

Pelota de Papel es, sobre todo, un manifiesto que rompe el estereotipo en el que muchas veces se encasilla al futbolista, además, para este proyecto no jugaron solos, el libro tiene un peculiar formato donde un escritor prologa un cuento que el futbolista escribió y un dibujante ilustró toda esa jugada digna de grandes técnicos, en serio trae obras que nadie podría esperarse, anécdotas, lesiones, partidos que nunca existieron y hasta distopías, este libro es una aventura encantadora que tiene que leer cada aficionado al futbol.

EL TÍTULO

No está de más comentar que Pelota de Papel le debe su nombre a la imaginación de los niños que en la escuela, donde aprenden a leer y a escribir, pero también debían apelar a su ingenio para jugar al un rato de futbol en los recreos o entre clases.

EL PLANTEL

Nahuel Guzmán, Javier Mascherano, Pablo Aimar, Sebastián “Papelito” Fernández, Gustavo Lombardi, Nicolás Burdisso, Juan Herbella, Fernando Cavenaghi, el peruano Jorge Luis Cazulo; Kurt Lutman –también autor de El agua y el pez–, Facundo Sava, Rubén Capria, Jorge Valdano, Jorge Sampaoli, Juan Pablo Sorin y Jorge Bermúdez.

Hoy muchos apasionados le colgamos demasiado a un campeonato simbólico o a los colores y las banderas, le colgamos méritos hasta a los estadios, pero el gran símbolo, el verdaderamente importante es el de los niños y niñas jugando en la cancha de la escuela o en el solar del barrio, donde sea. Muchos de ellos inician en sus casas tomando pedazos de papel y haciéndolos bolas, ahí comienza la ilusión, confirmada, de que eso es un balón, una pelota, como le llaman los amigos del sur del continente. Esa, considero que es la importancia mayor de libros como este, el pensamiento triunfando y convirtiéndolo en historias. Pelota de Papel lo pueden encontrar en la librería de la publicidad divertida.

Felicidades a los amigos laguneros y no laguneros seguidores del Santos que levantaron la copa el domingo en tierras choriceras, que la fiesta siga. Nos leemos pronto.
09 Mayo 2018 04:05:00
El mundial de Baldi
Un futbolista profesional que escribe novelas, una frase muy poco usada pero maravillosa.

La frase, supongo sonará extraña aunque tenga sujeto, verbo y predicado ordinariamente acomodados. El asunto es que si ya nos parece medio improbable que el futbolista lea, que le interese la sociedad fuera de la cancha, que vaya a un museo o alguna cosa por el estilo, el que sea el jugador quien genere cultura le puede hacer a más de uno acomodarse las gafas para comprobarlo.

Hace unos meses andaba yo muy clavado con la literatura de La Plata así que me dediqué algunas noches a buscar novelistas, principalmente, nacidos en Argentina y Uruguay. En una de esas noches, para mi sorpresa me encontré con Daniel Baldi, a quien considero desde esa ocasión una especie que debe ser protegida. El nacido en Colonia del Sacramento llevó su afición por las letras a la literatura infantil y en 2013 fue publicada su novela Mi Mundial (Alfaguara), un libro ilustrado que por si fuera poco estuvo engalanado con un prólogo de Diego Lugano, en ese tiempo capitán de la selección Uruguaya. Daniel Baldi fue

jugador de Peñarol entre otros equipos –en México militó en Cruz Azul– para cumplir las dos opciones de su sueño infantil: futbolista o escritor.

El escritor argentino Hernán Casciari dijo en algún momento: “Solamente soy escritor porque soy gordo; si no, sería futbolista”. Me apropio la frase también. El caso de Baldi fue distinto, ha hecho ambas cosas y con buenos resultados en cada una. Mi Mundial fue publicada justo antes del Mundial de Sudáfrica y se convirtió en un best-seller que detonó un boom de libros sobre futbol en Uruguay, después escribió una segunda parte publicada justo antes del Mundial de Brasil y bueno, ese ya no es el caso, hablemos de Mi Mundial.

Uno. Nos cuenta la historia de Fernando “Tito” Torres, un niño del barrio Los Nogales de Colonia del Sacramento, junto a sus padres y cuatro hermanos. El pequeño obviamente amante de jugar futbol pasa todo el día tras su querida Penalty.

Dos. El morrito tiene talento, entonces no es la clásica historia de los niños que por extrañas razones logran triunfar, no. En este caso el niño es “descubierto” y pronto se acercan a él los cazadores de talento. De pronto ya es jugador de Peñarol de Montevideo.

Tres. Llega el éxito, la fama y acá aparece el lugar común, empieza a descuidar su vida, la escuela, etc. Justo en el momento en el que la oportunidad de jugar en Europa llega. Acá cambian las cosas. Todo su mundo.

Bien, dejemos ahí la historia, es un libro que me maravilló, la historia tiene muchos detalles y está narrada de una forma muy completa. Hace poco en una reunión hablaba con algunos desconocidos del asunto de que a veces no logramos acercar a los niños a la literatura porque no les damos los libros correctos, este sería uno de esos libros; uno correcto y bien logrado.

Es claro que Baldi al ser ya un futbolista reconocido no tardó en aprovechar los reflectores para comenzar a publicar sus manuscritos, que son un montón. Digamos entonces que el Uruguayo también humanizó un poco el fútbol, o lo intentó, pues entre su obra lleva muestras de querer sacar esa parte oscura del deporte, lo que muchos no quieren contar. La decepción, la presión, el sufrimiento y por último: la nada.
02 Mayo 2018 04:00:00
De escritores y patadas
El futbol da bastante material literario pues todo gira alrededor de lo inexplicable, la pasión, lo impredecible, lo misterioso y por supuesto, lo mágico. Sin embargo, casi siempre el futbol ha estado enemistado con la literatura, o mejor dicho la literatura con el futbol, quizá debido a que los literatos, salvo excepciones, siempre han sido, físicamente hablando, poco aptos para practicarlo.

Otra razón para la aversión natural al soccer se fundamenta en la naturaleza popular del mismo ya que este se originó en las clases más humildes de la sociedad inglesa, siempre fue objeto de desprecio por algunos sectores. Todo a pesar de que en un principio era un deporte muy rudo, no como ahora que muchos andan por ahí tirándose y llorando al menor contacto, no, en ese tiempo era casi desprovisto de reglamentaciones y obviamente las condiciones del terreno no eran para nada las mejores. A lo largo de su evolución, el deporte que domina el mundo ha tenido insignes detractores como poéticos defensores. Demos una vuelta.

El británico Rudyard Kipling, autor de libros de aventuras como El Libro de la Selva o El Hombre que Pudo Reinar despreciaba al deporte y a “las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan”. Jorge Luis Borges, por otro lado, autor de los relatos quizá más

hipnóticos, enigmáticos y fascinantes que ha visto la literatura, dijo alguna vez que el futbol era “una cosa estúpida de ingleses... Un deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos”.

Albert Camus en plena juventud era portero cuando vivía en tierras argelinas y alguna vez dijo: la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Esto me ayudó mucho en la vida... Lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al futbol.

Pero, es probable que el poeta y cineasta Pier Paolo Pasolini sea quien haya dado la más maravillosa definición del deporte de las patadas: “El futbol es un sistema de signos, por lo tanto es un lenguaje. Hay momentos que son puramente poéticos: se trata de los momentos de gol.

Cada gol es siempre una invención, es siempre unasubversión del código: es ineluctable, fulguración, estupor, irreversibilidad. Igual que la palabra poética. El goleador de un campeonato es siempre el mejor poeta del año.

El futbol que produce más goles es el más poético. Incluso el dribbling es de por sí poético (aunque no siempre como la acción del gol). En los hechos, el sueño de cada jugador (compartido por cada espectador) es partir de la mitad del campo, driblar a todos y marcar el gol. Si, dentro de los límites consentidos, se puede imaginar en el futbol una cosa sublime, es esa.

Pero no sucede nunca. Es un sueño”. Qué tristeza que Pasolini no haya visto jugar a Maradona o a Messi o a Gignac, ¡Gignac! (lo sé).

Luego nos vamos con Galeano y ese ‘Futbol a sol y sombra’, donde se confiesa como un inepto para el balón, pero con esa forma única de describir el juego y el sentimiento del hincha, ese que en las tribunas tratan como delincuente, pero que es el único capaz de dar mucho por su club. Galeano plagado de nostalgia y de cotidianidad, decía “el gol es el orgasmo del futbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna”. KABOOM.

Los literatos que aman el futbol son ante todo puristas, sólo buscan la belleza del juego y explicar ya sea sociológica o poéticamente el cúmulo de emociones del alma humana desembocadas en un torrente apoteósico llamado gol. Como naturales estetas de las letras, los escritores aborrecen las acciones violentas o todo aquello que lastra o desluce las acciones de juego y la parafernalia circense que le acompaña.

Todo esto porque hoy inicia la Fiesta Grande, el campeón sigue vivo, uno más busca revancha, pero hay otros seis protagonistas que también quieren lo suyo, como en los libros, según el ánimo con que lo lean.
25 Abril 2018 04:01:00
Barquito de papel
Dicen que el beisbol es el único lugar del mundo en el que el sacrificio es realmente apreciado, pero no abusen, no cuando éste es el aficionado. Lenin Picota está convertido en el mánager extranjero con el peor arranque en la historia de Los Saraperos –que se acerca ya a los 50 años– y parece que en las oficinas de Valdez Sánchez y Nazario Ortiz poco parece importarles esto. No se ve por donde rescatar un poquito la temporada y el fin de semana “La Nave” le dio respiro a otros que andaban por el mismo camino. Los tres coahuilenses están en la parte baja del standing de la Norte pero los de casa no se cansan de perder. Frankie De la Cruz el domingo ligó ya su sexta derrota, pero el sacrificado es el aficionado, el que esperó a que llegara la primavera para poder empezar un nuevo camino junto a su equipo.

Stan Isaacs (1929 - 2013), uno de los columnistas deportivos más importantes de la historia, en algún momento se declaró enamorado de la idea que está dentro de la cabeza de un fanático de la pelota caliente más que del propio deporte, de los sueños de los niños o los recuerdos de los más viejos. Y es que es ahí, en el imaginario, es donde habita el verdadero encuentro de pelota y es ese mismo el que se están acabando cada año, este desde el dugout, me queda claro, con la complicidad de los pantalón largo. La imaginación se le acabó al panameño y lo que nos vendieron como una Nave se convierte con los días en un triste barquito de papel sin idea, sin liderazgo y con mucha falta de compromiso.

¿El sacrificio? ¿Sabe usted cuánto cuesta poner un changarrito en el Madero? ¿Sabe usted qué comisión tiene el o la que le vende la cerveza?, ¿cuánto le cuesta a los semilleros poder ofrecer su producto dentro o en las inmediaciones del estadio?. Algo que la directiva está olvidando es que el beisbol también es un espectáculo que necesita cabeza, el que quiera solamente ver jonrones que se espere al derby, hoy hace falta estrategia.

El sacrificio es abandonar algo de gran valor por algo que es considerado de mayor valor o clamor. En este deporte, un bateador se sacrifica con un toque de bola para que el corredor llegue a una posición de anotar y así darle al equipo la oportunidad de hacer una carrera. Lo mismo pasa con el fanático, que deja cosas en casa o compromisos para acompañar al equipo en el estadio sin afición, el sacrificio se magnífica al vendedor, al que renta un espacio entre la soledad, al que le apostó a un proyecto que se hunde. ¿Entonces de qué se trata?

El beisbol no es barato, la Liga se esfuerza en que siga siendo familiar pero a pesar de las promociones en las entradas, asistir a un juego termina siendo una sacrificio real para el aficionado y sin espectáculo ni resultados la ausencia se nota más cada vez. La gente aguanta cualquier temporal, pero no abusen.

Como conclusión, hablar de una mala racha no puede dejarse sólo en el lado de los números, no olvidemos que son personas quienes juegan, que hay emociones y sus buenos o malos momentos, problemas o debilidades están ahí; sin líder es imposible que los muchachos se levanten, quien debe tomar la decisión de dejar a un pelotero en el equipo titular o lo sienta debe ser el entrenador, valorando no únicamente los números, sino también poner en la ecuación el estado anímico y de confianza que trae su jugador. Que alguien les avise que hubo cambios en la Liga, que antes había tiempo para componer, ya no.

Hoy este barquito de papel que tanto atesora la ciudad empieza navegar sin rumbo… y apenas comienza la temporada de lluvias.
18 Abril 2018 04:01:00
La metáfora del diamante
Hace unos días hablando con un amigo me comentaba lo extraño que le parecía que el fútbol tuviera el tercer lugar en popularidad en la ciudad, después del beisbol y el futbol americano, una noche después en otra platica entendí, sí, que el beisbol forma parte de la cultura saltillense. La temporada del beisbol nos mueve completamente la vida, los horarios, el presupuesto y el vocabulario, porque justamente nos hace olvidar por instantes los problemas del día a día. El beisbol es nuestra excusa para reírnos, después del partido, del amigo que no entendió nada pero comió como nunca en el estadio.

Ahora, el rey de los deportes como parte de nosotros, también lo es de nuestro lenguaje porque colabora en la forma de expresión que tenemos, siempre recurrimos a la beisbolingüistica para salvar alguna conversación. Incluimos sin saberlo, la metáfora cotidiana del lenguaje del juego de pelota, o sea, ya hablamos así, nomás nos falta traer una bolsita de semillas todo el tiempo en la mano para estar en el encuentro permanente.

Hoy quiero hablarles de las expresiones inventadas que nos sirven para describir diferentes situaciones que se presentan durante un encuentro de beisbol, las metáforas más utilizadas:

Caballo: así se le conoce en algunos lugares al beisbolista.

Carrera de caballito: cuando las bases están llenas y el bateador recibe base por bolas, lo cual impulsa que el de tercera se mueve anotando una carrera. También se le conoce como carrera de carrusel.

La lomita: la oficina del pitcher, quizás uno de los lugares más románticos de un estadio. No es que sea propiamente una loma, más bien es un montón de tierra desde donde todo comienza.

Abanicar: el movimiento que hace el bateador cuando lo ponchan “tirándole”.

Diamante: el terreno de juego. Lo sé, hay más tradición e imaginación, pero suena bien.

Plato: se le dice al home, donde están el catcher, el
ampayer y el bateador.

Beisbolingüistica para que no los agarren fuera de base

Si una persona no cede en una discusión aún sabiendo que está mal, está bateando de foul.

Cuando por fin te pela la chica o el chico que te gusta, la sacaste de home run, aunque aquí hay una variante cuando la cagas en algo o fuiste muy arriesgado: ¡te la volaste!

Cuando nos pescan en alguna situación indebida o de la cual desconocemos, decimos que estábamos fuera de base.

Cuando estamos por tomar una decisión complicada es porque estamos en tres y dos.

No se sabe de dónde salió tanta creatividad para la comunicación verbal del pelotero y el aficionado pero sí entiendo que la necesidad de apropiarnos de esta nos la dejaron los norteamericanos al facilitar la invención de palabras que puedan sustituir el inglés, y así acercar con mayor fuerza el beisbol a nosotros y a nuestras culturas y lenguas. La metáfora es cotidiana, la palabra es cotidiana y afortunadamente el beisbol lo es también; entonces, el lenguaje deportivo es una especie de fiesta social y desde hace tiempo forma parte de la idiosincrasia del mexicano.

Ahora, que nos guste tanto no significa que puedan jugar así con nuestros sentimientos, hay días que parece que esta directiva, la de los Saraperos de Saltillo, ni picha, ni cacha, ni deja batear.

11 Abril 2018 04:01:00
Un juego perfecto
No somos perfectos, esta condición es claro que nos fue negada y siendo sincero la vida nos lo recuerda constantemente. Hay un lugar donde quizás le podemos regresar el golpe y es en el beisbol. Empecemos pues entendiendo un Juego Perfecto que no es más que hacer 27 outs de manera consecutiva y esto implica no recibir hit, no hacer errores que pongan en base a los bateadores, que nuestro pitcher no regale ni una base por bolas y pues básicamente mandar llorando a cada bateador que se plante cerca del plato. Según la historia el primer juego perfecto que se registró fue lanzado por John Richmond de Worcester y a quienes vacunó fue a Cleveland un 12 de Junio de 1880, hasta aquí todo bien, pero la locura vino cinco días después, cuando John Ward, lanzador de Providence, hizo lo mismo al equipo de Buffalo. El 5 de mayo de 1904, montado en la loma para los Americans de Boston, el lanzador Cy Young dio inicio a la llamada era moderna del beisbol tirando un juego perfecto frente a Filadelfia. De hecho el trofeo que se entrega al mejor pitcher del año lleva su nombre, un grande de la historia del rey de los deportes.

CRONISTAS

Mucho se habla y se replica la voz de Victor Hugo Morales al relatar el segundo gol de Maradona a los Ingleses en México, aquel: “Barrilete cósmico, de qué planeta viniste…” es sin duda una narración que ha dejado huella en el fútbol. Bueno, les cuento: era el quinto juego de la Serie Mundial que los Yanquis disputaban con los Dodgers de Brooklyn un 8 de octubre de 1956, Don Larsen, un pitcher mediano y sin muchos reflectores logró en 2 horas y seis minutos retirar a todos sus oponentes para concretar la obra de arte perfecta en el escenario más importante del beisbol y conseguir con ello su boleto a la inmortalidad, además de lanzar el que probablemente sea el juego perfecto más famoso de la historia. Hace unos días la curiosidad y el youtube me llevaron a encontrar fragmentos de la narración para radio del último turno al bate de ese juego.

El cronista fue Vin Scully y aquí les comparto: ”Creo no equivocarme al decir que ningún hombre en la historia del beisbol había venido al plato en un momento más dramático. Ese hombre es el bateador emergente Dale Mitchell.” “Bueno, tomemos todos un gran respiro ahora que vamos al momento más dramático de la historia del beisbol. El público en Yankee Stadium, 64 mil 517 personas rugirán con cada lanzamiento. El Yankee Stadium se sacude desde sus cimientos.” “Lo tiene. Un juego sin hit, un juego perfecto en una Serie Mundial. Nunca en la historia de este juego había sucedido algo así en la Serie Mundial.” ”Nos quitamos el sombrero frente a Don Larsen. No hay carreras, no hay hits, no hay errores, no hay bases por bolas, no hay corredores en las almohadillas. El marcador final, Yankees, dos carreras, cinco hits, cero errores. Los Dodgers: cero carreras, cero hits, cero errores, de hecho no tienen nada en absoluto.” ”Este es un día para recordar, este es un juego para recordar, pero sobre todo, es el día más grandioso en la vida de Don Larsen. Y además el juego más dramático y mejor lanzado de la historia del beisbol”.

Por cierto, Los Saraperos de Saltillo registran dos juegos perfectos: en 1972 Andrés Ayón dejó llorando a los archirrivales Sultanes de Monterrey y en 1984 Jairo Valenzuela le hizo lo propio a Córdoba.

Nos vemos esta semana en el Madero.
04 Abril 2018 04:01:00
Spitball: (hermoso) mal necesario
El beisbol no es solamente tomar la bola, batear o ser un buen lanzador para lograr convertirse en estrella, entre eso se debe tener cierta malicia que no te la da ningún entrenador y mucho menos un libro. El rey de los deportes es un examen constante de estudio, observación y por supuesto, engaño.

Muchas veces una revirada o un robo de base hace que las gradas se enciendan y que el estratega que todos llevamos dentro apruebe o maldiga la decisión, estamos incluidos hasta cierto punto en el espectáculo, pero no todo es legal.

Hace unos años mi padre se encontraba en una sala de hospital recuperándose de una intervención quirúrgica, era el mes de julio, lo recuerdo por el intenso calor que golpeaba la ciudad. Apenas recuperó la conciencia y luego de quejarse de la primera comida que recibió, me pidió un radio y audífonos, algo sorprendido cuestioné sus exigencias, es bien sabido que los hospitales tienen reglas muy claras y obviamente meter un radio era ilegal a lo que mi viejo respondió: “Hoy arranca serie Sultanes en Saltillo y me vale madre”.

A partir de 1920 se prohibió la bola ensalivada en muchas de las ligas profesionales, pero las artimañas de los pitchers no terminan jamás, hay tipos que raspan la pelota con lijas o limas para las uñas, untan su guante con vaselina o discretamente escupen la bola; un recurso viejo que igual sigue funcionando. De hecho una de las leyendas en el diamante, el pitcher Nolan Ryan, reconoció públicamente que muchas veces se colocó delante de la placa en el montículo.

Y bueno, si a todas estas mañas de los lanzadores le sumamos la cantidad de bates rellenos de corcho que han detectado durante décadas, los jugadores adictos a los medicamentos que mejoran su rendimiento deportivo, escupir una pelota parece inofensivo, a muchos bateadores no les molesta que algunos lanzadores se “apoyen” de ciertas cosas aunque estas sean ilegales, de hecho antes de este asunto de los esteroides y demás sustancias mágicas, el beisbol de la vieja escuela era de trampas y engaños dignos de admiración, ya saben: alterar las dimensiones de la caja de bateo, mover unos centímetros las lineas de foul y un clásico; robar señales desde el jardín central. Antes romper las reglas y hacer trampa era considerado más un arte en vez que una ofensa contra las grandes tradiciones del rey de los deportes.

El beisbol respeta cosas inexistentes como el librito y muchas de sus reglas oficiales son olvidadas por la mera tradición del engaño. Más que tramposos, “artistas”. Esa tarde le llevé un celular con radio a mi papá que sentado en la cama disfrutó el primer partido de aquella serie del Clásico del Norte, cada que entraba una enfermera mi padre se quitaba los audífonos y los colocaba bajo la sábana, al retirarse los intrusos sonreía y me decía: “los engañamos”.
28 Marzo 2018 04:01:00
Un rey nostálgico
Hay algo que comparten los boxeadores, los beisbolistas y los escritores con sus seguidores; la mirada. Es que practicar el deporte de la soledad no es nada sencillo. Del box ni hablar, aparte de estar solo te dan de chingazos. El beisbol a pesar de jugarse junto a otros ocho siempre nos trae guerras individuales: un bateador frente a nueve peloteros que harán lo que puedan por regresarlo al dugout en el menor tiempo posible y jodidamente triste, o la contraparte: el pitcher que montado en la loma se limpia el sudor con el antebrazo y toma aire antes de hacer un lanzamiento esperando que esa misma bola regrese a su guante sin mayores complicaciones. Rodeándolos está el aficionado siempre melancólico –muchos de ellos sintonizados a la radio aún en el estadio– pensando que “aquel equipo” era el bueno, hablando de Héctor Espino o Vinicio Castilla o Luis Ignacio Ayala, narrando jugadas que no tienen más registro que una pasión indescifrable de un hombre o mujer que igual le encargan un rato el destino al quinielero. En el beisbol hay quien dice que cuando domina el silencio es cuando está sucediendo lo más interesante y lo afirmo, es como el coqueteo pero más chingón aún.

Mi infancia en el estadio fue maravillosa, acompañaba a mis padres series completas, disfrutaba de las bromas que los aficionados se hacían para pasar el rato entre los innings, jugaba mis propios partidos con pelotas hechas de las bolsas en las que venían los vasos o me quedaba sentado observando dobles juegos o encuentros que terminaban después de 16 entradas y por lo tanto cuando salíamos no había transporte, nosotros que no teníamos coche debíamos esperar taxis o bien, caminar a casa, así que saliendo del Madero íbamos junto a un puñado de familias por el Blvd. Valdés Sánchez para llegar a las colonias del noreste de Saltillo. Por un lado se celebraba la suerte de haber atrapado una pelota o la firma del “Borrego” Sandoval en la gorra sucia. Por otro los más grandes compartían sus estadísticas y pronósticos para los próximos juegos. En esas caminatas nocturnas descubrí la importancia de escuchar y saber leer las señas de un coach, muchos de los niños del grupo jugábamos para algún equipo en las diferentes ligas de la ciudad y obviamente soñábamos con ser profesionales algún día. Uno se imagina al sonido local anunciando nuestro nombre y hasta la canción de fondo para tomar un turno al bat y con eso se consigue una felicidad efímera. Soñar es el deporte del deportista amateur.

Cuando los partidos no eran de local o se disputaba el clásico de otoño mi papá encendía el televisor y la radio, muchas veces seguimos encuentros distintos en un mismo horario, escuchar a los cronistas explotar en júbilo o coraje despertó malicia en mi imaginación pero igual me recordó la importancia de tantas pausas durante un juego de pelota, cada momento es bueno para soltar un poco de estrategia o hablar de leyendas que cada equipo ha tenido, cábalas y por su puesto: las maldiciones que se cargan. Por eso el rey de los deportes siempre me sabe a la noche, a semillas, a las luces de los coches y a las charlas con viejos amigos. El beisbol es un recuerdo, un almacén de sensaciones al que cada serie se le suman archivos.

Un encuentro de pelota es un drama cada momento donde hasta los más experimentados pueden perder la cabeza a causa de una jugada o una mala decisión tomada desde el dugout porque nuestra lucha siempre será personal; estamos sucios de beisbol y memoria, afortunadamente.
22 Marzo 2018 04:00:00
Escribir sobre deportes
En la película argentina Yepeto de Eduardo Calcagno, un profesor de literatura, interpretado por Ulises Dumont, dice que el futbol es la épica de nuestro tiempo. Nunca olvidé esa idea con la que no me sentía muy de acuerdo. Soy de esos tipos que detestan el deporte cuando no son sus equipos los que están en acción, además los emblemáticos me incomodan, el beisbol cubano para mí es igual que todos los demás. El futbol español me molesta y más aún cuando de este lado del continente veo gente poseída, perdida por equipos españoles.

Luego de un tiempo no olvidé aquella frase del personaje, que, para colmo, era un gran escritor, conocedor del arte y la literatura. Hace unos meses estaba dándome unas alitas en un lugar y escuchaba en una de las pantallas un partido de futbol de no sé quién. Cayó un gol. La forma en que el comentarista narraba, el acento, sus comparaciones, la emoción, el modo en el que estaba viviendo y lo describía me hizo ver en él una especie de iniciado, un poseído, a la manera en que nos presenta Platón la rapsoda de su Ión o de la poesía, y fue hasta entonces que pude comprender por qué el profesor de aquel filme decía eso de que el deporte era la épica de nuestro tiempo, vayamos a eso:

Hay dos pandillas, ya sean troyanos contra aqueos o el Monterrey contra Tigres y un adeo que es el que nos cuenta, puede ser Homero, un comentarista o un cronista. Bueno, en todos ellos hay elementos muy importantes en común y es la capacidad de encarnar en la palabra el entusiasmo y la habilidad de fábular, de recrear e idealizar la realidad.

El año pasado estuve escribiendo para un sitio deportivo sobre mis Tigres de la UANL y me maravillaba encontrarme tan fascinado soltando letras para el campeón. También, debo aclarar, me resulta difícil el oficio, pues cuando leo a los verdaderos expertos me regreso a mi monitor desalentado pero igual con una emoción enorme; hay devoción, elegancia en cada detalle, al modo en que Homero describía la armadura de Áyax o Diomedes, el entusiasmo, subjetividad que agradezco siempre, los periodistas deportivos tienen una capacidad de relación diferente de crear conexiones entre el beisbol, el futbol, el cine, la literatura y en general, las referencias culturales que, además están filtradas por experiencias vividas, es mucho.

Yo soy de esos que envidian su verbo diáfano, alguna vez quise participar por el puesto de cronista con Los Saraperos de Saltillo pero siempre he sido un mar de desidia, quizá en un tiempo lo intente, escribir sobre el deporte más importante de la ciudad me puede volver disciplinado.

Volvamos. A la fabulación homérica hay que unir la enunciación desde un yo que vive, que se declara enamorado, apasionado de lo que escribe, un yo con momentos de inspiración pindárica.

Beisbolingüística previa al inicio de temporada

Entrada: Oficialmente un juego de beisbol tiene por lo menos 9 entradas, cada una se compone de 6 outs, tres para cada equipo. En promedio un joven escritor puede beber una caguama por entrada, sin problemas. Guarden sus vasos para el clamato de la cruda.

Home run: Cuando te batea la morra o morro o morrx que te gusta y los amigos hacen burla con un "Hooomeeee ruuuuun".

*¡Nooooo, no, no, no, nooo, dígale que nO a esa pelota! (un clásico)

*En el juego de beisbol se usa para decir que el bateador le dio tan duro a la bola que la dejó fuera del terreno de juego, claro, dentro de los límites que la regla marca, o sea, sólo vale para enfrente. Cuenta como una carrera.

Nos vemos en el Madero.
14 Marzo 2018 04:00:00
De Hemingway a Piporro
Desde Cortázar, Hemingway, Auster, Stephen King, Vargas Llosa, Murakami y Kerouac, hasta el mismo Eulalio González “Piporro”, le dedicaron parte de sus obra al rey. La relación entre el deporte y la literatura viene probablemente desde Píndaro y todas aquellas historias de las hazañas deportivas de los héroes míticos que no está por demás decir, le dedicaban esos encuentros a sus dioses y esto me recuerda a cada pelotero que, cargando el bate, avanza hacia la caja de bateo cuando se acerca su turno y se persigna o mira al cielo encomendándose a su dios a pesar de conocer bien que el entrenamiento, la disciplina y si lo queremos, un poco de suerte, son los factores que lo convertirán en héroe o en villano.

Por cierto, eso de que “el beisbol es el rey de los deportes” se le atribuye a Einstein, y claro está, no deja de ser una frase muy literaria cargada de ficción. El autor (de ser este), seguramente la habría dicho con cierta ironía, a pesar de que muchos de los aficionados pudiéramos discutir acerca de la certeza o no de dicha frase. Antes de eso no está de más analizar un poco una sola palabra: rey. Sabemos que es un término propio de países monárquicos como lo fue el Sacro Imperio Romano Germánico (que abarcó parcialmente a Alemania, lugar donde Albert nació), pero nunca pasó en Estados Unidos (donde se naturalizó), así que la simbología de los deportes de gringolandia no tenía ninguna referencia monárquica hasta que apareció “el rey de los deportes”.

En México, figuras como Vicente Leñero (1933 – 2014), que escribió “Pisa y corre. Beisbol por escrito”, forman parte de una fanaticada que ha colaborado no sólo para las letras del país, sino también para el deporte de la pelota caliente. Leñero, un aficionado a Los Diablos Rojos contaba infinidad de historias relacionadas con el beisbol.

Por otro lado, el escritor sinaloense Élmer Mendoza en su novela El amante de Janis Joplin, nos cuenta sobre David Valenzuela, quien luego de huir por asuntos de la ley a Culiacán, comienza a jugar béisbol y cuando menos piensa se encuentra reclutado por Los Dodgers y enamorado de la hippie cantante.

No es casual tampoco que Ernest Hemingway hubiera decidido vivir en la Finca Vigía, su hogar por 20 años en Cuba, lugar en donde escribe aquella novela corta y heroica sobre un viejo pescador cubano, luego de trotar por el mundo como reportero de guerra, aficionado a la cacería, la pesca, el boxeo y por supuesto el beisbol. La influencia de la isla en el autor, y viceversa, es tanta que hace poco reactivaron el equipo de beisbol infantil “Ernest Hemingway”, en Cuba. Dicho equipo se formó originalmente en la década de los 40 para entretener a los hijos de Hemingway cuando paraba en la isla. Como esta hay muchas cosas relacionadas con el beisbol que rondan las inmediaciones de Finca Vigía; los fantasmas y recuerdos ocultos aparecen de tanto en tanto para demostrar que Ernest tuvo la capacidad de dejar legados domésticos que con el tiempo se transformaron en mitos.

‘El Piporro’

Eulalio González fue reportero, redactor, locutor, escribía guiones de cine, dirigía; fue compositor e intérprete y practicaba basquetbol, beisbol, natación y contó que alguna vez fue equilibrista, así que no me sorprendió nada cuando me enteré que en una ocasión ganó un premio en la radio escribiendo un poema beisbolero cargado de humor. Acá se dejo un pequeño fragmento:

Desde el “Box” de mi pasión te lanzo,

La primera bola de sentimientos míos,

Esperando dar un “Hit” Pa´ver si avanzo.

A la base de tu amor que tanto ansío.

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