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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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14 Enero 2018 04:00:00
Rachmaninov y su gran concierto
Luego de un periodo de profunda depresión que duró algunos años y que le impidió componer una sola nota, Sergei Rachmaninov asombró al público de su época con su segundo concierto para piano y orquesta en do menor. El motivo de este bloqueo fue aparentemente el fracaso de su primera sinfonía que en su estreno en 1897 fue dirigida de manera desastrosa. Además de esto se cuenta que Tolstoi, admirado por Rachmaninov, menospreció frente a él su obra.

Esto derrumbó al compositor quien durante tres años tuvo que estar en tratamiento de hipnosis con el doctor Nikolai Dahl. El resultado es este concierto heroico que el compositor dedica a quien considera su salvador. La historia, grosso modo, es esta.

En la historia de música para teclado, el segundo concierto para piano y orquesta en do menor de Sergei Rachmaninov es probablemente el más escuchado. En esta obra se intuye la vida interior del compositor ruso. Con un inicio trágico y oscuro en los primeros acordes del piano, la obra, dividida en tres movimientos como regularmente se divide la forma concierto, no hace sino ascender de manera incansable hacia la victoria final. La claridad de sus temas nos permite apreciar este concierto en multitud de detalles sin que esto nos haga olvidar que la complejidad técnica es inmensa, tanto para el solista como para la orquesta.

El primer movimiento ya despliega todo el virtuosismo de que será capaz el intérprete. Una obra imprescindible para todo pianista consagrado, ya que la gran calidad melódica de sus temas y la complejidad armónica y rítmica son motivos para el despliegue de toda una capacidad técnica. El segundo movimiento, de gran lirismo, nos recuerda a un nocturno. Un tema que comienza, luego de la modulación a mi mayor por parte de la orquesta, con un arpegio etéreo que irá desarrollándose hasta una intempestiva parte intermedia para finalmente regresarnos a nuestro punto inicial. El tercer movimiento vuelve a ser introducido por la orquesta de manera potente para dar pie a unos arpegios ahora más virtuosos en el piano.

El final está cerca y los temas del primer movimiento se muestran por momentos mientras el ascenso heroico del solista se despliega contundentemente. El final será monumental, luego de la coda rápida y precisa. Sin duda es un concierto que se vive a cada compás. Un concierto que no nos deja un momento sin asombro por su técnica y cómo ésta no olvida jamás provocarnos emociones.

Por supuesto que faltaría escuchar los otros tres conciertos de Rachmaninov, que no tienen desperdicio alguno, pero sin dudarlo, podemos afirmar que su segundo concierto es y acaso será el más interpretado de sus conciertos.

El tercero, día a día comienza a ganar su lugar gracias a que en nuestros días la exigencia técnica es aún mayor y este concierto es casi un tour de force, pero será tema en otra ocasión. Que lo disfruten.
07 Enero 2018 04:00:00
The Complete Nocturne
Cuando hablamos de la forma musical Nocturno, a nuestra mente viene un primer y casi solo nombre: Frédéric Chopin (1810-1849). Considerado el mayor exponente de esta forma musical, Chopin nos ha hechizado con su melifluo encanto. Sin embrago existen otros autores que también han compuesto nocturnos. Erik Satie (1866-1925) o Scriabin (1872-1915), por citar algunos. Esto sin mencionar que el nocturno, o notturno en italiano muchas veces llamado, fue utilizado incluso por Mozart (1756-1791) y basta recordar su serenata nocturna como ejemplo.

No es sino en el siglo 19 cuando esta forma adquiere las características que conocemos bien: Una pieza corta para piano de melodía íntima, lírica, con un acompañamiento de la mano izquierda ondulante, en arpegios. El nombre no tiene la intención de evocar un solo estado de ánimo o sentimiento de la noche, sino que eran piezas compuestas para ser ejecutadas en las reuniones nocturnas.

Durante el siglo 19 la música de salón tiene un auge importante y es ahí, entre la calidez de la vida social y la noche, al resguardo del frío, donde el nocturno se desarrolla.

El primer compositor en llamar nocturno a estas piezas cortas para piano fue John Field (1782-1837). Considerado el padre del nocturno, John Field fue admirado en su tiempo por los compositores más renombrados de la historia musical y no sólo por sus composiciones, sino también por su virtuosismo en la ejecución del piano.

El nocturno es introspectivo, sus líneas melódicas son evocadoras, de una calma melancólica que en su parte central se agita para volver de nuevo a la tranquilidad de un estanque en medio de la noche. El abandono al sentimiento, a la contemplación de la naturaleza, y al sentir como vía de conocimiento de lo verdadero son características del periodo romántico. Era su medio de conocimiento de lo trascendente, una clara contraposición al racionalismo del siglo precedente.

Enestas versiones de los nocturnos de John Field escucharemos a su más destacado intérprete: Míceál O’Rourke. Irlandés también como Field, O’Rourke nos hace evocar noches de otros tiempos, donde la calma de la noche no es liquidada por la electricidad ni el ruido de las noches de hoy. Los 18 nocturnos nos llevan de la mano a viajar en el tiempo, a situarnos en otro mundo y otra realidad, ¿y por qué no hacer ese viaje si a final de cuentas hoy es domingo y no tenemos que ir a trabajar?

Álbum de la semana: John Field. The Complete Nocturnes. Míceál O’Rourke, piano. Spotify.

@Amaguerjoel
24 Diciembre 2017 04:00:00
Noche de paz
El frío entumece ese día 24 de diciembre de 1914. Las trincheras apenas los resguardan del peligro mientras el día avanza, pero la noche que está por caer mostrará poco a poco un cielo plagado de estrellas que ese día brillan con tranquilidad sobre la tierra de nadie.

En las trincheras alemanas se escuchan murmullos, melodías resuenan en el campo de batalla y llegan hasta los ingleses que, resguardados, esperan el momento de actuar.

Pero la música que emerge del campo enemigo no es un canto bélico, no es un llamado a las armas y los ingleses lo reconocen.

Stille Nacht. Heilige Nacht; silent night, holy night, all is calm, all is bright; Alles schläft; einsam wacht… y de pronto las voces desde las dos trincheras se mezclan en una sola melodía que es entonada por soldados que se miran sin terror en los ojos por primera vez hace mucho tiempo.

Pueden ver la paz que habita moribunda en sus corazones y salen y se miran unos a otros y caminan para encontrarse con el enemigo que avanza con las manos desarmadas y un brillo en sus rostros.

Frente a frente alemanes e ingleses se miran en silencio sin odio en los ojos, como humanos que saben que el otro también sufre, que está lejos de casa, de los suyos. Se miran como prójimos.

En este momento dejan de cantar Noche de Paz y sin proponérselo, los ingleses recitan The Lord is my shepherd, I shall not want y ahora los alemanes comprenden y responden Er weidet mich auf gründer Aue und führet mich zum frischen Wasser.

El frío de la noche no debilita el calor que sus corazones comienzan a sentir, ni la tregua que sin esperar a las autoridades se ha establecido entre los seres humanos que están ahí, en medio del dolor y la realidad de la guerra.

Los intercambios de cigarrillos, whisky y otros obsequios los acercan más y de pronto las lágrimas ruedan por algunas mejillas al mostrar las fotografías de los seres amados, que dejaron lejos y que no saben si volverán a ver.

La Noche de Paz se extiende por algunos días sin que los altos mandatarios puedan hacer nada, irritados por la debilidad de los corazones de sus súbditos.

Partidos de futbol que los unen en amistad, entierros de los caídos que les recuerdan el dolor de la guerra que decidieron dejar a un lado por un momento y villancicos que, sea cual fuera su fervor religioso los hermanó por un instante.

Y hoy, mi deseo es que en sus vidas tengan lo mejor, y que si al menos la tregua llega en estos días y les trae paz, puedan entonar con un corazón esperanzado Noche de Paz.
17 Diciembre 2017 04:00:00
Michel Corrette
El músico francés Michel Corrette (10 de abril de 1707–21 de enero de 1795) tenía un espíritu ligero como el globo que veían sus asombrados ojos elevarse por los cielos de París en 1783.

Michel, como tantos otros en ese momento, gritaba con entusiasmo: Le Globe Volant! Y fue así como llamó a la cantata que de su mente emergió ligera y majestuosa a la vez, de la misma manera que aquel globo.

En este año Michel contaba ya con más de 70 años de edad y era reconocido por su trabajo como compositor, organista y autor de libros sobre metodología musical.

En un siglo donde la actividad musical estaba en Viena, Mannheim o algún lugar de Italia, Michel vivió su juventud entre París y Ruen, su ciudad natal, y años más tarde en otras ciudades francesas.

Los pies de Michel Corrette andaban en años pretéritos entre las calles de Ruen que alguna vez la peste azotó con furia. Pero eran tiempos pasados de los cuales sólo quedaba el recuerdo.

Michel Corrette, cuyo padre también fue organista y compositor, cruzaba con paso firme la plaza del viejo mercado donde hace ya mucho tiempo el fuego de la hoguera le había dado la santidad a Juana de Arco como en señal de arrepentimiento.

Entre las calles de Ruen Michel era muy apreciado por sus habitantes tanto por los altos hombres de la aristocracia como por la burguesía.

Todos amaban su música divertida, sin pretensiones, feliz. Esto fue lo que le otorgó a Michel una distinción especial desde su juventud.

los Años pasaron y sus pies y su enorme talento lo llevaron por múltiples cortes y numerosas casas de la burguesía. Su estilo claramente italiano mostraba el pleno entendimiento que el compositor tenía de la música de Vivaldi y su ritornello.

La música gozosa de Michel Corrette la podemos escuchar en sus seis sinfonías de Noëls compuestas hacia el año de 1762, obras llenas de luz y regocijo donde cada movimiento nos sugiere un pasaje del relato de la navidad.

Además sus conciertos sobre temas de Navidad y una misa para la Navidad que merece la pena ser escuchada con más atención.

Michel también es un compositor divertido, hasta cómico, pero con una profundidad única, pues su complejidad no es inaccesible sino diáfana y sin pretensiones.

El francés Fue Un compositor prolífico que supo tomar lo mejor de su conocimiento musical para plasmarlo en obras que merecen ser más escuchadas, sin duda alguna. Música placentera que todos podemos escuchar.

Que lo disfruten.
10 Diciembre 2017 03:00:00
A Ceremony of Carols
Hace muchos años, cuando era estudiante de la Escuela de Música en la universidad, tuve un maestro memorable. Notable, por utilizar esa palabra que tanto gustaba de emplear en clase. Un contador de carácter difícil, que sin embargo nos nutría con sus conocimientos y su amor por la música. Maestro al que temíamos y a la vez admirábamos.

Cada época de Navidad, durante la última clase, la dedicaba a hablar de la pieza Noche de Paz. Nos contaba su historia, sus versiones predilectas y terminaba deseándonos a todos que, fueran las que fueran nuestras creencias religiosas o espirituales, la paz y el amor estuvieran presentes en nuestras vidas. Ahora que diciembre comienza y lo hace de manera tal como hemos vivido estos gélidos días, quisiera dedicar cada semana a sugerirles obras musicales relacionadas con estas fechas.

Y como mi maestro, fuera de cualquier creencia, estas fechas son buenas para valorar lo que tenemos, los tesoros que hemos guardado a lo largo de nuestra vida y por eso, quizás, merezca la pena despertar cada día.

Hacia el año de 1942 un gran compositor británico que pasará a la posteridad por innumerables logros musicales, compuso una obra musical para coro infantil y arpa con temas navideños.

Son 11 textos de Navidad que Benjamin Britten compone, todos cantados excepto uno. Esta obra de inocente ternura musical, pero que no es por esto una obra menor, fue compuesta durante el regreso del compositor a su patria.

Un barco trasatlántico recorre el mar mientras de la mente y pluma de Britten surge una obra que posteriormente será unida entre sus partes, es decir que no fue concebida como una obra sola, sino como varias piezas sin relación entre ellas. Al final, las voces y el arpa se unen en inseparable armonía.

Benjamin Britten, como todo genio, anda sobre hombros de gigantes, por esta razón se puede apreciar un influencia de temas gregorianos en esta obra, lo que le da una calidad vocal singular.

Ahora que el mes comienza y las tiendas siguen tocando reguetón y saturando de música comercial nuestros oídos, es bueno tener esta opción para disfrutar de obras de alto contenido artístico.

Como he dicho en alguna ocasión, el que tenga oídos para oír, que oiga. Que esta obra los acompañe estas semanas llenando de paz sus días.

Que lo disfruten.
03 Diciembre 2017 04:00:00
Erik Satie
Una suave emoción, un olvido del presente, un preguntarse a sí mismo es la música de Erik Satie. Su obra es precursora de muchos movimientos, estandarte de los dadaístas, influencia para el Grupo de los Seis, para Debussy. Con un personalidad extravagante y un poco esotérica, sí, esotérica, fue miembro único de una religión que él fundó y que tiempo después abandonaría para centrar sus ansias místicas con diseños de edificios tan inexistentes como fantásticos. Erik Satie nos encanta por la bruma de su música, por su lluvia silenciosa y gris, por la clara intención de centrarse no en el desarrollo y entretejido de temas y tensiones musicales, sino por el color, el timbre, el sonido en sí. En este sentido todo un vanguardista adelantado a su tiempo.

En la escuela no la pasó muy bien. El Conservatorio no lo comprendió y lo calificó de incapaz, aun así, luego de cumplir 40 años estudiaría contrapunto en la Schola durante cinco años. Su obra sobrepasa el centenar de obras y la que más podemos rememorar es su obra para piano. Las Gymnopédies, sus Gnossiennes, La Belle Excentrique, por ejemplo. Curiosa su manera de hacer anotaciones a sus composiciones: “Como un ruiseñor con dolor de muelas, ligero como un huevo, nos invitan a la ensoñación”.

Mucha de su actividad como músico era ser pianista de cabaret, donde adaptaba piezas populares a piano y voz. Muchas de ellas se conservan como la bella Je te veux, un vals lánguidamente tierno y luminoso.

Caminaba casi a diario 10 kilómetros para llegar a París, vivía a las afueras, con distinguido andar, trajes de terciopelo, sombrero de copa y paraguas. En casi sus 30 años de vivir en su pequeñísimo departamento jamás tuvo visita. Qué sorpresa fue que, luego de su muerte, sus amigos encontraran en su alcoba cientos de paraguas, algunos sin usar; bocetos de sus edificios imaginarios que publicaba anónimamente en periódicos para ponerlos a la venta, y que nadie sabía; obras olvidadas o nunca publicadas. Todo esto entre polvo y telarañas.

Escuchar a Erik Satie es vivir un misticismo: sin explicación dejamos de ser nosotros mismos con nuestras calamidades de la vida diaria. Viendo a la lejanía, absortos. Y aún así, vivos, pues como dijo el propio compositor: Ya tendremos tiempo de estar en un cementerio.

Podemos escuchar su obra completa para piano por uno de los grandes pianistas franceses: Jean-Yves Thibaudet. Sin duda una experiencia musical que amerita una disposición de espíritu muy particular, pero que ni por asomo será en vano. Que lo disfruten.
26 Noviembre 2017 03:00:00
Cecilia Bartoli
Desde la ventana de la pequeña Cecilia se aprecia la cúpula de la basílica de San Pedro, en Roma. El sol vuelca su luz sobre los tejados y hace brillar la ciudad. Los ojos de la pequeña Cecilia que miran por la ventana se entrecierran mientras canturrea quedamente. Nunca imagina ni sueña siquiera la pequeña Cecilia que su carrera en el canto la llevará a romper paradigmas, tabúes.

En Roma el coro de la Capilla Sixtina canta con voces masculinas desde el siglo XV y nadie ha pensado en romper la tradición. Años después, en 2017, Cecilia Bartoli fue la primera mujer en cantar con el mítico coro y hacerlo en la Capilla Sixtina. Ese coro que incluso negó la permanencia al gran Giovanni Pierluigi Palestrina en el siglo XVI por haberse casado.

El coro, que solamente alberga voces varoniles, blancas, y en tiempos lejanos a los castrati, romperá la tradición para cantar con la maravillosa voz de Cecilia Bartoli, reconocida mezzosoprano quien se caracteriza no solamente por su portentosa capacidad vocal, sino también por su labor como investigadora en al campo musical.

Cecilia Bartoli ha traído hasta nosotros álbumes que nos develan la obra de compositores muchas veces olvidados, como el dedicado a Agostino Steffani; o también obra desconocida de autores conocidos como Salieri o Vivaldi, así como repertorio de castrati en discos como Sacrificium.

En el álbum Veni Domine, del coro de la Capilla Sixtina, Cecilia Bartoli canta bajo los frescos del genio Miguel Ángel y, en apenas tres minutos y medio, pasa a la historia como la primera mujer en cantar ahí. La obra Beata Viscera Mariae Virgine, del compositor francés del siglo 12 Pérotin, notable compositor de la llamada Escuela de Notre Dame.

Una línea melódica dulce y reverente emana de los labios de Bartoli mientras el coro se une a su oración a la mitad de la interpretación en voces infantiles que alternan con la de Cecilia para después ser acompañada por una nota pedal, grave, constante de coro de hombres.

La melodía que Pérotin el Grande compuso hace ya tantos siglos llega hasta nosotros y, como he dicho antes, vuelvo a decirlo: la maravilla de la música antigua es que nunca envejece. Que disfruten.

Álbum de la semana: Veni Domine.
19 Noviembre 2017 04:00:00
El joven Bach
Muy de mañana Johann Sebastian Bach (1685-1750) abrió sus ojos en medio de su habitación y esbozó una ligera sonrisa cuando recordó que ese día no sería como cualquier otro.

Era octubre de 1705 en Arnstadt y esa mañana Bach comenzaba su viaje a Lübeck para conocer al músico, compositor y organista por excelencia Dietrich Buxtehude (1637-1707). Casi 400 kilómetros de camino lo esperaban.

Después de tomar un desayuno frugal, el joven Johann Sebastian Bach se calzó sus zapatos, se puso su abrigo, tomó su pequeño saco de viaje, las partituras que esperaban ser leídas por el maestro de Lübeck, la vianda, algo de cerveza que llevaba para la comida y emprendió la fuga. Tenía 20 años de edad, la fuerza y el ánimo suficientes para caminar durante 10 días hasta su meta.

Bach tenía cuatro semanas de permiso para realizar el viaje, pero ya sabía que no serían suficientes para lograr su objetivo. Él quería, además de aprender todo lo posible del maestro de Lübeck, ser su amanuense, su asistente y luego, si todo salía como lo deseaba, convertirse en el sucesor de Buxtehude en la renombrada iglesia de Santa María. Cada día Bach aprendía del maestro.

Cuatro semanas se fueron convirtiendo en cinco y luego seis y al final muchas más. Johann Sebastian no dejaba de aprender.

Su meta no era sencilla y dejó de ser una posibilidad porque había una condición que el músico no pudo aceptar: casarse con la hija de Dietrich.

Acaso porque en esos momentos para Bach no había más compromiso que el suyo con la música o quizás porque la hija no era agraciada a sus ojos. Aun así, Bach no dejó que esto le impidiera aprender todo.

Mientras tanto, sus preceptores en Arnstadt comenzaban a inquietarse por la ausencia prolongada. El trabajo esperaba a Bach y el enojo de quienes mantenían a Bach crecía día a día.

A Bach no le importó ausentarse 16 semanas de su trabajo y pagar con pena su falta.

Logró su objetivo de aprender todo del maestro Buxtehude y eso valía la pena por mucho. Su arte musical demostró que no fue en vano la experiencia en Lübeck.

Al final, la ciudad de Arnstadt se vería recompensada con el arte del joven Bach, pero no por mucho tiempo. 

El genio de Bach lo llevaría poco después a la ciudad de Mühlhausen donde seguiría demostrando su genialidad y donde encontraría a María Bárbara Bach (1684-1720) con quien se casaría el 17 de octubre de 1707.
05 Noviembre 2017 03:00:00
Un álbum para recordar
La nostalgia no es recordar un momento del pasado como feliz, ideal, sino creer que en ese momento que recordamos estábamos a sólo un paso de alcanzar la felicidad.

¿Quién dijo esto? No lo recuerdo. No es que el presente se manifieste horroroso, para nada. Pero ya sabemos, recordar es un acto en el que nos visitamos, nos entendemos y vemos en perspectiva.

¿Qué fue de nosotros desde aquel instante que la nostalgia nos revela y qué somos hoy? No pocas veces podríamos pensar en cambiar algo del pasado. Conozco personas que no cambiarían nada porque todo los ha llevado a ser quienes son ahora.

Yo no pienso igual. Sí que cambiaría algo del pasado. No poco.

Apenas algunas experiencias y ya está, que sea de mí en el presente lo que esos cambios hubieran provocado. Nada de importancia, por supuesto, que la música y el arte siempre estén presentes en mis días. Y los libros.

Dentro de estos recuerdos de mis años pasados siempre aparecen obras musicales y de poco a poco crecen en número las melodías en mi cabeza.

Las letras de igual manera se van depositando entre mis venas. Los libros son cofres donde depositamos recuerdos entre sus líneas como tesoros. De ahí que nunca nadie acabará con los libros, los atesoramos porque nos definen, nos dicen quiénes somos.

La música acompaña casi todo recuerdo. Y esta semana se apareció en mi mente la gran Cecilia Bartoli. Majestuosa en su voz, prodigiosa técnica y celestial musicalidad. Ya una vez tuve la fortuna de verla en vivo en el teatro de Champs-Élysées.

Una experiencia única, reveladora. Sin embargo, hay un álbum que está más metido entre mis recuerdos. Un álbum grabado en vivo en el teatro Olímpico de Vicenza. Live in Italy.

La música que está depositada en ese álbum es un tesoro. Desde la música antigua acompañada por una excelente orquesta barroca, hasta cantar dulcemente, pícaramente, amorosamente entre la música que emana de los dedos de Jean-Yves Thibaudet.

Un álbum que me acompañó ya hace muchos años y que tenía en un dvd que ahora pertenece a recuerdos de otra persona que recuerdo con cariño, pero qué maravilla que la música siga presente.

Escucho la voz de Cecilia Bartoli y la recuerdo, vestida de rojo, frente al majestuoso proscenio del teatro Olímpico y yo me hundo en mis recuerdos.
29 Octubre 2017 03:00:00
Franco Zeffirelli
Uno de los primeros encuentros con la obra de Zeffirelli fue su maravillosa adaptación cinematográfica de Romeo y Julieta, filmada en 1968. Los vestuarios perfectos y evocativos; la música tan melancólica, ya recordamos de pronto el conocido tema escrito por Nino Rota; la fidelidad al texto de Shakespeare, que nos guía con su ritmo sólido en belleza; las actuaciones de los personajes principales y sobre todo de Leonard Whiting y desde luego Olivia Hussey cuya belleza renacentista es una viva revelación virginal.

Luego de esta película, que he visto una y otra vez, descubrí que el genio director de este film era también productor de cine y me di a la tarea de conocerlo. Maria Callas y Tito Gobbi fueron las estrellas que participaron en la producción de Zeffirelli de Tosca para la Royal Opera House, pero no brillarían solos sino en el universo de la mente de Zeffirelli, que supo crear el mundo de la ópera de Puccini con tal precisión y sensibilidad que los años han pasado y Zeffirelli se afirma como el más grande productor y diseñador de ópera. En todo caso el más ambicioso. Sus puestas en escena no escatiman en nada.

Los detalles más mínimos cuentan para que la historia, sea cual sea, se crea, se viva, se goce. Es un deleite siempre admirar la perfección y gusto con que sus puestas en escena se llevan a cabo.

Pues bien, luego de años de saber de la obra de este gran personaje, tuve la oportunidad de asistir a dos representaciones históricas: La Bohème y Turandot. Ambas óperas de Giacomo Puccini que Zeffirelli representa en escenario de manera minuciosa y perfecta. Una, asombrosa en el ambiente de un París invernal de calles y edificios apretados en el barrio latino de la capital francesa. Estuarios, calles, tabernas, todo creado para dar placer a quien observa y para quien interpreta en esos
escenarios.

La segunda, Turandot, es imponente. Observar los detalles y majestuosidad de todo lo que aparece en el escenario es apabullante. Uno se siente engullido por la arquitectura colmada de oro, de dragones y leones en columnas inmensas. Los vestuarios de la más fina confección son auténticas piezas de arte. Y todo esto para que la obra de Puccini viva plena, donde la música y las voces se sientan en el mundo que fueron concebidas. Una y mil veces vale la pena vivir la experiencia. Ahora, que el recuerdo está en mi mente, atesoro tal privilegio.
22 Octubre 2017 03:00:00
Evocación mística
Las dulces voces despuntan como una luz al amanecer iluminando todo. El sonido del órgano y del piano envuelven, abrigan, sustentan las palabras que emanan de cada una de las voces. Los instrumentos están indefinidos y presentes en la sala, los escuchamos desde todas partes y en todo lugar. Las voces habitan entre acordes, entre líneas melódicas del sonido aflautado del órgano, del etéreo piano. Una textura que se entreteje dando como resultado un tejido de sonidos suaves, aterciopelados, vivificantes. Todo lo que escuchamos son susurros angelicales que descienden en una anunciación de lo divino en el arte musical. Da Pacem entonan las voces blancas, sin el vibrado afectado del canto operístico. Son diáfanas, cristalinas, mientras una voz grave da cuerpo a la oración. Charles Gounod, el gran compositor operístico, nos deja el Da Pacem; André Caplet, el excelente compositor quizás opacado por el genio de su amigo Debussy, nos regala un Panis Angelicus tan profundo, que sentimos en sus tensiones armónicas como nuestro interior se transforma hasta volver a reposar en resoluciones armónicas que merecen ser experimentadas una y otra vez. Tantum ergo: veneremos, pues, inclinados ante tan grande sacramento. Un texto que está presente en este disco en composiciones por parte de Ettore Pozzoli, Jean-Baptiste Fauré y por supuesto, junto a este texto, el otro, Pange Lingua, también compuesto por santo Tomás de Aquino se revelan en un álbum que no tiene ni un momento en el que asome este siglo, lo mundano. Es un éxtasis que eleva. Sí, quizás el éxtasis religioso tenga mucho de carnal, si recordamos el erotismo, de Georges Bataille, pero pronto nos olvidamos de pensamientos semejantes y la música vuelve a abrazarnos cuando el siglo se revela en la composición de Santo Tomás de Aquino, no sólo recordado por la filosofía y su Summa Theologiae, sino por estas composiciones que nos rebasan, nos conmueven hasta el llanto, al menos a un servidor que no pude evitar que las lágrimas surcaran mis mejillas. Aquí, en este momento del álbum el piano, anacrónico, nos hace pensar en lo eternal de la música. De la verdadera música. Es una Epifanía, pero cuatro piezas más, una de ellas anónima, entre otras que componen el álbum, faltan por revelarse y yo estoy ansioso por escuchar. Ansioso porque ustedes escuchen también.

Álbum de la semana: St. Thomas Aquinas. Spotify.
15 Octubre 2017 03:00:00
Sonata número 32
La tarde de un día tranquilo se posa sobre la sala de mi casa. El silencio es un regalo que aprecio como algo valioso en estos tiempos de ruidos de toda índole. De pronto, me dispongo a romper el silencio. Es momento de llenar el lugar de música. El sonido comienza a emanar potente, trágico. Dos octavas en forte seguidas de dos acordes que me colman y un trino como sólo el genio de Bonn puede darnos: doloroso, enérgico, con el sino ineluctable como una sombra sobre nosotros.

La sonata número 32 es su última sonata, acabada más de cuatro años antes de la muerte de Beethoven. Un testimonio de su genio, de su capacidad de síntesis, aunque a muchos pudiera parecernos paradójico en él. Dos movimientos, en lugar de tres, componen esta sonata y no hizo falta más. Su segundo movimiento, tan en contraste con la tormenta del primero es un adiós a la sonata como forma, como género. Luego de esta obra, ya nada será igual para el piano, ha traspasado los límites, los ha empujado a horizontes insospechados.

La calma de la Arietta, el tema principal del segundo movimiento es un adiós seguido de seis variaciones de una belleza tan refinada, que nos extrañaría en un Beethoven joven, pero estamos ante un genio en plena madurez, inmerso en sus propios mundos que la sordera le ha dejado. La pulcritud de este movimiento es tal, que pudiera un oído distraído, pensar en algo sencillo a la ejecución y sin embargo estamos ante una partitura de enorme dificultan no sólo interpretativa, sino técnica.

La sonata Op. 111 número 32 es un tesoro que guardo desde hace años como muy mío. Alguna vez la toqué, ilusionado por quimeras que se han esfumado, pero el amor por la sonata sigue intacto y lo que es capaz de producirme cada vez que la escucho se acrecienta con los años. Pero en esta ocasión es un genio que desde los 2 años ya había brillado con tal esplendor que nunca más dejó el piano, siempre ejecutándolo con un amor infinito, inagotable,
incondicional.

Evgeny Kissin, 25 años después de no grabar un álbum con Deutsche Grammophon, graba la última sonata de Beethoven, entre otras obras del autor, en una audición pública donde la contundencia y exactitud técnica de Kissin se une a una interpretación más madura del genio intérprete. Nada se escapa de sus manos, de su intención musical. Su paleta sonora es enorme ahora, a sus 46 años y estoy siendo testigo desde la sala de mi casa de ello.

Album de la semana: EVGENY KISSIN.

BEETHOVEN
08 Octubre 2017 03:00:00
Messe de Nostre Dame
Guillaume de Machaut vivió en un siglo complicado. Estamos en el siglo 14 donde, amén de la pequeña era glacial que atravesó nuestro mundo, una peste venía de oriente con tal fuerza que acabó por exterminar a dos tercios de la población europea. La peste negra hacia el año 1346 tomó al mundo, y el hombre europeo estaba indefenso ante el castigo divino, como era más fácil pensar en aquella época.

Además de las muertes por la peste, 10 años antes comenzaba la Guerra de los Cien Años, que como sabemos no duró 100 sino poco más, y tuvo enfrentados a Inglaterra y Francia. En este entorno las danzas macabras, murales y motivos pictóricos en donde la Muerte convive con los vivos se volvió habitual.

El hombre de este siglo convivía inexorablemente con la muerte, no escapaba a su manto, a su abrazo mortal, pero la vida continuaba mientras tanto. Siglo 14, siglo de Felipe El Hermoso y de procesos contra los poderosos caballeros templarios que terminarán en mito y realidad. Durante este siglo, allende el mal, Geoffrey Chaucer hereda al mundo sus cuentos de Canterbury, Boccaccio su Decameron y Guillermo de Ockham, fraile franciscano, su navaja en la que la lex parsimonia explica que la explicación más sencilla a un hecho tiende a ser la más probable.

Este es el siglo del clérigo Guillaume de Machaut, quien es el más grande representante del Ars Nova y sin duda el más notable compositor de este siglo. Si bien el término de Ars Nova se lo debemos a Philippe de Vitry, es Machaut quien representa mejor esta época con su magnífica Messe de Nostre Dame, compuesta entre los años 1360 y 1365. Una misa escrita para la catedral de Notre-Dame de Reims, magnífica obra arquitectónica esta y la misa, por supuesto. Es la primera obra más extensa atribuida a un sólo compositor.

Su estructura en seis partes es un obligado para quien desee conocer los intrincados caminos del contrapunto, pero también para el diletante que anhela sumergirse en el tejido armónico de la música de estos y otros siglos. Imperdible de principio a fin, la misa es un tesoro de un siglo que vio grandes cambios en la estructura social, política y religiosa. Desde el Kyrie eleison, Guillaume nos postra a sus pies y no dejaremos de estarlo hasta el final, cuando las voces clamen Ite missa est. La misa ha sido dada. Podéis ir en paz. La música sea con vosotros.

Álbum de la semana: Messe de Nostre Dame. Spotify.
01 Octubre 2017 03:00:00
Memorias de un pianista
En algún mes del año 1919. Ciudad de México. Arthur Rubinstein, pianista que se convertiría en leyenda y que en ese tiempo ya era un nombre respetable, estaba listo para dar una serie de conciertos en plenos conflictos nacionales. La audiencia, más bien escasa para quien se presentaba, apenas unos 300 asistentes, lo ovacionó como una legión.

Años pasados en los que fue remunerado en monedas de oro, que emocionado contó de regreso a su cuarto de hotel, imaginando lo que representaría en moneda europea. Rubinstein regresó tiempo después. Su opinión siempre fue que los brasileños y mexicanos tenían las mejores capacidades musicales de toda Latinoamérica. Amado en los países latinos, con el tiempo conquistó rotundamente auditorios de Estados Unidos. Arthur fue un genio que vivió pleno toda su vida, en las desdichas y los momentos felices.

Amante del vino, las mujeres y los libros, fue el preferido de la aristocracia y burguesía europea. Desayuno con unos, comida con otros y cena con alguien más de la alta sociedad. Un genio desesperante para sus primeros maestros por su falta de rigor, Arthur Rubinstein tuvo un cambio radical hacia sus 30 años, cuando escuchó la perfección de Vladimir Horowitz. Uno de esos momentos cruciales en su vida, decidió vengarse de sí mismo, dice, y convertirse en todo lo que su capacidad podría dar.

De una memoria prodigiosa, dominaba ocho idiomas y ya al final de su vida era capaz de recordar hasta los mínimos detalles de su vida, Arthur Rubinstein fue un sublime intérprete del repertorio Clásico y Romántico. Capaz de quitar la sensiblería excesiva en la obra de Frederic Chopin, podemos escuchar en él una pulcritud y exactitud perfectas. No hay mejores pianistas y él no se consideraba el mejor, sino simplemente diferente. Para él la importancia de un artista era ser único, como nadie. De ahí que no deseara ser catalogado como el mejor, sino simplemente único.

Y estamos de acuerdo, porque la historia nos ha legado sus magníficas interpretaciones, pero también las de otros notables pianistas. Pero basta escuchar la manera en la que interpreta Chopin, para saber que Arthur Rubinstein es una referencia y un legado indiscutible en la música en Spotify encontramos no pocas pruebas de ello. Que lo disfruten.
24 Septiembre 2017 04:00:00
Music of the Troubadours
Son siglos perdidos en la memoria. Años en los que la vida transcurría diferente a nuestros días. Días que comenzaban y terminaban regidos por la luz del sol. Los años que habitan entre los siglos 12 y 14.

El hombre pasa sus días en periodos de oscuridad dicen muchos, pero quizás debamos voltear a ver los ábsides en las iglesias para ver el esplendor y la luz que también existía. No todo, acaso estaba inmerso en las penumbras. Es verdad que no fueron siglos difíciles. Sin duda. En estos siglos de desarrollo de técnicas en la agricultura, de modales en la mesa, vieron el cielo músicos itinerantes que divertían a los habitantes de las tierras europeas, principalmente al sur de Francia, aunque también se dieron los casos en Alemania, por ejemplo.

Músicos que esparcían las noticias de pueblo en pueblo, que nos contaban historias de amor. Ese amor cortés como le llaman, lleno de personajes inocentes, ideales, que sobreviven a la adversidad.

De estos siglos, en un lejano 1275 Adam de la Halle creaba el juego de Robin y Marion. Robin Hood. Y de pronto me doy cuenta de que el mundo inmenso en sus siglos es cercano en historias. Siglos aquellos en los que ser pagado con ropa o pan era la meta.

Estos músicos itinerantes eran llamados Juglares. Músicos que hacían todo un espectáculo para divertir. Músicos que no eran bien vistos por la Iglesia y la sociedad, pero que convivían. Los juglares como semilla de las compañías itinerantes que luego darían vida al teatro. Y junto a los juglares, los trovadores, músicos de los cuales pertenecían a la nobleza y, por lo tanto, podemos imaginar otra faceta del artista.

El trovador era más creador que músico multidisciplinario. Componía historias como Adam de la Halle. Juglares y Trovadores convivieron y enriquecieron una época que nos podría parecer dominada por la música litúrgica. Músicos de la nobleza los trovadores y ambulantes los juglares, esparcieron una riqueza literaria y musical que aún hoy nos sorprende.

Y para ejemplos Beatriz de Día, de quien tenemos apenas un registro mínimo, pero suficiente para darnos cuenta de la grandeza de esta compositora. Años de pestes, sí, pero de Boccaccio, Dante, trovadores y juglares que dejaron testimonio del poder del arte en medio de cualquier época adversa.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Music of the Troubadours. Spotify.
17 Septiembre 2017 03:00:00
Mahler. Sinfonía 5
Los sonidos de los metales comienzan como una anunciación del destino. Ya Beethoven nos acostumbró a esas llamadas de lo trágico, de lo inconmensurable. Apenas unos compases después las cuerdas comienzan una danza grave y sentida que va acompañada por breves toques de los contrabajos. Los cornos suenan de nuevo. Cuatro notas repetidas con insistencia. Las percusiones resuenan. Los timbales son profundos. Las maderas nos ofrecen su dulzura mientras las cuerdas van aumentando de poco a poco la tensión. El primero movimiento nos recuerda a una obertura casi salida de la mente de Verdi, pero sabremos que irá más allá. La marcha fúnebre nos inunda de tristeza. La tragedia nos persigue a los largo de este primer movimiento.

Mahler, mal herido corazón, nos tiene acostumbrado a las marchas. A lo largo de su colosal obra nos podemos dar cuenta de ello. La tristeza que desborda, que sobrepasa todo entendimiento y que nos envuelve entre sus melodiosos brazos.

Después de la tormenta viene la calma, la tregua. Mahler nos transporta a un mundo de fantasía, donde lo idílico se mezcla entre riquezas tímbricas para dejarnos caer en un ensueño. Danza de colores, de timbres. En este tercer movimiento la desdicha parece no asomarse, pero está latente en cada compás. Lo sabemos. Las ninfas danzan en míticos bosques, pero la realidad está por alcanzarnos.

El velo no tardará en rasgarse y entre lágrimas que surgen de un arpa doliente de las cuerdas emanan las dulces y más tristes notas que de Mahler quizás recordamos. Es el famoso Adagietto. Desde lo más profundo de nuestra alma clamamos, la música nos purifica, nos salva. Las lágrimas son perlas preciosas que Mariss Jansons toma delicadamente con la punta de su batuta para depositarlas entre las cuerdas de la orquesta. Nos unimos a Mahler, a su dolor sin palabras que dicen más que todo la filosofía del mundo. Largas notas de los chelos y contrabajos nos sostienen. El arpa surge de nuevo como un rayo de sol por la mañana que apenas nos acaricia la piel, que apenas nos hace sentir cómo la vida surge de nuevo. La esperanza se deja ver. Mahler no nos dejará ahí.

El quinto movimiento viene sin tardanza, se apresura, nos alcanza. Inmensa sinfonía esta de Gustav Mahler. Les aseguro que no se arrepentirán de dejarse llevar una vez más por el poder de la música.

Álbum de la semana: Mahler. Sinfonía 5. Mariss Jansons. Spotify.
10 Septiembre 2017 03:00:00
Un Top 10 de Música Clásica
Sin duda alguna existen tantas obras maestras en la música, que no nos bastaría una vida para escucharlas lo suficiente. Tantos siglos ya de música escrita, tantas visiones y transformaciones de lo que se entiende por lo bello y bien logrado en materia musical, que debemos resignarnos a que nunca abarcaremos todo.

Por un lado, esto es maravilloso. Tampoco es que quisiera vivir eternamente. Como Umberto Eco, y parafraseando, también pienso que, de ser inmortal, terminaría por aburrirme de escuchar incontables ocasiones las grandes obras musicales o de leer por enésima vez Los Buddenbrook o cualquier obra cumbre de la literatura. Y más yo, que desde que tengo uso de razón me aburro casi de inmediato. Quién sabe lo que será de mí si existe la vida eterna. Acaso cambiar cada milenio de género o periodo musical, no sé. Quizá la música de las esferas sea algo que haya que escuchar.

Tengo un amigo que colecciona discos. Es tanta la música aún sin abrir y guardada en cajas, a la espera de ser escuchada, que no le bastará la vida, según los cálculos meticulosos que él mismo ha hecho, para disfrutarla toda. Aún a un ritmo incansable como él suele escuchar. Pero es que la sed de conocer, de saber que la música es interminable, nos sobrepasa. Sigue coleccionando. Y lo entiendo.

Sin embargo, por más que podamos escuchar obras nuevas, siempre permanecerá inalterable, o casi inalterable, un lugar donde estarán algunas creaciones predilectas. ¿10? Quizá más.

El número es sólo una elección a la hora de redactar esto mientras miro por la ventana. Entonces 10, me digo.

1. Las Variaciones Goldberg, de J. S. Bach.

2. La sonata número 32, Op. 111, de Beethoven.

3. Für Alina, de Arvo Pärt.

4. La quinta sinfonía, de Gustav Mahler.

5. El Réquiem, de W. A. Mozart.

6. La sinfonía número 3, de Henry Gorecki.

7. La obra de Hildegard von Bingen.

8. Las Kinderszenen Op. 15, de Robert Schumann.

9. Vingt Regards sur l’enfant Jesus, de Olivier Messiaen.

10. El preludio de Tristán e Isolda, de Wagner.

La lista, salvo algunas obras, es totalmente modificable según el tiempo me vaya cambiando. Nunca somos los mismos. Ahora la pregunta surge: ¿Cuál es su selección de la llamada música clásica?
03 Septiembre 2017 03:00:00
Concierto
La oscuridad tras el escenario es un preludio. Un refugio en el que todo permanece latente, a la espera. Se escucha un murmullo en la sala como de río. Es el público que comienza a entrar al recinto y busca su lugar para disfrutar del espectáculo. Se escucha la primera llamada. Los músicos comienzan a entrar en la sala de a poco. Se escuchan algunos pasajes a lo lejos, en algún camerino. Las luces laterales inundan el escenario y ciega un poco.

La segunda llamada se escucha y tomo mi lugar. Entre el piano y el arpa. Detrás de los segundos violines y al lado de los cornos. Dejo listas mis partituras sobre el atril. Me aseguro de tener el teclado con el sonido adecuado para el concierto y el volumen en su lugar. En mi saco llevo mi celular apagado.

Unas llaves, la cartera y un libro. Miro hacia la sala y la oscuridad engulle todo. Es una cueva donde habita un cíclope que vigila cada movimiento, cada gesto, cada sonido. Al acecho. La tercera llamada suena luego de los anuncios pertinentes. La concertino entra y recibe el aplauso del público de pie. Voltea hacia la orquesta y da la señal.

El oboe y todos los instrumentos, por secciones, comienzan a afinar, a vibrar en la misma frecuencia. La orquesta vibra un solo la, hipnótico, como un mantra.

De pronto el silencio desciende y, tras una pausa, el director entra al escenario, la orquesta se levanta entera y los aplausos lo abrazan. Volvemos a nuestros asientos. La batuta entre las manos del director late imperceptiblemente.

La energía fluye desde el cuerpo del director hasta sus ojos y la punta de los dedos que sostienen la batuta. Contacto visual con los argonautas musicales que están a punto de conquistar al cíclope oculto en las sombras del auditorio.

La batuta se eleva y la orquesta entera nos preparamos para el inicio. Es el momento. No hay más esperas.

A la indicación del director, el sonido surge poderoso de la orquesta.

Un poder emana de cada sección de la orquesta. Desde mi trinchera escucho el piano, los cornos enérgicos. La energía se hace una sola. El público siente este poder y se desvanece en el silencio. La música lo domina todo. El director, en éxtasis, guía a cada sección, a cada instrumento por donde su visión desea. Cierra los ojos arrebatado por las musas.

La música siempre conquista cuando la entrega es total y el director, la orquesta, lo saben. El público presencia el trance junto a nosotros hasta el acorde final.
27 Agosto 2017 03:00:00
Historia de la música
Hablar de la historia de la música es aceptar que los caminos son incontables y que hace falta centrarse en algo para no perderse. Dejar un hilo que nos permita regresar sobre nuestros pasos. No es tarea fácil, es necesario discriminar para avanzar sin desviarnos. Y uso la palabra discriminar en el sentido primero de la palabra: la de distinguir, separar mediante un acto intelectivo para así poder enmarcar una serie de sucesos o cosas y poderlas estudiar mejor.

No en el sentido de marginar. Aunque en estos días todo deba ser incluyente, para el estudio es imperante delimitar.

En fin, ¿a qué viene todo esto? Pues que esta semana comienzo un diplomado en historia y apreciación musical para la Universidad Autónoma de Coahuila, y entre los muchos caminos que podíamos elegir, elegimos el que nos es más cercano social y culturalmente hablando: la música occidental.

Sabemos que en India o Japón y China, por citar tres ejemplos, la música tomó durante siglos cambios diferentes y que actualmente se siguen notando esas raíces aun cuando las influencias occidentales estén ahí; sabemos que podríamos hablar de la música en el continente americano, pero nos toparíamos invariablemente con que occidente, es decir la música europea, influye en cierto momento también; o finalmente podríamos decidirnos por estudiar la música en México, y de igual manera nos veríamos en aprietos porque nada es puramente mexicano aunque existan las excepciones.

Entonces, al final, para no perdernos en laberintos cada vez más complicados, decidimos volver sobre nuestros pies a la cuna de la civilización de occidente: Grecia y Roma.

Desde ahí comenzaremos el diplomado e iremos avanzando por los caminos de la música pasando por el medioevo, el renacimiento y de ahí lo que ya al menos de oídas conocemos. No hablaremos de una evolución de la música porque sería incorrecto.

El camino de la música no es evolutivo aunque existan desarrollos en las formas.

Cada periodo tiene en sí mismo su medio y su fin. Claro está que entender la música de manera más completa nos ayuda a comprender los senderos que ésta ha tomado a lo largo de la historia y nos permite comprender el presente.

Así que si están interesados en hacer este camino histórico-musical, sean bienvenidos.
20 Agosto 2017 03:00:00
Manon Lescaut
Visitar una librería de viejo es adentrarse en mundos fantásticos, en una mística filológica. La entrada de la librería ya anuncia el misterio. Afuera el mundo corre, empuja. Hacia adentro, la semipenumbra atrae tus ansias de silencio, de paz, de inquietud por descubrir. Apenas unos pasos dentro de la librería, el silencio se manifiesta. El olor de los libros llega a tus sentidos como un incienso. Columnas de un lado a otro se elevan mostrando en sus lomos la palabra donde uno ya puede aprender sin siquiera abrir sus páginas. Te rodeas de libros, de conocimiento que cobija contra la ignorancia.

Ya ese hecho es suficiente para permanecer sin atender a Cronos. Los títulos se muestran en los estantes, historia, filosofía, artes, poesía, música, novela, novela latinoamericana.

Los secretos se desvelan. Entre las manos ya sientes el peso de un tomo que llama tu atención. En busca de misterios te adentras dentro de pasillos llenos de saber. Los siglos se manifiestan en papel. El color ocre inunda tus ojos.

De pronto, otro libro llama tu atención y dejas esperando al que tenías entre las manos. Manon Lescaut, del Abate Prévost. Tapa dura, de un color rojo intenso, como una tentación. Las letras en color oro ya demandan tu entrega. Largo tiempo esperado, abres sus páginas que se revelan sólo para ti.

Sin pensarlo, te sientas y comienzas a leer sus páginas. Una a una Manon te arrebata del presente y te sumerges en la pasión con ella, en el exilio. El arrebato es tal que no sientes que la vida corre, que la realidad te exige atender cosas presentes. No existe más que tu pasión por Manon, pobre joven Des Grieux. Ya no es tu ciudad más, ahora habitas París. Saint-Germain. Y después, páginas adelante, luego de decenas de peripecias, alegrías y desgracias, el destierro. El desierto que quema tu piel, y no seca las lágrimas por Manon que agoniza a tu lado.

Las manos te tiemblan de impotencia ante la implacable muerte que se posa sobre tu amada, entregada finalmente por entero entre tus brazos. Fra le fue gracia, amore, última volta.

Entre mis brazos, amor, por última vez, susurran sus labios cerca de tu oído. Tus ojos se inundan de lágrimas. Funesto delirio se apodera de ti. La noche oscura cae sobre la librería. Sales. Es de noche y caminas vuelto a la realidad con un libro entre las manos que guarda una historia entre sus líneas que sólo será para ti.

Álbum de la semana: Manon Lescaut, Puccini.
06 Agosto 2017 03:01:00
Rossini
Esta semana fue de viajes, de ajetreos entre pendientes por hacer y proyectos por ir poniendo en marcha.

Pero entre todo eso sin duda que hubo un espacio para despojarse de la ansiedad que el siglo 21 nos regala de manera un poco macabra. Y para no guardar el secreto, lo diré sin más: esta semana me he quedado sin mi teléfono celular.

¿Se dan cuanta de la magnitud de este evento en plena era de la híperdisponibilidad? Yo no lo sabía hasta unos días después de haber tomado la decisión un poco gracias al destino y a mi poca iniciativa. El teléfono dejó de funcionar y punto. De pronto una llamada se cortó y no fue posible seguir.

Este evento hasta cierto grado afortunado me desconectó de muchas cosas. Entre ellas los mensajes interminables de gente y gente, los correos por responder, las notificaciones de más de una red social y de la música.

Aunque ésta, he de confesar, que comenzó a sonar un poco en mi cabeza luego de algunos días. Hasta ahora sigo sin teléfono móvil y mi vida se convirtió en un deleite en el silencio y la música que llevo dentro y los libros que llevo conmigo. ¿No sería delicioso quedarse así de una vez por todas?

Lamentablemente en esta era no es posible del todo. Pero me aferraré a mi propósito autoimpuesto de cierta manera fortuita y seguiré así hasta que sea posible.

¿Por qué esta semana se trata de Rossini? Pues simple, este compositor, que en vida fue capaz de alcanzar la fama a edad tan temprana y dedicar su vida a una de sus pasiones: la gastronomía, me vino a la mente.

Y simplemente porque el buen comer me fue desvelado como una Epifanía durante esta semana. Tuve la oportunidad y el privilegio de conocer la cocina de dos reconocidos chefs de México, y del mundo. Enrique Olvera y Mikel Alonso, dueños de Pujol y Biko, respectivamente.

Que Maravilla disfrutar de la cocina de tan excelsos chefs. Y en esos momentos de deleite y arrobamiento recordé al eximio compositor Gioachino Rossini, quien luego de dejar una vida exitosa en el mundo de la música decidió dedicarse a explorar con perfección el mundo de la alta cocina.

Otro momento será para charlar de las recetas que este compositor dejó como legado.

Por lo pronto sus oberturas más famosas (El Barbero de Sevilla, Guillermo Tell, La Urraca Ladrona) suenan en mi cabeza mientras sigo desconectado del mundo. Abriendo los ojos a lo qué pasa afuera: La vida.
23 Julio 2017 03:01:00
Cuartetos para cuerda de Haydn
Franz Joseph Haydn, padre de la sinfonía. Gran figura musical que estableció los parámetros para un género que se consolidara como el más íntimo y exigente para un compositor: el cuarteto de cuerdas. Este género musical se estableció, entonces hacia mediados del siglo 18.

Recordemos que el longevo Haydn, quien naciera en 1732 y falleciera en 1809, tuvo bastante tiempo, 77 años, para desarrollar este género musical. No es para menos, más de 70 cuartetos creados por Haydn dejan las bases para el género musical que será prueba fehaciente del genio de cualquiera que desee llamarse compositor.

Junto con el cuarteto de cuerda también está la sonata como género y forma musical y la sinfonía, todos ellos los cimientos de la música futura. Aunque Luigi Boccherini es por algunos considerado antecesor y creador de esta forma musical, el cuarteto no es sino hasta Haydn que adquiere su estructura definitiva, aunque nunca última. Y ni siquiera todos los cuartetos de Haydn tienen la misma estructura de cuatro movimientos.

No es sino hasta el opus nueve, 19 cuartetos después, ya en el año 1771, que podemos escuchar en Haydn la madurez en el género. No es que las obras anteriores sean desdeñables. Para nada. Pero compuestos en cinco movimientos, tienden más a parecer divertimenti que estrictamente cuarteto, aunque claro, son ejecutados por cuatro instrumentistas: un chelo, dos violines y una viola. Todos valen la pena.

Quizás de mayor importancia sea el Op. 9 por el hito que establece, pero podemos deleitarnos con la brillantez de la música de Franz Joseph Haydn en cada uno de sus cuartetos. Excelente manera de abrirnos las puertas a un género que abordará años más tarde Mozart, quien por cierto dedica algunos a Haydn y éste dirá que el hijo de Leopold Mozart es el más grande música vivo en su época. Desde Haydn, Mozart, por supuesto Beethoven, hasta Brahms, Dvorak, Bartók, Schubert, Schönberg, Berg, Janacek, Debussy, Messiaen, Ligeti, Glass… y la lista es enorme como enorme la curiosidad por saber qué nos depara escuchar un mundo poco explorado como el cuarteto, que despoja el efectismo y se centra en lo estrictamente esencial. Nada más resta que atrevernos a abrir una puerta a nuevos mundos sonoros… Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Cuartetos para cuerda de Haydn.
16 Julio 2017 04:00:00
The Five String Quartets
Elliott Carter vivió más de 100 años, 103 para ser exactos. Nació en 1908 y falleció en 2012. Todavía en sus últimos años seguía componiendo de manera constante y grandiosa. Sus obras más tardías son del año 2011.

El día de su cumpleaños 103 festejaba dirigiendo un concierto memorable que está registrado en un álbum que incluye varias de sus obras.

Casi antes de llegar a los 104, Elliott Carter dejaba este mundo y con su partida un legado que ha cambiado posiblemente como pocos, el curso de la música futura.

Entre 1950 y 1995, Elliott Carter compone cinco cuartetos para cuerda que pudieran verse como una breve historia de su vida como compositor. Aunque su obra sinfónica es otro caso que podríamos afrontar, si nuestras fuerzas nos lo permiten.

La música de Carter es esa que transforma los senderos por los que las musas caminan apaciblemente. No es posible mirar los siglos 20 y 21 sin la obra de Elliott Carter.

Tan prolífico y longevo él que, como dice Barenboim, se hablaba de un tardío Carter con frecuencia, pero el compositor seguía sorprendiendo al mundo con obras nuevas siempre.

De difícil acceso, la música de Carter nos obliga a estar atentos siempre. No es fácil permanecer sentados sin esfuerzo mental frente a semejantes obras, es verdad.

Pero el esfuerzo vale la pena. Pudiera parecernos inaccesible, intrincada, imposible, pero si nos armamos de valor, al final la satisfacción será enorme.

Carter tuvo estudios en Literatura en la Universidad de Harvard y luego se graduó en Música. Fue profesor de Matemáticas, Física y Griego. Un hombre de cultura colosal, de una memoria infatigable. Recordaba todo, conocía el lenguaje musical de Stravinsky o Schoenberg, desde Bach hasta Beethoven o Debussy. Además admiraba y comprendía la obra literaria de James Joyce o Marcel Proust, autores de Ulises y En Busca del Tiempo Perdido, respectivamente.

Un universal. Como tantos otros compositores y músicos notables, estudió en París con Nadia Boulanger, de quien aprendió contrapunto, mismo que utilizaría en toda su obra, llevándola a niveles de sofisticación apoteósica. No es para menos, los intrincados contrapuntos rítmicos son de tantas capas que llegan a ser imposibles de percibir.

Para ejemplos, los cinco cuartetos para cuerda que hereda al mundo. Desde ahora lo advierto: su música no es fácil, pero en este mundo hay cosas que por difíciles valen la pena y otras en que lo que vale la pena no se obtiene sin esfuerzo.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Elliott Carter: The Five String Quartets.
09 Julio 2017 04:00:00
Silogismos
Cioran es un escritor cuyo pesimismo suele espantar a muchos, pero no hay nada más revitalizante que podamos leer que el azote de sus letras para darnos cuneta de la inutilidad de nuestras quejas y que una vez que hemos tocado fondo es preciso reírnos de nosotros mismos, de nuestro patetismo y futilidad y seguir adelante. Sin embargo incluso para el mismo Cioran existían atisbos de lo sublime y éstos los encontraba en la música de Bach y Mozart, principalmente. De su amor y abandono al arte musical germinaron y florecieron notables silogismos que bien podemos reflexionar hoy. Por ejemplo en su libro Silogismos de la Amargura podemos leer:

“Nacido con un alma normal, le pedí otra a la música: fue el comienzo de desastres maravillosos…”
“Sin el imperialismo del concepto, la música hubiera sustituido a la filosofía: habría sido entonces el paraíso de la evidencia inexpresable, una epidemia de éxtasis.”
“Beethoven vició la música: introdujo en ella los cambios de humor, dejó que penetrara en ella la cólera.”
“Sin Bach, la teología carecería de objeto, la Creación sería ficticia, la nada perentoria. Si alguien debe todo a Bach es sin duda Dios.”
“¡Qué son todas las melodías al lado de la que ahoga en nosotros la doble imposibilidad de vivir y morir…!”
“¿Para qué releer a Platón cuando un saxofón puede hacernos entrever igualmente otro mundo?”
“Sin medios de defensa contra la música, estoy obligado a sufrir su despotismo y, según su capricho, a ser dios o guiñapo.”
“Hubo un tiempo en que, no logrando concebir una eternidad que pudiera separarme de Mozart, no temía la muerte. Lo mismo me sucedió con cada músico, con toda la música…”

Estos son sólo algunos ejemplos de un libro. Sumergirse en la lectura de su obra es estar dispuesto a dejarse desgarrar la carne para sentirse vivo y sacudir el aletargamiento del espíritu. “¿Poseeré la suficiente música dentro de mí como para no desaparecer jamás? Hay adagios tras los que no puede uno ya pudrirse".
Que disfruten su domingo.
02 Julio 2017 04:00:00
ASLSP, John Cage
Nueva York, 1985. Está frente a la ventana. Mira la ciudad moverse a una velocidad estrepitosa. El ruido del mundo es como un mantra para él en ese momento. En medio del silencio, en su cabeza solamente hay un acorde que suena.

Simple. La, do, fa sostenido. Sus dedos se mueven apenas repitiendo lo que su cabeza acaba de escuchar. La3, do4, fa#4, repiten sus labios sin pronunciar palabra. Su mirada atraviesa el cristal de la ventana mientras sus labios, sus dedos y su mente permanecen en calma alimentados por las tres notas. De pronto, el rostro sereno de John Cage repite lentamente, como creando palabras nuevas, como un idioma traído de tiempos inmemoriales: As Slow As Possible y sus palabras apenas perceptibles reverberan en la habitación. As Slow As Possible, repite en un tono místico y sus ojos brillan delante de la epifanía.

Halberstadt, Alemania, 1361. La noche comenzaba a caer y Nicolaus Faber daba los últimos ajustes al órgano de la iglesia San Buchardi. Su creación estaba lista para honra y gloria del Eterno. Con reverencia, Nicolaus alzó los ojos al Cristo crucificado emulando a manera de gracia reverencial: Consumatum Est, y posó la mirada en el órgano que acababa de construir. La iglesia, construida el año 1050 era testigo de la invención del teclado de doce notas y Nicolaus Faber reconocía con humildad que quizá sería ese un momento histórico. Por eso, en silencio y adoración, dirigió sus pasos a la puerta y salió reverente. Años más tarde, un músico de Halberstadt, el más prolífico de la historia, haría música en ese órgano.

1997. Un grupo de músicos y filósofos se preguntan sobre las implicaciones de la indicación de Cage. As Slow As Possible, repiten y se llenan de estupor. Tienen la revelación lo que deben hacer. 639 años después de la construcción del órgano de Faber, ya en el año 2000 comenzaría la interpretación más larga de la historia. En el histórico lugar, Halberstadt, un órgano comenzaría con apenas seis tubos a interpretar la obra de manera automática. Los primeros silencios de la obra duraron diecisiete meses y de pronto, el 5 de febrero de 2003 un primer acorde: La3, do4, fa#4. La interpretación de la partitura seguirá hasta el año 2639. Años en que seremos polvo y el arte seguirá siendo eterno… siempre y cuando exista alguien para apreciarlo.

Álbum de la semana: ASLSP, John Cage. Spotify.
25 Junio 2017 04:00:00
Bach & Before
Querida, recibí tu carta.

Después de largo tiempo de viaje he de decirte que la inmensidad del mundo, de las cosas que he visto y no te imaginarías, climas exóticos, bebidas que parecieran hechas para los dioses, de gente que da todo con una sonrisa, sobre todo al saber que no quieres más nada que conocerlos y saber de su mundo, después de esto, te digo, el mundo se encarga de ponernos en nuestra justa dimensión. Somos pequeños comparados con este mundo.

Traje conmigo algunos mapas del excelso Joan Blaeu. No te imaginas lo que nos ha servido en el transcurso de este mítico viaje. Me pregunto si alguna vez, en siglos perdidos en el futuro alguien pueda conocer más que Joan y su padre. También traje conmigo el libro de oraciones, por supuesto. Sé bien que no me perdonarías que maitines pasara sin que elevara plegarias al Altísimo, pero ya estar aquí y ver mundos tales como los imaginara Francis Bacon en su Nueva Atlántida es ya suficiente para sentirse parte de algo que nos sobrepasa.

Ahora que me cuentas de un tal Johann Sebastian Bach que has visto en la iglesia interpretar al órgano de una manera celestial, me pregunto cuántas maneras de experimentar lo divino podremos vivir. ¿Que es capaz de componer una misa cada semana a partir de los textos sagrados? ¿Toda la misa? me parece inmenso, increíble y sin embargo te creo. Sus sonatas, y sobre todo aquella que me dices en sol mayor debe ser maravillosa. Casi puedo escucharte cantar de manera tan delicada como todo lo que haces. Los adagios siempre te han cautivado.

Por favor, la próxima vez escríbeme algunas líneas de lo que has escuchado. También del maestro Buxtehude, a quien gustoso caminaría leguas para escucharlo. La música que escucho en este nuevo mundo es tan diferente, aunque maravillosa, que me parece lejano el momento de escuchar esas sonoridades majestuosas del órgano de la iglesia. Heinrich Ignaz Franz von Biber, Johann Heinrich Schmelzer, Antonio Bertali, son compositores que conozco gracias a ti, pronto podré escucharlos.

¿Imaginas que con el puro deseo pudiéramos escuchar la música que deseamos? Suena a cosas de un mundo futuro. Cuento los días para verte. Disfruta de la música que tanto te gusta. Yo acumularé historias para contarte a mi regreso.

Álbum de la semana: Bach & Before. Chatham Baroque

18 Junio 2017 03:01:00
Motherland
Cierro los ojos y me dejo llevar por el sonido de un piano. De pronto, sin pensarlo más, me encuentro al pie de una pequeña colina. Es una tarde apacible. Mis pies sienten una alfombra murmurante de hojas húmedas color ocre. Estoy en una tarde de otoño, me digo. El silencio es casi total sin ser abrumador. Es ese silencio que encontramos en la naturaleza. Mis pies hacen sonar a cada paso las hojas.

Miro hacia arriba, hacia donde los árboles cubren el cielo dejando entrar los rayos de sol que se proyectan hasta el piso como la luz de la anunciación del ángel. Los altos árboles mecen sus ramas con parsimonia ancestral. Mientras subo la colina alzo la mirada y descubro una casa al final. No es grande ni pequeña. De color blanco tocado por el tiempo.

Me acerco a ella y miro por la ventana. No hay nadie, ni nada. Está deshabitada, por lo que decido entrar. En la sala-comedor, el piso de madera cruje perezoso bajo mis pies intrusos. Las cortinas blancas casi transparentes se mecen con el viento que canta entre los árboles junto a un fauno invisible. Danzan las cortinas mientras dos ventanales altos sueltan un pequeño chirrido como de fantasmas que estiran sus extremidades incorpóreas. Miro hacia afuera y la calma es total, los árboles duermen su otoño mientras la luz del sol y el azul del cielo se dejan ver en un místico adiós arrebolado. Me quedo de pie, frente a la ventana, mirando. Mis manos sienten el suave roce de las cortinas.

No digo nada. Estoy en silencio sin siquiera pesar en nada. De pronto volteo la mirada y la dirijo hacia la cocina que se encuentra a unos pasos de mí. Me acerco y miro el vacío. No hay nada sobre la barra ni la isla al centro, salvo una epidermis de polvo gris. Entre estos espacios de la cocina hay un piano de cola igualmente cubierto de polvo lunar. Está callado, dormido. Me acerco paso a paso mientras mis pies van dejando huella como un astronauta en un mundo interestelar.

La calma reina en el lugar. Escucho mi respiración a lo lejos, pausada, sin alteraciones. No hay miedo en este sueño, hay calma, paz. Estiro mis brazos y abro la tapa del piano. Las teclas emiten un resplandor de diamante que se proyecta por las paredes y me hechiza. Parado frente al piano, veo mis dedos entre destellos de un caleidoscopio de piedras preciosas.

Con reverencia poso los dedos de mi mano derecha sobre las teclas brillantes. Un acorde inunda todo. La sala-comedor es un eco. Las cortinas danzan bajo el cobijo del acorde. La cocina se llena del aroma de estos sonidos que me alimentan. De pronto la nada.

¿Y qué música me trajo este sueño de adolescencia ahora a mis 37años? Motherland, en manos de la pianista Khatia Buniatishvili. ¿Qué despertará en ustedes? Que lo disfruten.
11 Junio 2017 03:01:00
Tres conciertos para guitarra
Hay multitud de instrumentos musicales en el universo sonoro. Cada uno posee su propia identidad, su propio carácter y forma de expresarse. Los hay majestuosos, todopoderosos como el órgano; algunos son faunos del bosque como la flauta, que toma una siesta por la tarde para dormir con pañuelos de ninfas; los hay pasionales como el chelo o el violín, que pueden pasar de un pasaje de extremo arrebato a la magnificencia de Bach.

El piano, con carácter más complejo, puede pasar desde la intimidad de un Nocturno de Chopin hasta la esquizofrenia de Kaikhosru Shapurji Sorabji y su Pastiche de Habanera. Por supuesto algunos son más o menos limitados en su sonido o alcances armónicos y expresivos, pero en manos de compositores atinados, cada instrumento puede hacer que exprese lo mejor de sí.

Tal sería el caso de las Ondas Martenot, un instrumento arcaico y monódico que en el universo de Olivier Messiaen habita maravillosamente entre aguas y aves que surcan el cielo, como en Fête des Belles Eaux o su apoteósica Turangalila, sinfonía de alcances cósmicos.

entre la multitud de instrumentos musicales, las últimas semanas conviví con uno que tiene igualmente sus propias características: la guitarra.

Este instrumento de mundos tan distintos a los mencionados, llenos de sol, de oriente, de majas desnudas y cantos a medianoche, puede ser todo un descubrimiento, si aún no lo escuchan.

Y no hablo de escuchar boleros, o esa música con la que solemos relacionarla en primera instancia. Que es un deleite escuchar a Los Tres Reyes, por supuesto, más si las penas de amor necesitan dónde apoyar la cabeza. Aunque en lo personal preferiría otras alternativas.

No, me refiero a la guitarra de compositores como Leo Brouwer, quien ha hecho de la guitarra un instrumento respetado por sus particularidades expresivas y para muestra su Concierto Elegíaco; o de la Fantasía para un Gentilhombre, de Joaquín Rodrigo con su corte feudal de sonidos maravillosamente regidos por las normas de su intérprete; por último, el concierto Múdejar, que nos muestra la herencia oriental de este instrumento que ahora casi exclusivamente asociamos con lo español.

Un concierto, este último, maravilloso por la meliflua voz de las cuerdas y la pasión con que la armonía sustenta el desarrollo temático que hace Anton García Abril de manera genial. Pues bien, estos tres conciertos serán interpretados esta semana por la Orquesta Filarmónica del Desierto de Coahuila y tres guitarristas pulcros y precisos que son hijos intelectuales y musicales del maestro Martín Madrigal.

Una oportunidad única para apreciar a tres músicos que seguro pronto volarán a horizontes más lejanos aún. Éxito para Ernesto Garza, Santiago Chío y Luis Fernando Subealdea.
28 Mayo 2017 03:01:00
Tres Coleridge
Yo soy malo para los nombres. Tan pronto conozco a una persona, tan pronto olvido su nombre. No pocas veces he dado la impresión de ser mal educado por no recordar cómo se llama una persona. A todos nos ha pasado eso de hablar con alguien que nos saluda de pronto por la calle y sin prestarle toda la atención a lo que nos dice, nuestra cabeza está dándole vueltas a la lista de nombres a ver si de pronto podemos recordar cómo se llama nuestro interlocutor. Me pasó esta semana y ya transcurridas las horas caí en cuenta del nombre de la persona… demasiado tarde.

Cuando se trata de retener nombres de autores, ya sean pintores, escritores, compositores, intérpretes, bailarines –directores de cine no, porque en realidad no tengo una lista grande de favoritos–, me pasa lo mismo. La lista de nombres es interminable y debe uno vivir con ellos a diario para comenzar a recordarlos por sus obras y detalles de su vida. La lista es de no terminar, se vuelve un acto continuo de memorización. A todo esto, los nombres extraños no faltan, pero definitivamente donde de pronto me enredo es en nombres que son parecidos, pero no son los mismos personajes. El caso de los ingleses John Taverner y John Tavener. Ambos compositores excelsos, salvo que uno nació en 1490, favorito y protegido del bien conocido cardenal Thomas Wolsey; el segundo, nacido en 1944 y cuya obra está ya dentro de la música inmortal.

Pues bien, a esta lista de nombres casi iguales se suman esta semana a mi catálogo tres Coleridge. El primero seguro ya nos suena aunque no es compositor: Samuel Taylor Coleridge, el gran poeta inglés nacido en 1772, autor de Kubla Khan. El segundo es un compositor poco conocido, pero cuya obra es de una exquisitez absoluta: Samuel Coleridge-Taylor, británico también, nació en 1875. Su vida fue corta, apenas 36 años. Su obra Scenes from “The Son of Hiawatha” es quizá su composición más notable, aunque sus 24 Negro Melodies son excepcionales. El tercero de los Coleridge es Coleridge-Taylor Perkinson, compositor estadunidense, quien nació en 1932. Su obra que bebe de las aguas del jazz y de la música del siglo 20 americano es de una potencia enorme. Enérgica, rítmica, de múltiples coloridos es emocionante. La Sinfonietta No. 1 es una excelente opción para conocer al autor. Tres Coleridge sin relación entre ellos, pero que bien podemos leer y escuchar hoy para pasar un domingo entre letras y música. Que los disfruten.
21 Mayo 2017 03:00:00
Edgar Allan Poe
La influencia que ha tenido la literatura hacia la música es innegable. Podemos recordar cómo grandes poetas como Goethe, Heine o Gautier inspiraron a músicos como Schubert, Brhams o Berlioz. Esto por citar solamente tres autores, pero la lista es enorme y daría para un capítulo entero de El Vértigo de las Listas, de Umberto Eco.

Y no solamente en la poesía, con sus versos como agua fresca donde las musas dan de beber a quien se acerca sediento de lirismo e inspiración, es donde los compositores buscan las aguas. También en la novela y el cuento. Basta recordar las grandes óperas basadas en la literatura: Fausto, de Charles Gounoud, por ejemplo, sobre la obra de Goethe; Macbeth, de Giuseppe Verdi, basada en la arrolladora obra de Shakespeare; Eugenio Oneguin, de Tchaikovsky, sobre la obra de Aleksandr Pushkin; El Amor de la Tres Naranjas, de Prokofiev, sobre la obra de Carlo Gozzi… Y la lista puede seguir casi inagotable.

Pero existen obras musicales que si bien están basadas en obras literarias no son necesariamente óperas u obras vocales. Tal es el caso de los poemas sinfónicos o la música programática, aquella que busca provocarnos imágenes a partir de un título sugestivo o relacionado a alguna obra literaria. Y así como la literatura es capaz de hacernos vivir innumerables mundos, la música lo hace otro tanto más.

Podemos experimentar desde la felicidad hasta la cólera o la desesperación pasando por la expectación de mundos nuevos, de fantasías llenas de mitológicos seres que, convertidos en música, nos llevan de la mano por mundos fantásticos. Tal es el caso de Edgar Allan Poe, quien ha influenciado a compositores con sus cuentos grotescos, macabros, misteriosos. La Caída de la Casa Usher, por ejemplo, sirve de inspiración a Claude Debussy en su, por otro lado, lamentable ópera inacabada.

André Caplet, excelente músico y compositor, íntimo amigo de Claude, compuso Conte Fantastique: una obra emocionante llena de misterio y emoción que durante 17 minutos nos arrebata, basada en La Muerte de la Máscara Roja. Sobre esta misma obra suscita en Per Nogard una pieza dentro de Hedda Gabler alucinante, que merece la pena cada segundo de esos poco más de dos minutos de duración. El polémico Florent Schmitt nos ha legado El Palacio Encantado, obra orquestal descriptiva, digno heredero del impresionismo de Debussy, que cautiva desde sus primeros acordes, inspirándose en el poema de Allan Poe que está dentro de La Caída de la Casa Usher.

Y la influencia de Poe sigue sobre tantos otros compositores, pero las líneas se terminan. Basten estos ejemplos para ir a nuestra biblioteca, leer las obras citadas hoy acompañados de esta música maravillosa. Que lo disfruten.
14 Mayo 2017 03:00:00
Ballet
Saltillo, Coah.- El salón está delimitado por unos ventanales que abarcan toda una pared. Del otro lado el pequeño jardín le confiere un aire de tranquilidad al lugar que se ve acentuado por el silencio que hay alrededor. Un gato juega con una pelota y hace grandes saltos que aprendió del grand jeté que los alumnos de ballet practican a diario dentro del salón. Las barras donde la primera parte de la clase se desarrolla aguardan pacientes a que el calentamiento inicie. Los bailarines anudan sus zapatillas, se estiran.

Los dedos deformados son bellas y dolorosas pruebas de la pasión por la perfección. Marie Taglioni sonríe desde la noche de los tiempos. Las puntas se convirtieron en parte esencial de las bailarinas. Una extensión de su cuerpo. Sílfides que danzan sin cesar. En una esquina del salón un cajón contiene la brea que ayuda a mejor desplazarse durante la clase de técnica. Un piano está callado en un rincón esperando a que el pianista llegue.

Las bailarinas comprueban que las puntas estén bien puestas. Peinado perfecto, leotardo y mallas impecables. Algunos hombres ya hacen alarde de sus pirouettes ansiosos por demostrar sus destrezas. Un y, y, y, dos y, y, y, tres y, y, y… La clase +paña como flotando los movimientos precisos. Música de los grandes ballets: La Bella Durmiente, de Tchaikovsky; La Fille Mal Gardée, de Ferdinand Hérold; el delicioso Pas de Deux, de Adolphe Adam de Giselle.

El tiempo se remonta a otras épocas, por momentos estamos en otro mundo donde la belleza de la música y la danza todo lo absorbe, todo lo eclipsa. Las bailarinas se hacen pintura, impresión, instante. Nos recuerdan a las inmortales Danseuses de Edgar Degas que habitan las salas del museo d’Orsay. En un momento dado los hombres seducen con grandes saltos convertidos en Corsarios. Muchas historias dentro de la música: Coppelias que cobran vida, Romeos y Julietas que en música de Prokofiev danzan su amor, Scherezadas que no hechizan mil y una vez con sus relatos.

La música acompaña, envuelve, traza paisajes donde se viven todas estas historias que transcurren durante la hora de clase. Al final podemos recordarlas cada vez que queramos al escuchar las grandes obras. La danza es pasión, movimiento que surge desde las entrañas, la música, el mundo donde habita.
07 Mayo 2017 04:00:00
La Villa Wesendonck
Zurich. Verano. 1857. El lago es un espejo quieto, mudo, luminoso. El sol acaricia la piel y hace vivir la naturaleza que, apacible y majestuosa, rodea la villa Wesendonck. El silencio reina. Al fondo de la villa, detrás del château está el Asyl, la casa donde habita Wagner.

El sonido de un piano colorea la tranquilidad que se respira. El viento anima las hojas. Cada mañana Mathilde Wesendonck cruza el sendero que conduce a la casa del compositor. Lleva unas hojas en la mano cargadas de versos. “En los albores de mi infancia oí decir que los ángeles cambiaban las felicidades celestes por la luz del sol terrenal”, murmura Mathilde apenas moviendo los labios que tiemblan impacientes.

Las faldas hacen danzar la hierba que mira testigo la ruta del ángel. Dramaturgo como es, Wagner hace a un lado el Gesamtkunstwerk, la obra de arte total para ceder al encanto de la poesía de lo imposible. Transcurren largas horas entre cortinas, sillones, cuadros y melodías profundas como el lago. La fiebre y el arrebato los poseen. Wagner y Mathilde desafían las reglas y el tiempo. “Detente, oh incesante rueca del tiempo, medidora de la eternidad… déjame ser”.

Las Walkirias surcan el cielo, la tragedia de Tristán e Isolda se posa como una sombra sobre la casa del compositor. Cinco poemas escritos por Mathilde serán música con Wagner. Los dos, unidos en las esperas de la poesía. De esta música serán las bases para temas del Tristán e Isolda.

El sol comienza a declinar, el cielo se tiñe de colores. “Sol, lloras todas las noches hasta que logras enrojecer tus bellos ojos...” espera la mañana siguiente cuando el canto de las aves emerge de la copa de los árboles anunciando un nuevo día. Sueños que no tardarán en romperse como pompas de jabón murmuran los labios trémulos de Mathilde enamorada.

Como una flor florecen llenos de belleza y se marchitan antes de que poseerla puedan las manos de alabastro de la señora Wesendonck. Exhala de su aliento un perfume, una ofrenda a Eros que apenas se eleva sobre su pecho desciende hasta el abismo más profundo. El piano de Wagner emite los últimos acordes.

Años más tarde, Felix Mottl, director de orquesta, caerá hechizado por los Wesendonck Lieder y hará la transcripción para orquesta. La eternidad de este ciclo de lieder es. Wagner, conocido por sus monumentales óperas, deja un legado con este ciclo que destila la esencia de uno del controvertido compositor.

Que lo disfruten.
30 Abril 2017 03:01:00
La Traviata
El frío había amainado y nos daría tregua para caminar desde el hotel hasta el Lincoln Center. Lo que vimos esa noche nos arrebató el corazón y nos hizo experimentar una de las noches más memorables en mi vida. Testigos sin nombre, salvo por el del ticket que ostentaba nuestro nombre, de la vida de uno de los teatros más importantes de ópera del mundo, tuvimos nuestros asientos en un balcón predilecto que nos permitió vivir cada parte de la ópera que se representaba esa noche: La Traviata.

Llegamos a tiempo, una hora antes del evento, y nos dio tiempo de mirar la tienda del Met, como le dicen a la Metropolitan Opera House. Música por todos lados y souvenirs que son de pronto irresistibles no tomar. Luego, en lo alto de los estantes, cuadros con firmas de los hombres que hicieron historia en el mundo de la música. Tener un tesoro de Massenet o Puccini o Karajan no es algo permitido a cualquiera. Mi corazón se olvida de esos fetiches y me permito disfrutar de estar en lugar tan histórico para la ópera. Una media hora antes de comenzar la obra, nos dirigimos a nuestros lugares.

Pisamos la alfombra roja, subimos los históricos escalones y miramos por un tiempo los candelabros impecables del recinto. Nos damos tiempo de vivir eso, sin celulares ni fotos que nos desvíen la atención de lo que queda en el alma. La puesta en escena es la misma de la que dejó registro Anna Netrebko y Rolando Villazón. Minimailsta. Sobria e impecable. Un gran reloj recargado sobre la pared curva y un sillón rollo. Pocos elementos en donde la fuerza dramática de Verdi y la perfección técnica-vocal e histriónica de los cantantes de esta noche desbordarán durante los tres actos que componen la ópera.

La obertura es una de mis predilectas. Un comienzo dulce y trágico a la vez. La batuta de Nicola Luisotti es precisa, con carácter. En sus manos están los músicos y los cantantes. Carmen Giannatasio en el papel de Violetta Valéry fue imponente. El fuego de su voz en cada aria desde E’ strano! hasta la agonizante Addio del Passato nos permitió atestiguar su maravillosa expresividad.

Su capacidad vocal cautivadora a la vez que seductora su presencia en el escenario. La sensualidad del personaje hechiza al auditorio entero, muestra de ello serían los aplausos finales. Ataya Allan en el papel de Alfredo Germont es sin duda una de las voces más sedosas y bien interpretadas de la noche. Desde Un Dì, Felice, Eterea, ya estábamos enamorados con él de Violetta. George Petean, en el papel de Giorgio Germont el padre de Alfredo, fue tan odioso como perdonable al final de la ópera. Uno de esos papeles que se odian, pero acabamos compadeciendo. Una fuerza en escenario indudable.

Una noche inolvidable y qué mejor manera de recordarla que escuchar la obertura de La Traviata y algunas de sus maravillosas arias.
23 Abril 2017 03:01:00
Música Bizantina
Los pies empolvados se dirigen hacia la sombra del pórtico. Las sandalias transmiten el calor que de la tierra emana. El sol en lo alto anuncia la hora para el inicio del rito. El calor se respira, pero la sombra ya nos resguarda. Las paredes de piedra nos refrescan. Las tocamos con las palmas de nuestras manos para beber por los dedos su frescor. Tomamos un respiro litúrgico, reverencial y avanzamos hacia el interior de la iglesia. Los altos muros nos abrazan, nos protegen. Las columnas de piedra tocadas por el tiempo se elevan hasta los arcos. Santos y ángeles nos miran desde el cielo. Los colores ocres, terrosos se diluyen entre la luz tenue del recinto. Las velas emiten la luz de sus votos, se elevan entre piedra, colores jade y oro. El incienso es la palabra que se eleva como ofrenda al Altísimo. Las oraciones se perciben al respirar. Siglos de plegarias y adoraciones. La oscuridad es mística. El calor del sol que afuera consume, aquí mengua ante la magnificencia del lugar. El tiempo se detiene.

De pronto, como anunciantes, los pasos de los sacerdotes se escuchan avanzar. Tres golpes secos se escuchan en la alta puerta. El rito está por comenzar. El Cristo Pantocrátor, todopoderoso, posa su mirada eternal sobre nosotros, mortales, nos cobija. Su mano bendice. Santos se arrodillan ante él en lo alto de la cúpula. Abajo, en la tierra, los isócrates comienzan el sonido pedal que será la base del canto.

Una nota grave constante, mística, omnipresente, como si nunca se hubiera callado desde el siglo 18 emite el bordón vocal. Nuestro cuerpo vibra con la nota vocal. El texto en griego entonado por los demás sacerdotes se eleva en melismas. El texto se enraiza en lo más profundo de la tradición cristiana, en el idioma en que fueron escritos los grandes libros que sustentan sus creencias.

La melodía está en función del texto, existe gracias a éste. La antigüedad es presente, constante, imperecedera. La herencia de Pedro Lampadarios no se agota. El canto bizantino no se ha transformado casi nada desde el siglo 12 y su florecimiento hacia el siglo 18. Las voces son hipnóticas, cósmicas. Nos estremecen. el carácter kalofónico, de sonido bello, de sus melodías nos transforman. El incienso se eleva, llena el lugar como una nube mientras el rito continúa.

Tres horas que abarcan la eternidad y que sin embargo se van como la niebla. La tradición del canto bizantino la resguarda la iglesia católica ortodoxa y es ofrenda y regalo de la historia para creyentes y no creyentes. Escuchemos, que el tiempo se suspenda este día.
16 Abril 2017 03:00:00
El evangelio según Bach
La obra del más grande compositor de la historia está volcada en gran manera hacia la obra religiosa. Para compositores excelsos como Robert Schumann quien dice: “Solamente hay uno de quien los demás podríamos sacar algo nuevo: Johann Sebastian Bach”, la obra de Bach es inconmensurable.

Una prueba de que el ateísmo es insostenible para Salvador Pániker.

Solamente basta escuchar su pasión según san Mateo para comprender la grandeza de Bach.

El compositor es un mar y no un río, como dice Beethoven. La obra de Bach es monumental, perfecta. No hay nada en Bach que sea menospreciable. Ni la más mínima obra.

En estos días de fervor religioso, Bach se vuelve un evangelista más.

No podríamos ver de la misma manera a Dios sin la obra de Bach. La religión Judeo-Cristiana debe enormemente lo que es a Bach.

Como dice Cioran: “Bach es la única cosa que te da la impresión de que el universo no es un fracaso”, y agrega que su ateísmo se tambalea siempre que escucha al compositor.

Si bien no toda la obra de este grande es religiosa y tenemos como gran prueba el Arte de la Fuga, la Ofrenda Música o el Clave Bien Temperado, sus pasiones son inconmensurables. Catedrales de la música, pilares de la fe.

Friedrich Nietzsche, aquel filósofo alemán que dijera alguna vez “Dios ha Muerto”, pero quizá como un lamento como apunta Jorge Eduardo Rivera traductor de Heidegger, comentó alguna vez: “Esta semana he ido a escuchar tres veces la Pasión según san Mateo del divino Bach, y en cada una de ellas con el mismo sentimiento de máxima admiración.

“Una persona que -como yo- ha olvidado completamente el cristianismo no puede evitar oírla como si se tratase de uno de los evangelios”.

Si la obra de Johann Sebastian Bach es capaz de conmover de tal manera, qué no hará con nuestro mortal espíritu. Esta semana es una gran oportunidad de escuchar su Pasión según San Mateo siguiendo la traducción propuesta en kareol.com.

Nada más qué apuntar sino seguir los pasos del divino Bach y atender a su voz cuando dijo sobre su obra entera: “Para la gloria del Dios Altísimo y la edificación de mi próximo”.

Que lo disfruten.
02 Abril 2017 03:00:00
The Blue Notebooks
Hace unos días me hicieron un regalo: la obra para piano de Max Richter. Él es uno de los compositores vivos que más me conmueven. Si la música es un instrumento de viaje, de desapego de la realidad, Max Richter es uno de mis guías predilectos.

Toda su música es capaz de arrancarme del mundo y ponerme en lugares donde el tiempo se detiene, donde el silencio es total y la contemplación de nada cobra sentido.

Nunca regreso igual de cada pieza que toco al piano o escucho de este compositor.

Max Richter estudió con grandes como Luciano Berio. Ha estado al lado de figuras como Philip Glass o Arvo Pärt. Su obra es grabada por la Deutsche Grammophon, una de las casas discográficas de música clásica con más renombre. Los paradigmas se rompen al situarse en una constante cuerda que fluctúa entre lo clásico formal y lo electrónico o música ambiental. Sin embargo sus composiciones van más allá de lo que la música new age hace.

Richter es capaz de profundizar en la mente de quien escucha y trastocar su realidad. Las obras que están incluidas en este álbum son un ejemplo sintetizado de su música, pero podríamos escuchar su recomposición de las cuatro estaciones de Vivaldi y confirmar su genio.

La simplicidad en la música no es sinónimo de falta de ingenio o de belleza. Podemos encontrar en la historia musical ejemplos claros de obras tan complejas técnicamente, pero que no resultan bellas y en cambio afrontar obras con recursos tan sencillos, que no simplones, que nos arrancan de nuestro letargo.

¿Dónde radica entonces lo bello en el arte? Lo bello es difícil de definir. El genio, por otro lado, puede demostrar su gran potencial cuando usa los mínimos recursos y con ello logra un objeto artístico que nos toca.

Como toda obra minimalista, Richter debe escucharse de principio a fin para experimentarlo a profundidad.

El silencio que venga después, al final de nuestra experiencia, cobrará un sentido tan distinto, tan pleno, que es probable, en este mundo que nos distrae cada segundo con notificaciones, que no queramos ensuciarlo con nada el resto del día.

Que lo disfruten.

Album de la semana: The Blue Notebooks. Max Richter. Spotify.
26 Marzo 2017 03:01:00
La música se escucha
La música ha sido desde siempre parte importante en la vida de la sociedad. La usamos para casi cualquier actividad. Hoy en día y desde que el siglo anterior nos trajo la música grabada, la música se ha convertido poco a poco en acompañante y de pronto en ambientación de nuestras actividades. Esto trae consigo un menosprecio no del todo consciente del acto de escuchar música. La música está presente en los restaurantes y las fiestas, pero sin ser escuchada. Ritmos repetitivos muchas veces que nos ponen en trance y nos hacen olvidar el tiempo y a nosotros mismos, pero no como una iluminación, sino como una evasión insustancial.

No sabemos convivir con el silencio, nos es imposible estar con nosotros mismos, por eso es mejor tener música que suene para evitar el silencio que cada vez se nos hace más extraño.

Tengo un grupo de amigos con los que periódicamente me reúno para hablar de libros, música y de todo tema que se ponga sobre la mesa. Estas tertulias cargadas de compositores, obras, directores, de múltiples aspectos de la historia musical son siempre sin música ambiental. Extraña cosa que nos pasemos la velada hablando de música y jamás escuchemos algo, pero sin acuerdo tácito, todos nosotros coincidimos que la música se escucha. O platicamos o escuchamos.

Quizás esto sea para algunos extraño, pero luego, cada uno en su soledad, puede escuchar las obras que mencionamos durante la velada y la siguiente reunión expondremos nuestra opinión. No significa que esta sea la única forma. Pero lo vital es que la música sirva para nutrirnos, para aliviar la pesadez de la diaria existencia, de esa insoportable levedad del ser.

Que la música sea una experiencia y no una cosa baladí. Para Nietzsche quedaba claro: sin música, la vida sería un error. Y como estas, existen otras personas que han experimentado la grandeza de la música como algo más allá de lo anecdótico y gastronómico. Beethoven dijo que la música era una revelación superior a la filosofía, por ejemplo. Misteriosa forma del tiempo, dice Borges, y agrega: Gracias por ello. Para Cioran la música es capaz de hacer tambalear su ateísmo. También dice: Fuera de la música, todo, incluso la soledad y el éxtasis, es mentira. Ella es justamente ambos, pero mejorados.

Esta semana el compositor danés Rued Langaard nos hará experimentar todo esto expuesto con su obra Staerernes Musik. Música de las esferas. Una obra que nos arrancará de nuestros asientos, incluso de nuestra comodidad para llevarnos por paisajes desconocidos y fascinantes, llenos de colorido y ricas texturas.

Que lo disfruten.
19 Marzo 2017 03:01:00
Trío para piano
La evolución artística de un compositor se puede constatar con regularidad. Desde autores como Haydn o Beethoven, o Arvo Pärt ya en este siglo. Y no solamente en el arte musical, en la pintura suele ser mucho más evidente esta evolución o descenso a los mundos interiores de la creatividad, de la locura o de la
enfermedad.

Lo que caracteriza a un autor, que lo identifica, suele revelarse con el paso del tiempo. Salvo excepciones notables como Mozart o Johan Sebastian Bach, a quienes escuchamos e identificamos casi inmediatamente. Más al primer genio que al segundo, y no por motivos de grandeza o genialidad, sino porque simplemente Mozart siempre se deja ver claramente es su obra. Estos dos compositores fueron de una grandeza desde siempre. Otros, tuvieron que pasar por diferentes etapas hasta encontrar su propia voz. No negando su talento y evidente genialidad, compositores como Schoenberg, o Liszt o Debussy, el que escuchamos esta semana, hubieron de pasar por un crecimiento que fue transformando poco a poco su sonido, justo hasta encontrar aquello que los mantenía en constante búsqueda y terca y apasionada creatividad.

Claude Debussy vivió un mundo convulsivo, cambiante. La tecnología ya miraba hacia el futuro, hacia coches que vuelan y máquinas que nos enseñan en las escuelas. La exposición universal en París hacia finales de siglo reunió a creadores, entre ellos a Debussy que conoció ese mundo que se vislumbraba. Ahí conoce el gamelán, la orquesta típicamente indonesia. Esos sonidos de mundos nuevos, de ensoñaciones fueron parte de lo que buscaba Claude en su música. En el piano no tardó en imitar estos sonidos.

El carácter y sonido típicamente debussyniano no se muestra, sin embargo, en su obra temprana. Un ejemplo es su trío para piano el sol menor, que compuso a sus ardientes e impetuosos 18 años. Y fue durante sus viajes de verano con Nadezhda Von Meck, la mujer con quien Tchaikovsy tuvo una relación epistolar de poco más de 13 años. Este trío nos muestra el ímpetu creador de un joven Debussy que tenía 18 años y aparentaba 16, según la propia Nadezhda. Las cuerdas y el piano se arrojan por senderos turbulentos y enérgicos.

En el piano por momentos podemos escuchar destellos de lo que sería el Debussy que todos conocemos, aún así, es imposible darse cuenta que en este trío para piano estamos frente a Claude de France. Un genio que vibra desde su juventud y persigue la trascendencia hasta alcanzarla. Que lo disfruten.

Álbum: Trío para piano de Claude Debussy. Spotify.
12 Marzo 2017 03:01:00
Dedicatoria
La historia de amor de Robert Schumann y Clara Wieck es de grandeza mítica como Tristán e Iseo, Romeo y Julieta, como Pamino y Tamina también, nos dice Graham Johnson. Sabemos que esta pareja de compositores supera grandes pruebas y salen siempre victoriosos, que el diario que llevaban juntos testimonia la entrega mutua que esta pareja tuvo.

“Mi espíritu desfallece cuando pienso que podría perderlo algún día”, escribe Clara un día antes de su boda, justo cuando recibe un regalo por parte de Robert.

Su boda fue el 12 de septiembre de 1840. “Mi Robert me hizo un hermoso regalo de bodas. Cuando lo abrí me invadió un sentimiento de sacralidad”. El regalo fue el Opus 25 titulado Myrten. Bellamente encuadernados en terciopelo rojo, Robert Schumann le obsequia los 26 lieder que guardan todo un significado para su relación. Veintiséis como las letras de su alfabeto.

No es casualidad que Robert pusiera en este ciclo todas las cosas que se pueden decir sobre el amor que sentía por Clara y lo dichoso que era de estar por fin y para siempre al lado de su alma gemela. En la tradición alemana de la época los mirtos son las flores que se usaban y usan en los enlaces matrimoniales. De ahí el título del ciclo de canciones. “Tú, mi alma, tú, mi corazón”, comienza el primer lied.

Con arpegios vivos en el piano y que remiten a la ansiedad alegre por la pronta unión, el poema comienza así: “Tú, mi delicia, tú, mi dolor. Tú, mundo mío en el que vivo, tú, mi cielo en el que vuelo.

"Oh tú, tumba mía, dentro de la cual enterré para siempre mi dolor”. Este poema escrito por Friedrich Rückert es el que usa Schumann en Widmung. Y continúa diciendo “Tú eres la paz, tú eres la calma. El piano acompaña todo el espíritu que transmiten los versos”.

Robert Schumann sabe lo que hace. Gran admirador de Schubert y su famoso, y más famoso en nuestros días, Ave María, lo incluye como un epílogo a este lied. Suenan la memorable melodía y vemos cómo Schumann eleva a Clara a niveles celestiales, donde le rinde adoración su vida entera. La vida de esta pareja superará multitud de pruebas hasta el final, cuando la locura se instale implacable y definitiva en la mente del compositor en 1854.

Luego de esto el amor que los une se hará más grande, nada los podrá separar ni siquiera la muerte acaecida dos años más
tarde.

Durante el tiempo que le quede de vida, Clara será quien siga dando a conocer la obra de uno de los grandes compositores de nuestra historia. Widmung es sólo una muestra, pero basta para colmarnos.

Que lo disfruten.
05 Marzo 2017 03:01:00
Valentín Silvéstrov
En la escena musical del siglo 20 a la actualidad muchos son los clichés o mitos. Gran parte de los amantes de la música consideran que el caos, el ruido, la cacofonía reinan durante todo este tiempo e incluso en la actualidad. Pero en estos siglos tan abrumadores existen siempre, como en todo tiempo, personajes que se salen del molde y que si bien no niegan su lugar en el siglo que los ve nacer, buscan ir más allá.

No por esto unos son más que otros. Como dice Rubinstein, a propósito de una pregunta que le hicieron sobre quién era mejor pianista, parafraseo: en arte no hay mejores ni peores. Es decir, cada quien tiene un lenguaje que hace propio, que usa como medio de expresión íntimo, único y en muchos casos irrepetible. Tal es el caso en intérpretes y en creadores. ¿Cómo comparar un compositor con otro con fines de obtener a un ganador? Hay tantos compositores consagrados e inmensos que difícil se hace la tarea de elegir al favorito. Por eso cuando llegan a preguntarme qué compositor es mi preferido, la pregunta se vuelve una cosa difícil de responder. Claro, hay compositores que son recurrentes en nuestros momentos de escuchar música.

hace años un amigo me presentó la música de Valentín Silvéstrov, y quedé prendado de su expresividad. Este compositor ucraniano nacido en 1937 posee una capacidad única de usar la tonalidad y la música modal, cosa no nueva, sino que existe desde tiempos del canto gregoriano, por citar un punto de referencia, y de al mismo tiempo que usa estos recursos, no expresar algo ya dicho sino nuevo. Su música es nostálgica, sumamente expresiva. Cala hondo. Las texturas armónicas son perfectas. "Yo no escribo nueva música. Mi música es una respuesta y un eco de lo que ya existe", dijo en alguna ocasión el compositor.

Ya desde algunos títulos como Nostalghia nos permiten apreciar la hondura de su concepción musical. Usando recursos postrománticos mezclados con las reglas de la música dodecafónica heredada por Schönberg Valentín Silvéstrov nos hace vivir una música nueva, que sabe a algo que ya vivimos. Un dèjá vu, quizás. Su sonata para piano número uno es una parábola sin palabras. Como sucedió con varios músicos de su época y lugar, Silvéstrov usó la música como propuesta al sistema que oprimía su nación. Esto le valió ser olvidado por mucho tiempo, pero no el suficiente para que el tiempo no recompensara sus sacrificios con el reconocimiento.

Es un mensajero de la música. The Messenger, obra para piano, nos lo ratifica. Con un lenguaje clásico y liberado de la rigidez, la obra vibra en cada momento. Es nostalgia a cada momento. Heredero brillante de formas románticas, Valentín Silvéstrov nos cimbra con su sinfonía número cinco. Es un fiel y digno heredero de la música de Mahler, que lleva el mundo de los sonidos y el arte a nuevos horizontes. Sin duda un compositor vivo que merece ser escuchado por más gente.

Que lo disfruten.
26 Febrero 2017 03:00:00
¿Orquesta Filarmónica o Sinfónica?
Nopocas veces hemos escuchado nombrar filarmónica o sinfónica a una orquesta. Luego viene una pregunta habitual, ¿cuál es la diferencia entre una y otra? Pues básicamente ninguna.

El término Orquesta Filarmónica se refería a las personas que integraban ésta y que no eran necesariamente profesionales. Es decir, amantes de la música que podían destinar su tiempo e incluso dinero para financiar este gusto artístico.

Ya en el siglo 18 surgían grupos de amantes de la música y de profesionales que integraban orquestas. Los dos casos más notables son en Mannheim, que ya hemos mencionado aquí, y Viena.

dado que en un principio aquellos que conformaban una filarmónica eran personas que incluso destinaban dinero para el sostenimiento de la orquesta, en la actualidad el término puede referirse, quizás y no necesariamente a su estructura administrativa. Es decir, si hay alguna asociación que mantenga la orquesta filarmónica. Pero no necesariamente.

Entonces podemos usar Orquesta Sinfónica o Filarmónica sin temor a caer en confusiones. Son exactamente lo mismo. Las dos orquestas están conformadas por una buena cantidad de músicos que en algunos casos sobrepasan los 100 miembros. Dentro de las agrupaciones orquestales tenemos otras donde sí podemos encontrar diferencias claras. La llamada orquesta de cámara sí es un grupo que se diferencia de la sinfónica o filarmónica por su tamaño. Por definición una orquesta de cámara debería caber en un salón. De ahí su nombre. Por lo tanto su número no rebasaba los 18 miembros.

Estas orquestas se concentran en repertorio que corresponde a sus capacidades sonoras, especialmente la música del periodo barroco, aunque no necesariamente. Aquí encontramos el inicio de las orquestas monumentales. La orquesta de cámara no cuenta con un director frente a los instrumentistas. Generalmente es el primer violín quien dirige.

Y hablando de directores, estos no siempre existieron como los conocemos hoy en día. Normalmente las orquestas eran dirigidas por el concertino, o primer violín, o el clavecinista. No es sino hasta el siglo 19 que el director nace.

Entre otros aspectos, dado que las orquestas van en aumento de número de integrantes, es necesaria una dirección más clara y eficiente para lograr homogeneidad a la obra abordada. En fin, entre una cosa y otra, se nos acaban las líneas. ¿Y la música?

Esta semana la sugerencia es la Royal Concertgebouw y su brillante director Mariss Jansons dirigiendo la cuarta sinfonía de Mahler. Seguro no quedarán defraudados. Que lo disfruten.
19 Febrero 2017 03:16:00
Aplausos
Existen diferentes géneros musicales dentro de la llamada música clásica que están conformados por varias partes o piezas independientes que llamamos movimientos. Una sonata para algún instrumento, un concierto para solista y orquesta, un cuarteto de cuerdas, un quinteto, un trío, una sinfonía, por citar algunos ejemplos, son obras que se componen de movimientos. La estructura tradicional de éstos es la siguiente: rápido, lento y rápido.

En la sinfonía a finales de siglo 18, entre el segundo y tercer movimiento se introdujo uno llamado minueto o scherzo. Por ejemplo en la notable sinfonía número 40 de Mozart encontramos ya estas cuatro partes. Estas obras musicales fueron concebidas así, en movimientos, de tal manera que la idea general del compositor compone la suma de sus partes. Estas obras deben escucharse de esta manera.

Claro que existen movimientos excepcionales que nos gustan por separado. Podemos escuchar el grandioso adagio de la quinta sinfonía de Mahler sin adentrarnos en toda la obra. Y no está mal, por supuesto. Ahora bien, cuando estamos en un concierto y el programa presenta un concierto para piano y orquesta o una sinfonía, por lo general se presenta completa, con todos sus movimientos. Ahí es donde nos ponemos a pensar: ¿aplaudimos entre movimientos o no? La respuesta es clara: no.

Si el compositor crea una obra y esta obra está conformada por más de un movimiento, deberemos esperar hasta el final. No es cuestión de pose intelectualoide o algo parecido. La música está creada por sonidos y silencios, esto incluye ese silencio expectante o reparador entre movimientos. Es un momento que nos ayuda a entender el todo de la obra.

Si asistimos a un concierto donde se interpretará el concierto en La menor para piano y orquesta de Grieg, por ejemplo, ¿no es mejor aguantar el aplauso hasta el final y disfrutar de esos silencios que existen entre sus partes? Por supuesto, el placer aumenta. Además de que contribuimos a no perturbar la concentración de los intérpretes. Claro está que esto no existe en todos los géneros musicales, pero sí en la que llamamos música clásica. Así que, no por convención social o pose intelectual, la próxima vez que asistamos a un concierto aplaudamos hasta el final de la obra. Esto aumentará el placer de escuchar. ¿O acaso no es mejor explotar en aplausos luego de ser invadidos del placer de la música entera? Aquí mencionamos algunos ejemplos que seguramente harán de su domingo algo placenteramente diferente. Que los disfruten.
12 Febrero 2017 03:01:00
El Camino de la Música II
El clasicismo es un periodo que comprende los años 1750 a 1820, aproximadamente. Éstas son las décadas de compositores como Haydn, Mozart y Beethoven, por citar a los más renombrados, y llamados tiempo después, la primera escuela de Viena.

Los ideales de proporciones helénicas estaban en todo arte de esta época. Ya lejos de las intenciones de los compositores hacer obras musicales con barroquismos. Ahora las melodías son cristalinas, claras, de una proporción simétrica en sus partes; armonías que no suenan ya a aquellas complicadas estructuras del periodo Barroco. Y en esta época de aristócratas que son mecenas de grandes orquestas y destacados compositores, la naciente burguesía poco a poco entra en el juego de poder sobre el arte.

Aún así, Mannheim se erige como el semillero de todas estas experimentaciones y transformaciones musicales. La llamada Escuela de Mannheim iba a la vanguardia en materia de composición, de formas como la sinfonía. Johann Stamiz se presenta aquí como una figura destacada.

Las dinámicas que ahora nos son tan familiares, esos crescendos o diminuendos de las obras musicales nacieron en Mannheim. Este lugar era la fuente donde se bebían las nociones musicales más avanzadas de su época, ahí fueron a aprender compositores como Mozart, que quedó maravillado por la actividad y calidad artística de la corte.

Este periodo clásico es la época donde la forma sonata se consolida y se presenta en prácticamente toda composición, desde la sonata misma hasta los cuartetos, las sinfonías o conciertos. Durante el primer movimiento de este tipo de obras podemos escuchar la forma sonata con claridad: la exposición del tema en dos partes, primero; luego un desarrollo de las ideas musicales donde hay una variación de tonalidad y el carácter de la obra se enriquece; en tercer lugar una reexposición para finalizar con una coda, la parte que concluye.

Pero ¿a qué suenan todas estas ideas? En las sinfonías de Johann Stamitz podemos escuchar con claridad estas ideas. Sus sinfonías pertenecientes al Opus 4 son un ejemplo donde podemos apreciar la forma sonata de manera clara y precisa.

Las sinfonías 1, 2 y 4 del opus mencionado son un deleite a nuestros oídos. Sinfonías frescas, llenas de vitalidad donde podemos apreciar que el creador de la llamada escuela de Mannheim iba a dejar huella en toda una época.

Su obra la pueden encontrar en las aplicaciones como Spotify. Un remanso la obra de Stamitz que hará de su domingo un domingo apacible.

Que lo disfruten.
05 Febrero 2017 03:00:00
El Camino de la Música
En el mundo de la llamada música clásica existen diferentes periodos en los que podemos enmarcar cierto momento histórico musical. Como en todas las artes o estudios de alguna materia social, por supuesto.

Estos diferentes periodos no son determinantes, claro, sino que proponen entender la música por etapas. Pero como sabemos una evolución, o mejor dicho, transformación, se da de a poco.

Por esto es que entre periodos musicales podemos encontrar las cosas un poco confusas, pero a medida que un periodo llega al tiempo intermedio podemos notar con mayor claridad sus aspectos.

Podríamos enumerar una serie de periodos que van desde los inicios de la música occidental, con Hildegard Von Bingen, una de las primeras de quien tenemos música escrita. Pero adelantémonos unos siglos y tomemos como punto de partida el Renacimiento, a los siglos 15 y 16, los siglos de figuras como Josquin Desprez o Tomás Luis de Victoria y de Palestrina, por supuesto. Esos siglos de esplendor polifónico, de madrigales y misas monumentales, siglos de formas que nos han sido heredadas hasta nuestros días.

Luego el Periodo Barroco, y el nombre de Johann Sebastian Bach que deja caer su sombra sobre nosotros.

El hombre que llevó a lo más alto los ideales de la música de este periodo que va del siglo 17 a 1750, año de la muerte del grande Bach. Pero hay otros nombres que son grandes como catedrales también. Jam Dismas Zelenka, por ejemplo, compositor checo que luego de siglos resurge gloriosamente a finales del siglo pasado.

El Barroco es el periodo de compositores como Antonio Vivaldi y George Friedrich Händel, conocidísimos para nosotros. Tiempos de Henry Purcell, de Monteverdi. Tiempos de Fugas, de la forma concierto como forma ya establecida en marcos bien claros.

Y luego de este periodo de esplendor de formas contrapuntísticas, de tejidos melódicos que se concierten en texturas complejas y maravillosas, la sociedad comenzó a transformarse de poco a poco, las casas de los nacientes burgueses se llenaron de pianos en las salas y las exigencias por composiciones que no fueran tan complejas y pudieran ser tocadas en la intimidad se pusieron de moda.

Armonías simples y melodías fácilmente recordables, frescas y divertidas fueron la preferencia de la Música Galante, que sería el inicio de otros caminos con respecto al siglo anterior. La música del Periodo Clásico nacía poco a poco y compositores como Franz Joseph Haydn, padre de la sinfonía, y quien naciera en 1732, iba preparando el camino para establecer la ruta que llevarían los compositores en el Siglo de las Luces.
29 Enero 2017 03:01:00
Lied
El lied, con su poesía y su intimidad llena cada rincón. Por la noche, antes de dormir, las suaves notas emanan del piano. La simplicidad es aparente. La partitura es perfecta. Robert Schumann existe en cada nota que escribió. Toda su vida pasa por nuestra mente cuando su música suena. Sus amores con Clara, las cartas, el enojo del padre de ella, su pasión incontenible, su locura, su destino, el Rin, la desesperación, el asilo… cada nota es testimonio y lo sentimos al escuchar, al tocar. La voz de Dietrich Fischer-Dieskau inconfundible, perfecta.

El lied es la forma musical de cámara más personal e intima. Con un piano, una voz y de la mano de versos, el compositor expresa mundos enteros. El lied es una forma del periodo romántico principalmente, pero podemos remontarnos hasta Haydn y escuchar lo que el padre de la sinfonía nos dejó como legado.

Más al pasado, hasta el siglo 12, los minnesänger, aquellos trovadores del pueblo germánico cantaban al amor y a los héroes que entregan su vida por sus ideales.

Luego de varios siglos un hecho histórico aparentemente ajeno motivaría un desarrollo en las poéticas germanas. La reforma luterana hacia 1521 proponía, entre otras cosas, que el pueblo alemán recibiera la doctrina en su idioma natural y no en latín.

Esto tendría implicaciones fuera del mundo religioso, pues la vida cultural se vio enriquecida por aquellos que tomaban a las melodías populares y les anexaban textos religiosos con el fin de instruir a la feligresía.

Poco a poco, paralelo al volkslied, que era el canto popular alemán, se desarrolló el kuntslied, o canción de arte. No sería sino hasta el siglo 19 que la forma se consolidaría de manera definitiva como una de las más poéticas y sensibles. Y no es para menos, sabemos ya la visión que este siglo tenía y los ideales que guardaban los artistas.

Los sentidos como medio de conocimiento frente al racionalismo del siglo precedente era tierra fértil para la creación. Schubert como el liederista más prolífico es uno de los predilectos de los intérpretes, así como Robert Schumann.

Pero existen otros, Mahler, Wolf, Strauss, por decir algunos que existen en el universo musical. Pero como intérpretes, quizás el más famoso y querido es el barítono Dietrich Fischer-Dieskau, quien ahora suena en mi sala.

Que lo disfruten.
22 Enero 2017 03:00:00
Concierto
La sala está vacía. Unas 500 sillas color guinda están dispuestas en perfecto orden. La ciudad se ve afuera. Un desfile de coches fluye continuamente del otro lado de la ventana mientras el silencio en el que me encuentro es completo. El piano de cola está afinado desde hace un rato ya y el ensayo general fue bueno. Me dispongo ahora a respirar un poco, a contemplar la vida desde fuera y dedicarme a disfrutar de la música. Quedan aún seis horas antes del concierto y tengo tiempo de estudiar las piezas una vez más. Lento y sin prisa, como me dijo alguna vez la grande maestra Guadalupe Parrondo.

Arias, canciones, zarzuela, son parte del programa de esta noche. El programa también incluye Written in the Sky, de Max Richter, una obra pequeña y de inmensa belleza que puede envolvernos como un abrazo y que siempre disfruto tocar una y otra vez. Una más: The Hours, de Philip Glass, obra que desde tiempo atrás me ha cautivado y que esta noche también interpretaré.

Como saben, mis gustos musicales son diversos en el mundo de la llamada música culta, o de concierto, o clásica, pero la música del siglo 20 y minimalista es de mis predilectas. Claro, Bach y Mozart y tantos más son inamovibles e inconmensurables.

La sala se llena dulcemente de las sonoridades minimalistas y todo afuera parece adquirir otro sentido. Los coches se mueven diferente. La luz se esparce de manera distinta. La vida parece otra. Eso es lo bello del arte: nos permite apreciar la realidad de otra manera, desde otra perspectiva. Cierto que podemos evadirnos de la realidad por medio del arte, embriagarnos de poesía, como dice Baudelaire, pero sin duda nuestros ojos y ser entero cambian luego de la experiencia de lo bello.

La fortuna de sumergirnos en el arte es inmensa, por eso disfruto del piano en esta sala aún vacía, pero llena de música. Me permite estar a solas, dejándome ser a mí mismo. El mundo por un momento se transforma y yo con él. Hoy será un programa variado. Mis manos están listas, las piezas en su lugar y mi cabeza también. Ahora sólo falta esperar el tiempo para iniciar. La gente comienza a llegar y a tomar sus lugares. La luz del día se despide poco a poco y la emoción por comenzar esta experiencia crece.

Una noche de concierto, de compartir música con personas extraordinarias y para un público expectante. Promete ser una gran noche. Por lo pronto, la música de Max Richter sigue en mi cabeza como un mantra.
15 Enero 2017 03:00:00
Krzysztof Penderecki
Cuando hablamos de música contemporánea podemos referirnos a la música que fue creada a partir del siglo 20 hasta nuestros días. Aunque poco a poco nos vamos alejando de los inicios de aquel siglo pasado, aún tenemos compositores que siguen vigentes nacidos hacia los años treinta. Uno de estos es el polaco Krzysztof Penderecki, que nació un 23 de noviembre de 1933 en Débica. Muchos compositores han aportado grandes cosas al mundo, pero algunos han sabido avanzar con el mundo.

Si pensamos en algunos compositores, ya sean contemporáneos o pasados, y analizamos un poco su obra y evolución, podríamos darnos cuenta que crearon obras sublimes y de gran belleza, pero no evolucionaron. Aportaron un enorme conocimiento, pero fueron otros los que desarrollaron sus nuevas maneras de crear. Penderecki no es uno de ellos.

El compositor polaco ha tenido una transformación a lo largo de su vida, que nos hace pensar en las etapas de otros grandes. Su fama se asentó cuando en 1960 estrenó Treno a las Víctimas de Hiroshima, obra para cuerdas frotadas que se salió por completo de los cánones establecidos y exigía a los ejecutantes tocar en zonas insospechadas en su instrumento o haciendo uso de la microtonalidad. La obra fue un hito en la historia. Su fuerza dramática es inigualable.

Esta obra clasificó al compositor como vanguardista, pero Penderecki como siempre, siguió explorando. Tanto así que podemos escuchar una transformación evidente en sus sinfonías.

Usando formas antiguas y revistiéndolas de nuevas vestiduras, Penderecki compone su Concerto Grosso número uno para tres chelos y orquesta, obra inmensa donde leyes barrocas, ya anunciadas desde el nombre de la obra, se hacen presentes para añadir un nuevo soplo de vida a la pesada anarquía atonal.

Así mismo pasa con Largo, una obra también para cello, que sabe equilibrar las atrevidas extravagancias de la música serial y atonal con melodías desgarradoras y de una profunda belleza. Krzysztof Penderecki sigue vigente, explorando en el mundo antiguo mostrándonos que la música siempre se puede reinventar y nunca dejar de ser. Su Benedictus, obra coral es memorable, de claras influencias ancestrales, pero que viven hoy y habitan entre nosotros.

La textura contrapuntística de Benedictus nos será familiar y nueva a la vez. Qué grande Penderecki que ha sabido ahondar en lo más profundo para heredar al mundo una concepción totalmente diferente de lo que la música es y seguirá siendo.

Que lo disfruten.
08 Enero 2017 03:00:00
Música de cámara
De tiempo en tiempo nos puede llegar una saturación de música. Escuchamos tanto que a veces ya no tenemos una atención adecuada para apreciarla. Claro, hablo ahora del acto de escuchar: sentarse, darse el tiempo para disfrutar una obra entera, así como nos ponemos a ver una película o leemos el libro en turno.

Actualmente es casi un lujo darse ese tiempo, o más bien se ha banalizado tanto el acto de escuchar música que simplemente ponemos a cualquier autor mientras seguimos con nuestras actividades diarias. Sentarnos y dedicar un tiempo a solamente escuchar, es casi una locura para nuestra mente acostumbrada a ser bombardeada por multitud de estímulos para mantener nuestra atención.

Pero si no lo han experimentado últimamente, dense el tiempo de apagar su celular y escuchar alguna sinfonía, la sexta de Gustav Mahler, por ejemplo, y verán que la inmensidad de sensaciones que podemos vivir con el solo hecho de escuchar es inmenso.

Es extenuante por supuesto, sobre todo si nos enfrentamos a obras colosales, pero ocurre siempre que disponemos todo nuestro ser a recibir una obra musical maestra. Algunas obras vigorizan, otras nos arrebatan de tal manera, que las fuerzas a veces nos faltan. Cuando llega este momento de sentirnos saturados de escuchar tanta música, siempre podemos recurrir a dejar de escuchar por un tiempo o bien cambiar de género o forma radicalmente.

De ahí la expresión de un amigo mío cuando dice Limpiemos la paleta, refiriéndose a que es necesario descansar un momento de escuchar, leer, o ver obras artísticas. Cuando esto me sucede, mi salida es cambiar de época. Una de mis favoritas para descansar la mente es la música del siglo 20 a la actualidad. Sobre todo la de primera mitad de siglo pasado. ¿Por qué? Pues porque la falta de un centro tonal en multitud de obras, y de reglas definidas, me permite escuchar por escuchar. No sin atención, pero sin reglas que me hagan diseccionar la música en sus partes. Escuchar por escuchar, dejando todos mis sentidos a la deriva en el mar de sonidos. No hay reglas que me distraigan, no hay tonalidades que me provoquen adivinar. Es música, simplemente. Sonidos. Las leyes que rigen a la música atonal son tan variadas, que es mejor olvidarse de ellas y disfrutar puerilmente del acto. Nada interviene en el disfrute.

La música de cámara de la compositora Kaija Saariaho es una de mis predilectas. La intensidad de su obra y su capacidad sonora y melódica inundan sin más. Una obra musical deliciosa si lo que deseamos en ocasiones es dejar de pensar y simplemente deleitarnos con el arte musical más elevado.

Que la disfruten.
25 Diciembre 2016 04:00:00
Navidad
La casa se llena de algarabía. Hay niños corriendo de un lado a otro. Juegan y lloran de pronto. Otros se quedan sentados frente a los nuevos juguetes digitales y se pierden de cansarse de correr por el patio de casa.

La cocina se vuelve punto de encuentro como en toda cocina mexicana. Es una fiesta de sabores. Inevitable no adelantar un bocado de lo que nos espera. El café siempre dispuesto desde temprano y a todas horas en esta casa que no le niega una taza a quien la pida, sea chico o grande. El café de las mañanas, de abrir el telón de la memoria y los sentidos.

Los aromas marcan las horas. Los abrazos las detienen por momentos. Algunos ayudan a poner la mesa, otros ayudan cocinando, otros haciendo reír. Todo es una celebración en donde esta familia se reúne y disfruta de la calidez que los mantiene unidos.

Las historias se recuentan, se reinventan, se reviven. Algunos ya no está con nosotros, pero nos llenan de luz con su recuerdo, con su herencia. Otros nuevos en la familia, grandes o pequeños que aún no saben lo que la navidad es. Están los que viajan desde lejos para reunirse por unos días, volviendo al Paraíso del cual somos expulsados apenas dejamos la niñez y siempre buscamos reencontrar. Es tiempo de amar, de perdonar, de recomenzar.

Tiempo de descansar, de renovar las fuerzas. El árbol brilla y nos regala su aroma desde la esquina frente a la ventana. Los regalos debajo son el misterio que los pequeños quieren desvelar lo antes posible y que por lo pronto sólo atinan a adivinar.

Los deseos colman. La preparación para la celebración religiosa se apresura. Las nochebuenas yacen rojas en su lugar y las flores beben del agua en que reposan. El teléfono no deja de sonar preguntado por las festividades, deseando lo mejor siempre.

Los villancicos suenan. Cantos sobre aquel que marcó toda una era. Noche de paz, noche de amor. Y desde hace algunos años, una tradición muy personal ha comenzado en mí: escuchar cada año un álbum de temas tradicionales navideños polacos realizado por el compositor Zbigniew Preisner y que escucho desde su página oficial, único recinto donde este bello álbum habita.

Moje Kolędy, mis villancicos, un compendio de cantos tradicionales que año con año escucho y que sin pensarlo se ha convertido en una íntima tradición que hoy comparto con ustedes.

Mis mejores deseos para ti que me lees. Que la música siempre esté presente en nuestras vidas.

Feliz Navidad.
18 Diciembre 2016 03:00:00
Mozart, The Christmas Album.
La casa huele a miel, jengibre y limón. La tos estacional ya me visita y es menester tener algunos brebajes, aunque sería mejor llamar ambrosía de invierno a las bebidas que me acompañan siempre que estoy en casa. Esta mañana el piano está siendo afinado para la última actividad que tendré en casa, al menos musical.

El sonido martillado de la afinación me resulta siempre agradable. No es que sea música, pero me siento bien de escuchar que se ajusta poco a poco la afinación de mi piano, que con el uso y cambios de clima normalmente se altera.

Al comienzo de esta mañana, acompañando el día tranquilo y silencioso y mi taza de té, sonaba un álbum en casa de obras de Mozart.

El álbum de Navidad fue un preludio delicioso a mi jornada. Con el Laudate Dominum, K. 339 despejando cualquier incomodidad y haciéndome olvidar la tos por un momento, Barbara Bonney abrió su boca como el ángel de la anunciación.

El álbum que lanzó esta semana la compañía Deutsche Grammophon no contiene por entero obras alusivas a las fiestas decembrinas, pero es una selección perfecta.

Claro, con Mozart no podría serlo menos que eso. Así pues, hay dentro del álbum las brillantes doce variaciones K. 265 Ah, vous dirai-je maman ejecutadas de manera cristalina y delicada por Christoph Eschenbach. No podría faltar la misa K. 427 en do menor tampoco; su concierto para violín, K. 216 suena como un canto de aves que despiertan a la mañana cuando el sol se está levantando apenas y el azul del cielo es profundo y claro a la vez.

Es probable que ninguna selección musical que incluya obras para piano deje fuera a uno de los mejores pianistas de todos los tiempos, Vladimir Horowitz, quien interpreta aquí el rondó en re mayor, K. 485.

El álbum sigue sonando.

El piano hace rato quedó afinado y yo continué escuchando a Mozart, genio tocado por Dios y que, como a Cioran con la música de este compositor o el Arte de la Fuga de Bach, hace tambalear toda convicción.

Sea cual sea el sistema de creencias que tengamos, la música traspasa todas esas humanidades y nos permite disfrutar de la creación de este genio o tantos otros.

Y todo esto, dentro de una sala de conciertos, una iglesia o al lado de una humeante taza de té.

Que lo disfruten.
11 Diciembre 2016 03:00:00
Anonymous 4
De todos los instrumentos musicales que conocemos ni uno ha sido, ni será acaso, más apreciado y cercano a nosotros que la voz humana. Desde los inicios de la humanidad, el canto ha estado presente como forma de comunicación y como parte de los rituales de cualquiera de las sociedades que nos vengan a la mente.

Desde las emisiones vocales más arcaicas, como la imitación de las aves, hasta las más sofisticadas, el bel canto, por ejemplo, pasando por el canto llano o las excentricidades de Luciano Berio o Ligeti con Le Grand Macabre. No nos detendremos a reflexionar sobre si una expresión musical es mejor que la otra o si aquello es arte y lo otro no. A final de cuentas son formas con las que podemos estar o no de acuerdo y aún así son creaciones humanas con las que alguno se sentirá identificado.

Meredith Monk, por ejemplo, logra experimentar con la voz por caminos impensados y encantarnos como una sirena. Otras, como Diamanda Galas, son capaces de hacernos sentir un terror indescriptible que nos sentimos incapaces de andar solos por algún lugar a oscuras después.

La voz humana tiene tan amplios horizontes que podemos sorprendernos en cada momento. También alguna música resonará en nuestro interior por razones que incluso vayan más allá del arte mismo y situará nuestra predilección musical en planos puramente psicológicos.

Cantamos en todo momento, lo queramos o no. El canto es intrínseco a nuestra humanidad. Incluso si pensamos en el lenguaje, en los idiomas, podemos darnos cuenta que son sonidos que tienen musicalidad. De ahí que el Lied se haya dado específicamente en alemán, la chanson en francés y Manuel M. Ponce haya sido capaz de sacar el más íntimo sufrimiento del alma mexicana en español.

Pues bien, esta semana la sugerencia es totalmente vocal. Se trata de un cuarteto de voces femeninas llamado Anonymous 4 que, generalmente, canta a cappella, es decir sin acompañamiento de instrumentos musicales. Con un repertorio mayormente medieval, no desdeñan interpretar a autores contemporáneos como Steve Reich. Su nombre hace referencia a Anonymous 4, un hombre cuyo nombre desconocemos, pero que nos legó el conocimiento de dos autores fundamentales para el desarrollo de la música polifónica vocal: Leonín y Perotín, compositores del siglo 12.

La manera en la que el cuarteto Anonymous 4 interpreta tan variado repertorio es impecable. Pero más allá del virtuosismo técnico, poseen una calidez que, sea cual sea nuestra predilección musical, nos dejarán absortos y rendidos ante lo bello que habita más allá de la acústica: ahí donde la belleza no tiene explicación racional y simplemente es y nosotros podemos ser con ella.

Que lo disfruten.
04 Diciembre 2016 03:00:00
Daniel Barenboim
En su nuevo álbum, On My New Piano, el pianista y director Daniel Barenboim nos lleva por diferentes épocas de la música donde el piano ha estado presente, o su antecesor el clave, instrumento de teclado de sonido más brillante y de mecanismo diferente.

¿Pero cuáles son las diferencias entre un piano y un clave o clavicémbalo? La respuesta, grosso modo, es la manera en la que el sonido es producido, mientras que en el clave la cuerda está pulsada con un plectro fabricado de plumas de alguna ave, el piano produce su sonido mediante la percusión de la cuerda por medio de un martinete que la golpea. El resultado es muy notable al oído, el sonido del clave es más metálico y el del piano más sedoso. Claro, depende de cuál sea la calidad del piano.

Además de esto el clave no tiene la capacidad de reproducir variaciones de intensidad en el sonido y el piano sí, de ahí que se lo llamara pianoforte por la posibilidad de tocar sonidos pianos y fuertes. Todo esto de manera general.

¿Por qué derribo esto? Pues bien, en el reciente álbum de Barenboim podemos escuchar obras que fueron escritas para clave, como son las sonatas de Domenico Scarlatti y obras para piano de compositores como Beethoven, Chopin o Liszt. Los puristas desearían escuchar las obras para el instrumento que fue compuesto, y sobre esto puede haber todo un interesante debate, pero Barenboim nos hace ver las posibilidades sonoras y musicales de los pianos actuales. Mucho más desarrollados que los que usó Beethoven o Chopin, los pianos de hoy tienen mucha más capacidad de sonido. Esto reditúa en posibilidades expresivas que podemos apreciar en el nuevo álbum del pianista judío.

Aunque claro, evidentemente el genio de Daniel Barenboim podría realizar una alquimia maravillosa en cualquier piano en el que se sentara a tocar. Con obras deliciosas de Domenico Scarlatti el álbum comienza por darnos una dulzura de sonido, brillantez y claridad en su sonido y frases.

Este camino se va haciendo complejo a medida que el álbum continúa, luego de Scarlatti le toca el turno a las 32 variaciones en do menor de Beethoven. El salto es evidente, la complejidad, innegable. Ahora dominan los claroscuros, el carácter del genio de Bonn cobra vida en manos del consagrado Barenboim. Después de esto el camino está trazado, la Balada en sol menor de Chopin llena de romanticismo, en el sentido estricto de la palabra, nuestra experiencia. Aquí ya casi todo está dicho, le hará falta el turno a la obra de Wagner y Franz Liszt para completar la experiencia y dejarnos sin aliento, rendidos, pero pleno, a este álbum que seguro querrán escuchar más de una vez.

Que lo disfruten.
27 Noviembre 2016 04:06:00
Daniel Hope
Uno de los violinistas con mayor renombre de la actualidad es sin duda Daniel Hope. Y no solamente por su virtuosismo musical, sino también por su trabajo social en asociaciones filantrópicas. Además de esto, el compromiso que Hope tiene hacia los músicos de nuestro tiempo es innegable.

Su interpretación del concierto para violín A la Memoria de un Ángel, de Alban Berg, que el compositor escribiera en memoria de Manón, hija de Alma Mahler, es conocida hoy como la mejor grabación del concierto de quien fuera el mejor alumno de Arnold Schönberg.

También fue un perfecto intérprete de la Recomposición de las Cuatro Estaciones de Vivaldi, de Max Richter, álbum que rompió récords de ventas en el mundo de la música clásica y que es una obra que vale mil veces la pena ser escuchada.
La complejidad de esta última partitura de Richter representó para Daniel Hope un reto al tener sutilezas que lo obligaban a reaprender a cada compás la obra modificada de Vivaldi. Todo mereció la pena, la obra es la favorita de miles. Daniel Hope nació con un violín. Desde niño, como suele pasar con los virtuosos, la música lo acompañó. Con maestros destacados Daniel Hope se formó con precisión.

Además de esto, la cercanía con el legendario violinista Yehudi Menuhin, de quien su madre fue secretaria y después mánager, lo mantuvo en escenario desde temprana edad. Yehudi Menuhin no fue su maestro oficialmente, pero Daniel Hope tocó con él más de 60 veces y justo hasta el último concierto que Menuhin dirigió con Hope como solista en 1999. En su discografía encontramos obras de Alfred Schnittke, Toru Takemitsu, Sofia Gubaidulina o Penderecki, pero también de genios del pasado como Bach, Brahms, Schumann o Mozart. La capacidad de abordar tantos autores y estilos no deja de sorprendernos. Hope tiene la fuerza necesaria para dar más de 130 conciertos al año, escribir libros y ser columnista, así como para dirigir desde este año la Orquesta de Cámara de Zurich. Todo álbum de él es perfección de estilo y frescura en ejecución. Su última realización es un tributo a Yehudi Menuhin e incluye una variada selección de obras para violín, diversidad que ha caracterizado a este, desde ya, inmortal artista. En un domingo que nunca estará sobrado de música, el violín de Hope y su álbum My Tribute To Yehudi Menuhin es una compañía perfecta.

Lo único que hace falta es darnos el tiempo para acomodarnos en el sillón, a la luz de las velas, poner play y dejarnos envolver en el abrazo de la Belleza.

Que lo disfruten.
20 Noviembre 2016 03:58:00
Arthur Rubinstein
En algún mes del año 1919. Ciudad de México. Arthur Rubinstein, pianista que se convertiría en leyenda y que en ese tiempo ya era un nombre respetable estaba listo para dar una serie de conciertos en plenos conflictos nacionales. La audiencia, más bien escasa para quien se presentaba, apenas unos 300 asistentes, lo ovacionó como una legión.

Años pasados, en los que fuera remunerado con monedas de oro y que emocionado contó de regreso a su cuarto de hotel imaginando lo que representaría en moneda europea.

Rubinstein regresó tiempo después. Su opinión siempre fue que los brasileños y mexicanos tenían las mejores capacidades musicales de todo Latinoamérica.

Amado en los países latinos, con el tiempo conquistó rotundamente auditorios de Estados Unidos. Arthur fue un genio que vivió pleno toda su vida, en las desdichas y los momentos felices. Amante del vino, las mujeres y los libros, fue el preferido de la aristocracia y burguesía europea: desayuno con unos, comida con otros y cena con alguien más de la alta sociedad.

Un genio desesperante para sus primeros maestros por su falta de rigor, Arthur Rubinstein tuvo un cambio radical hacia sus 30 años cuando escucho la perfección de Vladimir Horowitz. Uno de esos momentos cruciales en su vida, decidió vengarse de sí mismo, dice, y convertirse en todo lo que su capacidad podría dar.

De una memoria prodigiosa, dominaba ocho idiomas y ya al final de su vida era capaz de recordar hasta los mínimos detalles de su vida, Arthur Rubinstein fue un sublime intérprete del repertorio Clásico y Romántico.

Capaz de quitar la sensiblería excesiva en la obra de Frederic Chopin, podemos escuchar en él una pulcritud y exactitud perfectas.

No hay mejores pianistas y él no se consideraba el mejor, sino simplemente diferente.

Para él la importancia de un artista era ser único, como nadie.

De ahí que no deseara ser catalogado como el mejor, sino simplemente único. Y estamos de acuerdo, porque la historia nos ha legado sus magníficas interpretaciones, pero también las de otros notables pianistas.

Pero basta escuchar la manera en la que interpreta Chopin para saber que Arthur Rubinstein es una referencia y un legado indiscutible en la música en: Spotify encontramos no pocas pruebas de ello.

Que lo disfruten.
13 Noviembre 2016 04:05:00
Gaspard de la Nuit
En 1869 el compositor ruso Mili Balákirev compuso una obra para piano con niveles de complejidad nunca antes vistos: Islamey. Una obra pianística de tales magnitudes que solamente los más virtuosos intérpretes osaban ejecutarla. Aún así, algunos de ellos proponían diversas maneras de resolver algunos pasajes difíciles, haciéndolos un poco más accesibles a la ejecución.

Llena de escalas y arpegios de intrincados laberintos, la fantasía oriental se volvió un icono de lo complejo y de la belleza de lo difícil. Claro que estas no son sus únicas cualidades, las melodías que encontramos a lo largo de la obra suelen ser seductoras. Así lo encontró Rimski-Kórsakov, por ejemplo. Y de ello nos queda su Scheherezade, cuyo tema emblemático es tomado del Islamey de Balákirev.

Muchas décadas después, en 1908, un músico francés de refinado gusto artístico, legaría al mundo una obra inspirada en aquella del ruso Balákirev: Maurice Ravel. No copiando sus temas, sino decidido a componer una obra para piano más compleja que el Islamey; inspirado en la poesía del ídolo de los poetas malditos, Aloysius Bertrand, y de su obra poética Gaspard de la Nuit, un libro que por las primeras veces nos ofrece la poesía en prosa. Más precisamente en tres poemas se inspira Ravel: Ondine, Le Gibet y Scarbo, mismos que componen los tres movimientos de la obra.

Gaspard de la Nuit es una obra para pianistas de alto nivel, para participantes de los más prestigiados concursos y para intérpretes consagrados. Nada en la obra es mínimo y sencillo. La musicalidad desborda todo el tiempo, cosa que, digámoslo sinceramente, no sucede con el Islamey de Balákirev. En Gaspard de la Nuit siempre hay un asombro en cada vuelta de página. Su inicio es ya un atisbo del misterioso camino por el que nos llevará el compositor y ejecutante. Nada es baladí en la obra.

Cada movimiento nos muestra un camino diferente en sus oscuros laberintos y mágicos misterios: Ondine desde un nivel melódico donde la mano derecha revela corrientes inagotables de melifluos encantos; Le Gibet y su si bemol repetido sin cesar durante todo el movimiento como una campana que anuncia el insondable destino, mientras la armonía se transforma a cada paso, como acompañando a quien se balanceará en la horca; y su último movimiento, Scarbo, es enérgico y rítmico, donde no hay un respiro y nada parece agotarse.

Gaspard de la Nuit tiene notables y consagrados intérpretes, pero uno de ellos, joven nacido en 1990 y con un presente y futuro brillante es quien esta semana nos dejará sin aliento: Lucas Debargue.

Que lo disfruten.
06 Noviembre 2016 03:00:00
Heinrich Schütz
Todo futuro tiene un pasado. Todo compositor un precursor. Es el caso de Heinrich Schütz. Él fue el precursor de uno de los grandes compositores de la historia:

Johann Sebastian Bach. Schütz, un grande de la historia de la música, un compositor clave para entender la transición entre el renacimiento y el barroco.

Sus composiciones son una conjunción de estilo italiano, con influencias de Monteverdi, y el espíritu alemán. Pocas de sus obras seculares son conservadas, siendo su principal producción artística la música sacra. No es de extrañarnos, son tiempos muy diferentes a los que transcurren hoy. Como no pocos de los compositores de la historia,Heinrich participó de un coro infantil en donde su talento lo diferenció del resto. También, como otros grandes compositores, Schütz comenzó estudios en Derecho, mismos que dejaría de lado por seguir su verdadera vocación: La música.

Pero no significan estas generalidades que Heinrich Schütz sea un compositor gris y sin personalidad, antes al contrario. Sus composiciones para órgano sentaron las bases para el desarrollo de una técnica y forma de composición que serviría de fuente de agua donde otros compositores beberían pasados los siglos. Su influencia es tal que Bach habría de aprender de él muchos años después.

Las posibilidades económicas de Schütz le permitieron viajar y desarrollar sus capacidades musicales: en Venecia aprendió las artes del genial Monteverdi, de quien aprendería el uso de la polifonía y la luz cálida y brillante que la música italiana siempre ha tenido. La música de Heinrich Schütz es compleja, debemos decirlo, pero la belleza no es fácil y si lo parece es aún más compleja. Su textura contrapuntística es intrincada, pero nos permite apreciar un color místico y que cumple esa función de la música sacra: elevar el espíritu.

Con el tiempo, ycon más precisión después de la guerra de los 30 años, la música de Heinrich se volvió menos compleja, pero no menos bella. Una de las razones que podemos reflexionar en este hecho es que dadas las circunstancias económicas luego de la guerra, las orquestas no se veían en las mismas posibilidades que antes. Ajustes debían ser tomados en cuenta.

Pero esto no detiene un genio auténtico como podemos constatarlo en sus Psalmen Davids. Heinrich Schütz es sin duda uno de los cimientos en los que la música construiría su grandeza en los siglos posteriores. Pero no menospreciemos: esta época y este compositor ya son grandes. Spotify nos ofrece una oportunidad de dar fe.

Que lo disfruten.
16 Octubre 2016 04:00:00
Música para 18 músicos
Dentro de los nombres clave para entender la música minimalista están tres: Terry Riley, Philip Glass y Steve Reich.

Glass es de sobra conocido, lo escuchamos en cantidad de lugares y en no pocos filmes; el primero casi nadie lo conoce y, a decir verdad, luego de su icónica composición llamada In C, que es la obra que inicia todo este movimiento minimalista, casi nada más nos llama la atención.

Por otro lado, Steve Reich es un compositor que ha sabido mantener la fuerza del minimalismo. Sus obras siempre tienen una contundencia de forma, pero que no carecen de musicalidad, de carácter en su sonido. Hay obras musicales que pueden estar justificadas a un nivel filosófico o estético, pero que no llegan a ser obras musicalmente (sonoramente) logradas. La obra de Reich es música que en su sonoridad son perfectas obras y así mismo en su congruencia con el movimiento al que pertenecen.

Obviamente estamos frente a un movimiento musical que va a poner a prueba nuestra capacidad de atención y paciencia, pero que no nos asuste: Aun cuando creemos que en el minimalismo no sucede nada, sucede todo.

La obra Música para 18 músicos dura casi una hora, sin interrupciones, los instrumentos van cambiando de dotación, a veces unos, a veces otros, luego todos, y durante ese tiempo, la constate y obstinada repetición de un motivo a lo largo de la obra. Las variación son imperceptibles y claras a la vez. Luego de un tiempo de escuchar un primer motivo, la idea se transforma de una manera tan fresca, que es como un oasis para nuestros oídos. Ningún director está al frente de estos intérpretes, pues lo que busca el compositor es que todos los músicos se escuchen unos a otros y se sigan a lo largo de la obra.

Once acordes y un patrón rítmico al que se superponen otros más durante la ejecución es lo que Reich propone. Compuesta entre 1974-1976, Música para 18 Músicos es acaso la obra más representativa de este movimiento que comenzó en los estados unidos, pero que como todo, tiene su origen atrás en el tiempo.

Un ejemplo es Vexations, de Erik Satie: un motivo de un minuto de duración repetido ochocientas cuarenta veces. El minimalismo, como todo movimiento notable, no se quedó en compositores estadunidenses, actualmente es abrazado por músicos al rededor del mundo.

La música de Reich es repetitiva, sí, hay que decirlo, pero hasta para repetir algo constantemente se necesita genio y él lo tiene de manera asombrosa.

Que lo disfruten.

Álbum de la semana:
Música para 18 músicos. Steve Reich. Spotify.


09 Octubre 2016 04:03:00
Nadia Boulanger
Daniel Barenboim, Aaron Copland, Philip Glass, John Eliot Gardiner, George Gershwin, José Rolón y Astor Piazzolla, tienen en común a una mujer que fue un pilar para la música en el siglo 20: la francesa Nadia Boulanger, la mujer más influyente en el mundo musical del siglo precedente.

De una mente prodigiosa, a la edad de 12 años tocaba de memoria todo el Clave Bien Temperado, 48 preludios y fugas de Johann Sebastian Bach. Nadia fue alumna del amigo de la familia Gabriel Fauré y más tarde, con apenas 13 años la suplente del compositor como organista en la iglesia de la Madeleine.

Con apenas 16 ganaría el Gran Premio de Roma de composición, el cual también ganaría su hermana Lili Boulanger, siendo ésta la primera mujer en ganar tan perseguido premio.

Nadia Boulanger, a pesar de sus capacidades para la composición, luego de la muerte de su amada hermana, decidió dejar la creación musical y enfocarse en la dirección orquestal, la interpretación musical y la pedagogía. En este último aspecto de su quehacer artístico es donde dejó su más profunda huella.

Por su casa, que cada miércoles se llenaba de alumnos e intelectuales pasaron cientos de alumnos a lo largo de su intensa vida de enseñanza. Más de mil 200 alumnos que fueron instruidos de manera enorme por la madre musical del siglo 20.

Una soltera a quien siempre llamaron Mademoiselle y quien era una fervorosa creyente católica, quien enseñó hasta el último momento de su vida a sus 92 años. Todos los músicos que han recibido su instrucción le agradecen su capacidad de guiarlos por el camino que cada quien deseaba seguir.

Quizás Mademoiselle Boulanger conocía aquel pasaje bíblico que dice: “Instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo, no se apartará de él”. Y eso hizo, respetar la búsqueda de cada discípulo que tuvo y guiarlo de manera completa para que lograran su propio deseo.

Así, Mademoiselle fue maestra de figuras tan diferentes como Elliott Carter, Gershwin, Piazzolla o Philip Glass. Una figura que siempre será recordada por no influir de manera categórica en quienes la buscaban para nutrirse de su conocimiento y por permitir que este siglo tan convulsionado en tantas ocasiones, pudiera tener voces tan amplias en el mundo de la música.

Un domingo como hoy es buen momento para recordar a esta mujer que fue no simplemente un pilar, sino la madre musical del siglo 20. Y es que hay personas que dejan una descendencia inmensa sin haber procreado un hijo.
25 Septiembre 2016 04:02:00
Cantique de Jean Racine
A los 19 años Gabriel Fauré habría de componer una de las obras más bellas que puedas existir y que le valdría el gran Premio de Roma, codiciado galardón a las artes que desde 1663 se comenzó a otorgar.

Gabriel Fauré nació al sur de Francia. Un niño tranquilo que aprovechaba la menor oportunidad para escaparse y tocar el armonio de una pequeña capilla de su villa. Ahí es donde descubre su vocación musical sin proponérselo.

A los 9 años su padre, luego de un año de espera y meditación, decide llevarlo a París donde cursa estudios con Niedermeyer, en una escuela clásica y religiosa. Once años entre sabiduría musical y cultural y una vida casi monástica, con uniformes extraños y comidas casi paupérrimas. Excelente pianista ya para esa época y compositor en desarrollo.

Durante la guerra franco-prusiana sirve a su país para después radicar un tiempo en Suiza, país de neutralidad durante muchos años de su existencia, y que le permitió a Fauré enseñar en la escuela de Niedermeyer, que entonces se había desplazado a la ciudad de Rambouillet. En 1871 regresa a París.

Fauré se desempeñó como organista de la iglesia de Saint-Sulpice, situada en el sexto arrondisment de París. Pero no por mucho tiempo. Su lugar principal y definitivo será a partir de 1877 la iglesia de Madeleine, a unas cuadras de la plaza de la Concorde. Ahí será maestro de capilla.

Gabriel Fauré es laureado como pocos compositores en vida. De una fama en la nación que es casi un amor, sería honrado en vida por su contribución musical. Su fama también se conoce en Inglaterra, pero es sobre todo en su país donde se le venera.

No transcurre mucho tiempo para que el mundo conozca lo grandioso de su creación. Su Cantique de Jean Racine es sin duda un ejemplo que trasciende cualquier creencia. El recogimiento en el que reposamos mientras escuchamos la obra, nos alimenta a la vez que nos sana.

Hacia el final de su vida, su obra tiene una madurez evidente, pero siempre será el mismo compositor que jugaba inocentemente en un armonio viejo en Pamiers, su ciudad natal. Ahí donde está el amor, está la vocación. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Cantique de Jean Racine. En Spotify.
18 Septiembre 2016 03:00:47
Francesca Caccini
El 18 de septiembre de 1587 nació Francesca Caccini, hija del reconocido compositor Giulio Caccini. Ya desde los 13 años había encantado con su voz y su talento musical en diversos instrumentos a Enrique IV durante las bodas de éste con María de Médici. A tan gran nivel su talento que se le rogaba a la familia Caccini quedar a sus servicios. Invitación que, por otra parte, hubieron de rechazar por no tener el permiso de la casa florentina a la que servían.

Francesca siguió creciendo en conocimientos no solamente musicales sino de diversas ciencias: Astrología, Aritmética, Idiomas, Alquimia. La Cecchina, como se la llamaba de cariño, desarrolló su capacidad como compositora de diversos estilos. Uno de ellos fue la recién llamada ópera.

Francesca es la primera mujer en componer una ópera, La Liberazione di Ruggiero, en 1625, ópera de un éxito tal que fue la primera ópera italiana en ser representada fuera de su país.

Mujer apreciada por Monteverdi, admirada por la corte musical de su época y por los mecenas. No por nada la italiana fue la músico mejor pagada de su época, incluso mejor que su propio padre. Dentro de sus composiciones también desarrolló la poesía, pero cabe remarcar que con quien trabajó mucho en conjunto fue con el poeta Michelangelo Buonarroti el Joven, sobrino nieto del artista italiano conocido por todos.

Y aquí me detengo en mi disgregación para sugerir el fenomenal e introspectivo corto de Michelangelo Antonioni sobre Michelangelo y su Moisés: Lo Sguardo di Michelangelo. Una maravilla. Pero volviendo a nuestra musa dominical, de Francesca Caccini no se conserva mucho de su música ni su vida. Sabemos que se casó dos veces y las dos ocasiones enviudó.

La segunda vez se casó con un aritrócata italiano que le dejó unas rentas cuantiosas. Luego de este evento desdichado, regresa con sus dos hijos a la casa Médici para seguir su vida como compositora, pero luego la niebla nos oculta el resto. Afortunadamente se conserva la ópera La Liberaciones di Ruggiero y una serie de piezas vocales sacras y seculares donde podemos disfrutar de su encanto.

De una armonía particular para su época, Francesca se enfocaba mucho en la armonía más que en los efectos disonantes del contrapunto, forma mayormente usada en su siglo. Nada resta sino disfrutar de su obra y de reconocer que la música siempre nos guarda encantos a cada momento.
11 Septiembre 2016 04:02:16
Predilecciones
Es de mañana y el sol entra por la ventanilla izquierda del camión. Es una mañana clara. La hora de partida se acerca. Estoy sentado al lado de Ale López, mi amiga soprano que desata tormentas o calma los mares cuando su voz emana en melifluos cantos. Siempre se puede conocer a alguien por sus gustos o disgustos en todas las cuestiones de la vida. Cuando se trata de música siempre me parece interesante saber qué le gusta o no a mis amigos y conocidos.

Con Ale López, que la conozco desde hace más de una década, siempre encuentro sorpresas a la hora de saber sus gustos. Bueno, todos sabemos que nunca llegamos a conocer a las personas. También es cierto que a través del conocimiento del otro nos conocemos a nosotros mismos. El viaje a Parras de la Fuente es pues una oportunidad de compartir gustos y hallazgos musicales recientes.

¿Qué le gusta a Ale López en materia musical? Qui la voce, de Vincenzo Bellini de su ópera I Puritani. Bel canto puro. Esta época de la evolución de la ópera es crucial para comprender cómo los autores buscaron exprimir toda expresión en la melodía. De cómo la poesía comenzó a tomar su lugar en el desarrollo melódico.

Cuando escuchamos bel canto escuchamos las profundidades de sus intérpretes. La melodía sale de boca de Ale López y cubre la mañana soleada de tonos nostálgicos. Inocencia rota de un personaje que todos somos alguna vez en la vida. La interpretación de Anna Netrebko es cautivadora. Apenas salen dos notas de su boca y nos tiene rendidos ante sus encantos. Bellini es el maestro del bel canto, sin duda. Se ama lo bello de la vida, lo bello en la vida. ¿Es bello porque me gusta o porque es bello me gusta? Esta pregunta me sigue desde la primera vez que me la planteó mi amigo Óscar Miramontes.

La exquisitez de Qui la Voce ya transformó este viaje y estoy anhelante de escuchar las siguientes predilecciones de Ale.

Más obras vocales e instrumentales que se quedan en la memoria y que por más que el tiempo pase y seamos otros, siempre volvemos a escuchar como si fuera la primera vez. Hay obras que se van cubriendo de experiencias personales y eso también las vuelve predilectas y amadas, porque dicen mucho de nosotros y nunca dejan de decirnos algo.
En Spotify afortunadamente podemos escuchar la versión de Qui la Voce con Anna Netrebko. Que lo disfruten.
28 Agosto 2016 04:01:19
Franz Schubert
Bajo la sombra de un genio como Beethoven, Schubert escribió sus sinfonías, sus óperas y obras para piano y por supuesto sus liederen. En una vida de 31 años, Franz Schubert compuso más de 600 liederen. Una proeza que en vida pocos pudieron apreciar. Viena, la capital de la música no tenía oídos para un joven como él.

De carácter tímido y de genio inmenso, se refugiaba en su música y en sus amigos. Las famosas schubertiadas eran el lugar propicio para mostrar su música. Las schubertiadas son reuniones donde la música y la poesía se reúnen. Los músicos interpretaban sus obras y los poetas leían su poesía. El intercambio era pleno.

Gracias a estas reu-niones íntimas en las que la sensualidad reinaba, Schubert, con textos de sus amigos poetas, compone y deja para la posteridad, quizás la mejor muestra de esta forma musical tan íntima. La música y la poesía jamás estuvieron tan unidas como en el lied.

El que texto sugiere el camino melódico, la respiración de las frases es perfecta, las palabras adecuadas con la entonación ideal, la tonalidad precisa para el sentimiento o la historia correcta. Música y poesía en total unidad. Si bien la música en sí misma nos da una experiencia, es necesario leer el texto y conocer su significado para poder apreciar hasta qué punto Schubert logró la perfección en su obra vocal.

En toda la obra de Schubert podemos percibir lo trágico, la tristeza. Pero una tristeza donde crecen bellas flores y donde las lágrimas hacen brotar la vida. Franz Schubert no tuvo una vida plena a nivel personal, pero sí a nivel artístico.

Gracias (¿o debiéramos decir a causa de?) a su vida interior es que pudo emerger su obra. Y él sabía que debía ser así, que no había ya otra manera de salvación para él que el arte. La muerte lo amenazaba, la enfermedad no era curable y sabía que su vida no mejoraría. Soy un hombre miserablemente infeliz, le dice a un amigo íntimo. Pero su canto siguió hasta el último aliento. ¿Es el sufrimiento el único medio de creación, de percibir la realidad?

Muchos filósofos han pensado en esto. Muchos compositores y artistas parecen responder de manera innegable a esta pregunta diciendo: sí, es necesario el sufrimiento. Para pulir se necesita tallar, raspar, herir. Mis maestros son mis caídas, dice alguien de quien no recuerdo el nombre.

La semilla de Franz Schubert, de su espíritu romántico, fue este sufrimiento del que supo sacar frutos. Hoy domingo podemos sentarnos y leer la poesía que habita en su música. Que lo disfruten.
21 Agosto 2016 04:03:55
Conquistas
En la historia de la música como de las civilizaciones nadie nunca ha estado exento de las influencias. En esta época de multitud de estilos musicales, todos buscando su propia voz, cada grupo se llena de influencias que les ayudan a encontrar una identidad propia. Aun así es necesario tener alguien a quien seguir o una atracción hacia tal o cual autor.

En la historia de la música es gracias a las conquistas políticas y culturales que las sociedades pudieron enriquecer su vida artística. Claro, existen excepciones a la regla, como en todo, por ejemplo la cultura china que vivió aislada durante tiempos milenarios y en cuya obra religiosa, artística, musical o culinaria podemos constatar su pureza. Con todo y la ruta de la seda, vivieron ajenos a influencias durante mucho tiempo. Esto por traer a la mente un ejemplo.

Luego los romanos, orgullosos de su poder, conquistan Grecia y los someten, pero los helénicos tenían, sin saberlo quizá, un arma más poderosa: su cultura. Y es así como los romanos, vencedores en lo político y militar, fueron conquistados de manera contundente por la cultura griega. Y eso lo podemos ver en todas las esferas de la vida romana. Y claro, en la de todo Occidente en consecuencia. Aquí me detengo a pensar qué es de nuestra vida y sus
tribulaciones cuando salimos vencedores de algún problema. ¿Realmente quedamos indemnes o queda algo, no sólo el recuerdo, el crecimiento o las heridas, sino algo de aquello que vencimos?

En música siempre podemos ver rastros del pasado, incluso en las obras más osadas o en las formas más alocadas y vanguardistas. Siempre, incluso en la negación, existe aquello de lo que se niega. El caso de esta semana es el canto mozárabe. La cultura hispánica fue influenciada en gran medida por los árabes. Desde el lenguaje y multitud de palabras, hasta la música litúrgica de los primeros cristianos. En los cantos mozárabes existen raíces árabes y judías.

La riqueza que esto representó para el rito católico fue inmensa. Desde el siglo IV y hasta el siglo XI, la música mozárabe fue parte del rito. Quiere decir que incluso luego de que el papa Gregorio I, en el siglo VII, instituyera un rito para todo el imperio, el canto mozárabe siguió vigente. Que lo disfruten.
14 Agosto 2016 04:00:04
Bretaña
En Bretaña existen varios dichos peculiares y bastantes universales. El primero de ellos habla sobre la fiereza con la que los bretones defienden sus tradiciones y región: La Francia es un país entre la Bretaña y Bélgica. Con este dicho podemos darnos cuenta del celo que tienen por sus tradiciones. No es para menos.

En Bretaña tienen las crepas por decreto; los embutidos como el saucisson, que no podríamos dejar de probar jamás; la mejor sidra que he probado en mi vida y que generalmente se elabora artesanalmente, como casi todo lo que produce la región; la tarta kouign-amann, su mantequilla insuperable o sus galletas. Esto por citar poco de lo mucho que hay.

El clima es particular: uno nunca sabe cuándo es que lloverá. Es aquí donde recuerdo otro dicho bretón: Espera a que sea de noche para decir que el clima ha sido bueno. O este: Si esperáramos a saber cómo estará el clima, jamás saldríamos del bar. Y vaya que a los bretones les encanta compartir sus momentos con una cerveza al agua de mar, o con una de las tantas otras que la región produce. Aquel que es maestro de su sed, es maestro de su salud,
también dicen.

Los paisajes son verdes, de cielos plomizos y de un sol que cuando sale durante el corto verano, es oro que abriga. Los bosques, mágicos: hayas, robles cubiertos de verde perenne, troncos altos y al abrigo de un musgo que pensaría milenario como las hojas húmedas que sirven de alfombra al caminar. Un silencio mítico, que sabe a fantasía y realidad. No es por nada que la tumba Merlín está en uno de sus bosques: Brocelianda, lugar de eventos artúricos.

Alimenta bien tu cuerpo y tu alma y vivirás largo tiempo. La música bretona fraternal: trata historias de coraje, de marinos, del mar y de eventos de humor, aunque también de todo tipo. Uno asiste a una Fest-noz, tradicional fiesta bretona, y puede ver la alegría y hermandad con la que danzan. Tomados todos de las manos en una larga danza que recorre el lugar al compás de violín, instrumentos modernos, la bombarda, la vielle à roue o las gaitas. Una fiesta que
es casi un rito ancestral, mágico.

Visitar esta región es enamorarse de un cuento y de sus raíces celtas que se manifiestan en la realidad cotidiana. Año con año reciben en Lorient a todas las demás culturas celtas del mundo en el Festival Intercéltico. Artes y cultura se unen durante una semana para festejar sus raíces.

En spotify encontramos ejemplos de la Vielle à roue que merecen ser escuchados. Y bueno, aunque aún me quedan algunas semanas de este lado del mundo, me despido con el proverbio bretón que dice: Aquel que no da placer al llegar, lo da al irse.
07 Agosto 2016 04:02:59
Viaje
Todo viaje es una oportunidad para encontrarse con uno mismo, para dejar a un lado el ruido cotidiano y ver qué queda de lo que pretendemos ser. Bueno, pues esta semana inicié un viaje que durará algunas semanas. No muchas, pero no pocas para no alcanzar a extrañar, a valorar, a poner en la balanza.

En la actualidad toda esta experiencia puede ir acompañada de música. Ah, qué dicha poder llevar en los oídos a nuestros compositores predilectos.

Todo el tiempo, sin descanso... ¿O acaso sea lo contrario? ¿Cómo sería la vida con el silencio que antaño las tecnologías no eran capaces de trastocar? Ya me imagino los campos silenciosos en los que caminaban algunos poetas, no contaminados por el ruido de una bocina estridente. O de la calma que podía ser una velada sin el estruendo de los vecinos con bocinas a todo volumen.

Sus pros y sus contras, como todo. En un mundo de silencio las voces internas suenan más fuertes y claras. ¿No es así que imaginamos la creación musical de Beethoven, por ejemplo? Con sus problemas auditivos, que nosotros vemos como un infierno total, pero que acaso fue un detonante más intenso para su introspección musical.

No lo sabremos, verdaderamente, pero las últimas composiciones de este genio sobrepasaron límites inimaginables para la época. En fin, que podemos o no disfrutar del silencio, pero hoy en día es un lujo poder contar con él, cuando es una necesidad para entender nuestro mundo. Sin silencio no hay voz. Sin silencio no hay música.

Aún así, podemos siempre romper con el silencio y ponernos unos auriculares para evadirnos de la realidad. Este fue mi caso por unos instantes durante mi viaje.

Y digo unos instantes porque soy incapaz de disfrutar de la música si a mi alrededor no existe un silencio que me permita sumergirme por completo en lo que escucho. Por eso es que por unos instantes y no todo el viaje aproveché unos momentos para escuchar alguna obra.

Una de ellas fue The Fruit Of Silence, de Peteris Vasks. Este compositor letón, que nació en 1946, produjo una de esas obras musicales que difícilmente se me irán de la memoria.

Una obra coral para piano y coro, en la que el tejido musical es tan cálido y místico, que nos sorprendemos despegados del piso una vez el piano da sus últimos acordes.

Un músico que es difícil de encasillar, porque usa el minimalismo de tal manera, que no podemos considerarlo del todo minimalista. No es frío y calculador en su música, aunque evidentemente hay una reflexión musical perfecta en su obra.

Con apenas una nota grave al piano, Peteris Vasks nos introduce en un universo único. Algunas notas en consonancia desde un registro agudo para después comenzar a escuchar una secuencia más clara de temas donde el coro hace su aparición como una voz que sale desde el mismo centro de la creación de todo.

Un tejido de voces en conjunción con un sencillo piano, pero profundo en su totalidad y ejecución, a cargo de Vestard Šhimkus, nos lleva sin parar por todo un viaje al interior de notas que se quedan sostenidas, mientras cambios delicados y con una tensión suficiente nos estremecen.

Peteris Vasks puede llegar a hacer eso y más en varias de sus composiciones corales o instrumentales como su concierto para cello, interpretado por la magnifica Sol Gabetta o su obra para piano The Seasons. Y así la totalidad de su obra.

¿Qué es el silencio en una época en la que no existe más? ¿Cuál es su valor hoy en día? ¿Cuál es el fruto del silencio? Vivimos en una época en la que no sabemos estar solos.

Tal vez es buena oportunidad para experimentarlo luego de escuchar atentamente The Fruit Of Silence.

Que lo disfruten.
31 Julio 2016 04:00:10
Einojuhani Rautavaara
La música del siglo 20 rompió de manera tajante con muchas herencias artísticas que el romanticismo musical llevaba consigo. Y no solamente la música negó el pasado, sino muchas otras corrientes artísticas: la pintura, en muchas corrientes, como ejemplo notable; a la poesía tenía un rato traspasando límites. La arquitectura y la Bauhaus, Le Corbusier después, propusieron formas de diseño totalmente fascinantes.

Sin embargo esta ruptura de las artes con respecto al pasado generó una orfandad de la que no muchas manifestaciones saldrían victoriosas en la realización del objeto artístico. Es discutible esta finalidad del arte en un objeto artístico, dado que la justificación filosófica de la obra muchas veces se antepone ante la obra misma. De esta manera el resultado material no importa tanto como su idea. Ahí tenemos el desarrollo de filosofías estéticas variadas y muy
interesantes como el postmodernismo. ¿Pero qué hacer entonces con toda la evolución de las artes hasta antes de este siglo XX tan polifacético, ya no anarquista o democrático? Evidentemente la negación resulta casi imposible: El dadaísmo incluso en su rebeldía necesitaba de las obras de Da Vinci para ponerles bigotes.

En música las vanguardias se manifestaron en el dodecafonismo, el serialismo y la atonalidad, por citar tres ejemplos, todas estas desarrolladas en el siglo del que hablamos, aunque la atonalidad ya tenía su trayecto iniciado desde décadas atrás. Pues bien, en el siglo XX la música y sus compositores son tan variados que parece vertiginoso, y casi imposible observar una línea clara de evolución musical. Cada compositor y cada obra sus propias reglas, sus
propios límites traspasados. Esto una y otra vez.

¿Dónde queda entonces un rasgo del pasado, del romanticismo ahora tan vituperado? Existen algunos compositores que pudieron unir el siglo precedente con el XX. Uno de los más notables fue Einojuhani Rautavaara, quien esta semana se convirtió en música de las esferas al morir de complicaciones luego de una operación. Este compositor y su obra son un ejemplo de cómo las vanguardias más intrépidas pueden convivir con la herencia de los compositores
del pasado y aún así ofrecer una música que sea capaz de disfrutar la mayoría de la gente.

En Rautavaara podemos escuchar toda una síntesis y unión de multitud de formas con un resultado cautivante y de extremada belleza. Su Cantus Articus Op. 61 o su Sinfonía Número 7, Angel Of Light son de tal perfección y espiritualidad que son transformadoras.

No podemos rendir mejor homenaje a este gran compositor que disfrutar su música.

Que lo disfruten.
24 Julio 2016 04:03:12
Encore
La noche de concierto está a punto de terminar. El programa se realiza con la mejor interpretación que el público espera. A cada paso, el programa se cumple al pie de la letra, intermedio incluido. El público disfruta de una velada musical que le llena todos sus sentidos; todas sus emociones son colmadas. Al final del concierto, el programa de mano no dice nada más, pero el auditorio entero rompe en aplausos para el intérprete. El intérprete agradece la efusión demostrada, la entrega del público. Sale una, dos, tres veces y el público sigue aplaudiendo. Los aplausos van del caos rítmico a un movimiento unificado por razones inexplicables. El aplauso se hace uno, se hace contundente y demanda: “Encore”. De nuevo, aún. Encore, palabra francesa que significa "de nuevo, aún". Otra, otra, en algunas ocasiones se escucha gritar a alguien dentro de la sala oscura y llena de vítores. El intérprete se siente halagado. Su ejecución ha sido tal, que el público quiere más. Se sienta, se dispone a regalar al público una pieza más. Dependiendo del programa que presenta, este encore puede ser explosivo, enérgico, de virtuosismo chispeante o de una tranquilidad como una noche estrellada. Supongamos que el programa ha tenido una exigencia técnica e interpretativa muy alta, de esos programas que dejan exhaustos tanto a intérpretes como al público, entonces el encore será tranquilo,
un dulce para calmar el espíritu. Si, por el contrario, el programa ha sido de una delicadeza diáfana, el encore exigirá que se le regale una explosión de virtuosismo técnico en donde el intérprete demuestre de qué está formado y que tiene la capacidad de abordar toda las exigencias musicales que se le pongan de frente.

Un encore, dos o más, dependiendo del ánimo del intérprete y del público. Existen intérpretes que no son asiduos a estas manifestaciones casi improvisadas dentro del concierto. Algunos tocan sólo lo que el programa ha marcado, otros no. El encore es pensado muchas veces por el intérprete desde antes del concierto para poder estar preparado si el público le pedirá una pieza mas. En todo caso, esta es la parte del concierto donde el diálogo entre público e
intérprete se comprende más. Se sabe si un concierto gustó o no, en la medida que se aplaude y pide más. Claro, existen límites.

cAlbum de la semana: La Campanella. Favourite encores for piano. Patrick Rapold. Spotify.
17 Julio 2016 04:03:40
Il Preterosso
El 23 de marzo de 1703, con 25 años, Antonio Lucio Vivaldi fue ordenado sacerdote. Diez años de formación religiosa que no iba a utilizar mucho. O quizás sí, mas en lo privado. El hecho es que luego de verse impedido a dar misa por un malestar que le aquejaba desde siempre, asma probablemente, no volvió a dar misa desde 1704.

Algunos dicen que incluso interrumpía la misa cuando alguna idea musical lo asaltaba de pronto, pero esto es un mito. Lo cierto es que el cura rojo, como lo llamaban por su cabello pelirrojo, luego de abandonar sus obligaciones litúrgicas y de luchar porque la iglesia aceptara esta situación, siguió como maestro de violín en el Ospedale della Pietà.

La actividad de composición no cesó y lo muestra el hecho de que su catálogo cuenta con más de 770 obras y las que con los años se han ido descubriendo en varias bibliotecas del mundo.

La obra de Vivaldi no se reduce a las famosas Cuatro Estaciones, que forman parte de Il Cimento Dell’armonia e Dell’inventione, que es un conjunto de 12 conciertos de los cuales las cuatro estaciones son los cuatro primeros. A Vivaldi le debemos en gran medida la estructura definitiva del Concerto Grosso.

Esta forma musical nombrada por primera vez así por Arcangelo Corelli y usada anteriormente por Alessandro Stradella, es lo que deviene en la forma concierto que en el siglo 18 ya fue más desarrollada. A saber: una obra de tres movimientos, rápido-lento-rápido y que confronta de manera clara el diálogo entre la orquesta y un instrumento solista.

Además de estos conciertos, del reconocido L’estro armónico y sus 12 conciertos Vivaldi compuso 46 óperas. Curioso dato: una de ellas es Motezuma, escrito así en italiano y que trata sobre este emperador histórico. Orlando Furioso, Tito Manlio, La Verità in Cimento, Farnace, Griselda, son ejemplos de que la obra de este compositor no puede restringirse a cuatro conciertos. Si bien son perfectos en su estructura y han eclipsado la obra total de Vivaldi, no son ni el
resumen de su obra. Otro ejemplo es su Stabat Mater, de una belleza inconmensurable.

La interpretación de su obra vocal es de una complejidad notable. Y como ejemplo excepcional esta semana escuchamos el álbum interpretado por la mezzosoprano Vivica Genaux, especialista en el periodo barroco. Pirotecnia pura con la claridad y belleza de la música barroca, dirigida por Fabio Biondi y con La Europa Galante, una exitosa agrupación.

Cada uno de los integrantes de este álbum es perfecto y su resultado en conjunto es un álbum claro, brillante y con una energía interpretativa que nos pondrá a gozar desde los primeros acordes revelados. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Vivaldi Pyrotechnics. Vivica Genaux. Spotify.
10 Julio 2016 04:03:14
Orfeo
El mito de Orfeo ha sido numerosas ocasiones inspiración para compositores. La lista es tan larga como la historia misma: Rinucinni, en 1602 compone Eurídice, la primera ópera considerada así en stricto sensu; Claudio Monteverdi, en 1607 estrena su Orfeo; Christoph Willibald Gluck, en 1762 estrena su Orfeo y Eurídice, que tiene una de las arias más memorables: Che farò senza Euridice? Y así, la lista sigue, no solamente del lado de la ópera.

Franz Liszt tiene un poema sinfónico llamado Orpheus, Stravinsky un ballet, el compositor francés Jean Roger-Ducasse tiene a su vez un memorable trabajo musical donde la danza está presente. Hasta la actualidad Orfeo sigue encantando con su lira a los compositores: Jóhann Jóhannsson está por estrenar su álbum Orphée.

El mito es conocido por todos: Orfeo pierde a su amada y, desconsolado, vaga por los bosques tocando su lira y conmoviendo a la naturaleza misma que percibe su sufrimiento. Le es concedido que baje a los infiernos a rescatar a su amada Eurídice, lleno de valor baja, encantado con su música los obstáculos que se le presentan. La única condición que se le impone es que, una vez vea a Eurídice, no la mire hasta salir y que el sol bañe por completo sus cuerpos.

Ya a punto de salir, Orfeo voltea la mirada por alguna razón y en la peor de las pérdidas su amada se esfuma regresando a los infiernos. A partir de ahí la vida de Orfeo es una desdicha total, aunque su música sigue conmoviendo a ninfas, mujeres y naturaleza.

La muerte de Orfeo tiene varias versiones, aunque finalmente se reúne con su amada. ¿Por qué no fue capaz de morir por amor y bajó a los infiernos vivo? Es una pregunta que muchos se han planteado.

¿Por qué voltea la mirada Orfeo si sabía que la perdería? El filósofo lacaniano Slavoj Žižek se plantea esta pregunta. El Narcisismo en Orfeo es tal, que ya no ama a Eurídice por ella misma, sino a sí mismo amando a Eurídice. Quizás Orfeo esté fascinado por la gloriosa poesía que le espera luego de la pérdida. Según Klaus Theweleit pierde deliberadamente a Eurídice para ganarla como objeto de inspiración.

La pulsión de la muerte y la creatividad siempre tan cercanas. Slavoj Žižek va más allá y se pregunta si Eurídice misma, sabiendo las capacidades poéticas de Orfeo, no hace que la pierda para así convertirse en su musa eterna.

En todo caso, el final es la pérdida de la amada y la transformación de ésta en musa. Sean cuales sean las interpretaciones, nosotros, humanos del siglo 21, tenemos la dicha de disfrutar de todo el arte que este amor mítico ha provocado. Escuchemos música.

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03 Julio 2016 04:00:27
50 Best Overtures
Como un aperitivo, las oberturas son una preparación musical que se ejecuta antes de disfrutar del platillo musical que es una ópera. En sus inicios las oberturas eran divididas en dos o tres movimientos, dependiendo de la escuela francesa o italiana que rigiera la composición.

De estas obras divididas en distintas partes podemos remontar el nacimiento de la sinfonía. Con el paso del tiempo la evolución fue natural y los movimientos se volvieron una sola obra que, además, incluía partes dramáticas que escucharíamos dentro de la ópera.

fue así como Mozart, por ejemplo, con su Don Giovani deja un legado notable de la manera en que la obertura anticipa los eventos futuros. Wagner, por otro lado, amplió el desarrollo de la obertura y la unió al desarrollo total del universo mítico que son sus obras. La obertura es una obra que puede fascinarnos de manera individual, ya que tiene todas las partes necesarias.

Como ejemplo tenemos las oberturas de Beethoven que no pertenecen a ninguna obra dramática y que sin embargo son de una potencia total. Una obertura nos ayuda a adentrarnos en el mundo que estamos por descubrir. De tal manera que, como una iniciación, somos guiados por los senderos que el compositor nos develará posteriormente. Las Oberturas de Tchaikovsky, Wagner, Mozart, Verdi o Strauss son ejemplo de esto.

Pues a manera de prepararnos para la variada actividad musical de esta temporada, la propuesta de esta semana son las oberturas de las grandes óperas. El verano comienza y Saltillo se prepara para dos de sus actividades culturales más notables: el Encuentro Internacional de Ópera Artescénica y el Festival Internacional de Guitarra de México. Con estas dos actividades podemos constatar que la vida cultural en la región no descansa y que día a día se
consolida.

El encuentro de Ópera está festejando sus 15 años y el Festival Internacional de Guitarra de México rebasa ya los 20 años y se afirma como el festival de guitarra más importante de la república, siendo estos dos festivales un orgullo para sus participantes y los que tenemos la oportunidad de disfrutar de la riqueza musical de este mes. Invitados de primer nivel en ambos festivales, conciertos que merece la pena escuchar.

Así que si por alguna razón nos preguntamos qué hacer durante estos días, no dudemos en consultar la cartelera, que opciones hay a manos llenas.

Domingo de oberturas para inaugurar un mes lleno de música de la mejor calidad. Que lo disfruten.

50 Best Overtures. Spotify.
26 Junio 2016 04:00:26
French art songs
La poesía desde tiempos inmemorables ha estado ligada a la música. El ritmo, las frases, la cadencia de las palabras, su misma musicalidad dan pauta a melodías que surgen como una Venus en el mar. Ya desde épocas bíblicas, el rey David componía poemas que eran musicalizados.

Con el paso de los milenios la poesía profana, aquella de temas no religiosos, también eran musicalizados. Evidentemente la iglesia durante muchos siglos fue quien regulaba o sostenía la creación musical. Sin embargo mucha otra obra musical no era necesariamente religiosa. Como ejemplo podemos recordar la poesía goliarda que nada de religioso tiene.

El álbum de esta semana es de obras del siglo 19 y 20 y particularmente de compositores franceses. La poesía de los simbolistas habita entre sus melodías. Durante estos siglos de efervescencia operística, se desarrolló en los pequeños salones, en las secretas cofradías melómanas un género particular.

Músicos y poetas unían su talento para dar vida a piezas musicales cortas. La Chanson Française es cualquier canción escrita en este idioma. Y ya desde Guillaume Dufay, en el siglo 14 por ejemplo, denominamos así a la canción con texto francés.

Compositores como Henri Duparc, Erik Satie, Reynaldo Hahn, Francis Poulenc, Gabriel Fauré o Charles Koechlin, conforman el álbum de esta semana. Si bien como tal la chanson française existe desde hace siglos, debe parte de su estructura durante el siglo 19 al lied alemán. Es una evidencia que una sociedad se debe a su geografía y su clima y que el idioma es determinante para el desarrollo de su pensamiento. Cada lengua propicia una evolución particular de
su poesía y su visión del mundo. También de su música. Quizá podríamos estar de acuerdo con Carlos I cuando dijo que el francés era la lengua del amor, el italiano de la política, el español la lengua para hablar con Dios y el alemán para dirigirse a sus caballos. Expresión jocosa, pero que muestra cómo una lengua tiene fortalezas que le son inherentes. O como mi amigo Óscar Miramontes dice: “El rock en inglés, la cumbia en español, pero Bach, Bach en
alemán”. Una variante de esta idea sobre el idioma como génesis del mundo.

Pero volvamos a los franceses, a la Francia de finales de siglo 19 y principios del 20. Aquella época que muchos añoran, como el personaje de Medianoche en París, de Woody Allen, y que expresa bien ese sentimiento que nos embarga a todos en no pocas ocasiones de nuestra vida. Si tiempos pasados fueron mejores, no lo sé, pero al menos la música y la poesía de estos artistas nada tienen que ver con la bachata. Que lo disfruten.

Album de la semana: French Art Songs. Spotify.
19 Junio 2016 04:00:53
Solo Remains
Un piano vertical, uno de cola, uno electrónico, algunos objetos como telas afelpadas, y un piano ideado por él llamado Una corda, presentado hace apenas dos años. Lo mínimo y lo necesario para crear sonidos desde la intimidad de una sesión.

Este año Nils Frahm, compositor alemán nacido en 1982, lanzó su álbum Solo Remains el Día del Piano. Este Piano Day, nos dice Nils Frahm, quien lo instituye en 2015, se celebra el día 88 de cualquier año. El 88 hace referencia al número de teclas que tiene el piano, donde discurre el mundo que sus piezas nos evocan.

Sus álbumes son solos, aunque también hace colaboraciones con otros compositores como Ólafur Arnalds. Escuchar sus obras es entrar a un bosque calmo, donde podemos pasear sobre las hojas secas que los árboles dejan como una alfombra húmeda. Una música contemplativa e íntima que nos atrapa desde el primer instante y no nos suelta nunca.

Nils Frahm inicia sus estudios de piano a una edad temprana. Conoce a los grandes compositores de la historia del piano, pero así mismo a los contemporáneos. Es de esta manera que el sonido de su música es una mezcla de nostalgia por la intimidad de un siglo perdido y la reflexión de un presente siempre efímero.

Su música es fruto de nuestro tiempo: un sonido que busca ir más allá de lo mecánico y que desea conectar con una consciencia superior.

No hablo de un dios, ni de que así sea de manera deliberada creada por el autor, pero si nos detenemos a escuchar The Fruit Of Silence, de Peteris Vasks, por ejemplo, sabremos que muchas veces hoy, la música busca despegarnos de lo intrascendente y encontrarse con nosotros de manera directa. Música, espíritu.

Nils Frahm tiene otros álbumes destacados como Felt (2011), aclamado por todo el mundo, y Spaces, que valen cada segundo de nuestra atención. Así que con este compositor podemos constatar, una vez más, que la música nunca podrá agotarse, que siempre existirá alguien que proponga un giro, que nos lleve por rumbos nuevos donde la música siempre estará sorprendiéndonos.

Las hipótesis sobre la muerte del arte pueden aplazarse por tiempo indeterminado, porque gracias a la dificultad de definir lo que son artes o no, éstas se pueden transformar constantemente y huir de las manos destructoras de las limitaciones.

Así pues, sólo nos resta buscar nuestro sillón preferido, poner el sonido y dejarnos llevar por la música de este notable compositor. Que lo disfruten.

Album de la semana: Solo Remains. Nils Frahm. Spotify.
12 Junio 2016 04:03:21
Dantes infierno
Lejos quedaron las melodías juguetonas y computarizadas de los videojuegos que solía jugar de niño. Hoy, con la tecnología avanzada que caracteriza a las consolas, la música devino importante a un nivel igual que los meticulosos gráficos. Amén de que ahora la música es totalmente real, ejecutada por orquestas de primerísimo nivel.

Parte esencial de una narración es la música que acompaña la historia. No se puede vivir de la misma manera la emoción de una historia cualquiera, ya sea en cine o videojuegos, sin una música bien lograda y que nos ayude a sumergirnos en el mundo que nos propone la fantasía.

Una de las bandas sonoras mejor logradas en videojuegos es la compuesta por Garry Schyman para el Infierno de Dante, título de 2010. Como es de imaginar, no se podría pensar en una música desabrida y gris para un título tan sugerente.

La composición pasa de guiños a la música medieval, la música de la primera mitad del siglo 20, Prokofiev o Bartok, hasta la tensionante atmósfera de un Ligeti, pasando por el actual trato orquestal que propone Joseph Bishara en filmes como Insidious o El Conjuro y los míticos desgarramientos vocales de Diamanda Galás.

Por lo mismo puedo decir que la música compuesta para videojuegos o películas no es vanguardista en un nivel estricto, ya que basa todo su discurso musical en formas ya propuestas por compositores de la llamada música clásica. Sin embargo, no deja de ser notable la manera en la que son usados todos estos elementos para ponernos los nervios a flor de piel.

La orquestación de Garry es tensionante hasta niveles límite, de tal manera que vivir el juego es terrorífico y emocionante en todos sus niveles. Claro, para aquellos que juegan. Para otros, como yo, la música en sí es ya un logro de la composición y ejemplo de cómo las narrativas musicales siempre pueden disfrutarse en un plano meramente auditivo.

A cada compás no dejaremos de sorprendernos por las atmósferas de Garry Schyman. Estamos frente a un compositor que conoce y maneja a la perfección numerosas formas musicales. No en vano es aclamado por su trabajo.

Si hoy es un día de emociones, bien podemos agregarle un sabor intenso y oscuro con esta banda sonora que nos mantendrá al filo de nuestro lugar favorito durante toda su duración. Coros potentes, voces desgarradoras, orquestaciones metálicas, percutidas y obstinadas.

Una oportunidad para recordar ese recorrido que Dante hace en compañía de Virgilio por los círculos del infierno. Que lo disfruten.

Álbum de la semana: Dante’s Inferno. Spotify.
05 Junio 2016 04:00:10
Erik Satie
Una suave emoción, un olvido del presente, un preguntarse a sí mismo es la música de Erik Satie. Su obra es precursora de muchos movimientos, estandarte de los Dadaístas, influencia para el Grupo de los Seis, para Debussy. Con una personalidad extravagante y un poco esotérica. Sí, esotérica, miembro único de una religión que él fundó y que tiempo después abandonaría para centrar sus ansias místicas con diseños de edificios tan inexistentes como fantásticos.

Erik Satie nos encanta por la bruma de su música, por su lluvia silenciosa y gris, por la clara intención de centrarse no en el desarrollo y entretejido de temas y tensiones musicales, sino por el color, el timbre, el sonido en sí. En este sentido todo un vanguardista adelantado a su tiempo. En la escuela no lo pasó muy bien. El conservatorio no lo comprendió y lo calificó de incapaz, aún así, luego de cumplir 40 años estudiaría
contrapunto en la Schola durante cinco años.

Su obra sobrepasa el centenar de obras y la que más podemos rememorar es su obra para piano. Las Gymnopédies, sus Gnossiennes, La Belle Excentrique, por ejemplo.

Curiosa su manera de hacer anotaciones a sus composiciones: Como un ruiseñor con dolor de muelas, ligero como un huevo, nos invitan a la ensoñación. Mucha de su actividad como músico era ser pianista de cabaret, donde adaptaba piezas populares a piano y voz. Muchas de ellas se conservan como la bella Je te veux, un vals lánguidamente tierno y luminoso.

Caminaba casi a diario 10 kilómetros para llegar a París, vivía a las afueras, con distinguido andar, trajes de terciopelo, sombrero de copa y paraguas. En casi sus 30 años de vivir en su pequeñísimo departamento jamás tuvo visita.

Qué sorpresa fue que, luego de su muerte, sus amigos encontraran en su alcoba cientos de paraguas, algunos sin usar; bocetos de sus edificios imaginarios que publicaba anónimamente en periódicos para ponerlos a la venta, y que nadie sabía; obras olvidadas o nunca publicadas. Todo esto entre polvo y telarañas.

Escuchar a Erik Satie es vivir un misticismo: sin explicación dejamos de ser nosotros mismos con nuestras calamidades de la vida diaria. Viendo a la lejanía, absortos. Y aún así, vivos, pues como dijo el propio compositor: ya tendremos tiempo de estar en un cementerio.

Podemos escuchar su obra completa para piano por uno de los grandes pianistas franceses: Jean-Yves Thibaudet. Sin duda una experiencia musical que amerita una disposición de espíritu muy particular, pero que ni por asomo será en vano. Que lo disfruten.
22 Mayo 2016 04:00:41
Cartas íntimas
Cuartetos de cuerdas

¿Qué hace un hombre de 70 años con un amor platónico por una mujer joven con la que se ha escrito a lo largo de 13 años? ¿Qué hace con las más de 700 cartas epistolares que existen entre ellos? Traducirlo en uno de los cuartetos mejor logrados de todos los tiempos.

Hay sentimientos tan poderosos que las notas esconden detrás de ellas una evasión, dice el compositor.

Nacido en 1854, luego de años de estudios y de trabajo como profesor de música en su ciudad natal, Leoš Janácek comienza su carrera como compositor hasta después de sus 46 años. Es por esto que se le considera más un compositor del siglo 20.

Con obras de relevancia, sus dos cuartetos, el primero inspirado en la obra de Tolstoi, Sonata a Kreutzer, y el segundo una síntesis y materialización de un amor platónico, son una muestra del genio del compositor.

Así mismo, representan las posibilidades que el cuarteto de cuerdas, como lo he dicho anteriormente, esconde tras la aparente carencia de recursos tímbricos.

Leoš JanáCek dedica su cuarteto Letras Íntimas a Kamila Stösslová, con quien tendría correspondencia apasionada durante más de una década. El uso de la viola y sus capacidades de profundidad apasionada, el lirismo de sus temas y la intensidad de sus movimientos, hacen apreciar claramente la pasión oculta que el compositor checo experimentaba.

Claro, esto lo sabemos porque en esta correspondencia el compositor se lo hace ver a su amada. Para Janácek no existía mejor manera de manifestar y dejar testimonio de esta relación que componer una obra y que esta fuera escrita en ese recurso tan íntimo, sintético y a la vez poderoso que es el cuarteto de cuerda. Una obra que contuviera todo este amor que existía entre ambos.

La composición De carácter neorromántico, tiene una expresividad profunda, así como texturas tan variadas que son casi descriptivas.

La obra del compositor no es tan extensa. Durante mucho tiempo se dedicó a rescatar el folclor musical de su tierra natal y esto se ve reflejado en su trabajo.

También su admiración por otros dos compatriotas como lo fueron Smetana y Antonín Dvorák. Y es junto con estos dos compositores más conocidos que Leoš Janácek se sitúa en la historia de la música universal. El tiempo, con los años lo ha ido situando en el lugar donde debe estar: entre los inmortales de la música. Como ejemplo, sus dos cuartetos para cuerdas.

Que los disfruten.

Album de la semana: Cuartetos de Cuerdas de Leoš Janácek.

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