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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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10 Diciembre 2015 05:08:26
Alimento para la estupidez
El pasado lunes, el filósofo español Gustavo Bueno (lúcido y punzante a sus 92 años) concedió una entrevista al diario El País. Una de las preguntas que le formularon, “¿cuál es el problema más grave que tiene hoy España?”, mereció una respuesta directa y contundente: “la estupidez”.

Tiene razón, el problema más grave de cualquier país es una población mayoritariamente estúpida.

Los gobernantes tienen vía libre para la corrupción e ineficiencia cuando los gobernados no oponen resistencia ante los excesos y el abuso, cuando se limitan a sortear el día y son incapaces de articular estrategias de defensa, de cohesión social y de organización ciudadana.

Las empresas tendrán serias dificultades para implementar mecanismos innovadores de producción y ponderar la tecnología (siempre importada) como ancla operativa, cuando la mano de obra simplemente no está capacitada, y peor aún, cuando el trabajador no trae integrado “el chip” de la mejoría constante, cuando se confunde la “experiencia” con años de hacer exactamente lo mismo, una y otra vez.

Inmersos en un mundo globalizado, presuntamente en la era del conocimiento, una nación queda rezagada del concierto internacional cuando la mayoría de su población está limitada en su formación intelectual y por lo tanto carente de las herramientas necesarias para aportar ideas.

Los ciudadanos de Corea del Sur y Japón tienen fama de inteligentes. Y lo son mayoritariamente, más no por una condición genética o como resultado del alto consumo de arroz y pescado. Lo son porque desde niños se les inculca de manera sistemática, firme y permanente a ser disciplinados.

Entienden la puntualidad como el elemental respeto al tiempo de los demás, cuidan su higiene personal, se encuentran permanentemente obligados a tener una actitud emprendedora, a solucionar problemas. Se les enseña desde muy pequeños a pensar.

Viven constantemente bajo altas dosis de estrés y no es inusual que ante bajas calificaciones o algún revés académico, algún adolescente se suicide arrojándose a las vías del Metro.

En México y casi toda Latinoamérica tenemos fama de ingeniosos, de alegres y fiesteros. Como pocos resolvemos problemas con las famosas “chicanadas”, que no es otra cosa que buscar la manera de salir al paso. La cuestión es que como pueblo no tenemos disciplina y entonces la creatividad que se expresa individualmente no aporta nada sustancial al país.

Nuestro principal problema como nación, entonces, es la estupidez, y de ahí se alimenta una clase político-gobernante corrupta e ineficiente y una delincuencia que tiene alto poder de reclutamiento entre quienes son incapaces de ver más allá del hoy y son fácilmente seducidos por la estridencia: una camioneta, un rifle, una botella y una buchona, aunque no se pueda hilvanar dos frases coherentes.

¿Y tendremos remedio? Bueno, pues las evidencias no presagian nada bueno.

El sistema educativo permanece anclado en la mediocridad, rehén del quehacer político del más bajo cuño; el contexto socio-económico de millones empuja literalmente a la estridencia y la mayoría de los jóvenes de la clase media (en toda su gama), de los que cabría esperar se gestara la semilla del cambio, parece agotada en las redes sociales.

Ya resulta un axioma que carecemos como pueblo de vocación a la lectura y a la cultura. Entonces, ¿qué consume en las redes la mayoría de nuestros jóvenes? Una exploración inicial prende todos los focos rojos.

No hace ni dos semanas se llevó a cabo el “roast” del youtuber mexicano Werevertumorro. Lo “rostizaron” sus pares Chumel Torres, Yayo Gutiérrez, un muy drogado AlexStrecci, Mexivergas, YosStop, Héctor Leal y WereverWero. El “roast master” fue Cid Vela, caracterizado como Galatzia.

La crema y la nata. Los más populares e influyentes. Cada uno de ellos cuenta con millones de seguidores. Han incorporado a la cultura popular frases y modismos y son, sin duda, los ídolos de millones de adolescentes y jóvenes mexicanos.

Habría que revisar los videos que suben a la red. Entretenimiento en su expresión más simple, opiniones expresadas con ese tono del que confunde libertad con vulgaridad, del que utiliza palabras de las que ignora su significado, sin el menor respeto por el idioma y las más de las veces sin siquiera aterrizar un solo argumento. Es simple y llanamente alimento para la estupidez.

Hay que aplaudir que gracias a las redes sociales los tiempos de la gran masa única, moldeable con telenovelas y noticieros en horario estelar, ya es cosa del pasado. Queda lamentar que los youtubers sin formación académica (salvo Chumel Torres, que es el único con título universitario), sin alguna voluntad de cambio, ni otro propósito que entretener a millones que no demandan nada más, ocupen ese espacio.

El tiempo dirá si el país perdió en las redes a la presente generación y seguiremos muchos años más como una nación de indisciplinados, de analfabetas funcionales sin visión de futuro.
30 Noviembre 2015 05:06:23
Procrastinos vs. resilientes
El pasado viernes se cumplió un año de que Enrique Peña Nieto encarara a la nación y anunciara su decálogo para combatir la corrupción. Fue la “respuesta gubernamental” ante la generalizada irritación social por el caso Ayotzinapa y por la revelación de su famosa “casa blanca”. El Presidente anunció a los mexicanos que se crearía una ley para evitar la infiltración del crimen organizado en autoridades municipales, la creación obligatoria de las policías únicas estatales, la clave única de identidad y el andamiaje para canalizar la justicia ciudadana, entre otros.

Un año después, de los 10 puntos aterrizó sólo uno, el operativo especial en Guerrero y Michoacán, con resultados inciertos, y el resto se encuentra “en proceso”. El más avanzado es el 911, ya aprobado, pero del que no hay fecha precisa para su implementación. Digamos en buen castellano, un fracaso con olor a farsa.

Notable, sin duda, que 12 meses después de asumir una serie de importantes compromisos y haber incumplido en todos y cada uno de ellos, que nadie en el primer círculo del Gobierno federal haya dado la cara para al menos intentar explicar las razones por las que aún no concretan las medidas con las que, se supone, empezaría a cambiar la lógica imperante en cuanto a transparencia, combate a la corrupción y empoderamiento ciudadano.

¿Cómo explicar que en cuestiones fundamentales como todas las que alimentaron e hicieron explotar la crisis del año pasado, y que en su esencia persisten hoy en día, el Gobierno federal haya optado por la dilación, por la simulación? Bueno, una respuesta la podríamos encontrar en la caracterización que del Gobierno federal hace el escritor Héctor Aguilar Camín: es un gobierno mediocre, que planea como de primer mundo, pero ejecuta como tercermundista. Pero la mediocridad –por insostenible– no sería suficiente para explicar el actual orden de las cosas.

Valga el arriesgue: el que la clase política en su conjunto no haga lo que debe hacer y como debe hacerlo –porque no puede, no quiere o no sabe– revela una concepción de la cosa pública y una vocación procrastina.

Los psicólogos ingleses llaman “procrastination” al trastorno de evitar o postergar conscientemente lo que se percibe como desagradable o incómodo. En español se adoptó el anglicismo procrastinación para referir postergación. Es entonces el hábito o la acción de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras más irrelevantes. En México, cuando no se quiere, puede o sabe cómo solucionar un problema, se crea una comisión. Se posterga y deja la solución para después, siempre para después.

En los ámbitos personales y/o sociales es frecuente encontrar a personas con este trastorno, los que son rehenes de una suerte de pensamiento mágico, que le dan largas a las cosas y son incapaces de tomar decisiones y actuar en consecuencia. Realmente patético cuando es el Gobierno el que permanece anclado en esta lógica anómala.

Y cómo explicar que pasen años y que los procrastinos sigan haciendo lo que mejor saben, posponer. Bueno, pues no sería posible sin una sociedad resiliente.

La resiliencia, según la Real Academia, es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, pero en psicología se añade que gracias a ella no sólo somos capaces de afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas, sino que también podemos salir fortalecidos de ellas. Para las personas resilientes no existe una vida dura, sino momentos difíciles.

Vaya perverso amasiato, un gobierno que posterga, que es incapaz de enfrentar los problemas cuando y tal como se presenten para solucionarlos, que por el contrario apuesta a la simulación, a la dilación, a que por una suerte de recurso mágico las manzanas se acomoden eventualmente en la reja sin necesidad de apilarlas o colocarlas en orden o por tamaño… y una sociedad que ya se acostumbró a la flexibilidad, a ponderar la adaptación para lidiar con un entorno hostil.

En estos terrenos se puede explicar cómo es posible que ante los altísimos niveles de corrupción e ineficiencia, de la supina torpeza con la que las administraciones públicas capotean asuntos importantes, pasen los meses que se convierten en años, sin que los mexicanos se planten y hagan algo más allá de expresar malestar e irritación.

Somos resilientes, tal como en su momento lo esbozó Carlos Fuentes: “los mexicanos nos acostumbramos a sobrevivir aún en escenarios que, desde la óptica de algunos extranjeros, resultarían imposibles”. Y de esta condición abusa la clase político-gobernante.
27 Noviembre 2015 05:06:12
Sacrificio de peones
El pasado miércoles se registraron dos hechos notables, extraordinarios, dado el altísimo nivel de impunidad que cobija a la clase política que padecemos los mexicanos: la resolución de la Fepade sobre la descarada compra de votos de esa abominación llamada Partido Verde y el informe de la CNDH sobre el caso Apatzingán.

Una lectura inicial, bañada de esperanza pero en su esencia muy ingenua, supondría que por fin se dan pasos concretos para el fortalecimiento de las instituciones y que en el lance se envía el mensaje de que tarde o temprano el que la hace la paga. Si tomamos referentes de la historia reciente habría que explorar otras lecturas.

Si bien parecieran burbujas de naturalezas distintas, en realidad son piezas del mismo juego en el tablero de ajedrez en el que desde hace rato se convirtió el país, de cara a la no tan lejana sucesión presidencial. Hay que entenderlo en ese contexto, ya todo se mueve con un sólo propósito.

Primero lo estridente: La Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales solicitó una orden de arresto contra el exvocero del Partido Verde Ecologista de México, y en ese momento subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de Segob, el impresentable Arturo Escobar y Vega, por haber orquestado la burda compra de votos a través de las tarjetas Premia Platino en los comicios federales de este año.

Escobar llegó a Gobernación en recompensa por haberse embarrado de lodo hasta la coronilla en lo que entendió como su papel en la alianza PRI-PVEM. Un simple peón que por añadidura nunca fue capaz de argumentar con solidez sus posiciones, ni en el partido, ni en Segob.

Era insostenible, una mácula más en el de por sí sucio andamiaje político-gubernamental. Totalmente desechable, hoy enfrenta la posibilidad de terminar en la cárcel por delitos electorales, o al menos es lo que exigen partidos como Acción Nacional y Morena.

Y ahora, lo subterráneo: tras meses de investigación de los hechos de Apatzingán, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos entregó un detallado informe en el que sostiene que se registraron abusos, excesos y hasta ejecuciones extrajudiciales de fuerzas federales. El informe aceptado en principio por la PGR reduce y compromete la figura del excomisionado de seguridad en Michoacán y hoy director de la Comisión Nacional del Deporte, Alfredo Castillo Cervantes.

Muy cercano, es cierto, al presidente Peña Nieto, Castillo es en el fondo un peón del Grupo Atlacomulco, y como tal también es prescindible, sobre todo en estos momentos en que no atina a resolver la bronca con las federaciones del Comité Olímpico y que ponen en riesgo la participación de México en Río 2016.

A este personaje, los panistas exigen se le finque responsabilidad penal por el desaseo y la manipulación con las que intentó ocultar la matanza de civiles en Apatzingán. Estaban desarmados y se habían rendido, dice la CNDH y entonces el excomisionado simplemente mintió.

La pregunta sería ¿por qué se sacrificarían hoy esos dos peones? Y la respuesta se podría encontrar en la urgencia de legitimar el siguiente tramo, de crear espacios de maniobra (ya que actualmente cualquier paso está tocado de sospechas) y especialmente blindar argumentos a la hora de aterrizar estrategias para acotar a los “enemigos”, entre ellos a Andrés Manuel López Obrador, sobre todo después del escarceo que huele a pifia de Beltrones.

Con Escobar y Castillo en la picota, los que mueven los hilos del poder podrían suponer que tendrán mayor solvencia para reducir reflectores a AMLO y que podrán desplegar un escudo de defensa contra los que desde diversas esferas, tanto nacionales como internacionales, cuestionan sistemáticamente la violación a los derechos humanos como un mal endémico en nuestro país y característica de la presente administración (habría que recordar Tlatlaya y Ayotzinapa, entre otros muchos).

Es un juego de ajedrez en el que se sacrifican peones y se intenta avanzar con alfiles y torres. Así de simple en las formas, así de complejo en el fondo. En este escenario queda la esperanza de que el sacrificio de los dos peones alerte al resto: no importa qué tanto se embarren para demostrar lealtad, tarde o temprano deberán correr la suerte que realmente les toca, el sacrificio y entonces tal vez algunos la piensen dos veces antes de llegar hasta la ignominia.

Aunque claro, siempre queda la otra lectura: en México los políticos no juegan ajedrez, sólo damas chinas; no hay más que reflejos de la torpeza de quienes nos gobiernan y en el reino de la simulación, Escobar y Castillo pueden salir bien librados, incluso “caer para arriba”.
16 Noviembre 2015 05:08:57
Conocer al enemigo
Ya nada es lejano, ya nada es ajeno. No basta la conmoción y la condena. Hay que intentar, al menos, comprender.

Hace poco más de 2 mil 500 años, un comandante militar chino de nombre Sun Tzu escribió: “Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no deberás temer el resultado de cien batallas. Si te conoces a ti mismo, pero no al enemigo, por cada victoria lograda también sufrirás una derrota. Si no conoces ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás en todas las batallas”.

Tras el baño de sangre inocente, el terror que golpeó París el viernes pasado, occidente debería, de una vez por todas, entender de qué está hecho el enemigo, qué es lo que realmente busca y, especialmente, con carácter de urgente, voltear la mirada con ojos críticos hacia sus propias entrañas para ubicar las grandes debilidades que parecen conocer a la perfección los yihadistas de Estado Islámico y que aprovechan desde hace meses con el reclutamiento hormiga de centenares, miles de jóvenes sin presente ni futuro.

Los milicianos de Estado Islámico, o Daesh en árabe, –poco más de 30 mil, según estimaciones de la CIA en julio pasado (aunque seguramente ya son muchos más)– son combatientes feroces, decididos, altamente motivados y según Pedro Rojo, de la fundación Al Fanar, con un apetito insaciable de combate, pero no para ganar trincheras, sino para morir. El presbítero Ángel García, de la ONG Mensajeros de la Paz, dice de ellos que en cada lance pareciera que buscarán la muerte, y los que no temen morir, ganan.

Los ocho yihadistas que con fusiles de asalto Kalashnikov y explosivos atados al cuerpo realizaron los atentados en París, estaban firmemente convencidos de cumplir con el sexto pilar del Islam, la Yihad, y que con cada homicidio aseguraban su eternidad en el Yanna (el jardín o paraíso para los árabes), rodeados y en abundancia de todo lo que se pueda desear y haciendo el amor con decenas de huríes, esas bellas mujeres de ojos grandes y brillantes.

En cada grito de Allahu Akbar (Dios es grande), en cada disparo, en cada explosión, se intenta borrar siglos del proceso civilizatorio occidental, de evolución. Eso es lo que quieren.

Entonces habría que partir de una suma simple: la Yihad, que pide matar a los infieles donde quiera que se encuentren, un mundo que avanza –desde su óptica– hacia el fin de los tiempos, la urgencia de convertirse en mártir para gozar de las huríes y un entorno social y familiar que sólo genera desesperanza y malestar; miles de marginados y en pobreza económica e intelectual… y tenemos el perfecto caldo de cultivo de los escenarios distópicos, casi apocalípticos.

Para los milicianos de Estado Islámico, como ese joven barbado que, blandiendo un cuchillo y golpeando contra su pecho un rifle de asalto, reivindicó los atentados de París en un video con la firma Al Hayat, la división mediática del califato, hay una orden expresa y tajante: matar a los infieles donde quiera que se encuentren, y por eso se urge a todos los musulmanes que viven en Europa: “¿qué esperan?; sirve incluso el veneno. Envenena el agua y los alimentos de al menos uno de los enemigos de Alá”. La recompensa que obtendrán será el paraíso.

Parecería absurdo que un mensaje que en principio pondera la violencia, la destrucción, que se guía por una corriente del Islam con una peculiar concepción del camino hacia el Día del Juicio Final, que busca por todos los medios crear un escenario de caos y de sangre, resulte atractivo para alguien, para el que sea, pero lo cierto es que centenares de jóvenes de aproximadamente 80 países, lo compran, asimilan y convierten en su único propósito de vida.

Ese sería el primer paso, intentar entender al enemigo y reconsiderar lo que se daba por sentado de lo que somos en occidente. De aquel lado son mucho más fuertes, y de éste mucho más débiles, tanto que un grupo que se exhibe brutal y despiadado en sus propios videos de propaganda es capaz de reclutar a jóvenes, hombres y mujeres, de toda Europa.

Entre algunos miembros de los llamados “círculos rojos”, periodistas, académicos e intelectuales, es posible encontrar advertencias: “No estamos ante ataques aislados de grupos terroristas autónomos que operan en el corazón de Europa, sino ante el despliegue de una bien diseñada estrategia bélica, cuyo objetivo último es la aniquilación de todas las naciones que representan los valores, la cultura y la civilización occidental”.

Y también llamados: “Es necesaria una respuesta contundente y unitaria de todos los países occidentales en la que no bastarán ya los argumentos filosóficos. Una respuesta que debe partir de la conciencia previa de que estamos ante una auténtica guerra de aniquilación en la que no existe tregua posible”.

El mundo se encuentra en los linderos de un conflicto como pocos se han librado en nuestra historia. Entenderlo es ya una obligación del mundo occidental, y en el inter, tratar de contener y minimizar el daño de los atentados que se anticipa, vienen en cascada, muy similares a los que sufrió París.

Puede ser que los grandes ejércitos de occidente emprendan la aniquilación de Estado Islámico, la reacción de Francia con los bombardeos así lo sugiere, pero lo más difícil será tratar de recomponer las estructuras culturales, sociales y económicas que hoy alimentan el malestar y la desesperanza. Si se ignoran las pústulas en las entrañas, aunque se borre del mapa el califato, no tardará en surgir otro grupo, otra bandera, otro rostro del terror que nos recuerde que somos una cadena tan fuerte como el más débil de los eslabones, y hoy, en todos lados, tenemos muchos de ellos podridos.
25 Febrero 2015 05:08:26
Pirámides de naipes…
Hay una frase que algunos atribuyen al padre de la revolución bolchevique, Vladimir Ilich Lenin, pero los más al ministro de Propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels, que dibuja la que por los hechos es la estrategia de comunicación del Gobierno federal, especialmente dirigida a contrarrestar la “mala imagen” del país en el extranjero: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad”.

Y todo parte de una premisa que navega en los linderos de la perversidad: no importa la realidad, sino lo que se diga; el problema no es lo que pasa, sino que se exponga en los medios de comunicación… Es tan torpe como construir una pirámide de naipes y suponer que el viento no la derribará.

Bueno, pues el viento sí la derribó. Bastó una sola frase del director Alejandro González Iñárritu, para eclipsar los recientes esfuerzos de los cónsules y embajadores mexicanos de cumplir la orden de “limpiar” la mala imagen que proyectaron al mundo los casos Ayotzinapa, Tlatlaya y, por supuesto, las mansiones del propio Presidente, de su esposa y del secretario de Hacienda.

El ganador del Oscar dijo en su mensaje de agradecimiento a la Academia de Hollywood que los mexicanos merecemos un mejor gobierno, lo que apuntaló horas después en una entrevista con Cármen Aristegui: “Lo que dispara, digamos mi frustración, como la de todos los mexicanos es el nivel de impunidad y corrupción que reina ahora como un sistema generalizado... son las cosas que todos los días, a diario, hay noticias que son indignantes, ¿no?, porque un gobierno debe servir a una sociedad, no utilizar a esa sociedad”.

Y como los que hoy gobiernan no son precisamente muy habilidosos en eso de interpretar entornos y tomarle el pulso al sentir ciudadano, pues que de inmediato convierten la legítima opinión de un ciudadano ciertamente destacado, una entre miles, en un golpe directo a la mandíbula que les duele y hace tambalear. “Estamos construyendo un mejor Gobierno”, le respondió la dirigencia del PRI.

Habría que dejar por sentado que en México difícilmente alguien cree que el PRI esté construyendo un mejor gobierno. Pero, cabría preguntar ¿sirvió de algo subirse gratuitamente al ring con un personaje como González Iñárritu? Pues sí, a mantener el tema unos días más como trendig topic en las redes sociales y como notas ponderadas en varios medios de comunicación.

Y otra perla de la miopía política: El Papa Francisco, en un mensaje privado dirigido a su amigo Gustavo Vera, advierte del riesgo de una “mexicanización” de Argentina por el avance del narcotráfico y que “estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror”. El Gobierno federal reaccionó justo como no debía: una carta diplomática para rechazar la “estigmatización” del país.

Primero, qué tan difícil era entender que se trató de un mensaje privado, no una postura oficial del Papa, que refiere lo que dicen los obispos mexicanos y que finalmente retrata una realidad, de esas que no se decantan a golpe de palabras, menos de mentiras.

¿Le sirvió de algo al Gobierno eso de la estigmatización? No, al contrario, sólo alimentó la polémica y colocó, de nuevo, los reflectores del mundo en lo que sucede en territorio nacional. En otras circunstancias cabría esperar que los que hoy nos gobiernan entiendan finalmente que decir mil veces que todo está bien, no cambiará un ápice la realidad, pero como han demostrado sobradamente que no entienden que no entienden, lo que viene seguramente es un reforzamiento en la campaña para “limpiar” ante el mundo la imagen de México. Millones y millones de dólares para construir otra pirámide de naipes que se volverá a derrumbar ante cualquier viento, por muy ligero que sea…

19 Febrero 2015 05:08:36
La fibra ideológica… o los ratones que eligen gatos
Existe una vieja fábula que refiere una sociedad de ratones gobernada por un gato negro. El gobernante, tirano en fin, era especialmente cruel y abusivo con sus súbditos, hasta que los hartó. Se registró una especie de revolución que, triunfante, permitió a los ratones sacudirse el yugo del gato negro para empoderar, ahora, a un gato blanco. El chiste, dirían algunos, se cuenta solo.

Y eso es más o menos lo que sucede en México bajo el yugo de la partidocracia: desde hace lustros en las boletas electorales aparecen los rostros de puros gatos.

Sin embargo, la condición actual de franca crisis del sistema (de representación, de legitimidad), no es histórica. Es una condición que emerge luego de que la “oposición” se probara en el ácido de la administración de erario público: Nadie pasó.

El académico y analista político Lorenzo Meyer dice que el PRD “se corrompió muy rápido; quizá porque no había fibra ideológica, sino nada más ganas de encontrar un puesto… simplemente no pudo (en el DF) superar la tentación del dinero y la corrupción, y de tener puestos administrativos, de ser parte de la burocracia…”

Exactamente lo mismo le pasó al PAN. En cuestión de meses se transfiguró, pasó de ser una excelente oposición a un pésimo gobierno. Quienes accedieron a diversos puestos de elección popular, empezando con Vicente Fox y luego con Felipe Calderón, no pudieron sustraerse a la tentación del dinero, de la corrupción y decantaron su oferta de cambio, a golpe de torpeza y omisiones, hasta convertirla en un continuismo de la peor ralea.

Si concedemos la razón a Lorenzo Meyer, lo que sucedió es que simplemente los personajes que administran los partidos políticos y que en su suma integran la partidocracia, carecen de fibra ideológica. En el fondo y en los hechos, donde realmente importa, no son de derecha ni de izquierda, ni tienen una visión clara de lo que se debe hacer, desde el poder, en lo social, lo económico, lo cultural…

Y ese es el problema, la clase política en su conjunto no es congruente, ni siquiera con las plataformas de acción que se “defienden” acaloradamente en los tiempos de campaña, pero que se olvidan en el instante mismo en que los personajes en turno rinden protesta. Son gatos, con naturaleza de gatos, que se disfrazan de ratones para pedir el voto, pero nada más.

La trampa en la que permanecemos, como sociedad, es que el sistema está diseñado para que sean gatos, y sólo gatos, los que tengan opciones reales de acceder a los puestos de elección popular. Entonces somos como en la fábula, ratones a merced del felino en turno.

¿Y Morena? Bueno, pues un desesperado es capaz de agarrar con la mano un clavo ardiendo.

La opción que encabeza Andrés Manuel López Obrador es la única que no ha pasado la prueba del ácido que significa dejar la trinchera de la oposición para convertirse en gobierno, aunque hay quienes recuerdan el paso del tabasqueño por el DF, los personajes de los cuales se rodeó y entonces se abren las dudas. Quién sabe, tal vez si dejara por fin el maniqueísmo retórico, el discurso polarizante y se alejara de lo etéreo del “pueblo bueno”…

A propósito de la crisis desatada en Argentina por la sospechosa muerte del fiscal Alejandro Nisman, el escritor y periodista Miguel Bonasso dijo que “o los argentinos tenemos el coraje cívico de cambiar una democracia representativa que ha conducido a la conformación de una clase política mafiosa, o nos vamos al diablo”.

Se dice fácil, pero nada más complicado: O los mexicanos encontramos mecanismos pacíficos para combatir y vencer a la partidocracia, o nos vamos al diablo…
17 Febrero 2015 05:06:48
Un tornillo… o la corrupción que mata

Los peritajes que realizó la Procuraduría de Justicia del DF, y los resultados de la investigación paralela de la Secretaría de Energía señalan lo mismo: la pipa que explotó en el Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa contenía más gas LP del permitido por las normas, tenía “fracturados” dos tornillos y además, tenía un flotador sujeto con alambres para surtir menos combustible de lo que marcaba el contador. Una pipa muy a la mexicana, con chicanadas, con tornillos que no corresponden, diseñada para robar y además, con más carga de la permitida para sacar unos pesos extra al ahorrar algún viaje.

Simple y sencillamente la corrupción que domina literalmente todas las expresiones de nuestra cotidianidad y que cuestan vidas. No se trata de crucificar a la empresa Gas Express Nieto (a la que revocarán algunos de sus permisos de distribución de combustible), sino ponderar el hecho de que resulta sólo un ejemplo más del contexto en el que permanecemos, desde hace décadas, inmersos los mexicanos.

Y habrá quien se rasgue las vestiduras y grite a los cuatro vientos que cómo es posible que esto suceda; que se requiere un castigo ejemplar contra la mañosa empresa y que se establezcan protocolos para evitar que una tragedia como la de Cuajimalpa se repita.

Bien, sólo habría que recordar que el país se mueve sobre rieles diseñados a golpe de desidia, corrupción, impunidad y una altísima permisividad social que literalmente aseguran que tragedias de este tipo, y de muchos otros, se repitan cíclicamente.

Claro que la corrupción mata: la de empresarios sin escrúpulos y voraces, la de autoridades omisas, la de ciudadanos apáticos e irresponsables, la de todos, tarde o temprano, en mayor o menor medida.

Es necesario entenderlo en su justa dimensión. Cuando un gobernante, de cualquier esfera, de cualquier color partidista, desvía recursos públicos, golpea directamente la posibilidad de aumentar la infraestructura hospitalaria, de vialidades, de rescate de espacios públicos y todo ello cuesta, tarde o temprano, vidas.

Cuando autoridades de cualquier nivel permiten, por acción u omisión, corrupción o incapacidad y en muchos casos por abierto contubernio y complicidad, que delincuentes hagan y deshagan a su antojo, son corresponsables directos de cualquier delito que éstos cometan, y eso cuesta muchas vidas.

Cuando un burócrata permite que empresas operen fuera de norma, cuando simulan verificaciones, cuando no hacen su chamba, son también corresponsables de que, por ejemplo, verdaderas bombas de tiempo circulen por las calles cargadas de gas o cualquier combustible. Eso mata.

Y en todo ello, los ciudadanos somos corresponsables ya que nos gana, invariablemente, el síndrome del “Ejército de la complacencia” (Dresser dixit), que se traduce en nuestra vocación de criticar mucho en privado, pero hacer poco en público, a permanecer, finalmente, “sentados sobre nuestras manos”.

Sí, castigo a la gasera, pero con la certeza de que se trata sólo de un ejemplo más de lo profundamente enquistado que se encuentra el cáncer de la corrupción en nuestra vida. Resultaría hasta ocioso el proyectar algún cambio sustancial en el escenario nacional, pero el reconocer que somos parte del problema tal vez ayude, en un futuro incierto, a establecer dinámicas de comportamiento más sanas, un poquito menos corruptas.
12 Febrero 2015 05:08:50
Aguirre… otro manotazo
Enrique Peña Nieto sigue muy enojado con el gobernador con licencia de Guerrero, el “perredista” Ángel Heladio Aguirre Rivero, y no precisamente porque éste abusó desde el primer día de su administración en eso de hincarle el diente al erario, por el nepotismo desaforado (93 familiares directos en la nómina) y su descarada pretensión de prolongar su influencia (para hacer negocios) vía su amigo Sofío Ramírez, el senador que busca la candidatura del PRD al Gobierno del Estado y de su propio hijo, Ángel Aguirre Herrera, como candidato a la alcaldía de Acapulco, sino porque hizo lo único que resulta imperdonable de acuerdo con los códigos vigentes en las más altas esferas del poder: “embarró” al Presidente.

Sí, por los hechos los gobernadores pueden hacer literalmente lo que les venga en gana, incluso depositar los recursos del estado en una institución de crédito de la que se es accionista (como el gobernador de Chihuahua, César Duarte, experto en opacidad y megaendeudamiento), pero nunca deben permitir que sus yerros, omisiones y excesos afecten la imagen del Presidente y mucho menos le causen problemas de la magnitud del de Ayotzinapa.

El horno no está para bollos, básicamente porque los niveles de indignación social y de críticas hacia el desempeño de la administración peñista no han disminuido un ápice y por el hecho de que los vecinos del norte están muy interesados (coyuntural y extraordinariamente) en sacar a flote, evidenciar la clase de gobernantes que padece México (como es el turno del ex gobernador de Oaxaca, José Murat); lo que urge entonces es un golpe mediático que abone a la maltrecha -por no decir inexistente- credibilidad del Gobierno federal, y de paso ratificar el mensaje de que simplemente hay cercas que no se pueden pasar, como en su momento fue la detención de Elba Esther Gordillo.

En este contexto se entiende la “limpia” que hacen las autoridades de la manada Aguirre. La PGR ya tiene tras las rejas al “vicegobernador” y hermano de Ángel Heladio, Carlos Mateo Aguirre Rivero, a un sobrino, Luis Ángel Aguirre Pérez y también al ex subsecretario de Finanzas, Víctor Ignacio Hughes Alcocer, y media familia de éste: Pablo Ignacio Hughes, Mauricio Francisco Hughes Acosta, Alejandro Carlos Hughes Acosta y Jorge Eduardo Hughes Acosta, todos ex funcionarios acusados de peculado, de haber desviado casi 300 millones de pesos a cuentas personales.

No sería sensato esperar más acciones de este tipo y mucho menos una purga a fondo en los feudos estatales. Sabemos que el combate a la corrupción es un tema anclado en los terrenos de la simulación, en donde la justicia se aplica bajo criterios de administración política.

Se trata de un manotazo, de advertir a quienes pudieran pensar que la actual debilidad presidencial se extenderá por el resto de su mandato y que entonces pueden saltar las cercas que gusten. La cosa es más simple y directa, un mensaje cifrado con destinatarios bien ubicados que en términos coloquiales se podría plantear así: hagan, pero no ensucien y en caso de que sus torpezas y excesos me afecten, entonces sí, sobre ustedes…
10 Febrero 2015 05:09:23
La teoría del cerco
En ese mar de elucubraciones, teorías y sesudos análisis que pretenden encontrar alguna explicación al abismo que separa a la más alta esfera del poder y el México real y, sobre todo, por qué actúa como actúa el Presidente (que parece empotrado en una torre de marfil desde la que poco o nada se alcanza a percibir la escena nacional), hay quien sostiene que Peña Nieto está aislado, rodeado de un impenetrable círculo de siniestros personajes que le impiden ver las cosas tal y como son y que, por lo tanto, sería una víctima más de la gran tragicomedia en la que se convirtió su administración.

Quienes esto sostienen, abrazan la famosa teoría del cerco, aquella que vio la luz en la Argentina de los 70 y que justificaba el distanciamiento de Juan Domingo Perón de los movimientos sociales que precisamente habían impulsado su retorno al poder. Sí, no era culpa del gobernante, sino de aquellos que formaban el “cerco” y que le impedían tocar, sentir la realidad que sufría el pueblo que gobernaba.

Años después, para los propios argentinos que elaboraron la teoría del cerco, quedó claro que Perón sabía perfectamente qué sucedía y que no actuó en forma diferente a como lo hizo, porque no sabía, no podía o no quería.

Bueno, pues los mexicanos hoy la tenemos mucho más fácil. Peña Nieto no vive en una torre de marfil ni está “secuestrado” por un grupo de siniestros personajes (aunque tal vez sí, por su propia soberbia). Sabe perfectamente lo que sucede y no actúa en forma diferente, un poquito porque no sabe, otro tanto porque no puede y un mucho simplemente porque no quiere.

Ya tenemos un antecedente y de contundencia: cuando las protestas por el caso Ayotzinapa alcanzaron su máximo nivel, Aurelio Nuño, el jefe de la Oficina de la Presidencia y uno de los hombres más cercanos a Peña Nieto, afirmó que “no vamos a sustituir las reformas por actos teatrales con gran impacto, no nos interesa crear ciclos mediáticos de éxito de 72 horas. Vamos a tener paciencia en este ciclo nuevo de reformas. No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo, ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas”. Más claro ni el agua: nada ni nadie moverá a la administración de su proyecto.

Luego, otro manotazo: ante las evidencias del escandaloso conflicto de interés que involucra al propio Presidente, a su esposa y al secretario de Hacienda, Peña Nieto ordena a un subalterno que lo investigue, en un lance que no deja satisfecho a nadie y que, por el contrario, ahonda las sospechas sobre el desempeño y actuación del Ejecutivo, y en forma paralela alimenta la especie de que se trata de un mandatario “que no entiende que él no entiende”.

Habría que explorar otro sendero. El Presidente entiende perfectamente lo que sucede y actúa tal y como actúa porque quiere, porque puede, y en el ínter lanza un mensaje que ya nos debe resultar más que evidente: no le importa la crítica y el hecho de que haya logrado lo que hace meses parecía imposible, que todos los que forman el llamado círculo rojo (analistas, académicos y periodistas) coincidan en señalar un día sí y el otro también, la gravedad de sus yerros y omisiones, le hace lo que el viento a Juárez.

Habría que asimilar que nos gobierna un hombre al que no le importa cuidar las formas, y que no le importa todo aquello que se encuentre fuera de su círculo de intereses (políticos y personales), tal como anticipó su amigo Aurelio Nuño.
06 Febrero 2015 05:08:22
El voto nulo
No se trata de promover, sino reconocer que el desempeño en los tres órdenes de Gobierno lo justifica.

Desde hace ya varios años, en cada proceso electoral, surgen voces que llaman a anular el voto como un símbolo inequívoco y contundente del repudio generalizado a la clase política que nos “administra”. También reclaman espacios las voces que advierten que anular el voto sólo le sirve a quienes tienen segura cierta cuota o clientela, por lo general el PRI, aunque también el PRD donde es gobierno, e igual para el PAN en los territorios donde controla los programas asistenciales y dispone de las arcas públicas para sacar lo necesario para la movilización, acarreo, “apoyos” y ese largo etcétera que todos los mexicanos con más de dos neuronas funcionando conocemos muy bien.

Desde ambas trincheras se esgrimen argumentos poderosos a favor o en contra de anular el voto, y en la inmensa mayoría se ponderan aspectos utilitarios en los que la pregunta clave es de qué sirve realmente el reiterar el desprecio a la partidocracia en la boleta electoral y si efectivamente se beneficia en el lance a tal o cual partido.

Lo primero que habría que dejar en claro es que anular el voto no es lo mismo que la abstención. El hecho de no acudir a la urna implica cierta indolencia y apatía impropia de un ciudadano dispuesto a asumir su corresponsabilidad en el entorno que nos toca sufrir.

Habría que considerar también, que el PRI, y el PAN y el PRD donde son gobierno, tendrán los votos duros de siempre, esa clientela electoral tan amarrada por decenas de artilugios que se instrumentan en las áreas grises que colindan con la ilegalidad, y por lo tanto, desde su perspectiva el abstencionismo o el voto nulo les hace lo que el viento a Juárez.

Puede ser, pero el anular el voto, el acudir a la urna y escribir, por ejemplo, “la partidocracia es el cáncer de México”, o bien “nadie merece mi voto”, es un acto de afirmación, de repudio al actual orden de las cosas que (en el caso de sumar miles) despoja de legitimidad al que resulte triunfador.

En una democracia madura, con una clase política ciertamente distinta a la nuestra, tal muestra de repudio social impediría que nadie con un mínimo de decencia rindiera protesta, por el contrario, se obligarían cambios sustanciales en las estructuras partidistas y una renovación profunda de la clase gobernante.

Pero México es otra cosa y tendríamos que conformarnos, en el mejor de los escenarios (en primera instancia), con impedir que el próximo gobernante diga que se encuentra en el cargo por voluntad expresa de la mayoría de los ciudadanos, y ello no deja de tener algo de catártico…

Entonces, ¿realmente de que serviría anular el voto? A corto plazo, pues de nada, ya que independientemente de las siglas partidistas, asumirían al poder peones de la misma estructura caduca y enferma de ineficiencia y corrupción que nos gobierna desde hace décadas, pero en el fondo se daría otro paso en la vía pacífica, para gritarles a los que “no entienden que no entienden” que el mar de debilidad ciudadana y apatía social en el que están acostumbrados a navegar, se está secando.

Quién sabe, tal vez a uno o dos, hasta les de vergüenza seguir engrasando las maquinarias partidistas que hace muchos años dejaron de ser la solución para convertirse en el problema.
04 Febrero 2015 05:06:48
Virgilio… tarde y tibio
El Gobierno federal necesitó prácticamente dos meses para responder ante el torpedeo masivo hacia su línea de flotación: los conflictos de interés que presuponen corrupción y que, de entrada, deslegitiman cualquier actuación de la administración. Ayer, el presidente Peña anunció nueve medidas con las que pretendidamente se saneará la cosa pública y eliminará la sospecha que arrastra desde que explotó el escándalo por la mentada “casa blanca”.

Lo primero es que nombra a un secretario de la Función Pública, a Virgilio Andrade Martínez, un hombre formado en los más altos andamiajes del sistema priista, con una encomienda básica para efectos mediáticos: que el Ejecutivo investigue al Ejecutivo, y, por supuesto, que a la brevedad elimine de la escena el escándalo del “conflicto de interés” en el que permanecen inmersos el propio Presidente, su esposa y el secretario de Hacienda.

La investigación que llevará a cabo la SFP y que por necesidad habrá de concluir que el Presidente, su esposa y el secretario Videgaray no violaron ninguna ley (ya que los gobernantes serán todo, menos suicidas) será sometida al escrutinio de un panel de expertos en materia de transparencia, los que en dado caso (y desde hoy se puede apostar) cuestionarán aspectos éticos, políticos y morales, pero servirán, finalmente, para validar con todos los matices que se gusten y manden, el dictamen que “limpiará” la honra del Mandatario.

Las otras medidas (más de fondo) básicamente atienden a la necesidad de que todos los servidores públicos presenten una declaración patrimonial, que se elaboren reglas de integridad para el ejercicio de la función pública federal y se instale una unidad especializada en ética y prevención de conflictos de interés. 

Bien, una serie de medidas que tal vez hubiesen sido suficientes para tranquilizar a aquellos sectores que reaccionaron con indignación (y que siguen indignados) ante las evidencias de vinculación directa entre constructores beneficiados con obra pública y los más altos funcionarios de la actual administración… pero hace un par de meses. Hoy, las medidas resultan tardías y tibias.

Por el tono y alcance de lo anunciado por Peña ayer, con eso de que el Gobierno investigará al Gobierno y que habrá reglas de integridad para todos los funcionarios del Gobierno federal, se demuestra, una vez más, que simplemente no entienden que no entienden.

El imperio de las redes sociales, con todo y sus estridencias y excesos, el hecho de que un nutrido grupo de analistas, académicos y periodistas nacionales y extranjeros mantengan una visión crítica y dispongan de espacios para expresarla y, además, que amplios sectores sociales mantengan firme la lupa de la duda y la sospecha cuando reciben mensajes oficiales, obligaría a elevar el tono y contundencia del quehacer de un gobierno comprometido… pero no es así.

Virgilio Andrade tendrá que hacer malabares para que al menos parezca que la Secretaría de la Función Pública llevará a cabo la encomienda con seriedad e independencia… aunque las apuestas están en su contra.
03 Febrero 2015 05:04:13
Un reto para estos analfabetas…
Sin pretender rendir culto al pesimismo, lo que viene no es menor, por el contrario, puede llegar a ser terrible. Basta sumar uno más uno para que aparezca el dos y entender que el escenario que habremos de enfrentar los mexicanos los próximos meses (si no es que años como pronostica Agustín Cartens), es tres rayitas más arriba que “complicado”. Habría que estar preparado para al menos intentar navegar en lo que bien se puede anticipar como un escenario más que hostil, de severa crisis.

No hay necesidad de darle tantas vueltas al asunto: el recorte al presupuesto del Gobierno federal por 124 mil 300 millones de pesos, anunciado por el secretario de Hacienda el viernes pasado, implica una fuerte disminución en las expectativas de crecimiento para este año, fuga de inversiones en proyectos energéticos, y una contracción del mercado laboral (según coinciden expertos).

Sí, es cierto que se trata de una medida macroeconómica responsable ante el desplome en los precios internacionales del petróleo, pero el lance obligaría a implementar una serie de medidas audaces, realistas, inteligentes y bien articuladas para impedir que la coyuntura le pegue a la economía de la familias y postergue, una vez más, el desarrollo.

Son las crisis las que permiten diferenciar con claridad a los meros administradores de problemas de los que asumen responsabilidades con visión de futuro; son los momentos “complicados” los que permiten atestiguar de qué realmente están hechos los que nos gobiernan… Y aquí aparece como punta de iceberg la arista trágica.

Decía con mucho énfasis el futurólogo estadounidense Alvin Toffler (allá, a mediados de la década de los 80), que los analfabetas del siglo 21 no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender. Bueno, por lo demostrado en los últimos meses, quienes controlan el timón de este barco que da tumbos en aguas embravecidas llamado México, no es más que un grupo de analfabetas funcionales que ni siquiera es capaz de reconocer su condición.

El pasado 24 de enero, “The Economist” publicó un artículo titulado “El lodazal mexicano. Un presidente que no entiende que él no entiende”, en el que cuestiona la postura y respuesta de la administración de Peña Nieto ante la desaparición de los 43 normalistas y del escándalo ligado a las propiedades adquiridas por el presidente, su esposa y el secretario Luis Videgaray. Destacan las frases “la investigación (de los 43 normalistas) parece estar estancada”, “El propio Gobierno está marcado por el escándalo” y “México se merece algo mejor”.

Y ese es precisamente el punto: la arena pública ya no sólo pide sangre y espectáculo, como diría el jefe de la oficina de Presidencia, Aurelio Nuño, sino que agota su paciencia y decanta a pasos agigantados su nivel de tolerancia y permisividad hacia la corrupción e ineptitud de la clase político-gobernante, mientras ésta insiste en aferrarse a la “realidad” que sólo se ve en la burbuja en que permanece encerrada. Combinación explosiva.

Pero queda una esperanza, una posibilidad, aunque remota. El secretario Videgaray (que ya empieza a ganarse la fama de “Chimoltrufia”, que como dice una cosa, dice otra) aseguró que no se aumentarían ni crearían nuevos impuestos y que no se contrataría más deuda pública, la que por cierto se encuentra en un máximo histórico, en los 6 billones 948 mil 276.7 millones de pesos, gracias al hecho de que desde el inicio de la actual administración, se ha contratado con acreedores internos y externos créditos por 2 mil millones de pesos diarios, más o menos.

El anuncio de Videgaray, esta vez debe ser en serio, y no tanto por responsabilidad, por solvencia (moral, política y económica) o por un reconocimiento final de la realidad social (ya que simplemente no aprenden de sus errores... no entienden que no entienden) sino por mero instinto de sobrevivencia; no pueden, no deben permitir que el trance termine sobre la espalda de la ciudadanía, ya que ésta no aguanta tanto lastre y eso es tan evidente, tan generalizado, que ya hasta debe ser perceptible dentro de la burbuja donde viven y se enriquecen estos analfabetas funcionales.
29 Enero 2015 05:08:05
Páginas y páginas que dicen lo mismo…
El Presidente se encargó el mismo martes de cerrar la pinza. Poco después de que el procurador Murillo sentenciara que la “verdad histórica” y que todos los elementos probatorios no dejan lugar a duda de que los “desaparecidos” de Ayotzinapa fueron asesinados y calcinados, y que el que dudara de la narrativa oficial “se vaya de coadyuvante de la defensa” -del lado de quienes resultan a los ojos de la PGR los asesinos materiales e intelectuales de los estudiantes-, Peña Nieto llamó a la ciudadanía a “superar” el dolor y “asumir el derrotero de seguir caminando para asegurar que México tenga un mejor porvenir (…) Tenemos que avanzar con mayor optimismo, con confianza en nosotros mismos”.

Pidió “no quedarnos atrapados” por el caso Ayotzinapa, lo que es lo mismo que a darle vuelta a la página.

Y por qué no, si esa es precisamente nuestra historia, el darle la vuelta a página tras página -algunas más dramáticas y dolorosas que otras-, pero que en su esencia refieren exactamente lo mismo: corrupción, ineptitud, desigualdad e injusticia; y lo más grave de todo, que ningún caso hasta el momento deja alguna evidencia de que el trance sirviera de algo, al menos de experiencia que permita crear mecanismos concretos y viables para evitar que el hecho vuelva a ocurrir.

Pero, ¿por qué? Y la respuesta no se encuentra en las esferas de gobierno, en una clase político-gobernante que mutó y ya no sólo es básicamente corrupta e ineficiente, sino que ahora también voraz y cínica. Vaya, ya ni siquiera le importa guardar las formas y por los hechos, parece abrazar con singular alegría el descaro. La respuesta del por qué nos pasa como sociedad lo que nos pasa se encuentra en nosotros mismos.

A propósito de la muerte del periodista Julio Scherer, la escritora y analista Denise Dresser escribió un texto impecable y contundente: “Un país donde a diario, millones de hombres y mujeres se vuelven cómplices involuntarios de la injusticia, de la conformidad. Forman filas y filas de soldados que marchan al ritmo que marca el poder abusivo. Filas y filas de personas pasivas que marchan en contra del sentido común y de sus propias conciencias. Al servicio de los inescrupulosos. Al mando de los corruptos. A la orden de los demagogos. Al desfiladero donde se debilita a la democracia que personas como Julio Scherer lucharon por inaugurar. El ejército mexicano de la complacencia. Conformado por aquellos que cierran los ojos, cierran la boca, se tapan los oídos, asisten disciplinadamente a Mover a México. La multitud de mexicanos que critica mucho en privado, pero hace poco en público. Allí sentados sobre sus manos. Allí hablando sin actuar. Allí bebiendo y comiendo y durmiendo y postergando la justicia. Posponiendo la participación, esperando que otros compongan lo que no sirve”.

Y esa es la respuesta. Nos pasa lo que nos pasa y sufrimos la clase de gobernantes que tenemos porque como sociedad seguimos sentados sobre nuestras manos, esperando a que otros, siempre otros, hagan algo.

Le daremos la vuelta a la página de Ayotzinapa, como también lo haremos con el escandaloso conflicto de interés/corrupción que refieren las mansiones “compradas” por las más altas autoridades a constructores que son beneficiados con obra pública, y como muy probablemente lo haremos con las siguientes tragedias y escándalos que habremos de enfrentar, ya que no hay nada que las impida.

Sí, de plano, la vieja máxima de que los pueblos siempre tienen los gobernantes que se merecen se aplica a la perfección con nosotros.

Y no se trata de que nos guste, sino realmente qué hacemos al respecto… nada.
11 Diciembre 2014 05:08:16
Más agresivo que el ébola…
Se dice, con razón, que para solucionar un problema, primero hay que reconocer que existe y luego analizar su naturaleza para encontrar la ruta más adecuada para eliminarlo. Lo que hoy sucede en México es, ciertamente, un problema grave que trastoca todos y cada uno de los ejes que nos explican como nación y que tiene su origen en la corrupción, que pareciera -sin ánimo de vulgarizar- una suerte de virus, más agresivo y contagioso que el ébola y que de alguna manera se amalgamó en el ADN de la clase política y gobernante desde hace muchas décadas.

Jesús Silva-Herzog Márquez elabora, en su impecable artículo “Dexiocracia”, conceptos que es necesario tener muy presentes para entender porqué y dónde estamos parados actualmente los mexicanos. En referencia al PRI, sostiene que sufrimos “el gobierno de la corrupción, del soborno, de la ilegalidad, de la confusión de los intereses. Y la corrupción, naturalmente, como el nido donde se aparean crimen y Gobierno”, y además, sobre su herencia, “una política dedicada a alimentar la ilegalidad. La perversa herramienta de gobierno se volvió régimen, regla y hábito. La política mexicana no se sirve de la trampa, sirve a la trampa”.

Ahora, valiosos conceptos del politicólogo guanajuatense Arnoldo Cuéllar: “Una imagen consistente que los mexicanos tenemos de los presidentes de la República es que se enriquecen de forma bestial durante su mandato y de eso no ha escapado ninguno, entre ellos los dos panistas que rompieron la hegemonía priista de 70 años. No es de extrañar, entonces, el estado generalizado de la corrupción que se vive en México, cuando desde el vórtice de la pirámide se manda la señal de que la violación de la ley y el abuso de las posiciones de poder público son la norma y no la excepción… durante dos siglos de vida independiente, la normalidad mexicana ha sido que quien no roba estando al frente de un cargo donde se manejan fondos públicos, o quien no trafica influencias y decisiones allí donde se tiene una posición de poder, es poco menos que un imbécil”.

Ambos analistas aportan valiosos elementos para desentrañar la naturaleza del problema, a los que podemos sumar la impronta que dejó en el quehacer político en México el profesor rural Carlos Hank González, cuya frase “un político pobre es un pobre político” lo retrata a cabalidad. De cuna humilde logró amasar una fortuna inmensa y el liderazgo del grupo Atlacomulco, gracias a la administración del poder, las complicidades y cobijo de intereses. La cuestión es que su ejemplo rompió, desde la década de los 50 del siglo pasado, con el esquema de discreción (el elemental “guardar las formas”) y lanzó desde la cúspide de la pirámide el sólido mensaje de que no aprovechar los puestos de elección popular y de pretendido servicio público en beneficio personal o familiar era propio sólo de imbéciles.

Se abrió entonces el periodo de voracidad extrema, con el añadido de que la riqueza súbita podía, debía, ser exhibida sin tapujos.

Sí, un ejemplo que se convirtió en un agresivo virus, extremadamente contagioso, que infectó hasta la médula a la clase política en su conjunto. Hoy, nadie se salva, ni priistas, panistas o perredistas, que dicho sea de paso y sólo con fines demostrativos, gobiernan el DF desde hace lustros y Transparencia Mexicana acaba de calificar a la capital del país como la paradoja de ser la entidad mejor evaluada en materia de acceso a la información pública, pero la última en materia de corrupción en trámites y servicios.

El punto más grave de todos es que la solución no es otra que el imperio de la Ley, la restauración y vigencia plena del Estado de Derecho, el fin de la simulación como requisito indispensable para acabar con la impunidad rampante que golpea al país y, tal y como están las cosas, sería tarea de los que hoy nos gobiernan. La solución es, entonces, lo mismo que esperar que la clase política se haga el harakiri y que sea reemplazada por otra que no tenga la mutación del gen corruptor en su ADN.

Sin pretender rendición total ante el pesimismo, parece que los mexicanos nos encontramos en un callejón sin salida…
09 Diciembre 2014 05:06:20
Voy derecho y no me quito…
Primero, habría que establecer la estatura del personaje: Aurelio Nuño Meyer es licenciado en Ciencias Políticas y Administración egresado de la Ibero y tiene una maestría en la Universidad de Oxford. Es priista de la “nueva camada” y desde el primero de diciembre de 2012, Jefe de la Oficina de la Presidencia de la República y miembro del Consejo Rector del Pacto por México.

Es, nada menos, que el encargado de diseñar la estrategia de comunicación del Gobierno federal y participa en la implementación, coordinación y seguimiento de las políticas públicas. Es, en suma, miembro del primer círculo de Enrique Peña Nieto, con peso específico en la actual administración.

Ahora, habría que establecer el tamaño del mensaje que lanzó el fin de semana durante una entrevista con el diario español “El País”.

Primero, el reconocimiento de rigor ante la crisis que desató Ayotzinapa: “Nos faltó una agenda más contundente en materia de seguridad y de Estado de Derecho. Nos quedamos cortos. No vimos la dimensión del problema y la prioridad que debería haber tenido”.

Luego, el puente de reconciliación con los sectores lastimados en la intentona de endosar los actuales problemas a la administración Calderón: “La responsabilidad de la herencia recibida es enorme, pero es una herencia de muchas décadas. Pensar que es problema de un Gobierno es no entender nada. Iguala es un problema estructural”.

Y la advertencia: “No vamos a sustituir las reformas por actos teatrales con gran impacto, no nos interesa crear ciclos mediáticos de éxito de 72 horas. Vamos a tener paciencia en este ciclo nuevo de reformas. No vamos a ceder aunque la plaza pública pida sangre y espectáculo, ni a saciar el gusto de los articulistas. Serán las instituciones las que nos saquen de la crisis, no las bravuconadas”.

Como una suerte de colofón, ese mensaje cifrado con destinatarios específicos: “Nuestra intención no es castigar a nadie, ni ir en contra de nadie. No haremos pagar a nadie la salida de la crisis, ni vamos a hacer populismo económico. No habrá represión. La segunda agenda del sexenio es acelerar las reformas de la primera agenda”.

Establecido que se trata de un personaje que navega en las entrañas del poder, que no es ningún improvisado y que cuenta con las credenciales académicas y políticas como para tomarlo en serio, habría que tener muy en cuenta lo que dice, y cómo lo dice.

En primera lectura el mensaje podría resultar claro: las protestas, marchas, bloqueos, esa demanda de que renuncie Peña Nieto, el “ya me cansé”, la estridencia de algunas voces que exigen justicia y la apuesta de otros porque la presión social logre cambios significativos en las políticas públicas; vaya, hasta el hecho de que prácticamente todos los analistas y columnistas del llamado círculo rojo coincidan en advertir fallas, yerros y omisiones, simplemente no moverán la agenda del Gobierno.

Las prioridades son evidentes y el peso que se otorga a cada quién. Con las elites militar, empresarial y de la partidocracia bien alineadas; con el aval en los hechos de los grandes inversionistas y grupos de poder económicos nacionales y extranjeros y sin ningún reclamo oficial de los gobiernos de otros países por lo que sucede en México, pues la administración simplemente no ve ninguna necesidad de modificar sustancialmente su agenda. Así de simple.

Algunos niños, y otros que ya crecieron física, pero no intelectualmente, en ocasiones asumen actitudes del tipo “voy derecho y no me quito”. Es una combinación entre terquedad, un poco (o mucho) de desprecio por el que se tiene enfrente y, a veces, una férrea convicción de que se tiene la razón y en el lance están dispuestos a arrollar al que no lo comparta.

Bueno, pues el Gobierno federal está convencido que hace las cosas bien, que las Reformas tal y como están planteadas habrán de colocar al país en el lugar correcto, y en el inter, las protestas, señalamientos y críticas desatadas a raíz de la tragedia de Ayotzinapa y el escándalo por la llamada “casa blanca”, simplemente no lo harán desistir. Entiéndalo el que lo entienda… y tope donde tope.
04 Diciembre 2014 05:08:06
El profeta Fuentes
Volver a leer las entrevistas que concedió el escritor Carlos Fuentes (entre noviembre de 2011 y marzo de 2012), a diferentes medios de comunicación, tanto nacionales como extranjeros, y revisar las contundentes advertencias sobre el tamaño de la clase política que entonces se disputaba el poder, resulta una verdadera sacudida. Cuánta razón tenía; qué lástima por todos los que aquí nos quedamos, que sus palabras no fueron suficientes para cambiar el escenario. Y eso lo debemos pagar hoy.

El 22 de noviembre del 2011, en una entrevista con la agencia española EFE, el también diplomático mexicano (aunque nació en Panamá por azares del destino), dijo que no le daría su voto a ninguno de los candidatos a la Presidencia, ya que consideraba a los tres como malos, situación que lamentaba “porque siento que es la última oportunidad política que tiene México para evitar el caos y la violencia en el país”.

Después, luego de que el entonces candidato Enrique Peña Nieto atribuyera su obra “La Silla del Águila” a Enrique Krauze, Fuentes dijo que el priista “es un hombre muy ignorante, y los problemas exigen a un hombre que sepa algunas cosas, no quién es el autor de una novela, sino en general tener un concepto del mundo, poder conversar como par con Obama, con Angela Merkel o con Sarkozy, y no es este hombre capaz de hacerlo”.

Para rematar, el escritor dijo pocos días después que “en serio, le pido a Enrique Peña Nieto que lea la Biblia… Yo no pido que sepan quién es Platón o que hayan leído la Suma Teológica de Santo Tomás. Quiero que sean inteligentes, que entiendan la realidad del país, que entiendan qué está pasando, que entiendan al mundo”.

El periódico colombiano “El Tiempo” publicó en su edición del 29 de enero de 2012, otro fragmento de la visión de Fuentes: “Son tres candidatos, tres distintos, ninguno tiene la solución a los problemas. La situación política se va a complicar, porque los problemas son muy grandes y los candidatos son muy pequeños”.

El ganador del Premio Cervantes de Literatura 1987 y del Príncipe de Asturias en 1994, advirtió en marzo de 2012, que el pueblo mexicano es muy resistente, pero tiene un límite. “Los problemas están ahí y el que no los quiera ver va a fracasar y el que no los atienda se lo van a comer vivo, porque creo que la gente ya llegó al tope de su aguante en México”.

Como una suerte de profeta, el eterno candidato al Nobel (que méritos le sobraron) apuntó a la médula y simplemente sus palabras no encontraron el eco suficiente. Y ese es el punto, la trágica ecuación de una clase política pequeña, muy pequeña, que además se negó a ver la realidad hasta que le estalló en el rostro.

Y sólo como un apunte suelto, otro escritor, Juan Villoro, acaba de afirmar, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que “Enrique Peña Nieto está bastante aislado, cayó en el espejismo de pensar que declarar es una forma de gobernar y lanzar iniciativas es ya hacer política y transformar la realidad… de manera particularmente grave, el descontento ha crecido porque es un descontento acumulado que tiene que ver con el desastre que vivimos en México desde hace muchas décadas, pero también con la falta de respuesta real de este gobierno, o sea, prometer mucho y celebrarse mucho a sí mismo en vez de cambiar la realidad; Enrique Peña Nieto parece atrapado en un guión de telenovela”.

Sin embargo y ante la exigencia de miles, tal vez cientos de miles, de que renuncie el Presidente, cabría preguntar ¿y luego? Desafortunadamente el panorama es mucho más grave: no existe una receta mágica y tampoco un personaje o grupo político que se encuentre a la altura de conflicto.

Sí, cuánta razón tenía Carlos Fuentes y lo más grave es que en el más optimista de los escenarios, tendrán que pasar años, tal vez generaciones, para que el entramado político, la clase gobernante en su conjunto, cambie justo donde debe cambiar, en lo más difícil dado el nivel de corrupción e ineficiencia demostrado, en su estatura intelectual, ética y moral.
02 Diciembre 2014 05:08:22
El plan de Peña. Segunda lectura
Como lo ofreció, el presidente Peña envió ayer al Congreso un paquete de reformas para, pretendidamente, enfrentar la emergencia derivada de la inseguridad e injusticia. Destaca, en principio, la iniciativa para modificar el Artículo 115 Constitucional y en el lance, despojar a los municipios del mando de la fuerza pública. Los alcaldes se quedarán sin control sobre cuerpos de seguridad y además, quedarán sujetos a la posibilidad de ser “intervenidos” parcial o totalmente en caso de que el Fiscal general de la República encuentre indicios de que estén coludidos con el narco.

Sin mando sobre las policías preventivas, poco tendrán que preocuparse los ediles, ya que el contubernio entre autoridades y delincuentes pasa, invariablemente, por el acuerdo de que los hampones no verán afectadas sus operaciones o incluso, como pasó en Iguala, que los “malos” controlen a los uniformados. Pero no, ahora la seguridad en los municipios, en los estados, estará a cargo de los gobernadores y los municipios “deberán realizar las aportaciones, en los términos que determinen sus leyes, para la realización de esta función”.

Eso sí, lo que se sabe hasta el momento de la iniciativa -que tal y como ofreció el PRI, se aprobará en cuestión de semanas-, es que la lupa estará permanentemente sobre los que desde Los Pinos se considera el eslabón más débil de la cadena gubernamental: “Cuando derivado del ejercicio de sus atribuciones, el fiscal general de la República advierte indicios suficientes para considerar que hay una infiltración del crimen organizado y la administración o ejecución de servicios públicos municipales, lo comunicará el secretario de Gobernación para que, de estimar lo procedente… (previa solicitud, anuencia o visto bueno del Congreso) …la Federación asuma temporalmente, en forma total o parcial las funciones del Municipio, en los términos que disponga La Ley Reglamentaria”.

Es cierto, el Municipio es el eslabón más débil y las policías preventivas en el actual esquema, las más vulnerables a la infiltración del hampa. Pero también es cierto que las corporaciones estatales y aún las federales no están del todo blindadas contra los afanes corruptores del narco. El detalle es que la iniciativa, o al menos lo que se conoce de ella al momento, no perfila ninguna acción contra gobernadores o mandos de otras instancias, en quienes recaerá la totalidad de la responsabilidad en materia de seguridad pública.

Aún falta mucho por recorrer, precisar y aclarar. Sería deseable que las leyes que deriven de la iniciativa presentada ayer, incluyan candados y sanciones para evitar un uso faccioso o político del monopolio de las corporaciones policiacas en un estado, más aún para evitar que los gobernadores construyan verdaderos feudos -como por desgracia hay registro de muchos casos, en el pasado y presente- y que finalmente se consideren sanciones o el equivalente a la “intervención” en caso de que las evidencias de colusión lleguen a otro nivel.

Es etapa de construir. La iniciativa sin duda camina por el sendero correcto y hay tiempo para hacer las cosas bien. En México estamos acostumbrados a que todo lo que tiene que ver con la esfera gubernamental, termina tarde o temprano por torcerse. Éste no puede ser el caso por todo lo que está en juego y quedaría hacer votos por que esa suerte de afán empático que priva en el Congreso respecto a Peña Nieto no les nuble las entendederas a los legisladores y hagan todo lo que tengan que hacer, a fondo y con visión de futuro.
28 Noviembre 2014 05:08:21
Las 10 medidas. Primera lectura
El Presidente esbozó ayer lo que serán 10 reformas en el marco legal para mejorar (o corregir) el andamiaje de procuración de justicia y atacar la infiltración de la delincuencia organizada, especialmente en los cuerpos municipales de seguridad. Habrá que esperar hasta el lunes para conocer detalles de la ruta crítica, los cómos y alcances de cada una de las medidas enunciadas.

Por lo pronto queda reconocer que en su tramado grueso, las iniciativas que se presentarán responden a la realidad del país y aunque reactivas ante la tragedia de Ayotzinapa y la movilización social que generó, significan por fin pasos en el sendero correcto.

Más o menos se trata de una ley contra la infiltración del hampa que permitirá que la Federación pueda incluso disolver ayuntamientos; redefinir competencias de los tres órdenes de gobierno y la creación obligatoria de policías estatales únicas.

El planteamiento inicial parte de la idea de tener 32 corporaciones sólidas y confiables en lugar de las mil 800 policías preventivas débiles y vulnerables a la infiltración.

No queda claro si se pretende desaparecer a los cuerpos de seguridad municipales, cambiarles de nombre y uniforme o sólo imponerles un mando único. Cabe recordar una iniciativa que presentó Felipe Calderón en octubre de 2010 y que ponderaba la urgencia de crear un mando único (32 jefes de policía subordinados a cada gobernador) y “desaparecer” a las policías preventivas en los términos en que están articuladas precisamente por vulnerables a la infiltración del hampa. Fue bateado olímpicamente.

Bueno, ahora Peña pretende, además, crear un 911 para pedir auxilio a nivel nacional; una clave única de identidad y reformas para hacer efectivo el derecho a la justicia cotidiana. Para éste último se encargó al CIDE mesas de trabajo, y los investigadores, como primera reacción, aplauden la medida, aunque no saben bien a bien qué pretende el Presidente.

Se implementará un operativo especial en Michoacán y Guerrero, se fortalecerá la protección a los derechos humanos y se promoverá el combate a la corrupción e impulso a la transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana.

Y hasta aquí, todo bien. Habrá que esperar al lunes por los detalles.

La cuestión es que el Presidente encaró ayer una oportunidad única, dado el contexto de creciente irritación social, para convencer a los ciudadanos de que ahora sí va en serio y que está realmente comprometido a cambiar al país, y simplemente no lo hizo. Su mensaje pareciera dirigido a la élite gobernante, a los conocedores, pero no al pueblo que con justicia y dado el escenario de desconfianza e incredulidad, bien pueden reducir el esfuerzo a un Rosario de buenas intenciones, sólo un intento por ganar tiempo.

En su fondo, las 10 medidas esbozadas apuntan en la dirección correcta, pero fueron planteadas de tal manera que quedan a deber en todos aquellos que esperaban acciones concretas para modificar las prácticas, usos y costumbres de la política mexicana, y más aún, en los que apuntaban a la necesidad de que el Gobierno reconociera que la gran deuda con la sociedad es la incapacidad de asegurar la integridad física de las personas, su seguridad patrimonial y la certidumbre en la aplicación de la ley. Faltó un poco de autocrítica.

Dos apuntes finales: de nada sirven las reformas, las leyes, si quienes se encargan de formularlas y hacerlas cumplir no sacrifican sus propios privilegios, y peor aún si siguen anclados en la lógica de la simulación. El problema en México no es de leyes, sino de corrupción e impunidad.

Y por último no se debe olvidar que el gran caldo de cultivo de la inseguridad y de gran parte de los problemas que enfrentamos es la desigualdad, la falta de oportunidades, la pobreza y marginación de millones, y es en ese terreno donde se marca la diferencia entre legislar y gobernar.

Queda esperar que este sea el primer paso para que la administración de Peña Nieto responda por fin en la arena social (el México real) y no sólo en la arena política (Pacto por México, su proyecto de Nación), que las cosas no están como para darle largas…
24 Noviembre 2014 05:06:44
Peña… o cuando estalla la burbuja
Nuestra clase política, de todos los colores partidistas y signos presuntuosamente ideológicos, tiene una marcada tendencia a construir burbujas, y una vez en el poder, en cualquiera de los tres niveles de gobierno, se encierra dentro de ella. Todos, en mayor o menor intensidad, hemos sido testigos de cómo el andamiaje gubernamental suele marchar por un sendero distinto al de los reales intereses sociales o cómo la simulación y mera administración de los conflictos, termina, tarde o temprano, por distanciarse de la problemática que afecta de manera directa a los ciudadanos.

Basta con ser mexicano y tener más de dos neuronas funcionales para entender que eso de que el país sufre una clase político-gobernante muy rebasada por la realidad resulta verdad de perogrullo y que por desgracia, pese a todas las evidencias de la acelerada descomposición de todas las “instituciones” y la creciente irritación social, parece anclada en sus propios vicios, aferrada a los esquemas que sólo funcionan bien dentro de la burbuja.

Bueno, pues el que algunos llaman México profundo y otros simplemente la realidad, terminó por romper la burbuja en que se encuentra el grupo que rodea a Enrique Peña Nieto y cuando éste asoma el rostro para ver por fin lo que realmente le rodea, simplemente no sabe qué hacer.

Una lectura simple y lineal sería que la torpeza es hoy el signo característico, y eso de suyo es grave, pero más grave aún lo que se mueve bajo la superficie.

Primero, habría que recordar que los que hoy gobiernan, “los que sí saben” anclaron con hierro el juego de que “la forma es fondo”, la simulación del impero de la ley y la administración de los conflictos para que nada rebasara cierto límite. Se construyó “la dictadura perfecta”, pero la que refiere Mario Vargas Llosa y no precisamente la que caricaturiza Luis Estrada.

Nunca se combatió la corrupción e impunidad, pero se cuidó que en las formas, éstos vicios no terminaran por cortar los hilos con los que se manejaba el poder. Que nadie ni nada se saliera del guacal y así a caminar, hasta que se topó con las exigencias de un mundo globalizado que obligó a bajarle tres rayitas a la simulación y subirle dos a la pretendida imagen del México democrático y plural.

Llegó el PAN a Los Pinos y ya ni siquiera una administración eficiente del conflicto y que nadie ni nada se saliera del guacal. La realidad terminó por desbordar los muy priistas canales de contención y todo lo que se mantenía bajo la superficie, simplemente reclamó la luz del día, los reflectores.

Ése es el país del que, de la mano de Enrique Peña Nieto, el PRI retomó las riendas hace dos años. Lo grave es que no se entendió que resultaba punto menos que imposible el implantar esas viejas fórmulas que les funcionaron durante décadas. El país ya no respondía igual a la simulación, ni toleraba los altísimos niveles de ineptitud, corrupción e impunidad. Pero eso no se podía ver desde el interior de la burbuja, y si alguno lo logró, se cuidó de no actuar en consecuencia.

El costo también es otro. Ningún otro presidente recibió tal cantidad de baños de realidad en tan poco tiempo. En menos de dos meses, Ayotzinapa y el escándalo por la “Casa
Blanca” le arrebataron la iniciativa y hoy está reducido a simplemente un Mandatario reactivo que da tumbos.

Enrique Peña Nieto encuentra una suerte de complot, advierte esfuerzos orquestados por siniestros intereses para desestabilizar su proyecto de nación. Hace bien el que le recuerda que para poder desestabilizar, el objeto debe estar estable, y México no lo está.

No, no se trata de torpeza, es algo aún mucho más grave. La burbuja estalló y los que estaban adentro simplemente no saben qué hacer. No han sido capaces ni siquiera de dimensionar con justicia la gravedad y alcances de lo que sucedió en Ayotzinapa y no atinan en articular un discurso coherente y creíble ante cuestiones que hasta hace algunos años, hubieran reducido y acotado de inmediato. La “solución” a la exhibida por la “Casa Blanca” de Las Lomas es ejemplo claro.

Peña Nieto le pide a su esposa Angélica Rivera que aclare. Ésta sube un video en YouTube con “precisiones” que tiene casi 3 millones de vistas. Televisa lo pasa íntegro, cuando no sacó al aire ni una línea de la denuncia del grupo que encabeza Carmen Aristegui. En el mismo portal de videos podemos encontrar las burlas, ironías y sarcasmos contra la primera dama, como la de Sid Vela, en su caracterización de “Galatzia” con casi 3 millones y medio de vistas. O la del famoso bloguero mexicano, “Werevertumorro”, con casi 1 millón 400 mil vistas. La respuesta no fue creíble y sólo abrió las puertas a la burla y el escarnio social, en la misma plataforma que escogieron para la defensa.

Es muy grave esa incapacidad manifiesta de enfrentar una realidad que durante décadas alimentaron y la desgracia que ante los vacíos gubernamentales, la llamada “sociedad civil”, los ciudadanos no tengamos ninguna herramienta para poder cubrirlos. México está a la deriva y tenemos un capitán que no sabe qué hacer, pero de sus decisiones depende en gran medida el futuro cercano de todos.

20 Noviembre 2014 05:08:29
El poder del silencio
Circula desde ayer en YouTube y otras plataformas de la Web e incluso en noticieros nacionales e internacionales, un video contundente y aleccionador. Durante dos minutos, una cámara enfoca el rostro, no más de 10 segundos, de un cantante o actor de Hollywood. Luego pasa a otro y a otro más, son casi 20.

Los actores y músicos, con el rostro serio, frío, voltean los ojos directamente a la lente, en evidente señal de reclamo. Es la campaña en la que urgen a los líderes mundiales a combatir el ébola. Desde la perspectiva de los activistas ya todo está dicho, ahora queda esperar a que de los discursos se pase a las acciones concretas. Tienen razón.

Que poderoso puede ser un rostro, una mirada, en la que se puede encontrar, sin duda, un reclamo, la evidencia del hartazgo, a un ciudadano que grita “ya basta de simulación, aquí estoy esperando que hagas algo concreto”. Todo sin abrir la boca, sin pronunciar palabra.

Los mexicanos atravesamos por un momento de desesperanza, de rabia, de impotencia ante la evidencia de la colusión entre criminales y delincuentes; ante el hecho de que las autoridades están rebasadas y dan tumbos, que se encuentran expuestas en la red de corrupción e ineptitud en que navegan, y que aún así, son erráticas.

Los ciudadanos de este vapuleado país somos testigos de que la clase gobernante ni siquiera es capaz de instrumentar una estrategia de control de daños y mucho menos de articular un discurso creíble ante la crisis social -derivada de la inseguridad- que estalló desde hace semanas.

Las protestas son eclipsadas por los grupos que buscan en cualquier resquicio de la inconformidad social, una vía para expresar con violencia su resentimiento. Los bárbaros que no creen en nadie y en nada, se confunden y amalgaman con aquellos que con justicia y total legitimidad exigen al Estado combatir con eficiencia el actual orden de las cosas.

El vandalismo, la rapiña, el lastimar aún más a la sociedad que dicen representar, terminará tarde o temprano por inhibir a quienes apuestan por la vía pacífica. El hecho de que se haya suspendido el tradicional desfile del 20 de noviembre en el DF, Guerrero y Michoacán, por temor a los infiltrados, a los radicales y a los anarquistas, es un paso contundente en esa vía.

La campaña “ya me cansé” pierde impulso y los padres de los 43 normalistas desaparecidos y presuntamente asesinados por narcotraficantes ya no encuentran el mismo eco a su reclamo. Ahora son los empresarios los que ganan espacios reclamando que se imponga la ley a los violentos. Ya no quieren más protestas en el tono en que el registran, y en el lance piden que el Gobierno haga lo que tiene que hacer, imponer la ley.

Así pasa en este nuestro México. La indignación social tiene la vida de un cerillo, una llamarada que se consume rápidamente.

Que interesante sería que los ciudadanos, todos, aprendiéramos de la lección de los actores y músicos estadounidenses. Sería otra trinchera, otra forma pacífica de expresar nuestro malestar e inconformidad.

Que el Presidente diga que será su esposa la que dará la cara y explicará lo del escándalo por su residencia familiar; que ésta salga a decir que es multimillonaria, que su trabajo como actriz de Televisa le redituó ingresos, por ejemplo en 2010, de 131 millones de pesos y que literalmente nadie le crea, puede ser una oportunidad para fijar una mirada en los que ocupan Los Pinos, más poderosa que las estridentes mentadas (a las que a fuerza de recibirlas, parecen ya inocuas) y dejarles claro que no nos chupamos el dedo.

Un rostro serio, frío, contundente que les grite en silencio que dejen de decir y empiecen a hacer. Que ya no salgan con eso de que harán valer la ley, que mejor empiecen por cumplirla; que ya no digan que combatirán a la delincuencia, que la combatan y que jamás vuelvan a decir que la tragedia de Ayotzinapa los conmueve e indigna. Mejor pidan perdón por ser tan torpes y omisos, que renuncien a los que les queda algo de pudor y dignidad y que el resto (la inmensa mayoría, sino es que todos) hagan por fin lo que tengan que hacer para que no vuelva a ocurrir.

Por favor, ya no digan que el futuro pinta prometedor gracias a las reformas estructurales. Mejor trabajen para componer el presente.

Los mexicanos sufrimos una clase gobernante corrupta e inepta. Los Pinos nos demostró en la actual coyuntura que ni siquiera sabe cómo contener daños, administrar conflictos. Ya estamos hartos y otra forma de dejarlo en claro, aún para los de corta entendedera, es un rostro frío, sereno, pero firme, con una mirada implacable, de esas que se avientan a la cámara los actores y cantantes, y que se traduce en un contundente: Aquí estamos, esperando que hagas lo que debes hacer, cumplir y hace valer el estado de derecho.
17 Noviembre 2014 05:08:34
A la altura del conflicto
Fueron seis días de gira, casi una semana fuera del país, y finalmente el Presidente regresó para dar un mensaje: Que le fue muy bien en la reunión de la APEC, que se lograron acuerdos de cooperación con China que suponen inversiones asiáticas por 14 mil millones de dólares, y que en la Cumbre de Líderes del G20 se compartieron experiencias enriquecedoras con empresarios y líderes de los países más poderosos del planeta.

Qué bien, porque esos 14 mil millones no le caen mal a nadie. Pero lo realmente importante lo encontramos en la ronda de preguntas y respuestas al término del mensaje.

A la periodista Maru Rojas le aseguró que gracias a la tecnología pudo estar enterado de lo que sucedía en el país. Lamentó el tono de algunas de las expresiones de protesta y sentenció que “si lo que demandamos es justicia y que los responsables de estos hechos paguen, y que sea aplicada la ley en todos sus términos, no puede ser a través de actos de violencia y vandalismo, y más cuando afectan a terceros”. Simplemente tiene razón.

Sin embargo, sobre Ayotzinapa se aventó una frase poco más que desafortunada: “A quienes hay que condenar por estos hechos son a los criminales; a quienes hay que señalar y condenar son, precisamente, a los responsables de estos hechos abominables…”.

La cuestión es que el único responsable de que existan criminales del tamaño de los que tenemos, capaces de hacer lo que hacen, es el Estado. Desde hace siglos, desde el primer pacto social, los ciudadanos cedemos espacios de libertad y recursos económicos para que el Estado, al que otorgamos el uso exclusivo de la fuerza, nos garantice seguridad. La inseguridad entonces es falla de quienes nos gobiernan y es a ellos a los que debemos reclamar.

Los criminales atacan a la ciudadanía, violan, roban y asesinan, y los reclamos y señalamientos que la sociedad agraviada les pueda hacer, simplemente les importa lo mismo que un pepino podrido.

No, es a la clase gobernante a la que debemos reclamar que suframos el imperio de la barbarie, ya que esta condición no es más que la resulta de la incapacidad de imponer el estado de derecho.

Muy desafortunado el mandar un mensaje, ciertamente más sofisticado que el rupestre “¿y yo por qué?” de Vicente Fox, pero que en su esencia es lo mismo, el eludir responsabilidades.

Y otra perla, indigna del momento por el que atraviesa el país. Roberto Zamarripa, de “Reforma”, le pidió una postura sobre el escándalo de la famosa “casa blanca”, la residencia familiar valuada en 86 millones de pesos.

Peña Nieto dijo que en unos días la vocería de la Presidencia ampliaría la información y que “sin duda son aseveraciones imprecisas y carentes de sustento… lo dieron a conocer cuando no estábamos aquí”.

Un asunto que cuestiona directamente la honorabilidad, pulcritud y honradez de la máxima autoridad merecería del aludido un poco menos de tibieza. Eso de dejar pasar, de darle días para que la sospecha crezca como bola de nieve nunca ha resultado una buena estrategia y en el contexto actual, pues menos.

Qué tristeza la confirmación de que en asuntos coyunturales, en crisis, nuestras autoridades simplemente no estén a la altura del conflicto.

13 Noviembre 2014 05:10:27
Más que tontos…
Ya lo sabíamos, pero el que con sus acciones nos lo griten una y otra vez en el rostro, irrita. El Gobierno parte de una premisa fundamental para diseñar sus estrategias mediáticas y fijar posturas ante coyunturas y hasta en momentos de crisis extremas, justo como la que México sufre hoy: los ciudadanos son estúpidos y de flaca memoria.

Esa visión que resulta de la mezcla de paternalismo, simulación y franco desprecio hacia los gobernados se confirma con la respuesta de Los Pinos (tono y profundidad) ante el hecho de que la pareja presidencial tiene por hogar una residencia de 86 millones de pesos.

Eso de que “la larga carrera profesional de la señora Rivera Hurtado le ha permitido consolidar su patrimonio personal”, simplemente se desmorona ante la evidencia de que como actriz de Televisa, doña Angélica hubiera necesitado 10 contratos de exclusividad y haber trabajado durante 53 años consecutivos para amasar una fortuna que le permitiera tales lujos.

Y eso de que “sólo” pagó el 30%, más de 25 millones, y que el resto lo pagará en un par de años, pues peor, ya que supone que la ahora primera dama sabía que venían, para ella y para Enrique, años de extrema abundancia. Qué tontos.

Pero más grave aún, ver a Peña Nieto dibujar desde China -a donde fue a recibir tremendo regaño del primer ministro por la revocación de la licitación para el súper tren- un México que navega exitoso en el buque de las grandes reformas transformadoras, cuando en realidad el país atraviesa por uno de sus momentos más delicados, de creciente irritación social, de verdadera revuelta, con un estado (por ejemplo), Guerrero, literalmente en llamas, donde la inconformidad se expresa cotidianamente en violencia, vandalismo, barbarie; y otros más, como Michoacán, en el que el pretendido estado de Derecho no es más que una burda caricatura. Más que tontos.

En todo el país la sociedad se suma al reclamo de cambios sustanciales; bajo el lema “ya me cansé”, voces de distintos sectores apuntan directamente al Gobierno, en sus tres órdenes, como único responsable -por acción u omisión- de que México este sumido en la inseguridad, la irritación y la desesperanza.

Es el hartazgo de estar como estamos y de tener la clase de gobernantes que tenemos y la confirmación de que Ayotzinapa dejó otra herida abierta en el corazón mismo del país y que junto a las de Casino Royal (52 muertos), Guardería ABC (49 niños muertos), San Fernando (72 migrantes asesinados) y esas cifras obscenas de secuestros, ejecutados y desaparecidos, está muy lejos de sanar.

¿Qué no entienden nuestras autoridades que para “asegurar” el futuro primero hay que componer el presente? ¿Por qué es tan difícil comprender que en las condiciones actuales no es posible proyectar ningún mañana viable, mucho menos armonioso y progresista?

Quedaría en todos nosotros, los ciudadanos, desde nuestras respectivas trincheras, hacer entender a este Gobierno que se equivoca, que no somos estúpidos, que realmente los tontos son ellos, y que como sociedad ya no estamos dispuestos a recibir ni un golpe más.

En nuestra historia reciente hemos experimentado otras situaciones límite. En el 2004 la sociedad se unió para decirle al Gobierno “ya basta de inseguridad”, fue la gran marcha de blanco; en 2008, el país se sacudió con ese “si no pueden, renuncien”, de un dolido Alejandro Martí y después vino el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad con Javier Sicilia. Fueron momentos de gran impacto que terminaron por diluirse sin alterar significativamente el contexto que los originó.

Queda esperar que no sea el caso, que ahora sí la movilización social tenga consecuencias y, especialmente, que no termine por diluirse. De lo contrario le daríamos la razón a los que nos tratan como estúpidos.
10 Noviembre 2014 05:08:17
El palacete de Peña
En el número 150 de la calle Sierra Gorda, en Lomas de Chapultepec, justo el sector más exclusivo del Distrito Federal, se ubica una residencia valuada en 86 millones de pesos. Es un verdadero palacete, hermoso sin duda, y si no fuera por su alto nivel de refinamiento y sofisticación, se podría proyectar como la morada de alguna estrella de rap, de esas que de no tener absolutamente nada, lo tienen todo y en la lance se encuentran urgidos de gritarlo a los cuatro vientos.

El tema es que esa residencia aparece como propiedad de una empresa, Ingeniería Inmobiliaria del Centro, una filial del Grupo Higa, que a su vez, a través de otra filial, la Constructora Teya, integra el consorcio de empresas nacionales y extranjeras al que fue revocado la licitación para construir el tren de alta velocidad México-Querétaro.

Sin embargo, esa es la residencia que la familia de Enrique Peña Nieto presume como propia, tal como lo afirmó la propia Angélica Rivera en esa entrevista que concedió a la revista “Hola!” y en la que aparece posando en varias de las habitaciones… y precisamente por eso hoy es custodiada por elementos del Estado Mayor Presidencial.

Esto lo sabemos gracias a una impecable investigación periodística del grupo que dirige Carmen Aristegui. Se unieron puntos, se utilizaron las herramientas disponibles en nuestra legislación, como las solicitudes vía transparencia, y sin gratuitas caracterizaciones, se expuso en forma lineal una narrativa de hechos que no dejan duda.

El hoy presidente de la República mandó construir la residencia de Sierra Gorda en 2008, con la empresa Ingeniería Inmobiliaria del Centro, que se constituyó apenas en noviembre de ese año, con un grupo de empresarios muy cercanos, a los que en su administración en Edomex favoreció con varios e importante proyectos de obra pública y que, obviamente, no está en su listado de bienes reportados en su declaración patrimonial.

Los detalles están ampliamente expuestos en el reportaje que publicó ayer Aristegui Noticias y que replicaron varios medios. En el fondo, son las graves implicaciones de la red de complicidades y contubernios entre gobernantes y grandes empresarios —el Mandatario y sus consentidos, mancuerna que se renueva cada sexenio— lo que debe alertar a la sociedad.

Hay que recordar que Enrique Peña Nieto es dado a las ambigüedades y a la “transparencia a medias”, tal como lo demostró en su tristísima declaración patrimonial, en la que reconoce haber recibido “donaciones” de terrenos, casas y hasta joyas, justo en el periodo en el que fue gobernador.

Dice una vieja máxima que “la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo”. Refiere a la necesidad de que el gobernante extreme cuidados en la forma para no abrir una sola ventana a la sospecha, ya que por tener acceso a las arcas, al dinero que finalmente es de todos, no puede permitirse el lujo de que alguien ponga en duda su honorabilidad.

Por desgracia no es el caso de los gobernantes mexicanos, que por el contrario parecen tener la vocación a la estridencia, a la obscena exhibición de su riqueza, aunque ésta se ubique estrechamente ligada en tiempo a su gestión pública.

El hilo de la investigación parte de un arrebato innecesario, francamente narcisista de la hoy primera dama. Pareciera que había cierta urgencia de gritar que la casa, diseñada por el arquitecto Miguel Ángel Aragonés —y de la que se pueden encontrar fotos de sus interiores en www.aragones.com.mx, con el título “Casa La Palma” — era una suerte de confirmación de una historia de amor propia de telenovela. Los planos tienen una fecha: octubre de 2010, un mes antes de que Peña Nieto y Rivera se casaran.

Ayer por la tarde, Los Pinos emitió un comunicado en el que, en síntesis, reconoce que la residencia es de la familia Peña Nieto, afirma que es de Angélica y que se casaron por el régimen de separación de bienes.

“Angélica Rivera Hurtado, quien contrajo matrimonio con el Lic. Enrique Peña Nieto el 27 de noviembre de 2010, bajo el régimen de separación de bienes, es económicamente solvente y contaba con recursos suficientes para adquirir estos inmuebles. La larga carrera profesional de la señora Rivera Hurtado le ha permitido consolidar su patrimonio personal”.

Quién sabe, demasiado tibio para el contexto de extrema suspicacia ciudadana… pero lo importante hoy es que quedó demostrada, más allá de cualquier duda o interpretación, la estrecha vinculación entre las empresas mexicanas asociadas con el consorcio chino que ganó (como proyecto único) la licitación para construir el Tren de Alta Velocidad México-Querétaro, que luego fue revocado, con la familia presidencial y estas empresas se postularán nuevamente. 

En fin, por lo menos y tras la exhibida, quedaría esperar que las autoridades jueguen a las formas y se anclen en eso de “parecerlo”. Los mexicanos, en términos de honestidad, ya no esperaríamos eso de “serlo”… sería de una ingenuidad impropia de un pueblo tan castigado por la corrupción, simulación, impunidad e ineficiencia, como el nuestro.
05 Noviembre 2014 05:11:45
Un millón de mártires
Hace poco más de siete años, ante un grupo de periodistas en la ciudad de Torreón, Diego Fernández de Cevallos daba cátedra de arrogancia intelectual: afirmaba que no le preocupaban los señalamientos y acusaciones en su contra, ya que a la hora de ventilar los asuntos en tribunales nada le podían hacer, “son tontos”, se ufanaba. También esbozaba como la solución a la mayoría de los problemas que agobiaban a los mexicanos (y que sólo se han agudizado en estos siete años) la organización, la participación y la corresponsabilidad de los ciudadanos.

Bueno, pues resulta que “El Jefe” Diego, para muchos un monumento barbudo al tráfico de influencias y la corrupción, para otros tantos ejemplo clarísimo de la clase política mexicana que logra amasar fortunas obscenas gracias al juego de intereses; y para realmente pocos, un hombre muy inteligente que supo jugar con maestría sus cartas en el país de la simulación y la impunidad, dibuja hoy un escenario en donde la pobreza crece y la barbarie avanza.

Pero el punto realmente interesante es que asegura que “los mexicanos sabemos cómo ordenar la vida social, hacerla verdaderamente humana y lograr el desarrollo material y espiritual del pueblo. Lo importante es decidirnos a lograr el cambio…”.

Pues sí, coincide en su esencia con el planteamiento de la inmensa mayoría de quienes intentan encontrar las grandes soluciones a los inmensos problemas que padecemos y que invariablemente colocan en el ciudadano, en su poder de decir basta, de exigir al Gobierno ser proactivo y no reactivo ante la criminalidad –como diría el propio Diego– la clave para que el país empiece a caminar por otro sendero.

Y el argumento es, en términos puros, difícilmente rebatible, ya que en el fondo, por acción u omisión, los pueblos tenemos los gobiernos que merecemos y los entornos sociales que entre todos construimos o permitimos, y es lógico proyectar que si cambia la actitud del ciudadano hacia lo que lo rodea, pues el entorno se modificará… como también es demencial esperar un resultado distinto si siempre se hace exactamente lo mismo.

El tema sería, entonces, ¿qué frena a una sociedad harta de la violencia, de la impunidad, de la corrupción, a emprender el sendero del cambio? Si concedemos que la irritación e indignación son más grandes que la apatía e indolencia ciudadana, son mayores que la falta de solidaridad y subsidiaridad social, entonces quedaría explorar los comentarios aislados de ciudadanos comunes: el miedo.

Van tan sólo dos ejemplos tomados del apartado de comentarios de un par de columnas de los últimos días: “Miedo…eso es lo que tenemos, con un gobierno asesino y una impunidad a más no poder, tenemos miedo de levantar la voz, miedo por los que se quedan o dependen de nosotros…” , dice un ciudadano, y otro afirma que “a veces nos dan ganas de exigir nuestros derechos, pero cuando nos enteramos que los policías matan gente y nadie resuelve esos casos, las ganas se nos pasan…”.

“El Jefe” Diego sentencia que “si la maldad se hallara sólo en políticos y servidores públicos, con encarcelarlos y sustituirlos todo se arreglaría; pero ésta fluye por amplias arterias del cuerpo social. Es pandemia; y no habrá instituciones sanas sin sociedad sana”.

Pues estamos fritos, ya que nuestra sociedad está enferma, muy enferma de miedo, de ese que impide sacar la cara, alzar la voz más allá del anonimato de la protesta multitudinaria, porque sabe, a ciencia cierta que la denuncia y el reclamo la colocan en alto riesgo, en el campo en donde cualquier cosa le puede pasar y eventualmente quedar reducida a un número más en la estadística.

A todos los que indigna e irrita el actual orden de las cosas, frena, sin duda, una condición sobradamente justificada y realista de miedo, ya que para cambiar a este país se necesitaría un millón de mártires, un millón de ciudadanos que al mismo tiempo superaran el miedo y enfrentaran el entorno dispuestos al sacrificio personal o hasta familiar en aras de la construcción de un México distinto.

Tenemos estructuras políticas, económicas y, especialmente, un andamiaje de procuración de justicia podrido hasta la médula, pero no por generación espontánea; fue creciendo, alimentándose de nuestra indolencia, apatía e incluso complicidad hasta convertirse en lo que es hoy, un gigantesco monstruo que nos arrastra a la barbarie.

“El Jefe” Diego daba cátedras de arrogancia intelectual, pero hoy parece pecar de ingenuo. Tal vez en el pasado sabíamos cómo ordenar la vida social, pero hoy nos paraliza el miedo a eso que en mayor o menor medida todos ayudamos a construir, el imperio de la ilegalidad.
02 Noviembre 2014 04:12:52
Nuestra delgada línea roja
En su libro “The Thin Red Line”, James Jones retrata las experiencias del Primer Regimiento del Ejército estadounidense que desembarcó en Guadalcanal. Los horrores de la Segunda Guerra Mundial desde la óptica de sus protagonistas en la primera línea de batalla. El texto plantea en forma magistral que sólo una delgada línea separa la locura de la cordura y cómo en ciertas condiciones el ser humano da tumbos en ambos lados.

La película del 98, de Terrence Malick, le hace justicia al libro y retrata con contundencia esa delgada línea roja que separa lo que se considera bueno y aceptable de lo malo y reprochable, lo que se puede calificar como justo o injusto y como la violencia propia de la guerra impone conflictos morales a los soldados y las formas en que cada uno resuelve, o al menos intenta resolver, el trance. Sin moralinas, un retrato descarnado de la naturaleza humana en situaciones límite.

En la forma, es un libro, una película, una interpretación de lo que sucedió hace casi 70 años, pero en el fondo, en su médula, es el retrato de escenarios, de condiciones tan vigentes como las que sufrimos hoy los mexicanos.

En México siempre ha existido una muy delgada línea que separa la legalidad de la ilegalidad, lo que es y lo que pretendidamente debería ser, o para ser francamente maniqueísta, entre lo “bueno” y lo “malo”.

Los mexicanos estamos acostumbrados a la simulación, a “torcer” la ley como nos convenga y a ser testigos de mil y una historias en donde policías y delincuentes se confunden y amalgaman.

Estamos acostumbrados ala corrupción e impunidad, pero aún así, casos como el de Ayotzinapa, el de Matamoros, donde presuntos policías de élite secuestran y asesinan a cuatro jóvenes, tres de ellos estadounidenses y el de Tlatlaya, donde miembros del Ejército ejecutaron sumariamente a una veintena de jóvenes, presuntamente narcotraficantes -entre otros muchos-, significan una inmersión profunda (como sociedad) en las aguas de la locura.

Sin duda el país no es el que retrata el presidente Peña Nieto, no es de las grandes reformas estructurales que habrán de movernos hacia el progreso luminoso y bienestar generalizado, el México que navega en la cordura, sino el que destaca, por ejemplo, “The Economist”: “Las atrocidades registradas en Iguala muestran cuán lejos está México de ser un país de leyes y cómo el combate a la impunidad es tan necesario como las reformas económicas para la modernización del país”.

O esa caracterización (aunque duela) que hace el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani: “En México puedes asesinar a cualquiera y salirte con la tuya, en Estados Unidos no… México no trata seriamente los casos de homicidio”. Y por si fuera poco, lo que dice el influyente diario británico “Financial Times”: “No se sabe aún qué pasó con los estudiantes desparecidos desde el 26 de septiembre en Iguala.Es probable que hayan sido secuestrados y asesinados por policías corruptos trabajando con bandas criminales y con el Alcalde.Lo que sí sabemos es por qué las desapariciones ocurrieron: porque los perpetradores pensaron que no tendrían consecuencias; este es un cálculo generalizado dado el estado de la impunidad en México”.

Es posible que estar acostumbrados nos provoque “ceguera de taller” y ya no vemos en su justa dimensión lo que es evidente para los que nos observan desde afuera: el imperio de la barbarie.

El jueves pasado, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, reconoció que Ayotzinapa es el problema más grave que ha enfrentado el Gobierno, “que no sólo a nivel nacional, sino internacional nos ha lastimado”, y aseguró que se superará el conflicto “y evitaremos que vuelvan a darse hechos como los que se vivieron hace ya más de un mes”.

Hay queentender que la afirmación no es más que recurso retórico, la fórmula a la que está obligado. La verdad es que la Administración federal demostró en los hechos que no tiene mayor idea de cómo enfrentar esta crisis y mucho menos una estrategia realista y articulada para evitar que vuelva a suceder… sí, pero qué ganas de que existiera esa varita mágica que ensanchara la línea que separa lo correcto de lo bestial, ya que como país cada día nos hundimos más profundo en el mar de la locura y corremos el riesgo de ya no poder salir, justo como le pasó a muchos de aquellos soldados estadounidenses que enfrentaron a los japoneses en Guadalcanal.
30 Octubre 2014 03:08:10
Esta gran prisión llamada México
Todo el país se encuentra salpicado de postales de horror y barbarie. En mayor o menor medida, no hay una sola ciudad que se salve de expresiones de violencia, de abuso y casos de indefensión ciudadana ante delincuentes y/o cuerpos de seguridad, que en muchos escenarios resulta la misma cosa.

La afirmación es a estas alturas una verdad de Perogrullo, pero no por ello deja de tener impacto, especialmente por el hecho de que condiciona la vida de millones de mexicanos. Pero habría que buscar una explicación, más allá de la ancestral corrupción e impunidad que campean por el territorio nacional, a esta suerte de andanada, de mal karma que sufrimos los ciudadanos desde hace ya, por desgracia, algunos años.

Sin pretender vulgarizar lo que de suyo es un panorama hostil, dramático y que pega con brutal salvajismo no sólo a los 43 normalistas desaparecidos y sus familias, sino a miles de compatriotas que conviven cotidianamente con el pesado lastre que significa que el estado de derecho no sea más que una burda simulación, se pueden proyectar imágenes de lo que nos hemos convertido como nación.

México es ya una gigantesca cárcel, muy parecida en su esencia a las que se esbozan en documentales sobre el sistema penitenciario, ya sea estadounidense o de lo poco, pero brutal, que sabemos de las entrañas del mexicano.

Hay reglamentos internos, que sería el equivalente a nuestras leyes, pero que igualmente valen lo mismo que un pepino podrido. Dentro de esas paredes impera la ley de la selva y las autoridades, corruptas e indolentes, lo único que hacen es administrar los conflictos, sin pretender siquiera solucionar las causas de los mismos y, en muchas ocasiones, cómplices -en franco contubernio-, con los actores que generan la violencia.

Si fuera un penal estadounidense (sin que signifique que en los mexicanos no existan), tenemos las pandillas, las neonazis, las de la nación aria en guerra permanente contra las de latinos, que a la vez están en guerra entre ellas mismas, que si de salvadoreños, que si aztecas o quién sabe qué tantas y todas también en guerra contra las de afroamericanos, que si los “Bloods” o los “Crips”, que tampoco se pueden ver entre ellos, pero que todos comparten su disposición a la violencia, el nulo respeto a la vida humana –y todos los valores que guste y mande- y que exploran cotidianamente mayores niveles de salvajismo… algo así como las bandas de la delincuencia organizada.

Tenemos a los guardias o custodios, metidos hasta el cuello en un sistema en el que nada tiene que ver el respeto a la ley, y en el que la corrupción y/o ineptitud son condimentos siempre presentes… algo así como nuestras corporaciones policiacas.

Personajes que no pueden faltar son aquellos que gracias a su poder y dinero se compran “tranquilidad”, que sería el equivalente a los sectores más favorecidos que utilizan autos blindados y que disponen de aparatos privados de seguridad. Y finalmente tenemos a los pobres imbéciles, atrapados, sin dinero para comprar “tranquilidad”, con algo de decencia como para no aceptar forma parte de alguna de las pandillas y con la suficiente ingenuidad como para suponer (y renovar cíclicamente la esperanza de cambio, aunque la realidad les grite una y otra vez que no pasará) que algún día los custodios o el alcaide lo protegerán y harán aquello a lo que los obliga la ley. Son a los que violan, extorsionan, torturan, matan y desaparecen y que serían el equivalente a muchos, miles de los ciudadanos de a pie.

Sí, México es un gigantesco penal y pese a que los “buenos” son una inmensa mayoría, viven sujetos a las ocurrencias, abusos y excesos de los “malos”, que aunque proporcionalmente pocos, tienen las armas, la vocación a la violencia y la habilidad para navegar con éxito en el mar de la corrupción e impunidad como para hacer, literalmente, lo que les venga en gana.

Dicen, los que afirman que saben, que los procesos de deterioro social, especialmente cuando son prolongados y hondos como el caso mexicano, difícilmente se pueden revertir y también dicen que los esfuerzos personales están condenados al fracaso cuando enfrentan poderes y estructuras.

De ser cierto, el futuro cercano de nuestro país se proyecta como la antesala misma del infierno, a no ser que los que son mayoría se decidan por fin a formar sus propias trincheras, sus propias pandillas y hagan saber con acciones concretas y contundentes a los custodios, al Alcaide, que ya basta. No se trata de ninguna receta, sino la proyección simple de una imagen… sin ánimo de vulgarizar.
02 Abril 2014 04:08:37
Culto a la desmemoria
De plano, somos un país sin memoria, condenado a tropezar una y otra vez con la misma piedra. Qué curioso, qué notable, escuchar a Enrique Peña Nieto –que seguramente no ha leído nada de Octavio Paz–, rendir sentido homenaje a nuestro único Nobel, llamarlo la mente más clara, plena y brillante del siglo 20, decir que fue un personaje que proyectó con grandeza el nombre de México en el mundo.

El Mandatario no sabe lo que pensaba y decía Octavio Paz del PRI, y si lo sabe, apuesta a la desmemoria de los mexicanos para encabezar con aparente satisfacción el homenaje. No sobra recordar unas cuantas palabras del ensayista y poeta en referencia al PRI: “El sistema político mexicano empieza a convertirse en una reliquia, pero en una reliquia temible: su derrumbe puede sepultarnos a todos. El remedio no está en tapar las goteras sino en salir al aire libre: la evolución hacia una verdadera democracia… El PRI es el heredero de errores que comenzaron probablemente con la Independencia y entre los cuales el mayor de todos ha sido la instauración de la mentira constitucional: la realidad legal de México nunca ha reflejado la realidad real de la nación…”.

Pero lo de Peña Nieto es sólo una pequeña parte de lo que parece se trata de un mal generalizado, y entonces líderes partidistas y de fracciones parlamentarias no tienen mayor problema en sumarse con generosidad a las conmemoraciones por el centenario del natalicio del escritor. Entonces tampoco sobra recordar qué opinaba Paz de los institutos políticos: “Los partidos modernos son iglesias sin religión dirigidas por clérigos blasfemos... unos a la derecha y otros a la izquierda, son una asamblea de fantasmas”. En sus ensayos de mediados de los 70, apuntaba con el índice al fracaso de nuestro sistema político, condición que por desgracia se mantiene hasta nuestros días.

Origen es destino, dicen algunos sicólogos y entonces tenemos a un partido, “el nuevo PRI”, que vuelve al poder tras un breve receso de 12 años, pero que en su médula carga la impronta de lo que fue durante más de 70 años, heredero y perpetuador de errores y que en voz de Octavio Paz alimentó, por acción u omisión, el que nuestra Carta Magna y por extensión la suma de los referentes del marco jurídico vigente no resulten en los hechos más una gran mentira. Lo que dicen las leyes, los códigos y reglamentos, el deber ser, es muy distinto de la realidad, el ser. Al hombre que lo advirtió reiteradamente es al que Peña Nieto califica de la mente más brillante del siglo pasado.

Dirá algún despistado por ahí que la mejor manera de honrar la memoria de un gran intelectual, como sin duda lo fue Octavio Paz, es seguir su ejemplo y atender en los hechos sus advertencias, sugerencias y recomendaciones, ya que todo lo demás resultan palabras huecas, de esas que se las lleva el viento.
30 Marzo 2014 04:11:23
El futbol en una sociedad enferma…
Por la cantidad de comentarios, reacciones y hasta decisiones en el orden legislativo -como desempolvar una ley para sancionar con cárcel a los rijosos- que se generaron a raíz del lamentable zafarrancho en el estadio Jalisco (donde los policías preventivos sacaron la peor parte), pareciera que la brutalidad de la muchedumbre resultara una suerte de gran revelación, algo inédito e inaudito que llama a la indignación generalizada, pero en el fondo se trata sólo de una expresión más de una sociedad ya muy enferma.

Vale la pena retomar el punto de vista del escritor Juan Villoro sobre lo ocurrido el sábado 22 en Guadalajara: los dueños y directivos de todos los equipos de futbol en México son responsables de la violencia generada en los estadios, luego que inicialmente no respetan a los jugadores ni a la afición; además, permitieron a las barras de animación crecer sin ninguna restricción.

Desde su óptica hay que agregar la complicidad que hay con televisoras y comerciantes, la cual anima los torneos cortos y que cada uno tenga liguilla, lo que atenta contra la identidad y los afectos de la gente; “los estadios son los canales adecuados para acelerar los sentimientos sociales en forma extrema, lo que evidencia la descomposición social”.

Ahora, la voz del sacerdote de Guerrero, Jesús Mendoza, que apunta a la médula cuando de caracterizar lo que sucede en el país se trata: “tenemos una sociedad enferma: enferma de miedo, rabia, impotencia, desesperación, angustia y deseos de venganza”.

Entonces tenemos a una sociedad desesperada, una multitud que acude a un estadio de fútbol, que busca mecanismos de catarsis y que los encuentra (condimentado con alcohol y pasión futbolera) por la única vía posible dado el contexto económico, social y cultural: la violencia. Cuando se pierden asideros, cuando ya nada significa un elemento de contención, cuando no existe el más mínimo respeto a la ley y menos a las figuras “de autoridad”, como policías y políticos,
es muy fácil que cualquier cosa detone el deseo de venganza, que en última instancia es una búsqueda de desagravio momentáneo ante un entorno hostil.

Dice Juan Villloro que los dueños y directivos tienen la culpa de la violencia en los estadios. Habría que agregar que también la tienen todos los actores sociales, económicos y políticos que por ación u omisión, contribuyen a condimentar el caldo del que se nutren todas las expresiones de violencia. Eso sucede en un país enfermo, y México es de esos.
27 Marzo 2014 04:09:40
Ya se habían tardado…
En términos de seguridad, la ciudad de Saltillo se aproxima cada vez más a la caracterización de verdadero desastre. Los delitos considerados por las autoridades como de “bajo impacto” -que nunca lo son para el que lo sufre- registran una incidencia que se puede ubicar por centenas y en forma lineal la ciudadanía tiene razones de peso para sentirse cada día un poquito más vulnerable, a merced de los delincuentes llamados comunes que roban y asaltan en negocios, la vía pública, escuelas y en los hogares.

Los medios de comunicación dan cuenta un día sí y el otro también (desde hace meses) de lo que pasa en nuestras calles y colonias y no es otra cosa que con mayor o menor grado de violencia, los delincuentes se han apoderado literalmente de nuestra tranquilidad y certidumbre.

Hace tres semanas, desde este mismo espacio se advertía la administración política del conflicto como única explicación posible a la dilación y aparente apatía con que las autoridades estatales y federales se reducían a sí mismos a meros espectadores de lo que sucedía y sucede en Saltillo.

No había que darle muchas vueltas, ya que si bien la corporación encargada en primera instancia de inhibir los robos y asaltos es la Policía Preventiva, ésta se encuentra totalmente rebasada, incapaz por número, formación y vocación (evidentemente) de brindar un mínimo de seguridad a la ciudadanía.

Bueno, pues resulta que el Gobierno del Estado por fin decidió entrarle al tema, ya que según Armando Gutiérrez, integrante del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, la Policía Estatal reforzará la vigilancia de la capital con una estrategia de mayor presencia y en cuadrantes.

La información disponible refiere que habrá policías encubiertos, en motocicletas y bicicletas, especialmente en la zona Centro y en las colonias consideradas como más conflictivas (Bellavista, Teresitas y Mirasierra, entre otras) para intentar inhibir robos y asaltos, y en su caso, tener mayor capacidad para una respuesta oportuna y eficiente.

El contexto obliga a otorgar un voto de confianza y desear que la acción coordinada y conjunta de fuerzas municipales y estatales logren efectivamente abatir la incidencia de robos y asaltos, que por fin se logre devolver a la ciudadanía un poco de la paz y tranquilidad perdidas, pero también a estar muy al pendiente del desempeño operativo de esta nueva estrategia contra la delincuencia, ya que si hay algo en lo que no es admisible experimentar o jugar a las ocurrencias, es precisamente en seguridad pública.

La gran diferencia entre los recursos retóricos, las “buenas intenciones”, los planes que se esbozan con generosidad de miras y la eficiencia operativa son precisamente los resultados. La ayudadita del Estado debe, a la brevedad, significar una disminución sustancial en la oleada de delitos “de bajo impacto” que sufre la ciudad, debe significar que se empezarán a hacer las cosas bien y que se atacará de frente y tope donde tope el fenómeno, ya que de lo contrario, un lance infructuoso le estaría arrebatando a los ciudadanos algo más que tranquilidad, la esperanza.

Bueno, ya se habían tardado, ahora que lo hagan bien.
23 Marzo 2014 04:11:37
El reino de las bestias
Las imágenes que empezaron a circular el jueves pasado en plataformas de la Web, especialmente Facebook, muestran a un joven no mayor de 25 años que toma por el cuello a un cachorro de aproximadamente seis meses, de alguna cruza con Boxer, lo eleva y sujeta contra una pared mientras le propina una docena de puñetazos; lo mata a golpes.

Un par de días antes, también vía redes sociales (asunto que luego retomaron medios de comunicación nacionales), se muestra a otro joven, de Querétaro, que sin anestesia les corta las orejas a varios perros. Y otra más, los tres jóvenes de Quintana Roo que atraparon a un perro callejero, le rociaron thinner y le prendieron fuego.

Son tan sólo tres ejemplos de las decenas de casos que en las últimas semanas han circulado por redes sociales y que refieren exactamente lo mismo, brutalidad, tortura hacia seres vivos indefensos y que aparentemente provocan algún tipo de placer o satisfacción a quienes los cometen.

Ahora subamos un poco de grado, pero en la misma lógica de desprecio a otros seres vivos: el alumno de seis años de edad que es violentamente “buleado” por sus compañeros en una escuela primaria de Ciudad Juárez; los agresores llegan incluso a clavarle un lápiz en el paladar. El director del plantel dice que es un caso más, que así son las cosas… y en el fondo tiene razón, ya que los casos de bullyng o acoso escolar se cuentan por centenas, cada uno con
mayor o menor grado de violencia.

El bullyng finalmente es la expresión que retrata a quién carga con un pesado lastre de basura emocional y en un acto de suprema cobardía libera un poco de su presión interna agrediendo a quien considera débil y vulnerable. Algo similar sucede con el que tortura animales.

Pero en nuestro país podemos, por desgracia, subir muchos más escalones en la misma ruta: los niveles de brutalidad de secuestradores y sicarios exploran los límites de lo que es posible hacerle a otro ser humano en la búsqueda de su sufrimiento.

Somos una sociedad que, por las evidencias, producimos miles, decenas de miles de seres saturados de basura emocional que encuentran en el infligir dolor a otros seres vivos, animales o humanos, una suerte de válvula de escape a su frustración, resentimiento y evidente carencia de los más elementales y mínimos valores de convivencia.

No se trata de igualar a los perros y gatos con los seres humanos, pero es un hecho que quién no tiene mayor problema en torturar a un animal, es muy probable que algún punto de su vida haga lo mismo con un humano.

En una reciente entrevista con el diario español “El País”, el actor de teatro italiano Toni Servillo explicaba que la corrupción y violencia que vivía su país (que hay que reconocer es menor a la que experimenta México) podría tener su origen en que “se ha legitimado el crimen. El delito se convierte en una cosa normal de todos los días, que forma parte del presupuesto familiar. No me estoy refiriendo al delito criminal de sangre, sino al delito moral. Las consecuencias
son terribles. Se alimenta la falta de esperanza y, sobre todo, la falta de confianza. Hemos dejado de creer. Ya no se cree ni en nada ni en nadie. El resultado es que vivimos en esta absoluta incertidumbre”.

Tal vez el hecho de no creer en nada ni en nadie; tal vez el que un entorno social, económico y cultural hostil termine por cancelar las opciones de futuro, explique en alguna medida este fenómeno que vive México, el que cada vez más de sus ciudadanos se estén convirtiendo en bestias.

Quién sabe qué futuro cercano se pueda dibujar si seguimos como sociedad, como país, en la banda de producción de decenas de miles de bestias, pero los indicadores no son nada alentadores.
19 Marzo 2014 04:08:55
Sólo para hacer corajes…
A ver si lo siguiente le suena familiar: “El Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública que la Federación entrega a los estados es un desorden. Lo anterior deriva de una revisión a los reportes de la Auditoría Superior de la Federación sobre la forma en que las 32 entidades ejercieron los fondos federales del FASP durante 2012. El órgano fiscalizador levantó 142 pliegos por encontrar daños probables al erario federal, que sumaron 807 millones de pesos por recursos desviados, malgastados o no comprobados”.

Y esto otro: “Pagos no acreditados a supuestos trabajadores, compra de medicamento sin comprobar y múltiples transferencias bancarias no autorizadas por millones de pesos, encontró la Auditoría Superior de la Federación en la revisión del manejo de recursos federales etiquetados y bajo responsabilidad del Gobierno de Sinaloa, por lo cual interpuso dos denuncias ante la Procuraduría General de la República”.

Y nada más para cerrar la pinza, otra perla: “Desde hace tres meses, el pago a enfermeras y enfermeros del ISSSTE no ha llegado. Son más de 70 trabajadores suplentes a quienes no se les ha entregado el pago por las horas de servicio, a pesar de que la Delegación (Coahuila) de la institución les informó que ya se hizo el depósito de la nómina, misma que no se ve reflejada al momento del cobro”.

Seguramente los tres casos le provocaron una suerte de “déjà vu”, esa fuerte sensación de que ya se había vivido, experimentado o visto algo idéntico. Y con razón, ya que año con año, cuando se liberan los expedientes de las revisiones que hace la Auditoría Superior de la Federación se refieren exactamente los mismos asuntos: desvíos, gastos sin comprobar, recursos que simplemente no aparecen, fondos que si bien etiquetados para ciertos fines, se utilizaron para otras cosas y un largo etcétera.

Esa es la cuestión de fondo, el dinero que se supone es de todos, el que proviene de las arcas públicas y que debería servir para fincar andamiajes institucionales, infraestructuras, bienes y servicios, en fin, progreso, desarrollo y bienestar social, terminan una y otra vez en el cajón de gobernantes y funcionarios que sin mayor problema los usan (y abusan) en forma discrecional, sin transparencia y menos aun rendición de cuentas.

Las auditorías y la cíclica revelación de que se desviaron o “desaparecieron” recursos es entonces un engranaje más de la gran farsa en que permanecemos inmersos los mexicanos.

La presidenta de Causa en Común, María Elena Morera, dice al respecto que mientras no haya sanciones para los responsables de desviar o malgastar los fondos en materia de seguridad pública, las irregularidades detectadas cada año por la Auditoría Superior de la Federación continuarán presentándose; que es muy bueno que la Auditoría nos diga qué pasó con el dinero, pero de nada nos sirve saber que se lo robaron o que se gastó ineficazmente si no hay sanciones a los responsables.

“Si no hay castigo sólo nos sirve para hacer corajes” y tiene toda la razón. Entonces a seguir haciendo corajes mientras el gran circo de la simulación le da otra vuelta al vapuleado México.
16 Marzo 2014 04:00:12
Fox y su guerra ajena
El ex presidente Vicente Fox Quezada es un personaje tan pequeño de miras, tan pobre en argumentos, tan desprovisto de las herramientas propias de un político de altura o de un estadista, que reparar en que dice o hace (más allá del morbo o si existiera un personal gusto por las ligerezas) resulta una verdadera pérdida de tiempo.

Sin embargo hay que reconocer que en algunos sectores la campaña que realiza a favor de la legalización de la mariguana (y en los términos en que la hace) tiene algún impacto y por ello resulta ya no tan ocioso el advertir las graves fallas que se advierten en el discurso del guanajuatense, aunque sea para mantenerlo justo donde corresponde, en el cajón de los hombres decididos a convertirse en payasos.

Ante universitarios saltillenses dijo que el negocio de las drogas deja cada año 50 mil millones de dólares “que recogen los cárteles, el Gobierno nada” y que “estamos en una guerra que no es nuestra; estamos protegiendo a los jóvenes de Estados Unidos (para que no consuman) y Estados Unidos con su postura imperialista dice que hágase la guerra, pero fuera de su territorio y aquí estamos metidos en una guerra que no es nuestra”.

Bueno, pues en forma lineal es un discurso que podría describir el escenario mexicano, pero de hace más de15 años. Ciertamente -para utilizar una de las palabras preferidas de la más cara conquista de doña Martita-, hace poco más de 15 años México era básicamente un trampolín, y los cárteles no habían declarado la guerra a la sociedad mexicana. Las cosas cambiaron radicalmente a finales de la década de los 90 y eso parece ignorarlo el Chente de San Cristóbal.

Felipe Calderón cometió muchos y muy graves errores al precipitar una guerra con los cárteles. Lo hizo sin estructurar una estrategia para combatir el aspecto financiero, sin capacitar y depurar antes a los cuerpos policíacos, de una manera desorganizada, con poca inteligencia pero con abuso de fuerza y media docena más de torpezas que resultaron en un verdadero baño de sangre.

Sin embargo, el atacar a ese cáncer cada vez más extendió era necesario, ya que la delincuencia organizada pasó de una lógica de trasiego de drogas a una lucha de conquista territorial y de crear mercado. Ya había una guerra declarada de los delincuentes en contra de una sociedad expuesta a las drogas y la violencia.

No se trata de proteger a los jóvenes estadounidenses, ya que éstos no quieren ni necesitan ser protegidos por gobiernos extranjeros. Se trata de luchar contra una enfermedad social, política y económica que es la delincuencia organizada que tiene ya un amplio mercado de consumo interno y que mantiene su lógica de conquista territorial y eso no lo va a cambiar la eventual legalización de la mariguana.

Eso debería saberlo el ex presidente… pero bueno, es Chente Fox, el ranchero de San Cristóbal que sueña con ser el Patch Adams de los políticos.
12 Marzo 2014 04:08:42
…Pero el problema no es sólo el narco
Tiene razón quién afirma que la entrevista que publicó Excélsior con el periodista y escritor italiano Roberto Saviano, no tiene desperdicio. El tipo sabe, y mucho, de temas de delincuencia organizada, y para prueba tenemos el revelador libro “Gomorra”, sobre la camorra (mafia) napolitana y el más reciente “Cero Cero Cero”, sobre la corrupción que alimentó la guerra en los años 80, entre cárteles colombianos y mexicanos. Es un tipo inteligente y bien informado, pero aún así tiene expresiones sobre la realidad mexicana que vale la pena tomar con cautela.

Se podría discutir hasta el cansancio si tiene razón o no sobre la afirmación de que “El Mayo Zambada” delató a “El Chapo” o que la captura de éste fue el resultado de que el primero dejó de protegerlo. Sería, sin embargo, totalmente inconsecuente.

Lo realmente interesante lo podemos encontrar en otra de sus grandes afirmaciones: “Detesto cualquier droga. Ni siquiera de jovencito las probé. Y como yo odio las drogas, justamente por eso pediría su legalización. No se trata de incentivar el consumo de la mariguana o de otras drogas. Legalizándolas puedes hacer una campaña en su contra. Aquí de lo que se trata es de arrancárselas, de quitárselas a los narcos. Para mí, ése es el único camino. Si mañana se legalizaran todas las drogas en México, las metanfetaminas, la mariguana, la coca... los cárteles de la droga se derretirían como nieve bajo el Sol”.

La legalización de todas las drogas significaría un golpe devastador para las finanzas de la delincuencia organizada, pero por desgracia eso no implicaría, como una ecuación lineal, una disminución sustancial en los actuales índices de violencia, o que de la noche a la mañana esos verdaderos ejércitos de mexicanos que hoy pertenecen a bandas delincuenciales, reconsideren e intenten conseguir un trabajo honesto y prometan con la mano sobre el corazón que ya nunca más cometerán un delito.

La gran tragedia mexicana, en el fondo, no es el narcotráfico –aunque este cáncer sea la expresión más evidente de que el actual orden de las cosas simplemente no funciona– sino el gigantesco caldo de corrupción e impunidad, injusticias y desigualdades (condimentados por graves problemas económicos y hasta educativo/culturales) que lo alimenta.

En nuestro país, cuando cae un capo, aparecen dos, las bandas se fragmentan y se vuelven más violentas; cuando la estructura no les da para el trasiego de drogas se dedican a la extorsión, el cobro de derecho de piso, el secuestro, la trata, y media docena más de delitos que golpean directamente a la sociedad.

Hay que agregar la evidente pérdida de los tradicionales elementos de contención que nos colocan como una sociedad inmadura, sin mayor visión de futuro ni asideros de cohesión como para ponderar cuestiones de libertad y respeto a la individualidad, en un eventual mercado de libre acceso a las drogas; legalizarlas no solucionaría (en el fondo) nada en nuestro país, y muy probablemente resultaría una medida contraproducente en términos de violencia e inseguridad y eso parece ignorarlo el joven Saviano.
02 Marzo 2014 05:05:41
La administración política del conflicto
Las referencias del medievo, del imperio de los señores feudales, dan cuenta de una población reducida a meros siervos, al vasallaje. Se tenía suerte si el señor feudal, el conde o el duque resultaban sólo medio locos y no tan abusivos. En caso contrario no había poder en la tierra que los salvara de las ocurrencias del literalmente dueño de vidas y haciendas y especialmente cuando el rey tenía la misma hechura o simplemente le importaba un pepino la suerte de los que finalmente eran también sus súbditos.

Los libros de Historia refieren que con el Renacimiento, allá por los siglos 15 y 16, inició la descomposición del feudalismo para dar paso a nuevos códigos en el entramado político, social y cultural, primero en Europa y luego en América. Lo que los libros de Historia no dicen es que 500 años después, en la praxis, pareciera vigente el modelo de los señores feudales, cuando literalmente se deja a la población a merced de las ocurrencias de quien gobierna.

Se corre con suerte si el susodicho resulta medio talentoso, no tan corrupto y con alguna visión de futuro, pero por lo visto no es cosa generalizada, por el contrario, la regla se encuentra marcada en el otro extremo.

Los ciudadanos en Saltillo sabemos a la perfección que las cosas no marchan bien, especialmente en materia de seguridad. Tenemos información suficiente para caracterizar a la Policía Preventiva como desmantelada, que los rondines de vigilancia brillan por su ausencia y que la ola de robos y asaltos toca por igual bancos, comercios, casas-habitación… que nadie se salva.

Bien, el Municipio no da el ancho, y mientras las pandillas siguen creciendo en número y beligerancia; las farderas mantienen en jaque a los comerciantes y las bandas de asaltantes dan golpes un día sí y el otro también.

La cosa está color de hormiga, sí, pero ¿que no vivimos en la capital de un estado, dentro de un marco federal? ¿Qué no hay nadie que entienda que no se puede dejar crecer el problema de la inseguridad como si se tratase de una bola de nieve por el hecho de que el Alcalde (que no da una) es panista? Bueno, y la ciudadanía qué, tiene que pagar con su patrimonio y tranquilidad una suerte de factura por haber votado por el PAN, que dicho sea de paso, ¿no era el
resultado que se quería?

Saltillo no es el feudo de nadie y simplemente no puede quedar a expensas de que algún día se recomponga la estructura de la Policía Preventiva, de que algún día se atine a diseñar una estrategia efectiva para combatir a la delincuencia del fuero común, que se logre abatir la altísima incidencia de robos y asaltos.

Alguien debería hacer algo en las esferas estatal y federal, que si bien no son garantía de nada, por lo menos darían alguna muestra de que entienden que la población no tiene la culpa de las filias y fobias personales y/o partidistas que imperan en la relación entre autoridades de distintos niveles.

26 Febrero 2014 05:11:31
Semillero de delincuentes
Si como mero ejercicio fuésemos capaces de atender al mensaje, en lugar de agotarnos en despedazar al mensajero, lo que dice Diego Fernández de Cevallos merece un espacio de reflexión. Palabras más o menos, para el ex senador y ex candidato presidencial panista –tal vez el ejemplo más acabado de las ganancias que pueden generar la administración de privilegios e influencias– el problema más grave en México es que la sociedad está produciendo miles, cientos de miles de criminales contra los que no habrá leyes ni policías ni jueces ni cárceles.

Desde la óptica de un hombre que ya se siente más allá del bien o del mal, la corrupción y la impunidad son consecuencia de una mala formación cívica, política y moral de los ciudadanos; “hay una gran descomposición social”, dice, y remata con una frase que no tiene desperdicio: “Si a la mala formación cívica, política y moral de los ciudadanos se le agrega la pobreza y la falta de pasado, presente y futuro, lo que se está provocando es que la sociedad sea un semillero de delincuentes”. Simple y llanamente, tiene razón.

Sin embargo, plantea como una suerte de solución una gran cruzada educativa y cultural para restablecer una escala de valores, y que éstos normen los parámetros de convivencia y desarrollo social. Se agota, entonces, en las buenas intenciones.

El gran problema de México, efectivamente, es que las condiciones económicas, políticas, religiosas, culturales y sociales que prevalecen parecieran diseñadas con el único objetivo de parir delincuentes, que la máxima del mundo criminal de que “más vale vivir 5 años como rey y no 50 como buey”, marque el camino aspiracional de miles, cientos de miles de jóvenes, sino es que hasta niños en nuestro país.

Por desgracia podemos plantear como gran afirmación que la sociedad perdió ya todos los asideros de contención tradicionales, y las “nuevas generaciones” no encuentran otro camino para la autorrealización, para la elemental gratificación, que el dinero, y éste se obtiene en la inmensa mayoría de los casos, por vías ilegales.

Y habría que desgranar la mazorca. Hasta hace dos o tres lustros quedaba la esperanza de que con un cambio de signo partidista en las esferas gobernantes el país tomaría nuevos derroteros. Hoy ya sabemos que el PRI, el PAN y el PRD son la misma cosa, meros administradores de la problemática y que en el fondo (como diría el productor Epigmenio Ibarra) roban, pero no comparten el botín, y lo único que hacen es alimentar la sensación de que cualquiera puede robar, que el que no transa no avanza.

¿Y la familia? Bueno, pues en amplios, amplísimos sectores de nuestra población la familia se agota en la funcionalidad productiva, en los problemas cotidianos, en la indolencia, el cansancio y un largo etcétera en lo que, lo único que no hay, es tiempo y energía para inculcar y fortalecer “valores”. La escuela corre por el mismo derrotero, con maestros que son incapaces siquiera de asegurar un nivel aceptable en el proceso enseñanza-aprendizaje, y muchos menos están capacitados, o tienen la voluntad para entrarle a eso de formar a los nuevos ciudadanos.

Del clero, baste decir que la imagen del cura con solvencia moral y ética para conducir por senderos de rectitud y justicia a su feligresía resulta una quimera, y mucho menos abordemos el tema de los policías, jueces y toda la fauna que compone el andamiaje de procuración de justicia que carga con la caracterización, ganada a pulso, de corrupción e ineptitud.

Así, una sociedad sin asideros de contención, con familia, escuela, Iglesia, política y procuración de justicia en crisis sólo puede producir generaciones sin visión de futuro y con el camino libre para sumarse a la delincuencia, y ese es el gran problema de México.
23 Febrero 2014 05:11:56
‘El Chapo’, el símbolo
La captura del símbolo más acabado de la delincuencia organizada en México, el hecho de que Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera se encuentre en el Penal de Máxima Seguridad del Altiplano, en Almoloya de Juárez, Estado de México, es sin duda un éxito, y en mayúsculas, de la estrategia implementada por la administración de Peña Nieto en eso del combate al narco. No se le puede escatimar ni un ápice, a lo que de suyo representa el golpe más fuerte asestado a la estructura delincuencial en la última década, pero más allá de eso la prudencia aconseja no echar campanas a vuelo ni suponer cambios sustanciales en el entramado profundo de lo que hoy es el país.

Hoy sabemos que “El Chapo” estaba literalmente cercado desde el jueves 13, que los buscaban hasta en las alcantarillas de Culiacán y Mazatlan, que en alguna ocasión el tener una puerta reforzada con acero impidió su captura en días pasados y que en otra oportunidad, los altos mandos de la Marina decidieron no proceder en su contra por el alto riesgo de daños colaterales. Hoy sabemos que la captura fue un golpe quirúrgico, que no se disparó un sólo tiro, que “ayudó”
con trabajo de inteligencia la DEA y que se le decomisaron armas, ranchos, casas y autos… realmente poca cosa si se toma en cuenta que se trata del narcotraficante más buscado en el mundo y al que la revista “Forbes” atribuye una fortuna superior a los mil millones de dólares.

¿Qué va a pasar con el cártel de Sinaloa? Bueno, pues ahí siguen capos importantes como Ismael “El Mayo” Zambada -al que expertos atribuyen el nuevo liderazgo-, y Juan José “El Azul” Esparragoza, eso sin contar a los propios hijos de “El Chapo”.

El cártel seguirá funcionando como tal, como una organización delincuencial bien afinada, poderosa y diseminada en prácticamente todo el país, que tal vez entre en conflicto con otros cárteles que intenten aprovechar la coyuntura para arrebatarles un pedazo del territorio que dominan, pero de la que no se espera (según expertos como Eduardo Guerrero) entre en una etapa de guerras intestinas por aquello de los relevos a nivel lugartenientes que implica el cambio de liderazgo.

Con todo, el que el ejemplo vivo de nivel de impunidad que permea en el país, esa bofetada al sistema de procuración de justicia que significó desde su fuga en el 2001, se encuentre ya tras las rejas es un éxito de una estrategia contra la delincuencia organizada que demostró en los hechos ser sustancialmente distinta y más efectiva que la implementada por Felipe Calderón. Pero nada más.

El país sigue inmerso en una complicada, muy arraigada y diseminada red en la que poderes fácticos directamente vinculados con la delincuencia organizada hacen y deshacen en gran parte del territorio nacional.

Es un paso sólido, sin duda, un avance, pero falta mucho aún por recorrer para alcanzar a ver la luz al final de este largo y sinuoso túnel por el que caminamos los mexicanos.
20 Febrero 2014 05:08:37
Náuseas políticas… o el tiempo de los narcisos
Otra vez en el circo de tres pistas, el de la simulación, del golpeteo político del más bajo cuño y el de la permisividad social; de nuevo forzados por la mercadotecnia propagandística a sumergirnos en la agenda de los autoproclamados políticos que se sienten con los méritos para pedir el voto ciudadano. Otra vez en el fastidioso, muy oneroso, sin mayor fondo que el relevo de caras y alguna vez de siglas, pero legalmente obligatorio proceso electoral para renovar el Congreso local.

Arranca la etapa de la sonrisa fácil, el saludo cordialmente fingido, la megadosis de promesas y los ejercicios de ponderación abierta -y que en muchos casos rayan en el más enfermizo de los narcisismos- de las supuestas virtudes propias, y el golpeteo subterráneo (y a veces no tanto) del opositor.

Tal y como corresponde a los tiempos que vivimos, los ciudadanos seremos testigos involuntarios de un sinnúmero de ejemplos de la defensa a ultranza de la marca partidista y de toda la fauna que la compone (aunque muchos de los especímenes sean literalmente indefendibles), y la denostación hasta gratuita y en cada oportunidad de la marca contrincante.

Es el tiempo en que ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio, es lo políticamente conducente. Que acertada la frase del escritor español Enrique Jardiel Poncela, de allá por 1940, pero que caracteriza a la perfección a la clase gobernante que padecemos hoy los mexicanos: “el que no se atreve a ser inteligente, se hace político”.

Bueno, pues a todos los que aspiran a una de las 25 curules (16 de mayoría y 9 plurinominales) habría que recordarles que las elecciones legislativas intermedias le importan un pepino al grueso de la ciudadanía. Los más informados entienden que se trata de un juego de pulsos entre los que detentan el poder y los que quieren arrebatarle un pedacito, sólo para subir la apuesta de la negociación y encarecer, en el mejor de los casos, el tránsito de la administración. En el fondo, poco o nada cambia la situación del “Estado profundo”.

Que el PRI intentará por todos los medios no perder la mayoría; que el PAN hará lo propio para que el equilibrio de fuerzas sea precisamente eso, y que la chiquillada se limitará, como siempre, a vender al mejor postor sus quereres. Nada nuevo.

De igual manera que en el mundo civilizado ya no se discute sobre derechas o izquierdas, sino entre democracias efectivas o dictaduras disfrazadas -o descaradas-, en el país significaría un avance sustancial empezar a quitar de la escena eso del tricolor, del blanquiazul o el sol azteca (que por lo demostrado son en mayor o menor medida la misma cosa, meros administradores de la coyuntura propensos a la corrupción e ineficiencia) y empezar a discutir el historial, las herramientas personales y profesionales de los aspirantes. Pero para eso, por desgracia, falta mucho.

Por lo pronto, otra vez en el circo de las simulaciones y el golpeteo, en el que los ciudadanos contribuimos con la permisividad que lo alimenta.
16 Febrero 2014 05:09:41
Aguas turbias
Si algo podemos tener en claro a estas alturas del partido (tal vez lo único), es que Javier Villarreal logró poner en jaque a las autoridades, tanto coahuilenses como del Gobierno federal. A cuatro días de que el ex funcionario se entregara en Texas, nadie por estos lares -en la esfera gubernamental- atina a articular un discurso medianamente coherente y creíble a manera de reacción oficial; se optó por el silencio, por crear vacíos y esa estrategia de dilación nunca ha redituado buenos frutos.

Vaya, hasta a los líderes del PRI estatal les giraron la instrucción de no tocar el tema.

Entonces, ya que no existe ningún interés de contener las especulaciones y las versiones, cada una más atrevida que la anterior -con alguna postura que al menos intente encausar el tema por senderos de “conveniencia coyuntural y/o institucional”-, resulta válido cualquier ejercicio que intente encontrar la cuadratura al círculo.

En este momento serán contados con los dedos de una mano quienes, incluyendo al propio Villarreal, sepan exactamente por qué decidió entregarse el miércoles ante autoridades estadounidenses; por qué prefirió enfrentar cargos que le pueden significar una sentencia de 20 años de prisión en lugar de seguir en calidad de prófugo. Solamente él sabrá exactamente qué cartas juega al pretender convertirse en testigo protegido y la razón de fondo para negarse incluso a la
posibilidad de seguir el proceso en libertad bajo fianza.

Y es precisamente el tamaño del morral que carga el que fuera tesorero durante la administración de Humberto Moreira, lo que debe tener a más de dos con el alma en vilo. Cabría suponer que las autoridades estatales se encuentran enfrascadas en una suerte de administración de daños y que analizan qué decir y cómo decirlo, pero es un hecho que cada día que pasa sin dar la cara, es un día que se entrega, totalmente, a la especulación. Es, por decirlo simple, una bola
de nieve que crece y, al menos en términos de percepción ciudadana, hace estragos a su paso.

Dice la vieja conseja popular que a río revuelto, ganancia de pescadores y es precisamente lo que sucede hoy en Coahuila: el río está revuelto y domina el agua turbia.

Con todas las ventanas abiertas, Javier Villarreal García, padre del ex funcionario, exigió a las autoridades mexicanas ir en contra de los demás implicados en el caso, y tomando en cuenta el alud de mensajes que circulan por las redes sociales, es el sentir de una parte importante de la población.

Tampoco es gratuito que el ex gobernador Enrique Martínez y Martínez, aprovechara su visita a Lerdo, en su calidad de Secretario de Agricultura, para mandar un mensaje cifrado. Dijo a propósito del caso Villarreal que la expectativa como coahuilense es que se haga justicia en términos generales y recordó que en su administración Coahuila era el estado más seguro y que la deuda estaba en ceros.

Entonces, ¿si el tema de la megadeuda es tan sensible; si Villarreal es un personaje fundamental de la trama, por qué el silencio; por qué la tardanza en reaccionar, en articular una estrategia mediática de contención?

En fin, lo único cierto a estas alturas del partido es que Villarreal puso en jaque a las autoridades y éstas simplemente no saben cómo reaccionar. Y de especulaciones, versiones y sentires, las que guste, ya que los vacíos siempre se llenan… y eso deberían saberlo las autoridades.
09 Febrero 2014 05:02:13
De lengua,  miles de tacos…
Cuando las autoridades, de los tres órdenes de gobierno, crean vacíos por corrupción o ineptitud; cuando el discurso oficial, las promesas y “buenas intenciones” se agotan en el sendero de la retórica, entonces los pueblos, las sociedades crean códigos alternos de convivencia. El ejemplo más claro se vive hoy en Michoacán, donde narco, autodefensas, Gobierno y sociedad se han amalgamado de tal manera que forman parte de una misma estructura y nadie, con justicia,
puede atinar a establecer la línea que separa unos de otros.

Las redes del tejido social se forman en base a códigos legales, culturales y económicos que son fácilmente moldeables ante el vacío gubernamental y lo que hoy consideramos un cáncer, es la resulta de años, de décadas de “instituciones” omisas, permisivas, corruptas, ineficientes e indolentes que dejaron en los hechos que un mal cualquiera se convirtiera en parte estructural del entramado de la sociedad.

El mentado estado de derecho quedó reducido a expresión propia de discursos, pero nada más, especialmente cuando la ciudadanía entendió -ante el ejemplo cotidiano y evidente de las autoridades- que se puede navegar con mayor rapidez hacia cualquier lado apostando a “soluciones alternas” a las que marca la ley.

Hace un par de días, el presidente Peña dijo con aparente convicción que la reforma constitucional en materia de transparencia cerrará los espacios de opacidad y discrecionalidad en el ejercicio de la actividad pública y lanzó una frase digna de análisis: “Pareciera inconsistente que México, teniendo un ordenamiento legal de mayor avanzada que tienen otros países con mayor transparencia, no se tenga la misma percepción entre la ciudadanía”.

Bueno, pues la respuesta al gran enigma no es otra que en esos otros países las leyes se cumplen y aquí simplemente reina la simulación y la impunidad. El gran problema de México no son sus ordenamientos jurídicos, sino el hecho de que no se cumplen y, además, que los ejemplos en donde aquellos obligados a hacerlos valer son los primeros en violentarlos, abundan.

La reforma recién promulgada ordena que todos los organismos e instituciones que reciben fondos públicos o que realizan algún acto de autoridad serán sujetos obligados a transparentar el ejercicio de esos recursos con información y cuentas claras a la ciudadanía para que ésta pueda evaluar a los funcionarios. Se dice que la transparencia fomentará que las autoridades se desempeñen con honestidad, responsabilidad y eficacia. Qué belleza, salvo un detalle: de igual
manera en que la sociedad construyó códigos alternos de convivencia ante el vacío de las autoridades, la clase gobernante creó los propios en los terrenos de la simulación y eso no cambiará por decreto de ley.

En el mejor de los escenarios y sólo si se obliga en los hechos y no sólo en el discurso a los gobernantes de los tres órdenes de gobierno a renunciar a la opacidad y se castigan severamente los excesos y las omisiones, tal vez en años se podrán modificar los códigos vigentes en nuestra clase política.

Mientras tanto, puros tacos de lengua, de esos que los ciudadanos ya estamos hartos.
02 Febrero 2014 05:10:37
No le busquen…
Uno de los presupuestos básicos para encausar el desempeño de la función pública por derroteros de eficiencia, honestidad y verdadero servicio público, es la transparencia y la rendición de cuentas. Tan simple como que en tanto los abusos y excesos no tengan consecuencias, pues éstos se repetirán una y otra vez.

La perorata viene a colación por el extraordinario caso de General Cepeda, donde el Alcalde no está dispuesto a cargar con los pecadillos de su antecesor y por eso no tiene mayor problema en denunciar una serie de irregularidades que hoy colocan al municipio que gobierna en una situación precaria. Pero es extraordinario, por desgracia no es la norma.

El asunto no es menor. El alcalde Rodolfo Zamora dice que su antecesor, José Guadalupe Sánchez, no le dejó ni morralla para trabajar y que el boquete financiero compromete el arranque de gestiones y el inicio de programas.

El triste panorama en General Cepeda (que seguramente es el mismo en muchos otros municipios, pero eso difícilmente lo sabremos), demuestra, entre otras cosas, que los candados y controles son letra muerta y que la transparencia y rendición de cuentas en boca de los políticos es lo mismo que la paz mundial en boca de las aspirantes a Miss Universo.

Entre los alcaldes priistas se asume como instrucción el “comentario” que surgió en la última reunión del Consejo Político del PRI de que no hay que hurgar en el pasado, sino concentrar los esfuerzos en el presente, lo cual no tendría mayor problema salvo por el detallito de que es precisamente así -cancelando las opciones jurídicas para que el yerro y la omisión, el exceso y el desvío tengan consecuencias-, como se pervierte la visión de servicio público y que la resulta sea que los ciudadanos tengamos la clase de gobernantes que padecemos.

Y es entonces que logramos dimensionar con justicia lo profundamente enraizado que se encuentra en la cultura política de nuestro país, eso de la simulación. No importa lo que se diga, no importa qué tanto se pondere la necesidad de la transparencia y la rendición de cuentas y todo el rollo de la democracia y la modernidad, siempre y cuando el discurso no aterrice en los hechos. Se puede ser tan moderno y comprometido como se desee en el discurso, pero en la mentada realpolitiks a la mexicana hay que acatar reglas claras, y una de ellas es, sin duda, no golpear a la marca (PRI, PAN o PRD, que a todos les duele lo mismo) con eso de exhibir corruptelas del antecesor.

La regla les funciona ya que les otorga una verdadera patente de corso. Los que hoy tienen bajo su responsabilidad la hacienda pública, podrán hacer y deshacer a su antojo, con la promesa tácita de que el que les releve no moverá un dedo para que sus fechorías tengan consecuencias y así el perfecto círculo de la simulación y las complicidades en el que los únicos que pierden son los ciudadanos.

Nada más para justipreciar qué tan lejos estamos del deber ser, sale el concepto básico al que en teoría todos los funcionarios públicos están obligados: “La rendición de cuentas y la transparencia son dos componentes esenciales en los que se fundamenta un gobierno democrático. Por medio de la rendición de cuentas, el Gobierno explica a la sociedad sus acciones y acepta consecuentemente la responsabilidad de las mismas. La transparencia abre la información al escrutinio público para que aquellos interesados puedan revisarla, analizarla y, en su caso, utilizarla como mecanismo para sancionar. El Gobierno democrático debe rendir cuentas para reportar o explicar sus acciones y debe transparentarse para mostrar su funcionamiento y someterse a la evaluación de los ciudadanos”.

Eso es en el discurso, en los hechos la cosa es más simple: no le busquen.
29 Enero 2014 04:00:51
Alimentar al Frankenstein
Como mera anécdota quedará, sin duda, la movilización de protesta que realizaron maestros (básicamente laguneros) ayer en Saltillo. Desafortunadamente se sumará a las decenas, centenares de manifestaciones públicas de su poderío, adquirido a través de décadas, y que les permite con total impunidad, irrumpir, bloquear, destrozar, clausurar y desmantelar lo que les venga en gana. Porque son maestros, la casta dorada del corporativismo priista y simple y llanamente se sienten con todo el derecho a pelear en las calles y a gritos por esos privilegios con los que el Gobierno los compró y convirtió en ariete político.

La bitácora del día refiere que profesores de Torreón, San Pedro y Matamoros, acompañados de cuadros del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), llegaron hasta la Plaza de Armas, “reventaron” la Macrobrigada de Atención del Gobierno del Estado, lanzaron consignas y demandaron lo que consideran suyo, una conquista irrenunciable, el mentado subsidio en el pago de impuestos que se eliminó en la Ley de Ingresos 2014. Quieren seguir en condición de mexicanos de excepción, de privilegio, lo que resulta literalmente imposible, al menos a corto plazo, pero eso no los inhibe en su movilización.

La cuestión, de fondo, es que no podemos culpar del todo a los maestros (o para justipreciar el tema, a sus líderes). Son una suerte de monstruo, una especie de Frankenstein (armado a base de componendas, privilegios, simulación y valores entendidos de la política del más bajo cuño), que fue alimentado constante y sistemáticamente por el Estado, literalmente desde que se fundó en 1943.

Cuando el entonces presidente Manuel Ávila Camacho orquestó la integración del magisterio de todo el país en un solo organismo gremial –como una necesidad imperante ante la creciente beligerancia de maestros en varios estados– y con la ayuda de las dirigencias del PRM (el entonces PRI) y de la CTM, creó el SNTE, y desde entonces los que se adjudicaron los derechos exclusivos de la Revolución Mexicana, y en el lance el derecho a gobernar a perpetuidad, convirtieron al sindicato de maestros en un ariete político, de presión e intimidación, pero eso sí, siempre disciplinado y a la orden de la Presidencia de la República.

Pero el contar con un brazo armado tiene su costo. El mover a los maestros por el sendero que se desee cuesta, y por las evidencias, mucho. El problema de comprar lealtades, de asegurar bonos electorales a base de compensaciones, de privilegios, de tolerar y consentir es que el beneficiario de tanta bondad se vuelve codicioso y, por tanto, siempre quiere más.

Tenemos, entonces, a un magisterio voraz (o en justicia, a un liderazgo sindical voraz), acostumbrado a una serie de privilegios que a la larga se volvieron insostenibles. El asunto tenía que tronar, tarde o temprano, y finalmente tronó. Ya no se pueden sostener tantos privilegios; ya no es viable el comprar a tan alto costo la lealtad política, y los maestros lo saben, pero están decididos a encarecer las bases de la nueva relación.

Y ahí está el Frankenstein, demandando a gritos que lo alimenten, que lo mantengan tranquilo, que le respeten sus privilegios, porque sabe que mantiene la fuerza para hacerlo. Tuvo la suficiente para barrer en la mesa de las vencidas al PAN (con Fox y Calderón) y ahora quiere probar hasta dónde puede llegar con el “nuevo PRI” y todos sus representantes. 

El problema es que en el ínter los ciudadanos somos los que pagamos la factura de los manotazos de este Frankenstein que sabe que tendrá que ponerse a dieta y por eso está tan molesto.
26 Enero 2014 05:00:36
Los que rompieron su lazo con Dios
Saltillo experimenta una suerte de sacudida por esa bomba incendiaria que lanzó hace ya ocho días el obispo de la Diócesis, Raúl Vera López, sobre pederastia. Dijo que conoce dos casos y que los infractores fueron separados mientras sus expedientes de analizan en El Vaticano.

A los dos de Vera López se sumaron otros dos, y luego otros cuatro y la bola de nieve empezó a crecer. Que son varios, tal vez muchos, especialmente por tratarse de personas que hicieron votos de castidad y que además, administran con sus muy terrenales manos, la fe de un pueblo. Abusan, por supuesto, de su posición y de la ignorancia e ingenuidad de quienes aún les conceden cierto grado de intermediación nada menos que con Dios.

Se sumaron otras denuncias, como las de la asociación de Jóvenes Prevenidos que alertó sobre cinco sacerdotes pederastas “detectados desde hace 10 años”; la del responsable de la Pastoral Penitenciaria, el padre Robert Coogan, sobre los sacerdotes que acudían a la Alameda Zaragoza para relacionarse con jovencitos, eso sí, no menores de edad y entonces no se trataba de pederastia, sino de “un comportamiento no correcto para un sacerdote”.

Y qué decir del trabajo de la activista Aída Badillo que sabe de al menos 60 casos en los que adolescentes que fueron víctimas de abuso sexual en los últimos 20 años y en los que los victimarios eran sacerdotes de la Iglesia católica. Sí, una verdadera bomba incendiaria la que lanzó el domingo pasado el obispo Vera y que estalló en el corazón mismo de la Jerarquía Eclesiástica saltillense.

La activista da cuenta de testimonios de víctimas que nunca denunciaron al cura violador ya que éste aseguraba su silencio con coca colas, regalos y el más nefasto de todos los artilugios, la abyecta manipulación del “Dios sí te quiere”.

Para el Papa Francisco los escándalos de pederastia cometidos por sacerdotes católicos representan “la vergüenza de la Iglesia”, y explica que los infractores “no tenían un lazo con Dios; tenían una posición en la Iglesia, una posición de poder, también de comodidad”.

Entonces tenemos una Iglesia en manos de personas que rompieron su lazo con Dios. Saltillo no podía escapar a lo que resulta una práctica enferma e ilegal que pudre una estructura que se niega a cambiar y que ante la evidencia de los excesos y delitos, recurre al encubrimiento y la simulación.

Y no se trata de exagerar, basta con revisar los datos disponibles para dar cuenta de un fenómeno por desgracia muy extendido. El Papa emérito, Benedicto XVI destituyó a 400 sacerdotes entre 2011 y 2012 por abusar de niños, según informes del propio Vaticano; en los últimos 10 años más de 4 mil expedientes de casos de abuso sexual a menores por parte de clérigos han llegado a la Congregación para la Doctrina de la Fe, según reconoce el propio cardenal William
Levada y eso sin contar el episodio de los Legionarios de Cristo y su cuestionado fundador, Marcial Maciel Degollado.

La Jerarquía del clero católico busca salidas mientras las autoridades empiezan a dar pasos, a integrar pesquisas y la sociedad levanta una voz de indignación que clama justicia. Los más interesados por limpiar la estructura y realizar los cambios que sean necesarios para revertir una tendencia cada vez más generalizada (en cuanto se hace pública) serían el propio Vaticano y en su proporción, la Diócesis.

No hay otra opción, no hay otro camino: los curas violadores deben terminar en prisión, y mientras la Jerarquía se aferre a la simulación y las denuncias continúen sin aterrizar en nombres y apellidos, es válido y hasta prudente el ver con sospecha y recelo cada una de las sotanas que caminan por esta tierra.
23 Enero 2014 04:00:57
La breve historia de Édgar
Pilar Oropeza Arriaga es una mujer ya entrada en años. Fue maestra de la escuela primaria “Vicente Guerrero”, en Miacatlán Morelos, y recuerda a un niño muy moreno y delgadito que se metía en problemas por ser inquieto, hiperactivo; bueno para el baile y malo para el español y las ciencias naturales. Nada extraordinario, pero la memoria le reclama una característica que le quedó como impronta: su frente ancha y los ojos tristes.

Ese niño que visitó con frecuencia las oficinas de la directora, Alma Delia Beltrán, para enfrentar las acusasiones de sus compañeros por alguna travesura y hasta por lo que hoy se calificaría de bullyng era Édgar Tamayo Arias, una imagen muy diferente a la de ese regordete de rostro castigado por el vitiligo que pasó los últimos 20, de sus 46 años de vida, en una prisión texana. Dicen que en enero de 1994 asesinó al policía de Houston, Guy P. Gaddys, de tres disparos en la cabeza y que lo hizo cuando ya estaba en calidad de detenido, en la patrulla y esposado. En noviembre de ese mismo año se le condenó a la pena capital.

Es el mismo que ayer –alrededor de las 21:30 horas, tres horas y media después de la hora programada por un recurso de apelación infructuoso interpuesto por los abogados ante la Suprema Corte estadounidense, lo que en términos llanos significan largas horas extra de angustia-, recibió por vía intravenosa el coctel mortal: primero tiopental sódico que lo dejó sin conocimiento casi de inmediato, luego bromuro de pancuronio que paralizó su diafragma y finalmente el cloruro de potasio que le indujo un paro cardiaco. Murió segundos después.

Es una historia breve y trágica la de este hombre de un metro con 75 centímetros de estatura y al que le fuera diagnosticada en 2008 una “discapacidad mental leve” que se atribuyó en su momento por un psicólogo texano, a un daño cerebral tras un accidente de rodeo sufrido en la adolescencia.

Y hasta ahí. El típico joven que emigra hacia Estados Unidos en busca del mentado “sueño americano” y que se vio inmerso en un incidente que al menos deja muchas puertas abiertas a la duda. Durante 20 años poco se hizo y fue sólo hasta que se aproximaba la fecha de su ejecución que llamó los reflectores mediáticos. El Gobierno mexicano actuó tarde y sin mayor fuerza, tal y como lo dictan los cánones informales de la simulación en que navega la relación bilateral México-Estados Unidos; y los organismos nacionales e internacionales de derechos humanos encontraron, como siempre, oídos sordos a sus airados reclamos y condenas sobre la forma en que se aplica la justicia en el vecino del norte.

Habrá sido culpable o inocente del delito que se le imputó y que finalmente lo llevó a la muerte, pero lo cierto es que se registraron fallas graves durante el proceso como el hecho de que no se le advirtió en tiempo en forma de su derecho a la asesoría consular y que bastaban para que prosperaran las apelaciones. No fue así y Texas se consolida como el estado con más ejecuciones, más de 500 de 1976 a la fecha.

Que descanse en paz el que fuera ese niño de frente ancha y ojos tristes que terminaba en las oficinas de la directora por sus travesuras de primaria. El hombre castigado por el vitiligo simplemente ya estaba harto. “20 años de espera son muchos, ya estoy listo”, dijo tranquilo y resignado, mientras se despedía de sus padres y sus hijas, a quienes no vio crecer y que guardarán por siempre la imagen de su padre como el reo encadenado a punto de caminar hacia el cadalso.
19 Enero 2014 05:11:00
Al Alcalde lo dejan solo
El revisar el desempeño hasta ahora demostrado por la actual Administración Municipal de Saltillo, especialmente el del Alcalde, Isidro López Villarreal, no puede más que provocar sentimientos encontrados, sobre todo si con verdadero afán, se despoja el somero análisis de filias y fobias personales y/o partidistas.

Es claro que a Don Isidro le va mal, que en estas primeras tres semanas de gestión no ha logrado articular un discurso creíble, orgánico e institucional (avalado por acciones) que le permita reclamar a la ciudadanía el beneficio de la duda de que se tiene conocimiento del entorno político y la problemática social, una estrategia sólida y una ruta crítica bien establecida de objetivos concretos y viables al corto y mediano plazo. Por el contrario, el desaseo en el que parece anclado sugiere todo lo contrario.

También es claro que Don Isidro no es precisamente un esteta de la política, vaya, ni siquiera parece conocer cómo se mueven los hilos de la grilla local y mucho menos cómo salir airoso de la telaraña que representa la administración de los distintos intereses en juego. Parece que Don Isidro no sabe jugar en los terrenos de la simulación y eso en la realpolitik a la mexicana es imperdonable, aún para un alcalde.

Baste recordar tres detallitos que retratan con justicia lo que sucede al interior de la comuna: el anuncio de que se llevará a cabo un ajuste de personal -600 trabajadores en la cuerda floja- para darle chamba a su equipo de campaña; el tremendo desaseo y abuso en el cobro del impuesto predial y el hecho mismo de que los regidores priistas le hicieran un plantón a sólo 17 días del inicio de la administración. Para muestra basta un botón… o tres.

Sí, pero ¿dónde están los panistas,? Dónde están o qué hacen los cuadros que pueden presumir el tener más de dos neuronas en funcionamiento y visión más allá de sus propias narices, aquellos que puedan entender que urge una estrategia de apoyo, de salvamento a la administración de Don Isidro (aunque se le niegue en su esencia condición de verdadero panista), ya que no está en juego solamente el prestigio del empresario, sino el de la marca, el del PAN y con
cada golpe (muchos cuestionables en la forma, pero hasta el momento y la mayoría, bien merecidos en su fondo) que recibe la administración de Saltillo, es un golpe a las expectativas del panismo de ganar espacios en los próximos comicios.

Dónde están los que demostraron que saben cómo se hacen las cosas en la administración panista de Manuel López (hermano del actual para mayores señas), y que si bien no son materia para ningún premio, por lo menos registraron un desempeño aceptable.

Qué visión tan cortoplacista, tan pequeña, el dejar pasar lo que significa una crisis tempranera de la administración. Vaya, si los panistas lo que quieren es que Don Isidro se termine de hundir, hasta para eso existen estrategias que no implican la exhibición cotidiana de los yerros y las omisiones, que en el lance y finalmente, al que verdaderamente perjudican es a Saltillo.

Don Isidro también demostró que lo suyo, verdaderamente lo suyo, no es la administración de los problemas, esencia misma del desempeño en el mundo de la ya mentada realpolitik a la mexicana. Pero se supone que para eso están la secretaria del Ayuntamiento, Marialicia García Narro, el tesorero, Adrián Ortiz, el contralor Orlando García, el de fomento económico, Juan Carlos Guerra y el de desarrollo urbano, José Antonio Lazcano, sólo por citar algunos de la primera
parrilla (a los que hay que sumar los infaltables asesores) y que son, por si lo olvidaron, corresponsables directos del estado general de la administración.

Y es entonces que surge el sentimiento encontrado, Don Isidro esta sólo y así es muy difícil hacer algo, lo que resulta lamentable, y no por el empresario, sino por Saltillo.

Es necesario, entonces, lanzar unos golpecitos a la burbuja en la que permanecen aislados todos aquellos en las esferas administrativa y partidista, que deberían estar haciendo algo para salir de la crisis tempranera pero que parecen agotados en la defensa de sus propios cotos de interés. ¡Hey, despierten, hagan algo! No es por ustedes, ni por Don Isidro, es por Saltillo, que no merece ser rehén de una suerte de red de mezquindades, políticas y de todo tipo.

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