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Abel Pérez Rojas
Abel Pérez Rojas
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Abel Pérez Rojas / [email protected] / @abelpr5 / facebook.com / abelperezrojas. Es poeta, comunicador y doctor en Educación Permanente. Dirige Sabersinfin.com.

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22 Abril 2018 04:00:00
Nunca derrotarse en la búsqueda de personas desaparecidas
“Nunca darse por vencido. Nunca”.
Abel Pérez Rojas

El triunfo del padre chino que se convirtió en taxista para buscar a su hija desaparecida 24 años atrás es otro pasaje de esos que nutren la fortaleza de muchos, en el sentido de que la esperanza es lo último que debe perderse cuando se busca a un ser querido. Este caso debe inspirar a miles alrededor del mundo y muy particularmente a quienes viven en países como México.

Hace unos días a través de la nota titulada: Un padre se hace taxista para buscar a su hija desaparecida y la halla 24 años después, El País (3/04/2018), me enteré de la historia de Wang Mingqing y su hija Qifeng.

El 8 de enero de 1994, Qifeng desapareció sin dejar huella alguna mientras se encontraba en el puesto callejero de frutas de sus padres.

Desde aquella fecha, Wang y su esposa, Liu Dengying, hicieron de todo para tratar de hallar a la menor desaparecida: distribuyeron carteles, visitaron hospitales, orfanatos, morgues y estuvieron una y otra vez sobre las autoridades policiacas.

Pero, la búsqueda fue inútil.

Fue así como en el año 2015 Wang decidió volverse taxista para aprovechar sus recorridos, poder contarle a todos los pasajeros su historia y recorrer cuanto rincón pudiera con tal de encontrar a la menor
desaparecida.

Gracias a que el año pasado esta historia se difundiera en diversos medios de comunicación del país asiático, y a la intervención de un dibujante que realizó un retrato de cómo podría ser la menor años después, una mujer a cientos de kilómetros se sintió identificada con el retrato hablado.

Después de varias pruebas genéticas se determinó que en efecto, aquella mujer casada y con hijos, era Qifeng.

Imagínese querido lector, lo que habrá sido aquel encuentro entre los padres y la mujer desaparecida poco más de dos décadas atrás.

El esfuerzo, la constancia y la determinación para nunca darse por vencidos habían tenido su gratificación

Esta historia es inspiradora no sólo en sí, sino a la luz de otras experiencias que confirman el patrón de la justa recompensa para quienes no se dan por vencidos.

Recordé con la historia de esta familia china la lucha que desde 1977 mantienen de pie y de forma organizada a las Abuelas de Plaza de Mayo, esa organización civil que busca “localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños desaparecidos por la última dictadura argentina”, y que según su propia información ha tenido éxito en 127 casos, Abuelas de Plaza de Mayo (3/04/2018).

Pero, esta historia china también debe inspirar a todos aquellos que están a la búsqueda de un ser querido desaparecido, como es la situación que viven miles de familias mexicanas con los más de 32 mil desaparecidos del 2007 a la fecha, de acuerdo con las cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), elaborado por el Sistema Nacional de Seguridad Pública, CNN en Español (13/09/2017).

Las historias de quienes buscan a un ser querido deben inspirarnos a todos, porque muchas de esas búsquedas no deberían ser sólo de ellos sino de todos. ¿O no?
17 Abril 2018 03:30:00
Nunca derrotarse en la búsqueda de personas desaparecidas
“Nunca darse por vencido. Nunca”.

El triunfo del padre chino que se convirtió en taxista para buscar a su hija desaparecida veinticuatro años atrás, es otro pasaje de esos que nutren la fortaleza de muchos, en el sentido de que la esperanza es lo último que debe perderse cuando se busca a un ser querido. Este caso debe inspirar a miles alrededor del mundo y muy particularmente a quienes viven en países como México.

Hace unos días a través de la nota titulada: Un padre se hace taxista para buscar a su hija desaparecida y la halla 24 años después, El País (3/04/2018), me enteré de la historia de Wang Mingqing y su hija Qifeng.

El 8 de enero de 1994, Qifeng desapareció sin dejar huella alguna mientras se encontraba en el puesto callejero de frutas de sus padres.

Desde aquella fecha, Wang y su esposa, Liu Dengying, hicieron de todo para tratar de hallar a la menor desaparecida: distribuyeron carteles, visitaron hospitales, orfanatos, morgues y estuvieron una y otra vez sobre las autoridades policiacas.
Pero, la búsqueda fue inútil.

Fue así como en el año 2015 Wang decidió volverse taxista para aprovechar sus recorridos, poder contarle a todos los pasajeros su historia y recorrer cuanto rincón pudiera con tal de encontrar a la menor desaparecida.

Gracias a que el año pasado esta historia se difundiera en diversos medios de comunicación del país asiático, y a la intervención de un dibujante que realizó un retrato de cómo podría ser la menor años después, una mujer a cientos de kilómetros se sintió identificada con el retrato hablado.

Después de varias pruebas genéticas se determinó que en efecto, aquella mujer casada y con hijos, era Qifeng.

Imagínese querido lector, lo que habrá sido aquel encuentro entre los padres y la mujer desaparecida poco más de dos décadas atrás.

El esfuerzo, la constancia y la determinación para nunca darse por vencidos habían tenido su gratificación.

Esta historia es inspiradora no sólo en sí, sino a la luz de otras experiencias que confirman el patrón de la justa recompensa para quienes no se dan por vencidos.

Recordé con la historia de esta familia china la lucha que desde 1977 mantiene de pie y de forma organizada a las Abuelas de Plaza de Mayo, esa organización civil que busca “localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños desaparecidos por la última dictadura argentina”, y que según su propia información ha tenido éxito en 127 casos, Abuelas de Plaza de Mayo (3/04/2018).

Pero, esta historia china también debe inspirar a todos aquellos que están a la búsqueda de un ser querido desaparecido, como es la situación que viven miles de familias mexicanas con los más de 32 mil mexicanos desaparecidos del 2007 a la fecha, de acuerdo con las cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), elaborado por el Sistema Nacional de Seguridad Pública, CNN en Español (13/09/2017).

Las historias de quienes buscan a un ser querido deben inspirarnos a todos, porque muchas de esas búsquedas no deberían ser sólo de ellos sino de todos. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
17 Abril 2018 03:00:00
Nunca derrotarse en la búsqueda de personas desaparecidas
El triunfo del padre chino que se convirtió en taxista para buscar a su hija desaparecida veinticuatro años atrás, es otro pasaje de esos que nutren la fortaleza de muchos, en el sentido de que la esperanza es lo último que debe perderse cuando se busca a un ser querido. Este caso debe inspirar a miles alrededor del mundo y muy particularmente a quienes viven en países como México.

Hace unos días a través de la nota titulada: Un padre se hace taxista para buscar a su hija desaparecida y la halla 24 años después, El País (3/04/2018), me enteré de la historia de Wang Mingqing y su hija Qifeng.

El 8 de enero de 1994, Qifeng desapareció sin dejar huella alguna mientras se encontraba en el puesto callejero de frutas de sus padres.

Desde aquella fecha, Wang y su esposa, Liu Dengying, hicieron de todo para tratar de hallar a la menor desaparecida: distribuyeron carteles, visitaron hospitales, orfanatos, morgues y estuvieron una y otra vez sobre las autoridades policiacas.

Pero, la búsqueda fue inútil.

Fue así como en el año 2015 Wang decidió volverse taxista para aprovechar sus recorridos, poder contarle a todos los pasajeros su historia y recorrer cuanto rincón pudiera con tal de encontrar a la menor desaparecida.

Gracias a que el año pasado esta historia se difundiera en diversos medios de comunicación del país asiático, y a la intervención de un dibujante que realizó un retrato de cómo podría ser la menor años después, una mujer a cientos de kilómetros se sintió identificada con el retrato hablado.

Después de varias pruebas genéticas se determinó que en efecto, aquella mujer casada y con hijos, era Qifeng.

Imagínese querido lector, lo que habrá sido aquel encuentro entre los padres y la mujer desaparecida poco más de dos décadas atrás.

El esfuerzo, la constancia y la determinación para nunca darse por vencidos habían tenido su gratificación

Esta historia es inspiradora no sólo en sí, sino a la luz de otras experiencias que confirman el patrón de la justa recompensa para quienes no se dan por vencidos.

Recordé con la historia de esta familia china la lucha que desde 1977 mantiene de pie y de forma organizada a las Abuelas de Plaza de Mayo, esa organización civil que busca “localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños desaparecidos por la última dictadura argentina”, y que según su propia información ha tenido éxito en 127 casos, Abuelas de Plaza de Mayo (3/04/2018).

Pero, esta historia china también debe inspirar a todos aquellos que están a la búsqueda de un ser querido desaparecido, como es la situación que viven miles de familias mexicanas con los más de 32 mil mexicanos desaparecidos del 2007 a la fecha, de acuerdo con las cifras del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), elaborado por el Sistema Nacional de Seguridad Pública, CNN en Español (13/09/2017).

Las historias de quienes buscan a un ser querido deben inspirarnos a todos, porque muchas de esas búsquedas no deberían ser sólo de ellos sino de todos. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
03 Abril 2018 04:00:00
El falso altruismo envenena
La ayuda al prójimo es deseable por muchas razones, pero el auxilio que se otorga buscando el reconocimiento público es una especie de veneno para todos, en particular para quien lo practica.

Desgraciadamente las organizaciones de ayuda se encuentran abarrotadas de personas que buscan satisfacer su ego a través de un falso altruismo.

A veces con el dinero y recursos propios, pero en la gran mayoría con el de otros, muchas personas buscan convertirse en famosos, populares, respetables o con redituables relaciones sociales, a partir de brindar ayuda a quienes lo necesitan.

De ninguna manera estoy diciendo que las personas nieguen su ayuda y servicio, lo que estoy tratando de compartirle es el hecho de que el falso altruismo nos contamina.

Las personas que buscan el reconocimiento ayudando a los demás, empiezan por no ser sinceros en lo más profundo de su ser, se bloquean a sí mismos para desarrollar una ética verdadera que pervierte conceptos como la solidaridad, la fraternidad y el amor.

Pero este tipo de situaciones no sólo afecta a la persona que finge, también infecta a los destinatarios de la ayuda, porque se convierte en un juego de simulación, en el cual uno hace como que ayuda desinteresadamente, y el otro hace como que no se da cuenta que el benefactor lo está usando para satisfacer una necesidad oculta.

Esos entornos terminan convirtiéndose en círculos enfermizos que aprisionan tanto al “benefactor” como al beneficiado, porque a resumidas cuentas no transforman de fondo las condiciones de desigualdad o pobreza imperantes, pero eso sí, abonan a que las cosas no cambien.

El falso altruismo contamina nuestras mentes y nuestros corazones.

Para ilustrar mi comentario le comparto algo del budismo.

De acuerdo con el budismo los “venenos del espíritu” ocasionan todas nuestras dificultades y obstruyen la posibilidad de evolucionar.

De acuerdo con el artículo “El Budismo y los tres venenos del espíritu”, entre los estos “venenos” se encuentra el apego, el cual se “puede entender como codicia, viene dado por el deseo extremo de poseer algo o a alguien, así como la negación de la idea de la no pertenencia de ese algo o alguien. Una persona que se deja llevar por el apego, es muy impulsiva e insensata, puesto que siempre va a tratar de obtener el objeto de su anhelo o ansia para satisfacer su deseo”.

Más adelante dicho artículo publicado en procrastinafacil.com afirma:

“Para poder combatir el apego se debe practicar el “dar sin pedir nada a cambio”, mediante este acto, empezamos a ser realmente útiles a los demás y desarrollamos la modestia, la caridad y así, el desapego”.

De acuerdo con el sentido de las líneas citadas, cuando una persona ayuda o comparte esperando al menos el reconocimiento, refuerza su impulsividad e imprudencia, de tal manera que posterga su posibilidad de madurar y de acceder a formas de convivencia sinceras, si no es que, peor aún, está fortaleciendo su perversidad.

Está por demás describir a dónde nos ha llevado la perversidad cuando ésta predomina en la mente y los corazones de los hombres.

Así que si está usted haciendo algo por el bien de los demás, hágalo por el simple hecho de ayudar y compartir, sin esperar nada a cambio, porque llegado el momento, usted será también beneficiado de múltiples maneras.

¿Está usted dispuesto?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
29 Marzo 2018 04:00:00
El carácter formativo del dolor y sufrimiento
“El dolor es maestro, el sufrimiento es extravío”.
Abel Pérez Rojas

El dolor es un mecanismo de sobrevivencia del ser humano que le permite protegerse ante múltiples factores que representan una amenaza a su integridad, en ese sentido es positivo que lo sintamos, pero depende de cada uno de nosotros que éste, el dolor, se transforme en sufrimiento.

Muchas veces el dolor es inevitable, el sufrimiento siempre puede evitarse.

He ahí la diferencia. He ahí la clave.

A menos que se padezca el síndrome de Riley-Day –padecimiento por el cual no se siente dolor físico– todas las personas en mayor o menor grado sentimos dolor ante estímulos de diversa índole, es decir, es natural que las personas sintamos dolor.

En cierta forma el dolor es un aviso de que algo no está bien y que esto debe revisarse.

El dolor ha sido clave para la evolución del ser humano porque está vinculado con el instinto de sobrevivencia y conservación, desde ese ángulo es una especie de directriz que permite ir orientando nuestras decisiones siempre buscando el bienestar.

Muchos de los progresos de la civilización giran en torno a la premisa de que el dolor es inherente al ser humano, que en cierta forma puede prevenirse, evitarse o curarse.

Por todo esto, el dolor en sus múltiples presentaciones se convierte en una oportunidad para salir adelante, para aprender, para superar la situación de la que se trate y después de todo ello salir más fortalecidos por la experiencia que tuvimos que vivir.

En cambio, el sufrimiento es una consecuencia del dolor real o imaginario.

El sufrimiento es mental, con repercusiones psicológicas, sociales y emocionales, lleva aparejado una serie de efectos dañinos en lo individual y en lo colectivo.

El sufrimiento se prolonga en el tiempo, y entre más esté presente, más estaremos envueltos en un tipo de maraña que nos hace enredarnos más y más, hasta que le ponemos un alto o hasta que empezamos a dar los primeros pasos para salir de esa condición.

Viktor Frankl, el famoso psiquiatra y psicoterapeuta austriaco afirmó algo que es oportuno tener presente:

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”.

Como siempre en nuestra vida está latente sentir dolor, es parte de nuestra formación estar preparados para saber cómo afrontarlo, y si nos ejercitamos en ello, podremos, con el paso del tiempo forjar nuestro carácter en la superación.

Si asimilamos los beneficios del dolor, el sufrimiento es algo sobre lo cual puede transitarse sin mayores secuelas, porque es extravío durante el cual estamos ciegos ante las fortalezas internas de las cuales somos capaces de desarrollar.

Tampoco se trata de estar pensando obsesivamente en el dolor y en el sufrimiento, de lo que se trata es de vivir plenamente, en paz, con valentía, dando y recibiendo amor; porque si logramos estar inmersos en entornos bondadosos, estaremos preparados para lo que venga.

Marcar la clara diferencia entre el dolor y el sufrimiento es un primer paso para darse cuenta cómo es que aprender a afrontar el primero es necesario para que surja el carácter desde lo más recóndito de nuestro ser, para que luego propiciemos que otros más lo hagan; por otra parte, entender la naturaleza del segundo –del sufrimiento–, es deslindarse de los mecanismos que malamente hemos aprendido y que nos han sido heredados de generación en generación, y que, por ejemplo, usan el sentimiento de culpa como mecanismo de manipulación.

En síntesis, el dolor es una especie de maestro que puede ilustrarnos en la fortaleza, el sufrimiento es opcional y puede ser una ruta de extravío y manipulación.

Es importante tener resuelto este tipo de cuestiones en todo momento, pero principalmente en aquellas fechas usadas para reforzar el engranaje al cual obedece en gran medida nuestro actuar.

¿Qué le parece?
29 Marzo 2018 04:00:00
El carácter formativo del dolor y sufrimiento
“El dolor es maestro, el sufrimiento es extravío”.
Abel Pérez Rojas

El dolor es un mecanismo de sobrevivencia del ser humano que le permite protegerse ante múltiples factores que representan una amenaza a su integridad, en ese sentido es positivo que lo sintamos, pero depende de cada uno de nosotros que éste, el dolor, se transforme en sufrimiento.

Muchas veces el dolor es inevitable, el sufrimiento siempre puede evitarse.

He ahí la diferencia. He ahí la clave.

A menos que se padezca el síndrome de Riley-Day –padecimiento por el cual no se siente dolor físico– todas las personas en mayor o menor grado sentimos dolor ante estímulos de diversa índole, es decir, es natural que las personas sintamos dolor.

En cierta forma el dolor es un aviso de que algo no está bien y que esto debe revisarse.

El dolor ha sido clave para la evolución del ser humano porque está vinculado con el instinto de sobrevivencia y conservación, desde ese ángulo es una especie de directriz que permite ir orientando nuestras decisiones siempre buscando el bienestar.

Muchos de los progresos de la civilización giran en torno a la premisa de que el dolor es inherente al ser humano, que en cierta forma puede prevenirse, evitarse o curarse.

Por todo esto, el dolor en sus múltiples presentaciones se convierte en una oportunidad para salir adelante, para aprender, para superar la situación de la que se trate y después de todo ello salir más fortalecidos por la experiencia que tuvimos que vivir.

En cambio, el sufrimiento es una consecuencia del dolor real o imaginario.

El sufrimiento es mental, con repercusiones psicológicas, sociales y emocionales, lleva aparejado una serie de efectos dañinos en lo individual y en lo colectivo.

El sufrimiento se prolonga en el tiempo, y entre más esté presente, más estaremos envueltos en un tipo de maraña que nos hace enredarnos más y más, hasta que le ponemos un alto o hasta que empezamos a dar los primeros pasos para salir de esa condición.

Viktor Frankl, el famoso psiquiatra y psicoterapeuta austriaco afirmó algo que es oportuno tener presente:

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”.

Como siempre en nuestra vida está latente sentir dolor, es parte de nuestra formación estar preparados para saber cómo afrontarlo, y si nos ejercitamos en ello, podremos, con el paso del tiempo forjar nuestro carácter en la superación.

Si asimilamos los beneficios del dolor, el sufrimiento es algo sobre lo cual puede transitarse sin mayores secuelas, porque es extravío durante el cual estamos ciegos ante las fortalezas internas de las cuales somos capaces de desarrollar.

Tampoco se trata de estar pensando obsesivamente en el dolor y en el sufrimiento, de lo que se trata es de vivir plenamente, en paz, con valentía, dando y recibiendo amor; porque si logramos estar inmersos en entornos bondadosos, estaremos preparados para lo que venga.

Marcar la clara diferencia entre el dolor y el sufrimiento es un primer paso para darse cuenta cómo es que aprender a afrontar el primero es necesario para que surja el carácter desde lo más recóndito de nuestro ser, para que luego propiciemos que otros más lo hagan; por otra parte, entender la naturaleza del segundo –del sufrimiento–, es deslindarse de los mecanismos que malamente hemos aprendido y que nos han sido heredados de generación en generación, y que, por ejemplo, usan el sentimiento de culpa como mecanismo de manipulación.

En síntesis, el dolor es una especie de maestro que puede ilustrarnos en la fortaleza, el sufrimiento es opcional y puede ser una ruta de extravío y manipulación.

Es importante tener resuelto este tipo de cuestiones en todo momento, pero principalmente en aquellas fechas usadas para reforzar el engranaje al cual obedece en gran medida nuestro actuar.

¿Qué le parece?
19 Marzo 2018 04:00:00
“¡Qué nuestra obra marque camino para los demás!”
Como cuando se inaugura una calle y se le pone el nombre de alguien que ha dejado huella, así hay nuevas “calles” en la vida, en el arte, en la ciencia y en el saber, que no son tan visibles, pero que alguien, algún día, dio los primeros pasos en esa dirección hasta que se conformó una vereda humana, que con el paso del tiempo y del trabajo, evolucionó hasta ser una “calle” o “avenida” en la cual podemos transitar otros más.

De eso habló hace poco Guillermo del Toro tomando como analogía las calles que transitamos todos los días y que conforman nuestras ciudades y poblados.

Durante su primer Master Class, en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, denominada "De Geometría a la Forma del Agua", de acuerdo con El País, del Toro dijo en un abarrotado foro:

“Hay una razón por la que hoy estoy aquí: los jóvenes. Creo que lo único que deja uno de valor [cuando muere] es un camino. Yo no sé quién es Robles Gil [cuando voy conduciendo] pero puedo dar vuelta a la derecha. Si dentro de 100 años nadie se acuerda de mí pero dejé un camino donde alguien pueda dar vuelta a la derecha, habrá merecido la pena”.

A mi parecer la analogía del exitoso director hollywoodense es brillante porque da pie a dialogar sobre esas nuevas “calles” que algunos están abriendo, y que no son fáciles de iniciar porque tienen muchas opiniones y posturas en contra debido a que significan puntos de ruptura y quiebre por su novedad.

¿Cómo se abre una nueva “calle” de esas a las que se refiere Guillermo?

Se abre a través de la constancia en lo novedoso y en lo creativo; el mismo del Toro es un claro ejemplo de ello.

Si el cineasta jalisciense nos hubiera hablado hace décadas de sus historias de amor entre el mundo de los humanos y los mundos extraños, nos hubiera parecido sólo producto de una fantasiosa mente, pero ahora, después de miles de horas de trabajo y varios filmes, podemos decir con certeza que existe la “calle” Guillermo del Toro.

La “calle” Guillermo del Toro es su forma de hacer las cosas, es la obra de dicho cineasta, lo que implican sus aportaciones y la influencia que está marcando en distintos ámbitos, y que los más jóvenes seguramente se encargarán de materializar en los próximos años.

Las palabras de Guillermo son un llamado a atreverse a vencer lo que nos está deteniendo y nos impide realizar nuestros sueños.

El mensaje en cuestión es directo y democrático, porque en el fondo sostiene que cualquiera puede marcar rumbo y romper con las inercias que nos uniforman y vuelven comunes a las mayorías que “duermen” en la comodidad.

Ojalá más de uno que me lee algún día pueda ver que con su actuar marcó rumbo para otros y llegado el momento sepa en lo recóndito de su ser, que a su paso dejó un mundo mejor.

¿Qué hace para merecer que una “calle”, de esas a las que se refiere Guillermo del Toro, lleve su nombre?

Se lo dejo para la reflexión.

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
13 Marzo 2018 04:00:00
Los hombres sabios estorban al sistema
Las personas sabias no tienen cabida en el sistema porque estorban a quienes detentan el poder, son símbolo que recuerda a todos que hay formas de convivencia y organización alternativa.

El sistema imperante está dirigido por personas sin escrúpulos que en muchos casos son cultas e inteligentes, y que tienen por prioridad perpetuarse en el poder para beneficio propio.

No se confunda, no es lo mismo ser una persona culta o inteligente a ser sabio.

Las primeras, los cultos, son personas con una formación sólida en historia, en arte, en ciencias, en diversos campos del conocimiento y la cultura, por eso están “cultivados”, pero no necesariamente son sabios.

Las personas inteligentes han desarrollado en cierta medida sus capacidades cognitivas, psicológicas y se adaptan a los cambios de distinta índole, por otra parte resuelven eficazmente problemas y son diestros en la abstracción.

Por otra parte, las personas sabias se han adentrado a la naturaleza humana, a la propia y a la de los demás, tienen una visión recóndita de lo que les rodea, están hermanados con el todo. Las personas sabias son profundamente éticos.

A diferencia de las personas sabias, los cultos y los inteligentes no necesariamente son éticos.

Por ejemplo, esto explica por qué muchos de los que se han enriquecido a costa de los pobres son personas cultas e inteligentes.

Muchos de los que han amasado fortunas desviando recursos para las personas más harapientas han estudiado en las mejores universidades del mundo, hablan varios idiomas, algunos hasta practican destacadamente algún arte, pero no se tientan el corazón para saquear las riquezas naturales y dejar en el desamparo, por ejemplo, a los pueblos originarios.

Por supuesto que no estoy diciendo que sea excluyente entre sí ser sabio, culto o inteligente; lo que le estoy diciendo es que debemos clarificar las diferencias entre los distintos tipos de personas para entender por qué las personas sabias son excluidas y marginadas del sistema porque estorban a los ambiciosos.

Las personas sabias siempre han sido incómodas y han sido consideradas, desde el poder político y económico, un peligro para las sociedades de todos los tiempos, porque un ser sabio no permite ser esclavizado, ni explotado, ni manipulado, ni da cabida a las guerras, ni es consumista compulsivo, ni se satisface con las limitaciones de la escolarización; por ello el sistema imperante aplica todos sus mecanismos para excluir a quien está en un permanente despertar… porque son incorruptibles.

Una persona sabia está en un permanente despertar y eso le convierte en un “peligro” para las estructuras de control establecidas por siglos.

A propósito quiero compartirle un texto que viene muy bien al caso, autoría del controvertido gurú hindú Osho:

Ninguna sociedad quiere que seas SABIO.

Esto va contra los fundamentos de todas las sociedades.

Si las personas son SABIAS no pueden ser EXPLOTADAS.

Si las personas son INTELIGENTES no pueden ser MANIPULADAS, no pueden ser FORZADAS a vivir mecánicamente, a vivir como robots.

Ellos buscarán su INDIVIDUALIDAD.

Ellos llevarán a su alrededor la fragancia de la REBELIÓN.

Ellos amarán vivir en LIBERTAD...

La libertad viene con sabiduría y ninguna sociedad quiere que seas libre.

La sociedad comunista, la sociedad fascista, la sociedad capitalista, la hindú, la musulmana, la cristiana, ninguna sociedad.

Porque en el momento en que una persona empieza a usar su propia INTELIGENCIA, se vuelve PELIGROSO.

Peligroso para el sistema, peligrosos para las personas que están en el poder, peligrosos para los eruditos, peligrosos para todo tipo de explotación, opresión y supresión, PELIGROSOS PARA LAS IGLESIAS, PELIGROSOS PARA LOS ESTADOS, PELIGROSOS PARA LAS NACIONES.

De hecho un hombre sabio es fuego viviente, una llama.

Pero él no puede vender su vida, él no puede ser un sirviente, él prefiere morir antes que convertirse en esclavo.

La transición de la conciencia ha comenzado.

Hasta aquí la extensa cita que no tiene pierde.

¿Está usted de acuerdo conmigo y con Osho en que las personas sabias son excluidas por el sistema porque para algunos son una especie de “piedra en el zapato”?

Vale la pena atreverse a ir en búsqueda de la sabiduría porque la situación en que vivimos ya no da para más y es necesario cambiarla.

No nos conformemos con ser cultos ni con ser inteligentes, es necesario buscar la sabiduría.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente
11 Marzo 2018 04:00:00
Lo sencillo y lo simple es remedio
“La sabiduría de lo simple es la clave para liberarse
de la trama compleja de lo cotidiano”.
Abel Pérez Rojas

Estamos tan inmersos en los compromisos que adquirimos o que nos son impuestos diariamente, que nuestra existencia se vuelve complicada, tan enredada, que perdemos de vista cuestiones sencillas, por eso volviendo a lo básico, a lo simple, podremos salir avante.

Conforme pasan los años cargamos a cuestas con creencias que nunca meditamos a profundidad, con posesiones innecesarias y con miedos que en gran parte tienen su origen en experiencias desagradables de la infancia o en prejuicios que germinan en la ignorancia.

A eso debemos agregar las relaciones destructivas que encubrimos con el falso amor, las relaciones socioeconómicas injustas y de explotación que nos van reduciendo a situación de cuasi esclavitud.

Así vamos como parias persiguiendo “zanahorias” vanas que sólo nos dotan de satisfactores viles y temporales.

A eso se debe que no somos felices y cuando buscamos verdaderamente la felicidad es gracias a arrebatos de valor que nos revolucionan y nos empujan a romper la dictatorial inercia del fatídico destino.

Pero todo esto puede llegar a su fin si volvemos a lo básico, a lo indispensable, y dejamos de sufrir por lo que está de más y que además es sólo una vil ilusión.

A la luz de todo lo anterior, le comparto un breve cuento que hace poco encontré y que es sumamente oportuno.

El cuento titulado Desapego dice así:

Un señor viaja desde un pueblo muy lejano para consultar a un rabino muy famoso.

Llega a su casa y advierte, sorprendido, que los únicos muebles que dispone el sabio son un colchón en el suelo, dos bancos, una silla y una vela. El resto de la habitación está vacío.

El hombre consulta al rabino y este le contesta con verdadera sabiduría. Pero, intrigado por la simplicidad del mobiliario, al final añade:

–¿Le puedo hacer una consulta más?

–Sí, desde luego.

–¿Dónde están sus muebles?

–¿Dónde están los suyos?

–¿Como que dónde están los míos? Yo estoy de paso – dice el hombre sin acabar de comprender.

–Yo también –le contesta el rabino.

Tanto como atiborramos nuestros armarios de pertenencias que nunca utilizamos, así cargamos con recuerdos que nos mortifican o con compromisos que adquirimos, pero que son absurdos o que no vamos a poder cumplir, sin embargo ahí están ocupando parte de nuestro “disco duro”.

Quienes nos dominan saben que estamos inmersos en una inercia absurda de acumulación y soledad que es fácilmente manipulable.

A estas cuestiones básicas responden el consumismo estacional, la militancia religiosa y política de las multitudes, en fin, nuestro enredo permanente.

Regresar a lo simple, a lo básico, es un buen arranque para dejar de intoxicarse con lo absurdo de la forma de vida que hemos generado.

A la alimentación balanceada, al caminar más y ocupar menos el auto; a dejar guardada la tarjeta de crédito y sólo usarla en casos previamente pensados; a ver menos televisión e internet a cambio de leer y meditar más, a dialogar más y confrontar menos… en fin, a todo aquello que dejamos de lado debido a los entornos enfermizos que construimos es a lo que me refiero.

¿Qué le parece?
05 Marzo 2018 04:00:00
Lo sencillo y lo simple es remedio
Estamos tan inmersos en los compromisos que adquirimos o que nos son impuestos diariamente, que nuestra existencia se vuelve complicada, tan enredada que perdemos de vista cuestiones sencillas, por eso volviendo a lo básico, a lo simple, podremos salir avante.

Conforme pasan los años cargamos a cuestas con creencias que nunca meditamos a profundidad, con posesiones innecesarias y con miedos que en gran parte tienen su origen en experiencias desagradables de la infancia o en prejuicios que germinan en la ignorancia.

A eso debemos agregar las relaciones destructivas que encubrimos con el falso amor, las relaciones socioeconómicas injustas y de explotación que nos van reduciendo a situación de cuasi esclavitud.

Así vamos como parias persiguiendo “zanahorias” vanas que sólo nos dotan de satisfactores viles y temporales.

A eso se debe que no somos felices y cuando buscamos verdaderamente la felicidad es gracias a arrebatos de valor que nos revolucionan y nos empujan a romper la dictatorial inercia del fatídico destino.

Pero todo esto puede llegar a su fin si volvemos a lo básico, a lo indispensable y dejamos de sufrir por lo que está de más y que además es sólo una vil ilusión.

A la luz de todo lo anterior le comparto un breve cuento que hace poco encontré y que es sumamente oportuno.

El cuento titulado Desapego dice así:

Un señor viaja desde un pueblo muy lejano para consultar a un rabino muy famoso. Llega a su casa y advierte, sorprendido, que los únicos muebles que dispone el sabio son un colchón en el suelo, dos bancos, una silla y una vela. El resto de la habitación está vacía.

El hombre consulta al rabino y este le contesta con verdadera sabiduría. Pero intrigado por la simplicidad del mobiliario, al final añade:

– ¿Le puedo hacer una consulta más?

– Sí, desde luego.

– ¿Dónde están sus muebles?

– ¿Dónde están los suyos?

– ¿Como que dónde están los míos? Yo estoy de paso – dice el hombre sin acabar de comprender.

– Yo también – le contesta el rabbino.

Tanto como atiborramos nuestros armarios de pertenencias que nunca utilizamos, así cargamos con recuerdos que nos mortifican o con compromisos que adquirimos, pero que son absurdos o que no vamos a poder cumplir, sin embargo ahí están ocupando parte de nuestro “disco duro”.

Quienes nos dominan saben que estamos inmersos en una inercia absurda de acumulación y soledad que es fácilmente manipulable.

A estas cuestiones básicas responden el consumismo estacional, la militancia religiosa y política de las multitudes, en fin, nuestro enredo permanente.

Regresar a lo simple, a lo básico, es un buen arranque para dejar de intoxicarse con lo absurdo de la forma de vida que hemos generado.

A la alimentación balanceada, al caminar más y ocupar menos el auto; a dejar guardada la tarjeta de crédito y sólo usarla en casos previamente pensados; a ver menos televisión e Internet a cambio de leer y meditar más, a dialogar más y confrontar menos… en fin, a todo aquello que dejamos de lado debido a los entornos enfermizos que construimos es a lo que me refiero.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
26 Febrero 2018 04:00:00
Esquiador mexicano, caso de educación permanente
Germán Madrazo, el mexicano que llegó en último lugar en la competencia de 15 kilómetros de esquí de fondo de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang, Corea del Sur; escribió con su ejemplo una serie de lecciones que nos permiten ver con claridad algunos de los postulados de la educación permanente.

Pese a ser un atleta dedicado a distintas disciplinas, hasta hace casi un año Germán era totalmente ajeno a los llamados “deportes de invierno”.

Madrazo ha narrado a diversos medios sus peripecias de cómo fue que un buen día decidió incursionar en el esquí, y pese a no tener entrenador, sin accesorios y sin contar con un espacio propicio para entrenarse, decidió lanzarse a la aventura que meses más tarde se coronaría con alcanzar la meta después de una ruta dificilísima.

Además de todos los factores en su contra, Madrazo tenía otro que de acuerdo a los especialistas en ese tipo de deportes le pesaría mucho: la edad.

Aprender un nuevo deporte de características poco comunes entre los mexicanos a una edad en la que muchos están pensando en el retiro, fue otro aderezo a la ya de por sí condimentada experiencia.

La edad no es un impedimento para aprender algo nuevo, al menos así lo hemos visto en múltiples casos y está en la historia de Germán Madrazo.

Madrazo demostró que si bien es cierto con el paso del tiempo se pierden ciertas facultades físicas y mentales, también es cierto que el tiempo bien vivido nos deja experiencias sobre las cuales podemos “leer” para aprender más.

Todos acumulamos experiencias, pero no todos aprovechamos de la mejor manera esa veteranía.

Aprovechar inteligentemente lo que hemos vivido sin desperdiciar ningún tramo del pasado es también una enseñanza de la educación permanente, porque ¿se imagina usted cuántas experiencias de la vida diaria se pierden porque no se les da la relevancia que tienen?

Ninguna persona verdaderamente autodidacta puede darse el lujo de desechar lo vivido, simplemente por la apariencia a primera vista.

Madrazo recorrió los 15 kilómetros de la justa en 59 minutos y 34 segundos, es decir, veintiséis minutos después del ganador de la competencia, el suizo Darío Cologna, esta brecha entre el primer y último lugar, hubiese sido suficiente para que el colero abandonara la prueba, pero no fue así.

Quien está tocado por la educación permanente sabe que las medallas y los trofeos resaltan el resultado, pero no siempre se otorgan a los méritos muy íntimos que cada quien lleva consigo.

Madrazo terminó la competencia, festejó muchísimo cuando cruzó la meta porque sólo él sabe todas las veces que se quedó sin comer, sin dormir y cuánto tuvo que soportar para estar en esa competencia de corte mundial. Bien cabe esa frase que ya le he compartido en otro de mis artículos: ¡perdió, pero ganó!

Las declaraciones del queretano al concluir la hazaña extrajeron el pasaje del ámbito personal y lo trasladaron a la palestra social:

“Lo que yo quiero que mis compatriotas sepan es que no importa si tienes 43 años, si naciste en México o si no tienes dinero para practicar un deporte. Si quieres hacerlo, puedes hacerlo".

Pasar del ámbito individual al contexto social, es otra cualidad medular en términos de educación permanente, porque si no se aborda la carga colectiva en las experiencias personales, terminamos neutralizándonos en lo referente a cambiar nuestro entorno más cercano y, por supuesto, de la posibilidad de transformar nuestro país.

Competidores de otros países cargaron en hombros a Madrazo cuando llegó a la meta, algunos de ellos habían sido compañeros de sus peripecias y otros más sabían la historia detrás de nuestro compatriota, he aquí otra enseñanza: los verdaderos logros no se presumen, se reconocen justamente por su propio peso, por su inocultable valor didáctico.

No se dan en maceta las experiencias como las de Germán Madrazo, pero en la vida diaria hay otras tantas en distintos ámbitos que merecen ser visibilizadas, tanto como ésta que he abordado, por los ojos entrenados en educación permanente.



¡Muy bien por Germán Madrazo y bien por quienes podemos aprender y transmitir su ejemplo!

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
19 Febrero 2018 04:00:00
La comodidad creada por el sistema nos pervierte
La comodidad nos priva de la ocasión de vernos forzados a desarrollar nuestra capacidad para vencer la adversidad; en ese sentido, el confort nos corrompe, nos vuelve conformistas y nos impide saber hasta qué punto y de qué somos capaces.

Siempre ha habido voces que nos invitan a salir de nuestra área de bienestar para no privarnos de ciertas maravillas de la vida, pero son desoídas, son descalificadas y en un arrebato de suma ignorancia les llamamos: ¡herejes!

Es entendible que los llamados a salir de nuestra relativa holgura sean vistos con desconfianza, porque la llamada “normalidad” de nuestra sociedad se construye a partir de pedazos de placer.

A propósito de esto que le vengo comentando le comparto lo siguiente: Hace poco una persona me pidió que entrevistara a un familiar muy cercano para que a través de mi programa de televisión por internet diera a conocer su talento musical personal y el de su banda.

Le dije que con gusto, y que debido a la confianza que me había tenido sería un gusto no sólo otorgarle el espacio necesario, sino conversar con él para compartirle algo de lo que he podido observar en músicos de toda índole y de diversas nacionalidades.

Esa persona insistía en convencerme sobre el talento de su hijo, a lo cual yo le comenté que no era necesario que abundara sobre las dotes artistas de su vástago, que llegado el momento las conocería y que seguramente se trata de una persona muy talentosa.

Pese a mi comentario, mi interlocutora continuó hablando sobre lo exitoso de su hijo y de lo incomprensible que le resultaba a ella entender cómo es que siendo su hijo un alto ejecutivo de una importante empresa, obsesivamente quería destacar con su grupo musical.

Entre más me platicaba de las bondades laborales de su hijo me quedó claro que probablemente estaba frente a un caso de inmovilidad por comodidad.

Es decir, el sueño de este joven es la música en sus distintas facetas, pero, entre otras cosas, la seguridad que le otorga su empleo y la forma de vida que ha construido en torno a ello, le impide dar los siguientes pasos.

Le explico.

En los últimos cinco años he tenido la oportunidad de entrevistar y convivir con cientos de artistas de toda índole.

Quienes han destacado en lo que hacen, o al menos son felices con ello, son quienes han tomado el riesgo de vivir de lo que hacen y se han entregado en cuerpo y alma para conseguirlo.

Estas mujeres y hombres han pasado hambres, penurias y desgracias, pero todo esto con el paso del tiempo sólo han sido eventualidades para encarar a plenitud lo que ellos han elegido como su senda de vida. Todos ellos salieron de su zona de confort y dieron un salto al vacío para alcanzar sus sueños.

Sé que tal vez usted piense en esos casos en los que las personas vienen de muy abajo y que ¡cuál comodidad puede tener alguien que viene desde muy abajo y el hambre es lo que le está impulsando a moverse!

En mi opinión hasta el esclavo y el mendigo se acostumbran a su estado y a vivir de tal forma, ¿acaso no este es uno de los motivos por el cual el pueblo mexicano y otros más viven cómo viven?

Es común ser ciegos ante la “comodidad” que nos estanca e impide progresar, por ello tenemos que sacudirnos cuantas veces sea necesario para despertar y poder continuar nuestro camino.

Tenemos que estremecernos una y otra vez de tal manera que la comodidad cotidiana nos estorbe, nos incomode y no nos quede de otra que asumir las riendas de nuestro proceso evolutivo.

Si a usted le está estorbando esa comodidad que nos uniforma, es probable que se deba a que no está totalmente dormido como la mayoría y que vale la pena seguir esa chispa interna para no perderse en el conformismo ni en la corrupción del sistema.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas es escritor y educador permanente.
19 Febrero 2018 04:00:00
La comodidad creada por el sistema nos pervierte
La comodidad nos priva de la ocasión de vernos forzados a desarrollar nuestra capacidad para vencer la adversidad; en ese sentido, el confort nos corrompe, nos vuelve conformistas y nos impide saber hasta qué punto y de qué somos capaces.

Siempre ha habido voces que nos invitan a salir de nuestra área de bienestar para no privarnos de ciertas maravillas de la vida, pero son desoídas, son descalificadas y en un arrebato de suma ignorancia les llamamos: ¡herejes!

Es entendible que los llamados a salir de nuestra relativa holgura sean vistos con desconfianza, porque la llamada “normalidad” de nuestra sociedad se construye a partir de pedazos de placer.

A propósito de esto que le vengo comentando le comparto lo siguiente: Hace poco una persona me pidió que entrevistara a un familiar muy cercano para que a través de mi programa de televisión por internet diera a conocer su talento musical personal y el de su banda.

Le dije que con gusto, y que debido a la confianza que me había tenido sería un gusto no sólo otorgarle el espacio necesario, sino conversar con él para compartirle algo de lo que he podido observar en músicos de toda índole y de diversas nacionalidades.

Esa persona insistía en convencerme sobre el talento de su hijo, a lo cual yo le comenté que no era necesario que abundara sobre las dotes artistas de su vástago, que llegado el momento las conocería y que seguramente se trata de una persona muy talentosa.

Pese a mi comentario, mi interlocutora continuó hablando sobre lo exitoso de su hijo y de lo incomprensible que le resultaba a ella entender cómo es que siendo su hijo un alto ejecutivo de una importante empresa, obsesivamente quería destacar con su grupo musical.

Entre más me platicaba de las bondades laborales de su hijo me quedó claro que probablemente estaba frente a un caso de inmovilidad por comodidad.

Es decir, el sueño de este joven es la música en sus distintas facetas, pero, entre otras cosas, la seguridad que le otorga su empleo y la forma de vida que ha construido en torno a ello, le impide dar los siguientes pasos.

Le explico.

En los últimos cinco años he tenido la oportunidad de entrevistar y convivir con cientos de artistas de toda índole.

Quienes han destacado en lo que hacen, o al menos son felices con ello, son quienes han tomado el riesgo de vivir de lo que hacen y se han entregado en cuerpo y alma para conseguirlo.

Estas mujeres y hombres han pasado hambres, penurias y desgracias, pero todo esto con el paso del tiempo sólo han sido eventualidades para encarar a plenitud lo que ellos han elegido como su senda de vida.

Todos ellos salieron de su zona de confort y dieron un salto al vacío para alcanzar sus sueños.

Sé que tal vez usted piense en esos casos en los que las personas vienen de muy abajo y que ¡cuál comodidad puede tener alguien que viene desde muy abajo y el hambre es lo que le está impulsando a moverse!

En mi opinión hasta el esclavo y el mendigo se acostumbran a su estado y a vivir de tal forma, ¿acaso no éste es uno de los motivos por el cual el pueblo mexicano y otros más viven cómo viven?

Es común ser ciegos ante la “comodidad” que nos estanca e impide progresar, por ello tenemos que sacudirnos cuantas veces sea necesario para despertar y poder continuar nuestro camino.

Tenemos que estremecernos una y otra vez de tal manera que la comodidad cotidiana nos estorbe, nos incomode y no nos quede de otra que asumir las riendas de nuestro proceso evolutivo.

Si a usted le está estorbando esa comodidad que nos uniforma, es probable que se deba a que no está totalmente dormido como la mayoría y que vale la pena seguir esa chispa interna para no perderse en el conformismo ni en la corrupción del sistema.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
13 Febrero 2018 04:00:00
¡Perdió, pero ganó!
A Ixchel.

Debemos estar conscientes que la adversidad, la desventura y aparente derrota de ciertos días son sólo el preludio de nuevas victorias, triunfos que tendrán mayores ganancias en la medida que pase el tiempo o de que cambie nuestra perspectiva para aquilatar de mejor manera lo que se vive.

En una situación que parece contradictoria: se pierde, pero se gana más seguido de lo que usted cree.

Ocasionó sonrisas la primera vez que se me ocurrió y dije: ¡perdió, pero ganó!, pero al pasar el tiempo la frase me ha dado la oportunidad de dialogar muchas veces sobre distintas aristas del asunto.

Primero hay que dejar claro que hemos sido mal formados en la cultura de ganar y perder, porque lleva implícito que para que alguien pueda ganar otros tienen que perder; y en el caso del sistema político económico es peor: unos poquitos ganan muchísimo, mientras millones pierden casi todo.

Por otra parte, estar tan acostumbrados a ver todo bajo la lente de ganar o perder ocasiona que estemos cuasi ciegos ante la posibilidad de entablar relaciones bajo otros esquemas, desde otros enfoques, con otro espíritu, por ejemplo, que no siempre se trata ni de ganar, ni de perder, sino de ambas y de muchas otras posibilidades.

Pero aún sumergidos en esa cultura de perder y ganar es imprescindible que nos demos cuenta de que la realidad cambiante está conformada por pasajes de todo tipo. Unas veces es necesario dejar ciertas condiciones de vida, cierta comodidad, inclusive muchas de las relaciones que entablamos con las personas, para dar paso a nuevas experiencias, vivencias que traerán consigo la posibilidad de recorrer nuestra historia de vida.

Hace poco reflexioné todo esto con motivo de la partida de mi hija al extranjero para continuar con su formación.

Ella estaba en una situación relativamente cómoda en nuestro país, pero dejó todo esto para afrontar una situación diferente y hasta incierta para poder continuar con sus aspiraciones.

Dejó familia, amigos, casa y sustento para ir en búsqueda de su sueño; a la luz de lo que le vengo compartiendo diríamos que temporalmente “perdió”.

No obstante lo que dejó atrás, desde el primer día experiencias totalmente inéditas fueron al encuentro y su mirada entrenada en el trabajo interno le permitió detectar las riquezas formativas que se le avecinan.

Es muy temprano para decir qué es lo que logrará, pero lo que sí está en condiciones de afirmar desde ahora es que lo que perdió está cimentado en los apegos y no en el amor.

Lo que se ama o los que nos aman no se pierden, a veces los tenemos distantes, pero no se pierden, lo que se pierde es lo que no tiene bases verdaderas, por eso “¡perdió, pero ganó!”.

Mi hija es de las que “perdieron” voluntariamente y hasta cierto punto inconscientemente, pero ganaron porque detrás de la aparente pérdida está un mar de nuevas oportunidades que ya ha empezado a capitalizar.

Millones de historias alrededor del mundo se escriben a partir de “pérdidas”, unas temporales y otras permanentes, pero la clave está en la actitud para encararlas, en la visión para darles su justa dimensión en el marco de un contexto mayor y en la persistencia para no darse por derrotado a las primeras de cambio.

A pesar de todo lo que nos han enseñado durante nuestra infancia, no tema usted perder, porque eso casi siempre es preámbulo de progreso en la consecución de sus logros.

¿Qué le parece?
12 Febrero 2018 04:00:00
¡Perdió, pero ganó!
“Confía en que la pérdida es temporal,

pero el cambio, ese que también trae consigo los triunfos y las victorias,

es permanente”.

Abel Pérez Rojas.

A Ixchel.

Debemos estar conscientes que la adversidad, la desventura y aparente derrota de ciertos días son sólo el preludio de nuevas victorias, triunfos que tendrán mayores ganancias en la medida que pase el tiempo o de que cambie nuestra perspectiva para aquilatar de mejor manera lo que se vive.

En una situación que parece contradictoria: se pierde, pero se gana más seguido de lo que usted cree.

Ocasionó sonrisas la primera vez que se me ocurrió y dije: ¡perdió, pero ganó!, pero al pasar el tiempo la frase me ha dado la oportunidad de dialogar muchas veces sobre distintas aristas del asunto.

Primero hay que dejar claro que hemos sido mal formados en la cultura de ganar y perder, porque lleva implícito que para que alguien pueda ganar otros tienen que perder; y en el caso del sistema político económico es peor: unos poquitos ganan muchísimo, mientras millones pierden casi todo.

Por otra parte, estar tan acostumbrados a ver todo bajo la lente de ganar o perder ocasiona que estemos cuasi ciegos ante la posibilidad de entablar relaciones bajo otros esquemas, desde otros enfoques, con otro espíritu, por ejemplo, que no siempre se trata ni de ganar, ni de perder, sino de ambas y de muchas otras posibilidades.

Pero, aún sumergidos en esa cultura de perder y ganar es imprescindible que nos demos cuenta de que la realidad cambiante está conformada por pasajes de todo tipo, unas veces es necesario dejar ciertas condiciones de vida, cierta comodidad, inclusive muchas de las relaciones que entablamos con las personas, para dar paso a nuevas experiencias, vivencias que traerán consigo la posibilidad de recorrer nuestra historia de vida.

Hace poco reflexioné todo esto con motivo de la partida de mi hija al extranjero para continuar con su formación.

Ella estaba en una situación relativamente cómoda en nuestro país, pero dejó todo esto para afrontar una situación diferente y hasta incierta para poder continuar con sus aspiraciones.

Dejó familia, amigos, casa y sustento para ir en búsqueda de su sueño; a la luz de lo que le vengo compartiendo diríamos que temporalmente perdió.

No obstante lo que dejó atrás, desde el primer día experiencias totalmente inéditas fueron al encuentro y su mirada entrenada en el trabajo interno le permitió detectar las riquezas formativas que se le avecinan.

Es muy temprano para decir qué es lo que logrará, pero lo que sí está en condiciones de afirmar desde ahora es que lo que perdió está cimentado en los apegos y no en el amor.



Lo que se ama o los que nos aman no se pierden, a veces los tenemos distantes, pero no se pierden, lo que se pierde es lo que no tiene bases verdaderas, por eso “¡perdió, pero ganó!”.

Mi hija es de las que “perdieron” voluntariamente y hasta cierto punto inconscientemente, pero ganaron porque detrás de la aparente pérdida está un mar de nuevas oportunidades que ya ha empezado a capitalizar

Millones de historias alrededor del mundo se escriben a partir de “pérdidas”, unas temporales y otras permanentes, pero la clave está en la actitud para encararlas, en la visión para darles su justa dimensión en el marco de un contexto mayor y en la persistencia para no darse por derrotado a las primeras de cambio.

A pesar de todo lo que nos han enseñado durante nuestra infancia, no tema usted perder, porque eso casi siempre es preámbulo de progreso en la consecución de sus logros.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
06 Febrero 2018 04:00:00
Nadie es el mismo de un año atrás
Aunque todo cambia, frecuentemente tratamos a las personas como si ellas fueran estáticas, es más, como si nosotros fuéramos los mismos de ayer, pero esto no es así, la realidad cambiante también nos incluye, nosotros no somos los mismos de un tiempo a la fecha y eso es algo que debemos tomar en cuenta cuando encaramos el día con día.

Reflexiono lo anterior a propósito de una frase anónima con la cual me topé hace poco y que francamente me dejó embobado.

Las líneas dicen así: “Si usted me conoce basado en lo que yo era un año atrás, usted ya no me conoce más. Mi evolución es constante. Permítame presentarme nuevamente”.

Es certera la frase cuando se refiere a la caducidad de ciertos juicios de valor que emitimos en un determinado tiempo y en ciertas circunstancias sobre las personas o sobre algunos hechos.

Ni quien hizo el juicio es el mismo, ni la persona a la cual nos estamos refiriendo es la misma.

Tenga usted en cuenta que la misma frase nos da la pista para que ni usted ni yo seamos los mismos después de determinado tiempo, cuando la frase remata: “Mi evolución es constante”.

Claro está que quien esté sumergido en un ambiente de conformismo o imposibilidad tal vez siga siendo muy parecido al del pasado, pero en ese caso estamos hablando de una situación enfermiza, porque toda experiencia nos afecta, nos aporta para cambiar o para reafirmar nuestra forma de pensar.

Aun reafirmando nuestras convicciones, no somos los mismos pasado el tiempo.

Pero lo que potencia nuestros cambios a lo largo del tiempo, es la percepción y la toma de consciencia acerca de quiénes somos.

En relación a esto le comparto un breve cuento zen titulado El Cambio:

“Había un discípulo que se estaba lamentando de sus limitaciones mientras el maestro lo escuchaba en silencio.

“En un momento, y cuando el discípulo dejó de enumerar algunas de sus limitaciones, el maestro respondió:

“Naturalmente que eres limitado. Pero ¿no te has dado cuenta de que hoy puedes hacer cosas que hace 15 años te habrían sido imposibles? ¿Qué crees que es lo que ha cambiado?”

“Después de un instante el monje respondió convencido:

“Han cambiado mis talentos”

“No, has cambiado tú”, dijo el maestro.

“¿Y no es lo mismo?”, preguntó el discípulo.

“No, no es lo mismo, porque tú eres lo que tú piensas que eres, cuando cambia tu forma de pensar, cambias tú”.

Si modificamos nuestra forma de concebirnos a nosotros mismos, todo cambia porque estamos hablando de que somos un sistema interconectado y complejo.

Pero esto no es una cuestión de creencia, de lo que se trata es de hacer un ejercicio profundo de introspección, de autoexaminación; es un ejercicio íntimo, trascendente… honesto.

Es en ese umbral intransferible en el que debe verse la frase del inicio:

“Si usted me conoce basado en lo que yo era un año atrás, usted ya no me conoce más. Mi evolución es constante.

Permítame presentarme nuevamente”.

Muchas de nuestras células se renovaron en menos de un año, biológicamente no somos los mismos, también nuestras experiencias y conocimientos se modifican constantemente; ciertamente no es una cuestión de “borrón y cuenta nueva” porque somos un bagaje histórico, pero es deseable y necesario, por el bien de nosotros mismos y de quienes nos rodean, de que no seamos los mismos debido a que hayamos asumido con responsabilidad nuestro proceso evolutivo.

¿Y usted es el mismo de hace un tiempo?
05 Febrero 2018 04:00:00
Nadie es el mismo de un año atrás
Aunque todo cambia, frecuentemente tratamos a las personas como si ellas fueran estáticas, es más, como si nosotros fuéramos los mismos de ayer, pero esto no es así, la realidad cambiante también nos incluye, nosotros no somos los mismos de un tiempo a la fecha y eso es algo que debemos tomar en cuenta cuando encaramos el día con día.

Reflexiono lo anterior a propósito de una frase anónima con la cual me topé hace poco y que francamente me dejó embobado.

Las líneas dicen así:

“Si usted me conoce basado en lo que yo era un año atrás, usted ya no me conoce más. Mi evolución es constante.

“Permítame presentarme nuevamente”.

Es certera la frase cuando se refiere a la caducidad de ciertos juicios de valor que emitimos en un determinado tiempo y en ciertas circunstancias sobre las personas o sobre algunos hechos.

Ni quien hizo el juicio es el mismo, ni la persona a la cual nos estamos refiriendo es la misma.

Tenga usted en cuenta que la misma frase nos da la pista para que ni usted ni yo seamos los mismos después de determinado tiempo, cuando la frase remata: “Mi evolución es constante”.

Claro está que quien esté sumergido en un ambiente de conformismo o imposibilidad tal vez siga siendo muy parecido al del pasado, pero en ese caso estamos hablando de una situación enfermiza, porque toda experiencia nos afecta, nos aporta para cambiar o para reafirmar nuestra forma de pensar.

Aun reafirmando nuestras convicciones, no somos los mismos pasado el tiempo.

Pero lo que potencia nuestros cambios a lo largo del tiempo, es la apercepción y la toma de consciencia acerca de quiénes somos.

En relación a esto le comparto un breve cuento zen titulado El Cambio:

“Había un discípulo que se estaba lamentando de sus limitaciones mientras el maestro lo escuchaba en silencio.

“En un momento, y cuando el discípulo dejó de enumerar algunas de sus limitaciones el maestro respondió:

“Naturalmente que eres limitado. Pero ¿no te has dado cuenta de que hoy puedes hacer cosas que hace quince años te habrían sido imposibles? ¿Qué crees que es lo que ha cambiado?”

“Después de un instante el monje respondió convencido:

“Han cambiado mis talentos”

“No, has cambiado tú”, dijo el maestro.

“¿Y no es lo mismo?”, preguntó el discípulo.

“No, no es lo mismo, porque tú eres lo que tú piensas que eres, cuando cambia tu forma de pensar, cambias tú”.

Si modificamos nuestra forma de concebirnos a nosotros mismos todo cambia porque estamos hablando de que somos un sistema interconectado y complejo.

Pero esto no es una cuestión de creencia, de lo que se trata es de hacer un ejercicio profundo de introspección, de autoexaminación; es un ejercicio íntimo, trascendente… honesto.

Es en ese umbral intransferible en el que debe verse la frase del inicio:

“Si usted me conoce basado en lo que yo era un año atrás, usted ya no me conoce más. Mi evolución es constante.

“Permítame presentarme nuevamente”.

Muchas de nuestras células se renovaron en menos de un año, biológicamente no somos los mismos, también nuestras experiencias y conocimientos se modifican constantemente; ciertamente no es una cuestión de “borrón y cuenta nueva” porque somos un bagaje histórico, pero es deseable y necesario, por el bien de nosotros mismos y de quienes nos rodean, de que no seamos los mismos debido a que hayamos asumido con responsabilidad nuestro proceso evolutivo.

¿Y usted es el mismo de hace un tiempo?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
31 Enero 2018 04:00:00
La muerte lenta que se imita
En efecto, todos tarde o temprano vamos a morir, esa es una situación propia del ciclo de la vida que nos hace iguales con el resto de las especies, pero hay formas de vivir y formas de morir. Frecuentemente, se muere lento a lo largo de la existencia.

Despertarse, comer, reproducirse, ir y venir son cualidades de quienes están vivos, vivos en el sentido directo y simple del concepto vivir, pero no en una connotación profunda ni filosófica.

Podemos ir por la vida con aparente libertad, pero en realidad vegetando, quizá muriendo poco a poco, tan lentamente que se asume como “normal” esa “normalidad” que nos hace igual a las mayorías y que nos da falsa tranquilidad porque no somos “diferentes” a los demás.

Ese vivir a veces en “paz” y otras veces con problemas, pero sin “sobresaltos” existenciales, es lo que se puede llamar: vivir con “normalidad”.

Esa “normalidad” que no se cuestiona, que no profundiza, que no sale de su confort termina transmitiéndose de generación en generación como una forma de vida deseada y buscada por las mayorías de las distintas generaciones.

Como un virus termina transmitiéndose esa fatídica “normalidad” que suele hacerse visible en enfermedades de todo tipo.

Pero ese vivir como lo hace la mayoría produce personas viejas, pero no sabias ni felices, porque en el fondo sabemos que no estamos ejerciendo nuestro derecho y deber de desarrollar nuestras facultades humanas a un mayor grado.

A propósito y con esa facilidad didáctica que le caracterizaba, Osho, el orador, místico, filósofo espiritual y gurú indio dijo al respecto (De la Medicación a la Meditación):

“El hombre nace para vivir la vida, pero puede perdérsela; todo depende de él. Puede respirar, puede comer, puede envejecer, puede caminar hacia la tumba, pero eso no es vivir. Es una muerte gradual de la cuna a la tumba, una muerte gradual de setenta años. Y debido a que a tu alrededor hay millones de personas muriéndose gradualmente, muriéndose lentamente, empiezas a imitarlas. Los niños aprenden todo de las personas que les rodean, y estamos rodeados de muerte. Así que primero habrá que entender lo que quiero decir con vivir la vida. No consiste solamente en hacerse viejo. Consiste en hacerse mayor, en crecer. Envejecer y crecer son dos cosas diferentes. Cualquier animal es capaz de envejecer; crecer es el privilegio de los seres humanos. Pero solamente unos pocos ejercen su derecho.

“Crecer significa adentrarse cada vez más profundamente en el principio de la vida momento a momento; significa distanciarse de la muerte, no adentrarse en la muerte.

Cuanto más profundamente te adentras en la vida, tanto más percibes la inmortalidad inherente en ti. Te distancias de la muerte; llega un momento en que puedes ver que la muerte no es otra cosa que un cambio de atuendo, un cambio de casa, un cambio de forma; nada muere, nada puede morir. La muerte es la mayor ficción.

“Para crecer, simplemente mira un árbol. A medida que el árbol crece hacia arriba sus raíces crecen más profundamente hacia abajo, más hondo. Hay un equilibrio: cuanto más se eleva el árbol, más profundas son sus raíces. No puede existir un árbol de cincuenta metros de altura que tenga raíces pequeñas; no podrían sostener a un árbol tan grande. En la vida, crecer significa profundizar en ti mismo: es ahí donde están tus raíces”.

Bien lo dice Osho, para desarrollarnos y crecer, es necesario adentrarnos en nuestras raíces, entre más profundamente lo consigamos más podremos conocernos y aprehender la realidad.

En el mensaje de grandes sabios queda exhibida a plena luz del día esa muerte lenta que se transmite por imitación y que nos anula.

Si abrimos los ojos ante esa realidad sucederá lo que es común: repetiremos el fatídico destino que prolonga los vicios, la ignorancia y las condiciones de vida conocidas por todos.

Tenemos en nuestras manos la oportunidad de no ser otras víctimas más de lo que aquí le he venido contando, es necesario empezar ya, y si usted ya viene trabajando al respecto no desista, somos tan pocos que es necesario que esto cunda. ¿O no?
30 Enero 2018 04:00:00
Los problemas son para resolverlos, no para evadirlos
Frecuentemente rehuimos a los problemas, evadimos enfrentarlos y resolverlos porque la preocupación y la angustia nos paralizan, pero ese tipo de cuestiones son para vivirse, para aprender, para afrontarlas y salir adelante, porque de lo contrario perdemos tiempo que se traduce en cierta agonía lenta.

En ese trance se nos van momentos valiosos de la vida que no tienen retorno, resolver los problemas es una forma de tomar las riendas de nuestra existencia y asumirse como seres humanos en la extensión de la palabra.

Pero, vale la pena tener presente que todo aquello que se considera un problema pasó por etapas de gestación, desarrollo y cierto florecimiento que lo puede hacer insoportable.

Esto quiere decir que cuando va creciendo un problema, tenemos en nuestras manos la coyuntura de ponerle un alto, de resolverlo o bien de asumirlo racionalmente de otra manera –porque no debemos olvidar que los problemas son problemas en el momento que los aceptamos como tales–.

Los problemas en gran medida se deben a nuestra inmovilidad frente a las cosas, claro que no se trata de actuar impulsivamente, de lo que se trata es de no dejar crecer aquello que podemos detener o modificar oportunamente.

En torno a lo que le vengo compartiendo, es oportuna aquella actitud sintetizada en la frase, just do it (sólo hazlo).

Haz lo que tengas que hacer, pero hazlo porque no hay peor situación que quedarse estáticos –no confundir con la actitud de quietud/serenidad proveniente de la armonía y la paz–.

Quedarse paralizados y ajenos a lo que está sucediendo no nos lleva a ningún lado y sí origina preocupación.

A propósito de todo esto, le comparto un breve cuento budista titulado El Problema (tomado de hermandadblanca.org):

“Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría ese honor.

– “Voy a presentarles un problema”, dijo–. “Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre este un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló:

– “Este es el problema”.

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el jarrón con determinación, lo tiró al suelo y lo rompió.

– “Usted es el nuevo guardián –le dijo el gran maestro, y explicó–: “Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos”.

Por supuesto el cuento anterior no se trata de un juego de palabras ni es una cuestión de doble sentido para ver el pensamiento lógico racional de los actores, de lo que se trata es de la actitud asumida para poner un alto a lo que consideramos un problema, por aquello de que si dejamos crecer las situaciones, tarde o temprano todo ese tiempo y magnitud de lo que se trate se revertirá en nuestra contra.

Los trances tornados en problemas son ocasiones que nos sacan de nuestra comodidad, que nos colocan en posiciones nuevas y que pueden revertirse hacia nosotros, pero sobre todo que nos roban vida si no sabemos canalizar acertadamente nuestra acción, por ello es preferible encararlos siempre buscando el momento oportuno, y oportunamente nunca es tarde, porque para ese entonces ya nos robó la paz y tranquilidad, es decir, parte de lo que es nuestra vida.

Recuerde: sólo hágalo oportunamente… ¡pero hágalo!
29 Enero 2018 03:00:00
La muerte lenta que se imita
En efecto, todos tarde o temprano vamos a morir, esa es una situación propia del ciclo de la vida que nos hace iguales con el resto de las especies, pero hay formas de vivir y formas de morir. Frecuentemente se muere lento a lo largo de la existencia.

Despertarse, comer, reproducirse, ir y venir son cualidades de quienes están vivos, vivos en el sentido directo y simple del concepto vivir, pero no en una connotación profunda, ni filosófica.

Podemos ir por la vida con aparente libertad, pero en realidad vegetando, quizá muriendo poco a poco, tan lentamente que se asume como “normal”, esa “normalidad” que nos hace igual a las mayorías y que nos da falsa tranquilidad porque no somos “diferentes” a los demás.

Ese vivir a veces en “paz” y otras veces con problemas, pero sin “sobresaltos” existenciales, es lo que se puede llamar: vivir con “normalidad”.

Esa “normalidad” que no se cuestiona, que no profundiza, que no sale de su confort termina transmitiéndose de generación en generación como una forma de vida deseada y buscada por las mayorías de las distintas generaciones.

Como un virus termina transmitiéndose esa fatídica “normalidad” que suele hacerse visible en enfermedades de todo tipo.

Pero, ese vivir como lo hace la mayoría produce personas viejas, pero no sabias ni felices, porque en el fondo sabemos que no estamos ejerciendo nuestro derecho y deber de desarrollar nuestras facultades humanas a un mayor grado.

A propósito y con esa facilidad didáctica que le caracterizaba, Osho, el orador, místico, filósofo espiritual y gurú indio dijo al respecto (De la medicación a la meditación):

“El hombre nace para vivir la vida, pero puede perdérsela; todo depende de él. Puede respirar, puede comer, puede envejecer, puede caminar hacia la tumba, pero eso no es vivir. Es una muerte gradual de la cuna a la tumba, una muerte gradual de setenta años. Y debido a que a tu alrededor hay millones de personas muriéndose gradualmente, muriéndose lentamente, empiezas a imitarlas. Los niños aprenden todo de las personas que les rodean, y estamos rodeados de muerte. Así que primero habrá que entender lo que quiero decir con vivir la vida. No consiste solamente en hacerse viejo. Consiste en hacerse mayor, en crecer. Envejecer y crecer son dos cosas diferentes. Cualquier animal es capaz de envejecer; crecer es el privilegio de los seres humanos. Pero solamente unos pocos ejercen su derecho.

“Crecer significa adentrarse cada vez más profundamente en el principio de la vida momento a momento; significa distanciarse de la muerte, no adentrarse en la muerte. Cuanto más profundamente te adentras en la vida, tanto más percibes la inmortalidad inherente en ti. Te distancias de la muerte; llega un momento en que puedes ver que la muerte no es otra cosa que un cambio de atuendo, un cambio de casa, un cambio de forma; nada muere, nada puede morir. La muerte es la mayor ficción.

“Para crecer, simplemente mira un árbol. A medida que el árbol crece hacia arriba sus raíces crecen más profundamente hacia abajo, más hondo. Hay un equilibrio: cuanto más se eleva el árbol, más profundas son sus raíces. No puede existir un árbol de cincuenta metros de altura que tenga raíces

pequeñas; no podrían sostener a un árbol tan grande. En la vida, crecer significa profundizar en ti mismo: es ahí donde están tus raíces”.

Bien lo dice Osho, para desarrollarnos y crecer, es necesario adentrarnos en nuestras raíces, entre más profundamente lo consigamos más podremos conocernos y aprehender la realidad.

En el mensaje de grandes sabios queda exhibida a plan luz del día esa muerte lenta que se transmite por imitación y que nos anula.

Si abrimos los ojos ante esa realidad sucederá lo que es común: repetiremos el fatídico destino que prolonga los vicios, la ignorancia y las condiciones de vida conocidas por todos.

Tenemos en nuestras manos la oportunidad de no ser otras víctimas más de lo que aquí le he venido contando, es necesario empezar ya, y si usted ya viene trabajando al respecto no desista, somos tan pocos que es necesario que esto cunda. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
23 Enero 2018 04:00:00
Los problemas son para resolverlos, no para evadirlos
Frecuentemente rehuimos a los problemas, evadimos enfrentarlos y resolverlos porque la preocupación y la angustia nos paralizan; pero ese tipo de cuestiones son para vivirse, para aprender, para afrontarlas y salir adelante, porque de lo contrario perdemos tiempo que se traduce en cierta agonía lenta.

En ese trance se nos van momentos valiosos de la vida que no tienen retorno, resolver los problemas es una forma de tomar las riendas de nuestra existencia y asumirse como seres humanos en la extensión de la palabra.

Pero, vale la pena tener presente que todo aquello que se considera un problema pasó por etapas de gestación, desarrollo y cierto florecimiento que lo puede hacer insoportable.

Esto quiere decir que cuando va creciendo un problema tenemos en nuestras manos la coyuntura de ponerle un alto, de resolverlo o bien de asumirlo racionalmente de otra manera –porque no debemos olvidar que los problemas son problemas en el momento que los aceptamos como tales-.

Los problemas en gran medida se deben a nuestra inmovilidad frente a las cosas, claro que no se trata de actuar impulsivamente, de lo que se trata es de no dejar crecer aquello que podemos detener o modificar oportunamente.

En torno a lo que le vengo compartiendo es oportuna aquella actitud sintetizada en la frase: “just do it” (sólo hazlo).

Haz lo que tengas que hacer, pero hazlo porque no hay peor situación que quedarse estáticos –no confundir con la actitud de quietud/serenidad proveniente de la armonía y la paz-.

Quedarse paralizados y ajenos a lo que está sucediendo no nos lleva a ningún lado y sí origina preocupación.

A propósito de todo esto le comparto un breve cuento budista titulado El Problema (tomado de hermandadblanca.org):

“Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría ese honor.

– “Voy a presentarles un problema” dijo-. ¨Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre éste un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló:

– “Este es el problema”

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el jarrón con determinación, lo tiró al suelo y lo rompió.

– “Usted es el nuevo guardián -le dijo el gran maestro, y explicó-: ¨Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos”.

Por supuesto el cuento anterior no se trata de un juego de palabras ni es una cuestión de doble sentido para ver el pensamiento lógico racional de los actores, de lo que se trata es de la actitud asumida para poner un alto a lo que consideramos un problema, por aquello de que si dejamos crecer las situaciones, tarde o temprano todo ese tiempo y magnitud de lo que se trate se revertirá en nuestra contra.

Los trances tornados en problemas son ocasiones que nos sacan de nuestra comodidad, que nos colocan en posiciones nuevas y que pueden revertirse hacia nosotros, pero sobre todo que nos roban vida si no sabemos canalizar acertadamente nuestra acción, por ello es preferible encararlos siempre buscando el momento oportuno, y oportunamente nunca es tarde, porque para ese entonces ya nos robó la paz y tranquilidad, es decir, parte de lo que es nuestra vida.

Recuerde: sólo hágalo oportunamente… ¡pero hágalo!

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
23 Enero 2018 04:00:00
Los problemas son para resolverlos, no para evadirlos
Frecuentemente rehuimos a los problemas, evadimos enfrentarlos y resolverlos porque la preocupación y la angustia nos paralizan; pero ese tipo de cuestiones son para vivirse, para aprender, para afrontarlas y salir adelante, porque de lo contrario perdemos tiempo que se traduce en cierta agonía lenta.

En ese trance se nos van momentos valiosos de la vida que no tienen retorno, resolver los problemas es una forma de tomar las riendas de nuestra existencia y asumirse como seres humanos en la extensión de la palabra.

Pero, vale la pena tener presente que todo aquello que se considera un problema pasó por etapas de gestación, desarrollo y cierto florecimiento que lo puede hacer insoportable.

Esto quiere decir que cuando va creciendo un problema tenemos en nuestras manos la coyuntura de ponerle un alto, de resolverlo o bien de asumirlo racionalmente de otra manera –porque no debemos olvidar que los problemas son problemas en el momento que los aceptamos como tales–.

Los problemas en gran medida se deben a nuestra inmovilidad frente a las cosas, claro que no se trata de actuar impulsivamente, de lo que se trata es de no dejar crecer aquello que podemos detener o modificar oportunamente.

En torno a lo que le vengo compartiendo es oportuna aquella actitud sintetizada en la frase: “just do it” (sólo hazlo).

Haz lo que tengas que hacer, pero hazlo porque no hay peor situación que quedarse estáticos –no confundir con la actitud de quietud/serenidad proveniente de la armonía y la paz–.

Quedarse paralizados y ajenos a lo que está sucediendo no nos lleva a ningún lado y sí origina preocupación.

A propósito de todo esto le comparto un breve cuento budista titulado El Problema (tomado de hermandadblanca.org):

“Un gran maestro y un guardián compartían la administración de un monasterio zen. Cierto día el guardián murió, y había que sustituirlo. El gran maestro reunió a todos sus discípulos, para escoger a quien tendría ese honor.

– “Voy a presentarles un problema” –dijo–. “Aquel que lo resuelva primero será el nuevo guardián del templo”.

Trajo al centro de la sala un banco, puso sobre éste un enorme y hermoso florero de porcelana con una hermosa rosa roja y señaló:

– “Este es el problema”.

Los discípulos contemplaban perplejos lo que veían: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y elegancia de la flor… ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál era el enigma? Todos estaban paralizados.

Después de algunos minutos, un alumno se levantó, miró al maestro y a los demás discípulos, caminó hacia el jarrón con determinación, lo tiró al suelo y lo rompió.

–“Usted es el nuevo guardián –le dijo el gran maestro, y explicó–: “Yo fui muy claro, les dije que estaban delante de un problema. No importa qué tan bellos y fascinantes sean, los problemas tienen que ser resueltos”.

Por supuesto, el cuento anterior no se trata de un juego de palabras ni es una cuestión de doble sentido para ver el pensamiento lógico racional de los actores, de lo que se trata es de la actitud asumida para poner un alto a lo que consideramos un problema, por aquello de que si dejamos crecer las situaciones, tarde o temprano todo ese tiempo y magnitud de lo que se trate se revertirá en nuestra contra.

Los trances tornados en problemas son ocasiones que nos sacan de nuestra comodidad, que nos colocan en posiciones nuevas y que pueden revertirse hacia nosotros, pero sobre todo que nos roban vida si no sabemos canalizar acertadamente nuestra acción, por ello es preferible encararlos siempre buscando el momento oportuno, y oportunamente nunca es tarde, porque para ese entonces ya nos robó la paz y tranquilidad, es decir, parte de lo que es nuestra vida.

Recuerde: sólo hágalo oportunamente… ¡pero hágalo!
18 Enero 2018 04:00:00
El arte de crear en lo trillado
Parece casi imposible que sobre lo trillado se encuentre originalidad, porque ha sido tantísimas veces recorrido el camino que la previsibilidad acaba con nuestra capacidad de asombro, sin embargo, sí es posible encontrar nuevas sendas, desenlaces, historias, escenarios y soluciones en aquello que creemos saber de cabo a rabo.

Tiene mayor mérito cuando se logra crear sobre lo trillado porque tiene un valor didáctico irrefutable.

La originalidad no necesariamente surge de la nada, se va construyendo poco a poco, no linealmente, no de forma cuadrada ni constreñida, a veces es a través de espasmos o explosiones de múltiples dimensiones que por su comportamiento caótico parece que no pueden ser replicables ni previsibles.

Pero cuando nos damos la posibilidad de abrirnos a la inventiva, lo trillado representa un reto y desafío que da muchas gratificaciones.

Pienso todo esto después de haber visto La forma del agua (The Shape of Water), la más reciente película de Guillermo del Toro (Guadalajara, Jalisco; 9 de octubre de 1964).

El afamado director, guionista y productor mexicano lo vuelve a hacer, en escenarios semioscuros, mezclando a monstruos con humanos y en un ambiente de la Guerra Fría, nos devela una historia de amor con una bella y una bestia que exhiben lo cursi que son otras versiones, por ejemplo las de Disney.

Las historias de amor siempre han estado ahí, igual que los cuentos de princesas y príncipes, pero el camino seguido por del Toro es didáctico; tan ilustrativo resulta el andar de Guillermo que seguramente con su magia ya infectó muchos jóvenes que querrán seguir sus pasos.

En el caso que le comparto probablemente el glamour y la majestuosidad del cine pueden confundirnos en el sentido de que hasta en la más simple rutina también podemos innovar y crear.

Por eso le invito que vea con nuevos ojos todo aquello que le rodea para que se percate de lo que nos hemos perdido.

Si usted revisa lo que hacemos en Sabersinfin.com y en nuestro proyecto hermano Préstame tu Recuerdo, verá que no hay día que no le estemos compartiendo en cualquier formato lo extraordinario de lo cotidiano. Múltiples casos, de personas comunes y corriente, que crean e innovan en lo trillado.

Démonos el privilegio de contemplar a la luz de la educación permanente el quehacer del artista urbano, de las historias y recuerdos de quienes por su edad han reconfigurado la historia del lugar en el que vivimos, esas narrativas que no responden al registro puntual de los hechos, sino a su inventiva y reconfiguración de lo que vivieron.

Mire, hagamos algo, le invito que haga usted una lista de al menos cinco cosas que conozca a la perfección y que por ello le parece rutinario, después piense cómo es que a todo ello usted le ha puesto ese “toque” muy personal que le da su sello distintivo.

Después repase cada una de esas cosas o situaciones y plantéese hacerlas de otra manera, de forma original, no descarte cualquier opción, aún las descabelladas.

Después de un rato se dará cuenta que ese sello distintivo que usted le pone a ciertas cosas rutinarias pueden ser un signo de la carga inventiva que contiene en particular eso y además la posibilidad de que usted esté al menos haciendo algunas innovaciones.

Es un deleite adentrarse en los laberintos de la creatividad y de la inventiva, más aún cuando creamos sobre lo aparentemente trillado. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
16 Enero 2018 04:00:00
El error de tratar a los demás como quieres que te traten
Conlleva un error sostener que debemos tratar a los demás como queremos ser tratados, porque asumir dicha sentencia sin cuestionar nos priva de otros niveles superiores de pensamiento y de convivencia.

A continuación le explico.

A través de consejos, arengas y manuales se nos ha enseñado, como un principio ideal de las relaciones humanas, que tratemos a los demás como queremos ser tratados, de tal manera que si queremos recibir cortesías, debemos ser corteses y si queremos ser respetados debemos abordar con respeto a quienes nos rodean.

La cuestión es que damos por hecho que lo que deseamos siempre será el bien y el acierto, pero perdemos de vista que seguramente en varias ocasiones estaremos equivocados y que frecuentemente podemos estar buscando satisfacer nuestros instintos, nuestro ego o nuestra ignorancia.

De tal manera que si nos encontramos en cualquiera de todos aquellos supuestos erróneos, aunque nos esmeremos en el buen trato, éste está colocado en cimientos que deben ser cambiados.

Para ilustrar lo que aquí le vengo compartiendo, acudo a un breve cuento sufí que aborda con exquisita sencillez y claridad otros niveles superiores de convivencia.

Aquí el cuento tomado de meditaldia.com:

Decía un Maestro a sus discípulos:

–Un hombre bueno es aquél que trata a los otros como a él le gustaría ser tratado. Un hombre generoso es aquél que trata a otros mejor de lo que él espera ser tratado. Un hombre sabio es aquél que sabe cómo él y otros deberían ser tratados, de qué modo y hasta qué punto. Todo el mundo debería ir a través de las tres fases tipificadas por estos tres hombres.

Alguien le preguntó:

–¿Qué es mejor: ser bueno, generoso o sabio?

–Si eres sabio, no tienes que estar obsesionado con ser bueno o generoso. Estás obligado a hacer lo que es necesario.

Vea querido lector que de acuerdo al cuento, sobre la forma de convivencia del hombre bueno está la del generoso y la del hombre sabio.

Está por demás decir que la bondad por sí misma y aislada, puede generar hombres débiles y tontos, que la generosidad nos lleva a desprendernos inclusive de lo que nos hace falta, y que la sabiduría es un nivel de conciencia que despeja las lagunas y los errores de una y otra.

Más que tratar a las personas como queremos ser tratados, debemos ejercitarnos en la sabiduría para establecer relaciones profundas consigo mismo y con los demás.

En la sabiduría, tanto la bondad, la generosidad, y las costumbres se amalgaman para hallar relaciones duraderas, justas y maduras.

Como esto último es lo que vale la pena buscar y hallar, es entendible comprender que debemos cambiar nuestro paradigma de las relaciones ideales interpersonales.

Sin sentimientos de culpa, sin reproches, sin chantajes vayamos a la búsqueda de lo que está más allá de la correspondencia en las relaciones humanas.

No es una cuestión de suerte, es un camino que podemos andar y que en el trayecto encontraremos las gratificaciones respectivas.

En síntesis: tratemos sabiamente independientemente de cómo seamos tratados, porque esto nos forja en el progreso y cambia nuestro entorno para bien.

¿Se anima a ir más allá de la correspondencia en las relaciones humanas?
15 Enero 2018 03:00:00
El error de tratar a los demás como quieres que te traten
Conlleva un error sostener que debemos tratar a los demás como queramos ser tratados, porque asumir dicha sentencia sin cuestionar nos priva de otros niveles superiores de pensamiento y de convivencia.

A continuación le explico.

A través de consejos, arengas y manuales se nos ha enseñado, como un principio ideal de las relaciones humanas, que tratemos a los demás como queremos ser tratados, de tal manera que si queremos recibir cortesías, debemos ser corteses y si queremos ser respetados debemos abordar con respeto a quienes nos rodean.

La cuestión es que damos por hecho que lo que deseamos siempre será el bien y el acierto, pero perdemos de vista que seguramente en varias ocasiones estaremos equivocados y que frecuentemente podemos estar buscando satisfacer nuestros instintos, nuestro ego o nuestra ignorancia.

De tal manera que si nos encontramos en cualquiera de todos aquellos supuestos erróneos, aunque nos esmeremos en el buen trato, éste está colocado en cimientos que deben ser cambiados.

Para ilustrar lo que aquí le vengo compartiendo, acudo a un breve cuento sufí que aborda con exquisita sencillez y claridad otros niveles superiores de convivencia.

Aquí el cuento tomado de meditaldia.com:

Decía un Maestro a sus discípulos:

- Un hombre bueno es aquél que trata a los otros como a él le gustaría ser tratado. Un hombre generoso es aquél que trata a otros mejor de lo que él espera ser tratado. Un hombre sabio es aquél que sabe cómo él y otros deberían ser tratados, de qué modo y hasta qué punto. Todo el mundo debería ir a través de las tres fases tipificadas por estos tres hombres.

Alguien le preguntó:

-¿Que es mejor: ser bueno, generoso o sabio?

- Si eres sabio, no tienes que estar obsesionado con ser bueno o generoso. Estás obligado a hacer lo que es necesario.

Vea querido lector que de acuerdo al cuento, sobre la forma de convivencia del hombre bueno está la del generoso y la del hombre sabio.

Está por demás decir que la bondad por sí misma y aislada, puede generar hombres débiles y tontos, que la generosidad nos lleva a desprendernos inclusive de lo que nos hace falta, y que la sabiduría es un nivel de conciencia que despeja las lagunas y los errores de una y otra.

Más que tratar a las personas como queremos ser tratados, debemos ejercitarnos en la sabiduría para establecer relaciones profundas consigo mismo y con los demás.

En la sabiduría, tanto la bondad, la generosidad, y las costumbres se amalgaman para hallar relaciones duraderas, justas y maduras.

Como esto último es lo que vale la pena buscar y hallar, es entendible comprender que debemos cambiar nuestro paradigma de las relaciones ideales interpersonales.

Sin sentimientos de culpa, sin reproches, sin chantajes vayamos a la búsqueda de lo que está más allá de la correspondencia en las relaciones humanas.

No es una cuestión de suerte, es un camino que podemos andar y que en el trayecto encontraremos las gratificaciones respectivas.

En síntesis: tratemos sabiamente independientemente de cómo seamos tratados, porque esto nos forja en el progreso y cambia nuestro entorno para bien.

¿Se anima a ir más allá de la correspondencia en las relaciones humanas?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
10 Enero 2018 04:00:00
Deja ser a tus hijos para que tú también puedas ser
El apego que desarrollamos por los hijos nubla nuestra razón, nos ciega y nos hace ver, equivocadamente, como si ella o él fueran de nuestra propiedad e inseparables de nosotros.

Queremos todo para sí y desaparece la clave maestra: “Dejar ser al otro, para uno mismo poder ser”.

Cuando nos encontramos en una posición de aparente “pérdida” se acentúan esos lazos que tienen cimientos nobles, pero que levantan su construcción en supuestos básicos equivocados.

La relación de los padres hacia los hijos tal vez sea la que mayor apego genera, por ello habrá quien seguramente exclame: ¡pero cómo no voy a sufrir por la lejanía de mi hijo si durante nueves meses lo llevé en el vientre!

Es cierto, durante meses las mujeres llevan en su vientre un ser del cual nunca más tendrán tan próximo en distancia corporal, literalmente es carne de su carne, por ello es ese estado de tanta cercanía lo que genera ese sentimiento de posesión que tanto placer y dolor nos ocasiona.

Por obvias razones en los varones sucede algo diferente, pero los lazos son tan fuertes que casos abundan de quienes dan su vida para defender su progenie.

¡Es tan fácil confundirse creyendo que los hijos nos pertenecen que pensar lo contrario parece una condición contra natura y desalmada!

Afortunadamente hoy día después de batallar contra miles de prejuicios de toda índole podemos asumir como una postura sana que nadie nos pertenece, que a nadie pertenecemos, que somos únicos e individuales y que llegado el momento uno de los derechos del ser humano es elegir en dónde y con quién o quiénes queremos vivir.

Si no estamos en condiciones de elegir con quién queremos estar nos hallamos en una situación de supeditación o del no ejercicio o pérdida de parte de nuestra libertad.

En el fondo, vivir y convivir con quienes queremos tener a nuestro lado es un tema de amor.

Sí, de amor por sí mismos, por los demás y de todo lo que nos rodea.

Osho, el controvertido y afamado místico indio ilustró de manera muy simple y didáctica la relación del apego y del amor:

“Si amas una flor, no la recojas. Porque si lo haces morirá y dejará de ser lo que amas. Entonces si amas una flor, déjala ser. El amor no se trata de posesión. El amor se trata de apreciación”. “Dejar ser”, ahí está la cuestión.

Nuestro “amor” es un “amor” egoísta que parte del hecho de permitirse “recoger” las flores.

Y “recogemos” las flores para sí, sin importarnos que esas flores –nuestros hijos– se marchiten en el trayecto.

Lamentablemente no propiciamos las condiciones formativas para que nuestros hijos “puedan ser”, en el mejor de los casos trabajamos para que sean personas de “bien”, aunque ese “bien” sea una construcción que emerge de nuestra ignorancia, de nuestros prejuicios, de nuestro egoísmo y por ello está equivocado.

Para poder progresar, para sobreponerse a la posesión, a los recuerdos, al sentimiento de abandono, es saludable que hagamos visible nuestro apego hacia nuestros hijos y seguramente con ello van a surgir otros apegos derivados de nuestro equivocado enfoque de vida.

Vale la pena darse una oportunidad. Vale la pena vivirlo. Vale la pena sanarse. ¿O no?
08 Enero 2018 02:01:00
Deja ser a tus hijos para que tú también puedas ser
“Nadie me pertenece.
A nadie estorbaré”.
Abel Pérez Rojas.


El apego que desarrollamos por los hijos nubla nuestra razón, nos ciega y nos hace ver, equivocadamente, como si ella o él fueran de nuestra propiedad e inseparables de nosotros.

Queremos todo para sí y desaparece la clave maestra: “Dejar ser al otro, para uno mismo poder ser”.

Cuando nos encontramos en una posición de aparente “pérdida” se acentúan esos lazos que tienen cimientos nobles, pero que levantan su construcción en supuestos básicos equivocados.

La relación de los padres hacia los hijos tal vez sea la que mayor apego genera, por ello habrá quien seguramente exclame: ¡pero cómo no voy a sufrir por la lejanía de mi hijo si durante nueves meses lo llevé en el vientre!

Es cierto, durante meses las mujeres llevan en su vientre un ser del cual nunca más tendrán tan próximo en distancia corporal, literalmente es carne de su carne, por ello es ese estado de tanta cercanía lo que genera ese sentimiento de posesión que tanto placer y dolor nos ocasiona.

Por obvias razones en los varones sucede algo diferente, pero los lazos son tan fuertes que casos abundan de quienes dan su vida para defender su progenie.

¡Es tan fácil confundirse creyendo que los hijos nos pertenecen que pensar lo contrario parece una condición contra natura y desalmada!

Afortunadamente hoy día después de batallar contra miles de prejuicios de toda índole podemos asumir como una postura sana que nadie nos pertenece, que a nadie pertenecemos, que somos únicos e individuales y que llegado el momento uno de los derechos del ser humano es elegir en dónde y con quién o quiénes queremos vivir.

Si no estamos en condiciones de elegir con quién queremos estar nos hallamos en una situación de supeditación o del no ejercicio o pérdida de parte de nuestra libertad.

En el fondo, vivir y convivir con quienes queremos tener a nuestro lado es un tema de amor.

Sí, de amor por sí mismos, por los demás y de todo lo que nos rodea.

Osho, el controvertido y afamado místico indio ilustró de manera muy simple y didáctica la relación del apego y del amor:

“Si amas una flor, no la recojas. Porque si lo haces morirá y dejará de ser lo que amas. Entonces si amas una flor, déjala ser. El amor no se trata de posesión. El amor se trata de apreciación”.

“Dejar ser”, ahí está la cuestión.

Nuestro “amor” es un “amor” egoísta que parte del hecho de permitirse “recoger” las flores.

Y “recogemos” las flores para sí, sin importarnos que esas flores –nuestros hijos- se marchiten en el trayecto.

Lamentablemente no propiciamos las condiciones formativas para que nuestros hijos “puedan ser”, en el mejor de los casos trabajamos para que sean personas de “bien”, aunque ese “bien” sea una construcción que emerge de nuestra ignorancia, de nuestros prejuicios, de nuestro egoísmo y por ello está equivocado.

Para poder progresar, para sobreponerse a la posesión, a los recuerdos, al sentimiento de abandono, es saludable que hagamos visible nuestro apego hacia nuestros hijos y seguramente con ello van a surgir otros apegos derivados de nuestro equivocado enfoque de vida.

Vale la pena darse una oportunidad. Vale la pena vivirlo. Vale la pena sanarse. ¿O no?
04 Enero 2018 04:00:00
Superar desde el silencio la parcialidad de lo que defendemos
Cuando defendemos fervientemente lo que creemos nos privamos de la posibilidad de ver que la posición que asumimos parte de una aprehensión parcial de la realidad; esto nos ocasiona conflictos en nuestras relaciones con los demás y nos priva de la posibilidad de vivir con mayor libertad. Desde el silencio podemos superarlo.

Parece obvio que nunca vamos a saber y conocer todo, ni tampoco a profundidad, pero lo que no es tan evidente es que eso mismo nos debería colocar en una condición permanente de apertura y cuestionamiento.

Quienes se percatan de ello y lo hacen una forma de vida, logran dar un gran paso en su proceso de formativo.

Darse cuenta de nuestras posturas recurrentes en los ámbitos emocionales, psicológicos y de cosmovisión, nos permite convivir mejor con quienes nos rodean e incorporar a nuestro ser cualidades altamente valuadas en los entornos cambiantes y en la escala clave que los expertos han identificado de las personas felices.

Pero, ¿cómo incorporar a nuestra forma de ser ese “chip” para superar la parcialidad?

Para responder dicha pregunta podríamos conformarnos con asumir una postura intelectual y psicológica de constante cuestionamiento. De poner en tela de juicio todo y objetar lo que inmediatamente damos por hecho.

Es decir, una disciplina que sólo se adquiere poniéndola en práctica, dando los primeros pasos y siguiéndolos con el paso del tiempo.

En mi experiencia hay una condición más profunda que deberíamos tener en cuenta.

No nos percatamos de la parcialidad de nuestra visión debido a que estamos sumergidos en el ajetreo diario, en el vaivén de la cotidianidad y agobiados por un sistema voraz que nos tiene atados a ansiedades, a limitaciones, a miedos y a condicionamientos de todo tipo.

La práctica del silencio y la meditación es una vía que nos permite aislarnos de todo ello y colocarnos en un estado que está más allá de la refriega habitual.

Colocarse en ese estado nos permite percatarnos que nuestro ego y los mecanismos sociales de manipulación nos llevan a defender lo indefendible, a ver que asumimos situaciones y condiciones propias de la esclavitud.

A eso se debe que lo obvio de que no podemos saber ni conocer todo a profundidad pasa frente a nosotros sin que lo hagamos nuestro.

La apertura y comprensión de nuestro estado y de la situación de nuestro entorno no puede sólo provenir del ámbito emocional, psicológico, histórico o socioeconómico; tenemos que ir más allá, tenemos que acudir a mayor profundidad.

Esa profundidad a la que me refiero se sintetiza muy bien en el cuento sufí El Elefante, en el que se dice que varias personas no se ponían de acuerdo cuando a oscuras tocaban un elefante, y cada uno lo describía de acuerdo a su experiencia, tomando en cuenta que no conocían los elefantes.

El autor del cuento remata la breve narración:

“Y así, cada uno de ellos se puso a describirlo a su manera.

“Es lástima que no hubieran tenido una vela para ponerse de acuerdo”.

La “vela” y la “luz de la vela” nos remontan a la alegoría de La Caverna de Platón y a los niveles de apropiación de la realidad y de conciencia.

Los niveles profundos de conciencia surgen del silencio, de la observación profunda –al menos así lo indican diversos estudios de todo tipo-, de aquel estado que está más allá del deseo de imponer y hacer valer nuestra particular forma de ver las cosas, y de los mecanismos de control que hacen funcionar el sistema en el que vivimos.

Vale la pena darse una oportunidad. Vale la pena vivirlo. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
01 Enero 2018 02:00:00
Superar desde el silencio la parcialidad de lo que defendemos
Cuando defendemos fervientemente lo que creemos nos privamos de la posibilidad de ver que la posición que asumimos parte de una aprehensión parcial de la realidad; esto nos ocasiona conflictos en nuestras relaciones con los demás y nos priva de la posibilidad de vivir con mayor libertad. Desde el silencio podemos superarlo.

Parece obvio que nunca vamos a saber y conocer todo, ni tampoco a profundidad, pero lo que no es tan evidente es que eso mismo nos debería colocar en una condición permanente de apertura y cuestionamiento.

Quienes se percatan de ello y lo hacen una forma de vida, logran dar un gran paso en su proceso de formativo.

Darse cuenta de nuestras posturas recurrentes en los ámbitos emocionales, psicológicos y de cosmovisión, nos permite convivir mejor con quienes nos rodean e incorporar a nuestro ser cualidades altamente valuadas en los entornos cambiantes y en la escala clave que los expertos han identificado de las personas felices.

Pero, ¿cómo incorporar a nuestra forma de ser ese “chip” para superar la parcialidad?

Para responder dicha pregunta podríamos conformarnos con asumir una postura intelectual y psicológica de constante cuestionamiento. De poner en tela de juicio todo y objetar lo que inmediatamente damos por hecho.

Es decir, una disciplina que sólo se adquiere poniéndola en práctica, dando los primeros pasos y siguiéndolos con el paso del tiempo.

En mi experiencia hay una condición más profunda que deberíamos tener en cuenta.

No nos percatamos de la parcialidad de nuestra visión debido a que estamos sumergidos en el ajetreo diario, en el vaivén de la cotidianidad y agobiados por un sistema voraz que nos tiene atados a ansiedades, a limitaciones, a miedos y a condicionamientos de todo tipo.

La práctica del silencio y la meditación es una vía que nos permite aislarnos de todo ello y colocarnos en un estado que está más allá de la refriega habitual.

Colocarse en ese estado nos permite percatarnos que nuestro ego y los mecanismos sociales de manipulación nos llevan a defender lo indefendible, a ver que asumimos situaciones y condiciones propias de la esclavitud.

A eso se debe que lo obvio de que no podemos saber ni conocer todo a profundidad pasa frente a nosotros sin que lo hagamos nuestro.

La apertura y comprensión de nuestro estado y de la situación de nuestro entorno no puede sólo provenir del ámbito emocional, psicológico, histórico o socioeconómico; tenemos que ir más allá, tenemos que acudir a mayor profundidad.

Esa profundidad a la que me refiero se sintetiza muy bien en el cuento sufí El Elefante, en el que se dice que varias personas no se ponían de acuerdo cuando a oscuras tocaban un elefante, y cada uno lo describía de acuerdo a su experiencia, tomando en cuenta que no conocían los elefantes.

El autor del cuento remata la breve narración:

“Y así, cada uno de ellos se puso a describirlo a su manera.

“Es lástima que no hubieran tenido una vela para ponerse de acuerdo”.

La “vela” y la “luz de la vela” nos remontan a la alegoría de La Caverna de Platón y a los niveles de apropiación de la realidad y de conciencia.

Los niveles profundos de conciencia surgen del silencio, de la observación profunda –al menos así lo indican diversos estudios de todo tipo-, de aquel estado que está más allá del deseo de imponer y hacer valer nuestra particular forma de ver las cosas, y de los mecanismos de control que hacen funcionar el sistema en el que vivimos.

Vale la pena darse una oportunidad. Vale la pena vivirlo. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
05 Diciembre 2017 04:00:00
Las personas buenas no deben descansar
Quienes se han destacado por hacer el bien han confesado que más de alguna vez han estado a punto de botar todo para echarse al descanso, para desentenderse de sus labores; es entendible cuando parece que las cosas no salen bien, pero ¿cómo descansar si quienes hacen de su entorno un lugar mezquino no reposan en lo más mínimo?

El célebre músico, guitarrista y compositor jamaicano Bob Marley se refirió al respecto del descanso de las personas buenas de la siguiente manera:

“La gente que está tratando de hacer este mundo peor no toman ni un día libre, ¿cómo podría tomarlo yo? Hay que iluminar la oscuridad”

Dijo lo anterior después de haber recibido un disparo y poco antes de un concierto que finalmente dio.

Los malos de la película verdaderamente no descansan, porque el egoísmo y la avaricia es una especie de bestia que no tiene punto de satisfacción, devora lo que está a su paso; tanto que estaría dispuesta a acabar con todo y después de engullirse a sí misma, quedaría aún con hambre.

Mire, sólo para poner un ejemplo. Después de los pasados sismos de septiembre en México, mientras la sociedad civil se organizaba para brindar ayuda humanitaria, alguien, algunos, se frotaban las manos imaginando las carretadas de dinero que debido a la emergencia serían destinadas para la reconstrucción.

Así, en tanto un país vivía su duelo, unos cuantos –los de siempre– hacían negocio con otros cuantos –los de siempre– para que los recursos no llegaran a quienes más lo necesitaban –los de siempre–, repitiendo así un fatídico “destino” causante, en gran medida, de la pobreza de nuestro pueblo.

Y como este reciente caso podríamos hacer un listado enorme de situaciones internacionales, nacionales, locales y también individuales de cómo se envilecen las cosas teniendo como cimentación el capitalismo/egoísmo fuera de control que predomina en todo.

Tómese un tiempo y vea a su alrededor, véase a usted mismo y observe que alguien, tal vez usted o yo, estamos maquinando cómo aprovecharnos de los demás a costa de las condiciones que hacen posible el equilibrio y la vida en el planeta. A costa del agua, del aire; a costa de la credibilidad, de la amistad… del amor.

Es claro que no se trata sólo de “echarle ganas” a lo que hacemos. Se trata de hacer una profunda introspección para revisar lo que estamos haciendo y optar por la vía que haga cambiar las cosas para bien de todos.

Estoy hablando de un profundo convencimiento con las mejores causas: con los derechos humanos, con la tolerancia y comprensión intergeneracional, con el diálogo, con la educación que libera, con la verdad y la justicia… en fin, con todo aquello que provoca evolución y hace de este planeta un lugar bello y digno.

El convencimiento íntimo al que me refiero es necesario para parir seres con voluntad inquebrantable, dispuestos a hacer del trabajo humanitario su vida.

Es claro que como las condiciones que hacen posible la vida en el planeta penden de un hilo, cualquier tiempo perdido puede significar especies en extinción, daños irreparables al patrimonio cultural de la humanidad o la pérdida incontable de vidas.

Por eso las personas de bien no pueden descansar, porque es mucho lo que está en juego y casi todo es de carácter irreparable.

Además, a veces parece que son tan pocos quienes buscan el progreso individual y colectivo, que el hueco es enorme si falta alguien.

Y mientras tanto los malos –léase las mafias, las corporaciones sin escrúpulos, los políticos corruptos, los hipócritas, los mezquinos– siguen haciendo de las suyas.

¿Por qué habríamos de descansar si hay tanto por hacer y el tiempo parece que se agota? ¿O no?
05 Diciembre 2017 04:00:00
Las personas buenas no deben descansar
Quienes se han destacado por hacer el bien, han confesado que más de alguna vez han estado a punto de botar todo para echarse al descanso, para desentenderse de sus labores; es entendible cuando parece que las cosas no salen bien, pero ¿cómo descansar si quienes hacen de su entorno un lugar mezquino no reposan en lo más mínimo?

El célebre músico, guitarrista y compositor jamaicano Bob Marley se refirió al respecto del descanso de las personas buenas de la siguiente manera:

“La gente que está tratando de hacer este mundo peor no toman ni un día libre, ¿cómo podría tomarlo yo? Hay que iluminar la oscuridad”

Dijo lo anterior después de haber recibido un disparo y poco antes de un concierto que finalmente dio.

Los malos de la película verdaderamente no descansan, porque el egoísmo y la avaricia es una especie de bestia que no tiene punto de satisfacción, devora lo que está a su paso; tanto que estaría dispuesta a acabar con todo, y después de engullirse a sí misma, quedaría aún con hambre.

Mire, sólo para poner un ejemplo. Después de los pasados sismos de septiembre en México, mientras la sociedad civil se organizaba para brindar ayuda humanitaria; alguien, algunos, se frotaban las manos imaginando las carretadas de dinero que debido a la emergencia serían destinadas para la reconstrucción.

Así, en tanto un país vivía su duelo, unos cuantos –los de siempre- hacían negocio con otros cuantos –los de siempre- para que los recursos no llegaran a quienes más lo necesitaban –los de siempre-.

Repitiendo así un fatídico “destino” causante, en gran medida, de la pobreza de nuestro pueblo.

Y como este reciente caso podríamos hacer un listado enorme de situaciones internacionales, nacionales, locales y también individuales de cómo se envilecen las cosas teniendo como cimentación el capitalismo/egoísmo fuera de control que predomina en todo.

Tómese un tiempo y vea a su alrededor, véase a usted mismo y observe que alguien, tal vez usted o yo, estamos maquinando cómo aprovecharnos de los demás a costa de las condiciones que hacen posible el equilibrio y la vida en el planeta.

A costa del agua, del aire; a costa de la credibilidad, de la amistad… del amor.

Es claro que no se trata sólo de “echarle ganas” a lo que hacemos. Se trata de hacer una profunda introspección para revisar lo que estamos haciendo y optar por la vía que haga cambiar las cosas para bien de todos.

Estoy hablando de un profundo convencimiento con las mejores causas: con los derechos humanos, con la tolerancia y comprensión intergeneracional, con el diálogo, con la educación que libera, con la verdad y la justicia… en fin, con todo aquello que provoca evolución y hace de este planeta un lugar bello y digno.

El convencimiento íntimo al que me refiero es necesario para parir seres con voluntad inquebrantable, dispuestos a hacer del trabajo humanitario su vida.

Es claro que como las condiciones que hacen posible la vida en el planeta penden de un hilo, cualquier tiempo perdido puede significar especies en extinción, daños irreparables al patrimonio cultural de la humanidad o la pérdida incontable de vidas.

Por eso las personas de bien no pueden descansar, porque es mucho lo que está en juego y casi todo es de carácter irreparable.

Además, a veces parece que son tan pocos quienes buscan el progreso individual y colectivo, que el hueco es enorme si falta alguien.

Y mientras tanto los malos -léase las mafias, las corporaciones sin escrúpulos, los políticos corruptos, los hipócritas, los mezquinos- siguen haciendo de las suyas.
¿Por qué habríamos de descansar si hay tanto por hacer y el tiempo parece que se agota? ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
09 Noviembre 2017 04:00:00
Nuestra forma de ser nos limita o nos potencia
Entre las cosas básicas que escapan a nuestra mente, está todo aquello que nosotros mismos provocamos a partir de ciertas posturas que asumimos como nuestra forma de ser.

Cierto es que mucho de lo que vivimos es consecuencia de fenómenos ajenos a nosotros, pero también es cierto que somos nosotros quienes provocamos otra gran parte de la realidad que no asumimos como propia.

Por ejemplo, es común que vayamos por la vida buscando a las personas idóneas con las cuales poder desarrollar nuestros proyectos de vida, pero el tiempo pasa, las condiciones cambian y cada vez que hacemos un recuento siempre salta una y otra vez la añoranza de que
en ese punto tenemos un faltante.

Buscamos y buscamos, hasta que después de algún tiempo, inclusive años, recapacitamos para descubrir que las personas han estado ahí desde hace mucho, pero no las habíamos visto porque nuestra mirada estaba “empañada” por prejuicios, ignorancia o mala intención.

A propósito de lo que vengo abordando, me topé hace poco con una breve narración titulada Cuento Árabe sobre la Amistad, la cual es oportuna y no tiene desperdicio alguno:

A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un viejecito que se encuentra descansando: ¿Qué clase de personas hay aquí?
El anciano le pregunta: ¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?

“Oh, un grupo de egoístas y malvados” replicó el joven.

“Estoy encantado de haberme ido de allí”.

A lo cual el anciano comentó: “Lo mismo habrás de encontrar aquí”.

Ese mismo día, otro joven se acercó a beber agua al oasis, y viendo al anciano, preguntó:

¿Qué clase de personas viven en este lugar?

El viejo respondió con la misma pregunta: ¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?

“Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado”.

“Lo mismo encontrarás tú aquí”, respondió el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo:

¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?

A lo cual el viejo contestó:

Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquel que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí.

Aquel que encontró amigos allá podrá encontrar amigos acá.

¿Cuántas historias de personas que se quejan de mucho, vinieron a su mente mientras leyó la explicación del anciano?

Nos quejamos de la ausencia de cosas positivas en nuestro entorno, pero la realidad es que esa expresión sólo es un reflejo de la incapacidad que tenemos para verlas.

Si nos damos la oportunidad de cuestionar nuestra forma de juzgar, veremos que hay muchísimas cosas de las cuales nos estamos privando, por la simple postura intelectual y emocional que asumimos.

Se dice fácil, pero se requiere perseverancia en modificar nuestra “mirada”, sobre todo cuando se tiene presente que en gran medida mucho de esto ha sido provocado durante generaciones por los mecanismos del sistema sociopolítico imperante.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
23 Septiembre 2017 04:00:00
No aceptes la ira ni la envidia, son de quien provienen
Las envidias, el rencor, la ira y todas aquellas emociones perturbadoras son de quienes provienen, pero dejan de serlo cuando el otro –aquel a quien van dirigídas– les da entrada y las hace suyas. He ahí la clave: dejarlas pasar, no aprehenderlas.

Las emociones bien encauzadas nos permiten sortear peligros y estar alertas, pero cuando estas dominan nuestros procesos superiores como el pensamiento, la razón y la intuición, nuestro ser queda a la deriva, va de un lado a otro como si se tratase de una frágil barca en medio del huracán.

Por eso nuestra paz se ve perturbada, la tranquilidad se pierde. Es tan común esta situación que basta con sacar el tema a colación para que las anécdotas brinquen por todos lados.

Por ejemplo, ¿cuántas anécdotas podríamos intercambiar acerca de las envidias y el enojo que causa en otros los logros de cada quién?

La envidia se manifiesta cuando el otro tiene algo que tú no tienes o crees no tener, pero ese sólo es el punto de partida, porque lo que le sigue es que su pensamiento da vueltas en torno a los motivos por los cuales el otro tenga algo sin merecerlo, o lo merece menos, según tú.

Y así pasa con otras emociones que nos desgastan paulatinamente.

Para ilustrar lo que aquí te vengo diciendo quiero compartirte un breve cuento que hace poco encontré, titulado El Viejo Samurái.

El cuento dice así:

Había una vez en el antiguo Japón, un viejo samurái, ya retirado, que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante.

Nunca había perdido un combate.

Sabiendo de la fama del viejo samurái, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible.

Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró. Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera tan cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.

-Si alguien te hace un regalo y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? –preguntó el samurái.

–A quién intentó entregarlo –respondió un discípulo.

–Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia –dijo el maestro–, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Poco hay que agregar al respecto de la enseñanza del viejo samurái, porque es muy sencilla, pero altamente ilustrativa.

Insisto, la clave está en dejar pasar todo aquello que de mala intención y fea forma nos lanzan los demás y también sirve para estar atentos de que no seamos nosotros los emisores de lo que corroe y agota.

¿Qué te parece?
22 Septiembre 2017 04:00:00
“Ni la envidia ni el rencor me pertenecen”
Las envidias, el rencor, la ira y todas aquellas emociones perturbadoras son de quienes provienen, pero dejan de serlo cuando el otro -aquel a quien van dirigidas- les da entrada y las hace suyas. He ahí la clave: dejarlas pasar, no aprehenderlas.

Las emociones bien encauzadas nos permiten sortear peligros y estar alertas, pero cuando éstas dominan nuestros procesos superiores como el pensamiento, la razón y la intuición, nuestro ser queda a la deriva, va de un lado a otro como si se tratase de una frágil barca en medio del huracán.
Por eso nuestra paz se ve perturbada, la tranquilidad se pierde. Es tan común esta situación que basta con sacar el tema a colación para que las anécdotas brinquen por todos lados.

Por ejemplo, ¿cuántas anécdotas podríamos intercambiar acerca de las envidias y el enojo que causa en otros los logros de cada quién?

La envidia se manifiesta cuando el otro tiene algo que tú no tienes o crees no tener, pero ese sólo es el punto de partida, porque lo que le sigue es que su pensamiento da vueltas en torno a los motivos por los cuales el otro tenga algo sin merecerlo, o lo merece menos, según tú.

Y así pasa con otras emociones que nos desgastan paulatinamente.

Para ilustrar lo que aquí te vengo diciendo quiero compartirte un breve cuento que hace poco encontré, titulado El viejo samurái.
El cuento dice así:

Había una vez en el antiguo Japón, un viejo samurái, ya retirado que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante.
Nunca había perdido un combate.

Sabiendo de la fama del viejo samurái, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible.

Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró. Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera tan cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.

-Si alguien te hace un regalo y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el samurái.

-A quién intentó entregarlo -respondió un discípulo.

-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -dijo el maestro-, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Poco hay que agregar al respecto de la enseñanza del viejo samurái, porque es muy sencilla, pero altamente ilustrativa.

Insisto, la clave está en dejar pasar todo aquello que de mala intención y fea forma nos lanzan los demás y también sirve para estar atentos de que no seamos nosotros los emisores de lo que corroe y agota.

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Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.



21 Septiembre 2017 04:00:00
Actuar y gobernar con ocurrencias nos perjudica
Actuar individual y colectivamente de acuerdo con ocurrencias es una forma común de perder nuestro tiempo, de agotarnos, de que la vida se nos escape y a veces, de perjudicar la existencia de otros, de muchos.

Las ocurrencias son ideas que vienen a nosotros repentinamente y de forma inesperada, a veces son chispazos que si maduran pueden propiciar el surgimiento de proyectos innovadores, pero cuando las ocurrencias son constantes y recurrentes, pueden ser un síntoma de situaciones que debemos prevenir y evitar.

Para ilustrar mejor lo que trato de compartirle traigo a colación un breve cuento sufí titulado: El zorro y su sombra.

He aquí el cuento:

Un zorro miró su sombra al amanecer y se dijo:

–Hoy me comeré un camello –y pasó toda la mañana buscando camellos.

Para el mediodía volvió a mirar su sombra y se dijo:

–Creo que me comeré un ratón.

Igual que el zorro del cuento a veces nos despertamos con la ocurrencia de realizar algo que suena muy bien, que nos encantaría realizar inmediatamente, pero que francamente puede ser un disparate porque no hay ni las condiciones propicias, ni mucho menos se trata de algo alcanzable.

También puede ser que lo que viene a nuestra mente no sea ni un disparate y sí sea alcanzable, ¿pero realmente debemos hacerlo porque abona a nuestro proyecto de vida, o sólo lo vamos a hacer porque es un antojo?

Pensar si lo que vamos a hacer nos aleja o acerca con nuestros proyectos de vida puede ser un buen punto para tener los pies en algo firme.

Por supuesto no se trata de cerrarse a las ideas originales y novedosas, de lo que se trata es de no ir como la veleta movida por la impulsividad, la angustia, la necesidad y todo aquello que nos lleva a seguir lo que no está bien tamizado por la razón o la genuina intuición.

A pesar de que todo esto que le vengo compartiendo es muy evidente, lamentablemente es más común de lo que parece y peor aún, no sólo se circunscribe al actuar individual, sino a un comportamiento que a veces se vuelve forma de Gobierno.

¿Cuántas veces hemos visto algún gobernante que porque vio algo novedoso en cierto viaje, cuando regresa a su municipio trata de llevarlo a cabo sólo porque en aquel lugar que lo vio está funcionando muy bien o porque tiene buena apariencia?

El premio Nobel de la Paz 1987 y expresidente de Costa Rica en dos periodos, Óscar Arias Sánchez, plasmó muy bien en la siguiente frase, lo pernicioso que significa gobernar por ocurrencia:

“No hay desarrollo ahí donde las políticas son improvisadas, donde reina la ocurrencia, o donde el miedo y la desidia llevan a repetir incansablemente las estrategias del pasado”.

¡Cuán certeras las palabras de Óscar Arias, pero que distantes se miran desde puntos de referencia donde impera la improvisación, la corrupción y el disparate!

Recapitulando, la inofensiva y hasta divertida ocurrencia, tanto en lo individual como en lo social, deben contenerse por la planeación, el sesudo escrutinio, por tamices dialógicos, por los marcos legales y judiciales, por la sociedad organizada, en otras palabras por los mecanismos de la razón, y además, a fin de no limitar la innovación y la creatividad, es necesario que también todo esto pase por la intuición entrenada y por filtros cualitativos.

¿Qué le parece?
17 Septiembre 2017 04:06:00
Nuestra forma de ser nos limita o nos potencia
‘No busques afuera lo que no hallas dentro de ti’. Abel Pérez Rojas

Entre las cosas básicas que escapan a nuestra mente está todo aquello que nosotros mismos provocamos a partir de ciertas posturas que asumimos como nuestra forma de ser.

Cierto es que mucho de lo que vivimos es consecuencia de fenómenos ajenos a nosotros, pero también es cierto que somos nosotros quienes provocamos otra gran parte de la realidad que no asumimos como propia.

Por ejemplo, es común que vayamos por la vida buscando a las personas idóneas con las cuales poder desarrollar nuestros proyectos de vida, pero el tiempo pasa, las condiciones cambian y cada vez que hacemos un recuento siempre salta una y otra vez la añoranza de que en ese punto tenemos un faltante.

Buscamos y buscamos, hasta que después de algún tiempo, inclusive años, recapacitamos para descubrir que las personas han estado ahí desde hace mucho, pero no las habíamos visto porque nuestra mirada estaba ‘empañada’ por prejuicios, ignorancia o mala intención.

A propósito de lo que vengo abordando, me topé hace poco con una breve narración titulada Cuento Árabe sobre la Amistad, la cual es oportuna y no tiene desperdicio alguno:

“A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un viejecito que se encuentra descansando: ¿Qué clase de personas hay aquí? El anciano le pregunta: ¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?

“‘Oh, un grupo de egoístas y malvados’, replicó el joven. ‘Estoy encantado de haberme ido de allí’. A lo cual el anciano comentó: ‘Lo mismo habrás de encontrar aquí’.

“Ese mismo día, otro joven se acercó a beber agua al oasis, y viendo al anciano, preguntó: ’¿Qué clase de personas viven en este lugar?’. El viejo respondió con la misma pregunta: ‘¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?’. ‘Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado’. ‘Lo mismo encontrarás tú aquí’, respondió el anciano.

“Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo: ‘¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?’. A lo cual el viejo contestó: ‘Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquel que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí.

Aquel que encontró amigos allá podrá encontrar amigos acá’”.

¿Cuántas historias de personas que se quejan de mucho vinieron a su mente mientras leyó la explicación del anciano?

Nos quejamos de la ausencia de cosas positivas en nuestro entorno, pero la realidad es que esa expresión sólo es un reflejo de la incapacidad que tenemos para verlas.

Si nos damos la oportunidad de cuestionar nuestra forma de juzgar, veremos que hay muchísimas cosas de las cuales nos estamos privando por la simple postura intelectual y emocional que asumimos.

Se dice fácil, pero se requiere perseverancia en modificar nuestra “mirada”, sobre todo cuando se tiene presente que en gran medida mucho de esto ha sido provocado durante generaciones por los mecanismos del sistema sociopolítico imperante.

¿Qué le parece?
10 Septiembre 2017 04:07:00
El México reciente va de escándalo en escándalo
“Ir de escándalo en escándalo nos insensibiliza... nos atrofia”. Abel Pérez Rojas

Aunque está a la vista de todos que México es un país cuya historia reciente se va escribiendo a base de escándalos, poco hemos pensado en los efectos perniciosos de dicha situación y no hemos construido alguna vía alternativa de autoformación que nos proteja de ello.

En la edición dominical del pasado 23 de julio, en su acostumbrada Rayuela, La Jornada sintetizó la realidad mexicana en una especie de micro corte transversal:

“Del socavón a Javidú y de ahí a Tláhuac y de vuelta a Javier ‘N’. En el México de hoy se confirma la máxima de que un escándalo mata a otro escándalo”.

No es exagerado, en casi dos semanas los mexicanos pasamos de la tragedia del socavón del Paso Exprés de Cuernavaca, en el que perdieron la vida dos inocentes, al arribo de Javier Duarte, exgobernador de Veracruz, proveniente de una prisión de Guatemala, al abatimiento de “El Ojos”, presunto líder del llamado cártel de Tláhuac y por primera vez en la historia de la Ciudad de México del bloqueo de cruceros con autobuses incendiados; a la vinculación a proceso del político veracruzano, cuando parecía inminente su excarcelación debido a las pifias jurídicas de la Procuraduría General de la República.

Todo esto en menos de dos semanas que no son la excepción, son tan sólo una muestra de cómo han sido los últimos años de la historia reciente en nuestro país.

Podemos aludir a una gran lista, pero no viene al caso. La realidad está a la vista y se repite en escenarios locales.

Más allá de las tragedias que terminan convirtiéndose en alboroto, la historia armada a base de escándalos nos desensibiliza, nos vuelve inmunes a la situación del otro y de cierta manera nos margina de los asuntos públicos, además de que nos distraen.

Esto conviene a quienes tienen el poder y es la razón de las “cajas chinas”.

La desensibilización se da por un efecto de sobresaturación de estímulos que nos provocan resistencia a ello, es decir, son tantos los asuntos para indignarse, que con el tiempo van pasando frente a nosotros sin mayor sobresalto, porque estamos siempre a la espera de algo cada vez más llamativo, cada vez peor, cada vez más escandaloso.

Lo que ayer fue escándalo hoy es normal y mañana ni siquiera merecerá nuestra mirada.

Qué cierta y lapidaria es la frase de Simone De Beauvoir cuando afirmó que “Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”.

Es una situación perversa que nos vuelve fríos e inconscientes de nuestra existencia.

La otredad es víctima de todo esto, cada vez estamos menos dispuestos a colocarnos en la piel del otro para desde ahí comprender la realidad de otra manera.

Sólo es uno mismo y su propia parcela. Sólo es uno mismo en uno mismo porque estamos tan saturados de lo que pasa allá afuera que es preferible refugiarse en la realidad más cercana, hasta que la realidad más distante afecte la nuestra algún día.

Entre otras cosas por eso muchos se vuelven personas apáticas que prefieren marginarse de los asuntos públicos, porque éstos son tratados de tal manera que, en efecto, enferman.

Por eso dejamos que la política que es una ciencia, se siga reduciendo al ridículo espectro de la partidocracia y al show que llena las barras de los medios aliados al poder.

Abdicar a nuestra responsabilidad ciudadana produce generaciones que están postergando la solución de sus graves problemas, con un irracional planteamiento de que alguien, “quién sabe quién, algún día vendrá a solucionarlos”.

¿Cómo contribuir a la formación de seres humanos vacunados de este ciclo vicioso?

En primera instancia reconociendo que en mayor o menor medida somos adictos a los escándalos, no sobrevalorando los hechos fuera de su contexto histórico y social, esforzándonos por poseer marcos teóricos a los cuales acudir para contrastar a su luz los acontecimientos, y alejarse de los medios estridentes que convierten en espectáculos las noticias.

Como estamos frente a una adicción vale la pena practicar meditación, recuperar hábitos de lectura y ejercicio físico, y claro, ejercitarse en el diálogo y el debate.

Vayamos a las causas y no a los efectos, por más llamativos que éstos sean.

¿Qué le parece?
04 Septiembre 2017 03:00:00
El México reciente va de escándalo en escándalo
Aunque está a la vista de todos que México es un país cuya historia reciente se va escribiendo a base de escándalos, poco hemos pensado en los efectos perniciosos de dicha situación y no hemos construido alguna vía alternativa de autoformación que nos proteja de ello

En la edición dominical del pasado 23 de julio, en su acostumbrada Rayuela, La Jornada sintetizó la realidad mexicana en una especie de micro corte transversal:

“Del socavón a Javidú y de ahí a Tláhuac y de vuelta a Javier "N". En el México de hoy se confirma la máxima de que un escándalo mata a otro escándalo”.

No es exagerado, en casi dos semanas los mexicanos pasamos de la tragedia del socavón del Paso Exprés de Cuernavaca, en el que perdieron la vida dos inocentes, al arribo de Javier Duarte, exgobernador de Veracruz, proveniente de una prisión de Guatemala, al abatimiento de El Ojos, presunto líder del llamado Cártel de Tláhuac y por primera vez en la historia de la Ciudad de México del bloqueo de cruceros con autobuses incendiados; a la vinculación a proceso del político veracruzano, cuando parecía inminente su excarcelación debido a las pifias jurídicas de la Procuraduría General de la República.

Todo esto en menos de dos semanas que no son la excepción, son tan sólo una muestra de cómo han sido los últimos años de la historia reciente en nuestro país.

Podemos aludir a una gran lista, pero no viene al caso. La realidad está a la vista y se repite en escenarios locales.

Más allá de las tragedias que terminan convirtiéndose en alboroto, la historia armada a base de escándalos nos desensibiliza, nos vuelve inmunes a la situación del otro y de cierta manera nos margina de los asuntos públicos, además de que nos distraen.

Esto conviene a quienes tienen el poder y es la razón de las “cajas chinas”.

La desensibilización se da por un efecto de sobresaturación de estímulos que nos provocan resistencia a ello, es decir, son tantos los asuntos para indignarse, que con el tiempo van pasando frente a nosotros sin mayor sobresalto, porque estamos siempre a la espera de algo cada vez más llamativo, cada vez peor, cada vez más escandaloso.

Lo que ayer fue escándalo hoy es normal y mañana ni siquiera merecerá nuestra mirada.

Que cierta y lapidaria es la frase de Simone De Beauvoir cuando afirmó que “Lo más escandaloso que tiene el escándalo es que uno se acostumbra”.

Es una situación perversa que nos vuelve fríos e inconscientes de nuestra existencia.

La otredad es víctima de todo esto, cada vez estamos menos dispuestos a colocarnos en la piel del otro para desde ahí comprender la realidad de otra manera.

Sólo es uno mismo y su propia parcela. Sólo es uno mismo en uno mismo porque estamos tan saturados de lo que pasa allá afuera que es preferible refugiarse en la realidad más cercana, hasta que la realidad más distante afecte la nuestra algún día.

Entre otras cosas por eso muchos se vuelven personas apáticas que prefieren marginarse de los asuntos públicos, porque éstos son tratados de tal manera que, en efecto, enferman.

Por eso dejamos que la política que es una ciencia, se siga reduciendo al ridículo espectro de la partidocracia y al show que llena las barras de los medios aliados al poder.

Abdicar a nuestra responsabilidad ciudadana produce generaciones que están postergando la solución de sus graves problemas, con un irracional planteamiento de que alguien, “quién sabe quién, algún día vendrá a solucionarlos”.

¿Cómo contribuir a la formación de seres humanos vacunados de este ciclo vicioso?

En primera instancia reconociendo que en mayor o menor medida somos adictos a los escándalos, no sobrevalorando los hechos fuera de su contexto histórico y social, esforzándonos por poseer marcos teóricos a los cuales acudir para contrastar a su luz los acontecimientos, y alejarse de los medios estridentes que convierten en espectáculos las noticias.

Como estamos frente a una adicción vale la pena practicar meditación, recuperar hábitos de lectura y ejercicio físico, y claro, ejercitarse en el diálogo y el debate.

Vayamos a las causas y no a los efectos, por más llamativos que éstos sean.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
22 Julio 2017 04:00:00
Educación transformadora
Todo está vinculado a nuestro universo íntimo y personalísimo, de tal manera que cuando estudiamos algo y no lo relacionamos con aquel, el proceso es ajeno, ese tipo de “estudio” puede versar sobre algo interesante, pero no formativo, ni transformador de lo que somos, ni mucho menos que aproxime a lo que podemos ser.

Esto sucede a menudo en las llamadas ciencias exactas y naturales, porque consideramos que se refieren a fenómenos que suceden más allá de nuestra mente y de nuestro cuerpo, perdemos de vista que nos han enseñado, y así lo hemos aceptado, que la realidad está fragmentada.

Por ejemplo, cuando estudiamos el mundo de las partículas subatómicas, frecuentemente nos colocamos en una postura epistemológica en la cual esa realidad diminuta resulta desligada a nuestra cotidianidad, pese a que nuestros pensamientos y sentimientos están integradas también por esas partículas.

¡Cambiaría diametralmente nuestra relación con las ciencias exactas y naturales si las consideráramos como parte de nosotros!

Es decir, cambiaría todo si no las viéramos por allá, sino más acá… dentro de nosotros.

Algo muy parecido nos sucede también con las Ciencias Sociales, verbigracia temas de Sociología o Política parecen desvinculados con lo que somos y hacemos porque argumentamos que “nosotros no nos metemos en temas espinosos”, como si esos temas no fueran parte de una realidad que también nos envuelve.

Tal vez a eso se deba en gran medida que no nos indignamos como lo hacen otros de situaciones injustas y tiránicas.

Cavilo todo lo anterior y lo contrasto para fines didácticos con el cuento sufí El Hijo de mi Padre.

Aquí las breves líneas de este cuento lleno de luz que forma parte del libro El Buscador de la Verdad, de Idries Shah:

Había una vez un sufí que fue abordado por un posible discípulo.

El sufí dijo:

–Si digo: “El hijo de mi padre no es mi hermano”, ¿a quién me refiero?

El discípulo no lo pudo averiguar.

El sufi le dijo:

–¡Me refiero a mí, por supuesto! Ahora, regresa a tu aldea y olvídate de tus deseos de ser discípulo.

El hombre volvió a casa, y la gente le preguntó qué había aprendido.

Él dijo:

–Si digo: “El hijo de mi padre no es mi hermano”, ¿a quién me refiero?

Los aldeanos a coro dijeron:

¡A ti!

¡Estáis equivocados! –contestó–, el hijo de mi padre es el sufí de la aldea vecina, ¡él me lo dijo!

¿A poco no, metafóricamente vamos por la vida pensando que el hijo de mi padre es aquél que nos planteó la interrogante?

¿Será por eso que vemos las situaciones, soluciones y problemas como algo ajeno a nosotros?

¿Será acaso en parte, que por eso nuestros procesos “educativos” no son verdaderamente transformadores?

En estos terrenos tenemos enormes desafíos y oportunidades: vincular todo lo que nos rodea a nuestra experiencia personalísima, es decir, a lo que profundamente somos, revoluciona lo que podemos hacer, librándonos de relaciones epistemológicas vanas, aproximándonos más a lo que podemos ser para bien propio y de los demás. ¿Qué le parece?
16 Julio 2017 04:00:00
La educación es vana cuando se desliga de la experiencia propia
Todo está vinculado a nuestro universo íntimo y personalísimo, de tal manera que cuando estudiamos algo y no lo relacionamos con aquél, el proceso es ajeno, ese tipo de “estudio” puede versar sobre algo interesante, pero no formativo, ni transformador de lo que somos, ni mucho menos que aproxime a lo que podemos ser.

Esto sucede a menudo en las llamadas ciencias exactas y naturales, porque consideramos que se refieren a fenómenos que suceden más allá de nuestra mente y de nuestro cuerpo, perdemos de vista que nos han enseñado, y así lo hemos aceptado, que la realidad está fragmentada.

Por ejemplo, cuando estudiamos el mundo de las partículas subatómicas, frecuentemente nos colocamos en una postura epistemológica en la cual esa realidad diminuta resulta desligada a nuestra cotidianidad, pese a que nuestros pensamientos y sentimientos están integradas también por esas partículas.

¡Cambiaría diametralmente nuestra relación con las ciencias exactas y naturales si las consideráramos como parte de nosotros!
Es decir, cambiaría todo si no las viéramos por allá, sino más acá… dentro de nosotros.

Algo muy parecido nos sucede también con las Ciencias Sociales, verbigracia temas de Sociología o Política parecen desvinculados con lo que somos y hacemos porque argumentamos que “nosotros no nos metemos en temas espinosos”, como si esos temas no fueran parte de una realidad que también nos envuelve.

Tal vez a eso se deba en gran medida que no nos indignamos como lo hacen
otros de situaciones injustas y tiránicas.

Cavilo todo lo anterior y lo contrasto para fines didácticos con el cuento sufí “El hijo de mi padre”.

Aquí las breves líneas de este cuento lleno de luz que forma parte del libro El buscador de la verdad, de Idries Shah:

Había una vez un sufí que fue abordado por un posible discípulo.

El sufí dijo:

-Si digo: "El hijo de mi padre no es mi hermano", ¿a quién me refiero?

El discípulo no lo pudo averiguar.

El sufi le dijo:

- ¡Me refiero a mí, por supuesto! Ahora, regresa a tu aldea y olvídate de tus deseos de ser discípulo.

El hombre volvió a casa, y la gente le preguntó qué había aprendido.

Él dijo:

-Si digo: "El hijo de mi padre no es mi hermano", a quién me refiero?

Los aldeanos a coro dijeron:

¡A tí!

¡Estáis equivocados! -contestó-, el hijo de mi padre es el sufí de la aldea vecina, ¡él me lo dijo!

¿A poco no, metafóricamente vamos por la vida pensando que el hijo de mi padre es aquél que nos planteó la interrogante?

¿Será por eso que vemos las situaciones, soluciones y problemas como algo ajeno a nosotros?

¿Será acaso en parte, que por eso nuestros procesos “educativos” no son verdaderamente transformadores?

En estos terrenos tenemos enormes desafíos y oportunidades: vincular todo lo que nos rodea a nuestra experiencia personalísima, es decir, a lo que profundamente somos, revoluciona lo que podemos hacer, librándonos de relaciones epistemológicas vanas, aproximándonos más a lo que podemos ser para bien propio y de los demás.

¿Qué le parece?
Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
26 Junio 2017 03:00:00
Somos ‘educados’ como el camello de la soga imaginaria
Nuestra deformación como seres humanos descansa en gran medida en una especie de “amarres” que tenemos tan dentro de nosotros que no nos percatamos del daño que nos hacen, tampoco somos conscientes que nos han sido heredados con las mejores intenciones, y que lamentablemente nosotros repetimos el ciclo enfermizo de transmitírselos a quienes nos rodean.

Es a base de repeticiones y repeticiones interminables que algunas de esas conductas se nos han quedado arraigadas en forma de “creencias”, de tal manera que no cuestionamos ni su naturaleza, ni el alcance de ello.

Ejemplos hay muchos.

Por ejemplo, acudimos desde los primeros años de vida a la escuela y después de vivir gran tiempo en estos centros, se nos dificulta, casi se nos imposibilita, concebir la educación fuera del paradigma escolar.

Terminamos limitando la educación a la escuela. Nuestra formación queda atada ficticiamente al sistema escolar.

Sólo después de varios esfuerzos caemos en cuenta que la educación es un universo vastísimo, que en la medida que lo andamos, se expande interminablemente.

¿Será que por eso son pocos los que gozan de las bondades del autodidactismo?

Pero hasta que nos atrevemos a sumergirnos en la responsabilidad de la formación propia, vemos con claridad, cómo es que fuimos “educados” –mejor dicho aleccionados- con raquíticos premios y castigos que nos fueron llevan por la senda del “ser” y del “deber ser” socialmente aceptados.

Lo mismo que pasa con nuestra educación sucede con nuestras relaciones humanas y con todo lo que nos rodea.

Pienso en todo esto mientras repaso las breves líneas del cuento sufí: El camello atado.

Es tan breve la historia que me permitiré compartírsela íntegramente:

“Una larga caravana de camellos avanzaba por el desierto hasta que llegó a un oasis y los hombres decidieron pasar allí la noche.

“Conductores y camellos estaban cansados y con ganas de dormir, pero cuando llegó el momento de atar a los animales, se dieron cuenta de que faltaba un poste. Todos los camellos estaban debidamente estacados excepto uno. Nadie quería pasar la noche en vela vigilando al animal pero, a la vez, tampoco querían perder el camello. Después de mucho pensar, uno de los hombres tuvo una buena idea.

“Fue hasta el camello, cogió las riendas y realizó todos los movimientos como si atara el animal a un poste imaginario. Después, el camello se sentó, convencido de que estaba fuertemente sujeto y todos se fueron a descansar.

“A la mañana siguiente, desataron a los camellos y los prepararon para continuar el viaje. Había un camello, sin embargo, que no quería ponerse en pie. Los conductores tiraron de él, pero el animal no quería moverse.

“Finalmente, uno de los hombres entendió el porqué de la obstinación del camello. Se puso de pie delante del poste de amarre imaginario y realizó todos los movimientos con que normalmente desataba la cuerda para soltar al animal. Inmediatamente después, el camello se puso en pie sin la menor vacilación, creyendo que ya estaba libre”.

Después de leer el cuento, ¿a poco no es inevitable preguntarse cuántas veces nos hemos comportado como el camello atado a la soga imaginaria?

Claro que no se trata de establecer las condiciones de más moralina, de lo que se trata es de hacer un análisis sincero y profundo de cómo es que depositamos nuestra libertad y capacidad en las manos de otros que sin mayor esfuerzo nos conducen por el ciclo del fatídico destino.

Es impostergable tomar cabal conciencia de nuestro estado del “camello con la soga imaginaria”, para de una vez por todas llevar las riendas de nuestra vida sin intermediarios y sin ataduras.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
22 Junio 2017 04:00:00
Olvidamos celebrar la vida, Xóchitl Castro no.
Si muy frecuentemente festejamos cualquier trivialidad, ¿por qué no celebrar cuestiones más importantes como la vida misma y la maravilla de estar vivos?

Festejar la vida y estar vivos es un acto de toma de conciencia desde la alegría, desde el gozo que provoca relacionarse con la infinitud del universo que nos rodea y la incógnita que encierra cada instante.

Celebrar la vida como un hábito disciplinado es darse “bocados” de salud que prolongan la existencia.

Celebramos la vida cada vez que compartimos nuestro saber y aprendemos de los otros, cada vez que establecemos una relación dialógica por el placer de dar y recibir, esto es educación permanente y se cimenta en el cambio.

Pienso en todo ello a propósito del reciente recital de Xóchitl Castro Reyes, la mejor declamadora de la Cuenca y colaboradora de Sabersinfin.com, que llevó por nombre: Celebrando la Vida.

El recital Celebrando la Vida fue concebido para conmemorar el septuagésimo cumpleaños de la también poeta.

Xóchitl no quiso pastel de fiesta sino darse un “bocado” de vida con un recital de poesía mística cobijada por quienes la han seguido durante décadas en su terruño adoptivo: Tuxtepec, Oaxaca.

De alguna manera Xóchitl Che, como también es conocida la jovial oaxaqueña, visibilizó con su recital más elementos de lo que implica celebrar la vida.

Hacer cosas provechosas que tanto nos placen y que adicionalmente son nutritivas para los demás, es de cierta manera una forma de ser agradecidos con la vida, porque compartimos lo que hemos recibido en nuestro andar.

Compartir con júbilo no es una cuestión superficial de motivación pasajera, es saber en nuestros adentros qué tanto hemos tenido que arar para estar en donde nos hallamos, y sabiendo que ha habido capítulos tristes y amargos, no quedarse anclados ni al dolor ni al resentimiento.

Veo en las fotografías y vídeos del recital a una Xóchitl bañada por los reflectores, y no dejo de pensar en una especie de sublimación por el arte y el agradecimiento.

Xóchitl es agradecida y el múltiple entramado de actos que provocan la realidad, le retribuye con momentos que recordará el resto de sus días.

En cada declamación Xóchitl se da vida y parece como si recargara de cierta energía a los asistentes que siguen atentos cada una de sus interpretaciones.

Sigo viendo las interpretaciones de Xóchitl, y no obstante que es a través de una pantalla, no puedo evadir vincularla a la efigie de una sacerdotisa oficiante, como aquellas ancianas de sabiduría de los gélidos bosques nórdicos, las montañas sudamericanas o los centros ceremoniales aztecas o mayas.

Después de ver las apabullantes notas de violencia y más violencia que salpican nuestra realidad, cae uno en cuenta lo valioso que es celebrar la vida así como lo ha hecho Xóchitl Castro y el grupo de amigos que siempre han estado a su lado.

¿Le toma usted la palabra a Xóchitl de festejar la vida?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
19 Junio 2017 03:00:00
Olvidamos celebrar la vida, Xóchitl Castro no
“Celebro estar vivo, porque aún tengo la oportunidad de ser lo que no he sido”.

Abel Pérez Rojas.

Si muy frecuentemente festejamos cualquier trivialidad, ¿por qué no celebrar cuestiones más importantes como la vida misma y la maravilla de estar vivos?

Festejar la vida y estar vivos es un acto de toma de conciencia desde la alegría, desde el gozo que provoca relacionarse con la infinitud del universo que nos rodea y la incógnita que encierra cada instante.

Celebrar la vida como un hábito disciplinado es darse “bocados” de salud que prolongan la existencia.

Celebramos la vida cada vez que compartimos nuestro saber y aprendemos de los otros, cada vez que establecemos una relación dialógica por el placer de dar y recibir, esto es educación permanente y se cimenta en el cambio.

Pienso en todo ello a propósito del reciente recital de Xóchitl Castro Reyes, la mejor declamadora de la Cuenca y colaboradora de Sabersinfin.com, que llevó por nombre: Celebrando la Vida.

El recital Celebrando la Vida fue concebido para conmemorar el septuagésimo cumpleaños de la también poeta.

Xóchitl no quiso pastel de fiesta sino darse un “bocado” de vida con un recital de poesía mística cobijada por quienes la han seguido durante décadas en su terruño adoptivo: Tuxtepec, Oaxaca.

De alguna manera Xóchitl Che, como también es conocida la jovial oaxaqueña, visibilizó con su recital más elementos de lo que implica celebrar la vida.

Hacer cosas provechosas que tanto nos placen y que adicionalmente son nutritivas para los demás, es de cierta manera una forma de ser agradecidos con la vida, porque compartimos lo que hemos recibido en nuestro andar.

Compartir con júbilo no es una cuestión superficial de motivación pasajera, es saber en nuestros adentros qué tanto hemos tenido que arar para estar en donde nos hallamos, y sabiendo que ha habido capítulos tristes y amargos, no quedarse anclados ni al dolor ni al resentimiento.

Veo en las fotografías y vídeos del recital a una Xóchitl bañada por los reflectores, y no dejo de pensar en una especie de sublimación por el arte y el agradecimiento.

Xóchitl es agradecida y el múltiple entramado de actos que provocan la realidad, le retribuye con momentos que recordará el resto de sus días.

En cada declamación Xóchitl se da vida y parece como si recargara de cierta energía a los asistentes que siguen atentos cada una de sus interpretaciones.

Sigo viendo las interpretaciones de Xóchitl, y no obstante que es a través de una pantalla, no puedo evadir vincularla a la efigie de una sacerdotisa oficiante, como aquellas ancianas de sabiduría de los gélidos bosques nórdicos, las montañas sudamericanas o los centros ceremoniales aztecas o mayas.

Después de ver las apabullantes notas de violencia y más violencia que salpican nuestra realidad, cae uno en cuenta lo valioso que es celebrar la vida así como lo ha hecho Xóchitl Castro y el grupo de amigos que siempre han estado a su lado.

¿Le toma usted la palabra a Xóchitl de festejar la vida?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
18 Junio 2017 04:06:00
Estamos entre la división y el placer al sometimiento
“Divididos, lamemos nuestras cadenas”. Abel Pérez Rojas.

Son múltiples los factores que nos han traído hasta donde nos encontramos: altos índices de delincuencia y corrupción, dilapidación de la riqueza nacional, supeditación a los intereses internacionales, ignorancia y más ignorancia, manipulación, en fin, toda una serie de calamidades que bien se pueden sintetizar en la suma división que nos
caracteriza.

No son necesarias encuestas ni minuciosos estudios para confirmar que estamos divididos y que cada vez más vamos al precipicio del “sálvese quien pueda”.

Los mexicanos estamos tan divididos que no se ve la forma en que podamos hacer a un lado nuestras diferencias y sumar esfuerzos para rescatar a nuestro país.

¿Cómo tejer en entornos donde nos cuidamos del que está a nuestro lado porque sabemos que a últimas fechas la maldad también es sinfín?

Tal vez algo que ayude a zanjar nuestras diferencias tenga que ver con el origen de nuestras divisiones y los beneficiarios de las
mismas.

Los mexicanos estamos divididos como resultado de estrategias históricas para apaciguarnos y facilitar nuestra conducción y
sometimiento.

Divididos no generamos la suficiente resistencia a los saqueos de nuestras riquezas ni a los abusos de quienes se quieren eternizar en el poder.

Pulverizados somos ajenos a las bondades de la interioridad contrastada con la otredad.

Fraccionados, agudizamos nuestra ceguera, hija del egoísmo y de la soberbia.

Naufragamos en torno a la isla propia, tratando de sobrevivir sin entender que cualquier logro personal es pírrico si no echa raíces en el desarrollo colectivo.

El enjambre de raíces es débil si no fundimos las causas externas –sociales, políticas, económicas-con las individuales e íntimas (psicológicas, ideológicas,
metafísicas).

Cierto es que una casta política y económica se comporta cada vez más como un cártel que cierra cualquier paso a la vida democrática, pero también es cierto que centrar sólo nuestra mirada en esa parte del fenómeno hace que evadamos nuestra gris contribución a las fisuras que señalamos y
padecemos.

Somos tan responsables de permitir que nos traten como zombis, como también lo somos de lamer las cadenas y degustar la
condición.

Pero, aquí estamos y sólo depende de nosotros y las sinergias que seamos capaces de generar para que las cosas cambien.

Estoy plenamente convencido de que desde nuestro ámbito podemos contribuir a frenar la erosión de los lazos sociales y también que podemos activar círculos bondadosos en todos los sentidos.

Claro que podemos contribuir si no nos damos por vencidos ni nos enfrascamos en las preguntas y respuestas de siempre.

Pese a todo, algo que también es cierto es que mujeres y hombres están labrando silenciosamente en el día con día, muchos con la pena de sentirse solos y otros con la fuerza de saber que en distintos frentes se da la batalla por generar un país mejor.

Urge dejar el aislamiento y la división, es edificativo exhibir que sentir placer por el sometimiento es una conducta enfermiza que tarde o temprano nos dejará en la miseria.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
12 Junio 2017 04:00:00
Estamos entre la división y el placer al sometimiento
Son múltiples los factores que nos han traído hasta donde nos encontramos: altos índices de delincuencia y corrupción, dilapidación de la riqueza nacional, supeditación a los intereses internacionales, ignorancia y más ignorancia, manipulación, en fin, toda una serie de calamidades que bien se pueden sintetizar en la suma división que nos caracteriza.

No son necesarias encuestas ni minuciosos estudios para confirmar que estamos divididos y que cada vez más vamos al precipicio del “sálvese quien pueda”.

Los mexicanos estamos tan divididos que no se ve la forma en que podamos hacer a un lado nuestras diferencias y sumar esfuerzos para rescatar a nuestro país.

¿Cómo tejer en entornos donde nos cuidamos del que está a nuestro lado porque sabemos que a últimas fechas la maldad también es sinfín?

Tal vez algo que ayude a zanjar nuestras diferencias tenga que ver con el origen de nuestras divisiones y los beneficiarios de las mismas.

Los mexicanos estamos divididos como resultado de estrategias históricas para apaciguarnos y facilitar nuestra conducción y sometimiento.

Divididos no generamos la suficiente resistencia a los saqueos de nuestras riquezas ni a los abusos de quienes se quieren eternizar en el poder.

Pulverizados somos ajenos a las bondades de la interioridad contrastada con la otredad.

Fraccionados, agudizamos nuestra ceguera, hija del egoísmo y de la soberbia.

Naufragamos en torno a la isla propia, tratando de sobrevivir sin entender que cualquier logro personal es pírrico si no echa raíces en el desarrollo colectivo.

El enjambre de raíces es débil si no fundimos las causas externas –sociales, políticas, económicas-con las individuales e íntimas (psicológicas, ideológicas, metafísicas).

Cierto es que una casta política y económica se comporta cada vez más como un cártel que cierra cualquier paso a la vida democrática, pero también es cierto que centrar sólo nuestra mirada en esa parte del fenómeno hace que evadamos nuestra gris contribución a las fisuras que señalamos y padecemos.

Somos tan responsables de permitir que nos traten como zombis, como también lo somos de lamer las cadenas y degustar la condición.

Pero, aquí estamos y sólo depende de nosotros y las sinergias que seamos capaces de generar para que las cosas cambien.

Estoy plenamente convencido de que desde nuestro ámbito podemos contribuir a frenar la erosión de los lazos sociales y también que podemos activar círculos bondadosos en todos los sentidos.

Claro que podemos contribuir si no nos damos por vencidos ni nos enfrascamos en las preguntas y respuestas de siempre.

Pese a todo, algo que también es cierto es que mujeres y hombres están labrando silenciosamente en el día con día, muchos con la pena de sentirse solos y otros con la fuerza de saber que en distintos frentes se da la batalla por generar un país mejor.

Urge dejar el aislamiento y la división, es edificativo exhibir que sentir placer por el sometimiento es una conducta enfermiza que tarde o temprano nos dejará en la miseria.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
11 Junio 2017 04:07:00
El privilegio de acudir a Hannibal Lecter
“Eres lo que eres por lo que has sido, y serás en gran medida por lo que eres ahora”. Abel Pérez Rojas

Es un privilegio tener en nuestro acervo experiencias plenamente identificadas a las cuales acudir para volver a vivir pensamientos y sentimientos, o bien como nichos personales en la convivencia consigo mismo y con los demás.

En estos asuntos de acudir a pasajes específicos del pasado, Anthony Hopkins, el
celebre actor británico, es un privilegiado confeso, sobre todo en relación con su inolvidable interpretación del doctor Hannibal Lecter.

En una reciente entrevista (Bild am Sonntag, citada por La Jornada), Hopkins habla de su soledad y de temas varios, entre ellos dice que no obstante transcurridos más de 25 años de la película El Silencio de los Inocentes (The Silence of the Lambs), frecuentemente la prensa le sigue preguntando sobre el doctor Lecter.

Hopkins hace una pequeña confesión en la entrevista, porque dice que a veces en fiestas se mete en el personaje y que: “Incluso si estoy de buen humor, me meto durante unos minutos en el papel de Lecter”,
agregó.

¿Se imagina usted la experiencia i-nolvidable si aunque sea por unos breves minutos Anthony Hopkins interpreta frente a usted la mirada inteligente del sanguinario caníbal?

Pero, por otra parte, ¿no acaso el personaje es para el actor una especie de traje, en el cual una vez enfundado, sus emociones y pensamientos se alinean acorde a la descripción del guion?

Al leer y reflexionar sobre los pequeños permisos que se da Hopkins en relación con Hannibal, no puede evitar recordar las palabras que hace poco un buen amigo que interpreta en fiestas infantiles a Spiderman me dijera: “Me dan nervios las alturas, pero una vez enfundado en el traje del arácnido todo cambia, cualquier rasgo de acrofobia desaparece”, me compartió.

En cierta forma nos sucede algo parecido a quienes escribimos. A mí me sucede con la poesía.

Me traslado a mundos distantes y experimento emociones de todo tipo cuando comparto públicamente alguno de mis poemas. En cierta forma soy otro, como el actor es otro cuando asume el papel que
interpreta.

Y estoy seguro que algo parecido experimentan los creadores sin importar el arte del que se trate.

Por extensión y por la propia naturaleza humana ¿acaso no todos en mayor o menor medida y frecuencia podemos experimentar situaciones y pasajes significativos del pasado?

¡Claro que sí!, sólo que hacerlo de manera consciente potencia la experiencia y la convierte en un recurso de nuestro acervo.

Un recurso al cual podemos acudir cuantas veces sea necesario y cuando más nos convenga.

También es una herramienta de aprendizaje, porque nos sirve para contrastar lo que somos y lo que no somos, es decir, entre lo que vivimos realmente y lo que actuamos hay un trecho que evidencia las múltiples posibilidades que tenemos para elegir
cambiar.

Vea usted que los creadores artísticos tienen la oportunidad de acudir constantemente a esta relación dialógica para nutrirse y seguir creando: lo que soy con lo que no soy, pero puedo ser.

Pero quienes no son artistas también lo pueden hacer acudiendo a sus experiencias previas significativas, para de vez en cuando, así como Hopkins juguetea interpretando ocasionalmente a Lecter, podamos recordar lo que somos con las múltiples posibilidades de lo que podemos ser.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
11 Junio 2017 03:41:00
Estamos entre la división y el placer al sometimiento.
Son múltiples los factores que nos han traído hasta donde nos encontramos: altos índices de delincuencia y corrupción, dilapidación de la riqueza nacional, supeditación a los intereses internacionales, ignorancia y más ignorancia, manipulación, en fin, toda una serie de calamidades que bien se pueden sintetizar en la suma división que nos caracteriza.

No son necesarias encuestas ni minuciosos estudios para confirmar que estamos divididos y que cada vez más vamos al precipicio del “sálvese quien pueda”.

Los mexicanos estamos tan divididos que no se ve la forma en que podamos hacer a un lado nuestras diferencias y sumar esfuerzos para rescatar a nuestro país.

¿Cómo tejer en entornos donde nos cuidamos del que está a nuestro lado porque sabemos que a últimas fechas la maldad también es sinfín?

Tal vez algo que ayude a zanjar nuestras diferencias tenga que ver con el origen de nuestras divisiones y los beneficiarios de las mismas.

Los mexicanos estamos divididos como resultado de estrategias históricas para apaciguarnos y facilitar nuestra conducción y sometimiento.

Divididos no generamos la suficiente resistencia a los saqueos de nuestras riquezas ni a los abusos de quienes se quieren eternizar en el poder.

Pulverizados somos ajenos a las bondades de la interioridad contrastada con la otredad.

Fraccionados, agudizamos nuestra ceguera, hija del egoísmo y de la soberbia.

Naufragamos en torno a la isla propia, tratando de sobrevivir sin entender que cualquier logro personal es pírrico si no echa raíces en el desarrollo colectivo.

El enjambre de raíces es débil si no fundimos las causas externas –sociales, políticas, económicas-con las individuales e íntimas (psicológicas, ideológicas, metafísicas).

Cierto es que una casta política y económica se comporta cada vez más como un cártel que cierra cualquier paso a la vida democrática, pero también es cierto que centrar sólo nuestra mirada en esa parte del fenómeno hace que evadamos nuestra gris contribución a las fisuras que señalamos y padecemos.

Somos tan responsables de permitir que nos traten como zombis, como también lo somos de lamer las cadenas y degustar la condición.

Pero, aquí estamos y sólo depende de nosotros y las sinergias que seamos capaces de generar para que las cosas cambien.

Estoy plenamente convencido de que desde nuestro ámbito podemos contribuir a frenar la erosión de los lazos sociales y también que podemos activar círculos bondadosos en todos los sentidos.

Claro que podemos contribuir si no nos damos por vencidos ni nos enfrascamos en las preguntas y respuestas de siempre.

Pese a todo, algo que también es cierto es que mujeres y hombres están labrando silenciosamente en el día con día, muchos con la pena de sentirse solos y otros con la fuerza de saber que en distintos frentes se da la batalla por generar un país mejor.

Urge dejar el aislamiento y la división, es edificativo exhibir que sentir placer por el sometimiento es una conducta enfermiza que tarde o temprano nos dejará en la miseria.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
08 Junio 2017 03:00:00
El privilegio de acudir a Hannibal Lecter
Es un privilegio tener en nuestro acervo experiencias plenamente identificadas a las cuales acudir para volver a vivir pensamientos y sentimientos, o bien como nichos personales en la convivencia consigo mismo y con los demás.

En estos asuntos de acudir a pasajes específicos del pasado, Anthony Hopkins, el célebre actor británico, es un privilegiado confeso, sobre todo en relación con su inolvidable interpretación del doctor Hannibal Lecter.

En una reciente entrevista (Bild am Sonntag, citada por La Jornada-), Hopkins habla de su soledad y de temas varios, entre ellos dice que no obstante transcurridos más de veinticinco años de la película El Silencio de los Inocentes (The Silence of the Lambs), frecuentemente la prensa le sigue preguntando sobre el doctor Lecter.

Hopkins hace una pequeña confesión en la entrevista, porque dice que a veces en fiestas se mete en el personaje y que: "Incluso si estoy de buen humor, me meto durante unos minutos en el papel de Lecter", agregó.

¿Se imagina usted la experiencia inolvidable si aunque sea por unos breves minutos Anthony Hopkins interpreta frente a usted la mirada inteligente del sanguinario caníbal?

Pero, por otra parte, ¿no acaso el personaje es para el actor una especie de traje, en el cual una vez enfundado, sus emociones y pensamientos se alinean acorde a la descripción del guion?

Al leer y reflexionar sobre los pequeños permisos que se da Hopkins en relación con Hannibal, no pude evitar recordar las palabras que hace poco un buen amigo que interpreta en fiestas infantiles a Spiderman me dijera: “Me dan nervios las alturas, pero una vez enfundado en el traje del arácnido todo cambia, cualquier rasgo de acrofobia desaparece”, me compartió.

En cierta forma nos sucede algo parecido a quienes escribimos. A mí me sucede con la poesía.

Me traslado a mundos distantes y experimento emociones de todo tipo cuando comparto públicamente alguno de mis poemas. En cierta forma soy otro, como el actor es otro cuando asume el papel que interpreta.

Y estoy seguro que algo parecido experimentan los creadores sin importar el arte de la que se trate.

Por extensión y por la propia naturaleza humana ¿Acaso no todos en mayor o menor medida y frecuencia podemos experimentar situaciones y pasajes significativos del pasado?

¡Claro que sí!, sólo que hacerlo de manera consciente potencia la experiencia y la convierte en un recurso de nuestro acervo.

Un recurso al cual podemos acudir cuántas veces sea necesario y cuando más nos convenga.

También es una herramienta de aprendizaje, porque nos sirve para contrastar lo que somos y lo que no somos, es decir, entre lo que vivimos realmente y lo que actuamos hay un trecho que evidencia las múltiples posibilidades que tenemos para elegir cambiar.

Vea usted que los creadores artísticos tienen la oportunidad de acudir constantemente a esta relación dialógica para nutrirse y seguir creando: lo que soy con lo que no soy, pero puedo ser.

Pero quienes no son artistas también lo pueden hacer acudiendo a sus experiencias previas significativas, para de vez en cuando, así como Hopkins juguetea interpretando ocasionalmente a Lecter, podamos recordar lo que somos con las múltiples posibilidades de lo que podemos ser.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
07 Junio 2017 09:40:00
El privilegio de acudir a Hannibal Lecter
“Eres lo que eres por lo que has sido, y serás en gran medida por lo que eres ahora”.
Abel Pérez Rojas

Es un privilegio tener en nuestro acervo experiencias plenamente identificadas a las cuales acudir para volver a vivir pensamientos y sentimientos, o bien como nichos personales en la convivencia consigo mismo y con los demás.

En estos asuntos de acudir a pasajes específicos del pasado, Anthony Hopkins, el célebre actor británico, es un privilegiado confeso, sobre todo en relación con su inolvidable interpretación del doctor Hannibal Lecter.

En una reciente entrevista (Bild am Sonntag, citada por La Jornada-), Hopkins habla de su soledad y de temas varios, entre ellos dice que no obstante transcurridos más de veinticinco años de la película El Silencio de los Inocentes (The Silence of the Lambs), frecuentemente la prensa le sigue preguntando sobre el doctor Lecter.

Hopkins hace una pequeña confesión en la entrevista, porque dice que a veces en fiestas se mete en el personaje y que: "Incluso si estoy de buen humor, me meto durante unos minutos en el papel de Lecter", agregó.

¿Se imagina usted la experiencia inolvidable si aunque sea por unos breves minutos Anthony Hopkins interpreta frente a usted la mirada inteligente del sanguinario caníbal?

Pero, por otra parte, ¿no acaso el personaje es para el actor una especie de traje, en el cual una vez enfundado, sus emociones y pensamientos se alinean acorde a la descripción del guion?

Al leer y reflexionar sobre los pequeños permisos que se da Hopkins en relación con Hannibal, no pude evitar recordar las palabras que hace poco un buen amigo que interpreta en fiestas infantiles a Spiderman me dijera: “Me dan nervios las alturas, pero una vez enfundado en el traje del arácnido todo cambia, cualquier rasgo de acrofobia desaparece”, me compartió.

En cierta forma nos sucede algo parecido a quienes escribimos. A mí me sucede con la poesía.

Me traslado a mundos distantes y experimento emociones de todo tipo cuando comparto públicamente alguno de mis poemas. En cierta forma soy otro, como el actor es otro cuando asume el papel que interpreta.

Y estoy seguro que algo parecido experimentan los creadores sin importar el arte de la que se trate.

Por extensión y por la propia naturaleza humana ¿Acaso no todos en mayor o menor medida y frecuencia podemos experimentar situaciones y pasajes significativos del pasado?

¡Claro que sí!, sólo que hacerlo de manera consciente potencia la experiencia y la convierte en un recurso de nuestro acervo.

Un recurso al cual podemos acudir cuántas veces sea necesario y cuando más nos convenga.

También es una herramienta de aprendizaje, porque nos sirve para contrastar lo que somos y lo que no somos, es decir, entre lo que vivimos realmente y lo que actuamos hay un trecho que evidencia las múltiples posibilidades que tenemos para elegir cambiar.

Vea usted que los creadores artísticos tienen la oportunidad de acudir constantemente a esta relación dialógica para nutrirse y seguir creando: lo que soy con lo que no soy, pero puedo ser.

Pero quienes no son artistas también lo pueden hacer acudiendo a sus experiencias previas significativas, para de vez en cuando, así como Hopkins juguetea interpretando ocasionalmente a Lecter, podamos recordar lo que somos con las múltiples posibilidades de lo que podemos ser.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
09 Mayo 2017 04:00:00
Detención de políticos, purga para que todo siga igual
Cuando en México se detiene a algún funcionario corrupto de alto calibre –el caso más reciente es Javier Duarte–, se desata una especie de purga que sirve como válvula de escape de la ira popular.

Es entendible, son tantas décadas de prepotencia, abuso y complicidad, que cualquier asunto de esta naturaleza unifica voces y provoca que hasta los más parcos manifiesten su hartazgo.

Sin embargo, pasado el espectáculo mediático que suele acompañar a cada una de estas detenciones de relumbrón, las cosas siguen como de costumbre: unos cuantos enriqueciéndose a manos llenas al amparo del poder, de las relaciones o el fuero, mientras millones siguen su viacrucis del día con día.

Todo esto es un ciclo que se repite infaltablemente en cada sexenio, de tal manera que cada administración tiene muy bien identificada la ruta: alguna detención espectacular al inicio de la gestión –para dar pie a que la sociedad crea que ahora sí las cosas van en serio– y siempre tener en la lista de espera a más de algún político dispuesto a caer en desgracia para recurrir a su detención en caso de que los índices de popularidad estén a la baja –como es el caso del presidente Peña– o cuando la ira amenace con desbordarse por el aumento de los precios –como el gasolinazo–, o para desviar la atención de algún otro tema que no convenga tener mucho tiempo en las ocho columnas de los medios.

El fenómeno es cíclico y puede repetirse cuantas veces sea necesario porque finalmente los políticos son desechables y prescindibles.

Los rostros y los nombres pasan –como en su momento fueron los Gordillo, los Hernández Galicia, ahora los Duarte y mañana los que vengan–, pero lo que importa, claro, para los dueños del show, es que la maquinaria siga intacta para que ellos –ahora convertidos en corporaciones dinásticas–, puedan seguir moviendo los hilos sin despeinarse, y como buenos titiriteros nos cuenten historias de fantasía.

Ver las detenciones de políticos corruptos bajo este contexto nos permite vacunarnos del jolgorio oficial y del desánimo popular que emerge después de algunas semanas.

¿A poco no queda un vacío que indigna después de ver que nada cambia al concluir la pasarela mediática del villano favorito del momento?

Es verdaderamente patético ver cómo una y otra vez se le apuesta a la mala memoria del pueblo para repetir cuantas veces sean necesarios los libretos que conforman los usos y costumbres de la política mexicana.

Lo peor es que siguen funcionando, y al parecer les seguirán dando resultado mientras predominen entre nosotros la ignorancia y la miseria.

Vale la pena pensar y actuar a profundidad para que cada uno de nosotros no engrose las filas de quienes le dan cierto margen de creencia a estas burdas puestas en escena.

¿Usted es de los que cree que por sí solas las detenciones de políticos corruptos van cambiar las cosas?

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas

Escritor y educador permanente.
08 Mayo 2017 03:00:00
Detención de políticos, purga para que todo siga igual
Cuando en México se detiene a algún funcionario corrupto de alto calibre –el caso más reciente es Javier Duarte- se desata una especie de purga que sirve como válvula de escape de la ira popular.

Es entendible, son tantas décadas de prepotencia, abuso y complicidad, que cualquier asunto de esta naturaleza unifica voces y provoca que hasta los más parcos manifiesten su hartazgo.

Sin embargo, pasado el espectáculo mediático que suele acompañar a cada una de estas detenciones de relumbrón, las cosas siguen como de costumbre: unos cuantos enriqueciéndose a manos llenas al amparo del poder, de las relaciones o el fuero, mientras millones siguen su viacrucis del día con día.

Todo esto es un ciclo que se repite infaltablemente en cada sexenio, de tal manera que cada administración tiene muy bien identificada la ruta: alguna detención espectacular al inicio de la gestión –para dar pie a que la sociedad crea que ahora sí las cosas van en serio- y siempre tener en la lista de espera a más de algún político dispuesto a caer en desgracia para recurrir a su detención en caso de que los índices de popularidad estén a la baja –como es el caso del presidente Peña- o cuando la ira amenace con desbordarse por el aumento de los precios –como el gasolinazo- o para desviar la atención de algún otro tema que no convenga tener mucho tiempo en las ocho columnas de los medios.

El fenómeno es cíclico y puede repetirse cuantas veces sea necesario porque finalmente los políticos son desechables y prescindibles.

Los rostros y los nombres pasan –como en su momento fueron los Gordillo, los Hernández Galicia, ahora los Duarte y mañana los que vengan-, pero lo que importa, claro, para los dueños del show, es que la maquinaria siga intacta para que ellos -ahora convertidos en corporaciones dinásticas-, puedan seguir moviendo los hilos sin despeinarse, y como buenos titiriteros nos cuenten historias de fantasía.

Ver las detenciones de políticos corruptos bajo este contexto nos permite vacunarnos del jolgorio oficial y del desánimo popular que emerge después de algunas semanas.

¿A poco no queda un vacío que indigna después de ver que nada cambia al concluir la pasarela mediática del villano favorito del momento?

Es verdaderamente patético ver como una y otra vez se le apuesta a la mala memoria del pueblo para repetir cuantas veces sean necesarios los libretos que conforman los usos y costumbres de la política mexicana.

Lo peor es que siguen funcionando, y al parecer les seguirán dando resultado mientras predominen entre nosotros la ignorancia y la miseria.

Vale la pena pensar y actuar a profundidad para que cada uno de nosotros no engrose las filas de quienes le dan cierto margen de creencia a estas burdas puestas en escena.

¿Usted es de los que cree que por sí solas las detenciones de políticos corruptos van cambiar las cosas?

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
30 Abril 2017 04:06:00
El valor del silencio
El silencio de Javier Duarte es invaluable, considerando que indudablemente él sabe mucho de muchos que hoy día ocupan puestos públicos importantísimos. El tiempo corroborará cómo el silencio de Duarte le sacará adelante.

En el sistema político económico mexicano, difícilmente alguien puede ascender y ocupar un puesto predominante sin lograr alianzas, acuerdos, complicidades. Muchas veces inconfesables, incomunicables.

Precisamente ahí radica la fortaleza y confianza de Javier ahora que se encuentra detenido.

Se entiende que él tiene mucha información que ocultó, alguna de ella ya salió a la luz como ciertas de sus propiedades, algunos excesos y la forma como realizó algunas de las multimillonarias operaciones por las cuales ahora se le procesa.

Pero, ¿qué más sabe Javier Duarte?

¿A quiénes más podría implicar en los delitos por los cuales se le acusa?

¿Cree usted que algún día realmente sepamos a cabalidad todo ello?

Por supuesto que lo que podamos saber a través de las noticias es muy poco, por eso aquellos que ocultará el exgobernador con su silencio pueden estar hasta cierto punto tranquilos.

Por ahora Javier Duarte sólo está cumpliendo una función social de desahogo de la cólera pública, esto aligera las exigencias de justicia de los hechos por los cuales el país debiera sentirse agraviado.

Como Duarte de Ochoa se ha convertido en el símbolo de la corrupción, ahora es una especie de celebridad del lado oscuro.

Así que Javier Duarte sabe mucho y también sabe que debe guardar silencio. No dude usted que lo va a hacer.

Entonces veremos una vez más el guion que ya conocemos perfectamente: show mediático, un proceso que va a tardar un par de años y luego una condena relativamente breve que permita que las cosas se enfríen, para que después de algunos años pueda recobrar su libertad, claro que con gran parte del botín que está en juego.

Javier Duarte sabe demasiado y dé por hecho que seguirá al pie de la letra una de las máximas que todo político que se precie de serlo debe acatar: saber cuándo guardar silencio y cuándo hablar.

Duarte de Ochoa sabe que son días de guardar silencio, ese será su pasaporte para al cabo de unos años tener un final feliz.

¿O no?
24 Abril 2017 03:00:00
Duarte sabe mucho, su silencio le sacará adelante
El silencio de Javier Duarte es invaluable, considerando que indudablemente él sabe mucho de muchos que hoy día ocupan puestos públicos importantísimos. El tiempo corroborará cómo el silencio de Duarte le sacará adelante.

En el sistema político económico mexicano, difícilmente alguien puede ascender y ocupar un puesto predominante sin lograr alianzas, acuerdos, complicidades. Muchas veces inconfesables, incomunicables.

Precisamente ahí radica la fortaleza y confianza de Javier ahora que se encuentra detenido.

Se entiende que él tiene mucha información que ocultó, alguna de ella ya salió a la luz como ciertas de sus propiedades, algunos excesos y la forma cómo realizó algunas de las multimillonarias operaciones por las cuales ahora se le procesa.

Pero, ¿qué más sabe Javier Duarte?

¿A quiénes más podría implicar en los delitos por los cuales se le acusa?

¿Cree usted que algún día realmente sepamos a cabalidad todo ello?

Por supuesto que lo que podamos saber a través de las noticias es muy poco, por eso aquellos que ocultará el ex gobernador con su silencio pueden estar hasta cierto punto tranquilos.

Por ahora Javier Duarte sólo está cumpliendo una función social de desahogo de la cólera pública, esto aligera las exigencias de justicia de los hechos por los cuales el país debiera sentirse agraviado.

Como Duarte de Ochoa se ha convertido en el símbolo de la corrupción, ahora es una especie de celebridad del lado oscuro.

Así que Javier Duarte sabe mucho y también sabe que debe guardar silencio. No dude usted que lo va a hacer.

Entonces veremos una vez más el guión que ya conocemos perfectamente: show mediático, un proceso que va a tardar un par de años y luego una condena relativamente breve que permita que las cosas se enfríen, para que después de algunos años pueda recobrar su libertad, claro que con gran parte del botín que está en juego.

Javier Duarte sabe demasiado y dé por hecho que seguirá al pie de la letra una de las máximas que todo político que se precie de serlo debe acatar: saber cuándo guardar silencio y cuándo hablar.

Duarte de Ochoa sabe que son días de guardar silencio, ese será su pasaporte para al cabo de unos años tener un final feliz.

¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
18 Abril 2017 04:00:00
La detención de Duarte y la elección del EdoMex
En la elección del Estado de México, contienda que de acuerdo a la opinión de algunos analistas y lo que marcan ciertas encuestas, empezó siendo muy pareja de tres candidatos con verdaderas posibilidades de ganar, pero que conforme transcurran los días se irá perfilando sólo de dos – Alfredo del Mazo (PRI) y Delfina Gómez (Morena), la detención y proceso de extradición de Javier Duarte podría ser lo que haga que la balanza se incline para uno u otro bando.

No es exageración, es tal el encono y rabia que ha desatado a nivel nacional el caso Javier Duarte, que para muchos –los menos informados- la detención de Duarte, junto a la de hace unos días de Tomás Yarrington, va a ser interpretada como la señal de que ahora sí desde Los Pinos se ha dado la orden de acabar con la corrupción.

Sin embargo, la detención y posterior extradición de Duarte dista mucho de ser el punto final con el cual se cierre el escandaloso caso de corrupción e impunidad que ha llamado la atención de la opinión pública internacional, y por supuesto es insuficiente para borrar la indignación que han dejado otros casos que han marcado a toda la actual administración federal.

Seguramente la detención de Duarte será usada por los partidarios de Alfredo del Mazo para imprimir a sus arengas aparente legitimidad de que vale la pena darle al tricolor otra oportunidad para continuar en el poder, pero al menos a la distancia, parece insuficiente ese recurso discursivo frente al 65.2 por ciento de los electores –según la encuesta más reciente de El Universal- que ven con buenos ojos que cambie el partido gobernante en el Estado de México.

También es de esperarse que el resto de los partidos, en particular Morena y el PAN, arremetan con todo para hacer ver que Javier Duarte es sólo un ejemplo de la misma forma de gobernar que ha imperado en el Estado de México, argumento que como se ha visto en otras elecciones, tiene buen efecto entre los jóvenes.

Mal pensados o no, habrá que ver con lupa el uso mediático que se dé en todo el país, particularmente en los estados que renuevan gubernatura -Coahuila, Nayarit-, pero muy particularmente en el Estado de México, porque como se ha podido ver en incontables casos, todo se hace con tintes electorales para que al fin y al cabo el grupo en turno conserve el poder que garantice los privilegios, y el Grupo Atlacomulco ha demostrado que no lo va a soltar tan fácilmente.

Usted qué opina: ¿será usada la detención de Javier Duarte para apuntalar la campaña electoral del PRI en el Estado de México?

Yo digo que sí, aunque tengan que hacer circo, maroma y teatro para hilar sus ideas.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
17 Abril 2017 04:00:00
Serenidad, clave para liberarse de este sistema
Sumergidos en el trajín de la vida diaria, el cual se ha convertido en un ciclo vicioso que prolonga nuestro fatal destino, rara vez –aunque sea por cuestión de escasos momentos- asumimos la serenidad para percatarnos que somos esclavos de un sinfín de preocupaciones que nos fueron sembradas desde nuestros primeros años de vida.

Asirse a la tranquilidad y a la calma, de tal manera que seamos uno con ellas, puede generar las condiciones para sortear el yugo generalizado.

Esto trasciende y complementa lo que le dije hace algún tiempo, en el sentido de que la serenidad es un asunto de salud pública, que se entiende en ese contexto cuando se contrasta frente a los altos índices de personas que padecen alguna enfermedad de carácter emocional y nerviosa.

Si pudiéramos detenernos sin contratiempos y sin prisa –serenamente- frente al sistema social, político, económico y cultural que nos gobierna, veríamos con claridad que se trata de un enorme gigante con pies de barro.

Veríamos que ese gigante –el cual por supuesto tiene nombre y apellido- se alimenta de los miedos y las preocupaciones que disemina en las masas, y que una vez que esto penetra en el corazón y en las mentes de algunos, éstos se encargan de replicarlos en otros, de tal manera que con el paso del tiempo y retroalimentado millones de veces, termina siendo un gigante de cabezas infinitas que parecen devorarlo todo.

Oculta en una maraña de explicaciones principalmente económicas y jurídicas, el sistema en que vivimos se encarga de profundizar nuestra falsa soledad y pequeñez para que repitamos convencidos, como si fueran pensamientos nuestros, que no hay opciones alternativas ni soluciones que no sean las que provienen de sus espejismos: como su “democracia”, su “libertad”, su “dinero”, su filosofía y su único molde de “sociedad”.

Entendamos: serenarse es despertarse.

Serenarse es despertarse porque está más allá de la calma superficial, producto del intelecto.

Serenarse es un estado de mayor y prolongada quietud que tiene su origen en el silencio y el vacío, aquel que los sabios los sabios de la antigüedad simbolizaban en la profundidad de las cavernas y en el punto más oscuro de la noche.

Una vez despierto de esta manera, la conciencia se amplía y estamos listos para acabar con los yugos.

Vale la pena repensar todo lo anterior para plantear un nuevo sistema que sustituya el actual, el cual, sobra decir, se está cayendo a pedazos.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
11 Abril 2017 03:00:00
Cierre de periódicos y éxodo de periodistas,  ¿única alternativa?
El cierre por motivos de seguridad, de la edición impresa del periódico Norte de Ciudad Juárez, pone nuevamente en el foco de la atención pública lo altamente riesgoso que implica desarrollar el periodismo en México, ¿cuántos periódicos más cerrarán para protegerse?, ¿acaso sólo el refugio en el extranjero puede proteger a los periodistas?

Es del conocimiento público que México es uno de los países más peligrosos para el ejercicio periodístico, desgraciadamente ese triste calificativo corresponde tanto por la frecuencia y gravedad de las agresiones, como por la impunidad, que al fin y al cabo se termina convirtiendo en un factor que las alienta.

Por ejemplo, de acuerdo con una investigación realizada por animalpolitico.com, del 2010 al 2016 se registraron 798 denuncias por agresiones contra periodistas, pero de ese universo sólo hay registro de tres sentencias condenatorias, no obstante que 47 fueron por homicidio.

En otras palabras, casi tienen asegurada total impunidad los agresores de periodistas en México.

Todo esto son malas noticias para la libertad de expresión y de comunicación de los mexicanos, porque indudablemente hay un retroceso en la vida democrática de nuestro país.

La sociedad pierde cuando alguien opta por callar ante el temor de que una bala acabe con su vida o con la de un ser querido.

Gana la impunidad y el crimen en las sociedades cuya vox populi sabe muy bien lo que sucede, pero no hay las condiciones para que las plumas, los micrófonos o las cámaras puedan realizar su trabajo con plena libertad y certidumbre.

No sabemos cuántos periódicos más seguirán el ejemplo de Norte de Ciudad Juárez, pero no es difícil adelantar que pase lo que pase, los efectos nocivos serán padecidos por varias generaciones de mexicanos.

¿Acaso usted ve un remedio a esta situación en el corto y mediano plazo?

¿Será que sólo queda a los periodistas y comunicadores sin censura optar por el éxodo y refugiarse en algún otro país para desde ahí continuar su labor?

Pareciera que cómo van las cosas no queda de otra.

Vale la pena repensar con detenimiento las palabras de Óscar A. Cantú, presidente fundador de Norte de Ciudad Juárez:

“Cumplí como ser humano, como ciudadano, como creí conveniente hacerlo, con convicción y amor por mi ciudad; luché acompañado de colaboradores leales hasta el final, a quienes les estoy infinitamente agradecido.

“Todo en la vida tiene un principio y un fin, un precio que pagar. Y si este es la vida, no estoy dispuesto a que lo pague ni uno más de mis colaboradores, tampoco con mi persona”.

Hace mucho que México dejó de ser una sociedad democrática, porque ninguna sociedad que se precie de serlo puede permitirse con tal descaro las agresiones a su prensa.

Por cierto, el homicidio de Miroslava Breach Velducea, colaboradora de La Jornada y Norte de Ciudad Juárez debe ser castigado, al igual que el de cientos de compañeros de los últimos años.

Mientras tanto sigue estando la pregunta en el aire: ¿cuántos periódicos más cerrarán sus puertas por seguridad y cuántos periodistas más emigrarán de estas tierras?

¿Qué le parece?
10 Abril 2017 03:00:00
Cierre de periódicos y éxodo de periodistas, ¿única alternativa?
El cierre por motivos de seguridad, de la edición impresa del periódico Norte de Ciudad Juárez, pone nuevamente en el foco de la atención pública lo altamente riesgoso que implica desarrollar el periodismo en México, ¿cuántos periódicos más cerrarán para protegerse?, ¿acaso sólo el refugio en el extranjero puede proteger a los periodistas?

Es del conocimiento público que México es uno de los países más peligrosos para el ejercicio periodístico, desgraciadamente ese triste calificativo corresponde tanto por la frecuencia y gravedad de las agresiones, como por la impunidad, que al fin y al cabo se termina convirtiendo en un factor que las alienta.

Por ejemplo, de acuerdo con una investigación realizada por animalpolitico.com, del 2010 al 2016 se registraron 798 denuncias por agresiones contra periodistas, pero de ese universo sólo hay registro de tres sentencias condenatorias, no obstante que 47 fueron por homicidio.

En otras palabras, casi tienen asegurada total impunidad los agresores de periodistas en México.

Todo esto son malas noticias para la libertad de expresión y de comunicación de los mexicanos, porque indudablemente hay un retroceso en la vida democrática de nuestro país.

La sociedad pierde cuando alguien opta por callar ante el temor de que una bala acabe con su vida o con la de un ser querido.

Gana la impunidad y el crimen en las sociedades cuya vox populi sabe muy bien lo que sucede, pero no hay las condiciones para que las plumas, los micrófonos o las cámaras puedan realizar su trabajo con plena libertad y certidumbre.

No sabemos cuántos periódicos más seguirán el ejemplo de Norte de Ciudad Juárez, pero no es difícil adelantar que pase lo que pase, los efectos nocivos serán padecidos por varias generaciones de mexicanos.

¿Acaso usted ve un remedio a esta situación en el corto y mediano plazo?

¿Será que sólo queda a los periodistas y comunicadores sin censura optar por el éxodo y refugiarse en algún otro país para desde ahí puedan continuar su labor?

Pareciera que cómo van las cosas las cosas no queda de otra.

Vale la pena repensar con detenimiento las palabras de Óscar A. Cantú, presidente fundador de Norte de Ciudad Juárez:

“Cumplí como ser humano, como ciudadano, como creí conveniente hacerlo, con convicción y amor por mi ciudad; luché acompañado de colaboradores leales hasta el final, a quienes les estoy infinitamente agradecido.

“Todo en la vida tiene un principio y un fin, un precio que pagar. Y si este es la vida, no estoy dispuesto a que lo pague ni uno más de mis colaboradores, tampoco con mi persona”.

Hace mucho que México dejó de ser una sociedad democrática, porque ninguna sociedad que se precie de serlo puede permitirse con tal descaro las agresiones a su prensa.

Por cierto, el homicidio de Miroslava Breach Velducea, colaboradora de La Jornada y Norte de Ciudad Juárez debe ser castigado, al igual que el de cientos de compañeros de los últimos años.

Mientras tanto sigue estando la pregunta en el aire: ¿cuántos periódicos más cerrarán sus puertas por seguridad y cuántos periodistas más emigrarán de estas tierras?

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
04 Abril 2017 04:00:00
Discurrir libremente y la ceguera partidocrática
Diferentes asuntos relacionados con la política partidista ocupan los principales espacios de los medios de comunicación en México, lamentablemente esto va en detrimento de otros temas verdaderamente importantes, que frecuentemente terminan siendo llevados a la misma cesta de la lupa partidista.

Como su nombre lo indica, todo aquello que es llevado a los terrenos de la política partidista, termina “partido”, fragmentado por los intereses de grupo y por las pugnas que en el fondo son alimentadas por la avaricia y la sed insaciable de poder y de los suculentos presupuestos públicos.

Todo lo anterior, aunque no sea llevado al plano de lo consciente, es en esencia una de las causas que provoca el hartazgo y alejamiento de muchos ciudadanos de los asuntos que tienen que ver con el bien marchar de la “polis, aquellos que están más allá de las fobias y filias partidistas”.

Te comparto estas líneas después de que en los más recientes meses he dedicado mis artículos y vídeos a revisar distintos asuntos de carácter político, y que ineludiblemente en muchas ocasiones derivan en revisiones de temas partidistas en boga.

Pero, ¡qué alivio es poder acudir en cualquier momento a lo que están haciendo organizaciones no gubernamentales vinculadas con tareas humanitarias!, o darse tiempo para revisar tópicos filosóficos o temas vinculados con la ciencia y la tecnología.

Créame que es reconfortante desprenderse del encasillamiento promovido por un sistema que usa como fachada la partidocracia.

Ese privilegio que todos tenemos, pero que sólo relativamente pocos ejercemos de ir y venir por el saber universal, es antídoto efectivo para la toxicidad electoral.

Si abandonamos el privilegio de discurrir libremente, corremos el riesgo de ser peones en las pugnas fratricidas electorales, que por cierto en nuestro país son constantes.


No se piense que esta libertad que me he tomado para discurrir como lo vengo haciendo, sea una forma de alentar el cierre de ojos frente a los problemas graves de nuestro país, por el contrario, es sólo una forma de tomar aire, conscientes de que el desentenderse de ello sólo empeora la situación.

Ver que no todo es política partidista es una forma de resistencia y de sobreponerse a lo que bien llamó Javier Sicilia: ceguera partidocrática; esa que afecta a la vida política, a los partidos y a los gobiernos, y que bien lo dijo el poeta:

“Empecinados en sus luchas electorales por el poder, encerrados en esa franja intocada de la realidad de sus oficinas, de sus salarios y de su burbuja de clase, han perdido de vista que el país está balcanizado por el crimen y la corrupción de las instituciones; que los ciudadanos, destrozados por la inseguridad y la impunidad, no miramos en ninguno de ellos una alternativa política; que entre ellos y nosotros hay un divorcio y una lejanía cada vez más hondos, y que el país corre el peligro de entrar en un nihilismo sin retorno o en formas aberradas del autoritarismo”.

Así que no perdamos de vista el actuar de los partidos políticos para tratar de cerrarles la llave de las arcas públicas, pero nutrámonos de muchas otras cosas para mantener la esperanza y la posibilidad de cambiar la situación.

¿Qué le parece?
13 Marzo 2017 03:00:00
Traductores instantáneos, ¿otro paso a la estupidez?
En el futuro inmediato los traductores instantáneos serán de gran utilidad práctica, pero como esto no implica que las personas desarrollen las funciones cerebrales respectivas, posiblemente estemos en la antesala de otro paso más en nuestro tránsito involutivo..

¿Se imagina usted esos escenarios en los cuales con un simple dispositivo pueda comunicarse y entender cualquier otro idioma?

En un panorama de ese tipo las fronteras serían cada vez más injustificables y de cierta forma las distancias se acortarían.

Para sorpresa de muchos esto que parecía hace algunas décadas una simple posibilidad de la ciencia ficción hoy está cada vez más cerca.

Hasta ahora, uno de los traductores simultáneos más conocidos se llama Pilot y puede funcionar con cinco idiomas: inglés, francés, italiano, portugués y español.

A la par de los traductores simultáneos en dispositivos auriculares, seguramente veremos cómo se afinan y precisan los traductores en formato de aplicaciones para dispositivos móviles y las versiones para pc, pero si bien esto nos facilitará realizar más cosas, ¿qué pasará con el desarrollo cerebral de los usuarios? ¿Involucionaremos?

De acuerdo con los especialistas aprender un idioma es un proceso complejo permanente que trasciende las primeras etapas funcionales de la comunicación simple.

Aprender cualquier otro idioma ajeno al materno implica ir al encuentro con una forma de ver el universo, con otras costumbres, con otra historia, casi literalmente hablando, con otro mundo.

Si optamos por auriculares que traduzcan al instante nos privamos de las bondades del ejercicio cerebral. Dichos provechos han sido ampliamente estudiados y claramente marcan diferencias entre el cerebro de una persona monolingüe y otra bilingüe.

Para ilustrar un poco lo anterior le comparto del Viaje al cerebro de un bilingüe: así te cambia hablar dos idiomas, lo siguiente:

“la principal diferencia entre un cerebro monolingüe y otro bilingüe está en su capacidad para tomar decisiones. No es que unos sean más inteligentes que otros, sino que desarrollan otro conjunto de habilidades. Por ejemplo, los bilingües desarrollan capacidades cognitivas que les permiten adaptarse a los cambios en las tareas que están desarrollando. Este se debe a que su cerebro está constantemente eligiendo la lengua en la que se expresa, lo que le da mucha más flexibilidad. También les permite concentrarse y memorizar mejor”.

Aunado a lo anterior deben considerarse los múltiples beneficios del bilingüismo como una forma preventiva ante enfermedades degenerativas cerebrales.

Si ya de por sí quienes somos monolingües, en su gran mayoría nos comunicamos con un número reducido de palabras, ¿qué será de las futuras generaciones a las cuales les bastará dicha pobreza para comunicarse en cualquier parte del mundo?

Vaya desgracia la que se avecina si a todo esto le sumamos que entre los planes de las grandes corporaciones diseñadoras de los dispositivos están ausentes las lenguas maternas de los pueblos originarios.

Por supuesto que no es opción cerrarse a las innovaciones tecnológicas, pero es necesario redoblar esfuerzos por visibilizar el goce de aprender otra lengua, antes de que esta inveterada costumbre pase de moda y la involución que ello representa gane terreno.

¿Está usted de acuerdo?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
06 Marzo 2017 04:00:00
Peña Nieto, el principal problema de México
“Es de sabios hacerse a un lado, si en el fondo sabemos que somos parte del problema”.

Frente a la situación más delicada que se haya vivido en las últimas décadas en nuestro país, todo indica que la sociedad mexicana ya realizó un diagnóstico sencillo y simple, el principal problema de México se llama: Enrique Peña Nieto.

Sé que el título de este artículo puede parecerle una cuestión simplista o el resultado de una fobia, pero no es así, hay varios elementos en los cuales debemos reflexionar a fin de evitar las conclusiones reduccionistas.

Como usted seguramente ya sabe, de acuerdo con recientes sondeos, estamos frente al Gobierno con menor aceptación desde que se usan estudios demoscópicos para tal fin.

Por ello, es irremediable recurrir a los bajísimos índices de aprobación de la gestión del presidente Peña, como un indicador del descontento de la sociedad de cómo se han encarado los problemas de carácter interno y externo.

Al menos en la percepción popular que ha quedado registrada en las diversas encuestas, la inseguridad y la crisis económica son los dos principales problemas identificados por los mexicanos.

Pero la inseguridad y la crisis económica no pueden verse como fenómenos aislados, necesariamente debe tenerse presente la corrupción, para entender por qué siendo un país tan rico nos encontramos tan mal, y por otra parte, por qué pese a las miles de muertes que ha ocasionado la llamada “guerra al narcotráfico”, no se aprecia algún progreso que nos permita atisbar ciertas soluciones en el mediano plazo.

A la luz de esa situación debe entenderse el daño que le han hecho al gobierno de Peña Nieto casos como el de la “casa blanca”, el departamento de Miami o los de exgobernadores señalados por actos escandalosos de corrupción, y que hoy día o se encuentran prófugos o no han sido aún llamados a rendir cuentas.

La figura de Peña Nieto carece –al menos desde la percepción pública- de solvencia moral que le permita llevar a cabo y con profundidad cualquier esfuerzo anticorrupción, peor aún, pareciera que en realidad las distintas instancias creadas para combatirla, sólo fueron diseñadas para cumplir en el papel con las recomendaciones de organismos internacionales especializados en el tema.

Las promesas de Peña Nieto en su campaña electoral relacionadas con la disminución de la violencia simplemente quedaron en palabras. Los hechos demuestran lo contrario.

Nos encontramos bañados de sangre como en los peores días del sexenio de Felipe Calderón.

En cuanto a la política exterior las cosas están peor o al menos igual que en los asuntos internos.

El arribo de Donald Trump vino a evidenciar el grado de dependencia de todo tipo de nuestro país hacia los Estados Unidos.

Y ya teniendo enfrente el problema, en lugar de apoyarse en alguien de gran experiencia, nombró a Luis Videgaray como secretario de Relaciones Exteriores, quien lamentablemente confesó que llegaba al puesto a
“aprender”.

El escritor Joe Barcala sintetizó muy bien qué tan mal está el actuar específico de Peña Nieto frente a Trump:

“Él (Peña Nieto) no puede resolver el problema que tenemos enfrente con Donald Trump, porque es una aplanadora que no se puede resolver sin conocimientos, sin experiencia, con corrupción, ni en español”.

Por si fuera poco, el principal enemigo del Gobierno de Peña Nieto, además de sí mismo, es el tiempo.

Con el cuarto año de gobierno en curso empieza el declive de la figura todopoderosa del Presidente.

Empiezan las deslealtades y las desbandadas hacia otro puerto con mejores posibilidades a partir del 2018.

Lo preocupante es que todavía falta poco más de un año y medio para que concluya esta administración.

El gobierno de Peña Nieto tiene enfrente problemas muy graves y le han agarrado en el peor momento, tanto que la mayoría de los mexicanos en una operación lógica simplista ya detectó que el principal problema de México se llama: Enrique Peña Nieto.

¿Harán algo para salvar un poco de prestigio?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
05 Marzo 2017 04:02:00
Las marchas en México no afectan a Trump
“Estamos perdiendo el tiempo mientras no entendamos el origen del poder de quienes lo ostentan”. Abel Pérez Rojas

Por sí solas, las marchas en México en contra de Donald Trump, le hacen lo que el viento a Juárez, y no es que no tenga el Presidente norteamericano puntos débiles, lo que sucede es que están mal enfocadas porque no se han entendido esos flancos endebles, ni en qué se cimenta su arrogancia.

En nuestro país hemos visto manifestaciones en contra de Trump desde que era candidato, después arreciaron con su toma de protesta.

Son infaltables las pancartas en contra de Trump en las incontables marchas en contra del gasolinazo en todo territorio nacional, y fue el causante de la campaña en redes sociales para colocar en los perfiles la bandera mexicana o el escudo nacional.

Casi a la par del presidente Peña, Trump se ha convertido en el villano favorito de los mexicanos.

El más reciente episodio lo acabamos de vivir este domingo con la controvertida manifestación #VibraMexico, la cual por primera vez reunió a miles, tanto en la capital como en provincia, bajo el fin exprofeso de manifestarle al Presidente norteamericano el rechazo de los mexicanos a sus políticas.

¿Todo esto va a cambiar sus decisiones que provienen de los compromisos de campaña adquiridos con los votantes que lo llevaron al poder?

Definitivamente no.

El principal compromiso que tiene Donald Trump es con los millones que votaron por él y lo llevaron a la Casa Blanca. Eso lo tiene muy claro y como empresario que es, sabe que lo van a evaluar por resultados y no por la simpatía que tengan de él sus vecinos.

En ese contexto debe entenderse que no le ha importado abrir un frente de batalla en contra de los gigantes de la comunicación de su país, ni en contra de la población de origen migrante, porque a pesar de ellos llegó a la Presidencia de los Estados Unidos.

Trump no sólo no va a dar marcha atrás a lo que ha prometido ni a lo que ha emprendido, sino que a mi parecer va a cobrar más vigor después de que su popularidad creció entre los trumpistas del 82 al 84%, según Gallup.

Debe entenderse que hasta ahora la única piedra que ha encontrado Trump en su camino ha sido el poder judicial, el cual le ha marcado un alto en su polémica medida de veto migratorio.

Mientras no se socaven las instancias norteamericanas, las cortes de aquel país sí serán un valioso contrapeso y freno a los arrebatos del millonario Presidente.

Por otra parte, a diferencia de las marchas en México, las manifestaciones en aquél país sí pueden incidir en la aplicación de las medidas decretadas por Trump, porque sin lugar a duda serán un enorme respaldo a las asociaciones dedicadas a la defensa de derechos humanos y a la protección del medio ambiente; y en el ámbito público, a la fortificación de las autoridades locales que decidan resistir bajo el modelo de Ciudades Santuario.

La Marcha de las Mujeres del pasado 21 de enero, tal vez sea la mayor referencia hasta ahora de cómo plantear una manifestación de repercusiones internacionales en contra de Trump.

La Marcha de las Mujeres debió de haberse replicado multitudinariamente en México, como un gesto de solidaridad con el pueblo norteamericano, pero en el reconocimiento de que es el pueblo de aquel país el que sí le puede poner un alto a su Presidente y que por supuesto estamos con ellos.

Creo que las marchas en México, más que en contra de Donald Trump, deberían centrarse en poner tal presión al Gobierno federal que no le quedará ninguna rendija, ninguna posibilidad de negociación a nuestras espaldas, y que no le quedara de otra más que seguir una verdadera estrategia patriótica y, en el ámbito exterior, un hermanamiento real con los países del resto del mundo, en particular con Latinoamérica.

Así que, las marchas en nuestro país en contra de Trump sirven como catarsis y para ver que somos millones los que no comulgamos con sus políticas, pero en los hechos, le hacen lo que el viento a Juárez, sobre todo si en secreto el Gobierno mexicano ya estableció acuerdos con él.

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
19 Febrero 2017 04:00:00
Contra Trump puede más el sistema judicial norteamericano
Donald Trump sabe perfectamente que las instancias internacionales en gran medida son una especie de figuras decorativas frente a las decisiones del Presidente de Estados Unidos, pero es todo lo contrario tratándose de los cuerpos legales internos norteamericanos, ellos sí que pueden ponerle freno a sus arrebatos y ocurrencias. Ahí está la clave.

El periodista español Iñaki Gavilondo resumió muy bien por qué las superpotencias ignoran cualquier recomendación o resolutivo de algún organismo internacional, dijo el comunicador de amplia experiencia: “Lo hacen porque quieren y porque pueden”.

Así de simple, los organismos internacionales les hacen muy poco o casi nada a los gigantes del planeta porque ¿con qué fuerza coercitiva los van a someter?

Por el contrario, en el pasado hemos visto cómo los Estados Unidos han puesto en tela de juicio las decisiones de aquellos, y en riesgo la operación de más de uno.

Por ejemplo, en el 2011 debido a la entrada a la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), los Estados Unidos retiraron su aportación a este organismo de la ONU.

Dicha decisión fue un duro golpe para la UNESCO, porque hasta aquel entonces Estados Unidos aportaba el 22% de su presupuesto total.

Es importante destacar que se adujeron normas de la legislación norteamericana que prohibían al Gobierno financiar a organizaciones que aceptaran a los palestinos como miembros.

La lista es larga de incumplimientos de acuerdos específicos de nuestros vecinos en relación con diversos asuntos que se ventilan en instancias como la Organización Mundial del Comercio o el Banco Mundial.

Por otra parte, frecuentemente nos topamos que, en Estados Unidos, por encima de los acuerdos internacionales se coloca la soberanía de los estados de la nación y por ende a sus constituciones locales, radical diferencia de países como México, en los cuales los tratados internacionales están por encima de las leyes y en un segundo plano en relación con la Constitución.

Ese es el marco en el cual deben entenderse las declaraciones recientes de Donald Trump al calificar a la ONU como un “club de gente para reunirse, hablar y pasárselo bien”.

Toda esta soberbia de política exterior, podría estrellarse en asuntos internos cuando se tope con las negativas de jueces y cortes norteamericanas.

Para la mentalidad de Donald Trump fue una humillación que un simple juez federal le haya puesto un alto, a quien por su investidura es uno de los hombres más poderoso del mundo.

El pasado viernes 3 de febrero, un juez federal de Seattle bloqueó el veto de Donald Trump al ingreso de ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, lo que provocó una iracunda respuesta del Mandatario, pero pese a su enojo la orden debió acatarse.

Días más tarde, el Gobierno apeló la decisión del juez, pero la Corte de Apelaciones del Noveno Circuito confirmó que la suspensión al veto presidencial seguía en pie.

Claro que en este caso específico de los migrantes de países musulmanes la confrontación legal apenas empieza, pero podría ser este asunto una pequeña muestra de lo que se avecina en Estados Unidos: la batalla en tribunales norteamericanos que darán organizaciones de ciudadanos que creen violados sus derechos.

El camino a seguir para los millones de afectados por Donald Trump es acudir a los tribunales norteamericanos y lograr que éstos se pronuncien en contra del Presidente.

Esta lección debemos aprenderla quienes estamos de este lado del río Bravo, porque es evidente que, pese a sus gritos y a su poderío, Donald Trump sí tiene freno y encontró a la horma de sus zapatos.

Enhorabuena por el sistema judicial norteamericano. Malas noticias para el aprendiz de dictador. ¿Está usted de acuerdo?
12 Febrero 2017 04:00:00
El Presidente debe entender el ‘¡Fuera Peña!’
“A nadie le sirve cerrar los ojos a la realidad”. Abel Pérez Rojas

Si Peña Nieto comprendiera el valor del “¡Fuera Peña!”, todavía podría rescatar algo de prestigio para él y su Administración.

Bajo la consigna “Fuera Peña” se ha sintetizado el encono generalizado en México que ha quedado claro en las múltiples manifestaciones a lo largo y ancho del país.

La consigna no es nueva y surgió desde aquellas protestas que denunciaron la andanada de anomalías del proceso electoral en el 2012, sólo que ahora, en cualquier protesta de los últimos meses, sin importar que se trate de asuntos totalmente locales, son infaltables las peticiones de renuncia del presidente Peña Nieto.

Lo anterior puede comprobarse al hacer una simple revisión en los registros fotográficos de las marchas, y de forma clara puede usted corroborarlo en la recopilación audiovisual semanal que el escritor Joe Barcala ha realizado de las mismas en su sitio web.

La consigna es una materialización del altísimo nivel de desaprobación del presidente Peña y de su Gabinete, que de acuerdo con las más recientes encuestas rondaría el 86 por ciento.

Pareciera que ante los altos índices de rechazo hacia el Presidente, estaría por demás poner el índice en el grito de guerra de quienes se manifiestan, pero no es así.

Las protestas y la consigna como punta de lanza deben entenderse como un intento de quienes se manifiestan de poder incidir de alguna manera en los problemas que tenemos enfrente y en la forma en que la están abordando las autoridades.

Mal hacen Peña Nieto y sus asesores en desestimar la fuerza social del “Fuera Peña” de las manifestaciones.

El poner al Presidente en el centro de cualquier protesta en el país debe entenderse como la terminación de la paciencia que hasta ahora han mostrado los mexicanos hacia Peña Nieto, pero también en términos generales hacia los políticos.

La impaciencia popular está acortando los márgenes y el tiempo de maniobra del Presidente.

Ante tal encono, ninguna válvula alcanzará para desfogar la inconformidad y expresiones de rechazo que ahora azoran.

Por ejemplo, el “jitomatazo” emprendido por Arneaus den Ruthen y su Poder Anti Gandalla quedarán como un juego de niños.

Nadie en su sano juicio desea la violencia, por eso es importante que el Presidente, como máxima figura política de este país, demuestre que le ha calado el mensaje de las multitudes y que está dispuesto a echar su resto en un viraje de timón verdaderamente patriótico.

Peña Nieto debe reinventarse en lo que le queda de presidente si no quiere consumir cualquier margen de negociación con su sucesor –del partido que sea– que le salve de juicios futuros en tribunales internacionales, además de cerrarle definitivamente todas las puertas a su grupo político, ya no en el 2018, sino en cualquier otro proceso presidencial futuro.

Por el bien de todos, Peña Nieto debe entender el mensaje.

¿Está usted de acuerdo?
09 Febrero 2017 04:00:00
Enrique, entiende, somos patriotas, no cómplices
“Enrique, entiende, somos patriotas, no alcahuetes”, fue el comentario contundente de un lector de uno de mis artículos que diferenció muy bien la necesidad de estar unidos en torno a México, pero que de ninguna manera debe entenderse esto como una aprobación al presidente Peña ni a los políticos mexicanos. Frente a lo que representa un presidente norteamericano como Donald Trump, en las últimas semanas se ha generado un sentimiento nacionalista entre los mexicanos como hace mucho no se había visto.

No es para menos, calaron hondo en el ánimo de nuestro pueblo los insultos y amenazas que ha proferido Donald Trump y las repercusiones económicas y sociales que se avizoran de su Administración hacia México. Además de los agravios, por primera vez cayó a pedazos ese consuelo que teníamos los mexicanos en el sentido de que, por seguridad y conveniencia, los norteamericanos jamás nos darían la espalda ni renegarían de la vecindad desventajosa construida durante años.

Por si fuera poco, el actuar de nuestras autoridades dejó mucho qué desear porque le apostaron al escenario en el que se apaciguarían los ánimos de Trump y se podrían establecer condiciones mínimas de diálogo. Los hechos demostraron lo contrario, Donald Trump sigue empecinado en su misma actitud y planes. Todo parece indicar que nadie lo va a hacer cambiar. Los mexicanos quisimos recuperar años de dependencia, y de la noche a la mañana surgieron esfuerzos por reposicionar lo que somos y lo que hacemos.

El coraje y la indignación fueron seguidos en su gran mayoría por actitudes de nacionalismo cursi, pero también de un sentimiento de revaloración genuino que nos ha orillado a visibilizar nuestros errores y defectos, así como nuestras fortalezas. Es en este contexto en el que debe analizarse el sentimiento de relativa unidad de los mexicanos frente a las amenazas externas y ante nuestro panorama interno.

El repudio y rechazo hacia la Administración de Donald Trump de ninguna manera debe traducirse como una aprobación al presidente Peña y a la Administración federal que él encabeza. Harían mal Peña Nieto y sus asesores en creer que el pueblo mexicano ha olvidado la serie de agravios que viene arrastrando la actual Administración.

Deben entender que es obsoleto aquel paradigma de hace algunas décadas en las cuales ser patriota era sinónimo de ser priista. Adicionalmente ha quedado claro en estas semanas que el encono no es sólo hacia la figura presidencial, también lo es hacia los partidos políticos que en su momento firmaron el Pacto por México y las llamadas reformas estructurales fallidas de este sexenio. Los mexicanos cada vez tienen más presente el amasiato de los partidos políticos en nuestro país. Y tarde o temprano hallarán la forma de hacérselos saber de la manera que más les duela.

En efecto, son tiempos de dar lo mejor de nosotros para sacar a nuestro país adelante, pero se equivocan rotundamente los políticos que creen que pueden colgarse de ese despertar para aumentar su popularidad, y menos de que se les van a solapar sus fechorías. ¿Está usted de acuerdo?
09 Febrero 2017 04:00:00
Enrique, entiende, somos patriotas no cómplices
“Grave error confundir patriotismo con incondicionalidad”.

“Enrique, entiende, somos patriotas no alcahuetes”, fue el comentario contundente de un lector de uno de mis artículos que diferenció muy bien la necesidad de estar unidos en torno a México, pero que de ninguna manera debe entenderse esto como una aprobación al presidente Peña ni a los políticos mexicanos.

Frente a lo que representa un presidente norteamericano como Donald Trump, en las últimas semanas se ha generado un sentimiento nacionalista entre los mexicanos como hace mucho no se había visto.

No es para menos, calaron hondo en el ánimo de nuestro pueblo los insultos y amenazas que ha proferido Donald Trump, y las repercusiones económicas y sociales que se avizoran de su administración hacia México.

Además de los agravios, por primera vez cayó a pedazos ese consuelo que teníamos los mexicanos en el sentido de que, por seguridad y conveniencia, los norteamericanos jamás nos darían la espalda ni renegarían de la vecindad desventajosa construida durante años.

Por si fuera poco, el actuar de nuestras autoridades dejó mucho que desear, porque le apostaron al escenario en el que se apaciguarían los ánimos de Trump y se podrían establecer condiciones mínimas de diálogo.

Los hechos demostraron lo contrario, Donald Trump sigue empecinado en su misma actitud y planes. Todo parece indicar que nadie lo va a hacer cambiar.

Los mexicanos quisimos recuperar años de dependencia, y de la noche a la mañana surgieron esfuerzos por reposicionar lo que somos y lo que hacemos.

El coraje y la indignación fueron seguidos en su gran mayoría por actitudes de nacionalismo cursi, pero también de un sentimiento de revaloración genuino que nos ha orillado a visibilizar nuestros errores y defectos, así como nuestras fortalezas.

Es en este contexto en el que debe analizarse el sentimiento de relativa unidad de los mexicanos frente a las amenazas externas y ante nuestro panorama interno.

El repudio y rechazo hacia la administración de Donald Trump de ninguna manera debe traducirse como una aprobación al presidente Peña y a la administración federal que él encabeza.

Harían mal Peña Nieto y sus asesores en creer que el pueblo mexicano ha olvidado la serie de agravios que viene arrastrando la actual administración.
Deben entender que es obsoleto aquel paradigma de hace algunas décadas en las cuales ser patriota era sinónimo de ser priista.

Adicionalmente ha quedado claro en estas semanas que el encono no es sólo hacia la figura presidencial, también lo es hacia los partidos políticos que en su momento firmaron el Pacto por México y las llamadas reformas estructurales fallidas de este sexenio.

Los mexicanos cada vez tienen más presente el amasiato de los partidos políticos en nuestro país. Y tarde o temprano hallarán la forma de hacérselos saber de la manera que más les duela.

En efecto, son tiempos de dar lo mejor de nosotros para sacar a nuestro país adelante, pero se equivocan rotundamente los políticos que creen que pueden colgarse de ese despertar para aumentar su popularidad, y menos de que se les va a solapar sus fechorías.

¿Está usted de acuerdo?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.




08 Febrero 2017 04:00:00
El presidente debe entender el mensaje del ¡fuera Peña!
“A nadie le sirve cerrar los ojos a la realidad”.
Abel Pérez Rojas

Si Peña Nieto comprende el valor del “fuera Peña”, todavía podría rescatar algo de prestigio para él y su administración.

Bajo la consigna “Fuera Peña” se ha sintetizado el encono generalizado en México que ha quedado claro en las múltiples manifestaciones a lo largo y ancho del país.

La consigna no es nueva y surgió desde aquellas protestas que denunciaron la andanada de anomalías del proceso electoral en el 2012, sólo que ahora en cualquier protesta de los últimos meses, sin importar que se trate de asuntos totalmente locales, son infaltables las peticiones de renuncia del presidente Peña Nieto.

Lo anterior puede comprobarse al hacer una simple revisión en los registros fotográficos de las marchas, y de forma clara puede usted corroborarlo en la recopilación audiovisual semanal que el escritor Joe Barcala ha realizado de las mismas en su sitio web.

La consigna es una materialización del altísimo nivel de desaprobación del presidente Peña y de su gabinete, que de acuerdo con las más recientes encuestas rondaría el 86 por ciento.

Pareciera que ante los altos índices de rechazo hacia el presidente, estaría por demás poner el índice en el grito de guerra de quienes se manifiestan, pero no es así.

Las protestas y la consigna como punta de lanza deben entenderse como un intento de quienes se manifiestan de poder incidir de alguna manera en los problemas que tenemos enfrente y en la forma en que la están abordando las autoridades.
Mal harcen Peña Nieto y sus asesores en desestimar la fuerza social del “Fuera Peña” de las manifestaciones.

El poner al presidente en el centro de cualquier protesta en el país debe entenderse como la terminación de la paciencia que hasta ahora han mostrado los mexicanos hacia Peña Nieto, pero también en términos generales hacia los políticos.

La impaciencia popular está acortando los márgenes y el tiempo de maniobra del presidente.

Ante tal encono, ninguna válvula alcanzará para desfogar la inconformidad y expresiones de rechazo que ahora azoran.

Por ejemplo, el “jitomatazo” emprendido por Arne aus den Ruthen y su Poder Anti Gandalla, quedarán como un juego de niños.

Nadie en su sano juicio desea la violencia, por eso es importante que el presidente, como máxima figura política de este país, demuestre que le ha calado el mensaje de las multitudes y que está dispuesto a echar su resto en un viraje de timón verdaderamente patriótico.

Peña Nieto debe reinventarse en lo que le queda de presidente si no quiere consumir cualquier margen de negociación con su sucesor –del partido que sea- que le salve de juicios futuros en tribunales internacionales, además de cerrarle definitivamente todas las puertas a su grupo político, ya no en el 2018, sino en cualquier otro proceso presidencial futuro.

Por el bien de todos, Peña Nieto debe entender el mensaje.

¿Está usted de acuerdo?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.



31 Enero 2017 03:30:00
Gasolinazo en febrero, ¿nos chantajearán con patriotismo?
“Empiezan jugando con nuestra inteligencia
y siguen socavando nuestra dignidad”.


Frente al descontento del primer gasolinazo de este año y la estrategia del miedo usada para apaciguar el repudio, cabe preguntarse: ¿Ahora se usará el patriotismo exacerbado que surgió como respuesta a las medidas de Donald Trump, para menguar la ola de repudio que generará el inminente segundo aumento de los combustibles previsto para febrero?

Sé que a muchos esta pregunta les parecerá ofensiva precisamente por los llamados a la unidad nacional que de todos lados surge, pero créame que si queremos salir del atolladero en el que nos encontramos es pertinente no dejarnos llevar por la obnubilación que provoca el nacionalismo a ultranza.
Vayamos por partes.
Antes de que la casi totalidad de la atención nacional fuera atrapada por el señor Trump, todos estábamos enardecidos por el impacto del gasolinazo en nuestra economía familiar. Marchas, plantones, tomas de casetas y protestas de todo tipo mostraron el encono de la medida dictada por los responsables de la economía nacional.

No es para menos, al aumento de los combustibles siguió el aumento en alimentos y en términos generales en casi todo.

Tal fue el impacto que de acuerdo con cifras recientes del INEGI la inflación en las primeras dos semanas de enero fue de 4.78 por ciento, cifra que rebasó el 3 por ciento calculado por el Banco de México para todo el año.
La popularidad de la gestión del presidente Peña llegó a sus mínimos históricos de acuerdo con una encuesta realizada por el periódico Reforma, en la cual el 86 por ciento dijo desaprobarla.

Al menos desde que se realizan encuestas en nuestro país para saber los índices de aceptación de una administración, jamás se habían visto números tan negativos.
El país se había unificado en contra del gasolinazo y en contra de sus artífices.

Hasta que tomó posesión Donald Trump de la presidencia de los Estados Unidos y empezó con sus órdenes ejecutivas a acelerar lo que había prometido en su campaña electoral.

La amenaza real que significa para México la administración actual de los Estados Unidos hizo que casi todos –unos por ambición, otros por sinceridad y otros más por ignorancia- pensáramos en la pertinencia de cerrar filas en torno a México y, por supuesto –aunque no nos guste y con sus limitantes respectivas- también en torno a quienes nos representan frente al gobierno de las barras y las estrellas.

Pero, pensar en la pertinencia de estar unidos frente a las amenazas externas no resuelve nuestros problemas internos, porque la corrupción sigue – México cayó 28 lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción en el sector público, elaborado por Transparencia Internacional-, continúan las ejecuciones y la violencia de todo tipo, y por si fuera poco cada vez está más cerca la renovación de la presidencia de la república en el 2018.

Guillermo Aboumrad, director de Estrategias de Mercado de Finamex Casa Bolsa, dijo en una reciente nota para Forbes México, que se espera para el 3 de febrero un nuevo gasolinazo del 8 por ciento.

Por si acaso, ya se curó en salud la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (Antad), en voz de su dirigente, Vicente Yáñez, quien dijo que de haber otro gasolinazo en febrero no abrirán sus tiendas por temor a los saqueos.

¿No le parece que están dadas las condiciones para que nos apliquen un segundo gasolinazo y ahora lo hagan abogando a nuestro sentido patrio?
En lo personal creo que sí, por eso debe quedar claro que nuestro sentimiento de solidaridad en torno a lo que es nuestro país de ninguna manera debe entenderse como un respaldo incondicional a las autoridades y a los políticos.

Nuestro país es mucho más que los políticos de nuestro país, por eso es oportuno dejar clara la posibilidad de que intentarán conmovernos por el amor patrio mal entendido.

¿Está usted de acuerdo?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.



22 Enero 2017 03:40:00
Saqueos, ¿el nuevo chupacabras?
“Siembran el pánico y todo cambia”. Abel Pérez Rojas

De confirmarse la versión de que los saqueos han sido una estrategia echada a andar desde las cloacas del poder para desviar la atención sobre los efectos nocivos del gasolinazo, desprestigiar las manifestaciones de inconformidad y pedir el endurecimiento del actuar de los cuerpos policiacos, estaríamos frente a la versión recargada de lo que en su tiempo y contexto fue el chupacabras: un distractor cimentado en la ignorancia y el miedo.

Sí, el chupacabras, aquel mítico ser que según el imaginario popular era una mezcla entre demonio y bestia que succionaba la sangre del ganado, que ocasionaba pérdidas considerables de granjeros y campesinos, pero que a pesar de que hubo quienes ofrecieron una cuantiosa recompensa a quien proporcionara muestras de tejido, que previos estudios, sirvieran para comprobar la existencia de una nueva especie, nunca pudo comprobarse algo.

Claro está que los cadáveres de ganado eran reales, pero varios no cuantificados, fueron montajes de personas ávidas de riqueza y fama; otros fueron víctimas de los depredadores naturales y otros más pudieron haber sido ocasionados por coyotes infectados.

Pese a que la presencia del chupacabras estaba asociada ineludiblemente con el ganado, el temor llegó a las ciudades y empezó a correr el rumor de que preferentemente las personas no transitaran solas por la noche o permanecieran en sus casas.

Muchos se lo creyeron, muchos citadinos vivieron con temor al chupacabras pese a no haber evidencia de su existencia.

Después iría quedando claro que este cuento fue usado desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari para desviar la atención sobre las reformas que desmantelaron el andamiaje nacionalista de la economía y de nuestro sistema jurídico.

Este desmantelamiento fue acompañado de una avalancha de privatizaciones:

“Carlos Salinas de Gortari, vendió casi mil empresas paraestatales, se profundizó la privatización de compañías públicas, tanto por la venta de empresas estratégicas para la economía nacional como por el número de entidades desincorporadas: las 618 empresas paraestatales existentes a inicios del sexenio de Salinas, (1988-1994) decrecieron a 210. Privatizaron gran parte de las empresas estatales porque se pensaba que serían más eficientes e impulsarían el crecimiento del país” (1).

Posteriormente el chupacabras, los avistamientos ovni y otros temas más fueron usados para distraer la atención del homicidio de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la presidencia, pero sobre todo de los severos problemas que se generaron con el llamado “error de diciembre”.

Ahora, con los saqueos a tiendas departamentales y de conveniencia de los primeros días del 2017, estamos viviendo algo muy parecido a lo de aquellos años y a ciertos escenarios resultantes del exagerado trato a la propagación de la pandemia de gripe A (H1N1) durante 2009 y 2010.

El pánico cundió después de que se difundieron imágenes de saqueos en ciertas zonas de la Ciudad de México, del Estado de México y Veracruz.

El miedo hizo su trabajo con las réplicas de saqueos en ciudades como Puebla, Monterrey y Guadalajara. El terror se había apropiado del mexicano.

En ciudades como Puebla, ante los rumores de que ciertos grupos de encapuchados estaban saqueando colonias y fraccionamientos, colonos levantaron barricadas principalmente nocturnas los días 5, 6 y, en menor medida, el 7 de enero.

Pese a que no había algún video o fotografía de saqueos a domicilios, las personas prefirieron hacer caso a los rumores y a las advertencias vertidas en las redes sociales.

Mujeres y hombres armados con piedras, palos, tubos y hasta armas corrían en pijama de un punto a otro a la espera de los saqueadores que nunca llegaron. Nadie filmó ni fotografió a los saqueadores nocturnos de viviendas, pero muchos juran y perjuran que en todos los casos no entraron a sus colonias debido a las barricadas.

Las imágenes que circularon de esas noches son de los propios vecinos armados, dichas imágenes, ya fuera de contexto, alimentaron aún más el miedo.

Un verdadero escenario propio de las películas de zombis.

Sólo con el paso del tiempo, y en la medida que surjan otros trabajos a la par de los publicados en La Jornada y Proceso, tendremos la certeza del origen, forma de operación, alcances y función de los saqueos, pero lo que sí queda claro es que asuntos muy importantes quedaron en el olvido.

El tema central de todo esto es la política económica por la cual han optado los distintos gobiernos en México, cuya cara sin maquillaje son los gasolinazos, los incrementos de precios en gas, electricidad y alimentos, así como la devaluación del peso. Ahora eso quedó en un segundo y tercer plano.

Para la opinión pública lo más importante son los saqueos.

¿Era el único propósito de los saqueos el sembrar el miedo para mitigar la capacidad de protesta frente a los gasolinazos?

¿En todo este contexto los saqueos recientes son el nuevo chupacabras?

¿Qué le parece?
18 Enero 2017 03:00:00
Saqueos, ¿el nuevo chupacabras?
“Siembran el pánico y todo cambia”.

De confirmarse la versión de que los saqueos han sido una estrategia echada a andar desde las cloacas del poder para desviar la atención sobre los efectos nocivos del gasolinazo, desprestigiar las manifestaciones de inconformidad y pedir el endurecimiento del actuar de los cuerpos policiacos, estaríamos frente a la versión recargada de lo que en su tiempo y contexto fue el chupacabras: un distractor cimentado en la ignorancia y el miedo.

Sí, el chupacabras, aquel mítico ser que según el imaginario popular era una mezcla entre demonio y bestia que succionaba la sangre del ganado, que ocasionaba pérdidas considerables de granjeros y campesinos, pero que a pesar de que hubo quienes ofrecieron una cuantiosa recompensa a quien proporcionara muestras de tejido, que previos estudios, sirvieran para comprobar la existencia de una nueva especie, nunca pudo comprobarse algo.

Claro está que los cadáveres de ganado eran reales, pero varios no cuantificados, fueron montajes de personas ávidas de riqueza y fama; otros fueron víctimas de los depredadores naturales y otros más pudieron haber sido ocasionados por coyotes infectados.

Pese a que la presencia del chupacabras estaba asociada ineludiblemente con el ganado, el temor llegó a las ciudades y empezó a correr el rumor de que preferentemente las personas no transitaran solas por la noche o permanecieran en sus casas.

Muchos se lo creyeron, muchos citadinos vivieron con temor al chupacabras pese a no haber evidencia de su existencia.
Después iría quedando claro que este cuento fue usado desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari para desviar la atención sobre las reformas que desmantelaron el andamiaje nacionalista de la economía y de nuestro sistema jurídico.

Este desmantelamiento fue acompañado de una avalancha de privatizaciones:
“Carlos Salinas de Gortari, vendió casi mil empresas paraestatales, se profundizó la privatización de compañías públicas, tanto por la venta de empresas estratégicas para la economía nacional como por el número de entidades desincorporadas: las 618 empresas paraestatales existentes a inicios del sexenio de Salinas, (1988-1994) decrecieron a 210. Privatizaron gran parte de las empresas estatales porque se pensaba que serían más eficientes e impulsarían el crecimiento del país” (1).

Posteriormente el chupacabras, los avistamientos ovni y otros temas más fueron usados para distraer la atención del homicidio de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI a la presidencia, pero sobre todo de los severos problemas que se generaron con el llamado “error de diciembre”.

Ahora, con los saqueos a tiendas departamentales y de conveniencia de los primeros días del 2017, estamos viviendo algo muy parecido a lo de aquellos años y a ciertos escenarios resultantes del exagerado trato a la propagación de la pandemia de gripe A (H1N1) durante 2009 y 2010.

El pánico cundió después de que se difundieron imágenes de saqueos en ciertas zonas de la Ciudad de México, del Estado de México y Veracruz.

El miedo hizo su trabajo con las réplicas de saqueos en ciudades como Puebla, Monterrey y Guadalajara. El terror se había apropiado del mexicano.

En ciudades como Puebla, ante los rumores de que ciertos grupos de encapuchados estaban saqueando colonias y fraccionamientos, colonos levantaron barricadas principalmente nocturnas los días 5, 6 y, en menor medida, el 7 de enero.

Pese a que no había algún video o fotografía de saqueos a domicilios, las personas prefirieron hacer caso a los rumores y a las advertencias vertidas en las redes sociales.

Mujeres y hombres armados con piedras, palos, tubos y hasta armas corrían en pijama de un punto a otro a la espera de los saqueadores que nunca llegaron.

Nadie filmó ni fotografió a los saqueadores nocturnos de viviendas, pero muchos juran y perjuran que en todos los casos no entraron a sus colonias debido a las barricadas.

Las imágenes que circularon de esas noches son de los propios vecinos armados, dichas imágenes, ya fuera de contexto, alimentaron aún más el miedo.
Un verdadero escenario propio de las películas de zombis.

Sólo con el paso del tiempo, y en la medida que surjan otros trabajos a la par de los publicados en La Jornada y Proceso, tendremos la certeza del origen, forma de operación, alcances y función de los saqueos, pero lo que sí queda claro es que asuntos muy importantes quedaron en el olvido.

El tema central de todo esto es la política económica por la cual han optado los distintos gobiernos en México, cuya cara sin maquillaje son los gasolinazos, los incrementos de precios en gas, electricidad y alimentos, así como la devaluación del peso. Ahora eso quedó en un segundo y tercer plano.

Para la opinión pública lo más importante son los saqueos.

¿Era el único propósito de los saqueos el sembrar el miedo para mitigar la capacidad de protesta frente a los gasolinazos?

¿En todo este contexto los saqueos recientes son el nuevo chupacabras?

¿Qué le parece?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente, dirige: Sabersinfin.com

• Máquina del tiempo: recordando las privatizaciones en México
http://www.sopitas.com/266406-maquina-del-tiempo-recordando-las-privatizaciones-en-mexico/
17 Enero 2017 04:00:00
Consiguió Gobierno unirnos contra el gasolinazo
Aunque con múltiples matices, la opinión pública se ha unificado en un solo sentido: el rechazo al más reciente gasolinazo y a la política económica seguida por el Gobierno federal. A todos ha enardecido el gasolinazo, y más cuando se contrasta con las promesas públicas que hizo el presidente Peña y su Gabinete de que con la reforma energética se acabarían los aumentos en los combustibles.

Pese a la apatía mostrada en otras ocasiones, por la cual la inconformidad se queda sólo en las redes sociales y no salta a las calles, en esta ocasión estamos viendo brotes en casi todo el territorio nacional.

Las manifestaciones son tan diversas como diverso es nuestro país. Cuando se va fraguando un movimiento de inconformidad contra un Gobierno es frecuente ver etapas en las cuales los diversos actores sociales no se ponen de acuerdo, de tal manera que las fuerzas aliadas del sistema hacen su labor de contención.

De alguna manera eso es lo que hemos visto en las últimas décadas en México, cuando surge inconformidad sobre algún suceso, sea un proceso electoral viciado, una masacre como la de Ayotzinapa o una devaluación, los partidos políticos satélites o aliadas y las televisoras –sólo por citar algunos– realizan una labor de “enfriamiento” para disipar la indignación social. Ahora parece ser que no serán
suficientes.

El Gobierno actual que tantos yerros ha mostrado en aclarar sucesos como los de Ayotzinapa y Tlatlaya, o en explicar convincentemente lo sucedido en el caso de la llamada “casa blanca”, o en el por qué se dio trato de mandatario a Donald Trump, ahora ha hecho algo que sólo se había visto en los días de desgracias naturales: unificar a todos los mexicanos en contra de algo, en este caso, la política económica cuya cara más reciente es el gasolinazo.

De ninguna manera es aceptable que en el repudio al gasolinazo se presente la violencia -de parte de los cuerpos policiacos ni de los manifestantes- pero si se quiere revertir todo el andamiaje jurídico y político que se construyó para hacer posibles las “reformas estructurales” de este sexenio e incubadas en los anteriores, el primer paso es mostrar que meterse con el bolsillo de la ciudadanía es tocar fibras que otros hechos lamentables no habían afectado.

El gobierno federal tiene que pensar muy bien cuáles son los pasos que va a dar en los siguientes días, porque si ya logró unificar a casi todos los mexicanos en su contra, entonces podría desatar algo que no se pueda pacificar en el corto ni mediano plazo.

Los mexicanos estamos de acuerdo en el rechazo al gasolinazo, pero es peligroso el surgimiento de grupos violentos y que de parte del Gobierno no haya la sensibilidad ni la capacidad para hacer la lectura correcta de lo que esto significa.

Entendámoslo: el México bronco despertó y las cosas no volverán a ser como antes.

¿Qué le parece?
07 Enero 2017 04:00:00
¿Tiene alguna posibilidad el PRI de ganar 2018?
A unas cuantas horas de publicarse el llamado gasolinazo hay un clamor generalizado de rechazo a la medida tomada y a toda la Administración federal.

Es de tal tamaño el desprecio que parece verdaderamente impensable la posibilidad de que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) pueda ganar las elecciones presidenciales de 2018, cierto es que en cuestiones políticas, como en muchas otras cosas en la vida, no hay nada escrito, por eso vale la pena detenerse a reflexionar en algunos puntos.

De acuerdo con una encuesta levantada por el periódico Reforma durante noviembre, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) aumentó sus preferencias en cuatro puntos porcentuales en el último cuatrimestre, de tal manera que en el ejercicio demoscópico el posible candidato Andrés Manuel López Obrador obtiene 29% de la intención de voto, seguido por Margarita Zavala con 26% y Miguel Osorio Chong con 15 por ciento (1).

Los resultados varían en distintos escenarios y también cuando se mide por partido, pero hay una constante: en ninguna de las combinaciones el PRI ocupa el primer lugar, en la mayoría de las posibilidades se ubica en la tercera posición.

Por otra parte, con motivo del Cuarto Informe de Gobierno se conoció también por una encuesta de Reforma (2) que 74% de las personas reprobaron la gestión federal y sólo el 24% dijo aprobarla.

En aquella ocasión se supo que la corrupción fue identificada por los encuestados como el principal punto en contra de la Administración federal y del propio Ejecutivo.

Hay que considerar que aún falta un año para que empiece formalmente el proceso electoral para elegir al sucesor de Peña Nieto, por ello de alguna manera en los procesos electorales que tendremos durante el 2017 en algunas entidades federativas podríamos tener mayores elementos para saber qué nos depara el 2018.

Tengamos presente que en el 2017 habrá elecciones en tres estados para elegir gobernador: Nayarit, Coahuila y Estado de México. También en el 2017 se renovarán las autoridades de 212 Ayuntamientos en Veracruz.

Me parece que a este escenario puramente electoral y de percepción tenemos que agregarle las embestidas que tendrá la economía nacional con el arribo de Donald Trump y la entrada en vigor para el 2018 del resto de medidas de la llamada reforma energética.

En ese contexto seguramente veremos en los próximos meses cómo el peso se devalúa por cualquier motivo y cómo se comporta el precio de la gasolina el cual se ajustará diariamente.

Ya para qué mencionamos la situación de violencia generalizada en nuestro país.

¿Podrá levantar la popularidad del Presidente en todos estos escenarios?

¿Repuntará la aceptación del PRI en medio de lo que se avecina?

¿Serán los gasolinazos los clavos del féretro priista?

¿Debemos considerar seriamente que la carrera presidencial está ya sólo entre Morena y el PAN?

En lo personal creo que llegado el momento los diversos grupos que conforman el PRI buscarán una alianza de facto con los dos punteros, desmembrando en los hechos, no de membrete a su partido; pero eso será motivo de otro análisis, sin embargo, dichos movimientos sentenciarán la salida del PRI de Los Pinos.

Al tiempo.

1. AMLO y Morena se acercan a Zavala y el PRI hacia 2018
http://politico.mx/central-electoral/elecciones-2018/item/20903-amlo-y-morena-se-acercan-a-zavala-y-el-pri-hacia-2018.

2. Peña sigue en el fondo, dice encuesta de Reforma; gana décimas en ciudadanos y pierde en líderes http://www.sinembargo.mx/01-12-2016/3121158.
06 Enero 2017 04:00:00
Gasolinazo: estocada al bolsillo
En medio del bullicio de los festejos de fin de año, de manera imperceptible, pero a paso, constante, cunde la depresión entre un buen número de mexicanos.

Aunque esta tiene múltiples factores detonantes, no debe soslayarse la incidencia de la cruda realidad de nuestro país –en particular la económica– en el estado anímico y psicológico de las personas.

Las personas depresivas pueden estar aparentemente jubilosas y festejando –como en esta temporada de fin de año–, pero por dentro, principalmente la angustia, el miedo y la soledad puede estarles agotando y consumiendo a tal grado que cada día es una cuesta arriba.

Aunque se cuenta con múltiples estadísticas, algunas dispares entre sí, al menos desde el 2014 se sabía que la depresión se encontraba entre las 10 primeras causas de atención externa de los hospitales del sector salud y que podría padecerla alrededor del 3% de la población, no obstante, hay estimaciones de hasta 25 millones de mexicanos que podrían padecerla (1).

Por supuesto, tanto el cuadro clínico como su presencia en la sociedad es una cuestión seria que ha originado estudios profusos, pero vale la pena traer a colación todo este panorama para avizorar lo que podría avecinarse.

Como es bien sabido, la temporada de Navidad y fin de año es la época en que aumenta la depresión de las personas debido a múltiples factores como son el clima, las reuniones y convivencias con las personas que nos rodean y que nos exponen a externar nuestros sentimientos, así como la necesaria evaluación que va aparejada con la conclusión e inicio de año.

Mención aparte, en un país como México, los factores económicos y sociales son detonantes de la depresión porque la historia de nuestro país nos ha enseñado que los fines y comienzos de año han sido las épocas marcadas por las crisis económicas, las devaluaciones y los hechos de sangre.

Por lo que llevamos hasta ahora, todo parece indicar que no será excepción la transición del 2016 al 2017.

En los días posteriores a la Navidad el dólar se cotizó a la venta en más de 21 pesos (2) y de acuerdo con los enterados en el tema, empeoran los pronósticos económicos para nuestro país en el año que empieza.

Tal vez los puntos emblemáticos de esos preocupantes pronósticos cobren rostro con el alza de la gasolina decretada para enero de 2017, todo esto como antesala a la liberalización completa del mercado pronosticada para el 2018, lo anterior producto de la llamada reforma energética.

Hoy se ha dado a conocer que el incremento deja temporalmente y en promedio a la gasolina Magna en 15.99 y la Premium a 17.79 pesos; cabe destacar que en febrero el incremento pasará de ser semanal a diario (3), está por demás decir que en automático se espera el aumento de precios generalizado derivado de ello.

¿Hay elementos para estar preocupados por la tormenta económica que se nos viene?

¿Cuántas personas perderán el sueño y la estabilidad emocional con ello?

Sin lugar a duda el panorama no es nada halagüeño, y si se vincula con el estado emocional y anímico de las personas es precisamente para prevenirlo.

Es claro que la situación económica y social de nuestro país no se solucionará de la noche a la mañana, ahí entra la previsión, la información y la acción.

Previsión para no gastar lo que no tenemos ni vamos a tener en el corto plazo y para acercarse a un asesor financiero y a un especialista de la salud mental. Información para saber qué rutas seguir en todos los sentidos. Finalmente, la acción en dos sentidos: uno, no ser una víctima más del embaucamiento generalizado que nos ataranta con hechos como los XV años de Rubí o la muerte de algún artista; y el otro, para retomar nuestros hábitos de vivir bien, del descanso necesario, de la alimentación saludable y de la paz resultado de la meditación y la reflexión.

El gasolinazo y lo que venga nos tiene que hallar preparados.

¿Qué le parece?

1. Millones en México padecen depresión.
http://archivo.eluniversal.com.mx/nacion–mexico/2014/millones–en–mexico–padecen–depresion–1030938.html

2. Anuncio sobre gasolinas lleva al dólar a 21.05 pesos http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cartera/economia/2016/12/27/anuncio–sobre–gasolinas–lleva–al–dolar–2105–pesos

3. Gasolina Magna sube a 15.99 y Premium a 17.79 pesos en enero de 2017 http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cartera/indicadores/2016/12/27/magna–1599–y–premium–en–1779–pesos–en–enero–de–2017

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