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German Martínez
German Martínez
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01 Octubre 2012 03:00:52
Traiciones a Morelos
El calendario, efemérides y aniversarios atrapan. Ayer se cumplieron años del natalicio de José María Morelos y Pavón; hoy del fallecimiento del enjundioso candidato presidencial panista Manuel Clouthier; mañana, de la aciaga noche de Tlatelolco.

Primera traición. Recientemente el suelo michoacano fue testigo de una pintoresca muestra de idolatría religiosa. En el poblado “Nueva Jerusalén” -muy cercano a las tierras de Carácuaro y Nocupétaro, donde el cura Morelos ejerció el sacerdocio católico- se atacó a la educación laica. Allí la instrucción estatal perdió su lucha, como dice la Constitución, “contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios”. Todos los órdenes de gobierno claudicaron al llamado de Morelos contra la ignorancia, fuente del hurto y la violencia. ¿El Ejército y la Policía Federal sólo están en Michoacán para combatir narcotraficantes?

Segunda traición. El fanatismo religioso de la “Nueva Jerusalén” se transforma en fanatismo político en la Universidad Michoacana -donde el joven Morelos estudió y conoció al entonces rector Miguel Hidalgo y Costilla-. La versión purépecha de los revoltosos #YoSoy132 secuestraron la vida escolar y, pertrechados con el argumento baladí de que “son rechazados artificiales del sistema neoliberal”, impidieron impartir clases. Los alumnos admitidos y responsables, con el heroísmo de Morelos en Cuautla, rompieron el vergonzoso sitio estudiantil. Las amenazas, chantajes o provocaciones no cesan. Esa casa de estudios, otrora fuente de próceres y conocimiento, vive en algunas áreas en el raquitismo académico y condena a sus egresados a la precariedad, y en no pocos casos, otra vez, a la violencia. ¿No hay nada ni nadie que haga rendir cuentas a esa universidad pública? Morelos animaba a cultivar la virtud.

Tercera traición. Ésta se produjo en la Cámara de Diputados al aprobar la necesaria reforma laboral. El desfiguro de los diputados de “las izquierdas” al irrumpir en la tribuna de la Cámara de Diputados, traiciona la más cara y, quizá, desconocida lección de Morelos: el respeto por todos los diputados.

En las condiciones más frágiles y asediado por los “realistas”, Morelos redactó de su puño y letra para el Congreso de Chilpancingo, un reglamento “para la instalación, funcionamiento y atribuciones del Congreso”, donde autoriza a todos los representantes a proponer proyectos, salvaguarda la discusión y, garantiza que “la mayoría” apruebe y resuelva la materia discutida. ¿Por qué no pasa nada cada vez que la izquierda no respeta el orden jurídico del Congreso? Morelos apostó por la sumisión de los diputados a la regla, para independizar al país.

Tentativa de traición. Animados porque en 1988 Manuel Clouthier, Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Ibarra pactaron impugnar juntos aquel proceso electoral, los panistas desde entonces buscan alianzas electorales con la izquierda. Espejismos puros. ¿Olvidan los gobiernos “antipanistas” de Sinaloa, Puebla o Oaxaca? Esos socios electorales del PAN, mañana 2 de octubre, desfilarán al Zócalo de la Ciudad de México, con los gritos de “asesino” para el presidente Calderón, de “ladrón” al presidente electo, Peña Nieto, y de “vendepatrias” a los legisladores que aprobaron la reforma laboral. Son simples saboteadores de las instituciones imaginadas y empezadas a construir por el michoacano Morelos. Quieren, además, una economía cerrada, consumo interno sin competitividad y privilegios laborales sin productividad. ¿Con esos explora alianza el PAN en Veracruz, Quintana Roo o Baja California? Sería doble la traición a Morelos. Éste creía, sin duda o ambigüedades, en el libre flujo de mercancías, en una menor carga tributaria, en una relación privilegiada con Estados Unidos y en una política de puertos abiertos. ¿Acaso políticas entreguistas?

Quizá parte del grave dolor de Michoacán y de esa sensación de abandono y temor en todo México se deba al olvido del carácter y pensamiento de Morelos. Para decirlo con el poeta Carlos Pellicer, quizá no hemos sabido “Gritar Morelos y sentir la flama”.
17 Septiembre 2012 03:00:20
El último grito de Felipe
No tardan en subir y colgar la estampa del presidente Calderón en Palacio Nacional. La pintura del retratista Santiago Carbonell está lista. El sitio -en la Galería de Presidentes del lado sur-, está preparado y vacío. Tendrá a su derecha a Vicente Fox, y al lado izquierdo la puerta por donde se ingresa al Salón de Acuerdos, testigo mudo de la traición y aprehensión a Francisco I. Madero.

El Presidente cumplió el rito. Gritó lo que tenía que gritar; sin sorpresas, estridencias, ni añadidos. Afuera, bajo un aguacero, sólo medio Zócalo replicó las arengas presidenciales, la otra mitad estaba ocupada por escenarios y pantallas e impedían ver la Catedral. Dentro de la multitud, un centenar de jóvenes catecúmenos del apóstol de la deslealtad democrática, también exclamaban y “mentaban madres”. Hubieran querido ver salir en el balcón presidencial a Andrés Manuel López Obrador; quizá todavía no lo saben: les faltaron votos y les sobraron gritos.

Comparado con el evento del Bicentenario, las ausencias de personajes en los Salones Verde, Azul, Morado, por donde marchan los cadetes y cruza el Presidente, fueron notorias. En el Salón de Embajadores, donde en 1821 se firmó el Acta de Independencia y medio siglo más tarde serviría de recinto fúnebre para exponer el cuerpo de Benito Juárez, los aplausos al Presidente sonaban a despedida.

Exaltar el nacionalismo y refrendar nuestra identidad mexicana tiene un riesgo: dejar de ver al mundo por jactancia del autoelogio, despreciar “lo extranjero” por gritar ¡Viva México!, o de plano, creer a otros pueblos y gobiernos ese “extraño enemigo” del que habla la letra de Francisco González Bocanegra, en nuestro Himno Nacional.

Festejamos el aniversario de nuestra independencia en un escenario internacional muy hostil contra Estados Unidos, los ataques de turbamultas a las sedes diplomáticas norteamericanas en países musulmanes han sido graves; y nuestra relación bilateral puede animar esa peligrosa alucinación antinorteamericana.

El atentado en Tres Marías contra agentes diplomáticos norteamericanos; el periplo de Javier Sicilia en territorio norteamericano, por cierto, ¿qué hubiéramos dicho si un gringo recorre el territorio nacional enjuiciando a nuestro gobierno?; la inmunidad concedida al ex presidente Zedillo, la propaganda electoral de Obama con los “mexicanos” Hilda Solís, secretaria del Trabajo, o Antonio Villaraigosa, alcalde de Los Ángeles; el operativo “Rápido y furioso”; y un prolongado etcétera, son la realidad desde la que nos debemos preguntar: ¿es “la independencia” en un mundo tan interdependiente, un valor a perseguir? ¿Inflamarnos de pompas laudatorias a nuestro patriotismo fortalece nuestra soberanía?

El grito mexicano no puede ser un grito antinorteamericano. La “obsesión antiamericana”, para decirlo con Jean-Francois Revel, es ese canto antimundializador alimentado por la desinformación, difamación y combate al liberalismo. El nacionalismo antiamericano es un vejestorio ideológico que quiere los privilegios del mercado sin sus exigencias y es enemigo de la modernización.

El presidente Calderón siempre fue claro y digno con nuestro vecino del norte (su discurso ante el Congreso estadounidense, en 2010, fue espectacular e histórico) pero no logró la reforma migratoria, ni detener el flujo de armas. Y la seguridad de México depende, también, de decisiones de Washington.

El viejo PRI simulaba a la perfección gritar contra Estados Unidos para pactar a trasmano. Ojalá ahora este nuevo gobierno no haga residir la independencia nacional en el barato prejuicio antiestadounidense.

¿En verdad gritamos ¡Viva Hidalgo!? Recordemos un hecho incontrovertible, prueba histórica de que se puede ser independiente sin ser antinorteamericano. ¿A dónde acudía aquel 21 de marzo de 1811, el cura Hidalgo cuando lo capturaron en Acatita de Baján, Coahuila? El Padre de nuestra Independencia encontró la muerte, cuando acudía a buscar la ayuda de Estados Unidos de Norteamérica.

Felipe Calderón gritó “adiós”. Lo espera, no sólo una pared, sino el juicio de la historia.
03 Septiembre 2012 03:00:00
¿Compró la Presidencia?
¿Enrique Peña Nieto compró la Presidencia de México? ¿La elección es un concurso comercial? ¿Puede venderse un sufragio?

Cuatrocientos años antes de Cristo, en la Grecia inventora de la democracia, Pericles, el famoso gobernante de Atenas, y su acérrimo rival Cimón, ya “compraban” votos. “Cimón –dice Plutarco, en “La Vida de Pericles”– que poseía numerosos bienes, los utilizaba para ayudar a los pobres, invitaba a todo el mundo a su mesa y daba vestido a los ancianos... Pericles utiliza el dinero para hacer donaciones y lo distribuye a la masa para que pueda asistir a los espectáculos y por sentarse en los tribunales. Y el pueblo se deja seducir”.

El peligroso vínculo dinero-democracia-poder no es característica exclusiva del sistema político mexicano, ni fatalidad de países con pobreza. El ex presidente francés Jacques Chirac y el emblemático ex canciller alemán Helmunt Kohl fueron señalados y juzgados por desviar recursos públicos a sus partidos.

En México la influencia del dinero en política tiene los mismos retos: concentración económica, falta de competitividad, pleno acceso a los medios de comunicación, dinero ilícito, etcétera; pero la soberanía popular está “limitada” o “motivada” por el dinero, porque se provoca e impulsa desde el Estado una cultura asistencialista. Ese Estado, en más de un sentido, es un activo “patrón” antilibertario, frente a un pasivo “cliente” que entiende al gobierno como un agente donador de bienes, no promotor de condiciones.

En esa cultura, nuestra democracia no es un “sistema de gobierno”, sino un “sistema de reparto y comercialización del gasto público”, donde el gobierno en turno (sea del partido que sea) distribuye el presupuesto mediante subsidios, dádivas, trámites, para mantener la aceptación del ciudadano-cliente. Y en las campañas electorales la oposición (también de cualquier partido) espera y construye su éxito en prometer mejorar el “negocio del reparto” del gasto estatal, e incluso comienza durante la contienda a entregar “anticipos”. La democracia desfigurada en “despensocracia”.

El reclamo del PRD por la “compra de votos” es cínico y cómico, porque sus gobiernos (en Distrito Federal a la perfección) ejecutan ese “mercadeo” de la voluntad popular con útiles escolares, zapatos, materiales de construcción, y ahora, hasta venta de huevo barato.

La reforma electoral de “tercera generación” de 2007 prometió evitar la perversión del dinero en la política. Sus artífices (algunos ciegos de odio a las televisoras) presumieron un blindaje de la democracia a la intervención de particulares, iglesias, gobernantes y dueños de medios de comunicación. Hoy sabemos que fue un rotundo fracaso.

Se hace política para producir derecho, cuando es al revés, y se expiden leyes para hacer política, siempre pierde la libertad. Eso pasó en 2007. Se robustecieron los controles estatales a los partidos para ahogar las libertades ciudadanas, se dañó la libertad de expresión, se fomentó la cultura clientelar, el negocio subrepticio con algunos medios de comunicación, la impunidad de los gobernadores por el gasto irregular, y se alimentaron (con dinero público, no privado) los rebaños de mercenarios en los partidos.

Mientras en Estados Unidos una decisión de la Corte Suprema de Justicia (Citizens United vs Federal Election Commission, de 2010) abolió los límites a la participación de empresas en el financiamiento de gastos a los partidos; aquí, generamos más barras y ordenanzas burocráticas. Prohibir, reglamentar, “topar” e incluso sancionar la relación dinero-sufragio no es suficiente. Las mejores prácticas son transparentar y exhibir al donante y donatario. Exponer y mostrar frente al elector, antes de la jornada electoral, esa relación dinero-poder debería ser la consigna.

Entonces, ¿Peña compró Los Pinos? Nuestra cultura política y el régimen jurídico electoral promueven, invitan y alientan la compraventa del voto, y hay ciudadanos y políticos, como los griegos de antaño, que se dejan seducir por algunas “ofertas de ocasión”.
20 Agosto 2012 03:00:22
Assange, Cuba y AMLO
¿Qué tienen en común Ecuador, Cuba y México? ¿La Embajada ecuatoriana en Londres, un accidente automovilístico en Cuba y la elección presidencial mexicana? ¿Un australiano programador informático, un joven político español ingenuo y un candidato presidencial derrotado? Además de ser izquierdistas, ¿en qué se parecen el presidente ecuatoriano Rafael Correa, el régimen comunista cubano y Andrés Manuel López Obrador?

El asilo diplomático concedido por el gobierno de Ecuador al fundador de WikiLeaks, Julián Assange; la apertura del juicio en Cuba a Ángel Carromero, militante del Partido Popular español, acusándole de homicidio, y la solicitud lopezobradorista de anular la elección presidencial mexicana tienen un común denominador: usar a las instituciones del Estado de derecho para buscar pleitos, chantajear adversarios, alebrestar falsos nacionalismos y robustecer liderazgos desde el encono social.

El presidente Correa abusó de la figura internacional del asilo, para atizar en Latinoamérica el sentimiento antinorteamericano. Proteger en su sede diplomática de Gran Bretaña al pirata informático Assange -acusado de delitos sexuales- no es un acto destinado a fortalecer el respeto a los derechos humanos, es la típica fanfarronería para nutrir de aplausos fáciles al gobernante populista. Se utilizan y desgastan las herramientas del derecho para hacer política, cuando precisamente la política debía protegerlas y cuidarlas.

Por su parte, el Gobierno cubano abrió sin garantías de independencia e imparcialidad, y sin transparencia, un juicio a un anticastrista español, Ángel Carromero, quien de visita a la isla tuvo un percance en su auto, y en el siniestro murió Oswaldo Payá, el líder más importante de la disidencia cubana. El proceso penal, por su hermetismo, celeridad inusitada y la severa pena de siete años de prisión solicitada por el fiscal, tiene un tufo a venganza política contra un opositor. También aquí el manejo de la justicia mira la conveniencia política. Es un escarmiento a los rivales de la dictadura de los hermanos Castro. Es muy fácil imaginar el desenlace si el accidentado hubiera sido un “camarada” venezolano. Éste ya estaría en libertad.

En ambas escenas el gobierno es fuente de conflicto. Ecuador con el gobierno inglés y Cuba con el español. Tensar la cuerda es la instrucción. Y las instituciones o herramientas creadas por la ley son simples ejecutoras de la consigna previa. Los tribunales y el derecho rendidos a la soflama.

La impugnación electoral de López Obrador ante el Tribunal Electoral tiene el mismo objetivo del asilo a Julián Assange o la acusación a Ángel Carromero: aprovechar y explotar a las instituciones del estado de derecho para emprender una ofensiva política contra los adversarios. Ni Correa ha demostrado compromiso pleno con la libertad de expresión, ni Cuba respeto absoluto a los derechos humanos, ni Andrés Manuel lealtad democrática y acatamiento de las sentencias electorales.

Exigir la nulidad de la elección presidencial con el argumento de una manipulación televisada y la “compra” de votos, sin ofrecer pruebas, es maniobra política para degradar a las instituciones de justicia, porque se conoce de antemano el resultado: la elección presidencial mexicana se declarará “válida”. El Tribunal sufrirá un desgaste y López Obrador quedará como víctima inocente.

López Obrador no busca serenamente decantar un parecer, sino echarle leña al fuego. No quiere la aplicación de la ley, sino la ratificación de su consigna. No somete uno hechos al “imperio” del tribunal, pretende someter al tribunal con hechos imaginados, parcialmente valorados y, en el fondo, falsos.

El Gobierno mexicano debería pronunciarse categóricamente contra el uso del derecho internacional para fines de propaganda populista en Ecuador, exigir en Cuba la inmediata liberación de ese ciudadano español y solicitar, ¿por qué no?, al Tribunal Electoral confirme y apruebe la elección presidencial.

El derecho, sus instrumentos y sus instituciones no pueden ser el tapete decorativo que pisan unos caudillos-buscapleitos.
06 Agosto 2012 03:00:34
¿‘Réquiem’ panista?
“Hemos visto tantas veces nuestra esquela en los periódicos, que empezamos a soñarnos inmortales”, gritaba Castillo Peraza a los panistas. Luego cambió de opinión, vaticinó que las oficinas de su sede central en Coyoacán serían un mausoleo. Manuel Gómez Morín también pensó el fallecimiento del PAN, incluso previó entregar el patrimonio remanente a la UNAM, como consta en sus Estatutos. ¿Está moribundo? ¿Sobrevivirá a la pérdida de Los Pinos?

El momento es crítico y serio. Cualquier organización humana puede desaparecer. El activismo, acomodos, nuevos nombramientos, mientras la institución debería estar en terapia intensiva de autocrítica, no es una buena señal. Todo mundo se mueve. El Presidente, el jefe del partido, los jefes estatales, los militantes, pero es una agitación sin control, sin rumbo. ¿Estertores? Quizá un síndrome de Parkinson colectivo. No hay vientos favorables para los capitanes de un navío a la deriva sin destino, dijo Séneca.

Unos decimos “refundación”; otros, “reconstrucción”; aquéllos, “reingeniería”; unos más, “relanzamiento”. Pero tras esas palabras se empieza a sentir una lucha fratricida. Un reparto de culpas sin asumir la propia. Al interior del PAN, se oyen ya afilar los cuchillos en todos los bandos. Es necesario y oportuno antes de refundar, reconstruir o relanzar, sencillamente, reconciliar.

¿Reconciliación con quién? Primero con el significado de Acción Nacional. ¿Qué es hoy el PAN? ¿Una colección de prejuicios conservadores? ¿Una nostalgia del robo de urnas? ¿Una asociación para la búsqueda de empleo? ¿Un vehículo al servicio público? Y segundo, una reconciliación entre todos los panistas para encontrar, juntos, ese nuevo rumbo.

La reconciliación no puede excluir a nadie. El presidente Calderón quiere seguir en la batalla política desde su partido. ¿Alguien le puede negar el derecho? Sin embargo, ya no puede pedir a su partido una lealtad al presidente de México, porque, perogrullada, ya no lo será. Será historia, no victoria. Calderón ya no es una voluntad popular hecha gobierno a la que, por responsabilidad democrática, se debió subordinar su partido. El postcalderonismo jugará “a nivel de cancha”, sin silla presidencial, donde, como siempre, podrá ganar o perder. El Presidente tiene derecho a defender los logros de su gobierno, pero deberá reconocer los fracasos de su gobierno, y ¿acaso también las recomendaciones y consejos a Josefina?

Pero la reconciliación de fondo no es una foto de todos los panistas abrazados, es un reencuentro con lo que simboliza hoy Acción Nacional. ¿Cómo reencantar a los ciudadanos? Su discurso se gastó. Repetir los viejos tópicos de dignidad humana, solidaridad, subsidiariedad, bien común, sin llenarlos de contenido, será inútil.

El PAN representaba el triunfo de la iniciativa individual, del mérito personal, del empeño privado, contra esa idea abstracta de igualdad o uniformidad, que en ocasiones tiene tufo totalitario. ¿Hoy quién defiende a la propiedad privada? ¿Quién reclama para el Estado la tarea de hacer cumplir los contratos entre particulares?

La labor de gobierno panista debió abrir espacios de libertad al ciudadano y, tras doce años de gobierno federal, agoniza por tragar el veneno de las políticas clientelares.

El PAN-gobierno vive una “cruda” después un festín de subsidios, ayudas y un largo etcétera de gasto legal pero no-liberador. La “acción nacional” que el PAN le propuso a muchos mexicanos fue “estirar la mano al gobierno”. Mandan en el partido quienes “bajan recursos” y ceban clientelas de ocasión electoral, por cierto, insuficientes para ganar.

El partido del “primado de la política” es ahora el partido del “primado de la despensa”. Y esa dádiva gubernamental panista se estrelló, en la elección, en manos corruptas o malagradecidas. ¿Ya compararon el mapa de votos panistas contra el de entrega de recursos federales? ¿Supervivirá fuera del torrente de dinero, una corporación adicta a las toxinas del gasto público? Ese es el reto. Reconciliar es regenerar, para no cantar aquel responso que dice, Requiescat in pace.
23 Julio 2012 03:00:22
Oswaldo Payá y el PAN
¿El PAN "no" asistirá a la toma de posesión del nuevo presidente de la República? ¿Qué desfiguro es ése? ¿Acaso los panistas ya mandamos al diablo a la instituciones del país? ¿Permutamos el diálogo con el PRI, por compartir el berrinche con el PRD? ¿Vamos declarar "presidente espurio" a Enrique Peña Nieto?

Esa intentona, ocurrencia o calculada estrategia de anunciar que el próximo Consejo Nacional panista deliberará el asunto de "la asistencia 'o no' de los legisladores del PAN a la toma de protesta del nuevo gobierno" (boletín de prensa, 16 de julio de 2012) no es un asunto menor, ni anécdota, ni chistorete de ocasión.

Imaginar, escribir y publicar, oficialmente, desde el Comité Nacional del PAN, la posibilidad de sabotear al nuevo presidente de México es jugar con fuego. Quienes lo hicieron, aunque en declaraciones ulteriores hayan matizado o corregido, confesaron su capacidad maquiavélica de colocar al partido al borde del abismo; con el fin, creo yo, de escurrir el bulto de su responsabilidad, mantenerse en el mando a cualquier precio y evitar una reflexión serena de las causas de la derrota electoral. (Además, olvidaron la reforma al Artículo 87 constitucional que permitirá rendir protesta en la Suprema Corte).

Quebrar el principio fundamental, demostrado en toda la historia panista, de que la lucha por el poder debe situarse, siempre, en el marco de la ley, y el respeto a la decisión de la instituciones de la República, sería firmar la propia sentencia de muerte del partido.

El PAN no debe olvidar la memoria y el legado del líder opositor cubano Oswaldo Payá Sardiñas, fallecido ayer en la isla.

Oswaldo Payá, Vicepresidente de Honor de la Internacional Demócrata de Centro, construyó una propuesta ciudadana de cambio político en Cuba, precisamente a partir, y no en contra, nunca en contra de la propia Constitución cubana. Esa iniciativa pacífica de reforma política, impulsada por miles de ciudadanos cubanos se llamó Proyecto Varela, y le valió a Payá el reconocimiento del Parlamento Europeo, al otorgarle el Premio Sajarov a la defensa de la libertad y los derechos humanos en el año 2002.

Entonces el régimen castrista lo dejó salir y viajar a Estrasburgo, para recibir el galardón. Aprovechó el viaje para visitar varios países, entre ellos México. Payá dictó una conferencia en el PAN, después algunos panistas fuimos convocados por Luis Felipe Bravo Mena a comer con él, en un patio del edificio de Coyoacán.

Con una paz interior y serenidad admirable, habló de su Proyecto Varela. Siempre enfatizó la necesidad de ganar autoridad a partir del apego a la ley, así haya sido dictada esa norma por el régimen comunista de Fidel Castro.

Comentó, sin ningún ánimo de venganza, ni odio en sus ojos, el dolor de los presos políticos y la experiencia de su familia frente al terror y la represión castrista. Recordó al sacerdote Félix Varela, forjador de la independencia y soberanía cubanas. Y sostuvo que apartarse de la la ley, en el reclamo del respeto a los derechos humanos, generaría más opresión y más injusticia. Nunca dudó que en su Proyecto Varela cabían todos los cubanos sin excepción.

Fue varias veces candidato al Premio Nobel de la Paz, alguna vez lo propuso el presidente checo Václav Havel. "Los cubanos no podemos, no sabemos, no queremos vivir sin libertad", sostenía. Y explicaba que la libertad sólo es posible en el respeto a los derechos fundamentales de todas las personas, y que estos derechos deben estar garantizados por un respeto a la ley, sin privilegios ni exclusiones.

¿Entenderá el PAN esa lección de acato, obediencia y sumisión a la ley cultivada por Oswaldo Payá? ¿Puede más el rencor antipriísta? En los últimos días la dirigencia panista ha dado señales de estar más cerca de los que, sin rubor, admiran a Fidel Castro, de los que nunca se han pronunciado por la libertad ni la democracia en Cuba.

Si vamos a olvidar a Oswaldo Payá, ¿por qué no, de una vez, se propone sumar al PAN a la asamblea de los violentos de Atenco para, también, impedir la instalación del Congreso?
09 Julio 2012 03:00:55
¿Debe dimitir Madero?
¿Sirve al PAN la renuncia de Gustavo Madero a la presidencia del Comité Nacional? ¿Debe el Consejo Nacional nombrar a un nuevo jefe nacional? ¿Abona a la unidad o divide al PAN la marcha de Madero? Las grietas en el edificio del PAN obligan a la cautela de cada paso, para evitar el colapso.

En la campaña presidencial hubo ausencias, brazos caídos y torpedeo de militantes y funcionarios gubernamentales panistas. El campeón de la deserción fue el Judas guanajuatense, quien por treinta monedas para el Centro Fox olvidó su pasado de gloria, pero no fue el único.

¿Dónde están en Oaxaca, Puebla o Sinaloa los bienes conyugales del maridaje con el PRD? ¿Todos los delegados de las dependencias federales en el país apostaron su liderazgo social para apoyar a Josefina? “Gorgojos del oportunismo”, les hubiera llamado Carlos Castillo Peraza.

La fractura panista tiene su origen en la falta de identidad del PAN; la ausencia de programa único y de rumbo de gobierno claro permitió, en la campaña, a cada panista llevar libremente agua a su molino con ofertas incluso contradictorias.

Pero hay otra razón del pleito entre panistas. Son los procesos internos para postular candidatos. No resuelven la parcelación del PAN, fomentan encono entre grupos y, el colmo, no están eligiendo a los candidatos más competitivos.

La pregunta es clara. ¿Cómo superar ese “grupismo” que debilita al partido? ¿Cómo avanzar en medio de las tribus azules? Tres propuestas:

1. Todos los panistas deben cantar la misma canción. Sería útil a la unidad tener un programa mínimo de exigencias, de mediano plazo, para dialogar con el nuevo gobierno de Peña Nieto.

Reiterar la agenda pendiente de libertad laboral y energética y, agregar, ahora, mejor control y transparencia del dinero en democracia. (El canto de la sirenas del PRD al PAN, para impugnar juntos la elección pasada, es muestra más clara de la debilidad y cinismo de López Obrador. ¿No que PRI y PAN eran los mismo?).

2. El PAN debe extirpar, por decoro institucional, a quienes le abandonaron. Gustavo Madero debe recordar la terrible historia de ingenuidad de su célebre ancestro, Don Francisco I. Madero, cuando aceptó poner a su lado a su propio asesino, Victoriano Huerta. Por las buenas o por las malas, deben salir del PAN los “gorgojos oportunistas”.

Ya sin el gobierno, es necesaria una verdadera depuración ¿purga? del padrón de militantes panistas. Después, ¿por qué no?, el juicio-espectáculo de expulsión a Fox.

3. El Comité Nacional debería convocar a esos nuevos militantes a una reforma atrevida y radical de sus estatutos, para modificar el método de elección de sus candidatos, frenar su desmembración en grupos e inhibir a los nuevos chacales traicioneros.

La nueva militancia debe poder elegir al nuevo Comité Nacional, y el Comité Nacional tener en exclusiva la facultad de elegir a los candidatos.

Hoy los dirigentes no responden de la elecciones, porque los eligió un Consejo panista, no la militancia y menos el ciudadano; por eso Gustavo Madero tiene derecho a quedarse.

Sin embargo, hoy tampoco los grupos internos responden del resultado de las urnas. Las tribus azules no rinden cuentas, porque son dos eventos distintos y separados, elegir candidatos y elegir dirigentes panistas.

Con todas sus virtudes y defectos el “grupismo” panista debe poder elegir dirigencia nacional; y ésta, a candidatos, para que cuando pierda la elección, ahora sí, por mandato estatutario, dimita el dirigente derrotado.

La crisis panista no se resuelve autoafirmando a sus dueños o reciclando los cotos y cuotas de siempre, son necesarias más democracia y más libertad para que los militantes elijan dirigentes y éstos decidan de manera libre a los candidatos, así se subordina y responsabiliza al grupo ganador del partido con el resultado electoral. El dirigente ganador, naturalmente, se reelegirá; el perdedor, renunciará.

Gustavo Madero debe ser capaz de responsabilizar al PAN de sus éxitos o fracasos. Los pasos de miedo, odios y recelos entre panistas acabarán definitivamente con el partido.
28 Mayo 2012 03:00:13
¿Espíritu universitario libérrimo?
¿Qué pensó el rector José Vasconcelos, cuando escribió “Por mi raza hablará el espíritu” en el escudo de la Universidad Nacional? ¿Ese espíritu universitario “habla”, ahora, en la contienda electoral por la Presidencia de México? ¿Estos jóvenes decididos a patear la puerta a Televisa son esa raza culta, cósmica, imaginada por Vasconcelos? ¿Tienen argumentos? ¿Escaramuza o despertar cívico?

Lo política y periodísticamente correcto es “quedar bien” con los muchachos: son sanos, no están maleados, son apartidistas, son el futuro del país, y un largo y zalamero etcétera.

Otros, con visión global, ven una “nueva primavera mexicana”, comparándola con los movimientos juveniles árabes protagonistas del derrocamiento de algunos sátrapas. Pero ojo: ¿sólo a tuitazos tumbaron al dictador egipcio Hosni Mubarak sin ninguna acción u omisión de los militares? Por cierto, después de la “primavera” en Egipto compiten por esa Presidencia un fiel al depuesto Mubarak (el mismo pasado) contra el líder de los fundamentalistas (el mismo pasado religioso). Algunas primaveras no saben para qué veranos trabajan. Y ese es el tema en México. ¿A quién beneficia la protesta
antiPeña?

Ni tardo ni perezoso López Obrador comenzó sus embelecos amorosos con los jóvenes. Organizó un mitin en Tlatelolco -no en la UNAM-, en la emblemática plaza de las Tres Culturas. Cabe la pregunta: ¿es similar el espíritu del 68 al de ahora? Ojalá no. Los sesentayocheros esperaron más de 20 años para ver el piso democrático mexicano. Con aquellas movilizaciones y el martirio de los jóvenes inocentes, sus líderes ni siquiera le arrancaron al PRI el derecho a votar a los capitalinos, conquistado 30 años después.

Recientemente en Michoacán, Andrés Manuel volvió a adular a la juventud estudiantil. “Son muy inteligentes”, protesten de manera “pacífica y creativa”; pero no dijo nada del secuestro violento y poco creativo de “sus” simpatizantes a la Universidad michoacana. Ni con el pétalo de una rosa tocó a esos jóvenes liosos. ¿Cambio verdadero? ¿Cuántos escolares lopezobradoristas frenan la vida estudiantil de las universidades públicas del país?

El compromiso del candidato de la izquierda con la educación es una pantomima, en las universidades privadas habla de compromiso democrático; en las públicas, deja correr la imposición autoritaria de “sus” minorías.

Pregunto: ¿son los mismos jóvenes los que quieren abrir la televisión y cerrar las universidades? ¿Son los mismos los que le mientan la madre a Peña Nieto, y los que gritan el estribillo de “no más sangre” acusando, sin exhibir pruebas, de genocida al presidente Calderón? ¿Son los que hoy se disfrazan del Che Guevara o del Subcomandante Marcos para mañana reclamar su estipendio público? Respondo: en el caso de que esos jóvenes sean los mismos, entonces son simples porristas de Andrés Manuel y pronto empezarán a ensayar el canto del fraude electoral.

Pero debemos reconocer que Peña Nieto los indigna. Es un insulto a universitarios proponerles en el decálogo “Una Presidencia Democrática”, “respetar la división de Poderes” y suscribir obviedades como compromisos, pero enmudecer en la preocupación central del joven: la educación de calidad conectada al empleo.

Ese es, creo yo, el verdadero espíritu universitario de estas movilizaciones: colocar a la educación en el eje de la campaña presidencial. Y allí, guste o no, Josefina Vázquez Mota es libre, no tiene ataduras corporativas para modernizar la educación.

En cambio, los mismos compromisos del PRI con la cúpula del sindicato magisterial los tiene el PRD con los maestros disidentes del sindicato. El mismo tono de voz de Enrique Peña frente a la maestra Gordillo es el de López Obrador con los maestros invasores del zócalo de Oaxaca.

Josefina, en educación, será una Presidenta totalmente “diferente”. Incluso a los presidentes panistas. Sueña como Vasconcelos al dibujar el escudo de la UNAM, “en una cultura nueva, de esencia espiritual y libérrima”. Subrayo, educación libérrima.
14 Mayo 2012 03:00:15
Con AMLO, ni a la esquina
Está clarísimo. La siguiente etapa de la embestida contra Josefina Vázquez Mota será pedirle declinar su candidatura para formar un bloque opositor al PRI. Aventarán el señuelo y no faltarán bocas panistas en ir a morderlo. El plazo permitido por la Ley Electoral para sustituir libremente a un candidato presidencial se agota. Sólo quedan 15 días.

Algún actor político, un equilibrista intelectual o un empresario con ropajes de salvador de la patria, lanzará la ocurrencia y presionarán con todo a Josefina.

El escenario está dispuesto. “Las campañas no prenden”, “las encuestas no se mueven”, “los partidos están desgastados”. Todo un coctel antipartidista para ofrecérselo a un “ciudadano” ajeno a los partidos, y dar un verdadero golpe de timón, con el fin de aglutinar, en 40 días, una fuerza opositora y volver a derrotar al PRI.

La música y letra de ese canto de sirenas dirigido a panistas es bastante conocido. Hace años entonaron un “choque de trenes” culpando a los partidos de la violencia que jamás existió. Hace tiempo pidieron el “voto en blanco” para repudiar a la clase política y acabaron de tontos útiles del PRI.

Esos grupos siempre tosen del lado izquierdo. Nada me extrañaría encontrar entre ellos a los traidores del voto popular de hace seis años cuando, sin el menor rubor, exploraron anular la elección presidencial e intentaron colocar un presidente interino, mientras López Obrador desafiaba a las instituciones democráticas, llenaba de odio el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México y buscaba impedir a Felipe Calderón, sentarse en la silla presidencial.

Esos apuñaladores del sistema de partidos, cocinan una nueva “iniciativa ciudadana” con el mismo aderezo antipriísta. Reclamarán un gobierno de coalición “sin partidos”; y advertirán, además, que sólo así México recuperará la paz perdida, claro está, por “culpa” de la violencia promovida por el presidente Calderón. Garlito puro a Josefina: desvincularla de la lucha contra el crimen de Calderón.

La maniobra tendrá como objetivo encubierto, darle oxígeno a la candidatura del PRD, es decir, impedir que la caída (lentísima, es cierto, pero permanente) de Enrique Peña beneficie a la candidata del PAN.

¿Deberá el PAN acudir con los lopezobradoristas? ¿Josefina debe tender un puente con Andrés Manuel? ¿Impedir el regreso del PRI a Los Pinos es un imperativo ético democrático? “López Obrador no es Hugo Chávez”, sostienen algunos ingenuos.

El PAN no puede ir con Andrés Manuel López Obrador ni a la esquina. Su misión (entre otras) debe ser combatir su modelo económico para reconocer en la Constitución y promover en la sociedad, más espacios de libertad al desempeño individual de los mexicanos.

Sí. Más iniciativa privada en Pemex, campo, fábricas, carreteras, puertos, electricidad, agua, etcétera. ¿Aceptará eso “El Peje”? Seguro no. Con el facilismo de un populista endilga el mote de “entreguistas” a las políticas públicas promotoras de la inversión y la libre competencia en el mercado.

Con esa misma ligereza citó en el debate a Lucas Alamán y recordó a Santa Anna. Ahora quiere un nuevo José Vasconcelos en la SEP. ¿Lo habrá leído o lo cita a ciegas, como Peña Nieto a la Biblia? Andrés Manuel se cree Benito Juárez, se retrata con él, dice admirarlo; pues bien, Vasconcelos afirmó del Presidente oaxaqueño, que “la metrópoli de su gobierno estaba en Washington”, que buscó apoyo de Norteamérica con el “obsequio” del tratado Mac Lane-Ocampo sacrificando la soberanía nacional. Y calificó de “traidor” al “Benemérito de las Américas”. (Breve Historia de México, Trillas. 1998. p. 278).

El equipo de Josefina debe combatir con fuerza al simulador Andrés Manuel, para un final electoral entre ella y Peña. Mientras sigamos intercambiando mimos antipriístas con el PRD, el PRI será el “diferente”.

Andrés Manuel ya nos perdonó a todos los que creemos que es un peligro para México. Muy bien. Muchos, obvio, no tan amorosos, todavía no le perdonamos a él su berrinche antidemocrático del año 2006.
30 Abril 2012 03:00:21
Humilladero laboral
En la "sociedad indecente" las instituciones "humillan" a las personas, dice Avishai Margalit, profesor emérito de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Trasladar libremente esa sentencia al mundo laboral nos permitiría decir: el sindicalismo indecente humilla al trabajador, y muchos sindicatos mexicanos son humilladeros laborales, desde donde se anima un círculo perverso de contubernio entre ellos y el Estado.

Primer paso, crear gremios laborales como fuentes de privilegios para apuntalar un Estado providencialista. Segundo paso, estimular desde ese Estado trámites legales, plazos administrativos, zonas de opacidad, ausencia de rendición de cuentas, etcétera, para favorecer a esos colectivos y volver a empujar al Estado benefactor; y claro está, amamantar a sus agremiados con subsidios y canonjías.

El Estado asistencialista cobija al sindicato y éste cuida del Estado paternal. Se alimentan mutuamente. ¿Y los trabajadores? ¿Y la productividad? ¿Y la competencia global? ¿Y el fomento a nuevas plazas de empleo? ¿Y el crecimiento de la economía?

Ese corporativismo mexicano recordará mañana, 1o. de mayo, un aniversario más de las luchas laborales de finales del siglo XIX y la masacre de obreros de Haymarket en Chicago, en 1886.

Nuestro sindicalismo, además, tiene dos caras, aunque la misma matriz antimoderna de humillación al trabajador. Por un lado un rostro contestatario, bravucón, antiliberal y anticapitalista, evidente apoyo a López Obrador. El otro está en brazos de Enrique Peña; no tienen ninguna convicción, históricamente agachan la cabeza a los dictados del gobierno en turno y mantienen la mano extendida al presupuesto nacional.

Los dos bloques se creen herederos legítimos y directos de las "conquistas" implantadas en nuestra Constitución Política desde 1917, cuando un país sin industria, sin conflictos laborales, con una economía rural de autoconsumo, plasmó en el texto constitucional los primeros derechos sociales-laborales del siglo 20.

¿Cómo llegaron a la Constitución mexicana esas "garantías laborales"? Recordar la historia demostrará el origen común de ese Estado asistencialista y ese sindicalismo asistido.

Venustiano Carraza (quien no tenía ningún compromiso laboral, incluso fue capaz de combatir huelgas con pena de muerte) concedió algunos "derechos laborales" al grupo del michoacano Francisco J. Múgica, para obtener el apoyo de éste en el verdadero propósito carrancista: robustecer y hacer hegemónico al Presidente frente a los otros dos poderes de la Unión. Así, el original artículo 123 de nuestra Carta Magna tiene como motivo fundacional la humillación del trabajador mexicano: engordar al presidencialismo del que después dependerá y vivirá el sindicalismo. ¿Ya olvidamos al emblemático líder obrero Fidel Velázquez, símbolo priista inequívoco de esa humillación de los trabajadores frente al presidente de la República?

¿Cuánto empleo habrán destruido o ahuyentado esas leyes laborales vigentes al recelar de la empresa y dudar de la flexibilidad del trabajo? ¿Cuánta incertidumbre generan por mantener la resolución de los conflictos obrero-patronales, en el discrecional ámbito administrativo (dentro del Poder Ejecutivo) y no en el de estricto derecho de la plena jurisdicción laboral (Poder Judicial)? ¿Cuánta mediocridad propician en el aparato productivo por no alentar la inversión privada y la democracia sindical? ¿Cuánta regulación gubernamental inútil mantienen para humillar al empleado en su centro de trabajo?

Quizá sea difícil ver una reforma liberal laboral, para romper el cordón sindical con el Estado. PRD no la quiere, PRI engañó con quererla. PAN ¿la querrá? ¿Todos viven del humilladero laboral?
16 Abril 2012 03:00:22
El espectáculo del ‘peñismo’
El PRI enojado por los spots del PAN, quería seguir con su campaña-vodevil. Simple pasarela para recibir aplausos, donde no se puede tocar ni con el pétalo de una rosa al puntero en las encuestas. Comedia de muecas simuladas. Concurso de ademanes de cartón.

Mucho ha perdido la política para despojarla, ahora, hasta del debate. ¿En verdad, con honradez de análisis, alguien puede sostener que contrastar resultados de gobierno es calumniar?

Quizá algunos adolescentes democráticos confunden, o no están familiarizados con una de las herramientas clave de una contienda electoral libre: la compulsa pública y permanente de ideas, programas, ofertas y biografías de los candidatos.

Un soporte fundamental del sistema democrático son ciudadanos plenamente informados de las propuestas de futuro sí, pero también, ¿por qué no?, de la crítica al gobierno presente, sea del partido que sea. ¿Cómo entender vivir en la pluralidad sin cuestionamientos entre quienes, se supone, piensan distinto? ¿Existe otro mejor momento, a las campañas, para evaluar y por tanto, premiar o sancionar con el voto, el desempeño gubernamental de quien quiere volver a gobernar?

El mismo PRI muestra dos varas para medir el desempeño público. Si el reproche es a Calderón afirman exigir genuinamente una rendición de cuentas, pero cuando la impugnación es a Peña, ponen el grito en el cielo y le llaman "guerra sucia".

El "no hagan olas" por supuesto que favorece al PRI. Ellos son la cultura de "el que se mueve no sale en la foto". La ambigüedad y la calma son su mejor terreno.

Sólo en la vaguedad y en ese monstruoso "quedar bien con todos" cabe perfectamente su campaña contradictoria para recuperar la Presidencia: pregonan un "cambio" y, al mismo tiempo, prometen seguir con el rumbo del gobierno panista. ¿No? Veamos: critican la lucha contra el crimen y prometen que el Ejército seguirá en las calles o la Marina patrullando, por ejemplo, Veracruz. Dicen que fueron 12 años perdidos los gobiernos de Fox y Calderón y ofrecen seguir con Oportunidades y Seguro Popular. En Pemex quieren inversión privada como históricamente demanda el PAN. Y en materia laboral, dan su palabra para aprobar la reforma laboral panista bloqueada por los diputados priistas, ¿cuál cambio? Incluso repudian haber sacado el tianguis turístico de Acapulco, pero ofrecen, también, llevarlo fuera de ese puerto, al menos tres años del sexenio.

En el cotejo político el peñismo no es consistente ni sólido, porque pierde su ambiente, como un pez fuera de su pecera. Su entorno es el espectáculo, las luces, las cámaras grabando, la imagen segura, el abrazo al infinito frente a un grupo de simpatizantes con las manos extendidas al viejo estilo de López Portillo, prendas de moda con los colores correctamente seleccionados, escenario y templete bonitos. Oropel hueco para el relumbrón mediático. Es simple publicidad para suplir inteligencia.

En una palabra, peñismo es espectáculo. Y espectáculo para Mario Vargas Llosa, es sinónimo de frivolidad.

Vargas Llosa "no se cuida" como algunos de nuestros intelectuales gelatinosos para sostener lo que cree aunque no sea políticamente correcto. Se define claramente y provoca debates. En España apoyó a un partido pequeño sin posibilidad de victoria; en Perú llamó a votar "sin alegría" a Ollanta Humala.

El Premio Nobel acaba de publicar un ensayo titulado "La Civilización del Espectáculo" donde critica la banalización de la cultura, al periodismo irresponsable y, también, a la frivolidad política, a ese quehacer político facilista que propone a un auditorio lo que la concurrencia quiere oír, y tal y como lo quiere ver; al sacrificio de la visión de largo plazo por la inmediatez del elogio y las loas efímeras; a esa tentación de hacer de un político fuente de chismes sobre la vida privada. Peñismo puro.

Vargas Llosa dice que ese espectáculo degrada la política.

Pues bien, ese escritor universal se pronunció hace unos días, abierta y contundentemente, por el triunfo de Josefina Vázquez Mota.
02 Abril 2012 03:00:13
¿Libertad religiosa a monaguillos?
Para “dar” al César lo que es del César y a Dios lo que le corresponde a Dios, es necesaria la libertad. Sin libertad no se puede “dar” ni al César –es decir al gobierno– ni a Dios absolutamente nada.

Dar sin libertad es arrebatar y convierte al César en ladrón autoritario, por apropiarse de algo sin consentimiento de su gobernado. Al mismo tiempo, profesar un culto a Dios sin libertad, me atrevo a decir, es fanatismo puro. Dios es verdad, y la verdad hace libre a los hombres, no los idiotiza, ni los humilla.

La visita del papa Benedicto XVI y la aprobación en el Senado de la reforma al Artículo 24 constitucional regresaron al debate el tema religioso. ¿Dónde están el César y Dios en nuestro país? La historia mexicana tiene dolores y cicatrices con las respuestas a esa pregunta.

Años antes del Grito de Independencia del sacerdote Miguel Hidalgo y su ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, el virrey de Croix expulsó a los clérigos jesuitas.

Medio siglo después de la firma del cura Morelos en la Constitución católica de Apatzingán, se promulgaron las antirreligiosas “Leyes de Reforma” para “proteger” al ciudadano de la “indebida” injerencia del clero.

Con ese mismo celo anticlerical de guardián del pueblo, Plutarco Elías Calles provocó la guerra cristera. Hasta 1992 el presidente Salinas, con el apoyo del PAN, normalizó las relaciones del Estado y la Iglesia católica.

Todavía hoy algunos antirreligiosos eso sí, vacacionistas puntuales de la Semana Santa– quieren un Estado tutor de la conciencia de los mexicanos. Tienen la visión vetusta por decimonónica de una religión como peligro, “opio” para drogar al pueblo; y justifican al laicismo como control estatal sobre la razón humana.

Consideran, con ingenuidad paternalista, que un párroco pronunciando un sermón desde el púlpito tiene más dominio sobre las mentes que un comunicador en la televisión. Son capaces de pedir vigilar el catecismo, porque sospechan que el padre Ripalda tiene más niños seguidores que el futbolista Cristiano Ronaldo.

Ni el confesionario ni el Vaticano tienen mayor impacto social que Google o Apple, y nadie acusa a éstos de manipulación ideológica, salvo en gobiernos totalitarios. ¿Eso quieren?

El Estado es laico. Laico por “lego”, popular e independiente, capaz de tomar decisiones sin amparo en una divinidad; pero nunca laico por oponerse a la relación de una persona con Dios.

El Estado verdaderamente laico es promotor de las libertades, entre ellas, al derecho humano a la libertad de pensamiento-conciencia-religión.

Algunos liberales de ocasión militan a favor de causas obvias de la libertad, por ejemplo de expresión, asociación, tránsito, información, etcétera; pero enmudecen para defender plenamente la libertad religiosa.

Otros prefieren “libertad sierva” (Martín Lutero) frente al Estado, y aceptan una libertad religiosa llena de reglas para impedir a un credo divino tener impacto en la sociedad, fuera de los templos. Están cómodos con una débil libertad religiosa, sólo para monaguillos.

La libertad religiosa implica no obligar a nadie a actuar contra la conciencia, ni impedir a nadie actuar conforme a ella. Por tanto, debe ir más allá del culto, y garantizar la titularidad de bienes y medios de comunicación a las iglesias para cumplir sus fines, y a los padres de familia decidir la orientación espiritual de los hijos, y a éstos no recibir una enseñanza contraria a su devoción.

¿La educación del Estado es “pública” no “estatal”. Lo “público” sólo pertenece al Estado? ¿Cómo conocer lo “público” sin libertad? ¿Por qué presionar, entonces, para aleccionar el conocimiento escolar desde el nihilismo, por qué insistir en esa nadería espiritual, a quienes consideran un valor la religión?

La religiosidad no es un tema de cielo o infierno, es un hecho terrenal –no único ciertamente– para formar personas libres y virtuosas. Optar por una religión o por el ateísmo es, diría G.K. Chesterton, “el más libre y fuerte de todos mis actos de libertad”.
19 Marzo 2012 03:00:03
Cádiz y el Estad(i)o vacío
Lo anecdótico puede ser trágico. El campo de fútbol vacío en el evento donde rindió protesta Josefina Vázquez Mota como candidata del PAN, fue un asunto menor. Mal evento, foto frustrada, pero nada más. Lo verdaderamente preocupante no es un estadio vacío en una convocatoria del PAN, sino un Estado vacío por lenidad del PAN.

Poco a poco, el moderno Estado liberal parece quedarse sin la defensa panista.

Esa forma cultural de organización civilizada de la libertad bajo el imperio de la ley, asumida por nuestra tradición constitucional como Estado de Derecho, cumple exactamente hoy 200 años de vida, desde su juramento en 1812 en el puerto de Cádiz, España.

En plena lucha de México por su independencia, el 19 de marzo de ese año, las Cortes de Cádiz proclamaron un documento que intentó dejar atrás al absolutismo español, consagró espacios de respeto al individuo, instauró el sufragio universal indirecto, promovió la libertad de prensa e imprenta, dividió el ejercicio del poder; en suma, trató de edificar un imperio de la ley, en una época sombría y dentro de una sociedad familiarizada con la censura o amenazada con la tortura.

La Constitución de Cádiz representó una auténtica transformación en la función estatal de impartir justicia, al separar el poder legislativo del jurisdiccional, acabó con los señoríos judiciales, y por si fuera poco, abolió la afamada y temible Inquisición; es decir, llenó al Estado de capacidad para hacer valer la igualdad civil y la libertad personal de los ciudadanos.

Cuando se vacía al Estado de esa cualidad al momento de impartir justicia, y se exigen castigos por aclamación popular, se corre el peligro de convertir a la justicia en venganza, y se legitima -como antes de Cádiz-, a los tribunales de consigna, de fe, de odio o de escarmiento espiritual.

¿Eso quiere Acción Nacional en el famoso caso Cassez? ¿Por qué permite o tolera el discurso de un Estado hueco frente al delito de la señora Wallace? ¿El PAN considera a las formas jurídicas y los procedimientos estipulados en la ley, simples estorbos para combatir el crimen? ¿Todo se vale para meter a prisión a los delincuentes? ¿Es correcto espiar o detener sin orden judicial? ¿Es un entretenimiento de televisión la procuración de justicia? ¿Todo lo policiaco se aplaude? ¿Por qué el PAN -con enorme tradición de respeto a la ley-, guarda silencio, esquiva preguntas y, en suma, desnuda al Estado de su ropaje legal?

La Constitución de Cádiz contempló, ¡hace dos siglos!, un “debido proceso” para deslindar responsabilidades penales en forma “breve y sin vicios” (art. 286). Consagró garantías para presos o detenidos (art. 302). Reglamentó las condiciones dignas de las cárceles (art. 297). Y desde entonces, disponía que los “arrestados” debía comparecer ante el juez ¡”antes de ser puestos en prisión”!; pero si eran llevados a la cárcel en calidad de detenidos, el juez les debería recibir su declaración ¡en menos de veinticuatro horas! (art. 290).

Un Estado sin formas por respetar, ni plazos legales por guardar, está despojado de autoridad. Su mandato es capricho, antojo del gobernante en turno. Tragedia pura.

En el Estado liberal, la última palabra no la tiene la policía, sino un juzgador; y la víctima, aunque sujeto de reparación del daño, no suplanta al juez para emitir una sentencia.

Josefina Vázquez Mota puede ser Jefa de un Estado lleno de poderío y decoro. Le basta comprometerse a seguir la necesaria lucha contra el crimen del Presidente Calderón sin atajos ilegales, con respeto a garantías constitucionales, sin protagonismos mediáticos, y, con necesaria eficacia procesal del ministerio público al preparar los expedientes punitivos.

Ese pronunciamiento de Josefina, debería hacerlo en el Zócalo capitalino, para demostrar, indiscutiblemente, su poder de convocatoria y, de paso, recordar que esa plaza de la Constitución, se llama así, por la Constitución liberal de Cádiz.
05 Marzo 2012 05:00:06
Josefina y el brete azul
Sean cuatro, sean siete o sean más los puntos que, a decir de las encuestas, separan a Josefina Vázquez Mota del triunfo electoral, lo cierto es que la tendencia es ganadora. Josefina no deja de subir. Sin embargo, la pregunta es: ¿el empuje del Partido Acción Nacional le alcanzará para ganar la Presidencia de México? Me temo que no.

El PAN en algunos lugares es exiguo, en otros está exhausto. A nadie sorprende la debilidad panista en Tabasco o Guerrero. Pero es preocupante la desventaja en el Distrito Federal y el Estado de México. La fragilidad, por ejemplo en Nuevo León, Chihuahua, Coahuila, Veracruz o Jalisco, motivada por las recientes contiendas internas transformadas en peleas fratricidas, es mala noticia para Josefina. La fuerza para empatar definitivamente la contienda se puede esfumar en la gresca azul.

Si Vázquez Mota quiere llegar a Palacio Nacional, está obligada a rebasar a sus compañeros de partido. No puede detener su marcha a contemplar el triste y desgarrador espectáculo de panistas escupiéndose a la cara.

El equipo de la campaña presidencial de Josefina debe pintar categóricamente una raya frente al lodazal del acarreo, al reparto de despensas, a la manipulación entre funcionarios del Gobierno federal, a las amenazas y consignas dentro del PAN. Ese fuego de la discordia panista no debe incendiar el comité presidencial.

Todas las encuestas coinciden en calcular en poco menos de 20% el voto de los llamados “indecisos”. Ciudadanos dispuestos a participar sin militar. Electores sensibles a rechazar el caos interno de los partidos.

No es un secreto decir que la victoria está en entusiasmar a esos votantes dudosos. Y la respuesta a los indecisos no está en la estructura orgánica ni en la tradicional oferta panista. Y por si fuera poco, el desorden del partido los ahuyenta.

Por eso Josefina debe, sin romper, poco a poco tomar distancia de su partido. Felipe Calderón lo hizo. Navegó rumbo al triunfo separado de una dirigencia nacional que le “hacía olas” y le metió zancadillas. ¿Por qué no caminan igual los “josefinistas” respecto a muchos candidatos y algunos dirigentes del PAN? Vicente Fox también. Construyó en su momento, para mohína de panistas pero éxito evidente, a los Amigos de Fox.

Al iniciar la campaña Josefina Vázquez debe proponer encabezar un gobierno donde quepan, coligados, todos los compromisos de transformación liberal del país, diga lo que diga el PAN.

Allí deben estar los que piden reformar a Pemex para promover la inversión privada, los que ven necesario revisar los subsidios al campo, los que creen en la rendición de cuentas sindical, los que confían en controlar el endeudamiento de Estados y municipios, los que están dispuestos a combatir los monopolios económicos, los comprometidos con la educación pública de calidad, los que no confunden la autonomía universitaria con su impunidad financiera, los que creen mejorable la lucha contra el crimen, los que promueven algo más que dádivas para combatir la pobreza, los que no tienen nudos ideológicos para el ejercicio pleno de la libertad, los que combaten la discriminación; en fin, los que creen una ventaja aprovechable a la frontera con Estados Unidos, y no un castigo divino. Visto el desfiguro de algunos panistas, no está demás recordar el “mucho ayuda el que no estorba”.
20 Febrero 2012 05:06:42
De La Salle, medio siglo
Al primer rector de la Universidad La Salle que conocí lo secuestraron ese día. Fue a principios de los años ochenta. Se llama César Rangel Barrera. Un profesor alegre, sencillo y servicial. Aquel día acudió a visitarnos a los alumnos del Colegio tapatío Francisco Febres Cordero, acampados en una hacienda propiedad de los hermanos lasallistas, cerca de Valle de Bravo. Un familiar de los cuidadores del rancho lo raptó, para devolverlo en un exitoso rescate digno de película, incluida bolsa con dinero, policías en la cajuela de un automóvil y helicóptero.

El rector Rangel, dos años antes de la caída del muro de Berlín, consiguió la libertad académica para la Universidad. Autonomía necesaria, porque la casa de estudios superiores lasallista se fundó en el seno generoso de la UNAM, el 15 de febrero de 1962, justo hace medio siglo.

Los primeros pasos fueron difíciles, sólo para la tenacidad de Manuel de Jesús Álvarez Campos, capitán fundador. Incluso, algunos religiosos como el filósofo michoacano Fernando Anzorena tuvieron que “recursar” toda su carrera en la UNAM, para mantener la “incorporación” y “dar validez” a los estudios de la preparatoria lasallista.

Esa tradición de formar, no sólo aleccionar alumnos llegó a México hace más de un siglo, con unos maestros franceses, sabios y pacientes como Adrian Gibert y Pierre Lyonnet.

Otras manos inteligentes construyeron colegios por todo el país. Numerosos mexicanos aprendieron a leer y escribir o abultaron su cultura, en las aulas de docentes de excelencia como los hermanos Víctor Bertrand, Pedro Córdova Concha, Manuel Arróyave, Rafael Martínez, Mariano Ramírez Degollado, Pedro Vela, Juan Fernández Eguía, José Antonio del Coss, Jorge Bonilla o Juan Bulbulián, entre muchísimos más.

Actualmente La Salle atiende a más de 100 mil alumnos mexicanos de preescolar a posgrado, y la red de sus Universidades está en 14 ciudades.

¿Qué motivó esa “escuela global” con presencia en más de 80 países del mundo? En el escenario de guerra, peste, hambre e inequidad de la Francia del siglo XVII, y antes que Rousseau definiera su concepto de soberanía, antes que Diderot y D’Alembert redactaran la Enciclopedia, antes que Montesquieu desarrollara su tesis de la división y equilibrio de poderes, antes que Voltaire sentará las bases de la tolerancia civil, antes que Étienne Bonnot de Condillac divulgara en el país galo a John Locke; o, para decirlo con claridad, antes del enorme aporte teórico de la Ilustración a la igualdad francesa; un universitario de la Sorbona, hijo de un prominente abogado, Juan Bautista De La Salle, puso manos a la obra, decidió que la educación era el método para arrebatar niños a la pobreza, y educó a educadores para dotar de verdadera libertad al pueblo franco. En 1680 nace la primera escuela La Salle.

La Ulsa con más de 10 mil alumnos y un millar de profesores es heredera de ese legado. Con inspiración cristiana no se aparta del rigor científico, ni del debate de ideas, ni cancela la libertad de cátedra a sus profesores. No impone dogmas, cree en el diálogo académico y religioso, gesta una conciencia de comunidad, y trata de inculcar -en más de 70 mil profesionistas egresados- una vocación de “permanecer unidos” al servicio solidario de su comunidad.

Rectores como Martín Rocha, Lucio Tazzer, José Cervantes o el actual, Enrique González Álvarez, creen a la educación privada como un compromiso social, no un privilegio.

En los últimos años otras universidades de prestigio han decidido implantarse en el exclusivo barrio de Santa Fe al poniente del Distrito Federal. La Salle, en una ruta solidaria, abrió un campus en ciudad Netzahualcóyotl, dirigido por Raúl Valadez, para combatir la falta de oportunidades de los habitantes del oriente capitalino.

En el proceso electoral venidero debe discutirse el futuro de la educación mexicana. ¿Queremos calidad en la educación pública? Serviría una mirada a la mística y entrega de quienes inspiran los planteles De La Salle.

06 Febrero 2012 05:06:04
Josefina: libre de ataduras
Voté ayer en la contienda interna del PAN, voté por Josefina Vázquez Mota.

¿Por qué por Vázquez Mota? Por una razón demostrada claramente en la precampaña: no entiende gobernar como sinónimo de “saber”, sino como tarea de “convocar”.

Vázquez Mota no dijo –desde esa Presidencia personalista mexicana que se niega a morir–, “yo” arreglo los problemas del país; entiende al gobierno como responsabilidad de “todos”, por eso insistió en llamar a los ciudadanos, no simplemente a los panistas.

No aspiró a ser capitana de ninguna embarcación, sino a animar y entusiasmar a la participación cívica y social, no sólo del panismo, sino a toda la sociedad, para resolver nuestro problemas. Ése fue su acierto.

Josefina tuvo el enorme tino de hablarle a todos los ciudadanos desde la precandidatura panista, mientras otros insistían en practicar la endogamia política o reclamarle tener pocos panistas en sus responsabilidades de gobierno.

Vázquez Mota comprendió que la militancia panista no está aislada de la sociedad. Los panistas no son ermitaños ausentes de la realidad, eso es lo que decía las encuestas, y eso dijeron las urnas.

Frente al candidato izquierdista, ahora socio de Martín Esparza para resucitar al costoso sindicato de electricistas, y del candidato priísta con cara nueva y manías viejas, existen muchos electores dispuestos a revalidar la esperanza en los gobiernos del PAN, pero justamente esas personas son las que no tienen credencial del PAN. No votaron ayer, pero pesaron en el resultado. Y a esas personas Josefina también les habló, y se convirtieron en sus aliados.

Por esa razón, porque las elecciones primarias panistas fueron un ejercicio interno y no íntimo, ni mucho menos secreto, el proceso debió ser intachable. ¿Tuvo el PAN un proceso electoral limpio? Creo que pudo haber sido mejor.

El proceso electoral panista quedó a deber compromisos más claros con propuestas liberales y concretas. Flexibilizar nuestros debates internos, agilizar la apertura a la sociedad en la participación interna, desburocratizar el desempeño partidista.

Sin embargo, el proceso tuvo dos graves pecados que no pueden pasarse por alto. Uno es el espionaje telefónico. ¿Con qué autoridad moral los panistas en la campaña venidera vamos denunciar el espionaje de afuera, cuando lo toleramos adentro? ¿No fueron los de adentro? Que lo aclare la Procuraduría de la República, delito sí hubo. Es muy importante deslindar la responsabilidad penal en el uso de ese instrumento que el Estado usa legítimamente, y con autorización judicial, para combatir a la delincuencia. El espionaje ilegal no puede manchar la lucha contra el crimen del presidente Calderón.

El otro tema no es menor, es la promoción del clientelismo electoral. Prometer o entregar víveres o empleos a cambio de un votos, como señalan las notas del periódico al informar de las denuncias de uno y otro precandidatos, es prostitución electoral. El PAN no debe claudicar ante el avance del reino de la “cultura de la despensa”.

Voté en la casilla de la Delegación Álvaro Obregón, testigo mudo de ese ejercicio democrático fue el monumento a Manuel Clouthier del Rincón. Josefina ganó ampliamente en esa casilla.

Al cruzar mi voto y depositarlo en la urna, no pude dejar de recordar la Convención Nacional panista de 1988, en la que los panistas hicimos nuestro abanderado presidencial, precisamente, al querido sinaloense Manuel Clouthier.

Quienes entonces apoyaron a Jesús González Schmall advertían a los que querían a Clouthier del riesgo en el que estaban metiendo al partido al llevar a un “empresario” (en tono peyorativo), gritaban que se acabaría todo con un hombre sin fondo, sin ideas, sin doctrina, “puro oropel y sólo entusiasmo”. Lo mismo escuché ahora de la señora Josefina Vázquez Mota.

Ella, por decisión panista, toma la estafeta de Clouthier, Diego Fernández, Vicente Fox y de Felipe Calderón. Ganó, arrasó como entonces Maquío Clouthier, por apostar por el ciudadano. Ese triunfo y esa manera de ganar la presenta a la contienda presidencial, libre de ataduras.

Ático

Josefina Vázquez Mota ganó un proceso que pudo ser mejor: sin espionaje ni clientelismo electoral.
23 Enero 2012 05:08:40
¿Amor en política?
“Amar es anhelar”, dice Agustín de Hipona, y la política define y puede concretar los anhelos sociales; entonces, “amor” y “política” claro que son palabras o conceptos cercanos.

Sin embargo, cuando ese “amor” –como lo envuelve López Obrador– es un recurso publicitario para moderar el gesto adusto, suavizar el puño, esconder fobias y borrar de las encuestas “los negativos”, amar no es anhelar un futuro, sino disfrazar un presente.

En el PRI asomó el amor hasta en la ruptura, con la “separación amistosa” de Nueva Alianza. Nadie quiere pleito. Todo es cordialidad.

Pero bajo el disfraz del amor, acaso ¿Quieren ocultar el rico pluralismo mexicano?, ¿Con un beso anulamos nuestras diferencias?, ¿Con más cariños y apapachos vamos a mejorar la economía?, ¿”mor es la receta frente a la violencia criminal? ¿Basta tomarnos todos de la mano?

Un candidato puede utilizar la idea del amor para expresar su apego a un compromiso (amo el deporte, amo la salud, incluso amo a México, etcétera); pero usar el amor para buscar borrar las distintas, múltiples e incluso opuestas maneras de ser y pensar entre los mexicanos, es una puerta falsa para resolver los conflictos sociales.

Amar en política no puede ser un artificio para descafeinar propuestas que le parecerán mal a otros, ni para disolver voluntades de gobierno porque se emberrincha la oposición.

El disfraz amoroso desfigura los rostros reales de nuestros candidatos, cuelga máscaras de pacifismo tramposo o de simpatía postiza. Eso es exactamente lo que una buena parte de la sociedad le está reclamando a la “ciudadana” Isabel Miranda de Wallace: ¡no te disfraces!; y eso es justamente lo que ella puede ofertar, genuina libertad para gobernar.

Un disfraz monumental sería el “nuevo amor” del PAN y el PANAL. ¿No bastó la derrota en Michoacán? ¿Por qué no afirmar rotundamente que el sindicato magisterial es un obstáculo a una educación pública de calidad? ¿El Gobierno va a devolver el ISSSTE, y al yerno a la SEP? Sería tropezar con la misma piedra.

En 95 años de vigencia de nuestra Constitución, hemos convertido nuestra Carta Magna en una carta de amor falso, redactada por los gobernantes sólo para enamorar a sus gobernados.

Van dos ejemplos, puntualmente redactados, por el “amoroso consenso parlamentario” de PAN, PRI y PRD.

Primero. La Constitución “garantiza” a los indígenas mexicanos “mejorar las condiciones de vida... incrementar los niveles de escolaridad... asegurar el acceso efectivo a los servicios de salud...”. Esa letra constitucional redactada después del conflicto violento en Chiapas, se presentó como el remedio amoroso a los problemas de todos los mexicanos indígenas. Hoy, los tarahumaras de Chihuahua están rendidos ante la pobreza.

Segundo. Ya sólo desde la necedad se defiende a las últimas reformas electorales. ¿En verdad la Constitución “sacó” del comercio los espacios de radio y televisión? ¿Construyó equidad? ¿Impidió a los gobernadores de los estados participar en las campañas de sus partidos? ¿Se fortaleció la fiscalización de dinero en campañas? Eso, debemos admitirlo, fue un rotundo fracaso. Una trampa de diálogo amoroso en la que cayó el PAN, para enjaular al Presidente, ahuyentar los debates, inhibir los argumentos en las campañas, enfadar al ciudadano con spots y favorecer la abstención, espantar los donativos a los partidos políticos, y por si fuera poco, engordar una burocracia electoral, que no cree en la libertad, sino en la regulación.

El próximo presidente de México celebrará los 100 años de la Constitución mexicana. Deberá hacerlo buscando con el Congreso, desaparecer de su texto, todo su carnaval amoroso de derechos incumplibles y de ataques a la libertad.

Con “amor político” y un candidato con vocación de mesías, podríamos tener un Presidente que al tomar posesión del cargo, sorprenda al comenzar su discurso diciendo: “Pueblo de México. Honorable Congreso de la Unión: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado en la campaña”.

18 Diciembre 2011 05:08:19
La ignorancia
Ni me preocupa, ni me sorprende la ignorancia literaria del candidato del PRI. Francamente me asombra otro tipo de ignorancia nutrida por la desmemoria, de algunos panistas frente a Josefina Vázquez Mota.

Cuando Josefina -entonces secretaria de Desarrollo Social del gobierno de Fox- llegó aquella noche del domingo 11 de septiembre del 2005, a la casa de campaña del precandidato Felipe Calderón, en la calle Sacramento de la colonia Del Valle, la sorpresa fue mayúscula. Unos no le quitaron la mirada de asombro. Otros empezaron a murmurar. Ella segura de sí misma, saludaba y se abría paso entre la gente. Cruzó el jardín, subió al templete, y sin dudas ni regateos, levantó la mano del futuro presidente de México en señal de victoria. Todo mundo la ovacionó. No había reproches. Ella era, entonces, sinónimo de virtud, valentía e inteligencia.

Ese día el presidente Calderón ganó el primer round, de tres previstos para elegir al candidato presidencial panista. Mientras Vicente Fox y su equipo mantuvieron su apuesta con Santiago Creel, Josefina -junto a Rodolfo Elizondo, entonces secretario de Turismo- apoyó a Felipe Calderón. Mostró sin presumirlo mucho, valor, determinación y coraje. Recuerdo que grabó un mensaje para transmitirlo a los panistas, en todos los encuentros de la exitosa precampaña calderonista.

A Josefina en aquel tiempo nadie le escatimó cualidades o lealtad. Le confiaron, incluso, en un momento la coordinación de la campaña y algunas tareas especiales que siempre desempeñó con dedicación y generosidad. Después, todos los sabemos, el Presidente le nombra ¿sin méritos? secretaria de Educación.

Vázquez Mota tiene aciertos y errores en su carrera política. ¿Acaso en el PAN alguien busca un mesías perfecto como Presidente? Claro que muchos pueden y de hecho cambiaron de opinión. Es nota esencial de la democracia mudar libremente la preferencia política; sin embargo, me parece grave y enojoso sugerir o acusarla de deslealtad al PAN y al proyecto de gobierno del presidente Calderón. Eso es una infamia, eso sí es una mentira grosera.

Ningún panista es depositario pleno y total de la “verdad panista”, nadie tiene a perpetuidad las llaves del partido, y tampoco nadie puede erigirse en pregonero único e infalible de los logros gubernamentales panistas.

Digámoslo claro: Josefina es, ahora, la hija desobediente del panismo y eso no gusta. Desconocer su contribución a los gobiernos de Fox y del presidente Calderón es prueba irrefutable de una rudeza alimentada por ingratitud, o por ignorancia lisa y llana.

¿Alguien puede reprocharle un manejo deshonesto del gasto social, en sus seis años al frente de Sedesol? En la SEP, con mil dificultades ajenas, limitó con dignidad y eficacia la voracidad y opacidad de la dirigencia del sindicato de maestros. ¿Como diputada dejó al Gobierno sin presupuesto por falta de acuerdos? El presidente Calderón ha responsabilizado clara y públicamente al PRI de la falta de reformas. La dirigencia panista también. ¡Otros, desde la misma trinchera, prefieren linchar a Josefina!

El gran novelista checo Milan Kundera publicó, justamente el año del primer triunfo presidencial panista, una pequeña novela titulada “La Ignorancia”.

Es la historia de amor de Irena y Josef, tejida alrededor de su destierro y del regreso a su patria. Tiene un eco del fantástico retorno de Ulises a Ítaca después de la guerra de Troya. La novela es un ataque a la memoria humana, pero también “a quienes deforman el pasado, lo reescriben, lo falsifican, exageran la importancia de un acontecimiento o callan otro...”.

La ignorancia es un relato de nostalgia, de evocación al pasado. Es también remembranza de amigos. Añoranza. Kundera parece equiparar ignorancia con dolor. No saber, ni conocer, ni entender es sufrir; pero ignorar es renunciar a la memoria. Quizá yo no sepa, no conozca y no entienda nada, pero no quiero renunciar a la memoria. No quiero rendirme, como los personajes de la pluma formidable de Kundera, al imperio de la ignorancia.

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