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[Relatos y Leyendas]

Relatos y Leyendas: La apedreada

Antes de pasar hay que tomar una piedra y arrojarla hacia la tumba, porque, si no se hace...

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Relatos y Leyendas: La apedreada
Saltillo, Coah.- Mucho tiempo paso y terminó la guerra, pero su amado esposo no llegó, se había quedado sola y con un hijo de edad ya adolescente y de gran parecido a su padre. Al verlo recordaba a su amado y muchas tardes lloraba desconsolada.

Sin trabajo y prácticamente sin dinero, su situación era crítica. Aún así, esperaba a su esposo y no aceptaba su muerte, hasta tal punto que su cabeza empezó a inventar imaginarias historias en las que veía a su marido con otras mujeres, era por eso por lo que no regresaba a casa; ella creía que la había dejado por otras.

Ella empezó a guardar rencor y odio sin sentido, poco a poco se iba volviendo cada vez más y más loca. Un buen día su hijo regresó del colegio:

– Hola mamá, ya he llegado, ¿dónde estás?

Tita en ese momento salió de su cuarto, tenía la mirada llena de rencor y odio. Su hijo confundido le decía:

– ¿Qué, no tienes ganas de verme?

Pero ella no hacía más que mirarle fijamente, y con lágrimas en los ojos le dijo:

– Amor, ¿por qué me has hecho esto? Yo te espero aquí desesperada todos los días para que tú me llegues con esto. ¡Claro! ¡Como tus mujeres ya te dejaron ahora vienes a consolarte conmigo! ¡Pero ya no aguanto más, ya se acabó! ¡Púdrete, maldito, muere!

La locura hizo atravesar con un cuchillo el vientre de su querido hijo, lo que verdaderamente quería y lo único que tenía, mientras gritaba:

– ¡Muérete, muérete!

Una puñalada detrás de otra. Tenía que vaciar todo el rencor. La sangre corría por toda la habitación y su rostro estaba impregnado de la sangre de su sangre.

Pero ella no estaba curada después de lo hecho, todo lo contrario. En el transcurso de unas horas volvió de nuevo su locura y decidió enterrar a su hijo detrás de su casa y ocultar el horrible crimen, pero al salir unos vecinos la vieron con la cara llena de sangre y con un bulto envuelto en sábanas. En su locura, les ignoró y al jalarlo, una mano llena de sangre se dejó ver; los vecinos descubrieron el cadáver su hijo completamente desgarrado y deforme. Todos se enteraron y el vecindario entero estaba allí, juzgándola, ella sólo alcanzaba a decir:

– Soy inocente, él tenia la culpa se lo merecía.

Pero de entre la multitud se escuchó el grito de un señor:

– ¡Es una asesina! ¡Se atrevió a matar a su propio hijo para quitarse un gasto de encima!

Entonces todos empezaron a gritar:

– ¡Asesina!

Y mientras trataba de defenderse, un niño tomó una roca y se la lanzó. Todos empezaron a arrojarle piedras, mientras ella gritaba de dolor y ahogada en su propia sangre, decía:

– ¡Soy inocente! ¡soy inocente!

Desesperada, siguió gritando y gritando hasta que ya no pudo más y cayó muerta.

Se hizo el silencio y entre la multitud algunos hombres se la llevaron a la cima de la montaña, donde cavaron un profundo hoyo y la tiraron, cubrieron la tumba con una enorme roca que simbolizaba su muerte. A su hijo, como fue tan querido, lo velaron con honores y le hicieron una linda tumba junto a sus seres más queridos.

El alma de ella no pudo ni puede descansar en paz. Su espíritu aún vaga y ha sido visto por los habitantes de ese pueblo, quienes sintieron horror.

Han pasado muchos años desde ese horrible suceso y hasta la actualidad, se dice que en las tardes casi al anochecer, se escucha el llanto del fantasma de espera a su amado y lo culpa por su hijo muerto.

Su tumba se encuentra al lado de una gran barranco y para poder cruzar hay que atravesarlo por un tenebroso caminito de tierra. Antes de pasar hay que tomar una piedra y arrojarla hacia la tumba, porque, si no se hace, cuando pases por la tumba... quien recibirá la piedra podrías ser tú.



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