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[Internacional]

Los inocentes no tienen buenas coartadas

Las coartadas de personas que no son delincuentes suele estar respaldada por evidencias más débiles

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Los inocentes no tienen buenas coartadas
La Vanguardia | España.- Si eres inocente no tienes nada de que preocuparte, ¿no? Pues resulta que sí. Eso es lo que dice un estudio de la Universidad de Maastricht, que demuestra que solo el dos por ciento de las personas no culpables son capaces de aportar una prueba creíble que confirmen su inocencia cuando son investigados por la policía.

El análisis del psicólogo legal Ricardo Nieuwkamp determina que las coartadas de personas que no son delincuentes suele estar respaldada por evidencias más débiles, como el testimonio de un familiar y un amigo. Es muy difícil que estas personas encuentren demostraciones contundentes (fotografías, vídeos) que certifiquen su inocencia.

La falta de una coartada a menudo se considera un claro indicador de culpabilidad de un sospechoso. “A veces, incluso, las personas no culpables comenten errores o mienten para encubrir otros hechos que no les interesa contar, como tener un amante”, señala Nieuwkamp. En su estudio buscó 841 voluntarios a los que sometió a un interrogatorio en el que los participantes tenían que presentar un alegato tras ser acusados de un robo simulado.

”Generar una coartada creíble y determinar posteriormente su verosimilitud -dice-, en la práctica son tareas difíciles. Confiar únicamente en la fuerza de la evidencia no parece ser suficiente para evaluar una coartada”. ”Los detectives policiales deben tener en cuenta el contenido de la coartada, la viabilidad de la evidencia y la falibilidad de la memoria del sospechoso”, añade.

Un buen ejemplo de las consecuencias de una coartada inconsistente es el caso de Ronald Cotton

Un buen ejemplo de las consecuencias de una coartada inconsistente es el caso de Ronald Cotton, un joven de 22 años condenado en 1985 por la violación de Jennifer Thompson. Los hechos tuvieron lugar el 28 de julio de 1984, durante unas vacaciones de verano en las que Ronald destinó parte de su tiempo a salir de fiesta.

En agosto, la policía le pidió una coartada para la noche de los hechos y el joven, tratando de recordar su paradero, aseguró que había ido a la casa de su hermano y luego salió a tomar unas copas con unos amigos. “Poco después, habló con su madre, quien le dijo que estaba equivocado. Ese día se lo pasó en el sofá de su casa en el sofá”, apunta Ricardo Nieuwkamp.

“Si un sospechoso cambia su alegato, alrededor del 80% de los policías creen que mintió inicialmente y que fabricó una coartada falsa. Según los detectives, las evidencias deben mencionarse al comienzo de la investigación, respaldarlas con pruebas sólidas y mantenerlas constantes para ser creíbles”, indica.

Ronald Cotton entró en pánico al ver que había proporcionado por error una coartada falsa a la policía

“Una evaluación correcta de la coartada tiene el potencial de diferenciar con precisión entre personas inocentes y sospechosos potenciales al comienzo de una investigación policial”, concluye el psicólogo legal de la Universidad de Maastricht. “Desafortunadamente, estas evaluaciones no siempre son perfectas”, concluye.

Los miembros del jurado y los investigadores policiales solo consideran una coartada consistente cuando está respaldada por pruebas sólidas y creíbles. ”Casi todos los no delincuentes reportan una coartada, pero la gran mayoría no son verosímiles bajo los criterios policiales porque no tienen evidencias contundentes”, asegura Nieuwkamp.


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