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hace 2 semanas
[Relatos y Leyendas]

Las leyendas mexicanas que muy pocos conocen

Te presentamos una selección de relatos que quizás no conocías

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Las leyendas mexicanas que muy pocos conocen
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Ciudad de México.- México se caracteriza por poseer una riqueza literaria muy peculiar, además de sus premios Novel, sus poetas y grandes escritores, las leyendas que han circulado de boca en boca a lo largo de los años, esos cuentos místicos que mantienen en vilo a propios y extraños durante las noches de fogata en algún campamento, se han anclado en folclore de nuestra cultura, ya sea por el miedo que despiertan o por la manera en que se narran.

Te presentamos una selección de relatos que quizás no conocías.

El callejón del muerto

Cuenta esta leyenda de terror que por el año 1600 en la calle de Alzures –hoy República Dominicana en el Centro Histórico de CDMX–, comenzó a penar un muerto cubierto con una manta blanca. Nadie sabía quién era, pero este espectro les dio una verdadera sorpresa a todos…

Según Vicente Riva Palacio en su libro de “Tradiciones y leyendas mexicanas” deambulaba en El Callejón del Muerto un “hombre de alta estatura y faz pálida, largo y lacio el negro pelo y muy espesa barba con un terrible brillo que brotaba de su mirada”. Un espectro que rondaba en la calle donde vivía Tristán Alzures, hijo de Don Tristán el mercader más respetado de esa época y quien tras su muerte dejó el ejemplo de cómo vivir como buen cristiano. Don Tristán era el orgullo de ese barrio porque en vida ayudaba a los demás, era buen hombre, y después de su fallecimiento heredó a su hijo la casa, una tienda y mucho dinero. Además como reconocimiento le pusieron al callejón el nombre de Alzures.

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Tristán hijo, llevaba una vida normal y continuó con el negocio que le había heredado su papá. Cierto día, no podía dormir y pensaba que tenía semanas sin saber nada del espectro que rondaba el callejón. Al día siguiente, cerró la tienda y estaba decidido a hablar esa misma noche con el fantasma. Llegó a su casa, se encerró a rezar, se colgó reliquias y escapularios que protegieran su pecho y posteriormente salió con una daga para enfrentarlo…

Entre la obscura noche y las tinieblas, Tristán sintió que la sangre le hervía, se le erizó el cabello y comenzó a pedir auxilio a Dios con la daga empuñada, hasta que llegó al espectro y Tristán le gritó: “Te exijo que digas si eres alma de otro mundo”, el fantasma lanzó un gemido, tres veces le exigió Tristán y tres gemidos dio el espectro.

El espíritu finalmente decidió contestarle y le dijo que tenía una misión, que fuera a su casa, buscara un cofre que había enterrado, pero que él no lo podía leer y tenía que llevarlo al arzobispo. Desapareció el espectro y Tristán corrió a su casa a cumplir la orden y oh sorpresa que se llevaron…

La Planchada

Una de las leyendas de terror urbanas más conocidas en México es la leyenda de La Planchada. Existen diversas versiones sobre el inicio de esta historia. Algunos cuentan que comienza con la construcción del hospital Juárez y otros en la modernidad. Nosotros tenemos las dos versiones.

La Planchada en su versión antigua data del tiempo de la guerra con Estados Unidos en 1847 cuando el Hospital San Pablo –después Hospital Juárez– atendía a los heridos, justo cuando Antonio López de Santa Ana perdió parte del territorio mexicano. Se dice que ante el exceso de trabajo y el escaso personal del hospital las enfermeras se quedaban dormidas, y al despertar apresuradas por atender a los pacientes se encontraban con la sorpresa de que ya habían sido atendidos por una enfermera que nadie conocía. Los trabajadores y soldados de guerra se pusieron de acuerdo para seguir a la mujer que los atendía, y según ellos, desaparecía a los pocos metros. La describían como una mujer hermosa, rubia de ojos azules, que caminaba muy derechita y con un uniforme blanco, perfectamente almidonado. Nadie sabía quién era ni de dónde provenía, ni cómo había muerto.

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La versión más moderna de la Planchada y que todos conocen se trata sobre una enfermera enamorada que entró a trabajar en el Hospital Juárez a mediados del siglo XX. Era enfermera de vocación porque le gustaba atender muy bien a los pacientes, por lo que se ganó la simpatía de todo el personal del hospital. Dicen era muy bonita, era rubia de ojos azules y siempre estaba impecable, llevaba su uniforme blanco muy almidonado, siempre bien planchado.

La enfermera se enamoró de un doctor un poco engreído y coqueto con otras mujeres, se hicieron novios y finalmente el doctor le propuso matrimonio. Ella estaba extremadamente emocionada pero la historia de amor dio un giro inesperado y comenzó la desgracia de la La Planchada… Conoce cuál era su nombre en vida y los testimonios actuales sobre su “existencia” y el desenlace de esta historia.

La leyenda de Nachito

En Guadalajara, Jalisco, existe uno de los panteones más fascinantes de México: el panteón de Belén. Aquí se desarrolla la leyenda de Nachito, pues su tumba es una de las las más visitadas y famosas de México.

El panteón de Belén es considerado Tesoro Arquitectónico Nacional gracias a sus tumbas bien conservadas del siglo XIX. Fue construido en 1848 por el arquitecto Manuel Gómez Ibarra y hoy es un recinto protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Se encuentra a un lado del Hospital civil de Guadalajara y se dice que Fray Antonio Alcalde lo mandó a construir porque los entierros por salubridad ya no se podían realizar en las iglesias. Al principio era un panteón para gente pobre y después fue exclusivo para la clase alta. Aquí estaban antes los restos de los hombres ilustres de Guadalajara pero después fueron trasladados a la Rotonda de los Jaliscienses.

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En este panteón se encuentra una de las tumbas más visitadas de México: la tumba de Ignacio Torres Altamirano conocido como Nachito. La leyenda de Nachito comienza con su muerte el 24 de mayo de 1882 y se dice que murió de nictofobia (miedo a la obscuridad). Cuenta la leyenda que desde su nacimiento sufría este padecimiento, por lo tanto sus padres ponían durante la noche antorchas en su recámara para iluminarla y que pudiera dormir en paz; pero una noche las antorchas se apagaron y a Nachito le dio un infarto fulminante. Su mamá lo encontró al día siguiente ya muerto en su cama.

Los padres enterraron a Nachito en el panteón de Belén, pero al día siguiente de su entierro, el sepulturero se encontró con una escena totalmente aterradora.

La Monja de la Concepción

En el corazón de la Ciudad de México se encuentra el antiguo convento de la Concepción que, además de ser el más viejo de la capital, guarda una leyenda difícil de olvidar.

Si hay algo que abunda en el Centro Histórico de la CDMX son edificios con cientos de años de historia, como el Antiguo Convento de la Concepción construido en 1540 y considerado el primer convento edificado en la entonces Nueva España.

A pesar del tiempo, el recinto ubicado en la Esquina de Belisario Domínguez y República de Brasil— continúa con su estructura casi intacta; de hecho, hace algunos años tuvo una importante remodelación. Además, justo enfrente cuenta con una capilla del siglo XVII.

Fuera de su historia e importancia cultural, el convento es recordado por una leyenda que ha ido de boca en boca por muchísimas décadas; su protagonista es una joven de familia adinerada llamada María Gil.

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Según se platica, la joven estaba perdidamente enamorada de un caballero humilde de apellido Arrutia, quien le profesaba un falso e interesado amor.

Los hermanos de María desconfiaban a morir del joven por lo que prohibieron el noviazgo; sin embargo, Arrutia no tenía ni la más mínima intención de separarse de la doncella, pues estaba bastante interesado en la fortuna de esa familia.

Ante la obstinación del joven, los hermanos de María optaron por ofrecerle una fuerte cantidad de dinero con tal de que se alejara de su hermana. Arrutia no lo dudó ni un instante, tomó el dinero y, sin despedirse, se alejó para siempre de la vida de María.

Debido al abandono la chica se sumió en una profunda tristeza. Todo el día lloraba y se lamentaba por la partida de su gran amor, por eso los hermanos decidieron internarla en el convento de la Concepción para aligerar un poco su tristeza, pero el encierro sólo reforzó su tristeza.

Una noche, olvidándose de su fe y atormentada por el dolor, decidió ponerle fin a todo. Tomó una cuerda y se digirió a un árbol de duraznos del convento, la amarró y se colgó de ella perdiendo la vida de inmediato.

Al día siguiente las monjas la encontraron colgando. Bajaron el cuerpo y la enterraron en el mismo recinto, dejando todo atrás como un horrible suceso. Pero, meses más tarde, algunas monjas comenzaron a ver la silueta de María reflejada en el agua, siempre al anochecer.

Tras varias apariciones, las autoridades del convento decidieron prohibir a las monjas que salieran una vez que se ocultara el sol. Pero algunas tenían deberes que hacer a ciertas horas de la noche y no podían evitar asomarse a la fuente, donde siempre veían el cuerpo colgando de María.

La Pascualita

Detrás del aparador de un local llamado La Popular, una tienda de Chihuahua encargada de hacer los famosos vestidos de novia de la zona, está la Pascualita.

El maniquí permanece ahí desde 1930, cuando la dueña la adquirió luego de llegar de Francia porque además de ser sumamente bella y de aspecto realista, se parecía bastante a su hermana y a ella.

Según se cuenta, desde el primer día en que la novia de cera estuvo en la La Popular tuvo mucho éxito entre los transeúntes puesto que era distinta a los demás maniquís de la época: tenía un mejor acabado en la cera, sus ojos eran de cristal, su pelo y sus pestañas eran implantes de genuino cabello humano, y su expresión, a diferencia de las de tantos maniquís de mirada inerte, era viva y reflejaba emociones, como si tuviera alma.

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En la década de los 70, surgieron rumores de que la novia de cera estaba viva y era capaz de moverse de noche cuando no había nadie en el local, o que sonreía a las personas que pasaban por ahí.

Los rumores se hicieron más fuertes cuando la dueña falleció, las personas dijeron que La Pascualita los seguía con la mirada o que por breves segundos le aparecían venitas rojas en los ojos.

Algunas empleadas renunciaron porque la vieron llorar o moverse, y otras se negaban a vestirla porque, supuestamente, le aparecían venas verdosas en las piernas, que posteriormente desaparecían.

La niña del parque Rodolfo Landeros

Llena de tradición, de boca en boca y de generación en generación, se ha ido transmitiendo una de las leyendas más populares de Aguascalientes, como lo es el de la tragedia sucedida hace muchos años en lo que ahora es el parque Rodolfo Landeros.

Anteriormente, este sitio público dedicado a la realización de actividades recreativas, deportivas, familiares, siempre en contacto con la naturaleza, era el aeropuerto; un día, como cualquier otro, uno de los mecánicos que laboraban en el lugar, asistió a éste a realizar sus tareas, en compañía de su pequeña hija. Al llegar tomó su herramienta y comenzó con su trabajo, por su parte, la niña se hacía acompañar de una muñeca, con la que se entre el cochambre y la herramienta perdía la noción del tiempo gracias a los gratos momentos que pasaba mientras su papá trabajaba con los motores de los aviones.

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Minutos después, los mecánicos comenzaron a realizar pruebas en el motor, el cual no arrancaba debido a las fallas que presentaba; tras varios intentos y un trabajo arduo, el motor encendió, entusiasmado por el éxito obtenido, el mecánico se bajó de la nave y al acercarse a la turbina, un terror frío recorrió su cuerpo, con los ojos llenos de espanto y con las manos temblorosas, un grito ahogado en terror, delató el cuerpo decapitado y bañado en sangre de su hija, quien mantenía abrazada a su muñeca.

En la actualidad, se dice que la pequeña aún se aparece en el mismo lugar, donde jugaba llena de inocencia y despreocupación; los visitantes al parque aseguran haber visto ropa ensangrentada, el cuerpo mutilado y lleno de heridas, así como la cabeza de la muñeca con la que jugaba, sobre sus hombros.

Cuenta la leyenda que en estos días la niña puede ser vista paseando por el parque en busca de un compañero de juegos para montar en la bicicleta o subir a los columpios, así como jugar a las escondidas detrás de los árboles.

La Bruja de Coyoacán

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Hace mucho tiempo existía una bella doncella, quien se había casado con el joven más guapo del pueblo. Todos decían que eran la pareja ideal. Cierta mañana su compadre le preguntó:
―¿Qué tal es tu mujer?
―Excelente. Además de bella es una estupenda cocinera. Lo que no me acaba de agradar es que desde que nos casamos me prepara moronga.
Esto extrañó al compadre, quien al día siguiente regresó y le dijo:
―Compadre, no es por chismear, pero a mí me dijeron que es malo comer moronga. Pregúntele a la comadrita el porqué.
Acto seguido, el hombre fue y cuestionó a su mujer:
―Oye, amor, ¿por qué siempre desayunamos moronga?
―Es porque mi padre es dueño del rastro y lo que no se vende nos lo repartimos entre los hijos: a mi hermano mayor le tocan las vísceras, a mi hermana las patas, y a mí la sangre... Por eso.
El hombre quedó complacido con dicha explicación. Sin embargo el compadre se presentó asustado, comentándole que en el pueblo todos sabían que ella era una bruja y que por ello nadie la había desposado.
―Mejor espíela, compadre, espíela... y verá de dónde saca la morronga.
Así lo hizo y tempranito en la mañana antes de que el sol saliera, vio cómo su mujer se levantó y camino hacia la cocina. A través del fogón vio la figura de su esposa, la cual ante sus ojos y sin percatarse de ser vista, se empezó a quitarse la piel y convertirse en una bola de fuego. El hombre quedó impactado, sin hablar. Corrió a ver a su compadre y le contó lo que había visto:
―Compadre... compadre... salga rápido por favor.
Gritaba el joven, quien al ver a su compadre sin mediar la palabra le tomó del brazo y se lo llevó a su casa. Ahí encontraron la piel de su esposa. El compadre al verla se quedó sin hablar, más en un momento de lucidez le dijo: ―Quemémosla, así no podrá regresar y ya no seguirá matando a más niños. Y así lo hicieron: quemaron la piel de la joven, quien al regresar y no encontrar su piel gritaba enfurecida y al mismo tiempo asustada pues la mañana se acercaba y el sol empezaba a verse en el horizonte. El joven escondido y muy asustado vio cuando los primeros rayos del sol quemaron a su esposa. …y este fue el fin de la bruja de Coyoacán pero se dice que cada 2 de noviembre la bruja regresa para matar al galán del pueblo que le sea infiel a su esposa para satisfacer su necesidad de matar o de venganza.

La Macihuatli

Esta leyenda forma parte del folklore salvadoreño y mexicano; aunque en México se le conoce como la Macihuatli o la mujer con cara de caballo, según la leyenda data en la era prehispánica, un día que Hernán Cortes vivía según en la gran Tenochtitlan, ahora México, solía salir en busca de más mujeres indígenas para hacerlas sus mujeres; él muy entusiasmado veía a una mujer muy hermosa, muy acuerda con el pelo rizado y algo rojizo, no creyó que se tratara de una mujer indígena, ya que según él la raza era diferente.

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La mujer solía siempre darle la espalda, por lo que Hernán Cortes y otros de sus soldados no podían verle el rostro, la mujer siempre entonaba una canción tocándose el cabello, hay que aclarar que esta mujer se bañaba en el lago de Texcoco, Hernán siempre la veía detrás de un arbusto junto a sus soldados, aunque la mujer desaparecía al sumergirse en el lago; los soldados creían que se trataba de una mujer que se escondía en el lago, aunque los aztecas sabían que era una mujer maldita, a menudo la relacionaban con una Diosa de su tribu, que penaba por la traición a su esposo el Dios Tlaloc; y aunque Hernán sabía sobre esta leyenda le dio la espalda a la posibilidad de la aparecida, así que decidió sumergirse junto con ella en el lago pero su sorpresa fue verla desvanecerse en la niebla, cuando volvió a intentarlo la siguió por la calle antiguo de Tenochtitlan, Hernán Cortes la tomó de la mano y cuando le vio el rostro vio que estaba deforme, su expresión era de una mula o caballo muy molesto, sin otra opción, él salió corriendo guardándose el secreto.

También en las leyendas coloniales se dice que esta mujer asustaba al borracho, al violador, al trasnochador y a la mujer que anduviera en malos pasos, llevándola a barrancos o precipicios para darle muerte, pero igual dándole la espalda, hasta ver su cara desfigurada y putrefacta con aspecto de caballo, en El Salvador se le conoce como la Siguanaba, en Nicaragua y en Costa Rica como la Segua y en Chile como La Maldita.



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