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hace 1 semana
[Arte]

La sexualidad de la rosa

Andrea Badillo y Rigel Herrera muestran su obra en la CDMX

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La sexualidad de la rosa
Foto: Especial
Ciudad de México.- Si para Stephanie Sarley la sexualidad femenina está representada por una fruta-vulva que, en sus videos performance, acaricia y penetra con los dedos una y otra vez, para Andrea Badillo la rosa, tan presente en su pintura, es la analogía del sexo femenino, la ternura y una provocación.

Badillo, originaria de Saltillo y egresada de la Universidad Autónoma de Coahuila, vio en la pintura una liberación. Pronto supo que sólo así podría confrontar el tabú de la sexualidad en su entorno familiar, la educación conservadora y machista que había recibido. A través de las influencias de Sarley, Sarah Lucas y Alissa Monks, se propuso desprejuiciar el tabú de la sexualidad a través de analogías visuales del cuerpo femenino desnudo.

El destino a veces es volver al origen, buscar esa rosa símbolo de eternidad y trazarla. Andrea lo presentía y en el verano de 2016 le llegó su gran oportunidad, un intercambio entre la UAdeC y la Escuela Nacional de Pintura La Esmeralda, donde conoció a Mónica Mayer, crítica de arte femenino quien le preguntó: “¿quieres sexualidad y realismo?, ve con Rigel Herrera”.

En julio de ese año, Rigel montaba en la galería Traeger & Pinto su exposición El Jardín de las Delicias y, a pesar de que le dijo que no necesitaba una asistente, Andrea supo que esa pelirroja con busto de matrona sería su mentora cuando la escuchó declarar para Playboy: “El Jardín de las Delicias es la exploración del erotismo femenino a través de lo sensorial, las texturas y los encajes como segunda piel”.
Dos años después, siguen trabajando juntas, comparten estudio y materiales, experimentan con ellos, descubren la sexualidad de la rosa como una metáfora de la eternidad. Las flores de Rigel son un encaje, un velo sobre el cuerpo desnudo que disimula y sugiere una mirada más minuciosa; mientras que Andrea lleva el hiperrealismo a su más pura dimensión y, a través del uso de la duya que se utiliza en la repostería, forma los pétalos de las rosas que coronan el rostro, el busto o el sexo de sus modelos.

“Mi abuela Silvia me enseñó a usar la duya. Cuando era niña y le ayudaba a hacer pasteles”, me dijo Andrea en el estudio que comparte con Rigel. Mientras Andrea, 20 años menor que Rigel, representa la sexualidad femenina como un medio contra la represión, como una manifestación de la liberación sexual propia; las mujeres de Rigel son provocadoras y elegantes, viven su sexualidad más allá del lienzo; busca que su pintura sea objeto de deseo en el que las mujeres asuman libremente el control.

RIto pictórico

Rigel Badillo y Andrea Herrera, como un espejo se mimetizan hasta complementarse. Lo primero que Rigel le enseñó a Andrea fue que el artista debe mirar con cinco sentidos; probar, palpar, escuchar a ojos cerrados hasta alcanzar el siguiente sentido: la intuición.

Afuera llovía. Habíamos pospuesto dos veces la cita porque Rigel quería que viera la obra casi terminada, y mi sorpresa fue encontrarme con cuadros monumentales. Al llegar, mujeres de tamaño natural me miraron sin pudor. El estudio está montado en la planta baja de una casa de vecindad de los años 40 del siglo pasado.

Rigel y Andrea me esperaban con algo para comer, carnes frías y jugosas frutas. Yo llevé el tequila. Al fondo del estudio había un pequeño jarrón con rosas, la escultura de un busto femenino a medio proceso y una gran pecera, en la que nadaba Janislove, una tortuga que a diario las ve trabajar. “Esto es Venus & Venus, me dijo Rigel, y me presentó más de una docena de cuadros: bocas devorando frutos, pezones como néctares de flores, labios de cereza; sedas, encajes y rosas, tantos pétalos como fantasías sexuales podemos tener.

Desde hace meses preparan su primera exposición juntas, un reto que confronta y complementa, pues no sólo Andrea pasa, de ser aprendiz y asistente de Rigel, a compartir sala con ella y ser el eje vertebral de la muestra, ya que Rigel pintó sus cuadros a partir de los lienzos de Andrea. ¿Quién enseña a quién? ¿Quién aprendió a mirar no sólo el camino trazado, sino el futuro a través de su joven colega? Venus & Venus se inaugura el jueves 8 de noviembre en la galería DLonngi, de la Ciudad de México.

Entrada la noche llegó Fernando Islas, esposo de Rigel, editor en el periódico Excélsior y me dijo: “son como un imán, se atraen, ¿quién de ellas pintó una u otra pieza?”. “Son un espejo, una ilusión”, agregué.
Le pregunté a Rigel, “en tu pintura ¿qué representa la rosa?”. “Es un símbolo de los artilugios femeninos de seducción, es erotismo femenino elegante y peligroso”, respondió mientras Andrea me ofrecía unas fresas en mitades. “Como las frutas-vulvas de Stephanie Sarley”, le dije, y ambas rieron. Después vino el silencio, sólo las burbujas de Janislove se escuchaban a lo lejos.

Visítala

- Venus & Venus
- De Andrea Badillo y Rigel Herrera
- Galería DLonngi
- Ciudad de México


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