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[Ruta Libre]

El Faro Rojo: Gerontofilia

Antonio, que llegó con piel de oveja, engañó y emborrachó a su propia abuela para satisfacer sus más bajos deseos

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El Faro Rojo: Gerontofilia
Por: Rosendo Zavala

Saltillo, Coah.-
Mareada aún por los efectos del vino que ingirió con engaños, doña Petra sintió un dolor que le quemaba las entrañas. Con la mirada borrosa por la borrachera miró solamente la silueta de su nieto, quien con furia desmedida la violaba, aprovechando que no había nadie en casa.

En pleno abuso, el chacal de la familia fue descubierto por su tía Mari, quien a gritos lo hizo huir de la humilde vivienda, lo cual provocaría más tarde una intensa movilización de ejidatarios, quienes intentaron someterlo para entregarlo a la policía, pero no lo consiguieron.

Día de fiesta

Decidido a satisfacer su cuerpo con las mieles del sexo, Antonio llegó a la casa de sus abuelos con el pretexto de una fecha especial: era el Día del Padre y sabía que en sus manos tendría la oportunidad de convertir en realidad sus deseos de bajezas carnales.

Cobijado por el atardecer del pueblo donde había nacido, el ejidatario de ansias reprimidas cargaba entres su manos las botellas de licor barato que compró en la única cantina del rumbo. Sabía que tendría la oportunidad soñada para matar de golpe su deseo de acostarse con alguien.

Pretextando que quería festejar el Día del Padre en familia, se paró frente a Pepe, y tras un efusivo abrazo se dejó caer en el único sillón que había en la humilde recámara, donde concretaría el más ruin de sus caprichos terrenales.

Afuera, sólo se escuchaba el sonido de los animales de corral. Toño preparaba la baraja con la que amenizaría la velada en la que sus ancianos ancestros terminarían siendo sus víctimas.

Ya con su plan fraguado, el potencial victimario hizo correr los ríos de alcohol sobre la mesa, donde los naipes se regaban, presagiando una velada agradable, aunque la intención que en realidad se escondía era perversa.

Maléfico plan

Tras varias rondas de juego, don Pepe se paró con dificultad de la silla donde postraba su cansada humanidad y, queriendo espantar los efectos de la bebida, optó por salir al patio, convencido de que una bocanada de aire fresco lo regresaría la vitalidad perdida en las partidas de póquer.

Ya con la mente enfocada en sus trágicas intenciones, el nieto más descarriado del clan se aceró hasta la ventana y vio alejarse a su abuelo. Fue entonces cuando puso en marcha el plan donde nada le impediría mancillar a su propia abuela.

Resuelto a todo, el depravado corrió hasta la mesa, donde empuñó la botella de licor que ya estaba medio vacía y llamó a doña Petra con tono cariñoso para invitarle un trago, sabiendo que sería presa fácil porque la anciana no sabía beber.

Durante varios minutos el sujeto platicó con la anciana, hasta que logró convencerla de que lo acompañara a embriagarse, dando paso a la tragedia que conmocionaría a todo el gremio familiar en cuestión de minutos.

Al ver que su abuela se había quedado dormida en una silla, Toño recorrió su cuerpo con la vista, y mientras se quitaba la ropa, le hablaba para comprobar que estuviera inconsciente, buscando no fallar en su intento de ultrajarla sexualmente.

Furia reprimida

Afuera, José reposaba la borrachera que le producía los efectos del vino que bebió a sorbos, mientras adentro de la casa su esposa padecía los estragos de la calentura juvenil.

Los instantes de placer prohibido que Antonio se daba concluyeron pronto, cuando Ana María ingresó al cuartito y observó lo que jamás hubiera imaginado: su propio sobrino violando a la mujer que les había dado la vida.

Soltando un grito de terror la mujer sacó del trance al chacal, que viéndose descubierto echó a correr sin parar, mientras la hija de la anciana salía tras él exigiendo a sus vecinos que lo sometieran por la deshonra familiar que había cometido.

Alertados, los ejidatarios se movilizaron para cazar al violador, mientras la víctima era atendida por otros familiares, quienes la llevaron hasta la clínica del pueblo para ser valorada por especialistas médicos.

Durante varios meses el chacal fue buscado por la policía y al final lo encontró escondido en una vivienda del ejido aledaño. Fue puesto bajo arresto para someterlo al proceso legal que hoy lo tiene pagando su delito tras las rejas de un reclusorio varonil.




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