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hace 4 días
[Saltillo]

El corazón no sabe de visas ni fronteras

Para estas tres parejas el amor es mucho más que un simple sentimiento, es un vínculo que trascendió distancias y culturas

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El corazón no sabe de visas ni fronteras
Idalia Chávez | Saltillo, Coahuila.- Frases como “el amor no tiene límites”, “querer es poder” y un sinfín de dichos más son escuchadas y pronunciadas a diestra y siniestra sin tomar un significado real en la vida diaria. Sin embargo, en ocasiones estas se encarnan en historias que se enfrentan a grandes dificultades para suceder: el amor entre personas que viven en diferentes países.

A pesar de los finales felices, toda historia tiene sus complicaciones y muros que escalar antes de llegar a un punto de estabilidad. No obstante, esto se ve acrecentado en lo que se denominan “parejas internacionales”, que son aquellas en las que ambas personas pertenecen a diferente país y, pese a ello, deciden compartir sus vidas.

Trámites burocráticos, migración, papelería, filas y puertas cerradas son sólo algunas de las limitantes que los enamorados extranjeros se topan al llegar a México con la intención de estar con sus parejas y Saltillo cuenta con historias de parejas que han pasado por estas dificultades.

‘CLIC’ INSTANTÁNEO

COLOMBIA-MÉXICO

Alejandra Ortiz, originaria de Bogotá, Colombia, y Gerardo Múzquiz, monclovense de nacimiento, se conocieron hace más de dos años a través de Facebook.

“Fue pura coincidencia, hasta el momento no sabemos quién agregó a quién, pero un día recibí una notificación y era un mensaje de él”, comenta entre risas Alejandra. Gerardo, o “Gera”, como ella lo llama, mencionó que vio en el perfil de Alejandra su país de origen y comenzó su historia con un “hola, amiga colombiana”.

Tres meses después se plantearon la posibilidad de conocerse en persona.

Sucedió. Alejandra viajó a Monterrey, donde se vería con Gerardo, quien la recibió con un fuerte abrazo. En camino hacia Monclova, donde residía Gerardo, se hicieron novios.

Ale y Gera decidieron casarse por el amor que se tenían y, además, para evitar que Alejandra tuviese que regresar a Colombia y arreglar su situación migratoria.

A pesar de que en ese tiempo su relación se dio con mucha fluidez, llegaron tiempos de dificultades. Gerardo se quedó sin empleo y Alejandra no lograba obtener uno, pues las empresas no querían enfrentarse a hacer el papeleo de migración para contratarla.

Con un colchón inflable y una maleta se mudaron a Saltillo por una oportunidad que se presentó para Gerardo. Esa época les sirvió para valorar su matrimonio, pues el dinero era escaso y tuvieron que aprender a vivir con muy poco.

“No teníamos qué comer, comíamos puro arroz. Mi cumpleaños cayó en esos días. Llegué a casa después de trabajar y Ale me recibió muy alegre. Con lo poquito que nos sobraba le había puesto salchicha al arroz y había comprado dos cervezas. Yo lloré”, dice Gerardo.

La pareja dice que todos y cada uno de los problemas que han pasado los mantienen en la decisión de continuar y que si su historia se tuviera que repetir, la aceptarían sin pensarlo.

AMOR DE BAILE

CUBA-MÉXICO

Nalleli Valdés, nacida en Saltillo, y Adrián Puig Cobas, oriundo de Holguín, un pueblo ubicado al sur de Cuba, se conocieron en la capital coahuilense hace más de 20 años. Él, bailarín profesional de ballet clásico, trabajaba en una gira artística por México en la que se dio la casualidad de visitar Saltillo.

Nalleli asistió a esa presentación en la que, al finalizar, decidió pasar a camerinos para saludar al joven bailarín que acababa de terminar la exhibición de danza, Ahí, decidió lanzar un cumplido a Adrián.

“Yo le lancé un piropo, le dije ‘qué bonito lunar tienes’ y de ahí él pensó que yo me estaba lanzando. Yo sólo le estaba diciendo el cumplido, pero de ahí en adelante Adrián ya no quitó el dedo del renglón”, comentó Nalleli.

Comenzaron su relación el 16 de febrero de 1995 y aunque no se podían ver a diario por el empleo tan exigente que tenía Adrián en ese momento como bailarín en el Ballet de Monterrey y como maestro, continuaron juntos hasta que decidieron que era el tiempo de formalizar su noviazgo en el matrimonio.

No obstante, por la situación migratoria de aquellos años era muy difícil que los cubanos consiguieran la visa de turista, motivo por el que la familia de Adrián no pudo llegar a la boda, ya que el documento llegó tres meses después.

Para Adrián conseguir empleo no fue tarea difícil, pues asegura que el prestigio que le brindaba el reconocimiento que tiene el ballet de Cuba le abrió las puertas directamente en México.

A pesar de esto, existió un lapso en el que se vio desprotegido debido a una transición entre empleos, llevándolo al punto de casi ser deportado.

“En este lapso yo estuve descobijado. Había muy poca sensibilidad hacia los extranjeros”, dice.

Sin embargo, todo se regularizó al contraer matrimonio con Nalleli, formando una familia con ella y sus tres hijos: dos niñas y un varón.

SECRETO EUROPEO

LETONIA-MÉXICO

Ana Patricia Siller Alvarado, de Saltillo, y Jãnis Braža, originario de Letonia, se conocieron a través de un chat grupal de internet en el que, mientras ambos comían una naranja, la cámara los presentó y así fue como comenzaron a platicar.

Tuvieron que recurrir al inglés para comunicarse debido a que Jãnis habla letón y Paty español. Continuaron comunicándose todos los días a través de las redes sociales hasta que se hizo una costumbre.

Cuando se conocieron Paty estaba por graduarse de la universidad y había pedido de regalo un viaje por Europa, el cual aprovechó para conocer a Jãnis.

En ese momento, Paty se dio cuenta de que las diferencias culturales eran enormes, que había muchos aspectos que a través de la computadora no se podían observar.

Después Jãnis viajó a México y fue aquí en donde vivió casi seis meses con Patricia. Fue hasta dos semanas antes de volver a Letonia cuando le propuso matrimonio a Paty, comprándole un vestido y yendo al Registro Civil en secreto.

La pareja decidió que México era el lugar idóneo para vivir ya que en Letonia los trámites para que Patricia pudiera residir eran muy complejos.

Dentro de los choques culturales que tuvieron como pareja, Patricia describió como “frialdad” la diferencia en el trato que tenía Jãnis hacia ella.

Por otra parte, para Jãnis no ha sido fácil acoplarse a la vida en México, pues el idioma, aunque lo maneja casi con una fluidez natural, aún se le complica.

En el ámbito laboral, Jãnis se ha visto afectado al acoplarse al trabajo en México, pues en Letonia las jornadas laborales son de 40 horas a la semana, descansando sábados y domingos y obteniendo un mejor pago del que puede conseguir en territorio mexicano.

A pesar del gran choque cultural que su relación tiene, sus ganas de estar juntos son mucho mayores que cualquier dificultad que se les ha presentado. “Para mí, mi vida es con él y para él su vida es conmigo”, dice Paty.


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