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[Internacional]

Así se rindió Japón tras la bomba atómica

El 10 de agosto de 1945, a un día del lanzamiento de la bomba atómica en Nagasaki, Japón envió su primera oferta de rendición

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Así se rindió Japón tras la bomba atómica
El 2 de septiembre de 1945, Mamoru Shigemitsu firmaba el acta de rendición de Japón. Foto: Wikipedia
Japón.- Primera hora de la mañana. Sobre la cubierta del USS Missouri en la Bahía de Tokio, se iba a producir un histórico encuentro que ponía fin a la II Guerra Mundial: la firma del acta de rendición de Japón. Aquel documento daba por terminado un conflicto armado que había supuesto el fallecimiento de entre 50 y 70 millones de personas en todo el mundo, convirtiéndose en el más mortífero de toda la Historia.

Tras la rendición alemana en mayo de 1939, la capitulación de los japoneses parecía inminente. Las derrotas consecutivas en el suroeste del Pacífico, con las pérdidas de Filipinas o las islas de Iwo Jima y Okinawa, abocaban al Imperio de Hirohito a su rendición. Pero ésta nunca llegaba. La espera llevó a Harry S. Truman a ordenar el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.

La inminencia de la rendición

El presidente de Estados Unidos, que había sustituido a Franklin D. Roosevelt tras su fallecimiento en abril de 1945, se justificó diciendo que "la usaron para acortar la agonía de la guerra, para salvar las vidas de miles y miles de jóvenes estadounidenses". En el comunicado que envió EEUU después de la bomba en Nagasaki, el mandatario pretendía explicar los motivos de una decisión no por ello menos controvertida y polémica.

La alternativa al Proyecto Manhattan era invadir el país nipón y bloquearlo por la vía naval. Nunca sabremos qué habría ocurrido de tomar esta segunda opción, pero lo cierto es que tras el lanzamiento de las dos bombas atómicas, que provocaron el fallecimiento de casi 250.000 personas, el emperador aceptó la rendición de Japón. El propio Eisenhower criticó la decisión de Truman diciendo que los nipones estaban preparados para capitular sin tener que haber utilizado la fuerza bruta de las bombas atómicas.

Sea como fuere, el 15 de agosto de 1945, sólo nueve y seis días después del terrible bombardeo sobre Hiroshima y Nagasaki, respectivamente, Japón aceptaba los términos de la Declaración de Potsdam. En esta conferencia, en la que se llegaron a acuerdos como la devolución de los territorios anexionados por los nazis o la división de Berlín, se exigía al Imperio nipón que se rindiera de manera incondicional.


Clement Attlee, Viacheslav Mólotov, Harry S. Truman, James F. Byrnes, Ernest Bevin, William D. Leahy y Iósif Stalin al término de la Conferencia de Potsdam.

El anuncio de la rendición de Japón se emitió mediante un comunicado en la radio. El Emperador Hiroshito declaraba la capitulación incondicional del país, en los términos exigidos por la Conferencia de Potsdam. La histórica declaración en Gyokuon-hōsō, era la consecuencia directa de las progresivas derrotas y mermas del país durante la II Guerra Mundial, como la batalla de Okinawa, las bombas atómicas o la Batalla de Manchuria del 9 de agosto, por la que los soviéticos invadieron Manchukuo, Mengjiang y Corea del Norte.



La histórica firma del acta

Después de aceptar las condiciones de los aliados, la rendición de Japón se convirtió en realidad un 2 de septiembre de hace setenta años. Durante el evento, que duró tan sólo 23 minutos y que sería retransmitido a todo el mundo, los representantes nipones declaraban estar conforme con las clásulas establecidas por "Estados Unidos, China, y la Gran Bretaña el 26 de julio de 1945 en Potsdam, y subsecuentemente por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, quienes en adelante serán referidos aquí como las Potencias Aliadas", como recogía el acta de capitulación.

El primero en firmar el documento sería Mamoru Shigemitsu, Ministro de Relaciones Exteriores de Japón que actuaba "por orden y en nombre del Emperador del Japón y del Gobierno Nipón". La estampa de su firma precedió a la capitulación de las fuerzas militares del país, un gesto llevado a cabo por Yoshijirō Umezu, Jefe del Mando General Militar que representaba al Cuartel General Imperial.

A continuación llegaría el turno de Douglas MacArthur, Comandante supremo de los Estados Unidos en el Lejano Oriente y encargado de la invasión del país nipón, prevista inicialmente para finales de 1945 hasta que se produjo la rendición de Japón. Como testigos también estuvieron los responsables militares en la capitulación de Filipinas y Singapur, Jonathan Wainwright y Arthur Percival.


El General MacArthur firmando el documento de la rendición de Japón, junto a Jonathan Wainwright y A. E. Percival.

Una vez que Japón y Estados Unidos estamparon su firma en el acta, el resto de potencias aliadas presentes (China, Reino Unido, Unión Soviética, Australia, Canadá, Francia, Países Bajos y Nueva Zelanda) sellaron un documento histórico que suponía la capitulación nipona y con ello el final de la II Guerra Mundial.


El acta de la rendición de Japón.

El acta sería enviada posteriormente a Estados Unidos, donde el Coronel Bernard Theilen presentaría a Truman el documento en una ceremonia formal celebrada el 7 de septiembre. Se ponía de este modo fin a un conflicto tan cruel como mortífero, cuyo final conmemora su septuagésimo aniversario en este 2015.






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